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    <title><![CDATA[infoLibre - plásticos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/plasticos/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - plásticos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Madrid apura el plazo para homologar el sistema de devolución de envases al súper en toda España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/madrid-apura-plazo-homologar-sistema-devolucion-envases-super-pais_1_2194963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96293c6d-5c75-45d8-8ae6-e480e150bde0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid apura el plazo para homologar el sistema de devolución de envases al súper en toda España"></p><p>Esta semana culmina por fin el plazo para que la Comunidad de Madrid inicie el proceso para implementar en España<strong> el nuevo sistema para devolver botellas y latas al supermercado a cambio de recuperar unos céntimos:</strong> el conocido como SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno), un mecanismo que en teoría debe estar instaurado en el país antes del mes de noviembre.</p><p>Según la ley de residuos, aunque el sistema de retorno de envases será nacional, las organizaciones que lo conformen deben ser avaladas por la comunidad autónoma en la que se encuentre su sede social, y las cuatro están en Madrid, de manera que todos los ojos están ahora puestos en esta administración. A preguntas de<strong> infoLibre</strong>, fuentes de la Consejería de Medio Ambiente madrileña no aclaran por ahora si cumplirán con el calendario legal.<strong> "Estamos trabajando en el expediente. Está aún en tramitación"</strong>, responden.</p><p><a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-super-retrasara-tres-anos-2029-expertos_1_2099928.html" target="_blank">Su equipo ya prorrogó seis meses esta tarea, pero el calendario ha pasado y debe dar una respuesta antes del próximo sábado</a>. Con el retraso que acumula el proceso, todo apunta a que no habrá máquinas para devolver envases antes de 2029, más de dos años después de lo que contempla la ley de residuos.</p><p>Tanto empresas como activistas ambientales<strong> llevan meses preguntándose por qué la Comunidad de Madrid ha alargado tanto este proceso</strong>. En mayo del 2025 comenzó la evaluación de las cuatro asociaciones que se presentaron (Procircular, Ecoembes, Coripet y Asociación SDDR España) y, según fuentes del sector, no fue hasta hace un mes cuando pidió información complementaria a las organizaciones. En noviembre de 2025, todo el sector organizó una jornada en Madrid para pedir a la Consejería de Medio Ambiente que acelerase el proceso.</p><p>La semana pasada, más de un centenar de organizaciones civiles <a href="https://retorna.org/mas-de-130-entidades-de-la-sociedad-civil-piden-a-la-comunidad-de-madrid-que-habilite-la-llegada-del-sistema-de-deposito-a-espana-lo-antes-posible/" target="_blank">volvieron a reclamar</a> a la Comunidad de Madrid, a través de un comunicado y de una carta dirigida a la Puerta del Sol, que cumpla con su parte. Principalmente,<strong> preocupa que la Comunidad no cumpla con el plazo legal, que vence este 22 de mayo,</strong> y que esta modernización del sistema de recogida de residuos se prorrogue todavía más.</p><p>"De no llegar ahora a los objetivos, las entidades lamentan<strong> que se puedan tardar varios años más en instaurar un sistema necesario por ley</strong>, ya que no cumplimos con los objetivos de reutilización y reciclaje que marca Europa", se lee en el comunicado. Los firmantes recuerdan que <strong>cada día en España se quedan sin reciclar 35 millones de latas</strong>, botellas y briks, que acaban en la naturaleza, en vertederos o incinerados. </p><p>César Sánchez, portavoz de Retorna, una ONG que defiende la implantación de este sistema de reciclaje, subraya que, un año después de que el equipo de Isabel Díaz Ayuso tenga en sus manos el futuro del SDDR, no tienen ninguna información sobre la situación. "Este viernes vence el plazo y<strong> no sabemos nada</strong>. Nos ha llegado que las empresas han hecho sus trámites y tienen voluntad de avanzar. <strong>La pregunta es por qué la Comunidad ha tardado tanto si recibió la documentación hace un año</strong>", opina.</p><p>La tarea en la que la Comunidad de Madrid lleva un año atascada consiste en revisar las solicitudes y propuestas de cada una de las cuatro organizaciones para coordinar el SDDR, una documentación en la que cada asociación detalla cómo pretende garantizar que el sistema de devolución de residuos funcione de manera eficiente, cuánto calcula que costará el mecanismo y cómo piensa financiarlo, ya que es obligación de estas empresas costear el reciclaje de las botellas y latas que ponen en el mercado.</p><p>Una vez que la Puerta del Sol recopile y compruebe que la documentación es correcta, debe enviarla a la Comisión de Coordinación en materia de residuos, formada por el Ministerio de Transición Ecológica y las comunidades autónomas. <strong>El último visto bueno lo dará después, de nuevo, la Comunidad de Madrid</strong>. Pero toda esta tarea continúa parada en el primer punto.</p><p>El SDDR es importante en España porque la alternativa actual, basada en cubos amarillos, no solo es extremadamente ineficiente y un desastre ambiental, sino que provoca que España incumpla la obligación europea de recoger por separado el 77% de las botellas de plástico. El Ministerio de Transición Ecológica <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/devolver-botella-plastico-super-espana-prepara-implantar-sistema-retorno-envases_1_1888578.html" target="_blank">calcula que en 2023, el último dato disponible, solo se recogió por separado el 43,1%</a>. Esto expone a los ayuntamientos y a las comunidades autónomas a eventuales multas de Bruselas, por mucho que la responsabilidad de recoger estos envases sea de las empresas que los ponen en circulación.</p><p>Portavoces del sector de los residuos<strong> también han señalado en los últimos meses al Ministerio de Transición Ecológica</strong>, que aunque no sea el responsable de avalar a las asociaciones, supuestamente no estaba ayudando a la Comunidad de Madrid a resolver diferentes dudas jurídicas del proceso. Al fin y al cabo, la ley de residuos que estipula las fechas y los pasos a seguir, fue elaborada por el Ministerio dirigido por Sara Aagesen. Fuentes de este organismo, sin embargo, desmienten que Transición Ecológica esté detrás de este retraso, y<strong> subrayan que ya resolvieron "en agosto de 2025 las dudas que remitió la Comunidad</strong>". </p><p>El pasado mes de noviembre, cuando empresas y consultores de reciclaje se reunieron en Madrid, <strong>calcularon que a este ritmo no habrá SDDR en España hasta 2029</strong>, más de dos años de retraso frente a lo establecido en la ley de residuos. Si las gestiones administrativas ya van con meses de retraso, <strong>después hay que instalar en España miles de máquinas donde depositar las botellas y latas</strong> –la mayoría en los supermercados– y organizar un sistema de recogida, tratamiento y valorización de los residuos.</p><p>Ignasi Puig, de la consultora ambiental ENT, opina que todo esto es imposible que se logre antes del 22 de noviembre de 2026, la fecha límite estipulada en la ley de residuos. "Ya sea por poco interés por parte del sector de residuos, o poca diligencia de la administración, <strong>claramente no se va  a cumplir el plazo de 2026</strong>, lo cual dice mucho de la poca seriedad de este país. Mi pronóstico es que tratarán de retrasarlo lo máximo posible, probablemente a 2029", explica.</p><p>La principal consecuencia de que el sistema SDDR se retrase mucho más allá de 2026 es medioambiental. Está demostrado que si se devuelven unos céntimos al usuario, la probabilidad de que recicle correctamente los envases crece exponencialmente, con <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-funciona-medio-europa-tasa-eficiencia-98_1_1905576.html" target="_blank">una tasa de recuperación de botellas y latas superior al 90%</a> en los países en los que ya funciona –más de la mitad de los países de la Unión Europea–. Es decir, de cada 100 envases que se tiran a la basura,<strong> más de 90 llegan de nuevo al fabricante en condiciones idóneas para ser reutilizadas o recicladas</strong>.</p><p>La segunda ventaja del SDDR es que en la actualidad, por cómo está diseñado el sistema de reciclaje de residuos en España, las empresas de envases <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/cientos-millones-ecoembes-no-paga-ano-engordan-tasa-basuras-asumen-ciudadanos_1_2103987.html" target="_blank">solo se hacen cargo económicamente</a> de las latas y botellas que acaban en los contenedores amarillos, y las que se tiran a las papeleras, al contenedor gris o acaban en la naturaleza, si se recogen, es a cargo del ayuntamiento, incrementándo el gasto municipal de recogida de basuras.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 18:07:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Madrid apura el plazo para homologar el sistema de devolución de envases al súper en toda España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Reciclaje basura,Ecoembes,Basura,plásticos,Contaminación]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un placer culpable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/placer-culpable_1_2161046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/424133a1-f411-4029-b297-72f130c5b353_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un placer culpable"></p><p>Imagino un futuro en el que nos estudiarán como la <strong>civilización del </strong><em><strong>Homo plasticus</strong></em><em>.</em> En las vitrinas de esos museos, entre el táper sin tapa y el boli Bic mordisqueado, debería estar mi juguete favorito: la cámara desechable.</p><p>Cuando dábamos por superada la edad del plástico, regresa esa nostalgia carísima y nos lanza de lleno otra vez a este <strong>fetiche irresistible</strong>. </p><p>Ahora<strong> las desechables</strong> ya no se venden en gasolineras, sino en tiendas monísimas, casi siempre al lado de velas con olor a chimenea de bosque escandinavo.</p><p>También se han convertido en un regalo habitual de las <em><strong>bodas millennial</strong></em>. La escena ya la conocemos: mesa de madera reciclada, flores silvestres cuidadosamente desordenadas y, en cada plato, una cámara desechable con una etiqueta que invita a capturar momentos espontáneos para el recuerdo.</p><p>Las bodas son, para mí, la letra pequeña de la vida adulta: se anuncian como fiesta, pero siempre traen algo de incomodidad. Y, pese a considerarme un animal social, hay momentos ahí que me superan y, como cuando alguien abre un Excel infinito en una reunión, solo quiero salir corriendo.</p><p>Con el tiempo, eso sí, di con la fórmula maestra para sabotear conversaciones triviales en eventos donde intuyo que no voy a fluir: llevar una cámara. En la mano funciona como salvoconducto diplomático. </p><p>De pronto ya no eres el invitado desubicado sino el que documenta. Un pasaporte a la libertad, a la diversión y a hablar solo con quien te apetece. Disparas, sonríes y sigues andando.</p><p>Por eso, ante este obsequio en cada plato, a mí me ganan. Es una apuesta valiente: ceder el relato del banquete a gente ya despendolada. </p><p>El resultado no será pulcro, pero sí genuino y fresco.</p><p>Los novios se imaginan un estupendo reportaje coral hecho por sus amigos: el ramo volando, un beso robado y gestos despreocupados.</p><p>Pero luego llega la verdad del laboratorio: muchos dientes en primer plano, muchas cabezas cortadas, muchas foto-dedos, muchas farolas tomadas por la luna. El clásico meme de “lo que pediste vs. lo que te llegó”.</p><p>Y precisamente ahí, en ese fracaso glorioso, está el encanto. La <strong>cámara de un solo uso no sirve para embellecer la realidad</strong>: sirve para delatarla. Es una testigo sincera, incapaz de borrar la imperfección. Cada foto fallida nos recuerda que no mandamos tanto como creemos; que nuestra memoria funciona justo así: imprecisa, a trozos y siempre con algo importante fuera de plano. Se parece más a una foto borrosa que a una campaña de perfume.</p><p>Bien lo saben los nuevos fotógrafos documentalistas, que fuerzan encuadres torcidos y, a través de flashes abruptos y cierto caos calculado, construyen un lenguaje más contemporáneo, que conecta más con nosotros que aquellas composiciones tan bien balanceadas del fotoperiodismo clásico.</p><p>La cámara desechable, ese tóxico placer culpable, ha vuelto a convertirse en un clásico de viajes y festivales. Siempre hay un alma generosa que aparece con una ristra de estos juguetes para repartir. Es el equivalente analógico a crear un grupo de WhatsApp: una invitación implícita a generar memoria compartida que luego nadie sabe exactamente quién ha generado.</p><p>Esa es precisamente una de las cosas que más me atraen de las desechables: la<strong> autoría difusa</strong>. </p><p>En este tiempo de tanto ego inflado, se agradece una dinámica colaborativa donde todo el mundo aporta sin competir por el crédito. Desde el anonimato, además, aparecen ideas más atrevidas y disparatadas. Todas conviven en el mismo carrete, como capas geológicas de un solo día.</p><p>Mi <em>magdalena proustiana</em> de juventud no huele a bollería francesa, huele al plástico de esta camarita recalentada por el sol, con notas de crema solar y químicos.</p><p>Ese gesto sencillo de usarla es un <strong>puente entre presente y pasado</strong>.</p><p>Conozco perfectamente el gesto: apretar el botón seco y tosco para disparar.<em> </em><em><strong>Clac</strong></em><em>.</em> Hacer girar el mecanismo de arrastre hasta que hace tope. <em>Crec-crec-crec.</em> Apoyar el ojo en esa ventana minúscula que jamás coincide con la realidad. Esperar a que el flash se tome su tiempo para recargarse de nuevo, mientras un contador diminuto te recuerda que cada foto es, en realidad, gastar mundo.</p><p>Este objeto simboliza la ligereza mental, el juego, la diversión. Es un peso hueco. Nadie habla de diafragmas ni de velocidad. <strong>No hay técnica que dominar</strong>. Es un descanso para simplemente dejarse llevar. Incluso puedes perderla por el camino sin demasiado drama.</p><p>De hecho, tengo una pequeña fantasía pendiente: encontrar una desechable usada en la calle y llevarla a revelar. Descubrir luego fotos buenísimas de un talento anónimo, lanzarme a buscar a quien esté detrás y, cuando por fin aparezca, presentar al mundo ese ojo increíble: Una especie de nueva Vivian Maier.</p><p>Recuerdo un encargo para un proyecto artístico colectivo, un libro patrocinado por Kodak, en el que participé junto a otros cinco fotógrafos. Nos enviaron seis cámaras de un solo uso, una para cada uno. Teníamos que disparar el carrete entero y devolver el juguete ya agotado a la editorial, sin llegar a ver una sola imagen. Me costó horrores no poder revisar el material: fue un ejercicio de desapego y de pérdida de control para el que no estaba nada preparada. Pero lo recuerdo divertidísimo.</p><p>Consistió en salir una noche con el <em>gadget</em> y me dediqué a retratar, a base de flashazos en la cara, las distintas expresiones de mis amigos en la pista de baile: ojos a media asta, pelos volados, sudor brillante, bocas abiertas en grito mudo. Una colección de caras en pleno despegue. Fue una manera de fotografiar mucho más despreocupada, sin estar pendiente, como siempre, del equipo fotográfico. </p><p>Ahora que todo es corrección, edición, ajuste, nitidez y copia de seguridad en la nube, esa caja de plástico tan rudimentaria me parece casi un gesto político: aceptar el resultado tal cual y resistir la tentación de arreglarlo después. Una invitación a no maquillar la realidad.</p><p><em>*Leila Méndez es fotógrafa y autora del ensayo ‘Disparos contados’ (Anagrama, 2025).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leila Méndez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Un arte plastificado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/arte-plastificado_1_2161039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7134d14c-2652-46f7-bff7-eeec5790e343_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un arte plastificado"></p><p>A pesar de sus nombres de pastor griego (Poliestireno, Fenoplasto, Polivinilo, Polietileno), el plástico […] es esencialmente una sustancia alquímica, […] la idea misma de la transformación infinita. […] Puede formar cubos tanto como alhajas. Esta es la razón del perpetuo asombro […] ante las relaciones que descubre entre lo singular del origen y lo plural de los efectos. […] En el orden poético de las sustancias, el plástico consta como un material ignominioso, perdido entre la efusividad de la goma y la simple dureza del metal”. La cita nos la presta <strong>Roland Barthes</strong>, célebre teórico del arte y la literatura, y está tomada de un artículo escrito tras la visita a una exposición de polímeros. La muestra, según deduzco, no tenía pretensiones artísticas, sino petroquímicas. No importa, los nuevos materiales (por pedestre que sea su exhibición) siempre han fascinado a artistas y adláteres.</p><p>Bien mirada, la Historia del Arte es una sucesión de afanes por la novedad. Tan pronto los arquitectos medievales se las ingeniaron para elevar las techumbres y clarear las catedrales, el invento correteó por toda Europa. Desde el <strong>Quattrocento</strong>, no ha habido pintor que no esté pendiente a los avances de la química (créanme, la síntesis de pigmentos y las innovaciones en aglutinantes son responsables de más avances que la cacareada genialidad) y los artistas de la Modernidad se entregaron con devoción a los prodigios de la óptica y a las maravillas de los espejos (si tienen curiosidad, lean sobre la cámara lúcida –un ingenio que permite enfocar la imagen directamente sobre el soporte pictórico con muchísimo detalle– o el espejo de Claude). Ni que decir tiene que la irrupción de las primeras técnicas protofotográficas (el daguerrotipo, la cámara oscura con placas embetunadas, etcétera) no solo terminaron por instaurar una <strong>nueva disciplina</strong>, sino que el modo de operar de las dichosas maquinitas cambiaría para siempre el curso de las ya existentes. El objetivo de la cámara tan solo enfoca un área de la imagen, mientras que el resto queda emborronado: el mundo ya no volvería a retratarse con la nitidez ubicua de la pintura clásica.</p><p>Siendo que el petróleo es tan fértil en sus derivaciones, no es de extrañar que los practicantes de las Bellas Artes hayan encontrado <strong>mil y un empleos al mentado </strong><em><strong>plastiquete</strong></em>. Uno de los más extendidos es, seguramente, la<strong> pintura acrílica</strong>, que surgió como alternativa al óleo y que, por decirlo en pocas palabras, se logra sustituyendo los emulsionantes tradicionales (huevo para el temple, aceite para el óleo) por un polímero. Seca más rápido, aguanta bien a la intemperie, puede aplicarse sobre muchos más soportes (cartón, papel, metal), promete durabilidad y, como se disuelve en agua, el usuario evita los intoxicantes (aunque embriagadores) vapores de la trementina. Como imaginarán, los botes de espray no están rellenos de acuarela, ni las tintas de serigrafía con las que Warhol se hartó de hacer <em>Marilynes</em>. Por citar algunos, están hechos con acrílico los cuadros comiqueros de Roy Lichtenstein, los muñecotes malpintados de Basquiat (no es un reproche, es que a ese movimiento se le llamó <em>bad painting</em>), los garabatos de Cy Twombly, las piscinas de David Hockney, las antropometrías de Yves Klein o los coloridos monigotes de Keith Haring.