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    <title><![CDATA[infoLibre - Lola López Mondéjar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/lola-lopez-mondejar/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Lola López Mondéjar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[El regreso de los hijos de Jacob]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/regreso-hijos-jacob_1_1272118.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/636591df-3b84-494d-923e-0d5737374185_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El regreso de los hijos de Jacob"></p><p><strong>Desde que los seres humanos comenzamos a andar, </strong>y nunca mejor dicho porque nuestro cerebro se desarrolló precisamente a causa del bipedismo, hemos asistido a un progresivo aumento del tiempo libre. Cazar mamuts, seleccionar las semillas, defenderse de los numerosos depredadores y de las catástrofes naturales ocupaban un porcentaje de nuestra atención que fue disminuyendo poco a poco con la Revolución Industrial y el desarrollo de la técnica. Es así que disponemos cada vez de más tiempo para dedicarnos a otras tareas que no sean las que exige la pura supervivencia. En la utopía ilustrada, ese tiempo debería haberse empleado en pensar. Sin embargo, algo trascendente ha sucedido en las dos últimas décadas con la universalización de las redes sociales: <strong>nuestra atención se ha convertido en el producto más preciado para el capital. </strong></p><p>El <em>capitalismo de la atención</em> secuestra la nuestra para distraernos constantemente con propuestas fútiles a las que dedicamos cada vez más horas de nuestra vida, un tiempo que los gigantes de Internet convierten en recursos financieros para beneficio de unos pocos. <strong>Nosotros somos la mercancía, no el comprador,</strong> ya lo saben.</p><p>La dispersión de nuestra atención y la captura de nuestras capacidades cognitivas por las redes sociales (que consultamos cada seis minutos de media a través de nuestros distintos dispositivos móviles), están produciendo profundos cambios en nuestra capacidad de concentración, ya que los algoritmos que controlan esos dispositivos están diseñados para producir adicción, tal y como sucede con los de las máquinas tragaperras. Es decir, sus patrones oscuros se fabrican para estimular la dopamina y los circuitos de recompensa inmediata de la amígdala y el hipocampo, de modo que disminuyen el control del córtex orbitofrontal, del que dependen las recompensas a largo plazo, por lo que <strong>progresivamente nos convertimos en seres pasivos</strong>, movidos más por impulsos y apetencias que por proyectos y deseos. </p><p>Es fácil deducir de lo anterior que esta población de individuos cuya atención está capturada por las redes sociales y por los productos, eslóganes y propuestas que estas publicitan; cuya capacidad de concentración está disminuida, lo que implica una dificultad notable para acceder a argumentos de cierta complejidad, y cuyo pensamiento se ha ido reduciendo poco a poco casi a cero; esta población es más fácil de manipular a través de esas mismas redes sociales que los individuos singularizados y críticos que pretendía universalizar la fracasada utopía ilustrada. Según Gérard Bronner, estudioso de estos fenómenos, la <strong>tendencia humana a buscar aquello que coincide con nuestra opinión o nuestro prejuicio,</strong> el llamado <em>sesgo de confirmación</em>, se ve amplificada por los algoritmos de las redes, que orientan nuestras elecciones en base a elecciones anteriores. Cuando las únicas fuentes de información son, tal y como sucede con amplios sectores de la ciudadanía, esas mismas redes sociales, el <em>sesgo de confirmación</em> nos presenta un mundo afín que afirma sin cesar nuestras creencias.</p><p>Además, si la información solo procede de la red,<strong> nos dejamos básicamente llevar por sus propuestas</strong>. Por ejemplo, el 75% de los visionados de Netflix son el resultado de las sugerencias de la propia plataforma, y lo mismo sucede con Youtube. Somos monos imitadores poseídos por el deseo mimético de repetir lo que hacen nuestros semejantes. </p><p>Donald Trump supo muy bien aprovechar en sus campañas electorales la captura de la atención de los estadounidenses, con el éxito que todos lamentamos. Manipuló el desconcierto de las clases populares, los blancos pobres, para lanzar un mensaje que les prometía ilusoriamente recuperar su perdido poder y reconstruir lo que llamó la Gran América,<strong> diferenciándolos del resto de los ciudadanos y ofreciéndoles una identidad de la que estaban hambrientos</strong>. Se ha analizado el triunfo de Trump como el retorno a una masculinidad en profunda crisis. Él, como Bolsonaro, Putin o Abascal representan la más pura masculinidad hegemónica, que se ve amenazada por el avance de los feminismos y la presencia de las mujeres en el foro público. Su iconografía es casi una caricatura del hombre-hombre de El Fary, y sus políticas expresan la añoranza de la hegemonía masculina. </p><p>Una de las más eficaces medidas patriarcales de control de las mujeres ha sido siempre la <strong>apropiación por parte de los hombres de su cuerpo</strong>. El patriarcado mismo podría definirse como un sistema de dominación que sustrae el deseo y el derecho de las mujeres para implantar en ellas, en sus cuerpos y en sus cerebros, el deseo masculino, convertido siempre en un imperioso derecho. De esta forma, se desposee a las mujeres del derecho a su autonomía corporal, esto es, de su capacidad para saber qué quieren hacer y qué no, y se les impone mediante dominación simbólica, legislativa y coercitiva, el deseo de los hombres, hasta que, demasiado a menudo, acaban confundiéndolo con el propio.</p><p>Para lograr ese dominio, <strong>el patriarcado ha ejercido desde siempre un control extremo sobre el cuerpo reproductivo y sexual de la mujer.</strong> El derecho de pernada; el débito conyugal, que fue suprimido hace demasiado poco de la legislación de algunos países (en Alemania en 1997; en España fue en 2019 cuando una sentencia del Supremo afirmó que existe la violación dentro del matrimonio); la misoginia judicial, que vierte constantes sospechas sobre las mujeres que defienden a sus hijos frente a los maltratadores o que denuncian a estos, o el sistema de la prostitución, que otorga derechos al deseo sexual de los hombres y convierte a las mujeres en esclavas sexuales a su servicio, son algunos ejemplos emblemáticos de esa dominación. La muerte de las hermanas de Terrassa, asesinadas recientemente en una visita trampa a Pakistán por negarse a un matrimonio concertado con sus primos, habla bien a las claras del valor que determinadas sociedades otorgan a nuestras vidas. </p><p>Entre estas y otras imposiciones, <strong>la prohibición del aborto ha sido un factor de primer orden para secuestrar esa autonomía corporal </strong>que el patriarcado necesita. Los hombres, excluidos de la reproducción tras el breve momento de la fecundación o del coito, niegan el derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo, considerándola un ser en permanente minoría de edad e incapaz de dirigir su vida, cuyo poder reproductor es objeto de legislación y de tutela.</p><p>El derecho al aborto ha sido una reivindicación primordial en la agenda de las luchas feministas, que han conseguido ampliar sin cesar el número de países en el que está legalizado. Se trata de un <strong>derecho que creíamos definitivamente conseguido, pero no es así. </strong></p><p>Ya en el año 2006, Susan Faludi mostró en su libro <em>Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna</em>, la batalla abierta que se libra contra las mujeres tras cada avance en su lucha por la igualdad. Desde la Comuna de París hasta nuestros días, cada vez que las mujeres ganan una nueva batalla se levanta una ola reaccionaria que intenta a toda costa volver a subordinarlas. Fue precisamente tras el grito de igualdad ilustrado cuando apareció la <strong>misoginia romántica,</strong> calificando de natural una desigualdad de la mujer que la Ilustración ya había considerado política. El <em>eterno femenino</em> de Goethe creó entonces un ideal femenino doméstico y sumiso que las devolvía al interior de sus casas.</p><p>En nuestros días, el movimiento <em>MeToo</em> ha producido una reacción misógina similar que <strong>puede hacer retroceder cincuenta años el derecho de las mujeres</strong> a disponer libremente de su cuerpo y que explica, en alguna medida, lo sucedido recientemente en EEUU: el peligroso retroceso en el derecho al aborto. Aplaudido por la ultraderecha europea, el fenómeno nos alerta sobre el riesgo de una nueva reacción misógina, como las que señalaba Faludi.</p><p>Margaret Atwood supo percibir cómo<strong> el eje de la dominación patriarcal estaba precisamente centrado en el control del cuerpo de la mujer</strong> cuando concibió su distopía, <em>El cuento de la criada</em>. Su República de Gilead fue un grito de alarma que no debemos desoír; el retorno al más estricto orden patriarcal de dominación está allí descrito con matices inquietantes. Asistimos al regreso de los Hijos de Jacob, aquel grupo fundamentalista cristiano que convirtió a Estados Unidos en una república teocrática y patriarcal en su inolvidable novela.</p><p>Que la Corte Suprema de EEUU haya derogado la ley del aborto de 1973, significa que <strong>millones de mujeres norteamericanas verán peligrar su libertad y su salud sexual; </strong>para mantener el derecho a decidir sobre sus embarazos deberán desplazarse a otros Estados donde se siga permitiendo abortar, con las consiguientes consecuencias para el aumento de otras desigualdades, ya que solo las mujeres con más recursos podrán hacerlo, como sucedía en España en los años ochenta, mientras que las más desfavorecidas o desinformadas carecerán de esa posibilidad y se someterán a abortos clandestinos que pondrán en grave riesgo su integridad física. </p><p>No olvidemos que <strong>EEUU es el país que posee la tasa más alta de mortalidad materna</strong> de los países desarrollados, que las mujeres afroamericanas tienen hasta cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas, y que prohibir el aborto no reduce su número sino que aumenta el riesgo mortal de las mujeres que recurren a él mediante métodos clandestinos más inseguros.</p><p>Al cierre de este artículo nos llega la noticia de que el gobierno de <strong>Japón aprueba el uso de la píldora abortiva,</strong> pero solo se recetará si la mujer cuenta con el consentimiento del cónyuge, del varón. Otro claro ejemplo de la peligrosa misoginia que denunciamos.</p><p><strong>La ola reaccionaria estadounidense se expande por el mundo,</strong> mientras que millones de ciudadanos asisten indiferentes a la atrofia de su capacidad de pensar y de actuar políticamente, distraídos por las incesantes propuestas de unas redes que los idiotizan.</p><p>Abona la tierra la semilla negra de los totalitarismos.</p><p>__________________</p><p><strong>Lola López Mondéjar </strong>(Murcia, 1958) es psicoanalista y escritora. Su última obra publicada es el ensayo <em>Invulnerables e invertebrados. Mutaciones antropológicas del sujeto contemporáneo </em>(Anagrama).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Jul 2022 17:35:04 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El regreso de los hijos de Jacob]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Aborto,Estados Unidos,Mujeres]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Qué es la curva del olvido?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/curva-olvido_1_1212088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/40da8fee-c5cf-42bb-bbaa-6e5c083c86b8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es la curva del olvido?"></p><p><strong>La curva del olvido</strong></p><p><strong>Pedro Zarraluki</strong></p><p><strong>Destino</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2021</strong></p><p><strong>Pedro Zarraluki</strong> regresa tras algunos años de silencio con una nueva novela, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-curva-del-olvido/335775" target="_blank"><em>La curva del olvido</em></a><em>,</em> en la que vuelve a adentrarse en las relaciones paterno-filiales. En esta ocasión las que mantienen dos hombres en la cincuentena con sus hijas, que apenas inauguran la década de los veinte. El escenario elegido es una cala solitaria de la Ibiza de 1968, recién descubierta por el turismo y por los jóvenes melenudos, como les llaman en la isla a los hippies, que conviven con una clase social privilegiada, hedonista y rica, que disfruta también de la soledad de sus playas y de su rica gastronomía.</p><p>En una de esas calas pasan sus largas vacaciones de verano nuestros protagonistas: dos viejos amigos atravesados por el duelo; recién enviudado <strong>Andrés</strong>, recién separado <strong>Vicente</strong>. Los secretos que encierra esta amistad se desvelarán a lo largo de la novela generando una sutil tensión narrativa. La historia está poblada de otros personajes secundarios bien perfilados: el alemán <strong>Jacob</strong>, rijoso y anti-nazi; el pintor <strong>Esteban Capella</strong>, que pinta la nieve cuando está frente al mar, y el mar cuando observa la nieve; la viuda <strong>Josefa Martínez Sasa</strong>, arisca y tierna propietaria del único hotel restaurante de la zona donde se alojan los protagonistas; o <strong>Armonía</strong>, una joven y soñadora hippie. Así como otros que irán apareciendo poco a poco a lo largo de la novela, porque <strong>Zarraluki </strong>ha optado por una narración lineal, encadenando escenas que muestran tanto el avance del verano como la metamorfosis que experimentarán los personajes, especialmente <strong>Sara y Candela</strong> —hijas de los dos amigos—, que encontrarán una respuesta, provisional tal vez, a sus crisis juveniles.</p><p>El siguiente diálogo nos da pistas sobre el título.</p><p>De olvidar el dolor que nos infligen los otros, de mantener la amistad a pesar de las traiciones, del amor paterno-filial, de las ilusiones calladas, las perdidas y las realizadas, de la incertidumbre del futuro, de la culpa y las diferencias intergeneracionales, del envejecimiento y las distintas formas de enfrentarse a él (La memoria, como el vigor de la orina, iba perdiendo caudal con la edad, pero algunos recuerdos mantenían toda su fuerza —pag. 206—), trata esta novela, que se lee de un tirón porque <strong>Zarraluki </strong>ha construido su mundo en un escenario que brilla con la luz de un Mediterráneo todavía salvaje, en el que nos emplazamos cómodamente para observar como auténticos y discretos <em>voyeurs</em> las peripecias de sus protagonistas.</p><p>De fondo, la España franquista que inicia una tímida apertura al mundo, la corrupción como <em>modus operandi</em> de una clase social privilegiada, que cuenta con el favor de las autoridades para conseguir sus fines económicos o de otro tipo, las transformaciones del mundo que corren en paralelo a las de los protagonistas, todas ellas hacia delante, dejando en la curva del olvido los recuerdos más penosos o dejándose morir en ellos, como le sucede a <strong>Andrés</strong>, cuyo sentimiento de culpa por la muerte de su mujer lo arrastra y lo aleja de la vida y de su hija, la bella <strong>Candela</strong>.</p><p>En contra de la opinión de quienes piensan con Aristóteles que la felicidad no tiene historia, <strong>Zarraluki </strong>nos transmite en esta novela el encanto del verano, la belleza del paisaje y de la juventud, la felicidad de los placeres simples, la <em>joie de vivre. </em>El carácter de <strong>Vicente </strong>y de su hija <strong>Sara</strong>, de <strong>Jacob </strong>o de <strong>Armonía</strong>, impregnan la narración de una alegría sin aspavientos, la que sienten, a pesar de los pesares, quienes experimentan la vida como merecedora de ser vivida, quienes se abren a ella y saben <em>dejarse llevar</em>. De hecho, el autor ha decidido que casi todos los personajes evolucionen hacia la realización de sus deseos, sin recurrir a ningún tipo de sentimentalismo, claro está, sino transmitiendo el dinamismo extraño y tragicómico de la propia vida.</p><p>La novela sorprende por la aparente sencillez de su factura, lineal, como ya dijimos; dividida en dos partes que transcurren en un mismo escenario; pocos personajes principales y atractivos personajes secundarios; breves analepsis y ninguna prolepsis, pues el futuro queda insinuado con la misma incertidumbre que el propio presente, todo ello salpicado de observaciones sobre las relaciones humanas que definen la personalidad de sus protagonistas.</p><p><strong>Andrés</strong>, de carácter apocado y depresivo, atrapado en su duelo, afirma:</p><p>El pragmático y vitalista <strong>Vicente</strong>, por su parte, muestra su filosofía vital de este modo:</p><p>Sin efectismo, con una naturalidad orgánica, el autor ha construido una historia donde opta por captar la vida desde esa tolerante atalaya en la que nos sitúa, si tenemos suerte, el paso del tiempo.</p><p>Es lo que ha hecho también, en mi opinión,<strong> Pedro Zarraluki </strong>en su hermosa novela.