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    <title><![CDATA[infoLibre - Autores]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/autores/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Autores]]></description>
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      <title><![CDATA[Helena Resano debuta como novelista con 'Las rutas del silencio': "El mayor error de una sociedad es el olvido"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/helena-resano-debuta-novelista-rutas-silencio-mayor-error-sociedad-olvido-historia_1_2185500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d3851f0f-c8a0-45c5-bfca-2f426f920004_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Helena Resano debuta como novelista con 'Las rutas del silencio': "El mayor error de una sociedad es el olvido""></p><p><a href="https://www.infolibre.es/autores/helena-resano/" target="_blank">Helena Resano</a> (Pamplona, 1974) recibió en 2020 un mensaje a través de Instagram de un desconocido que le preguntaba por sus <strong>orígenes</strong>. Su nombre, <strong>Jean François Resano</strong>, despertó en ella un interés que creció cuando él le contó que su tatarabuelo había emigrado muchos años atrás desde un pequeño <strong>pueblo navarro</strong> hasta <strong>Biarritz</strong>. Sus descendientes, tiempo después, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, crearon la empresa <strong>Transportes Resano S.A.,</strong> que llegó a contar con más de 500 camiones y rutas por Francia, Bélgica, Portugal y España antes de ser vendida en el 2000. Sin saberlo, esos camiones que la periodista había visto tantas veces por las autopistas francesas escondían una <strong>historia profundamente personal</strong>.</p><p>La historia que necesitaba para lanzarse a escribir su <strong>primera novela</strong>, ya en librerías desde hace unos días con el título de <em>Las rutas del silencio</em> (Espasa, 2026), arranca en Navarra —en <strong>Falces</strong>, pueblito del que era natural su padre— a finales de los <strong>años 40</strong>, cuando las consecuencias de la guerra pesaban más que nunca. Desde allí emigra la joven Amalia, acompañada por sus padres, con destino a <strong>Biarritz</strong>, una ciudad también empeñada en recuperar su antiguo <strong>esplendor</strong>, donde ella fundará, efectivamente, una empresa de transportes que terminará expandiéndose por todo el sur de Europa.</p><p>A partir de este viaje al pasado, la novela avanza también en el presente, con una estructura de <strong>dos líneas temporales </strong>que nos lleva a conocer a su hija <strong>Esther </strong>cuando hereda la empresa familiar de transportes que su madre, Amalia, fundó desde la nada. En ese momento, además de los bienes y las responsabilidades, la hija recibe un <strong>legado </strong>muy especial: una serie de <strong>cartas </strong>que le permiten conocer a la verdadera Amalia, hasta entonces llena de <strong>secretos</strong>. Porque nunca es tarde (aunque, desgraciadamente, en ocasiones sí lo sea) para poner voz a los más íntimos <strong>silencios familiares</strong>.</p><p>"La narradora es la propia Amalia, pero el recurso de las cartas lo tomé prestado de<strong> mi propia vida</strong>, porque yo se las llevo <strong>escribiendo a mi hija </strong>desde que fui consciente de que estaba embarazada", cuenta a <strong>infoLibre</strong> Resano. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pues su hija tiene ya 23 años, y todavía no ha leído esas misivas: "En aquel momento me pregunté cómo iba a ser madre, y estas cartas me ayudaron a <strong>entenderme a mí misma</strong>, a plasmar mis miedos y a explicarle a mi hija cómo me sentía, seguramente porque ella, en algún momento de su vida, también se encontrará en esa tesitura".</p><p>Y continúa: "Amalia decide romper ese silencio que ha mantenido durante toda la vida de Esther en un momento muy determinado, un año después de haber <strong>muerto</strong>, porque cree que es cuando su hija va a poder entenderla como madre. Pero sí que es verdad que cuando escribíamos <strong>cartas</strong>, porque ahora ya no lo hacemos y escribimos otras cosas, en ellas te <strong>atrevías </strong>a <strong>confesar </strong>lo que quizás no habías podido decir justo en el momento de irte, de una despedida o de anunciar algo. Esta es la historia de Amalia y Esther, madre e hija, que van a tener que descubrir quiénes son a través de los <strong>silencios </strong>que ambas han mantenido en sus vidas, especialmente Amalia". </p><p>Unos silencios que a veces han sido "para <strong>proteger </strong>y otros para <strong>condenar</strong>", y que surgen de ese "poso" que quedó en tanta gente que intentó "<strong>luchar</strong> por su <strong>vida </strong>y su <strong>prosperidad</strong>, a veces con atajos que no funcionaban". "Y, muchas veces, lo que parecía <strong>ambición </strong>era más batallar por conseguir mantenerse y <strong>sobrevivir </strong>en una época muy complicada, especialmente para la familia de Amalia, que viene de Navarra, de una zona rural en la que cultivaban las tierras de otros y estaban encadenando varias sequías", comenta Resano. Añade,  sin querer desvelar de más, que en esa búsqueda de un futuro mejor aparecen "<strong>personajes</strong> que son claves para ayudarle a que logre formar, al final, otra vida nueva".</p><p>Porque, tal y como recalca la autora, al final el <strong>amor </strong>también resulta clave en esta trama: el de unos padres a una hija, el de la hija a sus padres, el de Amalia hacía Esther. También el amor romántico y el de la <strong>amistad</strong>. Todas estas variantes son un "<strong>hilo conductor</strong> que va ayudando y empujando a los personajes a avanzar y encontrar la salida", pues, en esencia, "están en una<strong> huida hacia adelante</strong>". </p><p>Sin ser autobiográfica, esta novela establece un <strong>paralelismo </strong>con la vida de la periodista y escritora, pues el seguidor de Instagram que propició todo lo demás contactó con ella meses después de la <strong>muerte de su padre</strong>, un hombre ”muy curioso en cuanto al origen del <strong>apellido</strong>” según cuenta Resano. “Por él sabíamos que había muy pocos Resanos en España", explica. Y confiesa: "Pensé; <strong>'Jo, qué rabia</strong>', esta historia <strong>le hubiese encantado a mi padre</strong>".</p><p>Es por ello que <em>Las rutas del silencio</em> es un "<strong>homenaje</strong>" a los orígenes de su padre, y también de su madre, natural de <strong>Tudela</strong>, un "pueblo cercano de una zona de Navarra muy concreta que ahora vive, además, el drama de la <strong>despoblación</strong>". "Y la gente de Falces está enloquecida, dándome las gracias infinitas por haberles puesto en el mapa, porque es un pueblo que cada vez se va <strong>vaciando </strong>más, donde ya no hay negocios ni industria", señala Resano. La autora apunta también que varios capítulos están ambientados en la <strong>Pamplona </strong>en crecimiento de los años 40, mientras "se transformaba en la capital de provincia que es hoy".</p><p>Un viaje a una <strong>España </strong>en <strong>transformación</strong>, pues "no hace falta ser navarro para sentirse un poco <strong>identificado</strong>" con aquella <strong>generación </strong>que reconstruyó el país desde los escombros materiales y emocionales de una guerra que lo hizo todo añicos. "Yo creo que el <strong>error más grave</strong> que puede cometer una sociedad es <strong>olvidar su propia historia</strong> y los errores que se cometieron en el pasado", destaca. Así, la novela sirve también para, de alguna manera, apuntalar una <strong>memoria colectiva</strong> que, viendo lo que ocurre en el presente, parece más frágil de lo que debería.</p><p>"Hay aspectos en los que estamos <strong>a punto de cometer los mismos errores</strong> y te preguntas '¿cómo puede ser?'. Es verdad que no podemos estar constantemente viviendo en el<strong> </strong>pasado, pero sí que hay cosas que hay que <strong>recordar </strong>y <strong>reparar </strong>para no caer en la idea de que ya están superadas", plantea Resano. La autora recuerda, además, que "no hace tanto tiempo" de todo aquello como para que se nos haya olvidado tan flagrantemente. "Estamos hablando de <strong>una generación o dos de distancia</strong>", apostilla.</p><p>Cambiando de tercio, califica de "<strong>maravillosa</strong>" su recién estrenada condición de <strong>novelista </strong>a los 52 años. "Sentirme <strong>novata</strong>, que al mismo tiempo es <strong>curiosa</strong>, es algo que nos mantiene vivos y que yo practico a menudo", asegura, pues a ella le gusta retarse y probarse en ámbitos completamente diferentes al más conocido por todos: "Empecé en el periodismo en 1996 y llevo<strong> 27 años presentando informativos</strong> ininterrumpidamente, pero no me quiero acomodar".</p><p>Por último, anticipa que ya tiene alguna idea en la cabeza para una <strong>siguiente novela, </strong>por ahora lejana, al tiempo que se muestra encantada con el lanzamiento de una<strong> segunda edición</strong> de<em> Las rutas del silencio</em> después de agotar los <strong>15.000 ejemplares</strong> de la primera. ¿Y qué le aporta la ficción a una periodista que lleva tantos lustros contando la realidad en directo? "La ficción no está muy alejada de esa realidad, pero es verdad que <strong>leer </strong>te ayuda a<strong> liberar la mente</strong>, a viajar a otros sitios, a otras épocas. También te ayuda a descubrir otras formas de pensar y a<strong> entender quiénes somos</strong>", concluye.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 04:01:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <title><![CDATA[En la muerte de Toni Marí: el bailarín ibicenco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/muerte-toni-mari-bailarin-ibicenco_1_2169916.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cbe8a9d3-41cf-4ccd-bba6-22711b7f2494_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la muerte de Toni Marí: el bailarín ibicenco"></p><p>Hacía un puñado de años que estaba <strong>recluido</strong>, que no solía contestar a los correos, quizá porque los dolores de espalda y las depresiones le habían quitado las ganas de relacionarse con el mundo. Tampoco se veía por La Central de la calle Mallorca, donde solía encontrarlo y charlábamos un rato. Pero nunca lo olvidamos y siempre, los amigos, nos preguntábamos qué había sido de él, aunque apenas nadie supiera darte noticias, ni siquiera los más cercanos, que solo nos contaban algunos detalles. Toni, así lo llamábamos, nació en Ibiza, en 1944, a la que estuvo siempre muy vinculado. La pérdida de la casa de Ibiza fue para él un duro golpe. Su madre, de apellido Muñoz, procedía de Salamanca, donde él había cursado la carrera; por eso <em>El vaso de plata</em> lo escribió en castellano, versión que —a petición del autor— leí mucho antes de que llegara a la imprenta, para luego reescribirlo en catalán, lengua en la que primero apareció (<em>El vas de plata</em>, 1991).</p><p>Como profesor, <strong>sus estudiantes lo recuerdan con entusiasmo</strong>, aunque algunos de ellos me parece que no lo llevaron por los mejores caminos; fue catedrático de Teoría de las Artes en la Universidad Pompeu Fabra tras pasar unos años en la Autónoma, de Bellaterra; cultivó la <strong>poesía</strong> (<em>El preludi</em>, 1979; <em>Un viatge d’hivern</em>, 1989; <em>Han vingut uns amics</em>, 2010), que ha sido calificada de meditativa, reflexiva y elegíaca; el <strong>ensayo</strong> (<em>L’home de geni</em>, 1984; <em>La voluntat expressiva</em>, 1987; y el excelente prólogo a <em>Matemática tiniebla. Poe, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Eliot</em>, 2011); mientras que el pasado año apareció <strong>su último libro, </strong><em><strong>Quatre costats. Poema en quatre cants</strong></em>, una especie de testamento literario, dedicado al pintor Luis Marsans; también cultivó la <strong>narrativa</strong> (<em>El camí de Vincennes</em>, 1996, mi preferida, que narra la confrontación entre Rousseau y Diderot) y la <strong>crítica literaria</strong>, y <strong>dirigió una de las colecciones de poesía en castellano más importantes de las últimas décadas: </strong><em><strong>Nuevos textos sagrados</strong></em>, de la editorial Tusquets, fundada en la época en que los dueños de la casa eran Beatriz de Moura y Toni López Lamadrid. En ella se publicaron libros de <a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/65-anos-premio-nobel-juan-ramon-jimenez-no-habria-conseguido-zenobia-camprubi_1_1208763.html"  >Juan Ramón Jiménez</a>, Jorge Guillén, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald, Ángel González, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Alfonso Costafreda, Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Juan Luis Panero, Ida Vitale, Manuel Padorno, Andrés Sánchez Robayna, María Victoria Atencia, Guillermo Carnero, Pere Gimferrer, Francisco Ferrer Lerín, Antonio Gamoneda, José Corredor-Matheos o Eloy Sánchez Rosillo, por solo citar una parte de un catálogo impresionante.</p><p>Se ha escrito estos días que ha sido una de las voces más rigurosas de la cultura, de la literatura catalana contemporánea, olvidando el <strong>importante papel que también ha desempeñado en el conjunto de la cultura española</strong>, su función de puente entre una y otra, en ambas direcciones; su admiración por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/maria-zambrano-poeta-interrogaciones-abiertas_1_1417009.html"  >María Zambrano</a> o Rosa Chacel. Su apuesta, en ambos ámbitos, fue por la modernidad, por el rigor, la exigencia y la renovación, por la relación entre las artes: la música, la ópera (sentía una fascinación especial por la soprano noruega Kristen Flagstad), la pintura, la filosofía y la literatura.</p><p>Si Barcelona e Ibiza fueron dos lugares para él fundamentales, habría que añadir también <strong>Calaceite</strong>, donde tenía una pequeña casa, muy cerca de las de Maria Girona y Albert Ràfols Casamada, Francesc Parcerisas, el diseñador suizo Zimmermann, la pianista Sira Hernández y el escritor Juan José Flores, y la de Pilar Gómez Bedate y Ángel Crespo. En la casa de estos últimos, solíamos pasar temporadas la escritora <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gemma-pellicer-sociedad-erosionado-punto-trato-cordial-desconocidos-hemos-acabado-normalizando-falta_1_2063673.html"  >Gemma Pellicer</a> y yo. No lejos, en Calaceite nada está lejos, tenía una hermosa casa Natacha Seseña, a quien Toni apreciaba y en cuyo homenaje en Madrid participó. Y podría citar a más gentes, aunque me he limitado a recordar a aquellos que recuerdo más cercanos a Edith y Toni. Como ven, una pequeña Atenas, permítanme la hipérbole, aunque José Donoso y Didier Coste hacía tiempo que no vivían en el pueblo.</p><p>Toni Marí era <strong>un hombre simpático, cordial y cariñoso</strong>, de sonrisa fácil, muy amable cuando la compañía le resultaba cómoda, amigo de sus amigos. Calaceite era para él un lugar de reposo, donde escribir y leer. Recuerdo las cenas en su casa o en las de otros amigos, las conversaciones y risas, mientras Toni desplegaba su cultura e ingenio. Pero donde quizá lo he visto disfrutar más era en las reuniones que hacíamos al atardecer en la cercana ermita de San Hipólito, situada cerca del pueblo, mientras dábamos cuenta de una cena fría, durante la llegada del ocaso. Le gustaba bailar, sobre todo la vieja música italiana de los 60 y 70, como “Tu Vuo' Fa L'Americano”, de Renato Carasone, la de su juventud. Lo recuerdo en la casa de Sira y Juanjo, en Sardañola, durante las noches de fin de año, disfrutando de los manjares italianos de la anfitriona y bailando hasta la extenuación, hasta donde otros no podíamos seguirlo.     </p><p><strong>De Toni podría decirse que era varios </strong><em><strong>tonis</strong></em>, pero todos ellos confluían en el hombre culto y sensible, muy dado a la amistad, a la conversación y al aprecio. Se jubiló muy pronto, a los 60, en unas condiciones inmejorables, hoy impensables, pero en los penosos años del <em>procès</em> defendió —en privado, no en público, que yo sepa— a quienes no debía, mostrándose <strong>vehemente partidario de la independencia</strong>, con lo que debió de perder no pocos amigos y llevarse no pocos desengaños, a la vez que se amparaba en el círculo de Oriol Bohigas. Su época, más de una década, formando parte del comité asesor de <em>Cultura/s</em>, suplemento de cultura de <em>La Vanguardia</em>, durante los peores años del diario, cuando lo dirigió José Antich, tuvo un poco de todo, entre lo excelente y lo olvidable.</p><p>Toni Marí forma <strong>parte de una generación irrepetible</strong>, de aquí y de allá, cosmopolita (Argullol, Comadira, Marías, Azúa, Molina Foix, Giménez-Frontín, Gimferrer, Mendoza, Vallcorba…), fascinados por la cultura; de un mundo que se ha ido, y que visto lo visto, me temo que no volverá. Habría que añadir el gran poeta y traductor Francesc Parcerisas, con quien escribió su primer libro (<em>Variacions sobre un tema romàntic 'Ombra i llum'</em>, 1978), de quien me cuentan amigos comunes que se ha ocupado de él, en los momentos más duros de estos últimos años. Se les llamaba, con ironía, <em>los divinos</em>, aunque unos eran más divinos que otros.</p><p>La salida de EINA, que había dirigido, debió de echarle sal a la herida, dadas las malas formas que suelen utilizar algunas instituciones. Ha muerto a los 81 años, pero lo recordaré, junto a Edith siempre, que lo mejoraba, como al amigo inteligente y cariñoso, al gran escritor al que creo que <strong>no se le ha hecho la justicia que merecía dados sus méritos</strong>, ni en Cataluña ni en el resto de España.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 10:11:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En la muerte de Toni Marí: el bailarín ibicenco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Autores,Libros,Obituario]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/diez-anos-umberto-eco-nombre-rosa-cumbre-posmodernidad_1_2147428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96aee499-b31c-4b06-b673-49594a10bfdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad"></p><p>Aún no había emergido la <strong>hipermodernidad </strong>tan analizada ya por <a href="https://www.catedraferratermora.cat/llicons/es/gilles-lipovetskyes/" target="_blank">Gilles Lipovetsky</a>. Los síntomas de la <strong>cultura globalizada</strong> se apreciaban como extraños fenómenos dignos de diseccionar en los sesudos laboratorios de las universidades. En ese tiempo, apareció el celibérrimo superventas <a href="https://www.zendalibros.com/el-nombre-de-la-rosa-el-gran-best-seller-europeo/" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El nombre de la rosa</em></span></a><a href="https://www.zendalibros.com/el-nombre-de-la-rosa-el-gran-best-seller-europeo/" target="_blank"> (1980)</a>. Su autor, el intelectual italiano <strong>Umberto Eco</strong>, desmontó con soltura los presupuestos y prejuicios que rondaban en torno a la <strong>literatura de masas.</strong></p><p>La “nueva edad de las tinieblas”, como la había nombrado y temido el filósofo <strong>George Steiner</strong> en su libro <a href="https://www.lacentral.com/steiner-george/en-el-castillo-de-barba-azul-aproximacion-a-un-nuevo-concepto-de/9788418193279" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>En el castillo de Barba Azul</em></span></a>, aún quedaba lejos para la <strong>escéptica y democratizadora posmodernidad. </strong>No obstante, se habían producido cambios significativos en el magma de una sociedad que veneraba la cultura televisiva y que aprendió a diluir los límites entre la alta y la baja cultura. Asistíamos al auge de la <strong>cultura pop.</strong></p><p>Como el buen<strong> intelectual sin domesticar</strong> que demostró ser con el paso del tiempo, se presentó ante el mundo con el perfil de un novelista primerizo de mediana edad. Pero tan <strong>reacio a la etiqueta del “apocalíptico”</strong> de pompa y circunstancia <strong>aristocrática</strong> como a la del “integrado” de un <strong>vitalismo sin arraigo.</strong> En realidad, ambos apelativos disfrazaban fetichismos aptos para las “polémicas estériles” o las “operaciones mercantiles” y así lo dejó claro en su ensayo <a href="https://ojs.fhce.edu.uy/index.php/enclat/article/view/482" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Apocalípticos e integrados</em></span></a> (1964).</p><p>Ese novelista bisoño era Umberto Eco, quien incursionó en el género con “ganas de envenenar a un monje”. Y, de paso, aprovechó para <strong>estrenar la posmodernidad literaria. </strong>Eran los años ochenta de un cada vez más lejano siglo XX, cuando la aparición de <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El nombre de la rosa</em></span> desmintió, sin proponérselo, las apocalípticas voces de la academia que alertaban de una <a href="https://elpais.com/cultura/2024-04-03/muere-john-barth-uno-de-los-grandes-renovadores-de-la-prosa-novelistica-contemporanea.html" target="_blank">“literatura del agotamiento”</a>. Con esa consigna, sólo quedaba esperar la muerte de la novela.