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    <title><![CDATA[infoLibre - Manuel Cruz]]></title>
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      <title><![CDATA[Manuel Cruz: "Hay un problema de democracia interna en los partidos políticos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/manuel-cruz-hay-problema-democracia-interna-partidos-politicos_1_1211298.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9c37772b-f8df-4fc6-8b27-1bfe193ac167_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Cruz: "Hay un problema de democracia interna en los partidos políticos""></p><p>Catedrático de Filosofía Contemporánea por la Universidad de Barcelona y senador del PSC, <strong>Manuel Cruz</strong> (Barcelona, 1951) dista mucho de ser un político al uso. No ofrece recetas fáciles a problemas complejos, sino que duda, reflexiona y explica. Así lo ha hecho en su último ensayo, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2021/10/24/liberal_fuer_socialista_125016_1026.html" target="_blank">Democracia. La última utopía (Espasa)</a>, en el que analiza los peligros a los que está sometida la democracia en nuestros días. </p><p>PREGUNTA. ¿Le han dado demasiado poder los políticos a sus votantes? </p><p><strong>RESPUESTA.</strong> No, lo que creo es que en ocasiones no reflexionamos adecuadamente sobre el papel que tienen que desempeñar los ciudadanos en la democracia. Yo tengo la sensación de que ha habido una tendencia muy extendida a enfatizar que lo mejor de la democracia es que la última decisión corresponde a los ciudadanos, pero al mismo tiempo se les ha querido eximir de toda responsabilidad por sus decisiones. Cuando los ciudadanos se equivocan y votan lo que no nos gusta, automáticamente buscamos que sean las instituciones las culpables, pero en ningún caso los ciudadanos. En ese sentido creo que los ciudadanos pueden, como se dice en filosofía, autodeterminarse, es decir, que son libres y se pueden equivocar, porque, claro, si los ciudadanos acertasen siempre significaría que hay detrás de ellos una especie de ángel que les va guiando y les hace tomar las buenas decisiones y por lo tanto no serían propiamente libres. </p><p>P. En su libro cita el incidente de Donald Trump y sus seguidores en el Capitolio. ¿Lo exime de esa responsabilidad?</p><p><strong>R.</strong> Claro que no. <strong>Donald Trump,</strong> afortunadamente, no pudo hacer todas las barbaridades que a lo mejor le hubiera gustado hacer. Y, de alguna forma, esos<a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2021/02/13/el_senado_absuelve_trump_segundo_impeachment_por_ataque_capitolio_116703_1022.html" target="_blank"> ciudadanos que asaltaron el Capitolio</a> fueron responsables, en parte por acción, en parte por omisión, por no ser capaces de enfrentarse críticamente a su líder. Hay una parte de la sociedad que tiene que asumir que a veces se gana y otras se pierde. Y la democracia tiene que ver con aceptar este juego. Esto, que es tan obvio, da la sensación de que en los últimos tiempos se ha perdido de vista por más de una razón. Yo lo comento en el libro, cuando gana un partido al que no has votado y la gente sale a manifestarse en contra. Me parece peligroso. </p><p>P. ¿Cree que falta democracia interna en los partidos políticos actualmente?</p><p><strong>R.</strong> Yo no estoy en un partido político, pero por lo que leo, veo y sé, la respuesta es que sí, hay un problema de democracia interna. Y eso se nota en los efectos. Lo que es evidente es que nuestro país tiene un severo problema en la selección de sus élites políticas. Me parece absolutamente claro. De la misma manera que en una sociedad existen instituciones, mecanismos de contrapeso, división de poderes, etc, en las organizaciones políticas las instancias mediadoras deberían servir para controlar, para que no hubiera ningún tipo de cesarismo, y también para que hubiera debates internos.</p><p>P. En su libro incluye un extracto sobre el control de los medios de comunicación y propone que sean los ciudadanos los que fiscalicen a los propios medios. ¿Cree que cuanto más se lee un medio, mejores son sus contenidos?</p><p><strong>R. </strong>No, claro que no. Siguiendo ese argumento, todo lo que es consumido masivamente tiene que ser bueno y aceptado. Ahí nos podríamos poner demagógicos y decir que la gente que consume masivamente pornografía ha superado el test del mercado. Y lo que supera el test del mercado va a misa. No se puede hacer eso. Hay prensa amarilla o que coquetea constantemente con la difamación que se lee mucho. Yo veo que una cosa sí está clara, y es que cada vez que se planteaba la cuestión de la regulación de los medios en el pasado, salían todos los medios en tromba a decir que no. Que habría una autorregulación. Bueno, es obvio que fracasó por completo, si es que alguien lo intentó. No sé cuál es la solución. Alguna debería haber, porque es un sector con una tendencia muy grande al corporativismo. La frase, digamos, provocadora, sería que la prensa, los medios de comunicación, en general, son algo demasiado importante como para dejarlo en manos de los periodistas, al igual que la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y la guerra para dejarla en manos de los militares.</p><p>P. Cita muchos ejemplos de desinformación y manipulación de EEUU, como la cadena Fox. Pero no se atreve a hacerlo con el caso español. ¿Por qué? </p><p><strong>R</strong>. Bueno…</p><p>P. Prefiere no meterse.</p><p>No, prefiero no meterme. Hay una cosa que sí digo y es que los medios de comunicación conservan, y lo saben, una enorme capacidad de intimidación. Y eso es un hecho. Estoy seguro de que los lectores de un medio como infoLibre saben discernir entre medios rigurosos y medios que manipulan.</p><p>P. Usted también incide en el papel de las redes sociales, en las que se difunden muchos bulos. ¿Deberían estar sometidas a un control? </p><p><strong>R. </strong>No quiero ser el típico <em>abuelo cebolleta</em>, que se queja mucho de las redes sociales. Es evidente que las redes permiten cosas muy interesantes, como la capacidad de llegar a mucha gente de manera sencilla. Pero también es cierto que tienen cosas negativas y, por desgracia, no se le está prestando la atención necesaria. Lo que no puede ser es que algo tan importante no esté en absoluto regulado. O peor, que la regulación dependa de un propietario privado. Se han dicho enormes barbaridades en las redes y resulta que el propietario de Twitter quiere marcarse el tanto de cerrarle la cuenta a Trump. Tuvo que ser Angela Merkel la que dijo que eso no podía ser. Yo coincido con ella, es un precedente peligroso.</p><p><strong>P.</strong> ¿La mentira ha dejado de estar penalizada en política? ¿Todos los políticos, en mayor o menor medida, mienten? </p><p><strong>R.</strong> Ahí habría que hacer una distinción. Y es que la mentira está penalizada de manera diferente en distintas culturas. Entonces, qué duda cabe que la cultura anglosajona, muy influida por el puritanismo, es muy tajante con la mentira, mientras que en la cultura católica, como la nuestra, se es mucho más laxo en esta cuestión. También sabemos separar muy bien la vida laboral de la personal. Y eso creo que es un acierto. Pero es verdad que el programa con el que te presentas a las elecciones es como un contrato. Es el contrato del político con la ciudadanía. No puede ser que se incumpla sistemáticamente. No puede ser, porque eso termina generando una desafección hacia toda la política y llega el momento en que, como consecuencia de muchas cosas, la gente identifica la política con el espectáculo </p><p>P. ¿Se sobreactúa con la política? </p><p><strong>R</strong>. Sí, y la sobreactuación banaliza enormemente la política, porque lo único que logra percibir la ciudadanía es el destello pirotécnico, el zasca para conseguir la ovación de los tuyos y conseguir el tuit o el titular. Y eso lo vemos todos los días en las sesiones de control al Gobierno.</p><p>P. Cambiando de tercio. En una <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/09/27/manuel_cruz_indulto_gesto_que_exige_otro_una_respuesta_si_no_no_sirve_nada_111397_1012.html" target="_blank">entrevista con este mismo medio, </a>hace dos años, señaló que los indultos eran un "gesto político que exigía una respuesta". ¿Se ha producido esa respuesta?</p><p><strong>R</strong>. Sí, yo creo que ha habido respuesta. Lo que ocurre es que la respuesta siempre habrá quien considere que no es suficientemente clara. Pero yo creo que sí, que hay una respuesta y el hecho palpable es que el clima político que hay en este momento en Cataluña no es el mismo que antes de los indultos. Es mejor.</p><p>P. ¿Le hubiera gustado ver un gobierno del PSC con Esquerra Republicana y los Comunes?</p><p><strong>R.</strong> Sí, yo prefiero un gobierno con ERC y Comunes que el que hay ahora. Sería, por decirlo de la manera pesimista, el mal menor. Es evidente que en ese hipotético ejecutivo no se podrían incluir los objetivos máximos que plantea el independentismo. Los socialistas nunca entrarían en un gobierno que plantee la separación de Cataluña y España.</p><p>P. ¿Complica la estabilidad del Gobierno la reciente detención de Carles Puigdemont? </p><p><strong>R. </strong>Creo que la figura de Carles Puigdemont y sus planteamientos son declinantes. No creo que la justicia italiana se decida a devolverlo a España. Pero si eso ocurriera, en un primer momento, por supuesto, se montaría una escandalera. Pero habría un día antes y un día después cuando Puigdemont, una vez juzgado e indultado, estuviera en la calle. Todo su capital político, que es su condición de mártir, se terminaría. </p><p>P. ¿Cree que el actual líder del PSC, Salvador Illa, ha perdido foco? </p><p><strong>R.</strong> Sí, es cierto que Salvador Illa ha perdido foco desde el punto de vista nacional, pero sigue siendo un activo. Está haciendo una cosa que supone una gran diferencia con lo que hizo Inés Arrimadas cuando ganó. Ella fue incapaz de hacer oposición, mientras que Illa ha tendido la mano al Govern y está siendo responsable. </p><p>P. Usted fue presidente del Senado, ¿habría que darle otra función?</p><p><strong>R.</strong> Hay que avanzar en esa dirección. Hay que potenciar la dimensión de Cámara territorial sobre la de Cámara de doble lectura, que está bien y ha sido útil, pero yo creo que eso es precisamente la gran tarea pendiente que tiene en este momento el Senado.</p><p>P. ¿Se pueden lograr grandes acuerdos para hacerlo?</p><p><strong>R.</strong> Este es un momento en el que los grandes acuerdos son muy difíciles, pero precisamente por eso no habría que renunciar a los acuerdos algo más pequeños pero igualmente eficaces.</p><p>P. La España vaciada quiere entrar en el Congreso. ¿Cree que PSOE y PP sufrirán en esos territorios de cara a los próximos comicios?</p><p><strong>R.</strong> Es posible, pero también lo que se ha demostrado es que los grandes partidos tienen una buena implantación territorial. Lo que hemos visto en los últimos años ha sido muchos partidos efímeros y, aunque dañados, las que permanecen son esas grandes formaciones.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Monforte Jaén]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manuel Cruz: "Hay un problema de democracia interna en los partidos políticos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Partidos políticos,PSC,Entrevista,Carles Puigdemont,Manuel Cruz]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cerrado por desafección (o las consecuencias de equivocarse de metáfora)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/cerrado-desafeccion-consecuencias-equivocarse-metafora_1_1189171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a20805ab-f254-4367-a88c-c72cea86b699_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cerrado por desafección (o las consecuencias de equivocarse de metáfora)"></p><p>No creo que resulte muy elitista por mi parte afirmar que la metáfora del barco de Teseo no era muy conocida por el gran público de este país hasta que, en una versión algo modificada, Adolfo Suárez la utilizó en su discurso del <a href="http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/GenericPopUp?next_page=/wc/escucharAudio?legislatura=Constituyente&carpeta=Iniciativas&idIntervencion=541&tipo=I" target="_blank">6 de abril de 1978</a><strong> </strong>en el Congreso de los Diputados. Hasta ese momento, había sido una metáfora recurrente entre filósofos, de Heráclito a Otto Neurath, pasando por John Locke y tantos otros, para plantearse la cuestión de <strong>si de algo podemos seguir diciendo que es lo mismo a pesar de que se le hayan cambiado todas sus partes.</strong> Plutarco la había utilizado por vez primera haciendo referencia a un barco cuyas tablas iban siendo reemplazadas una a una, pero fácilmente se deja ver que, si la aplicamos a los seres humanos, que tanto cambian a lo largo de sus vidas, plantea la siempre complicada cuestión de la identidad.