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    <title><![CDATA[infoLibre - Ética periodística]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/etica-periodistica/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ética periodística]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los salvadores que venían a rescatar el periodismo… y terminaron copiándolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/salvadores-venian-rescatar-periodismo-terminaron-copiandolo_129_2173808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los salvadores que venían a rescatar el periodismo… y terminaron copiándolo"></p><p>Hay una escena que comienza a repetirse en este tiempo. Quizá les suene. Una empresa tecnológica entra en la conversación con un anuncio grandilocuente en forma de promesa grande y luminosa, casi moral: viene a arreglar un problema que los demás no han sabido (no hemos sabido) resolver.</p><p>Llegan con esa <strong>solemnidad mesiánica</strong> que tanto gusta en Silicon Valley y sus sucursales ideológicas: hablan de eficiencia, de innovación, de acceso, de soluciones. Donde otros ven un problema complejo, ellas ven oportunidades. Donde el periodismo reclama recursos, tiempo, independencia y oficio, ellas prometen atajos. ¿Les suena?</p><p>Y después de los fuegos artificiales pasa algo más viejo que el hilo negro: apartas la cortina del discurso y detrás <strong>no hay solución, hay extracción</strong>.</p><p>¿Y por qué nos tienden una y otra vez la misma trampa? Porque es casi imposible que el trabajo de desmontar esas promesas acapare la notoriedad que sí se consigue con sus anuncios. A no ser que el propio periodismo ponga pie en pared, que es exactamente lo que acaba de ocurrir con el caso de <strong>Nota</strong>, una empresa estadounidense que, usando Inteligencia Artificial, se presentaba como la solución definitiva a los llamados “<em>news deserts</em>”, esos territorios donde el cierre de medios locales ha dejado a la ciudadanía más desinformada y más sola. </p><p>Para esas comunidades desatendidas informativamente, la empresa prometía generar artículos a partir de notas de prensa e información institucional, con el apoyo de herramientas de IA. Lanzó once webs disfrazándolas de buenas causas: cobertura bilingüe, herramientas cívicas… y <strong>acabó cerrándolas cuando el periodismo de verdad hizo su trabajo</strong>. Sendas investigaciones del <a href="https://www.axios.com/local/richmond/2026/04/03/nota-ai-news-sites-shut-down-plagiarism" target="_blank">medio local Axios Richmond</a> y el <a href="https://www.poynter.org/ethics-trust/2026/nota-news-local-outlets-ai-plagiarism/" target="_blank">Instituto Poynter</a> descubrieron decenas de citas, frases y fotografías plagiadas de casi una treintena de medios locales y del trabajo de medio centenar de periodistas. Al final, Nota se convirtió en ejemplo de la paradoja perfecta (y terrible): se proclamó reparadora del vacío informativo y lo rellenó, en parte, con el trabajo de los que realmente estaban informando.</p><p><strong>Lo inquietante no es el plagio, sino</strong> <strong>el marco mental que lo hace posible</strong>: la idea de que el periodismo es un residuo aprovechable, un yacimiento que expoliar, una cantera de textos, imágenes y preguntas ajenas que alguien puede trocear, empaquetar y redistribuir con una capa de tecnología. Como si la información fuera una materia prima gratuita y no el resultado de llamadas, horas de documentación y archivo, contrastes incómodos, protección de fuentes, conocimiento del terreno y ética de la responsabilidad. </p><p>El problema no se limita a este caso. El sector tecnológico lleva años ensayando la misma coreografía: primero aparece un relato de una solución innovadora, después llega el uso de materia prima ajena para alimentar la máquina. Y, en muy pocos casos, las denuncias. Nada nuevo bajo el sol. Ocurrió con Perplexity, que se presentó como la fórmula definitiva para acceder al conocimiento de forma limpia, útil e inteligente. Poco después, <em>Forbes </em>la acusó de <a href="https://www.forbes.com/sites/randalllane/2024/06/11/why-perplexitys-cynical-theft-represents-everything-that-could-go-wrong-with-ai/" target="_blank">apropiarse de texto e imágenes de un reportaje de investigación</a> exclusivo y la revista <a href="https://www.wired.com/story/perplexity-is-a-bullshit-machine/" target="_blank"><em>WIRED</em></a><a href="https://www.wired.com/story/perplexity-is-a-bullshit-machine/" target="_blank"> documentó prácticas de scraping</a> (rastreo de información de forma encubierta). Más tarde llegaron los programas de reparto de ingresos y las palabras de aprecio hacia los editores de medios de comunicación. <strong>Primero, la apropiación. Después, la alianza</strong>.</p><p>La historia se repite con variantes. OpenAI ha firmado acuerdos con multitud de grupos mediáticos, como la agencia de noticias Associated Press, la editora de medios Axel Springer o periódicos como <a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"><em>Le Monde</em></a><a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"> o</a><a href="https://elpais.com/comunicacion/2024-03-13/open-ia-anuncia-un-acuerdo-con-prisa-media-y-le-monde.html" target="_blank"><em> El País</em></a>, que se presentan como colaboraciones para explorar los usos beneficiosos de la inteligencia artificial y fortalecer el papel del periodismo en el nuevo entorno. La pregunta ética es pertinente: ¿de verdad podemos llamar ‘alianza con el periodismo’ a un ecosistema que primero se alimenta de la producción periodística y después decide con quién firma y a quién deja fuera?</p><p>Esta dinámica tiene todavía una versión más refinada del mismo impulso de vaciar el periodismo mientras se habla en su nombre, que no pasa por copiar frases, fotografías o párrafos, sino por <strong>emular la función económica del periodismo</strong>. En esta versión encajan como un guante los resúmenes generados por IA de Google: usted le pregunta al buscador y éste le responde directamente a su pregunta sin salir de la plataforma, rompiendo el vínculo entre quien informa y quien lee. Usted lee lo que un periodista ha investigado o escrito, pero no llega a ser consciente del trabajo que hay detrás porque… la atribución se la lleva Google. No es plagio, pero participa de la misma lógica extractiva: usar el fruto del trabajo de otros para retener la atención, el tiempo y el negocio.</p><p><strong>En este contexto, los periodistas sobran (hasta que hacen falta)</strong>. Sobran cuando hay que pagarles, sostener las redacciones, respetar la autoría de los textos y las fotografías, invertir en coberturas o defender judicialmente hasta la última coma de lo publicado. Pero hacen falta (y mucha) cuando se trata de alimentar las máquinas. </p><p>Por eso conviene <strong>desconfiar de los salvadores del periodismo</strong> que no aceptan ninguno de sus deberes y de todos los que hablan de libertad informativa pero no se preocupan por la rendición de cuentas. La tecnología puede (y debe) ayudar. Faltaría más. Puede servir tanto al periodismo como al lector, pero no puede ocupar el lugar de los medios cuando los vacía de su valor económico; no puede llamarse aliada ni puede pedir confianza después de haber confundido innovación con expolio. No necesitamos más salvadores del periodismo. Precisamente ahí empieza nuestro trabajo, cuando termina el discurso de los supuestos salvadores.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 19:53:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,Inteligencia artificial,Periódicos,Periodistas,Ética periodística]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La cabaña del Turmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/cabana-turbo_129_2172920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cabaña del Turmo"></p><p>Ya no. Como antes. He ahí <strong>dos pasos de la letanía periodística</strong> del acabose. No lo pronuncian los periodistas, también sus protagonistas. El cine ya no, la política ya no, las novelas ya no, las empresas ya no, los trabajadores ya no, el fútbol ya no... Como antes. </p><p>Una cosa hermosa de este <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores"  >oficio de impostores</a> es que es termómetro de la actualidad hasta sin querer. Le mide la fiebre y la infección. La montaña de titulares que cada semana pivotan alrededor del “ya no”, “como antes” revela que la velocidad del mundo, a juicio del periodismo o de sus protagonistas, <strong>no convoca transformaciones positivas o ambivalentes, solo declive</strong>. Leyéndonos, el mundo no cambia, el mundo muere. Es cierto que nada es como antes. La modernidad supuso eso: el fin del tiempo circular, el fin de los destinos atados a la servidumbre, el fin de la biografía escrita en el apellido como celda de la que es imposible escapar. El final del “así se ha hecho toda la vida”. Toda la vida, he ahí otra expresión que confunde historia y biografía. La innovación científico-técnica y la movilidad social son el disparador de la modernidad, que no es otra cosa que un mundo de orden cambiante, un mundo en que ya nada es como antes cada década.</p><p><strong>El universo de las certezas murió con las revoluciones burguesas</strong>, gracias a dios, porque certeza era la única posesión de un campesino del siglo XVIII, la certeza de que comería gachas de harina y agua hasta el fin de sus días y que, con toda seguridad, sus hijos tendrían una vida mísera idéntica a la suya. Si sobrevivían a la infancia, claro. Ese era un mundo de orden y certezas. Sin embargo, en los albores de la revolución digital, cuando la población occidental vive más y sufre menos que en ninguna etapa histórica anterior, <strong>el periodismo sirve un menú con “ya no” de primero y “como antes” de segundo</strong>, con postre de tarta de queso. Casera, como la de tu abuela, no faltaba más.</p><p>Ante una sociedad cambiante, el periodismo tiene tres posibles liturgias: describir la transformación, lamentar el declive o proclamar la hipérbole (tremendista o utópica). La superioridad estadística de la primera opción es arrolladora y si sumamos las hipérboles tremendistas, es obvio que la mirada que lanzamos, no ya sobre el futuro sino sobre el presente, es una ceremonia fúnebre sobre un mundo que se fue. <strong>El lenguaje que usamos a duras penas se emancipa del dramatismo. Crisis, declive, amenaza, fin…</strong> El mundo no cambia, se acaba. Tal vez porque Occidente es una población envejecida y longeva, que es la que se tiene que acabar —nos acabaremos— en vez de cambiar, el caso es que es difícil separar la escasez de jóvenes y la abundancia de viejos de esa mirada fúnebre al futuro. El periodismo atiende un mercado compuesto por lectores, oyentes y espectadores que ya le han dado la vuelta al jamón y que solo pueden esperar una cosa de lo venidero: desaparecer convertidos en polvo. Ese es el cliente con poder adquisitivo y que sigue atendiendo la jerarquía de los medios —ven la tele, escuchan las noticias e incluso leen periódicos, digitales o no—, y ese es el producto que servimos. Porque <strong>el periodismo que gusta es el que refrenda lo que uno ya pensaba antes de leer</strong> o ver nada nuevo, y ese refrendo a menudo consiste en subrayar el estado de ánimo de quien ya está más cerca de la meta que de la salida. La radical transformación de la industria de la comunicación hace que el oficiante sea, él mismo, también un señor mayor que sufre por la creciente y acuciante proximidad de la fachada del panteón. </p><p>Quiere decirse que el “ya no” y el “como antes” no describen el mundo, describen al cliente principal del periodismo y, a veces, al periodista. El escritor Jorge Dioni López llamó a este fenómeno el “ego-ovni”: confundir tu culo con el mundo. El anhelo de certidumbre y orden, el <strong>anhelo de la antigüedad premoderna</strong>, es en realidad la melancolía de una circularidad que funciona como trampantojo emocional porque si nada cambia, nada muere. Empezando por nosotros mismos. La prensa no está obsesionada con la decadencia, o no demasiado, más allá de abrazarla como acto reflejo, lo que está es especializada en traducir la experiencia íntima del paso del tiempo en un relato colectivo sobre las congojas de su cliente. El periodismo, como todo negocio, adula al cliente. Consuela.</p><p>Es evidente que esa angustia oficiada por los medios convoca posiciones reaccionarias y, en tanto estado de ánimo del mundo, hábitat dramático del presente, ha contagiado a los jóvenes —los occidentales, claro—, también convencidos de que todo se está yendo al garete. Cualquier observación fría de los factores de desarrollo humano en Occidente desmiente tal pretensión. Y en el caso de los mayores, la <strong>nostalgia de circularidad es, en todo caso, aparente y tiene mucho de autosugestión</strong>, de hipocresía, porque la calidad de vida del larguísimo último tercio de la vida, aderezada con toda clase de avances —uno de los principales, en un mundo aún gobernado por hombres mayores, es la famosa pastillita azul— hace que el hambre de orden sea solo fingida. El reaccionarismo cultural y político que vivimos, ensimismado, es antes que la fundación de una granja donde esperar que los días nos mezan y consuman, la última cabalgada del cowboy, de ahí que sea precisamente el reaccionarismo el que demuestra una y otra vez con sus votos que ansía desorden y revolución. El mantra “la gente quiere orden” lo desmonta el corte de población de los que votaron a favor del Brexit, abuelos destruyendo su propio mundo para sus hijos, como lo desmontan los <strong>triunfos de Javier Milei, Donald Trump o Benajmin Netanyahu</strong>, agentes evidentes y conocidos del caos. Detrás del libertarismo no hay sino hambre de antigüedad, selva y castas. Los mayores no tienen hambre de orden, solo lo fingen mientras preparan <em>La Grande Bouffe.</em></p><p>Así que tenemos pocos jóvenes, contagiados del pánico a la muerte que tienen sus viejos, y una gente mayor que está dispuesta a desordenar el mundo en pos de una fiesta final, aunque los que se queden a recoger cristales, botellas vacías y calcetines de dudosa procedencia sean sus hijos y nietos. Como literalmente ha ocurrido en el Reino Unido. <strong>Nadie recuerda ya que “no puedes detener los cambios, como no puedes detener la puesta de los soles”,</strong> dijo Shmi Skywalker. Así que se opta por montar fiestas que celebran tradiciones fingidas, como la recién ultimada Semana Santa, que hoy que ya casi nadie cree se celebra en muchísimas ciudades en las que jamás nuestros abuelos anduvieron detrás de un paso, como si los capirotes hubieran sido una realidad en localidades que solo los habían visto en el No-Do. El orden y la tradición, como vemos, son en realidad desorden e inventos.    </p><p>Pronto será <em>20 de abril</em>, una canción publicada en 1991 por Jesús Cifuentes (Celtas Cortos), que fue escrita en forma de carta fechada en 1990 y que hablaba, desde la melancolía de la edad madura, de unos años ochenta y una juventud perdidos para siempre en <strong>un lejano pasado acontecido cinco años antes</strong>, poco más o menos. Treinta y cinco años después de publicarse el éxito de la banda de Valladolid, manoseamos con añoranza el recuerdo de haber recordado con mejor añoranza. Aquella morriña de 1985 escrita en 1990 sí era bonita, y no la de hoy. Ya no sentimos nostalgia como antes. No añoramos la cabaña del Turmo, añoramos la tarde en que escribimos una carta añorando la cabaña del Turmo. “<em>Ya no queda casi nadie de los de antes y los que hay han cambiado</em>”. A dios gracias. <strong>Hasta la decadencia decae</strong>. Somos de risión.</p><p>____________________</p><p><em>Gracias a la advertencia de nuestro socio ‘Sextilio’, corregimos el desliz sobre el nombre de la cabaña de Celtas Cortos: Turmo, no Turbo. ¡Gracias!</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 17:10:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Periodismo,Ética periodística,Periodistas]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El periodista y la muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/periodista-muerte_129_2169951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El periodista y la muerte"></p><p>Un muerto no puede corregir el relato. Lo repasábamos hace un par de semanas a propósito de la praxis del obituario. <strong>El relato cae sobre el cuerpo como un sudario y lo oculta y lo consume</strong>. Esa vulnerabilidad extrema de los que ya no están, apenas un nombre o unos cuerpos de los que disponemos con indecoroso antojo, la hemos visto estos días con <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/a-la-escucha/noelia_129_2168557.html"  >Noelia Castillo</a>, Isaías Carrasco y las seis jóvenes que murieron en la <a href="https://www.infolibre.es/politica/cinco-muertos-desaparecido-romperse-pasarela-costera-santander_1_2155254.html"  >pasarela de El Bocal</a>, en Santander. Unos hechos simples, una joven que dispone de su cuerpo y de su vida, una víctima del terrorismo cuya tumba se mancilla y seis adolescentes cuyo paseo amable por una inofensiva senda acabó en tragedia por una dejadez institucional que se encoge de hombros. </p><p>Esas ocho personas fueron sujeto de su vida y la conversación pública las ha convertido en predicado, en argumento espurio para que reciba la acción de un verbo infame. Porque, incluso antes de que lo postulara el liberalismo, podemos convenir que existe un atributo de dignidad iusnaturalista —el derecho natural sobre la muerte— que es violentada. Hemos aprendido que nadie que tenga ese derecho sobre sí mismo o sobre los suyos lo conserva en el relato público, que se afana en la <strong>fabricación de versiones, la simplificación interesada, el encuadre falsario</strong>, la grosera amplificación de llantos y la puesta en circulación de bulos en un obsceno circo de la carne.</p><p>Conviene pensar quién se quedará con tu muerte en caso de que el asunto trivial que es desaparecer salte a la palestra porque el nombre o la circunstancia sean de alcance público. En el caso de Noelia Castillo, una <strong>comunidad moral ultrarreligiosa decidió apropiarse del cadáver antes de serlo</strong> y tratarlo como cosa —hacerlo predicado de sus jaculatorias—, asaltando su intimidad y su libertad. La familia que no supo ser refugio abrió las puertas del infortunio de su hija a los sacristanes del templo y el periodismo vio el paso expedito para hacer de las suyas y acampar en la sala de estar. Unido en una comunidad moral de redentores, micrófonos, escapularios, mentiras, hisopos, focos y cámaras, todo el país se calzó la casulla de las buenas intenciones y las almas pías para salvar de sí misma a quien solo necesitaba ser salvada de todos los demás. Salvada de todos nosotros. Pues eso y no otra cosa es dispensarse la muerte: lanzar una enmienda a la totalidad de los que seguimos.  </p><p><strong>Cuando no es voluntario, morirse suele ser un inconveniente</strong>. Sobre todo, para los vivos. Un evento sin agendar que trastorna los calendarios. Eso nos ha venido a decir la alcaldesa de Santander con sus extemporáneos circunloquios para quitarse seis impertinentes muertes de encima, sangre en el paraíso que parece haber salpicado el traje nuevo de la regidora. “A ver si por decirle a la gente que venga tengo yo la culpa de que se caiga una pasarela”. La institución diluye responsabilidades (que confunde con “culpa”, cómo no) y una jueza amable con el poder local dispara el balón fuera del estadio. Todos contentos. Dispérsense, aquí no hay nada que ver, proclaman los munícipes.</p><p>A Sandra Carrasco, 18 años después del asesinato de su padre, Isaías, le han robado el cuerpo. Se diría que a la derecha política, social y mediática se le han debido de acabar sus muertos —o no dan más de sí, después de haber usado fundaciones de memoria fúnebre para facturar a las tramas de corrupción institucional— y ahora <strong>aspiran a robar cadáveres ajenos y escupir a sus deudos</strong>, empezando por los portadores del féretro. Aspiran a untarse el rostro con la sangre de muertos ajenos para clamar venganza. </p><p>Hay violencia aquí, mística –institucional y partidista–, una violencia silenciosa que niega el dolor, la responsabilidad y la legitimidad del duelo a sus titulares, una violencia elegante, discursiva y piadosa, pero profunda y sanguinaria, como bien sabe <a href="https://www.infolibre.es/politica/consuelo-ordonez-ayuso-no-principios-valores-antipodas-hermano_1_1424870.html"  ><strong>Consuelo Ordóñez</strong></a>, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo, que ha tenido que ver estos años cómo el cuerpo de su joven hermano es arrebatado a la familia por las mismas siglas políticas a las que él sirvió. Si quien decide morir es silenciada por mandato divino, quien sufre la pérdida es desautorizada por no entregar los restos a las siglas.</p><p>Este oficio, ante el vértigo de la infamia, tiene por encomienda ceñirse a narrar hechos, ordenar la realidad e introducir claridad. Pero el nuestro, como sabemos aquí, no es un oficio con un sencillo problema de oferta sino un dispensador que a menudo se deja dirigir por la demanda. Hablamos ante multitudes que claman por la fábula moral, que se enardecen ante la parábola ejemplar bañada de sesgo de confirmación. La ciudadanía contempla esas vidas perdidas por un terrible avatar, por voluntad propia o por un crimen infame queriendo que esa desgracia le dé una palmadita y le diga que va bien, que tiene razón, que siga así. Y el periodismo, algún periodismo, se apresta a cocinar ese menú perverso entre los fogones de la mentira y el sensacionalismo. <strong>El periodismo, algún periodismo, paga la bula para que la comunidad salve su pecaminosa alma</strong>. El público no quiere que la muerte sea un hecho crudo e irreversible sino un espacio en disputa moral, otro ámbito en el que dilucidar que somos buenos y los otros no lo son. No sabemos dejarla estar. Para eso fundamos templos y escuchamos responsos, vestimos ropa negra y nos atamos cilicios. Entramos en la semana oscura y tremenda de la necrofilia cantando nanas de la cebolla que nos permiten fingir llanto. </p><p>La muerte, que debería ser el asunto más propio, se ha convertido en un hecho disponible al mercadeo. Hay algo atávico en la cultura de esta región del mundo que impide un comportamiento natural y respetuoso con el luto, y de ello hablamos aquí aludiendo al <strong>ferrocarril del Adamuz, los torrentes de Valencia, las bombas de Atocha o a los asilos madrileños</strong> —que vuelven a ser noticia estos días por su letal amontonamiento de vidas en la ganadería intensiva del acabarse—, como si el periodismo, algún periodismo, se revolviera contra un impuesto de sucesiones moral. </p><p><strong>De quién son los muertos</strong>, si acaso son de alguien. Esa debería ser la única pregunta, qué padres y qué hijos son legítimos albaceas de una memoria, una identidad y un agravio. Da igual si hablamos de eutanasia, accidente o terrorismo, algunos de nuestros impostores de oficio se han convertido en parte de un procedimiento de expropiación, un dispositivo en el que los oficiantes operan —lo hemos visto esta semana— como el picapleitos del acreedor que no ha sido incluido en el testamento, aporreando la puerta del panteón con sus albaranes.</p><p>El muerto es un argumento, un repositorio de coronas ufanas que ocultan la caja misma. Y así la muerte no clausura, sino que es el fasto inaugural de una conversación obscena en la que todos se abren las carnes, el inicio de una pugna por su significado en la que el cuerpo ya no importa, solo lo que de él pueda decirse. El relato falaz, decíamos, cae sobre el muerto como un sudario, un sudario amarillo como un contenedor para reciclado. Hay algo profundamente obsceno en que la muerte, que debería imponer silencio, se haya <strong>convertido en el lugar donde más se grita</strong>. La política la diluye, la moral la ocupa y la propaganda la recicla. Y el periodismo la administra como si no hubiera ocurrido nada irreparable. Ni morir basta para dejar de ser utilizado. </p><p>Un aforismo repite incansablemente entre asentimientos timoratos de la concurrencia que “<strong>en este país se entierra muy bien</strong>”. Quia. Atiendan a Max Estrella: “La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte. La vida es un magro puchero; la muerte, una carantoña ensabanada que enseña los dientes (…). Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras”. Ya es Semana Santa.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 17:18:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Muerte digna,Periodismo,Ética periodística]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El 100% de los periodistas de guerra sufre agresiones y el 54% estrés postraumático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/100-periodistas-guerra-sufre-agresiones-54-estres-postraumatico_1_2160540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/559294a7-7ac0-4dbe-ae35-63c41ea13e64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 100% de los periodistas de guerra sufre agresiones y el 54% estrés postraumático"></p><p>Todos los periodistas de guerra han sufrido agresiones durante sus coberturas y el<strong> 54%</strong> presenta síntomas de <strong>estrés postraumático,</strong> según un informe elaborado por la Universidad del País Vasco (EHU) que recoge EFE. </p><p>El estudio, titulado <em>Caracterización y condiciones de seguridad de periodistas españoles que cubren conflictos internacionales,</em> ofrece un diagnóstico sobre la realidad profesional y las condiciones de seguridad de quienes ejercen el periodismo en escenarios de conflicto bélico.</p><p>El informe, que ha sido hecho público este jueves por la EHU, ha contado con la participación de<strong> 85 periodistas de guerra españoles, </strong>con unas medias de edad de 48 años y de 14 años de experiencia en la cobertura de conflictos internacionales, y constituye el <strong>análisis más completo</strong> realizado hasta la fecha en España sobre esta materia, según ha destacado el centro académico.</p><p>Este trabajo, que analiza de manera integral la seguridad de los periodistas en todas las fases de la cobertura -antes, durante y después de la guerra- y en los ámbitos laboral, físico, psicológico y digital, forma parte del proyecto <strong>Josafcon </strong>-Journalist Safety Research Project-, liderado por el Grupo de Investigación Bitartez de la EHU y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.</p><p>Se basa en un amplio cuestionario diseñado específicamente y recoge las experiencias de 85 periodistas de guerra, con una equilibrada representación de género (<strong>50,5% mujeres</strong>), distintas vinculaciones laborales y de entre los 26 y los 70 años. </p><p>Los profesionales que han participado en el estudio acumulan experiencia en múltiples guerras de los últimos 35 años, como Irak, la antigua Yugoslavia, Afganistán o Siria, y la mayoría ha cubierto los conflictos de <a href="https://www.infolibre.es/temas/ucrania/" target="_blank" >Ucrania</a> y <a href="https://www.infolibre.es/medios/centenares-periodistas-reclaman-bloqueo-informativo-israel-gaza_1_2099183.html" target="_blank" >Gaza. </a></p><p>Desarrollan su labor en prensa, agencias, medios digitales, revistas y radios y televisiones públicas y privadas, y según la investigación los periodistas autónomos y colaboradores afrontan peores condiciones de seguridad que los de plantilla.</p><p>Los resultados del estudio reflejan una exposición generalizada a la violencia y un impacto psicológico elevado, indistintamente de la categoría profesional, la vinculación laboral con los medios y las características individuales de los periodistas que cubren las guerras. Todas las personas encuestadas han sufrido al menos una <strong>agresión en el ejercicio de su trabajo, </strong>con una media de casi <strong>ocho tipos distintos de violencia</strong> a lo largo de su carrera. </p><p>Más de la mitad de ellas (54%) superan el umbral clínico de sintomatología de estrés postraumático, pero solo una minoría ha recibido diagnóstico o apoyo especializado. También se pone de relieve en el informe la <strong>falta de apoyo psicológico</strong> tras las coberturas bélicas, ya que el 97% de los periodistas desconoce la existencia de protocolos de acogida, y los medios para los que trabajan rara vez se interesan por su bienestar psicológico.</p><p>Según el estudio, este ámbito sigue siendo tabú en la profesión y, ante su carencia, <strong>el apoyo recae principalmente en redes informales, </strong>como colegas en el terreno, pareja y amistades. El informe subraya que la seguridad del profesional no se limita al uso del chaleco antibalas, sino que depende de un ecosistema más amplio que incluye estabilidad laboral, formación, recursos adecuados y apoyo psicosocial antes, durante y después de la cobertura. </p><p>La mejora de estas condiciones es una responsabilidad de los medios y necesita una respuesta conjunta de instituciones nacionales e internacionales, según se destaca en el estudio.</p><p><strong>Leire Iturregui,</strong> profesora del Departamento de Periodismo de la EHU e investigadora principal del proyecto junto a la catedrática<strong> María José Cantalapiedra</strong>, ha destacado que el objetivo es impulsar el debate profesional y académico, así como "aportar evidencia empírica, para contribuir al diseño de políticas públicas que permitan avanzar hacia una cultura de seguridad más robusta en el periodismo de guerra español". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 11:07:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 100% de los periodistas de guerra sufre agresiones y el 54% estrés postraumático]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra,Periodismo,Ética periodística,Gaza,Ucrania,Periodistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós, Carlos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/a-la-escucha/adios-carlos_129_2140320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/296e1397-67f9-4776-9d3b-72039c7fe81c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós Carlos"></p><p>Ha sido un arañazo en la memoria, un arañazo en el alma y un zarpazo leer que Carlos Hernández ya no está. La noticia de su muerte me dejó unos segundos frente a la pantalla, intentando entender lo que leía. Yo no era su amiga, no quedaba con él para tomarme nada, no hablábamos a menudo pero sí que habíamos cruzado decenas de mensajes. Siempre hablando de periodismo, de cómo contábamos esto y aquello, de <strong>cómo lo veía él, dándote siempre aliento para no desanimarte</strong>. Incluso cuando el desánimo era a lo único que te querías entregar.</p><p>Su carta de despedida ha sido, de nuevo, <strong>un recordatorio de por qué estamos aquí</strong>. Por qué nos dedicamos a esto y lo importante de ser fiel siempre a tus principios. Y en eso, Carlos era un maestro.</p><p>Recuerdo cuando cedió su cámara, su voz y su profesión a los compañeros de Telecinco que se habían quedado destrozados con el asesinato de José Couso. Se jugó su carrera en aquel directo, se jugó su puesto pero ni siquiera lo dudó.<strong> Era un tipo íntegro, de esos que hacen mejor esta profesión,</strong> de los que siempre encontrabas en el lado bueno de las cosas. Sin necesidad de convertirse en noticia, sin necesidad de ser el protagonista de nada. Sabía ceder el foco y la voz a quienes lo necesitaban.</p><p>En su carta nos recordaba el privilegio que tenemos por seguir vivos. Por estar aquí, por poder cenar esta noche con tu pareja, con tus hijos, con tus amigos, por poder abrazar a quienes te quieren. Leí que supo disfrutar de esa vida, de esa prórroga casi hasta el final. Y no es algo que me sorprenda. <strong>Era inteligente hasta para saber cómo agotar los últimos minutos siendo feliz.</strong></p><p>Da mucho vértigo ese fundido a negro del que habla Carlos en su última carta. A mí me ha generado mucha ansiedad durante muchos años pensar en ese final pero, aprender a vivir siendo consciente cada día de que esto no es eterno, de que vivir es lo urgente, me ha enseñado a deshacer ese nudo en la garganta que te ahoga cada vez que piensas en el final de los tuyos, en el final de tus amigos, en tu final. Hay una última noticia que Carlos no ha podido contar y no ha podido ver<strong>: la de toda la profesión llorando su partida y la de tantos y tantos compañeros coincidiendo en lo mismo.</strong> Carlos era un estupendo periodista pero, sobre todo, era una persona extraordinaria. </p><p>Hoy la noticia no es tu ausencia, sino <strong>el vacío inmenso que dejas</strong> en una profesión que se queda, poco a poco, sin esos colegas que suponían siempre un faro en medio de tanta oscuridad.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Feb 2026 20:08:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Helena Resano]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Adiós, Carlos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,Ética periodística]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[IAG: ¿Legitimar el saqueo o regular como impedirlo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/iag-legitimar-saqueo-regular-impedirlo_129_2122020.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/03d728a1-bb48-46e1-a230-91966f2155d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="IAG: ¿Legitimar el saqueo o regular como impedirlo?"></p><p>Las<strong> decisiones</strong> adoptadas por los responsables de <strong>Meta </strong>tras la investidura, hace casi un año, del <strong>presidente Trump, </strong>en consonancia con el <strong>alineamiento de la red X, </strong>por decisión de <strong>Elon Musk, </strong>con posiciones políticas de <strong>extrema derecha</strong> y suprimiendo el sistema de verificación de la verdad de la información que se ofrece, han tenido, desde entonces, una<strong> proyección clara </strong>sobre los derechos de escritores y periodistas y sobre la <strong>libertad de expresión. </strong>También, y quizá como prolongación inevitable de esas decisiones, se ha proyectado sobre la actividad literaria y sobre el valor y el papel de la verdad en la conformación de la cultura y del periodismo. Un<strong> mundo desconocido, </strong>poblado de nubarrones, se ha abierto desde entonces ante los creadores, especialmente ante los autores literarios. </p><p>Desde años antes, a partir de 2019 con especial intensidad, una minoría que controla e impulsa las plataformas tecnológicas, con la ignorancia de sus usuarios, ha venido utilizando, sin reglas, contenidos (libros, revistas, informes, artículos) protegidos, y ateniéndose a un principio básico: <strong>la lógica del beneficio.</strong> El objetivo: alimentar y entrenar a la<strong> Inteligencia Artificial</strong> y abrir paso a su fase como herramienta “generativa”, es decir a la IAG. Mientras el<strong> inmenso colectivo</strong> que aporta la <strong>materia prima</strong> (pensamiento, conocimiento, relato, creatividad, libros, estudios, ensayos…), habituado al trabajo individual propio de todo creador,<strong> parece vivir aún en el siglo XX </strong>y, si se me apura, en el XIX, esos <strong>poderes tecnológico-mediáticos</strong> han venido actuando, pensando y configurando un “nuevo sistema” <strong>nutriéndolo </strong>con lo que millones de autores creamos (y editores publican). Sin pedir autorización, por supuesto, <strong>sin remuneración alguna </strong>y con nula transparencia, alimentan la máquina con nuestro trabajo y desaparecen o se reducen a la mínima expresión conceptos como utilidad pública, servicio a la sociedad, democracia, búsqueda de la verdad y del bienestar general y del reequilibrio económico y social, respeto y pago a los autores, siendo los objetivos dominantes meramente especulativos y de alimentación de un negocio que dinamita cualquier ética vinculada a la propiedad intelectual. La noticia hecha pública por CEDRO el pasado mes de julio en el sentido de que al menos <strong>41.000 obras sujetas a derechos de autor, </strong>previamente pirateadas, habrían sido <strong>utilizadas en el entrenamiento de los modelos en castellano</strong> de IAG, ha puesto de relieve lo que para muchos era solo un rumor y para los más informados una convicción.  </p><p>El escritor, el traductor, el periodista han vivido <strong>al margen de ese saqueo silencioso</strong> de contenidos hasta el punto de que hoy se desconoce su alcance pese a que, inevitablemente, va a afectar al futuro de su trabajo, incluso a la sostenibilidad de algunas profesiones vinculadas a la creación o a la traducción.</p><p>La <strong>legislación de propiedad intelectual,</strong> hecha para el “mundo físico”, un mundo en el que la trazabilidad de las obras era (es, todavía) una posibilidad cierta y en el que la lucha contra la piratería y la reproducción ilegal se ha saldado con ciertos éxitos, <strong>no se ha aplicado con rigor</strong> y determinación en el mundo digital, en el mundo, evanescente a veces, de Internet, de las redes sociales, de la opacidad (paradójicamente, Internet nació de la mano de la transparencia y de la democratización de la cultura), un mundo que deja de ser evanescente cuando <strong>actúa sobre nuestras vidas, </strong>sobre la cotidianidad, sobre principios básicos de convivencia o, sobre un principio elemental, acuñado en todo proyecto civilizatorio, como la propiedad intelectual, los derechos de autor. </p><p>En paralelo, se ponen en evidencia<strong> prácticas “menores” </strong>que, <strong>lejos de atenuar los efectos </strong>de esa ofensiva unilateral de las plataformas tecnológicas, <strong>los intensifican. </strong>Escuchamos, en ocasiones, cómo en<strong> medios informativos </strong>de amplia difusión y contrastada solvencia, escritores conocidos se vanaglorian, medio en broma medio en serio, de<strong> haber preguntado a Chat GPT </strong>determinadas dudas sobre cualquier tema, o de realizar sistemáticas pruebas acerca de las capacidades de la IAG para generar literatura “al estilo de…” o, simplemente, escribir relatos, poemas o crear ilustraciones. No dudo de la legitimidad para hacerlo, pero sí resalto el <strong>grado de trivialización con que a veces se trata,</strong> incluso con materiales de dominio público y no protegidos, <strong>el acceso a una herramienta</strong> cuyos fines últimos sólo conocen, por ahora, sus promotores y diseñadores y cuyos pronunciamientos públicos suelen derivar en desdén por cualquier derecho autoral y por la resistencia a asumir normas y regulaciones que salvaguarden esos derechos y, sobre todo, el control por la sociedad y sus instituciones de su posible vulneración. Es preciso aclarar que el peligro no está en el uso de la IA para documentarse, para ahorrar tiempos de búsqueda en diccionarios y enciclopedias o en hemerotecas, sino en la <strong>conversión de la “máquina” en protagonista del proceso creativo, </strong>suplantando al ser humano en una labor espiritual inalienable. </p><p>La<strong> IA, </strong>que tiene indudables beneficios y capacidades para resolver enigmas científicos y para aportar soluciones a grandes problemas del ser humano en los campos de la medicina, de la alimentación, del medio ambiente, del desarrollo económico o de las políticas de bienestar social, se utiliza, en el ámbito de la creación artística, para<strong> trasladar la imaginación humana </strong>y sus capacidades, las experiencias más íntimas del hombre o de la mujer, la memoria y la cotidianidad de la vida a un <strong>sistema de algoritmos que mueve datos sin subjetividad, </strong>sin sentimientos, sin finalidades éticas ni morales.   </p><p>Quizá nunca como en este tiempo los creadores hemos necesitado<strong> la actuación del Estado </strong>para<strong> defender el principio básico de toda creación. </strong>Estamos ante una reflexión incómoda que, inevitablemente, divide al mundo literario: de un lado, el falso paradigma de la cultura libre y gratuita que ha alimentado la piratería y los usos fraudulentos con argumentos tan simples como peregrinos, se pretende extender a todo cuanto rodea la implementación de la IAG, comenzando por los<strong> “materiales” sujetos a derechos de autor </strong>utilizados en su diseño y entrenamiento, sean procedentes de entidades privadas (editoriales, periódicos, medios asimilados), sean de instituciones públicas (bibliotecas, fondos universitarios, de fundaciones, etc…), y acabando con su explotación comercial. De otro, la concepción, elemental para la práctica totalidad de los sectores productivos, que parte de que<strong> todo trabajo ha de ser remunerado</strong> y de que detrás de toda obra humana, sea una silla, un saco de legumbres o un smartphone, hay trabajo acumulado e ideas originales y propietarios de ese trabajo que han hecho posibles tales objetos o bienes. ¿O sólo la propiedad intelectual queda fuera del nivel de protección del resto de las propiedades?</p><p>Todo cuanto he expuesto desborda nuestras capacidades prospectivas por su novedad. Pero<strong> detrás de la “invasión algorítmica” hay ideología</strong> y hay, sobre todo, un modelo de sociedad. Las<strong> dimensiones del negocio </strong>generado son<strong> incalculables </strong>y las consecuencias morales, éticas, que pueden impregnar una<strong> </strong>colectividad sometida al sistema de valores (ultraliberalismo, desprecio de los derechos humanos y del derecho internacional, censura sistematizada, odio a lo diferente y al diferente, antifeminismo) de imperios privados, con apoyos públicos o no, cuya guía fundante no es otra que el <strong>aprovechamiento económico a gran escala</strong> y la configuración de un mundo que pulveriza todo planteamiento humanista y democrático.</p><p>El <strong>Consejo Europeo de Escritores (EWC)</strong>, el <strong>Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios </strong>y otras organizaciones, entre las que se encuentra<strong> ACE </strong>y la <strong>Conferencia de Asociaciones</strong> de nuestro país, han hecho públicas sus exigencias, basadas en la tríada <strong>Autorización, Remuneración y Transparencia,</strong> y han trasladado al Parlamento Europeo y a otras instancias internacionales unas exigencias básicas, exigencias profundamente arraigadas en la cultura moderna, en la Ilustración y en el <strong>valor universal de los derechos de autor</strong> y de la propiedad intelectual. En España, las instituciones deben atender esa demanda y es preciso<strong> buscar un lugar de encuentro, </strong>de diálogo, que conlleve el logro de un gran acuerdo para diseñar y aprobar un <strong>marco jurídico</strong> que convierta a la IAG en un sistema sostenible, democrático y respetuoso con los principios mencionados y que salvaguarde la transparencia en los usos de las obras y contenidos protegidos. Al margen de ello, solo existe<strong> la ley de la selva: </strong>es decir, la del más fuerte. ¿Estamos a tiempo? </p><p>____________________________________________</p><p><em><strong>Manuel Rico Rego</strong></em><em> es escritor y crítico literario. Sus últimos libros son 'La ficción y la vida' (2024) y 'Qué es la poesía' (2025). Preside la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jan 2026 05:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Rico Rego]]></author>
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      <media:title><![CDATA[IAG: ¿Legitimar el saqueo o regular como impedirlo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Inteligencia artificial,Tecnología digital,Medios comunicación,Periodismo,Periodistas,Ética periodística,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lugar de un periodista nunca debe ser la cárcel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/lugar-periodista-debe-carcel_129_2109170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e93ddfb7-7a60-42d7-a285-53a7ddb60e1c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El lugar de un periodista nunca debe ser la cárcel"></p><p><strong>La libertad de informar es un principio fundamental vinculado a los derechos humanos</strong>. No solo en Francia, sino <strong>en todo el mundo</strong>. La misión de los periodistas es estar al servicio del derecho a la información y la libertad de expresión, velando por la veracidad de los hechos, el respeto de las fuentes y el derecho de réplica.</p><p>El derecho de toda persona a tener acceso a la información y a las ideas se recoge en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU). Al adherirse a esta organización supranacional tras su independencia en 1962, Argelia suscribió <em>de facto</em> esta resolución de 1948.</p><p>El miércoles 3 de diciembre, tras la vista de apelación, el tribunal de justicia de Tizi Ouzou, en Argelia, <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/031225/le-journaliste-christophe-gleizes-condamne-en-appel-sept-ans-de-prison-par-la-justice-algerienne" target="_blank">condenó al periodista francés Christophe Gleizes</a>, de 36 años, a siete años de prisión. Nuestro colega, colaborador de <em>So foot </em>y <em>Society</em>, <strong>fue detenido el 28 de mayo de 2024 </strong>y puesto bajo control judicial, en particular<strong> por “entrar en el país con un visado turístico” y por “apología del terrorismo”.</strong></p><p>En el estrado, pidió “clemencia” a los jueces y reconoció haber cometido “muchos errores periodísticos a pesar de sus buenas intenciones”, según un periodista de la AFP presente en la vista. Christophe Gleizes admitió pues que debería haber solicitado un visado de periodista y no de turista antes de viajar para realizar un reportaje.</p><p>Eso no impidió que la fiscalía solicitara que se aumentara a diez años su primera condena. <strong>“El acusado no vino a Argelia para realizar un trabajo periodístico, sino [para cometer] un acto hostil”,</strong> afirmó su representante. El tribunal le preguntó si sabía que el Movimiento por la Autodeterminación de Cabilia (MAC) había sido clasificado en mayo de 2021 como terrorista por las autoridades argelinas cuando se reunió con su presidente, Ferhat Mehenni, en París, en octubre del mismo año.</p><p>Sea cual sea la respuesta —en este caso, Christophe Gleizes afirmó que no lo sabía—, es necesario recordar que<strong> los periodistas no deben identificarse ni con las personas a las que potencialmente implican, ni con los testigos, ni siquiera con sus fuentes.</strong> No son defensores de unos ni de otros. <strong>Son otra voz, la de los ciudadanos y ciudadanas que quieren saber. </strong>Producen hechos de interés general, una vez que estos han sido contrastados, verificados y documentados.</p><p>Entrevistar, investigar e informar no es un delito. <strong>“El periodismo consiste en recabar información, incluso de personas u organizaciones controvertidas”,</strong> señalan las numerosas <a href="https://blogs.mediapart.fr/les-invites-de-mediapart/blog/261125/les-editeurs-de-presse-demandent-la-liberation-de-christophe-gleizes-journaliste" target="_blank">organizaciones de medios de comunicación</a> francesas que piden la liberación del periodista. “Calificar esta actuación de ‘apología del terrorismo’ equivale a negar la propia naturaleza de la profesión y a amenazar la libertad de información, garantizada por los convenios internacionales. Un periodista que entrevista a un responsable deportivo no es cómplice de sus posiciones: está haciendo su trabajo”.</p><p>Tras el fallo, Thibaut Bruttin, director general de Reporteros sin Fronteras (RSF), expresó su estupefacción: “RSF condena con la mayor firmeza <strong>la aberrante decisión del tribunal de apelación de Tizi Ouzou, que ha optado por mantener en prisión a un periodista que no ha hecho más que su trabajo.”</strong> “Hay que explicar a los magistrados de apelación que un periodista no hace política”, “no es un ideólogo”, “no es un activista”, afirmaba el abogado del periodista, Emmanuel Daoud, antes de la vista.</p><p>El abogado intentó, con razón, evitar que el destino de su cliente se viera envuelto en la agitación de las relaciones franco-argelinas, tras el indulto y la liberación por parte de Argel del escritor franco-argelino Boualem Sansal el 12 de noviembre. Así, rechazó la expresión de “rehén”, precisando que Christophe Gleizes había podido recibir visitas y tener acceso a su expediente penal y a sus abogados.</p><p>No obstante,<strong> al dictar sentencia de prisión para un periodista</strong> —sea cual sea su nacionalidad, pues también vale para los periodistas argelinos injustamente encarcelados—, <strong>el tribunal viola el derecho de los ciudadanos</strong>, independientemente de su nacionalidad, <strong>a disponer de información </strong>que les permita posicionarse con total autonomía y libertad.</p><p><strong>La Carta Mundial de Ética Periodística</strong>, ratificada en Túnez en 2019, que recoge los principios de la Carta de Múnich de 1971, así lo establece:<strong> “La responsabilidad del periodista ante el público prima sobre cualquier otra responsabilidad</strong>, en particular ante sus empleadores y los poderes públicos”.</p><p>Lo único que cuenta es el interés general de los lectores y lectoras, más allá de las fronteras.<strong> Christophe Gleizes debe ser liberado.</strong> Según el procedimiento judicial argelino, solo queda una salida, el indulto que podría concederle el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune (que solo podría intervenir tras la condena en firme del reportero, que aún puede recurrir en casación).</p><p>Esto supone que, junto a los profesionales de la información, los ciudadanos se movilicen para defender su derecho: el de estar informados, directamente por quienes dan testimonio e investigan.</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Dec 2025 19:00:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carine Fouteau]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El lugar de un periodista nunca debe ser la cárcel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,Ética periodística,Libertad prensa,Libertad de expresión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿En qué momento?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/momento_129_2104335.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿En qué momento?"></p><p>Parte de la ciudadanía se pregunta, <strong>con dolor,</strong> qué ha pasado en esta sociedad que parece estar viviendo una <strong>lucha fratricida entre posturas enfrentadas. </strong>¡Como si fueran equiparables! Que a estas alturas pongamos en el mismo lugar al fascismo y al antifascismo, a mi modo de ver, no habla de ignorancia sino de intención y de un<strong> trabajo fino</strong>-<strong>fino de desinformación</strong>, de sobreinformación y de<strong> desinversión en educación.</strong> Con todo, dado que yo soy <strong>periodista</strong>, me toca lanzar cuestiones y centrarme en mi oficio que, de alguna manera, <strong>ha allanado el terreno</strong> para que, como sociedad, <strong>ideas que antes nos parecían terribles</strong> y de otra era, a día de hoy, <strong>estén de moda y quepan.</strong> Porque no le podemos echar la culpa de todo a las redes sociales. Algo habremos hecho mal para que todo lo que se vierte ahí, se crea. </p><p>Y aquí van mis preguntas: </p><p>¿En qué momento a<strong> los medios</strong> supuestamente serios<strong> les valió cualquier discurso?</strong></p><p><strong>¿En qué momento nos conformamos </strong>quienes trabajamos en ellos?</p><p>¿En qué momento preferimos<strong> el espectáculo a la verdad, </strong>el <em>brilli brilli</em> o la hipérbole a la realidad, por muy cruda que esta fuera? </p><p>¿En qué momento dejamos de dedicar un buen rato a buscar fuentes válidas, como se ha hecho toda la vida, llamando a personas expertas, a asociaciones gremiales, culturales o vecinales y<strong> solo nos fijamos en la cantidad de </strong><em><strong>followers</strong></em><strong>?</strong></p><p>¿En qué momento creímos que alguien que cuenta con tiempo para producir vídeos en redes donde explican lo que otras personas que carecen de ese tiempo, debido a lo mucho que hacen e investigan, debe ser la única opción de consulta o de interlocución? Da igual el tema, ¿eh? Y con esto no estoy diciendo que no haya influencers que sepan mucho, compartan de manera generosa sus conocimientos, citen sus fuentes y se lo curren, que claro que los hay, sino que <strong>dedicarse a la creación de contenidos no convierte a nadie </strong>per se <strong>en especialista</strong> en absolutamente ninguna materia.</p><p>Sin embargo, los que me dan miedo son los que suben un peldaño más, los del párrafo siguiente. </p><p>Los de la<strong> violencia explícita. </strong></p><p>En qué momento pensamos que es preferible contar con <strong>contertulios </strong>que se ponen a dar<strong> gritos, </strong>con el fin de conferirle dramatismo a sus palabras vacías, que con perfiles que quizá la lían menos pero saben más y hablan a un volumen normal.</p><p>En qué momento convertimos a<strong> matones con necesidad de foco</strong> en expertos en nada que no fuera dar hostias sobre la mesa, como si eso sirviera para apuntalar y dotar de veracidad a sus palabras huecas.</p><p>En qué momento contribuimos a que, poniéndoles donde están, devinieran <strong>líderes o ejemplos a seguir</strong> en términos de opinión, ¿pensamiento? o acción. </p><p>En qué momento nos valió más el resumen, el corta y pega del “rincón del vago” o del chatGPT, las<strong> narrativas chatarra</strong> o el <em>fast talk</em> que caben en no sé cuántos (pocos) caracteres que la vida, la edad, la militancia, los títulos o la experiencia profesional. </p><p>En qué momento decidimos seguir las lógicas de <em>TikTok</em> o <em>Instagram</em> en lugar de alejarnos, combatirlas o entender que medios y redes son cosas distintas, aunque se puedan complementar. Que en los primeros no vale con el yo digo, yo pienso o el yo opino, que<strong> los datos cuentan</strong> y que <strong>el rigor jamás debería ser algo opcional.</strong></p><p>En qué momento han comenzado a marcar la<strong> agenda mediática</strong> los <strong>exabruptos </strong>que se convierten en titular y que convierten a los periodistas en altavoces de los elementos más controvertidos de la élite política, incluso si les rebatimos. Y, al final, bailándoles el agua, agrandamos sus palabras malsonantes, coadyuvamos a que <strong>sus malabares léxicos alimenten polémicas estériles</strong> e infantiles y le quitamos espacio y tiempo a la exigencia de medidas para resolver las verdaderas urgencias de un Estado que, a muchos niveles, se tambalea. </p><p><strong>¿En qué momento, eh?</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Nov 2025 05:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿En qué momento?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,ultraderecha,Extrema derecha,Periodismo,Periodistas,Ética periodística,Medios comunicación,Televisión,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La amenaza y la confesión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/amenaza-confesion_129_2094331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La amenaza y la confesión"></p><p><em>La causa contra el fiscal general del Estado ha alumbrado un momento de epifanía democrática cuando el presidente de la sala segunda del Supremo reconocía que el rigor periodístico era una amenaza para la ramplonería de la burocracia judicial.</em></p><p>En la película <em>Frost/Nixon</em>, que adapta la obra de teatro de Peter Morgan basada en la intrahistoria de la célebre entrevista real del británico David Frost a un Richard Nixon retirado, Ron Howard hace pivotar el discurso en torno a un instante fulgurante, una epifanía, que pertenece antes a <strong>la historia de la verdad</strong> que a la historia del cine. Después de horas de evasivas, Richard Nixon, acorralado por las preguntas de David Frost, pronuncia su frase más célebre: “Lo que quiero decir es que <strong>si el presidente lo hace, no es ilegal</strong>”. Es cierto que Donald Trump lleva confesando sus abusos de poder y sus patizambas inclinaciones autocráticas con expresiones de culpabilidad tan o más transparentes, pero la sociedad estadounidense de hace medio siglo todavía no se había despeñado por los acantilados irracionales del miedo a todo y <strong>tenía un cierto sentido de la honestidad </strong>y el decoro. Así que el impacto fue tremendo.</p><p>La escena de Frank Langella (Nixon) y Michael Sheen (Frost) no es una mera admisión de culpa, sino la revelación de algo mucho más profundo y terrible: la confesión de un hombre que, como tantos otros, <strong>ha confundido el ejercicio del poder</strong> con la encarnación de la ley. Nixon no está describiendo un acto, sino que está revelando un principio que impugna la filosofía del derecho democrático. La entrevista se convierte entonces en una revelación política tan deslumbrante que Frost calla. Porque el periodismo no necesita añadir nada a lo patente. En ese silencio <strong>ocurre la verdad</strong>: el espectador comprende lo que ningún tribunal había logrado probar, que Nixon era un autócrata y se situaba fuera de los mínimos de funcionamiento de la democracia.</p><p>El mérito, ya ven, no fue de un juez ni de un sagaz fiscal, <strong>sino de un periodista de variedades</strong> que ni siquiera era especialista en asuntos políticos y sobre cuyo éxito en la entrevista/legado con el expresidente estadounidense todos descreían. Lo que el periodismo consiguió aquella noche —sin imperio de la ley y sin la autoridad coercitiva del Estado— fue arrancar una verdad que la justicia no supo o no pudo extraer y <strong>entregársela a la sociedad</strong>. Nixon dio pie a una verdad política, no procesal, y cuando el espectador la vio en televisión, ya no podía desconocerla. Quédense pues con esa idea, porque la justicia, en sus alambicados y ominosos gerundios, puede absolver o condenar, puede declarar hechos probados y obliterar pruebas fehacientes, por asuntos formales, pero <strong>quien sabe lo que ha visto, no puede ignorarlo</strong>. Y ese es el caso del periodismo.