X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Ideas Propias

Madrid sin futuro

Publicada el 16/04/2021 a las 06:00 Actualizada el 16/04/2021 a las 08:02

Antifascismo, no a la falsa libertad de Ayuso, recuperar lo público para la vuelta a la normalidad: los discursos de parte importante de la izquierda tienden con frecuencia a abrevar en los marcos de la negación y la nostalgia de un pasado virtual: no, anti, echar, recuperar, volver. Por necesarios o lógicos que resulten, estos marcos no hacen sino reforzar, o eso intentaré argumentar a continuación, uno de los síntomas fundamentales de la debilidad de las izquierdas, al menos desde la profunda crisis que las afecta tras la inflexión, en los años 70 y 80 del pasado siglo, que da lugar a la hegemonía neoliberal: la negatividad y la nostalgia como espejos invertidos de la ausencia de horizontes.

Como si tras la negación de lo actual, en su otro lado simétrico pero inverso, nos encontráramos ya con la forma y el contenido de un orden social justo, con alguna suerte de verdad política o con la naturalidad misma de lo que transitoriamente estaría siendo eclipsado, es decir, negado. Decir “no” puede, qué duda cabe, ser necesario, pero no alumbra una alternativa como no desvela, tampoco, una verdad política oculta o un modelo de justicia social ya dado. La negación no habilita cursos de acción ni, sobre todo, dibuja un horizonte. Y, mucho me temo, sin horizonte no se gana.

Entiéndase bien, el riesgo de que Ayuso gobierne con la extrema derecha de Vox existe y es aterrador, o de que no gobierne con ella porque asuma parte central de su imaginario, el suficiente como para mantenerla contenida, encapsulada porque integrada. Y ese riesgo no menor hace plausible el recurso discursivo del antifascismo. Es, con todo, un marco de pura negatividad: frente a un riesgo futuro, la respuesta no es otro futuro, sino un pasado. Y, si me apuran, un pasado demasiado preñado de derrotas.

Frente a la pandemia pasa algo similar: estamos, claro, en contra de la economía política neocolonial y libertaria de Ayuso, de bares abiertos tanto para el disfrute de jóvenes franceses o españoles como para el mantenimiento precario de un sector a su vez precarizado. Sabemos, sí, que son más eficaces ayudas directas a la hostelería que mantenerla abierta sin restricciones suficientes, incrementando los contagios, la saturación de las UCI y la ralentización a largo plazo del conjunto del aparato productivo. Sabemos que necesitamos más sanitarios y mejor pagados, unos servicios públicos reforzados y no privatizados. Sí, sabemos todo eso, pero, de nuevo, el afecto político que mueve el discurso de la prudencia y la vuelta a la normalidad y a lo público opera en una relativa ausencia de horizonte: frente a Ayuso, frente a la pandemia, frente al neoliberalismo liberticida, se acaba dibujando una vuelta a los viejos tiempos de seguridad y confianza del Estado del bienestar. ¿Deseables? Hoy y dado lo que ha llovido, sin duda, pero seguramente insuficientes.

Y una situación parecida ocurre con el mantra de la libertad. Frente a la libertad de Ayuso, ¿basta con recordar la muy republicana o socialista libertad material? ¿Con insistir en que sin condiciones materiales para el ejercicio de la libertad no hay libertad posible? ¿Con que la libertad o es igualitaria o es privilegio? No, no creo que baste, por necesario e incluso imprescindible que sea recordar y actualizar estas premisas. Es posible que falte, de entrada, darle un contenido positivo o, más bien, una imagen, a la libertad que se disputa y defiende, para no quedar atrapados en la mera negación de la muy liberal negatividad de la libertad de Ayuso. Negar la negación no es seguramente suficiente, conviene, creo, alumbrar el saldo positivo que de este ejercicio resulta y permitir así imaginarlo como un futuro ya presente. Como un horizonte.