</p><p>En su discurso, Suárez modificó en un sentido práctico la metáfora del barco y la transformó en la del <strong>edificio que hay que reformar</strong>, con todos sus inquilinos dentro. Se recordará la sustancia de su argumento, hablando de la dificultad de la tarea que tenía encomendada su gobierno: “Se nos pide que cambiemos las cañerías del agua, teniendo que dar agua todos los días; se nos pide que cambiemos los conductos de la luz, el tendido eléctrico, dando luz todos los días; se nos pide que cambiemos el techo, las paredes y las ventanas del edificio, pero sin que el viento, la nieve o el frío perjudiquen a los habitantes de ese edificio…”.</p><p>Ahora bien, de la misma manera que se suele decir que no hay dos sinónimos perfectos, que coincidan en todas sus acepciones, así <strong>tampoco existen dos metáforas perfectamente intercambiables</strong>. En el caso que comentábamos, la metáfora del edificio, utilizada para describir el orden social y político de un país, incluye una posibilidad impensable en la metáfora del barco. Me refiero a la de la demolición misma del edificio, susceptible de ser planteada incluso como una posibilidad deseable. Se recordará al respecto la célebre respuesta de Marcuse a finales de los años sesenta del pasado siglo a un estudiante que le recriminaba que su crítica radical al sistema no iba acompañada de una propuesta constructiva. En ocasiones, replicó el filósofo, <strong>no hace falta disponer de un proyecto alternativo para justificar la destrucción de algo</strong>. Echar abajo una cárcel, puso como ejemplo, es algo inequívocamente bueno, aunque no sepamos todavía qué vamos a hacer con el solar disponible. Obviamente, esta posibilidad no tiene su correlato en la metáfora del barco, en el que la destrucción del mismo equivaldría al naufragio.</p><p>Sin duda, hay mucho marcusiano sin saberlo que, además de ignorar que en ocasiones lo mejor es enemigo de lo bueno, está convencido de que <strong>no conseguirlo todo equivale a no haber conseguido nada. </strong>Ciertamente, Marcuse no tuvo su mejor tarde (una mala tarde la tiene cualquiera) cuando proporcionó su célebre respuesta. El político español que, pocos años más tarde, hizo también célebre la afirmación <strong>“de la ley a la ley, pasando por la ley”</strong> tenía, en este sentido, las cosas más claras. Tal vez un ejemplo sea la forma más económica de precisar lo que pretendo señalar. Algunos entendieron con demasiado retraso la razón por la que en la primera guerra del Golfo las fuerzas aliadas se quedaron a las puertas de Bagdad y no acabaron con Sadam Hussein y su régimen: la segunda guerra, con su diferente final, dejó claro el sentido (y el acierto) de la decisión anterior.</p><p>También entre nosotros los ha habido que en los últimos años han propuesto demoler el edificio de la Transición. De hecho, probablemente lo más importante de lo ocurrido en la segunda década de este siglo en España hayan sido los dos intentos de demolición que se emprendieron, uno en <strong>clave presuntamente político-social y otro en clave territorial. </strong>No han faltado autores que, al hacer un balance provisional de la década, han concluido que el edificio consiguió resistir ambos embates. De ser así, el resultado estaría acreditando, a partes desiguales, tanto la solidez misma del edificio como la impotencia de quienes convirtieron su derribo en el eje de su propuesta programática.</p><p>Respecto a esto último, habría que recordar que incluso la demolición de un edificio requiere conocimientos adecuados y está sujeta a protocolos y cálculos si no se quiere que la acción genere perjuicios y daños indeseados de diverso tipo y magnitud. Tal vez la percepción creciente de la dificultad de materializar la mencionada propuesta programática ha llevado a quienes aspiraban a lo más, demoler el edificio, a conformarse con menos, esto es, con deteriorarlo cuanto estaba en su mano de diversas maneras y en nombre de diferentes argumentos. No se puede decir que su empeño haya sido en vano, como se puede percibir con claridad últimamente.</p><p>Porque, en contra de lo que tanto se viene repitiendo de un tiempo a esta parte, la categoría que mejor describe nuestra situación actual no es precisamente la de incertidumbre. Poner en ella el acento puede dar lugar al equívoco de atribuir a la deriva misma de las cosas, a procesos en alguna medida objetivos, <strong>nuestra dificultad para entender lo que nos pasa</strong>, dificultad que, en efecto, viviríamos en términos de incertidumbre. Pero si analizamos con un mínimo detenimiento lo que viene ocurriendo, especialmente en nuestro país, constatamos que lo que está generando el creciente desasosiego de nuestros conciudadanos no es tanto las dimensiones objetivas de lo que nos pasa (con la pandemia en primer plano) como las <strong>respuestas que a todo eso se están dando.</strong></p><p>Si a dicho fenómeno se le quiere denominar desafección, habrá que decir entonces que es una desafección no solo generalizada sino general en relación con el conjunto de las instituciones, que no parecen estar dando respuesta a las profundas preocupaciones de los ciudadanos. Pero, desafortunadamente, se diría que <strong>cuando la desafección es tan generalizada, casi universal, no causa preocupación a los responsables políticos</strong>, tal vez porque piensan que ningún adversario la va a poder rentabilizar. De ser cierto que pensaran tal cosa, su tacticismo estaría alcanzando niveles alarmantes. Ya que alarmante sería que hubiera quedado atrás la decepción particular hacia estos o aquellos, y lo que se hubiera instalado y estuviera echando raíces fuera la decepción respecto a la cosa pública en cuanto tal. Porque no hay país, no hay sociedad, que pueda funcionar sobre la base de la desconfianza de la ciudadanía en aquellos y en aquello en que deberían confiar. Entre otras cosas porque es la confianza en los instrumentos de los que disponemos y en quienes los gestionan la mejor herramienta para enfrentarnos a todo tipo de incertidumbres.</p><p>Pero los representantes políticos, tanto unos como otros <strong>(en mucha mayor medida unos que otros, sin duda alguna)</strong>, siguen enredados en unas querellas en las que con frecuencia se invoca el nombre de los ciudadanos en vano, esto es, se apela al bien general para a continuación defender el interés particular. En pocas ocasiones como la presente ha resultado más patente la enorme distancia que separa los objetivos a corto plazo, que pasan siempre por alcanzar o mantener una determinada cuota de poder, con unas metas últimas que, por impensadas, ni siquiera se llegan a nombrar (¿alguien sabe lo que proponen para el futuro a medio y largo plazo las diferentes fuerzas políticas?).</p><p>En efecto, escasean los discursos en los que se nos diga hacia dónde vamos o, menos aún,<strong> hacia dónde deberíamos ir </strong>y, cuando se producen, <strong>quedan ahogados en un ecosistema informativo</strong> que prefiere sistemáticamente destacar hechos quizá más noticiosos si los medimos por el número de clics, pero que sin duda son mucho menos relevantes para el futuro de nuestro país, de nuestras sociedades e incluso de nosotros en tanto individuos. En semejante contexto, nada tiene de sorprendente que las instituciones sean crecientemente entendidas por los políticos de los que venimos hablando como escenarios de una batalla, como posiciones por conquistar, en vez de como mecanismos que garantizan un mejor funcionamiento del sistema en beneficio de todos.</p><p>Lo que tanto unos como otros (más unos que otros, vuelvo a repetir) parece que ni tan siquiera toman en consideración es un<strong> escenario de desafección masiva hacia las instituciones</strong>, escenario del que, sin embargo, se diría que estamos cada vez más cerca. Funcionan todos ellos como si alcanzar determinados objetivos (presupuestarios, de desgaste del gobierno, de ventaja electoral…) colmara sus expectativas y, en consecuencia, fuera el remedio para todos los males que nos aquejan. Al parecer no se les ha ocurrido pensar que<strong> una sociedad en la que el grueso de la ciudadanía desconfía de sus instituciones </strong>y de sus representantes no solo puede terminar resultando ingobernable, sino que puede llegar a convertirse en un auténtico polvorín. Tal vez no están particularmente preocupados porque han asumido aquel razonamiento que me contaba un amigo mexicano que se hacían en los últimos tiempos algunos jóvenes que habían decidido regresar a vivir al DF después de haberlo abandonado por causa de los altos niveles de contaminación: “han reparado en que el infierno no es lo mismo que la muerte, y que en él, a pesar de todo, se puede seguir viviendo; mal o muy mal, según la zona del infierno que te toque, pero se sigue viviendo”.</p><p>La desconfianza en las instituciones que nuestros fallidos destructores se han dedicado a propalar ha dañado sin duda al edificio severamente, pero no se percibe en algunos de los demás inquilinos un gran interés en la reparación de los daños. Acaso porque en su fuero interno les preocupan menos de lo que declaran de boquilla. Es el caso de buena parte de nuestros conservadores que, por más que se reclamen herederos del primer presidente de la etapa democrática, siempre han estado dispuestos a la hora de la verdad —esto es, para desalojar del poder a la izquierda— a <strong>embarrar el terreno de juego hasta el límite de lo insoportable.</strong> Parecería que el hecho de que pueda haber quienes quieran acabar con aquello que fue construido entre todos fuera algo que en realidad, lejos de generarles una especial inquietud, celebraran secretamente en la medida en que les proporciona una eficaz y ruidosa munición propagandística. O quizá sea que el convencimiento, en gran medida contrastado, de que los suyos no les van a penalizar en las urnas por tales excesos, por crispación que puedan llegar a generar, les lleva a desentenderse, una y otra vez, de la menor responsabilidad y a jugar con fuego sin la más mínima prudencia.</p><p>No se trata de negar, por supuesto, que el debate de la fallida moción de censura —puestos a puntualizar: más que fallida para Abascal, políticamente útil en este momento para el Gobierno y trascendental para Casado— abre una<strong> oportunidad para recuperar un diagnóstico común sobre la salud de los cimientos del edificio impugnado.</strong> Pero, por todo lo dicho hasta aquí, está por ver que se vaya a aprovechar la oportunidad. Además, la historia nos aconseja ser prudentes a este respecto. No cabe descartar que el discurso del líder del PP no haya sido en realidad otra cosa que un <strong>movimiento puramente táctico</strong>, un codazo en la cara a Vox para hacerle caer del caballo en el que hasta el momento cabalgaban juntos. De hecho, no es la primera vez, ni muchísimo menos, que líderes de la derecha han hecho solemnes declaraciones de moderación que luego no han tenido la menor continuidad, hasta el punto de que ha pasado a ser objeto de chanzas la expresión “viaje al centro” cuando es utilizada por ellos. Lo que sí ha quedado diáfanamente claro, en cambio, es que nada cabe esperar de los ultraconservadores, que han puesto de manifiesto, por si alguien albergaba todavía alguna duda sobre ello, que siempre hay alguien dispuesto a ser todavía menos responsable y aportar su granito de arena para hacer saltar por los aires la convivencia.</p><p>En todo caso resulta evidente, regresando al eje de nuestro razonamiento, que no han alcanzado su objetivo quienes expresamente llevaban en su programa la voladura del edificio, aunque, eso sí, se hayan preocupado de dejarlo hecho unos zorros. De hecho, a perseverar en el deterioro del mismo parece haber quedado reducido dicho programa en este punto. O, si se prefiere formular<strong> esta idea en términos de consigna, a desgastar sin desgastarse</strong>. De ahí que compatibilicen, sin que parezca crearles el menor problema de coherencia, el posibilismo más adaptativo en los asuntos realmente importantes con el maximalismo en aquellos otros que en este momento no deberían distraernos (con el de la forma del Estado en lugar muy destacado). Creen poder conservar así ante los suyos, prácticamente a coste cero, la imagen <em>demoledora</em> que en algún momento tan buenos dividendos les rindió. Que esto pueda terminar provocando frustración entre los afines e irritación ante el espectáculo de fariseísmo entre el resto es algo que, a la vista está, no parece importarles lo más mínimo. O, aún más en general, que tales actitudes puedan contribuir a aumentar el alejamiento de la ciudadanía respecto a sus instituciones es una variable que hoy no parece ser tenida en cuenta.</p><p>A quien corresponda: paren esta desafección. Es urgente. Porque sería dramático que precisamente en un momento de especial dureza como el presente, en el que un creciente número de ciudadanos <strong>precisa de la cobertura política para no quedar atrás y no verse condenados a forma alguna de exclusión</strong> (cuando no para sobrevivir), tanto la política como las instituciones fueran vistas por esos mismos ciudadanos como un ámbito ajeno, en el que no se dirime nada que tenga que ver con sus perentorias necesidades, y terminaran perdiendo por completo la esperanza en lo público. Que tal cosa pudiera llegar a suceder <strong>siginificaría el fracaso, completo y rotundo, de la política.</strong></p><p>No pretende ser esta una afirmación grandilocuente para concluir la argumentación anterior de una manera más o menos rotunda y sonora. Quizá el gran error de algunos ha sido confundirse de metáfora y empeñarse en pensar en términos de edificio aquello que como mejor se deja pensar es en términos de embarcación, según nos habían sugerido tantos clásicos. Es mucho lo que se pone en juego en dicha confusión. Porque, de no haberse empeñado en cambiar de metáfora, se habrían dado cuenta de que<strong> el peligro que nos amenaza si fracasamos en la tarea histórica que nos corresponde no es el de quedar a la intemperie sino, lisa y llanamente, el de hundirnos.</strong></p><p>_________________</p><p><em>Manuel Cruz es catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona y senador por el PSC-PSOE. Acaba de publicar el libro 'Transeúnte de la política' (Taurus).</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/09/27/manuel_cruz_indulto_gesto_que_exige_otro_una_respuesta_si_no_no_sirve_nada_111397_1012.html" target="_blank">Transeúnte de la política</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Oct 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Cruz]]></author>
