El futuro de la legislatura

La izquierda busca respuestas: ni es un problema de comunicación ni todo está perdido

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz conversan en el salón de plenos del Congreso.

Un Gobierno de coalición en el que se dan cita PSOE y Unidas Podemos, trabajosamente construido después de enviar a la oposición al Partido Popular tras años de casos de corrupción y recortes sociales y de derechos, está al frente del país y consigue sacar adelante asuntos tan relevantes como una inédita subida del salario mínimo interprofesional o la reforma laboral que por primera vez en décadas está combatiendo la precariedad en el trabajo. Ha resituado la crisis del procés, quizá el mayor desafío de la política española antes de la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, ha vuelto a vincular las pensiones al índice de precios y el empleo crece a buen ritmo, como no sucedía desde hace más de una década. Eso sin contar con que, por el camino, ha tenido que hacer frente a una pandemia mundial, a un volcán y ahora a la crisis inflacionaria derivada de la invasión rusa de Ucrania. (Ver aquí las últimas medidas aprobadas este mismo sábado).

En Moncloa saben que no todo lo que han hecho ha salido bien, pero se preguntan por qué los éxitos no se reflejan en las encuestas. ¿Qué están haciendo mal? ¿Qué tienen que hacer para cambiar la tendencia? ¿Dónde está la mayoría de progreso que les llevó a la Moncloa? ¿Están errando en sus políticas o se trata de un problema de comunicación? 

infoLibre ha hablado sobre ello con tres expertos en políticas de izquierdas. Nos han hablado de la necesidad de mostrar “mayor empatía” y hacer lo posible por “mejorar al máximo la comunicación”. De buscar “un enfoque integral” de la acción de gobierno para que las actuaciones no parezcan medidas aisladas unas de otras y la gente pueda tener una visión de conjunto. De apostar por un modelo “más claro con medidas socialdemócratas de carácter redistributivo”, incluidas subidas de impuestos. De incrementar salarios o de un pacto de rentas que dé sentido a una acción de gobierno que debe girar en torno a la lucha contra la desigualdad y evitar que esta crisis la paguen los más desfavorecidos. Y, sobre todo, de no dar la legislatura por perdida.

José María Maravall es sociólogo, fue ministro de Educación con Felipe González y a sus 80 años sigue siendo una de las voces más unánimemente respetadas dentro del PSOE. Él señala, en primer lugar, un problema de perspectiva en la manera en que se está percibiendo lo que hace el Gobierno. Los disensos internos, entre PSOE y Unidas Podemos, por ejemplo, le parecen un asunto meramente circunstancial, producto de que “es la primera vez que hay una experiencia de coalición en España. Eso genera mucha perplejidad porque no estamos acostumbrados”. Pero es una situación “muy habitual en Bélgica, en Italia, en Finlandia o en Suecia. Incluso los ha habido en el Reino Unido”, recuerda. Y “que haya tensiones en las coaliciones es algo bastante habitual en las democracias parlamentarias”. Más aún cuando se trata de un Gobierno que “ha tenido que afrontar circunstancias externas que son difícilmente comparables con cualquiera del pasado”. 

“Lo que es muy extraordinario cuando se observan los problemas en España, como la inflación, es que se ignore muchas veces que es un coste directamente debido a la guerra en Ucrania y que Estados Unidos está experimentando una inflación superior a la española”.

Así como que eso pueda suponer dejar en segundo plano las reformas que ha llevado a cabo el Gobierno, desde la reforma del mercado laboral, que “ha dado lugar a un tipo de contratación infinitamente de mayor calidad que las contrataciones temporales que existían hasta ahora”, al “ingreso mínimo vital y la subida de los ingresos mínimos”, que “han reducido la pobreza” en un país que tenía la “más extensa de toda Europa”. “Es un Gobierno que ha hecho muchas cosas y que se ha enfrentado a unas circunstancias muy difíciles”, resume. 

