x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




Plaza Pública

El ADN de la derecha española

José Errejón
Publicada el 17/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 16/12/2018 a las 14:40
Facebook Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios

El contexto global no es favorable para avances significativos en la senda del aumento en cantidad y calidad de los derechos, de la extensión y profundización de la democracia. En todo el mundo las fuerzas de izquierdas, progresistas o como quiera que sean denominadas, retroceden y sus objetivos a corto y medio plazo se reducen prácticamente a conservar el mayor número de instituciones de la democracia liberal ya expresamente amenazadas por la presión de gobernanza tecnocrática y financiera, de un lado, y por la emergencia de formaciones protofascistas alimentadas por la descomposición de las sociedades contemporáneas por efecto de cuatro décadas de políticas neoliberales.

Las esperanzas despertadas por los movimientos democráticos en el Mediterráneo oriental, en Grecia, en España, en USA, han dado paso a una etapa de neutralización en unos casos y de represión directa en otros, con un resultado global de repliegue de la mayor parte de los regímenes políticos sobre sus instituciones más explícitamente coercitivas.

Las formaciones políticas surgidas del seno de estos movimientos o han sido absorbidas y neutralizadas por las instituciones de estos regímenes políticos o han entrado en acelerados procesos de marginalización. Ninguno de ellos parece en condiciones de reequilibrar las condiciones de vida en favor de las capas subalternas y tras la devastación sufrida por la aplicación de políticas austeritarias aparecen más fragmentadas y faltas de cohesión que antes de la crisis de 2008.

En estas condiciones, una parte muy significativa de estas capas pueden buscar refugio en propuestas políticas de signo reaccionario postulantes de una vuelta al soberanismo nacional pretendidamente opuesto al globalismo neoliberal. La ausencia de alternativas reales en las cuatro décadas de hegemonía neoliberal y tras 10 años de políticas austeritarias favorece ese tipo de repliegue de los sectores populares sobre propuestas que a su condición reaccionaria unen su inviabilidad política y económica.

En España ese repliegue se hace con el pretexto de la “unidad nacional” y, en su versión “constitucionalista”, el de la igualdad de derechos en todas las partes del territorio nacional, presuntamente amenazados por el secesionismo en Cataluña. El acceso del PSOE al Gobierno tas la moción de censura que desalojó al PP tras la sentencia que mostraba la sistemática corrupción que ha acompañado a este partido desde su fundación no ha hecho sino radicalizar ese proceso de repliegue con la entrada en escena de otro partido de la derecha extrema con las bendiciones de quien fuera presidente del Gobierno entre 1996 y 2004.

Este último extremo revela un hecho que data de la fundación misma del régimen y que tiene que ver con la condición antidemocrática y —me atrevería a decir— iliberal de la derecha española. En 1977 la derecha política se configuró en dos partidos. Uno de ellos capitaneado por algunos ministros de Franco, AP, que rechazaba expresamente elementos basales de lo que luego sería el ordenamiento constitucional como el Título VIII, así como la legalización de todas las formaciones políticas a la izquierda del PSOE. Su postulado consistía, en esencia, en una reforma del ordenamiento jurídico franquista que garantizara el predominio de los sectores sociales beneficiarios del golpe de Estado de 1936 y las cuatro décadas de beligerancia contra los sectores populares y los derechos civiles y políticos; con una representación simbólica de la izquierda atlantista y la hegemonía indiscutida de la derecha política a través de un sistema electoral claramente favorecedor de la España más conservadora y que al final fue el que terminó consagrándose en la propia Constitución con la circunscripción provincial.

El otro partido de la derecha, UCD, fue el cajón de sastre de cuantos sectores querían un cambio modernizador del país pero no planteaban abiertamente la ruptura con la legalidad y las instituciones del régimen franquista. Que se popularizara la consigna de Fernández Miranda “de la ley a la ley” expresa bien el contenido y alcance de su propuesta política. Dirigido en primera instancia por los reformistas del Movimiento y el Estado franquista, sus ambigüedades y la ausencia de un proyecto consistente acabaron pronto con su vida, haciendo posible la hegemonía en el campo de la derecha política del partido que, como se ha dicho, rechazaba expresamente los dos pilares de la Constitución, el social y el territorial.

