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La izquierda confinada

Publicada el 06/05/2020 a las 06:00

¿O habré dicho confitada, para que se la coma con patatas la derecha populista? Pasó en Francia, el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad: los desheredados votando al Frente Nacional o como se llame ahora. ¿Podemos evitarlo aquí? ¿Las recetas vigentes hasta hoy, serán válidas a partir de ahora? ¿Nos manifestaremos respetando los dos metros de distancia? Ha dicho el presidente Sánchez (28.4.2020): Vamos a tener que aprender a vivir en esta nueva “normalidad”. ¿Está la izquierda empezando a estudiar? ¿Cuando llegue el examen, habrá gente, medios y conocimiento; rutinas y estructuras adaptadas a ella?

La “izquierda”, en su más amplio sentido, tiene necesidad de agruparse; adquiere su sentido al reflejar el sentir de la gran masa de la ciudadanía esquilmada. No me refiero solo, aunque también, a la confluencia política para conseguir un mundo más justo y solidario, sino a la posibilidad de concentrarse en manifestaciones, eventos y asambleas, de los centenares, millares, de plataformas, mareas, colectivos, grupos y grupúsculos que luchan aquí y allá para mejorar la situación social de la ciudadanía. Es lo que se ha hecho hasta ahora, con mayor o menor éxito.

La pandemia, reacción lógica de la Tierra al maltrato sufrido, va a cambiar nuestras vidas en, como mínimo, tres aspectos. Una crisis económica sin precedentes por su anchura y profundidad, el distanciamiento físico, y las ciberrelaciones que ello favorece. Respecto a la primera, parece obvio que las oligarquías, con la derecha que les sirve, y con la sartén por el mango, nos van a cocer al fuego lento del miedo. Acabado el chollo del consumo, en el que, copiando el anuncio de La Casera, corríamos para tener sed, ahora toca el terror a enfermar, el pavor a quedar hundido para siempre en la fosa de la miseria. ¡Quietos! ¡Se acabó el correr, bienvenido el acurrucarse! Antes de empezar el baile, ya hay un porcentaje de la población, a la que se suele llamar “clase media”, profundamente asustada, que ve cómo sus derechos, junto con sus ingresos, se van recortando sin que la resistencia a tal proceso sea lo firme que debiera ser.

Los medios de comunicación ponen al desnudo la clase de los desheredados, los “nadies” de Galeano, la ponen a la vista de todo el mundo, como un verdadero grupo social en el que teme caer aquel segmento de población que vive dignamente de su trabajo estable, lo que le permite dedicar esfuerzos a justas reivindicaciones. El miedo no gana batallas, dijo el sabio, pero este es el sentir de la mayoría de los candidatos a caer en la fosa de la que es dificilísimo salir. Por ello, en lugar de agruparse y luchar por revertir la situación, se encierran en su concha, el virus ayudando, y dejan que los buldozzers los vayan empujado a la fosa común, previa esquilmación de todos sus bienes.

Ante la crisis todos sufriremos, pero los mayores, aunque muchos cubiertos por unas pensiones que alguien empieza ya a sugerir que se recorten, se verán afectados por los otros capítulos. El tema de la edad no es baladí para los movimientos de izquierdas. Por muy deprisa que se avance en las distintas etapas de desconfinamiento, difícilmente podrá haber concentraciones ni asambleas como las anteriores; cada vez será más difícil sostener los locales donde se fraguan las meritorias reivindicaciones por la vivienda, las pensiones dignas y tantas otras.

Las vías de organización van a variar, y no es seguro que los actuales miembros de los grupos se preparen para ello. Dice el tecno-sociólogo Zeynep Tufekci: “Antes de internet, el tedioso trabajo organizativo necesario para evadir la censura u organizar una protesta también ayudaba a crear la infraestructura que servía de apoyo a la toma de decisiones y a las estrategias para sostener esfuerzos. Ahora, los movimientos pueden saltar esas etapas, lo cual con frecuencia los debilita; (El País. 30.3.2014. P. 10).