</p><p>_____________</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Arte en el infierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/arte-infierno_1_1198241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3b02ecd0-bd36-483f-a501-c0bf353d230b_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Arte en el infierno"></p><p><strong>Artistas en los campos nazis</strong></p><p><strong>Javier Molins</strong></p><p><strong>Diseño y producción de Ana Cortils</strong></p><p><strong>Nagrela</strong></p><p><strong>Alcobendas (Madrid)</strong></p><p><strong>2019</strong></p><p>Convertir un libro en un objeto de arte es lo que ha hecho la diseñadora <strong>Ana Cortils</strong> con <em>Artistas en los campos nazis</em>, en cuyo texto <strong>Javier Molins</strong> ha vertido sus conocimientos de los más de diez años de investigación que duró su tesis doctoral, si bien su interés por el Holocausto le viene de lejos, según afirma en la introducción.</p><p>En su texto, Molins introduce el motivo central de su trabajo informando al lector de la relación que el Gobierno nazi mantuvo con el arte. La nazificación de los comisarios, directores de los museos y artistas solo era comparable con la de la profesión médica, que alcanzó hasta el 44,8 % de profesionales simpatizantes del partido. La importancia que el nacionalsocialismo otorgó a la cultura se evidencia tanto en el énfasis que empleó para perseguir la que consideraba contraria a sus ideales como la que ensalzó como propaganda para difundirlos. Un arte oficial de exaltación de la raza aria, y un arte degenerado, así fue como se dividió en sendas exposiciones a los artistas admitidos por el régimen, Gran Exposición de arte alemán, y a los 110 “degenerados” cuya obra el propio <strong>Hitler</strong> tachó de “cháchara artística” y “obra chapucera de un niño”, en el discurso de inauguración de la primera. El arte que llamaron degenerado, afirmó el Führer, no podía considerarse “expresión de nuestra edad, y aún menos, del futuro de Alemania”. Entre los artistas degenerados se encontraban <strong>Kandisnky</strong>, <strong>Paul Klee</strong> o <strong>Chagall</strong>, por citar solo los más conocidos. El exilio fue el destino de muchos de ellos, y los campos de trabajo o de exterminio el de otros.</p><p> Dibujo de Leon Delarbre: Un camarada muerto al borde del camino. Abril. Bergen-Belsen.</p><p>Dibujar estaba prohibido en los guetos, los judíos eran obligados a entregar sus libros y el material impreso pero, no obstante, algunos artistas quisieron reflejar en sus obras la crueldad de la vida en los guetos, y Molins recoge algunos ejemplos de los realizados en los guetos de Varsovia, Terezin, o Łódź, entre otros. A estos se suman los de los artistas confinados en Dachau, Buchenwald, Mauthausen, Auschwitz, Schasenhausen; así hasta un total de 11 campos en los que estuvieron recluidos los 77 artistas a los que Molins dedica este libro. Algunos recibían encargos de sus propios carceleros nazis para que les realizaran retratos, pero también, como le ordenó <strong>Mengele</strong> a <strong>Dina Gottliebova</strong>, retrataban a los prisioneros gitanos que el terrorífico doctor utilizaba en sus experimentos genéticos.</p><p>Hasta 81 imágenes de estos artistas se muestran en este libro, procedentes de diferentes museos y exquisitamente presentadas en el apartado final. Porque lo que hace a este libro excepcional ha sido el trabajo de la diseñadora Ana Cortils, que se ha encargado del concepto, diseño y producción y ha concebido un libro-objeto bellísimo que, en sus propias palabras, “es un sentido homenaje” a estos artistas. “Los cambios de papel, tono, gramaje y tamaño recuerdan la precariedad de las condiciones a las que estaban sometidos al intentar narrar su realidad”, añade.</p><p> Prisionero agachado (1940), de Felix Nussbaum.</p><p>Con su trabajo, Cortils ha conseguido un libro de factura artesanal, donde ha cuidado hasta el más mínimo detalle. Un libro cuya forma transmite a la perfección su contenido, y donde se guía al lector, a través de elocuentes propuestas gráficas, como esas constelaciones que dibujan los trágicos itinerarios que obligaron a realizar a estos artistas, que nos remiten a un trabajo de investigación y de emoción sintetizado para el lector en un gráfico metonímico, paradójicamente bello y aterrador al mismo tiempo.</p><p>Por todo lo anterior, aplaudimos que el Ministerio de Cultura y Deportes lo haya distinguido en sus Premios Libros Mejor Editados en 2019: “Por ser un libro experimental tipográficamente muy bien resuelto con letra grotesca y elementos bien escogidos para la composición final”. En definitiva, una joya.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El hijo que no nació]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hijo-no-nacio_1_1197305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e43f8e68-bf4b-4812-ab04-d562c6a71afd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hijo que no nació"></p><p>La escritora <strong>Anna Starobinets</strong> nos ofrece en este libro la crónica, escrita en 2017, de un episodio dramático de su vida ocurrido en 2012: la pérdida por una malformación renal, poliquistosis hereditaria, del segundo hijo con su pareja, <strong>Sasha</strong>. <a href="https://impedimenta.es/producto/tienes-que-mirar" target="_blank">Tienes que mirar</a> (Impedimenta) se centra en la deshumanización del sistema asistencial ruso, que no contempla las necesidades de cuidado de las mujeres embarazadas, cuanto menos de aquellas que se enfrentan al dilema de la interrupción o no del embarazo a causa de un grave problema que no hace viable al futuro niño. Agresiones en las redes sociales, que acusan de asesinas a las madres que optan por el aborto terapéutico; exclusión de los padres de la atención que se les ofrece en espacios fríos, soviéticos; ingresos psiquiátricos injustificados, psicólogos incompetentes. El panorama parece desolador, pero no está tan alejado de lo que podemos encontrar también en algunos recursos de nuestro sistema sanitario (la presencia de médicos residentes en exploraciones didácticas es práctica común, ya que los hospitales son centros docentes), por más que la autora se esfuerce en demonizarlo y en idealizar el tratamiento exquisito que recibe en el hospital de La Charité, en Berlín, donde decide finalmente abortar.</p><p>El título, <em>Tienes que mirar</em>, remite al procedimiento recomendado por los profesionales de los hospitales europeos para facilitar el duelo: despedirse del cadáver del recién nacido. Un procedimiento que inicialmente Anna no comprende, pero que realizará antes de su regreso a Moscú; no obstante, tardará algunos meses en separarse de este hijo muerto. Escribe:</p><p>  </p><p>Invalidantes crisis de pánico, bolo histérico que le impide tragar, con la consecuente y alarmante pérdida de peso, tristeza e incapacidad para continuar con su vida, son los síntomas que esta pérdida le produce. Identificada con ella, su hija de ocho años comienza a enfermar también; solo el padre conservará la estabilidad que ambas necesitan.</p><p>A lo largo de este episodio autobiográfico, el lector puede preguntarse con razón por qué no encuentra alivio esta madre al desprenderse de un feto —embrión, niño, bebé, tal y como le llama la familia, subrayando la autora los respectivos matices—, que no podrá sobrevivir más que unas horas al parto, si es que no nace ya muerto. Y la respuesta quizás la encontremos en la persistencia de un deseo de hijo que impulsa a Anna, primero a convencer al marido, que no desea volver a pasar por otra experiencia semejante; a quedarse embarazada de nuevo, a pesar de que las pruebas genéticas confirman que existe un 50% de posibilidades de que el embrión esté afectado de la misma enfermedad, después. Un deseo de hijo que se convierte en una obsesión avasalladora.</p><p>  </p><p>Ni el cachorro que adoptan, ni los artículos y libros que escribe, ni su hija ni su pareja son suficientes para esta mujer que sufre de una ansiedad invalidante hasta que, tras varios intentos fallidos, consigue ser ayudada por un psicólogo competente, y un año y medio después logra embarazarse de nuevo y dar a luz un hijo sano.</p><p>Quien enfermará gravemente diez meses más tarde será Sasha, que ha mantenido la calma en todo momento, reprimiendo sus propias emociones para manifestar una cordura que, tal vez, como especularían algunos especialistas en psicosomática, le costase luego esta enfermedad de la que Anna no nos cuenta casi nada.</p><p>En Alemania, donde acuden de nuevo para tratarlo, visitan el cementerio en el que se enterró al niño que no pudo vivir. Sasha mejora, se cierra el duelo.</p><p>Nada de lo que se anuncia en la contraportada de este libro, eficazmente escrito con una prosa sobria y elegante, nos parece que indique la naturaleza de lo que en él se cuenta. No se trata de una historia de terror, no se desmorona ningún futuro en la pantalla del ecógrafo, y la historia de resistencia tan audaz como clarificadora no es tal. Anna se enfrenta a la pérdida de un hijo como lo hacen millones de mujeres en el mundo, y sufre como ellas el duelo de las ilusiones que este proyecto había generado en ella y en su familia.</p><p>Por otra parte, cabe preguntarse por qué una joven exitosa no puede renunciar al deseo de un segundo hijo a pesar de los peligros que conlleva y de la oposición de su pareja. Y hubiéramos agradecido que el libro diese cuenta de estas y otras preguntas que nos sugiere su lectura. Pero no lo hace. Anna parece ser la representante de una generación educada en la satisfacción de todos sus deseos e incapaz de renunciar a ninguno ellos. Nos encontramos inmersos en un retorno de la maternidad como imperativo, como eje vertebrador de la identidad femenina, como deseo prioritario que, por tanto, es necesario satisfacer.</p><p>Desde esta perspectiva, la alabada resistencia de la protagonista, su aparente determinación, calificada de "feminista", aparece casi como desmesura. Es más, si se ensalza su obcecación se debe a que el discurso neoliberal de que podemos, y debemos, alcanzar todos nuestros deseos, ha calado también entre los lectores: el deseo es un derecho que no se negocia jamás.</p><p>Anna hubiese ahorrado su sufrimiento y el de su familia de haber aceptado la enfermedad de ese primer hijo varón como una eventualidad propia de cualquier embarazo, pero no pudo soportar esa pérdida que le costó un año superar, ni renunciar a un segundo embarazo lleno de incertidumbres, porque estaba en juego un deseo experimentado como innegociable.</p><p>"No puedo vivir sin dar a luz un hijo vivo", repite, y en lugar de interrogar esa afirmación a todas luces excesiva, Anna hace síntomas. Desde el psicoanálisis podemos reconocer el carácter narcisista de este deseo de hijo, y cómo el dolor de la madre está ligado a su dificultad para reconocer que el sufrimiento que le produce no satisfacerlo está más vinculado a la imposibilidad de renunciar a un ideal propio —el de madre capaz— que a la pérdida del hijo <em>real</em>, que nunca hubiera podido vivir.</p><p>Un objeto narcisista tan importante también para las madres que Anna ridiculiza al comienzo de su libro, las que se autodenominan <em>futuras mamis</em> y proclaman en los foros su alegría sin ambivalencias desde que el test les confirma su embarazo. Anna, por el contrario, confiesa que al conocer su gravidez no se "alegraba lo suficiente por la gestación de una nueva vida en mí", pero su competitividad con todas las madres del mundo se activa cuando esta vida se malogra, y no parará hasta compensar con otro hijo esa herida con la que afirma no poder vivir.</p><p>El universo narrativo de Starobinets da cuenta de un mundo donde no cabe reflexionar sino actuar. Y Anna corre para hacer realidad cuanto antes su objetivo de un segundo hijo. Cómplices, su carrera desenfrenada se ennoblece después calificándola de guía de supervivencia.</p><p>Creo que hay que leer este libro con mucha atención, pues estamos frente a un texto que dice más de lo que pretende decir, que dice casi lo opuesto a lo que se dice que pretende decir. Hay que leerlo para comprender lo que he dado en llamar fanatismo maternal, esto es, la obsesión en la que la maternidad puede transformarse de nuevo cuando, como sucede cada vez con más frecuencia, se convierte para las mujeres en una peligrosa cuestión de identidad.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El hijo que no nació]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor ya no es lo que era]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amor-no_1_1193527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/49aa3dd5-2f7e-43ec-84bd-cf636a2582c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El amor ya no es lo que era"></p><p>  </p><p>De este modo abierto se acerca <strong>Tamara Tanenbaum</strong> al final de su ensayo; previniéndonos sobre el error de tomarlo como libro-guía, como libro de autoayuda. En <em>El fin del amor. Amar y follar en el siglo XXI</em> (Seix Barral) la autora (nacida en una comunidad judía ortodoxa cuyos preceptos abandona pronto) conversa con el lector —estableciendo una especial complicidad con las lectoras—, e introduce vivencias personales junto a sus lecturas sobre el tema, articulando un discurso expositivo y reivindicativo sobre los cambios que sufre su generación en las relaciones heterosexuales. El objetivo de Tenenbaum es difundir unas ideas que quienes se preocupan por las actuales transformaciones en los protocolos de cortejo y de las relaciones sexoafectivas contemporáneas ya conocen desde hace tiempo. De ahí que las referencias a <strong>Eva Illouz</strong>, especialista y referente en este asunto, sean constantes, e incluso que coincidan los títulos de sus libros, aunque <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2021/02/05/una_sociologia_las_relaciones_negativas_116276_1821.html" target="_blank">el ensayo de Illouz, El fin del amor</a> (Katz, 2020, el original se publicó en noviembre de 2019), haya aparecido unos meses después de la edición en Argentina del libro de Tamara Tenenbaum (abril 2019). </p><p>Para quienes estén familiarizados con el tema hubiese sido suficiente con un artículo que expusiese las ideas originales de la autora, pero el estilo coloquial de Tenenbaum sirve para introducir y difundir entre el público general algunas de las interrogantes que la sociología y el feminismo han formulado sobre la irrupción de lo digital en nuestras vidas, y sus efectos en nuestra intimidad.</p><p>Con este libro, Tenenbaum se une a la llamada de alerta que lanzara también <strong>Judith Duportail</strong>, en <a href="https://editorialcontra.com/producto/el-algoritmo-del-amor-un-viaje-a-las-entranas-de-tinder/" target="_blank">El algoritmo del amor. Un viaje a las entrañas de Tinder</a> (Contra, 2019); aunque Duportail insiste en los algoritmos ocultos de esta aplicación adictiva y en los déficit de autoestima que se esconden tras muchas de las mujeres que la usan, ambas autoras destacan dos rasgos contradictorios que caracterizan las aplicaciones de citas: someten a los hombres a la misma fragilidad corporal que a las mujeres, al exponerlos a la mirada de ellas, pero también vuelve a situarlos como amos del tiempo y de la decisión de prolongar o no las relaciones que se establezcan, pues estas aplicaciones se inscriben, como no puede ser de otra forma, en el lecho de la desigual educación afectiva patriarcal, que hace a las mujeres más dependientes emocionalmente que los hombres. </p><p>En el centro del ensayo de Tenenbaum se encuentra la certeza de que las transformaciones que las aplicaciones de citas están produciendo en la generación <em>millennial</em> y <em>centennial</em> vuelven a borrar una vez más el deseo de las mujeres; un deseo que se amolda al masculino, educado a su vez en el uso y consumo del otro y en la pornografía. La aparente disponibilidad y libertad sexual de las jóvenes no ha modificado el poder ancestral que los varones ejercen sobre ellas. Como afirma la autora: "Entendimos que ser mujeres modernas y autoafirmadas implica dejar de estar pendientes de los varones, pero de una forma bastante curiosa. Entendimos que implicaba no engancharse, no sentirnos interpeladas por el modo en que nos tratan y no demandar nada que no quieran darnos, aunque sea una cortesía mínima o un vaso de agua. Amoldarse a sus deseos y que parezca que es pura casualidad sin pedir de más ni dar de menos. En dos palabras, no molestar".</p><p>Mujeres que siguen esperando ese mensaje o esa llamada, que sufren <em>ghosting</em> (o lo efectúan a veces, si bien por razones distintas), que intentan fanáticamente seguir el sacrificado imperativo de la belleza como requisito necesario para conseguir pareja; que se prestan al homoerotismo masculino, dado que los hombres comparten sus conquistas de Tinder, y se defienden así de la dependencia que también para ellos supone el dispositivo mediante la exhibición del trofeo, de la conquista, como anónimos Casanovas tecnológicos.</p><p>Tenenbaum se pregunta también si para las integrantes de estas generaciones el deseo de tener hijos responde a un imperativo más, a un efecto de la presión social, o surge del deseo propio de las mujeres. Un deseo que, en algunos momentos, parece considerar genuino y a salvo de estas mismas presiones, a pesar de insistir en el carácter social de las creencias que nos conforman; un deseo que está siempre por descubrir y, podríamos añadir, también por construir.