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    <title><![CDATA[infoLibre - Ferias y exposiciones]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/ferias-y-exposiciones/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ferias y exposiciones]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La pintura es para el verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/pintura-verano_1_2222585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/202017d2-f83e-42cd-a2fb-b17b7ad63be3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pintura es para el verano"></p><p>Hay exposiciones a las que ayuda el calendario. Lo pensaba viendo, en uno de estos días abrasadores y densos, dos pequeñas muestras propuestas por galerías que comparten tramo en la calle Doctor Fourquet de Madrid —epicentro, otrora, del mercado del arte capitalino—.</p><p>La primera la encuentran en <strong>Espacio Mínimo </strong>y la presenta <strong>Antonio Montalvo</strong> (Granada, 1982). Titulada<strong> </strong><a href="https://espaciominimo.es/antonio-montalvo-siempre-todavia/" target="_blank"><em><strong>Siempre, todavía</strong></em></a>, reúne una docena de lienzos pintados al óleo y fechados en el año en curso. Se trata de una colección de estampas costumbristas (una chica leyendo, instrumentos de labranza, una rosca de pan) sazonadas con algún desnudo academicista. Montalvo los ha pintado del natural (es decir, colocando el caballete frente al objeto, sin intermediarios), por lo que ha tenido que toparse con esas escenas que, a ojos del visitante madrileño, contarían como exóticas: un montón de fardos trinchados con una horquilla, lo nunca visto.</p><p>Aunque el título y la cierta melancolía de los personajes representados (los rostros hieráticos, la pose de mirar al vacío, <em>abyssus abyssum invocat</em>, blablablá…) crean en la sala un ambiente finisecular (llamémosle así), <strong>la escasísima materialidad de los cuadros resulta embaucadora</strong>. Pintados con apenas una finísima capa incapaz de disimular la trama del lienzo, pareciera que las modelos van a pasar de la desnudez a la desaparición; que las estampas campestres (no bucólicas, sino rurales) están al borde de la transparencia, como si la luz cegadora del verano que acecha fuera de la galería hubiese empezado a consumirlas.</p><p>A pesar del quietismo de las obras, la exposición procura crear un cierto ritmo en la visita alternando las piezas según su formato, que tiende a vincularse con el elemento que la protagoniza. Así, los grandes y pobres pertrechos de un cuarto de aperos escoltan el mediano perfil de un cabritillo; la pequeñez de un queso mohoso (o un pescadito dejado sobre una mesa) se resguarda del tamaño casi ajustado del desnudo.</p><p>Apenas unos metros más abajo, siguiendo la calle hacia el sur, se encuentra la sede de la<strong> Galería Silvestre</strong>, donde se exhibe <a href="https://www.galeriasilvestre.com/controllerexpom.php?a=actualm" target="_blank"><em><strong>La casa que no existe</strong></em></a> de <strong>Irene González</strong> (Málaga, 1988). La exposición se compone, esencialmente, de dibujos de formato cuadrado y de tamaño escueto: el encuadre sobre el fondo blanco del papel recuerda a una Polaroid. Las imágenes nos muestran fragmentos domésticos en los que abundan las ventanas y los umbrales. Ignoro los referentes a los que se aluden (tampoco es que me preocupen las chucherías biográficas), pero algunas están extraídas de la filmografía de Tarkovski.</p><p>Por lo resumido del formato y por la virtud técnica (son de un preciosismo admirable), <strong>el espectador termina inclinado sobre estas escenas minúsculas, como si fuera un mirón que se asoma a una rendija</strong>. El gesto es interesante, porque la proximidad nos recoloca en ese escenario, hogareño e interior (no miramos desde la calle, sino desde dentro de esos hogares desconocidos); no tan próximo como para sentirlo propio, no tan ajeno como para no reconocerlo.</p><p><strong>Dos obras rompen el modelo</strong>. En una, el esquema permanece (una consola con enseres y una lámpara de pantalla redonda de cristal; sobre el mueble hay un cuadro; la escena está desenfocada y priman los colores rojizos) pero varía la técnica (pintura) y el formato (díptico mediano). En otra se preserva el formato, pero la imagen se reduce a un cuadrado sólido sobre el que, en una serie de tres piezas, se superponen unos subtítulos amarillos. "¿Te gusta tu casa? ¿Eh, mi niño?; —Soy una especie de coleccionista. —¿Ah, sí?; Sabía que si vivía allí, sería feliz hasta morir".</p><p><em>Siempre, todavía</em> y <em>La casa que no existe</em> son dos exposiciones en las que, sin pretenderlo, <strong>se comparte una idea de lo doméstico y lo íntimo </strong>que, expuesto, nos descoloca como espectadores de un espacio —a pesar de su vulgaridad o su sencillez—  que no nos pertenece. En ambas subyace esa tensión que solo generan las casas, espacio de pretendida seguridad que, vulnerado por la presencia o la mirada ajena, se vuelve peligroso. También nos enseñan un refugio al que no estamos invitados. Luego, en la calle, nos aplastará el calor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La pintura es para el verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/felix-gonzalez-torres-reina-sofia-deuda-saldar_1_2203985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10370848-2ba0-41bf-aa01-ffa31a27a01a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar"></p><p>La carrera de <strong>Felix Gonzalez-Torres</strong> (Cuba, 1957-Miami, 1996) duró apenas una década: la que va entre mediados de los 80 y los 90. Sus obras, vistas sin detenimiento, pueden parecer frívolas: pilas de papel, montañas de caramelos, cortinas o retahílas de acontecimientos escritos sobre la pared. Y, sin embargo, hablamos de <strong>uno de los mayores artistas del siglo XX</strong>.</p><p>La liviandad, por cierto, es deliberada: nada de solemnidades ni materiales epatantes. "Quiero trabajar dentro de las contradicciones del sistema e intentar crear un mundo mejor. <strong>Creo que las revoluciones fueron una muy buena idea en el siglo XIX</strong> y en la primera parte de este siglo, pero debemos tener en cuenta los avances tecnológicos que se están produciendo en estos mismos momentos. Los cambios tecnológicos están teniendo lugar en un mundo que se ha vuelto muy frágil y también muy pequeño". El Reina Sofía acaba de inaugurar <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/felix-gonzalez-torres" target="_blank"><em>Dulce venganza</em></a>, la primera exposición "a gran escala" de la obra de Gonzalez-Torres en Madrid. Por más que la muestra se haya presentado como una "deuda saldada" (qué obsesión, caramba), los comisarios de la muestra (<strong>Alejandro Cesarco</strong> y <strong>Nancy Spector</strong>) no disimulan las dificultades que un proyecto de esta naturaleza —artista tótem, obra icónica— trae aparejadas: "Como suele ocurrir al presentar exposiciones dedicadas a artistas que han ingresado en el canon de la historia del arte […] surge inevitablemente la pregunta: <strong>¿por qué Felix Gonzalez-Torres otra vez?</strong>, ¿por qué aquí y ahora? La urgencia de nuestro momento geopolítico actual, sus resonancias con el conservadurismo neoliberal de finales de los años 80 y 90, y la manera en que su obra nos permite reconsiderar, replantear y posicionarnos frente a esas condiciones, es una forma de justificar la re-presentación de su trabajo".</p><p>Vayamos a la muestra. <em>Dulce venganza</em> expone una cincuentena de obras (un número escasísimo para una exposición "a gran escala") que se nos presentan tras aclararnos, cartela mediante, la "metodología" del artista. Los títulos, se nos dice, son bicéfalos: <em><strong>Untitled</strong></em><strong> [Sin título]</strong>, seguido de otro entre paréntesis. <strong>El público puede interactuar con la mayoría de las obras</strong>, que <strong>son infinitamente reponibles</strong>. También pueden desaparecer, consumidas, durante el transcurso de su exhibición. Los retratos escritos (una suerte de biografías que incluyen hitos y fechas) pueden ser modificados por la institución que los exhibe (aquí, por ejemplo, se han hecho añadidos a <em>Untitled (Portrait of Austrian Airlines) </em>(1993), sumándole los años en que salieron a bolsa las compañías Amazon o NVIDIA.</p><p><strong>La propuesta "metodológica"</strong>, admitámoslo, <strong>sigue desconcertándonos 30 años después</strong>: el museo es ese lugar donde uno espera ser abroncado si se acerca demasiado a las obras o si no les brinda la debida reverencia. También, por cuanto desmantela la idea de autor heredada del Romanticismo y aún operante. Pero,<strong> ¿cómo va a ser el público quien termine la obra?</strong> Valéry había anticipado el giro hermenéutico con aquello de "mis versos tienen el sentido que se les da", pero llevarse la obra a casa o comérsela es otro cantar.</p><p>Tras la debilidad autoral y material de la obra de Gonzalez-Torres subyacen muchas tensiones que deben comprenderse a la luz de las circunstancias que le tocó vivir: la de ser migrante latino en los Estados Unidos, las convulsiones sociopolíticas del último tercio del siglo XX, su homosexualidad indisimulada, la eclosión de la epidemia del SIDA y su condición de seropositivo. También, la muerte a causa de complicaciones derivadas del VIH de su pareja, Ross Laycock, en 1991, cuya enfermedad y duelo impregnaría su obra con un aura fúnebre. Famosos son algunos de sus trabajos a este respecto, como <em><strong>Sin título (Retrato de Ross en Los Ángeles) </strong></em><strong>(1991)</strong>, una montaña de caramelos de 69 kilogramos (el peso de Laycock) que<strong> va desvaneciéndose según el público la va consumiendo</strong> (el caramelo, elemento ingenuo y colorido, la continua ingestión —la imagen es casi sacramental— del cuerpo enfermo transmutado en una pila arrinconada contra la pared constituyen una de las metáforas más emocionantes y perfectas de la historia del arte). También, la conocida valla publicitaria (<em>Sin título, </em>1991) en la que se reproduce una cama vacía y desecha, con el hueco que dos cuerpos han ahormado sobre el colchón y las almohadas; o <em>Sin título</em> <em>(Perfect lovers)</em> (1991), compuesta por dos relojes de pared que van perdiendo sincronía poco a poco. Sobre esta pieza, el artista escribió:</p><p>"<strong>No temas a los relojes, son nuestro tiempo, y el tiempo ha sido muy generoso con nosotros</strong>. Hemos marcado el tiempo con el dulce sabor de la victoria. Hemos vencido al destino al encontrarnos en un momento determinado, en un lugar determinado. Somos producto del tiempo, por eso le damos el reconocimiento que se merece: al tiempo.<strong> Estamos sincronizados, ahora y para siempre. Te quiero</strong>".</p><p>Tristemente, <strong>quien visite la exposición del Reina Sofía no encontrará ninguna de estas obras</strong>. Sí algunos retratos escritos, instalados en los frisos de las salas, algunas cortinas de cuentas (el umbral y los elementos que lo perfilan aparecen una y otra vez), pilas de papeles muy elocuentes, varias guirnaldas de bombillas que logran transformar la sala —casi sin esfuerzo— en una pequeña verbena, alfombras de caramelos, un par de murales, pequeños puzles plastificados e instalados sobre la pared e incluso un vídeo que, aunque anunciado en una cartela, no se expone: <em>Additional Material</em> (ca. 1979).</p><p>Aunque estas obras representan bien muchos de los temas recurrentes del trabajo del artista (por ejemplo, una pieza constituida por dos espejos de cuerpo entero separados por una mínima cesura, estrecho espacio irreductible entre dos reflejos, alegoría de dos tumbas paralelas, soporte efímero de la imagen de pareja, etcétera) y en ellas se mantenga intacta la potencia poética y política de Gonzalez-Torres (la intimidad que logra generar un mero rectángulo delimitado con bombillas pasma al más escéptico), cabe preguntarse si la exposición, tan escueta en obras y tan desprovista de algunos trabajos fundamentales, logra saldar esa deuda que la propia institución reconoce.</p><p>También, si el diseño expositivo, que (afortunadamente, conste) nos permite <strong>deambular a nuestro aire sin restricciones </strong>y saltar de cartela en cartela sin imposiciones, consigue verdaderamente contextualizar y explicar adecuadamente la obra de un artista tan rotundo o si, como me temo,<strong> la muestra ha quedado convertida (muy a su pesar) en una gincana de recuerditos</strong>, en la que el visitante salta de pila de papel en pila de papel enrollando <em>memorabilia </em>sin detenerse a mirar qué recoge y haciendo dibujitos (corazones, nombres, muñecos) sobre las alfombras de caramelos con total indolencia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 04:01:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo Reina Sofía,Ferias y exposiciones,Arte]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/daniel-jacoby-galeria-maisterra-aves-mal-aguero_1_2193315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/806c2bbc-d7a4-4909-8207-c3e078b8e86d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero"></p><p>"Los clubes elegantes", escribe Bourdieu, "protegen su homogeneidad sometiendo a los pretendientes a unos procedimientos muy estrictos: acta de candidatura, recomendación […], pagos de derechos de entrada a veces extremadamente altos. En realidad, <strong>sería inútil tratar de determinar si las reglas formales que sirven sobre todo para proteger al grupo frente al exterior</strong> —no tanto frente a las otras clases, excluidas de antemano, como frente a las otras fracciones de clase o frente a los advenedizos de la propia fracción— están hechas para disimular la arbitrariedad de la elección o si, por el contrario, <strong>la arbitrariedad pregonada, que deja a un tacto indefinible el cuidado de la elección</strong>, está hecha para disimular las reglas oficiales".</p><p>Recordé esta cita de <em>La distinción </em>mientras veía <em>Gallinazo</em> (2026), el vídeo que vertebra la exposición <a href="https://maisterra.com/exhibitions/55-daniel-jacoby-cathartes/" target="_blank"><em><strong>Cathartes</strong></em></a><a href="https://maisterra.com/exhibitions/55-daniel-jacoby-cathartes/" target="_blank"><strong> de Daniel Jacoby (Lima, 1985) en la galería Maisterra</strong></a>. La pieza escoge un mismo emplazamiento —un club, con sus sombrillas de paja, sus tumbonas adocenadas, sus personajes bronceados y sus embarcaciones de pitiminí— como escenario de un relato diacrónico: <strong>tres etapas de la vida del narrador y las andanzas de un naturalista europeo empeñado en clasificar la flora y fauna de aquella provincia alejada del imperio.</strong></p><p>"Un lugar. El mismo lugar. El mismo lugar al que viniste ayer, anteayer y el día anterior. El mismo lugar al que has venido casi diariamente desde que tienes uso de memoria". La salmodia hace de preámbulo en cada episodio: la niñez idílica, la juventud y sus azares y la madurez,<strong> momento en que descubre la presencia ominosa de un gallinazo, un ave carroñera cuya aparición desconcierta a los burgueses</strong> (el avistamiento coincide con el desclasamiento del protagonista, que regresa como <em>invitado</em>). Después, la narración se retrotrae unos siglos. Recién desembarcado, un botánico se desploma en la playa. <strong>En su agonía, recibe la visita del dichoso buitre americano </strong>(otro de los nombres con los que se conoce al pajarraco). Vendrá a devorarme, se dice el estudioso; pero el ave despliega una facultad inesperada y neutraliza las toxinas que enferman al erudito.