Hay personas de la extrema derecha española que son tan rigurosas que dicen que la guerra de Ucrania se debió a Sánchez, que Sánchez es el factor que desencadenó la guerra. Y ante eso es difícil contestar

José María Maravall, exministro de Educación

Maravall descarta hacer lecturas a partir de las autonómicas andaluzas y se muestra convencido de que, al final, los logros de la coalición acabarán dando sus frutos en las elecciones generales. “El alza de precios no es debido a la acción del Gobierno, es debido al encarecimiento de las importaciones, de la energía, del petróleo, del gas, de los alimentos. Y todo es debido a la guerra de Ucrania”. “Pero claro”, añade con ironía: “Hay personas de la extrema derecha española que son tan rigurosas que dicen que la guerra de Ucrania se debió a Sánchez, que Sánchez es el factor que desencadenó la guerra. Y ante eso es difícil contestar”.

El más famoso ministro de Educación de la democracia aconseja al Gobierno de Pedro Sánchez que muestre “mayor empatía y hacer lo posible por mejorar al máximo la comunicación”. Pero poco más, porque, dice, “en lo que se refiere a la gestión el Gobierno ya genera un aprecio enorme en el resto de Europa, empezando por la Unión Europea, que va desde Nueva Zelanda hasta Dinamarca”. Basta con “comparar la gestión de Sánchez con la de Rajoy para darse cuenta de quién es un buen gobernante y quién fue un mal gobernante”. 

Los fuegos de artificio de las elecciones andaluzas tampoco deslumbran a Joan Coscubiela, abogado, sindicalista y exdiputado de Iniciaiva per Catalunya-Verds. “En las elecciones autonómicas está pasando, generalizadamente, que la gente está dando apoyo a quien gobierna porque en momentos de incertidumbre la gente pide certezas, seguridad y tranquilidad. Eso supone la revalidación con mayor o menor margen de los gobiernos autonómicos”. 

Coscubiela cree que la ciudadanía le pide “cosas distintas a los gobiernos autonómicos y al del Estado”. Tienen la percepción de que las comunidades “gestionan mejor o peor” la educación, la sanidad o los servicios sociales, pero que “quien de verdad manda económicamente es el Gobierno del Estado, que es el que tiene poder”. Lo creen, puntualiza, porque “en el fondo todos somos hijos de la cultura política del Estado nación”, por eso es a quien “le exigen más responsabilidades y que adopte las medidas imprescindibles para resolver las cosas”.

La impotencia de las políticas nacionales

Y ahí, subraya, “todos los Estados se están topando con la contradicción de los límites, las dificultades e incluso la impotencia de las políticas nacionales para abordar los retos globales”, como los que plantean el mercado de los carburantes, el sistema energético o la inflación.

En su opinión es discutible incluso pensar que las medidas del Gobierno no estén siendo valoradas por los ciudadanos. Si algo muestran las encuestas, recuerda, es que aunque hay una mayoría de personas que afirman que la economía va mal, otros tantos sostienen que la suya propia va bien. Hay una contradicción entre cómo se percibe la crisis cuando se habla de uno mismo y cuando se opina sobre el conjunto del país.

“¿Cómo se produce ese tránsito entre cómo estás tú y cómo consideras que está el país? Es el clima político”, asegura. Y eso ocurre porque aunque el Gobierno adopte medidas, “hay un momento en el que todo va tan rápido” que tanto quienes se beneficiaron de los ERTE como de las ayudas ICO “lo han olvidado fácilmente. Parece como si siempre hubiera habido ERTE, que han salvado miles de puestos de trabajo”.

Pasa lo mismo con la “importantísima” reforma laboral. “Los que han vivido en positivo ese tema saben clarísimamente” cuál es su relevancia, “pero toda esa gente que no es beneficiaria directa y que percibe la reforma laboral a partir del debate” entre partidos, algunos de los cuales, como el PP, dicen que son trucos contables, no la tienen tan presente.

Ha faltado un enfoque integral. No ha habido eso que en su momento se planteó desde los sindicatos que es el pacto de rentas. Un acuerdo que tuviera una envergadura y le diera consistencia política

Joan Coscubiela, exdiputado de Iniciativa

Con las medidas anticrisis Coscubiela cree que, aunque se han adoptado muchas, ha faltado “un enfoque integral. No ha habido eso que en su momento se planteó desde los sindicatos que es el pacto de rentas. Un acuerdo “que tuviera una envergadura y le diera consistencia política” a la acción del Gobierno, “eso que los periodistas llaman ‘relato político”, apunta. Lo más que ha habido, recuerda, es “el relatillo del día a día, de la reducción del IVA del 21 al 10% o los 20 céntimos del carburante”. 