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      <title><![CDATA[Manuel Cruz: "Un indulto es un gesto que exige al otro una respuesta; si no, no sirve de nada"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/manuel-cruz-indulto-gesto-exige-respuesta-si-no-no-sirve_1_1187966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5b6f992e-341e-4765-a238-837d62d46251_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Cruz: "Un indulto es un gesto que exige al otro una respuesta; si no, no sirve de nada""></p><p>El filósofo y senador del PSC Manuel Cruz (Barcelona, 1951) ejerce la política con la actitud de un investigador. Es un intelectual comprometido, preocupado por un tiempo de incertidumbre, amante del detalle y de la profundidad en cada una de sus afirmaciones. Algunas más cómodas y otras menos. Autor de una veintena de libros y compilador de más de una docena de volúmenes colectivos, acaba de publicar<em> Transeúnte de la política </em>(Taurus), un relato crítico de<strong> su experiencia durante los últimos años </strong>en el Congreso y en el Senado, cámara que presidió durante la efímera legislatura que en 2019 desembocó en elecciones anticipadas y en la que hoy preside la Comisión General de las Comunidades Autónomas.</p><p><strong>Pregunta: Para alguien que otorga tanto significado al compromiso político, ¿cómo ha sido el choque con la maquinaria orgánica e institucional?</strong></p><p><strong>Respuesta:</strong> Si ha habido choque en algún momento no ha sido frontal, sino lateral. Y si ha dejado alguna marca ha sido una imperceptible muesca sobre la pintura de la carrocería. Porque lo cierto es que, en contra de lo que se repite mucho, <strong>yo no me he topado en mi etapa en el legislativo con rígidas maquinarias o aparatos poderosos</strong> que se dediquen a sofocar la menor discrepancia en nombre de la línea oficial del partido. No deja de llamarme la atención que algunas personas que han estado metidas de lleno, de hoz y coz, en los estratos orgánicos más profundos de algunas formaciones políticas ahora se descuelguen criticando que son como ejércitos disciplinados en los que no se admite que nadie se pueda apartar del raíl establecido.</p><p>Yo creo que<strong> </strong>se exagera mucho. Lo que yo he visto en los dos grupos parlamentarios en los que he estado, el grupo socialista en el Congreso y en el Senado, no se corresponde con ese dibujo. Dicho lo cual, obviamente, es posible que alguien diga: ‘Bueno, sí, tú puedes decir o pensar lo que quieras, pero luego no te van a hace el menor caso’. Bueno, no lo sé. Pero en todo caso choque no lo habría habido.</p><p><strong>P.: Tiene usted una visión optimista, entonces.</strong></p><p><strong>R.:</strong> Parece claro que hay partidos que son más abiertos desde el punto de vista de la opinión y de la crítica que otros. No necesariamente eso implica que esas críticas sean siempre aceptadas e incorporadas. Yo no quiero tampoco deslizar una imagen desatadamente optimista. Lo que sí digo es que las ideas y los tópicos con los que se funciona en la sociedad, en eso que antes se llamaba opinión pública, yo he tenido la persistente sensación de que<strong> </strong>no describían bien la realidad.</p><p><strong>P.: ¿Es un tópico también decir que la comunicación política ha tomado el mando en los partidos a costa del debate interno y de las ideas de transformación social y económica?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Desafortunadamente es así en gran medida. Yo creo que ahí se contiene una paradoja: ¿qué puede comunicar una comunicación política que al mismo tiempo está ayuna de ideas de transformación social y económica? ¿Qué demonios se comunica entonces? La respuesta la encontramos a diario: el mensaje de esa comunicación es completamente coyuntural, es decir, la propuesta táctica, el planteamiento cortoplacista, el comentario de las declaraciones del adversario ayer por la tarde, etcétera. Esto constituye, efectivamente, un problema severo.</p><p>Como en otras situaciones más o menos parecidas uno se puede preguntar ¿qué ha sido la causa de qué? Con otras palabras: si el hueco dejado por la desaparición de las ideas transformadoras ha sido ocupado por esto que podíamos llamar el<em> inmediatismo comunicativo</em> o al revés, si fue el imperio del <em>inmediatismo comunicativo </em>el que terminó por desalojar a los proyectos globales de cambio del lugar central que antes ocupaban en los partidos políticos.</p><p>Para intentar responder a esto, una primera cosa parece obligado constatar. Cuando empezó la democracia, una expresión que se utilizaba muchísimo por parte de las formaciones políticas era que su especificidad pasaba por el hecho de que cada una de ellas representaba un ‘modelo de sociedad’ diferente. La expresión ha desaparecido del vocabulario político, y eso es todo un síntoma. Porque equivale a reconocer, por omisión, que los proyectos globales, como tales, no están presentes.</p><p>Yo no me quiero deslizar hacia el justo término medio, pero hay algo de las dos cosas. Es cierto, por un lado, que en el siglo XX asistimos a eso, a la pujanza de lo meramente comunicativo. Los filósofos de la escuela de Fráncfort (Horkheimer y Marcuse, por ejemplo) ya escribieron sobre esto, y mucho antes de mayo del 68 por cierto. Pero también lo hizo McLuhan, entre otros.</p><p>Todo eso es verdad, pero tampoco podemos olvidar, por el otro lado, el hecho de que se han producido derrotas de las ideas transformadoras, de los grandes proyectos de emancipación. La derrota que se consuma a finales del siglo pasado, la derrota que marca el final del siglo XX, la llamada caída del muro… Si tiene razón Hobsbawm cuando habla del “corto siglo XX”, el sentido de este vendría determinado por los avatares de ese gran proyecto de emancipación que surge en 1917 y que se da por finiquitado en 1989. Eso es un hecho objetivo. Y tal derrota histórica no es una cuestión comunicativa, es un hecho real que ha dañado severamente la posibilidad de pensar la sociedad en términos de una totalidad susceptible de ser transformada.</p><p><strong>P.: ¿La política como espacio para construir y transformar está herida en España? Cada vez es más evidente el dominio de la apariencia y la representación. Algo que unido a la polarización, cada vez más extrema, desemboca en el bloqueo.</strong></p><p><strong>R.:</strong> Yo creo que está herida de gravedad, ciertamente. La política en general y los políticos en particular llevan sufriendo desde hace ya un tiempo un desprestigio severo. Yo creo que en muchos casos es injustificado pero, de cualquier forma, me parece que por el bien de todos convendría corregir ese desprestigio de la política y de los políticos. ¿Por qué? Porque yo creo que no es una buena noticia que los ciudadanos no confíen en la política y en los políticos (en algunos casos ni siquiera en aquellos a los que han votado). Y tampoco creo que sea algo digno de celebrar ese convencimiento, que asimismo comparten muchas personas, de que nada cambia porque ganen los unos o los otros porque, a fin de cuentas, la vida de los ciudadanos no cambia gran cosa porque estén unos o porque estén otros. Ambas cosas no son buenas.</p><p>“Hay una tendencia muy potente a la teatralización de la política”</p><p>Pero añado un matiz fundamental. Estas ideas han estado muy extendidas y en algún momento han sido hegemónicas, pero en los últimos tiempos pueden haberse modificado en la medida en que el Gobierno actual ha adoptado una serie de políticas frente a los efectos sociales y económicos de la pandemia que es evidente que no son las mismas que se aplicaron por los gobiernos conservadores en la crisis anterior. Eso también la gente lo está viendo.</p><p>No obstante, yo creo que hay una tendencia muy potente a la teatralización de la política que a menudo provoca que el ruido que se genera con la crispación, que se ha convertido en el auténtico guion del espectáculo de la política, haga que resulte muy difícil distinguir lo importante de lo irrelevante, lo primordial de lo secundario, los muertos de la pandemia de la tarjeta más o menos achicharrada de un móvil.</p><p>El problema es que en medio de tanto ruido se confunde todo, y se puede reintroducir de nuevo ese convencimiento —tóxico a mi juicio— de que no se juega nada importante en la política. Regresaría así la idea de que la política es una especie de confrontación simbólica sin mayor trascendencia práctica.</p><p>A mí me parece que esta forma de devaluación de la política no deja de ser una variante posmoderna o 2.0 de ese viejo <em>apoliticismo</em> que desde tiempo inmemorial ha cultivado la derecha. El famoso ‘no meterse en política’ que durante el franquismo nos recomendaban nuestros padres. Es lógico semejante interés en el <em>apoliticismo</em> porque es precisamente la política la única herramienta para transformar la realidad o, si no para transformarla, para que cause los menores daños. En situaciones como la que estamos viviendo últimamente es la única herramienta de la que disponen aquellos que no tienen ninguna otra. El <em>apoliticismo</em>, obviamente, es todo menos neutral. Leía estos días, no recuerdo donde, lo que Trotsky le contestó a alguien que le dijo que no le interesaba la política: “…pero a la política le interesa usted”.</p><p><strong>P.: ¿Cómo se combaten las burbujas ideológicas que separan cada vez más a las personas que piensan de manera diferente?</strong></p><p><strong>R.:</strong> La dirección a la que habría que apuntar para salir de estas burbujas está clara. Hay que intentar construir espacios de comunicación y de debate efectivamente plurales. Que acojan, sin generar conflicto ni excluir a nadie, las diferentes perspectivas. Eso, en el plano institucional, es lo que se supone que hacen los parlamentos: acoger la pluralidad de la sociedad misma. Pero está claro que con los parlamentos no basta. De nada sirve que en los parlamentos se pueda producir ese tipo de debates si los términos en los que se plantean no llegan a los ciudadanos. Es decir, si resultara que estos reciben una imagen sesgada o deformada de los que se ha debatido en las instituciones.</p><p>“Los medios de comunicación deberían abandonar la lógica de trinchera”</p><p>Lo cual me lleva al otro elemento: los medios de comunicación deberían abandonar la lógica de trinchera que en muchos casos va en su propia contra. Porque<strong> </strong>debilita la calidad del producto informativo que ofrecen.</p><p>En ocasiones tengo la sensación de que esta especie de lógica incomunicativa que ha terminado por imponerse en Internet ha acabado contagiándolo todo. Cuando digo lo de la lógica incomunicativa pienso en aquello que decía Cass R. Sunstein en un libro que publicó hace ya 20 años, <em>República.com.