<strong> "No se alimenta de la muerte, sino que la purifica"</strong>. (¿Qué será eso?). Sorprendido por el hallazgo, el naturalista se entristece: querría enmendar la descripción de la especie, pero sus notas ya viajan rumbo a Europa y el malentendido quedará fijado en la bibliografía científica.</p><p>Con un montaje ambiguo, en el que se entremezcla el punto de vista del narrador con el del pájaro, <strong>el vídeo de Jacoby explora, mediante la reiteración y la metáfora, las fricciones que los caprichos de la burguesía</strong> (la playa privada, el velerito, la grosera reproducción social del capital) causan: una membresía que valga la pena debe ser exclusiva; es decir, debe negársele a muchos. Y es ese límite, necesariamente existente,<strong> el que se hace evidente cuando aparece en escena </strong><em><strong>algo que no debiera estar aquí</strong></em>; algo que, como sucede al final del metraje, nos arrastra a <em>las afueras</em> con él.</p><p><em>Cathartes</em> (el título está tomado de la taxonomía del animal) <strong>también puede leerse como una réplica a </strong><em><strong>Los gallinazos sin plumas</strong></em><strong> (1955)</strong>, célebre cuento de Julio Ramón Ribeyro protagonizado por dos chiquillos a los que su abuelo obliga a recolectar basuras —de los contenedores de los barrios ricos y en los vertederos— <strong>con los que alimentar al voraz cerdo familiar</strong>, único destinatario de los desvelos del viejo, al que acabará merendándose. También los niños actúan en un ámbito fronterizo: <strong>"la hora celeste",</strong> <strong>las inmediaciones del alba en la que los noctámbulos corren a casa "envueltos en sus bufandas y en su melancolía"</strong> y las beatas "se arrastran" hasta las iglesias buscando su dosis de espiritualidad. La exposición se completa con un conjunto de cinco esculturas de bronce que representan —muy libremente— al pájaro de marras. El display es decididamente efectista: <strong>instaladas sobre pedestales elevados, un foco las ilumina teatralmente</strong>. Además, el interior de la galería está forrado con rafia azul.</p><p>Aunque la propuesta de Jacoby me resulte interesante (especialmente el vídeo, no sé qué tal funcionarían las esculturas sin tanto artificio), <strong>me pregunto en qué clave propone el artista que leamos su obra</strong>: en si, al llenar el burguesísimo espacio de la galería (de esta o de cualquiera) con rapaces aficionadas a los desechos, está emparentando al visitante con los socios de aquel club tan <em>fancy</em>. <strong>Esta osadía me parecería elogiable</strong>. Porque, por más que en su relato el gallinazo sea un ave prodigiosa, en la naturaleza (y sin literatura) actúan como cualquier buitre.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:00:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/aurelia-munoz-reina-sofia-retrospectiva-sesgada_1_2186429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8e099890-0540-40e8-80ba-368e4fa27819_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada"></p><p>Coincidiendo con el centenario de su nacimiento (qué nos gusta una efeméride), el Reina Sofía acaba de inaugurar <strong>“la retrospectiva más ambiciosa” </strong>jamás dedicada a Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011). La muestra, coproducida con el MACBA, <strong>podrá visitarse hasta comienzos de septiembre</strong>, fecha tras la cual emprenderá viaje hacia el museo barcelonés.</p><p>En su planteamiento, <em>Entes</em> es una exposición conservadora: propone un repaso cronológico y temático por las distintas etapas del trabajo de Muñoz a través de un centenar y medio de obras, <strong>dispuestas en un recorrido en el que se alternan trabajos monumentales con otros más discretos</strong> (como maquetas, dibujos o fotografías producidas como documentación de sus procesos artísticos).</p><p>La propuesta comienza con una selección de tapices fechados en las inmediaciones de la década del sesenta, muy deudores de una estética medieval (la artista, leemos, sintió una revelación frente al tapiz de la Creación de la catedral de Girona), <strong>del estilo de Paul Klee y del constructivismo de Joaquín Torres-García</strong>. Tras estos trabajos –de un colorido magnético y de una composición elegantísima–, Muñoz iría desligándose paulatinamente de una concepción del textil como “pintura de aguja” hacia una decidida tridimensionalidad –aquí llamada “escultura anudada”–: <strong>volúmenes formidables armados con fibras trenzadas que levitan en mitad de la sala</strong>.</p><p>En los ochenta, la artista concibió su gran serie de los <em>pájaros-cometa</em>: <strong>unas esculturas “voladoras” cuyo perfil recuerda a ciertos dibujos de Leonardo </strong>y que, suspendidas, transmiten una gracilidad embaucadora. La muestra incluye la reconstrucción de algunas de las maquetas preparatorias (los originales se perdieron), elaboradas para la ocasión por el taller de conservación y restauración del MACBA siguiendo la documentación existente sobre ellas (que por más que sean reproducciones, son maravillosas). <strong>Finalmente, la exposición concluye con un conjunto de piezas realizadas en papel</strong>: dibujos, exploraciones formales en torno a la idea de libro (algunos, con las páginas abiertas como si fueran un gran erizo; otros que saltan por los aires; e incluso algunos que, desencuadernados, exhiben sus pliegos formando como una barrera)<strong> y ejercicios en los que las páginas –rasgadas y pintadas–</strong> adquieren el aspecto de una escama o el del cuerpecito de algún animal marino.</p><p>La pertinencia de una exposición como <em>Entes</em> <strong>parecería estar fuera de toda duda</strong>. Y no es porque Aurèlia Muñoz necesitase ningún “rescate” (afición institucional un tanto odiosa, casi tanto como la de ufanarse por apuntarse “la primera exposición” de alguien): <strong>durante su vida, la artista gozó de una notable atención </strong>(considerando, claro, las limitaciones impuestas que sufrían las mujeres de su época). Por ejemplo, sus <em>pájaros-cometa</em> se mostraron en una exposición individual acontecida en el Palacio de Cristal. <strong>Tras su muerte, su obra tampoco ha dejado de mostrarse</strong>, valga mencionar la colectiva en la que la incluyó el MoMA, que guarda algunas de sus piezas en colección. También el contexto patrio, <strong>la galería madrileña José de la Mano,</strong> le ha dedicado un par de muestras en los últimos años. Con todo, y teniendo la percha del redondísimo cumpleaños, se agradecen las pretensiones de una retrospectiva que logra, capítulo a capítulo, ofrecernos <strong>una buena selección de obras articuladas en capítulos redondos y accesibles</strong>: lo aéreo, lo marino, la escultura anudada, el taller y los libros.</p><p>Más preocupante me parece, sin embargo, <strong>el indisimulado entusiasmo que trasluce en los textos </strong>que instruyen al lector en cada una de estas secciones, porque pareciera que los comisarios (Manuel Cirauqui, Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, hija y responsable del archivo) prefieren ejercer como admiradores. Algunos apuntes son claros a este respecto: la artista se nos presenta como alguien <strong>“autodidacta e intuitiva”</strong> que, sin embargo, estudió técnicas textiles en la Escuela Massana de Barcelona; o que desde joven “mostró una profunda sensibilidad hacia la naturaleza” y<strong> hacia “los derechos vitales” de las piedras, las aves o los árboles</strong>. Los “bordados de los años setenta reinventan la pintura”, suma y sigue. Luego, la cosa empeora: hay esculturas anudadas que “desafían la noción de unidad ontológica” y otras que (uno diría que como cualquier obra geométrica) <strong>conforman una “cosmología poblada por figuras plurales sin género definido que desafían el binarismo”</strong> y otras que, como “personajes a medio camino entre lo humano y lo animal habitan un espacio interespecie”. Por buena que sea, <strong>no se me ocurre ninguna obra que pueda estar a la altura de semejantes exigencias metafísicas.</strong></p><p>Además, la documentación y las cartelas establecen machaconamente en una doble aurificación de las piezas: la artista no solo hizo el objeto, también los materiales que lo componen. Aquí y allá se nos insiste:<strong> “papel hecho a mano por la artista”,</strong> <strong>“cuerdas teñidas por la artista y guijarros”</strong>, suponemos que encontrados por otros. Esta fetichización de los procesos contrasta con una de las consignas que atraviesan el planteamiento curatorial: la de que el trabajo de Aurèlia Muñoz “<strong>trasciende con creces los ámbitos del arte textil</strong> y la artesanía contemporánea”, condición que debe parecer pobre a los comisarios salvo cuando los mismos métodos de colado o teñido son realizados por un artista capaz de transmutarlos.</p><p>Ya ocurrió con la exposición de Maruja Mallo, cuando nos la presentaron como una señora con querencias <a href="https://www.instagram.com/reels/DQt21_qjdxV/" target="_blank">“ecofeministas”</a>. Entiendo el noble afán de vincular a artistas a los que admiramos con<strong> preocupaciones del presente para así mantenerlos vigentes</strong>, pero en pocas ocasiones esto funciona más allá de la consigna publicitaria o de la interpretación interesada. En una entrevista reciente, Ventosa reconocía que su madre jamás se había considerado feminista, por más que le podamos suponer tal ideología. <strong>Ignoro si le interesó la gresca ontológica, pero sospecho que tanta farfolla nos distrae del verdadero potencial plástico </strong>y semántico que se despliega, eso sí, en la pura materialidad de su obra. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 04:01:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regina Silveira, perfil y sombra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/regina-silveira-perfil-sombra_1_2178912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa2b4cf3-6982-4bc3-8501-9b53cace84e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Regina Silveira, perfil y sombra"></p><p>En su <em>Tratado de la pintura</em>, <strong>Leonardo da Vinci</strong> dedica un epígrafe a<strong> "las sombras que no concuerdan con el objeto iluminado"</strong>. "Todos los cuerpos envían su semejanza por todo el aire circundante, como es probado por la perspectiva". Aunque la prosa nos suene literaria, el <em>Tratado</em> es un libro esencialmente técnico, que enseña a los neófitos <strong>cómo representar "correctamente" el mundo según las reglas (exactas y matemáticas) de la "ciencia de la pintura"</strong>. El propósito parece benigno, pero hay que desconfiar de cualquier proyecto totalizador. Uno contempla cualquiera de esas ciudades ideales que tanto gustaban en el <em>Quattrocento</em> y se dice: claro, así es el mundo. Pregúntense, sin embargo, cuántas veces han visto que las calles de algún villorrio (por más que lo hayan diseñado con escuadra y cartabón) converjan tan ordenadamente en un punto de fuga. O cuándo se ha topado con un paisaje que se parezca en su estructura al que representan los pintores. La perspectiva (siento ser yo quien les dé la noticia) es, como cualquier otra convención representativa, una imposición sobre el mundo:<strong> una arbitrariedad</strong>. Un intento por establecer una ortodoxia en la mirada.</p><p>Pensaba en cómo habría encajado el buen Leonardo las obras de <strong>Regina Silveira</strong> (Brasil, 1939) que se reúnen en <em><strong>Timeline</strong></em>. La exposición, elegantísima, que puede verse en la madrileña <strong>galería La oficina</strong> hasta el <strong>9 de mayo</strong>, reúne una selección de trabajos fechados entre 1980 y 2025 y nos brinda la oportunidad de acercarnos a una creadora poco divulgada en el ámbito patrio. Volviendo al pintor florentino, la referencia no es caprichosa. Valga decir que la artista llegó a España en 1967 trayendo en la mochila una sólida formación como pintora y grabadora. Venía a proseguir su camino riguroso como estudiante de la <strong>Real Academia de Bellas Artes de San Fernando</strong>, donde cualquier modernez ha de dejarse en las taquillas. Sin embargo, mucho pasó desde entonces, como puede apreciarse en los trabajos de esta muestra. En casi todos predomina un uso de la sombra y la silueta, entre juguetón y contestatario.</p><p>Lo notamos, por ejemplo, en <em>Secret</em> (1997), unas cajas de madera sobre las que se ha dibujado una mano negra que recubre parte del frontal y de la tapa. Dispuestas entreabiertas, el espectador descubre que en su interior la expresión se bifurca: en el exterior, el gesto es plano; dentro, una peineta, unos cuernos o unos dedos cruzados. El motivo de las manos negras se repite en varios de los trabajos. Por ejemplo, en el enorme vinilo <em>Touch #1, 2, e 3</em> (2021), en el que se reproducen las palmas como entintadas, apretadas con gran fuerza contra la pared. También en los fotograbados <em>Plugged 1 y 3</em> (2011): dos manos oscuras, de un negro profundísimo, accionan un interruptor y sostienen una bombilla.</p><p>Volviendo a las sombras, en esta exposición las encontramos en dos vertientes. De una parte, el juego de perspectivas forzadas, en las que un elemento colocado sobre un fondo blanco e iluminado con una luz imperiosa deja tras de sí una silueta histriónica (<em>Símile 1, 3, 4</em>, 1983). De otra, aquellos en los que se pierde el referente: una tenaza que produce un peine (<em>ENIGMA III</em>, 1996) o unas zapatillas que dejan tras de sí el perfil de unas tenazas (T<em>opo-sombra 2</em>, 1983). Pero la artista no solo practica estas deformaciones y sustituciones como un ejercicio formal; también como instrumento de crítica política: personajes uniformados o trajeados que dejan tras de sí un rastro ominoso, a veces el propio (<em>Os grandes, serie dilatáveis</em>, 1981) y otras simbólico, como en <em>ENCUENTRO</em> (1991) en el que un corrillo de lo que suponemos líderes políticos o económicos aparece rodeado de los perfiles gigantescos de un tornillo, varias sierras, un sacacorchos, unas tijeras, un revólver y un tirachinas. (Mirando estas piezas, uno recuerda —aunque sea como contraparte— las <em>Auras anónimas</em> de Beatriz González).</p><p>Esta vertiente crítica también se manifiesta en los dos cuerpos de obras que completan la exposición. En el díptico <em>São Paulo turístico</em> y <em>Madrid turístico</em> (2025) la metáfora es clara: montañas de coches desguazados se superponen sobre dos imágenes típicas de la ciudad. En las protagonizadas por insectos se entrevé el contexto, aunque nos lo confirma una anécdota: la artista propuso para la Bienal de São Paulo una proyección en la que una mosca recorriera incansablemente la fachada del edificio de Niemeyer. Previsiblemente, la organización se negó.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 05:50:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Regina Silveira, perfil y sombra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[¿Qué es realmente ARCO? Pequeña guía para no sucumbir al sensacionalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/realmente-arco-pequena-guia-no-sucumbir-sensacionalismo_1_2152347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80eb4b07-1cc7-4587-ba9e-33af2dbc9954_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es realmente ARCO? Pequeña guía para no sucumbir al sensacionalismo"></p><p>En menos de una semana, <a href="https://www.infolibre.es/temas/madrid/" target="_blank" >Madrid</a> se llenará de galeristas, <em>collectors</em> y artistas venidos desde todas las provincias del imperio. ¿Su destino? El páramo de <strong>IFEMA</strong>, donde un año más está por inaugurarse <strong>ARCO</strong>, la feria de arte contemporáneo más importante de cuantas se celebran en nuestro país.