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    <title><![CDATA[infoLibre - Edwy Plenel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/edwy-plenel/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Edwy Plenel]]></description>
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      <title><![CDATA[Edwy Plenel: "No defender los derechos es derribar el dique que ha impedido el regreso del fascismo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/edwy-plenel-no-defender-derechos-derribar-dique-impedido-regreso-fascismo_1_2087576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/04168b8b-4e90-4554-8946-e69527cc621e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Edwy Plenel: "No defender los derechos es derribar el dique que ha impedido el regreso del fascismo""></p><p>En 2023, el director <strong>Jonathan Glazer</strong> revolucionó el cine con una película que contaba el Holocausto de una forma diferente. En <em>The Zone of Interest</em>, se mostraba cómo la familia de <strong>Rudolf Hoess</strong>, máximo responsable de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Auschwitz, vivía al lado del horror del campo de concentración completamente ajena y sin importarles lo que pasaba más allá de los muros de su jardín. Esta es una de las múltiples metáforas que </span><a href="https://www.infolibre.es/autores/edwy-plenel/"  ><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><strong>Edwy Plenel</strong></span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, cofundador y expresidente del diario francés Mediapart, socio editorial de </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><strong>infoLibre</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, usa para describir la visión eurocéntrica que tiene la Unión Europea del mundo en su nuevo libro, </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>El jardín y la jungla</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/prologo-jardin-jungla-ewdy-plenel-jesus-marana_1_2086479.html"  ><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">prologado por Jesús Maraña</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En él, el periodista parte de una frase del ex Alto Representante para Asuntos Exteriores de la UE </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><strong>Josep Borrell</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> en un discurso que dio en Brujas en octubre de 2022, pocos meses antes de que comenzara el genocidio en Gaza por parte de Israel. "Europa es un jardín, la mayor parte del resto del mundo es una jungla, y la jungla podría invadir al jardín", dijo entonces el político español. Una forma que retrata, para el autor, la forma que tiene la UE de verse y de ver al mundo, y que explica muchas de las contradicciones de su política exterior. De ese doble rasero europeo, del colonialismo, del ascenso de la extrema derecha y de su admirado </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><strong>Albert Camus</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">, hablamos con él en esta entrevista, que se publica el mismo día que </span><em>El jardín y la jungla</em> llega a las librerías españolas, inaugurando una nueva colección de ensayos que <strong>infoLibre</strong> edita en alianza con Edhasa bajo el título ‘<strong>Libros de</strong> <strong>infoLibre</strong>'.</p><p><strong>El título del ensayo hace referencia al discurso de Borrell en Brujas donde dice que Europa es un jardín y el resto del mundo la jungla. ¿Por qué Europa sigue creyéndose ese jardín y ve al resto del mundo como la jungla, sin ser capaz de admitir su posición? ¿Qué consecuencias tiene ese posicionamiento?</strong></p><p>El objetivo de este ensayo es comprender lo que nos está sucediendo, esta catástrofe política. Trump o Netanyahu, su violencia sin límites, su sed de dominación, su voluntad de depredación, sus ideologías identitarias y racistas, etc., no nos son ajenos: son el producto de una larga tradición del imaginario político occidental en su relación con el mundo, con su diversidad y su pluralidad. Solo conseguiremos derrotarlos si les oponemos un imaginario alternativo que rompa con este legado. Si he partido de este discurso pronunciado en 2022 por Josep Borrell como comisario europeo de Asuntos Exteriores —discurso del que se ha distanciado desde entonces—, es porque en él se recogen todos los clichés imperialistas que han acompañado la proyección de Europa en el planeta y que siguen inspirando opresiones coloniales, cuya injusticia hacia el pueblo palestino es el símbolo más dramático. El jardín europeo se erige en él como el estándar de la civilización frente al resto del mundo, considerado salvaje o bárbaro, sobre el que, por lo tanto, se arroga el derecho de dominar. Esta pretensión conduce siempre a la catástrofe, hasta el crimen contra la humanidad, porque el autoproclamado "civilizado" acaba convirtiéndose él mismo en bárbaro en su voluntad de conquistar, desposeer y aniquilar al otro. Y eso es lo que nos muestra la guerra genocida de Israel en Gaza, llevada a cabo en nombre de una supuesta civilización judeocristiana. </p><p><strong>¿Puede esa visión profundamente eurocéntrica y soberbia ser compatible con una defensa de los derechos humanos a nivel mundial?</strong></p><p>Por supuesto que no. Ese es precisamente el reto y la urgencia política del momento actual. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ante el espectáculo de la catástrofe provocada por su desmesura, llevada al abismo por el fascismo y el nazismo, Europa y su proyección norteamericana, los Estados Unidos, acordaron un nuevo orden jurídico internacional basado en los derechos humanos fundamentales y universales, oponibles a los posibles desvaríos de los Estados, las naciones o los pueblos. Esto no significa que respetaran estas normas, pero la proclamación de estos derechos universales era una palanca política para oponerse a sus violencias, opresiones y crímenes. Sin embargo, lo que está en juego hoy en día, desde la agresión rusa en Ucrania hasta la destrucción israelí de Palestina, pasando por el autocratismo oligárquico de la presidencia de Trump, es el fin de este derecho internacional. Su proyecto explícito es gobernar mediante la ley del más fuerte. </p><p><strong>¿Qué diría Albert Camus de esta soberbia y de cómo la Europa actual está actuando ante el horror de Gaza?</strong></p><p>Siempre es arriesgado hacer hablar a los muertos. Solo podemos inspirarnos en ellos y recordar, por ejemplo, que en agosto de 1945, cuando las potencias aliadas contra el nazismo y los medios de comunicación se regocijaban al unísono por la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, es decir, de poblaciones civiles, mediante bombas atómicas, lo que provocó la capitulación de Japón, Albert Camus fue uno de los pocos, si no el único, que pensó en contra de la corriente. Nuestra civilización, escribió entonces en <em>Combat</em>, <em>"acaba de alcanzar su último grado de barbarie"</em>. Y continuó con unas palabras que resuenan con fuerza en nuestro presente: "Nos negamos a sacar de una noticia tan grave otra cosa que la decisión de abogar aún más enérgicamente por una verdadera sociedad internacional, en la que las grandes potencias no tengan derechos superiores a los de las naciones pequeñas y medianas, en la que la guerra, flagelo que se ha convertido en definitivo por el solo efecto de la inteligencia humana, ya no dependa de los apetitos o las doctrinas de tal o cual Estado"<em>. </em></p><p><strong>¿Qué parte de esa ideología colonial europea se mantiene en la actualidad y cómo afecta a la Unión Europea y a la visión que tiene del resto del mundo?</strong></p><p>En los últimos tres años, la Unión Europea ha perdido una oportunidad histórica en la secuencia que va desde la agresión rusa contra Ucrania hasta la afirmación de Trump como único amo del mundo, pasando por la guerra de limpieza étnica de Israel en Gaza. Debería haber defendido el derecho internacional como norma superior y a las Naciones Unidas como único foro legítimo para hacerlo respetar y, de este modo, garantizar un mundo multipolar en el que predominaran los derechos humanos. En lugar de tener ese valor, ha arruinado los valores que profesa con su doble rasero: Putin es condenado y sancionado, mientras que Netanyahu es apoyado o tratado con delicadeza. Es cierto que algunos países han salvado el honor, en particular España con Pedro Sánchez, pero, a escala continental, el precio a pagar puede ser muy doloroso: no defender en voz alta y con firmeza estos principios democráticos universales supone derribar el dique que, desde 1945, ha impedido el regreso con fuerza de las extremistas derechas herederas del fascismo.</p><p><strong>En el libro, se hace una defensa enorme de que la democracia no es solo votar cada 4 años –y de la igualdad–, pero ¿cómo se puede defender la democracia en medio del ascenso de una extrema derecha que tiene unos valores contrarios a todo lo que se defiende en el libro?</strong></p><p>Mediante la movilización de la sociedad. Una movilización lo más amplia y unitaria posible. La presidencia de Trump lo demuestra en Estados Unidos, al igual que el poder de Orbán en Hungría o los intentos de Meloni en Italia: al esgrimir las elecciones como única legitimidad, pretenden destruir todo lo que constituye la vitalidad democrática, la existencia de contrapoderes, la independencia de la justicia, la libertad de prensa, la autoorganización de la sociedad, el derecho a manifestarse y protestar, etc. No se les podrá combatir simplemente con votos. Hay que movilizar a la sociedad en torno a sus reivindicaciones comunes, que son evidentes en el día a día para la mayoría: sociales (contra las desigualdades y las injusticias), democráticas (contra las oligarquías y los privilegios) y éticas (contra la corrupción y la prevaricación).</p><p><strong>¿Qué lecciones debe aprender Europa de países como Sudáfrica, que han actuado denunciando el genocidio en Gaza y han tenido una posición mucho más fuerte a favor de los derechos humanos?</strong></p><p>El apartheid racista sudafricano se instauró y teorizó en 1948, el mismo año en que se reconoció internacionalmente al Estado de Israel, lo que para la mayoría del pueblo palestino supuso la Nakba, la expulsión de su propia tierra. Que hoy en día la Sudáfrica nacida tras el fin del apartheid esté a la vanguardia de la lucha por el derecho internacional es símbolo de un cambio radical en el mundo: los valores de igualdad proclamados por Europa y Occidente, que al mismo tiempo violaban con su afán de poder y conquista, son hoy enarbolados por el mundo que se ha levantado contra ese dominio y sus imposturas.</p><p><strong>¿Qué importancia tiene la visión colonial europea en el ascenso de la extrema derecha y, relacionado con esto, con el rechazo de la migración en toda Europa?</strong></p><p>El colonialismo es la negación de la igualdad natural. Es la afirmación de la desigualdad entre civilizaciones, pueblos, religiones, culturas, etc., mediante la pretensión de creerse superior o mejor. Ahora bien, este rechazo de la igualdad de derechos es la base común de todos los movimientos de extrema derecha, independientemente del contexto: rechazan este principio asociado a la Declaración de Derechos de 1789, según el cual todos nacemos libres e iguales en derechos, sin distinción de origen, nacimiento, apariencia, creencias, sexo, género, etc. Desde este punto de vista, la cuestión de la hospitalidad hacia los hombres y mujeres que ejercen un derecho humano fundamental, el de desplazarse, es un indicador esencial. Al atacar a los migrantes, se ataca el principio de igualdad y la universalidad de los derechos. Al señalar chivos expiatorios, se acaba diciendo que hay seres humanos que tienen derecho a tener derechos y otros que no lo tienen, ese derecho a tener derechos. Y que, por lo tanto, son deshumanizados. </p><p><strong>¿Por qué es tan difícil para Europa mirar de forma crítica a su pasado y hacer memoria del colonialismo?</strong></p><p>Quizás nuestros tiempos oscuros, en los que el fascismo vuelve a amenazar bajo ropajes inéditos, signifiquen que ha llegado el momento de zanjar esta historia. Un mundo antiguo se pone tenso, se endurece, se atrinchera. Puede causar muchos daños. Pero es un mundo del ayer que rechaza la realidad de hoy: una humanidad interrelacionada, interdependiente, conectada, arrastrada por una comunidad de destino. Cerrar el capítulo del colonialismo es proclamar que solo hay una brújula para escapar de la noche que se avecina: la igualdad. Y esto es válido a escala mundial, entre los pueblos, así como dentro de nuestros países, entre sus habitantes. Desde la solidaridad internacional con Palestina hasta el movimiento feminista MeToo, pasando por la lucha contra el capitalismo del desastre que acapara la riqueza y destruye la naturaleza, siempre es el ideal de la igualdad el que nos une, como un horizonte de esperanza.</p><p><strong>¿Cómo se puede luchar contra la identidad europea que proclama la extrema derecha, que se erigen como representantes de la verdadera Europa, y reivindicar la Europa de los valores humanistas?</strong></p><p>No existe una identidad europea —ni francesa, ni española...— eterna, inmutable o inmóvil. Construimos nuestras identidades avanzando por el camino de la igualdad. A finales del siglo XVIII, cuando se proclamó el principio de la igualdad natural, aún no existían derechos, ni siquiera el derecho al voto. Era, por tanto, un ideal, una promesa, un horizonte de emancipación, en definitiva, una utopía concreta. Y la humanidad se puso en marcha, derribando mil bastillas: la abolición de la esclavitud, las libertades democráticas, los derechos sociales, la independencia de los pueblos colonizados, los derechos de las mujeres, etc. Es una marcha sin fin, como la del famoso poema de Machado : "Caminante, no hay camino, Se hace camino al andar"<em>.</em></p><p><strong>¿Puede ser Europa, con todo esto, optimista con su futuro? ¿Cómo puede cambiar esta deriva y mirar a lo que viene con esperanza, reforzando la democracia?</strong></p><p>La inquietud es la antesala de la esperanza. Por eso los periodistas tienen ahora más que nunca una responsabilidad democrática: ayudarnos a ver con claridad, mediante un trabajo informativo lo más independiente y riguroso posible. Solo así encontraremos el camino hacia una esperanza renovada. Defendiendo la verdad de los hechos, el saber, el conocimiento, una relación racional con la realidad, frente a adversarios que, mediante la propaganda, la mentira y la ideología, quieren sumirnos en la noche apagando toda luz de verdad.</p><p><strong>Con el triunfo de Trump y de fuerzas autoritarias en todo el mundo, ¿vamos hacia un mundo más peligroso y parecido a nivel internacional al que alumbró los fascismos del siglo pasado? ¿Qué papel tiene Europa para evitarlo?</strong></p><p>Sí, el peligro está ahí. No delante de nosotros, pero ya está ahí. Y, en primer lugar, cada uno de nosotros debe tomar conciencia de ello, dejar de ser indiferente, movilizarnos y unirnos. La salvación vendrá primero de la propia sociedad.</p><p><strong>El fantasma del ascenso del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial planea sobre el libro cuando se habla de Europa. ¿Está el viejo continente con la subida de los extremismos en una especie de Weimar o en ese momento de falso esplendor e idealismo previo a la Primera Guerra Mundial?</strong></p><p>Sí, corremos hacia el abismo a toda velocidad. Pero no se trata de una simple repetición del pasado. Hay una novedad que no es nada tranquilizadora. Lo que tenemos que combatir, a escala mundial, es una coalición mafiosa oligárquica que va desde Trump hasta Putin, pasando por todas nuestras extremistas derechas identitarias y todos los regímenes autoritarios extractivistas del mundo árabe. Es un mundo de gánsteres, sin otro objetivo que la acumulación de poder y riqueza, que quiere eliminar toda regulación, todo obstáculo, todo límite a su deseo. Combatirlos supone también un impulso ético en el que la moralización de la política y la lucha contra la corrupción son esenciales.</p><p><strong>Con el golpe tan duro que ha sufrido el derecho internacional con el doble rasero de Europa con Gaza y Ucrania y la política de fuerza que está llevando a cabo Trump, ¿cómo se puede reconstruir ese mundo basado en reglas? ¿Está Europa en condiciones de hacerlo o tendrá que venir de los países que no están encuadrados en la OTAN ni en lo que llamamos Occidente?</strong></p><p>No predigo el futuro. De hecho, ningún periodista debería arriesgarse a hacerlo, porque eso sería olvidar que nuestro amo sigue siendo el acontecimiento, es decir, lo inesperado, lo imprevisible, lo impensable. Pero lo que es seguro es que estamos asistiendo a un descentramiento del mundo, como si el ciclo de varios siglos en el que Europa impuso su ley al mundo estuviera llegando a su fin con la aparición de figuras decadentes que recuerdan a ciertos emperadores romanos antes de la caída del imperio. Y ahí es donde volvemos a la cuestión central del colonialismo, que conlleva un imaginario del que hay que deshacerse, esa catástrofe del poder y esa locura de la grandeza. En su lugar, necesitamos un imaginario de precaución, una especie de ecología de la política, basada en la conciencia de la fragilidad del mundo y de los seres vivos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Oct 2025 20:38:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Edwy Plenel: "No defender los derechos es derribar el dique que ha impedido el regreso del fascismo"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Hechos y significado: las exigencias del nuevo equipo de Mediapart en un mundo enloquecido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/hechos-significado-exigencias-nuevo-equipo-mediapart-mundo-disparatado_1_1742358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf2d9455-cf3d-4c73-8a03-0209b4b8e2c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hechos y significado: las exigencias del nuevo equipo de Mediapart en un mundo enloquecido"></p><p><strong>“Necesitamos una nueva prensa en Francia, y Mediapart es ese proyecto". </strong>Con estas palabras que denotan una cierta confianza en el futuro <strong>firmó Edwy Plenel su </strong><a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/100308/le-prix-de-la-liberte" target="_blank"><strong>primer editorial</strong></a>, publicado en esta web el 16 de marzo de <strong>2008</strong>. </p><p>Como muestra de continuidad con la tradición de un periodismo riguroso, honesto y comprometido, se puso bajo los auspicios de <strong>Albert Camus</strong>, que sesenta años antes había escrito en <em>Combat</em> que quería "liberar a los periódicos del dinero y darles un tono y una verdad que sacaran del público lo mejor de él". </p><p>En aquella época éramos sólo unas veinte personas, en su mayoría periodistas de diversas procedencias, que soñábamos con despertar e incluso subvertir los medios de comunicación franceses. Definiéndonos como radicalmente democráticos frente al presidencialismo monárquico de una V República en decadencia, <strong>partimos de casi nada bajo las chapas onduladas de un viejo garaje del este de París</strong>. Casi nada, salvo lo esencial: una visión clara de nuestros principios periodísticos y una apuesta por el valor de la información. </p><p>Decididamente, estábamos en sintonía con nuestro tiempo, el tiempo de una revolución digital aún incipiente, al tiempo que nos negábamos a ceder a los cantos de sirena de las audiencias y el libre acceso. Frente a los oráculos de Internet, <strong>demostramos la legitimidad de la suscripción, garantía absoluta de nuestra independencia</strong>. Un periódico financiado exclusivamente por sus lectores, opción fundacional que nos diferenció inmediatamente de los demás medios de comunicación. </p><p>Y sigue haciendo de Mediapart, como diario de información general, un diario aparte. <strong>Rechazando la publicidad, las presiones de accionistas multimillonarios, las subvenciones públicas y las ayudas</strong> de las Gafam (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), nos hemos dotado, gracias a nuestros suscriptores, de los medios para producir una información de calidad libre de toda influencia, garantizada sin censura ni autocensura. </p><p><strong>Tenemos vía libre para revelar lo que se niega, oculta o ignora,</strong> y para hacer visible lo invisible. No tenemos que rendir cuentas a nadie más que a nuestros lectores, a quienes hemos situado en el centro de nuestro proyecto. Porque creemos en las virtudes de una democracia viva, hemos creado un espacio participativo, el Club, único en Francia, que con el tiempo se ha convertido en una verdadera comunidad de colaboradores fieles y solidarios a través de sus blogs y comentarios. </p><p><strong>De eso hace ya dieciséis años y la historia nos ha dado la razón</strong>. Mediapart se ha consolidado como un contrapoder esencial. Del abuso de debilidad de Liliane Bettencourt a la cuenta oculta de Cahuzac, de la financiación libia de la campaña de Sarkozy a los entresijos del imperio Bolloré, de los conflictos de intereses de Kohler al dinero ruso de Marine Le Pen, nos hemos dado a conocer al gran público gracias a una serie de investigaciones con repercusiones políticas, institucionales, legislativas y fiscales. Hemos abierto nuevos campos de investigación sobre ecología, violencia policial, discriminación y violencia de género, con el tabú roto por Adèle Haenel, luego la ola PPDA (Patrick Poivre d’Arvor, famoso presentador de televisión, ndt) y ahora el caso Depardieu. </p><p><strong>Mediapart es rentable desde hace trece años</strong> y es actualmente el <strong>tercer diario nacional en número de abonados,</strong> detrás de <em>Le Monde</em> y <em>Le Figaro</em>. Nuestra base de suscriptores es de unos 220.000. Con 22,5 millones de euros, nuestro volumen de negocio del año 2023 aumentó casi un 6% interanual, lo que nos permitió obtener un beneficio neto de 2,2 millones de euros. </p><p>Para garantizar que nuestra empresa siga siendo independiente para siempre, en 2019 modificamos nuestros estatutos legales para crear el <a href="https://fondspresselibre.org/" target="_blank">Fondo para una prensa libre</a> (FPL), una estructura sin ánimo de lucro que salvaguarda la propiedad de Mediapart. A partir de ahora, nuestro periódico no podrá venderse ni comprarse. </p><p>Se escribe una nueva página en la historia de Mediapart: <strong>sus fundadores ceden las riendas</strong> al equipo que lo produce diariamente desde hace varios años. Tras la marcha de François Bonnet, Laurent Mauduit y Marie-Hélène Smiejan, y varios años antes de Gérard Desportes, <strong>ahora le toca el turno a Edwy Plenel</strong>, presidente y director de la publicación desde 2008, que deja sus funciones y me las cede a mí. </p><p>Este paso, largamente preparado, responde a nuestros valores, que siempre han antepuesto la inteligencia colectiva a las aventuras personales. Como pioneros, los fundadores de Mediapart abrieron un camino y, al igual que las personas que pasan la antorcha, construyeron los bases para una transición fluida de una generación a la siguiente.</p><p><strong>A Edwy Plenel no le perderemos de vista </strong>porque su voz es importante para nosotros: como Laurent Mauduit y François Bonnet, seguirá escribiendo en nuestras columnas, dándonos la oportunidad de ver y oír a figuras intelectuales y culturales que dan testimonio de la inventiva de la actualidad. </p><p>A diferencia de otros medios, <strong>nuestros </strong><a href="https://static.mediapart.fr/files/2023/03/10/sedm-2023-02-22-sedm-statuts-definitifs.pdf" target="_blank"><strong>estatutos</strong></a><strong> estipulan que Mediapart esté dirigido por un o una periodista</strong>. Me incorporé a Mediapart al principio, después de dejar <em>Les Échos</em> cuando lo compró el grupo LVMH, y me dediqué a investigar sobre cuestiones migratorias. Me apasionó, porque me parecía que estos temas englobaban todos los demás, de manera sensible y política. </p><p>He intentado transmitir <strong>lo que más me impresionaba: el impacto concreto de las políticas estatales en las vidas, los cuerpos y las trayectorias. </strong>Luego, durante cinco años, de 2018 a 2023, como codirectora editorial con Stéphane Alliès, aprendí a comprometerme con el colectivo, a comprender sus preocupaciones y necesidades, convencida de que para producir la mejor información debíamos garantizar las mejores condiciones de trabajo posibles. </p><p><strong>Con Cécile Sourd (directora general), Lénaïg Bredoux y Valentine Oberti (nuevas directoras editoriales)</strong>, Fabrice Arfi (codirector del departamento de investigación y miembro del consejo de administración), Renaud Creus (director de comunicación), Olivier Grange-Labat (director de producto y técnico), Cédric Lepécuchelle (director de suscripciones) y Julie Sockeel (directora de marketing), <strong>estamos listos para escribir el próximo capítulo</strong>, con determinación y modestia. Sabemos que podemos contar con un equipo increíblemente talentoso y unido de <strong>139 empleados</strong>, la mitad de los cuales son periodistas.  </p><p>Siguiendo los pasos de nuestros fundadores, continuamos la aventura a nuestra manera, la de una nueva generación, liderada por mujeres, y un equipo diverso y plural, que busca la verdad de los hechos por encima de todo. </p><p>Nuestro objetivo es claro: <strong>ampliar el número de lectores y hacer de Mediapart un gran diario popular que incomode y unifique a la vez</strong>, por la fuerza y la calidad de su información. Siendo útiles para ustedes, apostamos por hacernos indispensables.  </p><p>Para no ocultar nada, ejercemos nuestra profesión con cierta alegría, una alegría decidida, la de <strong>"sacar" información que "queme los dedos"</strong> y, si es posible, que mueva líneas. A nuestro modo de ver, desvelar la verdad es fundamentalmente una cuestión de vitalidad y de comunidad, más que de queja y de ensimismamiento. </p><p>En una <a href="https://www.mediapart.fr/journal/culture-idees/080620/nadia-yala-kisukidi-les-vies-noires-sont-systematiquement-confrontees-au-fait-qu-elles-ne-comptent" target="_blank">entrevista</a> concedida a Mediapart, la filósofa Nadia Yala Kisukidi ilustra ese estado de ánimo: "Luchar contra la opresión requiere imaginación política: inventar lo que aún no se ha inventado, a pesar de todas las historias de violencia que nos atraviesan y pueden abatirnos. Incluso creer que lo que aún no ha sido inventado puede serlo. Para ello se necesitan muchos recursos vitales: la alegría anula la sensación de cansancio". </p><p><strong>Los cimientos son sólidos, pero el reto es inmenso: en dieciséis años, el contexto se ha oscurecido considerablemente.</strong> Hemos entrado en una época inestable como nunca, de retroceso de derechos y de catástrofe climática. Las guerras de Ucrania y Gaza desestabilizan el planeta; el capitalismo globalizado sigue socavando franjas enteras de la sociedad; las multinacionales climaticidas se enriquecen esquilmando los recursos de la Tierra; los migrantes perecen en las fronteras; el racismo en todas sus formas destroza vidas; la amenaza de la extrema derecha nunca ha sido tan acuciante; la corrupción destruye el pacto democrático; las mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas... </p><p><strong>Los vientos en contra son violentos</strong> y, en los medios de comunicación franceses, se manifiestan en la derechización y el embrutecimiento extremos del debate público. Tras la revolución digital monopolizada por los Gafam, el cambio tecnológico, en particular el desarrollo de la inteligencia artificial, está transformando nuestro ecosistema, aunque todavía no sabemos qué usos se harán de él, para bien o para mal. </p><p>Una pequeña figura relata de manera estremecedora los tiempos oscuros que vivimos. Es el <em>Angelus Novus</em>, un cuadro de Paul Klee, dibujado con tinta y carboncillo, comprado por el filósofo Walter Benjamin y ahora expuesto en un museo de Jerusalén. Representa a una especie de ángel desarticulado, con las alas extendidas y los ojos muy abiertos. Como un mensajero, mira, y nosotros miramos, hacia algo que le asusta, un futuro incierto lleno de los horrores del pasado. Lo cito aquí como si fuera un tótem, porque a su manera frágil y defensiva, nos alerta. </p><p>Sin embargo, estamos convencidos de que no hay fatalidad. <strong>Con Naomi Klein, creemos que "todavía es posible que los humanos cambiemos el mundo que hemos construido, porque es una cuestión de supervivencia",</strong> como escribió en un <a href="https://theintercept.com/2022/03/01/war-climate-crisis-putin-trump-oil-gas/" target="_blank">texto</a> publicado en 2022 por la web The Intercept. Hay muchos motivos para la esperanza. En todo el mundo se traducen en concienciación, movilización, resistencia y cambio, sobre todo entre los jóvenes en cuestiones de género y ecología. </p><p>Frente al cinismo de los poderosos, la sociedad rebosa de iniciativas. En un momento en que se está poniendo patas arriba nuestro modo de vida, se están ideando nuevas formas de vivir, se están forjando vínculos, se está consolidando la solidaridad y se están organizando alternativas, a menudo fuera del radar de los partidos políticos tradicionales. <strong>Mediapart está totalmente en sintonía con esas preocupaciones: cómo vivir mejor en nuestro planeta, cómo respirar mejor, cómo alimentarnos mejor, cómo construir juntos lo común. </strong> </p><p>Es en este punto de inflexión entre lo peor y lo posible donde Mediapart inicia una nueva etapa de su existencia. <strong>Creemos que tenemos un papel que desempeñar en la prevención de la catástrofe</strong> y aprovechamos la ocasión para reafirmar, con toda transparencia, quiénes somos, cómo trabajamos, los principios que nos guían y las herramientas de que disponemos para sacar a la luz la información que impida que el mundo funcione según la ley del más fuerte. </p><p>Nuestra misión democrática es devolverles lo que les pertenece:<strong> información de interés público que les permita, como ciudadanos, ejercer su derecho de control</strong> sobre las decisiones que se toman en su nombre. Esta búsqueda es más pertinente que nunca, para que cada cual siga siendo libre de decir lo que piensa y tomar sus propias decisiones, participe en el debate público, encuentre su lugar en la sociedad y actúe según su conciencia. </p><p>Parecen haber quedado atrás los días en que Internet aparecía como un paraíso para compartir entre iguales . <strong>Bajo la presión de imperios mediáticos tan poderosos como destructivos, la profusión de noticias falsas y discursos de odio pone en jaque a las democracias.