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    <title><![CDATA[infoLibre - Literatura latinoamericana]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/literatura-latinoamericana/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Literatura latinoamericana]]></description>
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      <title><![CDATA[Yolanda Díaz: "El despotismo y la censura se vencen siempre con la imaginación creadora"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/yolanda-diaz-despotismo-censura-vencen-imaginacion-creadora_1_2106454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9bd51603-4d8b-43e5-9e20-6d1229acb794_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yolanda Díaz: "El despotismo y la censura se vencen siempre con la imaginación creadora""></p><p>La vicepresidenta segunda y <a href="https://www.infolibre.es/politica/yolanda-diaz-acusa-judicial-intervenir-politica-gobierno_1_2102457.html"  >ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz, </a>ha dicho en la inauguración del pabellón de Barcelona en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) que <strong>"el despotismo y la censura se vencen siempre con la imaginación creadora"</strong>.</p><p>En su intervención ante el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y la consellera de Cultura del gobierno catalán, Sònia Hernández, además de otras autoridades locales, Díaz ha agradecido a los mexicanos la <strong>"generosidad demostrada en los momentos más oscuros de nuestra historia"</strong> y ha recordado que "hace 86 años del exilio español, cuando llegaron a México los más brillantes intelectuales de nuestro país, desde María Zambrano a Luis Buñuel".</p><p>En su discurso, lleno de referencias literarias, ha aseverado que <strong>"el vínculo de Barcelona con las letras es inabarcable" y</strong> se recoge ya en el relato fundacional del Quijote, cuando Cervantes finaliza la segunda parte en Barcelona.</p><p>"Mientras explora los mitos de la ciudad, el memorable juego de ficción lleva a <strong>Don Quijote a visitar la imprenta en la que se imprime la visión apócrifa, es decir fake, de Avellaneda</strong>, quejándose por aquel entonces de sus falsedades. La imprenta y la difusión editorial aparecen ya en esa obra como claves culturales", ha comentado.</p><p>Rememorando los últimos años de la dictadura franquista, Díaz ha señalado que "en los años<strong> 60 y 70 convergen una generación felicísima de escritores y escritoras españoles con la literatura del boom latinoamericano</strong>, algunos de los mejores literatos y editores del siglo XX que han convertido a Barcelona en capital editora y literaria mundial".</p><p>Desde Esther Tusquets y Jorge Herralde a Carlos Barral, pasando por la legendaria agente Carmen Balcells, con ellos, ha proseguido, "Europa y Latinoamérica dejaban de ser espacios alejados, y se convertían en un <strong>vértice de modernidad</strong>, justamente a través de los libros".</p><p>Son años en los que nacieron los poetas novísimos, se expandió la Nova Cançó y surgió el cine de vanguardia de la Escuela de Barcelona, años en los que "la <strong>plurinacionalidad cultural </strong>y la riqueza lingüística adquirió carta de naturaleza", ha agregado.</p><p>Partiendo de la idea de que Barcelona construyó su universo cultural desde el mundo popular, la vicepresidenta española ha asegurado que los <strong>recuerdos de Barcelona serían muy diferentes sin haber leído 'Nada' de Carmen Lafore</strong>t; la historia de Colometa en 'La plaça del Diamant' de Mercè Rodoreda; el desparpajo de Maruja Torres en el Raval, los antihéroes de Juan Marsé; la heterodoxia del mundo underground de Cristina Morales o el cómic de Nazario.</p><p>Muy distinto sería también, ha añadido, sin las narraciones de Quim Monzó, de Brenda Navarro o Carlos Ruiz Zafón, las crónicas de su <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-vazquez-montalban-levantara-cabeza_1_1166651.html"  >admirado Vázquez Montalbán</a>, la memoria y la perspectiva feminista de Montserrat Roig, o <strong>Eduardo Mendoza </strong>que traza dos obras maestras, 'La verdad del caso Savolta' y 'La ciudad de los prodigios'.</p><p>Dirigiéndose al alcalde de Barcelona, Díaz ha concluido que todo esto recuerda el pasado, pero también <strong>"el futuro brillante" que le espera a la ciudad</strong>, que "celebra como nadie el Día del Libro, posee una ingente red de bibliotecas y librerías, y por cuyas calles han transitado y nacido las principales figuras mundiales de las letras". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 12:25:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Yolanda Díaz: "El despotismo y la censura se vencen siempre con la imaginación creadora"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura europea,Literatura española,Literatura latinoamericana,Yolanda Díaz]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Gonzalo Celorio gana el Premio Cervantes 2025: "Honra mi amor por la lengua española"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/gonzalo-celorio-gana-premio-cervantes-2025_1_2091760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/90770896-f988-4c12-95f6-368cc761ac47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gonzalo Celorio gana el Premio Cervantes 2025: "Honra mi amor por la lengua española""></p><p>El escritor mexicano <strong>Gonzalo Celorio</strong> (Ciudad de México, 1948) ha sido galardonado este lunes con el <a href="https://www.infolibre.es/temas/premio-cervantes/"  >Premio Cervantes 2025</a>, el máximo reconocimiento de las letras en español, por su <strong>"excepcional obra"</strong> en la que el jurado ha apreciado "una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva" consolidada a lo largo de cinco décadas, informa EFE.</p><p>El ministro de Cultura, <strong>Ernest Urtasun</strong>, que ha anunciado el fallo del jurado en un acto en el <strong>Ministerio de Cultura</strong>, ha subrayado que Celorio ha contribuido además "de manera profunda y sostenida" al enriquecimiento del idioma español.</p><p>Según Urtasun, el premiado conjuga en su obra "la <strong>lucidez crítica con una sensibilidad narrativa</strong> que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida".</p><p>Y es que, ha dicho el ministro, la obra de Celorio es <strong>una memoria del México moderno</strong> y un espejo de la condición humana: "En sus libros resuena la ironía, la ternura y la intuición trazando un mapa cultural que ha influido en generaciones de lectores y escritores".</p><p>Celorio representa la figura del "escritor integral: creador, maestro y lector apasionado, constructor de un legado invaluable que mantiene a la lengua española viva en su forma más alta, la de la palabra que siente, habla y perdura".</p><p>El escritor afirmó sentirse "<strong>muy emocionado</strong>" por la obtención del Premio Cervantes 2025, ya que "honra" su "amor por la lengua española" y su "devoción cervantina".</p><p>"Lo recibo muy honrado y muy emocionado. Honra mi vocación literaria, mi amor por la lengua española y mi devoción cervantina", señaló en conversación telefónica con EFE en Ciudad de México tras conocer el fallo del jurado.</p><p>Celorio destacó además el "orgullo" de situarse al lado de otros mexicanos a los que "admira" y que también han obtenido el premio, como <strong>Octavio Paz</strong> o <strong>Elena Poniatowska</strong>.</p><p>"Es un reconocimiento a esta prodigiosa lengua que hablan más de 500 millones de personas, de una vastísima riqueza", agregó. También ha subrayado que su obra trata sobre "<strong>la identidad mexicana</strong>" con todas "sus influencias", especialmente "la española".</p><p>Nacido en Ciudad de México, el 28 de marzo de 1948, tiene <strong>raíces españolas por sus dos abuelos</strong>. El paterno era asturiano, de Llanes, y el materno, aragonés.</p><p><strong>Narrador, ensayista y cronista</strong>, Celorio es una de las figuras más destacadas de la literatura mexicana contemporánea.</p><p><strong>Doctor en Lengua y Literatura Hispánicas</strong>, ha desarrollado una extensa labor académica y docente.</p><p>Es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que <strong>fue elegido director</strong> en 2019 y reelegido en el cargo en 2023. Y también es miembro correspondiente de la <a href="https://www.infolibre.es/temas/rae/"  >Real Academia Española</a> y de la Academia Cubana de la Lengua.</p><p>Actualmente es <strong>profesor de literatura hispanoamericana</strong> en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde dirige la cátedra extraordinaria ‘Maestros del exilio español’.</p><p>Entre sus obras más recientes se encuentran las novelas <em>Amor propio</em>, <em>El viaje sedentario</em>, <em>Y retiemble en sus centros la tierra</em>, <em>El metal y la escoria</em> y <em>Mentideros de la memoria</em>, así como los ensayos <em>Los subrayados son míos</em> y <em>Cánones subversivos</em>'.</p><p>Su última obra publicada, hace apenas unos días, es <em><strong>Ese montón de espejos rotos</strong></em>, unas memorias en las que, según la información facilitada por la editorial Tusqutes, "asistimos a su vida privada y pública, su vocación literaria, formación intelectual y tareas institucionales como maestro, académico, editor, difusor cultural… pero también, en una estructura zigzagueante, a su vida más íntima".</p><p>En ella están "sus pasiones: la palabra, la literatura, el teatro, la música popular, la fiesta, los rituales domésticos, el barroco, la arquitectura, el magisterio, la amistad, el amor y sus simulacros".</p><p>Su trayectoria ha sido distinguida con <strong>numerosos reconocimientos </strong>como el Premio de Periodismo Cultural del Instituto Nacional de Bellas Artes (1986), el Premio Nacional de Novela IMPAC-CONARTE-ITESM (1999), el Premio Universidad Nacional y la Orden de la Cultura Nacional, otorgada por el Ministerio de Cultura de Cuba en 1996.</p><p>El Premio Cervantes 2025, el más importante galardón de las letras en español está dotado con <strong>125.000 euros</strong>, y este año celebra su 50 edición.</p><p>El año pasado el premio recayó en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/alvaro-pombo-recibe-premio-cervantes-hemos-convertido-influencers-mercachifles_1_1982835.html" target="_blank" >Álvaro Pombo</a> (Santander, 1939) y el anterior en para <a href="https://www.infolibre.es/cultura/alvaro-pombo-cima-premio-cervantes-2024_1_1898106.html"  >Luis Mateo Díez</a> (Villablino, León, 1942).</p><p>Entre los miembros del jurado que han fallado el premio están los dos últimos ganadores del Cervantes (Álvaro Pombo y Luis Mateo Díez); <strong>Aurora Egido</strong> a propuesta de la Real Academia Española (RAE); <strong>Bruno Rosario</strong> por la Academia Dominicana de la Lengua; <strong>Ana María Gallego</strong> por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).</p><p>Tradicionalmente, el ganador recoge su premio de manos de los reyes de España en una ceremonia solemne en <strong>el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares</strong> (Madrid), que se celebra el 23 de abril, coincidiendo con el Día del Libro y la conmemoración del fallecimiento del autor del Quijote.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 18:47:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gonzalo Celorio gana el Premio Cervantes 2025: "Honra mi amor por la lengua española"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Premio Cervantes,Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El rugido de nuestro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/rugido-tiempo_1_2063266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6198ca39-2023-4ef5-b48e-9aa160c39f8b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rugido de nuestro tiempo"></p><p>América Latina, Europa y Estados Unidos se enfrentan a una nueva forma de poder: <strong>el liderazgo entendido como una </strong><em><strong>performance</strong></em><strong>. </strong>De los nuevos líderes internacionales, como Milei o Boric, son muchos los que, intentando asemejarse al presidente Trump, han confundido su llegada al gobierno con la épica personal. A pesar de ello, el arte invierte papeles con la política y se enfrenta al moralismo de <em>lo correcto. </em><strong>Carlos Granés</strong> vuelve con<em> </em><a href="https://www.penguinlibros.com/es/economia-politica-y-actualidad/391213-libro-el-rugido-de-nuestro-tiempo-9788430623693?srsltid=AfmBOop8cd6H_ckIAAOKPWmmQQWSc1VuJkkr-W7iWG62V3MFeBGPeFGo" target="_blank" ><em>El Rugido De Nuestro Tiempo</em></a><em> </em>(Taurus, 2025), un nuevo libro que, haciendo uso de la historia y la sociología, permite comprender estas nuevas trasformaciones culturales y políticas para desvelar un diagnostico sobre el desconcierto actual. </p><p>Según el ensayista y doctor en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid, Latinoamérica se ha sumido en una <strong>soledad</strong> dividida entre corrientes que buscan escapar de Europa y la colonización, construir una comunidad panhispánica o abrazar el trumpismo y su falsa épica. Después del éxito de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libro-de-arte-cine-y-musica/38898-libro-salvajes-de-una-nueva-epoca-9788430622955" target="_blank"><em>Salvajes de una nueva época</em></a><em>, </em><strong>Granés</strong> suma todos estos factores y analiza cómo el espectáculo se ha apoderado de la política y la cultura se ha convertido en catecismo moral. </p><p><strong>infoLibre </strong>ofrece la <strong>introducción </strong>de esta obra publicada por <em>Taurus </em>el miércoles 10 de septiembre: </p><p>_________________</p><p>En uno de los poemas de <em>Tout à Coup</em>, un libro publicado en 1925, el poeta Vicente Huidobro se inventaba para sí mismo un oficio o una especialidad maravillosa: encontrar las horas que ha perdido su reloj. Quizás así se veía, como alguien que rastreaba la locura del mundo, que la celebraba, incluso. Y aunque bien podría aducirse que en general eso es lo que hacen los poetas, tal vez esa especialidad o  ese oficio, al menos en lo que atañe a escrutar la locura del mundo, encaje más con  el de los ensayistas. Si después de una fiesta le corresponde a alguien, el único sobrio, limpiar los estropicios que deja la euforia, una vez se deshace el remolino  de la actualidad, de la noticia y del escándalo, le toca al ensayista ver cómo han  quedado la vida y las sociedades, a dónde diablos ha ido a dar la racionalidad política o en qué anda la creatividad artística. Como la del forense, aunque no con un cadáver sino con materia viva, su misión es hacer un corte en la trama de los días para echar un vistazo e identificar las horas que andan a destiempo o las que avanzan desbocadas, lo mucho o poco que se ha desordenado el mundo. Y 2025,  cuando el nuevo milenio cumple su primer cuarto de siglo, parece un buen  momento para hacerlo.  </p><p>Tres son los temas, o mejor sería decir problemas, quizás dilemas, que abordaré en este ensayo. En todos ellos entran en juego la cultura y la política, las batallas culturales y las trifulcas políticas a las que asistimos en el presente, pero es en el  primer capítulo donde más claramente se observan sus cambios y tensiones. En la política y en las artes han pasado cosas que no hubiéramos creído posibles: mientras los presidentes convertían en rockstars, trols y performers, los creadores asumían la misión de señalar los males del mundo. Tal vez no haya una paradoja  más notoria en el mundo contemporáneo, nada que produzca más perplejidad o  confusión. La cultura, que solía ser el campo de la experimentación y del libertinaje,  está ahora asediada por cuestionamientos morales. Y la política, que solía ser el  campo de la responsabilidad y del compromiso moral, ahora tiene licencia para polarizar, dividir y sembrar el odio entre los ciudadanos. Un novelista se mete en problemas si aborda temas sensibles, como el infanticidio, pero nadie cancela a un  político que arroja carroña a sus votantes para que lleguen convertidos en hienas a las urnas. A los líderes se les permite rugir y usar como materia prima las bajas pasiones, traficar electoralmente con el rencor y dividir el campo político entre  amigos y enemigos; a los artistas, en cambio, se los sienta en la primera fila a que  presten atención a las lecciones del profesor de ética contemporánea.  </p><p>En el segundo capítulo, la lente se cierra un poco y se centra en América Latina, aunque también, por contagio, aborda la actualidad de España. El asunto vuelve a  congregar a la política y el arte, pero de un modo distinto. Para ser exactos, invoca y describe a los políticos que se creen artistas, a esos líderes mesiánicos que se ven a sí mismos como creadores de naciones o de pueblos, refundadores de patrias y emancipadores de estirpes condenadas. No se puede decir que esto sea algo nuevo, lamentablemente. El caudillismo providencial ha sido una de las pestes más persistentes de América Latina, que se renueva de generación en generación con cepas cada vez más delirantes y lisérgicas. Aquí exploraré la última camada de  redentores latinoamericanos, la de los líderes que ocupan o acaban de dejar el  poder en México, Colombia, Chile, Argentina y El Salvador; presidentes que,  independientemente de su orientación política, se creyeron destinados a cambiar la historia de sus naciones.  </p><p>Para finalizar, el tercer capítulo vuelve sobre el desorden del mundo contemporáneo, y sobre las dudas existenciales que persiguen a españoles y latinoamericanos, es decir, a los hispanos. ¿Cuál es nuestro lugar en el mundo?  ¿Pertenecemos a la civilización occidental? ¿Somos herederos de Grecia y Roma o venimos de linajes distintos? Como era de esperar, en un mundo que se desordena,  esta discusión cobra relevancia y adopta posturas radicales y extremas. Al menos  tres rugidos se oyen en el horizonte. El primero, el decolonialista, intenta separar a América Latina de España, incluso de Occidente, porque considera que de allí, de  esa civilización que colonizó el Nuevo Mundo, llegaron todos los vicios que  corrompieron a las estirpes nobles que no sabían qué era la esclavitud ni la transfobia. El segundo, el rugido panhispanista, vincula a Latinoamérica con  España, recalca los elementos culturales que compartimos, la lengua y la religión,  pero las separa del resto de Occidente. Como civilización independiente, dicen  ellos, nada tienen que hacer los hispanos al lado de los galos o los germanos, y  mucho menos de los sajones, sus eternos enemigos. Madrid debería convertirse,  aseguran, en la nueva Roma del mundo hispano, y darle la espalda a Bruselas y  mirar solo hacia el Atlántico. El tercer rugido, el más nuevo y más extraño, es el de  los hispanotrumpistas, esa nueva derecha reaccionaria que, a riesgo de  descoyuntar cada uno de sus ligamentos ideológicos, hizo una contorsión  antinatura para unir su destino al del trumpismo. El sajón más antihispánico que se  recuerde desde William McKinley, ese Calibán imperialista que se tomó a la brava  las islas de Cuba y Puerto Rico, ahora inspira a los tradicionalistas españoles. </p><p>De manera que así estamos: si los decolonialistas buscan la soledad americana y  los panhispanistas la soledad hispánica, los hispanotrumpistas parecen  encandilados con la idea de acabar con el orden mundial, democrático y liberal,  que moldeó la idea de Occidente tras la derrota del fascismo. Los tres rugidos son  amenazantes; surgen del odio y la animadversión, de la culpabilización del otro y  del victimismo plañidero, y solo contribuyen a desviar el camino de España y  América Latina. Ninguno reivindica lo lógico, lo que por contingencias históricas y  lógica racional conviene a las dos regiones, que no es otra cosa que deambular juntos por las instituciones y mercados occidentales. España, como puente hacia  Europa para América Latina; América Latina, como músculo que convierta a  España en una presencia relevante en Europa.  </p><p>El rugido de nuestro tiempo es a veces decolonialista y a veces panhispanista, pasa del insulto al lamento y de la santimonia al chasquido de la motosierra. En cualquier caso, se manifieste como se manifieste, hay que prestarle atención porque es una  pista para entender las ideas y los valores que están moldeando el presente de  nuestras sociedades. Esta labor, la de comprender y analizar el presente, la inicié  hace seis años con <em>Salvajes de una nueva época</em>, y continúa con este ensayo. Seguirá en el futuro, ojalá con menos rugidos y menos salvajes, con menos  desórdenes y extravagancias de los cuales dar noticia.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Sep 2025 09:05:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Granés]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El rugido de nuestro tiempo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los libros,Editoriales de libros,Latinoamérica,Literatura latinoamericana,Colombia,Fascismo,Política,Políticos]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En conversación con Guillermo Arriaga: "Ser mexicano es hallarse impregnado de heridas históricas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conversacion-guillermo-arriaga-mexicano-nacionalidad-hallarse-impregnado-heridas-historicas_1_2027966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa5dcb2d-979c-4dcc-b4c3-c52f0b651921_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En conversación con Guillermo Arriaga: "Ser mexicano es hallarse impregnado de heridas históricas""></p><p><strong>Guillermo Arriaga</strong> ha vuelto a hacerlo. El pasado mes de junio las librerías se iluminaron con su nueva novela, <a href="https://penguinclubdelectura.com/libro/el-hombre-guillermo-arriaga/" target="_blank"><em>El Hombre </em></a><a href="https://penguinclubdelectura.com/libro/el-hombre-guillermo-arriaga/" target="_blank">(Alfaguara, 2025)</a>. Y después, en nuestras casas, el libro invadió nuestro tiempo y nuestro espacio. Ya en las primeras páginas nos preguntamos: "¿Pero esta maravilla qué es?". Y afirmamos con admiración: "Esto es una obra maestra".</p><p>Una confesión. Compré dos agujas y un ovillo de lana. Me bajé un tutorial para aprender a tejer. Voy a confeccionar una bufanda para mi hija mayor. "¿Por qué?", me preguntaron asombrados en casa. Porque necesito dejar de leer todo el tiempo la nueva novela de <strong>Arriaga</strong>. Y esto es la purita verdad.</p><p><strong>La novela comienza con una aliteración maravillosa. "El metálico chirriar de las chicharras". Y con un asesinato en la tercera línea. "Hacía calor", adujo Jack Barley para justificar frente a su madre el asesinato de Louis Vincent". Nada se escapa al cuidado de la forma y de la trama. Sé que relee muchas veces sus novelas, aunque tengan casi 700 páginas como </strong><em><strong>El Hombre</strong></em><strong>. Y que cada palabra está medida, pensada y pesada. Ni un minuto de respiro, ni un punto y aparte. Incluso empezamos en la página izquierda. Como digo, la manera de contar esta historia hace que la lectura sea adictiva, frenética, obsesiva. No sé si es consciente de las sensaciones que despierta en el lector.