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    <title><![CDATA[infoLibre - 11S]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/11s/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - 11S]]></description>
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      <title><![CDATA[El FBI desclasifica el primer documento de la investigación del 11S que detalla contactos de los terroristas con Arabia Saudí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/fbi-desclasifica-primer-documento-investigacion-11s-detalla-contactos-terroristas-arabia-saudi_1_1209111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9aede42d-d99d-4879-ac62-112dd72eec3a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El FBI desclasifica el primer documento de la investigación del 11S que detalla contactos de los terroristas con Arabia Saudí"></p><p>El FBI ha desclasificado este sábado el primero de lo que se espera sean <strong>varios documentos sobre la investigación del organismo de los atentados del 11 de septiembre de 2001</strong>, que dejaron casí<a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2021/09/08/dos_victimas_del_atentado_del_11s_nueva_york_son_identificadas_anos_despues_124265_1022.html" target="_blank"> 3.000 muertos</a>, después de que el presidente estadounidense, Joe Biden, ordenara revisarlos con la intención de publicarlos.</p><p>El documento en cuestión, de 16 páginas, fue escrito en 2016, y detalla <strong>contactos entre dos de los terroristas que secuestraron los aviones </strong>que utilizaron para atacar las Torres Gemelas y el Pentágono y un supuesto agente de la inteligencia saudí, además de un funcionario del consulado de este mismo país, informa Europa Press.</p><p>La embajada de saudí en <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/09/10/asi_vivieron_los_politicos_espanoles_11s_desde_ese_dia_eeuu_creyo_que_podia_declarar_cualquier_tipo_guerra_124372_1012.html" target="_blank">Washington</a> aseguró el miércoles que "acoge la publicación" de los documentos del FBI, aclarando que "<strong>cualquier alegación de que Arabia Saudí es cómplice de los atentados del 11 de septiembre es categóricamente falsa</strong>", según recoge la cadena CNN.</p><p>La orden de Biden de publicar las investigaciones se produjo después de que<strong> más de 1.600 personas afectadas por los atentados enviasen una carta al presidente</strong> pidiendo la desclasificación de información.</p><p>La publicación de este primer documento se ha producido en el <strong>20 aniversario de los atentados,</strong> pocas horas después de que el presidente acudiera a los tres <a href="https://www.infolibre.es/noticias/medios/2021/09/12/aniversario_del_tve_opta_por_actualidad_sexta_por_recuerdo_124395_1027.html" target="_blank">memoriales</a> -en Nueva York, Pensilvania y Virginia- dedicados a las víctimas de la tragedia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Sep 2021 10:15:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El FBI desclasifica el primer documento de la investigación del 11S que detalla contactos de los terroristas con Arabia Saudí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Atentados terroristas,Estados Unidos,Joe Biden,11S]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Aniversario del 11S: TVE opta por la actualidad y La Sexta por el recuerdo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/aniversario-11s-tve-opta-actualidad-sexta-recuerdo_1_1209108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e4b577d-3336-4ff5-ae4b-3114f33e0885_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aniversario del 11S: TVE opta por la actualidad y La Sexta por el recuerdo"></p><p>El veinte aniversario del 11-S, presente en todos los medios de comunicación, ha tenido <strong>especial desarrollo en TVE y en La Sexta</strong>, que han alterado sus programaciones habituales para poner el foco en los acontecimientos de aquella jornada. Y ambas lo han hecho de manera bien distinta: la cadena de Atresmedia, que aún no había nacido, se ha centrado en el recuerdo de aquella jornada con la reemisión del informativo de Antena 3 de ese día; mientras, TVE se ha centrado –sin olvidar las imágenes de veinte años atrás– en la actualidad de este momento, para lo que ha desplazado equipos especiales a los principales puntos de interés.</p><p>El 11 de septiembre de 2001 tuvo en Antena 3 un protagonista esencial durante las seis horas que duró el informativo especial: <strong>Matías Prats</strong>, presentador en aquel tiempo del noticiario de las tres de la tarde (9 de la mañana, hora de Nueva York). Matías fue narrando, entre la sorpresa y el horror, todo lo que estaba ocurriendo en directo, a pantalla completa y voz en off; y lo hacía con emoción, <strong>sin estridencias, sin aventurar datos de los que carecí</strong>a, poniendo en solfa las interpretaciones confusas de la primera hora, con rigor informativo, contención y mucha, mucha humanidad sobre las víctimas, que se presumían cuantiosas, pero que en aquellos momentos era imposible cuantificar, y también con los bomberos y policías, auténticos héroes de la jornada, que desfilaban ante las cámaras, cubiertos de restos del derrumbe de las dos torres. <strong>Junto a él, la voz de Ricardo Ortega</strong>, corresponsal en la ciudad de Antena 3, tan impactado como Matías por lo que estaba sucediendo, también comedido, aportando toda la información que obtenía, pero dominado, como profesional experimentado en tantas batallas, por la prudencia: "<strong>No son momentos para especulaciones</strong>" llegó a decir para referirse a presuntos autores, o a datos que no estaban contrastados.</p><p> Especial sobre el veinte aniversario del 11S en laSexta.</p><p>Desde el punto de vista televisivo, la reedición casi completa de lo emitido veinte años atrás ha tenido dos partes muy diferentes: los primeros 80, o 90 minutos en que Matías y Ricardo, mano a mano, o mejor, voz a voz, nos cuentan desde el impacto del primer avión hasta el derrumbe de ambos edificios. El relato continúa después, ya con la incorporación de Ernesto Sáenz de Buruaga, director de Informativos entonces, y Jesús Hermida, pero no se producen apenas novedades, no llegan datos de importancia; hay frecuentes recopilaciones de lo ya contado, repeticiones de las imágenes principales... Hace veinte años, sí, había una gran demanda de información, nuevos espectadores que se incorporaban, pero <strong>en 2021 daba la impresión de un dejá vu</strong><em>dejá vu</em>, que podría resultar incluso tedioso.</p><p>Pero conviene volver ahora a los dos grandes protagonistas. Matías Prats, decantado a una brillante madurez profesional, ha vuelto a estar <strong>omnipresente en diversos espacios de Atresmedia</strong> durante las últimas 48 horas; ha recordado, ha relatado muchos de aquellos momentos, y siempre, siempre, se ha emocionado al citar a su interlocutor de hace veinte años. Así lo hacía también otro compañero de entonces, <strong>Carlos Hernández</strong>, que escribía en redes sociales: "Son las 14:47. Hace exactamente 20 años Ricardo Ortega llamó desde NY a la redacción diciendo que veía arder una de las Torres Gemelas. Poco después lideró una retransmisión brillante con Matías Prats. <strong>Dos años después los directivos de Antena 3 le cesaron por contar la verdad sobre Irak</strong>". Meses después, ya como <em>freelance</em>, moría en Haití por disparos de tropas estadounidenses; nunca se identificó al autor o autores. Tenía 39 años, había sido corresponsal de Antena 3 en Rusia y Estados Unidos y había cubierto varias guerras.</p><p><strong>TVE, volcada con la actualidad</strong></p><p>Ya desde el viernes, La 1 de TVE ofreció conexiones con Estados Unidos en los principales informativos y programas, como <strong>La Hora de La 1</strong>. Además de las habituales corresponsales en el país, <strong>Sara Rancaño</strong> y <strong>Cristina Olea</strong>, se han desplazado a Nueva York <strong>Ana Blanco</strong> y <strong>Lorenzo Milá</strong>, y a Washington Anna Bosch, y se ha contado con <strong>Luis Pérez</strong>, enviado especial a Kabul, y <strong>Oscar Mijallo</strong> en la frontera entre Pakistán y Afganistán. Todos ellos han intervenido en el Telediario de las tres del fin de semana, así como en el programa especial que desde las 9,15 de la noche hasta las 10,15 se ha dedicado en exclusiva al aniversario.