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    <title><![CDATA[infoLibre - Fernando Valls]]></title>
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      <title><![CDATA[Javier Cercas: España, 'El País' y yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/javier-cercas-espana-pais_1_2225481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/05e34c31-1597-4b95-b2c8-62bb4fbd46f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022281.jpg" width="550" height="309" alt="Javier Cercas: España, El País y yo"></p><p><strong>Penguin Random House, Barcelona, 2026.</strong></p><p>No he podido evitar leer este libro pensando en mi propia experiencia como observador de la realidad social, cultural, y como lector. A pesar de que <strong>Cercas </strong>es más joven que yo, contrastando mis vivencias con las suyas, me he dado cuenta de que algunas impresiones y recuerdos a veces coinciden y que, en otras ocasiones, difieren, como no podía ser de otro modo. </p><p>El caso es que ambos llegamos a Cataluña en las postrimerías del franquismo, procedentes de Extremadura y Andalucía, respectivamente: él se instaló en Gerona con su familia, y yo en Sant Cugat, como estudiante de Periodismo y Filología Española. Cursamos la misma licenciatura, Filosofía y Letras, en la misma universidad, con idénticos profesores (<strong>Francisco Rico, Alberto Blecua, Sergio Beser o José-Carlos Mainer, </strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carme-riera-lenguas-no-compiten-absurdo-son-politicos-organizan-tinglados_1_2092758.html"  ><strong>Carme Riera</strong></a><strong>, Enric Sullà, Manuel Aznar...</strong>), compartiendo, una vez licenciados, amigos, actividades diversas (cenas, conversaciones interminables sobre esto y aquello, algunas copas de más...) y diría que una pasión semejante por la literatura. Después, tras volver de los Estados Unidos, acabó dejando la universidad de Gerona, donde era profesor, y se decantó por la creación literaria, en la que ha demostrado un gran talento que le ha proporcionado una trayectoria brillante, muy reconocida, tanto en España como en el extranjero, donde su obra ha sido traducida y premiada. </p><p>Por mi parte, yo me dediqué a la enseñanza, al estudio de la historia literaria y a la crítica de actualidad, con más o menos fortuna. El caso es que cuando murió Franco, empezó la Transición y se fundó <em>El País</em>, Cercas era un joven inquieto, mientras que yo andaba por la mitad de la licenciatura. He leído, creo, toda la obra de Javier Cercas, numerosas entrevistas, así como diversos estudios académicos y críticas de actualidad. En alguna ocasión, he señalado que prefiero sus crónicas, artículos y relatos más ensayísticos que sus ficciones, aunque sin desdeñar por ello estas, ni mucho menos. </p><p>Pero centrémonos en el libro que ahora nos ocupa. Siendo su título y subtítulo suficientemente claros, diría que el volumen nos da más de lo que anuncia, pues no solo nos proporciona una historia sucinta de <em>El País</em>, sino que traza la historia de su vinculación con el diario y de lo que este ha podido significar, con sus correspondientes cambios, a lo largo de estos últimos 50 años, tanto para los lectores como para él mismo. </p><p>Para quien quiera entender al Cercas escritor, al narrador y al colaborador de prensa, este libro resulta clarificador. Insiste, con razón, en que no ha sido, ni es, periodista: en el octavo capítulo lo repite hasta en ocho ocasiones. Pero también nos recuerda que antes de escribir en <em>El País</em>, había colaborado en el <em>Diari de Barcelona</em> y en <em>El Observador</em>. Aun aceptando semejante precisión, debe decirse, valga la obviedad, que escribir artículos también es una forma de hacer periodismo. Cercas reflexiona sobre la relación entre sus artículos y sus novelas, así como sobre las semejanzas y diferencias entre el columnismo y la literatura. Se ha convertido en un lugar común, se afirma con excesiva alegría, que el periodismo es también literatura. Quienes lo dicen deben de frecuentar bien poco los periódicos, tener la manga muy ancha o no ser capaces de apreciar lo que es la literatura, la buena literatura. Que lo que publica un periódico pueda tener las hechuras de lo literario es indudable (<a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/manuel-vicent-ensena-vivir-manana-sere-feliz-retrata-enigmas-condicion-humana_1_2180576.html"  ><strong>Manuel Vicent</strong></a><strong>, Juan José Millás, Carlos Boyero </strong>o <strong>Leila Guerriero</strong> serían buenos ejemplos de ello, en el mismo diario en que escribe Cercas), pero de ahí a afirmar que todo lo sea, hay un abismo. Ha habido autores de artículos, cuya literatura está en su narrativa de ficción o en su poesía, pero cuyas columnas son meras opiniones, prosa funcional sin voluntad de estilo alguna. No se trata de minusvalorarlos, sino de recordar que supone otra modalidad de la escritura, con objetivos distintos. En fin, esto resulta tan obvio que da un poco de vergüenza tener que recordarlo.</p><p>El libro de Cercas se compone de 15 breves capítulos y una sucinta “Nota personal del autor”, donde cita sus fuentes, entre las que echo de menos el libro de <strong>Mercedes Cabrera</strong> sobre <strong>Jesús de Polanco,</strong> o el que coordinó sobre <strong>José Ortega Spottorno</strong>, así como el volumen de <strong>Maruja Torres</strong>, muy crítico con <strong>Moreno</strong>, el director que la echó del diario. En la cubierta, aparece una célebre foto de <strong>César Lucas</strong>, que puede valer como metáfora de las nuevas ilusiones que trajo consigo la Transición, período —en mi opinión— mal entendido y peor valorado por una parte de la izquierda española. La cita inicial de <strong>Flaubert</strong>, de una de sus cartas a <strong>Louise Colet</strong>, escrita en 1852, nos alerta sobre los peligros que conlleva vivir en una torre de marfil.</p><p>El libro arranca con una inocentada y una premonición de <strong>Sofía</strong>, hermana del autor, motivo que reaparece al final. Cercas nos recuerda, en síntesis, la historia del periódico, cuyo primer número se publicó el 4 de mayo de 1976, por lo que acaba de cumplir 50 años. Esas celebraciones deben de estar en el origen del libro. Insiste en su importancia a lo largo de estas décadas, mientras se hace las mismas preguntas que otros nos hemos hecho, sobre si ha mantenido su valor e independencia; en mi opinión, ha venido diluyéndose con los años, por no hablar de ceses por edadismo o de la asunción de cuotas de género entre los colaboradores, cuya presencia, en demasiados casos, resulta difícil de justificar, como ocurrió en los casos de las despedidas de <strong>Julio Llamazares</strong> o <strong>Manuel Rivas</strong>. Se pregunta Cercas también por el apoyo al gobierno de<strong> Pedro Sánchez</strong>, y concluye con un <em>sí pero no...</em> Con todas las excepciones que se quieran (Cercas sería una de ellas; <strong>Javier Marías</strong>, otra…), percibimos una defensa acrítica del diario (“<em>El País</em> actual es superior al de entonces, que los periodistas escriben mejor y que están mejor informados”, p. 96), y lo dice alguien que no ha dejado de leerlo desde su fundación, que es suscriptor, y que ha sido colaborador tanto de la edición catalana como de la nacional. </p><p>Me alegra, por otra parte, que el primer nombre que cita Cercas sea el de <strong>Fernando Savater</strong>, que reaparece en otras ocasiones, como una de las estrellas del periódico, hasta que lo echaron... Pero me pregunto: ¿un periódico entre liberal y socialdemócrata, que se dice independiente, acaso no podía soportar los artículos de Savater, opinara lo que opinara? ¿Había que prescindir de Julio Llamazares y de Manuel Rivas, entre otros, para contratar a articulistas más jóvenes, de distinto sexo (la necesidad de contratar a “chicas jóvenes”, es la expresión que usaron para justificar el cese), aunque en algún caso sus artículos dejaran mucho que desear? En otros, en cambio, las incorporaciones han sido un acierto: <strong>Ana Iris Simón, Najat El Hachmi, Carmen Domingo </strong>o <strong>Daniel Gascón</strong>, por solo citar unos pocos nombres de articulistas, chicos y chicas, jóvenes y maduritos, que se salen de la fila. A los que podríamos sumar los nombres de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/juan-gabriel-vasquez-dificl-juzgar-realidad-separar-mentira_1_2157299.html"  >Juan Gabriel Vásquez</a> y <strong>Leonardo Padura</strong>.</p><p>Recuerda Cercas que los jóvenes periodistas de <em>El País</em> acabaron imponiéndose a sus propietarios, para lo que contaron, añadiría yo, con la complicidad de los lectores. Esta batalla terminó con la aprobación del Estatuto de la Redacción en 1983. En suma, <em>El País</em> fue el periódico más importante del posfranquismo, de la Transición, y lo ha seguido siendo, aunque ahora compartiendo su importancia con otros diarios, que debe leer quien quiera enterarse bien de cómo anda el país y el mundo. Valgan como ejemplo los corresponsales de <em>La Vanguardia</em>. Que <em>El País</em> y el PSOE, al principio, siguieran trayectorias paralelas y a menudo confluyentes pudo ser bueno para la incipiente democracia española, pero con el paso del tiempo creo que ha dejado de serlo.</p><p>Cercas se detiene en analizar el papel que desempeñó el diario en fechas importantes, como el 23 de febrero de 1981, con el intento de golpe de estado encabezado por <strong>Tejero</strong>, aunque no estoy de acuerdo cuando denuncia “la casi nula reacción de la ciudadanía contra el golpe” (p. 39), pues mucha gente salió a la calle en todas las ciudades de España, en defensa de la democracia. Quizá la consecuencia de todo ello, en los años que siguieron, fuera la revalorización de la figura de <strong>Suárez </strong>(denostada por todos, diría que sin excepción, los que nos considerábamos de izquierdas), a lo que creo que contribuyó no poco <em>Anatomía de un instante</em> (2009), obra que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa.</p><p>A lo largo del libro, el autor se hace preguntas que a los lectores les resultarán interesantes, como, por ejemplo, hasta qué punto ha influido el diario en él y en su generación. Por mi parte, diría que mucho, aunque creo que, con el paso de los años, esa influencia ha ido mermando. E incluso se plantea, en el momento que lo contratan como columnista, cómo se escribe una columna. <strong>Martínez Roig</strong> le comenta, ante sus lógicas dudas, que “una columna trata sobre lo que te apetece y se escribe como te apetece” (p. 86). Sí, pero para que interese a los lectores tiene que estar escrita con talento, capacidad de síntesis y ciertas dosis de valentía y verdad. En el capítulo 9 nos cuenta por qué escribe columnas, e incluso confiesa que muchas de ellas las piensa durante sus carreras matinales (p. 89). También nos habla del papel que desempeña la ironía, cómo la concibe.  </p><p>De <em>El País</em>, a lo largo de los años, me ha interesado, sobre todo, el trabajo de sus periodistas y colaboradores (me gustaban más <strong>F. Ayala, Haro Tecglen, Juan Benet, Sánchez Ferlosio, Savater, Vargas Llosa, Javier Marías, Muñoz Molina</strong> y <strong>Julio Llamazares,</strong> que <strong>Umbral </strong>o algunos de los articulistas actuales que cubren cuotas, para cumplir con lo políticamente correcto, o son meros voceros del gobierno actual), así como sus páginas de cultura y el suplemento cultural, aunque han ido perdiendo fuelle e interés con el paso del tiempo. Por su parte, <strong>Javier Pradera,</strong> siendo muy importante, permaneció en la sombra. Recuerda Cercas el apoyo de <strong>Ceberio </strong>al columnismo, desde 1993; y con cariño, que comparto, el papel que desempeñó <strong>Agustí Fancelli</strong>, que murió en el 2013, en la edición catalana del diario. Reconoce que sus <em>Relatos orales</em> (1999) fueron un antecedente de <em>Soldados de Salamina </em>(2001), así como la importancia del comentario que le dedicó <strong>Vargas Llosa</strong> a <em>Soldados de Salamina</em>,<em> </em>que tanto contribuyó a su éxito<em> </em>(p. 57); pero no creo que la consagración de <em>Patria</em>, la novela de <strong>Fernando Aramburu</strong>, se deba a <em>El País</em> (p. 62), aunque la reseña de <strong>Mainer </strong>y el artículo de Vargas Llosa debieron suponer un buen empujón, sino, más bien, al boca a boca de los lectores, al Premio de la Crítica y al Nacional de Narrativa, y, sobre todo, a la capacidad del autor para contarnos una tragedia contemporánea, el sufrimiento de las víctimas, la conducta abyecta de los agresores, en términos literariamente lúcidos y verosímiles.</p><p>Que el capítulo 13 sea un elogio del debate, del intercambio de ideas diferentes; o que se confiese partidario del socialismo democrático es algo que sabíamos quienes lo hemos leído. Que sus ídolos sean <strong>Kafka </strong>y <strong>Borges</strong>, y sus maestros <strong>Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar</strong> y <strong>Cabrera Infant</strong>e, suena de lo más atinado y lógico, aunque me sorprende que —siguiendo el mal ejemplo de <strong>Vila-Matas</strong>— no figure entre ellos ningún escritor español. </p><p>Estemos de acuerdo o no con él, y a menudo comparto sus impresiones, Cercas tiene el don de la amenidad, así como la capacidad de analizar los hechos con lucidez e independencia de criterio; algo infrecuente en un país en que el periodismo cada vez se muestra más sectario, aunque como él mismo reconoce, a propósito del diario, la independencia total no existe, aun cuando haya que luchar, empeñarse, tender a ella como sea.  </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jul 2026 04:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Luis Goytisolo: casi 70 años de literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/luis-goytisolo-70-anos-literatura_1_2225681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ddf5b449-ac3c-44b4-b33c-953356da0f78_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luis Goytisolo: casi 70 años de literatura"></p><p><strong>Luis Goytisolo</strong> ha muerto con 91 años y su <em><strong>Antagonía</strong></em>, compuesta por cuatro novelas que son una —<em>Recuento</em> (1973), creo que la gran novela sobre <strong>Barcelona</strong>, <em>Los verdes de mayo hasta el mar</em> (1976), <em>La cólera de Aquiles</em> (1979) y <em>Teoría del conocimiento</em> (1981)— forma ya parte de la historia de la mejor narrativa de nuestro país. Se trata de uno de los empeños más ambiciosos y logrados de la novela española en la segunda mitad del siglo XX. Véase la edición de <strong>Carlos Javier García </strong>en Cátedra, con epílogo de<strong> Gonzalo Sobejano</strong>, uno de sus mejores valedores. No es, sin embargo, su única obra de mérito, pues habría que tener en cuenta también <em>Las afueras </em>(1958), primer Premio Biblioteca Breve, de Seix Barral, aunque más que una novela, como hemos venido diciendo, se trate de un <em>ciclo de cuentos</em>; las <em>Fábulas</em> (1981), que entendía como hilos sueltos que salen de su tetralogía, y <em>Estatua con palomas</em> (1992), con la que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa. Del conjunto de sus ensayos se desprende una concepción personal de la novela (véase su <em>Naturaleza de la novela</em>, 2013, Premio Anagrama de ensayo), aunque no siempre atinada, pues se empeñó —como <strong>Eduardo Mendoza</strong>— en la desaparición del género, tal y como lo entendíamos;  algo que, varias décadas después, no ha ocurrido. Buena prueba de ello es que se declaró admirador de las últimas novelas de <strong>Rafael Chirbes</strong>, una admiración que era recíproca. </p><p>La muerte aparece en varias de sus obras, empezando por <em>Las afueras</em>, y como un tema de fondo en <em>Estela del fuego que se aleja</em> (1984). Pero sus primeras obras, publicadas en la revista del colegio de los salesianos, donde estudió el bachillerato, fueron las necrológicas de <strong>Chesterton </strong>y <strong>Pedro Salinas</strong>. Luis Goytisolo, dada su precocidad, formó parte de la denominada <em>generación del 50</em> y de la <em>gauche divine</em>, aunque siempre de manera heterodoxa, periférica. Sí compartió con ellas la ambición literaria, la exigencia y el gusto por un cierto experimentalismo; pero también la complicidad con pintores, escultores y arquitectos, como <strong>Joan Ponç </strong>(suya es la cubierta de la edición de <em>Las afueras</em> de 1971, en Seix Barral; y con él compuso <em>Ojos, círculos, búhos</em>, 1970, y <em>Devoraciones</em>, 1976), <strong>Ricardo Bofill </strong>y <strong>Xavier Corberó</strong>. Se trata, no en vano, del último eslabón de un grupo de grandes escritores en el terreno de la poesía y de la prosa narrativa. </p><p>Cuando más lo traté, Luis vivía en la calle Balmes, de Barcelona, junto a <strong>María Antonia</strong>, su primera mujer, y sus dos hijos, <strong>Fermín </strong>y <strong>Gonzalo</strong>. Este último, buen pintor, excelente retratista (véanse sus cuadros sobre <strong>Carmen Balcells, Pere Gimferrer</strong> o <strong>Juan Marsé</strong>, aunque este nunca se llevó bien con Luis, y el que retrata a su tío <strong>Juan</strong>; estos dos últimos están colgados en la Biblioteca Nacional, en la Galería de Premios Cervantes), se ha convertido en el último eslabón de una extirpe. Después, ya viudo, Luis se trasladó a Madrid, con su nueva pareja, la periodista<strong> Elvira Huelbes</strong> y, finalmente, al campo, en el Molí del Salt, la finca que tenían en Vimbodí, cerca de Poblet, en la provincia de Tarragona. </p><p>Fueron también los años de mayor actividad de la Fundación Luis Goytisolo, en El Puerto de Santa María, ciudad a la que estaba vinculada la familia de su primera mujer, donde se creó una Fundación que lleva su nombre, de la que fui fundador y patrono durante muchos años, aunque hace tiempo que permanece inactiva. Los congresos que organizamos allí durante una década fueron, si me permiten que lo diga de esta manera, un éxito por su acogida y recepción, pues no solo participaron en ellos algunos de los mejores escritores del momento (<strong>Francisco Ayala, Alain Robbe-Grillet, Guillermo Cabrera Infante, Ana María Matute, Esther Tusquets, Carlos Castilla del Pino, José Manuel Caballero Bonald, Almudena Grandes, </strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/rosa-montero-le-llenan-boca-palabra-libertad-son-libertades-quieren-quitar_1_1928373.html"  ><strong>Rosa Montero</strong></a><strong>...</strong>); filólogos, como <strong>Fernando Lázaro Carreter</strong>; y críticos de la época; sino que también tuvieron una importante acogida por parte del público. </p><p>Luis Goytisolo había nacido en Barcelona, se declaraba <em>barcelonés</em>, en una familia burguesa, venida a menos tras la guerra. La muerte de <strong>Julia Gay</strong>, la madre, en uno de los bombardeos italianos sobre Barcelona, precipitó el decaimiento del padre. Sus hermanos, también escritores notables, <strong>José Agustín</strong> y <strong>Juan</strong>, han contado estos avatares en su literatura. Hicieron obras muy distintas y se mantuvieron distantes, sobre todo de José Agustín, pero Juan y Luis acabaron reconciliándose. El prestigio internacional de Juan fue como un tapón que impedía que la obra de Luis tuviera un mayor reconocimiento, tanto dentro como fuera de España; o, al menos, eso creía su hermano. <strong>Miguel Dalmau</strong> les dedicó un estudio biográfico, <em>Los Goytisolo</em> (1999), no del todo satisfactorio, que debería poner al día. </p><p>Gran parte de su actividad política la desarrolló durante su juventud, entró en el PSUC en 1957, creando la primera célula comunista en la Universidad de Barcelona, donde estudió Derecho. En 1961 fue detenido tras asistir como invitado a un congreso del PC checo en Praga. Su encarcelamiento en Carabanchel, donde planificó y empezó a escribir <em>Antagonía</em>, produjo un movimiento de solidaridad internacional al que también se sumaron los escritores españoles del exilio republicano, encabezados por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/50-anos-muerte-max-aub-laberinto-guerra-civil_1_1285278.html"  >Max Aub</a>. Pero como él mismo ha recordado, su paso por el partido fue breve, porque los jóvenes universitarios como él eran, sobre todo, antifranquistas. Con posterioridad, durante la Transición, se sintió cercano al PSOE, dirigió la revista <em>Letra Internacional</em> y obtuvo el Premio de la Fundación Pablo Iglesias. En todo ello debió de tener algún papel su viejo amigo Salvador Clotas. Pero siempre se mostró muy crítico con el nacionalismo catalán, con el <em>procès</em>, lo que quizá lo llevó a alejarse de Barcelona, para refugiarse finalmente en el campo de Tarragona.     </p><p>A Luis siempre lo tentó lo experimental, ya desde su primer libro, sobre todo en obras como sus heterodoxas fábulas; pero también el trastueque de géneros, la autoficción, cuando todavía no era una moda complaciente y narcisista; la importancia del azar y el humor cervantino, lo metaliterario y el erotismo, cuyo uso resultó más atinado en sus novelas de la Transición que en las posteriores, como <em>Placer licuante</em> (1999), menos lograda, un intento creo que fallido de llegar a un público mayoritario. También cultivó el artículo de opinión en diarios como <em>El País</em>.</p><p>Fue compañero de colegio de <strong>Jorge Herralde</strong>, quien siempre apoyó su obra, y no por casualidad formó parte de los jurados de los premios que concedía la editorial. Gozó siempre del amparo de <strong>Carmen Balcells</strong>, y fue uno de los primeros representados por la agente, hasta que la relación se enfrió por un comentario poco afortunado de la agente sobre un miembro de su familia que no le hizo ninguna gracia al escritor. La pitonisa de la agente, a quien visitó por recomendación de ésta, pues le tenía mucha fe, le pronosticó que ganaría el Premio Nobel, y estuvo cerca de que ocurriera cuando su nombre apareció entre los finalistas en alguna ocasión. </p><p>Quizá la parte de su obra menos conocida y valorada sea la de viajero y —digamos— documentalista, a pesar de que los programas que hizo por encargo de televisión española, <em>Índico</em> (1991) o <em>Mediterráneo, el origen</em> (2000), tuvieron éxito, e incluso alguno de los guiones fue publicado como libro. Luis había recorrido gran parte del mundo, por lo que una vez le pregunté qué país le había impresionado más, y me contestó que Sri Lanka, la antigua Ceilán.</p><p>En 1993 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, apoyado, sobre todo, por <strong>Francisco Ayala</strong> y <strong>Lázaro Carreter</strong>, de la que fue un miembro activo, llegando a ser secretario de la institución. Gozó siempre del favor de la crítica, que se mostró benévola con sus postreros libros, menos logrados, y de un público exigente, aunque minoritario. Si tuviéramos que definir su programa literario, repetiría el consejo que le dio a un escritor novel: rehúya los modelos existentes y busque su propia voz. Luis ha confesado que con <em>Antagonía </em>encontró su propia voz.   </p><p>Luis Goytisolo ha sido para mí un amigo al que he apreciado mucho y un escritor admirado. Ganó el Premio de la Crítica con <em>Estela del fuego que se aleja </em>(1984); en esta ocasión, creo que no atinaron los críticos; y en el 2013, el Premio Nacional de las Letras Españolas, por el conjunto de su obra. Siempre me ha parecido una grave injusticia, y un desprestigio para el premio, que no ganara el Cervantes, pero seguiremos leyendo <em>Antagonía</em> cuando la obra de algunos Cervantes haya caído en el olvido. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 13:16:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Entre lo mágico y lo real: Ángel Crespo desde Italia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/magico-real-angel-crespo-italia_1_2217805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/614e08c8-0860-416a-84e8-296bc8dfd056_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre lo mágico y lo real: Ángel Crespo desde Italia"></p><p><strong>Olifante, Zaragoza, 2026. Edición de Laura Dolfi. Colofón de Luis Gracia Gaspar.</strong></p><p>La historia de esta selección de poemas y poemas en prosa –hecha a petición de Macrí— empezó a gestarse en 1983, por lo que ha tardado más de cuarenta años en ver la luz. Se enmarca en las relaciones que mantuvo Ángel Crespo con Italia y, más en concreto, con <strong>Oreste Macrí</strong>, catedrático de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Florencia, y uno de los grandes hispanistas italianos de la segunda mitad del siglo XX, con quien mantenía un fructífero diálogo desde 1966. En diversas ocasiones, Crespo le muestra a Macrí su afecto personal y su admiración intelectual, pues, por primera vez —le confiesa— se siente comprendido como poeta. La edición la ha cuidado <strong>Laura Dolfi</strong>, discípula de Macrí y catedrática de Literatura Española en Parma, profunda conocedora de la obra de ambos. En suma, la persona ideal para ocuparse de esta edición. </p><p>Su trabajo ha consistido en rescatar una selección de poemas que provienen de libros publicados entre 1971 y 1982, que en su origen estaban destinados a formar parte, al menos un conjunto de ellos, de una antología que preparaba Macrí, sobre la <em>Poesia spagnola del Novecento</em>, que Garzanti publicaría en Milán en 1985 (se trataba de la cuarta edición revisada y ampliada, tras las de 1952, 1961 y 1974), y en contextualizarla como es debido en el prólogo, las notas al texto y en un apéndice en el que se nos proporciona una selección de la correspondencia que mantuvieron el profesor italiano y el poeta español. </p><p>La selección completa de poemas que le envía Crespo, quien le da libertad al antólogo para que elija del conjunto de su obra los poemas que prefiera, es la que ahora se publica. Escoge Macrí un total de veinte poemas, la mitad de los enviados por Crespo, pero a pesar de ello, el poeta se queda satisfecho. El profesor italiano le indica que la suya “es poesía ininterrumpida, como un solo poema” (p. 18). Y aunque su elección contrasta con la del poeta, debe tenerse en cuenta que se decanta por poemas que no solo le gustan, sino que también puede traducir, y que le parecen representativos del conjunto de su obra. A Laura Dolfi le llama la atención que no le dedicara más espacio a los poemas de tema italiano, a pesar de que estos no faltan (“Una patria se elige”, “<em>Affresco</em>”, “Regresos”, donde identifica a Florencia con Alcolea, “Circo romano” y “Laguna de Venecia”). Sea como fuere, la selección que un poeta hace de sus versos siempre tiene que ser, por su propia naturaleza, significativa, la compartamos o no. Téngase en cuenta la fecha en que le envía sus versos, de ahí que no aparezcan los que publicó en sus últimos doce años de vida. </p><p>Otro aspecto de la edición en el que merece la pena detenerse, es el diálogo que mantienen sobre las obras de otros autores de su generación, cuyo punto de partida es la petición que le hace Macrí para que lo oriente en la selección de sus contemporáneos. De estos juicios que se intercambian, sinceros y a veces muy críticos, algunos aparecen en el <em>Diario veneciano</em> (2024), no siempre me parecen atinados. En el caso del poeta español responden a veces a la defensa de la estética que él mismo cultiva, pero también a filias y fobias personales (pp. 27 y siguientes). Y cuando Macrí le pregunta, en concreto, por <strong>Claudio Rodríguez, Alfonso Costafreda</strong> y <strong>José Ángel Valente</strong>, Ángel Crespo se decanta por <strong>Francisco Brines</strong> (“es el poeta de mi generación […] que cuenta con una obra más seria y bella”, p. 29). Téngase en cuenta, a este propósito, que estamos en los primeros años 80, cuando se había publicado <em>Don de la ebriedad </em>(1953), <em>Suicidios y otras muertes</em> (1974), la antología de Valente <em>Punto cero </em>(1972), <em>Tres lecciones de tinieblas</em> (1980), con el que obtuvo el Premio de la Crítica, y <em>Mandorla</em> (1982). Todos ellos, libros importantes. </p><p>Las seis cartas que se intercambian entre 1966 y 1983, seleccionadas de un conjunto mayor, resultan esclarecedoras a varios propósitos, a saber: la relación entre ambos; las opiniones que tenían sobre la poesía española, sobre todo la de Crespo; y los recuerdos de las estancias del poeta en Florencia, en especial su asistencia a las tertulias (“tan latinas”, precisa Crespo) del café Paszkowski, en la Piazza de la República, a la que asistían, además de Macrí, el poeta y crítico <strong>Piero Bigongiari</strong>, catedrático de Literatura Italiana Moderna y Contemporánea, el anglicista <strong>Sergio Baldi</strong>, el lusitanista <strong>Luigi Panaresi</strong> y el poeta <strong>Mario Luzi.  </strong></p><p>Crespo le confiesa que nunca se ha sentido “demasiado cerca de <strong>Aleixandre</strong>” y acepta la influencia de <strong>Rilke </strong>y de <strong>Pedro Salinas</strong>; le agradece que haya apreciado sus “esfuerzos por conciliar lo mágico con lo real” (p. 130); y señala que para él “la poesía es, ante todo, una tarea intelectual” (p. 132). Quizá la misiva más importante es la que le envía desde Mayagüez, el 1 de septiembre de 1974, tras haber pasado parte del verano en los Grisones, estudiando retorromano. En esta carta repasa la poesía española de postguerra, alabando a unos poetas y cuestionando a otros (<strong>Ory, Carriedo, Nora </strong>y <strong>Crémer</strong>), dejando claras sus preferencias: <strong>Eduardo Chicharro, Miguel Labordeta</strong> y <strong>Gabriel Celaya</strong>. Pero sus comentarios se centran, sobre todo, en los autores de su generación, recomendándole a <strong>Gil de Biedma, Barral, Valente, J.A. Goytisolo</strong> (“el más débil del grupo de Barcelona”, p. 142) y <strong>Caballero Bonald</strong>. Resulta significativo que no cite a dos de sus grandes amigos, poetas notables: <strong>Enrique Badosa</strong> y<strong> José Corredor-Matheos</strong>. Y de la generación siguiente, los llamados novísimos, destaca a <strong>Gimferrer, Carnero</strong> y <strong>Vázquez Montalbán</strong>, pero se olvida de<strong> Antonio Carvajal, Juan Luis Panero</strong> y <strong>Antonio Colinas</strong>. Habría que añadir los elogios que, en una carta de 1983, le dedica al poeta<strong> Juan Alcaide,</strong> insistiendo en lo importante que fue para él, durante sus años de formación, de quien se ocupa en el poema “Donde no corre el aire”.   </p><p>Entre los poemas seleccionados, aparecen algunos tan significativos como “Una patria se elige” (“Una patria se elige/ -y una mujer. O llegan,/ inevitablemente,/ cuando tu soledad las ha ganado”, p. 60), “Donde no corre el aire” y “Un camino”; o aquellos en que trata de la muerte: “Meditación de lo mortal”, “A la muerte” y “El sueño de la muerte”. Respecto a las preguntas que le formula Macrí, más allá de las meramente técnicas o las dudas que le suscitan las traducciones de algunos versos, llama la atención la que le hace sobre su participación en “la lucha clandestina”, que por su respuesta no parece que fuera demasiado significativa (Véase el poema “El pueblo”). Y sorprende que en 1983 le diga que todavía no ha llegado el momento de hablar claro. El último libro que le envía es <em>Ocupación del fuego</em> (1990), que Macrí le elogia, pero en vida, no apareció ninguno más.</p><p>No quiero dejar de ponderar el cuidado con el que se ha llevado a cabo esta edición (magnífica la foto de Anna Dolfi, en Florencia, 1982, en la que aparecen los tres protagonistas de esta edición, entre ellos una joven Laura Dolfi), por lo que hay que felicitar a <strong>Trinidad Ruiz Marcellán </strong>y<strong> David Francisco</strong>. Olifante cumple 47 años y Crespo, que falleció con 69, hubiera cumplido 100 de su nacimiento en este 2026, por lo que la Fundación Jorge Guillén, donde está depositado el archivo de nuestro escritor, y la Universidad de Alcalá han organizado un congreso que acaba de celebrarse, diría que con éxito, en la ciudad cervantina.</p><p>A pesar de lo pesimista que siempre fue el autor con respecto al reconocimiento de su obra, y algo semejante podría decirse de la opinión de su mujer, <strong>Pilar Gómez Bedate,</strong> me parece que su literatura sigue circulando con normalidad; sus libros se reeditan, no faltan antologías en las mejores colecciones y tampoco han dejado de estudiarse, ni de publicarse, trabajos sobre sus obras, incluidos monográficos en las mejores revistas. Creo que todo empezó a cambiar en 1988, al regresar Crespo definitivamente a España, instalándose en Barcelona, para pasar los veranos en Calaceite, a lo que no poco contribuyó la dedicación de su mujer, facilitando las ediciones y prologando varias de ellas. Creo que 30 años después de su muerte, donde Ángel Crespo quiera que esté, no debería mostrarse insatisfecho. </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em>. Catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Entre lo mágico y lo real: Ángel Crespo desde Italia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Chaves Nogales: ¿Nuevos cuentos? sobre la Guerra Civil española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/chaves-nogales-nuevos-cuentos-guerra-civil-espanola_1_2206876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b15ff969-678e-43f5-8be5-e551e7c003ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chaves Nogales: ¿Nuevos cuentos? sobre la Guerra Civil española"></p><p><strong>Prólogo de Ignacio Martínez de Pisón. Edición y epilogo de Abelardo Linares. Dibujos de Josep Bartolí. </strong></p><p><strong>Renacimiento, 2026.</strong></p><p>El conjunto de cuentos que componen <em>Guerra total</em> nos plantea varios problemas: la autoría de los cuentos, su calidad y la inevitable comparación con los de <em>A sangre y fuego</em> (1937). Se escribieron casi a la vez y, sin embargo, los que ahora nos ocupan han tardado casi noventa años en publicarse en libro, en ser asequibles para un público amplio. La siguiente pregunta que el lector se hará es si los cuentos de <em>Guerra total</em> son una continuación de los del libro de 1937, como afirman <strong>Abelardo Linares</strong> e <strong>Ignacio Martínez de Pisón.</strong> Este último los tacha incluso de “magistrales relatos”. Respondiendo a la pregunta, no creo que sean su continuación, aunque no pueda afirmarlo con seguridad, habida cuenta de que ninguno de los dos libros fue armado por el autor, pues ni Chaves Nogales, al parecer, autorizó la recopilación y publicación de <em>A sangre y fuego</em>, ni tampoco dejó preparado un libro titulado <em>Guerra total</em>. </p><p>No está de más recordar, al hilo de lo que hemos leído en alguna ocasión, que su prestigio como periodista y escritor no fue inmediato, aunque sí gozó de un gran reconocimiento en el mundo de la prensa mientras permaneció en España. Y luego, con la publicación en Alianza de <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> (1969), seguramente auspiciada por <strong>Javier Pradera</strong>, fue muy elogiado por minorías selectas. Pero su renacimiento general debió de empezar a producirse tras la publicación de la <em>Obra narrativa completa</em> (1993) en la Diputación de Sevilla, en dos volúmenes y en edición de <strong>María Isabel Cintas Guillén</strong>, y fue gestándose poco a poco. Otro hito, aunque de dimensión menor, fue la edición en Espasa Calpe de <em>A sangre y fuego</em>, en el 2001, la primera edición comercial, volcada casi a palo seco, solo acompañada por una breve “Nota del editor”, quizá porque sus editores no llegaron a calibrar la importancia del libro. El caso es que Chaves Nogales ocupa hoy un lugar principal en la historia del cuento del siglo XX y en el del periodismo español.</p><p>Los paratextos de <em>Guerra total</em>, tanto los que aparecen en la cubierta como en la contra, con un texto de <strong>Andrés Trapiello</strong>, levantan unas expectativas que resultan innecesarias. Quizás hubiera sido más prudente dejar que la crítica y los lectores, los muchos lectores de <em>A sangre y fuego</em>, con quien resulta inevitable la comparación, pudieran haber expresado su opinión, sin por ello reproducir los estridentes paratextos del libro de 1937, obra de sus editores chilenos, no del autor. </p><p>La expresión <em>guerra total</em>, que volvemos a encontrarnos al final del primer cuento, aparece en numerosas ocasiones en la primera entrega de sus denominados <em>diarios</em>. El concepto, <em>totaler Krieg</em>, procede de las ideas sobre la guerra del general alemán <strong>Erich Ludendorff</strong>, quien, durante la Primera Guerra Mundial, defendió la subordinación de la política a la guerra, aunque no fue antes de las primeras arremetidas violentas de <strong>Hitler </strong>cuando el concepto debió de volver a circular en Europa, sobre todo tras el discurso de <strong>Goebbels </strong>en el Sportpalast de Berlín, el 18 de febrero de 1943, bajo el lema de <em>Guerra total-Guerra más corta</em>. </p><p>El subtítulo, en cambio, tiene ecos galdosianos; en ocho de ellos aparece la palabra <em>episodio/s</em>, que ha llegado hasta nuestros días en una serie de novelas de<strong> Almudena Grandes</strong>. De los diez cuentos, nueve aparecen subtitulados de cinco maneras distintas, aunque en algunos casos las diferencias sean leves. Así, pueden ser <em>episodio</em> o <em>episodios</em>, <em>episodios y escenas</em> o <em>hechos</em>, bien sean <em>de la conquista de Vizcaya</em>, <em>de la Guerra Civil</em>, <em>de la Guerra Civil en España</em> o <em>de la Guerra Civil española</em>. Los cinco últimos cuentos comparten el subtítulo: <em>Episodio/s de la Guerra Civil</em>. El caso es que están en la línea de los títulos y subtítulos de <em>A sangre y fuego</em>, aunque quizá estos no fueran obra del autor, y los que comentamos ahora son menos truculentos que los de 1937. </p><p>Los cuentos que componen <em>Guerra total</em> se publicaron entre diciembre de 1937 y marzo de 1938, tras la aparición de <em>A sangre y fuego</em>, cuya edición es probable que se hiciera sin su consentimiento y que ni siquiera llegara a ver el autor, pues —que yo sepa— nunca alude a ella. Residía entonces en París y su trabajo se centraba en el periodismo. </p><p>“Refugio” y “Hospital de sangre” aparecen en 1937 en la revista cubana <em>Bohemia</em>; el primero vuelve a publicarse, en ese mismo año, en la revista <em>Madrid</em>, editada en París, y “El traidor”, inédito, a comienzos de 1938 en la misma publicación. En suma, los diez relatos que componen <em>Guerra total</em> terminan publicándose en <em>Madrid</em>. </p><p>Al hilo de lo que viene diciéndose, no creo que <em>Guerra total</em> sea un libro más republicano que <em>A sangre y fuego</em>, pero sí resulta algo más maniqueo y uniforme, menos sutil y complejo (quizá condicionado por el medio en que se publicaron), pues tanto los héroes como las víctimas son republicanos. Las virtudes que hemos venido destacando del volumen anterior de 1937 eran la complejidad e imparcialidad, su sutileza en el tratamiento de los asuntos. Si comparamos esos cuentos con otros de varios autores que se publicaron sobre la guerra, la diferencia respecto a la mayoría resulta patente. Pero, en mi opinión, esa independencia, no seguir la tónica de la mayoría, no convertía al autor en equidistante, ni en componente de la tercera España, ni en otras simplezas semejantes, en las que hasta el gran <strong>Paul Preston</strong> cayó en <em>Las tres Españas del 36</em> (1998).</p><p>En cualquier caso, vayamos a las narraciones que nos ocupan. De “El refugio”, cuento que no aparece en la primera edición de <em>A sangre y fuego</em>, pero que se añade en la reedición del 2013, en Libros del Asteroide, destacaría su desenlace, si bien pero el conjunto peca de truculento y efectista. En él, se cuenta la tragedia que ocurre en un refugio en Bilbao bombardeado por los nacionales. Aborda el drama de unos padres que pierden a sus cuatro hijos, muertos entre las ruinas; tragedia que llega a su culminación durante el fracasado rescate de la hija, en presencia del padre. </p><p>“Hospital de sangre” comparte los datos editoriales del anterior. Aparece dividido en dos partes, en las que una monja, sobrina del político socialista <strong>Indalecio Prieto</strong>, instalado entonces con el gobierno en Valencia, le cuenta en una carta los horrores que se padecen en Bilbao, en el hospital donde trabaja, debido a los bombardeos alemanes, y como “entre las personas piadosas de Bilbao hay muchas que anhelan sobre todo el triunfo del fascismo” (p. 39). En el cuento aparece un episodio, podría leerse como una historia intercalada, donde se relata la llegada de cuatro milicianos heridos, cuya conducta deja mucho que desear, sobre todo la del blasfemo <strong>Juanón</strong>, otra bestia, que no sobrevivirá.   </p><p>En “El traidor”, historia que transcurre en Vitoria, a finales de abril de 1937, se cuenta el caso de <strong>Antón Zubillaga</strong>, un experto aviador del bando rebelde que acaba desobedeciendo a los suyos, al mostrarse en desacuerdo, sobre todo tras el bombardeo de Guernica por los alemanes. Recuerden que algo semejante ocurre en un cuento de <em>Los girasoles ciegos</em>, de <strong>Alberto Méndez</strong>, en el que un militar se pasa al bando republicano porque no quiere ganar la guerra con quienes eran los suyos. Esa diferencia de opiniones empieza a manifestarse tras la actitud prepotente y despreciativa del capitán prusiano <strong>Walter Kienzle</strong>: “le habló con tono petulante y dogmático de la cultura prusiana y de la misión providencial que los arios habían de cumplir en Europa, poblada en su occidente y mediodía por razas inferiores, decadentes” (p. 56). En una de las subtramas del cuento se alude también a un antiguo medio enamoramiento del protagonista con su prima <strong>Eulalia</strong>, tuberculosa. También tiene cierto protagonismo la madre de Antón, viuda (“ambos sentían veneración religiosa y respeto profundo por Guernica, reliquia de sus antepasados vascos”, p. 60), además de sus aspiraciones como aviador: el proyecto de llevar a cabo un <em>raid </em>alrededor del mundo. En el desenlace, Zubillaga es ejecutado por traidor, al no respetar las órdenes de bombardear Plencia. Tanto <strong>Andrés Trapiello</strong> como <strong>Ricardo Álamo</strong> destacan, con razón, este cuento; y este último también prefiere “El refugio”. Esos dos comentarios, junto con el de <strong>Andrés Amorós,</strong> son los más atinados que he podido leer. </p><p>“La última lección” es un cuento en el que se denuncia el caciquismo y su alianza con la iglesia. Es la historia de <strong>Pablo Expósito,</strong> que acaba de maestro en el pueblo de Cedeira pero, al estallar la guerra, lo mata la Guardia Civil, alentada por <strong>Felipe Corma</strong>, el cacique local. En “Timidez”, un individuo, del que se insiste demasiado en lo tímido que es, hasta en siete ocasiones, abandona a los suyos por convicciones morales y pasa a defender los intereses republicanos. Se nos cuenta aquí el ascenso de Falange y el golpe de estado de los militares, visto con los ojos de <strong>Luis Hernández,</strong> un oficinista que, con dudas, se convierte en falangista, pues tiene “la sensación intuitiva y borrosa, de que había en la sociedad algo falso y cruel, [que] comenzaba a cobrar para Hernández unos perfiles fijos. La falsía y la crueldad estaban allí, encarnados en aquellos señoritos vacíos y cínicos…” (p. 91).</p><p>“Un excelente verdugo”, el otro cuento que destaca <strong>Trapiello</strong>, transcurre en Sevilla, en el barrio de Triana, durante el otoño de 1936. Al final, <strong>Florencio</strong>, maestro ceramista y protagonista del relato, quien no ha tenido más remedio que convertirse en verdugo, poco antes de tener que ejecutar a <strong>Servando Álvarez</strong>, maestro de profesión y compañero de colegio en la infancia, reniega de los falangistas y confiesa su republicanismo. </p><p>“Tragedia en la sierra de Pancorvo”, en donde la acción transcurre en un pueblo de la serranía de Burgos, gobernado por un cacique ganadero, don <strong>Atilano </strong>(que es nombre y definición), a cuyo servicio está la Guardia Civil, parece una historia de mártires cristianos, pues la maestra <strong>Pilar Jiménez</strong> prefiere morir antes que ceder ante la relación sexual que le exige el cacique.</p><p>En “Carabinero” se cuentan las arbitrariedades que sufre en el Colegio de Huérfanos Alfonso XII, de El Escorial, la academia de carabineros, un aspirante al cuerpo, y cómo, tras convertirse en oficial, en el momento en que estalla la guerra, destinado en Barcelona, intenta que sus subordinados se muestren fieles a la legalidad, al gobierno de la República. La narración podría leerse también como la historia del enfrentamiento entre <strong>Andrés Romero</strong> (el carabinero que va ascendiendo, hasta convertirse en teniente, siguiendo los consejos que le dio su padre y las enseñanzas de un capitán médico, de ideología socialista, <strong>López Dueñas</strong>), y quien será su primer y último superior, el teniente <strong>Díaz</strong>, luego capitán, arbitrario y violento, que se muestra partidario de los golpistas. El final es abierto, aunque hoy sabemos la suerte que les esperaba a los leales que defendieron la “República popular”.</p><p>La acción de “La tanguera” ocurre en el barrio de Triana, en la Sevilla gobernada por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/columna-minera-riotinto_1_2117449.html"  >Queipo de Llano</a>. <strong>Carmen Argüelles</strong> es una bailaora que se enamora del comandante Arenales, responsable de la Guardia Civil en la plaza, aunque opta para salvar a su hermano Pepe, preso de los golpistas. La fuga de la cárcel se produce por el empeño y valor de dos mujeres, <strong>Mónica </strong>y <strong>Carmen</strong>, quien danza para el militar, a lo <strong>Salomé</strong>, distrayéndolo de sus obligaciones. Toda la acción se enmarca en la resistencia de los sindicalistas y comunistas, “la titánica defensa obrera”, pues se muestran dispuestos a morir, “héroes anónimos de una gesta”. En esta ocasión, sí se trata de una gesta, a diferencia de la de los caballistas, en el libro de 1937. No quiero acabar el párrafo sin llamar la atención sobre el uso del léxico castizo: <em>tanguera</em>, <em>bailaora</em>, <em>jaque</em>, <em>coima</em>…</p><p>“Lo de Badajoz…” se compone de seis partes tituladas. Se trata de la única historia coral del conjunto. Recuérdese que la ciudad extremeña, con un gobernador socialista, se mantuvo fiel a la República, así como el jefe militar de la plaza. Pero tras el asedio de los nacionales, los coroneles <strong>Yagüe </strong>y <strong>Varela </strong>tomaron la ciudad, llevando a cabo una feroz represión: asaltaron las viviendas, violaron a las mujeres, cazaron a los hombres y las cabezas de algunos de ellos fueron ensartadas en bayonetas. Y la “Escuadra Negra” de falangistas acabó con los detenidos en la plaza de toros, pero antes algunos fueron lidiados, clavándoles banderillas en la espalda o ensartados por el ano. <strong>Juan Goytisolo </strong>y <strong>Javier Marías </strong>se han referido a este trágico episodio en sus narraciones.</p><p>Si hacemos un breve balance, podríamos concluir que en unos cuentos se destacan hechos trágicos (“El refugio”); la violencia y la sinrazón en ambos bandos (“Hospital de sangre”); en tres de ellos, el protagonista abandona el bando nacional y acaba defendiendo a la República (“El traidor”, “La última lección” y “Un excelente verdugo”); en otro relato, una mujer republicana opta por morir antes de entregarse al cacique del lugar (“Tragedia en la sierra de Pancorvo”); tampoco falta el protagonista que defiende sus convicciones hasta el final (“Carabinero”); los cuentos que relatan una verdadera gesta, llevaba a cabo por dos mujeres (“La tanguera”); o bien la violencia extrema a que llegaron los nacionales (“Lo de Badajoz…”).      </p><p>No he dejado de preguntarme con qué criterio se han titulado los cuentos. El del libro, ya hemos intentado contextualizarlo. En cuanto a los títulos de las narraciones, estos se refieren al espacio en que transcurre la acción (el refugio, un hospital de sangre, Pancorbo o Badajoz), parecen hablar en ellos los golpistas (el traidor, el verdugo), se caracteriza al protagonista con un rasgo de su carácter (timidez), o se destaca su profesión (carabinero, bailaora). </p><p>En este libro, <strong>Martínez de Pisón</strong> lo señala en el prólogo, llama la atención la variedad de escenarios, creo que mayor que en sus anteriores relatos (p. 11): Bilbao, Vitoria, Cedeiro (Galicia), Barcelona, Sevilla (el barrio de Triana), Pancorbo, en la serranía de Burgos, El Escorial, Villaricos (Almería) y Badajoz. Lo que se nos muestra es la complicidad entre los militares, la Guardia Civil, la iglesia, los caciques locales y las gentes biempensantes. Y cómo las vejaciones y la violencia empleada acabaron con la vida de infinidad de personas.  </p><p>Los dibujos de <strong>Josep Bartolí </strong>resultan expresivos, y le proporcionan a las narraciones el sabor de época que debieron tener en el momento de su aparición. Para ser buena literatura, a los cuentos les sobra contundencia en las valoraciones ideológicas, aunque tengan razón, porque para eso ya estaban los artículos y crónicas. El narrador de una ficción, si quiere que perdure, no debe conformarse con producir un impacto meramente coyuntural; antes bien, debe mostrarse imparcial; ni tampoco debería decantarse de forma tan explícita como ocurre aquí. Pero los lectores tampoco hemos de olvidar el contexto político en que se publicaron estas  narraciones, los medios en que aparecieron, el fin propagandístico que, seguramente, pretendían tener. </p><p>A ciencia cierta, sabemos que solo los dos primeros cuentos, “El refugio” y “Hospital de sangre”, fueron escritos por <strong>Chaves Nogales</strong>, y que el subtítulo del libro aparece en varios de sus trabajos. Y poco más. Pero lo que tenemos que preguntarnos es si resultan convincentes los argumentos que aduce <strong>Abelardo Linares</strong> para atribuirle a Chaves Nogales la autoría de los ocho cuentos restantes, firmados por escritores que existían y que colaboraban en el mismo medio que él. Creo que no del todo; pero tampoco descartaría, atendiendo a las varias razones que aduce, que pudiera tener razón, y que estos cuentos los hubiera escrito, bajo seudónimo, Chaves Nogales. No sería la primera vez que utilizara este procedimiento para publicar textos suyos. De no ser así, y que los cuentos fueran obra de los autores que los firman, hoy olvidados, estoy tentado a pensar que acaso hicieron un concurso sobre quién era capaz de imitar mejor el estilo y los temas propios de Chaves Nogales.</p><p>Hoy por hoy, lo que más puede importarnos de <em>Guerra total</em> es el valor literario de los cuentos. Si bien me parece que no tienen la entidad literaria de los relatos de <em>A sangre y fuego</em>, quizá los que más se asemejen sean “El traidor”, “Un excelente verdugo” y “La tanguera”, pero en cuanto al resto, tampoco resultan desdeñables, ni mucho menos; en especial, si atendemos —insisto— las diversas circunstancias en que se escribieron, el medio en el que surgen y lo que se pretendía con ellos.  </p><p>Sea como fuere, si las hipótesis que baraja Abelardo Linares fueran ciertas, estaríamos ante el complemento casi perfecto de <em>A sangre y fuego</em>. De tener razón, deberían poder publicarse juntos, pero recuérdese que Chaves Nogales no dejó libros de cuentos como tales, sino que se limitó a escribir narraciones individuales, aunque unidas por unos  subtítulos semejantes; lo que nos permite pensar que los concibió con una cierta unidad, aunque pensando, sobre todo, en otro orden de cosas, en la utilidad política que podrían tener en su momento, en la ayuda que proporcionarían a la causa republicana.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Selena Millares: Las siete vidas de Almoina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/selena-millares-siete-vidas-almoina_1_2199596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da23af27-c332-461d-8786-1abec9d5d32d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Selena Millares: Las siete vidas de Almoina"></p><p><strong>Plaza & Janés, Barcelona, 2026</strong></p><p>Empezamos a conocer bien la historia de la literatura, de la cultura del exilio republicano español, sus obras, editoriales y revistas, pero aún sabemos poco, creo, de la historia menuda, de la vida familiar, de la existencia cotidiana, aunque ahora recuerdo el libro de <strong>Fernando Serrano Migallón</strong> (<em>El exilio español y su vida cotidiana en México</em>, Bonilla Artigas, 2021), que no debe de ser el único trabajo que se ocupe del asunto. Pensaba que apenas si se habían novelado las vidas de los exiliados, pero tras pedir ayuda a dos compañeros, grandes expertos en la materia, nos damos cuenta de que no faltan ejemplos, entre ellos: <em>Galíndez</em> (1990), de <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>; <em>En voz continua</em> (1997), de <strong>Carlos Blanco Aguinaga</strong>, que trata de <strong>Emilio Prados</strong>; <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El soldado de porcelana </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(1997), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Horacio Vázquez Rial</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sobre </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Durán</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; </span><em>Max Aub</em> (2007), de <strong>Javier Quiñones</strong>; <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El amor no es un verso libre</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2013), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Susana Fortes</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que se ocupa de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Salinas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La única. María Casares</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2023), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ana Plantagenet</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; y</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> Un corazón extraviado</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2025), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>María de Alva</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sobre la vida de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Garfías</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. A ellos habría que añadir </span>la <em>nonnata</em> <em>Luis Buñuel. Novela</em>, de <strong>Max Aub</strong>, de la que contamos con una versión de <a href="https://www.infolibre.es/autores/carmen-peire/"  >Carmen Peire</a>, y ahora <strong>Joan Oleza</strong> está preparando la que podría ser definitiva. <span class="highlight" style="--color:white;">Habrá más, pero esos títulos valen como una muestra suficiente y representativa. </span>Recuérdese, también, que las biografías noveladas estuvieron de moda durante los años veinte y treinta del pasado siglo y hoy parece renacer ese mismo empeño. A los anteriores ejemplos, habría que añadir novelas francesas, italianas y españolas de tema histórico, como las de <strong>Emmanuel Carrere</strong>, las novelas documentales de <strong>Antonio Scurati</strong>, sobre <strong>Mussolini</strong>, cinco tomos publicados en Italia entre 2018 y 2025, o la de <strong>Fernando Clemot</strong>, <em>Fiume</em>, sobre D´Annunzio.