Plaza Pública

Quo vadis Siria?

Rusia y China vetan que la ONU investigue el ataque químico en Siria

José Luis Masegosa Carrillo

Siria se desangra en una cruenta guerra civil tres meses después de que el presidente Obama anunciase una acción militar de castigo contra el régimen autoritario de Bachar el Asad en respuesta al ataque químico que causó más de 1.400 muertos en Damasco. El acuerdo diplomático con el régimen para desmantelar y destruir sus armas químicas ha evitado la intervención militar, pero ha servido de poco para terminar una guerra que dura casi tres años y ha causado más de 110.000 muertos.

En el último mes el conflicto sirio, que ocupó una buena parte de la atención de las cancillerías y de la opinión pública mundial hasta octubre, ha sido relegado de la agenda internacional a un segundo lugar en beneficio de las negociaciones del dossier nuclear entre Irán y las grandes potencias. 

En la última semana han tenido lugar dos hechos relevantes para el devenir del conflicto sirio. Por un lado, la Organización de Naciones Unidas ha anunciado hace unos días la celebración de una Conferencia de Paz sobre Siria en Ginebra a partir del 22 de enero del 2014 a la que acudirían todas las partes. Por otro, el Grupo 5+1, que reúne a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania, e Irán han firmado el 24 de noviembre un Pacto de acción conjunta, un acuerdo provisional de seis meses de duración con una serie de medidas para crear confianza entre las dos partes al tiempo que se intenta ganar tiempo para un acuerdo definitivo.

Ese acuerdo interino contempla la obligación del régimen de los Ayatolás de suspender su programa nuclear a cambio del levantamiento temporal de sanciones a la exportación iraní de metales preciosos y productos petroquímicos.  En los párrafos siguientes analizaremos en un primer momento los cambios, las continuidades y las consecuencias de la Resolución nº 2118 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Seguidamente se esbozarán tres escenarios en los que podría evolucionar este conflicto en los próximos meses a la vista de los acontecimientos de esta semana

La Resolución nº 2118. Cambios y continuidades. Ganadores y perdedores.

La Resolución nº 2118 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) de 27 de septiembre resolvió la crisis internacional desatada por el anuncio norteamericano de intervención militar en Siria. Dicha resolución, que surge de una iniciativa rusa, estableció la destrucción del programa de armas químicas y desplegó en Siria una Misión conjunta de la ONU con los inspectores de la Organización para la prohibición de las armas químicas (OPAQ).

No obstante, la guerra civil continúa en Siria y añade inestabilidad a una región, Oriente Medio, en la que abundan los conflictos enquistados (Palestina o Kurdistán), los focos de terrorismo (Afganistán, Pakistán) o en vías de solución como la proliferación de armas de destrucción masiva en Irán. Una región que, al mismo tiempo, es de vital importancia para la comunidad internacional porque alberga las mayores reservas de petróleo para alimentar la economía global.

La crisis internacional siria ha permitido entender con mayor nitidez la compleja naturaleza del conflicto:

  • El conflicto local se inició con un levantamiento armado de los movimientos civiles de la primavera árabe que durante meses protestaron pacíficamente contra el régimen autoritario de Bachar el Asad que ha gobernado el país durante décadas en favor de la minoría alauita.
  • Si bien conserva todavía su carácter revolucionario, la revuelta se ha metamorfoseado en una guerra civil de carácter sectario e identitario en el que las minorías, alauita y cristiana, fían su suerte al régimen de el Asad mientras que la mayoría sunita apoya a los rebeldes, al Ejército libre sirio, el brazo armado de la Coalición nacional siria, y/o a las milicias islamistas.
  • Con el tiempo este conflicto local ha adquirido una dimensión internacional. Arabia Saudita e Irán, líderes político-religiosos de las ramas sunita y chiita del Islam, patrocinan una guerra indirecta –proxy war– a través de los rebeldes y del régimen de Bachar el Asad respectivamente. Riad y Teherán movilizan a sus aliados en clave identitaria pero su objetivo final es político: la búsqueda de la hegemonía regional.
  • Y Estados Unidos y Rusia, potencias globales y patrocinadores menores del conflicto, alternan episodios de tensión con momentos de distensión y acuerdo como la aprobación de la Resolución nº 2118 del CSNUs o la firma del acuerdo interino con Irán hace unos días.