</p><p>Si a las tres la actualidad se ha centrado en los actos oficiales de recuerdo, en el especial de la noche se ha pretendido ahondar en la realidad del país tras la salida de las tropas de Afganistán y el triunfo talibán. El programa, conducido por <strong>Carlos Franganillo</strong>, se ha iniciado con una conversación tú a tú entre Ana Blanco, presentadora de aquel telediario en 2001, que se prolongó más de siete horas, y<strong> Lorenzó Milá</strong>, que fue corresponsal en Estados Unidos, en la que Ana ha recordado aquel momento: "Pensé que íbamos a tener que rectificar, que aquello no podía ser verdad, pero lamentablemente se confirmó. Tardé un año en volver a ver las imágenes". Anna Bosch se ha desplazado a la denominada <strong>"América profunda" </strong>para recabar testimonios sobre si ha valido la pena la guerra en Afganistán, mientras <strong>el doctor Rojas Marcos</strong> ha respondido al impacto que el conflicto ha representado para la sociedad americana. Tras el testimonio revelador de un antiguo combatiente, y la descripción del momento actual en Kabul y en la frontera por parte de Luis Pérez y Oscar Mijallo, <strong>Sara Rancaño ha entrevistado al hombre que salvó centenares de vidas</strong>, gracias a la llave que abría una puerta de escape en una de las torres antes de que se derrumbara. Todo ello para intentar acercar la realidad de un país que, veinte años después del horror, se confiesa más inseguro que antes, y duda de que la invasión de Afganistán haya valido la pena.</p><p>La Sexta, con el recuerdo, y La 1 de TVE con la actualidad, han contribuido a que este sábado la información haya desplazado a buena parte de la programación habitual y ocupado en gran medida la actividad en redes sociales. Ambas cadenas, a su modo, han cumplido en esta jornada <strong>su obligación de servicio público</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 23:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aniversario del 11S: TVE opta por la actualidad y La Sexta por el recuerdo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Políticos españoles, 20 años después del 11S: "Desde ese día EEUU creyó que podía declarar cualquier guerra"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/politicos-espanoles-20-anos-despues-11s-dia-eeuu-creyo-podia-declarar-guerra_1_1209088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c005ed6f-1487-409a-aeb5-d7b2b32bb678_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Políticos españoles, 20 años después del 11S: "Desde ese día EEUU creyó que podía declarar cualquier guerra""></p><p>Todo el mundo recuerda qué hacía exactamente aquel <strong>11 de septiembre de 2001</strong>. Incluso los más pequeños, que jamás habían escuchado palabras como <em>terrorismo, atentado </em>o<em> explosión</em>, fueron conscientes de que algo pasaba. Y no precisamente bueno. Buscaron respuestas en la televisión, la radio, deseando saber, tratando de comprender. Esas imágenes, la del humo saliendo de las Torres Gemelas, el caos y la confusión de esos primeros momentos y la posterior caída de aquellos edificios emblemáticos han quedado grabadas en la memoria colectiva de toda una generación.</p><p>El mundo entró en pánico aquel día: Estados Unidos, ese país percibido como poderoso e indestructible, colapsó. Todo empezó de madrugada, cuando <strong>19 terroristas de Al Qaeda</strong> secuestraron cuatro aviones comerciales en distintos puntos de la costa oeste de Estados Unidos. A las 8.46 (14.46 hora española) se estrellaba el primer avión contra una de las Torres Gemelas, en Nueva York. A las 9.03 el segundo avión chocaba contra la otra torre. Media hora después, a las 9.39 el tercer avión impactaba en el Pentágono, en una zona de oficinas y sin ocupar. El último de ellos se estrellaba a las 10.03 horas en Shanksville, Pensilvania, después de que la tripulación y los pasajeros se enfrentasen a los secuestradores en la cabina del aparato. En total: <strong>2.977 </strong>personas muertas o desaparecidas. </p><p>Todo ello ocurrió en un breve lapso de tiempo, pero la confusión inicial llevó a los programas matinales estadounidenses y, en consecuencia, a los informativos españoles, a definirlo como un accidente de avioneta tras el primer impacto en una de las torres. Pero con el segundo quedó claro que no había sido un accidente. “La otra torre, Ricardo”. Esa frase dirigida en directo por el presentador de los informativos de<em> Antena3</em> <strong>Matías Prats</strong> al corresponsal de la cadena en Estados Unidos, <strong>Ricardo Ortega</strong>, todavía resuena en la cabeza de muchos.</p><p><strong>¿Dónde estaba y cómo lo recuerda?</strong></p><p><strong>Sara Giménez,</strong> diputada de Ciudadanos y miembro de la Ejecutiva del partido, recuerda perfectamente ese momento televisivo. "El grito desgarrado de Matías Prats nos ha calado a todos. El sentimiento que te genera es casi un estado de shock, de miedo, de sentimientos que también nos retrotraen a lo sucedido años más tarde en España, con el 11M, cuando las tragedias tienen en común el sentimiento de dolor", reflexiona. Su compañera de partido y líder de Cs, <strong>Inés Arrimadas,</strong> era una estudiante veinteañera cuando pasó. "Recuerdo que pensé que eran imágenes que quedarían para siempre grabadas en mi memoria. Que aquello era algo que no íbamos a olvidar nunca, en la vida", relata. </p><p>"Cuando tuvo lugar el impacto del primer avión, estaba en una cafetería con mis amigos en la universidad. Me fui corriendo a casa y vi el impacto del segundo avión, lo cual confirmaba que no había sido un accidente sino un atentado terrorista. Con este tema me ocurre lo mismo que con el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco o con los atentados de Atocha, que recuerdo exactamente dónde estaba y con quién estaba. Supongo que le ocurre lo mismo a todo el mundo", rememora el portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, <strong>Pablo Echenique. </strong>Un relato similar al de su homóloga en el Congreso por el Partido Popular, <strong>Cuca Gamarra.</strong> "Estaba en Logroño, en casa de mis padres y tras la comida con mis hermanos y amigos no podíamos despegarnos del televisor ante lo que estaba ocurriendo. Impactados y absolutamente impotentes", narra a infoLibre.</p><p>A otros, como al diputado <strong>Juan López de Uralde,</strong> les pilló trabajando. "Estaba en la oficina de Greenpeace en Madrid. Acababa de asumir el puesto de director en España y estábamos planificando actividades. Alguien nos avisó de que pusiéramos la tele porque un avión había chocado contra las Torres Gemelas en Nueva York. Nos conectamos y lo estuvimos siguiendo con una mezcla de incredulidad, estupor y preocupación. Pareciera que aquel día se paró el mundo, porque su impacto se alargó durante meses. Fue brutal", expone. También le sucedió a <strong>Agustín Javier Zamarrón</strong>, diputado del Grupo Socialista y médico de profesión. "Ese día tuve muchas consultas y no paré ni un minuto. Llegué a casa y me encontré a mi hijo sentado en el suelo, con la mirada fija en la televisión. En ese momento se produjo el segundo atentado. Nos quedamos los dos allí, atónitos, mientras él me iba contando lo que había pasado en la otra torre", relata.</p><p>El actual consejero de Hacienda de la Comunidad de Madrid, <strong>Javier Fernández Lasquetty</strong>, trabajaba en La Moncloa, en el gabinete del expresidente<strong> José María Aznar</strong>, por aquel entonces. "Estaba comiendo en mi casa cuando se produjo el impacto del segundo avión. Lo vi en directo. Inmediatamente regresé a La Moncloa. Pasé todo el resto del día reunido con mis compañeros de gabinete, trabajando mientras veíamos por televisión el hundimiento de las torres. Aznar estaba regresando de un viaje internacional y estuvimos constantemente en contacto con él", explica.</p><p><strong>Luis Garicano,</strong> eurodiputado de Cs y vicepresidente de Renew Europa, lo vivió desde Estados Unidos. "Era el primer día de trabajo de mi mujer, en la universidad de Ohio, en Columbus. Estábamos haciendo papeleo para el parking, el permiso de entrar a los edificios, la tarjeta de identidad, y a medida que íbamos entrando en la oficina, íbamos escuchando lo que estaba pasando. Eran las 8 de la mañana cuando llegamos. Cuando fuimos al departamento de Ciencias Políticas estaba todo el profesorado llorando. Fue terrible. Cerraron la ciudad, entraron los soldados, los tanques, y aviones militares estuvieron sobrevolando toda la mañana. Fue durísimo", narra.</p><p><strong>Isabel Serra,</strong> portavoz nacional de Unidas Podemos y <strong>Andrea Fernández</strong>, diputada del PSOE en el Congreso, eran muy jóvenes. "Era muy pequeña, tenía 12 años y estaba en casa de mi madre viendo las imágenes en la televisión. Me acuerdo del gran impacto que fue", recuerda la primera. "Me acuerdo perfectamente, tenía nueve años e iba a cuarto de primaria –rememora la segunda–. Volvía de clase y me senté a comer con mis padres, que estaban muy tensos. Vimos en directo el segundo impacto en el telediario. Entonces no tenía capacidad para entenderlo del todo, pero se percibía un ambiente parecido a cuando había atentados de ETA. Yo lo asocié a <strong>Miguel Ángel Blanco</strong>, ese entorno, esa tensión, ese miedo".</p><p><strong>¿Qué impacto cree que tuvo para Occidente en general y para España en particular?