</p><p>A cada uno de los temas que se abordan aporta la autora una propuesta cuyo objetivo es contribuir a la reconversión de la vida que describe hacia formas de interacción humana que tomen en cuenta tanto el rostro del otro (en el sentido leviniano de alteridad) como su cercanía; el aprendizaje de la soledad se propone como eje de la necesaria autonomía a la hora de elegir, frente a la falsa identificación de vivir en pareja o de tener hijos con la felicidad; la necesidad de amar y aceptar nuestros cuerpos tal y como son, en cualquier formato, asegura, así como de otorgarse la libertad para hablar de otra cosa que no sea de cosmética o de las fórmulas con las que conducir ese cuerpo hacia un ideal estético siempre inalcanzable —además de económica y temporalmente costoso—, es otra de sus propuestas, que se inscribe en las reivindicaciones de los colectivos antigordofobia.  </p><p>Tenenbaum se declara feminista y adopta una tesis que viene de lejos en el feminismo, del que se siente intelectualmente deudora, al contraponer a la violencia sexual, exponente de una estructural <em>cultura de la violación</em>, la <em>cultura del consentimiento</em>, basada en una educación sexual que tome en cuenta el placer y el deseo de las mujeres, que se aleje de la venganza y se construya alrededor de una reeducación que enseñe a mirar al otro y a considerarlo, es decir, que enseñe a establecer el necesario reconocimiento intersubjetivo que tanto reivindicaron autores tan distintos como<strong> Axel Honneth</strong> o <strong>Jessica Benjamin</strong>. </p><p>Una <em>cultura de consentimiento</em> con la que Tenenbaum se distancia tanto de la venganza del escrache como de la propuesta de ciertas universidades norteamericanas de elaborar reglas y señales inequívocas que permitan o no avanzar en el encuentro sexual, para ampliar el territorio del consentimiento a formas más ambiciosas. Más allá del simplista <em>sí es sí</em><em> </em>o<em> </em><em>no es no</em><em>,</em> la autora propone luchar para que la sociedad contemple y procure "las condiciones simbólicas y materiales para negociar, cada una en los términos que quiera, lo que tiene ganas y lo que no tiene ganas de hacer"<em>.</em></p><p>Comentamos en estas mismas páginas la serie dirigida por <strong>Michaela Coel</strong>, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2020/09/18/podria_destruirte_violacion_consentimiento_111084_1821.html" target="_blank">Podría destruirte, que se ocupa también de los matices más sutiles de las relaciones de pareja</a> (en este caso homo u heterosexual), apuntando a esa misma complejidad del consentimiento que es necesario seguir analizando.</p><p>A pesar de no profundizar en algunos puntos centrales, aplaudimos la propuesta de Tenenbaum de sumarse a la pregunta por el deseo de las mujeres y de alertar sobre el mimetismo inconsciente que las lleva a imitar las conductas de los hombres, por temor a que salirse de las reglas de este mercado afectivo que describe las condene a la exclusión. Por suerte, son cada vez más los testimonios como el suyo, y crece en las redes el cuestionamiento de una situación que Tamara Tenenbaum identifica e interroga con amenidad en este ensayo de divulgación.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El amor ya no es lo que era]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 220]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una sociología del desamor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sociologia-desamor_1_1193189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/141659dc-14ef-48f4-b13a-fc87d5dd3995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una sociología del desamor"></p><p>En su proyecto de analizar las relaciones erótico afectivas en la modernidad tardía, <strong>Eva Illouz</strong> se adentra en este complejo ensayo, <a href="http://www.katzeditores.com/fichaLibro.asp?IDL=207" target="_blank">El fin del amor</a> (Katz), no en el amor, que la ocupó en algunos de sus anteriores libros, sino en el desamor, componiendo lo que llama una sociología de las elecciones negativas. Tal y como viene observando en sus trabajos, las formas del desamor son un síntoma más de cómo el capitalismo y la cultura de la modernidad han transformado nuestra vida emocional y sexual y nuestra intimidad. Illouz incide en que esta investigación sociológica, a la que lleva dedicada más de dos décadas, constituye un elemento crucial para emprender la necesaria crítica de ese mismo capitalismo.</p><p>El desamor se inscribe en un tipo de elección negativa que se realiza en nombre de la sacrosanta libertad de elección y de la imperativa realización del yo, propuestas ambas caras a los principios del pensamiento económico que ha modificado nuestro mundo afectivo. En palabras de la autora: “Este libro indaga las condiciones sociales y culturales que explican lo que ha pasado a ser una característica común y corriente de las relaciones sexuales y románticas: el acto de abandonarlas. El 'desamor' es un terreno privilegiado para entender de qué manera la intersección entre el capitalismo, la sexualidad, las relaciones de género y la tecnología, produce una nueva forma de (no) sociabilidad”.</p><p>Haciendo uso de entrevistas en las que se explora ampliamente el comportamiento sexual y afectivo de individuos de distintas edades y nacionalidades; analizando algún programa de televisión y algunas obras literarias y cinematográficas, Illouz hace un breve repaso por diferentes épocas históricas y sus modos de cortejo hasta llegar a nuestro tiempo, en el que se detiene más pormenorizadamente, y en el que, afirma, la libertad sexual pasó a constituir el centro de la yoicidad. Para la autora, en la subjetividad sexual del neoliberalismo las elecciones y separaciones reiteradas no se experimentan como miedo o aislamiento, sino como una libertad en la que el yo se afirma a sí mismo al negar o ignorar a los otros: “En las relaciones casuales, el yo se involucra poco, solo disfruta de 'un hedonismo autotélico' que gira en torno al acto sexual como principal y único objetivo”.</p><p>Pero, y a demostrarlo dedica parte de este ensayo, el sexo casual es más congruente con la forma masculina de sexualidad que con el deseo de las mujeres, por lo que estas se adaptan a él reprimiendo una sexualidad propia, más relacional, que busca involucrarse afectivamente con el otro. Un sesgo de género que tiene su razón de ser en la diferente educación patriarcal que encargó a las mujeres el cuidado de las relaciones, por lo que el matrimonio y la maternidad siguen siendo factores cruciales para la identidad femenina. De ahí que la incertidumbre que provoca el sexo casual, donde el sentido de lo que pasa queda casi siempre en el dominio de los hombres, produzca un malestar cuya gestión se realiza a través de la poderosa industria psicológica, a la que Illouz dedicó algunos de sus libros anteriores. La dificultad de ponerle nombre a la experiencia de una relación donde el compromiso está ausente, el abandono es brusco e inesperado, o el <em>ghosting</em>, el borrado, la desaparición sin explicación alguna, se convierte en una forma común de ruptura, responde a esta desregularización de las relaciones afectivas que incrementa la incertidumbre y, como consecuencia, el malestar y la angustia. Para los hombres y mujeres educados sentimentalmente en este capitalismo escópico, que privilegia lo imaginario y la mirada como ejes del reconocimiento, la clave está en no mostrarse necesitados, pues la necesidad “proporciona la máxima expresión despectiva del otro en una cultura dominada por el ideal de la autonomía”. Experimentar o sentir necesidad mina la representación de ese yo autotélico, autárquico, autosuficiente, al que se aspira.</p><p>Cuidándose mucho de no ser tildada de puritana, sino ajustándose a la experiencia de las mujeres que reflejan los numerosos estudios que cita, Illouz opina que “el sexo casual es una experiencia placentera, siempre y cuando depare a ambas partes una sensación de dominio, autonomía y control. Sin embargo, a menudo genera una experiencia opuesta de desorganización del yo e incertidumbre en al menos un miembro de la pareja que participa en la interacción”. La incertidumbre de marco, producida por la ambigüedad de los encuentros y la falta de protocolos de cortejo, provoca a la larga una incertidumbre ontológica que afecta profundamente a la naturaleza misma del yo. Un yo que se expone al otro mediante imágenes, y que busca el reconocimiento en el plano visual y sexual, un efecto de la poderosa industria de la belleza y la pornografía que nos conforman. De la certidumbre normativa del XIX que exigía el respeto por las normas sociales (léanse las novelas de <strong>Jane Austen</strong> o <strong>George Eliot</strong>, por poner un ejemplo), y supeditaba la apariencia a los valores morales, a la libertad sexual convertida en libertad de consumo y al cuerpo convertido en valor de cambio.</p><p>La devaluación de la mujer aparece en este contexto como consecuencia de la cosificación que se produce a partir de la hipersexualización de los vínculos contemporáneos y de la mercantilización de los cuerpos, utilizados como capital erótico en el contexto neoliberal de la mercantilización, también, de las relaciones humanas.</p><p>Eva Illouz cuestiona que la metáfora del contrato sirva para explicar las relaciones erótico-afectivas actuales, y profundiza en los matices de un consentimiento que esconde la desigualdad de género en los vínculos entre hombres y mujeres. Siempre crítica con la psicología, a la que acusa de negar las causas institucionales y sociales de nuestra conducta, haciéndose vocera del pensamiento neoliberal (los libros de autoayuda han sido analizados por ella en otro ensayo), las tesis de Illouz nos interrogan y nos inquietan, precisamente, porque podemos identificarlas en nuestro entorno, porque no podemos pasarlas por alto, porque nos explican.</p><p><em>El fin del amor</em> aporta además al lector una síntesis del pensamiento de la autora; un pensamiento que nos parece indispensable para comprender aspectos fundamentales de nuestro tiempo.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una sociología del desamor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Los diablos azules número 219]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escritoras orilladas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/escritoras-orilladas_1_1192043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2e58ccf6-329e-45e1-897a-883288c5400e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escritoras orilladas"></p><p><strong>Vindictas</strong></p><p><strong>Varias autoras</strong></p><p><strong>Edición de Socorro Venegas y Juan Casamayor</strong></p><p><strong>Páginas de Espuma</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>Demasiadas son las razones por las que las mujeres han sido olvidadas en la historia de la literatura, la mayoría de ellas espurias, ajenas a la calidad de su obra. En 1983 <strong>Joanna Russ</strong> las reunió <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/11/03/como_acabar_con_escritura_las_mujeres_ellas_escriben_pero_88424_1026.html" target="_blank">en su libro Cómo acabar con la escritura de las mujeres</a>, que en nuestro país se publicó en 2018. El repaso por las causas que nos permiten comprender la voluntad, consciente e inconsciente, de hacer desaparecer a las mujeres de las antologías, premios, manuales de literatura y, en definitiva, del canon, es inmejorable: negación de la autoría, falsas categorizaciones, aislamiento, anomalía; estos y otros sesgos las borraron de la historia condenándolas al olvido.</p><p>Recuperar la memoria de nuestras predecesoras, la genealogía necesaria para que las autoras actuales no suframos de esa <em>ansiedad de la autoría </em>que tan bien describieron en su famoso ensayo,<em> La loca del desván</em>, <strong>Sandra Gilbert</strong> y <strong>Susan Gubert</strong>, es hoy necesario. Y a ello se han puesto distintas antologías que intentan rescatar lo que fue negado, con la consiguiente usurpación y homogenización de la memoria, y salvarnos del rapto sufrido por la producción literaria de las mujeres.</p><p>Esta que hoy comentamos, <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/vindictas/" target="_blank">Vindictas. Cuentistas latinoamericanas</a>, en edición de <strong>Socorro Venegas</strong> y <strong>Juan Casamayor</strong>, rescata la memoria de 20 autoras de 19 países latinoamericanos, y una española, que lograron publicar y ser reconocidas en vida (algunas recibieron premios nacionales de literatura en sus respectivos países), pero no así ser recordadas e incluidas en el canon. Escritoras que han sido orilladas por la apisonadora de una cultura patriarcal androcéntrica que efectuó toda suerte de operaciones —como las que describe Russ—, para marginar las producciones de las mujeres.</p><p>El proyecto se integra en el ambicioso propósito de <a href="https://cultura.unam.mx/evento/vindictas-en-lectura-libre" target="_blank">la colección Vindictas de la Universidad Autónoma de México</a>, por el que se pretende recuperar grandes novelas y memorias escritas por mujeres, desplazadas injustamente de un canon que sigue siendo, aún hoy, masculino, blanco y occidental, a pesar de los esfuerzos que los estudios llamados de género vienen haciendo en las últimas décadas para visibilizar las obras de las mujeres.</p><p>Los 20 relatos reunidos son distintos en su factura y procedencia, pero contienen algunos puntos en común que me gustaría destacar aquí.</p><p>La mayoría de las autoras eran mujeres formadas y de clase media alta, con acceso a la cultura de sus respectivos países, políglotas, que residieron o se formaron en Europa, algunas en Estados Unidos, y cuyas mujeres protagonistas pertenecen igualmente a una burguesía media o alta, salvo en dos o tres excepciones.</p><p>En los relatos aquí reunidos existe un predominio de la descripción de las emociones, con un uso predominante del monólogo interior o de la focalización interna en tercera persona, desarrollada de forma tan íntima que parecería una primera, así como de la descripción y el lenguaje poético sobre la acción. Destaquemos que muchas de la autoras son o han sido reconocidas también como poetas, lo que se advierte en su prosa. Como sucede con muchas de las obras escritas por mujeres, su territorio es mayormente el doméstico; lo familiar se explora en sus distintos aspectos: relaciones entre hermanas, padres e hijos, abuelos, matrimonios o amantes.</p><p>Del conjunto se desprende así mismo una mirada compleja sobre la sexualidad. Las protagonistas de estos relatos son mujeres que desean, pero cuya vida gira sin cesar alrededor de los hombres, protagonistas implícitos, si bien a menudo ausentes, de estas historias. La liberación, el despertar, que diría nuestra admirada <strong>Kate Chopin</strong>, lo constituye el hecho de desprenderse del hombre, al que se sacrifican de mil maneras, y cuya sombra parece cernirse sobre ellas. Ellos, por su parte, como cabría esperar, no les conceden a la mujer la misma importancia. <strong>Mimí Díaz Lozano </strong>(Honduras, 1928), en su relato <em>Ella y la noche</em>, hace explícito esta asimetría cuando la mujer protagonista llama:</p><p>  </p><p>Ese <em>sin embargo</em><em>, </em>parece atravesar buena parte de los textos, que lamentan la dificultad de las mujeres para separarse de los hombres que aman. Así lo expresa la protagonista del relato de <strong>Magda Zavala</strong> (Costa Rica, 1951), <em>De la que amó a un toro marino</em>:</p><p>  </p><p>Recordemos que cuando nacieron las escritoras aquí seleccionadas, entre los años treinta y cincuenta del pasado siglo, la educación de la mujer iba encaminada hacia el ideal femenino de ángel del hogar y, si bien nuestras autoras rehusaron cumplir con estas expectativas, el lastre de esa educación constituye siempre un pesado <em>sin embargo</em><em>…</em> El patriarcado educa y se encarna en las mujeres y en sus rebeldías y, tal y como sucedió en el siglo XIX con las heroínas románticas, cuya máxima transgresión era el adulterio (como acontece también en <em>Barlovento</em>, de <strong>Marvel Moreno</strong> —Colombia, 1939—), las protagonistas de estos relatos siguen colocando al varón en su epicentro. Por otra parte, los hombres que circulan por estas páginas son casi siempre violentos, maltratadores, infieles o indiferentes, a pesar de lo cual, las mujeres, demasiadas veces, los aman; otras, les huyen.</p><p>El cuerpo es otra de las constantes que emergen de esta colección de relatos. Las autoras se detienen en fluidos corporales que rara vez son representados en la literatura escrita por hombres; olores que son metáforas de un reencuentro consigo mismas, de un descubrimiento del cuerpo por fuera de la mirada pigmaliónica del hombre, tal y como lo utiliza <strong>Gilda Host</strong> (Ecuador, 1952) en <em>Reunión</em>. Y como también se muestra en el relato antes citado Marvel Moreno:</p><p>  </p><p>Una representación del cuerpo por fuera de la idealización y de la mirada masculina que no encontramos, por cierto, en las mujeres que protagonizaron las novelas del <em>boom</em>; movimiento que, no obstante la cercanía de estas autoras con los archiconocidos escritores que lo integraban, las dejó también al margen. Se trata de un cuerpo vivo que sangra, pare, enferma, desea, envejece, que se hace plenamente presente, ahora sí, en la literatura latinoamericana escrita hoy por las mujeres de generaciones más jóvenes.