Son “medidas importantes”, resalta, pero cuando la gente va a la gasolinera y ve que el litro de combustible está a más de dos euros o recibe la factura eléctrica, no presta atención al contexto. “La gente está desesperada. A quienes por razones de trabajo o de ocio llenaban el depósito por 50 euros y lo llenan ahora por 100, esas explicaciones no llegan”.

La inflación está afectando a toda Europa y España “no está ni de largo en los puntos más altos” a pesar de que cuando lees algunos medios parezca lo contrario, pero eso no sirve de consuelo a quien la sufre cada día. 

El problema es que, aunque “las medidas que se han adoptado han sido muy importantes y significativas y sin ellas ahora estaríamos sufriendo mucho más, gran parte de ellas han sido devoradas por los mercados globales. Las grandes refinerías se están poniendo las botas con el tema de la especulación en los carburtantes. Y no hablemos ya de las eléctricas”.

En su opinión, hay diferentes razones por las cuales “las muchas cosas que está haciendo el Gobierno de coalición no son percibidas de manera positiva por todo el mundo”. Pero él no cree para nada que se trate de un problema de comunicación sino de “un problema de concepto de la política”. 

“Echarle la culpa a que no se sabe comunicar es la coartada de siempre”, asegura. Y vuelve sobre la oportunidad perdida del pacto de rentas, “que es verdad que tenía el inconveniente de que la CEOE no estaba por la labor”, pero que en su opinión hubiese permitido al Gobierno poner “encima de la mesa un proyecto de país. Eso tiene un relato, un mensaje muy potente: ‘si nos vamos a empobrecer como país, vamos a intentar distribuir entre todos cómo repartimos ese empobrecimiento”. Y a partir de ahí, haber hecho pagar a las eléctricas desde el principio”. En vez de eso, lamenta, se han ido “adoptando medidas puntuales cada vez que apretaba la opinión publicada”.

Coscubiela no quiere decir con esto, precisa, que todo se hubiera tenido que adoptar de golpe, entre otras cosas porque “la incertidumbre es tan clara que lo que te vale hoy no te vale mañana, no es suficiente. Yo entiendo que en un contexto de tanta incertidumbre no pueda haber una solución mágica, pero sí un proyecto político, y el proyecto político era el pacto de rentas”. 

El Gobierno, “incomprensiblemente, no lo ha entendido. Porque aunque no hubiera sido posible llegar a un acuerdo, al menos lo hubiera situado como elemento de referencia. La política también es pedagogía” y no estar “todo el santo día en el tacticismo”. “¿Que no se puede de golpe?, de acuerdo. ¿Que hay que dar respuesta a cosas que no habías previsto la semana pasada?, también. Pero enmarcado en un contexto, en una propuesta política que no ha habido”.

Hay dos asuntos que, en su opinión, también podrían otorgar ese relato al Gobierno, aunque él mismo admite que son muy complicadas de sacar adelante en este contexto: el tema de la financiación autonómica y de fiscalidad. Con “tanta incertidumbre, con una política tan poco cooperadora como es la del PP”, a cuyos dirigentes reprocha “demagogia” y la defensa de posiciones contradictorias cuando están en el gobierno o en la oposición, “se hace muy difícil de abordar”. “Ahí soy un poco más comprensivo”, concede. 

La falta de memoria

Igual que Maravall, Coscubiela pide un poco de memoria. “A veces se nos olvida que el Gobierno tuvo mes y medio de paz” y en seguida llegó la pandemia. Se formó “in extremis”, después de un año de bloqueo, y le empezaron a llegar los “problemas de todos los lados”, incluidos dos inimaginables como la covid o la guerra. “Tenemos todos una memoria escasa, interesada y efímera”, remarca. 

