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    <title><![CDATA[infoLibre - Bulos que cambiaron la Historia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/bulos-que-cambiaron-la-historia/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Bulos que cambiaron la Historia]]></description>
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      <title><![CDATA[Los juegos de la honestidad: un experimento con alcaldes revela que mentir sale rentable en política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/juegos-honestidad-experimento-alcaldes-revela-mentir-sale-rentable-politica_1_1918573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3d0da2f5-9176-4647-96fd-59b41a3f7f13_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los juegos de la honestidad: un experimento con alcaldes revela que mentir sale rentable en política"></p><p>Economistas y psicólogos sociales llevan años estudiando la propensión a mentir de los seres humanos. Han sometido a experimentos a grupos de personas para averiguar <strong>quiénes mienten más </strong>o si hay <strong>diferencias culturales</strong> que expliquen por qué algunos son más propensos a no decir la verdad. También han probado a aumentarles los incentivos para engañar o a imponerles castigos y observar su reacción. Dos investigadores la Universidad de Konstanza (Alemania) y del Instituto de Economía de Thurgau (Suiza), Urs Fischbacher y Franziska Föllmi-Heusi, utilizaron a 746 estudiantes de la Universidad de Zúrich y del Instituto Federal de Tecnología de Zúrich en un estudio empírico que duró de 2004 a 2007. Les hicieron tirar un dado en un laboratorio universitario. Nadie más que ellos podía ver el resultado. Si salía un uno, recibían un franco suizo; si salía un dos, recibían dos francos. Así sucesivamente hasta el seis, en cuyo caso no se les pagaba nada. Pues bien, <strong>el 20% mintió hasta el límite para “maximizar sus beneficios”</strong>, mientras que el 39% fue totalmente honesto al informar del resultado. Otro 20% estaba compuesto por <strong>mentirosos “parciales”</strong>: no dijeron la verdad, pero tampoco maximizaron su recompensa.</p><p>Unos años más tarde, dos investigadoras del Departamento de Economía de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, <strong>Katharina A. Janezic</strong> y <strong>Aina Gallego</strong> aplicaron el experimento a un grupo muy concreto de ciudadanos: <strong>los políticos</strong>. Hasta ese momento nadie se había ocupado de estos profesionales, pese a que la mayoría de los ciudadanos les atribuyen, precisamente, la facultad –o el vicio– de mentir.</p><p>Para ello eligieron a un tipo muy concreto de políticos, los<strong> alcaldes</strong>. Seleccionaron a los que gobernaban <strong>municipios con más de 2.000 habitantes</strong>. E hicieron algunas variaciones sobre el modelo inicial de Fischbacher y Föllmi-Heusi. Entrevistaron a<strong> 816 alcaldes españoles</strong> y les preguntaron <strong>cómo de interesados estarían en recibir un informe</strong> sobre gestión municipal, preferencias políticas, antecedentes y expectativas profesionales. <strong>El 48% se mostró muy interesado y el 40% bastante interesado</strong>. El 88%, por tanto, tenía un incentivo para mentir. Pero las investigadoras no utilizaron un dado para probar su propensión a mentir. Les pidieron que <strong>lanzaran una moneda al aire en privado</strong> y, si salía cara, recibirían un informe personalizado con las respuestas de la encuesta.</p><p>El resultado fue elocuente. <strong>Una proporción sustancial de los alcaldes mintió</strong>. Las probabilidades de que salga cara o cruz al lanzar una moneda al aire <strong>son del 50%</strong>. Así que todo lo que supere esa cifra es sospechoso. Resultó que <strong>el 68% de los alcaldes dijo que le había salido cara</strong>. Entre los que aseguraron que estaban muy interesados en recibir el informe el porcentaje<em><strong> </strong></em><strong>aumentó hasta el 76%</strong><em>.</em> Entre los que dijeron que no estaban interesados, sólo el 44,5% indicó que le había salido cara. Es decir, <strong>“la perspectiva de recibir el informe incentivó la mentira especialmente entre quienes valoraban más la recompensa”</strong>, concluyen las investigadoras. El 32%, en cualquier caso, dijo la verdad: que le había salido cruz.</p><p>Si los alcaldes son <a href="https://www.infolibre.es/politica/diez-mentiras-feijoo-ano-despues-investidura-fallida_1_1874649.html" target="_blank" >más mentirosos que otros grupos sociales</a>, puede aventurarse comparando con los resultados de un experimento similar llevado a cabo con<strong> banqueros: el 52% del grupo de control y el 58% del resto</strong> de la muestra dijeron que les había salido el resultado que proporcionaba la recompensa. </p><p>Falsear el lanzamiento de una moneda puede parecer una mentirijilla infantil pero, en este experimento social, lo que no es más que<strong> “una mentira no observable [nadie ve al alcalde lanzar la moneda al aire] que sólo beneficia al mentiroso” </strong>se convirtió en un incentivo válido para medir <a href="https://www.infolibre.es/politica/confia-mintiendo-dejamos-acuerdo-hechos_1_1661746.html" target="_blank" >la propensión de los alcaldes a ocultar la verdad</a> a fin de obtener un rédito. “Los políticos se ven con mucha frecuencia en situaciones donde obtienen <strong>información confidencial que les beneficia y donde las probabilidades de que se descubra su falta de honradez son muy bajas</strong>”, argumentan Janezic y Gallego. Por ejemplo, pueden manipular informes que rebaten sus políticas. </p><p>“Los alcaldes tienen poder, deciden sobre presupuestos, por ejemplo”, explica Aina Gallego a<strong> infoLibre</strong> cuando se le pregunta si <strong>el porcentaje de mentirosos habría sido mayor de haber sometido al experimento a políticos de la primera línea </strong>nacional. “Los diputados, aunque puedan parecer políticos más <em>profesionales</em>, en realidad no tienen tanto poder”. <strong>De los alcaldes de las cinco mayores ciudades españolas, sólo les respondió uno, apunta. </strong></p><p>Otra de las conclusiones del estudio es que <strong>hombres y mujeres mienten por igual.