</p><p>Atraviesa estos relatos una cierta melancolía en las voces de sus narradoras, como si un lamento común recorriese todo el libro, tal vez el lamento por un ideal perdido: el del compañero, el del amor, el de otra posible vida, el de la mujer que pudieron ser y no fueron, a pesar de huir hacia el Sur, donde les espera, como una trampa del destino, otra vez la sumisión y la degradación, o el oficio más viejo del mundo.</p><p>La literatura escrita por mujeres nos sorprende a menudo porque representa un mundo hasta no hace mucho ignorado, dando voz a quienes no la tuvieron, pero también, y hay que destacarlo, porque muestra una rebeldía formal que la hace distinta, difícil a veces, oscura. Sucede con <strong>Unica Zürn</strong>, con <strong>Elena Garro</strong> o <strong>Clarice Lispector</strong>, por poner solo algunos ejemplos, y también con algunas de las autoras recogidas en <em>Vindictas</em>. Lírica, compleja, ensimismada, la escritura aquí reunida requiere de una reeducación estética urgente que modifique los valores que dominan el canon masculino en el que se nos formó literariamente, una reeducación a la que esta intensa antología contribuye.</p><p>Una pequeña anotación para los editores: agradecería el lector que la breve nota biográfica, la fuente de la que procede el relato seleccionado, y el mismo relato, se situasen al comienzo o al final de cada cuento, y no por separado, lo que hubiese facilitado el trabajo de hacernos con una imagen global de la autora reseñada sin andar de acá para allá, de allá para acá. <em>Vindictas</em>, no obstante, bien merece este trasiego.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Escritoras orilladas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 215]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patinando sobre hielo fino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/patinando-hielo-fino_1_1190552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5dae3ebb-13bd-4a3c-9837-69be65001289_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Patinando sobre hielo fino"></p><p>Confieso mi ignorancia, pero antes de leer este libro no sabía en absoluto quién era <strong>Sally Rooney</strong>, circunstancia que al final de su lectura he tenido que agradecer, al darme cuenta de que había valorado el texto sin prejuicios, ganándome a medida que avanzaba la historia, con independencia de la identidad de su autora. Al terminarlo he buscado sobre ella y he sabido que el libro se ha convertido en una famosa serie de televisión del mismo nombre, pero mi lectura ha sido, podríamos decirlo así, completamente virgen.</p><p>Sally Rooney (County Mayo, 1991) es una joven escritora irlandesa que ya ganó un premio con su primera novela, <em>Conversaciones entre amigos</em>, que no he leído. Por lo tanto mi comentario versa exclusivamente sobre este único libro, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/gente-normal/MES-101088" target="_blank">Gente normal</a> (Literatura Random House), que relata los encuentros y desencuentros de dos adolescentes pertenecientes a diferentes clases sociales, Marianne y Connell, que se conocen desde el instituto y que van creciendo a lo largo de la novela hasta convertirse en dos adultos con vidas fluidas y complejas, como lo son las de la mayoría de jóvenes de la generación millennials a la que pertenecen ellos y la propia autora.</p><p>Rooney es joven, insisto, pero <em>Gente normal </em>es una obra madura. Y lo demuestra ampliamente en el dominio del tiempo narrativo, en las dosis perfectas con que salpica la descripción, en la dosificación justa de los acontecimientos que nos proporciona, que son pocos, pequeños detalles de la existencia mostrados a través de unos diálogos que brillan no tanto por su originalidad como por su perspicacia. Rooney desarrolla su maestría a la hora de recortar las escenas que elige para escalonar un amor que se quiere negar, una necesidad del otro que pretende pasar desapercibida porque asusta reconocerla, pero que se expresa en mil y un gestos de sus protagonistas, envueltos en una relación asimétrica siempre, en la que Marianne parece más necesitada y Connell más esquivo, pero donde finalmente triunfa la vulnerabilidad y el deseo de compañía y de reconocimiento. Deseos tan negados en una generación que corre hacia delante, por miedo a resbalar sobre el hielo fino del mundo incierto que le ofrecemos y perecer ahogada, congelada en el agua fría que acecha bajo su superficie. Y desarrollo la imagen a partir de una cita que <strong>Zygmunt Bauman</strong> también toma prestada de <strong>R. W. Emerson </strong>para describir la huida hacia delante que la caracteriza: “Cuando se patina sobre hielo fino la seguridad es la velocidad”.</p><p>Las diferencias de clase, la vida intelectual y la curiosidad como motor de la vida, o la hipocresía y el convencionalismo de ciertas relaciones sociales urbanas, en contraposición a las no menos convencionales y crueles relaciones del mundo rural son algunos de los subtemas que se multiplican en la obra para dotar de textura a la historia; y lo hacen con una habilidad aparentemente natural, mezclándose entre sí unos con otros, como sucede también en la realidad. La prosa es cuidada y liviana, teñida de sutiles destellos líricos.</p><p>No son superficiales estos chicos, aunque su huida de los sentimientos podría hacérnoslo pensar, y este es otro acierto de Rooney, que construye unos personajes cultos, capaces de reflexionar sobre sí mismos llegado el caso, por más que les paralice un enorme miedo a hacerlo. Hay un episodio, central en la trama, que apunta a la presión del grupo, capaz de imponerse sobre los más fuertes afectos; un episodio que abrirá una herida en la relación entre los dos amigos y amantes clandestinos, cuya cicatrización será el hilo conductor de esta historia hasta que se imponga el perdón, la reparación y la confianza mutua que naufragó con él. Pero cualquier síntesis sería tramposa, se haga como se haga, porque lo que brilla con luz propia aquí es la mesura a la hora de contar la historia, su ajustada proporción en los tiempos, en los espacios, que varían entre el pueblo y Dublín, hasta un amplio mundo abierto al futuro. La autodestrucción de Marianne, la liquidez de Connell, dos personajes que se nos meten dentro.</p><p>Solo me cabe hacerle un reproche a esta delicada pieza de buena literatura: la caída en el masoquismo sexual de Marianne no es fácil de explicar como no sea que sus circunstancias familiares, su orfandad, la indiferencia de la madre, la violencia que ejerce sobre ella su hermano, haya abierto esa gruta al pasado de la especie que, según pensaba Lou-Andreas Salomé, habita en todas las mujeres, <em>la loca atracción por la sumisión</em>, y que Marianne se complazca en explorarla hasta el fondo.</p><p>No había conocido hasta ahora a Sally Rooney, repito, pero les invito a leerla, yo ya estoy deseando volver a hacerlo.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Patinando sobre hielo fino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 210]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una sociedad cómplice ante la pederastia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sociedad-complice-pederastia_1_1189645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c6c1ad7c-1b9d-4589-9480-c47f65db2e94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una sociedad cómplice ante la pederastia"></p><p>Antes de comenzar nuestro análisis hemos de señalar que casi todas las reseñas de <a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-consentimiento/MES-118467" target="_blank">El consentimiento</a> de <strong>Vanessa Springora</strong> (Lumen), tanto las aparecidas en Francia como en nuestro país, por encima de su valor literario han resaltado el carácter de necesaria denuncia de la pederastia que sustenta su columna vertebral, pues, como muchos lectores y lectoras ya sabrán, Springora relata en este episodio autobiográfico la relación que mantuvo con <strong>Gabriel Matzneff</strong>, un afamado escritor francés cuyas novelas exaltan el amor entre adultos con niños y adolescentes. Matzneff conoce a Springora cuando ella tiene catorce años, la corteja y mantiene con ella una relación sexual consentida durante tres años más, con el beneplácito de la madre de la joven, la indiferencia del padre y la complicidad de toda la sociedad culta que rodeaba a ambos (incluido un discutible episodio donde <strong>Cioran</strong>, a quien la niña acude para que la ayude a separarse de Matzneff al cabo de un tiempo, la insta a mantener ese “amor” necesario para los creadores; un amor como el que al parecer le profesa a él su propia esposa, que asiste silente a la escena). Su título, <em>El consentimiento</em>, pone el dedo en la llaga: ¿puede hablarse de consentimiento cuando se trata de relaciones entre una menor y un hombre adulto, aunque la menor acepte voluntariamente la relación?</p><p>No es este el primer libro que denuncia la laxitud moral respecto a la pederastia de la <em>intelligentsia</em> francesa. En 1993, <strong>Bianca Lamblin</strong> publicó <em>Mémoires d'une jeune fille dérangée,</em> donde confesaba que a los dieciséis años, cuando era estudiante en el Lycée Molière, fue seducida por su profesora <strong>Simone de Beauvoir</strong>, que entonces tenía unos treinta, pasando posteriormente a ser su amante, y luego también de <strong>Sartre</strong>. En la correspondencia entre este y Beauvoir, <em>Lettres au Castor</em><em> </em>y<em> </em><em>Lettres à Sartre</em><em>,</em> el desprecio con el que la pareja de filósofos se refiere a la joven, cuya identidad apenas se oculta bajo el seudónimo de Louise Védrine o con su nombre de soltera, impulsó la respuesta y el testimonio de Bianca años después.</p><p>No es la primera vez, decía, que una menor seducida responde a los adultos que abusaron de su confianza, pero en esta ocasión la venganza de Springora se produce cuando los dos protagonistas están vivos, por lo que la polémica está servida.</p><p>El ruido mediático que el libro ha levantado en Francia, mucho menos en España, ha puesto la atención sobre su contenido, perfecto para interrogar los cambios de la mentalidad social respecto a la pederastia a los que hemos asistido en los últimos cuarenta años. Años en los que la censura contra el turismo sexual, el matrimonio infantil o el abuso y el acoso, se ha hecho cada vez más firme. La denuncia del poder que encubre una relación supuestamente consentida, y de la indiferencia de la sociedad que conoce esta relación es una loable función de la obra que, sin embargo, nada tiene que ver con su valor literario, sino con aspectos sociopolíticos ligados a su temática y a su recepción.</p><p>Pero entonces eran otros tiempos. Cuando Springora tenía trece o catorce años, es decir, a mediados de los ochenta, la desfachatez con la que Matzneff confesaba en sus novelas sus gustos pedófilos se acompañaba del beneplácito y la complicidad de los cultos franceses, incluido <strong>Bernard Pivot</strong>, en cuyo famoso programa, <em>Apostrophes</em>, entrevistó en 1990 al pedófilo entre risas cómplices; solo la escritora canadiense <strong>Denisse Bombardier</strong> se atrevió a censurarlo abiertamente (un fragmento del programa <a href="https://www.youtube.com/watch?v=H0LQiv7x4xs" target="_blank">puede verse en Youtube</a>).</p><p>Entonces, la complacencia con la pederastia, amparada bajo el paraguas de una libertad sexual que justificaba cualquier desmesura, era tal que hasta la madre de Springora pasó por alto la enorme asimetría entre su hija púber y el Matzneff cincuentón, seducida ella también por el <em>glamour</em> del famoso escritor. Una posición que la Vanessa muestra en su libro con una neutralidad que deja de lado cualquier análisis, si bien esa misma neutralidad nos ayuda, tal vez, a comprender la indefensión de la joven.</p><p>  </p><p>La larga cita merece la pena, pues resume la totalidad de la historia. La vida de Springora, al menos lo aquí narrado, parece sacada de un libro de psicología del abuso sexual: un padre ausente, una madre que recibe a los amantes en la casa que comparte con su hija, tras la separación, estimulando precozmente la curiosidad sexual y el pasaje al acto de una niña ansiosa de reconocimiento, que busca una mirada que la singularice; una niña que confunde al depredador sexual con el enamorado que él pretende ser, ya que, durante el breve periodo de seducción que precede a la conquista definitiva el escritor se presenta ante ella ahíto de amor. Matzneff aprovecha su experiencia sexual para verterla en sus novelas, lo mismo que ya ha hecho con sus conquistas anteriores; y es cuando Springora las lee cuando cae en la cuenta de que no es la única, sino una más entre la serie de amantes-niñas del escritor, e inicia su separación. La convicción que ejercía este seductor, cuyas tendencias sexuales eran sobradamente conocidas por el mundo cultural francés, debió de ser mucha, insistimos, pues, cuando Springora le comunica a su madre que lo ha dejado, ella le contesta,</p><p>  </p><p>Hasta aquí la historia. La autora narra los hechos sin apenas profundizar en ellos, podríamos decir que sin perfilar los personajes, que se convierten así en esbozos. Sus propias emociones quedan ocultas, como si ni siquiera la mujer adulta que hoy escribe pudiera dar cuenta de ellas, de la compleja mezcla de sentimientos que animaron su consentimiento, subrayando repetidamente el otro, el consentimiento social, con elocuentes ejemplos como la denuncia anónima contra Matzneff y la aquiescencia de la policía; el encuentro con su padre, que se enfurece primero ante la noticia de la relación de su hija, para olvidarla inmediatamente después; o la frustrada demanda de ayuda que Springora dirige a Cioran. El resultado de estos episodios interesa al lector por tratarse de un libro autobiográfico y por el carácter de personajes públicos de sus protagonistas, es decir, en tanto testimonio. En cuanto a su valor literario, por supuesto a juicio de quien escribe esta reseña, ni el estilo, sencillo y ameno, casi didáctico a veces, más periodístico y propio de una crónica que animado por alguna ambición estética; ni la agudeza de las observaciones que se vierten, justifican el éxito de la novela, que se nutre de la indudable curiosidad que nos motiva la vida sexual de los otros; curiosidad que anima al lector a llegar hasta el final para complacer al perverso e inofensivo <em>voyeur</em><em> </em>que todos llevamos dentro, que agradece, además, que el texto no llegue a las doscientas páginas, distribuidas en capítulos cortos y en letra de generoso tamaño.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una sociedad cómplice ante la pederastia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Podría destruirte', violación y consentimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/destruirte-violacion-consentimiento_1_1187643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8d3138c2-d4db-461a-8f16-d0c534483752_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Podría destruirte', violación y consentimiento"></p><p>La miniserie de doce capítulos de HBO (producida originalmente por BBC One) <a href="https://es.hboespana.com/series/podria-destruirte/9c41e966-03cc-4b93-b836-089f1da4c9cd?gclid=EAIaIQobChMIpsGNopPw6wIVTrLVCh1d-gO1EAAYASAAEgLtNfD_BwE&gclsrc=aw.ds" target="_blank">Podría destruirte</a>, creada y escrita por <strong>Michaela Coel</strong>, aborda con decisión el tema del consentimiento en las relaciones hetero y homosexuales. Inspirada en un suceso real, la violación de la directora y protagonista de la serie durante una noche en la que fue drogada hasta la inconsciencia, cuenta a un ritmo trepidante los efectos de ese trauma, las reminiscencias intrusivas que atormentan a la víctima, y la paulatina reconstrucción de los hechos olvidados durante meses. Todo ello a través de Arabella, su <em>alter ego</em>, interpretada también por Coel.</p><p>La autora, directora (junto a <strong>Sam Miller</strong>) y protagonista trata de poner sobre la mesa el problema del consentimiento desde sus aspectos más evidentes hasta los más sutiles. Habría consenso en que una chica drogada y violada no lo fue con su consentimiento, obviamente, pero quizás a algunos les asalten más dudas sobre la violación que sufre el joven amigo de la protagonista de parte de un esporádico compañero sexual con quien se ha citado voluntariamente, una penetración que es sin su consentimiento; o la penetración sin condón a la que, ignorándolo Arabella, la somete un compañero de trabajo con quien mantiene relaciones sexuales consentidas; o el aparente trío casual que realiza su amiga con dos jóvenes italianos que, allí donde la chica cree que es seducción y azar, descubre que se trata de dos amigos que se han puesto de acuerdo para acostarse con ella. Este engaño apunta a que el consentimiento va mucho más allá del famoso sí o no, y exige conocer los pormenores del encuentro y las intenciones del otro. ¿Se hubiese acostado la joven igualmente con los dos hombres de haber sabido que todo estaba planeado de antemano por ellos?