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La Iglesia católica y sus propiedades

Juan José Torres Núñez
Publicada el 02/04/2021 a las 06:00

Leemos en el Nuevo Testamento de la Biblia, en los Hechos de los Apóstoles (Hch 2, 44-45), que en la primera comunidad cristiana “los creyentes vivían todos de mutuo acuerdo y todo lo compartían. Hasta vendían las propiedades y bienes y repartían el dinero entre todos según la necesidad de cada cual”. En (Hch 4, 32-35) los creyentes “que eran dueños de haciendas o casas las vendían y entregaban el producto de la venta, poniéndolo a disposición de los apóstoles para que estos lo distribuyeran conforme a la necesidad de cada uno”. En el evangelio según Mateo (Mt 19, 16-21), un joven rico le pregunta a Jesús: “Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para alcanzar la vida eterna?” Después de contestarle Jesús que tenía que cumplir los mandamientos, añadió: “Si quieres ser perfecto, vete a vender lo que posees y reparte el producto entre los pobres”. Esta historia del joven rico también la encontramos en el evangelio según Marcos (Mc 10, 17-21) y en el evangelio según Lucas (Lc 18, 18-22). En este evangelio (12, 15) Jesús dice: “Procurad evitar toda clase de avaricia, porque la vida de uno no depende de la abundancia de sus riquezas”. En la primera carta pastoral de Pedro a Timoteo, (1 Tm 6, 10), hablando contra el afán de las riquezas, le advierte que “la avaricia, en efecto, es la raíz de todos los males y, arrastrados por ella, algunos han perdido la fe y ahora son presos de múltiples remordimientos”. En (Lc 19, 20), Jesús advierte que “todos los que hayan dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mi causa, recibirán el ciento por uno de beneficio y la herencia de la vida eterna”.

La vida de la primera comunidad cristiana se parece al Manifiesto comunista cuando habla de “la abolición de la propiedad privada”. Sin embargo, como señala el profesor Roland H. Baiton en su libro Early Christianity (El cristianismo primitivo), “respecto a la propiedad, la Iglesia nunca adoptó completamente un comunismo de producción y consumo. Se compartían los bienes y había una filantropía drástica”. Baiton cita el Edicto de Milán, traducido al inglés, del año 313 d.C. Como sabemos, en el Siglo IV d. C. el emperador Constantino decretó que el cristianismo era una religión oficial del Imperio Romano. Con la conversión de Constantino al cristianismo, “la relación de la Iglesia con el mundo sufrió una alteración profunda y el mundo cesó su hostilidad contra la Iglesia”. Esta afiliación entre Iglesia y Estado, explica Baiton, trajo muchas fricciones por las divisiones en la Iglesia y las facciones cristianas rivales en Roma. Constantino afirmó que su conversión se debía a que había visto al Dios cristiano como el verdadero.

El Edicto de Milán, en donde se reunieron Constantino y Lucinius, no estableció el cristianismo como religión oficial del imperio, sino que fue un edicto universal de tolerancia. Declara que “el propósito es conceder a los cristianos y a todas las religiones completa autoridad para rendir culto a cualquier Divinidad”. Y decreta que “en cuanto a la posición legal de los cristianos, hemos considerado propicio ordenar que si alguien ha comprado, bien de nuestra hacienda o de otros, los lugares de reuniones […], que estos sean devueltos a los cristianos evitando el retraso y la duda, sin pago alguno o exigencia de precio. Los que se hayan obtenido por donación, se devolverán igualmente sin demora a los mencionados cristianos. Todas estas cosas deben devolverse inmediatamente sin demora […] a la corporación del cristianismo”. Hubo duras críticas contra la Iglesia imperial y la corrupción del cristianismo. Julián el apóstata manifestó que los cristianos “no han permanecido leales a las enseñanzas recibidas de los apóstoles. Y estas enseñanzas han sido alteradas por los que han venido después, de tal forma que son peor y más impías”. Celsus también atacó “el obscurantismo de los cristianos”.