</strong></p><p>"Diría que, a nivel global, además del shock civilizatorio que supuso descubrir que la primera potencia militar del mundo podía ser atacada en su propio suelo con la incertidumbre que eso conllevaba, se abrió una época en la que <strong>Estados Unidos parecía legitimado para declarar cualquier tipo de guerra –</strong>reflexiona Pablo Echenique–<strong>,</strong> al margen de una parte importante de la comunidad internacional, incluso de una parte de sus aliados, siempre que se pudiera argumentar que tenía algo que ver con la lucha contra el terrorismo. En España, eso tuvo terribles consecuencias, simbolizadas muy especialmente con la reunión en las Azores entre Bush, Blair y Aznar para declarar una guerra ilegal y basada en mentiras (las inexistentes armas de destrucción masiva), poniendo en primera línea de fuego a miles de jóvenes soldados españoles y dando excusa al terrorismo yihadista para cometer el mayor atentado terrorista en suelo español el 11 de marzo de 2004".</p><p>No opina igual <strong>Alejandro Fernández</strong>, líder del Partido Popular en Cataluña. "La apuesta atlantista de Aznar <strong>me parece una de las decisiones más audaces</strong> de la política exterior española de los últimos 200 años. Pues bien, aquel atentado y sus consecuencias posteriores desmontaron una proyección atlántica que hubiera permitido a España recuperar su lugar en el mundo. Fue una muy mala noticia para España", valora. A Agustín Javier Zamarrón le sorprendió la actitud del entonces presidente norteamericano George Bush. "Tardó mucho tiempo en hacerse cargo y esa fue la muestra de la personalidad de este individuo. Pero después no lo arregló, todo lo contrario. Marcó un devenir trágico, convulso y lleno de falsedades", opina.</p><p>"El ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono nos hizo conscientes de que nuestro modelo de convivencia –un modelo que, con sus limitaciones, se asienta sobre la libertad y el respeto de la persona– era algo que ya no podíamos dar por descontado. Pero el 11S también nos hizo ser más conscientes de nuestro<strong> vínculo transatlántico y con Europa</strong> y de nuestra gran responsabilidad personal y como país: la libertad, la primacía de la persona y el respeto del otro, de quien es diferente, son un legado que es necesario renovar continuamente y defender sin miedo", valora Cuca Gamarra.</p><p>Fernández cree que, tras el ataque, se produjo un "cambio de paradigma muy grande" con ,"cambios geopolitios y alta convulsión social". También recuerda los atentados del 11M y la contudente respuesta de la sociedad española. "Son acontecimientos que se entrelazan entre sí y terminan con la victoria de los talibanes en Afganistán", valora. "Pero quiero pensar que no es el final. Hay una semilla de cambio muy importante, <strong>con el feminismo al frente</strong>". Su compañero de partido, Zamarrón, reflexiona sobre los cambios y migraciones que se han producido en occidente, antes y después de los atentados. "Occidente siempre ha tenido migraciones y, al final, nuestra cultura es una suma de identidades. Leía recientemente la historia de Constantinopla, de Julius Norwich. Relata cómo<strong> a través de las cruzadas se </strong><strong>perpeñaban masacres</strong>, con el componente religioso en el centro, una historia que se acaba repitiendo de algún modo", expone. </p><p>Para Lasquetty y Garicano estos atentados fueron <strong>decisivos en la lucha contra ETA.</strong> "Occidente obligó a recordar que la libertad y la sociedad abierta tienen enemigos, y que tenemos el deber de defendernos de ellos. A España, en particular, le sirvió para que todo Occidente entendiera mejor lo que sufríamos bajo los constantes ataques terroristas de ETA. Aznar lo aprovechó para lograr un nivel de apoyo internacional en la lucha contra el terrorismo como nunca antes ni después tuvimos", valora el primero. "Tuvo muchos impactos, pero quizás el más importante fue el fin de ETA. El terrorismo y la tolerancia de algunas sociedades con el terrorismo terminó ese día y a partir de ahí la desarticulación de ETA fue inevitable", zanja el segundo.</p><p>Isabel Serra cree que, tras los atentados, "se justificaron medidas de excepción <strong>fuera de cualquier control democrático</strong>": "El 11S ha significado la constantación para la gente de algo que hasta ese momento a lo mejor no todo el mundo asumía y es que los poderes militares no pueden rediseñar el mundo por mucho poder que tengan", opina. "Los estados aprovecharon ese atentado para tensar los límites de los derechos de la ciudadanía en cuanto a libertad de expresión. Se aprovechó para tensar también el discurso hacia la polarización buenos demócratas/malos, y aquí entra el racismo, la discriminación a otras religiones, países etc. Se exacerbó el nacionalismo con la construcción de un chivo expiatorio que era todo el que no piense como el gobierno. Se tomaron medidas excepcionales de control de comunicaciones y de libertad de expresión con la excusa del terrorismo...que permitieron que fuera posible la persecución a Assange, por ejemplo".</p><p>"La primera impresión fue de vulnerabilidad, ya que había sido un ataque en el corazón del 'imperio'. No parecía posible que algo así pudiera ocurrir. En España se generó una sensación también de inseguridad. Recuerdo que durante meses hubo un parón muy fuerte por ejemplo de afiliación a Greenpeace. La gente tenía un miedo seguramente difuso, pero que existió. En mi caso, y desde una ONG, vivimos con mucha preocupación <strong>el recorte que supuso para los derechos humanos</strong>, ya que parecía que todo iba a valer a partir de entonces para combatir el terrorismo. De hecho este y otros atestados se utilizaron posteriormente para justificar persecuciones contra las organizaciones y los derechos civiles en todo el mundo. La propia ley mordaza española es hija de esa nueva doctrina", concluye López de Uralde.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Monforte / José Enrique Monrosi]]></author>
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      <title><![CDATA["EEUU quería sangre y la tuvo": el demoledor balance de 20 años de "guerras interminables"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/eeuu-queria-sangre-tuvo-demoledor-balance-20-anos-guerras-interminables_1_1209083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/080a5ab6-35b3-414b-89cc-d8f3166fa61c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""EEUU quería sangre y la tuvo": el demoledor balance de 20 años de "guerras interminables""></p><p>Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, simbolizados por la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, <strong>“los estadounidenses querían sangre, y la tuvieron”</strong>. Como subrayó el periodista Nick Turse dos días después de la caída de Kabul, la conmoción que supuso el primer golpe contra el imperio estadounidense en su propio territorio, con cerca de 3.000 muertos causados por atentados suicidas de terroristas de Al Qaeda en aviones de pasajeros, llevó a Washington a <strong>librar guerras en el extranjero durante veinte años</strong>. De Afganistán a Libia, pasando por Irak.</p><p>El trauma llevó entonces al país a dar al presidente George W. Bush <strong>carta blanca para librar la “guerra contra el terrorismo”</strong>, aunque ello supusiera ignorar ciertos principios democráticos. Lo hemos visto con el campo de Guantánamo, donde reina la justicia de excepción –acaba de reanudarse el juicio de los cinco presuntos culpables de los atentados del 11 de septiembre de 2001–, pero también con el recurso a la tortura, a las prisiones secretas en las naciones aliadas y a la vigilancia generalizada.</p><p>En el Congreso, sólo Barbara Lee, demócrata electa por California, votó en contra de conceder al presidente una autorización amplia e ilimitada para usar la fuerza militar. Para ella, recuerda dos décadas después, era una carta blanca que permitía a cualquier presidente recurrir a la fuerza en cualquier parte del mundo. “Recomendé precaución porque ya entonces sabía que no había solución militar en Afganistán”, señalaba a <em>The Nation</em>.</p><p><strong>Los dirigentes estadounidenses también han recurrido a la mentira generalizada</strong>, ya sea para justificar la ofensiva contra Irak por las supuestas “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein o en Afganistán. Las pasiones han prevalecido sobre la razón.</p><p>En un libro reciente, <em>The Afghanistan Papers: A Secret History of the War</em> (<em>Los papeles de Afganistán: una historia secreta de la guerra</em>), el periodista de <em>The</em> <em>Washington Post </em>Craig Whitlock muestra cómo estos responsables, tanto civiles como militares, mintieron a sabiendas al Congreso y al pueblo estadounidense sobre lo que estaba ocurriendo en este país del sur de Asia.</p><p>Se basó en documentos y entrevistas con funcionarios recogidos desde 2011 por una agencia del gobierno estadounidense, Sigar (Special Inspector General for Afghanistan Reconstruction), creada para entender por qué, diez años después del inicio del conflicto en Afganistán, Estados Unidos se encontró empantanado, como en Vietnam en el siglo anterior.