Este corto pero intenso período político tuvo como consecuencia cerrar el paso a la posibilidad de una derecha no comandada por cuadros del franquismo (tanto Fraga como Suárez lo eran). Ni demócratas cristianos ni liberales consiguieron que sus ideas desempeñaran una función más allá del adorno y “lavado de cara” de la vieja faz franquista de los dirigentes de la derecha. Los primeros (su sector más progresista) terminaron incorporándose al PSOE como el gran partido de la reforma social y los derechos ciudadanos. Los segundos han deambulado a la espera de un proyecto propio en el interior del PP, cada vez más olvidados de la tradición liberal española y más volcados a la instrumentación del discurso neoliberal que necesitaba el capitalismo español.

En la terminología política de la cultura de la Transición esta anomalía política podría ser caracterizada como la ausencia del centro. El centro fue postulado desde los comienzos del régimen como el lugar de todas las virtudes y en su apoyo se alegaba, contra toda evidencia, que era ahí donde se encontraba la mayoría de la sociedad española.

Sea como fuere, esta ausencia del “partido de los derechos civiles” ha hecho que su función haya debido ser desempeñada por el PSOE a lo largo de sus mandatos y que ello haya podido difuminar la condición de partido de la izquierda española que desempeña desde hace casi 140 años. No es excepcional en la historia que una formación política desempeñe funciones que corresponden a partidos de distinto signo ideológico; los casos más frecuentes han sido partidos de izquierda desempeñando funciones de impulso y fomento del desarrollo capitalista: a partir de 1982 esa función la ha desempeñado el PSOE en nuestro país.

Sea como fuere y a los efectos que aquí nos importan, la derecha política no ha sentido la obligación de homologarse con los partidos conservadores del continente, al menos en cuanto a la condena de los regímenes fascistas se refiere.

El compromiso de 1945, en el que las derechas europeas aceptaron —y en algunos países impulsaron decisivamente— el Estado del Bienestar y condenaron el fascismo (a cambio de que se olvidaran los múltiples beneficios que habían obtenido de él en el periodo de entreguerras) no parece que vinculara a la derecha española que se ha sentido partícipe de la legitimidad de la Transición (“de la ley a la ley”) sin tener que renunciar por ello a su "activo histórico” del siglo XX, la victoria militar de 1939 y su indiscutido dominio durante las siguientes cuatro décadas.

Este hecho, de capital importancia, está en el origen de algunas anomalías del régimen en relación con otros sistemas políticos europeos. Y, desde luego, explica por qué, hasta ahora, no ha prosperado partido de extrema derecha alguno. Las ideas y valores de extrema derecha, gobernantes entre 1939 y 1975, constituyen el mensaje genético de la derecha española que nunca se ha visto obligada a renunciar a ellas. De forma que, más allá de algunos fenómenos pintorescos como la Falange o los grupos neonazis, la derecha sociológica española se ha visto orgánicamente representada, sin solución de continuidad, desde el aparato de Estado franquista, pasando por AP, hasta el actual Partido Popular y Vox. Decía Santi Alba en un artículo reciente que España era el único país en el que se podía uno proclamare demócrata sin ser antifascista y, más aún, que la militancia antifascista era presentada como un radicalismo incompatible con la democracia.

Para la derecha (y para la totalidad del electorado) es un hecho que el Estado democrático sea, con algunos retoques más de forma que de fondo, el heredero del Estado franquista. Esta continuidad en la que el ejército y la monarquía han jugado un papel tan importante, es lo que le da a la democracia española, al régimen del 78, ese aire tan “singular”. El Estado en España no ha sido fundado o refundado por la Constitución del 78; ha sido más bien la Constitución la que ha sido producida/otorgada con el acuerdo/autorización del Estado. Conviene retener este hecho pues determina las condiciones de posibilidad de esa corriente de fondo que ha teorizado el fundador de Vox de como una “derecha sin complejos” podría ganar la hegemonía política en España.