Esa imagen, ese horizonte quizá no tenga que responder, punto por punto, al modelo alternativo que se propone frente al capitalismo inmobiliario y rentista madrileño, ni a sus formas puramente negativas de libertad. No se trata, quizá, de disponer de un programa detallado de cómo sería, de cómo haríamos, de qué medidas y cuántas, por bienvenidas que sean todas estas promesas, sino de permitir hacer imaginable y por tanto anclada en el deseo, esa imagen propuesta. Salir, pues y como decía antes, del pathos en el que entramos las izquierdas y por el que tendemos a creer, de forma habitualmente inconsciente, que debajo o detrás de los discursos y las prácticas del adversario está la realidad, e incluso la verdad, de unas justas y necesarias relaciones sociales, económicas o comunitarias. Que tras los intereses egoístas del modo de regulación madrileño hay ya una alternativa tan necesaria como lógica, dictada por unos intereses objetivos y contrarios de la población, que traducirían sin mediación alguna una suerte de realidad natural de lo que siempre debió ser pero el adversario negó. Y que bastaría, pues, con negar esa negación, invertirla o derruirla como si se tratara de un tigre de papel, para que resurja de la oscuridad de los intereses económicos, las redes clientelares y las interesadas batallas culturales, identitarias o nacionales su simétrica pero opuesta realidad: la verdad de nuestra alternativa o, si lo prefieren, la alternativa de verdad. Sabemos que esto no sucede nunca, lo otro que opera como alternativa no surge de la mera negación sino de la construcción y la articulación, y estas siempre deben irrumpir antes en la imaginación y en el deseo que en la realidad.

Pero para dar la batalla en el campo del deseo, en el de la imaginación y el afecto, hay que atreverse, creo, a embarcarse en una contienda que, antes que programática e ideológica, es hegemónica. Y me explico: se trata, antes y por encima de todo, de hacerse cargo (reconocer y aceptar) los deseos, aspiraciones y afectos mayoritarios de la ciudadanía. No negarlos, no ignorarlos, no moralizarlos y condenarlos. Hacerse cargo de ellos, sí, reconociendo que si la derecha tiende a ganar es, quizá, porque sabe articularlos en una dirección que no podemos compartir, pero tampoco ignorar: ser propietario o heredar una propiedad, ser autónomo o llegar a serlo, emborracharse en bares abiertos en una ciudad libre y abierta, no preocuparte demasiado por el vecino, querer elegir colegio, barrio o médico, o pensar en que algún día podrás elegirlos como podrás, quizá, elegirte, hacerte a ti mismo, reinventarte. Sí, son los mantras del neoliberalismo, pero están asentados en deseos, no en falsas conciencias. De forma que, con esos deseos y aspiraciones, hay que procurar hacer dos cosas, de crucial importancia pero que apuntan a direcciones contrarias.

Por un lado, entender, como decía, que si el rival es hegemónico, si su discurso sobre la libertad, por ejemplo, se ajusta más a los deseos mayoritarios de la sociedad que el que tú propones, no es solamente porque haya convencido o manipulado a su base social, o porque consiga dejar en casa el día de las elecciones a una mayoría social ya existente (habría que preguntarse por qué consigue dejarla en casa, por qué la derecha no le da miedo o le provoca un rechazo suficiente), sino porque ha sido capaz de responder y conectar con aspiraciones o deseos de forma más eficaz que tú (y aquí va siendo hora de aceptar que el declive tanto de los partidos socialdemócratas como de la debilidad de los que se situaban tradicionalmente a su izquierda tiene mucho que ver con que, al menos desde los años 70, le hablan a un sujeto, a unas identidades y desde unas imágenes del mundo que, como señalara Stuart Hall al analizar la paralela crisis de la izquierda y el surgimiento del thatcherismo, no movilizan, no ganan la batalla cultural decisiva por representar las ideas de libertad o emancipación). Esta debilidad de las izquierdas tiene que ver, en resumen, con el hecho doloroso de que el neoliberalismo no es solamente una transformación económica operada desde arriba sino, también y en paralelo, una derrota por incomparecencia de la izquierda ante nuevos deseos, aspiraciones, afectos: los que de forma contradictoria se expresaron en los distintos mayos del 68 y las varias contraculturas nacidas en los años 70 y 80, y para los que las izquierdas tuvieron poca capacidad de respuesta. No, no ganó el posmodernismo como aliado del neoliberalismo, o no lo hizo sin más, perdieron las viejas izquierdas una batalla que apenas llegaron a dar.

