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    <title><![CDATA[infoLibre - Alfons Cervera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/alfons-cervera/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Alfons Cervera]]></description>
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      <title><![CDATA[Contigo aprendí: 45 años de la revista 'Quimera']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aprendi-45-anos-revista-quimera_1_2159899.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/af36cfd9-3deb-490c-9b40-eaf7f90771c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contigo aprendí: 45 años de la revista Quimera"></p><p>Cuarenta y cinco años. Eso es mucho para casi todo. También para una revista y más aún si esa revista es de literatura. Sólo, exclusivamente de libros: los nombres de quienes los escribieron, las editoriales que los sacaron de la imprenta para hacerlos llegar a distribuidoras y librerías. Para que acabaran en manos de quienes descubrirían en los libros vidas que, con toda seguridad, en la mayoría de los casos acabarían mezcladas —a veces sustituyéndolas— con las suyas.</p><p><strong>Como una canción francesa</strong></p><p>Noviembre de 1980. Primer número de <em>Quimera. Revista de literatura</em>. Magnífico diseño de <strong>Javier Aceituno</strong> y lo mismo si hablamos de la portada de mi admirado paisano <strong>Manuel Boix</strong>. Aquí tengo ese ejemplar desde aquel primer encuentro con la cabecera de un proyecto que nunca se quedó en la más boba de las complacencias. Buscó en cada tiempo lo que le permitía seguir adelante sin que menguara su interés por lo que pasaba en el mundo de la literatura. Sin fronteras, esa literatura. En su primera aparición, ahí los nombres: <strong>Juan Goytisolo</strong>, <strong>Faulkner</strong>, <strong>Octavio Paz</strong>, <strong>Manuel Puig</strong>, <strong>Susan Sontag</strong>, <strong>Gombrowicz</strong>… </p><p>Nadie sabía de la posible duración. Ni entonces ni ahora, imposible saber si los sueños acabarán gozosamente o en una insoportable pesadilla. Cada día es más difícil sacar adelante esos sueños. El mercado es el paraíso de los tiburones y, si hablamos de libros, para las editoriales que no forman parte de los dos grandes grupos que controlan el cotarro literario en nuestro país. Menos mal que existen esas editoriales llamadas independientes que, sin descuidar las exigencias del mercado, se resisten a cumplir a rajatabla sus consignas.</p><p>Leía <em>Quimera</em> todos los meses y desde el primer número me hacía fichas de lectura. Nombres. Títulos. Reseñas que subrayaba como si en esos rayajos anduvieran escondidos en clave los planos secretos de la Isla del Tesoro. Me sonaban poco o nada esos nombres, los títulos: por eso las reseñas iluminaban mis particulares condiciones lectoras de aquellos años. Yo venía —como mucha gente de mi generación— de la literatura de quiosco. Las novelitas del Oeste, del FBI, de Ciencia-Ficción… O sea, de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/silver-kane-salvo-quema-franquista_1_2068434.html"  >Silver Kane</a>, de <strong>George H. White</strong>, de <strong>Edward Goodman</strong>, de <strong>Keith Luger</strong> y otros como ellos que para mí eran los reyes del mambo en el mundo de los libros. </p><p>Lo mismo que <strong>Faulkner</strong>, <strong>Tolstoi</strong>, <strong>Flaubert</strong> o <strong>Dostoievski</strong> podían significar para quienes pertenecían a un estrato social y cultural distinto al mío. Tuve los mejores puentes para llegar a escritores como esos: el Círculo de Lectores, la colección Reno de Plaza y Janés y la editorial Molino. Pero nunca renuncié a mis novelitas de cien páginas con las que crecí y siguen aquí, ocupando un gran espacio en los estanterías librescas de la casa en Gestalgar. </p><p>Encuaderné muchos números de la revista. Y ahí están, junto a los volúmenes igualmente encuadernados en tapa dura de <em>El Viejo Topo</em> y <em>Camp de l’Arpa</em>. Esta última ya desapareció, pero el <em>Topo</em> y <em>Quimera</em> siguen su marcha por las difíciles trincheras de las vidas decentes que son algunas revistas y esas editoriales que, como dije antes, nos salvan de las rutinas lectoras. Claro que en esos grandes grupos también hay buenos libros y gente buenísima que los escribe. Faltaría más. Pero sólo leo a los amigos y a las amigas que forman parte de su amplísimo catálogo.</p><p>En 1984 publiqué mi primera novela: <em>De vampiros y otros asuntos amorosos</em>. En la editorial Montesinos, que era la que publicaba <em>Quimera</em>. Cuando vi mi careto en la contraportada de la revista anunciando la novela, me dije que se acabaron las fichas. No iba a hacerme yo mismo la de mi propia novela. Se acabó, como la isla de Capri en la canción sesentera de <strong>Hervé Vilard</strong>. La historia de amor con las fichas de <em>Quimera </em>se fue a engordar la lista de olvidos en que muchas veces se convierten nuestras vidas. Desde entonces mi careto y mis libros han seguido saliendo en las páginas de la revista. También en otras. Eso no quiere decir que lo que escribo sea bueno o malo. ¿Que qué pienso yo? Uf. Pasamos al siguiente párrafo, ¿vale?</p><p><strong>Nuevas y mejores emociones</strong></p><p>Han pasado cuarenta y cinco años desde aquel noviembre de 1980. Y <em>Quimera </em>sigue su andadura sin cortarse un pelo. Nunca se interrumpió su publicación. Pasó por las manos de varias direcciones: <strong>Miguel Riera</strong>, que hacía de editor y director, <strong>Ana Nuño</strong>, <strong>Fernando Valls</strong>, <strong>Jaime Rodríguez Z</strong>., <strong>Fernando Clemot</strong> y ahora mismo <strong>Jofre Casanovas</strong>. En todas esas etapas hubo tablas de salvación para mis inquietudes lectoras. Cada una de ellas tuvo sus intereses literarios. Y esos intereses –a ratos tan dispares que parecían enemigos– me servían para equilibrar la balanza de mis gustos con los gustos ajenos. Con <em>Quimera</em> –como en la canción de <strong>Armando Manzanero–</strong> aprendí a ser cuidadoso con el amor a los libros y el respeto a quienes los escribían. Nunca el tono de sus sentencias literarias alcanzaban el insulto. Me bastaba la erudición nada ombliguista de quienes hacían las reseñas o escribían los textos ensayísticos distribuidos en sus páginas.</p><p>De todo eso me iba empapando como una esponja (vaya comparación idiota) y de todo eso aprendí que «existen nuevas y mejores emociones». Mi infinita gratitud a quienes hicieron posible la continuidad de una revista que será de las dos o tres más longevas entre las que se dedican a cultivar y promover el amor de verdad a la literatura. Siempre hubo dos nombres que nunca desaparecieron: Miguel Riera y <strong>Elisa-Núria Cabot</strong>. Son mi familia desde hace más de cuarenta años. Mis libros llevan también sus firmas en lo que puede haber de bueno en ellos. En <em>Quimera</em> nos seguimos encontrando a cada número. Resistir es vivir. O bueno, para no excederme en el optimismo de los tiempos que corren (EEUU y su socio Israel acaban de bombardear Irán y no sé cuántos sitios más y <strong>Feijóo </strong>quiere que vuelva el rey emérito para que le sigamos pagando sus cuchipandas delictivas): resistir es sobrevivir.</p><p>Desde el mes de enero de este año 2026 se abre un nuevo ciclo en <em>Quimera</em>. Copio y pego lo que dice el primer editorial firmado por su nuevo director Jofre Casanovas: llegan, él y su equipo, «con la responsabilidad que implica trabajar sobre el sedimento y el legado de décadas que no queremos traicionar. La abrimos con el deseo de proponer una revista que sea un espacio de análisis y de descubrimiento, que asuma la crítica como forma de lectura exigente y se arriesgue en sus elecciones y en sus modos de leer».</p><p>Son tres números los publicados en estos comienzos de año. Los comienzos —o recomienzos— siempre son difíciles. Se trata –como le pasa a todo dios que no se limite a mirarse en el espejo de un yo enfermizamente desmesurado– de buscar su lugar en el mundo. Y en estos tres números se afianzan las buenas intenciones anunciadas en el editorial que abría el del mes de enero. No renuncian a nada de lo anterior y asumen que la literatura está llena de historias tan hermosas como imprescindibles y de los nombres –conocidos y desconocidos– de quienes las escribieron para que la vida en general y en particular la nuestra no sean una mierda.</p><p>Cuarenta y cinco son muchos años para casi todo. También para una revista y más aún si esa revista es de literatura. Pero <em>Quimera </em>sigue aquí. Dispuesta a no quebrar sus querencias literarias y sobre todo a que quienes se acerquen a sus páginas sean felices. Bueno, más o menos felices, claro. Porque ya ven: las bombas de los fascistas <strong>Trump</strong> y <strong>Netanyahu</strong> caen donde les peta y el rey de los paraísos puestos a su nombre está a punto de volver con la recomendación de un tipo que igual si leyera <em>Quimera</em> aprendería a pensar mejor o al menos a callarse algunos de sus bobalicones disparates. Bienvenida sea pues <em>Quimera</em>, aunque ya no me haga con ella fichas de lectura. Pienso en que alguien se las esté haciendo de mis libros y entro en pánico. Uf, qué dolor, como dirían <strong>Los Chunguitos...</strong></p><p><em><strong>*Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro, recién publicado, es 'Singapur', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 05:01:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[Maduro es un dictador, Franco no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/maduro-dictador-franco-no_129_2123703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maduro es un dictador, Franco no"></p><p>Cuando la primera guerra del Golfo ya vimos que<strong> la televisión se encargaba de convertir el horror en una película de aventuras</strong>. Con la segunda, esa película ya era el despiporre de efectos especiales. Hace unos días me acordaba de esas dos guerras (hay más, claro que hay más, aunque sólo se convierten en películas las que, por lo que sea, nos caen cerca) y de <strong>los aviones bombardeando la Moneda en Santiago de Chile</strong>. La última película ha sido el bombardeo de EE UU sobre Caracas. Con la voz zarrapastrosa de Trump contándonos en tiempo real el relampagueo y los estallidos de las bombas en plena madrugada venezolana. El oprobio llevado a su máxima expresión. Como si estuviera en una fiesta cantando <em>My Way</em>, ahí teníamos al que se cree dueño del mundo mostrando al planeta entero su tontorrón orgullo de fascista. Soñar despierto me lleva a imaginarlo un día esposado de manos y pies, encerrado en una cárcel de alta seguridad y juzgado por un tribunal internacional por crímenes contra la humanidad. No caerá esa breva. Pero tenemos derecho a soñar cuando las hostias nos llegan por todas partes, como a la miel las moscas en un poema-fábula –si no recuerdo mal de Samaniego–.</p><p>Me llamaba la atención que <strong>en casi todos los medios se decía que Maduro había sido capturado por el ejército estadounidense</strong>. No sé por qué no decían que había sido secuestrado. Es que no es lo mismo una cosa que la otra. Pero ahí empezaba otra competición: la del lenguaje, la del famoso relato. ¿Cuántas veces hemos visto el trayecto recorrido por Maduro y su mujer, Cilia Flores, esposados de manos y pies, cegados, humillados, convertidos en carnaza de informativos de televisión y paparazis a la caza de la imagen más sórdida de esas detenciones? Esas imágenes no nos hablaban de verdad ni de justicia, sino de<strong> una hazaña peliculera llevada a cabo por un tipo al que le importan un pito la verdad</strong> y la justicia si no son las suyas. El derecho internacional se la trae floja y piensa, en sus delirios hitlerianos, que no hay ninguna diferencia entre la razón y la bravuconería. Ahora ya piensa en bombardear Cuba, Colombia, Nicaragua, Groenlandia y no sé si habrá pactado con Ayuso poner bandera blanca en el Bernabéu para que pasen de largo los bombarderos cuando le llegue el turno a la Moncloa para taparle la boca a Pedro Sánchez.</p><p>Ya podemos llamar a lo que ha hecho Trump como nos dé la gana. Es simple y llanamente la <strong>invasión de un país que no es el suyo</strong>. Imperialismo puro y duro. Más o menos como lleva haciendo EEUU –de diversas maneras– a lo largo de su historia. Lo que pasa es que ahora el mundo es otro y los equilibrios de poder andan una miaja desbarajustados. Hace años ese mundo se lo repartieron entre unos cuantos y ahora –con las diferencias lógicas de espacios y de tiempos– pues más o menos lo mismo. Y ahí la realidad trumpista: no sólo no va a renunciar a su parte de pastel imperialista, sino que<strong> irá aumentando porción a porción, bombardeando lo que haga falta aquí, allá, en cualquier parte</strong>, como cantaban mis Beatles. Decir que a Maduro lo capturó por dictador y narcotraficante es enmascarar la realidad y considerarnos idiotas profesionales: no le disgustan los dictadores y ahí está como muestra su encuentro hace poco con el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salmán, un elocuente ejemplo de demócrata a más no poder. O la complicidad con los ultras que gobiernan en sus países como auténticos carniceros de la democracia. ¿Y el petróleo qué,<strong> qué hacemos con el petróleo y otras riquezas naturales de Venezuela</strong>? Ya lo ha dicho el carnicero mayor del reino: sólo eso importa. Y ante ese nauseabundo gesto de barbarie, aquí tenemos una Europa cagada de miedo, jugando al despiste, muda como si se le hubiera comido la lengua el gato de la desvergüenza. La villanía de un cazarrecompensas sin entrañas es un ordeno y mando para nuestros representantes europeos. Pobrecita Europa que necesita las caricias de un matón de baja estofa para dormir tranquila por las noches. Siembra el miedo –si puedes– y échate a dormir tranquilo mientras los amenazados por la bestia se pasan la noche mirando de reojo al dinosaurio de Augusto Monterroso.</p><p>Ahora decidirá ese matón qué hacer con Venezuela. La gente venezolana de uno y otro signo. El pueblo venezolano del interior, de la emigración económica, del exilio. Qué hacer lo decidirá él porque para eso es el dueño absoluto del país después de la madrugada de las bombas.<strong> La sorpresa es que haya dejado de lado a la oposición y decidido la continuidad del chavismo </strong>en la figura de Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta del gobierno de Maduro. El desprecio igualmente absoluto que ha mostrado por Corina Machado y Edmundo González es de Guinness de las sorpresas. A lo mejor es que se está vengando de que la primera dama de la oposición ultra le <em>robara</em> el Nobel de la Paz cuando él mismo se postulaba abiertamente, sin ninguna vergüenza, para el premio.