</em> Él hablaba de la <em>ciberbalcanización</em> que se produce en Internet. Como se recordará, en los orígenes del invento, eran muchos los que pensaban que Internet estaba llamada a ser la nueva plaza pública en la que todos podríamos encontrarnos y dialogar. Lo que finalmente ha terminado ocurriendo es lo que vemos: hay plazas públicas a la carta. Uno se va encontrando con los suyos y sólo con los suyos en espacios (foros, chats…) previamente delimitados. Y como alguien que no pertenezca a un grupo asome la nariz, es fulminado. Se ve expulsado. Recibe un sinfín de ataques hasta que, hastiado, abandona dicho espacio. Esa es una experiencia que todos hemos podido comprobar.</p><p>Eso que pasa en Internet a veces tengo la sensación —y me preocupa— de que ha llegado a contaminar a los diarios serios, incluyendo aquí a los digitales serios. Me preocupa, por poner un ejemplo, esa posibilidad que algunos de ellos ofrecen de que cualesquiera lectores a continuación de un artículo puedan poner sus comentarios. Porque el espectáculo de odio e insultos que con frecuencia se termina formando a continuación de ese texto representa toda una amenaza para cualquier discrepante. Combatir la burbuja también pasa por que modifiquemos o intentemos corregir los elementos que contribuyen, como diría Emilio Lledó —al que le gustan mucho estos juegos creativos con las palabras—, a <em>burbujear</em> a la opinión pública.</p><p><strong>P.: ¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación? ¿La cultura del infoentretenimiento está matando el debate político o es al revés, únicamente su consecuencia?</strong><em>infoentretenimiento</em></p><p><strong>R.:</strong> Su responsabilidad es enorme. Y creo que hemos de ser conscientes de la importancia y trascendencia que tienen los medios, importancia y trascendencia que<strong> </strong>no se encuentran en pie de igualdad con las de otras instancias. Digámoslo de esta manera: los medios de comunicación son en la práctica la única manera de que disponen los ciudadanos para tener noticia de lo existente. Lo que hay en el mundo, lo que en él sucede, sólo lo podemos saber a través de los medios de comunicación. La realidad nos la hacen saber los medios de comunicación. Se trata de una cuestión absolutamente fundamental.</p><p>A esto se debe añadir otra dimensión, asimismo importantísima: la palabra es material sensible. Y si no somos serios y rigurosos en el cumplimiento de una serie de instrucciones o de normas —estoy pensando en las que se suelen fijar en los libros de estilo de los diferentes diarios—, las posibilidades de manipulación sin necesidad de explicitar opiniones o juicios de valor son enormes. Yo a veces pongo un ejemplo que puede parecer insignificante, pero prefiero ese ejemplo a otros más llamativos que puedan tener más carga ideológica. Todos hemos visto muchas veces esos titulares aparentemente neutros en los que se dice: “X ahora declara que…”. Estoy subrayando el ‘ahora’. Se está deslizando, sin dar ninguna explicación, que X ha cambiado de opinión. Por no decir que se puede estar insinuando que ha cambiado de opinión de manera contradictoria.</p><p><strong>P.: Lo cual puede ser cierto…</strong></p><p><strong>R.: </strong>Puede ser cierto, por descontado. El problema es que a veces no lo es y se desliza un engaño (de baja intensidad, si se quiere, pero engaño al fin). Pongo este ejemplo trivial para mostrar lo fácil que resulta manipular tras la apariencia de que simplemente estamos describiendo.</p><p>  </p><p>A este hecho de la importancia de los medios para saber lo que pasa, se une otro que me parece que merece un debate. Y es que en una sociedad que tanto necesita de mecanismos para que los diversos poderes no operen sin ninguna restricción, el poder que representan los medios no está claro desde qué instancia recibe la indispensable crítica. Sobre todo teniendo en cuenta que la propuesta que muchas veces se ha defendido por parte de los profesionales de que lo deseable es la autorregulación, nunca ha conseguido materializarse. Esto es algo que los propios profesionales reconocen. Es un desiderátum que nunca se ha alcanzado. Lo digo porque la profesión periodística tiene pendiente esa reflexión en profundidad. Y añado: como también creo que para evitar reacciones corporativas dicha tarea la deberían emprender los propios profesionales y no personas ajenas. Siempre que hablo con cualquiera de ellos, todos coinciden en que hace falta dicha reflexión crítica.</p><p>Con lo cual, aterrizamos en el núcleo de la pregunta: creo que a la política no se le puede acusar de haber dado pie a la cultura del infoentretenimiento. De lo que se le puede acusar es de no haberse resistido a los cantos de sirena de esa especie de notoriedad efímera, de esa visibilidad narcisista que la cultura del infoentretenimiento ofrece. Para mí sería este el principal reproche: no tanto haberla generado como haberla aceptado. No haberse resistido lo suficiente.</p><p><strong>P.: El ganador de las grietas del sistema político es, en opinión de muchos, Vox. ¿Cuánto hay de abandono social y desatención, en las bolsas de votantes de la ultraderecha?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Yo creo que hay mucho, de eso no tengo duda. A mi juicio es un error interpretar el surgimiento de Vox en términos de un revival del franquismo. No sólo porque disponemos del dato objetivo de que cuando, en los primeros compases de la democracia, se presentaban a las elecciones fuerzas que asumían explícitamente el franquismo, los resultados que obtenían eran realmente pobres. Hace muchos años el ejemplo era Blas Piñar, un personaje inequívocamente franquista que obtenía un respaldo mínimo en las urnas. Pero disponemos de otro dato todavía más contundente: en determinadas zonas de España había localidades en las que hasta hace poco se votaba mayoritariamente a la izquierda y resulta que ahora ese voto ha pasado de forma masiva a Vox. No puede ser que todos esos ciudadanos hayan tenido una revelación franquista.</p><p>Si no atendemos a las causas que realmente han incidido en el ascenso electoral de Vox obviamente no podremos plantear la batalla política de manera adecuada. Me parece claro que el éxito de esa formación pasa por haber puesto encima de la mesa cuestiones que muchos ciudadanos tenían la sensación de que, o bien no eran abordadas, o bien no eran abordadas adecuadamente por el resto de partidos políticos. Por ejemplo, la unidad territorial, la inmigración, determinadas interpretaciones de la política de igualdad de género… En demasiadas ocasiones la propia izquierda, en vez de entrar en los debates planteados por Vox y rebatirlos con cifras y datos, cosa que hubiera podido hacer muy fácilmente, ha optado por la simple y rotunda descalificación: llamarlos fachas, machistas, franquistas o lo que sea. Y yo creo que lo otro hubiera sido más efectivo.</p><p>A mi entender, la izquierda debería haber sido más sensible a un hecho que todos hemos podido constatar en muchísimas ocasiones. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a una persona empezar a hablar diciendo: ‘Yo no soy de Vox pero…’? Por favor, subrayemos el ‘pero’. Reparemos en ese ‘pero’, porque lo que nos está anunciando es que dicha persona tiene la sensación de que algunas de las cosas que plantea Vox son muy razonables o incluso obvias. Eso nos debería preocupar. Y ahí creo que la izquierda no ha tenido la actitud adecuada en demasiadas ocasiones.</p><p><strong>P.: ¿Resuelve la nueva ley de memoria democrática las cuentas pendientes de la transición? Hay quienes creen que aún falta derogar la ley de Amnistía que, más allá de la utilidad práctica que pudo tener en su momento, hasta Naciones Unidas considera una anomalía.</strong></p><p><strong>R.:</strong> La expresión ‘cuentas pendientes de la transición’ me genera una cierta desazón, he de admitirlo. Supongo que porque no termino de entender bien a qué se hace referencia con ella. Yo no entro en el detalle de si debe ser derogada o no la Ley de Amnistía, porque no me considero competente para valorar este tipo de asuntos. Pero he de reconocer que, por razones biográficas, cuando se suscitan yo no puedo evitar la evocación de aquella política de reconciliación nacional que planteaba Santiago Carrillo ya en la década de los cincuenta del siglo pasado. Ya sé que hay quien ha planteado la hipótesis de que aquella propuesta era meramente táctica, instrumental, para concentrar todas las energías políticas en el objetivo de acabar con la dictadura, pero que de ninguna manera se trataba de conciliarse con la dictadura. La interpretación me resulta sorprendente porque yo no recuerdo a ningún demócrata que en la transición propusiera reconciliarse con la dictadura, que era más bien el espanto del que todo el mundo quería alejarse cuanto antes y con el menor trauma posible. Lo que sí recuerdo, y con toda claridad, son algunas intervenciones en el Congreso de los Diputados particularmente emotivas por parte de ilustres exiliados y represaliados de izquierda cuando se debatió esa ley. Y también recuerdo que en las siguientes elecciones todos ellos convocaban a la generosidad y el perdón.</p><p>“Vayamos con cuidado en no convertir el resentimiento en el eje de la política de este país”</p><p>Por concretar: las cuentas que puede haber efectivamente pendientes, como el derecho que asiste a los familiares de dar sepultura digna a sus seres queridos que todavía puedan estar ahí en las cunetas y otros asuntos similares, por supuesto se han de saldar. Sobre esto no tengo la menor reserva y quiero que quede claro. Pero vayamos con cuidado en no convertir el resentimiento en el eje de la política de este país. A lo mejor es deformación profesional de filósofo, pero cuando se habla de estas cosas yo a menudo recuerdo la vieja máxima según la cual sólo se perdona lo imperdonable.</p><p><strong>P.: En el libro compara la década que va de la crisis de 2008 a la pandemia con un período de entreguerras. ¿Se atreve a imaginar la posguerra de este mundo?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Si de verdad tuviera imaginación me dedicaría a la literatura. Pero si me lo tengo que imaginar, tiendo a pensar en esa posguerra como un escenario muy parecido al actual, sólo que con sus rasgos más sombríos intensificados. Y con eso no aludo solamente a un incremento de la pobreza, la desigualdad u otras contingencias igualmente dañinas. Estoy pensando, si echamos la vista atrás y vemos lo que ha ocurrido en las últimas décadas en el planeta, en que la aparición recurrente de pandemias va a resultar poco menos que inevitable. Pero no aludo solamente a estos rasgos sombríos sino también a lo que podemos llamar una desesperanza generalizada. A un miedo creciente al futuro, a un futuro que parece haberse convertido cada vez más en una caja de sorpresas temibles. Por decirlo mal: del futuro ya sólo esperamos lo peor.</p><p><strong>P.: ‘Transeúnte…’ se refiere a Podemos y al independentismo como las dos grandes impugnaciones del sistema político español de la década. ¿No hay algo también de seísmo en la corrupción de la monarquía?</strong><em>‘Transeúnte…’</em></p><p>R.: A mí no me cuesta aceptar en absoluto que sucesos como los episodios, sin duda poco edificantes, protagonizados por el hoy rey emérito son inquietantes y tienen algo de seísmo. Yo eso no lo discuto. De la misma manera que tampoco discuto que en toda esta segunda década del siglo también han ocurrido cosas muy importantes políticamente como la irrupción de Ciudadanos, que llegó a convertirse por unos meses en alternativa por la derecha del PP y que terminó sufriendo posteriormente un aparatoso hundimiento. También fueron muy importante episodios como los de la profunda renovación de los dos grandes partidos tradicionales, particularmente traumática en su momento en el caso del PSOE. ¿Por qué no los he subrayado en el libro? Porque creo que todos esos hechos, que se añaden a los que planteas, podían afectar muy severamente al orden establecido pero no se presentaban como una impugnación en toda regla del mismo, cosa que sí sucedía en los dos casos en los que me centro en el libro, los de Podemos y el independentismo.</p><p><strong>P.: Usted es muy crítico con Podemos y con su líder, Pablo Iglesias. ¿Cómo lo ve ahora, en el Gobierno? ¿Las tensiones del presente le parecen postureo o cree que predicen una inevitable ruptura en el futuro? ¿Se están adaptando a sus nuevas responsabilidades?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Que se está adaptado a una nueva situación ya se vio en las dos campañas electorales del año pasado, en las que Podemos no solamente abandonó el lenguaje de los candados de la Transición sino que asumió el texto constitucional como eje programático. Si alguien ha pegado un volantazo político programático ha sido, desde luego, Podemos. Yo, por supuesto, celebro que haya ocurrido así. Da la impresión de que está haciendo esfuerzos por adaptarse a una nueva situación, esfuerzos que le llevan incluso a reconsideraciones de elementos que antes eran fundamentales en su propuesta política.