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    <title><![CDATA[infoLibre - Nochevieja desde la Redacción]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Nochevieja desde la Redacción]]></description>
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      <title><![CDATA[La España cañón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/espana-canon_129_1922275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16104b6f-f0c2-4be3-bb91-10e0a39a20ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La España cañón"></p><p>Adiós a 2024. En estas últimas horas del año miro a mi alrededor. Pienso en este país. Y me rebelo ante la imagen ceniza de nación en declive y en el eterno precipicio que nos quieren meter en la cabeza. No, no, por un día no voy a hablar de política. Hoy toca reivindicar con fuerza esa España estimulante que nos rodea. Ese bullebulle intelectual y cultural que nos hace crecer y reflexionar cada día. Celebrémoslo. Vivitos y coleando.</p><p>Me pongo a toda pastilla <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/alcala-norte-igual-vida-canon-mejor-cancion-pasaria_1_1874909.html" target="_blank" >Alcalá Norte</a>. Mucha fiebre <em>vintage</em>, ¡pero qué buena música se está haciendo en la España actual! Este año suena a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=bEsR92p_zRM" target="_blank" ><em>La vida cañón</em></a>, a barrio, a periferia vanguardista. A letras que nos resumen a todos: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=rvDVOwKQTH8" target="_blank" >"Quiero un pisito en la calle Elfo..." </a>Quedan tantos rincones por contar… Como ese Benidorm de quejíos que ha traído Antón Álvarez en<em> </em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=I7FOuANrrhI" target="_blank" ><em>La guitarra flamenca de Yerai Cortés</em></a>. Con ese final de<em> </em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=eWo0P-_Odhw" target="_blank" ><em>Los almendros</em></a> con todo el sentimiento de <a href="https://www.vogue.es/articulos/la-tania-cantante-nuevo-disco-amorios" target="_blank" >La Tania</a>. </p><p>Por esos fotogramas se desliza unos minutos<strong> Israel Fernández,</strong> que merece siempre su nombre en doble negrita. La vida va de arrancarse como ha hecho durante estos meses<em> </em><strong>María José Llergo</strong>. De Pozoblanco al mundo. Qué bien ha sonado para todo el planeta en su<a href="https://www.youtube.com/watch?v=v1VLZnBEw_M" target="_blank" > Tiny Desk en la NPR americana</a>. Rollito del sur como el que han derrochado en su no parar <strong>La Plazuela </strong>por todo el país. Que a nosotros no nos tienen que enseñar a hacer una buena boiler room en la Industrial Copera.</p><p>Haciendo historia. Porque estamos haciendo mucha historia estos días a pesar de los agoreros del caos. Ahí está <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/karla-sofia-gascon-mundo-estaria-flipando-colores-si-papel-emilia-perez-hiciera-pacino-meryl-streep-robert-niro-marlon-brando_1_1906924.html" target="_blank" >Karla Sofía Gascón</a>, que a estas alturas del año ya ha acumulado por <em>Emilia Pérez</em> el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes y el de la mejor interpretación femenina en los Premios Europeos del Cine, amén de una nominación a los Globos de Oro. Con un discurso que es una oda a la igualdad, pese a quien le pese: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=AxxXQGawwnc" target="_blank" >“A ver si cambiáis, cabrones”.</a> Vibra de Alcobendas.</p><p>La verdadera Marca España la sigue llevando <a href="https://www.infolibre.es/politica/pedro-almodovar-pelicula-contrario-discursos-odio_1_1881277.html" target="_blank" >Pedro Almodóvar,</a> que ha situado al cine patrio otra vez en lo más alto con su León de Oro por<em> La habitación de al lado</em>. Pura delicadeza, puro deleite visual, pura dignidad a la hora de morir. Y es que tenemos que pensar cómo acabar los últimos días de nuestra vida de la manera más decente ante el dolor extremo. Que no falte nunca a su lado el nombre de <strong>Alberto Iglesias</strong>, un discreto mito nacional.</p><p>El deleite (o éxtasis directamente) se alcanzó en enero con el concierto de Navidad de<em> </em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/javis-vuelta-mesias-hilo-conductor-espana-empatia_1_1613390.html" target="_blank" ><em>La Mesías</em></a> que organizaron Javier Calvo y Javier Ambrossi en el Teatro Calderón. Creación absoluta con Hidrogenesse, las Stella Maris, Amaia, Amaral y Asier Extxeandia. Dominados siempre por Carmen Machi. Que, por cierto, ha encadenado con la necesaria<em> </em><a href="https://www.bing.com/search?q=celeste+infolibre&cvid=d4c327c7db854941b8740ac2f302146e&gs_lcrp=EgRlZGdlKgYIABBFGDkyBggAEEUYOdIBCDQwNDRqMGo0qAIIsAIB&FORM=ANAB01&PC=LCTS" target="_blank" ><em>Celeste</em></a>, de Diego San José. Pues señoras y señores: se puede hacer una muy buena serie sobre una anodina inspectora de Hacienda persiguiendo delitos fiscales. Heroínas alejadas de focos que salvan cada día la sanidad y la educación pública.</p><p>La tele española arde. Y muy, muy bien. <strong>Alauda Ruiz de Azúa</strong> ha hecho que me revuelva en el sofá con <em>Querer</em>. Tan bien escrita, tan bien dirigida, tan bien interpretada. Más nombres que zarandearon el cerebro de este 2024: <strong>Rodrigo Sorogoyen</strong> con la intimista y generacional <em>Los años nuevos</em> y <strong>Javier Giner</strong> con la convulsa <em>Yo, adicto</em>. Como el ejercicio de recuperación de la figura de Cristóbal Balenciaga, donde<strong> Alberto San Juan</strong> vuelve a demostrar que se puede echar el alma de cualquier persona a sus hombros de manera impecable. La España de hoy lleva detrás la España de ayer, y siempre está atento a hacernos reflexionar en la pantalla grande <strong>Eduard Fernández</strong> para que no se olvide esa orgullosa Cataluña charnega en <em>El 47</em>. Ladrillo a ladrillo, lágrima a lágrima. Con canción incluida de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/valeria-castro-carino-cuidado-deberia-referencia-vivir_1_1770274.html" target="_blank" >Valeria Castro</a> (ya dije que sonaba muy bien este año).</p><p>Estos doce meses hemos pensado mucho. Y, en buena parte, gracias a<strong> Remedios Zafra </strong>y su contundente<em> El informe. Trabajo intelectual y tristeza burocrática</em>. Lecturas de esta España tan potentes como ambiciosas de la mano de dos escritores que ya son presente en mayúscula: <em>Los escorpiones</em>, de<strong> Sara Barquinero</strong>, y<em> La península de las casas vacías</em>, de <strong>David Uclés</strong>. Que no paren los nombres de materia gris: <strong>Agustín Fernández Mallo</strong> (<em>Madre de corazón atómico</em>), <strong>Sabina Urraca</strong> (<em>El celo</em>), <strong>Esther García Llovet</strong> <em>(Los guapos</em>), <strong>Clara Ramas</strong> (<em>El tiempo perdido</em>), <strong>Raquel Peláez</strong> (<em>Quiero y no puedo</em>). Ese país que sigue engullendo nuevas ediciones de dos autoras maravillosas, a las que hay que leer y, sobre todo, escuchar cuando hablan: <strong>Alana S. Portero</strong> y <strong>Ángeles Caballero</strong>. ¡Y qué bien hace al intelecto tener de nuevo un libro entre las manos de <a href="https://www.infolibre.es/politica/maruja-torres-feijoo-hecho-talibana-pedro-sanchez_128_1873761.html" target="_blank" >Maruja Torres</a>! Encima hablando de las ganas de vivir. Reina y madre.</p><p>El debate lo ha puesto encima de la mesa también <strong>Albert Serra </strong>con sus <strong>Tardes de soledad</strong>, que arrasó con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Para unos es una película antitaurina, para otros es un homenaje a la tauromaquia. Pone la cámara a la altura del animal y deja que cada uno digiera lo que está viendo. En otro extremo (y sin tener que ser opuesto) está el ejercicio de sensibilidad de <strong>Álex Montoya</strong> en<em> La casa</em>, que lleva tatuada lo que es una familia española. Póngales ya el nombre de <strong>David Verdaguer </strong>a las plazas de todos los pueblos. Juegos del destino de este año, <strong>Paco Roca</strong> ha traído una nueva obra (El abismo del olvido), junto a <strong>Rodrigo Terrasa</strong>, que también nos recuerda lo que fuimos y muchos no quieren ver. Ese país que está todavía en las cunetas: “La democracia se cimentó sobre el olvido”. La memoria que nos vuelve a dejar en shock con <em>1936</em>, de <strong>Andrés Lima</strong>, con <strong>Blanca Portillo</strong> y <strong>Alba Flores</strong> por bandera.</p><p>Las sombras también a veces son cálidas y nos llevan a este mar de ideas. Ahí están detrás <strong>Alice Incontrada</strong> y <strong>Jan Martí </strong>que en 2009 decidieron abrir una editorial independiente en Barcelona. Su olfato en 2024 les ha llevado a que centenares de miles de españoles se hayan sobresaltado en sus salones a través de la saga de <em>Blackwater</em>. Con otro descubrimiento: las obras de arte de las portadas de <a href="https://www.instagram.com/pedroyarbide/" target="_blank" >Pedro Oyarbide</a>. Ha hecho que tocar las tapas de los libros sea un placer físico y mental. Como buscan siempre despertarnos del pensamiento plano <strong>Emilio Pérez Manzuco</strong> y <strong>Mónica Grandes</strong> desde la editorial <strong>Bauplan</strong>. Y colándose todos los días con suculentas propuestas en nuestra televisión<strong> Jaume Ripoll</strong> desde Filmin.</p><p>Cuando haces pop, ya no hay<em> stop </em>(hasta en ilustración). Y nadie en España ahora como <strong>Cristóbal Tabares</strong>. Con permiso de<strong> Javier Jaén</strong>. Espíritus inquietos como los de<strong> La Veronal y Marcos Morau</strong>, que un día están en Málaga y otro en Milán o en Friburgo. O ese loop a la España de principios de siglo que ha llegado con<strong> Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez</strong> con la magnífica <em>Segundo premio</em>. Larga vida a <strong>Diego Ibáñez, Cristalino y Stéphanie Magnin</strong>. Y por supuesto a Los Planetas, que siguen de festival en festival llevándonos de viaje por el sol. Así podríamos seguir desde que arranque y termine 2025. Y la vida como es círculo acabemos con más música: <strong>Carolina Durante, Ángeles Toledano y Shego.</strong></p><p>Me pongo para despedir el año <a href="https://www.youtube.com/watch?v=DGDvBmttm4Q" target="_blank" ><em>Un tragaluz</em></a>, de Viva Belgrado. Cosecha de 2024. Frente a los que vaticinan el apocalipsis del país, yo veo a mi alrededor una nación viva, que piensa, que reflexiona, que estimula y que mira hacia adelante. Los nombres son incontables. Feliz año a todos los lectores y lectoras. ¡Y viva la España cañón!