</strong></p><p>Claro que no soy consciente de qué sensaciones despierto. Escribir es un acto que se realiza a ciegas, sin certeza de qué podrá ocurrir después de que llega a librerías. Mi cuñada Angélica me preguntaba cuál era mi relación con mi obra, y le dije que esta relación se divide en dos momentos: cuando la escribo y cuando otros la leen. Son diferentes por completo, los lectores me hacen ver cosas que no me son aparentes cuando escribo. Me descubren temas, emociones, sentimientos de los que yo no tenía idea cuando escribía. Yo al escribir me enfoco en contar la historia lo mejor posible y reescribo y corrijo con obsesión. Al decir que reescribo, significa que transcribo, palabra por palabra, la novela completa y al hacerlo voy haciendo cambios, elimino cacofonías, busco sinónimos. Ese proceso lo hago entre 6 y 10 veces. Corrijo luego, que significa releer la novela completa y de nuevo, hacer cambios. Eso lo hago unas doce veces. Como puedes ver, es un trabajo de horas y horas. </p><p><strong>1815, 1887, 1881, 2024, 1892, 1878. Jack Barley, Henry Lloyd, Virginia Wilde, Jeremiah, Elena y Rodrigo Sánchez, James (mi favorito), Chuy… Guillermo Arriaga nos tiene acostumbrados a novelas corales, con distintos narradores y distintas voces. Pero esta vez se ha superado. ¿Cómo se construye una novela donde todo se anticipa, pero progresa sin desvelos? </strong></p><p>No tengo respuesta porque la novela no la planeo, la voy descubriendo sobre la marcha. Es un proceso constante de improvisación, de insertar lo que me sucede en el día a día, de dejar que la vida cotidiana se trasplante a la novela. Mantengo a mi lado listas de palabras y las ojeo para ver si alguna despierta una frase, un camino, un personaje. Es un caos que disfruto mucho y que se va ordenando a solas, como si yo tuviera poco que ver con el proceso. </p><p><strong>Si alguien nos pregunta de qué trata esta novela, todas las respuestas serían tan pobres. Pero lo cito a usted a través de uno de sus personajes, Henry Lloyd VI, acerca de su trastatarabuelo: "Enfrentó el momento histórico más complejo, y quizás más deplorable de los Estados Unidos, aquel donde convergieron los tres pecados capitales de su fundación: la esclavitud, el exterminio de los pueblos originarios y el robo de sus tierras, y el descarado despojo de más de la mitad del territorio mexicano". He leído por ahí que esta novela es el relato de cómo se construyó el sistema capitalista en el que se sustenta Estados Unidos. Pero no me conformo.</strong></p><p>Como son varias historias, hay temas diversos. Al releerla descubrí, por ejemplo, que es una historia de hijos con padres ausentes que a trompicones avanzan en su vida. Es también un relato de injusticias, tanto para hombres como para mujeres. Es una historia de ambiciones, de muerte, de desolación. De paternidad, de amor, de lealtades, de traiciones. Son narraciones de esclavos, de apaches, de guerras, de despojos territoriales, de disputas, de identidad. Sí, es también una aproximación al desarrollo del capitalismo americano. Y en todo ello, el parto de dos países que son cruzados por la larga cicatriz que es la frontera entre México y Estados Unidos. </p><p><strong>¿Es </strong><em><strong>El Hombre</strong></em><strong> una novela política? "El éxodo incontrolable de ilegales hizo virar a los electores más y más hacia la derecha intolerante". Pura actualidad no sólo en Estados Unidos, sino también aquí en Europa. Los discursos de odio se han focalizado en los inmigrantes indocumentados. "Las termitas de la desmemoria", lo llama usted. La paradoja de los descendientes.</strong></p><p>No puedo hablar de la relación entre Estados Unidos y México sin hablar de los migrantes. Los países del Primer Mundo, encabezados por los mismos EEUU de América e Inglaterra empujaron por la imposición de un modelo neoliberal, globalizador, por integrar las economías del mundo para poder justificar políticas extractivistas, para abrir mercado a sus productos. Quizá lo hicieron de manera inocente, pero abrir las fronteras a los mercados supone también abrir las fronteras al flujo laboral cuyo eslabón más débil son los migrantes indocumentados. Es curioso como EEUU de América e Inglaterra, los países que más empujaron por este modelo corporativista y globalizador ahora parecen arrepentirse y desean dar marcha atrás: el trumpismo y <em>Brexit</em>, dos movimientos que quieren devolver la economía a un proceso anterior, más cerrado y que permitía a las clases blancas trabajadoras el control de las manufacturas y las labores industriales. </p><p><strong>Volvamos a la novela y a cómo está escrita. Capítulos con una puntuación exquisita. Capítulos sin puntuación, sin reglas sintácticas. Lejos de crear conflicto para el lector, creo estas decisiones nos acercan a los personajes. Por ejemplo, desde el primer momento me sentí muy cerca de Virginia Wilde por cómo me hablaba. En mi opinión, que cada personaje tenga su propia voz, como ocurre también con Jeremiah, es un acierto para meterte de lleno en una historia aparentemente fragmentada. El lector sabe en cada momento a quién está escuchando, por cómo nos está hablando. Me parece un gran hallazgo. </strong></p><p>Creo que la obligación de todo autor es escuchar a la historia y a los personajes. No imponerles nada, dejar que sean ellos quienes determinen su propio lenguaje. Sé que puede sonar esquizofrénico, pero la verdad es que es necesario que los personajes broten desde el inconsciente y no intentemos controlarlos con un sobre exceso de lo racional. Yo escribo en un estado parecido al trance, dejo que haya un libre flujo y no es sino hasta la primera reescritura (que hago cuando creo que voy a la mitad) que trato un poco de poner orden en el lenguaje que ha surgido sin pasar por la aduana de la conciencia. Quizá lo más difícil de esta novela fue hallar el tono correcto, la sintaxis, el ritmo, la puntuación y el vocabulario de cada personaje, además de que cada uno tuviera una historia personal interesante. No quería personajes "rémora" que sólo sirvieran como altavoz del protagonista, sino que cada uno tuviera un periplo único. </p><p><strong>En </strong><em><strong>Extrañas</strong></em><strong> ya existió "un juego léxico". No se usaron palabras que no existieran en la época en la que transcurre esta novela. En </strong><em><strong>El Hombre</strong></em><strong>, todos los esclavos de Emerson y de Henry Lloyd tienen un nombre que comienza con la letra "J". Incluso sus hijos bastardos. </strong></p><p>Fue algo que surgió de botepronto. La idea de que sus nombres empezaran por J, como un homenaje a Jesús (debemos recordar que el Sur de los Estados Unidos está impregnado por un espíritu religioso muy acendrado) y el apellido Adams en honor de Adán. La mayor parte de los nombres de los esclavos provienen de la Biblia: Jonas, Jeremiah, James, Japheth, Jade, Jezaniah, etc. La investigación de lenguaje que hice en <em>Extrañas</em> me ayudó mucho para saber qué tipo de vocablos se usaban en el siglo XIX. Traté de no usar palabras "modernas" en los personajes que narran en ese siglo. </p><p><strong>Volvemos a México</strong><em><strong>. El salvaje</strong></em><strong>, </strong><em><strong>Salvar el fuego</strong></em><strong> y ahora </strong><em><strong>El Hombre</strong></em><strong>. Personalmente le diré cuánto disfruto de escuchar frases como: "Los comanches eran más de echarle coco", "Nomás vinieron a batir el pulque", "Está un poquito más allá que en casa de la chingada", "Te dejé a ver si te despendejabas. Pero ni madres". Pienso: "Este Arriaga tiene en su cabeza todas las palabras de todos los idiomas españoles". Aprovecho para que le dé un abrazo a Rodrigo y a Chuy. ¿Es usted sobre todo un escritor mexicano?</strong></p><p>Soy un escritor mexicano sin importar si escribo de Inglaterra en el siglo XVIII o Estados Unidos en 1848. Ser mexicano es más que una nacionalidad, es una aproximación cultural a ciertos temas, es hallarse impregnado por paisajes, por maneras de hablar, por gestos, por heridas históricas. Imposible desprenderse de una influencia tan poderosa, menos en mi caso en que he vivido una existencia anfibia y he podido crecer en diversos ambientes y clases sociales. Me precio de tener calle y monte. </p><p><strong>¿Qué o quién es </strong><em><strong>El Hombre</strong></em><strong>?</strong></p><p><em>El Hombre </em>es Henry Lloyd, un hombre cuyo origen desconocen todos los personajes de la novela, una incógnita incluso para su biógrafo, pero que las lectoras y los lectores descubrirán cuando se enfrente a su némesis: Jack Barley.</p><p><strong>Tres palabras latentes en </strong><em><strong>El Hombre</strong></em><strong>: los animales, la caza, las mujeres. Dígame otras tres palabras para cada una de ellas.</strong></p><p>Solo puedo decir que en esas tres palabras se hallan los mayores misterios de la existencia y las claves para entender la complejidad de la naturaleza humana. </p><p><strong> Usted me enseñó a mirarme las manos y a saber que son las manos de una muerta. Pero mientras esté viva aprovecharé para leer sus novelas y para cumplir mi sueño de viajar a México. Espero que mientras tanto podamos abrazarnos y tener la oportunidad de presentar en Toledo su novela. Póngame una fecha.</strong></p><p>La fecha no la conozco, pero la espero ansioso. Amo Toledo y mi última vez allá, gracias a ti, fue una gozada. Ojalá sea pronto, muy pronto.</p><p><strong>Una pregunta de sangre. La tierra, así en minúscula, es lo único que tenemos. Y necesitamos sólo un poco cada uno. ¿Por qué nos empeñamos en regarla de desgracia? ¿Por qué seguimos creyendo en el delirio de unos pocos locos? ¿Por qué el hombre progresa, pero no evoluciona? ¿Por qué nos seguimos matando por un trozo de tierra?</strong></p><p>Cuando cazas con arco y flecha y aguardas durante horas por días, por semanas, empiezas a descubrir cuán importante es la territorialidad para el mundo animal. Cruzar territorios que son dominio de una manada a la cual no perteneces, te puede costar, literalmente la vida. Lo he visto en los pavos salvajes, atacar sin piedad al individuo que aparece de pronto en los límites de lo que consideran su territorio. Esa territorialidad, por lo visto, se trasmina en el ser humano.</p><p><strong>¿Desea añadir algo más? </strong></p><p>Sí: Gracias de corazón, querida Sonia, por lo que has hecho a favor de mi obra. Con todo mi cariño y mi amistad. </p><p>Hay una frase en la novela que me pausó: "Una mañana, de las muchas que tiene la vida…".  Dice <strong>Carlos Marzal</strong>: "Conviene contemplar la luz con más paciencia, brindarle una atención encandilada". Imagino a millones de lectores encandilados cada día con la lectura de <em>El Hombre</em>. Le doy las gracias y la enhorabuena por esta lectura enloquecida, por las 500.000 palabras impresas, de las que no sobra ninguna. Por las horas regaladas, buscadas, entregadas a esta historia. Y la envidia hacia todas las personas que aún no la han empezado.</p><p>Y como todo está en el comienzo y en la nueva luz, permítame un abrazo a <strong>Rafaela</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jul 2025 04:00:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En conversación con Guillermo Arriaga: "Ser mexicano es hallarse impregnado de heridas históricas"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,México,Literatura latinoamericana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir con tres dedos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/escribir-tres-dedos_1_2024038.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df9dcbe5-6a7f-451b-af78-1e3ad7bba3e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1019292.jpg" width="1036" height="582" alt="Escribir con tres dedos"></p><p><strong>Alfaguara (2025)</strong></p><p>Dice<strong> Leonardo Padura</strong> que un amigo es aquel que, aunque no veamos en años, lo primero que hace es preguntarte por tu familia, nombrar a tus hijos, a tu pareja y preocuparse por ellos. Hace un par de años recibí una llamada de mi padre: "Tu amigo Héctor, el escritor colombiano que comió en casa… Pues le ha estado bien cerca". Yo sé que "estar bien cerca" se traduce en Calanda porque lo malo, lo fatal o lo peor ha rondado a la persona. Luego vi las noticias y leí la prensa. Efectivamente, había estado bien cerca de lo nefasto. Pero lo ineludible, es decir, el por qué yo, la culpa quizás y la vergüenza a veces, se instala en la vida de quien sufre una experiencia de este calibre. A pesar de eso, quienes hemos leído esta historia más de una vez, este libro varias veces comenzado y terminado, sabemos que no es otra cosa que un acto de valentía.</p><p>También sé que nuestra familia, esos padres cuando todavía tienes la suerte de tenerlos, nuestra pareja, nuestros hijos, son los más incisivos con nosotros. No conozco a Alexandra, a quien está dedicado este libro. "Mi mujer me había llamado aparte: Ya sé que vas a ir, pero quiero que sepas que no estoy de acuerdo y que si vas me estás haciendo mucho daño". Y <strong>Héctor Abad Faciolince </strong>fue a Ucrania. Viajó de Medellín a Madrid. De Madrid a Grecia. De Grecia a Polonia. De Polonia a Ucrania. Fechas y nombres. Viernes 23 de junio 2023. Vuelo de Atenas a Rzeszów, Polonia. Sábado 24 de junio, Kyiv, capital de Ucrania. Firma de <em>El olvido que seremos</em>, traducido al ucraniano y presentación de la campaña <em>¡Aguanta, Ucrania!</em>, con <strong>Sergio Jaramillo</strong>. Comienzan los nombres:<strong> Sergio Jaramillo</strong>, negociador internacional;<strong> Catalina Gómez</strong>, reportera de guerra; <strong>Victoria Amélina</strong>, joven novelista y poeta de Leópolis;<strong> Héctor Abad</strong>, escritor colombiano. Lunes 26 de junio: regreso previsto a Polonia. Pero no fue así, como todos sabemos.</p><p>La persona que dicta este libro es <strong>Victoria Amélina </strong>y el lugar donde comienza y termina, Leópolis. ¿Cuántas posibilidades existen de terminar un libro en Leópolis con<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anomalia_1_1955213.html"  >Olga Tokarczuk (</a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anomalia_1_1955213.html"  ><em>Tierra de empusas</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anomalia_1_1955213.html"  >)</a> y comenzar el siguiente en Leópolis con <strong>Héctor Abad Faciolince</strong> (<a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/371129-libro-ahora-y-en-la-hora-9788410496316" target="_blank"><em>Ahora y en la hora</em></a>)? Se lo pregunto a <strong>Héctor Abad</strong>. Me responde: "Qué raro de verdad". Ahora y en la hora, y en la vida, y en la literatura existen las casualidades. Yo, que casi no he viajado, volví a una ciudad que había conocido en la novela anterior. Y me quedé para seguir con una historia que me ubicaba en otra Historia.</p><p>La Historia de Ucrania que nos desgrana <strong>Héctor Abad</strong> en este libro es clarificadora para aproximarse un poco a ese período convulso del siglo XX, desde el desmembramiento de Europa tras la Primera Guerra Mundial hasta el periodo oscuro de la URSS. <strong>Victoria Amélina</strong> estudia la historia más reciente de su país, Ucrania: el terror rojo y la hambruna devastadora (Holodomor) por una más de las aterradoras decisiones de Stalin. Y en este 2023 de nuevo, Rusia y otro nombre, otro hombre, <strong>Vladímir Putin</strong>, lleva el horror a su tierra. Decía que <strong>Héctor Abad Faciolince</strong> es valiente por lo que podemos leer en estas páginas de <em>Ahora y en la hora</em>. "Una invasión desquiciada que para mí representa un caso emblemático de manifestación del mal en pleno siglo XXI". <strong>Tolstoi</strong>: "¿Cuánta tierra necesita un país?". "Rechazo absoluto al despotismo de <strong>Putin </strong>y a su criminal ataque a la independencia territorial y cultural de Ucrania". "El dictador más parecido a <strong>Hitler </strong>desde 1945: <strong>Vladímir Putin</strong>". </p><p><strong>Héctor Abad Faciolince</strong> es un escritor valiente.</p><p>Más nombres: Daniela y Simón. A los que mando este <em>beso largo como un túnel</em> que espero que llegue de Toledo a Medellín y a Valencia. Y un beso a Antonio y a Joaquín, esos bebés que siempre son rendición y esperanza. Nuestros hijos, nuestro veredicto. Menos mal, que después de la zozobra, siempre tenemos sus besos (porque "amor" suena muy cursi, aunque estoy pensando en cambiarlo: siempre tenemos el amor de nuestros hijos).</p><p>"Mi oído defectuoso me salvó de morir en Kramatorsk. Hay otra forma de verlo: mis ganas de oír me salvaron de morir en Ucrania". En el ataque ruso murieron además trece personas y decenas resultaron heridas.<strong> Héctor Abad Faciolince </strong>se ha enfrentado a sus demonios para regalarnos su testimonio. Con un bolígrafo apretado por tres dedos, con la música de <strong>Bach </strong>en las noches, con la ausencia de palabras y con todas las palabras para nosotros. Gracias. Héctor: Gracias.</p><p>Ahora sólo me quedan dos tareas. Comprar y leer <em>Un hogar para Dom</em>, de <strong>Victoria Amélina</strong>. Ya está encargado. Y regalar <em>Ahora y en la hora</em> a toda la gente a la que quiero.</p><p><em><strong>* Sonia Asensio </strong></em><em>es profesora de Literatura.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Jul 2025 04:00:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Escribir con tres dedos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Ucrania,Guerra en el este de Europa]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Samanta Schweblin y la insoportable levedad del ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/samanta-schweblin-insoportable-levedad_1_2024028.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/864e326a-0c91-49e5-92b5-70e16217af75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Samanta Schweblin y la insoportable levedad del ser"></p><p>Las rondas a esa inquietante extrañeza que linda con lo siniestro son comunes a cierta tradición rioplatense que nos ha dado más de un siglo de frutos admirables. A ella pertenecen autores tan imprescindibles como <strong>Horacio Quiroga</strong>, <strong>Felisberto Hernández</strong>, <strong>Silvina Ocampo</strong>, <strong>Jorge Luis Borges</strong> o <strong>Adolfo Bioy Casares</strong> —incluso, a su manera, la heterodoxa chilena <strong>María Luisa Bomba</strong>l, que escribió en los años treinta en Buenos Aires—, y después <strong>Julio Cortázar</strong> y otros, hasta llegar a nombres tan actuales como los de <strong>Mariana Enriquez</strong>, <strong>Dolores Reyes</strong> o <strong>Selva Almada</strong>. En esa genealogía se sitúa <strong>Samanta Schweblin</strong> (Buenos Aires, 1978), que en su breve e intensa andadura ha logrado reconocimientos tan destacados como el premio Casa de las Américas en Cuba o el José Donoso en Chile. </p><p><strong>Schweblin </strong>es autora de dos novelas —<em>Distancia de rescate</em> (2014, Premio Tigre Juan) y <em>Kentukis </em>(2018)—, si bien su reino es sobre todo el del cuento, como corresponde a esa tradición en que se integra. <em>El núcleo del disturbio</em> (2002) y <em>Pájaros en la boca</em> (2009) son sus dos primeros fabularios, y les siguió <em>Siete casas vacías</em> (2015, National Book Award y Premio Ribera del Duero) —al que<strong> Brenda Navarro</strong> parece rendir homenaje con <em>Casas vacías</em> en 2019—. En esa estela se sitúa el que publica este año, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-buen-mal/414257" target="_blank"><em>El buen mal</em></a>, un título ya en sí turbador, con ese oxímoron que nos advierte de cómo asoma el daño donde menos lo esperamos. Un libro recorrido por personajes que son como polillas que danzan alrededor del fuego, deslumbradas por su luz y su lumbre, y descuidadas de los peligros que les deparan sus llamas.</p><p>El tono de la obra lo anuncia el epígrafe inicial, de <strong>Silvina Ocampo</strong>: "Lo raro siempre es más cierto". Ese fulgor de la extrañeza cotidiana condiciona el desarrollo de sus seis historias, y se muestra desde el inicio escalofriante de la primera, donde una mujer se hunde en las aguas con piedras atadas a la cintura, en una acción despojada de dramatismo y contada además con aliento poético: "me pregunto cuánto tardaré en perder el conocimiento. Algas, cardúmenes de ojos plateados, plancton flotando como brillantina". La situación dejará pronto traslucir inquietudes tan comunes y familiares como la frustración matrimonial o el tedio y el vacío existencial, en medio de un olor obsesivo a algas y barro que no es más que un <em>memento mori</em>, un nombrar la podredumbre de la muerte, que es sin embargo un imán irresistible, como lo pueden ser el mal y la abyección, con su oscuro magnetismo, a lo largo de todo el libro.</p><p>En el resto de los relatos, los azares convocan inesperados infortunios, nos hacen trampas alevosas, acechan desde espacios fantasmales, y cada historia se convierte en un laberinto de difícil salida, donde la muerte voluntaria puede señalar un camino posible para huir del infierno, una ruta de liberación frente a las derrotas diarias. Y los animales —gatos, caballos, conejos— tendrán a menudo un papel destacado. Entre los personajes de esa extraña cotidianidad se incluyen escritores, con su mundo de tensiones y sus estancias en residencias para la creación que pueden verse como centros para fabricar libros, distantes de la romantización de esas tareas en épocas pasadas.</p><p>De todos los relatos, probablemente el más logrado e intenso sea <em>El ojo en la garganta</em>. Lo domina el sentimiento de culpa, que se adueña de las conciencias y las atenaza de un modo doloroso. Su narrador es un muchacho que ha sufrido un grave accidente —por la intoxicación con una diminuta pila de litio—, y a través de su mirada se radiografía el hondo drama familiar que eso desencadena. La obsesión de sus padres llega a rozar la locura, y el conjunto supone una historia brutal e inolvidable, donde se entrelazan la ternura, la rabia y la desesperación. También destaca <em>La mujer de Atlántida</em>, donde dos niñas cuidan de una poeta que se ha entregado a la autodestrucción, y acaban hondamente tocadas por su destino. Hay un <em>leitmotiv </em>que recorre el libro y es el de las pequeñas muertes cotidianas, perturbadoras e inaplazables, a veces temidas y a veces deseadas. Y las tramas se desovillan a través de un estilo delicado, sobrio y sugestivo: "toda ella olía otra vez a mar, a alcohol y a caracoles muertos". </p><p><em>El buen mal </em>supone una nueva y sólida contribución al género del cuento, que en el canon de América Latina alcanza una alta dimensión, y que aún no tiene en nuestro país la atención que merece, arrinconado habitualmente por el protagonismo de la novela. En cada uno de sus seis microcosmos se contienen vidas que palpitan con toda su verdad, y que hablan de la locura, la soledad o el (des)amor, y del dédalo de secretos y peligros que anida en el espacio de la confianza y la calma, en el refugio de la intimidad y el hogar. <strong>Schweblin </strong>maneja con maestría los tiempos y también la psicología de sus personajes, y sondea su interior para desvelar la infinita fragilidad del ser humano, a merced de turbadoras fuerzas invisibles y torturado por la culpa y el destino, o por los peligros que rondan a los seres que aman. Seis historias, en fin, donde la violencia, el mal y la abyección acechan desde los rincones y momentos más familiares, más inocuos en apariencia, y les hielan la sangre a unos personajes que se ven zarandeados brutalmente, como hojas al viento, hasta quedar vibrando en el lector como una cicatriz, más allá de la lectura.  </p><p><em>* </em><em><strong>Selena Millares</strong></em><em> es escritora, sus últimos libros son '</em><a href="https://www.elsastredeapollinaire.com/producto/lampara-de-madrugada/" target="_blank"><em>Lámpara de madrugada'</em></a><em> y '</em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/matrioska-lugar-aire-fuego_1_1446142.html"  ><em>Matrioska</em></a><em>'. También es autora de las novelas '</em><a href="http://www.barataria-ediciones.com/barbaros/elfaroylanoche.html" target="_blank"><em>El faro y la noche'</em></a><em> y '</em><a href="http://www.barataria-ediciones.com/barbaros/laisladelfindelmundo.html" target="_blank"><em>La isla del fin del mundo</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Jul 2025 04:00:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selena Millares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Samanta Schweblin y la insoportable levedad del ser]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Isabel Allende deja en la Caja de las Letras del Cervantes un manuscrito de 'La casa de los espíritus']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/isabel-allende-deja-caja-letras-cervantes-manuscrito-casa-espiritus_1_2000250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/978640ed-66f1-4b5a-9b81-2f4d249cff18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isabel Allende deja en la Caja de las Letras del Cervantes un manuscrito de 'La casa de los espíritus'"></p><p>La escritora chilena<strong> Isabel Allende</strong> ha depositado este jueves en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un manuscrito de su primera y más popular novela, <em><strong>La casa de los espíritus </strong></em><strong>(1982</strong>), junto a un ejemplar de su primera edición. Según informa EFE, se trata del segundo manuscrito de la obra, con las correcciones que hizo al primero, según ha explicado la autora durante el acto, al que ha acudido acompañada por su nuera.</p><p>De visita en Madrid para promocionar el lanzamiento simultáneo en España y Latinoamérica de su nueva novela, <em><strong>Mi nombre es Emilia Valle </strong></em>(Plaza & Janés), Allende también ha entregado otra primera edición de su libro <em>Paula </em>(1994), una carta dirigida a su hija y varias fotografías con diferentes personalidades. </p><p>Aunque han pasado más de tres décadas desde que publicó <em>Paula</em>, una novela autobiográfica en la que hablaba de la muerte de su hija, <strong>Paula Frías</strong>, fallecida en Madrid a los 29 años a causa de una enfermedad poco común llamada porfiria, la escritora ha asegurado que sigue recibiendo cartas de lectores de esa novela todas las semanas. Una de esas cartas, la escrita por una entonces joven estudiante de Medicina llamada Erin Colman en la que asegura que la lectura de esa novela "cambió por completo su manera de afrontar la medicina" es la que ha depositado en la caja.</p><p>Entre las fotografías hay una en la que <strong>aparece junto a su madre, </strong>con quien se ha escrito cartas "durante toda la vida". A partir de algunas de esas misisvas, más de 24.000 recopiladas desde 1987, Allende está escribiendo en la actualidad un libro de memorias. También hay fotos con el <strong>Dalai Lama</strong>; con el expresidente de Estados Unidos <strong>Barack Obama</strong> tras recibir la Medalla de la Libertad, el más alto honor que puede recibir un civil en Estados Unidos; con el actor malagueño <strong>Antonio Banderas;</strong> y con el conjunto del elenco de la adaptación de <em>La casa de los espíritus</em>, entre ellos Jeremy Irons, Glenn Close o Meryl Streep.</p><p>Durante el acto, la secretaria general del <a href="https://www.infolibre.es/temas/instituto-cervantes/" target="_blank" >Instituto Cervantes,</a><strong> Carmen Noguero</strong> ha destacado que la literatura de Isabel Allende es "un acto de amor y de memoria" que "cruza fronteras" y "fusiona elementos fantásticos y cotidianos permitiendo al lector acceder a universos donde lo insólito convive con lo común". </p><p>Noguera ha recordado que, tras su exilio de Chile en 1975, <strong>Allende convirtió "el desarraigo en fuente de creación y el dolor en esperanza" </strong>a través de una obra que ha sido traducida a 40 idiomas y leída por 80 millones de personas en todo el mundo. "Ha tendido puentes entre Hispanoamérica, Estados Unidos, España y el resto del mundo con una voz íntima, apasionada y <strong>profundamente humana"</strong>, ha señalado Noguero, que también ha recordado que Allende formó parte del patronato del Cervantes de 2009 a 2012 y de 2012 a 2018. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 May 2025 10:08:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Isabel Allende deja en la Caja de las Letras del Cervantes un manuscrito de 'La casa de los espíritus']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Madrid,Cultura,Instituto Cervantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Letras de América, entre el dragón y la serpiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/letras-america-dragon-serpiente_1_1919403.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/532924c6-6486-47e6-a647-52b084359fa9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Letras de América, entre el dragón y la serpiente"></p><p>Ya sabemos que el mercado editorial insiste hace tiempo en direcciones que pueden parecer agotadas. Por ejemplo, ese ensimismamiento —tan tedioso como narcótico— de la autoficción, que con su individualismo impenitente atomiza la sociedad y su fuerza, y nos adormece frente a la superficie plana y narcisista de un espejo de plasma. O la no-ficción, que nos embute realidad pedestre mientras nos aleja de los poderes transformadores de la imaginación y la poesía —la cual, como recordaba <strong>Bolaño</strong>, puede anidar también en la novela—. En ambos casos, con su tanto de morbo, además. Memoria, poca, no sea que nos pongamos a pensar. Inventiva, poca, por si nos da por soñar un mundo mejor que este. Eso, cuando no deciden recuperar el marbete caduco del "realismo mágico", tan comercial. ¿Echaba usted de menos la fantasía?, no se preocupe, ahí la tiene también, y no deje de entretenerse en el <em>scrolling </em>del "más de lo mismo". Dicen los científicos que el <em>scrolling</em> pudre el cerebro, pero bueno, nada es perfecto, además ya está la inteligencia artificial para pensar por usted.</p><p>El balance del Año del Dragón en América arroja, no obstante, y una vez más, un puñado de títulos que confirman que la literatura es ese ave fénix que se resiste a cualquier hoguera, real o figurada. La potencia creadora de las letras hispánicas tiene en su granero americano un tesoro de luz incesante. De ese lujo nos beneficiamos especialmente en este tiempo bastante desértico, dominado por la plutocracia y sus algoritmos. Desde esa otra orilla nos siguen llegando valiosas contribuciones de poesía y narrativa, aunque del teatro no parecen ocuparse mucho las editoriales, lástima.</p><p>Por estas fechas llega siempre, sí, la costumbre de los balances. Sana costumbre. Las selecciones, más que hacerse, se <em>cometen, </em>pero ayudan a elegir. Por otra parte, las listas tienen algo de íntimo: recordamos los libros que pudimos leer, y evocamos así el año vivido, con los momentos y lugares donde anclamos cada lectura. Y, además, encontramos una invitación a revisar lo que nos perdimos. A darle marcha atrás a los relojes, y recoger esas flores del camino antes de seguir adelante con el 2025, que asoma ya con su cincuentenario de esta era democrática que disfrutamos en nuestro país. Será el Año de la Serpiente. Con su promesa de renacer, de futuro, de esperanza. A ver si hay suerte.</p><p>Entre los poemarios hispanoamericanos publicados en 2024, sobresale especialmente<strong> </strong><em>El río de los derrotados</em> (El Arco y la Flecha), del poeta cubano <strong>Sergio García Zamora</strong>, que reside en España desde hace algunos años. Un libro luminoso y sombrío a un tiempo, transido de nostalgia y escrito en estado de gracia, con el fulgor de los gestos inútiles que consagran a los quijotes, y un asordinado tono elegíaco por lo perdido en la distancia. Se publicó en México, auspiciado por el premio <strong>José Carlos Becerra</strong>, aunque es fácil hallarlo en la red. También ha visto la luz, ya en diciembre, el último de la uruguaya <strong>Cristina Peri Rossi,</strong> con un título bretoniano y hermoso, <em>Fata Morgana</em> (Visor), y su poesía otoñal y sarcástica, reflexiva y agridulce, que sin abandonar el humor nos habla de la levedad del ser y del tiempo, del deseo y su inapelable condición mortal, de las heridas abiertas y de la propia poesía ("El eco es un espejo / repite la soledad del grito"). </p><p><strong>Fabio Morábito</strong>, <strong>María Negroni</strong> y <strong>Eduardo Milán</strong> son otros nombres destacados que también nos han acompañado este año con nuevas entregas poéticas. Y reseñables son igualmente algunas recopilaciones de versos, tres al menos indispensables: la de <strong>Piedad Bonnet</strong>, <em>La oscura disonancia</em><em><strong> </strong></em>(Ediciones Universidad de Salamanca), al cuidado sabio de Francisca Noguerol, publicado con ocasión del XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana para la escritora colombiana; la del hispanomexicano <strong>Ramón Xirau</strong> <em><strong>Gradas / Graons</strong></em> (Galaxia Gutenberg), que nos devuelve otra voz del exilio —son muchas nuestras voces perdidas y su recuperación es siempre un acto de justicia y celebración—, con traducción y prólogo del poeta canario <strong>Andrés Sánchez Robayna</strong>;<strong> </strong>y el primer tomo de la obra completa del malogrado poeta peruano <strong>Eduardo Chirinos</strong>,<em> Cuaderno rojo, </em>poemas de 1978-1998<em> </em>(Pre-Textos).</p><p>La narrativa, por su parte, nos ha traído una vez más una amplia cosecha. Entre sus frutos destaca especialmente el guatemalteco <strong>Eduardo Halfon</strong> con <em>Tarántula</em> (Libros del Asteroide), entre lo mejor del año. Una novela deslumbrante y sobrecogedora, con su habitual formato breve, de prosa tersa y lúcida, honda y directa a un tiempo, y desde la ficcionalización de sus propios recuerdos. En su contrapunto entre el presente y el pasado iremos descubriendo un episodio de su infancia en Guatemala, cuando los niños judíos son invitados a un campamento que se va a convertir en una experiencia monstruosa. La irrupción de lo siniestro y lo abyecto viene de la mano de un miembro del servicio secreto judío, y el protagonista se encuentra entonces entre los dos rostros de un historial amargo: de un lado, el que representa su propio abuelo huido de Auschwitz, y de otro, el de la intoxicación sionista y su incitación al odio. Sin ningún maniqueísmo, con elegancia y sutileza, <strong>Halfon </strong>pone sobre la mesa todas las cartas. Y elige en determinado momento para su personaje, con descuido solo aparente, el nombre de Juan Sandía —una fruta de nombre prohibido a menudo, por representar alegóricamente a Palestina— y enlaza aquella experiencia antigua con la actualidad más candente.</p><p>En esta línea autorreferencial (en grados diversos) cabe destacar al argentino <strong>César Aira</strong> —<em>En El Pensamiento</em> (Random House), con su usual forma de novela muy breve, correcta, juguetona y un tanto banal (aunque sin el tono errático y frustrante de sus primeras entregas), donde destaca la conversión de una locomotora en personaje—, el salvadoreño <strong>Javier Zamora </strong>—<em>Solito </em>(Random House)<em>, </em>escrita en inglés (y traducida por José García Escobar), sobre la odisea dolorosa y emotiva de un niño de El Salvador que viaja a Estados Unidos en busca de sus padres—, la nicaragüense <strong>Gioconda Belli</strong> —<em>Un silencio lleno de murmullos</em> (Seix Barral), donde la protagonista, Penélope, viaja a Madrid tras la muerte de su madre, <em>alter ego</em> de la autora, y con sus temas bandera: poesía, política, amor y sexualidad—, o el mexicano <strong>Hiram Ruvalcaba </strong>—<em>Todo pueblo es cicatriz</em> (Random House)<em>, </em> novela negra y en primera persona que señala la violencia, asesinatos, masacres y secuestros en su país—.</p><p>Como novelas de formato más clásico, es decir, ficción ajena a las modulaciones del yo, varios títulos merecen recuerdo. Es el caso de <em>La lealtad de los caníbales</em> (Anagrama), del peruano <strong>Diego Trelles</strong>, donde un enjambre de personajes se encuentran y cruzan en una taberna limeña, hasta configurar un fresco multitudinario que deja entrever el lado oscuro de esa sociedad con su lacra de violencia y corrupción. Obra polifónica, sus personajes están vivos, respiran, y su prosa es la de la oralidad, con toda su gracia y su ritmo. </p><p>También merece recuerdo la novela de la costarricense <strong>Andrea Aguilar-Calderón</strong> <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/andrea-aguilar-calderon-monstruos-vigilia_1_1816190.html" target="_blank"><em>Una asesina en el espejo</em></a><em><strong> </strong></em>(Alfaguara)<em>,</em> con sus monstruos de la vigilia: a pesar de la apariencia de género negro, es lo fantástico y lo siniestro lo que vertebra sus páginas. La trama, que apela a nuestra inteligencia para su desciframiento, se nos queda grabada como una cicatriz tras la lectura —en especial, las páginas dedicadas a una violación—, por su dimensión existencial y por su señalamiento de la abyección. En su contrapunto, la dominicana <strong>Rita Indiana </strong>nos regala con<em> </em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rita-indiana-verbo-hecho-musica_1_1873568.html " target="_blank"><em>Asmodeo</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rita-indiana-verbo-hecho-musica_1_1873568.html " target="_blank"> </a>(Periférica) un soplo de aire fresco, y una celebración de la inventiva, con su cascada de sensualidad y gracejo, y toda esa fantasía onírica que se anuncia desde el título, nombre de un diablito maltratado por brujas, circunstancias y maleficios.</p><p>Pero hay mucho más que vale la pena leer. Por ejemplo, <em>Tesis sobre una domesticación </em>(Tusquets)<em>,</em> de la argentina <strong>Camila Sosa</strong> —una historia contada por una actriz transexual, en la estela del humor, la sensualidad y el sentido crítico de la aclamada <em>Las malas—</em>. O <em>Carnada </em>(Tránsito), primera novela de la uruguaya <strong>Eugenia Ladra</strong>, que vuelve sobre ese gran tema que es la violencia. Y también <em>Mecánica popular</em><em><strong> </strong></em>(Anagrama)<em>, </em>del cubano <strong>Pedro Juan Gutiérrez</strong>, una colección de diecisiete relatos que radiografían la vida cotidiana en La Habana, Matanzas y Pinar del Río, con personajes que enlazan las distintas piezas. Erotismo y desparpajo se dan cita en un libro desenfadado, con un aparente trasfondo autobiográfico y momentos realmente hilarantes. A esos libros se pueden añadir también las entregas de los chilenos <strong>Diego Zúñiga</strong> y <strong>Cynthia Rimsky</strong>, el guatemalteco <strong>Rodrigo Rey Rosa</strong> o la argentina <strong>Mariana Enriquez. </strong>No tanto la de <strong>María Gainza</strong>, que tras dos novelas deslumbrantes, nos trae en <em>Un puñado de flechas</em> una autoficción que no llega para nada al nivel de lo anterior.</p><p>En esta lista no falta el reportaje, con libros como <em>La llamada. Un retrato</em> (Anagrama), de la argentina <strong>Leila Guerriero</strong>, fruto de una amplia investigación en torno a<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>una militante montonera represaliada durante la dictadura en su país, cuya peripecia vital —que incluye torturas y violaciones— se desgrana en sucesivas entrevistas. También está anclado en la realidad el inclasificable <em>Ir a La Habana</em> (Tusquets) del cubano <strong>Leonardo Padura</strong>, un recorrido por una ciudad mítica a través de un ángulo personal y de los propios textos —en una fórmula ya transitada por otros autores, como<strong> Juan Villoro </strong>para México con <em>El vértigo horizontal—</em>. Concebida como un canto de amor y también un modo de elegía, en su estructura de <em>collage</em> Padura incluye fragmentos de obras suyas y fotografías para intentar retratar esa "urbe suntuosa y coqueta", ajena y hostil a veces, pero que "figura entre las dotadas de alma propia". </p><p>El balance podría seguir extendiéndose, y muestra que la fecunda calidad de las letras de América vuelve a colmarnos de dones un año más. Sin olvidar ese regalo póstumo que ha sido el inédito de <strong>Gabriel García Márquez</strong> <em>En agosto nos vemos</em><em><strong> </strong></em><strong>(</strong>Random House), que a pesar de ser fruto de sus últimos días, ya enfermo, vale la pena sin duda. En definitiva, es evidente que la nave va.</p><p><em>* </em><em><strong>Selena Millares </strong></em><em>es escritora, sus últimos libros son 'Lámpara de madrugada' y 'Matrioska'. También es autora de las novelas 'El faro y la noche' y 'La isla del fin del mundo'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Dec 2024 10:30:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selena Millares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Letras de América, entre el dragón y la serpiente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ignacio Ellacuría, teólogo y filósofo de la liberación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ignacion-ellacuria-teologo-filosofo-liberacion_129_1901192.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e050ee7f-1efe-477f-9db2-2abe73946a0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ignacion Ellacuría, teólogo y filósofo de la Liberación"></p><p>El 16 de noviembre de 1989 el Batallón Atlacatl, del Ejército salvadoreño, entró con nocturnidad y alevosía en la Universidad Centroamérica “José Simeón Cañas” (UCA), de San Salvador, y asesinó a los jesuitas<strong> Ignacio Ellacuría</strong>, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Juan Manuel Moreno, Amando López, Joaquín López, a la trabajadora doméstica Julia Elba Ramos y a su hija Celina, de 15 años. El <strong>óctuple asesinato </strong>volvió a demostrar el carácter sanguinario del Ejército salvadoreño, que durante los 12 años de guerra ejerció una brutal e indiscriminada represión contra poblaciones enteras provocando miles y miles de muertos ajenos al conflicto. El asesinato generó una profunda conmoción en todo el mundo. La pregunta que viene haciéndose desde entonces es sobre la implicación y la responsabilidad de Alfredo Cristiani, presidente de El Salvador de 1989 a 1994, en tamaño crimen. La fiscalía de El Salvador ha ordenado su detención, pero se encuentra fugado de la justicia desde 2021. </p><p>Hoy quiero hacer memoria del pensamiento de Ignacio Ellacuría, rector de la UCA cuando fue asesinado y prestigioso teólogo y filósofo hispano-salvadoreño de la liberación, cuya obra está inspirando numerosas investigaciones y propuestas políticas, económicas, sociales y culturales alternativas. Colaboré con él desde 1979 hasta su asesinato en numerosos proyectos de investigación, congresos y obras colectivas. En 2019 tuve el privilegio de participar en el Simposio celebrado en San Salvador con motivo del 30 aniversario de su asesinato. Las conferencias del Simposio fueron publicadas en 2021 por Tirant lo Blanch en una edición que dirigimos Héctor Samour y yo bajo el título <em><strong>Ignacio Ellacuría. 30 años después</strong></em><strong>.</strong> A continuación, voy a ofrecer una síntesis de las principales aportaciones<em> </em>de Ignacio Ellacuría en los diferentes campos de reflexión en los que trabajó: <strong>teología, filosofía, ciencia política, ciencias sociales y derechos humanos</strong>, reconocidas todas ellas por intelectuales, políticos, científicos sociales y personalidades académicas mundiales. </p><p>En la teología cabe destacar la gran importancia que concede al lugar social desde dónde se reflexiona y para quiénes se reflexiona. Él y sus colegas de la teología de la liberación lo hicieron desde las<strong> mayorías populares oprimidas</strong> de América Latina y, en general, desde los pueblos empobrecidos por el modelo capitalista de tendencia neoliberal y por el colonialismo, todavía vigente. </p><p>Ellacuría es una de las figuras más relevantes en la revolución metodológica y epistemológica de la teología de la liberación con su método de la historificación de los conceptos teológicos para evitar caer en el idealismo y la ideologización. En el centro de su reflexión sitúa la <strong>praxis histórica transformadora. </strong>Su contribución es especial en el paso del paradigma centroeuropeo desarrollista al paradigma de la liberación. Cabe destacar en este terreno sus aportes al pensamiento decolonial, desarrollado posteriormente por el proyecto Colonialidad-Modernidad de Aníbal Quijano, Walter Mignolo, Enrique Dussel, Santiago Castro-Gómez, María Lugones y Ramón Grosfoguel, y las Epistemologías del Sur, de Boaventura de Sousa Santos.  </p><p>En cuanto a sus aportaciones filosóficas, Ellacuría pensó la realidad histórica como el ámbito por excelencia de la<strong> emancipación humana</strong> de los diferentes sistemas de dominación: colonialismo, capitalismo, fundamentalismos, racismo epistemológico, modelo científico técnico de desarrollo de la Modernidad, depredador de la naturaleza. Así lo pone de manifiesto en su obra <em>Filosofía de la realidad histórica</em> (Trotta, 1990).<em> </em>No buscaba el dato histórico en una perspectiva positivista, en otras palabras, no pretendía hacer una mera historiografía convencional para describir acontecimientos del pasado, sino que buscaba<strong> intervenir en la realidad histórica</strong> que, desde su concepción filosófica, es dinámica, abierta, unitaria, compleja y esperanzada, característica esta última en sintonía con la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch, de la que era excelente conocedor. Una realidad con nudos y redes sobre los que hay que actuar para modificarla desde sus “goznes estructurales”.