</strong> Gallego destaca que ese resultado contradice el de otros experimentos anteriores que señalaban a las mujeres como menos embusteras. Donde sí hay una diferencia es en que <strong>las mujeres son menos corruptas</strong>. Porque, cuando son descubiertas, <strong>se las castiga más duramente</strong> que a los hombres, asegura la investigadora. Como se las juzga según estándares más estrictos,  “las mujeres se anticipan y su comportamiento suele ser más ético”.</p><p>El experimento también sirvió para probar que <a href="https://www.infolibre.es/politica/politicos-difunden-bulos-mentir-sale-gratis-espana_1_1614187.html" target="_blank" >mienten más los alcaldes de los dos mayores partidos</a>,<strong> </strong>PP y PSOE, que los militantes de fuerzas regionales o locales. <strong>El 71% de los alcaldes del PP y el PSOE dijo que les había salido cara</strong>, por el 64% de los pertenecientes a partidos más pequeños. Las autoras avanzan dos posibles explicaciones. En los grandes partidos, armados sobre <strong>mayores aparatos burocráticos adonde es más fácil que se aproximen los corruptores</strong>, los políticos pueden estar más expuestos a prácticas dudosas. O bien, en los grandes partidos prevalecen los políticos con menos ética ya que su <strong>mayor acceso al dinero y el poder</strong> les proporciona además mayores oportunidades de ser corruptos.</p><p>Pero lo más relevante del estudio, subraya Aina Gallego, fue que permitió establecer<strong> una correlación –no causalidad– entre la propensión a mentir de los alcaldes y su supervivencia política</strong>. En otras palabras, <a href="https://www.infolibre.es/politica/casado-pregunta-politico-mentiroso-no-le-penaliza-urnas_1_1212263.html" target="_blank" >mentir puede ser garantía de éxito</a>. A los regidores municipales se les preguntó <strong>si iban a presentarse a la reelección en los comicios del 5 de mayo de 2019</strong> –el experimento se llevó a cabo entre julio de 2018 y enero de 2019–. El 80% contestó que iba a repetir candidatura. Y el 65% de los que formaban parte de la muestra fueron, en efecto, reelegidos en sus ayuntamientos. Estos dijeron que<strong> les había salido cara en un 71%, mientras que entre los no reelegidos sólo el 63% dio ese resultado</strong>. Según los cálculos de Janezic y Gallego, haber dicho que en el juego salió cara se tradujo en <strong>un aumento de ocho puntos porcentuales en</strong> <strong>las probabilidades de ser reelegido. </strong></p><p>Es más, hubo quienes dijeron que no se volverían a presentar y sí lo hicieron, y de ellos el 78,5% respondió que les había salido cara al lanzar la moneda. <strong>“Es más probable que los alcaldes menos honrados oculten su deseo de ser reelegidos”</strong>, concluyen las investigadoras.</p><p>El éxito electoral de los alcaldes más propensos a la mentira parece confirmar también que <strong>los escándalos de corrupción no penalizan en las urnas</strong>. El estudio tampoco descarta que la inclinación a mentir aumente <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/mentiras-politica-corrupcion_1_1113503.html" target="_blank" >las probabilidades de tener un comportamiento corrupto. </a></p><p>“Parece que los más manipuladores ganan más”, resume Aina Gallego, para después mencionar a <strong>Maquiavelo. </strong>El italiano lo llamaba flexibilidad y aconsejaba a los gobernantes “adaptarse a las circunstancias y cambiar de táctica según convenga”. <strong>“El príncipe”, sentenció, “debe ser un gran simulador y disimulador”</strong>.</p><p>Los alcaldes participantes en el experimento recibieron su informe personalizado, tal y como se les prometió, pero nunca supieron que habían sido utilizados para estudiar su propensión a mentir. Esa parte de la encuesta la estarán conociendo ahora si han leído estas líneas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Dec 2024 18:23:35 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña P. Ramírez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Bulos que cambiaron la Historia,Alcaldes,Donald Trump,Corrupción política,Manipulación informativa,Banqueros,Elecciones Municipales 2019,PP,PSOE]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[“¡A tierra, puto!”: el bulo de la corrupción moral que llevó a Isabel la Católica al trono]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/tierra-puto-bulo-corrupcion-moral-llevo-isabel-catolica-trono_1_1853161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/05029eff-887a-4435-94a0-06b62f222ed0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“¡A tierra, puto!”: el bulo de la corrupción moral que llevó a Isabel la Católica al trono"></p><p>El 5 de junio de <strong>1465</strong>, en una explanada próxima a la <strong>muralla de Ávila</strong>, algunos de los principales grandes nobles del reino de Castilla y de León se unieron para <strong>deponer al rey Enrique IV</strong> (1454-1474). Erigieron un cadahalso y colocaron en una silla real una estatua del rey. Una a una le fueron retirando las insignias reales, la corona, el cetro, la espada y demás ornamentos reales. Dice el cronista Diego de Valera que con los pies derribaron la estatua del cadahalso y gritaron: <strong>“¡A tierra, puto!