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Desde la casa roja

La educación es un derecho de los niños

Publicada el 09/09/2020 a las 06:00

Veo la fotografía de una clase de niñas en la ciudad portuaria de Hedeidah, en Yemen. Las veo inclinadas sobre sus pupitres porque una de las paredes del aula ha sido casi destruida por completo tras los bombardeos de Arabia Saudí en 2017. En otra imagen, unos niños desplazados dan clase en un granero del área rebelde de Darea, al sur de Siria. El sol se cuela por los vanos de la pared y les alumbra sentados sobre piedras porque allí no hay sillas. En otra escuela de Hazima, al norte de Raqqa, la pared está acribillada de agujeros de bala de la guerra. Cuando los niños regresaron a su escuela, todo estaba destruido. Un millón de niñas africanas, embarazadas durante la pandemia, nuestra pandemia, no serán admitidas en las escuelas.

Veo todo esto sentada en mi cama de primer mundo, unas horas antes del amanecer a este lado del Mediterráneo, después de preparar una mochila y antes de llevar a mi hijo a su primer día de colegio después de seis meses en casa. Intento despojarme de las estructuras de pensamiento que, viendo estas imágenes, me ayudan a entender por qué es importante que regresen todos los niños a clase. Por qué la educación les salva y por qué no vale que solo acudan al colegio los que no tienen más remedio. Intento no darme cuenta de por qué estas fotografías me ponen en mi sitio, me aterrizan. Y, cuando todavía tengo dudas, cuando puedo echarme aún atrás, pienso que esto no es algo que hago por mí, que no lo hago para tener tiempo para escribir, que la educación de mi hijo no es un derecho mío, es suyo. Que va al colegio por él y por todos sus compañeros. Que lo único que me toca como madre es morirme de miedo unos metros por detrás.

La vuelta al colegio, con las cifras de trasmisión comunitaria que tienen algunas regiones de España, puede tener consecuencias imprevisibles. A la clase de mi hijo, ayer fueron solamente la mitad. Y no me extraña. Nada es seguro por más que nos lo repitan. Gobernar es elegir, es priorizar, y este país ha elegido un camino que, de nuevo, ha dejado a los niños atrás. Los mensajes son claros por todos los flancos y medios, en esto parecen por primera vez de acuerdo: “Familias, la escuela es segura, confíen”. Pero lo único que es seguro es que los padres tienen que reintegrarse a sus puestos. Y para ello, es necesario que obviemos los graves errores que se han cometido este verano para llegar a septiembre exponiendo a los pequeños. Sobre sus hombros no va sólo una pesada mochila donde llevan y traen cada día libros y enseres que no se pueden quedar en el colegio porque el aula debe estar vacía para la desinfección, también cargan la incertidumbre de un regreso inseguro en el que nadie parecía pensar cuando se priorizaron la apertura de fronteras al turismo masivo, la reactivación del ocio nocturno o la posibilidad urgente de tomarse ese imprescindible café en las terrazas del centro de la ciudad.

¿Qué país queremos ser? Ya sabemos que no somos el que tiene una educación pública dotada de recursos para hacer frente a una contrariedad, ni el que entiende que el acceso a la escuela es el único motor de transformación. Tanto el Gobierno central como los regionales deberían garantizar ese derecho a la educación ejercido en las condiciones más seguras. Y que esa educación, además, debería ser digna. Y que, para que sea digna, no deberíamos mandar a los niños a escuelas con inseguridad, a colegios que han tenido que modificar rutinas y libertades y que en nada se parecen a las escuelas que dejaron atrás. Sálvese quien pueda. El éxodo de los que pueden permitírselo hacia la educación privada ha comenzado.

Ayer, en la puerta del colegio, un niño se saltó la fila y la distancia y se abrazó a las piernas de su profesora, a la que no veía desde hace medio año y a la que se le cayeron las lágrimas sobre la mascarilla. Porque por debajo de todos los velos, también estaba la emoción indómita, la suya de niños y la nuestra de adultos atemorizados, eso que nos hace temblar y revela lo que siempre ha sido verdadero e importante. A eso me agarro.