</p><p>Lo curioso es que <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El nombre de la rosa</em></span> no se proyecta desde el cinismo, ni desde el pesimismo. Tampoco desde otro “ismo” que denote hartazgo o recelo personal hacia el futuro del género. Lo hace en cambio desde unas <strong>ansias por divertirse a sí mismo y a los lectores, </strong>según reveló su autor en <a href="https://historiata.wordpress.com/wp-content/uploads/2020/01/apostillas-a-el-nombre-de-la-rosa.pdf" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Apostillas al nombre de la rosa</em></span></a><a href="https://historiata.wordpress.com/wp-content/uploads/2020/01/apostillas-a-el-nombre-de-la-rosa.pdf" target="_blank"> </a>(1985). Una motivación que le brinda ese halo genuino, surgido de la generosidad, de quien escribe para todos, no sólo para unos cuantos o sus iguales.</p><p>Sea como fuere, la novela en cuestión ha vendido<strong> 50 millones de ejemplares</strong> hasta la fecha. Su éxito y alcance han llegado a compararse al de <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Cien años de soledad</em></span> de Gabriel García Márquez.</p><p>Se hizo con el máximo galardón literario italiano, el <strong>Strega, </strong>análogo a nuestro Premio Nacional de Literatura. Pero <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El nombre de la rosa</em></span> fue más allá. Consiguió<strong> revivir a la apagada novela histórica europea.</strong></p><p>Entonces nos asalta una pregunta:<strong> ¿Cómo logró la fórmula secreta?</strong> Sobresale una particular mezcla de<strong> realidad y ficción,</strong> que se antoja un precedente de la popularizada posverdad de los años veinte del siglo XXI.</p><p>Luego nos sedujo un protagonista medieval de inspiración <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>sherlockiana</em></span>. Así que aquella intriga novelesca marcó un <strong>hito que parecía imposible. </strong>Por un lado, se granjeó el aplauso de un público que había sido subestimado con argumentos blandos de ficción. Por el otro, volatizó el tópico por excelencia que aún martillea a todo superventas: la dudosa calidad aliada del consumo rápido.</p><p><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El nombre de la rosa</em></span> se convirtió en un <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>longseller</em></span>. Tuvo la suerte de contar con una película protagonizada por un recordado<strong> Sean Connery.</strong> Sin embargo, su éxito inesperado necesitó unas anotaciones posteriores conocidas como <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Apostillas al nombre de la rosa</em></span>. Umberto Eco aclaró que las escribió para <strong>“evitar tener que morir, </strong>para evitar tener que contestar a nuevas preguntas”, como recogió el periodista<strong> Igor Reyes-Ortiz </strong>en el diario <a href="https://elpais.com/diario/1985/01/24/cultura/475369204_850215.html?event_log=go" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El País</em></span></a>.</p><p>Pero este pequeño volumen sesudo y puntilloso también encerró una <strong>reflexión del posmodernismo. </strong>El mismo del que había surgido ese fenómeno libresco imparable y al que el escritor definió de una forma que recordaba a aquellos diálogos noventeros de cualquier personaje de <strong>Woody Allen:</strong></p><p>Umberto Eco no se detuvo. <strong>Continuó escribiendo.</strong> Quizás porque “el hombre es un animal fabulador por naturaleza”. Por eso, hay que leerle en otras novelas posteriores: <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/El_p%C3%A9ndulo_de_Foucault" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El péndulo de Foucault</em></span></a><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/El_p%C3%A9ndulo_de_Foucault" target="_blank"> (1998)</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%BAmero_cero" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Número cero</em></span></a><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%BAmero_cero" target="_blank"> (2015)</a> o el que fue su libro póstumo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/De_la_estupidez_a_la_locura" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera</em></span></a><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/De_la_estupidez_a_la_locura" target="_blank"> (2016)</a>.</p><p>Porque <strong>los grandes relatos parecen fragmentarse</strong> y el futuro de la novela pende de un hilo, valoremos regresar a nuestro semiólogo de cabecera. A esos libros que apuestan por una reconfortante evasión placentera e inteligente. De hecho, como siempre estuvo por encima de los mediáticos egos perecederos, Eco pidió en su testamento que, por favor, <strong>no se le realizaran homenajes</strong> tras los diez años de su fallecimiento.</p><p>Sobra decir que éste no es un tributo. Sólo un <strong>recordatorio oportuno </strong>de cuánto podemos seguir ganando sus lectores.</p><p>____________________________________________</p><p><em><strong>Elizabet Fernández Lam-Sen </strong></em><em>es profesora de ELE y Literatura Española en la Universidad Camilo José Cela. Este artículo fue publicado originalmente en </em><a href="https://theconversation.com/es" target="_blank" ><em>The Conversation.</em></a><em> Puede leerlo </em><a href="https://theconversation.com/diez-anos-sin-umberto-eco-el-nombre-de-la-rosa-en-la-cumbre-de-la-posmodernidad-275779" target="_blank" ><em>aquí. </em></a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 05:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Elizabet Fernández Lam-Sen]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Autores,Italia,Filosofía,Literatura,Literatura europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan de la Cruz, místico subversivo de ojos abiertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/juan-cruz-mistico-subversivo-ojos-abiertos_129_2114994.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e050ee7f-1efe-477f-9db2-2abe73946a0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan de la Cruz, místico subversivo de ojos abiertos"></p><p>El sugerente título del libro del filósofo y teólogo cordobés Antonio Mialdea, <em>La mística de la compasión </em>(Editorial Cántico, Córdoba, 2025), es la mejor expresión de su profundo contenido en torno a <strong>la compasión en la vida, el pensamiento y la praxis de san Juan de la Cruz</strong> (1542-1591), carmelita descalzo consecuente, encarcelado y torturado por sus propios hermanos, reformador del Carmelo junto a Teresa de Jesús, maestro espiritual, místico de ojos abiertos, de praxis compasiva y subversiva, y autor del <em><strong>Cántico espiritual</strong></em><em>, </em>cumbre de la poesía mística de todos los tiempos. </p><p>De dicha joya literaria subraya el autor <strong>la belleza y sublimidad cosmológicas insuperables</strong>, que Juan de la Cruz descubre “con la mirada interior de aquel que primero se ha vaciado de todo”. El vaciamiento de todo como condición para <strong>valorar la sublimidad del cosmos </strong>es la clave de la experiencia mística y debería serlo de toda experiencia humana. ¡Qué maravilla!</p><p>Mialdea, uno de los mejores especialistas en el místico abulense, sobre el que viene trabajando de manera rigurosa desde hace tres décadas, define a Juan de la Cruz como “corresponsal incansable de la esperanza”, <strong>pequeño y negruzco y, a su vez, gigante</strong>, “un ser único e irrepetible en la historia”, pero consciente de su imperfección, que fue “su mejor trampolín para llegar al Ser”. Por paradójico que parezca, la soledad del descalzo abulense fue <strong>la que le condujo a descubrir la verdad del Ser</strong>. Es presentado como subversivo del sistema, tanto eclesiástico como político, e incluso para sus propios hermanos calzados, que <strong>se opusieron a su reforma radical</strong>, nunca le trataron bien y no reconocieron su talento literario. </p><p>Mialdea lleva a cabo su reflexión sobre la práctica sanjuanista de la compasión en <strong>diálogo fecundo, creativo e intertextual</strong> con pensadores y pensadoras como Pascal, Nietzsche, María Zambrano, Simone de Beauvoir, Adorno, Benjamin, Martin Buber, Wittgenstein, Byung Chul Han, Boff, Joan-Carles Mèlich y conmigo, ¡gracias, Antonio! Con esta múltiple hermenéutica dialogal abre la figura y el pensamiento del carmelita descalzo a nuevos horizontes de sentido y comprensión que <strong>trascienden el texto literario y la ejemplaridad de su experiencia religiosa</strong> y les da un carácter universal. </p><p>Como buen filósofo, Mialdea subraya la originalidad del lenguaje sanjuanista, considera la<strong> mística de la compasión inseparable de la mística de la alteridad</strong>, es decir, del cuidado con los demás, y afirma que el universo es el lugar de la verdadera compasión.</p><p>La mejor síntesis del libro y de la personalidad radical de Juan de la Cruz es esta certera descripción que hace el filósofo cordobés: "Juan de la Cruz vivió en soledad, pero <strong>no fue solipsista, ni individualista</strong>. Logró alcanzar el vacío, pero la plenitud lo abrazó. Utilizó, ¡como todos!, sus máscaras, pero por debajo de las mismas creció su personalidad de gigante. Llevó el lenguaje hasta el límite de lo decible hasta el punto de convertirlo en un lenguaje que habla de sí mismo […]. El carácter compasivo presidió su vida” (p. 154). </p><p><strong>Lola Josa</strong>, una de las mejores especialistas del místico abulense, completa el perfil de Mialdea en su edición del <em>Cántico espiritual</em> a la luz de la mística hebrea (Lumen) de esta guisa: “Qué incómodo tuvo que ser el místico para las fuerzas y la vigilancia oficiales, poco menos que un revolucionario que defendía la no necesidad de absolutamente nada de lo que pudiera ofrecer el orden implantado. Él, pobre de nacimiento, que cuidó a enfermos desahuciados, <strong>sabía que la bondad y la caridad, atributos de la voluntad del vacío, pueden más que cualquier gobierno</strong>”. </p><p>Yo encuentro un gran parecido con Juan de la Cruz en <strong>el obispo-profeta-poeta Pedro Casaldáliga </strong>(1928-2020), quien escribiera este poema y lo pusiera en práctica: “<em>No tener nada,/no llevar nada,/ no poder nada,/ no pedir nada./ Y, de pasada, no matar nada,/ no callar nada./Solamente el Evangelio,/ como una faca afilada./ Y el llanto y la risa en la mirada./ Y la mano extendida y apretada./ Y la vida, a caballo dada./ Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada/ para testigos de la Revolución ya estallada./¡Y mais nada!</em>”.</p><p>______________________________</p><p><em><strong>Juan José Tamayo </strong></em><em>es teólogo de la liberación. Su último libro es 'Cristianismo radical' (Trotta, 2025, 3ª ed.).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 05:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Tamayo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Juan de la Cruz, místico subversivo de ojos abiertos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Religión,Autores,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Respetar a los lectores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/respetar-lectores_129_1984229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Respetar a los lectores"></p><p>Las firmas en Sant Jordi o en las diversas Ferias del Libro ofrecen varias lecciones que tienen que ver con la vida y la literatura. Quizá la más importante es la toma de conciencia del valor que tiene el respeto a los lectores. Cuando se acerca alguien y te pide la firma, cuando alguien te cuenta una historia personal que se relaciona con la experiencia de compartir un libro, puede pensarse con facilidad que lo más destacado es el respeto del lector ante el autor. Y, sin embargo, creo que lo más interesante para un autor es comprender o recordar <strong>el respeto que se merecen sus lectores</strong>, esas personas que se acercan con respeto a él. Son muchos los motivos.</p><p>Desde luego hay motivos de teoría literaria que tienen que ver con las distintas maneras de entender la creación. Se producen a veces perspectivas de élite cultural que <strong>confunden la calidad con la dificultad </strong>y el lenguaje artístico con un dialecto para entendidos. Se trata de una soberbia recurrente en distintos momentos históricos. Otras veces sucede lo contrario, se abandona la calidad en favor de una comunicación populista que promueva las ventas como único sentido de la industria editorial. Y estas dinámicas producen fenómenos curiosos. Hay autores muy listos que tratan a los lectores como tontos y atraen su mirada con un <em>best seller</em> de aplauso facilón. Y hay, por el contrario, críticos o catedráticos que van de listos y analizan como un pensamiento de gran calado y profundidad lo que sólo son<strong> simplezas adornadas</strong> con el disfraz de las oscuridades.</p><p>En España hemos vivido polémicas en las que se ninguneaba la calidad literaria de Galdós o de Antonio Machado porque eran autores que facilitaban el diálogo con los lectores. Una soberbia limitadora, porque la verdad es que los defensores del hermetismo, la rareza y la dificultad han conseguido pocas veces hacer un libro que sea capaz de mantenerse vivo con el paso del tiempo. Conviene, pues, recordar que el verdadero respeto al lector supone a la vez el respeto a la literatura. La apuesta más difícil se da al trabajar con rigor propio el mismo lenguaje que comparte la comunidad. La apuesta está en escribir esos libros que consiguen sostener la calidad literaria junto a la capacidad de emocionar a los lectores, los libros que pasan de las páginas a las vidas humanas a través de la lectura. Así que suelen perder el respeto a los lectores tanto los que adoptan la vanidad de la élite como <strong>los que caen en un populismo halagador.</strong></p><p>Hay otros motivos a tener en cuenta. Uno se dedica a escribir literatura porque antes ha sido lector. Las palabras, las miradas, los libros de los autores admirados llegan a formar parte de nuestra educación sentimental, de nuestra intimidad. Se han hecho compañeros de casa en el proceso de la lectura. Y a partir de aquí también son posibles distintas dinámicas. Los lectores pueden convertirse en un argumento para la vanidad o en una razón para la responsabilidad y el respeto. Quien vive encerrado en una torre de marfil acaba por no necesitar la medida de sus actos, <strong>no piensa los efectos que pueden tener sus decisiones estilísticas</strong> o vitales sobre un lector. Quien no se siente hijo de Dios, sino un vecino más de los barrios de la literatura, debe evitar las traiciones, cultivar el pudor, medir las dificultades, responder con la conciencia propia al amor de los demás.</p><p>Ese respeto del escritor no endiosado a los lectores es una lección para los que cruzan por la vida pública con los trajes de la soberbia. Doloroso es el populismo reaccionario de los que dicen salvar a España mientras <strong>no dudan en hundir la convivencia de los españoles</strong>. Doloroso el populismo demagógico de los que hablan en nombre de la izquierda y no dudan, para sostenerse a flote, en dinamitar la posibilidad de unas gestiones que defiendan la educación pública, la sanidad pública o la dignidad de los salarios y los derechos laborales.</p><p>Estos soberbios pueden escribir libros, pero <strong>nunca comprenderán </strong>qué significa el respeto a sus lectores. Y el respeto no se confunde ni con el halago, ni con el elitismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Apr 2025 15:33:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Respetar a los lectores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Libros más vendidos,Autores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Celebración de la lectura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/celebracion-lectura_129_1927044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Celebración de la lectura"></p><p>Repetimos que debajo de cada escritor hay un lector, alguien contagiado por los procesos de diálogo, imaginación, vida ajena y vida propia <strong>que se ponen en marcha cuando abrimos un libro</strong>. El escritor ordena sus sentimientos y sus experiencias como se ordena una casa para recibir a un huésped. No se trata sólo de conocer en palabras el mundo personal, sino de prepararlo para que pueda ser habitado por un lector. Además de narrar el mundo propio, el escritor intenta crear las condiciones para que ese mundo sea vivido por quien se acerca a él. La literatura tiene mucho de ética de la hospitalidad. La escritura y la lectura <strong>invitan a ponerse en el lugar del otro</strong> para llegar a reconocerse a uno mismo.</p><p>Por eso me gustan los libros que se convierten en una celebración de la lectura. Es lo que he sentido al leer <em>La península de las casas vacías </em>(Siruela, 2024), la novela de David Uclés. La ambición creativa de este joven escritor, nacido en Úbeda en 1990, es la ambición de la lectura, <strong>el deseo de conformar un mundo habitado por él y por sus lectores</strong>. La conversión en personaje del propio narrador, los hechos del argumento con los que juega, su deseo de unir la novela histórica y el realismo mágico, las numerosas citas que se integran en el libro y los numerosos escritores que se convocan, hacen que el lector viva un argumento y al mismo tiempo celebre ser convocado a participar en la energía creativa y desatada de la lectura.</p><p>La imaginación literaria es una apuesta ética. Ponerse en el lugar del otro <strong>permite conocer por dentro lo que ocurre en los acontecimientos de la vida</strong>, y eso cobra mucho valor en una novela como <em>La península de las casas vacías</em>, una narración fragmentada y global que cuenta el contexto, los acontecimientos y las repercusiones de la Guerra Civil, el episodio más grave de nuestra historia contemporánea. La imaginación literaria vuelve a habitar las casas vacías, entra en las existencias familiares, mira por dentro la memoria, los miedos y las ilusiones de los personajes, dialoga con la muerte y recupera el vocabulario de las cosas que se han perdido o están lejos. La imaginación <strong>nos ayuda a entender y a sentir la vida</strong>, la desesperación, el dolor, la crueldad y el desamparo que hay dentro de las fechas, las estadísticas y los números con los que se suele resumir una guerra.</p><p>El pensamiento reaccionario español ha intentado valorar con la trampa de la equidistancia los acontecimientos de la Guerra Civil, porque no hay mejor manera de defender a un canalla que decir que todos son iguales. <em>La península de las casas vacías</em> nos invita a visitar la barbarie, nos recuerda que se cometieron crueldades en los dos bandos, que hubo gente que convirtió en barbarie<strong> sus banderas de izquierda o de derechas</strong>, su poder sindical, su religión o sus órdenes militares. Pero lo que queda claro es que la responsabilidad histórica, y ahí no hay equidistancia posible, fue de los que provocaron un golpe militar en 1936, una guerra y una dinámica de enfrentamientos que causó todo el dolor vivido, un dolor que ahora puede sentir por dentro el lector de este libro. Una manera de acabar con la equidistancia es asumir la ambición literaria de contar toda la guerra, de reunir todos los acontecimientos, de convertir la violencia en una historia universal. Como en la biblioteca ideal de Borges, aquí se reúnen todos los libros, todos los disparos, todas las desapariciones, toda la necesidad de seguir viviendo, todo el poder ético de la imaginación <strong>para responsabilizarse del conocimiento habitado y de la esperanza</strong>. Una buena manera de preparar la casa para contar el dolor es huir del patetismo, como hace a lo largo de su libro David Uclés.</p><p>La vida sigue, la literatura sigue. Así lo demuestra la ambición creativa de un joven escritor capaz de asumir un reto como el que aborda <em>La península de las casas vacías</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 18:55:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros,Guerra civil,Autores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Tienen todavía algún papel los intelectuales?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/todavia-papel-intelectuales_129_1925241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/63059814-5dc1-4ca4-8de6-2430657e5c73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Tienen todavía algún papel los intelectuales?"