</p><p><strong>Selena Millares</strong> le da <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/selena-millares-revive-lucha-republicano-jose-almoina-hemos-borrado-memoria-exiliados_1_2191963.html"  >vida a un exiliado, José Almoina</a> (1903-1960), tratado injustamente en lo poco conocido que es. Pero no se ocupa solo de su actividad política, su militancia socialista y su pertenencia a la masonería, sino que nos proporciona, como en pocas ocasiones hemos leído, una visión de su vida familiar, del día a día (lo que comen, las canciones que cantan…), en el que discurren <strong>Pilar</strong>, su mujer (“la maestra de ojos color verde agua”, p. 37; a la que detienen y encierran con su hija <strong>Helena</strong>, en la cárcel de Zamora, p. 128), Hilaria, su suegra, y sus cinco hijos. Todos ellos desempeñan un cierto papel, y las dos mujeres complementan al protagonista. El caso es que <a href="https://www.infolibre.es/autores/selena-millares/"  >Selena Millares</a> nos proporciona una idea bastante verosímil de los riesgos de la militancia y de los sufrimientos que trajo consigo el exilio, pues no solo quedó expuesto Almoina, sino toda su familia. En cambio, dado el carácter y prestigio del personaje, no le faltó la camaradería, que siempre encontró en sus diferentes destinos, bien en España, donde se ganó la vida como empleado de Correos, bien en América, tanto en la República Dominicana como en México, donde trabajó, no sin riesgos, en algún caso, como profesor; fue preceptor del <strong>Ramfis</strong>, el primogénito de <strong>Trujillo</strong>, siempre con la empalagosa <strong>María</strong>, la mujer del dictador, al acecho.</p><p>Diría que esta narración, más que con las <strong>Manuel Rivas </strong>y <strong>Javier Cercas</strong>, como dice la faja publicitaria que lleva el libro, guarda relación con <em>Galíndez </em>(1990), de Vázquez Montalbán, y con <em>La fiesta del chivo </em>(2000), de <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, pues las tres comparten el protagonismo de la dictadura de Trujillo en la República Dominicana, y del exilio republicano español, así como las arbitrariedades y violencias cometidas por una dictadura grotesca. Véase el feroz retrato que traza de Trujillo (p. 376). Y, en suma, la novela conecta con una tradición narrativa, a la que se acoge Almoina, al barajar el realismo crudo, expresionista, y la crueldad sin límites, que cuestiona a los dictadores. Si bien, su obsesión, a diferencia de la de otros exiliados, es con Trujillo, no con <strong>Franco</strong>. Tras perder una guerra, Almoina tiene que huir de un dictador para caer en las garras de otro, por lo que no le queda más remedio que irse a México, aunque poner tierra de por medio no lo libre de los sicarios de Trujillo. En medio de toda esa violencia, sin embargo, contrasta la escena bucólica, una historia intercalada, en la que habla un pastor (pp. 81-83).</p><p>De <strong>Jesús de Galíndez </strong>apenas sabíamos nada antes de que se publicara la novela de Vázquez Montalbán; Almoina no tuvo esa suerte; incluso a <strong>Vicente Llorens</strong>, siempre riguroso, le suscita dudas la persona. Así, la narración de Selena Millares, que no es una biografía, ni un estudio histórico, sino una novela, responde –sin que sea esa su pretensión— a algunas de la incógnitas que planteaba Llorens, quien trato a Galíndez y Almoina en la República Dominicana, y nos presenta a un personaje mucho más complejo que el que conocíamos hasta ahora. A la vista de lo dicho, podría haberse titulado <em>Almoina</em>, e incluso <em>Almoina. Novela</em>, en complicida —y respuesta— con los títulos de Vázquez Montalbán y Max Aub. </p><p>La novela se compone de 7 partes, divididas en capítulos, hasta un total de 51, excepto la primera y la última, mucho más breves, compuestas por un solo capítulo. Las 5 restantes tienen una extensión parecida, y siguen la cronología. Tanto las partes, que además nos sitúan en el tiempo, como los capítulos aparecen titulados, creo que con acierto. En un par de ellos apreciamos alusiones a <strong>Josep Roth</strong> (<em>La leyenda del santo bebedor</em>, p. 315) y al Evangelio de <em>Mateo</em> (5: 13-16): “vosotros sois la sal de la tierra”. Diría, además, que el capítulo 48 es clave, pues en sus páginas se le ajustan las cuentas –permítanme el coloquialismo— a Galíndez, crítica que se anticipa en el capítulo 24. Si el libro llevara un Índice, muy necesario en este caso, podríamos visualizar mucho mejor el conjunto de la novela, su estructura externa.</p><p>Las tres citas iniciales son muy significativas: la de <strong>Luis Pimentel</strong>, paisano de Almoina, ambos eran de Lugo, podría haber sido también el título de la novela: <em>Hombre que camina solo</em>, puro Giacometti; la de <strong>Borges </strong>nos habla de los héroes y de sus derrotas; y la de Almoina apela a la grandeza del silencio, que no tuvo más remedio que cultivar. </p><p>La pregunta que se habrá hecho la autora, y que los lectores atentos deberían plantearse, es cómo se utiliza lo autobiográfico, cómo se usa la documentación en un relato de ficción. El gran Carlos Pujol que cultivó con mucha fortuna este tipo de ficciones, solía comentar que uno debe documentarse a fondo, pero que al ponerse a escribir, debía olvidar todos los datos. En suma, se trata de cómo contar una vida real, manejando sucesos reales, pero teniendo como principio constructor el propio de la ficción. </p><p>Me parece que el empeño principal de la autora ha consistido en trascender lo biográfico, para incardinarlo en la restitución de la memoria, haciendo justicia a un personaje —como decíamos— mal conocido, incluso por los expertos en la cultura del exilio. No en vano, se trata de una novela con <em>trama de personaje</em>, por seguir la terminología de <strong>Norman Friedman</strong> (la historia de un seminarista que acabó siendo masón, y que como <strong>Negrín </strong>y Max Aub fue expulsado por su partido, el PSOE, en el que desempeñó cargos diplomáticos), aunque los avatares de su vida aparecen —digamos— enriquecidos por toda una serie de sujetos que le proporcionan a la historia ribetes de novela coral. A algunos los hemos señalado ya, pero habría que añadir sobre todo a <strong>Mirentxu</strong>, la amiga y comprensiva amante. Resulta admirable la entrega que demuestra, la fe en una causa política, a favor de la justicia y la libertad, hasta el punto de jugarse Almoina la vida. No en vano, lo expulsan del PSOE a la vez que a Negrín y Max Aub (p. 319 y 320).</p><p>Sea como fuere, Selena Millares construye bien el personaje del protagonista, sabe hacerlo hablar, darle voz, con un castellano a veces levemente galleguizado. Y en lo que respecta a los demás, se vale de registros distintos, ya sean los familiares, ya los coloquiales con los compañeros, Trujillo y señora, las amantes del protagonista, tanto Mirentxu, la amiga de siempre, como la ocasional <strong>Ronda</strong>, la estudiante.</p><p>De estructura circular, la novela se abre y cierra con el asesinato del protagonista, una muerte anunciada que se cumple al completarse las siete vidas que le pronostican y que inexorablemente él agota, y siendo muchas, resultaron ser pocas (pp. 15 y 512). Pero, además, se dirige en un soliloquio a la aparición del padre del protagonista, ya muerto, y la de <strong>Josito</strong>, el hijo que falleció temprano (pp. 13 y 529). Me ha recordado a <em>Hamlet</em>, en el primer caso, aunque se trate de un motivo que se repite en la historia literaria, desde la tradición clásica. Y ojo al comienzo y al final, al <em>in crescendo</em> del desenlace, que en esta ocasión, no consiste en saber si Almoina va a ser asesinado, ya lo sabemos desde el capítulo inicial, sino en el desenmascaramiento de Galíndez y la muerte inexorable de Almoina. </p><p>La compleja existencia del protagonista, arrastrando casi siempre a su familia, lo lleva a vivir en Lugo, A Coruña, Santiago, Benavente (Zamora), Alcaudete (Jaén), Santander, Bayona, Toulouse, París, Marsella, Ciudad Trujillo y México. Y eso por no hablar de los constantes cambios de casa en Ciudad Trujillo y en México. Destacaría también el gusto por el detalle, significativo, según ocurre en las novelas de <strong>Javier Marías</strong>, así como el tratamiento que le proporciona al humor (pp. 285, 297 y 402), a la sensualidad, incluso a la sexualidad (pp. 77 y 280), tan difícil de tratar en la narrativa, materia en la que tantos buenos escritores han fracasado.</p><p>Además, en una historia de estas características, las alusiones culturales resultan inevitables, e imprescindibles. Aunque, por fortuna, la autora no abusa de ellas. Así y todo, <strong>Homero </strong>y <strong>Cervantes </strong>asoman aquí y allá; los círculos del infierno de <strong>Dante </strong>y, sobre todo, el erasmismo tiene mucha presencia en la novela, y <strong>Goya</strong>, a quien el protagonista le dedica un libro. Pero, además, trae a colación al presidente Negrín y a escritores como <strong>Sender, Juan Bosch</strong> (político y escritor dominicano, gran teórico y escritor de cuentos) y <strong>Jaime Torres Bodet</strong> (véase su retrato, p. 354), a historiadores como <strong>Claudio Sánchez Albornoz</strong> o filólogos como <strong>Vicente Llorens</strong>. Y diría que hay un cierto homenaje a su tío abuelo <strong>Agustín Millares Carló </strong>(bibliógrafo, paleógrafo, latinista; autor, entre otras muchas obras, de una edición anotada del <em>Quijote</em>), aunque no cite su nombre completo. </p><p>También hay alusiones frecuentes a dos editoriales mexicanas con las que colaboró Almoina: Jus (editorial católica de centro derecha, donde Almoina publica su libro sobre<strong> Díaz Mirón</strong>, 1958, entre otros), y UTEHA (fundada por el exiliado español <strong>Julio Sanz Saiz</strong>), donde aparece, por ejemplo, <em>La era romántica: el romanticismo en la literatura europea</em> (1958), de <strong>Paul Van Thiegem</strong>, que traduce y anota Almoina; o a la editorial Costa-Amic, a la que encomia por su labor y critica por lo descuidado de sus ediciones. Y creo haber apreciado una cierta referencia a las <em>aventis</em> de<strong> Juan Marsé, </strong>en las historias que Almonia le cuenta a Josito (p. 181); a <em>La Regenta</em>, en la afición a las lecturas místicas, a <strong>Santa Teresa,</strong> de la mujer de Trujillo (p. 288); y la más obvia, si cabe, en la confrontación que establece entre Almonia y Trujillo, cuando <strong>Odiseo </strong>engaña a <strong>Polifemo </strong>(p. 344). </p><p>Pero lo que se cuenta, en suma, es cómo una determinada trayectoria vital, en su activismo social y  político, lo lleva al exilio. Siendo las concesiones que debe que hacer en Ciudad Trujillo producto de la necesidad de supervivencia, al tener que desdoblarse. Su mujer le pregunta en un par de ocasiones: “¿Quién eres, José?”, o “Ya no sé quién eres, José” (pp. 306 y 349). El caso es que su conducta suscita dudas, que resultan dolorosas no solo para él, sino también para su familia y amigos más cercanos. Y aunque los lectores sabemos quién era realmente Almoina (en catalán, <em>almoina </em>significa limosna) y el motivo de su comportamiento, quizás algunos lectores se pregunten al cabo: ¿por qué este hombre se adentra en un laberinto del que no podrá salir?</p><p>Acabemos. En un momento dado, Almoina le comenta a su mujer que “la vida es más fabulosa que las novelas” (p. 75), y así es, en efecto, en la historia que nos cuenta Selena Millares.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.  </em> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Los Setenta': una nueva revista literaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/setenta-nueva-revista-literaria_1_2198422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/06bdc4bf-a4b9-4d84-9727-71981b8a61ab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Los Setenta': una nueva revista literaria"></p><p>Entre 1964 y 1965, <strong>Max Aub</strong>, que entonces contaba 61 años, publicó en México, por su cuenta y riesgo, <em>Los Sesenta. Revista literaria</em>, editada por la Antigua Librería Robredo, de <strong>José Porrúa</strong> e hijos, de la que se publicaron cinco números, y en donde solo podían colaborar aquellos que había cumplido seis décadas. Muchos años después, en el 2015, Ediciones Ulises, sello de Renacimiento, publicó una edición facsímil, al cuidado de <strong>Gabriele Morelli </strong>y <strong>Xelo Candel Vila</strong>; autores, además, de un par de estudios iniciales de casi cien páginas. El antecedente remoto había sido la revista <em>Gente Vieja</em> (1900), de <strong>Juan Valero</strong>, cuyos colaboradores tenían que haber cumplido 50 años por aquel entonces.</p><p>En <em>Los Sesenta</em> colaboraron escritores como <strong>Alberti, Aleixandre, Altolaguirre, Aub, Juan José Domenchina, Antonio Espina, José Gaos, Jorge Guillén, Juan Ramón Jiménez, Juan Larrea, María Teresa León, León Felipe, André Malraux, Concha Méndez, Salvador Novo, Carlos Pellicer, Emilio Prados, Juan Rejano, Esteban Salazar Chapela, R.J. Sender, Julio Torri</strong> y <strong>Xavier Villaurrutia</strong>; junto a ellos, filólogos e historiadores como <strong>Pedro Bosch-Gimpera, Joaquín Casalduero, Américo Castro, Enrique Díez-Canedo, Bernardo Giner de los Ríos</strong> (secretario de redacción de la revista), <strong>Pedro Henríquez Ureña, Rafael Martínez Nadal, Alfonso Reyes</strong> y <strong>Guillermo de Torre. </strong>Varios de ellos podrían haber figurado en ambos apartados. El caso es que casi todos eran escritores en lengua española, fueran españoles o hispanoamericanos, con la excepción de Malraux, amigo personal de Aub, con quien colaboró durante la guerra. Se trató de un plantel casi imposible de igualar. </p><p>El objetivo declarado de su responsable era “crear un frente común posible”, un puente entre los escritores de su generación que habían permanecido en España y quienes habían tenido que exiliarse, reanudar un diálogo que hoy sabemos que nunca llegó a cortarse del todo.    </p><p>Como si se tratara de un homenaje a esta interesante y curiosa empresa del pasado siglo, propia del infatigable e imaginativo Max Aub, apareció hace unos meses el primer número de la revista <em>Los Setenta</em> (Renacimiento, Sevilla, 2025), dirigida por <strong>Abelardo Linares</strong> y <strong>Manuel Aznar Soler</strong>, la cual tendrá periodicidad anual y se editará solo en papel, imprimiéndose cincuenta ejemplares numerados para los suscriptores. </p><p>La presentación me ha hecho reír, algo insólito en este tipo de publicaciones, al pasar la actual Universidad por los espejos del callejón del gato, pues <em>Los Setenta</em> se define como una “revista antisistema universitario, porque no quiere ser ni será una revista <em>científica</em>”, en la que los artículos no resulten evaluados (no en vano, a veces, los evaluadores demuestran con sus comentarios saber menos que los autores de los trabajos), ni incluirán resúmenes, ni palabras clave, ni tampoco pretende estar indexada, por lo que publicar en ella no servirá para hacer carrera académica a la moda <em>liquidomedradora </em>del día, ni valdrá para aumentar los sexenios de investigación. Se trata, en fin, de llegar a lectores que valoren los textos por su calidad y por el placer que les produzca la lectura. Lo curioso es que no conozco a ningún profesor universitario, sea catedrático <em>pata negra </em>o <em>navidul</em>, los más ahora (la comparación no es mía, sino de una catedrática pata negra, de la mejor matanza), que no comparta lo que se dice en esta presentación.  </p><p>En resumidas cuentas, solo puedo exclamar ¡olé! y espero que nadie se lleve a engaño y entienda lo que se quiere denunciar: que es lo que suele malentenderse por <em>científico</em>, que no es más que una manera equivocada de aplicar los criterios que rigen el estudio de las ciencias a las humanidades. ¿Qué pasaría si sucediera al contrario? Lo lamentable es que nos encontramos ante un sistema académico podrido y deshumanizado; en suma, perverso, en el que el trabajo de  gestión del profesorado resulta imprescindible para acceder a determinadas categorías. Con ello, se minusvalora la investigación, el impacto real de las publicaciones, tal y como ocurre, al menos, en mi antigua universidad, de cuyo nombre prefiero no acordarme.</p><p>Una de las novedades de <em>Los Setenta</em>, respecto a sus antecesoras, es que la condición para poder colaborar se ha alargado diez años más, quizá porque los tiempos son otros y las expectativas de vida mayores. Sus responsables, repito, son Abelardo Linares, editor, poeta e investigador, que tiene ahora 73 años; y Manuel Aznar Soler, quien mejor conoce el conjunto de la literatura del exilio republicano y cuenta con 74. En esta nueva salida convive la creación, el análisis literario y la crítica. El objetivo ya no puede ser el que pretendía Max Aub, pero sí queda claro el hartazgo de buena parte de las condiciones en que transcurre la vida académica, que cada vez son más idiotas y con menos sentido, donde lo digital se valora con más atención que el conocimiento crítico. Entre quienes escriben aparecen, por ejemplo, creadores como <strong>Luis Alberto de Cuenca, Alejandro Duque Amusco, Angelina Muñiz-Huberman</strong> y <strong>José Sanchis Sinisterra</strong> (¿a qué esperan para concederle el Cervantes e incluirlo en la Academia?); es mayor, en cambio, el número de profesores, todos jubilados, cito solo a algunos de ellos: <strong>María Dolores Albiac, Cecilio Alonso, Xesús Alonso Montero</strong> (que falleció durante el pasado mes de febrero), <strong>Víctor Fuentes, José-Carlos Mainer, Reyes Mate, Serge Salaün</strong> y <strong>James Valender</strong>, además de los dos responsables de la publicación. Linares cuestiona la edición que ha hecho Yolanda Morató del segundo volumen de los denominados <em>Diarios</em>, no son tales, de <strong>Manuel Chaves Nogales</strong>, el dedicado a Londres; mientras que Aznar Soler muestra tener buena mano para el memorialismo, para relatar sus contactos con los exiliados en México.   </p><p>Escribiendo estas líneas, no he podido dejar de pensar en cuándo aparecerá <em>Los ochenta</em> y quiénes serán sus responsables y colaboradores. Si se mantiene un ritmo semejante (1900, 1964 y 2025), pocos la veremos. Pero la vida quizá sigue su curso, con la esperanza de que la universidad se libre de los profesores burócratas, de la lepra pedagógica, y que las revistas literarias, la literatura y los estudios literarios sigan interesando, aunque solo sea a esa inmensa minoría partidaria del trabajo gustoso.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 04:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Los Setenta': una nueva revista literaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guerra-podrida-hitler-chaves-nogales_1_2196132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/726bd30b-e0c1-4730-9c2b-fef0deb561bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales"></p><p><strong>El Paseo, Sevilla, 2025. Edición de Yolanda Morató.</strong></p><p>Sorprenden las disputas enconadas entre algunos estudiosos de la obra de <strong>Manuel Chaves Nogales</strong>, que han enmarañado tanto los libros y las ediciones de sus obras que es necesario convertirse en ¿experto? para desentrañar las conclusiones a las que han llegado. Algunos de estos estudiosos han puesto tanto empeño en menospreciar a quienes los han antecedido en la investigación como en contarnos sus descubrimientos. Creo que todas las aportaciones pueden resultar valiosas, cada una en su momento, y estos estudiosos chinches deberían mostrar más respeto por aquellos que los han precedido en su labor. <strong>María Isabel Cintas, Andrés Trapiello, Antonio Muñoz Molina, Felipe Benítez Reyes, Ignacio F. Garmendia, Yolanda Morató, Francisco Cánovas Sánchez, Andrés Amorós</strong> y, sobre todo, <strong>Abelardo Linares</strong>, entre otros, han hecho aportaciones importantes en momentos distintos y a diferentes niveles. Sin sus trabajos, Chaves Nogales no ocuparía hoy el lugar que ocupa en la historia del periodismo y de la literatura.     </p><p>La profesora y traductora<strong> Yolanda Morató</strong> recoge en este libro 211 artículos, si no he contado mal, que en algunos casos tuvieron distintas versiones, con leves variantes. Fueron escritos en París, donde Chaves Nogales había llegado a finales de 1936, huyendo de la Guerra Civil española. Se publicaron en diversos periódicos de Brasil, Cuba, Argentina y Canadá. Los escribía para dos agencias de prensa, Cooperation, del húngaro <strong>Emery Reves</strong>, y Havas, de cuyo <em>staff</em> formaba parte, que se encargaban de distribuir sus artículos. Eran agencias gubernamentales al servicio de la entente franco inglesa, que trabajaban para contrarrestar la propaganda alemana. Recuérdese, además, que la casa en la que habitaba con su familia en las afueras de París se la había proporcionado el gobierno francés.       </p><p>Los artículos, sin embargo, se distribuían en francés (lengua pivote, nos dice la editora, para que pudieran publicarse simultáneamente en distintos países), y eran traducidos a las lenguas en que iban a ser publicados: portugués, castellano e inglés. Los que aquí leemos han sido vertidos al castellano por la editora, a veces con resultados que me suscitan dudas (¿Reduplica Chaves Nogales, habla de “lectores y lectoras”?, p. 37; ¿se refirió a las “alubias con papas”, no debió de escribir más bien <em>con patatas</em>?, p. 49; la berlinesa Wilhelmstrasse es una calle, como su nombre indica, p. 251; y dudo que la locución verbal <em>poner en valor</em>, ¿por qué no <em>valorar</em>?, sea la traducción adecuada para algo escrito en 1940, p. 315; el uso de palabros como <em>protocolar</em>, p. 310; traducir “dueñas de casa”, por <em>amas de casa</em>, p. 316; como tampoco creo que existiera el concepto de <em>victimario</em> en la época, p. 319; y el título de la ópera de <strong>Mozart </strong>suele traducirse al castellano como <em>La flauta mágica</em>, no <em>encantada</em>, p. 381, por solo señalar unos pocos ejemplos). Ante la duplicidad de versiones, nos confiesa que se ha decantado por la más –digamos- completa, la de mayor calidad.</p><p>A pesar de lo que indica el título del libro, no se trata de un <em>diario</em> (la explicación de Yolanda Morató, al respecto, en el prólogo al segundo volumen, con los escritos sobre Londres, no resulta satisfactoria), sino de una recopilación de artículos, de crónicas, que es como debieron pensarse cuando se escribieron y como me parece que se leen hoy. </p><p>Para entender el sentido y valor de estos textos, no debe olvidarse que estaban condicionadas por la censura, que Chaves minimiza: “personalmente, aunque me ha dado algún que otro arañazo, no puedo quejarme” (p. 201), y por los intereses propagandísticos aliados, en favor de la libertad y la democracia, de las agencias de prensa para las que trabajaba, según ya he indicado. Así, el entusiasmo del autor con respecto a la actitud de los franceses ante la guerra, tanto de sus políticos como de los ciudadanos de a pie, resulta llamativo, forzado. Si comparamos estas impresiones con lo que escribe en <em>La agonía de Francia</em> (1941. Manejo la ed. de la Diputación de Sevilla, 2001, aunque hay tres más, posteriores, en otras casas editoriales), el libro lo compone tras llegar a Londres, nos percatamos de que su opinión parece más sincera, muy diferente, y que es en este libro de 1941 cuando nos proporciona su verdad sobre lo que ha visto y vivido en París. </p><p>Por tanto, las crónicas hay que leerlas prescindiendo del optimismo propagandístico que rezuman, pues su valor estriba, más que no en las opiniones políticas, algunas de ellas lúcidas, en lo que tienen de testimonio de la vida cotidiana en París, en los numerosos detalles que nos proporciona sobre la existencia de los parisinos: cómo celebran la Navidad, cómo se divierten y conviven (“la vida tradicional de París intenta renacer por todas partes”, p. 18), los deportes que practican, qué fue de la industria del lujo (pp. 39 y 40), de las revistas de humor (p. 31), cómo funcionan los transportes, en qué consiste la aportación de las francesas a la guerra, sin que falte la comparación con las inglesas (pp. 25, 26, 35, 83..), o qué suerte corren los animales (“la guerra es fatal para los perros”, nos dice, “sobre todo para los perros chicos”, p. 54). Nos cuenta también, valgan estos detalles de los variados intereses de estas crónicas, que los ingleses han adoptado como símbolo las <em>amapolas de Flandes</em>, mientras que los franceses tienen como insignia las <em>florecillas azules</em>. Y que el 1 de mayo, París se engalana de <em>muguet</em> (lírios del valle), símbolo de la buena suerte, del optimismo y la confianza (p. 323). A la celebración de esta fiesta en Bruselas, se refiere María Enciso en su <em>Europa fugitiva</em> (1941). En fin, se ocupa de innumerables detalles más en los que no podemos detenernos. No importa solo lo que cuenta, sino también los temas que escoge y el tratamiento que les da. Lo que pretende, nos dice, es mostrarles a los lectores la verdadera vida de París. Y eso sí creo que está logrado, aunque solo sea una parte de lo que allí sucedía. </p><p>Cualquier lector exigente se preguntará por qué el autor se prestó a edulcorar la realidad, si acaso tuvo alguna otra alternativa profesional, puesto que debía sobrevivir con su familia, tras abandonar una España en guerra en la que su vida corría peligro. Chaves Nogales nos proporciona algunos datos sobre cómo trabajaba, cuáles eran sus hábitos y contactos. Así, confiesa, desmitificando sus fuentes, que “para ser un periodista bien informado en París, basta dar los buenos días a la portera y tomar café en el mostrador del bar de la esquina”; a la vez que reconoce que, en ocasiones, se basaba en los “genuinos órganos de opinión” franceses (pp. 164, 247 y 338). </p><p>Durante sus años de estancia en París gobierna Francia<strong> Edouard Daladier</strong>, un político de centro izquierda, radical socialista, que, tras la invasión de Finlandia por la Unión Soviética, dimite el 21 de marzo de 1940; y al que sucede <strong>Paul Raynaud</strong>. De ambos se ocupa con más detenimiento en el libro de 1941. Chaves Nogales se muestra muy afrancesado: admirador de las decisiones del gobierno francés sobre la preparación ante la guerra, y de las conductas de los ciudadanos, la “disciplina de la masa” (p. 11), minusvalorando y menospreciando siempre a los alemanes, quienes —no lo olvidemos— derrotaron a los franceses, tomaron París y ocuparon la mitad de Francia. Se muestra optimista y confiado en el resultado de la guerra, de la derrota de alemanes e italianos. Es necesario tener en cuenta el contexto en que se escriben los artículos, el fin que pretenden al difundirse en América Latina y Canadá, pero sorprende que no recuerde la crueldad con que el gobierno francés trató a los exiliados republicanos españoles, quizá porque no era eso lo que entonces tocaba contar. </p><p>Chaves Nogales no fue un periodista y escritor <em>equidistante</em>, como se ha dicho, sino un ferviente defensor de la República española, de la democracia y la libertad, y un crítico feroz del nacionalsocialismo, del fascismo (representados por <strong>Hitler </strong>y <strong>Mussolini </strong>y del comunismo. El <em>cocodrilo</em>, al que se refiere en tres crónicas, es Hitler, la Alemania nacionalsocialista, como hoy serían <strong>Putin </strong>o <strong>Trump</strong>, (pp. 162, 288 y 326). A finales de 1939, comenta que “la eliminación de los comunistas que impedían la función parlamentaria normal es absoluta” (p. 73). Para muchos de los que todavía no se habían desengañado, definitivamente lo hacen tras el pacto de no agresión entre Alemania y Rusia, firmado en 1939.