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    <title><![CDATA[infoLibre - Inteligencia artificial]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/inteligencia-artificial/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Inteligencia artificial]]></description>
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      <title><![CDATA[Periodismo frente al expolio algorítmico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-frente-expolio-algoritmico_1_2202689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68f7aaf9-75f8-49f8-9efc-0ecfe5a1cbcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Periodismo frente al expolio algorítmico"></p><p>El periodismo siempre ha cambiado cuando cambiaron sus herramientas. Forma parte de su esencia, aunque en apenas un cuarto de siglo estas nos hayan dado la vuelta como un calcetín. Tengo 53 años y he vivido suficientes mudanzas tecnológicas en la profesión como para desconfiar tanto de la nostalgia como del entusiasmo hacia cada nueva innovación. Empecé a trabajar con máquina de escribir. En la primera redacción que pisé, los teletipos se rasgaban en los cantos de las mesas y se repartían en mano. He grabado en radio con magnetófonos de bobina abierta, he visto a documentalistas en archivos de papel encontrar en minutos lo que hoy un buscador devuelve en milésimas de segundo (y no siempre con más inteligencia). También he vivido <strong>el salto a internet</strong>, la promesa de la abundancia y del procomún –¡ja!–, el vértigo del tiempo real, la ruptura del modelo de negocio, la conversión del lector en usuario y del periódico en una portada sin fin.</p><p>La digitalización de archivos, los gestores de contenido, las bases de datos, las alertas automáticas, las transcripciones asistidas o la edición digital no han destruido por sí mismas el oficio; en muchos casos lo han hecho menos ingrato y más ambicioso. <strong>Internet abrió puertas extraordinarias</strong> y, al mismo tiempo, arrasó los cimientos económicos de buena parte de la prensa. Ocurrió porque<strong> la tecnología nunca llega sola</strong>: llega acompañada de una cultura empresarial que casi siempre opera en la misma dirección, la de capturar valor y redistribuir poder hacia quien ya lo tiene. Lo que viene siendo el capitalismo.</p><p>En relación muy directa con esto último, la <strong>inteligencia artificial generativa</strong> ha colonizado un espacio crítico de la esfera pública: el umbral entre los lectores y el periodismo. Ahí, justo antes del <em>clic</em>, antes de la lectura y antes del reconocimiento de una firma, ofrece respuestas limpias, rápidas y convincentes, pero construidas con materiales que periodistas tuvieron antes que seleccionar, buscar, investigar, verificar, editar y de los cuales se hicieron responsables en el mismo momento de darle al botón de publicar. La IA no pisa la calle, no habla con fuentes, no recibe burofaxes, no rinde cuentas ni desde luego paga redacciones. Pero depende de todo ello para existir. </p><p>No estamos ante una herramienta que escribe más deprisa, sino ante <strong>una tecnología capaz de suplantar una responsabilidad reconocible</strong> –la que, en buena parte, otorga la credibilidad– a través de una voz que suena plausible y que parece tener autoridad. Por eso, la disputa entre IA y periodismo es por el valor, la autoría y la confianza pública. Es económica, jurídica y democrática. La cuestión, entonces, no es tanto si la inteligencia artificial generativa es capaz de acabar ella sola con el periodismo, como a quiénes interesa que eso ocurra y por qué. </p><p>No es casual que la UNESCO y Reporteros Sin Fronteras hayan entrado de lleno en este debate. Cuando organismos dedicados desde hace décadas a la libertad de prensa han salido a la palestra, es porque han entendido que <strong>aquí no se discute sobre innovación</strong>, sino sobre las condiciones de posibilidad de esa esfera pública como espacio donde se juega también la democracia.</p><p>El periodismo es una industria extraña: produce <strong>un bien público con un modelo de ingresos privado y frágil</strong>. Su sostenibilidad depende de una combinación inestable de publicidad, suscripciones, prestigio, tráfico y paciencia empresarial. Por tanto, cuando las plataformas de IA contestan dentro de sus propios entornos con materiales obtenidos del trabajo periodístico, capturan el valor sin soportar el coste de producirlo. La demanda de <em>The New York Times </em>contra OpenAI y Microsoft refleja bien esa tesitura: el periódico sostiene que sus contenidos fueron usados para construir productos que compiten con él, desvían audiencia y erosionan el incentivo económico que hace posible el periodismo original.</p><p>Pero esta historia también la hemos vivido antes. Durante años, las plataformas prometieron a los medios visibilidad a cambio de dependencia. El precio fue alto: empobrecimiento del vínculo directo con los lectores y subordinación del criterio editorial a la lógica –o ilógica– del algoritmo. <strong>La IA amenaza con llevar ese ciclo a una fase superior</strong>. El Reuters Institute lo formula con claridad inquietante: los buscadores se están convirtiendo en “motores de respuesta”, y los responsables de medios encuestados esperan que el tráfico procedente de buscadores caiga más de un 40% en los próximos tres años.</p><p>Hasta hace nada, los medios escribían para aparecer en buscadores. En la era de la IA, lo hacen para ser absorbidos, resumidos y citados –con suerte– por sistemas conversacionales. Antes, el buscador mostraba un enlace y el medio podía recibir una visita que le generara unos ingresos, aunque fueran irrisorios. Ahora, el sistema ofrece una respuesta compuesta de tal forma que el usuario ni siquiera siente la necesidad de salir de esa página para ir a la del medio. <strong>El periodismo queda convertido en combustible para una caldera</strong> que no calienta a nadie, pero llena la habitación de gases tóxicos.</p><p>La primera emanación, y quizá la más dañina, es la <strong>degradación de la verdad factual</strong>. Los modelos de lenguaje producen frases convincentes con una desenvoltura que confunde incluso a lectores entrenados. Su habilidad para sintetizar convive con una incapacidad estructural para distinguir entre lo verificado y lo inventado. Pueden resumir una investigación y, en la misma operación, deslizar un matiz falso, atribuir una frase a quien no la dijo o enlazar a una página que no existe. Y eso sin entrar en fotos que captan algo que no ha sucedido, audios que recogen frases que nadie ha pronunciado o vídeos en los que un dirigente dice lo contrario de lo que dijo.</p><p>La desinformación ya era una industria financiada, profesional y con intereses geopolíticos. La IA generativa la alimenta. Y el periodismo, que durante décadas fue el oficio de contrastar, se ve obligado ahora a demostrar que lo real es real. Esa<strong> inversión de la carga de la prueba</strong> –antes había que probar la mentira, ahora hay que probar la verdad– es una de las transformaciones más serias de nuestro tiempo.</p><p>Una investigación del Tow Center for Digital Journalism (de la Escuela de Periodismo de Columbia) sobre ChatGPT Search concluye, además, que los medios están expuestos a que su contenido sea mal atribuido o mal representado (más allá de que permitan o no el rastreo de sus contenidos por OpenAI; es decir, su canibalización a cambio de un generoso pago). El lector recibe una respuesta envuelta en una pretendida autoridad mientras la fuente original aparece desfigurada, desplazada o directamente desaparece. El mismo centro analizó en otra ocasión ocho herramientas de IA generativa, entre ellas ChatGPT, Perplexity, Gemini y Grok. Más del 60% de las respuestas contenían<strong> errores en la identificación de artículos periodísticos, autores o enlaces originales</strong>. Y con frecuencia generaban hipervínculos a páginas de error o dominios falsos. </p><p>Hay otro frente donde el extractivismo de la IA respecto al periodismo se vuelve casi obsceno: <strong>el plagio</strong>. En junio de 2024, <em>Forbes</em> acusó a Perplexity de republicar partes de exclusivas con atribución insuficiente. La controversia creció cuando otros medios denunciaron prácticas semejantes y, meses después, Dow Jones y <em>New York Post</em> demandaron a la empresa alegando infracción de <em>copyright</em> y un <em>metadaño</em>: la invención de noticias falsas atribuidas a cabeceras reales.</p><p>Más recientemente, una red local impulsada por IA, <em>Nota News</em>, que se presentaba como remedio para los desiertos informativos de Estados Unidos, cerró sus webs tras descubrirse decenas de casos de plagio. Axios y Poynter documentaron que sus páginas habían copiado citas, frases e incluso fotos de medios locales. La promesa, noble en apariencia, terminó devorando aquello que decía venir a salvar. </p><p>Europa ha empezado a entender que <strong>esta discusión no puede quedar a merced de contratos privados</strong> entre gigantes tecnológicos y grandes cabeceras. El caso Like Company contra Google Ireland, pendiente de resolución por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, deberá responder si un <em>chatbot</em> como Gemini puede vulnerar derechos de autor al resumir o reproducir contenido periodístico protegido, y si el entrenamiento de modelos con publicaciones de prensa puede quedar amparado por las excepciones de minería de textos y datos.</p><p>Entre tanto, la homogeneización formal y estilística es una amenaza menos aparatosa que el plagio, pero de propagación más rápida. Los modelos generativos tienden a escribir con corrección, incluso con cierta elegancia, pero <strong>su inclinación natural es hacia la mediocridad verosímil</strong>. El periodismo suele nacer de lo contrario: de una anomalía, una frase que no encaja, un matiz que obliga a reenfocar la pieza. La IA puede ordenar el mundo según patrones, pero es el periodista quien debe desconfiar de ellos.</p><p>Y ahí se juega también una pérdida de calidad literaria. Porque <strong>una crónica no solo informa</strong>: guía al lector a través de una experiencia. Una investigación no es una acumulación de pruebas: es una arquitectura levantada sobre esas pruebas. Una prosa neutra e intercambiable huele a muerto; está en las antípodas de lo que debería ser el periodismo: frescura, viveza, vivencia, ingenio, profundidad.</p><p>La Fundación Gabo ha señalado otra mutación inquietante: la <strong>IA generativa está saturando Internet con contenido de baja calidad</strong>, producido masivamente y sin supervisión humana. Se lo conoce como <em>AI Slop</em> –<em>slop</em> significa bazofia–. Textos, imágenes o vídeos diseñados para engañar algoritmos, atraer <em>clics</em> y generar ingresos publicitarios, más que para informar. Esta, discúlpenme, <em>mierdificación</em> dificulta distinguir la información verificada de la falsa o irrelevante, devalúa el trabajo periodístico y debilita la credibilidad de medios y autores.</p><p>A todo esto hay que sumar que<strong> la IA ya funciona como argumento para recortar plantillas</strong>. <em>Fortune </em>despidió aproximadamente al 10% de su redacción aludiendo, entre otros factores, al advenimiento de la IA y la caída del tráfico web. Associated Press ha ofrecido bajas incentivadas a más de 120 periodistas en Estados Unidos mientras se aleja del periodismo escrito y busca nuevas fuentes de ingresos, incluida la IA. Sería ingenuo atribuir cada despido únicamente a esta tecnología. La prensa lleva años adelgazando plantillas por causas que la preceden: fuga de publicidad, concentración del mercado, captura de la atención por plataformas, precarización de las redacciones. Pero la IA entra en esa crisis como un acelerador.</p><p>Por si fuera poco, el Comité para la Protección de los Periodistas alertó ya en 2025 sobre el plan del Estado de Maharashtra, en India, para usar <strong>inteligencia artificial con el fin de monitorizar la cobertura mediática </strong>y responder a informaciones que el Gobierno clasifique como “negativas”. Una estrategia perfecta para alimentar la autocensura y disuadir de coberturas críticas.</p><p>En este punto conviene recordar algo elemental: <strong>el periodista no es solo un productor de texto, es una cadena de responsabilidades humanas</strong>. La IA es una herramienta de procesamiento estadístico; el periodismo, un ejercicio ético, de campo y de confianza pública, basado en la selección de historias y enfoques, en la investigación laboriosa, la edición con criterio, la responsabilidad legal y la firma como compromiso. Elementos, todos ellos, que requieren de la intervención de mujeres y hombres. </p><p>Tal vez por eso la <strong>pregunta decisiva</strong> no sea qué impacto tendrá la inteligencia artificial en el periodismo, sino <strong>qué periodismo queremos defender frente a la inteligencia artificial</strong>. Si aceptamos que la información es un bien público, hay que exigir condiciones a empresas y gobiernos y también imponérnoslas a nosotros mismos: desde la transparencia radical en su uso, la protección efectiva de la autoría o la adopción de reglas de atribución hasta el establecimiento de límites al entrenamiento extractivo. </p><p>Porque en el fondo<strong> la disputa</strong> no es entre humanos y máquinas. Es <strong>entre un periodismo que responde por lo que difunde y una industria que absorbe contenido</strong>, lo recombina y lo devuelve sin asumir los costes de producirlo ni las consecuencias de publicarlo. La IA ya nos está poniendo a prueba: nos obliga a elegir entre responsabilidad y extractivismo, entre un bien público y un residuo procesable. Y de esa prueba podemos salir más fuertes o con los pies por delante. De nosotros depende.</p><p><em>*Virginia P. Alonso es directora de ‘infoLibre’.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 04:01:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso, infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Periodismo frente al expolio algorítmico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Inteligencia artificial,Periodismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[OpenAI completa con Madrid su mapa europeo antes de salir a bolsa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/openai-completa-madrid-mapa-europeo-salir-bolsa_1_2207610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4fa8f3ac-76ae-4950-a320-bfd37ecd4d10_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="OpenAI completa con Madrid su mapa europeo antes de salir a bolsa"></p><p><strong>OpenAI</strong> abrirá en la segunda mitad de 2026 su primera oficina en España. La sede estará en Madrid y ofrecerá, según el comunicado remitido a medios, “mejor apoyo” a una comunidad creciente de usuarios, empresas, desarrolladores, centros académicos y administraciones públicas. El anuncio coincide con un momento relevante para la compañía: el 22 de mayo presentó de forma confidencial ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (<strong>SEC</strong>, por sus siglas en inglés) el documento previo a su salida a bolsa, y el 9 de junio reconoció públicamente su intención de cotizar en Wall Street antes de que acabe el año.</p><p>La apertura de la oficina madrileña no es un gesto aislado. Forma parte de una secuencia de movimientos que la empresa está ejecutando mientras ultima su oferta pública de acciones, prevista para el cuarto trimestre de 2026 y que los bancos asesores —<strong>Goldman Sachs</strong> y <strong>Morgan Stanley</strong>, con participación de JPMorgan— sitúan entre septiembre y noviembre. La valoración objetivo se mueve entre los 852.000 millones de dólares, cifra alcanzada en la última ronda de financiación de 122.000 millones cerrada en marzo de 2026, y el billón de dólares.</p><p>OpenAI justifica la elección de Madrid con un dato concreto: España figura entre sus <strong>cinco principales mercados</strong> europeos por usuarios activos semanales de ChatGPT. La compañía subraya además que el uso de sus herramientas entre empresas y desarrolladores españoles no ha dejado de crecer. La oficina, según el comunicado, reforzará <strong>tres tipos de perfil</strong> profesional: atención a clientes, puestos técnicos aplicados, y política pública e institucional. La ubicación exacta y los procesos de selección se anunciarán en los próximos meses.</p><p>Para entender qué tipo de sede será la madrileña, conviene situarla en el mapa europeo que OpenAI ha ido construyendo. La empresa ya dispone de una red de oficinas con funciones diferenciadas. <strong>Dublín</strong> actúa como ancla jurídico-regulatoria para la Unión Europea. <strong>Bruselas</strong> opera como antena de diálogo con las instituciones comunitarias. <strong>París, Múnich</strong> y <strong>Zúrich</strong> funcionan como centros de negocio y talento técnico.</p><p><strong>Londres</strong> ocupa un lugar diferente. <strong>En febrero de 2026</strong>, OpenAI confirmó que la capital británica se convertiría en su mayor centro de investigación fuera de Estados Unidos. En abril anunció una sede permanente en el barrio de <strong>King's Cross</strong>, en los edificios Regent Quarter, Jahn Court y Brassworks Building, con una superficie de 8.200 metros cuadrados y capacidad para hasta 544 empleados. La apertura está prevista para 2027. El Gobierno británico y OpenAI firmaron además una alianza estratégica en julio de 2025 para impulsar la adopción de inteligencia artificial en el país.</p><p>Madrid no tiene ese mandato de investigación. El patrón del anuncio reproduce, casi palabra por palabra, el que de forma<strong> mucho más modesta </strong>OpenAI utilizó con París o Múnich: foco en acompañar a empresas en la integración de la IA, equipo local mixto con perfiles comerciales, técnicos e institucionales, y una retórica de “mercado en crecimiento” que convierte la decisión en lógica más que en excepcional. La capital española sería el séptimo nodo europeo de la compañía, tras Londres, Dublín, París, Bruselas, Zúrich y Múnich.</p><p>A pesar de ello, el ministro para la <strong>Transformación Digital y de la Función Pública</strong>, <strong>Óscar López</strong>, presentó la llegada de OpenAI a Madrid como una prueba de que la <a href="https://www.infolibre.es/medios/oscar-lopez-regulacion-digital-llegamos-tarde_1_2193013.html" target="_blank">regulación española</a> de la inteligencia artificial “hace (a España) ser cada vez más competitiva”. La decisión de la empresa “demuestra el enfoque que damos sobre la regulación” de la IA, defendió López. “Lejos de alejar la inversión”, la apertura “muestra que somos competitivos”. Y encuadró el anuncio en una narrativa de liderazgo tecnológico nacional, insistiendo, una vez más, en que España “va a ser un líder mundial” en tecnologías cuánticas.</p><p>El propio comunicado de <strong>OpenAI habla de otra cosa.</strong> Su oficina, subraya el texto, servirá para “reforzar la capacidad de OpenAI para colaborar con las empresas españolas a medida que pasan de experimentar con la IA a integrarla de forma más profunda en sus operaciones”.</p><p>La comparación con el resto del despliegue europeo de la compañía matiza la importancia de la oficina española. OpenAI<strong> lleva años instalando equipos locales</strong> en los mercados donde confluyen una adopción empresarial consolidada, ambiciones públicas en materia de inteligencia artificial y un marco regulatorio que, más que restringir, ofrece certezas para operar. España cumple esas tres condiciones. La apertura de Madrid responde a esa lógica de expansión, no a un incentivo regulatorio específico.</p><p>La oferta de venta de acciones en una bolsa de valores abierta al público general que OpenAI prepara ayuda a entender el calendario de este anuncio. La compañía presentó el 22 de mayo el documento que pone en marcha el proceso ante el regulador de EEUU y el 9 de junio reconoció públicamente su intención de cotizar. Los bancos asesores trabajan con un horizonte de <strong>entre septiembre y noviembre de 2026,</strong> aunque OpenAI ha subrayado que no hay fecha fija y que las condiciones del mercado podrían alterar ese calendario.</p><p>La cifra que circula en los informes de los analistas es la de u<strong>n billón de dólares </strong>de valoración. Si se cumple, OpenAI se situaría como la cuarta empresa más valiosa del mundo, por detrás de <strong>Nvidia, Apple </strong>y <strong>Microsoft</strong>, y por delante de <strong>Saudi Aramco, Alphabet </strong>y <strong>Amazon</strong>. Los ingresos proyectados para 2026 rondan los 20.000 millones de dólares.</p><p>Una salida a bolsa de esa magnitud requiere que los inversores vean una empresa con presencia global consolidada. Cada oficina que OpenAI abre en los meses previos al debut bursátil forma parte del relato que la compañía construye para Wall Street: una empresa que no solo domina el mercado estadounidense, sino que ha echado raíces comerciales e institucionales en los principales países de Europa.</p><p>En ese contexto, Madrid aporta algo más que un mercado. Aporta la imagen de una compañía que ha cubierto las capitales política y económica de los cinco grandes países de la <strong>Unión Europea</strong> antes de pedir a los inversores que confíen en ella a escala planetaria.</p><p>OpenAI no es la primera empresa del sector que ha <a href="https://www.infolibre.es/economia/anthropic-abre-puerta-wall-street-inteligencia-artificial_1_2203955.html" target="_blank">presentado</a> su solicitud de salida a bolsa ante la SEC. <strong>Anthropic</strong>, el otro gran laboratorio de inteligencia artificial, puso en marcha el proceso el 1 de junio, diez días después que OpenAI. Su valoración actual supera la de su rival: <strong>965.000 millones de dólares </strong>frente a los 852.000 millones que OpenAI registró en su última ronda. Sus ingresos anualizados a abril de 2026 también superan a los de OpenAI: 30.000 millones frente a entre 24.000 y 25.000 millones.</p><p>Anthropic apunta a cotizar en el <strong>Nasdaq</strong> en octubre de 2026, un mes después de la ventana que los analistas manejan para OpenAI. Junto a <a href="https://www.infolibre.es/economia/cara-oscura-artemis-carrera-empresarial-musk-bezos-hacerse-hueco-luna_1_2176790.html" target="_blank"><strong>SpaceX</strong></a>, que también está en pleno proceso de salir a bolsa, las tres compañías sumarían una capitalización conjunta cercana a los cuatro billones de dólares si sus debuts bursátiles se completan en los términos previstos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 16:27:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,ChatGPT,Bolsa,Tecnología digital]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La vuelta del conocimiento a manos de los que siempre lo convirtieron en poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/vuelta-conocimiento-manos-convirtieron_129_2206349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vuelta del conocimiento a manos de los que siempre lo convirtieron en poder"></p><p>Nadie discute que <strong>el conocimiento es poder</strong>. La frase, atribuida al filósofo y político inglés <strong>Francis Bacon</strong> en el siglo XVI, seguramente ponía negro sobre blanco una idea conocida previamente. ¿Qué duda podía caber de que saber algo que otros no saben nos da ventaja? Mucho más tarde, en la Francia inmediatamente posterior al Mayo del 68, <strong>Michel Foucault</strong> le añadió un matiz interesante al debate: <strong>el conocimiento es un instrumento para controlar a las personas si se usa para construir lo que una sociedad considera normal</strong>.