</p><p>El periódico y su reportero –que tuvo acceso a documentos y entrevistas en virtud de la ley sobre la libertad de información– causaron sensación cuando se publicaron los primeros artículos. Los mismos responsables que afirmaban públicamente que Estados Unidos estaba ganando la guerra en Afganistán expresaban sus dudas a los funcionarios de Sigar. <strong>Oficialmente, todo iba bien, pero sobre el terreno no era así.</strong></p><p>Militarmente, los talibanes aparecían ante los afganos rurales como los garantes de una lucha nacionalista y los que iban a poner fin a los abusos cometidos por los soldados, policías y milicianos apoyados por Estados Unidos (véase este <a href="https://www.hrw.org/report/2015/03/03/today-we-shall-all-die/afghanistans-strongmen-and-legacy-impunity" target="_blank">informe</a> de 2015 de Human Rights Watch sobre la impunidad de la que gozaban).</p><p>En términos de reconstrucción, la situación no era mucho mejor, aunque Estados Unidos había gastado más que en el Plan Marshall, que había ayudado a Europa a recuperarse después de la guerra. <strong>El gobierno afgano, apoyado por Washington, se había convertido en una cleptocracia</strong>.</p><p>Los militares estadounidenses incluso le habían dado un apodo: “Vice”, por “Vertically Integrated Criminal Enterprise”, una empresa criminal integrada verticalmente. La CIA, el Ejército estadounidense, el Departamento de Estado y otras agencias de la administración estadounidense utilizaron y abusaron del dinero en efectivo y de los contratos lucrativos para ganarse el favor de los señores de la guerra afganos en la lucha contra Al Qaeda y los talibanes.</p><p>Entre ellos estaba Mohammed Qasim Fahim Khan, un comandante de las milicias tayikas que fue ministro de Defensa de 2001 a 2004 y luego nombrado vicepresidente (murió de un ataque al corazón en 2014). Interrogado por Sigar, el exembajador de Estados Unidos en Kabul, Ryan Crocker, relata su encuentro con él en 2002, cuando acababa de ser nombrado en la capital afgana, y su comportamiento cuando le explicó que uno de sus colegas en el gobierno había sido asesinado.</p><p>“Se rio contándolo”, explicó. “Más tarde, mucho más tarde, se dijo, no sé si se comprobó o no, que el propio Khan mandó matar al ministro. Pero ciertamente salí de esos primeros meses con la sensación de que, incluso para los estándares afganos, estaba en presencia de <strong>una persona totalmente diabólica</strong>”.</p><p>Todo había comenzado con la invasión de Afganistán, en octubre de 2001, para capturar a Osama bin Laden, que estaba protegido por los talibanes y que sería asesinado en mayo de 2011 en su escondite de Pakistán por un comando de las fuerzas especiales estadounidenses. Continuó en Irak dos años después. Y <strong>nunca se detuvo</strong>, hasta la retirada decidida por Donald Trump –que había prometido acabar con las “guerras interminables”– y luego confirmada por Joe Biden.</p><p><strong>20 años de caos y miedo en nombre de la “guerra contra el terrorismo”</strong> y de los que los máximos responsables nunca han rendido cuentas. Por el contrario, hoy se les puede ver desfilando por los canales de televisión estadounidenses para criticar las malas decisiones del presidente Joe Biden. Se presentan como expertos, olvidando su condición de consultores o miembros de consejos de administración de empresas del complejo militar-industrial estadounidense.</p><p><strong>Desde 2001, las intervenciones estadounidenses han matado a más de 800.000 personas</strong>, han desestabilizado regiones enteras, han llevado a millones de personas al exilio y <strong>han costado un total de 6,4 billones de dólares</strong> (unos 5,4 billones de euros, sin contar los 2,2 billones de dólares, 1,86 billones de euros, que habrá que gastar en los próximos 30 años para atender a los veteranos). También han impactado en la sociedad estadounidense, cada vez más militarizada y violenta.</p><p>El balance de estas guerras posteriores al 11S, reflejada en la infografía que se muestra a continuación, la elabora desde 2011 el Instituto Watson de la Universidad de Brown, situado en Providence, Rhode Island (noreste de Estados Unidos), como parte del proyecto <a href="https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/2020/Peltier%202020%20-%20Growth%20of%20Camo%20Economy%20-%20June%2030%202020%20-%20FINAL.pdf" target="_blank">“Costes de la guerra”</a>.</p><p>La antropóloga Catherine Lutz es su cofundadora y codirectora. 20 años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, hablamos con ella.</p><p> Entre 2001 y 2020, la guerra contra el terrorismo ha costado 6,4 billones de dólares a Estado Unidos.</p><p><strong>PREGUNTA: ¿Por qué puso en marcha el proyecto en 2011?</strong></p><p><strong>RESPUESTA: </strong>Empezamos este proyecto porque pensamos que, diez años después del comienzo de la guerra, no se estaba proporcionando suficiente información al público. A medida que se acercaba el décimo aniversario de los atentados del 11S, pensamos que era necesario encontrar a los expertos que pudieran ofrecer al público estadounidense una imagen mucho más completa y detallada de la guerra y sus repercusiones. Así que llamamos a estos expertos y publicamos sus informes. Tuvimos mucho éxito al principio, porque dábamos información que el gobierno estadounidense no recogía o simplemente no publicaba. Esto fue útil para el debate público.</p><p><strong>P:</strong> <strong>Si se puede resumir, ¿cuáles fueron los principales resultados de este trabajo?</strong></p><p><strong>R: </strong>Conseguimos cambiar el discurso público sobre la guerra. Lo que conseguimos fue cambiar el discurso público de que la guerra era de alguna manera poco costosa, muy protectora de los derechos humanos sin causar muchas muertes, aparte de las de los soldados estadounidenses. Se prestó mucha atención a éstos, tanto en lo que se refiere a las bajas como a los heridos en sus filas, pero se habló muy poco de las bajas civiles y del hecho de que éstas se llevan la peor parte en estos conflictos.</p><p> Desde 2001, la guerra contre el terrorismo ha causado 801.000 víctimas estadounidenses y extranjeras.</p><p><strong>P: ¿Aprenderá Estados Unidos las lecciones de estas guerras, especialmente del conflicto afgano, que Joe Biden decidió terminar justo antes del vigésimo aniversario de los atentados suicidas del 11S?</strong></p><p><strong>R:</strong> La cuestión es más bien quién ha aprendido la lección. El pueblo estadounidense, tal vez. Pero no estoy seguro de que ese sea el caso de los responsables del gobierno. A corto plazo, la lección que se va a aprender es la de no volver a Afganistán, no hacer <em>“nation building”</em> [construcción nacional] en otros países, pero esa no fue la razón inicial que se dio para ir a Afganistán y no creo que ese razonamiento se haya cuestionado. Seguramente los dirigentes estadounidenses aún creen que la guerra puede ser una herramienta diplomática eficaz.</p><p>  </p><p> Irak concentra casi la mitad de las víctimas de las guerras contra el terrorismo.</p><p><strong>P: ¿Qué lección podría haber aprendido el presidente Joe Biden?</strong></p><p><strong>R:</strong> Ha aprendido la lección de dos maneras. En primer lugar, hace años llegó a creer que la lucha antiterrorista debía hacerse sin soldados sobre el terreno, sino mediante el uso de drones y asesinatos selectivos, técnicas que de hecho no son especialmente legales. Luchó por ello en el gobierno de Obama, pero no se salió con la suya.</p><p>En segundo lugar, aprendió con la muerte de su hijo Beau [que murió de un tumor cerebral en 2015 tras ser destacado en una base en Irak] que el coste humano de las “<em>boots on the ground” </em>[botas en el terreno] es muy alto. Se comprometió a traer a los soldados estadounidenses a casa y a utilizar operadores de aviones no tripulados en suelo estadounidense para combatir la guerra de forma segura. Eso es lo que pasó con él.</p><p>Pero, desgraciadamente, ayer [1 de septiembre] se aprobó el presupuesto del Pentágono, que aumenta. Biden no ha aprendido la lección de que el problema es más bien la militarización, el uso de la guerra como herramienta principal de la diplomacia estadounidense. En los últimos días se ha mostrado belicoso en sus discursos, hablando de cazar a los terroristas y destruirlos.</p><p><strong>P: ¿Podemos explicar estos 20 años de guerras en el extranjero por el importante papel del complejo militar-industrial en Estados Unidos?