</p><p>¿Cómo valorar las tensiones del presente en el seno del gobierno? Una cosa parece obvia. La ruptura es inevitable tarde o temprano en cualquier gobierno de coalición. Las fuerzas políticas coaligadas necesitan en algún momento volver a diferenciarse para poder recuperar su propio perfil ante su electorado de cara a las siguientes elecciones. Otra cosa muy distinta sería que esa ruptura no se produjera por esta lógica electoralista sino por otros motivos y antes de tiempo. Eso sí que implicaría una crisis política de calado.</p><p>Pero no creo que esto sea el caso ahora. Tiendo a pensar que lo que denominas postureo tiene que ver con una voluntad de poner en primer plano diferencias con el socio mayoritario del gobierno. A veces esas diferencias son perfectamente inocuas, no tienen demasiado recorrido, pero a Podemos le interesa ponerlas en primer plano, probablemente porque así pasan a segundo plano, quedan en la sombra, las rectificaciones, las renuncias a las que se está viendo obligado para permanecer en el gabinete. No soy un experto en cuestiones económicas, pero probablemente tenga mucho más calado político y económico aceptar sin demasiadas críticas la fusión de Bankia con Caixabank que discutir acerca de las medallas de Billy el Niño. Pero poner el acento en una cosa sirve para apartar el foco de la otra.</p><p><strong>P.: En el libro afirma que estamos a tiempo de no repetir la crispación entre el PSOE de Zapatero y el PP de Rajoy a cuenta de la memoria histórica y ETA. ¿Lo sigue creyendo?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Sí, lo sigo creyendo. Aquel tipo de enfrentamientos en gran parte tenía que ver con una lógica bipartidista y un concepto de partidos, como se suele decir en los Estados Unidos, atrapalotodo. Y que, precisamente por eso, lo que necesitan fundamentalmente es una idea-fuerza. Una vez que creen tenerla, golpean con ella al adversario de manera permanente. Durante los gobiernos de Zapatero, la idea-fuerza que utilizaba la izquierda frente a la derecha era una muy simple pero contundente: ‘Ustedes no son realmente demócratas’. E intentaba poner el dedo en el ojo con este asunto. Presentando mociones para que se produjeran declaraciones en el Congreso condenando explícitamente el franquismo, por ejemplo, cosa que la izquierda sabía que generaba incomodidad al PP, que tiene un sector de votantes profundamente conservador.</p><p>¿Y qué hacía el PP por su parte? También golpear con fuerza con una idea sensible: ‘Ustedes no son realmente españoles, ustedes no aman realmente a España’. El debate sobre el <em>Estatut</em> en Cataluña, el Plan Ibarretxe, les servía para esto. Es decir, esa confrontación respondía a la situación política del momento y a ese modelo de partidos.</p><p>Sigo creyendo que es posible no repetir aquello entre otras cosas porque la estrategia de la crispación era una estrategia pensada, que se consideraba la adecuada y útil en aquel momento. Tampoco constituía una especie de fatalidad histórica, por más que el cainismo a veces parece formar parte del ADN de este país. Por tanto, en la medida en que era y es el resultado de decisiones políticas, no hay por qué repetirla.</p><p>Otra cosa es que se constate que cuando determinadas fuerzas políticas asumen y perseveran en determinadas inercias, en este caso de confrontación, de alguna manera ellas mismas se están poniendo cuesta arriba la rectificación. Cuanto más insistas en un mensaje, más convenzas a los tuyos de A, luego convencerles de ‘no A’ se pone más complicado.</p><p>Ahora bien, lo que también es cierto es que vivimos en una época de extraordinaria volatilidad política. Y claro, algún lado bueno ha de tener la misma: cada vez se guarda menos memoria de lo que se anunció o se prometió en el pasado, por más énfasis público que se hubiera puesto en el anuncio o en la promesa. Las rectificaciones hoy resultan menos costosas, pasan menos factura, sobre todo electoral. Por lo tanto, si en un momento determinado un partido político que ha optado por la crispación considera que no conviene ya seguir por ahí, porque el CIS le augura unos resultados pésimos, rectifica sin pestañear.</p><p><strong>P.: ¿A quién prefiere como socio de Presupuestos? ¿A Esquerra o a Ciudadanos?</strong></p><p><strong>R.:</strong> No simpatizo lo más mínimo con eso que últimamente se llama la <em>vetocracia</em>. A mí lo que me gustaría, dadas las circunstancias actuales, es que los Presupuestos salieran con el mayor respaldo posible. En todo caso, el criterio para decidir entre socios presupuestarios debería pasar por examinar las exigencias que cada uno de esos posibles socios pusiera para el apoyo, no por ningún veto previo. O sea, no por decir que ‘en principio estos están más cerca de nuestras posiciones’. No creo que estemos ahora en ese debate. Por tanto, si alguno de los dos, o los dos, pusiera exigencias inasumibles para apoyarlos, exigencias que terminaran generando efectos indeseables muy graves,<strong> e</strong>s obvio que ese apoyo a mi juicio no resultaría aconsejable.</p><p><strong>P.:¿Tiene solución Cataluña? ¿Cuánta Cataluña cabe en una solución federal?</strong></p><p>“La sociedad catalana está profundamente dañada”</p><p><strong>R.:</strong> Tiene solución, pero<strong> </strong>ni es fácil ni se alcanzará a corto plazo. Este transatlántico, si endereza el rumbo, necesitará de mucho espacio, lo que en este caso quiere decir mucho tiempo, por delante para poder hacerlo. La sociedad catalana está profundamente dañada y eso no va a cambiar de un día para otro.</p><p>Por lo que respecta a la solución federal, estoy convencido de que podría tener un amplio respaldo. En las ocasiones en las que se han hecho encuestas y se les ha preguntado a los ciudadanos de Cataluña cuál de tres opciones prefería para solucionar el conflicto (continuar con la situación actual, iniciar una reforma federal o la independencia), en el peor de los supuestos, cuando el federalismo obtenía el peor de los resultados, empataba con el independentismo. Y en los mejores lo superaba.</p><p>¿Cómo interpreto dicho dato? En el sentido de que no es fantasioso en absoluto suponer que, debidamente explicado, el federalismo puede satisfacer las demandas de cohesión territorial que son las que más preocupan al autonomismo y, al mismo tiempo, las de reconocimiento de las diferencias específicas, que es una de las reclamaciones más sentidas del independentismo. Yo creo que sí, que el federalismo puede ser un punto de encuentro absolutamente aceptable y útil. Hay un dato que no deberíamos olvidar: muy probablemente, si le preguntáramos a la gente cuáles son los países que cree que tienen el sistema político que funciona mejor, resulta que son mayoría los que tienen regímenes de una u otra manera federalistas o federalizantes.</p><p><strong>P.: ¿Los indultos tiene que formar parte de la solución?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Esta pregunta requiere una matización previa, a mi juicio particularmente importante. Me refiero a la de distinguir las causas y los efectos de los indultos. Las causas pueden ser diversas. Se pueden solicitar por razones humanitarias, legales, políticas o de cualquier otro tipo, y corresponde a las instancias pertinentes valorar si los motivos argüidos resultan adecuados o no. En este momento, ignoro los planteamientos que han hecho quienes han presentado las solicitudes con el objeto de que obtengan ese beneficio algunos de los políticos independentistas encarcelados. Lo que sí puedo decir es que ciertos planteamientos que se han hecho públicos en estos días para justificar la necesidad del indulto (por ejemplo, el de que así se corregiría una sentencia a todas luces injusta) dudo mucho que puedan ser aceptados por ninguna de las instancias a las que acabo de aludir y en cuyas manos, a fin de cuentas, está la posibilidad de concederlos o no.</p><p>Pero la pregunta no es por las causas sino por los efectos de tales indultos. Y al respecto, creo que solo cabe una respuesta: depende. Lo voy a plantear en términos de hipótesis. Si unos eventuales indultos fueran interpretados por los indultados no para aprovechar lo que pudieran tener de oportunidad para buscar una solución sino como una victoria política para, a continuación, perseverar en lo mismo (que es lo que por cierto alguno de ellos ya ha anunciado con la frase ‘Lo volveremos a hacer’), en ese caso los indultos no habrían servido para solucionar absolutamente nada. En el pasado reciente se repitió unas cuantas veces la misma situación. El independentismo le reclamaba al gobierno central determinadas medidas, con argumentos como ‘qué menos que…’, ‘tengan ustedes al menos un gesto…’. Y añadían, indefectiblemente, que ello ayudaría a desbloquear la situación. ¿Qué ocurría luego? Que en el momento en el que el independentismo veía satisfecha su reclamación, pasaba a declarar con una desenvoltura absoluta que la situación no había cambiado en lo más mínimo, que todo estaba exactamente igual y que así no había manera de solucionar el conflicto.</p><p>“Ninguna medida garantiza nada si no va acompañada de la voluntad política de una solución”</p><p>El que los indultos formen parte de la solución o no tiene que ver con la política. A veces tengo la sensación de que los que repiten como si fuera un mantra que esto ha de tener una solución política, no terminan de ser conscientes del alcance de sus palabras. En efecto, ninguna medida de ningún tipo, indulto incluido, garantiza nada si no va acompañada de la voluntad política de una solución. Es decir, del reconocimiento de que ese indulto es un gesto que exige al otro una respuesta. Si no, no sirve de nada.</p><p>Dicho de otro modo: esta pregunta también se le debería dirigir a aquellos que podrían ser objeto de indulto y sería bueno que declararan públicamente si ese indulto garantizaría de alguna manera –y, si es posible, que aclararan de qué manera– que nos aproximáramos a la solución. Porque si es al contrario, si ellos creen que el indulto se les debe y no les obliga a nada, sería de agradecer que se lo hicieran saber al Gobierno.</p><p>Y quede claro que no hay en mis afirmaciones el menor juicio de intenciones. No estoy diciendo nada parecido a: ‘Quizá piden el indulto, pero secretamente no albergan propósito alguno de que cambie nada’. No, la posibilidad de que los hipotéticos indultados continuaran con lo mismo de antes, o incluso con redoblados ánimos, presentando el indulto como una victoria política, es algo que algunos de ellos repiten constantemente, e incluso lo han dejado dicho por escrito.</p><p><strong>P.: El pimpampum de la política española, ¿adónde nos lleva?</strong></p><p><strong>R.: </strong>A una combinación, tan perversa como extremadamente negativa para nuestro futuro como sociedad, de desafección política y malestar social. Me temo que nos lleva a una peligrosísima rabia sin objeto que podría ser aprovechada por sectores sin escrúpulos para capitalizarla en su beneficio. Estoy convencido de que, teniendo en cuenta el complicadísimo momento que estamos viviendo, cualquiera puede entender a qué me refiero.</p><p><strong>P.: ¿Es Salvador Illa el futuro del PSC?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Salvador Illa forma parte del futuro del PSC sin la menor duda, En estos meses en el Gobierno ha demostrado una enorme capacidad de gestión, un rigor y una seriedad que por lo que sabemos, me refiero a las encuestas que valoran a los diferentes ministros, la ciudadanía ha valorado de manera muy positiva. Dicho lo cual, yo creo que afortunadamente el PSC gravita sobre un proyecto político y no sobre ningún tipo de hiperliderazgo. Ha sido precisamente eso lo que le ha permitido rehacerse tras momentos ciertamente complicados, tanto del propio partido como de la sociedad catalana, en el pasado reciente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manuel Cruz: "Un indulto es un gesto que exige al otro una respuesta; si no, no sirve de nada"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medios comunicación,PSC,Transición democrática,Política,Entrevista,Memoria histórica,El futuro de Cataluña,Manuel Cruz,El diálogo sobre Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Son culturales las guerras culturales?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/son-culturales-guerras-culturales_1_1185757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Tal vez no sean tiempos de relativismo como los que vivimos los más adecuados para emprender guerras culturales. Ya hace décadas, todavía en el ya lejano siglo XX, que <strong>sectores abiertamente reaccionarios</strong> (alguno de ellos medievalizante sin el menor pudor), <strong>descubrieron que determinados planteamientos, que algunos ilusos habían tomado por iconoclastas, les resultaban a ellos de enorme utilidad</strong>. Así, cobijándose bajo el manto protector del filósofo de la ciencia P. K. Feyerabend, por aquel entonces en la cresta de la ola merced a su tesis según la cual todo vale en materia de conocimiento, se atrevían a formular la pregunta ineludible que se desprendía de dicha tesis: ¿por qué van a valer menos mis planteamientos que los de los más modernos progresistas?