</p><p>Pero la pintura no ha sido la única disciplina venerable que se ha rendido a las novedades del polímero. Los <strong>escultores</strong>, hartos de los martillazos y los calores de la fundición, vieron en las resinas sintéticas y en la silicona un mundo de posibilidades gomosas, de facilidades técnicas y de inquietantes semejanzas con la carne. Ahí están los muchos avatares de sí mismo que Maurizio Cattelan ha ido desperdigando por el mundo, las perturbadoras creaciones de Paul McCarthy o los insustanciales (y carisísimos) <em>juguetitos</em> de Jeff Koons. (Todo ello, claro, sin contar cómo el diversificado mercado de los sintéticos ha ayudado a facilitar procesos –como los vaciados– que antes debían hacerse empleando cera o escayola)</p><p>Como los artistas, mal que se piense, no viven refugiados en sus torres de marfil, sino insertos en las precariedades del mundo, es sensato aceptar que trabajen con lo que les quede a la mano. Confieso que, antes de sentarme a escribir este artículo, nunca me había dado por pensar cuántas obras habré visto en el último lustro. No solo es que el arte digital haya conseguido materializarse gracias a la impresión con bobinas de filamento (el célebre 3D), o que artistas aficionados al <em>merchandising</em> como Kaws encontrasen el cielo abierto a la hora de producir miríadas de coleccionables; también es probable que los artistas que, por ejemplo, trabajen con <em>objetos encontrados</em> (el famoso <em>objet trouvé</em>) acaben hallando cachivaches que –de no ser salvados en pro de la creatividad– acabarían recalando en el contenedor amarillo.</p><p>Siguiendo con los grandes nombres, puede que conozcan la <strong>célebre montaña de caramelos de Félix González-Torres</strong>: apiladas en un rincón, el celofán que los envuelve brilla con un atractivo irresistible. La obra se compone de setenta y nueve kilos de golosinas (ni uno más, ni uno menos), un peso que se corresponde con el de Ross Laycock, pareja del artista, que falleció a causa de complicaciones derivadas del SIDA cinco años antes de que el propio González-Torres sufriese el mismo destino. La propuesta es sencilla y efectiva: el público, que va sisando los dulcecitos, desgasta –como haría una enfermedad– ese cuerpo metafórico hasta, finalmente, dejarlo en nada.</p><p>Las<strong> relaciones entre lo plástico y lo orgánico</strong> han tenido encontronazos más literales, como el propiciado por <strong>la </strong><em><strong>performer</strong></em><strong> francesa Orlan</strong>, muy aficionada a las modificaciones corporales y único ser humano hasta la fecha capaz de convertir un procedimiento quirúrgico (“póngame usted un cuerno encima de la ceja, doctor”) en un acontecimiento artístico. No es un circunloquio: sus andanzas en el quirófano han sido filmadas o, directamente, retransmitidas en vivo para que pudiesen seguirse cómodamente desde alguna institución cultural.</p><p>Pero regresando a los envoltorios, conviene mencionar a los más hábiles <em>empaquetadores </em>que en el mundo han sido: <strong>el binomio Christo y Jeanne-Claude</strong>. Les sonará, son los que empaquetaron el parisino Arco del Triunfo (que, entre nosotros, queda mejor velado que al natural y es la portada de este suplemento). Aunque el procedimiento pueda parecer pedestre (colocar una lona de nylon y poliéster encima de tal o cual monumento o paraje, maniobra que requiere un batallón de ingenieros y permisos), los resultados fueron admirables: cubiertos como los muebles de una casa abandonada, los edificios más poderosos adquieren un aspecto inofensivo; el ornamento se oculta entre los vértices por los que se pliega la tela y el parlamento más imponente o el puente más icónico adquieren un aire desvalido, entre vendado y precario, como si lo hubiesen preparado para que alguna empresa de mudanzas lo retirase sin mayores miramientos. Particularmente hermosas me parecen sus intervenciones en la naturaleza. En 1972 desplegaron una cortina de trece mil metros cuadrados que cerraba un valle del Estado de Colorado. Las imágenes son prodigiosas: al final de una carretera estatal que serpentea innecesariamente, un bloque de color naranja anula el paisaje (imaginen cómo debían chirriar los cables que soportaban aquella colosal estructura con la más mínima brisilla). También, aquella vez que taparon un pedazo de la costa australiana: tras la colosal sábana blanca y grisácea, los riscos parecen amortajados. Por las fotos, casi se diría que la naturaleza es atrezo. </p><p>Lo dice Barthes justo al final del texto que citábamos al principio: “La jerarquía de las sustancias ha quedado abolida, una sola las remplaza a todas: el mundo puede ser plastificado”.</p><p><em>*Joaquín Jesús Sánchez es crítico de arte y columnista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 05:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <title><![CDATA[Polímeros para morder (y escribir)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/polimeros-morder-escribir_1_2154608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f05ff9de-9868-4ce4-a890-dde9cb4ea367_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Polímeros para morder (y escribir)"></p><p>Como cualquier colegial de esa España nuestra de los ochenta, <strong>aprendí a escribir a lápiz</strong>. Utilizaba aquellos maravillosos Staedtler negros y amarillos que afilaba poco y mordía mucho. En algún momento, no recuerdo cuál, crucé el umbral de una pequeña madurez académica y pasé del lápiz al bolígrafo. Para entonces ya llevaba muchísimas libretas de caligrafía Rubio, algo que me habrá perseguido toda la vida porque soy un honrado ser de mala letra. <strong>Pasar del lápiz al boli es todo un portal de transformación</strong>. Aquello que se escribe deja de ser borrable, provisorio, temporal y entramos en el territorio de la vida, donde las palabras y los garabatos son definitivos. Se acaba con el bolígrafo todo ensayo y asumimos que las cosas deben ser meditadas, que no hay una segunda parte de licencia para corregir lo ya gafado y que sólo queda el borrón doloroso cuando la cosa sale mal, que es como la cicatriz que sale en la carne después del golpe. Esto es vivir: o aciertas o te despeñas.</p><p>Por supuesto, <strong>mi primer bolígrafo fue un Bic</strong>. El Bic cristal azul ecuménico. El que debe ser. El Bic estuvo conmigo todo el colegio y todo el instituto, hasta que descubrí, ya en la Universidad, que con rotuladores de punta fina como el Pilot o el Lamy o plumas estilográficas que permiten un fluir de mano ligero y suave, mi proverbial mala letra mejoraba y era capaz de tomar apuntes y conseguir releerme después. Pero esto ya es otra historia. Mi boli Bic, el mío, estaba siempre guardado en las anillas espirales de metal de la libreta. Más que guardado, aprisionado, porque me afanaba para que viajase seguro, para que no se cayese y perderlo en el trajín de la casa al instituto y siempre costaba sacarlo (fui un adolescente sin cartera, siempre de carpeta bajo el brazo, que es una manera de ir por la vida más deslomada pero también más digna). Lo ideal sería llevarlo en el plumier bien guardadito y con su tapa (qué hermosa palabra, plumier, dediquémosle un pensamiento), pero nunca era así. Yo no tenía plumier. Quería ir por la vida ligero de equipaje, con lo imprescindible. Qué le vamos a hacer. Mi boli Bic, el boli Bic de mi adolescencia, era como soy ahora: desangelado en el vestir (las tapas me duraban apenas un par de semanas), rayado y mordido (yo mismo lo amputaba) y, algo que me fastidiaba mucho, casi siempre sin la tapita pequeña de atrás (hay un rumor neurótico en toda vida). Las tapitas de atrás de los bolis Bic, fabricadas en polipropileno, están riquísimas cuando se las extrae con los incisivos y uno las mastica suavemente para no deformarlas demasiado. Quizá porque en los jugos de la boca, los polímeros plásticos, que supuestamente no tienen sabor, nos enfrentan al sabor de nosotros mismos, con las enzimas y sales de la baba propia, amplificados con la recompensa cerebral de morder algo. Por supuesto, cada bolígrafo que inauguraba era enseguida despojado de su tapita de atrás para chuparla en las horas de encierro lectivas, que son el entrenamiento para encerrarnos después en oficinas y fábricas. Recordemos el diseño del boli Bic. Un canuto hexagonal de plástico transparente afilado en uno de sus extremos donde encaja el cono de latón que contiene la carga de tinta. Gracias a esta sinceridad en su cuerpo translúcido podemos comprobar el nivel de la carga con sólo observar el bolígrafo. La gran ingeniería está en la punta, con una pequeña bolita que gira sobre el papel para que suceda el milagro de la escritura. El boli Bic tiene dos tapas: una es la que tapa la punta, con un agujero para no atragantarse (la gente de Bic, que es muy lista, sabía de sobra que los humanos nos llevamos las cosas de escribir a la boca). La otra es la tapa de atrás, la que yo me comía y que tiene forma de tapón para cerrar a presión el conjunto. Ambas son siempre del color de la tinta y le dan el estado de ánimo al boli: azul, de un azul brillante, que es un color industrial difícil de equiparar a algo orgánico; negro, tan profesional, que he usado poco o nada; rojo carmín de los profesores, que era el Bic de la corrección y el castigo o el verde, que también venía siempre a decir algo por encima de tu propia voz escrita, color de advertencia y consejo no pedido.</p><p>Es una <strong>maravilla compartir con tantas generaciones un idéntico diseño industrial</strong>. Porque el Bic es un boli bueno. Tiene la bondad de lo que se usa muchas veces. Es incuestionable porque es sencillo y eficaz. Nadie lo pone en duda. Es una pieza de ingeniería pensadísima, tan desnudo y esencial que su diseño es perfecto. Y los diseños perfectos son aquellos que no se pueden mejorar. Por eso llega a nosotros intacto, sin que una camada nueva de diseñadores imprudentes (o aún peor, esos oscuros seres del marketing) propongan cambiarlo, <em>mejorarlo</em> y trastocar esta herramienta de la modernidad para subvertirla en otra cosa, como ocurre a diario con la utillería que nos acompaña y nos conviene, desde el banco del parque o la bicicleta hasta el tenedor o la camisa. Pero el Bic, quizá por ser educado, por ser francés, sabe que el pasado importa y no se dedica a destrozar los recuerdos de la gente tratando de ser algo distinto de lo fenomenal que ya es. Sabe mantenerse joven a través de las distintas promociones humanas llegadas a este mundo para devorarlo y para ser devoradas. El Bic lo tiene todo. No le falta ni le sobra nada. Está fuera de cualquier examen o revisión. Y también está fuera del tiempo. Ya es eterno. El boli no cambia. Y punto. </p><p>Aunque no tengo bolis Bic por casa, o precisamente por eso, me gusta manejar uno cuando lo pillo por ahí. Si había que firmar una carta en Correos, antes de estas máquinas distópicas en las que firmamos con el dedo, que estaban sujetos por un cordelito, o en algún lugar de esta burocracia hispánica, tan arcaica, pero tan reclamable, antes de que lo dinamiten todo por los aires la gañanada que viene hablando de eficiencia y futuro. <strong>Echo de menos tener un Bic a mano</strong> y retirarle la punta con el capuchón de tinta, para usar su cuerpo transparente como cerbatana. Lanzar bolitas de papel ensalivado era una habilidad obligada en mi colegio y, aunque fui un <em>cervatanista</em> mediocre, me imaginaba a mí mismo como un indio en la espesura del Amazonas atacando a la expedición de Orellana. Lanzar proyectiles con el Bic debería seguir siendo un deporte informal en todos los colegios, antes de que la cosa digital arrase a la humanidad como un tsunami definitivo. </p><p><em>*Carlos Risco es periodista y autor del libro ‘Objetos a los que acompaño’ (Círculo de Tiza, 2024).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 05:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Risco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Polímeros para morder (y escribir)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Colegios,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres décadas de vinilo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/tres-decadas-vinilo_1_2159849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9dd3c948-97c2-484a-9146-5321d4deebb4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres décadas de vinilo"></p><p>El <strong>primer vinilo que recuerdo</strong> lo vi en casa de Luis Q. Luis fue mi mejor amigo hasta la adolescencia. Era a finales de los setenta. Su madre era canadiense, y él cada verano pasaba en Montreal por lo menos un mes. De uno de sus viajes se trajo de vuelta el <strong>LP </strong><em><strong>Destroyer</strong></em><strong>, de Kiss</strong>. En él se veía a los cuatro miembros de la banda metalera vestidos con mallas negras ajustadas, botas con plataforma y sus característicos maquillajes agresivos. </p><p>A mí aquella portada, con cuatro maromos con la cara pintada de blanco, cada cual con sus propios motivos (uno con bigotes felinos, otro con una estrella cubriéndole un ojo, otro con un par de murciélagos) me fascinaba. Se sugería un mundo excitante, tenebroso y glamuroso, y supongo que eso tenía el rock para mí, visto desde un barrio madrileño del primer posfranquismo.</p><p>Asociado a Luis Q. está otra de las bandas sonoras de mi infancia. La película <em>Grease </em>empezaba a triunfar y había llegado a nuestro barrio de clase media, lindero por una parte con Manoteras (“donde te roban la cartera y no te enteras”) y por otra con Arturo Soria (“Tontosoria”). Allí los chavales jugábamos al fútbol en un descampado. Cada portería la marcaban dos piedras, con todos los problemas que uno se imagina cuando había dudas sobre si un disparo había sido gol o no: “¡Ha sido alta!”. “¡Ha sido un golazo!”. Al final se anotaba el tanto quien era capaz de apoderarse del balón y llevarlo otra vez al centro, entre los empujones del equipo rival, que era como un partido de rugby improvisado y otro deporte aledaño al principal. </p><p>Bien, pues aquellos mismos chicos que jugábamos al fútbol los sábados por la mañana, al caer la tarde nos poníamos nuestras camisetas molonas, nos repeinábamos y nos juntábamos en un jardín de la zona, encajonado entre edificios de ladrillo visto con toldo verde, y <strong>bailábamos al son de los vinilos que poníamos en un tocadiscos portátil </strong>que bajaba alguno de la pandilla. Como por entonces se estrenó la película de John Travolta y Olivia Newton John, recuerdo especialmente aquel single, <em>You’re the one that I want</em>, que poníamos una y otra vez y lo bailábamos emparejados torpemente. </p><p>Yo ya debía de frisar los diez años, y Luis tenía tres o cuatro años más que yo. Aquella amistad desequilibrada estaba abocada al desastre. Habiendo estirado él y yo no, una de aquellas tardes sentí <strong>unos celos tremendos al verle fumar un pitillo y bailar </strong>una especie de rocanrol con una de las chicas. En algún momento le pedí un cigarro: era la primera vez que lo hacía. Él me dio uno de su cajetilla de Fortuna, y a mí no se me ocurrió otra cosa que lanzarlo al suelo y pisotearlo. </p><p>—Eres un crío, anda, vuelve cuando hayas crecido –me dijo Luis Q. </p><p>Ese fue <strong>el final de nuestra relación y de mi infancia</strong>. Los ochenta ya estaban a la vuelta de la esquina. Recuerdo que al arrancar la década se editaban los suculentos pelotazos de grandes monstruos de la música anglosajona. Era <strong>la época de </strong><em><strong>Thriller</strong></em><strong>,</strong> la obra maestra de Michael Jackson, que arrasó en el mundo entero. Mi prima Lucía venía a casa. Escuchábamos <em>Thriller</em>, y también la colaboración de Michael Jackson con Paul McCartney en su <em>Pipes of Peace</em>. Esos dos elepés gustaban mucho a Lucía. Los escuchábamos en <strong>el tocadiscos de mi casa</strong>. Como yo sabía algo de inglés, ella se empeñaba en que le ayudase a traducir las letras. Yo sudaba la gota gorda. Pero lo intentaba. </p><p>Recuerdo igualmente, en esa época, a una chica de mi clase que llevaba un guante en la mano derecha, como empezaban a hacer los fans de Michael Jackson. Ese mimetismo me resultaba extraño y hasta vergonzante: a mí me costaba sentir tanta pasión por los nuevos ídolos de masas, y menos cuando apenas entendía lo que decían. </p><p>Mi gusto musical primerizo era ecléctico. Me atraían, en un principio, los <strong>sonidos suaves y aterciopelados</strong>. Recuerdo que, antes de los partidos de fútbol de los sábados, ponía en mi casa la música de Alan Parson Project. <em>The eye in the sky</em> fue el primer disco que escuché de manera obsesiva. La canción del mismo título y aquella portada con el ojo de Horus en el cielo me hacían pensar en alguna presencia allá arriba como la de que me hablaban en la misa. Ese disco lo escuchaba con los ojos cerrados y después, según me calzaba las botas de fútbol, le rogaba a ese ojo en el cielo que me permitiera jugar bien esa mañana. Y me lo concedía: más de un sábado tuve mi pequeño momento de gloria. Todavía <strong>añoro ese fútbol salvaje y canalla </strong>del siglo pasado. </p><p>No tardé en mudarme de barrio (uno de los momentos más tristes de mi vida) y ya en otro contexto seguí comprando música, pero de otra manera. Los ochenta empezaban a morir. Ahora leíamos el <em>Rock de Lux</em> y la música era motivo de distinción social. Ya no compraba vinilos al tuntún ni siguiendo la moda comercial; ahora pensaba que tenía un criterio y mi gusto evolucionó hacia sonidos más ásperos y callejeros. </p><p>Coincidiendo con mi descubrimiento de los <strong>bares garajeros de Malasaña </strong>(el Nueva Visión, La Vía Láctea) ya la música que privilegiaba era, esencialmente, punk rock, en su sentido más amplio. Nuestra tienda de vinilos de segunda mano preferida era Melocotón, pegada a la Gran Vía. Todavía hoy me recuerdo con una novia con chupa de cuero rebuscando entre los elepés y escogiendo las bandas que nos interesaban: los Jam, los Clash, los Ramones, los New York Dolls, los Buzzcocks, los Kinks. Y al mismo tiempo el <em>reggae</em> de Bob Marley, que siempre me encandiló desde que lo descubrí con <em>Kaya</em>: una cuestión personal mía más que del entorno. </p><p>Más tarde todavía, me fui de Madrid. Estuve unos años estudiando fuera. Cuando regresé a mediados de los 90 y quise <strong>recuperar mi colección de vinilos</strong>, resultó que los tenía mi hermano. Hablé con él, pero él me explicó que se los había regalado antes de partir. Yo no lo recordaba, pero bien pudo ser, dado que siempre he sido dadivoso. En todo caso, me heló el corazón la dureza con la que dijo:  </p><p>—De todas formas, al irte perdiste todo derecho moral sobre esos discos. </p><p>Yo procuré negociar el rescate. Insistí en que muchos de aquellos vinilos (<em>Desire</em> de Bob Dylan, <em>Mind Bomb</em> de The The) eran “grupos míos”, que a él nunca le habían interesado. Me parecía lógico que se quedase con bandas españolas ochenteras como Radio Futura, Nacha Pop o Siniestro Total, porque <strong>el rock español siempre fue “más suyo”</strong>; pero ¿los otros? </p><p>Al final <strong>recuperé una veintena de títulos </strong>de la colección original, poco más. El resto quedó secuestrado. Alguno hube de volver a comprarlo. Pero ya todo Cristo se pasaba a los CDs y yo seguí la tendencia: el tocadiscos enmudeció y empecé a escuchar la flamante música alternativa que llegaba de EEUU (Red Hot Chili Peppers, Rage Against the Machine, Jane’s Addiction, Faith No More…) en cedé. Nunca volví al vinilo, igual porque me dolió demasiado esa confrontación fratricida que los tuvo como campo de batalla. </p><p><em>*José Ángel Mañas es escritor. Su último libro publicado es ‘Doctor X, el médico de la Deep Web’ (La Esfera de los Libros, 2024).