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Sara Facio: imágenes de escritores y más...

Sara Facio, en el Congreso de Tucumán 200 años de arte argentino en 2016.

Fernando Valls

Ha muerto en Buenos Aires, a los 92 años, la gran fotógrafa argentina Sara Facio, quien compartió tres décadas de su vida con la escritora y cantante María Elena Walsh (1978-2011). Para mí, Sara Facio no solo forma parte de la historia de la fotografía, sino también de la historia de la literatura hispanoamericana, de la imagen que hemos venido haciéndonos de sus grandes escritores. De todas sus fotos, me han interesado en especial sus retratos de escritores y artistas, pero no se limitó a ellos, sino que también fotografió lugares, ciudades y gentes anónimas, siempre en busca de la verdad, de la autenticidad, como le gustaba precisar. Decía que lo que más le gustaba de la fotografía era lo que pudiera haber en ella de verdad

Se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires, pero en 1955, poco después de acabar sus estudios, le concedieron una beca para estudiar en París artes visuales. Fue para ella una experiencia decisiva, pues en Europa descubrió a fotógrafos que tenían una mirada diferente, creativa. No en vano, su primera cámara, una Leica, la compró en Berlín. Muchos años después precisó que donde también aprendió a mirar fue en los museos de pintura, observando los cuadros de grandes artistas.

Si bien colaboró en algunos de los grandes diarios argentinos (La Nación o Clarín) y en numerosas revistas, nunca llegó a formar parte de su redacción, andando siempre por libre. En 1973 fundó en Buenos Aires, con la guatemalteca Cristina Orive, la editorial La Azotea, dedicada en exclusiva a la fotografía, un caso único en aquellos años en América Latina, tratando de publicar libros de grandes fotógrafos a precios asequibles, tal como le contaba recientemente a March Mazzei en Clarín (23/IX/2022). Años después, en 1985, fundó y dirigió la fotogalería del Teatro San Martín, experiencia que duró hasta 1998, con el objetivo de mostrar obras de fotógrafos latinoamericanos, como Luis González Palma, entonces un desconocido, o pioneros como Martín Chambí y José Domingo Noriega.

Su primer libro —hoy se les llama fotolibros—, en colaboración con Alicia D´Amico, fue Buenos Aires-Buenos Aires (1968), con textos de Julio Cortázar, con quien volvería a colaborar en Humanario (1977). Pero incluso antes de que llegara la dictadura, los libros que compuso con Cortázar fueron prohibidos, pues, como ella misma explicó en una entrevista que le hizo María Moreno (Página/12, 25/II/2000), “en ese momento había que estar en contra de Cortázar”. Algunas de las mejores fotos de Sara Facio, varias de las más difundidas, son retratos del autor de Rayuela, quizás el escritor del que se sintió más cerca y que le facilitó el camino para que otros autores confiaran en ella, como puede observarse en diversas cartas.

También colaboró con Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, María Elena Walsh y Borges, en libros como Geografías de Pablo Neruda (1973), en coautoría con A. D´Amico; Actos de fe en Guatemala (1980, con fotos también de María Cristina Orive); Sara Facio. Retratos (1990), con prólogo de M.E. Walsh; María Elena Walsh. Retrato(s) de una artista libre (1999) y Alberto Manguel con Borges (2004, 20242, publicado en España por Alianza). Pero quizá su libro más representativo, en una materia que me interesa especialmente, sea Retratos y autorretratos. Escritores de América Latina (1974), en colaboración, una vez más, con Alicia D´Amico, el cual lleva textos –y fotografías- de muchos de los grandes escritores hispanoamericanos de la segunda mitad del XX, como –además de los ya citados- Borges, Adolfo Bioy Casares, García Márquez (le pidió hacer juntos un libro sobre Cartagena de Indias, pero ella lo rechazó porque consideraba la ciudad demasiado bonita), Manuel Mujica Lainez, las hermanas Silvina y Victoria Ocampo, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Juan Rulfo y Ernesto Sábato, entre otros artistas como el pintor Antonio Berni, el actor Federico Luppi, las cantantes de tango Tita Merello y Susana Rinaldi, el gran Astor Piazzolla (quizá a quien más trabajo le costó convencer), Aníbal Troilo y Mercedes Sosa. Y siempre en blanco y negro.

También publicó libros de divulgación Cómo tomar fotografías (1976) y Encuadre y foco (2003)— o de historia La fotografía en la Argentina. Desde 1840 hasta nuestros días (1992), también con A. D´Amico; y Fotografía argentina actual. Dos (1996)—. Sara Facio confesó que sus fotógrafos preferidos eran Richard Avedon, Henri Cartier-Bresson y André Kertész, a quienes consideraba como los Picasso, Braque y Miró de la fotografía. Precisó, además, que su retrato preferido era el que Edward Steichen le hizo a Gloria Swanson. Para ella la fotografía era un lenguaje, un arte, opinión que defendió siempre con ahínco.

Sara Facio tenía fuertes convicciones, que no siempre eran las imperantes en el medio cultural en el que se movía, la izquierda intelectual. Así, por ejemplo, se jactaba de no ser de izquierdas y se mostró muy crítica con la figura del Che Guevara, pues estaba en contra de la violencia, de las guerrillas, asunto en el que no admitía justificación alguna. A algunos de ellos, los llamó con cierto desdén la izquierda caviar. Sí se declaró nacionalista, estuvo en contra de la dictadura que sufrió su país, y se comportó com una mujer moderna e independiente. Le gustaba recordar que había usado toda su vida pantalones, como le comenta a María Moreno. Cuando en sus declaraciones se ocupaba de temas de la actualidad, siempre mostró tener un gran sentido común, una fuerte personalidad, y ser poco partidaria de las modas imperantes, de las pamplinas al uso. En ese sentido, sus actitudes públicas, fueron semejantes a las que defendió siempre M.E. Walsh, pues ambas tenían algo de cascarrabias.  

En esencia, la imagen que seguimos teniendo hoy de los escritores del boom, pero también de sus predecesores y continuadores, es debida, en buena parte, a los retratos que les hizo Sara Facio, de quien Daniel Mordzinski, otro gran fotógrafo de escritores, se consideraba discípulo.  

El futuro de la fotografía fue ayer

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Su última gran contribución fue legarle su biblioteca, especializada en libros de fotografía, al Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. En un momento dado, Sara Facio hizo un comentario que –a pesar de su longitud- podría servir como epitafio: “Lo que yo vi está en mis fotos. Como si dijera: `Esta es mi ciudad y mi gente, a la que admiro, la que me gusta´. Ese es mi canon”. Y, en efecto, hoy siguen difundiéndose sus fotos, que no han dejado nunca de reproducirse como imagenes vivientes de una gran literatura.

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Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario. 

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