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En 500 palabras: 'La miseria de Madrid'

  • En estas memorias, Enrique Gómez Carrillo describe con notable perspicacia el aspecto humano del mundillo literario madrileño y peninsular
  • ¿Qué parte de verdad autobiográfica hay en todo ello? Así puede leerse hoy este relato: como un experimento en torno a cómo la verdad también se inventa

Publicada el 24/05/2019 a las 06:00
La miseria de Madrid
Enrique Gómez Carrillo,
Edición de José Luis García Martín.
Impronta
Gijón
2019


 
Tres tomos necesitó Enrique Gómez Carrillo (Guatemala, 1873 - París,1927) para cubrir apenas dos tercios de las memorias que precipitadamente tituló Treinta años de mi vida y que terminan con el relato de su llegada a Madrid a los 19 años. A ella dedica la tercera y última entrega, La miseria de Madrid (1921), que se publica ahora en edición exenta —ya Renacimiento había publicado la obra completa en 2011– con prólogo de José Luis García Martín; quien no sólo abunda en la idea, ya expresada en su introducción a la edición anterior, de que la veracidad y exactitud de estas memorias han de ser puestas en duda, sino que la amplía a la consideración de que esta entrega en concreto ha de entenderse como un temprano ejemplo de lo que hoy llamamos “autoficción”: una novela autobiográfica sólo en líneas muy generales ajustada a hechos reales.

Gómez Carrillo, que fue básicamente un periodista de éxito, no era un gran estilista ni parecía empeñado, como sus coetáneos “modernistas”, en defender un proyecto literario diferenciado y original. Los méritos que cabe atribuir a La miseria de Madrid son otros. Al afrontar el relato de su llegada a España desde París, en compañía de una querida francesa y con el declarado propósito de triunfar literariamente en la capital española, Gómez Carrillo dirige a su nuevo entorno una mirada decididamente acerada y crítica. Nada más llegar a Madrid, el imberbe escritor es estafado y queda al borde de la más negra miseria. Desde esa posición desairada, Gómez Carrillo describe con notable perspicacia el aspecto humano del mundillo literario madrileño y peninsular, en cuya cúspide se sitúan personajes como el novelista y crítico Clarín, que fue condescendiente y amable con el joven escritor, y el entonces celebérrimo Juan Valera, aquí presentado como ambivalente patrón del compañero de miserias del guatemalteco, el memorable Renjifo, un latinista homosexual que ocasionalmente consigue algún dinero gracias a las encomiendas que le hace el encumbrado novelista.

En Renjifo encuentra Gómez Carrillo al personaje que necesita para que su visión del Madrid de 1892 no se centre en sus propios pasos de escritor predestinado al éxito. Por el contrario, la novela histórica a cuatro manos que planea con Renjifo, en la estela del Salambó de Flaubert, ofrece al guatemalteco la ocasión de sugerir cómo su propia obra podría haber entrado en vía muerta. Que, mientras tanto, quede fascinado por el delicado muchacho del que anda enamorado su amigo, y que plantee abiertamente esta inconfesada pulsión homosexual, disfrazada de atracción hacia una figura andrógina, es toda una novedad en la literatura española de su tiempo.

¿Qué parte de verdad autobiográfica hay en todo ello? Seguramente importa poco, más allá del hecho, incontrovertible, de que el cronista no estaba solamente aprovechando la ocasión de sacar partido a sus memorias de hombre famoso, sino también explorando con notable audacia las posibilidades narrativas de determinadas experiencias. Así puede leerse hoy este relato: como un atractivo experimento en torno a cómo la verdad también se inventa.
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José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros son Arabesco (poesía, Pre-Textos) y Trilogía de la Transición (novela, Dalya), ambos de 2018.

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