</p><p>En estos artículos, pues, Chaves Nogales denuncia las mentiras de los políticos alemanes, la intimidación constante y su obsesión por las armas secretas (pp. 92, 93), aunque las considere tan inoperantes como inexistentes. Se preocupa por las grandes masas de refugiados que llegan a la ciudad, él mismo era uno de ellos, quienes consideran París un territorio de libertad, aunque pronto dejará de serlo, y tendrán que buscarse una salida, siempre difícil, que los lleve a Inglaterra, Portugal o Estados Unidos. Compara, a menudo, las dos guerras mundiales, y recuerda, en varias ocasiones, la batalla de Verdún (1916), e incluso cita la novela de Remarque, <em>Sin novedad en el frente </em>(1929), cuyo título remeda en el primer artículo del libro.</p><p>La prosa de Chaves Nogales es la propia de una crónica, en el estilo habitual del periodista republicano que, en estos casos, utiliza breves artículos. Pero no faltan destellos de escritor en el cuidado de la estructura, de los comienzos y finales (véase el desenlace de “París festeja el aniversario de Verdún esperando el ataque nazi”, p. 212), en la descripción de las atmósferas, en los retratos de los personajes o en la importancia que le da a los objetos, a los detalles, o en las repeticiones retóricas, que, por fortuna, no prodiga (solo las observo en las pp. 56, 57, 170, 171, 337 y 364). Pero fíjense también en conceptos como <em>guerra total</em>, <em>guerra podrida</em> y <em>quinta columna</em> que utiliza en numerosas ocasiones. Se vale, además, de palabras francesas, alemanas, italianas e inglesas, voces que volvemos a encontrar en otros libros suyos.</p><p>En diversos momentos, se muestra interesado por las artes, por diversos artistas (los nombres de <strong>Josefina Baker</strong> y <strong>Mauricio Chevalier,</strong> castellanizados, se repiten, y no son los únicos), ya sean escritores, ya músicos, con alusiones a la ópera y al teatro, a diversos espectáculos como el circo (el Medrano), o la literatura, sobre la que puede leerse, doy un par de ejemplo, muy interesantes: “Actos en París en memoria del novelista Zola” y “El destino de la <em>pax</em> y el destino de una generación” (pp. 277, 278 y 331-333). Y se refiere a la movilización de los hombres de la cultura, convertidos en soldados (p. 12). Con ello, trata de mostrarnos una ciudad que intenta seguir viviendo con una cierta normalidad. </p><p>Pero cuando los alemanes se acercan a París, Chaves Nogales, con ayuda del gobierno, se traslada a Gales, partiendo de Burdeos, para acabar en Londres. Los trabajos escritos en la capital inglesa compondrán el segundo volumen del mal llamado <em>Diario</em>, de los tres que componen el conjunto, donde se ocupa de la bochornosa huida de la élite política a Inglaterra, que debió recordarle el traslado del gobierno republicano español a Valencia, en plena Guerra Civil. El último artículo del volumen que nos ocupa data del 13 de junio de 1940, un día antes de la entrada de los alemanes en París (el 9 de junio, comenta: “la ocupación de París por los alemanes es un imposible metafísico”, p. 380); mientras que el primero que escribe en Londres está fechado el 12 de octubre de 1940. Quizá, durante esos cuatro meses, debió de dedicarse a escribir <em>La agonía de Francia</em>. </p><p>El libro vale tanto por la impresión general que produce como por sus detalles sobre la vida cotidiana, las costumbres de los franceses, los sentimientos de los ciudadanos y las esperanzas de los políticos. Lo que llama la atención, como hemos advertido, es que su interés por España casi desaparece (las excepciones se encuentran en las pp. 85, 86 y 351), centrándose en la Segunda Guerra Mundial, aunque tanto el segundo volumen como en el libro de 1941 se ocupe de nuestro país en varios capítulos. </p><p>En un artículo titulado “Es increíble hasta donde llega, en su extravío moral, la propaganda nazi” (pp. 312 y 313), publicado el 25 de abril de 1940, se refiere hasta en cuatro ocasiones a <em>la guerra podrida</em> imaginada por Hitler y llevada a la práctica por <strong>Goebbels</strong>. Y vuelve a utilizar la expresión varias veces más (pp. 329, 337, 341, 346, 352 y 371). Esa insistencia me ha llevado a pensar que era un título adecuado para esta reseña.  </p><p>El prólogo de Yolanda Morató resulta útil, valioso por las notas y el resto de las informaciones que nos proporciona, pero echamos de menos que se hubiera aclarado mejor las condiciones en que se gestaron los textos, tal y como hace en su libro sobre<em> Los años perdidos (1940-1944) </em>(Renacimiento, 2023), así como los trasvases de las piezas de una lengua a otra. A pesar de todo, el prólogo y las notas resultan necesarios para entender el sentido y valor de estos artículos. </p><p>Sea como fuere, tras las nuevas aportaciones, los estudiosos y biógrafos tendrán que rehacer sus trabajos, porque los nuevos datos de que disponemos, y se anuncian más por salir, cambian la visión que teníamos del autor, de su obra; sobre todo, tras la salida de España en 1937. A pesar de todos los pesares, estos artículos lo confirman como el gran periodista que sabíamos que fue. Creo que el mayor elogio que puede hacérsele es que si alguien quisiera saber cómo era la vida cotidiana en París entre 1939 y 1944, las expectativas que tenían los franceses ante la guerra, hará bien en leer este conjunto de crónicas.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Fernández Cubas obtiene el Premio Albert Camus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cristina-fernandez-cubas-obtiene-premio-albert-camus_1_2188109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9ebcb642-115e-4708-97c7-2d74c2e906e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Fernández Cubas obtiene el Premio Albert Camus"></p><p>Cada dos años se concede en Sant Lluís, <strong>Menorca</strong>, el <strong>premio Mediterráneo Albert Camus</strong>, dotado con <strong>8.000 euros</strong>, para homenajear a autores y artistas que comparten el espíritu de lo que representa el escritor francés. Con anterioridad lo habían obtenido la artista plástica libanesa, aunque de origen palestino, <a href="https://www.trobadescamus.com/2022/wp-content/uploads/2018/05/CA18_Ficha-ganadora_Mona_cas-2.pdf" target="_blank"><strong>Mona Hatoum</strong></a>, en el 2018; el sociólogo francés <a href="https://www.trobadescamus.com/premiado/edgar-morin/" target="_blank"><strong>Edgar Morin</strong></a><strong> </strong>(su último libro, publicado en España por Taurus, es <em>Lecciones de Historia. ¿Podemos aprender de nuestro pasado?</em>); el escritor galo, pero afincado en Barcelona, <a href="https://www.trobadescamus.com/premiado/mathias-enard/" target="_blank"><strong>Mathias Énard</strong></a>, y el artista multidisciplinar chileno <a href="https://www.trobadescamus.com/premiado/alfredo-jaar/" target="_blank"><strong>Alfredo Jaar</strong></a>, en el 2024. Me agrada que, si exceptuamos a Morin, el jurado se haya salido de lo obvio.  </p><p>El reconocimiento se entrega en el marco de unos encuentros que nacieron de una iniciativa del exministro <strong>Miguel Ángel Moratinos</strong>. El acta del jurado considera a <strong>Cristina Fernández Cubas</strong> “heredera del espíritu de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/ensenanzas-camus-periodista-comprender-mundo-llamas_1_1193337.html"  >Albert Camus</a>, con el que comparte la convicción de que solo desde la lucidez, incluso cuando duele, es posible ensanchar el espacio de lo humano”.  </p><p>Camus es uno de esos pocos escritores que seguimos sintiendo como nuestro contemporáneo, a pesar de que murió hace ya 65 años, en un desgraciado accidente de automóvil. Nacido en la Argelia francesa, tenía ascendencia española, menorquina. Su abuela nació en Sant Lluís. Obras como <em>El extranjero</em> (1942), <em>La peste</em> (1947) o <em>El hombre rebelde</em> (1951), se siguen leyendo y apreciando, por no recordar que en 1957 obtuvo el Premio <strong>Nobel </strong>de <strong>Literatura</strong>, o sus relaciones sentimentales con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/susana-fortes-ahonda-865-cartas-albert-camus-maria-casares-grandes-historias-amor-siglo-xx_1_1955280.html"  >María Casares</a>, actriz española afincada en Francia. </p><p><strong>Cristina Fernández Cubas</strong> ha ganado premios tan prestigiosos como el de las Letras Españolas, el Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Ha cultivado, sobre todo, el cuento (<em>Todos los cuentos</em>, 2009; <em>La habitación de Nona</em>, 2015; <em>Lo que no se ve</em>, 2025), la novela corta (<em>El columpio</em>, 1995), la novela (<em>La puerta entreabierta</em>, 2013), el teatro (<em>Hermanas de sangre</em>, 1998) o las memorias (<em>Cosas que ya no existen</em>, 2001). La revista <em>Ínsula</em> le ha dedicado recientemente un número monográfico.  </p><p>¿Qué une a Cristina Fernández Cubas con Albert Camus? Aunque en épocas diferentes, creo que ambos han sabido plasmar en su obra, cada uno a su manera, las <strong>desazones propias de su tiempo</strong>, bien por medio de un realismo crítico o alegórico, bien a través de la estética de lo fantástico. Comparten, además, el diálogo con la <strong>tradición</strong>, la <strong>ambición literaria</strong>, la <strong>independencia de criterio</strong>, el deseo de ensanchar el espacio de lo humano, y la fe en una obra que se ha ido gestando al margen de modas y tendencias. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 10:21:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cristina Fernández Cubas obtiene el Premio Albert Camus]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la costa este de Esther García Llovet]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/costa-esther-garcia-llovet_1_2184480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9396f95-82e5-440d-b826-0492d201a08a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la costa este de Eshter García Llovet"></p><p><strong>Anagrama, Barcelona, 2025.</strong></p><p>Esta peculiar novela, si es que a estas alturas de la historia del género alguna interesante no lo es, ocupa 157 páginas, y se compone de 40 capítulos, todos breves y algunos muy breves. Así, por ejemplo, el capítulo 14 solo se compone de 6 líneas (p. 54), y el 22 ocupa media página (p. 80). Está narrada en tercera persona, por un narrador omnisciente que mantiene una distancia irónica con los hechos, pero al que le gusta valerse de lo sentencioso (“El amor es lo único que se cuenta mal”, p. 76).</p><p>Lo que se cuenta, en definitiva, es la relación que entablan cuatro personajes: el Primo, por un lado; las gemelas <strong>Navarro</strong> y <strong>Romana Romano</strong>, por otro. La trama, la acción y el mínimo diálogo, diría que tienen menos importancia que el espacio y la configuración de los personajes. La acción transcurre durante la temporada baja en un resort de lujo, llamado Zen Gardens, situado en Villajoyosa, con sus apartamentos, su piscina, un falso jardín salvaje y numerosos operarios marroquíes, rumanos y dominicanos, sin voz ni presencia. Cerca se encuentra una misteriosa villa privada, compuesta por bungalós, Villa Serra se llama, situada en “el corazón del corazón de la selva”, aunque nadie parece saber dónde está, hasta que en un momento dado los personajes acceden a ella y asisten al rodaje de un anuncio, con sus guapos modelos, ella y él. La disparatada historia que se cuenta en el anuncio funciona en el conjunto como un relato intercalado.</p><p>Los personajes transitan por polígonos industriales, museos vacíos, restaurantes de comida basura y otros no lugares, frecuentes en el desconcertante mundo actual. El caso es que se trata de una novela coral, aunque sea el <strong>Primo </strong>el protagonista, quien en realidad se llama <strong>Alex</strong>, chico para todo en el hotel. En cuanto a los personajes, apenas nada sabemos de su pasado y resultan tan peculiares que se mueven por otra lógica, como los que suelen aparecer en las novelas de la autora. </p><p>Con el <strong>Primo</strong>, conviven, por llamarlo de alguna manera, las gemelas <strong>Gran </strong>y <strong>Petit</strong>, las hermanas Navarro, esta última con problemas de peso; niñas bien, aunque de poca monta (su origen familiar se cuenta al final), sablistas y gorronas. Pero, además, con menos protagonismo, desfilan <strong>Romana Romano</strong>, italiana que habla español con acento andaluz; <strong>Oliver</strong>, el barman, un artista tallando el hielo; el viejo <strong>Mónico Molinari</strong>, comedor de aceitunas, que no de <em>olivas</em>, como él las llama, a la catalana; <strong>Cicely</strong>, <strong>Paquete</strong>, el repartidor del vídeo y, finalmente, Ripley, la azafata. Todos ellos, singulares en sí mismos y en el peculiar conjunto humano del que ocasionalmente forman parte.</p><p>En esta historia ocurre de todo, digamos y, en esencia, nada sucede, aunque de pronto un ciervo muy joven bebe agua en la piscina, “esa es la magia de la noche” (p. 65), nos dice el narrador, aparece un oso salido de quién sabe dónde o, en varias ocasiones, un caballo blanco, del que comenta el narrador: “Es un poco unicornio, el caballo este” (p. 132). El caso es que los personajes van y vienen: se meten en el cuerpo todo lo que les apetece, juegan a las cartas, al mus (suele ganar el <strong>Primo</strong>), a la <em>Play</em> o al minigolf, toman el sol, pretenden lucirse en bikini (puede ser “amarillo fosforescente”), se aburren, viajan a lugares cercanos y van de compras... El Primo, entre dimes y diretes, y cierta timidez, desea a <strong>Petit</strong>, sin demasiada fortuna, aunque ella le da falsas esperanzas. Quizá por ello, la autora, en una entrevista, ha definido su novela como “de pasiones inconclusas”, y diría también que ocasionales, pues Petit mantiene relaciones con el barman. El Primo, además, sufre el chantaje del viejo <strong>Mónico</strong>, lo que descubriremos cuando esté muy avanzada la acción. El caso es que, tras la huida del paraíso que se supone que es un resort de lujo, en el desenlace de la narración, las tres mujeres continúan sus andanzas en el aire, pero eso dejo que lo descubran ustedes por su cuenta.  </p><p>Están latentes las diferencias sociales; adquieren protagonismo las marcas de moda, el gusto hortera, el brilli brilli, signo de los tiempos; y el léxico inglés (¡sin que falte el empalagoso <em>Enjoy</em>!), que la catetería nacional y los complejos vienen asumiendo. A todo ello se suman las alusiones tanto a la alta cultura, como a la cultura popular, ya sea en el caso del cine, la literatura (el viejo lee las <em>Meditaciones</em>, de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estoicismo-marco-aurelio-vuelto-liberarnos-hoy-seamos-esclavos_1_1664725.html"  >Marco Aurelio</a>), ya de la música (el Primo silba la primera de las <em>Variaciones Goldberg</em>), la pintura (el narrador alude a los bodegones de <strong>Sánchez Cotán</strong>) o la arquitectura, entre hortera y brutalista.  </p><p>Con esta novela, la autora cierra la llamada <em>Trilogía de los países del Este</em>, de la que también forman parte dos novelas anteriores, <em>Spanish Beauty</em> (2022) y <em>Los guapos</em> (2024). El título general me recuerda a los <em>Cuentos del lejano oeste </em>(2003), de <strong>Luciano G. Egido</strong>. Si el oeste era la Salamanca cercana a Portugal, el este bien puede ser el levante español. Por lo que respecta al resto, poco tienen que ver los microrrelatos y cuentos de Egido con las novelas de nuestra autora.  </p><p>Una de las virtudes de las narraciones de <strong>Esther García Llovet </strong>es que no se parecen a ningunas otras. Empezando por la utilización que hace del humor, de la ironía. Véase, al respecto, los comentarios que el narrador le dedica a la belleza. Así, comenta que la belleza estriba en poder decidir; véase las irónicas líneas que siguen sobre lo que te da la belleza, pero también lo que señala sobre los guapos y feos, o a lo que llama “el alpiste de la Generación Z” (pp. 118 y 124). </p><p>He dejado para el final una pregunta que me ha rondado durante toda la lectura de la novela: ¿quiénes son <em>las jefas </em>del título? Es probable que todos los personajes femeninos, pero diría que, sobre todo, las gemelas, <strong>Romana </strong>y la azafata <strong>Ripley</strong>, quien parece concederles el último capricho. Pero tengamos en cuenta que los títulos de la autora no son referenciales y, más que aclarar, añaden siempre cierta dosis de misterio al conjunto.  </p><p>Esther García Llovet es una escritora que tiene un mundo propio, diría que auténtico, si la palabra no estuviera tan manoseada, un estilo y un fraseo diferente. Le gusta jugar con el lenguaje (el narrador nos dice que <em>cuando el viejo se aburre, mata moscas con el rabo</em>), con el que nos muestra unas conductas extravagantes, aunque no por ello resulten menos reales, visto lo visto en el mundo actual. En fin, no hay más que salir a la calle y observar la realidad, los tipos humanos, su puesta en escena, para darse cuenta de en qué se ha detenido la mirada de la autora, pues ha querido contar historias que otros narradores no han sabido ver, ni son capaces de imaginarse como también hace ella.   </p><p>Mientras Esther García Llovet intenta rodar una película, o consigue que le encarguen un guion (¿por qué no para la serie <em>The White Lotus</em>, que algo tiene que ver con la novela que nos ocupa?), y que se ruede (“con los guiones sí se gana dinero”, le gusta repetir), el plan B —valga el topicazo por una vez— consiste en escribir y publicar singulares novelas. A la vista del panorama general, de los libros que encumbran los medios, con el dicharachero <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/david-ucles-creo-arte-crear-esperanza-necesaria-tiempos-oscuros_1_2140594.html"  >David Uclés</a> a la cabeza, bienvenidas sean novelas como esta, en que ni la trama ni los personajes ni los escenarios son los habituales.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 04:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En la costa este de Esther García Llovet]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Beatriz de Moura: la gran editora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/beatriz-moura-gran-editora_129_2180252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0c00f887-74dd-4757-9271-2500cc4e1426_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="beatriz"></p><p>Por qué extraños caminos transita el azar. <strong>Beatriz de Moura ha muerto a los 86 años</strong>, unas semanas después de Toni Marí, quien dirigió la excelente colección de poesía <em>Nuevos textos sagrados</em>, y pocos días antes de la celebración del Día del libro (quitémosle de una vez por todas a la celebración la compañía de Sant Jordi, como ha sugerido Eduardo Mendoza). </p><p>Esta brasileña nacida en Río, y afincada pronto en Barcelona, en 1962 (aunque ya había estado aquí en 1956, pues su padre era diplomático), ha sido uno de los editores más importantes de las últimas décadas del siglo XX, un regalo para quienes amamos la narrativa en castellano y universal, las buenas traducciones. No se conoce tanto su fascinación juvenil por el ballet, sus estudios en Ginebra de Traducción e Interpretación, ni tampoco que <strong>fue actriz ocasional</strong> (en el cortometraje <em>Imagen de la ciudad</em>, de Ricardo Bofill y Ó. Tusquets). Pero, además, publicó una novela, <em>Suma</em> (Lumen, 1974), y algunos cuentos, de los que no le gustaba hablar, nunca se reeditaron, y formó parte de una revista, La mosca, de vida efímera, pero que habría que rescatar, y además cultivó la traducción (M. Duras, Kundera...).</p><p>Tras pasar por Gustavo Gili y Salvat, llegó a la editorial Lumen, de Esther Tusquets, tras formar pareja con su hermano Óscar, donde <strong>conoció los principales rudimentos del mundo de la edición</strong>. Juntos, fundaron en 1969 Tusquets y, en una década, consiguieron convertir una pequeña editorial familiar en uno de los sellos literarios más relevantes del momento, junto a Anagrama, Alfaguara y Seix Barral. Eran los años de la gauche divine, de las noches de baile, en la que ella sobresalía, y de las copas en Boccaccio, de los encuentros en Cadaqués. La editorial empezó con los llamados Cuadernos marginales, donde aparecieron libros de <strong>Panofsky, Beckett</strong> o <strong>Borges</strong>, y con los <em>Cuadernos ínfimos</em>, la primera colección de <strong>Tusquets</strong>, en la que aparecieron los cuentos ya legendarios de <em>Mi hermana Elba</em> (1980) y <em>Los altillos de Brumal</em> (1983), de Cristina Fernández Cubas, entre otros libros de cine, arquitectura, teatro, psiquiatría, etc.  </p><p>Pero creo que el cambio fundamental se produjo en 1977, con la llegada de Toni López Lamadrid, su nueva pareja, quien se encargó de que las cuentas cuadraran y en añadir cordialidad, simpatía y generosidad (las cenas en La balsa y las comidas en el Igueldo, con <strong>interlocutores de la talla de Carlos Castilla del Pino o Terenci Moix</strong>, no las olvidaré nunca, o las conversaciones en la sede de la editorial en la torre de Cesare Cantù), a la que ya aportaba Beatriz. Y el fin de la primera parte de esta historia se produjo en el 2012, cuando Tusquets pasó a formar parte del Grupo Planeta.</p><p>Otro de los hitos de la historia de Tusquets fue la creación en 1977 de la colección y el premio La sonrisa vertical, de literatura erótica, a sugerencia de Luis G. Berlanga, experto en la materia. Premio que obtuvo pronto Almudena Grandes, con <em>Las edades de Lulú</em>, <strong>novela excelente con la que inició su trayectoria como narradora</strong>, convirtiéndose en uno de los pilares de la editorial, pues consiguió llegar a un público mayoritario, sin renunciar por ello a la calidad literaria. De la colección <em>Los cinco sentidos</em>, cuyo responsable era Xavier Domingo, desde París, mi preferido es La cocina cristiana de Occidente, de Álvaro Cunqueiro. Por su parte, el Premio Comillas ha contribuido, y no poco, al renacimiento de eso que ahora denominan literatura del yo, ya sean memorias, ya autobiografías, como las de Carlos Barral, Carlos Castilla del Pino y Juan Luis Panero, en el que algo tuve que ver. </p><p>Comentar aquí el catálogo resulta imposible, ni siquiera en sus hitos principales. Pero, no obstante, además de los nombres ya citados, a Tusquets le debemos, en la colección Andanzas, la <strong>lectura de libros de Cristina Fernández Cubas, Luis Landero</strong> (el hito que fue <em>Juegos de la edad tardía</em>, 1989), <strong>Ramiro</strong> <strong>Pinilla</strong> (su trilogía <em>Verdes valles, rojas colinas</em>, 2004-2005), <strong>Jorge Semprún</strong> (<em>La escritura o la vida</em>, 1995), <strong>Javier Cercas</strong> (<em>Soldados de Salamina</em>, 2001), <strong>Fernando Aramburu</strong> (<em>Patria</em>, 2016), y no quiero olvidarme del gran <strong>Cristóbal Serra</strong> (su <em>Viaje a Cotiledonia</em> fue uno de los libros menos vendido de la editorial, con solo cien copias, según la editora), de <strong>Luciano G. Egido</strong>, de <strong>Eduardo Mendicutti</strong> y su lúcida y divertidísima <em>Una mala noche la tiene cualquiera</em> (1982), y de <strong>Gonzalo Hidalgo Bayal</strong>. En el caso de la literatura hispanoamericana, nos proporcionó libros de <strong>García Márquez</strong> (<em>Relato de un náufrago</em>, 1970, uno de los superventas de la casa), <strong>Vargas Llosa, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Reinaldo Arenas</strong> (<em>Antes que anochezca</em>, 1992), <strong>Jorge Edwards</strong> (<em>Persona non grata</em>, 1991), <strong>Leonardo Padura, Abilio Estévez, Luis Sepúlveda</strong> (<em>Un viejo que leía novelas de amor</em>, 1992), <strong>Cristina Rivera Garza, o Gonzalo Celorio</strong>, el último Premio Cervantes. Y por lo que se refiere a la literatura traducida, recordemos a <strong>Beckett, Calvino, L. Sciascia, M. Duras</strong> (<em>El amante</em>, otro de los libros de más éxito), <strong>M. Kundera</strong> (<em>La insoportable levedad del ser</em>, 1985), <strong>F. Dürrenmatt, E. Jünger, A. Camus, C. Milosz, Cioran, Malcolm Lowry, A. Miller, J. Updike, G. Simenon</strong> y <strong>Woody Allen</strong>. Para ello contó con los mejores traductores: Carlos Pujol, Andrés Sánchez Pascual, Carlos Manzano, Pepe Escué o Javier Albiñana, por solo citar a unos pocos. Pero también editó libros de ensayo, entre ellos, los excelentes de Herbert Lottmann, Rüdiger Safranski y Claudio Guillén.</p><p>El pasado 29 de marzo, con motivo de la muerte de Toni Marí, hablaba aquí de la colección Nuevos textos sagrados, no quiero repetirme, pero sí recordar que en ella aparecieron libros, entre muchísimos otros, de <strong>Juan Ramón Jiménez, J.