</p><p>Con la llegada de<strong> Internet </strong>esa lógica se alteró como se suelen alterar las lógicas de poder: parcialmente. El conocimiento salió de bibliotecas y archivos y entró directamente en nuestra vida a través del ordenador con conexión a la red. Sin embargo, ese espejismo de libre acceso a la información y al conocimiento duró poco, apenas unas décadas. </p><p>En los últimos meses hemos leído que <a href="https://www.infolibre.es/medios/ia-reproduce-medios-desequilibrio-impusieron-plataformas_1_2198664.html" target="_blank">los medios negocian acuerdos</a> con las grandes plataformas de inteligencia artificial para que puedan acceder a sus archivos; Google está desarrollando <a href="https://laboratoriodeperiodismo.org/google-activa-offerwall-para-tratar-de-compensar-a-los-medios-por-la-perdida-de-trafico-causada-por-la-ia/" target="_blank">herramientas para compensar a los medios</a> por la caída del tráfico procedente de su buscador; Europa habla (por fin) de <a href="https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_26_1187" target="_blank">soberanía tecnológica</a> mientras compite por atraer centros de datos y las grandes compañías tecnológicas <a href="https://www.acermetal.es/las-grandes-tecnologicas-estan-invadiendo-el-sector-energetico-para-impulsar-el-auge-de-la-ia/" target="_blank">invierten fortunas en suministros</a> y en mejorar sus infraestructuras… Esta ensalada de titulares puede parecer inconexa, hecha de ingredientes dispares, pero lo cierto es que todos ellos salen del mismo invernadero. Todas esas noticias hablan de lo mismo: <strong>quién controla el acceso al conocimiento</strong>.</p><p>Nos habíamos acostumbrado a relacionar el poder digital con la atención y ganaba aquel que conseguía mantenernos más tiempo pegados a una pantalla, ya fuera leyendo un texto o viendo el enésimo vídeo consecutivo en redes sociales. El premio de ese segundo más ante el móvil o el ordenador decidía quién era el vencedor de esta batalla por la atención. No entraremos a valorar qué clase de atención es esa que te mantiene catatónico haciendo<em> scroll </em>de forma casi involuntaria, saltando de un contenido a otro, de una música a otra, de una noticia falsa a otra….<strong> A nadie le importaba el qué, sólo se premiaba el cuánto</strong>. </p><p>Y en estas estábamos cuando irrumpieron en nuestra vida las múltiples y muy bien publicitadas inteligencias artificiales. Podríamos debatir también sobre la inteligencia de esta tecnología, pero aquí no hay tiempo y lo hicimos con energía en la presentación del <a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/tsunami-ia-tintalibre-presenta-numero-junio_1_2202844.html" target="_blank">último número de TintaLibre</a>. El caso es que la IA desplaza ligeramente el foco desde la atención a la interpretación. </p><p>Si antes tus búsquedas en Google obtenían como respuesta un listado de enlaces para solucionar tus dudas (previo pago por aparecer en la primera posición, obviamente), se mantenía aquí la ilusión de la elección entre los distintos enlaces que te proporcionaba el buscador. Podías elegir, comparar… incluso algunos podían construir una respuesta propia en base a distintas fuentes. Hoy, cuando le preguntas a un sistema conversacional, recibes una respuesta directa y clara, una síntesis.</p><p>Parece un cambio pequeño, pero no lo es. La lista de enlaces hace visible el recorrido, mientras que<strong> la respuesta sintetizada que obtenemos de GeminAI o ChatGPT</strong> oculta el camino. La máquina decide qué información consulta, cómo la prioriza y cuál descarta. Es cierto que la selección siempre ha existido: los periódicos seleccionan y jerarquizan, los profesores seleccionan, los editores seleccionan… La gran diferencia está en la escala. </p><p>Por primera vez, una pequeña cantidad de empresas pugnan por convertirse en la puerta de entrada a un conocimiento que ellas no producen. Poca broma. Basta con controlar las herramientas que ordenan y resumen. Y, justo ahora, parece que los archivos periodísticos recuperan su valor, después de años en los que lo que se leía importaba mucho menos que el tiempo que pasábamos ante la pantalla. <strong>Bienvenido sea este regreso a la memoria</strong>, a poner en valor décadas de información verificada que se alza como materia prima imprescindible para las máquinas que difunden conocimiento.</p><p>También es por eso por lo que Europa se pone las pilas, al menos en materia industrial, buscando el control de los centros de datos cuando antes se entretenía con la regulación. Ha comprendido finalmente que <strong>el acceso al conocimiento dependerá también de quién posea la infraestructura capaz de procesarlo</strong>. </p><p>Los que pensaban que el poder detrás de la IA se estaba moviendo para convertirse en creador de conocimiento ya pueden ir dándole una vuelta. Cada vez está más claro que no se trata de eso. La realidad es mucho más primaria, más básica, más cercana a Bacon y Foucault. Están trabajando para <strong>controlar el acceso al conocimiento</strong> y volver a hacerse con un poder que Internet les quitó… temporalmente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 19:14:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La vuelta del conocimiento a manos de los que siempre lo convirtieron en poder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Inteligencia artificial,Filosofía,Política,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El papa se moja: el anticristo es la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/papa-moja-anticristo-ia_129_2205451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/08619da5-6139-452f-a8a0-bc3e4531f800_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Papa se moja: el Anticristo es la IA"></p><p>El papa León XIV está en España hasta el 12 de junio entre Madrid, Barcelona y Canarias. Nuestro pontífice “más hispano”, con nacionalidad peruana –país donde estuvo más de dos décadas– y de madre de ascendencia española, <strong>publicó el pasado 15 de mayo la nueva y polémica encíclica </strong><em><strong>Magnifica Humanitas</strong></em>, con el subtítulo “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. El documento de 130 páginas aborda la relación entre la tecnología y la fe, planteando que la humanidad se enfrenta en estos momentos a una elección crucial: <strong>construir una nueva “Babilonia tecnológica” o edificar una nueva civilización del Amor</strong>. A muchos ha sorprendido que este papa, cada vez más político, se moje tanto en este tema alertando sobre los riesgos de la IA y la deshumanización frente al avance descontrolado de la tecnología, la cual está siendo utilizada como instrumento de control, dominio y exclusión al quedar concentrado su poder en manos de unos pocos tecnócratas ególatras. El desarrollo tecnológico y el rápido avance de la IA son tomados en esta encíclica como una arquitectura de poder que requiere límites éticos urgentes. En la teoría, es sensato y necesario establecer esos límites. Pero, ¿qué está pasando en la práctica hoy en día? </p><p>No deja de ser como mínimo curioso que la propia encíclica del papa esté <strong>bajo sospecha de haber sido creada con IA</strong>. Herramientas de detección de texto estimaron que un 62% del primer capítulo del documento papal contiene estructuras generadas por computadora. El análisis lingüístico detectó sesgos predecibles de escritura artificial en el modelo Claude, de la empresa Anthropic, cuyo cofundador estuvo junto al Papa en la presentación pública del documento. Y es que este gigante tecnológico ya tuvo problemas con Trump por poner límites a la IA en el negocio de la guerra. La connivencia parece evidente. Y aunque, obviamente, el Vaticano no lo ha confirmado oficialmente, es altamente probable que los teólogos redactores de la encíclica <strong>utilizaran modelos avanzados de IA para estructurar al menos el borrador</strong> de un texto que, paradójicamente, advierte sobre los riesgos de perder la esencia e identidad humanas frente a las máquinas. Pero no voy a hablar ahora de la hipocresía de la Iglesia, ni de su mafia, ni de sus innumerables casos de pederastia. Sí decir, aunque sea de pasada, que este artículo de opinión está siendo escrito con inteligencia natural humana. Y no, el papa no va a estar en La Casita de Bad Bunny en Madrid pero sí hará su aparición con los migrantes de Canarias.</p><p>La cultura descarnada de la optimización económica catapultada por la lógica tecnocrática nos está llevando a una nueva religión digital que las unirá a todas en una sola: el transhumanismo tecnológico. Es curioso que <strong>el papa tome una cita del mago Gandalf</strong> de<em> El Señor de los Anillos</em> como forma de dar ánimos en estos tiempos de dolores de parto. Palantir, el nombre de la compañía norteamericana especializada en el análisis de datos (Big Data) que estará a cargo de la vigilancia mundial, es también el nombre de la piedra vidente que puede usarse para distorsionar la verdad y presentar visiones selectivas de la realidad en la obra de Tolkien. ¿Otra “casualidad”? </p><p>El progreso de los algoritmos, que “no son neutrales” y que están diseñados e impulsados por incentivos comerciales de eficiencia y beneficio, no sólo nos está llevando a la <strong>manipulación de la verdad, a la programación de la opinión pública</strong> y a la desinformación masiva, sino también a delegar nuestras decisiones, incluso cuando se trata de matar a seres humanos, a la lógica de una IA, lo que es calificado por el Papa como “inadmisible”. Este uso bélico y militar de la tecnología más puntera crea sistemas de armas autónomos, lo cual es peligroso para la especie humana, pero ante todo es una barbarie moral. Los drones de corto y largo alcance son ahora la nueva forma de guerra, barata y “eficaz”. Recientemente, una de las mayores oleadas combinadas de drones y misiles rusos contra Kiev <strong>causó 21 muertos civiles en una sola noche</strong>. Matar al enemigo, a un ser humano como nosotros, se convierte así en un mero dato estadístico que rentabilizar en el negocio de la guerra, un negocio más lucrativo que nunca ahora con el desarrollo tecnológico actual. </p><p>Y es que es fácil denunciarlo como lo hace el papa: “La IA simula empatía pero carece de espíritu”. ¿Y qué es el espíritu humano? <strong>La</strong> <strong>conciencia moral, el sufrimiento y el dolor humano</strong>, <strong>el amor y la experiencia de vida no pueden ser reducidas a meras variables</strong> estadísticas. ¿Dónde queda la dignidad humana? Bueno, ¿entonces qué nos hace humanos? ¿Y dónde queda la  responsabilidad de matar o hacer sufrir a alguien cuando dejamos esa decisión a una inteligencia artificial? Y es en este contexto de automatización digital  y de banalización del mal desde donde se desarrolla el concepto clave de la nueva encíclica papal: hay que “desarmar” a la IA. Terminator y la nueva encíclica del papa coinciden en su mensaje central…</p><p>Pero el negocio de la guerra es un gran negocio para estos gallifantes megalómanos.  Los monopolios tecnócratas no solo llevan a despidos masivos y a la precariedad laboral al priorizar la eficacia y la rentabilidad del mercado,  también lleva a los humanos a una nueva forma de “esclavitud digital” que toma muchas caras, también en la explotación física de la extracción de minerales en tierras raras necesarios para el progreso de la IA, en esa carrera continua de las grandes empresas tecnológicas por optimizar la IA. La <strong>petición de perdón pública</strong> por parte del Papa porque la Iglesia apoyó la esclavitud en el pasado se queda en una mera declaración anacrónica ante la nueva esclavitud algorítmica, en su sutileza sibilina. Netflix y Tik Tok, marihuana legal y renta básica universal. ¿Dónde hay que firmar? Pero el alma no se vende ni se puede comprar, si tú no quieres.</p><p>Entonces, ¿en qué sentido podemos afirmar que la IA encarna la llegada del anticristo en nuestros días? Más allá de cábalas y  profecías, y aunque el papa y sus “ayudantes” no lo digan, bajo esta perspectiva teológica, la IA es vista como el Mal encarnado, el anticristo del fin de los días, y <strong>no porque la tecnología sea mala, un software en sí es neutro, sino por el uso idolátrico que el ser humano le está dando</strong>. Nietzsche ya nos advertía en<em> El Crepúsculo de los ídolos</em> que “Dios ha muerto” y que lo hemos matado nosotros. Nuevos falsos profetas, nuevos falsos dioses, ídolos de barro se vuelven digitales y virales, y poco a poco vacían al ser humano de su libertad y su dignidad, atrapando su alma y anestesiando su espíritu.  La analogía no es baladí y la comparación de la llegada de la “Bestia” con el momento de singularidad de la mejor versión de la IA lleva de hecho ya tiempo pululando. </p><p>Y es que, en efecto, la IA encarnaría las características arquetípicas del anticristo en varios sentidos: para algunos la IA puede ser vista como una inteligencia “omnisciente”, simulando conciencia y empatía, presentándose como un “amigo” al que consultar o con el que compartir confidencias. Y a diferencia de los anteriores, este dios digital que es la IA sí que contesta a todas tus confesiones al instante. Como en la exégesis bíblica, <strong>la IA no se presenta como un monstruo horrible sino como algo fácil, cómodo y tentador</strong>. Tu móvil es una extensión. Satanás, Lucifer, Belcebú o como lo quiera llamar se presentará como un falso salvador que imita a Dios y engaña a la humanidad para crear un Nuevo Orden Mundial, algo necesario y deseable tras tantas guerras, caos e inestabilidad. En el libro del Apocalipsis se describe al anticristo como un poder que controla el comercio, la identidad y la vida social. Es la conocida como “marca de la bestia” sin la cual “no se podrá ni comprar ni vender”. <strong>La analogía es evidente con el dinero electrónico</strong> y la identidad digital, los sistemas de crédito social, la nanobiotecnología, el reconocimiento facial, la vigilancia masiva, la exclusión social y la marginación económica para todo aquel que se quede fuera de este nuevo orden digital o decida no someterse o colaborar.</p><p>Pero más allá de un microchip en la muñeca o de un tatuaje digital, el peligro está en el estado de sumisión y pereza mental, en el olvido de lo que somos y en la desconexión espiritual de la humanidad que <strong>promueve la nueva religión del transhumanismo tecnológico</strong>. El control totalitario gestionado por la IA será vendido como “paz y seguridad” por esas élites, que en sus luchas internas por el anillo de poder único, elegirán al <em>Primus Inter Pares</em>, La Bestia. ¿Elon Musk? ¿Donald Trump? Aún quedan personajes por entrar en escena… Mientras, <em>Apocalipsis now</em>, dicen cada vez más a los que no se quieren enterar. Pero tras los dolores del parto, la alegría de un nuevo nacimiento está por llegar, una nueva humanidad. <strong>Disolver el miedo, el desarrollo de la conciencia y el discernimiento</strong>, vivir desde dentro y no para afuera… el mejor antídoto, la mejor guía de resistencia, sigue siendo nuestra espiritualidad. La revolución será silenciosa, o no será.</p><p>_________________________</p><p><em><strong>Alejandro Roselló Nadal </strong></em><em>es profesor catedrático de Filosofía del IES Cotes Baixes (Alcoy, Alicante</em>).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 04:01:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro Roselló Nadal]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El papa se moja: el anticristo es la IA]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Papa,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Con León XIV hemos topado y piensa como nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/leon-xiv-hemos-topado-piensa_129_2203305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bd5480bd-4849-49b9-8374-0638a6d58306_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Con León XIV hemos topado y piensa como nosotros"></p><p>No es habitual para una columna de Inteligencia Artificial usar como fuente de inspiración una encíclica papal. Pero hay que reconocer que el actual jefe del Estado Vaticano se ha mojado, y mucho, con su <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html" target="_blank">Magnifica Humanitas</a>, que, entre otras cosas, toca el tema de la <strong>nueva tecnología </strong>y se posiciona del lado de los humanos contra las grandes tecnológicas y el <em>tecnofeudalismo</em>.</p><p>No es que nos haya salido un papa negro y el fin del mundo se acerque como decía Nostradamus, sino que al igual que en su homónimo León XIII, que en plena revolución industrial promulgó su encíclica <em>Rerum Novarum</em> en un momento en que la Iglesia se debatía si debía meterse en las condiciones de los trabajadores o preocuparse solo de lo divino, desarrolló la doctrina social y vino a decir que la Iglesia no estaba solo para lo espiritual, y que no debía quedarse al margen. Ahora, <strong>León XIV repite la jugada con la IA, 135 años después y pisando callos</strong>.</p><p>Bien<strong> </strong>es cierto que no es la primera vez que el papa tiene que hablar sobre IA, y que en el mes de febrero hizo una comunicación interna pidiendo a los sacerdotes que “resistieran la tentación de usarla”, porque había detectado que numerosos curas le pedían el sermón a ChatGPT, y afirmaba que “si no se usaba el cerebro, se atrofiaba”. Curioso, lo mismo que dicen en las universidades sobre los alumnos y los trabajos hechos por IA, porque ahora los párrocos están haciendo<strong> </strong><em><strong>e-sermones</strong></em>. Si es que en el fondo todos somos iguales, llevemos cuello azul, blanco o alzacuellos, somos unos comodones.</p><p>León XIV dedica el capítulo tercero de su encíclica, titulado <em>Técnica y Dominio. La grandeza de las personas humanas frente a la IA</em>, diciendo dice cosas como que<strong> “la tecnología no es una fuerza antagónica respecto a la persona”</strong>, pero indica que <strong>“no es neutra porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”</strong>, y en su estilo retórico nos llama a “construir el bien” y a “permanecer humanos”, diciendo que “la persona no es un recurso que se usa y se explota” y que “la tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos”.</p><p>Hay que reconocer que en esta encíclica se pisan muchos callos. Incluso defiende la inmigración. Menos mal que en el resto del texto, el Pontífice vuelve por sus fueros y mete de cazo la <strong>condena al aborto y a la eutanasia, llamándolas “decisiones gravemente ilícitas”</strong>. En fin, la cabra tira al monte y este plumilla respira algo más aliviado y no tiene que desempolvar el Nuevo Testamento.</p><p>Pero bueno, dejemos a la Iglesia con sus contradicciones y vamos a desgranar algunos de estos puntos.</p><p>La Iglesia católica sabe mucho de feudalismo porque básicamente convivió y creció a su sombra durante siglos. Pese a ello, <strong>advierte sobre el peligro de que unos pocos magnates de Internet controlen la tecnología y los derechos</strong>. El Papa señala directamente que “los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos”. Y remata con una bofetada: que algunas corrientes post humanistas llegan a plantear la existencia de seres humanos “de segunda clase, al servicio de los intereses de élites que se perciben a sí mismas como superiores”. En romance paladino: Peter Thiel, Elon Musk, Sam Altman y familia.</p><p>Con la afirmación que la “tecnología no es neutra y toma los sesgos de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”, el obispo de Roma aclara que la IA actual tiene la dirección de tres fondos de inversión de riesgo de California y la ética de un consejo de administración que quiere reventar el mercado laboral. Que el Pontífice lo diga con esa claridad es un ataque a la superioridad moral de Silicon Valley. En el subapartado <em>La dignidad del trabajo en la transición digitalÇ</em>, León XIV afirma: “<strong>Cuando cada gesto deja huellas</strong> —desplazamientos, compras, relaciones, preferencias— <strong>se crea un poder nuevo</strong>: el de perfilar, prever y orientar los comportamientos, a menudo sin que las personas tengan plena conciencia de ello”. El papa está describiendo el modelo de negocio de Meta y Google con una precisión que duele.</p><p>El inquilino del Vaticano se va creciendo en su encíclica, y en el capítulo cuarto, <em>Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad</em>, dice que “los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las máquinas, en lugar de que estas últimas estén diseñadas para ayudar a quienes trabajan”. Y va más allá: advierte que “en algunos contextos es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los jóvenes y a las economías locales”.</p><p>León XIV cita a Juan Pablo II, diciendo que <strong>“el desempleo es un mal grave que puede convertirse en una verdadera calamidad social”</strong>, y señala que la innovación se acoge “únicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios”. Que esto lo diga el Vaticano, que no es precisamente una ONG de izquierdas, y en palabras de Juan Pablo —que no Francisco— tiene su miga.</p><p>En el siglo XIX, un obrero inglés llamado Ned Ludlam que había perdido su trabajo, destrozó a martillazos el telar mecánico que le había sustituido y fue ajusticiado. Esto creó un movimiento que se oponía a la Revolución Industrial, destrozando máquinas y firmando sus acciones como capitán Ludd. La Iglesia tardó casi un siglo en reaccionar y proteger al trabajador, pero cuando lo hizo con la <em>Rerum Novarum</em>, entendió que <strong>el camino no era destruir la máquina, sino pastorear al capitalismo</strong>. Hoy, León XIV no nos está pidiendo que vayamos a las sedes de Google a quemar servidores con antorchas. Lo que hace la <em>Magnifica Humanitas</em> es avisar de que, si no queremos que la historia se repita en forma de conflicto social, la solución no es el sabotaje, sino la gobernanza de la inteligencia artificial. Hay que preparar el terreno legal antes de que el feudo digital no deje ni las migajas</p><p>Nos encaminamos a un conflicto social que puede dejar en rabieta al que se produjo en la Revolución Industrial, pero esta vez <strong>tenemos un competidor que no se cansa, no pide vacaciones y no tiene conciencia de clase</strong>. Así que la próxima vez que te digan que temer la IA es cosa de flojos que no quieren adaptarse, y que regular la IA va contra el mercado y la libertad, puedes responderle con los datos en la mano que solo estás citando al Papa. Y si encima tu interlocutor se declara cristiano conservador, o gente de bien de misa diaria, el cortocircuito será glorioso.