</p><p>Vaya par, el aspirante y la ganadora. Vaya par. Pero hay un detalle, entre tanta gravedad acumulada en estos días, que me ha llamado mucho la atención y es <strong>cómo el PP y Vox, llenos de un apasionado calentamiento democrático, pronunciaban la palabra dictador cuando se referían a Maduro</strong>. Y digo que me llamaba la atención porque el PP y Vox están volcados, con toda el alma, corazón y vida de Los Panchos, en recuperar como sea no sólo la memoria sino el mismísimo cuerpo momificado de Franco,<strong> su admiradísimo Caudillo</strong>. Las palabras son para quienes las necesitan, como decía el entrañable cartero a Neruda cuando le pidió que escribiera un poema para su novia. Y <strong>al PP y Vox les importa una mierda la democracia</strong>. Por eso recuerdan con nostalgia de bolero la dictadura franquista y se juntan donde haga falta para dinamitarla desde dentro con la complicidad de la justicia, del mundo financiero, de buena parte de lo que se llaman fuerzas de seguridad, del entramado mediático que ya se hizo visible –con otras cabeceras y algunas de las de entonces– cuando aquel nada irrisorio –como les gusta a algunos calificar la asonada para blanquearla– golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.</p><p><strong>No ha sido el mejor comienzo para el nuevo año. Y tanto que no lo ha sido</strong>. Tampoco es que esperásemos que nos hiciera la ola. Pero ver y escuchar la invasión de Venezuela por EEUU, narrada en directo por un matón fascista que se cree dueño del mundo, es algo que, aunque había señales suficientes para sospecharlo, no esperábamos del todo. Me gustaría acabar estas líneas humildes hablando del miedo. Y lo hago con palabras de Mario Benedetti que transcribo a mi manera: ante tanta humillante y fanfarrona amenaza del fascismo, hemos de convertir el miedo en una más que necesaria forma de coraje. Pues eso.</p><p>______________</p><p><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[Memoria sin tregua contra el silencio y el olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/memoria-tregua-silencio-olvido_129_2119713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria sin tregua contra el silencio y el olvido"></p><p>Lo acaba de decir un concejal en el Ayuntamiento de València. Se llama <strong>José Gosálbez</strong> y es de Vox. En un debate sobre el empleo, se agarró la muleta y el estoque y soltó esta joya de la poesía falangista que hará babear a los profesionales o infiltrados de la equidistancia: «la izquierda trae ruina y paro o, como dice el refrán español: en tiempo de rojos, hambre y piojos». Ahí estamos cuando hace medio siglo que la espichó el dictador. Quién lo diría, ¿no? Aquí andamos repitiendo lo que mucha gente pensamos desde que <strong>Boabdil</strong>, entre lloriqueos que habrían indignado a la Triple A (<strong>Aznar</strong>, <strong>Abascal</strong> y <strong>Ayuso</strong>), entregó Granada a los Reyes Católicos. </p><p>Y es que en este país –lo hemos dicho hasta la ronquera– el franquismo nunca se murió ni en la cama ni en ningún otro sitio, sino que ha vivido y sigue viviendo a cuerpo de rey (nunca mejor dicho, aunque el propio rey renunciara a la monarquía la última Nochebuena) y sin necesidad de exiliarse para que la justicia no le ajustara las cuentas. Aquí nadie le ha ajustado las cuentas a la dictadura franquista. Nadie y nunca. Ningún gobierno se ha atrevido a plantarle cara de verdad a ese tiempo de la devastación que fue el franquismo. La <strong>Ley de Amnistía de 1977</strong> fue un coladero para los fascistas con crímenes a sus espaldas. La Constitución lo acabó de cuadrar todo para que franquistas y demócratas se juntaran a comer –ahora sí, a cuerpo de rey– con una monarquía que nos había endilgado el dictador para que su herencia no cayera en saco roto. Y no cayó. La Ley de Memoria de 2007 apenas fue un apunte borroso que nadie recuerda y la de 2022 avanzó bastante pero las derechas se la pasan por el forro y no pasa nada. El alcalde de Madrid, <strong>Martínez-Almeida</strong> (¿de verdad a ese chico no le falta un <em>regón</em>, como decimos en mi tierra?) decidió borrar los tres mil nombres del Memorial de la Guerra Civil en el cementerio de la Almudena y no pasó nada. De paso se cargó el nombre de <strong>Miguel Hernández</strong> y tampoco pasó nada. Hace cuatro días –¡cuatro!– la alcaldesa de Santander tuvo que sacar de sus calles la tira de símbolos franquistas porque ya estaba cansada de recibir requerimientos amparados en la <strong>Ley de Memoria de 2022</strong>. En Godella, un pueblo cerca de València donde gobierna el PP, había una placa con versos de uno de los más grandes poetas contemporáneos: <strong>Vicent Andrés Estellés</strong>, fallecido en 1993. Una concejala se mostraba orgullosa por lo que su partido había decidido: «Hemos machacado los paneles de Vicent Andrés Estellés y los hemos utilizado para rellenar los socavones del pueblo». Tronío castizo el de la señora concejala, sí señor.</p><p>Lo que pasa es que eso de la memoria democrática les suena a chino. La única memoria que les interesa es la suya. Ahí nunca fallan. Por eso, donde pueden, PP y Vox acaban con lo que queda de la otra España en nuestra memoria. En mi tierra <strong>Mazón</strong> ya no está de presidente y el nuevo, <strong>Juan Francisco Pérez Llorca</strong>, seguirá rendido a los pies de Vox para lo que queda de legislatura. Lo mismo hará <strong>María Guardiola</strong> en Extremadura. No sé por qué sigue siendo noticia periodística que el PP tenga que asumir su dependencia de Vox sea donde sea. A lo mejor, dentro de nada será el PP quien tenga que apoyar los gobiernos de Vox. Uno de los grandes problemas que ahora sufrimos, cuando hablamos sorprendidos de esa relación de dependencia, es que hemos estado blanqueando al PP desde que <strong>Franco</strong> era cabo y ya tenía en mente fundar ese partido con algunos de sus ministros y unos cuantos falangistas emboscados en la democracia. Si ahora mismo pusiéramos en una columna lo que es el PP y en otra lo que es Vox: ¿serían ustedes capaces de sacar –como se hacía antes con aquellas viñetas casi idénticas– las diferencias entre los unos y los otros? ¿De verdad que las encontrarían? Pues, por favor, si es así pásenme la lista y la guardaré para quitarme de encima la sensación de aguafiestas cuando hablamos de eso que a veces con demasiado engolamiento llamamos Memoria Democrática.</p><p>Sigue siendo el nuestro un país miedoso a encontrar lo que un pasado traumático ha dejado en nuestras vidas. Hemos preferido callar antes que contar la historia de esa España ocupada por los vencedores de la guerra, unos vencedores que a pesar de convertir a su querida patria en un charco de sangre no la conseguirían <strong>«ni única, ni grande, ni libre»</strong>, como acertadamente escribe el historiador <strong>Nicolás Sesma</strong> en un libro que, a pesar de la juventud del libro y de su autor, podemos considerar ya memorable. Sin embargo, es como si todo el país fuera suyo, como si sólo existieran los del PP y Vox y la demás gente fuéramos como unos mindundis que no levantamos un gato del rabo, como si la guerra siguiera siendo aquel cuento chino de un enfrentamiento entre abuelitos y no la que llegó después de un golpe de Estado fascista para acabar con los avances de la <strong>Segunda República</strong>. ¿Son también un cuento chino la dictadura franquista, los cuerpos que llenan las fosas comunes en las cunetas y los cementerios, las amenazas de la extrema derecha que vuelan por las redes, el desprecio que ese fascismo al alimón del PP y Vox demuestran por la democracia? Hemos preferido callar hasta casi ahora mismo y así nos va. Lo que escribía <strong>Natalia Ginzburg</strong>: «El silencio es una enfermedad mortal». Pues qué bien hemos llevado esa enfermedad, ¿no? Cincuenta años que se murió el dictador y seguimos moviéndonos como podemos en el terreno pantanoso de una memoria machacada. Precisamente estos días inicia <strong>infoLibre</strong> la serie <em>La memoria que somos: 50 años de democracia</em>. Ojalá sirva para levantar los ánimos memorialistas contra el silencio y el olvido que hemos cultivado durante medio siglo. </p><p>Acabo de ver un excelente documental de <strong>Patricio Guzmán</strong>: <em>Nostalgia de la luz</em>. De una parte, la astronomía que mira hacia arriba, hacia las galaxias más lejanas en el universo, del otro, cómo la gente escarba en la tierra buscando restos de vida de tiempos anteriores. Entre esos restos de vida están también los de quienes fueron asesinados o desaparecidos por la dictadura de <strong>Augusto Pinochet</strong>. Lo que dice uno de los científicos entrevistados: <strong>«Es imposible olvidar a nuestros muertos… Hemos de vivir en estado de búsqueda»</strong>. ¿Apuntamos la cita? Pues vale, la apuntamos, y de paso anotamos otra de la misma fuente: «Los que tienen memoria son capaces de vivir en el frágil tiempo presente. Los que no la tienen no viven en ninguna parte». En Chile ha ganado las elecciones un admirador de Pinochet, con hermano ministro de la dictadura y un padre nazi huido cuando la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial. <strong>¿Recuerdan aquella portada en negro de la revista Triunfo y en el centro la palabra CHILE?</strong> ¡Qué poco ha salido en la prensa –incluso en la progresista– la vuelta de la dictadura más o menos enmascarada a Chile! </p><p>No sé cuándo serán aquí las elecciones generales. Lo que sé es que si nos olvidamos de dónde venimos, de qué dignidad y con qué derrotas llenamos nuestra memoria, de dónde fue a parar la voz de quienes lucharon por aquella República que duró lo que un sueño hermoso interrumpido por los tiros, si nos olvidamos de todo eso qué nos espera. Como dice Patricio Guzmán al final de su película: lo que nos espera es vivir en ninguna parte. O sea, en ese territorio que PP y Vox han acotado para los rojos piojosos. Y no hablo del miedo a ese fascismo que ya tenemos aquí y esos dos partidos representan a la perfección. <strong>Esos han venido para quedarse</strong>. Lo que digo es que en la lucha por la memoria de la dignidad y de los nombres que nos la legaron no valen medias tintas, silencios ostentosos o equidistancias infiltradas. Y que si hay que decir bien a las claras que la monarquía es una anomalía democrática, una herencia franquista y que queremos una República si es posible mejor que la de 1931, pues adelante con los faroles, ¿no? Aquí la primera firma…  </p><p>______________</p><p><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 05:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[El tontolaba del Planeta y las lecturas de Mazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tontolaba-planeta-lecturas-mazon_1_2118900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6cdb2348-e724-4522-a7eb-254f27b12cf7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El tontolaba del Planeta y las lecturas de Mazón"></p><p>"Déjame que te cuente historias de tu vida".</p><p>Jethro Tull</p><p><em>Thick as a brick</em></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Como cada fin de año, aquí andamos. Dejar testimonio de libros que no te pasaron de largo. Hubo otros que sí. Se escribe mucho. Lo contrario de la gente que lee: muy poca. Y lo que se lee. Para derramar lágrimas de elegía sobre los escaparates llenos del </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/premio-planeta-prestigio-no-compra-dinero-dotado-mundo-pone-nervios-critica-literaria_1_1878322.html"  ><span class="highlight" style="--color:white;">Planeta</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> y ese tontolaba que dice que no lee nada porque la literatura es vida y él ha vivido más vidas que las que tienen, puestas en fila india, un millón de gatos. Lo de los gatos lo añado yo, pero lo otro es verdad. Nunca miro esos escaparates. Ni las listas de éxitos. Sólo leo lo que me sugiere gente en la que confío. Y hago caso, siempre. Y casi nunca falla esa sugerencia.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Seguramente me relaciono con gente rara porque casi todo lo que me sale en listas como ésta son rarezas. Casi todo, no todo. Seguro que muchos de estos libros —la mayoría— no están en los escaparates de la fanfarria navideña. Como tampoco tenemos en el escaparate político valenciano a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mazón</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de presidente. Eso sí: sigue sentado en su silla de aforado para que no lo metan en la cárcel un día de estos. Pero seguro que cae. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">¿Alguien le regalará un libro a Mazón en estas fiestas? Vaya pregunta. Seguro que si la respuesta es afirmativa, el libro regalado será el del tontolaba. ¿Se apuestan algo? Yo le regalaría </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Fang</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el libro todo dibujos de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Manel Gimeno</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que saca a cada página —entre otras más cosas— al comensal clandestino del Ventorro con el barro hasta las cejas. El barro de sus mentiras, de jugar cínicamente al escondite con las 230 víctimas de la barrancada. Humor con ese pájaro, que no con las víctimas, faltaría más. Esto es una especie de prólogo, como en las películas que duran tres o cuatro horas. Ahora empezamos y luego vendrá un Intermedio para que ustedes respiren y tomen si les apetece un aperitivo como en los anuncios de la tele.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Nadie le hacía caso. Era un lumbreras total. Las ideas le explotaban en la cabeza. Presentía que las nuevas tecnologías acabarían con lo que la humanidad tenía de humano. Años sesenta y setenta del pasado siglo. Con las ideas que explotaban en su cabeza fabricó bombas de verdad y mató a varias personas en muchos años de atentados. Lo detuvieron y fue condenado a cadena perpetua. Se suicidó en la cárcel. Leer </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Desde un bosque lejano</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> te pone entre la espada y la pared cuando es un monstruo quien escribe cosas con las que —en muchas ocasiones— estás de acuerdo. El monstruo-genio: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Theodore Kaczynski</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, alias </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Unabomber</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> para la historia. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Siguiendo con las bombas: cuando los aviones fascistas y nazis ayudaban en sus tareas de exterminio al ejército de los golpistas en España, ochocientos presos contrarios al golpe escaparon en Navarra del fuerte de San Cristóbal. Poco después detendrían a la mayoría. Contar esa historia, por lo conocida, no era fácil. Pero cómo lo ha hecho </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mikel Guerendiain</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Mauro</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, su primera novela, es una maravilla. Me hablaron de ella en Francia y la saco aquí para que quien lee esto que escribo, y le apetezca hacerme caso, haga lo mismo que yo y opine por su cuenta. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Igual estaría bien que echaran un vistazo a una historia de mafiosos portuarios como en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La ley del silencio</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la película del chivato </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Elia Kazan</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> cuando la caza de brujas del senador </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>McCarthy</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en EEUU. Personajes reales y de ficción se juntan en otra obra extraordinaria de uno de mis autores favoritos (ojalá que no fuera tan desconocido para quienes diseñan los escaparates navideños de la literatura): </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Valerio Evangelisti</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Ahora regresa (corporeizado en libro pues él murió hace tres años) con otra de sus magníficas novelas: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Todo han de ser</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Respiren.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La guerra que empezó con el golpe de Estado fascista en julio de 1936 ha dado para mucho. Para un roto y un descosido. Para la mentira total y para esa otra mentira -casi tan peligrosa para la verdad, si no más- que es la equidistancia. No conocía hasta hace nada un relato de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ralph Bates</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, escritor inglés y comunista que vivió en España desde los años veinte, que luchó en las Brigadas Internacionales, que vivió, escribió y murió en los EEUU y nos dejó, entre otros, un relato monumental titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El olivar</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Llamada de urgencia: si pueden, por favor, no se lo pierdan, ¿vale? Si no lo hacen, lo mismo se les aparecen por las noches los fantasmas del insomnio y hacen que se pasen el día yendo y viniendo como los zombis de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Walking dead.</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Para saber de lo que hablo ahora, de los fantasmas del insomnio y otras soledades, leí </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las buenas noches</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la última novela de ese escritor enorme que es </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Isaac Rosa</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. No sé si te ayuda a conciliar el sueño, pero sé que leerla es un gozo que ni una buena noche (o cien, o un millón) durmiendo a pierna suelta podría superar. Ni más ni menos es lo que me pasó cuando leí </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Relatos reunidos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>José Avello</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Antes de morir hace diez años había publicado dos obras maestras: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Jugadores de billar</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La subversión de Beti García</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Lo afirmo con una contundencia radical, como el imperativo kantiano pero a lo bestia: no leer a José Avello sería un crimen. De verdad lo digo y siento en este punto ser tan intransigente. Pero me sale del alma esa afirmación. No se me ofendan por favor, ¿vale? Vamos avanzando hacia el Intermedio, que no es el del </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Wyoming</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y su troupe de artistas pero en algunos detalles igual se le parece.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">A ver con qué cierro este párrafo. Escribir de memoria tiene esas complejidades. Me acuerdo de… Pues a ver. Estoy hasta el gorro de esos tipos y sus empresas que se dedican a echar de sus casas a la gente pobre. Los ayudan los fascistas de la desokupación. Pero no siempre lo consiguen. Hay batallas que se ganan. Lean </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fondo-buitre-especulacion-llega-barrio_1_2071970.html"  ><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Fondo buitre</em></span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paco Gómez Escribano</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y verán cómo la lucha por lo que vale la pena no siempre ha de acabar en derrota. Aunque tengamos que mirar atrás de vez en cuando porque hay espías por todas partes. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Las nuevas tecnologías que volvían </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>fou</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> a Kaczynski instaladas por todas partes. No sé si lo sabes, pero </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Te siguen</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> vayas donde vayas. Con ese título se mueven de puntillas, con una cautela de cámara lenta, los personajes de la última novela de </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/belen-gopegui-precipitado-ia-empresas-administraciones-deberia-preocupar_1_1975685.html"  ><span class="highlight" style="--color:white;">Belén Gopegui Durán</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. Son sus páginas, como siempre, un lugar seguro frente a la liviandad de mucha escritura contemporánea. Y no te veas cómo andan la vida, la sociedad, lo que sea que nos pase en mi tierra valenciana. Casi todo se lo regalo gratis a ustedes. ¡Cuánto desamparo! </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Menos mal que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Francesc Bayarri</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> me echa una mano para que pueda entender mejor tanto despropósito. Y lo hace, entre la ironía y el más explosivo de los cabreos, con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cròniques austrohongareses</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Sí, suena a mi paisano </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>García Berlanga</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero tratado el asunto con una dosis de vitriolo auténtico, y no como el falso que utilizaba </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Marlene Dietrich</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> para joderle la alegría al fantoche de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Tyrone Power</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Testigo de cargo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la magnífica película de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Billy Wilder</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> basada en la novela de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Agatha Christie</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Después de escrito esto último, me doy cuenta de que no era vitriolo de maquillaje lo que enseña Marlene Dietrich para engañar al abogado del asesino, sino el tajo de una cuchillada. Pero no importa: lo dejo como estaba. Al fin y al cabo, en el cine tanto la cuchillada como la mancha de vitriolo son de mentirijillas. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Llegamos al intermedio. Descansen. Como cuando ven </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Novecento</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> o </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Lo que el viento se llevó</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Escribió </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Wittgenstein</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que le gustaría ser leído muy lentamente. Pues es un buen consejo aplicable a esta cesta navideña llena de libros. Aunque la verdad es que por más que lea al filósofo del </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Tractatus</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> como anda una tortuga, no me entero mucho de lo que dice. Me gustaría entenderlo mejor, claro que sí. Pero uno tampoco está para hacerlas trizas y arrojar al mar las columnas de Hércules todos los días. Me dice </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>María Golfe</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con esa timidez tan propia de la gente lista, que me va a ayudar a entenderlo. Ojalá. Vale. Ahora toca chute de oxígeno. Y a lo que venga.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Cuántas veces han leído ustedes un libro y lo han dejado a mitad (o antes) porque “no lo entienden”. Cuántas veces hemos escuchado que al alumnado de Secundaria lo han convertido en un negacionista de la literatura porque le hicieron leer </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La Celestina</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> antes de tiempo. Pues no, señoras y señores: esos mantras los desmonta, con una eficacia y una sabiduría que es para hacerle la ola, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Miren Biellelabeitia</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Lo que una ama</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Y es que lo que la autora ama son los buenos libros sean de la época que sean. Todo consiste en cómo se monta la operación lectora antinegacionista en el ámbito donde nos movemos. La pócima mágica está en el libro. O sea, que a apartar unos cuantos euros de la hucha y a la librería del barrio, ¿vale? </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Y si les sobra algo de pasta (vaya lujo), no duden en poner en el mismo paquete </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las consecuencias</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Susana Koska</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. La repera, como dirían los cachorrillos de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Feijóo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> cuando flipan con un cinco estrellitas de Amazon o </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El hormiguero</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. La realidad y la ficción llevada a su máximo exponente, como diría el clásico. Para mí, uno de los mejores libros del año y por eso seguro que no estará en los escaparates del asco. Ojalá me equivoque. También me gustaría equivocarme con lo último que he leído de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Vivian Gornick</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Por qué algunos hombres odian a las mujeres y otros textos feministas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Lo mejor entre lo mejor de esta lista. Y más en los tiempos que corren. Lo he dicho y escrito muchas veces: leer a esta escritora es un gozo, aunque te acuchille a cada página. En algunos tramos me ha recordado un libro fantástico que saqué en </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/"  ><span class="highlight" style="--color:white;">Los Diablos Azules</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> el año pasado: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Pasión Nails</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rosario Izquierdo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. De esta misma autora —mientras esperamos su próxima novela como sueña el agua una expedición en el desierto de Arizona— destacar la reedición este año de un libro imprescindible: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Diario de campo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">De una tacada, cuatro mujeres escritoras. La memoria tiene muchas lagunas, pero a veces funciona como un mecanismo de relojería. Lo de “un mecanismo de relojería” es otra obra maestra del clasicismo viejuno, ¿no les parece? Pero uno ya tiene una edad, así que les pido disculpas y seguimos, ¿vale? </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Pues seguimos con un libro de pequeñas dimensiones y grandes contenidos, como las esperanzas de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Dickens</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Las redes son la fanfarria que sirve de abrevadero para una sociedad que no teme tragarse sanguijuelas al beber agua llena llenita de esos monstruos, como hacían mi abuelo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Claudio</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y otros como él cuando volvían de currar en el monte quince días seguidos sin derecho a horas extras. Estamos a su merced —digo de las redes—, aunque pensemos que nos convierten con sus falsas libertades en los reyes del mambo. Lean </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La comunicación en el diván</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pilar Carrera</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, y podrán acorazarse contra los vendedores de crecepelos falsos no en las plazas peliculeras de Dodge City sino en el comedor de sus propios hogares. Saco lo de “hogares” y es como si estuviera haciéndole publicidad al Corte Inglés. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">De lo que sí hago una descarada publicidad es de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Que planche Rosa Luxemburgo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, un librito de muy pocas páginas que nos dejó en prosa la inmensa poeta que es </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Francisca Aguirre</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, llamada </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paca</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> por quienes la amamos por encima de todas las cosas. Los escritores hombres seguro que escribirían menos si se dedicaran de lleno —o al menos a compartir— las tareas domésticas. Bien sabe ella de qué hablaba. Y tanto que lo sabía. Que se lo pregunten —si aún viviera— al poeta </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Félix Grande</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">A quien no le puedo preguntar nada es a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Inés Bortagaray</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> porque no la conozco. Pero sí que conozco y he leído no hace mucho su igualmente breve y bellísimo libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Prontos, listos, ya</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Una road movie familiar en la que el mundo se ve —se mira— a través de las ventanillas del coche. La infancia y sus fantasmas, las canciones, la voz de una niña que cuenta como si fuera la observadora número uno de un planeta inmensamente literario. Y al final, la playa. El sueño antes del regreso. Lo que nos queda después del viaje. La grandeza de la literatura que no necesita ochocientas páginas para que podamos celebrarla con la intensidad que se merece. Y la celebramos.