</strong>” (en el lenguaje de la época, indudablemente “<strong>sodomita</strong>”). En su lugar <strong>hicieron rey a un niño de once años</strong>, el medio hermano del rey, el <strong>infante Alfonso</strong>. </p><p>Los protagonistas de esta narración son bien conocidos, pues el gran relato nacional de la Historia de España no ha dejado de evocarla, oponiendo la <strong>corrupción moral</strong> de la época del rey que pasó a la historia como “<strong>El Impotente</strong>” (y su hija como “<strong>La Beltraneja</strong>”), a la santidad providencial de su hermana <strong>Isabel “La Católica”</strong>, verdadera beneficiada de los hechos que acaecieron. La serie de TV de 2012, <em>Isabel</em>, popularizó estos episodios. </p><p>El <strong>reinado de Enrique IV de Castilla</strong> fue, desde luego, clave históricamente, pues marcó el curso de acontecimientos posteriores, al decantar una de las posibles vías de expansión de unos reinos que en esa época estaban todavía en construcción: la guerra y las alianzas matrimoniales no dejaban de modificar el <strong>mapa de Europa</strong>. Con la deslegitimación de la única hija del rey, la princesa <strong>Juana de Castilla</strong>, gracias a una profunda y persistente labor de <strong>propaganda </strong>como nunca se había realizado, y tras una larga guerra que se prolongó tras la muerte del rey, Castilla viraría hacia Aragón. Y es que los vencedores fueron finalmente la infanta <strong>Isabel de Castilla</strong> y el heredero de Aragón, el príncipe <strong>Fernando </strong>(reyes de Castilla y de Aragón en 1479, tras el tratado de paz que fue firmado con el rey de Portugal). De haber salido vencedora la pareja del rey Alfonso V de Portugal y la princesa Juana de Castilla, la unión dinástica producida habría unido los reinos de Portugal y Castilla, y la historia, quizá, habría sido otra.</p><p>El núcleo de la <strong>propaganda contra el rey Enrique IV</strong> lo constituye el bulo de una corte moralmente corrompida por la <strong>depravación sexual </strong>que nobles y favoritos exhibían sin pudor animados por un rey indolente, manejable e intrínsecamente <strong>vicioso</strong>. Las facciones de nobles y eclesiásticos (que ya guerrearon contra Juan II), afirmaban que en la corte del rey <strong>no se respetaba la fe católica</strong>, se daba acogida a <strong>ateos </strong>(<em>“que creen e dicen e afirman que otro mundo non aya si non nascer e morir como bestias"</em>) y a “<strong>gentes de moros</strong>” y conversos al Islam (los “elches”) que no cesaban de <strong>violar a mujeres</strong>, casadas y vírgenes, y cometer con hombres y mozos <strong>pecados</strong> <em>contra natura.</em> Estas acusaciones esgrimieron los <strong>sublevados </strong>contra el rey el año antes de su deposición. </p><p>La circulación de <strong>bulos </strong>y <strong>rumores </strong>sobre la propia <strong>homosexualidad </strong>del monarca, sobre su <strong>impotencia</strong>, sobre la <strong>infidelidad </strong>de la reina (inducida por el propio rey) y la <strong>bastardía de Juana</strong>, a la que atribuían ser hija del Duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, noble de linaje medio favorecido por el rey para compensar la influencia de los grandes, envenenó de tal modo el ambiente, que consiguió que se tambaleara el consenso a favor de un rey cuyo talante, más que guerrero, tendía a ser dialogante y negociador. De ahí los <strong>vacilantes acuerdos</strong> sobre la sucesión que hubo que concertar para pacificar el reino, y que perjudicaron a su propia hija. El historiador Tarsicio de Azcona, biógrafo de Isabel de Castilla y de Juana de Castilla, ya probó a mediados del siglo XX que todos esos argumentos no eran más que <strong>burda propaganda</strong> para arrebatar la <strong>legitimidad </strong>a la princesa Juana.</p><p>En la época, esta <strong>propaganda se difundía oralmente</strong>, en las casas palaciegas, en las tabernas, en los caminos, se cantaba en coplas, como las del <em>Provincial </em>o las de <em>Mingo Revulgo</em>, o por escrito por medio de cartas, o se consagraba para la posteridad, en la pluma de los <strong>cronistas</strong>. El más mordaz y eficaz <strong>destructor de la imagen del rey Enrique fue el cronista Alfonso de Palencia</strong> (1423-1492). Palencia atribuye al marqués de Villena, Juan Pacheco, privado del rey, el haberle iniciado en su pubertad en sus crímenes nefandos. Elabora un catálogo de comportamientos <strong>viciosos </strong>y <strong>bestiales </strong>que pintan al rey, tanto en su figura como en sus hábitos, con un carácter animalesco y <strong>salvaje</strong>, impropio de la civilización. La <strong>animalización del enemigo</strong> ha sido una constante en la historia para atraer la animadversión y el rechazo en la audiencia. </p><p>Recuerda en su obra <em>Gesta hispaniensia </em>cómo el rey huía a los bosques y construyó edificios para encerrarse “a solas con sus <strong>alcahuetes</strong>”. Forjó un retrato <strong>turbio </strong>del rey, que extendió a otros cortesanos y consejeros. Menciona como <strong>amantes</strong>, verdaderos o seducidos por el rey, a Gómez de Cáceres, a Francisco Valdés, a un tal Alonso de Herrera, a Miguel Lucas de Iranzo o al propio Beltrán de la Cueva. Su relato de los apetitos <strong>sexuales </strong>de Enrique y de sus partidarios fue tenido por cierto por el influyente erudito <strong>Marcelino Menéndez Pelayo</strong> y convenció también al doctor <strong>Gregorio Marañón</strong>, que afirmó que bien pudiera haber tenido el rey estas <strong>inclinaciones </strong>(“perversiones” o “ejercicio anormal del amor”, escribía el erudito doctor), compatibles, según él con su biología (“displásico eunucoide con reacción acromegálica”). </p><p>Según Marañón, la compañía de <strong>musulmanes </strong>habría contribuido a sus inclinaciones (Enrique IV, como otros reyes castellanos anteriores, mantenía una guardia de <strong>caballeros granadinos</strong> perfectamente aceptada, como ha mostrado Ana Echevarría Arsuaga en <em>Knights on the frontier: the Moorish guard of the Kings of Castile. 