</p><p><strong>No está claro si ha sido la derecha o la izquierda quien ha emprendido este tipo de guerras</strong>. Lo que sí parece fuera de duda es que ambas creen que plantear la confrontación entre ambas en dicho terreno es lo que más favorece a sus respectivos intereses. Así, sin alejarnos demasiado en el tiempo, veíamos hace no tanto que episodios como el del llamado pin parental, promovido por Vox para que los padres pudieran vetar la impartición en las aulas de determinados contenidos, fundamentalmente de índole sexual, se convertían en el escenario central del enfrentamiento político. Aunque, en realidad, no es la primera vez que algo así ocurre en los últimos tiempos. Se recordará la atención que, algo antes, obtuvo en casi todos los medios -aunque especialmente en los de izquierdas- el episodio del autobús fletado por la asociación ultracatólica “Hazte Oír” recorriendo Madrid con el mensaje tránsfobo "los niños tienen pene y las niñas tienen vulva".</p><p>No creo que resulte demasiado aventurado por mi parte afirmar que esta campaña, así como los eslóganes en los que se basaba ("Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo", “que no te engañen”…, todos ellos extremadamente tajantes), fueron recibidos en su momento por la izquierda como auténtica agua de mayo. En tiempos de sociedad líquida, parecían pensar algunos en ese lado del espectro político,<strong> encontrar una línea de demarcación nítida y rotunda que nos permita diferenciarnos de nuestros adversarios sin sombra de ambigüedad constituye una auténtica bendición</strong>.</p><p>No parecía una intuición equivocada desde el punto de vista electoral en aquel entonces, todo hay que decirlo. De hecho, la irrupción poco tiempo después de una fuerza política como Vox, que asumía este tipo de posiciones, aunque primero dio la sorpresa en Andalucía entrando con fuerza en su parlamento, luego permitió polarizar la campaña de las generales del 28-A del 2019 con éxito para la izquierda. Sin embargo, habría que considerar seriamente la posibilidad de que este último resultado (en el posterior, del 10-N del mismo año, interfirieron otros factores, como la sentencia del procés, que alteraron profundamente la situación) haya terminado por generar un espejismo. En concreto, <strong>el espejismo de que el ámbito en el que más le conviene a la izquierda medirse con la derecha es en el de las batallas culturales</strong>.</p><p>Más allá de lo estrictamente político-electoral, no deja de ser llamativa la forma, digamos que paradójica, en la que la izquierda parece haber decidido llevar a cabo dicha confrontación: a base de no confrontar argumentos. Porque no cabe denominar argumentos a meros eslóganes de-usar-y-tirar y, por añadidura, de dudosa agudeza como “quieren retrotraernos a una España en blanco y negro”, “quieren retroceder cuarenta años” y similares, por no hablar ya de <strong>la tan aparatosa como inane “alerta antifascista”</strong>, que permiten obtener una espontánea adhesión especialmente en los previamente convencidos, pero que no parecen provocar idéntica reacción en otros sectores (crecientes, por lo que reflejan encuestas y elecciones).<strong> </strong></p><p>Ya sé que <strong>abundan los partidarios de no permitir que se difundan determinadas ideas en el espacio público</strong> y que, cuando no queda otro remedio que aceptar su difusión (como es en el caso de las campañas electorales), entienden que lo mejor es no reconocerles a quienes las defienden la condición de interlocutores a base de ignorarlos, trazando alrededor suyo un cordón sanitario de desdeñoso silencio.<strong> </strong>No faltan incluso quienes hacen bandera de este boicot y pretenden justificarlo con el argumento de que no hay que permitir que la extrema derecha imponga su agenda. Hasta que, a veces demasiado tarde, todos ellos caen en la cuenta del impacto que podrían llegar a tener los eslóganes de tales adversarios, la rapidez con la que cuajan en amplias zonas de la ciudadanía, y es entonces cuando reaccionan y se deciden a debatir.<strong> </strong></p><p>Mi desacuerdo con este boicot no se debe a que ignore o menosprecie que se pueden hacer cosas (y bien malas, por cierto) con palabras, sino a que creo que <strong>esas cosas no deseables hay que combatirlas con las mismas armas que las han producido, esto es, con palabras cargadas de argumentos, además de con cifras y con datos</strong>, claro está. Por añadidura, ¿cómo denominar “cultural” a una batalla en la que uno de los bandos -en este caso, una parte de la izquierda- se resiste a que se libre precisamente en el campo de la palabra, el discurso o las ideas? Pero la resistencia a debatir con el adversario político -en este caso, el ultraconservador- ha sido siempre más cosa de quienes adolecen de un déficit de cultura que de quienes disfrutan de una sobreabundancia de la misma. Se comprende la irritación de quienes, en las filas de la izquierda, creen ver comportarse así a los suyos, esto es, a unas fuerzas que históricamente habían hecho gala, y con todo derecho, de su hegemonía en ese campo. No les falta razón a estos irritados. Se podrá discrepar de algunos aspectos que planteaban los intelectuales norteamericanos firmantes de la "carta sobre la justicia y el debate abierto" publicada en la revista Harper´s a principios de julio, pero no de este: <strong>“la superación de las malas ideas se consigue mediante el debate abierto, la argumentación y la persuasión y no silenciándolas o repudiándolas”</strong>.</p><p>Tal vez lo más preocupante de semejante actitud no sea que, perseverando en ella, el único resultado que cabe esperar es el reforzamiento de la cohesión de los ya convencidos, pero no la ampliación de su número. Más preocupante que esto es el efecto indirecto que puede llegar a producir. Porque identificando al adversario ultraconservador con determinadas posiciones en el terreno digamos que estrictamente cultural o de costumbres se le deja de definir (y a continuación criticar) por sus posiciones en otros terrenos, sociales o económicos especialmente, dejándole <strong>campo abierto a que pueda intentar ampliar su influencia en sectores tradicionalmente muy alejados de sus posiciones políticas, como son los trabajadores</strong>.</p><p>Aquellos que tanto se dedican a recordar que los homólogos de nuestra extrema derecha son Salvini, Le Pen, Bolsonaro <em>e tutti quanti</em> deberían recordar también que <strong>una buena proporción del éxito electoral del Frente Nacional francés se debe a que consiguió introducirse en los tradicionales caladeros de votos de la izquierda</strong>, en los barrios obreros de las ciudades más industriales del vecino país. Argumentos parecidos podrían aplicarse al mismísimo Donald Trump, quien, por cierto, en la recta final de su mandato parece haber descubierto lo provechoso que le puede resultar políticamente entrar en este tipo de guerras y se ha dedicado a atacar el movimiento de protesta contra algunos símbolos (como por ejemplo estatuas), desencadenado a partir de la muerte de George Floyd a manos de la policía, tachándolo precisamente de “revolución cultural de la izquierda diseñada para derrocar la revolución estadounidense”.</p><p>Y es que <strong>lo que hace realmente temibles a estas fuerzas políticas ultrarreaccionarias no es su nostalgia del pasado</strong> (me atrevo a decir que inexistente en sentido fuerte, ¿o es que alguien se cree de verdad lo de la repentina añoranza del franquismo por parte de millones de españoles?), <strong>sino su capacidad para detectar en el presente aquellos elementos que mejor les permiten conectar con el sentir de un amplio número de ciudadanos</strong>. Ciudadanos que, valdrá la pena insistir en ello, en el caso de haber sido preguntados al respecto hace un tiempo, habrían negado rotundamente la mera posibilidad de terminar respaldando con su voto a las mencionadas fuerzas.</p><p>Se impone <strong>reflexionar no solo sobre lo que se hizo mal y provocó que nos encontremos ahora como nos encontramos, sino sobre la respuesta que se le está dando a esta nueva realidad emergente</strong>. No fuera a ser que la bélica referencia a lo cultural estuviera en realidad escondiendo un confuso cortoplacismo. O, peor aún, que el enfrentamiento, tan ruidoso como escaso de argumentos, sobre cuestiones muy sensibles desde el punto de vista ideológico pero inocuas desde el de la transformación material terminara haciendo que dejáramos de debatir en la plaza pública acerca de las cuestiones realmente importantes para la ciudadanía en su conjunto. La izquierda no puede permitirse una cosa así precisamente en este momento. Se impone desactivar con razones las primeras para poder colocar las segundas en el centro del debate político.</p><p>_______________________</p><p><strong>Manuel Cruz</strong> es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y senador por el PSC-PSOE en las Cortes Generales.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Cruz]]></author>
      <media:title><![CDATA[¿Son culturales las guerras culturales?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Izquierda,Manuel Cruz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plagios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/plagios_1_1175132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Está muy activa la denuncia a políticos de <strong>plagios en obras destinadas al ámbito académico</strong>. Así le ocurrió a la exministra de Sanidad, Carmen Montón, con su trabajo de máster. También al exrector de la Universidad Juan Carlos I, Fernando Suárez, y existen ejemplos en la República alemana de ministros que han tenido que dimitir por descubrirse que sus tesis doctorales estaban copiadas. En internet hay varias plataformas para descubrir el “copia y pega” de los diversos trabajos que presentan los alumnos en el proceso de su graduación o de los másteres. Se descubre la trascripción literal de lo que ya está publicado en las redes o en otros trabajos y libros, sin ninguna redacción propia y sin ninguna cita del autor o autores escogidos. El profesor responsable tendrá que valorar el porcentaje, mayor o menor, de lo copiado para darlo por válido o suspenderlo. Si un alumno hace, por ejemplo, un estudio de las guerras carlistas en el siglo XIX y se limita a una copia literal de un texto, sin ninguna reflexión, no puede obtener el apto. Pero si por el contrario ha ido introduciendo párrafos de otros autores, aunque no los cite, en un proceso de reflexión y análisis sobre lo que significaron aquellos acontecimientos, y se ve que ha estudiado el tema y le ha servido para tener un conocimiento del mismo, entonces el trabajo ha cumplido su objetivo y puede ser aceptado.</p><p>Otra cosa es cuando en un estudio científico de un artículo o un libro de investigación el autor hace uso de otras publicaciones sin citarlas, dándolos como propio de manera parcial o total. O cuando el estudio ha sido realizado por dos o más personas y una de ellas ha decidido que prescinde del acuerdo y publica lo que cree que es su aportación sin considerar que la totalidad de un trabajo conjunto es de todos los comprometidos, porque así ha sido aceptado desde principio. Hay ejemplos de ello: dos profesores de la Universidad de Zaragoza, Peiró y Pasamar, escribieron un primer libro como especialistas en la Historiografía española (<em>Diccionario Akal de</em> <em>Historiadores españoles contemporáneos</em>, Akal-2002). Estaba previsto un segundo volumen, pero entre ellos no hubo acuerdo y ninguno pudo publicar lo que consideraban de su propia cosecha porque en una obra conjunta no existe una parte de uno o de otro, a no ser que se especifique en capítulos independientes. En ningún caso publicar íntegramente lo que ya estaba maquetado eliminando lo que uno consideraba suyo porque en una obra conjunta todo lo escrito y aceptado es de ambos a no ser que uno realice otra con una redacción distinta por su cuenta. Profesores de Derecho Mercantil afirman que es<strong> causa de una querella civil</strong> que puede dar lugar a la retirada del libro y recibir una indemnización por los daños morales.</p><p>Pero otra cosa son los libros de texto para alumnos de la ESO, el Bachillerato o la universidad donde el objetivo fundamental es <strong>trasmitir con la mayor precisión y síntesis los contenidos de una materia</strong> para que el alumno tenga facilidad de asimilarlo. Los libros de textos están llenos de trozos de otros autores a los que, por lo general, no se cita porque no estamos en un estudio científico sino en un <strong>uso práctico </strong>para que el estudiante capte lo esencial de lo expuesto. Si uno encuentra un párrafo que aclara una cuestión mejor que lo que él pueda expresar mientras lo escribe lo usa en aras de la mejor comprensión. Si cogen libros de textos de cualquier asignatura encontrarán multitud de ejemplo. Y eso no deteriora la capacidad del autor, al contrario, indica que ha consultado diversos materiales y ha elegido lo mejor para los alumnos, sin que ello pueda ser calificado de plagio. Al igual que se hace en las explicaciones orales de seminarios o clases ordinarias. Peor es el caso de los que copian ideas redactándolas con su propio estilo sin citar de quienes son. Un profesor como Manuel Cruz, presidente del Senado, tiene <strong>obras de investigación y manuales de divulgación</strong>. Además, ha dirigido una colección de monografías asequibles al gran público de unos 40 pensadores de Historia de la Filosofía. Nada que ver con Newton, obsesionado porque Robert Hook (que descubrió la ley de la elasticidad) le copiara su Teoría de la Gravedad. </p><p>Javier Paniagua es socio de infoLibre</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[95e30974-2b5f-4b82-b903-b78a69a334e5]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Paniagua]]></author>