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Quienes no pudieron celebrar hasta el final su historia de amor fueron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>María Casares</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Albert Camus</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. El coche en que viajaba el escritor se estampó contra un árbol y ahí acabó todo. Esa historia y otra de ficción que le hace compañía forman el entramado de </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/susana-fortes-ahonda-865-cartas-albert-camus-maria-casares-grandes-historias-amor-siglo-xx_1_1955280.html"  ><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Solo un día más</em></span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, el libro con el que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Susana Fortes</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> nos regresa a ese género mestizo que domina a la perfección, cosa que dejó bien clara, tiempo atrás, en sus textos sobre </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Robert Capa</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Salinas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Además, la historia que se suma a la de Camus y Casares empieza en la Val d’Aran y eso siempre es un aliciente extra que agradece un fanático del lugar como el que firma este manifiesto. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Y ya que hablo de manifiestos, saco aquí el que suscribe </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rafael Reig</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> —te quiero, ¿vale?— con el título de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Lo que sé de Almudena</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Con ese título, ya pueden imaginar ustedes de qué va la cosa. Lo que yo sé es que la queríamos, que se pasaba la vida escribiendo en plan cadena Ford en Almussafes, que contaba historias como si hubiera viajado al siglo XIX para disfrutar de los Galdós y más que suculenta compañía. “Suculenta”, vaya palabreja, ¿no? Pasemos de párrafo para olvidarla. Vale.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Los libros de memorias siempre tienen su aquel. ¿Serán verdad o estarán llenos de mentiras? En todo caso, lo importante es que no desdeñen el valor de la buena escritura. Podría decir de carrerilla (como la lista de reyes godos en mi lejanísima infancia con un criminal al mando de todas las escuelas) la vida y milagros de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Víctor Claudín</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Y ahora me meto de cabeza en el libro que cuenta esa vida y otras muchas con escasos milagros que las adornen como suelen hacer las imposturas. No podía ser otro el título: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Contra el olvido</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Ya ven, siguen los manifiestos a favor o en contra de lo que sea. Pero siempre -no lo olvidemos- de la buena literatura. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Y seguimos en esa línea que tanto me gusta con otro pequeño libro esta vez de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Javier de Lucas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Migraciones. La política</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Otro título que lo dice todo. También lo afirma el autor que es —con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sami Naïr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">— quien sabe del asunto lo que no está escrito: a ver si de una puñetera vez se entiende que las migraciones son conflictos esencialmente políticos. De alguien que va de un sitio a otro -muchas veces en plan gafe, el pobre- trata otro libro que no puede faltar en ninguna cesta navideña: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Una belleza terrible</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Título que parece sacado de un verso de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rilke</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y va de un trotskista que no se cansa de patentar —aunque no en plan </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Unabomber</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">— su propio sentido de la revolución. Añadan una novedad tan extraña como resolutivamente feliz: el libro lo han escrito —como el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Dúo Dinámico</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> o </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Lennon y McCartney</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">— </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/trotsky-condensa-tragedias-izquierda-edurne-portela-jose-ovejero-muestran-belleza-terrible_1_1958559.html"  ><span class="highlight" style="--color:white;">Edurne Portela y José Ovejero</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. Y eso, ese detalle, ya es una garantía de por vida.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Ya que hablo de dúos, saco aquí uno que es el colmo de la sorpresa. Para mí, digo. Hace poco descubrí un libro titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Libro de familia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. El autor: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Galder Reguera</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Una maravilla nada menos que de 2020. Resulta que este 2025, a principios, yo había publicado otro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Libro de familia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Conocí a Galder (un tipo genial) y le dije que a veces el azar te ofrece sorpresas hermosas. Ya saben de qué van esos libros: somos bastante de lo que somos gracias a formar parte de ese grupo humano (no siempre) que se llama familia. El libro de Galder es la hostia. Del mío ya hablarán ustedes si lo leen, ¿vale? </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Del que sí que hablo en este recorrido un tanto inestable —porque la memoria lo es—: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Monrovia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de un autor que ha escrito tantas novelas que no cabrían en la Biblioteca de Alejandría: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>José Luis Muñoz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Esta vez nos viene con una novela de aventuras en estado puro. Homenaje a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El corazón de las tinieblas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Disfrute a tope en alta mar y tierra firme. Además sale el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Che</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en un cameo rápido —como todos los cameos— en medio de la selva. Y para quienes piensan que la narrativa histórica ha tocado techo (¿o es que nunca despegó del suelo, salvo contadas excepciones?): jamás el riesgo de la experimentación, el lirismo, los códigos de la narrativa histórica y de aventuras han encontrado mejor cocina literaria que en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cuddy</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, del británico </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Benjamin Myers</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Anoten otra de historia: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Franco en los pupitres</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>María Jesús Martín Díaz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. La escuela de la dictadura en los cuadernos bellísimos de una de aquellas alumnas que, como el relicario de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sarita Montiel</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, guardó como oro en paño para que a través de la escritura de su hija los disfrutemos tantos años después de aquel tiempo de tinieblas. En el siguiente apartado seguimos con el franquismo. Hace medio siglo que la palmó el dictador. Bien está que lo recordemos arreándole unas cuantas hostias, ¿no? Pues ahí vamos.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Menuda panda de mafiosos. El paraíso de los depredadores. Eso fue la dictadura franquista. Empezando por su familia directa. Miren, si no, lo que nos cuenta </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mariano Sánchez Soler</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La familia Franco S. A.</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y firmen conmigo este manifiesto (uno más) para que devuelvan lo que robaron: con intereses, claro. Y más: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Crónicas de la barbarie</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. El periodista </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Antonio Somoza</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> publicó por entregas en eldiario.es Andalucía una serie de artículos donde no dejaba en pie ni una sola de las estructuras morales, políticas y económicas del franquismo. Esa serie sale ahora en un libro que no tiene desperdicio. Si lo sabré yo, que he escrito el prólogo. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Y seguimos con la mafia: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juan Bautista Peset Alexandre</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> fue asesinado (no sé por qué se sigue llamando fusilado) en mayo de 1941 en el paredón de Paterna. Fue rector de la Universitat de València y la crónica, entre la realidad y la ficción, corre a cargo de la mano maestra de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Martí Domínguez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Ingrata Pàtria</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Un itinerario más amplio en el tiempo -pero de la misma época- es el de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Querida mía</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Mujeres que se niegan a abandonar sus sueños en un tiempo dominado por el miedo. Su autora, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paqui Maqueda</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, acudió la madrugada en que estaban exhumando los restos de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Queipo de Llano</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y, entre tanta gente vestida con el luto de la infamia, se puso a leer los nombres de sus propios familiares que sufrieron la represión, especialmente del criminal golpista. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">De la Sevilla sombría aquella noche regreso a un pueblo valenciano muy cerca del mío que aparece con nombre de ficción: Albata. Los sitios pequeños son más grandes que Saturno, incluidos sus famosos anillos. Las páginas de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Muerte en Albata</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jesús Espinós Andrés, </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">abren en canal las cicatrices que permanecían, como secretos sumariales, oliendo a podrido en las casas, en las familias, en un paisaje lleno de oscuridad alimentado por el miedo. Si existen juntas la belleza de una historia y las palabras que la cuentan, no lo duden ni un segundo: eso es </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El desván de las musas dormidas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Siento especial afinidad con ese escritor grande que es </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Fulgencio Argüelles</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Toca leerlo sin excusas. Ojalá me hagan caso.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Este espacio es para dos libros que me han conmovido rabiosamente cuando llegaba septiembre. Parece el título de una película protagonizada por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rock Hudson</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gina Lollobrigida</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en 1961. Pero no. Para nada es una película lo que cuenta </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>27 de septiembre de 1975</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Lo firma la </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Plataforma Abierta Al Alba</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. En nuestra memoria —y en las páginas de este libro necesario— </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Luis Eduardo Aute</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y los cinco últimos asesinatos (¡asesinatos!) del franquismo: </span><strong>José Luis Sánchez-Bravo</strong>, <strong>Ramón García Sanz, Jon Paredes Manot </strong>(<em><strong>Txiki</strong></em>)<strong>, Ángel Otaegi y Xosé Humberto Baena. </strong>Cuando llegaba el último septiembre aparecía la versión de aquellos hechos en <em>Mañana matarán a Daniel</em>, con el certificado de garantía literaria que siempre ha sido, es y será <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/franco-murio-matando-aroa-moreno-duran-relata-historia-ultimos-fusilados-dictadura_1_2067085.html"  ><strong>Aroa Moreno Durán</strong></a><strong>.</strong> <span class="highlight" style="--color:white;">A ver de qué me acuerdo para el siguiente párrafo.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Pues me acuerdo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Javier Maqua</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Lo conocí en un piso de Madrid hace siglos. Mientras un grupo que aspirábamos a la revolución discutíamos sobre qué lastres ir dejando en el camino sin perder la esencia de aquello en lo que creíamos, uno de los del grupo escribía a máquina en otra habitación. Fue la primera vez que supe lo que era un escritor. Como dice </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Onetti</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">: alguien que escribe. Ese tipo era Javier Maqua. El amigo del alma, aunque nos veamos de uvas a peras. Hizo películas, escribió teatro, novelas, ensayos sobre cine… y aquí sigue, siempre a su bola: ni escaparates del asco ni leches. A su bola. Lean, si no, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Marnevada</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y díganme si hay un texto mejor para llenar de dignidad esta lista de éxitos. Otro de mis felices cautiverios literarios: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Toni Cucarella</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Imposible escapar de la nobleza que transmite este escritor de Xàtiva no sólo en sus novelas sino en la vida. Leer </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Qui de casa se´n va</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es una buena muestra de las dos cosas.