</p><p>Esa escena asaltó a este cronista mitómano la pasada semana, al escuchar al periodista del <em>Eldiario.es</em> José Precedo declarar en el juicio contra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, en la sala segunda del Tribunal Supremo. No fue el único que compareció ni el único que transmitió el mismo relato ante la sala. Otros periodistas honrados y meticulosos refrendaron lo dicho por Precedo. Pero en su intervención última, Precedo explicó <strong>el dilema que le robaba el sueño</strong>: saber a ciencia cierta que el acusado era inocente, que no era el autor de la filtración, porque él fue quien publicó la exclusiva y sabía quién era su fuente, aunque no la revelaría —dijo— por deber de secreto profesional. Le faltó añadir que hay otra razón de salud democrática para no revelarla, ni aunque la fuente lo permitiera: que, en democracia, la carga de la prueba no descansa en el acusado <strong>sino en la acusación</strong>. La inocencia no ha de ser probada, es una realidad por defecto. Es quien acusa quien debe avalar con evidencias, más allá de toda duda, lo que malicia sobre el reo.</p><p>Precedo simplemente señaló que sabía que el filtrador no era el acusado. El presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, magistrado Andrés Martínez Arrieta, respondió de súbito: “No nos amenace”. En primer término, nadie pareció entender con exactitud a qué se refería el togado, pues el tono y las palabras del periodista no parecían amenazadores, pero el sentido latente de ese demoledor <strong>lapsus del juez</strong> —expresando en voz alta su temor a lo que pudiese decir el periodista— es sin duda la gran revelación de este proceso. El tribunal percibió, quizá por un instante, que <strong>toda la arquitectura del proceso</strong>, desde su discutible admisión a trámite, su instrucción y hasta su inopinada llegada a juicio oral, pendía de un hilo y podía venirse abajo si un hecho cierto, modesto, insignificante y formalmente irrelevante —pues yace protegido por el secreto profesional—, tal que varios periodistas saben quién filtró el email, era pronunciado de viva voz en la sala. Esa frase, “no nos amenace”, ese momento de debilidad, fue <strong>un temblor imperceptible </strong>en los cimientos del Palacio de las Salesas por la confesión involuntaria del presidente de la sala. Era, al cabo, el reconocimiento de que el saber periodístico tiene la potencia disruptiva de quien maneja <strong>un tipo de verdad irrefutable</strong> que la justicia no puede administrar ni gestionar y que, en último término, puede demoler la reputación de procesos infames en insidiosos como el que nos ocupa. Precedo, sin pretenderlo y seguramente sin ser consciente, al trasladar su dilema ético al juez, le estaba diciendo: “Os veo, yo sé lo que estáis haciendo”. Y el ilustre togado <strong>dio un respingo</strong>.</p><p>Ahí reside la frontera esencial entre ambos oficios: la justicia se debe a los hechos probados mediante un método concreto y contingente; el periodismo, <strong>a los hechos ciertos</strong>. Es pues el periodismo, en su informalidad y su desorden, una disciplina cuya exigencia es muy superior a la ramplonería burocrática de la justicia. La justicia puede “des-ver” pruebas obtenidas irregularmente, borrar testimonios viciados, ignorar lo que no cumple las normas del procedimiento por muy verdadero que sea, e incluso exigir a los jurados que no los consideren o al secretario que no los haga figurar en el acta. La justicia<strong> puede emanciparse de lo real</strong>, de lo verdadero. Es cierto que esta cautela formal en un sistema garantista como es el democrático debería proteger al reo (es decir, las pruebas incriminatorias son las que deben rechazarse por motivos formales, no las que exoneran), pero en todo caso, es una potestad que revela que la justicia está atada a la forma, <strong>no al conocimiento.</strong> El periodismo, en cambio, no puede fingir ignorancia, una vez conoce algo cierto no puede desconocerlo. Su deber no es con la forma, sino con la verdad factual.</p><p>Lo vimos en el procedimiento del Supremo contra el diputado Alberto Rodríguez, o en el de la Audiencia Nacional contra los vecinos de Altsasu, en los que pruebas y testimonios exculpatorios <strong>fueron rechazados por ambos tribunales</strong> para producir sentencias aberrantes, contrarias a la realidad de los hechos. Paradójicamente, el garantismo que no protegió a esos acusados, sí ampara a los miembros de esas salas para que no puedan acabar fácilmente en la cárcel por prevaricación.</p><p>Pero como le recuerda Spencer Tracy a Burt Lancaster en la escena final de <em>Vencedores o vencidos</em>, esos precedentes no son inocuos. Cuando el juez Ernst Janning (Lancaster), ya condenado, lamenta el alcance del genocidio patrocinado por el III Reich, y dice “nunca pensé que llegaría a esto”, el magistrado Dan Haywood le recuerda: “Llegó a esto la primera vez que condenó a un hombre sabiendo que era inocente”. El mal <strong>no empieza cuando se quiebra la ley</strong>, sino cuando se abdica de la verdad evidente.</p><p>El juez actúa <strong>bajo la protección del código</strong>, su virtud consiste en no salirse de él y su vicio, en pertrecharse tras él. El periodista opera en la intemperie moral del conocimiento, su virtud consiste en no traicionar lo que sabe y su vicio, como también vimos con otros periodistas ante el Supremo, en el sofisma, el malentendido deliberado y la insinuación insidiosa. Y esa soledad última del periodista con un método no regulado, que es su fragilidad, es también su fuerza: el buen periodismo no tiene poder formal, pero <strong>tiene todo el poder moral</strong>, un poder desregulado y por tanto, inmanejable para las instituciones, como aprendió por las malas Richard Nixon.</p><p>Por eso el periodismo no es sólo un oficio, sino la formulación más virtuosa y precaria de la sociedad civil en los términos en los que la define el liberalismo democrático, como <strong>un contrapoder al absolutismo</strong>. En un Estado democrático, la justicia pertenece al Estado, pese a la independencia blindada del juez, y <strong>el periodismo pertenece al ciudadano</strong>, pese a la dependencia salarial del periodista. Uno administra el derecho; el otro administra lo real. En esa diferencia radica la esencia del liberalismo democrático y su sistema imperfecto de contrapesos: la existencia de un espacio civil que no depende del Estado para ejercer su función crítica y que puede desmantelar el <strong>castillo de naipes </strong>de las afirmaciones institucionales.</p><p>La Ilustración inventó dos grandes instituciones de control: <strong>el derecho y la opinión pública</strong>. El primero regula el poder mediante la norma; la segunda lo regula mediante la luz. Si el Estado es el monopolio legítimo de la violencia, el periodismo es el monopolio legítimo de la mirada. No gobierna, vigila. No condena, expone. No sentencia, ilumina. Y esa capacidad de verter luz sobre las penumbras donde el poder pergeña, como esta conspiración de la derecha cortesana contra la realidad, lo convierte en el corazón mismo del proyecto liberal. Will McAvoy (Jeff Daniels) decía en <em>The Newsroom</em> que “la prensa <strong>es el sistema inmunológico de la democracia</strong>. Si reacciona mal o no reacciona, el sistema entero enferma”. Esa metáfora biológica captura el sentido político del periodismo, un organismo sin poder coercitivo pero indispensable para la salud del cuerpo democrático. No manda, pero detecta, alerta y reacciona. Y cuando se pliega o se deja sedar por el poder del Estado, sea el poder declarado de los gobiernos o el inmanente de los aparatos del Estado, la infección avanza.</p><p>Por eso, cuando el presidente de la sala segunda dice “no nos amenace”, en realidad verbaliza el miedo más antiguo del Estado y de sus pasantes, <strong>el miedo a la mirada y al verbo </strong>que no son modulables ni perseguibles. El periodista no amenaza con un arma, sino con una evidencia palmaria, pueda encajar o no en una declaración de hechos probados. Como ya hemos dicho aquí, el derecho no agota el lenguaje ni el relato de lo cierto, y el periodismo, en ese gesto de emancipación que consiste en decir <em>lo que sabe</em> o simplemente decir <em>que lo sabe</em>, conjuga toda la política moderna: <strong>el poder teme a quien puede contar lo que ve</strong>. Y no pocas veces, como ocurre con la justicia, quiere reescribirlo.</p><p>Atada a sus formas, la toga puede exonerar a quien es culpable o condenar a quien no lo es, <strong>sin por ello traicionar </strong>su mecanismo, aunque sí su encomienda. El periodismo, en cambio, sólo traiciona cuando calla o miente. La verdad procesal puede prescindir de la verdad material, pero el periodismo no puede permitirse ese lujo, de ahí que su compromiso sea más arduo pues no hay amparo institucional para el conocimiento que le incumbe. En el fondo, el periodismo representa lo que el liberalismo quiso proteger desde su origen: la soberanía moral e informal del individuo frente al Estado. Cada periodista encarna, en su práctica cotidiana, esa pequeña rebelión ilustrada según la cual el ciudadano tiene derecho a mirar y a decir, incluso —y sobre todo—<strong> cuando el poder preferiría el silencio</strong>. Como gusta de repetir el filósofo Javier Gomá, en democracia, cada ciudadano es un contrapoder. </p><p>Porque, al final, la verdad periodística —esa que se apoya en los hechos ciertos, no en los hechos probados— es el último baluarte de la libertad civil, la prueba viva de que aún existe una sociedad <strong>capaz de mirar al poder</strong> sin pedirle permiso.</p><p>Como el inexperto Frost sentado frente al coloso Nixon, este oficio de impostores no condena ni absuelve, solo ilumina. Y una vez que la luz se ha encendido, el mundo no puede volver a fingir que no ve.</p><p>Eso ha bastado para que togas y artesonados temblasen: un periodista explicando su método y afirmando, <strong>sin aspaviento</strong>, “lo sé”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Nov 2025 18:51:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La amenaza y la confesión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tribunal Supremo,Periodismo,Ética periodística,Periodismo investigación,Juicios,Jueces]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[infoLibre celebra la segunda edición de 'Visibles', una jornada de cultura, reflexión y arte en torno a la igualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/visibles/infolibre-celebra-segunda-edicion-visibles-jornada-cultura-pensamiento-arte-torno-igualdad_1_2083578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f3d88337-8144-4689-9c8c-9e668780f7f7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="infoLibre celebra la segunda edición de 'Visibles', una jornada de cultura, reflexión y arte en torno a la igualdad"></p><p>Tras el <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/visibilizar-mujeres-combatir-discurso-negacionista-descredito-mujeres-impunidad-agresor_1_1892315.html" target="_blank">éxito de su primera edición en 2024</a>, <strong>infoLibre</strong> celebra la segunda edición de <em><strong>Visibles</strong></em>, un encuentro que combina <strong>reflexión, debate y creación artística</strong> en torno al papel de las mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad.</p><p>La cita tendrá lugar el jueves <strong> 23 de octubre, de 17:00 a 21:00 horas, en el espacio cultural La Cristalería (Calle Sandoval, 3, Madrid)</strong>, y <strong> a partir de las 17:30 horas</strong> podrá seguirse también por <a href="https://youtube.com/live/lY28Sg1erbI?feature=share" target="_blank"><strong>streaming a través de YouTube</strong></a><strong> y X</strong>, con el hashtag #VisiblesinfoLibre. </p><p>Con el apoyo de la <strong>Fundación “la Caixa”</strong>, <strong>Aena</strong>, <strong>Telefónica</strong>, <strong>Paradores</strong> y <strong>Estrella Damm</strong>, <em>Visibles 2025</em> se consolida como una cita de referencia en la agenda cultural de otoño, concebida como una <strong>experiencia viva que une palabra, emoción y creación colectiva para reivindicar la igualdad desde la cultura</strong>.</p><p>El evento comenzará a las <strong>17:00 horas</strong> con la apertura de los <strong>espacios expositivos</strong> de La Cristalería. El público podrá recorrer una <strong>muestra de arte y fotografía</strong> con obras de <strong>Desi Civera, Lucía Astuy, María Gallego, Davi Kabaro, Paula Dornan y Unpatrus (Patricia de Norverto)</strong>, algunas concebidas expresamente para esta edición. Además, se presentará una <strong>selección de portadas de </strong><a href="https://usuarios.infolibre.es/hazte_socio_tintalibre/" target="_blank"><em><strong>TintaLibre</strong></em></a>, la revista mensual de infoLibre, y un <strong>espacio participativo</strong> titulado <em>“Titulares que inspiran cambio: Igualdad 2026”</em>, una pizarra abierta en la que las personas asistentes podrán escribir los titulares que desearían leer el próximo año sobre avances en igualdad.</p><p>La <strong>bienvenida institucional</strong> correrá a cargo de <strong>Virginia P. Alonso</strong>, directora de infoLibre, seguida del <strong>discurso inaugural de la ministra de Igualdad, Ana Redondo</strong>, que abrirá oficialmente la jornada. A partir de entonces, la programación girará en torno a <strong>cuatro mesas de diálogo</strong> que abordarán distintas formas de visibilizar el liderazgo y la presencia de las mujeres.</p><p>La primera mesa, titulada <em>“Mujeres que transforman lo rural”</em>, reunirá a <strong>Teresa López</strong>, presidenta de FADEMUR; <strong>Eva Legaza</strong>, directora del Parador de Ávila; y <strong>Cristina Moreno</strong>, recepcionista del Parador de Gredos. Moderadas por <strong>Sabela Rodríguez</strong>, debatirán sobre el papel de las mujeres como motor de empleo, sostenibilidad e igualdad en el entorno rural.</p><p>A continuación, la conversación <em>“Mujeres visibles en profesiones masculinizadas: abriendo caminos”</em> explorará la presencia femenina en sectores estratégicos tradicionalmente dominados por hombres. Participarán <strong>Isabel Mendiguchía</strong>, directora del aeropuerto de Son Bonet (Mallorca); <strong>Ester Tejedor</strong>, directora de Operaciones de Ciberseguridad en Telefónica Tech; y <strong>Virginia Barcones Sanz</strong>, directora general de Protección Civil y Emergencias. La mesa será moderada por la subdirectora de infoLibre <strong>Marta Jaenes</strong>, que también conducirá el siguiente encuentro, <em>“Visibles en el arte”</em>, en el que las artistas participantes compartirán con el público el proceso creativo y las ideas que inspiran sus obras.</p><p>El bloque de debates concluirá con una de las conversaciones más esperadas: <em>“Romper el relato: mujeres en el periodismo”</em>, protagonizada por la periodista y escritora <strong>Cristina Fallarás</strong> y la directora de infoLibre, <strong>Virginia P. Alonso</strong>. Ambas dialogarán sobre los desafíos y consecuencias de la visibilidad pública de las mujeres en los medios de comunicación, y el encuentro finalizará con un turno de preguntas abierto al público.</p><p>Como cierre, la directora general de infoLibre <strong>Marta Gesto</strong> conducirá la despedida y los agradecimientos antes de dar paso al <strong>monólogo final de la actriz y humorista Esther Gimeno</strong>, que pondrá el broche de oro a la jornada reivindicando la igualdad desde la risa y la libertad, en un ambiente distendido acompañado de una cerveza cortesía de Estrella Damm.</p><p>La cita tendrá lugar el jueves <strong> 23 de octubre, de 17:00 a 21:00 horas, en el espacio cultural La Cristalería (Calle Sandoval, 3, Madrid)</strong>, y <strong> a partir de las 17:30 horas</strong> podrá seguirse también por <a href="https://youtube.com/live/lY28Sg1erbI?feature=share" target="_blank"><strong>streaming a través de YouTube</strong></a><strong> y X</strong>, con el hashtag #VisiblesinfoLibre. </p><p>Con esta segunda edición, <strong>infoLibre reafirma su compromiso con la cultura, la igualdad y la visibilidad de las mujeres</strong>, impulsando un espacio donde las artes, las ideas y el periodismo se entrelazan para seguir transformando la conversación pública en torno a la igualdad.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Oct 2025 15:49:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Arte,Mujeres,Ana Redondo,Cristina Fallarás,marta jaenes,Prensa online,Periodismo,Periodismo ciudadano,Ética periodística,Visibles 2025]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Denme mayúsculas más grandes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/denme-mayusculas-grandes_129_2070091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Denme mayúsculas más grandes"></p><p>El nuevo <em>Superman</em> (2025), de James Gunn, vuela mejor que sus predecesores pero es difícil darse cuenta porque, como en todas las películas contemporáneas de superhéroes, quizá con la excepción de<em> The Batman</em> (2022), de Matt Reeves, hay decenas de personajes que vuelan y el mundo que nos presenta está lleno de <strong>brechas dimensionales, </strong>agujeros negros, superarmaduras voladoras, objetos mágicos, metahumanos superpoderosos y extraterrestres que lanzan rayos. Haciendo memoria, la primera gran superproducción del género, <em>Superman </em>(1978), de Richard Donner, se presentó al mundo con un eslogan muy simple y que aludía a la promesa del prodigio: “Creerás que un hombre puede volar”. <strong>Era una promesa mínima y descomunal, </strong>y la película la cumplía. Había un único prodigio y todo lo demás era cotidiano —la vida en Kansas, el incesante trasiego de taxis de Metrópolis, Lois fumando y cometiendo horribles faltas de ortografía, Clark Kent tropezando en la redacción o en el ingente tráfico humano de las aceras…—, de modo que<strong> el milagro brillaba por su contraste brutal con lo común. </strong></p><p>Hoy en el género se multiplican los prodigios hasta la banalización: saltos temporales, multiversos, dioses nórdicos, alienígenas, clones, universos infinitesimales, naves de dimensiones colosales... La maravilla ya no es excepción, es paisaje, <strong>lo extraordinario es lo común </strong>y por tanto el prodigio es vulgar. Dicho de otro modo, el prodigio deja de existir como tal porque es rutina. Se obstará que la causa de esta hipertrofia es la posibilidad técnica, es decir, <strong>la digitalización del truco, </strong>pero también entre efectos digitales se pueden trabajar las proporciones para fijar la atención en aquello a lo que se le quiere dar dimensión, como veíamos en el uso del rotoscopio para crear el llamado <em>bullet time</em> (“tiempo de bala”) en <em>Matrix</em> (1999), de las hermanas Wachowski, o como demuestran las excepcionales coreografías de acción de los nuevos <em>Mad Max</em> del australiano George Miller.