></p><p>Me pregunto constantemente qué papel tienen (tenemos, me perdonarán la arrogancia) los intelectuales en este mundo completamente loco en el que vivimos. Me asaltan las dudas. Por un lado, Sartre decía que no era capaz de concebir a un intelectual que no fuera de izquierdas. Por otro lado, ese paradigma parece que cae a partir de 1989 y se “descubre” todo <strong>lo que dio de “no” el régimen soviético</strong>, sus atrocidades. Desde entonces a esta parte las cosas han cambiado mucho, el paradigma “intelectual”, sí, intelectual, dominante, ya no es el mismo, y en un mundo liberal, cuando no neoliberal, de nuevo nos asaltan las dudas sobre cuál es nuestro papel. “Ninguno”, dice Max Estrella en Luces de Bohemia. <strong>“La inteligencia ha muerto”</strong>. Si Sartre levantara la cabeza ahora diría que ya no se puede ser un intelectual si no se es de derechas.</p><p>Hay, pues, varias narrativas sobre lo que es un intelectual en el mundo de hoy. No son exactamente iguales, de alguna manera y hasta cierto punto son contradictorias, pero quizá también complementarias. En una primera narrativa, un intelectual es una persona des-ideologizada, neutra políticamente, que lo único que intenta es, a través de las ideas, que la verdad prospere sobre todas las demás cosas. Esta es la narrativa racional del intelectual. Sin embargo, vemos a muchos intelectuales de este tipo que abrazan sin pudor las redes sociales y se dan a la orgía, al festín, de la provocación y del insulto en el que se han convertido las redes, y además con aparente desenfreno. ¿Tienen doble personalidad los intelectuales? Y<strong> hasta triple, podríamos decir</strong>. Son como en la <em>Double vie de Veronique</em>, una cosa cuando dan clases en las aulas o están sentados ante su escritorio y otra muy diferente cuando bucean en este tanatorio de la razón que son las redes. ¿Cómo es posible tal ambivalencia? Es muy duro ser siempre la misma persona, podría ser la respuesta. Además, las redes nos permiten desencorsetar el pensamiento racional. Uno puede decir lo que le salga de los cojones, o de los ovarios, en las redes, sin más. Las redes no están sometidas a las tonsuras del pensamiento racional. Y además <strong>se puede insultar,</strong> cosa que en el <em>Cambridge Yeaarbook of European Legal Studies</em> no puedes hacer. No puedes llamar gilipollas a un compañero en la Cambridge. En las redes sociales, sin embargo, no puedes dejar de hacerlo. Además, si lo haces te van a dar más <em>likes</em>, la gente asume que es lo que tienes que hacer, para eso están las redes. Flipo en colores cuando veo a colegas intelectuales (no es mi caso, a mí la gente apenas me da <em>likes</em>) cuando emiten una frase con sujeto verbo y predicado y además <strong>reciben miles de </strong><em><strong>likes</strong></em>, en Twitter, actual X. A lo mejor están en la versión prime de esta red social y ello lo explica todo. Pero a lo mejor no. Ello solo hace que mis dudas aumenten sobre cuál es, en realidad, nuestro papel. ¿Introducir un poco de pensamiento racional en un mundo que parece haber perdido el norte? ¿Comprometernos políticamente de nuevo con las únicas ideas que son superiores moralmente, es decir, las de izquierdas, en un mundo en el que ya casi nadie lo es de verdad? El progresista es el clown del siglo XXI. Sus ideas son espectaculares –aunque nadie pretenda ya llevarlas a cabo, no vaya a ser que funcionen–.</p><p>La segunda narrativa es la del <strong>intelectual burocrático</strong>. No estoy hablando del intelectual del régimen, del intelectual de pago, del intelectual comprado. Mi cinismo no llega a tanto. Ese ya no es necesario que exista. Estoy hablando del intelectual que se ha convertido en un verdadero experto en rellenar casillas. En el intelectual que ha hecho de su trabajo un ejemplo de perfección técnico burocrática. El intelectual al que, si Weber levantara la cabeza, volvería a morirse al ver parte de su obra, al menos parte, completamente cumplida. Al probo funcionario de las obras de Kafka. En <em>El Castillo</em>, de este autor, una pléyade de burócratas se encarga de que el agrimensor, que parece ser la única figura medio racional en esta distopía, nunca llegue a su destino. Pero después del advenimiento de las redes sociales y de la incrustación de la lógica hiper-burocrática de las casillas en el mundo intelectual me asalta la duda: <strong>¿Quiénes son los intelectuales</strong>, el agrimensor, o los burócratas que le acechan como lobos? ¿Ambos? ¿Ninguno? En una segunda y hasta en una tercera lectura, parecería como si la insistencia del agrimensor en llegar a su destino y ocupar su puesto de trabajo, aquel para el que fue contratado, fuera una empresa loca, casi quijotesca, en un mundo en el que solamente se entrevé de manera esporádica, casi como si de un relámpago se tratara, su racionalidad, su sentido: <strong>no sabemos cuál es</strong>, pero el caso es que el mundo del pueblo en el que aterriza el agrimensor tiene sus propias reglas. Sólo sabemos de su existencia, pero su contenido nunca es realmente revelado.</p><p>Si mezclamos ambas versiones del intelectual de hoy en día, lo que nos queda es una figura proteica:<strong> el peor de todos los mundos posibles</strong>, podríamos decir. Se trata del intelectual que es racional por la mañana pero que por la noche se convierte en Nosferatu, al mismo tiempo que en un burócrata comprometido con la única cosa que realmente sabe hacer bien, que es rellenar casillas. Mientras rellene casillas e insulte en las redes todo está bien,<strong> ese intelectual que ahoga al otro intelectual,</strong> que intenta poner un poco de orden en el ruido circundante, nunca conseguirá irse de madre. El caso es que nadie le ha dicho al intelectual que tiene que ser un Nosferatu burocratizado (rellena casillas como muerde cuellos y succiona sangre): ha sido él mismo el que ha tomado esa determinación. Al final, la pregunta que anima este artículo queda sin respuesta. ¿Tienen todavía algún papel los intelectuales, dónde están? Ni idea. Apuesten ustedes.</p><p>____________________</p><p><em><strong>Antonio Estella </strong></em><em>es</em> <em>catedrático Jean Monnet "ad personam" de Gobernanza Económica Global y Europea en la Universidad Carlos III de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 18:54:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Estella]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Tienen todavía algún papel los intelectuales?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ley Propiedad Intelectual,Autores,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La última función]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/ultima-funcion_129_1718139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La última función"></p><p>La lectura es una buena forma de pasar el tiempo porque no enseña a esperar. No se trata de matar el tiempo, una expresión antipática, agresiva, impotente. Nos escandaliza el sentimiento una matanza de niños, mujeres y ancianos, porque no tienen uniforme. Pero incluso matar a gente con uniforme, ya sea el militar o el de preso condenado por los tribunales de justicia, <strong>es el síntoma de un fracaso, el naufragio de un contrato social que aspiraba a escribir el destino optimista</strong> de una comunidad. Los pueblos que quieren salvarse a través de una matanza están tan perdidos de sí mismos como las personas que ya no pueden pensar con optimismo en la dignidad de su futuro. <strong>Saber esperar no significa matar el tiempo, sino hacerte en lo posible dueño del tiempo que pasa,</strong> mantener los ojos atentos hacia una puerta, la de un bar, un tren, una oficina o una casa, la puerta que puede abrirse para que entre la noticia o la persona capaz de cambiar el rumbo de lo que parece sentenciado.</p><p>El novelista <strong>Luis Landero</strong> es un maestro a la hora de crear personajes. Acaba de publicar <em>La última función </em>(Tusquets, 2024), una obra que tiene como principal argumento la sabiduría humana de los matices, historias, ilusiones, desengaños, verdades a medias, mentiras a medias, idas y vueltas que caben en una persona. <strong>La lectura es una buena forma de comprender el peligroso empobrecimiento del mundo</strong> que imponen las malas caricaturas, las dinámicas sociales en las que se fundan los odios y los desprecios, aquellos impulsos que nos empujan a matar. Simplificar la imagen del malo, ya sea un político, un migrante o alguien que responda a una identidad diferente, supone convertir al bueno en un ser capaz de comportarse con deshonestidad. </p><p><strong>No está el mundo para ser optimistas, pero la novela de Luis Landero consigue imaginarse un final feliz para la última función</strong>. Nos cuenta la historia de un pueblo de la Sierra de Madrid que está condenado a quedarse vacío. Sus tradiciones se pierden, sus gentes necesitan escaparse a la ciudad, sólo queda el coro de recuerdos de los viejos del lugar. Aunque también deben irse, en el equipaje de su despedida se llevan lo que un día vivieron <strong>antes de la desaparición de su comunidad, el tiempo en el que los vecinos y los visitantes celebraban sus fiestas</strong> con la representación del “Milagro y la salvación de la Santa Niña Rosalba”, un duelo entre la maldad del demonio y la bondad de la inocencia humana.</p><p>En el recuerdo de esos viejos entra la capacidad del escritor para mirar con atención a sus personajes. Tito Gil es un hombre maduro que quiso ser actor y rodó por el mundo y por sus propias ilusiones, sin mucha suerte, pero también sin muchas tragedias, hasta volver al pueblo en el que fue niño. Paula es una mujer que poco a poco se dejó atrapar por las rutinas y los sometimientos que la sociedad suele imponer sobre las mujeres. <strong>Todos merecemos respeto porque todos somos una medianía. Somos mucho, porque no somos nada</strong>. Tito y Paula son rodeados por amigos, parejas, compañeros de trabajo, guardias municipales, conocidos, desconocidos, en un mundo que es una larga enumeración de nombres propios, oficios, estaciones, ciudades, camas, amaneceres, anocheceres, aquello que puede estar quieto en una habitación o salir y entrar por una puerta. El mundo es una enumeración y los personajes también porque, más allá de las simplificaciones, <strong>en una persona caben muchas formas de ser, de estar, de sentir, de temer, de resistir, de amar o de acostumbrarse al desamor</strong>. La maestría con la que Luis Landero mira en el interior de la vida común lo convierte en un maestro a la hora de crear personajes. No hay que ser un héroe para merecer compasión o respeto.</p><p><strong>La escritura es una forma de hacerte dueño de la imaginación, una resistencia ante las simplificaciones pesimistas del mal</strong>. Paula puede quedarse dormida en un tren, Tito puede volver al pueblo en el que fue niño, el argumento puede facilitar una historia de amor. El pueblo quedará vacío y la comunidad no podrá salvar su futuro con la celebración de la fiesta, porque la vida es un negocio que no cubre gastos. Pero los lectores aprendemos a esperar y, sobre todo, aprendemos a conocer por dentro la humanidad de cada personaje, la dignidad de cada persona, el sentido último de los derechos humanos. Que Paula y Tito se enamoren y comiencen una nueva vida supone un final feliz, <strong>un modo de seguir negociando con nosotros mismos y con la palabra esperanza</strong>. No es que seamos dueños de nuestros destinos, pero sí conviene, frente al mal y al bien, que nos tomemos en serio nuestra forma de ser.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Feb 2024 18:31:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La última función]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Autores,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mirra, cinamomo, canela, aloe y nardo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/mirra-cinamomo-canela-aloe-nardo_1_1712109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/655b76c0-8291-4214-bfd5-98958b2dd0bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirra, cinamomo, canela, aloe y nardo"></p><p>Leí en un texto de Irene Vallejo que el ave fénix se cubría de mirra, cinamomo, canela, aloe y nardo para arder y posteriormente resurgir de sus cenizas. La figura del fénix, que tiene múltiples versiones en las distintas mitologías, puede interpretarse de muchas maneras, pero <strong>en estos tiempos nuestros en los que la autoayuda se ha convertido en la nueva religión de los pueblos, es símbolo de resiliencia</strong>. Todas las personas que nos hemos ganado la vida con la escritura, ya sea como poetas, novelistas, periodistas, ensayistas o investigadoras, sabemos que escribir nos expone a la crítica y, en último término, a la quema. <strong>Lo que no todas sabemos es hasta qué punto puede aumentar la temperatura de la pira cuando quien escribe participa en política</strong>. El desprestigio interesado de esta actividad, que disocia al político de la sociedad y lo deshumaniza, hace que con frecuencia, de forma involuntaria, se añada gasolina al fuego, y en algunos casos, con mayor intención, hasta cal viva. Si es una mujer quien se lanza a la arena política, si se trata de una ave fénix que naturalmente aspira a renacer, es fundamental que se aproxime a la exposición pública no sólo con la coraza de las tres virtudes que alababan los clásicos para la política: vocación, convicción y mesura para saber interpretar las circunstancias, <strong>sino luciendo su peso justo y tan bien maquillada, vestida y peinada como mandada</strong>.</p><p>La escritura y la política se han encontrado siempre. Hay políticos que han dejado constancia de su experiencia mientras ocupaban puestos de responsabilidad o tras abandonarlos. Sus testimonios suelen ser enormemente válidos, pues <strong>nos permiten contemplar los acontecimientos históricos desde un prisma más humano</strong>. Normalmente se trata de relatos con origen oral, de gran prestigio y tradición en zonas como la Europa del Este, pero denostados en otras latitudes. También hay intelectuales y pensadores que acaban poniendo su capacidad de reflexión, su prestigio y sus conocimientos <strong>al servicio de la acción política, ya sea acercándose como consejeros a lo más alto del poder</strong>, comprometiéndose de manera pública y manifiesta con una causa, o calzándose directamente las botas del político a lo Vaclav Hável. Incluso ha habido algún que otro como <strong>Winston Churchill, que se dedicó a la escritura y a la política con igual intensidad</strong>. La lista es larga, interesante y variada, excepto en lo que se refiere al sexo de sus integrantes.</p><p>Los intelectuales siempre han contribuido a definir o a sancionar eldebate público, incluso cuando escapaban de él. Es cierto que, de distinta manera según la época, con diferente grado de protagonismo y empleando herramientas diversas. <strong>Stefan Zweig, por ejemplo, se negó en una entrevista a condenar explícitamente el régimen de Hitler</strong> para no reproducir los esquemas del lenguaje político al uso. El desprecio al político no es nuevo: “Un escritor puede crear una obra con dimensiones políticas, pero no puede abastecer a las masas con eslóganes”, afirmó el gran intelectual austriaco. <strong>Obviamente, Zweig no vivía en la era de X (antes Twitter), en la que la polarización aumenta</strong> al mismo ritmo que se diluye el debate acerca de los contenidos, y donde el afán obsesivo y ancestral de la caza de brujas prospera en terreno fértil. El anonimato incentiva la acusación y parece eximir de responsabilidad a los autores de linchamientos digitales, que actúan de un modo similar a como lo hacía la masa cuando sentenciaba a sospechosos de toda índole en las plazas públicas.</p><p>La dureza para con los políticos es real, pero también puede aparecer magnificada por la autopercepción y por efecto del altavoz que poseen, especialmente en el caso de quienes han dejado su testimonio por escrito. Está claro que la experiencia puede acabar transformando por completo la vida de las personas que participan en la <em>res publica</em>. Cuenta el historiador británico Tony Judt en su libro <em>El peso de la responsabilidad</em> que el político socialista francés Léon Blum <strong>percibía su desempeño previo como crítico literario como disociado de sus vivencias posteriores</strong>. En el prólogo a una reedición de su obra <em>Stendhal et le beylisme</em>, publicada cuando ya era un dirigente de primera fila, el dos veces primer ministro (y presidente de la República) escribió acerca de su anterior carrera: “Desde entonces mi existencia ha cambiado tanto como puede hacerlo la vida de un hombre […] <strong>este libro habla de un yo al que todo me une pero que apenas reconozco</strong>. En verdad siento como si estuviera exhumando la obra de un hermano muerto”.</p><p>Participar en la política institucional altera sin duda nuestra existencia, a veces de manera definitiva. <strong>Dionisio desterró a Platón de Siracusa y lo vendió como esclavo</strong>. Séneca prefirió el suicidio tras caer en desgracia frente a Nerón. Dante se vengó en la Divina Comedia de quienes habían convertido su periplo político en un infierno. <strong>Maquiavelo ha pasado a la historia como ejemplo supremo de maquinador del mal</strong> antes que como el gran intelectual que fue. Y entre los escritores engagés, están los que nunca desertaron de las filas de su ejército, como Sartre, y los que primaron el sentido de la responsabilidad por encima de lo marcado por la corriente dominante, como Albert Camus, quien renunció a su compromiso después de ser abrasado por las críticas. Transcurrieron décadas antes de que fuera reconocida su condición de gran intelectual implicado en las luchas políticas de su tiempo; para entonces, ya estaba muerto.</p><p>Aunque todas las personas somos políticas y podemos hacer política desde lugares muy distintos, incluidos la barra de un bar o un video de TikTok, el compromiso político conlleva algo más. Y probablemente sea el sentido moral —definido por Max Weber como la vocación de vivir la política y no sólo de ella— el que nos permite resurgir de la quema a quienes damos ese paso, o el que nos protege frente a las críticas, desde las que están justificadas a aquellas derivadas de puntos de vista distintos o a las que meten a todos los políticos en el mismo saco. Sin embargo, ese saco no siempre ha estado abierto para todas las personas. Hasta el advenimiento de las democracias, un fenómeno que aún dista mucho de ser universal, había grupos enteros para quienes la participación en política estaba vedada. Ni siquiera hoy se produce en igualdad de condiciones. En democracias como la estadounidense es preciso disponer de mucho dinero para financiar una campaña; en otras, como la india, la propia Constitución se encarga de preservar el sistema de castas; en todas, la implicación de las mujeres es limitada y está lejos de ser paritaria. Las mujeres no sólo <strong>no gozábamos del estatus pleno de ciudadanas cuando la igualdad fue proclamada como principio básico en las democracias liberales</strong>; tampoco teníamos garantizado el acceso a la educación, el conocimiento, el sustento propio o la propiedad. Aunque las cosas han mejorado, todavía hoy muchas <strong>carecen de cuarto propio y para una mayoría el tiempo personal sigue siendo un bien inalcanzable</strong>. Durante siglos, el canon, la sabiduría, la autoridad y el poder se han conjugado en masculino gracias a la identificación de esta categoría con lo universal, generando un sentido común según el cual los hombres y lo que se considera propio de ellos se convierten en la norma a la que el resto nos tenemos que adaptar sin traerlo de serie.</p><p><strong>Las opiniones y las propuestas de las mujeres continúan valiendo menos, todavía hoy necesitan ser refrendadas por un hombre</strong>. Nos falta crédito, nuestras voces dentro del debate público carecen a menudo de ascendencia. No encajamos en el molde y, de hecho, muchas fuerzas no quieren que tengamos voces propias. Por eso es más fácil achicharrarnos. También porque las críticas que recibimos tienen una dimensión más personal que vinculada a las políticas que defendemos o a las opiniones que vertemos, lo que acaba silenciando a muchas. Nos censuran y demasiadas veces, como consecuencia, nos autocensuramos. De este modo, nos disciplinan a todas, nos alejan del debate público, perpetuando el déficit democrático de nuestras sociedades y resituándonos en el ámbito privado de los cuidados y la reproducción de la cultura. Eso se llama violencia política. Saberlo no nos salva de la quema, pero nos permite resurgir de nuestras cenizas para conquistar el espacio público y seguir contribuyendo a la construcción de democracias plenas. Bienvenidos sean, también para las mujeres, la mirra, el cinamomo, la canela, el aloe y el nardo que nos permitirán renacer de nuestras cenizas.</p><p>________________________________________________</p><p><em>*</em><em><strong>Lina Gálvez</strong></em><em> es europarlamentaria socialista y catedrática de la Universidad Pablo de Olavide.