Pero, por otro lado, la lucha hegemónica se mueve siempre en el filo de un doble precipicio: el de aceptar sin más esas nuevas morfologías del deseo para acabar afirmándolas y reproduciéndolas acríticamente (aquí el giro socialdemócrata hacia el neoliberalismo progresista no deja de ser un recuerdo vivo y doloroso) o el de proponerles una alternativa frontal y directa que te convierte inmediatamente en una opción marginal, contra-hegemónica cuando no marciana o, peor, aquejada por la clásica doble moral izquierdista, la que dice una cosa pero practica en privado otra, la que habla de la clase obrera pero una vez que ha salido del rigor laboral y existencial de sus garras y de sus barrios: nunca dejará de sorprenderme la capacidad que tienen algunos columnistas, escritores o dirigentes políticos de ensalzar a la clase obrera y la vida en los barrios del sur desde posiciones sociales que no solo dan cuenta de que ellos han conseguido salir de esos trabajos y de esos barrios, sino de que hacen lo posible por no volver a ellos. Y la sorpresa no menor de que esta paradoja no les conduzca a un mínimo y suficiente auto-diagnóstico: qué deseo anida en esa salida o fuga de clase y cuáles han sido las condiciones materiales que la han hecho individualmente posible. No vaya a ser que descubran que su deseo de fuga no es ajeno, bien al contrario, al motor libidinal del neoliberalismo, y a cómo se apoyó en las condiciones materiales que brindaban los gobiernos socialdemócratas y sus más o menos amplios Estados del bienestar para operar el “milagro” como lo denomina Didier Eribon en Retorno a Reims de la movilidad social ascendente para unos pocos.

Si la socialdemocracia se ha movido estos años entre la mera mímesis reproductiva de los deseos neoliberales y el recuerdo nostálgico de los buenos viejos tiempos, parece que los partidos a la izquierda de la socialdemocracia han tendido a quedar atrapados (salvo durante el paréntesis populista de la nueva política) en la representación, tan necesaria como minoritaria, de una parte de la sociedad (golpeada, precaria, explotada) pero sin la capacidad de dibujar un atisbo de todo (de articular las necesidades y deseos de esa minoría con los del resto de sectores sociales). Y esto con el riesgo de quedar relegados a la representación de una minoría que, por otra parte, igual no quería tanto que la representaran ni ensalzaran como que le dieran un horizonte a la tensión que la constituye: la de afirmarse como una identidad que, al mismo tiempo, aspira a emanciparse de ella.

Es esta tensión, y la dificultad de las izquierdas para hacerse cargo de ella, la que considero elemento fundamental en la victoria neoliberal. La tensión entre afirmación y emancipación, entre afirmarse como clase obrera, como vecino de los barrios del sur, como trabajador o trabajadora golpeados o explotados (pero, también, como mujer, como sujeto LGTBI, como persona racializada, como toda identidad) en una lucha por la mejora de sus condiciones de vida y por el orgullo de ser frente a los que te desprecian, discriminan o explotan, pero que, al mismo y contradictorio tiempo, se presenta y siente como una lucha que tiene como horizonte emanciparse, trascender o simplemente dejar atrás esa identidad. Afirmarse y negarse al mismo tiempo. Esta tensión es, creo, constitutiva de la historia misma del movimiento obrero y de los movimientos sociales (una lucha de clases, sí, pero con la esperanza de acabar con las clases, una afirmación de la identidad, sí, pero siempre en búsqueda de trascenderla, desestabilizarla o, incluso, acabar con la condición misma de esa identidad para explorar otras, para abrir otros horizontes y otras formas de vida). Y, aunque sería largo de exponer y explicar aquí, el neoliberalismo triunfa porque proporciona una respuesta, todo lo individualizada y perversa que se quiera, a este deseo de emancipación (convertido en deseo de fuga) frente a la incapacidad de las izquierdas, en los albores de los 70 y 80, para hacerse cargo de este deseo.