Á. Valente, Caballero Bonald, Juan Gelman, Manuel Padorno, Juan Luis Panero, Andrés Sánchez Robayna, Guillermo Carnero, Francisco Ferrer Lerín, Chantal Maillard, Eloy Sánchez Rosillo, Luis García Montero</strong> o <strong>José María Micó. </strong></p><p>Barcelona, España, está en duda con la editora, no solo por los buenos libros que ha publicado, sino también porque <strong>en 1998 donó a la Universidad Pompeu Fabra parte de su biblioteca particular</strong> y de la de su padre, el diplomático Altimir de Moura. Y se comprometió en donar el resto de sus libros, tras su muerte. Ese mismo año, el gobierno francés la nombró Caballero de la Orden de las Artes y las Letras; y, al año siguiente, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le concedió el Reconocimiento al Mérito Editorial. Entre nosotros, Maragall le concedió la Creu de Sant Jordi en el 2006. </p><p>Beatriz de Moura y Toni López Lamadrid (falleció en el 2009), me resulta imposible separarlos, han sido, para mí, durante muchos años, los <strong>interlocutores más frecuentes</strong>, con los que me he entendido mejor, en un mundo literario, hoy desaparecido, en el que los editores, algunos editores, querían conocer las opiniones de los críticos, de los historiadores de la literatura, a los que respetaban. Ambos sabían escuchar y <strong>eran excelentes conversadores</strong>, sabían apreciarte, sin empalagos ni impostaciones; a todo ello, se unía la afabilidad de Toni, el peculiar acento de Beatriz, con sus flequillos, peinados y tintes (a menudo, diferentes; no hay dos fotos en las que aparezca igual), y sus inolvidables sonrisas; a veces, convertidas en carcajadas. </p><p>Para Beatriz, lo repitió en varias ocasiones, en privado y en público, el editor <strong>debe tener curiosidad, sentir fascinación</strong> por el objeto que es el libro, vocación y obstinación, “obstinarme en mi obstinación”, decía, perseverancia. Y, en suma, debe procurar la creación de un equipo de confianza, que sepa bien su oficio, y la apuesta por un catálogo de fondo, duradero. Todo ello lo comparten los buenos editores. Beatriz de Moura, además, solo trató de editar lo que realmente le gustaba: libros legibles, con calidad literaria, que le interesaran a los lectores.</p><p><strong>P.D</strong>. A quien quiera saber más, le recomiendo el libro de Juan Cruz, <em>Por el gusto de leer: Beatriz de Moura, editora por vocación</em> (Tusquets, 2014).</p><p>_________________</p><p><em><strong>Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 07:15:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Beatriz de Moura: la gran editora]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Cultura,Obituario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La invitación a la poesía de Andrés Amorós]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/invitacion-poesia-andres-amoros_1_2177986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24f297c2-13e3-48cc-b348-14e07a3062de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La invitación a la poesía de Andrés Amorós"></p><p><strong>Fórcola, Madrid, 2026.</strong></p><p>¿Qué autores y poemas escoger cuando alguien se plantea hacer un libro como el que ahora nos ocupa? Parto de la convicción de que un trabajo así solo puede hacerse en la madurez, época en que los conocimientos pueden ser muchos, las lecturas están asentadas y el criterio, probado. En estas páginas, nos encontramos con el <strong>Andrés Amorós </strong>lector, con el filólogo e historiador de la literatura, con alguien que conoce a fondo la tradición y que tiene gusto (la capacidad crítica de discernir con buen criterio) para poder escoger lo mejor, entre lo mucho bueno.</p><p>La primera parte del título del libro proviene de las “Canciones a Guiomar”, de <a href="https://www.infolibre.es/temas/antonio-machado/"  >Antonio Machado</a>, que Amorós considera una de las mejores definiciones de la poesía (p. 361). El conjunto del título, sin embargo, no responde estrictamente al contenido, ya que, en vez de <em>españoles</em>, debía haber sido <em>en español</em> (o <em>en castellano</em>), y el desequilibrio en la selección es manifiesto, pues tanto la poesía de la postguerra como la hispanoamericana ocupan mucho menos espacio del que debería corresponderle, quizá para evitar el engorro que supone conseguir los derechos. Pero ello no le resta ni un ápice de valor al conjunto, muy bien enmarcado, entre <strong>Juan Ruiz, Arcipreste de Hita</strong>, y<strong> Antonio Carvajal</strong>, el poeta granadino que es ya, con más de 80 años, un clásico vivo. </p><p>El autor reconoce que han quedado fuera poetas que le hubiera gustado incluir, pero a los muchos excluidos que cita, casi todos indiscutibles, yo me permito añadirle otros tres: <strong>Ángel Crespo, José Ángel Valente </strong>y <strong>Tomás Segovia.</strong> Según confiesa, ha escogido a los autores y poemas más conocidos, pero añade otros cuya presencia sorprende, como <strong>fray Damián Cornejo, Pemán</strong> o <strong>Antonio Gala</strong>. Lo importante es que están todos los grandes: los versos del romancero (“Romance del prisionero”, “El conde Arnaldos”),<strong> Jorge Manrique </strong>(el final de las “Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique”), <strong>Garcilaso </strong>(el soneto V: “Escrito está en mi alma vuestro gesto”),<strong> Gutiérrez de Cetina</strong> (el madrigal que empieza “Ojos claros, serenos”), <strong>Fray Luis de León </strong>(“A la vida retirada”), <strong>San Juan de la Cruz </strong>(“Noche oscura”), el soneto anónimo que empieza “No me mueve, mi Dios, para quererte”, <strong>Cervantes </strong>(“Soneto al túmulo del rey Felipe en Sevilla”), <strong>Góngora </strong>(el soneto “Mientras por competir con tu cabello”), <strong>Lope de Vega </strong>(la rima 126: “Desmayarse, atreverse, estar furioso…”), <strong>Fernández de Andrada </strong>(“Epístola moral a Fabio”), <strong>Quevedo </strong>(“Amor constante más allá de la muerte”), <strong>Espronceda </strong>(“La canción del pirata”), <strong>Bécquer, Rosalía de Castro</strong> (“Dicen que no hablan las plantas…”), <strong>Unamuno </strong>(el comentario que le dedica es uno de los que más me gustan, aunque hubiera elegido otro poema), <strong>Rubén Darío</strong> (“Lo fatal”), los <strong>Machado </strong>(“Adelfos”, “Retrato”, “Yo voy soñando caminos…”), <strong>Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas </strong>(“Perdóname por ir así buscándote”), <strong>Oliverio Girondo </strong>(el maravilloso poema que empieza: “Se miran…”), <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ver-federico-zapatillas-familia-lorca-cartas_1_2174545.html"  ><strong>Lorca</strong></a><strong> </strong>(¿por qué no uno de los llamados "sonetos del amor oscuro"), <strong>Aleixandre, Borges</strong> (“Poema de los dones”), <strong>Cernuda </strong>(“Si el hombre pudiera decir lo que ama”), <strong>Alberti, Neruda</strong> (“Poema 20”), <strong>Miguel Hernández</strong>  (“Elegía a Ramón Sijé”), <strong>José Hierro</strong> (me hubiera decantado por “Lope. La noche. Marta”), <strong>Antonio Carvajal</strong> y más.   </p><p>No desdeño el humor de<strong> Baltasar del Alcázar </strong>(“Cena jocosa”), los versos satíricos de <strong>Quevedo</strong>, o la parodia de <strong>Muñoz Seca </strong>(<em>La venganza de don Mendo</em>), y menos aún los versos memorables de <em>Don Juan Tenorio</em>, pero creo que, como poesía, están en otra dimensión. Sea como fuere, Amorós ha hecho bien dándoles cabida aquí.  </p><p>Este libro es el último ejemplo de una larga tradición de antologías del conjunto de la poesía española desde sus orígenes hasta un presente que siempre resulta variable, como las de <strong>Vicente Gaos </strong>(<em>Díez siglos de poesía castellana</em>, Alianza, 1975; acaba con Miguel Hernández); y la de <strong>Francisco Rico</strong> (<em>Poesía de España. Los mejores versos</em>, Círculo de Lectores, 1996, que concluye con los poetas del <em>mediosiglo</em>), por solo citar dos volúmenes que tengo más a mano. Lo que distingue el libro de Amorós es que los poemas están comentados y que reproduce, total o parcialmente, muchos más de los poemas que anuncia. En esto se parece a la extraordinaria recopilación de<strong> José María Castrillón</strong>, <em>Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941)</em> (Trea, 2018), un libro modélico en su especie.</p><p>Antes de llegar a la Universidad o en los primeros años, leí libros de Amorós. ¿Cuántos estudiantes universitarios podrían decir eso ahora? Así, su <em>Introducción a la novela contemporánea</em> (Anaya, Salamanca, 1966, aunque manejé la edición de Cátedra, 19743, revisada y aumentada), y la <em>Introducción a la novela hispanoamericana actual</em> (Anaya, Salamanca, 1972), donde se ocupaba de <strong>Carpentier, Onetti, Sábato, Lezama Lima, Cortázar, Rulfo, Fuentes, García Márquez</strong> y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/fascinante-oirle-explicar-argumentaba-novelas-trabajar-vargas-llosa_1_1978707.html"  >Vargas Llosa</a>. Cuatro autores del <em>boom</em> y otros tantos antecesores. Además de investigador universitario, Amorós ha cultivado con fortuna la alta divulgación, en libros como este que ahora me ocupa, cuyas partes había dado antes en la prensa. Siento no conocer otros libros suyos semejantes, aparecidos en esta misma editorial. </p><p>En el análisis de los poemas, Amorós se apoya en las aportaciones de grandes filólogos, como <strong>Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, M. Bataillon, Leo Spitzer, E.R. Curtius, Amado Alonso, Otis H. Green, Albert Béguin</strong> o <strong>Lázaro Carreter</strong>, y en otros que reconoce como sus maestros: <strong>Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, Américo Castro, José F. Montesinos, José Manuel Blecua,</strong> padre, o<strong> Federico Sopeña</strong>; pero también cita a sus colegas contemporáneos, como <strong>Alberto Blecua</strong> y <strong>Francisco Rico</strong>, y a escritores que han cultivado el ensayo literario, e incluso a historiadores de la música, como el citado Sopeña. Si repasamos el índice de nombres, podemos advertir –ateniéndonos al número de veces que aparecen– que quizá sus autores preferidos, poetas o cultivadores de otros géneros, sean: <strong>Horacio, Virgilio, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Calderón, Bécquer, Zorrilla, Rubén Darío, Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Antonio </strong>y <strong>Manuel Machado, Gómez de la Serna, Neruda, Guillén, Pedro Salinas, Lorca, Alberti, Cernuda, Miguel Hernández </strong>y <strong>José Hierro</strong>.  </p><p>El libro sigue un orden cronológico y el procedimiento que utiliza es semejante: escoge un autor y un poema, y lo comenta para que lo comprendamos en todos sus matices, y disfrutemos con la lectura. A dicho propósito. Para ello, nos proporciona los datos necesarios para que podamos entenderlo lo mejor posible: el libro en el que se recoge, el movimiento estético del que forma parte, su tradición, así como las peculiaridades que distinguen al poema, sus singularidades. Nos muestra sus temas y motivos, comenta la métrica e incluso se fija en palabras concretas (por ejemplo, aclara qué es un <em>envío</em>, o por qué aparece un <em>papagayo</em> en un célebre verso de <strong>A. Machado</strong>) cuyo significado debemos conocer para entender y apreciar los versos. Llama la atención lo bien que empieza los capítulos, de igual modo que resulta significativa la crítica a los pedagogos (a la “actual y bárbara pedagogía” que desprecia y proscribe la memoria, pp. 8 y 84), a las nuevas tecnologías (“afirman ahora algunos necios que la tecnología ha cambiado radicalmente la condición humana”, p. 321), a la enseñanza actual, pues considera que vivimos una crisis del estudio de las Humanidades. Son críticas que, en esencia, comparto, junto con el cuestionamiento del progresismo mal entendido, lo que ahora se llama <em>woke</em>, a pesar de que no siempre sepamos a qué se refieren quienes utilizan el concepto.    </p><p>Creo que preguntarse a estas alturas si puede comentarse la poesía es innecesario, aunque el autor nos hace unas consideraciones dignas de ser tenidas en cuenta, a propósito de la “Noche oscura”, de<strong> San Juan de la Cruz</strong> (p. 113). A mí me parece, modestamente, que la poesía puede y debe comentarse, y si quien lo hace –sea un buen poeta o un profesor (Amorós, en este caso)– lo lleva a cabo con brillantez, no tiene precio.  </p><p>La verdad es que mucho de lo que se cuenta en este libro ya lo conocía, pero he disfrutado recordándolo, volviendo a aprenderlo, que es para lo que sirve releer. Conocía casi todos los poemas y, sin embargo, he disfrutado mucho refrescando lecturas. Así, he aprendido muchas cosas que quizás estaban en mi memoria, pero que no siempre tenía presentes. Se trata, por tanto, de una lectura muy recomendable para los amantes de la poesía y para aquellos estudiantes —pienso en la Universidad, pero también en todos los lectores, y en especial en los alumnos de Filología— a los que tanto les cuesta entender cabalmente un poema, incluso cuando están a punto de graduarse. He oído decir a algunos poetas que llegaron al género tras la lectura de <em>Las mil mejores poesías de la lengua castellana</em>, de<strong> José Bergua,</strong> libro que cuando yo era joven solía estar en todas las casas, y ese ha debido ser el propósito de Amorós. ¡Ojalá se cumpla! El libro se cierra, rompiendo la cronología, con el comentario del poema de <strong>Rubén Darío</strong>, “Letanía de nuestro señor don Quijote”. No se me ocurre un final mejor.         </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.  </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La invitación a la poesía de Andrés Amorós]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Últimos artículos de Javier Marías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultimos-articulos-javier-marias_1_2174034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80445cd1-dd7e-4565-89d8-9489da5c32ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Últimos artículos de Javier Marías"></p><p><strong>Alfaguara, Madrid, 2025.</strong></p><p>Al cumplirse tres años de la muerte de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/guia-basica-leer-javier-marias_1_1315379.html"  >Javier Marías</a>, ocurrida en el 2022, su editorial ha reunido en un volumen las 75 últimas columnas que publicó en <em>El País Semanal</em>, donde había empezado a escribir en el 2003. En todos estos años, casi veinte, publicó 939 artículos. En esta ocasión, el título, con ecos lorquianos, se lo debemos a <strong>Carme López Mercader</strong>, su viuda, siguiendo la tónica que había seguido Marías de darles a estas recopilaciones la denominación de uno de los artículos. Así las cosas, su significación se multiplica, puesto que el texto que le proporciona título al conjunto es un homenaje a <strong>Juan Benet,</strong> al cumplirse treinta años de su muerte, de quien Marías nos dice: “fue un amigo y un maestro. No tanto literario como vital”, que le “enseñó qué eran la rectitud y la decencia”, de quien aprendió no poco: “me enseñó a ver y oír mejor (pintura y música), y a leer mejor, a saber distinguir lo valioso de lo pretencioso y los recursos de buena ley de los de mala”, “me enseñó a discernir: quién tiene piedad (…), y quién no la tiene”. Además, para Marías, los artículos de Benet era “muy lúcidos y originales”, aunque no siempre estuviera de acuerdo con sus opiniones (p. 190). En ese artículo con que titula el conjunto se queja también de lo “irrespetuoso” que resulta que decidamos lo que un difunto hubiera hecho u opinado sobre un suceso actual de haber estado vivo (opiniones del tipo: hoy <strong>Shakespeare </strong>estaría escribiendo series), sin por ello dejar de preguntarse qué hubiera escrito Benet sobre la invasión de Ucrania, o Marías —añado yo— sobre el genocidio en Cisjordania y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libro-negro-gaza-da-voz-jovenes-palestinos-escribir-forma-resistencia_1_2170929.html"  >Gaza</a>.  </p><p>Tanto los temas de que se ocupa como la manera de abordarlos son los suyos habituales. La retórica es la propia del autor, como lo es también el tono crítico que adopta cuando trata de política nacional e internacional, sobre los peligros que sufre la democracia, según la entendíamos hasta hace muy poco, el habitual, en este “bobo siglo”, como lo denomina. Una época que será recordada, nos dice, “por su pintoresquismo y su extrema ridiculez”, por el “cretinismo imperante” y por los numerosos “oportunistas lunáticos”; y remacha su opinión: “vivimos en una época particularmente enloquecida e idiota, en la que abundan los disparates (…), los ataques a la libertad y las injusticias”. Y confiesa que se siente impelido a señalar esos males, “procurando razonar y argumentar por qué me lo parecen” (p. 121).</p><p>Tampoco faltan en estos artículos los asuntos que solían interesarle: la literatura, el cine, la música, el fútbol (en pequeñas dosis), el cuestionamiento de lugares comunes (“la mejor literatura actual se está escribiendo en los periódicos”, p. 230), o la denuncia del mal uso del español, como ocurre en el titulado “Desprecio de la propia lengua”, en el que crítica que los anglicismos hayan invadido tanto el castellano de América como el nuestro, de lo que hace responsables a los periodistas, con TVE a la cabeza, a los políticos y a los publicistas (“escuela de lelos y cursis”, los denomina). Considera espurios ciertos usos de la lengua, como una tendencia “pedante-cateta”, quizá debida al “deseo irrefrenable de ser americanos”, estadounidenses (p. 125).</p><p>Además, se muestra contrario a la publicación de autobiografías, memorias, biografías, diarios y cartas privadas, puesto que “la prensa canallesca” solo destaca de ellas los comentarios malignos, hirientes, aunque me resulta imposible estar de acuerdo con esta opinión. Y, sin embargo, no le falta razón, en parte. En este mismo sentido, no creo que le hubiera hecho gracia la biografía que, dos años después de su muerte, en el 2024, le ha dedicado <strong>Manuel Adolfo Martínez Pujalte</strong>, aun cuando, a pesar de sus carencias y torpezas, ponga las bases para una futura biografía más atinada, si es que alguien se atreve tras conocer las opiniones del autor al respecto. Tampoco ha dado permiso Marías para que se publique su correspondencia con <strong>Herralde</strong>, explicando las razones. Y concluye: “la <em>obra</em> es sólo lo que ese escritor da a conocer en vida” (p. 53). Así, afirma contundente: “sólo son biógrafos los rencorosos, los oportunistas y los chismosos” (p. 180), opinión que tendría que haber matizado.</p><p>Más crítico aún, si cabe, se muestra con los móviles, “las cretinas redes” sociales (“en estas, hay poco más que invectivas, burlas, comentarios malsanos, malignidad hacia cualquiera…”, p. 48), y con las feministas de la denominada cuarta ola. A este propósito, comenta el caso de Amanda Gorman, joven poeta de raza negra, y la polémica que suscitaron las versiones de sus versos a otras lenguas. Se ocupa también de la pandemia, del coronavirus, de los buenos propósitos que suscitó en nuestras conductas y cómo fueron olvidados en cuanto la enfermedad desapareció. </p><p>Pero la mayor novedad del conjunto son los cuentos que publicó en la misma sección, <em>La zona fantasma</em>, al margen de que no están a la altura de los que incluyó en <em>Mala índole</em> (2012). Todos aparecen concentrados en la segunda mitad del libro, intercalándolos con los artículos, hasta un total de dieciséis narraciones, aunque la historia del profesor <strong>Pírfano de Lerma</strong>, del señor <strong>Cotta</strong>, escritor fracasado y editor, y de <strong>Catherine del Biombo</strong>, la guapa americana ennoviada con el “no tan joven <strong>Brendán</strong>” <strong>Godínez</strong>, cuya acción transcurre en 1982, no pudo llegar a completarla, quedando inacabada. Lo que destacaría, además del humor, del tono zumbón, es que en ellos hace hablar, de manera creíble, verosímil, a Juan Benet y al <strong>rey Juan Carlos</strong> (que ya había aparecido en<em> Mañana en la batalla piensa en mí</em>)<em>.</em> Y como dato curioso, tengo la impresión de que el personaje de <strong>Pírfano </strong>está inspirado, al menos en parte, en <strong>Francisco Umbral</strong>. Aun cuando la mayoría de los artículos sean independientes, en cuatro ocasiones compone series de dos (por ejemplo, cito solo un ejemplo, “Aquí no cabe ningún <strong>Marx</strong>” y “Tampoco caben <strong>Chaplin </strong>ni <strong>Keaton</strong>”), pero en el caso de los cuentos, es ahora, en el libro, cuando podemos seguir mejor el relato de los sucesos, inacabado por el fallecimiento del autor.</p><p>Decía que se muestra muy crítico tanto con los políticos españoles, de todas las ideologías, como con los principales gobernantes del resto de mundo, con <strong>Trump </strong>y <strong>Putin </strong>a la cabeza. El que Marías se defina de izquierdas no le impide cuestionar a Podemos, ni tampoco al PSOE, sobre todo por sus pactos con los nacionalistas catalanes (los independentistas se llevan los mayores varapalos) y vascos (con <strong>Otegi </strong>a la cabeza), y por sus alianzas con Podemos. El caso es que cuando hace pronósticos, no siempre acierta, como cuando dice, sobre unas futuras elecciones, que “Illa no podría ganar nada”. Pero lo importante es que varios de los políticos que critica hayan dejado de tener protagonismo en la vida española y en la internacional. En “Arrepentimiento simultáneo”, publicado en mayo del 2021, quizás el artículo con una mayor carga política, se explaya contra el PP (“al PP no lo votaré jamás”, p. 54), Vox, Podemos (“Podemos, simétrica con Vox”, p. 55) y el PSOE. Sobre este último, afirma que “votar hoy al PSOE equivale a votar a gente sin crédito y a meter en la gobernación de Madrid a los señoritos podemitas, <strong>Marx </strong>no lo tolere” (p. 56). Los reproches que les hace, en diversos artículos del libro, son numerosos y están bien fundamentados. Denuncia, además, la incapacidad de los electores al “no ver, no descifrar, no reconocer con claridad al otro”; tema tratado también en sus novelas.</p><p>Si tuviera que escoger algunos de estos trabajos (ante las recopilaciones, creo que el crítico está obligado a decantarse por una selección de las piezas que las componen), optaría por “Críticas y premios”, centrado en el cine y la literatura; o “Cine para ver mejor”, en el que se pregunta por qué fascinaron a las masas políticos tan ridículos como <strong>Hitler</strong>, <strong>Putin </strong>y otros, sin que falten los nuestros; mientras que en “Perrerías póstumas” confiesa que no cree en la posteridad, para cuestionar, asimismo, el paso de las obras literarias al dominio público, asunto del que también se había ocupado ya, para que se aprovechen de los derechos los <em>versionadores</em> y <em>adaptadores</em> de turno; en ocasiones, destrozando las obras, como en el caso que comenta de una versión de <em>Otelo</em>; “Mala índole” es un alegato en favor de los exiliados republicanos, ante unas desafortunadas declaraciones de <strong>Pablo Iglesias</strong>, que los igualaba con <strong>Puigdemont</strong>, opinión que <strong>Muñoz Molina </strong>ha calificado –con razón– de “vileza”; en “Aún lejos de mil” traza un balance de sus artículos en la prensa, y nos recuerda que <em>Mano de sombra</em> (1997) fue la primera recopilación de sus artículos; y “Día y noche, noche y día” nos habla de la casa de su padre, el filósofo <strong>Julián Marías,</strong> en la que él también vivió. No menos significativo resulta –aunque no estuviera previsto por Marías– que el libro se cierre con un elogio de la traducción literaria, “El más verdadero amor al arte”, en la que tanto empeño había puesto y tan buenos resultados había obtenido. </p><p>Las opiniones poco complacientes que aparecen en el libro (se cura en salud: “a estas alturas creo haberme ganado cierto derecho a la arbitrariedad, a las manías y al enfurruñamiento que tanto ofende a algunos”, p. 121), adquieren relieve en lo que señala en el artículo titulado “Los versos de mírame y no me toques”, que concluye diciendo: “no le veo sentido a escribir en prensa para no decir la verdad, o sólo para lo que tantos y tantas escriben: justamente, quedar bien” (p. 44); “siempre he escrito lo que pensaba y no lo que `quedaba bien´” (p. 122). O, añado yo, para cumplir con el papel que se les ha asignado, como –digamos– portavoces de un grupo social o ideología, de una tendencia, moda o minoría.</p><p>Siempre me han gustado las cubiertas de los libros de Marías, aunque, en esta ocasión, no ha debido de elegirla él, se mantiene en la misma línea de acierto que las anteriores. Se dice que el cuadro del pintor danés <strong>C.W. Eckersberg</strong> (“Vistas, a través de una puerta, de figuras en relieve”) procede del Statens Museum for Kunst, pero no se dice que se trata de la Galería Nacional de Dinamarca, en Copenhague. Javier Marías, que tenía una veta tiquismiquis, seguro que lo hubiera precisado. La publicación de estos últimos artículos, son veintitrés los libros de este género, la posibilidad de seguir leyéndolo, es un consuelo para quienes tanto admiramos su obra narrativa y ensayística. </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura española y crítico literario. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Últimos artículos de Javier Marías]]></media:title>