Con ocasión de la crisis del modelo territorial de la Constitución, estas fuerzas de la derecha han desatado una guerra contra los contenidos sociales y democráticos de la Constitución así como contra la descentralización política y administrativa amparada en el Título VIII de la misma.

Es una ocasión histórica esta en la que las instituciones de la democracia liberal en todo el mundo son objeto del acoso de los sectores sociales más poderosos, después de que lo hubieran hecho contra las del Estado social y democrático. Primero recortaron y en algunos casos suprimieron los derechos sociales y, más tarde, acometen la ofensiva contra los derechos civiles y políticos , poniendo de relieve la incompatibilidad manifiesta entre el capitalismo realmente existente y la democracia, aún en sus formas más tibias.

En España todo ello no hubiera sido posible sin el revulsivo que ha representado el procés sobre la conciencia de amplios y muy diversos sectores de la sociedad española. Es verdad que la acelerada dinámica secesionista no habría sido posible sin la afrenta de la STC 31/2010 declarando anticonstitucionales varios preceptos (similares, por lo demás, a los que están en vigor en los Estatutos de Andalucía y Baleares) del Estatuto votado por los Parlamentos de Cataluña y España y ratificado por el referéndum del electorado catalán.

Pero a estas alturas parece fuera de duda que los dirigentes del procés han subestimado la fortaleza de las instituciones del Estado y, lo que es más importante, el grado de identificación de una parte muy importante de la sociedad española con las mismas. Les ha sorprendido la capacidad de reacción de las instituciones del Estado, tanto del Ejecutivo como del Poder Judicial y no han sido capaces de rentabilizar el apoyo electoral sostenido que les presta una parte significativa de la sociedad catalana ni tampoco el acceso al Gobierno del PSOE, que determina unas condiciones notoriamente más favorables para buscar una salida negociada al conflicto.

Sin conocer a fondo la realidad de la escena política catalana, la impresión es que quienes impulsan el procés están imbuidos de un prejuicio ideológico que les impide considerar de forma adecuada los términos del conflicto y la relación real de fuerzas que lo caracteriza. Acaso piensan que la maldición mesetaria impide a las instituciones del Estado actuar con la celeridad y la eficacia requerida para atajar el reto que en sede legislativa lanzaron en el otoño de 2017. Y subestiman la oportunidad que potencialmente les podría brindar un proceso político de redemocratización del Estado como el que podría impulsar el conjunto de las fuerzas que hicieron posible la moción de censura que sacó al PP de la Moncloa.

Aún hay tiempo, aún no se ha cerrado esta ventana de oportunidad. La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2019 sería un hito muy positivo para poner a la derecha a la defensiva, toda vez que permitiría situar la agenda en los problemas que afectan a los sectores más desfavorecidos en tanto que tales, no en tanto que agobiados por la propaganda que los medios de derecha y extrema derecha hacen anunciando la “ruptura de España”.

Tampoco estaría de más un diálogo político entre las formaciones políticas nacionalistas de izquierda y la izquierda con implantación estatal. Los objetivos de unos y otros, sin ser idénticos, precisan de un marco político que los haga posibles. Una Constitución reformada puede ser el continente adecuado tanto para asentar una solución satisfactoria para las aspiraciones al autogobierno del pueblo catalán, como para la consagración de la recuperación de los mejores contenidos sociales y democráticos erosionados por la acción de los gobiernos de la derecha.
___________________
 
José Errejón es administrador civil del Estado.
Más contenidos sobre este tema
Etiquetas




Hazte socio de infolibre

14 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 18/12/18 04:03

    ¿Cuál es el ADN de la derecha francesa? ¿Vichy? Porque no es que se depurara mucho a los colaboracionistas después de la Segunda Guerra mundial más allá de la ejecución de Pétain. Por no hablar de la extrema derecha actual de Le Pen, a punto de conseguir la Presidencia en las últimas elecciones. ¿Y el ADN de la derecha alemana, ese país que aprendió a ser demócrata a la fuerza porque a la fuerza se lo impusieron los EE.UU. tras la derrota del nazismo? ¿Y la derecha italiana, desde la inefable Democracia Cristiana, bastión anticomunista, hasta el engendro salvinista de hoy día?