</p><p>En el campo sociopolítico de los derechos humanos, frente a las proclamas abstractas, falsamente universalistas e ideologizadas del bien común, Ellacuría sostenía que<strong> lo que se da en la realidad es el </strong><em><strong>mal común</strong></em>, que es el estado real del mundo en el que la mayoría de la humanidad –mayorías populares– se encuentra estructuralmente mal y vive sin poder satisfacer las necesidades básicas. El mal común se origina a partir de las estructuras injustas que dificultan una vida humana digna y se plasma en una<strong> injusticia institucionalizada </strong>en la cultura dominante, las leyes, las costumbres, las ideologías y en el resto de las dimensiones de la vida social. Frente al mal común así definido, surge el bien común como exigencia negadora de la injusticia estructural e institucionalizada, y referente de la teoría y la práctica de los derechos humanos. </p><p>Esto llevó a Ellacuría a considerar que las elementales exigencias contenidas en el programa de los derechos humanos son una necesidad para posibilitar la actualización histórica del bien común. En la situación determinada por el mal común y en la tensión que ella provoca con el bien común deseado fundamenta la<strong> exigencia de los derechos humanos </strong>como un reclamo concreto de la necesidad de hacer realidad el bien o de alcanzar históricamente el bien común. </p><p>En el campo de las ciencias sociales, las reflexiones de Ellacuría son también muy relevantes al enfatizar la necesidad de analizar los hechos sociales dentro de su contexto histórico y considerarlos como momentos de una totalidad sociohistórica desde la que adquieren su verdadero significado. Señala, además, la<strong> importancia del lugar </strong>desde el que se hace ciencia de la sociedad y de la historia. En el contexto de una sociedad conflictiva, el lugar desde el que es posible mayor objetividad es el de las víctimas de los sistemas sociales y económicos, pero sin caer en el victimismo, que paraliza las energías utópicas. </p><p>Finalmente, Ellacuría fue uno de los primeros intelectuales en señalar, hace más de cuarenta años, la <strong>tendencia globalizadora </strong>de los procesos económicos y sociales que estaban ocurriendo a nivel mundial y en llamar la atención críticamente sobre las consecuencias negativas de la globalización neoliberal para las mayorías populares del entonces llamado Tercer Mundo y hoy llamado con más precisión Sur Global.</p><p>__________________________</p><p><em><strong>Juan José Tamayo</strong></em><em> es profesor emérito de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Nov 2024 19:00:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Tamayo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ignacio Ellacuría, teólogo y filósofo de la liberación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Latinoamérica,Literatura latinoamericana,Religión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[París, 1981: el verano que Laura Freixas desmitificó la "vida de escritor" con 'El jardín de al lado', de Donoso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/jardin-lado-jose-donoso-novela-laura-freixas-desmitifico-vida-escritor_1_1838485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f577272-e240-4a21-b41c-fcc23660c415_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="París, 1981: el verano que Laura Freixas desmitificó la "vida de escritor" con 'El jardín de al lado', de Donoso"></p><p>Las <strong>mujeres </strong>han luchado durante siglos por la <strong>igualdad </strong>de derechos y oportunidades<strong> </strong>en la esfera social, política y cultural. Las restricciones impuestas por normas y expectativas de género han limitado su acceso a la educación y a la esfera pública, relegándolas a roles domésticos y secundarios. Estas <strong>limitaciones </strong>también se han reflejado en la <strong>literatura</strong>, donde las voces <strong>femeninas </strong>han sido tradicionalmente infrarrepresentadas y, a menudo, <strong>silenciadas</strong>. En este contexto, <a href="https://www.laurafreixas.com/freixasbio.htm" target="_blank">Laura Freixas</a> (Barcelona, 1958), destacada autora y promotora de la literatura escrita por mujeres, ofrece a <strong>infoLibre</strong> una reflexión profunda sobre la importancia de la representación femenina en cuestiones artísticas y, por supuesto, vitales.</p><p>Hablando desde su propia experiencia, Freixas observa que muchas mujeres, como su propia <strong>madre </strong>(quien le transmitió el gusto por leer), han utilizado la <strong>lectura “como una forma de vivir experiencias que la sociedad les ha negado</strong>”. La escritora cree que su madre leía tanto porque, como ocurre todavía hoy con muchísimas mujeres, "la vida real y la sociedad que la rodeaban <strong>no le permitían desarrollar todo su potencial</strong>". Añade que, en parte, su progenitora lo hacía "de manera pasiva e imaginaria, leyendo vidas ajenas" porque "no podía actuar en la sociedad de manera real".</p><p>Esta reflexión refleja una realidad más amplia: las mujeres han encontrado en la literatura un <strong>espacio para explorar y expresar sus vidas interiores, deseos y frustraciones</strong>. Sin embargo, Freixas también señala que esta exploración no siempre se ha traducido en una presencia <strong>equitativa </strong>en la literatura canónica. La falta de representación de experiencias cruciales como el <strong>embarazo </strong>y la <strong>maternidad </strong>en la literatura subraya, a su juicio, la necesidad de que las <strong>mujeres no solo lean, sino también escriban y publiquen</strong> sus historias.</p><p>Agradeciendo a su madre y siguiendo su ejemplo, Freixas explica que pronto se acostumbró a que su<strong> vida fuera siempre un "diálogo entre lo vivido y lo leído"</strong>. "Todo lo que yo vivía lo había leído antes en distinta forma. Podía contrastar mis vivencias con las lecturas”, destaca.</p><p>Desafortunadamente, ese “diálogo entre lo vivido y lo leído” se quebró cuando se quedó <strong>embarazada</strong>. Descubrió, buscando grandes novelas sobre el embarazo y la maternidad, que esa experiencia, crucial y común, no estaba representada o apenas aparecía en la literatura. “Me di cuenta de la necesidad de que las mujeres escriban y publiquen sobre sus propias experiencias si queremos una <strong>visión completa del mundo</strong>, no solo una visión de la mitad del mundo”, agrega la autora.</p><p>Por ende, la novelista destaca que la literatura redactada por mujeres no solo aborda temas únicos, sino que “también ofrece una visión crítica del mundo, incluyendo una perspectiva sobre el <strong>machismo </strong>que a menudo se trata con naturalidad en la literatura escrita por hombres”. </p><p>En este contexto colectivo, la obra que la autora ha querido destacar, y que recuerda con especial cariño, es <em><strong>El jardín de al lado,</strong></em> de <strong>José Donoso</strong>. “La leí en el <strong>verano de 1981</strong>. Fue un verano crucial porque era mi último como estudiante. Había terminado la carrera de Derecho en Barcelona y ya sabía que no quería ejercerla. <strong>Siempre tuve vocación de escritora</strong>, así que ese verano, mientras estaba en <strong>París</strong>, me marcó profundamente”, rememora.</p><p>Así las cosas, explica que este libro le impactó porque “ofrecía una <strong>visión desmitificadora de la vida de escritor"</strong>. Y aún prosigue: "Era una novela autobiográfica que hablaba de la cotidianidad, las dificultades económicas, y las envidias dentro del mundo literario. <strong>Esto me hizo confrontar la realidad de lo que implica ser escritor,</strong> y distinguir entre quienes tienen vocación auténtica y quienes buscan <strong>fama </strong>y <strong>glamour</strong>”.</p><p>En esta misma línea, <em>El jardín de al lado</em> le ayudó a entender la relación existente entre la <strong>calidad literaria</strong> y el<strong> éxito</strong>: “La calidad literaria y el éxito no están necesariamente relacionados. Aprendí que mi objetivo principal debe ser escribir libros de los que yo esté contenta, esa <strong>satisfacción </strong>de haber escrito lo que querías escribir para mí no tiene precio”.</p><p><strong>Releer </strong>un libro es como volver a recorrer un sendero conocido en un bosque; aunque sepas lo que te espera durante el camino, cada árbol y cada detalle te impactan de manera distinta. La familiaridad de la trama y los personajes ofrece una sensación de bienestar, pero también puede revelar nuevos matices y significados que pasaron desapercibidos en la primera lectura. Así, <strong>la relectura no solo implica recordar, sino también redescubrir</strong>. </p><p>Pese a esto, para la escritora barcelonesa releer “es como dar prioridad al pasado sobre el futuro, o perder un poco de confianza en el futuro”. Por esta razón, aunque no sea especialmente aficionada a hacerlo, sí que ha releído al escritor francés <strong>Marcel Proust.</strong> “Releí cuando cumplí 50 años todo Proust. Era algo que siempre pensaba que haría desde que lo leí a los veintitantos. Y me volvió a deslumbrar, por cierto”, apunta, citando otras obras que también volvió a leer tiempo después de la primera vez: <em><strong>Cumbres Borrascosas</strong></em><strong>,</strong> de <strong>Emily Brontë,</strong> y <em><strong>La educación sentimental</strong></em><strong>,</strong> de <strong>Gustave Flaubert. </strong>En cualquier caso, más allá de casos puntuales, tiene claro Freixas que solo merece la pena releer “unos pocos grandísimos libros, unas pocas grandísimas novelas y unos pocos grandes clásicos”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Aug 2024 17:44:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Caínzos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[París, 1981: el verano que Laura Freixas desmitificó la "vida de escritor" con 'El jardín de al lado', de Donoso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Un libro un verano,Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Mujeres,Feminismo,Machismo,Igualdad]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Emilia Pardo Bazán, Almudena Grandes o Berta Cáceres, protagonistas del Día de las Escritoras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/pardo-bazan-almudena-grandes-berta-caceres-protagonistas-7a-edicion-dia-escritoras_1_1327387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d81571f4-ddd8-4a0b-8750-1649f1f9ae45_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emilia Pardo Bazán, Almudena Grandes o Berta Cáceres, protagonistas del Día de las Escritoras"></p><p>La <strong>Biblioteca Nacional de España</strong> (BNE), en colaboración con la asociación Clásicas y Modernas, y la Federación Española de Mujeres Directivas y Ejecutivas Profesionales y Empresarias (FEDEPE), celebran el próximo 17 de octubre la séptima edición del <strong>Día de la Escritoras</strong>, donde se homenajeará a Emilia Pardo Bazán, Almudena Grandes o a la escritora hondureña Berta Cáceres, entre otras.</p><p>Esta jornada servirá para <strong>reivindicar la labor y el legado de las mujeres </strong>que han escrito a lo largo de la historia, según informa Europa Press. Esta edición, según señala la BNE, cuenta con el comisariado de la escritora <strong>Carmen Domingo</strong>, y el tema elegido es <em>Antes, durante y después de las guerras</em>.</p><p>"Desde distintas disciplinas nos han transmitido<strong> su visión,</strong> a pesar de que alguna nunca haya publicado un libro. Para ello, se contará con plumas que nos hablan de tú a tú de lo vivido sin necesitar florituras y que podemos sentir como si nos hablaran nuestras madres, nuestras abuelas o nuestras amigas", ha planteado la escritora.</p><p>Los textos seleccionados van <strong>más allá del territorio nacional </strong>y, además de elogiar la figura de Emilia Pardo Bazán, Carmen Martín Gaite, o Almudena Grandes, también se homenajeará a la hondureña Berta Cáceres, la mexicana<strong> Rosario Castellano</strong>, la guatemalteca <strong>Alaíde Foppa</strong> o la chilena <strong>Ángela Jeria.</strong></p><p>Así pues, la BNE invita a esta iniciativa a todas las bibliotecas del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, a la red de centros culturales de la AECID, a la red de bibliotecas del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid, a las bibliotecas que forman parte de ABINIA (Asociación de Bibliotecas Nacionales Iberoamericanas).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Sep 2022 13:05:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Emilia Pardo Bazán, Almudena Grandes o Berta Cáceres, protagonistas del Día de las Escritoras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Literatura latinoamericana,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Casa de América celebra los 100 años de Saramago y su compromiso con América Latina y la Península Ibérica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/casa-america-conmemora-100-anos-jose-saramago_1_1223956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6afaf444-ffff-4910-a2cb-929d8540a8c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Casa de América celebra los 100 años de Saramago y su compromiso con América Latina y la Península Ibérica"></p><p>A <strong>100 años </strong>del nacimiento del único escritor portugués Nobel de Literatura, <strong>José Saramago</strong>, en <strong>Casa de América </strong>se ha querido conmemorar toda su obra y su compromiso con los lazos entre <strong>América Latina </strong>y los países de la <strong>Península Ibérica</strong>. Además, con motivo de la presentación del libro <em>Saramago. Sus nombres. Un álbum biográfico </em>(Alfaguara) abre al público este jueves la exposición fotográfica <em>José Saramago: un diálogo con América Latina</em>. </p><p>El director general de la Casa de América,<strong> Enrique Ojeda,</strong> ha recordado que este año se cumplen <strong>tres décadas</strong> desde que que Casa de América comenzó su labor de <strong>acercar Iberoamérica a</strong> <strong>España</strong>, "y que mejor que homenajear a una persona cuyo compromiso a esta labor se ha visto reflejada en toda su obra". Ojeda ha considerado que uno de los mayores vínculos que pueden establecerse entre diferentes pueblos son las <strong>letras</strong>, y dentro de la <strong>literatura iberoamericana </strong>Saramago es uno de los grandes escritores. </p><p>"Además, no solo conmemorar su obra, sino también su <strong>compromiso ético con los derechos humanos</strong>", ha declarado Ojeda durante la rueda de prensa en la que también han estado presentes la presidenta de la Fundación Saramago,<strong> Pilar del Río</strong>; la directora de la División Literaria de Penguin Random House Grupo Editorial (grupo dueño de Alfaguara),<strong> Pilar Reyes</strong>; y los escritores del libro, <strong>Alejandro García Schnetzer y Ricardo Viel</strong>. </p><p><strong>Pilar del Río,</strong> viuda del escritor, ha asegurado que esa actitud de compromiso le nacía porque no se sentía ciudadano del mundo, "aunque sea una frase demasiado manida", comenta, "él tan solo veía a los demás como sus <strong>semejantes</strong>". La presidenta de la Fundación Saramago quiso recordar que el <strong>último acto público </strong>al que asistió el escritor fue "<strong>en esta misma casa</strong>", para presentar su último libro, <em>Caín</em>, aunque sobre todo él quería hablar sobre su <strong>siguiente trabajo </strong>que nunca pudo terminar, <em>Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas</em>. En él pretendía reflexionar sobre la <strong>fabricación de armas </strong>y sus consecuencias, "tan apropiado para la actualidad". </p><p><strong>Alejandro García Schnetzer </strong>ha asegurado que el proyecto comienza en <strong>2018</strong>, y ha supuesto un enorme trabajo de <strong>documentación</strong>. "Hemos contactado con personas cercanas a Saramago, hemos recopilado más de <strong>2.000 </strong>fotografías, de las cuales han seleccionado <strong>450 </strong>para el libro, y una basta documentación entre <strong>prensa</strong>, <strong>poesía</strong>, <strong>cartas </strong>y <strong>novelas</strong>", ha aclarado. "Nuestra intención era retratar al escritor a través de sus <strong>propias palabras </strong>y de los retratos que él hizo del mundo". Ha recordado además la paradoja del biógrafo que decía <strong>Borges</strong>, "tenemos que transmitir al lector los <strong>recuerdos </strong>que no son los propios, sino los de una <strong>tercera persona</strong>"</p><p><strong>Pilar Reyes</strong> ha apuntado que la obra tiene una manera de construir una <strong>biografía </strong>muy <strong>distinta</strong> a las que se está acostumbrada, alternando fotografías y material inédito del propio Saramago, sus <strong>lecturas </strong>o <strong>personajes </strong>que conoció y que le llevó a construir su identidad, "a modo de <em><strong>Rayuela</strong></em>", de <strong>Julio Cortázar</strong>. </p><p><strong>Ricardo Viel</strong> ha explicado que buena parte del libro contiene material <strong>inédito</strong>, y se estructura en <strong>cuatro </strong>ejes —espacios, lecturas, escritos y personas— que no tienen porqué seguir un orden cronológico. Además, ha hablado de lo <strong>querido </strong>que era Saramago en <strong>Latino América</strong>. "En cada país que visitaba se le recibía como si fuese un escritor de ese país. Eso refleja lo que ha supuesto su obra más allá de <strong>Portugal </strong>y los vínculos y el amor que estableció con los países de Latinoamérica", ha afirmado Viel. </p><p>A esto, García Schnetzer ha apuntado que es una persona que comenzó a viajar muy tarde: "Él sale de Portugal por primera vez a los <strong>45 años</strong>, para visitar París. Desde entonces, su afán de<strong> conocer y de saber </strong>le hizo continuar viajando". Son todos estos sitios y los personajes a los que conoció en ellos los que se pueden ver en la exposición fotográfica. Países como Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, México, Perú o Paraguay, y personajes como <strong>Gabriel García Márquez</strong>, <strong>Mario Benedetti </strong>o <strong>Juan Gelman</strong>. </p><p>La exposición <em>José Saramago: un diálogo con América Latina </em>permanecerá abierta al público del<strong> 31 de marzo al 27 de mayo de 2022</strong>. Este miércoles a las <strong>19:00 horas </strong>tendrá lugar la <strong>presentación </strong>del libro <em>Saramago. Sus nombres. Un álbum biográfico</em>, donde estarán presentes Enrique Ojeda, Pilar Reyes, Alejandro García Schnetzer y Ricardo Viel.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Mar 2022 13:14:38 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La Casa de América celebra los 100 años de Saramago y su compromiso con América Latina y la Península Ibérica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Saramago,Literatura,Latinoamérica,Literatura europea,Literatura latinoamericana,Portugal,Fotografía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aún violenta y dulce: la Nicaragua de Sergio Ramírez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/violenta-dulce-nicaragua-sergio-ramirez_1_1215414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b014236c-86b7-4df8-a621-7da79f0ce788_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aún violenta y dulce: la Nicaragua de Sergio Ramírez"></p><p><em><strong>Tongolele no sabía bailar</strong></em></p><p><strong>Sergio Ramírez</strong></p><p><strong>Alfaguara (2021)</strong></p><p>Nicaragua es en la memoria ese pequeño país centroamericano que en 1979 conmovió al mundo con la victoria de su revolución sandinista, que tumbaba décadas de brutal dictadura respaldada por el poder estadounidense y encarnada en la dinastía de los <strong>Somoza</strong>, de triste memoria. Luego llegó el acoso terrorista desde Honduras por parte de la Contra, que incluía agentes del somocismo y que era alentada por la CIA: la oscura maniobra se sustentaba una vez más en el lucrativo negocio armamentista. </p><p>En 1984 —año de resonancias distópicas— y para sensibilizar a la opinión pública ante ese drama, <strong>Julio Cortázar</strong> publicó la colección de ensayos titulada <em>Nicaragua tan violentamente dulce, </em>cuyos derechos de autor estaban “íntegramente destinados al pueblo sandinista de Nicaragua”. Ahí declaraba Cortázar que “sólo lo que está ocurriendo en América Central basta para mostrar uno de los peldaños por los cuales el horror orwelliano sigue descendiendo en su monstruosa voluntad de entropía”. Y decía también que el socialismo “debe ser un fénix permanente, dejarse atrás a sí mismo en un proceso de renovación y de invención constantes; y eso sólo puede lograrse a través de su propia crítica”.</p><p>Aún violenta y dulce, así reencontramos esa tierra de poetas después de los años. Como sucediera antes en la guerra civil española, hubo voluntarios de muchos países que se sumaron a aquel proyecto utópico que fue quedando a la deriva. <strong>Sergio Ramírez</strong> —que se encuentra en su plena madurez literaria y ha merecido el Premio Cervantes en 2017— participó activamente en él: fue miembro del primer gobierno sandinista, luego trabajó como vicepresidente de <strong>Daniel Ortega </strong>hasta 1990, y se mantuvo en la defensa del sandinismo original hasta fines de los noventa, cuando abandonó desencantado la política y se entregó de lleno a la literatura. </p><p>Esos años turbulentos los volcó entonces en un notable libro de memorias que tituló <em>Adiós muchachos</em>, donde nos hablaba de la “revolución perdida” y del fracaso ético del sandinismo. Sobre todo porque el objetivo más importante de ese movimiento, que era la reforma agraria, estaba siendo desplazado por un reacomodo de la riqueza que devolvía el país a las desigualdades anteriores al 79. Con el agravante de que “muchos de los que alentaron aquel sueño son parte ahora de ese reacomodo”. No se trataba por tanto de una renuncia a la fe en la utopía y la cultura como motores del futuro, pero sí de una crítica imperiosa y necesaria a lo que estaba pasando. Esa misma crítica que también pedía antes <strong>Cortázar</strong>, y que nos ofrece de nuevo <strong>Ramírez </strong>en esta última novela, secuestrada por el gobierno nicaragüense, que ha convertido al autor en perseguido político por hablar de esa dolorosa degradación de su país. </p><p><a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-negra-misterio-y-thriller/256145-libro-tongolele-no-sabia-bailar-9788420460536" target="_blank" ><em>Tongolele no sabía bailar</em></a><em> </em>se inscribe en la estirpe de las novelas sobre la revolución traicionada, que tiene como paradigma fundamental la producción de <strong>Alejo Carpentier</strong>, en especial <em>El reino de este mundo</em>. Nos hablaba ahí el autor cubano de la facilidad con que los libertadores se convierten en tiranos, y <strong>Sergio Ramírez</strong> se suma a esa genealogía  para radiografiar el horror en que ha desembocado su país, bajo el mando de una pareja de viejos dirigentes del sandinismo que se resisten a renunciar al poder. Y cuya dictadura llegó a su momento álgido con la respuesta armada a la protesta estudiantil de 2018, que tuvo un saldo de centenares de muertos y miles de heridos. </p><p>La censura contra esta novela de <strong>Ramírez </strong>confirma su verdad, contada desde la ironía melancólica del autor y de su <em>alter ego</em>, el detective <strong>Dolores Morales</strong>, al que una artimaña narrativa le otorga una biografía de Wikipedia que adelanta la trama. Morales es un excombatiente y detective renco y socarrón, y está desterrado con Rambo, su subalterno, en Honduras. De allí regresa disfrazado para entrar en contacto con la resistencia, en particular con doña Sofía —colaboradora del FSLN, madre de un combatiente muerto en 1979 y experta en redes sociales, usadas para minar el régimen y denunciar sus abusos— y Monseñor Bienvenido, que transmite por radio sus sermones.