Elecciones 2013

Merkel, más canciller de hierro que nunca

La canciller alemana, Angela Merkel.

En 1957 el histórico dirigente democristiano de la posguerra Konrad Adenauer arrasó en las urnas con un lema muy sencillo: “Ningún experimento”. Más de medio siglo después, Angela Merkel y la CDU han logrado un éxito arrollador, con un 41,5% de los votos, a partir de una fórmula idéntica. Una mayoría de alemanes respaldó el domingo la continuidad de una canciller que ha llevado prosperidad económica y seguridad en el futuro a su país.

Todo ello a costa del sufrimiento de los países del sur de Europa, bien es cierto. Pero esa circunstancia importa muy poco a los votantes del centro-derecha alemán. Con un paro del 7%, unas exportaciones con buena salud y un sólido Estado del bienestar, la crisis del euro o los ajustes exigidos a otros países de la UE han quedado en un discreto segundo plano de las preocupaciones de muchos alemanes. Angela Merkel es ahora más canciller de hierro que nunca y la Alemania europea de los años de la reunificación, a principios de los noventa, ha derivado en una Europa alemana.

Al margen de las razones económicas, contar con un partido muy unido detrás ha influido también en el “superresultado” de la CDU, como lo ha calificado la propia Merkel. Todavía fue más lejos la vicejefa de la CDU y ministra, Ursula von Leyen, cuando proclamó en la sede del partido: “Estamos locos de alegría”. No es para menos porque los demócrata-cristianos han crecido más de ocho puntos con respecto a las elecciones federales de 2009.

Ahora bien, además de la economía y del partido unido, los analistas alemanes destacan el oportunismo y la habilidad de Angela Merkel para apropiarse de las propuestas más populares de sus adversarios. Así ocurrió tras el accidente nuclear de Fukushima, en Japón, cuando la canciller se comprometió a cerrar todas las centrales atómicas alemanas antes de 2020 con una medida que arrebataba una de sus principales banderas al ecologismo de Los Verdes. Así ha ocurrido durante esta campaña electoral cuando la canciller también ha despojado a los socialdemócratas de dos de sus planteamientos-estrella: el establecimiento de un salario mínimo para todos los trabajadores y la rebaja de los alquileres en las grandes ciudades. De este modo, la CDU ha abarcado desde la extrema derecha hasta la frontera con la socialdemocracia. Toda una estrategia triunfante que “abre una triunfante era Merkel”, como señala el Süddeutsche Zeitung, el más influyente diario de centro-izquierda de Alemania.

Lamentos y golpes de pecho han sido las escenas frecuentes entre los socialdemócratas del SPD y Los Verdes que han sido incapaces de levantar una alternativa a los ocho años de hegemonía de Merkel que van camino de convertirse en doce. Con un candidato sin carisma y con fama de metepatas, Peer Steinbrück, y un programa moderado que, en muchos aspectos, apenas se diferenciaba del centro-derecha, el SPD apenas ha subido tres puntos con respecto a los comicios de 2009. Entretanto, la apuesta de Los Verdes por aumentar los impuestos a las clases medias urbanas, donde residen muchos de sus votantes, ha provocado una merma sustancial de apoyos y se han quedado en un triste 8,4%. Un porcentaje ligeramente inferior al de los excomunistas de Die Linke, que mantienen un cierto granero de votos en Alemania oriental y obtuvieron el 8,6%.

Los resultados de la CDU (con sus aliados bávaros de la CSU) significan un éxito sin precedentes en la reciente historia alemana. El complejo y muy proporcional sistema electoral convierte en muy difíciles las mayorías absolutas. En cualquier caso, desde hoy, se refuerza muy intensamente el papel de Merkel en la Unión Europea y sus recetas de austeridad a ultranza, apoyos a un capitalismo financiero y demolición de servicios públicos seguirán a la orden del día.

Así pues, la llamada locomotora de Europa tendrá de nuevo como maquinista a aquella chica procedente de la Alemania comunista que Helmut Kohl encumbró en los años noventa tras la reunificación. Desde entonces, una sabia combinación de astucia, pragmatismo, firmeza y oportunismo ha llevado a Angela Merkel, a sus 59 años, a un tercer mandato como canciller. Algo que sólo habían logrado Konrad Adenauer y Helmut Kohl. Todo un récord.

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