</p><p>Aunque no soy pitoniso (ya me gustaría), puedo imaginarme los titulares: "La gran cita del arte", "La semana del arte en Madrid", "Epicentro del<strong> arte contemporáneo</strong>", etcétera, etcétera. Lamento discrepar: ir a <a href="https://www.infolibre.es/temas/arco/" target="_blank" >ARCO</a> para ver arte es como irse de vacaciones a Fitur o salir a cenar en Madrid Fusión. Y no lo digo para quitarles mérito o interés, sino para centrar el tiro y evitar decepciones; ya lo siento, pero las ferias no son grandes eventos culturales, sino un lugar de encuentro <strong>para profesionales del sector</strong>.</p><p>Imagino que los medios lo hacen de buena fe: tras meses sin colar en la parrilla un minutito dedicado a la plástica, llega ARCO con sus banderolas, sus <strong>coleccionistas estrafalarios</strong> y su racimito de obras histriónicas y no hay telediario que no aproveche para saldar la deuda. Precios desorbitados, crónicas al estilo <em>National Geographic</em> y dos o tres anecdotillas sobre aquel nuevo rico que se gastó un potosí en <strong>un plátano pegado con cinta americana</strong>; y, ale, hasta el año que viene.</p><p>Bien mirada, la centralidad de ARCO en el calendario informativo ilustra bastante a las claras la idea general que, sobre <em>eso del arte contemporáneo</em>, tiene el respetable: un zoco en el que <strong>gente excéntrica</strong> compra objetos pintorescos y absurdamente caros. El chiste de cada año: un visitante se olvida un paraguas en un <em>stand </em>y al intentar recuperarlo descubre que se ha vendido por <strong>varios miles de euros</strong>. Todos ríen y cae el telón. Conste, cuando digo que es para profesionales no quiero decir que los aficionados estén proscritos. Todo lo contrario: la feria ofrece entradas a cincuenta y dos machacantes, tres veces y pico más caras de lo que cuesta la del Prado y más del cuádruple que las del Reina Sofía. ¿Y qué obtendrán a cambio? No un itinerario jalonado con materiales pedagógicos en el que se expone una colección coherente, sino <strong>una sucesión de cubículos </strong>en los que galerías de distinto pelaje exhiben obras de sus artistas con la intención de venderlas a coleccionistas privados e institucionales. </p><p>Describo, no juzgo. A mí, que me dedico a la crítica de arte, me interesa asistir a una feria de tanto en tanto, porque puedo <strong>tomarle el pulso al sector</strong> y curiosear por qué artistas o disciplinas apuesta cada cual. Con suerte, descubro algo que se me había pasado desapercibido y, en el mejor de los casos, me vuelvo a casa con <strong>una docena de contactos</strong> que me vendrán maravilla en mi desempeño laboral. Porque uno no va a una feria solamente para ver arte, sino a saludar y ser saludado, cotillear en los corrillos, que te presenten a <em>nosequién </em>y a reencontrarse con colegas que se juntan en la ciudad con motivo del ilustre acontecimiento. </p><p>Habrá quien piense que<strong> el mercado</strong> desprestigia el noble propósito del arte, como si los Médici no hubiesen financiado a Miguel Ángel. Miren, si les indigna que los artistas contemporáneos quieran ganar dinero, revisen <strong>la contabilidad de Velázquez</strong>, ya verán qué sorpresa. Sospecho, claro, que el artículo nos queda más redondo si enfatizamos las obras llamativas (claro que las hay, ¿saben ustedes lo difícil que es captar la atención en ese bosque de pladur?, ¡que son<strong> dos pabellones</strong> alicatados hasta las molduras!) y narramos el asunto en una clave equivocada: como si las ferias fuesen la quintaesencia del arte de nuestro tiempo y como si el resto del año no hubiese ni una triste exposición que echarse a la boca. A efectos prácticos, las ferias de arte no se diferencian mucho de<strong> las de libros</strong> (o, si me apuran, de las de alarmas, antigüedades o automóviles), aunque la cobertura mediática <strong>sea más benévola</strong> con los vendedores de novelas que con los de cuadros.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 19:47:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué es realmente ARCO? Pequeña guía para no sucumbir al sensacionalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ARCO,Ferias y exposiciones,Bellas artes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/manuel-segade-mata-padre-reconfigura-reina-sofia-poner-centro-arte-espanol_1_2146573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/07bcffca-2b7b-4cf5-afc5-bf3dd750236b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español"></p><p>Dos años y medio después de llegar a la dirección del <strong>Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía</strong> (MNCARS), Manuel Segade <em>mataba</em> al padre y presentaba la primera entrega de la reordenación de la colección permanente del principal museo de arte moderno y contemporáneo español. La última fue en 2021, a cargo de su antecesor, <strong>Manuel Borja-Villel</strong>, al frente de la institución durante quince años. Este lunes, Segade se sometía a su mayor reto como director del museo y lo hacía atendiendo la principal demanda del sector artístico (y parte del mediático), que echó en cara a Borja-Villel la escasa representación de <strong>artistas españoles </strong>en sus salas y que, en ocasiones, criticó un relato supuestamente complejo y excesivamente críptico. En la colección permanente construida por Segade y su equipo entran Guillermo Pérez Villalta, Joan Fontcuberta, Santiago Sierra o Miquel Barceló. Sale el 15M o el relato cronológico y se mantienen ausencias como la de <strong>Jaume Plensa</strong>. Pero no solo. </p><p>Con cartelas en papel y un lenguaje más didáctico y claro, luces led y un recorrido circular (más sencillo, pero sin escapatoria) que intenta evitar esa sensación de laberinto que dicen sentir muchos de sus visitantes, el nuevo relato expositivo del <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Reina Sofía</a> recorre 50 años de historia del arte, desde la Transición hasta la actualidad con el título <em><strong>Colección. Arte contemporáneo: 1975-Presente</strong></em><em>. </em>Lo hace a través de 403 obras de 224 artistas, expuestas en los tres mil quinientos metros cuadrados de la cuarta planta del edificio Sabatini. El 64% de las piezas que podrá ver el público a partir del 18 de febrero son inéditas,<strong> el 77% del total </strong>(137) pertenece a artistas de nacionalidad española y, entre los extranjeros, el 31% es de origen latinoamericano. De los 224 artistas expuestos, 198 son individuales y 26 colectivos. Del conjunto de artistas individuales, 129 (65%) son hombres y 69 (35%) mujeres. La nueva colección del museo incluye, además, adquisiciones recientes y trabajos actuales de jóvenes artistas, muchas de ellas mujeres, con una especial atención al <strong>panorama artístico español</strong>, como Laia Abril, Mònica Planes, June Crespo, Teresa Solar, Elena Alonso, Sahatsa Jauregi o Nora Aurrekoetxea.</p><p>El proceso de reordenación <strong>se completará en 2028 </strong>y ocupará, en fases sucesivas, la segunda y tercera planta del edificio Sabatini. Las obras de esta primera fase se dividen en una introducción y tres itinerarios que acogen 21 capítulos y, aunque se trata de un recorrido ordenado, no sigue criterios cronológicos. “Más que una reorganización expositiva es una relectura crítica que busca contextualizar las prácticas artísticas en diálogo con los procesos sociales, <strong>políticos y culturales</strong> que han marcado estas cinco décadas”, señalaba la presidenta del Patronato del Museo, Ángeles González Sinde, en una presentación con la presencia del ministro de Cultura, <strong>Ernest Urtasun</strong>, que calificaba la nueva reordenación como “un acontecimiento cultural de primera magnitud que refuerza el arte contemporáneo, con el que se abre el foco y se recogen más voces, más miradas y especialmente <strong>más miradas femeninas</strong>”.</p><p>Junto a Urtasun, la subdirectora artística del Reina, <strong>Amanda de la Garza</strong>, destacaba el objetivo de lograr “un museo más habitable y generoso, con criterios de ecología y sostenibilidad” y apuntaba, además, los cambios que se han realizado en torno al diseño museográfico: “Todos estamos acostumbrados al cubo blanco, instaurado en los siglos XX y XXI como el lenguaje clásico de instalación del arte moderno y contemporáneo, pero en este caso hemos desarrollado otro tipo de lenguaje de la mano del artista <strong>Xabier Salaberría</strong>, un creador de origen vasco que a través de su obra escultórica y de un pensamiento material y espacial muy específico acompaña el diseño museográfico junto con el arquitecto <strong>Patxi Eguiluz</strong>”. </p><p>En la nueva colección del Reina <strong>conviven artistas consagrados </strong>como Picasso, Miró, Dalí, Juan Genovés, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Juan Navarro Baldeweg, Esther Ferrer, Cristina García Rodero o Andy Warhol; creadores vinculados a la Transición y la Movida como Guillermo Pérez Villalta, Ocaña, Ouka Leele, Ceesepe, Nazario, Iván Zulueta o Alberto García-Alix; artistas con una práctica<strong> atravesada por género </strong>como Judy Chicago, Barbara Hammer, Eulàlia Grau, David Wojnarowicz, Pilar Albarracín o Cabello/Carceller; figuras clave en la <strong>representación del sida</strong> como Pepe Espaliú y Pepe Miralles; artistas que articulan sus propuestas en el marco de <strong>la crítica de la representación</strong> como Joan Fontcuberta o Dora García y aquellos que se han aproximado en su obra a<strong> la identidad afro </strong>como Pocho Guimaraes, Agnes Essonti o Rubén H. Bermúdez.</p><p>“Hemos abierto muchos relatos muy distintos en la (cuarta) planta y me parece que el fundamental ha sido el de intentar entender cómo, a pesar de la importancia de lo internacional<strong>, el arte español</strong> tiene que estar en el centro. El arte contado desde aquí, que<strong> incluye voces de Latinoamérica</strong> indisolublemente relacionadas con nuestra propia comunidad hispanohablante y que también deberían formar parte central del relato”, explicaba Manuel Segade sobre una propuesta que salda deudas pendientes con el sector artístico español. “Si me preguntarais qué quiero conseguir es que alguien que llegue aquí sin tener ni idea de arte español contemporáneo ni de qué pasó en España en los últimos 50 años pueda salir, al menos, con algunos iconos visuales que le permitan reconocer de qué hablamos cuando hablamos de arte español contemporáneo. Y esa deuda,<strong> conseguir que la propia escena se identifique</strong> con su propio relato, me parece que es fundamental”. </p><p>Más mensajes de apoyo al sector: “(Esta colección) pretende construir múltiples relatos y discutir el canon, eso es lo importante. Las actividades públicas que anunciaremos buscan ser espacios de discusión y de debate en los que escuchar también a nuestra escena, en los que podamos recomponer la colección y sus ausencias con respecto a la voz de una escena que <strong>quiere sentirse representada y que lo merece.</strong> Creo que eso es muy importante y será un trabajo de escucha futuro muy importante del museo”.</p><p>Y ese relato, Segade lo articula a partir de una pregunta que atraviesa todo su proyecto de reordenación de la colección: “¿Cómo se llega al pasado <strong>desde el presente</strong>?”. El director del Reina Sofía explicaba que su propuesta no defiende un relato único y unidireccional sino “abierto y permanentemente revisable que no trata de releer el pasado para encontrar en él un espejo donde se mire nuestra sociedad actual, sino de permitir que las preocupaciones del presente encuentren en el pasado<strong> una multitud de respuestas</strong> que permitan comprender que el hoy no es algo dado, sino un llegar a ser de construcción <strong>necesariamente colectiva</strong>.”</p><p>“En épocas inciertas como las que vivimos —añadía— no pretendemos solo imaginar futuros, sino intentar reconocer en el pasado y en el presente aquellos futuros deseables que<strong> ya estaban o están aquí</strong>. Creemos que esa es la tarea fundamental a la que nos enfrentamos como museo”. En esa búsqueda de futuros deseables se incorpora la obra de artistas que, explica Segade, no formaban parte de la colección del museo: “<strong>Lo afroespañol</strong>, Rubén Bermúdez, Agnes Essonti o Pocho Guimaraes <strong>no tenían representación</strong>. Miquel Barceló estaba vinculado a un relato diferente al suyo propio, Joan Fontcuberta tampoco había sido mostrado antes, los cuadros de Picasso rotos también son inéditos, aunque él sí estaba en la colección, pero sobre todo está la obra de <strong>mujeres más jóvenes</strong> como Marina Vargas, Mónica Planes, June Crespo o Teresa Solar que no había sido mostrada hasta el momento”. </p><p>Entre las ausencias que comparte con la colección de Borja-Villel, la de Jaume Plensa. ¿Por qué? “Hay muchos artistas importantes del siglo XXI que no están todavía en la colección porque no hay piezas lo suficientemente<strong> llamativas o interesantes</strong> para contar su relato o que encajen en los relatos que aquí estamos componiendo. En el futuro esperamos poder contar con obras que sean realmente relevantes y que encajen en lo que queremos contar”. Tampoco hay, en esta primera entrega de la reordenación, obras del Grupo El Paso, de Antonio López o del <strong>realismo madrileño</strong>, pero apunta Segade que espera poder incluirlas en la siguiente entrega. </p><p>También es significativa la ausencia de un relato acerca de los movimientos sociales desde 1975 hasta el presente o de <strong>aquel 15M</strong> al que Manuel Borja-Villel dio protagonismo en su colección. “Creo que están los mismos movimientos sociales, pero están representados en modos de arte. Esa es la diferencia. Esta planta está demostrando una confianza extrema en el arte para hablar de los <strong>problemas sociales y políticos</strong>, pero el documento pasa a segundo plano. Aquí convertimos la obra de arte en el vehículo para contar la historia de su tiempo y confiamos en ella para que haga su trabajo. La obra de arte en sí misma dice mucho más que cualquier documento que podamos plantar en sala”.</p><p>— ¿Con qué presupuesto ha contado para esta reordenación, cuánto ha costado?</p><p>— Eso no me lo sé de memoria. Son partidas muy distintas, de muchos equipos diferentes que no te puedo decir exactamente. </p><p>Segade, que asumió la dirección del Reina Sofía en junio de 2023 tras resultar seleccionado en un concurso público, señaló en la presentación de su proyecto que el relato museográfico de Manuel Borja-Villel <strong>estaba “caducado”</strong>. “Hablé de un discurso caducado porque habían cerrado ya las plantas de colección con tres capítulos de <em>Vasos comunicantes</em>. Esa era mi forma de entender la caducidad. No era porque el discurso estuviese caduco, había caducado porque <strong>ya no estaba en las salas</strong> y cuando yo llegué ya no teníamos los ocho capítulos sino el tres, el seis, el cinco, el ocho. Tenías un bingo que no te permitía contar lo que realmente era la historia porque se utilizaban unas salas de exposiciones temporales que hacían difícil el mantenimiento. De ahí venía la caducidad del museo”. </p><p>Sobre si le preocupa la injerencia y/o <strong>influencia política </strong>en los discursos y relatos del Reina Sofía, Segade señalaba que “el arte <strong>es político per se</strong>, evidentemente, pero creo que lo que<strong> </strong>no debería tener un museo nacional<strong> es una tendencia política determinada. </strong>Estas colecciones se componen colectivamente durante muchas generaciones, es la historia de 40 años del propio museo… ¿Cómo nos van a inquietar los cambios políticos respecto a la lectura de una colección cuando la colección en sí misma es lo que está aquí? El museo no ha hecho que el feminismo sea central en el arte contemporáneo porque es el arte contemporáneo el que tiene al feminismo como pauta central. No es que nos hayamos levantado un día por la mañana y nos interesen las cuestiones sociales afrodescendientes, es que el arte contemporáneo <strong>está trabajando </strong>desde ese punto de vista”. </p><p>— ¿Le preocupa que en 2027, en un hipotético escenario de<strong> triunfo de la derecha</strong>, se interrumpa todo el proceso de reordenación de la colección?