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Feb 2024 19:09:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lina Gálvez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mirra, cinamomo, canela, aloe y nardo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Filosofía,Autores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El retorno de los grandes autores en 2024]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/retorno-grandes-autores-2024_1_1671495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/46d0944c-ef28-41a7-9b98-c254a9e5b0c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El retorno de los grandes autores en 2024"></p><p>“Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las tres de la tarde”. Suena al universo de Gabo la primera frase de<em> En agosto nos vemos </em>(Random House). La leyó en Madrid hace 25 años, pero no remató estos cinco relatos eslabonados por una protagonista común, Ana Magdalena Bach. <strong>García Márquez</strong> repasaba y corregía sus obras hasta una docena de veces. Mientras, se enfrascó en contar su vida. Una década después de la muerte del Nobel colombiano, sus dos hijos han decidido exponer en las librerías lo ¿inacabado? por su padre. Será el 6 de marzo, cuando <strong>García Márquez </strong>cumpliría 97 años.</p><p>Sostuvo <strong>Eduardo Mendoza </strong>estar “harto de escribir novelas”. Por suerte, se desdice con <em>Tres enigmas para la Organización </em>(Seix Barral, enero). Tres historias de intriga, sazonadas con la ironía inteligente del escritor barcelonés. Humor, también, de <strong>Luis Landero</strong>, escritor de la palabra precisa. <em>La última función</em><em><strong> </strong></em>(Tusquets, enero) nos sitúa en la sierra madrileña. Actor retirado, amigos jubilados, la búsqueda de una actriz y una representación para aminorar el vacío rural. <strong>Sergio Ramírez, </strong>el nicaragüense proscrito por el régimen de su país, instalado en España, publica <em>El caballo dorado</em><em><strong> </strong></em>(Alfaguara, enero). Narra la llegada de un carrusel desde los Cárpatos a Nicaragua, con cuatro peculiares personajes atravesados por el infortunio.</p><p><strong>Murakami </strong>es otro de los acontecimientos literarios del 24. En marzo, podremos leer en español <em>La ciudad y sus muros inciertos</em>, un año después que en Japón. El encuentro de dos adolescentes sin nombre:  Boku, <em>Yo, </em>y Kimi, <em>Tú</em>.<em> </em>Un relato de identidades, sueños, realidad… (Tusquets, marzo). Deseado, también, el próximo libro de <strong>Paul Auster. </strong>Una novela titulada con el nombre del protagonista, <em>Baumgartner </em>(Seix Barral, febrero). Un viaje a la memoria y al amor en las diversas fases de la vida de un escritor y profesor prestigioso. Fue <strong>Siri Hustvedt</strong> quien anunció el cáncer de su marido, <strong>Paul Auste</strong>r. En ocasiones, relata cómo evoluciona,  sin sugerir si esa novela será la última. Ella publica <em>El mundo deslumbrante </em>(Seix Barral, enero). La mujer y el arte: la protagonista convence a tres hombres para firmar sus obras en masculino. </p><p>Dos premio Nobel llegarán también el nuevo año. La canadiense <strong>Alice Munro</strong> con su propia selección de cuentos sobre lo cotidiano y las emociones en <em>Todo queda en casa </em>(Lumen, enero). Y la francesa <strong>Annie Ernaux</strong>, con <em>Lo que dicen o nada </em>(Cabaret Voltaire, mayo). Primera versión en español de esta autoficción sobre una adolescente madura y perdida. Sigue a <em>Los armarios vacíos </em>y precede a <em>La mujer helada. </em>Un compatriota de <strong>Ernaux</strong>, <strong>Pierre Lemaitre</strong>, concluye este decálogo  imprescindible. Después de la trilogía <em>Los hijos del desastre </em>sobre las entreguerras en Francia, se ha implicado en relatarnos las etapas posteriores a la Segunda Guerra Mundial con <em>Los años gloriosos. </em><em><strong>El silencio y la cólera </strong></em>(Salamandra, febrero) es la segunda entrega: la emancipación de la mujer, el aborto y las huelgas de los sesenta como argumentos básicos. </p><p>Uno de los nombres actuales del suspense, <strong>Dennis Lehane</strong> —autor de <em>Mystic River</em>— nos sorprende con su <em>Golpe de gracia </em>(Salamandra, enero)<em>. </em>Una adolescente no vuelve a casa, un joven de color muere, el fin de la segregación escolar en Boston. Del negro al terror. Es el tránsito del noruego <strong>Jo Nesbo</strong> en <em>La casa de la noche</em><em><strong> </strong></em>(Reservoir Books, enero). Un chico marginado, estudiantes desaparecidos y la lucha por demostrar la inocencia. Pavorosos son los treinta y dos niños violentos escogidos por <strong>Andrés Barba</strong>, premio Herralde,<strong> </strong>para instaurar una distópica <em>República luminosa</em><em><strong> </strong></em>(Anagrama, enero). <strong>Ottessa Moshfegh </strong>ha llegado para aposentarse entre las escritoras necesarias tras su "año de descanso y relajación". Una década más tarde, publica en España <em>McGlue </em>(Alfaguara, marzo). La prestigiosa revista <em>Granta </em>sitúa a la ecuatoriana <strong>Mónica Ojeda</strong> como una de las escritoras en español con más futuro. Publica <em>Chamanes eléctricos en la fiesta del sol </em>(Random House, febrero). Fusiona raves con cultura andina y la búsqueda del padre. Potente, también, la prosa de la argentina transgénero <strong>Camila Sosa Villada</strong>. Mostró su condición en <em>Las malas </em>y la mantiene en <em>Tesis sobre una domesticación </em>(Tusquets, enero): una actriz travesti narra el declive de los principios de su familia burguesa. Del mismo país, <strong>Leila Guerriero</strong> nos narra con su oficio de periodista la historia real de <strong>Silvia Labayru</strong>. <em>La llamada. Un retrato </em>(Anagrama, enero) desvela cómo una conversación telefónica salvó a esta <em>montonera</em> de una muerte cierta durante la dictadura de <strong>Videla</strong>. Periodismo, también, los <em>Cuentos verdaderos </em>(Alfaguara, marzo), de<strong> Rosa Montero, </strong>una crónica de los 80 mediante sus artículos de prensa.<strong> </strong>Y la finlandesa <strong>Sofi Oksanen </strong>—autora de <em>Purga, </em>mejor novela europea— deja la ficción para retratar el imperialismo ruso desde <strong>Catalina la Grande </strong>hasta <strong>Putin</strong>. Defiende esta tesis en <em>Dos veces en el mismo río</em><em><strong> </strong></em>(Salamandra, marzo). </p><p>El capítulo de libros curiosos lo encabeza <em>Como de aire</em><em><strong> </strong></em>(Lumen, febrero). La bailarina clásica <strong>Ada D’Adamo</strong> ganó el premio Strega, el más relevante de Italia, tras morir de cáncer. Relata la relación con su hija Daria, nacida con una malformación cerebral no diagnosticada durante el embarazo. Resaltar también tres novelas centradas en el arte. <strong>Florencia Etcheves </strong>descubre el lado humano de la pintora mexicana en<em><strong> </strong></em><em>La cocinera de Frida </em>(Planeta, enero). <strong>Carlo Vecce </strong>nos desvela quién y cómo fue <em>Caterina </em>(Alfaguara, febrero), la madre de Leonardo da Vinci. La Gioconda será uno de los cincuenta y dos cuadros mostrados por un abuelo a su nieta, destinada a la ceguera, en <em>Los ojos de Mona </em>(Lumen, febrero), de <strong>Thomas Schlesser.  </strong></p><p>Son algunas de las veredas literarias a tomar en 2024. Las editoriales recuperarán, también, obras para conmemorar a algunos autores. Clásicos como <strong>Lord Byron</strong>, por los doscientos años de su muerte, o <strong>Julio Cortázar</strong>, fallecido hace cuatro décadas. <strong>Quino</strong> y su <em>Mafalda, Tiempo de silencio, </em>de <strong>Luis Martín Santos </strong>(centenario de su nacimiento), <strong>Juan Marsé</strong>, <strong>Andrea Camilleri</strong>, <strong>Marguerite Duras</strong>, <strong>Irène Nemirovky</strong>… volverán para mezclarse en los escaparates con lo nuevo de un año abundante. La cosecha se vaticina, como mínimo, muy buena. </p><p>________________</p><p><em><strong>* Prudencio Medel </strong></em><em>es periodista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Dec 2023 10:30:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Prudencio Medel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El retorno de los grandes autores en 2024]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Novela,Autores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El derecho a la pereza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/derecho-pereza_129_1324352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee9b149e-c4cd-43e2-ab34-a2336c245e40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El derecho a la pereza"></p><p>El revolucionario francés <strong>Paul Lafargue</strong> (1842-1911), nacido en La Habana, tuvo una vida nada aburrida. Trasladado a Francia, realizó estudios universitarios hasta que, como buen seguidor y activista del anarquismo de Prouhdon, se le prohibió el acceso a cualquier universidad. Ello le llevó a Londres, donde conoció a<strong> Karl Marx</strong>, se hizo marxista e intimó con la familia, hasta llegar a casarse en 1868 con Laura, hija de Marx. Fue activo en España, donde intentó ayudar a los seguidores de Marx frente a los <strong>mayoritarios anarquistas</strong>. Publicaba artículos en <em>La emancipación</em>, entre otros, a favor de la creación de un partido de la clase obrera, tesis firmemente opuesta por el anarquismo, y por una <strong>radical reducción de la jornada laboral</strong>.</p><p><strong>Laura Marx</strong> y <strong>Paul Lafargue</strong> fueron uña y carne. Tanto, que acordaron un pacto de suicidio. Lo llevaron a cabo el 26 de noviembre de 1911. Lafargue dejó dicho: “Aun encontrándome bien de salud corporal y mental, pongo fin a mi vida antes de que la despiadada vejez paralice mi energía y quiebre mi voluntad y <strong>me convierta en una carga para mí</strong> y para los demás.”</p><p>Este suicida preventivo –que en su etapa española había expuesto en <em>La emancipación</em> su posición a favor de la drástica reducción de las horas de trabajo– publicó en 1883 el opúsculo <em>El derecho a la pereza</em>. Precisamente, a propósito de España escribe: “Cuando en<strong> nuestra civilizada Europa</strong> se quiere volver a encontrar un rastro de belleza natural del hombre, debe írsela a buscar a las naciones donde los prejuicios económicos todavía no extirparon el odio al trabajo. España puede <strong>todavía vanagloriarse</strong> de poseer menos fábricas que nosotros, prisiones y cuarteles. Para el español, en el que el animal primitivo no está aún atrofiado, el trabajo es la peor de las esclavitudes.”</p><p>Resulta llamativa la concepción que de la <strong>abolición del capitalismo</strong> desplegó Lafargue en su lucha contra él. Perseguía, obviamente, la desaparición del mismo y la redención de los trabajadores, sujetos protagonistas dirigidos por el partido de la revolución que habría de tener lugar. Pero mientras esta no aconteciera, era <strong>tarea prioritaria atajar la explotación capitalista </strong>mediante la reducción del horario laboral a tres horas. Elogió posiciones reformistas, como la del Gobierno de Gran Bretaña, que prohibió mediante ley superar las diez horas de trabajo diarias y aplaudió la acción de algunos “capitalistas inteligentes” que sostenían que para potenciar la <strong>productividad era necesario</strong> reducir las horas y aumentar los festivos.</p><p>Llamativas asimismo sus diatribas dirigidas a los trabajadores (con la intención de que se movilicen): “Prestando oído a las falsas palabras de los economistas, los proletarios se han entregado en cuerpo y alma al vicio del trabajo… embrutecidos por el dogma del trabajo…”. La proclama final de su escrito insiste en su <strong>afán de radical reducción de la jornada</strong>: “Si la clase obrera, tras arrancar de su corazón el vicio que la domina y que envilece su naturaleza, se levantara con toda su fuerza, no para reclamar los Derechos del hombre (que no son más que los derechos de la explotación capitalista), no para reclamar el <strong>derecho al trabajo</strong> (que no es más que el derecho a la miseria), sino para forjar una ley de bronce que prohibiera a todos los hombres trabajar más de tres horas al día, la Tierra, la vieja Tierra, estremecida de alegría, sentiría brincar en ella un nuevo universo… Pero ¿cómo pedir a un proletariado corrompido por la <strong>moral capitalista</strong> que tome una resolución viril?”.</p><p>Lafargue estaba convencido de que esas tres horas de jornada laboral procurarían la felicidad de los trabajadores. Algunas de las tesis mantenidas en su opúsculo tuvieron precursores ilustres, en favor y en contra. <strong>John Locke</strong> (1632-1704), estudioso de Aristóteles y Epicuro, sostuvo que “la necesidad de perseguir la felicidad es la base de la libertad”, lo que impresionó a <strong>Thomas Jefferson</strong> (1743-1846), padre fundador de los Estados Unidos y redactor principal de la <strong>Declaración de Independencia de 1776</strong>, donde se proclama: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. <strong>Adam Smith</strong> (1723-1790), padre de la economía y de sus múltiples facetas, aceptó (ignoro si un tanto compungido) que los salarios representaban una compensación a los trabajadores por su <strong>renuncia a una porción</strong> de su “tranquilidad, libertad y felicidad.”</p><p>La obra de Smith es contradictoria. En <em>La riqueza de las naciones</em> (1776) defiende lo que denomina “sistema de libertad natural”, que implica que los individuos pueden adquirir riqueza para mejorar su situación. Sin embargo, en <em>Teoría de los sentimientos morales</em> (1759) advierte de que la búsqueda de la riqueza supone infelicidad, autoengaño y corrupción moral, y que la <strong>felicidad de los ciudadanos</strong> es el principal criterio por el que los sistemas políticos y económicos deben ser juzgados: “Todas las constituciones de gobierno (sic) son valoradas solamente en la proporción en la que tienden a promover la felicidad de sus súbditos”. Consecuentemente, Erik Matson se pregunta por la compatibilidad de estas dos obras: “Dada su <strong>preocupación por la felicidad del individuo</strong>, cómo puede Smith coherentemente apoyar la sociedad liberal al tiempo que afirma que la búsqueda de la riqueza tiende a producir infelicidad y deja a la gente expuesta a la ansiedad, el miedo, enfermedades y la muerte? (“<em>A dialectical reading of Adam Smith on wealth and happiness</em>”, Journal of Economic Behavior and Organization, September 2020, 184-3).</p><p>Curiosamente, hay en Rousseau (1712-1778) una contradicción similar a la de Smith. En sus <strong>escritos políticos iniciales</strong>, el suizo realiza una decidida apología del trabajo, puro y duro, pero al final de su vida (en concreto, en su libro de 1780 <em>Ensoñaciones del paseante solitario,</em> encontramos una posición pro pereza, asocia libertad y pereza y sostiene que las personas hallan la libertad en el acto de no hacer nada.</p><p>No todos los precursores fueron <strong>amables con la tesis que ulteriormente</strong> defendería Lafargue. Voltaire (1694-1778), defensor del espíritu industrial, sentenció: “Trabajar es vivir”, mientras que Kant (1724-1804) sostuvo que “la pereza, asociada a la cobardía, son condiciones para permanecer en un estado de tutela”.</p><p>Corro el riesgo de ser tachado por los lectores de<strong> escribir demasiado</strong> y… de ser lento, por lo que simplemente les brindo a continuación una breve bibliografía sobre el asunto. Por ejemplo, el premio Nobel Bertrand Russell (1872-1970), autor de <em>Elogio de la ociosidad</em> (1935), donde ironiza sobre la creencia de que el trabajo es una virtud. Milan Kundera (1929-), que en <em>La lentitud</em> (1995) escribe: “Por qué habrá <strong>desaparecido el placer de la lentitud</strong>? Un proverbio checo define la dulce ociosidad mediante una metáfora: contemplar las ventanas de Dios”. Carl Honoré (1967-) en<em> Elogio de la lentitud. Un movimiento de alcance mundial cuestiona el culto a la velocidad</em> (2004) nos introduce en el drama japonés del “<em>karoshi</em>” o muerte por exceso de trabajo. Anecdóticamente, la editorial informa que cuando Honoré realizaba las investigaciones para este libro fue multado por <strong>exceso de velocidad</strong>. Corinne Maier (1963-), autora de <em>Buenos días, pereza</em>, ofrece un jugoso capítulo titulado “No hacer nada: un arte”.</p><p>Un <strong>par de pistas finales</strong>. “No habremos idealizado la lentitud?” (EL PAÍS, 22-9-2022), de <strong>Ana Carrasco</strong>, gravita sobre dos ejes: “Nos falta lentitud en tiempos de aceleracionismo?” y “¿Y si descubrimos que <strong>no sabemos vivir en la calma</strong>?”</p><p>Por otro lado, algunas empresas han comenzado a <strong>servirse de nuestro tema en su publicidad</strong>. Hace unos días, Correos publicaba a toda página en la prensa nacional: “Llega el <em>slow delivery</em>, las entregas más eficientes… pero no más rápidas” y añade: “La filosofía de vivir sin prisas ha llegado al ámbito de la logística…”. Lo mejor: el anuncio se apoya, mencionándolo, en la obra de <strong>Carl Honoré</strong>. El recurso publicitario de otra compañía habla de “la velocidad tranquila”.</p><p>Inicialmente pensé que <strong>Paul Lafargue</strong> soñaba un mundo al revés, en la línea del precioso poema “El lobito bueno”, de José Agustín Goytisolo (1928-1999): “<em>Érase una vez un lobito bueno, al que </em><em><strong>maltrataban todos los corderos</strong></em><em>. Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés</em>”. Ahora ya no estoy tan seguro.</p><p><strong> </strong>______________________</p><p><em><strong>Emilio Menéndez del Valle</strong></em><em> es embajador de España.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Sep 2022 19:36:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Emilio Menéndez del Valle]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El derecho a la pereza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Autores]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Monika Zgustová: "Putin siempre ha estado en guerra"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/monika-zgustova-putin-guerra_1_1224189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3a639e54-e0b0-4ca7-a5da-2654ac0d31ad_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Monika Zgustová: "Putin siempre ha estado en guerra""></p><p>A <strong>Monika Zgustová</strong>, el conflicto que asola al continente le ha modificado los hábitos. Desde el 24 de febrero, día en que comenzaron los bombardeos, observa con espanto el drama de millones de ciudadanos. Nacida en Praga, en 1957, sufrió la atmósfera de orbitar alrededor de la URSS. Después de 1968, con la denominada Primavera de Praga, su familia tuvo que exiliarse en los Estados Unidos. Allí terminó los estudios de Literatura Comparada y alternó temporadas en Illinois, Chicago y Nueva York. Regresó a Europa yéndose a París, aunque se estableció en Barcelona. Desde allí ha ido ejerciendo una extensa labor de traducción y escritura. Ha estrenado dos obras de teatro, ha vertido al castellano obras de Václav Havel, Milan Kundera, Anna Ajmátova, Marina Tsvetáieva y otros autores rusos o checos y ha publicado novelas como <em>La mujer silenciosa </em>(Acantilado, 2005), <em>La noche de Valia</em> (Destino, 2013), <em>Las rosas de Stalin</em> (Galaxia Gutenberg, 2015) o <em>Un revólver para salir de noche </em>(Galaxia Gutenberg, 2019). En ellas, galardonadas con diferentes premios, suele abordar los conceptos de identidad, exilio o libertad. En su último libro –un ensayo titulado <em>La bella extranjera. Praga y el desarraigo</em> (Báltica, 2021)- se detiene en el acto de salir de un país. </p><p><strong>Antes de nada y como pregunta imprescindible, ¿esperaba la guerra en Ucrania?</strong></p><p>Bueno, Putin estaba muy molesto con que la OTAN se le hubiera puesto en las narices. Le cabreaba esa amenaza porque se cree superviviente de una conquista. Y se ha pasado de la raya. Esta destrucción es horrorosa.</p><p><strong>¿Cómo le ha afectado personalmente?