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    <title><![CDATA[infoLibre - Alejandro López Canorea]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/alejandro-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Alejandro López Canorea]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué Trump podría haber perdido la guerra en Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/trump-haber-perdido-guerra-iran_129_2174387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/46521618-b328-4783-99e6-4146e68b9def_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué Trump podría haber perdido la guerra en Irán"></p><p>Alto el fuego en Oriente Medio. La guerra regional no cesaba en su escalada tanto en intensidad de los ataques como en el rango geográfico de los mismos. Trump y Netanyahu por un lado <strong>amenazaban con llevar el infierno a Irán</strong>, mientras desde la República Islámica señalaban con precisión los objetivos de sus represalias.</p><p>Ambas estrategias iban encaminadas a <strong>disuadir a su rival </strong>y a lograr que se cediera en los objetivos de la guerra de manera más rápida y menos costosa, es decir, sin tener que llevar a término los <strong>ataques masivos</strong>.</p><p>No obstante, la dificultad para alcanzar este fin para ambas partes estaba en el <strong>tamaño de los órdagos</strong> que lanzaban. Si <strong>Estados Unidos</strong> quería propiciar un cambio de régimen real, <strong>extraer el uranio enriquecido y desbloquear el Estrecho de Ormuz</strong> por la fuerza, necesitaba destinar muchos más recursos.</p><p>Irán prometía volar en respuesta todas las grandes infraestructuras energéticas del Golfo si eso ocurría, con posibilidad de un <strong>cierre definitivo de Ormuz</strong> y de la extensión del bloqueo al mar Rojo.</p><p>El evidente atolladero que dicha escalada habría supuesto era un escenario por evitar. Pero la necesidad de vender éxitos era imprescindible para que la Administración Trump pudiera <strong>hallar una salida</strong> a la guerra.</p><p>Vistas las listas de exigencias de ambos gobiernos, <strong>no se iba a conseguir un acuerdo político</strong>. Estábamos encaminados hacia la escalada. Y esta debía alcanzar unas expectativas cada vez más peligrosas.</p><p>Por ese motivo, el único punto que han logrado acercar mediadores como <strong>Pakistán</strong> era el de ampliar el margen temporal que Trump se había autoimpuesto como límite para llevar a cabo el gran ataque prometido. La noche del famoso <strong>martes 7 de abril </strong>ya solo se hablaba de dar más margen a la diplomacia, no de negociar una solución política en sí misma.</p><p>Con la aceptación <em>in extremis</em> del nuevo rango temporal de dos semanas también se abrió la puerta a iniciar una <strong>negociación de verdad </strong>a través de Pakistán. Y Donald Trump no desaprovechó la oportunidad para vender la victoria asegurando que <strong>Irán había transigido</strong>.</p><p>Pero, como se veía venir, todas las partes clamaron victoria, incluso actores árabes claramente golpeados como <strong>Emiratos Árabes</strong>. En Israel, que había sido excluido de las negociaciones, es donde más se hizo notar el pesar por el alto el fuego.</p><p>A pesar de lo prometedor de que se haya evitado una escalada de inciertas dimensiones, <strong>el acuerdo de paz parece lejano aún</strong>. Irán no está dispuesto a aceptar un simple parón que permita a sus rivales reanudar la guerra como pasó tras el parón de 2025.</p><p>La lista de 15 puntos estadounidense y la de 10 puntos iraní se encuentran en <strong>posiciones difícilmente reconciliables</strong> por el momento. Pero Trump ha asumido que el listado iraní serviría de base para la negociación política y ha reposteado la declaración del ministro de Exteriores iraní, <strong>Abbas Araghchi</strong>.</p><p>Sin embargo, esto demuestra que no había un objetivo claro en la guerra por parte de Washington más allá de las <strong>promesas israelíes</strong> de que Irán colapsaría rápidamente. La evidencia está en que cualquiera de las condiciones planteadas por Irán, de llevarse a término, supondría una victoria iraní en distinto grado.</p><p>Y a pesar de que Trump venda una victoria, es difícilmente creíble que ese final fuera tan deseado en la Casa Blanca como para <strong>motivar el lanzamiento de la guerra </strong>en un primer momento.</p><p>Las propuestas de Estados Unidos no eran mucho más ambiciosas que la reapertura del Estrecho de Ormuz y la firma de un <strong>nuevo acuerdo nuclear </strong>que eliminase el enriquecimiento de uranio por parte de Irán a cambio de un levantamiento de sanciones. Todo ello habría sido <strong>sencillo</strong> de lograr en las conversaciones de febrero sin necesidad de ir a la guerra.