1410-1467 </em>(Leiden, 2009). El propio doctor Marañón da crédito al <strong>bulo circulante del gusto sodomítico </strong>de los musulmanes, tópico de una <strong>propaganda antiislámica</strong> excluyente destinada a quebrar la integración de los musulmanes en los reinos cristianos ibéricos: “Es sabido que en esta fase de la decadencia de los árabes españoles la <strong>homosexualidad </strong>alcanzó tanta difusión que llegó a convertirse en una relación casi habitual y compatible con las normales entre sexos distintos” (p. 63). Ni esto era cierto, ni que el siglo XV fuera una época de eclosión de la homosexualidad en Castilla, como se ha escrito, muy al contrario, pues las formas de castigar la <strong>sodomía </strong>se endurecieron bajo el reinado de Enrique IV. </p><p>Los reyes <strong>medievales </strong>no tenían fácil la tarea de gobernar. En la Edad Media cuenta más el poder que la “política”. Gobernar significaba sobre todo <strong>impartir justicia</strong>. Encarnar el ideal de <strong>justicia </strong>era lo que confería a los reyes legitimidad en un sistema de relaciones feudales. En los siglos XIV y XV, la gobernación se había ido haciendo más compleja, por el desarrollo económico y cultural previo y por el impacto de las técnicas burocráticas. Los reyes, que todavía eran fundamentalmente señores, aunque preeminentes por su condición, estaban obligados a contar con el <strong>resto de las fuerzas sociales</strong>: los otros señores, nobles o eclesiásticos, la Iglesia, los ciudadanos, que tendían a tomar decisiones de forma colegiada, los juristas y letrados que ocupaban los oficios de la administración, y, de manera cada vez más patente, también el común. Gobernar ya no solo era impartir justicia, sino que implicaba, sobre todo, <strong>recaudar y distribuir las rentas y privilegios</strong>. </p><p>Las <strong>comunidades, rurales o urbanas</strong>, eran cada vez más conscientes de su papel en la participación de los asuntos públicos, puesto que en ellas reposaba la mayor carga fiscal y el consentimiento al impuesto, que otorgaban en las Cortes. El mayor peso de las comunidades traía consigo una mayor necesidad para los <strong>reyes de forjarse una imagen intachable de monarcas religiosos</strong>, <strong>virtuosos </strong>y justos en grado extremo, y además viriles. La <strong>opinión pública contaba mucho</strong> en una sociedad en la que el honor y la fama funcionaban como elemento jerarquizador y distintivo para integrar y excluir a grupos y a individuos, una sociedad que se había ido haciendo más intolerante desde el siglo XIII. En momentos de crisis y de conflictos por la distribución de poderes y por la participación en el gobierno (los conflictos dinásticos no son más que una derivada), se activaron fórmulas de <strong>propaganda</strong>, que daban cabida a <strong>rumores demoledores</strong> que calificaríamos hoy de <em><strong>fake news</strong></em>.</p><p>Las <strong>democracias actuales </strong>son cada vez más presidencialistas. “Cuando las ideologías declinan, cuando la definición del interés general se revela más problemática y cuando el futuro parece incierto y amenazante, son en efecto los talentos y las virtudes de los gobernantes -para utilizar palabras de antaño- los que vuelven de manera significativa y sirven de puntos de referencia” (Pierre Rosanvallon, <em>El buen gobierno</em>, Buenos Aires, 2015, 277). Este historiador ha advertido del <strong>retorno hacia formas pre-políticas en las democracias modernas</strong>, como la vuelta al modelo medieval de <em><strong>príncipe virtuoso</strong></em>. </p><p>Y no deja de sorprender que <strong>sigan funcionando esquemas medievales en los bulos que difunden los grupos de ultraderecha </strong>en las redes, bulos como una red de pedófilos que habrían liderado el jefe de campaña de <strong>Hillary Clinton</strong> y la propia Hillary Clinton, con sacrificios de niños ofrendados al demonio para beber su sangre, o bulos de la ultraderecha en España que no cesa de declarar que “desde la llegada de <strong>Sánchez </strong>al gobierno se han disparado las violaciones y agresiones sexuales” en el país, por causa de la llegada descontrolada de migrantes, muchos de ellos musulmanes. <strong>Los bulos de la era digital son muy medievales y tienen muy parecida finalidad</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Aug 2024 18:40:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Carrasco Manchado]]></author>
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      <title><![CDATA[El bulo de las armas de destrucción masiva que llevó a una guerra ilegal, inmoral e injusta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/bulo-armas-destruccion-masiva-llevo-guerra-ilegal-inmoral-e-injusta_1_1854003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c2f72f54-ebf0-4889-810d-2cd72093c2ae_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bulo de las armas de destrucción masiva que llevó a una guerra ilegal, inmoral e injusta"></p><p>El <strong>5 de febrero de 2003</strong>, el secretario de Estado de los Estados Unidos, <strong>Colin Powell</strong>, hizo una presentación ante las <strong>Naciones Unidas</strong> en la que afirmó que Irak poseía y planeaba utilizar de manera inminente “armas de destrucción masiva”. Esta afirmación se sostuvo sobre el informe <em>Iraq: su infraestructura de ocultación, engaño e intimidación</em> provisto por la inteligencia británica. El presidente <strong>George W. Bush</strong> utilizó esa afirmación como excusa para lanzar su destructiva invasión y ocupación de <strong>Irak</strong>. </p><p>Curioso que un día más tarde, <strong>Glen Rangwala</strong>, de la Universidad de Cambridge, revelara que el informe utilizado por Powell era un <strong>corta y pega</strong> de artículos de revistas, además de un <strong>plagio </strong>de secciones enteras de una <strong>tesis doctoral</strong>, la de Ibrahim al-Marashi, del Instituto de Estudios Internacionales de Monterrey (California), y que hacía referencia a las armas en Iraq, pero en <strong>1990 </strong>no en 2003. No sólo la información defendida por Powell tenía <strong>errores</strong>, es que además era <strong>falsa</strong>. </p><p>Y lo era porque se nutría fundamentalmente de una fuente, Curveball, un químico iraquí, Rafed Ahmed Alwan, solicitante de asilo en Alemania en 1999 y que colaboró con el Servicio Federal de Inteligencia. Pasado un tiempo, Curveball se dio cuenta de que a mayor información, mayores beneficios obtenía, incluida la nacionalidad alemana, por lo que no dudó en aprovecharlo. Sería<strong> en 2001 cuando se puso en duda la veracidad</strong> de algunos de los datos de Alwan, los servicios alemanes informaron a los norteamericanos. Sin embargo, serían las afirmaciones de esta fuente las que darían forma a la declaración de Powell.