</strong></p><p>Me ha cambiado los hábitos. Antes, por ejemplo, tenía la costumbre de leer poesía cada noche, cuando iba a dormirme. Cuando Rusia se plantó en la frontera, cambié esa rutina y empecé a coger el móvil. Leía las noticias de lo que ocurría y no podía creerlo. Aunque hubiera expresado su voluntad, parecía demasiado exagerado. E incluso ahora creo que no puede ser verdad lo que veo. Ya me esperaba que en Rusia se hubiera afianzado un régimen autoritario, no el salto a esto. Normalmente, cuando Putin habla es frío y calculador, pero durante la reunión con Macron ya mostró su peor estilo. Le citó la letra de una canción que dice: “Una bella durmiente en un ataúd, me arrastré y la vejé. Te guste o no, es mi deber, belleza”. Mostró su estilo más vulgar, más masculino en el mal sentido, la misoginia extrema y el machismo. Con esa actitud ya me olía algo, pero no esto. La última vez que sucedió algo así en el continente europeo fue en la Segunda Guerra Mundial. Lo vimos en Alemania. Y, francamente, cuando echo la vista atrás le encuentro toda la lógica del mundo, porque Putin siempre ha estado en guerra, salvo en la época de Dimitri Medvédev. Llegó en la segunda guerra de Chechenia, qué duro hasta 2009. Ahí hizo lo mismo que está haciendo en Ucrania: machacó todo. Destruyó Grozni, la capital, y llevó a cabo una masacre absoluta de la población, de la naturaleza. Luego fue a Georgia, con Osetia del Sur y Abjasia, que era la Suiza de la región y ahora está devastada. Al volver otra vez al poder, emprendió la guerra en las repúblicas del Donbás, y la anexión de Crimea. En 2017 apoyó a Siria. El Asad le pidió ayuda y usó lo mismo que está usando ahora. El mismo método: arrasar con los monumentos, con la población civil, sin ningún respeto por nada. Incluso probó las armas químicas.</p><p><strong>¿Es optimista con respecto al futuro?</strong></p><p>Desgraciadamente, no auguro un buen futuro próximo. Porque aunque se acepte la neutralidad de Ucrania, Putin quiere algo más. Necesita algún territorio importante para ser feliz. Él, que es un fanático, no va a parar: iría antes a por el continente que replegarse. </p><p><strong>¿Qué le parecen los motivos que ha dado para iniciar la conquista?</strong></p><p>No hay ninguna legitimidad. Él no puede ir atrás en la historia: Ucrania es independiente desde hace 30 años y no puede ser arramblada. Putin se crio en el KGB, se sentía orgulloso de servir a los servicios secretos. Es un monstruo, pero es verdad que Occidente no actuó con Rusia como debería. Sobre todo Estados Unidos, que le reía las gracias. Le trataban de loco, de marioneta. Sobre la OTAN, dio a entender que nunca procedería. Putin es un señor de la guerra y le sentó muy mal esta resistencia. </p><p><strong>¿Cómo se ha ido orquestando todo esto?</strong></p><p>Primero Estados Unidos desmanteló la URSS. Y había cosas que estaban bien, como los institutos científicos o los deportivos. Luego se fue disgregando todo y ahora nos vemos con muchos cadáveres de distintas guerras. Ya suman unas cuantas: la de Chechenia, que era importante para Rusia, la de Georgia, más simbólica, y la del Donbás, un sitio que no interesaba demasiado.</p><p><strong>¿Han tenido algo de culpa los mandatarios ucranianos o la OTAN?</strong></p><p>Ucrania es un país complejo, con muchos partidos y muchas opiniones. Pero cuando hablamos de un sitio que están convirtiendo en ruinas no hay nada que criticar. Es como criticar a los judíos en la época de Hitler.</p><p><strong>¿Le trae recuerdos de su vida bajo la URSS?</strong></p><p>Yo nací en los mejores momentos, que fueron los 60. Luego tuve una infancia en los 70 desde el prisma de una niña. Ya veía a muchos de mis compañeros de clase que se iban al extranjero o sus padres se iban de la ciudad porque participaron en la Primavera de Praga. De repente, había mucha tristeza. De un día para otro. La gente se pasaba el día hablando de política. Y otros tomaban vino todo el día. Era muy triste y oscuro. </p><p><strong>¿Y qué piensa de una salida forzosa como la que está sucediendo en estos momentos?</strong></p><p>En mi caso, fue muy duro al principio. Pero pronto empecé a apreciarlo, porque había crecido en la libertad y porque me libré de seguir en aquel régimen. Ahora es una tragedia que no sabemos cómo evolucionará. Creo que con el éxodo de Ucrania habrá tres vertientes, porque nadie sabe cómo va a buscarse la vida. Están los que se han marchado a otros países donde empezar de nuevo o donde tenían familiares. Otros que se quedan cerca, para volver en cuanto acabe y que se quedan con su propia etnia. Y hay un tercer grupo que no soportará el exilio y volverá a su tierra.</p><p><strong>Suele contar en su obra cómo se va perdiendo la libertad, cómo se impone el silencio. ¿Ha pasado lo mismo en la Rusia de estas últimas décadas?</strong></p><p>Sí. Es igual a lo que yo viví. De golpe tenías que dejar de hablar de ciertas cosas. Se notaba mucho la diferencia. Nuestros padres nos daban directrices para no tener problemas con lo que decíamos. Y en la Unión Soviética pasaba lo mismo: no podían hablar y desconocían lo que pasaba. De la invasión a Checoslovaquia eran los extranjeros quienes se enteraban. Ellos iban a la Plaza Roja a manifestarse y les llevaban a los hospitales psiquiátricos, que era lo peor. Aquel hecho histórico no fue tan horrible ni hubo tantos bombardeos, pero murieron más de cien personas y hubo una oleada de exilio. La sociedad rusa estaba como ahora, no sabía nada porque todo estaba controlado. Ni siquiera los soldados tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Sin embargo, tenía algunos medios independientes y eran capaces de leer entre líneas. Ahora han cerrado las redes sociales y te pueden condenar hasta 15 años. Los rusos están muy mal informados y solo hay jóvenes que miran medios de fuera o hablan con extranjeros y se enteran de lo que ocurre. Mientras, el discurso oficial habla de ‘desnazificar’ Ucrania, cuando son hermanos. Es verdad que se han mezclado, pero siempre han sido rusos. Lo que ocurre es que llevan 30 años siendo independientes, y eso le duele a Putin, que no quiere que llegue información ni del número de los cadáveres de soldados. Está igual que con Stalin en los gulag, cuando no se sabía nada. Incluso moría alguien y su familia no se enteraba. Llegó a haber fosas comunes con muertos sin reconocer hasta muchos años después.</p><p><strong>¿Tiene Putin un problema con la memoria? </strong></p><p>Putin cada vez tiene más claro que quiere estar cerca de la figura del Zar, pero con los métodos estalinistas. Y sobre todo después de su reelección, que se puso mucho más duro. No deberíamos hacernos ninguna ilusión con él. Quiere eliminar hasta memoriales que explican las salvajadas del pasado o donde se rinde homenaje a los desaparecidos. Hay todavía muchas cosas sin levantar del 37 y el 38, años de la Gran Purga de Stalin. Y presiona a muchos investigadores para que no investiguen esa parte de la historia. Putin quiere ocultar. Quiere que los rusos sean desmemoriados, que no tengan recuerdos de lo que pasó después de la revolución. Hay mucha censura incluso en el relato de la Gran Rusia que inició Stalin.</p><p><strong>Suele decirse que lo que más teme son tres valores: la democracia, la libertad y el cambio. </strong></p><p>Putin odia esos tres valores. Él siempre tuvo el sueño de trabajar para el KGB, donde no existían estos conceptos. Y lo ha aplicado en su propia casa. Solo da valor a las palabras grandilocuentes.</p><p><strong>En un artículo reciente menciona una frase de Borís Nemtsov, el político ruso asesinado en 2015 a pocos metros del Kremlin: “Rusia es un país de bandidos y ladrones”.</strong></p><p>Sí, se refería a los oligarcas, pero escuché esa descripción y me pareció perfecta para definir el país.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Apr 2022 17:57:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto García Palomo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Monika Zgustová: "Putin siempre ha estado en guerra"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Muere a los 92 años Albert Uderzo, uno de los creadores de 'Astérix']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/muere-92-anos-albert-uderzo-creadores-asterix_1_1181481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5f25edc1-c23e-4f09-9d46-9d5cfebfdaf3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere a los 92 años Albert Uderzo, uno de los creadores de 'Astérix'"></p><p><strong>Albert Uderzo, uno de los creadores del cómic de 'Astérix', ha fallecido a los 92 años</strong>, según han señalado fuentes familiares a la agencia francesa AFP y recoge también Europa Press.</p><p>Nacido un 25 de abril de 1927 en Fismes (Marne), Albert Uderzo <strong>entró en la historia de los cómics con Astérix y Obélix</strong> . Pero antes de eso, comenzó su carrera en la editorial parisina SPE, que publicaba entre otros números de 'Bibi Fricotin'.</p><p>Fue allí donde Uderzo aprendió los conceptos básicos de la profesión del dibujo y conoció a Edmond Calvo, quien se convirtió en su mentor, como recoge el medio 'RTL'. <strong>En el año 1941 Uderzo publicó su primer dibujo</strong>: una ilustración de 'Le Corbeau et le Renard' en el suplemento 'Boum'.</p><p>Cinco años después, <strong>ganó un concurso que le permitió ser publicado por Éditions Du Chêne</strong>, gracias a una colección de gags con un nuevo personaje: Clopinard. Este premio le abrió varias puertas y le permitió trabajar en diversos semanarios antes de su gran éxito.</p><p><strong>René Goscinny y Uderzo se conocieron en 1951</strong> y comenzaron su aventura en el mundo de los cómics con el personaje 'Johan Pistolet', antes de crear el pueblo del irreductible galo Astérix y todos sus míticos personajes.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2020 09:20:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La biblioteca clandestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/biblioteca-clandestina_1_1176669.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a7a3a96f-eb59-4956-990f-db0e113ce51c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La biblioteca clandestina"></p><p>En la década de 1980, la imagen inequívoca que presagiaba el final de la Guerra Fría detrás del Telón de Acero fue la de las estanterías de casas y librerías que, de repente, se llenaron de títulos prohibidos o bien desprovistos de los tijeretazos de la censura. Entonces,<strong> la mejor literatura en ruso no se publicaba</strong>, y a menudo no se escribía, en la Unión Soviética. Muchas obras de quienes no se expatriaron dormitaban en los cajones de sus creadores o circulaban clandestinamente, de mano en mano, en copias mecanografiadas o manuscritas (<em>samizdat</em>) cuyas frágiles hojas servían como metáfora de la precaria situación de sus autores. Además del muro físico alzado para frenar las deserciones de disidentes, existía, pues, otro —el literario—, que dejaba fuera los títulos que los lectores soviéticos ansiaban leer, mientras se cedía todo el espacio a los oficiales, la mayoría de los cuales hoy no figuran ni como nota a pie de página de la literatura universal, a la que sí pertenecen, en cambio, los reprobados Ajmátova, Bábel, Aksiónov o Tsvietáieva.</p><p>Las filtraciones de obras a través del muro, cada vez más poroso, hasta que se produjo su derrumbe, aportaron paulatinamente otra reunificación anhelada: la biblioteca clandestina, la de los libros peligrosos, con la biblioteca de los títulos permitidos, esos que nunca tuvieron que vivir en la sombra. Poco más de dos años antes del fin de la separación forzosa de Berlín, <strong>Joseph Brodsky</strong> —el más brillante de los escritores expulsados en los setenta—, en su discurso de aceptación del Nobel, dijo en Estocolmo: “Puesto que no hay leyes que nos protejan de nosotros mismos, ningún código penal es capaz de prevenir un verdadero crimen contra la literatura; aunque podemos condenar la supresión material de la literatura —la persecución de escritores, los actos de censura, la quema de libros—, somos impotentes en cuanto a su peor transgresión: la de hacer que no se lean los libros. Por ese crimen, una persona paga con toda su vida; si el culpable es una nación, paga con su historia”.</p><p>Si damos por bueno el dicho “dime lo que lees y te diré quién eres” —aunque, en opinión de François Mauriac, aún se conoce mejor a alguien por lo que relee—, lo ocurrido en Rusia en los seis años de la <em>glásnost </em>(1985-1991) no ha conocido parangón en la historia. El concepto de novedad editorial cobró un sentido distinto, ya que entremezclaba recuperación, descubrimiento y arqueología literaria. Figúrenselo: <strong>algunas de las principales novelas del siglo pasado de las décadas anteriores se pusieron a la venta en ese sexenio</strong>, rivalizando con la generación de nuevos autores, que de pronto tenían la libertad de escribir sobre y cómo quisieran, es decir, rompiendo con las directrices que desde el congreso de escritores de 1934, con la imposición por decreto del realismo socialista como única corriente artística válida, vaciaron de alma y de todo espíritu crítico la prosa, el teatro y la poesía. Había la urgencia de llenar las lagunas que la censura, en un saqueo despiadado, había ejercido sobre una joven tradición literaria, la rusa, que se había desarrollado en muy poco tiempo. Como afirmó Vladimir Nabokov: “<strong>Un solo siglo, el XIX, bastó para que un país prácticamente carente de tradición literaria propia crease una literatura</strong> que, en valor artístico, en la importancia de su influencia, en todo salvo en volumen, es equiparable a la gloriosa producción de Inglaterra o de Francia, aunque en estos países la creación de obras que han permanecido se hubiera iniciado mucho antes”.</p><p>Los lectores rusos, después de la hambruna de letra impresa, se dieron todo un festín. Las editoriales y las voluminosas revistas literarias —resistiendo al cada vez más pobre abastecimiento de papel— se lanzaron a publicar todos aquellos títulos a los que solo habían tenido acceso los estrechos círculos de la disidencia. <em>Sofia Petrovna</em>, de Lidia Chukóvskaia, se codeaba con<em> El doctor Zhivago</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2018/07/28/katiza_agirre_invita_vivir_amor_del_doctor_zhivago_los_convulsos_anos_union_sovietica_85382_1621.html" target="_blank">El doctor Zhivago</a>, de Borís Pasternak; <em>Nosotros</em>, de Yevgueni Zamiatin, con <em>La facultad de las cosas inútiles</em>, de Yuri Dombrovski; <em>Relatos de Kolimá</em>, de Varlam Shalámov, con el <em>Réquiem de Anna Ajmátova</em>; <em>Habla, memoria</em>, de Vladimir Nabokov, con <em>El fiel Ruslán</em>, de Gueorgui Vladímov; <em>Alamedas oscuras</em>, de Iván Bunin, con los versos de Ósip Mandelstam; o <em>Corazón de perro,</em> de Mijaíl Bulgákov, con <em>La zanja</em>, de Andréi Platónov. Junto con ellos, las generaciones posteriores de Dovlátov, Ribakov, Petrushévskaia, Makanin, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2019/10/11/svetlana_alexievich_poeta_tragedia_99684_1821.html" target="_blank">Aleksiévich</a>… Y, como guinda, dos títulos polémicos e incontestables que causaron el impacto más profundo, <em>Archipiélago Gulag</em>, publicado por primera vez en la Unión Soviética el año de la caída del muro, así como en el año anterior <em>Vida y destino</em>, de Vasili Grossman. En el primero, Solzhenitsyn no dejaba libre de culpa ni al hasta entonces sacrosanto <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/10/libros_sobre_revolucion_rusa_60929_1821.html" target="_blank">Lenin</a>, responsable de haber plantado la semilla de “el fin justifica los medios” y creador del que serviría como prototipo de campo de prisioneros en una isla del mar Blanco; en el segundo, Grossman confrontaba, como ante un espejo, a los dos totalitarismos más destructores del siglo XX. Eran años en los que cobraba todo su sentido un viejo proverbio ruso citado por Solzhenitsyn en 1970, también en Estocolmo:<strong> “Una palabra de verdad pesa más que el mundo entero”</strong>.</p><p>Palabras verdaderas, datos y análisis: eso era lo que buscaban los lectores después de toda una época de lo que hoy se ha dado en llamar “hechos alternativos”, es decir, realidad falseada. “Como es sabido, <strong>en nuestra prensa solo las erratas dicen la verdad</strong>”, ironizó Serguéi Dovlátov en <em>Los nuestros</em>. Pero ¿dónde encontrar fuentes fiables para contestar dos preguntas ya formuladas en el siglo XIX? Esos interrogantes eran qué hacer (Nikolái Chernishevski) y a quién culpar (Aleksandr Herzen). Por eso, el género<em> dokumentalnost</em> (documentalismo) eclipsaba a los demás, con especial atención a las memorias, entre las cuales sobresalieron las de Nadiezhda Mandelstam, Yevguenia Guinzburg y Nina Berbérova. En la depuración de la conciencia nacional, primó la exposición de los hechos, como exigían los tiempos, y en algunos casos sobre el refinamiento estético. Había sed de testimonios autobiográficos. Y los hechos de los que se escribían no eran solo pretéritos, sino que también señalaban los del momento: la malograda situación económica, la escalada de la corrupción, el crimen, la degradación medioambiental, el consumo de drogas y alcohol, el empobrecimiento del campo, la guerra ruso-afgana.</p><p>“<strong>Ay, la misteriosa alma rusa…</strong> Todos se esfuerzan por comprenderla, buscan desentrañar su esencia en las novelas de Dostoievski. ‘¿Qué hay detrás del alma rusa?’, se preguntan todos. No es más que un alma: nos gusta charlar en las cocinas, leer libros. La lectura es nuestra ocupación favorita. Y también nos gusta ser espectadores… <strong>Estamos rodeados de Oblómovs</strong>, tumbados en los sofás esperando un milagro”. Después de la reunificación alemana, los rusos abandonaron el papel de figurantes, aunque, como sostuvo la Nobel bielorrusa Svetlana Aleksiévich, no supieran qué hacer con la libertad. Gorbachov declaró que en 1990 se había acabado con la división artificial de Europa y con las razones para la confrontación militar, política e ideológica, pero, advirtió, “hay algunas amenazas muy graves que no se han eliminado: el riesgo de conflicto y los instintos primitivos que lo posibilitan, los conatos de agresión y las tradiciones totalitarias”.<strong> Los escritores postsoviéticos tuvieron que aprender a complacer el gusto del mercado.</strong></p><p>Lo ocurrido en las décadas siguientes hasta hoy se encuentra en otros libros. Y en el humor. El comunismo fue el camino más largo entre el capitalismo y el capitalismo, rezaba un chiste de la época.</p><p>Somos esclavos de nuestras metáforas. Churchill popularizó la del Telón de Acero. Pero incluso el acero —o, mejor dicho, el hormigón armado—, nunca es impenetrable en lo que respecta al intercambio de ideas. Al igual que la música prohibida —el jazz y el rock— se seguía escuchando en los cincuenta en copias realizadas en radiografías de huesos para nutrir el mercado negro soviético (la música ósea o<strong> roentgenizdat</strong>), los manuscritos también entraban y salían sirviéndose de métodos variopintos. La fuerza de la literatura consigue abrirse paso tarde o temprano, aunque todo conjure en su contra: microfilmada, mediante valija diplomática, en maletas o incluso dentro de pasteles. Al fin y al cabo, como sostuvo Serguéi Dovlátov en 1984, “es absurdo dividir la literatura en oficial y clandestina, en rusa y soviética, en la de dentro y en la de la diáspora. <strong>Solo existe una literatura: la mundial</strong>”.</p><p><em>* Marta Rebón (Barcelona, 1976) es escritora y una de las más destacadas traductoras de autores rusos (Tolstói, Grossman, Gógol, Pasternak) en lengua española.*Este artículo está publicado en el número de noviembre de </em></p><p>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí. </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Rebón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La biblioteca clandestina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,TintaLibre,Berlín,Autores,Unión Soviética]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla final de Lisbeth Salander]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/batalla-final-lisbeth-salander_1_1174319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>David Lagercrantz (Suecia, 1962) ha escrito sobre <em>hackers</em> peleando contra los <em>hackers</em>. Este escritor y periodista acaba de rematar la sexta entrega de <em><strong>Millennium</strong></em>, protagonizada por la ya legendaria cibercriminal Lisbeth Salander, desde un ordenador sin conexión a Internet y entre grandes medidas de seguridad, al menos, en su editorial. El manuscrito original, del que solo existía una copia impresa, fue <strong>custodiado bajo dos llaves </strong>y protegido por videovigilancia. Él, sin embargo, recibió la regañina de un especialista en la materia por no cubrir la cámara de su portátil mientras estaba metido en faena. </p><p>“A mi agente le llegaban correos de traductores y editores pidiéndole el manuscrito con antelación, pero en realidad eran <em>hackers</em> que querían echarle mano”, explica Lagercrantz. “Tanto su agente como los editores hemos sufrido <strong>múltiples ataques</strong> –completa su editoria en España, Míriam Vall-. Nunca había pasado algo así en Planeta”. Pero esa situación tan excepcional ya ha llegado a su fin: <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-chica-que-vivio-dos-veces-serie-millennium-6/298527" target="_blank"><em>La chica que vivió dos veces</em></a><em> </em>(Destino, sello integrado en el grupo editorial catalán) acaba de salir a la venta para poner punto final a una de las sagas más exitosas de la última década.