La disputa hegemónica con el neoliberalismo pasa, creo y como decía antes, no tanto por negarlo sin más sino por darle una respuesta política a los deseos complejos de los que se alimenta. Y, como propone la lectura contemporánea de Marx que hace Fredric Jameson y recordaba Germán Cano hace unos días, por hacerlo entendiendo que: “Lo que Marx quería era encontrar qué había de progresista en esos nuevos síntomas del alto capitalismo que estaba describiendo. Me parece que es algo así lo que deberíamos intentar hacer. Lo que estoy tratando de decir es que creo que resulta muy sencillo mirar atrás con nostalgia por los viejos tiempos del sujeto fuerte, cuando quizá lo que deberíamos hacer es experimentar con otras formas de pensar”. Otras formas de pensar y una lectura de las posibilidades progresistas que brinda el mismo desarrollo del capitalismo, no solo negar estas posibilidades para seguir pensando como siempre.

No oculto mi simpatía hacia Más Madrid, fundada en amistades y complicidades pero que tienen como anclaje el intento de habitar ese espacio complejo que, en el capitalismo tardío, se abre entre la afirmación de las identidades y el deseo de emanciparse de ellas. Y creo, como ellos, que esa tensión pasa hoy, de forma prioritaria, por desplazar el discurso reivindicativo que hace del trabajo el elemento nuclear de nuestras aspiraciones, al del tiempo: de la reivindicación centrada en el solo trabajo a imaginar vidas más allá de él; de la nostalgia por las identidades laborales perdidas a la apuesta por las conquistadas; de las 40h a las 32h; de la imagen de la seguridad perdida de un empleo estable a una apropiación de izquierdas del deseo de autonomía, flexibilidad e independencia; de la propiedad inmobiliaria como fetiche del deseo encarnado por el neoliberalismo a una disputa de ese deseo en lugar de su simple negación pero referido, esta vez, a la propiedad de sí, de nuestros tiempos de vida que necesitarán, claro, de la redistribución de la riqueza y de nuevas formas de fiscalidad que permitan rentas básicas de ciudadanía que liberen los tiempos del trabajo y abran los horizontes de vida; y de la articulación de estas reivindicaciones con las demandas ecologistas, municipalistas y feministas (modelos de ciudad, de movilidad, de desarrollo, de conciliación y de reparto y ampliación de un tiempo de vida libre). Que dibujen un horizonte capaz de hacerse cargo tanto de las nuevas morfologías del deseo como de las ambivalentes posibilidades para la emancipación que brindan las transformaciones del capitalismo tardío.

Solo encarnando una forma de deseo alternativa, pero que se haga cargo e incorpore, para darle sin duda otra respuesta, al deseo que alimenta la retórica y la materialidad neoliberal, podremos ganar a las derechas. La mera confrontación negativa, la sola contraposición resistencialista, el deseo nostálgico o melancólico, fruto de la reconstrucción retrospectiva más que de alguna forma de recuerdo de emancipación, de la vuelta a una normalidad o seguridad perdidas, nos harán, me temo, seguir perdiendo.

____________

Jorge Lago estudió Sociología en Madrid, París y Bruselas. Ha sido investigador en la Complutense y el CNRS francés, y es hoy profesor de Teoría Política Contemporánea en la UC3M, además de editor de Lengua de Trapo

 

Publicamos este artículo en abierto gracias a los socios y socias de infoLibre. Sin su apoyo, nuestro proyecto no existiría. Hazte con tu suscripción o regala una haciendo click aquí. La información y el análisis que recibes dependen de ti.
Más contenidos sobre este tema