</p><p>A través de las palabras de Monseñor,<em> Tongolele no sabía bailar </em>insiste en esa alerta que ya encontrábamos en <em>Adiós muchachos:</em> el fracaso de la lucha contra la desigualdad. Porque hay dos Nicaraguas, la de los que comen solamente guineo con sal, es decir, la de “la inmensa mayoría, la de la pobreza que ofende”, y la de los ricos, sea “la oligarquía vieja que solo cree en el dinero”, sea “la nueva clase fastuosa y arrogante de quienes un día se llamaron revolucionarios, y hoy también solo creen en el dinero. El dinero los une, por eso pactan entre ellos, por eso se reparten las vestiduras del país”. Eso es lo que dice su sermón, que incluye la autocrítica: “Vimos cómo aquellos que cuando eran jóvenes lucharon por un mundo nuevo le daban un golpe de Estado al pueblo cambiando la Constitución para perpetuarse en el poder en nombre de una revolución ya muerta, y no dijimos nada. Vimos cómo se robaban las instituciones y las prostituían, y tampoco dijimos nada. Vimos cómo se apoderaban de la policía y del ejército y nos callamos (…) vemos cómo cambian los libros de historia y los llenan de mentiras (…) y seguimos callados”.</p><p>En la novela de <strong>Ramírez</strong>, el antagonista de Morales es <strong>Anastasio Prado, Tongolele,</strong> que debe su sobrenombre al mechón blanco de su pelo —igual al de una famosa <em>vedette </em>mexicana—, y su nombre de pila al homenaje que su padre somocista hizo al antiguo dictador. Tongolele es un poderoso jefe de espías y sicarios, asesino y torturador, y tiene como ayudante y bufón a Pedrón, su jefe de operaciones, con el que lo vemos conversando con desparpajo sobre los cadáveres y desaparecidos, mientras la madre de Tongolele, la profesora Zoraida, se enriquece como vidente al servicio de la vicepresidenta. </p><p>Cuando Tongolele cae en desgracia, lo ponen a trabajar para Leónidas, un personaje que le valdrá a <strong>Ramírez </strong>para culminar su retrato de la revolución traicionada. Se trata de un sandinista de la primera hora que luego deserta a Honduras y se suma a la Contra. Es servicial, vanidoso y cínico, y su madera de traidor no impide que regrese, y que sea perdonado y premiado por el nuevo régimen: maneja un Porsche de colección, de carrocería color verde musgo, y a sus ochenta años sigue ostentando su poder en un despacho plagado de fotos donde aparece en compañía de líderes como <strong>Fidel Castro</strong>, <strong>Omar Torrijos</strong> y <strong>Gadafi</strong>, quien le ha regalado un Rolex de oro macizo del que no se separa. Hay ahí igualmente fotos con oficiales de la CIA en Honduras, e incluso con Reagan en la Casa Blanca. Frente a la figura de Tongolele —el fanático de la obediencia ciega—, el pintoresco Leónidas encarna al intrigante y cínico que se entrega al mejor postor. </p><p>Para la construcción de su novela <strong>Sergio Ramírez</strong> recurre al grotesco, y desde sus estrategias retrata el mundo de brujería con que se rodea <strong>Rosario Murillo</strong> para manejar los hilos del poder. Este tiene su principal símbolo en los “árboles de la vida” sembrados por la ciudad de Managua: sus luces artificiales y opulentas iluminan un paisaje arruinado, y aunque Murillo pretende convencer de que protegen a su pueblo con sus campos magnéticos, no son más que costosos monstruos metálicos que representan lo delirante de su gobierno. Esos árboles de lata son un testimonio más del caprichoso saqueo del erario público por parte de los que se aferran al poder por todos los medios, y de ahí que los estudiantes decidan derribarlos.</p><p>La novela de <strong>Ramírez </strong>es un libro valiente, escrito desde el dolor ante la patria humillada, ante su sueño escarnecido, porque con <strong>Daniel Ortega</strong> y <strong>Rosario Murillo</strong> se consolida “una nueva clase de capitalistas provenientes de las propias filas del FSLN” y apoyados, según nos comenta, por asesores cubanos y venezolanos. La defensa de ese poder político y económico que ostentan es lo que los ha llevado a organizar a sus francotiradores para reprimir las protestas estudiantiles, dotándolos además de armas de visión nocturna que tiran a matar contra los más granado que tiene un país, que es su juventud.</p><p>Entre los valores de la novela está además su dominio de la oralidad, y también el hondo conocimiento que el autor tiene del drama que nos presenta. Y que le permite hacer un vívido retrato de un país fracturado y devastado que se mueve entre invocaciones esotéricas y memes de burla. Probablemente el mayor atractivo del libro es que <strong>Ramírez </strong>escribe desde la experiencia: su libro sabe a verdad y no a artificio literario cuando nos habla de corruptelas, asesinatos, violaciones, torturas, fanatismo y sinrazón, y cuando acusa a “los tutankamones de la revolución, momias y momios a quienes hay que devolver por vía exprés a sus sarcófagos”.</p><p><strong>Sergio Ramírez </strong>nos trae ante los ojos una Nicaragua violenta y sometida, donde sin embargo aún late la esperanza. Lo hace desde la mirada de su <em>alter ego, </em>“un pobre guerrillero desilusionado”, y desde la actividad de una frágil resistencia. Qué lejos queda de este cuadro funesto aquella revolución movida por el sandinismo, que el poeta <strong>Ernesto Cardenal </strong>retrató como “un ejército alegre, con guitarras y abrazos. / Una canción de amor era su himno de guerra”. Era un tiempo de ideales que impulsaba aún la devoción a <strong>Sandino</strong>, cuya ejemplaridad lideró la resistencia contra la invasión estadounidense de Nicaragua, y cuyo triunfo no lo libró de morir asesinado por un nuevo gobierno títere del capital, una especie terca que suele regresar en los espejos de la gran Historia.</p><p> </p><p><em><strong>* Selena Millares </strong></em><em>es escritora. Autora de las novelas El faro y la noche y La isla del fin del mundo.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Dec 2021 05:00:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selena Millares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aún violenta y dulce: la Nicaragua de Sergio Ramírez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Nicaragua,Literatura latinoamericana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Rivera Garza: "Se habla mucho de la culpa, pero no lo suficiente de la vergüenza"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/cristina-rivera-garza-habla-culpa-no-suficiente-verguenza_1_1208783.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4c6abde5-e517-4d73-ad61-9dc5ff367989_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Rivera Garza: "Se habla mucho de la culpa, pero no lo suficiente de la vergüenza""></p><p>Es, ni más ni menos,<strong> </strong>que “la historia fundamental” de su vida. Cristina Rivera Garza lleva 30 años dedicada a lo mismo, aunque no lo parezca. Aunque en el camino se haya desviado o haya tratado de camuflarlo en ficciones. La explicación de la muerte de su hermana, la narración de lo que es perder a un ser tan próximo, la investigación de un suceso inconcluso o la expiación de ese vacío le han llevado tres décadas. </p><p>Tres décadas que, en realidad, no se pueden contar con el mismo calendario que el del resto de mortales. Porque el duelo, un duelo tan profundo, “tortuoso”, deja el mundo en suspenso. Mezcla el pasado con el presente. Trastoca los tiempos verbales. Y la autora mexicana, de 56 años, se quedó en ese limbo intangible el 16 de julio de 1990, cuando el exnovio de su hermana la asesinó.</p><p>Parece haberlo archivado. Por fin. Gracias a <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/246022-el-invencible-verano-de-liliana-9788439739456" target="_blank">El invencible verano de Liliana</a>, recientemente publicado en España por Literatura Random House, Cristina Rivera Garza ha dado carpetazo a esa llama lacerante que arrastraba, a esa suntuosa imprecisión. Lo ha hecho, precisamente, abriendo carpetas. Y cajas. Aquellas en las que se guardaban los documentos de Liliana. Sus cartas, sus recortes: su voz, en suma. Aunque advierte desde el principio, a través de una cita de Chris Marker: “El tiempo lo cura todo, excepto las heridas”. </p><p>“Me parecía muy importante que apareciera ella, darle un espacio”, asegura la autora, reconociendo que Liliana ha estado “de manera oblicua” en toda su producción, que comenzó a principios de los noventa y acumula decenas de galardones. “Para mí era necesario. Lo había intentado antes, pero había fracasado estrepitosamente”, insiste durante una visita a España para presentar el libro. “Me he ido acercando a fórmulas que mezclan la ficción y la no ficción, estudiando sus límites, sus herramientas, hasta que acudí al archivo y se acabó el silencio”. </p><p>En el ensayo, cuyo título se debe a una frase de <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/albert_camus.html" target="_blank">Albert Camus</a> (“En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible”), se mezcla la crónica, las reflexiones personales o las palabras juveniles de Liliana, impresas en papeles desempolvados. El resultado es un catálogo de emociones y, a la vez, un manual de resiliencia. Se habla de los sentimientos más inmediatos, de esa mutación a largo plazo en la que deriva esa inconsistencia, de la búsqueda de justicia o del trasfondo que lo contextualiza: la violencia estructural contra las mujeres.</p><p><strong>La culpa del sobreviviente</strong></p><p>Cristina Rivera Garza tira de una prosa envolvente para hacer partícipe al lector. Expresa su pesar con mimo, sin escatimar en detalles, y sin cortarse a la hora de ser crítica consigo misma. “Hay mucha culpa, mucha rabia, mucha impotencia. Comparto todo eso con muchas personas que se quedaron sin un familiar. Pero a raíz del libro he encontrado mucha solidaridad”, arguye quien repite en varias ocasiones su hartazgo, el odio a una misma, el “carácter discontinuo” del duelo, como lo cataloga el filósofo Roland Barthes.</p><p>“¿Se puede ser feliz mientras se vive en duelo? La pregunta, que no es nueva, surge una y otra vez durante esa eternidad que es el quebranto. Se habla mucho de la culpa, pero no lo suficiente de la vergüenza. La culpa del sobreviviente puede atraer una sospecha acaso saludable, un titubeo incluso razonable, acerca del placer, del gusto, de la compañía. La vergüenza es una puerta cerrada a piedra y lodo. Pocas actividades requieren más energía, tanta atención al más mínimo detalle, como odiarse a sí mismo. Es una tarea milimétrica. Agotadora. De tiempo completo. Durante los primeros años de su ausencia, cuando los años se fueron acumulando uno sobre el otro y todavía era imposible siquiera pronunciar su nombre, fue fundamental prohibirse cualquier actividad que pudiera interrumpir la danza de la vergüenza y el dolor. Una ceremonia muchas veces repetida. Algo acaso religioso. Nunca es una decisión consciente, pero sí es brutal”, escribe en las primeras páginas.</p><p>Otro pasaje describe los instantes posteriores a la noticia: “Un día después del entierro de Liliana, cuando los parientes y amigos se habían esfumado rumbo a sus rutinas cotidianas, lloré de esa misma manera animal ya sola en casa. Un grito es un sonido agudo y estridente que se emite de una manera violenta. Un alarido expresa dolor o miedo. Pero esto que se esparció en ese cuarto solo, eso que no escuchó nadie y que desgarró, al mismo tiempo, al aire en dos, o en muchos pedazos, era algo que venía de un mundo desconocido y se comunicaba, igual, con mundos todavía por nacer. La fricción lenta, chirriante, entre materiales disímiles. Algo con bordes maltrechos y con hedor. Algo todavía informe. Hay que agarrarse el abdomen y hacerse bolita sobre el piso. Hay que esconder el rostro. Hay que suplicar. Sobre todo, sí, hay que suplicar. El tiempo no pasa en absoluto. El pasado nunca es el pasado. Aquí estaba todo eso, intacto, una vez más. Y, como entonces, hubo noches en que me despertó la certeza de que no iba a poder, de que tampoco esta vez iba a poder”.</p><p>Una de las causas de ese regodeo emocional es la falta de vocabulario para definir la ausencia de una hermana. Piensa igual que la chilena Marcela Serrano, que en <a href="https://www.penguinlibros.com/es/biografias/7113-el-manto-9788420439358" target="_blank">El manto</a>, sobre la muerte de su hermana, sostiene que hay categorías “innombrables” que empeoran la recuperación. Si se muere el marido, dice, eres viuda. Si se mueren los padres, te conviertes en huérfana. Pero no hay un término para los quebrantos “horizontales” ni forma de cerrar “la válvula del dolor”. “Es muy cierto que no tenemos un vocabulario para posicionarnos frente a esta pérdida, y más cuando se debe a la violencia machista”, afirma.</p><p>Rivera Garza ha intentado hacer una “escucha amorosa” para poder conceptualizarse. Para entender a su hermana, entenderse a sí misma y entender a su país, México. Cada elemento, cada objeto, no solo está ensombrecido por la carencia del cuerpo fraternal, sino que viene determinado por un contexto concreto: “Hay un hecho incontrovertible y es que existe una guerra no declarada, llamada contra el narcotráfico pero que es contra la población. Y eso se evidencia en la muerte y desaparición de mucha gente, pero especialmente de las mujeres”. </p><p>Hay un estado de emergencia mundial en este sentido, puntualiza, que no se reduce a México, donde en enero de 2012 se tipificó el feminicidio como delito. “Hay violencias cotidianas, laborales”, expone, “que son estructurales”. Ocurre en su país, pero también en el vecino estadounidense, en España o a lo largo del Cono Sur. Allá se hizo célebre la canción <em>Un violador en el camino</em>, que también ejerció de catapulta para el libro y que dice así: “El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves. Es feminicidio. Impunidad para el asesino. Es la desaparición. Es la violación. Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eras tú”.</p><p>A lo largo de las páginas, de hecho, se percibe el acoso psicológico. Se ve cómo relata Liliana el agobio, la desesperanza. En sus anotaciones, esta veinteañera universitaria habla de quien ha sido su pareja desde hace tres años, pero también del interés por otros hombres. La hermana de Cristina Rivera dejó retales de su cotidianeidad en esos cuadernos. Maneja con gran precisión la revelación de un fuero interno cargado de incertidumbre, de ese abismo que se produce mientras se desvanece la juventud y se asoma la adultez. Las dudas rondan a esta estudiante de arquitectura que no puede desprenderse de un novio hostigador. De un “tonto” o “agresivo” que le impide volar libre, pero no llega a ser “mala persona”.</p><p>“Los recuerdos. Me ahogo en imágenes, monstruos sin cara me engullen. Se acabó. ¿Cuántas veces te lo dije, Ángel? Nada es eterno. Y la rabia, más allá de la lógica, más allá de la razón. Sería cruel si dijera, mejor así. No lo concibo. ¿Será acaso eso lo que duele? ¿Será que el terrible fin de la niñez llegó? ¿Será que la adolescencia ya pasó? ¿Será? ¿Por qué, Ángel? Ángel loco, Ángel bueno, Ángel ángel. ¿Cómo no repetir tu nombre? No hay espacio para el rencor. No lo hay para el odio. No volverás a oír nada de mí. Soy un punto difuso. Vamos a contar los soles que no salieron. Las nubes rasas. El sudor asfixiante. Vamos a contar los amores excluidos”, apunta Liliana en una de las hojas.</p><p><strong>Una víctima de feminicidio</strong></p><p>Sabía Liliana que atravesaba tiempos difíciles, indica Cristina Rivera Garza, pero confiaba “en su fuerza, en su talento, en su capacidad de amar”. Confiaba en ese “invencible verano” que se erguiría en medio del invierno. Y, no obstante, no pudo disfrutarlo. Ese Ángel terminó cercenando ese futuro. Y huyendo. De hecho, el libro es también un intento de zanjar el caso, aún sin resolver. “Se levantó una orden de aprehensión contra el presunto asesino en 1990, pero nunca fue capturado ni pasó por un juicio”, rememora, “y creo que nadie en este mundo puede escapar a la justicia sin el apoyo de familia, vecinos; nadie desaparece de este mundo así como así. Mi esperanza es que alguien pueda reconocerlo”.</p><p>Usa para lograr este fin la foto que se imprimió en los periódicos. “Ángel González Ramos fue identificado como el presunto responsable de haber asesinado a la joven estudiante Liliana Rivera Garza. Según las investigaciones de la Policía, a la estudiante le quitó la vida su exnovio, por lo que este es afanosamente buscado en todo el país. Contundente, la Policía reveló ayer que a la estudiante Liliana Rivera la mató su exnovio, quien enseguida se dio a la fuga”, se puede leer en una de las noticias de entonces.</p><p>Gracias a aquellos documentos y a conversaciones con amigas o compañeros de Liliana ha averiguado nuevas facetas de su hermana y cicatrizar, en parte, la herida. “He descubierto un montón de cosas. Me ha encantado saber que tenía mucho sentido del humor, que estaba lista para comerse el mundo, que era una mujer avanzando a pasos agigantados”, confiesa. También le sorprendió un aborto o las fantasías propias de la edad, aunque no haya querido centrarse en ellas ni enmarcarla en un “estereotipo”. </p><p>“El libro ha servido para transformar lo que por años fue un duelo solitario, sostenido solo entre mis padres y yo misma, a un duelo con otros, compartido, y llorarla como se debe, como una víctima de feminicidio”, concluye, refiriéndose a esa recapitulación de algo esencial en su vida y a ese objetivo logrado, más de tres décadas después.</p><p><em>*Este artículo está publicado en el número de septiembre de</em> tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto G. Palomo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Asesinato mujeres,Libros,Literatura latinoamericana,TintaLibre,Violencia machista]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[William Ospina: “Lo malo de un país no es que tenga guerrilleros, sino que le falte una ciudadanía unida”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/william-ospina-malo-pais-no-tenga-guerrilleros-le-falte-ciudadania-unida_1_1207068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f6321b85-25fa-47ba-acc3-06a223fb7e2e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="William Ospina: “Lo malo de un país no es que tenga guerrilleros, sino que le falte una ciudadanía unida”"></p><p>El ganador del Premio Rómulo Gallegos en 2009, William Ospina (Colombia, 1954) acaba de publicar <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/236293-guayacanal-9788439736998" target="_blank">Guayacanal</a> (Random House), un viaje a la memoria de su familia trufado con la colonización del eje cafetero colombiano. Dice que la prohibición de la droga origina muchos de los problemas de su país, confía en<a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2021/06/01/la_primera_linea_grupo_jovenes_desfavorecidos_que_encabezan_las_movilizaciones_colombia_protegen_los_manifestantes_121168_1044.html" target="_blank"> los últimos levantamientos ciudadanos </a>y habla del desequilibrio entre las sociedades del bienestar y las sociedades del malestar fomentado por la globalización.</p><p><strong>Su padre, enfermero; y el de Héctor Abad Faciolince, médico. ¿Qué tienen los sanitarios colombianos que alumbran literatos? Literatos que, además, cuentan la historia de su familia y hablan de la violencia.</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2021/05/06/fernando_trueba_javier_camara_estrenan_olvido_que_seremos_historia_lider_social_molesto_para_los_poderes_facticos_necesario_para_gente_120064_1026.html" target="_blank">el de Héctor Abad Faciolince</a></p><p>A mí también me ha sorprendido. Pero, de todas maneras, Héctor y yo vivimos realidades semejantes en dos regiones del país que no están muy lejos la una de la otra, y en épocas similares, aunque él es mucho más joven que yo.</p><p><strong>Su primer título, ‘Ursúa’, fue señalada por Gabriel García Márquez como la mejor novela de 2005. Ya en 1996 Vargas Llosa dijo de su colección de ensayos ‘Es tarde para el hombre’ que su trabajo era hechizante y de alta calidad. Está bien protegido por el santoral.</strong></p><p>Bueno, yo se lo agradezco mucho, por supuesto. A Vargas Llosa casi no lo conozco, le he visto algunas veces. Pero con García Márquez sí tuvimos una buena amistad y fue generoso conmigo, sin duda.</p><p><strong>¿Se considera cerca del realismo mágico?</strong></p><p>A mí me ha fascinado toda la literatura del <em>boom</em> latinoamericano de mediados del siglo pasado y es cierto que nos enseñó muchas cosas. Pero me gustaría observar que, de todas maneras, lo que le dan a uno las generaciones precedentes es tal vez unos recursos del lenguaje, una manera de mirar y tal vez el orgullo de pertenecer a una tradición. Yo los admiro mucho, pero sobre todo esta novela tiene menos de la literatura que de la vida real, de la tradición oral, que es la manera de hablar de la gente. Me gustaría que en algo estuviera su influjo, pero también que la realidad se abriera camino.</p><p><strong>Dijo de la revolución bolivariana de Chávez: “Es posible que haya inventado la democracia del siglo XXI”. ¿Está seguro?</strong></p><p>Bueno, creo que fue una expresión nacida de un momento. De todas maneras, siempre sentí mucha admiración por lo que hacía Chávez. Me parecía que era necesario que alguna vez la gente humilde de Venezuela viera algo de la renta petrolera venezolana, que era gigantesca. Desafortunadamente, muchas cosas contribuyeron a derrotar ese sueño. Sin embargo, creo que, mientras vivió Chávez, había una democracia en Venezuela. Yo no participo de quienes consideran que todo lo que ocurría allí era una tiranía o algo así. Siento que había un esfuerzo sincero para ayudar a la gente. Pero en este momento por supuesto que no pienso que haya sido algo positivo hacia lo que derivó ese proceso, sobre todo porque siempre les he dicho que hay que respetar las normas de la democracia. Si a uno lo eligió la democracia, uno no puede después eternizarse en el poder contra la voluntad de la gente o contra la evidencia. Y cuando se pierden las elecciones hay que aprender a perderlas también. En lo que pasa en Venezuela confluyeron muchas cosas, y por supuesto que los errores del chavismo fueron muy grandes, pero no creo que sean solo esos errores los que contribuyeron a hacer de Venezuela la tragedia que es hoy.</p><p><strong>En ‘Guayacanal’, su última novela, cuenta la historia de su familia, y, junto a sus padeceres y sus logros, desliza la idea de la violencia en Colombia como algo estructural, reiterado y persistente, una “tempestad monstruosa que crecía e iba devorando el territorio”. ¿De aquellos polvos vienen los lodos actuales?</strong></p><p>Sí, eso suele ocurrir en los países, pero la verdad es que yo también quiero mostrar en esta novela que hubo en esa región campesina muchos años de paz. Mi familia vivió en esas montañas casi 80 años, desde cuando llegaron, que eran selvas apenas, hasta cuando los expulsó la violencia. O sea que se pudieron mantener 70 años de paz mientras hubo un país campesino. Cuando llegó el imperativo de que el país se tenía que urbanizar y expulsaron a los campesinos hacia las ciudades, de una manera premeditada y dictada por unas políticas internacionales, comenzó la violencia, que no ha cesado hasta ahora, porque las ciudades no le dieron a la gente el futuro, la estabilidad, la prosperidad que les habían prometido, y los gobiernos nunca fueron capaces de orientar la construcción de una economía formal urbana, que permitiera realmente aclimatar una paz. La paz es posible. La gente colombiana, el común de la gente, es muy pacífica. Pero está muy dispersa, los políticos y su poder son muy facciosos y hay unas minorías violentas muy activas, que se benefician de que la sociedad esté muy aislada y polarizada incluso.</p><p><strong>¿Su biografía está muy marcada por la violencia?