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      <title><![CDATA[De los premios de la crítica al Premio AENA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/premios-critica-premio-aena_129_2174036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2b018ff1-e2a5-4394-9744-3db5add4d7f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los premios de la crítica al Premio AENA"></p><p>Vuela el dinero a mansalva y los diarios de mayor tirada se van tras él, ya saben: <em>non olet</em>, dedicándole sus páginas a un premio literario que está echando a andar. La presencia de un par de periodistas culturales y la <strong>publicidad que han puesto en esos medios ayuda no poco</strong>. Pero mientras hablamos de dinero, no nos centramos en la literatura, que es lo que tocaría, ni en otros asuntos que afectan al conjunto de la población. ¿Ha habido, acaso, un solo medio de comunicación que <strong>haya comentado los méritos de las cinco obras finalistas</strong>? ¿Alguien ha pensado en las que se han quedado fuera y que quizá tenían los mismos o mayores méritos literarios? ¿Cuántas de las obras preseleccionadas y finalmente elegidas <strong>han leído los prejurados y los jurados</strong>? Las narraciones finalistas han sido: <em>Ahora y en la hora</em>, de <strong>Héctor Abad Faciolince</strong>; <em>Marciano</em>, de <strong>Nona Fernández</strong>; <em>Los ilusionistas</em>, de <strong>Marcos Giralt Torrente</strong>; <em>El buen mal</em>, de <strong>Samanta Schweblin</strong>; y <em>Canon de cámara oscura</em>, de <strong>Enrique Vila-Matas</strong>. </p><p>Flaco favor le ha hecho <em>El País</em> a <strong>Samanta Schweblin</strong> dedicándole tres páginas, la portada de <em>Babelia</em> entre ellas, cuatro días antes de que se fallara el premio. De estas obras, tres son de heterodoxa concepción genérica, aunque alguna de ellas podría leerse como novela; <strong>un libro de cuentos y una novela</strong>, propiamente dicha. Pero con semejantes méritos podrían también haber figurado los libros de <strong>Cristina Fernández Cubas</strong> (<em>Lo que no se ve</em>), <strong>Javier Cercas</strong> (<em>El loco de Dios en el fin del mundo</em>), <strong>Juan Gabriel Vásquez</strong> (<em>Los nombres de Feliza</em>), <strong>Julio Llamazares</strong> (<em>El viaje de mi padre</em>), <strong>Jorge Fernández Díaz</strong> (<em>El secreto de Marcial</em>), <strong>Andrés Neuman</strong> (<em>Hasta que empieza a brillar</em>) o <strong>Elvira Navarro</strong> (<em>La sangre está cayendo al patio</em>).  </p><p>En fin, para haberse puesto AENA en manos de tanta gente (La Tropa Produce, cuyos componentes tienen más que ver con la organización de <em>eventos</em>, que con el conocimiento del sistema literario; <em>scouts</em>; diez preseleccionadores, de los que solo conozco dos nombres: <strong>Jordi Amat</strong> y <strong>Karina Sainz Borgo</strong>, periodistas de <em>El País </em>y <em>Abc</em>; y el jurado), y haberles pagado por su trabajo, <strong>me temo que AENA ha cometido unos cuantos errores</strong>. El premio no es de <em>narrativa hispanoamericana</em>, sino de <em><strong>narrativa española e hispanoamericana</strong></em>, o, si quieren, de <em>narrativa hispánica</em>. Las decisiones que se han tomado parecen <strong>presididas por lo políticamente correcto</strong>: de los cinco finalistas, dos son españoles y tres hispanoamericanos (un colombiano, una chilena y una argentina, con lo que los mexicanos no estarán contentos); las editoriales de los libros seleccionados son: Alfaguara, Random House, Anagrama y Seix Barral, que ha logrado colocar dos libros (o sea libros de grandes grupos editoriales: dos de Random, dos de Planeta y uno de Feltrinelli). El jurado, por su parte (“caprichosamente elegidos”, señala con razón <strong>Ignacio Echevarría</strong>), está formado por <strong>Rosa Montero</strong>, <strong>Pilar Adón</strong>, <strong>Leila Guerriero</strong>, <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong>, <strong>José Carlos Llop</strong>, <strong>Sergio Vila-Sanjuán</strong>, <strong>Jesús García Calero</strong> y <strong>Elmer Mendoza</strong>. Se trata de seis escritores y dos periodistas, aunque algunos de ellos compartan ambos oficios; de los cuales, tres son mujeres y cinco hombres; seis españoles, una argentina, y un mexicano. Si dejamos a parte a <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong>, poeta, ensayista y traductor, el resto <strong>están vinculados a Seix Barral, Random, Anagrama, Destino y Tusquets</strong>, aunque <strong>Elmer Mendoza</strong> ha pasado por Tusquets, Alfaguara, Random, y <strong>Pilar Adón</strong> que es codueña de Impedimenta, que en este jolgorio no aparece. En suma, todo está <strong>forzadamente equilibrado</strong>, falta la espontaneidad que proporciona la libertad y la independencia de criterio, el conocimiento.</p><p>De los anuncios en la prensa (los he visto en <em>El País</em>, <em>La Vanguardia</em>, <em>ABC</em> y <em>El Periódico</em>), unos están en castellano y otros en catalán, según el lugar donde se edita el diario, aunque varios de ellos tengan versiones en las dos lenguas, se impone el catalán, a pesar de que se trate de la edición en castellano del diario. Puestos a quedar bien con los defensores de la lengua catalana, <strong>podrían haber tenido en cuenta su literatura</strong>, así como la gallega y la vasca. En <em>El País</em>, el diario que más atención le ha prestado, a pesar de <strong>no tener en el jurado a ninguno de sus periodistas</strong>, han aparecido tres artículos, entre ellos, uno de <strong>Mauricio Lucena</strong>, el inventor del premio, y un extenso reportaje de <strong>Andrea Aguilar</strong>. </p><p>Más de uno se preguntará cuánto va a costar la convocatoria del premio. Con el millón que se lleva el ganador, los 120.000 euros destinados a los otros cuatro finalistas, los gastos de la organización previa al fallo, los anuncios en la prensa a toda página y la fiesta en Barcelona con motivo de la concesión (viajes, hoteles y comidas), el gasto total no bajará del millón y medio de euros. Si tanto afán tiene AENA de ayudar a la cultura, de “<strong>devolver a la sociedad lo mucho que la sociedad ha dado</strong> a los trabajadores y accionistas de AENA”, en el lenguaje demagógico y populista del señor Lucena, podría haber destinado ese dinero, con mucho más provecho a las mal dotadas bibliotecas públicas, a <strong>concederles becas a escritores que no disponen</strong> de medios y que han iniciado una carrera literaria prometedora, a fomentar los talleres de lectura, a comprar ejemplares o poner publicidad en revistas literarias o culturales, que tienen problemas de supervivencia, como la excelente <em>El Ciervo</em>, que acaba de cumplir 75 años de vida y está tambaleante, o respaldar programas de radio como <em>El ojo crítico</em>.</p><p>Pero lo más sorprendente de todos los argumentos que se han barajado para justificar la existencia del premio es que no existe ningún otro que se conceda al mejor libro de narrativa publicado el año anterior. <strong>Se ha aludido, con un cierto desdén, al Nacional de Narrativa</strong>, aunque su trayectoria ha sido, en general, acertada. Este premio lo concede de <strong>hace muchas décadas en Ministerio de Cultura</strong>, y está dotado con 30.000 euros. La pregunta que nos hacemos es por qué el estado a través de la ASepi se pone a competir con el ministero de Cultura, despilfarrando un dinero que podría emplearse mucho mejor. Javier Marías en algunos de sus últimos artículos, recogidos en <em>Así que pasen treinta años</em> (2025), se refería a este “bobo siglo”, una época que será recordada, nos dice, “por su pintoresquismo y su extrema ridiculez”, por el “cretinismo imperante” y por los numerosos “oportunistas lunáticos”; y remacha así su opinión: “<strong>vivimos en una época particularmente enloquecida e idiota</strong>, en la que abundan los disparates (…), los ataques a la libertad y las injusticias”. Olvidemos lo que tiene de exageración, de arbitrariedad, olvidémonos del dedo y centrémonos en la visión de la luna, pero me atrevo a decir que <strong>a este premio le hubiera sacado todo su jugo</strong>. </p><p>Desde 1956 se falla en España el <strong>Premio de la Crítica</strong> y en estos setenta años lo han ganado desde <strong>C.J. Cela</strong>, <strong>Miguel Delibes</strong>, <strong>Gonzalo Torrente Ballester</strong>, <strong>Ana María Matute</strong>, <strong>Juan Marsé</strong> y <strong>Juan Eduardo Zúñiga</strong>, a <strong>Luis Mateo Díez</strong>, <strong>Javier Marías</strong>, <strong>Rafael Chirbes</strong> o <strong>Cristina Fernández Cubas</strong>, y entre los hispanoamericanos, <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, <strong>Juan Carlos Onetti</strong>, <strong>Ricardo Piglia</strong> o <strong>Mariana Enríquez</strong>, por solo citar unos pocos nombres. Esther Tusquets comentó en más de una ocasión que el único premio que le hubiera gustado recibir era el de la Crítica, y Caballero Bonald, que lo obtuvo en tres ocasiones, dos en poesía y una en narrativa, solía repetir que de todos los premios que había ganado, era el que más alegría le había proporcionado, por <strong>su independencia</strong>, al no estar dotado económicamente. Claro que el hecho de <strong>carecer de dotación no lo hace incontestable y honesto, pero ayuda</strong> a ello. ¿No se trata de un premio consolidado? ¿Quién le ha quitado el prestigio? La experiencia me dice que los ganadores, sin excepción, reciben el premio con alegría, por su independencia, ya que pasan a formar parte de una gran historia, de la mejor tradición literaria en español.</p><p>Los premios se consolidan y <strong>adquieren prestigio con el tiempo</strong>, por el acierto de sus decisiones, destacando algún buen libro literario, de un pequeño editor, que haya pasado inadvertido, como ocurrió en el caso de Raúl Quinto con <em>Martinete del rey sombra</em>, algo que <strong>no ha ocurrido nunca con el Planeta</strong>, modelo que dicen haber seguido, “el galardón con más repercusión comercial en España”, según el señor Lucina, y con ningún otro premio comercial. </p><p>Por supuesto, en todo este <em>evento</em> urdido por AENA, por usar el léxico de trapo de los organizadores, una empresa pública, <strong>no aparece ningún crítico literario</strong>, que son quienes están construyendo, semana tras semana, y año tras año, con sus reseñas, artículos y libros, lo que está siendo la historia de la narrativa española e hispanoamericana, a uno y otro lado del océano. <strong>¿Acaso conocen mejor la narrativa actual los componentes del jurado?</strong> ¿Dónde han mostrado esos conocimientos? ¿O son, en algunos casos, nombres que les suenan a los lectores, o periodistas que acogerán en su medio los avatares del premio, con artículos, noticias, reportajes y entrevistas, a cambio de publicidad pagada? Como ha señalado <strong>Ethan Nosowsky</strong>, de <em>Graywolf Press</em>, en respuesta a <em>El País</em>: “un robusto ecosistema crítico es fundamental”. En España lo hay (<strong>Santos Sanz Villanueva</strong>, <strong>Juan Antonio Masoliver</strong>, <strong>José María Pozuelo</strong>, <strong>Ángel Basanta</strong>, <strong>Ascensión Rivas</strong>, <strong>Selena Millares</strong>, <strong>Domingo Ródenas de Moya</strong>, <strong>José Luis Martín Nogales</strong>, por solo citar unos pocos y limitarme a la narrativa), aunque sus nombres más relevantes no siempre escriben en los lugares que tienen más visibilidad. </p><p>¿Recuerdan ustedes el premio Heliodoro, fallado en 1979, del que parece ser que andaba detrás <strong>Manuel García Viñó</strong>, que tanto ruido causó, tanta cuerda se le dio en la prensa, y acabó quedándose en nada, tras su única convocatoria? ¿Recuerdan el premio de la Fundación José Manuel Lara, fallado entre el 2002 y el 2009, y que <strong>desapareció porque acabó resultando imposible</strong> mantener el reparto de los ganadores entre las doce editoriales que lo apoyaban, bajo el patrocinio de Planeta? Lo único sensato que recuerdo, de este último premio, es que en los dos últimos años que se falló se incorporaron al jurado dos personas independientes que sabían muy bien lo que juzgaban: <strong>José-Carlos Mainer</strong> y <strong>José María Pozuelo</strong>. Podríamos seguir con otros semejantes e igualmente fallidos, como el Juan Goytisolo…, pero no es necesario.</p><p>De esta extraña operación salen ganando no pocos: <strong>algunos escritores, no demasiados</strong>, porque pueden obtener un dinero suculento y fácil;  los grandes grupos porque sus libros obtienen una propaganda gratuita, y además, del libro ganador se comprarán ejemplares para ser distribuidos. Pero <strong>fastidia a los editores medianos y a los modestos</strong>; y a los lectores mínimamente atentos no les dice nada que no sepan. Al menos, un par de artículos, de Ignacio Echevarría y Carmen Domingo (“De lo que estoy en contra es del uso de dinero público de forma tan… obscena”)<em>,</em> en <em>El Cultural</em> y <em>El País</em>, han juzgado el premio con lucidez. </p><p>¿Quién será, en fin, el ganador? Sin cuestionar la independencia del jurado, los indicios apuntan a <strong>Abad Faciolince</strong>, con lo que al menos nos quedará el consuelo de que <strong>se ha premiado un buen libro</strong>, en medio de tanto salseo, en este despliegue del teatro de las vanidades.</p><p>______________________________</p><p><em><strong>Fernando Valls</strong></em><em> es es catedrático de Literatura Española y crítico literario</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 04:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De los premios de la crítica al Premio AENA]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[En la muerte de Toni Marí: el bailarín ibicenco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/muerte-toni-mari-bailarin-ibicenco_1_2169916.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cbe8a9d3-41cf-4ccd-bba6-22711b7f2494_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la muerte de Toni Marí: el bailarín ibicenco"></p><p>Hacía un puñado de años que estaba <strong>recluido</strong>, que no solía contestar a los correos, quizá porque los dolores de espalda y las depresiones le habían quitado las ganas de relacionarse con el mundo. Tampoco se veía por La Central de la calle Mallorca, donde solía encontrarlo y charlábamos un rato. Pero nunca lo olvidamos y siempre, los amigos, nos preguntábamos qué había sido de él, aunque apenas nadie supiera darte noticias, ni siquiera los más cercanos, que solo nos contaban algunos detalles. Toni, así lo llamábamos, nació en Ibiza, en 1944, a la que estuvo siempre muy vinculado. La pérdida de la casa de Ibiza fue para él un duro golpe. Su madre, de apellido Muñoz, procedía de Salamanca, donde él había cursado la carrera; por eso <em>El vaso de plata</em> lo escribió en castellano, versión que —a petición del autor— leí mucho antes de que llegara a la imprenta, para luego reescribirlo en catalán, lengua en la que primero apareció (<em>El vas de plata</em>, 1991).</p><p>Como profesor, <strong>sus estudiantes lo recuerdan con entusiasmo</strong>, aunque algunos de ellos me parece que no lo llevaron por los mejores caminos; fue catedrático de Teoría de las Artes en la Universidad Pompeu Fabra tras pasar unos años en la Autónoma, de Bellaterra; cultivó la <strong>poesía</strong> (<em>El preludi</em>, 1979; <em>Un viatge d’hivern</em>, 1989; <em>Han vingut uns amics</em>, 2010), que ha sido calificada de meditativa, reflexiva y elegíaca; el <strong>ensayo</strong> (<em>L’home de geni</em>, 1984; <em>La voluntat expressiva</em>, 1987; y el excelente prólogo a <em>Matemática tiniebla. Poe, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Eliot</em>, 2011); mientras que el pasado año apareció <strong>su último libro, </strong><em><strong>Quatre costats. Poema en quatre cants</strong></em>, una especie de testamento literario, dedicado al pintor Luis Marsans; también cultivó la <strong>narrativa</strong> (<em>El camí de Vincennes</em>, 1996, mi preferida, que narra la confrontación entre Rousseau y Diderot) y la <strong>crítica literaria</strong>, y <strong>dirigió una de las colecciones de poesía en castellano más importantes de las últimas décadas: </strong><em><strong>Nuevos textos sagrados</strong></em>, de la editorial Tusquets, fundada en la época en que los dueños de la casa eran Beatriz de Moura y Toni López Lamadrid. En ella se publicaron libros de <a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/65-anos-premio-nobel-juan-ramon-jimenez-no-habria-conseguido-zenobia-camprubi_1_1208763.html"  >Juan Ramón Jiménez</a>, Jorge Guillén, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald, Ángel González, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Alfonso Costafreda, Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Juan Luis Panero, Ida Vitale, Manuel Padorno, Andrés Sánchez Robayna, María Victoria Atencia, Guillermo Carnero, Pere Gimferrer, Francisco Ferrer Lerín, Antonio Gamoneda, José Corredor-Matheos o Eloy Sánchez Rosillo, por solo citar una parte de un catálogo impresionante.</p><p>Se ha escrito estos días que ha sido una de las voces más rigurosas de la cultura, de la literatura catalana contemporánea, olvidando el <strong>importante papel que también ha desempeñado en el conjunto de la cultura española</strong>, su función de puente entre una y otra, en ambas direcciones; su admiración por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/maria-zambrano-poeta-interrogaciones-abiertas_1_1417009.html"  >María Zambrano</a> o Rosa Chacel. Su apuesta, en ambos ámbitos, fue por la modernidad, por el rigor, la exigencia y la renovación, por la relación entre las artes: la música, la ópera (sentía una fascinación especial por la soprano noruega Kristen Flagstad), la pintura, la filosofía y la literatura.</p><p>Si Barcelona e Ibiza fueron dos lugares para él fundamentales, habría que añadir también <strong>Calaceite</strong>, donde tenía una pequeña casa, muy cerca de las de Maria Girona y Albert Ràfols Casamada, Francesc Parcerisas, el diseñador suizo Zimmermann, la pianista Sira Hernández y el escritor Juan José Flores, y la de Pilar Gómez Bedate y Ángel Crespo. En la casa de estos últimos, solíamos pasar temporadas la escritora <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gemma-pellicer-sociedad-erosionado-punto-trato-cordial-desconocidos-hemos-acabado-normalizando-falta_1_2063673.html"  >Gemma Pellicer</a> y yo. No lejos, en Calaceite nada está lejos, tenía una hermosa casa Natacha Seseña, a quien Toni apreciaba y en cuyo homenaje en Madrid participó. Y podría citar a más gentes, aunque me he limitado a recordar a aquellos que recuerdo más cercanos a Edith y Toni. Como ven, una pequeña Atenas, permítanme la hipérbole, aunque José Donoso y Didier Coste hacía tiempo que no vivían en el pueblo.</p><p>Toni Marí era <strong>un hombre simpático, cordial y cariñoso</strong>, de sonrisa fácil, muy amable cuando la compañía le resultaba cómoda, amigo de sus amigos. Calaceite era para él un lugar de reposo, donde escribir y leer. Recuerdo las cenas en su casa o en las de otros amigos, las conversaciones y risas, mientras Toni desplegaba su cultura e ingenio. Pero donde quizá lo he visto disfrutar más era en las reuniones que hacíamos al atardecer en la cercana ermita de San Hipólito, situada cerca del pueblo, mientras dábamos cuenta de una cena fría, durante la llegada del ocaso. Le gustaba bailar, sobre todo la vieja música italiana de los 60 y 70, como “Tu Vuo' Fa L'Americano”, de Renato Carasone, la de su juventud. Lo recuerdo en la casa de Sira y Juanjo, en Sardañola, durante las noches de fin de año, disfrutando de los manjares italianos de la anfitriona y bailando hasta la extenuación, hasta donde otros no podíamos seguirlo.     </p><p><strong>De Toni podría decirse que era varios </strong><em><strong>tonis</strong></em>, pero todos ellos confluían en el hombre culto y sensible, muy dado a la amistad, a la conversación y al aprecio. Se jubiló muy pronto, a los 60, en unas condiciones inmejorables, hoy impensables, pero en los penosos años del <em>procès</em> defendió —en privado, no en público, que yo sepa— a quienes no debía, mostrándose <strong>vehemente partidario de la independencia</strong>, con lo que debió de perder no pocos amigos y llevarse no pocos desengaños, a la vez que se amparaba en el círculo de Oriol Bohigas. Su época, más de una década, formando parte del comité asesor de <em>Cultura/s</em>, suplemento de cultura de <em>La Vanguardia</em>, durante los peores años del diario, cuando lo dirigió José Antich, tuvo un poco de todo, entre lo excelente y lo olvidable.</p><p>Toni Marí forma <strong>parte de una generación irrepetible</strong>, de aquí y de allá, cosmopolita (Argullol, Comadira, Marías, Azúa, Molina Foix, Giménez-Frontín, Gimferrer, Mendoza, Vallcorba…), fascinados por la cultura; de un mundo que se ha ido, y que visto lo visto, me temo que no volverá. Habría que añadir el gran poeta y traductor Francesc Parcerisas, con quien escribió su primer libro (<em>Variacions sobre un tema romàntic 'Ombra i llum'</em>, 1978), de quien me cuentan amigos comunes que se ha ocupado de él, en los momentos más duros de estos últimos años. Se les llamaba, con ironía, <em>los divinos</em>, aunque unos eran más divinos que otros.</p><p>La salida de EINA, que había dirigido, debió de echarle sal a la herida, dadas las malas formas que suelen utilizar algunas instituciones. Ha muerto a los 81 años, pero lo recordaré, junto a Edith siempre, que lo mejoraba, como al amigo inteligente y cariñoso, al gran escritor al que creo que <strong>no se le ha hecho la justicia que merecía dados sus méritos</strong>, ni en Cataluña ni en el resto de España.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 10:11:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En la muerte de Toni Marí: el bailarín ibicenco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Autores,Libros,Obituario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Landero destilado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/landero-destilado_1_2164037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5fa64279-6ea2-4f83-8983-6a2b4d87b1c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Landero destilado"></p><p><strong>Tusquets, Barcelona, 2026.</strong></p><p>Creo que esta novela persigue dos propósitos y dos componentes principales: brindarnos una exaltación de los relatos orales (¡ojo!, que nada tiene que ver eso con la llamada <em>audiolectura</em>, que, tras el fracaso del <em>e-book</em>, ahora nos quieren meter por los oídos los mismos que la comercializan), del poder que tiene la palabra, propios de una época en que la gente se entretenía charlando; y compartir la visión del autor sobre el mundo actual. Se trata de opiniones críticas, en las que <strong>Landero</strong>, a través de sus personajes, parece sentirse al margen de esta época (“de cualquier menudencia hacen un ideal”, se queja Tomás, el periodista), y en esa deriva el escritor extremeño no creo que sea el único, ni mucho menos. Critica, además, el declinar de la enseñanza pública; las relaciones tóxicas entre mujeres y algunos hombres, a quienes Jimena tacha de falderos y aprovechados (p. 162); la innecesaria proliferación de fotos: “ahora hay tantas fotos que es como si no hubiera ninguna” (p. 218); el que nada quede en la memoria (p. 219); o la afición de las gentes a la habladuría vacua (p. 223). </p><p>Lo que, a su vez, cuestiona Landero es la pérdida de ciertos valores, de esos denominados ancestrales, que hacían la vida más grata, y la imposición de usos y costumbres cuya mala utilización nos lleva a pensar –me incluyo- que algunas gentes, no pocas, se han vuelto idiotas perdidas. Y a ese respecto, véase lo bien que muestra la estupidez humana en las páginas 129 y 130; o la opinión de Tomás sobre “las malditas pantallas” (p. 135). Quien haya leído las entrevistas que Landero ha concedido en los últimos años, o tenga la fortuna de tratarlo en privado, se dará cuenta de que no son opiniones improvisadas. No piensen, sin embargo, que Landero intenta imponernos su visión del mundo, pues en la novela no faltan las opiniones contrapuestas, las réplicas y contrarréplicas.</p><p>Nos encontramos ante una historia con marco, a la manera de <em>El</em> <em>Decamerón</em>, o —por citar un ejemplo mucho más reciente— los <em>Cuentos del barrio del Refugio</em>, de <strong>José María Merino</strong>. El caso es que una borrasca, probablemente la llamada Filomena, aunque no se nombre, deja a nueve personas incomunicadas, y –por fortuna— sin cobertura, en un pequeño hotel de montaña; entre ellos, la pareja de hosteleros, a donde han llegado para hacer montañismo o senderismo. Así, tras el obligado confinamiento por la pandemia, vuelven a encontrarse encerrados, a sentirse “juguetes del destino”. Se trata de dos mujeres y cinco hombres, de edades y profesiones diversas, como veremos, a quienes el azar va a mantener unidos contándose historias, cuyo contenido oscila entre el sainete y la tragedia, el absurdo y la lógica, sobre cómo, a menudo, no se cumplen los ideales de la juventud. De todas estas voces que van tomando la palabra, desentona a menudo la de Víctor Marín, un comandante con la mente algo estrecha y valores diría que caducos, un personaje que parece ser de una sola pieza; quien les pide a sus contertulios “que cada cual aclare desde el principio si lo que va a contar es cierto o inventado” (p. 19). </p><p>La narración se compone de 22 partes. Además de la “Introducción” y el epílogo, titulado “Impunidad y despedida”, las más significativas serían cinco (“Historia de un instante”, divida a su vez en cuatro capítulos, que cuenta Santos, el médico; “Licor de mente” y “Time´s Up”, con dos partes cada una, contadas por Ginés, el ferroviario, y por Martín, el profesor, respectivamente; “El hombre que perdió un mechero y encontró un perro”, que tiene tres capítulos, relatados por Tomás; título que parece remedar el de <strong>Oliver Sacks</strong>, <em>El hombre que confundió a su mujer con un sombrero</em>, mi historia preferida, junto a la del bailarín<strong> Roberto Iglesias</strong>; y “Verano del 69”, compuesta de cuatro partes, rememoradas por la pareja formada por Adela, la librera, y Nuria, la profesora de Filosofía, quienes nos recuerdan que “no sabemos vivir sin contar lo vivido” (p. 15) y sin <em>filosofar</em>, con sus correspondientes cinco “Glosas”. En la quinta glosa aparece, en fin, un balance de lo contado. Como hemos dicho, esas diferentes partes aparecen fraccionadas para hacer más grata y verosímil la escucha de los personajes, y quizá, nuestra lectura. En alguna de ellas, es solo un personaje quien cuenta, aunque, en algún momento, sea interpelado por los demás, mientras que en las glosas intervienen varios de ellos.  </p><p>En este contexto, no podía faltar una reflexión sobre lo que significa contar. Así, se dice que las historias pueden <em>contarse hacia afuera</em> o <em>hacia adentro</em>, aunque lo difícil es <em>contar para afuera</em>, relatarles historias a los demás. Algunas de las que se refieren se dicen secretas, pero predominan las que transcurren en lo que, en la novela, se denomina “la entrecana zona media”. Dos de los personajes, <strong>Fausto Monroy</strong> y don <strong>Claudio Bermúdez</strong>, bien perfilados, aparecen y reaparecen en distintos momentos, pues entre ellos ocurrió algo en un momento dado: apareció la semilla de la discordia que torció el curso de sus vidas.</p><p>Son historias de personajes, bien retratados por los narradores; de importantes secundarios, como Servando, el tío cuatrero de Fausto; éste y don Claudio son pacientes de Santos, quien se hace cargo de la narración. O la historia de Eloy, el mendigo con oficio, que cuenta Tomás, el periodista, que podría leerse como una variante de <em>Mi adorado Juan</em>, de <strong>Mihura</strong>. En estos relatos aparecen expresiones que adquieren protagonismo: “darse a valer” (yo hubiera dicho, <em>hacerse valer</em>); “la vida es una jungla donde uno tiene que elegir entre ser lobo o ser cordero”; ser un artista del anonimato, como pretende Ginés, el solitario jubilado; o el consejo que le dio a Tomás su padre: “No intentes nunca convencer a nadie de nada” (p. 72). En otro orden de cosas, resulta significativo el papel que desempeña <em>el silencio</em>, <em>el tiempo</em> o <em>el suspense</em> (“a las historias les gustan los suspenses”, comenta Tomás, el periodista, p. 55), como sucede en toda narración bien contada; o la certeza de que <em>carácter es destino</em>, un motivo universal de Heráclito a Luis Cernuda.  </p><p>La acción empieza el 8 de enero del 2021, tras la cena, y acaba el lunes, día 11. O sea, que cumple con unas características ya clásicas en un determinado tipo de novelas: espacio y tiempo reducidos, y protagonista colectivo, según ocurre en <em>Manhattan Transfer</em> y en <em>La colmena</em>. Pero el desarrollo de las historias se remonta a muchas décadas antes, a la infancia de los personajes, o a comienzos de los 70. Y si hay unos temas predominantes, son la fragilidad de la vida y las relaciones sentimentales, bien sea como amor, bien el que alguno de ellos siente por Valeria, por Lola, Lolita, Yara, Raquel, Carmen, Nela, Tatiana, Conchita, Amparo… Algunas de estas mujeres son adultas y otras, jóvenes, sin que falte una princesa, con las que los protagonistas viven idilios ficticios, relaciones de seducción o sentimientos de celos (p. 130); o bien, amores ideales (“los amores ideales sirven para la fantasía, pero no para la realidad”, p. 168) y desdichados. Las conclusiones, al respecto, podrían ser dos: “el amor y el deseo (…) son espejos deformantes” (p. 170); y que “si a algo se parece el amor es al viento, que entra y sale de todas partes” (p. 242). Lo curioso, a todo esto, es que, de entre los nueve personajes, solo hay dos parejas: la que componen Adela y Nuria y, la de los hoteleros, lo que propicia que los hombres se confiesen sin pudor ni vergüenza, pero a veces con sentido de la culpa.</p><p>Así, algunas de las historias se nos presentan como <em>descargos de conciencia</em> (p. 156), como las referidas por Ginés y Tomás, y otras se definen como <em>singulares</em> o <em>tristes</em> (recuérdese que <strong>Monterroso </strong>y <strong>Bárbara Jacob</strong> publicaron en 1992 una <em>Antología del cuento triste</em>), pues, como afirma Tomás, “la tristeza tiene muy buenas vistas” (p. 134). Según acontece en todas las narraciones de Landero, no escasea el humor, aunque aparezca atenuado, sutil, sin estridencias, algo melancólico (véase, por ejemplo, las pp. 58, 89, 129-130 y 132, sin ánimo de ser exhaustivo). En las conversaciones se cita a escritores o filósofos:<strong> Boccaccio, Carlo Ginzburg</strong> (<em>El queso y los gusanos</em>), <strong>Schopenhauer</strong>, <em>La Odisea</em> (el episodio de Circe), <strong>Tolstoi </strong>(<em>La muerte de Ivan Ilich</em>), <strong>Shakespeare </strong>(<em>Otelo</em>), <strong>Max Scheler, Jünger, Ortega y Gasset, Proust, Spinoza </strong>(la irónica alusión a la abubilla que <em>persevera en su ser</em>), o la lista que cita Nuria, la profesora de Filosofía: <strong>Platón, Tomás de Aquino, Ortega, Nietzsche, Jaime Balmes</strong> y <strong>Camus</strong>.</p><p>La foto de la cubierta vale –me vale a mí— como atinada metáfora de lo que se nos narra. Pero déjenme que, antes de acabar, trace un breve recuento de temas y motivos: no falta en esta novela la alusión a <strong>Kafka</strong>, habitual a menudo en Landero; pues se nos dice que don Leandro, uno de los protagonistas de las historias relatadas “sufrió una metamorfosis no mucho menos monstruosa que la que cuenta Kafka en su libro famoso” (p. 51); ni la historia de un guitarrista flamenco (p. 231); ni tampoco el <em>afán</em> (p. 298). O por sintetizar lo narrado, se afirma que “las conversaciones son el principio de toda amistad y todo amor” (p. 255).</p><p>Lo único que le reprocho a Landero es el desenlace, que creo que desmerece del conjunto, se lo tendría que haber currado un poco más, pero estamos ante otra buena novela, como casi todas las suyas, en la que viene a decirnos que “no hay nada más imaginativo y de más invención que la propia realidad, por humilde que sea” (p. 215). Pues, al fin y a la postre, lo que me parece que aprecian los oyentes de una historia es que tenga interés y que esté bien contada, por expresarlo sin <em>musarañas teóricas</em>, como le gustaba quejarse a <strong>Caballero Bonald. </strong></p><p>No puedo concluir sin recordar que acaba de fallecer en Lima el gran<strong> Alfredo Bryce Echenique,</strong> quien –a pesar de todos los pesares postreros— tanto se hizo querer como gran escritor (<em>Un mundo para Julius</em>, <em>La vida exagerada de Martín Romaña</em>, por recordar mis preferidas) y maravilloso contador de historias, a quien tuve la fortuna de conocer y tratar.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 17:03:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Ana Merino entre los caminos del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ana-merino-caminos-amor_1_2155874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/92463e2a-3752-4fe1-a32b-24c77e5b8d11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana Merino entre los caminos del amor"></p><p><strong>Destino, Barcelona, 2025.</strong></p><p>La acción de esta novela transcurre en Nueva Inglaterra, durante el 2016, en los meses anteriores y posteriores a la primera victoria electoral de <strong>Trump </strong>sobre <strong>Hillary Clinton</strong>, y se prolonga hasta el 2017 y 2018. Se compone de 35 capítulos, encabezados por títulos que resultan significativos, pues en dos de ellos reaparece la palabra <em>camino</em>, mientras que en otros se encuentran palabras como <em>culpa</em>, <em>deseo</em> (en otras dos ocasiones), <em>intimidad</em>, <em>secretos</em>, <em>desamor</em>, <em>rutinas</em>, <em>confesiones</em>, <em>cariño</em>, <em>mentiras piadosas</em>, <em>amor herido</em> (por fin, amor, aunque sea herido) y, alrededor de estos conceptos, podría decirse que transcurre la acción. </p><p>Se trata de una novela de personajes, coral, en la que se cuentan historias de parejas, cuya acción se desarrolla, en buena parte, en los Estados Unidos, aunque algunos episodios también transcurren en distintos lugares de España (Madrid, Gijón, Panticosa, la provincia de Almería y Zaragoza); e incluso en la República Dominicana y Hong Kong. Las parejas son las compuestas por Juana y Connor, y luego por Connor y Lieke; Cécile y Marco; Maica y Benjamín, con Gonzalo de por medio, aunque a este último no lo oigamos. Y en menor medida, se nos cuenta también la relación de Lieke y Stephan, su novio holandés; y la de Gerben, hermano de Lieke, y Ruxanda, joven moldava. Por último, Alina y su marido Pete, profesores jubilados, aparecen en calidad de amigos de Juana y Cécile. La singularidad de Marco y Pete estriba en que habían participado en alguna guerra, como soldados.</p><p>Se trata, en buena parte, de relaciones sentimentales, de desenamoramientos, apasionados amores, disimulos y secretos mal guardados, adulterios y celos, con poca cancha para la vida plácida, de una mayoría de parejas de cierta edad, como son casi todos estos personajes, quizá por aquello de que sin conflicto, no hay literatura. Pero me parece que lo realmente novedoso hubiera sido escribir sobre esa vida asentada, tranquila, la del cariño en compañía; la que comparte alegrías, tristezas y problemas con la pareja, los hijos y la familia. Tampoco falta la presencia del trabajo, que aquí, por una vez, no es precario, puesto que la mayoría son profesores, de Universidad o de Instituto, o investigadores en vías de serlo, aunque otros personajes sean policías o informáticos. </p><p>El caso es que Juana trabaja en la novela del XIX español, en el manuscrito de <em>Fortunata y Jacinta</em> que se conserva en Harvard, pues su tesis se centraba en los personajes femeninos de <strong>Galdós</strong>, y en la correspondencia amorosa que éste mantuvo con <strong>Emilia Pardo Bazán</strong>. Cécile, por su parte, ha centrado sus estudios en <strong>Stendhal </strong>y el realismo literario; no en vano, menudean las alusiones a su libro <em>Sobre el amor</em> (1822). Se nos dice, además, que está preparando un estudio sobre lo biográfico y la autoficción en la obra del narrador francés.</p><p>Definirla como <em>novela de campus</em> me parece que no le hace justicia, pues otros motivos prevalecen, según hemos indicado, sobre todo las a menudo problemáticas relaciones de pareja, que podría darse también en otros espacios, aunque sean estos los que quizá conozca mejor la autora. El caso es que gran parte de la acción transcurre en una pequeña ciudad universitaria de los Estados Unidos, situada entre Boston y Montreal, cuyo nombre no se dice, aunque creo que es el campus de Dartmouth College, donde fue profesora Ana Merino, y también su padre, el gran escritor <strong>José María Merino.</strong> Hay que agradecerle a la autora que no haga concesiones a la moda del día, a lo políticamente correcto, que no se sienta obligada a ocuparse de todas las relaciones amorosas posibles, como es hoy tan frecuente. No sé si es necesario aclarar que podría hacerlo, con libertad y naturalidad, siempre que no se trate de cumplir con una cuota forzada.</p><p>El título, en esencia, anticipa el tema de la novela, pero podría matizarse con <em>los caminos que elegimos</em>, aunque esta posibilidad se halle implícita. La cita inicial del poeta <strong>Robert Frost </strong>(había estudiado en Dartmouth College), a la que se alude en varios momentos de la narración, matiza el sentido, “Dos caminos divergían en un bosque amarillo, y siento no poder recorrer ambos”. El motivo de la vida como camino procede de la <em>Biblia</em>, pero, si nos atenemos a la narrativa contemporánea, recuérdese que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paisaje-inconfundible-camino_1_1181804.html"  >Miguel Delibes</a> escribió <em>El camino</em> (1950), una buena novela que se ocupa de este asunto, aunque en un contexto, personajes y situaciones muy distintas. Y muchísimos otros narradores se han valido de la metáfora del camino para titular sus libros. Entres los españoles, solo cito a unos pocos, si bien cada uno de ellos la trata a su manera: <strong>José Luis Castillo Puche </strong>(<em>Sin camino</em>, 1956), el superventas juvenil <strong>José Luis Martín Vigil</strong> (<em>La muerte está en el camino</em>, 1960), <strong>Carmen Kurtz</strong> (<em>El último camino</em>, 1976), <strong>Ramón Ayerra</strong> (<em>El largo camino</em>, 1988), <strong>Fernando Sánchez Dragó</strong> (<em>El camino del corazón</em>, 1990) o <strong>Antonio Soler </strong>(<em>El camino de los ingleses</em>, 2004). Pero el título, a la vista de lo que cuenta Ana Merino, también puede leerse como una variante de la idea de <em>la vida en un hilo</em>, que utilizó <strong>Edgar Neville</strong> para denominar una de sus obras. Si pensamos en la literatura en otras lenguas, o en el cine, la lista sería interminable y no viene a cuento. </p><p>Todas las vidas están condicionadas por las decisiones que tomamos; más o menos acertadas. Podríamos preguntarnos qué vida habría llevado Juana si no se hubiera ido a vivir a Estados Unidos, o si en vez de casarse con un norteamericano, se hubiera emparejado con un español. En la novela, quizá los únicos que recorren dos caminos distintos son Connor, Leike y Maica. A los dos primeros, parece llevarlos a la felicidad, aunque con remordimientos, mientras que a la tercera su situación la lleva al dolor, pero también a la esperanza.  </p><p>Las historias están contadas por un narrador omnisciente, que va cediendo la voz a los personajes, pero creo que los femeninos, en el conjunto de la narración, tienen un mayor protagonismo. No en vano, la novela se abre y se cierra con Juana. En cambio, no le vemos gracia alguna a Connor; Marco, sin embargo, afroamericano, resulta más atractivo y, sobre todo, bastante paciente. Las historias van alternándose: Juana, con 50 años, parte del abandono y se convierte en consejera y consuelo de Maica, su hermana; la vida amorosa de la veleidosa Cécile, tiene 45 años, pasa por diversas etapas, de la plenitud del amor, a la ruptura, la recuperación y la esperanza de poder seguir su camino junto con Marco, a pesar de todos los pesares; la de Maica transcurre entre la estabilidad, la plenitud y el dolor… Las relaciones que se entablan entre los personajes, más allá del amor y del sexo, tienen que ver con la amistad estrecha (Juana y Cécile), la relación entre maestro y discípula (Connor y Lieke), o los lazos familiares (Juana y Maica, o Juana y Benjamin). En medio de todo ello, sus padres, con otras ideas y valores, sufren, con paciencia y comprensión, los desastres de unas vidas que a veces se desmoronan. Lo que llama la atención es la inmadurez de la mayoría de los personajes, tanto en las ideas como en la existencia que llevan, impropia de su edad, aunque propia de la época en que vivimos.</p><p>Hay un momento, en el capítulo 17, en que parece cambiar el ritmo del relato, cuando se descubren los cadáveres de una mujer joven y de una niña de unos dos años, madre e hija, emigrantes ilegales con rasgos hispánicos, lo que conmociona a los personajes, aunque no lleguemos a saber qué les ha ocurrido, pero podamos imaginarlo sin mucho riesgo de equivocarnos (p. 196). En las historias estadounidenses, mucho más que en las españolas, adquiere importancia el espacio y el contexto histórico, sobre todo la campaña por la elección de Trump, político al que Cécile se opone con todas sus fuerzas, y que da pie al final, momentáneo, de su relación con Marco.     </p><p>Me parece que la novela ganaría con una mayor soltura y precisión lingüística. Además, en el relato de la fascinación de la pelirroja Cécile por Marco, debería haber evitado la innecesaria reiteración del calificativo de “poli guapo”. Con un par de veces hubiera bastado para que nos hiciéramos una idea, cosa por lo demás obvia, ya que lo que le atrae a Cécile del sargento Marco es su  físico, los deseos que despierta en ella (“El amor, la pasión y el deseo están por encima de la raza o la condición social”, comenta el narrador, p. 34), pues como se repite, tienen ideas, formaciones y experiencias vitales diferentes. </p><p>La fragmentación de la historia le permite a la autora abrir muchos frentes, por lo que hay otros elementos significativos, como las adicciones de Connor; o la convivencia armoniosa de identidades distintas. Pero lo esencial es que tanto Juana como Connor reordenan su vida, emprendiendo otro camino. Por ello, el desenlace resulta esperanzador, pues Ana Merino viene a decirnos que es posible superar los errores cometidos, las desgracias, y encontrar otro sendero. Cécile, por su parte, se da cuenta de que sus sentimientos por Marco iban más allá de la mera atracción física. </p><p>Conozco varios libros de poemas de Ana Merino y otra de sus novelas, la he visto intervenir con brillantez en congresos y cursos literarios, lo que me hace pensar que el ritmo que lleva su trayectoria literaria debería encaminarla hacia narraciones más ambiciosas y complejas.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.  </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Mar 2026 05:01:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Muñoz Molina: otra manera de hablarnos del Quijote]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/munoz-molina-manera-hablarnos-quijote_1_2147715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9766389b-e686-4665-ab4c-c7b4c7ce9624_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muñoz Molina: otra manera de hablarnos del Quijote"></p><p><strong>Seix Barral, Barcelona, 2025.</strong></p><p>Sabíamos que Muñoz Molina era un buen lector y un lúcido ensayista sobre arte y literatura, pero este libro nos confirma, además, que conoce al dedillo la obra de <strong>Cervantes</strong>, no solo el <em>Quijote</em>, un libro ligado estrechamente a su vida, a su lugar de nacimiento, a la Úbeda de los hortelanos que él compartió con su familia. De todo ello se desprende una defensa del mundo campesino, unas vivencias que cada vez aprecia más el autor, sin que falte la utilización del léxico propio de su pueblo (<em>poltrón</em>, <em>camastrón</em>, que ya aparecía en <em>Sefarad</em>, por solo recordar otra obra suya). Aquí están barajadas, junto a la vida y la obra de Cervantes, la del autor: su infancia y madurez, sus alegrías y depresiones, a las que él mismo se ha referido en público. Por tanto, al trufarlo con su autobiografía, va más allá del mero ensayo. Y a este respecto, me ha llamado la atención, aunque resulte anecdótica, la libertad con que intercala, en el capítulo 62, la historia sobre el hombre que en Úbeda creyó ser <strong>Curro Jiménez</strong>.</p><p>Además, en unos casos compara, mientras que, en otros, da cumplida cuenta de la lectura que han hecho del <em>Quijote</em> grandes autores a lo largo de la historia, de la resonancia que el libro de Cervantes ha tenido en su obra, o de las semejanzas que comparten: <strong>Montaigne </strong>(de quien Muñoz Molina considera que se siente más cerca), <strong>Balzac</strong>, <strong>Mark Twain, Tolstoi, Stendhal, Flaubert, Melville, Henry James, Conrad, T. Mann, Joyce, Faulkner, Nabokov, Max Aub</strong>... A los que podríamos sumar los discursos pronunciados por los ganadores de los Premios Cervantes, que ya alcanzan la cifra de 51. También se ocupa de la presencia que ha tenido el libro en el arte, confrontándolo con pintores (<strong>Velázquez, Caravaggio</strong> o <strong>Bruegel</strong>) y músicos (<strong>Wagner</strong>), por citar unos pocos ejemplos.  </p><p>El libro se compone de 156 breves capítulos, lo que para los lectores —no hablo de los cervantistas, ni siquiera de otros filólogos—, hace la lectura más grata y amena. El autor nos acompaña y guía en la lectura de la obra de Cervantes, con especial hincapié en el <em>Quijote</em>. Desmenuza la novela, compara las dos partes, la de 1605 y la de 1615, y analiza y valora su distinto significado, la vinculación de escenas, objetos y episodios con la vida del autor, y lleva a cabo una reflexión sobre la literatura, sobre la ficción y sobre el arte de la novela en particular. Así, nos dice: el arte de la novela es contar las cosas como son; o “La gran lección del arte de la novela es la diversidad: también es su sustancia” (pp. 134). Y señala que la gran originalidad de Cervantes estriba en el modo en que las historias se imbrican en la trama principal (pp. 282 y 143).</p><p>El libro puede leerse también como un alegato a favor de la claridad, del realismo. Además de comentar numerosos episodios del <em>Quijote</em>, aquellos que le resultan más significativos, pero también alguno que le parece menos logrado, trata de los géneros (p. 94), se pregunta quién cuenta la historia en el <em>Quijote</em> (pp. 219-221), nos habla del espacio (pp. 325-328), de los personajes, o del uso que hace de la parodia (“la parodia le sirve a Cervantes […] para resaltar el contraste entre la realidad y las formas siempre insuficientes de apresarla”, p. 192). Pero también nos recuerda algún libro que Cervantes debió de leer con atención, en los que aprendió lo que no tenía que hacer, como es el caso del <em>Guzmán de Alfarache</em>. </p><p>No falta el elogio de esa música particular que es “el rumor del estilo” (p. 136), pero también del silencio (p. 333); ni tampoco el recuerdo de <strong>Galdós </strong>(“Donde quiera que va el hombre lleva siempre consigo su novela”, p. 144, frase que ya había utilizado en <em>Sefarad</em>); y un cuestionamiento de una cierta erudición, extraviada en sus conclusiones (<strong>Alberto Blecua</strong> hablaba de la locura de los cervantistas, semejante a la de los lorquistas…). Tampoco falta un cuestionamiento de la vida presente, de las derivas del mundo actual (pp. 262 y 440), ni un cierto autorretrato crítico (p. 344). El “Yo no puedo más”, e inmediatamente antes: “todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otros” (pp. 262, 272 y 274), del Quijote de 1615, como declaración de hartazgo e impotencia, de su derrumbe, creo que lo acerca a su propia situación. En los capítulos finales, Muñoz Molina emprende un viaje que lo lleva a Esquivias, El Toboso, Puerto Lápice y la Cueva de Montesinos, situada en el ayuntamiento de Ossa de Montiel, intentando observar en qué se han convertido esas poblaciones, qué queda de cervantino en aquellos lugares que recorrió Don Quijote. </p><p>Se trata, en suma, de un libro utilísimo para aquellos que empiezan a escribir, pues Muñoz Molina recalca cómo deben tratarse los distintos aspectos de la construcción de una novela, ya sea la estructura, las voces narrativas, los personajes, el espacio, el tiempo, o el papel del humor, ya la construcción de los episodios. E incluso vale como ejemplo de cómo imbricar el ensayo y la autobiografía. </p><p>Al final del libro, nos da una bibliografía en la que figuran la mayoría de los grandes libros sobre Cervantes, sobre el <em>Quijote</em> (los de <strong>Américo Castro, Anthony Close, Francisco Rico, E.C. Riley</strong>…), las ediciones que ha manejado; , y aquellos otros que le dedicaron diversos escritores: <strong>Azaña, Thomas Mann, Unamuno</strong>, y <strong>Ortega y Gasset</strong>, por no salir de los clásicos; aunque no comparte la lectura que hacen de él los dos últimos. Echo de menos, sin embargo, las ediciones del <em>Quijote</em> de<strong> Martín de Riquer,</strong> la primera que yo leí; la de <strong>Francisco Rico</strong> y sus colaboradores; y la de <strong>Alberto Blecua,</strong> en la colección Austral, de la que él tan satisfecho se sentía, con razón, y eso es mucho decir, si tenemos en cuenta los excelentes trabajos que nos dejó. Muñoz Molina, en cambio, maneja otras, creo que menos valiosas. También podría haber consultado con provecho los libros de <strong>Francisco Ayala</strong> (<em>La invención del Quijote. Indagaciones e invenciones cervantinas</em>, 2020, con prólogo de <strong>Carolyn Richmond</strong>) y <strong>José-Carlos Mainer</strong>, sobre el cervantismo de los exiliados republicanos. A pesar de ello, me atrevo a decir que tanto Alberto Blecua como Rico, a quien —por cierto— le corrige una lectura, hubieran disfrutado con este ensayo (p. 438). Al hilo de la lectura, he recordado que algunas de las frases del <em>Quijote</em> que Muñoz Molina cita, solía recitarlas Blecua de memoria, en medio de una conversación, convertidas en sabias sentencias. Para empezar, la emocionante despedida del <em>Persiles</em>, que tanto apreciaba también <strong>Javier Marías</strong>: “las ansias crecen, el tiempo es breve, las esperanzas menguan, y, con todo eso, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”; o estas otras: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”; “Pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio”.   </p><p>Al final sabemos que no pocos veranos los dedicó Muñoz Molina a leer a Cervantes, pues de esos afanes ha surgido este libro, imprescindible para entender mejor no solo el <em>Quijote</em>, sino también al fino lector y gran narrador que es Muñoz Molina. Pues se trata, en suma, de un libro ameno, lleno de observaciones inteligentes; de otra manera de leer a Cervantes, desde la perspectiva y la experiencia del escritor, a la vez que va trazando fragmentos de su autobiografía (como ocurre, por ejemplo, en las páginas finales, en las que vuelve a su origen, a las labores de hortelano, aunque ahora no sea en Úbeda, sino en Ademuz), armonizando realidad y ficción, para mostrarnos también cómo un pasado remoto puede haber perdurado en un presente no tan lejano. Y cierra el libro con una confesión que vale como la poética actual de un narrador de dilatada trayectoria: “He tardado toda la vida en aprender a sumergirme en lo real y lo concreto de las cosas”. Quizá sea este su estilo tardío, del que hablaba Edward Said. </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 05:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Muñoz Molina: otra manera de hablarnos del Quijote]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los mundos despojados de Elvira Navarro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mundos-despojados-elvira-navarro_1_2139544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a2ae38fc-8f9b-47d9-ba6a-601f105452f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021121.jpg" width="550" height="309" alt="Los mundos despojados de Elvira Navarro"></p><p><strong>Random House. Barcelona. 2025.</strong></p><p>La escritora que hoy me ocupa, una de las que más aprecio entre las nuevas voces surgidas en el siglo XXI, ha cultivado el cuento, la novela y el artículo (sin que falten los trabajos dedicados a autores que considera y valora; por ejemplo, el escrito recientemente sobre <strong>Ana María Matute</strong>).</p><p>Como autora de cuentos, género al que regresa con su nuevo libro, me parece una de las más destacadas, pues no solo tiene una voz singular, sino también un mundo propio, siendo cultivadora de lo que se ha dado en llamar la <em>literatura literaria</em>, valga la redundancia, y que hasta hace muy poco llamábamos simplemente <em>literatura</em>,  sin que nadie la confundiera con productos precocinados, complacientes con paladares perezosos.  </p><p>Las dos citas iniciales, una de los Salmos y la otra del grupo Los burros (para mí, desconocidos), anticipan, en cierta forma, lo que vamos a encontrarnos  en las narraciones: seres abandonados, dejados de la mano de Dios; sexualidades diversas.</p><p>Se compone el libro de nueve cuentos, de los cuales “El miedo a la ciudad” y “La ciudad del miedo”, con el que el libro acaba, están obviamente relacionados. Recuérdese, además, el protagonismo que desempeña la ciudad, el concepto, en el conjunto de su obra. Pero, además, destacaría cuentos tales como “El proyecto” o “El ramito de violetas”, aunque mi preferido sea “La ciudad del miedo”. </p><p>Respecto al resto, en “La lavadora”, que abre el libro, no llegamos a saber, a ciencia cierta, si la máquina misteriosa tiene vida propia y lava con sangre, o esa impresión es producto de la enajenación de su dueña (un motivo cercano lo encontramos en “El vigilante”). No menos significativa es la reacción de los vecinos, de la policía ante los hechos referidos. “El recogedor de animales” es la historia de una obsesión, del extraño proceso de animalización que sufre el barrendero protagonista. Al final, el círculo se completa y acaba matando a su galgo más fiel, cuando al comienzo de la narración se negaba a sacrificar a los animales. “El vigilante” transcurre en un piso que es, más bien, un no lugar inquietante. Allí, el protagonista, a quien ha dejado su mujer y lo invade la sensación de vacío, de la nada (en versal en el texto), acaba enloqueciendo. </p><p>Pero presten atención a la historia intercalada de Bacary, el albañil senegalés. “Tela de araña”, quizás el menos conseguido, es la historia de un pesado, Étienne, un emigrante africano que, con la pretensión de ligarse a Almudena, una estudiante de Erasmus en París, la acosa. Por su parte, una mujer narra “Los amores idiotas”, la más extensa y la única narración del libro dividida en diez partes numeradas, para contar su relación con Pep, sus visitas a un bar de travestis y otras andanzas, en las que viven relaciones que alguien podría tachar de <em>desquiciadas</em> y se muestran conscientes de las peculiaridades de sus cuerpos; de la obesidad mórbida, del peso de la enfermedad, y de la sexualidad en sus manifestaciones menos convencionales. </p><p>La utilización del calificativo <em>idiota</em> posee una cierta prosapia en nuestra cultura narrativa y filosófica (yendo de <strong>María Zambrano, Lidia Falcón, Raúl Ruiz, José Luis Giménez-Frontín </strong>a <strong>Félix de Azúa</strong>), por no recurrir a <strong>Dostoyevski</strong>, autor muy apreciado por <strong>Elvira Navarro</strong>, aunque ella siga otro camino. Se trata al cabo, de narrar una experiencia que se cierra con la muerte de uno de los protagonistas y deja abierta la trayectoria de la innominada narradora.     </p><p>En “El proyecto”, una casa a medio construir, que va adquiriendo protagonismo, y la conducta de Bruno, el hijo pequeño de un matrimonio que llena la pared de dibujos, quizá simbólicos, separa a la pareja, pues ella se queda sin trabajo y ambos sufren el confinamiento del coronavirus. Problemas propios, en suma, de una vida en construcción. Pero la narración concentra el sentido en los sucesos que se cuentan en el desenlace. De “El ramito de violetas”, en alusión a la canción de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eduardo-bravo-cecilia-no-cantaba-espana-vox-apropiacion-falaz-perversa-canciones_1_1816211.html"  >Cecilia</a>, y a un ramo de flores que parece adquirir vida propia en el cementerio, en la tumba de su padre, donde lo ha depositado la protagonista, destacaría cómo desde el comienzo, se aceleran los sucesos. </p><p>Aquí se cuenta la historia de la degradación progresiva de una familia de carniceros y cocineros, desde la prosperidad inicial a una vida de graves carencias, formada por un matrimonio (el padre muere y a la madre, demente, tienen que internarla en un sanatorio); un hijo homosexual, Ángel, que quiere llevar su propia vida; una hija, Mari, la protagonista, que carga con el peso de la decadencia familiar, pues tampoco se entiende con el hermano; y una prima, Nuria, que le presta ayuda. Todo ello lo vive Mari, nos dice el narrador, como si transcurriera entre la irrealidad y el disparate. </p><p>“El miedo a la ciudad”, narrado por una mujer, transcurre en la <em>banlieu </em>de París; tiene un comienzo excelente, con una gran prosa, pero estando bien en conjunto, prefiero el desarrollo al desenlace. Llama la atención, en este, la inquietante aparición de los hombres, como ocurre también en los cuentos de <strong>Pilar Adón</strong>. </p><p>Por último, “La ciudad del miedo” también transcurre en un barrio marginal de la periferia parisina, formada por colonias de bloques, con el aspecto propio de un mundo cercano al apocalipsis. Narrado en tercera persona, la protagonista, Almudena, que se ha perdido, es guiada en este descenso a los infiernos por una trabajadora social, que visita algunas viviendas, llevándoles ayuda, mientras la acerca a una parada de autobús. Recorren espacios degradados, caóticos, sin servicios algunos, que componen –se nos dice- una “estampa de guerra”. Se trata de pisos destrozados por unos misteriosos <em>señores</em>, que no logramos saber quiénes son. </p><p>La acción transcurre durante el último cambio de siglo y los habitantes de esas viviendas son, en su mayoría, afrofranceses o de origen magrebí. En su recorrido, visitan a un anciano que delira, que dialoga con seres imaginarios; y a una anciana que parece loca y cuerda al mismo tiempo… Toda la visión tiene algo de espectral, nos dice el narrador, y “la negrura era idéntica a la de algunos sueños, llenos de presencias funestas”. En el desenlace del cuento, cuando llegan a la parada del autobús, nos surge la duda de qué ha observado realmente Almudena. El diálogo final que mantiene con la trabajadora social cuestiona lo que se nos ha contado, y podría desgajarse y componer un microrrelato independiente, en el mejor estilo de las <em>Historias mínimas</em>, de<strong> Javier Tomeo</strong>. </p><p>En suma, lo que la narración tiene a veces de inconcreta nos hace pensar en realidades consabidas, actuales, que conocemos, si no por la realidad, por los noticiarios y las películas. Es una versión actual de aquella España de los márgenes que contaron <strong>Baroja y Martín-Santos, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite</strong> y <strong>Alfonso Sastre</strong>. Podría decirse que este cuento complementa también, aunque desde otra perspectiva, “Tela de araña”. </p><p>Tendríamos que preguntarnos qué relación se establece entre estos dos cuentos, cuyos títulos aluden a la <em>ciudad</em> y al <em>miedo</em>, y por qué no empieza el libro con el primero. Quizá sea para paliar, de alguna manera, la obvia simetría; pero, creo, además, que del comentario de ambos podría desprenderse la respuesta.</p><p>El título del libro me parece demasiado efectista, aunque en “Los amores idiotas” hay referencias, aunque no del todo precisas, a la denominación (pp. 102 y 109). Son cuentos de protagonistas que padecen experiencias inquietantes, que incluso pueden desasosegar a los lectores. En cierta forma, resultan ser historias contrafácticas, que quizá algunas partan de la idea de <em>qué pasaría si…</em> Lo que se cuenta son procesos de degradación, ocasionados por el desamor, la falta de medios económicos, la precariedad, o los conflictos de carácter, si es que los segundos no conducen a lo primero; en los que el misterio, la extrañeza o lo inexplicable, desempeñan un papel importante. </p><p>La autora confiesa haberse situado en la estela del <em>tremendismo español</em>, puesto a la hora del día, cuyo libro principal de referencia tal vez sea <em>La familia de Pascual Duarte</em>, de <strong>Cela</strong>, aunque ella confiesa sentirse cerca —por citar solo a una autora española— de <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, quizá por su versatilidad, por su evolución constante, por su ambición. </p><p>Con este nuevo libro de cuentos, Elvira Navarro consolida su posición en el terreno de la narrativa en lengua española, del cuento literario, como una de las voces más inquietantes y atractivas.</p><p>P.S. Una vez escrita la reseña, leo —como tengo por costumbre— alguna de las entrevistas y comentarios que ha generado el libro, las que tengo a mano. Las hay modélicas, como las de <strong>Santos Sanz Villanueva</strong>, en <em>El Cultural</em>, y la de <strong>José María Pozuelo Yvancos</strong>, en <em>ABC</em>, pero me ha sorprendido que, en otras reseñas, no se cite ni un solo cuento del libro, como si las piezas independientes no tuvieran su propia individualidad, sentido y valor. </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Feb 2026 05:00:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Fui y volví: el viaje de Julio Llamazares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/volvi-viaje-julio-llamazares_1_2131620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/87491e9e-6aa0-4423-a8a6-3dc9650af795_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fui y volví: el viaje de Julio Llamazares"></p><p><strong>Alfaguara, Madrid, 2025.</strong></p><p>Un episodio de la vida del padre de Llamazares: cuando contaba 18 años, durante la guerra civil, se enroló en el llamado ejército nacional; junto con el trayecto que repite el hijo ochenta y tantos años después, con las comparaciones consiguientes y las reflexiones sobre lo que pudo sentir su progenitor, más las sensaciones que experimenta el autor. En esencia, creo que de esto trata, con los matices que aduciremos, el libro que hoy analizamos. </p><p>Entre los diversos géneros que ha cultivado con fortuna <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/julio-llamazares-jovenes-dicen-ignorancia-guerra-dictadura-no_1_2076709.html"  >Julio Llamazares</a> (la poesía, la novela, el cuento, la crónica o el artículo de opinión), se encuentra la literatura de viajes, modalidad por la que ha mostrado mucho aprecio, desde el temprano <em>El río del olvido</em> (1990), hasta el que hoy nos ocupa. Figura Llamazares, además, entre los primeros que, tras la muerte de <strong>Franco</strong>, se ocupó en su literatura de la guerra y de sus consecuencias inmediatas, no solo en su poesía (“Canción de cuna para mi padre”, que volveremos a citar), sino también en su novela <em>Luna de lobos</em> (1985), el cual parece inaugurar un cierto subgénero de narrativa sobre los guerrilleros, como estos preferían llamarse, evitándonos el galicismo <em>maquis</em>, a quienes vuelve a referirse en estas páginas.  </p><p><strong>Nemesio Alonso Díez</strong>, su padre, que acabaría siendo maestro nacional, se enroló como voluntario para poder escoger el destino de telegrafista, evitando la infantería, cuerpo mucho más expuesto a la violencia propia de la guerra. Murió en 1996, con 76 años. Llamazares ha comentado en otra ocasión que cuando su padre  recordaba la contienda, echaba pestes de los suyos, como aquel personaje de<strong> Alberto Méndez</strong> que se pasó al bando republicano, cuando los nacionales estaban a punto de ganar la guerra. </p><p>El origen de este libro puede ser doble: la promesa que se había hecho el autor de volver a transitar el camino que siguió su padre en 1938, acompañado por su amigo <strong>Saturnino</strong>, luego también maestro, y el encargo que le hizo el profesor <strong>José Jurado Morales</strong> para que recordara la relación que mantuvo con un progenitor que había participado en la contienda, texto recogido en su libro <em>Soldados y padres. De guerra, memoria y poesía</em> (2021).          </p><p><em>El viaje de mi padre</em> se compone de dos partes, más un “Preámbulo”, un “Epílogo” y las “Postales de viaje”, recogidas al final. A ello hay que añadir la dedicatoria (a aquellos, de ambos bandos, que perdieron la guerra, a los que pierden las guerras, y a sus hermanos), unos versos de <strong>Chicho Sánchez Ferlosio</strong>, de la canción “Gallo rojo, gallo negro” (creo que con ecos de <em>Romance de lobos</em>, de Valle-Inclán, aunque dándole otro sentido), la citada “Canción de cuna para mi padre” y un útil mapa del recorrido del autor. </p><p>En el “Preámbulo”, Llamazares cuenta que su padre, que apenas viajó durante su vida, cruzó la península casi de punta a punta durante la guerra, viviendo dos de las batallas más cruentas: la de Teruel y las del frente de Levante. El resultado fue trágico, pues de su compañía solo sobrevivieron tres o cuatro docenas de soldados, su compañero <strong>Saturnino </strong>y él. </p><p>El viaje de Llamazares arranca en enero del 2024, en La Mata de la Bérbula, la aldea leonesa de su familia, y concluye, seis meses después y ochocientos kilómetros más allá, en la Sierra de Espadán (Castellón), y pasa por Carrión de los Condes (Palencia), donde el padre se incorporó al Regimiento de Transmisiones, además de por León, Venta de Baños (otrora principal nudo ferroviario del norte), Valladolid, Aranda de Duero, Calatayud, Teruel, Zaragoza, Alcañiz, Morella (con fama de ser uno de los pueblos más bellos de la zona) y el Grao de Castellón, entre otros lugares. <strong>Nemesio </strong>y <strong>Saturnino</strong>, siempre juntos, vivieron y viajaron en condiciones penosas, pasaron frío, hambre y miedo, pero también se echaron unas novias en Zaragoza y descubrieron el mar…</p><p>El caso es que su padre, a quien la guerra lo marcó para siempre, murió sin que su hijo le prestara demasiada atención cuando recordaba sus vivencias en la contienda, por lo que ahora intenta, arrepentido, reproducir el trayecto paterno, con los datos que le proporciona el anciano Saturnino, y la información que encuentra en diversos libros sobre la guerra, citados a lo largo del texto. Aunque, a veces, no le quede más remedio que imaginar, adivinar, por dónde pasaron, y qué sintieron o pensaron.  </p><p>Para Llamazares, el viaje pasa por la observación de la realidad: la conversación con las gentes, el paisaje (para el autor, un estado de ánimo, pero al que le sobran recuerdos y le falta presente), el conocimiento de la historia, de los vestigios que quedan del pasado. Si bien, en esta ocasión, a las características propias del viaje, se añade también el empeño por repetir el trayecto que hizo el padre durante la guerra civil, con el ejército vencedor, hasta donde ello le resulta posible, recorriendo ahora una España muy diferente y –por fortuna- en paz, frente a la carnicería que supuso la guerra. Así las cosas, Llamazares constata la polémica que sigue generando la pervivencia de los recuerdos de la contienda en varios lugares que recorre (pp. 108, 115, 122, 145 y 161).</p><p>En este caso, estamos ante un periplo por una determinada geografía, pero también frente a un recorrido a través de la memoria, tanto la personal como la colectiva, según precisa el autor en la entrevista que le hace <strong>Suso Mourelo</strong> (<em>L y más</em>, núm. 78, otoño del 2025, pp. 4 y 5). No se trata, sin embargo, del testimonio de un único tiempo, sino de dos: el reconstruido del padre y el del hijo, vivido, aunque más de ochenta años después. Y aunque el autor transita en coche, las estaciones, los apeaderos y los trenes son una referencia frecuente, ya que por ellas debieron de pasar los soldados del ejército de <strong>Franco</strong>; todo lo cual le vale para constatar la casi desaparición del ferrocarril convencional del país. Y ello le sirve, además, para denunciar un signo de estos tiempos, sobre el que de inmediato volveremos: “mientras unos trenes y territorios desaparecen, otros viajan a velocidad de vértigo” (p. 100). </p><p>No solo nos encontramos aquí de nuevo con los recuerdos del paso por el Duero, ya utilizados en otro libro del autor, sino también con algunos de los motivos que trata en sus artículos: la grandeza que tuvieron algunos de estos lugares y la decadencia actual; la idea de que España está llena de pueblos y ciudades despobladas, en la que el tiempo parece haberse detenido por falta de actividad, de vida; la convicción de que unas regiones viven y se desarrollan a costa de otras (es la tesis clásica, discutida, de Samir Amin, <em>Sobre el desarrollo desigual de las formaciones sociales</em>, 1976, que leímos con fervor en la Universidad), motivo por el que existen dos Españas cada vez más alejadas y más insolidarias: la de los ricos y la de los pobres. </p><p>A pesar de que no se trata de un libro sobre la guerra, no faltan las batallas, la referencia a altos cargos militares que comandan las tropas, incluso la mención a las estrategias bélicas. A este respecto, quiero llamar la atención sobre las páginas que le dedica a la batalla de Teruel, de la que se había ocupado<strong> Max Aub</strong> en la memorable novela <em>Campo de sangre</em> (1945), junto con la referencia a los pozos de Caudé, de ochenta y tres metros de profundidad, donde asesinaron a cientos de republicanos; a los muertos por congelación, a quienes –según un testimonio- se les quedaba en el rostro una sonrisa, a algunos habían tenido que amputarles las piernas; a las colectivizaciones anarquistas en Aragón, que en ciertos pueblos del Matarraña -me consta- recuerdan todavía con horror, a la vez que presumen de tener el mejor aceite, el mejor jamón y las mejores aceitunas negras arrugadas; y lo que nos aclara sobre “la escuela de guerrilleros” (pp. 242 y 243)...</p><p>A su vez recuerda la vinculación de personajes históricos o legendarios, de escritores clásicos y contemporáneos, con el territorio que recorre, tales como <strong>El Cid Campeador,</strong> el gran <strong>Miguel Torga, Antonio Gamoneda, Jorge Manrique</strong>, su tío <strong>Gómez Manrique</strong> (poeta y dramaturgo), el poeta latino <strong>Marcial, Adam Zagajewski, Jardiel Poncela </strong>(una de las justificaciones que dio para decantarse por Franco fue que los republicanos habían profanado la tumba de su madre en Quinto), el general carlista <strong>Cabrera</strong>; la canción, d<strong>e J.B. Clément,</strong> “El tiempo de las cerezas”, convertida en el himno de la Comuna de París de 1871; o el<strong> Max Aub </strong>del <em>Campo de los almendros</em>, en la provincia de Castellón. </p><p>El libro está escrito en el tono adecuado, ese que exige la historia que se cuenta, con un estilo sencillo y preciso, sin que falten comentarios irónicos, humorísticos. Se percata, cómo no, de que entre el Matarraña y el Maestrazgo, se habla una lengua híbrida a caballo entre el castellano, el catalán/valenciano y el aragonés. El <em>chapurriau</em>, lengua a la que se refiere el autor, es el peculiar catalán que hablan los aragoneses de la Franja (p. 247). Y un detalle que me ha llamado la atención: cómo Llamazares regala sus libros a aquellos paisanos que lo ayudan en sus pesquisas.  </p><p><em>El viaje de mi padre</em>, que es también el del autor, relata un recorrido histórico y sentimental, a medio camino entre la reflexión y la observación de las gentes y los paisajes con los que se cruza (“el paisaje nos sobrevive a todos”, recuerda, p. 102); junto con el recuerdo de la Historia, siempre presente; el cual concluye con una exaltación de la paz, pues “en la guerra no hay poesía”, guerra y paz son palabras omnipresentes en la narración, y la satisfacción de <strong>Julio Llamazares</strong> por el empeño cumplido.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 05:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[La literatura española en el 2025: variedad de géneros y estéticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/literatura-espanola-2025-variedad-generos-esteticas_129_2122979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="LITERATURA"></p><p>El balance anual es un género, llamémosle así, que debe partir de todo tipo de prevenciones y que exige, cuando menos, una excusa: por lo mucho que uno no ha leído, por lo que no ha sabido valorar suficientemente y por los libros a los que no ha conseguido acceder. Sin embargo, cuando uno lleva unos cuantos años escribiendo críticas, entre el olfato que desarrolla y las recomendaciones de otros lectores, de críticos en cuyo criterio confía, no se le suele pasar por alto apenas nada realmente relevante. <strong>El paso del tiempo no ha hecho más que acentuarme este rasgo de vanidad</strong>. Quizá lo primero que debe hacer un crítico sea no atender los diversos cantos de sirena, los muchos reclamos que emiten los editores, los periodistas de las secciones de cultura, y también los críticos (incluidos los escritores que cultivan la crítica, a menudo con escaso talento, a diferencia de lo ocurrido en otras épocas), todos aquellos a los que les marcan el paso.  </p><p>Me centro en la narrativa española, pero hago alguna excepción, como debe ser. Creo que no es necesario que repita que <strong>solo he leído unos pocos libros, quizás unos 35</strong>, por lo que se me han podido pasar algunos importantes, y aun otros que he visto citados con elogios no los he podido leer todavía, pues no me han llegado o no he podido conseguirlos, como son los libros de <strong>Eloy Sánchez Rosillo</strong>, <strong>Enrique Vila-Matas, Angélica Lidell, Ana Merino, Lara Moreno, Lucía Solla Sobral</strong> y <strong>Antoine de Compagnon</strong>. </p><p>En los balances, es necesario jerarquizar los libros, destacar los más importantes. El tiempo dirá si hemos acertado. Del 2025 me han interesado, sobre todo, los cuentos de <strong>Cristina Fernández Cubas</strong> (<em>Lo que no se ve</em>, Tusquets), la novela teñida de memorialismo de <strong>Marcos Giralt Torrente</strong> (<em>Los ilusionistas</em>, Anagrama), los cuentos de <strong>Pilar Adón</strong> (<em>Las iras</em>), la crónica de <strong>Javier Cercas</strong> (<em>El loco de Dios en el fin del mundo</em>, Random House), la mixtura de ensayo y autobiografía de <strong>Antonio Muñoz Molina</strong> (<em>El verano de Cervantes</em>, Seix Barral) y el rescate imprescindible de <strong>Manuel Chaves Nogales</strong> (<em>Diarios de la Segunda Guerra Mundial. 1. Desde París.</em> Ed. de Yolanda Morató). </p><p>Entre los libros de cuentos que he podido leer, me han llamado la atención, en especial, los de <strong>Elvira Navarro</strong> (<em>La sangre está cayendo al patio</em>, Random House) y <strong>Cristina Peri Rossi</strong> (<em>Turbación</em>, Menoscuarto), se trata de dos cuentos y una novela corta; así como los de <strong>Álvaro Pombo</strong> (<em>Cuentos autobiográficos</em>, Anagrama) y <strong>Fernando Aramburu</strong> (<em>Hombre caído</em>, Tusquets). Quiero añadir a lo dicho unas cuantas novelas más: las de <strong>Ramiro Pinilla</strong> (<em>Quince años</em>, Tusquets), la del recientemente fallecido <strong>José María Guelbenzu</strong> (<em>Una gota de afecto</em>, Siruela), la de <strong>Luis Mateo Díez</strong> (<em>La vigía de las esquinas</em>, Galaxia Gutenberg), <strong>Eduardo Lago</strong> (<em>La estela de Selkirk</em>) y <strong>Raúl Quinto</strong> (<em>La ballena azul</em>, Jekyll&Jill), que espero poder leer pronto. </p><p>Siempre he sido lector de los artículos que escriben los escritores en la prensa. Del pasado año, no habría que perderse los de <strong>Julio Camba</strong> (<em>Mis mejores páginas</em>. Ed. de Francisco Fuster), un clásico, <strong>Javier Marías</strong> (<em>Así que pasen treinta años</em>, Alfaguara) y <strong>Almudena Grandes</strong> (<em>Escalera interior</em>, Tusquets).</p><p>También ha sido un buen año para las biografías, autobiografías y memorias. Son buena prueba de ello las de <strong>Carmen Martín Gaite</strong> (<em>José Teruel, Carmen Martín Gaite, una biografía</em>, Tusquets), <strong>Rosa Chacel</strong> (<em>Anna Caballé</em>, <em>Íntima Atlántida</em>. <em>Vida de Rosa Chacel. 1898-1994</em>, Taurus), <strong>Álvaro Cunqueiro</strong> (Antonio Rivero Taravillo, Álvaro Cunqueiro. <em>Sueño y leyenda</em>, Renacimiento), <strong>Rafael Sánchez Mazas</strong> (Maximiliano Fuentes, Sánchez Mazas. <em>El falangista que nació tres veces</em>, Taurus), <strong>Azorín</strong> (Francisco Fuster, Azorín. <em>Clásico y moderno</em>), <strong>Beatriz de Moura</strong> (Carlota Álvarez Maylín, <em>Una curiosidad sin barreras</em>, Tusquets), <strong>Ángel Guinda</strong> (J. Benito Fernández, <em>Las claves de los oscuro</em>), <strong>Andrés Trapiello</strong> (<em>Próspero viento</em>)… Y la biografía novelada de <strong>María Moliner</strong> (Andrés Neuman, <em>Hasta que empiece a brillar</em>, Alfaguara).</p><p>Por lo que se refiere a los epistolarios, que aprecio mucho, entre los últimas que he podido leer me gustaría destacar el mantenido por <strong>Carlos Edmundo de Ory y Rafael Pérez Estrada</strong> (<em>Entre el impacto y la electrocución. Correspondencia. 1987-1990</em>. Epílogo de Salvador García Fernández).</p><p>En otros géneros, quiero recordar los libros de <strong>Max Aub</strong> <em>(¿Dónde está la frontera del aire?,</em> Bonilla y Artigas. Selección y prólogo de Adolfo Castañón), <strong>Julio Llamazares</strong> (<em>El viaje de mi padre</em>, Alfaguara), <strong>Carme Riera</strong> (<em>Gracias. Cincuenta años después</em>, Alfaguara y Edicions 62), <strong>Jordi Canal</strong> (<em>Contar España</em>. <em>Una historia contemporánea en doce novelas</em>), <strong>Juan Cruz</strong> (<em>Secreto y pasión de la literatura. Los escritores en primera persona</em>, de Borges a Almudena Grandes, Tusquets), <strong>Enrique Murillo</strong> (<em>Personaje secundario</em>, Trama), <strong>María Bengoa</strong> (<em>Las damiselas y el escritor</em>, Tusquets; homenaje a Ramiro Pinilla, a través de unas damiselas inventadas, cuyas impresiones están basadas en conocimientos –digamos– reales) y <strong>Carlos León</strong> (<em>La belleza del pintar</em>, Eolas). En el terreno de la poesía, quiero llamar la atención sobre el libro de la argentina <strong>Susana Szwarc</strong>, <em>El Libro (no) de los Salmos</em>, publicado por Hiperión. </p><p>Por lo que se refiere a las revistas, a menudo me preguntan qué publicación literaria leer, que no sea estrictamente académica, suelo recomendar –¡cuántas han ido cayendo por el camino!– las que yo leo con más interés: <em>Turia</em>, <em>Guaraguao</em>, <strong>centrada en la cultura y literatura hispanoamericana</strong>; <em>Quimera</em>, veremos a ver qué supone el cambio de dirección; <em>Cuadernos hispanoamericanos</em>, dedicada sobre todo a la literatura que anuncia su nombre; <em>Piedra de molino</em>, revista poética dirigida por Jorge de Arco; <em>Anáfora</em>, publicación de Creación y crítica, como indica su subtítulo, hecha en Gijón, cuyo último número rinde homenaje al recientemente fallecido Xuan Bello; <em>Ínsula</em>, la más académica de todas ellas, siempre atractiva y exigente (cerró el año con un monográfico dedicado a Ángel González, al cuidado de Araceli Iravedra); y la elegante e imprescindible <em>Litoral</em>, cuyo último número está dedicado a El beso. Y si nos salimos de la literatura, aunque tampoco falte en ella, recomiendo <em><strong>TintaLibre</strong></em>, que edita esta misma casa.</p><p>FundéuRAE ha elegido como palabra del año <strong>arancel</strong>. Yo me habría decantado por <strong>genocidio, menos economicista y más humanitaria</strong>. Pero ni el diccionario de Oxford, que se ha decantado por <em>rage bait</em> (cebo de ira), ni el diccionario de inglés Mirriam-Webster ,que ha optado por <em>slop</em> (la basura que genera la IA), tampoco han hilado demasiado fino... ¿Qué palabra habrán elegido los italianos, los alemanes, los portugueses, los argentinos, mexicanos o estadounidenses? Si alguien lo sabe, que nos lo diga.</p><p>El 2025 ha sido también, una vez más, un <strong>año de festivales</strong>, de representación de la literatura española, barcelonesa, en otro país. El desacierto ha sido semejante al de ocasiones anteriores, quizá por las intromisiones políticas, el desconocimiento, la arbitrariedad y las cuotas: cánceres de las artes en general y de la literatura en particular.  </p><p>Espero que la <strong>celebración en el 2026 de los centenarios de José Manuel Caballero Bonald</strong> (la Universidad de Almería prepara un libro de homenaje, al cuidado de Antonio Lafarque, compuesto por una selección de poemas comentados por especialistas en su obra), <strong>Josefina Aldecoa</strong> y el crítico <strong>Josep Maria Castellet</strong> resulte tan fructífera como los conmemorados en el 2025 en memoria de sus compañeros de generación, que atienda más a los intereses literarios que a los comerciales, al conocimiento que al oportunismo político y al amiguismo. </p><p>Algunos de los textos citados, los he reseñado en estas páginas, en la revista digital <strong>Los Diablos Azules</strong>. A ellos les remito, para que puedan atender un comentario más detallado de los mismos. Otros aparecerán reseñados en las próximas semanas. <strong>Les deseo un mejor 2026.</strong></p><p><strong>_____________________</strong></p><p><em><strong>Fernando Valls </strong></em><em>es catedrático de Literatura española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Jan 2026 05:00:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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