</p><p>— No. He trabajado en múltiples ocasiones con gobiernos de derechas que han sido hiperrespetuosos con los discursos artísticos, por ejemplo en el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M) de Madrid o en el Centro Galego de Arte Contemporáneo (CEGAC), en Galicia. Creo que, por suerte, tenemos un espacio cultural <strong>lo suficientemente maduro</strong> para representar las cosas de otra manera. Es un ‘veremos’, evidentemente, pero creo que el Reina Sofía tiene un concurso modélico desde la época que le dio la dirección a Manolo Borja, en el que se respetan los códigos de buenas prácticas y como Museo Nacional Central del Arte Contemporáneo y Moderno Español creo que es fundamental que siga así y se respete esa parte. Por ahora hay una <strong>entente cordial</strong> muy buena con el ministerio y nos han ayudado mucho en las adquisiciones que queríamos para la colección en estos años, pero sin meterse en el contenido que nosotros proponíamos desde la dirección artística y desde los diferentes equipos del museo. </p><p>El director del Reina Sofía explicaba que la colección permanente “es<strong> permanentemente revisable</strong>, como las condenas de nuestro país, y la idea es que la planta sea flexible, pero no lo vamos a cambiar nada en los próximos tres años, a no ser que haya una causa de fuerza mayor, porque queremos que el equipo se centre en las otras dos plantas de la colección. Esta es una primera tentativa que tendrá <strong>muchísimas declinaciones futuras</strong> y que tiene que ir cambiando progresivamente, hay relatos que se mantendrán, otros que se transformarán, y nos encantaría mantener una galería de escultura y que crezca la colección de instalaciones, por ejemplo”. </p><p>En esta primera tentativa, el recorrido se abre con un prólogo que inaugura la obra <em><strong>Documento nº… (1975)</strong></em><em>,</em> de Juan Genovés, la imagen de un hombre solo, sentado, con los ojos cubiertos y las manos esposadas, a la espera de un interrogatorio o una ejecución. Junto a ella, aquella viñeta titulada<em> </em><em><strong>El futuro </strong></em><strong>(1975</strong><em><strong>)</strong></em> que dibujó Chumy Chúmez para la portada de <em>Hermano lobo</em> tras la muerte de Franco. Ambas obras se erigen en la puerta de entrada a tres espacios o capítulos: <em>Estructuras afectivas de la Transición, Contracultura material </em>y<em> Tentativas</em> <em>y límites de un régimen institucional para el arte en democracia</em>. </p><p>En ellas, obras de Rafael Canogar o de Joan Miró, la <strong>visibilización de la censura</strong> en la pieza <em>Seguimiento de una noticia</em>, de Concha Jerez; varios grabados de Picasso dañados tras un atentado de los Guerrilleros de Cristo Rey en la galería Theo de Madrid (1971) o el cortometraje <em>Hotel</em>, de Iván Zulueta, con música de Jota, de Los Planetas. También Ocaña, Ceesepe, Nazario, Almodóvar, Guillermo Pérez Villalta, la contracultura, la música, el video o el cómic, la Movida o el diseño de moda o de joyas. </p><p>Y después, los tres itinerarios posibles. El primero de ellos, <em><strong>Una historia de los afectos en el arte contemporáneo</strong></em>, y cuenta “una lectura emocional de estos últimos 50 años y de <strong>los usos de los afectos</strong> como herramientas de transformación social y construcción de comunidad”. El segundo, <em><strong>Los poderes de la ficción: escultura, nuevos materialismos y estéticas relacionales</strong></em>, propone “una revisión de la escultura y de la cultura material del arte contemporáneo”, además de un borrado de esa barrera existente entre la obra y el visitante, entre la ficción y la realidad. El tercero,<em><strong> La institución, el mercado y el arte que los excede a ambos</strong></em>, recoge la explosión de la nueva figuración en la pintura española, manifestaciones de arte contemporáneo que abordan sus propuestas desde posiciones políticas y en el marco de la crítica de la representación, la identidad afro o las prácticas de género de las décadas más recientes. También, por primera vez,<strong> la genealogía del Museo</strong>, “un relato de la institucionalización paulatina que cuenta por primera vez con el propio museo como parte de su colección, es decir, el museo se mira el ombligo y explica qué ha hecho”, explica Segade.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:31:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta García Miranda]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo Reina Sofía,Ferias y exposiciones,Arte,Museos,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rebujito en Madrilucía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/rebujito-madrilucia_129_2137164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rebujito en Madrilucía"></p><p>Bertín ya tiene caseta en Ifema. "Señores, algo espectacular va a ocurrir en Madrid. Nos vamos a llevar la Feria de Sevilla <strong>al recinto ferial más grande de Europa</strong>". Pinchando en el enlace, uno averigua que puede hacerse socio del chiringo bertinesco por <strong>dos mil eurillos de nada</strong>: la cuota garantiza cinco pulseras de acceso y "pescaíto" para dos personas. How authentic!</p><p>Porque soy pobre como las ratas; si no, <strong>con gusto pagaría dos salarios mínimos</strong> por disfrutar en ese secarral multiusos (un día Fitur, al otro mortuorio de la última desgracia) de la tradicional fritura madrileña: calamar austral ultracongelado despachado en redondeles, úlcera asegurada. Les admito que, aun siendo aborigen, <strong>nunca me he manchado los zapatos de albero</strong> (me aterran las multitudes y, como todo escritor que se precie, prefiero chuzarme en casa), así que agradezco a los promotores de esta osadísima propuesta que me ofrezcan esta oportunidad de redimirme. Y sin molestos sevillanos de por medio, ¿quién da más?</p><p>"Paseos de caballos, coches de caballos", prosigue Bertín. <strong>Incluso, me cuentan, caballos a caballo</strong>. "Todo lo que hacemos en Sevilla, trasladado a Madrid. Un poco más amplio, así que estaremos más cómodos". La propuesta, tan calcadita, ofrecerá a los asistentes clases para arrancarse por sevillanas, cosa que jamás se ha ofrecido en Los Remedios (el barrio donde sucede la versión pobre de Madrilucía), porque a los andaluces —reconozcámoslo— nos falta espíritu emprendedor.</p><p>"Iba yo de peregrina y <strong>me desahuciaste de mi casa</strong>", tiquitín tiquitiqui tiquitá. "Mírala cara a cara, que es chulapa" y <strong>"algo se muere en el alma cuando la línea 6 va a reventar"</strong>. Mario Vaquerizo ya ha encargado un traje de lunares y los <em>heavys</em> de la Gran Vía se prueban el sombrero cordobés. La portada, un luminoso de Schweppes, porque en la Villa y Corte el rebujito se hace con tónica. Para la clausura, gran despliegue de pirotecnia a cargo de los artífices de la mascletá del Manzanares (¿las mejores Fallas?, las de Madrid).</p><p>Calculo que no terminaremos la década y la capital del reino será indistinguible de esos parquecitos que tienen una Torre Eiffel pocha al lado de un remedo del Golden Gate. El proyecto va muy avanzado: ya tenemos un año nuevo chino, la pólvora valenciana, flamenquito y faralaes de saldo (a lo Pitingo, vaya), <strong>una pequeña Caracas, un serpentín de Fórmula 1</strong> y la amenaza de la noria londinense que quiso armar Villacís, Dios la confunda. Ojo, que últimamente <strong>Esperanza Aguirre</strong> está levantisca: como nos descuidemos, nos encasqueta su Eurovegas con holograma fantasmagórico de <strong>Sheldon Adelson</strong> incluido.</p><p>"Cómo reluce", que cantaba Chacón, "la gran calle de Alcalá cuando suben y bajan los andaluces". <strong>Los actores de </strong><em><strong>Malinche</strong></em><strong> ya ensayan jaleos</strong> y el plantel completo de <em>El Rey León</em> se arranca por bulerías. Qué suerte tenemos los expatriados del centralismo: a cambio de un alquiler imposible podemos vivir en un simulacro. <strong>Una ciudad desfondada y camaleónica</strong>: por la mañana, empanadas argentinas, por la tarde la <em><strong>Bertín Osborne extreme experience</strong></em>. Las campanadas de Año Nuevo patrocinadas por <em>Stranger Things</em>. ¿Para cenar? Filloas con dulce de leche. Very tipical, viva el paellador a la sombrita de un madroño.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f28d3a3e-35f6-451a-b421-c4b6d49dec5b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 20:12:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Rebujito en Madrilucía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madrid,Comunidad de Madrid,Isabel Díaz Ayuso,Andalucía,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sira Rego pide a Fitur que se vete la participación de Israel en la feria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/sira-rego-pide-fitur-vete-participacion-israel-feria_1_2133518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cdf122c0-1e37-41ea-8999-f9e4caa2c8eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sira Rego pide a Fitur que se vete la participación de Israel en la feria"></p><p>La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha pedido a la dirección de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) que se adopten las medidas necesarias para que<strong> Israel no participe ni disponga de espacio alguno </strong>en la feria y ha denunciado que en la edición de este año el país está promocionando viajes y actividades turísticas en territorios ocupados de Cisjordania, según informa EFE.</p><p>A través de una carta dirigida a <strong>María Valcarce, directora de Fitur</strong>, Rego ha afirmado que la participación del Estado de Israel en Fitur es "incompatible" con los principios que deberían regir un foro internacional de estas características.</p><p>"Solicitamos que se adopten las <strong>medidas necesarias</strong> para que Israel no participe ni disponga de espacio alguno en esta feria", ha apuntado la ministra de IU, de origen palestino.</p><p>El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunció el viernes la<a href="https://www.infolibre.es/politica/consumo-investiga-puestos-israelies-fitur-posible-oferta-viajes-territorios-palestinos_1_2133252.html" target="_blank"> apertura de una investigación para identificar empresas </a>que podrían estar promocionando desde el estand de Israel en la Fitur<strong> viajes a territorios palestinos ocupados ilegalmente</strong>.</p><p>En su carta, Rego recuerda que el real decreto ley de medidas urgentes frente al genocidio en Gaza y de apoyo a la población palestina considera <strong>publicidad ilícita</strong> la promoción de servicios y actividades económicas en asentamientos israelíes en el territorio palestino ocupado.</p><p>Para Rego, que un evento internacional celebrado en España sirva para "legitimar y normalizar la explotación económica de un territorio sometido a ocupación militar ilegal resulta<strong> inaceptable e incompatible con el derecho internacional</strong>".</p><p>La promoción de estos viajes se produce, señala la ministra, en un contexto marcado por<strong> el "genocidio" </strong>perpetrado por Israel contra la población palestina en Gaza y por "una política sostenida de ocupación, represión y violencia estructural en el conjunto del territorio palestino".</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[d158d90d-61f4-4927-9774-03b51805076b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 11:40:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sira Rego pide a Fitur que se vete la participación de Israel en la feria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La invasión de Gaza,Palestina,Israel,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Óliver Laxe en el Reina Sofía: una escena postcréditos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/oliver-laxe-reina-sofia-escena-postcreditos_1_2116985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4b2fcaa7-bbd0-4b3c-bf50-e17c30a5c60b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Óliver Laxe en el Reina Sofía: una escena postcréditos"></p><p>El martes fue un día agitado para Óliver Laxe: por la mañana, rueda de prensa en el <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Reina Sofía</a> para presentar <em>HU</em>; por la tarde, noticias esperanzadoras para <em>Sirat</em> en la carrera <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/espanola-sirat-oliver-laxe-precandidata-oscar-cinco-categorias_1_2115762.html" target="_blank" >hacia los Oscar</a>.</p><p>Menciono la coincidencia no solo por dar contexto, sino porque ambas obras están claramente relacionadas: parecería que lo que encontramos en el museo es una mera extensión <strong>de la película</strong>. La propuesta de Laxe, titulada <em>HU/</em>هُوَ. <em>Bailad como si nadie os viera</em>, divide la sala del Espacio 1 en dos compartimentos. En el primero, casi en penumbra, se ha instalado una mastaba de altavoces raveros, similar a las que vemos en los primeros minutos de su largometraje. Plásticamente es interesante: su rotundidad contrasta con las marcas que han ido dejando los sucesivos montajes y recogidas; por los desgastes de la pintura negra que los recubre emerge el color cálido de la madera. Iluminada de manera cenital, el montículo adquiere la categoría de<strong> tótem</strong>. Ayuda, claro, el impacto sonoro: una frecuencia constante que permanece sin inmutarse. Lo divino, ya saben, no admite variaciones.</p><p>En este espacio intersticial (preliminar) también nos topamos con la cartela que sitúa retórica y teóricamente la instalación. En ella se mencionan algunas coordenadas religiosas (en el islam, el "As-Sirāt" es el puente que se cruza en el camino de la resurrección y el "Hu" —en el sufismo— es el pronombre de Dios, "manifestación sonora primigenia de la deidad") y se justifica el subtítulo ("bailad como…"), que está tomado de un verso <strong>de Rumi</strong>, místico sufí que vivió en el siglo XIII. A pesar de lo connotado de todos estos términos, los textos de la exposición insisten en que la propuesta renuncia a símbolos religiosos explícitos y que, en ese sentido, se ha optado por lenguajes visuales y sonoros abstractos. En la segunda sala, en tres pantallas que colman las paredes disponibles, se proyectan —en bucle— una serie de paisajes desérticos que se alternan con imágenes de puertas y escaleras de edificios religiosos rodadas hace una década<strong> en Irán</strong>. La geometría sagrada (sic) de estos elementos se funde (el umbral y los peldaños son, admitámoslo, metáforas <strong>un poco groseras</strong>) con escenas en las que los personajes de la película bailan sobre la planicie en la que termina el filme: ese campo minado «en la frontera con Mauritania» (¿por qué habrá un campo minado ahí? ¿Ha pasado algo en el<strong> Sáhara Occidental</strong> en los últimos decenios? No nos desviemos, volvamos a la mística con musicote, etcétera).