</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Ruiz Valdivia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La España cañón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Almodóvar,España,Cine,Música,Literatura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cosas cursis para cuando ya no sea Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/cosas-cursis-navidad_1_1922243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0ea34237-b662-49b1-86b5-52747f1a9f67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cosas cursis para cuando ya no sea Navidad"></p><p>En un tren de la línea Madrid-Oviedo dos jóvenes hablan sobre política. Una ha escuchado una noticia, se la cuenta a su compañera y ella le contesta que le da pereza el tema: “es que para creérmelo tendría que ver quién lo dice y por qué, si es de derechas o de izquierdas y saber qué ha estudiado, porque puede no tener ni idea”. En <em>Las ciudades invisibles</em>, Italo Calvino habla de Tamara, a la que se llega no mirando las cosas en sí, sino analizando los rastros que dejan: “una huella en la arena indica el paso del tigre, un pantano anuncia <strong>una vena de agua, la flor del hibisco el fin del invierno</strong>”. </p><p>En la línea de Madrid a Oviedo, igual que en Tamara, quién habla, por qué lo hace y con qué fundamento, son las pistas que la chica creía tener que seguir antes de formarse un juicio sobre los hechos. Son también las cosas que a menudo nos hacen dudar a todos y que muchas veces, inducen a la parálisis. Ella intuía una gran cantidad de trabajo para poder formarse una opinión segura sobre un tema menor y finalmente, pospuso el asunto. La conversación concluyó con un “bueno, tendría que pensar” y derivó hacia el plan de Nochevieja. Ya lo dijo <strong>Javier Krahe: "</strong>mejor caminar con una duda, que con un mal axioma". Porque desde que la política son marcos de sentido, redes sociales, medias verdades y medias mentiras, cada vez parece más difícil llegar a<strong> conocer Tamara sin desorientarnos en rastros e intereses</strong>. </p><p>O no. Porque signos también son la chica que te grita por la calle: ¡Eh, que llevas la mochila abierta!, y a la que respondes con susto y sonrisa. Signos también son los <a href="https://www.infolibre.es/politica/rabia-zonas-devastadas-gran-riada-solidaridad-sustituyen-bronca-politica_1_1890833.html" target="_blank">bomberos cubiertos de barro y los voluntarios armados de escobas</a>. Signo es un profesor que le sugiere a su alumno encontrar un <strong>estilo propio al escribir </strong>o la enfermera de un hospital público que a las tres de la madrugada te cambia una vía, y por alguna razón, se empeña también en curarte la cara de susto contándote un chiste malo. Y funciona. </p><p>Cosas que la gente hace porque quiere, momentos corrientes y poco mediáticos que no se pueden impostar haciendo <em>coaching</em> ni leyendo a Séneca, pero que tejen una red de seguridad. Nacen lejos de las lecciones de liderazgo y de la optimización de los procesos laborales. De alguna manera son, porque a la gente le da la gana que sean, y tratar de fabricarlos hace que suenen a cuento chino. Enuncian algo así como: <strong>¡eh, que no estamos tan mal!,</strong> y aplacan los demonios exaltados de las redes sociales mostrando una realidad mucho más amable. Signo son también las instituciones que hacen esto posible. Por algo esta columna se titula <strong>cosas cursis</strong>. </p><p>El filósofo Emilio Lledó describía la sobreinformación a la que nos exponemos en el entorno digital como una sustancia viscosa que se adhiere a los ojos, que<strong> enturbia la mirada</strong> y es difícil de retirar para poder tener un juicio claro de las cosas. Siempre conectados y siempre atentos, los gritos y los signos cruzados apuntan a menudo al abismo, cuando quizá no sea para tanto y solo haya que darse tiempo, fijar el plan de Nochevieja, y después dedicar un rato a rastrear los hechos. No vaya a ser que los gritos y los abismos sean solo una <strong>mala pesadilla o una maniobra malintencionada</strong>. No vaya a ser, que en la bronca mediática que nos entretiene de camino al trabajo, en el metro o en la barra del bar con el café de media mañana, nos olvidemos de las cosas cursis cuando ya no sea Navidad y pensemos que todo está perdido. En fin, como dijo la chica del tren, <strong>tendremos que pensar</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selina Bárcena]]></author>
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      <title><![CDATA[La vida cabe en una Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/vida-navidad_129_1921950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/392b780b-0077-4f5f-b2e2-35b7f147f91a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida cabe en una Navidad"></p><p>Cuando se entra en el Museo del Prado por la escalera del edificio Villanueva y se cruza la puerta, inmediatamente uno se encuentra ante uno de los lugares más especiales del planeta. En poco más de unos cientos de metros cuadrados se acumulan <strong>pinturas que han hablado a decenas de generaciones</strong>, a artistas de toda clase y a personas que, con sus actos, han cambiado el curso de la humanidad. Si algo nos puede unir a todos ellos es la sensación casi de Stendhal que tenemos cuando observamos <em>Las Meninas</em> de Velázquez, <em>Los Fusilamientos del 3 de mayo</em> de Goya o el <em>Jardín de las Delicias</em>. Es una sensación casi mágica y que nos ayuda a mirar al pasado y a pensar y conectar con personas que ni conocemos ni conoceremos. </p><p>Pero más allá de sensaciones mágicas hay un cuadro que es realmente especial. <strong>En ese pasillo inmenso que termina con la </strong><em><strong>Familia de Carlos IV</strong></em> hay una obra que deja sin aliento a cualquiera. Y no solo por su maestría, sino también por sus dimensiones. Cuando un niño se pone frente a <em>La Adoración de los Magos</em> de <strong>Pedro Pablo Rubens</strong>, y mira ese conjunto de personajes, texturas, colores y animales, piensa que en esos más de tres metros de alto y cuatro de ancho <strong>cabe todo lo que pueda imaginar</strong>. Se siente pequeño, diminuto, intentando llegar a cada trazo, cada gesto, e imaginando qué se estarán diciendo los Reyes Magos o si él mismo ha sido bueno durante año y así le traerán los regalos que ha pedido. Algo parecido a ese cuadro, sumado a la imaginación de un niño, es la Navidad.</p><p>Odiada y amada, celebrada y aborrecida, deseada y evitada, los días que se concentran entre el 22 de diciembre y el 6 de enero son el hogar de infinitas historias. Es algo así, siguiendo con los símiles artísticos, como lo que sucedió el día que <strong>Salvador Dalí</strong> y <strong>Jean Cocteau</strong>, otro artista que, como el catalán, creía que había inventado el arte con sus trabajos, <strong>visitaron juntos el Prado</strong>. Cuenta Dalí que, cuando salieron de la pinacoteca, un periodista preguntó al francés: “Si se quemara el Museo del Prado, ¿qué hubiera salvado usted?”. Una pregunta a la que el ínclito Cocteau respondió mirando a Dalí: <strong>“El fuego”</strong>. Ante la respuesta del francés, los periodistas se dirigieron a Dalí para preguntarle lo mismo, y este subió la apuesta (hablando en tercera persona de él mismo, así era el amigo): “<strong>Dalí se hubiera llevado el aire contenido dentro de las Meninas</strong>, que es el aire de mayor calidad que existe”. Y se quedó tan ancho. </p><p>Esta anécdota nos lleva a dos cosas. La primera, a pensar hasta qué punto fue terrible para la historia del arte que <strong>el franquismo le riera las gracias a alguien como Dalí</strong>, provocando que ahora sus cuadros estén en un museo y que <strong>Nacho Cano</strong> le dedicara una canción (quizás esta es la única venganza que nos queda contra él). La segunda es, entrando de lleno en su mundo, que la Navidad es algo muy parecido a la discusión entre ambos “genios”. Y es que, mientras unos salvarían el fuego, otros entre los que me incluyo, <strong>se quedarían con el aire contenido</strong> que hay dentro de estas fechas.</p><p>En ellas cabe toda una vida y todo lo que podamos imaginar. <strong>Charles Dickens</strong>, padre de la Navidad actual, describió en <em>Cuento de Navidad</em> y en otras de sus obras las escenas que han servido para que tantas empresas hagan su agosto particular en pleno diciembre. Renos, mercadillos eternos, gorros, chocolates, esa forma de entender la Navidad desde la unión y la empatía viene de un escritor cuya <strong>infancia estuvo sumida en la pobreza</strong> y que vivió en una época donde los trabajadores se hacinaban en barrios donde no tenían los servicios más básicos. La Navidad que nos hizo imaginarnos, y que ha llegado hasta ahora, <strong>no tiene nada de la vida real de aquellos tiempos</strong>. No sé si Dickens estaría muy contento con su legado.</p><p>Esa mágica contradicción de la Navidad, en la que fingimos que nos cae bien nuestro vecino, nuestro cuñado o el último tío que tenemos perdido por el mundo ha sido algo recurrente en la historia. En diciembre de 1914, en el Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial, alemanes, franceses y británicos <strong>sellaban una paz que ha pasado a los anales</strong>. Ambos bandos decidieron darse la mano para celebrar la Navidad, cantar villancicos e incluso jugar al fútbol en una tierra de nadie a donde salir, solo unos días antes, hubiera significado la muerte. Fue algo informal, no pensado y cuyo respeto solo radicaba en la humanidad de ambos bandos. <strong>Era Navidad, y no se podía matar a nadie</strong>. La cosa duró poco. Esos soldados que hablaban y jugaban al fútbol el 25, solo unas semanas después se volverían a matar sin piedad. Muchos morirían en la <strong>Batalla de Ypres</strong>, una de las más horribles de la Gran Guerra y donde se usó por primera vez por parte de los alemanes el mortífero gas mostaza. </p><p>Además de la contradicción, la Navidad es un momento perfecto para dar noticias importantes. Una tradición que siguieron líderes como <strong>Mijail Gorbachov</strong>, que aprovechó el 25 de diciembre para pronunciar su discurso de dimisión que, formalmente, se entiende como el fin de la Unión Soviética. También los rumanos se tomaron la Navidad como el final de una etapa, aunque en su caso, lo hicieron de forma más violenta. El 25 de diciembre ejecutaron al sanguinario dictador <strong>Nicolae Ceaușescu</strong> y a su esposa, acusado de decenas de miles de asesinatos. <strong>Antes de morir, el dictador gritó: “¡La historia me vengará!”</strong>. Algo que, por ahora, no ha sucedido.</p><p>Por todo eso, el aire contenido que tienen estas fechas es diferente al del resto del año. <strong>Hay cosas que solo pasan en Navidad</strong>. Es un tiempo de nuevos comienzos, de magia, de disfrutar de la familia, pero también de dolor. La silla vacía que en Nochevieja tiene un sabor más agrio de lo normal, la felicidad de todos que no puedes sentir en carne propia y la soledad que también se hace más grande que nunca. La Navidad acrecienta todo, contiene todo y lo magnifica todo. Es tiempo de espera, de parar, pero también de actuar. <strong>De abrir nuevos comienzos, de cerrar etapas, de querer y de llorar</strong>. La Navidad no es lo que escribió Dickens, no es algo ideal, pero sin duda es especial. Por eso, un niño puede imaginarse toda una vida dentro de un cuadro de Rubens y sentirse más diminuto que nada en el mundo. </p><p>Por eso, como Dalí, yo salvaría el aire contenido en las dos semanas que dura la Navidad, porque, como decía uno de los grandes sabios de nuestro siglo (<strong>David Bisbal</strong>) todo, incluso lo que creemos más lejano, irrealizable o inviable, <strong>es posible en Navidad</strong>. Y es algo que, como los cuadros del Prado, nos une a miles de generaciones antes que nosotros, a los soldados de la Primera Guerra Mundial, a los rumanos que acabaron con la dictadura y, sin duda, también a <strong>esas personas que vivieron en los libros de Dickens</strong> pero que el capitalismo no ha tenido a bien salvar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Museo del Prado,Arte,Cultura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una sociedad que cambiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/2025-machismo-racismo-homofobia-pseudoperiodismo_129_1921290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9ff18eb3-a913-4724-b533-bf9af0947b30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una sociedad que cambiar"></p><p>46 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, <strong>856 denuncias por racismo o xenofobia</strong>, 522 denuncias por delitos de homofobia y el auge de la extrema derecha, es una de las facturas que deja el 2024 por la que debemos preocuparnos. </p><p>España cuenta con algunas de las leyes más igualitarias del mundo y cada vez son más los avances logrados, pero los datos alertan de un <a href="https://www.newtral.es/aumento-violencia-de-genero/20240517/" target="_blank"><strong>incremento</strong></a><a href="https://www.newtral.es/aumento-violencia-de-genero/20240517/" target="_blank"> </a><a href="https://www.newtral.es/aumento-violencia-de-genero/20240517/" target="_blank"><strong>de violencia</strong></a><strong> contra las mujeres</strong> y de los delitos de odio. No cabe duda de que ese 'pseudoperiodismo', cada vez más integrado entre nosotros, da alas a discursos que distorsionan la realidad y que dan pie a que se produzcan estas agresiones.</p><p>El Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, ya tiene ciertas brechas que<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/politica/mesa-congreso-busca-cerrar-puerta-sala-prensa-congreso-activistas-agitadores_1_1821837.html" target="_blank"><strong>permiten la entrada a agitadores ultras</strong></a> que hacen pasarse por periodistas con el único propósito de polarizar y desinformar con artes poco democráticas. Inventarse bulos contra miembros del Gobierno ha dejado alguna que otra situación que fomenta la crispación, como la vivida <a href="https://x.com/oscar_puente_/status/1802412814541463903?lang=es" target="_blank" >entre el ministro de Transportes Óscar Puente y el agitador ultra Vito Quiles el pasado mes de junio en X.