Cuando en 1478 el Papa Sixtus IV promulgó la “bula fatal”, autorizando a España instaurar tribunales para extirpar la herejía en sus reinos, que fue abolida en 1834, “la Inquisición aplicó una línea de acción de sangre con el objetivo de destruir cualquier persona que no era un cristiano católico romano”, como opina el profesor Cicil Roth en su libro The Spanish Inquisition. Señala que “una de las armas más terribles de la Inquisición, además de su poder para imponer la pena de muerte, fue el derecho que tenía para confiscar las propiedades de los condenados”. Cuando la Inquisición “arrestaba a una persona, sus propiedades eran inmediatamente confiscadas”, subraya Roth. Y los que huían para no morir en las hogueras de los quemaderos o braseros, como se les llamaba, sus propiedades “también eran confiscadas”. Lo más horrible del holocausto del Santo Oficio, considerado como “una de las corporaciones más influyentes, es que alojaba a sus tribunales en los espléndidos palacios construidos con la riqueza amasada con las confiscaciones”. En las ceremonias de los quemaderos donde se quemaba a las personas vivas, hombres, mujeres (un número superior al de los hombres) y niños, asistían al “espectáculo” el “populacho” y la realeza “para propagar las glorias y los terrores de la Santa Fe Católica”.

Con la victoria de Franco en la Guerra Civil española, la presencia de la Iglesia Católica en el nuevo Estado era muy visible. Franco tenía que pagar la inestimable ayuda que recibió en la guerra, pues la Iglesia se unió a los golpistas contra el gobierno legítimo de la República. El Generalísimo Franco le pidió al cardenal Gomá el 10 de mayo de 1937 que publicara un escrito “dirigido al episcopado de todo el mundo”, rogándole que procurara “su reproducción en la prensa católica”, con objeto de “llegar a poner la verdad en su punto”. El cardenal Gomá se encargó de publicar una carta pastoral, con el apoyo de los obispos, desoyendo las palabras del cardenal arzobispo de Tarragona, Vidal i Barraquer, que pidió que “la Iglesia no debía identificarse con ninguno de los dos bandos, sino hacer obra de pacificación”. Para recompensar a la Iglesia, Franco creó la ley hipotecaria de 1946 en donde el artículo 206 otorga a los obispos la inmatriculación de bienes, un privilegio especial que la Iglesia ha utilizado para apropiarse injustamente de bienes que pertenecen al pueblo, sin presentar ningún documento para acreditar que la Iglesia es dueña de lo que ha registrado. En 1998, el presidente Aznar volvió a privilegiar a la Iglesia con una modificación de la ley de 1946, que se derogó en 2015. Todo con el consentimiento del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y del Partido Popular (PP) (véanse los artículos publicados en este periódico, Inmatriculaciones, un saqueo consentido a la Iglesia Católica, de Chema Gregorio Uribarri, Inmatriculaciones de la Iglesia: ¿cómo recuperar nuestro patrimonio cultural?, de Antonio Manuel Rodríguez, y Las 6 verdades de la casilla de la Iglesia ocultas tras la campaña ‘Xtantos’ y La Iglesia dedica su superávit de ingresos públicos a Trece TV: 3,76 millones, de Ángel Munárriz). Para Uribarri la Iglesia es “la mayor inmobiliaria” de España. Y para Munárriz un “imperio inmobiliario”, con 40.000 bienes, sin contar los que desconocemos.

Como comenta Paul Preston en su libro El holocausto español, “el odio al clero se exacerbaba al constatar la riqueza exorbitante en poder de la Iglesia, así como al reconocer los casos de curas que combatían en el bando rebelde”. Según Preston, “la riqueza de la derecha en general, y de la Iglesia Católica en particular, tuvo un papel relevante” en el odio y exterminio en la Guerra Civil española. Hoy la Iglesia se ha convertido en una institución privada: un Estado dentro del Estado español. No se comprende cómo “una democracia [que no es] plena” puede permitir esta injusticia. La codicia de la Iglesia Católica no tiene límites ni tampoco tiene nada que ver con lo que Jesús predica en los evangelios. Hay que “evitar la avaricia, porque la vida de uno no depende de la abundancia de sus riquezas”. La codicia por las riquezas hace que hoy mucha gente vaya perdiendo la fe y aumente cada vez más la secularización y el laicismo. Como leemos en (Lc 16, 13) y en (Mt 6, 24): “No podéis servir al mismo tiempo a Dios y al dinero”, pues el dinero es un poder personificado en confrontación con Dios.