</strong></p><p>Se vio muy marcada en mi infancia y eso condiciona muchos recuerdos. La verdad es que mi adolescencia fue en un país que tenía ilusiones, que tenía esperanzas, y donde empezaba a formarse ese mundo urbano moderno. Toda la década de los sesenta fue una década de esperanzas en Colombia, de vida urbana grata. Pero después llegó otro gran fenómeno internacional, la prohibición de las drogas, y con eso comenzaron nuevas violencias.</p><p><strong>Parafraseando al Zavalita de Vargas Llosa en ‘Conversación en La Catedral’, con su “¿en qué momento se jodió el Perú?”, ¿cuándo fue lo de Colombia?</strong></p><p>Bueno, aquí parece haber consenso en que fue el 9 de abril de 1948, cuando asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, que encarnaba la gran esperanza liberal, el popular de Colombia, que iba a hacer las reformas liberales que se habían aplazado desde el siglo XIX, que de verdad iban a corregir los fenómenos de desigualdad y de injusticia muy largos, y que encarnaba también la esperanza del mundo mestizo, del mundo indígena, del mundo de origen africano y de las provincias colombianas. La muerte de Gaitán significó el comienzo de la gran violencia de los años cincuenta y fue definitivo, porque desde entonces Colombia no ha logrado verdaderamente encontrar el camino de una paz convincente.</p><p><strong>¿Qué males aquejan a su país, aparte de la violencia, el covid y la desigualdad?</strong></p><p>Lo de la desigualdad es importante repetirlo, porque el mío es uno de los países más desiguales del mundo. Un problema es la falta de una industrialización, porque hemos caído en manos de ese proyecto neoliberal que impone el que nuestros países sean solamente consumidores de mercancías que llegan de las grandes sociedades industriales, que nos dediquemos solo a la producción de materias primas. Pero mientras no se cree trabajo para la gente no veo con qué vamos a comprar las mercancías que llegan de fuera. Eso es un círculo vicioso en el cual las economías ilegales terminan siendo las ganadoras. Falta una economía formalizada propia, un proyecto agrícola poderoso y un proyecto industrial poderoso también. Y luego está el sometimiento a la insensatez de la prohibición de la droga, cuando solo la legalización podría permitir que realmente ese problema sea conjurado, porque lo único que hace la prohibición de la droga es aumentar el consumo y hacer crecer unas mafias que lo devoran todo y lo corrompen todo.</p><p><strong>La vieja aristocracia, la Iglesia, las guerrillas, el narcotráfico, ¿hacen un buen cóctel de culpables?</strong></p><p>Sí, pero de todas maneras es importante insistir en la necesidad de una reacción ciudadana, porque a mí me gusta repetir que lo malo de una sociedad no es que tenga guerrilleros, ni paramilitares ni políticos corruptos, sino que no tenga una ciudadanía unida, capaz de ponerle freno a todo eso.</p><p><strong>¿Y cómo se consigue esa unidad ciudadana?</strong></p><p>Bueno, es un proceso cultural, que en Colombia está cumpliéndose en la medida en que ha vuelto a renacer en estos últimos tiempos la voluntad ciudadana de salir a las calles, de exigir, de manifestarse, de reclamar. Aquí durante mucho tiempo el pretexto de que existían las guerrillas sirvió a los gobiernos para satanizar toda protesta popular y toda movilización ciudadana. Y la democracia no se puede dar si los ciudadanos no salen a las calles a reclamar. Los gobiernos nunca le dan a la gente nada si la gente no reclama con cierta vehemencia y con cierta indignación. Entonces, estamos en el esfuerzo. Yo he dedicado buena parte de mi vida al esfuerzo de desarrollar unos argumentos sobre cuál es la historia de Colombia, por qué ha sido tan difícil formar una sociedad cohesionada y solidaria y sobre la necesidad de que ello ocurra. Tengo un ensayo que se llama <a href="https://www.penguinlibros.com/co/historia/81765-donde-esta-la-franja-amarilla-9789588640327" target="_blank">Dónde está la franja amarilla</a>, publicado hace 25 años, que yo creo que todos los jóvenes de ahora han leído y que de alguna manera contribuye, con tantas otras cosas, a que se genere una nueva conciencia ciudadana.</p><p><strong>Achaca la situación colombiana, entre otras cosas, a la clase dirigente. ¿Comparte la opinión de algunos de que Álvaro Uribe es la mano que mece todas las cunas?</strong></p><p>No, yo no comparto esa opinión. A mí me parece que Colombia tiene la costumbre de descargar en uno solo esa responsabilidad, que es mucho más grande. Cada vez que se inventan aquí un solo culpable es porque muchos quieren pasar inadvertidos, y yo creo que la historia de Colombia tiene problemas muy antiguos que no se han resuelto, como el de la tierra, el del modelo económico, y el de que el Estado muchas veces recurra a la ilegalidad para resolverlos y termine patrocinando incluso fuerzas criminales para contrarrestar otros problemas sociales. Todas esas son cuestiones antiguas de la sociedad colombiana, y Álvaro Uribe por supuesto que participa de esos problemas y ha sido responsable de muchas cosas. Pero no es el único responsable. Personalizar tanto las cosas impide su verdadera solución.</p><p><strong>Cuando en septiembre de 2012 se firmó el acuerdo con las FARC pareció que podía encarrilarse la violencia en Colombia. ¿Se ha frustrado esa esperanza?</strong></p><p>Es una esperanza que ha sido repetida. En Colombia cada 15 años se hace un proceso de paz para incorporar a la legalidad a alguna de las fuerzas que ha estado en la insurgencia. Aquí hubo una desmovilización de guerrilleros en el año 1953, hubo un pacto de los dos partidos que habían ensangrentado el país en los años sesenta; hubo una desmovilización del M-19 en el año 1989-1990, otra de paramilitares hace 30 años y después hubo una desmovilización de las FARC. Todas esas movilizaciones son necesarias y las apoyo, pero no son suficientes. Porque la paz, llamarlo paz, no es solo incorporar guerrillas o incorporar insurgentes a la legalidad, sino cambiar las condiciones que hacen que esas insurgencias estén surgiendo continuamente, y es un problema de justicia y de oportunidades para la gente. A la dirigencia colombiana le gusta mucho hacer la paz para la gente, pero no hacer la paz con la gente y en la gente.</p><p><strong>Defiende que cada colombiano pueda hablar con su propia voz. ¿No es un deseo difícil de cumplir?</strong></p><p>Sí, pero los deseos que es más justo expresar son aquellos difíciles de cumplir, porque los otros se realizan muy fácilmente. Y la verdad es que Colombia tiene muchas potencialidades, pero el orden en que vivimos las impide todas. Es un país hecho a la medida de los políticos y de sus ambiciones, pero que realmente no piensa en términos democráticos, en lo que la gente necesita.</p><p><strong>Toda América Latina, de México a la Argentina, atraviesa una crisis social y política, aparte de la económica. ¿Ve una salida conjunta para el continente?</strong></p><p>Es un poco difícil, pero hay algo que podría ayudarnos a pensar en eso, y es que cada vez más los problemas son compartidos, no solo de América Latina. Yo creo que cada vez más esta globalización está logrando que comprendamos que los problemas del mundo están en una agenda que tiene que ver con el calentamiento del planeta, con la crisis de los desechos, de las basuras, con una sociedad industrial que está arrasando la naturaleza sin misericordia, con la falta de oportunidades para los jóvenes, con unas fronteras que están abiertas para los capitales, pero cerradas para la gente. Y, de todas maneras, un desequilibrio terrible entre las sociedades del bienestar y las sociedades del malestar que terminará haciéndonos a todos víctimas de ello, porque la gente pobre huirá hacia donde haya una mejor vida. Solo si hacemos un esfuerzo por que cada país sea una patria para su propia gente resolveremos ese problema de las migraciones, pero también el de la naturaleza, que eso se resuelve en cada sitio. El agua hay que salvarla en cada río y en cada manantial. Los problemas del mundo empiezan a ser problemas compartidos y creo que las soluciones van a tener que ser compartidas también. Resulta muy difícil que haya ahora soluciones nacionales, cuando el gran capital está regado por el mundo entero causando los principales males. El cambio climático supone un problema del modelo planetario, el arrasamiento de la naturaleza es asimismo un problema del modelo planetario, las migraciones son consecuencia de un modelo planetario. Entonces, cada vez vamos a tener que encontrar el modo de hallar soluciones compartidas y no aisladas.</p><p><strong>Esto se ha visto con la pandemia.</strong></p><p>Claro, porque estamos viviendo los males de la globalización. Siempre nos vendieron las virtudes de la globalización, pero con ellas vienen también los males, y tenemos que aprender a resolverlos juntos. Los jóvenes hoy están más intercomunicados en el mundo, saben mucho más lo que ocurre en otras partes y creo que esa nueva generación va a tener que encontrar el camino para soluciones que, aplicadas en cada lugar, respondan sin embargo a los desafíos globales.</p><p><strong>Acordándome del vallenato y de un ensayo suyo, ¿Qué tiene que suceder “pa’ que se acabe la vaina”?</strong><a href="https://www.planetadelibros.com.co/libro-pa-que-se-acabe-la-vaina/163968" target="_blank">“pa’ que se acabe la vaina”</a></p><p>Bueno, en Colombia, por lo menos en este momento, yo he visto nacer una esperanza con esta reacción ciudadana. Porque solo las ciudadanías del mundo pueden abrirle camino a otro modelo. Yo a veces me pregunto si estas instituciones que tenemos, nacidas de la Revolución Francesa, de la Ilustración, para responder a los problemas de hace dos siglos, serán las instituciones adecuadas para resolver los problemas de dos siglos después, cuando el planeta es tan distinto, cuando el horizonte industrial, tecnológico, científico es tan diferente. Pienso que lo que está necesitando el mundo es una nueva teoría política y nuevas soluciones para los problemas de hoy. Y, en ese sentido, creo que el desafío para las generaciones jóvenes no es solamente pedir trabajo o pedir educación, sino pensar el mundo de hoy y encontrar instituciones adecuadas a esta época y a sus desafíos.</p><p><strong>Porque de no ser así, no se acaba la vaina.</strong></p><p>Yo dudo que la vaina se pueda acabar así. Sin embargo, creo que en la ciencia hay muchas claves, y en la técnica podría haber muchas más. Pero mi reflexión va sobre todo en el sentido de que se necesita una actitud vital. Yo admiro mucho a los románticos del siglo XIX, porque fueron capaces de reaccionar con pasión, con energía, con imaginación, con fantasía, a las limitaciones de un modelo demasiado cuadriculado que pretendía que todo estaba comprendido por la razón. La razón nos ayuda, pero se necesita mucho más que razón para habitar este planeta. Y un reencuentro con la naturaleza va a ser fundamental “pa’ que se acabe la vaina”.</p><p><strong>En ‘Guayacanal’ cuenta que, en la primera parte de su vida, intentaba ir a Manzanares, pero nunca lograba llegar. Era casi una Ítaca. Y un buen día lo consiguió. ¿Cuál es ahora su nuevo Manzanares?</strong></p><p>No sabría decirlo, siempre me lo pregunto. Pero la verdad es que todos estamos siempre tratando de llegar a algún sitio. Hay algo casi kafkiano en el hecho de que, aunque sabemos que tenemos que llegar, no sabemos siquiera qué sitio es. Y yo diría que el arte es mucho eso. Alguien dijo que un artista solo sabe lo que busca cuando lo encuentra y, en esa medida, el hecho de que nuestra vida sea una búsqueda es importante. Cuando es una búsqueda de lo que no se sabe, se requiere del arte, porque el arte es el único camino. La intuición, la imaginación, el lenguaje, el ritmo del lenguaje son instrumentos para llegar a esa meta que es necesaria y que sin embargo ignoramos.</p><p><strong>Ni siquiera sospecha dónde está su otro Manzanares.</strong></p><p>En mi caso está en cada libro que yo me propongo escribir. Como tengo que llegar a él y no sé cuáles son los caminos, siempre tengo que estarlos inventando, y creo que yo escogí, siguiendo tal vez las huellas de mi padre, el camino del arte, porque yo creo que el arte es fundamental para que la vida tenga un sentido.</p><p><em>*Esta entrevista está publicada en el número de verano de</em> tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Karmentxu Marín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[William Ospina: “Lo malo de un país no es que tenga guerrilleros, sino que le falte una ciudadanía unida”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Libros,Literatura latinoamericana,TintaLibre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Galeano, cazador de historias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/galeano-cazador-historias_1_1206990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/01ad3657-8020-4e62-a6ca-e3c44c8421a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Galeano, cazador de historias"></p><p>De niño quiso ser santo, pero le fue mal porque tenía una clara inclinación al pecado. El hombre de los mil oficios intentó varios en un mundo que prohibía lo que no es rentable, y contra ese suicidio universal se decantó por el peligroso ejercicio de entregar la palabra a los condenados a la espera perpetua. El cazador de historias de oídos atentos —el cacique Oreja Abierta, como él se definía— miraba con la astucia de un adivino. Un sentipensante incapaz de ser objetivo, porque se negaba a convertirse en un objeto indiferente a las pasiones humanas, que rehuía de la literatura militante, de parroquia y panfletaria, que de tanto repetirse se queda vacía.</p><p>En 1971, en vísperas de la agonía de las dictaduras latinoamericanas, aquellas que lo elogiaron prohibiéndolo, Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015) puso frente al espejo el rostro enmascarado y mutilado de toda Sudamérica, un territorio sometido durante cinco siglos. Publicó<a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/las-venas-abiertas-de-america-latina_51544/" target="_blank"> Las venas abiertas de América Latina</a> (editorial Siglo XXI), un retrato estremecedor que cumple cinco décadas y refleja la maldición de su propia riqueza (usurpada): “Los latinoamericanos somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”.</p><p>Su libro más emblemático se convertiría en la biblia de la explotación. Le salió de un tirón en 90 noches cargadas de cafeína después de varios años documentándose. Tuvo con él una relación de amor-odio. Incluso llegó a admitir que “no sería capaz de leerlo de nuevo”, pues “caería desmayado”. Tal vez porque después emprendió un viaje hacia la sencillez con textos concisos y afilados. Desnuditos, como él decía. Con la pluma en una mano y el hacha en la otra, con la magia del cuentacuentos. Lo hizo, confesaba, para “divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente”. Sobre todo “para conversar con la gente”, y con el tiempo comprobó que no había sido un libro mudo. Sus ecos aún resuenan.</p><p>Medio siglo después la editorial ha lanzado una edición especial al más puro estilo del autor que diagramaba sus libros trazando un triángulo de palabras, dibujos y silencios. Con amplios márgenes para anotar en los costados de la historia, donde solía estar lo que a él le interesaba, y con láminas e ilustraciones que evocan una Latinoamérica convertida en un suculento trozo de pastel o en un mapa atravesado por la espada con el signo de la cruz en su empuñadura.</p><p>Esa sangre derramada salpica unas páginas que indagan en el expolio sistemático. Decía Galeano que en este manual de divulgación hablaba de economía política con el estilo de una novela de piratas. Los filibusteros al abordaje de una región que “se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. La yugular era Potosí (Bolivia), cuando el espejismo de la colina que manaba plata se hizo realidad en el siglo XVI. Aquel Cerro Rico era “el ejemplo más claro de la caída hacia el vacío”, decía el autor que siempre estuvo lejos de las proezas de los héroes de bronce y del lado de los hombres de barro.</p><p>En la primera viñeta de la nueva edición, América Latina es un abismo, ese que se abre entre el bienestar de pocos y la desgracia de muchos y engulle a “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los ningunos, los ninguneados. Que no tienen nombre, sino número. Que no son seres humanos, sino recursos humanos”, como solía decir el autor.</p><p>Estos nadies son las multitudes condenadas a una vida de bestias de carga en la región que cuenta con inmensas legiones de brazos baratos que se multiplican sin descanso. Son también los que padecen la letra muerta de las leyes, rehenes de la prosperidad ajena. Sangre humana ofrecida a los altares de la productividad en un régimen de esclavitud asalariada, porque los traficantes de esclavos operan desde el Ministerio de Trabajo, ironizaba.</p><p><strong>Codicia y delirio</strong></p><p>El Dorado en su versión 2.0 continúa siendo una empresa de codicia y delirio, destrucción y extenuación: “La fiebre del oro del siglo XXI sigue el mismo camino que aquel primer frenesí de extracción y muerte, quinientos años atrás, en tiempos de Cortés y Pizarro”, describe el periodista Andy Robinson en su libro <a href="https://arpaeditores.com/products/oro-petroleo-y-aguacates" target="_blank">Oro, petróleo y aguacates </a>(editado por el sello Arpa). En sus páginas, el autor hace un viaje a los lugares más emblemáticos y describe cómo los minerales, las energías y los alimentos terminan en el buche de los buitres actuales.</p><p>En ese encuentro con los saqueadores de una nueva época de venas abiertas que desangran el continente más desigual del mundo, montañas enteras se convierten en cráteres en Colombia, Centroamérica y Brasil, donde los mineros artesanales extraen el metal en un infierno de barro y violencia. Estos desesperados buscadores de fortuna, que “venden su mano de obra en estos tiempos de miseria salarial y sumisión obrera”, recalca, se debaten entre aceptar salarios de hambre o ser detenidos por trabajar ilegalmente.</p><p>También comprueba que la Constitución de los países se convierte en un bochornoso convenio de garantías a las inversiones. Así como Galeano explicaba que el Estado hondureño acabó siendo una jurisdicción de dos grandes compañías estadounidenses del plátano, el prototipo de lo que se llamaría una república bananera, Andy Robinson lo actualiza poniendo el foco sobre uno de los experimentos más radicales de cesión de soberanía nacional a las empresas extranjeras: pequeños oasis de legitimidad made in USA sin impuestos ni regulación en una carrera hacia el fondo de salarios bajos.</p><p>Y el frenesí de sobreproducción que relataba Galeano se sigue materializando en el eterno ciclo de los precios, sometidos a una dinámica de bonanzas y desplomes. “Dictados, como siempre, por un mercado internacional amañado en contra de los países productores”, advierte Robinson, como esa premonición del escritor uruguayo: “Reciben apenas la propina. La región sigue trabajando de sirvienta al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva de las materias primas con destino a los países ricos que ganan, consumiéndolas, mucho más que lo que América Latina gana produciéndolas”.</p><p>En esa alquimia con la que “convierten todo lo que tocan en oro para sí y en lata para los demás”, describía el autor de Memoria del fuego, también son activos financieros los productos básicos, “en una orgía de especulación diaria con los alimentos de primera necesidad de millones de pobres que lidian con el hambre”, determina Robinson. En Puno (Perú), la patata, principal sustento de los campesinos quechuas y aimaras del altiplano andino, representa “la transformación más aterradora de la cultura milenaria de las grandes civilizaciones precolombinas en el adictivo <em>potato chip</em> que contribuye a una epidemia de obesidad”, prosigue el periodista. Mientras, los indígenas de Michoacán se preparan para el desembarco del aguacate, el testículo de los dioses para los aztecas. Cinco siglos después el oro verde sí se devora.</p><p><strong>Soja y aguacate</strong></p><p>La moda del guacamole aniquila la diversidad en esta región mexicana con cada nueva plantación hecha a la medida de los supermercados de todo el mundo. Además del impacto ambiental —se están secando los acuíferos y contaminando los ríos y lagos—, las mafias del crimen organizado gestionan el negocio a base de extorsiones y secuestros. Pese a su auge imparable, en México este fruto ya tiene un precio prohibitivo. “Como de costumbre, la expansión expandió el hambre”, afirmaba Galeano. “Se puede morir de indigestión”, insistía, “tanto como de hambre”. Porque “allí donde más opulenta es la opulencia, más miserable resulta, tierra de contradicciones, la miseria: la región elegida por la naturaleza para producir todos los alimentos, los niega a todos”.</p><p>La historia se repite en otros territorios: “El pueblo del Perú produce harina de pescado, muy rica en proteínas, para las vacas de Estados Unidos y Europa, pero las proteínas brillan por su ausencia en la dieta de la mayoría de los peruanos”. Y continúa: “Cada vez vende más carne al extranjero el pueblo brasileño, que rara vez come carne”.</p><p>Ahora Brasil se ha convertido en el mayor productor de soja y carne. La soja del Cerrado brasileño, “un triste monocultivo donde antes bullía la mayor biodiversidad del planeta”, subraya Robinson, alimenta a los pollos y cerdos de las granjas intensivas europeas, mientras que los bueyes que pastan en la Amazonia son el sustento de las cadenas de establecimientos de comida rápida.</p><p>Tampoco cesó la sangría cuando una generación de izquierdas, para la que el libro de Galeano era guía y referente, tocó el poder a principios de este siglo. Practicaron una “esquizofrénica política de desarrollo” y terminaron siendo continuadores del saqueo al compensar un extractivismo con otros, incide Robinson. Al menos, reconoce, “la diferencia era que redistribuían los beneficios del crecimiento, logrando sacar a millones de personas de la pobreza”.</p><p><strong>Hombres de paja</strong></p><p>Estos gobiernos progresistas fueron cayendo sucesivamente en Ecuador, Brasil, Chile, Argentina y Bolivia. A veces con la ayuda de golpes de Estado —“el subsuelo también produce golpes de Estado”, sentenciaba Galeano— para imponer hombres de paja, títeres, que con una mano reciben dólares y con la otra entregan soberanía. La bota militar aún aplasta cada intento por erguirse sobre sus pies (de barro), como sucedió con el plan más ambicioso de Evo Morales para abandonar el modelo Potosí y sustituirlo por la industrialización del litio en el salar de Uyuni, el mayor depósito del oro blanco del futuro.</p><p>Bajo la tierra venezolana yace El Dorado negro, la reserva de crudo más grande del mundo. “Los intentos de golpe contra Nicolás Maduro tenían que ver con la batalla entre Washington, Moscú y Pekín por el control del petróleo”, explica Robinson en las páginas de su ensayo. Sin olvidar que la cuenca del río Orinoco alberga oro, diamantes, plata, cobre y torio, además de un millonario depósito de coltán (el cotizado oro azul).