</a></p><p>El periodismo es <strong>una de las profesiones más bonitas del mundo</strong>, así nos lo hacen saber desde la facultad, y para no desprestigiar a esta profesión me vais a permitir poner entre comillas a lo que se dedica Javier Negre. </p><p>Este "periodista", fundador de uno de los medios de comunicación que más bulos difunde en España, publicó en sus redes sociales hace unos meses que el asesino<a href="https://www.infolibre.es/politica/crimen-nino-mateo-ultraderecha-replicar-espana-bulo-viral-incendio-reino-unido_1_1864975.html" target="_blank" > del crimen de Mocejón</a> podría ser un<em> mena </em>(de esta forma despectiva se refiere a los menores migrantes no acompañados), aunque más tarde se pudo saber que <a href="https://www.rtve.es/noticias/20240820/desinformacion-asesinato-nino-mocejon-toledo-discurso-odio-racista/16222730.shtml" target="_blank"><strong>en realidad era un joven español de 20 años</strong></a>. </p><p>Un periodista tiene como labor fundamental convertirse en los ojos y la voz de la ciudadanía y <strong>no utilizar ese puesto con intereses personales, partidistas o ideológicos</strong>. En mi opinión, todo aquel que utiliza esta profesión con el objetivo de engañar y manipular no debe ser considerado periodista, por mucho que lo diga un título firmado por un rey <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/rey-olvido-discurso-queriamos-oir_129_1920850.html" target="_blank" >cada vez más alejado de la realidad de los españoles</a>.</p><p>Estos mensajes tan solo alientan a aquellos que <strong>necesitan una excusa o motivo para atacar</strong> a quienes según ellos no tienen los mismos derechos.</p><p>Lo mismo sucede con la violencia de género, que <strong>ha dejado a 1.291 víctimas</strong> desde el año 2003, <a href="https://www.abogacia.es/actualidad/noticias/suben-un-479-las-denuncias-de-violencia-de-genero-presentadas-en-los-juzgados-durante-el-segundo-trimestre-de-2024/#:~:text=Los%20Juzgados%20de%20Violencia%20sobre,Violencia%20Dom%C3%A9stica%20y%20de%20G%C3%A9nero." target="_blank" >además de incrementarse hasta un 4,79% las denuncias en el segundo trimestre del 2024</a>. Los discursos proferidos por la extrema derecha, que niegan este tipo de violencia, alientan <a href="https://www.infolibre.es/politica/joven-extrema-derecha-discurso-vox-cala-nuevas-generaciones_1_1918592.html" target="_blank" >a unos jóvenes cada vez más radicalizados en el discurso ultraderechista</a>. </p><p>El Partido Popular blanqueó a Vox, que se convirtió en la llave que los populares necesitaron para entrar en muchos gobiernos autonómicos. Una alianza que duró poco, este verano Santiago Abascal<a href="https://www.infolibre.es/politica/politica-vox-da-rotos-pactos-gobierno-autonomicos-pp-convoca-jueves-urgencia-direccion_1_1838659.html" target="_blank"> rompía </a> con los de Feijóo para dejar clara su postura racista y xenófoba con la migración.  <strong> </strong></p><p>Es curioso que sea la extrema derecha la que tenga el bastón de mando y no el partido que se erige como la "única alternativa" al Gobierno de Pedro Sánchez. Un partido que se autodenomina "de Estado", pero que <a href="https://www.infolibre.es/politica/acuerdo-psoe-pp-rompe-bloqueo-derecha-compromiso-cambiar-sistema-eleccion_1_1826736.html" target="_blank"><strong>permitió el bloqueo del CGPJ durante cinco años</strong></a>, incumpliendo la Constitución. </p><p>El Partido Popular está obcecado en derrocar a Pedro Sánchez cueste lo que cueste,<strong> sin importar quien haya en el camino y las formas de hacerlo</strong>. Se podría decir que se han convertido en los <em>abusones</em> de un patio de colegio. Como prueba lo que pasó el 24 de diciembre, cuando el PP publicó en sus redes sociales un video anunciando que activarían "el modo Navidad" con el objetivo de no hablar de política durante dos días. En realidad, en los subtítulos de <a href="https://www.lasexta.com/noticias/nacional/camufla-mensaje-felicitacion-navidad-sanchez-dimite_20241224676b0a764f1fb700019bf107.html" target="_blank">ese mismo video</a> habían camuflado las palabras: S-AN-CHE-Z  DI-MI-TE.</p><p>Espero que para el próximo año nuestros políticos<strong> sepan escucharse y entenderse</strong> por el bien de la ciudadanía, ya que sus discrepancias pueden llegar a costar vidas y su papel es fundamental para cambiar a la sociedad.</p><p>Mientras se sigan celebrando juicios como el de Samuel Luiz, asesinado al grito de <a href="https://www.infolibre.es/politica/gritan-matan-importa-claves-veredicto-asesinato-samuel-diz_1_1904343.html" target="_blank">"maricón de mierda"</a>,<strong> mientras se mate a mujeres por el simple hecho de serlo, </strong>mientras se culpe a personas migrantes de delitos que no han cometido o nuestros políticos no hagan nada por entenderse, seguiremos siendo una sociedad con demasiadas cuentas pendientes.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Moro de Castro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una sociedad que cambiar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ultraderecha,Violencia género,Homofobia,Racismo,Políticos,fake news]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El año en el que todas fuimos un poco 'swifties']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/ano-swifties_129_1919500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/88ba16d2-ee26-4a22-b47a-df0a8053e223_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El año en el que todas fuimos un poco 'swifties'"></p><p>Antes de empezar, quiero dejar muy claro que, ante todo, <strong>soy muy fan de Vetusta Morla </strong>y así lo acredita mi Spotify Wrapped. Escucho a Vetusta Morla a todas horas, hasta mientras duermo. Hablaría de Vetusta Morla a todas horas si pudiera. Junto con<strong> mi gata y últimamente </strong><em><strong>La amiga estupenda </strong></em><strong>de Elena Ferrante</strong> es uno de mis temas favoritos de conversación. </p><p>Pero, y mi amiga Andrea se va a alegrar mucho de esto —¡Hola Andrea!—, tengo que confesar que este año les he sido un poco infiel a Pucho y compañía. Entre <em>Finisterre</em>, <em>Copenhague</em>, <em>Puentes</em> o <em>Sálvese quién pueda</em>,<strong> se ha colado este 2024 Taylor Swift</strong> con su <em>Cruel Summer</em>, <em>I can do with a broken heart, Karma </em>o<em> Exile</em>. Y todo esto sin pasarme por el Bernabéu para <em>The Eras Tour</em>. ¿Por qué? Porque este año todos nos hemos vuelto un poco <em>swifties</em>. Y no está mal reconocerlo. Aunque nos hagan creer que sí. </p><p>Lo primero, porque muchas de <strong>sus melodías son tremendamente pegadizas</strong>. Se meten en lugares de tu cerebro que desconocías que existían, el mismo que ocupa últimamente ese villancico que no deja de perseguirte —sí, estoy hablando del <em>Burrito Sabanero—</em>. Y, así de repente cuando menos te lo esperas, te encuentras tarareando<strong> un "shake it off, I shake it off" de la nada</strong>. Spotify lo sabe y te ofrece lo que ni tú sabes que necesitabas. La magia de los algoritmos… ya dejaremos para otra ocasión analizar si es magia buena o mala. </p><p>Lo segundo, porque algunas de<strong> sus canciones son sorprendentemente buenas </strong>si nos ponemos en plan sibaritas o en modo experto musical. Sin ser yo nada de eso, que ya bastante tengo con fingir que sé de lo que hablo cuando escribo sobre lo mal que lo hace Elon Musk o sobre las perversidades de la inteligencia artificial. Pero, los premios que cosecha la buena de Taylor Swift <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/taylor-swift-bate-records-sinatra-stevie-wonder-paul-simon-grammy-son-swifties_1_1707148.html" target="_blank">así lo avalan</a> y también que sus creaciones ya sean <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/taylor-swift-rosalia-robe-ayax-prok_1_1692416.html" target="_blank">objeto de estudio</a> en universidades como Stanford, Harvard o Berkeley. </p><p>Lo tercero, porque <strong>Taylor Swift ama a los gatos y tiene tres</strong>. Yo amo a los gatos y tengo una gata preciosa. Es, tal y como se definió así misma cuando se colocó al lado de Kamala Harris antes de las elecciones en EEUU<strong>, una "childless cat lady"</strong>, es decir, una <a href="https://www.infolibre.es/internacional/taylor-swift-anuncia-votara-harris-lograr-si-guia-calma-no-caos_1_1873610.html" target="_blank">"mujer con gatos y sin hijos"</a>. Y, en este aspecto, es difícil no empatizar con alguien cuando se comparte con ella hasta década de vida. Eso sí, ojo, eso no quiere decir que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/lado-feminista-anticapitalista-fans-taylor-swift-swiftie-habitar-contradicciones_1_1798959.html" target="_blank">apoye todas sus contradicciones y aplauda todos sus problemas</a> de persona asquerosamente rica, blanca y americana. </p><p>Y, cuarto y último, porque si algo me repatea en esta vida es que se critique algo simplemente por <strong>ser una "cosa de chicas"</strong>. Como si ser una "cosa de chicas" fuera<strong> malo, infantil, cutre o básico de por sí.</strong> Y pongo dos ejemplos.</p><p>Ejemplo uno. De Taylor Swift se ha dicho que<strong> solo sabe escribir canciones desde el despecho</strong> sobre sus exparejas. Acusándola, por cierto, en ciertos momentos de su vida, de tener demasiados novios, no como otros compañeros suyos. Aunque sus fans son muy dadas a sobreanalizar sus letras, muchos medios se aprovechan de esto para llevarlo al extremo obviando que otros artistas masculinos también escriben sobre sus relaciones personales. Esto, en realidad, no solo le pasa a la de Nashville, a otras muchas cantantes les sucede y, por ejemplo, <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/cambiaste-rolex-casio-exito-shakira-bizarrap-abre-inesperado-debate-feminismo-sororidad_1_1404852.html" target="_blank">Shakira también lo vivió en sus carnes</a>. </p><p>Ejemplo dos. De las fans de Taylor Swift también se ha dicho de todo y <strong>se las ha ridiculizado e infantilizado hasta niveles ofensivos</strong>. Cuando <em>The Eras Tour </em>desembarcó en Madrid en mayo, media España vio problemas: que si se ponían pañales, que si las entradas eran muy caras, que si llevaban días haciendo cola, que si el concierto hacía mucho ruido y molestaba a los vecinos… Y yo lo único que vi fue mucha sororidad y a muchas mujeres, y también a muchos hombres, uniéndose en un ritual musical de <em>looks </em>y pulseras de la amistad que llenaron el metro de Madrid como se llena, semana sí y semana también, por el fútbol. No le hicieron mal a nadie: no hubo ni peleas, ni incidentes, ni nada de nada. Todo lo contrario. Pero, por lo visto, <strong>si vas de blanco o de rojiblanco </strong><em><strong>es bien</strong></em><strong>, pero si vas con brillos y lentejuelas, </strong><em><strong>es mal</strong></em><strong>. </strong></p><p>¿Entienden por dónde voy, verdad? Es<strong> el </strong><em><strong>machirulismo </strong></em><strong>llamando de nuevo a nuestras puertas</strong>. De forma sutil. Casi imperceptible. Un comentario de desdén claramente machista ocultado perfectamente detrás de esa superioridad moral e intelectual de aquellos que se consideran por encima del bien y del mal y que, por supuesto, no sufren ningún síndrome de la impostora. Porque, para sorpresa de nadie, la mayoría de los que hacen estos comentarios son hombres. </p><p>Pasa con Taylor Swift y con millones de cosas más. Muchos, más de los que pensamos, se esconden detrás de esta supuesta superioridad moral aliñada con progresismo. Con todo este barniz de falso aliado de la causa feminista, no entienden <strong>qué está mal en decirle a una mujer que deje de chillar o en pedirle que se tranquilice</strong>. Y ya pasan al siguiente nivel refiriéndose a ella como <em>charo</em>, feminazi o "childless cat lady". </p><p>Pero después están los que se pasan el juego. Los que no se califican de progresistas. Para gente del palo de Elon Musk, entra dentro de la normalidad coger el móvil y escribir en un tuit: <strong>"Puedo darte un hijo y cuidarte a los gatos"</strong>. Y hacerlo y no sentir ni remordimiento ni una pizca de vergüenza aunque tu cuenta de X sea la más seguida de la plataforma y la destinataria una de las mujeres más famosas del mundo. </p><p>¿Qué dirán este tipo de seres cuando nadie les lee, ni les escucha, ni les ven? Pues ya va siendo hora, como bien dijo la valiente Gisèle Pelicot, de que <strong>la vergüenza vaya cambiando de lado. </strong></p><p>Por todas estas razones, este año ha sido tan fácil subirse al barco de las <em>swifties</em>: por<strong> los falsos aliados y por los que se pasan el juego</strong>. Y lo recomiendo: desconectemos un ratito de las desgracias del mundo a ritmo de Taylor Swift. Y ya si se hace mientras se ven vídeos de gatos o perros, me parece un planazo. Y una forma estupenda de engañar y dominar a los algoritmos, por cierto. </p><p>Porque más allá de Taylor Swift, lo cierto es que<strong> pocas más buenas noticias nos ha dejado el mundo este 2024</strong>. Echar la vista atrás a estos últimos doce meses es sinónimo de decenas de polémicas políticas irrelevantes, victorias electorales de gente ultra, muchas más muertes de inocentes en Gaza, Líbano y Ucrania, decenas de crímenes machistas, o catástrofes que nos helaron el corazón como la dana que arrasó Valencia. </p><p>Ojalá 2025 nos traiga muchas mejores noticias y, sobre todo, mucha salud. Mientras,<strong> brindemos juntos, por un año más, un año menos</strong>. Este año, a ritmo de Taylor Swift. </p><p>¡Feliz aninovo!