18 Comentarios
  • Lunilla Lunilla 16/05/21 08:46

    "La ùnica medicina contra el sufrimiento, la delincuencia y todos los demàs males de la humanidad, es la sabiduria Thomas Henry Husley; Dixit" -La ùnica Libertad que me importa , es la libertad de hacer lo correcto'- De la Libertad de hacer el mal, estoy dispuesto a defenderme de la manera mas facil, con cualquier persona que venga a quitarmela'- la vida es demasiado corta còmo para ocuparse uno msmo de matar lo ya matado'- [...] -mas de una vez durante 'una serie de 'interpretaciones'- cuando Richard Owen , repetidamente, hacia interpretaciones o afirmaciones que repudiaban de modo general '- el cerebro del Gorila'- "La Ciencia se suicida, cuando adopta un credo'- " Es un errror para el hombre, decir que esta seguro de la verdad objetiva de una proposiciòn, amenos que pueda demostrar que , logicamente justifica esa certeza; Esto es lo que jsutifica el 'agnosticismo'- 'el gran objetivo de lavida no es el conocimiento, sino la Acciòn ". El objetivo principal de la Educaciòn liberal, es hacer de la mente un lugar agradable"; LOs resultados de los cambios politicos; Rara vez son aquellos que los amigos esperan , o que los enemigos temen: "Mi preocupacion, es enseñara mis aspiraciones; A conformrse con ,los hechos; No intentar que los hechos, armonicen con mis aspiraciones; Para una persona no instruida en Historia natural, pasear por su Pais, o junto al mar, es un 'paseo' por una galeria llena de maravillosas 'obras de arte'- , 'nueve decimas partes de las cuales, estan vueltas hacia la pared; - El mètodo de investigacion cientìfica,no es sino la expresiòn necesaria de la modalidad de trabajo de la mente humana; Saludos Cordiales; El Diablo Cojuelo Dixit/ (8,46 h a/m...

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    1

  • Chinchirina Chinchirina 16/04/21 21:46

    Veo que Brian sigue vivo. Con la diferencia de que nos valemos de la retórica para justificar acciones claramente perversas en nombre de los valores de la izquierda. Madrid como ejemplo. Lo más lamentable es creer que esos son los valores que movilizan. A veces hay que creer que desde la superestructura ideológica, siempre con un ego superior, es desde donde se trata de justificar acciones claramente espurias. Traiciones para entendernos.
    En esta sociedad tan jartica de eslóganes y mensajes subliminares, creo que los valores de la izquierda siguen valiendo los de siempre: Trabajo educación, sanidad, vivienda, agua y energía. Todo gestionado desde unos servicios públicos que primen el bien común y la honestidad como norma.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • Galias Galias 16/04/21 13:25

    Estoy de acuerdo fundamentalmente con ArkosUrsus y Jgsaw Lo y no voy a reproducir sus argumentos y análisis.
    Dos son las contradicciones y dilemas con los que nos encontramos hoy: el fascismo en el plano político y el neoliberalismo en el plano económico. EL fascismo no sabemos si llegará al poder un día siempre por kas urnas pero el neoliberalismo es hegemonía desde que la socialdemocracia arrió las banderas que le pertenecían, y en palabras del autor " acabó afirmando y reproduciendo y aceptando las nuevas morfología de los deseos y aspiraciones neolibersles". Eso pasó en España con el boom inmobiliario, que Zapatero reconoció: no pinchar la burbuja creyendo que cada uno podía cumplir con el " sueño americano" que trasluce el artículo de tener una propiedad o dos. Y caímos en el abismo. Y ahora nos llega la pandemia y una señora con dos o tres más, es verdad de toda verdad, que ha sabido dar con la tecla para lograr que la sigan en los deseos y aspiraciones que todos tenemos de vivir decentemente. Antes hablábamos de carisma. Bueno pues todo eso es verdad. Como verdad es que Madrid Nuevo Norte es un pelotazo de tomo y lomo que el neoliberalismo del Ayuntamiento aprobó etc etc
    En el artículo hsy una crítica encubierta pero peligrosa al populista algo así como que fue flor de un día, y una simpatía por Más Madrid que dentro de un análisis teórico y filosófico, no cabe. Estoy de acuerdo con la acción que enaltecer los comentarios en lo que algunos se partieron el culto mientras otros teorizar aunque es imprescindible la teoría para cambiar las cosas y se puede salir del barrio proletario y mantener la ideología. Para finalizar Isabel Díaz Ayuso no ganó las elecciones, hizo un pacto con los liberales de Ciudadanos que no son antifascistas y son neoliberales y con los fascistas de Vox, que también son neoliberales. ¿ Qué pasará ahora? Esperemos que los candidatos logren enlazar con los deseos y aspiraciones de los madrileños.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    2