El mayor beneficiario de la Resolución nº 2118 ha sido Bachar el Asad, porque la Resolución ha rehabilitado al Presidente ante los ojos de la diplomacia internacional y ha alejado la intervención militar de la escena. El acuerdo internacional, con el visto bueno del régimen sirio, ha debilitado a la oposición moderada representada por la Coalición nacional siria al evidenciar su incapacidad para conseguir apoyo militar occidental para el Ejército libre sirio. Y ha favorecido a las milicias islamistas vinculadas a Al-Queda que han fagocitado muchos batallones del Ejército libre sirio.

Por tanto, nos encontramos ante una profecía que ha generado su propio cumplimiento, porque el recelo de Occidente a proporcionar ayuda y armas a la Coalición por miedo a que caigan en manos de los yihadistas ha terminado fortaleciendo a las milicias islamistas.

La Administración Obama no ha salido del todo mal parada. A pesar del ímpetu con el que anunció la acción militar en septiembre supo recular a tiempo al concluir que el statu quo era el único escenario compatible con sus interesesstatu quo. El golpe de timón se debió a la apuesta acertada del presidente Obama por la resolución de la cuestión nuclear iraní, envite que a juzgar por el éxito diplomático que ha supuesto la firma del acuerdo interino del pasado 24 de noviembre, podría eliminar la amenaza nuclear persa y apuntalar un mérito distintivo de su política exterior. Además, la iniciativa rusa permitió al presidente salvar la cara, “hacer algo”, sin el coste de guerra.

La Federación Rusa sale reforzada como potencia indispensable en la resolución de crisis en un mundo en el que Occidente pierde peso económico y político frente al empuje de las potencias emergentes. Rusia, aquejada de conflicto étnicos en el Cáucaso, refuerza la vigencia en Derecho Internacional del principio de no interferencia en los asuntos internos de los Estados y planta cara en Siria al avance del islamismo radical de corte salafista que amenaza con revitalizar a los grupos terroristas asentados en la repúblicas rusas del Cáucaso con poblaciones musulmanes importantes.

Tres escenarios posibles del conflicto sirio

Podemos anticipar tres escenarios alternativos en los que podría evolucionar este conflicto, dependiendo principalmente del posicionamiento de los patrocinadores externos que tienen la llave de su solución. Sin las armas, los fondos y los milicianos que en distinto grado proporcionan Irán, Arabia Saudita, Qatar, Rusia y Estados Unidos a los combatientes, el régimen de Bachar el Asad, el Ejército libre sirio y las milicias yihadistas no podrían seguir la lucha.

Guerra civil sine die:sine die Los patrocinadores continuarán suministrando armas y dinero pero practicarán estrategias de contención del conflicto con el fin de prevenir el contagio a países vecinos o el envenenamiento de las negociaciones con Irán para alcanzar un acuerdo final que resuelva el dossier nuclear. El conflicto identitario se radicalizará porque las comunidades sunita y las minorías alauita y cristiana perseguirán la destrucción completa del adversario como la única garantía de supervivencia; porque la Coalición perderá peso en la rebelión a favor de las milicias islamistas; y porque éstas recurrirán a tácticas terroristas como coches bombas o matanzas indiscriminadas. Este escenario empujará al país a una división inexorable en zonas controladas por el régimen, el Ejército libre sirio, las milicias yihadistas y las milicias kurdas.

Estallido de una guerra regional: Los patrocinadores externos recrudecerán la guerra soterrada que libran en Siria, especialmente Arabia Saudita a la que el incipiente proceso de normalización de relaciones entre Occidente e Irán le plantea un grave dilema de seguridad. Irán exportaría más petróleo, mejoraría su seguridad económica y el bienestar de sus ciudadanos, redundando todo ello en el ascenso incontestable de Irán como potencia dominante en Oriente Medio. Los gobernantes saudíes siempre se han sentido cómodos con la identificación de Irán con los países del 'eje del mal' e intentarán conjurar esa amenaza con todos los medios a su alcance incluyendo un salto cualitativo en su ayuda a los rebeldes sirios y/o un matrimonio de conveniencias con Israel, igual de incómodo en este entorno cambiante. Teherán, por su parte, responderá al desafío saudí intensificando su ayuda al régimen de Bachar el Asad.