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 05:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Ángel Mañas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tres décadas de vinilo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Música,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El misterio de los tubos y la lona azul]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/misterio-tubos-lona-azul_1_2154626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5712b5dc-dfa0-4e26-b6d7-756e9d3f1675_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El misterio de los tubos y la lona azul"></p><p>¿Veis al final del jardín, entre las adelfas y las ramas de los pinos, esa franja estrecha de color azul eléctrico cuando le da el sol y mate cuando hay sombra? Es la lona que recorre el rectángulo –por primera vez en veinte años– de <strong>una piscina de tubos plantada sobre la tierra y consagrada como centro neurálgico</strong> de una casa, un jardín y una vida. Es el espacio nuclear, como el hipotálamo de mi cerebro, no exactamente durante el verano sino durante todo el año, con el agua transparente dentro y los cuadrados azulones entre blancos, con su rastro de arenilla en el fondo y sin una sola hoja seca caída de las encinas, las acacias o los álamos que la cercan de lejos: resplandece como promesa lujuriosa de una exaltación que no agotan ni el verano ni la primavera y que simplemente se aplaza con la tormenta y el frío. Allí se hace la vida, se la ve cuajar como si la piscina estuviese programada para dar a luz en cada nueva inmersión, pese a la calva avanzada, las entradas prominentes, la tripa ligeramente desbocada, las vértebras consumidas por protrusión, los pulmones saturados de nicotina y las ansias de seguir un rato más con el culo escuálido plantado en la base y los brazos sobre los tubos horizontales, ahora limpios y nuevos, como la vida nueva desde junio del año pasado.</p><p><strong>Esa piscina es mi casa cerebral durante el año</strong>, y lo es como presencia estática sin añoranza de nada, como promesa de plenitud boba, algo tontaina, infantil incluso, pero insustituible y a la vez enriquecida, sobre todo por la geometría de los tubos, que no son ya internos como en las anteriores piscinas redondas (¿seis, siete llegaron a ser?) sino exteriores, en forma de triángulo que se clava sin daño en la tierra que la rodea, con miniacacias pugnando por crecer, restos de hierba agónica y algo de vegetación silvestre cada vez más empoderada. El empaque del rectángulo azul es nuevo y altivo, su rectangularidad es poco menos que monclovita, la inmersión fantaseada hawaiana, y no cuesta más de 190 euros, que son muchos euros, pero insignificantes, pura calderilla al lado de la abrumadora alegría metafísica que otorga como objeto, como fetiche, como laboratorio de felicidad. </p><p>Cuando eran redondas y gigantescas vivíamos en otra vida: el mundo estaba poblado de niños propios y ajenos, de sangre y rozaduras, de pelotazos salvajes y carreras de fiebre contra la portería improvisada o derrotas mortales en batallas de bádminton sin piedad ni para niños ni para mayores, aunque eran sobre todo los niños, y el niño mayor, quienes acababan sumergidos aglomerada y místicamente entre la lona azul y los tubos con el agua al cuello, sin resuello, transportados a la séptima esfera tras la agonía infame del deporte. Hoy no vuela nadie en esa piscina, ni bucea, ni nada, ni flota, ni chapotea, pero allí han volado niñas flacas como Aina, la más valiente niña que ha pasado por esa piscina, volando en círculos cogida a mis brazos, como han volado literalmente Joan y Guillem para detener los lanzamientos del balonmanista fervoroso que fui (hasta los 15 años), proyectados desde cinco o seis metros para ver cómo el cuerpo del chaval ascendía en el aire y caía a plomo sobre el agua estruendosamente con la bola en las manos y el resplandor de la victoria en la cara arrasada de agua y sol. En esa piscina azul y blanca que es ya otra vibra <strong>la memoria fáctica y la vida insubordinada del juego y la temeridad</strong>, ha sido escenario –tampoco lo es ya– de enfrentamientos descarnados de waterpolo (un antiguo novio duradero de mi mujer fue waterpolista, y en casa todavía late la trascendencia épica de un pasado mejor que el presente pobre, adocenado y burgués: fue el héroe de mi hijo Joan y a Guillem los ojos le brillan todavía cuando incomprensiblemente sale, por hache o por be, el nombre de Juanki, ah, Juanki, el waterpolista). No se jugaban, se libraban combates a muerte, a vida y muerte quiero decir, mientras los labios se amorataban peligrosamente, los dedos adoptaban la rugosidad de la pasa y los gritos de triunfal victoria –<em>golaaaaaazo</em>– alertaban a la miríada de pájaros que pueblan el bosquecillo próximo, sin que nadie en la casa o el jardín se atreviese jamás a dar la orden vil, corrupta e infamante de detener el juego. El juego, la vida, se acababa solo cuando no quedaba un hilo de luz detrás de las encinas y las sombras eran ya una noche oscura del alma, pero solo hasta la mañana siguiente.</p><p><strong>A una piscina de tubos se llega por impotencia</strong> para tener una piscina de obra, pero no hay mal que por bien no venga: la vida del agua contra el calor cristaliza en ese rectángulo capaz de levantar la mejor escena de amor posible o la abstraída pasividad de dos cuerpos horizontales flotando a medias en la lámina quietísima, la pacificación prolongada del día dormido, calmo, sosegado, hasta que el rulo de la cabeza se dispara y salta disparado como un calambre el individuo mojado –jamás habrá una escalera en una piscina si estoy yo dentro– porque tiene el principio del libro, del artículo, de la charla o de la columna: una fábrica de impulsos eléctricos como eléctrico y galáctico es el brillo del sol en las crestas del agua removida y el azul de la lona acribillada de sol resplandece en un guiño que solo puede ser divino, divinoide, libidinoso, o al menos lo es el de esta piscina nueva y rectangular comprada hace seis meses, cuando la vida cambió y regresé a la cinta de correr (o cinta ergométrica, caminadora, caminadora de banda, trotadora, cinta de andar o máquina de caminar, según explica la tontísima IA) de lector y escribidor caprichoso. </p><p>Pero no me olvido de lo que vi cuando regresé con el coche colmado de trastos, lámparas, sillas, mesitas, ropa, maletas, bolsas: la vi sucia y abandonada, la vi con el alma perdida y sin corazón, la vi con los hilos despelujados de una fibra suave, dulzona, que debía haber seguido oculta, sin desgaste, sin erosión, dentro de la superficie brillante de la lona color azul de sol: vi atónito la pobre piscina circular de los últimos seis años irreparablemente exhausta a los ojos de quien llegaba para empezar otro rumbo fuera ya de la vida de periodista ful, teatrero y comediante. Esos ojos míos de nueva vida vieron la mugre y la desidia, vieron el abandono y la incuria cebarse en un azul moribundo e irreparable. Restituido hoy <strong>el honor de tubo y lona azul</strong>, ella es otra, más digna, más señorial, madura y curtida, un limpiaparabrisas mental, una metáfora de la plenitud, un trampolín a las más altas cimas, una pletórica alegoría del bien sin causa.</p><p><em>*Jordi Gracia es codirector de ‘TintaLibre’.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 05:00:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jordi Gracia]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Portugal se suma al sistema de devolución de envases al súper que triunfa en Europa y que España tiene parado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/portugal-suma-sistema-devolucion-envases-super-triunfa-europa-espana-parado_1_2138440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e8b28f39-1e7f-419a-95cd-1e7c0ad46ca6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Portugal se suma al sistema de devolución de envases al súper que triunfa en Europa y que España tiene parado"></p><p>El sistema de reciclaje basado en devolver los envases vacíos al supermercado gana adeptos en el continente a toda velocidad y ya está implantado en 16 países de la Unión Europea. Mientras tanto, en <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-super-retrasara-tres-anos-2029-expertos_1_2099928.html" target="_blank">España el proceso de implantación sigue estancado</a>, pese a que debería ponerse en marcha antes del mes de diciembre y el sector no espera que vea la luz hasta 2029, saltándose así el reglamento español y europeo de residuos.</p><p>Portugal se sumará el 10 de abril a esta extensa lista poniendo en marcha el conocido como Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), un mecanismo de reciclaje basado en que cada botella y lata vendida cuesta unos céntimos de más –10 céntimos en el caso portugués– que<a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-funciona-medio-europa-tasa-eficiencia-98_1_1905576.html" target="_blank"> se recuperan al devolver el envase vacío</a> y en buen estado a unas máquinas específicas o en mano en miles de establecimientos del país.</p><p>En los últimos dos años también han introducido el SDDR Austria, Hungría, Irlanda, Rumanía y Polonia, hasta el punto de que ya son mayoría el número de países de la UE que lo tienen. La razón, explican los expertos, es que el sistema funciona y da muy buenos resultados en tiempo récord porque el consumidor se beneficia económicamente de reciclar, o sufre las consecuencias de no hacerlo. También es<strong> más transparente que el sistema actual, en el que todos los envases tienen un pequeño sobrecoste </strong>que es invisible para los ciudadanos, de alrededor de 1 céntimo por lata o botella, que además no se recupera.</p><p>"Es evidente que si queremos un modelo de economía circular hay que pasarse al SDDR en España", opina César Sánchez, portavoz de Retorna, una ONG que defiende la implantación de este sistema de reciclaje. "En todos los países que se ha puesto en marcha es eficiente para la sociedad y la industria, con unos índices de recuperación de envases del 90%".</p><p><strong>Austria</strong>, que cumplió un año con el sistema de recuperación de envases el pasado 1 de enero, demuestra que el modelo logra un cambio de mentalidad y de comportamiento inmediato en la población<strong>. En doce meses han conseguido que el 81,5% de los envases que compran los hogares se devuelva a las máquinas</strong>, reintroduciendo en el circuito de reciclaje <a href="https://www.recycling-pfand.at/presse/2026-01-28/ein-jahr-einweg-pfandsystem-mehr-als-acht-von-zehn-pfandgebinden-finden-den-weg-zurueck-in-den-kreislauf.html" target="_blank">1.400 millones de latas y botellas</a>.</p><p>El caso austriaco es solo una prueba más de la eficacia del SDDR. En los países que lo han adoptado en Europa se recuperan de media el 88% de los envases adheridos a este sistema, con algunos ejemplos donde se roza la circularidad plena. <strong>Finlandia (99%), Alemania (98%), Dinamarca (93%) y Noruega (92%)</strong> son los países con los sistemas más eficientes de recuperación, mientras que el único que rompe la estadística es Países Bajos (68%).</p><p>Lo interesante del sistema SDDR es que garantiza que las latas y botellas se recogen en máquinas que facilitan enormemente su reciclaje porque <strong>se clasifican automáticamente y se conservan relativamente limpias</strong>. La alternativa actual son los contenedores amarillos, donde se mezclan todo tipo de residuos: bidones de aceite, latas de conservas, briks de zumo, papel de aluminio, basura que termina ahí por error...<strong> encareciendo el tratamiento de los envases e incentivando que se acaben incinerándose</strong> o llevándose a vertederos.</p><p>El funcionamiento del sistema depende de cada país. En Portugal, según publica <a href="https://expresso.pt/semanario/primeiro/em-destaque/2026-01-29-supermercados-gastam-100-milhoes-em-novas-maquinas-para-recolha-de-garrafas-de-plastico-e-latas-dc201a81" target="_blank"><em>Expresso</em></a>, para que el reembolso sea válido<strong> los recipientes deben estar intactos, con sus tapones y etiquetas</strong>. El incentivo para devolver el envase va a ser importante porque a 10 céntimos por envase, detalla el diario portugués, supone que <strong>un paquete de seis botellas de agua que costaba hasta ahora un euro, pasará a costar 1,60 euros</strong>, un 60% más.</p><p>Por supuesto, implantar este sistema cuesta mucho dinero porque supone instalar miles de máquinas de recuperación de envases en lugares públicos, pero en todos los países donde funciona se ha demostrado económicamente viable, según César Sánchez. Al incrementar el porcentaje de reciclaje de plástico y aluminio,<strong> las empresas pueden vender estos materiales y recuperar la inversión</strong>, y también se generan ingresos de los céntimos no reclamados por los usuarios que no devuelven los envases. En última instancia, si todo eso no es suficiente para costear el mecanismo, son las empresas que ponen esos envases en circulación las responsables de pagar la diferencia.</p><p>En <strong>Portugal</strong>, por ejemplo, el Gobierno calcula que<strong> el SDDR costará de entrada 150 millones de euros, además de 90 millones de euros anuales</strong> para costear la operativa, y contará con 2.500 máquinas de recogida.</p><p>En teoría, el Gobierno debe implementar en España el sistema de devolución de botellas al supermercado este año, pero <strong>nadie en el sector cree que se llegará a tiempo</strong>. En noviembre de 2024 <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/devolver-botella-plastico-super-espana-prepara-implantar-sistema-retorno-envases_1_1888578.html" target="_blank">el Gobierno confirmó que España había incumplido los objetivos de recogida separada de botellas de plástico</a> y eso obligaba, según la Ley de Residuos, a instaurar el SDDR en un plazo de dos años, que vence antes del 22 de noviembre de 2026.</p><p>Sin embargo, diferentes fuentes del sector coinciden en que<strong> esto no ocurrirá hasta al menos 2029</strong> porque ni siquiera se ha dado autorización a las empresas productoras y comercializadoras de plástico, agrupadas en organizaciones llamadas SCRAP (Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor) para que empiecen a organizar el sistema. En España se han postulado a esa tarea tres SCRAP (SDDR España, Ecoembes, Procircular), que necesitan la homologación de la Comunidad de Madrid para poder empezar a trabajar.</p><p>El problema es que el Gobierno regional inició en mayo del año pasado el proceso de concesión de autorizaciones para gestionar el sistema, un papeleo que en principio debía resolverse en seis meses, pero <strong>se prorrogó otros seis, hasta mayo de 2026, y todo apunta a que se volverá a extender el proceso una vez más</strong>.</p><p>Arancha Bengoechea, experta de Derecho Público del despacho Andersen, descarta que este primer paso se cierre antes de mayo porque la Ley de Residuos choca en algunos puntos con el reglamento de la Unión Europea sobre este asunto, que entra en vigor el próximo mes de agosto. Por ejemplo, la ley española no contempla que el canal de distribución forme parte del SDDR y el reglamento europeo sí.</p><p>"<strong>Si ahora ponemos en marcha el sistema con la normativa en vigor, en agosto va a ser incompatible con el reglamento europeo</strong>", opina la experta. Como ese proceso de autorizaciones finaliza en mayo y no se puede volver a posponer, Bengoechea cree que se cerrará en esa fecha y se volverá a iniciar después en el punto en que quedó, por lo que no hay una fecha clara para que el sistema eche a andar.</p><p>Una vez que la Comunidad de Madrid aclare qué SCRAP tienen permiso para operar, deberán sentarse con la supervisión del Ministerio de Transición Ecológica a organizar el sistema de devolución de botellas: aclarar cómo funcionará, dónde estarán los puntos de recogida, comprar la maquinaria, contratar al personal y adaptar los centros de tratamiento de residuos al SDDR<strong>, de ahí que se vaya a retrasar probablemente a 2029</strong>.</p><p>Eso supondrá, por un lado, que España incumplirá la Ley de Residuos porque no llegará a la fecha tope de noviembre de 2026 o la adaptará a la nueva realidad. Por otro lado,<strong> España incumplirá probablemente también el Reglamento europeo de Residuos</strong>, que obliga a la recogida separada del 90% de las botellas y latas en cada país antes del 1 de enero de 2029. España apenas recogió por separado en 2023 el 41,3% de las botellas de plástico.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[b5e7823c-be16-4773-b2d0-22a94c7ca9cf]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 19:36:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Portugal se suma al sistema de devolución de envases al súper que triunfa en Europa y que España tiene parado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Reciclaje basura,Residuos urbanos,Ecoembes,Contaminación,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ecoembes desecha su sistema de recogida de envases Reciclos, una fallida estrategia de marketing]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/ecoembes-desecha-sistema-recogida-envases-reciclos-demostro-fallido_1_2137216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/babc3583-427a-4890-ae51-e69a648c411b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ecoembes desecha su sistema de recogida de envases Reciclos, una fallida estrategia de marketing"></p><p>Hace seis años que Ecoembes, la organización que tiene el monopolio de la recogida de envases domésticos en España, implantó un sistema que según ellos "evolucionaría" la manera de reciclar en el país. Crearon una app de móvil llamada Reciclos que daba boletos para sorteos a quienes demostrasen que tiraban al contenedor amarillo las botellas o las latas, pero<a href="https://www.infolibre.es/politica/desmontando-reciclos-sistema-reciclaje-ilogico-abierto-fraude_1_1481804.html" target="_blank"> una investigación de infoLibre </a>demostró que el sistema era un despropósito porque se podía canjear una y otra vez el mismo envase. Lo que entonces se anunció con stands publicitarios por toda España, <strong>fue discretamente cancelado el pasado 31 de diciembre</strong>.</p><p>Ecoembes –que aglutina a gigantes de los envases como Coca-Cola, Nestlé, L'Oreal, Alcampo o Mercadona– presentó Reciclos en 2020, un momento clave del sector, cuando el Gobierno estaba elaborando la nueva Ley de Residuos y la nueva Ley de Envases, que entraron en vigor a lo largo de 2022. En los años anteriores se discutía cómo reconvertir el sistema de reciclaje de España, que algunas organizaciones civiles ya calificaban de desastroso <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/devolver-botella-plastico-super-espana-prepara-implantar-sistema-retorno-envases_1_1888578.html" target="_blank">–como se confirmó oficialmente en 2024–</a>. Ecoembes, que tiene desde los años 90 el monopolio del reciclaje de las botellas y las latas, anunció entonces Reciclos para corregir la situación, pero seis años después solo ha servido <strong>para incentivar el reciclaje de una fracción ínfima</strong> de los envases, aunque Ecoembes no da cifras oficiales de la campaña.