      <media:title><![CDATA[Plagios]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Manuel Cruz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El presidente del Senado dice ante la acusación de plagio que "no todo vale en política" y el PP espera explicaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/presidente-senado-dice-acusacion-plagio-no-vale-politica-pp-espera-explicaciones_1_1174444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2230ba28-fcae-4c49-819c-0b2d4bdbede7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El presidente del Senado dice ante la acusación de plagio que "no todo vale en política" y el PP espera explicaciones"></p><p>El presidente del Senado, el socialista <strong>Manuel Cruz</strong>, ha respondido ante las acusaciones de plagio en uno de sus manuales de filosofía que "<strong>no todo vale en política</strong>" y ha asegurado que el papel de los políticos en las instituciones es trabajar "en favor de la dignidad" de las mismas.</p><p>En declaraciones previas a la Junta de Portavoces, Cruz no ha querido decir nada más y se ha remitido al comunicado que ha emitido su equipo para responder a lo publicado por<em> Abc</em>, supuesto plagio a varios autores en un manual publicado por Cruz. </p><p>Manuel Cruz, catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona desde 1986, <strong>plagió al menos a nueve autores</strong> en su manual <em>Filosofía Contemporánea</em> (publicado en 2002 y reeditado en 2010), según publica este martes el <a href="https://www.abc.es/espana/abci-fraude-academico-presidente-senado-manuel-cruz-plagio-nueve-autores-manual-filosofia-201909100341_noticia.html" target="_blank">diario Abc</a><em>.</em></p><p>El número dos de las listas del PSC en las pasadas elecciones generales <strong>copió, sin citar ni entrecomillar, párrafos íntegros</strong> de obras de varios filósofos y autores como los docentes españoles José María Mardones y Nicanor Ursúa o los filósofos italianos Gianni Vattimo y Nicola Abbagnano. De acuerdo con <em>Abc</em> –que ha divulgado los extractos del libro en los que se observa plagio– Cruz <strong>no menciona a algunos de los autores plagiados ni una sola vez</strong> a lo largo de las 429 páginas de que consta su manual; a otros, los plagia en algunas páginas y los cita en otras.</p><p>Este martes, el equipo del catedrático y político socialista <strong>ha difundido un comunicado</strong> a través de su cuenta de Twitter en el que defiende su trayectoria como intelectual prolífico y riguroso y <strong>niega cualquier acusación</strong> de plagio, además de señalar que este tipo de acusaciones “inciden en el desprestigio de la política y en la desafección de los ciudadanos hacia ella y hacia las instituciones”.</p><p>  </p><p>La ministra de Educación en funciones y portavoz del Gobierno,<strong> Isabel Celaá</strong>, ha defendido al presidente del Senado, y, preguntada directamente si considera que este caso supone un problema para que siga como presidente del Senado, ha afirmado que no piensa que esto comprometa el futuro de Manuel Cruz. <a href="https://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/isabel-celaa-sobre-si-pedro-sanchez-aceptaria-el-encargo-del-rey-para-una-nueva-investidura-si-hay-agua-en-la-piscina-ira-si-no-hay-no-vamos-a-perder-el-tiempo_201909105d7751890cf2339485390844.html" target="_blank">En declaraciones a Onda Cero</a>, recogidas por Europa Press, la dirigente socialista ha indicado que, "más allá de un texto literal de dos líneas", un plagio consiste en hacer pasar como propia "una trama, una idea o un concepto", por lo que ha minimizado la polémica que afecta al presidente del Senado.<strong> "No me parece un plagio"</strong>, ha dicho.</p><p>El portavoz de los <em>comuns </em>en el Congreso,<strong> Jaume Asens</strong>, ha defendido a Manuel Cruz. "Es lamentable como algunos pisotean la ética y el derecho a defensa. Mi apoyo, profesor", ha afirmado en un tuit.</p><p>  </p><p><strong>Las reacciones de PP, Ciudadanos y PSOE</strong></p><p>El <a href="https://www.infolibre.es/tags/partidos/pp.html" target="_blank">PP</a> se ha mostrado prudente este martes sobre la acusación de plagio al presidente del Senado, Manuel Cruz, y ha asegurado que quiere leer el comunicado con sus explicaciones antes de hacer <strong>"un juicio de valor"</strong>, mientras que Ciudadanos ha asegurado sin embargo que ve <strong>"insuficiente"</strong> esa nota y espera más. El <a href="https://www.infolibre.es/tags/partidos/psoe.html" target="_blank">PSOE</a> ha asegurado que Manuel Cruz está dispuesto a ofrecérselas "uno a uno" a los portavoces que las necesiten.</p><p>El portavoz popular en la Cámara Alta, <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/javier_maroto.html" target="_blank">Javier Maroto</a>, ha pedido una<strong> respuesta</strong> a Manuel Cruz en la Junta de Portavoces del Senado de hoy sobre la información de ABC de un supuesto plagio a varios autores en un manual de filosofía firmado por él, catedrático de esta especialidad de la Universidad de Barcelona.</p><p>Al acabar la reunión, el portavoz del PP ha asegurado a los periodistas que Cruz había emitido "con celeridad" un comunicado que él todavía<strong> no ha leído</strong> y que cuando lo haga, opinará. "No queremos realizar ninguna interpretación sin tener explicaciones", ha dicho Maroto. "Es una persona que tiene una honorabilidad", ha añadido.</p><p>El portavoz del PSOE, Ander Gil, ha agradecido el tono de Javier Maroto y ha asegurado que Manuel Cruz se ha ofrecido a los portavoces para darles "uno a uno las <strong>explicaciones personales y aclaraciones</strong> que precisen". Gil ha defendido el prestigio intelectual y la trayectoria profesional de Manuel Cruz y ha calificado la denuncia de supuesto plagio de <strong>"caza despiadada"</strong>.</p><p>Explicaciones insuficientes</p><p>Más contundente se ha mostrado la portavoz de Ciudadanos, Lorena Roldán, para quien sí hacen falta más datos que aclaren el supuesto plagio porque "las informaciones son muy graves" y afectan a la institución que preside Manuel Cruz. "El comunicado no explica la gravedad del asunto,<strong> no nos sirve</strong>. Tiene que dar la cara", ha afirmado.</p><p>Su partido espera que el presidente del Senado "<strong>voluntariamente" ofrezca explicaciones</strong> o si no, Ciudadanos le pedirá que comparezca en la Cámara para que se las pidan los grupos.</p><p>También <a href="https://www.infolibre.es/tags/partidos/compromis.html" target="_blank">Compromís</a> encuentra<strong> insuficiente la respuesta</strong> que ha hecho pública Manuel Cruz. "Es un caso personal, pero la cuarta autoridad del Estado no puede estar en tela de juicio", ha dicho su portavoz en el Senado, Carles Mulet.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Sep 2019 08:43:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El presidente del Senado dice ante la acusación de plagio que "no todo vale en política" y el PP espera explicaciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gobierno,PSC,PSOE,Senado,Isabel Celaá,Manuel Cruz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Senado no ha puesto todavía en práctica las recomendaciones del Consejo de Europa sobre transparencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/senado-no-puesto-todavia-practica-recomendaciones-consejo-europa-transparencia_1_1172970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/359a0fb6-0c68-4182-bbf0-43252e027614_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Senado no ha puesto todavía en práctica las recomendaciones del Consejo de Europa sobre transparencia"></p><p><a href="http://www.congreso.es" target="_blank"><strong>Congreso </strong></a><strong>y Senado no han arrancado la XIII Legislatura de una forma paralela en lo que tiene que ver con la transparencia y la rendición de cuentas de sus señorías.</strong><a href="http://www.congreso.es" target="_blank">Senado</a> Así, mientras la Cámara Baja ya tiene en marcha un código de conducta que afecta a los diputados de la nueva legislatura y que viene a completar otro tipo de obligaciones ya contempladas en el reglamento de la Cámara, el Senado va algunos pasos por detrás y no ha puesto todavía en práctica las recomendaciones del Grupo de Estados contra la Corrupción (Greco), el organismo anticorrupción del <a href="https://www.coe.int/es/web/about-us" target="_blank">Consejo de Europa.</a></p><p>Hace más de cinco años que este organismo venía reclamando a España mayor transparencia y controles <strong>para poner coto a la corrupción en el poder legislativo.</strong></p><p>El fin de la <strong>XII Legislatura</strong> con la convocatoria de elecciones anticipadas por parte del socialista Pedro Sánchez dejó en el registro de la Cámara un borrador remitido a la Mesa del Senado firmado por todos los grupos parlamentarios. Era el resultado de un grupo de trabajo constituido para hacer una serie de propuestas que, entre otras cuestiones, se adaptase a las recomendaciones del <strong>cuarto informe de Evaluación del Greco</strong>.</p><p>En el borrador remitido al órgano de Gobierno de la <strong>Cámara Alta</strong>, al que ha tenido acceso infoLibre, se dan por "consensuadas y finalizadas" un total de ocho propuestas que van desde la propuesta de modificación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) en lo que tiene que ver con las declaraciones de actividades de bienes y rentas de los parlamentarios a la modificación del reglamento del Senado, también en materia de declaraciones de actividades y bienes patrimoniales y rentas, pasando una propuesta de código de conducta de los parlamentarios y una <strong>"norma sobre registro de los grupos de interés" que operan en la Cámara</strong>.</p><p>Otra cuestión de interés tenía que ver con la actualización de los datos, una obligación de los parlamentarios en cuanto cambian las circunstancias y los datos consignados inicialmente. No obstante, los senadores que trabajaron en este documento lo dejaban negro sobre blanco: "Dentro de los meses de julio y agosto de cada año todos los parlamentarios presentarán la declaración de modificación de los bienes patrimoniales y rentas correspondientes al ejercicio económico del año anterior.<strong> En el caso de que no existieran variaciones, la declaración señalará esta circunstancia".</strong></p><p><strong>Infracciones por omisión de datos</strong></p><p>A diferencia de lo que ha ocurrido en el Congreso, la propuesta del Senado contemplaba una reforma del reglamento de la Cámara para introducir que la Comisión del Estatuto de los Senadores –vendría a sustituir a la actual Comisión de Incompatibilidades–<strong> "será competente para la instrucción de los procedimientos por infracción de la obligación de declarar las actividades, los bienes patrimoniales y las rentas"</strong>.</p><p>Según el documento que todavía no ha visto la luz –los grupos podrían retomar los trabajos puesto que generó un amplio consenso– se considerarán infracciones leves, por ejemplo, el retraso de más de dos meses a la hora de presentar las declaraciones (suele hacerse en el momento en el que se registran como parlamentarios) y la omisión involuntaria de alguno de los datos a consignar.<strong> Estas infracciones se sancionarían con un apercibimiento.</strong></p><p>Mientras, la omisión "dolosa" de datos o la falsedad de los mismos serán consideradas infracciones graves y la idea es que fuesen sancionados con multas de entre diez días y seis meses de la asignación constitucional. La asignación constitucional es el sueldo base de los parlamentarios y está ubicado en<strong> 2.981,90 euros al mes.