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7 Comentarios
  • Sotram Sotram 09/09/20 18:48

    Joé, Aroa, eres maravillosa¡¡

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    1

  • jagoba jagoba 09/09/20 14:39

    Que bueno Aroa.
    Me ha encantado.
    Gracias

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  • elisams707 elisams707 09/09/20 14:37

    Muchas familias caen en el error de creer que las escuelas privadas son mejores que las publicas y eso no es cierto. La escuela publica es mas integradora.

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  • Francisco Goya Francisco Goya 09/09/20 10:36

    Comparto totalmente las reflexiones de la autora. La educación es un derecho de los niños, un derecho que hay que preservar todo lo que se pueda. Entiendo el miedo de los padres y madres al contagio y a las consecuencias médicas, sociales, familiares y económicas que puede traer, pero los niños necesitan acudir a sus centros de referencia, estar con sus iguales, abrazar aunque sea con mascarilla y lavándose constantemente las manos...

    La educación es fundamental y tenemos que intentar superar los miedos, actuar con responsabilidad pero no dejar que las noticias, que casi nunca son positivas, nos paralicen. El que las escuelas hayan abierto y los niños y jóvenes vuelvan a las aulas para mí es un signo de esperanza y quisiera poner en valor el esfuerzo no solo de las administraciones sino también de los propios centros y universidades y de las profesoras y profesores, que, además de enseñar y educar, quieren a sus alumnos y venciendo sus propios miedos y con enormes dosis de vocación intentan hacer su trabajo lo mejor que saben, al igual que sanitarios, repartidores y cuidadoras y cuidadores en residencias a los que tanto seguimos teniendo que agradecer y apoyar, dotar de medios y recursos y valorar lo que hacen en condiciones difíciles para todos.

    Yo también quiero agarrarme a la esperanza y no a la crispación, la mentira, la falta de empatía y la violencia. Yo quisiera pertenecer a un país donde la prioridad fueran las personas y donde la educación, la sanidad, la ciencia y la protección a los más débiles estuviera siempre fuera del juego político y se gestionasen mediante acuerdos mayoritarios en el que todos puedan aportar sus puntos de vista diferentes que siempre es enriquecedor. Seguramente es demasiado pedir.

    Gracias por el artículo, Sra Moreno.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 09/09/20 14:25



      Francisco Goya: Comparto tu comentario, aunque pienso que es lo MÍNIMO que podemos pedir. Osasuna2 salu2.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 09/09/20 08:20


    Totalmente de acuerdo que la educación es un derecho de los niños, y debería ser el primer escalón para que la sociedad les conceda, una vez adultos, una igualdad de oportunidades para acceder a educaciones superiores y posteriormente a un puesto de trabajo.

    Durante esta horrorosa pandemia que estamos viviendo, al igual que se ha visto en la atención sanitaria, las carencias de medios humanos y materiales provocada por los recortes habidos durante tantos años, casi todos ellos bajo el mandato del PP u otros partidos de derechas en diferentes autonomías, en la Enseñanza Pública se están viendo los mismos problemas, y originados también por los mismos partidos: carencia de medios humanos y materiales.

    Se dice en el escrito que «este país ha elegido un camino que, de nuevo, ha dejado a los niños atrás». ¡Uuuuuuufffff! ¿Y qué decir del trato dado a muchos ancianos en esta tragedia que estamos viviendo en bastantes residencias, casi todas ellas gestionadas por empresas privadas, pero subvenciondas con dinero público? Por no hablar, «de nuevo», de las miserables pensiones que cobran muchas personas, sobre todo mujeres viudas. Este país ha sido, es, bastante ingrato con muchísima gente.

    Esperemos que los chavales salgan bien de esta, incluso que esta experiencia que están viviendo les sirva para hacerles mejores personas. Para ello habría que emplear todos los medios necesarios. Osasuna para la gente decente.

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  • Ira Ira 09/09/20 07:25

    Gracias, Aroa.
    Desde el inicio de la pandemia, de nuestra pandemia como bien has resaltado, no se han tenido en cuenta las necesidades de los niños y niñas.
    Es necesaria una escuela pública de calidad. No más concertación.

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