</strong></p><p><strong>R:</strong> Sí, siempre es una fuerza impulsora de las guerras estadounidenses. Tenemos poderosas empresas que ganan miles de millones de dólares cada año gracias al flujo constante de dinero del Pentágono. La guerra es muy rentable. El uso de los contratos ha aumentado de forma espectacular en los últimos veinte años. En nuestra página web publicamos un <a href="https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/2020/Peltier%202020%20-%20Growth%20of%20Camo%20Economy%20-%20June%2030%202020%20-%20FINAL.pdf" target="_blank">artículo</a> de la investigadora Heidi Peltier sobre lo que ella denomina la “economía del camuflaje”, porque, según explica, “el gobierno de Estados Unidos ha utilizado la comercialización (a menudo llamada erróneamente “privatización”) de las Fuerzas Armadas como camuflaje, ocultando los verdaderos costes financieros y humanos de las guerras estadounidenses posteriores al 11S".</p><p><strong>P: ¿Podría haber otras guerras?</strong></p><p><strong>R: </strong>El Pentágono se centra ahora en China y Rusia, lo que se denomina la “nueva Guerra Fría”. Incluso si no hay conflicto, seguirá habiendo inversiones masivas para preparar el siguiente. Este es el problema. La guerra no es sólo una violencia interminable, sino también una preparación interminable para la guerra. Joe Biden puso fin a la guerra de Afganistán, pero no a las “guerras interminables”. Seguimos teniendo un enorme aparato militar y la preparación para la guerra sigue siendo una amenaza para el bienestar del país y para la paz internacional.</p><p><strong>P: ¿Cómo se puede remediar esta situación?</strong></p><p><strong>R:</strong> Una solución sería tener más democracia en Estados Unidos para que el Congreso refleje las prioridades del pueblo estadounidense, es decir, menos gasto de guerra y más gasto interno. Nuestro trabajo como académicos, pero también el de los periodistas, es ayudar a informar a la gente sobre los verdaderos costes de estas guerras. Mucha gente no entiende cuánto dinero se destina a los equipos y contratos militares. Es necesario que esta información esté disponible y que los desafíos se entiendan de otra manera. Pero primero hay que asegurarse de que el Congreso no esté en manos de los contratistas militares, sino que sea sensible a la opinión pública.</p><p><strong>P: La militarización de la sociedad estadounidense no comenzó, por supuesto, en 2001, pero ¿cómo afectaron los atentados del 11S?</strong></p><p><strong>R:</strong> Fue algo realmente especial. Fue la primera vez que experimentamos la guerra en casa. Fue un verdadero <em>shock</em>. Algunas personas han mencionado Pearl Harbor [la base estadounidense situada en Hawái, atacada por los japoneses en diciembre de 1941], pero realmente no se puede comparar. Pearl Harbor estaba muy lejos en el Pacífico, Hawái no era un estado sino una dependencia colonial, y los ataques tenían como objetivo instalaciones militares. Se pensaba que dos océanos [el Pacífico y el Atlántico] nos protegían, el 11S nos demostró que no era así.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_70311"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[François Bougon | Donatien Huet (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA["EEUU quería sangre y la tuvo": el demoledor balance de 20 años de "guerras interminables"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Atentados terroristas,Irak,Afganistán,Joe Biden,11S]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Afganistán, la guerra a raíz del 11S que obligó al Ejército español a enfrentarse a su misión más peligrosa y costosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/afganistan-guerra-raiz-11s-obligo-ejercito-espanol-enfrentarse-mision-peligrosa-costosa_1_1209066.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/361ea529-bdd5-4205-b930-588b855f575e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Afganistán, la guerra a raíz del 11S que obligó al Ejército español a enfrentarse a su misión más peligrosa y costosa"></p><p>Diecinueve años y cuatro meses. <strong>Las Fuerzas Armadas españolas nunca se habían enfrentado a una misión internacional tan larga y tan costosa</strong>, tanto en medios materiales –se estima que se invirtieron unos 3.500 millones de euros– como en vidas humanas. El lugar, Afganistán, un país que saltó a los titulares de todo el mundo tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington y después de que su régimen talibán fuera señalado por el Gobierno de George W. Bush como el objetivo a batir para acabar con Al Qaeda. Semanas después de la caída de Kabul por la intervención estadounidense, comenzó el más grande despliegue para las tropas españolas, el cual –entonces no lo sabían– se iba a prolongar durante casi dos décadas.</p><p><strong>"Hay un antes y un después de Afganistán" para las Fuerzas Armadas</strong>. Así lo asegura a infoLibre el teniente coronel Roberto Domínguez, quien estuvo desplegado en dos ocasiones en el país centroasiático. Hasta que llegaron los primeros militares españoles en enero de 2002 no había habido una misión igual: ni más exigente, ni más peligrosa, ni más compleja. Y es que la de Afganistán ha sido la misión que ha obligado a las Fuerzas Armadas a actualizar sus equipos, a instruirse en nuevas estrategias de combate, la que ha demandado labores de logística nunca vistas antes y gracias a lo cual se han aprendido infinidad de lecciones para un Ejército moderno. "Una misión completísima en la que las tropas españolas demostraron su capacidad para adaptarse y para cumplir su cometido", resume un veterano general en conversación con este periódico.</p><p>Pero la misión más difícil y más larga también ha supuesto un alto coste: <strong>102 españoles, entre militares, guardias civiles y policías nacionales, se han dejado la vida en la misión, además de dos intérpretes afganos que trabajaban para las tropas</strong>. Imposible no recordar el accidente del avión <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2017/01/03/el_consejo_estado_responsabiliza_defensa_del_accidente_del_yak_42_59367_1012.html" target="_blank">Yak 42</a> en Turquía, en 2003, cuando regresaba del país centroasiático con 62 militares a bordo, y del helicóptero <a href="https://www.elmundo.es/elmundo/2005/08/16/espana/1124186243.html" target="_blank">Cougar</a>, que dejó 17 fallecidos en 2005. En 2015, un atentado contra la Embajada española en Kabul se saldó con la <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2015/12/11/atentado_kabul_junto_embajada_espanola_42116_1022.html" target="_blank">muerte de dos policías</a>.</p><p><strong>Más de 1.500 militares sobre el terreno</strong></p><p>Cuando apenas acababa de quedar extinguido en España el <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/01/25/macron_francia_servicio_militar_espana_74462_1012.html" target="_blank">servicio militar obligatorio</a>, los primeros 350 militares españoles se desplegaron en Kabul el 24 de enero de 2002 en lo que entonces era la operación ISAF de la OTAN. Afganistán fue, por tanto,<strong> la primera misión para un Ejército español totalmente profesional</strong>. A partir de esa fecha, la presencia española fue creciendo tanto en número como en responsabilidad, asumiendo con el tiempo el mando de la base de Herat, en el oeste del país, donde se puso en marcha un hospital de campaña, o del equipo de reconstrucción provincial en Qala-i-Naw, en la provincia de Baghdis, donde las tropas estuvieron hasta septiembre de 2013. Entre medias, <strong>los contingentes españoles llegaron a superar los 1.500 efectivos</strong> en los peores momentos del conflicto, con militares de los Ejércitos de Tierra y del Aire y de la Armada.</p><p>Porque lo que vivieron los militares españoles fue eso, un conflicto, una guerra contra un nuevo enemigo, la insurgencia talibán, cuyos métodos no se parecían en nada a lo que se suele esperar de un ejército convencional. Las tropas españolas tenían la experiencia de Bosnia o Kosovo, pero Afganistán requirió <strong>una nueva preparación para enfrentarse en combate a una "guerrilla irregular"</strong>, tal y como lo define el teniente coronel Domínguez, diferente a la "guerra convencional" que habían aprendido. "Hasta Afganistán no tuvimos ese contacto con el enemigo, como hacían los americanos", explica este militar, ahora responsable de comunicación de la Brigada 'Galicia' VII.</p><p>Como relataba el teniente general Miguel Martín Bernardi, actual segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, en un <a href="https://www.abc.es/opinion/abci-miguel-martin-bernardi-legado-afganistan-202107082321_noticia.html" target="_blank">reciente artículo</a> publicado en el diario <em>ABC</em>, "el liderazgo de los jefes de compañía, sección y pelotón en el mando de sus pequeñas unidades en combate <strong>se ha puesto a prueba como probablemente no se había hecho desde el conflicto del Sahara</strong>".