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Juan José Torres Núñez es escritor y socio de infoLibre.

 

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29 Comentarios
  • CinicoRadical CinicoRadical 03/04/21 13:50

    si pueden servir a su dios que es el mismo y único, para los jefes, ,el dinero. IOR ?
    Aguirre,Esperanza, lo escupía más que decía, , el primer socialista JHS.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 03/04/21 11:23

    He llegado tarde a leer este artículo.
    Gracias Juan José Torres por el detalle observado. No conozco ningún artículo sobre este tema tan bien documentado y realizado. No eres periodista deduzco que, además de escritor, eres profesor.
    ¿Te explicas, por tanto, que las reacciones populares contra la iglesia católica y sus miembros, por parte del pueblo español hayan sido en todas las ocasiones, actos de justicia ante la vandálica acción de lesa iglesia que arruina nuestro país desde 1492.
     Es que quinientos noventa y dos años dan para mucho.

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  • Epi Epi 03/04/21 08:56

    Estos, son los que predican la pobreza(para los demás). ¡Cómo decía su líder? ¡Ah, sí! "Sepulcros blanqueados, raza de víboras..." En codicia sacan siempre sobresaliente y no tienen límites. Exhiben en las "semanas santas" todo el lujo y la hipocresía con patéticas manifestaciones sacadas de la más oscura Edad Media.
    Estupendo artículo, Sr Juan José Torres Núñez. Enhorabuena.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 02/04/21 21:00

    Muchas gracias por su artículo JJ Torres, es un placer compartir estos espacios con comentaristas como tu. También muchas gracias por las aportaciones de comentaristas que denotan la calidad de la participación. Gracias particulares a jorgeplaza.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 02/04/21 17:09

    Es verdad: la Iglesia tiene más de propietaria de bienes inmuebles que de entidad religiosa. No hay más que ver cómo crecen sus posesiones a la vez que menguan sus fieles practicantes y sus seminaristas. Pero el artículo, como tantos otros de supuestos "progresistas" termina de una manera muy desconcertante lamentando (no lo dice expresamente pero es obvio que se dice en tono pesaroso) que ese comportamiento de la Iglesia le reste adhesiones y fomente el laicismo: "La codicia por las riquezas hace que hoy mucha gente vaya perdiendo la fe y aumente cada vez más la secularización y el laicismo". Menos mal, ¿no? Habría que alegrarse, digo yo, de que la gente se aparte de la Iglesia. Es como si el escritor le estuviera reprochando a la Iglesia algo, como si le doliera que ya no se comportara como se dice en el Evangelio (yo dudo que fuera así nunca) que lo hacía en los primeros siglos. Afortunadamente, nadie nos obliga ya a bautizarnos o casarnos por la Iglesia ni nos impide divorciarnos por seguir las normas católicas. Como propietaria, la Iglesia sigue siendo poderosa, pero en la vida diaria ya no manda. Lo único que hay que desear es que ese apartamiento de la Iglesia, esa laicización de que se habla al final del artículo se acentúe y se acelere.

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    • Epi Epi 03/04/21 08:58

      ¿ Que no manda la Iglesia en la vida real? O eres un ingenuo o eres tonto. Elige.

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    • JJ Torres JJ Torres 02/04/21 18:49

      Muchas gracias señor jorgeplaza por su comentario. Me habla de uno de los problemas que siempre he tratado con mis alumnas y alumnos en clase en la universidad (en lengua inglesa, pero da igual el idioma). Sabemos que en un comentario de texto, "todo está en el texto", decía una profesora mía. Pero también sabemos que el texto puede ser ambiguo. No ha sido esta mi intención. Y siento que usted lo haya encontrado "desconcertante" al final. Sin embargo, comprenderá que yo no puedo pedir que la laicización "se acentúe y se acelere" -aunque sea este el caso- por respeto a los lectores. Simplemente doy hechos y estudio la evolución de la Iglesia y sus propiedades en el poco espacio que el artículo me permite, con la esperanza de que los lectores saquen sus conclusiones. Me gustaría que volviera usted a leer el artículo para ver si sigue "desconcertado", después de la información que le he dado y si sigue viendo el texto ambiguo.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 03/04/21 08:42

        Le agradezco la cortesía de responder directamente a un lector anónimo.