</p><p>El consentimiento se plantea en la serie, y esto es lo que la hace más interesante, en un contexto de promiscuidad sexual, de libertad entre jóvenes <em>millennials</em> que utilizan las <em>apps</em> de citas para ligar, que corren riesgos, que viven alegremente su sexualidad y su juventud. Al plantearlo así, la directora pone de lleno el dedo en la llaga, pues el tema se perfila en toda su profundidad: sea cual sea la actitud sexual de los protagonistas del encuentro, el consentimiento atraviesa la relación como un requisito indispensable para que se trate de un encuentro entre iguales y no haya abuso de poder, pues si no hay consentimiento, hay abuso. El consentimiento tiene una profunda conexión con el reconocimiento del otro como un igual. Y, como decía el filósofo <strong>Axel Honneth</strong>, donde no hay reconocimiento del otro hay menosprecio.</p><p>También el racismo está presente tangencialmente en el desarrollo de la historia, pero lo central son los efectos devastadores de una violación ejecutada con premeditación y alevosía, que reduce a la víctima a un objeto para uso del violador.</p><p>Formalmente trepidante, como la propia vida de Arabella, la serie plantea también la velocidad que rige la vida de los jóvenes <em>millennials</em>, el oportunismo y las presiones de las editoriales a la hora de captar talentos a partir de su éxito en las redes sociales y, también de forma quizás tangencial, pero notable para quienes no formamos parte de esa generación, los modos de defenderse de la angustia prioritarios entre estos jóvenes, que utilizan la actuación compulsiva como recurso y huyen de la reflexividad hasta no saber quiénes son, hasta que el trauma exige la instrospección para poder elaborarlo. En la serie, la introspección se realiza a través de un grupo de autoayuda, y se expresa en el ritmo más pausado que adopta la narración, lo mismo que el que adopta Arabella.</p><p>Quiero hacer notar un hecho muy interesante, que no quisiera que pasaran por alto quienes se acerquen a <em>Podría destruirte</em> después de leer este comentario. Cuando el joven que se quita el preservativo en mitad del acto sexual con Arabella, cuando ella ha querido y creído que lo llevaba, la reacción de la chica es pedirle que le pague la pastilla del día después. Solo eso. Como si careciera de referentes para saber que ese gesto unilateral y taimado es también una violación. Tras el acto, compran la pastilla y Arabella sigue con el chico, lo besa, le sonríe, no parece indignada sino contrariada por las posibles consecuencias, como si su dignidad personal y su cuerpo no fuesen del todo suyos, como si no conociese sus propios límites ni tuviese una idea clara de lo que considera inaceptable. Solo cuando en un chat lee el testimonio de otra joven sobre ese mismo comportamiento, al parecer más común entre los hombres de lo que cabría pensarse, y se informa de que según las leyes inglesas es un delito, Arabella toma conciencia de que ha sufrido un nuevo abuso y denuncia públicamente al agresor.</p><p>Esta denuncia, desproporcionada e impulsiva, a nuestro entender, es también un síntoma que muestra la falta de reflexividad, la actuación permanente y la velocidad de las reacciones de los jóvenes <em>millennials</em>.</p><p>El capítulo final es memorable, si bien no quiero hacer <em>spoiler</em>, abre un abanico que va del tremendismo de <strong>Tarantino</strong> a una sutil amenaza, susurrada al oído del violador que, finalmente, ha descubierto en sus frecuentes visitas al bar donde sucedieron los hechos, y en un giro metafílmico, la directora convierte el desenlace en una soberbia clase de literatura y del poder catártico y emocional de la escritura y de la ficción. Por todo lo anterior, considero esta miniserie muy recomendable.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Podría destruirte', violación y consentimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un grito de alarma contra el cambio climático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/grito-alarma-cambio-climatico_1_1181959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/79e20388-2071-4a98-beb8-67d4750444e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un grito de alarma contra el cambio climático"></p><p>Escuchar –y digo escuchar intencionadamente, porque adentrarse en este ensayo es casi asistir a una conversación–, escuchar a una autora que abandona el género negro, en el que es reconocidísima, para adentrarse en un ensayo sobre la crisis medioambiental, es en sí mismo un ejercicio interesante para el lector. Con <a href="https://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=4037&completa=S" target="_blank">La humanidad en peligro</a> (Siruela), <strong>Fred Vargas</strong> quiere golpear nuestras conciencias, lo dice abiertamente en los vídeos que ha publicado <a href="https://www.youtube.com/watch?v=RcmAae8WfE8" target="_blank">en Youtube</a>: es para informar, para romper el silencio que los gobiernos han mantenido respecto a las consecuencias del calentamiento global, para acabar con la ignorancia, que ha escrito este libro.</p><p>Para hacerlo ha revisado una numerosa bibliografía que nos aporta a pie de página, ha reunido infinidad de datos y los ha organizado de forma amena, interconectándolos entre sí como se conectan entre sí los terribles efectos que la voracidad del capitalismo ha producido sobre el planeta que nos acoge. Porque también es clara al respecto: la causa de que estemos al borde del colapso la tiene el dinero, la avaricia de los poderosos y la impotencia, cuando no la connivencia, de los gobiernos para frenarlos.</p><p>Nada escapa a su minucioso recuento del estado de la cuestión, cuyos ítems cito sin orden alguno, a bote pronto: el agotamiento de los hidrocarburos, que debemos abandonar cuanto antes, el peligroso consumo de carne, las leches vegetales, los electrodomésticos, los viajes en tren, avión o vehículo particular, las objeciones a los coches eléctricos, la salinización de los suelos, la soja, el pescado, los plásticos no biodegradables, la Coca-Cola, los fosfatos, los gases desconocidos como el protóxido de nitrógeno, tan peligrosos o más que el CO2; el metano, la ropa, el agotamiento de los minerales, el deterioro de los bosques, la desaparición de especies animales, la necesaria austeridad digital, el carbón, la madera, los océanos. Y algunos más. Haciendo uso de sus habilidades de narradora, introduce el humor a través de sus comentarios a las observaciones de su impertinente corrector de estilo, que le prohíbe cualquier excursión hacia sus gustos personales y, poco a poco, Fred Vargas completa un puzle que da cuenta del mundo que nos espera si nuestros gobiernos y nosotros mismos no hacemos nada. Un mundo donde la humanidad está en peligro.</p><p>Son muchas las preguntas que Vargas responde a quienes estamos preocupados por modificar nuestros hábitos hacia una forma de vida más sostenible, la misma que la autora ya sigue, prohibiéndose pequeños placeres a favor de la vida en la Tierra; el libro se convierte así, en alguna medida, en una guía de consumo sostenible que nos indica lo que hemos de hacer, lo que debemos evitar sin falta. Es urgente comenzar estos cambios. A pesar de que la ONU ya ha advertido que en solo seis años tendremos escasez de agua, seguimos produciendo y consumiendo como si los recursos hídricos fueran infinitos, por poner solo un ejemplo.</p><p>Para generar esperanza, Vargas repasa algunas de las respuestas científicas a los retos medioambientales. Ingenios que nos ayudarían a paliar los efectos del calentamiento global, a recoger plásticos de los océanos, a recuperar las emisiones contaminantes de las empresas de carbono, pero las soluciones tecnológicas no están suficientemente desarrolladas, o no se invierte lo suficiente en ellas, o son incipientes. Y tenemos prisa. De ahí que la llamada desesperada de la autora se dirija a la totalidad de la población, a un nosotros cómplice con ella, en el que incluye al lector de su libro, que debe actuar "sin esperar una acción de las autoridades. ¿Por qué? Porque dicha acción no llegará".</p><p>El escepticismo de Fred Vargas ante los gobiernos, los responsables de mantener a la población en la ignorancia, de someterse a las grandes empresas agroalimentarias y de transporte, causantes de gran parte de la situación actual, es constante. De ahí que su mensaje de alarma vaya dirigido a la ciudadanía. Una ciudadanía que necesita información para comenzar a tomar medidas individual y colectivamente. Y es aquí donde nos sorprende su esperanza en una toma de conciencia que será, a todas luces, tan lenta, que siempre irá por detrás de los devastadores efectos de esos +2º de aumento de la temperatura del planeta a que los gobiernos nos han condenado ya, por su criminal inoperancia. Con estas previsiones un tercio de la población mundial morirá de sed, de hambre, de calor, y a nadie parece importarle demasiado.</p><p>A Fred Vargas sí le importa, y entiendo este libro como su pequeña aportación, su lamento, su grito de alarma. De ahí que el final de su ensayo esté repleto de medidas que tanto los estados como los ciudadanos deberíamos tomar, expuestas de forma didáctica (se trata de mostrar el camino, de solucionar el problema), porque todavía podemos hacer algo si juntos nos ponemos manos a la obra. Ojalá le hagamos caso.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un grito de alarma contra el cambio climático]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre Jean Rhys y Charlotte Brontë]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jean-rhys-charlotte-bronte_1_1181572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5d5de90e-dfcb-43e6-9bd6-315ae13ebe02_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre Jean Rhys y Charlotte Brontë"></p><p><em>En el segundo viernes de confinamiento por la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, los colaboradores de Los diablos azules proponen lecturas que sirvan de compañía durante la cuarentena. Aquí puedes leer todas las recomendaciones de este número y aquí, los contenidos de números anteriores. </em><a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/los_diablos_azules_numero_181.html" target="_blank">Aquí</a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p>_____</p><p>Imaginemos a una joven nacida en Dominica, una isla en mitad del Caribe, que emigra a Londres, donde tiene que trabajar de bailarina para sobrevivir. Una joven huérfana que transita entre Inglaterra y Francia durante las dos guerras mundiales; lectora, hipocondríaca, friolera. Una escritora que relata la vida de otras jóvenes como ella en cuatro novelas cortas que pasaron desapercibidas para la crítica, a pesar de contar con el favor de un escritor de prestigio como <strong>Ford Madox Ford</strong>, con quien mantuvo una relación triangular que nuestra autora, <strong>Jean Rhys</strong>, relató en una de ellas, <em>Cuarteto —</em>las cuatro han sido publicadas en España por Lumen en un único volumen, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/una-vida-sin-ti/MES-018544" target="_blank">Una vida sin ti</a> (2011)—. Sus protagonistas llevan vidas precarias, casi en la pobreza, algunas sobreviven al amparo de sus amantes, presas en las redes de un mundo patriarcal que ni siquiera saben identificar; de ahí que Jean Rhys tampoco contase con el favor de la crítica feminista posterior. Imaginémosla tiritando, recurriendo al alcohol para calentarse, para evadirse de una realidad que apenas permite que la roce (las referencias a la guerra en sus novelas de los años treinta son escasísimas), escribiendo además algunas cartas y un diario.</p><p>Un día, esta joven lee <em>Jane Eyre</em>, la magnífica novela de <strong>Charlotte Brönte</strong>, y conoce el personaje de Bertha Mason, la esposa loca del señor Rochester, el esquivo dueño de la hacienda donde Jane trabaja de institutriz, y de quien se enamorará.</p><p>En la novela de Brönte, Bertha Mason nació en Jamaica y se trasladó con su esposo a Inglaterra tras el matrimonio. En la isla, como la misma Jean Rhys, pasó frío. Quizás, solo quizás, por eso a Bertha le apasiona el fuego. Todo lo que se dice de la loca desconocida en <em>Jane Eyre</em> es peyorativo. Una esposa lunática, inadaptada, extranjera, una Melusina. A saber qué misterios esconde para el joven Rochester ese calificativo desmesurado, Melusina, que impacta en la mente de la otra joven, nuestra querida Jean Rhys. Durante casi 50 años, la novela de Charlotte persigue a la escritora anglodominicana; le ha dado mil vueltas, cuenta en sus cartas, pero no consigue encontrar ni la estructura ni el tono apropiados a lo que, me gusta pensar, será su definitiva venganza, su respuesta a la mentalidad fría y antisensual que ella misma sufre en Inglaterra, como le sucede a Bertha Mason en <em>Jane Eyre</em>.</p><p>Por fin, en 1966, tras titubeos, paréntesis, parálisis, muchos ensayos y mucho error, publica <a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-ancho-mar-de-los-sargazos/MES-018748" target="_blank">Ancho mar de los Sargazos</a> cuando roza casi los ochenta años y vive aislada en Cornualles, sospechando siempre de sus vecinos, refugiada en el alcohol, quejándose de la humedad y del frío. <em>Ancho mar</em>… , por el contrario, transcurre en una Jamaica cálida y lujuriosa, de naturaleza exuberante, cuya clase acomodada asiste con temor a la revuelta de los esclavos. Allí nace y se educa la joven Bertha Mason, cuyo nombre convierte Rhys en Antoinette Cosway.</p><p>Antoinette es hermosa y alegre cuando conoce a Rochester, el hijo menor desfavorecido de un padre tiránico. Se enamoran, se casan, pero la convivencia de los esposos no es la que cabría imaginar. Rochester sospecha de su esposa, a quien calumnian atribuyéndole una relación anterior con otro hombre, y no soporta su temperamento impulsivo y sensual; él es frío (el frío es una constante en la obra de Jean Rhys, tanto tuvo que sufrir en el cambio del Caribe por Inglaterra), reservado y asustadizo. Antoinette, por el contrario, es apasionada, está enamorada y lo desea. Los diálogos de la pareja, donde se entrecruzan malentendidos íntimos, son de una agudeza y de una desolación impresionantes. Antoinette recurre a su nodriza para que practique vudú y recuperar así el amor de su esposo. Para Rochester el mundo se ha invertido, ya no tiene poder, el colono ha perdido sus prerrogativas; afirma sobre Antoinette: "Su expresión de súplica me molesta. No la he comprado, ella me ha comprado a mí".</p><p><em>Ancho mar de los Sargazos</em> no es solo una precuela de <em>Jane Eyre</em>, es una novela que dialoga y confronta el mundo victoriano con la sensualidad de las Antillas, el catolicismo con la magia, el frío con el calor, el cuerpo con la razón,<em> </em>el orgullo colonialista con el perdido poder de la metrópolis.</p><p>A Antoinette/Bertha le gustaba el fuego, ha visto cómo ardían las casas de los colonos blancos en su isla natal y, ustedes ya lo saben, emprende su cruzada contra quien la encerró en esa lóbrega torre, sirviéndose de él.</p><p>Lo que les propongo, ahora que las torres se multiplican, que todos estamos encerrados en las nuestras, tan aislados como nuestra pobre loca antillana, es que lean <em>Ancho mar de los Sargazos</em> y continúen con <em>Jane Eyre</em>; que disfruten del privilegio que tenemos los lectores de poder unir el magnífico diálogo intertextual Brönte/Rhys en un texto único, plural, inolvidable, y que observen cómo se aviva la llama, cómo se enciende el fuego inextinguible de la buena literatura.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Entre Jean Rhys y Charlotte Brontë]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las huellas de la corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/huellas-corrupcion_1_1179819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/91c8f97e-f6c8-4076-b640-fdfca5e86964_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las huellas de la corrupción"></p><p>¿Qué consecuencias tiene para los hijos la inmoralidad de los padres? En concreto, ¿qué consecuencias tiene la corrupción en los herederos de los corruptos?</p><p><a href="https://distrito93.com/catalogo/todo-queda-en-casa/" target="_blank">Todo queda en casa</a> (Distrito 93, 2019), novela de<strong> Santi Fernández Patón</strong>, explora esta circunstancia desde el punto de vista de un hijo y su sentimiento de culpa, su deseo de alejarse de la familia, la decisión de mantener un desapego cuyas consecuencias no puede prever.</p><p>La novela está narrada en primera persona por el joven Daniel, quien decide quedarse en Edimburgo y no regresar nunca al lado de la segunda esposa de su padre, Maribel, y de la hija de ambos, su hermana Irene, una niña de seis años con la que estaba muy unido y a la que no volverá a ver hasta dieciséis años después. Su decisión está relacionada con un oscuro episodio de corrupción, y el posterior juicio, en el que están involucrados Maribel y su padre, que murió poco después de esos hechos. A lo largo de la novela, Daniel repasa una vez y otra su involuntaria participación en la desaparición de unas pruebas cuyo valor no conocía entonces, ni conoce aún ahora.