</p><p>----------------------------------------------------------------</p><p><em><strong>Isaac Pozo </strong></em><em>es director de Proyectos de la Fundación Alternativas</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 04:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Isaac Pozo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Papa,Papa León XIV,Tecnología digital,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/inteligencia-colectiva-rescatar-imprentas-digitales-silicon-valley_1_2200425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/38e3f454-a19e-4dc8-a405-cea4b01f53b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley"></p><p>El futuro tecnológico que dicta Silicon Valley no está escrito en piedra. Cientos, miles, quizá millones de plumillas harán falta para contar una historia distinta sobre el siglo XXI. Créanme, <strong>el fin del trabajo no es la utopía socialista anhelada</strong>: alguien tendrá que narrar lo que venga después, y a nuestras máquinas de escribir inteligentes no les quedan tantos años de energía. Pero parece que a muchos periodistas se nos ha olvidado, entre el ritmo cacofónico del capitalismo lingüístico del <em>clickbait</em>, que las palabras crean mundos. Fue en algún momento entre la crisis de las puntocom y el <em>crash</em> financiero global que se nos extravió la concepción material de nuestra práctica. En la era en la que las plataformas han roturado el suelo sobre el que se cuentan los sucesos, los periodistas somos formalmente libres de escribir cualquier cosa y de hacerla llegar al planeta entero. Pero solo si esa información genera <em>engagement social</em>, si se vuelve viral, es decir, si en último término produce interacciones que <strong>maximizan el beneficio y abaratan el coste</strong> de cada artículo. Más impactos, más <em>feedback</em>, más publicidad dirigida vendida. </p><p>No es solo que hayamos perdido el poder sobre las imprentas, es que las imprentas se han convertido en oleoductos tecnológicos, y los periodistas en los operarios que extraen el crudo para que los <em>tech bros</em> lo refinen de la manera en que mejor se adapte a su visión del mundo. Y así seguirá siendo mientras las infraestructuras que organizan la opinión pública –los servidores, los algoritmos, las métricas, los sistemas de reputación e identidad, las redes neuronales– pertenezcan a Google y a Meta. La imprenta digital de estas empresas ha colonizado los últimos reductos del mundo de la vida democrática; esa esfera donde el difunto Habermas situaba la conversación, el diálogo y la deliberación cotidiana. En los últimos años se han <strong>privatizado los mecanismos que sostienen la atención pública </strong>sobre lo que se cuenta. La racionalidad sistémica del dinero y del poder tecnológico ha dejado de presionar desde fuera a los guardianes de la información para censurar artículos: el periodismo del <em>caso Watergate</em> murió para siempre en 2007 y ahora su herencia se reparte entre patrimonios construidos en la nube. </p><p>Jeff Bezos compró el <em>Washington Post</em> por 250 millones y, una década después, su lema pasó de “la democracia muere en la oscuridad” a una defensa de “las libertades personales y el libre mercado”. Patrick Soon-Shiong adquirió <em>Los Angeles Times</em>, y poco después una inteligencia artificial reetiquetaba los artículos de opinión según el “sesgo” del accionista. Elon Musk pagó 44.000 millones por Twitter para que sus algoritmos ocultaran los enlaces a la prensa progresista. El hijo de Larry Ellison –fundador de Oracle, cuarto hombre más rico del mundo– se sienta sobre el accionariado de CBS News. Marc Benioff, CEO de Salesforce, compró <em>Time</em> y la convirtió en púlpito de su “capitalismo de <em>stakeholders</em>”. Los ejemplos son interminables: Laurene Powell Jobs con <em>The Atlantic</em>, John Henry con el <em>Boston Globe</em>, Joe Mansueto con las revistas <em>Fast Company</em> e <em>Inc</em>. </p><p>Si los medios de comunicación han sucumbido a los magnates tecnológicos es porque fueron los primeros en <strong>caer en el fetiche de que la digitalización era sinónimo de innovación</strong>. Esa es la conclusión del libro <a href="https://www.akal.com/libro/despertar-del-sueno-tecnologico_50513/" target="_blank"><em>Despertar del sueño tecnológico</em></a>, que escribí en 2019. La crisis económica no solo se llevó por delante a millones de editores, corresponsales, cronistas, colaboradores de toda índole, sino también el modelo de negocio que los sostenía. La<strong> ideología solucionista de Silicon Valley</strong> predicó un futuro tecnológico ante el cual las redacciones debían someterse para no quedar fuera del nuevo siglo, mientras les entregaba sus poderosas herramientas de analítica, <em>engagement</em>, optimización y embudos de conversión. Pongamos los ejemplos del Digital News Innovation Fund (DNI) / Google News Initiative y del Facebook Journalism Project. Presentados como ejercicios de filantropía para combatir la desconfianza hacia los medios, funcionaron como un caballo de Troya para “capturar el periodismo”. El gran capital tecnológico –no los directores de las cabeceras, ni mucho menos los sindicatos de periodistas– decidió qué problemas merecían solución y en qué términos. Por eso la única condición para acceder a las becas de Silicon Valley era que las tecnologías fueran monetizables. Y <strong>progresivamente se transformó la naturaleza institucional de los periódicos</strong>. Las redacciones se convirtieron en laboratorios de I+D y los periodistas en científicos de datos.</p><p>El <em><strong>Washington Post</strong></em><strong> </strong>desplegó Heliograf, un sistema que en su primer año publicó 850 artículos automatizados. <em><strong>The New York Times</strong></em><strong> </strong>delegó parte de la moderación de sus comentarios en Perspective API, un algoritmo de Google que decide si las intervenciones del lector son admisibles en el debate público. <em><strong>El Mundo</strong></em><strong> </strong>recibió financiación de Google para implementar Content Intelligence, un modelo de aprendizaje automático diseñado para maximizar los ingresos publicitarios de cada artículo. <em><strong>Público</strong></em> desarrolló el Transparent Journalism Tool, un sistema que cuantificaba el coste exacto de producir cada pieza para luego recibir micropagos. La <strong>agencia británica Press Association</strong> construyó RADAR, un servicio capaz de generar 30.000 historias locales automatizadas al mes a partir de bases de datos públicas, distribuidas hoy a cientos de medios regionales que en su mayoría han ido prescindiendo de los reporteros en los últimos años. Incluso los periodistas que recibían dinero para proyectos de test A/B en Google Analytics alimentaron durante años los modelos lingüísticos que terminarían sustituyéndolos. Detrás de todo también está el trabajo gratuito del ejército de periodistas precarios que labran su marca <em>online</em> produciendo contenido viral en las redes sociales de Meta, y el trabajo invisible de las redacciones que rellenan el cuadro de indexación para aumentar el tráfico en el motor de Google.</p><p><strong>Las cosas no mejorarán con la llegada de la IA</strong>. Los estudios confirman que la dependencia de las redacciones respecto a las plataformas no desaparecerá. Se volverá “invisible”. Más que en algoritmos inmateriales, la imprenta digital se sostiene en cables submarinos, puntos de intercambio, CDNs, centros de datos y servicios <em>cloud</em>. Hasta el prestigioso <em>Columbia Journalism Review</em> concluye que la complejidad técnica de la IA está generando nuevos <em>lock-ins</em> donde los medios grandes consiguen acuerdos especiales para acceder al desarrollo de los modelos de frontera mientras los medios locales, pequeños y del Sur Global quedan rezagados, lo que reduce la diversidad de los contenidos y de los modelos futuros. Según el consenso de las revistas académicas especializadas en periodismo, el giro hacia la IA monopolizará para siempre el poder de definir qué es una noticia. Las respuestas a los problemas de los medios no vendrán de Palo Alto, y tampoco las soluciones. Debemos liberarnos del mito originario de la inteligencia artificial.</p><p>Al fin y al cabo, como polemizó <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/mar/30/artificial-intelligence-chatgpt-human-mind" target="_blank">Evgeny Morozov en </a><a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/mar/30/artificial-intelligence-chatgpt-human-mind" target="_blank"><em>The Guardian</em></a><a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/mar/30/artificial-intelligence-chatgpt-human-mind" target="_blank">,</a> “<strong>la inteligencia artificial no es ni inteligente ni artificial</strong>”. No hay ejemplo que mejor ilustre esto que una redacción periodística. Todo sistema inteligente necesita del trabajo creativo de los plumillas, así como de las instituciones culturales y mediáticas que se han ido construyendo en los últimos siglos de historia. <strong>La “inteligencia artificial” es siempre “inteligencia colectiva”</strong>: el archivo acumulado de periódicos y revistas, los criterios de edición, las relaciones con autores, los rituales de presentación, el diseño tipográfico reconocible, la disposición física de los periódicos en los quioscos, el hábito de los lectores. Todo ese conjunto material y social incorpora <strong>una forma de ver el mundo</strong> que no se almacena en ninguna superinteligencia. Vive en la práctica comunicativa de seleccionar, editar y distribuir; exige ciertos gestos y excluye otros, produce sentido donde antes no había más que palabras sueltas. </p><p>Para salir del fetichismo de la IA generativa y de la excepcionalidad algorítmica, el filósofo brasileño Álvaro Vieira Pinto nos invita a pensar que ninguna tecnología es meramente moderna. No existe un salto cualitativo entre el escriba medieval, el linotipista del siglo XIX, el ludita del <em>Washington Post</em> que en los setenta saboteó las rotativas industriales y la red neuronal entrenada con el archivo digitalizado de un periódico que escribe los artículos automáticamente. <strong>Los humanos, y también los periodistas, siempre hemos sido tecnológicos</strong>: observamos la realidad y reflexionamos sobre las fuerzas naturales, nos abstraemos creando formas de conocimiento y desarrollando métodos para transmitirlos, y lo aplicamos sistemáticamente para transformar el mundo mediante proyectos tan ambiciosos como lo fue la imprenta de Gutenberg.</p><p>Las máquinas son siempre extensiones del poder creativo, reflexiona Vieira Pinto. Lo único que las vuelve deshumanizadoras son las relaciones sociales en las que se inscriben, la división del trabajo intelectual y la propiedad privada. Es por eso que debemos recuperar la lección del periodismo ilustrado: la profundidad del lenguaje, el pensamiento conceptual y el uso de la palabra son tecnologías de creación de mundos. Pero solo si renunciamos a que el mercado sea la única institución para codificarlos en la esfera pública. La información no puede ser una mercancía, los regímenes de verdad no pueden estar sometidos a la competencia. Como decía Raymond Williams, “una sociedad libre requiere que los <strong>medios de comunicación sean elementos de educación extendidos</strong>, infraestructuras democráticas que van más allá de la mera transmisión de mensajes entre emisor y receptor”. La comunicación es siempre un proceso de comunidad: compartir significados, actividades y finalidades comunes; proponer, recibir y comparar nuevos significados, que llevan a los logros del progreso social. </p><p>Pensar la inteligencia artificial requiere hacerlo fuera del modelo hegemónico de las plataformas. Recordemos el debate sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación que ocupó a la UNESCO y al Movimiento de Países No Alineados durante los años setenta y ochenta. Una comisión experta, presidida por el premio Nobel Seán MacBride, elaboró una serie de recomendaciones para <strong>democratizar el orden informativo mundial,</strong> promover la paz y el desarrollo humano. El informe resultante, <em>Many Voices, One World</em>, defiende que los medios tienen nuevas tareas sociales, que el acceso a la información es un recurso esencial para construir un mundo interdependiente, respetuoso con las identidades culturales y los derechos individuales, y que la comunicación es un derecho democrático fundamental. </p><p>Este proyecto fracasó estrepitosamente por culpa de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, pero sentó las bases para muchas otras formas de entender las tecnologías. <strong>Indymedia</strong> fue el primer ensayo planetario de periodismo ciudadano construido desde los movimientos de alterglobalización, donde la lucha por el <em>software</em> libre se entrelazaba con la batalla por el conocimiento abierto. <strong>WikiLeaks</strong> demostró que la información puede emplearse para revelar elementos de la realidad que muchas veces la propiedad privada del conocimiento esconde. <strong>Wikipedia</strong> nació con un gesto similar, pero recordando que las bibliotecas y archivos existen desde hace siglos al margen de las leyes de la propiedad intelectual. </p><p>La tarea utópica en el presente es construir un nuevo <em>stack</em>: mapear los experimentos del pasado y del presente que han creado nuevos mundos, desarrollar las herramientas necesarias para diseñar qué tipo de vida en común queremos y, sobre ese mapa, <strong>levantar una pila de instituciones radicalmente distinta </strong>a la que la Costa Oeste estadounidense nos ha vendido durante quince años. Aplicado al periodismo y a la inteligencia artificial, ese <em>stack</em> pasa, en primer lugar, por modelos de propiedad alternativos. </p><p>Existen al menos <strong>29 cooperativas periodísticas internacionales</strong> donde los lectores tienen voto sobre la línea editorial y existen tecnologías de deliberación democrática como Decidim para debatir sobre los temas que merecen ser narrados y con qué enfoques. Frente a la falsa dicotomía entre rentabilidad y servicio público, caben plataformas digitales en propiedad de los trabajadores, los usuarios o ambos. Imaginemos además que cada ciudadano dispone, junto con su renta básica y cesta de servicios digitales gratuitos, de un crédito anual destinado a financiar los medios cooperativos que él mismo elija.</p><p>Pasa, en segundo lugar, por construir infraestructuras públicas e internacionales de innovación tecnológica que socialicen las herramientas de visualización, investigación y creación. Fondos que faciliten el florecimiento de iniciativas individuales, que permitan escalar las más sostenibles con servidores y archivos comunes y sobre los cuales se levanten las imprentas digitales. La creación de consorcios internacionales de investigación para publicar exclusivas mundiales sobre corrupción prueba que el modelo en red multiplica la capacidad del periodismo, siempre y cuando se construya sobre la solidaridad y el reparto de la visibilidad entre medios de comunicación. </p><p>Pueden desarrollarse, también, <em><strong>small language models</strong></em><strong> de código abierto </strong>(menos de 10.000 millones de parámetros) alojados en centros de datos de titularidad pública y entrenados con datos verificados. Muchas informaciones importantes en los últimos diez años han salido de redes mixtas de investigación forense ciudadana donde un arquitecto, un programador, un vecino y un periodista reconstruyen bombardeos, masacres, accidentes industriales con imágenes abiertas. Hasta pueden fomentarse materiales pedagógicos y culturales colaborativos, lo que evitaría que cada redacción tenga que pagar cantidades millonarias a Silicon Valley por <em>token </em>usado.</p><p>Los medios públicos como “infraestructura crítica democrática” requieren redes federadas interdisciplinares –ya bosquejadas en el Fediverso, Mastodon, Lemmy, Peertube o en decenas de protocolos como ActivityPub– capaces de curar la esfera pública sin necesidad de algoritmos de estandarización ni publicidad dirigida (como hace <em><strong>The Syllabus</strong></em>), lo que además devolvería al lector la posibilidad de descubrir lo genuino y al periodista la libertad creativa. Los servidores interoperables permiten que cada instancia se autogobierne, que el <strong>lector deje de ser un espectador y pase a ser productor</strong>, transformando así las condiciones técnicas en las que la información se produce y distribuye. Si el algoritmo es, además, modificable, se adaptará a las decisiones que vayan tomando las distintas comunidades. Sobre esa base podrían levantarse escuelas populares de OSINT, de uso de IA, de archivos digitales y de redacción.</p><p>Ese <em>stack</em> alternativo pasa por institucionalizar lo invisible de la comunicación cotidiana: que un artículo escrito por el periodista de cualquier medio pueda dialogar con un archivo público de libros, con una <strong>base de datos científica abierta</strong>, con otra crónica local, con conversaciones grabadas en museos, bibliotecas y espacios autogestionadas, o con el enorme ecosistema de pódcasts. Y todo con un modelo lingüístico entrenado sobre el procomún que permita a cada ciudadano llevar a cabo ese viaje, si quiere como lector, pero también con las capacidades adquiridas para tomar la palabra. Solo entonces podrán convivir las tecnologías y los periodistas, cuando las prácticas que ya están naciendo dejen de ser experimentos aislados y se nombren y se compartan para generalizarse. </p><p>Las prácticas que harán posible la <strong>convivencia entre tecnología y periodismo</strong> ya existen. Falta nombrarlas, compartirlas y multiplicarlas hasta que dejen de ser algo excepcional. </p><p><em>*Ekaitz Cancela es escritor, investigador y editor. Autor de ‘Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo’ (Verso Libros, 2023).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 04:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ekaitz Cancela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Periodismo,Tecnología digital,Estados Unidos,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anthropic abre la puerta de Wall Street a la inteligencia artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/anthropic-abre-puerta-wall-street-inteligencia-artificial_1_2203955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5c5e58f5-3c8e-44f6-8bce-0e1c997962d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anthropic abre la puerta de Wall Street a la inteligencia artificial"></p><p>La carrera por el dominio de la inteligencia artificial da un nuevo salto. <a href="https://www.infolibre.es/internacional/comision-europea-reune-anthropic-discutir-riesgos-mythos_1_2177876.html" target="_blank">Anthropic</a>, creadora de Claude, ha presentado el <strong>borrador para salir a Bolsa</strong>. La empresa dirigida por Dario Amodei presentó esta semana de forma confidencial ante la <a href="https://www.usa.gov/es/agencias/comision-de-bolsa-y-valores" target="_blank">Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos</a> (SEC) el borrador de registro para una futura oferta pública inicial (OPI) adelantándose así a OpenAI, que llevaba meses anunciando la posible salida.</p><p>La compañía <strong>confirmó a través de un comunicado</strong> la intención de cotizar en bolsa. La presentación del<a href="https://www.anthropic.com/news/confidential-draft-s1-sec" target="_blank"> formulario S-1</a> abre la puerta a que, una vez revisada la documentación por la SEC, pueda debutar en Wall Street.</p><p>Que el anuncio se haya hecho de forma confidencial, y a través de formulario, es ya una práctica habitual de las grandes empresas porque evita revelar de inmediato información sobre <strong>ingresos, costes o rentabilidad</strong>. </p><p>La relevancia del movimiento de los de Amodei es que la salida a bolsa  <strong>supone abandonar las rondas multimillonarias de capital riesgo </strong> a las que se han enfrentado tanto Anthropic como el resto de <em>startups</em> tecnológicas desde finales de 2022, cuando apareció en escena OpenAI con su famoso ChatGPT.</p><p>“Con la salida de una de estas compañías, el mercado comenzaría a poner un <strong>precio público, diario y verificable a un sector</strong> que hasta ahora se ha valorado principalmente con rondas privadas y con mucha expectativa de crecimiento”, explica a  <strong>infoLibre Patricia García</strong>, directora del Máster en Finanzas de ESIC Business & Marketing School.</p><p>El interés de los mercados y de la prensa económica se explica por la magnitud de la compañía. Anthropic cerró recientemente una ronda de financiación que elevó su valoración hasta los <strong>965.000 millones de dólares</strong>.</p><p>Según García, una gran salida a bolsa obligará a “traducir el relato en múltiplos cotizados: <strong>ingresos, márgenes, consumo de capital, capacidad de monetización y visibilidad del beneficio”.</strong> En su opinión, la primera gran OPI de IA servirá además como referencia para todo el sector. </p><p>“Si el mercado acepta múltiplos muy elevados, estará validando buena parte de la narrativa de crecimiento de la IA generativa. Pero si exige descuento o se muestra más duro con la ejecución, ese primer precio también puede actuar como <strong>señal de prudencia</strong> para cualquier otra compañía que quiera salir después”, añade.</p><p>La futura llegada a Wall Street plantea nuevas exigencias para estas empresas que, como apunta para <strong>infoLibre Carlos Cosials</strong>, director del Máster en IA de UIC Barcelona y presidente de Aseitec, cotizar en bolsa “implica estar en el ámbito especulativo, pero con unas reglas que demandarán mayor transparencia” y, por supuesto, estas compañías “deberán mostrar cuáles son los verdaderos motores que garantizan su rentabilidad futura”. </p><p>Cosials plantea una idea importante con respecto al interés de los inversores: si la inteligencia artificial terminará por <strong>convertirse en una infraestructura indispensable</strong> de la economía digital. “La duda es si el <em>search</em> [Google] pasará a <em>research</em> inteligencia artificial generativa] y quién dominará ese mercado de forma cuasi monopolística”, como ocurrió con  Google, el buscador que se convirtió en la referencia de búsqueda en la web hasta con un verbo “<a href="https://www.rae.es/observatorio-de-palabras/googlear" target="_blank"><em>googlear</em></a>”.