    4

    • MIglesias MIglesias 16/04/21 15:21

      Puedo entender la criticas de ArktosUrsus, pero las diatribas de Jigsaw no tienen por donde cogerse, ¿dónde estaría la Revolución Francesa sin la Ilustración, sin Diderot, Voltaire, Descartes, Montesquieu o Sieyés, dónde la Revolución Rusa sin Marx, Engels, Lenin o Trotsky o el mayo del 68 sin Cohn-Bendit, Sartre, Krivine o Touraine? ¿Alguien se cree que las revoluciones surgen sin un componente cultural que les dé estructura ideológica?

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      5

  • ArktosUrsus ArktosUrsus 16/04/21 11:21

    ¿Y? ... No veo (pese a lo que se afirma en algún comentario) n una sola propuesta. Cierto: falta una visión crítica alternativa a la compleja realidad social. Se aplican modelos anticuados. Pero de quien se atreve a asegurar que ese es el problema de la izquierda y teorizar sobre ello, cabría esperar alguna solución. ¿Cómo afrontar con un pensamiento de izquierdas integrador la pulsión consumista, la ambición propietaria? ¿No es suficiente con anunciar medidas que mejoren la vida de los que peor la tienen? La economía es el arte de gestionar lo escaso (bienes). Una gestión es proponer que el que más posibilidades tenga, obtenga mejores y mayores bienes. Neoliberalismo. Otra visión es tratar de que quien tiene menos tenga algo más lo que indudablemente conlleva reducir un poco aquello de lo que gozan los que más tienen. El "horizonte" del que habla el articulista (para no caer en el anti/no/contra) no puede ser una fábula, a menos que estés dispuesto a entrar en el juego y aprobar cosas como "Madrid Nuevo Norte", jugando en el campo del capital donde cualquier pensamiento de izquierdas tiene que sucumbir por propia definición: el capital acumula, la izquierda distribuye. Las propuestas de izquierda (salvo el no subir impuestos del PSOE, ya para siempre contaminado por su alma neoliberal) se han presentado bastante claras: obtener más ingresos para mejorar lo público: una educación pública de calidad para educar ciudadanos, una sanidad pública de calidad para evitar las listas de espera, las aglomeraciones en Centros de Salud y urgencias de hospitales, una industria nacional para depender del producto, no de la capacidad de sirviente al turista. Y eso no a costa de quien gana 20.000 euros o menos al año, sino de quien tiene patrimonios por encima del millón de Euros. El horizonte alternativo pasa por convencer a la población de que es mejor lo común que lo privado. Y eso luchando contra unos medios de comunicación que insisten constantemente en lo contrario. Para defender lo de todos no hace falta ser lumpen o proletariado. Me he quedado con ganas de que me dibujara el articulista esa Arcadia feliz donde la propiedad individual es compatible con la social. Pena.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 5 Respuestas

    0

    6

    • MIglesias MIglesias 16/04/21 11:29

      Hay soluciones en el análisis, no una lista pormenorizada de acciones, pero sí una línea de acción en la que basar una estrategia. Solo señalar los errores ya es una solución.