    ¿De verdad tenemos una derecha con un ADN especialmente horroroso, señor Errejón? ¿De verdad? Pues no lo veo yo.

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    3

  • JMontero JMontero 18/12/18 02:50

    Gracias por la opinión, ha sido muy interesante leerla. Sin embargo, no entiendo cómo se conjuga la crítica del sistema neoliberal, por las desigualdades que genera entiendo, con el deseo de conceder más autonomía -¿imagino que también económica?- a una de las regiones más ricas del estado. Para mi, los nacionalismos, sean del color que sean, generan desigualdad

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • JOSE12000 JOSE12000 18/12/18 01:50

    Le recuerdo al gobierno de "izquierdas" del PSOE, que deberían proceder a la derogacion de la llamada Ley Mordaza, aunque sólo sea eso, esta ley, profundamente anticonstitucional y fascista, ha sido denunciada como tal por AI, medios tan prestigiosos como NYT, e incluso organismos de la ONU, cada día en que la ley mordaza sigue en vigor 84 personas son sancionadas por pensar y actuar diferente.

    Gracias

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • bidebi bidebi 17/12/18 20:29

    2/2

    En cuanto a Catalunya, yo también creo que hubo subestimación. Pero no en el sentido de “la fortaleza del estado”, ya que a mi me parece evidente que un estado que actúa de esta manera ante un problema político no es un estado fuerte si no muy débil. Sus reacciones son evidentes muestras de debilidad política. El fuerte es el que negocia políticamente un conflicto político, el débil es el que ante un conflicto político utiliza la fuerza armada. Por eso los estados fuertes con parecidos conflictos los han solucionado políticamente. Lo que los mismos dirigentes soberanistas catalanes reconocen es que subestimaron la potencial brutalidad del régimen español. No se la esperaban. ¿Ingenuidad?, pues sí, pero Europa tampoco se lo esperaba y siguen atónitos.
    Ante el posible gobierno próximo de la extrema derecha española por mayoría absoluta, ¿qué se puede hacer?. Creo que fue Iglesias, no estoy seguro, el que lo dijo el otro día. Se impone una actualización inmediata del pacto de la moción de censura para tratar de impedir que el neofranquismo gobierne. Pero …. está el PSOE de más arriba con un miedo atroz, con unas hipotecas tremendas y con una oposición interna que manda mucho y que no es mas que una derecha nacional con carnet PSOE.

    Responder

    Denunciar comentario

    4

    2

  • bidebi bidebi 17/12/18 20:28

    El título del artículo que me parece bueno resume todo el artículo y a España.
    El ADN de las derechas españolas ha venido determinando siempre el devenir español. Excluyendo de ese ADN a las derechas vascas y catalanas, que siempre han sido antifascistas.
    Ese ADN de la derecha española casi siempre ha sido fascista y como lo mejor, de forma excepcional, solamente autoritaria. Ello hace que las derechas españolas casi nunca hayan sido homologables a las derechas liberales. Por eso el término iliberal que se emplea define muy bien a esas derechas, que nunca han pretendido una verdadera democracia, si no que lo suyo es una idemocracia, cuyo ejemplo próximo sería Turquía.
    Este ha sido y sigue siendo el gran problema de España, que no es homologable.
    Para ellos, y desde luego lo consiguieron, el actual régimen español no es mas que una continuación modernizada del régimen del 39.

