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    <title><![CDATA[infoLibre - Los Diablos Azules]]></title>
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      <title><![CDATA[Chaves Nogales: ¿Nuevos cuentos? sobre la Guerra Civil española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/chaves-nogales-nuevos-cuentos-guerra-civil-espanola_1_2206876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b15ff969-678e-43f5-8be5-e551e7c003ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chaves Nogales: ¿Nuevos cuentos? sobre la Guerra Civil española"></p><p><strong>Prólogo de Ignacio Martínez de Pisón. Edición y epilogo de Abelardo Linares. Dibujos de Josep Bartolí. </strong></p><p><strong>Renacimiento, 2026.</strong></p><p>El conjunto de cuentos que componen <em>Guerra total</em> nos plantea varios problemas: la autoría de los cuentos, su calidad y la inevitable comparación con los de <em>A sangre y fuego</em> (1937). Se escribieron casi a la vez y, sin embargo, los que ahora nos ocupan han tardado casi noventa años en publicarse en libro, en ser asequibles para un público amplio. La siguiente pregunta que el lector se hará es si los cuentos de <em>Guerra total</em> son una continuación de los del libro de 1937, como afirman <strong>Abelardo Linares</strong> e <strong>Ignacio Martínez de Pisón.</strong> Este último los tacha incluso de “magistrales relatos”. Respondiendo a la pregunta, no creo que sean su continuación, aunque no pueda afirmarlo con seguridad, habida cuenta de que ninguno de los dos libros fue armado por el autor, pues ni Chaves Nogales, al parecer, autorizó la recopilación y publicación de <em>A sangre y fuego</em>, ni tampoco dejó preparado un libro titulado <em>Guerra total</em>. </p><p>No está de más recordar, al hilo de lo que hemos leído en alguna ocasión, que su prestigio como periodista y escritor no fue inmediato, aunque sí gozó de un gran reconocimiento en el mundo de la prensa mientras permaneció en España. Y luego, con la publicación en Alianza de <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> (1969), seguramente auspiciada por <strong>Javier Pradera</strong>, fue muy elogiado por minorías selectas. Pero su renacimiento general debió de empezar a producirse tras la publicación de la <em>Obra narrativa completa</em> (1993) en la Diputación de Sevilla, en dos volúmenes y en edición de <strong>María Isabel Cintas Guillén</strong>, y fue gestándose poco a poco. Otro hito, aunque de dimensión menor, fue la edición en Espasa Calpe de <em>A sangre y fuego</em>, en el 2001, la primera edición comercial, volcada casi a palo seco, solo acompañada por una breve “Nota del editor”, quizá porque sus editores no llegaron a calibrar la importancia del libro. El caso es que Chaves Nogales ocupa hoy un lugar principal en la historia del cuento del siglo XX y en el del periodismo español.</p><p>Los paratextos de <em>Guerra total</em>, tanto los que aparecen en la cubierta como en la contra, con un texto de <strong>Andrés Trapiello</strong>, levantan unas expectativas que resultan innecesarias. Quizás hubiera sido más prudente dejar que la crítica y los lectores, los muchos lectores de <em>A sangre y fuego</em>, con quien resulta inevitable la comparación, pudieran haber expresado su opinión, sin por ello reproducir los estridentes paratextos del libro de 1937, obra de sus editores chilenos, no del autor. </p><p>La expresión <em>guerra total</em>, que volvemos a encontrarnos al final del primer cuento, aparece en numerosas ocasiones en la primera entrega de sus denominados <em>diarios</em>. El concepto, <em>totaler Krieg</em>, procede de las ideas sobre la guerra del general alemán <strong>Erich Ludendorff</strong>, quien, durante la Primera Guerra Mundial, defendió la subordinación de la política a la guerra, aunque no fue antes de las primeras arremetidas violentas de <strong>Hitler </strong>cuando el concepto debió de volver a circular en Europa, sobre todo tras el discurso de <strong>Goebbels </strong>en el Sportpalast de Berlín, el 18 de febrero de 1943, bajo el lema de <em>Guerra total-Guerra más corta</em>. </p><p>El subtítulo, en cambio, tiene ecos galdosianos; en ocho de ellos aparece la palabra <em>episodio/s</em>, que ha llegado hasta nuestros días en una serie de novelas de<strong> Almudena Grandes</strong>. De los diez cuentos, nueve aparecen subtitulados de cinco maneras distintas, aunque en algunos casos las diferencias sean leves. Así, pueden ser <em>episodio</em> o <em>episodios</em>, <em>episodios y escenas</em> o <em>hechos</em>, bien sean <em>de la conquista de Vizcaya</em>, <em>de la Guerra Civil</em>, <em>de la Guerra Civil en España</em> o <em>de la Guerra Civil española</em>. Los cinco últimos cuentos comparten el subtítulo: <em>Episodio/s de la Guerra Civil</em>. El caso es que están en la línea de los títulos y subtítulos de <em>A sangre y fuego</em>, aunque quizá estos no fueran obra del autor, y los que comentamos ahora son menos truculentos que los de 1937. </p><p>Los cuentos que componen <em>Guerra total</em> se publicaron entre diciembre de 1937 y marzo de 1938, tras la aparición de <em>A sangre y fuego</em>, cuya edición es probable que se hiciera sin su consentimiento y que ni siquiera llegara a ver el autor, pues —que yo sepa— nunca alude a ella. Residía entonces en París y su trabajo se centraba en el periodismo. </p><p>“Refugio” y “Hospital de sangre” aparecen en 1937 en la revista cubana <em>Bohemia</em>; el primero vuelve a publicarse, en ese mismo año, en la revista <em>Madrid</em>, editada en París, y “El traidor”, inédito, a comienzos de 1938 en la misma publicación. En suma, los diez relatos que componen <em>Guerra total</em> terminan publicándose en <em>Madrid</em>. </p><p>Al hilo de lo que viene diciéndose, no creo que <em>Guerra total</em> sea un libro más republicano que <em>A sangre y fuego</em>, pero sí resulta algo más maniqueo y uniforme, menos sutil y complejo (quizá condicionado por el medio en que se publicaron), pues tanto los héroes como las víctimas son republicanos. Las virtudes que hemos venido destacando del volumen anterior de 1937 eran la complejidad e imparcialidad, su sutileza en el tratamiento de los asuntos. Si comparamos esos cuentos con otros de varios autores que se publicaron sobre la guerra, la diferencia respecto a la mayoría resulta patente. Pero, en mi opinión, esa independencia, no seguir la tónica de la mayoría, no convertía al autor en equidistante, ni en componente de la tercera España, ni en otras simplezas semejantes, en las que hasta el gran <strong>Paul Preston</strong> cayó en <em>Las tres Españas del 36</em> (1998).</p><p>En cualquier caso, vayamos a las narraciones que nos ocupan. De “El refugio”, cuento que no aparece en la primera edición de <em>A sangre y fuego</em>, pero que se añade en la reedición del 2013, en Libros del Asteroide, destacaría su desenlace, si bien pero el conjunto peca de truculento y efectista. En él, se cuenta la tragedia que ocurre en un refugio en Bilbao bombardeado por los nacionales. Aborda el drama de unos padres que pierden a sus cuatro hijos, muertos entre las ruinas; tragedia que llega a su culminación durante el fracasado rescate de la hija, en presencia del padre. </p><p>“Hospital de sangre” comparte los datos editoriales del anterior. Aparece dividido en dos partes, en las que una monja, sobrina del político socialista <strong>Indalecio Prieto</strong>, instalado entonces con el gobierno en Valencia, le cuenta en una carta los horrores que se padecen en Bilbao, en el hospital donde trabaja, debido a los bombardeos alemanes, y como “entre las personas piadosas de Bilbao hay muchas que anhelan sobre todo el triunfo del fascismo” (p. 39). En el cuento aparece un episodio, podría leerse como una historia intercalada, donde se relata la llegada de cuatro milicianos heridos, cuya conducta deja mucho que desear, sobre todo la del blasfemo <strong>Juanón</strong>, otra bestia, que no sobrevivirá.   </p><p>En “El traidor”, historia que transcurre en Vitoria, a finales de abril de 1937, se cuenta el caso de <strong>Antón Zubillaga</strong>, un experto aviador del bando rebelde que acaba desobedeciendo a los suyos, al mostrarse en desacuerdo, sobre todo tras el bombardeo de Guernica por los alemanes. Recuerden que algo semejante ocurre en un cuento de <em>Los girasoles ciegos</em>, de <strong>Alberto Méndez</strong>, en el que un militar se pasa al bando republicano porque no quiere ganar la guerra con quienes eran los suyos. Esa diferencia de opiniones empieza a manifestarse tras la actitud prepotente y despreciativa del capitán prusiano <strong>Walter Kienzle</strong>: “le habló con tono petulante y dogmático de la cultura prusiana y de la misión providencial que los arios habían de cumplir en Europa, poblada en su occidente y mediodía por razas inferiores, decadentes” (p. 56). En una de las subtramas del cuento se alude también a un antiguo medio enamoramiento del protagonista con su prima <strong>Eulalia</strong>, tuberculosa. También tiene cierto protagonismo la madre de Antón, viuda (“ambos sentían veneración religiosa y respeto profundo por Guernica, reliquia de sus antepasados vascos”, p. 60), además de sus aspiraciones como aviador: el proyecto de llevar a cabo un <em>raid </em>alrededor del mundo. En el desenlace, Zubillaga es ejecutado por traidor, al no respetar las órdenes de bombardear Plencia. Tanto <strong>Andrés Trapiello</strong> como <strong>Ricardo Álamo</strong> destacan, con razón, este cuento; y este último también prefiere “El refugio”. Esos dos comentarios, junto con el de <strong>Andrés Amorós,</strong> son los más atinados que he podido leer. </p><p>“La última lección” es un cuento en el que se denuncia el caciquismo y su alianza con la iglesia. Es la historia de <strong>Pablo Expósito,</strong> que acaba de maestro en el pueblo de Cedeira pero, al estallar la guerra, lo mata la Guardia Civil, alentada por <strong>Felipe Corma</strong>, el cacique local. En “Timidez”, un individuo, del que se insiste demasiado en lo tímido que es, hasta en siete ocasiones, abandona a los suyos por convicciones morales y pasa a defender los intereses republicanos. Se nos cuenta aquí el ascenso de Falange y el golpe de estado de los militares, visto con los ojos de <strong>Luis Hernández,</strong> un oficinista que, con dudas, se convierte en falangista, pues tiene “la sensación intuitiva y borrosa, de que había en la sociedad algo falso y cruel, [que] comenzaba a cobrar para Hernández unos perfiles fijos. La falsía y la crueldad estaban allí, encarnados en aquellos señoritos vacíos y cínicos…” (p. 91).</p><p>“Un excelente verdugo”, el otro cuento que destaca <strong>Trapiello</strong>, transcurre en Sevilla, en el barrio de Triana, durante el otoño de 1936. Al final, <strong>Florencio</strong>, maestro ceramista y protagonista del relato, quien no ha tenido más remedio que convertirse en verdugo, poco antes de tener que ejecutar a <strong>Servando Álvarez</strong>, maestro de profesión y compañero de colegio en la infancia, reniega de los falangistas y confiesa su republicanismo. </p><p>“Tragedia en la sierra de Pancorvo”, en donde la acción transcurre en un pueblo de la serranía de Burgos, gobernado por un cacique ganadero, don <strong>Atilano </strong>(que es nombre y definición), a cuyo servicio está la Guardia Civil, parece una historia de mártires cristianos, pues la maestra <strong>Pilar Jiménez</strong> prefiere morir antes que ceder ante la relación sexual que le exige el cacique.</p><p>En “Carabinero” se cuentan las arbitrariedades que sufre en el Colegio de Huérfanos Alfonso XII, de El Escorial, la academia de carabineros, un aspirante al cuerpo, y cómo, tras convertirse en oficial, en el momento en que estalla la guerra, destinado en Barcelona, intenta que sus subordinados se muestren fieles a la legalidad, al gobierno de la República. La narración podría leerse también como la historia del enfrentamiento entre <strong>Andrés Romero</strong> (el carabinero que va ascendiendo, hasta convertirse en teniente, siguiendo los consejos que le dio su padre y las enseñanzas de un capitán médico, de ideología socialista, <strong>López Dueñas</strong>), y quien será su primer y último superior, el teniente <strong>Díaz</strong>, luego capitán, arbitrario y violento, que se muestra partidario de los golpistas. El final es abierto, aunque hoy sabemos la suerte que les esperaba a los leales que defendieron la “República popular”.</p><p>La acción de “La tanguera” ocurre en el barrio de Triana, en la Sevilla gobernada por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/columna-minera-riotinto_1_2117449.html"  >Queipo de Llano</a>. <strong>Carmen Argüelles</strong> es una bailaora que se enamora del comandante Arenales, responsable de la Guardia Civil en la plaza, aunque opta para salvar a su hermano Pepe, preso de los golpistas. La fuga de la cárcel se produce por el empeño y valor de dos mujeres, <strong>Mónica </strong>y <strong>Carmen</strong>, quien danza para el militar, a lo <strong>Salomé</strong>, distrayéndolo de sus obligaciones. Toda la acción se enmarca en la resistencia de los sindicalistas y comunistas, “la titánica defensa obrera”, pues se muestran dispuestos a morir, “héroes anónimos de una gesta”. En esta ocasión, sí se trata de una gesta, a diferencia de la de los caballistas, en el libro de 1937. No quiero acabar el párrafo sin llamar la atención sobre el uso del léxico castizo: <em>tanguera</em>, <em>bailaora</em>, <em>jaque</em>, <em>coima</em>…</p><p>“Lo de Badajoz…” se compone de seis partes tituladas. Se trata de la única historia coral del conjunto. Recuérdese que la ciudad extremeña, con un gobernador socialista, se mantuvo fiel a la República, así como el jefe militar de la plaza. Pero tras el asedio de los nacionales, los coroneles <strong>Yagüe </strong>y <strong>Varela </strong>tomaron la ciudad, llevando a cabo una feroz represión: asaltaron las viviendas, violaron a las mujeres, cazaron a los hombres y las cabezas de algunos de ellos fueron ensartadas en bayonetas. Y la “Escuadra Negra” de falangistas acabó con los detenidos en la plaza de toros, pero antes algunos fueron lidiados, clavándoles banderillas en la espalda o ensartados por el ano. <strong>Juan Goytisolo </strong>y <strong>Javier Marías </strong>se han referido a este trágico episodio en sus narraciones.</p><p>Si hacemos un breve balance, podríamos concluir que en unos cuentos se destacan hechos trágicos (“El refugio”); la violencia y la sinrazón en ambos bandos (“Hospital de sangre”); en tres de ellos, el protagonista abandona el bando nacional y acaba defendiendo a la República (“El traidor”, “La última lección” y “Un excelente verdugo”); en otro relato, una mujer republicana opta por morir antes de entregarse al cacique del lugar (“Tragedia en la sierra de Pancorvo”); tampoco falta el protagonista que defiende sus convicciones hasta el final (“Carabinero”); los cuentos que relatan una verdadera gesta, llevaba a cabo por dos mujeres (“La tanguera”); o bien la violencia extrema a que llegaron los nacionales (“Lo de Badajoz…”).      </p><p>No he dejado de preguntarme con qué criterio se han titulado los cuentos. El del libro, ya hemos intentado contextualizarlo. En cuanto a los títulos de las narraciones, estos se refieren al espacio en que transcurre la acción (el refugio, un hospital de sangre, Pancorbo o Badajoz), parecen hablar en ellos los golpistas (el traidor, el verdugo), se caracteriza al protagonista con un rasgo de su carácter (timidez), o se destaca su profesión (carabinero, bailaora). </p><p>En este libro, <strong>Martínez de Pisón</strong> lo señala en el prólogo, llama la atención la variedad de escenarios, creo que mayor que en sus anteriores relatos (p. 11): Bilbao, Vitoria, Cedeiro (Galicia), Barcelona, Sevilla (el barrio de Triana), Pancorbo, en la serranía de Burgos, El Escorial, Villaricos (Almería) y Badajoz. Lo que se nos muestra es la complicidad entre los militares, la Guardia Civil, la iglesia, los caciques locales y las gentes biempensantes. Y cómo las vejaciones y la violencia empleada acabaron con la vida de infinidad de personas.  </p><p>Los dibujos de <strong>Josep Bartolí </strong>resultan expresivos, y le proporcionan a las narraciones el sabor de época que debieron tener en el momento de su aparición. Para ser buena literatura, a los cuentos les sobra contundencia en las valoraciones ideológicas, aunque tengan razón, porque para eso ya estaban los artículos y crónicas. El narrador de una ficción, si quiere que perdure, no debe conformarse con producir un impacto meramente coyuntural; antes bien, debe mostrarse imparcial; ni tampoco debería decantarse de forma tan explícita como ocurre aquí. Pero los lectores tampoco hemos de olvidar el contexto político en que se publicaron estas  narraciones, los medios en que aparecieron, el fin propagandístico que, seguramente, pretendían tener. </p><p>A ciencia cierta, sabemos que solo los dos primeros cuentos, “El refugio” y “Hospital de sangre”, fueron escritos por <strong>Chaves Nogales</strong>, y que el subtítulo del libro aparece en varios de sus trabajos. Y poco más. Pero lo que tenemos que preguntarnos es si resultan convincentes los argumentos que aduce <strong>Abelardo Linares</strong> para atribuirle a Chaves Nogales la autoría de los ocho cuentos restantes, firmados por escritores que existían y que colaboraban en el mismo medio que él. Creo que no del todo; pero tampoco descartaría, atendiendo a las varias razones que aduce, que pudiera tener razón, y que estos cuentos los hubiera escrito, bajo seudónimo, Chaves Nogales. No sería la primera vez que utilizara este procedimiento para publicar textos suyos. De no ser así, y que los cuentos fueran obra de los autores que los firman, hoy olvidados, estoy tentado a pensar que acaso hicieron un concurso sobre quién era capaz de imitar mejor el estilo y los temas propios de Chaves Nogales.</p><p>Hoy por hoy, lo que más puede importarnos de <em>Guerra total</em> es el valor literario de los cuentos. Si bien me parece que no tienen la entidad literaria de los relatos de <em>A sangre y fuego</em>, quizá los que más se asemejen sean “El traidor”, “Un excelente verdugo” y “La tanguera”, pero en cuanto al resto, tampoco resultan desdeñables, ni mucho menos; en especial, si atendemos —insisto— las diversas circunstancias en que se escribieron, el medio en el que surgen y lo que se pretendía con ellos.  </p><p>Sea como fuere, si las hipótesis que baraja Abelardo Linares fueran ciertas, estaríamos ante el complemento casi perfecto de <em>A sangre y fuego</em>. De tener razón, deberían poder publicarse juntos, pero recuérdese que Chaves Nogales no dejó libros de cuentos como tales, sino que se limitó a escribir narraciones individuales, aunque unidas por unos  subtítulos semejantes; lo que nos permite pensar que los concibió con una cierta unidad, aunque pensando, sobre todo, en otro orden de cosas, en la utilidad política que podrían tener en su momento, en la ayuda que proporcionarían a la causa republicana.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[La sabiduría, el lenguaje y la naturaleza en Luis Feria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sabiduria-lenguaje-naturaleza-luis-feria_1_2206865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fc279237-3be9-4d51-9f8f-ed41f130c98d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sabiduría, el lenguaje y la naturaleza en Luis Feria"></p><p><strong>Edición de Jesús Munárriz y Jenaro Talens. Ilustraciones de Pepa Izquierdo.</strong></p><p><strong>Hiperión. Madrid, 2026</strong></p><p>Entre los poetas hoy desconocidos y muy relevantes de nuestra generación del medio siglo se encuentra el canario <strong>Luis Feria</strong> (Santa Cruz de Tenerife, 1927-1998), un autor que logró cierta relevancia en el panorama lírico español a partir de la obtención, en 1964, de un premio hoy inexistente: el Boscán. Un galardón de una gran importancia en la década de los sesenta que concedía el Instituto de Cultura Hispánica de Barcelona pese a la dictadura. Lo ganó con uno de sus libros más destacados, <em>Fábulas de octubre. </em>Del nivel cualitativo del Boscán dan buena idea algunos de los títulos de su “catálogo” de premiados: <em>Salmos al viento</em>, de <strong>José Agustín Goytisolo; </strong><em>Redoble de conciencia</em>, de <strong>Blas de Otero; </strong>o <em>Las horas muertas</em>, de <strong>Caballero Bonald</strong>. No olvidemos que el título que lo inauguró en 1944 fue <em>Nuestra elegía</em>, de <strong>Alfonso Costafreda.</strong></p><p>Luis Feria está, sin embargo, en la trastienda de los canonizados por la antología de <strong>Juan García Hortelano</strong>, trastienda que habitan nombres como <strong>César Simón, Carlos Sahagún</strong> o <strong>Julio Mariscal</strong>, por ejemplo. De situarlo en algún espacio estético de esa leva, sería en el que ocuparon los más empeñados en la renovación del lenguaje realista: <strong>Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Carlos Barral</strong>, por ejemplo. Su apuesta innovadora, su búsqueda de la palabra imprevista, de un lenguaje preciso, a veces juguetón, pleno de carga imaginativa, hacen de Feria un poeta de una singularidad extrema. Si bien en el año 2000, con el apoyo del gobierno canario, la editorial Pre-Textos publicó, de la mano de <strong>José Carlos Mainer</strong>, su obra poética completa junto a sus cuentos, esa circunstancia no logró evitar el silencio que ha opacado su memoria en el último cuarto de siglo. </p><p>Por eso, la aparición de <em>No existen jerarquías</em> a los casi treinta años de su muerte y con unas austeras y delicadas ilustraciones de <strong>Pepa Izquierdo</strong>, es un chorro de aire fresco y, hasta cierto punto, una llamada de atención en medio de un panorama, como el actual, poco propenso a lo imaginativo. Se trata de una antología “temática” preparada por los poetas <strong>Jenaro Talens</strong> y <strong>Jesús Munárriz</strong> en la que toma el mando el canto a la naturaleza. La denomino temática porque trata de plantas (flores, arbustos, frutas) y animales, aves sobre todo. En lo vegetal descansa la primera parte de la antología, <em>Poemas sobre flores y plantas</em>, y el mundo animal asoma en la segunda parte, el “Bestiario” que se publicó, como antología y con carácter póstumo, en 1999 con un epílogo de <strong>José Hierro</strong> que los editores rescatan para este doble poemario.</p><p>Lo califico de doble poemario por estar constituido por dos bloques muy unitarios que, pese a tener el carácter de antologías, pueden ser leídos y considerados como poemarios. La primera parte la integran textos procedentes de siete libros, desde el citado <em>Fábulas de octubre</em> (1964) hasta <em>Casa común </em>(1991), pasando por su magistral volumen de poemas en prosa, <em>Dinde </em>(1983). La mayoría de los poemas son en verso y recorren un amplio muestrario, que va de la más delicada rosa hasta las más prosaicas higuera o a la cebolla, con un tratamiento muy alejado del realismo utilitario que en las <em>Odas elementales</em>, por ejemplo, aplicara <strong>Neruda</strong>. La ironía, el juego, la metáfora o la comparación, llenas de imaginería lingüística e imaginación, nos hacen percibir cada poema como una planta o una flor hecha de palabras y música. Expresiones de la jerga canaria se combinan con viejos vocablos de influencia hispanoamericana y con neologismos felices. Véase cómo describe una sandía: “qué pulpa tan procaz, qué zumo tan bermejo / diez mil pepitas brunas, dulzura del verano”. Así, la buganvilla, la higuera, la cebolla, la judía o el perejil conforman un universo de sensaciones, de colores, aromas y vibraciones que nos muestra cómo el poema puede ser, a la vez que lenguaje, un pequeño tesoro. Aun que son poemas escritos entre 1965 y 1991 procedentes de libros distintos, el conjunto muestra una coherencia y una unidad llamativas </p><p>En “Bestiario”, el segundo bloque, baja la pulsión imaginativa y la tensión lirica para asentarse un cierto tono narrativo, más directo, tanto que algunos poemas, sobre todo la minoría de los escritos en prosa, bordean el microrrelato. También hay un enfoque más realista, más apegado a lo cotidiano, a la anécdota aunque nunca deja los interrogantes metafísicos, su preocupación por acercarse al misterio de lo poético (así en “Pájaro”: “Mirándolo das fé, / él es tu certidumbre, / existes porque es”) o por no dejar de lado el humor y la ironía, tal y como ocurre con la gallina (“La gallina palurda / anda despatarrada por su barrio, / sin medias, la cresta descompuesta”) o con los grillos: “Y como no habían ensayado en su vida, toda la grillería era un desastre, un guirigay y rascatripas; vaya lata con su guitarrín”. </p><p>En el fondo, el recorrido que Luis Feria (los antólogos) aborda alrededor de esos seres que pueblan la naturaleza (doméstica o salvaje), sean plantas o sean animales, es una reflexión sobre algunas verdades de la existencia: el amor, la amistad, la muerte, el miedo, la alegría, la infancia, la memoria. La iniciativa de Hiperión rescatando esta rara antología de un poeta raro como Luis Feria es un servicio al mundo de la literatura, a las jóvenes generaciones. La dicción y el ritmo, la altura de las metáforas y comparaciones, el equilibrio entre humor y gravedad, hacen de <em>No existen jerarquías</em> un libro invitador a la lectura sosegada, incluso divertida, y a viajar en busca del resto de su obra. Para conocer a Luis Feria, un olvidado no olvidable. <strong>Hierro </strong>lo dejó escrito en el epílogo felizmente rescatado: “La sorpresa, el hallazgo, la palabra mágica, poéticamente exacta, está aquí”. Lo dijo de “Bestiario”, pero seguro que hoy lo haría extensible a todo el libro. Seguro.</p><p><strong>*Manuel Rico</strong> es escritor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Rico]]></author>