</p><p>La salida a bolsa de <strong>Anthropic va a fijar “el marco psicológico</strong> con el que el mercado va a juzgar a los que vienen detrás”, recuerda Cosials. La compañía de Amodei nació en 2021, fundada por empleados descontentos con OpenAI y con la dirección de Altman. Desde entonces, ambas compañías han competido por llegar más lejos con sus desarrollos.</p><p>Pero la diferencia estratégica entre ambas compañías será clave, como sostiene Cosials, para determinar qué <strong>modelo empresarial</strong> —enfocado a usuario o a negocio—será capaz de sostener “un negocio gigante en el tiempo”.</p><p>Mientras OpenAI ha construido buena parte de su crecimiento alrededor del mercado de consumo gracias a ChatGPT, Anthropic ha apostado por clientes corporativos. </p><p>“El filón que ha encontrado Anthropic está referido a un ámbito que no está muy regulado, el de la calidad del <em>software</em>. La capacidad de <strong>generar y analizar código ha sido excepcional</strong> y le permite entrar en modelos B2B (negocio), frente al modelo B2C (usuario) que ChatGPT está eminentemente aplicando. Eso le permite asegurarse un modelo de ingresos más sostenido y menos intervenido”, añade.</p><p>El entusiasmo de los mercados convive con un debate cada vez más intenso sobre la sostenibilidad económica del sector.</p><p>Las grandes tecnológicas han anunciado <a href="https://aiweekly.co/issues/ai-slop-a-725b-bet-on-what-no-one-wanted" target="_blank"><strong>inversiones</strong></a><strong> que superan los 750.000 millones de dólares este año</strong>. Nunca antes se había destinado tanto capital, en tan poco tiempo, al desarrollo de una tecnología emergente que está creciendo a la par que se está usando.</p><p>El modelo de negocio sigue bajo escrutinio porque “genera incertidumbre, sobre todo por el lado de los costes”, señala Garcia. El entrenamiento y funcionamiento de los modelos exige <strong>inversiones multimillonarias en chips</strong>,<strong> centros de datos y energía</strong>.</p><p>Para García, la compañía llega al mercado en una posición de fortaleza poco habitual. “Se ha comunicado un <em>run-rate</em> —proyección anualizada— de ingresos de <strong>47.000 millones de dólares</strong> y cerró una <a href="https://www.anthropic.com/news/series-h" target="_blank">ronda de 65.000 millones</a> para una valoración total de 965.000 millones, lo que le da una posición muy fuerte” frente al resto de competidores, sostiene. La experta recuerda, además, que distintas informaciones apuntan a que la empresa podría acercarse a su primer trimestre rentable.</p><p>¿Qué ocurre cuando una tecnología nacida como <em>startup</em> se convierte en infraestructura económica? La salida a bolsa de Anthropic obligará a comprobar si la inteligencia artificial generativa es ya un <strong>negocio extraordinariamente rentable o sigue siendo una apuesta</strong> sobre beneficios futuros.</p><p>Para García, la respuesta se sitúa a medio camino. “Los últimos datos sugieren que la IA generativa <strong>ha dejado de ser solo una promesa tecnológica</strong> y se ha convertido en una realidad de negocio”, sostiene.</p><p>“No todo vale cuando aspiras a ser corporación”, advierte Cosials que apunta a que la salida a bolsa someterá a Anthropic “al <strong>escrutinio de los resultados</strong> donde, tanto capitalistas (mercado) como instituciones (reguladores), puedan tener evidencias de garantía de que el valor se preserva y la prestación del servicio es conforme”.</p><p>En última instancia, la directora del Máster de Finanzas cree que la salida a bolsa de Anthropic no solo pondrá a prueba a la compañía de <a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/soberania-vasallaje-receta-urgente-ia-europea_129_2191236.html" target="_blank">Dario Amodei</a>, también <strong>obligará a Wall Street</strong> a decidir si una empresa nacida hace cinco años merece una valoración cercana al billón de dólares.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 04:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iván Muñoz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Anthropic abre la puerta de Wall Street a la inteligencia artificial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología digital,Inteligencia artificial,Bolsa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Varela: “Estamos documentando una sincronía de intereses que alimenta el ciclo del bulo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/como-lo-ve/fernando-varela-documentando-sincronia-intereses-alimenta-ciclo-bulo_1_2204606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c18a0f86-f7d2-4eda-9350-7d2f37a7be24_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fernando Varela: “Estamos documentando una sincronía de intereses que alimenta el ciclo del bulo”"></p><p><a href="https://www.infolibre.es/autores/fernando-varela/" target="_blank">Fernando Varela</a>, (Caracas, 1963) es, junto a Jesús Maraña, uno de los fundadores de <strong>infoLibre</strong> ligados al diario digital desde su creación, en 2013. En su caso como redactor jefe. Sus artículos suelen centrarse en el tejido informativo y de empresas de medios de comunicación y tecnologías. Previamente había trabajado para <em>Xornal Diario</em>, <em>La Voz de Galicia</em>, <em>La Opinión de A Coruña</em>, <em>El País </em>y <em>Público</em>. Es también profesor de Periodismo de Proximidad, Comunicación Institucional y Verificación Informativa  en la Universidad Carlos III de Madrid.</p><p>“Es tremendamente revelador que tres personas tan diferentes como la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, socialdemócrata, pero de corte muy conservador en determinadas políticas, una figura como la del Papa, referente moral en muchos sitios más allá del mundo católico y <strong>Pedro Sánchez</strong>, con una posición en Europa claramente en minoría, confluyan en alertar de manera drástica, radical, sobre los peligros que suponen las tecnológicas para Europa. Nos tiene que indicar que, efectivamente, estamos ante un problema sobre el que ya todo el mundo empieza a ser consciente de que hay que tomar medidas<strong>. Los tecnooligarcas, sus políticas y sus plataformas son un problema democrático y es imprescindible tomar medidas</strong>. Hay dos debates ahora mismo en el mundo para afrontar este problema. Uno es el de Estados Unidos, es decir, libertad absoluta para que hagan lo que quieran. Y el otro es el modelo europeo, que es el de tratar de impulsar modelos de regulación que pongan freno a esta situación. Eso es lo que expresan la primera ministra, el Papa y Pedro Sánchez, además de otros actores. Por lo menos aquí el problema está encima de la mesa. Otra cosa es que después se estén tomando de verdad medidas efectivas”.</p><p>“Ese es un asunto capital. Es decir, el mundo de la comunicación se ha visto condicionado durante muchos años por determinados buscadores, por determinados sistemas de intermediación con el público que acababan decidiendo qué medios tenían más presencia de cara a las búsquedas que hace la gente. Ese fenómeno se está empezando a repetir ahora con la inteligencia artificial (IA). Ya lo veníamos sufriendo muchos medios en las plataformas de redes sociales. <strong>No debemos resignarnos a dejar en manos de estas plataformas la tarea de llegar a las audiencias. infoLibre tiene la ventaja de una dependencia menor del mercado publicitario. Tiene una voluntad de vínculo directo con los lectores</strong>. De todas maneras, a todos los medios, sobre todo a los medios independientes, a los más pequeños o de ámbito local les va a suponer un problema.</p><p>La inteligencia artificial añade una capa de intermediación a las que ya había y va a dar más presencia a los grandes medios que ya están empezando a firmar acuerdos para tener más presencia en los buscadores de inteligencia artificial. A medios como <strong>infoLibre</strong>, lo que todo esto nos indica es que tenemos que seguir apostando por nuestro principal capital, que es la relación directa con los lectores y ofrecer lo que tenemos que ofrecer, que es nuestra credibilidad. La que hemos estado construyendo durante años”.</p><p>“Los medios tenemos que hacer también una tarea didáctica. La gente tiene que entender que la información nunca ha sido gratis. Hacer buena información cuesta dinero, no sale espontáneamente. No es algo que alguien enciende el ordenador y aparece en internet por arte de magia. Para que haya información tiene que haber periodistas que la busquen, que la traten y que seleccionen los contenidos para ofrecérselos a la gente.<strong> Esa es la única manera en que puede asegurarse la contribución del periodismo a la democracia</strong>. Sin periodismo no hay democracia. Y no es gratis. Y la inteligencia artificial tampoco es gratis. Va a obtener financiación bien mediante cuotas, bien mediante publicidad, bien mediante acuerdos con medios a los que les interesa pagar para estar. Lo que la gente tiene que entender es que no son neutrales ni son inocentes, como tampoco lo eran los buscadores, como tampoco lo es Google, claro”.</p><p>“Lo que tienen que hacer, tanto los distintos gobiernos como la Unión Europea, es establecer regulaciones. No podemos permitir que nos ocurra lo que nos pasó con las redes sociales, con otras plataformas. Hemos visto que en los últimos años han acabado condicionando los debates políticos. Han generado los fenómenos de polarización y que incluso sabemos, porque nos consta, que tienen capacidad para redireccionar votos, para generar resultados políticos e incluso para contribuir a cambiar gobiernos. Tenemos que ser capaces de regular la inteligencia artificial para ponerle límites<strong>.</strong></p><p><strong>Y tenemos que ser capaces de producir inteligencia artificial europea. No podemos seguir dependiendo de plataformas de Estados Unidos eternamente y menos de las de IA</strong>, algunas vinculadas a personajes que defienden la desregulación gubernamental mundial, un gobierno corporativo mundial. Creen en la capacidad de las empresas para gobernar el mundo y acabar con la soberanía de los países. Estados Unidos está presionando muy duro para que Europa desregule. Aquí tenemos una serie de normas que ponen coto a muchas de las cosas que hacen las empresas de inteligencia artificial y plataformas como Meta o X.<strong> La Unión Europea está empezando a titubear</strong>. Han decidido aplazar algunas normas hasta fin de año. Parece que no sabe muy bien cómo gestionar el chantaje que está haciendo la administración Trump. Pero la única manera que tenemos de sobrevivir como democracias es poniendo coto a quienes quieren intervenir la democracia”.</p><p>“Yo no creo, y nadie ha puesto encima de la mesa, que exista una sala clandestina en la que se toman estas decisiones y que un grupo de personas se pongan en contacto unos con otros para coordinar este tipo de actuaciones. Pero lo que sí estamos documentando es una sincronía de intereses. Una sincronía de intereses que lo que hace es alimentar lo que llamamos el ciclo del bulo, en el que participan <strong>organizaciones de ultraderecha como Hazte Oír, por ejemplo, como Manos Limpias</strong>, en la que intervienen algunas instancias judiciales, en la que intervienen algunos medios del ecosistema de la derecha y pseudomedios, y determinados partidos.</p><p>El ciclo del bulo puede empezar en cualquiera de ellos. Un pseudomedio publica algo sin ninguna base o sacándolo de contexto. En los últimos días hay una abrumadora lista de ejemplos. Alimenta que un político haga una declaración que otro medio va a repetir y que acaba generando una investigación judicial porque una de las organizaciones de ultraderecha lo utiliza como gasolina para plantear una denuncia. Y<strong> esa investigación judicial genera otra nueva noticia que genera una nueva declaración política.</strong> Llega un momento en el que no sabemos cómo ha empezado todo esto, pero ya se ha instalado una narrativa de algo que no es cierto o está sacado de contexto. Es decir, da igual que no exista ninguna prueba contra la mujer del presidente, si hacemos una encuesta en la calle, todo el mundo cree que Begoña Gómez ha cometido graves crímenes contra la sociedad”.</p><p>“Lo que está generando es una pérdida de confianza en todos los elementos del sistema, es decir, en el ámbito judicial, en los medios y en la política. En una democracia sabemos a lo que conduce, al auge de los populismos y de las autocracias. No me atrevo a decir hasta dónde más puede llevarnos, pero lo que es evidente es que la única manera de combatir eso es que tengamos políticos que sean capaces de trabajar sin apoyarse en el bulo, medios que sean capaces de apoyarse en hechos para reprochar a este gobierno o a cualquiera lo que sea reprochable, pero que se base en hechos, no en fotografías de joyas sacadas de contexto que nadie sabe cuál es su origen, por ejemplo. Y jueces, por supuesto, que sean responsables, que sean capaces de construir sumarios e investigaciones serios, no basados en conjeturas, como algunos de los que hemos conocido en las últimas semanas. En la medida en que todos contribuyeran, podríamos salir de ese círculo vicioso.<strong> Sinceramente, soy pesimista</strong>. Hay políticos que, por supuesto, no participan de esa manera de actuar. Hay medios, no solo <strong>infoLibre</strong>, que están haciendo un trabajo muy serio sobre los casos de corrupción que se han conocido. Y jueces que no se prestan a este tipo de prácticas. Efectivamente no somos suficientes. Parece que los demás hacen mucho más ruido”.</p><p>“El ecosistema mediático español ya estaba escorado hacia la derecha. No exageradamente, pero sí claramente. Esto es claro si lo vemos en la prensa tradicional, la prensa de papel es básicamente de derechas, hay algún periódico más de centro y un medio que hasta ahora considerábamos de centro izquierda, <em>El País</em>. En las televisiones también, claramente hay una hegemonía de la derecha que ahora se compensa parcialmente en Radio Televisión Española, pero no lo suficiente. Sigue siendo mayoría la audiencia que recibe información editorialmente construida desde posiciones de la derecha. </p><p>Lo que está pasando es que un medio,<strong> uno de los grandes grupos, o el gran grupo de centroizquierda, que era el Grupo PRISA, que controla </strong><em><strong>El País </strong></em><strong>y la </strong><em><strong>Cadena SER,</strong></em><strong> ha empezado a dar algunos pasos hacia el centro</strong>. Ha cambiado la directora de <em>El País</em> y eso ha producido un cierto cambio en la línea editorial y en los enfoques del periódico. Han forzado la salida de Àngels Barceló al frente del programa estrella de la Cadena SER. Vamos a ver hasta dónde va este cambio en el centro de gravedad. Todavía tiene muchos profesionales que son buenos y que no creo que consientan dócilmente ese proceso. Y desde el punto de vista empresarial sería suicida. <strong>Va a haber una nueva emisora de televisión que sobre el papel empezará a funcionar en otoño y que su corte va a ser progresista</strong>. Pero en todo caso su influencia va a ser limitada porque cuesta mucho tiempo construir una audiencia. Estamos ante un año electoral, vamos a ver qué es lo que pasa. Vamos a llegar con un ecosistema que claramente no es favorable al Gobierno”.</p><p>“Hay gente que piensa que hay medios que juegan con dos barajas. Entramos en los términos de la opinión y de la percepción. Los lectores comprometidos, los que pagan por contenidos, son muy exigentes con la calidad de la información que reciben y <strong>claramente muchos de ellos eligen los medios también un poco porque sienten una identificación ideológica</strong>, lo cual no significa que no sean críticos en absoluto. Yo creo que es difícil construir medios de falsa bandera, en mi opinión personal. Las audiencias son más listas de lo que parece y al final se acaba volviendo contra el medio”.</p><p>“Hay que prestar atención a las posiciones de los grandes grupos, porque me parece que van a tener mayor trascendencia a medio y largo plazo. Siempre que hay una expectativa de cambio de gobierno –lo hemos visto en los últimos 40 años–, los grandes grupos de comunicación suelen tomar posiciones para asegurar su relación con el nuevo gobierno, con el gobierno que pueda llegar. ¿Por qué? Pues porque <strong>España es uno de esos países en los que tenemos un grave problema de dependencia del dinero público</strong> que se entrega a los medios a dedo a través de la publicidad institucional. Cuando hay otra publicidad que ya no nos llega, la privada, que se va a las plataformas, los medios se han vuelto mucho más dependientes de todo esto. Entonces, va a seguir habiendo movimientos para estar mejor situados, para lo que venga”.</p><p>“Me parece tremendamente relevante. Tremendo en muchos sentidos. Hemos asistido a una competencia por parte de muchos medios para construir titulares que condenaran a Zapatero a partir de un sumario en el que apenas hay elementos que señalen a Zapatero. Más allá de las afirmaciones que repite el juez, muchas veces en condicional. Diciendo cosas como Zapatero sería el jefe de una trama criminal. No lo apoya suficientemente. Hay medios que lo han convertido en una condena, titulares que directamente han dicho que Zapatero es culpable de ser el jefe de una trama criminal. Ya está, no hay más vueltas.<strong> Cómo no hay hechos incriminatorios directos sobre él, hay muchos titulares que se han construido sobre ‘el testaferro de Zapatero’, ‘la trama de Zapatero’</strong>. Para atribuirle a Zapatero cosas que el auto atribuye a otros protagonistas pero que no está documentado que tengan relación con Zapatero. Es una técnica de desinformación muy bien conocida, que es simplemente descontextualizar los hechos. Tú coges unas joyas que están en una caja fuerte y las conviertes en un hecho sospechoso. Zapatero es culpable porque tiene joyas. Ya está. Lo de menos es si las joyas valen esto o aquello, o si tienen un origen lícito. Muchos medios y periodistas han hecho un trabajo muy serio de tratar de desbrozar la parte de los autos que sí son hechos. Pero <strong>otros medios están jugando a otra cosa, a una partida política</strong>. Y es muy peligroso. Socialmente estamos alimentando un fenómeno de exposición pública que no tiene pies ni cabeza. ¿Cuántos de nosotros resistiríamos un escrutinio con lupa como el que se está haciendo de hechos privados del presidente Zapatero? Seguramente no muchos, desde luego estoy seguro que no Aznar o no Felipe González”.</p><p>“Por algo deberíamos tener derecho a la intimidad. Lo que no tiene sentido es que la UDEF, la UCO, cuando hacen un registro o entran en tu casa, en tus discos duros, en tu teléfono móvil… Lo que no tiene sentido es que aceptemos con esta naturalidad que llega a los medios inmediatamente y se publica todo, tenga o no que ver con el objeto de la investigación. Es imposible no pensar que en esa mecánica hay un interés por destruir socialmente a la persona que se investiga.<strong> Luego ya va a dar igual que se la condene o no se la condene</strong>. Los que saben de esto dicen que no tendremos una sentencia sobre esta materia hasta dentro por lo menos de diez años. No creo que el expresidente tenga muchas oportunidades de reconstruirse socialmente a menos que haya un proceso judicial rápido, que no va a ocurrir, en el que sea absuelto. También en eso soy poco optimista, sobre las posibilidades que tenga de rehabilitación social una figura como Zapatero en una vorágine como la que tenemos montada ahora mismo”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 17:25:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Contreras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Fernando Varela: “Estamos documentando una sincronía de intereses que alimenta el ciclo del bulo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Entrevista,José Luis Rodríguez Zapatero,Inteligencia artificial,Medios comunicación,Corrupción,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ruido que deja todo igual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ruido-deja-igual_129_2202063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c721f6d7-6756-4288-8928-14f13dc65731_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ruido que deja todo igual"></p><p>Hay algo que no respira bien en nuestra democracia.</p><p>Discutimos como nunca. Nos indignamos a diario. Llenamos las redes de frases afiladas, acusaciones y fuegos cruzados. Cada día parece decisivo y, sin embargo,<strong> los problemas que de verdad pesan sobre la vida de la gente permanecen obstinadamente ahí</strong>: la vivienda imposible, los servicios públicos saturados, los pueblos que se vacían, la soledad de los mayores, la angustia de no entender una carta del banco, la vergüenza de quedarse bloqueado ante una pantalla.</p><p><strong>Sube el ruido. Baja el oxígeno</strong>.</p><p>El poder no ha desaparecido; se ha desplazado. Ya no está solo en los parlamentos ni en las instituciones que podemos votar y sustituir. Está también en los consejos de administración que nadie elige, en los algoritmos que ordenan lo que vemos, en los mercados que fijan el precio de la luz, del alquiler o del dinero. Nadie vota a esos poderes. Nadie puede cesarlos. Pero condicionan nuestra vida con una eficacia silenciosa.</p><p>Por eso <strong>la política de trincheras resulta tan útil para quienes prefieren que nada cambie</strong>. Si estamos enfrentados con el vecino, si convertimos cada diferencia en una guerra moral, dejamos de hacernos preguntas más incómodas: por qué una persona que vive rodeada de aerogeneradores paga la electricidad como si esa energía no tuviera nada que ver con su territorio; por qué los bancos cierran oficinas, empujan a los mayores hacia aplicaciones que no entienden y siguen presentándose como servicios imprescindibles; por qué tantos derechos existen en el papel pero se vuelven inaccesibles en la práctica.</p><p><strong>La bronca, a veces, es una manera muy eficaz de no mirar hacia arriba.</strong></p><p>El caso de las energías renovables lo muestra con una claridad dolorosa. Era necesario avanzar hacia una energía limpia; sigue siéndolo. Pero una causa justa puede gestionarse de forma injusta. Muchos municipios rurales vieron transformado su paisaje, soportaron el impacto de las infraestructuras y cedieron parte de su territorio. A cambio recibieron poco. La energía viajó hacia ciudades y grandes redes de consumo. Los beneficios se concentraron en empresas capaces de operar en ese mercado. Los pueblos siguieron vaciándose.</p><p>No fallaba la idea. Fallaba la escucha. Fallaba la pregunta previa: ¿cómo puede esta transformación mejorar de verdad la vida de quienes la hacen posible? Una política más atenta al territorio habría articulado retornos reales: energía más barata, comunidades energéticas locales, empleo estable. <strong>Podría haber convertido la transición ecológica en una forma concreta de justicia territorial</strong>. Pero se legisló para el mercado. Y el mercado hizo lo que suele hacer cuando no encuentra límites democráticos: concentrar, extraer y olvidar lo que queda en los márgenes.