</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alba Precedo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El año en el que todas fuimos un poco 'swifties']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Machismo,Navidad,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[WTF?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/wtf_129_1919040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b9b30365-5edc-4d49-b8ad-4ca95ac2195b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="WTF?"></p><p><strong>2025 empieza como 2020</strong>, los primeros días del año son miércoles, jueves y viernes, en inglés <em>wednesday, thursday and friday</em>, que dan lugar a las siglas WTF <em>What the fuck</em>, una expresión coloquial que se usa de forma frecuente en internet para expresar asombro, indignación o desacuerdo. En castellano podríamos traducirlo de manera elegante como '¿Qué diablos?', o como sugiere el traductor Google '¿Qué carajo?', la realidad es que es más un 'Qué coño' o 'Qué cojones', aunque para mí también es un 'Estoy flipando', en el mal sentido de la expresión. </p><p>El caso, que me voy del tema, es que este año nuevo, número con una rima fácil para algunos que me da una pereza increíble desde siempre, será porque yo nací un día 25, empieza por los mismos —los mismitos días— que el de la pandemia y, <strong>a riesgo de parecer una psicópata, os diré que eso me pone super contenta</strong>. Suelo ser una persona positiva, no de esas que parece que acaban de desayunar en su tacita de 'Mr Wonderful', sino de las que tratan, mejor o peor, de ponerse en perspectiva y <strong>buscar lo menos feo dentro de ese caos</strong>, de ese embrollo que a veces es la vida. En 2020 me pasó. Aquel año puso patas arriba mi existencia, también me trajo una mudanza inesperada, entre tantas miles de cosas que no esperábamos, y en ese cambio de casa, sin planearlo comenzó una nueva era.<strong> 'Villa Cuarentena' es y será hogar siempre</strong>, espero que sus siguientes habitantes sean tan felices como yo lo he sido, como nosotros lo hemos sido, y que también sean capaces de ver un campo de fútbol en el pasillo de un escaso metro cuadrado que separa el salón del cuarto.</p><p>Con la mirada puesta en el próximo año me asomo a un octavo piso con un vértigo que me ahoga. <strong>Nunca me han gustado los cambios</strong>, soy "muy tauro" también para eso, pero sé que voy bien acompañada porque el hogar no son las casas, son las personas que lo forman y mientras vaya con ellos del brazo no importa que cambiemos de barrio, de ciudad o de país, lo que importa es que lo hacemos juntos. Porque como ya he dicho, <strong>el hogar somos nosotros da igual donde estén puestos los cimientos</strong>.</p><p>Brindemos por un 2025 que el que haya que decir WTF? lo menos posible 🥂</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Valdeolivas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[WTF?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[2025, el final explicado (atención, ‘spoilers’)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/escribir-no-es-normal/2025-final-explicado-atencion-spoilers_129_1922138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/828dc736-9f75-4bbd-b433-73488449ddac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="2025, el final explicado (atención, ‘spoilers’)"></p><p>"Nosotros solo lo organizamos, son los jugadores los que eligen libremente participar", se defiende el <em>Líder</em> detrás de su máscara. "No me vengas con chorradas, os aprovecháis de la gente desesperada que vive al límite y <strong>jugáis con sus vidas para divertiros</strong>", le responde el <em>jugador 456.</em> Los dos protagonistas de la segunda entrega de<em> El juego del calamar, </em>estrenada<em> </em>en plenas navidades<em>, </em>conversan a bordo de una espectacular limusina blanca. Estamos viendo el episodio dos y el <em>Líder</em>, el malo de la serie, se revela sorprendentemente como un fan de <em>Matrix</em>. Pregunta a su interlocutor si es que quiere convertirse en <strong>un nuevo Neo</strong>. Y menciona la famosa escena de las pastillas de la primera película de la saga, estrenada hace 25 años. En ella, Neo, interpretado por Keanu Reeves, y Morfeo, en la piel de Laurence Fishburne, mantienen también una charla clave para la trama: Morfeo le plantea un dilema, elegir entre dos píldoras, <strong>un azul y otra roja</strong>. Si tomas la primera, sigues viviendo feliz sin enterarte de nada. Si te tragas la segunda, sabes la verdad y, claro, te complicas la existencia. Neo elige la roja. Y comienza, o eso cree, a dinamitar Matrix. Medio siglo después, el <em>jugador 456</em> opta también por destruir el inquietante juego que da título a la serie más vista de la historia de Netflix. No sabremos si lo logrará hasta la tercera temporada, que ya está grabada y se emitirá este 2025.</p><p>Mark Zuckerberg cambió en 2018 <strong>el engranaje secreto de su juguete</strong>, Facebook, para relanzar su negocio y, de paso, jugar con nosotros. El algoritmo de la plataforma fomentaría ahora los mensajes que removiesen las emociones de sus usuarios. Nada de noticias veraces, información contrastada o titulares precisos. Las élites tardaron poco en tomar nota. Las sutilezas y la honestidad no dan <em>clics</em> ni votos; las exageraciones, los insultos y la polarización, sí. Nada sería ahora exactamente la verdad. <strong>Nada, en realidad, una mentira.</strong> Siete años después, la burundanga de las redes sociales se ha trasladado a los medios de comunicación. Los ciudadanos ya no saben si les engañan y, lo peor de todo, ha acabado por importarles poco. Es también el terreno fértil donde crecen el miedo y el odio. Y el coladero perfecto por donde corre sin barreras el discurso de la ultraderecha. En octubre de 2021, <strong>Frances Haugen</strong>, ejecutiva de Facebook arrepentida y filtradora de sus secretos, explicó en el Senado de EEUU: "Me incorporé a la empresa porque pensaba que tenía el potencial de sacar lo mejor de nosotros mismos. Pero hoy estoy aquí porque creo que sus productos perjudican a los niños, disparan la división política y debilitan la democracia".</p><p><em>El juego del calamar </em>es la versión Temu de <em>Matrix</em>. Las sofisticadas hermanas Wachowski, creadoras de esta última saga, nos presentaron un mundo capitalista aseado y elegante, una sociedad perfecta en el que se habían acabado la historia y las ideologías, pero detrás del cual se escondía una escalofriante maquinaria que usaba al ser humano como combustible. Hwang Dong-hyuk nos introduce en su coloreada serie de actores mediocres en una siniestra organización que dirige un juego secreto con un premio multimillonario en el que los concursantes son pobres fracasados que son paseados delante de un subfusil a medida que van siendo eliminados en las sucesivas pruebas. Si las pastillas rojas han servido durante dos décadas para <strong>explicarlo casi todo </strong>tanto en la barra de un bar a partir de las dos de la madrugada como a mediodía en el paraninfo de una universidad, el rastro de sangre también roja que deja atrás el calamar amenaza también con interpretarlo casi todo en los próximos años. El mantra neoliberal de la libertad es una trampa<strong>, el éxito no es consecuencia del mérito</strong>, la solidaridad entre desesperados es poderosa, la violencia es en ocasiones legítima…  en fin, nos metemos en un jardín minado poco apropiado para unas fechas en las que triunfan en plataformas propuestas como <em>La Navidad de una adicta a los zapatos </em>o la incombustible <em>Solo en casa</em>. ¿Y qué nos espera este 2025? Ni idea, pero tengan cuidado ahí fuera porque el titular de esta columna lo podría haber dictado Zuckerberg. Feliz Año. Urte berri on. Feliz aninovo. Bon any nou.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2024 10:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Ortiz de Elguea]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un soplo de aire fresco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/soplo-aire-fresco_129_1674520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b5d43dc8-a897-4787-b6cf-d07c191518a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un soplo de aire fresco"></p><p>El tiempo corre a un ritmo vertiginoso. Bueno, salvo alguna excepción. Que se lo digan a quien tiene que aguantar dos minutos haciendo una plancha lateral... Cada vez tenemos vidas más ajetreadas. Condensamos en doce meses lo que antes se hacía en un lustro. Queremos viajar, conocer otras culturas, descubrir qué hay más allá de nuestros ojos… Y es normal… Sabemos qué tipo de vida tenían nuestros abuelos: trabajar, trabajar, y por último, trabajar. Desde edades muy tempranas, además. Les admiro por su fortaleza. Al fin y al cabo, sacaron adelante <strong>un país en ruinas cimentado en la más absoluta miseria</strong>, donde escapar de su localidad natal para desarrollarse como persona sólo era posible si habían crecido entre algodones.</p><p>Desde hace unos meses tomo largos ratos a lo largo del día para interactuar conmigo misma.  Antes también dialogaba con la única persona que me va a acompañar toda la vida, pero ahora se ha intensificado… Será porque tengo más tiempo “libre”. Los numerosos cambios que se han sucedido en este último año, y que aún <strong>estoy aprendiendo a digerir</strong>, están abriendo paso a los estímulos que guarda mi agitada cabeza, silenciados casi siempre por el frenético ritmo de vida al que estamos expuestos. </p><p>"Lo único que quiero es que seas feliz"<em>, </em>me repetía constantemente el hombre de mi vida cuando era pequeña. Sería imposible contar el número de veces que las escuché. Mi padre me enseñó la importancia de la felicidad. ¿Por qué esa insistencia en ser felices? Para el psicólogo Michael Argyle “es parte de un síndrome mayor, que incluye saber elegir situaciones que nos recompensen, ver el lado positivo de las cosas y mantener una autoestima elevada”. Supongo que esta acertada y extendida teoría también la compartía mi padre, de ahí su reiteración. Porque, <strong>ser feliz o no, define las huellas de cada uno</strong>. Mi padre no quería que fuera feliz por serlo, sino por las consecuencias que implicaba: reírme, sentirme bien, estar a gusto… Aquí os confieso que de niña, todo eso me costaba.</p><p>El entorno que me rodeaba fue el motivo de mi infelicidad cuando mi estatura era similar a la de un minion. Aunque, para ser sincera, eso tampoco ha cambiado tanto. No recuerdo en qué momento, ni qué lo detonó, sólo sé que sufrí acoso escolar durante gran parte de la educación primaria. Desde los ocho hasta los doce recibía a diario todo tipo de insultos, burlas y humillaciones. Eres una niña y no entiendes nada, pero lo vives. Para mí era imposible ser feliz. Lo único que <strong>deseaba era crecer, lo más rápido posible</strong>, e irme a vivir a Madrid, mi ciudad soñada.</p><p>Durante la adolescencia, las cosas mejoraron un poco, pero no se arreglaron. Vivía en un pueblo no muy grande, con un sólo instituto en el que convergían los alumnos de los tres colegios. En una situación así, en un ambiente como ese, es muy complicado desprenderse de las etiquetas injustas y dañinas impuestas desde que tengo memoria. Es tan difícil, que nunca sucedió. Mi proyecto vital, mi clara vocación periodística, me impulsaba a seguir caminando, con la esperanza de poder ser yo misma algún día. Y ese día llegó. Terminé bachillerato con un nivel de ilusión que no había sentido en ningún otro capítulo de mi vida, porque significaba <strong>el fin de las etiquetas, y el principio de mi libertad</strong>.