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El 'monotema' hasta en el 'Whatsapp'

Queridos hermanos, dos puntos.

Solo me falta recibir un whatsapp de los obispos y otro del párroco de Calella, para que se me descuajaringue el móvil.

Mi límite de capacidad de almacenamiento mental de memes, gifs, vídeos y audios relativos al 1-O y lo que vendrá después... ha sido sobrepasado.

Estos dos puntos podrían resumir el acoso al que estamos siendo sometidas las personas con whatsapp (y guasa). Es posible que, mientras me lee, le estén saltando notificaciones que le avisan de la llegada de piolines, tractores, urnas y banderas a su terminal. Perdón, un segundito... estoy silenciando las mías. Ya. ¿Por dónde íbamos? Ah, sí, por lo de todos los días.

Lo confieso, no puedo más de whatsapps, se me salen ya por las orejas. El monotema del referéndum posible e imposible, visible e invisible, ha desatado tal creatividad en el personal y tal difusión descontrolada de obras audiovisuales al respecto, que a mí me van a explotar el Smartphone y la cabeza.

Hasta hace poco, competían por el primer puesto en la categoría de pesadillas del Whatsapp dos grupos: el de “mamás y papás del cole” y el de “vecinos de la urba”(con foto de los personajes de Aquí no hay quien viva dentro del circulito). Pero en las últimas semanas, estas dos jaulas de grillos deben de resultar algo parecido a un spa, si las comparamos con el exceso de producción que ha generado el monotema.

Ni el 31 de diciembre, después de las uvas, recibo yo tantos mensajes de personas de las que igual no he sabido nada durante el resto del año... ¡Qué manera de darle al teclado de enviar, qué activismo digital! Estoy a punto de gritar como Boris Izaguirre: “¡Páralo Paul!”.

Ayer recibí el audio de un amigo que vive en un lejano país  y del que no tenía noticias desde hacía meses. ¡Me emocionó tanto saber que por fin iba a escuchar su voz!  Lo abrí entusiasmada y, oh, decepción, era un speech sobre el monotemazo con voz de Loquendo. Borrar.

Nunca pensé que podría llegar a echar de menos los mensajes del negro del Whatsapp... Yo creo que este envío indiscriminado de piezas audiovisuales relativas al movidón del 1-O no puede ser bueno para la salud. Que se pronuncie la OMS, pero ya.

¡Con lo que nos cuesta desconectar! Ayer lo intentamos, hasta en tres ocasiones, una amiga periodista y yo. Habíamos quedado para ponernos al día de nuestros asuntos pero, con la primera caña, enfilamos el monotema y no lo dejamos hasta que nos bajamos mutuamente los micrófonos, como en 59 segundos, aunque nosotras llevábamos ya como cuarenta minutos...

– Bueno, ¿y qué tal todo lo demás? –Fue nuestro primer intento de desconexión del monotema.

Y estábamos tan felices analizando esas otras cosas de la vida, esas que siguen sucediendo, aunque no les prestemos la atención debida porque andamos un poco despistados, como si tuviéramos la cabeza metida en una urna opaca, cuando me llegó un whatsapp, era un vídeo sobre el monotema.

Se lo enseñé a mi amiga, lo comentamos y, casi sin darnos cuenta, reiniciamos el camino hacia el abismo. Estuvimos otro ratito sumergidas hasta el cuello en el monoasunto, hasta que ella, que es una tía muy lista, detectó el peligro y me advirtió con media sonrisa: “Estamos recayendo...”.

Y paramos, pedimos dos pinchos de tortilla y volvimos a la vida, a la suya, a la mía, a los proyectos de una y otra, a nuestras experiencias comunes, esas que refuerzan nuestra complicidad y a las que no compartimos, esas que enriquecen tanto nuestras conversaciones. Hasta que sonó su teléfono, ahora era ella quien recibía el whatsapp. Otro. De otros. Pero acerca de lo mismo...

Y cuando nos quisimos dar cuenta, teníamos que disolver nuestra reunión. La vida pasa rápido.

Lo malo de recibir spam es que los mensajes importantes pasan inadvertidos. Lo malo del exceso de protagonismo de un solo asunto es la visibilidad que le resta a otros. Qué poquito caso le hemos hecho a la dimisión de Pedro Antonio Sánchez, o a la imputación de Jaime Botín por defraudar un millón a Hacienda con la compra de un jet privado, o al drama que no cesa, otra mujer asesinada por su pareja, esta vez en Sestao, o a la aprobación del Pacto contra la Violencia de Género en el Congreso...

Lo malo de estar atrapados en el monotema es que estamos descuidando otras cosas de la vida que siguen sucediendo, las maravillosas, las terribles, las injustas, las esperanzadoras. Todas esas que no atendemos porque andamos un poco despistados, como si tuviéramos la cabeza metida en una urna opaca.

Por si se lo han perdido entre meme y meme sobre el referéndum visible e invisible, aquí les dejo el texto que publicó en Twitter toda una profesional del humor, una artista de la comedia, Julia Louis-Dreyfus.

 

"Una de cada ocho mujeres sufren de cáncer de pecho. Hoy me ha tocado a mí. La buena noticia es que tengo al más glorioso grupo de familiares y amigos dándome apoyo, y un seguro fantástico a través de mi sindicato. La mala noticia es que no todas las mujeres son tan afortunadas, así que luchemos contra todos los cánceres y hagamos realidad la cobertura sanitaria universal".

No, no es un chiste, es una demostración de empatía con el resto del mundo en un momento en el que sería del todo comprensible, humanamente, que solo pensara en ella.

Best wishes, Julia.

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