La puerta giratoria, el bricolaje del presidente

Fernando Pérez Martínez

El significado de puerta alude directamente a términos como la entrada o la salida.

La puerta giratoria, referida a cargos de representación gubernamental, es un concepto alusivo al mecanismo de salida para los altos cargos de la Administración pública y su entrada a toda orquesta en lustrosos puestos en el escalafón de la gerencia de los negocios privados como premio a los servicios prestados. Prestados no a la administración pública como sería natural, sino desde la administración pública.

La puerta giratoria describe un sistema de redes clientelares de algunos altos cargos de la administración política del país. De este modo cuando un político pasa a desempeñar la responsabilidad sobre una materia pública se deja subastar entre los grupos privados que desarrollan su actividad de negocio en el área sujeta ahora a sus decisiones discrecionales.

Los términos en que se produce la subasta para fichar al nuevo cargo son de muy distinta naturaleza, todas lisonjeras y más o menos rentables según lo productivo que sea para las empresas el candidato y el beneficio a obtener.

Una con bastante éxito entre los exmiembros de los gobiernos que han sido, es la de acomodarles en puestos de relumbrón económico y discreta exposición mediática. Además de las tradicionales y más groseras entregas de maletín, hoy tuneadas en transferencias a cuentas fiscalmente opacas de entidades con sucursal en algún acreditado paraíso fiscal. También están las “golosinas” que satisfacen la vanidad y conforman un currículo más provechoso.

De esta manera, desde un anónimo consejo de administración, se aseguran al responsable público catorce buenas pagas anuales, casa, vehículo de empresa de alta gama, chófer, dietas sustanciosas y otras prosaicas a la par que prácticas exquisiteces, por el respaldo político al acaparamiento de negocio de las empresas o personas que hicieron la mejor oferta, la más satisfactoria. Así que cuando termina el mandato del miembro del parnaso de la administración pública que fichó el grupo empresarial de un particular, éste le asegura el porvenir en función de los beneficios servidos.

Resulta llamativo el que esta clase de servicios contratados llegan a la luz pública, cuando llegan, años después de haberse prestado, rara vez durante el mandato del fichado o contratado. He aquí una excepción. En la actualidad el presidente del gobierno entretiene sus esparcimientos con la inocente práctica del bricolaje. Hoy podemos verle minuciosamente entregado a su afición, provisto de los útiles necesarios. El propio presidente del Consejo de Ministros engrasa escrupulosamente el mecanismo de su particular puerta giratoria, preparando su presentida jubilación como presidente del gobierno, legislando el reparto de las actividades del Registro Civil entre los registradores, que verán aumentadas sus fuentes de ingresos sustancialmente en la misma proporción que aumentan los costes a los particulares y usuarios forzados por la ley.

No puede ser casual que el oficio al que se reintegrará el señor Rajoy sea el de usufructuario de minutas registrales. Para cuando desembarque en su plaza de Santa Pola, se habrá mullido el asiento para sus delicadas asentaderas de expresidente, con el aumento de actos y comunicaciones que engrosan la minuta en cientos por ciento si no en miles por ciento de euros según se puede leer en la prensa independiente; con la subida de los costes de los más frecuentes actos registrales que repercutirán en el usuario forzoso; con el acrecentamiento de operaciones, que a la voz de ¡ya!, requerirán pasar obligatoriamente por la ventanilla del registro mercantil. Más “los chuches” que representan el cambio establecido que obliga a sociedades, asociaciones, fundaciones…, que deben registrar, no los libros en blanco donde se recogerán las actas, sino las propias actas redactadas en esos libros, que anualmente deberán hacer girar la manivela de la caja registradora, abonando alegremente un promedio de trescientos euros por cada obligado usuario, al opulento colchón del registrador y su parentela registral.

En la actualidad Rajoy dirige desde el Gobierno la maniobra de su apacible a la par que lucrativo aterrizaje desde el olimpo de la administración pública hasta la reposada plaza que le aguarda excelentemente cebada por su propia mano. Hoy somete su nariz a los vapores lubricantes y, pasado el trance electoral presumiblemente adverso, el mecanismo giratorio se deslizará discreto, silencioso y suave como la seda. No requiere complemento de paraíso fiscal. Indecente, pero legal.

Fernando Pérez Martínez es socio de infoLibre

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