</strong></p><p>Entre las citadas propuestas a la Mesa del Senado se incluyen una serie de normas que vienen a clarificar y homogeneizar los datos que sus señorías tendrían que aportar en las declaraciones de bienes patrimoniales y de rentas. Así, se contemplaba que las declaraciones de bienes patrimoniales de los senadores —y de los diputados porque la idea era que se extendiesen los mismos preceptos al Congreso— deberían incluir "el nombre de las entidades a cuyo capital pertenezcan las acciones, participaciones o cuotas que se declaren". Y, también, "el nombre de la persona o entidad financiera que haya concedido el crédito o préstamo que se declara, la fecha de la concesión, el importe, el saldo vivo de la deuda y el tipo de interés". <strong>Este tipo de datos son clave a la hora de controlar posibles episodios de conflicto de interés.</strong></p><p>¿Qué ocurre en el Congreso?</p><p>En el Congreso están más avanzados en esta materia, pero a diferencia de lo que ocurrió en el Senado, fue imposible que e<strong>l código de conducta fuera fruto del consenso de los diferentes grupos parlamentarios.</strong></p><p>La obligación que tienen sus señorías de presentar una declaración de intereses es una parte fundamental del <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/04/03/conflictos_intereses_lobbies_sin_control_curriculums_falsos_los_casos_reales_que_quiere_atajar_codigo_conducta_del_congreso_93577_1012.html" target="_blank">código de conducta</a>, aprobado el 28 de febrero de 2019 por un acuerdo de la Mesa del Congreso. La presidenta de la Cámara por aquellas fechas, Ana Pastor <a href="http://www.pp.es" target="_blank">(PP)</a>, tomó la iniciativa después de que este trabajo, <strong>encargado a los grupos parlamentarios, no avanzase.</strong></p><p>Otra de las novedades de este código es la de la incorporación de una Oficina de Conflicto de Intereses, un órgano que tendrá por objeto resolver las dudas que genere la aplicación de las nuevas normas y comprobar la veracidad de las declaraciones que los diputados trasladen al registro de intereses. En los últimos años una de las principales quejas de los trabajadores de la Cámara Baja en materia de transparencia ha sido que ni había personal ni dotación presupuestaria para estas tareas. Y que siempre que estallaba un escándalo <strong>era a raíz de investigaciones de los medios de comunicación.</strong></p><p>Para la redacción de este código, el Congreso recurrió como modelo a <strong>documentos similares que controlan los intereses de diputados del Parlamento Europeo</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/05/19/diputados_eurodiputados_diferencias_similitudes_ser_parlamentario_madrid_bruselas_94966_1012.html" target="_blank">Parlamento Europeo</a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/05/19/diputados_eurodiputados_diferencias_similitudes_ser_parlamentario_madrid_bruselas_94966_1012.html" target="_blank">.</a></p><p>El documento</p><p>Las declaraciones de actividades y bienes y rentas del Congreso no han cambiado esta legislatura.<strong> Los documentos a consignar por los parlamentarios son los mismos que los que han tenido que cumplimentar en los últimos años</strong>.</p><p>En la declaración de intereses, que es obligatoria en la Cámara Baja a partir de esta XIII Legislatura, se exige que los diputados detallen tres apartados. Uno: actividades que haya desempeñado en el pasado y que le hayan proporcionado ingresos económicos. Se pide concretar año, empleador, sector y una breve descripción. Dos: donaciones, obsequios y beneficios no remunerados obtenidos con anterioridad a la toma de posesión. Se pide concretar el objeto, la persona "benefactora" y una breve descripción en la que se incluya una "valoración aproximada". Y tres: otros intereses a declarar.</p><p>Conflicto de interés</p><p>El principal objeto del Código de Conducta es evitar que exista conflicto de interés. Y esto ocurre, según el propio documento, "cuando un diputado tenga un interés personal, tanto directo y propio como a través de una persona singularizada, que pueda influir de manera inadecuada en el cumplimiento de sus deberes como parlamentario, de tal forma que pueda poner en duda la objetividad e independencia del diputado o que este no <strong>persiga la consecución del interés general".</strong></p><p>Para evitar que se produzcan estas situaciones, los parlamentarios están obligados, por este código, a tomar todas las medidas necesarias para evitar la existencia de conflicto de intereses. "En el caso de que el conflicto no se pueda resolver, el parlamentario lo pondrá en conocimiento antes de que se inicie el debate del pinto de que se trate en la sesión del Pleno o de la Comisión, mediante escrito dirigido al presidente de la Cámara, en el primer caso, o de la <strong>Comisión correspondiente en el segundo".</strong></p><p>Si hay duda sobre si un parlamentario podrá estar incurriendo en un conflicto de interés o sobre el alcance del mismo, el afectado podrá dirigirse a la Mesa de la Cámara. <strong>El órgano de Gobierno del Congreso, </strong>con carácter confidencial, resolverá lo que proceda. Y, si lo considera necesario, podrá solicitar previamente un informe al respecto a la <strong>Comisión del Estatuto del Diputado.</strong></p><p>Por primera vez, se deja por escrito la prohibición de que los parlamentarios reciban <strong>"obsequios o beneficios similares que puedan ser razonablemente percibidos como un intento de influir en su conducta"</strong> como político. Y también la obligación de hacer pública su agenda institucional.<strong> Esta podrá ser consultada en el portal de transparencia de la institución.</strong></p><p>Dentro de su agenda, también deberá precisar las reuniones que mantenga con representantes de cualquier entidad que tenga la condición de grupo de interés. El Reglamento del Congreso de los Diputados tiene pendiente una reforma en la que, entre otros asuntos,<strong> debe abordar una regulación de los lobbies.</strong><em> lobbies</em></p><p>Tras una XII Legislatura marcada por la polémica de los currículums falsos y estudios y tesis doctorales bajo sospecha, a partir de ahora los diputados podrán colgar en la web institucional, en el apartado destinado a sus perfiles personales, <strong>los títulos, datos y archivos que consideren relevantes.</strong></p><p>¿Se impondrán sanciones?</p><p>El presidente de la Cámara, de oficio o a petición de otro diputado, puede solicitar la apertura de un procedimiento para dilucidar si se ha producido una infracción del Código <strong>por parte de un miembro de la Cámara, especialmente en el caso de conflicto de intereses,</strong> reza en el texto que se ha estrenado esta legislatura.</p><p>Debe ser la Comisión del Estatuto del Diputado la que elabore de un informe sobre la posible infracción. Este órgano escuchará al diputado afectado y podrá recabar un informe de la Oficina de Conflicto de Intereses. El informe de la Comisión deberá resolver si ha existido infracción y, en su caso, recomendar la sanción que corresponda de acuerdo con el Reglamento de la Cámara. <strong>De ahí, pasa a la Mesa.</strong></p><p><strong>Las sanciones en esta materia no son nada frecuentes.</strong></p><p>Las declaraciones de intereses de los diputados serán públicas en cuanto reciban el visto bueno de la <strong>Comisión del Estatuto del Diputado, </strong>pendiente todavía de constituirse. La idea de los grupos era que antes de que termine julio estén conformadas todas las comisiones parlamentarias, si bien <strong>lo más probable es que este órgano no se reúna hasta después del verano</strong> teniendo en cuenta que entramos en periodo no ordinario de sesiones.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jul 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Yolanda González]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Senado no ha puesto todavía en práctica las recomendaciones del Consejo de Europa sobre transparencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Congreso de los Diputados,Pío García-Escudero,Senado,Transparencia,Manuel Cruz]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Casado y Rivera exigen a Cruz que rectifique tras decir que la solución sería una "sentencia absolutoria"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/casado-rivera-exigen-cruz-rectifique-decir-solucion-seria-sentencia-absolutoria_1_1170875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16be2b14-55c7-46e3-9391-fe5d9386832b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Casado y Rivera exigen a Cruz que rectifique tras decir que la solución sería una "sentencia absolutoria""></p><p>Los presidentes del PP y Ciudadanos, Pablo <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/pablo_casado.html" target="_blank">Casado </a>y Albert <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/albert_rivera.html" target="_blank">Rivera</a>, respectivamente, han exigido al presidente del Senado, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/05/17/sanchez_situa_dos_catalanes_meritxell_batet_manuel_cruz_frente_del_congreso_del_senado_95047_1012.html" target="_blank">Manuel Cruz</a>, que rectifique sus declaraciones en las que defiende que <strong>una sentencia absolutoria de los políticos independentistas implicados en el juicio del procés  "lo resolvería todo"</strong><em>procés </em>. En una <a href="https://elpais.com/ccaa/2019/05/24/catalunya/1558722552_027622.html" target="_blank">entrevista con el periódico El País</a> recogida por Europa Press, el presidente de la Cámara Alta ha considerado que hay "un escenario que podría reconciliar todo" lo relacionado con la crisis catalana que pasa por "una sentencia absolutoria" de los políticos independentistas que están en prisión preventiva por el juicio del <em>procés</em>.</p><p>Horas después, <strong>el diario ha publicado una nota de rectificación "por un error de transcripción"</strong> en la entrevista al presidente del Senado. "En una versión anterior de la entrevista al presidente del Senado, Manuel Cruz, se le atribuía por error de transcripción la frase: 'Hay un escenario que podría reconciliar todo y es que hubiera una sentencia absolutoria, es una posibilidad'. En realidad Cruz afirmó: 'Habría un escenario que <strong>podría reconsiderar esto</strong>, y es que la sentencia fuera absolutoria. Bueno, es una posibilidad, yo no voy a entrar en eso'. La frase completa se puede escuchar en el vídeo", ha escrito el periódico en su versión digital donde ya ha modificado el error. </p><p>Esta mañana varios políticos ya se habían hecho eco de la noticia, como <strong>Casado </strong>que ha asegurado que la opción que da Cruz para hallar una solución entre el Gobierno y Cataluña es "<strong>una vergüenza inadmisible en democracia</strong>" y le insta a pedir disculpas por ello. "El presidente del Senado del PSC reclama hoy a los magistrados del Supremo que absuelvan a los procesados por dar un golpe contra nuestra democracia. Exigimos que se retracte y pida disculpas por tan indecente injerencia", ha escrito en su perfil de Twitter.</p><p>  </p><p>Del mismo modo h<strong>a opinado Rivera,</strong> que también ha utilizado la red social para exigir a Cruz que "retire sus palabras" y "respete el trabajo" de los magistrados del Tribunal Supremo. "El presidente del Senado, puesto por Sánchez y el PSOE, <strong>presiona a los jueces para que absuelvan a los separatistas</strong> que dieron un golpe a la democracia", ha publicado el presidente de Ciudadanos que considera este gesto de Cruz "una injerencia intolerable".</p><p>  </p><p>A esta exigencia de rectificación se han sumado varios compañeros de ambas formaciones, como el secretario general del PP, Teodoro García Egea, que ha indicado que Cruz actúa "<strong>como militante del PSC y no como presidente de la Cámara Alta"</strong>. Por ello, ha asegurado que su formación pedirá a la Mesa del Senado que exija a Cruz "que se retracte en su intento por presionar a los tribunales a favor de los presos golpistas". García Egea ha recordado además que el Partido Popular ha pedido también a la Mesa del Senado que "suspensa al senador Romeva inmediatamente".</p><p>Por parte de la formación naranja, el portavoz de Cs en las Cortes Valencianas, Toni Cantó, ha tildado de "barbaridad" las declaraciones de Cruz y ha propuesto cambiar "el <em>procés </em>por el 23-F". "Cambiemos <em>procés </em>por 23-F y veamos la barbaridad de que el presidente del Senado vea la absolución de los separatistas catalanes presos como única vía de reconciliación", ha escrito Cantó para luego recalcar que el federalismo es "<strong>unir lo que está separado, no separar lo que ya está unido</strong>".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 May 2019 12:02:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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