</strong> Contra el veneno de los prejuicios y los comentarios, nos proponemos dar primacía a la información honesta, contrastada, verificada y documentada, con respeto al debate contradictorio y protección absoluta de nuestras fuentes. </p><p>"La libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información sobre los hechos y si no son los propios hechos los que son objeto de debate", escribió Hannah Arendt en 1967, en <em>Verdad y política</em>. Nuestro trabajo periodístico, basado en el rigor y la honestidad, es la garantía del vínculo de confianza con usted. </p><p>No buscamos la fluidez ni la exhaustividad en nuestro tratamiento de la actualidad, sino la distinción y la claridad en nuestras opciones editoriales. En un momento en que<strong> los lectores</strong> están cada vez más "cansados de información", nuestro <strong>papel es ayudarles a elegir, priorizar, dar un paso atrás y contextualizar</strong>. En resumen, dar sentido y producir inteligibilidad. </p><p>Nuestro modelo de negocio nos facilita la tarea: basado en la fidelidad de nuestros abonados, no sigue en absoluto esos criterios de audiencia que impulsan a algunos medios a acumular clics publicitarios. Dicho de otro modo: nuestros lectores no son neuronas disponibles.  </p><p>También en este caso pertenecemos a una tradición clásica del periodismo, tan revolucionaria como antigua. En un discurso pronunciado en 1907, el magnate de la prensa <strong>Joseph Pulitzer,</strong> que no era precisamente un extremista, declaró que su periódico –el <em>St. Louis Post-Dispatch</em>– "luchará siempre por el progreso y las reformas, nunca tolerará la injusticia ni la corrupción; no pertenecerá a ningún partido, se opondrá a las clases privilegiadas y a los explotadores del pueblo, nunca carecerá de simpatía por los pobres, permanecerá siempre consagrado al bien público, mantendrá radicalmente su independencia". </p><p>Los valores progresistas de <strong>igualdad, justicia social, solidaridad, sobriedad y probidad que defendemos constituyen la base de nuestra línea editorial</strong>. Estamos atentos a la situación de las minorías y a los derechos de los extranjeros; queremos contribuir a salvaguardar una Tierra habitable para todos; nos negamos a banalizar a la extrema derecha y sus ideas. Además, en estos tiempos de guerra, conviene recordar que somos un periódico antiimperialista, antiautoritario y anticolonialista. </p><p><strong>Mediapart es un periódico comprometido, pero no militante.</strong> No estamos en ningún bando, salvo en el del derecho a estar informado. Investigamos a todos los partidos, sean de derechas o de izquierdas, a las multinacionales y sus jefes, a los sindicatos y sus dirigentes, a las ONG y su funcionamiento, a los <em>influencers</em> y a cualquier personaje público que pretenda cualquier forma de autoridad. No miramos hacia otro lado por razones equivocadas. </p><p><strong>Nuestras investigaciones </strong>no sólo pretenden denunciar disfunciones, sino también promover conciencias y transformar nuestro entorno, deshaciendo legitimidades infundadas a menudo heredadas del pasado. </p><p>Por citar sólo <strong>tres ejemplos</strong>: </p><p>–<a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/dossier/le-compte-cahuzac" target="_blank">El </a><a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/dossier/le-compte-cahuzac" target="_blank"><em>caso Cahuzac</em></a> dio lugar a la creación de la Fiscalía Nacional Financiera, dotada de mayores medios para luchar más eficazmente contra la delincuencia de cuello blanco, y de la Alta Autoridad para la Transparencia de la Vida Pública (HATVP), encargada de controlar el patrimonio de los cargos electos. </p><p>- Nuestra investigación sobre el <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/dossier/laffaire-baupin" target="_blank">diputado Denis Baupin</a>, publicada en 2016 y que se anticipó un año y medio al movimiento <em>#MeToo</em>, allanó el camino para numerosas investigaciones sobre violencia de género en toda Francia. Aunque el delito había prescrito, puso sobre la mesa cuestiones de dominación masculina y abuso de poder en la política francesa y animó a las víctimas a hablar públicamente. </p><p>–A raíz de lo que revelamos sobre <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/dossier/largent-russe-du-rassemblement-national" target="_blank">el dinero ruso de </a><a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/dossier/largent-russe-du-rassemblement-national" target="_blank"><em>Rassemblement National</em></a>, (el partido de Le Pen, ndt) en 2017 se aprobó una ley que prohíbe a los partidos políticos obtener un préstamo de un banco de fuera de la Unión Europea. </p><p>Ante "el auge de una ideología del repliegue y de la cerrazón que se extiende y gana terreno sin cesar en países hasta ahora democráticos", la escritora Annie Ernaux habló de la <strong>"vigilancia debida</strong>" en su <a href="https://www.nobelprize.org/uploads/2022/12/ernaux-lecture-french.pdf" target="_blank">discurso de entrega del Premio Nobel de Literatura</a> en Estocolmo en 2022. <strong>"El silencio está fuera de lugar en ciertos momentos de la historia",</strong> insistió. En la perspectiva de las elecciones presidenciales de 2027, coincidimos con ella en que es vital combatir la adicción a las ideas rancias. </p><p>Frente a la resignación que nos amenaza, nuestro objetivo, al revelar información de alto impacto, es hacer posible la acción. Como en el caso del clima, no es demasiado tarde, pero sí es urgente actuar. No hay ascenso irresistible salvo en la mente de quienes no tienen interés en que las cosas cambien. La renuncia fatalista es privilegio de quienes no tienen tanto que perder. </p><p>Ahora más que nunca, nuestra ambición es <strong>ampliar nuestra audiencia para incluir a un público más general y más joven</strong>. Para desempeñar plenamente nuestro papel de exploradores del debate público, nos comprometemos a dirigirnos a todos. Una información sólo comprensible para unos pocos reforzaría los privilegios de una minoría de "sabelotodos" y rompería irremediablemente la promesa de igualdad que constituye el núcleo de nuestro compromiso democrático. </p><p><strong>Para hacer más legibles nuestras publicaciones, hemos decidido reforzar nuestro sistema de edición</strong>. Cuidando la forma en que presentamos nuestra información, pretendemos que disfruten leyendo nuestro periódico cada día. Mediante el desarrollo de <strong>nuevas formas de redacción y nuevos formatos</strong> –<strong>vídeo</strong> (como hemos hecho con nuestros programas <a href="https://www.mediapart.fr/studio/videos/emissions/l-air-libre" target="_blank"><em>À l'air libre</em></a> en <em>YouTube</em> y <a href="https://www.mediapart.fr/studio/videos/emissions/abonnez-vous" target="_blank"><em>Abonnez-vous</em></a> en <em>Twitch</em>) o <strong>audio</strong> (con nuestros <a href="https://www.mediapart.fr/studio/podcasts" target="_blank"><em>podcasts</em></a>, nuestro programa cultural <a href="https://www.mediapart.fr/studio/videos/emissions/l-esprit-critique" target="_blank"><em>L'esprit critique</em></a> y nuestros <a href="https://www.mediapart.fr/studio/videos/emissions/articles-audio" target="_blank">artículos audio</a>)– buscamos encontrarnos con usted allí donde esté, según sus costumbres. </p><p>Mejorar nuestra accesibilidad significa que Mediapart debe reflejar todos los aspectos de la sociedad. Naturalmente, no hemos escapado a los efectos de la reproducción social, por eso estamos decididos a proseguir nuestros esfuerzos. Es esencial que incluyamos en nuestro equipo a un amplio abanico de perfiles, cada uno de los cuales aporte perspectivas, preocupaciones y fuentes complementarias. </p><p>Mediapart es uno de los pocos medios de comunicación que construye una <strong>relación concreta con sus lectores, a través de los blogs del Club</strong>, un servicio dedicado a los suscriptores, la moderación interna y los actos públicos. Nos esforzamos constantemente por sacar el máximo partido de esta comunidad, escuchándola y ofreciéndole la oportunidad de participar e intercambiar ideas en un espacio acogedor en el que todos se sientan a gusto. </p><p>Para ampliar el alcance de esta comunidad, estamos desarrollando nuestro acceso a través de intermediarios como bibliotecas, mediatecas, escuelas y universidades.  </p><p>En un ecosistema mediático en manos de un puñado de empresas de artículos de lujo, armamento y construcción, <strong>es más urgente que nunca unirse</strong>. Mediapart pretende seguir desempeñando un papel de liderazgo en la prensa independiente, en particular a través del <a href="https://fondspresselibre.org/" target="_blank">Fondo para una Prensa Libre</a> (FPL) y el <a href="https://www.spiil.org/s/" target="_blank">Sindicato de la Prensa Independiente de Información en Línea</a> (Spiil). </p><p>Nuestra presencia sobre el terrero se refleja en los numerosos <strong>vínculos productivos que mantenemos con periódicos que comparten nuestros valores profesionales</strong>, como <a href="https://www.mediacites.fr/" target="_blank"><em>Mediacités</em></a>, <a href="https://marsactu.fr/" target="_blank">Marsactu</a>, <a href="https://www.lepoulpe.info/" target="_blank"><em>Le Poulpe</em></a>, <em>Rue89 </em><a href="https://www.rue89lyon.fr/" target="_blank"><em>Lyon</em></a><em> </em>y<em> </em><a href="https://www.rue89strasbourg.com/" target="_blank"><em>Estrasburgo</em></a>, el <a href="https://www.bondyblog.fr/" target="_blank"><em>Bondy Blog</em></a> o <a href="https://revueladeferlante.fr/" target="_blank"><em>La Déferlante</em></a>. En el ámbito europeo, ponemos en común nuestros conocimientos en materia de investigación con nuestros colegas de la <em>European Investigative Collaborations </em>(EIC) e intercambiamos prácticas con medios de comunicación de España, Italia, Grecia, Eslovaquia, Croacia y otros países, que comparten nuestra preocupación por la ofensiva iliberal en Europa. Nos interesa especialmente la nueva colaboración con la web ucraniana <a href="https://kyivindependent.com/" target="_blank"><em>The Kyiv Independent</em></a>. Trabajar juntos, con la diversidad de voces que representamos, garantiza que seremos más fuertes y eficaces. </p><p>* </p><p>Desde su fundación, Mediapart ha estado al lado de la sociedad, de sus fuerzas motrices, de quienes pasan a la acción y abren nuevas posibilidades. Al embarcarnos en una nueva fase de desarrollo, consolidación y emancipación, pretendemos, a través de la fiabilidad de nuestra información, ayudar a la gente a ver con claridad, hacer oír su voz y encontrar la energía para actuar. </p><p>Esperamos aprovechar este momento solemne y sin precedentes de nuestra historia para convencer a cada vez más personas de que se unan a nosotros y confíen en nosotros por serles útiles. Así que, por supuesto, ¡suscríbanse!</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Mar 2024 19:13:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carine Fouteau (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hechos y significado: las exigencias del nuevo equipo de Mediapart en un mundo enloquecido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Medios comunicación,Mediapart,Edwy Plenel]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Alain Krivine: la integridad de un revolucionario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/alain-krivine-integridad-revolucionario_129_1222907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a8296ebe-23d6-4632-be49-19e67843c73c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alain Krivine: la integridad de un revolucionario"></p><p>"<em>Ça te passera avec l’âge</em>", <strong>"se te pasará con la edad" </strong>en español<strong>.</strong> Es la frase que Alain Krivine eligió como título cuando, en 2006, aceptó escribir las memorias de la "aventura colectiva" de la que había formado parte y que había encarnado "la posibilidad de una revolución democrática".</p><p><strong>Pero no "se le pasó" nunca</strong>: convertido al comunismo en 1950 durante su paso por la escuela secundaria, medio siglo después entregó las riendas de la política revolucionaria a una nueva generación con la fundación del Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA). En el medio fue vocero de las Juventudes Comunistas Revolucionarias (1968) y después de la Liga Comunista (1969-1973) y de la Liga Comunista Revolucionaria (1974-2009).</p><p>Pero, ¿qué era "eso" que a Krivine nunca se le pasó? Era simplemente <strong>la idea de la emancipación, la búsqueda de libertad, la esperanza de igualdad, la exigencia de justicia </strong>y sobre todo el rechazo, la negación del orden existente y la furia dirigida contra sus miserias, sus mentiras, sus múltiples formas de dominación. Y, a decir verdad, eso que usualmente denominamos "izquierda" nace siempre de ese movimiento infinito, incompleto y renovado sin cesar que confronta todas las formas de conservadurismo.</p><p>Pero también suele suceder que las izquierdas que lleguen al poder, sometidas a la <em>raison d’état</em> o la <em>raison de parti</em>, terminen dejando atrás todo "eso" y<strong> encarnen la injusticia al punto de reducir sus promesas a una vana fantasmagoría</strong>. Si Alain Krivine fue un tipo singular en el mundo de la política fue porque su fidelidad incuestionada a esa revuelta inicial siempre corrió de la mano del rechazo de toda ambición personal, del interés por los cargos y las posiciones de autoridad y el repudio de cualquier tipo de reconciliación, es decir, el rechazo de ese camino donde los ideales pierden el rumbo y se corrompen.</p><p><strong>La muerte de Krivine</strong> nos recuerda que una actitud obstinada —despojada en su caso de todo sectarismo— es capaz de servir a la claridad de pensamiento. Su compromiso militante comenzó con el desafío a la impostura que originó todos los desastres y que explica en última instancia el nacimiento del nuevo imperialismo ruso de Vladimir Putin, avatar monstruoso del estalinismo soviético, de la autocracia zarista y de un capitalismo sin límites.</p><p>Krivine formó parte de la <strong>oposición de izquierda al "socialismo realmente existente" del siglo veinte, </strong>forma social que la URSS y sus satélites fundaron sobre las ruinas de 1917 y en la estela de lo que León Trotski denominó "la revolución traicionada". No se trata de un pasado remoto que haya concluido en 1991 con el fin de la Unión Soviética: la guerra contra Ucrania —invadida por el ejército de un dictador formado por la KGB— ilustra la actualidad de aquella lucha. Como<strong> un eco del pasado que resuena en el presente,</strong> recordamos que la familia paterna de Alain Krivine provenía de Ucrania: su abuelo, Albert Meyer Krivine (1869-1946) era un judío ateo de inclinación anarquista que llegó a Francia escapando de los pogromos antijudíos del Imperio ruso de principios de siglo.</p><p>Sin ignorar sus variantes sectarias —nacidas de la situación de minoría permanente en la que vive— el trotskismo, al que el nombre de Krivine está indisolublemente ligado, nunca dejó de ser una revuelta ética. <strong>Nos enseñó a confrontar la verdad de un sistema totalitario en vez de jurar una lealtad que solo significaba ceguera y falsedad.</strong> En sus versiones más libertarias, cercanas al surrealismo, el trotskismo implicaba también el rechazo de medios que contradecían inadmisiblemente sus fines proclamados, además de la negación a replegarse en el nacionalismo y el imperialismo que daban la espalda al internacionalismo, o en la lógica de aparato que acunó todas las burocracias de la política profesional.</p><p>En este sentido,<strong> la vida militante de Alain Krivine nos deja la promesa de una izquierda honesta</strong> en una época en la que el arribismo y el cinismo partidario trastocaron los principios básicos y frustraron no pocas esperanzas. Esa vida empezó a mediados de los años 1950 cuando este joven militante del Partido Comunista Francés (PCF) se convirtió en dirigente a cargo de todos los secundarios de París.</p><p>Krivine estaba destinado a un rápido ascenso en el aparato del PCF. En 1957, cuando cumplió 16 años, después de haber superado todos los récords de venta de la prensa comunista —<em>L’Avant-Garde</em>— viajó a Moscú y participó del Festival Mundial de la Juventud Democrática. Volvió lleno de dudas que no hicieron más que acentuarse cuando conoció a los militantes del Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia, que criticaban la pasividad del PCF frente a su lucha por la independencia. En efecto, el partido había reivindicado la "paz en Argelia" y se había negado a apoyar al FLN.</p><p>Gracias a la cuestión colonial Krivine aprendió que <strong>era necesario solidarizarse con todos los pueblos que luchaban por adueñarse de sus propios destinos,</strong> y empezó a alejarse del estalinismo, dominante en el PCF de la época y con fuerte influencia en toda la izquierda francesa. La conclusión de Alain también fue un asunto de familia: hizo que se reencontrara con sus hermanos mayores, Jean-Michel y su gemelo Hubert, que militaban en las filas del Partido Comunista Internacionalista (PCI), una de las organizaciones trotskistas de la Cuarta Internacional.</p><p>Sin abandonar las filas del comunismo, comprometido clandestinamente con el FLN argelino en el marco de la Jeune Résistance, Krivine, que había empezado la carrera de Historia, ingresó a la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC) y a la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), el sindicato estudiantil más grande del país. Entonces, <strong>el anticolonialismo y el antifascismo, los elementos fundamentales de su militancia,</strong> se materializaron en la creación del Frente Universitario Antifascista en la Sorbona. Krivine dirigió la organización junto a Henri Weber.</p><p>La ruptura final con el PCF llegó en 1965, cuando la sección de la UEC de la Facultad de Letras de la Sorbona, en la que Alain colaboraba junto a una tendencia trotskista "entrista", se negó a respaldar la candidatura presidencial de François Mitterrand aceptada por el PCF. La oposición del futuro presidente a la independencia argelina y su apoyo a la guerra contra el "separatismo" todavía estaban frescas en la memoria, y a los ojos de esta generación joven, politizada y radicalizada por las luchas anticoloniales, eran actitudes imperdonables.</p><p>Excluido de las filas del PCF y mientras estudiaba para ser profesor de Historia, Alain Krivine fue convirtiéndose lentamente en el <strong>principal representante de una aventura colectiva en la que nunca buscó el liderazgo</strong> y de la que pretendía ser un simple vocero. Reconociéndose mejor militante que teórico —y, en cualquier caso, excelente orador, diestro polemista y pedagogo extraordinario— siempre acentuó su rol de activista de base sin promover jerarquías ni privilegios.</p><p>El trío emblemático que formó junto a Daniel Bensaïd (1946-2010) y Henri Weber (1944-2020), reducido a un dúo cuando este último decidió entrar en el Partido Socialista en los años 1980, simboliza bien esa juventud que nunca dejó de ser la fuerza motriz detrás de ese compromiso político vitalicio. Krivine tenía apenas 27 años cuando en 1969, mientras hacía el servicio militar, fue candidato a presidente. En esa época toda una generación de jóvenes sacudió a sus adultos y decidió aventurarse mucho más lejos, <strong>inventar, innovar y desafiar el orden establecido con audacia y coraje.</strong></p><p>Sin embargo, la ruptura generacional ocultaba una continuidad esencial: <strong>una historia judía</strong>, como bien señala la entrada en el diccionario biográfico del movimiento obrero de Maitron. El núcleo dirigente de la Liga Comunista, fundada en 1969 después de la proscripción de la JCR, había heredado en gran medida la "Yiddishlandia revolucionaria", anclada en la cultura política del movimiento obrero judío en la diáspora que se negaba a fundirse en el nacionalismo del movimiento sionista.</p><p><em>Nous vengerons nos pères</em> [Vengaremos a nuestros padres], documental de 2017 realizado Florence Joshua y Bernard Boespflug, muestra el peso que tuvo la memoria del genocidio y el rol fundamental que cumplió el antifascismo en el activismo de la Liga Comunista de los años 1970. <strong>Resistir firmemente contra el resurgimiento de las ideologías asesinas del fascismo y del nazismo era la consecuencia lógica de ese proceso histórico.</strong></p><p>Después de su breve bautismo carcelario tras la proscripción de la JCR en 1968, Krivine enfrentó una segunda detención de varias semanas que llegó con la segunda proscripción de la Liga [1973] por haber organizado una manifestación violenta contra un encuentro de la extrema derecha en París, reunida bajo el lema "Detener la inmigración descontrolada". Hoy los acentos xenófobos y racistas que definen el ambiente ideológico de la campaña presidencial francesa transforman <strong>la muerte de Krivine en un símbolo de la continuidad de esa lucha a la que dedicó su vida.</strong></p><p>La política democrática, internacionalista y social que inspiró a Krivine lo mantuvo más del lado del movimiento social que del de la política institucional. Muchos <strong>militantes criticaron a Krivine por no asumir responsabilidades políticas y contentarse con un activismo supuestamente impotente.</strong> Pero si miramos a la izquierda contemporánea, con todas sus debilidades, sus divisiones y sus rupturas, deberíamos criticarla por no asumir la responsabilidad de las luchas concretas codo a codo con los más afectados, pues ese es el único terreno fértil donde quizás rebrote la izquierda.</p><p>Bajo el estandarte de la "revolución permanente" teorizada por Trotski, el <em>movimientismo</em> de la corriente de la que Krivine fue durante mucho tiempo la voz y el rostro siempre estuvo en busca de su acontecimiento fundacional: un momento tan inesperado como improbable, <strong>una grieta en la fatalidad del presente a través de la cual pudiera deslizarse el futuro</strong>. Con esa orientación Krivine marchó sin aflojar en todas las movilizaciones en las que pudo, desde la de los obreros de Lip [fábrica de relojes recuperada por los trabajadores] hasta la de los agricultores de Larzac, pasando por las del movimiento de mujeres, las de los inmigrantes, las que promovían la solidaridad internacionalista y las que reivindicaban el altermundialismo.</p><p>Además de militante de tiempo completo de la Liga Comunista Revolucionaria y periodista de <em>Rouge —</em>diario publicado entre 1976 y 1979—, Alain Krivine también cumplió un mandato como miembro del Parlamento Europeo desde 1999 hasta 2004. Nos quedamos cortos si decimos que no disfrutó de ese cargo en el que se sentía más impotente que en su militancia cotidiana. <em>Outsider</em> decidido y determinado, siempre se distanció de todo lo que pudiera erosionar sus ideales o forzarlo a una reconciliación.</p><p>Krivine era un intransigente bondadoso y sincero: eso explica la popularidad que evidencian los homenajes que <strong>hasta sus rivales políticos están rindiendo a su figura</strong>. Llevaba siempre su modestia y su alegría a flor de piel, amaba pasar el tiempo con sus compañeros y estaba siempre dispuesto a reírse de sí mismo. Krivine profesaba el ascetismo de un <em>bon vivant</em> que había abandonado todo deseo de fortuna y ambición de triunfo.</p><p>Sin duda fue ese <strong>tenaz rechazo a dominar y poseer </strong>el que permitió que superara los obstáculos que planteaba la fundación del NPA en 2009, ritual en el que entregó la posta a una nueva generación, de la que Olivier Besancenot era el primer vocero, y que puso fin a esa otra historia a la que siempre estará asociado su nombre, la de la Liga.</p><p>Concedió su última entrevista larga a <strong>Mediapart </strong>—socio editorial de <strong>infoLibre</strong>— en 2018 cuando participó de una serie de conversaciones con objeto de un documental que conmemoraba el 50o aniversario de Mayo de 1968 (disponible <a href="https://www.youtube.com/watch?v=xAVDwTfhZJU&ab_channel=Mediapart" target="_blank">aquí</a>). Treinta años antes, durante el 20º aniversario, él y Daniel Bensaïd habían publicado <em>Mai si!</em>, obra donde reivindican su postura de "rebeldes" frente a los "arrepentidos" de su generación.</p><p><strong>"¿Cómo pueden rendirse tan rápido?"</strong>, preguntaban.</p><p><em>¿Por qué estos herejes se convierten con tanta facilidad? Parece que su herejía nunca fue más que una forma de esnobismo. […] Las personas de las distintas épocas están hechas de materiales muy diversos. Los antiguos estaban templados en las pruebas del infortunio. Los modernos fracasan con frecuencia cuando tienen que resistir la dulce seducción de la reputación. Nadie elige en qué época vivir. Pero es triste comprobar que aquellos que reivindicaron con tanta fuerza el derecho a la palabra se hayan satisfecho tan fácilmente con el derecho a la cháchara; que no hayan soportado el primer revés de la opinión. Así es con el espíritu de la época.</em></p><p><strong>Sin importar si el viento soplaba en su favor o en su contra, Alain Krivine eligió perseverar siempre en la misma dirección.</strong> En la primera parte de la conclusión de <em>C’était la Ligue</em>, obra de referencia de esa historia de la que Krivine fue mensajero, Hèlene Adam y François Coustal citan un fragmento de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=4-vVlpCTwDk&ab_channel=GeorgesMoustaki-Topic" target="_blank"><em>Sans la nommer</em></a>, la canción de Georges Moustaki escrita y compuesta en 1969. Es un complemento adecuado a la última despedida de este hombre cuya <strong>fidelidad, integridad y humildad</strong> infunden estima en todo el mundo, incluso en aquellos que no siguieron su camino:</p><p><em>Es ella la golpeada,</em></p><p><em>La perseguida, la acosada,</em></p><p><em>Ella la que se subleva,</em></p><p><em>La que sufre y se declara en huelga,</em></p><p><em>Es a la que aprisionan,</em></p><p><em>La traicionada, la abandonada,</em></p><p><em>Que nos llena de ganas de vivir,</em></p><p><em>Que hace que la sigamos,</em></p><p><em>Hasta el final, hasta el final</em></p><p><em>Me gustaría, sin nombrarla,</em></p><p><em>Hablar de ella,</em></p><p><em>Amada o menospreciada,</em></p><p><em>Ella es fiel,</em></p><p><em>Y si quieres,</em></p><p><em>Que te la presente,</em></p><p><em>Se llama,</em></p><p><em>¡Revolución permanente!</em></p><p>______________</p><p><em><strong>Edwy Plenel, </strong></em><em>periodista, cofundador y presidente de </em><a href="https://www.mediapart.fr/" target="_blank"><em>Mediapart </em></a><em>(socio editorial de </em><strong>infoLibre</strong><em>).</em></p><p>Traducción de <strong>Valentín Huarte </strong>en<strong> </strong><a href="https://jacobinlat.com/2022/03/18/una-vida-revolucionaria-alain-krivine-1941-2022/" target="_blank" >Jacobin</a>.</p><p><em>Texto en francés:</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Mar 2022 14:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel]]></author>
