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    <title><![CDATA[infoLibre - Dosier | Cumbre del clima de Madrid]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Dosier | Cumbre del clima de Madrid]]></description>
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      <title><![CDATA[La cumbre del clima deja alivio ante los temores de ruptura y decepción general por el escaso avance]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cumbre-clima-deja-alivio-temores-ruptura-decepcion-general-escaso-avance_1_1178061.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ebffadff-8558-4d6e-8546-e5ed03056709_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cumbre del clima deja alivio ante los temores de ruptura y decepción general por el escaso avance"></p><p>La cumbre del clima más larga de la historia, bajo presidencia chilena y celebrada en Madrid, echó el cierre en torno a las 2 de la tarde del domingo 15 de diciembre. Para entender <strong>por qué ha tardado tanto en llegar un acuerdo que no deja plenamente satisfecho a nadie</strong> (ni Gobiernos, ni activistas, ni ecologistas, ni empresas, ni siquiera a Arabia Saudí) hay que comprender el contexto en el que ha llegado la 25º Conferencia de las Partes. <strong>2019 ha sido el año en el que los jóvenes han salido a la calle ante la nula perspectiva de futuro</strong>, habida cuenta de que la crisis climática amenaza seriamente sus sociedades y su modo de vida. También ha sido el año en el que <strong>la ciencia ha dado un golpe sobre la mesa y ha señalado la incompatibilidad del modelo económico que mantienen buena parte de los países del mundo con los límites de la naturaleza</strong>. Los investigadores ya han advertido de que el recorte en las emisiones de gases de efecto invernadero debe ser drástico, del 7% anual, para lograr contener el cambio climático en niveles manejables. Posiblemente ha sido el año en el que se esperaba más de este foro, donde ya no había espacio para las promesas a futuro, para los textos inconcretos, para escurrir el bulto: y eso ha llevado a una confrontación directa y en algunos puntos sin resolver entre varios bloques de países, que <strong>trascienden el clásico eje desarrollados-no desarrollados. </strong></p><p>Hay, sin embargo, <strong>algunas buenas noticias.</strong> El texto principal, en el que se llama a los países a aumentar su ambición en 2020 para reducir esa brecha entre sus promesas y lo que es necesario hacer, es un alivio dado que el borrador anterior propuesto por la presidencia chilena encendió las iras de medio mundo al ignorar hasta este asunto, lo que habría convertido a la COP25 en un ridículo escandaloso. Su artífice, entre otros, ha sido la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que durante la madrugada del sábado al domingo fue nombrada <em>in extremis</em> facilitadora para desatascar este asunto. Su gabinete, aún sin acabar el plenario, se congratulaba de que "la COP25 sienta las bases para que los países sean más ambiciosos ante la emergencia climática". Otra cosa es que los países quieran serlo:<strong> nada les obliga, por ahora, a pesar de lo firmado.</strong></p><p>Cuesta encontrar otra interpretación tan optimista: la propia ministra matizaba posteriormente, al terminar oficialmente la conferencia, que <strong>el resultado "deja un sabor de boca agridulce", ya que no se ha logrado cerrar definitivamente el libro de reglas para poder aplicar el Acuerdo de París a partir de 2020, cuando entra en vigor.</strong> Celebró que, aunque "no tocaba este año", "había una demanda muy fuerte" para que todos los países pusieran nuevos objetivos sobre la mesa y, aunque no se han conseguido nuevas metas relevantes, "se ha conseguido una llamada ease compromiso, a reforzar la acción climática y hacerlo formalmente a partir del año 2020 guiados por la ciencia". El reconocimiento a las conclusiones del IPCC, el panel de científicos de Naciones Unidas, también se considera mérito de las gestiones de última hora de la representante española. En la COP24 esta victoria simbólica no se consiguió. "<strong>El heroico apoyo de Teresa Ribera en las últimas horas nos ayudó a conseguir el resultado mínimo</strong> necesario para llegar al 2020, el año en que la acción climática cuenta", aseguró la CEO de European Climate Foundation, Laucence Tubiana. Se trata de una de las artífices del pacto de 2015: su alivio representa el de alguien que ve su principal obra en peligro.</p><p>Ecologistas en Acción, sin embargo, no ha sido tan benevolente con una declaración que califica de "más simbólica que operativa". "<strong>Esta COP25 no ha sido capaz de lograr que se mantengan los plazos previstos que obligan a los países a depositar sus nuevos compromisos bajo el Acuerdo de París durante el primer semestre de 2020</strong>. Esto habría facilitado que en la próxima cumbre se pudiera forzar a la comunidad internacional a que cumpliera con las indicaciones científicas", han opinado. </p><p>El resto de buenas noticias son <strong>victorias parciales, pequeños avances, algunos más celebrados que otros por las organizaciones observadoras.</strong> La Unión Europea, a pesar de la negativa de la carbonera Polonia, ha logrado aprobar su objetivo de neutralidad climática para 2050: emitirá tan poco que lo logrará compensar con la compra de créditos de carbono o con el uso de la tierra. Esa es la meta, al menos. El brazo ejecutivo del club comunitario, la Comisión Europea, ha presentado su <em>Green Deal</em>, un paquete legislativo para combatir la crisis climática que, pese a ser insuficiente para muchos activistas, está en el camino correcto hacia la descarbonización y demuestra –o así lo vende Bruselas– el compromiso del bloque.</p><p>Se ha aprobado un<strong> plan de acción climática y género que reconoce la vulnerabilidad de las mujeres en muchos países del mundo</strong> ante el avance del calentamiento global y es uno de los pocos documentos salidos de la COP25 que incorpora el respeto a los derechos humanos. La lista de países que ha firmado que mejorará sus contribuciones el año que viene ha pasado en estas dos semanas de 65 a 121 países, junto a centenares de regiones, ciudades, empresas y fondos de inversión. Aunque no son suficientes, tanto la presidencia chilena como el Gobierno español han querido destacar lo importante del compromiso de los "sectores no estatales", incluyendo, por primera vez, un acuerdo de toda la banca española para ser más sostenible y librarse de las manchas de financiar a los combustibles fósiles. </p><p><strong>El gran fracaso</strong></p><p>Pero si ha habido un fracaso sonado, ha sido la incapacidad para<strong> cerrar las reglas de los mercados de carbono que se pretenden poner en marcha bajo el amparo del artículo 6 del Artículo de París</strong>. Era prácticamente la única misión de carácter técnico que tenía la COP25 y no se ha conseguido. La intención era consensuar unas normas para que este mercado, que regula la compra y venta de derechos de emisión, pudiera arrancar sin que nadie pudiera hacer trampas. La discusión se ha postergado. <strong>Es mejor la falta de acuerdo que un acuerdo pésimo, defiende la presidencia y muchos de los observadores, pero lo cortés no quita lo valiente</strong>: uno de los principales objetivos se ha quedado sin cumplir. En este mercado, <strong>Australia, Brasil y Estados Unidos</strong> pretendían mantener los privilegios del anterior sistema bajo el Protocolo de Kioto, lo que les obligaría a muchos menos recortes de gases de efecto invernadero, así como introducir trampas que falsearían la contabilidad final, haciendo que algunos recortes de emisiones se registraran doble. </p><p>Esto ha cambiado el eje. A grandes rasgos, de manera general, las discusiones en las cumbres del clima solían estar protagonizadas por tres bloques: <strong>países que no querían hacer absolutamente nada porque consideraban el cambio climático algo secundario, países desarrollados y países menos desarrollados que pedían transferencias de dinero y recursos para hacer frente a la transición que necesitan</strong>. Esta discusión, la que más ha alargado las discusiones y una de las que se ha quedado pendiente, ha dividido al mundo entre estos tres grupos países y prácticamente el resto. Brasil, de hecho, a punto estuvo de arruinar el principal avance, la llamada a la ambición: varios países, incluida una Rusia poco sospechosa de activista climática, imploraron y exigieron a la nación amazónica en el plenario de clausura que dejara de bloquear lo consensuado. Algunas organizaciones ecologistas, como WWF, se niegan a meter a todos los Gobiernos en el mismo saco: "<strong>Lamentamos la irresponsabilidad histórica de los países que han tratado de bloquear y secuestrar la COP25</strong> una vez más, a pesar del clamor de la sociedad en todo el mundo", afirmó el secretario general de WWF España, Juan Carlos del Olmo. En el mismo barco se ubica Jennifer Morgan, directora de Greenpeace Internacional: "<strong>Los bloqueadores del clima como Brasil y Arabia Saudí, habilitados por un liderazgo chileno débil e irresponsable, traficaron con el carbono</strong> y arrasaron con los científicos y la sociedad civil". </p><p>Las consecuencias de no haber aprobado las reglas que regulan los mercados de carbono son poco visibles para la población general. Con una legislación restrictiva y asegurándose de que los proyectos al amparo de este sistema respetan el entorno natural del territorio donde se asientan y los derechos humanos de las personas que habitan esa tierra, muchos de los expertos consideran que habrían sido una herramienta útil para despertar el cambio drástico del sistema que se necesita. O al menos iniciarlo.<strong> No se han conseguido consensuar y, por lo tanto, la principal demanda de las comunidades indígenas, la inclusión de los DDHH en el artículo 6, tendrá que esperar.</strong> Lo llevan pidiendo dos semanas porque bajo el paraguas de esta colaboración entre países muchas empresas transnacionales destrozan la zona en la que habitan los pueblos originarios, sobre todo de América Latina. Para ellos, el abordaje de la crisis climática no puede pagar cualquier precio. El límite es su vida y no se ha impuesto ese límite. Se van tremendamente decepcionados.</p><p>Los pequeños países insulares denunciaron durante la madrugada del sábado al domingo que <strong>las conversaciones en torno a los mercados de carbono les estaban excluyendo</strong>. Estas naciones, con la subida del nivel del mar amenazando a día de hoy su propia supervivencia, se unieron en otras conversaciones al eje de los países menos desarrollados, que confrontaron con los del Norte Global en cuestiones relativas al dinero –poderoso caballero–. Un <em>déjà vu</em> de pasadas cumbres, donde esta ha sido la principal discusión, con los mismos contendientes. <strong>Los textos resultantes ofrecen un lenguaje vago y poco vinculante –para variar– en la financiación climática, el dinero que los más ricos se comprometen a aportar para fomentar el desarrollo de la transición en los países más pobres. </strong></p><p>La Unión de Estados Africanos utilizó un lenguaje muy duro al respecto en el plenario de clausura, y solo pudo obtener la promesa de la Unión Europea de abordar el tema en futuras ocasiones. Lo curioso en es que en este frente se sitúa también Arabia Saudí, un país petrolero que exige recursos para hacer la transición energética, a pesar de que si algo no le falta es dinero. Para muchas de las Partes menos desarrolladas y que no tienen riqueza para redistribuir, el país árabe es una compañía incómoda.</p><p>En cuanto al <strong>Mecanismo de Varsovia</strong>, que regula las pérdidas y daños que sufren los más vulnerables ante el azote de fenómenos climáticos extremos (ciclones, inundaciones, sequías...), el Gobierno de Estados Unidos, que no piensa gastar un dólar más en algo en lo que no cree, lo bloqueó todo. Tuvalu habló de <strong>"crimen de lesa humanidad"</strong>. "Nuestra gente ya está sufriendo los impactos del cambio climático. Nuestras comunidades en todo el mundo están siendo devastadas. Las emisiones globales deben reducirse de manera drástica y urgente para limitar más impactos, y el apoyo financiero debe ampliarse para que nuestros países puedan abordar mejor el cambio climático y sus impactos", dijo Sonam P. Wangdi, presidente del Grupo de Países Menos Desarrollados. </p><p>  </p><p> Los representantes de EEUU en la cumbre del clima.</p><p>La "desconexión"</p><p><strong>2019 es el año de la emergencia climática. Como ya apenas hay tiempo para iniciar una respuesta útil al cambio climático, se empiezan a ver las costuras del multilateralismo y el mundo se divide entre los que realmente quieren hacer algo, con sus peculiaridades y líneas rojas, y los que no quieren esforzarse demasiado. </strong>Pero por la misma razón <strong>la habitual decepción de los activistas a pie de calle es cada COP que pasa más profunda</strong>, y la palabra más repetida entre estos grupos ha sido la <strong>"desconexión"</strong> entre las negociaciones climáticas y las esperanzas de la población. "Nunca se había visto una desconexión tan grande entre la ciencia y las demandas de la gente con los debates y las propuestas de los gobiernos", dijo Climate Action Network, que representa a buena parte de las organizaciones presentes como observadoras en el foro.</p><p>Ecologistas en Acción, que ha trabajado codo con codo con los jóvenes durante este año y el anterior para espolear la movilización, ha sido de las ONG españolas más duras con los resultados de la COP25, aunque celebra la respuesta ciudadana. "<strong>Tal y como se ha visto, la presión social ha conseguido que para algunos países sea imposible salir de esta cumbre con un mal acuerdo</strong> que desoiga el grito ciudadano de los últimos meses. Vamos a seguir saliendo la calle para demandar que se haga caso a la ciencia y seguir demandando justicia climática", afirmó el responsable de Cambio Climático, Javier Andaluz. Desde los grupos más recientes, formados por gente joven, y menos enterados de los detalles técnicos de la COP, la palabra utilizada es <strong>fracaso</strong>. Para Alejandro Martínez, de Fridays for Future España, "el lema de la COP es <em>Time for Action</em>, pero cuando la sociedad civil se movilizó dentro de la cumbre, lo que hicieron fue reprimirnos. <strong>Esta COP ha fallado a la gente y al planeta</strong>". </p><p>"Nos despertamos con la crisis climática. Fuimos a la calle. Nos manifestamos. Exigimos acción climática a nuestros líderes de gobierno. Nos prometieron un cambio. Nos dieron esperanza. Vinimos a la COP25. Protestamos. Los destructores siguen manipulando el sistema. <strong>Deberíamos culpar y avergonzar al sistema que causó el desastre, a la industria de los combustibles fósiles y a los gobiernos que controlan</strong>", aseguró, por su parte, la fundadora de Youth for Future Africa, la ugandesa Vanessa Nakate. </p><p><strong>La COP25 deja muchos deberes por hacer de cara a la COP26 de Glasgow, que se celebrará bajo la presidencia del recién ratificado por las urnas Boris Johnson</strong>. La próxima cumbre del clima deberá aprobar unas reglas para el mercado de carbono que evite las trampas y respete el medioambiente y a las personas, ganándole la partida a los países bloqueadores. Deberá ser la COP en la que Naciones Unidas certifique que las promesas de reducción de emisiones para la próxima década son suficientes. Deberá garantizar dinero suficiente para los que menos recursos tienen. Es lo justo. No será fácil, pero el planeta no se puede permitir la rendición. "La comunidad internacional perdió una importante oportunidad para mostrar una ambición aumentada en mitigación, adaptación y finanzas para abordar la crisis climática. Pero no debemos rendirnos. Yo no me rendiré", resumió el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[Las negociaciones de la cumbre del clima, bloqueadas hasta el último día: faltan compromisos, ambición y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/negociaciones-cumbre-clima-bloqueadas-ultimo-dia-faltan-compromisos-ambicion-dinero_1_1177967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5a6728c7-d4d1-449e-8143-ecdd7be2168f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las negociaciones de la cumbre del clima, bloqueadas hasta el último día: faltan compromisos, ambición y dinero"></p><p>La cumbre del clima de Madrid termina, en teoría, este viernes. A pesar de que la intención de la presidencia chilena es cerrar todas las conversaciones ese mismo día por la tarde, está prácticamente asumido que el sábado seguirán aún las discusiones... y quizá duren hasta el domingo. <strong>Las negociaciones están estancadas: </strong>a pesar del trabajo de los funcionarios durante la primera semana, de carácter más técnico, y el de los ministros y representantes políticos durante la segunda, los diversos actores se mantienen firmes en sus posiciones y no hay apenas esperanzas en que se muevan de ahí. Los augurios son pesimistas en cuanto a los dos grandes asuntos que planean en la COP25: <strong>el cierre del libro de reglas del Acuerdo de París de cara a su entrada en vigor en 2020, y el aumento de la ambición en cuanto a reducción de emisiones se refiere, </strong>ya que los compromisos actuales nos llevan –explica la ciencia– a un aumento de la temperatura global de casi 4 grados. Un escenario que –de nuevo, es unánime entre los científicos– provocaría desplazamientos masivos, hambre y muerte en muchas zonas del mundo. </p><p>Para evitarlo, se necesitan "cambios de gran alcance y sin precedentes en todos los ámbitos de la sociedad", como recordó en su último informe el panel de investigadores de Naciones Unidas: pero muchos países se niegan a acometerlos en esta cumbre del clima. Por diversos motivos: a unos, porque<strong> les parece injusto que los países desarrollados no se muevan más de lo que ya se mueven. A otros, porque ven peligrar su dependencia insana a los combustibles fósiles, fuente finita de riqueza. Y a los que menos, porque sus gobernantes no creen en el cambio climático</strong> o en su origen antropogénico. Y como las decisiones en la COP25 se deben tomar por consenso, la inacción o las ansias de bloqueo de un puñado de Partes pueden conseguir paralizar todo: ampliando la brecha entre lo posible en foros como este, con normas y procedimientos diplomáticos, y lo que demanda la ciudadanía y las organizaciones implicadas en la acción climática. Todo el mundo sabía que la COP25 no arreglaría lo del cambio climático: pero al menos los más optimistas, creían que daría pasos en firme. Esos pasos están también en duda. </p><p>En cuanto a la <strong>"ambición"</strong>, la palabra más repetida en estas dos semanas de cumbre en Ifema, por ahora hay pocos avances. El miércoles se desveló un acuerdo entre <strong>73 países que se comprometían a mejorar en 2020 sus promesas de reducción de emisiones, </strong>nombradas en lenguaje técnico como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC's, siglas en inglés),<strong> así como a fijarse como objetivo la neutralidad de carbono</strong> (emitir muy poco y compensarlo con compra de derechos de emisión) para 2050. También lo hicieron 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 fondos de inversión. Otros 11, entre los que se encuentra España, se han comprometido a "empezar un proceso interno" para mejorar sus promesas de cara a dicho año clave. <strong>Aquí acaban las buenas noticias. </strong></p><p>Los activistas climáticos más enterados del proceso negociador pretendían que la cumbre del clima de Madrid sirviera para obligar a los países, habida cuenta de la brecha entre lo que es necesario hacer y lo que se ha prometido hacer, a mejorar sus compromisos en 2020. A ser posible varios meses antes de octubre, para que Naciones Unidas tuviera tiempo de recibir las nuevas promesas y comprobar si son suficientes o no de cara a la COP26 de Glasgow. A última hora del jueves, no solo estamos lejos de ver cumplido ese objetivo, sino que <strong>determinados países</strong> –las fuentes de las negociaciones evitan decir sus nombres, para no enrarecer las últimas horas de cumbre– <strong>pretenden aferrarse a lo que dice literalmente el Acuerdo de París: que los compromisos se revisan en 2023</strong>. La gran mayoría de actores implicados en las negociaciones climáticas coincide: 2023 es muy tarde. China, India, Brasil y Sudáfrica exigen que los textos finales reconozcan que la ambición pre-2020 de los países más desarrollados ha sido insuficiente, como requisito para avanzar en sus recortes. "Lo que quieren es esconderse en eso. <strong>Es algo que necesitamos, en todo caso, pero eso no puede impedir ni frenar la siguiente necesidad</strong>", afirman actores dentro de la negociación representando a la Unión Europea. La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, reconoció este jueves la "tensión" entre los países al respecto: dibujó la línea entre los ambiciosos y los no ambiciosos. </p><p>El texto que este jueves está sobre la mesa "invita" a los países a "actualizar" sus compromisos. Pese a que el Acuerdo de París exige que siempre que se renueve un NDC se tenga que revisar al alza y no a la baja –es decir, esforzándose más en reducir los gases de efecto invernadero–, las organizaciones observadoras piden que el verbo usado sea "mejorar". Las palabras utilizadas son muy importantes, aunque parezcan un detalle accesorio: ya que los negociadores más reactivos suelen aferrarse a su significado como excusa para hacer menos. Por ahora, las conversaciones están estancadas: y <strong>parece difícil que la próxima jornada –o jornadas– de la COP25 consigan un avance significativo con respecto a esto.</strong></p><p>  <strong>A vueltas con el libro de reglas</strong></p><p>En cuanto al libro de reglas del Acuerdo de París, que permite que todas las Partes jueguen con las mismas normas, hay varios bloqueos. El primero y más importante, el que atañe a una de las partes del artículo 6 del pacto, en discusión abierta estos días: <strong>el mercado de carbono que se pretende implantar a nivel internacional para que si un país no llega a reducir las emisiones comprometidas, pueda comprar créditos de carbono a otros países a los que le sobren</strong>. La mayoría de los países, al menos los más comprometidos, pretenden evitar la doble contabilidad: que el vendedor y el comprador no se apunten ambos la reducción, lo que llevaría a falsear el cómputo global. Parece de sentido común, pero Brasil, India, China y Australia, al menos a la hora de cierre de este artículo, siguen apostando por esta doble contabilidad, por diversas razones. Unos, porque el mercado de carbono facilitado en el Protocolo de Kyoto les favorecía y no quieren abandonar ese privilegio: otros, porque consideran simplemente que es injusto que les descuenten lo vendido. "<strong>Sus posiciones son bastante firmes</strong>", explican fuentes cercanas a las negociaciones: todo parece depender de dónde marcarán la línea roja los que sí apuestan por impedir esta trampa. </p><p>Otros bloqueos responden a dos ejes que habitualmente se confrontan en las negociaciones climáticas: los países desarrollados versus los no desarrollados. Facilitadores de Noruega y de Granada intentan avanzar en el Mecanismo de Varsovia, dedicado a las <strong>pérdidas y daños</strong>: es decir, a las ayudas que los países más vulnerables y con menos recursos necesitan –y exigen– para hacer frente a la adaptación ante el aumento en la intensidad y la frecuencia de los fenómenos extremos –sequías, inundaciones, tormentas, ciclones–. "Es una demanda muy legítima, pero trasciende este foro. Cómo se desarrolla esa financiación, cómo se activa un grupo de trabajo y acción...", explican fuentes de las negociaciones.</p><p>En cuanto al <strong>Fondo Verde por el Clima</strong>, utilizado para canalizar las aportaciones de los más ricos a los más pobres para abordar la acción climática, diversificar sus fuentes de energía y desengancharse del carbón, las promesas siguen sin ser suficientes y dichas fuentes apuntan a que algunos países petroleros utilizan esta discusión en concreto para victimizarse, cuando podrían empezar redistribuyendo la riqueza de la que disfrutan debido al crudo e invertirla en prepararse para el futuro. </p><p>  <strong>Pequeños avances</strong></p><p>La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha sido nombrada por la Presidencia como segundo año consecutivo como facilitadora. Se encarga, junto al ministro de Medio Ambiente de Singapur, de mediar y coordinar las conversaciones para consensuar los textos finales. Cada palabra usada, cada detalle, tiene su significado, por lo que no es una tarea fácil. <strong>El texto que se maneja este jueves como borrador reconoce de manera "fuerte", según Climate Action Network, el papel de la ciencia y la necesidad de adaptar las políticas contra el cambio climático a su mandato.</strong> En este sentido, aún hay discrepancias a la hora de reconocer el papel de determinados ecosistemas y su conservación como mitigadores y adaptadores, así como el papel de los "observadores" de estos ecosistemas: es decir, los científicos que trabajan sobre el terreno. Es un avance respecto al texto final de la COP24, que "invitaba" a los países a reconocer las aportaciones del IPCC. </p><p>El texto sobre el <strong>Plan de Acción de Género</strong> se aprobó a última hora de este jueves, y los observadores lo han aplaudido, considerándolo <strong>la primera gran noticia en un mar de incertidumbre</strong>. El documento incluye referencias a la necesidad de una transición justa donde las mujeres superen sus hándicaps a la hora de afrontar el cambio climático debido a la desigualdad existente en muchos países. También hace una llamada contundente a respetar los derechos humanos. Y lo más importante: establece una previsión de financiación con arreglo al Fondo Verde por el Clima para sufragar actuaciones dedicadas a clima y género. Siempre puede quedarse en papel mojado, pero al menos las organizaciones tienen claro que se trata de un buen papel, dados los antecedentes. </p><p>Este viernes es en teoría la última jornada de la cumbre del clima de Madrid. Es intención de la presidencia chilena que, efectivamente, sea el último día: aunque aún persiste la duda de si los líderes de las negociaciones siguen prefiriendo "un no acuerdo a un mal acuerdo" o si prefieren ceder, aún a costa de que el Acuerdo de París sea más inútil de lo que ya es. También será el día en el que el Consejo Europeo, si todo va bien, aprobará el objetivo de la neutralidad climática para 2050, lo que podría dar un empujón a las discusiones en la capital de España. Y por la tarde,<strong> activistas jóvenes y otros muchos no tan jóvenes pretenden hacerse oír a las puertas del recinto donde se celebra la conferencia para presionar y exigir resultados creíbles y tangibles</strong>. Es la única certeza a estas alturas: que ellos no se van a rendir. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[La sociedad civil intensifica sus demandas ante la evidencia de que 'los malos' van ganando en la cumbre del clima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/sociedad-civil-intensifica-demandas-evidencia-malos-ganando-cumbre-clima_1_1177833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df490512-899c-44b3-8cca-7a1adf4a1b2c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sociedad civil intensifica sus demandas ante la evidencia de que 'los malos' van ganando en la cumbre del clima"></p><p><strong>Si la cumbre del clima fuera un partido de fútbol, ahora mismo estaríamos en el descanso</strong>: este lunes ha sido día festivo en ocho comunidades y se ha respirado una calma tensa antes de la llegada masiva de ministros y jefes de Estado este martes, <strong>cuando empiezan las negociaciones de "alto nivel" entre los máximos representantes de los países.</strong> Y si la cumbre del clima fuera un partido de fútbol, los partidarios de una acción climática ambiciosa a nivel global <strong>van perdiendo 2 a 0</strong>: aún es remontable con un esfuerzo de última hora, pero pinta mal. Organizaciones, activistas, jóvenes e indígenas están intensificando sus esfuerzos ante las malas noticias que llegan de sus compañeros que trabajan en el encuentro como observadores: <em>los malos</em> (países petroleros y negacionistas, principalmente), pero también las Partes en vías de desarrollo que quieren asegurarse los recursos para la transición, han bloqueado cualquier avance digno durante la primera semana, donde se preparan los papeles que se discutirán de aquí al viernes. </p><p>La primera semana de la cumbre suele estar reservada, además de para la publicación de <em>papers</em> e informes que contextualizan el debate climático y atestiguan la emergencia, para el trabajo técnico. Funcionarios de todos los países se encierran para trabajar en los documentos que luego se negocian en el llamado <em>high level segment:</em> es decir, que son discutidos entre los políticos.<strong> Se intentan limar todas las asperezas posibles, pero el diablo está en los detalles: y los observadores están muy descontentos con los textos que han salido de la primera semana</strong>. "Si los negociadores son incapaces de superar los problemas del proceso, entonces los ministros tendrán que abordarlo ellos mismos y tomar una decisión en la COP25 para evitar una atención política más penosa y vergonzosa", denunció este lunes Climate Action Network, la plataforma que reúne a buena parte de las organizaciones cercanas a las negociaciones. </p><p><a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/01/cop25_madrid_cumbre_del_clima_ambicion_101528_1012.html" target="_blank">Como explicamos en la previa de esta COP</a>, las negociaciones de la cumbre del clima se centran en tres aspectos clave. En primer lugar, se deben establecer las reglas del mercado de carbono, el mecanismo mediante el cual los países pueden comprar o vender derechos de emisiones para alcanzar más fácilmente sus metas. Uno de los grandes objetivos de la COP25 es evitar la doble contabilidad. Si un país debe reducir 30 unidades de CO2 –simplificándolo mucho– puede optar por reducir 20, y esos 10 restantes intercambiarlos por un proyecto que reduzca esa cantidad de emisiones en otra parte del planeta: por ejemplo, una planta de energías renovables. El país comprador, el primero, se asegura de cumplir con los compromisos climáticos: y el país vendedor obtiene financiación para sus proyectos de desarrollo sostenible. Pero si a la hora de rendir cuentas, el país comprador se anota la reducción de emisiones… y el vendedor también, se puede desvirtuar el cómputo global. <strong>Las negociaciones de la primera semana no han ofrecido ninguna certeza de que esta trampa no se vaya a permitir</strong>. </p><p>En ello está Brasil, con un Gobierno abiertamente negacionista y cuyos planes más ambiciosos en materia de medioambiente van destinados a desmantelar la Amazonía. <strong>Fuentes reservadas cercanas a las negociaciones confirman que, por ahora, el país americano está peleando para permitir la doble contabilidad</strong>. Tienen la suerte de contar en su territorio con uno de los bosques más grandes y frondosos del planeta, que absorbe el dióxido de carbono que emiten y que sirve como recurso para generar electricidad con biomasa –considerada una fuente renovable–. Por todo ello llegan con holgura a las metas establecidas en sus compromisos de reducción de emisiones y, como les sobran esfuerzos, pueden dedicarse a vender derechos de emisión... eso sí, no quieren renunciar a atribuirse también esas cifras. </p><p>En cuanto al Mecanismo de Varsovia, que regula las compensaciones a los países más vulnerables por los fenómenos climáticos extremos en sus territorios, hay tímidos avances. Los últimos textos disponibles avanzan que dicho mecanismo, dependiente de Naciones Unidas, tendrá poderes y competencias mejoradas. Sin embargo, el Fondo Verde para el Clima, que recibe contribuciones de los países ricos para apoyar la transición energética necesaria de los países pobres, está estancado: los desarrollados no sueltan ni un euro más y la Unión Europea, según fuentes presentes en la reunión que ha mantenido este lunes la Comisión con organizaciones de acción climática, está empezando a decir que no es una prioridad bajo la premisa de que son los ricos los que tienen que reducir urgentemente sus emisiones. Estas fuentes añaden, además, que <strong>el club comunitario está virando del "mejor ningún acuerdo que un mal acuerdo" esgrimido en la COP24 de Katowice a un "mejor un mal acuerdo que ningún acuerdo" que podría conllevar que el Acuerdo de París entre en vigor en 2020 con su poder disminuido.</strong></p><p>Todos estos elementos de colaboración entre países están contenidos en <strong>el artículo 6 del Acuerdo de París</strong>, que es el que mejor se saben las comunidades indígenas que llevan toda la COP25 hablando, protestando, reivindicando, haciéndose visibles. Se lo saben bien porque son plenamente conscientes de que este epígrafe es el marco normativo perfecto para que grandes empresas, en nombre del desarrollo sostenible, instalen grandes proyectos energéticos –renovables o no– que les arrebaten la tierra y los recursos.</p><p>Los documentos consensuados hasta el momento son tibios a la hora de establecer que cualquier gran proyecto que busque reducir las emisiones tiene que respetar íntegramente los derechos humanos de los pueblos originarios. Y no están sentando nada bien, en consecuencia. "El sistema excluye nuestra participación", denunciaban este lunes indígenas brasileños presentes en una acción de Extinction Rebellion, que ha cortado la entrada al recinto ferial donde se celebra la cumbre. <strong>"No podemos hablar de cambio climático sin relacionarlo con los derechos humanos. No podemos discutir eso separadamente. Tenemos que construir todos juntos"</strong>, reivindicaron.</p><p>Los policías nacionales que vigilan la entrada de la cumbre del clima de Madrid –no pueden entrar dentro, ya que es territorio soberano de Naciones Unidas– han tenido una jornada ajetreada. A primera hora de la mañana, abortaron una protesta de Juventud por el Clima, que contaba con una niña de solo siete años que ha intentado encaramarse a una farola cercana a la boca de metro para desplegar una pancarta. Posteriormente, a escasos metros, activistas de Ecologistas en Acción y organizaciones afines protagonizaron una acción para denunciar la participación y la financiación de empresas contaminantes de la COP25: nueve de ellos fueron detenidos y trasladados a comisaría, aunque ya han sido liberados. Para ellos, <em>los malos</em> también son las compañías que, a su juicio, utilizan la cumbre del clima para desviar la atención de su responsabilidad en la crisis climática. Y Extinction Rebellion no ha querido perderse la fiesta con su barco solar, sus acciones de desobediencia civil y sus voces indígenas. </p><p>  </p><p><strong>Miembros de Fridays for Future de todas partes del mundo han rodeado este viernes al vicepresidente de la petrolera Shell, Duncan Van Bergen, cuando se disponía a unirse a una reunión de IETA</strong> –uno de los <em>lobbys</em> en los que trabajan este tipo de compañías–. Este tipo de acciones son llamadas "birdwatching" (traducible como pájaros observando): los activistas han alzado en silencio las palmas de sus manos. donde tenían un ojo dibujado. Son coherentes con uno de los mensajes más poderosos que suele lanzar la organización inspirada por Greta Thunberg, y con su papel de contrapoder: <strong>"Os estamos vigilando".</strong></p><p>  </p><p> Protesta de Extinction Rebellion en solidaridad con los indígenas del Amazonas en las inmediaciones de Ifema. EFE</p><p><strong>La ambición, sin avances destacables</strong></p><p>Además de las negociaciones para lograr cerrar los detalles del Acuerdo de París, <strong>el gran reto de la cumbre del clima de Madrid es intentar aumentar la ambición de los países a la hora de elaborar –y cumplir– planes de reducción de emisiones. Más allá de la voluntariedad de las Partes firmantes</strong>, las discusiones de esta primera semana han intentado cerrar al menos un esbozo de mecanismo, dentro del pacto firmado en 2015, para que las contribuciones de cada país sean revisadas obligatoriamente cuanto antes. El resultado ha sido un fracaso, causando la ira de Climate Action Network, que ha calificado las conversaciones como "vergonzosas". Sigue la clásica tensión entre países desarrollados y en vías de desarrollo. Los segundos, liderados por China, se agarran el argumento que esgrime que si los primeros no han cumplido demasiado por ahora, ellos no van a cumplir. </p><p>En ese sentido, fuentes cercanas a las negociaciones han apuntado que la pelota está en el tejado de la Unión Europea. Las miras están puestas en el Green Deal que la Comisión Europea presentará el próximo miércoles, y en el Consejo Europeo del viernes que, previsiblemente, aprobará el objetivo de neutralidad climática para 2050. Una vez aprobado, el club comunitario intentará mantener una vía de diálogo bilateral con China para lograr que el gigante asiático avance en sus compromisos. <strong>Pero si llegan malas noticias de la reunión de ministros... "olvídate de esto", explican las mismas fuentes. </strong></p><p>Dado el escaso avance de la primera semana de la cumbre del clima, cabía esperar que la activista climática más famosa del mundo, <strong>Greta Thunberg</strong>, redoblara sus esfuerzos en su comparecencia de este lunes en su mítico "<em>how dare you</em>", exigiendo responsabilidad a los Gobiernos. Sin embargo, la joven sueca <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/09/greta_thunberg_atrae_atencion_prensa_cop25_para_ceder_foco_los_paises_mas_vulnerables_necesitan_contar_historia_101782_1012.html" target="_blank">ha decidido utilizar toda la atención mediática que está recibiendo</a> en los últimos meses para redirigirla hacia compañeros de Fridays for Future de países y colectivos vulnerables –insulares, indígenas, del Sur Global– para denunciar que hay quien está sufriendo la crisis climática ya, y en toda su crudeza, al margen de los privilegios del norte. Hay quien no puede esperar más: como dijo este lunes <strong>Kisha Erah Muaña</strong>, de <strong>Filipinas, </strong>está en juego la "vida y la supervivencia" de muchas poblaciones. No el difuso "planeta" al que todo el mundo hace referencia al hablar de cambio climático.</p><p><strong>Este miércoles Thunberg hablará frente al plenario de la COP25</strong>, en el comienzo de la cuenta atrás para lograr una cumbre exitosa. Los más optimistas esperan que su discurso, extraordinariamente duro al repartir culpas, logrará remover alguna conciencia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La sociedad civil intensifica sus demandas ante la evidencia de que 'los malos' van ganando en la cumbre del clima]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Greta Thunberg atrae la atención de la prensa en la COP25 para ceder el foco a los países más vulnerables: "Necesitan contar su historia"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/greta-thunberg-atrae-atencion-prensa-cop25-ceder-foco-paises-vulnerables-necesitan-contar-historia_1_1177825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b9a300ce-3b92-43b2-b16f-bbf7f68b00e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Greta Thunberg atrae la atención de la prensa en la COP25 para ceder el foco a los países más vulnerables: "Necesitan contar su historia""></p><p>La joven activista climática Greta Thunberg entró este lunes en la sala de prensa Mocha, de la zona azul de la cumbre del clima de Madrid, y enseguida empezaron los gritos de los periodistas que querían obtener el mejor plano, la mejor foto. Pocos segundos después un grupo de jóvenes de todas partes del mundo interpretaron una canción, usando de percusión el golpe de sus zapatos en el suelo, y colocándose en primera fila, por delante de la chica. Y ella, a quien hace algo menos de dos años no conocía nadie y ahora recibe la atención mediática de las superestrellas de cine, cogió el micrófono para decir, no sin cierta ironía, que<strong> “nos hemos dado cuenta de que hemos atraído algo de atención mediática”</strong>. Su intervención duró alrededor de 30 segundos: “Pensamos que es nuestra responsabilidad moral <strong>ceder nuestras voces a quienes necesitan contar su historia</strong>”.</p><p>“No hablaré hoy” –prosiguió-. “Nuestras historias se han contado muchas veces. <strong>Son otros quienes necesitan ser escuchados, especialmente la gente del Sur Global y los indígenas. No es algo que impactará en el futuro, o que afectará a los jóvenes, es algo que ya está afectando a gente hoy. Por eso creamos este evento hoy</strong>”. Y así, consiguió que las decenas de medios que, apretujados, esperaban la declaración más jugosa de Greta Thunberg prestaran atención a otros activistas jóvenes, anónimos, de territorios cuya población está sufriendo hoy: como Filipinas o Islas Marshall.</p><p><strong>Carlon Zackhras</strong> vino a Madrid hace dos semanas desde las <strong>Islas Marshall</strong>. Reivindicó la “innovación” frente al cambio climático, sobre todo en tareas de adaptación, porque en su país no tienen tiempo para promesas de futuro o tibios compromisos de reducción de emisiones. El calentamiento global hará, literalmente, desaparecer su nación si no se le pone freno. “Cuando estás en problemas tienes que encontrar nuevas soluciones para solventarlo (…) No queremos perder nuestros únicos dos metros”, los dos metros que separan a su territorio de una subida del nivel del mar que haga imposible la vida.</p><p>“El océano, el corazón del planeta y mi zona de confort, está en peligro”, expresó <strong>Kisha Erah Muaña</strong>, de <strong>Filipinas</strong>. “La mayoría de la población de mi país está altamente expuesta a tsunamis, ciclones tropicales o inundaciones”, por lo que, a su juicio, ya no estamos hablando únicamente de cambio climático, un concepto difuso y ténico, sino de “vida y supervivencia”.</p><p>“Greta dijo hace un año que nuestra casa, el planeta, estaba en llamas. Este verano comprobamos que no se trataba de una metáfora, sino de algo real”, dijo <strong>Arshak Makichyan</strong>, de Rusia, cuyo país se ha visto azotado por enormes incendios forestales en Siberia y por la inacción climática de su Gobierno. “Soy activista no por mi futuro: por el futuro de mi generación”, reivindicó, con la voz rota. “Empecé las huelgas por mi cuenta, y ahora somos muchos. Y os estamos mirando”.</p><p>Por parte de los indígenas del continente americano intervino <strong>Rose Whipple</strong>, de <strong>Dakota del Norte</strong> (Estados Unidos), con una camiseta que rezaba “Destruye la supremacía blanca”. “Las instituciones coloniales siguen manteniendo privilegios por encima de los derechos de los pueblos originarios. La gente está sufriendo, la crisis climática es una crisis espiritual para el resto del mundo. Es momento de recordar cómo escuchar a la Madre Tierra”, afirmó. <strong>Ángela Valenzuela</strong>, de <strong>Chile</strong>, defendió que desde que la cumbre del clima se trasladó a Madrid los medios “se olvidaron” de sus reivindicaciones, pero ellos “despertaron y dijeron basta”. “No podemos soportar más un gobierno que sacrifica a su gente y no afronta la crisis climática”.</p><p>“<strong>Es muy importante que escuchamos a la gente indígena, porque sus derechos están siendo vulnerados en todo el mundo. Han estado viviendo en equilibrio con la Naturaleza</strong> durante cientos de años, por lo que tienen importantes lecciones que enseñarnos”, dijo Thunberg en el turno de preguntas. Tiene claro que, aunque los focos la apunten, esta cumbre es la cumbre de escuchar <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/06/los_pueblos_indigenas_alzan_voz_cumbre_del_clima_madrid_defensa_sus_tierras_sus_vidas_101731_1012.html" target="_blank">a los colectivos que están siendo impactados a día de hoy</a>, no solo por la crisis climática, también por <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/05/greenwashing_endesa_empresas_cumbre_del_clima_101680_1012.html" target="_blank">muchas de las empresas que en este encuentro están reivindicando sus esfuerzos</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Dec 2019 09:52:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Greta Thunberg atrae la atención de la prensa en la COP25 para ceder el foco a los países más vulnerables: "Necesitan contar su historia"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El 'greenwashing' en la COP25: grandes empresas contaminadoras cuelan su discurso en la cumbre climática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/greenwashing-cop25-grandes-empresas-contaminadoras-cuelan-discurso-cumbre-climatica_1_1177704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/657f0fdd-433b-459a-a09b-d6aa0aab4485_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 'greenwashing' en la COP25: grandes empresas contaminadoras cuelan su discurso en la cumbre climática"></p><p>El <em><strong>greenwashing</strong></em> es la técnica mediante la cual grandes empresas contaminadoras venden sus esfuerzos contra el cambio climático y por el medioambiente para lavar su imagen y desviar la atención de sus prácticas sucias. Se trata de una crítica históricamente esgrimida por los movimientos ecologistas, a la cual las nuevas fuerzas climáticas de presión social –jóvenes, Extinction Rebellion...– se han sumado sin dudarlo. <strong>Las compañías suelen defenderse argumentando que cumplen con las exigencias estatales y que están en ello, limitando constantemente su cartera de activos tóxicos para adaptarse a los nuevos tiempos. </strong>Era evidente, en todo caso, que las principales compañías energéticas del Ibex 35 iban a estar en la cumbre del clima de Madrid... ya sea para maquillar sus impactos o para aportar su granito de arena a la transición ecológica. Lo han hecho a plena luz del día, participando en eventos y montando <em>stands</em>... o con premeditación, nocturnidad y alevosía, financiando buena parte del encuentro –sin que aún se sepan las cifras exactas, que serán publicadas por el Gobierno en las próximas semanas–. </p><p>La primera, en la frente: España se despertaba durante la mañana del pasado lunes con <strong>un anuncio a toda página de Endesa que ocupaba la portada de los principales periódicos en papel disponibles en el quiosco</strong>, defendiendo sus aportaciones a la acción climática. Las redes sociales se escandalizaron: pero no sería la única ni principal acción de la empresa, filial (por ahora) de la italiana Enel, que cuenta con varias de las centrales de carbón del país y con una agenda apretada de actos en la COP25. Algunos en Ifema, dentro del marco de la cumbre, y otros en su sede de Madrid.</p><p>En la zona verde, dedicada a todo lo que no son países (empresas, organizaciones, ciudadanos), han montado un <em>stand</em> que emite vídeos en los que no se menciona en ningún momento la aportación de CO2 y contaminantes varios de sus actividades industriales: sí todas las actividades que realizan en pos de la biodiversidad, ayudando a restaurar las zonas que han quedado degradadas... por dichas actividades. <strong>"Endesa y la biodiversidad tienen una estrecha relación de dependencia mutua", se emite en una de esas piezas. </strong>Hay otra dedicada exclusivamente a la laguna creada en el inmenso agujero que dejó la mina de la que se alimentaba la central térmica de As Pontes, en Galicia: una obra de restauración en la que participó la eléctrica. As Pontes es la instalación industrial más contaminante del país: eso, evidentemente, no lo cuentan. </p><p>"Participamos en la cumbre global contra el cambio climático, en línea con nuestro firme compromiso con la descarbonización y la transición energética" defiende Endesa, una empresa que es<a href="https://www.observatoriosostenibilidad.com/2019/04/22/big-polluters-2019/" target="_blank"> la número 1 en emisión de gases de efecto invernadero en España</a> con 30 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2018, en su página web dedicada a la COP25. Tanto la eléctrica como Enel organizan o participan en diez eventos relacionados con la cumbre del clima. El pasado martes 3 de diciembre intervinieron en un evento llamado "<strong>precio del carbono como instrumento para incrementar la estabilidad a largo plazo de las señales de precio</strong>", en la zona azul, dedicada en teoría exclusivamente a las Partes, es decir, los Estados: los países, sin embargo, invitan frecuentemente a las empresas a sus charlas –al igual que a los activistas–, dándoles espacio y visibilidad más allá de la zona verde a la que están adscritas.</p><p><strong>El precio del CO2 es lo que tiene que pagar cada empresa por cada tonelada de dióxido de carbono que envía a la atmósfera.</strong> Durante años, dicho precio era bajísimo, lo que no ponía un impedimento real a la contaminación de estas compañías: en los últimos tiempos, sin embargo, el mismo mercado que mantenía bajo el coste lo ha elevado, siendo un claro apoyo a la transición energética. Empieza a no ser rentable mantener instalaciones industriales que emitan muchos gases de efecto invernadero. Es la principal razón, junto a las limitaciones de la Unión Europea, que explica el cierre en cascada de centrales térmicas en España: y Endesa pide en la COP25 precios estables para que pueda organizarse mejor su modelo de negocio.</p><p><strong>La acción de los lobbies</strong><em>lobbies</em></p><p>Las grandes empresas del Ibex 35 no solo tienen presencia en la COP25 con su marca:<strong> también a través de organizaciones a las que están adscritas. Es el caso de dos de los principales lobbies empresariales en cuanto a energía y medioambiente: el Grupo Español para el Crecimiento Verde (GECV) y Forética</strong><em>lobbies</em>, compuestas ambas por empresas como Endesa, Iberdrola o Naturgy, entre otras muchas. Las dos plataformas participaron este miércoles en un evento dentro del <em>stand</em> de España, que celebraba la jornada dedicada a "la innovación, la ciencia y la industria", titulado <em>¿Puede la colaboración público-privada sostenible y de largo plazo acelerar la profunda hoja de ruta de descarbonización?</em>. Un evento, por cierto, que no aparecía en la agenda oficial de actos en dicho espacio remitida a diario por el Ministerio para la Transición Ecológica. </p><p>En el coloquio participó, junto a los presidentes del GECV y de Forética, la directora de la Oficina Española para el Cambio Climático, <strong>Valvanera Ulargui</strong>. "Las empresas tienen que ser parte de la transición pero también deben transformarse ellas, y el precio del carbón va a desempeñar un papel capital", dijo Valentín Alfaya, el presidente del Grupo Español para el Crecimiento Verde. "Si no somos ambiciosos, las oportunidades de la agenda climática las van a aprovechar otros". El ritmo de reducción de emisiones que el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente recomienda para controlar el cambio climático, de un 7% anual, exigiría triplicar la ambición española de trasladarse tal cual: seguramente,<strong> no sería compatible con la cuenta de resultados de empresas que pertenecen a ambas plataformas. </strong></p><p>Otras empresas</p><p><strong>Endesa </strong>no es la única empresa contaminadora que cuenta con stand y participación en la cumbre del clima. Muchas de las energéticas españolas con plantas nucleares están representadas en Foro Nuclear, que defendió este miércoles en la zona azul de la cumbre del clima que este tipo de centrales, al no emitir CO2, son indispensables para la transición energética.</p><p><strong>Iberdrola </strong>también cuenta con <em>stand</em> en la zona verde, centrado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible: aunque pertenece únicamente a su filial de México. La eléctrica presidida por Ignacio Sánchez Galán parecía estar manteniendo durante los primeros días un perfil bajo en la COP25, más allá de acciones publicitarias específicas: sin embargo, solo se trataba de que han preferido mantener su agenda oculta. El jueves sorprendieron anunciando un acuerdo con el Banco Europeo de Inversiones para un préstamo de 690 millones de euros con destino renovables: coherente con la nueva política del organismo financiador, que dejará de apoyar a los combustibles fósiles desde 2021.</p><p>Además, el mismo día publicaron sus eventos programados, que incluyeron una mesa redonda sobre movilidad eléctrica con la ministra de Industria, Reyes Maroto. El presidente de la corporación participará el próximo jueves 12 en un evento junto a la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, y el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, sobre la estrategia europea de descarbonización para 2050.</p><p><strong>Por su parte, EDP</strong>, que emitió <strong>9 millones de toneladas de CO2 en 2018</strong>, celebró un evento propio este jueves en el que defendió "la innovación" como concepto clave para la lucha contra el cambio climático.