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">“El horizonte me hablaba de las guerras / de la extinción lumínica / del declive de las medusas muertas / del desamor en la herida / de los rastrojos cortados en un hueco de abril”: llega la poesía en este gozo de lector atento. Los versos son de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Esther Abellán</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y están en su libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Puerto sin mar</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Siempre aparecía el Coco en la zona más oscura de nuestra infancia. Nunca me lo hubiera imaginado en un relato-poema como el que, tras ganar un premio como proyecto poético, lo he podido disfrutar como una venganza contra los miedos de cuando era un crío por las calles y las casas de Gestalgar. Hablo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Marta Boronat Redondo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y su tan breve como bueno dos veces bueno </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Infundio (cuentos del Coco)</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. A propósito del miedo, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Marta Sanz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le da mucho miedo Cristina la Asombrosa. Que quién es Cristina (como podría preguntarse mi nunca ausente </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Javier Krahe</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">): pues el personaje central que dibuja </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Kirstin Valdez Quade</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en, precisamente, otro texto breve y lo mismo de bueno que el anterior: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cristina la Asombrosa (1150-1224)</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Párrafo nuevo y libro construido con textos no tan nuevos, pero tan atractivos como lo fueron en su momento. Los ha rescatado, entre los muchos que escribió </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>José Carlos Mainer</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el que para mí puede ser considerado uno de los mejores historiadores del exilio republicano español: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Manuel Aznar Soler</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Son textos, claro está, que rescatan lo imprescindible literariamente hablando de ese exilio. Un merecido homenaje a esa escritura tantas veces olvidada, o maltratada, que nunca ha de faltar en nuestra colección de libros favoritos. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En esa línea de recuperar lo que hubo antes encuentro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Contar la historia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Enric Llopis</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Un subtítulo aclara perfectamente de qué va esa historia: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Revistas de divulgación en los años 70</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Regresar a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Tiempo de Historia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Historia 16</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Historia libertaria</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y otras del mismo calado ha sido una magnífica ocasión para no olvidar que nada ni nadie surge del vacío. ¡Ay!, que se me pasaba lo que decía </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>René Char</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de la poesía: “Lo que viene al mundo para no perturbar nada, no merece ni miramientos ni paciencia”. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Pues bien que se ha aplicado el cuento </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Beatriz Aragón</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> con su </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Wet floor</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Por si alguien piensa que lo de la lucha de clases es de cuando el dinosaurio aún no se había tumbado plácidamente junto a la cama de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Monterroso</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, aquí tenemos la elocuente muestra de todo lo contrario. Lo que perturba de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las leyes de la caza</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> no son los jabalíes desgraciadamente tan de moda ahora mismo, sino la brutalidad de un mundo que se asoma sin que se le arrugue una pestaña al cañón del Colorado por lo menos. Una escritora también de absoluta confianza lectora: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pilar Fraile</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Los abismos de la ciudad para quien llega del pueblo. Y no hablo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paco Martínez Soria</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> o </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>José Luis Ozores</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Hablo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mercè Ibarz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. No sé si entre mis libros hay uno tan felizmente subrayado como </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Una chica en la ciudad</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. En lo que viene ahora la ciudad sigue siendo casi la protagonista principal.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El mundo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Raúl Núñez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> surge directamente del big bang. Imposible recomponerlo a base de juntar los pedacitos uno a uno. La editorial Efe Eme lo está intentando. Lleva publicadas ya sus novelas y ahora sale la última de la colección, como la mayoría de las anteriores ambientada en la ciudad de Barcelona: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>A solas con Betty Boop</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Si no han leído a Raúl (cuánto lo quería), no tarden en hacerlo. Se lo digo en serio. A él le importará una mierda si lo leen o no. Y no sólo porque esté muerto desde 1996 sino porque le habría importado lo mismo en el caso de que siguiera vivo. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">A </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rafael Chirbes</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> sí que le importaba que lo leyeran. Y sin embargo tardó mucho en llegar a sus libros la gracia del reconocimiento. Poca gente conoce </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El año que nevó en Valencia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, un relato que, según mi amigo y siempre acertado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jacobo Llamas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, tiene bastante parecido con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Los muertos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>James Joyce</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Lo bueno del asunto es que esta vez esa nevada tan extraña nos llega —ahí es ná— en la escritura conjunta de Chirbes y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paula Bonet</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que nos advierte para que no erremos el camino hacia la buena lectura: </span>“No es un libro ilustrado. Tampoco es un catálogo de arte. El texto y la pintura dialogan..." Ahora falta que ustedes se añadan y serán tres quienes participen en el coloquio. </p><p>“Palabras como polvo / de corcho en el vino que bebimos…”, escribe <strong>Juan Antonio Masoliver Ródenas</strong> en <em>El jardín aciago</em>, una de las partes de su <em>Poesía reunida</em> publicada casi acabando el siglo pasado. Regreso siempre a sus libros que ocupan buena parte de la sección que en las estanterías de casa empieza por la letra M. Y claro, no podría acabar este recorrido sin <strong>Patti Smith</strong>. Ya hizo memoria de su vida en otros libros. Ahora nos llega <em>Pan de ángeles</em> y si antes, durante o después de la lectura nos ponemos <em>Horses</em> o cualquiera de sus álbumes la cosa será para alcanzar los cielos. De momento, yo repito <em>Because the Night</em> una y mil veces sin que se me note una pizca de cansancio. </p><p>Faltan dos o tres líneas para cerrar con el lacito navideño esta cesta que ocupará toda la camioneta de Correos hasta llegar a sus casas. Y como siempre suelo hacer en esta rabiosamente personal antología de lecturas, una recuperación. Esta vez se trata de <em>Crónicas de motel,</em> el primer libro publicado en España del actor <strong>Sam Shepard</strong>. El título lo dice todo. Pequeños fragmentos, una road movie por los paisajes beat que encandiló en los años ochenta a mis amigos y excelentes poetas <strong>Uberto Stabile</strong>, <strong>Fernando Garcín</strong> y <strong>Rafa Camarasa</strong>. También a <strong>Jessica Lange</strong>, con la que estuvo casado, y a toda una troupe de fans que no nos esfumamos cuando murió hace más o menos ocho años. </p><p>Al escribir este párrafo tan musicalmente rockero (con un puntito de country a lo <strong>Patsy Cline</strong>), necesariamente tenía que acabar con una pregunta: ¿para cuándo la próxima novela o lo que sea de <strong>Montero Glez</strong>? Hasta entonces, busquen lo que haya en las bibliotecas o librerías con su nombre. Lo que no sé es si lo encontrarán en los escaparates del asco. A mi me da que no. Pero búsquenlo de todas formas. Felices fiestas tengan ustedes. Sé que no está el horno para bollos, pero inténtenlo al menos, ¿vale?...</p><p><em>* </em><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 10:58:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El tontolaba del Planeta y las lecturas de Mazón]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Elogio de la fascinación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/elogio-fascinacion_1_2112004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/014b8105-94bb-46a6-b30b-2be3ee03093a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio de la fascinación"></p><p><strong>Anagrama 2025. 192 páginas</strong></p><p>Creo que compré el libro en una estación de trenes. No me acuerdo de qué estación, de qué ciudad, de qué memoria porque siempre hay en un libro algo de lo que vivíamos en el mismo instante del descubrimiento. De <strong>Patti Smith</strong> conocía sus canciones. Muchas. Ya sé que es una obviedad compartida por tantísima gente, pero <em>Because the night</em> me sigue haciendo pedazos cada vez que la escucho. Cosas mías y de <em>M Train</em>, el libro de la estación de trenes que me lleva directamente a otro de <strong>Mercè Ibarz</strong> que empecé y acabé en Sitges hace unos días, mientras discurrían las sesiones de <strong>Subur Negre</strong>, uno de esos encuentros que te regalan lo mejor que puede ofrecerte la gran literatura. Hablo, como en las historias de <strong>Raymond Chandler</strong> o <strong>Silver Kane</strong>, de cómo surgen de las tripas de algunas novelas compartidas los buenos camaradas. En el hotel, una noche, llené de subrayados <em>Una chica en la ciudad</em>. </p><p>La memoria es muchas cosas a la vez. He hablado con ella cara a cara muchas veces, yo diría que en casi todas mis novelas desde hace más de treinta años. Pero nunca se me había ocurrido que pudiera ser un “misterio”. Así la llama la autora de un libro que es, como el de su admirada Patti Smith, un deslumbrante recorrido por el tiempo de la duración: ese tiempo en que nos iremos construyendo a golpe de lealtades y traiciones, de sueños compartidos y de pesadillas que nos asaltan las noches de una soledad infinita, de gritos libertarios en la algarabía de las calles y ese silencio que se estampa contra las ventanas cuando la vida, por lo que sea, se ha convertido en una mierda de campeonato.</p><p>Una chica de diecisiete años llega del campo a la ciudad. A ver qué pasa lejos de casa, de esas raíces que según dicen nunca vas a perder del todo vayas donde vayas. El tiempo de las ilusiones, el de las cerezas revolucionarias, el de las canciones y los sueños que serán como huellas imborrables en las casas donde iremos viviendo con otras vidas que poco a poco acabarán formando parte imprescindible de la nuestra. Escribo en primera persona porque desde la primera línea –como ha de ser en los grandes relatos: ”Llamadme Ismael”– es como si fuera yo mismo quien ha abandonado el pueblo sin saber lo que hay al otro lado de la frontera: “Una casa lo es todo. Una persona es una casa. La casa eres tú”. Una voz amiga me lo había dicho antes de abrir este libro inmenso de<strong> </strong>Mercè Ibarz: “creo que será como si tú lo hubieras escrito”. Y ahora, cuando se está acabando la noche y no muy lejos el mar se estrella con violencia contra la terraza del Auditori Miramar, sé que los libros que hacemos nuestros, aunque no lleven nuestro nombre en la cabecera, son los que mejor nos cuentan a nosotros mismos, los que no vamos a dejar de leer cuantas veces necesitemos que algo nos salve del abismo o –paradójicamente– nos aboque sin remedio al foso de los cocodrilos.</p><p>La chica que llega a la ciudad sabe que otras escrituras nos revelan sin un solo error de cálculo lo que luego escribiremos, que las canciones de la revuelta nunca dejarán de sonar por más que los tiempos no se repitan después de la línea de sombra que dibujamos, tal vez con no demasiada destreza, en las plazas y las calles recién descubiertas cuando ya pensábamos que no quedaba nada por descubrir. La chica que llega a la ciudad, que puede ser Mercè Ibarz o alguien que lleva o no su mismo nombre –por ejemplo, el mío–, sabe que el amor y la muerte son como esos sitios que, en los versos de <strong>John Donne</strong>,  “no pueden estar vacíos”. Ni siquiera la pérdida es la pérdida, sino una extraña sensación de agua y tierra que sentiremos, sin ahogarnos en el abatimiento aunque ganas a ratos no nos falten, sean cuales sean las ausencias.