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      <title><![CDATA[La catástrofe está en marcha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/catastrofe-marcha_1_1198740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/69252a33-a535-482d-a5e7-bf70cea609e0_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="La catástrofe está en marcha"></p><p>La Fontainte, fabulista de la pretenciosidad de los humanos y de la ceguera de los poderosos, nacido precisamente hace cuatro siglos, el 8 de julio, se inspiró en las fábulas de Esopo el Frigio. Una de ellas, conocida como <em>Pedro y el lobo</em> o <em>El pastor mentiroso</em>, es el origen de la expresión <strong>“que viene el lobo, que viene el lobo”</strong>, para señalar una amenaza infundada. O, quizás, anunciarla demasiado pronto, con ese exceso que motiva la visión de lo que está por ocurrir. Esta es la situación actual de <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a> (socio editorial de infoLibre), espectador de una catástrofe sobre cuyo advenimiento nuestro periódico no ha dejado de alertar.</p><p><strong>“La catástrofe no está al caer, ya está aquí”</strong>, escribíamos a principios de 2017, unos meses antes de las últimas elecciones presidenciales, alertando de una “carrera hacia el abismo, hacia el abismo de los miedos y los odios, la mentira y la violencia, del <strong>retroceso de las libertades, del rechazo de las igualdades y del desenfreno de las identidades</strong>”. En lo sucesivo, añadamos, “todo es posible, incluso lo impensable”. Demasiado pronto para ser escuchada en ese momento, la profecía no fue menos acertada. Y aquí estamos: <strong>la extrema derecha ahora dicta su agenda en la política francesa </strong>con la cínica complicidad del Ejecutivo, la delirante complacencia de los medios de comunicación y la <strong>cobardía oportunista de una parte de la izquierda</strong>.</p><p>Al contrario de lo que declaró Emmanuel Macron tras ser abofeteado el martes 8 de junio en Tain-L'Hermitage, en la Drôme [sureste de Francia], por un hombre, al tiempo que lanzaba el grito de guerra monárquico “¡Montjoie Saint-Denis!”, el gesto no es un “incidente” que deba ser “relativizado” porque “todo va bien”. No, todo va mal, y <strong>esta relativización presidencial sólo agrava esta catástrofe</strong>. Dirigida contra el hombre que, como sucede en un régimen presidencialista, representa a la República, <strong>esta violencia es un bumerán</strong>: golpea al Gobierno, que la ha ignorado, subestimado, tolerado e incluso alentado, al demonizar a sus rivales de izquierdas, mientras legitima las obsesiones ideológicas de la extrema derecha.</p><p>En vísperas de la bofetada, el domingo 6 de junio, un militante monárquico, conocido por su virulencia contra cualquier símbolo de igualdad y emancipación, publicó un vídeo en el que <strong>se escenificaba la ejecución de un “izquierdista”</strong>, ya fuera un votante de Francia Insumisa, un suscriptor de Mediapart o un lector de <em>Libération</em>. Salvo raras o tardías excepciones, esta <strong>incitación fascista a la acción violenta</strong>, que se hace eco de verdaderas amenazas terroristas de la ultraderecha, no suscitó indignación alguna, y menos aún acción, por parte de los poderes públicos ni de los grandes medios de comunicación, más ocupados por echarse encima de los comentarios ciertamente inoportunos de Jean-Luc Mélenchon.</p><p>  Al igual que la intrusión del 25 de marzo en Toulouse en la asamblea regional de los militantes de Acción Francesa, que pretendía denunciar a “los traidores islamoizquierdistas de Francia”, se vio rápidamente eclipsada por la polémica sobre las reuniones no mixtas de la Unef, sumándose a la polémica, con la colaboración paradójica y precipitada del objetivo de los intrusos, la presidenta socialista de la región de Occitanie, Carole Delga.</p><p>Frente a esta<strong> liberación de la expresión y las acciones de una extrema derecha racista</strong>, xenófoba, sexista, homófoba, antisemita, islamófoba y negrofóbica, no se conforman con mirar para otro lado, sino que les tienden la mano. La víspera de la bofetada en Tain-L'Hermitage, el lunes 7 de junio, la Asamblea Nacional inició el debate en comisión, en segunda lectura, del <strong>proyecto de ley sobre el respeto de los principios republicanos</strong>, tras el fracaso de la conciliación con el Senado. Cualesquiera que sean las precauciones lingüísticas, este texto <strong>legitima las viejas obsesiones de los enemigos de la verdadera República</strong>, la de la igualdad de derechos sin distinción de origen, creencia o religión, género o apariencia, mediante el uso de esta simple palabra: “Separatismo”.</p><p>Un concepto de guerra civil, que la legitima, la instala y la precipita; por tanto, en el seno de nuestro pueblo, se encontrarían Francia y los que se separan de ella. No opositores ni contestatarios, sino separatistas. Dicho de otro modo, <strong>franceses y francesas que, potencialmente, dejarían de serlo por sus compromisos, su comportamiento y sus convicciones</strong>. Heredera del anticomunismo de la Guerra Fría y del imperialismo de las guerras coloniales, esta denuncia del “separatismo” abre la puerta del debate público a la obsesión constante de la extrema derecha: <strong>la anti-Francia</strong>.</p><p>Monárquico y feroz opositor de la República, el fundador de Acción Francesa, Charles Maurras, teorizó sobre ella designando los “cuatro estados confederados” que serían “protestantes, judíos, masones y metecos” para su reivindicación. Esta búsqueda de la <strong>pureza identitaria</strong>, habitada por una fobia al encuentro y a la mezcla, era una llamada explícita a la exclusión de la alteridad, de las diferencias y de la disidencia, de la que el antisemitismo es una pasión movilizadora recurrente.</p><p>Un antisemitismo que, como es lógico, volvemos a encontrar hoy, como el retorno del rechazo, en la pluma del actual ministro del Interior, que inscribe su acción, respecto al islam y a los musulmanes, en la estela de la de Napoleón, que trató de “arreglar las dificultades relativas a la presencia de miles de judíos en Francia” y de “remediar el mal al que se entregan muchos de ellos en perjuicio de nuestros súbditos”.</p><p>El núcleo de las ideologías de extrema derecha es el <strong>rechazo del principio de igualdad natural </strong>y la promoción, bajo el disfraz de la identidad, de nación o de pueblo, de desigualdades, jerarquías y dominaciones. Ahora bien, a esta desastrosa pedagogía contribuye la <strong>ofensiva identitaria dirigida por el Gobierno</strong>, que blande las palabras “República” y “laicidad” habiéndolas vaciado de su alcance emancipador, de su exigencia social y de su vitalidad democrática.</p><p>Mientras Gérald Darmanin invita a los diputados a legislar contra el “yihadismo de ambiente” (sic) en la Asamblea Nacional, con la única obsesión de<strong> señalar a una religión, el islam, y a una comunidad, los musulmanes, como factor de división y de problemas</strong>, el ambiente del debate público se llena de las cantinelas de exclusión, intolerancia y virulencia propios del fascismo. Desde los medios de comunicación hasta la universidad, con la anuencia de las autoridades y el aliento de intelectuales descarriados, está en marcha la caza de brujas “islamoizquierdista”, una máquina de excluir, descalificar y demonizar, que recicla las viejas cantinelas fascistas que denuncian a los “judeobolcheviques”.</p><p>Este clima nocivo, mantenido voluntariamente por una Presidencia que le hace el juego a la extrema derecha con la cínica esperanza de convertirla en su trampolín electoral, sólo puede liberar violencia. Porque es una <strong>llamada incesante a rechazar cuerpos, ideas o movimientos supuestamente ajenos</strong>. En cuanto se permite, esta búsqueda de chivos expiatorios, de la que los musulmanes son hoy el emblema privilegiado, se vuelve infinita, golpeando a los migrantes, a los negros, a las mujeres, a los homosexuales, a los nómadas y, como siempre, a los judíos. En definitiva, todo aquello que forma parte de la diversidad, de la pluralidad y de la alteridad, que perturba una visión unívoca, inmóvil y uniforme de un país, una nación o un pueblo.</p><p><strong>“La extrema derecha no existe. Está Francia y están los enemigos de Francia”</strong>, declaró recientemente el principal portavoz mediático de estas fatídicas pasiones, Éric Zemmour, que desde entonces ha confesado su simpatía por el <em>youtuber</em> fascista que escenificó la ejecución de los izquierdistas. Que Zemmour haya sido el promotor de una ideología potencialmente criminal, “la gran sustitución”, un llamamiento a rechazar a una parte de nuestro pueblo demonizado como invasor y ocupante, no ha perjudicado lo más mínimo a su carrera mediática, sino todo lo contrario, no más que su violencia hacia las mujeres a las que además calificó de seres inferiores.</p><p>Resumiendo el abismo político al que nos arrastran los aprendices de brujo que nos gobiernan, esta afirmación del 4 de junio en CNews acompañaba una conversación sobre el feminismo con una figura emblemática del desgobierno actual, Raphaël Enthoven. Tres días después, el 7 de junio, este supuesto filósofo que dice ser de izquierdas recicló el <strong>“antes Hitler que el Frente Popular” de la derecha francesa del periodo de entreguerras</strong>, que acompañó la perdición tricolor en la colaboración con el nazismo: “Antes Trump que Chávez”, resumió en Twitter para justificar su actual opción de votar a Marine Le Pen si se oponía a Jean-Luc Mélenchon.</p><p>Por mediocre e irrisoria que sea, esta espuma mediática contiene, sin embargo, los <strong>residuos de una época cada vez más rancia, vulgar y baja, violenta y grosera</strong>. Somos espectadores de un colapso nacional y de una perdición moral. Pero nuestra profesión, el periodismo, es también uno de los actores de esta catástrofe, ya que está orquestada por los medios de comunicación, que <strong>distraen de lo esencial</strong>, ahogan la información y promueven el odio, desviando nuestra mirada de las realidades sociales que vive la mayoría de la gente.</p><p>El juicio a los acosadores <em>online</em> de la joven Mila está haciendo más ruido que el de Bygmalion, donde se ilumina el lado oscuro de nuestra vida política con el telón de fondo del dinero loco y del fraude electoral. Cualquier polémica que abrace los tiempos islamófobos o de seguridad tendrá más eco que las últimas revelaciones de Mediapart sobre el inmenso <strong>escándalo de la financiación de Libia</strong>, donde se pone de manifiesto la manipulación de los medios de comunicación por parte de un semimundo comunicado de semisoldados mercenarios.</p><p>Ante esta catástrofe, gustaría tranquilizarse dando un paso atrás gracias a una oposición decidida, que comprende la gravedad del momento y que hace frente común en torno a los principios democráticos que la unen en su diversidad partidista. Desgraciadamente, <strong>la propia izquierda está muy perdida, ahondando en las divisiones como heridas irreparables </strong>y sin tener referentes hasta el punto de dar la mano a los peores.</p><p>Haciendo caso omiso de sus responsabilidades ante los electores que depositaron su confianza en ellos, muchos de sus actores están convirtiendo la declaración de Manuel Valls sobre las “izquierdas irreconciliables” en una <strong>profecía autocumplida</strong>, una fórmula que es una invitación a la autodestrucción de la izquierda. La fatídica historia de esta depresión francesa recordará que los partidos socialista y comunista, emblemáticos del Frente Popular de 1936, cuya dinámica nació de una oleada frente a los facciosos del 6 de febrero de 1934, optaron por solidarizarse, con la presencia de sus dirigentes, con una manifestación de policías que exigían controlar la Justicia, que es la definición misma de un estado policial.</p><p>Hace casi veinte años, en 2004, analizando la onda expansiva de los atentados del 11 de septiembre que pretendían precipitar nuestro siglo en una nueva guerra de civilizaciones, el historiador estadounidense Robert O. Paxton se preguntaba por el impacto de estos ataques en el mundo. Paxton se preguntó sobre el futuro del fascismo. “No hay un hábito particular para este monje”, respondía, subrayando cómo la búsqueda de un enemigo interno era el resorte principal de lo que él llamaba un “"ciclo fascista”. Y concluía: “Se puede definir el fascismo como una forma de comportamiento político marcada por una <strong>preocupación obsesiva por la decadencia de la sociedad, por su humillación y victimización, por los cultos compensatorios de unidad, energía y pureza</strong>”.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_80789"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La catástrofe está en marcha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Francia,Edwy Plenel,Emmanuel Macron]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las "reuniones no mixtas", un derecho de las víctimas de la discriminación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/reuniones-no-mixtas-derecho-victimas-discriminacion_1_1195985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4b928285-05ab-4b13-bfe7-2842833f9433_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las "reuniones no mixtas", un derecho de las víctimas de la discriminación"></p><p>[En Francia, el debate en torno a las llamadas "reuniones no mixtas", reservadas exclusivamente a personas discriminadas por razón de sexo, género, cultura, ha reavivado la polémica en torno a esta forma de activismo, poco conocido fuera del ámbito universitario o militante, y que ha terminado por dividir a la izquierda del país vecino.]</p><p><strong>“Francia, despierta; piensa en tu gloria”</strong>. El 7 de enero de 1898, seis días antes de la publicación en <em>L'Aurore</em> de su famoso <em>“Yo acuso”</em>, en defensa del capitán Alfred Dreyfus, Émile Zola publicó una <em>“Carta a Francia”</em>, en la que instaba a “todas las mentes libres, a todos los corazones generosos” a <strong>unirse frente al odio antisemita</strong> que estaba arruinando la República. “Francia, si no desconfías, vas hacia la dictadura”, escribió, antes de hacer la siguiente constatación: “La República está siendo invadida por reaccionarios de todo tipo. La adoran con rudo y terrible amor. La abrazan para asfixiarla”. </p><p>Lo mismo podríamos decir del espectáculo contemporáneo de republicanos de opereta o de ocasión, seguramente de cartón piedra, que reivindican la República para contradecirla mejor. Su República no es más que <strong>una tierra estéril</strong> en la que las medidas discriminatorias, las prohibiciones y los prejuicios hacen añicos su divisa; con ellos, ha terminado la libertad (de creencias), la igualdad (de civilizaciones) y la fraternidad (de culturas). Su <strong>ofensiva constante y obsesiva</strong> en contra de una de las religiones de nuestro país, el islam, y una parte de su pueblo, los musulmanes, y, yendo más allá, contra <strong>la expresión de las minorías</strong>, demonizadas como separatismos antinacionales, constituyen el caballo de Troya de una desvitalización de la República.</p><p>Porque ¿qué es la República entendida como un horizonte de emancipación? Nada más que la <strong>promesa de igualdad</strong>. Una promesa activa, siempre inconclusa, siempre renovada, siempre reinventada. <strong>Nacemos “libres e iguales en derechos”</strong>, sin distinción de origen, condición, creencia, apariencia, sexo o género... Pero no basta con que la Declaración de Derechos del Hombre de 1789 lo proclamase de manera abstracta, desde su primer artículo, para que este principio se convierta en una realidad concreta. <strong>La igualdad siempre ha sido una lucha entre los que están excluidos de ella y los que tienen el privilegio y pretenden mantenerlo</strong>.</p><p>La República auténtica, es decir, democrática y social como recoge nuestra Constitución desde 1945, es un movimiento permanente en el que las luchas de los que carecen de derechos, de los dominados, de los oprimidos, de los excluidos, de los estigmatizados, de los discriminados, etc., no dejan de ampliar su horizonte y de profundizar en sus ideales. Al contrario, una República sin adjetivos, fija e inmovilizada, replegada sobre sí misma y contraria a los replanteamientos, da la <strong>espalda a la igualdad </strong>y, por tanto, se autodestruye. Esta República conservadora y reaccionaria, en el pasado, negó categóricamente la igualdad de derechos a los trabajadores, a las mujeres y a los colonizados, aceptando las desigualdades de nacimiento y de condición para justificar la represión de los primeros, la dominación de los segundos y la “barbarización” de los terceros.</p><p>Obligada a pasar desapercibida durante medio siglo, después de que su perdición acompañara a la catástrofe europea y al desastre colonial, esta República antiigualitaria está de vuelta. Y más a la ofensiva que nunca. Su objetivo es la alteridad en todas sus formas, es decir, la negativa a ceder ante el Gran Uno del poder y el Gran Mismo de la identidad. <strong>No sólo no tolera lo plural y lo diverso, al disidente y al opositor, sino que, sobre todo, sólo admite al Otro si se somete a sus normas y a sus reglas</strong>. La promoción del musulmán a la condición de chivo expiatorio (pero también del “decolonial”, del “racializado”, del “interseccional”, del “islamo-izquierdista”) sirve a este propósito: <strong>impedir cualquier disonancia, diferencia o divergencia</strong>. Por lo tanto, es muy lógico que acompañe a la represión de las luchas sociales, a la liberación de la violencia policial, a la demonización de los <em>chalecos amarillos</em>, a la estigmatización de las revueltas juveniles, a la repulsa de la radicalidad ecológica, etc.</p><p>El pensamiento de derechas supone reivindicar una <strong>realidad inmutable e inmodificable, de la que uno se cree garante o dueño</strong>. En este sentido, también <strong>existe una izquierda de derechas</strong> que se erige de manera habitual contra las novedades que supone la incesante lucha por la igualdad de derechos. Lo que no apoyan estos reaccionarios y conservadores, sea cual sea su envoltura, es la <strong>autoorganización de los dominados, explotados, oprimidos, discriminados, estigmatizados</strong>, etc. La polémica artificial contra las <strong>reuniones reservadas exclusivamente a los perjudicados por dichas opresiones no tiene otro objetivo que deslegitimar y descalificar este movimiento</strong> en el que se renueva constantemente la demanda de igualdad. No de una igualdad abstracta, promulgada y custodiada por los que ya son sus beneficiarios, sino de una igualdad concreta, conquistada y defendida por los excluidos.</p><p>En este sentido, siempre <strong>son las minorías las que hacen crecer a las mayorías</strong>, obligándolas a salir de su confort o de su ceguera. Minorías que no son necesariamente cuantitativas, sino que lo son por construcción social e ideológica. En el pasado, sucedió con los obreros y las mujeres; hoy ocurre con las personas racializadas, oprimidas, discriminadas o estigmatizadas por su origen, cultura, religión, aspecto, color de la piel. Las izquierdas que acompañan, apoyando o absteniéndose, la actual ofensiva reaccionaria dan la espalda a toda la historia de las luchas emancipadoras en las que la autoorganización de los pueblos perjudicados desafió sucesivamente las dominaciones de clase, género y raza, que coexisten, se superponen y se imbrican.</p><p>¿Recuerdan, estas izquierdas descarriadas, el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Tolain" target="_blank">“Manifiesto de los Sesenta”</a> de 1864, la primera exigencia de una representación de los obreros por sí mismos, por su propio pueblo y no a través de burgueses, por muy ilustrados que fuesen? No decían nada diferente a los discriminados actuales, que <strong>sólo confían en su propia fuerza para hacer valer sus derechos</strong>: “Se ha repetido hasta la saciedad: ya no hay clases; desde 1789, los franceses son iguales ante la ley. Pero nosotros, que no tenemos más propiedad que nuestros brazos, que sufrimos cada día las condiciones legítimas o arbitrarias del capital [...], nos resulta muy difícil creer esta afirmación. [...] <strong>No estamos representados </strong>y por eso formulamos esta pregunta a las candidaturas obreras. Sabemos que no se habla de candidaturas industriales, comerciales, militares, periodísticas, etc.; pero la cuestión está ahí, aunque no esté la palabra. ¿No es cierto que la gran mayoría del Cuerpo Legislativo está integrada por grandes propietarios, industriales, comerciantes, generales, periodistas...?”.</p><p>¿Recuerdan, estas izquierdas olvidadizas, a <a href="https://jjmlsm.wordpress.com/2020/09/16/marie-guillot-vida-y-ora/" target="_blank">“La Gran Marie”</a>, esa figura excepcional del sindicalismo, la maestra Marie Guillot (1880-1934), feminista pionera, fundadora de la comisión femenina de la CGT? Al dedicar su vida a la emancipación en una época en la que las mujeres estaban privadas de todos los derechos políticos, <strong>se enfrentó a la dominación masculina en el seno de la CGT</strong> y, para escapar de ella y combatirla, se unió a una organización no mixta, la Juventud Laica y Feminista, creada en 1903. Anticipándose a los futuros “grupos de mujeres” del feminismo de los años 70, se negó a disolver la causa de las mujeres en la lucha de clases: “Las mujeres tenemos una doble lucha que librar; una lucha común a los proletarios contra la esclavitud económica y una lucha particular por la conquista de nuestros derechos como seres humanos”. Y añadió: “Incluso burgués, el feminismo tiene un valor revolucionario, al levantar a las mujeres, empujándolas a que los hombres reconozcan sus derechos”.</p><p>¿Recuerdan, estas izquierdas incultas, a Aimé Césaire proclamando, con Léopold Sédar Senghor, la “negritud”, convirtiendo en orgullo el estigma de la servidumbre, cuando aún era diputado comunista? ¿Y el primer “Congreso Internacional de Escritores y Artistas Negros” que organizó en París, en septiembre de 1956, Alioune Diop, fundador de la revista <em>Présence africaine</em>? Al recibir a Senghor en 1976 en Martinica, en Fort-de-France, Césaire reivindicó la negritud como “la revitalización de las fraternidades olvidadas y la vasta solidaridad de los que la historia violó”.<strong> Frente a una Europa que hace “soliloquios”, obligando a los pueblos que domina “a escuchar pasivamente”, “el diálogo debe ser primero con nosotros mismos”</strong>, insistía.</p><p>Las dominaciones, ya sean sociales, sexuales o raciales, sólo pueden superarse mediante la <strong>movilización de quienes la sufren</strong>. No entenderlo supone cerrarles el paso, coartarlos, rechazarlos. Recluidos en su buena conciencia, la de no haber experimentado nunca la discriminación, la de no haberse sentido nunca intrusos en opinión de los demás, la de no ser conscientes del privilegio que les otorga su apariencia, oímos a políticos, intelectuales y periodistas de todo tipo señalar su <strong>indignación por que se vuelva a emplear la palabra “raza”</strong>, haciendo un uso militante del término “racializado”.</p><p><strong>Las razas no existen, dicen, tendiendo así la mano a la extrema derecha, que se apresura a denunciar el “racismo de los antirracistas”</strong> para echar mejor por tierra la exigencia de igualdad. No hay razas, sino racismo, por lo visto. <strong>No basta con eliminar la palabra, incluso de la Constitución, para acabar con el hecho</strong>. El racismo construye, en la vida cotidiana y a través de las prácticas institucionales, una asignación al origen, a la apariencia, al color, a la identidad: eso es ser racializado. Una realidad concretamente vivida por una gran parte de nuestro pueblo, resultante de la larga proyección de Francia al mundo, a través de la conquista, la esclavitud, la colonización, que hizo su riqueza y su poder.</p><p>La actualidad de la cuestión negra y de la cuestión musulmana en Francia, a día de hoy, es la de la cuestión colonial (persistente), que sigue padeciendo, nunca resuelta. Al igual que Estados Unidos tiene que enfrentarse todavía al pasado esclavista que lo construyó, <strong>Francia tendrá que terminar por hacer frente a la cuestión colonial que encierra su imaginario político</strong>. No sólo transmite un racismo persistente, legando el prejuicio de culturas, civilizaciones, religiones, etc., superiores a otras, sino que prolonga la pretensión de un universalismo dominante del que la nación francesa sería dueña por esencia. Pero sólo hay universalidad en el compartir y en la relación: no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros.</p><p>Un mes después del primer Congreso de escritores negros, Aimé Césaire rompió con el Partido Comunista Francés en una carta dirigida a su secretario general, Maurice Thorez, el 24 de octubre de 1956. En la introducción de <em>Présence africaine, </em>en la que se le dio difusión, Alioune Diop subrayaba que con este texto, Césaire “descalifica a Occidente como director de la conciencia y de la historia”. Se trata de la afirmación de <strong>un humanismo verdaderamente universal</strong>, en el que ninguna parte de la humanidad se concede el privilegio de promulgarlo y poseerlo. Es un universal construido sobre la resistencia a todo lo que perjudica a la humanidad por su origen, su género, su color, su clase, su sexo, su raza.</p><p>El autor del célebre <em>Discurso sobre el colonialismo</em> denuncia en ella el “fraternalismo” de esta izquierda francesa, que cuando se dirige a los colonizados –en suma, a negros, árabes, bereberes, musulmanes, africanos, asiáticos, antillanos, guyaneses, reunionenses, canacos, etc.– “lleva de la mano (de una mano dura, desgraciadamente) para conducirte por el camino en el que él sabe encontrar la Razón y el Progreso”. Afirma Césaire: “Ahora bien, esto es precisamente lo que no queremos. Lo que ya no queremos”.</p><p>Y es entonces cuando proclama esto, que siempre permanecerá de actualidad mientras existan ciudadelas de desigualdad e injusticia que derribar: “Basta con decir que, por nuestra parte, ya no queremos contentarnos con asistir a la política de los demás. Al atropello de los demás. A las combinaciones de los demás. A los apaños de conciencia o a la casuística de los otros. Es el momento de ser nosotros mismos. <strong>Y lo que acabo de decir sobre los negros no es válido sólo para los negros</strong>”.</p><p>Es esta hora de nosotros mismos que inventan, solidariamente, los jóvenes de nuestro país actualmente movilizados, solidariamente, frente al racismo, la islamofobia, el antisemitismo, la negrofobia, la xenofobia, la violencia sexista y sexual y la homofobia, la represión policial, la injusticia social, las desigualdades sanitarias, la discriminación por el color de piel, la persecución de los inmigrantes, la emergencia climática... No hay otro camino de emancipación y universalidad que el de estas <strong>causas comunes en las que se reinventa la esperanza</strong>. Donde se esbozan las nuevas constelaciones que, un día u otro, ahuyentarán la noche de las dominaciones, esos astros muertos.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_45562"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Apr 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las "reuniones no mixtas", un derecho de las víctimas de la discriminación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Francia,Izquierda,Edwy Plenel,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Edwy Plenel: “El bla bla bla de la opinión está matando a la información”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/edwy-plenel-bla-bla-bla-opinion-matando-informacion_1_1195478.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/070649a5-7694-4f55-aad7-4010f2b48ab3_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Edwy Plenel: “El bla bla bla de la opinión está matando a la información”"></p><p>Podría parecer imposible, <strong>pero Mediapart lo logra</strong><a href="https://www.mediapart.fr/es/espanol" target="_blank">Mediapart </a>. El medio de comunicación, de referencia en Francia, acaba de cumplir 13 años con un modelo exclusivamente para socias y socios (si no lo eres, no puedes leerlo) y sin publicidad. Y les va mejor que bien, <a href="https://evenements.mediapart.fr/Mediapart-en-2020" target="_blank">según los resultados publicados hace unos días</a>. Busque algún medio de esas características y relevancia nacional en España. No lo encontrará.</p><p>Ajenos a lo que otros consideran urgente (y mientras éstos escupen al minuto titulares prácticamente clonados unos de otros), Mediapart se centra en los asuntos que consideran importantes <strong>y los cuecen a fuego lento</strong>. Nicolas Sarkozy no prestó atención a su propia olla hasta que las informaciones de Mediapart lo acabaron sentando en el banquillo. Fue condenado en una sentencia histórica.</p><p>Coincidiendo con el aniversario de infoLibre, medio hermano de Mediapart, Edwy Plenel (Nantes, 1952) <strong>conversa sobre el periodismo</strong>, Francia y el 2020, en el que el periódico que cofundó y preside ha llegado a 218.000 suscriptores y 118 empleados.</p><p><strong>¿Cuál es el secreto?</strong></p><p>Periodismo, periodismo y periodismo. Estar al servicio de un derecho fundamental de los ciudadanos que no es un privilegio de nuestra profesión. Es el derecho a saber todo lo que es de interés público y lo que permitirá a las y los ciudadanos decidir libremente. Los ciudadanos deben saber lo que se hace en su nombre, las decisiones del Gobierno, del poder político o del económico. Para mí, no es un trabajo como los demás. No es una carrera profesional.</p><p>Estamos en el corazón de una responsabilidad democrática, de un reto democrático. Hace poco tiempo volví a encontrar una declaración del principio de la Revolución Francesa, antes de la Declaración de Derechos del Hombre, del 13 de agosto de 1789. “La publicidad es la protección [salvaguardia] del pueblo”. La palabra “publicidad” no quería decir lo que hoy: la mercancía, el comercio, los reclamos… La publicidad en el sentido de hacer público aquello que es de interés público, es la salvaguardia del pueblo. El mejor ejemplo reciente son las investigaciones sobre la violencia contra la mujer. Gracias a las revelaciones de la prensa movimientos como el #Metoo lograron una importancia mundial impulsados por activistas y un nuevo feminismo.</p><p><strong>Las noticias falsas se distribuyen a una mayor velocidad que las verdaderas, según estudios especializados. ¿Le preocupa?