</p><p>Madrid se convirtió en mi hogar. También en mi Santa Claus, pues me regaló lo más valioso que tengo: mis amigos. Gracias a ellos he aprendido a estar conmigo misma, a disfrutar de mí, a no tener que modelar mi personalidad para agradar al resto. Recuerdo que cuando tenía 15 o 16 años, sentía un pavor extremo al acudir sola a un sitio. La angustia invadía mi cuerpo y no se iba. <strong>Ahora, amo los autoplanes</strong>. Me encanta ir al cine, a una cafetería, de tiendas, pasear… Y no me crean miedo, ni ansiedad, ni tristeza; todo lo contrario, los necesito para estar bien con el mundo, con mi mundo.</p><p>La aparición de estos doce tesoros supuso un punto de inflexión. Hilo tras hilo, me envolvieron en un manto de seda del que ya no quiero escapar. Con ellos <strong>es tan fácil perder la noción del tiempo</strong>… Te lo dice una experta, una graduada en despiste. Cualquier quedada es un cóctel perfecto. Y no un cóctel cualquiera, no. Me refiero a aquellos que tomas lentamente, saboreando hasta la última gota, como si fuera el último. </p><p>En definitiva, hay años y años. Aquellos que dan comienzo o cierran ciclos marcan especialmente, y este 2023 me ha tocado a mí. 2023 ha puesto fin a mi etapa universitaria, una etapa de luz que empezó cuatro años atrás. Reconozco que <strong>me daba mucho vértigo dar este inevitable salto</strong>. Me atemorizaba pensar que, con la distancia, los vínculos se enfriaran. Al fin y al cabo, nos hemos visto a diario desde 2019, hemos viajado por Italia, por Portugal, nos hemos reído a carcajadas, hemos llorado a moco tendido, cuatro de nosotros vivimos bajo el mismo techo (con todo lo que eso conlleva: tardes de juegos, noches de pelis, mañanas de churros...) Dejar esa zona de confort por algo incierto y desconocido me asustaba. De hecho, todavía estoy asimilando el giro de guion de mi 2023: casa, compañeros de piso, trabajo, pérdidas de gente muy importante... Entre ellos, mi (tío)abuelo, que nos dejó en abril de un día para otro (muerte súbita lo llaman). A veces es tal la amalgama emocional que siento que me bloqueo involuntariamente, como ese caracol que se esconde tras su concha cuando le tocas los cuernos y no sale hasta que pasa la tormenta.</p><p>Para construir el concepto de felicidad necesitamos saber qué nos hace infelices. Estoy convencida de que, si no hubiera experimentado la infelicidad, no sabría definir la felicidad. Porque hay tantos criterios de felicidad como habitantes de La Tierra, y el mío se llama amistad. Mis amigos son los responsables de la sanación de mis heridas, y de que vea la vida con ojos fuertes y valientes. Ahora sé que nuestra labor más valiosa es entendernos y priorizarnos. Pase lo que pase. Y algo fundamental: no dejar de ser nosotros mismos. Porque<strong> no hay traición mayor que la propia</strong>.</p><p>Desde luego, 2023 ha sido un año movidito. Y con esto me refiero también al maremoto político y bélico que, sin duda, nadie esperaba. Parece que el insulto se ha convertido en la única estrategia de los partidos, y las armas en la única vía para conseguir un trozo de tierra, sin importar las vidas que se pierdan por el camino. Me pregunto cuántas muertes harán falta para que alguien se dé cuenta de que por ahí no es. <strong>No sé cuándo reinará la cordura </strong>en este mundo de locos, que parece más bien una simulación de Alicia en el País de las Maravillas. Hasta entonces, sólo quiero agradecer a mis doce faros los pasos que han dado conmigo estos últimos cuatro años, y en especial, este último. Y, cómo no, brindo con ellos por un inminente y... ¡Feliz 2024!</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sofía Henales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un soplo de aire fresco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Ideologías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abrir la caja de pandora de la nostalgia en Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/abrir-caja-pandora-nostalgia-navidad_129_1677662.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/968e9837-ee05-4578-857c-7fdecba62d57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abrir la caja de pandora de la nostalgia en Navidad"></p><p><em>Me miró y no sabía que sería una de las últimas veces que lo haría de frente, con miedo, pero todavía como el padre que sabe de los rendidos ojos devotos de la hija que lo adora. Mis recuerdos son turbios a partir de entonces. El frío nublado de diciembre dio paso al viento esquivo que se esconde tras los rincones de mi anciano pueblo de adopción. No tenía ninguna promesa que cumplir. Ni imperecederas palabras que grabar. Me hubiera gustado acariciarlo.</em></p><p>La<strong> Navidad</strong> es para muchos sinónimo de alegría, de bullicio, de villancicos y compras gratificantes, de mesas a rebosar y de desplazamientos, en ocasiones hercúleos, que merecen la pena por el abrazo o el beso que aguarda en la llegada. Pero hay también a quienes estas fechas se les agarran a la garganta, personas que quedan fagocitadas por los huecos en las reuniones familiares, por la soledad que roe sin piedad, por la desesperanza entrelazada al desamor que destruye círculos en apariencia virtuosos. La <strong>nostalgia</strong> por tiempos pasados puede intensificar la tristeza en estas fechas, en teoría festivas, a partir incluso de un olor o un sonido. <strong>¿Conviene abrir esa puerta?</strong></p><p><em>Sé que mi madre me pidió que escribiera algo para ponerlo en su tumba. No lo llamó epitafio porque tal vez ni supiera de este nombre. Recuerdo su agua enrojecida. Es una preciosa mujer de ojos azules que se encogió hasta casi desaparecer. Lo hice. Escribí una frase ¡que no puedo recordar! Es cierto que ya hace años que él murió, pero ¿no creéis que debería acordarme de algo así?</em></p><p>La llaga puede dejar de supurar y cicatrizar con el mero transcurso de la vida, si el foco de la tristeza es un duelo por la muerte de alguien querido, por ejemplo. En esos casos tal vez convenga hurgar en la herida, si se es capaz, para bucear en ella y reconocerla. Mirar fotos, vídeos, oír voces cálidas, reencontrarse con lo inmaterial para asumir. Relacionarse con el fantasma para vivirlo en la memoria. Pero<strong> no siempre anhelamos presencias, a veces ansiamos repetir situaciones </strong>o etapas que no volverán.<strong> </strong>Nunca. Y hay que avanzar.</p><p><em>Cuando te ruegan que digas algo sobre alguien, lo cual sucede a veces en momentos en los que el aludido no puede replicar tal vez por exceso de frío, la nada recorre tu cabeza. </em></p><p>Como otras emociones, <strong>la nostalgia</strong> puede tener un<strong> valor</strong> <strong>positivo o negativo en función de cómo la tratemos</strong>. Será lo segundo, si nos centramos sólo en la pérdida, en escarbar en el agujero interior, ignorando lo de fuera. Pero, por lo general habrá otras personas, amigos, vecinos o incluso animales, con los que compartir las experiencias que atesoramos y que, por tanto, forman parte de nosotros, de nuestra epidermis y nuestros alveolos, imprescindibles para que nos alcance el oxígeno que nos permita seguir caminando. Hay sensaciones, y esto es innegable, que se acentúan cuando nos juntamos y somos conscientes de los movimientos de las agujas del reloj y sus consecuencias, en nosotros y en quienes nos rodean. Por eso, debemos<strong> respetar lo que cada cual sienta por las fiestas navideñas,</strong> más allá de la imagen estereotipada a la que nos puedan conducir productos sociales o culturales como anuncios, películas o series. No nos obliguemos a sentir lo que no sentimos, no nos obstinemos en pensar que deberíamos tener otro dibujo vital, otra melodía <em>funfunfun</em>. No seamos pesados con quien no comparta nuestros rituales ni el espíritu cargado de esquirlas mágicas de la Navidad. Convivamos en paz. Sobre todo, en periodos en los que el futuro pareciera estar dejando de ser promesa para convertirse en amenaza. </p><p><em>Vuelvo a mi anciano pueblo y me doy cuenta de que el tiempo corre extraño… O será en todas partes… La esperanza encuentra la manera de volver, si uno la deja.</em></p><p><em> </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Noelia Acedo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Abrir la caja de pandora de la nostalgia en Navidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La libertad abrazando a Stalin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/libertad-abrazando-stalin_129_1676184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/582597d6-4147-4130-ba95-be67994c9fc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1009591.jpg" width="1701" height="957" alt="La libertad abrazando a Stalin"></p><p>“Nunca me pregunté lo que significaba la libertad hasta el día en que abracé a Stalin”. Probablemente, de todas las frases que he leído este año impresas en el papel de un libro, <strong>esta es la que más me ha impresionado</strong>. La libertad, ese concepto etéreo, para algunos un ideal, para otros una lucha, para la mayoría una parte imprescindible en una sociedad que se diga democrática y próspera, convivía en esa cita con uno de los mayores dictadores que ha conocido la humanidad. ¿Cómo alguien podría plantearse qué era la libertad abrazando al ejecutor del Holodomor o al hombre que llevó a gulags y deportó a Siberia a miles y miles de opositores?. Mi primer impulso fue pensar que, precisamente, la presencia del sanguinario dictador y el conocimiento de todas sus atrocidades había hecho que esa persona <strong>se replanteara su propia idea de libertad</strong>. Pero volví a leer la frase y me detuve en la palabra “abracé”: no parecía que la autora de esa frase estuviera realizando un examen de conciencia, más bien al contrario, parecía que ese abrazo a Stalin era algo cariñoso o incluso de aprobación. </p><p>La libertad ha sido una palabra que me ha acompañado desde que era pequeño. Cuando mis padres, de camino a Gijón para ir de vacaciones, ponían en el coche las canciones de Víctor Manuel o de Joan Manuel Serrat, escuchaba unas letras que me hablaban del combate por la libertad durante el franquismo o del valor de poder vivir libremente frente a la represión. En ese punto, <strong>la libertad era para mí no solo algo imprescindible, sino también, pensaba, una de las pocas cosas en las que todas las personas podía estar de acuerdo</strong>. </p><p>Sin embargo, pasados los años, <strong>ese ideal comenzó a romperse</strong>, un sentimiento que se ha acrecentado en los últimos años, en los que, en nombre de la libertad, se han perpetrado medidas enormemente lesivas para las personas más vulnerables, los colectivos LGTBI y las mujeres. En nombre de ese valor se ha defendido la no necesidad de medidas sanitarias frente a una pandemia, la supresión de impuestos a los más ricos o la concesión de becas a las familias más pudientes. Una libertad basada en el <strong>capitalismo y el libertarianismo de Hayek y Von Mises que olvida que una persona no puede ser libre si le es imposible llegar a fin de mes</strong>. </p><p>Por eso, cuando este año me recomendaron en una clase del máster de análisis político y electoral al que asisto, un libro que llevaba por título <em>Libre</em>, <strong>no me pude resistir a leerlo</strong>. Mirando en retrospectiva, creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado durante este 2023 que ya languidece. En él, <strong>Lea Ypi</strong>, profesora de Teoría Política de la London School of Economics, cuenta, a modo de autobiografía, cómo vivió, cuando era niña, <strong>la transición de su país, Albania, desde uno de los regímenes comunistas más cerrados y represivos del mundo a uno democrático</strong>. </p><p>Cuando lo comencé a leer, entendí que ese abrazo a Stalin era mucho más complejo de lo que pensaba, sobre todo, porque escondía dos particularidades. La primera era que la pequeña Ypi <strong>no veía al dictador soviético como un asesino, sino como un amigo</strong> y como una referencia, tal y como le habían explicado en el colegio. La segunda, mucho más compleja, era que el abrazo no era al dictador de carne y hueso sino a una <strong>estatua de Stalin que había sido decapitada durante las protestas estudiantiles de finales de los años 80</strong>, que exigían una liberalización del país.