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      <title><![CDATA[Estuve allí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estuve_1_2206853.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fd56bd78-dd2e-4fdb-b5c1-3e77888f4153_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estuve allí"></p><p><strong>Lastura. 2026</strong></p><p>Estuve allí, descubrí la fuerza, el dolor y el amor, la belleza y la resiliencia de un lucha justa y necesaria. Desde el río hasta el mar, desde la honestidad y el trabajo, a la solidaridad y la entrega.</p><p>Sí, así es, estuve allí y pude comprobar que la presentación de un libro de poesía no tiene por qué ser una aburrida retahíla de palabras que no se entienden, una exhibición de egos, un egocentrismo del presentador y una falsa modestia del presentado.</p><p>Pues eso, que estuve allí, el 22 de mayo, en la Biblioteca<strong> Elena Fortún</strong>, en la presentación del libro <em>Desánimo de lucro</em>, de <strong>Paco Moral</strong>, editado por Lastura Ediciones. Lleno total, poetas —hombres y mujeres— abarrotamos la sala, esperando sentir la fuerza de un poeta —que además es editor de Tigres de papel y de los libros de la colección Genialogía (Asociación feminista de mujeres poetas)— y que tras diez años de barbecho volví a publicar.</p><p>En la portada, la imagen de un <em>tatreez</em> palestino que borda sobre la tela la memoria y el amor de un pueblo que resiste, hilo a hilo, como quien escribe un poema sin papel. Y en el interior, páginas llenas de un enorme amor, un amor casi infinito que puede abrazar a la humanidad entera.</p><p>Sí, estuve allí, y pude comprobar que es cierto la poesía de Paco abarca ambos lenguajes —el del hilo y el de la palabra— <em>y los dos se alzan contra la guerra, contra el olvido impuesto, contra el genocidio. Amar, entonces, es resistir: cuidar del otro, del cercano y del distante, como quien protege un bordado antiguo que aún late, rojo y vivo, bajo la historia herida</em>.</p><p>No hay prólogo, en su lugar, un REVULOGRAMA, un poema visual en el que el poeta dice: <em>Miro el cuenta las revoluciones que me indican el número de veces que casi lo logramos… </em></p><p><em>Desánimo de lucro</em> se compone de tres apartados: </p><p>DE LOS TRAGOS AMARGOS: catorce poemas que transitan desde <em>lágrima en la lluvia</em> hasta <em>parte de guerra antes de jubilarme</em>, pasando por una variedad de poemas río que transitan hacia el mar. </p><p>De este apartado quiero destacar la última estrofa del poema que lleva por título el propio título del libro: (…) <em>qué tremendo engaño eso del esfuerzo / esa república dialéctica de que nos hace libres / el trabajo cuando es fácil darse cuenta / de que todo son daños / colaterales / o una pequeña muerte / cotidiana / que produce tan sólo / desánimo de lucro</em> </p><p>Y cuando escuché este poema me acordé de una visita muy dolorosa que hice a Auschwitz, y al infame lema que se puede leer a la entrada al campo de concentración: «Arbeit macht frei» (el trabajo os hará libres).</p><p>DEL TIMÓN EN LOS NAUFRAGIOS es un apartado que arranco con tres versos de <strong>Ida Vitale</strong>:<em> acompañar la soledad</em> / <em>no negarse a las quimeras </em>/ <em>remansarse en el tomado,</em> un apartado compuesto de diez versos que van desde poética hasta antes de que amanezca</p><p>De este apartado quiero destacar el poema 8M, imagino que está dedicado a Ana, su compañera de vida, y a todas las mujeres feministas (entre las que me encuentro). Copio la entrada y los primeros versos: <em>8M algo así como un poema de amor en el diluvio / de un 8 de marzo en el que estabas lejos // apariciones / en la rama para mis dedos // en la savia / alimento del brote / en mi saliva // en el grito rebelde de mil gritos / de millones de gritos / de todos los gritos de la historia // cada vez que alguien camina / sin rozar el suelo / levitando (…)</em></p><p>POEMA PARA LEER EN VOZ ALTA es el apartado final: un único poema, titulado así, que lleva la siguiente cita: <em>no adoptes nunca el nombre que te dé la policía, </em>de <strong>Enrique Falcón</strong>. Y quiero destacar que sí, que estuve allí, y que este poema se leyó en voz alta y fue coreado por el abanico de poetas, familiares y amistades que acompañamos la lectura con el grito: <em>desde el río / hasta el mar / Palestina / vencerá.</em> Y estos, precisamente, son los últimos versos del recital, y el punto final es el único punto de todo el poemario. Y es que los poemas de este libro no tienen puntos, ni comas, ni letras mayúsculas. Imagino que es una licencia del autor que guarda un significado que, estoy segura, tiene que ver con su lucha por la igualdad y con la valoración de los detalles, de las cosas pequeñas. </p><p>En resumen, que estuve allí, y comprobé, una vez más, que allí estaba Paco Moral en estado de gracia, totalmente él, con toda su fuerza y toda su generosidad. Animo, si lugar a dudas, a leer <em>Desánimo de lucro</em>. El título es un verso que (según Paco) le robo con permiso de <strong>Ferrán Fernández</strong>. Y, a este poemario, le viene como anillo al dedo: no es el lucro lo que inspira al autor, es la lucha por la justicia.</p><p><em>* </em><strong>Nieves Álvarez</strong><em> es profesora, escritora, poeta, investigadora y artista plástica. Pero, sobre todo, ávida lectora.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Estuve allí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El oficio de ser frágil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/oficio-fragil_1_2206844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5e1ae5be-8a52-439d-9b11-a5e702e22d79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El oficio de ser frágil"></p><p><strong>La Imprenta. Madrid. 2026</strong></p><p>El último libro publicado por la editorial madrileña La imprenta es <em>El oficio de ser frágil</em>, de <strong>Celia Bsoul</strong>. Es un libro breve, con un diseño simple, y en él, la joven escritora nos despliega un mapa del daño. Su daño, claro, pero es que su daño personal está conectado al daño genérico (si se pudiera dar un dolor genérico, compartido) gracias al micelio que compartimos, llámese tiempo, llámese ilusión, llámese relaciones personales. </p><p> «Alguien borró la línea</p><p> entre el mundo y su peligro,</p><p> este fue mi primer oficio:</p><p> dibujarla»</p><p>dice la autora al inicio del poemario y podemos sentir que esta línea sigue hasta el día de hoy. Que la protagonista muestra cómo falló esa distancia y la vida pinchó, hizo daño, y muestra la herida ya sin sangre, pero aún con dolor. </p><p>Lees y relees los poemas y te das cuenta de que Bsoul no hace un espectáculo del daño, tampoco un ejercicio de exuberancia de la resiliencia, ella simplemente se abre poderosa, cuenta, y honesta contra un papel que aguanta a duras penas su catarata de cicatrices cosidas, heridas recientes o abismos de nostalgia. Os seré sincero: puedo decir que tengo la suerte de ser amigo de la autora desde hace unos 12 o 13 años, y leyendo el libro me he sentido culpable por no haber estado más cerca de la amiga que sufrió o que sigue sufriendo. Pero imagino que esta sensación será similar, incluso, aunque no conozcas a la autora, porque lo que invoca Celia no es ni siquiera empatía ante lo que duele sino un alegato por la fraternidad y la compasión. Una especie de «te entiendo» o un «estuve ahí» o un «gracias por contarlo». Porque Celia está en proceso, se sincera, y nos apela:</p><p>«Para aprender mi nombre</p><p> necesito mucho más tiempo del que puedes darme, </p><p> del que debo concederme.»</p><p>El oficio de ser frágil consta de 10 fragilidades, que además de estructurar el poemario de una manera sencilla y efectiva —a tener en cuenta la bonita iconografía de cada sección, obra de <strong>Javier Olivares</strong>— en sus títulos podemos encontrar imágenes poéticas muy sugerentes que os comparto aquí y que, de hecho, funcionan perfectamente como un nuevo poema (cuidado con la número 6. Duele):</p><p>La fragilidad nº1 es tener un nombre.</p><p>La fragilidad nº2 es tener un cuerpo.</p><p>La fragilidad nº3 es tener un cuerpo y que otros lo utilicen sin pedir permiso.</p><p>La fragilidad nº4 es podarte cada mañana hasta convertirte en un bonsái.</p><p>La fragilidad nº5 caer por el hueco que se abre entre los apellidos. </p><p>La fragilidad nº6 es doblar y guardar con cuidado, en un cajón, la palabra madre.</p><p>La fragilidad nº7 es ser un gorrión, oír pisadas y no huir.</p><p>La fragilidad nº8 es tratar al amor como a una fiera y no intentar domesticarla.</p><p>La fragilidad nº9 es componer una belleza con una suma de parches.</p><p>La fragilidad nº10 no es. </p><p>Estas debilidades o abismos acechan a la poeta y, como la aluminosis, ponen en peligro la estabilidad del edificio: Familia, amor, identidad, trabajo, muerte son parte de esa enfermedad que compartimos. Pero ella resiste. Bsoul ha tenido la valentía de mirar de frente a ese miedo con tantas caras y contarnos cómo es, qué ha hecho para combatirlo. </p><p> Y quizá, una pista, en la contracubierta:</p><p>«Tengo un nuevo oficio: consiste en amontonar trocitos de luz y fingir un sol».</p><p><em>*</em><em><strong>Jorge García Torrego</strong></em><em> es periodista, bibliotecario y escritor. Cuenta con seis libros publicados y desde 2012 publica reseñas literarias en diversos medios.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge García Torrego]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El oficio de ser frágil]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Goles de sangre y revolución en la cancha: 10 libros para el Mundial sobre el poder geopolítico y social del fútbol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/goles-sangre-revoluciones-cancha-10-libros-entender-geopolitico-social-futbol-durante-mundial_1_2206984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9eae0e2-098f-402d-942f-bb3d994dc295_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Goles de sangre y revolución en la cancha: 10 libros para el Mundial sobre el poder geopolítico y social del fútbol"></p><p>Pareciera que <strong>el planeta deja de girar cada cuatro años</strong> o, al menos, aminora la velocidad. Tal es el poder del <strong>Mundial de fútbol</strong>. Más que nada porque gran parte de la atención de millones de personas se centra en lo que sucede en el estadio cuando empieza a rodar el balón, como si, durante dos horas, eso fuera lo único que <strong>importara</strong>. El fútbol, el <strong>opio del pueblo</strong>, seguramente la más poderosa arma de distracción de masas que jamás haya ideado el ser humano, a la altura de la religión.</p><p>Los caprichos del destino y, principalmente, la <strong>geopolítica </strong>que encarna la FIFA, han querido que este año la gran cita del balompié se celebre en <strong>Estados Unidos</strong>, en alianza, eso sí, con <strong>Canadá </strong>y <strong>México</strong>. Vecinos del norte y del sur que están regular o terriblemente mal con <strong>Trump </strong>en función del día que tenga el mandatario del país que les separa, de manera que cualquier cosa puede pasar a partir de la inauguración del Mundial este <strong>jueves 11 de junio,</strong> y hasta la final del 19 de julio. Se puede hacer terriblemente largo eso de mantener las apariencias de <strong>buena vecindad</strong> con mínimos de cordialidad.</p><p>La <strong>política migratoria</strong> estadounidense, las <strong>restricciones </strong>de entrada a ciudadanos de determinados países —con el caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan como gran símbolo del torneo, tras ser excluido del Mundial después de que se le denegara la entrada a Estados Unidos pese a haber sido seleccionado por la FIFA, así como los exhaustivos cacheos a los jugadores de <strong>Senegal </strong>y <strong>Uzbekistán </strong>en el mismo aeropuerto—, la exclusión de Rusia o el intento de algunos gobiernos de <strong>lavar su imagen </strong>internacional a través del fútbol convierten el campeonato en un escenario de <strong>disputa global</strong> que va mucho más allá del césped y de los 90 minutos de contienda deportiva.</p><p>Poder, <strong>propaganda</strong>, <strong>violencia</strong>, derechos humanos y dinero. <strong>Mucho dinero</strong>. Todo eso se pone sobre la cancha porque, mientras la pelota va de acá para allá, también juegan los intereses de las élites políticas y económicas. El fútbol convoca multitudes, despierta pasiones y mueve miles de millones, pero también ha sido, desde siempre, un terreno fértil para abusos de poder, <strong>disputas políticas</strong> y <strong>tensiones sociales</strong>. </p><p>Una manera de comprender esta dimensión es leer <a href="https://altamarea.es/producto/goles-sangrientos/" target="_blank"><em>Goles sangrientos</em></a> (Altamarea, 2026), de <strong>Luciano Wernicke</strong>, que se adentra en la relación con el balompié de líderes tan distintos como <strong>Hitler </strong>o <strong>Evita</strong>, que sin duda comprendieron sus infinitas posibilidades, o repasa la utilización de Diego Armando <strong>Maradona </strong>como embajador de Argentina. Un título que reconstruye distintos episodios en los que el balón se vio arrastrado por oleadas violentas, conflictos territoriales o intereses propagandísticos a manos de dictadores, narcotraficantes como <strong>Pablo Escobar</strong> y otros siniestros protagonistas de la historia reciente. </p><p>En la misma línea apunta <strong>Toni Padilla</strong> en el ensayo <a href="https://principaldeloslibros.com/index.php?id_product=357&controller=product" target="_blank"><em>El historiador en el estadio</em></a> (Principal de los libros, 2021), en el que nos lleva en un viaje por los cinco continentes para conocer y entender la <strong>geopolítica </strong>del fútbol a través de las sorprendentes historias de 40 clubes, y, de este modo, desentrañar las <strong>complejidades </strong>del deporte rey y su impacto político, social y económico de nuestras vidas. Y se pregunta: ¿Qué ha llevado al fútbol a lo largo de los tiempos a actuar como <strong>detonante </strong>de conflictos bélicos, catalizador de revoluciones o transformador social en lugares tan diversos como <strong>España</strong>, Jordania, México, Iraq, Ucrania, Argentina o Hong Kong?</p><p>En <a href="https://altamarea.es/producto/futbolitica/" target="_blank"><em><strong>Futbolítica</strong></em></a><em><strong> </strong></em>(Altamarea, 2021), <strong>Ramón Usall</strong> propone una vuelta al mundo a través de clubes políticamente singulares para entender la mayoría de los acontecimientos que han marcado el último siglo: las rebeliones anticoloniales y la lucha de clases, el nazismo y el comunismo, la Guerra Fría y la de los Balcanes, los conflictos nacionales y la lucha contra las dictaduras. El mismo autor acaba de publicar <a href="https://altamarea.es/producto/futbol-por-la-libertad/" target="_blank"><em>Fútbol por la libertad</em></a> (Altamarea, 2026), en el que defiende que el fútbol ha representado en muchas ocasiones un espacio de resistencia y reivindicación, hasta el punto de que pueblos oprimidos encontraron en los estadios una forma de afirmarse públicamente frente al colonialismo.</p><p>En 2023 publicaba <strong>Alejandro Requeijo</strong><em> </em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alejandro-requeijo-futbol-moderno-expulsado-clase-trabajadora-estadios_1_1421678.html" target="_blank"><em>Invasión de campo</em></a> (Ediciones B), un manifiesto contra el fútbol como <strong>negocio </strong>y en defensa del aficionado. Un alegato en defensa de la <strong>identidad </strong>de las gradas, contra la homogeneización que imponen las televisiones y el mercado capitalista, a partir de la base de que el fútbol es un <strong>patrimonio cultural, social</strong>, familiar e incluso estético. Porque, antes de que el dinero lo corrompiera todo, como en tantos otros ámbitos, el balompié era (y a veces todavía es, como ocurre principalmente en los mundiales), un vínculo de <strong>pertenencia</strong>.</p><p>Durante la guerra de Yugoslavia, <strong>Ramón Lobo</strong> sirvió como correo para mantener en contacto al futbolista <strong>Meho Kodro</strong> con su familia. A partir de esa experiencia personal nace <a href="https://www.librosdelko.com/collections/hooligans-ilustrados/products/el-autoestopista-de-grozni-y-otras-historias-de-futbol-y-guerra" target="_blank"><em>El autoestopista de Grozni y otras historias de fútbol y guerra</em></a> (Libros del KO, 2012), en el que el añorado corresponsal y <a href="https://www.infolibre.es/autores/ramon-lobo/" target="_blank">columnista de infoLibre</a> se preguntaba qué papel ocupa el deporte de semejante magnitud en un escenario bélico: de <strong>Sarajevo </strong>a<strong> Sierra Leona</strong> o <strong>Irak</strong>, el fútbol ha sido un mecanismo de integración para niños que tuvieron que rehacer su vida tras un conflicto, y ha servido infinitas veces para sobrellevar lo absurdo de la guerra. Que no es, en absoluto, poco.</p><p>El periodista y escritor <strong>Simon Kuper</strong> viajó a 22 países, de Argentina a Camerún, de Ucrania al Zaire, de Brasil a Sudáfrica, de Alemania o <strong>España</strong>, para investigar la poderosa influencia que el fútbol ejerce en la política, en la cultura y en la sociedad. El resultado, a medio camino entre un libro de viajes y un ensayo <strong>sociopolítico</strong>, es <a href="https://editorialcontra.com/producto/futbol-contra-el-enemigo/" target="_blank"><em>Fútbol contra el enemigo</em></a><em> </em>(Contra, 2012), un relato de las complejas tramas ocultas de ambición y poder, de pasiones individuales y nacionales, de su <strong>historia </strong>y, cómo no, de la belleza del deporte más popular del mundo.</p><p><a href="https://ficticia.com/catalogo/69" target="_blank"><em>Cuentos mundialistas</em></a> (Editorial Ficticia, 2010) es una compilación del periodista <strong>Carlos Barrón</strong> con motivo del primer Mundial en territorio africano, celebrado en <strong>Sudáfrica </strong>en 2010 (con victoria de España, huelga recordarlo). Se trata de relatos que mezclan realidad y ficción que aprovechan la literatura para relatar las tensiones sociales, los intereses políticos y las narrativas nacionales que se establecen en cada campeonato del mundo, que nunca se entiende del todo sin el <strong>contexto </strong>de su <strong>época</strong>. Por sus páginas aparece incluso una correspondencia ficticia de <strong>Franco </strong>y <strong>Mussolini </strong>hablando del poder y sus símbolos con motivo del Mundial de Italia 1934.</p><p><strong>Alejandro Fabbri</strong> ofrece en <a href="https://www.casadellibro.com/ebook-historias-secretas-de-los-mundiales-ebook/9789876145497/11526811?srsltid=AfmBOoqTlTFd7eI6Cx8Z29EsnfNYkaRvlTxFvilUIH2jb4vb9OCGXVHT" target="_blank"><em>Historias secretas de los mundiales</em></a> (Capital Intelectual, 2017) un recorrido por los rincones oscuros, las <strong>presiones </strong>políticas y las curiosidades de cada Copa del Mundo, desnudando los relatos oficiales. El autor recupera situaciones, analiza auges y caídas, y revela las presiones políticas y la corrupción: el <strong>boicot </strong>al primer Mundial, disputado en 1930 en Uruguay, por países europeos que se quejaban del frío polar de Sudamérica, el caso del jugador austríaco que humilló a los <strong>nazis </strong>(y al poco tiempo apareció muerto junto a su mujer en un misterioso accidente) o el triunfo de la selección argentina en <strong>1978 </strong>utilizado como <strong>propaganda </strong>por el dictador <strong>Videla</strong>.</p><p>Para terminar, recordamos el último Mundial celebrado hasta la fecha, en 2022 en Qatar, "a base de <strong>trabajadores muertos, derechos pisoteados</strong> y <strong>voluntades compradas</strong>" por los jeques a golpe de talonario, tal y como recalca el periodista <strong>Fonsi Loaiza</strong>, autor de<em> </em><a href="https://www.akal.com/libro/qatar_52420/" target="_blank"><em>Qatar. Sangre, dinero y fútbol</em></a> (Akal, 2022), un título que constata hasta qué punto los petrodólares pueden imponer su voluntad para blanquear a un país cuyo régimen somete totalmente a las mujeres a la tutela masculina, persigue y pena con prisión la homosexualidad y cercena los derechos humanos. Detalles que la FIFA decidió pasar por alto como si tal cosa porque, como decíamos al principio, <strong>parece que nada importa</strong> cuando el árbitro pita y <strong>empieza a rodar el balón</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:00:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Goles de sangre y revolución en la cancha: 10 libros para el Mundial sobre el poder geopolítico y social del fútbol]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Animal político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/animal-politico_1_2203183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b5381542-dc8e-4cb8-bdba-ede13b19003d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Animal político"></p><p>Antes que todo, soy un animal político, me dije, parafraseando al filósofo griego Aristóteles. De pronto, apareció una turba de neonazis, y arremetieron contra mí, tachándome de comunista. Recibí golpes y patadas, que me dejaron inconsciente. Cuando me reponía de la agresión, asomó por la calle un grupo de comunistas, quienes también se fueron contra mí, tildándome de neonazi; andanadas de golpes y patadas me condujeron a la cama de un hospital. Ahora que, por fin, me dieron de alta, con el cráneo y un par costillas fracturadas, he decidido, realmente, convertirme en un animal político.</p><p>A ese hombre, decían sus detractores, el cigarrillo lo llevaría al cementerio, pues fumaba y fumaba hasta casi desfallecer. Sin embargo, lo que sus acusadores no habían previsto es que, a pesar de las operaciones que le extrajeron medio estómago, parte del duodeno y el esófago, él siguió fumando durante años, hasta que un día ascendió a los cielos, envuelto en una nube de humo, como si el mismo tabaco lo hubiera elevado.</p><p>Dicen que es una <em>femme fatale</em>, pues sus cinco maridos fallecieron repentinamente. No obstante, si desea convertirse en el sexto de esa singular lista, no lo dude: búsquela, y será feliz, aunque quizás por poco tiempo, al descubrir sus delicados y terribles encantos.</p><p><strong>*Mario Guevara Paredes</strong> (Cuzco, Perú, 1956) es escritor, guionista y gestor cultural. Ha dirigido <em>Sieteculebras. Revista andina de cultura</em> (1991–2024) y publicado, entre otros libros<em>, Cazador de gringas & otros cuentos </em>(1995), <em>Usted, nuestra amante italiana</em> (2010) y <em>Gringas sí, yankis no / cuentos escogidos</em> (2021). Su obra forma parte de distintas antologías del cuento peruano y latinoamericano. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mario Guevara Paredes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Animal político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Maite': intimidad y conflictos famliares en la sociedad vasca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/maite-intimidad-conflictos-famliares-sociedad-vasca_1_2202555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1dd13b97-d6c2-4112-b4ab-8f5c7302ed84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Maite': intimidad y conflictos famliares en la sociedad vasca"></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>Tusquets. 2026</strong></p><p>Un mes después del lanzamiento de esta obra, las opiniones sobre <em>Maite</em> están bastante divididas.</p><p>Por un lado, nos encontramos críticas muy positivas sobre su profundidad psicológica. Otras no son tan benévolas, ya que consideran que esta obra no está a la altura de lo que se espera del autor. Lo cierto es que superar a <em>Patria </em>es bastante complicado.</p><p>Hay que valorar la profundidad que tienen los personajes; Maite, una persona compleja; Elene, su hermana y la madre.</p><p>Es una mezcla entre lo íntimo, de los conflictos familiares y lo histórico de la sociedad vasca en el contexto de ETA, centrándolo en los días amargos que se vivieron con el asesinato del concejal de PP, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fernando-aramburu-chavales-no-idea-miguel-angel-blanco_1_2155803.html"  >Miguel Ángel Blanco</a>.</p><p>Es una lectura amena, en la que Fernando trata de unir lo emocional y profundo de la relación de las hermanas. Maite vive volcada en su trabajo, los cuidados de su madre y su matrimonio, relación que igual no es todo lo idílica que ella quiere que veamos. La hermana marchó de su ciudad hace bastantes años y recaló en Estados Unidos, perdiéndose muchos momentos buenos y malos de su familia. Pero su sentimiento vasco parece que lo tiene muy arraigado.</p><p>El trabajo le lleva a Londres y aprovecha para pasar unos días con su madre y su hermana, pero todo son misterios, su matrimonio, sus hijos, la relación con su familia allá. Paradójicamente, ni ella conoce a su cuñado, marido de Maite, ni Maite conoce al marido de su hermana, ni a sus sobrinos. La madre no ha escuchado nunca la voz de sus nietos, ni de su yerno americano.</p><p>La maestría del autor hace que el lector esté pendiente en todo momento de la narración, y cómo en ese breve espacio de tiempo que pasarán juntas, madre e hijas, se hace indispensable saber qué pasará y cuáles son los problemas que oculta Elene.</p><p>Maite como hermana preocupada trata de saber qué ocurre en la vida de la otra, no es normal que llegue a San Sebastián y se hospede en un hotel y no en casa de la madre. Que le pida dinero a la hermana, que quiera que le envíe una Ikurriña en el próximo paquete de Navidad... una serie de misterios que se descubrirán.</p><p>Como ya he referido al principio, no es la mejor obra del autor, pero siempre merece la pena leer lo que escribe.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Argilés]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Maite': intimidad y conflictos famliares en la sociedad vasca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La mejor edad': la mirada al tiempo de Luis García Montero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mejor-edad-mirada-tiempo-luis-garcia-montero_1_2202435.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a3a2856-8cc9-4524-b3ee-ad4b9867b17b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mejor edad: la mirada al tiempo de Luis García Montero"></p><p><strong>Tusquets. 2026.</strong></p><p><a href="https://www.infolibre.es/autores/luis-garcia-montero/"  >Luis García Montero</a> regresa a la narrativa con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/luis-garcia-montero-maximo-interes-extrema-derecha-desacreditar-politica-democracia_1_2177512.html"  ><em>La mejor edad</em></a>, publicada por Tusquets, con el estilo que le caracteriza, hacer de la prosa un fulgor poético, donde se desliza el mundo personal de este poeta ya consagrado, profesor en la Universidad de Granada, ensayista, articulista en distintos medios —<strong>infoLibre</strong> entre ellos— y ahora director del Instituto Cervantes. García Montero ha marcado toda una época de la literatura, pero también de la cultura. Su vuelta a la novela es realmente interesante.</p><p><em>La mejor edad</em> es un canto a la nostalgia, a lo que hemos sido y ya no somos, a las heridas del tiempo. Cuenta la historia de <strong>Manuel Benítez</strong>, que fue juzgado por el robo de un coche y por un atraco, en 1975. Su reencuentro con el juez <strong>Ramón María Zaldívar</strong> es una especie de catarsis que funciona como una caja de resonancias, ya que sirve para que Manuel lleve a cabo una radiografía del pasado. Su matrimonio con <strong>Paula</strong>, la abogada que le defendió es otro de los frentes del libro, porque Paula está enferma y Manuel asiste a su proceso de deterioro, lo que confronta la propia vida de <strong>Luis </strong>con la novela. El tema de la enfermedad —que Luis conoció cuando <strong>Almudena Grandes</strong>, la gran novelista, y su pareja, pasó por todo ello— define una realidad que la novela va desgranando.</p><p>Cito la mirada de Luis García Montero a Manuel:</p><p>“A Manuel, desde la época de la cárcel, desde su amistad con Felipe el extremeño, le gustaba aprender historias y palabras, y los jardines están llenos de sustantivos, adjetivos y verbos. El ojo del poeta es una flor naranja con una pupila negra que sube por el brezo y por las paredes de la casa”.</p><p>Manuel bebe mucho y Paula lo quiere abandonar, porque en cada página late el lenguaje poético del poeta granadino, que, incluso, al escribir la novela, desliza su mundo de imágenes, nos hace ver la belleza de un universo gris, que tiene fulgores, en los que destella la vida y sombras, en los que se adentra la muerte.</p><p>El amor por Paula será “una botella vacía”, dice Manuel, en boca del autor, que es todos los personajes, el narrador omnisciente de un mundo que se deshace, que se disuelve ante nuestros ojos. </p><p>Manuel, el superviviente, que habla con el juez en su reencuentro, cuida a Paula, y siente que es el alter ego de un hombre que no ha sido, un ser derrotado por el tiempo, que ha de confesarse y lo hace ante el silencio de Paula, enferma:</p><p>“Me tomo la última tónica, nos comemos las uvas y descansamos. Pero quiero que sepas, Paula, que mi único proyecto de futuro y de vida has sido tú. Que la palabra eutanasia me parece antipática, propia de un mundo lleno de residencias de ancianos y de pantalones juveniles rotos…”.</p><p>Y su amistad con <strong>Lola</strong>, bálsamo en tiempos de oscuridad. Todo camina, el juez que vuelve, Paula que va muriendo y la prosa que se extiende, con pocos diálogos, pero mucha reflexión, con el lenguaje que Luis García Montero moldea, lo convierte en el amanuense que descifra el código del tiempo. </p><p>Por ello, por esa idea de fondo de la evanescencia de la vida, de lo que realmente somos, seres fugaces en el curso del tiempo, Luis García Montero nos dice:</p><p>“Al final la vida es eso, una lista de nueve o diez cosas importantes. Todas te las debo a ti, menos la fotografía de mis padres, los dos tan felices, tan guapos y tan desconocedores de lo que iba a venir”.</p><p>Todos somos perdedores, porque vamos dejando en el camino seres queridos, ausentes para siempre, pero que viven en nosotros y nos acompañan en esta senda del vivir, llena de pesares y sin sabores. Parece que veo a Luis García Montero y a Almudena en el hospital, cuando ella iba dejando la vida y él era su mano, su boca, su cuerpo. Esa fusión da sentido a la novela, porque en lo confesional, en lo autobiográfico late esta historia.</p><p><em>La mejor edad</em> pasa y quedan solo briznas de lo que fuimos, por ello, el pasado vuelve en la forma del juez, el presente llega con la enfermedad terminal de Paula, la vida pesa, porque Manuel se refugia en un amor clandestino y en la bebida, pero nada sustituye el tacto de la mano de la amada, el recuerdo de unos padres felices, cuando era niño. Como nos dijo <strong>Manrique </strong>en las <em>Coplas</em>: “Porque a nuestro parecer / cualquier tiempo pasado fue mejor”.</p><p>Luis García Montero salda cuentas con el tiempo y sabe que en la escritura hay un exorcismo, pero también una forma de recomponer lo que ya está roto. La literatura devuelve lo mejor de nosotros y nos hace volver atrás, antes de la tormenta violenta de la vida.</p><p><em><strong>*Pedro García Cueto</strong></em><em> es escritor. Entre sus ensayos destacan 'La llama poética de Luis García Montero' y 'Fulgor y ceniza en la obra de Javier Lostalé'. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro García Cueto]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La mejor edad': la mirada al tiempo de Luis García Montero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testamento poético]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/testamento-poetico_1_2202412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3726bcd7-eaaa-4328-af09-feaa0f23da2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Testamento poético"></p><p><strong>Editorial Renacimiento. 2025.</strong></p><p><a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/agatha-christie-disfrute-adolescente-juan-jose-tellez-arte-volvemos-pijos_1_1577793.html"  >Juan José Téllez</a> nos entrega <em>Los últimos pieles rojas</em>, un poemario reflexivo, de memoria, de compromiso social, de desaliento. Es una reflexión progresiva, que puede ser ascendente y descendente según se mire, sobre cómo desaparecen las utopías que marcaron a una generación, en todos los ámbitos: ideológico, social y sentimental. Ese ámbito político y vital que se vivió repleto de sueños y utopías, también de miedos, en aquella sociedad oscura, cubierta de niebla en los años 70 y que actualmente asistimos a su declive: (“A pesar de la bruma las ciudades cantaban/ y los besos se bebían a la luz de las pianolas./ Había una cortina de risas junto al balcón del suicidio, pues la infancia se fugaba por la puerta de emergencias./ Los jóvenes fumaban las hebras del aire nuevo/ por entre las tumbas al pie de los estanques.”, de ‘Et in Arcadia ego’, p.60). </p><p>Juan José Téllez (Algeciras, 1958), publica en 1979 su poemario <em>Crónicas Urbanas</em>, sus relatos, sus ensayos, sus textos poéticos, sus artículos en su amplia trayectoria periodística que conllevan compromiso ético y estético. Destacamos <em>Medina y otras memorias</em>, <em>Ciudad sumergida</em>, <em>Bambú</em>, <em>Daiquiri</em>, <em>Trasatlántico</em>, <em>Las causas perdidas</em>, <em>Las grandes superficies</em>, <em>Los amores sucios</em>, entre otros. Con <em>Los últimos pieles rojas</em>, acaba de alzarse con el Premio de Poesía de la Crítica Andaluza.</p><p>Con su identidad inequívoca y oficio, en este volumen nos habla de la pérdida de ideales de aquella generación que luchó y se jugó la vida por transformar una sociedad conservadora, fascista que el franquismo en los 40 años había creado.</p><p>Un poemario confesional y conversacional, de interrogantes, de preguntas y posibles respuestas. Tiene esa necesidad de búsqueda de interlocutor, de la que nos hablaba <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, de un tú que se implique y sea cómplice de aquellas vivencias que tuvimos y mantuvimos los que soñamos con un mundo distinto, mejor, los que creímos en la revolución y en un futuro con mayor justicia social, libertad e igualdad: (“Cuando acudan los bancos a desahuciar tus recuerdos/ y no haya un solo amigo que salga gratis, / en la hora del apocalipsis y de las bolsas en quiebra/ cuando besemos con frialdad los telediarios/ y seamos el retrato robot del papel moneda,/ nos preguntaremos tal vez cómo empezó la barbarie/ y por qué prendimos fuego a las escuelas antiguas.”, de ‘El valor de los salvajes’, p.19). </p><p>El poeta y el hombre conviven paralelamente con toda la responsabilidad, toma de conciencia e implicación ante la sociedad que asistimos. Reflexiona serenamente y dolido sobre el compromiso que se debe tener con el tiempo que se vive y exponerlo ante su desmoronamiento. Como diría <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>: “No es el mío este tiempo”. Aparece una voz desencantada por los acontecimientos actuales, y con la nostalgia de aquellos años de esfuerzo y lucha: ((“Ya acabó el tiempo de los prodigios./ No más panes y peces, adiós resurrección./ Hace mucho hubo gente que andaba sobre el mar, /creía que en los ríos habitaba la gracia/ y prefería las palmas entre sus dedos/ aquellos que buscaban la luz. Mirad como ahora llega la estación de los contables.”, de ‘El tiempo de los prodigios’, p. 16).</p><p>Téllez, con su compromiso, con su bagaje cultural y ético nos entrega una poesía medida ante lo desmedido de las circunstancias. Aparece su voz cómplice, que son las voces de tantas personas desalentadas, esto es, su yo poético coral, resistiendo después de tanto tiempo de esfuerzo, lucha, miedos y sueños, que nos recuerda con añoranza quiénes éramos: (“No soy de la Europa de los tercios de Flandes, de la banca suiza ni el tercer imperio,/ (…)/ Yo soy europeo del mayo francés/ de abril, de Portugal, de los claveles,/ de quienes no llegan a fin de mes/ pero dan la cara cada quince eme., de Europa (Canción), p. 26).</p><p>Sus poemas de denuncia se desarrollan en espacios privados y públicos y en un tiempo y lugar concretos que rinden cuentas ante la sociedad a través de la preocupación que le embarga. Nos transportan a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ver-federico-zapatillas-familia-lorca-cartas_1_2174545.html"  ><strong>Lorca</strong></a><strong> </strong>de <em>Poeta en Nueva York</em>, a <strong>Sartre </strong>de <em>Qu´est-ce que la litterérature</em>, a <strong>Benedetti</strong>, de <em>Utopias</em>, a <strong>Gil de Biedma,</strong> de <em>De Senectute</em>, por sus poemas pasean <a href="https://www.infolibre.es/cultura/teatro/ismael-serrano-revive-antonio-machado-teatro-cantando-serrat-golpe-golpe-verso-verso_1_2194887.html"  ><strong>Antonio Machado</strong></a><strong>, Eliot, George Simenon, Goethe,</strong> entre otros. También pasean <strong>Mahler, Fellini, Rembrand, Chavela Vargas, José Alfredo Jiménez, Juan Rulfo, Jimi Hendrix</strong>… por ciudades diversas. Venecia, Roma, Granada, Praga, Cádiz, Barcelona, Amberes, Shanghai, Viena… </p><p>Poesía desnuda, valiente, a contracorriente, a favor de los desfavorecidos. Plantea el retroceso ideológico y cómo se camina vertiginosamente por el camino del materialismo y el capitalismo: (“el espejismo de ser democráticos y libres,”, de ‘Cápsula del tiempo’, p. 69). Pero no por ello faltan amor, ternura, caricias, música, viajes, sueños y esperanza, aparecen como eje identitario por estas historias.</p><p>Con este título significativo y simbólico, Téllez alude a esos “últimos pieles rojas”, los llamados rojos de una generación que creía en el progreso, en los cambios, en los que soñaban con un mundo mejor, que se resisten como aquellos pieles rojas a entrar en una reserva, sino que aspiran y buscan poder entrar en praderas libres. Sus versos van al corazón más que a la razón. Son poemas de carne y hueso que nos rozan, porque nada de lo humano le es ajeno.</p><p>Es un manual de resistencia creado con poemas que son una aventura compartida cargada de sentimientos y emociones que van y vienen por aquellos senderos de nuestra juventud soñadora en donde se abrazaban la dignidad junto al compromiso y que tristemente asistimos a su caída. Nos reconocemos. Pero <em>Los últimos pieles rojas</em> seguirán cantando, como decía <strong>Mario Benedetti</strong>: ”porque no queremos dejar que la canción se haga ceniza”, y “porque somos irremediables defensores  de la utopía”. Es un testamento poético en donde surgen otras luces, las de inventar nuevas utopías en donde el tiempo y la memoria se piensa y se siente, con horizontes, libres de juzgadores, con menos prejuicios y más juicios.</p><p> “No perdamos el mapa de la vida”, nos sugiere el poeta en este libro de memoria política y poética.</p><p><strong>*Carmen Canet </strong>es crítica literaria y aforista. Su último libro es <em>Telegramas </em>(Libros del Aire, 2025).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valls Boix incita a pasar del FOMO al JOMO: “Estamos agotados de estar sometidos a una metralla de estímulos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/valls-boix-incita-pasar-fomo-jomo-agotados-sometidos-metralla-estimulos_1_2202692.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5c7be2c7-945b-4ab6-bea8-0cbf57fa6e22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valls Boix incita a pasar del FOMO al JOMO: “Estamos agotados de estar sometidos a una metralla de estímulos”"></p><p>Contrapuesto al FOMO (<em>fear of missing out</em>), que describe el miedo a perderse algo y la ansiedad por no participar en la esfera social, el JOMO (<em>joy of missing out</em>) celebra la desconexión y la inacción. En una sociedad que pide a sus ciudadanos lo máximo mientras los priva de lo mínimo, vivir pasa por decir no. Opuesto al FOMO, el JOMO es la alegría de perderse cosas, la rebelión ante los imperativos del goce total, un canto a la libertad entendida como holganza y holgura. Un escapismo individual que es, a su vez, una oportunidad colectiva para "un proyecto emancipatorio que pasa por la organización política del descanso", en palabras de Juan Evaristo Valls Boix, escritor y profesor de Filosofía de la Cultura en la Universidad Complutense de Madrid que acaba de publicar<em> JOMO. El gusto de perder </em>(Anagrama, 2026).  </p><p><strong>¿Qué es </strong><em><strong>JOMO</strong></em><strong>?</strong></p><p>Un libro que trata de ofrecer una reflexión filosófica sobre los memes del FOMO y el JOMO, para observar un cambio de sensibilidad que distancia a la sociedad del imaginario neoliberal, que se caracteriza por la identificación del sujeto con el trabajo. Esa distancia con este imaginario genera una conciencia crítica y supone una reorientación del deseo al reclamo de unas condiciones materiales mínimas para garantizar el descanso y la tranquilidad, es decir, la capacidad de parar y de habitar como una forma de justicia social. Según las estadísticas, si atendemos a la evolución de nuestro imaginario popular, hay un cuestionamiento de una idea de felicidad y de vida buena muy presente en nuestra sociedad en los años 90 y 2000, que ahora se nos ha vuelto sospechosa, vergonzante o irrealizable. </p><p><strong>¿Estamos todavía en un efecto rebote del FOMO provocado por la pandemia?</strong></p><p>Si atendemos a las estadísticas y a los crecientes niveles de depresión, en un imaginario popular que cada vez romantiza o idealiza con más fuerza el descanso, la lentitud, el deseo de parar, creo que realmente hay un cambio. El FOMO, el miedo a perderse algo, en un momento anterior a la pandemia y a todas las políticas de austeridad de los años 2000, era un ideal de vida buena: estar siempre ocupado, tener siempre proyectos y sueños, buscar nuevas metas, realizarse. Digamos que le teníamos muy cogido el gusto a ganar, y no entendíamos que esa obligación de ganar siempre y de mostrarse álgidos y extraordinarios era una forma de alienación.</p><p><strong>¿Cuándo cambia esa tendencia?</strong></p><p>Creo que empezamos a ver el malestar que genera una vida que orbita en torno al crecimiento y a la felicidad en todo el ciclo de políticas de austeridad de los años 2010 y, sobre todo, en la pandemia. Lo que pasa en la pandemia es que todo el mundo se detiene, todo para, todo se acaba, excepto la conectividad y el mundo del trabajo. Ahí observamos que una vida centrada en el trabajo, en la superación y realización a través del trabajo, no vale la pena porque todo lo demás queda sacrificado o en segundo lugar. Esto genera un cambio de sensibilidad. De un lado, una serie de movimientos antitrabajo, como la gran dimisión; y de otro, una nueva forma de activismos, por ejemplo, contra el turismo masivo, en favor del derecho a la vivienda, por la justicia climática… que son formas de quedarse, de habitar, es decir, de coger el gusto a perder, a salir de la obligación de ganar. Y, ya digo, un ideal de vida buena que pasa por la tranquilidad, por tener tiempo libre. Me parece que hay un cambio de sensibilidad social y que este afán de buscar la tranquilidad, de poder habitar el arraigo como forma de vida buena, es un modo de, si se quiere, politizar la depresión. Es decir, entender que esa obligación de ganar y esta forma empresarial que adopta el individuo, aunque sea en nombre de la felicidad, trae mucho malestar y es muy perversa. </p><p><strong>¿Creemos que somos felices pero vivimos en una depresión generalizada?</strong></p><p>Las estadísticas indican, ciertamente, que los niveles de depresión se han disparado. Y más allá del diagnóstico psiquiátrico o psicológico de una depresión severa, yo creo que hay, en un sentido más general y psicosocial, estamos cansados y agotados por estar siempre sometidos a una metralla de estímulos, estar siempre haciendo varias clases a la vez, con varios trabajos, etcétera. Todas estas promesas de felicidad del momento anterior a la pandemia están muy desdibujadas, porque nos parecen muy hipócritas. La cuestión es qué hacer en medio de este cansancio, de esta depresión social generalizada en la que no tenemos fuerzas para seguir formando parte del circuito laboral y comercial y, sin embargo, parece que lo necesitamos, porque no podemos pagar el alquiler, etcétera. Socialmente, creo que hay una conciencia muy grande del malestar y, al mismo tiempo, que se han alejado mucho las promesas de la felicidad, que era una cosa muy de los años 2010, y ahora más bien hay una defensa de una vida buena desde la base, es decir, de garantizar unas condiciones materiales mínimas para que valga la pena habitar en el mundo. Realmente creo que el imaginario de vida buena ha cambiado desde la idea de la felicidad y la excelencia a la de la tranquilidad, por decirlo así. Este libro trata de observar ese cambio de sensibilidad y señalar que hay una oportunidad política. </p><p><strong>¿Cuál es la oportunidad política? Eso es pasar de lo individual a lo colectivo.</strong></p><p>Sí, en todo momento estoy hablando en términos colectivos, y por eso en el libro aludo siempre a estadísticas, activismos o <em>meméticas</em>. Siempre estoy hablando de procesos transversales que entienden el malestar no como una cuestión privada o una tara del individuo, sino como un impacto de las estructuras en nuestros cuerpos. Hay una oportunidad política porque el malestar que genera una forma de vida que toma la estructura del capital de crecer, acumular, superarse, ha acabado generando mucho malestar. Y esa desidentificación con las figuras del capital, con la idea del éxito a través del trabajo, es una conciencia crítica. Hoy en día, el cansancio y la depresión, que son los síntomas de que el sistema capitalista no es ni el mejor ni el más racional, nos traen una conciencia crítica, y ahí es donde aparecen toda una serie de demandas sociales de base que pasan por rechazar el trabajo, por vivir haciendo menos, por tener más tiempo libre y menos cosas que hacer o que consumir. Esa es una forma de desobediencia civil que despliega un programa político distinto al liberal, porque vuelve a reivindicar una serie de derechos que como trabajadores habíamos perdido, como el derecho a techo. Por eso, ahí hay una politización posible y un proyecto emancipatorio que pasa por la organización política del descanso.  </p><p><strong>¿El FOMO es un modo de describir el neoliberalismo en términos afectivos?</strong></p><p>Exactamente, el FOMO es un índice afectivo de cómo funciona el capitalismo. Eso explica muy bien que, en una sociedad que funciona a partir de la economía de los servicios y del consumo, es indispensable que estemos siempre excitados, con nuestro deseo alto para seguir consumiendo, en la red, trabajando... </p><p><strong>¿Deprimidos somos los consumidores perfectos?</strong></p><p>El modo en el que el sistema articula la depresión y le da una respuesta es otra forma de mantenerse alienado. Porque yo hablo en concreto de la hedonía depresiva, que es un término de Mark Fisher, que señala la incapacidad de hacer cualquier cosa que no sea consumir placer. Y ese cansancio contemporáneo, al que nos llevan todos los trabajos que tenemos y la sociedad en la que no paramos, hace que estemos dispuestos a tolerar cualquier cosa con tal de seguir recibiendo de la Matrix un mínimo de placer. La figura del depresivo hoy no es la del que es incapaz de experimentar placer, sino de la que es incapaz de hacer otra cosa que no sea experimentar placer. Es quien está conectado viendo Netflix, pero además pidiendo un Glovo, subiendo unas fotos, <em>matcheando </em>a la red; es el que está conectado a unos mínimos de placer que nos hagan tolerable una vida con tanta explotación. Necesitamos estar en este continuo consumo de estímulos y placeres para mantenernos mínimamente bien, pero eso ya se nos ha hecho evidente en un sentido estructural y justo por eso hay un rechazo a esa forma de vida. </p><p><strong>Puede ser una obviedad, pero es que no somos ciudadanos, sino consumidores 24/7, parece que incluso durmiendo.</strong></p><p>Esta es la cuestión, y también lo que ocurre con el FOMO. Habitualmente, vemos del FOMO la cara dulce, que es aquella en la que somos una especie de inversores con un capital de tiempo y queremos invertirlo en algo que nos retorne el mayor placer posible, por lo que estamos indecisos: el concierto o el cine, la cena o la salida a la montaña, lo que sea. Por eso, acabamos acumulando por miedo a perder oportunidades. Pero la cara oculta del FOMO, la más perversa, es la del FOMO laboral: si somos falsos autónomos, mensajeros, o trabajamos para Uber, realmente tenemos miedo a perder oportunidades laborales, ya que podemos no llegar a fin de mes o puede ser que no vuelvan a llamarnos.</p><p><strong>El FOMO no es solo perderse el concierto de Bad Bunny.</strong></p><p>Eso también está ahí y es sintomático, pues solo a través de este continuo estrés encontramos alguna especie de equilibrio, pero me importa señalar este otro FOMO laboral, en el que acabamos aceptando cualquier posibilidad de trabajo, aunque no sea buena, porque nos mueve el miedo a perder, el miedo a no llegar a pagar el alquiler, etcétera. La base del libro son estas ambivalencias entre malestar y bienestar, y cómo en la conciencia de esta perversión, que está en el rechazo y en perder, hay una forma de libertad y de vida buena que habíamos olvidado. La libertad de no estar concernido, la libertad de poder no hacer, de resistir o de objetar. Esta reorientación del deseo es la clave, más allá del caso particular de cada uno.</p><p><strong>¿Cómo se pasa del FOMO al JOMO si nuestro tiempo está colonizado por el neoliberalismo?</strong></p><p>Totalmente cierto. Trato de hacer un ejercicio de escucha y señalo que la sociedad está haciendo ese tránsito, o que buena parte de la sociedad está pasando del FOMO al JOMO, es decir, de revalorizar la pérdida como una oportunidad, una vida más tranquila y otro escenario social. Sí es cierto que el JOMO, o el placer de la renuncia, tiene algo muy privilegiado, presente en el FOMO laboral, ya que quien puede permitirse dejar de trabajar es un privilegiado, aunque también comporta un riesgo. Me interesa que buena parte de la sociedad está tomando ese riesgo. Siempre que se hace una manifestación, una huelga, ese riesgo está en juego y se hace asumible colectivamente. Por otro lado, aunque renunciar sea, en efecto, muy privilegiado en muchos contextos, lo que me interesa es que ahora empieza a ser deseable. Mientras que antes nadie quería renunciar ni dejar pasar una oportunidad, porque eso era un síntoma de fracaso y de infravaloración social, ahora le cogemos el gusto a esto de perder, descansar, desaparecer, desconectarnos, no comparecer, dejar de trabajar. Esa revalorización puede convertirse en una demanda política paraarticular y reivindicar derechos, así como las condiciones materiales mínimas para que, efectivamente, perder no sea un privilegio. Este cambio de deseo no es político en sí mismo, no es que de repente vaya a cambiar la sociedad, pero puede ser la fuerza para reclamar que el descanso, la desconexión o el poder no hacer nada y tener nuestro tiempo a nuestra disposición no sea un privilegio de unos pocos, sino un derecho para todos y todas.</p><p><strong>¿Puede el fracaso ser hermoso?</strong></p><p>Cuando fracasamos y no nos identificamos con lo que perdemos, siempre se abre la oportunidad para una alternativa. El fracaso es un desvío intencionado, un desacato de nuestro supuesto destino o de la imagen que supuestamente tenemos que dar. Y es cierto que es muy doloroso, pero cuando reconocemos que esa imagen no somos nosotros, es decir, cuando nos desidentificamos con lo perdido, se abre un espacio en blanco, una posibilidad de inventar y de articular. Eso es lo valioso del fracaso, que también nos dice que nuestras vidas no son una carrera, ni un proyecto, ni una empresa, sino son más bien un bosque en el que nos perdemos. Porque aprender a vivir consiste en aprender a perder, justamente.</p><p><strong>¿Nos vendría bien una desescalada de conexión digital? Las redes sociales parecen el campo de batalla propicio para el FOMO.</strong></p><p>Sí. Nuestro sistema social y laboral está perfectamente mediado por las redes sociales, a través de las que amamos, vivimos, subsistimos, trabajamos... El problema es que las redes sociales funcionan como productoras de estrés, algo que se ve muy bien en el <em>clickbait</em>: lo importante de las redes de comunicación, independientemente de las informaciones o las consignas que hagan circular, es generar enganche, es decir, excitar el deseo, ya sea por entusiasmo, frustración, miedo, odio, etcétera. Hay algo en la conexión que es muy tóxico: al mismo tiempo nos mantiene enganchados y revolucionados, y eso genera mucho malestar, pero también es una vía de escape para ese malestar. Todas las oleadas de puro odio que aparecen en los comentarios de cualquier publicación son una forma de descargar toda esa energía con la que estamos sobreactivadas o revolucionadas, y es justo después de esta <em>mierdificación </em>de internet cuando aparece un deseo de desconexión. El problema es que tenemos que recurrir a ellas para trabajar o estar con las personas que queremos, pero en este sentido las leyes por los derechos de desconexión laboral son un avance. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Valls Boix incita a pasar del FOMO al JOMO: “Estamos agotados de estar sometidos a una metralla de estímulos”]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Trenviajeros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/trenviajeros_1_2199586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68ab27e0-d668-4e38-994d-baf1071f77f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trenviajeros"></p><p>Editorial Menoscuarto. 2026.</p><p>Les propongo un viaje en tren. Un tren algo especial en el que el revisor les entregue una maleta por si hace falta a lo largo del viaje. Un revisor que salude con las siguientes palabras: “En este tren no se decide nunca. Hay gran intensidad, en la cafetería, en los dormitorios. Por eso no se preocupe. Una vez un hombre puso, digamos, intencionadamente, la huella de su mano en el cristal, por dentro, y por fuera”.</p><p>Así comienza<em> Trenviajeros,</em> una novela de <strong>Javier Sáez de Ibarra,</strong> que publicó hace tiempo por entregas, como se hacía antaño. Ya había experimentado el escritor el mismo método con <em>La vida económica de Tomi Sánchez</em>, que apareció en papel en la editorial La Navaja Suiza. <em>Trenviajeros</em> está publicada por la editorial Menoscuarto. </p><p>Los capítulos son cortos, página y media, y te sitúan de antemano en un inicio que me ha evocado a esa forma que tenía <strong>Kafka </strong>de introducirnos en una historia, en este caso el de hacer un viaje que de antemano sabes no va a ser un viaje normal. Me vino a la cabeza una novela corta del autor de la <em>Metamorfosis, América,</em> que sitúa a un joven llegando a ese continente en barco (otro viaje) y que nos presenta una América <em>sui géneris, </em>como hace Sáez de Ibarra con su tren: introduce una serie de elementos disruptivos para situar al lector. Estamos ante un viaje metafórico, porque un viaje normal no tiene tanto enigma. Ya el mismo título, en una sola palabra, <em>Trenviajeros</em>, nos anuncia una identificación, la vida es un viaje a donde quiera llevarnos el tren, aunque sea a ninguna parte. Las premisas están ahí: unos personajes que se encuentran, con motivos distintos, en el <em>trenvida</em>, por seguir con la propuesta. El protagonista es un ser acomplejado, anodino, que se sube al tren por motivos de trabajo. Nada más llegar, el jefe de estación le dice, como ya he comentado al principio: <em>En este tren no se decide nunca</em>.</p><p>A partir de esta premisa se inicia un viaje que dura un fin de semana y no se sabe a dónde, aunque se apunta que es un país extranjero, y el tren está equipado con bar, restaurante, biblioteca, salón de juegos, centro de comunicaciones, shopping, dos pisos, escaleras.  La vida fluye, con los encuentros y desencuentros, el amor y el desamor, el azar y los juegos, la frustración y las reflexiones, la filosofía, el tocar fondo, el replantearse y cuestionarse, el enfrentarse a otros… Y la urgencia por resolver el conflicto antes de que acabe el viaje.</p><p>El protagonista nos narra en primera persona todo el mini universo de la vida que fluye a la misma velocidad que el tren por las vías. A través de esos capítulos nos va contando, como tema principal, una historia de amor. Amor desesperado, de encuentro y desencuentro, como la vida, como el azar, tan presente en la novela, no solo metafórico sino también con una partida de cartas: quien gane en ella marcará el rumbo de los acontecimientos.</p><p>Estamos ante una novela intensa, que se lee muy bien, aunque con distintas capas, con capítulos que, según avanza el libro, nos va planteando dilemas, sinsabores, reflexiones, como nos ocurre en la medida que vivimos y avanzamos o nos paralizamos para seguir avanzando. Y vemos cómo el protagonista, identificado con la voz del narrador, cambia. Pero para eso hay que tocar fondo y despojarse de inseguridades y egoísmos, único modo de llegar al amor. </p><p>El viaje a ninguna parte, a un destino incierto, y el azar como elemento que aparece en nuestras vidas y que nos empuja a una serie de acontecimientos, entre ellos nos lleva a conocer, en un tiempo y lugar, a las personas con las que nos relacionamos, a las personas de las que nos enamoramos.</p><p>El tiempo es el vertebrador de la historia de amor que ocurre en el tren. Es algo omnipresente: el tiempo del viaje, el tiempo pasado, el tiempo-vida, el tiempo de redención, el tiempo-fruto, el tiempo futuro, siempre abierto. El tiempo-reloj, perdido, escondido y finalmente hallado.</p><p>El protagonista tiene una libreta en la que apunta lo que le ocurre, sus pensamientos, su conocimiento, sin saber en realidad para qué le sirve. A veces le estorba, a veces quiere romperla, a veces la pierde, pero siempre vuelve a ella. Lo interpreté como la parte racional del protagonista, la observación de la realidad al margen de los sentimientos, una postura muy masculina, de una educación recibida en la que los sentimientos quedan arrinconados. Cuando el protagonista se da cuenta de ello y ve que no es así, se derrumba, tiene una crisis, necesaria en él para poder cambiar de actitud. </p><p>Como es, a mi entender, una novela sobre la vida, las relaciones humanas, el entendimiento entre nosotros, el papel del azar y múltiples cuestiones más, <strong>decidí preguntarle al autor sobre todo ello</strong>:</p><p><strong>Esta novela ha tenido un recorrido inusual: guardada en un cajón, publicada digitalmente por capítulos y ahora en papel. ¿Por qué decidiste que fuera así? </strong></p><p>Las dos novelas aparecieron antes por entregas por motivos distintos. La última que escribí fue <em>Vida económica de Tomi Sánchez </em>y se publicó de esa manera por falta de editorial, por más que la moví inicialmente. Se la ofrecí a<strong> Antonio Jiménez Morato</strong> y la sacó en la revista digital '<em>penúltiMa'</em>. <em>Trenviajeros</em> estaba escrita mucho antes, la hice para mí, con una escritura libre y la guardé. Sólo al cabo de muchos años pensé en publicarla. Se lo propuse a <strong>José Ángel Zapatero</strong>, editor de Menoscuarto, y aceptó. No hubo por mi parte jugar a una novela como antiguamente por fascículos, sí como experiencia personal, intenté escribir cada día un capítulo. Yo mismo me fui haciendo las entregas.</p><p><strong>Háblame del título</strong></p><p>El título apareció casi simultáneamente al empezar a escribir. Me parecía que unir dos palabras en una era más contundente y llamativo, más eufónico, además de jugar con la idea de que el viajero está íntimamente ligado al tren. La experiencia del tren es la del de un viaje en un tren que es un tren-ciudad.</p><p><strong>¿Qué encuentras en la novela frente al cuento, sabiendo que este último es tu género favorito?</strong></p><p>El cuento es la búsqueda de un asunto muy concreto. Siempre los escribo de una sola sentada, movido por un impulso o una pregunta. La novela requiere más lealtad a los personajes y a la historia misma, los tienes que acompañar. Como escritor, estás más en función de ellos, algo que no ocurre del mismo modo en el cuento. Los pones en marcha, a esos personajes, en una trama más extensa. Es más obsesiva también.</p><p><strong>Hay, en esta novela, una Interconexión entre el tiempo, el azar o la vida.</strong></p><p>El azar es fundamental en la vida humana, pero no tenemos que olvidar la idea de proceso, planes o proyectos. No se vive al puro azar, todo el mundo tiene un proyecto o deseo. El azar irrumpe sobre un camino que alguien busca. En el caso del amor, no conozco a nadie enamorado y en pareja en donde no haya intervenido el azar. Todos nos encontramos por azar con la persona amada, luego hay que trabajar esa relación, pero siempre es así. El proceso del enamoramiento de estos personajes es el resultado de combinar, como planteo en la novela, prejuicios y atracción, junto a la seducción y el dejarse llevar por el sentimiento que surge, una conciencia de la propia carencia y de la propia necesidad de encontrar un amor. Los dos personajes que se enamoran en la novela son muy distintos, cada uno con sus resistencias y prejuicios. Yo pongo el foco en cómo se inicia una relación amorosa. Lo que me interesaba plasmar en la novela es ese proceso.</p><p><strong>El principio es de lo más enigmático, coloca al lector en una situación de extrañeza.</strong></p><p>Intenté incluir un enigma desde el principio: un viaje que es extraño, con un tren inusual, más bien una mini-ciudad, sabiendo que después la novela va a seguir un proceso más natural; el tren es un enigma en sí, enorme, con zonas y compartimentos que no suelen darse en él normalmente. En ningún momento se indica adónde se dirige, salvo a un país extranjero, a través de un paisaje desolado y seco. Dentro de un abordaje realista de las relaciones personales, intenté introducir un punto enigmático para sacarlo de una lectura convencional. La actitud ante la maleta misteriosa marca el carácter de los dos protagonistas.</p><p><strong>Hay dos elementos que aparecen en la historia, uno a lo largo de la narración y el otro en un momento puntual: un pájaro y una libreta.</strong></p><p>La aparición del pájaro fue para mí una sorpresa. Surgió esa imagen y la escribí. Después tuve que justificarla. Descubrí que podía tener un sentido. Ella debe aceptar el fracaso como madre y tiene que situarse en relación con su hijo de otra manera, no todo está perdido. Hay una necesidad de transformación por parte de ella. Es el objetivo de su viaje, tiene un motivo muy concreto: encontrarse con su hijo y cambiar esa relación. El otro elemento es la libreta que lleva el protagonista masculino. Es un rasgo de su identidad. Hay un capítulo titulado “Yo, mi propia libreta”. Para él es una forma de querer atrapar lo real. Es un intento de registrar cada experiencia, hay una intención de querer retener el momento reflexionando sobre él. Pero capta instantes encapsulados que no revisa, con lo cual no llegan a tener un sentido. En el fondo se desconoce a sí mismo y la libreta no le está sirviendo. Quiere que le ayude para entablar una relación con la mujer, que está más allá de su control. Tiene que abrirse, sin embargo, le da mucho miedo, la libreta no le sirve. Es torpe, se equivoca una y otra vez. La libreta en la que toma notas es un intento fallido de conocimiento.</p><p><strong>Háblanos del tren y el significado que tiene para ti.</strong></p><p>El tren circunscribe una historia. Esta historia de amor, en la gran ciudad se hubiera diluido, en tanto que en un viaje en tren se concentra. Concita más potencia y más urgencia porque el viaje acaba y el conflicto es necesario resolverlo antes de que finalice. La cuestión del tiempo es esencial; ella lo descubre cuando abre la maleta de él y le hace saber que se le está escapando, que la oportunidad es ahora o nunca. Esta condición de la temporalidad es lo que él no quiere ver hasta que, al final, deberá asumirlo. Ella le ayuda a descubrir su vida.</p><p><strong>Hay un capítulo en el que el protagonista entra en crisis, se derrumba.</strong></p><p>Muchas veces el derrumbe lleva al conocimiento, puede haber una experiencia de derrumbe que no se aproveche, pero cuando te quedas desnudo y topas con tus limitaciones te puede ayudar a descubrirte a ti mismo y reaccionar. Uno sale siendo otra persona, ahí no te mientes, adquieres más sabiduría.</p><p><strong>Háblame de los personajes secundarios que acompañan a los protagonistas.</strong></p><p>Son muy distintos, basados en tipos de personas. Uno es el habilidoso, el tramposillo, el astuto que se acomoda. Hay otro que tiene miedo de todo lo que es nuevo. Otro que se bandea en los cambios y quien le aconseja que no deje escapar la relación con la mujer. Aparece también el joven, un poco comodín. Todos estos personajes sirven de contraste con los protagonistas.</p><p>Ya saben, si quieren disfrutar de un viaje peculiar, donde la vida y el amor fluyen entre las vías y los compartimentos de un tren especial, lean esta novela. Empieza de una manera y acaba de otra, como la vida misma, en la que los hechos nos condicionan y van trazando distintos caminos en nosotros. </p><p>Javier Sáez de Ibarra ha ido consolidando una carrera literaria basada sobre todo en el cuento: <em>El lector de Spinoza</em> (2004); <em>Propuesta Imposible</em> (2008); <em>Mirar al agua. Cuentos plásticos</em> (2009), con el que ganó el I Premio Internacional Ribera del Duero<em>; Bulevar </em>(2013), XI Premio Setenil; <em>Fantasía lumpen</em> (2017) y <em>Un réquiem europeo</em> (2024).</p><p><em><strong>*Carmen Peire</strong></em><em> es escritora. Su último libro es '</em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/duro-vivir-calle-hay-cosas-mapas-asfalto-periferia-madrilena-70_1_1885782.html" target="_blank"><em>Mapas de asfalto</em></a>' <em>(Menoscuarto).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <title><![CDATA[Dualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dualidad_1_2199557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3d694392-5145-43d7-b388-57cef8a18bda_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022011.jpg" width="842" height="474" alt="Dualidad"></p><p><strong>Edición bilingüe de Misael Ruiz Albarracín</strong></p><p><strong>Animal Sospechoso editor. Barcelona, 2025</strong></p><p>La traducción configura una perspectiva de renovación del texto. Sirve de apertura a modulaciones semánticas que encauzan rasgos y estratos significativos. El desplazamiento a otro idioma ratifica una germinación fértil, expande la palabra poética y matiza la voz subjetiva del discurso lírico con el proceso reflexivo del traductor. Así se percibe en la antología <em>Informe de ninguna parte</em>, amplia recopilación textual del profesor, poeta, traductor y crítico <strong>Clive Wilmer</strong> (Harrogate, Yorkshire, 1945-Cambridge, 2025).</p><p>Quien selecciona el aporte literario y culmina la tarea del traslado al castellano es <strong>Misael Ruiz Albarracín</strong>, cuya voz plural ejerce como poeta, traductor y crítico que firma el prólogo “Ver dentro del poema”, una lúcida meditación sobre las contingencias que precedieron a la publicación de la muestra. La apertura ratifica que <em>Informe de ninguna parte</em> permite descubrir el patrimonio lírico esencial del poeta inglés, solo conocido en España de manera parcial por una única obra traducida, <em>El misterio de las cosas.</em></p><p>El liminar nos recuerda que la conciencia crítica de Clive Wilmer entrelaza enfoques complementarios: es creador, pero también practica la traducción y la crítica. Además, su obra enraíza con abundantes referentes que han fortalecido en el tiempo el ideario poético, y fomentan cambios de registro y sensibilidad expresiva en el modelado verbal. </p><p>La incorporación de las observaciones de Clive Wilmer, junto al formato bilingüe, nace de una propuesta del editor de Animal Sospechoso <strong>Juan Pablo Roa</strong>. La abierta disposición experimental abre espacios; se fundamenta en una sostenida relación personal con el traductor. Es un acierto, una feliz idea porque incorpora dos voces interiores en el poema. La traducción une en el traslado idiomático las consideraciones directas que el poeta sugiere durante el proceso de fijación textual. Esta escritura fragmentaria permite enriquecer la realidad última del texto con una continua capacidad de interrogación sobre el contenido, referencias del entorno y las impresiones personales generadas por las versiones finales.</p><p>Los poemas integrados en <em>Informe de ninguna parte</em> se ordenan con sentido diacrónico. Permiten vislumbrar el largo discurrir de una vocación definida en nueve libros publicados, más el añadido de algunos inéditos. La cosecha creadora fecha su amanecida en 1977, con la entrega <em>The Dwelling Place</em> que en esta recopilación está representada por dos poemas, entre ellos “Abadía en ruinas”. Misael Ruiz Albarracín concede a esta pieza verbal una clara epifanía estética, ya que plantea un tema central del autor: el compromiso del escritor con la artesanía formal y el empeño de construir una arquitectura verbal que se mantenga firme ante los estragos del tiempo, que muestre una fuerte voluntad de definir la permanencia. La glosa incorporada muestra también el temprano magisterio de <strong>Wordsworth </strong>y su implícita influencia. También en la pieza “Hebilla sajona” se vislumbra la importancia del pulido formal. No se trata de que los versos viajen a otra lengua, sino que la versión preserve el ritmo tonal, la textura lírica y la máxima cercanía al patrón original.</p><p>El didactismo argumental de las observaciones atrapa de inmediato; no se trata de clarificar pautas de escritura sino de habilitar vías de acceso complementarias. Se alumbran los claroscuros de la composición, incluso en los poemas más narrativos y transparentes<em> </em>(2010). El conjunto de notas convierte el proceso de traducción en meditado intercambio indagatorio. El diálogo clarifica, explora moldeados formales y sondea la relación entre técnica y sensibilidad. En definitiva, valora procedimientos expresivos y estela argumental. Sorprende la diversidad temática y la plena atención que ramifica las tramas. En <em>Informe de ninguna parte </em>conviven viejas ruinas, aves, y ecos de lecturas de la tradición clásica, como sucede en el excelente poema “La barca de Caronte”, una meditación crepuscular sobre la muerte. En la diversidad de la antología convergen también salmos y homenajes, como la extensa elegía escrita en memoria de <strong>Graham Davies</strong>, naturalista y psicoterapeuta. El poema resulta una de las composiciones centrales porque la evocación entrelaza reflexiones sobre la amistad, la ausencia y la naturaleza mudable de los sentimientos.  Las notas añadidas describen con claridad el desvelo del autor para que en la traducción se cobijen todos los matices. Aportan también la fiel respuesta del traductor, volcado en su arte imperfecto, como sugiere Clive Wilmer, para conseguir una literalidad máxima.</p><p><strong>W. Shakespeare</strong> es otro magisterio claro, cuyos ecos se perciben en “El sueño de Botton”, “Mucho ruido para nada” o “Shakespeare”. Del clásico, toma Wilmer abundantes citas, la ambigüedad de algunos personajes y términos semánticos complejos como la palabra “Nada”.</p><p>La voz autoral llama la atención sobre el grado significativo del poema “El Sanctasanctórum” basado, según el poeta en una doble contingencia, histórica y anecdótica. Compleja en su desarrollo, la composición entremezcla tiempos y genera un minucioso recorrido del proceso escritural. Hace lo mismo con otra muestra preferida, “Las cataratas”. Es fuente también de un meditado comentario con notas que explican el origen y el uso de términos alejados del lenguaje religioso y la transcendencia, para que la dicción suene natural y cercana en su empeño de celebrar la grandiosidad del paisaje.  </p><p>Solo un fragmento en prosa representa la modalidad expresiva de la prosa poética, empleada en las secuencias narrativas de <em>Urban Pastorals </em>y una sola composición explora la estrofa cerrada del soneto en “Los viejos de la piscina”. Sirve de cierre al excelente trabajo de Misael Ruiz, una compilación de fragmentos conversacionales en los que el poeta reitera aspectos del <em>Ars poetica</em>. Al terminar la lectura de <em>informe de ninguna parte </em>queda con rigurosa nitidez el perfil literario de Clive Wilmer. La traducción humaniza al poeta, lo muestra en primer plano y dota a sus composiciones de una claridad lógica. Como señalaba Hölderlin, Misael Ruiz traduce como un guía implicado que sabe que en la casa de la poesía hay muchas moradas donde habitar.</p><p><em><strong>*José Luis Morante </strong></em><em>es escritor y crítico literario. Su último libro es </em><a href="https://lagaruapoesia.com/producto/viajeros-sedentarios/" target="_blank"><em>Viajeros sedentarios</em></a><em> (La Garúa, 2025).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dualidad]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Las memorias de Benjamín Prado: 'Qué estoy haciendo aquí']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorias-benjamin-prado-haciendo_1_2199546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/930c2bbf-39ac-4a1e-a577-11cd7b40b853_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las memorias de Benjamín Prado: 'Qué estoy haciendo aquí'"></p><p>Alfaguara publica este jueves 28 de mayo<strong> </strong><em><strong>Qué estoy haciendo aquí</strong></em>, las memorias de <a href="https://www.infolibre.es/autores/benjamin-prado/"  >Benjamín Prado</a>, un cruce emocionado de recuerdos y reflexiones marcadas no solo por la rica trayectoria de su autor, sino también por las célebres figuras que se cuelan en sus páginas y el inconmensurable impacto de su huella. ¿Qué habría sido de su carrera si Prado nunca se hubiera encontrado con Alberti en aquel bar de Las Rozas? ¿Y qué habría sido de aquel chaval de diecisiete años si su profesor nunca le hubiera dicho que su deber era escribir poesía? Tal vez el efecto mariposa habría bastado para que ninguna de sus múltiples facetas llegara a desarrollarse.</p><p>Suena descabellado que su amistad con Rafael Alberti pudiera llevarlo a estrechar la mano del mayor de sus ídolos, Bob Dylan; pero las razones del destino son inexplicables. Si bien es cierto que gracias a este vínculo con el poeta pudo codearse con los grandes nombres de la cultura y la literatura hispánicas —entre ellos Octavio Paz, Mario Benedetti, Gabriel García Márquez, Ana María Matute o Mario Vargas Llosa—, Benjamín Prado ha conocido todos los niveles de la vida del escritor en todas sus formas: novelista, letrista, periodista, ensayista, poeta, dramaturgo...</p><p><strong>infoLibre </strong>adelanta a continuación un fragmento de estas memorias, coincidiendo con el día de su llegada a las librerías.</p><p>_____________________________________________________________________</p><p>Escribir unas memorias te permite recordar anécdotas simpáticas como esa y otras muchas que irán apareciendo por estas páginas, pero tiene un inevitable aroma a despedida y también un ángulo de tristeza: demasiadas amigas y amigos desaparecidos a los que echo muchísimo de menos, gente como Jaime Gil de Biedma, Javier Marías y Octavio Paz, con quienes disfruté y aprendí tanto; o a la que quise de todo corazón y jamás dejaba de visitar cuando iba —muy a menudo— a Barcelona o viajaban ellos a Madrid, como Juan Marsé y Joan Margarit; o íntimos a quienes intentaba cuidar y con los que hablaba prácticamente a diario, de esa manera en que lo hacen los amigos, no porque tengan nada concreto que decirse, sino para comprobar que todo va bien o contarse uno a otro los planes del día, como el propio Rafael Alberti o Ángel González, siempre dispuesto a disfrutar de una última copa que le hiciera exclamar, al levantarse: «¡Vaya por Dios, se me ha subido el alcohol a los pies!». Que ninguno de ellos esté ya aquí ha dejado vacía una gran parte del mundo para mí, y la otra mitad se ha vuelto melancólica. Sin embargo, le doy gracias a la vida por haberme otorgado el privilegio de conocerlos.</p><p>Porque fue así y de forma literal: un grupo de afortunados jóvenes poetas, como Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes y yo mismo, los conocimos muy al comienzo de nuestras carreras literarias y lo hicimos muy de cerca; llegamos a tener con algunos de ellos relaciones estrechas y sostenidas en el tiempo, en las que hubo mucho trato y no fue nada ceremonioso: esos maestros que antes nos parecían tan inalcanzables a los que empezamos a soñar con escribir a finales de los setenta y principios de los años ochenta del siglo xx resultó que eran personas accesibles, que compartían con los jóvenes historias, confidencias y a menudo mesa y mantel, sin dejar en absoluto de ejercer sobre sus discípulos un magisterio amable. No se olvide que cuando los poetas de mi generación empezamos a escribir seguía viva una parte muy importante de la del 27, la llamada Edad de Plata de nuestras letras —e imagínense aquí lo que significa esa medalla de subcampeones si los primeros, el Siglo de Oro, son Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Calderón de la Barca...— y que después de haberlos estudiado en el colegio o el instituto, tener sus obras en un altar y considerarlos una especie de personajes mitológicos, uno podía ir a hacerles una visita a sus casas, tener su teléfono apuntado en la agenda, coleccionar sus libros dedicados, sentarse a comer junto a ellos en un restaurante. Era como salir a dar una vuelta después de estudiar Edipo rey y la Orestíada para tu examen de Griego y encontrarte en el bar de la esquina con Sófocles y Esquilo. En mi caso, tuve una relación casi familiar con el mencionado Rafael Alberti, pero también contactos de diferente magnitud con Jorge Guillén, Gerardo Diego, María Teresa León, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Ernestina de Champourcin, Dámaso Alonso, Rosa Chacel, José Bergamín o Francisco Ayala, con este último bastante extendida, puesto que vivió hasta los ciento tres años.</p><p>Por cierto, que el narrador de Muertes de perro, El boxeador y un ángel o Recuerdos y olvidos era un hombre irónico y de una sequedad a menudo desconcertante, quizá debido a la timidez, y dotado de un temperamento peculiar que atribuíamos a su condición de granadino. Le gustaba citarte en su domicilio a la caída de la tarde, para tomar un güisqui y lanzar algunas pullas contra sus colegas y tus amigos, por lo general malvadas y agudas a partes iguales. Hay que añadir, para completar el retrato, que a menudo tenía detalles de humor negro. Cuando estaba a punto de convertirse en una persona centenaria, le envolvía el aura ultraterrena de los supervivientes y se encontraba en la cumbre de su prestigio como intelectual, se habían convocado numerosos actos en su honor para celebrar semejante hazaña biológica. Uno de ellos contaría con la presencia de las máximas autoridades del Estado y el Gobierno, con los presidentes de la Real Academia Española y de casi todas las de Latinoamérica. El lunes de la semana en que iba a tener lugar ese acto solemne, que se celebraría cuatro días después, es decir, el viernes, Luis García Montero y yo estábamos almorzando con él cerca de su piso de la calle del Marqués de Cubas cuando, de pronto, Ayala exclamó: «¡Se me está ocurriendo una broma estupenda!». «¿Y cuál es, Paco?», le pregunté. «¡Morirme el jueves!».</p><p>Esas personas eran excepcionales pero fueron despareciendo igual que todas las demás, porque el reloj no se detiene para nadie, pero nos dieron una lección, tanto en lo personal como en lo profesional, que nos ha influido y encauzado a quienes estuvimos muy próximos a ellos en su última etapa, que además tenía en muchos casos la emoción del regreso, de los reencuentros: sus vidas habían sido mágicas, pero terribles, estaban marcadas en su conjunto por la tragedia de la Guerra Civil; las y los republicanos, por la derrota y por un exilio que duró hasta treinta y ocho años —o cuarenta y cinco, en el caso extremo de la filósofa María Zambrano—; y quienes apoyaron la sublevación militar, por las sospechas que levantaba su innegable connivencia con la dictadura: era muy difícil estar con Luis Rosales sin que asomase en algún momento a la conversación el fantasma de García Lorca, que en 1936 estaba refugiado en su casa cuando le fueron a detener para matarlo. Una vez le oí decir, mientras nos explicaba su lucha a brazo partido contra varios de sus compañeros de la RAE, sobre todo con Camilo José Cela, para que no se dejase a Alberti, como aquellos querían, sin el Premio Cervantes: «¡Bastante tengo yo con llevar a cuestas el cadáver de Federico como para que ahora me echen también a las espaldas el tuyo, Rafael!». Al escritor gaditano, supersticioso por naturaleza, la frase le hizo poca gracia.</p><p>Pero mientras, sobre todo Luis García Montero y yo, disfrutábamos de los maestros de la Generación del 27, también empezábamos a tener una relación sólida con los que integraban la del 50, a la que nos sentíamos estéticamente más próximos: Jaime Gil de Biedma era al que más admirábamos y Ángel González a quien más amábamos, porque, aparte de un poeta magnífico, era un ser adorable. Cuando fuimos jóvenes era de ellos dos de quienes más hablábamos los tres amigos que desde el principio hemos compartido este viaje con mayor complicidad y que a estas alturas de la historia seguimos siendo uña y carne, además de pasar juntos todos los veranos: me refiero de nuevo a Felipe Benítez Reyes, a Luis y a mí. En este tiempo han pasado muchas cosas, hemos perdido gran parte de lo que más queríamos, sufrido vaivenes sentimentales y visto enterrar a nuestros padres y madres, pero nos queda el consuelo de recordarlo juntos. No es poca cosa.</p><p>A Jaime Gil de Biedma lo había visto por primera vez en Granada, donde Luis y yo llegamos tras un interminable viaje por carretera con Rafael Alberti, al que acabábamos de dejar en el aeropuerto. Una hora más tarde, nos encontramos en una terraza de la ciudad, según habíamos convenido, con el autor de Moralidades y Poemas póstumos, acompañados también por los otros dos miembros de la llamada «otra sentimentalidad», Javier Egea y Álvaro Salvador. Yo me sentía realmente intimidado por su fama de hombre cortante a quien no había manera de acceder si le caías mal a primera vista: sin duda, las tres veces que más nervioso me he sentido en mi vida fueron cuando conocí en Sevilla a Bob Dylan, en Bilbao a mi ídolo de la infancia, el guardameta José Ángel Iribar, y en Granada a él.</p><p>Tan aficionado al güisqui como Ángel González, que llamaba a las seis de la tarde «la hora Hemingway», es decir, la de la primera copa, Jaime llegaba, si no recuerdo mal, de una cura de desintoxicación en alguna clínica del litoral mediterráneo, muy posiblemente en los alrededores de Málaga, y nada más tomar asiento pidió con cara de resignación que le trajesen una botella de Vichy Catalán. El camarero le informó de que no tenían; «¿Y qué agua mineral con gas sirven ustedes?», le preguntó. «Ninguna, señor, sólo la tenemos natural». «Bueno», dijo el maestro, haciendo el gesto de quien se doblega por fuerza mayor ante los imponderables de la existencia, «en ese caso, póngame un escocés doble, sin hielo y en vaso bajo. Nadie podrá negar que lo he intentado».</p><p>Una cosa llevó a la otra y llegamos a la mañana siguiente con todas las distancias sin guardar. A Javier Egea, pletórico porque Jaime, tras mucho insistirle, al final le había echado un par de piropos a su Paseo de los tristes, mencionando incluso ese poema que empieza con el verso «ahora llegas vestida de cobrador del agua» y acaba con «y se rompe el amor como un recibo viejo», se le metió en la cabeza que fuéramos en coche a una casa abandonada de Víznar desde cuyo jardín, según él, se veía mejor que desde ningún otro sitio el lugar donde fue asesinado Federico García Lorca y está su tumba desconocida. Al llegar a nuestro destino, mientras saltábamos la pequeña valla que salvaguardaba la propiedad, Jaime preguntó, escamado: «Pero ¿tú estás completamente seguro de que aquí no vive nadie?». «¡Hombre! ¿Y cómo no voy a estarlo, si vengo aquí cada dos por tres a fumarme un cigarrillo y a pensar?». Pero lo cierto es que no habíamos recorrido ni una cuarta parte del jardín cuando se oyó un grito imperioso que provenía de alguna de las ventanas del edificio: «¡Aurelio, suelta los perros, que han entrado ladrones!». Y, efectivamente, se escuchó de inmediato un ruido de cerrojos y los aullidos de una jauría que salía tras nosotros a cazarnos. Es muy difícil para mí leer Las personas del verbo sin acordarme de su venerable autor corriendo por aquella finca como alma que lleva el diablo, con su elegante traje de color crema, moviendo los brazos con una sincronía de mediofondista y regañando a Egea mientras se metía como una exhalación en el automóvil que nos había conducido hasta allí: "¡Querido, ya me disculparás, pero es que eres un auténtico botarate!".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las memorias de Benjamín Prado: 'Qué estoy haciendo aquí']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Selena Millares: Las siete vidas de Almoina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/selena-millares-siete-vidas-almoina_1_2199596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da23af27-c332-461d-8786-1abec9d5d32d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Selena Millares: Las siete vidas de Almoina"></p><p><strong>Plaza & Janés, Barcelona, 2026</strong></p><p>Empezamos a conocer bien la historia de la literatura, de la cultura del exilio republicano español, sus obras, editoriales y revistas, pero aún sabemos poco, creo, de la historia menuda, de la vida familiar, de la existencia cotidiana, aunque ahora recuerdo el libro de <strong>Fernando Serrano Migallón</strong> (<em>El exilio español y su vida cotidiana en México</em>, Bonilla Artigas, 2021), que no debe de ser el único trabajo que se ocupe del asunto. Pensaba que apenas si se habían novelado las vidas de los exiliados, pero tras pedir ayuda a dos compañeros, grandes expertos en la materia, nos damos cuenta de que no faltan ejemplos, entre ellos: <em>Galíndez</em> (1990), de <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>; <em>En voz continua</em> (1997), de <strong>Carlos Blanco Aguinaga</strong>, que trata de <strong>Emilio Prados</strong>; <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El soldado de porcelana </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(1997), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Horacio Vázquez Rial</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sobre </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Durán</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; </span><em>Max Aub</em> (2007), de <strong>Javier Quiñones</strong>; <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El amor no es un verso libre</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2013), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Susana Fortes</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que se ocupa de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Salinas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La única. María Casares</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2023), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ana Plantagenet</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; y</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> Un corazón extraviado</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2025), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>María de Alva</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sobre la vida de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Garfías</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. A ellos habría que añadir </span>la <em>nonnata</em> <em>Luis Buñuel. Novela</em>, de <strong>Max Aub</strong>, de la que contamos con una versión de <a href="https://www.infolibre.es/autores/carmen-peire/"  >Carmen Peire</a>, y ahora <strong>Joan Oleza</strong> está preparando la que podría ser definitiva. <span class="highlight" style="--color:white;">Habrá más, pero esos títulos valen como una muestra suficiente y representativa. </span>Recuérdese, también, que las biografías noveladas estuvieron de moda durante los años veinte y treinta del pasado siglo y hoy parece renacer ese mismo empeño. A los anteriores ejemplos, habría que añadir novelas francesas, italianas y españolas de tema histórico, como las de <strong>Emmanuel Carrere</strong>, las novelas documentales de <strong>Antonio Scurati</strong>, sobre <strong>Mussolini</strong>, cinco tomos publicados en Italia entre 2018 y 2025, o la de <strong>Fernando Clemot</strong>, <em>Fiume</em>, sobre D´Annunzio.</p><p><strong>Selena Millares</strong> le da <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/selena-millares-revive-lucha-republicano-jose-almoina-hemos-borrado-memoria-exiliados_1_2191963.html"  >vida a un exiliado, José Almoina</a> (1903-1960), tratado injustamente en lo poco conocido que es. Pero no se ocupa solo de su actividad política, su militancia socialista y su pertenencia a la masonería, sino que nos proporciona, como en pocas ocasiones hemos leído, una visión de su vida familiar, del día a día (lo que comen, las canciones que cantan…), en el que discurren <strong>Pilar</strong>, su mujer (“la maestra de ojos color verde agua”, p. 37; a la que detienen y encierran con su hija <strong>Helena</strong>, en la cárcel de Zamora, p. 128), Hilaria, su suegra, y sus cinco hijos. Todos ellos desempeñan un cierto papel, y las dos mujeres complementan al protagonista. El caso es que <a href="https://www.infolibre.es/autores/selena-millares/"  >Selena Millares</a> nos proporciona una idea bastante verosímil de los riesgos de la militancia y de los sufrimientos que trajo consigo el exilio, pues no solo quedó expuesto Almoina, sino toda su familia. En cambio, dado el carácter y prestigio del personaje, no le faltó la camaradería, que siempre encontró en sus diferentes destinos, bien en España, donde se ganó la vida como empleado de Correos, bien en América, tanto en la República Dominicana como en México, donde trabajó, no sin riesgos, en algún caso, como profesor; fue preceptor del <strong>Ramfis</strong>, el primogénito de <strong>Trujillo</strong>, siempre con la empalagosa <strong>María</strong>, la mujer del dictador, al acecho.</p><p>Diría que esta narración, más que con las <strong>Manuel Rivas </strong>y <strong>Javier Cercas</strong>, como dice la faja publicitaria que lleva el libro, guarda relación con <em>Galíndez </em>(1990), de Vázquez Montalbán, y con <em>La fiesta del chivo </em>(2000), de <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, pues las tres comparten el protagonismo de la dictadura de Trujillo en la República Dominicana, y del exilio republicano español, así como las arbitrariedades y violencias cometidas por una dictadura grotesca. Véase el feroz retrato que traza de Trujillo (p. 376). Y, en suma, la novela conecta con una tradición narrativa, a la que se acoge Almoina, al barajar el realismo crudo, expresionista, y la crueldad sin límites, que cuestiona a los dictadores. Si bien, su obsesión, a diferencia de la de otros exiliados, es con Trujillo, no con <strong>Franco</strong>. Tras perder una guerra, Almoina tiene que huir de un dictador para caer en las garras de otro, por lo que no le queda más remedio que irse a México, aunque poner tierra de por medio no lo libre de los sicarios de Trujillo. En medio de toda esa violencia, sin embargo, contrasta la escena bucólica, una historia intercalada, en la que habla un pastor (pp. 81-83).</p><p>De <strong>Jesús de Galíndez </strong>apenas sabíamos nada antes de que se publicara la novela de Vázquez Montalbán; Almoina no tuvo esa suerte; incluso a <strong>Vicente Llorens</strong>, siempre riguroso, le suscita dudas la persona. Así, la narración de Selena Millares, que no es una biografía, ni un estudio histórico, sino una novela, responde –sin que sea esa su pretensión— a algunas de la incógnitas que planteaba Llorens, quien trato a Galíndez y Almoina en la República Dominicana, y nos presenta a un personaje mucho más complejo que el que conocíamos hasta ahora. A la vista de lo dicho, podría haberse titulado <em>Almoina</em>, e incluso <em>Almoina. Novela</em>, en complicida —y respuesta— con los títulos de Vázquez Montalbán y Max Aub. </p><p>La novela se compone de 7 partes, divididas en capítulos, hasta un total de 51, excepto la primera y la última, mucho más breves, compuestas por un solo capítulo. Las 5 restantes tienen una extensión parecida, y siguen la cronología. Tanto las partes, que además nos sitúan en el tiempo, como los capítulos aparecen titulados, creo que con acierto. En un par de ellos apreciamos alusiones a <strong>Josep Roth</strong> (<em>La leyenda del santo bebedor</em>, p. 315) y al Evangelio de <em>Mateo</em> (5: 13-16): “vosotros sois la sal de la tierra”. Diría, además, que el capítulo 48 es clave, pues en sus páginas se le ajustan las cuentas –permítanme el coloquialismo— a Galíndez, crítica que se anticipa en el capítulo 24. Si el libro llevara un Índice, muy necesario en este caso, podríamos visualizar mucho mejor el conjunto de la novela, su estructura externa.</p><p>Las tres citas iniciales son muy significativas: la de <strong>Luis Pimentel</strong>, paisano de Almoina, ambos eran de Lugo, podría haber sido también el título de la novela: <em>Hombre que camina solo</em>, puro Giacometti; la de <strong>Borges </strong>nos habla de los héroes y de sus derrotas; y la de Almoina apela a la grandeza del silencio, que no tuvo más remedio que cultivar. </p><p>La pregunta que se habrá hecho la autora, y que los lectores atentos deberían plantearse, es cómo se utiliza lo autobiográfico, cómo se usa la documentación en un relato de ficción. El gran Carlos Pujol que cultivó con mucha fortuna este tipo de ficciones, solía comentar que uno debe documentarse a fondo, pero que al ponerse a escribir, debía olvidar todos los datos. En suma, se trata de cómo contar una vida real, manejando sucesos reales, pero teniendo como principio constructor el propio de la ficción. </p><p>Me parece que el empeño principal de la autora ha consistido en trascender lo biográfico, para incardinarlo en la restitución de la memoria, haciendo justicia a un personaje —como decíamos— mal conocido, incluso por los expertos en la cultura del exilio. No en vano, se trata de una novela con <em>trama de personaje</em>, por seguir la terminología de <strong>Norman Friedman</strong> (la historia de un seminarista que acabó siendo masón, y que como <strong>Negrín </strong>y Max Aub fue expulsado por su partido, el PSOE, en el que desempeñó cargos diplomáticos), aunque los avatares de su vida aparecen —digamos— enriquecidos por toda una serie de sujetos que le proporcionan a la historia ribetes de novela coral. A algunos los hemos señalado ya, pero habría que añadir sobre todo a <strong>Mirentxu</strong>, la amiga y comprensiva amante. Resulta admirable la entrega que demuestra, la fe en una causa política, a favor de la justicia y la libertad, hasta el punto de jugarse Almoina la vida. No en vano, lo expulsan del PSOE a la vez que a Negrín y Max Aub (p. 319 y 320).</p><p>Sea como fuere, Selena Millares construye bien el personaje del protagonista, sabe hacerlo hablar, darle voz, con un castellano a veces levemente galleguizado. Y en lo que respecta a los demás, se vale de registros distintos, ya sean los familiares, ya los coloquiales con los compañeros, Trujillo y señora, las amantes del protagonista, tanto Mirentxu, la amiga de siempre, como la ocasional <strong>Ronda</strong>, la estudiante.</p><p>De estructura circular, la novela se abre y cierra con el asesinato del protagonista, una muerte anunciada que se cumple al completarse las siete vidas que le pronostican y que inexorablemente él agota, y siendo muchas, resultaron ser pocas (pp. 15 y 512). Pero, además, se dirige en un soliloquio a la aparición del padre del protagonista, ya muerto, y la de <strong>Josito</strong>, el hijo que falleció temprano (pp. 13 y 529). Me ha recordado a <em>Hamlet</em>, en el primer caso, aunque se trate de un motivo que se repite en la historia literaria, desde la tradición clásica. Y ojo al comienzo y al final, al <em>in crescendo</em> del desenlace, que en esta ocasión, no consiste en saber si Almoina va a ser asesinado, ya lo sabemos desde el capítulo inicial, sino en el desenmascaramiento de Galíndez y la muerte inexorable de Almoina. </p><p>La compleja existencia del protagonista, arrastrando casi siempre a su familia, lo lleva a vivir en Lugo, A Coruña, Santiago, Benavente (Zamora), Alcaudete (Jaén), Santander, Bayona, Toulouse, París, Marsella, Ciudad Trujillo y México. Y eso por no hablar de los constantes cambios de casa en Ciudad Trujillo y en México. Destacaría también el gusto por el detalle, significativo, según ocurre en las novelas de <strong>Javier Marías</strong>, así como el tratamiento que le proporciona al humor (pp. 285, 297 y 402), a la sensualidad, incluso a la sexualidad (pp. 77 y 280), tan difícil de tratar en la narrativa, materia en la que tantos buenos escritores han fracasado.</p><p>Además, en una historia de estas características, las alusiones culturales resultan inevitables, e imprescindibles. Aunque, por fortuna, la autora no abusa de ellas. Así y todo, <strong>Homero </strong>y <strong>Cervantes </strong>asoman aquí y allá; los círculos del infierno de <strong>Dante </strong>y, sobre todo, el erasmismo tiene mucha presencia en la novela, y <strong>Goya</strong>, a quien el protagonista le dedica un libro. Pero, además, trae a colación al presidente Negrín y a escritores como <strong>Sender, Juan Bosch</strong> (político y escritor dominicano, gran teórico y escritor de cuentos) y <strong>Jaime Torres Bodet</strong> (véase su retrato, p. 354), a historiadores como <strong>Claudio Sánchez Albornoz</strong> o filólogos como <strong>Vicente Llorens</strong>. Y diría que hay un cierto homenaje a su tío abuelo <strong>Agustín Millares Carló </strong>(bibliógrafo, paleógrafo, latinista; autor, entre otras muchas obras, de una edición anotada del <em>Quijote</em>), aunque no cite su nombre completo. </p><p>También hay alusiones frecuentes a dos editoriales mexicanas con las que colaboró Almoina: Jus (editorial católica de centro derecha, donde Almoina publica su libro sobre<strong> Díaz Mirón</strong>, 1958, entre otros), y UTEHA (fundada por el exiliado español <strong>Julio Sanz Saiz</strong>), donde aparece, por ejemplo, <em>La era romántica: el romanticismo en la literatura europea</em> (1958), de <strong>Paul Van Thiegem</strong>, que traduce y anota Almoina; o a la editorial Costa-Amic, a la que encomia por su labor y critica por lo descuidado de sus ediciones. Y creo haber apreciado una cierta referencia a las <em>aventis</em> de<strong> Juan Marsé, </strong>en las historias que Almonia le cuenta a Josito (p. 181); a <em>La Regenta</em>, en la afición a las lecturas místicas, a <strong>Santa Teresa,</strong> de la mujer de Trujillo (p. 288); y la más obvia, si cabe, en la confrontación que establece entre Almonia y Trujillo, cuando <strong>Odiseo </strong>engaña a <strong>Polifemo </strong>(p. 344). </p><p>Pero lo que se cuenta, en suma, es cómo una determinada trayectoria vital, en su activismo social y  político, lo lleva al exilio. Siendo las concesiones que debe que hacer en Ciudad Trujillo producto de la necesidad de supervivencia, al tener que desdoblarse. Su mujer le pregunta en un par de ocasiones: “¿Quién eres, José?”, o “Ya no sé quién eres, José” (pp. 306 y 349). El caso es que su conducta suscita dudas, que resultan dolorosas no solo para él, sino también para su familia y amigos más cercanos. Y aunque los lectores sabemos quién era realmente Almoina (en catalán, <em>almoina </em>significa limosna) y el motivo de su comportamiento, quizás algunos lectores se pregunten al cabo: ¿por qué este hombre se adentra en un laberinto del que no podrá salir?</p><p>Acabemos. En un momento dado, Almoina le comenta a su mujer que “la vida es más fabulosa que las novelas” (p. 75), y así es, en efecto, en la historia que nos cuenta Selena Millares.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.  </em> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[De caseta en caseta porque somos resistencia: infoLibre llena de firmas la Feria del Libro de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/calor-visita-papa-frenan-firmas-infolibre-llenaran-casetas-feria-libro-madrid_1_2199759.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5609c7fc-a445-4c94-a0ae-a45fe9103195_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De caseta en caseta porque somos resistencia: infoLibre llena de firmas la Feria del Libro de Madrid"></p><p>"El año pasado tuvimos aproximadamente 4.500 autores y<strong> 7.000 sesiones de firmas</strong>, que es una barbaridad", <a href="https://www.infolibre.es/cultura/eva-orue-feria-libro-puedes-gente-no-piensa-leer-autores-no-dan-razon_1_2199210.html" target="_blank">cuenta a</a> <strong>infoLibre </strong>la directora de la Feria del Libro de Madrid, <strong>Eva Orúe</strong>, con el lógico y habitual vértigo permanente en el que vive durante los días previos a la inauguración oficial de cada nueva edición (y ya lleva cinco dirigiendo). Una cita que este año está fijada a las <strong>11:00 de este viernes 29 de mayo</strong>, con la visita de la <strong>reina Letizia</strong> como pistoletazo de salida a dos semanas —hasta el domingo 14 de junio— durante las que algo más de <strong>un millón de personas</strong> visitarán el Parque de <strong>El Retiro</strong> con la firme intención de volver a casa al menos con un nuevo libro bajo el brazo, convenientemente <strong>dedicado </strong>por el autor de turno. </p><p>Uno como poco, porque es verdad también que hay <strong>auténticos profesionales</strong> que van de aquí para allá a lo Indiana Jones, en busca del <strong>tesoro </strong>de la rúbrica perdida, coleccionando <strong>autógrafos </strong>y <strong>frases </strong>más o menos cariñosas en función del tiempo que cada escritor pueda dedicar personalmente a cada lector. <strong>Intercambiar unas palabras</strong> y hacerse la foto de rigor es ya la guinda al regalo del encuentro y la cercanía que propicia esta feria en la que, obviamente, el libro es lo más importante, pero también lo es todo eso que pasa todo el tiempo en todas partes, <strong>de caseta en caseta porque somos resistencia</strong>.</p><p>Semejante <strong>trasiego </strong>es una de las tradiciones más arraigadas de una Feria del Libro de Madrid que cumple <strong>85 primaveras</strong> en plena lozanía, mirando al cielo por si aparecen tormentas sin avisar y cruzando los dedos para que la visita del <strong>papa León XIV</strong> a la capital no provoque excesivos problemas de movilidad. Por eso, ante una oferta tan inabarcable, proponemos la siguiente planificación para trazar un <strong>caminito de baldosas amarillas</strong> que nos ayude a <strong>dar con las firmas de infoLibre entre la multitud</strong> sin rodeos ni perder innecesariamente nuestro preciado tiempo. Apunten, porque no son pocas. </p><p>Empezamos con <a href="https://www.infolibre.es/autores/luis-garcia-montero/" target="_blank">Luis García Montero</a> porque su tesón firmante no solo no cesa sino que parece aumentar cada año. Así las cosas, estará esperando a los lectores con su perenne sonrisa ya el viernes<strong> 29 de mayo</strong>, de 19:00 a 21:00 en la caseta de la Librería Alberti (bloque 24A, caseta 158). Al día siguiente, <strong>sábado 30</strong>, podremos encontrarle de 12:00 a 14:00 en los dominios de la Librería Fábula (bloque 24B, caseta 325) y de 19:00 a 21:00 en Jarcha (bloque 25A, caseta 179). Y al día siguiente del siguiente, ya <strong>domingo 31</strong>, cita de 12:00 a 14:00 en Librería Pérgamo (bloque 27B, caseta 293) y de 19:00 a 21:00 en el espacio de la Librería Antonio Machado (bloque 2, caseta 19).</p><p>Pero no se vayan todavía, porque aún hay más. El poeta, novelista, columnista de <strong>infoLibre </strong>y director del Instituto Cervantes volverá a la feria el miércoles <strong>3 de junio</strong> para firmar de 19:00 a 21:00 más ejemplares de sus libros —el más reciente, <em>La mejor edad</em> (Tusquets, 2026), de hace apenas un par de meses— en el mostrador de la Librería Parent(h)esis (bloque 21A y caseta 129). Y, por supuesto, esta agenda no acaba aquí, pues regresará el <strong>sábado 6</strong> de 12:00 a 14:00 (Librería Gaztambide, bloque 25A, caseta 169) y de 19:00 a 21:00 (La buena vida - Café del libro, bloque 23A, caseta 145), y de nuevo el <strong>domingo 7</strong> de 12:00 a 14:00 (Pasajes Librería Internacional, bloque 21B, caseta 365) y, ya sí para rematar, de 19:00 a 20:30 (La Central, bloque 23B, caseta 336). </p><p>Sin llegar a la entrega de su gran amigo, <a href="https://www.infolibre.es/autores/benjamin-prado/" target="_blank">Benjamín Prado</a> se va a poner las botas de firmar sus memorias (y lo que cada lector le lleve), <em>Qué estoy haciendo aquí</em> (Alfaguara, 2026), que justamente llegan este jueves a las librerías. Son, en su caso, ocho citas: <strong>domingo 31</strong> de 12:00 a 14:00 (Visor Poesía, bloque 31A, caseta 241) y de 19:00 a 21:00 (Jarcha, bloque 25A, caseta 179), sábado<strong> 6 de junio</strong> de 12:30 a 14:00 (El Retiro de las letras, bloque 18, caseta 103) y de 18:00 a 20:00 (Librería Cientovolando, bloque 22B, caseta 348), domingo <strong>7 de junio</strong> de 12:45 a 14:30 (Librería Muga, bloque 22B, caseta 356) y de 19:00 a 21:00 (Librería Alberti, bloque 24A, caseta 158), y <strong>sábado 13 y domingo 14</strong> repitiendo de 12:00 a 14:00 en Visor Poesía (bloque 31A, caseta 241).</p><p>Nueva en estas lides es <a href="https://www.infolibre.es/autores/helena-resano/" target="_blank">Helena Resano</a>, que <strong>acaba de debutar como novelista </strong>con <em>Las rutas del silencio</em> (Planeta, 2026), y que estampará su rúbrica tantas veces como sea necesario el viernes <strong>5 de junio</strong> de 19:00 a 21:00 en el espacio de la Librería Méndez (bloque 21B, caseta 357) y el <strong>sábado día 13</strong> de 17:30 a 19:00 en el de la Casa del Libro (bloque 30B, caseta 258). Por su parte, el historiador <a href="https://www.infolibre.es/autores/julian-casanova/" target="_blank">Julián Casanova</a> pasará por el Paseo de Carruajes de El Retiro el sábado <strong>13 de junio</strong> de 17:00 a 19:00 en Lex Nova (bloque 24A, caseta 168), para firmar junto a su hijo, el guionista Miguel Casanova, ejemplares de <em>España partida en dos</em> (Crítica, 2026), la adaptación a novela gráfica de su aclamada obra, ilustrada por Carlos Esquembre.</p><p>Otro gran historiador, <a href="https://www.infolibre.es/autores/ian-gibson/" target="_blank">Ian Gibson</a>, se dejará ver más por la feria, tanto en solitario como junto al ilustrador Quique Palomo, con quien ha firmado en cómic <strong>títulos indispensables sobre Lorca y Antonio Machado</strong>. Así las cosas, el dublinés atenderá a sus lectores el viernes <strong>29 de mayo</strong> (de 18:00 a 20:00 en la Librería Parent(h)esis, bloque 21A y caseta 129), el <strong>sábado 30</strong> (con Quique, de 12:00 a 14:00, Librería del mercado, bloque 28B, caseta 278) y el domingo<strong> 31 de mayo</strong> (de 12:00 a 14:00 en Berkana, bloque 11, caseta 69; y de 18:00 a 20:00 en Dykinson Libros, bloque 14, caseta 84).</p><p>Gibson estará aún más ajetreado en el segundo fin de semana, pues tiene agendadas hasta cinco citas: cuatro el <strong>sábado 6 de junio</strong>, dos en solitario (de 12:00 a 14:00 en la Librería Visor, bloque 31A, caseta 242, y de 19:00 a 21:00 de nuevo en Dykinson Libros, bloque 14, caseta 84), y otras dos con Palomo, la segunda solapándose a medias pero aprovechando que los espacios están al lado (de 11:00 a 12:00 en Alcalá Cómics, Bloque 7, caseta 52, y de 19:00 a 20:00 en Tomos y Grapas, bloque 14, caseta 82). Por último, la pareja tiene otra firma el <strong>domingo 7</strong> de junio de 12:00 a 14:00, otra vez en Dykinson Libros (bloque 14, caseta 84).</p><p>Por su parte, <a href="https://www.infolibre.es/autores/cristina-monge/" target="_blank">Cristina Monge</a> tiene un fin de semana de lo más apretadito que arranca el viernes <strong>12 de junio</strong> de 19:00 a 21:00 en el rinconcito de la Librería Lé (bloque 27B, caseta 300), continúa el <strong>sábado 13</strong> con doble cita (de 10:30 a 12:00 en la Librería Santos Ochoa, bloque 24B, caseta 335; y de 17:00 a 19:00 en el espacio de Fnac, bloque 31A, caseta 235), y termina el <strong>domingo 14 de junio</strong> de 12:00 a 14:00 en el puesto de Marcial Pons Librero, esto es, bloque 6 y caseta 51).</p><p>No se perderá la feria esta primavera nuestro columnista <a href="https://www.infolibre.es/autores/daniel-valero-tigrillo/" target="_blank">Daniel Valero 'Tigrillo'</a>, que atenderá a quien así lo desee al otro lado de los mostradores de Mary Read (viernes <strong>12 de junio</strong>, de 19:30 a 20:30, bloque 10, caseta 66) y Berkana (sábado<strong> 13 de junio</strong>, de 12:00 a 14:00, bloque 11, caseta 69). Tampoco faltará <a href="https://www.infolibre.es/autores/aroa-moreno-duran/" target="_blank">Aroa Moreno Durán</a>, quien en su caso hará acto de presencia en los emplazamientos de La Anónima Librería (domingo <strong>31 de mayo</strong>, de 19:00 a 21:00, bloque 26A, caseta 192), Librería Antonio Machado (domingo <strong>7 de junio</strong>, de 19:00 a 21:00, bloque 2, caseta 19) y Girasol Librería (sábado <strong>13 de junio,</strong> de 13:00 a 15:00, bloque 26B, caseta 313). </p><p>Definitivamente, las firmas de <strong>infoLibre </strong>se sienten como en casa en El Retiro, porque todavía hay más. Así las cosas, <a href="https://www.infolibre.es/autores/jose-antonio-martin-pallin/" target="_blank">José Antonio Martín Pallín</a> firmará el domingo <strong>7 de junio</strong> de 19:00 a 20:00 en Siglo XXI Editores (bloque 27B, caseta 292), mientras que <a href="https://www.infolibre.es/autores/baltasar-garzon/" target="_blank">Baltasar Garzón</a> dedicará ejemplares de <em>La democracia amenazada</em> (Planeta, 2026) los días <strong>5 de junio</strong> (de 12:00 a 14:00 en Dykinson Libros, bloque 14, caseta 84), <strong>6 de junio</strong> (de 12:00 a 14:00 en Librería Lé, bloque 27B, caseta 300) y<strong> 7 de junio</strong> (de 12:00 a 14:00 en Visor, bloque 31A, caseta 242). </p><p>Además, <a href="https://www.infolibre.es/autores/jose-luis-morante/" target="_blank">José Luis Morante</a> estará el <strong>5 de junio</strong> de 19:00 a 21:00 en el expositor del Gremio de Editores de CLM (bloque 21C, caseta 369), y <a href="https://www.infolibre.es/autores/nieves-alvarez/" target="_blank">Nieves Álvarez</a> hará doblete los<strong> días 10 y 13 de junio</strong> de 19:30 a 21:00 en la ubicación de Lastura Ediciones - Kaótica Libros (bloque 21A, caseta 133), donde también firmará <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/musica-popular_1_2185439.html" target="_blank">Jorge García Torrego</a> el <strong>9 de junio</strong> de 18:00 a 19:30. Por si todo lo anterior fuera poco, <a href="https://www.infolibre.es/autores/alejandro-lopez/" target="_blank">Alejandro López Canorea</a> estará el sábado <strong>13 de junio</strong> de 17:30 a 19:00 en la editorial Catarata (bloque 25B, caseta 317), y <a href="https://www.infolibre.es/autores/lucila-rodriguez-alarcon/" target="_blank">Lucila Rodríguez-Alarcón</a> pone el broche final el <strong>domingo 14 de junio </strong>de 17:30 a 19:00 en La Imprenta (bloque 14, caseta 81). Casi nada, menudo despliegue, llegar a todos requiere semanas de entrenamiento intensivo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 19:18:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guerra-podrida-hitler-chaves-nogales_1_2196132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/726bd30b-e0c1-4730-9c2b-fef0deb561bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales"></p><p><strong>El Paseo, Sevilla, 2025. Edición de Yolanda Morató.</strong></p><p>Sorprenden las disputas enconadas entre algunos estudiosos de la obra de <strong>Manuel Chaves Nogales</strong>, que han enmarañado tanto los libros y las ediciones de sus obras que es necesario convertirse en ¿experto? para desentrañar las conclusiones a las que han llegado. Algunos de estos estudiosos han puesto tanto empeño en menospreciar a quienes los han antecedido en la investigación como en contarnos sus descubrimientos. Creo que todas las aportaciones pueden resultar valiosas, cada una en su momento, y estos estudiosos chinches deberían mostrar más respeto por aquellos que los han precedido en su labor. <strong>María Isabel Cintas, Andrés Trapiello, Antonio Muñoz Molina, Felipe Benítez Reyes, Ignacio F. Garmendia, Yolanda Morató, Francisco Cánovas Sánchez, Andrés Amorós</strong> y, sobre todo, <strong>Abelardo Linares</strong>, entre otros, han hecho aportaciones importantes en momentos distintos y a diferentes niveles. Sin sus trabajos, Chaves Nogales no ocuparía hoy el lugar que ocupa en la historia del periodismo y de la literatura.     </p><p>La profesora y traductora<strong> Yolanda Morató</strong> recoge en este libro 211 artículos, si no he contado mal, que en algunos casos tuvieron distintas versiones, con leves variantes. Fueron escritos en París, donde Chaves Nogales había llegado a finales de 1936, huyendo de la Guerra Civil española. Se publicaron en diversos periódicos de Brasil, Cuba, Argentina y Canadá. Los escribía para dos agencias de prensa, Cooperation, del húngaro <strong>Emery Reves</strong>, y Havas, de cuyo <em>staff</em> formaba parte, que se encargaban de distribuir sus artículos. Eran agencias gubernamentales al servicio de la entente franco inglesa, que trabajaban para contrarrestar la propaganda alemana. Recuérdese, además, que la casa en la que habitaba con su familia en las afueras de París se la había proporcionado el gobierno francés.       </p><p>Los artículos, sin embargo, se distribuían en francés (lengua pivote, nos dice la editora, para que pudieran publicarse simultáneamente en distintos países), y eran traducidos a las lenguas en que iban a ser publicados: portugués, castellano e inglés. Los que aquí leemos han sido vertidos al castellano por la editora, a veces con resultados que me suscitan dudas (¿Reduplica Chaves Nogales, habla de “lectores y lectoras”?, p. 37; ¿se refirió a las “alubias con papas”, no debió de escribir más bien <em>con patatas</em>?, p. 49; la berlinesa Wilhelmstrasse es una calle, como su nombre indica, p. 251; y dudo que la locución verbal <em>poner en valor</em>, ¿por qué no <em>valorar</em>?, sea la traducción adecuada para algo escrito en 1940, p. 315; el uso de palabros como <em>protocolar</em>, p. 310; traducir “dueñas de casa”, por <em>amas de casa</em>, p. 316; como tampoco creo que existiera el concepto de <em>victimario</em> en la época, p. 319; y el título de la ópera de <strong>Mozart </strong>suele traducirse al castellano como <em>La flauta mágica</em>, no <em>encantada</em>, p. 381, por solo señalar unos pocos ejemplos). Ante la duplicidad de versiones, nos confiesa que se ha decantado por la más –digamos- completa, la de mayor calidad.</p><p>A pesar de lo que indica el título del libro, no se trata de un <em>diario</em> (la explicación de Yolanda Morató, al respecto, en el prólogo al segundo volumen, con los escritos sobre Londres, no resulta satisfactoria), sino de una recopilación de artículos, de crónicas, que es como debieron pensarse cuando se escribieron y como me parece que se leen hoy. </p><p>Para entender el sentido y valor de estos textos, no debe olvidarse que estaban condicionadas por la censura, que Chaves minimiza: “personalmente, aunque me ha dado algún que otro arañazo, no puedo quejarme” (p. 201), y por los intereses propagandísticos aliados, en favor de la libertad y la democracia, de las agencias de prensa para las que trabajaba, según ya he indicado. Así, el entusiasmo del autor con respecto a la actitud de los franceses ante la guerra, tanto de sus políticos como de los ciudadanos de a pie, resulta llamativo, forzado. Si comparamos estas impresiones con lo que escribe en <em>La agonía de Francia</em> (1941. Manejo la ed. de la Diputación de Sevilla, 2001, aunque hay tres más, posteriores, en otras casas editoriales), el libro lo compone tras llegar a Londres, nos percatamos de que su opinión parece más sincera, muy diferente, y que es en este libro de 1941 cuando nos proporciona su verdad sobre lo que ha visto y vivido en París. </p><p>Por tanto, las crónicas hay que leerlas prescindiendo del optimismo propagandístico que rezuman, pues su valor estriba, más que no en las opiniones políticas, algunas de ellas lúcidas, en lo que tienen de testimonio de la vida cotidiana en París, en los numerosos detalles que nos proporciona sobre la existencia de los parisinos: cómo celebran la Navidad, cómo se divierten y conviven (“la vida tradicional de París intenta renacer por todas partes”, p. 18), los deportes que practican, qué fue de la industria del lujo (pp. 39 y 40), de las revistas de humor (p. 31), cómo funcionan los transportes, en qué consiste la aportación de las francesas a la guerra, sin que falte la comparación con las inglesas (pp. 25, 26, 35, 83..), o qué suerte corren los animales (“la guerra es fatal para los perros”, nos dice, “sobre todo para los perros chicos”, p. 54). Nos cuenta también, valgan estos detalles de los variados intereses de estas crónicas, que los ingleses han adoptado como símbolo las <em>amapolas de Flandes</em>, mientras que los franceses tienen como insignia las <em>florecillas azules</em>. Y que el 1 de mayo, París se engalana de <em>muguet</em> (lírios del valle), símbolo de la buena suerte, del optimismo y la confianza (p. 323). A la celebración de esta fiesta en Bruselas, se refiere María Enciso en su <em>Europa fugitiva</em> (1941). En fin, se ocupa de innumerables detalles más en los que no podemos detenernos. No importa solo lo que cuenta, sino también los temas que escoge y el tratamiento que les da. Lo que pretende, nos dice, es mostrarles a los lectores la verdadera vida de París. Y eso sí creo que está logrado, aunque solo sea una parte de lo que allí sucedía. </p><p>Cualquier lector exigente se preguntará por qué el autor se prestó a edulcorar la realidad, si acaso tuvo alguna otra alternativa profesional, puesto que debía sobrevivir con su familia, tras abandonar una España en guerra en la que su vida corría peligro. Chaves Nogales nos proporciona algunos datos sobre cómo trabajaba, cuáles eran sus hábitos y contactos. Así, confiesa, desmitificando sus fuentes, que “para ser un periodista bien informado en París, basta dar los buenos días a la portera y tomar café en el mostrador del bar de la esquina”; a la vez que reconoce que, en ocasiones, se basaba en los “genuinos órganos de opinión” franceses (pp. 164, 247 y 338). </p><p>Durante sus años de estancia en París gobierna Francia<strong> Edouard Daladier</strong>, un político de centro izquierda, radical socialista, que, tras la invasión de Finlandia por la Unión Soviética, dimite el 21 de marzo de 1940; y al que sucede <strong>Paul Raynaud</strong>. De ambos se ocupa con más detenimiento en el libro de 1941. Chaves Nogales se muestra muy afrancesado: admirador de las decisiones del gobierno francés sobre la preparación ante la guerra, y de las conductas de los ciudadanos, la “disciplina de la masa” (p. 11), minusvalorando y menospreciando siempre a los alemanes, quienes —no lo olvidemos— derrotaron a los franceses, tomaron París y ocuparon la mitad de Francia. Se muestra optimista y confiado en el resultado de la guerra, de la derrota de alemanes e italianos. Es necesario tener en cuenta el contexto en que se escriben los artículos, el fin que pretenden al difundirse en América Latina y Canadá, pero sorprende que no recuerde la crueldad con que el gobierno francés trató a los exiliados republicanos españoles, quizá porque no era eso lo que entonces tocaba contar. </p><p>Chaves Nogales no fue un periodista y escritor <em>equidistante</em>, como se ha dicho, sino un ferviente defensor de la República española, de la democracia y la libertad, y un crítico feroz del nacionalsocialismo, del fascismo (representados por <strong>Hitler </strong>y <strong>Mussolini </strong>y del comunismo. El <em>cocodrilo</em>, al que se refiere en tres crónicas, es Hitler, la Alemania nacionalsocialista, como hoy serían <strong>Putin </strong>o <strong>Trump</strong>, (pp. 162, 288 y 326). A finales de 1939, comenta que “la eliminación de los comunistas que impedían la función parlamentaria normal es absoluta” (p. 73). Para muchos de los que todavía no se habían desengañado, definitivamente lo hacen tras el pacto de no agresión entre Alemania y Rusia, firmado en 1939.</p><p>En estos artículos, pues, Chaves Nogales denuncia las mentiras de los políticos alemanes, la intimidación constante y su obsesión por las armas secretas (pp. 92, 93), aunque las considere tan inoperantes como inexistentes. Se preocupa por las grandes masas de refugiados que llegan a la ciudad, él mismo era uno de ellos, quienes consideran París un territorio de libertad, aunque pronto dejará de serlo, y tendrán que buscarse una salida, siempre difícil, que los lleve a Inglaterra, Portugal o Estados Unidos. Compara, a menudo, las dos guerras mundiales, y recuerda, en varias ocasiones, la batalla de Verdún (1916), e incluso cita la novela de Remarque, <em>Sin novedad en el frente </em>(1929), cuyo título remeda en el primer artículo del libro.</p><p>La prosa de Chaves Nogales es la propia de una crónica, en el estilo habitual del periodista republicano que, en estos casos, utiliza breves artículos. Pero no faltan destellos de escritor en el cuidado de la estructura, de los comienzos y finales (véase el desenlace de “París festeja el aniversario de Verdún esperando el ataque nazi”, p. 212), en la descripción de las atmósferas, en los retratos de los personajes o en la importancia que le da a los objetos, a los detalles, o en las repeticiones retóricas, que, por fortuna, no prodiga (solo las observo en las pp. 56, 57, 170, 171, 337 y 364). Pero fíjense también en conceptos como <em>guerra total</em>, <em>guerra podrida</em> y <em>quinta columna</em> que utiliza en numerosas ocasiones. Se vale, además, de palabras francesas, alemanas, italianas e inglesas, voces que volvemos a encontrar en otros libros suyos.</p><p>En diversos momentos, se muestra interesado por las artes, por diversos artistas (los nombres de <strong>Josefina Baker</strong> y <strong>Mauricio Chevalier,</strong> castellanizados, se repiten, y no son los únicos), ya sean escritores, ya músicos, con alusiones a la ópera y al teatro, a diversos espectáculos como el circo (el Medrano), o la literatura, sobre la que puede leerse, doy un par de ejemplo, muy interesantes: “Actos en París en memoria del novelista Zola” y “El destino de la <em>pax</em> y el destino de una generación” (pp. 277, 278 y 331-333). Y se refiere a la movilización de los hombres de la cultura, convertidos en soldados (p. 12). Con ello, trata de mostrarnos una ciudad que intenta seguir viviendo con una cierta normalidad. </p><p>Pero cuando los alemanes se acercan a París, Chaves Nogales, con ayuda del gobierno, se traslada a Gales, partiendo de Burdeos, para acabar en Londres. Los trabajos escritos en la capital inglesa compondrán el segundo volumen del mal llamado <em>Diario</em>, de los tres que componen el conjunto, donde se ocupa de la bochornosa huida de la élite política a Inglaterra, que debió recordarle el traslado del gobierno republicano español a Valencia, en plena Guerra Civil. El último artículo del volumen que nos ocupa data del 13 de junio de 1940, un día antes de la entrada de los alemanes en París (el 9 de junio, comenta: “la ocupación de París por los alemanes es un imposible metafísico”, p. 380); mientras que el primero que escribe en Londres está fechado el 12 de octubre de 1940. Quizá, durante esos cuatro meses, debió de dedicarse a escribir <em>La agonía de Francia</em>. </p><p>El libro vale tanto por la impresión general que produce como por sus detalles sobre la vida cotidiana, las costumbres de los franceses, los sentimientos de los ciudadanos y las esperanzas de los políticos. Lo que llama la atención, como hemos advertido, es que su interés por España casi desaparece (las excepciones se encuentran en las pp. 85, 86 y 351), centrándose en la Segunda Guerra Mundial, aunque tanto el segundo volumen como en el libro de 1941 se ocupe de nuestro país en varios capítulos. </p><p>En un artículo titulado “Es increíble hasta donde llega, en su extravío moral, la propaganda nazi” (pp. 312 y 313), publicado el 25 de abril de 1940, se refiere hasta en cuatro ocasiones a <em>la guerra podrida</em> imaginada por Hitler y llevada a la práctica por <strong>Goebbels</strong>. Y vuelve a utilizar la expresión varias veces más (pp. 329, 337, 341, 346, 352 y 371). Esa insistencia me ha llevado a pensar que era un título adecuado para esta reseña.  </p><p>El prólogo de Yolanda Morató resulta útil, valioso por las notas y el resto de las informaciones que nos proporciona, pero echamos de menos que se hubiera aclarado mejor las condiciones en que se gestaron los textos, tal y como hace en su libro sobre<em> Los años perdidos (1940-1944) </em>(Renacimiento, 2023), así como los trasvases de las piezas de una lengua a otra. A pesar de todo, el prólogo y las notas resultan necesarios para entender el sentido y valor de estos artículos. </p><p>Sea como fuere, tras las nuevas aportaciones, los estudiosos y biógrafos tendrán que rehacer sus trabajos, porque los nuevos datos de que disponemos, y se anuncian más por salir, cambian la visión que teníamos del autor, de su obra; sobre todo, tras la salida de España en 1937. A pesar de todos los pesares, estos artículos lo confirman como el gran periodista que sabíamos que fue. Creo que el mayor elogio que puede hacérsele es que si alguien quisiera saber cómo era la vida cotidiana en París entre 1939 y 1944, las expectativas que tenían los franceses ante la guerra, hará bien en leer este conjunto de crónicas.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fosa abierta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fosa-abierta_1_2196123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10ba96a5-4c24-4110-819a-7c416fd820c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fosa abierta"></p><p><strong>Anagrama. 2026.</strong></p><p>En <em>La fosa abierta</em>, Brigitte Vasallo nos muestra dos búsquedas: la de la memoria de una emigrante gallega en Francia y Barcelona, donde se cuenta la historia de madre e hija, una historia marcada por la violencia y la incomprensión, y a la vez el viaje hacia la reparación de una identidad de clase marcada por la diáspora.</p><p><em>Txarnega</em> (tal cual), <em>diáspora</em> —antes que migración—, <em>villanos, paganos, campesinado</em>, serán palabras que se cruzan en un libro que se nos muestra como un diario de indagación. Indagación no solo en la biografía personal, sino en las raíces del cambio del Antiguo Régimen al Régimen Capitalista y su impacto en las relaciones humanas, en la mutación de la sociedad rural en sociedad urbana y la consistencia de la sociedad de clases en que vivimos, a pesar de que las apariencias de luces de colores del capital nos induzcan a creer que habitamos la Edad de la Clase Media.</p><p>El viaje personal se inicia con un planteamiento, también, de clase. Brigitte intenta contactar con aquellos que fueron los señores de la madre —criada, <em>bonne</em>, en París— para entablar una relación que supere las diferencias de clase. ¿Quién es ese señor Charmat que nunca contesta los correos electrónicos, que debe de estar jugando al golf o criando viñedos? Es la representación de la clase social, el miembro de aquella burguesía francesa que empleó a tantas chicas españolas en París, en el XVI <em>arrondissement</em>, y las moldeó para el buen servicio. Brigitte rescata una joya bibliográfica de la humillación y el clasismo: un irónico manual de <strong>Solange Fasquelle</strong> para que las señoras francesas aprendieran a tratar a sus criadas.</p><p>El señor Charmat contestó un día al teléfono, pero no entendió el viaje que había iniciado Brigitte. No lo entendió porque le importaba bien poco. Al fin y al cabo, las criadas nunca formarán parte de la memoria familiar en un edificio del XVI <em>arrondissement</em>. Esa madre, ya casada, se asentó en Barcelona. Fueron gallegos en el Clot (yo fui andaluz en el Clot). Brigitte no tardó mucho en huir de un hogar violento que no comprendió sus opciones —es tan evocador para nuestra generación, y tan performativo, el odio de la madre hacia Gloria Fuertes y cómo apaga la televisión mientras se emite <em>Un globo, dos globos, tres globos</em>—. Brigitte tardará mucho tiempo en volver a Chandrexa de Queixa —Ourense, Galicia— el lugar del origen, donde se inició la diáspora, porque allí es donde, a través de entrevistas y confesiones familiares, vecinales, obtendrá el itinerario que conduce a la txarneguidad: la clase social campesina trasladada a las ciudades como mano de obra barata.</p><p>Ese retorno a Galicia localiza la memoria y abre el camino a la comprensión de la diáspora. Una pregunta recorre el libro: <em>¿Por qué éramos pobres?</em> Esa es la única marca, ser pobre, atravesada de respuestas varias sin sentencia, pues late de fondo la aceptación de que no pudo ser de otra manera: porque la tierra es mala, porque había mucha miseria, porque éramos ignorantes, porque nuestra familia siempre fue pobre, porque teníamos muchos hijos…</p><p>Brigitte Vasallo profundiza entonces en las raíces de esa diáspora de la clase campesina, y las sitúa en la imposición del sistema capitalista: el alumbramiento de la mano de obra, las fábricas, la abolición de la esclavitud y la aparición del proletariado. Pudo ser de otra manera, quizá, en el mantenimiento de unas sociedades campesinas de subsistencia, pero que no eran, de ningún modo, útiles a la burguesía ni al sistema de explotación laboral que se abría paso con un objetivo: desintegrarlas en pos del mercado de consumo.</p><p>Este libro, que es un diario escrito en varias lenguas —anoto: castellano, galego, catalá, italiano, dialectos itálicos…—, avanza en las razones e intenta la investigadora contrastarlas en sus trabajos de campo en Galicia, Italia —donde los <em>terroni</em> son los <em>charnegos</em>—, en los paralelismos entre los perros y los proletarios, en los retratos de los serios ministros españoles del XVIII, en los planes franquistas contra el campesinado. Persiste en la búsqueda de una explicación al milagro económico del siglo XX: la diáspora de campesinos explotados que aunaron manos y vidas, con los proletarios y campesinos que allí ya estaban, para levantar los emporios alemanes, catalanes o vascos. Fueron los campesinos y jornaleros provenientes del campo andaluz, gallego, murciano, turco, siciliano, la fuerza extractiva, trasplantada, mimbres de “la mutación antropológica” de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vigencia-atemporal-pasolini-viviendo-consecuencias-advirtio_1_2127624.html"  >Pasolini</a>. Procedentes de una tierra de expulsión hacia una tierra de explotación, señala la autora, pues de la diáspora surge irremediablemente la herida que no sana porque nadie atiende.</p><p>Si ya sabemos quién es el señor Charmat y lo que significa, ¿quiénes son esta gente que vino de fuera y ahora quiere reivindicar su propia historia? Esa es la pregunta que la identidad catalana no puede aceptar. La irresoluble relación entre comprensión de clase e identidad nacional atraviesa también el discurso nacionalista catalán, por muy a la izquierda que se ubique. Brigitte Vasallo impulsó un Festival de Cultura Txarnega en Barcelona, en 2019. Fuera de Cataluña, y quizá fuera de aquel momento del <em>Procés</em>, sea difícil entender que la búsqueda de una identidad de clase pudiese pisar tantos callos. Desde luego, un Festival de Cultura Txarnega debía ser mejor noticia que una Feria de Abril en Cataluña. Busco en las crónicas, reconozco nombres como <strong>Juana Dolores </strong>o <strong>Anna Pacheco</strong>. Leo cartas, columnas, que acusan a la búsqueda de la txarneguidad, un concepto quizá ya obsoleto y que solo puede obtener un reconocimiento de traza cultural en el amplio y absorbente sistema cultural catalán, de ser una quintacolumna españolista. No sé si fue españolista, pero sí fue fuerza de trabajo procedente del actual Estado español, por definición irremediable; pero fuimos la fuerza extraída que sigue buscando qué nos llevó de un lugar a otro, y eso no lo resuelve la asimilación y el prensado. Está claro que aquel festival no lo entendieron: la txarneguidad viene ahora, pero de otra latitud.</p><p>Txarnegos y txarnegas serán catalanes, indiscutiblemente, pero son catalanes con una bio-historia de diáspora y desarraigo. Quienes lo han sido, lo saben. Son casi-catalanes en el interior del país. Lo son cada vez más, apunta la autora, porque cuentan con una generación de más en su haber, porque son blancos y cristianos, porque no forman parte de los nuevos miembros de la diáspora —los africanos, los sudamericanos—, pero son también extranjeros en su retorno. Brigitte fue gallega en Barcelona y catalana en Chandreixa; fuimos andaluces en Cataluña y catalanes en Andalucía: lo sabemos, y en ambos territorios persiste el prejuicio. Serán pues marroquíes en la Garrotxa y catalanes en el Rif. Serán bolivianos en el Priorat y catalanes en el Altiplano. Senegaleses en Mataró y barceloneses en Dakar.</p><p>Brigitte Vasallo apunta que no somos, pues, ni chicha ni limoná, sino que estamos en el tránsito, en lo <em>queer</em>, en la no-identidad. Para alcanzar esa no-identidad hay que contemplar cómo el tiempo y el espacio han atravesado la clase social. El espacio queda desmentido en la abolición de los discursos burgueses (como el no-lugar de <em>Augé</em>); el espacio es el camino. El tiempo, debe habitar, como el olvido, en la memoria de una clase social extirpada que aún busca el suyo. El tiempo todo lo sepulta, pero queda la marca indeleble de la procedencia, de aquellos que hicimos el camino: el de ida y el de retorno, y buscamos aún saber quiénes fuimos y quiénes somos. Brigitte, sigue buscando y nos cuentas.</p><p><em><strong>* Alfonso Salazar </strong></em><em>es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La fosa abierta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/esperamos-literatura-novela-policiaca-condicion-humana_1_2196110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25cf868c-023c-4451-9d5b-ce3ec368642e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana"></p><p><strong>Lumen. 