</strong></p><p>Internet es simplemente un campo de batalla en el que nosotros somos pequeños soldados frente a grandes potencias</p><p>No demonizo internet. El primer productor de <em>fake news</em> en internet es el poder: los partidos políticos, potencias estatales o profesionales de la comunicación. No creo en la demonización del pueblo digital. Al contrario, la digital es una oportunidad formidable para la democratización de la información. Gracias a internet podemos crear una educación popular, podemos alertar y crear movilizaciones, denunciar… es simplemente un campo de batalla en el que nosotros somos pequeños soldados frente a grandes potencias. Hagamos balance de lo que pasó en EEUU, Facebook fue el primer responsable de la fabricación de noticias falsas y de todas esas campañas.</p><p><strong>¿El periodismo está en crisis?</strong></p><p>Nuestro oficio vive una gran crisis: moral, económica y social con la precariedad de los periodistas. Esta crisis se traduce en una rebaja de nuestros valores profesionales. En el fondo, y lo vemos bien en el universo audiovisual de los <em>talk-shows</em>, la opinión está matando a la información, el bla bla bla de las opiniones y, además, de las noticias falsas y los rumores, del odio y la violencia, asfixian la información. Más que nunca, la defensa de la verdad de los hechos frente a las verdades relativas, o de opinión, de convicción o de creencia, es una batalla esencial.</p><p>No es sólo un problema en Francia, aunque aquí lo vemos de manera muy sencilla. Los grandes empresarios industriales, externos al oficio de la información, oligarcas, patrones del lujo, la telefonía y de la industria conectada con intereses en África son los que controlan el conjunto de medios, ya sean escritos o audiovisuales. Hay muchos buenos periodistas en esos medios, pero la cuestión de la independencia está más que nunca sobre la mesa.</p><p>Creamos Mediapart para resistir en el contexto francés, pero nuestro combate es común con infoLibre y es un combate por la integridad de la información y el periodismo, por la responsabilidad democrática del periodismo. Es un combate más de actualidad que nunca.</p><p><strong>Usted es muy crítico con las plataformas digitales, con las grandes empresas. </strong></p><p>El sistema de grandes plataformas digitales consiste en la irresponsabilidad editorial. Es un verdadero problema. ¿Y los responsables públicos, qué hacen? </p><p>Recientemente revelamos en Mediapart cómo Youtube permite vídeos neonazis, racistas y fascistas que llaman a la violencia. Si nosotros publicásemos artículos de ese tenor, nos pedirían que los retirásemos de inmediato. Esos empresarios consideran que pueden permitirlo todo online, hacer dinero y no sentirse responsables. Como director de Mediapart, soy responsable de todo lo que se publica. Si hay un juicio por uno de nuestros artículos, voy yo mismo al juzgado. El sistema de grandes plataformas digitales consiste en la irresponsabilidad editorial. Es un verdadero problema. ¿Y los responsables públicos, qué hacen frente a estas grandes plataformas? ¿Por qué se dirigen en vez de a ellas, al pueblo?</p><p>Ahora en Francia tenemos medios de comunicación que son medios de odio a los musulmanes. Está el semanario <em>Valeurs</em>, propiedad de un antiguo empresario armamentístico involucrado en un caso de corrupción mundial. También la cadena de televisión C News, propiedad de un multimillonario que hizo fortuna en África, que es una tribuna abierta para los que defienden una ideología que se sitúa fuera del espacio democrático. No hay que señalar a los que usan internet como un pueblo estúpido o violento. Hay que volver a una responsabilidad editorial de aquellos que permiten ese tipo de contenido.</p><p><strong>Entre los periodistas en España hay un debate sobre cómo cubrir las actividades, proclamas y mensajes de la extrema derecha que en Francia conocen bien. ¿Es necesaria una actitud de combate o es mejor no prestarle más atención de la cuenta, ya que es lo que buscan?</strong></p><p>Tenemos que hacer nuestro trabajo con normalidad. Investigamos a todos los partidos. Nuestro papel no es servir al discurso y la comunicación del partido. Lo segundo es separar a esos partidos de aquellos que votan por ellos. Hay que intentar comprender y hacer nuestro trabajo sobre el terreno. ¿Qué hace que haya personas desesperadas, decepcionadas y abandonadas por los partidos democráticos hasta el punto de poder votar por partidos autoritarios o que utilizan el racismo para acceder al poder?</p><p>El verdadero problema no es la extrema derecha sino partidos políticos, de derecha o izquierda, que no logran responder a los desafíos de nuestra época</p><p>En tercer lugar, y en España creo que han vivido el mismo problema con el ascenso de Vox… el verdadero problema no es la extrema derecha. Siempre ha habido y habrá en Europa ideologías de la desigualdad natural. Porque se trata de eso: de personas que creen que hay civilizaciones superiores, culturas, naciones, religiones, colores de piel superiores.</p><p>La verdadera pregunta es cómo se logra que renazca políticamente. ¿Cómo pasa de ser minoritaria, de algunos ensayistas e intelectuales, de ser una postura estética, a convertirse en una fuerza política masiva con fortaleza electoral? No hay que mirar a la extrema derecha sino a partidos de gobierno de derecha e izquierda que le han hecho de trampolín.</p><p>Hoy, en 2021, en Francia el poder político que ha sido elegido para cortar el paso a la extrema derecha, Emmanuel Macron y su mayoría, que vino a Mediapart dos días antes de su elección, le está haciendo de trampolín a la extrema derecha. Han abrazado su discurso y hablan del separatismo, de la islamoizquierda, dicen que el islam, el hecho de ser musulmán, y no el terrorismo, es un problema en nuestra sociedad.</p><p>En resumen, tenemos a partidos políticos, de derecha o izquierda, que no logran responder a los desafíos de nuestra época y que, en medio de ese fracaso, evolucionan, abandonan sus posiciones y permiten la posibilidad de la extrema derecha. Es la historia de Europa. No está escrito en el destino que la extrema derecha acceda al poder. Lo hace cuando partidos republicanos, democráticos, piensan que no es peligrosa, que pueden aliarse con ella, le hacen el juego, abrazan su ideología y le dan carta de naturaleza. En Francia, olvidamos que las élites mayoritarias, políticas, económicas e intelectuales, colaboraron con el nazismo entre 1940 y 1944, no fue el pueblo. Y estas élites no eran fascistas o nazis. Simplemente se derrumbaron, renunciaron, creyeron que podía ser una opción. Vivimos la misma época.</p><p><strong>¿Cómo es la Francia que sale de la pandemia y la Francia que comienza a ver el fin del quinquenio de Macron?</strong></p><p>El panorama es muy triste. En otoño escribí un editorial en el que sostenía que no se puede evitar la catástrofe porque ya está aquí. Nuestra responsabilidad como periodistas no es deprimir a todo el mundo sino mirar a la cara a la catástrofe, documentarla para poder hacerle frente. En Francia, el fracaso de esta presidencia es patente. No ha estado a la altura de las promesas. Macron ha incrementado su poder personal, el verticalismo, el presidencialismo francés que nos fragiliza, propio de un Estado débil y no fuerte. Se han incrementado las desigualdades y beneficiado a la minoría más rica. No ha respondido a la urgencia ecológica. La gestión de la crisis ha agravado todos estos problemas. Lo ejemplifico con la fábula de La Fontaine de <em>La liebre y la tortuga</em>. La liebre cree que es muy rápida, inteligente y puede descansar, mientras que la tortuga avanza. Macron es la liebre y el covid-19, la tortuga. Siempre ha llegado más tarde que la tortuga del covid-19. Mintieron sobre las mascarillas, hasta dijeron que no servirían para nada. No estuvieron a la altura con los test, arrastraron los pies con las vacunas a pesar de que en Francia están Pasteur o Sanofi, y recientemente no tomaron las decisiones correctas sobre el confinamiento.</p><p>No hay atajos en política. No sé si las fuerzas progresistas en Francia llegarán a comprender que deben unirse ante el gran peligro y la gran urgencia</p><p>No hay atajos en política. No sé si las fuerzas progresistas en Francia llegarán a comprender que deben unirse ante el gran peligro y la gran urgencia. <strong>infoLibre</strong> y Mediapart, medios independientes, tenemos que apostar por la sociedad, apostar por la movilización, la lucidez de la sociedad, la juventud como actor de su futuro.</p><p>Nuestro tiempo es a la vez trágico y enormemente estimulante. Un periodista puede reencontrarse con el ideal, con el origen del siglo XIX: el periodismo como paladín de la democracia. El periodista de Victor Hugo, de Émile Zola, que está en la batalla democrática más que nunca.</p><p><strong>¿Cómo ha sido 2020 en Mediapart?</strong></p><p>Ha sido una prueba hermosa construir la solidaridad entre nosotros. Los instrumentos digitales nos han permitido trabajar en línea. Mi responsabilidad ha sido estar con los demás. Durante el confinamiento se creó un gimnasio virtual por videoconferencia con el que nos pusimos en forma. Se creó una sala virtual donde estaba prohibido hablar de trabajo para tomar por las noches el aperitivo.</p><p>El discurso político que hemos vivido en Francia ha sido de infantilización y una estrategia de salud pública no puede hacerse contra la sociedad sino con la sociedad, escuchándola.</p><p>Ahora, en Mediapart, estamos dando voz a las secuelas, a los que siguen sufriendo la pandemia. A todo eso hay que darle visibilidad. Es necesario que la enfermedad se exprese. El éxito de Mediapart en 2020, que nos ha dejado estupefactos a nosotros mismos, es, para empezar, un éxito humano. Y eso debería ser una gran lección de humildad para aquellos que están en el poder. Tenemos que inventar una ecología de la política, no sólo una política que haga ecología.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Basteiro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Edwy Plenel: “El bla bla bla de la opinión está matando a la información”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mediapart,Edwy Plenel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mediapart ya no tiene accionistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/mediapart-no-accionistas_1_1175948.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/04e5652d-d1f1-46c0-bb31-a4b9fdd7025d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mediapart ya no tiene accionistas"></p><p>Once años y siete meses después de su lanzamiento el 16 de marzo de 2008, Mediapart ha entrado, este martes 15 de octubre, en una nueva época de su historia. Con el objetivo de convertir su independencia en un hecho irreversible (leer <a href="https://www.mediapart.fr/es/journal/france/020719/mediapart-blinda-su-independencia?_locale=es&onglet=full" target="_blank">aquí </a>nuestro artículo), nuestro periódico<strong> ha pasado a ser propiedad de una estructura no capitalista</strong>, sin ánimo de lucro. Todas sus acciones han sido adquiridas por la Sociedad por la Protección de la Independencia de Mediapart (SPIM), en manos de los Fondos por una Prensa Libre (FPL). Es la culminación de un proyecto sin precedentes en la prensa francesa, cuya implementación anunciamos hace más de cinco años, en marzo de 2014 (leer aquí en<a href="https://www.liberation.fr/ecrans/2014/03/23/la-presse-veut-toucher-le-fonds_989326" target="_blank"><em>Libération</em></a>).</p><p>Creados este verano, los Fondos para una Prensa Libre (leer <a href="https://blogs.mediapart.fr/fpl/blog/170919/le-fonds-pour-une-presse-libre-est-cree" target="_blank">aquí</a> nuestro primer comunicado de prensa) son un fondo de dotación, abierto a donaciones de particulares o empresas, cuyo objetivo es la<strong> defensa y promoción de la libertad de prensa</strong>, la independencia del periodismo y el pluralismo de la información. Su Consejo de Administración, que ya ha celebrado tres reuniones y formó su Consejo Estratégico, organiza actualmente su avance gradual que desembocará, a finales de año, en un comunicado público respaldado por una página web destinada a explicar sus objetivos y crear una vía de comunicación para cualquier petición.</p><p>En el marco de su misión de interés general, destinados a toda la profesión y gestionados independientemente de Mediapart, los FPL garantizan a partir de ahora la independencia económica de nuestro periódico, del cual tiene su totalidad a través de la Sociedad para la Protección de la Independencia de Mediapart (SPIM). Por lo tanto,<strong> nuestra empresa ya no tiene accionistas</strong>, su capital se ha convertido en intransferible, no comprable y no especulable. Esta sacralización de la propiedad de Mediapart preserva definitivamente su independencia.</p><p>La valoración de la empresa, realizada por dos expertos,<strong> es de 16,3 millones de euros</strong>. Además de 4,4 millones de reservas, la adquisición de todas las acciones de Mediapart (en manos de sus cofundadores, la Sociedad de Amigos, la Sociedad de Trabajadores, las compañías Doxa y Ecofinance) es financiada con un préstamo de 5,5 millones de euros, concedido por Crédito Cooperativo, a ocho años y medio a un interés del 1,18%. Su reembolso, a través de nuestros resultados anuales, es totalmente compatible con el funcionamiento normal de nuestra empresa que, desde hace varios años, genera un mínimo de dos millones de euros de beneficios netos.</p><p>En complemento a este préstamo, la financiación de la operación es asegurada por la generosidad de Ecofinance: <strong>Jean-Louis Bouchard</strong>, que acompaña a Mediapart desde su creación, <strong>ha decidido donar el montante de sus acciones</strong>, es decir, un millón de euros. De la misma manera, el otro accionista externo, <strong>Doxa</strong>, representado por James Sicard para Thierry Wilhelm, asegura un crédito del vendedor de 2,5 millones de euros, lo que significa que renuncia, a partir de hoy, a recibir el precio de sus acciones. Igualmente, los cuatro fundadores de Mediapart garantizan hasta 2026 un préstamo del vendedor de 2,9 millones de euros.</p><p>En definitiva, gracias a todas esta buenas voluntades, <strong>el coste de la operación no afectará a la vida de Mediapart</strong>, que podrá continuar invirtiendo, como siempre lo hemos hecho, en el desarrollo de sus contenidos y el crecimiento de su equipo. En definitiva, de esta manera hemos encontrado una solución innovadora e inédita para preservar nuestra independencia económica que, hasta ahora, se basaba únicamente en el control del capital por parte de los cofundadores. A finales de año, un nuevo Consejo de Administración de Mediapart reflejará esta evolución en la que los cofundadores y todos los empleados de la compañía, acompañan el pase del testigo a una nueva generación de responsables.</p><p>Para ustedes, lectores y lectoras, nada cambiará, solo para mejor: en el damnificado paisaje de la información, donde la mayoría de los medios están bajo el control de intereses económicos diferentes al periodismo, su periódico ha hecho que<strong> su independencia sea irreversible.</strong> Una independencia que también está garantizada por su apoyo cada vez más fuerte: <strong>Mediapart cuenta con cerca de 170.000 suscriptores individuales</strong>. Gracias a todos ustedes sin los cuales esta aventura improbable, impulsada por el deseo de defender la información gratuita y promover el periodismo de calidad, nunca habría prosperado hasta el punto de inventar un nuevo tipo de sociedad de prensa.</p><p><strong>Información adicional:</strong></p><p>El <strong>Consejo de Administración de los Fondos por una Prensa Libre (FPL)</strong> está compuesto por: Michel Broué (presidente), Dominique Cardon, Stéphanie Chevrier, Renaud Creus, Christine Lazerges, Jade Lindgaard, François Vitrani. Su Comité Estratégico está compuesto por: Maurice Botbol, Ludivine Bantigny, Paul Cassia.</p><p>El <strong>Consejo de Administración de la Sociedad por la Protección de la Independencia de Mediapart (SPIM)</strong> está compuesto por: Michel Broué, Dominique Cardon, Stéphanie Chevrier, Renaud Creus, Jade Lindgaard, Muriel Mesguich, François Vitrani (presidente).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Oct 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mediapart ya no tiene accionistas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mediapart,Edwy Plenel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Edwy Plenel, Jesús Maraña y Luis García Montero conversan sobre Albert Camus en el Instituto Cervantes de París]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/edwy-plenel-jesus-marana-luis-garcia-montero-conversan-albert-camus-instituto-cervantes-paris_1_1167302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4c7c12f9-fed1-426c-86e0-bc1f879881ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Edwy Plenel, Jesús Maraña y Luis García Montero conversan sobre Albert Camus en el Instituto Cervantes de París"></p><p><strong>Jesús Maraña</strong>, director editorial de infoLibre; <strong>Edwy Plenel</strong>, presidente de Mediapart (socio editorial de este periódico); <strong>Luis García Montero</strong>, director del Instituto Cervantes, poeta y colaborador de infoLibre, y la filósofa <strong>Marylin Maeso</strong> conversarán este jueves en París sobre Albert Camus. La sede del Instituto Cervantes en la capital francesa acoge el 14 de febrero a las 19.00 <a href="https://cultura.cervantes.es/paris/fr/El-compromiso-a-no-mentir.-Una-forma-de-rebeld%C3%ADa/124818" target="_blank">una charla</a> en torno a la labor del periodista y escritor, centrándose en "<strong>el compromiso de no mentir</strong>", convertido aquí en "una forma de rebeldía". Camus supo unir en su producción la creación literaria y el pensamiento filosófico con el compromiso político y la labor periodística, en publicaciones como <em>Alger républicain</em>, <em>Combat </em>o<em> l'Express</em>. La asistencia al acto es libre hasta completar el aforo. </p><p>La charla sirve también de puerta de entrada a las <a href="http://www.trobadescamus.com/" target="_blank">II Trobades Literàries Mediterrànies Albert Camus</a>, que se celebrarán <strong>entre el 26 y el 28 de abril</strong> en Sant Lluís, Menorca. Esta edición se centrará justamente en "los caminos de la rebeldía", que la conversación del jueves aborda desde el periodismo. Las jornadas se crearon en 2017, en el pueblo natal de la abuela materna del escritor, Catalina Cardona, para conmemorar el 60º aniversario de la concesión del Nobel al autor de <em>El extranjero</em>. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/04/24/camus_mediterraneo_trobades_64121_1026.html" target="_blank">En la pasada edición</a>, el encuentro congregó, en ese municipio de 7.300 habitantes, a intelectuales franceses como <strong>Agnès Spiquel</strong> o<strong> Frank Planeille</strong>; a escritores y periodistas españoles como <strong>Manuel Vicent, Javier Reverte</strong>, <strong>Iñaki Gabilondo</strong> o <strong>Jesús Maraña</strong>; y también a autores de la otra orilla del Mediterráneo, como el escritor francolibanés <strong>Amin Maalouf</strong> o la periodista siria <strong>Samar Yazbek</strong>.</p><p>Este mismo jueves 14 de febrero, a las 12.00, la organización de las Trobades presentará a la prensa la<strong> programación del encuentro de 2019</strong>. En el acto participarán <strong>Sandra Maunac, directora de las jornadas</strong>; Michel Barré, asesor científico de las Trobades; Agnès Spiquel, presidenta de la Sociedad de Estudios Camusianos; el escritor Tahar Ben Jelloun, la fotógrafa Isabel Muñoz y Javier Muñoz Sánchez-Brunete, director del Instituto Cervantes de París. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Feb 2019 11:09:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Edwy Plenel, Jesús Maraña y Luis García Montero conversan sobre Albert Camus en el Instituto Cervantes de París]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Albert Camus,Luis García Montero,Periodismo,Edwy Plenel,Jesús Maraña,Instituto Cervantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Fiscalía de París intenta registrar la redacción de Mediapart]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/fiscalia-paris-registrar-redaccion-mediapart_1_1167024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/04e5652d-d1f1-46c0-bb31-a4b9fdd7025d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Fiscalía de París intenta registrar la redacción de Mediapart"></p><p>Eran las 11:10 de la mañana de este lunes 4 de febrero. A la hora en que terminaba la habitual reunión de redacción de <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a> (socio editorial de infoLibre), dos representantes de la Fiscalía de París, acompañados de tres policías, se personaban en la redacción del periódico.</p><p>Un registro.</p><p>El representante de la autoridad judicial, el fiscal de la República adjunto Yves Badorc, nos informaba de la intención de, junto con su colega de la Fiscalía y los policías que le acompañan, registrar la redacción en el marco del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Benalla" target="_blank">caso Benalla</a>. Pero no con relación a cualquier aspecto del <em>caso Benalla</em>.</p><p>Según las informaciones facilitadas por el magistrado, la Fiscalía de París ha abierto, a raíz de las revelaciones de Mediapart de la semana pasada, una investigación preliminar no sobre los hechos de fondo, sino (entre otros delitos) por atentar contra la intimidad y la vida privada del excolaborador del jefe del Estado Alexandre Benalla o de su acólito, el gendarme Vincent Crase.</p><p>Mediapart publicaba el pasado 31 de enero una investigación, fruto de varios meses de trabajo, a partir de una decena de fuentes independientes y de documentos inéditos, incluido material sonoro.</p><p>La investigación de la Fiscalía también ha puesto el foco en los medios con que se realizaron las grabaciones, cuya difusión, según el magistrado, <strong>atenta contra la vida privada de Benalla y de Crase</strong>.</p><p>Nuestras revelaciones permitían demostrar que <strong>Benalla y Crase habían violado el control judicial al que estaban sometidos, </strong>en el marco del caso de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Benalla" target="_blank">violencia cometida</a> el 1 de mayo, al entrevistarse en secreto el 26 de julio en París. Mediapart sacó a la luz grabaciones efectuadas ese día. La investigación de Mediapart probaba también la <strong>implicación personal del ex jefe de Seguridad del Elíseo en un contrato de seguridad con un oligarca próximo a Putin</strong> cuando todavía trabajaba para el presidente francés.</p><p>Se da la circunstancia de que ninguno de los interesados ha desmentido las informaciones publicadas.</p><p>Mediapart, representado por los dos responsables de investigación del diario Fabrice Arfi y Michaël Hajdenberg (en ausencia del representante legal de Mediapart Edwy Plenel), se oponía formalmente al más mínimo registro de la redacción para proteger las fuentes periodísticas.</p><p>[Hemos renunciado a entregar a los jueces de instrucciones del caso Benalla las grabaciones reveladas por nuestro periódico]</p><p>  </p><p>Se trata de la primera vez en la historia de Mediapart que una autoridad judicial pretende registrar la redacción del periódico.</p><p>[Rueda de prensa ofrecida en la redacción de Mediapart en la tarde de este lunes].</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mediapart]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La Fiscalía de París intenta registrar la redacción de Mediapart]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Justicia,Mediapart,Edwy Plenel,Emmanuel Macron]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué empresas del ÍBEX 35 pagaron la gira electoral de Valls?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/empresas-ibex-35-pagaron-gira-electoral-valls_1_1148786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4eaa1058-ad02-43f8-8fef-662eef3f9657_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué empresas del ÍBEX 35 pagaron la gira electoral de Valls?"></p><p>El <a href="https://circulodeempresarios.org/" target="_blank">Círculo de Empresarios</a> pidió a varias compañías del ÍBEX 35 aportaciones para cubrir los gastos de las conferencias que el ex primer ministro francés <strong>Manuel Valls</strong> impartió esta semana en Madrid y Barcelona, en las que se mostró muy crítico con el independentismo catalán. La información la adelantó este miércoles el periódico digital catalán <a href="https://www.elnacional.cat/es/politica/circulo-empresarios-ibex-manuel-valls_220818_102.html" target="_blank">Elnacional.cat</a>, que asegura poseer una copia del correo que el secretario general del <a href="http://www.infolibre.es/noticias/economia/2014/10/04/el_lobby_suave_como_circulo_empresarios_mete_las_grandes_companias_las_cortes_22217_1011.html" target="_blank">lobby empresarial</a>, Jesús Sainz Muñoz, envió a mediados de noviembre a los responsables de las grandes compañías con copia a su presidente, <strong>Javier Vega de Seoane</strong>.</p><p>En el email, Sainz Muñoz destaca la “extraordinaria importancia” de que “los ciudadanos españoles, y especialmente los catalanes con vistas a las elecciones autonómicas del 21 de diciembre, conozcan su opinión [la de Valls] sobre el futuro de Cataluña como parte integrante de España en el futuro de la UE”. El político francés, nacido en Barcelona, <a href="http://www.circuloeconomia.com/agenda/conferencia-de-manuel-valls-una-europa-mejor-para-todos/" target="_blank"><strong>habló el lunes 11 en Barcelona</strong></a><strong> y el martes en Madrid</strong>. El Círculo de Empresarios solicitaba <strong>ayuda económica para cubrir “los costes del viaje, de la cena del domingo 10 con los patrocinadores y un reducido número de invitados y del almuerzo</strong> […] en el Casino de Madrid el lunes 11”. Según elnacional.cat, esos costes ascendieron a <strong>40.000 euros</strong>.</p><p>El Círculo de Empresarios, preguntado por infoLibre al respecto, rechazó confirmar o desmentir la existencia del correo y de la solicitud de fondos. “No vamos a comentar nada sobre el asunto”, indicó un portavoz, quien se negó a desvelar qué empresas habían pagado la gira del político francés.</p><p>“Tenemos intención de aprovechar la estancia de Manuel Valls […] para que sus declaraciones tengan un amplio eco en los medios de comunicación […] particularmente en Cataluña”, explica el secretario del Círculo de Empresarios en el correo, según el periódico catalán.</p><p>En los últimos tiempos, el político francés se ha prodigado en declaraciones y entrevistas en España sobre el <em>procés</em>. El ex primer ministro francés defiende la necesidad de <strong>“un nuevo patriotismo en España”</strong> y considera que el independentismo en Cataluña es un riesgo para Europa.</p><p><strong>Presencia mediática en Francia y España</strong></p><p>En el acto de Barcelona, organizado con la escuela de negocios <strong>Esade</strong> y el <em>think tank</em><strong>Círculo de Economía</strong>, además de <strong>patrocinado por el Banco Sabadell</strong>, Valls conversó con<strong> Javier Solana</strong>, ex alto representante de Política Exterior de la UE, ante otros políticos como el exlíder de Unió <strong>Josep Antoni Duran i Lleida</strong>, el exalcalde de Barcelona <strong>Xavier Trias</strong> y el exlíder del PSC <strong>Pere Navarro</strong>. El coloquio celebrado en Madrid el día 12, uno más de la serie <a href="https://circulodeempresarios.org/sala-de-prensa/encuentros-dialogo-manuel-valls/" target="_blank">Encuentros para el diálogo</a> que patrocinan <strong>Banco Santander</strong> y la <strong>Mutua Madrileña</strong>, fue moderado por la presentadora de <em>Espejo Público</em> (Antena 3), <strong>Susana Griso</strong>. Y en él Valls conversó con el presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane.</p><p>Manuel Valls abandonó la primera línea política en Francia tras dimitir como primer ministro, <strong>postularse a la presidencia del país y perder las primarias</strong>. Se negó a respaldar al ganador, Benoît Hamon, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2017/05/09/valls_anuncia_que_ira_las_listas_parlamento_por_partido_macron_64807_1022.html" target="_blank">dejó el Partido Socialista</a> y ahora está <strong>adscrito a La République en Marche,</strong> el grupo parlamentario del nuevo presidente, Emmanuel Macron. En los últimos tiempos, Valls ha multiplicado su presencia en los medios franceses. Ha sido protagonista de <a href="//.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2017/11/21/que_representa_mediapart_72167_1044.html" target="_blank">una agria disputa con Mediapart</a>, el socio francés de infoLibre, a propósito del intelectual musulmán <strong>Tariq Ramadán –</strong>acusado de dos violaciones– y el laicismo.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[92a248a6-323b-403e-a3bf-830bb7dcb16b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña P. Ramírez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué empresas del ÍBEX 35 pagaron la gira electoral de Valls?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Grupo Santander,IBEX 35,Independentismo,Josep Antoni Duran i Lleida,Laicidad,Mediapart,Pere Navarro,Javier Solana,Edwy Plenel,Manuel Valls,Círculo de Empresarios,Xavier Trias,Sabadell,Emmanuel Macron,El futuro de Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando lo francés es tóxico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/cibermonfi/frances-toxico_1_1148138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El pasado viernes, un atentado yihadista segó la vida de <a href="http://www.lavanguardia.com/internacional/20171124/433132994559/atentado-bomba-sinai-mezquita.html" target="_blank">más de 300 musulmanes</a> en una mezquita del Sinaí (Egipto). No era la primera vez, ni mucho menos, que una acción terrorista de Daesh, Al Qaeda o asociados tenía como objetivo a<strong> seguidores de la religión del Corán</strong>. De hecho, el 90% de las víctimas de estos bárbaros son musulmanes.