</p><p>Una investigación de <strong>infoLibre</strong> de 2023 demostró que estaba en las antípodas de solucionar los pésimos datos de reciclaje de España, donde solo se tiran al contenedor amarillo el 43% de las botellas de plásticos. El sistema consistía en fotografiar con el móvil el código de barras de un envase y depositarlo en un contenedor amarillo que también tuviese un código QR. A cambio, el usuario recibía dos puntos "R" por botella y uno por lata, que podía canjear en la app para entrar en sorteos de tecnología, comida y viajes o donarlos a causas solidarias.</p><p>El problema era que<strong> un solo envase podía escanearse infinitas veces</strong> y simplemente había que repetir el proceso una y otra vez para conseguir más puntos. La solución para evitar el trampeo pasaba porque una persona solo podía canjear un máximo de seis envases del mismo tipo (botella o lata) al día y 25 a la semana, pero eso derivaba en el segundo absurdo: <strong>un mecanismo pensado para incentivar el reciclaje limitaba el reciclaje</strong>. </p><p>Más allá de los problemas técnicos, los expertos en residuos advirtieron desde el primer momento que el programa era "una huida hacia adelante" de Ecoembes, como lo calificó <a href="https://es.greenpeace.org/es/noticias/reciclos-la-huida-hacia-delante-de-ecoembes/" target="_blank">Greenpeace</a>, porque era la propuesta de la industria para evitar implantar en España un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), un mecanismo de reciclaje basado en que cada botella y lata vendida cuesta unos céntimos de más que<a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-funciona-medio-europa-tasa-eficiencia-98_1_1905576.html" target="_blank"> se recuperan al devolver el envase vacío al supermercado</a>.</p><p>El SDDR es la fórmula más popular en el mundo para incentivar la recogida selectiva de botellas y permite, en cuestión de meses, lograr una recogida de estos envases por separado del 90%, facilitando enormemente su reciclaje. Sin embargo, Ecoembes se creó en 1997 precisamente para evitar implantar en España un sistema SDDR, más costoso para las grandes empresas. No obstante, como los datos de reciclaje de botellas continúan hoy siendo pésimos, la Ley de Residuos de 2022 finalmente obligó a imponer el mecanismo SDDR, aunque parece que <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-super-retrasara-tres-anos-2029-expertos_1_2099928.html" target="_blank">no llegará hasta 2029</a>.</p><p>Desde que Reciclos empezó a funcionar en 2020, Ecoembes lo ha utilizado como el gran expositor de su compromiso con el reciclaje, con<strong> numerosos influencers haciéndose eco del proyecto en redes sociales, campañas de publicidad en medios de comunicación</strong> y stands en diferentes ciudades para atraer al público. Sin embargo, la organización no anunció públicamente el fin del programa, solo a los usuarios suscritos.</p><p>En su mensaje de despedida, Ecoembes hablaba de Reciclos como un "proyecto piloto". "Cada participación, cada reciclaje y cada interacción nos ha ayudado a avanzar con paso firme por un futuro sin residuos", decían a los usuarios. Fuentes de la organización confirman que Reciclos ya está dado de baja porque "<strong>ha cumplido el cometido con el que nació</strong>, que no fue otro que ensayar en un terreno real el uso del incentivo para empujar aún más el reciclaje en España". "A partir de ahora ese terreno corresponderá al SDDR", añaden desde Ecoembes. Sin embargo, aunque ahora hablen de Reciclos como un experimento para la transformación del sistema en el futuro,<strong> Ecoembes nunca promovió el cambio a un modelo SDDR</strong>.</p><p>César Sánchez, portavoz de Retorna, una ONG que defiende desde hace 20 años la implantación de un sistema SDDR en España, opina que Reciclos se puso en marcha "para tapar lo que luego se confirmó, que solo se recuperaban el 40% de los envases de bebidas" en los cubos amarillos. "<strong>Fue una operación de marketing que llegó cuando se empezó a discutir en el Congreso la nueva ley de residuos</strong>. Su cierre ahora demuestra que nunca tuvo recorrido y que no estaba controlado", añade.</p><p>Fuentes de Ecoembes explican que Reciclos tuvo en esos seis años 900.000 usuarios en España, aunque no trasladan cifras de cuántos envases se reciclaron con esta plataforma. Un comunicado de la organización a cierre de 2024 decía que se habían repartido hasta ese momento 2,5 millones de puntos, que en el mejor de los casos –si solo se devuelven latas, que daban un punto– equivaldrían a<strong> 2,5 millones de envases. Sin embargo, en España se consumen cada día 50 millones de ellos</strong>. Y esto sin contar con que el sistema permitía fácilmente el fraude, permitiendo canjear una sola botella o lata repetidas veces.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 05:00:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ecoembes desecha su sistema de recogida de envases Reciclos, una fallida estrategia de marketing]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Ecoembes,Reciclos,Reciclaje basura,Contaminación,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La concentración de microplásticos en la atmósfera es hasta 10.000 veces menor de lo que se creía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/concentracion-microplasticos-atmosfera-10-000-veces-menor-creia_1_2131796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2462d81f-515b-48f6-8b69-6d67aba59a74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La concentración de microplásticos en la atmósfera es hasta 10.000 veces menor de lo que se creía"></p><p>Pocas veces las investigaciones sobre medioambiente y contaminación arrojan conclusiones positivas, pero esta es una de ellas. Un reanálisis de decenas de estudios sobre <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/botellas-agua-taperes-biberones-evitar-ingerir-microplasticos-dia-dia_1_1954132.html" target="_blank"><strong>la presencia de microplásticos en la atmósfera</strong></a><strong> </strong>concluye que hasta ahora se había exagerado enormemente la concentración de polímeros en el aire, desde donde entran en el organismo a través de la respiración. En concreto, <strong>su presencia es entre 100 y 10.000 veces inferior</strong> de lo que se creía hasta ahora.</p><p>Un grupo de investigadores ha publicado este miércoles en <a href="https://www.nature.com/articles/s41586-025-09998-6" target="_blank"><em>Nature</em></a> que, de media, la atmósfera concentra 0,08 partículas plásticas por metro cúbico de aire en zonas terrestres, mientras que sobre los océanos su presencia cae hasta las 0,003 partículas, de manera que los datos que había hasta ahora tenían <strong>"una sobreestimación de entre dos y cuatro órdenes de magnitud"</strong>, según los tres autores del documento.</p><p>En concreto, se estima que cada año se emiten a la atmósfera terrestre 610 cuatrillones de trozos de microplásticos y otros 26 cuatrillones sobre la superficie oceánica. Estos pedazos miden entre 5 y 100 micras. Un pelo humano tiene un diámetro de unas 80 micras.</p><p>Los autores no han realizado ninguna medición nueva de partículas, sino que han recopilado 76 estudios internacionales –que suman 2.768 mediciones de microplásticos en el aire y en depósitos terrestres– y los han estudiado en conjunto para sacar una única conclusión. Elaborar este reanálisis permite <strong>arrojar luz sobre un área de investigación realmente caótica</strong>, en la que los estudios en diferentes zonas del planeta alcanzan conclusiones opuestas porque la presencia de plásticos está muy ligada <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/desgaste-ruedas-contamina-ciudad-ue-quiere-atajar-problema_1_1599314.html" target="_blank">a la concentración local de la industria o del tráfico</a>.</p><p>"Las mediciones de la abundancia atmosférica [de microplásticos] y de su depósito son difíciles debido al pequeño tamaño de las partículas implicadas. <strong>Los niveles de concentración atmosférica comunicados son extremadamente variables</strong>", advierten los autores. Por ejemplo, un estudio en una gran urbe de China estimó que cada día se depositaban en el suelo 50 trozos de microplástico por metro cuadrado, mientras que otro análisis en Reino Unido estimaba 3.100 pedazos por metro cuadrado.</p><p>Contar con cifras fiables en esta área es indispensable para estimar el impacto en la salud de la exposición a los microplásticos, que ha atraído un gran interés en los últimos años <a href="https://www.infolibre.es/ciencia/no-hay-parte-cuerpo-salvo-microplasticos_1_1972710.html" target="_blank">ante las cada vez mayores evidencias de que el organismo acumula polímeros</a> en sus tejidos debido a la exposición diaria en la ropa, el agua, los alimentos o el aire de las ciudades.</p><p>Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, opina que se ha trasladado un cierto alarmismo alrededor de los microplásticos, y que el nuevo estudio de <em>Nature</em> demuestra que<strong> algunos titulares son exagerados, "fomentando el negacionismo" </strong>y la pérdida de credibilidad de la ciencia. Lo compara, por ejemplo, con una popular publicación de 2022 que afirmaba que <strong>cada persona ingiere cinco gramos de plástico a la semana</strong>, el equivalente a una tarjeta de crédito, pero una revisión posterior estimó que no sería cada semana, sino <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2666911022000247" target="_blank">cada 23.000 años</a>. También critica otro estudio popular de 2025 que afirmaba que la acumulación de polímeros en el cerebro <a href="https://www.thetimes.com/uk/science/article/url-microplastics-health-news-8l390qf5q" target="_blank">ha crecido</a> rápidamente en la última década.</p><p>El análisis publicado este miércoles también confirma que los grandes responsables de llenar el aire y el suelo de plásticos son <strong>el desgaste de los neumáticos y frenos en las carreteras</strong>, el uso industrial y personal de los plásticos, y los trozos microscópicos que el aire arrastra del mar y de los campos agrícolas. Solo la abrasión de las ruedas produce cada año 4,4 millones de toneladas de microplásticos, siendo el emisor individual número uno. </p><p>Las piezas más peligrosas son las de menor tamaño (de 5 a 10 micras), que pueden penetrar más en el organismo, y estas provienen fundamentalmente del tráfico, de la agricultura y del polvo que se levanta en las llanuras áridas. Mientras que las partículas más gruesas (de 25 a 100 micras) llegan a la atmósfera principalmente desde los océanos –el plástico acumulado en el mar se degrada hasta ser arrastrado por la brisa– y desde los productos de uso diario –<strong>principalmente las fibras sintéticas de la ropa</strong>–. </p><p>Aunque las cifras que rodean la contaminación por microplásticos sean astronómicas, Roberto Rosal matiza que en realidad la exposición diaria es mínima. Un <a href="https://rosal.web.uah.es/pub/A%20nationwide%20monitoring%20of%20atmospheric%20microplastic%20deposition.pdf" target="_blank">estudio</a> en el que él participó analizó la concentración de piezas de plástico en diez ciudades españolas, siendo Madrid la que más tiene. "Si digo que <strong>en la Puerta del Sol se almacenan cada día un millón de fragmentos al día</strong> puede sonar muchísimo, pero equivalen a 200 miligramos diarios, el envoltorio de un caramelo", explica.</p><p>Sobre el impacto en la salud de los microplásticos, Rosal también cree que está en parte exagerado. "Estamos expuestos a los microplásticos por la inhalación y la ingesta, pero lo que entra por un sitio sale por otro. El epitelio intestinal solo filtra lo inferior a 200 nanómetros, es muy difícil que lo internalicemos", subraya. Por el estómago entraría una cantidad ínfima, mientras que a través de la respiración, la mayor parte de lo que se introduce por la nariz quedaría atrapado por la mucosa, afirma. El investigador también trabajó en un estudio de pulmones extirpados, en los que encontró cantidades tan pequeñas de plástico que no eran relevantes.</p><p>La Agencia Europea de Medioambiente también recoge que "no hay suficiente evidencia" sobre el daño de los microplásticos, aunque sí advierte que pueden contener agentes químicos asociados "tóxicos, contaminantes orgánicos persistentes y metales pesados", que sí son dañinos. No obstante, está ampliamente demostrado que los microplásticos se almacenan en la sangre, el tracto gastrointestinal, los pulmones y en los órganos reproductivos, y se relacionan con <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0301479725018912" target="_blank">respuestas inflamatorias</a>. </p><p>Rosal señala que es extremadamente complicado por ahora "relacionar la causa-efecto" de los microplásticos en determinados problemas de salud, porque es fácil confundir los materiales plásticos con la materia orgánica en los análisis. Sí advierte de que algunos de <strong>los aditivos que lleva el plástico son tóxicos</strong> y se utilizan para dar al polímero propiedades como color, dureza o resistencia al calor. Él y su equipo estudiaron uno de ellos, el Irgafos, un antioxidante imprescindible para que el plástico se pueda fabricar, y concluyeron que <a href="https://digital.csic.es/bitstream/10261/369401/1/Environmental%20Pollution%20361.pdf" target="_blank">tenía "un nivel bastante alto de toxicidad"</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2026 16:35:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La concentración de microplásticos en la atmósfera es hasta 10.000 veces menor de lo que se creía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[plásticos,Contaminación,Salud,Medioambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siguen apareciendo pellets en playas gallegas tras casi dos años del vertido del 'Toconao']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/siguen-apareciendo-pellets-playas-gallegas-anos-despues-vertido-toconao_1_2088396.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7b6f97dc-87db-4a80-8fc4-584ec52347b0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siguen apareciendo pellets en playas gallegas tras casi dos años del vertido del 'Toconao'"></p><p>Los <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/pellets-son-puntilla-marisqueo-gallego-acumula-decada-caidas-produccion_1_1694551.html" target="_blank" >pellets</a>, pequeñas bolas de plástico, siguen apareciendo en las playas de Galicia cuando están a punto de cumplirse <strong>dos años desde el vertido del buque 'Toconao'</strong>, que perdió su carga en diciembre de 2023 en aguas portuguesas.</p><p>Un paseo por la playa de Ber, en Pontedeume (A Coruña), permite ver que los pellets siguen llegando a las costas gallegas, como los recogidos por un vecino de la localidad este martes, un hecho que evidencia <strong>la dificultad de eliminar completamente la huella del vertido</strong> y su dispersión a través de las corrientes marinas.</p><p>El segundo aniversario del accidente del buque 'Toconao', que perdió <strong>26,3 toneladas de estas pequeñas bolitas de plástico</strong>, coincide con la aprobación definitiva en el <a href="https://www.infolibre.es/politica/crisis-pellets-galicia-lleva-ue-aprobar-nuevas-normas-reducir-vertidos_1_1976236.html" target="_blank" >Parlamento Europeo</a> de un reglamento diseñado para prevenir este tipo de contaminación.</p><p>Fue en diciembre de 2023 cuando el 'Toconao', de bandera liberiana, perdió <strong>seis contenedores al norte de Portugal</strong>, lo que provocó la llegada masiva de estos gránulos al litoral gallego a principios de 2024 y reveló <a href="https://www.infolibre.es/politica/no-inhalar-polvo-evitar-contacto-piel-ojos-recomendaciones-informe-encargado-xunta-pellets-no-hizo-publicas_1_1684089.html" target="_blank" >un problema ambiental de gran magnitud</a>.</p><p>La crisis ambiental gallega impulsó y fortaleció la nueva normativa europea, aprobada este mes de octubre, que busca obligar a las empresas a implementar <strong>planes de gestión de riesgos</strong> y reforzar los embalajes en el transporte marítimo para evitar futuros desastres.</p><p>De este modo, la persistencia de los microplásticos en las playas no solo recuerda el suceso del 'Toconao', sino que también justifica la urgencia de la respuesta legislativa europea ante <strong>los riesgos que el transporte de estas mercancías</strong> representa para el ecosistema marino.</p><p>Cuando el buque perdió su carga, investigadores alertaron del problema de <strong>ingerir pellets al consumir peces</strong> que previamente los han comido porque puede ser perjudicial que entren en la cadena trófica, a pesar de que el material de estas bolitas no es tóxico.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Oct 2025 17:51:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Siguen apareciendo pellets en playas gallegas tras casi dos años del vertido del 'Toconao']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Galicia,Xunta Galicia,Vertidos,plásticos,Contaminación,mar,La crisis medioambiental de los 'pellets']]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esto es lo que sabemos de los compuestos tóxicos en los productos menstruales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/igualdad/compuestos-toxicos-productos-menstruales_1_2084972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6e0ffc61-34ec-41f7-be47-4e8bb5ea0570_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esto es lo que sabemos de los compuestos tóxicos en los productos menstruales"></p><p>La menstruación es un proceso fisiológico fundamental que experimenta aproximadamente la mitad de la población mundial y la Organización Mundial para la Salud (OMS) <a href="https://www.who.int/europe/news/item/15-08-2024-menstrual-health-is-a-fundamental-human-right" target="_blank">reconoce la salud menstrual como un derecho humano fundamental</a>. En este sentido,<strong> los productos menstruales resultan esenciales</strong> para garantizar la higiene, reducir el riesgo de infecciones y facilitar la participación plena de las personas que menstrúan en la educación y el trabajo, contribuyendo así a la igualdad de género.</p><p>Los artículos actuales son <strong>más seguros en comparación con décadas pasadas</strong>, cuando algunos causaban problemas de salud muy graves. En los años 80, se descubrieron más de 800 casos de <a href="http://dx.doi.org/10.1007/978-981-15-0614-7_51" target="_blank">síndrome de shock tóxico</a> (20 de ellos acabaron en fallecimientos), asociados al uso de algunos tampones superabsorbentes que facilitaban graves infecciones bacterianas. Este fenómeno generó una gran alarma pública y llevó a <strong>cambios en la composición y regulaciones más estrictas</strong>.</p><p>Actualmente, existen muchos tipos de productos menstruales en el mercado, tanto de <strong>un solo uso</strong> (compresas, tampones y salvaslips) como <strong>reutilizables </strong>(copas menstruales, compresas reutilizables y bragas menstruales).</p><p>Los <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0265646" target="_blank">artículos más ampliamente utilizados en España</a> son<strong> los desechables</strong> (un 61% de las personas que menstrúan utilizan compresas, un 50% salvaslips, un 43% tampones, un 48% copa menstrual, un 15% compresas de tela y un 9% bragas menstruales) y a lo largo de su vida, una persona puede utilizar <strong>más de 10.000</strong>. Ante este dato y el resultante impacto ambiental, muchas personas, sobre todo las más jóvenes, están optando por <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0265646" target="_blank">alternativas reutilizables</a>.