Las acciones ofensivas de Irán y de Arabia Saudita generarán más conflicto y tensión en Oriente Medio. En esta línea el peor escenario es el estallido de una guerra regional entre las comunidades sunitas y chiitas del Líbano, Irak y Siria, bajo el liderazgo político-religioso de Arabia Saudita e Irán. De hecho el conflicto sirio ya ha reanimado la violencia sectaria en Irak con más de 1.000 muertes en atentados terroristas en octubre pasado.

Una guerra regional de este calibre acarrearía seguramente un cambio histórico en Oriente Medio al enterrar definitivamente tres de los Estados creados por el Acuerdo Sykes-Picot de 1916 (Irak, Siria y Líbano) y sus sistemas de dominación de minorías sobre mayorías, de los cuales el régimen sirio de dominación alauita se debate actualmente entre la vida y la muerte.

Acuerdo negociado: Estados Unidos y Rusia propiciarán negociaciones directas entre las partes en Ginebra a partir del 22 de enero de 2014 en la Conferencia de Paz que ha anunciado Naciones Unidas. Las negociaciones en Ginebra se beneficiarán del actual clima de entendimiento entre las grandes potencias que se ha forjado en los últimos meses gracias al éxito de su colaboración en el desmantelamiento de las armas químicas en Siria y a la firma del acuerdo interino en torno al dossier nuclear iraní.

La normalización de las relaciones diplomáticas entre Occidente e Irán favorecerá la resolución del conflicto sirio. En este sentido, Teherán y Moscú, los dos aliados clave de Damasco, presionarán al régimen de Bachar al Asad para que negocie con la oposición, probablemente a cambio del levantamiento del veto saudí y de la oposición siria a la participación de Irán en la Conferencia de Paz de enero próximo.

Otro proceso que contribuirá a la negociación sería el despliegue de una misión de la ONU encargada de supervisar el alto el fuego al que llegarán las partes para satisfacer la petición de los inspectores de la OPAQ de acceder en condiciones seguras a los arsenales de armas químicas controlados o amenazados por los rebeldes. El reforzamiento de la ONU en Siria, una tercera parte imparcial en el conflicto, contribuiría a contener la violencia.

Sin embargo, estos procesos facilitadores serán insuficientes para despejar muchas de las dudas que anticipan el fracaso de la Conferencia antes de empezar. No están nada claras las partes de una futura negociación. El equilibrio de fuerzas en el bando rebelde continuará decantándose del lado de las milicias islamistas a las que nadie reconoce legitimidad para participar en una negociación. Además, los grupos políticos y militares que integran la Coalición nacional siria, reconocida como única representante del pueblo sirio, discrepan abiertamente sobre la conveniencia de negociar con Bachar el Asad.

Tampoco es evidente que el comunicado de 30 de junio de 2012 de Ginebra I pueda servir de punto de partida para futuras negociaciones. De basarse en ese comunicado, se establecería un gobierno de transición con miembros del actual gobierno y de la oposición para pilotar la transición a la democracia como plantea Occidente con el fin de evitar el fiasco de la transición iraquí. Sin embargo, la Coalición y Arabia Saudita –la financiera principal de los rebeldes- contemplan como única solución la renuncia de Bachar el Asad y su gobierno.

Por último, el futuro de Siria como Estado soberano está en el aire. La radicalización del conflicto aleja la posibilidad de un acuerdo de distribución del poder entre las partes, similar a los Acuerdos de Taif de 1990 en el Líbano o de Dayton de 1995 en Bosnia y Herzegovina. Pero tampoco está claro que las potencias regionales vayan a consentir una partición de Siria entre los bandos en liza que establezca un precedente en una región desbordada de Estados aquejados por problemas territoriales y étnicos como Irak, Líbano, Turquía, o Libia. ___________________________________________

José Luis Masegosa Carrillo es politólogo

Filtran fotografías que demostrarían crímenes de guerra del Gobierno sirio

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