</p><p>Una ciudad es lo que hay –o simplemente intuyes– a la salida de la estación de buses o de trenes. Los aeropuertos no, para nada cuentan los aeropuertos en historias como esta, como la que levanta –y no olvidaremos nunca– una escritora que renace en cada página extraída felizmente de la huerta y el secano, en esa escritura-fortaleza que ella misma ya nos había ofrecido en el magnífico –y me quedo corto con el adjetivo– <em>Tríptico de la tierra</em> que nos legó hace tres años más o menos. La ciudad que se abre a los sueños de la recién llegada, la gente que la acompañará en los tiempos sucesivos de casas que al final acabarán siendo una sola casa, el amor que será lo mejor que le haya pasado nunca porque la elegía es el canto que nos ofrece a quienes lo leemos y escuchamos para que este libro tan lleno de alegría y de tristeza, de gritos y silencios, de libros ajenos vividos como propios y películas que siempre formarán parte imprescindible de nuestra vida, no se apague nunca en nuestra lectura. Y lo que es aún mejor: en nuestra memoria que en este caso será por fuerza una memoria agradecida.</p><p>En la vuelta a casa, a las montañas donde el pueblo es esa mezcla de casas, gente y tierra de secano, me pongo en el auto las canciones de Patti Smith y las que recuerdo de Mercè Ibarz cuando la vida eran todas las vidas que había vivido entre los encuentros inesperados de la llegada a la ciudad y las pérdidas que, como en una elegía que se niega a ser sólo un canto a la tristeza, nunca dejarán de llevar los nombres imborrables del amor y los de quienes formaron parte de los sueños mejores cuando los sueños se convertían, muchas veces y sobre todo por las noches, en una insoportable pesadilla. </p><p>Eran los primeros años setenta en un país sombrío hasta las cachas. Y por ahí, a través de un agujero excavado en el miedo tantas veces, se cuela –como me pasó a mí mismo a la salida de este libro fascinante– la luminosa claridad de una escritura que te deja clavado en el absoluto convencimiento de que nada de lo que has leído lo vas a olvidar en mucho tiempo, o posiblemente nunca. Lean –en el catalán original o en la traducción al castellano de la misma autora– <em>Una chica en la ciudad</em>. Y llenen de subrayados –si esta es su costumbre– las páginas de este libro que, estoy bien seguro, volverán a leer como volvemos a escuchar y a ver las canciones y las películas que más han ido contando nuestras vidas. Porque si me ha pasado a mí después de la primera y recientísima lectura, qué razones puede haber para que a ustedes no les suceda lo mismo, ¿no? Pues eso.</p><p><em><strong>*Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Dec 2025 05:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[Teófilo del Valle y Lucrecia Pérez: dos crímenes y una memoria compartida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/teofilo-valle-lucrecia-perez-crimenes-memoria-compartida_129_2099370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="TEÓFILO DEL VALLE Y LUCRECIA PÉREZ: DOS CRÍMENES Y UNA MEMORIA COMPARTIDA"></p><p>Tenía 32 años. Había nacido en la República Dominicana y llegó a Madrid no muy lejos del otoño del 92. La fanfarria de las celebraciones olímpicas en Barcelona y la Expo de Sevilla. Todo eran risas en un país que había puesto la directa hacia el olvido después de la muerte del dictador. La muerte del dictador. Que se lo pregunten al PP y Vox. A ver qué piensan <strong>Díaz Ayuso</strong> y <strong>Abascal</strong>. Y el mismísimo <strong>Núñez Feijóo</strong>: que les pregunten si <strong>Franco</strong> ha muerto. A ver qué contestan. No hace falta que les pregunten. Ustedes y yo conocemos la respuesta: sigue vivo para esa gente uno de los criminales más crueles de la ignominia contemporánea. Se murió uno de estos días, también del otoño, aunque unos años antes de que un grupo de nazis -con un guardia civil al frente- asesinara a la joven dominicana <strong>Lucrecia Pérez Matos</strong>. Había venido a España para buscarse una vida mejor. Y descubrió enseguida que le habían llenado la cabeza de pájaros, de cuentos chinos como los que sacaba <strong>León Felipe</strong> en uno de sus poemas inmortales.</p><p>Como muchos de sus amigos inmigrantes vivían saboreando el sabor de la derrota y también el de<strong> la alegría de saberse juntos</strong>. El techo que los cobijaba era el de una vieja discoteca -antes del pijerío- en Aravaca. La noche del viernes 13 de noviembre de 1992 cuatro enmascarados entraron a saco en esas ruinas y varios disparos acabaron con la vida de Lucrecia y dejaron malherido a su paisano <strong>Augusto César Vargas</strong>. La pistola pertenecía al guardia civil <strong>Luis Merino Pérez</strong>. Fue él quien la disparó. Los otros tres eran menores: <strong>Javier Quílez Martínez</strong>, <strong>Felipe Carlos Martín Bravo</strong> y <strong>Víctor Flores Reviejo</strong>. Tenían 16 años y los cuatro todas las ganas del mundo para matar a la gente pobre. Y si encima era negra, pues mejor que mejor. De regreso con los suyos, fanfarroneaban contando su hazaña. No sé si la seguirán contando tantos años después. A lo mejor estos días que huelen a carroña franquista brindan como aquella noche. Porque desde hace muchos años los cuatro asesinos ya <strong>andan tranquilamente por la calle</strong>.</p><p>El asesinato de Lucrecia fue considerado<strong> el primer crimen por delitos de odio</strong>. El racismo. Los fascistas de entonces, de ahora y de siempre saliendo, tan valientes ellos cuando van en manada, a la caza de gente como Lucrecia. El viejo falangismo de los puños y las pistolas. Como si los tiempos de antes y de ahora fueran los mismos. Por eso llegan veinteañeros y treintañeros y babean de gusto cuando hablan maravillas de Franco y su dictadura. Qué sabrán ellos de lo que es una dictadura. Se cumple este año medio siglo de democracia y casi nadie y en casi ningún sitio ha contado los años del horror. Recuerdo lo que dijo <strong>Felipe González</strong> a principios de este siglo: “nosotros decidimos no hablar del pasado”. Quiénes lo decidieron. Por qué. La monserga de la reconciliación. Qué reconciliación. ¿Se lo preguntamos a Díaz Ayuso, Abascal y Núñez Feijóo? ¿O al alcalde de Madrid –<strong>Martínez Almeida</strong>–, que acaba de negar un acto en memoria de la joven asesinada en Aravaca un 13 de noviembre de hace treinta y tres años? Menos hablar de reconciliación y más hablar de verdad. No se puede hablar de reconciliación sobre las ruinas de esa verdad suplantada incansablemente por una infame caterva de mentiras.</p><p>O que se lo pregunten también a <strong>Rodolfo Martín Villa</strong> y <strong>Daniel Aroca del Rey</strong>, que esta semana tenían que prestar declaración telemáticamente en un juzgado de Elda por el asesinato de <strong>Teófilo del Valle</strong> el 24 de febrero de 1976. El primer crimen de la represión a los pocos meses de morir el dictador. Digo “tendrían” porque se ha aplazado esa comparecencia hasta el 4 de febrero del año próximo. En aquel lejano febrero de 1976 se sucedían los conflictos en la industria alicantina del calzado. Protestas, manifestaciones, huelgas… En una de esas jornadas reivindicativas, el joven Teófilo del Valle, trabajador del ramo, resultó muerto –según conclusión del consejo de guerra celebrado el 7 de julio de 1976– <strong>por los disparos del policía</strong> Daniel Aroca del Rey. El cumplimiento del deber fue el argumento exculpatorio.<strong> </strong>No sé cuándo va a cambiar la Justicia en este país descalabrado de los pies a la cabeza cuando hablamos de una Justicia que destaca por el delirio y el cinismo de una larga lista de juicios y sentencias. Martín Villa estaba entonces –durante muchos años– en todos los saraos de la represión. Era Ministro de Relaciones Sindicales en el gobierno de <strong>Arias Navarro</strong> cuando el asesinato de Teófilo del Valle y luego lo sería en otros ministerios con <strong>Adolfo Suárez</strong> y lo poco que duró <strong>Calvo Sotelo</strong>. Un franquismo sin franquistas. De la noche a la mañana todos los jerifaltes de la dictadura engrosaron las listas electorales de la democracia.  </p><p> La semana siguiente al crimen de Elda llegaría el del 3 de marzo en Vitoria. Días de protesta por mejoras en el trabajo y la condiciones salariales. En una iglesia se reunían hombres y mujeres para poner en común circunstancias y posibles soluciones. La policía puso cerco a la iglesia y lanzó gases obligando a la salida. Conforme se producía el desalojo iba disparando como en una matanza enloquecida. Escuchar las grabaciones policiales durante el acoso y el ametrallamiento pone los pelos de punta. Cinco muertos: <strong>Pedro María Martínez</strong>, <strong>Francisco Aznar Clemente</strong>, <strong>Romualdo Barroso</strong>, <strong>Bienvenido Pereda</strong> y <strong>José Castillo García</strong>. Dos artífices del crimen: <strong>Fraga Iribarne</strong>, ministro de Gobernación, y, cómo no, Martín Villa. El primero ya se murió. El otro había sido llamado a declarar en el marco de la iniciativa llevada a cabo por <strong>José Antonio del Valle</strong>, hermano de Teófilo, con el respaldo de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA). </p><p>Según el comunicado hecho público estos días por la Coordinadora, José Antonio del Valle presentó en abril de 2024 “una querella ante los juzgados de Elda contra los autores y responsables de la muerte del joven trabajador, asesinado por disparos de la Policía Armada en febrero de 1976”. Desde aquel día la familia <strong>no tuvo un minuto de tranquilidad</strong>. El acoso permanente, la imposibilidad de sacar adelante la investigación de lo sucedido. Nada. La versión policial era de risa si la cosa no hubiera sido tan grave: un policía disparó al aire y la bala que mató a Teófilo le llegó de rebote. La extraña parábola que dibujaban las balas de la policía y la guardia civil en las manifestaciones. No fue una bala. Fueron varios disparos y por la espalda. Y dos alcanzaron al joven en el tobillo y la nuca. Si tienen ocasión no se pierdan <em>Las tres muertes de Teófilo del Valle</em>, el magnífico documental de <strong>Manuel de Juan</strong>. La verdad sobre ese crimen. Cómo los medios se inflaron a contar mentiras. Cómo el policía se salió de rositas en un juicio que fue una vergüenza. De eso también podríamos hablar sin irnos tan atrás en el tiempo:<strong> la impunidad </strong>de según qué gente para que la Justicia le pase de largo. De 1976 a 2025 pasando por aquella noche de noviembre de 1992 en una discoteca abandonada en Caravaca.</p><p>Dos nombres encabezan esta columna: <strong>Teófilo del Valle y Lucrecia Pérez</strong>. Dos asesinatos. Dos impunidades. Los juntan el desprecio a un aniversario por parte del PP y Vox en el ayuntamiento de Madrid y la citación -ahora aplazada- de Martín Villa y el policía Daniel Aroca en un juzgado de Elda. Sus nombres son también los de tanta gente que vio cómo<strong> su vida era segada </strong>por las acciones conjuntas de la policía y la extrema derecha cuando vivíamos esa transición que no fue tan justa, tan modélica y aún menos tan pacífica como se ha dicho tantas veces. Y sobre todo: lo que junta aquí a Teófilo y Lucrecia es –aunque distantes en el tiempo– una memoria común que no abandonaremos nunca. Sobre todo, eso es o quiere ser esta columna de <strong>infoLibre</strong>. Y también la repetición incansable de una exigencia democrática: queremos, en estos y otros tantos casos de represión, verdad, justicia y reparación para las víctimas. Siempre con el añadido de una aspiración: la irrevocable <strong>garantía de no repetición</strong>. Ahí, en ese reclamo insobornable, nos vemos, ¿vale? Ahí nos vemos.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 05:00:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Teófilo del Valle y Lucrecia Pérez: dos crímenes y una memoria compartida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Asesinatos,Racismo,Franquismo,Extrema derecha,Policía,PP,Vox]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Como una canción italiana...]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cancion-italiana_1_2096339.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8d7c9971-1718-48ea-8a19-31ed012f8163_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como una canción italiana..."></p><p><strong>Editorial Las Afueras (2025)</strong></p><p>Entras en una librería y, al rozarlo, te cae encima un libraco de setecientas páginas que puede provocarte un esguince en el tobillo. Es lo que tiene el mercado. Tanto predicar con buen tino contra la obesidad y nadie le mete mano a esa moda, casi nunca sana, de que un libro ha de tener un millar de páginas para que se venda y una película que dure menos de tres horas está destinada al fracaso. Mal rollo. Como si no existieran <em>Los adioses</em> y <em>Al final de la escapada</em>. Lo más que admito en un libro son doscientas cincuenta páginas y una hora y tres cuartos si se trata de una película.