</p><p>Esto les resbala por completo a los predicadores de la islamofobia, esta nueva variante del odio al diferente que durante siglos se expresó en Europa a través del antisemitismo. Ellos siguen a lo suyo: proponer exclusiones, deportaciones, bombardeos y guerras contra todos los musulmanes. Se niegan a salir de su zona de confort<strong>: el comentario de taberna</strong>, convertido hoy en espectáculo televisivo en este y casi todos los demás asuntos.</p><p>La islamofobia es injusta: <strong>castiga a millones de personas por unos crímenes</strong> de los que ellas son las principales víctimas. La islamofobia es intelectualmente despreciable: confunde el todo con la parte. Equivale a equiparar a los vascos con ETA o a los alemanes con Hitler.</p><p>El yihadismo no es una religión, es una interpretación sectaria de una religión. Las razones por las que encuentra partidarios son políticas, sociales, económicas y psicológicas, tienen que ver con la existencia de ciénagas propicias. También en la Alemania de 1930 fueron precisas <strong>circunstancias tan graves como objetivables </strong>para que prosperara el delirio nazi.</p><p>Para los sectarios de Daesh, <strong>los primeros a abatir son los musulmanes </strong>que no comulgan con su retorcida lectura del islam. O sea, todos los chiís, esa mayoría de suníes que no es salafista y, como se ha visto en el Sinaí, los practicantes de la espiritualidad sufí.</p><p>La islamofobia es muy contraproducente. Le hace el juego al yihadismo al <strong>aceptar su relato de confrontación apocalíptica</strong>. Bush, Trump, Le Pen, Geert Wilders y compañía son los rivales occidentales soñados por Daesh y Al Qaeda. Les regalan argumentos y reclutas.</p><p>Solo junto a los musulmanes podrá ganarse al yihadismo. Insultarles es <strong>insultar a decenas de millones </strong>de aliados potenciales. Es como si Eisenhower se hubiera puesto a despotricar de los franceses en las vísperas del desembarco en Normandía.</p><p>Llegados a este punto, el islamófobo suele rebuznar así: lo que proponen los progresistas es que nos quedemos sentados esperando el próximo atentado mientras cantamos <em>Imagine</em>. <strong>¡Menuda gilipollez!</strong> Los progresistas somos los más críticos a la hora de denunciar los fallos de los servicios policiales y de inteligencia en la prevención de los ataque terroristas. Desde el 11-S a los atentados en París, pasando por el 11-M español, las pifias han sido considerables. Queremos más eficacia y menos palabrería. Por cierto, no se nos ha visto derramar lágrimas cuando los Mossos abatieron a los terroristas de las Ramblas.</p><p>¿Inacción? Al contrario. Proponemos una acción preventiva más seria a la par que una acción política, social, económica y cultural que deseque los pantanos donde germina la peste. Queremos más neuronas y menos testosterona. Y lo que desde luego rechazamos es<strong> chaladuras como la guerra de Irak.</strong></p><p>La Francia de Chirac hizo muy bien oponiéndose a <strong>los pirómanos Bush, Blair y Aznar. </strong>Lo único que consiguieron fue incendiar aún más Oriente Próximo, introducir a Al Qaeda en Irak  y convertirse de esa manera en comadronas del mismísimo Daesh.</p><p>Pero no todo lo procedente de Francia es <strong>digno de admiración. </strong>No cabe importar polémicas absurdas como la del hiyab en la escuela o el burkini en la playa. Bastante tenemos con nuestros propios líos. <strong>También sería disparatado escuchar a tipos como Manuel Valls</strong>.</p><p>Es natural que la ultraderecha sea islamófoba. Entronca con las cruzadas que mitifica y le permite sustituir el antisemitismo por <strong>una metadona hoy más tolerada socialmente.</strong> Lo que resulta penoso es que se les sumen individuos que se pretenden de izquierdas.</p><p>Valls pertenece a ese supuesto centroizquierda que a la hora de la verdad siempre está con la derecha. Como primer ministro de Hollande, <strong>llevó a la ruina a los socialistas franceses </strong>a fuer de asumir con la fe del converso las políticas económicas neoliberales y el discurso contra los inmigrantes. Yonqui de la <em>politique politicienne </em>(la politiquería), Valls, tras ser derrotado en las urnas, se apresuró a mendigar un cargo en las filas del victorioso Macron.</p><p>También es un yonqui de la televisión, dice cualquier cosa con tal de seguir en el candelero. Ahora recorre los platós franceses compitiendo con Le Pen en defensa de la “identidad nacional”, amenazada, dice, por los sarracenos. De paso, estigmatiza como <em>islamo-gauchistes</em> a<strong> Edwy Plenel </strong>y <strong>Jean-Luc Mélenchon</strong>.  No conozco personalmente a Mélenchon, pero sí a mi colega Plenel y tiene de <em>islamo</em> lo que yo de campeón de patinaje artístico.</p><p>¿Cuál es, según Valls, el pecado de Plenel? <strong>Reivindicar la libertad y la pluralidad </strong>como valores esenciales de la República Francesa, denunciar la islamofobia como un nuevo paso en “<a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2017/11/21/que_representa_mediapart_72167_1044.html" target="_blank">una deriva política hacia posturas autoritarias e intolerantes</a>”.</p><p>Valls es de esos que les limpian con sus lenguas<strong> las babuchas a los jeques de Arabia Saudí.</strong> Pero en los platós se proclama la Juana de Arco del laicismo. Por supuesto. Una visión absolutista del laicismo es un truco habitual en Francia para justificar la islamofobia. He escrito <em>absolutista</em> porque el laicismo no quiere decir que desde el Estado tenga que combatirse tal o cual religión. El laicismo, una idea capital del Siglo de las Luces, significa que el Estado no asume ninguna creencia como oficial u oficiosa, y garantiza la libertad de todas.</p><p>Lo dicho: no todo lo procedente de Francia es saludable. <strong>Algunas cosas son tóxicas.</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[246d4f83-6e44-4540-a972-69f159da95ae]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Valenzuela]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cuando lo francés es tóxico]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Egipto,Francia,Islam,Terrorismo islamista,Edwy Plenel,Jean-Luc Mélenchon,Manuel Valls,Yihadismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué representa Mediapart?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/representa-mediapart_1_1147842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2d4fbaf6-bc6c-40d5-b580-bc2f2b71478a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué representa Mediapart?"></p><p>En las dos últimas semanas, mientras me encontraba de viaje por el sur de Asia, he asistido, desde la distancia, incrédulo y estupefacto, a esta increíble espiral a la que debía hacer frente con valentía un equipo unido ante la prueba. Cuando dejé Francia, el lunes 6 de noviembre, creía haber realizado las aclaraciones necesarias, la víspera, en dos programas de televisión, el que presenta Moulou Achour en Canal Plus (que se puede ver <a href="https://www.youtube.com/watch?v=QtuccD4gg-0" target="_blank">aquí</a>) y en el de Apolline de Malherbe en BFM TV (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=QtuccD4gg-0" target="_blank">aquí</a>). La impensable sospecha de que <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a> –socio editorial de infoLibre– podía estar al tanto de las <strong>acusaciones de agresión sexual vertidas sobre Tariq Ramadan</strong>, pese a lo cual las ocultó a sus lectores, a sabiendas, empezaban entonces a circular, sin otro fundamento que no fuese la <strong>malicia</strong> o, incluso, la <strong>calumnia</strong>.</p><p>Abundando en mis explicaciones televisivas, nuestro director editorial, François Bonnet, destacaba, ese mismo lunes 6 de noviembre, <strong>la campaña política subyacente a ese rumor</strong>. Manuel Valls –aislado a raíz de su derrota en las primarias socialistas, ahora sin partido dado que como diputado raso no inscrito de En Marcha, elegido de forma muy ajustada, su escaño depende del recurso presentado ante el Consejo Constitucional– ha elegido recuperar una línea identitaria y autoritaria en la que la guerra contra el islamismo (que se identifica con el terrorismo) es el programa único.</p><p>En esta <strong>intentona por reconquistar un espacio político</strong>, el ex primer ministro François Hollande decidió utilizar a Mediapart como cabeza de turco, echando mano de todos los que respaldan al partido y de todas sus redes comunicantes para ese fin. La primera señal llegaba con la denuncia, en portada de <em>Le Figaro Magazine</em> del pasado 6 de octubre, suplemento al que concedía una amplia entrevista, de los llamados “agentes del islam” –no del terrorismo o del islamismo, sino de una religión, el islam–; entre dichos agentes figuraba el director de Mediapart. Después daba comienzo su campaña mediática, tildando a Mediapart de “cómplice intelectual” del islamismo, lo que, a su entender, significa <strong>cómplice del terrorismo</strong>.</p><p>En este contexto llegaba la portada de <em>Charlie Hebdo</em> del miércoles 8 de noviembre, semanario en el que se me caricaturizaba como los tres monos que <strong>no ven nada, no escuchan nada y no dicen nada</strong>, con el título: “<em>Caso Ramadam</em> Mediapart revela: 'No lo sabíamos'”. La Sociedad de Periodistas de Mediapart, en nombre de toda la redacción, lo mismo que Mathieu Magnaudeix, el periodista que firma la larga investigación (de cinco entregas, publicada en 2016) que tan poco gustó a Tariq Ramadan, demostraron lo absurdo de la acusación de complicidad –con nuestro silencio– de agresión sexual; no obstante, estas<strong> respuestas no consiguieron parar el aluvión mediático</strong>. Como tampoco lo consiguieron las explicaciones de François Bonnet en referencia a mis supuestas “relaciones” con Tariq Ramadan, ni tampoco el análisis sereno de un jurista que, sin embargo, no nos apoya. Tampoco lo logró la investigación de Marine Turchi sobre el <em>caso Ramadan</em>, la verdadera –las acusaciones de agresiones sexuales–, primero en un artículo inicial del 28 de octubre, después con la revelación de testimonios inéditos, el 15 de noviembre.</p><p>Esta secuencia quedará, sin duda, como ejemplo de la <strong>deriva francesa hacia los hechos alternativos</strong> que tanto gustan a Donald Trump; ese <strong>rechazo de la información en beneficio de la opinión</strong>. Porque, en ese torbellino, ni los textos escritos ni los hechos tuvieron importancia. Todo lo relacionado, en mayor o menor medida, con el islam enloquece a los medios de comunicación y a los políticos; no quedaba espacio para argumentos racionales. Estereotipos y prejuicios mandaban mientras [los redactores de Mediapart] Fabrice Arfi y Jade Lindgaard, encargados de ofrecer el punto de vista de la redacción, padecieron la terrible experiencia en diversos platós de televisión. Despreciando la causa de las mujeres, completamente olvidada y manipulada, el <em>caso Ramadan</em> se convertía en el <em>caso Mediapart</em> o en el <em>caso Plenel</em>, mientras que el delito principal de este último era haber publicado en 2014 un ensayo titulado <em>Pour les musulmans</em> (inspirado en un artículo de Mediapart de 2013) y cuyo título por sí mismo ya se le hizo insoportable a sus detractores, que nunca se han tomado la molestia de leerlo y aún menos de refutarlo en el fondo.</p><p>Cuando te ves arrastrado por un caos así, que es en realidad una relación de fuerzas desigual, nunca hay respuesta perfecta. El silencio –tentador, en señal de altura y de distancia– no detiene el bombardeo que consigue argumentos para denunciar un bochorno sospechoso. En cambio, cualquier réplica es arriesgada por cuanto la maquinaria comunicante que dirige la ofensiva, lejos de buscar el debate, sólo aguarda una torpeza o un mal paso para transformarlo en trampa. Habría bastado una<strong> respuesta en forma de tuit y una frase truncada</strong> –mi única reacción a distancia– para que el ogro mediático se alimentase a nuestra costa durante una semana, sin tener en cuenta en ningún momento los hechos en sí. El atacante puede cometer todos los excesos, mientras que el agredido no puede incurrir en ninguna debilidad.</p><p>Más allá del fondo, no he apreciado el dibujo que me caricaturizaba en la portada de <em>Charlie Hebdo</em> porque no me gustan las caricaturas que muestran en primer plano un rostro como lo harían con un criminal en busca y captura. Hacer mención a un <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Affiche_Rouge" target="_blank">cartel rojo</a> para denunciarlo, como asociación de ideas espontánea que me vino a la mente, no fue muy hábil. Pero, al mismo tiempo, se percibe ese giro paradójico, según el cual en nombre de esa libertad por la que <em>Charlie Hebdo </em>ha pagado el precio más alto, el de la sangre, la libertad de crítica de una caricatura o de un diario satírico se ha convertido en tabú. En cuanto a la frase que se me atribuye sobre una “guerra a los musulmanes”, en la que se ha apoyado el director del semanario en su virulento editorial del 15 de noviembre, se encuentra sacada de su contexto: se trata de un extracto de una breve entrevista radiofónica, dirigida explícitamente al eje ideológico elegido hace tiempo por Manuel Valls cuya tonalidad guerrera asume el interesado.</p><p>Sin duda habría sido mejor abstenerse en los dos casos, para no dar ninguna excusa a los adversarios que no quieren debatir sino erradicar. La prueba la ha dado Manuel Valls, que el 15 de noviembre aportaba su explicación al editorial de <em>Charlie Hebdo</em>: “Quiero que se desdigan, quiero que lo paguen, quiero que sean apartados del debate público”, declaró en RMC y BFM, en alusión a Mediapart, a su director y a su equipo. Así, en unas semanas, hemos pasado, en una exageración que supera el entendimiento, de ser agentes del islam a oficiales del islamismo, después cómplices de un supuesto violador y por último responsables potenciales de futuros atentados por una “llamada al homicidio”, echando mano de “las mismas palabras que Daech”.</p><p>Al contrario que el adagio, en nuestro caso, <strong>todo lo que es excesivo es significante</strong>. Al tomar como rehén el mártir de <em>Charlie Hebdo</em>, el ex primer ministro lo utiliza contra la libertad de prensa, instaurando delitos imaginarios de complicidad intelectual propios del maccarthismo e <strong>instando a desterrar del espacio público a un periódico cuya sensibilidad le disgusta</strong>. No osamos recordarle que, desde 1984, el pluralismo de los medios de comunicación forma parte del bloque de constitucionalidad francesa; en otros términos, que es uno de nuestros derechos fundamentales.</p><p><strong>Cultura democrática e identidad plural</strong></p><p>Después de este recordatorio de los hechos, lo más desapasionado posible, queda un interrogante sobre esta agresividad de que somos objeto y la palabra es débil. La personalización, en torno al director de Mediapart, sirve de pretexto para debilitar a nuestro diario, desacreditándolo o recusándolo. Que existe desacuerdo político entre nuestra redacción y Manuel Valls, hace tiempo que es evidente. Basta con leernos, en numerosas secciones, para encontrar los detalles, ya sea en cuestiones democráticas, sociales o de seguridad, de migraciones y de discriminaciones, de lucha contra la corrupción, etc.</p><p>Pero atrás han quedado las ocasiones en que aceptaba venir a dar explicaciones en uno de nuestros encuentros en directo, <em>live</em>, en la redacción, semanales o mensuales, según la época, como sucedió en marzo de 2014. ¿Por qué desde entonces lo que debería ser un debate, aunque fuese intenso, ahora se manifiesta en forma de <strong>venganza</strong> con una virulencia inusitada que no hallará nunca ni por escrito ni verbalmente en boca de ninguno de nosotros? Además, no somos un rival político sino un periódico, al que se nos trata como un adversario mucho más peligroso que un partido de la oposición.</p><p>Plantear la pregunta es sin duda hallar la respuesta: <strong>se trata de una deriva política</strong> hacia posturas autoritarias e intolerantes, contra una cultura democrática respetuosa de la pluralidad de las opiniones y de la independencia de la información. Como periodistas, nuestro oficio, a través de la investigación, el reportaje o el análisis, es siempre aportar matices y precisiones, la complejidad y la contradicción. Se trata del mejor antídoto contra las aversiones que ciegan, haciendo perder el entendimiento como recientemente recordaba el ensayista alemán Carolin Emcke en su <em>Contre la haine</em>.</p><p>Por ejemplo, <strong>en Mediapart no confundimos islam, islamismo y terrorismo</strong>, rechazando convertirlos en un único bloque homogéneo que haría de una religión el caldo de cultivo unívoco de una realidad política uniforme que, ella misma, tendría como consecuencia, inevitablemente, la violencia terrorista. Porque el islamismo en la diversidad de las expresiones políticas que se reivindican de la religión musulmana también es el partido del actual primer ministro marroquí, el PJD; uno de los integrantes de la coalición gubernamental tunecina, Ennahda; el partido del presidente Erdogan en Turquía, el AKP; las diversas facciones con las que la ONU y Europa negocian en Libia, o la monarquía absolutista saudí con quien el gobierno de Manuel Valls, y sus predecesores y su sucesor, se reúnen de buena gana.</p><p>En otras palabras, sin mostrar ninguna complacencia con los terroristas ni con la ideología totalitaria a la que sirven, <strong>Mediapart se niega a ver la realidad del mundo y de nuestro país a través del único prisma de esta amenaza</strong>. Apoyándose en miedos legítimos, el discurso de la guerra es, al contrario, un llamamiento brutal a dejar de entender y a dejar de debatir; en resumen, a dejar de saber. Obviando cualquier otra urgencia –democrática, social, ecológica, emancipadora, etc.– trata de hacernos creer que ahí radica el único peligro que corremos, minimizando la realidad europea en la que van a a más los movimientos de la ultraderecha, xenófobos y racistas, antimigrantes y antimusulmanes que se encuentran mucho más cerca de imponer su hegemonía en el debate público que las ilocalizables formaciones islamistas aunque existan políticamente.</p><p>Pero, además, en nuestra negativa a plegarlos a un orden del día casi militar, se encuentra también el de jerarquizar entre los sufrimientos, opresiones y violencias y las causas que inspiran. <strong>Luchar contra el sexismo, la homofobia, el antisemitismo, el racismo, la xenofobia, la islamofobia</strong>, etc.: todos estos combates contra el rechazo o la persecución de un individuo o de un grupo por su origen, su creencia, su apariencia, o su sexualidad son los nuestros sin que nunca uno de ellos eclipse a los otros. En los países anglosajones, este posicionamiento progresista no sorprendería apenas, por cuenta de su “interseccionalidad” en la filiación de un liberalismo político asumido. Pero en Francia, genera desorden.</p><p>Hasta tal punto que se llega a diabolizar el hecho de dirigirse a públicos musulmanes –lo que tuve que hacer después de la aparición de <em>Pour les musulmans</em> y que en dos ocasiones me llevó a entrevistarme con Tariq Ramadan– cuando es una magnífica ocasión para defender estas causas comunes de la igualdad, combatiendo las cerrazones comunitarias mediante la afirmación, sin complacencia ninguna, de que una única herida ocasionada a un solo ser humano por lo que es no es sino una herida ocasionada a la nación entera. Y lo que es más, desde su nacimiento, Mediapart se ha enfrentado con constancia a una visión uniforme de la identidad francesa y de nuestro pueblo, defendiendo, por el contrario, la realidad de una nación plural y multicultural.</p><p>Sin duda está ahí uno de los nudos racionales de la adversidad que soportamos, donde los periodistas cofundadores de Mediapart (François Bonnet, Laurent Mauduit y yo) encontramos uno de los motivos de los ataques continuos, en 2003, cuando dirigía la redacción de <em>Le Monde</em>, entonces ya caricaturizados como <em>agentes antiFrancia</em>. A eso hay que sumarle la <strong>intolerancia compartida</strong> en las altas esferas dirigentes para con un diario demasiado interesado por los secretos de los poderes políticos y económicos, pero también un diario demasiado celoso de su libertad hasta el punto de parecer dadores de lecciones al resto de la profesión, habida cuenta de lo mucho que tomamos en serio el desafío democrático del derecho a saber. <strong>Más vale dar envidia que dar pena</strong>, dice el proverbio y Mediapart es evidentemente un éxito insolente, a menudo salpicado de batallas por imponer sus revelaciones, incluso a veces reprochando, o sacando los colores, a los medios de la competencia o dominantes.</p><p>Pero, salvo que se convierta en paranoia esta forma enfermiza de egocentrismo, hay que admitir que, en esta trama, <strong>Mediapart sólo es un síntoma</strong>: el de un país, el nuestro, que sigue sin tener clara ni su cultura democrática ni su identidad plural. También es <strong>síntoma de una época incierta que avanza a ciegas</strong> entre impaciencias democráticas y tentaciones autoritarias. ______________</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué representa Mediapart?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Mediapart,Edwy Plenel,Manuel Valls]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando se silencia la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/silencia-libertad_1_1146079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Un Estado de derecho es aquel cuyas leyes protegen a cualquiera de sus residentes de la arbitrariedad del Estado. Es un Estado protegido del absolutismo administrativo o policiaco. Es un Estado donde el Estado está <strong>subordinado a reglas jurídicas que le son superiores</strong> y que se imponen a su acción. Es un Estado cuyos ciudadanos están a salvo porque se les asegura no ser entregados al abuso del poder estatal. Es, en definitiva, un Estado donde <strong>el Estado no dicta la ley</strong>.</p><p>Según este rasero, <strong>Francia, desde el 3 octubre, ya no es un Estado de derecho</strong>. Con la entrada en la legislación de las principales disposiciones derogatorias de los derechos fundamentales y de las libertades esenciales que caracterizan el estado de emergencia, la excepción se convirtió en la regla. A partir de ahora, el Estado, o dicho de otro modo, sus prefectos, su Administración o su policía podrán en cualquier momento o lugar y contra cualquier persona, <strong>con el pretexto del terrorismo</strong>, poner en tela de juicio nuestra libertad de movimiento y nuestros derechos a la inviolabilidad del domicilio y a la igualdad ante la ley. Y podrán hacerlo <strong>sin tener que justificar o responder ante un juez independiente</strong>, cuya decisión podría obstaculizarlo o sancionarlo.</p><p>Con el voto aplastante de la mayoría del miedo en la Asamblea Nacional (415 votos contra 127), <strong>ahora hay en Francia una ley de sospechosos</strong> [leer en francés <a href="http://www.assemblee-nationale.fr/15/ta-pdf/0164-p.pdf" target="_blank">aquí</a> el texto de la ley y <a href="http://www.assemblee-nationale.fr/15/dossiers/securite_interieure_lutte_terrorisme.asp" target="_blank">aquí</a> el expediente parlamentario]. Ante la más mínima sospecha policiaca, que en un verdadero Estado de derecho sería totalmente insuficiente para permitirlo, la Administración y su brazo armado policial podrán desde ahora atacar, inmovilizar, detener, señalar, aislar, separar y apartar a un individuo, en definitiva, perseguirlo. Sólo los jueces sobre este supuesto, el terrorismo, podrán extender el propio concepto en cualquier momento sin ningún tipo de impedimento, a merced del sentir popular y las ideologías dominantes.</p><p>La ley votada también autoriza al Estado, su Administración y su policía, <strong>fuera de cualquier control judicial</strong>, a obligar a un individuo a “residir dentro de un perímetro determinado”, es decir, a ser incapaz de moverse; a golpearlo por “orden restrictiva” en un lugar preciso, a someter su intimidad doméstica y familiar a “registros domiciliarios”, es decir, búsquedas que permiten embargos; a extender el control de documentos de identidad, registros de equipaje y de vehículos en grandes “perímetros de protección”, a cerrar un lugar de culto por el solo motivo de las “ideas y teorías” que se difundieran allí, etc. Y esto es sólo un resumen breve de una ley, la duodécima de seguridad pública en quince años, que empuja hasta el final la <strong>corrupción del derecho de la policía y de la evidencia por sospecha</strong>.</p><p>Tan inconscientes como egoístas, ciegos e ignorantes del pasado, los aprendices de brujo que abrieron esta liberticida caja de Pandora se tranquilizan diciendo que no están preocupados. Después de todo, <strong>¿no se trata de combatir el terrorismo, sus crímenes y sus redes?</strong> Es el argumento de la urgencia que, tomado por lo esencial, siempre pierde de vista la urgencia de lo esencial, es decir, los principios. Es, sobre todo, el argumento, tan desgastado como cobarde, de que <strong>el fin justifica los medios</strong>, en cuyo nombre, en todas latitudes, regímenes y épocas, las libertades siempre han sido logros de pérdidas y ganancias.</p><p>“Considero que <strong>no tengo que tener miedo de los medios de lucha contra el terrorismo porque no soy terrorista</strong>”, dijo el portavoz del Gobierno, el exsocialista Christopher Castaner, cuyo antiguo partido (con cinco cautelosas abstenciones) apoyó sin reservas esta perdición que ellos mismos habían iniciado durante la presidencia de François Hollande. Una frase terrible, que resume el sacrificio del ideal democrático en el altar del terrorismo. Una frase ciega, de gobernantes dispuestos a <strong>pisotear las libertades de otros para tratar de justificar su poder</strong>.</p><p>“Engañamos a la bestia”, advirtió el abogado François Sureau, un intransigente defensor de las libertades fundamentales, en una reciente entrevista con Mediapart, socio editorial de infoLibre [leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/160917/francois-sureau-et-la-loi-antiterroriste-nous-cajolons-la-bete-immonde" target="_blank">aquí</a> en francés]. Bajo el prolongado estado de emergencia que puso en marcha el gobierno de Manuel Valls a finales de 2015, recuerda que “hubo <strong>6.000 investigaciones administrativas para 41 acusaciones</strong>. Y sobre estas 41 acusaciones, veinte son de apología de terrorismo, es decir, delitos intelectuales. A veces, durante estas 6.000 investigaciones, se han destrozado la vida de personas, interviniendo sus libertades individuales de manera brutal por un resultado muy débil”.</p><p>¿Y quién no recuerda el uso del estado de emergencia en 2015 y 2016 contra la sociedad entera? Primero fueron los activistas ambientales durante el COP21 y después los manifestantes contra la ley laboral de El Khomri. ¿Quién se atreve a garantizar que, bajo este poder o bajo otro, la obsesión por la seguridad pública no aumentará las obsesiones ideológicas, autoritarias, identitarias, xenófobas y discriminatorias, etc., y no serán los militantes de todas las causas minoritarias, disidentes y nuevas, que inventan y reivindican nuevos derechos, las nuevas víctimas de este estado de emergencia permanente? ¿Quién podría jurar <strong>que mañana no van a ser ellos los nuevos “enemigos de la nación”</strong>, terroristas en potencia o teóricos terroristas, según la lógica infernal de las fuerzas conservadoras y retrógradas, decididas a dar guerra a la sociedad, a su riqueza y a su diversidad, a su autonomía y a sus luchas?</p><p><strong>“Peor que el ruido de las botas es el silencio de las zapatillas”</strong></p><p>Obviamente conocemos la respuesta, tanto los gobernantes como los funcionarios electos que hoy sacrifican nuestras libertades están sólo de paso. Irresponsables, sacrifican la larga duración de una democracia viva y, por consiguiente, tan dura consigo misma, por el corto plazo de su supervivencia. La presidenta de la Comisión nacional consultiva de derechos humanos [leer <a href="http://www.cncdh.fr/fr/publications/avis-sur-le-projet-de-loi-visant-renforcer-la-securite-interieure-et-la-lutte-contre-le" target="_blank">aquí</a> en francés la opinión del CNCDH sobre este proyecto de ley], Christine Lazerges señaló en un <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/050717/christine-lazerges-le-projet-de-loi-antiterroriste-est-une-grave-regression-de-l-etat-de-droit" target="_blank">entrevista en julio con Mediapart</a> que: “<strong>Si este proyecto de ley se adopta, la extrema derecha llegará un día al poder</strong>. Francia estará en una situación extremadamente difícil en materia de libertades. Un gobierno así no tendría absolutamente nada que añadir a este texto”.