</p><p>Sea como fuere, el <strong>20 de marzo de 2003 la administración Bush</strong> tomó la decisión de lanzar una guerra contra Iraq <strong>sostenida sobre dos mentiras</strong>: la posesión de armas de destrucción masiva por parte de <strong>Saddam Hussein</strong> y su complicidad con <strong>Al Qaeda</strong> en los atentados del 11 de septiembre de 2001. Está fue la “<strong>gran mentira</strong>” de 2003, el comienzo del <strong>deterioro de la calidad democrática en EEUU</strong>.</p><p>Esta invasión provocó la <strong>muerte de más de 4000 soldados norteamericano</strong>s y cientos de miles de civiles iraquíes, además de llevar al país al caos y a la región a una mayor inestabilidad. Muchos de los que entonces apoyaron la guerra, como el propio senador John McCain, reconocieron posteriormente el <strong>error</strong>. </p><p>David Frum, aquel que acuñó la expresión “<strong>Eje del Mal</strong>” justificando el ataque, no sólo contra Iraq, sino también contra Corea del Norte e Irán, indicó en un artículo en <a href="https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2023/03/iraq-war-us-invasion-anniversary-2023/673343/" target="_blank" >The Atlantic</a> que “la decisión de invadir fue <strong>imprudente </strong>y que la guerra había sido una <strong>desventura</strong>”. Pero no fue un simple error político o de cálculo por parte de los norteamericanos y sus aliados (recuerden <strong>el trio de las Azores)</strong>. Lo cierto es que nunca aparecieron las armas de destrucción masiva ni tampoco se evidenciaron vínculos de Saddam con Al Qaeda, ni se observó ninguna amenaza real para la seguridad norteamericana. </p><p>Lo que si quedó en evidencia fue que se trató de un <strong>engaño masivo a la opinión pública estadounidense</strong> con tácticas de <strong>miedo y desinformación</strong> para conseguir un apoyo global a la guerra de invasión en Iraq. Aquellos que aún defienden que se trató de un error parecen obviar la ingente cantidad de informes de inteligencia que decían lo contrario, o los informes previos redactados por los inspectores de armas de destrucción masiva de Naciones Unidas. <strong>Bush, Cheney, Rumsfeld y toda la camarilla</strong> prefirieron sostener sus decisiones sobre otro tipo de informes que generaban dudas entre los expertos y analistas, con ellos justificaron y exageraron la necesidad de una guerra. </p><p>Bush y Cheney <strong>mintieron a sabiendas</strong>. Incluso, como ha trascendido, se discutió con <strong>Tony Blair</strong> sobre la posibilidad de preparar un <strong>ataque de falsa bandera que justificara la invasión</strong>, si bien el entonces ministro de exteriores británico, Jack Straw aseguraba: “Las evidencias son muy débiles. Saddam no amenaza a sus vecinos". Y el también Fiscal General del Reino Unido, Lord Goldsmith, afirmaría: “El deseo de un cambio de régimen no constituye una base legal para una misión militar”. Nada de esto frenó la involucración de Blair en la guerra de agresión contra Iraq. Tampoco lo hizo en el caso del entonces presidente del gobierno español, <strong>José María Aznar</strong>.</p><p>Fue entones cuando comenzaron a quedar al descubierto algunas de las <strong>fallas más relevantes</strong> que se ven en la actualidad: la <strong>manipulación </strong>de los líderes políticos o el <strong>fracaso de los medios de comunicación</strong> para informar y fomentar el debate público son solo dos de ellas. También la <strong>mentira </strong>de los altos cargos norteamericanos para determinar la verdad sobre la existencia de armas de destrucción masiva y la propagación de una mentira que sirviera para <strong>convencer a la opinión pública</strong> de la necesidad imperativa de ir a una guerra. La <strong>manipulación entonces no consiguió convencer</strong> a una buena parte de esa opinión pública, que en marzo de 2004 en un <a href="https://www.americanprogress.org/article/the-big-shift-how-public-opinion-has-changed-on-iraq/" target="_blank">60% consideraba</a> que la administración Bush estaba ocultando información o mintiendo sobre las armas de destrucción masiva. </p><p>Los medios, por su parte, fueron incapaces (o no directamente no quisieron) de desmontar el relato oficial. <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/10584600903502615" target="_blank">Un trabajo de 2010</a> demostró cómo el 80% de la cobertura que se dio en las noticias de las cadenas de televisión durante los meses y semanas previos a la guerra favoreció precisamente las <strong>posiciones pro-guerra apoyadas desde la administración Bush</strong>. También se cubrieron entonces fuentes contrarias al discurso dominante, pero curiosamente estas fuentes siempre eran de funcionarios extranjeros, fundamentalmente iraquíes. Curioso.</p><p>La guerra de Irak fue el <strong>principio del fin de una hegemonía global</strong> sostenida sobre la <em>Pax americana</em>, el mundo de ayer. La desinformación sobre la existencia de armas de destrucción masiva fue el <strong>comienzo de la crisis de las democracias</strong>, en especial la <strong>norteamericana</strong>. De aquel momento se pueden extraer <strong>lecciones </strong>con una lectura más actual. La <strong>primera </strong>es la de que las mentiras funcionan, al menos, temporalmente. Varios meses después de la invasión, el 70% de los estadounidenses creían que Saddam Hussein había tenido responsabilidad en los ataques del 11S. En las encuestas de medio mandato de 2022 de la CNN, entre tres y cuatro de cada diez votantes pensaba que Joe Biden no había ganado las elecciones de 2020 legítimamente. La <strong>segunda</strong>, la indiferencia con la que el gobierno actúa ante lo que la opinión pública desea. En 2005 había <strong>más estadounidenses contrarios a la guerra que a favor</strong>, y sin embargo las tropas no salieron del país hasta 2011.