</p><p><strong>Los IED, la otra amenaza</strong></p><p>El teniente coronel Domínguez ha participado en ocho misiones internacionales y aunque cada una tiene sus particularidades, reconoce que la de Afganistán ha sido la más peligrosa. Aparte de la insurgencia talibán, los primeros años de la presencia española pusieron de manifiesto <strong>otra amenaza más, los artefactos explosivos improvisados </strong>(IED, por sus siglas en inglés) que obligó a las Fuerzas Armadas a ir adaptando sus medios y capacidades cada poco tiempo de cara a la seguridad. Un artefacto como estos fue el que mató en febrero de 2007 a la soldado Idoia Rodríguez Buján, la primera mujer  militar fallecida en una misión internacional.</p><p>El trágico suceso trajo otra lección aprendida para las Fuerzas Armadas: los vehículos BMR que hasta ese momento se estaban utilizando fueron <strong>sustituidos por los RG 31 y los Lince, con un blindaje mayor para reforzar la protección</strong> de los militares. También se desplegaron en el país centroasiático vehículos Husky de detección de minas para asegurar el tránsito de los convoyes ante los IED. Cobró especial importancia el <a href="https://ejercito.defensa.gob.es/unidades/Madrid/acing/Noticias/2020/16_CONFERENCIA_COE.html" target="_blank">Centro de Excelencia contra IED de la OTAN</a> situado en Hoyo de Manzanares (Madrid) para formar a los militares que se harían cargo de la detección y desactivación de minas.</p><p>"<strong>El riesgo era diario y eso se palpaba</strong>. La misión nos obligó a aplicar procedimientos a los que no estábamos acostumbrados. <strong>Nos obligó a actualizarnos, a adquirir material para protegernos</strong>. Fue un esfuerzo considerable y un gran cambio en la forma de trabajar", recuerda Domínguez. "Ante un escenario muy cambiante y en el que surgían constantemente desafíos nuevos, hubo que ir adaptándose y hacer una auténtica revolución de medios para enfrentarnos a la situación", apunta el general.</p><p><strong>Nuevos aviones, nuevas rutas</strong></p><p>Desde el punto de vista logístico, el reto de Afganistán también ha sido mayúsculo para las Fuerzas Armadas españolas. En Qala-i-Naw, levantaron una base militar de la nada y <strong>se desplegaron helicópteros, blindados, drones, material médico</strong> y todos los elementos necesarios para mantener desplegados a cientos de militares a la vez que, en su momento más álgido, fueron más de 1.500 al mismo tiempo. Para el transporte, jugaron un papel clave los Hércules, aviones de transporte táctico capaces de aterrizar en pistas cortas y de arena como la de Qala-i-Naw, pero que aun así se vieron algo sobrepasados por la complejidad y las necesidades de la misión. Esta capacidad de transporte se vio mejorada con los A400M, que han sido los aviones protagonistas del reciente repliegue de Kabul.</p><p>La distancia con Afganistán supuso otro desafío más. A más de ocho horas de vuelo desde España, los traslados de material y personal no estaban exentos de dificultad, sobre todo por la necesidad de <strong>atravesar el espacio aéreo de algunos países no especialmente amigos de la OTAN</strong><em>amigos</em> que exigían un planeamiento muy específico de las rutas y solicitud de autorizaciones que, en ocasiones, generaban ciertas demoras. Otra situación a la que España no se había enfrentado en las misiones militares en las que había participado anteriormente.</p><p>La <a href="https://www.europapress.es/nacional/noticia-morenes-retirada-badghis-tierra-sido-regada-sangre-sudor-espanoles-20130925090041.html" target="_blank">retirada de Qala-i-Naw</a>, en 2013, fue calificada por el Ministerio de Defensa que entonces dirigía Pedro Morenés como la operación logística más importante que habían realizado las Fuerzas Armadas españolas hasta ese momento y que<strong> sólo ese año costó unos 24 millones de euros</strong>. Primero, una ruta terrestre de 150 kilómetros hasta la base de Herat en un recorrido que llevó entre 12 y 24 horas a las tropas por las complejidades del terreno y la inseguridad en la zona por los mencionados IED y la presencia insurgente. Para este tramo, resultaron clave los helicópteros de ataque Tigre para proporcionar apoyo aéreo. Una vez en Herat, el material fue embalado y transportado por varías vías: mediante vuelos directos o utilizando distintas rutas a través de Pakitán, Georgia, Azerbaiyán o Emiratos Árabes.</p><p>La misión de las tropas españolas en Afganistán, como el de muchos otros países de la OTAN, era participar en la estabilización del país, pero también formar al que sería su nuevo Ejército tras la caída de los talibanes. Para ello, aparte de proporcionar seguridad y participar directamente en combates, las Fuerzas Armadas participaron en la construcción de hospitales, escuelas, pozos, canalizaciones y otro tipo de infraestructuras para el pueblo afgano en lugares tan remotos como Baghdis.<strong> "La sociedad española no conoce todo lo bueno que se hizo allí"</strong>, explica el teniente coronel.</p><p>La misión se cumplió, dice Domínguez, quien opina que a las fuerzas afganas <strong>les ha faltado la "madurez" necesaria para encargarse solas de la seguridad de su país</strong>. Domínguez pasó más de seis meses entre 2010 y 2011 adiestrando a oficiales del Ejército afgano en Kabul y aunque les veía muy motivados, no terminaban de entender los procedimientos occidentales que trataban de inculcarles. Aun así, no puede evitar reconocerse sorprendido por <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/08/16/la_impotencia_los_militares_que_estuvieron_afganistan_tanto_esfuerzo_durante_decadas_para_volver_punto_partida_123624_1012.html" target="_blank">lo rápido que ha caído Afganistán</a> de nuevo en manos de los talibanes. En su opinión, el Ejército afgano estaba preparado para ofrecer más resistencia tras lo aprendido en estos casi veinte años de misiones de la OTAN, pero <strong>"tienen que poner más de su parte"</strong> porque las potencias occidentales no podían "quedarse allí permanentemente".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Moreno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ejército español,Fuerzas Armadas,Kabul,Ministerio de Defensa,Yak-42,Afganistán,OTAN,11S]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El 11S o el fin de nuestra inocencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/11s-inocencia_1_1209065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6f7f6453-595f-41a2-b107-da668c411fa9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 11S o el fin de nuestra inocencia"></p><p><strong>El 11S es nuestro aniversario: el de la primera gran conmoción del siglo XXI</strong>, que prefiguró las sacudidas que hemos sufrido después. Cuando, hace veinte años, los europeos, desde nuestros televisores y radios (Internet y redes sociales no estaban extendidos aún) vimos hundirse estrepitosamente las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, supimos que alguna pieza fundamental de nuestra civilización se había roto. El miedo global pasó a ser una fuerza irresistible que marcaría muchas de nuestras acciones durante décadas.</p><p>Aun así, <strong>al principio nos pareció que esto no iba con Europa, sino que era un problema del amigo americano.</strong> ¿Acaso no habían creado ellos al monstruo –Bin Laden y Al Qaeda– con su política en Oriente Medio y sus oscuros negocios con el petróleo saudí? Se multiplicaron las proclamas de solidaridad –"todos somos Nueva York", se dijo patéticamente– y se reactivó el oxidado capítulo 5 de seguridad colectiva del Tratado del Atlántico Norte (1949) para intervenir en Afganistán, la "tumba de los imperios" británico y ruso.</p><p>En realidad, <strong>Europa ha tardado mucho tiempo en asumir realmente lo que el 11S implicaba: el fin de nuestra inocencia. </strong>Entonces fue la brusca interrupción de una sana fe en el progreso, que EEUU (la globalización <em>made in America, </em>el<em> momento unipolar</em>), o la Unión Europea (Tratado de Maastrich, el euro), habían vuelto a experimentar durante la década de los 90. De algún modo, desde entonces, una incómoda sombra de amenaza se ha instalado junto a nuestras vidas. Ese vértigo, esa sensación de pérdida de control a escala planetaria la hemos vuelto a sentir en las otras dos grandes crisis del siglo: <strong>la crisis financiera de 2008 con la caída de Lehman Brothers, y recientemente con la pandemia del covid-19</strong>.</p><p>Lo común quizá a estos tres episodios es lo imprevisto, disruptivo e incluso nihilista, la confluencia de fuerzas y azares fuera del control de los estados y, por supuesto, de los ciudadanos. No es de extrañar que, a consecuencia de ello, <strong>libertades y derechos queden a menudo bajo amenaza</strong>. La "<em>Guerra contra el Terror</em>" que George W. Bush extendió al Irak de Sadam Hussein tuvo como consecuencia años de plomo, con restricción de movimientos, abusos de la privacidad o violaciones de derechos humanos –la Patriot Act o la prisión de Guantánamo–. Occidente volvió a recaer en la misma barbarie que pretendía combatir, demostrando una vez más que el mayor problema lo tiene consigo mismo.