</p><p>La historia nos ha enseñado, y en particular en las circunstancias en las que nació el estado de emergencia en 1955 –la guerra de Argelia, la guerra colonial y la guerra civil–, ahora definitivamente legalizada y banalizada, que la introducción de disposiciones liberticidas es una gangrena que acaba contaminando todo el cuerpo legal, las instituciones, las administraciones y los gobiernos. Acabamos de vivirlo en apenas dos años: igual que actualmente, el estado de emergencia de 1955 provocó poderes especiales en 1956 cuando una república torturada fue deshonrada, y ahora el estado de emergencia prolongado de 2015 da a luz bajo nuestros desconcertados ojos a <strong>un desafío sin precedentes contra el Estado de derecho</strong>.</p><p>En su alegato <em>Contra el Estado de emergencia </em>(Dalloz, 2016), el abogado Paul Cassia [<a href="https://blogs.mediapart.fr/paul-cassia/blog" target="_blank">aquí</a> su blog en Mediapart] recordó esta lúcida postura de un miembro del Consejo de Estado, <a href="http://www.conseil-etat.fr/Actualites/Discours-Interventions/Hommage-a-Roger-Errera-introduction-au-colloque-sur-les-libertes-en-France-et-au-Royaume-Uni" target="_blank">Roger Errera</a>: “Cuando una violación de las libertades aparece, se extiende como una mancha de aceite y <strong>se va aplicando progresivamente más allá de los límites fijados en su inicio</strong>, sean cual sean las promesas, las barreras y las vacilaciones, y a otros a quienes al principio no afectaba. Incluso se institucionaliza y, como resultado de la emergencia, se vuelve permanente”. Esto fue en 1975, hace más de cuarenta años, y ahora, por desgracia, ya estamos allí.</p><p>Además, con un Estado que ni siquiera puede contar con una generación de altos cargos con principios y con recuerdos de Vichy o Argelia, que sabrían que <strong>la banalización del estado de emergencia es la brecha por la que se cuelan el totalitarismo</strong> o, por lo menos, sus prácticas de negación de derechos humanos bajo el disfraz de una administración o un régimen republicano. En su entrevista con Mediapart, François Sureau subrayaba esta terrible renuncia que, durante tres décadas, ha ido ganando espacio dentro de casi todo el espectro político: “Las grandes voces del pasado llevaban un proyecto colectivo de libertad, no sólo un proyecto individual”.</p><p>¿Por qué no cuestionar el pesado y abismal silencio que acompaña a este salto al vacío? “Peor que el ruido de la botas es el silencio de las zapatillas”, esta frase atribuida al escritor suizo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Max_Frisch" target="_blank">Max Frisch</a> nunca ha sido tan pertinente como ahora. Todos los defensores de los derechos humanos, reunidos en las instalaciones del CNCDH [leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/250917/etat-durgence-permanent-en-examen-lassemblee-linquietude-grandit" target="_blank">aquí</a> en francés], así como los expertos que asumen oficialmente la responsabilidad en las Naciones Unidas [leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/290917/la-loi-antiterroriste-debattue-sous-loeil-inquiet-des-nations-unies" target="_blank">aquí</a>], se han puesto solemnemente en contra de esta deriva. <strong>Estos expertos de los derechos humanos autorizados por la ONU no se marcharon sin quejarse</strong>, considerando que “varias disposiciones del proyecto de ley amenazan el ejercicio de los derechos a la libertad y a la libertad personal, el derecho al acceso a la justicia y a la libertad de movimiento, el derecho a reunión y asociación pacífica, así como el de expresión, religión o creencia” [leer <a href="http://www.ohchr.org/FR/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=22165&LangID=F" target="_blank">su comunicado</a> y <a href="http://www.ohchr.org/Documents/Issues/Terrorism/OL_FRA22.09.17_FR.pdf" target="_blank">su carta al Gobierno francés</a>].</p><p>Completamente en vano, ya que no se ha hecho nada. Ningún eco, ni arrepentimiento, ni matiz, ni reserva, ni retroceso. Peor aún. En la Asamblea Nacional, una mayoría devotamente consagrada al presidente se apresuró a endurecer las disposiciones más polémicas que el Senado, en su vieja sabiduría, había intentado reducir. Esta llamada sociedad civil, que surgió de la nada y que pretendía renovar la política a través del movimiento ¡En Marcha! y de su liberación parlamentaria, <strong>se revela sorda y ciega contra la sociedad</strong>. Sólo la izquierda de la izquierda –los diputados comunistas y del partido Francia Insumisa toman el relevo de los seis socialistas frustrados (Pouria Amirshahi, Barbara Romagnan y Gerard Sebaoun) y ecologistas aislados (Isabelle Attard, Sergio Coronado y Nöel Mamère) que, el pasado día 3 de octubre, dijeron ‘no’ al estado de emergencia– ha salvado el honor, pero sin conseguir movilizar con éxito a la sociedad.</p><p>Por este motivo, no podemos contentarnos con agobiar a los que cometieron este atentado contra las libertades. <strong>También debemos abordar la indiferencia, esta pasividad maciza, que lo ha permitido</strong>. ¿No es del mismo carácter con la que se trata el desamparo de los emigrantes, los refugiados y otros exiliados [leer mi artículo anterior: <a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2017/08/21/el_deber_hospitalidad_68775_1044.html" target="_blank">El deber de la hospitalidad</a>]? ¿Es esta indiferencia, más esencial, hacia el otro, el diferente, el sospechoso, el musulmán, el lejano, la que nos lleva a replegarnos sobre nosotros mismos? Como si no estuviéramos afectados por la preocupación de protegernos, cueste lo que cueste.</p><p>Así es como no mucha gente se sorprendió descubriendo que esta llamada ley antiterrorista piensa <strong>facilitar, extender, generalizar o banalizar todavía más los controles por el aspecto o raza de una persona</strong>, una discriminación diaria que golpea la diversidad de nuestro pueblo, especialmente de la juventud [leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/140917/sous-pretexte-de-lutte-contre-le-terrorisme-le-gouvernement-veut-faciliter-les-controles-au-facies" target="_blank">aquí</a>]. Hasta el historiador Patrick Weil, un hombre moderado, tanto por convicción como por oficio, no pudo despertar la opinión de los parlamentarios demostrándoles que “<strong>el proyecto de ley antiterrorista recordaba al código del indígena</strong>” porque, de hecho, diseñó su dispositivo policiaco para la vigilancia de una población en particular: los negros y los magrebíes, agravando así las discriminaciones que perjudican a la igualdad [leer <a href="http://www.lemonde.fr/idees/article/2017/09/27/patrick-weil-le-projet-de-loi-antiterroriste-rappelle-le-code-de-l-indigenat_5191957_3232.html?xtmc=patrick_weil&xtcr=1" target="_blank">su columna en Le Monde</a>].</p><p>Los grandes filósofos nos han enseñado, no obstante, que, después de las catástrofes europeas del siglo pasado, el mejor camino hacia el prójimo es la preocupación por lo lejano. Que la preocupación por el otro conduce hacia uno mismo. <strong>Si no estoy en la libertad de los otros, no estoy en la mía</strong>. Si permito que los derechos fundamentales sean cuestionados con el pretexto de una amenaza que me sería ajena, descubriré, algún día, que <strong>fue así como renuncié a mis propios derechos</strong>. _________</p><p>Traducción: <strong>Alba Precedo</strong></p><p><em>Leer en francés:</em></p><p><span id="doc_52546"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cuando se silencia la libertad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Derechos humanos,Francia,Lucha antiterrorista,Mediapart,Terrorismo,François Hollande,Edwy Plenel,Emmanuel Macron]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Plenel: “Hay que convencer al lector de que la información tiene un precio, y la independencia también”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/plenel-hay-convencer-lector-informacion-precio-independencia_1_1144876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb2f5dfe-a93e-464d-80f3-4b41a2a2bee7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Plenel: “Hay que convencer al lector de que la información tiene un precio, y la independencia también”"></p><p>El <em>caso Bettencourt</em> en 2010, el financiamiento de la campaña del expresidente Nicolas Sarkozy por parte de Gadafi en 2011, o los <a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2017/09/05/el_fantasma_del_caso_cahuzac_vive_eliseo_69164_1044.html" target="_blank">fondos no declarados del viceministro de presupuestos Jerôme Cahuzac</a> en 2012. Estos son sólo algunos de los méritos periodísticos que avalan a Mediapart, socio editorial de infoLibre, como uno de los medios de comunicación referentes en Francia. Al frente, su presidente, <strong>Edwy Plenel </strong>que, en una<a href="http://www.lavanguardia.com/internacional/20170905/431058156550/entrevista-edwy-plenel-desconfianza-medios-legitima.html" target="_blank"> entrevista en La Vanguardia</a>, explica que “<strong>sólo nuestros lectores pueden comprarnos</strong>”.</p><p>Tras participar en una <a href="https://www.infolibre.es/noticias/medios/2017/08/30/que_periodismo_puede_hacer_era_internet_sigue_con_nosotros_charla_entre_edwy_plenel_ernesto_tiffenberg_jesus_marana_69031_1027.html" target="_blank">conversación en el marco de la exposición Mediapro Live</a> con Ernesto Tiffenberg, director del diario argentino <em>Página12</em>, moderada por el director editorial de infoLibre, Jesús Maraña, Plenel analiza la situación actual del periodismo en la era de Internet con unos lectores que cada vez dudan más de lo que se cuenta en los medios. “<strong>La desconfianza respecto a los medios dominantes es legítima</strong>, porque es una desconfianza hacia el espejo en el que se refleja la sociedad. Ese espejo nos muestra una suerte de fatalidad económica, de conformismo ideológico… Los periodistas debemos tomar esa crisis de confianza como una llamada a movilizarnos para defender nuestro oficio. El público no recuperará la confianza en nosotros de repente, nos toca demostrarles que pueden confiar”, explica el presidente de Mediapart.</p><p>“<strong>El periodismo no está al servicio del Estado, ni mucho menos de los propietarios de los medios</strong>, está al servicio del público, de un derecho fundamental en la democracia que es el derecho a saber”, asegura Plenel cuyo medio es “un ejemplo” de cómo hacer periodismo independiente y tener beneficios. Tras nueve años en el mercado, el digital francés ha superado el umbral de los 130.000 socios. “Cuando lanzamos Mediapart [en 2008] todo el mundo decía dentro y fuera de Francia que estábamos locos”, admite Plenel en <em>La Vanguardia</em>. Sin embargo, nueve años después, el presidente de Mediapart señala que son “un diario que se ha consolidado, que tiene beneficios, que crea empleo, que nunca ha cedido en sobre el terreno de la precariedad”. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2017/03/11/mediapart_supera_los_130_000_socios_factura_mas_millones_anuales_62365_1044.html" target="_blank">Durante el 2016</a>, Mediapart registró un crecimiento del 31% en el número de suscriptores, que por primera vez son su principal fuente de ingresos: “<strong>Hay que convencer al lector de que la información tiene un precio, y la independencia también</strong>” ya que “la mejor garantía para la independencia es no depender de nadie más que del lector” aunque para lograrlo hay que llevar a cabo “una batalla de convicción”.</p><p>Con esta fórmula, Mediapart ha demostrado que se puede hacer un “periodismo independiente <strong>siendo financiados solamente por nuestros lectores</strong> y sin aprovecharnos de la revolución digital para hacer una regresión en los derechos de los trabajadores”. Un ejemplo que ha seguido infoLibre: “Aunque sea pequeño y necesite tiempo, nuestro socio español tiene hoy más de la mitad de sus beneficios provenientes de los suscriptores. Paso a paso van progresando y ya superan los 10.000 abonados. Eso quiere decir que llevar a cabo la batalla de la convicción, funciona”.</p><p>¿Y la independencia del resto de los medios españoles? “<strong>La crisis ligada a la revolución digital ha favorecido un retroceso de la independencia</strong>, ha debilitado la autonomía de las redacciones y ha dado peso a los poderes económicos y a los accionistas que no soportan no controlar el contenido. Lo que ha pasado en <em>El País</em> o en <em>El Mundo</em> estos últimos años lo ilustra”, admite el periodista francés que asegura que muchos de estos medios “tradicionales” viven en “su burbuja”. Para lograr una información “independiente, leal y pluralista”, hace falta, según Plenel, que la gente “acepte apoyarla” porque si no “tendremos una información conformista, superficial, que dará preferencia al 'bla bla' de las opiniones, más que al trabajo serio del periodista. Si damos la batalla por perdida y nos rendimos a la gratuidad, vamos a perder el valor de nuestro oficio”.</p><p>La falta de independencia y la gratuidad de los medios no son los únicos problemas que detecta Plenel: también <strong>los despidos de periodistas</strong>. “En España el periodismo fue el segundo sector que más destruyó empleo después del inmobiliario. Es casi criminal”, admite ya que, para él, el periodismo se basa en “la transmisión de la experiencia”. “Cuando creé Mediapart había roto con <em>Le Monde</em>, donde trabajé por 25 años. Tenía 55 años. Y es porque tenía esa edad que pude crear un equipo de jóvenes a los que he podido transmitir mi experiencia. Eso es lo que nos ha permitido ganar. Esa relación entre dos generaciones”, explica Plenel.</p><p>Mediapart también se creó basándose en la idea de convertirse en un “laboratorio de investigación” para demostrar que <strong>los medios digitales no son sólo “inmediatez, formato corto, superficialidad”</strong> ya que “es falso decir que cierto tipo de tecnología implica un cierto tipo de contenido”. “Gracias a nuestro modelo, que es pagado y participativo, hemos podido utilizar el digital para hacer un mejor periodismo: más desarrollado, más enriquecido, mejor investigado, más durable. <strong>Sólo hace falta salir del modelo de la audiencia y del clic</strong>. Si estamos en ese modelo de la gratuidad publicitaria vamos hacia la degradación, si defendemos el modelo pagado, gracias al digital podemos hacer un periodismo mejor que el impreso”, asegura el presidente francés en <em>La Vanguardia</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Sep 2017 11:02:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Plenel: “Hay que convencer al lector de que la información tiene un precio, y la independencia también”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Mediapart,Medios comunicación,Periodismo,Prensa,Prensa gratuita,Edwy Plenel]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Periodismo, su economía y su libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/periodismo-economia-libertad_1_1144522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb2f5dfe-a93e-464d-80f3-4b41a2a2bee7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Periodismo, su economía y su libertad"></p><p>Fundado en 2009 por extrabajadores de <em>Le Monde</em>, la web Slate acaba de ser reactivada por un accionista especializado en evasión fiscal (los dirigentes del banco privado suizo Grupo financiero <a href="https://fr.wikipedia.org/wiki/Groupe_Edmond_de_Rothschild" target="_blank">Edmond Rothschil</a>, a través de una sociedad con sede en Luxemburgo, paraíso fiscal enclavado en el corazón de Europa [leer <a href="http://www.liberation.fr/futurs/2017/08/17/une-grande-fortune-a-la-rescousse-de-slatefr_1590530" target="_blank">aquí</a> en francés]. Sea cual sea la calidad de los trabajadores afectados, esta noticia ilustra <strong>la regresión ética que, más que nunca, corrompe los ideales del periodismo</strong>.</p><p>La cuestión de la <strong>independencia económica de los medios de comunicación</strong> se ha convertido en una cuestión secundaria conforme la profesión se va acomodando, cada vez más, con accionistas a años luz de los objetivos del oficio que se recomiendan para <strong>informar libremente, sin ninguna sumisión a intereses privados o estatales</strong>. Oportunidad para defender y reconstruir esta independencia, las promesas democráticas de la revolución digital se han encontrado tanto con realidades económicas prosaicas (la mejor garantía de la independencia es la rentabilidad) y con el ataque de los intereses económicos dominantes (de Patrick Drahi a Xavier Niel, los multimillonarios digitales que han asediado a buena parte de la vieja prensa, uniéndose a la oligarquía instaurada por Bernard Arnault, Serge Dassault, Arnaud Lagardère, François Pinault,...).</p><p>En 2009, cuando creamos el Sindicato de Prensa Independiente de Información en Línea (<a href="https://www.spiil.org/" target="_blank">SPIIL</a>), que todavía une la diversidad de la información digital (ver <a href="https://www.spiil.org/membres" target="_blank">aquí</a>), el paisaje no estaba estático en este punto. Pero, desde entonces, de los siete sitios cofundadores, dos desaparecieron por completo (Terra Eco y Bakchich) y otros dos perdieron su independencia económica e, incluso, su identidad (Rue89 y Slate). A pesar de los diferentes puntos fuertes en sus fórmulas y reivindicando la propia tradición profesional, los tres supervivientes –@rrêt sur images, Indigo Publications y Mediapart, socio editorial de infoLibre– tienen, sin embargo, un punto en común. <strong>Apostaron de inmediato por el modelo de pago</strong>, defendiendo en el mundo digital lo que hizo, en el pasado, la prensa escrita: la fidelidad de un público.</p><p>Porque el fracaso de Slate, como antes de Rue89 (creado en 2007), asumido inicialmente por Claude Perdriel, propietario de <em>L’Obs</em>, antes de ser vendido con su revista semanal a los accionistas de <em>Le Monde</em> (el trío de Pierre Bergé, Xavier Niel y Mathieu Pigasse), pone en evidencia <strong>el callejón sin salida del modelo llamado gratuito, basado en la publicidad</strong>, para todo proyecto de periodismo de información que tenga una exigencia de seriedad. Ni siquiera hay una rentabilidad económica en el horizonte de estos modelos, sino que  su carrera por la audiencia impacta directamente en sus contenidos. Se impone, así, en la mayoría de los casos, <strong>la brevedad, la inmediatez y la superficialidad</strong>. Si no <strong>se da prioridad a la opinión y al comentario, sobre la información y la investigación</strong>.</p><p>En otras palabras, el modelo económico tiene consecuencias sobre el valor del periodismo. No sólo sobre el valor de la empresa que lo produce, sino también sobre el valor de la información en sí. Para repetir la distinción clásica entre “valor de uso” (la utilidad de un producto) y “valor de reemplazo” (a cuánto se compra), si el valor de intercambio de información es cero, su valor de uso (es decir, la utilidad democrática para el lector) también acabará por tender hacia el cero. <strong>El resultado final es la corrupción de la información a través del entretenimiento</strong> (que puede incluir el <em>blablabla </em>incesante de los columnistas), cuyo modelo económico reposa en una gran cantidad de público y la gratuidad publicitaria.</p><p>Este desafío, no sólo económico sino también político del valor del periodismo, fue el que suscitó la curiosidad de la universidad de Chicago sobre el modelo y el éxito de Mediapart. Primero fue, en octubre del 2015, el artículo del profesor <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Luigi_Zingales" target="_blank">Luigi Zingales</a> en <em>Financial Times</em> cuyo título era, sin ninguna ambigüedad: “Una prensa fuerte es la mejor defensa contra el <a href="https://www.ft.com/content/8843ca9e-70f5-11e5-9b9e-690fdae72044" target="_blank">capitalismo de amiguismo</a>”. Al defender la necesidad democrática del periodismo de investigación para poner en evidencia el abuso de posición, el monopolio de poder y la concentración de riqueza, este profesor de la Escuela de negocios de la universidad de Chicago (la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_de_negocios_Booth" target="_blank">Escuela de negocios Booth</a>) mencionaba a Mediapart (que había superado la cifra de 100.000 suscriptores) como la demostración de <strong>que esta práctica ofensiva podía encontrar a su audiencia y su rentabilidad</strong>.</p><p>Suponiendo que el liberalismo económico es inseparable de un liberalismo político radical, donde la acción de la empresa es esencial para la regulación de un capitalismo que, de otro modo, es inevitablemente salvaje, Luigi Zingales es director del Centro Stigler, centro de estudio e investigación dedicado a las interacciones entre economía y política. También con espacio para el debate sobre economía europea y estadounidense, este italoamericano, que se distingue por posiciones a menudo iconoclastas, es, a la vez, un defensor feroz del libre mercado, aboga por un aumento sobre el control de los bancos y un azote incansable del “capitalismo amiguista”, un “capitalismo de chantaje” que retoma la idea gráfica de <strong>Laurent Mauduit, cofundador de Mediapart</strong>.</p><p><em>Saving Capitalism from the Capitalists </em>(<em>Salvar el capitalismo de los capitalistas</em>), es el título de uno de sus libros, publicado en 2003 y que resume esta pista, tan original como solitaria, que se esfuerza por abrir.  Comprendemos entonces <strong>por qué le intrigó Mediapart</strong>: fueron periodistas profesionales lo que inventaron un medio de comunicación en línea que es rentable sólo haciendo periodismo, sin otros ingresos que la suscripción de sus lectores y la fidelidad de su público. Así es cómo hemos llegado a ser, en medio de una crisis histórica de la prensa escrita, <strong>el primer case study del Centro Stigler</strong><em>case study</em>, un caso de estudio profundamente radical que está a contracorriente de las corrientes económicas dominantes.</p><p>Después de la primera vista del profesor Zingales, <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Guy_Rolnik" target="_blank">Guy Rolnik</a> encargó el trabajo a Dov Alfon. Codirector del Centro Stigler, Rolnik también es el fundador de un periódico económico israelí <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/TheMarker" target="_blank"><em>TheMarker</em></a>, editado con el apoyo del diario de referencia <em>Haaretz</em>, cuyas revelaciones sacudieron el <em>establishment </em>de Israel, poniendo en evidencia los efectos desastrosos, entre los cuales está la corrupción, de la concentración del poder y de la riqueza en manos de algunos multimillonarios. En cuanto a <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dov_Alfon" target="_blank">Dov Alfon</a>, que los atentos lectores de Mediapart conocen por las investigaciones de Fabrice Arfi sobre la mafia del CO2 (ver <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/dossier/la-mafia-du-co2-notre-dossier" target="_blank">aquí</a> el dossier) y la emisión del <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/090616/retour-sur-nos-enquetes-netanyahou-dans-laffaire-du-co2-notre-dame-des-landes-et-les-pretres-pedophiles" target="_blank">tema</a>, es hoy el corresponsal en París de <em>Haaretz</em>, después de haber sido redactor jefe.</p><p>Su investigación ha dado lugar a varias idas y venidas, durante las cuales le mostramos todas nuestras cuentas (se publican <a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2017/03/11/mediapart_supera_los_130_000_socios_factura_mas_millones_anuales_62365_1044.html" target="_blank">cada año</a>) y respondimos a todas sus cuestiones. Para la ocasión, hemos publicado un <a href="https://static.mediapart.fr/files/2017/04/06/mediapart-2008-2017-english.pdf" target="_blank">dossier en inglés</a> con todas nuestras cifras, en la cual François Bonnet, cofundador y director editorial, cuenta la historia de Mediapart.</p><p>Difundido durante la última primavera, su estudio se titula <em><strong>Mediapart: ¿un modelo viable?</strong></em> [Disponible en <a href="https://research.chicagobooth.edu/~/media/9f86bcaef28941b2a55663969c34929b.pdf" target="_blank">inglés</a> y en <a href="https://research.chicagobooth.edu/~/media/2ED514982F6645C6A63EC8F1BD047126.pdf" target="_blank">francés</a>]. Bajo esta prudente formulación, se esconden dos preguntas, que son, para nosotros, nuestros desafíos: <strong>si este éxito sobrevivirá y si el modelo es reproducible en otro lugar</strong>. Sin embargo, sobre un terreno estrictamente económico, su punto de partida sigue generando sorpresa por la rentabilidad de Mediapart, ya que nuestra empresa no distribuye ningún dividendo y sirve sólo para desarrollar contenidos y construir nuestra independencia.</p><p>Tanto es así que en el anuncio del evento del 13 de abril (leer <a href="https://promarket.org/can-investigative-journalism-profitable-frances-mediapart-shows-can/" target="_blank">aquí</a>), durante el cual fue presentado el estudio a los estudiante de Chicago, no dudó en señalar la <strong>diferencia entre la rentabilidad de Mediapart y de The New York Times </strong><em>The New York Times</em>en 2016 (el 18% contra el 6,5% en los ingresos de explotación, y el 16,6% contra el 1,9% en los ingresos netos). “La rentabilidad de Mediapart sobresale, hasta comparado con sus homólogos más viejos, más grandes y mucho más consolidados”, asegura en el documento. En vísperas de este acto público, Luigi Zingales insistía en el desafío democrático de este <a href="https://promarket.org/stigler-center-launches-case-study-series/" target="_blank">éxito económico</a>: “El estudio se centra en un gran reto: <strong>¿cómo puede el periodismo de investigación ser rentable en el mundo digital?</strong> Esto no es sólo una cuestión interesante en los negocios, sino que es una cuestión muy importante para la política pública. El periodismo de investigación desempeña un papel crucial en el funcionamiento no sólo de la democracia, sino que también en el propio capitalismo. <strong>La historia de Mediapart es una luz de esperanza no sólo para Francia, sino para todo el mundo</strong>”.</p><p>Frente a estos cumplidos, probablemente un poco excesivos, intentamos, con Marie-Hélène Smiéjan, cofundadora y directora general, ofrecer la receta de Mediapart durante la presentación pública de este <em>case Study</em> con Guy Rolnik. Nuestra respuesta no fue una sorpresa: <strong>“Desde el periodismo, el periodismo siempre, y nada más que periodismo”</strong>. Antes, James T. Hamilton, profesor de comunicación en la universidad de Stanford, había comentado el estudio apoyado en <em>Democracy’s Detective </em>(<a href="http://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674545502" target="_blank">Harvard University Press, 2016</a>), su última obra, extensa y exhaustiva, que investiga la economía del periodismo de investigación. Aquí está el vídeo del encuentro:</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[a9ac9e63-252b-4e60-aa85-711688524b47]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Aug 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Periodismo, su economía y su libertad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mediapart,Periodismo,Edwy Plenel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El deber de hospitalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/deber-hospitalidad_1_1144451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Un día, nos acordaremos de Francia con vergüenza, a principios del siglo XXI, una democracia, su Estado, sus gobernantes y sus magistrados,<strong> criminalizaron un gesto elemental de humanidad: la solidaridad</strong>. Han hecho que nuestro continente, frente a un desafío humanitario sin precedentes desde las catástrofes europeas del siglo pasado, se de cita con su alma, retomando el fuerte discurso del presidente de SOS Méditerranée, Francis Vallat, ex armador fiel a las solidaridades elementales, como todo marino aprendió del mar: "En un momento dado, cuando alguien se hunde, lo salváis… Nosotros tratamos de salvar nuestra alma, la de Europa" (<a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/130817/migrants-en-mer-un-moment-donne-quand-quelqu-un-coule-vous-le-sauvez?page_article=1" target="_blank">leer aquí nuestra entrevista</a>).</p><p>En este contexto, nos preguntamos cómo, cuando llegue la hora de volver a las aulas, los profesores conseguirán responder a los estudiantes que les interrogarán sobre la <strong>condena en recurso del agricultor Cédric Herrou a cuatros meses de prisión condicional por haber ayudado a inmigrantes</strong>, con una motivación juzgada agravante por los magistrados: "una iniciativa de acción militante". Una condena sin indulgencia pues, de nuevo procesado por hechos similares y sin intención alguna de renunciar a sus compromisos solidarios en el Valle de la Roya (Alpes-Marítimos), Cédric Herrou se arriesga a una pena de prisión firme en su próxima reincidencia.</p><p>Pues la "<strong>solidaridad</strong>" figura explícitamente en los programas de educación moral y cívica (ver<a href="http://eduscol.education.fr/cid92403/l-emc-principes-et-objectifs.html#lien0" target="_blank"> aquí</a>), desde la escuela primaria, secundaria, hasta el instituto. Situada en un buen lugar, esta palabra sigue a las tres del lema republicano (libertad, igualdad y fraternidad) y a la laicidad, <strong>forma parte de los "principios" y de los "valores"</strong> que la educación nacional debe transmitir a nuestra juventud con el objetivo de que "su capacidad de vivir juntos" se base en "una misma exigencia de humanismo". Según su enunciado oficial (los programas están disponibles <a href="http://www.education.gouv.fr/pid25535/bulletin_officiel.html?cid_bo=90158" target="_blank">aquí</a> y <a href="http://www.education.gouv.fr/pid25535/bulletin_officiel.html?cid_bo=90243" target="_blank">aquí</a>), esta enseñanza prevé incluso educar a los alumnos sobre "la sensibilidad" como "un componente esencial en la vida moral y cívica: no hay conciencia moral que no se emocione, no se entusiasme o no se indigne".