    En cuanto al llamado PSOE sí es cierto que desde el 78, o mejor dicho desde el 81, ha venido ejerciendo como partido de centro. Y su gran hacedor fue evidentemente el señor X el de la cal. ¿Fue llevado al centro porque no existía un centro en España?. Yo creo que fue más complejo. Es que al PSOE de centro lo construyó Alemania y la CIA para que fuera de centro mediante subvenciones millonarias, con la obligación de destruir al único luchador español en el franquismo como fue el PCE. Es evidente que lo que temían era un PCE como el exitoso PCI porque no se podían permitir dos exitosos en el sur de Europa. Y además porque necesitaban un PSOE domesticado mediante el dinero que hiciera que España se integrara en la OTAN.

    Responder

    Denunciar comentario

    6

    3

  • jorgeplaza jorgeplaza 17/12/18 19:00

    Toda esta verborrea se va al traste cuando uno se da cuenta de que la evolución política en España, una vez estabilizada la democracia con el primer gobierno del PSOE, ha sido bastante parecida a la del resto de Europa: desplome progresivo de la izquierda socialdemócrata, predominio de las políticas económicas restrictivas y, tras la gran crisis financiera, aparición de partidos populistas a izquierda y, sobre todo, a derecha. La irrupción de VOX no hace más que confirmar que España no es ninguna excepción más que, si acaso, porque tenemos los separatistas (vascos y catalanes) más latosos de toda Europa y porque se ha conseguido acabar con la rama sanguinaria (ETA) de uno de ellos. Pero ni siquiera en eso somos especiales: también hay separatistas en otros países y también en el RU se acabó con las organizaciones terroristas de ambos bandos en el Ulster. O sea, señor Errejón, que sus malabares y fuegos de artificio para demostrar que España es diferente se quedan en eso: juegos florales, en los que el premio suele ser la Flor Natural y, por tanto, prosa florida pero vacua.
    Cada país tiene su propia historia: los franceses, con su Revolución y sus comunas andan una elección sí y otra también amagando con elegir a Le Pen padre o Le Pen hija, ya ve. A los italianos y alemanes les hicieron demócratas a la fuerza los EE.UU. después de la guerra (lo que no es más honroso, sino menos, que nuestra Transición) y los polacos, húngaros, bálticos o checos, por citar algunos de los más recientes miembros de la UE, está por ver que sean algo más que demócratas de conveniencia: para recibir transferencias de "pasta" de la UE, digo. Lo de Portugal, es verdad, tiene más épica, pero es que ellos llevaban un montón de años de guerra en sus colonias y tener un ejército movilizado y descontento tantos años acaba produciendo revoluciones de uno u otro signo.

    O sea, que no somos especiales ni mucho menos somos deficitarios en libertades o peores que países que pasan por democracias ejemplares. Sin acritud se lo digo: menos rollos.

    Responder

    Denunciar comentario

    6

    6

  • Fresno Fresno 17/12/18 11:27

    Estoy de acuerdo con la casi totalidad del artículo, excepto en un punto: la redemocratizacion del Estado, aunque muy deseable, en mi opinión es difícilmente conseguible porque las derechas no tienen ningún interés. El miedo del se rompe España no permite dar ningún paso de apertura democrática. El PSOE puede dar la sensación de mayor apertura y comprensión pero en realidad no hará nada por dos razones: 1) un movimiento más democrático-liberal lo penalizaría en unas elecciones y 2) muchos dirigentes y pesos pesados del partido son contrarios a dicho movimiento.
    Los. Gobiernos centrales mantienen una visión castellana de España y las autonomías son simplemente un formalismo técnico que está en la Constitución, pero que no tienen el reconocimiento necesario para considerar España un estado descentralizado. Es un estado mal administrado.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    8

    2

    • svara svara 17/12/18 18:25

      Quizás el PSOE después del batacazo andaluz entienda que lo mejor es decir y hacer en consonancia y dejarse de andar prometiendo historias que o bien no puede o no quiere cumplir. La "galería" hoy esta mas que harta de promesas que núnca se cumplen o que lo que se cumple sea antagónico con lo prometido. 