</p><p>El visitante, sentado en el banco adosado para tal fin en la pared restante, contempla el solapamiento de los paisajes áridos, los muros y dinteles de templos cualesquiera y esa versión extendida de los danzantes protagonistas de <em>Sirat</em> envuelto en una música apabullante que, a fuerza de bajas frecuencias, quisiera causarnos un trance<strong> sinestésico</strong> y abrir el horizonte de un mundo reencantado. El propósito es encomiable, aunque complicado si uno pretende <strong>nadar y guardar la ropa</strong>. </p><p>Si no es por exotismo, cabría preguntarse por qué una propuesta que quiere alejarse de los "símbolos religiosos explícitos" se envuelve en semejante terminología. También, si toda la panoplia de elementos vinculados a tradiciones místicas que se insinúan en la obra (el desierto, las danzas rituales —desde los derviches hasta las bacantes—, las sustancias enteogénicas, la adoración solar, etcétera) no son más que elementos cosméticos: es decir, que no se desarrollan más por<strong> cobardía</strong> que por la supuesta <em>apertura</em> que tanto se pregona.</p><p>Resulta difícil desligar <em>HU</em> del <strong>revival espiritual</strong> que venimos padeciendo en los últimos tiempos: artefactos apegados a una idea sin contornos, armadas con palabras huecas bajo las que se esconde la enésima transmutación del individualismo más atroz. Prácticas milenarias convertidas en recursos estéticos, que dan color pero no manchan; que aportan matices pero <strong>no comprometen</strong>. En fin, vaguedades que, desprovistas de radicalidad, pueden acomodarse según convenga.</p><p>Con la exposición de Óliver Laxe, el Museo Reina Sofía inaugura su nueva programación para el Espacio 1, sala anteriormente dedicada al programa "Fisuras", por el que, de tanto en tanto, logró<em> colarse</em><strong> algún artista español </strong>de media carrera. Desde ahora dedicada al "cine de exposición", concepto novísimo, y vinculada al programa de cine de la institución. Esta no es, sin embargo, la primera intervención de un artista ajeno a las prácticas tradicionalmente museísticas ha realizado en el centro madrileño. Por ejemplo, <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/albert-serra" target="_blank">Albert Serra</a> (otro cineasta) fue invitado a Fisuras en 2019. También, en 2020, el <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/nino-elche" target="_blank">Niño de Elche</a> realizó, por encargo del museo, su <em>Auto Sacramental Invisible</em>.</p><p>En suma, más que una obra autónoma, <em>HU</em> parece el resultado de reciclar <strong>materiales descartados</strong>: una instalación que no logra estar a la altura del andamiaje conceptual tras el que se parapeta ("un monoteísmo austero", ¿qué será eso?); y que, sirviéndose de nociones grandilocuentes, no nos ofrece algo muy distinto a las escenas postcréditos que se han vuelto tan recurrentes en el cine de superhéroes: un<strong> añadido insustancial</strong> para estirar el interés de los aficionados.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 05:00:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Óliver Laxe en el Reina Sofía: una escena postcréditos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo Reina Sofía,Premios Óscar,Cine,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Pérez Agirregoikoa en CA2M: un panfleto malo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/juan-perez-agirregoikoa-ca2m-panfleto-malo_1_2113099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df1a140a-3016-4e37-ad41-8a2a93c5c72a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan Pérez Agirregoikoa en CA2M: un panfleto malo"></p><p>La exposición de <strong>Juan Pérez Agirregoikoa</strong> (San Sebastián, 1963) en el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M) quiere ser una muestra irreverente. Nos lo advierte la cartela de bienvenida —que firma Chus Martínez, la comisaria— en la que se enumeran algunos gestos discretamente contestatarios, como los grafitis hallados en las ruinas romanas o la irresistible tentación de pintarle un bigotito al retrato de los próceres que nos trae el periódico.</p><p>En <strong>"Guerra, comercio y filantropía"</strong> no hay ni bigotes postizos ni grafitis, sino pintura de factura naif, algún vídeo, unos murales, dibujos de arlequines, máscaras de cabezudos y unos reos de muerte de lo más dicharacheros. La sala más amplia está dedicada a estos cuadros que les menciono: fondos pintados con acrílico y torpeza y formas hechas con cuadraditos de papel coloreado. Unos los protagonizan tigres feroces, que llevan lo <em>contestatario</em> en el título. <em>American Imperialism Is… Clapping</em> (2021): efectivamente, un tigre empapelado en azul y rosa mira dos manitas que, flotando en el éter cian del fondo, aplauden. En otros, el <em>Imperialismo americano</em> será <em>una abeja blanca </em>(2021), <em>un tigre de plástico</em> (2022) o <em>un libro rosa</em> (2021). Junto a estos trabajos se sucede una serie de manos derechas con dedos a tutiplén, practicadas con una factura similar (fondos despachados a brochazos, formas infantiles dibujadas con papelitos al modo de teselas) que alternan con mariposas y otros insectos dicharacheros. Para entender el significante oculto en ellas hay que buscar la cartela, donde se nos cuenta su importancia en <strong>el arte rupestre</strong>, que "expresan la fuerza colectiva frente al poder" o que la inteligencia artificial no tiene manos: "El futuro de la democracia requiere repensar radicalmente los sistemas simbólicos sobre los que se asienta". Pues vamos listos.</p><p>Continuando la visita, vemos a unos payasos que, haciendo números coreográficos, colocan las piernas de tal manera que parecen <strong>esvásticas</strong>. También, con un montón de caballos de todos los colores: a veces en manada y otras llevando sobre la grupa a algún personaje que, sin quitarse la soga del cuello, toca algún instrumento musical. El triángulo, el tambor, una guitarra. En estas salas se han incorporado dos vídeos. En el primero, <em>The Masters Signifiers Lake</em> (2024), realizado mediante la animación de una serie de dibujos hechos con lápices de colores, unas bailarinas con tutú y nariz de payaso bailan "el lago de los cisnes de forma nazi": los brazos y las piernas forman cruces gamadas. En el segundo, <em>Querido censor</em> (2025), tres payasos (traje negro enterizo, cuello blanco, pelucón con calva comprado en un todo a cien) expurgan una biblioteca remedando el pasaje del <em>Quijote</em>. Van sacando libros que no conocen, pero cuya sinopsis recitan con pésima pericia actoral; que luego encuentran condenables y que, posteriormente, <strong>lanzan por una ventana</strong>. Transcribo, para que no crean que exagero, un pasaje particularmente ilustrativo:</p><p>"Payaso 1:</p><p><em>De l’infinito, universo e mondi</em>, de Giordano Bruno. <em>Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo</em> de Galileo Galilei y <em>De revolutionibus orbium coelestium</em>, de Nicolás Copérnico.</p><p>Payaso 2:</p><p>Antiguos libros son esos.</p><p>Payaso 3:</p><p>	Pues estos tres iluminados, inspirándose en estudios de los antiguos griegos, no solo niegan que la Tierra es plana, sino que afirman además que es redonda y formulan la teoría heliocéntrica del sistema solar…</p><p>Payaso 1:</p><p>¡¡¡Pero eso es absurdo, la Tierra es plana, la Luna es plana y <strong>todo es plano</strong>!!!".</p><p>El vídeo prosigue con reseñas igualmente falaces sobre la <em>Fenomenología del Espíritu</em>, la <em>Ética </em>de Spinoza o el <em>Discurso a la Academia </em>de Rousseau, en un nivel de <strong>panfletarismo</strong> y estupidez realmente admirable. (Por supuesto, nadie nunca pensó que la tierra fuese plana, por eso ni Bruno, al que quemaron por sus tesis sobre la Trinidad, Copérnico o Galileo tuvieron que demostrar la redondez del orbe terráqueo, cuya cintura midió Eratóstenes de Cirene con poco más que un palo y trigonometría en el siglo III antes de Cristo).</p><p>La exposición se completa con una serie de diagramas de Venn de lo menos ingenioso, unos vídeos en los que personajes cabezudos recitan textos clásicos a otros cabezudos o a palomas del parque (cosas de listos dichas a gente tonta, <strong>qué risa</strong>); o en el que dos chavales se ponen unas máscaras negras y empiezan a pasearse por un pueblo desértico en el que, sin embargo, están seguros de estar intimidando a las clases medias. También con una serie de dibujos protagonizados por arlequines en los que el artista realiza finos ejercicios de sátira, como retratar a <strong>Jiménez Losantos</strong> diciendo que todo es culpa del comunismo.</p><p>Alguna vez he escrito preguntándome si el arte <em>político</em> tiene alguna posibilidad de interferir —con eficacia— en las inercias del mundo. En este caso, viendo<strong> lo pedestre</strong> de todo el planteamiento, siquiera será necesario retomar esa discusión. Me molesta, sin embargo, la coartada en que parece ampararse todo: las dichosas revoluciones sutiles (el gestito, el comentario ingenioso, la viñeta de El Roto —siempre certero—), que no nos llevarán a asaltar el Palacio de Invierno, pero que dejarán a sus autores más anchos que largos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Dec 2025 05:01:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Juan Pérez Agirregoikoa en CA2M: un panfleto malo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ferias y exposiciones,Humor,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuerpo como problema, el cuerpo como posibilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/cuerpo-problema-cuerpo-posibilidad_1_2109385.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8284cbd-433e-4d74-8424-272900f515b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuerpo como problema, el cuerpo como posibilidad"></p><p>Hará una década holgada, un eslogan repiqueteaba de exposición en exposición. «Nadie sabe lo que puede un cuerpo». La cita, tomada de la tercera parte de la <em>Ética</em> de Spinoza («Ethica more geometrico demonstrata», una lectura amenísima), sirvió de coartada para toda clase de propuestas <strong>feministas y posthumanistas </strong>que hubiesen desconcertado al pobre filósofo. No porque las desaprobase, sino porque el buen Baruch solo quería decirnos que hasta que no sepamos de qué es capaz la materia de la que estamos hechos, mejor no recurrir a las ignotas potencias del alma para explicar tal o cual asunto.</p><p>Recordé el divertido malentendido visitando <em>Beyond the Body: Between the Intimate and the Political</em>, la exposición que —apenas pasado un mes de su inauguración— <strong>acaba de clausurarse</strong> en la galería Bernal Espacio. (Ya lo siento, pero mejor llegar tarde que no llegar). La exposición, compuesta por trabajos de algunos de los pesos pesados de las últimas décadas, explora el amplio campo semántico asociado<strong> a la corporalidad</strong>, en el que se inserta lo pornográfico, lo privado, lo delicado, lo autolesivo y, por supuesto (tal como adelanta el título), lo político. «El cuerpo», como dijo Barbara Kruger, «es un campo de batalla».</p><p>Este encontronazo conceptual queda bien ejemplificado en la serie <em>Untitled (protest)</em>, (2014) de Richard Prince: una colección de duetos compuestos por el encuentro entre una instantánea de una manifestación y una imagen arquetípicamente pornográfica. Muchos de los trabajos de la exposición practican esto que técnicamente se llama «apropiacionismo», y que, en román paladino, consiste en afanar imágenes ajenas para <strong>armar con ellas la propia obra</strong>. Así hace también Thomas Ruff en la serie <em>nudes</em> (2001), cuyas imágenes proceden de miniaturas de vídeos eróticos colgados en internet, posteriormente ampliadas —por tanto, distorsionadas— y manipuladas por el artista. John Baldessari no recurre al ciberespacio (cómo ha envejecido esta palabra, ¿eh?), sino que <em>rapta</em> sus <strong>estampas de la prensa </strong>para, posteriormente, reencuadrarlas en torno a un elemento concreto. En este caso, manos, rodillas y pies (<em>Hands & Feet: Knees</em>, 2017). La obra expuesta es particularmente inquietante: tres muchachas —con vestidos cortísimos, un delantalito de encaje y zapatos de tacón— reposan sobre unos taburetes. Por el margen derecho, las manos de un hombre (los dedos arqueados, la camisa de puño blanco con gemelo) se posan sobre una de las rodillas, como si la acomodara.</p><p>Los trabajos de Baldessari, Ruff y Prince utilizan a su favor la incomodidad o la sorpresa que en el visitante de la galería (espacio prudente y burgués), puedan producir la convivencia con esas imágenes obscenas. Lo sórdido no es, sin embargo, el hallazgo inesperado de un culo o un pezón, sino la enésima usurpación de los cuerpos que se practica en estas obras. <a href="https://www.infolibre.es/cultura/claudia-andujar-posesion-cuerpo_1_2020943.html" target="_blank">Al célebre problema del artista y la modelo</a> se le suma el de los posteriores intermediarios de esa primera apropiación, que cuentan en su arsenal con la completísima caja de herramientas simbólicas de las que se dispone en las bellas artes.</p><p>Pero en <em>Beyond the Body</em> no solo asistimos a tensiones con el cuerpo ajeno, <strong>también con el propio</strong>. La exposición nos ofrece tres obras fascinantes de Bas Jan Ader. Dos de ellas pertenecen a la serie de las caídas: en una (<em>Fall 1, Los Angeles</em>, 1970), vemos al performer rodando por el tejado de una casa. Le faltan pocos metros para estamparse contra el suelo. Su silueta aparece borrosa, pero diríamos que no intenta aferrarse a nada que pueda evitarle el golpe. Tras de él, la silla en la que debió de estar sentado, lo sigue en el descenso. En otra (<em>Fall 2, Amsterdam</em>, 1970) está lanzándose al canal subido en una bicicleta. La tercera consiste en un autorretrato en el que el artista aparece con el rostro <strong>cubierto de lágrimas</strong>. Apoya la cabeza en su mano izquierda. En la esquina inferior hay una anotación al modo en que se escriben las dedicatorias en las fotos de las divas. «I’m too sad to tell you»: Estoy demasiado triste como para contártelo. Leyéndola (y sabiendo que Ader se perdió en el mar, subido a una barca, durante su última performance) uno recuerda aquellas palabras con las que <strong>Leonard Cohen</strong> agradeció el premio Príncipe de Asturias. «Si uno quiere expresar la grande e inevitable derrota que nos espera a todos, tiene que hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y de la belleza».</p><p>Completan la exposición una fotografía de<strong> Marina Abramović</strong> (uno de los fetiches de esta galería) en la que parece atada por el moño —espalda contra espalda— con su compañero Ulay (<em>Relation in Time</em>, 1977-2010), unas fotografías de Francesca Woodman (la artista, enfundada en vestidos holgados, posa junto a grandes telas, la composición tiene algo de espectral, como si los lienzos fuesen mortajas dispuestas a envolverla) y la versión que sobre ellos hizo Suárez Londoño (uno de los dibujantes y grabadores más exquisitos del panorama internacional); y unas estampas de Doris Salcedo (<em>Disremembered, Atrabiliario, Palimpsesto,</em> 2024) protagonizadas por un par de zapatos y una prenda livianísima sostenida contra una pared blanca. </p><p>También, un políptico de xilografías de William Kentridge (unos cuerpos encorvados y ensombrecidos suben una barca que se dispone a zarpar, la vinculación con el final de Ader surge espontáneamente) y una serie de márgenes vacíos de Oscar Muñoz (<em>4:3</em>, 2013-2017), sobrantes de pliegos fotográficos de los que se han extraído las imágenes. Es un bonito cierre: toda ausencia reclama una presencia.