        Creo que la ambigüedad la produce que en su artículo expone la evolución desde una Iglesia primitiva supuestamente similar al comunismo, en la que prácticamente se compartían todos los bienes, hasta la gigantesca propietaria de bienes raíces a que prácticamente se ha reducido hoy la institución. Pero mientras que el estado actual es fácil de constatar empiricamente, igual que la actuación de la Inquisición o el alineamiento de la Iglesia con los sublevados en nuestra Guerra Civil y después, el idílico estado primitivo me parece más un mito que una realidad. Creo que es por ese contraste que establece su artículo entre dos situaciones que me parecen incomparables (porque los inicios idílicos a mí me parecen muy dudosos y, por contra, el estado actual de avidez implacable es notorio), por lo que el cierre de su artículo, aunque es verdad que no hacía ninguna valoración explícita del creciente apartamiento de los fieles, me pareció y me sigue pareciendo una añoranza, un lamento por la pérdida de aquella especie de paraíso en la tierra que su artículo da por bueno que era la Iglesia primitiva. Tal vez se me vuelven los dedos huéspedes, pero así lo veo.

        Le vuelvo a dar las gracias.

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        • JJ Torres JJ Torres 03/04/21 20:59

          Gracias de nuevo señor jorgeplaza por su comentario. Yo presento los "inicios idílicos" como aparecen en los Evangelios, aunque claro, como sabemos, la lucha entre las sectas cristianas -que hace complejo estudiar sus orígenes- ponen en duda muchas afirmaciones. Lo que quiero es demostrar que la Iglesia hoy no sigue los Evangelios, pero esto no es "un lamento por la pérdida del paraíso". Celsus acusó a los cristianos de "bárbaros" que "odiaban la raza humana", pues "si bien humanizaron a los esclavos, no abolieron la esclavitud". La Reconquista española nos muestra el gran poder de la Iglesia, que tendrá una importancia decisiva en la historia de España, al mantener una ayuda mutua entre Iglesia y Estado. Los reyes necesitaban la religión para la reconquista de España y le clero necesitaba a los reyes para recuperar sus posesiones y su influencia. Se trata, pues, de una Iglesia militante que contribuye a la Reconquista con la espada y la cruz. Así puede cristianizar las tierras reconquistadas y de esta forma el clero se convierte en una poderosa clase feudal, con vasallos propios para defender sus posesiones contra los infieles. Esta tradición aparece de nuevo con Franco, la Iglesia y el Estado.

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        • Epi Epi 03/04/21 09:02

          Sigues sin entender lo que te ha querido explicar el autor del artículo. En realidad eres miope, querido jorgeplaza. ¡Qué se le va a hacer!

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    • GRINGO GRINGO 02/04/21 17:42

      "...pero en la vida diaria ya no manda", estás seguro Jorge ??, yo creo que sigue mandando y mucho, no lo hace directamente, no hace propuestas políticas en el parlamento, pero tiene "brazos armados" a través de medios de comunicación, partidos políticos, y mucho meapilas adepto al Opus Dei y sectas similares....

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      • jorgeplaza jorgeplaza 03/04/21 08:53

        Estarás de acuerdo conmigo en que el Opus manda hoy en España bastante menos que cuando el Gobierno monocolor de Carrero que le costó el puesto hasta a Fraga. La Iglesia manda hoy lo que le dejan mandar quienes voluntariamente confían sus hijos a colegios religiosos o le hacen donaciones millonarias o se afilian voluntariamente al Opus o los Kikos o lo que sea, pero a nadie se le obliga a casarse por la Iglesia como obligaron a mis padres y todos sus coetáneos, ni a bautizar a sus hijos, ni a hacer ejercicios espirituales aunque fueras a un colegio laico, como me pasó a mí. Aunque era una "maría" con aprobado general, tuve que aprobar creo que tres cursos de la asignatura de religión en la Licenciatura de Físicas en la Complutense. Hoy, la gente que quiere se divorcia y, de hecho, parece que los únicos que mantienen algún interés en casarse son bastantes curas y algunos homosexuales: no parece que ese estado de cosas tenga mucho que ver con la "Moral Católica" que nos enseñaban en quinto de Bachillerato en el texto, en mi caso, de don Mariano Villapún Sancha, Presbítero, si no recuerdo mal.