</p><p>Fue entonces cuando Ypi se comenzó a plantear qué era la libertad. Al principio del libro, cuenta cómo, en medio del represor estado albanés, <strong>ella se creía libre porque podía elegir por qué camino llegar al colegio</strong>. También como, por el adoctrinamiento escolar, llamaba a Enver Hoxha, el sanguinario dictador que regía el país con mano de hierro, <strong>Tío Enver</strong>, o celebraba con devoción todas las fiestas asociadas con el partido comunista. Sin embargo, a lo largo del libro, la escritora va descubriendo que todo su mundo y todas sus creencias se sustentaban sobre un castillo de naipes. Pese a su devoción por el comunismo albanés, <strong>Ypi pronto aprende que desciende de una familia de disidentes de la dictadura</strong>, que muchos de sus familiares fueron encarcelados e incluso asesinados y que sus propios padres eran opositores al régimen. </p><p>Es en el momento de las protestas y de la caída del comunismo cuando también se cae el mundo de Ypi. La autora tuvo que procesar rápidamente que esa libertad en la que creía vivir no era tal y que todo su mundo era mentira: la propaganda, las clases del colegio y hasta quien era su propia familia. <strong>Era un tiempo de cambios traumáticos para Ypi, pero también de promesas democráticas para Albania</strong>, cuyos ciudadanos, en teoría, pasarían de vivir en una dictadura comunista a hacerlo en la verdadera libertad. </p><p>Pero en la historia, casi nunca las promesas utópicas se convierten en realidad: lo que en un principio iba a ser la transición hacia la democracia acabó transformándose en una verdadera pesadilla. Albania se convirtió, gracias a las reformas, en un sistema donde reinaba el pluralismo político y la libertad de expresión, pero también en un infierno para muchos trabajadores que, <strong>con la llegada del capitalismo salvaje, fueron despedidos ipso facto tras las privatizaciones de empresas públicas</strong>. Además, la libertad de movimiento que trajo el nuevo orden solo pudo ser aprovechada por aquellos que podían pagarse los caros visados para salir del país, dejando a los menos favorecidos tan solo la posibilidad de huir en los barcos que salían hacia Italia, <strong>con el riesgo de naufragio que eso conllevaba</strong>. Muchos murieron hacinados en los barcos y otros, cuando llegaban a puerto, solo les quedaba la mendicidad o la prostitución para sobrevivir.</p><p>Todas las contradicciones que plantea Ypi en su libro llegan a su culmen cuando, producto de una estafa piramidal a escala masiva, <strong>muchos de los albaneses esperanzados en la llegada de la libertad y el fin del comunismo, perdieron los ahorros de toda una vida</strong> producto del capitalismo salvaje. Este hecho produjo una guerra civil llena de luchas callejeras, insurrecciones armadas y muertes que sumió a Albania en la violencia. La libertad se había convertido en pesadilla.</p><p>Cuando se acaba de leer el libro, uno se plantea realmente <strong>qué es la libertad y si esta se puede conseguir</strong>. El padre de Ypi, ferviente defensor de la misma, descubre que, mientras en el antiguo sistema era reprimido por sus ideas, en este, como responsable del puerto, <strong>tenía que despedir a cientos de trabajadores contra su voluntad por las ineludibles reformas capitalistas</strong> llevadas a cabo por los mandos superiores. </p><p>Los dos mundos que Ypi plantea en el libro están muy lejos del ideal de libertad que tenía yo cuando escuchaba de pequeño <em>Para la libertad</em> de Serrat, pero no por eso hemos de perder la esperanza. Debemos no solo luchar por ella, sino también por conseguir un sistema y un mundo lo más cercano posible a ese modelo. La libertad, alejada tanto de la idea represiva del comunismo como de la ley del más fuerte del capitalismo salvaje, <strong>es uno de los valores y derechos humanos imprescindibles</strong>. </p><p>Ypi concluye el libro diciendo que la verdadera libertad está en la posibilidad que todos tenemos de hacer lo correcto. Yo añado algo más: la libertad es no solo tener derechos, sino también poder ejercerlos, no solo poder hablar libremente sino poder hacerlo de forma informada y no solo tener un sistema que se diga democrático, sino también ensanchar la democracia para que llegue a quienes más la necesitan, los más vulnerables. <strong>Una libertad en la que quepamos todos y no se quede nadie atrás</strong>. </p><p>Luchemos por esa libertad en este nuevo año. <strong>Feliz 2024</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La libertad abrazando a Stalin]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libertad de expresión,Liberalismo político,Comunismo]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La virgen, el niño, usted y yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/virgen-nino_129_1675607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fea0814f-a4b4-4159-bbac-df792c17a17b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1009581.jpg" width="5138" height="2890" alt="La virgen, el niño, usted y yo"></p><p>Es llegar estas entrañables fechas y ponerme en la piel de la Virgen. La de Colm Tóibín, se entiende, que en <em>El testamento de María</em> nos describe a una mujer escandalizada por todo lo que observa y escucha a su alrededor. Ya saben, <strong>milagros que no lo son</strong>, muchedumbres fanatizadas, muertos vivientes y lo que es más inquietante, a tu niño pasados los treinta dejándote caer que es Dios. La María de Tóibín resiste hasta el final, cuando los fans del finado intentan reescribir con su colaboración un best seller a base de hechos alternativos. <strong>Nada, que esta María dice </strong><em><strong>no</strong></em><strong>.</strong> Este relato de lectura exprés siempre acaba asomándose como la punta de un iceberg en mi biblioteca Kindle cuando repaso lo que se ha embolsado en el último año Jeff Bezos a mi costa. Todo un misterio.</p><p>Ellie: ¿Antes las cosas funcionaban igual que en Jackson ahora?</p><p>Joel: No. El país era demasiado grande. Antes había básicamente dos formas de ver el mundo. Había unos que querían tenerlo todo. Y otros no querían que nadie tuviese nada.</p><p>Ellie: ¿De cuáles eras tu?</p><p>Joel: <strong>Yo solo hacía mi trabajo.</strong></p><p>Este diálogo pertenece al capítulo seis de <em>The last of us</em>, la mejor serie de 2023 con permiso de <em>La Mesías</em>. Sus dos protagonistas, un adulto (Joel) y una niña (Ellie), cruzan un EEUU distópico en el que <strong>una nueva variedad de zombis</strong> se ha devorado la civilización. Inspirada, dicen que al detalle, en un famoso videojuego de cuya existencia no tenía idea, la trama discurre por maravillosas microhistorias que se desarrollan bajo la omnipresente amenaza de que el cadáver de turno nos dé un susto. A medida que avanza la serie, el espectador advierte algo inquietante: los zombies son entrañables, los monstruos somos nosotros.</p><p>No sé por qué se ha cruzado esta historia de muertos vivientes. Estábamos con el relato de Colm Tóibín. Publicado hace más de una década, <em>El testamento… </em>tuvo en España su momento de gloria porque Blanca Portillo llevó el texto al teatro en forma de un aclamado monólogo que no vi. Después, su fama pareció evaporarse. Salvo en mi tablet. Voy ahora a su tramo final. El lector descubre que la protagonista adora, en el sentido literal y blasfemo del término, a Artemisa, que para quien no lo sepa era una de las diosas top de la cultura griega. Tóibín, que también es periodista, lo borda. Sí, en este mundo de hechos alternativos <strong>solo podemos creer en la civilización</strong>. Si alguien nos intenta hacer creer en 2024 en lo intolerable, en lo increíble o directamente en la mentira, busquemos ya un templo de Artemisa en el callejero. Ya no vale eso de “yo solo hacía mi trabajo”. Los zombis de verdad hace tiempo que se colaron en nuestro distrito postal para comerse nuestro cerebro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Ortiz de Elguea]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La virgen, el niño, usted y yo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Casa del Rey,Religión,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Voto por correo, bulos, neonazis… y una ídola carabanchelera para unirnos a todas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/ano-jenni-hermoso-puso-derecho_129_1675482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa6ad5e3-ccbc-485c-a7fc-8124cc94649d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Voto por correo, bulos, neonazis… y una ídola carabanchelera para unirnos a todas"></p><p>No ganamos para sustos (ni para bulos). Da miedo abrir el periódico. </p><p>Este diario que tiene usted delante le ha hablado en 2023 de la masacre de Gaza, la debacle de la izquierda en las municipales, el voto por correo, la amnistía, los neonazis en Ferraz, la enésima resurrección de Pedro Sánchez (que empezó y termina el año en la Moncloa), la financiación de la Iglesia, los desmanes de algunas grandes fortunas... hay grandes titulares que nos igualan a todos, pero <strong>en infoLibre </strong>puede estar seguro de que <strong>no va a indigestarse con ningún bulo</strong>.</p><p>Porque bulos hemos tragado también en este año que termina. Con permiso del señor Musk, capitán general de los amplificadores de bulos, en 2023 nos han salpicado falsos vetos de Macron a Pedro Sánchez, inocuas catástrofes ecológicas con las placas solares, ciudadanos encerrados en barrios dentro de ciudades de 15 minutos, gobiernos (<em>perrosanxistas</em>, claro) dinamitando presas en plena sequía… <strong>En el mundo real no es fácil pillar a un mentiroso. </strong>En el mundo periodístico, sí. Aquí no hay bulos. Ni uno.</p><p>He ahí el resumen (pintado con brocha gorda) del año que termina.</p><p>La letra fina de 2023, la que pasará a la historia, la escribió una madrileña de Carabanchel el 20 de agosto en Sidney. Ella, pletórica campeona del mundo, fue víctima de una agresión machista ante nuestros ojos, ante la mirada atónita del resto del mundo. Ese momento y todo lo que vino después es ya historia de la lucha feminista: fue ese día cuando el feminismo superó su punto de no retorno. El <strong>#SeAcabó de Jenni Hermoso</strong> activó un resorte muy específico en una sociedad hastiada de confrontación: le puso cara, carne y verdad al consentimiento. Todo lo que las feministas fallaban en transmitir a las, digamos, no feministas, desapareció del mapa. Con Jenni llegó la luz, el entendimiento, el “eso me ha pasado a mí”, el “joder, era eso”. El “está más claro que el agua”.</p><p>En ese preciso momento el consentimiento dejó de ser una teoría (feminista, jurídica) para ser algo tangible,<strong> pegajoso como un chicle</strong>, que muchas vivían (ya no) sin entender que estaban siendo agredidas. El consentimiento, reducido en los mentideros de derechas a poco más que una broma, a una pregunta jocosa para ridiculizar su importancia, tomaba forma de indeseado <em>piquito</em>, véase mano en el culo (o en el pecho), que lo volvía todo claro, espeso. Real.</p><p>Tenemos mucho que agradecerle a Jenni Hermoso, pero también al sindicato que la defendió en ese momento. Y aquí está la otra gran lección del #SeAcabó. Juntas somos más fuertes y nada simboliza esa unión como el movimiento sindical. <a href="https://futpro.es/" target="_blank" >FUTPRO</a> llegó a las noticias para poner el punto sobre lo que importa: defendemos mejor nuestros derechos si lo hacemos juntas. <strong>Si somos una piña somos imparables</strong>. Apuntemos el aprendizaje, porque es de los buenos.</p><p>Y dirán ustedes que 2023 ha sido mucho más que eso. Lo importante casi nunca llega a los titulares.<strong> La gente que me rodea</strong>, mi familia en el sentido más amplio de la palabra, <strong>se ha preocupado además por la subida (enorme) de la hipoteca</strong>, por el agujero sin palabras que les separa de sus hijos cuando se ponen ante la pantalla, por la ansiedad ante las pruebas médicas por un bulto en el pecho, por los contratos que no se renuevan… Rodri, en medio de un mal año, disfrutó como un niño del pregón de San Ramón; Julia duerme más tranquila desde que su hijo encontró su primer trabajo; Iria y Alba vieron a Lucas Pérez volver a Riazor; Prado tocó fondo y levantó la mano; Susana sobrevivió a la primera semana de su hijo en el extranjero; Meli vivió la renovación de su ídolo con el Athletic; Mariana se convirtió en madre y padre de sus tres hijos cuando el trabajo alejó a su marido de casa; Cecilia, Eli y Sofía cambiaron de trabajo, Sergio ha sido tío, Delia se casó, Pedro estrenó casa y celebra por fin un año sin despedir a ningún ser querido y Ana ha aprendido a disfrutar la gran (y olvidada) alegría de la salud. </p><p>Para mí, sobre todas las cosas, el año que termina es <strong>el año en el que perdí a mi padre</strong>. No vio ganar a Jenni Hermoso. No sabe cómo hemos cambiado todos… Pasaron cosas malas antes y cosas buenas después de su muerte. No las recuerdo. 