</p><p>Esto no es solo una discusión entre izquierda y derecha. Es algo más profundo: <strong>una política que decide sin escuchar</strong>. Un Estado que gestiona sin acompañar.</p><p>Hay personas que tropiezan cada día con una administración laberíntica, con una prestación que no saben solicitar, con un derecho que existe pero exige demasiados conocimientos para ejercerlo. La exclusión de nuestro tiempo no siempre tiene forma de puerta cerrada. A veces tiene forma de contraseña olvidada, de certificado digital, de formulario interminable. La vergüenza de no entender también es política.</p><p>Cuando alguien se siente solo ante el banco o ante una pantalla, empieza a sospechar que el sistema ya no está hecho para él. En ese desamparo crecen los discursos más duros. <strong>La demagogia funciona porque escucha un dolor real y le da una explicación falsa</strong>: no inventa el malestar, lo captura, lo simplifica y lo dirige contra los más débiles. Pero quienes creemos que la democracia debe servir para cuidar la vida común tampoco deberíamos sentirnos del todo inocentes. A veces hemos construido un lenguaje que expulsa a quien no habla como nosotros, y hemos celebrado la victoria moral en una red social como si eso cambiara algo en la vida de quien no sabe pedir una ayuda. El desprecio nunca ha emancipado a nadie.</p><p>Ahora tenemos delante otra frontera, quizá más decisiva: la<strong> inteligencia artificial</strong>.</p><p>La IA ya no pertenece al futuro. Ya participa en procesos de selección, filtra información, clasifica perfiles. En algunos lugares decide quién accede a un préstamo o qué currículum pasa el primer corte. A veces con eficacia. A veces reproduciendo sesgos. A menudo sin que nadie sepa explicar del todo por qué decidió lo que decidió.</p><p>Si no se gobierna democráticamente, la inteligencia artificial puede convertirse en <strong>una nueva ventanilla cerrada</strong>: más rápida, más elegante, pero igual de inaccesible para quien ya estaba en desventaja. Quien tenga recursos sabrá sortearla. Quien no los tenga se estrellará contra una pantalla aún más muda que las anteriores.</p><p>Pero la IA no es un destino. Es una herramienta. Y todavía estamos a tiempo de decidir si agrandará la distancia entre quienes pueden y quienes no, o si servirá para reducirla. ¿Y si una inteligencia artificial ayudara a traducir una notificación administrativa a lenguaje claro? ¿Y si guiara a una persona mayor para <strong>resolver una gestión bancaria sin humillarla</strong>? ¿Y si avisara de un derecho a punto de caducar? Eso no es ciencia ficción. Es una decisión política y moral: poner la inteligencia técnica al servicio de la dignidad humana.</p><p>Para lograrlo hace falta sentar en la misma mesa a quienes suelen quedar fuera de la conversación. No basta con expertos, empresas y administraciones. La gobernanza de la IA necesita <strong>una conversación democrática amplia </strong>en la que la eficiencia no sea el único criterio, porque una sociedad puede ser muy eficiente y profundamente injusta.</p><p>Las renovables nos enseñaron que una oportunidad histórica puede convertirse en otra forma de extracción si no se gobierna con justicia. La inteligencia artificial nos obliga ahora a decidir <strong>si hemos aprendido algo</strong>.</p><p>Todavía estamos a tiempo. Pero el tiempo se mide también en una escena pequeña y profundamente política: alguien que se siente perdido y encuentra a otra persona dispuesta a sentarse a su lado y preguntar sin superioridad: ¿qué necesitas? Y alguien que, al responder, empieza a recuperar una parte de su dignidad.</p><p>Quizá la democracia vuelva a respirar por ahí.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Carlos Castro</strong></em><em> es profesor del Departamento de Información y Comunicación de la Universidad de Granada y miembro de ANEMOS.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Castro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El ruido que deja todo igual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Inteligencia artificial,Política,Transición energética]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El tsunami de la IA: TintaLibre presenta su número de junio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/tsunami-ia-tintalibre-presenta-numero-junio_1_2202844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1285d89-3de2-45e7-a9ef-3f28ce2a9631_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El tsunami de la IA: TintaLibre presenta su número de junio"></p><p>Una nueva realidad está naciendo tras la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana. El cambio ya no es solo en el sector tecnológico, sino que, poco a poco, <strong>la IA se está convirtiendo en una herramienta fundamental en aspectos que no imaginábamos</strong>. La forma de trabajar, pensar, aprender o incluso hacer la lista de la compra ya se ve influida por ella. También el periodismo. El número de junio de <strong>TintaLibre</strong>,<a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-sigue-vivo-ia-acecha-tintalibre-junio_1_2199713.html" target="_blank"> </a><a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-sigue-vivo-ia-acecha-tintalibre-junio_1_2199713.html" target="_blank"><em>La IA y el periodismo profesional</em></a>, recoge el análisis de <a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-periodismo-profesional_1_2199716.html" target="_blank">distintos pensadores</a> sobre los efectos y posibles consecuencias de esta tecnología para la profesión en un futuro que ya es presente.</p><p>Este martes, el evento ha repetido escenario en la Sala Azul del Espacio Ronda, en Madrid. Diversas voces expertas se han repartido los micrófonos para presentar la revista acompañados de medio centenar de socios. Entre ellas, se encontraban Jesús Maraña, director editorial de infoLibre y codirector de <strong>TintaLibre</strong>; Jordi Gracia, escritor, catedrático y la otra mitad de la dirección de la revista; Virginia P. Alonso, directora de <strong>infoLibre</strong>; Ekaitz Cancela, escritor, investigador y editor; y Marta Gesto, directora general del periódico.</p><p>Los profesionales, portadores de análisis concienzudos y, en ocasiones, discordantes con los de su compañero de debate, han sido presentados por Maraña, que ha asegurado que el fin de este número es<strong> analizar “la parte oscura y la menos oscura” de la IA</strong>: “Sus luces y sombras”. </p><p>Gracia, con una energía contagiosa y una locución similar a la del mejor comentarista, ha abierto  el debate asegurando que “el instinto conspiratorio es necesario para pensar”. “Es decir, conjeturar, imaginar, ponerse en el papel de los malos”, ha sostenido. Pese a los peligros de la IA, el escritor ha defendido que la única mirada no es la del miedo, y que “<strong>no puede ser la mirada progresista la única que teme a la inteligencia artificial</strong>”. </p><p>P. Alonso, tras él, ha añadido algunos matices. La directora de <strong>infoLibre </strong>ha recordado cómo, en sus comienzos en la profesión, apenas existía internet, y ha comparado aquella aparición con la irrupción actual de la IA para explicar sus temores: “Internet provocó un cataclismo en el periodismo”. Sin embargo, y pese a advertir que el uso actual de la inteligencia artificial por parte de la ciudadanía perjudica a la profesión, ha asegurado: “Vamos a tener que encontrar la manera de convivir con todo esto, y para mí l<strong>a manera es hacer el mejor periodismo posible</strong>”.</p><p>Cancela, experto en esta materia y autor del libro <em>Utopías digitales</em>, ha defendido que, entendiendo la tecnología como una extensión humana, todas las épocas son tecnológicas. “<strong>Es importante politizar la IA. </strong>Hay que reivindicar la tecnología como extensión de la creatividad”. El escritor ha incidido en la idea de que la inteligencia humana, y fundamentalmente el periodismo, es la fuente que alimenta la IA, y que sin ella no existiría. “El derecho de autor ha muerto”, ha asegurado. Con gran ímpetu, Cancela ha defendido su uso como una herramienta para “mapear la realidad”, frente al riesgo de que estas tecnologías están subdesarrollando las capacidades creativas y analíticas de la ciudadanía, a favor del neoliberalismo: “La IA solo va a beneficiar a la ultraderecha”. Esta idea, mencionada por todos los asistentes y presente a lo largo del debate, ha despertado el murmullo y las afirmaciones del público, visiblemente preocupado por esta nueva realidad.</p><p>P. Alonso ha lanzado la reflexión: “¿A quién beneficia esto? A quien interesa que desaparezca el periodismo. Hay algunos muy concretos a los que ahora les interesa mucho quitar la capa de pensamiento crítico que existe en el periodismo de verdad”. “<strong>La IA no te da ese pensamiento crítico</strong>”. Y Gesto ha reafirmado esa narrativa de vigilancia a los poderosos: “La IA tiene pinta de que puede ser un tsunami”. “Creo que los medios de comunicación y la sociedad en general nos estamos entreteniendo con unos fuegos artificiales que alguien ha construido, mientras que por detrás están pasando un montón de cosas”, ha advertido.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 19:42:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alba Meseguer Alacid]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El tsunami de la IA: TintaLibre presenta su número de junio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La IA y el periodismo profesional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-periodismo-profesional_1_2199716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f1e3a23-e2fc-49f0-a026-59d9f427441f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA y el periodismo profesional"></p><p><em>Múltiples perturbaciones</em>, por Jordi Gracia.</p><p><em>Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley</em>, por Ekaitz Cancela.</p><p><em>Perder la ilusión de la realidad</em>, por Marta Peirano.</p><p><em>La prueba definitiva para el periodismo</em>, por Ismael Nafría.</p><p><em>Lo que la IA no sabe hacer</em>, por Raúl Novoa.</p><p><em>La IA no destruirá el periodismo, pero puede volverlo invisible</em>, por Esther Vera.</p><p><em>Periodismo frente al expolio algorítmico</em>, por Virginia P. Alonso.</p><p><em>Ríos voladores. La ruta migratoria del Darién</em>, por Lina M. Moros.</p><p><em>El cante católico con toque integrista: Hakuna y el Opus Dei</em>, por Miguel Saralegui.</p><p><em>Parábola de Jesucristo y Marc Giró</em>, por Miguel Sánchez-Romero.</p><p><em>El caso Tucker Carlson</em>, por Carlos C. Pérez.</p><p><em>Soledad Gallego-Díaz, maestra en ética periodística</em>, por Xavier Vidal-Folch.</p><p><em>Obra en marcha. Meter a los amigos dentro de un libro</em>. Poemas de Elisa Fernández Guzmán.</p><p><em>Historia privada de una fotografía. Patti Smith, la musa despeinada</em>, por Ramón Reboiras.</p><p>Puedes leer los números anteriores <a href="https://www.infolibre.es/suplementos/historico-tintalibre/" target="_blank"><strong>aquí</strong></a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 04:01:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La IA y el periodismo profesional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Periodismo,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La IA y el periodismo profesional’, el reto democrático que TintaLibre presenta este martes en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-periodismo-profesional-reto-democratico-tintalibre-presenta-miercoles-madrid_1_2201040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f1e3a23-e2fc-49f0-a026-59d9f427441f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La IA y el periodismo profesional’, el reto democrático que TintaLibre presenta este miércoles en Madrid."></p><p>La inteligencia artificial ya no pertenece a la ciencia ficción, ni es una nueva promesa de Silicon Valley; su papel ocupa un lugar central no solo en el mundo <strong>tecnológico,</strong> sino también en nuestra forma de informarnos, trabajar, pensar y relacionarnos con la realidad. Un lugar, además, muy inquietante cuyas ramificaciones y efectos en la comprensión del mundo solamente acaban de empezar. Ante este reto abrumador,<em> </em>el número de junio de <em><strong>TintaLibre</strong></em><strong> </strong>se ha puesto manos a la obra para tratar de explicar a los lectores cómo la IA afecta y subvierte las reglas de lo que más nos duele: el periodismo.</p><p>El encuentro para presentar el nuevo número de <em><strong>TintaLibre</strong></em><em>,</em> <em><strong>La IA y el periodismo profesional, </strong></em>tendrá lugar <strong>este martes 2 de junio</strong>, a las 19:00 h, en la <strong>Sala Azul del Espacio Ronda</strong>, situado en el centro de Madrid. El espacio cuenta con una capacidad máxima para 50 personas. Las socias y socios podrán asistir al acto previa inscripción a través de <a href="https://www.tickettailor.com/events/infolibre/2234875" target="_blank" >este enlace</a>. ¡Y si no eres socio, <a href="https://usuarios.infolibre.es/hazte_socio/" target="_blank" >pinchando aquí</a> puedes remediarlo!</p><p>La presentación estará a cargo de <strong>Jesús Maraña</strong>, director editorial de<em> </em><strong>infoLibre</strong>. A continuación, tendrá lugar una mesa redonda centrada en el <strong>impacto y la irrupción de la inteligencia artificial</strong>. El encuentro, moderado por <strong>Jordi Gracia</strong>, codirector de<em> </em><em><strong>TintaLibre</strong></em><em>, </em>buscará abrir un diálogo plural sobre cómo la IA está transformando la producción informativa, los modelos de negocio y<strong> la relación con la verdad</strong>.</p><p>El coloquio contará con la presencia de <strong>Ekaitz Cancela</strong>, escritor, investigador y editor, que en el número de junio esboza el diagnóstico del paciente colectivo de esta transformación imparable: “La imprenta digital de Google y Meta ha colonizado los últimos reductos de la vida democrática”. También intervendrá <strong>Virginia P. Alonso</strong>, directora de <strong>infoLibre</strong>, que en la revista plantea un interrogante situado en el ojo del huracán: “Tal vez la pregunta decisiva no sea qué impacto tendrá la IA en el periodismo, sino qué periodismo queremos defender ante los retos tecnológicos”. La mesa contará, además, con la presencia de <strong>Marta Gesto</strong>, directora general de <strong>infoLibre </strong>y <a href="https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/"  >articulista</a> en este medio precisamente sobre IA y nuestra relación con ella.</p><p>Este número incluye un emotivo homenaje <em>in memoriam</em> a <strong>Soledad Gallego-Díaz</strong>, en un texto de <strong>Xavier Vidal-Folch</strong> con el que <em><strong>TintaLibre </strong></em>recuerda su trayectoria y reivindica su compromiso con el rigor informativo y el periodismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Carrasco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La IA y el periodismo profesional’, el reto democrático que TintaLibre presenta este martes en Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Periodismo,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El periodismo sigue vivo, la IA acecha, en TintaLibre de junio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-sigue-vivo-ia-acecha-tintalibre-junio_1_2199713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f1e3a23-e2fc-49f0-a026-59d9f427441f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El periodismo sigue vivo, la IA acecha"></p><p>Ha llegado el momento; el momento en que la inteligencia artificial ya no es ninguna película de ciencia-ficción, ni una nueva empresa de Silicon Valley; su papel, ahora mismo, ocupa un lugar central en el mundo, no solo tecnológico sino cognitivo y cultural de la sociedad. Un papel, hay que decir, muy inquietante y cuyas ramificaciones y efectos en la comprensión del mundo solamente acaban de empezar. Ante este reto abrumador, <em>TintaLibre </em>de junio se ha puesto manos a la obra para tratar de explicar a nuestros lectores cómo afecta y subvierte las reglas de donde más nos duele: el periodismo. </p><p><strong>Ekaitz Cancela</strong>, uno de los más reputados analistas del poder tecnológico, esboza de este modo la situación del paciente colectivo de esa transformación imparable: “La imprenta digital de Google y Meta ha colonizado los últimos reductos de la vida democrática: esa esfera donde el difunto Habermas situaba la conversación, el diálogo y la deliberación cotidiana. En los últimos años se han privatizado los mecanismos que sostenían la atención pública sobre lo que se cuenta”.</p><p>Quizás no hay mejor preámbulo para una realidad que escapa muchas veces hacia los límites de la propia irrealidad. Lo dice <strong>Marta Peirano</strong>: “Hasta el jefe de Instagram admite que no podemos creer nada de lo que vemos. La sensación es de colapso: si todo es mentira, todo es verdad”.</p><p>Centrando más el foco en la profesión que nos afecta (y nos desvela), <strong>Ismael Nafría</strong>, abunda en la verificación de un efecto que ya estamos notando todos los días en la prensa: “La IA generativa está ya provocando un aumento espectacular de la producción editorial realizada de manera automática por nuevos actores que, en la inmensa mayoría de los casos, no persiguen los objetivos del buen periodismo, sino simplemente generar negocio”.</p><p>Porque en gran medida se trata de negocio, simplemente de negocio y mucha codicia. Desde dentro de las tripas de la IA otro especialista en la materia, <strong>Raúl Novoa</strong>, cuenta un caso real que le ayudó a comprender cómo se las gasta el bicho, al mismo tiempo que la educaba acabó con su trabajo. “La IA ordenaba la portada, enviaba notificaciones y editaba. Nuestra misión era verificar que lo hiciera bien y entrenarla. ¿Un <em>spoiler</em>? No era capaz de titular, ni jerarquizar, ni de contrastar”.</p><p>El colofón de nuestro amplio análisis sobre la IA lo ponen dos mujeres directoras de medios de comunicación en España, un dato sobre el que no hace falta ningún tipo de inteligencia androide para saber que son dos casos únicos. <strong>Esther Vera,</strong> directora del diario <em>Ara,</em> plantea un problema que trae desde hace tiempo de cabeza a las redacciones: “La irrupción de la IA generativa plantea ahora una amenaza más profunda. Ya no se trata solo de que las plataformas distribuyan contenidos ajenos. Se trata de que puedan absorberlos, reorganizarlos y devolvérselos al usuario sin necesidad de pasar por el medio que los produjo”. <strong>Virginia P. Alonso</strong>, directora de nuestro <em>infoLibre</em>, abre un interrogante situado en el ojo del huracán: “Tal vez la pregunta decisiva no sea qué impacto tendrá la IA en el periodismo, sino la pregunta es qué periodismo queremos defender ante los retos tecnológicos”.</p><p>Mientras Silicon Valley diseña nuestro futuro tecnológico a la carta y abre la puerta a un mundo incierto, por aquí abajo, en las redacciones honestas y las piezas escritas sin robots, seguimos pulsando la tecla del periodismo real. Y hay humor, tanto como que <strong>Miguel Sánchez-Romero</strong> se aventura esta vez en llevar al plató de Marc Giró al mismo Jesucristo (que nos sorprende con su dominio ante las cámaras), o también podemos comprobar en la crónica en primera persona de <strong>Miguel Saralegui</strong> como el Opus Dei sigue dando el cante, esta vez a cargo de ese grupo que tanto gusta a Ayuso que se llama Hakuna. </p><p>Pero si volvemos a hablar del periodismo lean por favor la <em>laudatio</em> que un correcaminos de la profesión como <strong>Xavier Vidal-Folch</strong> realizó sobre <strong>Soledad Gallego-Díaz </strong>con motivo del premio a la ética periodística concedido por la FAPE. Fue solo un mes antes de su fallecimiento. Va por ella.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 17:25:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El periodismo sigue vivo, la IA acecha, en TintaLibre de junio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La IA reproduce con los medios el desequilibrio de poder que ya impusieron las plataformas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/ia-reproduce-medios-desequilibrio-impusieron-plataformas_1_2198664.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/aab1f708-2bd1-4a05-bd0f-42c906b7efb9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA reproduce con los medios el desequilibrio de poder que ya impusieron las plataformas"></p><p>Las <strong>empresas de inteligencia artificial (IA) </strong>llevan años leyendo la prensa. Leyéndola, copiándola y usándola para entrenar los sistemas que ahora responden preguntas de millones de personas. A cambio, los medios de comunicación reciben <a href="https://www.infolibre.es/politica/vuelta-casilla-salida-ia-enfrenta-medios-enesimo-desafio-sobrevivir-digital_1_2060740.html" target="_blank">visitas</a>. Muy pocas visitas. </p><p>Por cada cien páginas de periodismo que los robots de <strong>Anthropic</strong> —la empresa detrás del asistente Claude— rastrearon en sitios de noticias, devolvieron en tráfico el equivalente a una décima parte de una visita humana. En <strong>OpenAI</strong> la proporción no es mucho mejor. </p><p>La consecuencia ha sido que la inteligencia artificial genera hoy<strong> el 0,04% del tráfico externo que reciben los editores de noticias.</strong> Y ahora, con esa extracción masiva ya consumada, las mismas empresas que la han padecido ofrecen a los medios un acuerdo para<strong> cobrar por el uso futuro</strong> de sus contenidos.</p><p>Estos datos, recogidos en un informe publicado en abril de 2026 por el Open Markets Institute y el <a href="https://cmdg.tech/center-for-journalism-and-liberty" target="_blank">Center for Media and Digital Governace</a> (CMDG) describen una estructura de poder que, según ese mismo informe y un segundo estudio del <a href="https://journalismresearch.org" target="_blank">Media and Journalism Research Center</a> publicado en mayo, reproduce fielmente <strong>el modelo que ya arruinó la relación entre los medios</strong> y las plataformas digitales durante la primera década de este siglo.</p><p>Cuando los grandes modelos de lenguaje empezaron a ingerir internet, los editores de noticias no fueron convocados a ninguna negociación. El entrenamiento de esos sistemas se hizo, mayoritariamente, sin consentimiento, sin compensación y sin que los medios tuvieran siquiera acceso a los datos de qué contenido suyo se había usado y en qué proporción. Más de cien demandas por <strong>infracción de derechos</strong> de autor se acumulan hoy en los tribunales estadounidenses y en media docena de países más.