</p><p>El silencio ha acompañado durante años esta decisión, que Daniel ha mantenido oculta, de forma quizás inconsciente, a sus amigos y a su novia, que no resiste su posterior confesión del abandono de la niña y se separa de él. Un silencio que pretende borrar los sentimientos que provocó aquel acto, sin conseguirlo.</p><p>Del resurgimiento de esas emociones trata esta novela, escrita con precisión y agilidad, pero sin abandonar nunca la elaboración literaria, la ambición estética que, demasiado a menudo, se encuentra ausente en gran parte de la narrativa actual que conozco. El desencadenante de la revisión biográfica que constituye el cuerpo de la historia es un mensaje de Irene, ahora una joven emancipada, periodista como su hermano, que le solicita un encuentro: "Soy Irene, tu hermana".</p><p>Este argumento se expande para abarcar asuntos como la precariedad de los jóvenes, los partidos surgidos tras el 15M, la esperanza y la solidaridad. En el plano personal, Daniel intentará comprender aquella decisión del pasado y conocer a Irene, y experimentará en carne propia el abandono cuando las circunstancias lo tengan a él como víctima de la decisión de marcharse de otro. Su apertura a una nueva relación de pareja, la templanza de Silvia, la solidaridad y la sororidad entre mujeres luchadoras, el retorno de comportamientos corruptos que no parecen dejar de extinguirse, el precariado y la inmigración son aspectos que matizan un texto que se lee con interés. El lector sigue la historia con gusto porque la proximidad y la complicidad que se establece con esa primera persona autorreflexiva convierte lo que le suceda a Daniel en algo que también le importa, que le concierne.</p><p>Fernández Patón hace uso de la analepsis de forma medida y pertinente, sujeta siempre a las necesidades de la historia, que avanza desde ese mensaje de Irene hasta el momento final, donde el autor muestra una posible, si bien improbable, reparación, que demuestra la integridad moral del protagonista. Y si digo improbable no es porque el gesto de Daniel no se justifique perfectamente con el diseño del personaje, sino porque se trata de un gesto poco frecuente que, al ser mostrado aquí, pone el dedo en la llaga de una moral opuesta a la del corrupto: la de quienes pretenden guiar sus actos por un comportamiento ético. Los efectos redentores de este gesto final quedan apuntados para el futuro de Daniel, que intenta liquidar con él su sentimiento de culpa.</p><p>Hay un episodio, que no desvelaré, que marca el acmé de la obra proporcionando un punto de giro definitivo; un episodio sorprendente, tratado con la misma elegancia que el resto de la novela. Con igual solvencia, asistimos al descubrimiento de una motivación inconsciente que determina la imprevista conducta de Irene tras ese episodio que le afecta profundamente: la transmisión transgeneracional se convierte aquí en motivo central, que el autor explota con audacia.</p><p>Málaga, sus barrios, sus gentes, sus terrazas, el Palo, la Térmica, los aciertos y desaciertos municipales de sus ediles –Daniel es periodista en el Ayuntamiento– se erigen en personajes secundarios, como también lo son Rodrigo y Silvia, Maribel y los amigos que rodean al protagonista. El conjunto, en suma, compone una obra eficaz, ganadora del II Premio de novela Negra y de denuncia Auguste Dupin, que encuentra el equilibrio necesario entre la crítica social y la exploración humana, y donde una y otra se nutren y se enriquecen.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las huellas de la corrupción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 174]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rescate]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rescate_1_1176701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dd9cb859-9487-445e-8e30-0e1fe25523e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rescate"></p><p><strong>El hijo zurdoRosario IzquierdoEditorial CombaBarcelona2019</strong><em>El hijo zurdo</em></p><p>  </p><p>Precedida de las excelentes críticas que cosechó su primera novela<em>, Diario de campo</em> (2013), <strong>Rosario Izquierdo </strong>nos entrega seis años después, <a href="https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/el-hijo-zurdo/" target="_blank">El hijo zurdo</a>, de la que nos ocuparemos aquí.</p><p>Si tuviera que sintetizar con un solo adjetivo esta obra elegiría el calificativo de <em>íntima</em>, porque íntima es la voz de la protagonista, que nos habla de sí misma como si nos contase un secreto. E íntima es también la voz de un narrador omnisciente que se introduce hasta tal punto en Lola, la madre zurda, que parece que estuviésemos asistiendo a su propia confesión. Voz que se dirige a veces a la protagonista en segunda persona, acentuando así la sensación de intimidad: "Te diste cuenta desde el principio…"<em>. </em>La alternancia entre una y otra es sabia y medida. Como medida es la fragmentación de esta historia que se cuenta mediante analepsis constantes, por medio de las cuales vamos conociendo la vida de Lola, jovencísima madre ya divorciada, y de su hijo Lorenzo, zurdo como ella. El punto de vista de Lola, predominante y central en la novela, tiene como breve contrapunto el del profesor que investiga sobre los relatos infantiles que Lola Frías escribe, y el de su terapeuta.</p><p>La zurdera de Lola y de su hijo son una realidad que sirve también como imagen de la posición de ambos por fuera de las normas sociales, de su resistencia a la presión ejercida para convertirlos en seres convencionales, y del malestar de uno y otro ante esta fuerza que pretende condicionarlos. Ellos escriben en renglones torcidos, son indisciplinados. Aunque la indisciplina de Lorenzo se canalice paradójicamente incorporándose a un grupo neonazi, cuyos valores son estrictamente convencionales. Me sonrío al comprobar que el apellido de la autora es Izquierdo, como a la izquierda se sitúa la Lola de la novela, que no puede comprender esta deriva de su hijo hacia la derecha.</p><p>La culpa que atormenta a Lola nos acerca a un conflicto colectivo que afecta a la mayoría de las madres: la extrema naturalidad con la que intentan encontrar sentido a las incomprensibles elecciones de los hijos, atribuyendo su origen a un error propio.</p><p>"Apenas recuerdo mi vida sin hijos. Fue corta". La crisis de Lorenzo, en la que sitúa la autora el comienzo de la historia, contribuirá a que inicie una reflexión sobre sí misma, su juventud, su matrimonio, su vocación literaria contracorriente, revisando una historia personal que querría que escribiera su terapeuta, que acaba escribiendo ella misma. Exploración que el lector tiene ahora en su mano.</p><p><em>El hijo zurdo</em> nos habla de las diferencias de clase. El encuentro de Lola con Manu, la madre de <em>el Loco</em>, un compañero neonazi de su hijo, nos introduce en la distancia entre ambas mujeres: burguesa la primera, limpiadora y pobre la segunda, dos educaciones, dos barrios, dos hijos que se encuentran ahora en parecidas circunstancias. Lola tiene mala conciencia, percibe sus privilegios y trabaja junto a Gloria, su editora, con un grupo de mujeres, Amanecer, que no han tenido tantas oportunidades como ellas.</p><p>Son muchas las reflexiones sobre el amor y la pareja que encierra esta novela, sobre una generación de jóvenes –que no es la de Lorenzo, sino la de Lola– diezmada por las drogas; impagable la relación entre la madre y su hija Inés, apuntada apenas, pero que refleja muy bien esa particular y precoz madurez que acusan las hijas de madres adolescentes, convertidas en amigas y, a menudo, casi en madres de sus desconcertadas madres.</p><p>No queremos dejar pasar por alto el excepcional manejo del diálogo, fundamental en la estructura de la novela, los constantes giros de la focalización de externa a interna, intercambiando con naturalidad el estilo directo e indirecto con el indirecto libre. El resultado es un texto impecable, aparentemente sencillo, pero con una poderosa complejidad formal y de contenido.</p><p>Rosario Izquierdo conduce la novela con mano firme, fragmentando la información con maestría; deja en suspenso los acontecimientos, avanza y retrocede de tal modo que el lector no puede dejar de seguirla, expectante. Nosotros también queremos saber qué pasó, por qué Lorenzo, buen chico, de buena familia, amado, se descarría. Queremos hallar el sentido que Lola busca, como si fuese una detective, con la esperanza de encontrar el nexo entre el hijo zurdo con quien jugaba al juego de las preguntas absurdas, con quien dibujaba, para el que escribía relatos infantiles, y el joven que pronto cumplirá 18 años, encerrado en sí mismo, con una zurdera que ya no lo emparenta con ella, sino que lo distancia, desconocido.</p><p>Izquierdo hace un paralelismo explícito entre la caída de Lorenzo, su descenso a los infiernos, y el ángel caído de <em>El paraíso perdido</em> de <strong>Milton</strong>. La escultura de <strong>Ricardo Bellver</strong> que lo representa, emplazada en el parque de El Retiro, la fascinaba desde niña. Recuerda Lola los versos de Milton, junto a los grupos de <em>hard rock</em> que escucha Lorenzo, y escribe:</p><p>  </p><p>La novela de Rosario Izquierdo es la historia de ese rescate. Léanla. _____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El rescate]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 161]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No seamos hipócritas: somos cómplices]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/no-seamos-hipocritas-complices_1_1170327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Desde que supimos de los <strong>horrores de los campos de exterminio nazis</strong>, Occidente se repite una pregunta hipócrita por retórica: ¿cómo es posible que los alemanes no impidiesen el genocidio de los judíos? ¿Cómo explicarnos la complicidad del pueblo alemán con la progresiva matanza de sus conciudadanos? Como si nosotros, ciudadanos ejemplares y solidarios, no pudiésemos dar crédito a la complicidad, a <strong>la supuesta ignorancia, al mirar hacia otro lado</strong> o a la negación de que dieron muestra los alemanes cultos que cerraron los ojos ante un crimen que, aún hoy, sí, seguimos considerando el más deleznable del siglo veinte: el uso de la lógica de la industrialización aplicada al exterminio de un pueblo, como argumentó Bauman. Como si nosotros, insisto, ciudadanos tan cultos como los alemanes y mucho mejor informados que ellos, no fuésemos igualmente cómplices de las catástrofes humanitarias que nos han acompañado en los últimos años del siglo XX y primeras décadas del XXI. Repasemos solo unas pocas.</p><p><strong>El genocidio tutsi</strong>: la cruel matanza de los hutus contra los tutsis en la Ruanda de 1994, donde murieron  asesinados a machetazos más de 800.000 personas (el 75% de la población tutsi), en cien días, ante la indiferencia de las potencias occidentales, que habían previamente armado con machetes chinos a las milicias hutus.</p><p>La <strong>guerra de Siria</strong>, que ha producido un éxodo de refugiados indefensos, hacinados en campos de concentración en Líbano, Jordania, Turquía y Grecia, con más de 500.000 muertos en siete años.</p><p>La sistemática <strong>matanza de los rohingya,</strong> desde 2017, a manos de sus compatriotas budistas, programada insidiosamente por el gobierno de Myanmar, antigua Birmania, a cuya presidenta Aung San Suu Kyi, aplaudimos y defendimos hace años, cuando estaba prisionera de los militares de su país, hasta se le otorgó el Premio Nobel de la Paz. Luego, ya en el poder, dejó que se aislara y se desprotegiera a los rohingya; propició que no se les reconociera como ciudadanos, que se les persiga y asesine por ser musulmanes –en el país budista, oh, el loado pacifismo de los budistas–, hasta el éxodo de poblaciones enteras. Más de 270.000 personas de esta etnia malviven hoy en la vecina Bangladés.</p><p>La llamada eufemísticamente “<strong>crisis de los refugiados</strong>”, las muertes en el Mediterráneo, que solo en 2018 alcanzaron los 2.262 ahogados. Entre ellos el pequeño Aylan, cuyo cadáver nos provocó ríos de lágrimas, sin que cambiase para nada nuestra política europea de asilo. Eso sí, en la estación de metro de Passeig de Gràcia se ha exhibido hasta hace unas semanas <em>'La Lista'</em>, de <strong>la artista turca Banu Cennetoglu</strong> que forma parte del proyecto socioartístico <em><strong>Umbral</strong></em><strong>,</strong> impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona "para contribuir al debate sobre el fenómeno migratorio y su llegada a la ciudad" y "combatir el discurso del odio", en palabras de la alcaldesa, <strong>Ada Colau</strong><strong>. </strong>Qué buenos que somos. Ellos, los muertos, ya son una larga lista de 35.597, según la artista turca.</p><p>En fin, ustedes, si están atentos al mismo mundo que yo, ya saben de sobra a qué me refiero: a<strong> nuestra confortable indiferencia</strong>.</p><p>La misma que tuvieron los alemanes durante el exterminio de los judíos. Así pues, no sigamos hipócritamente preguntándonos qué pasó entonces, cómo es posible que aquel exterminio fuera exitoso. Está muy bien explicado. Lo hicieron Bauman, Lanzmann, y tantos otros. Lo explicó “científicamente” el experimento Milgram, quien, en 1977, en su libro <em>Los peligros de la obediencia</em>, escribió:</p><p>  </p><p>Los participantes creían que suministraban corriente eléctrica a los actores del experimento, sin saber que no la recibían, hasta alcanzar descargas letales. Todo ello siguiendo obedientemente las instrucciones de la autoridad, <strong>sin interrogarse</strong>, con pocas excepciones. La banalidad del mal, Eichman, Hannah Arendt, ¿les suena?</p><p>Nuestras autoridades cierran los ojos y <strong>nosotros con ellos.</strong></p><p>Lo explicaron desde Dante hasta Gramsci, al señalar, respectivamente, el desprecio y el odio que merecen los indiferentes. Si entonces, cuando todavía los modernos alemanes podían alardear de una conciencia moral activa, un aparato psíquico completo,<strong> un Superyó robusto con su brillante ética represiva</strong> de hombres y mujeres modernos; si entonces ya se hicieron los sordos, ¿qué no pasará ahora, qué no está pasando ya, con la epidemia de normópatas indiferentes, posmodernos hiperadaptados a la amoralidad de un neoliberalismo voraz, que sustituye la ética por una fantasía de libertad omnipotente?  Imaginemos lo peor.</p><p>Estoy enfadada y escribo, para nada o para muy poco, porque, como muchos de ustedes, no soy capaz de actos más heroicos: morir en una huelga de hambre indefinida ante la inoperante Comisión Europea; hacerme un sangriento harakiri a las puertas de un Congreso cuyas <strong>hipócritas políticas cortoplacistas </strong>nunca sobrepasan los cuatro años, mientras que esto que les digo, lo sabemos, necesita para subsanarse proyectos globales ambiciosos que requieren de mucho más tiempo.</p><p>Mientras tanto, <strong>en espera de que un gigantesco tsunami</strong> se lleve por delante nuestros confortables asientos –el cambio climático queda también fuera de las agendas políticas –, sigamos hablando en las tertulias de lo más puntual y anecdótico, hagamos del debate electoral una pelea de gallos que excluye la catástrofe medioambiental, las políticas de asilo, el destino incierto de nuestros jóvenes, singularicemos la queja en el cómodo sofá de nuestras confortables viviendas.</p><p><strong>Deja que llore mi suerte cruel</strong>, compuso Haendel. _____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a> (Páginas de Espuma, 2018).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
      <media:title><![CDATA[No seamos hipócritas: somos cómplices]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Crisis de los refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Girl', ¿es esta la respuesta?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/girl-respuesta_1_1168572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/88c1df17-2a48-408c-8cfd-724c0f01058c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Girl', ¿es esta la respuesta?"></p><p>Si me animo a escribir sobre <em>Girl</em>, la <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/09/27/vida_esta_chica_87134_1026.html" target="_blank">excelente película de Lukas Dhont</a> (Bélgica, 2018), no es para reseñar su estética cinematográfica, ni el acierto del tema trans (fundamental en estos momentos), ni las decisiones técnicas del director (que la protagonista quiera ser bailarina contribuye a llenar de bellas imágenes la cinta), sino para advertir sobre una lectura posible que, temo, podría hacer de <em>Girl </em>un film que contribuyese a la apología de la reasignación quirúrgica de género, haciéndolo extremadamente peligroso para exponerlo con fines educativos a adolescentes o jóvenes, cuya incertidumbre identitaria les hace extremadamente vulnerables, de manera que la exposición a un modelo de cambio de género como el que la película muestra pueden hacerles desear esa única opción de vivir una experiencia de sí mismos ambigua, proponiendo una identificación precipitada con lo trans que podría complicar su devenir. Solo acompañada de un amplio debate crítico sería adecuada esta película para fines educativos.</p><p>Me explico.</p><p><em>Girl</em> trata de una bailarina, Lara, que lucha por entrar en una exigente escuela de ballet clásico, luchando con ahínco por encima de un límite físico del que ya le advierten sus profesores de danza: nació con un cuerpo de varón y sus pies y su flexibilidad son los propios de la anatomía masculina. Este límite no es aceptado por la chica, que está en pleno proceso hormonal de cambio de género y espera con impaciencia una cirugía que la libre de su pene, que oculta con esparadrapo para evitar la imagen de un cuerpo masculino que detesta. La película cuenta magníficamente el empeño de la joven por conseguir su sueño de ser bailarina y de ser considerada una mujer, así como el apoyo del equipo de profesionales que le atienden, y el incondicional acompañamiento de su padre. Ni estos ni su familia se cuestionan en ningún momento que la opción quirúrgica sea la adecuada; todos aceptan esta salida como la más apropiada, la que se ajusta al deseo expresado por la chica en transición. Pero Lara tiene prisa por lograr esa operación de cambio de sexo, pues ha puesto en la transformación de sus genitales todas sus expectativas. Finalmente, mediante un procedimiento expeditivo, consigue la deseada cirugía, y en la última escena vemos a una joven radiante que camina empoderada sonriéndole al futuro, con el cuerpo de mujer por el que tanto ha luchado y que tanto ha deseado.</p><p>Un final feliz para Lara, parecen decirnos como conclusión, una excelente película también, pero nunca una visión realista de las dificultades que la transexualidad y la reasignación comportan para muchas personas trans.</p><p>¿Por qué?</p><p>En primer lugar, la reasignación quirúrgica no es la única salida para quienes se sienten mujeres y han nacido con una anatomía masculina, o viceversa. Existe mucha literatura sobre la necesidad de eliminar esta práctica y de  levantar discursos alternativos que abran un espacio auténticamente trans o <em>queer</em>, permitiendo un amplio abanico de identidades no binarias, sin necesidad de someterse a complejas, costosas, y a menudo inciertas, cirugías de reasignación. Más que la transformación de los cuerpos de las personas trans habría que transformar las mentalidades binarias que siguen insistiendo en que la identidad de género tiene que ver con la anatomía, y no con una compleja red de sobredeterminaciones inconscientes tanto familiares como sociales y biográficas. A este respecto hay una amplísima bibliografía que insiste en esta necesidad para aliviar el sufrimiento de quienes no encajan plenamente en los estereotipos de género. <a href="https://www.playgroundmag.net/lit/a-las-personas-trans-nos-han-robado-el-cuerpo-tenemos-que-recuperarlo_31494687.html" target="_blank">Lean a</a> <strong>Miquel Missé</strong>. La película ha quedado en este punto obsoleta. La lucha por la reasignación quirúrgica pertenece a una primera etapa del activismo trans que necesitaba visibilizar la opción transgénero insistiendo en el derecho a la reasignación, pero ha pasado suficiente tiempo sobre esto y la opción a optar por una identidad de género que no necesite mutilar el cuerpo para vivir plenamente gana terreno.</p><p>En segundo lugar, el ambiente en el que se mueve Lara es de una comprensión y de una tolerancia raras en medios culturalmente más cerrados, lo que proporciona una sensación de <em>facilidad </em>en el tránsito, que está lejos de ser real. Si bien Lara muestra explícitamente en la película su temor a ser rechazada en una relación erótica, casi todos los personajes secundarios la comprenden y apoyan en su empeño sin restricciones.</p><p>El padre es un personaje muy poco trazado en sus contradicciones, se diría que la aceptación de su hija trans es casi gozosa, sin fisuras, mostrando apenas la ambigüedad y los temores que pueden generarse en los progenitores en estos casos. Se trata de un padre <em>ideal</em>, del que no se advierten matices. La rapidez con que algunos progenitores se adhieren al deseo de sus hijos e hijas menores de <em>ser chica</em> o <em>ser chico</em>, no puede explicarse sino en el marco de una cultura de la inmediatez y la prisa, donde la incertidumbre no se tolera, como no se tolera  la complejidad y la ambivalencia. Pero esta es otra historia.</p><p>Por último, la idealización que señalamos llega a ser extrema en lo que respecta al cuerpo de Lara. La elección de un actor con un fisonomía andrógina, el espléndido <strong>Victor Polster</strong>, elude los límites que los resultados de la transición pueden tener para la mayoría de las personas trans. Estas conservan en la transición rasgos del sexo anatómico de origen, mientras que en Lara no es así; su androginia es versatilidad, y su aspecto femenino muestra los resultados de la transición como un éxito absoluto. Nada que ver con lo que les sucede a la mayoría de las personas trans, quienes, tras el arduo proceso de hormonación y cirugía, no consiguen ser vistas del todo como mujeres u hombres, al delatarles su voz, la anatomía de su esqueleto, la anchura de sus manos o de su mandíbula.</p><p>De ahí que sea importante aceptar socialmente estas diferencias, estas experiencias biográficas distintas, incluyéndolas en el amplio abanico de la diversidad de formas de vivir el género, sin intentar contrariar los cuerpos acomodándolos a un estrecho lecho de Procusto binario hombre-mujer. _____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Mar 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Girl', ¿es esta la respuesta?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abanico de lecturas nómadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/abanico-lecturas-nomadas_1_1166898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f29595bf-3ec7-453c-abb4-f44f1a1454cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abanico de lecturas nómadas"></p><p>La literatura es plural y nómada, de manera que el lector puede caminar de acá para allá en un itinerario único, como el de un gozoso <em>flâneur</em>. Un ejemplo más de su plasticidad, y de su amplitud de temas y de formas de abordarlos, son estos cuatro libros que hoy, brevemente, reseñamos aquí.</p><p>En su obra, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-diablo-en-el-cuerpo/MES-056059" target="_blank"><em>El diablo en el cuerpo</em></a><em> </em>(Grijalbo, 2015), <strong>Soledad Galán</strong> novela la vida de <strong>Isabel II de Borbón y Borbón</strong>, subrayando su conocido carácter rijoso, su gracia y su ingenuidad. Una reina-niña de 16 años, casada con <strong>Francisco de Asís</strong>, homosexual y pusilánime, rodeada de intrigas palaciegas que apenas entiende, pero atravesada por una pulsión sexual imparable a la que se entrega sin reservas. Además de por su temática histórica, interesante para muchos lectores, su interés recae en su estilo: la prosa de Galán tiene ecos valleinclanianos, es irónica, jugosa y ágil, lo que sorprende en la pluma de una autora joven, que se desenvuelve con  naturalidad entre arcaísmos, giros y palabras en desuso que enriquecen las peripecias de la joven reina y hacen amenísima su lectura. Sus hallazgos y su humor propician la sonrisa. Valga como ejemplo el comienzo mismo, que marca el tono general de la obra y su dinámico fraseo: "Podría haberme matado con una cocción de fósforo. Pero yo no era hembra dada al suicidio. Era una hembra que se daba. A todo y a todos. Así que me di".</p><p>  </p><p><strong>Ovidio Parades</strong>, en <a href="https://tienda.trabe.org/es/novedades/2336-mujer-en-el-bar.html" target="_blank">Mujer en el bar</a> (Trabe, 2018), reúne 21 relatos cuyo tema gira alrededor de las mujeres, tomadas en distintas situaciones vitales, acariciando el detalle de la vida cotidiana y de la supervivencia con esa capacidad para subrayar la ternura, la reparación, la bondad, que el escritor ha demostrado ampliamente en libros anteriores, y que en este, a mi juicio, alcanza cotas muy logradas. Quiero destacar, sin desmerecer a los otros, los relatos titulados: "Resaca", "Bar Nómada", "La mujer silenciosa", "El chico al que nunca besé", "Las líneas de los mapas" y "Mujer en el bar"<em>.</em> Siempre hay una copa de vino tinto para ser saboreada por las protagonistas de estos relatos; una copa que acompaña los momentos de sosiego, de reconciliación con la vida. El cine, como no podía ser menos tratándose del cinéfilo que Parades es, es también una constante, como lo son los bares refugio, las terrazas encuentro, la cotidianidad de las relaciones humanas que el autor despliega con delicadeza y precisión.</p><p>También una nueva colección de relatos es lo que nos ofrece <strong>Carola Aikin</strong> en su tercer libro, <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/las-primaveras-de-veronica/" target="_blank">Las primaveras de Verónica</a> (Páginas de Espuma, 2018). Notablemente original por su forma y su contenido, aquí el denominador común son las emociones de esa joven Verónica, cuya melancolía atraviesa en distinto grado estos 19 relatos donde la infancia, la soledad y el abandono, el derrumbamiento del mundo familiar, el amor por el mar, la muerte, el afecto por las personas y por los objetos que formaron parte de su vida, se entrelazan en una red de situaciones extrañas y familiares a un mismo tiempo, como extraña y familiar nos resulta la protagonista, Verónica, extranjera en todas partes, hasta de sí misma. La mirada siempre original de Carola Aikin sabe dibujar para el lector un mundo mítico, a menudo con tintes oníricos, poblado de seres que transitan por él en forma de presencias, recuerdos o voces. Voces a veces reales, a veces recreadas como fantasmas. Inserto entre los relatos se disemina otro, fragmentado, donde se apunta la guía de lectura de lo que vendrá después: "—Las casas no se pueden cerrar porque enloquecen –me ha dicho—. Así empiezan los líos entre los vivos y los muertos". De líos entre vivos y muertos trata este hermoso libro.</p><p>Pero volvamos a la novela. <a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-funeral-de-lolita/MES-084361" target="_blank"><em>El funeral de Lolita</em></a><em> </em>(Lumen, 2018), es la primera obra en prosa de la poeta <strong>Luna Miguel</strong>. Su protagonista, Helena, una joven periodista especializada en gastronomía, recibe la noticia de que su profesor de literatura, Roberto, ha muerto, y decide asistir al sepelio. Los recuerdos de su relación amorosa y sexual con él, durante su primera adolescencia, se mezclan con los encuentros con sus compañeros de instituto, con la viuda de Roberto y con su ciudad natal. De estilo directo y lectura fácil, escrita en tercera persona, la novela es para mí un excelente ejemplo de la subjetividad posmoderna de los jóvenes <em>milennials</em>, que huyen del dolor recurriendo a actos paliativos, en este caso el vino o la comida. "Y ahora volvería a serlo: nada como un plato de carne fresca en el restaurante más elegante de Alcalá de Henares para olvidarse de Roberto". La orfandad de Helena le ha dejado un poso de desapego que contrasta con los sólidos vínculos de Rocío, su amiga íntima, cuya relación ha descuidado; un personaje que sirve de contrapunto a la inconsistencia íntima, oculta tras la frágil máscara de seguridad y autosuficiencia, de la protagonista. Pero Helena corre hacia delante siempre, y su dolor, apenas intuido, se traduce en malestares corporales, en angustias sin nombre, en sensaciones cuyo origen no puede adivinar, pero que alivia con azúcar, vino y buena mesa. Helena se deshace del pasado sin entrar apenas en él, con ligereza, la misma con la que destruye el manuscrito de su amante, <em>El funeral</em>, en el que el profesor daba cuenta de la relación con su alumna. Lo único que se atasca en su huida hacia delante es ese persistente nudo en el pelo, metáfora de lo inexplicable, ¿quizás del dolor innominado, oculto?, que también decide extirpar. ______________</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista escritora. Su último libro es <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?&opcion=autor&id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cultura de la violación y sus síntomas inadvertidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cultura-violacion-sintomas-inadvertidos_1_1165643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77d115e5-79a4-4017-875e-2124ba314bca_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cultura de la violación y sus síntomas inadvertidos"></p><p>El término cultura de la violación se acuñó durante los setenta para identificar la banalización de la violación en la sociedad norteamericana, su aceptación como algo cotidiano, su constante presencia en la literatura, la pintura o el cine, su uso en situaciones de conflicto como una prerrogativa de los soldados, o la negación y trivialización del daño que causa a la víctima. Esto es, la violación, la expresión extrema de la violencia simbólica a la que el patriarcado somete a las mujeres, ha estado asumida de algún modo en nuestras sociedades como parte de nuestra cultura.</p><p>  </p><p>En su libro, <a href="http://linceediciones.com/es/libro/violacion-nueva-york/" target="_blank">Violación Nueva York</a>, <strong>Jana Leo</strong> cuenta cómo fue violada en su propia casa por un joven a quien posteriormente condenaron a 20 años de cárcel, como lo fue también su casero, cómplice del <em>mobbing</em> al que los inversores inmobiliarios someten a los inquilinos de ciertos edificios neoyorquinos en los que intencionadamente concentran la delincuencia para forzar su marcha, abaratar el precio de los inmuebles, derribarlos y proceder a la construcción de modernos bloques de apartamentos, mucho más caros. La violación como arma de la llamada gentrificación.</p><p>El 94% de las violaciones se cometen en casa de las víctimas o en un radio de unos 75 kilómetros, se nos informa en el libro. Las violaciones las llevan a cabo familiares o conocidos. Los casos que trascienden a los medios pertenecen a menudo a ese escaso 5% que perpetran desconocidos en lugares alejados de la residencia de las mujeres violadas.</p><p>La violación forma parte de nuestro imaginario cultural desde tiempos inmemoriales. La de la casta Lucrecia se reproduce en centenares de cuadros, en obras de teatro, en <strong>Shakespeare</strong>, donde aparece motivada por los celos de Tarquino hacia Colatino, el marido de Lucrecia, que se suicida tras la denuncia de su violación. Esto es, la violación como arma en la competición entre hombres. Zeus violaba a diestro y siniestro, el protagonista de <em>El amor en los tiempos del cólera</em>, Florentino Ariza, viola a su criada regularmente y se acuesta con niñas que resulta que –¡ay, estos hombres narcisistas, qué irresistibles son!– acaban enamoradas de él.</p><p>  </p><p><strong>Pablo Neruda</strong> <a href="https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2018/03/14/farewell_neruda_80617_1023.html" target="_blank">viola a su bella sirviente tamil</a> en <em>Confieso que he vivido</em>, y otro protagonista de <strong>García Márquez</strong>, <em>Memoria de mis putas tristes</em>, se regala en su 90 cumpleaños yacer con una virgen pobre que ha vendido su virginidad para ayudar a su familia, niña de quien abusará dormida. Como dormidas están todas y cada una de las bellas durmientes de <strong>Kawabata</strong>, adolescentes y jóvenes narcotizadas que se ofrecen en un burdel a la lujuria de los ancianos que esperan dormir con ellas y recuperar parte de su vigor y juventud perdidas. Ninguno de estos libros, llevados al cine en algunos casos, fue denunciado abiertamente como lo que son: ejercicios del poder de los hombres sobre las mujeres, poder físico, económico, político. Aunque en México, <strong>Lidia Cacho</strong> sí denunció la versión cinematográfica de las putas tristes de García Márquez; como, en nuestro país, no ha cejado de evidenciar la banalización de la violación en el cine la analista fílmica <strong>Pilar Aguilar Carrasco</strong>. Salvo excepciones, el cine —recuerden el <strong>Almodóvar </strong>de <em>Hable con ella</em>, donde el enfermero interpretado por Javier Cámara abusa de la joven en coma— trata la violación con cierta simpatía. Lean a Aguilar Carrasco. La violación en el lecho conyugal, por otra parte, estaba justificada como “deberes de esposa”, y las mujeres ejercen un esfuerzo constante para deshacerse de esa obligación conyugal que las somete al deseo de la pareja obviando el suyo.</p><p>Por no insistir de nuevo de la recepción de <em>Lolita</em>, en cuya contra de la edición española, y a pesar de las últimas modificaciones de su portada, que ilustra por fin el secuestro de la niña atravesándola con una llave de cuerda, se sigue insistiendo en que se trata de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/compactos/lolita/9788433960177/CM_34" target="_blank">una "extraordinaria novela de amor"</a><em> </em>(sic). La misma que se afirma vive el anciano de García Márquez, que se enamora finalmente de la niña (observemos de nuevo ese narcisismo masculino: ¡y ella de él!), y de las bellas durmientes de Kabawata, capaces de inspirar tiernos afectos en los ancianos. Hablamos de textos, por lo demás, de singular belleza literaria, pero este es otro tema.