</p><p>Mucho de lo que pasó entonces <strong>ha dejado huella no sólo en EEUU</strong>, también en el devenir de orden global internacional. Las dramáticas consecuencias tuvieron ramificaciones no sólo en EEUU, también en <strong>España con el 11M</strong> y el intento del gobierno de la época de proseguir con un hilo de mentiras que alguno hoy todavía defiende. La gran mentira de 2003 que llevó a una <strong>guerra ilegal, inmoral e injusta</strong> terminó en un gran desastre para la credibilidad de EEUU en el mundo, pero también con una forma de tomar decisiones políticas que ha creado escuela. En América, pero <strong>también más allá de América</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Aug 2024 18:12:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ruth Ferrero-Turrión]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El bulo de las armas de destrucción masiva que llevó a una guerra ilegal, inmoral e injusta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bulos que cambiaron la Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra", el bulo sionista para borrar la realidad de Palestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/bulo-tierra-vacia-perpetrado-borrar-realidad-palestina_1_1841449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2542490e-7ccf-45d5-8e44-f53b0ba7f67b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra", el bulo sionista para borrar la realidad de Palestina"></p><p>La frase “<strong>una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra</strong>”, acuñada por el periodista judío- británico <strong>Israel Zangwill</strong> a finales del siglo XIX, se convirtió de inmediato en una especie de carta de presentación del proyecto <strong>sionista </strong>que en esos años daba su primeros pasos en busca del apoyo  de las grandes potencias, en especial el de la mayor potencia colonial del  mundo de entonces, <strong>Gran Bretaña</strong>. </p><p>Fue un eslogan de éxito, la prueba es que todos lo conocemos, y aún sigue siendo muy eficaz a la hora de<strong> “borrar” la realidad de Palestina</strong>, la que existió y la que existe, de la conciencia de la opinión pública de Occidente.  El problema es que <strong>siempre fue una gran mentira</strong>, un bulo al servicio de la <strong>maquinaria propagandística del movimiento sionista</strong> que desde el primer momento necesitó negar la existencia del pueblo de Palestina para justificar su proyecto. </p><p>En 1891, el escritor <strong>Arthur Ginsberg</strong>, judío ruso que solía firmar con el seudónimo de <strong>Ehad Ha`am, </strong>realizó un viaje por Palestina tras el cual escribió el artículo <em>Verdad de la Tierra de Israel</em>: “Tenemos la costumbre de creer, los que vivimos fuera de Israel, que allí la tierra es ahora casi completamente desértica, árida e incultivada y que cualquiera que quiera adquirir terrenos allí puede hacerlo sin ningún inconveniente. Pero la verdad es muy otra. En todo el país es difícil encontrar <strong>campos cultivables</strong> que no estén ya cultivados, solo los campos de arena o las montañas de piedras que no sirven para plantaciones permanecen sin cultivar...”</p><p>Bastaba mirar la realidad de aquella Palestina del siglo XIX para <strong>desmontar los dos mitos más extendidos del sionismo</strong>: la tierra vacía y el desierto hecho florecer.  Tanto los líderes sionistas como sus patrocinadores, los dirigentes del Imperio Británico, lo sabían. Sabían que había un pueblo en Palestina cuya existencia obstaculizaba no solo las aspiraciones del sionismo sino también, y ahí estaba la clave, los intereses estratégicos del Imperio Británico.  </p><p>He aquí una bonita muestra de cinismo colonial: “<strong>En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los habitantes del país. Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo". </strong>Lo escribía en 1919 el entonces ministro de exteriores británico, Sir Arthur James Balfour. Palestina ya no era simplemente un territorio del mundo árabe oriental; bajo el Mandato Británico se convirtió  en “la cuestión palestina”, un <em>pueblo problema</em>, un obstáculo que había que eliminar. </p><p>El bulo de la tierra vacía dio paso al  proyecto de “<strong>vaciar la tierra de su población</strong>” que milicias sionistas, luego ejército israelí, llevaron a cabo entre diciembre de 1947 y junio de 1949. La <strong>limpieza étnica</strong> de Palestina. <strong>La Nakba</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Aug 2024 18:09:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Aranguren]]></author>
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      <media:title><![CDATA["Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra", el bulo sionista para borrar la realidad de Palestina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bulos que cambiaron la Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mentira letal de Franco: "Nada tienen que temer los que no tengan las manos manchadas de sangre"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/no-tengan-manos-manchadas-sangre-desmontando-bulos-letales-guerra-civil_1_1844405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a328527a-4cc0-4ea3-860a-93d9465752e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mentira letal de Franco: "Nada tienen que temer los que no tengan las manos manchadas de sangre""></p><p><em>Oye, Luis, yo quería decirte una cosa... Es posible que me detengan...