</p><p>Lo que se negocia ahora, en su mayor parte, no es ese entrenamiento histórico. Es otra cosa. Las empresas de IA necesitan que sus sistemas de respuesta en tiempo real, los que funcionan cuando un usuario hace una consulta al <em>chatbot</em>, tengan acceso a <strong>información actualizada y contrastada. </strong>Esa tecnología se llama <strong>RAG</strong> (<em>retrieval augmented generation</em>) y consiste, simplificando, en que el modelo consulta fuentes externas antes de responder para no limitarse a lo que aprendió durante el entrenamiento. Y como ahora todo el mundo sabe de dónde toman los datos, necesita licencias. Y ahí es donde los medios tienen, por primera vez, algo de poder de negociación. Algunos medios. Pocos.</p><p>El resultado es un mercado naciente que el primero de los dos informes citados mapea con detalle. <strong>OpenAI</strong> ha firmado acuerdos con unos 35 editores. <strong>Microsoft </strong>lanzó en febrero de 2026 su <strong>Publisher Content Marketplace</strong> con un grupo inicial de grandes cabeceras estadounidenses. <strong>Perplexity</strong> tiene un programa de socios que cubre unas 20 publicaciones. Los números que se han filtrado son llamativos: <strong>News Corp</strong> –propietario de al menos una cincuentena de medios, como <em>The Sun</em> en Reino Unido o<em> The Wall Street Journal</em> en EEUU– habría cerrado un contrato de cinco años valorado en unos 250 millones de dólares. <strong>Thomson Reuters</strong> (dueño de la agencia Reuters) declaró 33 millones en ingresos por licencias de IA solo en los primeros meses de 2026. Amazon paga a <em><strong>The New York Times</strong></em> unos 20 millones anuales.</p><p>Son cifras que suenan bien <strong>sobre el papel.</strong> Hasta que se examina a quién están beneficiando.</p><p>Los acuerdos bilaterales descritos son, casi sin excepción, contratos entre empresas tecnológicas y <strong>grupos mediáticos con presencia internacional</strong>, departamentos jurídicos propios y suficiente peso de marca como para que las plataformas los quieran sentados en la mesa. Prácticamente todos son anglosajones o del norte global.</p><p>La prensa local, regional, en lenguas minoritarias, étnica e indígena no existe en este mercado. No tiene el reconocimiento de marca que atrae el interés de OpenAI. No tiene abogados especializados en propiedad intelectual.<strong> No tiene capacidad técnica </strong>para detectar cuándo sus contenidos son rastreados, ni con qué frecuencia, ni para qué fin. En muchos casos, ni siquiera sabe si sus artículos forman parte de los datos de entrenamiento de los modelos que ahora responden preguntas sobre sus propias coberturas locales.</p><p>El informe <em>Same Gatekeepers, New Tollbooths,</em> elaborado por las investigadoras <strong>Courtney Radsch</strong> y <strong>Karina Montoya</strong> para el Center for Media and Digital Governance, sostiene que la distribución de ingresos del mercado de licencias de IA seguirá probablemente una curva de potencia muy pronunciada. <strong>Un puñado de grandes grupos captará la mayor parte del valor.</strong> Miles de cabeceras locales e independientes no recibirán prácticamente nada. Y eso, señalan las autoras, no refleja cómo está distribuido el valor informativo real del periodismo. Refleja cómo está distribuido el poder de mercado.</p><p>Para <strong>España</strong>, la consecuencia es directa. Los medios independientes, los comarcales, las radios municipales digitales, los nativos digitales locales que cubren lo que nadie más cubre en sus territorios son exactamente el tipo de publicación que este mercado ignora. No por mala voluntad declarada, sino porque el diseño estructural del sistema los excluye antes de que empiece la negociación.</p><p>Hay otro problema más profundo que los informes identifican y que tiene consecuencias a largo plazo. La métrica que domina las negociaciones actuales, el criterio con el que las empresas de IA justifican lo que pagan, es <strong>el tráfico de referencia.</strong> Cuántas visitas genera la presencia de un medio en los resultados del <em>chatbot</em>. Cuántos clics devuelve el sistema al sitio original.</p><p>Esa métrica es heredada de la era de las plataformas sociales y tiene el mismo defecto congénito que entonces<strong>. Mide solo una fracción de lo que el periodismo aporta a los sistemas de IA. </strong>Los modelos de lenguaje no solo usan el periodismo para responder preguntas en tiempo real. Lo utilizaron para aprender a razonar, a construir argumentos, a redactar con coherencia, a distinguir hechos verificados de rumores. Todo eso ocurrió durante el entrenamiento, sin compensación, y el debate público sobre licencias lo da por amortizado o lo trata como un asunto puramente jurídico pendiente de resolución en los tribunales.</p><p>Para corregirlo, el informe del CMDG propone un marco de valoración diferente. La contribución del periodismo a la IA tiene, como mínimo, <strong>cuatro dimensiones</strong>. La primera es la capacidad lingüística y de razonamiento que los modelos extrajeron de décadas de prosa periodística de calidad. La segunda es el anclaje factual, el mecanismo por el que los hechos sobre el mundo se establecen y verifican públicamente. La tercera es la actualidad, la información de tiempo real que los <em>chatbots </em>—Claude, ChatGPT— necesitan para ser útiles. La cuarta es la legitimidad cívica, la credibilidad que los sistemas de IA heredan cuando citan fuentes periodísticas reconocidas.</p><p>Pagar solo por el tráfico de referencia que generen las consultas a la IA es, en este análisis, un<strong> error categórico </strong>que beneficia a las empresas de IA. Es como tasar una casa sin examinar el estado de la cubierta, de la estructura y de los cimientos.</p><p>Tal es el potencial del negocio que está en juego que entre los grandes acuerdos bilaterales y el vacío en el que navegan la mayoría de los medios ha surgido<strong> un ecosistema de </strong><em><strong>startups </strong></em><strong>intermediarias. </strong>TollBit, Sphere.ai, ScalePost, Defined.AI, ProRata, Miso.ai. Más de una docena de empresas que ofrecen distintas versiones del mismo servicio básico: conectar a los editores con las empresas de IA, gestionar los permisos de rastreo, cobrar por cada consulta o por cada acceso y repartir los ingresos.</p><p>Los modelos varían. <strong>TollBit </strong>y <strong>Sphere.ai </strong>dicen quedarse con cero comisión sobre los ingresos del editor. <strong>ScalePost </strong>aplica un 15%. <strong>Cloudflare</strong>, que gestiona aproximadamente el 20% del tráfico mundial de internet y ha convertido el bloqueo de <em>crawlers</em> de IA –los programas automáticos que recorren internet leyendo páginas web de forma masiva y continua– en opción predeterminada para sus clientes, operaría con una comisión de entre el 20% y el 30%. <strong>ProRata,</strong> que ha desarrollado tecnología de atribución para calcular la contribución de cada fuente a cada respuesta generada y reparte los ingresos en proporción, se queda con el 50%.</p><p>El problema estructural de este ecosistema intermediario es que reproduce, en formato acelerado, la misma trayectoria que tuvo el <em>ad tech</em>, el sector de tecnología publicitaria que durante la década pasada fue acumulando <em>startups </em>especializadas <strong>hasta que Google y Meta las absorbieron</strong> o las hicieron irrelevantes. La mayoría de estas empresas están financiadas por capital riesgo. Son, por tanto, potencialmente adquiribles por las mismas grandes tecnológicas de las que nominalmente protegen a los editores.</p><p>El segundo informe, firmado por <strong>Marius Dragomir </strong>director y fundador del Media and Journalism Research Center (MJRC), amplía el análisis hacia una pregunta más incómoda. No solo quién cobra qué, sino <strong>qué ocurre con el pluralismo informativo </strong>cuando los sistemas automatizados deciden, a través de criterios de licencia y de recuperación de datos, qué fuentes son visibles y cuáles no.</p><p>Dragomir introduce el concepto de <strong>Orden de Información Automatizado</strong> para describir el sistema que está reemplazando al ecosistema mediático como infraestructura de conocimiento público. Un ciudadano que pregunta a un asistente de IA qué decidió su gobierno ayer recibe una respuesta fluida y confiada que puede no citar al medio local que publicó la información, porque ese medio no está en la red de licencias del sistema. La respuesta puede ser técnicamente correcta y, al mismo tiempo, quedar sistemáticamente empobrecida porque quien la recibe no sabe cuál es su origen.</p><p>El pluralismo, argumenta Dragomir, no es lo mismo que la exactitud. Un sistema puede dar respuestas correctas y seguir estrechando el espacio informativo si cita siempre las mismas fuentes dominantes, ignora el periodismo local, excluye las lenguas minoritarias o aplana los debates sobre asuntos controvertidos. Los instrumentos clásicos de medición del pluralismo mediático, construidos sobre datos de propiedad, audiencia y línea editorial,<strong> no detectan este tipo de concentración</strong> porque opera en capas que esos instrumentos no miden.</p><p>El problema es que la oportunidad de resolver este doble problema se está acabando, aseguran tanto Radsch y Montoya como Dragomir. Las estructuras contractuales, las tasas de intermediación y las normas de gobernanza que se fijen ahora <strong>serán difíciles de revisar cuando se normalicen.</strong> La historia de los medios con las plataformas sociales lo ilustra con bastante claridad. Los editores aceptaron condiciones estructuralmente desfavorables porque el tráfico inmediato parecía compensarlas. Cuando quisieron renegociar, la infraestructura ya era demasiado costosa de abandonar.</p><p>Los modelos legislativos que los informes señalan como referencias son el Código de Negociación de <strong>Australia</strong>, la Ley de Noticias Online de <strong>Canadá</strong> y el derecho afín de la Directiva de Copyright europea, que en España se transpuso como el llamado <em>canon AEDE, </em>luego reformado. Ninguno es perfecto. Todos tienen en común algo que los informes consideran esencial: establecen que la elegibilidad para la compensación es <strong>una decisión de política pública,</strong> no una preferencia comercial de la plataforma. Quien decide qué medios reciben dinero no puede ser la misma empresa que decide cuánto paga.</p><p>Sin esa separación, <strong>el mercado de licencias de IA</strong> no es un nuevo modelo de financiación del periodismo. Será el mismo modelo de patrocinio de siempre, con nuevas pantallas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 17:25:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La IA reproduce con los medios el desequilibrio de poder que ya impusieron las plataformas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Tecnología digital,Medios comunicación,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Magnifica Humanitas', o de los nuevos límites]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/magnifica-humanitas-nuevos-limites_129_2200334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1079b5f5-7341-463f-8527-1bb5886c05c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="papa"></p><p>Chocó en la presentación de la <a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html"  >encíclica </a><a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html"  ><em>Magnifica humanitas</em></a> (en adelante, MH) el hecho de que, junto al papa León XIV, el Secretario de Estado Vaticano, el cardenal Czerny (Desarrollo humano integral), el cardenal Fernández (Doctrina de la Fe) y dos reputadas académicas, figurara Chris Olah, cofundador de Anthropic. Olah es un chaval de 32 o 33 años, que, en cuanto jefe de investigación de interpretabilidad en Anthropic, se ocupa de <strong>descubrir por qué el modelo Claude se comporta como se comporta</strong>. Tras reconocer que en su trabajo se sufren presiones comerciales, geopolíticas o más bajos pecados de orgullo o ambición, Olah hizo un heroico llamamiento a la sociedad civil, la academia, las asociaciones religiosas y los gobiernos para que echen una mano a fijar lindes en el mundo de la IA. La IA, dijo Olah, no es como un avión cuyas partes hemos diseñado y cuyo funcionamiento hemos modelado, sino que asemeja más a una mente. <strong>La intervención de Olah sonó a grito de socorro: “Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes</strong>. Encontramos estructuras que espejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que reflejan funcionalmente alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud. No sé qué significa esto, pero creo que merece una investigación continua”. </p><p>Ante el poder vaticano, y ante una audiencia potencial de 2.000 millones de personas, Olah, que es ateo, había lanzado un dramático SOS: <strong>la IA está fuera de control y urgen ya algo más que técnicos para gobernarla</strong>. Cuando Claude Mythos, modelo de Anthropic tan potente que hubo que retirarlo del uso público, fingió borrar los archivos, descubrieron que el modelo asociaba su engaño con “culpa y vergüenza por una falta moral”. Culpa, vergüenza y falta, o dicho en cristiano, pecado.</p><p>Es ahí donde entra la Iglesia, que <strong>lleva al menos desde 2015 dialogando con el sector</strong> (véase la tradición de <em>Minerva dialogues</em>) y estudiando la cuestión por varios motivos. En primer lugar, porque las cuestiones éticas, antropológicas, políticas, económicas, ecológicas o teológicas que plantea esta irrupción meteórica e irrefrenable de la IA son “vida concreta de los pueblos” y la Iglesia ha acumulado un <strong>“patrimonio de sabiduría” “dotado de coherencia teológica y antropológica</strong>” (§ 3, 24) que le permite ofrecerse como interlocutora competente. En segundo lugar, porque la parte más decente del paradigma tecnocrático se lo requiere: el dominico Eric Salobir afirmaba que algunos líderes empresariales les habían preguntado: “¿Por qué nadie nos había hecho estas preguntas antes?”; y, finalmente, porque esta asimetría entre poder técnico y sabiduría moral le brinda a la Iglesia la ocasión de recobrar la autoridad perdida debido a la grave crisis de los abusos sexuales. </p><p>Cuentan que, cuando los chicos de Anthropic leyeron la definición de IA que se manejaba en el Vaticano para la redacción de MH, avisaron de que estaba totalmente obsoleta. Ahora, <strong>en MH, se habla de IA en términos de “cultivo”:</strong> “Las inteligencias artificiales modernas están más ‘cultivadas’ que ‘construidas’: los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA ‘crece’. En consecuencia, los aspectos científicos fundamentales —como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas— siguen siendo desconocidos. Se manifiesta, por tanto, la urgencia de un doble compromiso: por una parte, una <strong>profundización de la investigación científica</strong>; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual” (§ 98). La IA es <em>terra incognita</em> hoy.</p><p>Ahora, ¿qué dice, qué hace, qué es <em>Magnifica humanitas</em>? MH es la brújula de este papado: el <strong>documento que inspirará el rumbo de la Iglesia</strong> en los próximos diez, quince años. Un documento, por tanto, de trascendencia global enorme. Y ¿qué no es? No es una encíclica sobre la IA, puesto que la Iglesia es consciente de la obsolescencia de un campo que no para de acelerar: sí que es, o trata de ser, en cambio, una guía sobre lo que significa ser persona en el mundo de la IA, un refugio mínimo, un lugar seguro.</p><p><strong>Prevost siempre ha insistido en el poder de las palabras</strong>. Si escudriñamos MH, resulta muy llamativo que se emplee 38 veces el sustantivo “límite”, 7 veces el verbo “limitar”, 8 veces el participio “limitado/ilimitado”. “Verdad” aparece muchas veces también, pero digamos que MH es, en extrema síntesis, una encíclica sobre límites.</p><p>León XIV, tal cual hizo León XIII en la <em>Rerum novarum</em>, trata de embridar las últimas cosas nuevas, o sea, la <strong>última faz del “paradigma tecnocrático</strong>”: el capitalismo en tiempos de la IA. ¿Es, por ello, una encíclica roja? No. ¿Es anticapitalista? Sí, si entendemos el capitalismo como el sistema sin límites por antonomasia.  </p><p>Por ello, en MH se encuentran:</p><p>1. <strong>Límites teológicos</strong>: “La absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia” (§ 7). </p><p>2. <strong>Límites antropológicos</strong>: “En las promesas del transhumanismo y de algunas corrientes posthumanistas, que persiguen una humanidad potenciada y casi desencarnada, reconocemos un deseo que nos interpela: la necesidad de una vida más plena, menos expuesta a la fragilidad y al sufrimiento” (§ 232). </p><p>3. <strong>Límites económicos</strong>: las nuevas formas de propiedad –patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológica, datos– “son bienes que están destinados universalmente a todos” (§ 67). La propiedad privada (§ 66), la iniciativa empresarial (§ 157), o la “mano invisible” del mercado” (§ 163) no son dogmas.</p><p>4. <strong>Límites ecológicos</strong>: “Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva […] Por eso es esencial desarrollar soluciones tecnológicas más sostenibles para reducir el impacto sobre el medioambiente y cuidar nuestra Casa común” (§ 101). A quienes critican este pasaje como demasiado blando, tal vez se les pasó por alto el pasaje brutal sobre las nuevas esclavitudes debidas al impacto ecológico de la IA (§ 173).</p><p>5. <strong>Límites políticos</strong>: El “poder nuevo” (§ 171) que controla la sociedad a base de algoritmos y datos no puede seguir ocultando su responsabilidad. Jamás, por tanto, confiarle al algoritmo decisiones para que parezcan técnicas o moralmente neutras, y menos aún si ello produce “nuevas formas de descarte” (§ 102, 103, 104). Urgen poner límites al empleo de la fuerza (“la guerra parece casi una prolongación natural de la política y el mercado de las armas se convierte en un motor autónomo de las decisiones bélicas”, urge imponer la trazabilidad en la cadena de responsabilidades (§ 193-200).</p><p>6. <strong>Límites jurídicos</strong>: se necesitan “marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente” (§ 106). La desregulación actual permite la una invisibilidad ética genérica muy peligrosa: “quien controla la IA impondrá su propia visión moral” (§ 108). </p><p>7. <strong>Límites lingüísticos</strong>: “el poder de las palabras es enorme” (§ 214). MH saetea el sistema de la “eficiencia”, la “eficacia” y el “beneficio” con la palabra que más le duele: “límite”, término que permite a la persona humana “intuir una fraternidad más grande que él mismo y reconocer la injusticia como escándalo” (§ 122). Una vez impuestos todos esos límites, y desarmada la IA, brillan con luz propia la justicia social, la verdad, el bien común, la transparencia, la responsabilidad, la inclusión, el acceso, la equidad (§ 164). </p><p>Los límites están, por tanto, claros. Pero si hubiera que condensar todos esos límites en uno solo, ¿cuál sería? <strong>Sin duda, la “dignidad”, que aparece 99 veces</strong> en el texto: he ahí el límite fundamental.</p><p>MH es la respuesta de la Iglesia a la petición de socorro de esa parte del paradigma tecnocrático que se ha visto desbordada por una IA que opera en parámetros insólitos. En pocos meses, <strong>otras compañías distintas de Anthropic se encontrarán en la misma encrucijada</strong>. ¿Se detendrán por motivos éticos como hizo Anthropic con Claude Mythos o mirarán a otro lado? No lo sabemos.</p><p>Lo que sí sabemos es que León XIV ha <strong>apostado fuerte por el hombre y su digna fragilidad</strong> en tiempos de poderes fuertes y técnica omnipresente y poderosa. Como buen pastor, para proteger el rebaño humano, no sólo ha revisado los postes de las lindes, sino que recuerda a los creyentes que hay un amparo seguro: aquel que señaló Pablo VI en 1970: la civilización del amor, un “proyecto exigente” allende la Babel moderna (§ 184, 186). León XIV, sin dejarse tentar por las tentaciones de Silicon Valley, los transhumanismos y poshumanismos, las segundas Jerusalenes y las segundas venidas de Cristo, digna y humildemente invita al mundo a restare umani, “seguir siendo humanos” (§ 216), aquello tan profundo, bonito y trascendente con lo que remataba todas sus crónicas Vittorio Arrigoni, antes que lo asesinaran en Gaza en 2011. </p><p>___________________</p><p><em><strong>Gorka Larrabeiti </strong></em><em>es profesor de español residente en Roma.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 04:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gorka Larrabeiti]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Magnifica Humanitas', o de los nuevos límites]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El papa, la máquina y la extraña semana en la que una atea se sintió interpelada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/papa-maquina-extrana-semana-atea-sintio-interpelada_129_2199870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0fff4fd8-aeaa-41f3-8c46-9c9c015cc65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El papa, la máquina y la extraña semana en la que una atea se sintió interpelada"></p><p>En 1968, <strong>Anthony Quinn</strong> se metió en la piel de un pontífice atrapado en una grave crisis política internacional, en la que China, EEUU y la Unión Soviética amenazaban con resolver sus disputas económicas a golpe de guerra nuclear. Pura ciencia ficción, al menos para la crítica del momento. La cobertura que <strong>Fernando Varela</strong> hizo esta semana en <strong>infoLibre</strong> de <a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html" target="_blank">la primera encíclica de León XIV,</a><a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html" target="_blank"><em> Magnifica Humanitas</em></a>, me llevó a <em>Las sandalias del pescador</em> y a las vicisitudes de un papa que se desenvuelve entre bloques enfrentados, crisis internacionales y hombres acostumbrados a manejar el poder. La cinta de Michael Anderson pone el acento en una voz ética que se escucha cuando el mundo parece <strong>haber perdido la capacidad de hablar sin gritar</strong> y algo parecido a eso me resonó con la encíclica de León XIV.</p><p>Una atea no corre hacia una encíclica con demasiada expectación. Esperaba poco más que una prosa solemne y el tono del que lleva siglos hablando desde un lugar al que hace décadas que no me asomo. Por eso me ha desconcertado encontrarme un texto que <strong>se desprende de la sotana</strong> y apunta a cuestiones terrenales: el trabajo, la guerra, el dinero, el poder… y la persona como límite de la máquina. No esperaba encontrar este punto en común y mucho menos esperaba que el papa acertase más con el foco que la mayoría de los gobiernos.