</p><p>El ecologismo está en pie de guerra contra este tipo de acciones. "Madrid entera y esta cumbre está empapelada por publicidad de Endesa o Iberdrola", denunció el pasado lunes Ecologistas en Acción. En la "contracumbre" en la que participan, la cumbre social por el clima, <strong>no hay rastro de este tipo de empresas. </strong></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 'greenwashing' en la COP25: grandes empresas contaminadoras cuelan su discurso en la cumbre climática]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manifestantes bloquean el centro de Madrid para exigir acciones efectivas ante la urgencia climática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/manifestantes-bloquean-centro-madrid-exigir-acciones-efectivas-urgencia-climatica_1_1177806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/644e1101-21fc-4bdf-9718-ab44b00d05db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manifestantes bloquean el centro de Madrid para exigir acciones efectivas ante la urgencia climática"></p><p>Un grupo de manifestantes, convocados por la plataforma <strong>Extinction Rebellion</strong>, han cortado la Gran Vía a la altura de Callao para <strong>exigir a los gobiernos y organizaciones</strong> que asisten a la <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/cumbre_del_clima_madrid.html" target="_blank">Cumbre del Clima (COP25)</a> en la capital a que <strong>tomen "acciones efectivas"</strong> ante la urgencia climática, informa Europa Press.</p><p>Así, cerca de <strong>300 personas</strong> –según ha informado a Europa Press un portavoz de Policía Nacional– han llegado alrededor de las 16 horas a la arteria madrileña con una<strong> batukada, música y el espíritu de "una fiesta inclusiva"</strong>, según ha expuesto una de las portavoces del movimiento María Portell.</p><p>"Es una <strong>discobedience</strong> (juego de palabras entre fiesta y desobediencia civil) para que vean que es algo inclusivo, que es para <strong>todo el mundo que pueden unirse, celebrándolo con una fiesta</strong>", ha destacado la joven, quien ha lamentado que, a pesar de que cada vez hay más gente concienciada, si el mensaje no llega a los gobiernos y grandes empresas "no se conseguirá nada".</p><p>  </p><p>Entiende que la clave está en <strong>reducir el consumismo</strong>, cuestión que cree que es la que ha llevado a la gran crisis ecológica actual; una conducta difícil de cambiar, ha valorado Portell, mientras señalaba una de las tiendas aledañas a Gran Vía "repleta de gente". "<strong>Cortando esta calle, que es una de las principales de la ciudad, creamos una presión política</strong>, que vean desde el Gobierno que nos importa a los ciudadanos", ha expresado la portavoz.</p><p>Asimismo, ha criticado que, a pesar de las "múltiples cumbres" que se han celebrado para abordar el cambio climático, <strong>no se han tomado medidas ni "adecuadas" ni "efectivas"</strong> y que, en aquellas parcialmente positivas, se ha visto como "determinados países no las cumplen"; una situación que cree necesario cambiar antes de llegar al "punto de no retorno".</p><p>  </p><p>Con mensajes como '<strong>Now or never</strong>', '<strong>Tu casa se quema</strong>' o '<strong>Justicia Climática</strong>' pretenden trasladar el mensaje de que el tiempo se agota. Esta organización ha destacado en sus redes sociales que esta acción en Madrid se ha puesto en marcha a la vez que otras en veintitrés ciudades de mundo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2019 16:16:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manifestantes bloquean el centro de Madrid para exigir acciones efectivas ante la urgencia climática]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Cumbre Social por el Clima ya está en marcha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cumbre-social-clima-marcha_1_1177804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2738fedc-d99d-4f8b-a035-86262775592c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Cumbre Social por el Clima ya está en marcha"></p><p>La Cumbre Social por el Clima, que se celebra hasta el próximo <strong>viernes 13 de diciembre con más de 350 actividades</strong>, se ha inaugurado este sábado a las 10.00 horas en la <a href="https://www.infolibre.es/tags/instituciones/universidad_complutense_madrid.html" target="_blank">Universidad Complutense</a>, tras la <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/06/marcha_por_clima_101755_1012.html" target="_blank">marcha por el clima celebrada ayer en Madrid</a>, informa Europa Press.</p><p>"Hoy comienza la Cumbre Social por el Clima. Tras la gran manifestación de ayer, que nos llenó de esperanza y tuvo un gran impacto, os invitamos a participar en las más de 350 actividades programadas", han señalado los organizadores del evento.</p><p>  </p><p>Tras varias charlas y actividades que se celebrarán durante todo el día, la jornada de este sábado en la Cumbre Social por el Clima concluirá con un concierto a las 21.00 horas en el que participarán Moravia, Birch, De Mar a Mar o Swing Disorder. El acto de clausura de la Cumbre Social por el Clima será el próximo viernes<strong> 13 de diciembre a las 18.00 horas en el Auditorio Marcelino Camacho</strong>, en la madrileña calle Lope de Vega.</p><p>Las organizaciones de la Cumbre Social han definido esta iniciativa como una <strong>contracumbre que sirve como alternativa a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático</strong> (COP25) que se está celebrando estos días en Ifema (Madrid).</p><p>Durante la presentación, Marta García Pallarés, una de las organizadoras, ha explicado que la Cumbre Social por el Clima es un "espacio ciudadano" que nace en respuesta del traslado de la COP25 de Chile a Madrid. "Ante la brutal represión que ha sufrido el pueblo chileno,<strong> la sociedad española se ha visto obligada a generar este espacio ciudadano de denuncia ante las injusticias sociales</strong>", ha señalado la activista.</p><p><strong>Bachelet: "El Cambio Climático es la mayor amenaza a los Derechos Humanos"</strong></p><p>Una de las protagonista de esta primera jornada ha sido la expresidenta chilena y actual Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/michelle_bachelet.html" target="_blank">Michelle Bachelet</a>, ha asegurado que el cambio climático <strong>"es la mayor amenaza a los Derechos Humanos"</strong>.</p><p>Entre los Derechos Humanos que se ven amenazados por el cambio climático, Bachelet ha destacado<strong> el derecho a la vida, el derecho a la alimentación , el derecho a la salud y el derecho a vivir sin violencia</strong>. Por último, la expresidenta chilena ha lamentado que la desigualdad "está en el corazón del problema" del cambio climático.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2019 13:48:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La Cumbre Social por el Clima ya está en marcha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Michelle Bachelet,Universidad Complutense de Madrid,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No vamos a dejar que los líderes se salgan con la suya"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/no-lideres-salgan_1_1177790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/300a6e54-4d6d-43c9-9305-8e4602bec8c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""No vamos a dejar que los líderes se salgan con la suya""></p><p><strong>Miles de personas, medio millón según Ecologistas en Acción</strong>, han inundado este viernes el principal eje de circulación del centro de Madrid, el que discurre desde Atocha hasta el Paseo de Castellana, desterrando a los vehículos con la multitudinaria Marcha por el Clima, la manifestación convocada por plataformas ecologistas ante la "emergencia climática" coincidiendo con la Cumbre Social por el Clima (<a href="http://COP25" target="_blank">COP25</a>) que acoge la ciudad desde el pasado lunes, según recoge Europa Press.</p><p>Entre todos los miles de asistentes ha destacado la joven activista sueca <strong>Greta Thunberg</strong>, que se ha sumado a la manifestación tras cruzar el océano Atlántico en catamarán durante tres semanas desde Estados Unidos y recorrer en tren <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/06/greta_thunberg_llega_madrid_tren_procedente_lisboa_101741_1012.html" target="_blank">la distancia que separa Lisboa con Madrid</a>. A pesar de su deseo de participar en la marcha y la expectación que había generado su presencia en la marcha tras<a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/12/06/greta_thunberg_rueda_prensa_101750_1012.html" target="_blank"> una rueda de prensa esta tarde en La Casa Encendida</a>, la joven <strong>ha tenido que renunciar a la manifestación por cuestiones de seguridad</strong> y acudir directamente al escenario final a pronunciar un discurso. "Tenía muchas ganas de estar en la marcha, pero es una cuestión de seguridad", ha lamentado Thunberg antes de subirse a un vehículo eléctrico, poco después de llegar a la manifestación en el bloque donde se apelotonaban los jóvenes de Fridays For Future, el movimiento internacional que inspiró la adolescente sueca con sus protestas cada viernes frente al parlamento de Escotocolmo.</p><p>Thunberg se ha dirigido en el vehículo al escenario instalado en Nuevos Ministerios, punto y final de una kilométrica marcha con broche musical, con la actuación de artistas como Amaral y Macaco, y que arrancaba sobre las seis de la tarde desbordando el Paseo del Prado de Madrid. "<strong>Los líderes políticos nos están traicionando</strong> y no vamos a dejar que eso siga sucediendo, que se salgan con la suya. Decimos: basta ya, el cambio viene os guste o no. No tenemos otra opción", ha sentenciado Greta en la Plaza de Nuevos Ministerios, donde termina la marcha climática.</p><p>La joven ha saludado a los asistentes en un perfecto español, a los que ha dado las gracias por acudir y ha añadido que está "muy contenta" por estar en Madrid. Así, Thunberg ha manifestado que el mundo está "en el medio de una emergencia climática" y ha pedido salir de la zona de confort. "Eso es lo que estamos haciendo aquí: decir a los responsables políticos que<strong> deben ser responsables</strong> y proteger el futuro de las nuevas generaciones", ha explicado.</p><p>Además, ha subrayado que, aunque los líderes políticos se reúnen en Madrid para "negociar" el futuro de los manifestantes, para Greta, <strong>la esperanza "no se encuentra entre los muros de la COP25"</strong>, sino que está con los manifestantes. "<strong>Necesitamos que sigáis</strong>. Tenemos que aprovechar el impulso y seguir avanzando. Que las personas del sur escuchen nuestra voz y para ayudar a las personas que más sufren en esta emergencia climática", ha añadido la adolescente sueca que confía en que el cambio va a llegar de las masas, de las personas que piden acciones. "Eso somos nosotros, los que vamos a traer el cambio aquí", ha manifestado. En ese contexto, ha reclamado a los responsables políticos que adelanten a la sociedad que es la que "ahora mismo" está liderando la lucha contra la emergencia climática. "Ellos<strong> deben seguirnos a nosotros</strong>. Ahora estamos marcando el camino y ellos deben hacer su trabajo", ha insistido.</p><p><strong>Bardem llama "estúpido" a Almeida por querer revertir Madrid Central</strong></p><p>El actor español <strong>Javier Bardem</strong> también ha tomado la palabra y durante su discurso ha llamado<strong> "estúpido" al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (PP)</strong>, "por permitir circular por la capital a los vehículos contaminantes" y "por querer revertir" Madrid Central, la zona de bajas emisiones que comenzó a funcionar hace un año tras su puesta en marcha por parte de la anterior alcaldesa, Manuela Carmena.</p><p>Desde el estrado, <strong>también ha insultado al presidente estadounidense, Donald Trump</strong>, "por abandonar los acuerdos globales de acción contra la crisis climática". Bardem, que ha intervenido antes de que lo hiciera Greta Thumberg ha dicho que los políticos deben estar a la altura "de este momento histórico", en referencia a las lucha social contra la emergencia climática.</p><p>Una hora después de que Greta se dirigiese directamente al escenario, la marcha todavía atravesaba la plaza de Cibeles, con la estatua de la diosa iluminada de verde. <strong>"Estamos hasta los pulmones de tantas emisiones"</strong>, se coreaba al cruzar este céntrico enclave donde se encuentra la sede del Ayuntamiento de Madrid, al que se han dirigido abucheos por ser "un enemigo del clima", según el portador de la megafonía que encabezaba la manifestación.</p><p>  </p><p><strong>La marcha de los niños</strong></p><p>Entre los miles de asistentes se contaban <strong>muchas familias con niños</strong> que también enarbolaban pancartas. "La pachamama no se mata", se leía en letra infantil en la de una niña. Otros han recorrido el itinerario en carritos. Incluso se les ha visto desafiar a la ley de la gravedad, como los dos pequeños que se han descolgado con cuerdas y arneses (y supervisión adulta) del puente de Rubén Darío para desplegar una gran pancarta.</p><p>En ese pelotón que se ha ensanchado al entrar en el Paseo de la Castellana destacaban los cánticos de dos niñas, Lucía y Naiara, hermanas que han acudido a la manifestación con sus padres. <strong>"Vuestro egoísmo mata nuestro futuro"</strong>, coreaban, animando a quienes se encontraban a su alrededor. Estas activistas por el clima, que se sienten "muy identificas" con Greta, han recalcado que en el colegio les enseñan a respetar a la gente, "pero no tanto a respetar el medio ambiente". José Manuel sí considera que los niños ahora están "mucho más concienciados que antes", si bien ha acudido a la movilización con sus hijos porque hay que "seguir actuando" contra el cambio climático y "tienen que seguir dándose cuenta de que está causa es muy importante".</p><p>A su lado estaban sus hijos y otros niños, hijos de unos amigos, gritando con poderío <strong>"No hay planeta B" y "ni un grado más, ni una especie menos"</strong>. Según ha explicado José Manuel a Europa Press, han asistido en un grupo de 25 personas todos juntos a la manifestación desde el madrileño barrio de Tetuán.</p><p>Chile en Madrid</p><p>Los<strong> jóvenes y adolescentes</strong> formaban otro de los gruesos de la multitudinaria protesta. Eran los más ruidosos en consignas, en competencia con la delegación suramericana. <strong>Chile ha sido protagonista en la manifestación madrileña</strong>: a los representantes del país organizador de la COP25 que acoge España se les ha reservado una posición destacada en la marcha, a la que han traslado el malestar social que hizo cambiar la cumbre de continente.</p><p><strong>"España, en Chile matan gente"</strong>, han gritado los llegados del país austral con pancartas que tildaban al presidente chileno, Sebastián Piñera, de "asesino como Pinochet". Detrás de ellos, un grupo de bolivianos extendían una gran wiphala, la bandera indígena del país andino, para denunciar la situación política en su patria.</p><p>  </p><p>Mientras, en medio de la multitud, <strong>Martín Sagrera</strong>, un incondicional en las manifestaciones de Madrid, repartía pancartas gratis con lemas contra el cambio climático. Este jubilado, que fue profesor de Ciencias Políticas, está presente en muchas movilizaciones, aunque confiesa que está "es la más importante".</p><p>En la larguísima manifestación, que ha recorrido <strong>casi cinco kilómetros</strong> guiada por una pancarta con el lema "El mundo despertó ante la emergencia climática", han asistido activistas ecofeministas, organizaciones ecologistas tradicionales y ONG, sindicatos y representantes de partidos políticos como Unidas Podemos, Ciudadanos, Más País y Equo.</p><p>En la Marcha por el Clima también se ha registrado algún incidente. <strong>La Policía Nacional ha dispersado a una docena de encapuchados</strong>, vestidos de negro, que se habían infiltrado en la manifestación. Algunos de ellos han sido identificados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tras lanzar objetos a la altura del Museo del Prado en el Paseo de Recoletos. En concreto, dos integrantes del grupo antisistema Black Bloc han sido detenidos y seis policías han resultado heridos mientras dispersaban a este grupo de encapuchados.</p><p>La Marcha por el Clima ha sido organizada por plataformas como <strong>Fridays For Future, Alianza por el Clima, Alianza por la Emergencia Climática o 2020 Rebelión por el Clima</strong>, y coincide con el comienzo de la Cumbre Social por el Clima, una cumbre alternativa a la COP25 que acoge Madrid, y que se prolongará hasta el 13 de diciembre con más de 300 actividades en diversas sedes, sobre todo en la Universidad Complutense. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2019 16:32:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA["No vamos a dejar que los líderes se salgan con la suya"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los pueblos indígenas alzan la voz en defensa de sus tierras y sus vidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/pueblos-indigenas-alzan-voz-defensa-tierras-vidas_1_1177757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/43f57308-4dd1-43d8-ba4e-d3783fab4cdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pueblos indígenas alzan la voz en defensa de sus tierras y sus vidas"></p><p>La <strong>cumbre del clima de Madrid</strong>, que originalmente se iba a celebrar en Chile, es la cumbre de América Latina. Hay temor en muchos sectores a que este tipo de encuentros propicien el eurocentrismo: que solo se hable en los términos europeos de lo que preocupa a Europa. Y al margen del resultado final de las negociaciones, un colectivo ha hecho sonar con fuerza su voz durante la primera semana de la COP25: los indígenas, los pueblos originarios del continente americano. A ellos les afecta también el cambio climático: pero, sobre todo, <strong>el extractivismo de las empresas transnacionales, que se apropia de sus recursos, de sus tierras, de sus aguas, de su salud y, en ocasiones, hasta de su vida.</strong></p><p>No es raro encontrarse con personas pertenecientes a pueblos originarios estos días en Ifema, durante la celebración de la COP25. Muchos son fácilmente distinguibles por sus llamativos tocados de plumas. Han venido centenares, sobre todo de Chile, pero también de Bolivia, de Brasil, de Guatemala… <strong>o de lugares tan poco relacionados en el imaginario colectivo con los indígenas como Oklahoma</strong> (Estados Unidos). "Los pueblos tienen problemas propios pero el conflicto con la industria es parecido", explicaba este jueves en la zona verde de la cumbre Leticia González, de la etnia likanantaí, habitante del desierto del Atacama en Chile. La problemática es bien conocida: <strong>empresas transnacionales</strong>, la mayoría de las veces dedicadas al negocio energético, llegan a un territorio habitado desde hace milenios por indígenas en busca de construir una presa, extraer petróleo, litio o cobre, edificar una gran central eléctrica… y <strong>los nativos, con una relación casi de simbiosis con su territorio, no pueden soportar la presión. </strong>Pierden el agua de la que viven, los árboles donde se refugian, la tierra que pisan, la comida que se llevan a la boca.</p><p>Los casos se cuentan por decenas en todo el centro y el sur del continente americano. Muchas veces con la participación activa de empresas españolas como <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2017/11/05/la_hidroelectrica_guatemala_que_construye_una_filial_empresa_florentino_perez_sigue_adelante_pese_impacto_los_indigenas_71510_1022.html" target="_blank">ACS</a>, BBVA, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/08/05/brasil_cancela_devastador_proyecto_megapresa_del_que_iberdrola_mapfre_rechazaron_desvincularse_53315_1012.html" target="_blank">Mapfre</a> o Santander, que financian, aseguran o directamente edifican las instalaciones. Cuando el conflicto se hace evidente entre compañías e indígenas, aparecen las consecuencias: <strong>violaciones de derechos humanos y del derecho internacional, engaños, falsas promesas… en algunos casos, se ha demostrado en sede judicial </strong>que los asesinatos de los líderes activistas han sido instigados por compañías multinacionales. En 2018, cada semana mataron a tres de estos líderes en Latinoamérica, según datos de Naciones Unidas. El cambio climático les afecta, y lo notan: pero es solo la puntilla de una degradación del medioambiente que vienen sufriendo décadas.</p><p>El espacio de la zona verde de la cumbre del clima dedicado a los pueblos originarios es difícil de encontrar:<strong> está escondido detrás de una pared, mucho menos visible que el stand de Iberdrola, que se levanta varios metros sobre el suelo.</strong><em>stand</em> Este jueves se celebró un acto allí en el que indígenas de Chile, "un país dibujado como una hilacha en el mapa; una aletargada culebra de sal", como decía el periodista Pedro Lemebel, compartían sus historias de lucha. <strong>La mapuche Ximena Painequeo recordaba tiempos mejores: "Nosotros, como pueblo, éramos ricos"</strong>, mientras mostraba en una presentación los efectos de la deforestación causada por la acción de las empresas transnacionales… y agravada por el cambio climático. "Teníamos nuestra soberanía alimentaria asegurada. Nuestros ancestros vivieron muchos años por eso", defendió.</p><p>"Nos dice el Gobierno que somos muy poquitos, pero en la última manifestación nos juntamos más de 10.000 mapuches. <strong>Ya no estamos dormidos, aunque ha costado levantarse. Sí estamos vivos, sí estamos presentes</strong>", reivindicó, poco antes de hacer referencia a las protestas que se viven estas semanas en el país andino. "Nosotros también sufrimos la represión en nuestro pueblo, en nuestra gente que da la lucha para recuperar la tierra y la biodiversidad". Por su parte, Leticia González explicó el valor de la presencia indígena en este tipo de eventos. "<strong>Estas discusiones no se tienen en las altas esferas. Hablamos aquí, entre nosotros. Ese es el cambio real que se puede hacer desde aquí, desde la comunidad</strong>".</p><p>González vivió durante unos años en la capital, Santiago de Chile, para después decidir volver al pueblo. Reivindica un modo de vida sencillo, sin grandes consumos, buscando otro tipo de satisfacciones: <strong>tan de moda ahora al otro lado del Atlántico entre los más concienciados con la crisis climática</strong>. "La solución no siempre está en la ciudad, sino en aprender a vivir y a absorber el conocimiento ancestral que nuestros padres nos van dejando. Eso va a ayudar a que se retarde, o se evite, el colapso ambiental".</p><p>David Alday intervino para explicar el caso de su pueblo originario, los <strong>yagan</strong>, habitantes de una pequeña isla en el sur más sur de la Tierra de Fuego: ellos la llaman Hualalanuj (isla Navarino en español). Explicó como <strong>una empresa salmonera les privó de sus técnicas de pesca ancestral</strong>. El tratamiento del pescado contaminó las tierras y las aguas, aseguró: y se emocionó al recordar la lucha de sus familiares y amigos para oponerse a la compañía.</p><p><strong>No solo chilenos</strong></p><p>No solo hay indígenas chilenos en la COP25: también de otras nacionalidades, sobre todo de Latinoamérica. Aunque el espacio exclusivamente dedicado a ellos es pequeño, su presencia es amplia y llamativa en los eventos tanto de la zona verde como de la azul. En esta última, la Agencia Española de Cooperación organizó un evento, concretamente en el <em>stand</em> de la delegación española, que contó con la presencia de <strong>Victoria Tauli</strong>, relatora especial sobre los pueblos indígenas de Naciones Unidas… y considerada terrorista por el Gobierno filipino. "Estuve, por ejemplo, en Guatemala en 2018 y mientras estaba allí asesinaron a ocho líderes comunitarios a machetazos". La relatora explicó cómo los indígenas, con la complicidad del racismo institucional y de los medios de comunicación, <strong>son habitualmente discriminados, criminalizados y encarcelados con pruebas falsas por defender su tierra.</strong></p><p>También relató su particular historia el activista brasileño <strong>Domingo Nunes de Oliveira</strong>, cuyo padre fue asesinado hace décadas por oponerse a uno de estos proyectos extractivistas, y que denunció el "genocidio" de su pueblo, en el Estado de Minas Geras. <strong>Milena Flórez</strong>, indígena colombiana que vive en España tras huir de las amenazas y la coacción, fue más precisa en su acusación: concretamente, a<strong> BBVA, Santander y Mapfre</strong> por financiar y asegurar la represa del proyecto Hidroituango, ubicada sobre el río Cauca, en el departamento de Antioquía. "No han tenido en cuenta a la comunidad indígena. Nos venden como el desarrollo ha llegado a nuestro pueblo pero nos han dejado sin nada (…). <strong>Vivimos en una angustia permanente aguas abajo. Aguas arriba, lo perdimos todo</strong>". Los proyectos que cambian el curso y el caudal de los ríos son especialmente dañinos para los pueblos originarios.</p><p>  </p><p>Y no solo en la COP</p><p>Precisamente del río Cauca surgió el concepto de "<strong>minga indígena</strong>", el nombre que recibieron las movilizaciones de los pueblos originarios contra las políticas del Gobierno colombiano por entonces presidido por Álvaro Uribe. Ahora el término es utilizado para definir a la "contracumbre" de los pueblos indígenas en Madrid, <strong>insertada dentro de la programación de la cumbre social por el clima. Esta cumbre social nació no solo para ofrecer espacio y voz a los movimientos sociales, como herramienta de presión a las negociaciones oficiales: también para mostrar solidaridad y apoyo a las protestas chilenas</strong>, protagonizadas parcialmente por sus indígenas.</p><p>La Minga Indígena contará a lo largo de la próxima semana con ponentes provenientes de naciones indígenas de todo el continente americano. Sus participantes prefieren no pisar demasiado la COP oficial: la Conferencia de Naciones Unidas contra el Cambio Climático, aseguran, <strong>les ha discriminado sistemáticamente a lo largo de sus 25 ediciones, así como sus Partes.</strong> El mapuche Juan Antonio Correa Calfin, entre otros, presentó este jueves la programación: "En todos estos procesos los pueblos indígenas han sido invisibilizados. Las normas internacionales de Derechos Humanos no han sido respetadas en el proceso de negociación climática".