</p><p>Esta conversión de la hipérbole en rutina le ocurre al periodismo del presente, atado a los aspavientos de lo político. Entre los aforismos de esta ocupación menesterosa tan pródiga en ellos, es conocido uno que señala que “noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que uno hombre muerda a un perro”. A simple vista, <strong>la afirmación parece incontestable, </strong>pero nos remite a un debate de otro tipo relacionado con lo que tiene que ser un medio de comunicación. Porque en aplicación del aforismo, todos los medios serían como aquel célebre <em>Mundo insólito</em>, que giraba en torno a animales de varias cabezas, abducciones extraterrestres y asesinatos truculentos. Y sin embargo,<strong> los medios no son así</strong> —al menos, no la mayoría— sino que están comprometidos con trasladar un <strong>relato cabal sobre el mundo realmente existente, </strong>jerarquizado y con sentido de la proporción y la gravedad. </p><p>Las dialécticas normales de la política se empezaron a romper en España tras la derrota del Partido Popular en 2004 y de la mano de sus rimbombancias y exageraciones solemnes, la enmienda a la totalidad del adversario se convirtió en moneda de uso común. <strong>Pero el lenguaje tiene una flexibilidad limitada, </strong>y a partir de determinado punto de exageración no hay forma de incrementar la presión que no sea el descarrilamiento democrático o la comedia bufa. O, como vemos en Estados Unidos, las dos cosas a la vez.</p><p>Hay una razón profunda, de época, para que esto pase: <strong>habitamos una época barroca. </strong>El barroco fue quizá la primera vez en que la estética se articuló como política <em>a priori, </em>es decir, de forma consciente, reflexionada y con un objetivo no general sino específico. Tras el trauma que supuso la Reforma –una<strong> crisis de raíz democrática</strong> porque se cuestionó la autoridad de la curia para leer e interpretar los textos sagrados del cristianismo–, la Iglesia católica y las monarquías buscaban reforzar poder y legitimidad. </p><p>Se trataba de poner toda la carne en el asador de la estética para aturdir, emocionar y envolver al fiel en un espectáculo sensorial que anulase la duda y reforzase la fe. <strong>Mostrar la magnificencia de Dios y del monarca mediante lo abrumador: </strong>si el altar era tan desbordante, lo sagrado, el santo contenido en él, debía ser incontestable. No era solo arte, era propaganda en un sentido fuerte, que buscaba la persuasión y la disciplina con el objeto de ordenar la experiencia colectiva. En contra de lo que propugnaban los reformistas, <strong>lo sagrado no era accesible</strong> ni legible por el plebeyo y el exceso visual en torno a ello funcionaba como dispositivo de poder, impidiendo contemplar lo esencial con claridad, pero transmitiendo de forma inequívoca el mensaje de jurisdicción y muchedumbre de avíos.</p><p>Sin embargo, para un ojo educado es imposible no apreciar desde la distancia que el barroco significaba también la <strong>negación de lo extraordinario. </strong>Porque las volutas, columnas, arcos y querubines de pan de oro de los retablos asfixiaban a las figuras de la divinidad antes que subrayarlas: un Cristo malherido y con un taparrabos —como vemos cada año en las procesiones de Semana Santa— no puede competir con mil velones, quinientas flores y un palio de filigrana sin perder todo significado. <strong>El asombro se apoya en la proporción, la mesura y la razón. </strong>Sin ellos, lo asombroso solo es abrumador, como una de aquellas portadas del semanario amarillo <em>Mundo insólito</em>, que, por supuesto, además eran una colección de mentiras. La Ilustración devolvería a lo formal<strong> las dimensiones humanas, </strong>antes de que los ademanes románticos y nacionalistas devolvieran el colosalismo a un mundo fabricado para legitimar imperios en crisis. Y así, en unas pocas líneas hemos liquidado varias centurias, pues<strong> lo somero, </strong>ya se ha dicho aquí, es <strong>condición del periodismo.</strong></p><p>En el periodismo de esta era neobarroca, como en el devaluado cine superheroico, los escándalos tapan a los escándalos, los lodazales a los lodazales, y los grandes finales se suceden unos a otros como en una película o una sinfonía que no sabe cerrar su propio discurso, porque todo ha perdido la proporción. <strong>El consumidor de periodismo no se conmueve, </strong>solo se hastía, proceso inmediatamente anterior a la <strong>renuncia.</strong></p><p><strong>Lo tremendo no necesita de subrayados </strong>porque se explica solo. Lo saben los buenos periodistas de sucesos: cuanto más truculento, trágico o arrasador es un acontecimiento, un accidente o un crimen, menos adjetivación requiere su crónica. A lo que habla por sí mismo no se le ponen intérpretes. Pero la sucesión de lo tremebundo solo genera estrés colectivo. Si al “mayor caso de corrupción de la democracia” lo sigue la “mayor crisis económica”, la “peor catástrofe natural”, “el escándalo definitivo”, “las palabras más infames”..., <strong>el ciudadano vive en estado de alarma permanente, </strong>atrapado en un bucle de urgencias. Y este presente de pandemias, eventos climáticos catastróficos y colapso del orden mundial multilateral, no necesita que unas filtraciones a la prensa o unos comisionistas ministeriales, tan habituales y ordinarios como que el sol salga cada día, reciban el mismo tratamiento que un <strong>genocidio </strong>que marcará para siempre el destino de una región del mundo. </p><p>Si se sustituye la maravilla o la conmoción por <strong>el agotamiento,</strong> se alumbra una sociedad que ya no distinga lo grave de lo accesorio y que se deslice hacia<strong> la agonía informativa, </strong>incapaz de ordenar prioridades y al borde de abdicar al unísono del periodismo y de la política, pilares que sostienen en un equilibrio siempre precario a la civilización democrática. </p><p>El periodismo debería <strong>devolver al público un suelo de normalidad,</strong> base de la proporción y la gravedad de cuanto nos ocurre, como Superman necesita un Clark Kent incapaz de subirse a un ascensor siempre atestado para que volar aún signifique algo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Sep 2025 17:25:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Denme mayúsculas más grandes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Periodismo,Periodistas,Ética periodística,Debate del periodismo,Cine,Películas,Cultura]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[De Cueto y Ornia a José Pablo, el legado de RTVE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/la-guillotina/cueto-ornia-jose-pablo-legado-rtve_129_2063963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ae317e77-1eae-466a-9251-c0408f093a52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Cueto y Ornia a José Pablo, el legado de RTVE"></p><p>Este semana, <strong>RTVE </strong>lanzaba su primer informativo, <em>YaTdigo,</em> pensado y producido para las<strong> redes sociales.</strong> Si José Ramón Pérez Ornia o Juan Cueto estuvieran entre nosotros, lo estarían celebrando junto a José Pablo López como uno de los días más felices de sus vidas. Todo su legado, todo su pensamiento y pasión por las pantallas por fin se ha puesto en marcha. <strong>RTVE es hoy una televisión radical </strong>para una <strong>democracia radical </strong>que ha levantado un escudo catódico contra los bulos, las verdades alternativas y el fascismo.  </p><p>Juan Cueto y Ornia conformaron una dupla singular: fueron<strong> el pensamiento que produce el futuro.</strong> Y, efectivamente, el futuro quizá no es un tiempo, sino tan sólo una fábrica de pensamiento presente contada, mayormente, en <em>frames</em>. Juan Cueto fue la modernidad de los años 80 pensando en el  presente. El que fuera fundador de los <em>Cuadernos del Norte </em>y columnista de las páginas de  televisión en <em>El País </em>vivía <strong>instalado en el siglo XXI.</strong> Nada de lo que hoy sucede le fue entonces ajeno. Despeinado y con el puro de la inteligencia encendido las 24 horas del día, analizaba el medio que, como nos dijo McLuhan, siempre es el mensaje.  </p><p>En la misma línea se movió <strong>Pérez Ornia, </strong>productor de Godard y fundador de esa misma página pionera que analizaba la televisión y que practicó desde Telemadrid, primero, y desde la Radiotelevisión del Principado de Asturias (RTPA), después, con la visión y la pasión de hacer un <strong>producto con firma de autor. </strong>Su entusiasmo por la imagen y la vanguardia de la imagen digital nos dejó un hombre de ademanes jesuitas y pensamiento político revolucionario.  </p><p>Cueto y Ornia. Menuda pareja. Si siguieran vivos, hoy serían gurús de la semiótica en las redes sociales, chamanes de la palabra en Twitter, enganchados a Instagram, como<strong> dos magos de la verdad escondida tras la pantalla.</strong> Y algo de esto, o bastante de este legado, ha sido recogido por José Pablo López, el manda de RTVE, que se ha jugado el tipo apostando por la retirada del ente público de Eurovisión si continúa participando Israel. La valentía de José Pablo ha logrado que la televisión pública sea <strong>más competitiva, más diversa, más inclusiva </strong>sin restar al ente público ni un ápice de rigor y dignidad. Somos lo que comemos y también lo que vemos.  </p><p>Hay quien opina que Ornia o Cueto fueron dos anomalías digitales, como lo está siendo José Pablo ahora, un pequeño archipiélago catódico interior, una especie de Ávalon perdida en una nebulosa compuesta de millones de imágenes emitidas al mismo tiempo. En cambio, yo creo que<strong> los tres sí han influido en el periodismo español</strong> y en la televisión que se hace en España, otorgándole a la vida cotidiana la dignidad de lo desconocido, entregándonos a la necesidad de aferrarnos a la novedad, depositando en la revolución digital una parte decisiva del devenir de la democracia occidental y, en particular, de la de nuestro país. </p><p>La novedad hoy está hiperrevolucionada. Nos desborda.<strong> Es más difícil escoger un tema que escribir sobre él. </strong>La novedad es una estrella que ha nacido ante nuestros ojos, muerta. Toda novedad desvela nuestra propia estupidez, un cúmulo de contradicciones que nos devuelve a la condición de homínido, de antropoide que se bajó del árbol hace tres días con la sonrisa y la ambición de una bestia que ha reconocido cierta bondad en el mundo.  </p><p>Retorno a Cueto, a sus artículos recopilados en <em>Exterior Noche </em>o <em>Pasiones Catódicas </em>para ver que sigue ahí, su manera de pensar y ejercer la ironía desde el ludismo, esa<strong> mirada despierta que comprendía las tecnologías del mundo </strong>y les otorgaba cierta humanidad por la vía de la compasión que regala el conocimiento. De adolescentes, no nos perdíamos una sola conferencia de Cueto en Oviedo o Gijón, auténticas clases de sociología, ensayismo en acto. Fue lo suficientemente inteligente para distanciarse de Gustavo Bueno. Aquello era una fiesta. </p><p>Para Cueto era más fascinante una valla publicitaria que un cuadro de Dalí, un anuncio de telefonía móvil que una peli de Pasolini. Su legado era, sobre todo, una manera de pensar y de <strong>escribir la modernidad. </strong>Periodistas como Víctor García Guerrero, <a href="https://www.infolibre.es/autores/pedro-vallin/" target="_blank" >Pedro Vallín</a> o Edu Galán destilan la actitud y la voluntad de Cueto.<strong> Varias generaciones somos lo que somos,</strong> en una parte, aunque sea minutísima,<strong> gracias a la obra de Cueto.</strong> Todos ellos han seguido esa actitud política ante el presente y todo lo que vendrá después, desde una ironía desbordante, cómplice, casi fetiche. No hace falta citar a Cueto todos los días en una columna para saber que sigue ahí, activo, con el monitor de sus escritos encendido y vigente, presentísimo y entrañable. Lean a Cueto. Verán que<strong> sigue ahí,</strong> en un programa pensado para TikTok o en la corajuda decisión de RTVE de retirarse de Eurovisión  porque todos sus espectadores están contra los genocidios. Sin lugar a dudas, aquí hay legado.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Víctor Guillot]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Cueto y Ornia a José Pablo, el legado de RTVE]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Medios comunicación,Periodismo,Televisión,RTVE,Televisión pública,Ética periodística,Periodistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El microscopio y la ética del encuadre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/microscopio-etica-encuadre_129_2062034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El microscopio y la ética del encuadre"></p><p>Una contrariedad del desempeño de los juntaletras es que no es imprescindible decir mentiras para mentir. Así de maleable es esta ocupación: <strong>lo que para el narrador y el poeta constituye una ventaja</strong> y un ensanchamiento de las posibilidades, para nosotros se alza a veces como un <strong>gran inconveniente.</strong> El día que uno cae en la cuenta, descubre una dificultad añadida para un oficio cuyas aristas, inconvenientes y ángulos ciegos convierten la mejor de las voluntades en una carrera de obstáculos. </p><p>Que se puede mentir con una foto sin fabricarla con posados ni postproducirla con Photoshop es asunto que ya trató a fondo nuestro Savonarola del periodismo, <strong>Arcadi Espada,</strong> en su sonada polémica con el <strong>fotógrafo premio Pulitzer Javier Bauluz</strong> por el uso intencional del teleobjetivo y el encuadre para <strong>recortar la escena real </strong>y componer una poderosa metáfora de la tragedia de la migración norteafricana en nuestras turistificadas costas. Para los que no recuerden el barullo y la imagen, que fue portada de muchos diarios, una pareja de turistas sentados en la arena miran al mar, mientras, tras ellos, unos metros más allá (muchos más metros de los aparentes, gracias al teleobjetivo) yace en la arena el <strong>cadáver de un migrante subsahariano ahogado, </strong>arrastrado por las olas hasta la orilla y al que parecen permanecer indiferentes los veraneantes. Sin ese encuadre cerrado, como supimos luego, podían verse en la escena muchos otros elementos, como la presencia de servicios de emergencia y agentes del orden, lo que significa que<strong> esa indiferencia</strong> de los bañistas <strong>que la foto convertía en símbolo era, </strong>cuando menos, <strong>discutible.</strong></p><p>Por las habituales razones corporativas que atenazan a las organizaciones gremiales, y seguramente también por los modales siempre destemplados y tronantes de Espada, aquella polémica le costó la<strong> expulsión del Colegio de Periodistas de Catalunya. </strong>Tenía más razón que un santo, pero idéntica propensión al cilicio, la penitencia y la admonición. Encarnando la causa con la rigidez vocinglera del predicador protestante, nos arrebató, como tantas veces, la posibilidad de que el debate sobre el asunto del encuadre y <strong>la honestidad prendiera en el fotoperiodismo español.</strong> Al final, como pasa con tantos sepulcros blanqueados enamorados de la voluptuosidad del púlpito, esa pulsión de poder y sometimiento que a tantos echa a perder pudo más que la lucidez intelectual.</p><p>No lloremos por el agua derramada y quedémonos con que, al menos <strong>para el oficio periodístico</strong> (ya veremos que también para otros), <strong>existe o debe existir una ética del encuadre.</strong> Los que hemos pasado por una facultad de periodismo también sabemos desde el primer curso —sobre el oficio, todo lo importante se enseña en una tarde, por eso lo sustancial de esta artesanía te lo cuentan en el primer curso; el resto de la carrera se dedica a lo imprescindible: historia, economía, derecho, sociología, literatura, filosofía, gramática, politología…— que hay un concepto indispensable para que el arte de contar no se convierta, sin querer, en el arte de mentir.  <strong>Ese concepto es “el contexto”. </strong>Y, si uno lo piensa con detenimiento, eso no es otra cosa que abrir el encuadre, contemplar con distancia y perspectiva para orientarse y orientar, dado que, como señaló Enric Juliana, habitamos en lo inmenso.</p><p>Lo inesperado es que el periodismo especializado se haya revelado como el mayor enemigo de esa vocación de perspectiva. Si tomamos el caso de las <strong>causas políticas abiertas</strong> contra el entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en distintos juzgados, al leer a los periodistas especializados, a menudo el exceso de detalle procesal se convierte en legitimación. El <em>exhaustivismo</em> de las causas, con autos de 200 páginas, escritos de acusación, tecnicismos sobre lo que se considera prevaricación, cohecho o malversación,<strong> el relato gana en apariencia de objetividad </strong>y transmite la impresión de que en esas instrucciones hay materia penal. Pero esa densidad en realidad funciona como maquillaje, pues el andamiaje técnico pretende dar solidez a lo que salta a la vista que, en el mejor de los casos, es un montaje endeble.</p><p>El astigmatismo, la dificultad para enfocar a la vez lo próximo y lo lejano, invade al experto, que encuadra con nitidez el párrafo 143 del auto pero <strong>pierde de vista la obviedad de conjunto.</strong> A saber: que <strong>la causa tiene un propósito político</strong> y nace de una denuncia fabricada, que los indicios son humo e insidia y que la estrategia se encuadra en una patente ofensiva política. Dicho de otro modo, se puede ver el “cómo” del proceso, pero se distorsiona el “para qué”. Mientras el periodista judicial corre el riesgo de perderse en la filigrana técnica,<strong> el lector no especializado suele captar lo obvio: </strong>“Esto es un intento flagrante de tumbar a Lula da Silva”, o “Esto es una causa fabricada contra Pablo Iglesias”. </p><p>Por eso, cuando <strong>José Manuel Calvente</strong>, que había sido miembro del equipo legal de Podemos, registró<strong> una denuncia múltiple contra el que había sido su partido </strong>y empleador por múltiples delitos en sus cuentas, a los periodistas no especializados en judicial les bastó (nos bastó) escuchar su comparecencia ante el juez Juan José Escalonilla para caer en la cuenta de que<strong> no había nada sólido para sustentar una causa, </strong>más allá de maledicencias internas y suposiciones insidiosas. En cambio, la instrucción que siguió a velocidad de caracol y llena de investigaciones prospectivas el citado Escalonilla mantuvo calientes las ascuas de la sospecha contra la organización durante meses para arribar a la conclusión obvia. Porque los jueces también entierran en pormenores los principios rectores del Derecho. </p><p>Paradójicamente, el lego ve lo que el experto —atado a su protocolo de rigor, a su obligación de escrúpulo técnico— se obliga a dejar en sombra. Y<strong> en eso consiste la trampa,</strong> en que la sobriedad técnica del experto parece neutral pero acaba prestando verosimilitud similar a las instrucciones sólidas y a las estrategias del <em>lawfare</em>. Al no nombrar lo obvio —la intencionalidad política que alimenta causas como la que el juez <strong>Manuel García Castellón</strong> siguió contra el entonces vicepresidente del Gobierno por un delito del que el investigado era la víctima obvia (el robo del móvil de una colaboradora con material íntimo)—, contribuye a normalizar lo anómalo en lo que estamos sumergidos: que <strong>el sistema judicial es un arma de guerra política </strong>y busca preposiciones y adverbios en el derecho penal que le permitan alcanzar su meta.