</p><p>  </p><p>Cómo este sueco enjuto e hiperactivo llegó a los mandos de <em>Millennium</em> cuando la saga ya había vendido 80 millones de ejemplares es ya historia de la industria editorial. Su artífice, <a href="https://elpais.com/diario/2009/06/14/cultura/1244930401_850215.html" target="_blank">Stieg Larsson</a>, había muerto en 2004 de un infarto cuando tenía 50 años. Los primeros tres volúmenes <strong>aparecieron póstumamente</strong>, convirtiéndole en un autor de éxito mundial. No sin cierto reparo, Lagercrantz asumió la tarea de completar las aventuras del periodista de la revista <em>Millennium</em> Mikael Blomkvist y la <em>hacker</em> Lisbeth Salander, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2014/01/11/de_libros_gallinas_huevos_oro_12170_1026.html" target="_blank">invitado por la editorial y los herederos de Larsson</a>. Entre medias, llegaron las adaptaciones cinematográficas y los <strong>100 millones de libros vendidos</strong>. También en ese tiempo, se completó la <a href="https://elpais.com/cultura/2019/03/06/actualidad/1551876845_251635.html" target="_blank">investigación de Larsson sobre el asesinato de Olof Palme</a>, otra de las grandes obsesiones del autor, férreo activista contra la extrema derecha.</p><p><strong>Antisemitismo y violencia de género</strong></p><p><em>La chica que vivió dos veces</em> arranca con la misteriosa muerte de un mendigo en pleno centro de Estocolmo y continúa con una trama ya pergeñada en su anterior entrega: las fábricas de noticias falsas, los <em>trolls</em> que envenenan la red y los <em>hackers</em> que dedican su energía a propagar intolerancia<em> urbi et orbi</em>. “Muchos de los problemas que tenemos hoy, como el racismo o los líderes políticos sin escrúpulos, tienen origen en <strong>campañas de odio orquestadas digitalmente</strong>”, denuncia Lagercrantz. “Estas difamaciones son peligrosísimas, porque abren el camino a la violencia real”. El autor aprovecha esta crítica política –aunque los versados en <em>Millennium</em> consideran que <strong>la denuncia social ha disminuido en las últimas entregas</strong>- para trazar la evolución del <em>hacking</em> desde la primera novela hasta hoy en día: “Esas campañas digitales ya no se diseñan en sótanos clandestinos por adolescentes, sino que son métodos explotados por Estados y organizaciones con intereses políticos", subraya.</p><p>Sus personajes también han cambiado. Blomkvist ya no parece tan enérgico y Salander ha madurado, reflexionado sobre su vida y se ha desprendido de sus numerosos <em>piercings</em>. “Las novelas de <em>Millenium</em> tiene tres ingredientes: un asesinato misterioso al principio; un conflicto, que en este caso coincide con la batalla final entre Lisbeth y su hermana Camilla; y temas de actualidad, de interés social”, resume Lagercrantz. En esta sexta entrega, además de las<a href="https://www.infolibre.es/noticias/medios/2019/07/10/fake_news_sobre_facebook_96880_1027.html" target="_blank"> fake news</a>, el autor aborda la capacidad destructiva de las redes, la vuelta del antisemitismo y la violencia de género, tema casi transversal en toda la saga. “El <em>thriller</em> es la mejor herramienta para plantear temas políticos o sociales”, opina el autor, que encuentra en <strong>los momentos de mayor tensión narrativa el mejor gancho para introducir la crítica</strong>.</p><p>Decir adiós, una "liberación"</p><p>Lagercrantz asegura despedirse de la saga con cierta sensación de “liberación”. “En Suecia <strong>la gente se volvió loca cuando se anunció que continuaría la trama</strong>. En ese momento había una guerra en Siria y una crisis de refugiados, pero en las portadas de los periódicos los titulares más grandes eran para mí. Hubo mucha indignación y tuve la sensación de que los críticos afilaban sus cuchillos para clavármelos en cualquier momento”, <a href="https://elpais.com/cultura/2015/08/27/actualidad/1440667587_548903.html" target="_blank">rememora</a>. Sin embargo, lo más dramático de todo el murmullo que envolvió este encargo fue el conflicto familiar que generó la herencia de Larsson. Sin testamento, Eva Gabrielsson, quien fuera su pareja durante 32 años, pero con la que nunca se llegó a casar, <strong>no vio ni un euro de los beneficios</strong> generados por la saga. El padre y hermano de Larsson fueron nombrados únicos herederos tras un proceso judicial. Cuando se anunció la continuación de <em>Millennium</em> con Lagercrantz al frente, Gabrielsson llegó a calificar “<a href="https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2013/12/17/trilogia-sueca-millennium-stieg-larsson-tendra-cuarto-libro/00031387300281185105412.htm" target="_blank">de muy mal gusto tratar de hacer más dinero</a>”. "Siempre he soñado con que lo resuelvan”, confiesa el autor con resignación, y añade que el enfrentamiento contribuyó a "un ambiente agresivo" en torno a su cometido.</p><p>Por otro lado, cree que su trabajo con la serie de novelas, y los nuevos lectores que se han sumado hasta esta sexta entrega, ha servido también para rescatar la gran actividad política de su creador. “Stieg Larsson escribió unos personajes fantásticos”, concluye Lagercrantz, “y he escrito con gran pasión: se lo merece”.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
      <media:title><![CDATA[La batalla final de Lisbeth Salander]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros más vendidos,Literatura,Autores,Novela negra,fake news]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cabeza de gardenia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/cabeza-gardenia_1_1173153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2efb3570-1586-45c2-8664-964fd4c5e773_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cabeza de gardenia"></p><p>No conocí personalmente a Jane Bowles: cuando fui por primera vez a Tánger, hacia 1980, ella ya llevaba unos cuantos años bajo tierra. Había muerto un día de mayo de 1973, en una clínica psiquiátrica de Málaga llevada por monjas. Las monjas, según denunciaba su viudo, el escritor y compositor Paul Bowles, se habían aprovechado de la debilidad de Jane para <strong>empujarla a convertirse al catolicismo</strong> antes de exhalar su último suspiro. Asilo y conversión, una salida de escena doblemente triste para la mujer que se definía a sí misma como <strong>“coja, judía y lesbiana”</strong>.</p><p>Jane Bowles es una de las escritoras más fascinantes del siglo XX. <strong>Su obra literaria es corta, muy corta</strong> —“una novela, una obra de teatro y seis relatos breves”, informa Millicent Dillon en la <a href="http://www.paulbowles.org" target="_blank">web</a> que preserva el legado de Paul Bowles—, y su público siempre ha sido minoritario –es “una escritora para escritores”, dice Dillon—. Así que, en realidad, es su personaje lo que hace que Jane Bowles fuera y siga siendo tan atractiva. Ella fue la gran dama del Tánger internacional de los años 1940-1950, aquel período en que la capital del Estrecho era de todos y de nadie, un prodigioso refugio para disidentes de todo pelaje. Frágil e independiente, brillante y neurótica, mística y divertida, Jane Bowles cautivó, entre otros muchos vecinos o visitantes de aquel Tánger, a los norteamericanos <strong>Truman Capote</strong> y <strong>Tennessee Williams</strong>, al marroquí <strong>Mohamed Chukri</strong> y al español<strong> Emilio Sanz de Soto</strong>. Un magnetismo que se prolonga en lo que llevamos de siglo XXI. El cineasta <strong>José Ramón Da Cruz</strong> la hace interactuar con <strong>William Burroughs</strong> en su filme<a href="https://www.youtube.com/watch?v=2-iiZ8cknRQ" target="_blank"><em> Tangernación </em></a>(2013); yo mismo la revivo, para que tenga una aventura con la ficticia Olvido, en mi novela <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/05/23/tanger_plan_del_ladrillo_espanol_65381_1026.html?platform=hootsuite" target="_blank">Tangerina </a>(2015).</p><p>Su nombre de soltera era Jane Auer. Nació en Nueva York en 1917, en el seno de una ilustrada familia judía de origen búlgaro, y fue una niña enfermiza que, entre otras cosas, contrajo tuberculosis y tuvo que pasar una larga temporada en un sanatorio de Suiza. En su infancia y adolescencia, señalan sus biógrafos, Jane desarrolló tanto una intensa pasión por la literatura como <strong>unos cuantos temores y obsesiones</strong>. También adquirió una ligera cojera, fruto de una caída de caballo. Ninguna de estas señas de identidad la abandonaría jamás.</p><p><strong>Parejas legendarias</strong></p><p>La primera juventud de Jane se situó en el barrio bohemio e intelectual de Greenwich Village, donde la -en esto, muy desinhibida- muchacha tuvo relaciones sentimentales y sexuales con hombres y mujeres, descubriendo poco a poco que prefería las segundas. No obstante, en 1937 conoció en Nueva York a Paul Bowles, con el que se casó el año siguiente. Pasaron su luna de miel en América Central y Jane situó allí algunas localizaciones de <em>Dos damas muy serias</em> (<em>Two serious ladies</em>), la novela que publicaría en 1943. El matrimonio Bowles vivió en Nueva York hasta 1947, año en el que se trasladó a Tánger, ciudad que Paul ya había explorado con fascinación durante la década anterior por consejo de Gertrude Stein.</p><p>En Paul Bowles, el recluso de Tánger (1996), Mohamed Chukri escribió: “<strong>Paul y Jane formarán parte del grupo de parejas célebres que pasarán a la memoria de este siglo</strong>, como Aragon y Elsa, Sartre y Simone de Beauvoir, Dalí y Gala o Fitzgerald y Zelda, entre otras”. La naturaleza del pacto íntimo entre los Bowles fue durante sus vidas objeto de múltiples especulaciones, pero hoy ya lo tenemos claro. “El matrimonio tuvo relaciones sexuales durante un año y medio más o menos; Jane y Paul tuvieron después vidas sexuales separadas”, escribe Millicent Dillon en la web antes citada. Chukri, por su parte, sostenía que aquel matrimonio era una fórmula para blindar a cada uno de sus miembros frente a propuestas de heterosexuales. Así lo escribió: “Cuando le preguntaban a Paul Bowles por los motivos de su matrimonio con Jane, él contestaba: <strong>'Para librarnos, yo de las mujeres y ella de los hombres</strong>”.</p><p>Paul y Jane Bowles se convirtieron en un faro en el Tánger internacional, tan relevante como los de Espartel y Malabata. Su presencia en la ciudad atrajo a dos generaciones consecutivas de escritores norteamericanos: la perdida y la <em>beat</em>. Truman Capote, Tennessee Williams, William Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg y Patricia Highsmith fueron de los que cruzaron el Atlántico para visitar al matrimonio Bowles y se quedaron encantados con la liberalidad, también en materia sexual y de drogas, de aquel Tánger internacional. A Jane le gustaba contar que el autor de<em> A sangre fría</em> había dicho una vez que algunos se sentían en “estado de gracia” ante San Pedro del Vaticano y otros en “estado de sabiduría” ante la Acrópolis de Atenas, pero que todos se sentían<strong> en “estado de libertad” en el Zoco Chico</strong>.</p><p>Aquel Tánger luminoso, cosmopolita y tolerante era un imán para artistas heterodoxos, homosexuales perseguidos, luchadores por la libertad, amantes de los estupefacientes y toda una patulea de espías, contrabandistas y estafadores. Pero también era sorprendentemente seguro y pacífico. Además de los ya citados, así lo sintieron el fotógrafo Cecil Beaton, el pintor Francis Bacon, los escritores Jean Genet y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/04/23/juan_goytisolo_quot_digamos_bien_alto_que_podemos_quot_31792_1026.html" target="_blank">Juan Goytisolo </a>y hasta los Rolling Stones en las temporadas que pasaron allí. Y así lo contaron dos hispano-tangerinos geniales, los dos homosexuales y amigos de Jane Bowles: Ángel Vázquez, Antoñito, autor de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-perra-de-juanita-narboni/254332" target="_blank">La vida perra de Juanita Narboni</a>, y ese maestro de diletantes que fue Emilio Sanz de Soto.</p><p>El estatuto de ciudad internacional de Tánger obedecía, evidentemente, a una situación colonial. No obstante, los Bowles se esforzaron por promocionar a artistas marroquíes. Sin la ayuda de Paul, el pintor <strong>Ahmed Yacoubi</strong>, el escritor Mohamed Chukri y el narrador oral <strong>Mohamed Mrabet</strong> jamás habrían salido del anonimato y la marginalidad. Paul, afirma el escritor francés Daniel Rondeau, era<strong> “un activista del mecenazgo directo”</strong>.</p><p>En aquel Tánger el castellano era la <em>lingua franca</em> de sus diversas comunidades religiosas, nacionales y culturales, y tanto Paul como Jane lo leían y hablaban con toda naturalidad. Pero, por supuesto, escribían en su inglés natal, y en esa lengua Paul alumbró su novela <em>El cielo protector</em> (<em>The sheltering sky</em>, 1949), la historia de una pareja neoyorquina que llega a Tánger y desde ahí emprende un viaje hacia el sur de Marruecos en el que ambos terminan disolviéndose; una historia que Bertolucci llevaría al cine en 1990. En cuanto a Jane, escribió a la vera del Estrecho su obra de teatro <em>En la casa de verano</em> (<em>Summer house</em>), escenificada en Broadway en 1953 con una tibia acogida de la crítica y el público. Esa reacción y sus muchas inseguridades le provocarían a Jane <strong>el bloqueo del escritor ante la página en blanco</strong>. Jamás pudo terminar una segunda novela. Eso la hizo sufrir mucho.</p><p>Jane —<em>Yeini</em>, en transcripción fonética, para los amigos— <strong>se consagró a la vida social</strong>. Ninguna de las fiestas de los más célebres expatriados en Tánger –el aristócrata inglés David Herbert, la multimillonaria estadounidense Barbara Hutton y compañía— tenía gracia sin la presencia de aquella mujer con aspecto de golfillo, mirada pizpireta, una leve cojera, amplia cultura, hilarante humor judío y reacciones sorprendentes. Pero Jane se entregó también a la bebida hasta la náusea. “Se podía liquidar ella sola, y de una tacada, una botella entera de ginebra”, contaba Chukri, otro tremendo bebedor. Su salud física y mental empezó a quebrantarse seriamente.</p><p>Mientras Paul llevaba su homosexualidad con mucha discreción, Jane se vanagloriaba de su pasión por las mujeres, contaba Chukri. En 1952, en la casa tangerina de los Bowles habitaban también el pintor Yacubi, del que Paul estaba enamorado, y una sirvienta marroquí llamaba Cherifa, con la que Jane estaba desarrollando una relación de peligrosa dependencia. Jane tenía celos de Yacubi y se quejaba de que siempre estaba intentando sacarle dinero a Paul. Paul, por su parte, decía que Cherifa había encantado a Jane con sus pociones mágicas.</p><p>Sabemos que Jane conoció a Cherifa en la primavera de 1948. Se la presentó el propio Paul, que la había conocido previamente en el mercado de granos donde la marroquí vendía cereales. Cherifa, poco agraciada físicamente, amén de grosera, pesetera y hasta cruel, no tenía el menor encanto a los ojos de los amigos de los Bowles, pero Jane se enamoró locamente de ella. Decía que lo que la que más le gustaba de Cherifa era, precisamente, su fealdad física y moral.<strong> Se la llevó a casa y la convirtió en su amante.</strong></p><p>La relación entre Jane y Cherifa fue adquiriendo con los años unos tintes sadomasoquistas que inquietaban a Paul. Este desasosiego aumentó cuando Paul comenzó a sospechar que Cherifa había envenenado a su querido loro <em>Cotorrito</em> y embrujaba a su esposa con recetas de la hechicería tradicional marroquí. La propia Jane contaba que había encontrado un día debajo de su almohada un pañuelo de tela que contenía un amasijo de uñas, pelos y coágulos de sangre. Los Bowles, muy interesados en la cultura popular marroquí, no menospreciaban este tipo de cosas.</p><p>Cherifa se convirtió en la criada, la amante, la hechicera y hasta la dueña de Jane, lo que no impidió a la neoyorquina tener aventuras esporádicas con otras mujeres. En <em>Tangerina </em>la imaginé seduciendo en 1956 a mi personaje Olvido. Así relaté su primer encuentro: “Jane Bowles sonrió y eso casi la afeó: la parte superior de su dentadura era prominente como la de un equino. Vestía con una camisa masculina a cuadros —de leñador canadiense, habría dicho Carlos— que llevaba abotonada hasta el cuello. La falda era larga e informe, calzaba chanclas artesanas de cuero y una pulsera bereber de plata rústica ceñía su muñeca izquierda. Su pelo era oscuro y rizado y lo llevaba muy corto: despejado en la nuca, dejando las orejas al aire y formando un simpático casquete sobre una frente abombada. Era delgada y no muy alta. A Olvido le cayó bien instantáneamente”.</p><p>El 13 de marzo de 2015, recién publicada esa novela, quise agradecerle a Jane Bowles su colaboración —tonterías de escritores, ya saben—, y, de la mano de mi amigo Antonio García Maldonado, visité su tumba en el cementerio de San Miguel, en Málaga. Guardé un minuto de silencio ante una robusta lápida de mármol negro, donde habían sido grabadas dos inscripciones. En la parte central se leía: Málaga a Jane Bowles 1917-1973. En la inferior, en blanco, figuraba<strong> el calificativo con el que la llamaba Capote: Cabeza de gardenia.</strong></p><p>Una deliciosa mentira y una compleja verdad</p><p>En 1957 Jane Bowles sufrió en Tánger un derrame cerebral y terminó siendo ingresada en una clínica psiquiátrica de Málaga. Allí pasó sus últimos tres lustros de vida y allí murió en 1973, a los 56 años de edad y no sin que antes las monjas la convirtieran al catolicismo, a ella, que nunca fue religiosa, pero siempre se identificó con la cultura judía. Fue enterrada en el cementerio de San Miguel, en una tumba sin nombre adornada con una cruz de madera. Y a punto estuvieron sus restos de terminar en una fosa común.</p><p>Lo impidió la tenacidad de<strong> Alia Luque</strong>, una joven estudiante malagueña admiradora de su obra y su personaje. En 1996, al conocer que los olvidados restos de la escritora Jane Bowles iban a pasar pronto a un osario, Alia Luque pagó para que le permitieran a ella llevárselos a Marbella y <a href="https://elpais.com/diario/1998/09/17/andalucia/905984550_850215.html" target="_blank">darles allí la sepultura que merecían</a>. Este gesto individual removió las conciencias de un puñado de intelectuales y escritores malagueños, que emprendieron una campaña para que el Ayuntamiento de la ciudad andaluza asumiera la dignificación del enterramiento. El resultado, en 1998, fue la tumba ante la que yo me recogí en 2015.</p><p>Emilio Sanz de Soto solía decir que el Tánger internacional fue “una deliciosa mentira”, y los dos términos de la ecuación —“deliciosa” y “mentira”— me parecen muy bien traídos. Jane Bowles, no obstante,<strong> fue una compleja verdad</strong>. Con sus dudas y rabietas pueriles que alternaba con aquellos momentos de viveza y humor en los que se convertía en el centro de atención de reuniones que incluían a algunos de los más grandes cerebros y las más grandes fortunas del momento. Con su enrevesada relación con Paul, en la que ninguno de los que los conocieron a los dos duda de que se quisieron mucho, cada cual a su manera. <strong>Con su valentía para asumir su lesbianismo y su debilidad para ser esclavizada por Cherifa</strong>. Con su ardiente deseo de ser una escritora profesional y su temprano bloqueo ante la página en blanco.</p><p>Quizá nunca fue feliz. Ello la hace aún más adorable.</p><p><em>*Este artículo está publicado en el número de verano de</em> tintaLibre<em>. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Valenzuela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cabeza de gardenia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,TintaLibre,Autores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Iglesias, Sabina, José Luis Perales o Fito Páez, entre los autores que piden la retirada de su repertorio de SGAE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/julio-iglesias-sabina-jose-luis-perales-fito-paez-autores-piden-retirada-repertorio-sgae_1_1172136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9eff8959-9911-497b-9fdd-bd555e9ed854_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Julio Iglesias, Sabina, José Luis Perales o Fito Páez, entre los autores que piden la retirada de su repertorio de SGAE"></p><p>Varios autores como <strong>Julio Iglesias</strong>,<strong> Sabina</strong>,<strong> José Luis Perales</strong> o <strong>Fito Páez</strong> han pedido la retirada de su repertorio de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) a partir del 1 de enero de 2020.</p><p>Según ha podido saber Europa Press, a estos nombres se suman otros como los de <strong>Ramón Arcusa</strong> (integrante de el Dúo Dinámico), <strong>Txus </strong>(Mago de Oz), <strong>Jorge Ilegal</strong>, <strong>Alejandro Jaén</strong>, o<strong> Iván</strong> y <strong>Amaro Ferreiro</strong>, entre otros artistas, así como las principales editoriales, tanto internacionales como independientes.