</p><p>Por su parte, Europa fue reaccionando a su manera, a raíz de los atentados de Madrid el 11M de 2004 (el 11S español), y posteriormente de Oslo, París, Londres o Bruselas; las brutales ejecuciones en directo de secuestrados; o las rápidas mutaciones de Al Qaeda en el Estado Islámico y otros grupúsculos en Irak, Siria o el Sahel. En la última década,<strong> la UE ha desarrollado una estrategia antiterrorista </strong>(la más reciente, la Comisión Europea en plena pandemia, en diciembre de 2020) e instrumentos de control compartidos entre las capitales (Eurojust, Europol). Es cierto que la Unión, con España a la cabeza, ha desarrollado un escudo de protección y represión que ha reducido considerablemente el riesgo de atentados. Lo malo es que,<strong> en la lucha contra la amenaza yihadista, Europa ha endurecido en exceso su política de fronteras</strong>, vulnerando derechos de los refugiados provenientes de países musulmanes.</p><p>Pero la gran cuestión pendiente es que los europeos, casi siempre a la zaga de EEUU en los grandes asuntos de seguridad, <strong>no han sido capaces de entender las consecuencias que se derivan de un mundo de amenazas incontroladas</strong>. ¿Está Europa preparada? Vendrán (nos dicen) tiempos más duros aún, más conflictos no convencionales, sin tanques ni aviones: cibernéticos, biológicos (los virus post-covid) o climáticos (desde la Amazonía o el Sahel hasta el norte de Europa y el Mediterráneo. Guerras que derivarán en comerciales o, como ya tenemos hoy, en guerras culturales en torno a qué entendemos por democracia. ¿Hasta dónde estaremos dispuestos a sacrificar nuestras libertades –y las de otros en terceros países o regiones– a cambio de nuestra seguridad?</p><p>Estos días se está culpando a Trump o a Biden del desastre de la caída de Kabul en agosto a manos de los talibanes. Europa se echa las manos a la cabeza, y los líderes mundiales <strong>se lamentan del "fracaso colectivo" (con lo cual, como en Fuenteovejuna, nadie se responsabiliza realmente de ello)</strong>. Hay bastante cinismo y, sin embargo, esta vez debería ser diferente. Hay algo que no podemos dejar pasar, y que apunta al brazo militar y de seguridad transatlántico que ha operado en Afganistán en estos veinte años: la OTAN. En la redefinición del "Concepto Estratégico" de la Alianza Atlántica en la próxima Cumbre de Madrid de 2022, los europeos deberían asumir las causas del gran fracaso de la organización en un enclave geopolítico fundamental. Y una de las razones que está detrás de ese fracaso es el hecho de que<strong> la OTAN no es un club de iguales</strong>, sino una organización inevitablemente comandada política y militarmente por EEUU.</p><p>Con una Europa que está mostrando capacidad para hacer músculo financiero común mediante los Fondos de Recuperación o el Banco Central Europeo, que todo siga igual o que cambien las cosas en el plano estratégico respecto a EEUU, es ya una cuestión de voluntad política en París, Berlín, Roma o Madrid. No es posible ya desvincular los objetivos y el funcionamiento de la OTAN del proyecto de crear un núcleo de defensa y seguridad europeo propio, "autónomo", para prevenir y gestionar conflictos y amenazas, o para tener interlocución propia con Beijing o Moscú. La presencia de Biden en la Casa Blanca –mitad esperanzadora, mitad crepuscular, sin saber quién vendrá después– quizá supone una oportunidad mejor de lo que creemos para hablar claro. Pero <strong>han pasado veinte años del 11S, y aún no sabemos si Europa tendrá la determinación para poner fin a su inocencia.</strong></p><p>__________________</p><p><strong>Vicente Palacio </strong>es director de Política Exterior de la <a href="https://www.fundacionalternativas.org/" target="_blank">Fundación Alternativas</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Vicente Palacio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 11S o el fin de nuestra inocencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva York,11S]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Vivir sin miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/a-la-escucha/vivir-miedo_1_1209019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/49202394-8897-4015-90e3-567f4c13454e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir sin miedo"></p><p>Mientras escribo esto escucho a mis compañeros de redacción recordar <strong>dónde estaban ellos cuando el primer avión impactó contra la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York.</strong> Era martes, 11 de septiembre de 2001. Y, como me suele ocurrir muchas veces en esta redacción, sus comentarios me hacen sentir mayor. La gran mayoría no había ni terminado la carrera, otros ni la habían empezado. Pero recuerdan perfectamente dónde estaban y qué hacían ese día. Es lógico, ¡nadie lo puede olvidar!.</p><p>Aquel 11 de septiembre yo ya estaba presentando informativos, por aquel entonces en el Canal 24 Horas de TVE. Tenía descanso y me había bajado a comer al comedor de Torrespaña con varios compañeros. En el comedor había varios monitores con la señal del informativo y cuando vimos el humo saliendo de la Torre nos sorprendió: todos teníamos acceso a la escaleta del Informativo de La 1 y ésa no era la apertura prevista. <strong>La señal con Nueva York iba y venía y cuando el segundo avión impactó contra la segunda Torre todos salimos corriendo:</strong> la comida se quedó, cómo no, en el plato. Nos subimos corriendo a la redacción, a echar una mano en lo que pudiésemos. La redacción de informativos echaba humo, pero realmente eran Ana Blanco y los corresponsales en Nueva York y Washington los que llevaban el peso del directo. Los demás sólo podíamos mirar e intentar mantener la calma. Mi turno aquel día terminaba a las 16:30, pero no llegué a casa hasta las 20:00. Hice el viaje en el coche con la radio puesta y cuando entré en casa me senté en el sofá y seguí pegada al televisor hasta pasada la medianoche. Estaba sola, no tenía hijos y mi marido, aquel día, estaba volando. Sí: estaba renovando su licencia de piloto privado en Valencia, haciendo aproximaciones en la pista una y otra vez. No pude hablar con él hasta las 7 de la tarde. Y creo que a esa hora era de las pocas personas en el mundo que no tenía ni idea de lo que había pasado. Contárselo por teléfono fue verbalizar el horror. Cientos de personas habían muerto sepultadas en la Torres Gemelas. Los terroristas habían atacado también el Pentágono y un cuarto avión se había estrellado en Pensilvania: <strong>al parecer los pasajeros habían evitado que los terroristas lo estrellaran contra otro edificio oficial.</strong></p><p>Sabíamos que el mundo, aquel día, había cambiado para siempre, se había derrumbado junto a las Torres Gemelas. Nada iba a volver a ser igual y<strong> el miedo, ese que toda una generación no había sentido nunca, ese que los terroristas querían que sintiéramos en nuestro propio país, se instaló para siempre.</strong></p><p>Entramos en <strong>una espiral que ha durado 20 años. Londres, Madrid, París… </strong>Estos días se juzga la masacre de la discoteca Bataclán, el peor atentado que ha sufrido Francia en su historia. Y que llevó, otra vez, el miedo a las calles de París. Dos días después de aquellos atentados, el chispazo de una lámpara de gas en la plaza de la República provocó una avalancha. La gente salió corriendo, gritando: muchos se refugiaron en comercios que cerraron la persiana. La imagen de esa plaza cuando llegamos los periodistas era la del miedo en estado puro: bolsos tirados en el suelo, zapatos perdidos y las velas, ésas con las que se quería homenajear a las víctimas de los atentados, encendidas en medio de un silencio sepulcral. <strong>El miedo, otra vez, dominando nuestras vidas.</strong></p><p>El único terrorista que sobrevivió a esos atentados se sienta ahora en el banquillo. Y en el primer día del macrojuicio que se está celebrando en París tomó la palabra para decir que no se arrepentía de nada, que él pertenecía al Estado Islámico. Su aspecto y su discurso demostraban que <strong>los 6 años que ha pasado en la cárcel sólo han servido para que se radicalice aún más.</strong></p><p>Hoy, mañana y pasado hablaremos mucho de aquel 11 de septiembre, de los 20 años que nos separan de aquellas imágenes que nos dejaron pegados al televisor. Recordaremos la angustia y el miedo. <strong>El silencio y la oscuridad que sepultaron a la ciudad que nunca duerme y al mundo entero.