2024 será el año en el que aprenda a vivir con ello. </p><p>¿Han hecho ustedes ya esa -casi obligatoria- valoración del año que termina? Espero que la balanza se compense, que las enseñanzas superen a las pérdidas y que afronten lo que viene por delante con ánimo y sin crispación. Si se animan a compartirlo en los comentarios, lo leeré con gusto. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Voto por correo, bulos, neonazis… y una ídola carabanchelera para unirnos a todas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fútbol,Pedro Sánchez,Gaza,Amnistía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Año nuevo, romper lo viejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/ano-nuevo-romper-viejo_129_1674974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/32531271-5dd3-4108-b596-10be26547f1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1009555.jpg" width="6000" height="3375" alt="Año nuevo, romper lo viejo"></p><p>Dos pequeñas nutrias de madera que se entrelazan entre sí terminan de marcar el <strong>nuevo rumbo</strong> que se inició, a su vez, con una bolsa de basura cargada de malos recuerdos. La casa de apuestas —con su pintada en la fachada: "Fuera del barrio"— que se veía desde el ventanal ha dejado paso a un horizonte verde lleno de árboles. Los ecos de las noches eternas de quienes cada fin de semana se congregan a las puertas del mercado<em> </em>ya cada vez se escuchan más lejos. El silencio ya sólo lo rompen un par de ladridos de Janis, que desde su nuevo "balcón" tiene una visión mucho más panorámica y mucho menos bulliciosa que antes.</p><p>Siempre me ha gustado <strong>mirar desde la calle las ventanas y los balcones de los demás</strong>. No con intención de invadir la intimidad de nadie, sino imaginándome cómo será lo que se ve desde allí. Y cómo estará decorado ese comedor, del que desde fuera se adivina una lámpara preciosa. A veces lo hago conmigo misma. El día de Navidad, mientras el coche subía la cuesta arriba, miré de reojo ese nuevo "balcón", para comprobar cómo lo verían los curiosos que, como yo, miran hacia arriba cuando pasean. "Un montón de plantitas lo dejarían precioso, qué pena que no tenga mano con ellas", pensé.</p><p>Este año he aprendido varias cosas. La primera, que diciembre no es mes para mudanzas. La segunda, que un hogar no son ni el suelo ni las paredes, sino lo que construyes dentro y no se puede ver desde fuera. Y la tercera: que las páginas del calendario vuelan tan deprisa que no te da tiempo a asimilar que<strong> el tiempo pasa, para ti y para todos</strong>. De repente el <em>planazo </em>de los viernes por la noche es ponerse una peli en casa. O los sábados por la mañana los dedicas a pasar la aspiradora. O en tu lista de deseos de la carta de los Reyes Magos ganan, por goleada, los electrodomésticos. </p><p>Pero también va mucho más allá. Un día te miras al espejo y te encuentras una cana, y fijas tu mirada en la de tu madre y empiezas a ver sus arrugas. <strong>2023 no ha sido un año fácil</strong>. Tener que asumir que en algún momento vas a ser tú quien cuide a los demás y no los demás quienes te cuiden a ti no es sencillo. Al menos para mí. </p><p><strong>Llevo bien cumplir años, lo que detesto es que lo hagan los demás</strong>. A veces, echo cálculos. Hasta donde llego, claro, que soy de letras. Lo hago desde niña. "Cuando yo tenga X, ellas tendrán…". </p><p>Evito hacerlo cada vez más. Este año también me han enseñado a intentar poner coto a la <strong>ansiedad</strong>. Entenderla, vivir con ella y, sobre todo, evitar que lo impregne todo. Prohibido decir "y si". Prohibido especular con todo tipo de escenarios. Y prohibido buscar soluciones a problemas que no han aparecido. "Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente". Mientras tanto, respira.</p><p><strong>Y brinda</strong>. Por los hogares que están por construir y por la familia a la que has visto remontar como una noche en el Bernabéu.</p><p>¡Ah! Y por un <strong>2024</strong> que va a ser <em>la leche</em>.</p><p><strong>¡Feliz Año!</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lara Carrasco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Año nuevo, romper lo viejo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gracias a Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/gracias-milei_129_1674635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/232d5414-8af2-4867-be98-b928ab30729a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gracias a Milei"></p><p>La <a href="https://www.infolibre.es/internacional/argentina-ultraderechista-milei_1_1645410.html" target="_blank" >victoria de Javier Milei</a> ha sido un regalo. Entiéndase, no un regalo porque presagie nada bueno, ni porque uno crea que el nuevo presidente vaya a rendir nobles servicios al pueblo argentino. Al contrario, cualquier pronóstico razonable deberá ser pesimista, más aun al comprobar que sus primeras medidas suponen un regreso corregido y aumentado al recetario de la Gran Recesión con dosis extra de clasismo autoritario y desprecio a las reglas democráticas. Si digo que es un regalo es por su poder clarificador, por la <strong>valiosa información que ha brindado </strong>a quienes queremos entender la política y pronosticar sus derroteros. Y me refiero a la política española. Porque la victoria de Milei ha aclarado más sobre la <strong>actual naturaleza del campo conservador español</strong> que cualquier ensayo de teoría política. Resulta que tenemos también una <em>derecha motosierra,</em> aunque ya sepamos que el artilugio se carga no sólo el Estado del bienestar, sino también el Estado de derecho. </p><p>El PP, tras algunos titubeos iniciales que recuerdan sospechosamente a un disimulo, se ha colocado en la estela de Vox para celebrar la llegada al poder de un candidato con <strong>un programa económico lindante con la sociopatía.</strong> ¡Claro que sé que Argentina no viene de ningún paraíso, ni político ni económico! Pero, ¿qué demócrata puede justificar esto? El respaldo del PP al disparate argentino es un fenómeno político de primerísima magnitud al que quizás no hemos sabido dar la debida importancia. Porque el <em>mileísmo</em> que el PP respalda no es sólo un regreso al neoliberalismo de siempre, por más que en la práctica esté <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/milei-neoliberal-libertario-mes-despues-llegar_1_1654631.html" target="_blank">aplicando ya su mismo manual de violenta utilización del Estado contra la clase trabajadora</a>, escondiendo bajo su coartada <em>liberal</em> –hay que reírse– un proyecto de rígida jerarquización clasista. No es sólo eso. Hay algo más: también alienta el desmantelamiento<strong> </strong>o <strong>laminación no del Estado, como suele advertirse, sino de la sociedad misma,</strong> o de todo aquello que constituye el mínimo para poder llamar sociedad a una población que vive bajo un mismo régimen: reglas públicas, educación pública, sanidad pública, seguridad pública, ayudas públicas, infraestructuras públicas. </p><p>Todo ese entramado debe desaparecer para no obstaculizar la única interacción constructiva y <em>creadora de riqueza</em>: la que se celebra, en una <strong>feroz competición por los recursos,</strong> entre una infinidad de individuos aislados y ahistóricos, ninguno de los cuales podrá alegar una <strong>desventaja de partida</strong> por razones sociales en la contienda, ni esperar del Estado acción correctora alguna. Ese es el horizonte del proyecto. Un horizonte que, por su propia naturaleza, constituye una línea inalcanzable, pero que no por ello deja de indicar un rumbo. </p><p>Que la principal fuerza política de España, la más poderosa y más votada, el PP, haya tomado ese rumbo y se haya incorporado a toda velocidad al grupo de fuerzas que avalan estas <strong>aberrantes ideas</strong> es un auténtico escándalo, por más que aún no sea verosímil que el partido vaya a incorporarlas en plenitud a corto plazo a su acción de gobierno. Ni siquiera Milei lo hará todavía. Todo a su tiempo. Tampoco en los 70, cuando empezó el proceso de mutación ideológica de la derecha estadounidense que llevó a Reagan a la presidencia en 1981, parecía creíble que la primera potencia mundial acabaría encadenando décadas de fiscalidad a la medida del 10% y hasta el 1% más rico. Finalmente ocurrió.</p><p>Porque las ideas, antes de florecer, se siembran. Y ahora estamos en periodo de siembra. La llegada de Milei suscita "esperanza" y "entusiasmo", afirma/siembra Cayetana Álvarez de Toledo, que destaca que el PP y La Libertad Avanza tienen "cosas en común". ¿Cómo cuáles?<strong> "La política económica, sobre todo",</strong> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=UB1UisFM4eA" target="_blank">afirma</a> la portavoz adjunta. Precisamente la política económica. Y no es ya que nadie la desautorice. Es que nadie en el PP matiza o discute sus palabras, ni ofrece un discurso alternativo. Al contrario: en el PP de Madrid, ganador de todas las batallas ideológicas de la derecha española desde hace treinta años, el entusiasmo <em>mileísta</em> es <a href="https://www.infolibre.es/politica/liberales-ultracatolicos-vox-aplauden-ultra-argentino-prefiere-mafia_1_1571117.html" target="_blank" >comparable al de Vox</a>, formación que ha vuelto a dejar claro que todos sus amagos proteccionistas son palabrería. Hasta el falangistoide Buxadé corre a rendirse a Milei y uno se pregunta por el sentido del ridículo de los miembros de ese pseudosindicato que llaman Solidaridad.</p><p>Mientras en Vox y en <em>territorio Ayuso</em> se proclama ya sin complejos el "Viva la libertad carajo", llama la atención la anuencia de lo que antes considerábamos derecha "moderada". ¿En serio nadie de ese viejo PP que se preciaba de ser sensato y predecible es capaz de articular objeciones a un programa económico que<strong> rompe con cualquier tradición que pueda llamarse conservadora, democristiana o liberal?</strong> Quizás la expresión máxima de la fagocitación de la vieja derecha por la nueva sea el <a href="https://www.infolibre.es/politica/rajoy-ocho-expresidentes-latinoamericanos-apoyan-milei-segunda-vuelta-elecciones-argentinas_1_1639086.html" target="_blank" >apoyo expreso de Rajoy a Milei</a>: el anodino conservador de provincias al servicio del histrión de los disfraces. No cabe evidencia más gráfica de absorción ideológica y rendición cultural.</p><p>El <em>caso Milei</em> evidencia que el radicalismo individualista y el <em>sálvese quien pueda</em> ofrecen a las dos almas de la derecha española, si es que no son ya sólo una, <strong>un terreno infinito para el entendimiento y la colaboración. </strong>Mientras la izquierda exacerba sus discrepancias, rompiéndose en pedazos, al otro lado del tablero se ha forjado una alianza de hierro sobre un modelo de sociedad salvaje. Podrá haber entre PP y Vox tensiones –siempre superables– sobre inmigración o género, o sobre cómo lidiar con el feminismo y la diversidad sexual, pero la coincidencia sobre un programa económico fanatizado tiende al 100%. </p><p>Todo esto lo podíamos intuir pero ahora lo sabemos de forma descarnada gracias a Milei, el hombre que pregona <strong>una sociedad sin servicios públicos,</strong> <strong>unos negocios sin obligaciones fiscales, unos trabajadores sin protección social</strong> y un Estado que, lejos de desaparecer, funciona con un nivel de brutalidad que exige el derribo de sus contrapesos internos<strong>.</strong> Gracias a la validación de las ideas <em>mileístas</em> en España sabemos que los programas de rebajas fiscales a las grandes rentas y patrimonios de PP y Vox en las <a href="https://www.infolibre.es/politica/espana-comparten-pp-vox-10-pactos-derechas-muestran-modelo-pais_1_1551713.html" target="_blank">comunidades donde forman mayoría</a> no son más que un acuerdo de mínimos. Y que lo que los une es mucho más: <strong>un horizonte compartido </strong>en el que desaparece cualquier <a href="https://www.infolibre.es/politica/defensa-familia_1_1579872.html" target="_blank">capacidad igualadora del Estado</a>. Sabemos que todas estas ideas ya están aquí y que <a href="https://www.infolibre.es/politica/red-grupos-orbita-vox-pp-ayuso-expanden-espana-ideario-economico-radical-milei_1_1641691.html" target="_blank">han salido de la marginalidad</a>. Que circulan con creciente normalidad en la conversación, con la aspiración de convertirse en sentido común. Y sabemos, también gracias a Milei, por dónde tendrá que empezar cualquier oposición. Por la defensa del flanco atacado con más dureza. Por la defensa de lo que es común, solidario, compartido. De todo lo que hace a una sociedad merecer el nombre de sociedad. De las reglas y servicios públicos, claro. Pero también de la cultura, de la ciencia, <strong>del periodismo.