</p><p>El astigmatismo no es ceguera, es una<strong> visión deformada. </strong>Del mismo modo, el periodista judicial experto no miente, no inventa, incluso puede ser muy riguroso en su precisión, pero su foco genera una distorsión porque lo nítido está mal calibrado con lo evidente. Como el teleobjetivo que nos hurta el entorno de los hechos, su contexto significativo. </p><p>El periodismo económico hace lo propio, y esta misma semana lo hemos visto con los ríos de tinta en torno al<strong> debate sobre la reducción de la jornada laboral, </strong>en los que era rarísimo ver alguna mención a la evolución de los beneficios empresariales desde que hace 42 años se fijara por ley la duración máxima de la jornada. Un dato que es, a todos los efectos, el más relevante para encuadrar la discusión. </p><p>El periodista especializado es un crítico de arte que pega la nariz al lienzo de Monet y nos habla con solvencia del trazo irregular, de la gota de óleo, de la aparente accidentalidad de la pincelada y que <strong>es incapaz de decirnos nada</strong> del puente japonés, el estanque de nenúfares o el jardín de Giverny. Usando una lupa, todo es interesante, incluso fascinante, pero carece por completo de significado, relevancia o propuesta de sentido. </p><p><strong>Nuestro oficio, </strong>he ahí la paradoja, ensoberbecido por serio y experto, <strong>se vuelve menos clarividente</strong> que quien echa una mirada somera a lo que pasa, que sabe que casi siempre las cosas son lo que parecen. Hablamos aquí hace pocos días de cómo los cambios de escala son cambios de categoría. Porque, en contra de la teoría de fractales, que establece que lo pequeño es idéntico a lo gigante, el mundo se rige por la convivencia de la física newtoniana para lo inmenso y la cuántica para lo minúsculo. <strong>Lo micro no enseña nada sobre lo macro. </strong>Ni en la literatura jurídica, ni mucho menos en la económica. </p><p>La economía doméstica no funciona según las reglas aplicables a la economía de un país, como las reglas contables que someten los libros de cuentas de una pyme no aplican a las empresas cotizadas. Y sin embargo uno de los trucos más baratos y habituales del periodismo económico es <strong>pretender que es así y que lo macro funciona como lo micro.</strong> No es una metáfora azarosa, sino una distorsión interesada para imponer la austeridad rigurosa del neoliberalismo. Titulares como “Un país no puede gastar más de lo que ingresa”, “Vivimos por encima de nuestras posibilidades” o “Hay que apretarse el cinturón” tratan la complejidad de las cuentas públicas con la ramplonería de la economía del hogar, <strong>ignorando deliberadamente herramientas clave de política económica</strong> como la política monetaria, la política fiscal o los acuerdos internacionales de comercio para convertir en lógico el rigorismo contable, aunque sea macroeconómicamente suicida en procesos de recesión, por ejemplo. Y de nuevo, se hurta el cuadro.</p><p>Grecia no quebró por ser un vecino derrochador que vivía por encima de sus posibilidades sino por la defectuosa arquitectura del euro, el irresponsable papel de los bancos alemanes y franceses, la imposibilidad de devaluar o las políticas antiinflación del BCE. El premio nobel de Economía Paul Krugman se desgañitaba en aquel entonces, desde las páginas de <em>The New York Times</em>, explicando que<strong> la macroeconomía no se parece a la microeconomía</strong> y, ojo a la metáfora, que no se puede sacar sangre a un paciente desangrado.</p><p>Tirar la lupa y mirar al horizonte siempre nos sitúa más cerca de alguna verdad porque una ciudad no se puede describir contemplando una tapa de alcantarilla sino más bien examinando desde lo alto su bullicio de hormiguero o mirando su <em>skyline</em> desde decenas de kilómetros. Cuando una reseña de ópera se centra en la coloratura exacta de un aria omite qué dice esa música sobre el personaje o la época. <strong>El periodista experto se ensimisma y nos roba el sentido</strong> de lo que contemplamos y acaba dando la impresión de que lo relevante de <em>El Padrino</em> es el encuadre en penumbra de Gordon Willis en vez del drama shakesperiano sobre el aplastante cerrojo biográfico de la familia y la corrupción moral que comporta el poder. </p><p>En el periodismo cultural, económico o jurídico, el detalle especializado es, a veces, un velo enceguecedor, vendido como herramienta neutral de precisión pero convertido en truco de ocultamiento. No siempre por mala fe, sino por inercias del oficio, rutinas profesionales y presión del poder. <strong>El mejor periodismo es el oficio de la generalización,</strong> de la mirada somera y lúcida que no se obsesiona con el manto de objetividad de lo técnico y se embelesa con la mirada panorámica sobre nuestros semejantes y sus quehaceres. Una empresa que exige que el microscopio sea un medio para entender el paisaje humano, frondoso y brutal que se despliega ante nosotros, y no un velo para ocultarlo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Sep 2025 20:17:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El microscopio y la ética del encuadre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Periodismo,Periodistas,Ética periodística,Jueces,Justicia,Tribunales,Pedro Sánchez,Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La FAPE detecta el triple de faltas del código deontológico en medios: los de derechas, en cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/fape-detecta-tres-veces-incumplimientos-deontologicos-medios-periodicos-derechas-cabeza_1_2054400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e871115e-0322-4aee-ae51-8bdac3baca18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La FAPE detecta el triple de faltas del código deontológico en medios: los de derechas, en cabeza"></p><p>El programa 'Espejo Público', de <em>Antena 3</em>, emitió el 3 de diciembre del año pasado un reportaje sobre el polígono Industrial Cobo Calleja, situado en Fuenlabrada (Madrid), considerado uno de los mayores recintos empresariales de mercancías llegadas de China en nuestro continente. El reportaje presentó al polígono como "el mayor lavadero de dinero negro de las mafias chinas en Europa" y "el epicentro del blanqueo de capitales en toda Europa". Debido a las afirmaciones contenidas en el reportaje y al tono sensacionalista del mismo, la Asociación China de Derecho en España presentó una reclamación ante la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).</p><p>La <strong>Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la FAPE</strong> es el órgano de autocontrol deontológico de la profesión. Es quien se encarga de resolver si un periodista o un medio de comunicación ha vulnerado el código deontológico. Aunque no tiene poder sancionador, y muchos de los artículos sobre los que ha resuelto siguen alojados en las webs de los medios a pesar de sus faltas deontológicas, sirve para resolver sobre los casos en los que se han podido incumplir las normas y principios que deben regir la labor periodística.</p><p>Sobre <strong>'Espejo Público'</strong>, la Comisión dio la razón a la Asociación China de Derecho. El órgano consideró que ese reportaje <strong>había vulnerado el código deontológico de la FAPE</strong> "en sus artículos 2 (compromiso con la verdad), 5 (presunción de inocencia) y 7 (evitar alusiones despectivas) de los principios generales y en sus artículos 1 (fundamentar y contrastar las informaciones), 3 (derecho a no proporcionar información) y 5 (distinguir hechos de opiniones) de los principios de actuación".</p><p>No es un caso aislado. <strong>La Comisión de la FAPE encuentra cada vez más incumplimientos en los medios de comunicación españoles</strong>. Así se desprende del análisis que ha realizado <strong>infoLibre</strong> de las 127 resoluciones dictadas por la Comisión de Arbitraje en los últimos diez años. En lo que va de 2025 la FAPE ha resuelto ya en siete ocasiones dictaminando que se ha vulnerado el código deontológico. Es la cifra más alta de la última década —empatada con 2018—, a excepción de <strong>2024, cuando se batió el récord</strong>, y eso que aún quedan cuatro meses del año.</p><p>En el último ejercicio completo, 2024, la cifra fue de 12 resoluciones detectando incumplimientos; por otras 11 en las que los medios quedaban exonerados. Tanto en ese año como en 2025 —hasta este mes de agosto—, ha habido más dictámenes contrarios a los medios de comunicación que defendiendo que han actuado de forma adecuada, algo que no pasaba desde 2021.</p><p>Esas 12 resoluciones de incumplimiento del año pasado suponen <strong>un aumento del 190,91% respecto a la media de los años anteriores</strong> —de 2016 a 2023—, que era de 4,125 resoluciones de ese tipo en cada ejercicio. Ese crecimiento del 190,91% significa que las resoluciones de incumplimiento de la FAPE se han, prácticamente, triplicado.</p><p>En cualquier caso, una resolución no tiene por qué versar sobre el cumplimiento o incumplimiento del código deontológico por parte de un único medio o periodista. Muchas resoluciones tratan un mismo caso en distintos medios. Por ello, <strong>en los últimos diez años, la Comisión ha dictaminado 52 resoluciones en las que detectaba faltas deontológicas, pero estas se han producido en 56 ocasiones distintas en los medios </strong>—un mismo medio puede tener varias faltas sobre distintos casos detectados en más de una resolución—.</p><p>Al contabilizarlo de esta otra forma, lo que más aumenta son los cumplimientos. Esto se debe a que muchas de las quejas que tienen poca base se realizan sobre multitud de medios a la vez. Aun así, las cifras contabilizando a cada medio en cada caso concreto también muestran claramente la <strong>tendencia de aumento y récord de incumplimientos detectados</strong> que se da desde el año pasado.</p><p>Sobre el reportaje de 'Espejo Público', <a href="https://www.comisiondequejas.com/wp-content/uploads/RESOLUCION-2025-229.pdf" target="_blank">la FAPE consideró</a> lo siguiente: "El periodista presenta el polígono como 'el imperio de las falsificaciones', del blanqueo de dinero y de la explotación laboral [...] La negativa por parte de diversos transeúntes a responder a la pregunta de si allí operan las mafias o se falsifica, se convierte, con la frase del reportero de que «rige la ley del silencio» en una especie de confirmación de la tesis central, sobre la que no se ha aportado prueba alguna [...] En ningún momento se hace un esfuerzo por contrastar la información ni se da la oportunidad a ninguna fuente representativa del polígono de rebatir unas afirmaciones tan graves presentadas de forma tan reduccionista".</p><p>De hecho, la Comisión definió la emisión como "<strong>un material informativo engañoso y deformado que no atiende al principio de búsqueda de la verdad</strong>, sino a la explotación sensacionalista de lo que solo son conjeturas". De todos modos, la mayoría de resoluciones del órgano de la FAPE no rezan sobre programas de televisión. Mayormente, la Comisión recibe quejas, y se posiciona, sobre artículos publicados en prensa. Los tres medios sobre los que se han realizado más quejas son tres periódicos: <em>El Mundo</em> —con once—, <em>El País</em> —con ocho— y <em>ABC</em> —con siete—.</p><p>Aun así, que un medio reciba quejas no quiere decir que haya incumplido el código deontológico. Por ejemplo, la FAPE ha dictaminado sobre las siete quejas que recibió contra <em>ABC</em> que el periódico no realizó incumplimientos del código en ninguna de ellas. No pasa igual con muchos otros periódicos. Los de <strong>la derecha mediática y algunos nuevos pseudomedios digitales son los principales protagonistas de las resoluciones por incumplimiento</strong> de la Comisión. </p><p>Los datos son claros. <strong>Solo seis medios han tenido más de una resolución por faltas deontológicas en la última década: ninguno tiene una línea editorial progresista</strong> o de izquierdas. De un lado están El Español, <em>El Mundo</em> y OK Diario, con tres resoluciones de incumplimiento cada uno. Del otro, El Debate, <em>La Razón</em> y PR Noticias, con dos cada uno. </p><p><strong>En cuanto a grupos mediáticos, Unidad Editorial es el único que alcanza las cuatro resoluciones de incumplimiento</strong> —a las tres de <em>El Mundo</em>, hay que sumar una de <em>Telva</em>—. Con tres, además de los grupos de El Español y OK Diario, se encuentran también Planeta —con la de 'Espejo Público' y las dos de <em>La Razón</em>—, Prensa Ibérica —con una de <em>Información</em>, una del <em>Faro de Vigo</em> y una de La Opinión de Cartagena— y PRISA —con una de <em>El País</em>, una de la <em>Cadena Ser</em> y una de <em>As</em>—.</p><p>Entre los medios reincidentes destaca El Debate, debido a su reciente creación. La cabecera fue recuperada por la Asociación Católica de Propagandistas en 2021. Aun así, el medio ya ha tenido dos resoluciones de incumplimiento y empata con otros más longevos —<em>La Razón</em> y PR noticias— y se queda a nada de los <strong>tres medios que encabezan la lista, con tres incumplimientos cada uno</strong>. Esos tres periódicos —El Español, <em>El Mundo</em> y OK Diario— están <strong>claramente alineados con la derecha mediática</strong>.</p><p>Este mes de mayo el CIS preguntó a los españoles en un <a href="https://www.cis.es/detalle-ficha-estudio?origen=estudio&idEstudio=14892" target="_blank">estudio</a> por los medios de comunicación que consumían. El organismo pedía a los lectores de cada periódico que lo calificaran a nivel ideológico en una escala que iba del 1 —lo más a la izquierda posible— al 10 —lo más a la derecha posible—. Los lectores de <strong>El Español </strong>lo ubicaron en un 6,53, los de <em><strong>El Mundo</strong></em>, en un 6,62 y los de <strong>OK Diario</strong>, en un 7,63. Otros medios de derechas también han tenido resoluciones de incumplimiento del código deontológico, pero solo una, como es el caso de ESDiario, El Confidencial o Libertad Digital.</p><p>No solo algunos periódicos reinciden con varias faltas. También algunos periodistas. <strong>En el caso de El Debate</strong>, por ejemplo, <strong>sus dos resoluciones de incumplimiento pertenecen a la misma periodista</strong>: Paula Baena. Además, ambas versan sobre el mismo artículo, una publicación que se titulaba "Sol denuncia el acoso de periodistas pro sanchistas a vecinos de Ayuso" y versaba sobre las acusaciones que el director del Gabinete de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Miguel Ángel Rodríguez, vertió sobre periodistas de elDiario.es y <em>El País</em>.</p><p>Rodríguez acusó a los periodistas de estos medios de acosar a vecinos de Isabel Díaz Ayuso cuando saltó la polémica por <a href="https://www.infolibre.es/politica/inspeccion-ayuntamiento-madrid-piso-novio-ayuso-confirma-hicieron-obras-permiso_1_1801198.html" target="_blank">las obras sin permiso realizadas en el piso de su pareja</a>, en el que también reside la presidenta autonómica. <strong>El Debate reprodujo esa versión en un artículo y no contactó con elDiario.es ni </strong><em><strong>El País</strong></em><strong> para contrastar</strong>. Por ello, el director de elDiario.es, Ignacio Escolar, y el Comité de Redacción de <em>El País</em>, interpusieron quejas ante la FAPE. </p><p>Esta resolvió en los dos casos que Baena había incumplido el código deontológico al no dar oportunidad a los periodistas afectados de hacerle llegar su versión. La Comisión también afeó a El Debate que <strong>el artículo precisaba "de una mayor fundamentación en aras de la «búsqueda de la verdad», que es el compromiso básico del periodista"</strong>. El periódico de la Asociación Católica de Propagandistas, al menos, eliminó el artículo de su web, una práctica no excesivamente habitual entre los medios señalados por las resoluciones de la FAPE.</p><p>Las quejas interpuestas por Escolar y el Comité de <em>El País</em> hicieron que la FAPE dictaminara que <strong>Javier Negre en EDA TV, Federico Jiménez Losantos en su programa de esRadio</strong>, Blanca González en El Confidencial Digital y Olivia Maya en Libertad Digital <strong>también habían incumplido el código deontológico al cubrir el caso</strong>.</p><p>De todos modos, Baena no es la única que ha reincidido en sus incumplimientos. Otros dos periodistas, <strong>Manuel Cerdán, de OK Diario, y Pedro Aparicio, por aquel entonces director de PR Noticias, también han tenido dos resoluciones en contra de sus publicaciones</strong> en esta última década. En el caso de Cerdán, en <a href="https://www.comisiondequejas.com/wp-content/uploads/2021_173.pdf" target="_blank">una ocasión</a> por incluir información no contrastada y no veraz sobre un ciudadano y en <a href="https://www.comisiondequejas.com/wp-content/uploads/2018-155-1-1.pdf" target="_blank">otra</a> por incluir expresiones o testimonios vejatorios sobre la periodista Ana Romero y no darle la oportunidad de ofrecer su visión de los hechos.</p><p>En el caso de Aparicio, las dos resoluciones —<a href="https://www.comisiondequejas.com/wp-content/uploads/RESOLUCI%C3%93N-2016-121.pdf" target="_blank" >una de 2016</a> y <a href="https://www.comisiondequejas.com/wp-content/uploads/2018-153-.pdf" target="_blank" >otra de 2018</a>— se dieron tras las quejas de Íñigo Lapetra, ya fallecido, que era <a href="https://www.consejogeneralenfermeria.org/actualidad-y-prensa/sala-de-prensa/noticias/item/101938-fallece-inigo-lapetra-director-de-comunicacion-del-consejo-general-de-enfermeria" target="_blank">director de comunicación del Consejo General de Enfermería</a>. Lapetra realizó ambas quejas tras entender que Aparicio le había difamado a él y a su familia en diversos artículos. <strong>La FAPE resolvió que el que fue director de PR Noticias había vulnerado "el propio código deontológico en su esencia"</strong>. Pedro Aparicio también fue condenado por la Audiencia Provincial de Madrid por un delito de amenazas condicionales contra Iñigo Lapetra.</p><p>En el aumento de las resoluciones de incumplimiento también ha influido la <strong>creciente presencia de los pseudomedios en España</strong>. En los últimos años ha habido faltas deontológicas como la ya mencionada de Negre en EDA TV, pero también se encuentran otras de webs de dudosa —o directamente nula— calidad y rigor periodístico, como Alerta Digital, Hispanidad, Mediterráneo Digital o Rambla Libre.