</p><p>Se refirió Calfin al <strong>Fondo Verde por el Clima</strong>: el fondo mediante el cual los países desarrollados aportan dinero a los menos desarrollados para que aborden su transición energética. Un aumento en las aportaciones anunciado en la COP25 sería considerado una buena noticia para casi todo el mundo: sin embargo, los indígenas denuncian que en multitud de ocasiones, los proyectos que surgen de este dinero atentan contra sus derechos. Las energías renovables, consideradas el santo Grial de la acción climática, también impactan en el territorio donde se ubican las plantas: por eso piden que se garantice que el artículo 6 del Acuerdo de París, que regula estas colaboraciones interestatales, defienda sus derechos. <strong>Tras décadas de silencio, expolio y muerte, los pueblos originarios no están dispuestos a que la transición energética se ejecute a su costa.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los pueblos indígenas alzan la voz en defensa de sus tierras y sus vidas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Green New Deal, ¿truco o trato?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/green-new-deal-truco-trato_1_1177636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e9981ab2-7441-4107-a0ab-b6a760eae7f0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Green New Deal, ¿truco o trato?"></p><p>Vamos tarde con el cambio climático. Ya lo era en los años setenta del siglo pasado cuando los primeros ambientalistas predecían lo que hoy ocurre como quijotes luchando contra los molinos de viento de la intolerancia. Su lamento fue silenciado con la edad de oro de las compañías petroleras que, de Texas a Arabia, tenían el capital suficiente para tapar bocas y dejar el vaticinio en una cosa de radicales inadaptados y científicos chalados. Hoy no se trata de velar por la salvación de los osos polares, ya no; sino de que la propia especie humana empieza a sufrir las consecuencias del desastre. El <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/cambio_climatico.html" target="_blank">cambio climático</a> con sus incendios, inundaciones, tsunamis, terremotos y demás fenómenos naturales causa ya más muertos que las guerras y las hambrunas. Una palabra hasta ahora tabú asoma en los principales análisis de los expertos: <strong>extinción</strong>.</p><p>Imaginar un futuro sin combustibles fósiles fue una utopía hasta ayer mismo. Hoy personajes tan poco sospechosos de radicalismo como <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/10/26/jeremy_rifkin_presenta_espana_green_new_deal_global_ilusion_los_limites_del_optimismo_tecnologico_contra_crisis_climatica_100295_1012.html" target="_blank">Jeremy Rifkin</a> hablan claro de un <strong>Green New Deal</strong> basándose en los propios parámetros del crecimiento: sale ya más barato invertir en energías renovables y más convincente ponerle la pila a los coches que circulan por nuestro planeta que seguir insistiendo en explotar yacimientos fósiles. ¿Se trata de un adiós a la era del carbono? No cantemos victoria. Las reservas fósiles de países como EEUU, Irán, Arabia Saudí o Venezuela son tan cuantiosas que desprenderse de esos activos causa un auténtico quebradero de cabeza a los gobernantes deseosos de quemar el último cartucho sin pensar en <strong>el daño irreparable que provocarán al planeta</strong>. Es difícil enterrar la riqueza, muy improbable.</p><p>Madrid acoge este mes la <a href="https://www.cop25.cl/#/" target="_blank">cumbre climática</a> que se iba a celebrar en Chile. Puede que sea una etapa más (recordemos París) en la eterna disputa entre quienes tratan de reducir emisiones y los que todavía no consienten que nadie les baje los humos. Nunca las emisiones tóxicas jugaron un papel tan simbólico en el tablero de las grandes potencias, pero nunca tampoco ha estado tan presente <strong>la esperanza verde </strong>con argumentos tan consistentes. Se puede emprender una transición medioambiental sin perder el ritmo del empleo, hay que cambiar simplemente de modelo económico y tecnológico. El propio Rifkin pone incluso una fecha inminente, 2030, para que los países más desarrollados pinten de color verde la transformación.</p><p>El Green New Deal puede ser también la última ocasión para que las fuerzas progresistas asuman un mismo reto de importancia descomunal en su agenda y abandonen por un momento cuestiones territoriales. E<strong>l planeta va primero</strong>. Aunque hay voces, como la del ecologista arrepentido <a href="http://erratanaturae.com/autor/paul-kingsnorth/" target="_blank">Paul Kingsnorth</a>, que vuelven a poner el dedo en la llaga: no tenemos remedio como especie, somos<strong> adictos al crecimiento</strong>. Pese a las apariencias, incluso ahora, está claro que la naturaleza y la sociedad siempre han caminado dándose la espalda. Puede que haya llegado el momento de sintonizar la marcha.</p><p>  </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[1be0794c-410f-4ed7-935b-948935f8b34f]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Green New Deal, ¿truco o trato?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Contaminación,Ecologismo,Medioambiente,Transporte,Verdes,TintaLibre,Greenpeace,La nueva movilidad,Madrid Central,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los ecologistas recuerdan que la medida más ambiciosa que puede tomar España por el clima es formar Gobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/ecologistas-recuerdan-medida-ambiciosa-espana-clima-formar-gobierno_1_1177644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/36259e55-297b-419a-ac33-25d27f59250d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ecologistas recuerdan que la medida más ambiciosa que puede tomar España por el clima es formar Gobierno"></p><p>"Urgimos a la formación de un Gobierno y de un Parlamento que lo primero que haga sea aprobar la Ley de Cambio Climático. Tenemos los mimbres, pero necesitamos aprobarla".  Este martes ha coincidido la constitución de las Cortes y la segunda jornada de la cumbre del clima de Madrid, y los principales grupos ecologistas del país han decidido que Ifema sea el escenario para presentar sus prioridades de cara a la XIV Legislatura que recién acaba de comenzar. Y la prioridad más importante, a juicio de <strong>Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/Birdlife y WWF</strong> es esa: <strong>constituir un Ejecutivo "que tome la lucha contra el cambio climático como un eje central de todas sus políticas". </strong></p><p>"<strong>Queremos que la primera medida que se tome sea aprobar esta ley de cambio climático</strong>", afirmó el secretario general de WWF España, <strong>Juan Carlos del Olmo</strong>. El Plan de Energía y Clima español (compuesto por el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático, la Estrategia de Transición Justa y el Plan Integrado de Energía y Clima) se terminó en marzo, pero la norma, que necesita el visto bueno del Congreso, se quedó en un cajón porque acto seguido se disolvieron las Cortes con la convocatoria de elecciones. Y desde entonces hemos tenido un Ejecutivo en funciones que, según la Constitución, no puede enviar a las cámaras proyectos de ley.</p><p>Tanto los ecologistas como las formaciones a la izquierda del partido que gobierna insistieron desde el primer día del nuevo Gobierno liderado por Pedro Sánchez en que el trámite era urgente: pero <strong>no llegó a tiempo. Desde entonces el Ejecutivo defiende su ambición climática</strong>, también ante el resto de países de Naciones Unidas presentes en la COP25, pero para llevar a cabo las medidas planeadas necesita, en primer lugar, dejar de ser provisional. </p><p>"Estamos en un momento clave y no podemos perder más tiempo. <strong>Necesitamos que los políticos pongan las luces largas de una vez. La lucha climática no puede ser un objeto de lucha partidista</strong>", exhortó Del Olmo. <strong>Mario Rodríguez</strong>, director de Greenpeace España, pidió por su parte que España mejore sus compromisos de reducción de emisiones de cara a llegar a un país descarbonizado en 2040, diez años antes de la meta a la que plantea comprometerse la Unión Europea. "No sería comprensible que [los políticos] no sean consecuentes y honestos con la declaración de emergencia climática" aprobada al final de la pasada legislatura, juzgó. </p><p>Por otro lado, <strong>Paco Segura</strong> (Ecologistas en Acción) y <strong>Blanca Ruibal</strong> (Amigos de la Tierra) se centraron en dos ámbitos clave, a su juicio, de la acción climática: el transporte y la fiscalidad. "El transporte es el sector que más gases de efecto invernadero genera", recordó el primero, que señaló que, en líneas generales, se necesita "<strong>más tren convencional [en contraposición al AVE], menos aviones, menos coches e ir abandonando los combustibles fósiles</strong>". Puso 2028 como una buena fecha para que dejen de comercializarse motores alimentados por gasolina o diésel, y defendió una fiscalidad que suba los impuestos a los SUV, cada vez más populares y siempre muy contaminantes. Otras prioridades son el "ferrocarril electrificado y sostenible", uno de los grandes olvidados a la hora de hablar de descarbonización, y un transporte aéreo sin subvenciones y con el queroseno gravado. </p><p>Ruibal puso <strong>dos ejemplos de buenos impuestos verdes en uno de los países con la fiscalidad verde más baja de Europa</strong>, donde muy pocos recursos de este tipo se dedican al medioambiente: uno, el de electricidad, modificado pertinentemente "para que no paguemos todos por igual y se incentive el ahorro", y otro, el que podría gravar la ganadería industrial y especialmente "la inmensa producción de porcino", uno de los sectores que más emiten. "Que los impuestos contribuyan a que este sector no sea económicamente viable", defendió. </p><p>Por su parte, <strong>Asunción Ruiz</strong>, de SEO/Birdlife, denunció que <strong>la biodiversidad es "la eterna olvidada en las políticas ambientales"</strong>. En un contexto español en el que santuarios de la flora y la fauna como el Mar Menor o Doñana están en serio peligro, la ecologista pidió la creación de un "Consejo de Seguridad Ambiental" para que las medidas esenciales se mantengan al margen del cambio de color del Gobierno y que la cumbre del clima tenga en cuenta "las soluciones basadas en la naturaleza como la única posibilidad de que se cumpla el Acuerdo de París". "La biodiversidad no es un capricho, sino la única solución", reivindicó.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Dec 2019 14:26:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los ecologistas recuerdan que la medida más ambiciosa que puede tomar España por el clima es formar Gobierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Científicos, jóvenes y activistas unen fuerzas para la 'contracumbre']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cientificos-jovenes-activistas-unen-fuerzas-contracumbre_1_1177452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/08009d45-8d0d-4401-9d06-85ff4a49ed6e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Científicos, jóvenes y activistas unen fuerzas para la 'contracumbre'"></p><p><strong>La oportunidad es histórica.</strong> Los disturbios y las protestas en Chile en contra del modelo neoliberal han propiciado el traslado de la 25º <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/cumbre_del_clima_madrid.html" target="_blank">cumbre del clima a Madrid</a> y los movimientos sociales españoles de acción climática están trabajando a contrarreloj para dar la cara. <strong>El objetivo es generar un discurso alternativo al de los protagonistas de la cumbre que se reunirán en el recinto ferial de Ifema durante dos semanas: en el que se hable más de justicia climática, de pueblos amenazados por la emergencia, de la responsabilidad de las grandes empresas y de los países ricos.</strong> Donde no solo hablen grandes responsables de Naciones Unidas o de los Gobiernos, sino que también tengan altavoz y foco tanto los jóvenes que acaban de descubrir en qué consiste el calentamiento global como los activistas con décadas de lucha a sus espaldas. Los esfuerzos de la sociedad civil se concentrarán en la llamada <strong>cumbre social por el clima</strong>, un espacio de charlas, talleres, actividades y concienciación de todo tipo que se celebrará de manera paralela a la cumbre oficial, del 7 al 13 de diciembre. El lugar está aún por confirmar, aunque se barajan con fuerza las instalaciones de la <a href="https://www.ucm.es/" target="_blank">Universidad Complutense de Madrid.</a></p><p>La cumbre social por el clima está organizada por las cuatro plataformas en torno a las cuales se aglutina la movilización climática en el país: Fridays for Future / Juventud por el Clima, 2020: Rebelión por el Clima, Alianza por el Clima y Emergencia Climática Ya. En dichos espacios aúnan esfuerzos nuevos y viejos actores como los ecologistas, los jóvenes, asociaciones de nuevo cuño o clásicas de la lucha. El programa definitivo aún no se ha publicado, pero han presentado un manifiesto con las razones para organizar este encuentro: "Las decisiones unilaterales del gobierno chileno de Sebastián Piñera de cancelar la celebración de la COP 25 en Chile (…) y del gobierno de <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/pedro_sanchez.html" target="_blank">Pedro Sánchez</a> de acoger el evento, obligan a los movimientos sociales del Estado español a <strong>tomar un relevo sobre el que no han sido consultados, en un marco temporal casi inasumible para garantizar una participación y contestación social adecuadas"</strong>, aseguran.</p><p>El llamamiento, <strong>de carácter más político y combativo que en otras ocasiones</strong>, expresa su repulsa a la represión de las protestas en Chile, una "declaración de guerra contra el pueblo chileno por parte de su Gobierno" y defiende la relación entre las manifestaciones y el tema que les ocupa, el cambio climático. "<strong>La protesta social en Chile y en otros lugares del mundo es también la expresión de la crisis ecológica. El paradigma del crecimiento económico ilimitado está estrellando a la humanidad contra unos límites planetarios que desde el sistema económico se insiste en invisibilizar</strong>", mantiene el manifiesto, que realiza un duro ataque contra el capitalismo, el crecimiento, el extractivismo de combustibles fósiles, "la hipocresía de gobiernos que llevan décadas fracasando en las negociaciones climáticas", el "colonialismo" de las empresas transnacionales… no dejan títere con cabeza. "Invitamos a todas las personas y colectivos que se sientan interpelados por estas demandas a participar en la construcción de la Cumbre Social por el Clima, para rebelarse, proponer y tejer comunidad", concluyen.</p><p><strong>Pendientes de la agenda de Greta Thunberg</strong></p><p>Habrá talleres, charlas, conferencias y mesas redondas de jóvenes implicados con la acción climática, entre otras actividades, confirma Koro López de Uralde, de <a href="https://www.fridaysforfuture.org/" target="_blank">Fridays for Future</a> (FFF) Madrid. <a href="https://cumbresocialclima.net/programa-provisional/" target="_blank">La agenda provisional ya ha sido publicada</a>, y está llena de charlas de diferentes colectivos a lo largo de la semana de cumbre, abordando temas que suelen tener menos foco en el encuentro de la ONU: extractivismo, colonialismo, perspectiva de género, impactos en el territorio, voces indígenas... Los jóvenes de FFF estarán en la zona verde de la cumbre oficial del clima junto a científicos y otros activistas, con su propio <em>stand</em>, pero centrarán sus esfuerzos en el contraevento: <strong>"somos un movimiento de presión social y se entiende que ese es nuestro sitio"</strong>, explica. Fridays for Future, además, seguirá con sus habituales sentadas frente al <a href="http://www.congreso.es" target="_blank">Congreso</a>: el pasado viernes 29 realizaron un acto en contra del consumismo del<em> Black </em><em>Frida</em>y, en sintonía con otras muchas manifestaciones climáticas en otras partes del mundo. La activista confirma que "probablemente" la joven <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/09/22/radiografia_greta_thunberg_joven_referente_climatica_lider_que_necesitabamos_una_titere_del_capital_99035_1022.html" target="_blank">Greta Thunberg</a>, inspiración de millones de chicos y chicas concienciados con la crisis climática, acudirá a la cumbre social por el clima. Están en contacto con ella pero aún no lo saben: "<strong>Aún está viajando. Cuando se baje del barco cuadrará su agenda y tendremos confirmación oficial</strong>", afirma Koro.</p><p>La cumbre social del clima convoca, además, <strong>una manifestación el próximo viernes 6 de diciembre en la capital</strong> (a las 18 horas en Atocha) en la que volver a protestar por una "casa en llamas" que los políticos dejan arder. Los activistas de las cuatro plataformas pretenden, así, comenzar con una gran movilización, al estilo de la de septiembre a nivel global, las jornadas dedicadas a la lucha climática. Según las últimas informaciones, Thunberg podría llegar a Madrid el día 6 con el objetivo de acudir a la manifestación, y participar en la COP a lo largo de la segunda semana. </p><p>  </p><p> Cartel de la manifestación del 6 de diciembre por el clima.</p><p>Otros movimientos relevantes en la acción climática como<a href="https://www.extinctionrebellion.es/portal/" target="_blank"> Extinction Rebellion </a>(XR) siguen el mismo plan que Fridays for Future: apoyan la cumbre social por el clima, pero cuentan con agenda propia. Los activistas españoles han hecho un llamamiento a sus compañeros internacionales (se trata de un movimiento global, con origen en Reino Unido) para que acudan a Madrid, y como es habitual en este movimiento, cuentan con algunas actividades públicas… y otras secretas, porque son susceptibles de ser impedidas por las fuerzas y cuerpos de seguridad. "<strong>Empezaremos con acciones de carácter artístico, como la discobediencia</strong><em>discobediencia</em>", explica Nicolás Elíades, responsable de Comunicación de XR España. Se trata de <a href="https://www.extinctionrebellion.es/portal/participa-cop25/" target="_blank">una coreografía conjunta de música disco</a>, una <em>performance</em> "amistosa y pacífica" con la que llamar la atención sobre las consecuencias de la inacción ante el calentamiento global.</p><p>También es previsible que emprendan acciones de <strong>"desobediencia civil no violenta"</strong>, marca de Extinction Rebellion. Hace unos meses, junto a otros colectivos, iniciaron una "acampada climática" frente al <a href="https://www.miteco.gob.es/es/" target="_blank">Ministerio para la Transición Ecológica </a>y cortaron el puente de Nuevos Ministerios, en Madrid, hasta que fueron desalojados por la policía. Elíades no confirma ni desmiente que este tipo de protestas vayan a producirse. Sí asegura que realizarán<em> performances</em> artísticas a lo largo de las dos semanas de cumbre, "cada día con una temática distinta dependiendo del ámbito que se vea afectado". "Es una oportunidad perfecta para hablar con el mundo", concluye.</p><p>Otras actividades</p><p>Los jóvenes también se organizan mediante los espacios oficiales de la cumbre. <strong>La Conferencia de Naciones Unidas contra el Cambio Climático cuenta con nueve circunscripciones a través de las cuales canalizar la participación de la sociedad civil. Youngo (contracción en inglés de juventud y ONG's) es la que canaliza la participación juvenil</strong>, y cuenta con su propio evento paralelo:<strong> la COY o cumbre de la juventud.</strong> Se trata de un evento previo a la COP, que tuvo lugar del viernes 29 al 1 de diciembre en Ciudad Universitaria, donde los jóvenes que van a participar en la cumbre se han preparado y han recibido formación sobre contexto histórico o detalles técnicos del cambio climático. "Aunque también se abrió a personas que tengan interés y estén preocupadas en esta temática. Se hace mucho <em>networking</em>", explica Claudia Reigosa, responsable de Relaciones Internacionales del <a href="http://www.cje.org/es/" target="_blank">Consejo de la Juventud de España. </a></p><p>La <strong>zona verde </strong>de la cumbre del clima acogerá multitud de actividades de diversos colectivos y organizaciones. Muchas de ellas cuentan con su propio <em>stand</em>, donde organizarán charlas, conferencias, divulgación de todo tipo... Los investigadores dedicados total o parcialmente al cambio climático estarán muy presentes, sobre todo durante la primera semana de la cumbre, más dedicada a la ciencia que a las negociaciones políticas. En este sentido, más allá de los espacios nacionales el Museo Nacional de Ciencias Naturales organiza una curiosa actividad en su sede el 4 de diciembre: <strong>un debate "con un abogado del diablo"</strong>. "Un abogado del diablo se opondrá a los expertos con argumentos habituales, que pueden parecer lógicos en un primer momento, a las evidencias del impacto del cambio climático. Un debate que servirá para que veamos la importancia que tiene la divulgación precisa y a la vez comprensible desde el ámbito científico hacia la ciudadanía", explican.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Científicos, jóvenes y activistas unen fuerzas para la 'contracumbre']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[COP25: la cumbre del clima de la "ambición"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cop25-cumbre-clima-ambicion_1_1177544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Todos los expertos coinciden: la <strong>25 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático</strong> (abreviado como COP y cumbre del clima), que se celebrará en Madrid a partir de este lunes 2 de diciembre, es <strong>“la cumbre de la ambición”</strong>. <a href="https://www.efeverde.com/noticias/madrid-green-capital-prologo-actividades-cop25/" target="_blank">Al contrario de lo que dice el alcalde</a>, no será la cumbre de un gran acuerdo, como el de París: ni es posible, ni se busca.<strong> Lo único necesario es que los países que firmaron en 2015 el pacto contra el cambio climático incrementen sus esfuerzos para reducir los gases de efecto invernadero que emiten a la atmósfera</strong>. También hay detalles técnicos que deberán quedar resueltos, pero el encuentro, principalmente, será un fracaso si no se consiguen nuevos compromisos con altura de miras y será un éxito si, por fin, se emprende el camino para limitar el calentamiento global a, al menos, 2 grados de subida media. No es la última cumbre, porque siempre se puede hacer algo para que el cambio climático sea menos destructivo: pero sí es una de las últimas antes de que la inercia del fenómeno convierta en demasiado difícil evitar sus peores efectos.</p><p><strong>“En adelante, mis cinco prioridades serán ambición, ambición, ambición, ambición y ambición”</strong>, dijo el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, en la clausura de la COP24. Sus palabras han sido escuchadas y en la COP25 el foco está puesto prioritariamente en las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC’s, por sus siglas en inglés), es decir, lo que cada país declara que está dispuesto a hacer para reducir sus emisiones contaminantes. El problema es que <strong>no hay, hasta el momento, ningún mecanismo que obligue a los firmantes del Acuerdo de París a que sus promesas sean coherentes con la necesidad de evitar un cambio climático devastador: </strong>y en esta COP y en la siguiente, o bien se articula un proceso vinculante, o se dependerá de la buena voluntad de los países (entre ellos, muchos negacionistas, con intereses en los combustibles fósiles o que ignoran o parecen ignorar las consecuencias). La ciencia le está dando la razón al líder de la ONU:<a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/11/27/cinco_claves_para_entender_ultimo_informe_climatico_onu_solo_una_reduccion_radical_emisiones_compensara_fracaso_colectivo_101386_1012.html" target="_blank"> el último gran informe cifra en más del 7% la reducción anual que deben hacer las naciones para quedarnos en 1,5 grados</a> de calentamiento.</p><p>La cumbre del clima de Katowice (Polonia) se cerró con <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2018/12/30/cumbre_del_clima_final_89922_1022.html" target="_blank">un acuerdo para establecer un libro de reglas que estableciera las normas a seguir para aplicar el pacto de París</a>. Aunque pueda parecer secundario, es muy importante, porque<strong> todo juego sin reglas se convierte en desigual: la contabilización de emisiones, por ejemplo, tiene que ser la misma para todo el mundo.</strong> En ese sentido, quedaron flecos por abordar: y no se trata de detalles menores, sino de aspectos que pueden marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso. La mayoría de los temas por tratar tienen que ver con el artículo 6 del Acuerdo de París… que se redactó de manera abierta, sin concretar, para lograr el consenso y que cuatro años después da muchos dolores de cabeza.</p><p>“Las Partes reconocen que algunas Partes podrán optar por cooperar voluntariamente en la aplicación de sus contribuciones determinadas a nivel nacional para lograr una mayor ambición en sus medidas de mitigación y adaptación y promover el desarrollo sostenible y la integridad ambiental”, arranca al artículo. Y del dicho al hecho hay un trecho, por lo que hay que definir cómo se articula esta cooperación.<strong> El mecanismo para lograrlo es el mercado de carbono: un espacio virtual donde los países compran y venden derechos de emisiones.</strong> Si un país debe reducir 30 unidades de CO2 –simplificándolo mucho– puede optar por reducir 20, y esos 10 restantes intercambiarlos por un proyecto que reduzca esa cantidad de emisiones en otra parte del planeta: por ejemplo, una planta de energías renovables. El país comprador, el primero, se asegura de cumplir con los compromisos climáticos: y el país vendedor obtiene financiación para sus proyectos de desarrollo sostenible. La Unión Europea cuenta con un sistema similar para su industria y sus compañías energéticas, abreviado como ETS. Se intenta que se convierta en un modelo común para todo el globo. <strong>Pero evitando las trampas.</strong> Una de las más comunes es la <strong>doble contabilidad</strong>: a la hora de rendir cuentas, el país comprador se anota la reducción de emisiones… y el vendedor también, lo que puede desvirtuar el cómputo global.