Cuando las palabras no bastan

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Francisco Goya

Estos días los periódicos y las televisiones hacen reportajes especiales sobre este año de pandemia que a todos y todas se nos ha hecho tan largo.

Solo ha pasado un año y nos ha cambiado la vida.

Hay quienes sufrido la enfermedad, la soledad y la pérdida de seres queridos; hay quienes han trabajado con ahínco, dedicación excelente profesionalidad y cariño para cuidarnos a todas y todos, especialmente a las personas más vulnerables, después de inmenso sufrimiento por fin parece haber señales consistentes de que lo peor empieza a pasar. Las vacunas son la esperanza para todos, sería deseable que esa esperanza llegase por igual a todos los rincones del mundo, sin importar el poder econòmico de los paìses. Del mismo modo, sería deseable que nadie aprovecharse su posición y su influencia para adelantarse, todos podemos tener un motivo o excusa (vacunas que se pierden, contactos continuos, nos la ofrecieron...

Yo que no soy nadie influyente, que no tengo motivos ni deseos de adelantar a nadie, de competir en una carrera estéril, esperaré paciente mi turno para vacunarme, y mientras tanto, mantendré las medidas higiénicas y sanitarias para ayudar a que los contagios no vuelvan a dispararse, y con ello colaborar en la medida de lo posible a que los y las profesionales sanitarios puedan hacer su trabajo sin saturación. En mi humilde opinión es lo único que podemos hacer; dejar trabajar y guiarnos por criterios de quienes investigan y estudian, por criterios técnicos antes que políticos o mediáticos.

Como explicaba hace ya un tiempo Ramón Lobo en un excelente artículo, todos podemos opinar, pero está en nosotros dar credibilidad a científicos e investigadores o a personas que no tienen criterio por muy mediáticas que sean. El problema no es lo que dicen sino la credibilidad que el resto les demos y las consecuencias que puede tener.

Con todo, la pandemia no es lo único en este mundo que sigue girando, sigue habiendo hambrunas. Como en Yemen, desplazados, refugiados, migrantes que quieren alcanzar una vida mejor, que no merecen el trato egoísta que les damos en el mundo occidental, hemos olvidado la guerra en Siria, en el Sáhara y la Unión Europea sigue sin estar unida y cada paìs busca sus propias estrategias.

Algunos creímos que de esta pandemia algo aprenderíamos, colaboraríamos, seríamos más solidarios, nos daríamos cuenta finalmente de la importancia de cuidar nuestro planeta y quizá nos abriríamos más a las personas, la realidad, creo, ha sido distinta, nos hemos encerrado más en nosotros mismos, nos hemos hecho todavía más individualistas, y más solitarios y más calculadores.

Ojalá el final de esta pandemia nos sirva para ser más agradecidos, más humanos.

Quizá sea una utopía; quiero seguir creyendo en las utopías, pero las palabras no bastan para explicar sensaciones y emociones contradictorias. La pandemia y la historia han demostrado que el ser humano es así, nos matamos en la Tierra mientras exploramos si hay vida en Marte.

Francisco Goya es socio de infoLibre

Estos días los periódicos y las televisiones hacen reportajes especiales sobre este año de pandemia que a todos y todas se nos ha hecho tan largo.

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