</p><p>Estos cinco supuestos medios de comunicación son <strong>sospechosos habituales de los medios especializados en verificación por difundir bulos y desinformación</strong>. Maldita.es, por ejemplo, ha desmentido publicaciones de todos ellos. Rambla Libre ha difundido bulos como que <a href="https://maldita.es/malditobulo/20201001/100000-inmigrantes-cotizado-pensiones/" target="_blank">"cien mil inmigrantes cobran pensiones no contributivas"</a>. Mediterráneo Digital también suele tener <strong>en su punto de mira a la población migrante</strong> y ha publicado mentiras como que <a href="https://maldita.es/malditobulo/no-la-mitad-de-los-reclusos-en-espana-no-son-marroquies-rumanos-y-colombianos" target="_blank">"la mitad de los reclusos en España son marroquíes, rumanos o colombianos"</a>. </p><p>De hecho, la <a href="https://www.comisiondequejas.com/wp-content/uploads/2020177.pdf" target="_blank">resolución de la FAPE</a> sobre el incumplimiento de Mediterráneo Digital versó también sobre un asunto racista. El supuesto medio publicó un artículo titulado "Hordas de gitanos colapsan las Urgencias del Hospital de Salamanca como zombies de <em>The Walking Dead</em>" y acompañaba el mismo de una imagen de esa serie televisiva. La Comisión de la FAPE resolvió que la web <strong>había incumplido el código deontológico al no "abstenerse de aludir de modo despectivo o con prejuicios de raza, color, religión…"</strong> y al no "evitar expresiones o testimonios vejatorios o lesivos para la condición personal…".</p><p>Mediterráneo Digital ha asegurado ante las preguntas de infoLibre que desconocía la resolución de la FAPE y que en su trabajo diario cuentan con "protocolos internos de revisión y edición de contenidos". "Creemos que la mejor garantía para evitar este tipo de polémicas es ejercer un periodismo independiente, libre de presiones políticas, económicas o corporativas", aseguran desde la web*. A pesar de ello, ya en 2023, <strong>Maldita.es había contabilizado más de 70 publicaciones o contenidos de Mediterráneo Digital que había tenido que desmentir</strong>, <a href="https://www.lamarea.com/2023/04/26/mediterraneo-digital-bulos-malta/" target="_blank">según recogía </a><a href="https://www.lamarea.com/2023/04/26/mediterraneo-digital-bulos-malta/" target="_blank"><em>La Marea</em></a>. </p><p>Otro de los pseudomedios con incumplimientos del código deontológico certificados por la FAPE es Alerta Digital, una web que <a href="https://www.infolibre.es/politica/alerta-digital-fabrica-noticias-falsas-exjefe-prensa-jesus-gil-curas-franquistas-pide-cerrar-fiscalia_1_1185869.html" target="_blank">se ha dedicado a desinformar bajo la batuta de José Armando Robles Valenzuela, ex jefe de prensa de Jesús Gil</a>, tal y como ya contó <strong>infoLibre</strong>. De hecho, la Fiscalía llegó a pedir el cierre de la misma. Por último, también se encuentran EDA TV, de Javier Negre, conocido por haber sido condenado en varias ocasiones por su mala praxis periodística y que recientemente ha hecho <a href="https://www.infolibre.es/medios/javier-negre-avanza-mano-milei-sueno-convertirse-steve-bannon-latino_1_2004965.html" target="_blank">el salto a la Argentina de Milei</a>, e Hispanidad, una web conocida por difundir bulos como el de la <a href="https://maldita.es/malditobulo/20230228/irene-montero-compra-atico-lujo-prosperidad-madrid/" target="_blank">compra de un ático de lujo por parte de la exministra de Igualdad Irene Montero</a>.</p><p><em>*Esta información ha sido actualizada a 2 de septiembre de 2025 para incluir las respuestas de Mediterráneo Digital a las preguntas de infoLibre.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 17:59:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Sangiao]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La FAPE detecta el triple de faltas del código deontológico en medios: los de derechas, en cabeza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medios comunicación,desinformación,Periodismo,Ética periodística,Periodistas,Derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrema debilidad de la prensa cultural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/extrema-debilidad-prensa-cultural_1_2053878.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/99597e0d-254c-475b-a890-3819358ca4f9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La extrema debilidad de la prensa cultural"></p><p>A comienzos de esta semana, <em>The Guardian</em> publicaba <a href="https://www.theguardian.com/culture/2025/aug/26/movie-reviews-cultural-criticism-erasure" target="_blank">un artículo</a> de título ominoso: <strong>«¿La muerte de la reseña?</strong> La crítica cultural corre el riesgo de desaparecer». En el texto, Jesse Hassenger (de profesión, crítico de cine) comienza recapitulando las últimas reestructuraciones de las secciones culturales de cabeceras insignes (<em>The Chicago Tribune</em> o <em>Vanity Fair</em>), el consiguiente despido de críticos veteranos y la consabida deriva hacia <strong>el ocio y tiempo libre.</strong> Añade una cita de la jefa de cultura del<em> New York Times</em> realmente esclarecedora: «Nuestros lectores están deseosos de tener guías confiables que les ayuden a comprender este panorama complicado, no solo a través de las reseñas tradicionales, sino también a través de ensayos,<strong> nuevas formas de narrar,</strong> vídeos y experimentos en otras plataformas». "Traducción", añade Hassenger, "más les vale a los críticos aprender a usar TikTok. <strong>Y que no esperen escribir tantas tontas reseñas".</strong></p><p>La reconversión de la prensa tradicional al <strong>ecosistema digital</strong> hizo estragos en todas las secciones, que en no pocos casos quedaron reconvertidas en granjas de clics. En lo cultural, eso supone, claro, llevarse bien con lo que da tráfico y no incordiar a quienes facilitan el trabajo de ese colaborador al que el periódico envía a hacer la crónica de un concierto cuya entrada no podría sufragarle. Quiero pensar que <strong>la situación ha mejorado un poco</strong> desde las sangrías de comienzos de este siglo, pero parece que<strong> las inercias mendicantes y lisonjeras de tiempos más "austeros" han venido para quedarse. </strong>La independencia, una vez que se pierde, se recupera con dificultad.</p><p>La debilidad de los medios es una pésima noticia para el sistema en su conjunto, porque <strong>deja el control de la información en manos de una parte interesada. </strong>Es problemático, por ejemplo, que una revista dependa de que tal institución financie el desplazamiento de sus escritores; porque, entonces, será el gabinete de comunicación afectado (siempre deseoso de coberturas elogiosas) quien filtre a las firmas más combativas en favor de algún «divulgador» que despache las «cinco cosas que ver» en tal reentré cultural.<strong> El cribado, claro, no se hace a las claras;</strong> y es probable que <strong>solamente el aludido se entere de que ha caído en desgracia. </strong>Un año acude uno de tus colegas en tu lugar y santas pascuas.</p><p>El enflaquecimiento de las redacciones en favor de una <strong>constelación de </strong><em><strong>freelances</strong></em> también favorece a quienes solo quieren canjear piropos por dos noches de hotel y una bandejita de canapés. No tener al personal en plantilla es una suerte de analgésico moral, y uno puede darle una patada en el culo a tal colaborador sin que se resientan las posaderas de la cabecera para la que trabaja. Además,<strong> muchas de las firmas habituales de los medios que usted lee no se conocen entre sí, </strong>lo que facilita las trapacerías del enemigo: yo no sé si, cuando me invitan de nuevas a ver esto o aquello, estoy supliendo la vacante que deja un colega represaliado por mis (por ahora) amabilísimos anfitriones. Y dentro de la famélica legión, suerte pidiéndole a alguien que se niegue a asistir a tal o cual convocatoria en solidaridad con vaya usted a saber qué.</p><p>En su artículo en <em>The Guardian,</em> Hassenger se pregunta si merece la pena patalear por <strong>la desaparición de la crítica,</strong> algo que solo parece importarnos a dos o tres desubicados. «Es que al público eso ya no le importa», suelen decir los que defenestran (preventivamente) las secciones menos <em>trendy</em>. Hace unos años, un buen amigo me hizo notar que en la portada de <em>El País</em> habían empezado a aparecer <strong>artículos sobre patrimonio.</strong> La ruina de nosequé, la muralla de tal. Resultó que se leían: al respetable le bastó con que se lo ofreciesen para recordar cuánto le interesaba.</p><p><strong>No quisiera caer en un derrotismo innecesario </strong>(que bastante mal está la cosa) pero, en los corrillos, uno se entera de<strong> maniobras asombrosas: </strong>jefes de sección que consultan con el interesado cuántos mordiscos del crítico le parecen aceptables, artículos que desaparecen de las hemerotecas porque a algún mandamás le apetece tomarse un café con el aludido o gestores públicos que boicotean sistemáticamente el quehacer profesional de cualquiera que no le toque las palmas. Tendríamos que ponernos de acuerdo: si es verdad que hemos decidido que <strong>muera el criterio y viva la publicidad,</strong> quizás podamos desquitarnos antes de echar la persiana. Dejar, en negro sobre blanco, los tejemanejes con los que nos han mortificado. Total: <strong>si se acaba el oficio, se acaba la profesionalidad.</strong></p><p>PS: Aunque el pesimismo le hace a uno buen perfil, <strong>no quisiera acabar insinuando una derrota en la que no creo.</strong> Felizmente, los que nos dedicamos a estos menesteres no optamos al puesto creyendo que íbamos a pasarnos la jornada entre algodones, así que <strong>uno no se espanta con facilidad. </strong>Con suerte, nos ocurrirá como al acueducto de Segovia y veremos reverdecer el interés de los lectores (que, para sorpresa de nadie, distinguen muy bien entre el grano y la mercancía averiada). Que un medio como el que nos acoge haya abierto <strong>una sección de crítica semanal atestigua esta esperanza. </strong>Podemos estar tranquilos mientras el adversario solo pueda privarnos del cava y la soirée.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 04:00:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La extrema debilidad de la prensa cultural]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Bellas artes,Cultura,Periodismo,Periodistas,Ética periodística]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un niño llora para el archivo nacional del trauma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/nino-llora-archivo-nacional-trauma_129_2037519.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un niño llora para el archivo nacional del trauma"></p><p>Como casi cada historia de la actualidad, la entrega de Daniel Acuri, hijo menor de Juana Rivas, a su padre para su regreso a Italia, ha hecho salir a la palestra al <em><strong>expertise</strong></em><strong> jurídico </strong>–que tiene el colon irritable debido a los palos que la horizontalidad digital le propina, día sí, día también, por su historial de arbitrariedad, impunidad y altivez– para informarnos (sobre todo a los que informamos) de lo demasiado sentimentales que somos. Natalia Velilla, una de las juezas por lo común más cabales de cuantos practican el corporativismo digital, decía estos días, con toda la razón, que <strong>“superior interés del menor” no es sinónimo de “deseo del menor” y que “derecho a ser escuchado” no significa “hacer lo que el niño diga”</strong>. Cabría añadir que no significa tampoco hacer lo contrario y, sobre todo, uno echa a faltar alguna reflexión sobre lo extraño de la ausencia de medidas cautelares de la justicia italiana ante el juicio que espera en septiembre a Francesco Arcuri por el presunto maltrato continuado a sus dos hijos, toda vez los bienes jurídicos que puede lesionar esa decisión son, en caso de ser aceptadas las cautelares, la patria potestad del progenitor durante dos meses, o la seguridad y bienestar de un menor. Y para medir el valor de ambos bienes jurídicos a proteger no hace falta resolver sobre la credibilidad del testimonio de los hijos (que alguna tendrán en todo caso si la causa ha llegado a juicio) sino sobre la distinta magnitud del daño derivado de decidir en uno u otro sentido. </p><p>Pero la sensibilidad respecto a<strong> la crisis jerárquica de las viejas masculinidades </strong>no es, obviamente, la misma en el país que venera a Pedro Almodóvar que en el país que sube a una peana a Paolo Sorrentino, no sé si me siguen.</p><p>Con todo, los dilemas jurídicos del caso de Juana Rivas son de parvulario al lado de los que genera al oficio periodístico una madre que ofrece su dolor, su rostro y su voz a los medios desde hace mucho ante el temor a quedar orillada y silenciada en su litigio con su expareja por la custodia de los hijos. Es obvio que Rivas dispone de toda la legitimidad para esa transacción con los medios: exponer cada estación de su martirio a cambio de obtener atención, apoyo y conciencia pública para su batalla judicial contra Francesco Arcuri. Cuando una víctima quiere hablar, cuando clama a cámara o rompe a llorar en el micrófono, hay algo poderosamente humano y, a veces, necesario en ese gesto, pero lo que se emite no es solo información: <strong>es una imagen que quedará para siempre, incluso si el testimonio es voluntario. </strong>Y la voluntad, en momentos de trauma, es una potencia precaria cuya fragilidad puede ser rentabilizada por el periodismo, siempre tentado por el impacto. <strong>El buen periodismo no es solo obtener declaraciones impactantes o momentos de profundo alcance emocional, sino el que sabe cuándo dejar de grabar.</strong> Para algunas víctimas, hablar a cámara es una forma de agencia, de no ser relegado a ser víctima pasiva o anónima, y eso también es legítimo, pero los periodistas no deberíamos olvidar que lo conmovedor no es un agente de lo verdadero. </p><p>Ryszard Kapuściński, periodista favorito de muchos oficiantes, decía que “el periodista debe saber cuándo dejar de ser periodista y empezar a ser simplemente una persona”. Esa ponderación, claro, es mucho más asequible para la prensa escrita, un producto de cocina sofisticada, meditada, y en cambio<strong> apenas da margen de maniobra al periodismo televisivo, cuya inmediatez sirve necesariamente sus carnes poco hechas.</strong></p><p>Pero en el penúltimo episodio de este vía crucis familiar, el debate periodístico es otro, porque el elemento central ha pasado a ser la voluntad y el dolor de un menor de 11 años, ahora que Gabriel Arcuri, su hermano, ya es mayor de edad. Y <strong>hemos oído y casi visto los duelos y quebrantos de un niño aterrorizado ante la idea de volver con su padre.</strong> He ahí la irresoluble paradoja: el testimonio de un menor, cuya consideración será crucial en la causa judicial y cuya voluntad es aún más precaria que la cualquier otra víctima, no debería, al menos en teoría, formar parte del arsenal de persuasión emocional, pero es precisamente esa carga la que lo vuelve eficaz en la batalla mediática que siempre acompaña y condiciona la jurídica. Hay pues, en términos periodísticos, <strong>una intimidad violentada en pos de una justicia pública.</strong></p><p>El que todo lo sabe, Arcadi Espada, postuló hace años, a cuenta de la aparición de cadáveres de víctimas de ETA en las portadas, que<strong> hay muertos que, siendo siempre privados, también son públicos</strong>, y que, por tanto, en su exposición mediática debe considerarse su valor ejemplar e icónico aun cuando colisione con el pudor y el respeto que merecen sus allegados. Si la atacada era la democracia, ese muerto no es solo de los suyos, es de todos, venía a decir, tal vez con razón. Espada, ateo enamorado de los catecismos, siempre tiene respuestas asertivas para asuntos que a los demás mortales nos empujan al “depende”.</p><p>Pero un buen ejemplo para ilustrar esa doble naturaleza de la víctima, esa ambivalencia entre el pudor y el impacto, es<strong> el cuerpo sin vida de Aylan Kurdi, de tres años</strong>, tendido boca abajo en la arena de una playa turca, convertido, de forma brutal e instantánea, en un ícono del fracaso colectivo de Europa y de la humanidad entera frente al drama de los refugiados. Es una imagen terrible y necesaria, impúdica y reveladora, instrumental y profundamente humana; su publicación provocó un impacto inmediato: portada en medio mundo, reacciones políticas y movilización social. Incluso hubo gobiernos que anunciaron (algunos sinceramente, otros no) cambios en sus políticas migratorias. Y aunque las vallas de Europa, por diversas razones, sean hoy aún más altas que entonces, con Aylan se habló por fin, no de cifras de ese holocausto mediterráneo, sino de un niño. Ese niño. Su eficacia informativa, en todo caso, no exonera del dilema porque lo que vimos fue el cadáver de un niño de tres años, sin pixelar, sin disimulo, sin distancia, en la portada de los periódicos, en la cabecera de los noticiarios y en los timelines del desayuno. Y la decisión de exponerlo –y esto es quizá lo más importante al caso– la ha de tomar el periodismo antes de saber si <strong>está ante una imagen que cambiará el mundo o que solo añadirá una víctima más al cementerio visual de lo insoportable.</strong></p><p>Pero nadie se atrevería a decir hoy que la exposición diaria y constante de<strong> los niños gazatíes, mutilados, calcinados o famélicos, no es una estrategia legítima para tratar de frenar un genocidio. </strong>Los niños de Gaza, Aylan, tal vez Daniel, tienen derecho a no convertirse en metáfora, en emblema, pero la pregunta es si nosotros podemos permitirnos respetar ese derecho en la batalla por salvar a la humanidad de la barbarie. El criterio periodístico, y ahí es donde siempre yerra Arcadi Espada, a menudo es más una hipótesis ética que una certidumbre moral. En estas mismas cuestiones han buceado Susan Sontag, Judith Butler o Ariella Azoulay y –quizá porque no son hombres– son más prudentes en sus conclusiones.</p><p>Para darse cuenta de en qué medida esa precariedad de nuestras verdades penúltimas ennoblece al oficio, basta repasar cómo este mismo texto, tan lleno de tormentos y de callejones sin salida, aspira a una ética del cuidado al menor, mientras<strong> los concursos de talento culinario o musical explotan la emocionalidad de los niños </strong>sin plantearse si hay algo sucio u obsceno en ello. Como si la lágrima que llora un niño en un <em>talent show</em> fuera distinta, menos frágil, menos digna de protección. Hay algo profundamente hipócrita también en esa escenografía: nos horrorizamos ante el niño de 11 años llorando porque no quiere volver con su presunto maltratador, pero aplaudimos el temblor de voz de una niña de cinco cuando no puede terminar su postre en MasterChef Junior. <strong>A uno lo llamamos "víctima", a la otra "protagonista"</strong>, pero ambos están expuestos, ambos están siendo consumidos, ambos quedarán atrapados en esa imagen, quizá para siempre. Y sin embargo, solo uno nos conduce a una reflexión ética, mientras que el otro se ufana de ser edificante. Esa es la paradoja final de este tiempo terminal: <strong>somos sutiles con el dolor y cínicos con la alegría.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jul 2025 16:13:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un niño llora para el archivo nacional del trauma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juana Rivas,Infancia,La invasión de Gaza,Periodismo,Ética periodística]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las noticias nos envuelven, según cuáles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/noticias-envuelven_129_2029608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a14fe197-ec24-48d5-b83b-a9ec55d89e92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las noticias nos envuelven, según cuáles"></p><p><strong>Ciertas noticias no llegan a ser, porque pierden su poder nada más emitirse. </strong>En tiempos hubo un genocidio en Gaza, no se sabe si terminó cuando los gazatíes dejaron de existir. ¿Acaso ahora mismo? No, fue anteayer, o pasado mañana, da igual.