</em></p><p><em>¿Por qué, papá? </em></p><p><em>Pues... no sé... Pero están deteniendo a muchos... como yo fundé el sindicato... nos incautamos de las bodegas... </em></p><p><em>Pero ¿eso qué tiene que ver? Era para asegurar el abastecimiento a la población civil... Era un asunto de trabajo, no de política. Y aunque lo fuera: el Caudillo ha dicho que los que no tengan las manos manchadas de sangre... </em></p><p><em>Ya, ya... Si a lo mejor no pasa nada... Pero están deteniendo a muchos, ya te digo, por cosas como ésa... Yo lo que quería decirte, precisamente, es que no te asustaras... </em></p><p>Este fragmento de una inagotable obra como <em><strong>Las bicicletas son para el verano</strong></em>, escrita por Fernando Fernán Gómez, representa a la perfección lo que significó la guerra civil española para una gran parte de la población. Este último diálogo, aunque suele ser mencionado por anticipar la victoria franquista como el reverso de la paz, muestra también uno de los principales <strong>bulos activados durante el conflicto</strong>, que cambiaría nuestra historia para siempre por sus profundas y duraderas implicaciones sociales. </p><p>Al igual que <strong>todas las grandes mentiras y lavados de cerebro contemporáneos</strong>, desde finales del XIX a la primera mitad del siglo XX, este tenía detrás una potente campaña de propaganda y de prensa. Sus efectos fueron letales, literalmente, tanto para civiles como para militares. Existía una <strong>larga cadena de rumores dirigidos para desestabilizar un país</strong> que, como otros de su entorno, vivía un rápido y profundo cambio desde el final de la dictadura de Primo de Rivera. Su gran diferencia con estos anteriores fue su transformación en política penal y vehículo principal de castigo, clasificación y represión de la población. Su primera función, sin embargo, fue otra: conseguir la <strong>deserción </strong>y <strong>debilitar la moral de la gente</strong>, cada vez más mermada y hambrienta.</p><p>Desde el comienzo y en la primera fase al menos, el mensaje iba dirigido a los propios, para cohesionar la retaguardia. La identificación primaria de los <strong>rojos </strong>con criminales empedernidos y de las <strong>rojas </strong>con prostitutas, fue dando paso a visiones más o menos elaboradas sobre el papel que la nueva España debía ejercer sobre <em><strong>los sin dios</strong></em>, sobre <em>la </em><em><strong>antipatria</strong></em>. Pero, a medida que la guerra se alargaba, los medios, la intensidad y la dirección de los mensajes cambiaron. Buscaban, cada vez más, las grandes ciudades, con un público más amplio y diverso. El giro se produjo en el norte, primero en Vizcaya, enfrentando cara a cara a los <strong>católicos </strong>de distinto signo. </p><p>Las proclamas se centraron entonces no solo en vencer sino en convencer, para lo que era necesario el perdón. Eso sí, <strong>un perdón con condiciones</strong>. La radio llevó hasta la última trinchera el mensaje repetido hasta la saciedad: <strong>“nada tienen que temer los que no tengan las manos manchadas de sangre”.</strong> La aviación aparecía como de costumbre, anticipando una lluvia de fuego y metralla, pero, de repente, un día, no repitió su mecánica habitual. Del cielo cayeron miles de octavillas con el mismo mensaje impreso, añadiendo sólo una nueva frase: “<strong>piensa en tu familia</strong>”. El éxito fue rotundo. Desde entonces se fomentó hasta la saciedad la figura de los “presentados”, desertores que volvían a casa, a sus lugares de origen, porque no tenían las manos manchadas de sangre. </p><p>Medio año después, cuando el ataque central parecía volverse hacia Madrid, antes incluso de que llegaran al Mediterráneo rompiendo en dos el solar republicano, l<strong>a capital fue bombardeada con panecillos</strong>. Envueltos en la bandera nacional, llevaban escrito el mismo lema: <em>nada tienen que temer</em>…. A pesar de los esfuerzos de las autoridades madrileñas por evitarlo, eran devorados al instante por una <strong>población famélica</strong>. Desabastecidos y carentes de todo, pronto se convirtieron en la promesa del fin de la guerra, en la esperanza de que aquello solo había sido un mal sueño. Nadie los leía, por la <strong>prisa por comer, por el hambre y el miedo</strong>, pero su efecto en la desmoralización y entrega de la retaguardia enemiga fue incluso reconocido por alemanes e italianos.</p><p>La <strong>última fase y la de mayor aplicación del bulo, que se extendía</strong> según los cálculos del servicio de inteligencia franquista, fue la de mayor experimentación y logro en esta nueva dimensión de la <strong>guerra psicológica</strong>. Consistía, básicamente, en reactivar los servicios (agua, luz, combustible) que ellos mismos habían cortado previamente de las ciudades que ocupaban. Se presentaban como los liberadores que restauraban el orden y, sobre todo, el abastecimiento. El conocido mensaje del final de la guerra, emitido la noche del <strong>1 de abril en Radio Nacional</strong>, “cautivo y desarmado”, venía acompañado de una orden de la auditoría de guerra, que permitía la evacuación para que los desplazados se presentaran en sus lugares de origen ante las nuevas autoridades. <strong>Llenas, las cárceles</strong> empezaron a ocupar las calles, los campos, las escuelas, los cines y los viejos conventos. Sólo se abrían al amanecer, “a las luces claras”, como había escrito <strong>Lorca</strong>, camino del cementerio, donde nada tenían que temer los que no tenían las manos manchadas de sangre.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Aug 2024 18:10:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gutmaro Gómez-Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La mentira letal de Franco: "Nada tienen que temer los que no tengan las manos manchadas de sangre"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bulos que cambiaron la Historia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Desmontando el bulo de que "la Guerra Civil salvó a España del comunismo" que tanto repitió el franquismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/bulo-duradero-consecuencias-actualidad_1_1833264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8c27c34-5fba-4bd4-b048-6125ab0dacff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desmontando el bulo de que "la Guerra Civil salvó a España del comunismo" que tanto repitió el franquismo"></p><p>Hay muchos bulos históricos que comparten las dos características. Sin embargo, y sobre todos los que me vienen a la memoria, destaca uno: <em><strong>la guerra civil fue absolutamente necesaria para salvar a España de caer en las garras del comunismo</strong></em><em>.