</strong> Intentaremos explicarles a nuestros hijos qué pasó entonces y cómo cambió el mundo. Y, ¿después?... Después intentaremos seguir empujando para que todo aquello no vuelva a repetirse. Intentaremos seguir aprendiendo a vivir sin miedo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Helena Resano]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vivir sin miedo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Atentados terroristas,Terrorismo,Estado Islámico,11S]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Todo es propaganda menos la realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/muros-sin-fronteras/propaganda-realidad_1_1208974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c842449d-4e4d-4377-a19e-38c1ed56e5e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todo es propaganda menos la realidad"></p><p>La estrepitosa caída de Kabul a finales de agosto cierra un círculo iniciado hace 20 años. Han pasado dos décadas desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y sus efectos siguen activos. La historia no empieza ni acaba cuando lo deciden los líderes. Tampoco arranca en un acontecimiento súbito, brutal o extraordinario. <strong>La historia se desliza de manera silenciosa, sin señales de advertencia. Somos expertos en contar lo que ha sucedido, no en narrar lo que está pasando o lo que va a pasar.</strong></p><p>La URSS no colapsó en septiembre de 1991. Las independencias de Lituania, Estonia y Letonia fueron la consecuencia de un largo deterioro en los años de Leónidas Brezhnev. Nadie lo quiso ver porque todos estaban embriagados en su propia propaganda, la comunista y la capitalista. Sin recurrir a la teoría del efecto mariposa de Eduard Lorenz –<a href="https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2017/11/el-efecto-mariposa" target="_blank">el aleteo de una mariposa en Sri Lanka puede provocar un huracán en EEUU</a>–, cada movimiento tiene su secuela, no siempre inmediata porque <strong>la vida se mueve en tiempos más prolongados que los periodos electorales</strong>.</p><p>Las dos superpotencias emergentes de la <strong>Segunda Guerra Mundial</strong>, EEUU y la URSS, jugaron durante décadas una partida de ajedrez con modales de póker llamada <strong>Guerra Fría</strong>. Cada uno sembró sus odios y recogió sus tempestades. Los atentados de Nueva York y Washington, de los que este sábado se cumplen 20 años, están relacionados con la política neocolonial de EEUU en Oriente Próximo y Asia.</p><p>EEUU vende libertad y democracia. Afirma que su objetivo es exportar estos valores a todos los países, aunque no lo pidan, como en <strong>el caso de Afganistán</strong>. Ese ha sido uno de los pilares de la derrota: creernos nuestro propio cuento, despreciar la cultura de los demás. Democracia no es votar en un país en el que la mayoría de la población es analfabeta.<strong> La democracia sería la consecuencia de una evolución educacional, social y económica que demanda un sistema justo de participación para toda la sociedad.</strong></p><p>Pese a sus lemas, <strong>EEUU impulsó desde los años 50 del siglo XX decenas de golpes de Estado y guerras en defensa de sus intereses</strong>. Lo mismo que la URSS, que alentó independencias y revoluciones en África y Asia para librar a los pueblos del yugo colonial. No fueron los ideales, sino el petróleo, el gas y los minerales estratégicos los que marcaron el rumbo y las prioridades de una partida que buscaba el jaque mate del contrario. Ninguno de los dos imperios se preocupó por las personas que vivían dentro de los casilleros del tablero de juego.</p><p><strong>Resulta extraño defender la democracia y aplastar sus efectos cuando las urnas no bendicen al candidato patrocinado. </strong>En América Latina se cometieron todo tipo de atropellos en nombre de la libertad. Quedan secuelas: miles de desaparecidos, países carcomidos por el narcotráfico y una clase política y empresarial incapaz educada en la corrupción sistémica.</p><p>EEUU y Reino Unido patrocinaron en 1953 el <strong>golpe de Estado contra Mohammad Mosaddegh</strong>, primer ministro iraní elegido democráticamente. En su lugar instalaron al Shah Reza Pahlavi, un dictador que inundó las páginas de las revistas del corazón con la misma facilidad que llenó sus cárceles de torturados tras su matrimonio con <a href="https://www.farahpahlavi.org/" target="_blank">Farah Diva</a>.</p><p>Deberían ver el documental <a href="https://www.filmin.es/pelicula/coup-53" target="_blank">Coup 53</a> de Taghi Amirani.</p><p>Después vino la<strong> guerra de Suez </strong>porque al líder egipcio Gamal Abdel Nasser se le ocurrió nacionalizar <em>nuestro</em> canal que pasaba por <em>su</em> país. Hablábamos del efecto mariposa. <strong>De las ruinas del régimen del Shah surgió la revolución iraní de los ayatolás. </strong>De Nasser y los otros líderes panárabes como Muammar Gadafi y Sadam Husein brotaron movimientos yihadistas que han extendido su influencia por el Sahel africano, una ruta mortal para la inmigración que huye de guerras y trata de alcanzar Eldorado europeo.</p><p>El siguiente vídeo muestra un discurso de Nasser de 1958 en el que se mofa de la exigencia del líder de los Hermanos Musulmanes de obligar a las mujeres a llevar hiyab. ¿Nos reiríamos tanto ahora? <strong>La historia se mueve aunque no sepamos leerla.</strong></p><p>Pueden argumentar, y harían bien, que Gadafi y Husein eran dictadores, igual que el sirio Basar el Asad. <strong>Fueron nuestros hijos de puta, o los de Moscú en el caso de Siria, mientras eran útiles</strong>. Luego, la propaganda los colocó el cartel de indeseables. ¿Era mejor el Shah de Persia? <a href="https://www.aljazeera.com/news/2020/3/9/mohammed-bin-salman-the-dark-side-of-saudi-arabias-crown-prince" target="_blank">¿Lo es el príncipe heredero de Arabia Saudí Mohamed Bin Salman?</a></p><p>Aquellas intervenciones en asuntos de otros países en beneficio de nuestros <a href="https://elpais.com/opinion/2021-08-23/la-carga-del-hombre-blanco.html" target="_blank">intereses y una actitud benevolente y neocolonialista crearon un cultivo de odio hacia EEUU</a>, y a Occidente en general. Es un odio esquizofrénico porque combinaba el rechazo con la admiración.</p><p>Ese sentimiento que prendió en las calles de Bagdad, Islamabad, El Cairo o Argel anida en miles de jóvenes árabes de segunda y tercera generación que viven en las <em>banlieues</em> de Francia. <strong>Son europeos que sienten la asfixia de una crisis que les deja sin oportunidades. </strong>Es cierto que le sucede también a la mayoría de los jóvenes <em>blancos, </em>pero ellos notan el rechazo de la piel. <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151118_paris_ataques_saint_denis_barrio_mentalidad_wbm" target="_blank">De la oportunidad del multiculturalismo hemos pasado al miedo al otro, al diferente</a>. Son espacios en los que triunfan los discursos del odio, sean yihadistas o de extrema derecha.</p><p><strong>Una de las herencias psicológicas y políticas de los atentados del 11S es el miedo. </strong>No importa lo fuerte que sea una superpotencia ni las armas de destrucción masiva que tenga para defenderse, 19 personas con cutters pueden secuestrar cuatro aviones y atacar Nueva York y Washington de manera casi simultánea. Desde ese día, <a href="https://edition.cnn.com/2013/07/27/us/september-11th-hijackers-fast-facts/index.html" target="_blank">todo el mundo es sospechoso</a>.</p><p><strong>La desconfianza ante un enemigo invisible, difícil de descubrir y frenar, ha derivado en una renuncia colectiva a derechos fundamentales, como los derechos humanos y la presunción de inocencia. </strong>Guantánamo y otros agujeros negros de tortura nos han destruido moralmente como sociedad. ¿Somos mejores que el mal que combatimos? <a href="https://www.theguardian.com/global-development/2021/sep/07/us-airstrikes-killed-at-least-22000-civilians-since-911-analysis-finds" target="_blank">¿Cuántos civiles han muerto en Afganistán e Irak?</a> Solo contamos a los nuestros, no como acto de memoria y respeto sino como justificación de una respuesta militar. Tenemos suerte de tener la propiedad de la máquina de los adjetivos, de ser los que deciden quién es terrorista y quién no.</p><p>La cesión de nuestra intimidad a los aparatos de seguridad del Estado forma parte de la misma renuncia. Acabaremos como nuestros invadidos, en un teatro de democracia sin contenido. Se imponen los regímenes fuertes, los que garantizan <strong>mano dura frente a los malos</strong><em>malos</em>, un cajón de sastre en el que cabe cualquiera. Llevamos encima teléfonos móviles y otros <a href="https://www.ted.com/talks/marta_peirano_the_surveillance_device_you_carry_around_all_day/transcript?language=es" target="_blank">artilugios que nos vigilan, nos escuchan y siguen</a>.</p><p><strong>El derrumbe de las Torres Gemelas fue el símbolo de un hundimiento más amplio, como en la URSS de Brezhnev.</strong> Ahora resulta evidente con el colapso de EEUU en Afganistán. Se acabó el siglo americano sin que haya noticias de una Europa agazapada entre mercaderes, sin el valor de dar el salto hacia la unidad política y defender su visión del mundo.</p><p>Han pasado 20 años del 11S y <strong>nada hemos aprendido de aquellos trágicos días, como nada aprenderemos de la pandemia.</strong> Seguimos instalados en nuestra fantasía de vivir en un mundo rico lleno de pobres que no vemos. Somos el imperio romano en vísperas del asalto de los bárbaros.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Lobo]]></author>
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