</p><p>Desde la escuela primaria, <strong>el "socorro al otro" es citado como ejemplo de este necesario "compromiso"</strong> en los <em>affaires </em>de la ciudad y en la marcha de la humanidad plasmada en estas lecciones, invitando a "actuar individualmente y colectivamente" con el fin de "implicarse en la vida colectiva". Cuando llegamos al instituto, el refrán aparece todavía con más insistencia, ambicionando "la formación de una conciencia moral", alardeando "del ejercicio de un juicio crítico" y defendiendo "el sentido del compromiso". El <em>affaire </em>Cédric Herrou es bien, literalmente, un caso de colegio que ilustra el divorcio entre los gobernantes que han renunciado a los principios proclamados por nuestra República y los individuos que se esfuerzan por salvarlos haciéndolos vivir, más allá de los grandes discursos (por ejemplo <a href="http://www.atlantico.fr/pepites/emmanuel-macron-devons-accueillir-refugies-c-est-notre-devoir-et-notre-honneur-3090146.html" target="_blank">este de Emmanuel Macron</a>, confrontado a la realidad, explicado <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/120717/plan-migrants-le-gouvernement-ignore-l-urgence" target="_blank">aquí</a>).</p><p>Tanto como el alcalde de Grande-Synthe, Damien Carême, que se negó a ocultarse frente al deber de hospitalidad (ver <a href="https://blogs.mediapart.fr/damiencaremefreefr/blog" target="_blank">su blog en Mediapart</a>), Cédric Herrou es una figura moral, encarnando esta resistencia eterna a la razón del Estado, a su frío cinismo y a su imprevisto egoísmo. Los poseedores de esta razón tienen como costumbre burlarse ante la enunciación de esta palabra, "moral", olvidando que el Estado, del que se consideran guardianes, la enseña a las futuras generaciones, confiándola una dimensión cívica y rechazando relegarla al único dominio de lo íntimo y lo espiritual. Es por esto que la desobediencia cívica (leer <a href="http://www.editions-stock.fr/la-desobeissance-ethique-9782234063495" target="_blank">aquí</a> y <a href="http://www.editionsladecouverte.fr/catalogue/index-Pourquoi_d__sob__ir_en_d__mocratie__-9782707169754.html" target="_blank">aquí</a>) que reivindican los militantes solidarios con los migrantes y refugiados, permanecerá como <strong>ejemplo de los combates por los cuales la humanidad se ha elevado</strong>, cuando los nombres de aquellos que los despreciaron o reprimieron permanecerán en el olvido.</p><p>Inventor del concepto "desobediencia civil" en 1849, el americano <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Henry_David_Thoreau" target="_blank">Henry David Thoreau</a> rechazó pagar sus impuestos para impedir que estos financiaran la injusta guerra de conquista de Estados Unidos en México, al igual que la feminista <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hubertine_Auclert" target="_blank">Hubertine Auclert</a>  que hizo lo mismo en 1879 para reivindicar el derecho de voto que había sido negado a las mujeres. ¿Quién no está de acuerdo, hoy, con que tanto el uno como el otro fueron precursores y visionarios cuando los políticos y las administraciones a las que se opusieron no veían más allá de su poder inmediato, testarudo y limitado, sin imaginación ni anticipación? Así, la actitud de los desobedientes, de ayer y de hoy, <strong>es tanto política como moral: asumiendo el riesgo, indignándose y resistiendo</strong>, convierten la democracia en una obra sin finalizar, en construcción permanente.</p><p>"¿El ciudadano –se interrogaba Thoreau-, debe un solo instante, en el que percibe cualquier cosa, abandonar su conciencia ante el legislador? Entonces, ¿por qué tenemos conciencia? Creo que, en primer lugar, todos debemos ser hombres, después sujetos". Un poco más de un medio siglo antes, la Declaración de los Derechos Humanos de 1789 no decía otra cosa enunciando, desde su artículo 2, la "resistencia a la opresión" entre "los derechos naturales e imprescriptibles del Hombre" (ver <a href="http://www.seuil.com/ouvrage/le-genre-humain-n-44-le-droit-de-resistance-a-l-oppression-collectif/9782020628877" target="_blank">aquí</a>). ¿Entonces, excepto ignorando todo principio de humanidad, quién no ve, entre nosotros, que <strong>hay un efecto de opresión cuando los Estados se niegan a ayudar a hombres, mujeres y niños en desamparo o en peligro</strong>, no socorriéndoles cuando arriesgan sus vidas con la simple esperanza de sobrevivir, no los acogen cuando huyen de la guerra y la miseria, de violencias y de sequedades, de desórdenes económicos, de negaciones democráticas y desarreglos climáticos, no los alimentan ni los albergan, no les acuerdan siquiera el mínimo vital?</p><p>Lejos de relevar peticiones de principios abstractos, estas palabras, que fundan una ética de la solidaridad, están concretamente inscritas en una masa de textos internacionales y europeos - tratados, convenios, resoluciones, declaraciones, directivas, etc.- que, desde la Segunda Guerra Mundial, obligan a los Estados a respetarlas. Cuando estos últimos se burlan de ellas, con la complicidad activa de gobernantes incapaces de acudir a la cita con sus responsabilidades históricas, alimentando los egoísmos nacionales y jugando con las dobleces identitarias, la responsabilidad de defenderlas recae en las manos de la sociedad. Este es el sentido de las acciones de Cédric Herrou, como de tantos otros militantes asociativos. Acciones que <strong>revelan la injusticia y la cobardía de las políticas oficiales</strong>, de selección entre los inmigrantes y cierre de fronteras, insoportables para el poder establecido.</p><p><strong>El realismo está del lado de la solidaridad</strong></p><p>Pues, contrariamente a los sermones de la vulgata política y mediática que se nos repite desde hace años, <strong>el realismo está del lado de este mundo asociativo y militante</strong>. Realismo de principios, evidentemente, que, a fuerza de ser pisoteados por las administraciones estatales y por los gobiernos en el poder, se convierten en palabras vaciadas de sentido y, como consecuencia, en diques inmensamente frágiles frente a las regresiones xenófobas, autoritarias e identitarias. Así, ¿cómo no alarmarse ante el foso abisal que se crea entre el mundo unánime de los defensores de los derechos humanos y las políticas puestas en marcha, tanto bajo esta presidencia como bajo las precedentes, en contra de los migrantes? Su peritaje, alimentado de la experiencia vivida, es considerado insignificante por un Estado que sólo razona en términos de flujo, de existencias y de cifras, sin jamás prestar atención a las realidades humanas que se encuentran detrás y de las que podrían aprender.</p><p>El muy independiente y respetado Defensor de los Derechos Humanos (<a href="https://www.defenseurdesdroits.fr/fr/communiques-de-presse/2016/01/tribunal-de-boulogne-sur-mer-un-citoyen-britannique-juge-pour-avoir-eu" target="_blank">aquí </a>y también <a href="https://www.mediapart.fr/journal/france/140617/calais-le-defenseur-des-droits-reproche-l-etat-un-deni-d-existence-des-exiles" target="_blank">aquí</a>), la Comisión Consultiva de los Derechos Humanos -con la unanimidad de las sesenta asociaciones que reagrupa (<a href="https://www.legifrance.gouv.fr/affichTexte.do?cidTexte=JORFTEXT000034851164&categorieLien=id" target="_blank">aquí</a>)-, y ONG tan diversas como Amnistía Internacional, Cimade, Médicos del Mundo, Médicos sin fronteras y el Secours catholique (<a href="http://www.lacimade.org/trafiquants-delinquants-defenseurs-droits-humains/" target="_blank">aquí</a>), han tomado <strong>posición contra esta criminalización de la solidaridad</strong>, proclamando que se trata de la puesta en práctica de la defensa de los derechos humanos fundamentales, ¡nada más!</p><p><strong>El Estado continúa con su ceguera e irresponsabilidad</strong>, controla, reprime, interpela, detiene, persigue, examina, demanda ante la justicia, condena… "Ni traficantes ni delincuentes –<a href="http://www.lacimade.org/trafiquants-delinquants-defenseurs-droits-humains/" target="_blank">replicaron recientemente varias ONG y asociaciones</a>-, estas personas [que ayudan a los emigrantes], preocupadas, intimidadas, perseguidas y en lo sucesivo condenadas, son ante todo defensores de los derechos humanos. Porque se trata de proteger los derechos violados de personas emigrantes y refugiadas, que se ven confrontadas a la inacción, a los fallos e, incluso, a los ataques de estos derechos por las autoridades francesas".</p><p>Pero lo que revela este divorcio entre un Estado, que apuesta por una indiferencia colectiva que entretiene, y los militantes, cuyos actos individuales tienen como objetivo despertar las conciencias, es también el irrealismo inoperante de las políticas oficiales cuando, al contrario, el mundo asociativo da ejemplo de un pragmatismo eficaz. Pues, ¿qué han hecho nuestros gobernantes desde que la acentuación interdependiente de crisis democráticas, humanitarias, de seguridad pública, sociales y ecológicas, etc., ha acelerado la puesta en marcha de una humanidad en busca de supervivencia y en busca de dignidad, venida del mundo árabe y del continente africano? <strong>No han querido escuchar nada, tampoco tratar de comprenderlo</strong>. En lugar de medir de manera sostenible y persistente este estremecimiento, se empeñan en evitar el nuevo mundo diseñado por este estremecimiento, donde refugiados políticos y emigrantes económicos son enmarañados, dónde los desastres de la guerra y los desórdenes climáticos avanzan sin tregua, donde definitivamente Europa es requerida por un deber de hospitalidad.</p><p>La misma Unión Europea que impone a sus pueblos políticas económicas uniformes, impuestas sin apenas tiempo, ha sido <strong>incapaz de elaborar respuestas comunes, solidariamente compartidas por sus Estados miembros</strong>, sobre las cuestiones migratorias. Impotente a la hora de elaborar soluciones a la altura de un desafío histórico, prefirió deshacerse del problema, apartar, rechazar, alejarse, etc., de esta realidad humana que la revuelve y la molesta. Así, en 2015, <strong>presionó el gobierno italiano para poner fin a la operación de socorro en el mar</strong>, conocida como Mare Nostrum, para dar prioridad, con Frontex, a la vigilancia de sus fronteras. Después, en 2016, concluyó el acuerdo de la vergüenza con Turquía (leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/220612/ue-turquie-un-donnant-donnant-sur-le-dos-des-migrants" target="_blank">aquí</a>), subcontratando a Ankara para bloquear a los refugiados, mediante finanzas -los emigrantes no son más que una moneda de intercambio- y silencio -la deriva autoritaria del régimen continúa sin ningún impedimento-.</p><p>Es este mismo acuerdo el que, con la celosa defensa de Francia, la UE quiere hoy reproducir en <strong>Libia </strong>(leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/060717/ue-libye-le-partenariat-de-la-honte" target="_blank">aquí</a>), en un país todavía más inestable, devastado y desgarrado, dónde las violencias y los abusos sufridos por los emigrantes han sido comprobados. ¿Cómo no temer que esta promoción de Libia como auxiliar de las políticas de control migratorio, irá acompañada de una tolerancia culpable frente a las violaciones de los derechos humanos y de los principios democráticos sufridas por su pueblo? Más aún cuando parece que las autoridades libias y las autoridades italianas se han puesto súbitamente de acuerdo, las primeras persiguen a los navíos de salvamento en mar (leer <a href="http://www.lemonde.fr/international/article/2017/08/13/msf-suspend-des-activites-de-sauvetage-de-migrants_5171859_3210.html" target="_blank">aquí</a>), las segundas criminalizan a las ONG que los fletan (leer aquí la <a href="http://www.migreurop.org/article2827.html?lang=fr" target="_blank">alerta de Migreurop</a> y aquí el <a href="http://www.migreurop.org/article2826.html?lang=fr" target="_blank">informe de Forensic Oceanography</a>). Es como si, para curar una enfermedad, se condenara a los médicos que, día tras día, tratan de encontrar el remedio.</p><p>El repliegue sobre nosotros mismos, nuestras fronteras, nuestras naciones, nuestras comodidades, nuestras indiferencias, es una peligrosa ilusión que no nos protegerá de los trastornos de este nuevo mundo donde "no estamos solos", según la pertinente fórmula de Bertrand Badie, a quien le gustaría encontrar gobernantes capaces de ver más lejos, de pensar más grande, de actuar más allá del corto plazo (leer <a href="https://www.mediapart.fr/journal/culture-idees/260316/bertrand-badie-nous-devons-faire-face-une-violence-deterritorialisee" target="_blank">aquí</a>). Analistas políticos, geógrafos, historiadores, demógrafos, etc., numerosos son los investigadores que documentan<strong> esta complejidad inédita de la cuestión migratoria</strong>, que una política digna debería asumir. Si fueran leídos, mejor escuchados, entenderíamos esta pedagogía necesaria, capaz de citar las dificultades objetivas de la acogida y de la integración, enunciando al mismo tiempo esta verdad: no tenemos más elección, excepto cortarnos del movimiento del mundo y de la exigencia de humanidad.</p><p>François Gemenne es uno de los más notables de entre ellos, quien, en una llamada luminosa a "abrir las fronteras" (leer <a href="https://www.cairn.info/load_pdf.php?ID_ARTICLE=CITE_068_0049" target="_blank">aquí</a>, acceso no gratuito), puso en evidencia el <strong>"vacío político abisal" de las respuestas europeas a una crisis que, subraya, "no es la de los refugiados"</strong>: "Primero, esta crisis es la de Europa. Porque revela su incapacidad para responder dignamente y coherentemente a una de las crisis humanitarias más graves que haya conocido a sus puertas". Europa, lo sabemos, fue una divinidad de la mitología griega. Hace un cuarto de siglo, el filósofo René Schérer exhumaba a una de las figuras referida a Zeus, el dios de los dioses: Zeus hospitalario, dios de la hospitalidad (ver <a href="http://www.editionslatableronde.fr/ouvrage.php?id_ouv=I22770" target="_blank">aquí</a>). Este Zeus que encontramos en la Odisea, en el momento del regreso final de Ulises de Ithaque.</p><p>Disfrazado de mendigo, mugriento y miserable, Ulises, desposeído de sus poderes, fue acogido de buena gracia por un humilde chiquero que, ante sus agradecimientos, replica: "Extranjero, no tengo derecho, incluso si viene alguien más miserable que yo, a faltar el respeto a un huésped. Todos son enviados de Zeus, extranjeros y mendigos". El mismo helenista, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Pierre_Vernant" target="_blank">Jean-Pierre Vernant</a>, esta gran figura de la resistencia democrática y del rigor intelectual, hacía hincapié en este surco, donde se mezcla la antigua sabiduría y la misericordia espiritual, para invitarnos a construir puentes, para unir, para tender la mano, en definitiva, para ser solidarios: "Para que verdaderamente exista alguien dentro, es necesario que se abra hacia fuera, para recibirlo en su seno. Para ser uno, hay que proyectarse hacia lo extranjero, prolongarse en él y por él. Permanecer anclado en su identidad, es perderse y dejar de ser. <strong>Nos conocemos, nos construimos por el contacto, el intercambio, el comercio con el otro</strong>. Entre las orillas de uno mismo y del otro, el hombre es un puente".</p><p>Cédric Herrou y sus semejantes son hombres que, construyendo puentes, <strong>salvan el alma de Europa</strong>.</p><p>  Traducción : <strong>Irene Casado Sánchez</strong></p><p><em>Leer en francés:</em></p><p><span id="doc_51973"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Aug 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel]]></author>
      <media:title><![CDATA[El deber de hospitalidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Mediapart,Edwy Plenel,Solidaridad,Refugiados,Crisis de los refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia explicada a Emmanuel Macron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/democracia-explicada-emmanuel-macron_1_1143265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cbcdfe08-1dce-4779-91d8-1eb2283dd39a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia explicada a Emmanuel Macron"></p><p>Que los dos primeros meses de Presidencia de Emmanuel Macron confirmen unas <strong>políticas económicas y sociales ultraliberales</strong> no supone sorpresa ninguna, aunque resulte ser mucho más radical de lo que se anunciaba en el programa del candidato de En Marcha. La redacción de <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a>, socio editorial de infoLibre, no deja de documentar, de forma rigurosa y precisa, todos los <strong>ataques</strong><strong>perpetrados</strong> contra el pacto social del país, contra sus grandes equilibrios económicos o contra los logros conseguidos por el mundo laboral. En ellos se dibuja una ofensiva tan coherente ideológicamente como peligrosa desde el punto de vista ecónomico, al servicio de <strong>intereses sociales extremadamente minoritarios</strong>.</p><p>Por el contrario, la <strong>práctica política </strong>del nuevo Gobierno resulta más inesperada por ser decididamente <strong>regresiva</strong> en algunos de los compromisos adquiridos –“Velaré por que nuestro país conozca una revitalización democrática. Los ciudadanos tendrán voz en este capítulo; serán escuchados” (<a href="http://www.elysee.fr/declarations/article/discours-d-investiture-du-president-de-la-republique/" target="_blank">discurso de investidura</a>, pronunciado el 14 de mayo en el Elíseo)–, pero especialmente en algunos principios filosóficos en los que quiere inspirarse el presidente electo. Políticamente, la <em>Presidencia Macron</em> no es liberal, es decir que reivindica una <strong>vitalidad democrática</strong> que va mucho más allá de la mera práctica institucional. Para proteger intereses dominantes pero minoritarios, el liberalismo económico se adapta con frecuencia a un <strong>iliberalismo político</strong>, que valora la personalización, el autoritarismo y el verticalismo del poder en detrimento de una auténtica cultura democrática, que conlleva contrapoderes fuertes, escuchados y respetados.</p><p>En otros términos, <strong>la democracia no se limita al derecho al voto</strong>. Puede ser incluso su expresión más pobre si no se cumplen el resto de condiciones, que abarcan desde el <strong>derecho a hacer preguntas</strong> de la prensa al <strong>derecho de réplica de la oposición</strong>, sin contar con los demás derechos fundamentales, que garantizan la vitalidad (manifestación, reunión, negociación, huelga etc.). Por citar sólo un ejemplo, el pueblo turco padece en estos momentos aquello en lo que puede convertirse una democracia limitada a su expresión más somera como es el derecho al voto: la reelección de un presidente que no ha dejado de amordazarla, encarcelando a periodistas y opositores.</p><p>Evidentemente, no estamos en ese punto, pero ¿cómo no sentir preocupación por una democracia, la nuestra, que de buenas a primeras se ha quedado <strong>muda</strong>? Salvo un batallón de Insumisos/as –que resiste, haciendo ruido desde su impotencia parlamentaria– <strong>la oposición ha desaparecido</strong>. Mientras que, evidentemente, la derecha aprueba unas políticas con las que no se habría atrevido a soñar, la <a href="https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/18/actualidad/1497806818_586487.html" target="_blank">aplastante mayoría presidencial</a> se comporta como una <strong>multitud sumisa, anónima y silenciosa</strong>, que acepta con celo su servidumbre. La “refundación política” <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2017/05/04/mediapart_emite_este_viernes_ultima_entrevista_con_macron_antes_decisiva_cita_con_urnas_este_domingo_64647_1022.html" target="_blank">prometida</a> (en la redacción de Mediapart, el 5 de mayo) se ha traducido en una <strong>renovación física</strong> –una mayor diversidad, de género sobre todo–, que en absoluto es una <strong>renovación política</strong>: el pluralismo, los debates, disonancias y divergencias, que constituyen la riqueza de un movimiento partidista, parecen ajenos al movimiento En Marcha.</p><p>Ajena a la novedad reivindicada, la cultura política, que los primeros pasos de esta nueva Presidencia ponen de manifiesto, deja al descubierto una importante antigualla, por no hablar de un arcaísmo temible. Del inútil discurso en el Congreso de Versalles a la ridícula inmersión en el debate nuclear de un día después, Emmanuel Macron utiliza el enorme poder, efectivo y simbólico, que le ofrecen las instituciones de la V República, para acentuar la <strong>dominación absoluta e incontestable </strong>del hecho presidencial. Tanto el compromiso –con la mirada puesta en las legislativas de 2022– de acometer la <strong>reforma electoral </strong>para reflejar mejor la diversidad partidista del país, como la ley –promovida ante la insistencia del aliado François Bayrou– para incrementar los esfuerzos por <strong>moralizar la vida pública</strong>,no bastan para modificar la impresión de conjunto.</p><p>A menos que a esta <strong>democracia amordazada en el Parlamento</strong> –con el poder legislativo más incapaz que nunca a la hora de oponerse a las voluntades del ejecutivo–, se sume una <strong>democracia bloqueada</strong> en la relación de los nuevos gobernantes con la sociedad. “Circulen, aquí no hay nada que ver”, parece repetir, cuando surge alguna cuestión espinosa, el portavoz del Gobierno Christophe Castaner –símbolo, como Richard Ferrand en la Asamblea o Catherine Barbaroux en La República en marcha, de estos tránsfugas socialistas supervivientes de las viejas costumbres políticas, que utilizan para contrarrestar, en beneficio presidencial, el novedoso “<a href="https://fr.wikipedia.org/wiki/D%C3%A9gagisme" target="_blank">desaloja</a>” [consigna que los manifestantes comenzaron a aplicar durante la Primavera árabe], que de momento ha salvado sus carreras políticas profesionales–.</p><p>De este modo se descalifican sobre todo los escándalos –que no faltan en este nuevo Gobierno–, considerados <strong>desórdenes inútiles</strong>, aun cuando ilustran la pervivencia de prácticas que querríamos superar de una vez por todas, como es <strong>el uso con fines privados o partidistas de la posición de poder</strong>. Con mayor frecuencia, las <strong>preguntas molestas</strong> –tan necesarias para la salud democrática– no son bien recibidas hasta el punto de, simplemente, evitarlas. Así, la tradicional entrevista del 14 de julio –que los presidentes vienen concediendo desde la los tiempos de Giscard d’Estaing (1974-1981)– se ha suprimido este año con el pretexto (según los portavoces del Elíseo) de que las opiniones vertidas serían “demasiado complejas” para prestarse al juego de las preguntas de periodistas, mientras que, en la web del Elíseo, en el apartado “ruedas de prensa” se asume su inexistencia con un lapidario: “No se han encontrado resultados”.</p><p>Dicho de otro modo, <strong>Emmanuel Macron opta por no rendir cuentas</strong>. El hombre que, institucionalmente, ya tiene muy pocas cuentas que rendir, de momento opta por apartarse de esta práctica democrática elemental: afrontar la diversidad de cuestiones, cuestiones y críticas de opinión como las planteadas por los periodistas. Nuestra profesión, por definición no es pertinente, al contrario. Puede ser cortesana, conformista y gregaria, pero su existencia pone de manifiesto una exigencia que va más allá: el <strong>derecho a saber</strong> de los ciudadanos y la <strong>obligación de los gobiernos a explicarse</strong>.</p><p>En claro contraste con el trato cercano y familiar que marcó la campaña electoral, esta relación manifiestamente distante ante las preguntas de los medios –rápidamente instaurada y que va pareja a la privatización de la imagen presidencial de la que se encargan profesionales antaño dedicados a la prensa del corazón– muestra la verdadera cara de la “presidencia jupiteriana”, pronto reivindicada por Emmanuel Macron. Una Presidencia que está <strong>por encima de lo común </strong>y, por ende, de lo que tenemos en común y compartido. Una Presidencia sin suelo, en definitiva, inalcanzable en su Olimpo. Y, por tanto, una Presidencia aún más fuera de control que las precedentes, forzando ese narcisismo consustancial al presidencialismo: una Presidencia que sólo se somete al control del presidente sobre sí mismo<strong> </strong>y que no tiene otra medida que su <strong>diálogo personal con otros dioses</strong>, aunque sean diablos, como Donald Trump, Vladimir Putin o Benjamin Netanyahu.</p><p><strong>Evitar las preguntas incómodas o que pueden resultar molestas, </strong>repercute evidentemente en la salud de una democracia francesa que no pasa por su mejor momento. ¿Quién no ve, incluso entre los que lo auparon al poder con sus votos, las <strong>numerosas objeciones</strong> que se pueden hacer a estos dos meses de Macron en la Presidencia? En el <strong>Estado policial</strong> que va a instaurar al incorporar al derecho común disposiciones recogidas en la legislación relativa al estado de emergencia; en la <strong>ausencia de políticas</strong> sino coherentes, cuando menos simplemente humanas, de acogida de refugiados y migrantes; en el <strong>regalo fiscal a los más ricos </strong>en detrimento de la mayoría; en la inexistencia de medidas concretas que vuelvan a dar sentido y validez a la palabra <strong>solidaridad</strong>. Sin contar, por supuesto, con el golpe antidemocrático de las medidas para saquear un siglo de conquistas sociales, que protegen a los que sólo tienen el trabajo como única riqueza.</p><p>Emmanuel Macron se precia de ser un <strong>intelectual</strong>, y no sólo el producto de esta <em>enarquía</em> que tanto ha arrebatado al bien común, que finge saber mejor que la gente lo que es bueno para ella. Para ilustrarlo, reivindica el apadrinamiento de Paul Ricœur, a quien ayudó en uno de sus últimos libros, <em>La Mémoire, l’histoire, l’oubli </em>[La memoria, la historia, el olvido]. Sin embargo, ahora como presidente de la República, parece no recordar uno de los aspectos democráticas en los que insistía el filósofo. Fue en 1968, en el prefacio de un libro publicado cuando el país, inmerso en el movimiento de mayo-junio, se levantaba contra un poder personal alejado e inalcanzable. La publicación, titulada <em>La Presse, le pouvoir et l’argent </em>[La prensa, el poder y el dinero], estaba firmada por un periodista de <em>Le Monde</em>, ardiente defensor de la independencia de la redacción, Jean Schwœbel. Hete aquí pues esta advertencia de que una prensa libre tiene que hacer recordar enérgicamente a un <strong>presidente olvidadizo</strong>.</p><p>En su defensa del necesario papel de “servicio de interés público” de una prensa digna de ese nombre, Paul Ricœur subrayaba el desafío democrático frente al riesgo de que la “dirección de los asuntos públicos la acaparen las oligarquías de capacitados”, que eventualmente pueden estar “vínculados a los poderes económicos”. E insistía: “En todas partes, la confiscación es la misma. Y todos nos lleva a ello: la complejidad creciente de los problemas en las sociedades industriales avanzadas, la pereza de los ciudadanos, sus deseos de bienestar sin trastornos de pensamiento, la comodidad de los propios capacitados, el interés de los feudos . La despolitización, en el fondo, no es otra cosa que dicha <strong>renuncia de la mayoría</strong>, recíproca a la confiscación de la decisión por parte de algunos. En este punto, <strong>la información es condición de democratización</strong> porque ¿qué es la democracia sino el régimen que garantiza a la mayoría –a todos, en el mejor de los casos–, en todos los niveles, la <strong>participación en la toma de decisiones</strong>?”.</p><p>En un año, se cumplirá medio siglo desde que se escribieron dichas líneas. Sin embargo, parecen escritas hoy, como un grito de alerta frente a esas “oligarquías de capacitados”, “vinculados a los poderes económicos”, cuya inconsciencia autocomplaciente propia de los vencedores efímeros <strong>arruina el ideal democrático</strong>.</p><p>  <strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_82685"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La democracia explicada a Emmanuel Macron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Democracia,Edwy Plenel,Emmanuel Macron]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mediapart supera los 130.000 socios y ya factura más de 11 millones anuales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/mediapart-supera-130-000-socios-factura-11-millones-anuales_1_1137819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb2f5dfe-a93e-464d-80f3-4b41a2a2bee7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mediapart supera los 130.000 socios y ya factura más de 11 millones anuales"></p><p>Este jueves 9 de marzo, <a href="http://mediapart.fr" target="_blank"><em>Mediapart</em></a> presentaba en rueda de prensa –celebrada en la sede del diario digital, socio editorial de infoLibre– su cuenta de resultados. La convocatoria, a la que asistieron una treintena de periodistas y que fue <a href="https://www.facebook.com/Mediapart.fr/videos/10155098168221528/" target="_blank">retransmitida en directo</a> a través de Facebook, supone un <strong>ejercicio de transparencia</strong> excepcional en el mundo de los medios de comunicación. También infoLibre acaba de hacer lo mismo estos días: el ultimo año registró un <a href="http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2017/03/07/cuarto_ano_infolibre_las_cuentas_claras_62120_1023.html" target="_blank">crecimiento del 31%</a> en el número de socios, que por primera vez son su principal fuente de ingresos.