</em> Ciertamente, hasta la muerte de Franco, nunca vacilante en repetirlo durante su larga dictadura, fue considerado dogma de fe. Después ha incorporado dos rasgos adicionales: no hay forma posible de exonerar a los <strong>socialistas </strong>y también se explica por la catastrófica situación del orden público en que se había despeñado la <strong>República</strong>. En nuestra gloriosa monarquía, origen de todos los males de la PATRIA. </p><p>Los bulos tienen su lógica propia, pero no son impermeables a la <strong>contrastación documental</strong>. El que aquí nos ocupa ha sido visitado y revisitado por una multitud de historiadores, españoles y extranjeros. Gracias, en particular, a la recuperación de las libertades democráticas, y a investigaciones estimuladas por la creciente apertura de archivos, fuera y dentro de España. </p><p>Corresponde al inolvidable catedrático de Historia <strong>Ricardo de la Cierva</strong> haber mantenido enhiesta, hasta su fallecimiento, la defensa de las diferentes variantes del bulo. Lo mismo podría afirmarse del profesor <strong>Stanley G. Payne</strong>, <em>darling</em> de la gran derecha española. </p><p>Contra la supuesta responsabilidad <strong>comunista/socialista/anarquista </strong>que justificó la necesidad de levantarse en armas para salvar a la PATRIA, la exploración minuciosa de <strong>archivos </strong>españoles públicos y privados en conexión con los italianos, alemanes, franceses, británicos y rusos (los norteamericanos son bastante irrelevantes al respecto) permite llegar a conclusiones muy diferentes: <strong>ni los comunistas, españoles o soviéticos, planeaban una revolución en España</strong>. Tampoco lo hacían los <strong>socialistas </strong>y a los <strong>anarquistas </strong>ya se les habían dado buenos palos de 1931 a 1934. </p><p>Existe una cierta conexión entre el <strong>18 de Julio</strong> y la <strong>revuelta obrera en Asturias de 1934</strong>. El Gobierno y los militares aprendieron que una explosión de tal tipo no tendría futuro si el Ejército permanecía leal. Sus conclusiones fueron, sin embargo, muy diferentes. En 1936 el primero desestimó la agitación en los cuarteles, que habían seguido los mecanismos de seguridad correspondientes, y no se atrevió a cortarla. Los segundos comprendieron que había que contar con el apoyo de una parte de los mandos para sortear los mecanismos internos de vigilancia, despistar al Gobierno y <strong>crear la sensación colectiva de que España iba directamente a una revolución social-comunista</strong>.</p><p>El Gobierno no llegó a creerse del todo que existían variables foráneas en la agitación de los cuarteles. Esto, sin embargo, lo afirmaban sistemáticamente los partidos de izquierda. La aparición de <strong>contingentes nazi-fascistas</strong> a principios de agosto de 1936 validó los <strong>temores de la izquierda</strong>. Los sublevados enfatizaron que fue para evitar que la España católica, apostólica y romana de siempre cayese en las aviesas garras moscovitas. Ni unos ni otros acertaron. Tampoco sus historiadores de cabecera y, menos aún, sus múltiples <strong>propagandistas</strong>. Desde entonces a la actualidad.</p><p>La <strong>conspiración operativa contra el régimen republicano</strong> comenzó, documentadamente, en 1932 y tuvo, desde el principio, una connotación particular: la constante demanda de apoyo al régimen <strong>fascista </strong>por excelencia. El <strong>italiano</strong>. Por el contrario, los <strong>nazis</strong>, en el poder desde principios de 1933, no tuvieron particular interés en España. En esto, una larga literatura histórica de izquierdas se equivocó rotundamente. </p><p>Los esfuerzos para derribar a un futuro gobierno de tal naturaleza cristalizaron a lo largo de 1935. Antonio Goicoechea -que ya había firmado un acuerdo con Mussolini el año anterior, conocido desde la guerra misma pero con efectos muy limitados- redobló sus esfuerzos bajo la batuta y dirección del “proto-mártir” por excelencia, Don José Calvo Sotelo. <strong>Goicoechea volvió a ver al Duce a principios de 1935</strong> y, en particular, en octubre. Le llevó un mensaje: <strong>si las izquierdas volvían al poder, aunque fuera por medio de elecciones, ellos se sublevarían</strong>. Contaban con el apoyo de la Unión Militar Española (UME), de los monárquicos alfonsinos y de los carlistas. </p><p>En aquel mismo año la DGS había introducido a un espía en la UME. Mantuvo informado a los responsables gubernamentales de la coalición de derechas (con <strong>Gil Robles y Franco mangoneando</strong> en el Ministerio del Ejército) e incluso al presidente de la República, <strong>Alcalá-Zamora</strong>. Las izquierdas volvieron al poder en febrero de 1936 y, naturalmente, las fuerzas vivas de las derechas prepararon la sublevación: solo había que calentar los ánimos y, en particular, recabar la ayuda fascista en términos operativos. Para lo primero contaban con los apoyos mediáticos de la época (<em>ABC</em>, <em>El Debate</em> y sus ramificaciones provinciales). Para lo segundo con la ayuda financiera de <strong>Juan March</strong>. </p><p>El 1º de julio de 1936 se firmaron cuatro contratos con una empresa italiana para el suministro inmediato, tras el golpe, de material de guerra moderno: <strong>bombardeos, cazas, hidroaviones, municionamiento, gasolina</strong>. No para dar un golpe sino para iniciar una guerra que estimaban corta. </p><p>Las raíces de la guerra de España, merced a la <strong>intervención nazi adicional </strong>y a la inesperada retracción de las democracias, condujeron a una larga dictadura. Franco, que conocía desde 1935 los manejos conspirativos, <strong>echó la culpa a las izquierdas</strong>, en particular a la URSS. <strong>Sus soportes mediáticos impusieron su relato</strong>. Hubo que <strong>salvar a la PATRIA</strong>, ante todo y sobre todo. Hoy todavía se lo creen muchos ciudadanos. <strong>Pocos bulos habrán tenido tan fatales consecuencias para España</strong>. Sobre qué hacer con tal relato, todavía vivo en diversos círculos, <strong>no cabe equidistancia</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jul 2024 19:04:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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