</p><p>Según diversas fuentes consultadas por Europa Press, los autores se han visto "obligados" a retirar sus repertorios a partir del 1 de enero de 2020 ante una situación de "insostenibilidad total", con un reparto que consideran "injusto" e inequitativo dada la actual situación de gobierno de la SGAE que, según sostienen, está <strong>gobernada por las televisiones y "La Rueda"</strong>.</p><p>Este viernes termina el plazo para presentar la carta de preaviso, por lo que aún quedan seis meses para "revertir la situación". Por ello, piden una<strong> nueva convocatoria de elecciones</strong> a la presidencia y a la Junta Directiva, ya que considera que el actual organismo de dirección sigue representando "la Rueda".</p><p><strong>Patacho Recio</strong>, portavoz de la Coalición Autoral, ha señalado a Europa Press que hasta el momento se han enviado alrededor de 300 cartas y esperan superar las 500, ya que algunos autores seguirán enviando sus solicitudes por correo electrónico antes de que termine el plazo, este domingo 30 de junio.</p><p>Según ha destacado, algunos de los firmantes equivalen a nombres internacionales como "<strong>Bob Dylan</strong>, <strong>Bruce Springsteen</strong> o <strong>Adele</strong>" y la retirada puede suponer "un 60 por ciento de los ingresos de la SGAE". La alternativa para estos autores sería funcionar de manera<strong> "colectiva" o con alguna "nueva entidad de gestión"</strong>.</p><p>En este sentido, ha indicado que la alternativa para cambiar de opinión sería el "rescate" por parte del Ministerio de Cultura y Deporte o la convocatoria de elecciones a la presidencia, que ahora ocupa <strong>Pilar Jurado</strong>.</p><p>Por su parte, <strong>Rafael Aguilar</strong>, de Peermusic, una de las editoras, ha criticado que la Rueda "no ha terminado" y que sus representantes ""siguen siendo mayoría" en la Junta Directiva. "O nos toman como socios de pleno derecho o nos tendremos que ir a otro sitio, retirando además el repertorio Internacional que representamos", ha señalado.</p><p>En junio del año pasado, varios autores presentaron también un preaviso para retirar sus repertorios si la situación no cambiaba. En octubre,<strong> José Ángel Hevia</strong> fue elegido presidente, en sustitución de José Miguel Sastrón, y duró en el cargo tan solo cuatro meses, ya que a finales de febrero fue cesado y Pilar Jurado fue elegida para situarse al frente de la entidad.</p><p>El pasado lunes 24 de junio, la Asamblea General no apoyó con mayoría de dos tercios la reforma de los estatutos que exige la directiva europea y que pide tanto el Ministerio de Cultura y Deporte como la CISAC, organismo internacional del que la entidad española fue expulsada de manera temporal el pasado 30 de mayo.</p><p><strong>La SGAE responde: va a seguir trabajando para defender a sus socios </strong></p><p>Al respecto, la SGAE ha emitido un comunicado en el que asegura que ha sido objeto de "<strong>una acción coordinada de peticiones de salida de socios de esta entidad</strong>", situación motivada por la presión ejercida por las editoriales multinacionales discográficas y secundado por algunos autores "con el mero objetivo de que la comunidad autoral ceda a sus pretensiones" pero que, como aseguran, "carece de efectos inmediatos".</p><p>La institución señala que "es la tercera vez que las editoriales multinacionales discográficas utilizan esta medida de presión" y precisan que "en septiembre de 2016 y en junio de 2018 ya ejercieron idéntica amenaza que finalmente no llevaron a cabo".</p><p>La SGAE recuerda que "<strong>antes de abandonar la entidad hay que estar al corriente de pago</strong>" y aclara que "las opciones de futuro que los autores pudieran contemplar y que los promotores de la iniciativa les están haciendo llegar, carecen de infraestructura alguna en el cobro y en la recaudación en España".</p><p>Por este motivo, prosigue, "aboga por el diálogo, tal y como solicitó el Ministerio de Cultura, con el fin de concluir con los requisitos legales de aprobación de los nuevos estatutos, que cuentan con el apoyo de la mayoría de los autores y el bloqueo de las editoriales multinacionales discográficas".</p><p>Por todo ello, la SGAE insiste en que "va a seguir trabajando para defender los derechos de sus más de 127.000 socios<strong> sin caer en favoritismos</strong> hacia los intereses individuales de ningún grupo empresarial, en la defensa de un patrimonio cultural de España y de toda la comunidad iberoamericana, y de sus trabajadores, que la han mantenido, a lo largo de estos años, entre las cinco primeras entidades de gestión del mundo".</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 16:09:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Julio Iglesias, Sabina, José Luis Perales o Fito Páez, entre los autores que piden la retirada de su repertorio de SGAE]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Joaquín Sabina,SGAE,Derechos de autor,Autores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Competencia multa a 34 editoriales con casi 34 millones por pactar el precio y la estrategia comercial de los libros de texto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/competencia-multa-34-editoriales-34-millones-pactar-precio-estrategia-comercial-libros-texto_1_1171121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f2f8f1a4-45aa-4338-ae7c-35a62533ffab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Competencia multa a 34 editoriales con casi 34 millones por pactar el precio y la estrategia comercial de los libros de texto"></p><p>La Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC) ha impuesto una <strong>sanción de</strong> <strong>33,8 millones de euros a 34 editoriales de libros de texto</strong> no universitarios y a la asociación <strong>ANELE</strong> por "crear un mecanismo para restringir políticas y condiciones comerciales", informa Europa Press.</p><p>Según informa el organismo, se ha desarticulado el <strong>mecanismo para coordinar políticas y condiciones comerciales</strong> en el marco del desarrollo y aplicación de un Código de Conducta para el sector editorial de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/01/15/pequenas_librerias_libros_texto_comunidad_madrid_90742_1012.html" target="_blank">libros de texto</a>. Además, añade que también se ha puesto <strong>fin al pacto</strong> de determinadas editoriales para fijar el precio y condiciones comerciales del libro de texto digital alcanzado entre Anele y diez editoriales.</p><p>De este modo, informa de que a partir de una denuncia realizada por la <strong>Editorial Vicens Vives</strong>, se han sancionado <strong>dos conductas ilícitas</strong>: una infracción en relación con el desarrollo y aplicación del Código de <strong>Conducta para el sector editorial</strong> y otra infracción en relación con el <strong>libro digital</strong>. "Ambas son muy graves, según los artículos 1 de la Ley de Defensa de la Competencia y 101 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea", indica la CNMC.</p><p>También recuerda que la comercialización de libros de texto tiene unas características peculiares, ya que las <strong>familias de los alumnos</strong>, que son las compradoras de los libros, <strong>no seleccionan el producto en función del precio porque están obligados a adquirir los libros</strong> de texto que se prescriban en el centro educativo donde asisten sus hijos. Además, hay etapas educativas de precio fijo (educación infantil, bachillerato y FP) y otras (educación primaria y ESO) con precio libre.</p><p>A ello, hay que añadir <strong>una regulación sobre los contenidos </strong>de los libros de texto no universitarios muy "clara y determinante". Asimismo, los centros educativos tienen la obligación legal de mantener los mismos libros de texto por <strong>periodos de al menos cuatro años</strong>, salvo que estuviera plenamente justificada su sustitución antes del tiempo establecido.</p><p>  </p><p>Por su parte, la editorial <strong>Santillana</strong>, sancionada con más de nueve millones de euros,<strong> ha anunciado que recurrir</strong>á ante los tribunales la millonaria sanción de la CNMC que la editorial "rechaza" por no "ajustarse a derecho" y "contener errores materiales". En un comunicado, expone que la resolución de la CNMV "descontextualiza la información recabada en el marco de la investigación, menoscabando la <strong>presunción de inocencia </strong>de las editoriales".</p><p>La asociación <strong>ANELE también</strong> ha anunciado este viernes interpondrá un recurso contencioso-administrativo ante la Audiencia Nacional contra esta resolución, que ha calificado como "arbitraria e injusta".</p><p><strong>Sanción de 2,95 millones de euros a la SGAE por abuso de dominio</strong></p><p>Asimismo, Competencia ha sancionado a la <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/05/30/la_confederacion_internacional_autores_decide_expulsar_durante_ano_sgae_95500_1026.html" target="_blank">Sociedad General de Autores y Editores (SGAE)</a> con <strong>2,95 millones de euros por abuso de dominio</strong> en la gestión y explotación de derechos de propiedad intelectual de <strong>autores y editores de obras musicales y audiovisuales</strong>, según ha informado este viernes en un comunicado. Por un lado, la CNMC sanciona a la SGAE por imponer unas <strong>condiciones estatutarias y contractuales que "restringen injustificadamente la libertad de sus socios"</strong> para decidir si atribuyen o le retiran en parte a dicha entidad la gestión de sus derechos.</p><p>Asimismo, Competencia multa a<strong> la entidad de derechos de autor </strong>por su posición dominante en la concesión de autorizaciones y remuneraciones mediante la venta de paquetes de autorizaciones de reproducción y comunicación pública, así como por la<strong> ausencia de desglose tarifario</strong> entre el repertorio <strong>audiovisual y musical</strong>, en el <strong>sector del hospedaje</strong> y en el de <strong>restauración</strong>. Según señala la CNMC, al no existir dicho desglose, el usuario no podía conocer los costes reales ni comparar con otras ofertas de competidores de la SGAE.</p><p>Esta investigación se inició en 2017 tras las denuncias de las entidades Derechos de autor y Medios Audiovisuales (DAMA) y Unison Rights. Por todo ello, la CNMC insta a la SGAE a abstenerse de realizar conductas semejantes e impone una sanción de 2,9 millones de euros, tal y como establece la <strong>resolución contra la que no cabe recurso</strong> por la vía administrativa, pero <strong>sí recurso contencioso-administrativo </strong>en la Audiencia Nacional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 May 2019 15:35:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Competencia multa a 34 editoriales con casi 34 millones por pactar el precio y la estrategia comercial de los libros de texto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Audiovisuales,Editoriales de libros,Educación,Educación secundaria,Educación superior,Grupo Santillana,Guerra precios,Industria audiovisual,Ley Propiedad Intelectual,Libros texto,SGAE,Derechos de autor,Autores,CNMC]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Nadie se identifica con la pérdida de un país”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/nadie-identifica-perdida-pais_1_1169836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26641c2a-f940-4bf0-832f-aaf140941d30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Nadie se identifica con la pérdida de un país”"></p><p>Dulce Maria Cardoso nació en Trás-os-Montes, Portugal, y con apenas seis meses viajó a Luanda, la capital angoleña. Allí pasó la primera década de su vida, forjando en la temperatura de los trópicos la raíz de su naturaleza más íntima y querida.</p><p>Regresó –si es que se puede llamar así a volver a un lugar al que no se pertenece– a Portugal<a href="https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2018/04/25/aun_creo_poder_del_pueblo_82083_1042.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1089342" target="_blank"> en junio de 1975</a>, después de la descolonización y cuando comenzaba la guerra civil en Angola.</p><p>Con diez años, acompañada por su familia –padre, madre y hermana– pasó a formar parte del impresionante número de retornados que llegaron al país transportados en aviones fletados por todo el mundo para dar salida a los millares de personas que huían de la contienda sin un destino concreto. Entre los meses de mayo de 1974 y noviembre de 1975 casi medio millón de personas viajaron de Angola a Portugal, a un ritmo diario de más de 1.000 personas, en el que fue considerado el mayor puente aéreo en la historia del siglo XX.</p><p>Fueron tiempos duros y traumáticos. Pero ella se adaptó. La pérdida de la inocencia en esa abrupta interrupción de la infancia la orientó en el sueño de transformar la materia de resistencia en escritura. Del pasado colonial no conserva nostalgia alguna. Al contrario: “El imperio debía haber terminado mucho antes”, dirá.</p><p>A los 14 años decidió que quería ser escritora e hizo un curso veraniego de mecanografía. Después se formó en Derecho, se hizo abogada. Un día rompió con la profesión y se lanzó a la búsqueda de lo que desde siempre le había dado sentido a su vida: vivir historias dentro de sí misma y contarlas.</p><p>Su primera novela, <em>Campo de sangre</em> (2001), fue escrita con una beca de creación del Ministerio de Cultura portugués y recibió el Gran Premio Acontece. Siguieron otras novelas y más premios… Hasta que llegó <a href="https://www.laumbriaylasolana.es/catalogo/el-retorno/" target="_blank">El retorno</a> en 2011 (publicada en España por la editorial La Umbría y la Solana), su consagración como una de las voces fundamentales de la nueva literatura portuguesa. Esa obra, que fue distinguida con el premio English Pen de obra traducida, ha sido editada en varios países, es materia de estudio en las universidades y hay ofertas para trasladarla a la gran pantalla.</p><p>Dulce Maria Cardoso tiene ahora 55 años. Nos encontramos en los jardines de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa, en una tarde de afable calor primaveral, rodeadas de frondosas copas de árboles. Pero el verde africano se impone como una presencia de mansa brisa. Esta conversación está atravesada por ese recuerdo.</p><p><strong>Tenía 10 años cuando tuvo que salir de Luanda tras la descolonización de 1975 y ha usado sus vivencias para la construcción de El retorno a través de la voz de Rui, uno de los personajes. Al inicio del libro escribe: “Insistimos en conservar detalles insignificantes que ya comenzamos a olvidar”. ¿Tuvo esa conciencia exacta de lo que necesitaba guardar?</strong><em>El retorno</em></p><p>Sí. Pienso que fue una suerte tener esa edad en aquel momento porque pude registrar todo lo que vi sin juzgarlo. Siempre tuve una memoria fotográfica muy buena y cuando comencé a escribir sobre el año de mi retorno me di cuenta de que había guardado aquellos recuerdos casi intactos. No necesité recurrir a otros relatos ni hacer investigación para escribirla.</p><p><strong>¿Y qué había quedado registrado?</strong></p><p>La Luanda de aquel tiempo, cómo era y de qué hablaban las personas, cómo se comportaban. En aquel año de 1974, los tres meses que siguieron a la Revolución del 25 de Abril, el Ejército portugués consiguió mantener un cierto orden en la ciudad. Pero cuando los movimientos independentistas llegaron a Luanda y comenzaron a luchar por el poder, se instaló una guerra civil. Las escuelas y las tiendas cerraron, había toque de queda, comenzó la desbandada de gente de regreso a Portugal. Fue el caos. Moría gente todos los días y la lista de desaparecidos era todavía mayor. Cuando recuerdo aquel tiempo, esa memoria de guerra, lo que más me impresiona es entender que las personas se acostumbran a todo. Un día vemos coches con niños armados, lo encontramos extraño, pero al día siguiente deja de serlo.</p><p><strong>¿Cómo es que, viviendo lo que narra, tuvo la necesidad de registrar el último día? ¿Con 10 años ya su percepción de la pérdida definitiva estaba desarrollada?</strong></p><p>En realidad aquel último día no sucede ya nada. Cuando comencé a escribir sobre el impacto del regreso entendí que debía encontrar una historia muy fuerte para que los lectores pudiesen identificarse con la pérdida. Aquel día yo aún pertenecía a aquello e iba a perder el sitio al cual pertenecía. Pero la mayoría de las personas no consigue identificarse con la pérdida de un país, es una idea demasiado abstracta. En cambio, sí consiguen identificarse con la pérdida del padre. Fue precisamente por eso que escogí comenzar con la narración del último día de Rui. Él pierde al padre, que es hecho prisionero en el momento en que la familia debe partir. Escribo siempre muchas versiones sobre la historia hasta encontrar la final, y llegué a trabajar en una versión en la que el padre regresaba con la familia. Después comprendí que no iba a funcionar. A pesar de que yo no haya perdido a mi padre, nadie se identificaría con mi pérdida, y eso era lo que yo quería transmitir.</p><p><strong>Nació en Trás-os-Montes y la llevaron a Angola con tan solo seis meses. Me gustaría que me contase el inicio de la historia de su familia en aquel territorio.</strong></p><p>Mis padres vivieron una historia de amor muy complicada. Cuando se conocieron, mi madre era una heredera de campesinos ricos y mi padre era un muerto de hambre. Mi abuelo no quería darles permiso para casarse. Para ello, mi madre tuvo que huir. Todo esto sucedió en la década de los cincuenta en una aldea de Trás-os-Montes. Mis padres se desencantaron con el país y decidieron marcharse. Como en Angola se hablaba portugués fueron allí sin tener ningún vínculo con África. Pero mi padre era muy trabajador, consiguió construir bastantes cosas, aunque nunca dejamos de llevar un modo de vida muy humilde. No nos faltaba de nada, pero no teníamos los lujos que se asociaban a África. Formábamos parte de una pequeña burguesía, que comparada con las estrecheces de la metrópoli en aquella época, podía pasar por una vida casi lujosa. Teníamos coche, los fines de semana íbamos a la playa y al cine, había Coca-cola, había fiestas, las mujeres usaban minifalda y fumaban. La vida era incomparablemente mejor, pero no era la África mía de grandes haciendas y pastos hasta perderse en el horizonte.</p><p><strong>Ese era el mito que en el Portugal pobre de los años sesenta se construía sobre África. Y, vista desde allí, ¿cómo se veía la metrópoli, esa palabra que se usaba en las colonias para designar a Portugal?</strong></p><p>Si aquí se mitificaban las colonias, también desde allí se mitificaba la metrópoli, la palabra con la que nos referíamos a Portugal como país, aunque se extrapolaba a su geografía. En ese sentido, toda la educación que recibíamos era una educación colonial. Las aulas tenían un mapa de Portugal ultramarino, los sábados cantábamos himnos, alzábamos banderas y declamábamos una oda absoluta dedicada a la metrópoli. Cuando la gente tenía la posibilidad de venir a pasar las vacaciones, al regresar perpetuaba el mito contando cosas maravillosas sobre la vida en la metrópoli.</p><p><strong>Yo también crecí en Lourenço Marques, hoy Maputo. Cuando regresé a Portugal con ocho años, todavía en 1973, la gente me preguntaba: “¿Cómo es África?”. Me parecía una pregunta muy extraña porque yo venía de Mozambique. No había comprendido todavía que África, más que un continente, designaba un territorio imaginado. Lo curioso es que más tarde también yo comencé a decir “África” para hablar de mi infancia mozambiqueña. </strong></p><p>Probablemente porque la impresión de aquel territorio geográfico, que es también afectivo, queda marcada de un modo indeleble. ¿Sabía que los jacarandás, que es un árbol de los trópicos, en Portugal tiene dos floraciones? Florecen una primera vez en la primavera europea y una segunda, lo que no se esperaba, al mismo tiempo que los jacarandás florecen en el continente africano. Guardaron esa memoria. De algún modo, creo que a los <em>trasplantados</em> les sucede lo mismo.</p><p><strong>Como si hubiese una parte de nuestra naturaleza que solo se encuentra en los países tropicales…</strong></p><p>Exactamente. Yo he logrado finalmente florecer también en esta primavera europea, pero me siento siempre más completa cuando estoy en los trópicos. Por ejemplo, la mayoría de las personas lidia mal con el calor húmedo, pero a mí me encanta. Como si nunca hubiese salido de aquel calor porque fue en ese entorno donde mi cuerpo creció y se formó. Y sueño muchas veces en africano.</p><p><strong>¿Qué es soñar en africano?