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 4 Respuestas

      2

      5

      • ArktosUrsus ArktosUrsus 16/04/21 12:11

        Eso de "señalar los errores" me recuerda un viejo chiste de una persona que se reís de la forma de andar de cuantos pasaban delante y les enseñaba lo mal que lo hacían. Al ponerse en pie y empezar a caminar, resultó que era rengo. Tampoco aprecio unas líneas maestras de actuación clara, sino a lo más principios muy genéricos absolutamente obvios. Decir que "no/antii/contra" no es una solución no implica una línea de actuación sino resaltar en la que no creemos. Claro que si la línea es " una apropiación de izquierdas del deseo de autonomía, flexibilidad e independencia", por ejemplo, referida al trabajo, es desconocer la realidad del trabajo. El operario vende su fuerza laboral a cambio de obtener unas rentas que le permita vivir mejor. Y francamente, la autonomía, flexibilidad e independencia del trabajador no genera esa renta. He sido autónomo muchos periodos de mi vida laboral y esos tres conceptos se convertían en más horas, ingresos menos fáciles de obtener (no de facturar, ojo, sino de tener el dinero en mis manos) y horas robadas a mi familia para que mi negocio funcionara. Apuntar hacia la articulación de reivindicaciones de propiedad propia con las de propiedad social, es algo que está en muchos programas de diferentes alternativas de izquierda. Hacer eso "atractivo" en la sociedad narcisista que vivimos, no sólo es complicado sino que se corre el riesgo de desilusionar por la ausencia de resultados inmediatos a que este modo social nos ha llevado. Esa transformación de todo el marco (sin duda necesaria) necesita no un análisis de lo que está mal (destruir un reloj es fácil, pero construirlo es bastante más complicado) sino propuestas claras y no simple apuntes genéricos.

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 3 Respuestas

        1

        3

        • MIglesias MIglesias 16/04/21 13:21

          Es un artículo muy extenso que toca muchos puntos, es prácticamente imposible que no encontremos algún desacuerdo, a mí me interesa el argumento principal con el que coincido plenamente, la izquierda es incapaz de conectar con los deseos legítimos de una sociedad que tiene unos referentes muy alejados de un discurso anclado en el pasado, en la negación y en la demonización de esos deseos, mientras no sea capaz de ofrecer una alternativa que sepa asumir y conjugar esos deseos con una perspectiva de futuro esperanzador, aunque sea utópico, o precisamente por ser utópico, seguiremos perdiendo.
          Creo que no hay que perder de vista que el artículo es un análisis sociológico y filosófico, no un documento o un argumentario de partido y que para encontrar soluciones es imprescindible localizar y aceptar los errores, algo que parece que desde algunos sectores de la izquierda es poco menos que anatema.

          Responder

          Denunciar comentario

          Ocultar 2 Respuestas

          5

          2

          • ArktosUrsus ArktosUrsus 16/04/21 15:20

            Pues con todos mis respetos, para ese viaje no necesitamos alforjas. Que la izquierda está desubicada en el marco social actual es obvio. Pero no lo es menos que integrar pulsiones personales individualistas en un proyecto de convivencia común es muy complicado para quien debe, por exigencia progresista, pensar en colectivo. La derecha lo tiene fácil porque plantó el árbol, lo regó y ahora recoge todos sus frutos y todas sus hojas, mientras que el árbol piensa que es útil para sí mismo. Enfocar ese problema desde un punto de vista filosófico (lo de sociológico me cuesta más verlo, hay apuntes pero creo que no suficientes) es relativamente cómodo porque la metafísica la aguanta todo. Es al bajar a la arena, al construir (planes, ideologías, utopías) donde el trabajo es duro porque hay que desarraigar un árbol para plantarlo con otros y hacer un bosque, y explicarle que él sólo es simplemente un objetivo a esquilmar por el capital. Es difícil que el árbol se deje, que lo entienda y que no se mura en el proceso. Y justo eso es lo que falta. El diagnóstico se hizo profusamente después de las escisiones en la izquierda de 2017 y 2018 que dieron lugar a la fragmentación de candidaturas y al abandono (o la expulsión) de personas cansadas de enfrentamientos cainitas que sólo benefician a la derecha.

            Responder

            Denunciar comentario

            Ocultar 1 Respuestas

            0

            2

            • MIglesias MIglesias 16/04/21 15:27

              A este comentario no puedo oponerme en nada, lo más difícil no es decir, sino hacer, en el hacer es donde las izquierdas deben ponerse en marcha y sacar a relucir la imaginación, pero si desde la izquierda nos negamos hasta a la autocrítica no empezaremos nunca.