</p><p>Otros flecos sueltos tienen que ver con el tema que, directa o indirectamente, ha dominado las cumbres del clima desde la de París de 2015: la <strong>justicia climática</strong>. Los países pobres exigen, y pelean, porque los países ricos financien parte de los esfuerzos para combatir el cambio climático. Porque pueden y porque su tren de consumo es en gran parte responsable de la emergencia. Junto a las negativas de los países dependientes del petróleo y con Gobiernos directamente contrarios a la acción contra el calentamiento global (Arabia Saudí, Estados Unidos, Kuwait…), <strong>la confrontación entre países derivada del quién paga qué es el principal motivo de bloqueo en estos encuentros. </strong>Superar este escollo en Madrid sería una gran victoria para la presidencia, Chile, y para los anfitriones, España.</p><p>Los países más pobres, que suelen coincidir con los países más vulnerables al cambio climático, quieren que el <strong>Mecanismo de Varsovia</strong>, el órgano de la ONU destinado a lo que se conoce como “pérdidas y daños”, tenga financiación. Es decir, que las naciones más desarrolladas aporten dinero para paliar los efectos de los eventos extremos amplificados por el cambio climático, como huracanes, tormentas o sequías. También reclaman más aportaciones al <strong>Fondo Verde por el Clima</strong>, a través del cual se canalizan las transferencias de dinero en este sentido: actualmente, afirman varios informes, el dinero comprometido para 2020 está lejos de ser el suficiente para hacer frente a la emergencia climática.</p><p>Aunque los detalles técnicos logren ser solventados, algo bastante difícil, no basta para que la cumbre del clima de Madrid sea un éxito: el lema de la COP25 es “tiempo para actuar”. Se trata de la última cumbre antes de que llegue 2020, y <strong>2020 es una frontera mental, científica y política</strong>. Los objetivos de reducción de emisiones más cercanos son en 2030, por lo que el próximo año dibuja una distancia de 10 años en la que son planteables cambios de calado en el modelo económico de las naciones desarrolladas –lo que se necesita para combatir el cambio climático–. 2020 es, también, el año en el que entra en vigor el Acuerdo de París, por lo que solo nos quedan dos cumbres para intentar desarrollar <strong>un mecanismo que obligue a los países a establecer objetivos suficientes</strong> –complicado, pero soñar es gratis–. Los <em>papers</em> de los investigadores indican que vamos tarde, pero que el viraje es posible con la suficiente determinación. Y en 2020 se concentran los esfuerzos del nuevo movimiento juvenil que exige responsabilidad a los gobernantes ante la crisis global.</p><p>  <strong>Cómo llegan los países</strong></p><p>El Grupo de los 20 (G20) engloba a los países industrializados y a los emergentes, y representa el 66% de la población mundial, el 85% del producto bruto… y el 70% de las emisiones. <strong>Cualquier acción contra el cambio climático debe contar con su participación decidida, y por ahora no hay buenas noticias que auguren un fin de fiesta esperanzador.</strong> Con respecto a la <strong>Unión Europea</strong>, tras la declaración de la emergencia climática por parte del Parlamento Europeo, se espera que el Consejo Europeo asuma el testigo y, tras negociaciones que han durado meses, apruebe el objetivo de neutralidad climática en 2050 para la totalidad de los Estados miembro coincidiendo con el final de la COP. Queda por saber si los objetivos para 2030, el paso intermedio, serán revisados durante las próximas semanas: sabemos que es intención del nuevo Ejecutivo comunitario, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2019/11/29/el_green_deal_europeo_101474_1044.html" target="_blank">como explica Mediapart.</a></p><p>Pero más allá del club de los 28, no hay indicios de que en la cumbre recibamos muchas más buenas noticias. La guerra comercial entre Estados Unidos y <strong>China</strong> parece estar perjudicando a Pekín y <em>obligándola </em>a abandonar sus programas de energía limpia: tratándose del país que más emite en términos absolutos, es una pésima noticia. El gigante asiático ha aumentado en 42,9 GW su capacidad para generar electricidad con carbón. <strong>Estados Unidos</strong>, recién retirado del Acuerdo de París, tendrá presencia con su Gobierno federal… y con miles de representantes de sus asociaciones, de Estados federados comprometidos con la acción climática, del Partido Demócrata. Y también estará <strong>Rusia</strong>, otra gran emisora, que daría una gran sorpresa si se desmarcara de su línea habitual: unos objetivos de reducción de emisiones “críticamente insuficientes”, según las ONG. <strong>Brasil</strong> e <strong>India</strong>, por su parte, serán dos de los países que presionen más para obtener ventajas y financiación para los países emergentes.</p><p>¿Y <strong>España</strong>? El país se juega su imagen en la esfera internacional como anfitrión de urgencia de la COP25. Ya ha ganado el primer tanto: a la espera de ver cómo funciona todo el día de la inauguración, el montaje <em>express </em>en el Palacio de Ferias de Madrid ha transcurrido sin incidentes y la coordinación con Naciones Unidas y con los casi 200 países cuyos delegados tuvieron que cambiar de destino a última hora no ha reportado ningún problema. Ahora el reto es doble: por un lado,<strong> ser la anfitriona de una buena cumbre del clima en términos de ambición</strong>, o al menos una que no sea un desastre suicida. Y por otro lado, venderse al mundo como <strong>un país comprometido con la acción climática</strong>. Un esfuerzo de “diplomacia pública”, como lo defendió el pasado jueves el ex ministro de Exteriores, Josep Borrell.</p><p>En todo lo que tiene que ver con intentar dejar bien a España ante el mundo, interviene <strong>España Global</strong>: la Secretaría de Estado que en tiempos de Rajoy gestionaba lo conocido como “marca España”. El departamento dirigido por Irene Lozano ha lanzado una campaña titulada <strong>“España: actor global en la lucha contra el cambio climático”</strong> en la que, con vídeo incluido, explican las bondades y los avances del país desde que Gobierna el PSOE. Reivindican un Plan de Energía y Clima que contiene el anteproyecto de ley de cambio climático, rebautizado como “el Green New Deal español”, y que <a href="https://www.europapress.es/sociedad/medio-ambiente-00647/noticia-plan-nacional-energia-clima-espana-unico-ue-aprobado-no-lograra-cero-c02-2050-20190516115024.html" target="_blank">ha sido alabado en la esfera europea</a>; un país “con excelentes condiciones” para la implantación de las energías renovables, la derogación del impuesto al sol o la apuesta por la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU.</p><p>  </p><p><strong>La campaña no menciona que la ley está en un cajón por culpa del bloqueo político</strong>; las carencias en materias tan sensibles como el agua, la biodiversidad que se muere o la gestión de residuos; o los conflictos aún por dirimir en materia energética. A pesar de todo ello, la ministra para la Transición Ecológica, <strong>Teresa Ribera</strong>, intentará apuntalar el cambio de imagen que ha dado España en este tipo de eventos, favorecido por la experiencia de una responsable ya bregada en negociaciones similares.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
      <media:title><![CDATA[COP25: la cumbre del clima de la "ambición"]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libros para entender lo que se juega en la cumbre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros-entender-juega-cumbre_1_1177536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El lunes da comienzo la <a href="https://www.infolibre.es/suplementos/dosier_cumbre_del_clima_madrid/cumbre_clima.html" target="_blank">cumbre del clima de Madrid</a>, trasladada a la capital española tras el paso atrás de Chile, donde debería celebrarse. La <strong>COP25 </strong>pretende ser un escenario de negociación y acuerdo para que los distintos países <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/11/11/la_mayoria_los_paises_llega_cumbre_del_clima_madrid_sin_haber_actualizado_sus_compromisos_desde_paris_100742_1022.html" target="_blank">actualicen el pacto de reducción de emisiones</a> hacia escenarios más ambiciosos, aunque <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/11/29/la_historia_las_cumbres_del_clima_una_historia_ilusion_desengano_victorias_parciales_101029_1022.html" target="_blank">la historia de estos encuentros</a> no nos permite ser muy halagüeños. Mientras los representantes de los Estados discuten, los ciudadanos esperan. Pero se puede hacer algo más: cuatro expertos y activistas climáticos recomiendan libros para comprender lo que está en juego en la cumbre, y por qué la acción colectiva es clave para hacer frente de manera urgente y efectiva a la emergencia climática. </p><p><strong>La palabra de Naomi Klein</strong></p><p>  </p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-esto-lo-cambia-todo/191493" target="_blank">Esto lo cambia todo, de Naomi Klein</a>. Paidós, 2015, 24 euros. El libro de la periodista canadiense Naomi Klein es considerado por muchos la Biblia moderna de la acción contra el cambio climático. También en extensión: En este ensayo de <strong>más de 700 páginas</strong>, la autora de <em>No logo</em> y <em>La doctrina del shock</em> analiza la conexión entre el modelo de producción capitalista y la crisis climática. "Sostiene que el cambio climático nos obliga a replantearnos nuestro modelo económico", resume Koro López de Uralde, miembro de Fridays for Future, "y defiende que la reducción masiva de emisiones de gases de efecto invernadero es la única manera que tenemos de avanzar hacia un sistema más sostenible y justo". </p><p>La activista climática admite, no obstante, que esta puede resultar una lectura "más densa", quizás para "personas interesadas en política y economía". No coincide del todo Antonio Castaño Tierno, climatólogo y miembro de Contra el diluvio, colectivo de divulgación y acción contra el cambio climático: "Otra persona del grupo se acercó al ecologismo justamente por leerse este libro, es <strong>bastante asequible</strong>". Él señala, además, que pese haber sido publicado en el inglés original en 2014, hoy puede resultar más actual que hace cinco años: "Es bastante alucinante, porque muchas de las cosas que dice que entonces <strong>podían resultar radicales</strong> se han convertido en ideas casi de sentido común en estos años". Entre ellas, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/01/30/del_green_new_deal_los_verdes_alemanes_esta_reverdeciendo_ecologismo_politico_mundo_91162_1012.html" target="_blank">el Green New Deal</a>, que impulsa parte del Partido Demócrata y que en España han defendido PSOE, Más País y Podemos, este último sin utilizar el término.</p><p>Guías para avanzar en la niebla  <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/126762/manual-de-lucha-contra-el-cambio-climatico/" target="_blank">Manual de lucha contra el cambio climático, de João Camargo y Samuel Martín-Sosa</a>. Libros en Acción, 2019, 15 euros. Natalia Funes, coordinadora de Aguas de Ecologistas en Acción, barre para casa recomendando <em>Manuel de lucha contra el cambio climático</em>, del investigador portugués João Camargo y por Samuel Martín-Sosa, biólogo y responsable de Internacional de esta misma organización. El libro recopila en algo menos de 300 páginas datos actualizados sobre los efectos del cambio climático y escenarios plausibles de futuro. "Creo que puede resultar interesante para gente que se quiera concienciar, que sepa que esto es importante pero <strong>no tenga claro por dónde empezar</strong>", dice la ambientóloga. Porque el volumen no se limita a señalar el alcance de la destrucción, sino que insiste en la necesidad de una acción rápida y contundente, y señala qué puede hacer el ciudadano, desde la lucha colectiva, incluso cuando parece que todo es irremediable. </p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-ahora/295771" target="_blank">¡Ahora! El desafío más grande de la historia de la humanidad, de Aurélien Barrau</a>. Espasa, 2019, 7 euros. También Koro López de Uralde recomienda un título que conoce bien, porque se encargó de su prólogo junto con Guillermo Chirino. "Es una lectura esencial para cualquiera que habite en este planeta y quiera entender lo que está ocurriendo con el calentamiento global", defiende la activista, "las causas por las que se genera, las consecuencias que está teniendo ya y va a tener en un futuro cercano, y <strong>las medidas que necesitamos tomar en el corto-medio plazo</strong> para acotarlo". <a href="https://theobjective.com/further/ahora-aurelien-barrau-emergencia-climatica/" target="_blank">El libro-manifiesto de ese astrofísico y filósofo francés</a> pretende se accesible para los no iniciados y, aunque pueda resultar un tanto cargado de datos, es también eficaz a la hora de transmitir en 120 páginas la urgencia de la lucha por el clima: "Transmite de forma muy directa <strong>lo que estamos viviendo sin darnos cuenta</strong>".</p><p>Una batalla internacional</p><p><a href="https://capitanswing.com/libros/que-hacer-en-caso-de-incendio/" target="_blank">¿Qué hacer en caso de incendio?, de Emilio Santiago y Héctor Tejero</a>. Capitán Swing, 2019, 16,50 euros. "Las cumbres sobre el Clima están muy bien, pero después... <strong>¿qué viene?</strong>", se pregunta Andreu Escrivà, ambientólogo y divulgador sobre cambio climático. La respuesta podría encontrarse en este libro escrito a cuatro manos por Héctor Tejero, bioquímico y diputado en la Asamblea de Madrid por Más País, y el antropólogo Emilio Santiago. Escrivà admite que el <em>Green New Deal </em>es una moda, <strong>también editorial</strong>, pero asegura que tiene sus razones para recomendar <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/06/29/que_hacer_caso_incendio_green_new_deal_espanola_que_nos_libre_gobernar_sobre_las_cenizas_95572_1012.html" target="_blank">este título</a> de entre los muchos que se acumulan en la sección de ensayo de las librerías: "El libro de Emilio y Héctor destaca sobre otros, nos ayuda a diseccionar los escenarios futuros, el alcance real de una revolución verde de la economía, la magnitud de los consensos a alcanzar y la dimensión de los cambios sistémicos que, de una forma u otra, deben salir de la COP". </p><p><a href="https://www.marcialpons.es/libros/leviatan-climatico/9788417408404/" target="_blank">Leviatán climático, de Geoff Mann y Joel Wainwright</a>. Biblioteca Nueva, 2019, 22 euros. Antonio Castaño Tierno, de Contra el diluvio, considera que un libro como <em>Leviatán climático</em>, escrito por dos expertos en economía política, puede ayudar a navegar por el espacio de <strong>tensiones internacionales</strong> que será la cumbre del clima. "Está bastante claro qué tenemos que hacer técnicamente", dice el divulgador, recordando el consenso científico que existe en torno a la crisis climática, "pero lo que no está tan claro es, <strong>políticamente, cómo llegar hasta ahí</strong>". Geoff Mann y Joel Wainwright hacen un ejercicio de "especulación política", imaginando cuatro escenarios posibles con respecto a dos ejes: la libertad individual y la integración internacional.</p><p>Así, dibujan lo que llaman <em>Behemoth</em>, un futuro de sistemas capitalistas nacionalistas, al estilo de Brasil y Rusia, un modelo con el que se llegaría a "escenarios parecidos a los que señala el IPCC", el panel de expertos de la ONU. O un<em> Mao climático</em>, con poca libertad individual y de mercado, algo que podría suceder en China, Vietnam y el Sudeste Asiático. O un <em>Leviatán climático</em>, donde "una entidad supraestatal toma las medidas necesarias para reducir las emisiones, pero dentro de una democracia liberal de mercado", lo que equivaldría a algo similar a la ONU, pero con un "acuerdo de París vinculante", que tendría también sus limitaciones. El volumen, aprecia el investigador, cae sin embargo en un problema común entre los pensadores del cambio climático: "da herramientas de análisis muy buenas, pero falla en la <strong>propuesta de otra organización política posible</strong>". </p><p>Mirar un poco más allá</p><p><a href="https://tienda.ecologistasenaccion.org/home/2021-libro-la-vida-en-el-centro-9788494874956.html" target="_blank">La vida en el centro, de Yayo Herrero, Marta Pascual y María González Reyes</a>, con ilustraciones de Emma Gascó. Libros en acción, 2018, 15 euros. "Tenemos que ser conscientes del papel de la mujer en la crisis ecosocial, cómo las mujeres hemos estado siempre detrás de la lucha ecologista y cómo <strong>no se puede entender ecologismo sin feminismo</strong>", lanza Natalia Funes, de Ecologistas en Acción. La organización es también editora de <em>La vida en el centro</em>, de la antropóloga Yayo Herrero, la educadora Marta Pascual y María Gonzáles Reyes, profesora de Biología. El volumen, que Funes considera quizás "más ameno", combina<strong> teoría y ficción,</strong> y se aproxima a la emergencia climática desde la perspectiva exofeminista, que asocia extractivismo y patriarcado y pretende establecer la interdependencia y la justicia social como punto central de su propuesta política. </p><p><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/nueva-ilustracion-radical/9788433916143/NCA_4" target="_blank">Nueva ilustración radical, de Marina Garcés</a>. Anagrama, 2017, 7,90 euros. Andreu Escrivà propone ir más allá de la especificidad de la crisis climática de la mano de Marina Garcés y su breve ensayo <em>Nueva ilustración radical</em>, que pretende dar una respuesta alejada de la desesperanza ante el aparente futuro apocalíptico que se dibuja, desde los desastres naturales al autoritarismo en auge. "De nada valdrá establecer un marco político y económico para la transición ecológica", dice el experto en cambio climático, "si no somos capaces de abordar la raíz de todo ello, que no es otra cosa que nuestra relación con la inmediatez, <strong>el presente póstumo</strong>, la vacuidad y hasta toxicidad de la noción actual de soatenibilidad, el miedo permanente, el autoritarismo. Nos hace falta leer <strong>libros que nos generen dudas, curiosidad</strong>, que nos incomoden. Que nos hagan ser mejores personas".</p><p>La ficción como trinchera</p><p>  </p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-nueva-york-2140/259829" target="_blank">Nueva York 2140, de Kim Stanley Robinson</a>. Minotauro, 2018, 21,95 euros. Para Antonio Castaño Tierno, <strong>la ficción</strong> es un terreno fértil para pensar en lo que viene y en cómo afrontarlo, y por eso recomienda la lectura de Kim Stanley Robinson, uno de los popes de la ciencia ficción contemporánea y de la ficción climática, un subgénero de la narrativa especulativa que se caracteriza por tramas atravesadas por los efectos de la crisis climática. Y a esta pertenece <em>Nueva York 2140</em>, donde el autor imagina una<strong> ciudad inundada por la subida repentina del nivel del agua</strong>. Más que el escenario ambiental que plantea el autor estadounidense —aunque el climatólogo señala que es un escenario "plausible"—, lo que interesa al miembro de Contra el diluvio es  el tiempo que dedica el autor a "pensar en cómo vive la gente en esas circunstancias, cómo se organiza o cómo se divierte". El mundo que imagina Kim Stanley Robinson no es muy distinto, políticamente, del actual. Y quizás eso es clave para entender por qué sus protagonistas acaban viviendo bajo el agua. </p><p><a href="https://www.megustaleer.com/libros/por-si-se-va-la-luz/MES-044998" target="_blank">Por si se va la luz, de Lara Moreno. Lumen, 2013, 17,90 euros</a>. En su primera novela, la escritora Lara Moreno no aborda explícitamente la crisis climática, pero sí dibuja una trama que podría estar ligada a ella: una pareja abandona la ciudad <strong>para retirarse al campo</strong>, donde espera encontrar refugio. Para Natalia Funes, muy interesada también en la ficción como espacio de reflexión política, es un libro certero: "La parte visible del cambio climático son los desastres naturales y el aumento de temperatura, pero las raíces de esta problemática son largas, y una de sus consecuencias es que <strong>las ciudades son cada vez más inhóspitas</strong>". Pero Moreno revela que el mundo rural no es una Arcadia a la que regresar cuando todo se considere perdido. No se puede huir, parece decirnos, de un <strong>fenómeno de alcance global</strong>, ecológica, política e íntimamente. Y no se puede cambiar de vida sin cambiar el sistema. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <media:title><![CDATA[Libros para entender lo que se juega en la cumbre]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Ecologismo,Ensayo,Libros,Literatura,Cultura,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Comisión Europea trata de perfilar con coherencia las políticas del 'Green Deal']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/comision-europea-trata-perfilar-coherencia-politicas-green-deal_1_1177490.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b0771fd9-ac20-4202-b370-c35a72c3b867_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Comisión Europea trata de perfilar con coherencia las políticas del 'Green Deal'"></p><p>Se trata de una <strong>novedad en la historia de las instituciones europeas</strong>. La Comisión que preside Ursula Von der Leyen se ha comprometido a aplicar un acuerdo ecológico (<em>Green Deal</em>) y a convertirlo en la prioridad de su política. Pero, ¿en qué punto se encuentra exactamente? Ahora que el Parlamento Europeo acaba de ratificar al nuevo Ejecutivo, <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a> –socio editorial de infoLibre– analiza esta cartera con un nombre que promete.</p><p><strong>PAC</strong></p><p>La PAC, o Política Agrícola Común, siempre supone el mayor presupuesto europeo. Representa <strong>cerca del 40% del gasto</strong>. Una arquitectura compleja levantada en torno a un “primer pilar” (ayudas directas por hectárea) principal  y un “segundo pilar”, de ayudas condicionadas, como las ayudas para la transición a la agricultura ecológica, la conservación del medio ambiente o el desarrollo rural. Se trata de un <strong>sistema que favorece en gran medida a la agricultura industrial</strong>, es decir, a grandes superficies de producción cultivadas con productos químicos.</p><p>Sin embargo, <strong>el peso de la agricultura en el calentamiento global es importante</strong>. En su informe publicado el pasado mes de agosto, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) indicó que las actividades agrícolas, forestales y otras actividades relacionadas con el uso de la tierra representaron alrededor del <strong>13% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono</strong>, el 44% de las emisiones de metano y el 82% de las emisiones de óxido nitroso entre 2007 y 2016. Sin embargo, estos dos últimos gases son respectivamente 24 y 265 veces más contaminantes que el CO2. En total, el 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero están relacionadas con la agricultura y el uso de la tierra.</p><p>Mientras que la <a href="https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/mission-letter-frans-timmermans-2019_en.pdf" target="_blank">declaración de objetivos</a> de Frans Timmermans se fija como objetivo una reducción del 50% de los gases de efecto invernadero para el año 2030 en Europa, el <em>Green Deal </em>no se fija ningún objetivo concreto para la industria agroalimentaria. En la carta sólo figura la idea de coordinar una <strong>estrategia “de la granja a la mesa”</strong> con la muy vaga intención de “agricultura sostenible, seguridad alimentaria, sanidad animal y vegetal”. Y esta estrategia ni siquiera se refleja en la carta de misión del Comisario de Agricultura, Janusz Wojciechowski...</p><p>La misma contradicción existe respecto a las subvenciones de la PAC. En sus respuestas a las preguntas del Parlamento antes de su audición, Timmermans propone la cifra del 40% de las subvenciones agrícolas, destinadas a la lucha contra el cambio climático. Nada similar en el caso de su colega polaco, que mantiene la división tradicional de la Política Agrícola Común, donde la ayuda sin condiciones del primer pilar representa el 80 % de las subvenciones.</p><p>Por su parte, Janusz Wojciechowski no mostraba en octubre ningún compromiso concreto con el medio ambiente durante sus dos audiencias en la comisión parlamentaria. No anunciaba nada en relación con lo que está actualmente sobre la mesa, a saber, una reducción general del presupuesto de la PAC, con recortes que afectan principalmente al segundo pilar, que es crucial para hacer frente a los retos climáticos y medioambientales (la dotación pasaría de 100 a menos de 80.000 millones de euros para el período 2021-2027).</p><p>Según una fuente cercana al tema, las negociaciones sobre la nueva PAC y las negociaciones sobre el <em>Green Deal </em>están desconectadas. Las primeras ya comenzaban con Juncker; no se trata de volver atrás en el principio de la ayuda por hectárea, y se supone que estarán terminadas a finales de 2020 para definir el marco presupuestario para los años 2021-2027. El <em>Green Deal</em> no se basa en este calendario; aparte de una ley sobre el clima que se supone que fija objetivos sobre la neutralidad de carbono "dentro de los primeros 100 días" del mandato, en palabras de Timmermans, su aplicación podría retrasarse mucho más, ya que los sectores afectados son amplios.</p><p>La falta de una revisión completa de la PAC se encuentra precisamente en el centro de la oposición de los representantes verdes europeos, la mayoría de los cuales se abstuvieron en la votación sobre la Comisión. Esta es la <strong>razón principal del desacuerdo del eurodiputado de EELV Benoît Biteau</strong>: "En ningún momento Von der Leyen afirmó: 'Se vuelven a barajar las cartas de la PAC'. Sin embargo, no podemos contemplar un <em>Green Deal</em> sobre la agricultura con un segundo pilar sin definir. Nos encontramos en la esquizofrenia habitual del poder europeo”.</p><p>Energías</p><p>¿Cuál es la estrategia energética para la Unión Europea? En este tema, está todo por hacer. En la carta de Timmermans, aparte de la idea de <strong>reducir la huella de carbono en el transporte</strong> y de salir de la industria del carbón –que sigue siendo muy importante en Alemania y en los países de Europa Central, especialmente en Polonia–, no se dice nada sobre otros combustibles fósiles, las energías renovables y la investigación sobre las energías del mañana.