¿Cómo se reforzarán? El distanciamiento penalizará la forma tradicional de moverse en el mundo reivindicativo. Se requerirá ingenio y creatividad para diseñar nuevas formas de relación, empezando por las cibernéticas. No se puede parar un desahucio por Twitter, ni una manifestación cabe en Zoom. Además, en la mayoría de los casos, sucede que el segmento de edad predominante en dichas acciones no es muy ducho en el manejo de las nuevas tecnologías de comunicación, a partir de ahora imprescindibles para mantener un mínimo de cohesión en el interior de los grupos y también entre ellos. No tengo la solución. Lamento decirlo ahora que el lector ya lleva unos minutos soportándome. Pero, honestamente, no la tengo. Pero sí sé que las herramientas que se van a utilizar para salir (o mejor, adaptarse) a la terrible crisis que se avecina, están dominadas por la derecha, al servicio de la oligarquía que se enriquecerá, aún más, con ello.

Habrá paños calientes y alguno de frío; unos pocos pacientes se revelarán, y si tienen suerte serán absorbidos por el sistema, pudiendo incluso llegar a conducir alguna maquinaria de arrastre. ¿Pero qué medios tendrán los sindicatos, las mareas, los colectivos de reivindicación social, los militantes de partidos de izquierda, sus meramente simpatizantes, para parar el tsunami? Lo que sí es seguro es que los FAES, los Steve Bannon, los Salvini, los Trump o los Bolsonaro dispondrán de todo el dinero y el material que deseen, de la formación precisa, de rotativas sostenidas por créditos ad hoc de los bancos, las iglesias (con sus Cáritas, pero también sus Opus y sus Legionarios, para que no se escape nadie del redil).

Además, ¿alguien duda de que ya se están preparando para la nueva dinámica social? Por cierto, he leído varias noticias en las que unos voluntarios recogen alimentos, que luego llevan a la parroquia del pueblo, para distribuirlos entre los menos favorecidos, lo que es encomiable. Pero que yo sepa, en ningún caso se han llevado a una “casa del pueblo”, ni tampoco a un sindicato o la sede de una marea.

No propongo caer en el clientelismo, de cobrarse el favor, pero sí sería recomendable que la izquierda tomara conciencia del terreno que está dejando al contrincante, encerrada como está en su área. Mientras en la derecha proliferan los bots, los community managers asalariados, las bases de datos que facilitan mailings masivos, a la izquierda se cierran (no por censura sino por agotamiento, por desatención, por inanición) páginas de Facebook, cuentas de Twitter o plataformas participativas.

¿Cuántos grupos sobreviven únicamente por el empecinamiento de unos pocos numantinos? La energía de esta cobertura que se va deshilachando, ¡cuánta falta nos hará a medida que la crisis vaya congelando a la ciudadanía! Batalla desigual. Ya no vale lo de “resistir es vencer”. Ahora es preciso proclamar el “adaptarse (a las nuevas reglas y consecuencias de la crisis) es vencer”. ¿Lo está previendo la izquierda? ¿Podríamos abrir un debate sobre cómo debería actuar la izquierda postpandemia bajo los nuevos condicionantes que inevitablemente están aflorando? Yo me apunto.

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Antoni Cisteró es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre

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8 Comentarios
  • TONI ROURE TONI ROURE 07/05/20 00:38


    Pintas un futuro inmediato ciertamente desolador y estoy totalmente de acuerdo con tu análisis. El Cl coronavirus será la puntilla, pero el problema viene de lejos, de principio de los años 80, cuando el Poder, con mayúscula, el económico, decidió que ya estaba bien, que se acabó la fiesta del llamado estado del bienestar.
    Dices que no tienes la solución y es lógico, ¿Quién la tiene?
    Un escéptico

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    • ACistero ACistero 07/05/20 10:29

      No tener la solución no implica que no sepa qué se debiera hacer (empezando por uno mismo). Una tarea "mancha de aceite", "lluvia fina" o como se quiera llamar, que devuelva a la ciudadanía su capacidad de raciocinio, vacuna contra la pandemia de la propaganda populista del más bajo tono. Los colectivos, de tipo político o social, deberían dedicar una parte de su energía, hoy desperdiciada en infructuosos manifiestos o estructuras personalistas, en esta labor de concienciación. ¿Cómo puede un rider autónomo adquirir conciencia de que pertenece a la clase explotada?
      Gracias por el comentario.

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  • HIPATIA HIPATIA 06/05/20 12:15

    Me ha sorprendido el artículo porque no había considerado esa óptica. Creo que tiene razón, hay que buscar alternativas para hacerse oir. También es cierto que uno se cansa de explicar lo evidente, quizá haya que rendirse a la evidencia de que el género humano en su mayoría prefiere el fascismo y el egoísmo. Creo que la información está ahí, y si quieres, de verdad, saber lo que es cierto o no, puedes.

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    • ACistero ACistero 06/05/20 19:26

      Gracias por el comentario.
      En mi blog hay varios artículos bajo el mismo prisma. Por ejemplo: https://www.reivindica.com/los-de-la-salita/politica/
      También preparo un libro sobre "participación ciudadana", donde analizo como se reparte la "energía" (tiempo, recursos, ilusión...) en los diversos ámbitos de los colectivos (objetivo, estructura, miembros)

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  • Angel Viviente Angel Viviente 06/05/20 00:51

    ¿Es pesimista o es realista este artículo? Yo quiero tomármelo como aviso para navegantes. Desde luego que la situación no va a propiciar los ya de por sí difíciles encuentros de la izquierda. Esta claro que habrá que adaptarse y que sin lucha no habrá salida. La situación económica y social va a salir muy deteriorada de esto y los que más van a sufrirla ya sabemos quienes son.
    Esperemos que, de momento, este Gobierno salga lo menos deteriorado posible de la tormenta de mentiras que ha sufrido, que lidere las medidas necesarias para que el deterioro sea lo menor posible y que los más vulnerables puedan sobrevivir.
    Si esto fuera así, una opción de izquierdas habría creado confianza en amplios sectores y habría que dar un punto de esperanza al futuro y, por supuesto, habrá que adaptarse, según menciona el articulista, a nuevas formas de trabajo y lucha.

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    • ACistero ACistero 06/05/20 19:28

      Creo que la única forma de sobrevivir, es la combinación de partidos políticos y colectivos sociales (sin olvidar el amplio segmento de los "mirones"). Cada uno en lo suyo, y la solidaridad en la de todos.
      Gracias por el comentario.

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  • Galias Galias 06/05/20 00:11

    La cosa está muy mal, la situación es muy grave, pero yo no soy tan pesimista. Yo confío en este Gobierno de coalición, al que yo siempre propicie. Y si el Gobierno se apoya y busca el apoyo de todos los progresistas, que los hay a miles, venceremos esta terrible situación. Han adquirido mucho protagonismo los sindicatos y Unsi Sordo y Pepe Sanchez, lo tienen muy claro. El Gobierno tiene que movilizar a los movimientos leministas . No hay otra salida que un endeudamiento e inversión pública sin precedentes, pero no hay que tener miedo " con miedo no se ganan batallas". Y luego, Europa, Si Europa no nos ayuda, la tragedia sí que sería cierta. El Gobierno tiene que luchar en Europa como jsbatos ahí no sé si faltan mimbres y en algún área como industria y la transición energética.
    Hay mucha gente dispuesta a echar una mano si el gobierno les convoca. Y luego tendría que tener el Gobierno un poco de suerte: que la vacuna, no digamos si es española llegue antes de un año
    No puede ser que a los gobiernos progresistas le caigan todas las crisis, como si fuera una maldición.Las ministras tienen que ser muy activistas al estilo de Irene Montero y la ministra de Trabajo, una joya ERTES, hasta que sean necesarios. Que el paro supere en poco los cuatro millones. Hay que impedirlo


    E

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    • ACistero ACistero 06/05/20 19:30

      Gracias por el comentario.
      Si lo que dices de que "hay mucha gente dispuesta a echar una mano" es cierto, y la echa, desde luego que tu optimismo será justificado.
      El quid es como se activa esta mano, sin que intente agarrar a la otra.

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