</strong></p><p>Sueño con espacios enormes, de colores muy saturados y exuberantes, paisajes que aquí no existen. Si enfermo, si me distraigo, la imagen que se me aparece es la de la tierra roja. Cuando pierdo las defensas o estoy soñando mi realidad se ve transmutada. Es algo constitutivo. Fui arrancada de aquel territorio, no hubo una transición. Así como les sucede a los árboles trasplantados, cargo con esa memoria sensorial y transporto sus raíces.</p><p><strong>Cuando Rui llega a Portugal dice: “Al final la metrópoli es esto”. Como si en esa frase, en ese “al final”, se contuviese toda esa desilusión.</strong></p><p>Precisamente el capítulo de la llegada fue lo que me llevó más tiempo escribir. Escribí páginas y páginas para explicar la desilusión de la metrópoli y después comprendí que solo lo conseguía ante la hoja en blanco. Era lo que sentía que estaba más cercano a mi sentimiento. La expresión de vacío que hay en la hoja blanca. Es el único capítulo que solo tiene una frase: “Al final la metrópoli es esto”.</p><p><strong>¿Fue el primer enfrentamiento con ese país mitificado?</strong></p><p>Y la desilusión fue tan brutal que, incluso ahora, cuando alguna cosa me enoja les digo a mis amigos más próximos: “¡Esto está comenzado a parecerse a la metrópoli!”. Se volvió una broma privada. Nunca encontré mejor sinónimo para describir el sentimiento de desilusión.</p><p><strong>Hablemos entonces del regreso.</strong></p><p>Lo que me sucedió fue lo siguiente: apenas llegamos, mis padres me mandaron a Trás-os-Montes, a la aldea de mis abuelos de dónde mi madre había huido, porque pensaron que estaría más protegida. Me fui a vivir sola con unos abuelos a los que no conocía. Dos viejos vestidos de negro que estaban enfermos y murieron un año después. Al principio fue terrible. Mis abuelos no me conocían ni me comprendían y eran hostiles. Todo me era extraño. Hasta los árboles me parecían arbustos por ser tan pequeños en comparación con los africanos. Pero lo peor era el frío. Pensé que iba a morirme de frío pese a que era verano. Cuando llegué estaba muy tostada, pero el bronceado fue desapareciendo y comencé a quedarme blanca, como una cobra cuando muda la piel. Fue tan dramático que hasta escribí una carta a mi hermana: “¡Me estoy quedando blanca!”.</p><p><strong>¿Cómo era la aldea?</strong></p><p>Toda de piedra, muy aislada, muy pobre. Todavía se vivía en casas donde los animales dormían en la parte de abajo. Hoy no conseguimos imaginar cómo era posible que en 1975 una aldea de Trás-os-Montes estuviera aún tan atrasada. No tenía ni siquiera una escuela. Las clases nos las daban en una sala de los bomberos de la aldea o en el edificio de la junta de distrito. Los domingos los niños iban a la casa del cura a ver una película. A las tres de la tarde él encendía la televisión y a las cinco la apagaba. Generalmente, el film ya había comenzado y muchas veces, cuando apagaba, no había terminado. Yo conocía muchas de aquellas películas -estoy acordándome de Tarzán- e intentaba explicar que las películas tenían un inicio, un desarrollo y un final. Era inútil. Muchos de aquellos niños ni sabían leer. Yo traía vestidos que se ataban en la espalda y mi abuela iba detrás de mí para taparme porque pensaba que estaba prácticamente desnuda. Las fiestas que conocía de Luanda eran fiestas africanas. Con bailes de merengue y al aire libre. Las mujeres se arreglaban mucho, usaban minifalda y fumaban. Era el ambiente de los años setenta, ¡pero bien entrados en los setenta! Ahora imagine lo que es llegar a una aldea donde había bailes con todas las muchachas sentadas en círculo entre las madres y las abuelas, a la espera de que los muchachos se aproximasen para pedir autorización a la madre de la chica para poder bailar. Cuando mi abuela quería explicar cualquier cosa que yo quería y nadie podía entender decía: “Parece que allí en las tierras africanas…”. Nadie me comprendía y yo tampoco comprendía nada de lo que allí pasaba.</p><p><strong>Habla siempre de que su deseo de transformarse en escritora comenzó aquel año del regreso. ¿Fue un modo de protegerse?</strong></p><p>Ni sabía lo que significaba ser escritora. Pensaba que era tener historias en la cabeza que me hiciesen huir de la realidad, y en eso tenía razón. Por un asunto de pura supervivencia, porque vivía con mucho sufrimiento, un día desperté: “No puedo seguir así. No puedo estar llorando todo el tiempo”. Como me gustaban mucho los libros de aventuras comencé a imaginar que vivía dentro de una historia. Toda la aldea fue convertida en un escenario como si estuviera en una aventura de ficción. Si iba a la fuente era porque tenía la misión de encontrar allí una llave secreta. El pobre Matías, el viejo de la plaza, dejó de ser Matías para ser el malvado de la trama. Comencé a vivir una vida paralela tan intensa que cuando me despertaba por las mañanas ya no me sumergía en el mundo real, sino en una realidad que estaba siendo rediseñada por mí.</p><p>  </p><p> Imagen del 11 de noviembre de 1975, día en el que Angola consiguió la independencia. / EFE</p><p><strong>Como futura escritora, haber observado un mundo tan radicalmente diferente, ¿qué le dio para su aprendizaje?</strong></p><p>Materia.</p><p><strong>¿Materia creativa?</strong></p><p>No. La materia misma. Lo tangible. Para escribir no es necesario haber vivido casi nada. Kant, por ejemplo, nunca salió de su aldea y consiguió desarrollar un pensamiento que transformó el mundo. La única cosa a la que hemos de tener acceso es a las categorías. Cuando escribí Mis sentimientos me preguntaban si alguna vez había estado muy gorda, por el personaje de mi libro. Yo respondía siempre que para escribir sobre Violeta no necesitaba haber sido gorda. Necesitaba tan solo conocer algunos sentimientos que una persona muy gorda podría sentir. Uno de ellos es la humillación, o el ostracismo. Esos sentimientos sí los conocía. Por lo tanto, a partir de ellos podría ponerme dentro de la piel de una mujer muy gorda y dotar de vida a aquel cuerpo.</p><p><strong>¿Su proceso de vivir en un mundo paralelo continuó cuando regresó a Lisboa, un año después de haber llegado a la aldea, o el encuentro con la familia apaciguó ese sentimiento traumático? Le pregunto porque en El retorno la experiencia que describe es la vida de un retornado en la Lisboa de 1975. Nunca habla de la experiencia de la aldea en la casa de los abuelos.</strong><em>El retorno</em></p><p>Aquel año en Lisboa fue igualmente traumático y muy complicado. Cuando los retornados llegaron, la mayoría venía sin dinero ni unas condiciones mínimas de vida. Fuimos alojados en hoteles, porque los hoteles estaban vacíos, ya que no había turismo a causa de la revolución. Las personas habitaban hoteles de lujo como si viviesen en barracas. Vivíamos cinco o seis personas apiladas en un cuarto a la espera de que sucediese algo. Era un mundo muy alucinado, todos me parecían enloquecidos. En realidad, las personas estaban desesperadas. No tenían absolutamente nada y no sabían lo que iban a hacer en la vida. Aún hoy encuentro gente que habla del retorno de manera afectada y enrabietada, con la emoción a flor de piel, como si todo aquello hubiera sucedido ayer. Después de escribir el libro conocí muchas asociaciones de retornados que todavía se reúnen en cenas y en fiestas como si estuviesen viviendo en Luanda.</p><p><strong>¿Quedaron atrapadas en una obsesión revivalista?</strong><em>revivalista</em></p><p>Es terrible. El problema es que la vida no les dio nada mejor. A partir de una cierta altura o construimos un nuevo mundo o quedamos presos en el pasado. Consigo entender la nostalgia y la melancolía, pero no es el camino. Todo aquello desapareció y es bueno que así sea.</p><p><strong>¿Y sus padres?</strong></p><p>Mi padre ya murió, pero no conservaba nostalgia alguna, era un hombre muy pragmático. Cuando llegamos y comenzaron esas conversaciones rencorosas entre retornados decía: “Ahora es aquí donde tenemos que vivir”.</p><p><strong>Quiero volver a la cuestión de la escritura. Por lo que entiendo, su intención no era escribir, sino vivir otra realidad.</strong></p><p>Exactamente. Yo ni siquiera sabía en qué consistía escribir. Recuerdo bien haberme acercado a la escuela y preguntar a la profesora sobre qué debía estudiar para formarme como escritora. Pensaba que había unos estudios universitarios que me enseñarían el oficio de escribir del mismo modo que la carrera de Medicina sirve para formar a un médico. Cuando me dijo que podría estudiar cualquier cosa o incluso no tener título alguno, me quedé muy turbada. Durante mucho tiempo, la primera pregunta que le hacía a un adulto era: “¿Cómo se hace alguien escritor?”. La gente se reía porque yo era una niña pequeña y un día, ya con 14 años, vi a un escritor escribiendo a máquina en un programa de televisión. Fui a inscribirme en un curso de mecanografía porque pensé que era así como un escritor se formaba y pasé el verano entero aprendiendo a dactilografiar. Cuando pienso en eso, en este empeño obsesivo, ni me parece que esa haya sido yo. Me siento tan distante de esa niña. Hoy me parece una extraña.</p><p>  “Fui arrancada de aquel territorio, no hubo una transición. Como los árboles trasplantados, cargo con la memoria sensorial”</p><p><strong>Leí en una entrevista que en su casa no había libros.</strong></p><p>Pero la relación con la lectura fue muy importante. Aprendí a leer sola a causa de las historias, esto ya en Luanda. Mi hermana y mi madre se cansaban de tener que leerme siempre y yo, por sentirme independiente, comencé a leer sola. También por ese motivo creo que algo nace con nosotros. Pero en la casa de Portugal no había libros. Después de hacer el curso de mecanografiar me dirigí a la biblioteca municipal, que era el sitio donde estaban los libros, y por tanto algo podría suceder. Apenas llegué vi a un grupo de mujeres sentadas en círculo llorando por un libro de Corín Tellado. Pensé: “¡Eso es un escritor, alguien que hace llorar!”. Comencé a leer todo lo que había escrito. Después, como la biblioteca quedaba lejos de mi casa, un día me llevé un libro más grueso, uno que tardase más tiempo en leer. Era una colección de novelas de Dostoievski. Quedé absolutamente maravillada, y ahí sí. Inicié un proceso más creativo que consistía en copiar los libros que me gustaban cambiando partes de la historia.</p><p><strong>¿Copiaba?</strong></p><p>Sí. Copiaba literalmente un libro entero, alterando algunos detalles. Por ejemplo, si estaba enamorada de algún chico determinado, cambiaba el nombre del personaje masculino y le ponía el nombre de ese chico. Iba haciendo cambios pequeños que tenían que ver con mi vida y, así, me apropiaba de la historia. Recientemente me invitaron a escribir una crónica para un periódico y la titulé<em> Biografía no autorizada</em>. Viví siempre entre la ficción y la realidad. Los libros que leí fueron tan importantes en mi formación que no veo diferencia entre lo que leí, lo que viví y lo que escribí. Claro que no estoy loca, estoy estrictamente hablando del impacto que causaron en mí.</p><p><strong>¿‘El retorno’ es un libro que debía escribir?</strong></p><p>Siempre supe que debía hacerlo, no sé explicar por qué. Estaba ahí todo. Como le dije, ni siquiera necesité hacer investigación alguna.</p><p><strong>¿Cómo sintió que había llegado el momento de hacerlo?</strong></p><p>Tengo siempre muchos proyectos en la cabeza que van sucediéndose, como si tuviera un menú a mi disposición, que voy escogiendo en consonancia con lo que me apetece. De repente, el momento de escribir se impone. Antes de editarlo había sido invitada a participar en una residencia literaria en Múnich y, de algún modo, allí era de nuevo una extranjera. Con todas las salvedades, podía volver a sentir la misma incomodidad, la misma soledad. Era invierno. Fue muy extraño recordar Luanda en aquel paisaje nevado. Todos los días iba a dar paseos en la nieve y después escribía. Escribí mucho en aquellos meses.</p><p><strong>Este libro fue el gran éxito de la nueva literatura portuguesa. ¿Lo esperaba?</strong><a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/26/actualidad/1548517297_345906.html" target="_blank">el gran éxito de la nueva literatura portuguesa</a></p><p>No. Siempre había recibido muy buenas críticas, pero tenía pocos lectores. Pensé que sería un libro más, que no haría mucho ruido.</p><p><strong>Me pregunto muchas veces por qué nunca usamos aquel periodo, tan rico en nuestra memoria colectiva, para construir materia literaria o cinematográfica.</strong></p><p>No nos interesamos mucho por nuestra historia. Y además es necesario hacer propuestas que no enfrenten a las personas.</p><p><strong>¿Esa fue la ventaja de El retorno?</strong><em>El retorno</em></p><p>Tiene la ventaja de no juzgar ni pretender hacer un ajuste de cuentas con la historia. Cuenta apenas un relato. La primera edición apareció en 2011 y se sigue reeditando. Ha sido un libro muy querido. Sigo recibiendo mensajes de gente diciendo que ha sido muy importante leer lo que habían vivido y no conseguían recordar. Hubo personas que lo compraron para regalárselo a sus hijos y que así ellos supiesen lo que habían pasado, ya que nunca habían sido capaces de contárselo.</p><p><strong>¿Por qué escogió usar una voz masculina?</strong></p><p>Por una decisión puramente afectiva. Fue un homenaje a Rui, mi amigo de Luanda, que en el año del regreso perdió a sus hermanos mayores. Rui fue mi primer noviecito, el primer chico con el que bailé. Me gustaba mucho. Cuando comenzó la guerra, todos los días se leía en la radio la lista de desaparecidos. Un día escuchamos los nombres de los hermanos de Rui. Yo los conocía bien y me obsesioné con encontrar a mi amigo. No sé bien qué le quería decir, era una niña. Pero lo que sucedió era tan atroz que necesitaba verle. Habían ido a llevar a una tía al aeropuerto (ya había toque de queda), pero ellos no quisieron quedarse allí toda la noche y decidieron regresar a casa. Los capturaron. Tenían 18 y 20 años… Eran tan jóvenes. De algún modo el sufrimiento de Rui me sirvió como medida para relativizar el mío. Cuando me ponía muy triste pensaba: “Pero lo de Rui es mucho peor”. Para mí representó la medida de la brutalidad de la guerra. Cuando decidí escribir aquello encontré que le debía dar un homenaje por haber usado tantas veces su sufrimiento para apaciguar el mío. En el año en que llegué a Lisboa lo busqué en todos los hoteles donde estaban distribuidos los retornados. Las informaciones eran muy contradictorias: lo habían visto en Barreiro, otros decían que la familia había ido a Sudáfrica o que la madre se había vuelto loca. Lo que es cierto es que nadie supo decirme dónde estaba.</p><p><strong>¿Nunca lo encontró?</strong></p><p>Después de haber escrito El retorno fui entrevistada en un programa de televisión y conté que el nombre de mi personaje había sido un homenaje a mi amigo Rui, a cuyos hermanos habían asesinado en Luanda en 1975. Hubo una persona que estaba viendo el programa y reconoció la historia. No era una historia usual. Llamó a Rui. Cuando le dijo que la escritora se llamaba Dulce, evidentemente él se dio cuenta. Lo más curioso es que él ya había visto una fotografía mía como escritora y no me había reconocido. Se puso en contacto con la editorial y dejó su número de teléfono. Nos encontramos. Se acordaba de todo: de cómo bailábamos, del vestido que yo tenía, de la música que tocaba. Me dijo que también él durante años había estado buscándome. Después la vida siguió su camino.</p><p><em>*Traducción del portugués: Antonio Jiménez Morato.*Este artículo está publicado en el número de mayo de </em></p><p>tintaLibre<em>. Puede consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí. </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Soromenho | Lisboa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“Nadie se identifica con la pérdida de un país”]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Antonio Orejudo: "Un escritor no tiene vacaciones"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/antonio-orejudo-escritor-no-vacaciones_1_1144380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Todo escritor aspira a cambiar su vida, pero no todos a cambiar su generación. Este es el caso, en la teoría, de <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/04/11/antonio_orejudo_creo_mas_lucha_generacional_que_clases_63705_1026.html" target="_blank">Antonio Orejudo</a> (Madrid, 1963). El escritor es también profesor de Literatura en la Universidad de Almería tras haber pasado por los campus de Nueva York y Ámsterdam. Hace pocos meses Orejudo presentó <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/momentos-descanso_1_1143236.html" target="_blank">Los Cinco y yo</a><em> (</em>Tusquets, 2017), una revisión de los personajes de<strong> la escritora inglesa Enid Blyton</strong> años después de que terminara su publicación.</p><p>Con <em>Los Cinco y yo </em>Orejudo denuncia una generación literaria y política (la suya) de "cobardes y mansos", según el propio escritor, a caballo entre los artífices de la Transición y los manifestantes del 15-M. Según Orejudo, los nacidos en los sesenta no han sabido "matar a sus padres" ni reinventar un nuevo canon literario, sino que se han conformado con seguir aceptando como referentes a Faulkner y Joyce. Con los protagonistas de este libro también hace una doble labor de cambio de perspectiva: "Convierto a mis personajes de ficción en reales y a mí mismo en personaje de ficción". Esto deriva en una identificación de uno de ellos, Toni, con su propio nombre y la inclusión de su amigo Rafael Reig.</p><p>Mientras impartía clases también <strong>ha escrito otros cinco libros</strong>, entre otras cosas por considerarse tanto un perfeccionista como "exasperadamente lento" a la hora de publicar: <em>Un momento de descanso (</em>Tusquets, 2011), <em>Reconstrucción</em> (Tusquets, 2005), <em>La nave</em> (Junta de Andalucía, 2003), <em>Ventajas de viajar en tren </em>(Alfaguara, 2000) y <em>Fabulosas narraciones por historias (</em>Lengua de Trapo, 1996), con el que ganó el premio Tigre Juan 1997.</p><p>Además de profesor y novelista, Orejudo es autor de numerosos artículos publicados en <em>Babelia</em>, <em>ABC Cultural</em>, <em>Letras Libres...</em> Para Orejudo, <strong>"un escritor no tiene vacaciones"</strong>, por lo que veranea solamente como profesor y "no contesta durante el mes de agosto los correos de los alumnos".</p><p><strong>Pregunta. ¿De qué huye estas vacaciones?</strong></p><p><strong>Respuesta. </strong>Las vacaciones me las tomo como profesor, no como escritor. Un escritor no tiene vacaciones, tal y como se conciben normalmente. En vacaciones también leo y tomo notas.  Huyo de la universidad.</p><p><strong>P. ¿Viaja de vuelta a casa, o a algún destino desconocido?R. </strong></p><p>Ni una cosa ni otra. Mis vacaciones son más un estado mental que otra cosa.</p><p><strong>P. ¿Qué libros, películas o discos huelen más a tiempo libre?R. </strong></p><p>No asocio los libros, ni la música ni el cine al tiempo libre porque leo, veo películas y escucho música en todas las épocas del año. Si vuelvo la vista hacia mi niñez, sí asocio a las vacaciones con el cine al aire libre.</p><p><strong>P. ¿Y qué lectura le acompaña en la bolsa de playa?R. </strong></p><p>No voy a la playa en vacaciones porque vivo en una ciudad costera. Ahora estoy leyendo, no porque sean vacaciones, sino porque me apetecía, <a href="http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-examen-ingenios-retratos-casi-nunca-complacientes-201706300117_noticia.html" target="_blank">Examen de ingenios, de Caballero Bonald</a>, y <a href="http://www.revistavisperas.com/el-asco-de-horacio-castellanos-moya/" target="_blank">El asco, de Horacio Castellano Moya</a>.</p><p><strong>P. ¿El peor vecino de piscina que se pueda imaginar?</strong></p><p><strong>R. </strong></p><p>Soy usuario de piscina de invierno. En verano precisamente dejo de nadar o nado menos porque la piscina se llena de campamentos infantiles. Siempre busco horarios en los que haya poca gente, así que me molesta todo aquel que se ponga a nadar en mi calle.</p><p><strong>P. ¿Aprovecha estos meses para adelantar trabajo, o el descanso es sagrado?</strong></p><p><strong>R. </strong></p><p>Siempre hay algún artículo que escribir o manuscritos que leer para algún premio del que uno será jurado en septiembre. Lo único que tengo por norma es no contestar durante el mes de agosto los correos de los alumnos.</p><p><strong>P. ¿De qué asunto o personaje estará pendiente aun estando de vacaciones?</strong></p><p><strong>R. </strong></p><p>De mis asuntos personales y de los personajes de las novelas que vaya leyendo, como siempre.</p><p><strong>P. Si le digo “verano de infancia”, ¿qué imagen se le viene a la cabeza?</strong></p><p><strong>R. </strong></p><p>Las novelas de Los Cinco, obviamente.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Aug 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Novela,Autores,Fuera de foco]]></media:keywords>
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