</p><p>Cuando se habla de la seguridad y el impacto ambiental de estos productos, un tema que aún no se discute lo suficiente es <strong>la presencia de compuestos químicos tóxicos </strong>en ellos. Algunos estudios recientes han detectado, por ejemplo, <a href="https://doi.org/10.1021/acs.estlett.5c00553" target="_blank">compuestos perfluorados</a> (PFAS), <a href="https://doi.org/10.1177/0040517507078786" target="_blank">dioxinas, pesticidas</a> y <a href="https://doi.org/10.1021/acs.est.9b03927" target="_blank">ftalatos</a>.</p><p>En nuestro <a href="https://doi.org/10.1021/acs.est.5c09064" target="_blank">estudio</a>, publicado recientemente en <em>Environmental Science and Technology</em>, hemos analizado <strong>tres familias de plastificantes</strong> de preocupación para la salud humana, ftalatos, ésteres organofosforados y plastificantes alternativos, en productos menstruales del mercado estatal de España.</p><p>Hemos detectado estas tres clases de compuestos tanto en artículos de <strong>un solo uso</strong> (compresas, salvaslips y tampones) como en <strong>aquellos reutilizables</strong> (bragas menstruales, compresas de tela y copas menstruales).</p><p>Hay que destacar que <strong>todos los productos analizados tenían niveles detectables</strong> de algunos de estos compuestos, demostrando que este es un problema general y no de una marca en concreto.</p><p>Los niveles más altos de ftalatos y ésteres organofosforados se han encontrado en <strong>bragas menstruales y compresas de tela</strong> (niveles de hasta 1.152 µg/producto de ftalatos y hasta 96,5 µg/producto de ésteres organofosforados), ya que algunas de estas sustancias se utilizan ampliamente en la fabricación de fibras sintéticas y para lograr la impermeabilidad de los textiles.</p><p>En cambio, los niveles más altos de plastificantes alternativos se han encontrado en <strong>compresas y salvaslips</strong> (niveles de hasta 60,7 µg/producto), que suelen tener una o más capas hechas de material plástico que necesita de estos aditivos para ser flexible.</p><p>Además, analizamos <strong>los envoltorios de los productos de un solo uso</strong>, en los que también detectamos varios plastificantes. Estos compuestos químicos se pueden liberar al medio ambiente durante el lavado de los productos reutilizables o al desechar los de un solo uso.</p><p>Según nuestros resultados, <strong>las compresas, los salvaslips y los tampones son los artículos con mayor impacto ambiental</strong>, en parte debido a los altos niveles encontrados en sus envoltorios (niveles totales de plastificantes de hasta 90,7 µg/producto), pero también debido a la presencia de estos plastificantes en los propios productos.</p><p>Este mayor impacto también se debe al hecho de que una persona puede llegar a emplear <strong>más de 300 de estos productos desechables en un año</strong>, mientras que cada producto reutilizable se puede usar muchas veces y puede durar hasta 5-10 años. La copa menstrual, en cambio, ha presentado el menor impacto ambiental.</p><p>La liberación de plastificantes preocupa, ya que <strong>contaminan los ecosistemas terrestres y acuáticos</strong>. Una vez en el medio, estos plastificantes <a href="https://doi.org/10.1016/j.envpol.2021.118377" target="_blank">pueden acumularse en los seres vivos y provocarles efectos nocivos</a>. Asimismo, esta contaminación también acaba afectando a los seres humanos, por ejemplo, cuando ingerimos alimentos contaminados, como el pescado.</p><p>La presencia de plastificantes en productos menstruales no solo plantea un problema ambiental, sino que también puede <strong>afectar a nuestra salud</strong>. Muchos estudios han demostrado que la exposición diaria y continuada a pequeñas dosis de algunos ftalatos y algunos ésteres organofosforados puede tener efectos dañinos sobre la salud humana, como <a href="https://doi.org/10.1002/mrd.23541" target="_blank">disrupción endocrina</a> (disfunciones hormonales), <a href="https://doi.org/10.3390/healthcare9050603" target="_blank">alteraciones en el sistema inmunitario</a> y cáncer. Para<strong> los plastificantes alternativos la información es más limitada</strong>, ya que su uso masivo es reciente, pero los <a href="https://doi.org/10.3390/toxics10050263" target="_blank">primeros estudios</a> están evidenciando que también podrían tener propiedades tóxicas.</p><p>Los productos menstruales se utilizan en <strong>contacto directo con la piel </strong>y <a href="https://doi.org/10.1007/s00192-012-2009-3" target="_blank">la piel de la vulva y la vagina tiene una capacidad de absorber pequeñas moléculas</a>, como los plastificantes, más alta que en otras zonas de nuestro cuerpo.</p><p>Si consideramos el peor caso posible, o sea que todo el contenido de plastificantes en los productos menstruales se absorbiese a través de la piel, algunos productos podrían ser <strong>una fuente significativa de exposición a plastificantes</strong>. Al comparar nuestras estimaciones de exposición (asumiendo el peor caso posible y que los niveles de aditivos plásticos en los productos reutilizables no bajen con el lavado) con valores de referencia seguros establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, hemos encontrado que el uso de tres de las 10 compresas analizadas, tres de los ocho salvaslips analizados y dos de las cuatro compresas de tela analizadas, podría suponer <strong>un riesgo para la salud humana</strong>.</p><p>Es importante remarcar que este resultado de evaluación del riesgo <strong>no es definitivo</strong>. Nuestra estimación del riesgo está basada en el caso más extremo posible, que probablemente sea muy diferente del caso real. <a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2019.04.028" target="_blank">Estudios preliminares</a> apuntan a que la cantidad de <a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.137480" target="_blank">plastificantes presentes en un material que finalmente pasa por contacto dérmico a nuestra piel</a> puede variar entre 6 y 97% dependiendo del plastificante y del material.</p><p>Pero nuestro trabajo pone en evidencia <strong>una falta de información importante</strong>: todavía no existen estudios sobre cómo se absorben estos compuestos a través de la piel de la vulva y de la vagina. Avanzar en este conocimiento es clave para poder evaluar de manera fiable los riesgos asociados al uso de productos menstruales y garantizar su seguridad.</p><p>Todavía sabemos muy poco sobre<strong> la composición química de los productos menstruales</strong>, a pesar de que forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. La falta de investigación en este ámbito se suma a <strong>la ausencia de una regulación específica</strong> que limite el uso de sustancias tóxicas en ellos y la falta de una obligación legal de informar de la presencia de todos los compuestos químicos en las etiquetas de los artículos que se comercializan. Si además tenemos en cuenta que muchas personas eligen sus productos menstruales en base a <strong>su huella ambiental</strong>, conocer mejor su composición química es clave para tomar decisiones informadas.</p><p>_______________________________________________</p><p><strong>Lara Cioni </strong>es investigadora Postdoctoral y <strong>Ethel Eljarrat </strong>es profesora de Investigación del Departamento de Química Ambiental, ambas en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA - CSIC) . Este artículo se publicó originalmente en <a href="https://theconversation.com/compuestos-toxicos-en-los-productos-menstruales-esto-es-lo-que-sabemos-267928" target="_blank"><em>The Conversation</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Oct 2025 16:26:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lara Cioni y Ethel Eljarrat / The Conversation]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Esto es lo que sabemos de los compuestos tóxicos en los productos menstruales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujeres,Salud,Contaminación,OMS,CSIC,plásticos,Higiene]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matthias Rillig, ecólogo experto en microplásticos: “Hemos contraído una deuda de toxicidad global”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/matthias-rillig-ecolog-experto-microplasticos-plastico-hemos-contraido-deuda-toxicidad-global_1_2042535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8d924569-e456-47e4-81d9-089521e836de_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matthias Rillig, ecólogo experto en microplásticos: “Hemos contraído una deuda de toxicidad global”"></p><p>Matthias Rillig es uno de los primeros ecólogos en interesarse por el impacto de los microplásticos en los suelos. Junto con su equipo de la <strong>Universidad Libre de Berlín</strong> (Alemania), ha publicado casi un centenar de artículos científicos sobre el tema.</p><p>Basándose en sus trabajos, insiste ahora en que la humanidad ha contraído una deuda de toxicidad debido a la acumulación de plásticos en nuestro entorno. Según explica, al degradarse progresivamente con el paso del tiempo, esos diminutos residuos liberan moléculas químicas y penetran cada vez más fácilmente en los tejidos de los organismos vivos. En otras palabras, el pico de toxicidad de esta contaminación sin precedentes aún está por llegar. Se trata de un reto importante en las nuevas negociaciones internacionales para intentar limitar la contaminación por plásticos, que se celebran<a href="https://news.un.org/es/story/2025/08/1540284" target="_blank"> en Ginebra (Suiza) entre el 5 y el 14 de agosto</a>.</p><p><strong>Mediapart:</strong> <strong>Usted estudia los impactos de los cambios globales inducidos por las actividades humanas en los ecosistemas, en particular en el suelo. ¿En qué se diferencia la contaminación plástica de otros tipos de contaminación?</strong></p><p><strong>Matthias Rillig:</strong> La gran diferencia es que un microplástico es una partícula, no es una sustancia. Porque la forma de estas partículas resulta determinante para sus efectos. Nunca había pensado que la contaminación pudiera depender de la forma de un contaminante. Mi primer artículo sobre los microplásticos en el suelo se remonta a 2012. En aquella época se decía que el suelo era un océano de partículas, por lo que un poco más o un poco menos no supondría una gran diferencia. Hubo que esperar cinco años para comprender que estábamos equivocados. Incluso en el suelo, esas partículas provocan importantes alteraciones, tanto físicas como químicas.</p><p><strong>¿Cuáles son los grandes descubrimientos que le han permitido darse cuenta de la magnitud de esas alteraciones?</strong></p><p>En <a href="https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.est.8b02212" target="_blank">2018</a> nos dimos cuenta de que las fibras plásticas procedentes de lanas artificiales modificaban considerablemente las características físicas del suelo, en particular su estructura y su capacidad para retener el agua, mientras que las partículas redondas de polietileno interactuaban muy poco con los elementos del suelo. A partir de ese momento, comenzamos a estudiar la influencia de la forma de los plásticos.</p><p>Otro <a href="https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.est.0c04641" target="_blank">descubrimiento significativo</a>: tras exponer pequeños gusanos, nematodos (<em>C. elegans</em>), a microplásticos, observamos efectos tóxicos. Los nematodos se reproducían peor. Pero esos microplásticos eran demasiado grandes para ser ingeridos por los gusanos. Los efectos procedían pues únicamente de las moléculas químicas incorporadas en el interior del plástico. Puede tratarse de aditivos para conferir características específicas al material (color, flexibilidad, etc.) o de impurezas que contaminan el producto durante los procesos de fabricación.</p><p>En definitiva, tenemos dos tipos de impactos muy diferentes: uno relacionado con la presencia física de esas partículas y otro con su naturaleza química. Y las perturbaciones, al igual que su magnitud, dependerán del tipo de plástico, de su tamaño, de su forma, pero también del tipo de suelo, etc. Es una complejidad infinita.</p><p><strong>Recientemente, usted ha planteado la idea de que la humanidad ha contraído una </strong><a href="https://pubs.acs.org/doi/full/10.1021/acs.est.0c07781" target="_blank"><strong>deuda tóxica</strong></a><strong> relacionada con esa contaminación por plásticos. ¿Cómo llegó a esa hipótesis?</strong></p><p>Continuamos el experimento con los nematodos: primero recuperamos nuestras partículas de plástico y luego las lavamos para eliminar las moléculas químicas de su superficie. Cuando las volvimos a poner en contacto con los gusanos, los efectos tóxicos desaparecieron. Pero si esperamos unas semanas más, volvemos a observar efectos negativos en la reproducción. ¿Por qué? Porque las moléculas químicas del interior de esas partículas acaban saliendo hacia la superficie y escapándose.</p><p>Los microplásticos son auténticos depósitos de compuestos tóxicos. Cuanto más se degradan, más pequeños se vuelven y más fácilmente encuentran el camino hacia la superficie esas moléculas atrapadas en su interior. Por lo tanto, cabe esperar una liberación cada vez mayor de esas moléculas químicas a medida que los plásticos se degradan en nuestro entorno. Pero eso no es todo. Cuanto más disminuye el tamaño de estos microplásticos, más susceptibles son de atravesar las membranas de los organismos vivos y alterar su fisiología. Estos dos elementos, la liberación química y su tamaño cada vez más nanoscópico, son la base de esta noción de deuda de toxicidad.</p><p><strong>¿Debemos esperar entonces un pico de toxicidad en el futuro?</strong></p><p>Sí, la idea de un pico de toxicidad, o más bien de picos en plural, forma parte de nuestra hipótesis. Pero por ahora no podemos decir cuándo se producirán esos picos. Depende del tipo de plástico: será muy largo para los plásticos bromados, como los retardantes de llama, y menos largo para los ftalatos utilizados en los plásticos flexibles, por ejemplo. En realidad, por ahora disponemos de muy poca información sobre los tiempos de fragmentación y liberación de los microplásticos. Por lo tanto, dar plazos sería realmente muy hipotético.</p><p><strong>En su artículo, compara esta deuda tóxica del plástico con la deuda de extinción. ¿Podría explicarlo?</strong></p><p>La deuda de extinción es un concepto conocido en ecología que permite predecir las extinciones futuras como consecuencia de la fragmentación de un hábitat. El efecto no es inmediato, hay que esperar un cierto tiempo para que una especie desaparezca por completo, pero el proceso está en marcha, de ahí la expresión “deuda de extinción”. Aquí se aplica la misma idea: hemos contraído una deuda tóxica con la contaminación por plásticos, que puede afectar aún más a los ecosistemas en el futuro.</p><p><strong>Desde la creación de este material en la década de 1950, se han producido más de diez mil millones de toneladas de plástico, la mitad de las cuales se encuentran ahora dispersas en el medio ambiente. ¿Hay alguna forma de reducir esa deuda tóxica?</strong></p><p>Digamos que al menos podríamos intentar no aumentarla. Podríamos fijarnos como objetivo aplanar la curva de toxicidad futura limitando el uso de plásticos de un solo uso, por ejemplo, o fomentando el desarrollo de polímeros “inteligentes”, que podrían desaparecer por completo o reciclarse totalmente al final de su vida útil. Pero no estoy seguro de que sea posible... También habría que incluir los aditivos en las reflexiones políticas: su comportamiento no solo debe evaluarse durante la vida útil del plástico, sino también en función de su futura liberación al medio ambiente. Una cosa es segura: si se tuvieran en cuenta sus costes medioambientales, los plásticos serían mucho más caros de producir.</p><p><strong>En Europa, ¿de dónde proceden los microplásticos del suelo?</strong></p><p>El desgaste de los neumáticos en las carreteras es una fuente importante. Y no solo hay microplásticos en ese tipo de partículas, también se encuentra carbono negro, metales pesados, caucho... La agricultura, y en particular el esparcimiento de compost, es otra fuente importante de microplásticos en nuestros suelos. También hay que tener además en cuenta los textiles sintéticos: durante su uso o lavado, se desprenden microplásticos.</p><p><strong>Sin embargo, las concentraciones más elevadas de microplásticos que ha podido medir en un suelo europeo no procedían de ninguna de esas tres fuentes...</strong></p><p>¡Cierto! Las concentraciones más altas de microplásticos que hemos observado sobre el terreno, hasta 20.000 partículas por gramo de suelo, se registraron a lo largo del <a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s10311-022-01500-2" target="_blank">muro de Berlín</a>. Y esas partículas procedían de las pinturas utilizadas para los grafitis. Las fuentes de microplásticos parecen ser realmente infinitas...</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Aug 2025 04:00:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lise Barnéoud (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Matthias Rillig, ecólogo experto en microplásticos: “Hemos contraído una deuda de toxicidad global”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Contaminación,plásticos,Medioambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El CSIC detecta concentraciones muy altas de microplásticos frente a la costa de Castellón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/csic-detecta-concentraciones-altas-microplasticos-frente-costa-castellon_1_2002842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8d2dd51-357a-47a9-8baa-01d4560fd3c3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El CSIC detecta concentraciones muy altas de microplásticos frente a la costa de Castellón"></p><p>El Mediterráneo se está convirtiendo en un mar de plástico, incluso en los ecosistemas más protegidos. Así lo revela el primer estudio que evidencia el <strong>impacto de la contaminación por microplásticos y micropartículas de caucho </strong>sobre las poblaciones de coral <em>Cladocora caespitosa</em>, especie en peligro endémica del Mediterráneo, en las Islas Columbretes, una reserva marina a 60 kilómetros de las costas de Castellón. </p><p>Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS) han obtenido muestras que superan<strong> las 6.000 partículas por kilo de sedimento </strong>entre las estructuras que forman estos corales, cifra muy superior a las obtenidas en otros puntos del Mediterráneo. El estudio, <a href="https://doi.org/10.1016/j.marpolbul.2025.118070" target="_blank">publicado en la revista </a><a href="https://doi.org/10.1016/j.marpolbul.2025.118070" target="_blank"><em>Marine Pollution Bulletin</em></a> y que recoge en una nota de prensa, demuestra el efecto global de la contaminación por plásticos.</p><p>En el estudio, los investigadores del IATS-CSIC, junto a científicos del Instituto de Geociencias de la Universidad de Kiel (Alemania), y del Departamento de Química Ambiental Inorgánica del Helmholtz-Zentrum Hereon (Alemania), determinaron <strong>las concentraciones de microplásticos y pequeños fragmentos de caucho (</strong><em><strong>microrubber</strong></em><strong>)</strong> en las poblaciones de <em>Cladocora caespitosa</em>. </p><p>Los <strong>microplásticos </strong>son trozos de residuos de menos de cinco milímetros de longitud que pueden provenir de diversas fuentes, como la degradación de plásticos más grandes, la liberación de fibras textiles o productos cosméticos.</p><p>El equipo del IATS-CSIC<strong> obtuvo muestras de sedimentos en cinco puntos distintos del ecosistema de las Columbretes</strong>, tanto dentro de las estructuras que forman las colonias de coral como lejos de estas. Posteriormente, estas muestras se analizaron en laboratorios libres de contaminación por plásticos en Alemania. "Encontramos microplásticos en todas las muestras, pero las concentraciones más altas estaban dentro de las estructuras coralinas", revela Diego Kersting, investigador del CSIC que lidera la participación del IATS en el estudio. </p><p>Las concentraciones oscilan entre las 41 partículas de microplásticos y <em>microrubber</em> por kilo de sedimento seco en los puntos más alejados de los corales a las 6.345 partículas en las muestras obtenidas dentro de estos.<strong> La media es de 1.514 partículas por kilo de sedimento.</strong></p><p>"Estos valores<strong> superan con mucho la concentración observada en otros puntos del Mediterráneo occidental</strong>", asegura Lars Reuning, investigador del Instituto de Geociencias de la Universidad de Kiel y autor de correspondencia del estudio. Otro punto comparable es el archipiélago de Cabrera, en las Islas Baleares, donde un estudio anterior también detectó altas concentraciones de microplásticos. </p><p>La razón sería<strong> el "efecto trampa" que tienen las colonias de coral o los bosques de posidonia</strong>, una planta submarina también endémica del Mediterráneo, para retener estas partículas contaminantes que arrastra la corriente. "En Columbretes también favorece la acumulación de contaminantes la forma en C de la bahía de la Illa Grossa", describe el investigador. "En cualquier caso, es paradójico que encontremos estas concentraciones de microplásticos en dos lugares tan protegidos", lamenta.</p><p>El origen de los microplásticos, que <strong>suponen sobre el 80-90% de las partículas detectadas</strong>, estaría en la basura acumulada que flota en el Mediterráneo, que llega a las Columbretes arrastrada por las corrientes del Norte y Noreste. En el caso de los fragmentos de caucho o <em>microrubber</em>, otro de los tipos de partículas detectadas, se producen por el desgaste de los neumáticos en tierra firme y llegan al mar a través de los ríos. </p><p>Se estima que <strong>el 80% de los plásticos que llegan a los océanos proceden de fuentes terrestres</strong>. "Este es un buen ejemplo de que la basura acaba en cualquier sitio, de la globalización de la contaminación por plásticos", resume Kersting.</p><p>De momento<strong> se desconocen los efectos que la acumulación de microplásticos y otras partículas pueden tener para la salud de este coral</strong>. "Harían falta estudios específicos en acuarios que podríamos realizar en el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal, pero sabemos que los corales incorporan otras sustancias como las cenizas originadas en la combustión de combustibles fósiles a sus esqueletos", recuerda el investigador del CSIC. "Se sabe que puede haber efectos adversos para la salud a partir de<strong> 540 partículas por kilo seco de sedimento,</strong> y las concentraciones que hemos visto son mucho mayores", advierte.</p><p>El equipo de Kersting en el IATS-CSIC tiene en las Islas Columbretes<strong> un laboratorio para comprobar cómo afectan el cambio climático y otros fenómenos globales a los ecosistemas marinos. </strong>Así han comprobado que el calentamiento del Mediterráneo provoca en este coral, el único en la región capaz de formar arrecifes similares a los de mares tropicales, un estrés que reduce su crecimiento y puede desembocar en su muerte. </p><p>Ahora comprueban una vez más que <strong>la protección local de un entorno no lo libra de amenazas globales, en este caso los microplásticos.</strong> La prohibición de los plásticos de un solo uso, mejorar los tratamientos de las aguas residuales y el correcto reciclaje de plásticos son algunas de las medidas que proponen los investigadores para intentar paliar esta situación.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f1155156-2238-4fd5-b079-275ce555b1c1]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 May 2025 09:48:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El CSIC detecta concentraciones muy altas de microplásticos frente a la costa de Castellón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[plásticos,mediterráneo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bolsitas de té, táperes o biberones: cómo evitar ingerir microplásticos en el día a día]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/botellas-agua-taperes-biberones-evitar-ingerir-microplasticos-dia-dia_1_1954132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/38a65526-89ea-423a-a188-95da403064bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bolsitas de té, táperes o biberones: cómo evitar ingerir microplásticos en el día a día"></p><p>La concentración de microplásticos en el organismo está en auge. Están <strong>en el aire, en la comida o en el agua</strong>, aunque en cantidades muy pequeñas. Su impacto en la salud es por ahora ambiguo y los expertos evitan lanzar mensajes de alarmismo, aunque también recomiendan reducir al máximo la exposición para minimizar su daño. Un<a href="https://doi.org/10.61373/bm025c.0020" target="_blank"> análisis publicado</a> este martes por la revista <em>Brain Medicine</em> repasa los descubrimientos más recientes en este campo para lanzar recomendaciones a la población, y<strong> la número uno es no introducir táperes de plástico en el microondas</strong>. También proponen evitar beber en botellas de plástico, utilizar biberones de cristal, reducir el consumo de comida procesada o evitar las bolsas de té de plástico.</p><p>La diferencia entre consumir agua de grifo y agua embotellada supone introducir en el organismo al menos 20 veces más de microplásticos. Un estudio <a href="https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.est.9b01517" target="_blank">publicado </a>en 2022 por la Asociación Química Americana (AQS, por sus siglas en inglés), estimaba que una persona que solo consume<strong> agua en botellas de plástico ingiere de media 90.000 muestras de microplástico</strong>, frente a 4.000 si consume de grifo.</p><p>Dos estudios específicos para España, uno sobre microplásticos en las <a href="https://www.nature.com/articles/s41598-024-62075-2" target="_blank">cinco principales marcas de agua embotellada</a>, y otro sobre su concentración en el agua corriente de <a href="https://rosal.web.uah.es/publications/Occurrence%20and%20size%20distribution%20study%20of%20microplastics%20in%20household%20water%20from%20different%20cities%20in%20continental%20Spain%20and%20the%20Canary%20Islands.pdf" target="_blank">ocho ciudades españolas</a>, llegó a una conclusión similar, con una diferencia incluso más exagerada: el agua de grifo tiene una concentración 59 veces menor que las botellas, de 45,5 microgramos de microplásticos por litro frente a 2.650.</p><p><strong>Roberto Rosal</strong>, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, participó en ambos trabajos y explica que efectivamente el agua es una de las principales vías de entrada de estos componentes. Aunque añade que<strong> los resultados de los dos estudios en los que ha trabajado no arrojan cantidades preocupantes</strong>, puesto que beber agua de una botella supone ingerir al día entre 4 y 18 nanogramos por kilo corporal. "Para llegar a introducir un gramo de plástico necesitaríamos <strong>beber dos litros de agua al día durante 850 años</strong>. Desde luego no parece alarmante", comenta el experto.</p><p>Otra vía habitual de entrada son los alimentos, especialmente aquellos que han estado en contacto con envases de plástico como bandejas o táperes. Y<strong> si se introducen en el microondas o se hierben, la concentración es mucho mayor</strong>. El análisis publicado este martes se hace eco, por ejemplo, un estudio sobre el impacto de<strong> las bolsas de té de plástico</strong>, que concluye que al calentarse en agua a más de 90 grados cada dosis desprende 2,4 millones de partículas con un tamaño de 1 a 150 micrómetros y 14.700 millones de partículas inferiores a un micrómetro. "Acabar con la práctica de calentar alimentos guardados en plástico podría ser <strong>una de las formas más eficaces de reducir la ingesta</strong> de microplásticos", concluyen los investigadores.</p><p>También hay evidencias de un incremento superior al 1000% en los niveles de bisfenol A tras cinco días de comer sopa enlatada, o se han encontrado<strong> 30 veces más de microplásticos en nuggets de pollo procesados que en pechugas de pollo </strong>estándar. Roberto Rosal también identifica los moluscos, como los mejillones o las ostras, como una fuente de plásticos microscópicos, debido a que se alimentan por filtración y funcionan como una esponja con la contaminación marina.</p><p>En todo caso, la ingesta es solo una de las vías de entrada del plástico en el organismo. Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea-CSIC), recuerda que <strong>aproximadamente el 50% entra por el aire a través de la respiración</strong>. En las ciudades, la erosión de los neumáticos o la quema de residuos emite restos minúsculos de plásticos al medioambiente que luego respiran los ciudadanos. Pero las concentraciones más altas de microplásticos en aire se dan en interiores y provienen del desgaste de las pinturas y los acabados de las paredes y muebles de una casa, o de los textiles de poliéster, como prendas de ropa o almohadas.</p><p>Si la exposición diaria a los microplásticos es confusa, lo es todavía más su impacto en el organismo. Los expertos coinciden en que<strong> se sabe muy poco sobre el daño en la salud </strong>de estas partículas. A la hora de buscarlas y estudiarlas en un ser vivo se confunden con otros compuestos con estructuras similares, y eso dificulta enormemente su estudio. El segundo inconveniente es que los polímeros de plástico van siempre acompañados de aditivos de todo tipo: hay miles de ellos y cada uno afecta de una manera al organismo. </p><p>"Conocemos poco sobre el impacto en la salud de los microplásticos, aunque <strong>lo que sí sabemos es que los niveles de concentración en el cuerpo son cada vez mayores </strong>porque estamos expuestos a mayores cantidades", afirma Eljarrat, quien dirige un equipo de investigación de plásticos. "Una parte de los que entran los eliminamos por las heces, pero otros llegan a la sangre y los órganos y se almacenan en el organismo. La cuestión es que no hay respuesta clara sobre qué daño hacen. Nosotros nos dedicamos a estudiar los aditivos de los plásticos y <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/son-pellet-plastico-han-llegado-galicia-afectan-naturaleza_1_1682139.html" target="_blank">hay más de 10.000 tipos</a>, entre ellos retardantes de llama o plastificantes, algunos de ellos muy dañinos", añade la investigadora.</p><p>La literatura científica sobre salud y microplásticos se basa principalmente en estudios con animales y cultivos celulares. Un <a href="https://www.thelancet.com/journals/ebiom/article/PIIS2352-3964(23)00467-X/fulltext" target="_blank">estudio</a> de 2024 publicado en la revista <em>The Lancet </em>atribuye a los microplásticos todo tipo de problemas, y los relacionan con "el estrés oxidativo, la inflamación, problemas del sistema inmunitario,<strong> cambios metabólicos, el desarrollo anormal de los órganos, la alteración de las vías o la aparición de cánceres</strong>". El impacto se debe a su acumulación en la sangre y en todo tipo de órganos, y también se sospecha que a largo plazo es un disruptor del sistema endocrino y puede provocar problemas cognitivos. Los propios autores que publicaron en The Lancet reconocen que solo examinaron unos pocos plásticos, mientras que "otros tipos de partículas plásticas que se encuentran comúnmente en el medio ambiente siguen sin estudiarse".</p><p>A comienzos de febrero, la revista<em> </em><a href="https://www.nature.com/articles/s41591-024-03453-1" target="_blank"><em>Nature</em></a> también publicó <strong>un análisis que revolucionó a la comunidad científica</strong> en el que se explicaba que el cerebro era el lugar donde más microplásticos se acumulan del organismo, y que en los últimos ocho años <strong>la concentración se ha multiplicado por 30</strong>, incrementando el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.</p><p>Sin embargo, Roberto Rosal cree que los resultados son exagerados, puesto que los investigadores utilizaron una técnica para identificar los restos de plásticos mediante pirólisis, un quemado las muestras para después analizar los residuos, una fórmula que permite encontrar restos minúsculos de plásticos, inferiores a una micra,<strong> pero que puede dar lugar a error al confundirlos</strong> con otras sustancias. "Las deficiencias de esa técnica son muy conocidas y dan lugar a concentraciones exageradas. El estudio encuentra cantidades en el cerebro muchas veces superiores a muestras que hemos tomado nosotros en aguas residuales de España. No tiene ningún sentido", responde.</p><p>"<strong>Probablemente, la forma de entrada de los microplásticos en el organismo a través de los alimentos será el epitelio intestinal</strong>, que tiene una barrera antibacteriana de hasta una micra. Es posible que los microplásticos inferiores a ese tamaño se estén colando, pero no <strong>por ahora no hay una técnica fiable </strong>de encontrar restos tan pequeños", resume Rosal.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Mar 2025 07:06:38 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Bolsitas de té, táperes o biberones: cómo evitar ingerir microplásticos en el día a día]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Contaminación,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los microplásticos pueden causar trombos en el cerebro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/ciencia/microplasticos-causar-trombos-cerebro_1_1933345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5b44fc97-a609-4afa-9cea-e6bd14bc3358_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los microplásticos pueden causar trombos en el cerebro"></p><p>Científicos de la Academia China de Investigación en Ciencias Medioambientales han descubierto en ratones que los microplásticos presentes en el torrente sanguíneo pueden hacer que las células del sistema inmunitario provoquen <strong>trombos en el cerebro</strong> al acumularse en su interior.</p><p>La concentración de microplásticos activa a las células inmunitarias en el cerebro, <strong>incluida la microglía, </strong>las defensas autonómicas del cerebro, que 'engullen' los microplásticos, como hacen con cualquier otra sustancia extraña para destruirla.</p><p>Sin embargo, a <strong>los microplásticos no pueden degradarlos,</strong> y se acumulan en su interior, por lo que las células de defensa se quedan atascadas en los capilares del cerebro, formando un tapón o trombo que impide localmente la llegada de oxígeno y sangre a esa zona del cerebro, de forma parecida a lo que provoca un trombo.</p><p>Ya se sabía que los microplásticos atraviesan la barrera hematoencefálica, una defensa crucial del cerebro contra sustancias tóxicas, aclara <strong>Jiaqi Hou</strong> a SINC, que junto con otros colegas explican su hallazgo en el último número de <em>Science Advances</em>.</p><p>Estudios recientes habían demostrado que los microplásticos pueden<strong> infiltrarse en el tejido nervioso </strong>e inducir trombosis cerebral por obstrucciones celulares que provocan anomalías neuroconductuales. Esta infiltración desencadena la activación de células inmunitarias en respuesta a invasores extraños.</p><p>“Sin embargo, nuestra investigación sugiere una <strong>posibilidad alternativa a lo anterior</strong>: los microplásticos también pueden inducir la oclusión local de pequeños vasos del cerebro, creando potencialmente un entorno hipóxico [reducción del oxígeno sanguíneo] e isquémico [reducción del flujo de sangre]”, aclara Hou.</p><p>Para llegar a este descubrimiento, los investigadores chinos aplicaron técnicas de <strong>microscopía bifotónica</strong> en miniatura (mTPM) y obtuvieron imágenes de los microplásticos en el cerebro de ratón <em>in vivo</em> mientras el animal estaba despierto.</p><p>Gracias a la capacidad de obtención de<strong> imágenes de alta profundidad</strong>, pudieron ver los microplásticos en los vasos sanguíneos de la corteza cerebral del ratón.</p><p>Mediante el rastreo del<strong> movimiento a alta velocidad </strong>de los microplásticos en los vasos sanguíneos, el equipo descubrió este nuevo mecanismo que puede inducir disfunción cerebral y deterioro neurológico.</p><p>Los investigadores también observaron que los bloqueos cerebrales inducidos por microplásticos pueden<strong> persistir más de siete días </strong>y disminuir lentamente hasta los 28 días, aunque sin desaparecer por completo. En este tiempo, los ratones afectados mostraron deterioro en pruebas de memoria y menor función motora.</p><p>Hasta ahora, se aceptaba que los microplásticos <strong>causaban neurotoxicidad directa</strong> o daño a otros órganos que, a su vez, podrían generar disfunción en el sistema nervioso central.</p><p>Sin embargo, “este trabajo aporta evidencia, en modelos animales, de otro posible mecanismo: el daño a través de una afectación inmunológica que terminaría redundando en un mecanismo trombótico que afectaría a la circulación cerebral”, aclara a SINC el neurólogo <strong>Federico Castillo Álvarez</strong>, portavoz de la Sociedad Española de Neurología, que no participa en el estudio.</p><p>Para este experto, este hallazgo es importante porque “la causa vascular está en la base de muchas <strong>enfermedades neurológicas</strong> y empeora otras que tienen una base neurodegenerativa”.</p><p>Aunque el Castillo resalta que el trabajo se tiene que confirmar en <strong>otros modelos animales,</strong> “para luego poder plantear una hipótesis extrapolable al ser humano, dadas las diferencias que existen entre ratones y humanos, tanto a nivel neurológico, como inmunológico y vascular”.</p><p>La exposición humana a los microplásticos se produce a diario, alerta Hou. “Hábitos de vida, como <strong>la frecuencia de uso de fiambreras</strong> y otros recipientes desechables para la conservación de alimentos, pueden influir significativamente en esta exposición. En consecuencia, es probable que los microplásticos se acumulen en los tejidos humanos con el paso del tiempo”, igual que ocurre en los ratones utilizados como modelo.</p><p>Y esa concentración, además de las consecuencias inmediatas ya mencionadas, puede <strong>acelerar el envejecimiento</strong>, como demostró otro reciente trabajo del grupo, publicado el verano pasado.</p><p>“La capacidad de la población anciana para combatir invasores extraños disminuye a medida que<strong> se reduce la función de sus órganos</strong>. Nuestro equipo descubrió que la exposición a microplásticos en ratones que envejecen conduce a señales de daño significativamente mayores, incluida la activación de vías de señalización del cáncer”, advierte Hou.</p><p>Lo cierto es que allá donde miremos descubriremos objetos de plástico que, cuando se desechen,<strong> se convertirán en fragmentos milimétricos</strong> que acabarán contaminando todos los rincones del planeta y también de nuestro organismo.</p><p>Ni los hospitales escapan a este uso. Los investigadores de Pekín, liderados por <strong>Beidou Xi, </strong>del Laboratorio Estatal de Criterios Ambientales y Evaluación de Riesgos de Pekín, advierten con preocupación que los aparatos médicos nos inyectan microplásticos directamente en el torrente circulatorio y subrayan la urgencia de mejorar dispositivos de inyección para evitarlo.</p><p>En los últimos dos años, varios estudios han documentado la <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38077139/" target="_blank">entrada de microplásticos en el cuerpo humano</a> a través de dispositivos médicos, advierte Jiaqi Hou. “Los peligros asociados a los microplásticos preocupan cada vez más a los médicos. Pero para abordar este problema es necesario realizar importantes<strong> esfuerzos de concienciación</strong> en toda la comunidad médica y entre las autoridades gubernamentales”.</p><p><em>Este </em><a href="https://www.agenciasinc.es/Noticias/Los-microplasticos-pueden-causar-trombos-en-el-cerebro" target="_blank"><em>artículo</em></a><em> fue publicado originalmente en la Agencia SINC, la agencia de noticias </em><em><strong>científicas de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jan 2025 11:12:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Agencia SINC]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los microplásticos pueden causar trombos en el cerebro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[plásticos,Salud,Medicina,Agencia SINC]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ecoembes, una organización obligada a reinventarse tras 25 años de datos de reciclaje maquillados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/25-anos-luchando-recogida-efectiva-envases-ecoembes-obligada-reinventarse_1_1906328.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b25a94d1-58d5-46af-a2a4-0da6a722f75d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ecoembes, una organización obligada a reinventarse tras 25 años de datos de reciclaje maquillados"></p><p>El Ministerio de Transición Ecológica ha confirmado lo que diferentes organizaciones civiles llevan años denunciando: que Ecoembes ha publicado datos <a href="https://www.infolibre.es/politica/sombras-ecoembes-dudas-datos-efectos-posicion-monopolio_1_1484328.html" target="_blank">ampliamente maquillados sobre reciclaje desde hace dos décadas </a>para evitar asumir el coste real de los 50 millones de envases de bebidas que se venden cada día en España.</p><p>En la trampa ha participado el <strong>Gobierno y las comunidades autónomas</strong>, que han mirado hasta ahora para otro lado en lugar de elaborar sus propias estadísticas. La Administración ha confiado en ellas hasta tal punto que las cifras de los fabricantes se han entregado cada año a la Comisión Europea para que elabore los censos de residuos de la UE, pese a tratarse de una información adulterada por gigantes como Coca-Cola, Nestlé, L'Oreal, Alcampo o Mercadona. Estos son algunos de los accionistas de Ecoembes, la organización que tiene el <a href="https://www.cnmc.es/prensa/estudio-gestion-residuos-envases-20240722" target="_blank">"monopolio"</a> de la recogida de envases.</p><p>Las consecuencias de publicar <strong>cifras irreales</strong> es que los ayuntamientos de todo el país han asumido durante un cuarto de siglo el costoso trabajo de hacerse cargo de las latas, las botellas o los envases de comida que no llegan al contenedor amarillo. Greenpeace calculó en 2021 que las administraciones locales asumen<a href="https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/comunicados/la-mala-gestion-de-ecoembes-cuesta-a-los-ayuntamientos-casi-1-700-millones-de-euros-al-ano/" target="_blank"> un sobrecoste de 1.700 millones de euros</a> al año en recogida de basuras que debería asumir Ecoembes.</p><p>El Gobierno publicó el pasado viernes 22 de noviembre que la recogida separada de botellas de plástico en España fue del 41,3% en 2023, una cifra que corrige el dato de Ecoembes, que eleva la estimación hasta el 73,4%. Los resultados del ministerio están en la línea de dos informes previos de <a href="https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/comunicados/mucho-vertedero-y-poco-reciclaje-las-cifras-oficiales-de-ecoembes-hablan-de-un-844-de-reciclado-mientras-que-en-realidad-ese-porcentaje-solo-alcanza-el-373/" target="_blank">Greenpeace</a> y de <a href="https://zerowasteeurope.eu/wp-content/uploads/2023/04/ZWE_May24_Executive-Summary_Analysis-of-the-separate-collection-rate-of-plastic-beverage-bottles-up-to-three-litres-in-Spain_ES.pdf" target="_blank">Alianza Resiudos Cero</a>, que llevan años denunciando que el sector privado adultera las cifras. Desde Ecoembes, explican que sus cifras son diferentes porque emplean otra metodología, y señalan que se sentarán con el Gobierno en los próximos meses para adecuar sus cálculos a los oficiales.</p><p>La diferencia los números oficiales y los de Ecoembes es muy importante. Primero, porque es la primera vez que Transición Ecológica elabora sus propias cifras de recogida de envases, y demuestra <strong>que los datos de Ecoembes son radicalmente falsos</strong>. Segundo, porque supone que España inclumple la Directiva europea de Residuos, y ahora <strong>el país está obligado a implantar un sistema de devolución de envases al supermercado</strong> (SDDR), un mecanismo que la industria lleva esquivando desde 1997. Y tercero, porque significa que<strong> 6 de cada 10 botellas de plástico</strong> —uno de los residuos más comunes— no entran en el contenedor amarillo, lo que equivale a unos 5.000 millones de envases al año solo en España.</p><p>Que las botellas terminen en otros contenedores o en el suelo de las calles <strong>es determinante para Ecoembes</strong>. Hasta hace apenas dos años, la normativa establecía que las empresas del plástico solo tienen que hacerse cargo de los envases que estén dentro del cubo amarillo, y los ayuntamientos de los que entran en el contenedor gris —el genérico—y las papeleras. Aunque esto cambió con la nueva Ley de Residuos de 2022, todavía está pendiente de implementarse, y en la práctica se sigue cubriendo con los presupuestos municipales.</p><p>De esta manera, Ecoembes <strong>se ahorra esta recogida</strong>, por mucho que la ley establezca que todos los envases son responsabilidad de quien los pone en el mercado. Es cierto que esta organización paga una especie de incentivo económico a las administraciones por los envases que se recuperan en las plantas públicas de tratamiento, pero<strong> es muy inferior a lo que cuesta en realidad recogerlos</strong>, moverlos y separarlos del resto de la basura.</p><p>Este detalle es especialmente importante <strong>si se tiene en cuenta que alrededor del 70% de todos los envases acaban fuera del contenedor amarillo</strong>, de manera que los ayuntamientos se hacen cargo de la mayor parte del trabajo de Ecoembes, según calcula Francisco Peula, experto en residuos de la ONG Rethinking y colaborador del informe de Greenpeace de 2021. "Eso supone que alrededor del 40% del volumen de residuos que recogen los ayuntamientos en el contenedor gris son envases, que debería gestionar Ecoembes", añade Peula.</p><p>Por si fuera poco, todos los consumidores pagan entre 1 y 2 céntimos extra cada vez que compran una botella, una lata, un tetrabrik —y cualquier envase-—para financiar su reciclaje, la llamada tasa de <em>punto verde</em>. Este dinero lo ingresan las empresas que venden el envase y lo transfieren a Ecoembes. De esta manera, cada vez que un ayuntamiento se encarga de un envase, <strong>el consumidor paga dos veces</strong>: una con la tasa de punto verde, y otra con los impuestos municipales.<strong> Pero esto está a punto de cambiar</strong>.</p><p>La<a href="https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2022-5809" target="_blank"> Ley de Residuos de 2022</a> incluyó un objetivo de alcanzar un 70% de recogida de botellas de plástico por separado en 2023, pero los datos publicados el viernes por el Gobierno confirman que España está muy lejos de cumplir —nada menos que 30 puntos porcentuales por debajo—.</p><p>La norma establece que<strong> si no se alcanza la cifra, hay que implantar en España un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) </strong>en un plazo de dos años, <strong>antes del 22 de noviembre de 2026</strong>. Este mecanismo se basa en que cada botella y lata vendida cuesta unos céntimos de más que se recuperan al devolver el envase al supermercado cuando ya está vacío. Esto garantiza que los hogares se molesten en separar las botellas y las latas del resto de la basura, porque si los llevan a una máquina de depósito reciben un incentivo económico.</p><p>Sin embargo, los expertos ponen en duda que se vaya a cumplir el calendario de dos años. Según la ley, es la industria la que debe implantar el mecanismo de retorno de envases, y<strong> es de sobra conocido que Ecoembes no está por la labor</strong>. En los últimos años ha tratado de introducir lo que las organizaciones civiles llaman "una falsa solución", el sistema <a href="https://www.infolibre.es/politica/desmontando-reciclos-sistema-reciclaje-ilogico-abierto-fraude_1_1481804.html" target="_blank">Reciclos</a>, un supuesto mecanismo SDDR que mantiene intacto su negocio y que no funciona. A día de hoy no hay cifras transparentes de su funcionamiento.</p><p>De hecho, <strong>el origen de Ecoembes está directamente ligado a evitar implantar un sistema de retorno</strong> de envases en España. La primera Ley de Envases del país, de 1997, contemplaba la creación de un sistema SDDR, pero daba la opción a la gran industria de "eximirse" de ese mecanismo si creaba su propio sistema de tratamiento. Precisamente, un año antes, Ecoembes se constituyó "para proporcionar una respuesta a las obligaciones derivadas de la Ley 11/97 de envases", como reconoce hoy en su propia web.</p><p>"La industria <strong>vio lo que se le venía encima y creó una estructura societaria para cumplir la ley a su manera</strong>", afirma Alberto Vizcaíno, consultor ambiental y autor del libro<a href="https://www.contenedoramarillo.es/?i=1" target="_blank"> Contenedor Amarillo S.A</a>., donde desgrana el sistema de residuos en España. El experto añade que el sistema Ecoembes, organizado por grandes empresas de alimentación y plásticos, se saltó la ley a los pocos años, porque establecía que en 2001 se valorizaría el 50% de los envases generados, y todavía no se ha logrado más de 20 años después.</p><p>De nuevo, en 2011, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero volvió a actualizar la Ley de Residuos para introducir que los productores y vendedores de envases "podrán ser obligados a establecer sistemas de depósito y retorno del producto para su reutilización o tratamiento", <strong>pero no duró ni un año</strong>. Uno de los primeros reales decretos de Mariano Rajoy modificó la Ley de Residuos para darle al SDDR un "carácter voluntario", de manera que Ecoembes continuó con su negocio intacto.</p><p>Sin embargo, en este momento no hay margen normativo para esquivar el cambio de modelo. El propio ministerio de Transición Ecológica publicó hace diez días los datos de recogida de botellas (43,1%) y añadió que "no se alcanzan los objetivos de la Ley de Residuos". Por lo tanto,<strong> "se deberá implantar, en todo el territorio nacional y en el plazo de dos años</strong>, un sistema de depósito, devolución y retorno".</p><p>Fuentes de Ecoembes niegan que sus accionistas estén en contra del sistema de retorno de envases, y afirman que ellos no quieren entrar "en ninguna guerra de sistemas" de separación de residuos. De hecho, admiten que van a trabajar, ahora que lo impone la ley, en implantar un SDDR en España. "<strong>Ecoembes ayudará a la administración pública y a las empresas a que cumplan en plazo </strong>y con la mayor agilidad posible sus obligaciones derivadas tanto del actual Real Decreto como del inminente Reglamento europeo de envases", señalan.</p><p>Sin embargo, la posibilidad ha estado sobre la mesa desde 1997, y hasta ahora no se ha abordado. ONG y grupos de consumidores llevan más de dos décadas reclamando su implantación, y en 2009 se agruparon en la ONG Retorna para aumentar su altavoz. Otras organizaciones han realizado estudios sobre su implantación en España, como la catalana ENT, o incluso Tragsa, que <a href="https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/sgecocir/envases/210929espana_sddr_ttecent_miterd_web_tcm38-531126.pdf" target="_blank">publicó un extenso informe en 2021</a> con el Ministerio de Transición Ecológica. En Europa, el sistema SDDR<a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-funciona-medio-europa-tasa-eficiencia-98_1_1905576.html" target="_blank"> ya está presente en 14 países</a>, con una tasa de recogida separada de envases del 90% (frente al 41,3% de España solo en botellas)</p><p>Los defensores de los sistemas de devolución y retorno explican que sus beneficios son arrolladores porque permite <strong>disparar la tasa de reciclaje de envases</strong>. Buena parte de las botellas y latas que se depositan en los contenedores grises y en las papeleras —las que recogen los ayuntamientos— acaban en vertederos, de forma que su vida útil es ínfima. Pero si se recogen por separado en supermercados, "<strong>se recuperan juntas y limpias</strong>, con un proceso de reciclaje puedes hacer nuevas botellas", explica César Sánchez, portavoz de Retorna.</p><p>Entonces,<strong> ¿por qué Ecoembes ha evitado hasta ahora implantarlo?</strong> Simplemente porque el sistema actual le beneficia, es más barato. Y porque si los consumidores devuelven los envases a máquinas con lectores de etiquetas, habría cifras exactas de cuántas botellas y latas ponen las multinacionales en circulación en España, <strong>un dato muy en entredicho hasta ahora porque era imposible de verificar,</strong> según explica una fuente del sector, que prefiere omitir su nombre.</p><p>"Por un lado, el SDDR daría más ingresos a Ecoembes porque puedes vender materiales reciclados de alta calidad, pero<strong> también es más caro </strong>porque tendría que mantener los cubos amarillos en las calles —para botellas de aceite, envases de comida, latas de conservas…— y <strong>pagar además las máquinas para recoger las botellas y latas, y construir plantas de clasificación</strong> y conteo. Por otra parte, cada empresa que forma parte de Ecoembes paga cada año en función de los envases que pone en el mercado, y las cantidades que se dan no se sustentan con los estudios de composición de la basura.<strong> El SDDR aporta una transparencia que no interesa a Ecoembes</strong>", señala esta persona.</p><p>El problema, en todo caso, es que<strong> el nuevo sistema de devolución y retorno tiene que ser ideado y organizado por el sector privado</strong>, según recoge el Real Decreto de Envases de 2022. Los expertos consultados creen que Ecoembes tratará de crear una nueva marca para este mecanismo —ya tiene Ecoembes y Ecovidrio—, aunque también podrían surgir otras agrupaciones empresariales similares (llamados SCRAP) que le hagan la competencia. Por ejemplo, desde los supermercados, ya que en su interior se ubicarán las máquinas para devolver las botellas.</p><p>Ignasi Puig, Doctor en Ciencias Ambientales y fundador de la fundación ENT, reclama al Ministerio de Transición Ecológica que forme parte de ese proceso de desarrollo del sistema de devolución y retorno para que esta vez las multinacionales cumplan con su obligación. "No sé si dejará libertad total al sector privado, pero no tiene por qué hacerse así. <strong>La presencia de las administraciones públicas garantiza la transparencia</strong>, y esa es una de las decisiones que se tienen que tomar a corto plazo", resume.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2024 18:50:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ecoembes, una organización obligada a reinventarse tras 25 años de datos de reciclaje maquillados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Reciclaje basura,Ecoembes,Residuos urbanos,Contaminación,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sistema de devolución de envases funciona en parte de Europa con una tasa de eficiencia de hasta el 98%]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/sistema-devolucion-envases-funciona-medio-europa-tasa-eficiencia-98_1_1905576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8523681c-c844-4410-a21b-5a62750169a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sistema de devolución de envases funciona en parte de Europa con una tasa de eficiencia de hasta el 98%"></p><p>El Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) de envases de bebida que <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/devolver-botella-plastico-super-espana-prepara-implantar-sistema-retorno-envases_1_1888578.html" target="_blank">tiene que implantar España antes de noviembre de 2026 </a>transformará la manera en que los hogares tratan los residuos, pero<strong> ese cambio radical lleva décadas funcionando en el continente</strong>. Suecia fue el primero en instaurarlo en 1984 y desde entonces se han sumado otros 14 países de la Unión Europea, mientras que otros tantos van camino de adoptarlo. El sistema SDDR ha logrado que se recojan por separado en Alemania el 98% de los envases, o el 96% en Finlandia, con <strong>una media de éxito 90% en la Unión Europea</strong>.</p><p>Esas cifras tan elevadas permiten que prácticamente todas las latas y las botellas de plástico de un solo uso (agua, refrescos…) que se utilizan cada día <strong>puedan reciclarse para ahorrar recursos y generar ingresos</strong> con la venta de esas materias primas. La clave está en que el consumidor <a href="https://www.infolibre.es/politica/espana-queda-vez-sola-europa-rechazo-sistema-retorno-reciclar-envases_1_1483009.html" target="_blank">paga un pequeño sobrecoste</a> al comprar una botella de plástico o una lata de bebida (el depósito), que se le reembolsa cuando el envase es devuelto (la devolución) de tal forma que se asegure su recuperación y reintroducción en la cadena de producción (el retorno).</p><p>Los países que ya tienen un sistema SDDR, además de tener una gestión más eficiente de sus residuos, se evitan mandarlos a un vertedero, donde cada tonelada de basura que entra tiene fuertes impuestos, y donde además se genera una importante contaminación atmosférica y de aguas subterráneas. Una eficiencia cercana al 100% en la separación de los plásticos también <strong>permite a estos países cumplir con la Directiva Marco de Residuos de la UE</strong>, mientras que España, entre otros, incumple la normativa y se expone a futuras multas.</p><p>Según el dato publicado el viernes por el Ministerio de Transición Ecológica, solo se recogió el año por separado el 41,3% de las botellas de plástico, mientras que la normativa comunitaria<a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/devolver-botella-plastico-super-espana-prepara-implantar-sistema-retorno-envases_1_1888578.html" target="_blank"> establece un objetivo del 70%</a>. Incumplir la directiva implica de facto la imposición de un mecanismo SDDR en un plazo de dos años (noviembre de 2026) para garantizar que la cifra se corrige. "Los resultados de otros países con un sistema de depósito y devolución son muy buenos, y<strong> no creo que podamos cumplir con la directiva si no lo implantamos</strong>", opina Ignasi Puig, Doctor en Ciencias Ambientales y fundador de la Fundación ENT, especializada en residuos.