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Medios comunicación

Los españoles confían poco en los medios de comunicación

El 15M no sólo puso sobre la palestra la indignación ciudadana con la clase política dirigente. También evidenció el hartazgo de parte de la sociedad española con los medios de comunicación tradicionales –“Los políticos nos mean, los medios dicen que llueve”, se podía leer en algún cartel por aquel entonces–. El movimiento indignado fue la primera prueba de la pérdida de confianza de la ciudadanía en los periódicos, emisoras de radio o cadenas de televisión. Un problema que, a día de hoy, todavía se mantiene. “En unos tiempos en que el trabajo de los periodistas ha sufrido el embate de una gran crisis económica, (…) no es extraño que la credibilidad del periodismo y de los periodistas se haya convertido en uno de los elementos centrales del debate profesional”, señaló la Asociación de la Prensa de Madrid en su último informe anual.

El sector periodístico lleva años preocupado por la pérdida de confianza de los ciudadanos. Y no es para menos. El último Índice de Confianza Social (ICS), que elabora semestralmente la Universidad Ramon Llull y la escuela de negocios Esade, sitúa la credibilidad de los españoles en sus medios de comunicación en septiembre de 2017 en los 98,9 puntos –siendo 0 "total desconfianza" y 200 "confianza absoluta"–, lo que supone una pérdida de casi diez puntos respecto a la medición hecha en marzo del año pasado. Es la nota más baja de todo el histórico del ICS. En septiembre de 2014, primera vez en la que se llevó a cabo esta medición, los medios obtuvieron 101,3 puntos. Seis meses después, en marzo de 2015, registraron su puntuación más alta de toda la serie: 113,7.

El análisis pormenorizado de los datos por segmentos muestra, en primer lugar, que son los más jóvenes –entre 16 y 18 años– y los jubilados los que mejor califican a los medios de comunicación. Si se presta atención a la renta, los que más credibilidad otorgan a los periodistas son los hogares cuyos ingresos netos mensuales son inferiores a 1.000 euros, una confianza que va disminuyendo progresivamente a medida que aumenta la renta familiar. Lo mismo pasa en el caso de la autoubicación ideológica. Según el informe, son los ciudadanos que se sitúan a la izquierda los que menos creen en los medios de comunicación –les dan 82 puntos–, una confianza que aumenta hasta los 112,1 puntos entre los ciudadanos que se autoubican a la derecha del espectro político.

 

Confianza de los europeos en sus medios de comunicación.

El ICS no es el único estudio realizado en los últimos años que constata los bajos niveles de credibilidad del sector mediático en España. De hecho, varias investigaciones sitúan a los medios de comunicación españoles a la cola de Europa en confianza. Según el informe Trust in Media 2018, elaborado por la Unión Europea de Radiodifusión (UER) a través de los datos recabados mediante el Eurobarómetro, el 52% de los españoles tienen una confianza “alta” –el 19% de los encuestados– o “media” –el 33%– en sus medios de comunicación, mientras que el 48% restante les dan una credibilidad baja. Estos datos nos sitúan entre los seis países con menor confianza en sus periodistas, igualados con Grecia y sólo por delante de Reino Unido, Serbia, Macedonia y Malta.

Crisis económica y presiones

La Asociación de la Prensa de Madrid es consciente de que los medios tienen un problema muy grave que deben solventar. “Lo cierto es que la reciente crisis económica ha afectado profundamente a la calidad y las condiciones del trabajo periodístico, en el sentido de que ahora se trabaja más por menos, que los ritmos de trabajo impiden realizar un trabajo cuidado y contrastado, y que el periodista se ve obligado a utilizar fuentes más baratas y, por lo tanto, menos fiables”, denunciaba el colectivo de periodistas en el Informe Anual sobre la Profesión Periodística de 2017. Según su propia encuesta, el 71% de los informadores españoles afirman que se ha proletarizado la profesión. Además, el 60,7% de los periodistas consultados señalan que actualmente “se trabaja ‘más a destajo’, sin trabajo meditado”.