</p><p><em>Mediapart</em> presentaba también el jueves su ya tradicional libro rojo <a href="https://static.mediapart.fr/files/2017/03/09/carnet-9-ans-bat.pdf" target="_blank">2008-2017: Neuf ans d’indépendance</a> (2008-2017: nueve años de independencia), donde se recoge toda la información relativa a la marcha del diario, sus resultados e innovaciones.</p><p>Las líneas que siguen se corresponden con la introducción de dicho libro, así como algunos gráficos que resumen las principales cifras y la presentación –por vez primera– de un balance judicial de <em>Mediapart</em>. Asimismo y para celebrar el noveno aniversario del diario digital, coincidiendo con la campaña de las presidenciales francesas, <em>Mediapart</em> lanza una oferta especial de suscripción, válida hasta el 31 de marzo (3 meses de acceso al precio de 11 euros).</p><p><strong>Nada sucederá como estaba previsto</strong></p><p><strong>#RienNeSePasseraCommePrevu</strong> (#NadaSucederáComoEstabaPrevisto): en forma de <em>hashtag</em>, ése fue el lema de<em> Mediapart</em> de 2016, con la mirada puesta en la campaña de las presidenciales de 2017. Cuando la mayoría de los analistas profesionales, acostumbrados a hacer vaticinios a partir de sus prejuicios, se preparaban para revivir un escenario ya conocido, en el que François Hollande y Nicolas Sarkozy se disputarían la Presidencia, con Marine Le Pen al acecho, nosotros apostamos con antelación por lo inédito y lo imprevisto.</p><p>Este pronóstico, confirmado tras la <strong>hecatombe política de las primarias</strong> y el efecto devastador de los casos judiciales en marcha, así como con la catástrofe electoral de EEUU, se basaba en una percepción documentada de la crisis profunda que sacude a nuestras sociedades, tanto democrática como ecológica, social como cultural etc. Pero también tenía su origen en nuestra experiencia colectiva como periódico que, desde su lanzamiento en 2008, ha ido a contracorriente de las certezas inmutables.</p><p><em>Mediapart</em>, distinguido en el otoño de 2016 con el trofeo “Titre de la décennie” (Título de la década), en el salón de la Prensa del futuro, no sólo ha llevado la contraria a los analistas que no creían en el modelo económico de pago de la prensa digital. También <strong>ha desmentido a los que cuestionaban la tradición de un periodismo de calidad con la excusa de la revolución digital</strong>, que sólo apostaban por los formatos cortos y los contenidos efímeros, la inmediatez y el flujo, el <em>zapping</em> y el ruido, el comentario y el entretenimiento.</p><p><em>Mediapart</em> ha apostado por lo contrario: por un <strong>periodismo en profundidad y enriquecido</strong>, utilizando las potencialidades de lo digital para fortalecer y defender el mejor de nuestros valores profesionales. Así las cosas, el éxito económico de <em>Mediapart</em>, consolidado por sus resultados de 2016 –sexto año consecutivo de beneficios, con un crecimiento del volumen de negocios de un 10%, un aumento del 10% en el número de abonados y un resultado neto del 15% de la cifra de negocios– es ante todo el de su modelo editorial cuyos contenidos no han dejado de enriquecerse.</p><p><strong>Periodismo, más periodismo y nada más que periodismo</strong>: no hay más secretos que esta obsesión, al servicio del derecho a saber de los ciudadanos, donde se construye una relación de confianza con un público exigente y participante, crítico y plural. Supone no pretender escribir nunca la historia con antelación, sino más bien al contrario: permanecer atentos a lo inesperado que conlleva este acto cuyo aparición altera nuestras costumbres y nuestra comodidad, nuestras certezas y nuestros prejuicios.</p><p>Las cifras</p><p>En 2016, <em>Mediapart</em> superó los 130.000 abonados (individuales o colectivos), entre los cuales, <strong>más de 126.000, son socios individuales de pago</strong>. El crecimiento regular y constante de <em>Mediapart</em> ha generado una cifra de negocios al alza, del +9,4%, superando los <strong>11 millones de euros</strong> y un <strong>beneficio neto de casi 1,9 millones de euros</strong>, por encima del 16% de la cifra de negocios.</p><p>Desde el 31 de diciembre de 2016, gracias a estos buenos resultados, el capital de <em>Mediapart </em>ha evolucionado en aras a reforzar nuestra independencia, con la compra de una parte de las acciones de uno de nuestros accionistas históricos, Ecofinance. Ahora, el eje de nuestra independencia (que forman <strong>fundadores, trabajadores, sociedad de amigos y amigos individuales</strong>) controla el 62% del capital. Puesto que este cambio en el accionariado se produjo a comienzos de 2017, no aparece reflejado en el folleto de nuestros resultados de 2016.</p><p><em>Mediapart</em>, ante la Justicia</p><p><em>Mediapart</em> debe acudir regularmente ante la Justicia para defender su trabajo. Lo hacemos como manda la ley republicana del 29 de julio de 1881, al amparo de la cual nace la libertad de prensa en Francia y que protege el derecho a la información. Defenderse ante los tribunales es también el precio de la independencia, a sabiendas de que, por supuesto, no estamos por encima de la ley. Esta defensa jurídica de <em>Mediapart</em> supone anualmente, <strong>la cifra varía según los años, en torno a 150.000 euros</strong>.</p><p>Además de la veracidad de los hechos que ofrecemos, basada en la presentación de pruebas (que aportamos siempre que es posible), la redacción de <em>Mediapart</em> hace frente a actuaciones judiciales que ponen en el punto de mira su trabajo con “buena fe”, principio que responde a cuatro aspectos de conjunto: la <strong>legitimidad del objetivo perseguido</strong> (que las informaciones reveladas sean de interés público); la <strong>rigurosidad de la investigación</strong> (que existan elementos que sostengan el trabajo periodístico llevado a cabo), que implica el respeto a la réplica (que se pida una reacción de los cuestionados o de sus defensores); la <strong>moderación y la prudencia en la expresión</strong> (que el artículo no se deba a una venganza polémica), y la <strong>ausencia de animosidad personal</strong> (que el periodista no arregle sus cuentas personales o privadas).</p><p>Nuestra defensa está en manos de Jean-Pierre Mignard y Emmanuel Tordjman, del bufete Lysias. Son nuestros abogados desde el lanzamiento de <em>Mediapart</em>, en marzo de 2008. Según estimaciones de mediados de febrero de 2017, el bufete ha llevado 97 causas relacionadas con <em>Mediapart </em>y con el director de la publicación (hay que tener presente que cada causa puede dividirse en varios procedimientos judiciales, incluyendo al o los periodistas autores de los artículos en cuestión).</p><p>A día de hoy, <strong>sólo hemos recibido tres condenas firmes por difamación</strong>: una por un error material rectificado; una segunda porque el plazo de rectificación fue insuficiente; una tercera por haber alterado las palabras de una entrevista. El artículo más antiguo al que se refieren estas condenas data de 2010. También hemos sido condenados por la no publicación de un derecho de réplica en el plazo legal fijado, pero la sentencia está recurrida ante el Tribunal de Casación.</p><p>Mediapart ha recibido <strong>69 sentencias absolutorias</strong> (por desestimación, sobreseimiento, absolución, nulidad o improcedencia de las causas). De esos casos, un número nada desdeñable se corresponde a procedimientos iniciados más con fines publicitarios que legales: se retiraron 28 denuncias o los denunciantes renunciaron posteriormente a emprender acciones.</p><p>Mediapart debe defenderse todavía de <strong>25 causas pendientes de sentencia firme</strong>. Entre ellas, algunos casos ya los hemos ganado, pero han sido recurridos. Sucede así con el <em>caso Bettencourt</em>, juzgado en Burdeos y recurrido por la fiscal de la República. Este mismo <em>caso Bettencourt</em> nos ha llevado a dirigirnos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por la censura de nuestras revelaciones, en el verano de 2010. ___________</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p>  </p><p>    </p><p>  </p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mediapart supera los 130.000 socios y ya factura más de 11 millones anuales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libertad prensa,Mediapart,Medios comunicación,Edwy Plenel]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Lo que enseñó Camus al periodismo de hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/enseno-camus-periodismo-hoy_1_1132133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d4c4537f-91a5-4738-bcbf-d835e3e2565f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que enseñó Camus al periodismo de hoy"></p><p>Filósofo, ensayista, dramaturgo, novelista. Se conoce al <strong>Albert Camus </strong>de<em> El extranjero</em>, de <em>Los justos</em>, al pensador comprometido con el problema de la violencia y la revolución, al Premio Nobel de 1957. Pero "su época más cercana a la gente fue cuando ejerció el <em>oficio más hermoso del mundo</em>". Así lo recordaba este miércoles Antonio Rubio, reportero de investigación, en la presentación de <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/10/16/prologo_albert_camus_periodista_56124_1026.html" target="_blank"><em>Albert Camus, periodista</em></a> (Libros.com), un ensayo de<strong> María Santos-Sainz</strong> sobre la faceta menos célebre del escritor. </p><p>Edwy Plenel, director del medio digital francés <a href="http://mediapart.fr/" target="_blank">Mediapart</a>, socio editorial de infoLibre, no dudaba en decir que este "trabajo riguroso" sobre la obra de Camus, posible gracias a un proceso de micromecenazgo abierto por la editorial, "no tiene equivalente en lengua francesa". Plenel, autor también del prólogo, señalaba que el trabajo de Camus como director del periódico <em>Combat </em>tras la Segunda Guerra Mundial impuso ya "los principios" que necesita el periodismo: "Cómo nuestro adversario es<strong> la corrupción del periodismo por el mundo de las finanzas</strong>, cómo nuestro deber es <em>elevar al país elevando el lenguaje</em>, cómo nuestro oficio tiene una exigencia moral en el corazón de la vida democrática". </p><p>La presentación, que contaba con Jesús Maraña, director editorial de infoLibre, y con la propia autora, además de Rubio  (también director de la colección Investigación de <a href="https://libros.com/" target="_blank">libros.com</a>) y Plenel, no fue una lección de historia. <strong>"Camus no ha envejecido ni un ápice"</strong>, defendía Santos-Sainz, "y la su lectura, al menos en este libro, es absolutamente actual". <em>Albert Camus, periodista </em>pretende ser un "manual para los jóvenes periodistas". El propio Camus comenzó muy pronto en el oficio, a los 25 años, cuando ejerció como <strong>reportero "exhaustivo y riguroso"</strong>, primero en el campo de los sucesos y luego <strong>centrado en las desigualdades sociales y la explotación laboral</strong>. </p><p>"Si estuviera hoy al frente de un medio", aventuraba Rubio, "<strong>haría periodismo de investigación y denuncia social</strong>". Ambos periodistas señalaban que el ejemplo que ofrece Camus es el de un compromiso con el propio oficio. Y no solo como redactor de campo en su Argelia natal, como periodista de sucesos y como reportero de investigación. También como editorialista, un campo en el que demostró que "la otra pierna sobre la que debe caminar el periodista es <strong>acudir a la cita de su época</strong>", en palabras de Plenel. Algo que cumplió, por ejemplo, <strong>oponiéndose a la corriente dominante</strong> en un artículo publicado tras la bomba de Hiroshima, mientras otros periodistas celebraban el final de la guerra: "Fue el único en elevarse para señalar que la civilización que había producido el fascismo, para combatirlo utilizaba un arma que enseñaba el último grado de salvajismo de la civilización técnica". </p><p>El mundo en el que desarrolló su oficio Camus está hoy moribundo, y el que le sucederá no ha nacido todavía, como defendía el director de Mediapart —denunciando, de paso, los "monstruos" que crecen entre ambos—. Jesús Maraña señalaba que, sin embargo, los principios que destiló hace ochenta años siguen "absolutamente vigentes". No solo los cuatro "mandamientos del periodista libre", que Camus resumía en <strong>"lucidez, desobediencia, ironía y obstinación"</strong>. También en sus respuestas a distintos males que ya empezaban a<strong> acosar a la prensa de los cincuenta </strong>y que la de 2016 aún no ha resuelto. </p><p>Jesús Maraña se declaraba sorprendido por que Camus abordara ya la necesidad de <strong>"no informar primero, sino mejor"</strong>, que <strong>declarara "la guerra a la banalidad"</strong> o que preconizara la independencia económica de la prensa. Además de estos temas nada anacrónicos, abordó otros aparentemente atemporales, entre los que Maraña señalaba el respeto absoluto a los lectores, la necesidad de mantener una "autocrítica permanente" y una buena dosis de "humildad"; la obligación del periodista hacia "la calidad del lenguaje" y la exactitud de los datos; y el rechazo a todo dogmatismo manteniendo, sin embargo, un "periodismo de ideas", que definía como <strong>uno "independiente" pero "comprometido"</strong>. </p><p>Varios asistentes señalaron <strong>lo descorazonador de que, ocho décadas más tarde</strong>, no solo el oficio no haya superado los males que temía y combatía Camus, sino que algunos de ellos se hayan agravado. Plenel citaba un fragmento poco esperanzador del discurso de Camus en la recepción del Nobel: "Cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará, pero su tarea es quizás mayor. <strong>Consiste en evitar que el mundo se deshaga</strong>". Una asistente preguntó, de hecho, si el periodismo resistirá ese derrumbe del que hablaba el escritor. Ninguno de los presentes en la mesa se arriesgó a responder. Pero todos aseguraron que seguirán dando la batalla. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Oct 2016 18:08:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo que enseñó Camus al periodismo de hoy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Periodismo,Edwy Plenel,Cultura,Jesús Maraña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El periodismo según Camus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/periodismo-camus_1_1131573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9b68b7fb-c2b5-4bc2-a132-eaecf07c47c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El periodismo según Camus"></p><p>La faceta de <strong>Albert Camus </strong>como escritor, ensayista, novelista y dramaturgo es ampliamente conocida en España. Pero no tanto<strong> su trabajo de reportero</strong>. Con la intención de recuperar y poner en valor esta labor del autor francés se publica <em>Albert Camus, periodista</em>, una obra de la doctora en Ciencias de la Información <strong>María Santos-Sainz,</strong> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/05/14/crowdfounding_para_rescatar_faceta_periodistica_albert_camus_49753_1026.html" target="_blank">financiada mediante crowdfunding</a> gracias a la editorial <a href="https://libros.com/comprar/albert-camus-periodista/" target="_blank">Libros.com. </a></p><p>El libro repasa el recorrido de Camus desde sus comienzos en Argel hasta los<strong> editoriales a favor de la democracia</strong> y la paz, que la autora desgrana con detalle. Además, la obra incluye <strong>un artículo inédito</strong>, que fue censurado el 25 de noviembre de 1939 en el diario <em>Le Soir Républicain.</em></p><p>A continuación publicamos el prólogo de <em>Albert Camus, periodista</em>, escrito por <strong>Edwy Plenel</strong>, director de <strong>Mediapart</strong>, el periódico digital francés que es socio editorial y accionista de infoLibre. Tanto Plenel como el director editorial de este periódico, <strong>Jesús Maraña</strong>, estarán en la presentación del libro, junto a la propia autora,<strong> María Santos-Sainz, </strong>y el director de <em>El Mundo</em>, <strong>Pedro García Cuartango</strong>. El acto se celebrará el miércoles 26 de octubre, a las 20 horas, en la Fundación Diario Madrid (c/Larra 14), con entrada libre hasta completar aforo. </p><p>_______________________</p><p>Era un 10 de diciembre de 1957, en Estocolmo, durante la ceremonia de entrega de los Premios Nobel. Laureado con uno de los más prestigiosos de ellos, el Premio de Literatura, Albert Camus pronuncia, según la tradición, un <strong>discurso de agradecimiento</strong> al final del banquete oficial. En él remarca: «Sin duda, cada generación se considera a sí misma destinada a rehacer el mundo. Sin embargo, la mía sabe que no lo hará. Aunque su tarea quizás sea aún más ardua. Consiste en evitar que el mundo se deshaga».</p><p>En <strong>el contexto de la época</strong>, el de la Guerra Fría, las luchas anticoloniales, los imperialismos y las independencias, las dictaduras incluso en la misma Europa, el comunismo militante y la rebelión de los jóvenes, en suma, la época de las emancipaciones y la resistencia, sus palabras podían parecer tímidas, como de reserva o retaguardia. No obstante, leídas hoy, con una distancia de casi sesenta años, parecen más actuales que nunca. Y, lejos de ser una invitación a la prudencia o a la indiferencia, suenan como una llamada al compromiso.</p><p>No al compromiso cerrado y militante de los que quisieran doblegar la realidad a su dogma, ese compromiso ciego de los que, por considerar su visión política la única válida, se creen también con la certeza de decir la verdad. Camus invita a un compromiso más esencial: <strong>un compromiso existencial</strong>, el de nuestra condición de hombres y mujeres libres. Nuestra libertad nos pide y exige responsabilidad. Somos deudores del mundo, y sobre todo de su sentido. De su comprensión, y por tanto de su cohesión. De su razón, contra la sinrazón que la arruina.</p><p>Ir al encuentro de nuestra libertad no es añadir al desorden del mundo el desconcierto de los miedos y la excitación de los odios, ese velo de opacidad e ignorancia que alimenta nuestro desarraigo y acentúa nuestro malestar. Es, por el contrario, intentar comprender, exigir saber y afrontar la verdad, aunque sea esta incómoda o dolorosa. Para ser realmente libres en nuestras elecciones y autónomos en nuestras decisiones, <strong>necesitamos ver con claridad</strong>. Si no, no seremos más que juguetes de nuestras ilusiones, dirigidos por la catástrofe que acompañan y precipitan.</p><p>Este <em>Albert Camus, periodista</em> es, por tanto, más que una monografía rigurosa, precisa y documentada. Demostrando que la actividad de periodista del escritor fue el principal terreno de ejercicio práctico de este compromiso, con la verdad en primer lugar, María Santos-Sainz lanza una llamada de alarma. <strong>Su ensayo es una invitación a que el periodismo se levante</strong> y reencuentre la altura y la grandeza, a que rechace la facilidad y combata las corrupciones que lo minan y desacreditan.</p><p>Comenzando con las primeras investigaciones de <em>Alger Républicain</em>, y yendo hasta las últimas crónicas de <em>L'Express</em>, su libro nos permite ver las diversas facetas de una obstinada fidelidad a la promesa anunciada en los primeros editoriales de <em>Combat</em> durante la Liberación de París en el verano de 1944, cuyos héroes fueron también los combatientes republicanos españoles de la División Leclerc, como me gusta recordar. «Nuestro deseo», escribe Camus el 31 de agosto de 1944, «tan intenso que a menudo era acallado, consistía en liberar los periódicos del dinero y darles un tono y una verdad que dieran al público lo mejor de sí mismo. <strong>En aquel momento pensábamos que un país vale lo que vale su prensa</strong>. Y si es cierto que los periódicos son la voz de una nación, estábamos decididos, por nuestra parte, por muy frágil que fuera, a alzar este país elevando su lenguaje».</p><p>Este objetivo no ha envejecido un ápice, y el gran mérito de María Santos-Sainz es el de devolverle toda su actualidad, y su urgencia. <strong>Su libro es un manual de resistencia para periodistas (y ciudadanos, pues uno no va sin el otro)</strong> en estos tiempos tan mediáticos en los que el oficio está amenazado y la profesión desestabilizada. Nos invita a aprender de Camus para recuperar el valor y la dignidad, bajo la exigencia del derecho a saber del público y la preocupación de nuestra responsabilidad ante los ciudadanos. Cuando el entretenimiento gangrena la información, cuando la concentración arruina el pluralismo, cuando la propaganda mata a la verdad, el periodismo sólo puede entrar en resistencia, o renegar de sus posiciones. Sencillamente por deber profesional. Sin pretensión ni gloria, nada más que por la necesidad existencial.</p><p>Leyendo el ensayo de María Santos-Sainz, no he parado de pensar en las advertencias de la filósofa <strong>Hannah Arendt</strong> en <em>Verdad y política</em>, ese texto de 1967 que considero el verdadero manifiesto filosófico de nuestro oficio común. Sin los periodistas, confiaba, «no encontraríamos nuestro lugar en un mundo de cambio constante y, en el sentido más literal, no sabríamos nunca dónde estamos». Estamos en el reencuentro con ese mundo deshecho que evocaba Camus desde 1957, desorientado y extraviado, privado de referencias.</p><p>Pero, añadía Arendt, ese ideal democrático sólo vale si los llamados periodistas son los servidores escrupulosos de las «verdades políticamente más importantes», es decir, las verdades de hecho, y no los adeptos oportunistas de las pasiones de la opinión. «<strong>La libertad de opinión es una farsa si la información sobre los hechos no se garantiza</strong> y si no son los mismos hechos los que están en el centro del debate», proclamaba la filósofa antes de enunciar esta observación: «La historia contemporánea está plagada de ejemplos en los que los que enuncian la verdad de los hechos han pasado por ser más peligrosos, e incluso más hostiles, que los mismos opositores». Observación ampliamente verificada hoy día, en nuestros tiempos de comunicación a base de noticias inmediatas, sin fronteras ni plazos, con la suerte funesta reservada a tantos lanzadores de alertas —Julian Assange, Chelsea Manning o Edward Snowden, por citar nada más que los más conocidos mundialmente—, héroes de un derecho universal a la información contra los secretos ilícitos del poder estatal o el financiero.</p><p>Arendt y Camus formaban parte de una generación brutalmente espoleada por las tragedias vividas —crímenes, guerras, masacres, etc. El pensamiento de ambos sobresalía con la lucidez expresada por <strong>David Rousset,</strong> a su vuelta del universo concentracional, en 1946: <strong>«Los hombres normales no saben que todo es posible»</strong>. Todo es posible, incluso lo peor del ser humano, la negación de su propia humanidad. Lo vemos, desgraciadamente, cuando se celebran delante de nuestros ojos, a escala mundial desde 2001, «las bodas sangrientas del terrorismo y la represión».</p><p>Esas palabras que podrían ser de hoy son del pasado. Son las de Camus durante la Guerra de Argelia, que no sentía ninguna indulgencia por el terrorismo, esa forma de lucha que deja «de ser un instrumento controlado por una política para convertirse en el arma loca de un odio elemental». Pero, al haber visto inmediatamente en la devastación atómica de la ciudad de Hiroshima ese momento en el que «la civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo» (<em>Combat </em>del 8 de agosto de 1945), percibía ese cambio sin vuelta atrás —hacia la tortura banalizada, las prisiones secretas, el estado de excepción, las libertades fundamentales apisonadas— en las que «<strong>cada cual se siente autorizado por el crimen del otro para avanzar aún más»</strong>.</p><p>Y ante ello, ¿cómo olvidar que, en nuestros días, esta política del miedo, que juega con el pánico creado por el terrorismo para anular al pueblo y debilitar la democracia, sea negada por <strong>una mentira de Estado convertida en mentira mediática</strong>, antes de difundirse con diversas galas neoconservadoras más allá de los Estados Unidos de América? ¿Cómo olvidar que incluso la prensa norteamericana de supuesta calidad se haya creído la fábula del vínculo entre Al Qaeda y el Irak de Saddam Hussein, las patrañas sobre las armas de destrucción masiva, la agenda ideológica de la administración de Bush que no tenía ningún vínculo, ni el más ínfimo, con la realidad concreta? En pocas palabras, ¿cómo olvidar que, entonces, la asfixia de las verdades de los hechos haya permitido una aventura ilegal y asesina, una invasión y destrucción de Irak cuyos escombros han servido de cuna al autoproclamado Estado Islámico, ese nuevo monstruo totalitario que suscita, por su parte, nuevas guerras de civilizaciones, nuevas estrategias de choque, nuevos enlaces bárbaros del terrorismo y su represión, Yihad contra Cruzada, y la inversa?</p><p>Bajo el riesgo de disgustar, siempre y en todos los campos, Camus rechazó las medias verdades consoladoras que sólo entrevén lo que conviene a los prejuicios dominantes. Igual que el fin no puede justificar los medios, <strong>ninguna causa justa puede acomodarse a la injusticia de una mentira</strong>, aunque fuera por omisión. En ese instante, esa actitud de independencia aísla, suscita malentendidos o genera rupturas y odios —la vida de Camus, libertario inclasificable, lo testimonia ampliamente. Pero, a la larga, salva las vigilancias infatigables que sabrán aprovechar las generaciones siguientes.</p><p>Este <em>Albert Camus, periodista</em>, exhumado y revisitado por María Santos-Sainz, es la prueba necesaria de ello. Porque en nuestros tiempos de incertidumbre, en los que lo improbable de los sucesos se mezcla con lo probable de la catástrofe, el periodismo se arriesga de nuevo a ponerse a prueba, a someterse a los reclutamientos de la propaganda, obstruido por el peso de los intereses, sometido a las trampas de las ofensivas cruzadas del dinero y el poder. El antídoto está en este preciado libro, en <strong>el periodismo crítico que nos invita a practicar</strong><em> periodismo crítico</em> siguiendo las huellas de Camus.</p><p>Supone, advirtiéndonos ya, «un profundo cuestionamiento del periodismo por los mismos periodistas». Dicho de otra forma, una reflexión sobre el sentido del oficio, sobre la responsabilidad de su profesión. <strong>«¿Qué es un periodista?»</strong>, preguntaba Camus en el mismo editorial de <em>Combat</em> del 1 de septiembre de 1944. «Es un hombre al que, como mínimo, se le exige tener ideas». No sin una ironía discreta, esta respuesta significaría: un hombre que se interroga sobre el significado de su trabajo. Que se preocupa, que se cuestiona, que siempre duda, y todo ello porque sabe la importancia de su misión.</p><p>En este sentido, <strong>el periodismo según Camus es lo opuesto al periodismo cínico, mercenario o aventurero</strong>,<strong> conformista u oportunista</strong>. Su exigencia profesional de verdad es también fidelidad a un ideal de vida. Encontramos los esbozos de ello en una conferencia que pronunciará el 28 de marzo de 1946 en Nueva York, ante los muros de la Universidad de Columbia, justo donde se creó la primera escuela de periodismo. «Si no se cree en nada, si nada tiene sentido y si no podemos afirmar ningún valor, entonces todo está permitido y nada tiene importancia. Entonces no hay ni bien ni mal y Hitler no se equivocó ni acertó». Por lo tanto, «quien tiene razón, es aquel que vence, y tiene la razón durante el tiempo que mantiene su victoria». </p><p>A esta filosofía gloriosa de los vencedores, siempre satisfecha de la humillación de los vencidos, Albert Camus oponía l<strong>a sabiduría modesta de los trabajadores</strong>. «Mantenerse en su lugar y hacer bien su oficio», respondía humildemente en la misma conferencia, con el fin de hacer emerger un mundo que dejará «de ser el de los policías, de los soldados y del dinero, para convertirse en el del hombre y la mujer, del trabajo fecundo y el ocio reflexivo».</p><p>Habremos comprendido que el compromiso del que aquí se habla es un posicionamiento radicalmente democrático, por una democracia a la altura de la humanidad cotidiana, de la libre deliberación y de amplia participación, de justicia social y libertad individual, de pueblo realmente soberano y no de la sorda privatización oligárquica. En este camino de esperanza y resistencia, e<strong>l derecho a saber</strong> es, del débil al fuerte, el arma pacífica de la emancipación por el conocimiento. Obreros del presente, los periodistas están al servicio de este derecho fundamental, y por ello se han embarcado inevitablemente en esta batalla. Con más razón es necesario que estén a la altura de esta responsabilidad. </p><p><strong>Asociando periodismo y crítica,</strong> legítima crítica ciudadana de los medios y necesaria consciencia crítica de los profesionales, el libro de María Santos-Sainz es una afortunada invitación a no eludir esta exigencia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edwy Plenel]]></author>
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