</p><p>La pregunta sobre las prerrogativas del apetito sexual de los hombres se la hizo acertadamente <strong>André Brink</strong> en su novela, <em>Los derechos del deseo</em>, donde contrapone dos épocas; la esclavista, en la que el poder del señor le otorgaba derechos de vida y muerte, de violar o mutilar a sus esclavas y esclavos; y la contemporánea, donde la confrontación de la masculinidad en crisis de un hombre de más de sesenta años con una joven independiente limita el deseo del primero, que tiene que aprender a modularlo, reprimirlo y/o sublimarlo. En definitiva, hacer lo mismo que hacemos las mujeres con el nuestro.</p><p>Lo interesante de este brevísimo recuento es que hombres y mujeres, lectores de estas obras, apenas supimos identificar lo que aquí se subraya, es decir, que la violación no ha estado nunca suficientemente estigmatizada en nuestra cultura. Solo gracias al esfuerzo constante del feminismo se está levantando un rechazo unánime y creciente contra este crimen patriarcal que arrasa con la integridad del cuerpo de las mujeres, que elimina de un plumazo su deseo o lo inventa en beneficio propio (como el archiconocido caso de La Manada: “ella quería, ella disfrutaba”), cuando no, directamente, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/12/19/la_guardia_civil_trata_esclarecer_las_horas_retencion_laura_luelmo_tras_confesion_bernardo_montoya_90062_1012.html" target="_blank">acaba con nosotras</a>.</p><p>Ni siquiera las mujeres, sujetas como los hombres a un inconsciente profundamente patriarcal, advertimos antes esas humillaciones, esas violaciones reales y simbólicas que formaron parte de nuestra educación estética. He preguntado ampliamente a las lectoras de Neruda, por ejemplo, y ninguna identificó el delito. Nuestra plasticidad antológica nos hace cautivas del pensamiento patriarcal hegemónico, de cuyos tentáculos solo podemos escapar con esfuerzo, incorporando esas famosas gafas violeta que nos permiten analizar lo oculto, lo implícito, lo negado o naturalizado durante milenios.</p><p>Ojo pues con la cultura de la violación que se cuela sin permiso en nuestra interpretación del mundo, en nuestras lecturas, en lo inadvertido que a veces pueden resultarnos gestos y actitudes (de la publicidad, del cine, de la música, de la literatura) que son sus primeros síntomas. Que ya se coló en nuestro inconsciente.</p><p>  ______________</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista escritora. Su último libro es <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?&opcion=autor&id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Dec 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La cultura de la violación y sus síntomas inadvertidos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cultura de la violación]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El modelo Tinder y Mayo del 68]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/modelo-tinder-mayo-68_1_1163255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Decálogo de la auténtica revolucionaria: </p><p>De la famosa revolución sexual de los 60, que <strong>Mayo del 68 francés</strong> expandió por Europa[2], destacaré un imperativo fundamental que afectó profundamente a las mujeres: ser revolucionaria en la España heredera del 68 francés, la España antifranquista que enterró al dictador en el 75, exigía no ser virgen.</p><p><strong>Ser virgen era considerado burgués</strong>, reaccionario, capitalista y convencional, y la nueva ideología reivindicaba romper con todo eso y con la familia y practicar el amor libre, separar la sexualidad de las cadenas del afecto, del deseo de intimidad con el otro, de los celos y de la exclusividad sexual.</p><p>Las jóvenes y los jóvenes de aquellos años nos sumamos a la revolución con entusiasmo, creyendo que así recuperábamos lo que rezaba el título de un famoso libro que leíamos entonces, <em>Nuestros cuerpos, nuestras vidas</em>. Entendíamos que ser revolucionario era entregarse a un furor sexual que solo más adelante pudimos advertir que trataba de exportar y <strong>universalizar el modelo de relación sexual de la masculinidad hegemónica</strong>: sexo libre, genital, sin erotismo, seducción ni compromiso. Unas prácticas sexuales que dejaban aparte el más complicado y sutil deseo femenino, que quedó de nuevo negado.</p><p>Ya en 1997, <strong>Alicia Puleo</strong> señaló lo que hoy es una verdad incuestionable: es cierto que la revolución sexual significó el reconocimiento del derecho al placer de las mujeres, pero el <strong>carácter androcéntrico</strong> de la propuesta, de la nueva “posición de la mujer” que la revolución impuso, volvió a contrariar nuestro deseo. El sensual, en ocasiones <strong>pornográfico modelo femenino</strong> post-revolución sexual fue también, como el puritano “ángel del hogar”, una proyección del deseo masculino sobre nosotras, un deseo que ignora de nuevo lo que queremos las mujeres. Lo dice abiertamente <strong>José María Guelbenzu</strong> en <em>El amor verdadero</em>, donde novela la transición y lamenta aquella mezcla de sinceridad y malicia, como la llama, de los hombres de izquierdas de entonces.</p><p>“Todos nosotros, los <strong>jóvenes contestatarios del franquismo</strong>, sosteníamos el principio de las relaciones libres, lo considerábamos una conquista racional. Nunca fue sino una excusa para convencer a las chicas de que se acostasen con nosotros (pág. 307)”.</p><p>Mayo del 68 francés dejó pues una estela de sexualidad androcéntrica que llega hasta nuestros días, y las jóvenes de hoy siguen <strong>sometiéndose a los imperativos sexuales</strong> del mismo imaginario patriarcal de entonces, aceptando la tiranía de aplicaciones como Tinder, y autoimponiéndose un sexo “sin compromiso” ni afecto que niega las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar las relaciones erótico-amorosas. Como señalan Cordelia Fine y Mark A. Elgar[3], el escarceo sexual actual culmina en el varón casi siempre en el orgasmo, mientras que en la mujer el placer sexual resulta menos probable y, a causa del doble rasero que impera aún en nuestra sociedad, estas tienen más probabilidades de que su imagen se resienta, además de correr mayor riesgo físico, comenzando por un embarazo y acabando con la agresión sexual. Todo ello según un amplio estudio sobre las estudiantes estadounidenses.</p><p>Mayo francés reconoció el <strong>derecho al placer de las mujeres</strong>, placer que ahora no está ni siquiera garantizado, pero confundió nuestro deseo –mayormente amoroso, necesitado de la intimidad del encuentro y del afecto para despertarse y satisfacerse–, con un deseo masculino más <strong>urgente y genital</strong>, desvinculado tradicionalmente del afecto y del vínculo.</p><p>Quiero insistir, sin embargo, en que ambas expresiones del deseo son <strong>construcciones patriarcales</strong> que espero que se modifiquen poco a poco; no en base a esta parodia de igualdad sexual que aquí denuncio, que condena a las mujeres a prescindir de sus necesidades erótico-afectivas, sino en una sociedad igualitaria donde sean estas <strong>necesidades de comunicación</strong>, cuidado e intimidad, las que contaminen y modifiquen las de los hombres, quienes, necesitándolas tanto como nosotras, las niegan a causa de su <strong>castradora educación</strong> sentimental.</p><p>Sin embargo, queda una cuestión inquietante por resolver: si todo esto es así, ¿por qué las jóvenes liberadas de hoy en día se someten a unas relaciones sexuales que satisfacen ese deseo masculino y no el suyo propio?, ¿por qué no ponen sobre la mesa (sobre la cama) sus <strong>propias condiciones</strong> como ya hiciera Marcela en el Quijote, rechazando el ancestral derecho del deseo de los hombres a ser correspondido:</p><p>“Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama”.</p><p>La respuesta tiene que ver de nuevo con Mayo del 68. Como entonces, las mujeres, debido a la plasticidad que caracteriza nuestra socialización, una <strong>plasticidad que facilita la adaptación al deseo del otro</strong>, vuelven a adaptarse a la ideología sexual dominante para ser “modernas”, “nada puritanas”, para no molestar a los hombres que desean y para ser deseadas por ellos. Y para conseguirlo vuelven a contrariar su deseo tal y como hicieron sus madres al someterse a los imperativos de la famosa liberación sexual.</p><p>Para las mujeres, con el ejercicio de la autocontención[4], se trata de proyectar una autoimagen que no rompa la regla implícita de no sentir más de la cuenta y antes de tiempo apego y/o afecto hacia su pareja sexual, evitando así que la otra persona –el hombre, con la <em><strong>fobia afectiva</strong></em> que lo define como tal en la masculinidad hegemónica- se asuste y la abandone. <strong>La mujer se hace la fuerte adaptándose a las aspiraciones masculinas.</strong> Una contención emocional que sirve para ajustarse a los ritmos del otro, pero que es una auto-coacción a la hora de expresar el conflicto, que implica la negación de sus necesidades y la imposibilidad de mostrar la tristeza o el enfado que aparecen al contrariar sus propias expectativas, que quedan así insatisfechas.</p><p>¿Les suena? Sí, la misma “disciplina emocional” de entonces, aunque de signo contrario, transmitida de una generación a otra. Pues la marca patriarcal impresa en nuestro cuerpo, la más poderosa, tiene que ver con esta <strong>necesidad de ser amadas</strong> que está en el origen de la <strong>sumisión</strong> y que, antes del 68, obligaba a las mujeres a someterse al ideal del puritano “ángel del hogar”; después del 68 al de ser jóvenes <strong>promiscuas y liberadas</strong> y, ahora, activas consumidoras de encuentros sexuales cuasi-pornográficos que <strong>apenas las satisfacen</strong>.</p><p>Las jóvenes actuales deberían considerar que la <strong>auténtica revolución sexual</strong> solo llegará cuando establezcan un diálogo consigo mismas que les permita afirmarse en las condiciones que consideran adecuadas para el encuentro sexual y las capacite para poder decir “NO” cuando estas condiciones no se cumplan. Esta es la revolución pendiente.    <span id="ftn1"></span>[1] <em>La primera vez que no te quiero</em>, Lola López Mondéjar, Siruela, 2014.</p><p><span id="ftn2"></span>[2] Quiero advertir que me ciño aquí a las relaciones heterosexuales por motivos de espacio, dejando fuera las relaciones homoeróticas o poliamorosas, que requerirían consideraciones propias.</p><p><span id="ftn3"></span>[3] Fine, Cordelia, Elgar, Mark A. <em>Hombres promiscuos, mujeres castas y otros mitos</em>. Revista Investigación y ciencia, nº 494, noviembre 2017.</p><p><span id="ftn4"></span>[4] Castrillo Bustamante, María Concepción<em>, La incertidumbre amorosa contemporánea. Estrategias de los jóvenes,</em> Política y Sociedad, vol. 53, Núm. 2, (2016): 443-462. <a href="https://revistas.ucm.es/index.php/POSO/article/viewFile/49369/48920" target="_blank">https://revistas.ucm.es/index.php/POSO/article/viewFile/49369/48920</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Oct 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
      <media:title><![CDATA[El modelo Tinder y Mayo del 68]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Anton Chéjov y el cartero sabio de Granada: un final feliz para Vanka]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anton-chejov-cartero-sabio-granada-final-feliz-vanka_1_1150933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8108f6e7-8d23-42b7-8b6d-7351b38d3581_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anton Chéjov y el cartero sabio de Granada: un final feliz para Vanka"></p><p>En 1886, <strong>Anton Chéjov</strong> escribió uno de los cuentos más tristes del mundo: <em>Vanka,</em> la historia de un pobre huérfano de nueve años que, cansado de recibir palos y de pasar hambre y frío en la casa del zapatero donde vive como aprendiz, la noche de la misa del Gallo le escribe una carta a su abuelo para contarle sus desdichas y pedirle que lo rescate de la vida que lleva. Peor que la de un perro, le confiesa el niño. Todo el arte del gran cuentista ruso se condensa en unas pocas páginas donde sentimos el frío y el desamparo del pequeño Vanka, su esperanza puesta en la  misiva, y el tristísimo final, que solo el lector advierte, cuando leemos la dirección que añade cuando la ha concluido:</p><p>  </p><p>A continuación, Chéjov concluye:</p><p>  </p><p>Así de ilusionado se muestra el pequeño. Pero nosotros sabemos que ese sueño nunca se realizará, que Vanka continuará pasando hambre y frío, y que sus esperanzas serán vanas porque la carta nunca llegará a su destino con semejante dirección.</p><p>Más de cien años después la vida ha dado una vuelta de tuerca al emotivo y tristísimo relato de Anton Chéjov.</p><p>En noviembre de 2016, <strong>Águeda</strong>, una anciana de 91 años que vive en Úbeda, también escribió una carta que echó al buzón en Granada. Como el pequeño protagonista de Chéjov, tampoco conocía la dirección exacta del destinatario, de manera que en el sobre la anciana solo escribió:</p><p>  </p><p>La misiva podría no haber llegado nunca a su destino, y que el documento donde la anciana nonagenaria expresaba la voluntad de incluir a Médicos Sin Fronteras (MSF) en su testamento se hubiese perdido entre otros cientos de cartas que jamás son recibidas por sus destinatarios, o lo hacen muchos años después; pero no fue así.</p><p>Las cartas que echamos en el buzón, me informan en Correos, son clasificadas en el Centro de Tratamiento de Correos, CTA, por unas máquinas que leen la dirección del remitente. En caso de que no consigan hacerlo, como hubo de suceder con la de Águeda, son los agentes clasificadores quienes leen personalmente esas <em>direcciones</em> en una sección que, de forma coloquial, llaman El cartero sabio. <strong>Mari Carmen</strong>, del CTA de Granada, adonde llegó la carta de Águeda, me informa de que los agentes intentan siempre, y por todos los medios, encontrar el destinatario de la carta. A veces, me dice, la dirección omitida es muy conocida, "Sr. Presidente del Gobierno", por ejemplo, sin más, y El cartero sabio la envía a la Moncloa; pero otras es más complicado hacerlo. Los agentes clasificadores buscan los datos del remitente para devolverla en caso de no aclararse con los del destinatario, y solo aquellas en las que ninguno de los dos pueden ser localizados serán las que pasen al archivo de cartas de Correos, extraviadas como el lector supone que quedó para siempre la carta de Vanka.</p><p>Pero Doña Águeda tuvo suerte: un anónimo cartero sabio de Granada se sintió interpelado por el favor que le pedía ("por favor Sr. Cartero, ayúdeme…") y le prestó su ayuda. Buscó la  sede de la ONG y escribió debajo de esa parca dirección chejoviana la dirección correcta:</p><p>  </p><p>Y, aunque la dirección exacta es Cavanilles, 33,  la carta llegó a su destino.</p><p>No sé a ustedes, pero a mí esta historia me ha hecho llorar como siempre me hace llorar la historia de Vanka. Y no he querido dejarla pasar por alto, he querido contársela aquí.</p><p>El agente clasificador de Granada dejó su caligrafía en un sobre cuyo importante contenido desconocía, y junto a ella dejó impreso algo más: un canto a la esperanza en el ser humano, en nuestra capacidad natural de empatía, de ponernos en el lugar del otro, en nuestra solidaridad… y en el celo de los empleados de Correos.</p><p>No sabemos nada de la anciana Águeda, quizás se encontraba tan sola como nuestro pequeño Vanka ("No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti…") cuando escribió su testamento; pero sabemos que es posible mantener un resquicio de esperanza, sabemos que <em>Vanka</em>, el precioso y tristísimo relato de Chéjov, podría dejar de ser uno de los cuentos más tristes del mundo, y que el feliz sueño de ese niño que tanto nos conmueve quizás podría hacerse realidad…. si todos actuásemos un poco en nuestras vidas como el anónimo cartero sabio de Granada.</p><p><em>El 5,6% de los fondos que recibe MSF en España procede de herencias y legados, si deseas información, dirígete a: herencias@msf.org o 900 494 275. </em></p><p><em>*Lola López Mondéjar es escritora. Su último libro, </em><strong>Lola López Mondéjar</strong><a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016). </em>    <span id="ftn1"></span>1. La editorial Páginas de Espuma ha publicado los <em>Cuentos completos</em> de Anton Chéjov <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/cuentos-completos-iv-anton-chejov/" target="_blank">en cuatro volúmenes</a>.</p><p><span id="ftn2"></span>2. Hemos recogido el texto de la cita de Ciudadseva. El cuento completo pueden leerlo <a href="http://ciudadseva.com/texto/vanka/" target="_blank">aquí</a>. </p><p><span id="ftn3"></span>3. MSF ha hecho pública la historia en su <a href="http://msf.papelaweb.com/msf/msf_111/" target="_blank">revista MSF, número 111</a>, noviembre de 2017, página 18. La foto de la carta pertenece también a esa publicación.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 97]]></media:keywords>
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