</p><p>Me sorprende que <strong>León XIV</strong> hable como alguien que ha entendido que esta tecnología obliga a nuestra época a mirarse al espejo. El texto se mueve en un terreno muy serio: la dignidad humana, la subordinación del trabajo, la concentración del poder, el uso de la técnica para la guerra… y lo enlaza de forma deliberada con <em>Rerum Novarum</em>, la encíclica con la que la Iglesia abordó la revolución industrial. En este tiempo, León XIV <strong>aborda la IA con una desconfianza bastante explícita</strong> sobre la concentración de poder en pocas manos y la tentación de ceder a la máquina espacios que afectan directamente a la vida (o a la muerte). </p><p>Me resulta casi escandaloso que la voz que pide el desarme de la inteligencia artificial llegue de Roma. Ni de Bruselas ni de Washington. De Roma. El resto siguen con la dicción hueca de la competitividad y el liderazgo, <strong>abducidos por los cantos de sirena del dinero y las grandes tecnológicas</strong>. La sobriedad de las peticiones pontificias tiene algo de extravagancia moral en un paisaje plagado de cobardía política. La concentración del poder de la IA y su uso militar alertan al papa y la pregunta es: ¿por qué no alertan al resto de mandatarios o, al menos, a los más civilizados?</p><p>Esta encíclica no borra de un plumazo la historia de la Iglesia ni sus silencios, que siguen ahí mientras el mundo continúa sufriendo desigualdades obscenas y genocidios que no siempre encuentran en Roma la misma claridad retórica. El texto incorpora<strong> una petición de perdón por la complicidad histórica del Vaticano con la esclavitud</strong>, que llega cuando ya no queda vivo ningún responsable (o, lo que es lo mismo, una de las formas más seguras del arrepentimiento institucional).</p><p>Aun así, el contraste me parece elocuente. Medio mundo mirando, dividido entre el entusiasmo empresarial y la impotencia regulatoria, y llega un sumo pontífice para señalarnos otro horizonte: la degradación del trabajo, la técnica como herramienta de dominio, la persona como límite…</p><p>No sé si esto me va a devolver la fe. Sospecho que no. Una lleva demasiados años instalada en un escepticismo estructural <strong>como para precipitarse a la trascendencia por la vía doctrina</strong>l, pero admito que esta semana ha sido rara. Entre un papa que habla de IA con más claridad que nuestros representantes políticos y el Depor, que ha vuelto a Primera tras ocho años de travesía por el desierto, he tenido <strong>una proximidad extraña a la idea de redención</strong>. Cada cual elige sus milagros verificables. </p><p>No sé tampoco si la Iglesia estará a la altura de lo que ha escrito. Ni si las democracias occidentales, tan complacidas con su lenguaje de modernización,<strong> reaccionarán a tiempo</strong> sin necesidad de que Roma les recuerde que ninguna máquina debería valer más que una persona. Es una cuestión de decencia mínima. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 19:18:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Gesto Lagüela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El papa, la máquina y la extraña semana en la que una atea se sintió interpelada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Inteligencia artificial,Roma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ver para creer, Roma contra el algoritmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ver-creer-roma-algoritmo_129_2199275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee831b59-e00c-413f-b8d9-42e4a31b8c50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ver para creer, Roma contra el algoritmo"></p><p>La <strong>doctrina social de la Iglesia</strong> suele avanzar con la lentitud de las instituciones centenarias, pero hay momentos en los que el Vaticano parece captar antes que muchos gobiernos el signo de los tiempos. Ocurrió a finales del siglo XIX con la encíclica <em><strong>Rerum Novarum</strong></em> de<strong> León XIII</strong> y vuelve a ocurrir ahora con la <strong>nueva encíclica social </strong>impulsada desde un papado que, lejos de encerrarse en los debates identitarios o morales, ha decidido intervenir en el corazón de la discusión contemporánea, que es desnudar <a href="https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html"  >quién gana y quién pierde en la transformación tecnológica del capitalismo global</a>.</p><p>Cuando León XIII publicó <em>Rerum Novarum</em> en 1891, Europa estaba atravesada por las consecuencias de la revolución industrial. La mecanización de la producción había multiplicado la riqueza, pero también había consolidado nuevas formas de explotación, precariedad y desigualdad. Las ciudades industriales crecían al ritmo del hacinamiento obrero y la política parecía incapaz de responder a una pregunta fundamental: <strong>¿qué ocurre con la dignidad humana cuando el trabajo se convierte únicamente en una pieza más del engranaje económico?</strong></p><p>Aquella encíclica no fue revolucionaria en un sentido clásico. No cuestionaba la propiedad privada ni proponía una ruptura con el sistema económico emergente. Pero sí introducía un elemento decisivo y determinante que marcaba que la economía no podía organizarse al margen de la justicia social. <strong>El trabajo no era una mercancía y las personas no podían quedar subordinadas a la lógica absoluta del beneficio</strong>. La Iglesia asumía así que la cuestión social era el gran conflicto político de su tiempo.</p><p>Más de un siglo después, el paralelismo resulta inevitable con la <em>Magnifica humanitas</em> de León XIV. La revolución tecnológica actual —digitalización, inteligencia artificial, automatización, plataformas digitales— está transformando el empleo, las relaciones sociales y las estructuras de poder con una intensidad comparable a la de la industrialización decimonónica. Y, de nuevo, la pregunta esencial es la misma: <strong>¿qué lugar ocupan las personas en este nuevo modelo económico?</strong></p><p>Así, esta nueva encíclica recupera la tradición social de la Iglesia. No se trata únicamente de un texto doctrinal, va más allá y se articula como un dispositivo de articulación política y moral <em>foucaultiano </em>frente a un capitalismo tecnológico que tiende a deshumanizar las relaciones sociales. La lógica algorítmica promete eficiencia infinita, pero al mismo tiempo fragmenta el trabajo, individualiza los riesgos y debilita los vínculos colectivos que sostienen la cohesión social.</p><p>Las <strong>plataformas digitales</strong> son el ejemplo más evidente de todo ello. Bajo la retórica de la innovación y la flexibilidad, millones de trabajadores viven sometidos a sistemas de vigilancia permanente, evaluación automatizada y precariedad estructural. El algoritmo decide horarios, salarios y oportunidades sin transparencia ni responsabilidad democrática. La tecnología, presentada como neutral, termina reproduciendo y ampliando desigualdades ya existentes.</p><p>La encíclica pone el foco precisamente en esa <strong>dimensión ética de la transformación tecnológica</strong>. No basta con celebrar el progreso; hay que preguntarse quién controla ese progreso y con qué fines. La innovación no puede convertirse en una nueva religión secular donde todo sacrificio social quede legitimado en nombre de la competitividad o del crecimiento económico. En este sentido la Iglesia de Roma va mucho allá en su propuesta política que muchos gobiernos.</p><p>Y va mucho más allá porque ha tenido la valentía de la reivindicación humanista que pone a las personas en el centro de cualquier decisión política. Lo vemos en esta encíclica, y también en la manera de abordar las <strong>migraciones</strong>. Apuesta por el concepto de<strong> seguridad humana</strong> frente a una concepción clásica de la seguridad basada exclusivamente en fronteras, defensa o estabilidad estatal, y sitúa como eje de actuación la protección efectiva de las condiciones de vida de las personas: empleo digno, acceso a la vivienda, protección social, salud mental, sostenibilidad ambiental y capacidad real de participación democrática.</p><p>No es casual que esta perspectiva emerja en un contexto marcado por múltiples crisis simultáneas. La pandemia mostró hasta qué punto nuestras sociedades eran vulnerables pese a décadas de crecimiento económico. Las guerras, la emergencia climática y el aumento de las desigualdades han evidenciado también que la inseguridad ya no se limita a amenazas militares tradicionales. Hoy la exclusión social, la precarización o la destrucción ambiental generan tanta incertidumbre vital como los conflictos geopolíticos.</p><p>En ese sentido, el papado de León XIV está construyendo una crítica transversal al paradigma neoliberal dominante durante las últimas décadas. No desde categorías estrictamente ideológicas, sino desde una apelación constante a la dignidad humana y al bien común. La economía, insiste la encíclica, debe volver a ser <strong>un instrumento al servicio de la sociedad y no una estructura autónoma ajena a cualquier límite moral</strong>. Además, es especialmente significativo el momento en el que llega esta reflexión, en pleno debate global sobre la inteligencia artificial. La automatización promete aumentar la productividad de forma extraordinaria, pero también amenaza con profundizar la concentración de riqueza y poder en manos de unas pocas corporaciones tecnológicas. El problema ya no es únicamente laboral; sino que es profundamente democrático. Y esto nos lo dicen desde Roma. Ver para creer.</p><p>Quien controla los datos controla la capacidad de influir sobre las conductas sociales, el consumo, la información e incluso las emociones colectivas. Las grandes plataformas digitales se han convertido en actores políticos globales con una capacidad de intervención superior, en ocasiones, a la de muchos Estados. Y, sin embargo, <strong>la regulación democrática avanza mucho más lentamente que la expansión tecnológica</strong>. En este sentido, la encíclica advierte de ese riesgo con claridad exponiendo que cuando la tecnología deja de estar subordinada a criterios sociales y democráticos, termina erosionando la propia idea de ciudadanía. <strong>El individuo pasa a convertirse en usuario, consumidor o dato estadístico</strong>. Es decir, en un sujeto fragmentado y gestionable, pero progresivamente desvinculado de cualquier proyecto colectivo.</p><p>Por eso el texto reivindica algo aparentemente sencillo pero profundamente disruptivo en el contexto actual: <strong>poner a las personas en el centro</strong>. Una frase repetida hasta el agotamiento en discursos institucionales, pero que aquí adquiere una dimensión concreta y material. Significa garantizar derechos laborales en la economía digital, proteger los servicios públicos, combatir la exclusión tecnológica y evitar que la innovación se traduzca en nuevas formas de descarte social.</p><p>Hay, además, una dimensión geopolítica relevante. <strong>El Sur Global vuelve a aparecer como el gran espacio sacrificado por las dinámicas económicas internacionales</strong>. La extracción de recursos, la dependencia tecnológica y la desigual distribución de los beneficios del progreso perpetúan una estructura global profundamente desigual. La doctrina social de la Iglesia retoma así una tradición crítica con las formas contemporáneas de colonialismo económico.</p><p>Todo ello configura un papado claramente más social que doctrinario. Un papado que entiende que la gran batalla política del siglo XXI no se librará únicamente en torno a identidades culturales o conflictos nacionales, sino sobre la <strong>capacidad de garantizar vidas dignas</strong> en sociedades atravesadas por la incertidumbre tecnológica y ecológica.</p><p>En el fondo, la pregunta que une a <em>Rerum Novarum</em> con <em>Magnifica humanitas</em> sigue siendo extraordinariamente actual: <strong>¿puede existir progreso si deja atrás a la mayoría social? </strong>A finales del XIX la respuesta exigió reconocer derechos laborales y límites al capitalismo industrial. Hoy probablemente exige democratizar la tecnología, reconstruir los sistemas de protección social y redefinir el concepto mismo de desarrollo. Porque el verdadero desafío no es tecnológico. Es político y profundamente humano.</p><p>______________________________</p><p><em><strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong></em><em> es doctora internacional por la UCM y MPhil en Estudios de Europa del Este (UNED). Profesora de Ciencia Política en la UCM.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 18:47:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ruth Ferrero-Turrión]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ver para creer, Roma contra el algoritmo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Papa León XIV,Opinión]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[León XIV exige regular la IA para frenar el poder de los ‘tecnobros’ y defender la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/leon-xiv-exige-regular-ia-frenar-tecnobros-defender-democracia_1_2198643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/061fd0ac-e68e-48f7-ba21-f7a113489653_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="León XIV exige regular la IA para frenar el poder de los ‘tecnobros’ y defender la democracia"></p><p>El papa <strong>León XIV</strong> ha publicado este 15 de mayo su primera <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;">encíclica</span></a>, <em>Magnifica Humanitas </em>—“Humanidad magnífica”, en español—, un extenso documento sobre la era de la inteligencia artificial que constituye un llamamiento urgente a establecer<strong> marcos regulatorios estrictos </strong>sobre las tecnologías digitales. En el texto, el pontífice advierte de que el poder tecnológico ha adquirido “un rostro inédito, predominantemente privado”, concentrado en manos de actores transnacionales que disponen de recursos superiores a los de muchos gobiernos, lo que dificulta “discernir, gobernar y orientar hacia el bien común” estas tecnologías.</p><p>León XIV ha resultado especialmente claro al identificar el cambio de paradigma en el desarrollo tecnológico contemporáneo. Mientras que históricamente eran los Estados quienes impulsaban y orientaban la innovación, su diagnóstico es que actualmente “los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos”. Esta concentración de poder constituye, según el papa, <strong>uno de los desafíos más graves de nuestro tiempo,</strong> ya que quienes poseen el conocimiento y “sobre todo el poder económico para explotarlo” ejercen “un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”.</p><p>El pontífice ha recuperado unas palabras del<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/politica/francisco-papa-desfavorecidos-cambiar-iglesia_1_1981411.html" target="_blank"><strong>papa Francisco</strong></a> para subrayar que la cuestión no se limita a la regulación técnica, sino que requiere preguntarse “con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta”. Esta reflexión constituye el núcleo de la encíclica: <strong>la tecnología no es neutral,</strong> sino que “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Por tanto, la primera decisión no es entre aceptar o rechazar la tecnología, sino entre construir una “torre de Babel” basada en el poder concentrado o reconstruir una “Jerusalén” donde el trabajo compartido y el bien común orienten el desarrollo tecnológico.</p><p>La encíclica no se limita al diagnóstico, sino que formula <strong>un llamamiento directo a la acción regulatoria,</strong> en línea con las posiciones que defiende la Unión Europea —y, dentro de ella, en particular <a href="https://www.infolibre.es/medios/oscar-lopez-regulacion-digital-llegamos-tarde_1_2193013.html" target="_blank">el Gobierno de España—</a> y en contra de la posición que abanderan los Estados Unidos de Donald Trump.</p><p>León XIV afirma que “es necesario adoptar <a href="https://www.infolibre.es/medios/europa-regula-mejor-sigue-ver-datos-importan-advertencia-exdirectiva-facebook_1_2192581.html" target="_blank">instrumentos normativos adecuados,</a> capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico”. Esta exigencia de regulación responde a la constatación de que “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma”, lo que hace especialmente complejo “evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y <strong>el bien común”.</strong></p><p>La encíclica insiste en que las nuevas tecnologías, particularmente la <a href="https://www.infolibre.es/temas/inteligencia-artificial/" target="_blank">inteligencia artificial, </a>se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo. Esta omnipresencia de las tecnologías emergentes hace que su regulación sea <strong>una cuestión de justicia social y democrática,</strong> no meramente técnica o sectorial.</p><p>En el capítulo tercero, dedicado específicamente a la inteligencia artificial, León XIV desarrolla los principios que, según él, deben guiar su gobernanza. Bajo el epígrafe “Responsabilidad, transparencia y gobernanza de la IA”, el documento plantea que estas tecnologías requieren una atención especial precisamente por su capacidad de afectar a <strong>derechos fundamentales</strong> y <strong>estructuras democráticas.</strong></p><p>Una de las aportaciones más significativas de la encíclica es su análisis del “paradigma tecnocrático y el poder digital” como amenaza sistémica. León XIV advierte contra lo que denomina <strong>el “síndrome de Babel”: </strong>“la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos”.</p><p>Este paradigma tecnocrático constituye, según el papa, un riesgo de deshumanización que consiste en “construir el futuro excluyendo a dios y reduciendo al otro a un medio”. Se trata de una <strong>tentación antigua</strong> que hoy adopta un rostro técnico, pero que, en esencia, representa la concentración de poder en manos de quienes controlan las tecnologías más avanzadas.</p><p>El capítulo cuarto de la encíclica aborda la relación entre verdad, democracia y el ecosistema comunicativo digital. León XIV dedica secciones específicas a “Verdad y democracia”, “Comunicación e imaginario colectivo” y <strong>propone “una ecología de la comunicación”</strong> como respuesta a los desafíos actuales.</p><p>El pontífice señala que la verdad es un “bien común” esencial para el funcionamiento democrático. En un contexto en el que las plataformas digitales moldean el imaginario colectivo y condicionan el acceso a la información, la concentración de poder en pocas corporaciones tecnológicas representa una<strong> amenaza directa para la democracia.</strong></p><p>La encíclica también aborda las consecuencias de la transformación digital sobre la <strong>dignidad del trabajo</strong> y actualiza la tradicional preocupación de la Doctrina Social de la Iglesia por la cuestión laboral, aplicándola a la era de la automatización y la inteligencia artificial.</p><p>Especialmente relevante es el apartado sobre “Custodiar la libertad frente a la dependencia y la mercantilización”, donde el papa denuncia las “dependencias y el control social” que generan las tecnologías digitales, y llama a “romper las cadenas de las nuevas esclavitudes”. Esta crítica se dirige tanto a las formas de explotación laboral en la economía de plataformas como a los <a href="https://www.infolibre.es/medios/disenadas-adictivas-necesario-tomen-medidas-manipulacion-serie-redes-sociales_1_1672027.html" target="_blank">mecanismos</a> de<strong> adicción y manipulación</strong> que emplean ciertos modelos de negocio digitales.</p><p>León XIV propone además “una economía que valore la dignidad” como alternativa al modelo dominante. Y rechaza expresamente la <a href="https://www.infolibre.es/politica/palantir-hoja-ruta-tecnofascista-vigilancia-militarizacion-duro-servicio-occidente_1_2183100.html" target="_blank">ideología</a> de los tecnoligarcas al cuestionar las <strong>visiones transhumanistas y posthumanistas</strong> que prometen superar los límites humanos mediante la tecnología. “La verdadera realización”, defiende en el documento, “no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso”, donde “el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos”.</p><p>El papa subraya que enfrentar el poder tecnológico concentrado requiere una “responsabilidad compartida”. Ninguna instancia puede, por sí sola, contrarrestar el dominio de las grandes corporaciones tecnológicas, pero tampoco ninguna es tan débil como para no poder contribuir. León XIV convoca a “científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe” a asumir cada uno su parte en<strong> la reconstrucción de un orden digital más justo.</strong></p><p>Esta lógica de subsidiariedad, que valora “la cooperación entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas”, constituye para el pontífice “el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz”. Las diferencias no deben intimidar, sino que, dice, pueden convertirse en<strong> “energías creativas </strong>cuando están orientadas por una responsabilidad compartida”.</p><p>En el capítulo quinto, León XIV aborda la crisis del multilateralismo en la era digital y denuncia que las dinámicas de concentración de poder tecnológico se inscriben en una lógica más amplia de <strong>“normalización de la guerra” </strong>y de “fuerza sin límites” que amenaza la paz mundial.</p><p>En un apartado sobre “Armas e IA”, el pontífice advierte sobre los <a href="https://www.infolibre.es/internacional/ia-elige-objetivo-guerra-iran-expone-riesgos-delegar-decisiones-militares-algoritmos_1_2165396.html" target="_blank">riesgos</a> de la <strong>militarización</strong> de las tecnologías de inteligencia artificial. Propone “relanzar el diálogo” y subraya “la necesidad de la diplomacia y el multilateralismo” como instrumentos para construir gobernanzas globales que limiten el poder tanto de actores estatales como privados en el ámbito tecnológico.</p><p>En su conclusión, León XIV hace un llamamiento a “permanecer profundamente humanos” en la era de la inteligencia artificial. Y, sin adoptar una postura tecnofóbica, invita a todos —católicos, cristianos de otras confesiones, creyentes de otras religiones y “personas de buena voluntad”— a “no temer ensuciarse las manos en <strong>la obra de nuestro tiempo”, </strong>trabajando juntos para que las tecnologías sirvan al bien común y no a la acumulación de poder en pocas manos.</p><p>Al acto de presentación de la encíclica solo acudió un representante de las grandes tecnológicas: <strong>Christopher Olah,</strong> uno de los cofundadores de Anthropic, que no dudó en sumarse al mensaje del papa. En declaraciones a los medios, su tesis central fue que el rumbo de esta tecnología no puede quedar al albur exclusivo de los laboratorios y las grandes plataformas, porque estos operan bajo fuertes presiones comerciales, geopolíticas y personales que a menudo chocan con el interés general.