</p><p>Todos estos recursos adquieren un valor estratégico en tiempos de crecientes tensiones geopolíticas en la versión 2.0 de la Guerra Fría. Donald Trump empezó a hablar sin tapujos de una nueva <em>doctrina Monroe </em>para advertir a sus rivales (China y Rusia) de que América Latina seguía siendo su área natural de influencia, “su patio trasero en el sentido más brutal”, matiza Robinson.</p><p>“¿Qué son los golpes de Estado si no sucesivos episodios de una guerra de rapiña?”, se preguntaba Eduardo Galeano. En Brasil, remarca Robinson, la destitución de Dilma Rousseff podría estar relacionada con el objetivo de dar vía libre al destripamiento de los activos petroleros. Ahora el Gobierno de Jair Bolsonaro está abriendo grandes áreas de la selva amazónica para el negocio. El campeón de la motosierra pasó a ser Nerón cuando se produjo una subida del 200% de los incendios forestales registrados en los siete meses transcurridos desde que llegara a la presidencia. En su Ministerio de Agricultura los grupos de presión de la agroindustria tienen la primera y la última palabra, puntualiza Robinson. También dispara la deforestación la extracción del niobio, el mineral de los milagros, adoración y fetiche de la ultraderecha brasileña, que convierte en diana el territorio indígena de Roraima, la montaña más alta del país. Como una metáfora, en la mitología de los macuxis es el tronco cortado del árbol de la vida, del cual mana el agua esencial de la existencia.</p><p>El clientelismo y la corrupción son otros eslabones decisivos de una larga cadena de agresiones. Robinson habla de la nueva plutocracia, la clase cleptócrata. Se trata de aquellas burguesías de comisionistas, las clases dominantes —dominantes hacia dentro, pero dominadas desde fuera—, al servicio de las mercancías, según el autor uruguayo.</p><p>Quien presta manda. “El bombardeo del Fondo Monetario Internacional facilita el desembarco de los conquistadores y la invasión de los bancos”, sentenciaba el autor uruguayo, que describía el círculo vicioso de la estrangulación por el que las ganancias de la explotación se fugan para luego volver convertidas en préstamos. “Para cumplir con esos pagos se recurre a nuevas inyecciones de capital extranjero, que generan compromisos mayores”. Y así, sucesivamente, se va trasvasando la sangre, en un sistema organizado para el drenaje de ganancias al exterior, y se establece “el orden de la cotidiana humillación de las mayorías”, puesto que “son los estratos más altos de la pirámide social los que recogen los frutos, amargos para muchos, de los aumentos de la productividad”, concluía Galeano.</p><p>Robinson recoge en su libro ejemplos en Perú, donde los beneficios multimillonarios del cobre y otros minerales no han llegado a la mayor parte de la población. Igual que ha sucedido en Chile, donde también tienen la sensación de que el milagro había pasado de largo de todo el país. Indignados por los bajos salarios, la desigualdad, los regalos a las multinacionales, los monopolios y los servicios públicos en vías de privatización, los chilenos protagonizaron en 2019 una reivindicación que ha dado paso a una nueva redacción de su Constitución.</p><p>Sigue la estela de protestas Colombia, “un país estratégico en el que es difícil hacer algo sin el beneplácito de Estados Unidos”, opina Robinson, que sospecha que Joe Biden mantendrá la política intervencionista. “Será una prueba de fuego para él, ya que si se mostrara partidario de aplastar las manifestaciones podría encontrar la oposición del ala más progresista de su partido y desestabilizar su propio Gobierno”, añade.</p><p>Como un profeta con la mirada vuelta hacia atrás, Eduardo Galeano anunciaba lo que vendrá, siguiendo la huella de los pasos multitudinarios que presienten nuestros andares: “Con el paso del tiempo, se van perfeccionando los métodos de exportación de las crisis”. Robinson, por su parte, cree que el ciudadano europeo tiene la sensación de que le duele algo, pero no sabe qué le está haciendo daño porque no ha identificado con la misma perspicacia que los chilenos y los colombianos a los verdaderos culpables de la estafa de la democracia neoliberal.</p><p>Un puño sale de entre las grietas de la tierra en la última ilustración de la reedición conmemorativa de la obra de Galeano. Las líneas que la acompañan son una cuenta pendiente: “Los despojados, los humillados, los malditos tienen, en sus manos, la tarea de derribar a sus dueños. Se abren tiempos de rebelión y de cambio”. Porque la utopía sirve para caminar, defendía aquel Vagamundo, patriota de varias patrias.</p><p><em>*Este artículo está publicado en el número de verano de</em> tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Loreto Mármol]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Galeano, cazador de historias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura latinoamericana,TintaLibre,Latinoamérica,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Martín Caparrós: "Espero estar vacunado contra la certeza"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/martin-caparros-espero-vacunado-certeza_1_1196997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a1bb8f56-f663-4501-9d53-ca20d07ba81b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Martín Caparrós: "Espero estar vacunado contra la certeza""></p><p>Random House vuelve a publicar <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2021/03/15/todo_sobre_martin_caparros_117967_1026.html" target="_blank">toda la obra de este escritor</a> bonaerense polifacético, analítico y divertido. Él opina que ese conjunto de libros supone “una reunión aterradora”. Ultima “un libro gordo, 600 páginas”, que saldrá en septiembre y en el que revisa los viejos clichés sobre América Latina. Se llamará <em>Ñamérica</em>, con ñ, y le tiene “bastante entusiasmado”.  </p><p><strong>¿Que le reediten es como volver a nacer?</strong></p><p>No, no es tan grave. Nacer debe de ser muy doloroso y traumático. Y esto no es ni doloroso ni traumático. Es, si acaso, levemente melancólico. Volver a mirar un camino que has recorrido durante los últimos casi 40 años, cuando publiqué mi primer libro.</p><p><strong>Si no es volver a nacer, será vivir de las rentas.</strong></p><p>[Ríe ] No, tampoco, porque sigo escribiendo como un perro. Es tener que constatar que buena parte de mi camino ya ha sido recorrido. Pero qué bueno que queden mojones en ese camino que pueda volver a mirar. </p><p><strong>Es un látigo constante contra el primer mundo, Estados Unidos y Europa, frente a África y Sudamérica, por los problemas globales que van desde el hambre a las vacunas, por la concentración de la riqueza. ¿Tenemos remedio? ¿A quién hay que pedirle cuentas?</strong></p><p>Podemos pedirle cuentas a muchísimos estamentos y personas, pero creo que antes de nada tenemos que pedirnos cuentas a nosotros mismos, a cada uno de nosotros, para ver qué hemos hecho o qué no hemos hecho. Hoy justamente estaba pensando en eso, en lo fácil que es creer que la culpa siempre es de otros, lo fácil que resulta encontrar responsables de todo lo que nos pasa y lo difícil que es pensar que, en última instancia, si todo no es mejor es porque nosotros no sabemos hacerlo. El problema, como siempre, es quiénes somos nosotros.</p><p><strong>¿Y quiénes somos nosotros?</strong></p><p>Nosotros es algo que se arma y se desarma y se rearma y se constituye y se destruye. Hay épocas que tienen un nosotros muy fuerte y otras que tienen un nosotros disgregado. Esta parece ser de las últimas.</p><p><strong>Entre sus obras reeditadas está ‘El Hambre’, un ensayo sobre los mecanismos que hacen que casi 1.000 millones de personas no coman lo que necesitan. ¿Esto es una vergüenza? ¿Un fracaso? ¿La cara dura de los países ricos?</strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/el-hambre/9788433963772/EB_355" target="_blank">‘El Hambre’</a></p><p>Todo eso y un par de cosas más. La mayor vergüenza de nuestra civilización es que siendo capaces a niveles técnicos de alimentar a todos los hombres y mujeres no lo hagamos. No tenemos excusa, porque la Tierra puede, desde hace unas cuántas décadas, producir alimentos suficientes para todos. El problema es que el sistema mundial de producción y comercialización de alimentos no está pensado para dar de comer a todos, sino para que sus dueños ganen más dinero. En ese sentido, supone un fracaso de casi todos y un éxito de unos pocos.</p><p><strong>En ‘Un día en la vida de Dios’, novela que califica de histórica-pop, sostiene que Dios es mujer. Igual hay muchos que se lo temían y otros que lo sospechaban. ¿Usted está seguro?</strong></p><p>No, por supuesto que no. Si estuviera seguro de algo, rápidamente me iría a hacer ver. Si hay algo que detesto es a la gente que está segura de cualquier cosa que sea. Creo seguramente en la duda y después dudo de si creo en la duda. Pero me gustaba la idea de la vida de esta Dios. Y me gustaba más que nada, te confieso, por una razón sonora. Porque empezar una novela diciendo “Dios estaba aburrida” ya me parecía que valía la pena.</p><p><strong>Decía que el problema es quiénes somos nosotros. ¿Qué es la identidad? ¿Existe, por ejemplo, una identidad porteña?</strong></p><p>Pueden existir rasgos. Estoy muy cabreado con la palabra identidad, porque me parece una manera de renunciar a la construcción. Yo entiendo la identidad como un avance para deshacer esa idea de identidad y construirse. Pero últimamente hay muchas distancias y la identidad se entiende como un fin en sí mismo. Como somos esto vamos a persistir en ese error o en esa condición interminablemente y vamos a hacer que esa condición sea lo más importante que me sucede, lo más importante de nosotros mismos. Y ya me parece que eso es un renuncio fuerte frente a aquella idea de que a partir de lo que éramos, teníamos que conseguir ser otra cosa.</p><p><strong>¿Tener un psicoanalista de cabecera es parte de la identidad argentina?</strong></p><p>Yo nunca tuve un psicoanalista ni de cabecera ni de ninguna otra cosa, aparte de mis padres, tíos y tías. Pero jamás me acosté en un diván. Nunca me analicé. Por supuesto, cualquiera te diría que por eso, porque mi madre, mi padre, tíos y tías eran psicoanalistas.</p><p><strong>Y eso marca mucho.</strong></p><p>Bueno, a ellos sí.</p><p><strong>¿El papa, Messi y Martín Caparrós son lo más de Argentina?</strong></p><p>No, ciertamente no [ríe]. El papa Francisco y Messi se reúnen en esta idea de que la Argentina es muy exitosa como país de la Edad Media. Tenemos un gran bufón, tenemos un gran cura, incluso tenemos una reina, la reina Máxima. </p><p><strong>¿Se deja al escritor: Martín Caparrós?</strong></p><p>Bueno, en la Edad Media no había escritores. </p><p><strong>Dicen que el tango favorito del papa es ‘Cambalache’. ¿Él sí que sabe?</strong></p><p>El mundo fue y será una porquería, ya lo sé… Es curioso que alguien que debería convencernos de que el mundo es espléndido, porque es la creación de un ser todopoderoso, al cual supuestamente él representa, diga que el mundo es una porquería. Siempre pensé que si yo creyera en Dios me pasaría la vida negando su existencia, porque si dices que existe le estás atribuyendo este desastre de mundo, que, efectivamente, como dice <em>Cambalache</em>, fue y será una porquería. El papa se supone que nos está diciendo todo el tiempo que ese Dios existe, y no puede decir después que su creación es tan imperfecta. ¿Cómo vamos a creer que un ser, del que él dice que es la perfección pura, tenga una obra tan desastrosa?</p><p><strong>Para perfecto, ¿Messi?</strong></p><p>Bueno, no. El problema de Messi es que fue demasiado cercano a la perfección. Esa era su desventaja con Maradona. Maradona siempre era gloriosamente imperfecto y conseguía cosas dramáticamente, cuando parecía que no las iba a poder conseguir. Siempre caminó por el borde. Messi parecía tan casi perfecto que impresionaba mucho menos, porque hacía todo como si fuera muy fácil. Yo creo que eso lo perjudicó mucho.</p><p><strong>¿Y usted se acerca a la perfección?</strong></p><p>Pero ni de lejos, ni de lejos, afortunadamente. ¿Cómo sería cuando alguien es perfecto? ¿Qué haría? No necesitaría hacer nada. ¿Para qué hacer algo, si ya es perfecto?</p><p><strong>“El que no llora no mama, y el que no afana es un gil”, sigue ‘Cambalache’. Como la vida misma.</strong></p><p>Sí, eso sí que está muy escrito en los rasgos argentinos, rasgos, digo, para no hablar de identidad. Todo el tiempo los argentinos se creen muy poderosos porque se la pasan llorando a ver si maman y protestando por todo. Y llega un momento en que la protesta deja de ser poder para ser pura queja. En Argentina se pasa mucho ese límite.</p><p><strong>Mamar, quiere mamar todo el mundo. En España, también. Y de afanar, ni hablemos. </strong></p><p>En todos lados se afana bastante. El problema es convencerse de que si no lo haces eres un gil. Pero el tema del afanar, del robar, me parece un poco menor, porque lo que roba el más corrupto de todos los corruptos no se acerca ni de lejos a lo que roba cualquier gran capitalista, como Bezos, Ortega o Gates. Pero se indignan y nos hacen indignar con lo que roba un corrupto, que es feo y desagradable, para que luego digamos: “No, pero los grandes empresarios sí que son decentes”. </p><p><strong>Tiene un rincón virtual llamado ‘Cháchara’, donde trata lo divino y lo humano. ¿Se dirige a sí mismo para desahogarse o quiere contarnos de qué va el mundo? </strong><a href="https://chachara.org/" target="_blank">‘Cháchara’</a></p><p>Sigo haciendo lo que vengo haciendo desde hace muchísimos años, que es escribir las cosas que pienso. Lo curioso es que, durante muchos, muchos años, me justificaba por el hecho de que me pagaban por ello. Te sientes socorrido, no solo es útil, pero sobre todo facilita mucho las cosas, te permite hacerlas sin pensar por qué las haces: bueno, lo hago porque yo vivo de esto. En <em>Cháchara </em>empecé a hacerlo sin que me pagaran y era sorprendente decidir que iba a hacerlo sin tener la excusa del dinero, simplemente porque me parecía que valía la pena. Esto te enfrenta a la razón o sinrazón de lo que haces, te obliga a estar convencido de que lo quieres hacer. Y lo hice por armar un espacio donde escribir ciertas cosas y poder escribirlas sin que nadie me jodiera.</p><p><strong>“¿Están todes loques? ¿O solo algunes?”, leo en su rincón virtual. ¿El lenguaje inclusivo se soluciona de esta guisa? </strong></p><p>Cualquier idioma es un conjunto de costumbres adquiridas. Uno se acostumbra a que cuando dice los sonidos “perro” piensa en un animal. Yo no estoy acostumbrado a la terminación en e, me suena fea. Pero me parece bien que haya un intento de <em>desmachizar</em> el lenguaje. Me parece perfecto. Yo estaría más a favor de poder usar el plural genérico en masculino o femenino indistintamente. O sea, que si tú y yo estamos hablando, yo pueda decir: nosotras estamos hablando.</p><p><strong>Como Unidas Podemos.</strong></p><p>Como Unidas Podemos, sí. A mí me gusta más esa solución, porque mantiene esa costumbre que es el lenguaje. Los plurales se hacen en o y en a. El asunto es que no haya una preeminencia del plural hecho en aparente masculino.</p><p><strong>¿Unidas Podemos le gusta por algo más que eso?</strong></p><p>Me gustaba mucho al principio el intento de cambiar las formas de hacer política, la horizontalidad, el Estado asambleario, todo eso. Yo sé que es muy difícil de mantener, pero me da mucha pena la intensidad y la profundidad con la que no lo mantuvieron. Me parece que es otra oportunidad perdida. Veremos a la próxima.</p><p><strong>Escribió en ‘El País’ que actualmente ser positivo es lo peor. Se refería al covid. ¿Pero no es un poco el mundo al revés?</strong></p><p>Sí, es parte de este mundo al revés en el que estamos viviendo. Creo que nunca nos había pasado vivir algo tan imprevisible como lo que nos ha sucedido en el último año. Me tiene muy impresionado. Todo lo que nos ha pasado en nuestras vidas entraba dentro de lo posible, de lo previsible. Pero un año encerrados, enmascarados, aterrados, en el que todo se ha detenido, es algo que nunca imaginamos. Y resulta muy raro que a una generación entera, al mundo entero, le suceda algo que no hubiera imaginado antes.</p><p><strong>¿Contra qué está vacunado, covid aparte?</strong></p><p>Espero estar vacunado contra la certeza. Me encantaría estar vacunado contra la soberbia que se les atribuye a los argentinos, y me gustaría estar vacunado contra el cliché, contra el lugar común. Eso es más difícil. No sé si todavía me dieron la segunda dosis.</p><p><strong>Dice que vuelven los chinos, a través de las mascarillas. ¿A usted le dan miedo? Los chinos, digo.</strong></p><p>No, miedo no. Creo que tuvimos la suerte de vivir en uno de los escasos periodos en que China no fue el país más poderoso del mundo. Pero va a volver a serlo. Y es una lástima, porque es una cultura con la que no tenemos ningún<em> feeling</em>, ninguna relación. Quizá dentro de 100 años su poder haga que ya mucha gente tenga una relación fuerte con esa cultura. Pero lo raro es que la hegemonía, el poder económico y político chino, por ahora no se ha manifestado en ninguna forma visible cultural. Los chinos han conseguido todo este poder con formas occidentales, creando máquinas, culturas, costumbres y espacios occidentales. Creo que ahora llega el momento en que eso va a empezar a torcerse, a <em>chinizarse</em> o <em>sinizarse</em>, como se diga, y por suerte no lo vamos a ver nosotros, pero dentro de 50 o 100 años el mundo va a ser mucho más chino.</p><p><strong>¿Tiene miedo de algo?</strong></p><p>¿Miedo? Sí, de pasarla mal, de sufrir, básicamente. No sé si de mucho más. Yo decía con esto de los chinos que no es que les tenga miedo, me resultan muy ajenos. Qué curioso que después de pasarnos una vida despotricando contra el imperialismo cultural yanqui, en algún momento empecemos a extrañarlo, y digamos ¡pucha! Finalmente nos parecíamos mucho más a los norteamericanos que a los chinos. Pero no me dan miedo. Me resultan muy ajenos. Me parece que va a ser un fenómeno curioso que, de todas maneras, yo no voy a ver.</p><p><strong>Antes decía que nunca tuvo terapeuta en una familia entera de psicoanalistas. ¿Se considera exótico por ello?</strong></p><p>No. Estamos en tiempos de vacunas y supongo que eso me debe haber vacunado. Me dieron todas las dosis que había de todas las vacunas del mundo.</p><p><em>*Este artículo está publicado en el número de mayo de</em> tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Karmentxu Marín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Martín Caparrós: "Espero estar vacunado contra la certeza"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura latinoamericana,Argentina,TintaLibre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mejor no andar hablando demasiado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/mejor-no-andar-hablando_1_1178538.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47614d89-4a3d-4b86-8443-31b6ec9d9773_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mejor no andar hablando demasiado"></p><p>Justo después de publicar mi primera novela en Guatemala, a mediados de 2003, me tomé una cerveza con el escritor salvadoreño <strong>Horacio Castellanos Moya</strong>, que estaba viviendo en aquella época en el país. Nos juntamos en un viejo bar llamado El Establo. Nomás verme entrar, Castellanos Moya alzó su botella de cerveza, me felicitó, esbozó una ligera sonrisa de diablo y me advirtió que huyera de Guatemala lo más pronto posible. *</p><p>Mi entrada al mundo literario había sido tan inesperada como accidental. Yo tenía entonces 32 años y no había publicado nunca, nada. No solo sabía muy poco del ambiente literario en Guatemala, sino que<a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/10/02/la_segunda_vida_eduardo_halfon_38643_1026.html" target="_blank"> sabía aún menos de Guatemala</a> en general. Había salido del país en 1981 —el día después de mi décimo cumpleaños— con mis padres y hermanos, a Estados Unidos. Crecí en Florida y luego estudié Ingeniería en Carolina del Norte. En el colegio siempre fui el niño matemático.<strong> Nunca leí libros</strong>. Nunca me gustaron. Y en 1994, al terminar la universidad, volví finalmente a Guatemala, un país que ya apenas conocía y con un español muy rudimentario. Me puse a trabajar como ingeniero en la empresa de construcción de mi padre y, poco a poco, empecé a encontrar mi camino de vuelta a mi país y a mi lengua materna; aunque siempre invadido por un profundo sentimiento de desasosiego o desubicación, un sentimiento de no pertenecer. Hoy comprendo que aquella angustia existencial resulta habitual más o menos a esa edad, al salir de la universidad, pero en aquel entonces me sentía como un hombre sin país, sin lengua propia, sin profesión (estaba, literalmente, en la de mi padre), sin un sentido real sobre quién era ni qué debía hacer. Y esa frustración continuó creciendo en mí durante los siguientes cinco años, hasta que decidí buscar ayuda. Pero mi concepto de ayuda, siendo tan metódico y tan ingeniero, fue buscar respuestas no en la psicología ni en la religión, sino en la filosofía. Acudí a una de las universidades de la capital, la Universidad Rafael Landívar, a preguntar si era posible inscribirme en un par de cursos de Filosofía, creyendo que quizás así encontraría algún tipo de respuesta. Pero en Guatemala, como en otros países de Latinoamérica, la carrera es doble: Letras y Filosofía. Si uno quiere estudiar una, debe también estudiar la otra. Y eso hice. En pocas semanas caí enamorado de la literatura, de los libros, de la ficción; y en menos de un año había renunciado a mi trabajo como ingeniero y estaba viviendo de mis ahorros y leyendo ficción a tiempo completo, un libro al día, como una especie de<strong> yonqui de la literatura</strong>.</p><p>Un año después empecé a trabajar en la universidad —primero como asistente, luego como profesor de Letras—, al mismo tiempo que, tímida y secretamente, intentaba escribir ya mis primeros cuentos. Todos muy malos, claro. Quería escribir un cuento entero antes de poder redactar una buena oración. Aún no entendía que teclear no es escribir, que escribir está mucho más cercano a la música, a respirar, a caminar sobre el agua. Pero tenía hambre de aprender, y tuve la suerte de encontrarme con los instructores correctos, en especial con dos: Ernesto Loukota y Osvaldo Salazar, ambos filósofos y colegas míos en la universidad. Ernesto Loukota me enseñó la artesanía del lenguaje. Me pedía que escribiera una línea sobre algo —un árbol, un perro, una silla— y al día siguiente nos juntábamos para comentar esa línea, su gramática y puntuación. Luego, él me asignaba otra línea sobre otra cosa para el día siguiente. Y así. Una sola línea, todos los días. Como si fuera nuestro propio ejercicio zen. Pasó al menos un mes antes de que me permitiera escribir dos líneas. Osvaldo Salazar, en cambio, me enseñó a ser mi propio lector. De vez en cuando, yo le entregaba alguna cosa que había escrito y la estudiábamos juntos, la desmenuzábamos, editábamos no su lenguaje, sino también su estructura, su desarrollo, sus temas y su contenido en general. Si Ernesto Loukota me enseñó la artesanía del lenguaje, Osvaldo Salazar me enseñó cómo ser mi propio y más exigente lector.