</p><p>Washington dejaría para más adelante, según fuentes israelíes, el control de la seguridad regional, el <strong>programa balístico iraní</strong> y exigiría el fin de las principales instalaciones nucleares del país.</p><p>Pero los 10 puntos planteados por Irán son ostensiblemente más ambiciosos. También se incluye la firma de un acuerdo nuclear que limitase los <strong>niveles de enriquecimiento de uranio</strong> pero Irán conservaría ese derecho, así como el levantamiento de todas las sanciones establecidas durante décadas.</p><p>La reapertura de Ormuz bajo los términos iraníes implicaría el cobro de peajes de hasta <strong>2 millones de dólares por barco</strong>, por lo que si la paz se alcanzase solo con estas cláusulas ya supondría una notable mejora de la situación de Teherán con respecto al inicio de la guerra.</p><p>Pero además de estos asuntos compartidos de forma parcial, <strong>Irán exige reparaciones de guerra</strong>, garantías de seguridad para evitar ser el foco de nuevas guerras, el fin de las resoluciones internacionales en su contra, la retirada de las fuerzas estadounidenses y la extensión de la paz a sus socios regionales, con énfasis en la operación israelí en Líbano.</p><p>Si todos estos asuntos se cerrasen siguiendo la línea iraní, <strong>su victoria sería aplastante</strong>, propiciando una de las mayores derrotas estadounidenses desde <strong>Vietnam</strong>, si no la más pronunciada. Pero es difícil que Estados Unidos y, sobre todo, Israel, asuman estos términos. De hecho ni siquiera se ha logrado una implementación inicial del alto el fuego o la reapertura de Ormuz por las discrepancias en torno al recorrido político y a la situación de Líbano.</p><p>Así que la disyuntiva ahora se encuentra en saber <strong>cuántas cocesiones están dispuestas a asumir</strong> las partes para evitar una escalada que prometía mayores consecuencias aún para la región y para el mundo.</p><p>_________________________________________</p><p><em><strong>Alejandro López Canorea </strong></em><em>dirige el medio </em><a href="https://www.descifrandolaguerra.es/" target="_blank"><em>Descifrando la Guerra</em></a><em>. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 19:09:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Canorea]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Irán,Guerra,Oriente Medio,Guerra en Oriente Medio,Estados Unidos]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[De Irán no sales, Donald Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/iran-no-sales-donald-trump_129_2167011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/69c5c654-87a4-4dcd-b75e-02eefccaaa62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Irán no sales, Donald Trump"></p><p>El presidente estadounidense se ha enzarzado en una batalla que tiene muy difícil ganar. <strong>La guerra de Irán ha escalado bastante más de lo que esperaban en la Casa Blanca,</strong> vista su sorpresa ante la resistencia iraní. En los círculos intervencionistas que rodeaban a Trump lo esperable era que Irán cediese ante las demandas estadounidense. Antes o después del ataque inicial.</p><p>De hecho, el simple órdago que representaba el despliegue militar de Washington era visto con suficiencia de cara a obtener una rendición. Porque las condiciones que exigían Estados Unidos e Israel suponían la<strong> entrega completa de la hegemonía regional.</strong> Irán no podía permitirse transigir. Habría sido el fin de la República Islámica.</p><p>Llegado el punto del estallido, <strong>Trump volvió a sorprenderse ante la respuesta iraní. </strong>No solo Teherán no colapsó sin el ayatolá Alí Jamenei sino que tampoco hubo una insurrección ni una intervención desde el Kurdistán iraquí. Si se querían cambiar cosas sobre el terreno, el panorama se complicaba. Si se quería vender un éxito rápido, había que <strong>rebajar las expectativas </strong>y apostar por una operación que se centrase en las capacidades militares iraníes.</p><p>En la Guerra de los Doce Días apenas se produjeron ataques contra Israel, aunque con posterioridad se supo que los daños habían sido mayores que los declarados. Pero la Guerra de Irán de 2026 comenzó directamente como una contienda regional donde <strong>Teherán impuso consecuencias por todo Oriente Medio, </strong>expandiendo la escalada horizontalmente hasta una quincena de países en apenas unos días.