</p><p>Aunque muchas de estas obras ya las hemos visto en exposiciones anteriores de la galería (esto es un <em>pero</em>), <em>Beyond the Body</em> logra vincular el conjunto con inteligencia y finura, propiciando, entre obras tan singulares, un encuentro fértil y sugerente. Que todas las repeticiones sean así.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 05:01:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El cuerpo como problema, el cuerpo como posibilidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fotografía,Artistas,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A dentelladas con la historia: Carla Filipe en 'La oficina']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/dentelladas-historia-carla-filipe-oficina_1_2097400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f0da49f-f1e5-4b3b-8827-be6c5fad312a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A dentelladas con la historia: Carla Filipe en 'La oficina'"></p><p>Walter Benjamin dijo que el materialismo histórico proponía <strong>una relación empática con el pasado</strong>. Frente al parentesco —dice el filósofo— que la visión historicista establece con los triunfadores pretéritos (interpretando sus victorias como motor de la historia: la conquista, la cristianización, la gesta civilizatoria, ¿les suena?), la visión materialista contempla con pasmo <strong>el desfile triunfal de los dominadores del presente </strong>—herederos de los vencedores del pasado— fijando la mirada en los cuerpos que asfaltan el suelo por el que avanza la procesión.</p><p>"Como suele ser habitual", prosigue Benjamin, "al cortejo triunfal le acompaña un botín. Son los llamados <strong>bienes culturales</strong>. Estos siempre habrán de encontrar en el materialista histórico a un observador distanciado: todos, sin excepción, tienen para él una procedencia que no puede pensar sin horror. […] No hay un solo documento de cultura que no sea a la vez un documento de la barbarie". </p><p>Recordé este (celebérrimo) pasaje de la <em>Tesis sobre el concepto de historia</em> visitando <em>Expurgar papel: cadáveres, onde a memória coletiva ainda emerge </em>[Expurgar papel: cadáveres, donde la memoria colectiva aún emerge], <strong>la exposición de Carla Filipe</strong> (Vila Nova da Barquinha, Portugal, 1973) que puede verse hasta finales de diciembre en la galería <a href="https://laoficinagaleria.com/exhibition-8"  >La oficina</a>. En ella, Filipe continúa sus investigaciones plásticas y teóricas en torno al archivo como dispositivo de memoria, de interpretación del pasado y, por tanto, <strong>de justificación del presente</strong>. <em>Expurgar papel</em>… es, formalmente, una colección de collages armados con materiales de época. En la muestra, los trabajos gravitan por el espacio de la galería suspendidos del techo con hilos finísimos. El conjunto adquiere <strong>un airecillo espectral</strong>, como si fueran pendones izados por vaya usted a saber quién.</p><p>Instalados de este modo, la solemnidad inherente a todo <em>documento</em> se beneficia de una liviandad inesperada. Además, el montaje permite <strong>un juego de anversos y reversos muy sugerentes </strong>(la gramática del papel y la burocracia) en cuyo eje destaca un soporte singular: carpetas que, desplegadas, sirven de base a la composición. Ver documentos históricos recortados y pegados le causa a uno una pequeña conmoción. Nuestra educación nos ha entrenado <strong>para reverenciar el material de archivo</strong>: los documentos históricos se guardan con respeto y se los preserva de las agresiones del tiempo y de los iconoclastas. Bajo esta veneración documental subyace, claro, <strong>una servidumbre a aquellos que son documentados</strong>: los protagonistas de la historia, cuya memoria conservamos como si fuera la nuestra. (La facilidad con la que actualmente producimos registros de nuestra vida puede hacernos olvidar que hará menos de un siglo, un trabajador quizás se hacía dos fotografías durante toda su vida; y antes, ningún retrato).</p><p>Para componer estas obras, la artista practica un procedimiento curioso, consistente en el rescate de fotos, periódicos, postales, cartas o calendarios (sacándolos de los mercadillos y lugares semejantes, donde es fácil que se deterioren y se pierdan) que luego <strong>preserva mediante su reconversión en obra de arte</strong> (esto es, alterándolos, uniéndolos y mutilándolos). Muchos de los fragmentos conservan escenas coloniales o aluden a sucesos políticos de la historia portuguesa. Algunas son <strong>muy pintorescas</strong>: unos señores trajeados y con sombrero vigilan un edificio de ventanas embarrotadas. En el pie de foto se lee: "Revolucionarios civiles, pobres pero honrados, guardando el Banco de Portugal pasadas unas horas de la revolución del Cinco de Octubre". Otras composiciones están armadas con elementos poco narrativos, pero que dan cuenta de <strong>las costumbres de una época</strong>: por ejemplo, la utilización de franjas negras en los bordes de los sobres y del papel de las cartas para "enlutar" la correspondencia. Además de las piezas suspendidas, la exposición integra unas piezas llamadas <em><strong>paneles</strong></em>, armadas con recortes de textos y pequeñas estampas que intersecan recordando a un crucigrama o al callejero de alguna ciudad.</p><p>Las obras de esta exposición, aunque hechas con retales, desprenden <strong>una cierta elegancia</strong>: los collages están hábilmente compuestos y las particularidades plásticas de sus materiales excitan la curiosidad del visitante. No se trata, quiero decir, de ejercicios que se queden en el mero esbozo conceptual: se aprecia en todo momento <strong>una voluntad estética</strong>. Este atractivo, creo, compensa su hermetismo: si las piezas no nos cautivasen, sería complicado que nos detuviésemos en ellas el tiempo suficiente como para desencriptar el asunto que tratan.</p><p>Yendo a lo pedagógico, el visitante puede echar de menos <strong>algún material introductorio </strong>que le facilite la lectura concreta de las obras: aunque la exposición se acompaña de un interesante texto firmado por Laura Vallés Vílchez, no sirve para interpretar unas piezas en las que se alude a <strong>unos trasuntos históricos</strong> que podemos, perfectamente, ignorar. Con todo, y más allá de nuestra capacidad personal para captar tal o cual referencia, advertimos cómo Filipe despliega en estos trabajos un procedimiento admirable: la manipulación —ahora sí, explícita— del relato. <strong>Una venganza contra los autores de </strong><em><strong>esa historia</strong></em> que, queriendo ser invulnerable, ha terminado descompuesta solo con la fuerza de unas tijeras y un poco de adhesivo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Nov 2025 05:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[A dentelladas con la historia: Carla Filipe en 'La oficina']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Portugal,Ferias y exposiciones,Historia,Colonial,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Albares reconoce la "injusticia y el dolor" causado hacia los pueblos originarios mexicanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/albares-reconoce-injusticia-dolor-causado-pueblos-originarios-mexicanos-ve-justo-enmendarlo_1_2090564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/51ed28ed-e967-47ac-864e-128638e2a115_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Albares reconoce la "injusticia y el dolor" causado hacia los pueblos originarios mexicanos"></p><p>El ministro de Asuntos Exteriores, <a href="https://www.infolibre.es/temas/jose-manuel-albares/" target="_blank" >José Manuel Albares</a>, ha afirmado este viernes que a lo largo de la historia compartida entre España y <a href="https://www.infolibre.es/temas/mexico/" target="_blank" >México</a> “ha habido dolor e injusticia” hacia los pueblos originarios mexicanos y que es “justo reconocerlo y enmendarlo”, asegura EFE.</p><p>En la inauguración de la exposición <em>La mujer en el México indígena</em>, organizada entre ambos gobiernos, Albares ha asegurado que entre España y México ha habido “una historia muy humana y, como todo lo humano, con claroscuros”, para quien es “parte de nuestra historia compartida y no podemos <strong>negarla ni olvidarla</strong>”.</p><p>Por eso, esta exposición organizada a instancias de la presidenta de México, <a href="https://www.infolibre.es/temas/claudia-sheinbaum/" target="_blank" >Claudia Sheinbaum</a>, es parte del "camino de justicia y reconciliación que recorremos juntos; un hito más en nuestras relaciones y nuestra hermandad”, ha dicho Albares.</p><p>La exposición ‘<em>La mitad del mundo. La mujer en el México indígena</em>’ es un homenaje al universo femenino, en el que, a través de cerámicas, textiles, esculturas y joyas, se pone de manifiesto el papel de la mujer <strong>como transmisora de cultura y tradición</strong>, tanto en el ámbito doméstico como en el terrenal y espiritual.</p><p>La muestra, que reúne <strong>435 piezas</strong> procedentes de diversos pueblos indígenas de todo México, se presenta en cuatro sedes: el Museo Arqueológico Nacional (MAN), la Fundación Casa de México en España, el Instituto Cervantes y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que ofrecen distintos aspectos del universo indígena femenino.</p><p>La presidente del país norteamericano celebró este viernes como "importante" y un "primer paso" por parte de España las declaraciones del ministro español. “Es<strong> la primera vez </strong>que una autoridad del Gobierno español habla de lamentar la injusticia. Es importante. Es, desde mi punto de vista, un primer paso y habla de la importancia de lo que siempre hemos dicho”, afirmó Sheinbaum en su conferencia matutina.</p><p>Pese a que dio la “enhorabuena por este primer paso del canciller del gobierno español”, Sheinbaum reiteró la petición de perdón que España, a su juicio, <strong>le debe a México</strong>. "El perdón engrandece a los gobiernos y a los pueblos. No es humillante, al contrario, reconocer la historia, reconocer los agravios, pedir perdón o lamentar. Y recuperarlo como parte de la historia <strong>engrandece a los gobiernos</strong> y a los pueblos”, afirmó. “Durante un tiempo se habló del encuentro de dos culturas, que de efecto siempre hubo el encuentro de dos culturas, pero fue muy violento. Fue un proceso de <strong>invasión violenta</strong>”, expuso Sheinbaum.</p><p>La mandataria mexicana enmarcó el gesto en los primeros resultados de <strong>la solicitud de perdón </strong>formulada en 2019 por el entonces presidente <a href="https://www.infolibre.es/temas/andres-manuel-lopez-obrador/" target="_blank" >Andrés Manuel López Obrador</a> (2018-2024) por los agravios de la conquista. </p><p>Las relaciones entre México y España han vivido <strong>momentos de tensión</strong> después de que el rey Felipe VI no fuese invitado a la toma de posesión de Sheinbaum en octubre de 2024, que la mandataria mexicana justificó por la falta de respuesta de Madrid a la solicitud de perdón, y ante lo que el Gobierno español decidió <strong>no enviar a ningún representante</strong> en un hecho sin precedentes.</p><p>El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha afirmado que<strong> no se avergüenza de la historia de España</strong>, después de las declaraciones de Albares sobre México.</p><p><strong>"Yo no me voy a avergonzar de la Historia de mi país"</strong>, ha afirmado Feijóo en un mensaje en X en el que afirma que lo que le avergüenza es la actualidad a la que condena a España este Gobierno.</p><p>Por ello, ha agregado, quien tiene que pedir perdón por lo que hace ahora es el<strong> propio Gobierno.</strong> "Que pidan perdón por lo que hacen ellos ahora", ha sentenciado.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2025 16:20:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Albares reconoce la "injusticia y el dolor" causado hacia los pueblos originarios mexicanos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Albares,Ministerio de Exteriores,Claudia Sheinbaum,Ferias y exposiciones,Arte,Mujeres,Indígenas,Alberto Núñez Feijóo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un panteón hinchado, unos muertos dados la vuelta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/panteon-hinchado-muertos-dados-vuelta_1_2081704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5183c3a7-7738-4edb-8340-d32784d4b7b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un panteón hinchado, unos muertos dados la vuelta"></p><p>Nuestra relación con los cementerios se ha ido enfriando durante los últimos siglos. La culpa, según parece, la tuvo el descubrimiento de los microbios y la invención de los miasmas: temiendo que <strong>los muertos contagiasen a los vivos</strong>, los camposantos dejaron de acomodarse al costado de las iglesias y se mudaron al extrarradio.</p><p>El alejamiento, sin embargo, no consiguió disolver los estrechos vínculos que se mantienen <strong>entre la ciudad y la necrópolis</strong>: como apreció Foucault, es de esperar que el esquema social se calque si cada familia reparte a sus parientes entre ambos condominios. Como se sabe, Foucault encontró en el cementerio (también en el barco, la prisión y el manicomio) un ejemplo para <strong>su concepto de "heterotopía</strong>": lugares capaces de yuxtaponer múltiples emplazamientos incompatibles entre sí y donde no operan las relaciones habituales que establecemos con los espacios. Faltaría, claro, el aderezo de la fascinación que nos produce la muerte (con todos sus perejiles) y ya tendríamos suficientes excusas para engolosinarnos con el corral de los quietos.</p><p>Un panteón, hinchado y orondo, recibe al visitante. Es la pieza fundamental de <em><strong>Lo inverso es recíproco</strong></em>, la exposición de Ken Sortais (París, 1983) que puede verse hasta mediados de noviembre en la <strong>galería Alegría de Barcelona</strong>. En el texto de sala se nos relatan las peripecias que rodearon la ejecución de la obra: el artista, que ha escondido sus herramientas entre las tumbas cercanas, salta la tapia con nocturnidad y pasa la noche cubriendo con látex el fúnebre edificio. Con las primeras luces, <strong>se escabulle</strong> para regresar más tarde y proseguir con la siguiente capa. Los visitantes, al verlo deambular con ropa de faena (repone el engrudo antes del siguiente asalto) lo confunden con un trabajador del camposanto y le solicitan indicaciones. Nadie parece reparar en la película que recrece sobre el mausoleo. Terminado el proceso —siempre al abrigo de la oscuridad— Sortais <strong>levanta la gruesa capa de cobertura</strong> como si lo despellejara. Sellados los cortes, el panteón, invertido, <strong>se infla </strong>como una atracción de feria.</p><p>Aunque la obra pueda ser <strong>conceptualmente interesante</strong> (un artefacto luctuoso transformado en algo frívolo y juguetón), su mayor atractivo reside en lo plástico: en los intrincados detalles de su superficie y en la apropiación (literal) de<strong> elementos provenientes del original</strong>, como líquenes y residuos de la piedra. Estas concreciones objetivan el modelo: no se trata de una escultura <em>que se parece</em> a un panteón, sino un calco (un simulacro sazonado con pequeños robos) realizado por<strong> un proceso similar al desollamiento</strong> (un tormento no extraño para las artes: miren el episodio de <a href="https://fine-arts-museum.be/fr/la-collection/jusepe-de-ribera-apollon-ecorchant-marsyas" target="_blank">Apolo y Marsias</a> o cualquier retrato de san Bartolomé).