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Turquía

Un día (casi) normal en Estambul

  • El miedo y el riesgo de polarización social planea sobre la sociedad turca, que trata de defender su derecho a manifestarse y mostrar su oposición a las políticas de Erdogan
  • Ahora, la pregunta a responder desde la calle es ¿cómo seguir con las movilizaciones frente a la represión?

SOFÍA DE ROA (ESPECIAL DESDE ESTAMBUL) Publicada 18/06/2013 a las 09:26 Actualizada 18/06/2013 a las 12:34    
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Policías descansan en unos bancos en el parque Gezi en Estambul, este lunes.

Policías descansan en unos bancos en el parque Gezi en Estambul, este lunes.

EFE
Si el domingo al anochecer, las calles de Estambul eran cómplices de aplausos, de barricadas construidas por largas cadenas humanas, movilizaciones numerosas bajo la lluvia, y vecinos que se asomaban a los balcones a golpear cacerolas, como muestra de rechazo a la represión policial, el lunes, Estambul amanecía con una apariencia de normalidad sorprendente. La ciudad recobraba su ritmo, despertaba limpia y, por momentos, parecía que nada de lo acontecido en las últimas semanas había tenido lugar: cafés repletos, gente yendo y viniendo del trabajo, haciendo compras, y Taksim abierta al público otra vez, aunque con gran presencia policial. Todo normal. Casi.

A cada intento de concentración de manifestantes, nuevamente la policía disparó gases lacrimógenos. Su olor se asume ya con normalidad entre los ciudadanos turcos. “Sí, otra vez gas, no podemos respirar correctamente, el primer ministro nos quiere en casa", dice Duggu, joven de 26 años, entre toses. Dice que ha acudido a la manifestación convocada por los sindicatos mayoritarios para denunciar la violencia ejercida durante el fin de semana, y que ha acabado de manera pacífica, en un barrio cercano a Taksim. El gas llegó después, cuando algunas decenas de manifestantes permanecían en el lugar tras el fin de la convocatoria, una escena que se repetía durante toda la jornada del lunes en diferentes puntos de la megalópolis turca. “Estamos acostumbrados, el gas entra en las casas donde hay familias, niños, abuelos… Todos sabemos ya cómo sienta ese gas. Ese olor aparece en cualquier momento”, dice Tayyip, ciudadano de 53 años. Él reconoce que el Gobierno tiene mucho poder para parar protestas. “Quisiera acudir pero no quiero enfrentar la violencia. La gente se está dividiendo y esto ya no es seguro, va a peor. Incluso pienso que podría haber una guerra civil”, sentencia. Por otro lado, Sanjiv, joven estudiante que sigue las protestas desde el inicio, prefiere pensar que esa división no se va a producir. “Hay un intento de dividir al país, pero espero que no sea así, el Gobierno quiere culpar de la situación actual a unos sobre otros, señalando a los protestantes de terroristas y con propaganda de ese estilo”.

El pesimismo y la idea de que la sociedad se pueda polarizar ronda por la cabeza de los turcos que no ven ningún síntoma de mejora en la situación que sufre el país. ¿Dónde están los miles de manifestantes de los últimos días? La invisible barrera del miedo parece que, por momentos, se instala en la mente de la ciudadanía turca. A los gases lacrimógenos se suman los cañones de agua mezclada con sustancias químicas que provocan quemaduras en la piel, el anuncio del Gobierno sobre su determinación de sacara a los militares en la calle si las protestas continúan, los miles de heridos y personas arrestadas que permanecen incomunicadas. Los vídeos que circulan desde este fin de semana por la red, que muestran a partidarios de Erdogan, escoltados por la policía, paseando con palos en diferentes ciudades del país, han atemorizado a parte de quienes buscan resolver los problemas de manera pacífica.

“Hay miedo, miedo a la violencia. Es difícil ser valiente. Muchos sólo están difundiendo información por Twitter y no están apoyándonos en la calle, sino desde casa y así se hace más difícil continuar. Y más cuando aún hay un 40% de la población, aproximadamente, que apoya al gobierno”, continúa Sanyiv . Aun así, en Twitter nadie puede sentirse seguro, pues ayer un comunicado de la oficina del gobernador de Estambul advertía de que "no son legales los llamamientos cuyo objetivo es impedir el mantenimiento de la armonía y la seguridad en la plaza de Taksim y sus alrededores". El ministro de Interior Muammer Güler, anunciaba que está trabajando en una nueva ley que permita investigar y perseguir a quien publique “informaciones falsas y provocativas”.

Esperanza y caos

Y es que, aunque este lunes no se vivieron grandes aglomeraciones, es fácil reconocer entre los viandantes a quienes están tratando de movilizarse. Preguntadas por infoLibre, un grupo de cuatro amigas que pasean por un boulevar céntrico relatan cómo habían amanecido tras el fin de semana. “Muchas están en casa y otras seguimos intentando manifestarnos. El futuro es muy oscuro, aunque ahora hay esperanza. Durante las últimas semanas, hemos visto que somos muchos y no estamos solos. Es algo psicológico y los cambios vendrán en un largo plazo. Ahora tratamos de organizarnos pero somos muy diferentes. No tenemos experiencia en organización política y eso se nota ahora que tenemos que continuar, aunque también es lo puro de este movimiento, pues no somos políticos ni sindicalistas, solo civiles…”, explica Kenet.

Al mencionar a partidos y sindicatos, su amiga Diria analiza: “Hay sindicatos mayoritarios con grandes apoyos. Hoy –por este lunes– les hemos visto protestar y denunciar la brutalidad policial pero este movimiento de protesta surgido en el parque Gezi va más allá, no va con partidos o sindicatos, somos gente normal que sentimos que tenemos un problema de representación. Durante la acampada, pusimos en común muchas de nuestras preocupaciones y vemos que los sindicatos o partidos actuales tienen las suyas propias, no nos organizamos como ellos, es distinto. Creo que, ante todo, para que sindicatos y partidos alcancen mayorías más amplias de población tienen que usar otro lenguaje más abierto, más cercano. Es triste, porque ahora no hay alternativa política, por eso estamos en el caos”.

La emoción regresó al anochecer, cuando “el hombre parado” en Taksim consiguió que cientos de personas pudieran permanecer en la plaza, uniéndose a él, en silencio, demostrando durante unas horas que las movilizaciones siguen en pie. La concentración se mantuvo durante unas horas hasta que la policía expulsó a los concentrados sin usar violencia. Sí hubo detenciones. En otros lugares de la ciudad, como el barrio de Besiktas, surgen pequeños grupos en reunión. Una centena de personas pasa la noche tratando de buscar cómo continuar. Mañana será otro día.


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