</p><p>Sin embargo, en su audiencia del 8 de octubre, el holandés fue un poco más lejos. En particular, garantiza la reducción de la factura energética de los ciudadanos: desarrollo de sistemas de aislamiento en los edificios, doble acristalamiento, paneles fotovoltaicos, etc. “Todo esto debe ser financiado", dice. La introducción de un impuesto sobre el queroseno, hasta ahora exento de gravámenes, le parece obvia (“Debemos ser más coherentes y honestos”), así como el desarrollo de vehículos “que ya no contaminen”.</p><p>No es del lado de los agrocombustibles donde hay que mirar, como la producción de aceite de palma, a la que quiere poner fin. “Los biocombustibles han hecho mucho daño en las últimas décadas. <strong>Lo que es ecológico no es necesariamente bueno</strong>”. Frans Timmermans se inclina por los “biocarburantes de tercera generación”. Pero no da ningún detalle. Y con razón. Esta pista está todavía en fase experimental. La idea es producir gas (hidrógeno) a partir de microorganismos como las algas, una tecnología que podría basarse en OMG.</p><p>Pesticidas en el mercado</p><p>El hidrógeno, precisamente. Así lo dice varias veces el vicepresidente de la Comisión. "Una fuente de energía absolutamente sostenible", asegura. Aquí también va un poco rápido; la tecnología en este campo todavía no está lista y la producción y el almacenamiento de hidrógeno son en sí mismos muy intensivos en energía y tienen por el momento bajos índices de rendimiento. <strong>También es un gas peligroso</strong>: su uso requiere importantes normas de seguridad para su almacenamiento y transporte.</p><p>Más allá de las promesas, por tanto, queda por desarrollar la estrategia: definir y financiar los ejes de investigación y negociar con los principales industriales europeos.</p><p>'Greenwashing'</p><p>El discurso de Timmermans y Von der Leyen hace temer un <em>greenwashing</em> (lavado de cara verde). Al menos así lo cree Philippe Lamberts, eurodiputado belga y vicepresidente del Grupo de los Verdes en el Parlamento Europeo. "Ciertamente, esta idea del <em>Green Deal</em> es un progreso innegable si lo comparamos con la Comisión saliente, para la que la ecología era completamente secundaria. <strong>En su discurso de clausura, Jean-Claude Juncker no mencionó ni una sola vez las palabras clima y medio ambiente</strong>. Pero, ¿va a haber un cambio profundo o sólo un cambio ecológico del sistema? Las primeras señales de la política agrícola y comercial sugieren que en estos momentos estamos al borde de la ecologización... Quiero ver las acciones concretas”.</p><p>Una prueba de la dificultad de pensar realmente en la transición es que la Comisión Europea sigue apoyando los acuerdos de libre comercio que ha estado negociando durante años con diferentes partes del mundo. Sin embargo, estos tratados tienen consecuencias especialmente graves para el clima y el medio ambiente: generan un <strong>aumento del transporte de mercancías</strong> y los componentes alimentarios que contienen fomentan sistemáticamente la importación en Europa de productos procedentes de la agricultura industrial (deforestación, insumos químicos, etc.).</p><p>El acuerdo de libre comercio con Mercosur, cuyo proyecto fue validado en julio por la Comisión saliente, es un ejemplo. “Hemos negociado inteligentemente en acuerdos internacionales y en particular en el Mercosur”, argumentó Timmermans durante su audiencia. Y este jueves, el Parlamento Europeo tenía previsto votar un <strong>acuerdo comercial con Estados Unidos</strong> que incluye un aumento de las importaciones de carne de vacuno estadounidense sin coste de aduana: 35.000 toneladas, frente a las 17.000 toneladas actuales.</p><p>Biodiversidad</p><p>Otro objetivo establecido en la hoja de ruta de Timmermans es que <strong>Europa “sea líder en biodiversidad”</strong>. Es una “prioridad que debe abarcar el comercio, la industria, la agricultura y los asuntos marítimos”.</p><p>¿Un despertar tardío? Hasta ahora, la Comisión Europea ha reaccionado muy lentamente ante la desaparición de la vida, el desarrollo de los monocultivos y la influencia de los pesticidas, que han provocado la extinción de más de tres cuartas partes de la cantidad de insectos voladores en unos treinta años (según los datos citados por Stéphane Foucart en su libro <em>Et le monde devint silencieux</em>).</p><p>Por ejemplo, la dramática <strong>disminución de la población de abejas </strong>en todo el continente debido al uso masivo de insecticidas en la agricultura. En 2013, la Comisión adoptó una directiva para proteger mejor estas especies forrajeras necesarias para la polinización vegetal. Desembocó en una moratoria sobre tres neonicotinoides (una familia de insecticidas particularmente potentes), pero esta decisión estaba muy lejos de los efectos masivos y desastrosos de estos productos sobre los organismos vivos, que muchos investigadores han demostrado. El texto debía revisarse este año y será una prueba para evaluar los primeros compromisos de la Comisión Von der Leyen.</p><p>De todas formas, a finales de octubre, el Ejecutivo europeo aún no se había vuelto completamente verde. Se presentó a los diputados al Parlamento Europeo un proyecto de reglamento de la Comisión en el que se proponía introducir nuevas pruebas menos rigurosas para evaluar los daños causados por los plaguicidas a las abejas antes de su comercialización: pruebas simplificadas basadas en la toxicidad aguda, sin tener en cuenta la toxicidad crónica de estos productos para los organismos vivos (es decir, la exposición a lo largo del tiempo). Fue el Parlamento, contra el Ejecutivo, el que finalmente impidió una nueva victoria de los grupos de presión de los agroquímicos: 533 diputados rechazaron el texto.</p><p><strong>¿Continuará la Comisión de Von der Leyen este doble discurso?</strong> En su audición del 8 de octubre, Timmermans, a favor de la reducción de los productos químicos en la agricultura, declaraba: “Las aves, los peces, los corales, los bosques... Están desapareciendo por nuestra culpa, a un ritmo alarmante [...]. Debemos estar a la vanguardia de la lucha”. Todavía hay que tomar medidas.</p><p>Financiación</p><p>Es el meollo del asunto. El <em>Green Deal</em> europeo puede seguir siendo sólo una buena fórmula si la financiación no llega. Sin embargo, las necesidades son astronómicas. En un <a href="https://www.eca.europa.eu/Lists/ECADocuments/LR17_01/LR_ENERGY_AND_CLIMATE_FR.pdf?utm_source=CP+Daily&utm_campaign=5740512e2b-CPdaily20092017&utm_medium=email&utm_term=0_a9d8834f72-5740512e2b-110264821" target="_blank">informe</a> publicado en septiembre de 2017, el Tribunal de Cuentas Europeo ya hizo una evaluación: estimó que para pasar a una combinación energética compuesta por un 27 % de fuentes renovables y una reducción del 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, el proyecto de ley tendría que ascender a 1.115 millones de euros al año. En comparación con el presupuesto europeo anual de... 148.000 millones de euros.</p><p>¿Financiación pública o privada? Según Aurore Lalucq, eurodiputada de Place Publique en el Parlamento Europeo, que ha promovido un grupo transparente de unos 150 diputados al Parlamento Europeo sobre la transición ecológica, se trata de financiación pública. “Se necesita una reforma tributaria para el financiamiento del <em>Green Deal</em>”, argumenta. “Un impuesto de sociedades, por ejemplo. Nos encontramos en un <strong>contexto similar al New Deal de Roosevelt de los años 30;</strong><em>New Deal</em> la cuestión de la financiación vendrá después. En primer lugar, debemos adaptarnos a la emergencia medioambiental”.</p><p>La diputada ve el <em>Green Deal</em> como una oportunidad para revisar “muchas cosas que no están bien”. Entre otros, indicadores económicos "para salir de la obsesión por el déficit del 3% y la deuda del 60%", volúmenes de inversión pública, regulación financiera, cálculo del PIB basado sólo en el crecimiento... Sólo así saldremos del <em>greenwashing</em>. "De lo contrario, sólo será un reformateo de las políticas existentes. El <em>Green Deal</em> es también un <em>Social Deal;</em> tendremos que financiar la transición en las regiones que tendrán que pasar página en materia de industrias contaminantes. Para ello, debemos invertir masivamente, mientras que hoy nos enfrentamos a un problema de falta de inversión".</p><p>Precisamente la misión del Fondo de Transición Justa, según la carta de misión de Timmermans, debe “apoyar a las regiones industriales productoras de carbón y energía intensiva” para cambiar su modelo.</p><p>En el ámbito de la dotación económica, sin embargo, todavía estamos lejos de la ambición declarada. En sus respuestas a las preguntas del Parlamento Europeo antes de la audiencia, Timmermans se refirió al importe de 1 billón de euros de inversiones en la próxima década, aunque señaló que una gran parte de este importe sería financiación público-privada y cofinanciación nacional. "La financiación privada tendrá que desempeñar un papel muy importante, ya que las finanzas públicas por sí solas no son suficientes para satisfacer las enormes necesidades de inversión", escribe. En otras palabras, gran parte de los compromisos medioambientales se dejarán a la buena voluntad de los Estados miembros y de las empresas.</p><p>Según esta hoja de ruta, <strong>sólo 320.000 millones de euros procederían de la financiación pública</strong>: ésta sería la parte del presupuesto europeo asignada a la "acción climática" durante siete años (es decir, 45.000 millones de euros al año). Pero <strong>¿de dónde sacará la Comisión Europea sus fondos</strong>, sabiendo que la dotación anual europea asciende –como se ha dicho– a 148.000 millones? ¿No existe el riesgo de asistir a un sistema de tuberías, que haga pasar las subvenciones agrícolas (la primera partida de gastos europeos) o los fondos de cohesión (la segunda) como ayuda al <em>Green Deal</em>?</p><p>"La suma de 320.000 millones es ridícula", señala Aurore Lalucq. "Pero es un comienzo. Hasta ahora no había ningún proyecto ambicioso. <strong>Ahora hay una conciencia</strong>. Nos corresponde a nosotros apresurarnos a hacerlo". La eurodiputada asume "un discurso combativo" en el que todo está aún por negociar y en el que la opinión pública y las ONG deben "seguir presionando".</p><p>Poder</p><p>¿Qué poder, en manos de quién? La realidad del <em>Green Deal</em> va a depender del <strong>margen de maniobra de Frans Timmermans</strong>. Sin duda es el vicepresidente ejecutivo de Ursula von der Leyen, formalmente su número dos. Pero está rodeado de otros dos vicepresidentes con convicciones profundamente liberales, que no tienen un enfoque keynesiano de la economía: el letón Valdis Dombrovskis (economía) y el danés Margrethe Vestager (digital).</p><p>El primero, sobre todo, concentra la mayor parte de las carteras estratégicas de la Comisión; su grupo de trabajo está formado por el comisario de Economía (Paolo Gentiloni), el comisario de Comercio (Phil Hogan, excomisario de Agricultura), el Comisario de Empleo (Nicolas Schmit) y la Comisaria de Cohesión y Reforma (Elisa Ferreira). Dombrovskis es quien, en última instancia, posee los instrumentos necesarios para el <em>Green Deal</em>, como la política de inversión y los indicadores macroeconómicos.</p><p>Frans Timmermans, por su parte, trabajará con las carteras de agricultura, medio ambiente, transporte, energía y salud. Ninguno de ellos tiene experiencia como comisario. "Todo sigue siendo muy vago en la realidad", observa un colaborador. Pero lo cierto es que "<strong>Timmermans es un trabajador nato y no va a ser un figurante</strong>. Quiere encargarse de todo lo que compete a la cuestión y no pretende dejarle el control a Dombrovskis".</p><p>En su audición, Timmermans fue bastante hábil, sin temer –a diferencia de su colega de agricultura– posicionarse, comprometerse personalmente con ciertos temas y apoyar plenamente el discurso de <strong>Greta Thunberg</strong> ("Ella tiene razón", dice).</p><p>Pero también remitió muchos expedientes a grupos de discusión y diagnóstico, con el riesgo de marear la perdiz. Sin embargo, la emergencia climática y ambiental ya no la cuestiona nadie. Crear nuevos fondos sin dotación real, inventar etiquetas y fórmulas vacías, entablar interminables negociaciones, multiplicar los grupos de trabajo, esperar otro resultado científico y otros estudios de impacto... no tranquilizará los ánimos.</p><p>Este método desacreditará una vez más al Ejecutivo europeo. Y dará argumentos a todos aquellos que denuncian la <strong>falta de coherencia de los líderes</strong>. ¿Podemos permitírnoslo? Con el aumento en un 10% de la participación en las elecciones del pasado mes de mayo y los 17 escaños adicionales del Grupo de los Verdes en la Cámara, los ciudadanos europeos pidieron precisamente otra respuesta. <strong>Traducción: Mariola Moreno </strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_78684"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Amélie Poinssot (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La Comisión Europea trata de perfilar con coherencia las políticas del 'Green Deal']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Comisión Europea]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cinco respuestas para entender el último informe climático de la ONU]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cinco-respuestas-entender-ultimo-informe-climatico-onu_1_1177400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e3c11676-8206-4eed-b0e5-dcef4346e922_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cinco respuestas para entender el último informe climático de la ONU"></p><p>El último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), titulado <em>Brecha de emisiones</em>, no aporta nada nuevo a la conciencia colectiva sobre el estado de emergencia climática en el que nos encontramos, pero sí que ofrece <strong>interesantes pinceladas de cuál es el escenario presente y cuál debería ser el futuro.</strong> El panel de científicos especializados en cambio climático de la ONU, el IPCC, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2018/10/09/la_maxima_autoridad_sobre_cambio_climatico_lanza_aviso_mas_serio_tenemos_anos_para_evitar_colapso_pacto_paris_no_basta_87537_1022.html" target="_blank">ya advirtió hace unos meses</a> de que un cambio climático que empeorara de manera dramática las condiciones de vida de la mayoría solo sería evitable con<strong> "cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad"</strong>. Pero si bien el IPCC ha puesto el foco en las consecuencias de esquivar una acción climática ambiciosa, el Pnuma se centra en qué es lo que hay que hacer para evitar llegar a dichas consecuencias, y la conclusión no es sencilla de digerir: <strong>"Un fortalecimiento dramático de los compromisos de los países es necesario en 2020. Los países deben triplicar su ambición para alcanzar la meta de los 2 grados de calentamiento y quintuplicarla para llegar al objetivo de 1,5 grados"</strong>. La cifra: es necesaria una reducción anual de gases de efecto invernadero de un 7,6%. Hasta ahora, no han dejado de subir.</p><p>¿Por qué esos objetivos? ¿Por qué 2020? ¿Es una reducción asumible, compatible con el sistema económico actual? ¿Es imposible? ¿Tenemos solo un año para cambiar el rumbo? Intentamos contestar a <strong>las principales preguntas que pueden surgir ante el enésimo informe alarmante</strong> con respecto al cambio climático, publicado la semana previa a la celebración de la 25º cumbre del clima en Madrid. </p><p><strong>¿Qué hay de nuevo? ¿No sabíamos ya todo esto?</strong></p><p>El Acuerdo de París, el pacto multilateral que entrará en vigor en 2020 y que se firmó en 2015 en la ciudad que le da nombre, establece como objetivos alcanzar a mediados de siglo<strong> un calentamiento global de 2 grados y, a ser posible, uno de un grado y medio</strong>. Para alcanzar dicho acuerdo, los países han ido presentando desde entonces los llamados NDC's: las contribuciones determinadas a nivel nacional. Cada Parte de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático envía a la ONU cuáles son los planes de reducción de emisiones a los que se compromete, sin que ninguna herramienta vinculante le obligue a ser más o menos ambicioso, y puede ir actualizando progresivamente dichas metas, aunque nunca puede rebajarlas. Una vez presentados los NDC's, cada Estado, en teoría, debe cumplirlos: pero el problema no es ese, sino que los NDC's públicos hasta el momento <strong>no sirven para limitar la subida de temperaturas a 1,5 grados, ni a 2</strong>. En los últimos meses se han publicado diversos informes que estiman que el calentamiento al que nos abocamos, si todos los Estados cumplen sus promesas, está entre 3 y 4 grados: el documento lanzado este martes <strong>lo cifra en 3,2 grados a finales de siglo</strong>. Si las promesas son incumplidas, la subida del mercurio rozaría los 4 grados.</p><p>El informe del Pnuma no solo da una nueva estimación de cuál es el rumbo que deberíamos tomar si queremos evitar el colapso climático, sino que cuantifica cuál debería ser la reducción de emisiones necesaria para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. No se queda en los "cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes" que pedía el IPCC: tampoco en la vaga petición de más ambición climática de muchos movimientos sociales. <strong>Afirma que para alcanzar los 1,5 grados de calentamiento hay que abordar una reducción de emisiones radical, inédita en la historia, que conllevaría cambiar el modelo productivo de medio mundo</strong>. Y pide que se haga porque, aunque parezca solo un poco, hay mucha diferencia entre los 1,5 grados y los 2 grados. Los cambios que sufrirían la atmósfera, los fenómenos extremos, el océano, los ecosistemas y la vida sobre el planeta son mucho mayores con 2 grados que con 1,5º, porque se trata de un fenómeno exponencial, no lineal. Siguiendo la misma lógica, la diferencia entre 2,5º de calentamiento global y 2º es mucho mayor que la existente entre 1,5º y 2º: y así sucesivamente. No hace falta ser Doctor en Física para entender, dado lo expuesto, que un aumento de las temperaturas de 4 grados a finales de siglo sería devastador para la mayoría de las sociedades humanas: sobre todo, para los más vulnerables dentro de dichas sociedades. </p><p>¿Cuál es la tendencia actual con respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero?</p><p>El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que es necesaria una reducción anual y global de gases de efecto invernadero de un 7,6%. Para entender si se trata de mucho o de poco, es necesario explicar qué es lo que hemos conseguido hasta ahora. Teniendo en cuenta las emisiones de todos los países de COequivalente (la unidad de medida para dichas emisiones) nunca en la historia ha dejado de subir. La concentración de partículas nocivas en la atmosfera alcanzó un <strong>nuevo récord en 2018</strong>, un año en el que los niveles de CO equivalente llegaron a <strong>407,8 partes por millón</strong> (ppm), frente a las 405,5 ppm de 2017, según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicados este lunes. <strong>Las emisiones han aumentado de media cada año un 1,5% durante la última década.</strong></p><p>El siguiente gráfico del informe de la ONU lo ilustra bien: si seguimos el ritmo contaminante actual, la concentración seguirá creciendo. Si los países cumplen sus promesas climáticas, las emisiones no se reducirán a nivel global: solo perderán ritmo. <strong>El compromiso debe ser mucho mayor para evitar el colapso. </strong></p><p>  </p><p> Gráfico de la brecha de emisiones del último informe de Naciones Unidas.</p><p>Para entender lo que significa este reto para cada país, podemos acudir al ejemplo que tenemos más cercano: el de España. <strong>Para alcanzar los 1,5 grados de calentamiento global, la ONU asegura que cada año tiene que haber una reducción de emisiones de más del 7% con respecto al año anterior hasta 2030. Nuestro país redujo sus emisiones un 2,2% en 2018 con respecto a 2017</strong>: principalmente porque se trató de un año lluvioso y porque 2017 fue un año nefasto en ese sentido. La sequía redujo la producción de las centrales hidráulicas y disparó el uso del carbón. Con respecto al objetivo que tiene el país de cara a 2030, el Gobierno se ha impuesto una reducción del 20% de las emisiones en comparación con los datos de 1990. Según cálculos de Ecologistas en Acción, si trasladamos los cálculos del informe de Naciones Unidas al contexto español y a este marco de medición, <strong>el país debería reducir un 60% sus emisiones en algo más de 10 años con respecto a los niveles de finales del siglo XX</strong>: es decir, triplicar su ambición a corto plazo. </p><p>¿Por qué nosotros? ¿No hay países más contaminantes y más responsables?</p><p>España, como miembro de la Unión Europea y parte del grupo de países que se considera desarrollados, tiene su responsabilidad y debe reducir sus gases de efecto invernadero. Pero está lejos de ser el principal emisor: tanto en términos absolutos como en emisiones per cápita. Además, se trata, en la actualidad, de uno de los Estados del continente más comprometidos con la acción climática, aunque el bloqueo político, por ahora, está impidiendo pasar a ley las intenciones del Ejecutivo. El informe de la ONU <strong>vuelve a señalar con acierto cuáles son los principales responsables</strong>, en términos de Estado, de la crisis climática. Pone en evidencia un dato que conocimos hace unas semanas en otro trabajo: <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/11/11/la_mayoria_los_paises_llega_cumbre_del_clima_madrid_sin_haber_actualizado_sus_compromisos_desde_paris_100742_1022.html" target="_blank">las emisiones de los países del G20 representan nada más y nada menos que el 80% del total que se emiten</a> y solo siete de estas naciones están en camino de cumplir sus compromisos.</p><p>El estudio presentado este martes refleja que, en términos absolutos,<strong> China es el país que más gases de efecto invernadero emite con muchísima diferencia en comparación con el resto. Pero se trata de una gráfica trampa puesto que el gigante asiático no solo se llama gigante por su extensión</strong>, también porque se trata del país más poblado del mundo. Su desarrollo económico e industrial en los últimos años ha disparado su contribución al cambio climático. Pero si ponemos en relación las emisiones con la población de cada nación (emisiones per cápita), Estados Unidos, cuyo Gobierno negacionista se ha salido del Acuerdo de París, lidera el ranking, seguido de Rusia, Japón, China, la Unión Europea e India. Dentro de cada país, además, los sectores más acomodados son mucho más contaminadores que los más pobres. El trabajo vuelve a poner de manifiesto, una vez más, que la justicia climática es indispensable: deben hacer más esfuerzos los que más culpa tienen. </p><p>¿Qué se puede hacer en la cumbre del clima de Madrid?</p><p>La próxima cumbre del clima, que tendrá lugar en Madrid a partir del 2 de diciembre y cuya presidencia ostenta Chile, es el escenario perfecto para que los países se comprometan a aumentar su ambición con respecto a lo ya declarado. <strong>Es prácticamente imposible, terreno de la utopía más fantasiosa, plantear que todas las Partes de la Conferencia van a presentar la semana que viene unas promesas compatibles para limitar el calentamiento global a menos de 3 grados</strong>: sí es razonable pensar que algunas de las Partes más concienciadas mejorarán sus objetivos y lograrán arrastrar a los dubitativos. <strong>2020 es el año de referencia para la ciencia</strong>, porque la reducción de emisiones deberá ser más drástica conforme más tiempo pase: y <strong>para la política, porque en 2020 entra en vigor el Acuerdo de París</strong> y contamos con esta cumbre y la del año que viene para establecer mecanismos que obliguen a los países a una acción climática contundente. Si todo sigue igual, el pacto se revisará en 2025, cuando será aún más tarde. </p><p>Sin embargo, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/11/29/los_peligros_del_catastrofismo_climatico_cuando_demasiadas_malas_noticias_paralizan_desmovilizan_100502_1012.html" target="_blank">comunicadores climáticos y ambientólogos</a> rechazan poner, al menos en el lenguaje cotidiano, fechas límite.<strong> 2020 no es el último año para afrontar el cambio climático como se merece, igual que no lo será 2030 o 2050</strong>. Difundir esa idea puede llevar a la idea errónea de que, una vez superado el plazo, no hay nada que hacer: y no es cierto. Aunque cada vez se complique más abordar el fenómeno con garantías de no causar graves perjuicios a la mayoría, toda acción que lleve a reducir emisiones es positiva, ya sea antes o después, porque los efectos del cambio climático se van agravando exponencialmente.</p><p>¿Es posible esta reducción de emisiones?</p><p><strong>Si es posible o imposible se escapa de las intenciones de este artículo, puesto que es un debate muy candente y muy complejo dentro de los ámbitos de lo político, lo económico, lo social y lo ambiental</strong>. Sí es muy complicado porque, como ya recordó el IPCC, se necesitan "cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad". Es necesario<strong> modificar para siempre el sistema energético, el agroalimentario, el industrial, el turístico, el modelo de transporte, la estructura de las ciudades y los hábitos de vida de, como mínimo, las sociedades más desarrolladas</strong>. Igual que un calentamiento global de 2 grados es mucho más grave que uno de 1,5º, una reducción del 7% de las emisiones de 2022 con respecto a 2021 será mucho más complicada que la reducción, de la misma cifra, de 2021 con respecto a 2020. </p><p>Hay quienes sostienen que los recursos materiales existentes en el planeta no son los suficientes como para sostener la revolución renovable que necesitamos; son los llamados decrecentistas, que apuestan por una reducción del consumo energético de los países más ricos como única salida. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/06/29/que_hacer_caso_incendio_green_new_deal_espanola_que_nos_libre_gobernar_sobre_las_cenizas_95572_1012.html" target="_blank">Los que apuestan por un Green New Deal</a><strong> defienden que, en un primer término, no son necesarios –ni abordables– grandes sacrificios y sí una gran inversión pública y privada en modos limpios de generar electricidad, entre otras cuestiones</strong>. También hay quien cree que manteniendo el sistema tal y como está con pequeños cambios se solucionará el problema, o que la Humanidad dará con una solución tecnológica barata y sencilla en un futuro, o que el cambio climático no existe o su origen no está en la acción el hombre: todos son desmentidos por la inmensa mayoría de científicos del planeta. Ciertos debates no se mantendrían a día de hoy si hubiéramos evitado el "fracaso colectivo", como declaró este martes la directora ejecutiva del Pnuma, Inger Andersen, de haber procrastinado tanto durante los últimos 30 años. La reducción anual necesaria para limitar el efecto del cambio climático sería mucho menor, apuntan los expertos de Naciones Unidas, si hubiéramos hecho los deberes a tiempo. <strong>Ahora solo queda pasar la noche en vela estudiando y rezar por un examen benévolo</strong>: y hay muchas personas dispuestas a intentarlo y a conseguirlo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA["Es disparatado criar verduras y hortalizas en un desierto, ¿pero quién se lo dice a Murcia?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/disparatado-criar-verduras-hortalizas-desierto-dice-murcia_1_1176968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c7e0c98f-9ba6-4d22-895e-047f259c8e8e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Es disparatado criar verduras y hortalizas en un desierto, ¿pero quién se lo dice a Murcia?""></p><p><strong>Fernando Valladares </strong>(Mar del Plata, Argentina, 1965), es de esa rara avis de científicos que se mojan, y eso le ha valido la popularidad que quizá otros colegas echan de menos. Investigador en el departamento de Biogeografía y Cambio Global del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), sabe<strong> levantar la mirada de la tierra que analiza y denunciar la parálisis que convierte el cambio climático, el mayor reto global de nuestro tiempo, en una crisis climática</strong>. Y no evita hacer referencias a un modelo económico, a su juicio, "insostenible", o meterse en la brega política del día a día. </p><p>Recibe a infoLibre en su laboratorio del campus del CSIC en Madrid, un espacio donde los tópicos se cumplen: hay un cierto orden dentro del desorden generalizado. Se mezclan publicaciones científicas, macetas, instrumentos varios junto al fregadero, muchos folios apilados y un generador eléctrico debajo de un mueble. <strong>Su labor consiste en analizar la flora y la fauna de los ecosistemas, y entender y explicar cómo el calentamiento global lo está cambiando todo, quizá de manera irreversible</strong>. Y como buen científico comprometido, le preocupa que el mensaje no llegue, que la movilización climática no sea la suficiente para evitar los peores efectos de lo que ya está pasando.</p><p><strong>PREGUNTA. ¿A qué se dedica su departamento? ¿Cuál es su labor investigadora concreta?</strong></p><p><strong>RESPUESTA:</strong> Nosotros estamos en el departamento de Biogeografía y Cambio Global, que reúne a media docena de investigadores en plantilla, más luego contratados predoctorales, estudiantes predoctorales y estudiantes en práctica. Como su nombre indica, hay una parte más de biogeografía –una ciencia que describe los patrones de distribución de las especies animales y vegetales en la tierra–, pero en el ámbito actual, pues una línea que tiene mucho tirón y mucho interés es ver cómo esa distribución de las especies se ve afectada por el cambio climático. Y ahí hay muchos modelos de simulación en distintos escenarios climáticos. Es como surgió la primera combinación de conceptos. A nosotros nos interesa y alguna vez colaboramos en algo de biogeografía. Pero nuestro equipo es más de ecología, de campo, de medir tanto en ecosistemas como en flora y fauna rasgos funcionales, servicios ecosistémicos, y cómo todo esto se ve afectado por el cambio climático o el cambio global.</p><p><strong>P. En ocasiones se escucha el término cambio global por parte de biólogos que evitan hablar de cambio climático a secas, puesto que hay varios procesos simultáneos que afectan al medioambiente. ¿Pero no es contraproducente? Suena demasiado genérico.</strong><em>cambio global</em><em>cambio climático</em></p><p><strong>R.</strong> A los científicos en general nos suele gustar más el término <em>cambio global</em>, porque el cambio climático es uno de los varios cambios ambientales importantes que ocurren en paralelo a los otros cuatro o cinco principales que hay. Tienes especies exóticas invasoras que se expanden por el terreno, tienes sobreexplotación de los recursos, tienes fragmentación, tienes contaminación… Esos fenómenos, sumados al cambio climático, es lo que ocurre en la naturaleza. En unos ecosistemas pesa más uno y en otros más el otro, pero siempre suele ser una combinación de factores. Casi nunca opera uno en solitario. En los polos, por ejemplo, lo único que hay así significativo es el cambio climático. Pero en ambientes mediterráneos, justamente como el de España, ocurren todos bien mezclados. Por eso nos gusta hablar de cambio global, pero algunas personas nos hacen ver que para la sociedad y en general, el término no siempre es muy gráfico, no saben muy bien a qué te refieres. Tienes que darle una pequeña explicación cuando lo utilizas. Todo el mundo lo entiende, claro, pero el término en sí mismo no termina de ser suficientemente claro.</p><p><strong>P. Entiendo que en la labor de su equipo hay mucho trabajo de campo, de investigar sobre el terreno.</strong></p><p><strong>R.</strong> Claro, nosotros tenemos también trabajo en el laboratorio o en invernaderos. Pero nuestro escenario principal es en el campo. Las preguntas surgen allí y parte de las contestaciones también. Trabajamos en varios sistemas, pero el sistema al que más esfuerzos le dedicamos, además, coincide con la <em>España vaciada</em> que se ha puesto tan de moda. Trabajamos en la zona del parque del Alto Tajo, en la zona de Guadalajara, Teruel, Molina de Aragón, por ahí… y vemos cómo el abandono rural está favoreciendo la expansión de los bosques. ¿Qué servicios se ven afectados? Los sumideros de carbono aumentan, pero la hidrología cambia, la productividad cambia y, además, en interacción con el cambio climático.</p><p><strong>P. ¿En su investigación le ha sorprendido alguna vez lo rápido que avanza el cambio climático?</strong></p><p><strong>R. </strong>Sí, es habitual. Las primeras veces, a lo mejor cada 15 o 20 años, teníamos un año extraordinariamente seco y comprobábamos el efecto sobre el crecimiento de los árboles. Nos sentíamos afortunados, decíamos: "Hemos tenido suerte de pillar un año de estos porque nos permite comparar con los otros", y de hecho se publicaban así los resultados: "los efectos de un año récord". Y te sentías más afortunado aún si te tocaba en plena tesis doctoral. Ahora los años secos son todos los años. De hecho, si miras las estadísticas, los cuatro años más cálidos han sido en los últimos cinco y hace solo diez o quince años que investigamos los efectos del cambio climático y las evidencias tangibles concretas en el día a día, cómo impacta a los ecosistemas que nosotros estudiamos. El calentamiento global se ha agravado muchísimo.</p><p><strong>P. Si tuviera que seleccionar un impacto del cambio climático en España, de los múltiples que hay, ¿cuál le preocupa especialmente?</strong></p><p><strong>R. </strong>La sequía, que tiene a su vez dos cuestiones muy relacionadas: por un lado, los cambios en las propias precipitaciones, y por otro, la demanda hídrica cuando hace más calor, más evaporación y más uso por parte del ser humano. Esto es un cóctel de al menos dos factores que conlleva que los recursos hídricos sean todavía más difíciles de gestionar. Ya están surgiendo tensiones con el trasvase del Tajo, por ejemplo. Las tensiones irán a peor y no hay ningún viso político de afrontar esto. Con la transferencia del medio ambiente a las comunidades no hará más que reventar. Eso hace muy difícil la gestión de un recurso como es el agua. España es un país seco y hemos lidiado con la sequía como hemos podido, pero siempre ha sido un factor duro para el desarrollo, para la gente. Y esto, con el cambio climático, me parece que se está amplificando y va a ir a más.</p><p><strong>P. La falta de recursos hídricos, en zonas como Murcia, Comunitat Valenciana y Almería, tiene mucho que ver con el modelo de regadío. ¿Es incompatible un abordaje climático serio con el modelo económico actual?</strong> "Vamos a decirlo en palabras muy sencillas: es completamente disparatado criar verduras y hortalizas en un desierto, y eso es lo que estamos haciendo en Murcia"</p><p><strong>R. </strong>Te agradezco la pregunta, aunque sea retórica (ríe). Es totalmente incompatible. La política es el arte de hacer posible lo imposible, así se definió alguna vez. A lo mejor los políticos son capaces de hacer encaje de bolillos, pero la verdad es que los que estamos teniendo ahora no parecen. Quizá ellos puedan encontrar alguna combinación que no se nos ocurre, pero es realmente insostenible. Vamos a decirlo en palabras muy sencillas: es completamente disparatado criar verduras y hortalizas en un desierto, y eso es lo que estamos haciendo en Murcia. Pero vamos a ver, si allí justamente lo que no hay es agua y esos son cultivos que demandan mucha. Es hacerlo exactamente al revés. Pero claro, a ver quién le dice a Murcia que no, que cierren la huerta y que se dediquen a otra cosa. Políticamente nadie se va a atrever, pero va a llegar un momento que no quedarán más cáscaras. El problema es que cuando lleguemos a ese momento, posiblemente estemos en una situación de muy difícil negociación, donde esté todo innecesariamente tenso. Yo creo que podemos ir programando cosas. Mi objetivo en estos años es intentar evitar la colisión con nosotros mismos, el dejar de hacer algunas cosas mal que sabemos que están mal. </p><p><strong>P. Sin embargo, cuando se empieza a escarbar en el modelo económico, hay determinadas voces que aluden a que hay que evitar "politizar" el cambio climático y que se trata de una lucha "transversal". ¿Está la política, en su sentido amplio, denostada innecesariamente?</strong><em>política</em></p><p><strong>R.</strong> Es un tema delicado, porque yo creo que debemos todos politizar, pero en el buen sentido. En el sentido más dialéctico, más filosófico, pero no politizarlo como se emplea normalmente en el lenguaje cotidiano: que es asignarlo a la izquierda o a la derecha. Esa es la visión más simplista y estéril de la política. Indudablemente, el cambio climático no debe ser una cosa de izquierdas o de derechas. Pero la solución a problemas complejos de gestión, de convivencia, de modelo social, son soluciones políticas. Y no sólo los políticos y los politólogos tienen que estar en ellos, también la sociedad, que tiene que pronunciarse, entender, dar señales, recibir señales y politizarse en ese sentido más amplio. Que no sea resignarse y identificarse si eres de izquierdas o de derechas, sino de darle la dimensión política que tiene el ponerse de acuerdo en un tema tan complejo.</p><p><strong>P. Sin embargo, la respuesta contestataria al modelo económico no viene de la derecha, sino de la izquierda. </strong></p><p><strong>R.</strong> Bueno, es que... (ríe). Ya, ya veo por donde vas. No es fácil de resolver. A mí me gustaría ser más inclusivo y pensar que realmente en la derecha también hay alternativas al modelo actual. No he tenido ocasión de hablar en profundidad y con confianza con gente muy de derechas que plantee con audacia modelos alternativos. Quizá no los he encontrado. No digo que no existan, pero no los he encontrado y he encontrado, sin embargo, bastante más gente en la izquierda. El problema es que ahí ya caemos en lo que no quiero que caigamos, en lo que creo que no es bueno caer, que es izquierda versus derecha, porque eso al final obliga a la gente a identificarse. Y a lo mejor tú te identificas con la derecha porque te gustan los toros, y eso no tiene nada que ver porque estamos hablando del cambio climático. Es cierto que históricamente en España los temas ambientales los ha empujado la izquierda. A mí me gustaría que eso se fuera desdibujando un poco, que no estuviera tan trazado y que fuera un poquito más transversal. Pero ese legado lo vamos a arrastrar ya en los próximos años, seguro.</p><p><strong>P. Usted ha afirmado que muchas veces a la hora de comunicar la problemática podemos caer en catastrofismos que paralizan y bloquean una respuesta social. ¿Es alcanzable un equilibrio entre no meter miedo y no contar toda la verdad?</strong></p><p><strong>R. </strong>Yo creo que se debe aspirar a eso, pero no es fácil hacerlo. Se me ocurren dos vías para no caer en el catastrofismo estéril. Por un lado, hay que regular la información: no darla toda de golpe y sin anestesia, sino priorizada, filtrada. No todo es igual de importante, no todo tiene la misma importancia para el ciudadano. Los expertos pueden decir:  los dos o tres temas en los que realmente hay que empezar a enfocarse ya son éste y éste. Pongamos nuestros esfuerzos en eso. Y eso es una manera de no ver de pronto tantísimos problemas todos juntos y tal, que te desborda.</p><p>Eso es una vía. La otra vía… pues es un poco más utópica, pero es más positiva. Ante cada mala noticia, cada constatación, cada dato, cada informe que te dice una cosa negativa, intentar encontrar el lado no tan negativo,  una solución o una forma concreta de mitigación o una acción social que puede ir en paralelo para revertir ese daño. Contar noticias acompañadas de información que se abra, aunque sea solo un poco, a la esperanza.</p><p><strong>P. ¿Hay un problema con la divulgación científica del cambio climático?</strong></p><p><strong>R. </strong>Yo creo que hay mucha gente haciendo el esfuerzo y entre tanta gente, pues hay gente que lo hace muy bien. No se puede pretender que todo el mundo comunique genial. Además, ponemos demasiado énfasis en el emisor. ¿Y el receptor? No estamos haciendo un énfasis parecido en él. Una pregunta muy tonta pero que yo me hago muchas veces: ¿por qué una persona que no tiene especial formación en cambio climático, que llega con dificultad a fin de mes, que tiene sus problemas del día a día, por qué va a ir a una conferencia del tema o por qué va a leer la cláusula X del programa electoral de un político sobre cambio climático? O sea, cuál puede ser la motivación para esa persona que ya tiene la vida complicada, que no tiene tiempo libre para estudiar en general cosas… y encima esto ya de entrada huele como a marrón, a malas noticias.</p><p>Esa psicología hay que abordarla si queremos que esas personas, que pueden ser muchos millones en España, se pongan con esto. No sé si tenemos que aludir a su sentido patrio, a su sentido de la responsabilidad, a sus ganas de cambiar el mundo…</p><p><strong>P. Entiendo que no hay una respuesta clara a la pregunta de cómo motivar a esa gente. ¿Es el gran reto?</strong></p><p><strong>R.</strong> No, no hay una respuesta. Sí, es un gran reto y creo que hay que planteárselo todavía como pregunta. Si alguien empieza a dar contestaciones, son demasiado rápidas. Hay que hacer un análisis con expertos. Están surgiendo pequeñas disciplinas sobre la ecoansiedad y las depresiones por el cambio climático. Empieza a haber ya una casuística al respecto. Desde el punto de vista de psicología del fenómeno, tenemos que ir incorporando lo que se aprende de ahí y ver cómo podemos llegar a otros sectores de la sociedad sin que entren en ansiedad, que quieren aprender de esto. Las teclas pueden ser muchas y no tienen por qué ser excluyentes. No hay que elegir una o la otra. Qué clase de enfado, qué clase de sorpresa, mueven a la gente. Esa es la pregunta.</p><p><strong>P. Sin embargo, con respecto a esta motivación, ahora mismo estamos viendo una generación que si está articulando, aunque sea aún de manera precaria, una respuesta social. ¿Es optimista ante esta movilización de los jóvenes?</strong> "Está claro que lo que hemos hecho los viejos no ha funcionado. No hemos ido al fondo de las cuestiones y para hacer algo nuevo hay que pensar de forma diferente"</p><p><strong>R.</strong> Sí, soy totalmente optimista. De hecho, creo que la juventud tiene varias características que la hacen muy genuina para liderar esto. Se sienten muy concernidos por su escala biológica: nosotros somos más mayores y tenemos la sensación de que ya hemos hecho bastante. Además, los jóvenes están evolutivamente preparados para hacer cosas nuevas por diseño, y está claro que lo que hemos hecho los viejos no ha funcionado. Hemos acumulado mucho conocimiento, hemos avanzado en cosas, pero no hemos cogido el toro por los cuernos. No hemos ido al fondo de las cuestiones y para hacer algo nuevo hay que pensar de forma diferente. Es muy importante que los jóvenes empujen y nos arrastren y no esperen ni a ser ellos mismos parte del sistema. Creo que nosotros iremos un poco detrás, en paralelo, a veces un poco delante… pero generalmente detrás, como hemos ido los últimos 30 años.</p><p><strong>P. Cuando hablamos de esta motivación, muchas veces nos encontramos con una barrera: ese propio modelo económico que, más allá de la sobreexplotación de la tierra y del agua, basa su ideal de felicidad en el consumo. ¿Cómo articulamos un discurso que combata esto?</strong></p><p><strong>R. </strong>Yo creo que sólo hay una salida. Lo que pasa es que en la práctica no es fácil. Se trata de que no lo veamos como un sacrificio. Todas esas palabras… ahorrar, prescindir, no hacer… tienen un límite claro. Hay un momento en que lo mismo te coges un avión porque llevas tres meses haciendo los deberes y te lo mereces. Entonces creo que hay que encontrar la forma de que nos sintamos a gusto haciendo otras cosas y haciendo menos cosas, en determinados ámbitos. Es básicamente soltar el acelerador, bajar el consumismo, pero que no lo veamos como una renuncia, sino como algo súper moderno. Que se ponga de moda reducir la huella ambiental.</p><p>A lo largo de la historia de la humanidad, lo que nos ha gustado hacer o no, ha tenido un fuerte dimensión de capricho y de subjetividad, y eso abre mucho margen de esperanza que nos pueda de pronto parecer enrollado, simpático, síntoma de éxito, hacer cosas que además tienen poca huella ambiental, pero no en la vía que se ha explotado durante décadas por el movimiento ecologista, de "hay que apretarse el cinturón, hay que consumir menos". Si te compras un coche de última generación, de <em>nosecuantos</em> caballos y sólo puedes ir a 60, lo sientes como: "¿para qué tengo este coche entonces?". Sin embargo, puedes decir "bueno, como tiene tanto motor me va a durar muchísimo más tiempo. Y yo soy feliz yendo a 60, puedo ver el paisaje mejor y contamino menos". Y no soy ni un fracasado, ni me siento penalizado por las leyes de circulación o por los malditos ecologistas que limitan la velocidad.</p><p>Ese cambio de mentalidad lo tenemos que hacer un poco todos, porque somos muy sociales y muy, muy colectivos. Hay una labor también colectiva. Las redes sociales tienen mucho que ver con ese aprecio social, por cómo te ven los demás. Y, en ese sentido, se tiene que jugar mucho con que se pongan en valor actitudes que ahora vemos en negativo.</p><p><strong>P. La historia de las cumbres del clima es una historia de desengaños. Se busca que los países aumenten su ambición climática, más allá de las cuestiones técnicas. ¿Tiene esperanzas en la que se va a celebrar en Madrid?</strong></p><p>R. En referencia a las contribuciones de cada país, no se trata de algo que vaya a suceder o no vaya a suceder. Yo creo que va a suceder, pero no al cien por cien. Ya no es blanco o negro. Ni el cero ni el cien van a tener lugar. Soy relativamente optimista: hay 100 países que quieren mejorar su ambición, pero claro, sumándolos tenemos la mitad de las emisiones. Y de los cuatro o cinco que más emiten los tenemos algunos cogidos con alfileres. Estados Unidos se está yendo, aunque ya veremos: a mí me encanta que a California, por ejemplo, que es la sexta economía mundial, le dé igual lo que diga Trump. Están adquiriendo compromisos de reducción de emisiones que ya los quisieran muchos países.</p><p>Pero indudablemente estas cumbres son acuerdos de naciones,  de Estado, tienen un carácter simbólico muy importante y las formas y la diplomacia son claves: eso tiene un efecto en cascada de reputación. Aparte de que se logren compromisos más explícitos que los de París, creo que es importante no perder la dignidad de alguna manera. Esto es una muestra de dignidad planetaria. Se representa en estas reuniones con dignatarios que están dispuestos a sacrificar no sólo su tiempo, sino su agenda de prioridades, y que enseguida se ve si es honesto o si es por la galería. Si se van sumando países en este sentido, cada país es una victoria.</p><p>Creo que el mero hecho de que la COP se celebre es una buena noticia. Y es para celebrar que se haga en España. Me parece que es un mensaje que nos tiene que animar a los españoles a liderar. El año pasado pasó de ser una de las tres peores naciones de Europa a ser una de las mejores en cuanto a su política de emisiones del proyecto de ley. Es una oportunidad muy buena para los españoles en general, y para los que estamos adscritos físicamente aquí: para que nuestro mensaje se oiga un poco más y también para que lo que nos preocupa como país tenga una posición más importante en las agendas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA["Es disparatado criar verduras y hortalizas en un desierto, ¿pero quién se lo dice a Murcia?"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Las cumbres del clima: una historia de ilusión, desengaño y victorias parciales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/cumbres-clima-historia-ilusion-desengano-victorias-parciales_1_1177019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7403c076-46e6-4f06-8a3d-a0b4799d56c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cumbres del clima: una historia de ilusión, desengaño y victorias parciales"></p><p>La historia de las cumbres del clima es <strong>una historia de desengaño y decepciones: pero también de acuerdos multilaterales, ilusión y victorias, aunque fueran parciales. </strong>La que se celebrará en Madrid en diciembre será la número 25 desde que se formalizó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La conferencia de sus partes es lo que se conoce habitualmente como COP. Pero para retrotraernos a su origen hay que remontarnos un poco más, hasta 1992: <strong>año de la segunda Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio ambiente y su Desarrollo</strong>, o más conocida como Cumbre de la Tierra. En junio de aquel año, en Río de Janeiro (Brasil), cuando muchos de los activistas climáticos de la actualidad aún no habían nacido, se sembró la semilla de la acción climática a nivel de Estado. Han pasado más de 27 años y ha habido avances, retrocesos, hitos históricos y bloqueos de todo tipo: <strong>la urgencia, eso sí, acucia mucho más en 2019.</strong></p><p>La preocupación sobre los impactos del hombre en el medioambiente –en los ecosistemas, en la flora, en la fauna, en los ríos, las costas y las montañas– ya llevaba unas décadas rondando por la agenda política global, con mayor o menor intensidad.  Si bien la conciencia conservacionista y ecologista tenía ya casi un siglo de vida, las primeras organizaciones ecologistas, en el sentido actual del término, nacieron en los 70 –Greenpeace nació en el 71– y <strong>en 1972 fue la primera Cumbre de la Tierra, en Estocolmo.</strong> "Hemos llegado a un momento de la historia en que debemos orientar nuestros actos en todo el mundo atendiendo con mayor cuidado a las consecuencias que puedan tener para el medio. Por ignorancia o indiferencia podemos causar daños inmensos e irreparables al medio terráqueo del que dependen nuestra vida y nuestro bienestar", se podía leer en aquella declaración.</p><p><strong>De la segunda Cumbre de la Tierra, en Río, nació la Convención contra el Cambio Climático.</strong> Ya por entonces el consenso científico era bastante amplio con respecto al calentamiento global: era generalmente conocido y aceptado que las emisiones de gases de efecto invernadero calentaban la atmósfera, aunque no se tenían las certezas que se tienen ahora sobre los impactos que dicho aumento genera o la velocidad del fenómeno. A partir de 1992 se empezó a abordar el cambio climático como un elemento que merecía conferencias aparte, no como un subtema dentro de encuentros de carácter medioambiental. La declaración firmada por todas las partes llamaba a reconocer como objetivo la <strong>"estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias peligrosas en el sistema climático"</strong>.</p><p>Se trata de una redacción que, evidentemente, no tiene en cuenta el peligro real del cambio climático: tampoco era plenamente conocido. La declaración también plasmaba otras intenciones que podrían escribirse en 2019 sin perder un ápice de vigencia: "El desarrollo sostenible no es alcanzable sin cambios fundamentales en el modo en que las sociedades industriales producen y consumen".<strong> Aquí seguimos, sin cambios fundamentales en el modo en el que las sociedades industriales producen y consumen</strong>. Ya por entonces había dudas acerca del alcance y la ambición de la cumbre: "Aunque los participantes han firmado masivamente los cinco textos de la cumbre, un clima de desilusión por los pocos resultados concretos y de escepticismo ante el futuro presidió ayer la ceremonia de clausura", <a href="https://elpais.com/diario/1992/06/15/sociedad/708559217_850215.html" target="_blank">se puede leer en la crónica de El País</a>. "Ya no tenemos otros 20 años para desperdiciar", afirmó Maurice Strong, secretario general del encuentro.</p><p><strong>1997: firma del Protocolo de Kioto</strong></p><p>En la COP de Berlín, en 1995, los países participantes llegaron al acuerdo de que había que llegar a un acuerdo: pusieron por escrito la necesidad de reducir los gases de efecto invernadero. Llegaron, así, a la firma del Protocolo de Kioto en la cumbre de 1997:<strong> un pacto que la historia ha juzgado con luces y sombras. Exigía, por primera vez en la historia, que las emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados deberían reducirse al menos un 5% por debajo de los niveles de 1990</strong> en el período 2008-2012. Se ha definido como "el acuerdo equivocado en el momento oportuno": <strong>equivocado </strong>porque la ambición no era la suficiente, pero el momento <strong>oportuno</strong> porque en el 97 ya se conocían cuáles serían las peores consecuencias de un calentamiento global desbocado, y había margen para una acción que lo revirtiera.