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Javier Cámara: “Es muy complicado ser empresario cultural”

Un fotograma de 'La vida inesperada'.

A veces la vida no es como uno la espera. La vida de Juanito y de su primo, tampoco lo ha sido. Juanito lleva diez años viviendo en Nueva York, tratando de ganarse la vida como actor y hacerse un hueco en el mundillo. No desiste en su empeño a pesar de que ya ronda los cuarenta y de que debe llevar tres -o cuatro- trabajos adelante para poder pagar los altos alquileres de la ciudad de los rascacielos. Su primo -que es tan primo que solo responde a ese nombre- tiene un buen trabajo en Alicante y está a punto de casarse; parece la perfección en persona, por lo que Juanito nunca podría imaginar qué se esconde realmente tras su visita.

Sobre estas bases se construyeLa vida inesperada, el segundo largometraje del director alicantino Jorge Torregrossa, que estaba trabajando en sus primeros proyectos tras graduarse en la Escuela de Cine de Nueva York cuando Elvira Lindo y Javier Cámara 'llamaron a su puerta'. “Cuando Elvira pensó en alguien pensó en Jorge, que entonces no había hecho ninguna película, pero sí varios cortometrajes, como Desire”, afirma Cámara, quien da vida a Juanito, el protagonista, acompañado de Raúl Arévalo como su primo. “Son historias que tienen que ver mucho con una vida fuera de España (están rodados en inglés) con una ternura brutal y un punto de vista muy especial”. “Nosotros vimos que detrás de esos cortometrajes había un director de cine que sabía lo que estaba haciendo”.

Torregrossa reconoce que no tardó mucho en aceptar el proyecto pues los parecidos entre el personaje de Juanito y sus sueños de profesión le recordaron mucho a sus inicios en Nueva York, donde vivió casi diez años. Esta comedia, de coproducción hispano-estadounidense, ha tardado cinco años en materializarse. “Ahora se ve la película ya hecha con Cámara, Arévalo y Lindo en los créditos, con Universal delante y parece todo muy fácil… pero ha costado cinco años sacar esta película adelante”, confiesa el director. “No nos podíamos pasar de tiempo con el rodaje, ni hacer horas extras ni nada de nada porque no había dinero, así que cumplimos con las fechas porque iba todo bien planteado de antemano”.

Una historia de sueños que no se cumplen y de realidades difíciles de aceptar cuando uno espera no decepcionar a esos familiares y amigos que siempre han creído en ti y que esperan cada día horas frente a la pantalla del ordenador para poder hablar contigo. “Todos nos identificamos con ello”, reconoce Torregrossa. “Todos conocemos a alguien que ha ido a buscarse la vida fuera, que se tiene que comunicar por Skype con su familia y amigos”. Una situación tan común en estos días que, sin embargo, no lo era tanto cuando el guión empezó a fraguarse. Elvira Lindo y Jorge Torregrossa decidieron incluir algunos guiños en el guión relacionados con la actual situación, para así contextualizar la historia. “¿Cómo voy a volver ahora a España?”, se pregunta Juanito.

“El mensaje de la película -resume Torregrossa- es que lo que importa es el camino y cómo te enfrentas a él y que tienes que aprovechar lo que tienes”. “No es una invitación a la renuncia de los sueños, pero sí una llamada a la madurez del personaje de, bueno, a lo mejor esto no va a ocurrir pero eso no te invalida como persona. El éxito no es necesariamente eso que nos han vendido los americanos”.

Un rodaje a dos bandas

Salvo las escenas que transcurren en el apartamento de Juanito, todo lo demás está rodado en Nueva York. Aunque en algún momento se barajó la posibilidad de grabar esas escenas en Toronto (como hacen muchas producciones estadounidenses para abaratar costes), al final decidieron seguir la apuesta de dirección y rodar en Nueva York durante cuatro semanas. “Fue una propuesta muy peleada y arriesgada de la dirección porque el presupuesto estaba muy ajustado y a nada se subía de precio”, señala Cámara. “Cuando llegamos a Nueva York -añade-, nos encontramos con la dificultad de un pequeño rodaje en comparación con los que había allí. Teníamos la la autoestima muy baja porque parecía un rodaje albanokosovar”.

Convencer al equipo norteamericano para que se involucrara en la película también requirió mucho esfuerzo. “Teníamos un equipo muy profesional”, declara Cámara, “pero allí no nos conocía nadie. La primera semana, para ganar espacio, nos ganamos a las actrices y después a los más reticentes usando IMDB para mostrarle quiénes éramos, enseñándole nuestro trabajo, como el de Kiko de la Rica (director fotografía). A partir de ahí empezaron a pensar que, bueno, que éramos alguien”.

En este proceso de seducción, también vino bien la experiencia del director en Estados Unidos. Torregrossa puede presumir de haber sido alumno de directores como Ang Lee o Martin Scorsese, quien le concedió una beca durante su último año de estudios en la Escuela de Cine, haciéndose cargo del pago de su matrícula. El director cuenta que su generosidad y verlos trabajar fue lo que más le enseñó. “Con ellos me di cuenta de lo más importante para un director: cada una de tus decisiones que tomas solo responde a una pregunta: qué quiero contar. Dónde pones la cámara, qué ropa lleva la actriz, cómo se mueve, todo gira en torno a la historia que quieres contar”.

Fue Torregrossa quien sirvió de bisagra entre ambos equipos, sorprendidos en muchas ocasiones por el modo de trabajar del contrario. “En España -explica Cámara-, por ejemplo, si tienes que echar una mano a los cámaras para mover un cable lo haces, allí no podías tocar nada si tú no eras parte del grupo cable del sindicato cable, así que al final dije 'yo mejor no toco nada', por lo que pudiera pasar”. También fue un shock para la actriz Carmen Ruiz que, según cuentan, tiene la manía de dar dos besos a todo el equipo antes de empezar y tuvo que tragarse sus besos más de una vez cuando los miembros del equipo americano “le hicieron la cobra”. “Pero al final nos los ganamos”, dice Raúl Arévalo.

Los problemas del cine español

¿Es lógico que una entrada de cine valga lo que vale? “No”, sentencia Raúl Arévalo, “es absurdo que valga tanto, la prueba es que cuando bajan los precios las salas se llenan”. El actor recordó el caso del director Paco León que ya intentó -sin resultados- con su primera película, Carmina o revienta, que la entrada costara menos puesto que la producción había sido barata.

“Lo que es increíble es el porcentaje que se lleva el productor”, critica Cámara. “No voy a dar nombres, pero tengo casos muy cercanos en los que el productor está haciendo cuentas para ver cómo recupera el dinero porque ha hipotecado su oficina o su casa y no ve cómo podrá financiar otra película. Como no hay ayudas públicas, como no hay un sistema de exenciones fiscales, como no hay mecenazgo, como el IVA está como está… es muy complicado ser empresario cultural en este país”, se lamenta el actor, galardonado con el Goya por su interpretación en Vivir es fácil con los ojos cerrados. “A poco que pongas la oreja te das cuenta de que la cosa está muy, muy jodida”.

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