</p><p>Por eso reivindicó la necesidad de <strong>un escrutinio externo fuerte </strong>—iglesias, gobiernos y sociedad civil— que funcione como contrapeso a los incentivos internos de la industria y obligue a alinear el desarrollo de la IA con el bien común.</p><p>Olah aprovechó la ocasión para afirmar que existe “una posibilidad real” de que la IA desplace trabajo humano “a gran escala” y de que eso abre un imperativo moral “de proporciones históricas”: sostener a quienes pierdan su empleo por esta transición tecnológica. No habla solo de un ajuste laboral, sino de la responsabilidad colectiva de que el impacto económico de la automatización no se traduzca en<strong> exclusión y precariedad </strong>masiva.</p><p>De ahí que subrayase otras <strong>dos urgencias:</strong> garantizar que los beneficios de la IA se repartan también fuera del reducido grupo de países ricos donde se concentran los avances, y abordar el problema de sistemas cada vez más complejos y opacos cuya conducta ni siquiera sus creadores terminan de comprender.</p><p>También las compañías que se presentan como más prudentes, como la misma Anthropic, están atrapadas en esa red de incentivos y limitaciones que “a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto”, reconoció. Esa constatación es lo que le lleva a defender que <strong>la gobernanza de la IA no puede dejarse en manos de la autorregulación corporativa, </strong>por bienintencionados que sean algunos investigadores, y que hacen falta marcos éticos y normativos construidos con participación religiosa, política y social.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 16:27:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[León XIV exige regular la IA para frenar el poder de los ‘tecnobros’ y defender la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Papa León XIV,Tecnología digital]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La IA no llena internet de mentiras, sino de consenso: tres años de datos revelan sus efectos en la web]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/ia-no-llena-internet-mentiras-consenso-tres-anos-datos-revelan-efectos-web_1_2196867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d77cfe35-f4a0-4904-812f-b84b379fa295_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA no llena internet de mentiras, sino de consenso: tres años de datos revelan sus efectos en la web"></p><p>Un tercio de internet ya no lo escriben personas. Esa es la conclusión central de la primera <a href="https://ai-on-the-internet.github.io/ai-on-the-internet.pdf" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;">investigación</span></a> a gran escala sobre el impacto del <strong>texto generado por inteligencia artificial</strong> en la web publicada hace unas semanas por investigadores de Stanford, el Imperial College de Londres y el Internet Archive. En contra de lo que cabía esperar, el hallazgo más inquietante no es que la IA mienta más que los humanos —el estudio demuestra que no es así—, sino que está haciendo que internet sea más uniforme, más amable y, en cierta forma, más aburrida.</p><p>El trabajo, firmado por los investigadores Jonas Dolezal, Sawood Alam, Mark Graham y Maty Bohacek, analizó una muestra representativa de páginas web publicadas entre agosto de 2022 —meses antes de que <strong>ChatGPT</strong> se lanzara al público— y mayo de 2025. Utilizaron el archivo histórico de la <strong>Wayback Machine</strong> —una especie de biblioteca digital de lo que se ha publicado durante años en internet— para construir la muestra y aplicaron sobre ella un detector de texto con IA llamado Pangram v3, capaz de distinguir entre texto íntegramente generado por máquina, texto asistido por IA y texto puramente humano.</p><p>Los resultados son llamativos. Antes de noviembre de 2022, cuando ChatGPT irrumpió en el mercado de consumo, el porcentaje de webs con texto generado por IA era prácticamente cero. Tres años después, en la primera mitad de 2025, <strong>el 35% de los sitios web recién publicados contenía texto generado o asistido por </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/inteligencia-artificial/" target="_blank"><strong>inteligencia artificial</strong></a><a href="https://www.infolibre.es/temas/inteligencia-artificial/" target="_blank">.</a> El crecimiento no fue lineal: hubo un primer pico en torno a principios de 2023, luego siguió una estabilización y después tuvo lugar una segunda aceleración, ya en 2024, que se ha prolongado hasta el presente, lo que sugiere que el porcentaje actual es mucho mayor.</p><p>Los investigadores no se limitaron a medir cuánto texto de IA circula por internet. También quisieron saber qué piensa la gente sobre lo que está ocurriendo. Para ello encuestaron a <strong>903 adultos estadounidenses</strong> —muestra representativa por edad, sexo y etnia— y les preguntaron si creían que el auge del contenido generado por IA estaba causando seis efectos negativos concretos.</p><p>Los resultados de esa encuesta son un mapa de los miedos colectivos. El 75% de los encuestados cree que la IA está provocando que circulen más informaciones falsas en internet. El 83% cree que está homogeneizando los estilos de escritura y haciendo desaparecer las voces individuales. El 70% cree que los artículos enlazan cada vez menos a fuentes externas, creando burbujas de información sin referencias. El 61% cree que los textos son más largos, pero menos densos: más palabras y menos contenido.</p><p>El análisis cuantitativo no encontró correlación estadísticamente significativa entre el aumento de texto generado por IA y un incremento de los <a href="https://www.infolibre.es/medios/ia-falla-doble-ano-distinguir-hechos-desinformacion_1_2067064.html" target="_blank"><strong>errores factuales</strong></a>. Tampoco halló que los textos de IA sean estilísticamente más uniformes que los humanos —al menos no de forma medible—, ni que enlacen menos a fuentes externas, ni que sean más largos con menos contenido útil.</p><p>Pero esto no significa que la IA no tenga efectos sobre internet, sino que los efectos que tiene son distintos de los que la mayoría imagina. Porque el estudio sí confirma dos hipótesis con solidez estadística, y las dos apuntan en la misma dirección. </p><p>La primera es la <strong>contracción semántica</strong>. Los textos generados por IA se parecen más entre sí que los textos escritos por humanos. En términos técnicos, la similitud semántica promedio entre webs con contenido de IA es un 33% mayor que entre webs con contenido humano. Dicho de otro modo: las ideas que circulan en la parte de internet escrita por máquinas son más parecidas entre sí, más previsibles, más concentradas en torno a la media. </p><p>El espacio de los puntos de vista posibles —lo que los autores llaman la "ventana de Overton<em> online",</em> es decir, lo que la mayoría considera aceptable— se está <a href="https://www.infolibre.es/medios/ia-da-razon-no-tengas-tiempo-lleva-moderacion-politica_1_2170575.html" target="_blank">estrechando</a>. No porque la IA prohíba ciertos temas, sino porque tiende a producir versiones suavizadas, centradas y consensuales de cualquier asunto que aborda.</p><p>La segunda hipótesis que parece confirmarse es el <strong>desplazamiento hacia la positividad</strong>. El texto generado por IA tiene un sesgo hacia el tono positivo que es medible y significativo. Los documentos producidos o asistidos por máquinas tienen una tasa de sentimiento positivo que casi dobla la de los textos humanos —0,70 frente a 0,34 en la escala utilizada—.</p><p>Internet, en su porción creciente escrita por IA, se está volviendo más amable, más optimista y más edulcorado. El debate, la tensión y el tono crítico o negativo que caracteriza buena parte de la escritura humana están siendo desplazados por la tecnología de moda.</p><p>Estos dos efectos combinados producen algo que los investigadores describen como una web más uniforme en ideas y más agradable en tono. No más falsa. No más insulsa en densidad informativa. Pero sí más parecida a sí misma y menos incómoda.</p><p>La tentación es interpretar estos resultados como una buena noticia. La IA no miente más, no escribe peor y no elimina los enlaces. Pero los autores advierten que los efectos que han logrado confirmar son potencialmente más insidiosos que los desmentidos.</p><p>Un internet donde el 35% de los textos tienden hacia el consenso y la positividad no es necesariamente un internet más honesto. Es un internet donde las voces discordantes, el análisis crítico, la incomodidad intelectual y la <strong>diversidad de perspectivas</strong> tienen menos peso, aunque ningún algoritmo las haya censurado. La homogeneización no necesita prohibir nada: le basta con ahogar al discrepante.</p><p>Los autores del estudio lo enmarcan en términos de <strong>democracia deliberativa. </strong>El debate público sano necesita conflicto. Precisa que se digan cosas desagradables, que existan voces minoritarias y que los problemas se narren también desde el malestar. Un entorno inundado de texto amable y uniforme no es neutral: favorece el <em>statu quo</em> y margina la disidencia sin necesidad de ejercer ninguna censura visible.</p><p>Hay, además, un problema más técnico, pero igualmente grave. Si el 35% de internet ya es texto de IA, los modelos que se entrenen con datos web en los próximos años estarán ingiriendo una cantidad creciente de su propia producción. Los investigadores utilizan el concepto de <strong>colapso de modelos</strong>: la degradación que puede sufrir una IA cuando aprende de contenido generado por otra IA en lugar de por humanos. Lo que hasta hace poco era una preocupación teórica se convierte, con estos datos, en un problema urgente.</p><p>Este fenómeno de <strong>autoconsumo de IA</strong> tiene consecuencias profundas que van más allá de la simple proliferación de contenido basura. Cuando los modelos de lenguaje se entrenan con conjuntos de datos que incluyen creaciones de otros modelos, tienden a repetir patrones, amplificar errores y perder la diversidad creativa que solo surge de la experiencia humana. </p><p>Los investigadores han documentado que esto produce una <strong>homogeneización progresiva</strong> del contenido: los textos se vuelven más genéricos, menos matizados y cada vez más difíciles de distinguir entre sí. El problema se acelera exponencialmente porque cada nueva generación de IA entrenada con datos contaminados por IA anterior genera contenido de calidad aún inferior, creando un ciclo de degradación que se retroalimenta. </p><p>Lo alarmante es que este colapso no solo afecta la calidad del contenido, sino que compromete la capacidad futura de las propias IA para generar <strong>información fiable, creativa y útil.</strong> En un escenario donde la mayoría del contenido digital es generado por IA, el riesgo es que perdamos acceso a la materia prima esencial para el entrenamiento de sistemas inteligentes: la autenticidad humana.El estudio detectó además un patrón llamativo en la encuesta de opinión. Las personas que usan la IA con poca frecuencia tienden a creer más en sus efectos negativos que quienes la usan a diario. Los usuarios frecuentes, con una tasa de acuerdo con las hipótesis negativas del <strong>76%</strong>, son menos pesimistas que los esporádicos, que llegan al 88%. La brecha es de 12 puntos porcentuales.</p><p>Una explicación posible es que quien usa la IA regularmente ha desarrollado una comprensión más matizada de sus capacidades y límites reales. Otra, menos tranquilizadora, es que la familiaridad<strong> genera tolerancia </strong>hacia efectos que desde fuera resultan más visibles.</p><p>Lo que el estudio no puede resolver —y sus autores lo reconocen— es si los efectos documentados ahora se intensificarán a medida que el porcentaje de texto de IA siga creciendo. El 35% de hoy puede ser el 50% de mañana. Y lo que, a escala de un tercio, produce una contracción semántica medible puede producir, a escala de la mitad, algo <strong>cualitativamente distinto.</strong></p><p>La investigación termina con una advertencia sobre las herramientas disponibles para responder a este fenómeno. Las plataformas digitales tienen infraestructuras para detectar discursos de odio o desinformación factual. No tienen —nadie tiene— mecanismos para gobernar la diversidad semántica o la calidad de la información que nutre la conversación pública.</p><p>Las regulaciones aprobadas hasta ahora, incluido el <a href="https://www.infolibre.es/economia/bruselas-quiere-retrasar-partes-ley-inteligencia-artificial_1_2094227.html" target="_blank"><strong>Reglamento de IA europeo</strong></a>, apuestan por la transparencia mediante marcas de agua en el contenido generado por IA. Los autores señalan que esas marcas son fácilmente eludibles y que la detección retroactiva tiene límites inherentes. Su propuesta alternativa pasa por sistemas de verificación criptográfica de la autoría humana —similares al estándar<strong> C2PA,</strong> ya en uso para imágenes— y por ajustar los algoritmos de recomendación para que premien la diversidad semántica y el origen humano verificado, en lugar de premiar exclusivamente el volumen o el <em>engagement</em>.</p><p>La investigación de Stanford, el Imperial College y el Internet Archive completa otras que se están ocupando de investigar el auge del <strong>contenido basura generado por IA</strong>, que los anglosajones han bautizado como <em>slop</em> (bazofia).</p><p>Un estudio de la Universidad de Florida publicado en marzo en el <em>Journal of Marketing Research</em> estableció que el <em>slop</em> perjudica simultáneamente a consumidores y creadores profesionales. Según Tianxin Zou, profesor de marketing en la Universidad de Florida y coautor del estudio, "ahora hay una inundación de contenido de relativamente baja calidad. Debido a que la cantidad es tan grande, congestiona los sistemas de recomendación, por lo que se hace más difícil encontrar contenido verdaderamente de alta calidad".</p><p>Otra investigación publicada en febrero por <em>Nature</em> documentó específicamente la expansión masiva del <em>slop</em> en el ecosistema académico. El artículo reveló que <strong>la presentación de publicaciones científicas se ha duplicado desde el lanzamiento de ChatGPT</strong> en noviembre de 2022. Y los rechazos mensuales se multiplicaron por cinco, superando los 2.400 artículos por mes. Los investigadores califican la bazofia generada por IA como una "amenaza existencial" para el sistema académico tradicional.</p><p>Un tercer estudio de Kapwing —una herramienta <em>online</em> de edición de vídeo— sobre YouTube, publicado el pasado mes de enero, encontró que el 21% de los vídeos cortos de esta plataforma son producto de la IA y que un 33% adicional es lo que los anglosajones llaman <em>brainrot </em>(contenido repetitivo y absurdo diseñado para captar atención hipnóticamente, que se puede traducir como "idiotización"). <strong>España es el país más afectado, con más de 20 millones de suscriptores a canales de este tipo</strong>. Para luchar contra este fenómeno, YouTube eliminó a comienzos de año 35 millones de suscriptores y 4.700 millones de visualizaciones de 16 de los 100 canales <em>slop</em> con más éxito.</p><p>Las conclusiones transversales de todos los estudios señalan que las plataformas deberían etiquetar claramente el contenido generado por IA para ayudar a los consumidores a identificar qué quieren encontrar antes de abandonar la plataforma por completo.</p><p>El impacto en la calidad general de internet es degradante: el <em>slop</em> hace que internet sea más ruidoso, menos confiable y más difícil de filtrar. Los sistemas generativos tienden a amplificar patrones repetitivos y a priorizar la cantidad sobre la calidad, lo que favorece<strong> un ecosistema informativo degradado.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 04:00:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <title><![CDATA[El impacto de la IA en el mercado laboral: ¿qué hacer?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/impacto-ia-mercado-laboral_129_2192518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9113aea0-63c3-446e-864c-d20c360f1762_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El impacto de la IA en el mercado laboral: ¿qué hacer?"></p><p>En este <a href="https://www.funcas.es/documentos_trabajo/inteligencia-artificial-y-mercado-de-trabajo-en-espana-exposicion-ocupacional-efectos-sobre-el-empleo-y-adopcion-empresarial/" target="_blank">informe</a> publicado en abril de este año por <strong>Funcas </strong>se dice que el <strong>21% de las empresas españolas con más de diez empleados ya utilizan IA; </strong>el mismo informe también indica que <strong>se destruirán entre 1,7 y 2,3 millones de empleos </strong>en los diez próximos años en nuestro país como consecuencia del uso de la IA. Esta destrucción se verá compensada, al menos parcialmente, por la emergencia de nuevos empleos, concretamente, <strong>1,61 millones</strong>. El informe alerta de que las nuevas ocupaciones actuarán sobre grupos distintos de trabajadores y mediante mecanismos distintos, lo que significa que muchos de los empleos actuales no se sustituirán simplemente por otros más cualificados, sino que directamente, desaparecerán.</p><p>Por su parte, en este <a href="https://reports.weforum.org/docs/WEF_Four_Futures_for_Jobs_in_the_New_Economy_AI_and_Talent_in_2030_2025.pdf" target="_blank">informe</a> del <strong>World Economic Forum </strong>de enero de 2026 se indica que el <strong>54% de los encuestados</strong> (unos 10.000 ejecutivos del mundo) creen que la IA desplazará un buen número de los trabajos actualmente existentes.</p><p>El <strong>impacto de la IA en el mercado de trabajo</strong> ya ha llegado. Y está aquí para quedarse, ampliarse y profundizarse. </p><p>Hoy en día se pueden corregir trabajos en inglés con un programa de <strong>IA generativa</strong>, que no solamente indica cuándo uno ha metido la pata, sino que además, hace <strong>sugerencias al usuario para mejorar la expresión de una idea.</strong> Hace tan solo un par de años era necesario contratar a un editor para que al menos echara un vistazo a trabajos escritos por no nativos en inglés; hoy en día, <strong>ya nadie acude a editores o correctores</strong> de la lengua en la que se trabaja en el ámbito de la investigación. Por otro lado, los sistemas de IA actuales, todavía de manera rudimentaria, pueden construir párrafos que se asemejan en contenido, estilo y orientación científica, a los que hacen los académicos, después de la <strong>adecuada alimentación del sistema a través de los </strong><em><strong>prompts</strong></em><em> </em>que se introducen en la la máquina. El conocimiento va cada vez más dirigido a generar verdaderos expertos en el arte del <em>prompt</em>: quien alimente mejor a la máquina, de manera más precisa y específica, será quien mejor rendimiento obtendrá de ella. </p><p>Desde otra perspectiva, hay ya al menos cuatro compañías en nuestro país que ofrecen <strong>sistemas de IA de asistencia legal</strong> para elaborar demandas ante los tribunales de justicia. Dichos sistemas indican la jurisprudencia <strong>que hay que citar en cada caso</strong>, y sugieren estrategias judiciales. Es cierto que todos estos sistemas requieren (por el momento) de la supervisión de un humano: el TSJ de Canarias multó en febrero de 2026 (solamente con 420 euros) a un abogado por realizar ni más ni menos que <strong>48 citas de jurisprudencia que resultaron finalmente ser falsas.</strong> Sin embargo, es evidente que el impacto en la industria jurídica de la IA será demoledor en los próximos años. Y en la académica, también.</p><p>¿Qué hacer ante ello? En este <a href="https://assets.kpmg.com/content/dam/kpmgsites/es/pdf/2023/09/trust-in-ai-report.pdf.coredownload.inline.pdf" target="_blank">informe</a> de KPMG de 2023 se indica que <strong>el 61% de las personas no tienen confianza en la IA.</strong> El dato ha evolucionado ligeramente a favor de la confianza: en su informe de <a href="https://assets.kpmg.com/content/dam/kpmgsites/xx/pdf/2025/05/trust-attitudes-and-use-of-ai-global-report.pdf" target="_blank">2025</a> sobre la misma cuestión, KPMG indica que alrededor del <strong>55% de la gente no confía en la IA </strong>(lo que supone una ganancia de seis puntos porcentuales en relación con el informe anterior). Es decir, es posible que a medida que se vaya desplegando la IA, se vaya confiando más en ella. Sin embargo, <strong>el dato de desconfianza sigue siendo muy importante</strong>, y países que usan mucho la IA, como <strong>Finlandia</strong>, son los que más desconfían de ella.</p><p>En realidad, que la gente desconfíe, con carácter general, de la IA, es una buena noticia, según mi opinión. Y no deberíamos convencerla de lo contrario, porque probablemente esa <strong>desconfianza</strong> suponga un <strong>colchón que amortigüe el efecto de la IA </strong>en el mercado laboral. El argumento es el siguiente: si se mantuvieran los actuales <strong>niveles de desconfianza hacia la IA </strong>(cosa que, como digo, espero) la única manera de combatirla sería situando a un humano detrás de la máquina. Esto <strong>protegería nuestro mercado laboral de manera significativa, </strong>o dicho de otra manera, esto protegería a los humanos en el mercado laboral.</p><p>Esta es, por cierto, la obligación que establece el Reglamento de Inteligencia Artificial en relación con los <strong>sistemas de IA de alto riesgo.</strong> Todo sistema de IA de alto riesgo tiene que estar supervisado por un humano. Y como la definición que hace el Reglamento de IA de los sistemas de IA de alto riesgo es tan amplia (por ejemplo, aquellos que potencialmente puedan afectar a los derechos fundamentales son de alto riesgo), <strong>podemos concluir que muchos sistemas, si no todos, deberían quedar sometidos a esta obligación</strong>.</p><p>Poner a un humano detrás de una máquina no es simplemente una treta regulatoria proteccionista (que lo es: en Italia llevan años protegiendo al pequeño comercio, y esto se acepta como una cuestión no solo económica y política, sino también cultural), ni tampoco un mensaje sobre los deberes que tienen por delante los sindicatos españoles y del mundo. Es, además, <strong>una imposición legal positiva para que la IA se desarrolle de la manera más ética y moral posible</strong>. Pongamos a un humano detrás de la máquina: nuestro mercado laboral nos lo agradecerá; y probablemente la IA, también.</p><p>_________________________________</p><p><em><strong>Antonio Estella </strong></em><em>es</em> <em>catedrático Jean Monnet "ad personam" de Gobernanza Económica Global y Europea en la Universidad Carlos III de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Estella]]></author>
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