</p><p>Yo pasaba aquellos días dando clases, leyendo libros como un adicto y aprendiendo a escribir como si mi vida dependiese de ello (quizás mi vida sí dependía de ello), y antes de darme cuenta ya había publicado mi primer libro. Así nomás. Casi por accidente. Me había tropezado con los libros y luego había caído en la escritura. Finalmente algo estaba empezando a tener sentido, acerca de mí mismo y acerca de mi país. Y entonces llegó un salvadoreño endiablado y me dijo que huyera de Guatemala lo más pronto posible. *</p><p>Durante el último siglo, <strong>los escritores guatemaltecos han estado escribiendo, y muriendo, en el exilio</strong>. Miguel Ángel Asturias, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1967, escribió sus libros sobre Guatemala mientras vivía exiliado en Suramérica y Europa; murió en París y está enterrado allá, en el cementerio Père-Lachaise. El gran cuentista Augusto Monterroso, tras ser detenido por las autoridades militares del dictador Jorge Ubico, tuvo que salir del país en 1944. Huyó primero a Chile, después a México, donde vivió el resto de su vida y donde escribió la mayoría de sus cuentos. Allí está enterrado. Luis Cardoza y Aragón, quizás el poeta guatemalteco más célebre del siglo pasado, sufrió un destino similar: también tuvo que exilarse en México en los años treinta, donde escribió casi toda su poesía y dónde también murió. Carlos Solórzano, uno de los dramaturgos guatemaltecos más importantes, tuvo que huir del país en 1939 —primero a Alemania, después a México— y ya jamás volvió. Mario Payeras, un comandante guerrillero en los años setenta, también escribió mientras vivía exilado en México, donde murió repentina y misteriosamente (sus restos fueron sepultados en un cementerio en el suroeste del país, pero luego desaparecieron). Una de las novelas guatemaltecas más significativas de las últimas décadas,<em> El tiempo principia en Xibalbá</em>, fue escrita por el autor cakchiquel Luis de Lión. En 1984, fue secuestrado por las fuerzas militares, torturado durante 28 días y luego desaparecido. Su asesinato no se confirmaría sino hasta 15 años después, en 1999, cuando su nombre y su número aparecieron en la lista del llamado Diario Militar, un documento tenebroso que detalla el destino de los guatemaltecos desaparecidos por las fuerzas militares entre agosto de 1983 y marzo de 1985. Luis de Lión, nacido José Luis de León Díaz, seudónimo Gómez, es el número 135. Su novela fue publicada póstumamente, <strong>el más extremo de los exilios</strong>. *</p><p>Los escritores guatemaltecos —y los guatemaltecos en general— han estado viviendo durante décadas en un ambiente de miedo. Atreverse a decir algo significaba tener que desaparecer en el exilio, o ser desaparecido, literalmente. Este miedo aún existe, tanto en la vida cotidiana como en el subconsciente de los guatemaltecos, a quienes con el tiempo se les ha enseñado a callar. A no hablar. A no decir o escribir palabras que puedan matarlos, matarnos.</p><p>La primera consecuencia de esto, por supuesto, es un silencio general.<strong> En Guatemala simplemente no se habla o se escribe de algunos temas</strong>. El <a href="https://elpais.com/elpais/2018/04/25/contrapuntos/1524648058_296679.html" target="_blank">genocidio indígena</a> de los años ochenta. El profundo racismo hacia el indígena. El alarmante número de mujeres asesinadas. La imposibilidad de reforma agraria o redistribución económica. Los vínculos estrechos entre el gobierno y los narcotraficantes. Aunque todos estos son temas que definen al país, solo son discutidos y comentados en susurros, o entre paredes, o desde fuera. Pero una segunda y quizás más peligrosa consecuencia de una cultura de silencio es un tipo de autocensura: al hablar o escribir, uno no debe decir algo que pueda ponerle en peligro a él o a su familia. La censura se vuelve automática, casi inconsciente. Y <strong>el peligro es real</strong>. Aunque ya pasaron los tiempo de dictadores, el Ejército es aún muy poderoso, y los asesinatos políticos y militares siguen resultando comunes.</p><p>¿Cómo puede un periodista ser periodista, entonces, si su vida está a la merced de los artículos que escribe? ¿Cómo puede un novelista o un poeta decir algo sincero sobre su propia gente, sobre la desigualdad social, sobre los niveles intolerables de racismo y pobreza, si su propia vida depende de las palabras de esa novela o ese poema? No pueden. El periodista no puede ser periodista. El novelista no puede permitirse a sí mismo ser sincero. Y el poeta deja de ser poeta. Salvo que, como muestra la historia reciente, y como me fue sugerido por un endiablado escritor salvadoreño, se vayan del país. *</p><p><strong>Me empezaron a seguir. </strong>O eso pensé. Fue un par de meses después de publicar mi primera novela en Guatemala, en 2003. Al inicio lo consideré una casualidad, ese sedán negro siempre estacionado cerca de mi casa, y constantemente a la vista desde el espejo retrovisor. Pero después de unos días, la casualidad se volvió paranoia y empecé a hacer las cosas que hacen los guatemaltecos en su estado normal de psicosis, el de todos los días: siempre cambiaba mi ruta, evitando calles oscuras y callejones sin salida, nunca conducía solo por la noche (tengo una amiga que hasta compró un maniquí de un hombre y lo pone a su lado, en el asiento de pasajero, y le habla mientras va conduciendo). También recuerdo que una mañana, en esa misma época, dando una clase en la universidad, dos tipos se pararon afuera del aula y se quedaron observándome por la ventana. Parecían sicarios o tal vez guardaespaldas. Solo seguí dando mi clase, intentando ignorarlos en la ventana y, después de unos minutos, se fueron. Al terminar, me aseguré de salir caminando con mis alumnos, en grupo.</p><p>Días después, me abordaron.</p><p>Estaba en la librería Sophos, husmeando libros sobre una mesa, cuando un hombre mayor se me acercó, presentándose. Estaba vestido con saco y corbata. Me dijo que había leído mi novela y me habló durante unos minutos de sus impresiones. Luego me estrechó la mano de nuevo y, aún sosteniéndola, me dijo que había sido un honor conocerme, que debía tener cuidado. Le pregunté cuidado con qué. El señor solo sonrió con cortesía y se marchó. Lo consideré extraño, pero no le di mayor importancia. ¿Tal vez solo estaba siendo amable conmigo? ¿Tal vez malinterpreté su despedida? En fin, casi lo había olvidado por completo hasta que unas semanas después recibí una llamada.</p><p>Era tarde en la noche. La voz en el teléfono me dijo que no le conocía, pero que me estaba llamando como un amigo, para advertirme de mis enemigos.<strong> ¿Qué enemigos?</strong> Yo no tenía enemigos. Yo nunca había tenido enemigos. Me ignoró y continuó hablando, y yo no lograba entender a qué se estaba refiriendo. ¿Era algo que había escrito en mi novela? ¿Algo que había dicho en alguna de las entrevistas recientes? ¿Algún comentario crítico sobre el país, sobre los políticos, sobre los guatemaltecos en general? De pronto me puse tan nervioso que dejé de prestar atención. Apenas oí lo que me dijo. Ahora lo he olvidado casi por completo. Pero sí recuerdo tres cosas. Lo primero, pensar que su voz me había sonado familiar, como si ya la hubiese escuchado en alguna parte. Dos, <strong>la mención de los nombres de mis padres y hermanos</strong>. Y tres, las últimas palabras que me dijo: Mejor no andar hablando demasiado. Luego colgó.</p><p>Al día siguiente cambié mi número de teléfono. Hasta cambié de proveedor. Pero igual empecé a dormir menos. Perdí peso. Salía de mi casa solo cuando era absolutamente necesario. Hasta cancelé dos entrevistas que tenía programadas, dándoles alguna excusa de mi trabajo o salud. No tenía ni idea de qué estaba pasando, qué cosa había hecho, dicho o escrito, pero definitivamente algo estaba pasando. ¿O no? Y de pronto, al final de una tarde de lluvia, <strong>alguien llegó a mi casa</strong>.</p><p>Aún hoy, por seguridad, no puedo dar muchos detalles. Pero lo conocía de antes. Entonces, cuando abrí la puerta y lo vi ahí parado, no pensé nada malo. Sí me pareció extraño, claro, que él llegara a mi casa. Le conocía, pero solo casualmente. No le había visto en años. Y nunca antes había estado en mi casa. Me sonrió y me estrechó la mano y hasta me dijo que sentía mucho tener que molestarme en mi casa. Pero luego entró sin pedir permiso y de inmediato, mientras se sentaba en uno de los sofás, desenfundó una enorme pistola negra y la colocó con fuerza y énfasis sobre la mesa de la sala. Me dejó mudo. Me senté en el otro sofá, frente a él. Y ahí quedó la pistola, entre nosotros, en todo su resplandor negro metálico. Él llevaba botas de vaquero y un grueso chaleco lleno de bolsos, como los que usan los fotógrafos. Me habló un poco de menudeces, preguntándome por este o aquel amigo, y luego se quedó callado unos segundos, que a mí me parecieron horas, antes de lanzarse a hablar de Hitler. Yo me sentía perdido. Hasta mareado. Recuerdo percibir gotas de sudor descendiendo por mi espalda. Aunque quería ser discreto, no podía quitarle la mirada de encima a la pistola. <strong>Y él solo me seguía hablando de Hitler, a mí, un judío</strong>. Me dijo que Hitler era uno de sus héroes. Me dijo que Hitler era uno de los mejores hombres que jamás había existido. Me dijo que admiraba a Hitler porque siempre supo cómo deshacerse de sus enemigos. Me dijo que todos deberíamos aprender de Hitler. Luego me preguntó si había entendido y yo logré balbucearle que sí y él tomó su pistola de la mesa y se puso de pie y se marchó en silencio de mi casa.</p><p><em>*Este artículo está publicado en el número de enero de</em> tintaLibre<em>. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jan 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Halfon | París]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Exilio,Guatemala,Literatura latinoamericana,Violencia,TintaLibre,Latinoamérica]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Las calles nuevamente, en 'tintaLibre']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/calles-nuevamente-tintalibre_1_1178478.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d22331b-a01b-463c-b58d-2b6f6a058619_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las calles nuevamente, en 'tintaLibre'"></p><p>Los manifestantes de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/12/08/unas_800_000_personas_participan_marcha_del_dia_los_derechos_humanos_hong_kong_101779_1022.html" target="_blank">Hong Kong</a> pertenecen a una nueva era pero los motivos de su protesta son antiguos: falta de libertad, represión policial, miedo a ser engullidos por el gigante chino. Tienen un himno, llevan paraguas y empiezan a sospechar muy seriamente que la protesta pacífica no conduce a ninguna parte.</p><p>tintaLibre dedica su número de enero a las protestas que, como las que llenan las calles hongkonesas, recorren el planeta y marcan especialmente la actualidad política latinoamericana. La revista está disponible a partir del viernes día 3 en quioscos y librerías, a través de su App para su descarga en teléfonos iOS y Android y, si eres socio de infoLibre, ya puedes leer tintaLibre enero y todos los números anteriores haciendo clic <a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a>.</p><p>En La Paz, como en <em>Novecento</em>, de Bertolucci, bajan las masas con sus banderas indigenistas desde El Alto, tomando la calle porque<a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/11/16/por_que_conflicto_bolivia_si_golpe_estado_101027_1022.html" target="_blank"> Evo fue invitado al exilio</a> por el estamento militar en connivencia con un nuevo poder político que habla en nombre de la Biblia. <a href="https://elpais.com/internacional/2019/11/12/america/1573566340_453048.html" target="_blank">La palabra del dios evangelista</a>, la misma de Bolsonaro, sustituye a la Pachamama en el imaginario simbólico. Hay un<strong> </strong>trasfondo racista: la clase oligárquica, blanca y criolla, no quiere ser gobernada por los indios, por mucho que estos mejoren la renta per cápita del país y erradiquen el analfabetismo.</p><p><a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/12/16/mas_millones_chilenos_participan_inedita_consulta_para_reformar_constitucion_102014_1022.html" target="_blank">Chile despierta</a> de su sueño neoliberal y desempolva las canciones de Victor Jara y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/07/02/quilapayun_fuimos_las_canciones_del_chile_allende_51915_1026.html" target="_blank">Quilapayún </a>como en un <em>flashback</em> amargo delante de la pantalla del televisor. La chispa fue el aumento del precio del billete del metro, pero el descontento estaba ahí agazapado entre los estudiantes, los obreros, los sectores más vulnerables de una sociedad que no comulgó con el cuento neoliberal de las grandes cifras macroeconómicas. <strong>Chile</strong> pisa las calles nuevamente y hasta Patti Smith canta en un estadio de Santiago <em>El Pueblo unido</em>.</p><p>En una calle de<strong> Ciudad Juárez</strong>, en el estado mexicano de Chihuahua, hay una cruz con demasiados clavos en recuerdo de cada una de las mujeres asesinadas impunemente. Al otro lado está El Paso, la frontera, Donald Trump, el sueño y la pesadilla. Muchas mujeres, mucha opresión, mucha violencia.</p><p><a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/10/02/la_segunda_vida_eduardo_halfon_38643_1026.html" target="_blank">Eduardo Halfon</a>, escritor guatemalteco, narra la visita a su casa de <strong>Ciudad de Guatemala</strong> de un hombre que le resultaba conocido y que se sentó en el salón, colocando una pistola encima de la mesa. Halfon, acababa de escribir su primer libro y aquella máscara conocida le avisaba: “No conviene andar hablando demasiado”.</p><p>En <strong>España</strong> salen los grandes notarios del reino diciendo que esto marcha, que la economía toma impulso, que la inflación está controlada y el desempleo cae, pero esa llovizna de datos llega a muy pocos hogares y no salimos del círculo vicioso de la temporalidad y de la precariedad, dos anomalías contumaces del mundo feliz que nos describen los contables. Le siguen los padres de la iglesia de Bruselas reprendiendo al alumno díscolo por las pensiones, el IVA y el salario mínimo y parece que aquí nadamos en la misma placenta que Alemania, que a su vez declara públicamente que necesita millón y medio de trabajadores especializados.</p><p>Todo es un tumulto, arden las barricadas, pero la protesta conoce un único lenguaje universal; quizás no vivamos para contarlo, quizás nuestras diferencias sean más grandes que nuestras simpatías, pero sin movimiento todavía puede ser mucho peor. A veces David puede vencer a Goliat.</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jan 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las calles nuevamente, en 'tintaLibre']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bolivia,Guatemala,Literatura latinoamericana,México,Argentina,TintaLibre,Latinoamérica,Chile,Hong Kong,Andrés Manuel López Obrador]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mario Vargas Llosa camina sobre seguro con 'Tiempos recios']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/mario-vargas-llosa-camina-seguro-tiempos-recios_1_1175518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d2dfcec2-b8a8-4c3b-b073-0b38699cc447_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mario Vargas Llosa camina sobre seguro con 'Tiempos recios'"></p><p>Para hablar de la nueva novela de<strong> Mario Vargas Llosa</strong> (Arequipa, Perú, 1936), la editorial Alfaguara menciona <em><strong>La fiesta del Chivo</strong></em>, uno de los títulos más celebrados del premio Nobel, publicado en el año 2000. El lector podría temer que se tratara de una estrategia de <em>marketing </em>para que <a href="https://www.megustaleer.com/libros/tiempos-recios/MES-105177" target="_blank">Tiempos recios</a>, el libro que salía este martes a la venta en todo el mundo hispanoparlante, tuviera mejores resultados que las últimas obras de ficción del peruano, <em>El héroe discreto</em> y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/03/01/mario_vargas_llosa_populismo_sido_derrotado_argentina_45721_1026.html" target="_blank">Cinco esquinas</a>, consideradas piezas menores de su producción. Pero la comparación tiene sentido: si hace 19 años se centraba en la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana y en su asesinato, orquestado por la CIA, ahora se detiene en <strong>la figura del coronel Jacobo Árbenz</strong>, presidente de Guatemala derrocado por un golpe de Estado con firma, de nuevo, de la inteligencia estadounidense. </p><p>La primera diferencia con aquella obra quizás sea, entonces, el cambio de villano por héroe. Si <em>La fiesta del Chivo</em> se construía en torno a un Trujillo violento, abusador y asesino, Árbenz aparece dibujado como un hombre honesto, valiente y cabal. Vargas Llosa no oculta sus simpatías por el protagonista: "Escribiendo esta novela, se me hizo extraordinariamente simpático, respetable". El novelista le describe, en la presentación de su libro en Madrid en la mañana del martes, como "un personaje trágico", <strong>mártir de la causa liberal</strong>, caído en desgracia y exiliado debido a su intento de, "a través de la legalidad, transformar ese país". Pero <em>Tiempos recios</em> otorga también su espacio a los antagonistas, integrados por las fuerzas de la CIA,<strong> la poderosa United Fruit Company</strong>, que veía peligrar sus intereses en el Caribe, y el servicio de propaganda de esta, encabezado por Edward L. Bernays, que trató de justificar el ataque a Árbenz tachándole de marioneta comunista. </p><p>La figura de Árbenz puede resultar lejana para los lectores españoles, sobre todo en comparación con figuras como la de Salvador Allende, pero Vargas Llosa ve la reacción a su presidencia como<strong> un "hecho neurálgico" de la historia latinoamericana</strong>. Un poco de contexto: este coronel llegó al poder tras ganar las elecciones en 1950, con el apoyo de obreros, estudiantes y campesinos y la promesa de acometer <strong>una gran reforma agraria</strong>. La United Fruit controlaba entonces más de la mitad de las tierras de cultivo del país, y el candidato proponía expropiar terrenos ociosos, en gran medida pertenecientes a esta compañía, para dárselos en propiedad a los pequeños agricultores, que carecían de capacidad adquisitiva. El Decreto 900, por el que se materializaría la propuesta en 1952, apelaba al desarrollo de "la forma de explotación y métodos capitalistas" frente a la "propiedad feudal" vigente hasta entonces. La multinacional y el Gobierno estadounidense no parecían estar de acuerdo. </p><p>Vargas Llosa dibuja en su novela la campaña de desprestigio orquestada contra el presidente, acusado de ser un <strong>emisario comunista para controlar al Canal de Panamá</strong>. El personaje del publicista Edward Bernays lo explica así en las páginas del Nobel: "Somos nosotros los que debemos<strong> ilustrar al gobierno y a la opinión pública</strong> sobre Guatemala, y hacerlo de tal modo que se convenzan de que el problema es tan serio, tan grave, que hay que conjurarlo de inmediato. ¿cómo? Procediendo con sutileza y oportunidad. Organizando las cosas de manera que la opinión pública, decisiva en una democracia, presione sobre el gobierno para que actúe, a fin de frenar una seria amenaza. ¿Cuál? La misma que les he explicado a ustedes <strong>que no es Guatemala</strong>: el caballo de Troya de la Unión Soviética infiltrado en el patio trasero de Estados Unidos". "Árbenz no era comunista, era <strong>anticomunista</strong>", protesta Vargas Llosa, aunque una de las principales medidas del presidente fue legalizar el<strong> Partido Guatemalteco del Trabajo </strong>y permitir la sindicación de los maestros. "Las reformas eran liberales, socialdemócratas".  </p><p>"Mi impresión es", retoma el escritor, "que si Estados Unidos en lugar de haber derrocado a Árbenz hubiera apoyado las reformas, <strong>otra hubiera sido la historia</strong> de América Latina". Pero no hace referencia a otras intervenciones similares del Gobierno norteamericano que vendrían después, como <a href="https://www.nytimes.com/es/2017/10/17/chile-cia-golpe-allende-pinochet/" target="_blank">el apoyo al golpe de Estado contra Allende</a> en Chile o el sostenimiento del <a href="https://elpais.com/internacional/2016/05/27/argentina/1464377638_258435.html" target="_blank">Plan Cóndor</a>, la alianza de dictaduras latinoamericanas para aniquilar a los disidentes políticos. Lo que defiende el premio Nobel es que, sin el apoyo de Estados Unidos a Carlos Castillo Armas, militar que dirigió finalmente el golpe contra Árbenz, la revolución cubana habría tomado otro cariz. "Probablemente, <strong>Castro no se habría radicalizado</strong> y no se habría hecho comunista", explica ante el auditorio, asegurando que el programa defendido por el entonces abogado Fidel Castro en el Cuartel Moncada era "un programa socialdemócrata". De hecho, el Che Guevara hace un cameo en el volumen: el joven Ernesto se encuentra en Guatemala cuando se produce el golpe de Estado contra Árbenz, que observa con rabia. </p><p>Esta una observación sobre la historia y la política del continente, pero es también una reflexión sobre el propio pasado intelectual del novelista, conocido por su paso desde posturas de izquierda en su juventud a <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/03/15/el_liberalismo_segun_vargas_llosa_80656_1026.html" target="_blank">las actuales ideas liberales</a>. "[La acción de Estados Unidos en Guatemala] fue lo que llevó a muchos jóvenes en esos años, yo entre ellos, a pensar que era imposible una democracia y que lo que había que buscar era más bien el paraíso comunista.<strong> Eso nos atrasó medio siglo</strong>", defiende. Hoy el novelista <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/04/13/el_liberalismo_vargas_llosa_contra_las_cuerdas_93949_1026.html" target="_blank">no ve "dictaduras militares"</a> en el continente, sino "dictaduras ideológicas", entre las que sitúa a Cuba, Venezuela y Guatemala. "El hecho más importante para mí en América Latina", celebra, "es que la dicotomía que existía entre dictaduras militares y la revolución comunista no existe hoy". </p><p>Pero Vargas Llosa toma distancia. Pese a la proliferación de personajes de no ficción en <em>Tiempos recios</em> —Árbenz, Castillo Armas, pero también <strong>Johnny Abbes García</strong>, matón de Rafael Trujillo que ya figuraba en <em>La fiesta del Chivo</em>—, insiste en que esta esa una invención. "Investigo, no para descubrir una verdad histórica", dice, "sino <strong>para mentir con conocimiento de causa</strong>". Y no es la primera vez, de hecho, que el Nobel utiliza o juega con el género de la novela histórica: ahí está también <em>Conversación en La Catedral</em>, <em>Lituma en los Andes </em>o incluso <em>Pantaleón y las visitadoras</em>. De ellas, y de su recepción, aprendió algo: "Sé que la novela no va a ser aceptada o rechazada por los hechos históricos que retrata, sino<strong> por lo que ella representa</strong>". Aunque hay que decir que en su prólogo y epílogo, Vargas Llosa juega a confundir, dando pistas de que parte de lo que parece ficción podría en realidad tratarse de una crónica. En cualquier caso, el autor tiene un consejo: "<strong>No me crean</strong>. Léanse el libro sin prejuicios". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Oct 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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