A esta primera herida, que todavía no ha terminado de cicatrizar en buena parte del sector, hay que añadir una segunda: la falta de independencia y las presiones. Esta carencia de libertad plena para que los periodistas puedan desempeñar su trabajo es letal para la credibilidad de la profesión. Ya lo avisaron los periodistas estadounidenses Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su libro Los elementos del periodismo: “La idea de que las personas que nos informan no sufran impedimentos obstruccionistas para investigar o decir la verdad (…) es un requisito previo a contar una noticia no sólo de manera veraz, sino convincente. Es el elemento fundamental para que los ciudadanos crean en un determinado medio de comunicación. Es la fuente de la credibilidad”.

Según el último informe de la APM, la percepción de los informadores acerca de la independencia con la que desempeñan sus labores se ha situado en los últimos años por debajo del 5 sobre una escala de 10. En concreto, en el pasado ejercicio la puntuación fue de 4,4. Esta independencia está estrechamente relacionada con las presiones que se tienen que soportar en los medios. En este sentido, resulta preocupante que sólo el 21% de los periodistas contratados y autónomos entrevistados por la asociación para su último estudio asegurasen que nunca habían sido presionados para modificar sus informaciones, frente a casi el 80% que reconocía haberlas recibido. En el 75% de los casos, el informador terminó cediendo a las coacciones por “miedo a las represalias”.

La mayoría de estas presiones procedieron de los directivos de los propios medios de comunicación, los políticos y los agentes económicos. Con estos datos sobre la mesa, cabría preguntarse si periódicos, radios y televisiones están tomando medidas al respecto. En este sentido, resulta demoledor el informe Primera Plana elaborado por la Fundación Compromiso y Transparencia (FCyT): “La inmensa mayoría de los grupos de comunicación españoles carecen de procedimientos y políticas ad hoc para proteger su independencia y credibilidad”. Esta ausencia de mecanismos no quiere decir que en las redacciones no se protejan estos dos valores, continúa el estudio, “pero sí que el riesgo de no vivirlos es mucho mayor” al no existir “esas políticas y garantías”.

Las noticias falsas

A estas dos principales brechas, que explican parte de la pérdida de credibilidad de los medios, los profesionales del sector añaden una tercera: las fake news. La influencia de las noticias falsas sobre la sociedad, un tema que ha ido adquiriendo protagonismo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, ha puesto en duda el poder de los medios de comunicación tradicionales como generadores de opinión. 

La Asociación de la Prensa de Madrid organizó en junio de 2017 un coloquio con expertos e informadores para analizar este asunto. El debate se cerró con una serie de pautas de actuación para los informadores. Entre ellas, se pedía a los periodistas redoblar los esfuerzos para informar con “ética, rigor y comprobación” ante la “pérdida de credibilidad que se viene registrando” en los medios. “La obsesión por ser los primeros en publicar una información puede ser el detonante de incurrir en la emisión de noticias falsas. Los profesionales de la información deben tener claro que el tráfico que sustenta a un medio, en realidad, procede de la calidad continuada a la hora de informar, no de supuestas primicias”, alertaron en sus conclusiones.

Según un estudio de la Universidad de Monmouth (Nueva Jersey, Estados Unidos), publicado a comienzos de abril, un 77% de los ciudadanos estadounidenses creen que los medios de comunicación tradicionales informan sobre noticias falsas –un 31% dice que esto sucede con regularidad y un 46% considera que pasa “ocasionalmente”–, frente al 63% registrado en marzo de 2017. Esta cifra se incrementa hasta el 86% cuando se les pregunta por las páginas de noticias online. Y, cuestionados por el papel que juegan las redes sociales en la lucha contra las fake news, el 69% consideran que “no hacen lo suficiente”.

Sin embargo, la investigación arrojó otro dato interesante. Los ciudadanos todavía siguen confiando más en los medios como fuentes de información que en personas concretas. El 48% de los consultados creen más a la CNN que a Donald Trump, mientras que el 35% dice fiarse más del presidente estadounidense que de la cadena de televisión. Lo mismo pasa en el caso de la cadena Fox (30%-20%) o la MSNBC (47%-33%). “Un aspecto positivo en todo el debate de las noticias falsas es que las principales cadenas de noticias por cable son todavía más fiables que el responsable de cualquier oficina. A menos que seas republicano, en cuyo caso la cuenta de Twitter de Trump puede ser tu fuente de noticias”, señaló Patrick Murray, responsable del estudio.

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