</p><p>Además, la hinchazón nos desvía hacia un derrotero sórdido: los cadáveres también inflaman durante la descomposición. ¿Y si, en vez de algo rebotante y lúdico, tuviésemos delante <strong>una cripta a punto de reventar</strong> a causa de la gasificación de sus moradores? Mientras trataba de justificar mi interés por esa escultura tumefacta, recordé aquella maledicencia sobre <em>La muerte de la virgen</em>, que aseguraba que Caravaggio habría usado el cadáver de una ahogada en el Tíber (una suicida) como modelo para <strong>María Santísima</strong>. La creencia se apoyaba en la distensión del vientre y en las comprobadas canalladas <strong>de las que era capaz el pintor</strong>.</p><p>La sala principal se completa con un políptico rojizo en el que se reproduce un patrón de moscas copulando: la fauna cadavérica obtiene placer donde otros<strong> solo hayamos repulsión</strong>. (En alguna parte leí que Dios no creó a estos insectitos durante las seis jornadas en las que apañó el universo: solo con la aparición del pecado y la muerte llegó la corrupción; y<strong> la putrefacción de las cosas</strong> convocó a sus aliados). También, con otra formidable escultura, igualmente inflable pero esta vez colorida. En ella, unos comensales parecen atrapados bajo un velo (una mortaja colosal) tras el que insinúan sus contornos. Todos ellos, a pesar de su estatismo, se dirían incómodos. En la sala aneja, una <strong>máscara teatralmente iluminada</strong> sobresalta al visitante. También invertida (lo de dentro fuera), nos mira con sus facciones desasosegantes: los dientes, vistos desde la cara interna, hacen que la boca parezca cosida como en las cabezas jibarizadas. Los ojos, vueltos, parecen reventados. La inquietante cabeza <strong>antecede al vídeo e</strong>n el que se detallan las operaciones de Sortais en el cementerio: él mismo, enmascarado (la escena hace presagiar una secuela de <em><strong>La matanza de Texas</strong></em>) levanta la cobertura de algunos bustos funerarios. </p><p><em>Lo inverso es recíproco</em> es <strong>una exposición sorprendente</strong>, armada con pocas pero contundentes obras, que nos sitúa en un ámbito inquietante pero extrañamente atractivo. Aunque muchos de los procedimientos de Sortais podrían entenderse como <strong>meros juegos</strong>, sus resultados parecen agudamente calculados. Diría que esta tensión —que parece forzarnos a hacer equilibrismos entre lo trivial y lo solemne, lo divertido y lo gravoso— es el verdadero acierto de la muestra.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un panteón hinchado, unos muertos dados la vuelta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Barcelona,Ferias y exposiciones,Diseño y artes gráficas,Mortalidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Monique Gies, pintar el trauma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/monique-gies-pintar-trauma_1_2069400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4d75924a-48db-45b4-9b1b-3bb07a72d557_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Monique Gies, pintar el trauma"></p><p>En 1977, teniendo cuarenta y tres años, <strong>Monique Gies </strong>abandonó a su marido, chiquillos y empleo<strong> </strong>para mudarse a una buhardilla parisina. Instalada en su nuevo hogar, Gies frecuentó a los psicoanalistas e inició una discreta producción pictórica, que apenas mostraría en una <strong>exposición colectiva celebrada en 1979</strong> y en algunas colaboraciones en la revista <em>Sorcières</em>. </p><p><strong>Monique Gies murió en 2022. </strong>Mientras le desmantelan la casa, <strong>los hijos </strong>—con quienes había retomado el contacto después de la espantada— <strong>encuentran las obras de su madre apiladas </strong>en una estantería: una colección de escenas inquietantes, muñecas veladas o descabezadas, maniquíes rotos, estancias opresivas y extremidades saliendo de un maletín. Estos trabajos no eran desconocidos para su progenie. Estaban <strong>almacenados a la vista de cualquiera </strong>que quisiera ojearlos, como ellos mismos habían hecho en alguna ocasión. </p><p>Una de sus hijas recordó entonces dos dichos de su madre. Una vez, mientras conversaban sobre el suceso que copaba las portadas de los periódicos (un caso de pederastia protagonizado por el politólogo y europarlamentario Olivier Duhamel contra su hijastro a finales de los años ochenta), <strong>Gies habría añadido</strong> —sin demasiada solemnidad— que también ella, de niña, <strong>había sido violada.</strong> El recuerdo habría aflorado durante las sesiones de psicoanálisis; el victimario, un tío suyo. En aquel momento, la confesión no tuvo mayor trascendencia. Años después, ya en su lecho de muerte, <strong>Monique volvió a mentar el caso: </strong>«Yo era su favorita».</p><p>Los herederos de aquella extraña pinacoteca tuvieron que decidir <strong>qué hacer con el incómodo legado, </strong>si destruirlo o difundirlo. Finalmente, optaron por<strong> presentarlo a galerías especializadas en </strong><em><strong>art brut</strong></em><strong> </strong>(una etiqueta que engloba las obras de los autodidactas y los <em>outsiders</em>) y terminó siendo mostrada por la galería Christophe Gaillard, en París. Es allí donde Borja Díaz, propietario de la galería <strong>The Goma </strong>(un proyecto que viene interesándose en los últimos años por el trabajo de artistas marginales) conocería los trabajos de Gies, algunos de los cuales pueden verse ahora en Madrid hasta el 11 de octubre.</p><p><em>Anagnórisis</em> es una exposición <strong>formalmente sencilla:</strong> una hilera de cuadros, de formato pequeño y similar, situados a la misma altura. Las obras son de una pintura poco elaborada pero efectiva, de una figuración sucinta protagonizada por muñecas (o partes de ellas), maniquíes y estancias domésticas representadas desde perspectivas forzadamente subjetivas. Predominan los colores terrosos, ocres y azules. </p><p>Su<strong> distribución</strong> por las paredes de la galería resulta calculadamente <strong>monótona: </strong>el visitante debe avanzar por un pasillo flanqueado por esas escenas turbadoras. Un cuerpo infantil cubierto con una sábana traslúcida mira su reflejo desvelado en un espejo. Varias niñas sin rostro contemplan, meditabundas, un enorme busto celeste. En una habitación en penumbra, tan solo iluminada por la luz que parece entrar a través de una puerta entreabierta que queda fuera de plano, la cabeza de un muñecote de ojos inexpresivos y boca asombrada se reproduce en un espejo infinito. En el fondo de una escalera de caracol, <strong>un cuerpo femenino</strong> (oprimido por el bucle descendente) <strong>yace con las piernas levantadas: </strong>una pequeña mancha roja le aflora de las caderas. Juguetes crucificados, referencias a Ingres, ventanas y refracciones.</p><p>Pese a la <strong>crudeza de estas escenas,</strong> el montaje de la exposición no es ni opresivo ni morboso. Más bien al contrario: alejándose (en mi opinión, inteligentemente) de cualquier experimento teatral, las obras están dispuestas con holgura y la iluminación es neutra y diáfana. Como acudí a la exposición conociendo de antemano sus particularidades, me pregunto qué impresión causarán estos cuadros en un espectador que desconozca la biografía de su artífice. Si esas habitaciones parduzcas les causarán la misma<strong> incomodidad </strong>que a mí y si entreverán, en cada pincelada gruesa sobre tal suelo o colchón,<strong> un episodio abominable.</strong></p><p>En una <em>rentrée </em>tan inclinada a la<strong> «recuperación» de artistas desaparecidos</strong> (en otro momento podemos discutir qué dice del estado actual de la escena madrileña que tantas galerías hayan escogido legados para abrir la temporada), <em>Anagnórisis</em> se nos presenta como una<strong> propuesta singular y sorprendente.</strong> No solo por el riesgo que supone ofrecer a sus visitantes (y clientes) una retahíla de imágenes tan desasosegantes; también por los problemas que pone sobre la mesa. Si Gies apenas mostró sus trabajos a finales de los setenta, <strong>¿es lícito que nosotros,</strong> perfectos desconocidos, <strong>nos asomemos tan descaradamente hacia su intimidad?</strong> Si ella eligió narrar tan parcamente esa violación (redescubierta en la cuarentena a través de los dudosos métodos del psicoanálisis) solamente a sus hijos, ¿es prudente que sus descendientes ventilen ese episodio tras la desaparición de su madre? </p><p>No tengo respuestas claras sobre estos interrogantes, aunque intuyo que esa misma revelación (que es lo que, en griego, significa «anagnórisis») me afecta como espectador. Como sucede en las tragedias, cuando Edipo se enteró de lo de Yocasta, <strong>no hubo nadie en Tebas al que no le salpicase. </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Sep 2025 04:00:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Monique Gies, pintar el trauma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Gestión cultural,Industria cultural,Ferias y exposiciones,Arte,Bellas artes,Diseño y artes gráficas,Artistas]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Gaza a través de sus ojos’: el Thyssen muestra la resistencia del fotoperiodismo en la Franja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/gaza-traves-ojos-thyssen-muestra-resistencia-fotoperiodismo-franja_1_2058081.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d932247c-fb6b-4a63-a1b2-b8287cee090e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Gaza a través de sus ojos’: el Thyssen muestra la resistencia del fotoperiodismo en la Franja"></p><p>“Esto es su mirada. Es la voz de Gaza. Es un llamamiento a no mirar hacia otro lado”. Así describe la UNRWA <a href="https://www.museothyssen.org/exposiciones/gaza-traves-sus-ojos" target="_blank" >la exposición </a><a href="https://www.museothyssen.org/exposiciones/gaza-traves-sus-ojos" target="_blank" ><em>Gaza a través de sus ojos, </em></a>que se mostrará en el <strong>Museo Thyssen </strong>a partir del próximo 23 de septiembre. Alrededor de 30 fotografías que muestran la barbarie del genocidio en Gaza son las protagonistas de esta muestra, que tiene como objetivo enseñar la vida en la Franja bajo el asedio israelí. </p><p>La iniciativa –promovida por el museo, la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina (UNRWA) y el Departamento de Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO)– recoge, según las entidades organizadoras, la necesidad de que<strong> la situación extrema a la que se atiene Gaza sea documentada</strong> y vista por la sociedad civil, que podrá acceder a esta exposición gratuitamente. </p><p>En un momento en el que el periodismo es objetivo militar en territorio palestino, con ya más de <strong>200 periodistas asesinados </strong>por el ejercito de Israel, esta exposición surge como resistencia de una profesión que se vuelve cada día mas imposible en la Franja. En la propia firma de las fotografías no hay ningún tipo de identificación, por motivos de seguridad. La UNRWA reclama el papel de estos periodistas que arriesgan sus vidas para dar un testimonio de la barbarie que está sucediendo.</p><p>Precisamente, <a href="https://www.infolibre.es/internacional/infolibre-suma-iniciativa-reporteros-fronteras-pedir-masacre-periodistas-gaza_1_2053680.html" target="_blank" >infoLibre se sumó el pasado 28 de agosto a una iniciativa de Reporteros Sin Fronteras (RSF) </a>para pedir el fin de la masacre deliberada de periodistas en Gaza y el acceso de la prensa extranjera a la Franja. Junto con este medio, más de <strong>150 periódicos, radios y televisiones </strong>participaron en una movilización mediática el 1 de septiembre que mostró durante 24 horas, por ejemplo, un texto sobre fondo negro denunciando la situación en el caso de los diarios digitales. </p><p>Por parte de la UNRWA, más de<strong> 12.000 trabajadores y trabajadoras se encuentran en la Franja</strong> aportando asistencia y ayuda ante la emergencia. Aunque han estado colaborando con el pueblo palestino durante décadas, ahora su labor se ha vuelto casi imposible, <a href="https://www.infolibre.es/politica/centenar-ong-revelan-israel-no-les-dejo-entregar-camion-ayuda-gaza_1_2046736.html" target="_blank">con el Estado de Israel impidiendo la entrada de ayuda humanitaria. </a></p><p>Desde la organización denuncian que <strong>más de 360 de sus miembros han sido asesinados,</strong> muchos de ellos mientras intentaban cumplir con su labor o junto a sus familiares. “Familias enteras han sido aniquiladas”, exponen. </p><p>Toda la Franja ha sido devastada, con bombardeos casi constantes, desplazamientos forzados y un colapso de los servicios, manifiestan desde la UNRWA. <strong>Las familias se enfrentan a la barbarie y la pérdida </strong>sin refugio alguno, añaden. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 15:50:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Gaza a través de sus ojos’: el Thyssen muestra la resistencia del fotoperiodismo en la Franja]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Gaza,Bombas sobre Gaza,La invasión de Gaza,Ferias y exposiciones,Museos,Museo Thyssen Bornemisza]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Meterse en un jardín: María Ibáñez Lago en Sala Picnic]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/meterse-jardin-maria-ibanez-lago-sala-picnic_1_2065071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/06ac0fc4-cbd8-4588-a90e-27ea245fdced_16-9-discover-aspect-ratio_default_1019947.jpg" width="2963" height="1667" alt="Meterse en un jardín: María Ibáñez Lago en Sala Picnic"></p><p><strong>«La repetición es la esencia de la planta»</strong>. La cita, tomada de <strong>Teofrasto </strong>(un filósofo griego que vivió entre los siglos IV y III antes de Cristo), aparece en la hoja de sala que acompaña a <em>De mudas y cuentos</em>, la exposición que María Ibáñez Lago acaba de inaugurar en la Sala Picnic. La idea, sospecho, tendrá sus carencias a ojos de los biólogos, pero en el ámbito de la plástica su potencia sigue intacta: una mirada modular sobre la botánica.</p><p>La muestra se compone de<strong> varios cuerpos de trabajo que se articulan en torno a esa idea: cómo un tallo o una flor pueden armarse mediante la reiteración de una sola forma.</strong> La propuesta se ejemplifica en dos obras complementarias. La una, <em>Gramática ficcional: patrones de repetición</em> (2022) consiste en una serie de cuarenta dibujos (se exponen veinticuatro) realizados frotando un carboncillo sobre algunos de estos modelos para perfilar su silueta con una mancha negra. La segunda, <em>Gramática ficcional: maquetas blancas </em>(2022) se compone de treinta ejemplos (de los que se muestran diecinueve) recortados en tela de algodón imprimada con gesso. Estas obras, dispuestas en paredes enfrentadas de la galería, flanquean la pieza más llamativa de la exposición: <strong>un enorme conjunto floral constituido (sorprendentemente) con estos mismos elementos.</strong></p><p>Colocado en el centro de la sala, <em>Qué se cuentan los lirios</em> (2025) quisiera reivindicar un papel más principal de lo vegetal en las artes. Disiento de la premisa contra la que batalla la exposición («la artista devuelve la voz a las formas vegetales silenciadas por nuestra civilización moderna, rechazando la idea de una naturaleza como simple telón de fondo» leemos en la hoja de sala que firma <strong>Margaux Knight</strong>), aunque celebro su empeño. Disiento, digo, porque no creo que <em>lo natural</em> (entendido como un opuesto a <em>lo procesado</em>, <em>lo artificial</em>) haya tenido un papel secundario en la tradición pictórica occidental; o al menos, no más secundario que el que jugaron todos aquellos que no tuvieron la suerte de nacer reyes o burgueses. Algunas de las más grandes obras de nuestra cultura están protagonizadas por verduras y vergeles: en tardes melancólicas, uno quisiera verse tan lustroso como el cardo de <strong>Sánchez Cotán </strong>o tan frondoso como las escenas que pintó <strong>Henri Rousseau. </strong>También, las moscas, los lirios, los ciervos o las rosas han sido engalanadas con un generoso simbolismo que ya hubiesen querido para sí la mayoría de los retratados. Por no mencionar los distintos auges del paisajismo: si <strong>Heidegger </strong>fue capaz de encontrar «la puesta en obra de la verdad del ser» en los <em>Zapatos de campesino</em> de Van Gogh, imagino que podríamos hallar lo mismo en algún roble de <strong>Constable</strong>.