</p><p>A veces hago excepciones. No muchas, pero las hago. En el mundo de la literatura, por amistad y porque hay amistades que, como <strong>Víctor del Árbol</strong> por poner un ejemplo, escriben como dios y aguanto primer plato, segundo, postre, café y si toca pues hasta un puro. Lo hice muchos años atrás con esa voluminosa obra maestra que es <em>Jugadores de billar</em>, de <strong>José Avello</strong>, pero no es lo normal. Me da pena esa juventud <em>lletraferida</em> que se cree el cuento chino de que todos podemos ser <strong>Balzac</strong> o <strong>Joyce Carol Oates</strong> sin saber que existen <strong>Margaret Duras</strong> o <strong>Pierre Michon</strong>. Por cierto, una pregunta a tope cabreada: ¿es que nunca le van a dar el Nobel de Literatura a Pierre Michon? Pues ya va siendo hora. Pero qué se puede esperar de una gente que le acaba de regalar el Nobel de la Paz a ese portento de “pacifismo” que es <strong>María Corina Machado</strong>, la mujer opositora en Venezuela que no para de insistir en la necesidad de una intervención armada extranjera en su país. De momento, <strong>Trump</strong> va dando pasos para contentarla. </p><p>En fin, que me lío y donde quería ir a parar es a invitarles a ustedes a que lean una “novelita” de no llega a cien páginas que se titula <em>Prontos, listos, ya</em>, de la escritora uruguaya <strong>Inés Bortagaray</strong>. Ah, se me olvidaba hacerles otra sugerencia que a mí mismo me contradice: lean <em>El olivar</em>, novelón de un montón de páginas que escribió <strong>Ralph Bates</strong>, estadounidense que anduvo por aquí desde 1920 y en 1936 escribió una novela extraordinaria sobre el tiempo de la II República hasta la Revolución de Asturias y acaba de publicarse en la editorial Libros Corrientes. A lo que iba…</p><p><strong>Como los ojos de Ana Torrent…</strong></p><p>Una tonta obviedad: para contar una historia sólo hay que saber contarla. Si no, dedícate a otro oficio. No hay nada que no pueda ser contado. Hasta la más insignificante circunstancia es digna de pasarla a limpio para que podamos disfrutarla quienes la leeremos después en las páginas de un libro. Aquí les traigo una de esas historias que, a simple vista, puede parecer carente de interés. Una de esas 'road movie' que tanto se estilan en el cine. Una novela de carretera es ésta que hoy les cuento. </p><p>Una familia. Padre, madre y cuatro hijos. Tres niñas y un niño. La narradora es la tercera: la hermana del medio entre los dos mayores y la pequeña. Y como dice ella misma: “las hermanas del medio nunca van en ventanillas”. El coche que conduce el padre. La madre al lado, en el asiento del copiloto. La ventanilla es un privilegio. Se ven mejor las orillas de la carretera. Los postes que van jalonando la duración del viaje. La posibilidad de formar parte del paisaje que poco a poco será como un miembro más -y no menos importante- de la propia familia. Pon la música, papá… Los chistes que salen por la radio son los de siempre. Mejor la música. Si no la pones seré yo misma quien la cante y lo haré por <strong>José Luis Perales</strong> porque sus canciones me recuerdan a José Enrique, que no es mi novio aún pero a lo mejor un día se atreva a besarme. A papá le gustan las tonadas de <strong>Isabel Pantoja</strong>, que dicen que es una mujer atormentada y yo creo que todos estamos atormentados por algo, yo porque tengo las orejas grandes, o mi compañera de escuela Alí porque, aunque yo intento protegerla de las burlas, se atormenta porque es la mejor en gimnasia pero la más torpe en todo lo demás… </p><p>Para que luego digan que la infancia -eso no lo dice la hermana del medio, lo digo yo- es el paraíso que nos espera al final de todos los regresos. Piensa la niña todo el rato. Lo mira todo con la curiosidad que nunca deberíamos perder por más que vayamos creciendo hasta que crecer más ya es imposible. Me vienen a la memoria los ojos de <strong>Ana Torrent</strong> cuando el mundo que la rodea le habla y nos habla a través de su mirada en <em>El espíritu de la colmena</em>. Recuerdo que un día, en València, mi amigo y magnífico cineasta <strong>Sigfrid Monleón</strong> y yo mismo le recomendamos encarecidamente a Ana que leyera a <strong>Julio Ramón Ribeyro</strong>. Ella no se acordará y tampoco sé si nos hizo caso. Ojalá que sí. Uno de los grandes y también uno de los grandes olvidados: el peruano Julio Ramón Ribeyro. Léanlo si pueden, ¿vale?  Sigo con el “librito” de Inés Bortagaray.  </p><p>La voz de la niña lo que dura el viaje. Muchos kilómetros hasta llegar a la playa. Mientras lees es como si la familia hubiera emprendido un viaje al fin del mundo, a ese lugar donde se juntan o desaparecen todos los caminos, a la punta <em>finisterre</em> de todas las vidas que hemos podido vivir con más o menos contratiempos. Sólo van a la playa y es como las expediciones de <strong>Julio Verne</strong> por los increíbles abismos del deslumbramiento. Los ojos de la niña. La mirada y la voz de la niña que casi nunca puede disfrutar de la ventanilla en el coche familiar. Los sueños. Sueña la niña contadora de historias que hay un muerto -o no lo sueña- en la carretera, que la mira a ella, que resucita, que lo llama Lázaro porque a los vivos no pero a los muertos hay que ponerles nombre. La muerte: uno de los primeros choques de la infancia contra una realidad que siempre se le esconde. Los sueños que te acerca la lectura de un libro como <em>Genoveva de Brabante</em>. Yo saco ese libro en una de mis novelas. Una representación teatral en la plaza de Gestalgar, mi pueblo del monte. Mi hermano salía en brazos de una mujer. Era casi un recién nacido. Vaya mierda cómo pasa el tiempo de rápido. A la niña le gusta ese libro: “no se termina nunca porque está lleno de cuentos”. También a veces, en el trayecto, entre vomitera y vomitera, piensa en el futuro.</p><p><strong>Lo pequeño grande, grande, grande…</strong></p><p>El futuro y el pasado se confunden siempre. También en la infancia: “… cierro los ojos y trato de pensar en el futuro. No se me ocurre nada sobre el futuro y pienso en el pasado y está Eva…”. Las promesas que hacemos cuando no levantamos dos palmos del suelo. Los adioses, ahora no en la voz de <strong>Juan Carlos Onetti</strong> sino en los de la niña que cuenta una historia. Nos escribiremos siempre, estemos donde estemos, sea cual sea la vida que llevemos cuando la estemos viviendo. Eso se dicen, pero Eva se fue con sus padres a vivir a Pakistán y nunca contestaba a sus cartas. “Yo ya no sé dónde está. Mamá tampoco. Nadie sabe. No sabemos”. ¿Quién sabe lo que existe, mientras corre dentro del coche familiar casi a trompicones, en la mirada de la infancia?</p><p>El viaje a la playa toca a su fin. Es cuando se hacen verdad los versos de <strong>Cavafis</strong>. La niña que ya imagina montañas en la arena, no un castillo: montañas en la arena. El tiempo de la duración: “A veces el viaje es tan largo que me acostumbro y después no quiero llegar. Ahora, por ejemplo. Ya no quiero llegar. Por mí que nos quedemos acá para siempre, para siempre en este asiento tapizado de cuero beige y el aire que huele a pijama y miguitas de empanada entre las piernas”. </p><p>Cierras el libro y sabes que, si se te cae por un descuido, nunca te provocará un esguince en el tobillo. Aunque a lo mejor te lo haga en ese sitio incógnito donde habitan las emociones, nuestra capacidad para conmovernos con las pequeñas cosas, la seguridad de que como escribía <strong>Vivian Gornick</strong> siempre habrá una voz que “nos habla desde el interior de su propio espacio emocional, y que no está anclada ni en la trama ni en las circunstancias”. Es la voz de una niña, la “hermana del medio”, que nos cuenta una historia que es, ha sido o será parte importante de nuestra propia vida. Y en apenas ochenta y seis páginas. Ya saben: ¡prontos, listos, ya!... y a leer si ustedes gustan este pequeño libro grande grande grande, como en una canción italiana de cuando yo era joven y pensaba -como decía otro poeta- que la vida aún no era algo demasiado serio. Y tanto que lo era ya entonces. Y tanto que lo era… </p><p><em>* </em><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Nov 2025 05:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[Las estrías del tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estrias-tiempo_1_2083602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c532e5de-219c-4232-a7a3-7732b59b684a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las estrías del tiempo"></p><p><strong>Efe Eme (2025)</strong></p><p>Nunca supe muy bien lo que eran los discos conceptuales. Algo contaban y empecé a tener una ligera idea cuando salieron los corazones solitarios de los <strong>Beatles </strong>salpicados de pimienta y los <strong>Beach Boys</strong> (no sé si fue antes el huevo o la gallina) sacaron esa magistral locura de <em>Pet Sounds</em>. También había algo de eso cuando los <strong>King Crimson</strong> y <strong>Pink Floyd</strong>, pero a mí me cansaban más de la cuenta. ¿Se acuerdan de <strong>Yes </strong>y gente por el estilo? Pues eso. Demasiado envoltorio. Y no digo que todos esos no fueran buenos, incluso magistrales: es que me cansaban. Siempre fui fan total de la sencillez. Me clavé fijo en la canción de dos minutos y medio. Por eso cuando el coro de <em>Hey Jude</em> se alargó más allá de los siete casi decido hacerme de los <a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ano-supimos-rolling-stones-mueren_129_1216233.html"  >Rolling</a>. Digo casi. No que lo hiciera. </p><p>Viene esta introducción a cuento de que el libro que les cuento y acabo de escuchar puede parecer un libro conceptual y no lo es, aunque se pueda ver desde ese prisma si tenemos en cuenta que todas las canciones que salen en sus páginas forman una guía espiritual —sí, también espiritual— para que nos perdamos lo mínimo en nuestras vidas y añoranzas musicales. No busquen aquí una historia ligada a base de canciones, advierte <strong>Ricardo Aguilera</strong> en su presentación de <em>50 canciones para entender el siglo XX</em>. No hay una historia: hay cincuenta historias más algunas de regalo. Lo que serían los bises en un concierto o el <em>bonus track</em> que regalan los artistas en los discos recopilatorios de sus temas más importantes.</p><p>Es un libro para escuchar. Para vivirlo. Cada capítulo es una canción y cada canción un trallazo yo diría que a nuestras propias conciencias. Todas tienen un sentido, aparte del que les haya querido conceder el autor, un tipo que se lo sabe todo en el mundo de la música, de la radio, de coser sin contemplaciones las estrías de un tiempo que son todos los tiempos y no uno solo. Ya ven ustedes: acababa de ver un western en que los linchamientos están a la orden del cacique del pueblo y me acordé de <strong>Trump </strong>y sus cowboys no necesariamente encapuchados. Y en eso que sale en el libro <strong>Billie Holiday </strong>cantando <em>Strange fruit</em>, una canción de 1939: “De los árboles del sur cuelga una fruta extraña, / sangre en las hojas y sangre en la raíz, / cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur…”. Y así siempre en este libro que no sólo puede ayudar a entender mejor el siglo XX -con varios bises que se alargan al XXI- sino a entendernos mejor a nosotros mismos.</p><p>Hay una palabra que siempre me pareció una miaja extraña: eclecticismo. Algo así como un cajón de sastre donde cabe todo. Pues a lo mejor eso es también este libro de escucha necesaria. Un maravilloso cajón de sastre que va desde <strong>Woody Guthrie</strong> y su <em>This land is Your land</em> a esas joyas del kitsch que son <em>El turista 1.999.999</em> de <strong>Cristina y los Stop</strong> o <em>La partita di pallone</em> con la que <strong>Rita Pavone</strong> se rebeló contra los maridos que abandonaban a sus mujeres por el fútbol cuando en el fútbol no mandaban las televisiones y era cosa de los domingos por la tarde. Especial emoción cuando me veo delante de <em>Gallo rojo, gallo negro</em> y me sumo a la cola que espera (sentada) un autógrafo de <strong>Chicho Sánchez Ferlosio</strong>. Grande, grande, grande Chicho, como en la vieja canción de <strong>Nina —</strong>la mamá gritona de Gelu en nuestros ¡ay! felices sesenta— que no sale en este libro ni falta que le hace. </p><p>Ah, y que no se me pasen, en este apresurado recorrido por unas páginas que ponen patas arriba mi ignorancia -y no sólo musical-, temas como <em>Qualsevol nit pot sortir</em> el sol, de <strong>Sisa</strong>, <em>Cantares</em>, de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/ultimo-beso-serrat-madrid-sido-placer-haberme-podido-dedicar-oficio-amo_1_1386362.html"  >Joan Manuel Serrat</a>, o <em>El hombre del 600</em>, ese himno a las clases medias que se inventaron en plan autarquía <strong>Franco </strong>y sus falanges y que <strong>Moncho Alpuente</strong> y su <em>Desde Santurce a Bilbao Blues Band</em> sacaron a la carretera con la vitriólica y divertida mala baba que los caracterizaba.</p><p>Un penúltimo apunte que dejé señalado con un papelito amarillo: las tan de moda <em>fake news</em>. O sea, las mentiras, los bulos que llenan los medios, las redes, que lo llenan todo de mierda. “Lo de mentir ya se queda corto. Ahora lo que se lleva es manipular, intoxicar, envenenar”, escribe <strong>Ricardo Aguilera</strong> con más razón que un santoral entero. Por eso rescata una canción de <strong>The Jam</strong> cuando <strong>Margaret Thatcher</strong> asomaba la jeta por un horizonte más que brumoso. No conocía <em>News of the world</em> —como me pasa con tantas otras canciones de este libro que emociona y te enseña tanto al mismo tiempo—: “Mira las fotos tomadas por las cámaras que no pueden mentir, / la verdad está en lo que ves, no en lo que lees…” Ya era entonces una advertencia para que no nos dejásemos acuchillar por los espejismos del lenguaje, un lenguaje que podemos sin ningún problema tachar de fascista.</p><p>Ya les dejo. Si necesitan lentes para leer este libro hermoso, radicalmente hermoso, ténganlas a mano. Lo mismo digo sobre los auriculares. Algunos vinilos estarán maltrechos de tanto dar vueltas por los tiempos difíciles. Pero les ruego que no se salten ningún corte. Nada sobra en esta lista de canciones que, como dije antes, no sólo nos ayudan a entender mejor los siglos XX y XXI sino, a lo mejor sobre todo, a nosotros mismos. ¿Un libro conceptual? También dije al principio que el autor asegura que no. A mí me da igual si es o no es como <em>Pet Sounds</em> o unos cuantos corazones solitarios salpicados de pimienta. Simplemente es un gozo leerlo y escucharlo. Ojalá a ustedes les pasara lo mismo si lo leen o escuchan. Ojalá, ¿vale? Ojalá.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Oct 2025 05:00:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las estrías del tiempo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El inspector Gadget, el rey y la hija del rey]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/inspector-gadget-rey-hija-rey_129_2082421.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="EL INSPECTOR GADGET, EL REY Y LA HIJA DEL REY"></p><p>Me disculparán ustedes porque con la que está cayendo llegue aquí hoy con una risa abierta. O una carcajada. Lo siento, de verdad. Pero es que esto va de la Monarquía y a mí <strong>la Monarquía no me gusta nada</strong>. No la quiero. Nunca me han preguntado si prefería Monarquía o República. Se murió Franco y pensábamos que nos lo iban a preguntar <strong>en plan sistema democrático </strong>y esas cosas. Pero no, nadie nos preguntó nada. La Transición hizo algo de lo que se podía hacer y dejó en el aire demasiadas cuentas pendientes. La Ley de Amnistía de 1977 y la Constitución de 1978 acabaron de redondear el asunto del miedo y en algunos casos el oportunismo político y en esta última metieron de tapadillo lo que no se atrevió a preguntar <strong>Adolfo Suárez</strong>: entre Monarquía y República pues nos quedamos con la Monarquía. Punto pelota. Por la chimenea de los nuevos tiempos,<strong> la fumata blanca de la herencia franquista</strong> aquel año de 1978: <em>habemus</em> rey, como hacen en el Vaticano cada vez que se muere un Papa.</p><p>El caso es que no me gusta la Monarquía. Lo que nos tocaba entonces era recuperar la República que se habían cargado los fascistas muchos años atrás: mejorarla, avanzar en lo que había empezado antes del golpe de Estado de 1936, dejar bien a las claras que, a la hora de elegir, como cantaban <strong>Los Chunguitos</strong>, no había color entre una Monarquía y una República. Hay muchas razones para esa elección, pero me quedo con una que creo que es importante: a los reyes <strong>no los elige nadie</strong>. Nacen con la corona en la cabeza. Viven sin pegar palo al agua todos los miembros de la numerosísima familia real desde que nacen hasta que se mueren. No tienen gastos porque todo se lo pagamos con nuestros dineros. Con tanto ahorro, amontonan fortunas que ríete tú de lo que se jugaban el BBVA y el Sabadell en su Opa interminable. Y encima va y el rey padre se mete a<strong> chorizar el bien común</strong> para montarse un negocio por su cuenta y ningún riesgo. Ahí lo tienen: con la Justicia haciéndole la ola, más ancho que largo paseando su garbo por el mundo mundial, riéndose de quienes pensaron que las herencias no se cumplen, apoyando en su bastón la arquitectura de un desgarro de la decencia que a él le importa un pito. En 2014 tuvieron que bajarlo con grúa del elefante de Botsuana, entre <strong>Rajoy</strong> y <strong>Rubalcaba</strong> vistieron al hijo para que pareciera rey en un plis plas y la momia podía seguir descansando tranquila bajo la cruz más grande que se conoce desde los tiempos de Espartaco. ¡País, como diría el maestro <strong>Forges</strong>!