        Las cosas han cambiado muchísimo, para bien en este aspecto, aunque paulatinamente y por eso no nos damos cuenta.

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        • Epi Epi 03/04/21 09:06

          La Iglesia, para seguir medrando tiene mil caras ocultas: ni tú mismo podrías imaginar hasta donde llegan sus tentáculos. Lo dicho, amigo jorgeplaza: o eres ingenuo o sigue siendo ingenuo.

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  • Isabelle006# Isabelle006# 02/04/21 14:29

    "Calvo entrega 665.000 euros para exhumar los restos de 55 personas enterradas en el Valle de los Caídos a una fundación del franquismo

    La Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos fue creada en 1957 con los fines de “rogar a Dios por las almas de los muertos en la Cruzada Nacional” e “impetrar las bendiciones del Altísimo para España”.


    https://laultimahora.es/calvo-entrega-665-000-euros-para-exhumar-los-restos-de-55-personas-enterradas-en-el-valle-de-los-caidos-a-una-fundacion-del-franquismo/

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    • GRINGO GRINGO 02/04/21 15:01

      La Vice-Bonita es una sinvergüenza de tomo y lomo, al más puro estilo PsoE (M).

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  • Serm Serm 02/04/21 13:08

    Totalmente de acuerdo.

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  • Cuatro Puertas Cuatro Puertas 02/04/21 12:55

    Recomiendo el libro "Año 303. Inventan el cristianismo"

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  • Petín 1 Petín 1 02/04/21 12:29

    Con su buen artículo, ampliamente detallado en personas y fechas, se demuestra la adquisición, por medio del latrocinio y el asesinato, de los bienes de la iglesia católica romana.

    El uso de la Inquisición, como medio de saqueo de propiedades de judíos, protestantes, moros y de todo aquél que, por sus bienes y riquezas fuese interesante para la institución, acusándoles de “ilustrados” “blasfemos” o “solicitantes”, su apropiación para la iglesia romana, y la tolerancia y legalidad de sus asesinatos, desde su creación por los Reyes Católicos en 1478 hasta su abolición en el siglo XIX, ha sido las mayores fuentes de riqueza de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
    Con escasas lagunas de Poder, la secta católica del cristianismo, ha gozado de enormes privilegios en España, son 550 años de saqueo.

    No fue hasta 1834 que, el gobierno de Martínez de la Rosa bajo la regencia de María Cristina de Borbón, abolió definitivamente la Santa Inquisición o Santo Oficio.

    Intento de aboliciones de la Inquisición:

    Por Napoleón en 1808, respuesta de la iglesia la revolución de la incultura española y apropiación de bienes de los ilustrados.

    Por las Cortes de Cádiz en 1813, respuesta de la iglesia la reposición, en 1814, de Fernando VII y su absolutismo.

    Por Fernando VII, en 1814, abolición de los acuerdos de Cádiz y vuelta a instaurar.

    Por Fernando VII, en 1820 y obligado por Riego vuelve la abolición.

    Restauración en 1823 por Fernando VII de los “Autos de Fe”

    Abolición definitiva en 1834 por el gobierno de Martínez de la Rosa bajo la regencia de María Cristina de Borbón.

    Más tarde la aprobación de privilegios de Franco y de Aznar para la apropiación de bienes comunes.

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  • deabajo deabajo 02/04/21 11:47

    Las propiedades de la iglesia católica se asientan sobre el sudor, el temor y el engaño del pueblo. Durante la revolución española el pueblo las tomó como almacenes, granjas y viviendas, poniendo en valor bienes que siempre habían sido suyos pero que estaban secuestrados por la iglesia.
    Hora es de devolver al pueblo lo que siempre ha sido suyo, nacionalizando los bienes de la iglesia y poniéndoos en manos de los ayuntamientos con la condición de su iso social y la prohibición de privatizarlos. En los templos, si se cobra entrada, que lo gestione el ayuntamiento, y que permita su utilización para ritos religiosos mediante contratos de cesión para su uso.

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