Al exdiputado de Iniciativa no le gusta, por ejemplo, que el Gobierno baje el IVA para intentar reducir la factura de la luz, proque tiene “efectos contraindicados” y profundiza en una manera de actuar que está convirtiendo este impuesto, clave para los ingresos públicos, “en un queso emmental” lleno de agujeros. 

Pero afirma entender por qué lo hace el Gobierno. Primero, porque es una de las pocas medidas con las que puede actuar sobre los precios de la energía, además de la excepción ibérica que peleó y consiguió el presidente en Bruselas y acaba de empezar a aplicarse. Y segundo, porque al afectar a todos, como pasa con los 20 céntimos por litro de combustible, sortea el peligro de que la gente lo perciba “en términos de agravio comparativo. Coscubiela reta a quienes dicen que aplicar los 20 céntimos “para todos” es una medida regresiva a hacer una propuesta diciendo qué colectivos se benefician y cuáles no”. “No la hecho nadie porque si la haces se monta un lío”. Desde el punto de vista político”, subraya, “nada hay nada más corrosivo que el agravio”. 

Daniel Bernabé, ensayista, colaborador de infoLibre, activista político y autor, entre otros, de La distancia del presente (Akal, 2020), está de acuerdo con Coscubiela en que el problema de este Gobierno “no puede tratarse solamente de la comunicación. Es verdad”, admite, “que la política la estamos reduciendo cada vez más a un hecho declarativo” y eso significa que “cuando algo no funciona tendemos a pensar que no estamos explicando correctamente lo que está sucediendo”. Pero aunque “algo puede haber de eso en un contexto mediático hostil, como es este, en el que hay una serie de inercias que evitan que la gente se entere algunas veces de lo que está sucediendo de verdad”, él opina que hay otras razones. 

Y pone un ejemplo. Sólo este año, en diferentes medidas, el Gobierno ya ha comprometido 10.000 millones de euros, sin contar el decreto de este fin de semana. “Eso es muchísimo dinero. No se puede decir que el Gobierno no esté haciendo, que haya adoptado una postura débil o poco activa” porque “es verdad que se están haciendo muchas cosas”.

El problema es “que parece que eso no acaba de tener un efecto. Porque si lo tuviera los precios bajarían y no habría este descontento”. Está claro, opina, que la inflación ha sido el desencadenante de que ese equilibrio que se mantenía hasta el inicio de este año se haya roto y que “la derecha de repente este muy fuerte y la izquierda esté muy desmovilizada”.

Detrás de eso, explica, hay algo “mucho más profundo. El propio modelo, ya no voy a decir de izquierdas, sino de Gobierno”, y es que venimos de una época en la que hace ya 30 años “que la izquierda entregó sus armas y aceptó el modelo neoliberal”. Un modelo en el que las administraciones públicas, los gobiernos, son “absolutamente secundarios” respecto a los mercados y sólo intervienen para paliar aquellos aspectos donde el mercado no llega. 

“En este contexto de una crisis dura, provocada por una guerra inesperada que ha subido los precios, y por otras cuestiones” como la pospandemia, la ruptura de la cadena de suministros por la crisis energética, “lo que ocurre es que no se están aplicando medidas verdadermente socialdemócratas de redistribución”. Se aprueban subvenciones a sectores empresariales y ayudas a la población que menos rentas tiene que dejan fuera “a la centralidad de la población”. 

Lo que habría que impulsar, apunta Bernabé, en línea con el pacto de rentas que Coscubiela proponía como relato para este Gobierno y acabó no saliendo adelante, “es una subida de salarios general en el país” porque “la crisis no la puede volver a pagar la clase trabajadora”. 

Los límites de la UE

En el contexto de la Unión Europea, recuerda, limitar los precios es extremadamente difícil, como ha demostrado lo complicado que ha sido sacar adelante la excepción ibérica para embridar la factura eléctrica. “La Unión, por su marcado carácter neoliberal, está absolutamente en contra de tasar precios y de intervenir en los mercados”.