</p><p>Y vuelvo al principio. A lo de la risa abierta o la carcajada de hoy en <strong>infoLibre</strong>. Una risa que me libra del cabreo que me provocan las<strong> babas de sumisión </strong>con que la mayoría de líderes mundiales han saludado y aplaudido al nuevo, a la vez que ridículo, emperador de las galaxias. Sólo nombrarlo me da asco. Lo mismo que siento al ver a esos líderes <strong>besándole la mano</strong>, como cuando éramos críos en el pueblo se la besábamos al cura fuera donde fuera. Contentos de su humillación, del apretón de manos con golpecito final del jefe que sonaba a una clarísima amenaza: a portarse bien, ¿vale?, ya ves que donde hay un <strong>Maduro</strong> puede haber setecientos. Así que necesitaba algo que me aliviara las ganas de convertirme en exterminador de cucarachas, como en uno de los cómics de <strong>Jacques</strong> <strong>Tardi</strong> que más me gustan. Una sonrisa. O una risa abierta. O una carcajada. Y en ese trance se me apareció el resumen televisivo de una semana en que la noticia principal era el <strong>desfile de las fuerzas armadas</strong>. El día de la patria lo llaman. Cientos de militares y una cabra desfilando por una gran avenida madrileña mientras los aviones hacían cabriolas en el aire y el fascista, cobardica y cara dura <strong>Abascal</strong> ejercía de facción legionaria pero sin cabra.</p><p>Fueron sólo unos segundos. La tele es para mí como <strong>el foso de los cocodrilos </strong>a los pies de un castillo medieval. No tengo configuradas las cadenas. Por eso el otro día tenía que ver un programa que me interesaba personalmente, no digo de qué cadena porque me da vergüenza (bueno, de laSexta: ya está dicho), y en la búsqueda se me cruzó lo del resumen semanal televisivo. El desfile militar. La celebración del día de la patria. El lujo y el orgullo de una raza con el mismo olor a alcanfor que desprendía el baúl donde <strong>la abuela guardaba la dote de pobre</strong> que había de durar toda la vida. No sé cuántos militares pasaron por la pantalla en medio minuto. La pasta gansa que habría costado ese espectáculo. Pero menos mal que hubo algo que me arrancó de golpe y porrazo una carcajada, como si estuviera viendo una peli de los <strong>Hermanos Marx</strong>. </p><p>Ahí, en el escenario, entre tanto político y estrellas cuartelarias, estaban el rey y su hija vestidos de militares. Y me entró la risa tonta. Es que no me la puedo aguantar incluso ahora mismo, cuando recuerdo aquella imagen que era para darle el <strong>Goya al mejor vestuario</strong>. Iba a poner mejor disfraz pero no: a ver si me denuncian por faltarle el respeto a la Corona. Poca broma con esos deslices en los tiempos que corren. Imagino que en la Zarzuela tienen un guardarropía a prueba de celebraciones. Como el inspector Gadget en sus películas de risa. O como el Mortadelo inmortal del genial <strong>Francisco Ibáñez</strong>. Es que me los veo así a los dos, tan llenos de <strong>espíritu castrense</strong>, con sus gorritas y su mirada perdida en el horizonte, igual que los futbolistas en el campo cuando suena el himno nacional, y no puedo aguantarme la risa. Y me río a carcajada limpia. Y me entran ganas de dejar este artículo como está, asomarme a la ventana y gritar con el puño en alto:<strong> ¡Viva la República!</strong> Y lo hago.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Oct 2025 04:00:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El inspector Gadget, el rey y la hija del rey]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Pablo Guerrero: el luminoso oficio de la dignidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/pablo-guerrero-luminoso-oficio-dignidad_129_2072484.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Este tiempo acabará / Otro nuevo apuntará / Bajo el manto de lo viejo / Una nueva sociedad.</em></p><p><strong>Elisa Serna</strong></p><p><em>'Este tiempo ha de acabar'</em></p><p>Eran otros tiempos. Los que se vivían cuando pensábamos que su final –el de esos tiempos– era posible. El último franquismo había seguido cultivando la represión a destajo. El país se encendía y los estados de excepción, las huelgas, los asesinatos a manos de la policía y la Guardia Civil, las torturas en las comisarías… eran lo normal en un paisaje que la dictadura ya tromboflebítica se negaba a abandonar. <strong>El dictador murió matando</strong>. Los últimos crímenes: el asesinato de cinco jóvenes antifascistas el 27 de septiembre de 1975. “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=WqRWxtEq1Cc&list=RDWqRWxtEq1Cc&start_radio=1&pp=ygUkZWxpc2Egc2VybmEgZXN0ZSB0aWVtcG8gaGEgZGUgYWNhYmFyoAcB"  >Este tiempo acabará…”, cantaba </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=WqRWxtEq1Cc&list=RDWqRWxtEq1Cc&start_radio=1&pp=ygUkZWxpc2Egc2VybmEgZXN0ZSB0aWVtcG8gaGEgZGUgYWNhYmFyoAcB"  ><strong>Elisa Serna</strong></a> en 1974. Eso pensábamos. La muerte del dictador en noviembre de 1975 se abría a ese tiempo nuevo que anunciaba la autora de<em> Brasa viva</em>. Las ilusiones. Los sueños. La seguridad de que algo iba a cambiar en los nuevos tiempos. En EEUU los había cantado antes <strong>Bob Dylan</strong>. Aquí también se vivía la sensación de un cambio necesario. Y entonces llegó <em>Libertad sin ira</em> y mucha gente torcimos el morro porque a los nuevos tiempos ya les habían puesto música. La consigna: no mirar atrás. Y aún menos con ira. Pues vaya…</p><p>El cambio. Lo que pensábamos que iban a ser los nuevos tiempos y lo que en realidad fueron. Las canciones habían abierto una <strong>luminosa brecha en la oscuridad del franquismo</strong>. Las cantábamos. Las hacíamos nuestras. No era fácil porque la censura las asediaba, asediaba también a quienes las cantaban. Pero se llenaban auditorios, espacios al aire libre, hasta estadios de fútbol en algunas ocasiones. Recuerdo cómo Luis Pastor cubría, en la ciudad de València, una semana entera el aforo del Valencia Cinema. Las madrugadas del miedo en la voz de <strong>Maria del Mar Bonet</strong>. Cómo la férrea arquitectura de la dictadura se resquebrajaba en la vorágine de <em>L’estaca</em>, la mítica canción de <strong>Lluís Llach</strong>. Las lenguas que eran patrimonio de lo común, nada enemigas unas de otras como les gusta a las extremas derechas. <em>Al Tall</em> en mi tierra. Hay que salir a la calle, cantaba <strong>Paco Muñoz</strong>. La calle. Las calles. Y también la lluvia aliviando la sequedad de unos rastrojos que llevaban casi cuarenta años malviviendo con las cicatrices del barro. La lluvia a cántaros que lo inundaría todo. La voz de <strong>Pablo Guerrero</strong>. Tantas veces repetidos sus ecos hasta ahora mismo: “Tú y yo, muchacho, estamos hechos de nubes. / Pero ¿quién nos ata? / Pero ¿quién nos ata?”. Ecos de una Transición que no sería lo que habíamos imaginado. Como si la lluvia se hubiera convertido en una torrentera donde se ahogaban los sueños. “Este tiempo acabará”, en la voz de Elisa Serna. No sé. Qué quieren que les diga. Pues que no acabó del todo. Que siguió a su marcha casi triunfal por los caminos “modélicos” de la Transición. Modélicos, dicen todavía algunas voces. No sé modélicos de qué.</p><p>Tenía pinta Pablo Guerrero no sólo de artista inmenso sino, y a lo mejor sobre todo, de hombre bueno. Siempre me pareció con más años encima de los que en realidad tenía. Ese pelo lacio, la barba limpia, una manera tranquila de andar por el mundo. <strong>Era como el “serio” de la pandilla</strong>, la mirada profunda sobre lo que nos rodeaba, la voz de una conciencia que no se apagaría nunca. Ni siquiera ahora, cuando hace unas horas como quien dice que se ha muerto. Grabó canciones sueltas en discos de pocas canciones. Algunos álbumes de larga duración a los que iría dando la vez el más conocido de todos: <em>A cántaros</em>. Escribió libros de poemas (casi fue lo que más hizo: escribir libros de poemas) que son –como todo lo mejor– acciones de coleccionista. Recibió la tira de premios institucionales en esa extremeña patria suya que compartía con <strong>Luis Pastor</strong>. Recibió homenajes de sus propios compañeros. Y lo más importante: siempre fue nuestro ídolo.</p><p>Los nuevos tiempos no fueron tan nuevos. Y ahí estaban los cantautores para dejar bien claro que si no cambiaban las palabras lo nuevo sería imposible. Los años setenta del pasado siglo se cantaron con los hombres y mujeres que nos acompañaban para propiciar un cambio político, ideológico y cultural de verdad, una libertad que no admitía –ni admite– adjetivos trileros. La libertad en los versos de <strong>René Char</strong>: “La libertad se encuentra en el corazón de quien nunca ha cesado de quererla, de soñarla, de quien la ganó contra el crimen”. <strong>A esa libertad cantaban esos cantautores</strong> que protagonizaron una época y uno de los textos más hermosos que se han escrito nunca sobre su oficio: ¿Qué fue de los cantautores?, las palabras eternas de Luis Pastor para que el tiempo no se convierta en una engañifa. La lluvia que derramó Pablo Guerrero sobre la tierra quebrada de las ilusiones, unas ilusiones de ruptura con las que intentaron acabar la libertad sin ira y la jugada maestra de una <strong>Movida que quería apartar al desván de lo kitsch</strong> el tiempo de nuestras canciones de lucha y resistencia. Al mismo tiempo que surgía como por arte de magia esa Movida (¡ay, querido profesor!), seguía otra bien distinta: el compromiso de quienes seguían en el frente de una cultura que no sólo no desechaba lo político sino que lo amparaba y lanzaba a los cuatro vientos del pueblo, como años atrás había cantado <strong>Miguel Hernández</strong>, tan presente en algunas de las obras musicales de aquel tiempo.</p><p>Ahora, hace unas horas como quien dice, se ha muerto Pablo Guerrero. Sacar de entre todos los discos, los suyos. Sus poemas, Volver a vivir la lluvia bajo las nubes que nos juntaban cuando los sueños aún no se habían convertido en una emboscada. Las canciones de amor que escribió Pablo Guerrero. <strong>No las olvidemos</strong>. El amor como arma en el campo de batalla. Amarnos como ellos, aquellos del orden castrense en tiempos de democracia recién alumbrada, no querían. Las miradas de dos enamorados en tiempos de revuelta. Una de las canciones de Pablo que más quiero: <em>Buscándonos</em>. “Qué de temblor de vida / hay en nosotros…”. La vida en las canciones de Pablo Guerrero. Lo que nos deja esa vida para que la encaremos como él la encaraba. Los tiempos que esperábamos no fueron tan distintos. Pero nos quedan sus canciones. Ahí Pablo Guerrero con las suyas. Ese pelo lacio, la barba limpia, la pinta de ser el “serio” de la pandilla… <strong>Gracias por la vida, Pablo</strong>. Por esa voz tan particularmente tuya. Por la lluvia que nos armaba con palabras de libertad y contra el crimen… Gracias.</p><p>_____________</p><p><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Oct 2025 04:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
      <media:title><![CDATA[Pablo Guerrero: el luminoso oficio de la dignidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al alba: aquel 27 de septiembre de 1975]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/alba-27-septiembre-1975_129_2070353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al alba: aquel 27 de septiembre de 1975"></p><p>Esta vez empiezo a escribir por el final. Al fin y al cabo, como decía <strong>Eliot</strong>, el principio y el final son casi lo mismo. O lo mismo. Los versos que <strong>Angelina Gatell</strong> había escrito y leyó en un acto celebrado en Madrid, en la Biblioteca Nacional, el 27 de septiembre de 2008. Ahí la fecha. Día 27 de septiembre, pero esta vez, echando la vista atrás, de 1975. ¿Cuánta gente sabe lo que pasó ese día en Barcelona, en Burgos, en el pueblo madrileño de Hoyo de Manzanares? ¿Dónde, cuándo y cómo se ha contado desde entonces lo que pasó? Al ritmo que va la vida, cincuenta años no son nada. Apenas treinta más que los del tango de <strong>Gardel</strong> y <strong>Alfredo Le Pera</strong>. Apenas treinta años más. Algo insignificante para un país que fue morirse Franco y <strong>apostar por el silencio y el olvido</strong>. De hecho, estamos “celebrando” los cincuenta años de democracia, ¿no? Empezó con mucha publicidad institucional sin que supiéramos muy bien en qué consistía esa celebración. ¿Íbamos a buscarle las cosquillas a <strong>Martín Villa</strong>? Vaya rima tonta me ha salido. Ni a Martín Villa ni a nadie. Se han ido muriendo los verdugos franquistas<strong> sin que les pasara nada.</strong> Al revés. Cuando llegó la democracia y casi hasta ahora mismo se los ha condecorado, se les han concedido pensiones “por los servicios prestados”, les han<strong> lavado la car</strong>a de fanáticos de la violencia y las manos con las que golpeaban a sus víctimas en las comisarías, bastantes veces hasta la muerte.</p><p>La España de los años sesenta y setenta no era la plaza tranquila que algunas miradas complacientes han querido ver. El desarrollismo y la aparente apertura que quisieron adjudicarle intentaban t<strong>apar las cicatrices de un régimen que no dejó de perseguir ni condena</strong>r la disidencia hasta el último momento, ese momento en que el dictador se murió en la cama, entubado por todos los huecos, ridículamente convertido en un despojo que no tenía nada de humano. El déspota que tanto aman los del PP y Vox, la piel pegada a los huesos como si lo que quedaba de él fuera sólo un infame pellejo endurecido por su nunca abandonada condición de matarife. Si repasamos la lista de detenciones y torturas en esos años a manos de lo que se llamaban y se llaman eufemísticamente fuerzas de seguridad (¿de seguridad para quién?) el recuento se haría interminable. Todos tenemos una<strong> víctima cercana</strong> de la que apenas se ha dicho nada, que ha sido escondida en el rincón donde se guardan las vergüenzas de un tiempo corrupto hasta las cachas. El último franquismo no fue una calma chicha. Como tampoco lo fue, y bien que lo dijo el historiador <strong>Pierre Vilar</strong> con esas palabras, la transición política a la democracia. La historia no se inventa. