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    <title><![CDATA[infoLibre - Los Diablos Azules]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los Diablos Azules]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Salita de espera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/salita-espera_1_2181689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/45802a22-207d-41dd-8168-2a3146a20b04_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salita de espera"></p><p>Pocos son los momentos jocosos en la larga espera de los consultorios odontológicos, pero recuerdo un día en que la secretaria de la consulta del doctor Ferrer Auger de la calle Aribau, entre Diagonal y Travesera, en la ciudad de Barcelona, llamó a dos pacientes a la vez, uno para ortodoncia y otro para radiografías, y lo hizo con estas palabras: “Que pasen la niña Niño y el niño Gigante”. Mas nadie le vio la gracia.</p><p>Cuando vine a vivir a XXX, en 1984, la pandilla de los ociosos estaba formada por Mateo Lucas Pelayo, de 64 años; Nicanor Pérez González, de 61; Juan Benedito Castillo, de 58; Mateo Esparza Pérez, de 63; Francisco Blancas Blancas, de 84, y Mateo Sancho López, de 55. En 1990, falleció Blancas. En 1997, falleció Lucas. En 1998, falleció Esparza. En 2009, se incorporó al grupo Juan Rodrigues Soria, de 77 años. En 2010 se incorporó Pedro Santiago Gago, de 84. En 2011, fallecieron Pérez y Santiago. En 2012, falleció Sancho. Ahora acaba de fallecer Rodrigues. Benedito, con 87 años, vaga solo bajo los soportales.</p><p>Debió de impresionarle lo bien que montaba y desmontaba la grapadora porque en seguida enlazó sus piernas con las mías. Íbamos en el 180, en el asiento trasero, echados, y tapados con una manta color café. El coche circulaba marcha atrás por un túnel ferroviario. No sé quién era el tipo que conducía y de las tres bulliciosas mujeres sentadas en el asiento del copiloto luego se dijo que eran portuguesas. De cintura para arriba, mi compañera recordaba a Le Coq Sportif.</p><p><em><strong>*Francisco Ferrer Lerín</strong></em><em> (Barcelona, 1942) es filólogo, escritor, teórico de arte y ornitólogo de campo. Ha traducido a Flaubert, Claudel, Tzara, Monod y Montale. Cuenta con las siguientes publicaciones, entre otras: El bestiario de Ferrer Lerín (Galaxia Gutenberg, 2007. Premio Nacional al libro mejor editado), Fámulo (Tusquets, 2009), con el que obtuvo el Premio de la Crítica, Familias como la mía (Tusquets, 2011), Gingival (Menoscuarto, 2012), Arte casual (Athenaica, 2019) y Poesía reunida (Tusquets, 2023). Acaba de publicarse Metazoa. Presencias faunísticas (Jekyll & Jill, 2026).  </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:01:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Ferrer Lerín]]></author>
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      <title><![CDATA[La chica del lago]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/chica-lago_1_2181013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b02f03d2-6597-4d6c-b6b1-44f17f284bbb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La chica del lago"></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>Ediciones B. 2025</strong></p><p>Lo vuelve a hacer otra vez y con muy buen resultado. <strong>Mikel Santiago</strong> cambia sus historias pero es fiel al ritmo dinámico y a una efectiva gestión de la intriga. <em>La chica del lago </em>te ahoga a dudas. Tiene callo en eso de jugar al despiste e insinuar culpabilidades. En este caso, de la muerte en el pasado de una chica, que obsesionará a Quintana Torres, la protagonista de esta novela. Una estupenda pesadilla para tragar páginas como locos.</p><p>La escritora Quintana Torres es impulsiva, un torrente de locura que roza el atolondramiento. Mikel Santiago le ha buscado mil razones para estresarse, aunque resulta un personaje un tanto inmaduro para sus más de 40 años. La trama la convierte en una “mujer al borde de un ataque de nervios” desde que se dedica a airear interrogantes que quedaron pendientes del extraño ahogamiento de Alba hace 25 años. Que son casi todas. El suceso quedó archivado como un supuesto accidente.</p><p>Una de las novelas de Torres se inspiró en lo ocurrido, cuando aún residía en Urkizu, el pueblo guipuzcoano donde vivió y creció. El pasado llama a las puertas de Quintana, cuando un conocido le entrega una fotografía del diario de Alba durante su presentación mientras ella presenta su novela en Bilbao. A partir de ahí... el vértigo. Regresa al pueblo y empieza a observar con otra mirada, a todo y a todos, a intentar revolver lo que se supone que ya está olvidado.</p><p>Mikel Santiago apuntará a diestro y siniestro con el dedo acusador a través de Quintana. Podría vivir como dios, con el resultado de su trilogía que ha sido un exitazo. Pero quiere dejar atrás el tema y pensar en otras veredas narrativas. Pero, ay, la editorial no está por la labor —cómo no— de dejar escapar el rédito de ventas mientras ella desea darse un tiempo para curiosear. Hasta que se convierte en algo parecido a una investigación mientras se siente observada. La escritora parece sufrir una locura transitoria. Lógico, porque Mikel Santiago nos la contará en primera persona.</p><p>La novela habla a través de Quintana, siente y nos hace sentir los escalofríos que le atormentan, mientras vuelve a los lugares comunes, cuando Alba estaba viva. Hay una ubicación especialmente interesante: el Club de Vela, donde se reúne la crème de la crème del pueblo. Las pequeñas comunidades dan mucho juego narrativo, tan plagaditas de rumores y secretos, que niegan las certezas supuestamente inamovibles.</p><p>De aquel lugar, el club de los pijos y los guais, saldrán unos cuantos secundarios que dan vidilla a la novela. Por supuesto, con miles de matices que acentúen las incertidumbres alrededor de Quintana y jugar con el lector, para que no pierda de vista todos los flancos. Como debe ser.</p><p>Mikel Santiago cuida mucho los espacios, las ubicaciones. Es otro recurso característico del escritor: trabaja a fondo los escenarios, los paisajes, y para una trama donde prima el suspense, va de maravilla una oscuridad por aquí, alguna que otra casa retirada por allá...</p><p>Entre los ambientes y los secundarios, Quintana va conociendo más a fondo quién fue Alba, qué le sucedía, qué momento vivía que pudiera tener relación con su trágica desaparición bajo las aguas. Hurgar en lo enterrado suele traer problemas pero sirve para que ahonde en su personalidad y comprenderla. Aunque hasta que no aparezca su diario, si es que aparece, parece que la verdad no saldrá a la luz. Así que el estado natural de la protagonista de <em>La chica del lago</em> es el de una permanente sorpresa y la tensión constante. Porque esa noche, la de la muerte de Alba, es la que, de alguna forma, hizo cambiar su entorno.</p><p>Esa realidad, que no parece tan evidente —porque la vida ha continuado—, se va mascando a medida que avanza la historia donde no dejan de suceder cosas. Quintana encadena una tras otra… Por eso la novela se vive a fondo, gracias también a esa forma de escribir del autor: sin adornos ni florituras, de método sencillo y sin embargo efectivo. Ayudan también los capítulos cortos y la gran cantidad de diálogos.</p><p>No les voy a decir nada del final. Es lo que queremos los lectores: llegar a él, resolver enigmas, pero por el camino Mikel Santiago nos entretiene y trastoca. Da gusto volver a experimentar esa sensación de querer llegar a casa para seguir comiéndote una novela.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:01:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel (El libro durmiente)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La chica del lago]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Escritores,Novela]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La voz múltiple]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/voz-multiple_1_2181004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/40dfc3db-4729-4a4a-ba7c-ee2bc55dd2d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021857.jpg" width="319" height="179" alt="La voz múltiple"></p><p><strong>Editorial Cátedra, Colección Letras Hispánicas. Madrid, 2026</strong></p><p>El rincón panorámico que ofrece <em>Un estallido. Antología de la poesía contemporánea 2000-2025 </em>señala un momento áureo; la densidad creadora de un tiempo pleno de expectativas. Muestra una ubicación plenamente optimista que evidencia en sus coordenadas una salud fuerte del género, un vitalismo exultante, merecedor del encuadre múltiple. Las novedades poéticas afloran incontinentes y se multiplican los practicantes líricos, resultando muy complejo tener una idea ajustada de las dimensiones y lindes definidoras del renovado campo poético actual. </p><p>Concreta el volumen el meditado muestreo de dos profesores universitarios con amplio trayecto investigador. <strong>Raúl Molina Gil</strong> es doctor en literatura por la Universitat de València y sus análisis teóricos profundizan en veneros como la poesía española contemporánea, la literatura fantástica y las representaciones literarias de la ruralidad. Poeta y autor de abundantes investigaciones académicas, es colaborador permanente de <em>Pasavento. Revista de estudios hispánicos</em>. Por su parte, <strong>Álvaro López Fernández</strong> se doctoró en Literatura Española por la Universidad Complutense de Madrid y también es profesor e investigador posdoctoral de la Universitat de València. Sus estudios indagan en el análisis de lo grotesco y lo fantástico en la cultura española contemporánea y perfila mapas de la cartografía lírica del presente.</p><p>Juntos, firman esta compilación de voces jóvenes que incluye veinticinco autores nacidos entre 1984 y el año 2000, es decir la promoción más temprana desde la que  amanecen tempranas propuestas del siglo XXI. El resultado explora un territorio muy poblado. Los preparadores citan como asuntos causales de esta bonanza los nuevos espacios de difusión, la proyección de lo comunitario, la reducción de la beligerancia intergeneracional, el posicionamiento en redes sociales y otras plataformas focales, y la ruptura del paradigma generacional, ese intervalo temporal que delimitaba similares concepciones de lo poético. Son argumentaciones dispares, de naturaleza conjetural y muy escasa teorización. </p><p>La antología, que aparece en la prestigiosa colección<strong> Letras Hispánicas</strong> de la <strong>Editorial Cátedra</strong>, reconstruye un proceso que avanza desde la ruptura interior de la corriente figurativa, anunciada en su día por <strong>Luis Antonio de Villena</strong>, al abanico de discursos que muestra el rostro versátil de los incluidos. La pujante hornada, a juicio de los antólogos, ”se caracteriza por su pluralidad, su heterogeneidad estética y su diversidad temática” y coloniza el cuarto de siglo transcurrido. Acota una nómina de veinticinco poetas, que han ido conformando el nítido perfil del legado textual.</p><p>La introducción repasa el espacio poético y los signos definidores mencionados por otras antologías. Repasa los caracteres críticos más definidos de la lírica figurativa, la poesía crítica, los pasos vanguardistas o la poesía de la conciencia. Son pautas que sondean relaciones básicas entre sujeto lírico y tiempo histórico. Una cronología en la que predomina, antes que la ruptura brusca el afán de evolución, la diversidad de idearios, la expansión divulgadora en la red y otras nociones como las imprevisibles mutaciones sociológicas del contexto histórico. </p><p>La breve nota de “Esta edición” clarifica la selección final, que atiende “a criterios combinados de representatividad, versatilidad, interés estético y formal, trayectoria, y reconocimiento”. El listado acoge a<strong> María Salgado, Ben Clark, Lola Nieto, Elena Medel, Javier Vicedo Alós, Bibiana Collado, Martha Asunción Alonso, Unay Velasco, Ángelo Nestore, Ángela Segovia, Berta García Faet, Ruth Llana, Álvaro Guijarro, Cristian Piné, Gema Palacios, Xaime Martínez, Mayte Gómez Molina, Pablo Baleriola, Rodrigo García Marina, Andrea Abello, Juan Gallego Benot, Rosa Berbel, Laura Rodríguez Díaz</strong> y <strong>María de la Cruz.</strong> En la introducción de cada voz se clarifica el recorrido y breves pinceladas definitorias de su identidad. Pero es el muestrario de poemas el que da cuenta con precisión del arte verbal de una obra en ciernes.</p><p>El análisis de esta selección de autores muestra un claro desequilibrio en su enfoque. Privilegia el modelo experimental y la ruptura y apaga luces y ofrece una perspectiva borrosa del modelo figurativo, con una notable cantidad de poéticas silenciadas. Se aplaude con desmesura la hibridez, la emergencia vanguardista, la agitación y la fragmentación, asociando la escritura realista al estatismo conservador, la inercia y la somnolencia digestiva del canon. Señalo también la escasa atención a los catálogos de editoriales pequeñas que han dado voz a un relevante caudal de poetas jóvenes, como <strong>Lastura, BajAmar editores, Chamán Editorial, Ediciones Liliputienses, Sonámbulos, Valparaíso, Eolas</strong> o <strong>Baile del Sol</strong>, entre otros. </p><p>Por fortuna, el muestreo nominal es amplio y propicia puentes e intersecciones. Abundan las presencias ajenas a la militancia monolítica, que buscan un entendimiento entre estéticas aparentemente confrontadas, capaces de recrean mutaciones de idearios y alentar una persistente hibridación que no condene a la nada a quienes no escriben igual. El discurso realista no ha fagocitado nunca la pulsión vanguardista; por tanto, no ha existido jamás una marginación preconcebida porque la escritura es libertad y búsqueda, llama encendida; constante indagación del yo subjetivo. Sin ella, no hay poesía.</p><p><em><strong>*José Luis Morante </strong></em><em>es escritor y crítico literario. Su último libro es </em><a href="https://lagaruapoesia.com/producto/viajeros-sedentarios/" target="_blank"><em>Viajeros sedentarios</em></a><em> (La Garúa, 2025).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:01:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La voz múltiple]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Escritores,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[¡Feliz Sant Jordi, feliz Día del libro!: 38 autores escogen títulos de ayer y de hoy para los lectores de infoLibre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/feliz-sant-jordi-feliz-dia-libro-39-autores-recomiendan-titulos-ayer-hoy-lectores-infolibre_1_2181653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e235219a-f16f-4670-ac64-f1ea267f8bc8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Feliz Sant Jordi, feliz Día del libro!: 38 autores escogen títulos de ayer y de hoy para los lectores de infoLibre"></p><p>El 23 de abril está marcado en el calendario con el rojo de las rosas que se regalan por <strong>Sant Jordi</strong>, complemento necesario para cumplir con la tradición del Día del Libro. Una celebración que tiene su epicentro en La Rambla de <strong>Barcelona</strong>, calificada en su día por el escritor británico Somerset Maugham como el "paseo más bonito del mundo", pero que se extiende cada año a más lugares, alcanzando cualquier rincón donde haya un potencial lector.</p><p>El sector editorial español cerró 2025 con una facturación de 1.250 millones de euros y 76 millones de libros impresos vendidos. Solo caben dos opciones ante semejante cantidad de títulos: ponerse convenientemente a cubierto o enfrentar la avalancha a pecho descubierto. </p><p>En <strong>infoLibre </strong>optamos por la segunda, así que hemos pedido a un nutrido grupo de <strong>escritoras </strong>y <strong>escritores </strong>que nos recomienden títulos de ayer y de hoy con total libertad. Uno cada uno (aunque hay quien no puede evitar sacar a relucir alguno más), con el fin de obtener un <strong>escaparate </strong>lo más variopinto y diverso posible. Así nos ha quedado, por orden alfabético.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:01:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La luz del caos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luz-caos_1_2180992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ea8e11e1-5da7-4d04-868a-bf4f5030c834_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La luz del caos"></p><p><strong>Alfaguara. 2025</strong></p><p>Se afirma, en algunas publicaciones, que <em>La muy catastrófica visita al zoo</em> (Alfaguara, 2025) de <strong>Joël Dicker</strong> es una novela infantil/juvenil. Menos mal que en otras se descubre lo que he descubierto yo al leerla: es una magnífica novela negra que no tiene edad, se puede dirigir perfectamente a lectores y lectoras de entre 7 y 120 años. </p><p>Es, sin duda, un texto para emocionar y compartir. Efectivamente, me emocioné y le comenté a mis amistades que no dejasen de leerla. </p><p>En ella no se narra únicamente la caótica excursión escolar de la clase de Joséphine (la impresionante profesora), que conduce a su alumnado, a través de una investigación humorística, abordando temas claves para la educación con mayúsculas: la inclusión, la diversidad, la valoración de lo diferente. En ella se evidencian las incongruencias del mundo de las personas adultas. Pienso que a través de ella se da luz al caos, se invita a la reflexión. Convence por su tono, su contenido, su forma de contar, hablar, utilizar las palabras. Y eso es lo que deben intentar conseguir quienes escriben para quienes leemos como una forma imprescindible dentro de nuestras vidas. </p><p>¿Quién puso plastilina en los grifos? Pregunta clave del libro. La pregunta tiene un papel importante en la trama. </p><p>No descubro nada que no sepamos quienes bebemos con verdadera fruición todo lo que escribe Joël Dicker, un joven suizo que es ingenioso, mordaz, inteligente, sarcástico. Me enganché a su narrativa con <em>La Trilogía de Marcus Goldman</em>, comencé con <em>La verdad sobre El caso Harry Quebert</em> y ya no pude parar. </p><p>La historia que, aparentemente, gira en torno a un misterio que sucedió durante una visita al zoo, en vísperas de Navidad, es una verdadera crítica social, satirizando las normas y los comportamientos de las personas adultas. Me ha emocionado la forma en la que plantea la educación inclusiva, el respeto a la diversidad y la amistad. Y todo ello incluyendo intriga, divertimento, sencillez. </p><p>Estoy de acuerdo con lo que he leído por ahí: es una oda a la infancia y un homenaje al poder de la imaginación. Como profesora creo firmemente en que esta es una obra de interés para el profesorado y las familias, padres y madres que, en ocasiones, no son capaces de ver más allá de sus narices, y cuando creen que están protegiendo, lo que hacen es cortarles las alas a quienes son capaces de volar más alto. </p><p>Quienes protagonizan la publicación son niños y niñas con capacidades especiales o discapacidades que, aun así, o tal vez por eso, se comportan de una manera especial, divertida y sorprendente. </p><p>No dejéis de leerla quienes no la hayáis leído. Y, tal vez, aprendáis a inventar palabrotas como lo hace en este libro la encantadora profesora Joséphine. Y, la verdad, a mí me gustaría que los centros escolares estuviesen llenos de este tipo de personas. Me recuerda mucho a los inventos, proyectos, ideas y desarrollos que puse en marcha en mi época de profesora. Creo que educar es, además de un compromiso de por vida con las personas a las que intentas educar, una profesión maravillosa, no suficientemente reconocida y valorada. Para mí fue, es y seguirá siendo algo que siempre está conmigo. </p><p><em>*</em><em><strong>Nieves Álvarez</strong></em><em> es profesora, escritora, poeta, investigadora y artista plástica. Pero, sobre todo, ávida lectora. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:01:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los tulipanes son demasiado rojos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tulipanes-son-rojos_1_2178059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a469d6ae-914c-43bf-a4a4-f1a91b9b767a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los tulipanes son demasiado rojos"></p><p>Bartleby Editores. 2026.</p><p>Granada se prepara para una primavera poética fructífera. Se anuncian, por ejemplo, novedades de <strong>Andrés Neuman</strong> en La bella Varsovia y <strong>Alejandro Pedregosa</strong> en Cuatro Lunas, sobre las que trataremos en un futuro cercano, pero merece ahora atención especial el nuevo poemario de<strong> Teresa Gómez</strong>: <em>Los tulipanes son demasiado rojos</em>, publicado por Bartleby Editores, titulado con evocación directa de una cita de la estadounidense <strong>Sylvia Plath</strong>. El título ya es una declaración de principios que retomará el cierre del libro.</p><p>Teresa Gómez pertenece por contemporaneidad y afinidades a la escuela de la Otra sentimentalidad, aquel movimiento granadino de los ochenta, pero las circunstancias editoriales de Teresa hicieron que su voz, convertida en legendaria, no se mostrase a la luz pública hasta pasado ancho tiempo: su primer poemario, <em>Plaza de abastos</em>, fue presentado por <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong> en 1986, pero no vio la luz editorial hasta más de treinta años después, en 2022. Para entonces, Teresa había irrumpido en el panorama editorial con <em>La espalda de la violinista</em> (2018), un debut diferido pero rotundo. Este tercer poemario confirma una voz coherente y cada vez más necesaria.</p><p>El libro se articula en cuatro partes de arquitectura aquilatada: la primera es una reflexión sobre la propia condición poética y sobre la perspectiva de quien escribe (y como mujer): un espacio de diálogo con maestras y maestros, con sus contemporáneos, atravesado por el pensamiento antropológico y la conciencia del lenguaje como territorio político. Citas de <strong>Ángeles Mora, Federico, García Baena, Mariluz Escribano, Rosetti, Machado, Margarit</strong> jalonan poemas de toma de postura. La sección se cierra con un poema espléndido que da título a la parte, <em>Equipaje contra el frío</em>, en el cual la voz poética invita a Tristeza, Soledad y Miedo a instalarse junto a ella, no como rendición, sino como umbral hacia lo que sigue.</p><p>Lo que sigue es <em>El ruido de lo efímero</em>, la segunda y más intensa parte, donde la mirada se abre al mundo contemporáneo con una energía y precisión que no elude la incomodidad del mundo y la rebeldía, es una voz desalentada pero en pie. El narcisismo de las redes sociales, la mercantilización del tiempo en el ciberespacio, la reivindicación del silencio, las apariencias de una juventud artificialmente prolongada, el dolor de la migración, la violencia de las manadas —tan alejada, como señala la propia voz poética, de cualquier animalidad real—, la explotación de los países empobrecidos: Teresa Gómez no aparta la vista. Su lírica interviene sobre la realidad sin perder nunca el pulso del poema.</p><p>Esa acumulación de fracaso social cristaliza en la tercera parte: seis poemas que sitúan la voz poética ante una emisión sin pausa del sufrimiento en el mundo: quizá una pantalla, quizá un monitoreo continuado del frío moral que hay ahí afuera. Es la parte más perturbadora del libro, y también la más honesta.</p><p>El cierre lo ocupa el poema que da título al conjunto, síntesis y toma de postura: los tulipanes son demasiado rojos, sí —demasiado reales, demasiado heridos—; no podemos fingir que no los vemos.</p><p><em><strong>* Alfonso Salazar </strong></em><em>es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los tulipanes son demasiado rojos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acerca de los Premios de la Crítica Literaria 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/acerca-premios-critica-literaria-2026_1_2178039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/330debc0-a349-4205-97d6-b06a71802503_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Acerca de los Premios de la Crítica Literaria 2026"></p><p>Dicen que hay un pueblo a escasos kilómetros de Salamanca llamado Morille<strong>, </strong>un pueblo de algo más de doscientos habitantes que en invierno se reducen a veinte, porque muchos de sus mayores, al no tener ni médico ni farmacia, se van con los hijos a la ciudad y vuelven para las vacaciones.</p><p>Dicen que en la España despoblada (que no vaciada) su empeño por revitalizar este pueblo se hace de la mano de la cultura: esculturas que cuelgan de casas, murales que adornan paredes, homenajes a la maestra rural, a poetas, un <em>poetódromo</em> que parece un lugar vikingo de piedras circulares y menhires donde se celebran recitales poéticos. Dicen<strong> </strong>que los habitantes participan, colaboran y acuden a las actividades, sean las que sean y da igual la edad que tengan. </p><p>El pueblo tiene tres bibliotecas; no hay escuela, pero sí una profusa biblioteca infantil y juvenil, una imprenta, de Ángel de la Torre, ubicada en un antiguo molino eléctrico, para que se puedan ver las piezas y maquinarias antiguas. Hay una tenada municipal llamada <strong>Germán</strong> <strong>Coppini</strong> donde se realizan conciertos, encuentros, comidas o desayunos. Tiene también dos albergues para peregrinos, porque está en el camino de Santiago de la Vía de la Plata; además, varias casas rurales y una residencia artística municipal para quien quiera. </p><p>Todo ello de la mano de un alcalde amante de la cultura, <strong>Manuel Ambrosio Sánchez,</strong> profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca que, a su vez, es el director del PAN (Encuentro y Festival Transfronterizo de Poesía, Patrimonio y Arte de Vanguardia). Organizando exposiciones, dinamizando, facilitando el trabajo cultural y del jurado de la Crítica, está <strong>María José Bruña Bragado,</strong> profesora también en la Universidad de Salamanca, poeta y miembro de la Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras. También se puede asistir, junto a los habitantes del pueblo, a la inauguración del retrato de algún poeta, como <strong>Aníbal Núñez</strong>.</p><p>Dicen que en el pueblo puedes encontrar un corral municipal de razas autóctonas: gallina negra castellana, oveja negra (por supuesto) castellana, cabra de las dos mesetas y vacas blancas con cabezas marrones. Tiene también una oficina de turismo y parada de autobús de línea <em>sui géneris, </em>un Centro de Promoción y Estudios de la Vía de la Plata y del Viaje; dentro de este edificio, el viajero o huésped puede ver una magnífica exposición titulada <em>Espléndidas en su desafío (Cartografías de la creación femenina en Iberoamérica)</em>, sobre <strong>Maruja Mallo, Alfonsina Storni, Remedios Varo, Nelie Campobello, Flora Tristán, </strong>entre otras, con el comisariado de <strong>Néstor Sanguinetti</strong> y María José Bruña. También se puede encontrar una exposición sobre la figurinista, escenógrafa, pintora y escritora española del siglo pasado <strong>Victorina Durán</strong>, una mujer que dedicó toda su vida al teatro, de ideas republicanas, miembro del Lyceum Club Femenino, del Círculo Sáfico, asociada al surrealismo y exiliada en Argentina. </p><p>Dicen, además, que paseando por el monte, fuera del pueblo, el invitado encuentra algo muy singular: un Cementerio de Arte o Museo-Mausoleo, creado en 2006, donde se entierran piezas y acciones de arte de vanguardia: los restos de la familia de <strong>Fray Luis de León</strong>, una “destierrolandia” de <strong>Fernando Arrabal,</strong> las cenizas de <strong>Pierre Klossowsky</strong>, con una historia rocambolesca contada sobre cómo fueron a parar allí y con un texto que dice: “Tan funesto deseo gasolina, saliva cosas del combustible, el coche, el cuerpo, la conversación”. Puro surrealismo y vanguardia en pleno monte charro. </p><p>Dicen también que, por afianzar su apuesta cultural, es el pueblo donde se reunió el Jurado de la Crítica para valorar a quién otorgaban sus premios sobre los libros publicados en el año 2025 y en todas las lenguas del Estado: narrativa y poesía en castellano, en catalán, en euskera y en gallego. Además del Premio de la Crítica a un libro extranjero publicado en España en ese año. A lo mejor por la magia del lugar, por la tranquilidad y la ausencia de ruido, por el trinar de los pájaros o por ver a unas vacas blancas de cabeza marrón pastando en los prados o a los caballos al lado del círculo vikingo destinado a la poesía,  las deliberaciones dieron el siguiente resultado:</p><p>Premio de la Crítica a libro de Narrativa en castellano publicado en el 2025: <em>Los ilusionistas</em>, del escritor <strong>Marcos Giralt Torrente</strong>. El premio de Poesía en castellano recayó en <em>Cada uno es mucha gente</em>, de <strong>Pablo García Casado</strong>.</p><p>Premio de la Crítica a libro de Narrativa en catalán: <em>L’Anell del nibelung,</em> de <strong>Amadeu Fabregat</strong>. La categoría de Poesía en catalán ha sido para <em>Sala Augusta seguit de Llengua Materna</em>, de <strong>Sebastiá Alzamora</strong>.</p><p>Premio de la Crítica en lengua gallega a libro de Narrativa: <em>O lanzador de coitelos,</em> de <strong>Fernando Castro Paredes</strong>.  El de Poesía ha recaído en una mujer<strong>: Lorena Souto</strong>, por su poemario <em>Exuvia e saliva.</em></p><p>Premio de la Crítica en euskera en la categoría de Narrativa: <em>Dena Zulo Bera zen, </em>de <strong>Eider Rodríguez </strong>y el de Poesía el galardón ha sido para <em>Kontra</em>, de <strong>Ane Zubeldia.</strong></p><p>Por último, el Premio de la Crítica a mejor libro extranjero ha sido para <em>El Jardinero y la muerte</em>, del escritor búlgaro <strong>Gueorgui Gospodinov</strong>.</p><p>Dicen que la cuantía económica de estos premios no se parece a ninguno, mucho menos al premio AENA, pero me consta que los componentes del jurado, al no tener dotación presupuestaria ni para los galardonados ni para los críticos literarios que deliberan, intentan ser lo más rigurosos posible y, con independencia del resultado, porque es muy difícil leer absolutamente todo lo que se publica en un año, los libros elegidos por votación cerrada tras intensos debates tienen siempre la suficiente calidad como para garantizar una buena lectura literaria.</p><p>Yo lo considero un listado fiable de buena literatura para solazar la mente en estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir. Y si por algún casual alguien tiene previsto un viaje a Salamanca, recomiendo desviarse un poco y pasar, al menos un día, en ese pueblo cultural llamado Morille. Pueden llamar a la puerta del alcalde para que les enseñe todo lo que tienen. Estoy segura de que me lo agradecerán. </p><p>Ah, y hay cambio en Hungría. La magia de un lugar a veces se extiende.</p><p><em><strong>*Carmen Peire</strong></em><em> es escritora. Su último libro es '</em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/duro-vivir-calle-hay-cosas-mapas-asfalto-periferia-madrilena-70_1_1885782.html" target="_blank"><em>Mapas de asfalto</em></a>' <em>(Menoscuarto).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Acerca de los Premios de la Crítica Literaria 2026]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La historia de Manolita Chen, el primer mito 'queer' español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/historia-manolita-chen-primer-mito-queer-espanol_1_2178014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5fc4ea20-cdbb-40e1-a362-db575f295916_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia de Manolita Chen, el primer mito queer español"></p><p><strong>La Caja Books. 2025</strong></p><p><em>La pared de enfrente</em> es una novela que narra la historia de Manuela Saborido Muñoz. Cabaretera. Diva <em>queer</em>. Empresaria. Activista. Madre. Nació en Arcos de la Frontera en 1943 con el nombre de Manuel, aunque desde niña deseó otro cuerpo y otros nombres. Hasta que pudo marcharse del pueblo con veintidós años, allí la insultaron en las calles; la encerraron en las celdas del cuartel de la Guardia Civil o en el cementerio durante las fiestas patronales; la ocultaron en los corrales y en la oscuridad de la casa familiar. Allí la golpearon, la humillaron y la violaron, pero también allí, entre cuchicheos, le dieron el nombre por el que la reconocerían en toda España: <strong>Manolita Chen</strong>.</p><p>Abraham Guerrero Tenorio combina investigación e imaginación para alumbrar un coro de voces que fabulan las desventuras de Manolita en el barrio chino barcelonés, en los espectáculos eróticos de Madrid y París, en sus conciertos de coplas junto a Paco España y en los reservados una vez que el <em>show</em> ha terminado. Travestis, prostitutas, poetas, maricones, transexuales, artistas. Todos hablan y trenzan las palabras para dar forma a una historia oral de la sexualidad clandestina y disidente del franquismo. Sus cuerpos sufren las palizas y los electroshocks y se dejan transformar por el maquillaje, las lentejuelas, los tratamientos hormonales y las intervenciones quirúrgicas.<em> </em></p><p><em>La pared de enfrente </em>ya está en las librerías de la mano de <a href="https://www.lacajabooks.com/" target="_blank" >La Caja Books</a>. <strong>infoLibre </strong>comparte por su interés un fragmento a continuación:</p><p>_________________________________________________________________</p><p>Yo he elegido la cama de abajo, niña. No está bien que empiece mandando, pero ya he estado varias veces en la cárcel y aquí dentro hay que plantar unas normas desde el principio. Además, tú eres más joven, mírate, tan modosita y con carita de no haber roto un plato en la vida. Asusta este cuchitril, ¿verdad? No te preocupes, a todo se acostumbra una. Yo estoy aquí para ayudarte, conmigo te sentirás protegida. Acércame esas babuchas, anda, que la ciática apenas me deja moverme. ¿Ves cómo estoy, niña? Si no puedo ni agacharme, imagínate trepar todas las noches como un mono para dormir. Mi cama es la de abajo, no se hable más. </p><p>Por cierto, que no me he presentado, mi nombre es Manuela Saborido Muñoz, aunque no siempre me he llamado así. Mi primer nombre fue Manuel, Manuel Saborido Muñoz, y esa <em>a, </em>esa<em> a</em> que le faltaba a mi nombre, la sentía en la infancia como un vacío; esa<em> a</em> ha sido, niña, como<em> </em>una carreta de piedras que todavía arrastro. Saborido es el apellido de mi padre, que nos dejó huérfanos cuando yo contaba con apenas tres añitos de edad. Muñoz es el de mi madre María, María la Viuda, que nos sacó a mí y a mis once hermanos adelante con mucho esfuerzo y una taberna muy flamenca situada en una cueva cerca de la plaza de las Aguas. Muchas horas hemos pasado allí con ella. Por las mañanas, ordenando los quesos apestosos y el jamón, y por las tardes, llenándoles los vasos de vino a todos los que se acercaban a escuchar buen flamenco; y a escupir también, niña, que me pasaba horas recogiéndoles los gargajos que echaban al suelo, unos escupitajos gordos que parecían cagadas de palomo. María la Viuda, niña, es la mujer a la que más he admirado. En parte, soy la que soy gracias a ella. </p><p>Pero no te creas que todo ha sido felicidad. Mi infancia fue muy desagradable. Fui una chiquilla que, claro, ya cuando tenía cuatro años se me notaba que yo traía una cosa en el cuerpo que no me pertenecía. Yo era una niña, se veía cuando movía las manos y en la forma de caminar. Era una niña y siempre quería una aguja e hilo para coser. Un día, mi madre me vio remendando unas muñecas de trapo y me dio un alpargatazo en la mano. Ese fue el primero de los muchos golpes que recibí por querer ser mujer. Y no fue la única, que las madres de las niñas del barrio, si me juntaba con sus hijas para jugar, las apartaban de mí, y si me juntaba con los niños, todavía peor, corriendo salían a las casapuertas y dando voces metían a sus hijos otra vez para adentro, y me dejaban sentada en la acera, sola, discriminada total. Había una mujer que también tenía otro chiquillo al que se le notaban las maneras, y parece ser que habló con mi madre para que hiciéramos amistad. Nos escondían en el corral trasero de la taberna, porque entonces todos los edificios tenían un corral, y allí jugábamos a coser, a las cocinitas, a los maridos y a las mujeres, y creo que, alejadas de todo y ocultadas como unos rojos republicanos, podíamos vivir como todo el mundo, nadie se reía de nosotras y nadie nos decía que si eso eran cosas de mariquitas o cosas de niños. Él se llamaba Joaquín, pero yo le decía Joaquinita. Yo me llamaba Manuel, pero él me llamaba Manolita. Y ese nombre, este por el que ahora me llaman y que tanto quebranto me ha costado conquistar, niña, toda España lo ha conocido.</p><p>Mi historia con Manolita está marcada por una obsesión que me creció por dentro desde los siete años. De aquel Arcos de la Frontera en el que ella y yo crecimos, Gerardo Diego escribió que era un pueblo que se ubicaba entre la realidad y el sueño, pero nuestra verdadera situación era el paro, la miseria, la emigración y las desapariciones. Desaparecían los hombres de las calles y las casas como se esfumaban las ilusiones. En ese Arcos hambriento, de ausencias y calles estrechas, se encontraba la taberna de María la Viuda. Era una cueva situada en la calle Romero Gago, cerca del centro del pueblo. Su arquitectura era muy simple. Tenía un primer pasillo horizontal más ancho que largo donde había mesas y bancos colocados en fila enfrente de la barra. A la derecha se abría un arco con dovelas de ladrillos que daba a una habitación rectangular, un salón con mesas de madera muy precarias, pequeñas y redondas, por cuyo alrededor pululaban en desorden sillas de madera y mimbre. Al fondo del salón se hallaba un escenario reducido donde los fines de semana había actuaciones flamencas. A su izquierda, una puerta que daba a un corral. Los hombres que acudían a la taberna eran jornaleros durante una cuarta parte del año. </p><p>Los meses restantes los consumían en la afanosa tarea del beber. Entre ellos, mi padre, que me llevaba consigo la mayoría de las veces para quitarle a un niño de encima a mi madre y que ella así no pudiera reprocharle que se preocupaba más de gastar su tiempo en el vino seco que en ayudarle con las labores de la casa. Las conversaciones entre aquellos seres humildes pero decididos variaban muy poco. Cuando en la taberna dominaba el bullicio, era porque o bien discutían sobre que tal o cual había hecho trampas jugando a las cartas o al dominó, o bien el aburrimiento era tan agudo que se insultaban, cantaban juntos o tocaban las palmas mirando al vacío. Y escupían. Sin embargo, si era el murmullo lo que imperaba era porque había habido una desaparición, probablemente conocida, y hablaban acercándose al silencio para que no se oyera desde la calle que eso los preocupaba. Había veces en las que, mientras murmuraban, un guardia civil entraba en la taberna, pero estaban ya tan entrenados, temían tanto ser arrestados por una simple conversación, que, en cuanto un pernil verde se asomaba por la puerta, enseguida eran capaces de volver a los insultos, al cante, a las palmas y a los gargajos. </p><p>Otra de las conversaciones a las que acudían con periodicidad era el hijo menor de María la Viuda, Manolito. Muchas veces, los amigos de mi padre me decían Paquito, tú no hagas las cosas que hace Manolito, y yo al principio no sabía a qué se referían con las cosas que ese niño hacía, porque, de haber algo que me pareciera extraño, esa cosa era trabajar. Manolito y su hermano José Antonio, a pesar de la niñez en la que se encontraban, ayudaban a su madre en los quehaceres de la taberna, ya que los demás hermanos se buscaban la vida con otras labores distintas a las del bar para ayudar económicamente a su madre, que tampoco regentaba un negocio que requiriera la tarea de los doce hijos. Ahí es cuando comenzó a crecerme la inquietud por Manolita, en aquella época Manolo, un niño delgado, escuálido más bien, con unas orejas echadas hacia adelante y con una tristeza innata, creciente conforme pasaba el tiempo, impropia de esa menudencia andante. A raíz de las advertencias de los amigos de mi padre y de la necesidad de indagar en los motivos por los que un niño de mi misma edad retenía en sus ojos tanta amargura, creo que comencé a entrenar la mirada de Paco Sevilla, el escritor en que más tarde me convertí. Lo miraba servir con el brazo izquierdo detrás de la espalda y con sumo cuidado cuando dejaba en la mesa el vino seco, el queso y el jamón, las especialidades de la taberna de María la Viuda. </p><p>Para mí, era sobrenatural ver a un chiquillo de mi misma edad realizando trabajos de adultos, así que la mayoría del tiempo que pasaba allí, y han sido muchas las horas junto a mi padre en aquel lugar, lo invertía en seguir sus movimientos, apreciando el modo en que aquella sombra diminuta despachaba a los clientes o viéndolo recibir chascarrillos y bromas pesadas sobre su forma de hablar y sus andares. Los chistes hacia Manolito siempre arrastraban el mismo tono liviano y dulce, porque le hablaban con la cadencia propia con que se les habla a los niños, pero a su vez era tremendamente violento. No era raro escuchar de boca de algún hombre, si Manolito se agachaba porque se le había caído algo al suelo, Manolito, encoge ese culo cuando te agaches porque aunque eres pequeño, ahí te cabe tela; o si, por ejemplo, sonreía y dejaba las bebidas con suavidad en una mesa, era habitual que se escuchara muchas gracias, madame. María la Viuda vigilaba desde la barra cada paso del hijo, y cuando oía que le decían algo de todo esto, azotaba a Manolito en el culo y le advertía de que no hiciera cosas de niñas. Después, lo enviaba al corral. Yo seguía a aquel muchacho que me desbordaba el cuerpo de tanta turbación y lo espiaba en sus juegos solitarios a través de la puerta entreabierta. Manolito agarraba unas cuantas telas que había escondido debajo de las piedras o en el almacén donde María la Viuda guardaba las botellas de vino y los barriles de cerveza, se sentaba en algún lugar recóndito y cosía vestidos y capas a sus muñecos de trapo. </p><p>Los cuadros que me ofrecían los castigos de Manolito en el corral los he guardado en la memoria. En ese lugar mostraba cierto descanso en la mirada, parecía que prefería la soledad apaciguadora del castigo al bullicio condenatorio de su vida ordinaria. Cientos de veces han contemplado mis ojos la misma escena, y cientos de veces María la Viuda irrumpía por la puerta que daba al corral, me apartaba de un manotazo para aclararse el camino hacia su hijo y lo alcanzaba mientras él jugaba con sus muñecos. Lo zarandeaba, lo repudiaba, le rasgaba las telas, lo acusaba, lo hundía hasta el fondo del corral. Lo escondía aún más en su propio escondite, hasta que Manolito se transformaba en un punto invisible para mis ojos. Yo sabía que eso era lo que buscaba María la Viuda. Ocultarlo, hacerlo incorpóreo a la vista de los demás antes de que se corriera la voz y las autoridades se lo arrebataran y lo hicieran desaparecer de verdad. Para siempre.</p><p>¿Ves ese retrete cochambroso que nos ponen para orinar, niña? ¿Lo ves? Te da asco, ¿verdad? Pues ese retrete es toda una victoria para mí. No sabes la alegría que me da poder bajarme el pantalón y sentarme en él, que seas tú, niña, la que escuche el chorrito contra la cerámica, psss, psss. Sentarme para mear, niña, algo que no pude hacer en la escuela. Yo fui a un colegio, que en realidad no era un colegio, sino un señor que daba clase a los niños de familias que no tenían nada, de familias que eran muy pobres y le pagaban una perra gorda a esa persona que se sabía las cuatro reglas y eso era lo que nos enseñaba. Pero a pesar de todo, no te creas que no he sido instruida. Culta no, pero sí aprendía todo lo que quienes no me veían como un engendro querían enseñarme. </p><p>A la taberna se acercaba un hombre, niña, que se llamaba Julio Mariscal, alguien a quien no voy a olvidar en la vida. Cuando don Julio ya había probado el jamón y el queso de María la Viuda y dos o tres copas de oloroso se habían deslizado por su garganta, se acercaba al corral donde jugábamos Joaquinita y yo para enseñarnos poemas. Julio Mariscal era un maestro del pueblo y un poeta famoso. Llegaba con un libro blanco, con la cubierta rugosa, muy bonita, donde en unas letras negras y en mayúsculas se podía leer <em>LA REALIDAD</em>, y en unas letras rojas se leía <em>Y EL DESEO</em>. Don Julio nos explicaba que el negro de la realidad era porque el poeta que escribía esos poemas era una persona con una visión muy oscura de la vida, y el rojo, porque también era un hombre muy apasionado, que rebosaba amor y deseo, y que el rojo era el color de la pasión. Entonces don Julio se sentaba en una sillita de mimbre con ese libro precioso en su regazo y nosotras nos repantigábamos junto a él y lo escuchábamos leer <em>unos cuerpos son como flores, otros como puñales, otros como cintas de agua,</em> y después decía <em>pero el hombre se agita en todas direcciones, sueña con libertades, compite con el viento</em>, y yo me imaginaba que mi cuerpo de niña se abría como una flor y que el viento eran las voces que me decían ¡mariquita!, y que ese viento no impedía que mis pétalos se abrieran ni me arrancaba el tallo de raíz y entonces me sentía más mujer y me entraban ganas de abrazarle y darle un beso a don Julio. Me enseñaba cosas que el otro maestro no era capaz. </p><p>En la clase tan solo había niños, porque entonces los colegios eran de niños o de niñas. A mí me dejaban en un rinconcito, otra vez sola, discriminada total, pero eso no era lo que más daño me hacía. Lo que más me dolía era cuando la vejiga me apretaba como un abrazo de huérfano y me entraban unas ganas de orinar enormes. Se meaba en un cubo, y yo no me podía acercar al cubo, porque el cubo era, niña, como el alpargatazo de mi madre cuando me veía con la aguja y el hilo, el cubo era pesado como una pena, y solo de pensar que me tenía que acercar a él y sacar mi cosita delante de todos y que iban a escuchar el sonido del líquido en el metal, me paralizaba. Entonces no orinaba, me aguantaba el pis en la vejiga que aquello parecía las compuertas de un pantano rebosado, y aguantaba y aguantaba hasta que parecía que el pipí se me iba a salir por los ojos. Pero yo allí ya era Manolita, ya tenía claro que yo era Manolita, y por María la Viuda que no les iba a dar el gusto de que se rieran de mí y me llamaran mariquita. Esas cosas no se pueden olvidar, niña. Por eso, cuando el retrete cochambroso te dé asco, cuando la grima te acuda y te creas que vas a posar tu intimidad en un prado de ortigas, tú piensa en Manolita, piensa que para Manolita ese cubo es una victoria, y mea tranquila y siéntete ligera como dos enamorados que corren por la orilla de una playa.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abraham Guerrero Tenorio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La historia de Manolita Chen, el primer mito 'queer' español]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Literatura]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La invitación a la poesía de Andrés Amorós]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/invitacion-poesia-andres-amoros_1_2177986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24f297c2-13e3-48cc-b348-14e07a3062de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La invitación a la poesía de Andrés Amorós"></p><p><strong>Fórcola, Madrid, 2026.</strong></p><p>¿Qué autores y poemas escoger cuando alguien se plantea hacer un libro como el que ahora nos ocupa? Parto de la convicción de que un trabajo así solo puede hacerse en la madurez, época en que los conocimientos pueden ser muchos, las lecturas están asentadas y el criterio, probado. En estas páginas, nos encontramos con el <strong>Andrés Amorós </strong>lector, con el filólogo e historiador de la literatura, con alguien que conoce a fondo la tradición y que tiene gusto (la capacidad crítica de discernir con buen criterio) para poder escoger lo mejor, entre lo mucho bueno.</p><p>La primera parte del título del libro proviene de las “Canciones a Guiomar”, de <a href="https://www.infolibre.es/temas/antonio-machado/"  >Antonio Machado</a>, que Amorós considera una de las mejores definiciones de la poesía (p. 361). El conjunto del título, sin embargo, no responde estrictamente al contenido, ya que, en vez de <em>españoles</em>, debía haber sido <em>en español</em> (o <em>en castellano</em>), y el desequilibrio en la selección es manifiesto, pues tanto la poesía de la postguerra como la hispanoamericana ocupan mucho menos espacio del que debería corresponderle, quizá para evitar el engorro que supone conseguir los derechos. Pero ello no le resta ni un ápice de valor al conjunto, muy bien enmarcado, entre <strong>Juan Ruiz, Arcipreste de Hita</strong>, y<strong> Antonio Carvajal</strong>, el poeta granadino que es ya, con más de 80 años, un clásico vivo. </p><p>El autor reconoce que han quedado fuera poetas que le hubiera gustado incluir, pero a los muchos excluidos que cita, casi todos indiscutibles, yo me permito añadirle otros tres: <strong>Ángel Crespo, José Ángel Valente </strong>y <strong>Tomás Segovia.</strong> Según confiesa, ha escogido a los autores y poemas más conocidos, pero añade otros cuya presencia sorprende, como <strong>fray Damián Cornejo, Pemán</strong> o <strong>Antonio Gala</strong>. Lo importante es que están todos los grandes: los versos del romancero (“Romance del prisionero”, “El conde Arnaldos”),<strong> Jorge Manrique </strong>(el final de las “Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique”), <strong>Garcilaso </strong>(el soneto V: “Escrito está en mi alma vuestro gesto”),<strong> Gutiérrez de Cetina</strong> (el madrigal que empieza “Ojos claros, serenos”), <strong>Fray Luis de León </strong>(“A la vida retirada”), <strong>San Juan de la Cruz </strong>(“Noche oscura”), el soneto anónimo que empieza “No me mueve, mi Dios, para quererte”, <strong>Cervantes </strong>(“Soneto al túmulo del rey Felipe en Sevilla”), <strong>Góngora </strong>(el soneto “Mientras por competir con tu cabello”), <strong>Lope de Vega </strong>(la rima 126: “Desmayarse, atreverse, estar furioso…”), <strong>Fernández de Andrada </strong>(“Epístola moral a Fabio”), <strong>Quevedo </strong>(“Amor constante más allá de la muerte”), <strong>Espronceda </strong>(“La canción del pirata”), <strong>Bécquer, Rosalía de Castro</strong> (“Dicen que no hablan las plantas…”), <strong>Unamuno </strong>(el comentario que le dedica es uno de los que más me gustan, aunque hubiera elegido otro poema), <strong>Rubén Darío</strong> (“Lo fatal”), los <strong>Machado </strong>(“Adelfos”, “Retrato”, “Yo voy soñando caminos…”), <strong>Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas </strong>(“Perdóname por ir así buscándote”), <strong>Oliverio Girondo </strong>(el maravilloso poema que empieza: “Se miran…”), <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ver-federico-zapatillas-familia-lorca-cartas_1_2174545.html"  ><strong>Lorca</strong></a><strong> </strong>(¿por qué no uno de los llamados "sonetos del amor oscuro"), <strong>Aleixandre, Borges</strong> (“Poema de los dones”), <strong>Cernuda </strong>(“Si el hombre pudiera decir lo que ama”), <strong>Alberti, Neruda</strong> (“Poema 20”), <strong>Miguel Hernández</strong>  (“Elegía a Ramón Sijé”), <strong>José Hierro</strong> (me hubiera decantado por “Lope. La noche. Marta”), <strong>Antonio Carvajal</strong> y más.   </p><p>No desdeño el humor de<strong> Baltasar del Alcázar </strong>(“Cena jocosa”), los versos satíricos de <strong>Quevedo</strong>, o la parodia de <strong>Muñoz Seca </strong>(<em>La venganza de don Mendo</em>), y menos aún los versos memorables de <em>Don Juan Tenorio</em>, pero creo que, como poesía, están en otra dimensión. Sea como fuere, Amorós ha hecho bien dándoles cabida aquí.  </p><p>Este libro es el último ejemplo de una larga tradición de antologías del conjunto de la poesía española desde sus orígenes hasta un presente que siempre resulta variable, como las de <strong>Vicente Gaos </strong>(<em>Díez siglos de poesía castellana</em>, Alianza, 1975; acaba con Miguel Hernández); y la de <strong>Francisco Rico</strong> (<em>Poesía de España. Los mejores versos</em>, Círculo de Lectores, 1996, que concluye con los poetas del <em>mediosiglo</em>), por solo citar dos volúmenes que tengo más a mano. Lo que distingue el libro de Amorós es que los poemas están comentados y que reproduce, total o parcialmente, muchos más de los poemas que anuncia. En esto se parece a la extraordinaria recopilación de<strong> José María Castrillón</strong>, <em>Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941)</em> (Trea, 2018), un libro modélico en su especie.</p><p>Antes de llegar a la Universidad o en los primeros años, leí libros de Amorós. ¿Cuántos estudiantes universitarios podrían decir eso ahora? Así, su <em>Introducción a la novela contemporánea</em> (Anaya, Salamanca, 1966, aunque manejé la edición de Cátedra, 19743, revisada y aumentada), y la <em>Introducción a la novela hispanoamericana actual</em> (Anaya, Salamanca, 1972), donde se ocupaba de <strong>Carpentier, Onetti, Sábato, Lezama Lima, Cortázar, Rulfo, Fuentes, García Márquez</strong> y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/fascinante-oirle-explicar-argumentaba-novelas-trabajar-vargas-llosa_1_1978707.html"  >Vargas Llosa</a>. Cuatro autores del <em>boom</em> y otros tantos antecesores. Además de investigador universitario, Amorós ha cultivado con fortuna la alta divulgación, en libros como este que ahora me ocupa, cuyas partes había dado antes en la prensa. Siento no conocer otros libros suyos semejantes, aparecidos en esta misma editorial. </p><p>En el análisis de los poemas, Amorós se apoya en las aportaciones de grandes filólogos, como <strong>Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, M. Bataillon, Leo Spitzer, E.R. Curtius, Amado Alonso, Otis H. Green, Albert Béguin</strong> o <strong>Lázaro Carreter</strong>, y en otros que reconoce como sus maestros: <strong>Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, Américo Castro, José F. Montesinos, José Manuel Blecua,</strong> padre, o<strong> Federico Sopeña</strong>; pero también cita a sus colegas contemporáneos, como <strong>Alberto Blecua</strong> y <strong>Francisco Rico</strong>, y a escritores que han cultivado el ensayo literario, e incluso a historiadores de la música, como el citado Sopeña. Si repasamos el índice de nombres, podemos advertir –ateniéndonos al número de veces que aparecen– que quizá sus autores preferidos, poetas o cultivadores de otros géneros, sean: <strong>Horacio, Virgilio, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Calderón, Bécquer, Zorrilla, Rubén Darío, Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Antonio </strong>y <strong>Manuel Machado, Gómez de la Serna, Neruda, Guillén, Pedro Salinas, Lorca, Alberti, Cernuda, Miguel Hernández </strong>y <strong>José Hierro</strong>.  </p><p>El libro sigue un orden cronológico y el procedimiento que utiliza es semejante: escoge un autor y un poema, y lo comenta para que lo comprendamos en todos sus matices, y disfrutemos con la lectura. A dicho propósito. Para ello, nos proporciona los datos necesarios para que podamos entenderlo lo mejor posible: el libro en el que se recoge, el movimiento estético del que forma parte, su tradición, así como las peculiaridades que distinguen al poema, sus singularidades. Nos muestra sus temas y motivos, comenta la métrica e incluso se fija en palabras concretas (por ejemplo, aclara qué es un <em>envío</em>, o por qué aparece un <em>papagayo</em> en un célebre verso de <strong>A. Machado</strong>) cuyo significado debemos conocer para entender y apreciar los versos. Llama la atención lo bien que empieza los capítulos, de igual modo que resulta significativa la crítica a los pedagogos (a la “actual y bárbara pedagogía” que desprecia y proscribe la memoria, pp. 8 y 84), a las nuevas tecnologías (“afirman ahora algunos necios que la tecnología ha cambiado radicalmente la condición humana”, p. 321), a la enseñanza actual, pues considera que vivimos una crisis del estudio de las Humanidades. Son críticas que, en esencia, comparto, junto con el cuestionamiento del progresismo mal entendido, lo que ahora se llama <em>woke</em>, a pesar de que no siempre sepamos a qué se refieren quienes utilizan el concepto.    </p><p>Creo que preguntarse a estas alturas si puede comentarse la poesía es innecesario, aunque el autor nos hace unas consideraciones dignas de ser tenidas en cuenta, a propósito de la “Noche oscura”, de<strong> San Juan de la Cruz</strong> (p. 113). A mí me parece, modestamente, que la poesía puede y debe comentarse, y si quien lo hace –sea un buen poeta o un profesor (Amorós, en este caso)– lo lleva a cabo con brillantez, no tiene precio.  </p><p>La verdad es que mucho de lo que se cuenta en este libro ya lo conocía, pero he disfrutado recordándolo, volviendo a aprenderlo, que es para lo que sirve releer. Conocía casi todos los poemas y, sin embargo, he disfrutado mucho refrescando lecturas. Así, he aprendido muchas cosas que quizás estaban en mi memoria, pero que no siempre tenía presentes. Se trata, por tanto, de una lectura muy recomendable para los amantes de la poesía y para aquellos estudiantes —pienso en la Universidad, pero también en todos los lectores, y en especial en los alumnos de Filología— a los que tanto les cuesta entender cabalmente un poema, incluso cuando están a punto de graduarse. He oído decir a algunos poetas que llegaron al género tras la lectura de <em>Las mil mejores poesías de la lengua castellana</em>, de<strong> José Bergua,</strong> libro que cuando yo era joven solía estar en todas las casas, y ese ha debido ser el propósito de Amorós. ¡Ojalá se cumpla! El libro se cierra, rompiendo la cronología, con el comentario del poema de <strong>Rubén Darío</strong>, “Letanía de nuestro señor don Quijote”. No se me ocurre un final mejor.         </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.  </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La invitación a la poesía de Andrés Amorós]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Emma Lira, Premio Edhasa Narrativas Históricas 2026 con una novela que nos reconcilia con Al-Ándalus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/emma-lira-premio-edhasa-narrativas-historicas-2026-novela-reconcilia-andalus_1_2178199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b07123e4-622d-4d12-a3ef-a85b48724bf8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emma Lira, Premio Edhasa Narrativas Históricas 2026 con una novela que nos reconcilia con Al-Ándalus"></p><p>"Una novela de extraordinaria sensibilidad, que recrea, con ricos detalles y un exotismo velado, la Hispania árabe-musulmana del califato, en la cumbre de Medina Azahara, así como la historia de Almanzor antes de convertirse en leyenda". Este es el fallo del jurado del <strong>Premio Edhasa Narrativas Históricas 2026</strong>, que recae en<strong> </strong><em><strong>La luz de Medina</strong></em>, obra seleccionada entre 284 originales, escrita por la reportera, guía cultural y apasionada viajera <strong>Emma Lira</strong>, agasajada a su vez con los 10.000 euros de dotación del galardón.</p><p>Lira explica a <strong>infoLibre </strong>que esta novela es "un retazo de esa <strong>Córdoba </strong>del siglo X, cuando en el <strong>Califato Omeya </strong>era la perla de occidente, una de las ciudades más esplendorosas del mundo compitiendo con <strong>Constantinopla y</strong> <strong>Bagdad”. </strong>"Es un trocito de nuestra historia que tenemos a veces un poco arrinconada y en el que había personajes increíbles", apostilla, situando la trama en aquel momento en el que los reinos cristianos, vulnerables y enfrentados entre sí, tejen alianzas con la suntuosa corte de <strong>Medina Azahara </strong>en espera del momento de poder combatir contra <strong>Al-Ándalus.</strong></p><p>Se convierte así <em>La luz de Medina</em> en una <strong>epopeya </strong>que narra el ascenso al poder de <strong>Almanzor </strong>y el conflicto íntimo de Lubna, una mujer esclava pero erudita que supo abrirse camino en la corte cordobesa y terminó siendo llamada a salvaguardar una verdad oculta en la más monstruosa de las mentiras. "Siempre digo que Almanzor es para los españoles, en general, lo que <strong>Aníbal </strong>es para los romanos. Pero a Aníbal se le ha contado muy bien, mientras que este personaje ha sido poco contado. Sabemos poco de él y a mí me gustaba pensar en cómo sería, cómo habría sido su vida, cómo se habría movido por esos pasillos de Medina Azahara para llegar a donde llegó, a mover los destinos de un califato sin ser el <strong>califa</strong>", anticipa la autora.</p><p>Y continúa: "No deja de ser un personaje que ha nacido en una <strong>Algeciras </strong>que lleva 200 años siendo <strong>musulmana</strong>, en una península que es <strong>Al-Ándalus</strong>, menos una franja del norte, por así decirlo, del <strong>Cantábrico</strong>. Los historiadores consideran que es un gran estratega, un gran general y, de alguna manera, hemos solapado ese carisma y esa inteligencia porque<strong> no nos ha interesado.</strong> Es una parte de nuestra historia que a lo mejor <strong>no nos apetece contar</strong> o <strong>recordar</strong>".</p><p>Porque, efectivamente, <em>La luz de Medina </em>tiene también la intención de "no contar solamente otras partes de la historia de España que a lo mejor conocemos más o de las que nos <strong>enorgullecemos </strong>más". "Esta es una parte de nuestra historia tan <strong>importante </strong>o más que otras mejor recordadas", recalca Lira. "Tengamos en cuenta que un califato es como un papado, de alguna manera, solo hay un califa, que es un representante de Dios en la Tierra. Y en el siglo X hay un cisma dentro de la jerarquía islámica y coinciden tres califatos: <strong>Bagdad</strong>, <strong>Fatimí</strong>, que es el que funda El Cairo, y <strong>Córdoba</strong>", prosigue.</p><p>Un momento histórico de evidente relevancia, sostiene, en definitiva, al contar Córdoba con un <strong>califato que "dura cien años</strong> y que tiene sus formas propias", más allá de la religión que lo asemeja a los otros: "<strong>Al-Ándalus</strong> tenía su carácter propio, porque al final es una mezcla de la gente que ya vivía aquí, de la que venía del <strong>Magreb</strong>, de todo ese <strong>sustrato </strong>y de todas esas culturas que ya existían, incluyendo la cultura judía y la cultura hispanorromana que habían heredado los <strong>visigodos</strong>. Todo eso hace que la arquitectura, los modos de vida, el lenguaje y más ámbitos hagan diferente Al-Ándalus de lo que puede llegar a ser Bagdad o El Cairo".</p><p>Es por ello que también defiende la autora que esa es "una <strong>época muy nuestra</strong>, porque nace aquí y nos ha dado grandes obras <strong>arquitectónicas</strong>, grandes personajes históricos y muchos <strong>avances tecnológicos</strong>, empezando por el <strong>regadío </strong>y terminando por grandes <strong>obras </strong>escritas o<strong> tratados médicos</strong>". "Me da un poco de pena que, en ocasiones, nos tomemos esa parte de la historia como si fueran '<strong>los otros</strong>', que digamos 'esos eran los otros, que vinieron y se fueron', porque los otros somos nosotros también. Esto duró 800 años. Un <strong>invasor </strong>que esté en un lugar<strong> 800 años </strong>ya no es un invasor", argumenta.</p><p>Así las cosas, <em>La luz de Medina</em> es de alguna manera también un intento de "<strong>reconciliación</strong> con esta parte de nuestra historia, en la que Córdoba y Al-Ándalus eran un foco <strong>brillante </strong>al que venía a estudiar gente de todo el mundo y en el que se miraba todo el mundo". "No creo que sea algo de lo que tenemos que <strong>avergonzarnos</strong>, sino al revés. Tenemos que <strong>enorgullecernos </strong>de esa etapa de nuestra historia", afirma.</p><p>Todo eso está presente en esta obra, que por su propia condición de <strong>novela</strong>, por supuesto, transita por ese espacio en el que el rigor histórico se difumina con la ficción. "Yo suelo moverme en las lagunas, en <strong>lo que no se sabe</strong>", señala la escritora, que se hace preguntas como las siguientes: "<strong>¿Y si esto hubiera sido así? </strong>¿Y si lo que nos han contado no es exactamente lo que sucedió? ¿Y si había un secreto que había que salvaguardar a toda costa de alguna manera para que esta maquinaria, esta dinastía esplendorosa que ha llegado a montar un califato en la otra parte del mundo, pueda continuar adelante?"</p><p>"Ahí es donde yo meto la <strong>ficción</strong>, reconstruyendo las relaciones de una serie de personajes que en su mayoría son históricos", resume, antes de terminar reconociendo que con esta novela le gustaría generar "<strong>curiosidad</strong>" y que los lectores sintieran la necesidad de buscar más información sobre estos personajes: "Me gustaría que la gente quisiera saber más sobre ellos, que se preguntara por esa línea entre la realidad y la ficción. Y, sobre todo, que se animara a conocer esa parte de nuestro pasado tan <strong>importante</strong>, que nos ha dejado un<strong> legado tan grande</strong> y de la que, en ocasiones, <strong>renegamos</strong>. Que miren a ese pasado con ojos de <strong>orgullo</strong>, de pertenencia, y que digan 'esto tan <strong>bello</strong>, <strong>bonito </strong>e <strong>interesante </strong>también es parte de mi historia".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 18:50:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Escritores]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Civilización o barbarie. La batalla por el futuro de la humanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/civilizacion-barbarie-batalla-futuro-humanidad_1_2174469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f609583c-9306-4e4d-90e7-08b8fc861bac_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Civilización o barbarie. La batalla por el futuro de la humanidad"></p><p>En un momento marcado por la erosión de nuestra atención, la dictadura del algoritmo y el avance de una inteligencia artificial que redefine el trabajo y el poder, el politólogo <a href="https://www.infolibre.es/autores/alan-barroso/"  >Alán Barroso</a> nos propone mirar de frente aquello que algunos prefieren no ver.</p><p><em>Civilización o barbarie </em>(Ediciones B, 2026) recorre los grandes desafíos de nuestro siglo: la desinformación que alimenta los extremismos, un capitalismo que convierte el tiempo en mercancía, la crisis climática que ya desborda los mapas y la secesión silenciosa de las élites que pueden permitirse vivir al margen de las reglas.</p><p>El autor no se limita a señalar los síntomas; también desmonta los relatos que presentan el deterioro como algo inevitable y muestra cómo, en ese ambiente de desorientación, ganan terreno quienes buscan debilitar lo que nos mantiene unidos. La barbarie, advierte Barroso, se abre paso cuando dejamos de pensar colectivamente.</p><p>Este libro, del que <strong>infoLibre </strong>adelanta un fragmento coincidiendo con su llegada a las librerías este mismo <strong>jueves 9 de abril</strong>, es una invitación a recuperar la imaginación política y a defender las instituciones que hacen posible la vida en común. Porque renunciar a pensar el futuro también es una forma de perderlo.</p><p>__________________________________________________________</p><p>Empecemos por el final: la barbarie está ganando. No la barbarie de las hordas salvajes y el caos que imaginaban nuestros antepasados. La nuestra es más sofisticada: viste traje de marca, cotiza en bolsa y tiene cuenta en Islas Caimán. La nuestra destruye el planeta con hojas de cálculo, mata con algoritmos y celebra la miseria ajena con champán francés. </p><p>En Silicon Valley diseñan aplicaciones para que no tengas que mirar a los ojos al repartidor que te trae la cena. En Davos discuten el futuro de la humanidad sin ningún humano que gane menos de seis cifras. En las salas de juntas se aplaude cuando sube la acción después de despedir a miles de empleados. Esta es la nueva barbarie: eficiente, optimizada y con excelente marketing. </p><p>Durante siglos, «civilización o barbarie» fue el mantra favorito del colonialismo. Era la coartada perfecta: nosotros (o nuestras élites, mejor dicho) teníamos catedrales, códigos civiles y cubiertos de plata; los otros tenían recursos naturales y la mala suerte de vivir encima de ellos. El argumento servía igual para bendecir la conquista de América que para justificar el reparto de África en Berlín. Para «pacificar» Argelia o para «democratizar» Irak. Siempre la misma estafa con distinto envoltorio. </p><p>La diferencia es que hoy ya no pueden mantener la farsa. </p><p>Antes podían disfrazar la barbarie de misión civilizadora; el saqueo, de progreso; el genocidio, de educación. Tenían el monopolio del relato. Pero ahora, con el planeta en llamas, con la desigualdad en máximos históricos, con la democracia convertida en parodia, ya no cuela. La máscara se ha caído. Ya no pueden pretender que la concentración obscena de poder es meritocracia. Ya no pueden fingir que la extracción infinita es crecimiento. Ya no pueden hablar de orden mientras siembran el caos, de estabilidad mientras todo se desmorona, de futuro mientras devoran el presente. </p><p>Y, precisamente porque la máscara se ha caído, podemos recuperar estos términos y usarlos con honestidad por primera vez. </p><p>Rosa Luxemburgo habló de «socialismo o barbarie» cuando el capitalismo industrial devoraba Europa. Para ella, la disyuntiva era clara: o superábamos el capitalismo o caeríamos en la destrucción mutua. Era una cuestión de sistemas económicos, de lucha de clases, de revolución contra reforma. </p><p>Un siglo después, la disyuntiva es a la vez más modesta y desesperada. Ya no estamos debatiendo entre sistemas económicos alternativos. No estamos eligiendo entre revolución o reforma. Estamos en algo mucho más básico: defender los últimos restos de vida civilizada —la posibilidad misma de lo común, de lo público, de lo compartido— frente a una barbarie que avanza sin siquiera necesitar una ideología clara. </p><p>Ya no es «socialismo o barbarie». Es algo más elemental: civilización o barbarie. Mantener espacios donde la lógica del beneficio no lo devore todo. Preservar instituciones que todavía funcionen para las personas y no contra ellas. Defender la idea misma de que podemos decidir colectivamente sobre nuestro destino. Son mínimos de supervivencia, no máximos revolucionarios. </p><p>El tiempo se agota. Los científicos nos dan una década para cambiar el rumbo del cambio climático. Los economistas (los honestos) advierten de que la próxima crisis hará parecer un juego de niños a la del 2008. Los sociólogos documentan cómo se deshilachan los lazos que nos mantienen juntos. Los fascistas afilan sus cuchillos. </p><p>Este libro no es un manual de supervivencia individual. Para eso ya existen miles de gurús vendiéndote cursos para hacerte millonario si eres pobre o refugios nucleares en Nueva Zelanda si eres rico. Este libro trata sobre la única salida real: la colectiva. Porque la civilización no es un lugar al que llegar, sino algo que construimos juntos o no construimos en absoluto. </p><p>La pregunta no es si queremos civilización o barbarie. La pregunta es si tendremos el coraje de admitir en cuál estamos viviendo ya, y si tendremos la fuerza para construir la alternativa antes de que sea demasiado tarde. </p><p>Y un spoiler: es más tarde de lo que crees. </p><p>El Rubicón es un río escasamente profundo del nordeste de Italia. Aparentemente es sencillo de cruzar. Un simple  paseo de orilla a orilla. Sin embargo, a lo largo de los siglos ha prevalecido la frase «cruzar el Rubicón» para referirnos a un momento decisivo, un paso audaz e irreversible hacia lo desconocido. La expresión se remonta a cuando el Rubicón era un río que ejercía de frontera natural entre Roma y la Galia Cisalpina. Cruzarlo le supuso a Julio César desafiar a Roma y dar un paso hacia lo desconocido. Antes de hacerlo, César contempló las aguas tranquilas del Rubicón, que más que una frontera física se había convertido en una frontera mental, y pronunció las famosísimas palabras que retumbarían en la eternidad de la historia: «Alea iacta est» (la suerte está echada). </p><p>Hoy en día, las fronteras siguen estando en nuestras cabezas. Pero cruzamos una media de cinco Rubicones a la semana. Quemamos etapas con una rapidez pasmosa. Esta velocidad vertiginosa de cambio y toma de decisiones plantea una pregunta inquietante: ¿estamos reflexionando de verdad sobre las consecuencias de nuestras acciones o simplemente reaccionando a un mundo que cambia más rápido de lo que podemos procesar? La frecuencia con la que nos enfrentamos a decisiones trascendentales puede estar erosionando nuestra capacidad para distinguir entre lo verdaderamente importante y lo meramente urgente. </p><p>Una vez que César cruzó el Rubicón, no solo cambió su propio destino, sino el de toda Roma. La guerra civil que siguió a ese paso transformó la República en un imperio bajo su liderazgo. Esas decisiones, impulsadas por ambiciones y visiones, dieron forma a siglos de historia europea y mundial. </p><p>En la actualidad, estamos parados en las orillas de nuestro propio Rubicón metafórico. Vivimos en una era de avances tecnológicos sin precedentes, desafíos medioambientales, cambios sociopolíticos y una interconexión global que determinará el futuro de la humanidad. Las decisiones que tomemos en las próximas décadas no solo definirán nuestro legado, sino también el mundo que dejaremos a las generaciones futuras. </p><p>Tomemos como ejemplo la inteligencia artificial. Estamos en un punto donde esta tecnología tiene el potencial de revolucionarlo todo, desde la medicina hasta la economía. Pero ¿cómo la moldeamos? ¿Dejamos que siga su curso sin restricciones o establecemos límites éticos? Al decidir, estamos cruzando nuestro Rubicón tecnológico. </p><p>El cambio climático es otro Rubicón ambiental. Con cada tonelada de CO2 que emitimos, nos acercamos a un punto de no retorno. Las decisiones que tomemos ahora, ya sea para mitigar su impacto o adaptarnos a sus consecuencias, determinarán el futuro de nuestro planeta. </p><p>Políticamente, vemos naciones en encrucijadas, lidiando con cuestiones de identidad, soberanía y los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Las decisiones de los líderes y sus votantes sobre estos asuntos en este preciso momento están redefiniendo el mapa geopolítico del mundo, un Rubicón más que debemos reconocer y afrontar. </p><p>Al igual que César, no podemos prever todas las consecuencias de nuestras acciones. Sin embargo, sabemos que las elecciones hechas en situaciones críticas pueden transformar la trayectoria de la historia. Mientras continuamos nuestro viaje a través de este libro que recién empiezas a leer, debemos reflexionar sobre las encrucijadas a las que nos enfrentamos y cómo nuestras decisiones determinarán el futuro. Porque, como César, una vez que crucemos, no habrá vuelta atrás.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alán Barroso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Civilización o barbarie. La batalla por el futuro de la humanidad]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Todos los colores de la oscuridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/colores-oscuridad_1_2174075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e5d96957-25b2-45b1-bb5a-62b02bf31cf5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos los colores de la oscuridad"></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>Salamandra. 2025</strong></p><p>Un novela potente y con garra. Dura y preciosa a la vez. La apariencia de thriller se diluye con una auténtica lección sobre la amistad inquebrantable aliada con la perseverancia ante el peor de los contextos. Los colores de la oscuridad bucea en el alma humana hasta dejarte sin aliento. Hurga especialmente en las obsesiones y búsquedas capaces de lastrar la existencia. Whitaker escribe distinto: choca, pero me atrapó. Esta es una de esas novelas que se te meten dentro, incluida su oscuridad. Conmovedora.</p><p>La amistad de Patch y Saint se remonta a la infancia y es casi, una religión. Veremos su evolución durante tres décadas a partir de 1975, partiendo de su pequeño pueblo en Misuri. Y si hay que comparar, es ella, Saint, la que lleva al extremo su lealtad. Quiere salvar a su amigo de una traumática experiencia. Patch salva de adolescente a una chica pero acabará siendo él, a quien secuestran. Un año de oscuridad, donde la única luz es una voz. Pertenece a Grace, la niña por la que arranca la épica búsqueda de Patch desde el final de su cautiverio.</p><p>Habrá más chicas desaparecidas y asesinadas en su pueblo, lo que otorga la categoría de thriller a la novela según muchos lectores. Pero no. Será la excusa de la que parte la trama de Whitaker para arrastrarnos a las venturas y desventuras de los dos amigos. La sensación de inseguridad invade la comunidad mientras las entrañas del joven Patch, un pirata –descubrirán por qué si la leen–, se mueven hasta condicionarlo de por vida. Da igual que transite por caminos alternativos. Está marcado.</p><p>El autor hace una autopsia del alma del chaval; un muñeco roto, alguien perdido sin más razones que las suyas. Patch es un personaje mayúsculo. Los años no alivian el dolor al que quedó anclado. Aunque haya secundarios en la novela, y de peso, el tándem Patch-Saint es el eje narrativo, tanto juntos como por separado. Me ha dejado enamorada cómo Whitaker les ha ido dibujando en sus separaciones y reencuentros. Me parece sublime su capacidad narrativa para desgranar los matices y contradicciones de esta amistad.</p><p>Han pasado semanas desde que terminé <em>Los colores de la oscuridad</em> y no desaparece el sentimiento de tristeza al recordar a sus protagonistas. Pervive clavada la pena que transmite su texto y la intuición lectora inicial de que no se salvarían, sobre todo de sí mismos. Ejemplifican a los seres condenados: carne de cañón cargando con el fracaso y la impotencia en sus espaldas.</p><p>Los objetivos de Patch acaban siendo de alguna forma los de Saint. Por y para siempre a su lado aunque piensen distinto. No puede abandonarle. Está atada a él por una fuerza superior a ella: le cuida para que no se pierda más, si es que eso es posible. Incluso, cuando las circunstancias les coloca en diferentes bandos frente a la ley. Lo refleja una escena memorable en la novela, que me puso la carne de gallina.</p><p>La trama es compleja por el carácter coral y el tiempo cronológico que abarca la novela. No es una lectura ligera como tampoco lo es, la escritura de Whitaker y esa es, en mi opinión, una de las fortalezas de Los colores de la oscuridad. Al principio me descolocaba. Hasta que sucumbí. Es verdad que se ralentiza el ritmo en determinadas páginas, pero es una manera de atarte a sus personajes. Ahora lo veo más claro, tras el reposo de la lectura.</p><p>Saint y Patch están heridos, desconciertan por sus incoherencias, pensamientos y hechos. Sobre todo él. Sufrí por Patch, pero más lo hice con ella. Las cadenas que les unen sonaban a toxicidad y sin embargo, cada párrafo va sumando. Es una escalera irregular, que incide en la dimensión que puede alcanzar la lealtad más auténtica, e incluso, ciega. El término «amistad» se queda corto para ellos.</p><p><em>Los colores de la oscuridad </em>se vive, te dispara lento. Es un trabajo sesudo que implica emocionalmente al lector. Por eso no se apaga su eco ni se olvida en dos días como ocurre con tantas novelas. Cada vez es más difícil encontrar una historia y narración como la de Whitaker. Un descubrimiento total.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[11e9c793-7bae-411a-850d-c602b29e1878]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Todos los colores de la oscuridad]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Agujereando el presente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/agujereando-presente_1_2174070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ce13d068-7847-44ee-a960-16097191bacc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agujereando el presente"></p><p><strong>Lastura Ediciones. 2025.</strong></p><p>Cuando pienso en <strong>Alberto García-Teresa</strong> (Madrid, 1980), siempre me vienen a la memoria dos versos de <strong>Antonio Machado</strong>: "<em>y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, / soy, en el buen sentido de la palabra, bueno"</em>. Y es que, efectivamente, Alberto es un ser humano bueno, generoso, trabajador, inteligente y comprometido con su tiempo, su ideología y los otros seres humanos a los que apoya, analiza sus versos, prologa, etc. Siempre lo puedes ver acompañado de su perro y una sonrisa que interroga. </p><p>Con <strong>Gabriel Celaya</strong>, podría decir que la suya es "<em>poesía para el pobre, poesía necesaria / como el pan de cada día, / como el aire que exigimos trece veces por minuto, / para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica". </em></p><p>Porque es cierto, vivimos a golpes, y se necesita un tipo de poesía que nos haga reaccionar, comprender que no podemos agachar la testuz y asumir la derrota. García-Teresa, como afirma la editorial que ha publicado su poemario <em>El áspero dolor de la esperanza</em> (Lastura, 2025), se enmarca en esa “poesía en tiempos de colapso ecológico y social. Poemas que asumen la angustiosa conciencia del desastre al que nos abismamos, pero que también nombran ese impulso que, a pesar de todo, continúa lanzándonos hacia adelante: esa esperanza sin autoengaño que enhebra presente y posibilidades de vida digna para todo lo sintiente”.</p><p>Alberto García-Teresa es doctor en Filología Hispánica con <em>Poesía de la conciencia crítica</em> (1987-2011). A partir de ese trabajo, ha elaborado una veintena de antologías y libros de estudio sobre poesía crítica contemporánea, como <em>Para no ceder a la hipnosis. Crítica y revelación en la poesía de Jorge Riechmann </em>(UNED, 2014; Lastura, 2024); <em>Pálpito de primavera, floración de resistencia: la poesía de María Ángeles Maeso</em> (Lastura, 2023); <em>Disidentes. Antología de poetas críticos españoles</em> (1990-2014); <em>Insumisas. Poesía crítica contemporánea de mujeres</em>; o <em>Última poesía crítica. Jóvenes poetas en tiempos de colapso</em> (con D. Trashumante; Lastura, 2023). Ha publicado ocho poemarios, como <em>Hay que comerse el mundo a dentelladas; A pesar del muro, la hiedra; Cuando dejamos atrás lo posible;</em></p><p><em>El áspero dolor de la esperanza</em> es justamente eso, lo que se anuncia en el título: dolor y esperanza, pero también belleza y compromiso. <em>DADNOS LOS NOMBRES // de las presas / de las desaparecidas / de las torturadas / de las colgadas de las alambradas (…)</em> y su poesía habla también, y, sobre todo, de lo colectivo de la resistencia. <em>COMO RAÍCES ESTRELLADAS // se levanta este bosque de resistencias. / Como una red de venas, hongos y paciencia / esa malla de complicidades y solidaridad / se enfrenta al tornado y a la / verticalidad del precipicio (…)</em> y la belleza, siempre la belleza ecológica: <em>SOLO UN LUGAR // en donde pueda escucharse a los pájaros / debería considerarse habitable.</em> Y siempre lo común, lo que construimos en grupo, la colectividad. <em>COMUNIDAD // Una persona que recolecta monedas / para la caja de resistencia durante la huelga. // La que hace turno de limpieza / en el centro social okupado. // Esa que atranca la con su cuerpo la puerta / la mañana de tu desahucio. (…)</em> y volver a los detalles, a las minúsculas bellezas de los ínfimo. <em>RELOCALIZAR // En cuidar lo pequeño / puede que esté / la grandeza del mundo</em>. Y un final, para mí único (lamento hacer espóiler) (…) <em>avanzamos / con la esperanza / agujereando el presente. </em></p><p>En resumen, es un libro que hay que leer, aunque a veces duela, aunque por momentos quieres escapar de ese dolor. Y, sin embargo, la belleza y la esperanza, está ahí. Te recomiendo que entres en este magnífico libro. Sé de lo que hablo.</p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>*Nieves Álvarez </strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>es profesora, escritora, poeta, investigadora y artista plástica. Pero, sobre todo, ávida lectora.</em></span></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[22607743-957c-4084-8605-deaa6ac77e8a]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez]]></author>
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      <title><![CDATA[Últimos artículos de Javier Marías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultimos-articulos-javier-marias_1_2174034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80445cd1-dd7e-4565-89d8-9489da5c32ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Últimos artículos de Javier Marías"></p><p><strong>Alfaguara, Madrid, 2025.</strong></p><p>Al cumplirse tres años de la muerte de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/guia-basica-leer-javier-marias_1_1315379.html"  >Javier Marías</a>, ocurrida en el 2022, su editorial ha reunido en un volumen las 75 últimas columnas que publicó en <em>El País Semanal</em>, donde había empezado a escribir en el 2003. En todos estos años, casi veinte, publicó 939 artículos. En esta ocasión, el título, con ecos lorquianos, se lo debemos a <strong>Carme López Mercader</strong>, su viuda, siguiendo la tónica que había seguido Marías de darles a estas recopilaciones la denominación de uno de los artículos. Así las cosas, su significación se multiplica, puesto que el texto que le proporciona título al conjunto es un homenaje a <strong>Juan Benet,</strong> al cumplirse treinta años de su muerte, de quien Marías nos dice: “fue un amigo y un maestro. No tanto literario como vital”, que le “enseñó qué eran la rectitud y la decencia”, de quien aprendió no poco: “me enseñó a ver y oír mejor (pintura y música), y a leer mejor, a saber distinguir lo valioso de lo pretencioso y los recursos de buena ley de los de mala”, “me enseñó a discernir: quién tiene piedad (…), y quién no la tiene”. Además, para Marías, los artículos de Benet era “muy lúcidos y originales”, aunque no siempre estuviera de acuerdo con sus opiniones (p. 190). En ese artículo con que titula el conjunto se queja también de lo “irrespetuoso” que resulta que decidamos lo que un difunto hubiera hecho u opinado sobre un suceso actual de haber estado vivo (opiniones del tipo: hoy <strong>Shakespeare </strong>estaría escribiendo series), sin por ello dejar de preguntarse qué hubiera escrito Benet sobre la invasión de Ucrania, o Marías —añado yo— sobre el genocidio en Cisjordania y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libro-negro-gaza-da-voz-jovenes-palestinos-escribir-forma-resistencia_1_2170929.html"  >Gaza</a>.  </p><p>Tanto los temas de que se ocupa como la manera de abordarlos son los suyos habituales. La retórica es la propia del autor, como lo es también el tono crítico que adopta cuando trata de política nacional e internacional, sobre los peligros que sufre la democracia, según la entendíamos hasta hace muy poco, el habitual, en este “bobo siglo”, como lo denomina. Una época que será recordada, nos dice, “por su pintoresquismo y su extrema ridiculez”, por el “cretinismo imperante” y por los numerosos “oportunistas lunáticos”; y remacha su opinión: “vivimos en una época particularmente enloquecida e idiota, en la que abundan los disparates (…), los ataques a la libertad y las injusticias”. Y confiesa que se siente impelido a señalar esos males, “procurando razonar y argumentar por qué me lo parecen” (p. 121).</p><p>Tampoco faltan en estos artículos los asuntos que solían interesarle: la literatura, el cine, la música, el fútbol (en pequeñas dosis), el cuestionamiento de lugares comunes (“la mejor literatura actual se está escribiendo en los periódicos”, p. 230), o la denuncia del mal uso del español, como ocurre en el titulado “Desprecio de la propia lengua”, en el que crítica que los anglicismos hayan invadido tanto el castellano de América como el nuestro, de lo que hace responsables a los periodistas, con TVE a la cabeza, a los políticos y a los publicistas (“escuela de lelos y cursis”, los denomina). Considera espurios ciertos usos de la lengua, como una tendencia “pedante-cateta”, quizá debida al “deseo irrefrenable de ser americanos”, estadounidenses (p. 125).</p><p>Además, se muestra contrario a la publicación de autobiografías, memorias, biografías, diarios y cartas privadas, puesto que “la prensa canallesca” solo destaca de ellas los comentarios malignos, hirientes, aunque me resulta imposible estar de acuerdo con esta opinión. Y, sin embargo, no le falta razón, en parte. En este mismo sentido, no creo que le hubiera hecho gracia la biografía que, dos años después de su muerte, en el 2024, le ha dedicado <strong>Manuel Adolfo Martínez Pujalte</strong>, aun cuando, a pesar de sus carencias y torpezas, ponga las bases para una futura biografía más atinada, si es que alguien se atreve tras conocer las opiniones del autor al respecto. Tampoco ha dado permiso Marías para que se publique su correspondencia con <strong>Herralde</strong>, explicando las razones. Y concluye: “la <em>obra</em> es sólo lo que ese escritor da a conocer en vida” (p. 53). Así, afirma contundente: “sólo son biógrafos los rencorosos, los oportunistas y los chismosos” (p. 180), opinión que tendría que haber matizado.</p><p>Más crítico aún, si cabe, se muestra con los móviles, “las cretinas redes” sociales (“en estas, hay poco más que invectivas, burlas, comentarios malsanos, malignidad hacia cualquiera…”, p. 48), y con las feministas de la denominada cuarta ola. A este propósito, comenta el caso de Amanda Gorman, joven poeta de raza negra, y la polémica que suscitaron las versiones de sus versos a otras lenguas. Se ocupa también de la pandemia, del coronavirus, de los buenos propósitos que suscitó en nuestras conductas y cómo fueron olvidados en cuanto la enfermedad desapareció. </p><p>Pero la mayor novedad del conjunto son los cuentos que publicó en la misma sección, <em>La zona fantasma</em>, al margen de que no están a la altura de los que incluyó en <em>Mala índole</em> (2012). Todos aparecen concentrados en la segunda mitad del libro, intercalándolos con los artículos, hasta un total de dieciséis narraciones, aunque la historia del profesor <strong>Pírfano de Lerma</strong>, del señor <strong>Cotta</strong>, escritor fracasado y editor, y de <strong>Catherine del Biombo</strong>, la guapa americana ennoviada con el “no tan joven <strong>Brendán</strong>” <strong>Godínez</strong>, cuya acción transcurre en 1982, no pudo llegar a completarla, quedando inacabada. Lo que destacaría, además del humor, del tono zumbón, es que en ellos hace hablar, de manera creíble, verosímil, a Juan Benet y al <strong>rey Juan Carlos</strong> (que ya había aparecido en<em> Mañana en la batalla piensa en mí</em>)<em>.</em> Y como dato curioso, tengo la impresión de que el personaje de <strong>Pírfano </strong>está inspirado, al menos en parte, en <strong>Francisco Umbral</strong>. Aun cuando la mayoría de los artículos sean independientes, en cuatro ocasiones compone series de dos (por ejemplo, cito solo un ejemplo, “Aquí no cabe ningún <strong>Marx</strong>” y “Tampoco caben <strong>Chaplin </strong>ni <strong>Keaton</strong>”), pero en el caso de los cuentos, es ahora, en el libro, cuando podemos seguir mejor el relato de los sucesos, inacabado por el fallecimiento del autor.</p><p>Decía que se muestra muy crítico tanto con los políticos españoles, de todas las ideologías, como con los principales gobernantes del resto de mundo, con <strong>Trump </strong>y <strong>Putin </strong>a la cabeza. El que Marías se defina de izquierdas no le impide cuestionar a Podemos, ni tampoco al PSOE, sobre todo por sus pactos con los nacionalistas catalanes (los independentistas se llevan los mayores varapalos) y vascos (con <strong>Otegi </strong>a la cabeza), y por sus alianzas con Podemos. El caso es que cuando hace pronósticos, no siempre acierta, como cuando dice, sobre unas futuras elecciones, que “Illa no podría ganar nada”. Pero lo importante es que varios de los políticos que critica hayan dejado de tener protagonismo en la vida española y en la internacional. En “Arrepentimiento simultáneo”, publicado en mayo del 2021, quizás el artículo con una mayor carga política, se explaya contra el PP (“al PP no lo votaré jamás”, p. 54), Vox, Podemos (“Podemos, simétrica con Vox”, p. 55) y el PSOE. Sobre este último, afirma que “votar hoy al PSOE equivale a votar a gente sin crédito y a meter en la gobernación de Madrid a los señoritos podemitas, <strong>Marx </strong>no lo tolere” (p. 56). Los reproches que les hace, en diversos artículos del libro, son numerosos y están bien fundamentados. Denuncia, además, la incapacidad de los electores al “no ver, no descifrar, no reconocer con claridad al otro”; tema tratado también en sus novelas.</p><p>Si tuviera que escoger algunos de estos trabajos (ante las recopilaciones, creo que el crítico está obligado a decantarse por una selección de las piezas que las componen), optaría por “Críticas y premios”, centrado en el cine y la literatura; o “Cine para ver mejor”, en el que se pregunta por qué fascinaron a las masas políticos tan ridículos como <strong>Hitler</strong>, <strong>Putin </strong>y otros, sin que falten los nuestros; mientras que en “Perrerías póstumas” confiesa que no cree en la posteridad, para cuestionar, asimismo, el paso de las obras literarias al dominio público, asunto del que también se había ocupado ya, para que se aprovechen de los derechos los <em>versionadores</em> y <em>adaptadores</em> de turno; en ocasiones, destrozando las obras, como en el caso que comenta de una versión de <em>Otelo</em>; “Mala índole” es un alegato en favor de los exiliados republicanos, ante unas desafortunadas declaraciones de <strong>Pablo Iglesias</strong>, que los igualaba con <strong>Puigdemont</strong>, opinión que <strong>Muñoz Molina </strong>ha calificado –con razón– de “vileza”; en “Aún lejos de mil” traza un balance de sus artículos en la prensa, y nos recuerda que <em>Mano de sombra</em> (1997) fue la primera recopilación de sus artículos; y “Día y noche, noche y día” nos habla de la casa de su padre, el filósofo <strong>Julián Marías,</strong> en la que él también vivió. No menos significativo resulta –aunque no estuviera previsto por Marías– que el libro se cierre con un elogio de la traducción literaria, “El más verdadero amor al arte”, en la que tanto empeño había puesto y tan buenos resultados había obtenido. </p><p>Las opiniones poco complacientes que aparecen en el libro (se cura en salud: “a estas alturas creo haberme ganado cierto derecho a la arbitrariedad, a las manías y al enfurruñamiento que tanto ofende a algunos”, p. 121), adquieren relieve en lo que señala en el artículo titulado “Los versos de mírame y no me toques”, que concluye diciendo: “no le veo sentido a escribir en prensa para no decir la verdad, o sólo para lo que tantos y tantas escriben: justamente, quedar bien” (p. 44); “siempre he escrito lo que pensaba y no lo que `quedaba bien´” (p. 122). O, añado yo, para cumplir con el papel que se les ha asignado, como –digamos– portavoces de un grupo social o ideología, de una tendencia, moda o minoría.</p><p>Siempre me han gustado las cubiertas de los libros de Marías, aunque, en esta ocasión, no ha debido de elegirla él, se mantiene en la misma línea de acierto que las anteriores. Se dice que el cuadro del pintor danés <strong>C.W. Eckersberg</strong> (“Vistas, a través de una puerta, de figuras en relieve”) procede del Statens Museum for Kunst, pero no se dice que se trata de la Galería Nacional de Dinamarca, en Copenhague. Javier Marías, que tenía una veta tiquismiquis, seguro que lo hubiera precisado. La publicación de estos últimos artículos, son veintitrés los libros de este género, la posibilidad de seguir leyéndolo, es un consuelo para quienes tanto admiramos su obra narrativa y ensayística. </p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura española y crítico literario. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Últimos artículos de Javier Marías]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA["Es como ver a Federico en zapatillas escribiendo a sus padres": la familia García Lorca a través de sus cartas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ver-federico-zapatillas-familia-lorca-cartas_1_2174545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/028862cb-68c4-4ab1-8bc4-d870c301a35f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Es como ver a Federico en zapatillas escribiendo a sus padres": la familia García Lorca a través de sus cartas"></p><p>"Llegué muy bien a este Madrid tan bonito y tan bello como siempre y encontré perfectamente mi cuarto y mis amigos de la Residencia (...) Os <strong>ruego que me mandéis el importe de la matrícula</strong>, 180 pesetas, para comprar los libros, que son caros, y yo <strong>os mandaré las cuentas</strong> como ahora con lo que he comprado pues quiero y estoy dispuesto a que sepáis todo cuanto hago, compro y pienso". </p><p>Este que escribe es el Federico hijo, el más <strong>íntimo </strong>y <strong>cotidiano</strong>, en una <strong>carta </strong>dirigida a sus padres desde la <strong>Residencia de Estudiantes</strong> en el otoño de <strong>1920</strong>. Una de las muchas que el poeta y dramaturgo, futuro <strong>mito </strong>de nuestras letras, intercambió con sus progenitores, don Federico García Rodríguez y doña Vicenta Lorca Romero, desde <strong>1910 </strong>hasta su asesinato a manos de los fascistas en <strong>1936</strong>.</p><p>Una de las más de doscientas misivas reunidas en <em><strong>No te olvides de escribir. La familia Lorca en sus cartas</strong></em> (<a href="https://www.akal.com/" target="_blank" >Akal</a>, 2026), un volumen que nos permite conocer al autor desde una perspectiva distinta, pues consigue hacernos sentir como "<strong>invitados </strong>en la <strong>casa </strong>de la familia García Lorca". "Así podemos asistir a las conversaciones que hay ahí, especialmente entre Federico, sus padres y también sus hermanos", resume a <strong>infoLibre </strong>el editor, Víctor Fernández.</p><p>Un intercambio de pareceres mantenido a lo largo de los años, mientras <strong>Federico se va convirtiendo en Lorca</strong> casi diríase que carta a carta, correo postal mediante, y que en el caso de este título se extiende todavía más allá de su muerte, hasta <strong>1947</strong>, haciéndonos así partícipes del <strong>dolor </strong>de una familia empujada al <strong>exilio </strong>forzoso para salvar su propia vida y tratar de lidiar con el imposible <strong>duelo </strong>de la terrible pérdida a manos del fascismo.</p><p>Con material en algunos casos <strong>inédito </strong>obtenido de fuentes diversas, se crea así una especie de chat de <strong>WhatsApp familiar </strong>de esos que tenemos ahora todos, con la fortuna de que, este sí, quedó escrito negro sobre blanco en papel y no fue a parar a la papelera para liberar espacio —ya hablaremos en otro momento del problema documental que ya provoca que todo sea digital—, por lo que pudo ser convenientemente <strong>archivado </strong>para la posteridad. </p><p>"Hablamos de una generación que escribía mucho", apunta Fernández, quien también destaca la suerte de que la familia fuera "muy cuidadosa al <strong>conservar </strong>documentos". "Esto es único, tal vez con la excepción de <strong>Jorge Guillén,</strong> del que se acaban de publicar las cartas de él a su hija, pero no las de su hija hacia él. No conozco otros casos de escritores, por ejemplo de la misma generación del 27, con este volumen de <strong>correspondencia </strong>entre familiares, con tantas cartas enviadas y recibidas", remarca.</p><p>Además de esta excepcionalidad, señala el editor que otra de las "<strong>virtudes</strong>" que tiene este epistolario es que nos permite "asistir al <strong>nacimiento </strong>de un <strong>escritor</strong>" desde sus inicios más modestos, desde la niñez prácticamente, pues la primera misiva la escribe con apenas once años. Al mismo tiempo, esta lectura "<strong>humaniza </strong>mucho" a Lorca, pues antes de ser "una <strong>estatua de mármol </strong>en una plaza fue una<strong> persona </strong>con los problemas de los chicos de su edad y que no lo tuvo fácil para dar a conocer su obra". </p><p>"Las cartas reflejan eso y nos permiten ver a Lorca en <strong>zapatillas</strong>, escribiendo a sus padres desde la Residencia de Estudiantes diciendo que <strong>pasa frío</strong>, que la <strong>estufa </strong>no va bien, que por favor le envíen dinero, que necesita comprarse ropa... lo normal de un <strong>chico que se va a estudiar fuera</strong>. Y, por otro lado, están también las cartas de la <strong>madre preocupada</strong> que le pregunta si está todo bien y que le pide que le cuente a quién le da sus manuscritos", relata el editor.</p><p>No falta en este intercambio postal el <strong>padre </strong>que quiere que su hijo estudie una <strong>carrera respetable</strong>, Derecho en este caso —su hermano Francisco tuvo una trayectoria muy importante como diplomático—, a pesar de que este, aún con el lógico miedo a <strong>defraudar </strong>a los suyos, está más interesado en "construir su propia carrera literaria". Un padre que "no termina de ver con buenos ojos que su hijo sea <strong>escritor</strong>", por lo que quiere que se saque la carrera y luego "escriba y se dedique a lo que quiera", a pesar de lo cual es quien paga las primeras ediciones de sus primeros libros.</p><p>Mucho más volcada en el apoyo a la vocación <strong>literaria </strong>de Federico —que llegó después de la musical— se muestra en todo momento su madre Vicenta, "la primera lectora de todos sus manuscritos". Algo no tan extraño si conocemos el contexto: "Ella había sido <strong>maestra de escuela </strong>en Fuente Vaqueros y leía <strong>Víctor Hugo</strong> en voz alta a los vecinos. Con el tiempo, ella es su primera lectora y la primera en preocuparse por saber dónde va a entregar los manuscritos, a qué editorial, a qué revista. Yo diría que tiene incluso un papel parecido al de una <strong>agente literaria moderna</strong>".</p><p>A medida que Federico va ganando fama y conociendo el mundo, se convierte también este epistolario en una especie de <strong>crónica de viajes </strong>de <strong>Nueva York, Cuba</strong> o <strong>Buenos Aires,</strong> ciudad esta última donde disfruta de un <strong>éxito teatral monumental </strong>que le supera y que con indisimulado orgullo trata de transmitir a sus padres. "A nivel editorial, <em>Romancero gitano </em>iba ya en 1936 por cinco ediciones, que es todo un récord para un libro de poemas. Pero es en Argentina donde empieza a tener gran éxito teatral", explica Fernández.</p><p>"Es a partir de ese momento cuando <strong>el padre se da cuenta </strong>de que igual no lo está haciendo tan mal el hijo", comenta divertido el editor, recordando que Lorca entonces "<strong>llenaba teatros como conferenciante</strong>". "Es como si <strong>Antonio Banderas</strong> hiciera una gira solo llenando teatros. Un <strong>fenómeno de masas</strong>, no puede salir a la calle porque tiene gente por todas partes que le pide charlas, firmas de libros, etcétera. Y, claro, eso se traduce en que económicamente, por fin, la cosa funciona", señala.</p><p>Fruto de años de trabajo de <strong>arqueología documental</strong>, lleva esta obra a preguntarnos si queda algo más por aparecer de Federico García Lorca. "Lo cierto es que <strong>todos los años aparece algo</strong> y es como un <strong>acontecimiento</strong>, aunque sea una anotación en una servilleta", indica Fernández, quien se atreve a vaticinar que "vamos a tener todavía más <strong>sorpresas</strong>". "No estoy diciendo que mañana se vaya a publicar un epistolario inédito o algo así, pero por ejemplo hay cartas que se han perdido y soy optimista con que algún día aparezcan", resalta.</p><p>Y todavía continúa: "El año pasado publiqué en mi periódico —<em>La Razón</em>— cuatro o cinco cartas de Lorca a un chico que habían aparecido por casualidad después de la muerte de este señor, que no había dicho nada a su familia. O sea, que<strong> puede ser que aparezca algo,</strong> que haya alguna carpeta debajo de la cama todavía o que haya algún manuscrito en un fajón. Es muy fácil que ocurra eso. Lo que no va a aparecer son <strong>materiales literarios de peso</strong>, aunque ojalá haya una sorpresa, porque hay mucho perdido".</p><p>Por ejemplo, recuerda para casi terminar que el manuscrito de <em>Bodas de sangre</em> está "<strong>perdido</strong>", por lo que podría aparecer. "Y hay un archivo inexpugnable que señalo en el libro, el de <strong>Rafael Martínez Nadal</strong>, que está en Londres. Él era el amigo y confidente de Lorca y nadie sabe qué hay allí. Martínez Nadal publicó un libro que se llama <em>Mi penúltimo libro sobre Federico García Lorca</em> y decía que tenía material para un último", concluye.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 19:09:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <title><![CDATA[La librería perdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libreria-perdida_1_2170520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/145cf7c4-5bb1-4820-bcb5-475bdcf4b4c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La librería perdida"></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>Harper Collins. 2024.</p><p>Un libro que habla de libros siempre es un gustazo. En esta novela lo son todo, incluido el hilo que entrelaza sus historias, aunque algunas conexiones resultan forzadas. La autora se sirve del realismo mágico para enredarte en el ambiente con unos personajes que buscan: cosas concretas y objetivos vitales, aunque ni ellos mismos lo sepan. <em>La librería perdida</em> no es espectacular, pero es muy entretenida y, a ratos, bonita.</p><p>Son dos historias a tres voces. La pobre <strong>Opaline </strong>ha nacido en la época equivocada. En los años 20 pretende lo que la sociedad no permite a las mujeres. Independencia y coraje. Tiene su propia librería y le ha hecho un corte de mangas al futuro que le tiene preparado su familia. Su experiencia vital es impresionante aunque poco creíble, por mucho que la autora la revista de un aura de<em> superwoman</em>.</p><p>En el presente tenemos a <strong>Martha </strong>y <strong>Henry </strong>en Dublín. La primera escapa de una espantosa relación. El segundo, va a la caza de un manuscrito que ni tan siquiera sabe si existe. Sus vivencias particulares se convierten en una. No me convence nada, su más que predecible relación romántica. Por más chicha que trate de sacarle, estirando demasiado los giros de dicha relación, la escritora no consigue emocionarme en este terreno.</p><p>Es sin duda la aventura de Henry –que no él– lo que me ha resultado más interesante de <em>La librería perdida</em>: su búsqueda e investigación, saber cómo se mueven los tratantes de libros (en el pasado y en la actualidad) y hasta qué punto ese camino se hace obsesión. En ese periplo, aunque ni de lejos lo tuviera previsto, Martha será una pieza clave.</p><p>Será ella quien suba puntos de la ambientación mágica de la novela. Hay descripciones de escenas preciosas, con esas cosas tan “extrañas” que ocurren en su entorno, donde aparecerá madame <strong>Bowden</strong>. Es un personaje secundario y sin embargo, el más atractivo de todos en mi opinión. Hace poco abordamos esta novela en un club de lectura y coincidimos en que esta señora –nada simpática por cierto– tiene un peso fundamental en la trama, que dará sorpresas al lector. Hasta ahí se puede contar.</p><p>Siendo los libros el marco narrativo de la novela, al final trata de búsquedas en todos los sentidos. Especialmente, de quienes desean liberarse de esas cadenas que impone la vida. Y las peores: las que nos ponemos nosotros mismos. Me gusta que los libros puedan servir para romperlas. No son la panacea, pero sí un buen medicamento para sanar la basura emocional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 04:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel (El libro durmiente)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La librería perdida]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Contra el pecado original]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pecado-original_1_2171522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/316a3579-008a-4d1e-95f2-4e63d58f0d0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021754.jpg" width="638" height="359" alt="Contra el pecado original"></p><p><strong>Madrid, Bartleby, 2026.</strong></p><p>Nueve años después de la publicación de <em>Esta tierra es mía</em>, Itzíar López Guil regresa al ruedo con un libro cargado de voltaje emotivo, pero atemperado por ocasionales remansos contemplativos y por la distancia crítica con la que se denuncian los males de la sociedad contemporánea. Como es habitual en la autora, la organización de esta entrega se atiene al criterio impuesto por el orden alfabético, con excepción de la primera y la última secuencia. De hecho, el texto de apertura —“Mendigos de la culpa”— proporciona la pauta tonal del conjunto e introduce el término que va a funcionar como un aflictivo mantra a lo largo del volumen. Esa culpa difusa, a la vez “pecado original” inherente a la condición femenina e inquisitiva voz de la conciencia, es la seña de identidad de la que se apropia un sujeto enunciativo que no se limita a desmontar las convenciones heteropatriarcales, sino que se rebela contra el legado genealógico y la herencia cultural recibida. </p><p>En <em>Un refugio en la espesura</em>, la desprejuiciada reivindicación de la ley del deseo, la evocación de la figura paterna y la asunción de la edad madura nos conducen al recinto de la intimidad. Sin embargo, para Itzíar López Guil las fronteras que separan lo privado de lo público son porosas. Así se aprecia en dos poemas conturbadores que afrontan el <em>bullying</em> como un problema social de primer orden (“Acoso escolar” y “<em>Mobbing</em>”), aunque sin soslayar la proyección autobiográfica de dicho conflicto. Algo similar cabría afirmar de “Aporofilia”, que invierte el neologismo acuñado por <strong>Adela Cortina</strong>, y “Qué significa conducir”, donde las anécdotas que sirven de pretexto superan la implicación personal para alzarse en un testimonio trascendente de los vínculos familiares o sociales que perviven en un mundo deshumanizado. </p><p>Precisamente esa dimensión comprometida adquiere aquí un inusitado protagonismo. Por un lado, diversas composiciones indagan en las cunetas de la memoria colectiva: la imagen de “Madrid atrincherada” en “De las bombas se ríen los madrileños” o el entrañado recuerdo de los “días azules” de <strong>Antonio Machado</strong> en “Esperanza” no son meros ejercicios de reconstrucción histórica, sino que nos advierten del cíclico retorno de ciertas ideologías que “ensucian la palabra <em>libertad</em>”. Por otro lado, abundan las estampas que reflejan las cicatrices abiertas de la aldea global, a las que asistimos como impotentes espectadores. Los refugiados sin refugio, las alambradas y los cayucos, los viejos y nuevos genocidios o la política migratoria de una Europa empeñada en ponerle puertas al mar dotan de soporte crítico a una serie de piezas a las que podría aplicarse el amargo corolario con el que se cierra “Titanic II”: “Y otra vez nos obligan a tocar hasta que todo acabe”.</p><p>Al margen de esta panoplia temática, los poemas de Itzíar López Guil despliegan técnicas desautomatizadoras que van del chispazo visionario a la revisitación paródica de la tradición literaria. Ejemplo de lo primero es “Donde tu mano no llega”, una viñeta minimalista que solo necesita dos versos y cinco palabras para lanzar un alegato a favor de la vida: “Aquí. / Donde también la muerte”. Por su parte, lo segundo se aprecia en aquellos títulos irónicos (“<em>Pócker vitae</em>”, “¿Por qué no hay Caperucitos?”) que juegan con los tópicos y estereotipos mediante un lenguaje al tiempo áspero y coloquial. No obstante, este recorrido quedaría incompleto si no mencionáramos la médula metadiscursiva que alienta en determinados pasajes. Aunque no hallemos poéticas explícitas ni disquisiciones sobre el sentido o la utilidad de la escritura, la conciencia creativa se agudiza en el díptico “Enunciación”, que concibe el espacio lírico como punto de encuentro entre la autora y sus lectores, pero también como trampantojo cuántico; o en “Exégesis”, que se pregunta sobre la posibilidad de “traducir” la voz del paisaje. </p><p>Asimismo, en el libro se observan varios mecanismos de autorreferencialidad implícita, un fenómeno que Itzíar López Guil ha abordado con asiduidad en su faceta académica. No es de extrañar, en consecuencia, que algunos versos rotundos o anticlimáticos<em> hagan</em> lo que <em>dicen</em>: prueba de ello son “Bufanda para el mal tiempo”, donde los tres puntos suspensivos con los que se clausura el discurso parecen corresponderse con la suspensión del estado de vigilia (“voy al sueño...”), y “Qué significa conducir”, donde la ausencia del punto final se abre a la sostenida incertidumbre a la que nos transporta el desenlace (“que llevas al futuro”).</p><p>En definitiva, la edición de <em>Un refugio para la espesura</em> —muy bien acompañada por las ilustraciones de <strong>Carlos López Cortezo</strong>— confirma el hallazgo de una frecuencia modulada que no solo consagra el campo literario como reserva protegida, sino que nos cobija de la intemperie ante una realidad que amenaza con helarnos el corazón.</p><p><em><strong>* Luis Bagué Quílez </strong></em><em>es escritor y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 04:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Bagué Quílez]]></author>
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      <title><![CDATA['El libro negro de Gaza' da voz a los jóvenes palestinos: "Escribir es para ellos una forma de resistencia"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libro-negro-gaza-da-voz-jovenes-palestinos-escribir-forma-resistencia_1_2170929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f0d71fea-deda-45d1-8c79-a7828786e752_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El libro negro de Gaza' da voz a los jóvenes palestinos: "Escribir es para ellos una forma de resistencia""></p><p>Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres <strong>anónimos </strong>que dejarán inicialmente <strong>indiferente </strong>al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay <strong>personas </strong>de carne y hueso que nos cuentan en <strong>primera persona</strong> su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.</p><p>La <strong>literatura </strong>es una de ellas y así queda escrito en <em>El libro negro de Gaza. Testimonio de un genocidio (</em>Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026), un proyecto grupal coordinado por el periodista y editor independiente Gonzalo Delgado, quien habla de "<strong>diario colectivo</strong>, generacional y multidimensional de los chavales de Gaza" porque, tal y como destaca a <strong>infoLibre</strong>, todos los participantes son palestinos y "bastante jóvenes". "Autores que viven allí. Bueno, dos han conseguido salir, pero después de haber escrito sus textos, con lo que todo está escrito <strong>desde Gaza</strong>", añade.</p><p>"Son <strong>estudiantes </strong>de literatura, de farmacia, de medicina, de diferentes partes de la franja", continúa Delgado, que fue contactado con todos ellos uno a uno a través de las redes sociales y creando una red de confianza con los que se iban apuntando y hablando del proyecto a sus conocidos. Así se fue haciendo realidad este <em>Libro negro de Gaza</em>, que reúne cerca de cincuenta <strong>relatos </strong>breves y <strong>poemas </strong>escritos en tiempo real por 17 jóvenes autores y autoras palestinos —9 mujeres y 8 hombres, en su mayoría de entre 19 y 30 años— que de alguna manera encontraron en la <strong>literatura </strong>un <strong>refugio </strong>contra las bombas, una forma de <strong>supervivencia</strong>.</p><p>"Ellos reivindican mucho en los textos esa idea de <strong>escribir </strong>como forma de <strong>resistencia</strong>", subraya el editor, poniendo el énfasis en que todos estos jóvenes son "de lo más normal del mundo", lo cual genera una <strong>cercanía </strong>testimonial muy potente: "Cuando lees todas estas historias, que están en diferentes ciudades y situaciones, te da la sensación de haber estado <strong>acompañándoles </strong>a ellos, de haber estado en su <strong>familia</strong>. Es como si estuvieras allí siendo un <strong>testigo silencioso</strong>, conociendo su experiencia desde el punto más real, de sus espacios y su <strong>intimidad</strong>". </p><p>Y es que, concebido como un libro de literatura, un compendio de textos independientes, <em>El libro negro de Gaza</em> propone una aproximación profundamente <strong>humana </strong>y <strong>emocional </strong>a la realidad vivida en el territorio. A través de historias <strong>personales</strong>, el lector se adentra en la vida <strong>cotidiana </strong>bajo asedio y bombardeos, los <strong>desplazamientos </strong>forzados y las <strong>pérdidas </strong>familiares, pero también en dimensiones universales como el <strong>amor</strong>, la <strong>memoria</strong>, la <strong>amistad</strong>, la <strong>maternidad </strong>y la <strong>esperanza </strong>que sostiene la vida incluso en las circunstancias más extremas.</p><p>De ahí <strong>títulos </strong>en estos <strong>relatos </strong>y <strong>poemas </strong>como<em> Una tortura insufrible, El desafío de estudiar durante un genocidio, Diez minutos para huir de la muerte, Antes de derrumbarse el tejado, Una vida entregada a una causa justa</em> o <em>Agarré a mi hermana por la camiseta hasta que se precipitó</em>. Historias narradas con toda la <strong>honestidad </strong>de quien solo busca que alguien al otro lado las lea para que se conviertan en reales. Para que no se <strong>olviden</strong>, para que dejen <strong>testimonio </strong>en un momento en el que la comunidad internacional cada vez habla menos de lo que pasa en Gaza.</p><p>Porque, según advierte Delgado, él sigue hablando mucho con todos los chavales del equipo, que siguen allí en su mayoría y "notan que se está <strong>hablando menos de ellos</strong>". Se convierte así este libro en una <strong>llamada </strong>no ya por la memoria, sino contra el olvido en tiempo presente. Ese es el motor de este proyecto, el que impulsó al editor a ponerse en marcha desde la nada, para "<strong>dar voz</strong>" a lo que está pasando, porque "tampoco está habiendo tanta <strong>creación literaria </strong>como en otros conflictos, como pudo ser el asedio de Sarajevo". "Había que <strong>cubrir ese vacío</strong>", apostilla.</p><p>De alguna manera, este libro se convierte en esa <strong>flor </strong>que nace en un desierto, donde parece que es imposible que nazca nada. Porque, por mucho que Israel se empeñe, en Gaza todavía hay un pueblo creando y defendiendo su <strong>identidad </strong>con todas las herramientas a su alcance, entre ellas, la <strong>escritura</strong>. "Así es como defienden su identidad y la determinación de<strong> vivir en su tierra</strong>, que al final es lo que exigen: poder vivir con libertad y <strong>dignidad </strong>en su tierra", remarca Delgado.</p><p>Y continúa: "Es que Israel les dice 'mira, si queréis vivir, <strong>marcharos y yo no os mato’</strong>. No entienden que están dispuestos a pasar ese nivel de <strong>penurias </strong>por estar en su tierra. Porque, además, ya hay un ejercicio de <strong>ingeniería social</strong> con el que se han convencido de que no hay una identidad palestina en Israel, que eso es un <strong>invento </strong>para tocarles las narices. Y se lo han creído hasta el punto de que no comprenden que los palestinos quieran sentirse palestinos en su tierra, en Palestina".</p><p>Por eso, afirma, este libro es también incluso una forma de que los palestinos puedan "<strong>mantenerse cohesionados </strong>vivan donde vivan", pues muchos de ellos están repartidos por el mundo. Una situación que compara el editor con los <strong>judíos sefardíes</strong>, por ejemplo, capaces de "mantener sus costumbres, sus canciones, sus <strong>recetas de comida</strong>, su lengua incluso". "Es un poco lo mismo, porque hay una vinculación geográfica, en ese caso <strong>Sefarad</strong>, pero también cultural, como ocurre con Palestina", apostilla.</p><p>Destaca en este punto Delgado la respuesta "positiva" que está provocando el libro entre los lectores, puesto que "quien lo lee se da cuenta de que <strong>deja mucho poso</strong>". "Es un libro muy <strong>fuerte </strong>que cubre un vacío y les da voz a los jóvenes palestinos. A nivel interno a uno le <strong>deja muy tocado</strong> precisamente por la <strong>verdad </strong>que transmite", explica. "Yo creo que una de las cosas que más te engancha de este libro es que es excesivamente humano, o mejor dicho, <strong>extremadamente humano</strong>, porque le <strong>pone nombre a las imágenes </strong>que tanto hemos visto. Es como estar con ellos, ves que le están haciendo daño a alguien que tiene <strong>aspiraciones </strong>y <strong>sueños</strong>", resalta.</p><p>Son jóvenes escritores que siguen luchando por su vida, en definitiva. "Todos están intentando salir, encontrar alguna <strong>beca </strong>para estudiar en alguna <strong>universidad de Europa</strong>", cuenta Delgado, a quien de hecho le piden ayuda, contactos o cartas de recomendación. "Hay un par que han salido ya y están en <strong>Irlanda</strong>", añade orgulloso de estos palestinos con los que sigue en contacto y a su disposición para ayudar en lo que le sea posible. </p><p>"Ahora se nota el<strong> alto el fuego</strong>. Antes hablaba más con ellos porque estaban más encerrados en los refugios o donde fuera y hacían menos vida <strong>comunitaria</strong>. Ahora están recuperando eso y hablamos menos porque están teniendo la vida que tienen que tener y salen más a la calle", continúa el editor, satisfecho de tener todos estos testimonios que, sin duda, apelan directamente a nuestra <strong>empatía </strong>como seres humanos: "De hecho, mientras trabajaba en esto compartí algún relato con alguien de mi entorno que es <strong>bastante conservador </strong>y pude ver que <strong>le rompía un poquito</strong>".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 04:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El libro negro de Gaza' da voz a los jóvenes palestinos: "Escribir es para ellos una forma de resistencia"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¡De armas tomar! Mil desconocidas del XIX en pie de guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/armas-mil-desconocidas-xix-pie-guerra_1_2170446.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5581ecb1-e69b-4b69-a4bc-ea18498549ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡De armas tomar! Mil desconocidas del XIX en pie de guerra"></p><p><em>¡De armas tomar! Mil desconocidas del XIX en pie de guerra,</em> tal como indica, el libro descubre a españolas del siglo XIX que fueron feministas cuando el concepto no estaba en su vocabulario ni en su conocimiento. De <strong>Agustinas de Aragón</strong> y <strong>Marianas Pineda</strong> a la mítica <strong>Carmen la cigarrera</strong> o, sorpresa, sorpresa, las antepasadas transgresoras de la modista <strong>Agatha Ruiz de la Prada</strong> o la del ex primer ministro británico<strong> Boris Johnson.</strong> Mujeres que abarcan desde la aristocracia hasta el mundo obrero, nacidas como clase social con la revolución industrial, o las que trabajan como nodrizas.</p><p>La indagación es un recorrido por la España del XIX y sus guerras, declaradas por hombres. Las mujeres aparecen a menudo en tríos o agrupadas por alguna causa. Se excluyen las artistas (escritoras, pintoras, actrices o compositoras), porque están siendo rescatadas en otros libros. <strong>Conxa Rodríguez</strong> pone su mirada en la clase social, la personalidad y el contexto histórico en el que vive cada una de ellas. Como botón de muestra hemos seleccionado el siguiente:</p><p>En un ejercicio de masculinizarse para incorporarse a la guerra o ser soldada, Fancisca destacó más por sus acciones militares que por su travestismo. Iba vestidita de varón, tal como entona la canción. El pantalón ancho y la zamarra holgada, con lo que la describen quienes la trataron, le escondían la feminidad de su anatomía y el trance mensual de buscar las hojas más absorbentes entre el ramaje vegetal para contener la sangre que le derramaba el cuerpo. No todas las texturas del bosque absorbían igual, ni la biología les obstaculizaba su capacidad para ser soldadas. Francisca es conocida como «la heroína de Castellfort». </p><p>Francisca Guarch Folch nació en Castellfort (Castellón) el 4 de octubre de 1855 en una familia de tejedores con ideas políticas que habían llevado a su padre al ejército carlista en la guerra de los Siete Años. Defendía el lema de Dios, Patria y Rey; el rey de la legitimidad, contra la revolución de 1868, el Sexenio Democrático que había empezado, pero no acabado, y más aún la importación de un rey extranjero, <strong>Amadeo de Saboya</strong>, votado por las Cortes. Los carlistas, con su programa absolutista, se alzaron de nuevo en 1872 y reclamaban la legitimidad de Carlos VII —la tercera generación de pretendientes— en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia, y en menor intensidad se produjeron brotes de guerra en toda España. </p><p>«Numerosos jóvenes de los pueblos marcharon a unirse a las partidas carlistas; de Castellfort salieron 22, “figurando entre ellos Julián, hermano de Francisca”, que marchó a Cataluña, en donde Castells había entrado en Solsona en el mes de junio con 500 hombres y el 23 de dicho mes, llevando su gente un tren previamente asaltado, había entrado en Manresa». La guerra de 1872 a 1876 es la primera en la que circula gran cantidad de prensa y propaganda impresa; imágenes en la acepción semiótica de que una imagen vale más que mil palabras. Algunas publicaciones llegan a Castellfort. Morella (Castellón), la ciudad más cercana a Castellfort, está blindada para que no vuelva a declararse carlista como en la guerra anterior, y Cantavieja (Teruel), esta vez, ha caído en manos carlistas. </p><p>Francisca quiere ir a la guerra, como su hermano, para defender los principios tradicionalistas. El martes 3 de diciembre de 1872, Francisca va a la iglesia a rezar el habitual rosario y, al salir del templo, sale también del pueblo; llevaba un tiempo rumiando la escapada. Tiene diecisiete años de edad y más tarde explicará las penurias que atravesó para unirse a las fuerzas rebeldes. Con lo (literalmente) puesto y cuatro monedas ahorradas en la venta de tejidos que le llegaron a bien poco, recorre el camino hacia Benasal, donde llega de noche. Al día siguiente, continúa su ruta por Albocácer, La Cenia y Santa Bárbara hasta llegar a Tortosa, Reus y Tarragona en busca de las partidas de guerrilleros de las que todos hablaban por caminos y posadas, pero ella todavía no las había visto con sus propios ojos. </p><p>Al cabo de ocho meses, escribe —o le escriben— a sus padres lo siguiente: Santa Pau, 20 de julio de 1873. Mis queridos padres de mi alma: celebraré que las presentes líneas hallen en completa salud a ustedes, juntamente con mi estimada hermana. Antes de todo he de manifestar a ustedes, que después que dejé su amada compañía, atravesé toda Cataluña, pasando por Tortosa, Tarragona y Barcelona. Al llegar, finalmente, a Girona, salí de dicha ciudad con dirección a la montaña, y al llegar a un pueblo llamado San Estevan de Llémana, encontré la primera partida carlista a la que me incorporé. Seguí por espacio de ocho días el Batallón de Savalls; pero tuvimos una dispersión, después de la cual me incorporé a otro batallón que se llamaba el 2º de Girona. No pueden ustedes figurarse, mis queridos padres, lo que yo padecí en tan larga travesía como hay desde mi casa hasta el extremo de Cataluña, sin llevar apenas dinero, teniendo que quedarme en algunos puntos para trabajar y así poder comer, y hasta verme precisado a pedir limosna algunas veces. […] Darán expresiones de mi parte a Josefa y sus hijos, a Manuel y su mujer; y ustedes, padre y madre, reciban el corazón de su hijo que desea abrazarles. Francisca Guarch. </p><p>Francisca se convirtió en Francisco tan pronto se unió a la guerrilla y habla por sí sola en la misiva que llegó a Castellfort a mediados de agosto. Su padre optó por ir a buscarla para que regresara a casa a tejer, mientras las fuerzas con las que iba Francisca planeaban la toma de Berga. El capitán general de Cataluña mandó una división de cinco mil hombres a quienes los carlistas se enfrentaron en Puigreig en un combate del que Francisca(o) salió premiada por su valentía. El infante Alfonso dirigía las fuerzas en Cataluña y condecoró al «joven voluntario» con la Cruz del Mérito Militar al mismo tiempo que el tejedor de Castellfort llegaba a Castellfullit, Olot, Camprodón y San Juan de las Abadesas en busca de su hija, que, con el nombre de Francisco Guarch Folch, apareció en la lista de quienes integraban el 2º Batallón de Girona. </p><p>Se extendía el rumor de que una mujer se hacía pasar por hombre en las filas tradicionalistas. El infante Alfonso iba acompañado de su esposa, María de las Nieves de Braganza, a quien trataré en Familiares y Acompañantes, y fue esta la que cuenta el hallazgo de Francisca: «Un día se nos presentó un hombre del Maestrazgo y nos pidió, con mucha insistencia, que le devolviéramos a su hija, que servía, decía él, en nuestras filas. Al principio lo creímos loco y le aseguramos que no había mujeres en nuestras tropas. […] Alfonso dijo a aquel hombre que mandaría formar la fuerza, y que entonces podía pasar la revista (el padre), y si encontraba allí a la chica, llevársela con él. </p><p>Así se hizo, y vio el feliz padre a su Francisca convertida en voluntario carlista. Poco después se hallaba la joven heroína en nuestra presencia. Estaba desconsolada, porque ahora, ¡adiós filas!, ¡adiós batirse por la Religión!, único motivo por el que dejó su casa. Allí no había amoríos que la hiciesen mezclarse con los soldados; no había novio al que seguir, sino tan solo puro entusiasmo por la Causa. Sus compañeros de armas no podían soñar que aquel fornido mozo que tan valientemente se batía fuese una mujer. […] Yo sentía en el alma, como ella, su cruel pesar. El quedar en España era demasiado expuesto para Francisca; así que la mandamos a Francia, a Perpiñán, rogando a una familia íntima amiga nuestra, la de los Condes de Lazerme (que tanto habían hecho por la Causa y en cuya casa nos hospedamos en 1872, cuando estuvimos escondidos en la frontera al empezar el levantamiento), que la tomase a su servicio; lo que hicieron. Más tarde tuvimos el gusto de verla allí».</p><p>La estancia en Perpiñán como asistenta se mantiene hasta marzo o abril de 1875 cuando, tras la restauración monárquica, el carlismo se fragmenta con la escisión del general Ramón Cabrera, y el gobierno de Antonio Cánovas del Castillo ofrece la reconciliación. El gobierno francés obliga a los exiliados a alejarse de la frontera. Francisca se ve acorralada, por lo que regresa a Castellfort. Su llegada coincidió con el final de la guerra en la zona en el verano de 1875. Ella se resistía a formalizar el indulto. Quizá también porque lo consideraba una traición a sí misma. Los controles sobre la población carlista la llevaron a esconderse en la cueva conocida como la roca Parda y, tras varias escapatorias, decidió huir primero a Benicassim (Castellón) y después a Valencia, donde se presentó al indulto el 8 de abril de 1876, dos meses después de que Carlos VII abandonara España dando la guerra por acabada. </p><p>En silencio, se registró como indultada en la Comandancia Militar de Morella y pidió discreción —sin conseguirla— para instalarse en Castellfort, haciendo de tejedora y cuidando de sus padres, como correspondía a las hijas solteras. Francisca no solo trabajó, se hizo cargo de los dos hijos pequeños de Manuel Amela y Juana Milián, fallecidos en la epidemia de cólera que diezmó la zona en el verano de 1885. Al año siguiente se trasladó con su padre a Sabadell, junto a unos parientes. De nuevo, trabajó de sirvienta. Un recurso siempre a mano para muchas mujeres. Esta vez en casa de un sacerdote, detenido en noviembre de 1900 con motivo de un alzamiento carlista en Badalona. La participación de ella en esta rebelión de Badalona es confusa.</p><p>De regreso a Castellfort en 1900, con cuarenta y cinco años, optó por el anonimato. El 27 de noviembre de 1903 ya veía que su vida expiraba y escribió, o redactó, una carta en la que dice: «[...] Parece que moriré pronto, a pesar de todo te diré que si estando como estoy oyese la corneta de mi Batallón creo que aún tendría fuerzas para levantarme y ocupar mi puesto defendiendo la bandera de la Santa Tradición. Muero muy alegre y resignada a la voluntad de Dios». El 30 de diciembre de 1903 su corazón dejó de latir en la misma casa de Castellfort donde había nacido cuarenta y ocho años antes. Una vida azarosa que acabó entre las mismas cuatro paredes en las que comenzó.</p><p>*<em><strong>Conxa Rodríguez </strong></em><em>es periodista y escritora</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 04:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Conxa Rodríguez]]></author>
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      <title><![CDATA[La mujer que quería un bocadillo de atún en lugar de un plato de paella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mujer-queria-bocadillo-atun-lugar-plato-paella_1_2170423.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/680ad3f4-0ee5-4351-b16d-c8db9f87d635_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer que quería un bocadillo de atún en lugar de un plato de paella"></p><p><strong>Sonámbulos Ediciones. 2025.</strong></p><p>Dice <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/mabel-lozano-relata-caso-real-mujer-paralisis-cerebral-explotada-sexualmente_1_2065331.html"  >Mabel Lozano</a> en la contraportada de esta novela que <strong>Carlos Grau</strong> ha <em>parido</em> un artefacto muy divertido, que en varios puntos puede parecer autobiográfico. Con el cine en las venas, como corresponde al hijo de una actriz, <strong>Gemma Arquer</strong>, y un director de cine, <strong>Jordi Grau</strong>, Carlos traslada su experiencia vital al papel en forma de guion o de novela. </p><p>Hasta aquí, la biografía, que no puede dejar de incluir su formación como Doctor en Comunicación Audiovisual, su faceta como docente y sus cortometrajes <em>Carne de cerdo</em> (rodado con tan solo 19 años), o el último que ha rodado, <em>Aneleh, </em>entre guiones para largometrajes y novelas. </p><p>En <em>La mujer que quería un bocadillo de atún en lugar de una paella</em>, lo primero que nos sorprende, cómo no, es el título. Cuenta el autor que los editores eran de la opinión de que el título resultaba excesivo, demasiado largo, pero Carlos se mantuvo firme desde el principio y este título era una condición indispensable para la publicación del libro. Insistía en que había que llegar al final de la historia para que el título cobrara todo su sentido, cerrando un círculo perfecto.</p><p>El autor “soñó” con la novela, que al principio concibió como un guion cinematográfico, y que a partir de las diez páginas se transformó en la novela que finalmente es, huyendo de la manera ortodoxa de escribir un guion para contar la historia de manera literaria y no tan cinematográfica, aunque en realidad los lectores avisados no podrán dejar de ver la película que este libro está demandando a gritos.</p><p>Entre el título y el final, la novela se lee sin dejar de sonreír, y lo que sucede a a su protagonista va de lo tragicómico a lo absurdo, de lo real a lo soñado, de una ciudad que identificamos como Madrid pero podría ser cualquier otra gran ciudad, a un barrio imaginario por donde los personajes entran y salen de las páginas del libro con una facilidad sorprendente. Carlos habla y discute con su “Conciencia”, que tan pronto es una mujer sabihonda y engreída como una joven inocente. Por las páginas discurren criaturas difíciles de clasificar: desde el indigente que contempla el rodaje de una película a la mujer trans que sueña con triunfar en los escenarios, desde los productores de televisión que con sus veredictos deciden el futuro de los guiones que reciben hasta un algoritmo que sustituye estas decisiones en función de datos y no de sensaciones. </p><p>En algunos momentos, estas entradas y salidas de los personajes hacia la vida real y del autor hacia el interior de su obra podría recordar a <em>La rosa púrpura de El Cairo</em>, la película de <strong>Woody Allen</strong> en la que uno de los protagonistas atraviesa la pantalla para conocer a la admiradora que lo contempla desde el patio de butacas. Eso, en la parte de comedia que tiene esta novela, pero en la parte más dramática, en la que el protagonista-escritor se enfrenta a la página en blanco con la duda constante de si lo que escribe vale o no la pena, cuando “pelea” literalmente con los personajes que él mismo ha creado, cambiando sus nombres, sus perfiles y hasta su sexo, cuando estos se rebelan y quieren cambiar el destino que intuyen, bien podría recordarnos a <em>Seis personajes en busca de autor</em>, la obra teatral de <strong>Luigi Pirandello </strong>en la que los personajes se sienten abandonados por su autor e interrumpen un ensayo en busca de un escritor que cuente su historia. </p><p>En clave autobiográfica, el protagonista se llama Carlos, su <em>alter ego </em>se llama Óscar (las mismas letras que Carlos excepto la “l”, la segunda protagonista se llama Carlota y el resto de personajes en que el autor-protagonista se desdobla no dejan de ser reflejo o partes que, ensambladas, pudieran dar lugar al mismísimo autor. Estamos, en fin, ante un artefacto construido pieza a pieza donde todo encaja y nos lleva hacia un final sorprendente, transitando entre la protesta y la comedia: un libro que debería leerse en las escuelas de comunicación audiovisual para que los guionistas aprendan a reírse de sí mismos. </p><p><em><strong>*Javier Bozalongo</strong></em><em> es editor y poeta. Su último título publicado es Mecanismo de arena (El Toro Celeste, Málaga, 2025).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 04:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Bozalongo]]></author>
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