<strong> Ahora reina la nada en nuestras preocupaciones,</strong> suele suceder cuando algo no es nada en el concierto universal, o en las redes maléficas que fabrican noticias. En general lo pequeño no llega a ser, los gazatíes son pocos y pobres. Además deben ser terroristas que se niegan a dejar de ser. Pero claro, para ser hace falta comer. Mejor olvidarlo. No son muchos, aunque los niños y niñas dan algo de lástima. <strong>Debe ser duro dejar de ser teniendo tanta hambre.</strong></p><p>Otras veces uno solo, aunque sea excéntrico, genera más noticias, simplemente por rompérsele el juguete volador. A veces me pregunto si muchas personas no desearían ser ese. Miro en Internet y el descacharre del ricachón sale en la portada de todos los periódicos importantes del mundo mundial. Claro, así no queda espacio para lo de Gaza. ¡Qué vas comparar! Se me antoja que <strong>muchas veces confundimos lo que leemos con una noticia. </strong>Me acuerdo de que Umberto Eco dijo en alguna ocasión que la mayoría de los periódicos no están hechos y potenciados por cualquier medio para difundir, sino para encubrir. También se quejaba Manuel Vicent cuando decía aquello de que lo que sucede en el mundo pasa por la mirilla de nuestros ojos, pero <strong>ninguna gran tragedia humanitaria dura más de un minuto.</strong> ¿Se podría calificar como gran tragedia “lo” de Gaza? Lo escribo entrecomillado porque no sé lo que pasa allí. Acudo a Ignacio Ramonet, <em>Le Monde Diplomatique</em> y recuerdo que hablaba de que la rapidez con la que se “regurgitan” las noticias, ahora casi todas breves y fragmentadas, tiene un doble efecto negativo: mezclan desinformación con sobreinformación. </p><p><strong>Una noche marché con pintura roja y una brocha gorda a pintar en la pared de un edificio gubernamental. </strong>No digo cuál, no me hayan grabado las cámaras de vigilancia. Iba despacio, repitiéndome que seguro que me cogían, soy muy torpe para el camuflaje y bastante miedica. Solo quería escribir una frase muy corta: <strong>¿Gaza existe?</strong> De vuelta a casa me preguntaba si los mandamases mundiales de la prensa y de los países no serán unos pávidos como yo, y eso justifica su inacción.</p><p>En fin, que para terminar me armo de valor, y aunque estoy en pijama, desvelado, me digo: <strong>Gaza existe.</strong></p><p>_______________________________________</p><p><em><strong>Carmelo Marcén</strong></em><em> </em><em><strong>Albero </strong></em><em>es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jul 2025 04:00:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmelo Marcén Albero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las noticias nos envuelven, según cuáles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Gaza,La invasión de Gaza,Periodismo,Ética periodística,Periodistas]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Breve historia de la mentira]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/breve-historia-mentira_129_2034104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Breve historia de la mentira"></p><p><em>La prensa moderna surgió en los siglos XVII y XVIII y la enunciación de la ética periodística y la profesionalización del oficio, en el siglo XX; y eso explica casi todo. </em></p><p>La prensa no nació como un contrapoder sino como un <strong>agente del poder para su afianzamiento. </strong>Fueron, por una parte, el poder monárquico y eclesiástico y, por otra, las nuevas facciones y partidos burgueses los que patrocinaron el nacimiento de los periódicos, no como crónica de la realidad y tablón de avisos, sino como instrumentos de creación de opinión. Es decir, <strong>el periodismo moderno es un producto derivado de la propaganda</strong> y no al revés. Es algo obvio y que a la vez se pasa por alto, como que la magia y la superchería son los antepasados de la medicina moderna, y no una perversión de esta. </p><p>La intuición fue anterior al cálculo, como la arbitrariedad fue anterior a la justicia, lo cual, a la vez que desmantela cualquier pretensión de linaje honorable, revela que la segunda ley de la termodinámica o principio de entropía casi nunca opera para los asuntos humanos.<strong> Los panfletos y libelos fueron anteriores a la prensa cortesana</strong> y de partido y esta a su vez anterior a la prensa comercial.</p><p>Y tampoco la llegada del negocio periodístico abonó la consecución de estándares de veracidad en el sector. El siglo XIX hizo famosos los nombres de dos grandes figuras del periodismo moderno, <strong>William Randolf Hearst y Joseph Pulitzer, </strong>paradójicamente famosos por sus mentiras y por el exitoso cultivo del amarillismo. En 1835, se produjo el episodio conocido como <em>The Great Moon Hoax</em> (“<em>La gran mentira de la luna</em>”, antecedente de lo que Orson Welles haría en la radio cien años después con su adaptación de <em>La guerra de los mundos</em>, de H. G. Welles), uno de los episodios más célebres del periodismo estadounidense del siglo XIX, una mentira deliberada, publicada por <em>The Sun</em> de Nueva York, que hizo historia no por su sofisticación, sino por <strong>su éxito y su descaro fabulador. </strong>Seis artículos publicados entre el 25 y el 31 de agosto afirmaban que un famoso astrónomo británico, John Herschel (un científico de prestigio que nunca participó del montaje), usando un telescopio gigante en el Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), había descubierto que en la luna había bosques, ríos y lagos, animales fantásticos como unicornios, castores bípedos y aves fluorescentes, y hombres-murciélago que vivían en una civilización avanzada, con templos y arquitectura. <strong>Las ilustraciones</strong> con las que <em>The Sun </em>acompañó sus informaciones, <strong>mostrando paisajes paradisíacos, y el lenguaje científico y solemne causaron sensación.</strong></p><p>Aunque nunca se confirmó, se atribuye la iniciativa al redactor Richard Adams Locke, cuya pretensión no era engañar a los lectores sino <strong>satirizar la credulidad del público y burlarse de ciertos discursos pseudo-científicos y religiosos</strong> muy en boga en la primera mitad del XIX. Pero el público lo creyó y <em>The Sun</em> duplicó sus ventas. Lo curioso es que cuando se descubrió que todo era una invención, no hubo escándalo ni castigo y de hecho la revelación fortaleció al periódico como una marca innovadora. </p><p>La mentira pública no es pues un fruto degradado del periodismo sino su madre. Iker Jiménez y su carromato de hombres fenómeno no son pues una aberración del periodismo sino <strong>un eslabón perdido, </strong>un resto premoderno del oficio. Asumir esta bastardía de un árbol genealógico incontrovertible es una buena manera de aproximarse al oficio con menos humitos y también –y esto es lo relevante– de <strong>no dejarse consumir por el pesimismo</strong> cuando parece que la falacia grosera se convierte en un mecanismo consuetudinario en el ágora pública. </p><p>Lo estrictamente contemporáneo es la<strong> sencillez con la que una mentira puede ser desmontada</strong> con mecanismos de comprobación y contraste al alcance de cualquiera. Lo pudimos ver en los últimos diez días con los hechos de Torre Pacheco, a la vez que verificamos, una vez más, que las mentiras no son creadas, difundidas y creídas por error sino por militancia, con lo que los desmentidos nunca tienen efectos relevantes. Y sin embargo, el periodismo se personó mayoritariamente en Torre Pacheco con la intención genuina de construir un relato responsable y honesto sobre unos disturbios que habían sido fabricados para él, para que trasladara una visión apocalíptica de la convivencia.</p><p>En esa honestidad, abundante frente al activismo de los fabricantes de conflictos portadores de micrófonos, activistas del fin del mundo, radican los motivos para un comedido optimismo. Albert Camus dijo que "la grandeza del hombre está en haber decidido ser más que su condición", de modo que quizá asistimos a los<strong> tímidos brotes de grandeza del periodismo, </strong>a una dignidad postrera, que no reside en lo que ha sido sino en lo que, en tiempos de intrigantes y fariseos, sigue intentando ser.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jul 2025 16:30:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Breve historia de la mentira]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Periodistas,Periodismo,Ética periodística,fake news,Estados Unidos,Nueva York]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Una ola de calor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/ola-calor_129_2026515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ola de calor"></p><p>Se habla mucho y con razón de que <strong>la independencia judicial es imprescindible para la vida democrática.</strong> Pero quizá el fenómeno que caracteriza de manera más llamativa nuestra actualidad tiene que ver con algo menos imprescindible y democrático: <strong>la independencia informativa de nuestro periodismo, o </strong><em><strong>pseudoperiodismo</strong></em><strong>, frente a las noticias reales.</strong> La comunicación se ve afectada con frecuencia por unos golpes de calor tremendos, verdaderas olas nerviosas, que pasan de los datos falsos a las perturbaciones profesionales y de los bulos de las redes a los titulares de periódico. Un frenesí cargado de sudor y de hipotermia. En estos arrebatos, las mentiras que caracterizan a los opinadores y agresores en las redes sociales, fierecillas con nombres falsos, pasan a los <strong>escritos de periodistas capaces de firmar las noticias manipuladas</strong> con sus nombres y apellidos, <strong>sin que les importe hacer el ridículo</strong> con su indecencia profesional. </p><p>Este viernes se me llenó el teléfono móvil de mensajes patibularios debido al notición de que el<strong> Instituto Cervantes perdía el derecho a enseñar el español en Europa</strong>, ¡la noticia más grave de junio de 2025!, un gran escándalo que<strong> exigía dimisiones rápidas.</strong> Parece ser que el deseo de defender en Europa otras lenguas españolas como el catalán, el gallego y el euskera desembocaba en un gran castigo internacional contra el idioma español. La gran tragedia se llenó de truenos, rayos, histerias y convulsiones, y los cuerpos de algunos informantes se fueron deshaciendo en gotas y espasmos hasta quedar reducidos a un <strong>alboroto de cenizas. </strong></p><p>Para que ustedes no se pongan tristes, les voy a contar una historia. La Comisión Europea contrata cada cierto tiempo los servicios de algunas empresas o instituciones para enseñar idiomas a su personal. En el año 2015, <strong>bajo el Gobierno de</strong> <strong>Mariano Rajoy,</strong> el Instituto Cervantes, como otros muchos institutos hermanos que se dedican a la enseñanza de sus idiomas nacionales, <strong>dejó de dar estas clases</strong> porque entonces se consideró conveniente<strong> utilizar otras ofertas de carácter más privado. </strong>Antes de seguir, aclaro: sí, fue en el 2015, hace 10 años, no hablo de 2025, ni cuelo un 1 por el 2. Desde el 2015 no era contratado el Instituto Cervantes para dar clases de español al personal de la Unión Europea, lo cual no significó que dejara de dar clases a toda la amplia gama de alumnos que acuden en Europa a sus aulas y a sus actividades culturales. Y vuelvo a aclarar: <strong>no fue culpa de las simpatías catalanistas del Gobierno de Mariano Rajoy,</strong> sino de algunos extraños <strong>intereses económicos </strong>que facilitaron el negocio para otras ofertas. En este asunto, no hay que exigir falsas responsabilidades al Gobierno de don Mariano. </p><p>Cuando en <strong>el 2020 volvieron a concederse las licencias</strong> y volvieron a recaer con argumentos raros en manos de una empresa universitaria belga, parece ser que especialista en todas las lenguas habidas y por haber, el Instituto Cervantes –igual que otros compañeros europeos de viaje– decidió poner un recurso. <strong>La noticia que saltó el viernes es que el TJUE no aceptaba el recurso de 2020,</strong> un recurso bien argumentado con apoyo de los abogados del Estado. En cualquier caso, el esfuerzo de 2020 no fue vano, porque ahora, en 2025, 10 años después de haber perdido el encargo de enseñar español a los profesionales de la UE, el Instituto Cervantes <strong>ha vuelto a ganar la oferta</strong> para los próximos 4 años. <strong>Es una alegría</strong> si tenemos en cuenta los <strong>humildes presupuestos de nuestra institución.</strong></p><p>Aunque se trata de un encargo concreto, <strong>la ola de calor de la información crispada </strong>convirtió una noticia relacionada con 2020 en una tragedia de actualidad para toda la cultura española. Y aunque el debate de 2020 no se centró en la calidad de la enseñanza, sino en los procedimientos de las ofertas, <strong>la convulsión mediática del pseudoperiodismo llevó el escándalo a la falta de calidad del Instituto Cervantes</strong> y a las debilidades catalanistas de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores. Lo más significativo es que cuando tocó rectificar en los medios, no se dio la noticia de que en 2025 el Instituto Cervantes había conseguido recuperar un encargo perdido en 2015.<strong> La noticia fue que el Cervantes había perdido </strong>durante los últimos 5 años<strong> el encargo de la Unión Europea.</strong></p><p>Conviene ser prudentes con esta crispada ola de calor comunicativo que impone una convulsa independencia entre las noticias dadas y los hechos de la realidad. <strong>No es agradable hacer el ridículo</strong> y no resulta prudente que periodistas con nombres y apellidos se parezcan cada vez más a esas fierecillas domadas de las redes sociales que se encargan de mentir bajo seudónimo. Pero, en fin, hay que tomárselo con humor. Cosas más graves suceden cuando los<strong> medios se someten a las mentiras que favorecen guerras, genocidios y bulos</strong> fanáticos dispuestos a destruir los derechos humanos y los valores de una democracia.<strong> Ay, Jesús mío.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Jul 2025 04:00:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una ola de calor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Medios comunicación,Periodismo,Instituto Cervantes,Ética periodística]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La desinformación habitual que no causa alarma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/desinformacion-habitual-no-causa-alarma_129_2022521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7c45f406-853e-47af-b212-686b805fbe47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La desinformación habitual que no causa alarma"></p><p>Hay un tipo de<strong> desinformación cotidiana que no provoca alarma social</strong> ni sesudos artículos de politólogos. Supone un caudal informativo enorme en periódicos, televisiones y radios que ofrecen, en ocasiones, una información de baja calidad. Se trata de una <strong>desinformación de grado ligero</strong> que resulta más o menos sutil, en parte engañosa o desenfocada, incompleta al reflejar los datos, interesada o sesgada, claramente partidista y, por tanto, carente de la exigible veracidad e independencia al dar o analizar la noticia. </p><p>Hay una encuesta reciente que me lleva a la reflexión. El porcentaje de audiencia de<strong> diarios digitales y en papel, controlados en España por la derecha o grupos ultras, se dispara por encima del 80%.</strong> Es también muy significativa en el caso de la audiencia de las televisiones en manos de las derechas y algo más equilibrada en la elección y seguimiento de las radios. Desde luego esos repartos no se corresponden con la sociología electoral. </p><p>Son muchos años en España, como en otros países, bebiendo de las fuentes de una abrumadora<strong> mayoría mediática en manos de la derecha. </strong>Y, lo que es grave, de la caverna. En realidad, todos actúan en coherencia con los<strong> intereses de la propiedad del medio,</strong> un dato importante pero todavía desconocido por parte de la ciudadanía y de sus propios clientes. </p><p>Esto aún sucede aunque el Reglamento de la UE sobre la libertad e independencia de los medios de comunicación (2024) obliga a <strong>dar transparencia a los nombres de los titulares de la propiedad,</strong> los accionistas y los importes anuales de fondos públicos que reciben de las diferentes autoridades para campañas de publicidad.</p><p>No estoy hablando de contenidos y comportamientos informativos que puedan compararse con aquella otra desinformación que utiliza noticias falsas y bulos de gravedad, que engaña y manipula con premeditación, que provoca un riesgo sistémico, que incita al odio, que busca desestabilizar o atacar la soberanía de un Estado o romper la libre convivencia. Pero en ocasiones sí llegan a<strong> bordear esos comportamientos límite </strong>que podemos atribuir a una práctica de<strong> desinformación gruesa o de gravedad,</strong> cuyos contenidos abundan en las redes sociales y plataformas de las grandes corporaciones tecnológicas, en los periódicos digitales ultras y en los singulares boletines de influencers. </p><p>Porque sí hay otra desinformación que necesita ser objeto de una tipificación de los casos y de una regulación y sanción precisas. Hablo de la <strong>desinformación ilegal que conlleva un delito y que podría regularse</strong>, según la UE, <strong>por medio de una ley nacional,</strong> una tarea legislativa compleja y delicada. Una regulación que debiera abordarse desde la búsqueda del consenso entre los partidos, en línea con el artículo 20 de la Constitución y el respeto a la libertad editorial y de expresión. </p><p>Sin embargo, la habitual <strong>información partidista que obedece a una línea editorial </strong>o al interés de un gobierno, que cae en la tentación de manipular la información para influir o crear un estado de opinión, <strong>la seguiremos sufriendo porque es una clase de desinformación legal.</strong> Aquí se impone promover la autorregulación de la mano del código ético de conducta de los periodistas y de los consejos deontológicos de la profesión. </p><p>No será fácil para una parte de la audiencia, acostumbrada a un medio concreto y desconocedora de que sus contenidos no son muy rigurosos, alejarse de aquellos medios del ecosistema que trabajan para los intereses de sus dueños y que no dudarían, en ocasiones y coyunturas determinadas, en<strong> funcionar al margen de los principios y valores de una Democracia en crisis.</strong></p><p>__________________________________</p><p><em><strong>Odón Elorza</strong></em><em> es ex diputado del PSOE por Gipuzkoa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Jun 2025 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Odón Elorza]]></author>
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