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      2

  • Grobledam Grobledam 17/12/18 11:13

    Es larga la mano del Procés. Lo malo es que las cabezas que lo acojen se ven forzadas a argumentaciones y postulados patéticos. Lo que sí tienen es un orden y disciplina encomiable: hoy toca lanzar el bulo del "franquismo" implícito en la C-78, anteayer era que "España nos roba", luego que "nos pega", que las empresas no se van a ir, que nos va a apoyar internacionalmente to'el mundo y todo aderezado con la corrupción manifiesta de todo el sistema judicial español (especialmente de los que juzgan a los delegados del gobierno presos) y, por supuesto, el mantra de que la causa secesionista está motivada por la Sentencia del STC/2010 declarando inconstitucionales artículos "similares" (ojo nunca dicen "iguales", sería pillarse los dedos) de los estatutos de Andalucía y Baleares.
    El artículo de hoy: pura propaganda seguidista, falsos argumentos, postulados retorcidos, apariencia pacífica y doctoral con un toque monjil, advirtiendo a los pobres procesistas de lo incautos que fueron al enfrentarse a "Papá Estado" que es mu fuerte y mu malote. Todo para intentar mantener la brecha abierta sin darse cuenta de que por ahí entra el agua que tarde o temprano hundirá el barco.
    La Constitución del 78 fue votada por el 67,1%% de los españoles, ratificada por el 87,9% de esos españoles entre los que destacó Cataluña, donde fue revalidada por el 90,5% de sus votantes con el 69,7% de participación; eso sí en un referéndum de verdad, no uno de la Srta.Pepis.
    Teniendo en cuenta que el último Estatut fue votado por el 49,8% de los catalanes y ratificado por el 73,9%, ¿Qué conclusión debemos sacar, Sr José Errejón?. ¿Que los catalanes apoyan más la Constitución "franquista" que el último Estatut?. Según su argumentación así es. También podría ser que la mayoría de españoles incluidos los catalanes sean tontos o ¿quizás franquistas?. De risa, por no llorar.
    Es aburrido tener que repetirse, pero la propaganda mentirosa tendrá su correspondiente contrapropaganda informativa para taponar las vías de agua del barco estatal que, tarde o temprano, tendrá que lanzar sus balsas salvavidas para rescatar lo que quede del naufragio secesionista.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    6

    11

    • luzin luzin 17/12/18 11:23

      Lo ha clavado... parece que a algunos les basta con repetir una y otra vez las mismas mentiras ... pero nunca hacen propuestas concretas ... por qué será?

      Responder

      Denunciar comentario

      4

      8

  • norbert norbert 17/12/18 10:19

    Como primer medida el artículo realiza un acertado análisis de los principales circunstancias históricas
    que ha vivido España y a su vez permite contextualizar la situación actual que destaca por el auge de la extrema derecha. La propuesta de probación de los PGE y de como reubicaría a la derecha a la defensiva es posible y plausible, y de paso ayudaría a mejorar el día a día en los problemas más concretos y acuciantes que afectan a la ciudadanía.

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    5

  • platanito platanito 17/12/18 08:10

    ¿Y de dónde saca usted los 2/3 necesarios para tal reforma? Estamos pillados y bien pillados.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 2 Respuestas

    4

    3

    • Prometeo46 Prometeo46 17/12/18 10:27

      Efectivamente, dada la postura de la derecha española, PP, C´s y Vox, la Constitución, hoy por hoy desgraciadamente es irreformable; la única posibilidad de solucionar el conflicto de Cataluña, y también es muy difícil, es la propuesta del PSOE de reformar el Estatut de Cataluña.

      Responder

      Denunciar comentario

      2

      3

    • luzin luzin 17/12/18 09:00

      Digo yo que antes de buscar los 2/3 deberían hacer una propuesta concreta. Desde luego en el panfleto de este señor no vemos ni una sola idea ...

      Responder

      Denunciar comentario

      6

      5

 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.