2026.</strong></p><p>En <em>Contra las cosas sin gracia</em> (1961) Iris Murdoch exigía a la novela dar cuenta de la opacidad de las personas convertidas en personajes, ir en literatura más allá de un concepto optimista de personalidad. En mis clases de literatura comparada, cuando analizo ciertos textos críticos que intentan una revisión del canon literario, observo que en ocasiones tal revisión implica un cierto “descontento” con los personajes por sus contradicciones. </p><p>Es un tema muy complejo que no puedo analizar aquí con detenimiento, pero a veces comento en clase: en el fondo, ¿qué esperamos de la literatura? ¿Que nos cuente la vida como es o como nos gustaría que fuera? ¿Que nos lleve a asomarnos a los abismos o nos niegue la difícil e incómoda conciencia, parecida a arena entre los dientes, de que personas bondadosas puedan tener sus miserias, prejuicios o sencillamente opiniones que nos escandalicen (algo, por otra parte, fácilmente comprobable en la vida)? ¿Que los personajes sean como somos o como quisiéramos ser? Me apresuro a decir que la literatura puede presentar también espléndidos personajes construidos como nos gustaría ser o incluso anticipar modelos de individualidad antes de que esos existan, pero siempre desde una clara conciencia de la complejidad humana.</p><p>La realidad tiene la mala costumbre de no responder siempre a nuestras ideas sobre ella. Y tal vez en ningún lugar quede más patente eso como en la gran novela policiaca. Llego por fin a hablar de <em>Asesinato en el Molino del Cura </em>(Lumen, 2026)<em> </em>de <strong>Arantza Portabales</strong>, pero las ideas que acabo de exponer están de algún modo conectadas con la impecable exploración de la condición humana que hay en este libro, protagonizado, como el anterior, <em>Asesinato en la Casa Rosa </em>(Lumen, 2025)<em>, </em>por la detective (ahora abogada) Iria Santaclara. </p><p>En una trama perfecta y sofisticada, medida al milímetro igual que un mecanismo de relojería (los escritores tenemos mucho que aprender de novelas policiacas excelentes como esta), encontramos personajes muy complejos precisamente porque Arantza Portabales deja espacio a la opacidad que reclamaba Murdoch, deja aflorar lo que no queremos ver, lo que nos desazona: las aguas turbias de los seres humanos. Las cosas no son lo que parecen, ni las personas-personajes son lo que parecen. </p><p>Hay una mujer infeliz que intenta conocer un pasado que se le ha ocultado, Alba, unas familiares con actitudes siniestras, las hermanas Freijomil, un primo envolvente, Mikel, una inspectora convertida en abogada (Iria Santaclara) que intenta ayudar a Alba, la simpática Sinda, el telón de fondo del pueblo gallego de Loeiro donde una calma tensa agita los peores presagios. Con mano firme y una prosa que se bebe más que se lee (no pude desprenderme de la novela hasta que la acabé), Arantza Portabales ha escrito una gran novela policiaca porque ha revelado en unos personajes redondos, inolvidables, desasosegantes, los pliegues, los recovecos y los abismos de la condición humana. </p><p><em><strong>* Ioana Gruia</strong></em><em> es escritora y profesora de Literatura.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <title><![CDATA[Palabras a puñetazo limpio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palabras-punetazo-limpio_1_2196101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a803871-5d6a-4f56-9c63-52a8850b608d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabras a puñetazo limpio"></p><p><strong>Efe Eme. 2026. </strong></p><p>"David González no sólo era el mejor de nosotros, con diferencia, sino el mejor autor de los últimos tiempos en este país tan grosero con sus artistas".</p><p><strong>Montero Glez</strong></p><p>"Una tarde, en València. Hace muchos años. Un café donde se celebraba una reunión de poetas. Leían. Bebían. Yo era uno de los que sólo miraban y escuchaban. De repente uno de los lectores se subió a una mesa y casi a gritos nos metió en vena <em>Si me pagaran un millón de dólares por este poema</em>, del escritor argentino <strong>Raúl Núñez</strong>. Desde que lo vi subido a aquel altar prodigioso nunca dejé de leer a <strong>David González</strong>. Se parecían tanto él y Raúl, que ya había muerto hacía unos años, en la primavera de 1996. En su vida. En su escritura. En la dureza de sus historias. Ahora Efe Eme recupera toda la obra de Raúl y acaba de publicar la narrativa completa de David: <em>Huellas en el polvo</em>, con prólogo y epílogo de <strong>José Ángel Barrueco</strong> y <strong>Vicente Muñoz Álvarez</strong>. Por cierto, el poema de Raúl también lo grabó <strong>Loquillo</strong> en uno de sus discos". </p><p>Este párrafo lo escribí para <strong>infoLibre</strong> con motivo del último Día del Libro. Y cuando lo recupero para esta ocasión añado lo que dijo <strong>Víctor Guillot</strong> en un mensaje de esos que circulan por las redes y que me pierdo si algún amigo —como ahora— no me lo hace llegar por los conductos <em>normales</em>: "Era un gran poeta y un boxeador que golpeaba con las palabras cuando recitaba". Así, como a puñetazo limpio, lo recuerdo abriendo grietas en la sala aquella tarde valenciana ya en la lejanía, dejando bien claro que para él la poesía no era un sitio confortable sino un descosido en el techo que te deja sin remedio a la intemperie.</p><p><strong>Sin futuro, sin presente</strong></p><p>Leer ahora los relatos de David González es volver a transitar itinerarios que han sido borrados del mapa. No todos los itinerarios, claro: los suyos, que fueron los de toda su generación. Había nacido en el pueblo asturiano de San Andrés de los Tacones en 1964 y murió en Gijón en 2023. Nunca miró a la vida de reojo. Siempre la tuvo enfrente, casi diría yo que en su contra. Tampoco él se lo puso fácil a esa vida, a esos itinerarios que eran los de gente poco dispuesta a ningún conformismo. La poesía, por desgracia, es un territorio domado por ese conformismo. Si la poesía no tiene nada que ver con el mundo en que vives, no se merece ni compasión ni paciencia, escribía <strong>René Char</strong>. ¡Qué bien se aplicaba David esa afirmación tan contundente de uno de mis poetas favoritos, si no el que más! Nunca dejó de escribir, incluso en sus peores tiempos (que fueron demasiados). Dentro y fuera de la cárcel. En su habitación propia o en las que fue habitando a lo largo de su vida. No sé si he conocido y leído a alguien más respetado y querido por sus camaradas en la resistencia para que la literatura no fuera una mierda pinchada en el palo de la tranquilidad. Por eso las historias de <em>Huellas en el polvo</em> son combates hasta el KO frente a la escritura y lectura con efectos melatonina. Personajes que se saben no sin futuro sino sin presente, que sin embargo escarban en lo más profundo de lo humano y se descubren en esa lucha por lo imposible que es la vida demasiadas veces. Lo que escribía <strong>Robert Lowell</strong>: "¿Por qué continuamos esperando / que la vida sea fácil, / cuando sabemos que no lo va a ser nunca?"</p><p>El mundo de David González era de este mundo. Aunque una lectura de su obra literaria pueda aparentar lo contrario. Escribir es situarte a un lado de la frontera que separa la clase a la que perteneces. Porque de eso hablamos cuando hablamos de literatura o de lo que sea. ¿De qué lado estás, eh, de qué lado estás? Ahí la pregunta del millón de dólares, como el poema de Raúl Núñez que leyó David una tarde en València: ¿de qué lado estás cuando escribes, de qué lado cuando eliges leer lo que lees y no otra cosa diferente? La equidistancia es mala consejera para casi todo. Y en la literatura, ya ni te digo…</p><p><strong>Si la literatura no es incómoda…</strong></p><p>Pero hay algo fundamental en los relatos de <em>Huellas en el polvo</em>: esa humanidad, esa nobleza, que respiran sus protagonistas. La figura familiar del padre. De la madre. De los colegas. El corazón que ya ponía el autor en sus poemas. La realidad a la que entraba sin máscaras de ninguna clase: «Yo no soy un poeta de ficción», escribe en <em>La canción de la luciérnaga</em>. Y aunque lo fuera, es de los que sabe que la ficción no miente. De ahí que tampoco mientan los relatos de este libro tan violentamente hermoso. De ahí que tengamos que agradecer a la editorial Efe Eme la recuperación de la obra narrativa de un poeta inmenso: "Uno de los acontecimientos editoriales del año", dice <strong>Montero Glez</strong>, otro de los muchos que saben lo que dicen cuando hablan de David González.</p><p>La dureza de los relatos es incuestionable. También la literatura lo es, o debería serlo. Toque el palo musical que toque, la literatura es incómoda sí o sí. Si no, estamos hablando de otra cosa. El vecindario de <em>Huellas en el polvo</em> nunca lo ha tenido fácil. Apunta en el prólogo <strong>José Ángel Barrueco</strong>: "Pocos escritores tan dotados en España para la recreación de los ambientes del lumpen, la pobreza y la miseria, lo marginal y la clase trabajadora". Sabía muy bien David González de qué lado estaba cuando escribía, cuando vivía, que para él eran una misma cosa. Hay muchos relatos en este libro. Siempre hay elecciones a la hora de quedarte con unos cuantos en la cabeza. Posiblemente escogería uno entre todos los demás: <em>El camino de regreso a casa</em>. Pero hay donde elegir. Seguro que son muchas y variadas las preferencias en las dos partes de que consta el libro: textos inéditos y otros rescatados de revistas, fanzines y antologías que permanecían en el olvido o prácticamente desaparecidos.</p><p>Ya acabo. No con palabras mías. Con las que escribe <strong>Vicente Muñoz Álvarez </strong>en el epílogo: "Conservad este libro, pues, como oro en paño, queridos drugos, el corazón de nuestro mejor guerrero late, como un tambor de guerra, en él". A ver si nos vemos en <em>Huellas en el polvo</em>, ¿vale? A ver si nos vemos...</p><p><em><strong>*Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro, recién publicado, es '</em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-convertida-talisman_1_2167912.html"  ><em>Singapur</em></a><em>', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Rota: "Me niego a morir aceptando que nos han quemado la memoria o que nos han vencido"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cristina-rota-publica-memorias-familiar-desaparecido-queda-herido-vida_1_2196328.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f1e318a2-2fb7-4969-a480-2205ebc54616_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Rota: "Me niego a morir aceptando que nos han quemado la memoria o que nos han vencido""></p><p>"Este libro no va de mí, no lo hubiera escrito de ser así. Sí me parecía interesante dejar un alegato sobre mi generación y la de nuestros hijos", asegura a <strong>infoLibre </strong>Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945), que, por una vez y sin que sirva de precedente, abandona el universo de la interpretación y llega a las librerías con <em>Una historia de teatro y resistencia </em>(Grijalbo, 2026). Una autobiografía a su pesar: una memoria viva, fragmentaria, atravesada por la experiencia de la violencia, la pérdida y la reconstrucción</p><p><strong>¿Qué le lleva a una a escribir unas memorias?</strong></p><p>Fue un error [risas]. Esto fue por una editora de Penguin, Ana Pérez, que me mandó varios correos y yo dije: "¡Ay, no! ¿pero esto qué es? Ahora no tengo ganas, no tengo tiempo”. Al final contesté y quedamos, aunque yo, en mi cabeza, ya había dicho que no, porque me preguntaba: "¿Para qué unas memorias? ¿a quién le interesa eso?". Me parecía muy narcisista, no me interesaba. Pasó el tiempo y, sin embargo, me puse a escribir, porque yo escribo mucho para mí, por impulsos, para que no me quemen la memoria. De repente, empecé a asociar mi infancia y mi entorno con la infancia de Chéjov, con las diferencias con Singer y luego con Lorca, y empecé a pensar en un cuento de Cortázar, <em>Lejana</em>, y en hacer una reflexión sobre la historia de tantas mujeres y tantos hombres desde el principio de los tiempos.</p><p><strong>¿Qué siente al mirar atrás y ponerlo por escrito?</strong></p><p>Por un lado, como diría Chéjov, me resultaba muy doloroso, ya que el recuerdo y el túnel del tiempo es como si me clavaran un cuchillo en el estómago. Por otro lado, era alentador también sentir que de eso va el libro, en realidad, de eso hablé todo el tiempo y no me daba cuenta: de que todos vivimos bajo un mismo cielo. Después fui ordenando los impulsos y recordando mi infancia con aquel río de La Plata tan doloroso durante los años siguientes, las villas miseria, el campo, luego el cementerio del otro lado... Me acordaba mucho de Chéjov en Taganrog, donde él vivía, con ese puerto destrozado, como nosotros. Vas pensando en tantas historias, y en ese cuento de Cortázar en el que ella piensa todo el tiempo en esa otra tan lejana que se puso a recorrer el mundo para encontrarse con aquella otra desposeída, sumida en el hambre, la desesperación, y en el medio del puente se dan un abrazo y por fin las dos son una, y ella desaparece para convertirse en esa otra tan lejana. Me persiguió todo el tiempo este pensamiento doloroso y alentador, por lo que este libro trata en realidad de eso, de pasar por el corazón.</p><p><strong>Impresionan los episodios de violencia y abuso sexual contra las mujeres en la infancia y la adolescencia. Y lamenta que no haya avanzado tanto el mundo como parece.</strong></p><p>No ha avanzado tanto, no. Yo estaba más preparada por mi madre, que era mucho más avanzada. Por eso yo le llamo <em>ricordis</em>, que es renovar, renacer, volver a pasar por el corazón. Es una palabra muy delicada, ya que <em>cordis </em>quiere decir corazón y antiguamente se consideraba el corazón el centro de la memoria y los sentimientos. Se trata de que no te quemen la memoria, ni la remota ni la presente, porque gracias a la remota uno puede hoy, en el presente, elaborar y leer los indicios de los peligros que acechan nuestro tiempo, y a lo mejor, quizá, <em>maybe</em>, <em>perhaps</em>, intentar atajar los peligros del desamor, de la insolidaridad y la impiedad. Por eso digo que mi historia es la tuya, la de la otra y la de aquel tan otro. Porque todo depende de que miremos nuestras raíces, nuestra memoria, y a quién le debemos la gratitud que nos hace crecer como seres humanos.</p><p><strong>¿A quién le tiene gratitud?</strong></p><p>Yo le debo tanto a aquellos maestros y profesores a los que echaron de la universidad, que eran perseguidos y nos daban clases clandestinas. Eso es arriesgar la vida. Esas son de las cosas que más te enseñan.</p><p><strong>¿Puede este libro, la memoria de Cristina Rota, ser un manual de activismo y resistencia para las nuevas generaciones y que comprendan la importancia de defender las democracias incluso con el cuerpo? Tenemos a líderes de ultraderecha negacionistas en todo el mundo, y en Argentina, concretamente, a Milei, negando las cifras de desaparecidos en las dictaduras. Qué importante es contar una vida que es la de tantos, como bien dice.</strong></p><p>Me niego a morir aceptando que nos han quemado la memoria o que nos han vencido. Yo no quería hablar de mí, sino de toda esa generación y dejar testimonio de eso para que no nos quemen y no nos venzan. Aquí también se lucha mucho por la memoria, aunque no sé qué resistencia hay. A pesar de este hombre que acabas de nombrar, que es un narcisista innombrable, en Argentina se siguen destapando fosas y acaban de encontrar una en La Perla, en Córdoba, e iban ya por el cadáver número 15. Todo en una fosa común, al estilo Hitler, y se sigue trabajando por eso a pesar de ese presidente. Por eso digo que es no vencerte. Y yo creo que este libro es, definitivamente, un homenaje a toda mi generación, a mis maestros, a la lucha, a la resistencia de no entregarse a los mandatos de una dictadura que destroza las libertades y la cultura, y que en aquella época sumía en el hambre a las clases más empobrecidas. Y, cuidado, que asesinaba y aniquilaba indiscriminadamente a todo aquel que no pensara como ellos.</p><p><strong>¿Nos encaminamos a cometer errores que ya se cometieron antaño? ¿Hemos dado por sentada la democracia?</strong></p><p>Es que no se puede dar por sentado nada. Decía un gran maestro de psicología social, Enrique Pichon-Rivière, y también Ricardo Bauleo, que no existe lo obvio, que no hay que dar nunca las cosas por sentadas, ni aun en tu propio grupo, en tu propio entorno, en una clase, en la sociedad. No hay que darlas, hay que pelearlas siempre, porque está el oponente que te vence para aniquilarte. Ya decía Lorca que el teatro es una de las herramientas más útiles y más altas para el engrandecimiento de un pueblo, porque no sólo está el representarlo, está el escribirlo, y eso implica un compromiso enorme con la vida. También se enojaba mucho Chéjov con los que le mandaban guiones, y les decía: "Mire, vaya, viva, y luego vuelva. [risas[ Váyase a la India, váyase a la estepa, vea cómo vive la gente pobre y cómo sufren". Y él hacía lo mismo.</p><p><strong>Menciona muchísimo a Lorca y a Chéjov en este libro.</strong></p><p>Bueno, sí... Son dos amores. Además, se lo traspaso a los alumnos, aunque no solo ellos dos, por supuesto.</p><p><strong>Resistencia y teatro son dos palabras que quedan muy bien juntas y explican, en este caso ya sí, una vida muy particular como la suya.</strong></p><p>El teatro me salvó la vida. También la complicidad de mi madre en eso, porque era muy difícil en esa época, así como una educación que venía de Perón, donde teníamos teatro universitario profesional, actividades extra y coprogramáticas de música, de pintura... Yo trabajé en la universidad porque entré en el teatro universitario, y eso fue como tener una cosmovisión del saber de la época que no hubiera tenido de otra manera. Eso me permitió hacer una catarsis tan grande, porque ahí era todo el rato expresar lo que sentías y de la forma en que deseabas. Fue extraordinario. </p><p><strong>Después de haber recordado y plasmado por escrito todos aquellos años, ¿qué diría que le sigue dando el teatro a día de hoy?</strong></p><p>Ahora es diferente, pero es una resistencia, francamente. Me resisto a que se cumpla el designio de Orwell del neohabla, a que maten el lenguaje a través de las redes, a que se muera ese caminito de palabras que son los adjetivos y los adverbios. Me niego a la limitación del lenguaje y a morir aceptando que nos han vencido, y hasta el último día de mi vida quiero dejar legado de gente que piensa, de hacer escuela de pensamiento. Y el teatro es una de las cosas más grandes en ese aspecto, porque hay que saber mucha, mucha dramaturgia, mucha historia, mucha antropología, mucho del ser humano y tener mucho compromiso con la vida para saber qué te está pasando a ti y qué le pasa al otro. Esa grandeza que tiene poder ver al otro y tener piedad por ti y por él.</p><p><strong>Da mucho que pensar la definición que hace de “desaparecido”: una persona que no está ni viva ni muerta, sino que tiene una tercera identidad, que muere todos los días y no muere nunca.</strong></p><p>Todos los que desaparecieron a la gente en la dictadura estaban muy bien asesorados por psicólogos y sociólogos. Efectivamente, es una tercera identidad, no está ni vivo ni muerto, y así no se puede acusar a nadie, pero el familiar queda herido para toda la vida, en un duelo permanente que no se resuelve nunca porque siempre está esperando. Te puedo asegurar que eso es así por toda la gente que he conocido y por nosotros mismos. </p><p><strong>Tras su llegada a España en 1978, cuenta también que le costó asumir que usted misma era una exiliada.</strong></p><p>¿Sabes qué pasa? Que para mí llamarme exiliada, llamarnos exiliados a mí y a mis hijos, era un privilegio, un estatus que me daba vergüenza, como buscar respeto o aprobación. Por respeto a tanto desaparecido, torturado, violado, a tanto dolor de madres y padres, no pude nunca. Jamás dije que era exiliada ni comenté lo que me había pasado, la gente se fue enterando por otros exiliados, por amigos, pero no por mí. Igual que tenía mucha vergüenza de llorar, era como un permiso que me resultaba vergonzoso.</p><p><strong>A pesar de todo el dolor, a partir de la mitad de la historia, las páginas del libro parecen reflejar cada vez más luz con los avances de la escuela de teatro en Madrid y el juicio a los dictadores en Argentina. ¿La lucha de toda una vida puede conseguir que entre la esperanza por alguna rendija?</strong></p><p>Sí, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/teatro/ismael-serrano-revive-antonio-machado-teatro-cantando-serrat-golpe-golpe-verso-verso_1_2194887.html" target="_blank">Machado</a> decía eso hacia el final de su vida, en el 37: "Quizás no nos hayan vencido, quizás a la larga nosotros seamos los vencedores". En el 85, verdaderamente, aunque Alfonsín estaba con las dos botas puestas a cada lado de sus orejas, se atrevió a llevar adelante un juicio que nadie sabía lo que le podía costar. El alegato final que hace el fiscal es un poema que escribe con Carlos Somigliana, un dramaturgo argentino maravilloso de los que no mataron. Que, por cierto, me enteré en el 85 de que estaba vivo, porque yo ya no sabía a quiénes de los nuestros habían matado y a quiénes no. Pero llegar ahí requirió mucha muerte y una gran lucha, porque, además, la reparación vino en 2004, pero se empezó en el 85. Fue muy reparador, pero, en fin, como ves, este libro no va de mí, no lo hubiera escrito de ser así.</p><p><strong>El caso es que se supone que había dicho que no lo escribiría.</strong></p><p>Es que finalmente me llamaron y por supuesto que sí que había sido un sí, pero tácito. Yo nunca creí que había dado el sí y tuve que entregar lo que tenía, que eran cosas sueltas, pensamientos, impulsos... Y luego ya seguí escribiendo, porque sí me parecía interesante dejar un alegato sobre mi generación y la de nuestros hijos.</p><p><strong>Es también un acto de justicia vital y poética poder asistir al estreno de </strong><em><strong>Una noche sin luna</strong></em><strong>, protagonizada por su hijo </strong><a href="https://www.infolibre.es/la-memoria-que-somos/elvira-lindo-juan-diego-botto-conversan-infolibre-memoria-justicia-democracia_1_2118441.html" target="_blank"><strong>Juan Diego Botto</strong></a><strong>, en el Teatro San Martín de Buenos Aires, donde tantos buenos ratos pasó con su marido desaparecido, Diego Botto. ¿Esa también es una reparación?</strong></p><p>Sí. Y quizás sea una tontería, o arrogancia, pero siento que de alguna manera he cumplido con el padre de Juan Diego y María, y con todos aquellos compañeros y compañeras que lucharon conmigo, que tanto vivimos y sufrimos. Él me pidió que, si le pasaba algo, tratara de que los chicos no fueran unos tarados. Pues bien, no son tarados. Con eso he cumplido. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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