</strong></p><p>Feliz año.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Munárriz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gracias a Milei]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Argentina,Latinoamérica,Política,PP,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quieres saber cuándo te vas a morir?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/quieres-vas-morir_129_1674514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b1646a3e-6cb6-4bc1-ab97-7a8dd187a5d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quieres saber cuándo te vas a morir?"></p><p>En un mundo que gira a 107.280 kilómetros por hora, la actualidad incierta, desquiciante y sorprendente produce, de media, una última hora cada diez minutos —algunas veces hasta dos—. A pesar de la vorágine informativa, hay algunas de esas alertas que suenan insistentemente en el móvil que logran captar más mi atención que otras. La última, hace unos días:<strong> una inteligencia artificial es capaz de predecir cuándo va a morir una persona.</strong></p><p>Mi primera reacción fue pensar: "Vale, los de Netflix se han pasado el juego y vivimos dentro de un capítulo de <em>Black Mirror</em>". La segunda, fue hacerme LA —sí, con mayúsculas— pregunta.  <strong>¿Quiero saber cuándo me voy a morir? </strong>¿Alguien tiene la necesidad de conocer cuándo se va a morir o cuándo va a tener que enterrar a un familiar, a su pareja o a una amiga? ¿Es que los gurús de Silicon Valley ya no respetan nada, ni siquiera el trabajo de videntes y adivinos?  </p><p>La respuesta instantánea fue <strong>decir que no</strong>. ¿Prefiero vivir en la ignorancia? Pues sí, para qué negarlo. Aunque, mentiría si no confesara que <strong>a los diez segundos mi cabeza ya se estaba montando películas de tres horas </strong>con finales alternativos incluidos. </p><p>Conociendo la fecha de mi fallecimiento, podría dejar todo, como dicen las abuelas, <strong>"bien atado":</strong> desde quién va a cuidar de mi gata cuando no esté hasta como quiero que sea mi entierro —he visto los suficientes capítulos de la maravillosa <em>A dos metros bajo tierra </em>para ahorrarme ya sorpresas desagradables como que suenen aburridos himnos eclesiásticos en mi funeral cuando preferiría mil veces cualquier canción de Vetusta Morla—. También me puedo despedir como es debido de mis seres queridos y apuntarle a mi madre todas mis contraseñas, incluidas las de HBO o Amazon Prime. Y, sobre todo, aunque suene a tópico, <strong>puedo vivir sin ningún tipo de preocupación, realmente como si me fuese a morir mañana. </strong></p><p>Haciendo la misma pregunta a familiares, amigas y compañeras de trabajo, he descubierto que el mundo se divide entre los que <strong>quieren saber cuándo se van a morir</strong>, los que <strong>se mantienen en un inflexible </strong><em><strong>no </strong></em>y los que <strong>dicen que no instintivamente para diez segundos después decir "bueno, casi mejor que sí"</strong>. Esta última, es lo que he llamado una respuesta <em>a la gallega. </em></p><p>Sin embargo, y aquí vienen las malas noticias, <strong>aquel titular tan redondo sobre obtener mi fecha de muerte no lo era tanto. </strong>Como la realidad a veces se empeña en estropear buenos titulares, esa información tenía ciertos matices. Por lo visto, y según recoge la revista <a href="https://www.nature.com/articles/s43588-023-00573-5" target="_blank">Nature Computational Science</a>, un equipo de la Universidad Técnica de Dinamarca ha desarrollado una inteligencia artificial que es capaz de adivinar con <strong>una precisión del 78%</strong> —aquí el primer matiz, porque tiene margen de error— si una persona va a morir <strong>en los próximos cuatro años</strong> —aquí el segundo, porque si es en seis años no lo sabrá, aún—. </p><p>El objetivo —y aquí el tercero—  no es conocer la fecha exacta de muerte: <strong>busca anticiparse a futuras dolencias y adelantar tratamientos</strong>, una meta útil y beneficiosa. Algo realmente poco frecuente en tecnología. Sólo hay que recordar que durante el último año esta industria se ha llenado de <a href="https://www.infolibre.es/medios/padrino-inteligencia-artificial-silicon-valley_1_1490196.html" target="_blank">mensajes apocalípticos</a> desde<strong> la irrupción de ChatGPT</strong>, que ha popularizado nuevas herramientas y sistemas que han abierto la puerta a la aparición de fotos falsas de Donald Trump detenido, a la llamada <a href="https://www.infolibre.es/medios/denuncia-pornografia-sintetica_1_1596615.html" target="_blank">pornografía sintética</a> que desnuda desde niñas a famosas o a divertidos <a href="https://www.infolibre.es/medios/suplantacion-identidad-desinformacion-derechos-autor-riesgo-cara-videos-rajoy-messi-fary-hablando-ingles_1_1591366.html" target="_blank">vídeos doblados al inglés</a>. Es decir, a <strong>más desinformación, nuevas formas de violencia machista o a suplantaciones de identidad.</strong></p><p>Aunque su objetivo esté alejado de la maldad que suele rodear a la inteligencia artificial, el buen fin de la inteligencia artificial que adivina la fecha de muerte también encierra un lado oscuro: <strong>necesita un banco de datos sanitarios de millones de personas </strong>para entrenarse, cruzar variables y poder ofrecer resultados fiables. Por ahora, tiene los de más de seis millones de personas junto con entrevistas y grabaciones de vídeos, logrados de forma legal por el Gobierno danés. </p><p>Pero la legalidad es una frontera muy difusa cuando hablamos de inteligencia artificial en particular, y de tecnología en general. Al final, si algo une a esta incipiente herramienta de medicina danesa o a los modelos de lenguaje como ChatGPT con los algoritmos de las redes sociales, los buscadores como Google o las plataformas de <em>streaming </em>son <strong>los datos. Nuestros datos. </strong></p><p>Como me llevan explicando con mucha paciencia los expertos durante los últimos años, primero hablando sobre Instagram, TikTok o X y ahora sobre la inteligencia artificial, es que <a href="https://www.infolibre.es/medios/meta-twitter-tiktok-redes-sociales-fin-gratis_1_1608281.html" target="_blank">si algo es gratis es que el producto somos nosotras</a> y <strong>el pago son nuestros datos.</strong> Las redes sociales los quieren para su negocio publicitario, y la inteligencia artificial para entrenar a sus sistemas y hacerlos más potentes. Al final, todos buscan monetizar nuestros datos para seguir llenando de dinero sus bolsillos ya llenos. </p><p>Mientras unos se enriquecen, <strong>nuestros datos pululan entre plataformas a precio de oro</strong>. Muchos, como ya sabemos, pueden acabar en malas manos. Y otros, como en el caso de esta inteligencia, en las manos equivocadas. </p><p>Aunque en España la sanidad es universal, pública y gratuita, en otros países no, como en EEUU —sede, por cierto, de la gran mayoría de las tecnológicas punteras—. ¿Se imaginan que los datos que han cedido para entrenar a esta inteligencia artificial terminen en las empresas de seguros sanitarios y que <strong>decidan en base a ellos si nos conceden o no asistencia sanitaria</strong>? Y se podrían hacer esta misma pregunta con miles de otras variables y escenarios. </p><p>La tecnología puede parecer<strong> intrascendente, un divertimento o herramientas ceñidas al mundo digital</strong>. También puede parecer que las noticias tecnológicas no son lo suficientemente relevantes para abrir informativos o periódicos. Pero<strong> impactan —o impactarán— en nuestro día a día</strong>. Empezamos aceptando inconscientemente las condiciones de uso de la última versión gratuita de Facebook e Instagram, seguimos cediendo nuestros datos sanitarios para saber si nos vamos a morir mañana y terminamos tolerando que la UE saque adelante como histórica una ley de inteligencia artificial que, por <a href="https://www.infolibre.es/politica/garcia-blanco-europeos-tranquilos-utilizacion-ia-tendra-controles-estrictos_1_1661716.html" target="_blank">muy pionera que sea</a>, abre la puerta discretamente, y gracias a sus excepciones, a <a href="https://www.infolibre.es/medios/vigilancia-biometrica-ley-inteligencia-artificial-ue_1_1666824.html" target="_blank">una vigilancia masiva digital y distópica.</a></p><p><strong>Vamos camino de vivir en un enorme</strong><em><strong> Gran Hermano</strong></em><strong> mundial sin prácticamente inmutarnos</strong>, del mismo modo que miramos hacia otro lado ante la masacre que arrasa Gaza. Mientras, le dedicamos horas de televisión y miles de páginas de periódico a una amnistía ya retorcida a estas alturas de la partida o a la última polémica o debate político irrelevante para nuestro día a día y que mutará a otro nuevo antes de que decidamos de qué lado posicionarnos. </p><p>Brindemos juntos, mientras, por un año más, un año menos. <strong>¡Feliz 2024!</strong></p><p> </p><p><strong>PD. </strong>Hablando de expertos, me gustaría agradecerles desde aquí a todos con los que he tenido el placer de hablar durante este año. Sobre todo a los que he molestado y robado tiempo en numerosas ocasiones en estos últimos doce meses. Con su paciencia, rigor y conocimientos, he podido firmar informaciones llenas de puntos de vista inteligentes, interesantes y llenos de sentido común. Pero, sobre todo, me gustaría darles las gracias a ellas, a las expertas. Por permitirme darles voz y caminar juntas en el escabroso viaje que es el síndrome de la impostora. Millones de gracias.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alba Precedo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Quieres saber cuándo te vas a morir?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología digital,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[No podemos mirar hacia otro lado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nochevieja-desde-la-redaccion/no-mirar-lado_129_1672095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ce01b83a-0225-4ba9-84f0-7c524bf9082b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No podemos mirar hacia otro lado"></p><p>Poco después de empezar la guerra en<strong> Gaza </strong>la foto de un niño que miraba fijamente a cámara se me grabó en la retina, no sé cómo se llama, ni siquiera recuerdo exactamente dónde estaba captada la imagen, pero desde ese día no puedo olvidarle. En su mirada, en la profundidad de sus ojos se aunaban la inocencia y el desconcierto de una infancia rota por el horror. Desde ese momento casi todos los días pienso en él, ¿habrá comido? ¿Estará con su familia? ¿Seguirá vivo? No le conozco pero la ansiedad de ser testigo de ese sufrimiento me sube hasta la boca.</p><p>También <strong>pienso en su madre</strong>, en todas las que mientras sucede el conflicto están siendo madres. Y me duelen todas esas mujeres pariendo, vulnerables, viviendo una de las experiencias más fuertes de sus vidas, sin comida, sin agua, sin anestesia para cesáreas, sin la calidez y el sostén que se necesitan en esos momentos, sin recursos por si algo "se tuerce". Y lo veo desde mi salón, con la calefacción puesta pensando en mi posparto, en cómo lo viví yo, contando con los profesionales y todas las comodidades que me acompañaban, y en cómo lo están viviendo ellas, justo un año después, en un lugar del mundo abandonado a su suerte en el que sobrevivir un día más es un reto que no cesa. En Gaza hay <strong>150.000 mujeres embarazadas</strong> y <strong>más de 180 dan a luz cada día</strong>, según estima la ONU. No podemos mirar hacia otro lado, no es justo. No es justo parir así, sabiendo que tanto tu supervivencia como la de tu bebé no están aseguradas ni aunque todo salga "perfecto".</p><p>A 2024 le pido que Europa no se olvide de todas esas personas, que no nos olvidemos de ellos. Le pido <strong>cuidar a la infancia, proteger a todas las niñas y a todos los niños</strong>, también a los de fuera de la UE.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Dec 2023 17:45:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Valdeolivas]]></author>
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