</p><p>Países Bajos, Dinamarca o Finlandia llevan más una década con este mecanismo, y este año se han sumado Irlanda y Hungría. En total hay 14 países europeos con el sistema SDDR, además de otros externos a la UE como Islandia o Noruega. Reino Unido, Portugal o Grecia ya tienen aprobada su creación y empezará a funcionar entre 2026 y 2027.</p><p>César Sánchez, portavoz de Retorna, una ONG especializada en promover los sistemas de retorno de envases, explica que la clave del éxito en España estará en la tarifa que se cobre. Lo normal es que cada envase que forme parte del mecanismo cueste entre 15 y 20 céntimos de más, que luego recupera el cliente cuando devuelve al supermercado las latas y las botellas. "Lo que definirá el éxito del SDDR es que <strong>el depósito sea el más alto posible, para incentivar a la gente a devolver el envase</strong>", afirma. La cuantía final la decidirán las empresas, que son las que tienen que poner en marcha el sistema, pero el Real Decreto de Envases de 2022 ya fijó un coste mínimo de 10 céntimos por cada botella o lata para el futuro sistema de SDDR. "También es clave el dónde se devuelven las botellas, y el real decreto también dice que <strong>será en supermercados</strong>. Eso es bueno porque facilitará a la gente depositarlo donde lo ha comprado", añade Sánchez.</p><p>La diferencia entre el sistema que se plantea en España y el de otros países, es que por ahora no se contempla ampliarlo para incorporar las botellas de cristal, principalmente los cascos de cerveza y las botellas de vino. El Real Decreto de Envases recoge que el futuro mecanismo de depósito y devolución<strong> se aplicará sobre botellas de plástico de un solo uso de hasta tres litros de agua, zumos,</strong> bebidas refrescantes, energéticas, isotónicas y bebidas alcohólicas. También para latas y envases de cartón (tetrabriks) de estos productos, pero no dice nada sobre vidrio.</p><p>En todo caso, <strong>será la industria del plástico</strong> (empresas como Coca-Cola, Alcampo o Danone) la que tendrá la oportunidad en los próximos meses de incluir las botellas de cristal, puesto que el real decreto es la base sobre la que trabajar, pero las compañías pueden decidir ser todavía más ambiciosas. </p><p>César Sánchez explica también que<strong> el sistema SDDR permite recoger todas las botellas "juntas y limpias"</strong>, en vez de mezcladas con otras basuras, de manera que es mucho más fácil su reciclaje. "Ahora mismo, cuando se habla de reciclar plásticos en España, no es crear nuevas botellas con las antiguas, sino triturarlas para hacer fibras para ropa o recubrimientos de goma para parques infantiles.  Lo que permitiría el sistema de retorno es <strong>recuperar un plástico de calidad y lograr una circularidad real</strong>: fabricar botellas con botellas", apunta. En todo caso, añade que lo idóneo sería popularizar los envases de vidrio, que se pueden devolver a la tienda, limpiar, y reutilizar fácilmente, con un impacto mucho menor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Nov 2024 20:11:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El sistema de devolución de envases funciona en parte de Europa con una tasa de eficiencia de hasta el 98%]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Reciclaje basura,Residuos urbanos,Cambio climático,Contaminación,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[A Rajoy no le gustan los tapones de plástico que reducen la contaminación: "No hay forma de quitarlos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/rajoy-no-le-gustan-nuevos-tapones-botellas-plastico-no-hay-manera-quitar_1_1875399.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d97032a0-bd41-479b-a622-d939b8fb9aa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A Rajoy no le gustan los tapones de plástico que reducen la contaminación: "No hay forma de quitarlos""></p><p>El expresidente del Gobierno, <strong>Mariano Rajoy</strong>, volvió a dejar uno de sus momentos virales durante su participación este jueves en <a href="https://www.infolibre.es/politica/davos-gallego-foro-ligado-derecha-bendecido-rey-doble-hombres_1_1875345.html" target="_blank" >la VI edición del Foro La Toja-Vínculo Atlántico</a>. En esta ocasión, fue a costa de <strong>los nuevos tapones de las botellas de plástico que ahora no se pueden separar. </strong></p><p>"Hace un mes estaba con una botellita de estas y veía que no podía, que no había manera de quitar esto. <strong>Empecé a beber y me puse hecho un circo</strong>. Y dije: 'Oye, ¿pero estas botellas son todas...?' Y ahora son todas así. Bueno, esta es una regulación de la Unión Europea. Yo creo que <strong>dificulta mucho las cosas</strong>”, explicó Rajoy ante las risas del público de una mesa redonda en la que compartió protagonismo con otro expresidente del Gobierno, Felipe González. </p><p><span class="highlight" style="--color:rgba(0, 0, 0, 0);">Desde</span><span class="highlight" style="--color:rgba(0, 0, 0, 0);"><strong> el 3 de julio de 2024</strong></span>,  el artículo 57 de la <span class="highlight" style="--color:#fafafa;">ley 7/2022, del 8 de abril,</span> de residuos y suelos contaminados para una economía circular, en el apartado 1, define que en los <span class="highlight" style="--color:#fafafa;">recipientes de plástico para bebidas</span>, tanto de agua como de refrescos, tapas y tapones deben permanecer unidos al recipiente durante la fase de utilización prevista de dicho producto. El objetivo de esta directiva europea es <a href="https://www.infolibre.es/politica/ue-prohibira-2021-materiales-plastico-tirar-greenpeace-apremia-gobierno-aplicar-directiva_1_1165596.html" target="_blank">frenar la contaminación por plástico de usar y tirar más populares</a>, como platos, cubiertos, bastoncillos de algodón y envases de poliestireno para alimentos, co<strong>n el fin de reducir su impacto en el medio ambiente </strong>y ayudar a que desaparezcan sus desechos de las playas europeas. </p><p>Además de los tapones de las botellas de plástico, el diálogo, en el que también participó el presidente electo del Consejo Europeo, António Costa, Rajoy y González abordaron el futuro de la UE. Además, ambos expresidente<strong> reivindicaron los beneficios que ha tenido el bipartidismo </strong>y avalaron "resetear" la Constitución para hacer las reformas necesarias, pero preservando de forma clara la integridad territorial de España.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[3679de1c-844b-4b7c-817e-5dfad2abdf26]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Oct 2024 10:55:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Mariano Rajoy,Unión Europea,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sólo el 36% de las botellas de plástico se recogen separadamente en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/36-botellas-plastico-recogen-separadamente-espana_1_1804207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a5851c01-ae17-407e-b001-f84ac9d943fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sólo el 36% de las botellas de plástico se recogen separadamente en España"></p><p><strong>Sólo el 36% de las botellas de plástico de bebidas de menos de tres litros se recogen separadamente en España</strong>, según concluye un estudio de la consultora Eunomia realizado a petición de Zero Waste Europe y la Alianza Residuo Cero, con el apoyo de las más de 100 entidades que conforman la plataforma #LeydeResiduosYA.</p><p>La cifra <strong>"está muy lejos" del objetivo del 70% que marcaba la Ley de Residuos para 2023 y del 77% para 2025 de la UE</strong>, según denuncian las organizaciones, que además inciden en que es "consistente" con las conclusiones del informe que realizó el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) en 2022, que afirmaba que con el sistema actual de contenedores de colores no era posible cumplir los objetivos de recogida separada de botellas fijados por la Directiva Europea de Plásticos de un Solo Uso.</p><p>En este sentido, recuerdan que si el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) confirma este incumplimiento, <strong>la Ley de Residuos obliga a los productores a implantar el Sistema de Depósito y Retorno</strong> para latas, botellas y 'bricks'.</p><p>Con este estudio, las organizaciones critican la <strong>"falta de transparencia" en los resultados de la gestión de los residuos de envases</strong> y la "inexistencia de una metodología sólida" por parte del Ministerio para medir la recogida separada de las botellas de plástico de bebidas de menos de tres litros.</p><p>"Que podamos <strong>devolver las botellas, latas y briks en los supermercados</strong> permitirá que podamos volver a comprar en envase reutilizable en los comercios y conseguirá el reciclado de alta calidad de como mínimo el 90% de los 55 millones de los envases de un solo uso que se comercializan en España, diariamente. Esta práctica está bien valorada por millones de personas en más de 50 países de todo el mundo, 15 de ellos europeos, junto con otros diez que ya están en fase de implantación, entre ellos Portugal", ha declarado el miembro de la plataforma #LeydeResiduosYA y portavoz de Retorna, Miquel Roset.</p><p>Por su parte, el fundador y director de Zero Waste Europe, Joan Marc Simon, ha avanzado que la organización va a presentar las evidencias para <strong>evitar que España declare un índice incorrecto de recogida separada</strong> de botellas de plástico de bebidas para el año 2022. "No se puede seguir consintiendo que los Estados miembros permitan la manipulación de los datos para bloquear la llegada de las políticas residuo cero", ha defendido.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 May 2024 17:09:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sólo el 36% de las botellas de plástico se recogen separadamente en España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Reciclaje basura,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los riesgos laborales de la economía circular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/riesgos-laborales-economia-circular_129_1705481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/39795ca7-7e12-40ac-8995-1e88eaa88c72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1010134.jpg" width="1200" height="675" alt="Los riesgos laborales de la economía circular."></p><p>Según los informes del PNUMA, el consumo anual de recursos se ha triplicado y supera en 1,5 veces la capacidad de regeneración de la Tierra, poniendo en peligro el suministro de <strong>bienes vitales para las generaciones futuras</strong>. Ante este escenario, se ha propuesto la transición de la economía lineal mundial a una economía circular. Este cambio implica la reutilización de materiales tras el final de su vida útil, y prolongar su uso el mayor tiempo posible para obtener el máximo beneficio del bien fabricado.</p><p>Esta transición de una economía lineal a una circular no solo está generando beneficios ambientales, sino que, además, es una importante<strong> fuente de generación de nuevos empleos</strong>. Y aunque parezca una obviedad, estos empleos, catalogados como “empleos verdes”, además de beneficiar al medio ambiente también deben beneficiar a los trabajadores y trabajadoras, es decir, deberán ser empleos seguros y de calidad. Pero cuando se analizan estos nuevos yacimientos de empleo, en muchas ocasiones nos encontramos con que no se están considerando con suficiente profundidad los riesgos que para la salud de los trabajadores supone el desarrollo de la economía circular. </p><p>Por ejemplo, el uso de nuevos bio-catalizadores o las nuevas bio-refinerías, así como el bio-tratamiento a gran escala, son procesos que entrañan tantos riesgos como las refinerías convencionales, aun cuando el resultado de las primeras sea infinitamente más respetuoso con el medio ambiente. Además, generan residuos químicos sobre los que aún no se han determinado con precisión sus efectos sobre la salud. Y, aunque de manera general, los riesgos laborales asociados al desarrollo de la economía circular, en muchas ocasiones implican tan solo el análisis de alguna nueva técnica o sustancia y, por tanto, generan pocos cambios respecto a los riesgos ya identificados. En otros casos <strong>nos enfrentamos a una amplia gama de posibles afecciones</strong>. Especialmente en lo referente a la exposición química. La falta de conocimiento sobre las sustancias que se encuentran en los artículos reutilizados o reciclados es cada vez más preocupante y, por ello, la UE está adoptando medidas relativas a la trazabilidad de sustancias químicas peligrosas en los residuos y los flujos de materiales reciclados.</p><p>Los principales riesgos dependerán tanto de la innovación tecnológica como de la velocidad a la que se vayan acometiendo los cambios hacia la generación del nuevo sistema productivo. Por lo tanto, es importante <strong>que las evaluaciones de riesgos se realicen en las primeras fases</strong> del ciclo de desarrollo de las tecnologías o productos, a fin de garantizar la seguridad del trabajador. El cambio hacia una economía más circular exige que, en vez de considerar los posibles riesgos de las sustancias químicas peligrosas durante la fabricación y eliminación, la evaluación del riesgo deba tener en cuenta la posibilidad de que dichas sustancias químicas peligrosas vuelvan a entrar en nuevos productos. </p><p>Uno de los aspectos fundamentales para el desarrollo de la economía circular son <strong>las acciones sobre los residuos plásticos</strong>. La exposición a sustancias químicas peligrosas, como los denominados disruptores endocrinos —sustancias que alteran el sistema hormonal—, puede tener lugar durante toda la vida útil de los productos plásticos, desde el proceso de fabricación hasta el contacto con el consumidor, el reciclaje, la gestión de residuos y la eliminación. En los productos de larga vida, como los materiales de construcción y las carcasas de los aparatos electrónicos, las sustancias químicas pueden seguir estando presentes a la hora de darles una segunda vida a estos materiales.</p><p>Por tanto, los plásticos reciclados también pueden contener sustancias químicas tóxicas, si los residuos plásticos utilizados para la fabricación del producto no han sido procesados o clasificados eficientemente para eliminar los riesgos. Se ha demostrado que muchos tipos de productos de consumo fabricados a partir de plásticos reciclados contienen sustancias químicas peligrosas, incluidos productos y juguetes para niños. De hecho, un estudio sobre plásticos reciclados en China encontró <strong>bromo en el 36,7% de los productos de consumo</strong>, siendo los electrodomésticos y los juguetes los objetos más probables. Pero esta contaminación con bromo también ocurre en Europa. </p><p>Una investigación reciente encontró una variedad de retardantes de llama en vasos térmicos y utensilios de cocina de plástico negro reciclado en el mercado europeo. Estos estudios han llegado a concluir que el reciclado de equipo eléctrico y electrónico puede dar lugar a <strong>altas exposiciones de bromo en los trabajadores y trabajadoras</strong>, durante la etapa de reciclado y en el uso de productos reciclados. Por tanto, parece evidente que, a la hora del reciclaje del plástico, los flujos de residuos puedan contener aditivos heredados, que es necesario eliminar para garantizar la salud de los trabajadores.</p><p>Por tanto, y a fin de reducir la exposición a compuestos químicos peligrosos como disruptores endocrinos en los procesos de reciclado, junto a las decisiones políticas para preservar nuestro medio ambiente, resulta necesario establecer <strong>restricciones sobre el uso de sustancias nocivas</strong> en la fabricación de materiales reutilizados para conseguir que los objetivos de economía circular respeten también la salud. </p><p>Una economía circular de los productos plásticos solo puede hacerse realidad si la normativa es coherente con las tecnologías de reciclado. Y, para ello, es importante generar <strong>un marco normativo seguro</strong> que permita una valorización de los plásticos reciclados, y que los recicladores se comprometan y adopten el concepto de descontaminación, mediante tecnologías de clasificación o basadas en disolventes. Pero, dado que en la actualidad no existen procesos técnicos rentables que garanticen una eliminación completa, de momento se deberán centrar los esfuerzos en<strong> fijar umbrales de peligrosidad </strong>de los aditivos químicos heredados que garanticen la salud de los trabajadores, así como establecer unas normas de actuación para que el operario manipule los flujos de plásticos que contienen contaminantes químicos de forma segura, controlada y eficaz.</p><p>En definitiva, nos encontramos con <strong>numerosas lagunas de conocimiento </strong>que dificultan una evaluación exhaustiva de los peligros y riesgos de las sustancias químicas en la economía circular. En primer lugar, hay una escasez sustancial de información, o falta de acceso a ella, sobre cómo se utilizan las sustancias químicas específicas o qué sustancias químicas se utilizan, en qué aplicación, en qué cantidades, y en qué niveles están presentes en materiales como, por ejemplo, los envases de plástico acabados. Además, disponemos de una <strong>información insuficiente</strong> sobre los patrones de uso de las sustancias químicas que impide realizar evaluaciones basadas en la exposición. Por lo tanto, es urgente disponer de información pública sobre el uso de sustancias químicas, especialmente en los plásticos y la composición exacta de los artículos de plástico acabados, a fin de poder afrontar un sistema de reciclado seguro para los trabajadores y el medio ambiente.</p><p>Es lógico pensar que la forma más eficaz de evitar o reducir los riesgos es la sustitución de estos compuestos químicos, pero debemos ser conscientes de la existencia de los<strong> potenciales riesgos de las sustancia</strong>s utilizadas como sustitutos que, aunque menores que los de la sustancia original, no son nulos. En este sentido, en la fabricación de bioplásticos, en donde las fuentes no renovables de monómeros plásticos han sido reemplazadas por otras renovables, como por ejemplo en el bio-PE, en donde el monómero plástico etileno se produce a partir del almidón de la caña de azúcar en vez de productos petroquímicos, nos encontramos que contienen aditivos químicos similares a los de los plásticos convencionales que pueden seguir teniendo efecto sobre la salud.</p><p>En definitiva, y aun cuando podemos considerar que el campo de los bioplásticos refleja la necesidad de un cambio en la industria de los plásticos hacia soluciones más sostenibles para el medio ambiente, <strong>se requiere mucho más desarrollo</strong> antes de que podamos atender plenamente los problemas relacionados con la reciclabilidad y su aplicación en la salud laboral.</p><p>_____________________________</p><p><em><strong>José Luis de la Cruz </strong></em><em>es director de Sostenibilidad de la </em><a href="https://fundacionalternativas.org/" target="_blank" ><em>Fundación Alternativas</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Feb 2024 20:37:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis de la Cruz]]></author>
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