Y eso dificulta y mucho a este Gobierno ir a un modelo “nítidamente socialdemócrata, de redistribución, de subida de impuestos para las rentas altas y en el que se aumenten los beneficios del trabajo”, remarca. Bernabé es partidario de dar pasos hacia ahí y no de las subvenciones o las ayudas porque las empresas acaban comiéndoselas y convirtiéndolas en beneficios, como ha sucedido con los 20 céntimos de la gasolina o con el IVA de la electricidad, que el Gobierno ya bajó hace tiempo del 21 al 10% y que ahora acaba de reducir a un 5%.

“Las ayudas directas no dejan de ser cupones de alimentos”, como las que se daban a mediados del siglo XX, y no llegan a todos. “La redistribución tiene que llegar al grueso de la población, y el grueso no es población marginada y con muy pocos recursos. Ahora mismo una persona que no sea joven, que no pertenezca a ningún colectivo desfavorecido, no tiene capacidad de recibir ninguna ayuda, cobrando mil euros. ¿Y qué pasa con eso? ¿No tienes derecho a nada? Porque también te suben los precios”, recuerda.

“Desde la izquierda no nos atrevemos a asumir que la izquierda no puede ser una opción política de márgenes, entre otras cosas porque si no aspira influir en la vida de la mayoría de la población no va a poder ayudar a la minoría”, razona Bernabé. “Para que nadie se quede en el camino, primero habrá que redistribuir para la gran mayoría”.

Aunque “es cierto”, admite, “que no es sencillo”. Porque cuando hablamos de redistribuir dentro de la izquierda ”nos falta un modelo”. Los había en el siglo XX, desde modelos socialistas “duros” en los que el control del mercado era absoluto por parte del Estado, hasta modelos socialdemócratas donde el mercado sigue teniendo la posesión de los medios de producción, había sectores estratégicos en manos del Estado y luego había “una fuerte carga impositiva y diferentes tipos de políticas, como la vivienda, en las que el Estado era el principal motor”.

Pero ahora “carecemos de ese modelo”, lamenta. Sobre todo desde que la pertenencia a la UE supone “fuertes impedimentos” a los mecanismos de redistribución. Y hay que se “realistas”, advierte, porque “lo que no vale” es pedir que salgamos de la Unión: “Eso no es posible”. 

Sin ese “horizonte”, “las izquierdas van tapando agujeros” en medio de “una crisis de ciclo largo” que comenzó en 2008. Seguimos en “un momento de crisis de legitimidad de la democracia donde el modelo del neoliberalismo está absolutamente agotado, pero no hay modelo alternativo”.

¿Está todo perdido, entonces? Bernabé cree que no. “Este Gobierno lo va a tener difícil” pero “tendría un año y medio para dar la vuelta” a la situación apostando por “un enfrentamiento más claro, con unas medidas socialdemócratas de carácter más redistributivo, sobre todo en subidas de impuestos”. Porque “si no se puede hablar de subidas de impuestos es que se ha perdido por completo la batalla ideológica”.

Los impuestos son necesarios”. La pandemia ha evidenciado la importancia del sector público y de los impuestos con los que se paga, algo que parece haberse olvidado. “Esa batalla se ha perdido en España”, lamenta. Los debates posteriores han girado en torno a youtubers diciendo “que los impuestos eran malos”.

Tenemos un problema estructural y las energías han subido, peor aquí está habiendo un pulso al Gobierno por parte de las eléctricas

Daniel Bernabé, ensayista y activista político

El autor de La distancia del presente cree que en lo que está pasando en la economía hay, además, “una inflación de carácter ideológico. “Por supuesto que tenemos un problema estructural y que las energías han subido, pero aquí está habiendo un pulso al Gobierno por parte de las eléctricas”, denuncia. “Hay una absoluta arbitrariedad en la fijación de los precios”, que se establecen con arreglo a un modelo creado para engordar la cuenta de resultados de las energéticas.

 “Es verdad que la inflación es una magnitud especialmente de clase. Que la gasolina suba”, por ejemplo, “no afecta igual a las rentas medias que a las bajas” y las ayudas no atacan el problema. “Y cuando hay un proceso inflacionario, ha ocurrido siempre, caen los gobiernos”, advirte. Por eso es tan relevante que parte de esa inflación sea “de hostilidad ideológica contra el Gobierno” por parte de las eléctricas, insiste. 

De ahí que haya que afrontar la situación subiendo los salarios. “Si vais a seguir subiendo los precios vais a tener que pagar más”. Porque lo cierto es que, al menos hasta ahora, “la economía de país no va mal. El ÍBEX no ha dejado de ganar dinero, se crea empleo… Es una situción muy peculiar. La pregunta sería si hay sectores empresariales que se quieren cargar el país”, aventura, “porque hay un momento en el que no es normal, dentro de la dinámica del empresariado, que se admita que la energía esté como está”. 

En todo caso, y a la vista de que los problemas de la economía española no son coyunturales ni producto de la gestión del Gobierno de Sánchez, Bernabé se pregunta qué va a ocurrir si en 2023 entran PP y Vox a gobernar. “Me temo que el contexto de crisis energética no se va a ver solucionado, ni los problemas de crisis de productos alimentarios” que está empezando ahora. “Y ahí es donde vamos a ver el otro modelo, el del ‘sálvese quien pueda”, anticipa.

En lo que ocurra, añade, también habrá que se exigente con los ciudadanos. “Al final al ciudadano hay que exigirle una toma de conciencia en sociedad”, no se puede achacar siempre “a las manipulaciones”. Y ahí le llama mucho la atención que “al Gobierno le esté faltando guardia pretoriana. Que los suyos, los más cercanos, las bases militantes”, sobre todo en el espacio de Unidas Podemos, hayan sido presa de una “enorme frustración” que, en su opinión, es relativamente reciente, comenzó hace apenas seis meses.

Gestionar la frustración

“Se vio con la votación de la reforma laboral”, explica. Tras su aprobación, la respuesta de una parte sustancial de la izquierda fue de “absoluta decepción”. No por la propia reforma, sino por la “frustración” que ha causado entre quienes “no han sabido entender o no se les ha sabido explicar qué es estar en un Gobierno. Y han pasado emocionalmente de asaltar los cielos a la realidad de la política de un país”.

La postura de Unidas Podemos “ha sido siempre hablar de los sapos” que tenían que tragar, en vez de dejar claro desde el principio que vinieron para hacer “cuatro o cinco cosas esenciales” y admitir que “las demás no pueden”. “Eso sí tendría un efecto”, asegura. 

La consecuencia es que “no hay nadie que defienda con uñas y dientes el papel de la izquierda en el Gobierno. Al final el ambiente es de languidez, de que parece que esto está terminado”. “Hay gente que ya da por perdidas las siguientes elecciones y a mí me asombra” porque no se pueden “bajar los brazos a las primeras de cambio”. “Me preocupa y me sorprende, porque no son momentos sencillos. A lo mejor no vuelven al gobierno hasta dentro de 50 años”. No deberían dejarse “arrebatar por las circunstancias porque a lo mejor” la situación económica “dentro de un año ha mejorado y ya no tienes esta presión inflacionaria, pero ya tú te has reventado”.

Coscubiela no habla de desánimo, pero sí de un enfoque equivocado. Una de las cosas que más le sorprenden de la izquierda, explica, tiene que ver con su empeño en tratar de afianzar “su proyecto generando miedo” en vez de “ilusión”. El miedo a Vox ha terminado siendo capitalizado por el único que se ha presentado como el que podía parar a Vox, que es el PP”, lamenta. Aunque “esa es una de las cosas que hace muy bien Yolanda [Díaz], con un perfil propio y diferenciado del PSOE en positivo siempre. La política o es ilusión o no es nada”, sentencia. 

“En las autonómicas se utilizó el miedo a Vox no para ganar las elecciones sino para que, si al final pasaba aquello que se decía que podía pasar y el PP tenía que echar mano de Vox, al final aquello terminara deteriorando al PP para las generales. Así no se puede”, concluye. 

Coscubiela tiene claro que, en todo caso, pensando en las elecciones de 2023, “la fórmula del partido matrioska está más que agotada, ya no aguanta más. Se puso en marcha con Convovatoria por Andalucía en 1984, lleva funcionando así prácticamente cuarenta años”.

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