</p><p>Celebro, decía, porque el ramillete de piezas de Ibáñez consigue <strong>transformar el discreto espacio de la galería en un jardín interior</strong>, un <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hortus_conclusus" target="_blank">huerto cerrado</a> autosuficiente (en el que, como en <em>La biblioteca de Babel</em>, el todo puede deducirse a partir de una sola de las partes) donde el espectador puede recrearse en cómo, con pocos y pobres elementos, se logra hacer mucho.</p><p>La exposición se completa con <strong>un par de obras que apuntan hacia otras preocupaciones:</strong> dos ejemplares de la serie <em>Piedras de ensueño</em> (unos medallones construidos aplicando óleo y resina sobre minerales históricamente codiciados por la economía extractivista) y la escultura <em>Munaylla</em>, una forma entre el cactus y el guante (armada con telas plegadas) que, irguiéndose sobre una estructura de endebles maderitas, parece posar delante de un telón de estudio fotográfico.<strong> La obra tiene su trasunto literario</strong>, una leyenda andina que cuenta las desventuras de una pareja de amantes provenientes de clanes enemigos quienes, para poder permanecer juntos, se transformaron en la<strong> florida cactácea</strong> (algo parecido a nuestro romance del conde Olinos o a la historia de Filemón y Baucis).</p><p>Finalmente, y retornando hacia la puerta, el espectador se topa con una obra de nombre ominoso: <em>Collar antropófago de huesos-bambúes</em> (2025). La pieza, consistente en un conjunto de tallitos (de tela engessada) enhebrados, introduce un último horizonte apocalíptico que redimensiona el discurso de la exposición: algún día, todos seremos pasto de las malvas y los jaramagos. Si desapareciésemos, sus raíces triturarían los edificios y la tierra se transformaría en ese jardín en el que —nos cuentan los mitos— comenzó todo. Recordé, considerando estas fantasías escatológicas, el epitafio de una célebre familia de jardineros: <strong>los Tradescant</strong>, que llegaron a gozar del singular empleo de conservadores de los<strong> jardines, viñedos y gusanos de seda de su majestad, el rey de Inglaterra. </strong>Su lápida, en el cementerio de <strong>Santa María en Lambeth</strong>, dice: «[…] trasplantados ahora ellos mismos, duermen aquí, y cuando los ángeles con sus trompetas despierten a los hombres y el fuego purgue el mundo, se levantarán y convertirán este jardín en el Paraíso». El antropocentrismo tiene estas lindezas: cuando el reino vegetal domine la tierra, nos levantaremos de la tumba sosteniendo unas tijeras de podar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2025 04:01:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Meterse en un jardín: María Ibáñez Lago en Sala Picnic]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Cultura,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La ansiosa 'rentrée']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/ansiosa-rentree_1_2057375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dd51be4c-4432-438b-89f0-c21a43298ac0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ansiosa 'rentrée'"></p><p>Llega septiembre, con sus coleccionables («primera entrega, dos con noventa y nueve»), la chavalería volviendo al cole y la dichosa <em><strong>rentrée </strong></em><strong>cultural. </strong>Cada gremio tiene sus fiestas patronales. Para los libreros, creo, hay tres días en el año que relumbran más que el sol: las novedades de otoño, la campaña de navidad y la octava que va de Sant Jordi a la Feria del Libro. En el mercado del arte somos más frugales y nos conformamos con dos: septiembre, con su aluvión coordinado de <strong>inauguraciones, y ARCO y sus constelaciones.</strong></p><p>Miren, <strong>el </strong><em><strong>gallery weekend</strong></em><strong> es un invento centroeuropeo</strong> (berlinés, vienés) la mar de apañado: las galerías de una ciudad se organizan para inaugurar la nueva temporada al unísono (y en horario extendido) con la esperanza de atraer visitantes (coleccionistas, comisarios, críticos y demás especímenes culturales) venidos desde los confines del imperio. En lo patrio, tenemos la agenda apretada: del 11 al 14, <strong>Apertura Madrid;</strong> del 18 al 21 <strong>el Barcelona Gallery Weekend</strong>; el 20, <strong>la Nit de l'Art en Palma</strong> y del 26 en adelante los prolongados fastos del <strong>Abierto Valencia.</strong></p><p>Como mi pereza no conoce límites, <strong>me pregunto si es conveniente tanto atracón.</strong> Quiero pensar que sí, que el respetable regresa de sus distracciones vacacionales con ganas de zambullirse en la rutina cultural, que <strong>despierta de su letargo veraniego.</strong> También, estos eventos tan concurridos nos proporcionan unas jornadas de encuentro entre profesionales y aficionados cuya reunión —quitando el par de citas de rigor de cada año— es complicada por cuestiones geográficas y laborales. Me preocupa, sin embargo, <strong>la urgencia ansiosa</strong> que ha terminado por impregnar el arranque de temporada. Más cuando, en este mundo hiperconectado, no sé qué necesidad tiene uno de<strong> reentrar tan decididamente en algo de lo que jamás termina de salir.</strong></p><p>Hay que ver todo y hay que verlo pronto. Hacer el <em>check</em> aquí y allá, dejarse ver en cada una de las estaciones del viacrucis (lo contrario se considera una descortesía) y deglutir una veintena de exposiciones en un par de jornadas. «¿Qué te ha parecido Apertura este año?», «Un poco flojo, ¿no crees?». Hará unos meses, Ianko López publicaba en <em>Vanity Fair </em><a href="https://www.revistavanityfair.es/articulos/tienes-fair-fatigue" target="_blank">un artículo</a> sobre <strong>la «fair fatigue», </strong>novedosísimo síndrome que aqueja a los visitantes resabiados de Art Basel o Frieze, y cuyo síntoma principal es una<strong> cierta decepción porque el acontecimiento en cuestión «no les ha cambiado la vida». </strong>«No se me escapan los motivos por los que esto se dice», escribe López, «que tienen que ver con la nostalgia de unos días pasados que recordamos mejores». Hará un año, por estas fechas, me encontraba haciendo el postmortem del <em>gallery weekend</em> madrileño en conversación con un amigo con el que suelo compartir el paseo inaugural. No recuerdo quién de los dos <strong>evocaba las grandes ediciones que los dos teníamos en la memoria </strong>mientras el otro asentía. «Ese año inauguraba fulano en tal y mengano hizo aquella expo tan buena en nosedónde, ¿te acuerdas?». Por turnos, el uno ratificaba los argumentos del otro, sin considerar que —en aquellos momentos— no pasábamos de los veinticinco años y <strong>llevábamos una década menos de exposiciones</strong> en la retina.</p><p>Supongo que la excepcionalidad con la que se albardan algunas fechas del calendario es<strong> tierra abonada para el desencanto,</strong> sobre todo cuando estas citas se proponen como maratones en las que todo el pescado ha de ser vendido y consumido antes del domingo. Los premios institucionales, las adquisiciones públicas, los reportajes o las críticas, por algún motivo que se me escapa, <strong>no pueden ni esperar al lunes. </strong>Uno lo entendería si las exposiciones fuesen a desvanecerse una vez terminado el jolgorio, pero la que menos aguanta un mes y medio. <strong>Las lógicas del consumo y la espectacularización nos comen a dentelladas</strong> incluso cuando no hay necesidad de ello. Espero, en mitad de esta vorágine, encontrar la ocasión de detenerme delante de un cuadro más de dos minutos. ¡Crucemos los dedos!</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[37a026ce-51c5-48f2-881b-04fd1c2548dc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Sep 2025 04:00:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La ansiosa 'rentrée']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Arte,Bellas artes,Diseño y artes gráficas,Ferias y exposiciones,Pintura,Gestión cultural,Industria cultural,Agenda cultural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santiago Sierra en el Museo Helga de Alvear: el cinismo considerado como una de las bellas artes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/santiago-sierra-museo-helga-alvear-cinismo-considerado-bellas-artes_1_2040701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3797c8a2-3d0c-4181-a55f-fd466d735054_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santiago Sierra en el Museo Helga de Alvear: el cinismo considerado como una de las bellas artes"></p><p>En 2003, Santiago Sierra (Madrid, 1966) <strong>pagó a un centenar de desempleados para que se escondiesen por los recovecos de la madrileña calle del Doctor Fourquet</strong>, que está situada a las espaldas del Museo Reina Sofía y es emplazamiento un buen número de galerías. También, de la de Helga de Alvear, que auspiciaba la acción. <em>100 personas escondidas</em> quedó inmortalizada en una fotografía en blanco y negro en la que aparecen bolardos, coches aparcados, varias hileras de ventanas y alguna farola, pero ninguno de los parados contratados a mayor gloria del arte político.</p><p>Durante la inauguración <strong>de su reciente exposición en el Museo Helga de Alvear de Cáceres</strong>, Sierra realizó nueva versión de esta pieza, ahora titulada <em>66 personas escondidas</em> e interpretada por migrantes que, para la ocasión, se ocultaron en las instalaciones del museo. Ambas obras abren y cierran el periodo de colaboración entre el artista y la galerista, coleccionista y mecenas recientemente fallecida, a cuya relación rinde homenaje esta muestra. </p><p><em>2.068 dientes, The Maëlstrom, Archivo y Bandera negra</em> reúne trece obras, en su mayor parte pertenecientes a la Colección Helga de Alvear, junto a un archivo de documentos (carteles, tarjetones, etcétera) que el artista ha donado al museo.<strong> Las obras mentadas en el título son bien distintas entre sí</strong>. Por ejemplo, <em>Bandera negra</em> (2015) documenta dos expediciones enviadas a los polos para colocar el susodicho paño. Una serie de fotografías de innegable belleza formal atestigua las coordenadas exactas en las que se produjo el izado, el arsenal de instrumentos con el que se pertrecharon los expedicionarios, los trineos, helicópteros y las pocas estructuras humanas que se han levantado en esos páramos. Las imágenes de gran formato de las enseñas ondeando en la planicie helada se han colocado juntas, una cabeza arriba y otra boca abajo, junto con una vitrina que resguarda un modelo idéntico al colocado y dos discos de vinilo con sonidos ambiente de ambos emplazamientos (reproducidos en la sala gracias a un par de altavoces). <em>The Maelstrom</em> (2023) es un vídeo en el que jugadores del Tallinding United (un club gambiano) remedan, de cara a la pared –sin mostrar su rostro– las posturas a las que se somete a los presos del CECOT, la infame cárcel para pandilleros construida en El Salvador. La pieza, de cierto airecillo coreográfico, termina con la explosión de unos patrones geométricos formados por sus cuerpos similares a los que se ven al mirar por un caleidoscopio. Este motivo, reproducido sobre papel pintado, engalana el atrio del edificio histórico del museo. Finalmente, <em>2.068 dientes</em> (2022-2025) es una inquietante instalación en la que el espectador, al entrar en una sala oscura perimetrada con pantallas, queda rodeado por dentaduras colosales, pertenecientes a migrantes que hacen escala en Tijuana provenientes de países del Caribe y Sudamérica.<strong> A lo intimidante del formato y del gesto</strong> (mostrar los dientes) se suma una banda sonora ominosa, compuesta por una lenta cumbia que se reproduce a la inversa.</p><p><strong>Las obras reunidas en esta exposición sintetizan dos constantes del trabajo de Sierra</strong>. De un lado, el uso ambiciosas justificaciones teóricas (políticas o panfletarias) en obras que no pudiendo actuar sobre los problemas que aluden, parecen lucrarse con ellos. Poner una bandera anarquista en los confines del mundo podrá tener algo poético, pero sin duda no conseguirá «reclamar esos espacios para todos» ni «oponerse a las lógicas estatales y coloniales». Más cuando el artista siquiera se molesta en asumir los riesgos de la congelación y prefiere subcontratar la expedición a unos colaboradores, que ya se ocuparán ellos de desafiar los estándares geopolíticos de nuestro tiempo. <strong>La tibieza revestida de radicalidad de la obra de Sierra queda bien ejemplificada</strong> con la obra que abre la exposición: una placa y una pista sonora que prohíbe la entrada a «malolientes, desempleados, amas de casa», etcétera. Por supuesto, la retahíla de indeseables que enumera <em>Advertencia</em> (2006-2007) pueden entrar al museo con la mayor de las comodidades, porque lo contrario, por muy performativo que fuese el gesto, acarrearía consecuencias judiciales para los implicados. La palabra «Future» que arde en <em>Palabra quemada</em> (2012), ¿en qué modo afectó a la lucha de los vecinos de la asociación Salvem el Cabaynal? <em>La gran fila</em> (2020) de ciudadanos a la puerta de los comedores sociales, ¿mitigó el hambre de alguno? ¿Nos informó de algo que no supiésemos todos por el telediario? ¿O más bien se contentó con acrecentar la producción pretendidamente contestataria del artista madrileño?</p><p>Del otro, <strong>Sierra parece empeñado en trabajar siempre con modelos desfavorecidos</strong>: migrantes, desempleados, etcétera. En demasiadas ocasiones sus obras se construyen mediante la compra del cuerpo ajeno (un cuerpo exótico para el espacio del arte, que es indiscutiblemente burgués) y la anonimización del otro. Hay ejemplos escandalosos: en el año 2000, el artista contrató a cuatro prostitutas por el precio de una dosis de heroína para que se dejasen tatuar, en suma, una línea de ciento sesenta centímetros. La obra estuvo expuesta hace unos meses en el primer capítulo de esta exposición, celebrado en el Museo de Arte Dos de Mayo (CA2M).</p><p>No sabemos quiénes son los parados que se escondieron en los portales de Doctor Fourquet, pero sabemos que la obra es de Santiago Sierra. Tampoco el nombre de los chicos del Tallinding United, ni del palestino que enseña los dientes (<em>Dientes de Palestino</em>, 2024) en una de las tapias del museo cacereño. <strong>Siquiera el de los migrantes que se escondieron para amenizar la inauguración</strong>. «Este proyecto, considerado una obra de arte universal e inclusiva, involucra a distintas comunidad e instituciones locales», dijo la directora de la institución, Sandra Guimarães. Lástima que ni por la cartela ni por la documentación sepamos nada de ellos: solo que fueron sesenta y seis.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Aug 2025 04:00:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Santiago Sierra en el Museo Helga de Alvear: el cinismo considerado como una de las bellas artes]]></media:title>
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