Comunitat Valenciana

Las magas laicas de Valencia: “Ellos dicen putas y nosotras cultura y felicidad”

Reinas magas

Sergi Tarín

Las hermanas Rosa y Manola Roig llevan una semana colgadas de las redes sociales y pendientes de un comunicado institucional que no llega. El pasado 3 de enero se vistieron con trajes de fantasía y se convirtieron, por hechizo del confeti y la purpurina, en las magas de la Igualdad y la Libertad respectivamente.

Junto a Llum Fos, la Fraternidad, recorrieron el centro de Valencia en una cabalgata laica y solidaria con cerca de 40 colectivos. Todo organizado por la centenaria y progresista Societat Coral El Micalet. El desfile acabó en el balcón del Ayuntamiento y con el alcalde Joan Ribó loando los tres principios esenciales que encarnaban las magas: “Vuestro nombre trae bellos recuerdos, amables, donde la historia de la humanidad ha dado pasos adelante”.

Aquella misma tarde, el Partido Popular emitió un duro comunicado en el que acusó a Ribó de encabezar una “cruzada personal contra las creencias y tradiciones de los valencianos”. Horas después, el exconcejal de Fiestas del PP, Félix Crespo, atizó el fuego desde la tertulia de un canal ultra: “Valencia está que arde, ya verán mañana la prensa”. Y mañana llegó en forma de titulares al rojo vivo y salpicaduras de ascuas que acabaron por consumir los trajes y chamuscar la fantasía. Despojadas de magia, las magas se convirtieron en “brujas”. Y el único destino posible de una bruja es la hoguera, aunque no sea madera lo que abrase, sino unas redes sociales en combustión con las más variadas procacidades e insultos machistas.

Sin su traje mágico, Rosa, Manola y Llum se habían convertido en “gordas”, “feas” y “putas”. La web de Periodista Digital titulaba “Las Reinas Magas del podemita Joan Ribó parecían prostitutas sacadas de una película del oeste”. Y su director, Alfonso Rojo, en el papel de inquisidor, publicaba en Twitter: “¿Se fue el alcalde Ribó de copas y volvió con 3 'amigas' de un local con muchas lucecitas”.

Mientras, La Gaceta proponía una encuesta a su lectores bajo la ecuánime pregunta de “¿Qué le parecen las Brujas de Ribó en Valencia que sustituyen a los Reyes Magos?”. Las tres propuestas admitían pocos matices: “Una muestra de odio a la tradición cristiana”, “Un esperpento sin mayor importancia” o “Una forma absurda de aterrar a los niños”.

Ensimismados por el bailoteo de las llamas, algunos cargos públicos tampoco dudaron en abrir paso a los instintos. La concejal del Partido Popular, Lourdes Bernal, se hacia eco en su perfil de Twitter, donde se define como “amante” de las tradiciones y “devota” de la Virgen, de otra afable encuesta: “De dónde ha sacado Joan Ribó las magas”. Puticlub, cabaret o rotonda eras las únicas opciones.

Su compañera de partido, la diputada nacional Marta Torrado, publicaba una imagen de niños a cara descubierta, sin consentimiento de los padres, bajo el mensaje de “Mamá, después de hacerme la foto con las brujas, ¿podemos ir a ver a los Reyes Magos?”.

“Estamos agotadas”, confiesa Rosa Roig, escritora y profesora. Junto a ella está su hermana Manola, ilustradora, y la también escritora Cristina Escrivá, promotora de la iniciativa. Falta Llum Fos, quien ha decido echar la llave ante el paso de la turba.

Cristina le has traído un regalo: la voz de Alejandra Soler, de 102 años, histórica militante de la FUE (Federación Universitaria Española) y del Instituto Obrero. Desde la grabadora, la voz repta muy gastadita: “No tengáis miedo, tenéis la razón. Vivís los antecedentes de la revolución que viene y donde el capitalismo desaparecerá”. A las hermanas les entra una emoción serena y ponen en común la multitud de frases nefastas, pero también las de apoyo, aunque solo a nivel particular. “¿Dónde están los partidos, los sindicatos, las asociaciones feministas o laicas?”, se pregunta Rosa ante el silencio de la Izquierda. “La derecha siempre reacciona de manera brutal y virulenta. Si se actúa con miedo, ganará y perderemos la calle”, reflexiona.

“¿Hubiera existido la misma reacción si en vez de magas hubiéramos sido magos?”, pregunta Manola antes de contestar sobre el doble estereotipo: “Hemos abierto un frente respecto al tipo de mujer que suele salir en estos actos y la hemos situado en la palabra, en la ideología, más allá de su físico”. Manola tampoco cree que sea una cuestión de calidad de los trajes, alquilados por El Micalet por 250€ a pesar de que el Partido Popular no ha dejado de insinuar que el Ayuntamiento se ha hecho cargo de la cabalgata. “Aunque hubiéramos vestido de Prada, hubiéramos sido las mismas putas y brujas”, lamenta Manola y su hermana replica sobre la idoneidad de un mayor presupuesto: “No hacía falta, ya que la gente que nos miraba con los ojos con los que debía mirar, no veía lo mismo que Alfonso Rojo”.

Las magas de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad. | Miquel Gómez

Según Cristina Escrivá, los que acudieron a la cabalgata quizá sintieron algo similar a los que presenciaron la del 7 de enero de 1937, que le sirvió de inspiración. En 1936, las bombas sobre Madrid provocaron un éxodo de miles de niños refugiados hacia Valencia, donde se había instalado el Gobierno de la República. Para hacerles olvidar durante unos días los horrores de la guerra y aprovechando el solsticio de invierno, el ministerio de Instrucción Pública organizó una semana repleta de actividades lúdicas que culminó con el multitudinario desfile. “Con miles de niños refugiados sirios pidiendo nuestra solidaridad, los paralelismos están a flor de piel”, defiende Cristina.

Y es esta idea de fraternidad la que comunicó Rosa a sus alumnos de Secundaria el primer día de clase tras las fiestas: “Llegué y estaban expectantes. ¿Tenéis algo que decirme?, les pregunté. Y en dos minutos les comenté la actuación y les dije: 'mirad las redes sociales que queráis, que ya sois adultos, pero a la idea de felicidad y cultura, la respuesta ha sido puta. ¿Es este un argumento?'. Rosa cuenta que en muchos de los mensajes de apoyo les han escrito la frase: “Yo también soy puta”. Y Manola, que no dudará, si se lo proponen, en volverse a vestir de maga en enero de 2017, sugiere revisar la misiva: “Debemos trabajar y hacer pedagogía para que el grito ya no vuelva a ser el de también soy puta, sino el de también soy maga”.

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