</p><p>La fórmula preferida por <strong>Donald Trump</strong> para vender “la paz a través de la fuerza” era realizar una<strong> operación quirúrgica. </strong>Apuntar, decapitar y negociar con una Delcy Rodríguez iraní. De hecho entre los nombres que sonaban estaba el también asesinado <strong>Ali Larijani</strong>, figura clave del Estado en materia de seguridad nacional. Pero<strong> Irán no es Venezuela.</strong></p><p>La República Islámica apretó tres de los botones nucleares que contemplábamos que usase en la guerra de 2025. Que en aquel momento no lo hiciese y ahora sí indica claramente la voluntad de escalar y no dejar correr la agresión.<strong> Hay voluntad de combatir,</strong> ya no solo desde Israel, sino también <strong>desde Irán.</strong></p><p>Estos mecanismos consistían en el <strong>bloqueo del Estrecho de Ormuz</strong>, el ataque contra los petrodólares y la represalia contra las bases estadounidenses por todo Oriente Medio. El coste de la guerra era tal para Estados Unidos que, sencillamente, <strong>Trump no puede marcharse</strong> y cantar victoria en Truth Social como le gustaría.</p><p>Si quiere desbloquear el Estrecho de Ormuz, deberá llevar más recursos a la región y alargar la guerra, como mínimo más allá de un mes. Si quiere provocar un cambio de régimen, necesita desestabilizar el sistema desde dentro. Y para ello <strong>necesita un golpe de Estado, </strong>una guerra civil o una invasión terrestre. Las dos primeras opciones se le han complicado tras las primeras semanas de contienda, que han servido para apretar filas en Irán.</p><p>Del mismo modo, para acabar con los programas balístico y nuclear, hacen falta ataques en mucha más profundidad, apuntando contra los enormes reservorios subterráneos. <strong>El arsenal iraní sigue siendo ingente.</strong></p><p>Lo que Trump y Netanyahu han dañado son los cuellos de botella: <strong>los lanzamisiles y las cadenas de mando. </strong>Pero ambas cosas pueden reconstituirse con el tiempo. De hecho Irán ha trabajado para que las transiciones de poder sean más ágiles, con mandos descentralizados y sustitutos prevenidos.</p><p>Aunque Estados Unidos también haya logrado causar estragos en las defensas antiaéreas, la Armada y la fuerza aérea, Irán cuenta con enjambres de drones y con la posibilidad de escalar aún más la crisis del Estrecho. Por lo tanto ni siquiera se podría vender como éxito la<strong> desarticulación de las capacidades militares persas.</strong></p><p>Los drones obligan a asumir un <strong>compromiso de daños.</strong> O se asume un coste antieconómico para derribar los baratos lanzamientos iraníes, o se deberá asumir el coste de los impactos en infraestructura crítica. Pero el <strong>coste no solo se mide en dinero sino en </strong><em><strong>stock</strong></em><strong>.</strong></p><p>Precisamente por su elevado precio comparativo, Irán puede asfixiar los arsenales del Golfo así como saturar la Cúpula de Hierro israelí. De hecho se ha jugado la carta de la <strong>reorganización del Eje de la Resistencia</strong> con los primeros ataques coordinados con Hezbolá en años.</p><p>Pero si Trump no puede simplemente marcharse y abandonar a sus socios, tampoco puede ignorar el precio del tiempo. Cada día que se acercan las elecciones y el combustible está por las nubes es un día más costoso para Trump. El republicano necesita <strong>desbloquear Ormuz sí o sí.</strong> Y eso le obliga a escalar.</p><p>Irán lo sabe y no solo trata de mantener un bloqueo selectivo de Ormuz, como hicieran los hutíes en el Mar Rojo. Igual que estos, que permitieron el tránsito a los buques desvinculados de Israel,<strong> Irán pretende ejercer de llave de paso y controlar quién cruza, </strong>priorizando el rechazo a Israel y Estados Unidos.</p><p>Por si fuera poco, Irán se guarda la capacidad de minar el Estrecho o de <strong>escalar la entrada de los hutíes</strong> haciendo lo propio en el Estrecho de Bab el Mandeb. Y este escenario ya intentó moverlo Trump atacando Yemen infructuosamente el año pasado.</p><p>A Trump le quedan pocas salidas más que intervenir directamente el Estrecho de Ormuz, ocupar las islas iraníes del Golfo o invadir la propia costa sureña de Irán. Y si tal ventana se abre, no es fácil saber cómo ni cuándo se cerrará. Aún <strong>hay más cartas en la mano iraní. </strong>Pero Trump se ha atrapado a sí mismo en el Golfo Pérsico.</p><p>_________________________________________</p><p><em><strong>Alejandro López Canorea </strong></em><em>dirige el medio </em><a href="https://www.descifrandolaguerra.es/" target="_blank"><em>Descifrando la Guerra</em></a><em>. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 19:47:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Canorea]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Irán,Donald Trump,Estados Unidos,Israel,Benjamin Netanyahu]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Sobre la (in)coherencia española en la guerra de Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/in-coherencia-espanola-guerra-iran_129_2160125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bda71131-2863-4a02-9dc1-f085f97fb7a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre la (in)coherencia española en la guerra de Irán"></p><p>España se ha encontrado en una<strong> posición complicada</strong> durante la guerra de Irán. El Gobierno socialdemócrata de <strong>Pedro Sánchez</strong> es miembro de la OTAN pero rechaza participar de las actividades ofensivas lanzadas de manera unilateral por su socio aliado, <strong>Estados Unidos</strong>.</p><p>La intrincada relación entre acuerdos bilaterales y tratados internacionales deja al Ejecutivo de España en un <strong>punto de equilibrio</strong> complejo que se debate en la utilización de las bases militares de Rota y Morón por parte de las fuerzas de Washington.</p><p>Sin embargo, <strong>la demoscopia manda</strong>. En España existe una percepción social de rechazo a la participación general en conflictos armados. El grito del “No a la guerra” aún resuena tras más de dos décadas de la participación española en <strong>la guerra de Irak.</strong></p><p>En el año <strong>2003</strong>, Estados Unidos lideró una invasión que no logró sus objetivos de desmilitarización, pues no existían las perseguidas <strong>armas de destrucción masiva</strong>, ni llevó más estabilidad ni democracia liberal al país. Y España ha seguido dentro del marco que ha dirigido Washington y que ha marcado su participación en <strong>numerosos conflictos armados, ilegales</strong> o no.</p><p>La cronología es clara. <strong>España no fue informada del inicio de la guerra de Irán</strong>, de la misma manera que no lo fue el resto de Europa. Estados Unidos e Israel decidieron el tiempo y la forma en que se lanzaba una intervención armada conjunta sobre el país persa.</p><p>A continuación Pedro Sánchez abrió la primera <strong>ventana crítica en Europa</strong> señalando directamente a los países agresores como responsables de la guerra, condenando sus actos y calificándolos de <strong>violación del derecho internacional</strong>. Mientras Exteriores mantenía la cautela, en sintonía con su habitual coordinación con sus homólogos europeos, el presidente rompía la unidad de acción.</p><p>Y es que en Europa las voces más poderosas criticaban tímidamente a Estados Unidos e Israel o directamente relativizaban su <strong>ilegalidad</strong>, como en el caso del alemán <strong>Friedrich Merz</strong>. El canciller ya consideró en 2025 que los ataques contra Irán de manera preventiva, es decir, sin que Irán hubiera atacado antes, realizaban el <strong>“trabajo sucio”</strong> por los europeos.</p><p>Destacar en la defensa del derecho internacional en este vecindario era sencillo para Pedro Sánchez, ya que no necesitó poner sobre la mesa la más mínima consecuencia para <strong>Washington y Tel Aviv</strong>. Apenas podemos resaltar la consiguiente negativa a que Estados Unidos pueda usar las bases militares andaluzas para la <strong>acciones ofensivas</strong>.</p><p>Esta decisión entra dentro de la coherencia que cabe esperar de un Gobierno que considera que se trata de una violación del derecho internacional. Si los principales partidos de la oposición apoyaban situarse junto a Israel, Estados Unidos y unas <strong>“democracias liberales”</strong> sin especificar, se hace necesaria la interpretación de que no solo no consideraban que se tratase de una violación del derecho sino que España debía <strong>ofrecer apoyo</strong>.</p><p>Aunque <strong>Donald Trump</strong> entró en cólera con España y Reino Unido por los límites que establecieron al uso de sus bases, el verdadero debate nacional en Madrid llegó con el envío de la fragata<em> Cristóbal Colón</em> hacia las costas de Chipre, <strong>miembro de la Unión Europea pero no de la OTAN</strong>. Es decir, el marco de la alianza atlántica no cubre a la isla mediterránea, pero sí los mecanismos de defensa menores que ofrece Bruselas.</p><p>De esta manera el grupo del portaaviones francés<em><strong> Charles de Gaulle</strong></em><em>,</em> al que se había unido la fragata más moderna de que dispone España, se desvió desde el Báltico hasta el Mediterráneo. El Gobierno adoptaba una medida que suponía mandar un buque de guerra a un escenario que no representaba en absoluto el <strong>teatro central de operaciones</strong>. No se estaba entrando en la guerra.</p><p>De hecho, España mantiene una de sus baterías<strong> Patriot</strong> situadas en Turquía y se aportó información para derribar uno de los proyectiles que se dirigían hacia el sur de Turquía. <strong>La </strong><em><strong>Cristóbal Colón</strong></em> es una fragata de la clase Álvaro de Bazán que dispone de capacidades antibuque y antiaéreas.</p><p>Es cierto que si la <strong>situación bélica</strong> seguía desbocándose, podría acabar formando parte de la dinámica, pero ni sus capacidades, ni su mandato, ni su localización eran incoherentes con el <strong>“No a la guerra”</strong> de Sánchez. La oposición sumó incoherencia sobre incoherencia; pasó a criticar que se participase en una guerra donde antes solicitaban apoyar a Estados Unidos e Israel.</p><p>La incoherencia existe. Pero nadie parece haberla visto en la oposición ni en el Gobierno. O no han querido verla. Ni en un movimiento normal en la Unión Europea, ni en la defensa de un socio <strong>existe incoherencia</strong>. Pero sí en un elemento sobre las bases militares.</p><p>Reino Unido rápidamente cambió su posición no solo para permitir el uso de sus bases sino también para mandar equipos pesados al <strong>Golfo Pérsico</strong>, escenario central. Una implicación similar se ha visto por parte de Francia, que aseguró que propiciaría <strong>el desbloqueo del Estrecho de Ormuz</strong>. Acompañar al portaaviones francés o mandar buques de desminado al escenario central de la guerra sí recalaría en contradicciones al ponerse España a punto de tiro.</p><p>Aunque España haya negado su uso para actividades ofensivas, el hecho es que <strong>Estados Unidos está amparado para usarlas como paso</strong>, a nivel logístico. Mientras Washington tenga derecho a usar las bases españolas en cualquiera de sus formas, Donald Trump y sus sucesores podrán emplearlas casi a discreción en las guerras que lancen. Lo único que han tenido que hacer es desplazar sus equipos hacia Italia, Francia, Reino Unido o Alemania como escala hacia Oriente Medio tras su paso por España.</p><p>No evitar tal tránsito implica complicidad por parte del<strong> Gobierno español</strong>. Pero no es tan fácil evitarlo. Si España quiere tomar cartas en el asunto, deberá poner fin a los acuerdos bilaterales que permiten compartir las bases. Y para ello habría que tener un plan b ante la posible ruptura de la alianza con Estados Unidos. Ya que <strong>España deberá garantizar su defensa a futuro</strong>.</p><p>Mantener una alianza con un país al que se señala por violar el derecho internacional también es incoherente. No solo consigo mismo sino con su acción exterior de los últimos años. La <strong>incoherencia</strong> está en imponer una veintena de paquetes de sanciones a Rusia, ponerse de perfil ante Israel para acabar tomando medidas cosméticas años tarde y no imponer ningún coste a Estados Unidos, ni siquiera dudar de su <strong>alianza militar </strong>con ellos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 20:42:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Canorea]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sobre la (in)coherencia española en la guerra de Irán]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,España,Pedro Sánchez,Irán]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Irán en el epicentro de una guerra regional en Oriente Medio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/iran-epicentro-guerra-regional-oriente-medio_1_2153411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/76be4007-e14c-4c57-be1f-933440e3eef8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Irán en el epicentro de una guerra regional en Oriente Medio"></p><p>El estallido que se veía venir y no muchos quisieron ver. Las reacciones ante la guerra regional están pasando por una condena a la respuesta iraní y un llamamiento a la contención y a la monitorización general. De alguna manera parece que estamos ante <strong>una continuidad de la </strong><em><strong>Guerra de los Doce Días</strong></em>. Pero todo ha cambiado mucho.</p><p>En junio de 2025 Israel lanzó una serie de “ataques preventivos” contra Irán que, lejos de apuntar solo a su programa nuclear, se enfocaron en <strong>asesinatos selectivos de personal y material clave </strong>en el aparato militar, balístico, científico y político del país.</p><p>El enfoque de Israel siempre ha estado en Irán como régimen político. <strong>El interés estadounidense es la primacía israelí en Oriente Medio,</strong> como garante de su propia influencia regional. Por eso las negociaciones entre el conflicto de 2025 y el de 2026 no se han centrado en absoluto en el programa nuclear.</p><p>A pesar de la oportunidad dada a la diplomacia y de la aceptación de los marcos de negociación y mediación iraníes, rápidamente <strong>quedó clara la intención estadounidense</strong>.</p><p>Tras el final de las protestas del mes de enero en Irán, Donald Trump llamó al resurgimiento de las mismas y al <strong>asalto a las instituciones iraníes por parte de los manifestantes.</strong> Si no se llegó a lanzar el ataque en enero no fue solo por el decaimiento del pretexto sino por la constatación de que Irán respondería más firmemente que en junio de 2025.</p><p>Hacía falta<strong> un mayor despliegue militar</strong>. De esta manera, al grupo de ataque del portaaviones Abraham Lincoln, Estados Unidos le quería sumar el del Gerald Ford, el mayor del mundo. Con la llegada del mismo, de forma repentina las negociaciones que reportaban una aproximación positiva, se truncaron.</p><p>Washington exigía la <strong>rendición completa de Irán</strong>: el fin del enriquecimiento de uranio, la entrega del material enriquecido, el control de su programa de misiles, el fin de su apoyo a sus socios por la región y, de esta manera, la hegemonía completa de Israel.</p><p>Irán sorprendió a muchos en la Casa Blanca <strong>negándose a tales cláusulas</strong>. Pero tras lograr que Omán fuese el mediador oficial de las conversaciones, el país árabe acabó publicando un último órdago. Irán había aceptado condiciones que parecían inasumibles como la cláusula del “enriquecimiento cero” y la entrega del material disponible para el programa nuclear.</p><p>El valor de esta declaración omaní estaba en la presión que ejercía a Estados Unidos en torno al discurso de que Irán no estaba dispuesta a ceder. La esperanza pasaba porque se le siguiera dando <strong>una oportunidad a la diplomacia</strong>. Pero el ataque estaba decidido. Y con los portaaviones en su sitio, el despliegue militar ya era el mayor desde la invasión estadounidense de Irak en el año 2003.</p><p>A pesar de todo, la decisión estaba tomada. Sin el pretexto en las calles de Teherán, se ha apostado por una justificación sencilla. <strong>Irán representa una amenaza y debe ser combatido</strong>, de nuevo, preventivamente.</p><p>Ante los ataques de Estados Unidos e Israel, la respuesta iraní no ha sido limitada ni ofreciendo una ventana para la desescalada. Ha sido<strong> una respuesta regional</strong>. En la <em>Guerra de los Doce Días</em> ya se produjeron ataques iraníes sobre bases extranjeras, concretamente la de Al-Udeid en Catar.</p><p>Pero en esta ocasión, Irán ha apuntado <strong>contra prácticamente todos los puntos de presencia estadounidense</strong>: Jordania, Bahréin, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes, Arabia Saudí e Irak. Y por supuesto, <strong>Israel</strong>.</p><p>Muchos países, tanto árabes como occidentales, han decidido centrarse en la condena a la respuesta iraní, contrastando la posición española con un <strong>Pedro Sánchez </strong>que ha<strong> señalado directamente a Israel y a Estados Unidos</strong>.</p><p>Algunos de los países cuyo territorio ha sido golpeado se han <strong>reservado el derecho a responde</strong>r, posibilitando que un conflicto que ya se encuentra en una fase regional escale aún más. Pero cabe esperar que estos sí busquen fórmulas limitadas que les dejen fuera de la espiral.</p><p>No obstante, <strong>a Estados Unidos no le interesa una guerra prolongada</strong>. Como reportaba la prensa estadounidense durante estas semanas, es bastante probable que la Administración Trump busque alcanzar sus objetivos en un periodo relativamente corto.</p><p>Pero una solución con asesinatos selectivos o destrucción de objetivos concretos podría no existir para los objetivos que desea Estados Unidos en este caso.<strong> Irán no es Venezuela, </strong>aunque<strong> </strong>coinciden en que un cambio de régimen no es tan fácil sin una intervención que fuerce la situación sobre el terreno. Y eso conviene más a Israel que a Estados Unidos.</p><p>________________</p><p><em><strong>Alejandro López Canorea </strong></em><em>dirige el medio </em><a href="https://www.descifrandolaguerra.es/" target="_blank"><em>Descifrando la Guerra</em></a><em>. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 14:45:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Canorea]]></author>
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