</p><p>Hay muchos paralelismos entre el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, el acuerdo que vino a sustituirlo. <strong>Las discusiones y los bloqueos de los países más contaminantes atrasaron su ratificación: Estados Unidos, de hecho, se salió, igual que se ha salido del Pacto de 2015. </strong>Las discusiones fueron muy parecidas a las que se mantienen hoy en día en encuentros como este: la responsabilidad de los países ricos ante las emisiones de gases de efecto invernadero y ante la degradación ambiental de los más pobres, cuyas economías no son las principales culpables del fenómeno. Se establecieron salvaguardas a los Estados desarrollados que no cumplieran con el recorte: podían comprar emisiones de otros incumplidores para así compensar. Un mecanismo muy polémico al cual, por cierto, <strong>se adhirió España para hacer los deberes.</strong></p><p>2009, COP de Copenhague: la gran decepción</p><p>El protocolo de Kioto era vigente hasta 2012. Por lo tanto, <strong>2009 era el año perfecto para idear otro mecanismo, a ser posible más ambicioso y exhaustivo, que obligara a los países a reducir sus emisiones y así combatir el cambio climático.</strong> La sociedad civil acudió a la capital de Dinamarca con muchas esperanzas e ilusiones depositadas. <strong>No se consiguió</strong>. El enorme desengaño, opina la directora de Conversaciones de Ecodes, Cristina Monge, fue "el revulsivo" que de alguna manera necesitaban organizaciones y activistas para darse cuenta de que los países, por sí solos, no se iban a poner de acuerdo. "Copenhague fue el gran fracaso", opina. De igual manera lo ve el diputado de Unidas Podemos, Juantxo López de Uralde, que por aquel entonces era director de Greenpeace España. "Fue la cumbre más ilusionante. Creíamos todos que iba a cerrarse con un acuerdo ambicioso. Y, como no se alcanzó, al mismo tiempo fue la más decepcionante. <a href="https://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/17/ciencia/1261082816.html" target="_blank">De hecho, me detuvieron, no sé si te acuerdas</a>", rememora.</p><p>  </p><p> Juantxo López de Uralde, por entonces director de Greenpeace, es recibido por amigos y familiares tras haber sido detenido en la cumbre del clima de Copenhague.</p><p>Se alcanzó un acuerdo que ni siquiera fue un texto "oficial" aprobado por la Convención porque no fue votado por todas las partes: <strong>no establecía ni fechas concretas, ni objetivos vinculantes. La cumbre de Varsovia (Polonia) de 2013 fue otro puntal en la tumba de las ilusiones climáticas:</strong> las organizaciones ecologistas abandonaron el encuentro por la presencia de empresas de combustibles fósiles, que acudieron a blanquear su negocio, en un país donde el carbón es el líder en la generación de electricidad. Una dinámica similar a lo ocurrido en Katowice, también en Polonia, en 2018. Pero entonces llegó París.</p><p>2015: llega el Acuerdo de París</p><p>"Siempre nos quedará París", decía Rick Blaine en la emblemática <em>Casablanca</em>. Pasados cuatro años, el efecto se ha diluido una vez han vuelto las dinámicas habituales, pero <strong>por aquel entonces el Acuerdo de París, alcanzado en la COP21, significó la vuelta de la ilusión climática. Establecía un límite de 2 grados de calentamiento global a mitad de siglo</strong>, preferiblemente 1,5. Fue muy celebrado por la comunidad internacional, pero a juicio de López de Uralde, llegaba tarde. "París fue una reedición retrasada de la cumbre de Copenhague. El acuerdo que se alcanzó fue menos ambicioso que el planteado en Dinamarca", afirma el diputado electo.</p><p>  </p><p> Dirigentes mundiales celebran el Acuerdo de París.</p><p><strong>En Copenhague se planteaban objetivos vinculantes para cada país: en París, lo vinculante es a nivel global, lo que difumina la responsabilidad, opina. </strong>Cada Estado debe presentar contribuciones determinadas a nivel global (NDC’s, siglas en inglés), y por lo tanto, cada Estado decide cuánto va a participar del recorte necesario para llegar, como mínimo, a solo 2 grados de calentamiento. En ese sentido, Monge opina que las consecuencias de dicha laxitud se han visto en la reciente <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/09/24/la_cumbre_del_clima_nueva_york_deja_punado_compromisos_parciales_ninguna_gran_noticia_para_planeta_99111_1022.html" target="_blank">cumbre de acción climática de Nueva York</a>: "<strong>Una vez que todos los países han mandado sus compromisos, Naciones Unidas los ha sumado y ha dicho: no tenemos ni un 30% de lo necesario</strong> para cumplir el Acuerdo de París. Desde entonces, algunos estados han aumentado su compromiso y otros no", explica.</p><p>El periodo de aplicación del Acuerdo de París es 2020, una vez expire el periodo de vigencia del Protocolo de Kioto: en principio finalizaba en 2012, pero en la cumbre del clima del mismo año, en Doha, se aprobó una enmienda para alargarlo ante el fracaso en las negociaciones. A partir de París, lo que ha venido ha sido una "triada técnica", según lo define Monge (2016, 2017 y 2018), mediante la cual<strong> se han definido las reglas y los mecanismos para aplicar de manera efectiva dicho pacto</strong>. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2018/12/30/cumbre_del_clima_final_89922_1022.html" target="_blank">En la cumbre de 2018 en Katowice, la última, se aprobó definitivamente el llamado rulebook</a>: pero dicha triada ha estado también marcada por los escasos avances a la hora de, mediante la diplomacia, animar a los países a mejorar sus recortes de emisiones planteados. El resultado: a día de hoy, los esfuerzos no están siendo, ni de lejos, los suficientes como para quedarnos en 2 grados de subida del termómetro.</p><p><strong>Al igual que Bush hijo sacó a Estados Unidos de Protocolo de Kioto, Donald Trump sacó al país del Acuerdo de París. </strong>Pero estos años, opina Monge, han estado también marcados por la respuesta de determinados sectores de la sociedad estadounidense: "<a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2017/11/18/cop23_bonn_otra_gran_cumbre_del_clima_sin_gran_acuerdo_72075_1022.html" target="_blank">En la cumbre de Bonn de 2017</a>, estados federados, universidades, científicos fueron a dar el máximo. Y le dicen a Trump: 'bueno, si tú quieres no hagas nada, pero nosotros vamos a actuar'". En dicho evento, instalaron un <em>stand</em> cuyo lema rezaba: "Nosotros seguimos aquí”".</p><p><strong>¿Cómo hemos cambiado? </strong>Para López de Uralde, la principal diferencia estriba en que en la actualidad, la emergencia climática es un hecho "y ya se están notando los principales efectos" del fenómeno. Además, ahora la sociedad cuenta con una juventud movilizada, al menos en parte, que se está haciendo oír. Para la directora de Conversaciones de Ecodes, el principal cambio que se percibe ahora desde aquellas cumbres es que “<strong>el mundo financiero se ha dado cuenta de que tiene riesgo en las inversiones de combustibles fósiles </strong>y llevan tiempo sacando la pasta de ahí e invirtiéndola en energías renovables". No por amor al arte, sino porque saben que el futuro no puede pasar por seguir contaminando. Ya no les da dinero.</p><p>La próxima cumbre es la presidida por Chile y celebrada en Madrid, el próximo mes. Pronto sabremos cómo queda en los libros de historia, si como un éxito o como un fracaso. Probablemente, como la mayoría de las cumbres del clima, se quede en tierra de nadie: con avances parciales, pero con bloqueos, renuncias y falta de ambición. <strong>El tiempo, eso sí, corre en su contra.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[La mayoría de los países llega a la cumbre de Madrid sin haber actualizado sus compromisos desde París]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/mayoria-paises-llega-cumbre-madrid-haber-actualizado-compromisos-paris_1_1176708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/435357e1-cca5-4382-8784-c82de359998e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mayoría de los países llega a la cumbre de Madrid sin haber actualizado sus compromisos desde París"></p><p><strong>La cumbre del clima de 2019 se celebrará en Madrid</strong>, tras la renuncia de Chile. El Gobierno español, en funciones, organizará en un mes lo que generalmente ocupa año y medio y la capital será la anfitriona de un encuentro clave, como lo son todos desde el de París de 2015, para evitar las peores consecuencias de un cambio climático con hechuras de crisis. Sin embargo, los datos no invitan al optimismo: <strong>no parece que vaya a haber un cambio de rumbo en la apatía con la que la mayoría de los países asumen sus compromisos de reducción de emisiones de cambio climático.</strong> Pocos de ellos han hecho los deberes antes del evento del próximo diciembre.</p><p>En los últimos días se han publicado varios informes que repasan los compromisos de cada país contra el cambio climático. El Acuerdo de París, firmado en 2015 y que entrará en funcionamiento en 2020, pone como límite 2 grados de aumento de las temperaturas, a ser posible 1,5º: sin embargo, las promesas de cada nación, según diversos análisis, llevan al planeta a un calentamiento de entre 3 o 4 grados. Aunque pueda parecer poco, según han explicado los científicos convocados por Naciones Unidas en diversas ocasiones, ahí está la diferencia <strong>entre un cambio climático "manejable" y un cambio climático que lleve al colapso de la sociedad occidental</strong>, provocando crisis irresolubles en materias tan diversas pero tan relacionadas como el sistema energético, el agroalimentario o los ecosistemas.</p><p>En la pasada COP24 de Polonia, dichos informes señalaban que los compromisos nos dirigían a un calentamiento global de <strong>4 grados</strong>. El panorama no ha cambiado demasiado. Sin cuantificarlo en grados, pero con conclusiones similares, la nueva edición del informe <em>From Brown to Green</em>, realizado por la organización internacional Climate Transparency, evalúa las promesas de los países del G20, que incluye tanto a desarrollados como en vías de desarrollo e industrialización, y las conclusiones no son alentadoras. "<strong>Las emisiones de dióxido de carbono de las 20 economías más grandes del mundo están aumentando. Ninguno de los países del G20 tiene planes que los encaminen a limitar el calentamiento global a 1,5º,</strong> a pesar de que la mayoría son técnicamente capaces y tienen incentivos económicos", aseguran los investigadores.</p><p><strong>Las emisiones de los países del G20 representan nada más y nada menos que el 80% del total que se emiten, por lo que cualquier acción climática que pretenda tener un mínimo de impacto debe tenerlos en cuenta.</strong> "Se proyecta que China, la UE y sus estados miembros del G20, India, Indonesia, Rusia, Arabia Saudí y Turquía cumplan o superen sus objetivos de NDC's [contribuciones determinadas a nivel nacional, los <em>deberes</em> climáticos de cada país] (…). Esto indica que los objetivos aún no son la 'mayor ambición posible' como lo exige el Acuerdo de París". Es decir, que <strong>no solo los compromisos planteados son insuficientes, sino que el estudio prevé que gran parte de los miembros del grupo ni siquiera los van a cumplir.</strong></p><p>Para llegar a esa conclusión, los investigadores analizan las emisiones de gases de efecto invernadero de cada país, la mayoría al alza durante 2018. <strong>Las relacionadas con la energía aumentaron un 1,8% en 2018, con el transporte un 1,2% y con la construcción un terrorífico 4,1%</strong>, producto de que muchos de los países incluidos están en pleno desarrollo. El 82% del <em>mix </em>energético de estas naciones proviene de combustibles fósiles, aunque hay grandes diferencias: mientras que Alemania, India y Brasil cuentan con estrategias limpias en este sentido, Arabia Saudí, Corea del Sur y Sudáfrica cuentan con una participación de renovables de entre el 0 y el 5%. Hay brotes verdes: el esfuerzo de China pese a su inmenso impacto, las medidas de determinados países de la Unión Europea… pero<strong> muchos de los grandes contaminadores siguen sin moverse demasiado</strong>.</p><p>Otro informe publicado esta semana, con el explícito nombre de <strong>La verdad detrás de los compromisos climáticos</strong>, abre el foco y analiza los NDC's de los 184 firmantes del Acuerdo de París: casi el 75% son insuficientes para alcanzar los 1,5 grados de calentamiento, según los investigadores del Fondo Ecológico Universal. <strong>Solo la Unión Europea aprueba con sus objetivos, aunque otra materia bien distinta será su cumplimiento. El documento se hace eco, además, de un dato muy revelador: el 97% de las 184 promesas climáticas son las mismas</strong> que se presentaron inicialmente en 2015-2016 después de la adopción del Acuerdo de París. Solo seis países han revisado sus promesas: cuatro aumentaron su plan para reducir las emisiones, y dos debilitaron sus compromisos. Presentaron objetivos que no sirven para cumplir el pacto que firmaron justo un año antes, y en casi un lustro no los han actualizado.</p><p>El estudio, sin embargo, cuenta con una carencia de base: no tiene en cuenta la justicia climática. <strong>Equipara en los esfuerzos que deben tomar a los países más desarrollados, y más culpables de la crisis climática, a los menos desarrollados en términos de industrialización</strong>, que menos culpa tienen y cuyas prioridades son absolutamente distintas. Así, casi la totalidad del continente africano aparece en rojo en el mapa elaborado por los investigadores.</p><p>  </p><p> Mapa de compromisos contra el cambio climático de cada país.</p><p><strong>El papel de la COP25</strong></p><p>La próxima cumbre del clima, cuya presidencia ostenta Chile pero que se celebrará en Madrid, intentará, una vez más, <strong>reducir esta brecha entre las promesas y la realidad</strong>. Según  explica Javier Andaluz, coordinador de cambio climático de Ecologistas en Acción, <strong>dicha presidencia tendrá buena parte de culpa si, como apuntan los indicios de los más pesimistas, el encuentro se cierra sin un avance tangible</strong>. El Diálogo de Talanoa, el espacio ideado en la COP23 para mejorar los objetivos climáticos de cada nación, tuvo presencia también en la COP24 y lo tendrá en la COP25, aunque descafeinado. "Las últimas noticias que tenemos es que Chile, de alguna forma, <strong>lo que propone es aplazar este diálogo de la ambición y proponer una especie de pequeño manual con la esperanza de que de alguna parte los países mejoren su NDC's</strong> antes de la próxima COP. El problema que tenemos los ecologistas es que, si de 2015 a 2019 no han adelantado nada salvo algunos contados casos (…), nos parece difícilmente creíble que se produzca un diálogo en menos de un año para aumentar esa ambición si no se cierra nada aquí en Madrid".</p><p>La historia de las cumbres del clima tras el hito del Acuerdo de París de 2015 es una historia de desengaños. Ha habido avances: por ejemplo, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2018/12/30/cumbre_del_clima_final_89922_1022.html" target="_blank">el año pasado se cerró un –descafeinado– manual técnico con las reglas, comunes para todos los países, para aplicar el pacto</a>. Pero, como atestiguan los informes y los activistas, los esfuerzos realmente meritorios para combatir el cambio climático, los compromisos para reducir más emisiones, están estancados. <strong>Hay varios bloqueos políticos que el encuentro que se celebrará en Madrid intentará resolver.</strong> Se debe alcanzar un consenso sobre cuándo y cómo revisar los objetivos de 2015; se debe definir la continuidad de los mecanismos de desarrollo entre países, para que los ricos ayuden a la transición energética y ecológica de los más pobres; y, en este sentido, el Fondo Verde por el Clima está paralizado, explica Andaluz. "Básicamente, <strong>los que dependen de esa financiación han dicho que van a bloquear todo</strong>, a veces de manera bastante aleatoria, hasta que no se aclaren los procesos". El Grupo de los 77, de países en vías de desarrollo, lidera esta postura.</p><p>Se ha dicho que esta es la última gran cumbre en la que se pueden mejorar significativamente los compromisos antes de la COP de 2020 en Reino Unido, ya que por entonces quedará poco para la entrada en vigor del Acuerdo de París. No es del todo cierto. <strong>Los países pueden mejorar sus objetivos siempre que quieran: pero sí que será la última COP en la que se pueda consensuar un mecanismo, dentro de dicho pacto, que les obliguen a hacerlo</strong>. La de Madrid no será la última gran cumbre, pero sí una de las últimas antes de que sea posible evitar los peores efectos del cambio climático.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medioambiente,Cumbre del clima de Madrid]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cumbre del Clima de Madrid: el reto de organizar en un mes lo que suele ocupar un año]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cumbre-clima-madrid-reto-organizar-mes-suele-ocupar-ano_1_1176710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e749c3f-68c1-4e8f-978c-173736e595d6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cumbre del Clima de Madrid: el reto de organizar en un mes lo que suele ocupar un año"></p><p>Generalmente la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (un nombre larguísimo, que suele abreviarse como COP y cumbre del clima) <strong>suele organizarse con un año y medio de antelación</strong>. De hecho, ya se conoce el lugar donde se celebrará la número 26, la de 2020: en Glasgow (Reino Unido). España se ha comprometido a organizar la próxima COP con algo más de un mes de antelación, <strong>lo que obliga a un esfuerzo técnico, político, diplomático, organizativo y logístico de primer nivel</strong>. Todas las fuentes consultadas coinciden en que, por ahora, la coordinación entre las distintas partes implicadas está funcionando a la perfección. Y no son pocas: el Ministerio para la Transición Ecológica, con interlocución continua con Naciones Unidas, lidera un proceso contrarreloj que compete también a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de la capital, a otros ministerios como el de Exteriores o el de Hacienda, a los hoteleros, a los taxistas, y a la Feria de Madrid (Ifema) como anfitriona.</p><p>Las conversaciones entre las partes con el objetivo de seguir aumentando la ambición de las medidas contra la crisis climática las seguirá liderando Chile, que sigue ostentando la presidencia pese a no ser ya país anfitrión. Pero el Gobierno sabe perfectamente que en la cumbre del clima se juega, además del futuro del planeta, su reputación. <strong>La apuesta es arriesgada: un encuentro con problemas fruto del poco tiempo disponible deja al país en una mala situación ante los 25.000 asistentes al día que pasarán por Ifema</strong>, de casi todas las partes del mundo. Una buena cumbre transmite la idea de un país fiable ante las emergencias… tanto organizativas como climáticas. Así lo explican fuentes cercanas al Ejecutivo, que apuntan que España Global (la antigua Marca España, la Secretaría de Estado que se encarga de apuntalar y mejorar la imagen del país en el exterior) <strong>dará apoyo en materia diplomática y de comunicación.</strong></p><p>En ese sentido, la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, <strong>explicó este viernes en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros muchos de los detalles que permitirán al Gobierno hacer en un mes lo que generalmente se hace en un año</strong>. "España se siente honrada de haber recibido el visto bueno de Naciones Unidas" para albergar la cumbre, explicó. La principal medida que anunció fue la publicación de un decreto ley para, amparándose en la Ley de Contratos del Sector Público, declarar la COP25 como de excepcional interés público y, así, tramitar los contratos necesarios con carácter de urgencia. También establece incentivos fiscales para el mecenazgo y los patrocinios del encuentro.</p><p>Posteriormente, y ante las preguntas de los periodistas, estimó el coste de la organización al completo: <strong>habiendo costado 35 millones de euros la COP más barata y 178 millones la más cara (la de París de 2015), Ribera prometió que la cifra resultante, aún por calcular, estará más cercana a la primera que a la segunda</strong>. Mucho de ese dinero se recupera por efecto de esos mismos mecenazgos: la ministra explicó que están trabajando para recuperar los patrocinios que se cancelaron cuando Chile anunció que renunciaba a acoger el evento.</p><p>El Ministerio para la Transición Ecológica anunció este viernes, además, la <strong>creación del Comité Organizador de la COP25</strong> "para la planificación, organización y ejecución de las tareas precisas para el desarrollo de la misma, así como para asegurar la coordinación entre los órganos de las Administraciones competentes". En el órgano, <strong>presidido por Ribera y vicepresidido por el director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, tendrán presencia los ministerios para la Transición Ecológica, de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación; Política Territorial y Función Pública; Hacienda e Interior</strong>; así como la Casa del Rey, el Alto Comisionado para la Agenda 2030, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Se encargará de aprobar el programa de actividades, lograr la participación de todas las partes y, en definitiva, velar por el correcto desarrollo de la cumbre. </p><p>Las partes de dicho comité que no forman parte del Ejecutivo ya han mostrado su entusiasmo. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, <strong>ha augurado que la cumbre será “un éxito” y que dejará 200 millones de euros en la región.</strong> Aseguró que el Ejecutivo autonómico está barajando de qué manera facilitar el transporte público (y sostenible) a los asistentes al encuentro. Para dicha movilidad también cuentan con la complicidad de los <strong>taxistas</strong>, que pondrán todos sus recursos, conscientes de que un nuevo agosto inesperado viene a la capital; y a los <strong>hoteleros,</strong> se les junta una ya de por sí buena fecha para su negocio (el Puente de la Constitución) con un evento donde la mayoría de los 25.000 asistentes necesita alojamiento. <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2019-11-07/emt-huelga-autobuses-cumbre-del-clima_2317691/" target="_blank">Aprovecharán, previsiblemente, para subir los precios</a>. Europa Press desveló que el Ministerio para la Transición Ecológica ha subcontratado a <strong>Madrid Convention Bureau, dependiente del Ayuntamiento de Madrid</strong>, para bloquear una parte de las plazas disponibles en la ciudad. EFE le ha puesto cifras: entre 10.000 y 12.000 plazas. Eso sí, los autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2019-11-07/emt-huelga-autobuses-cumbre-del-clima_2317691/" target="_blank">aprovecharán la ocasión para hacer huelga</a>, en protesta por las medidas de Almeida en el Consistorio de la capital. </p><p>El Gobierno también ha explicado sus previsiones para otras cuestiones organizativas. Los países africanos, <a href="https://www.climatechangenews.com/2019/11/01/madrid-host-cop25-un-climate-talks/" target="_blank">desveló Climate Home News</a>, <strong>estaban preocupados por los visados y el poco margen para conseguirlos</strong>. Transición Ecológica ha asegurado que "se establecerán disposiciones especiales para los delegados que necesiten visados Schengen. España cuenta con 182 consulados en todo el mundo que actuarán como puntos focales para gestionar la emisión de visados. Se han enviado  instrucciones claras a todos los consulados para garantizar un procedimiento de emisión de visados acelerado". Además, <strong>se facilitarán planes de vuelo con escala en alguna ciudad de sede de una Embajada o Consulado español</strong>, para todos aquellos países en los que España no tiene representación diplomática, y se expedirán visados "de forma acelerada". El Ejecutivo también facilitará la presencia a las ONG españolas que no estén aceptadas como observadoras por Naciones Unidas. </p><p>Los planes del Gobierno están claros: pero<strong> habrá que esperar a diciembre para evaluar si no se producen contratiempos.</strong></p><p><strong>El papel de Ifema</strong></p><p><strong>La logística de las instalaciones corresponde a Ifema, Feria de Madrid. </strong>En palabras del presidente de su Comité Ejecutivo, Clemente González, será "un reto muy ambicioso" y, si todo sale bien, "un récord". Es complicado encontrar una entidad que haya asumido la organización de un evento tan grande en tan poco tiempo. Porque el reto, según González, no viene de la cantidad de asistentes esperada, –"en Fitur se acogieron a 253.000 visitantes a pesar de la huelga del taxi", dice– sino del tiempo. Naciones Unidas, explica el responsable, les visitó el pasado lunes y les pidió que toda la instalación estuviera lista para el 25 de noviembre y que de 80.000 metros cuadrados previstos inicialmente pasara a 100.000 m2, la mitad del espacio disponible. <strong>Los preparativos arrancaron este viernes y el comienzo de las obras está previsto para el 17 de noviembre, por lo que tienen "18 días para materializar esta cumbre dentro de Ifema" y 8 días para levantarlo todo</strong>. Para lo que generalmente se necesitan meses. Y con un requisito: que sea exactamente igual que la proyectada en Chile. Con dos espacios diferenciados: una zona, denominada "azul", dedicada a las negociaciones entre los países miembro de Naciones Unidas, y otra, la "verde",  para actos paralelos de científicos, activistas y sociedad civil en general.</p><p>"Dijimos que sí" tras barajarlo un par de días, explica el presidente de Ifema, "porque es un tema muy importante para España" y porque el Comité Ejecutivo confía plenamente en los trabajadores de la entidad. <strong>"Hemos hecho más de 600 congresos de este tamaño. El equipo que tenemos tiene mucho oficio en estos temas</strong>". González celebra que, hasta el momento, la comunicación está siendo "muy fluida" tanto con el Ministerio para la Transición Ecológica (de donde vino la propuesta) como con la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital, necesarios para que todo vaya bien. En total, explica Ifema, la COP25 ocupará un total de 6 pabellones y el Centro de Convenciones Norte al completo, así como las salas de reuniones situadas sobre los pabellones, que se suman a las salas que integran el proyecto en el interior de los pabellones.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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