              Responder

              Denunciar comentario

              0

              1

  • Silk Road Silk Road 16/04/21 09:54

    Efectivamente: para atraer e ilusionar a la gente es necesario imaginar y dibujar un futuro esperanzador, no sólo señalar los errores y las miserias del presente. Y la izquierda no lo está logrando. Necesitamos una nueva Utopía.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    8

    • MIglesias MIglesias 16/04/21 11:14

      A las Utopías, cuando son de nacimiento, no se las puede discutir aunque uno se revele contra ellas. María Zambrano.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      1

  • Jigsaw Lo Jigsaw Lo 16/04/21 09:09

    Aqui el MASTER FILOSOFO haciéndose un alarde de intelectualidad, para demostrar que es un teórico fantas6tico de teorías, teóricas que demuestran porqué la izquierda jamás podrá influir en la gente.

    El TEORICO teorizador de teorías, me recuerda muchisimo a aquellos cobardes intelectuales que en los 60 y 70 nos enseñaban con profundas explicaciones soporíferas a los obreros y "curritos" del populacho como hacer revoluciones de izquierdas según las teorías de Arquimedes o Platon o Sofocles o su señora madre y luego mientras nosotros nos partiamos el alma y la vida en la calle dando la cara, en piquetes y protestas, se iban a su Club de Golf o a explicarle a su papa, dirigente de Falangue, lo crédulos que son los del populacho.
    Hoy, aqui, el Neurocirujano de las incompetencias de las izquierdas españolas, nos escribe su Tesis doctoral descubriéndonos que el problema de la izquierda es que no es practica, rentable, apetecible, y encima esta llena de izquierdosos....
    El UNICO problema de la izquierda española es que, hoy en día en vez de estar liderada por Sindicatos, por obreros, por gente de la calle, por gentes de acción, esta dirigida por teóricos politólogos que como el del articulo, NO han visto un trabajo de obrero ni en fotos, no han pasado hambre, no han sentido impotencia, no se han jugado la cara, y por eso esa izquierda de señoritos filósofos jamás llegará a ningún lado.
    Porque siempre, absolutamente siempre, en todos los casos, las libertades populares y la justicia social se ganan luchando, peleando, en la calle, en los talleres, en los campos, y jamás, nunca escribiendo Tesis doctorales filosóficas sobre teorías teóricas que teorizan.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    8

    3

    • 30junio 30junio 16/04/21 10:42

      Siempre ha sido así, los q ponían sobre la mesa las terribles condiciones laborales y sociales de las poblaciones, los q elaboraban manifiestos, los q mediante la reflexión hacían pensar y tomar partido a los desheredados, pobres y oprimidos han sido gentes ilustradas, salidas de las clases o bien altas o medias acomodadas. Los pobres bastante tenían con sobrevivir y sacar a duras penas adelante a sus familias. Lo triste hoy en día, lo triste, es q habiendo llegado a disfrutar de cierto confort, derechos, y formación, no lo lo defendamos y seamos tan insolidaridad con los q menos tienen. Y hay algo q me indigna de la izquierda, y es esa facilidad para argumentar la derrota antes de empezar el combate.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      6

  • Carmen Alonso Carmen Alonso 16/04/21 08:15

    Excelente análisis de la realidad, creo que va a la esencia del fracaso de la izquierda en, al menos, la Comunidad de Madrid, para desesperación de los que nos consideramos progresistas.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    4

  • MIglesias MIglesias 15/04/21 22:46

    Por fin veo un análisis crítico sin consignas y con soluciones.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 2 Respuestas

    1

    3

    • Artero Artero 15/04/21 23:14

      SI, PERO NO ES NECESARIO ANTA ARGUMENTACIÓN, PARA DECIR QUE SE HA DE RESTAURAR EL ESTADO DEL BIENESTAR

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 1 Respuestas

      0

      3

      • MIglesias MIglesias 15/04/21 23:41

        No estoy de acuerdo, a mí me interesan los argumentos que sostienen una opinión.

        Responder

        Denunciar comentario

        0

        2

 
Opinión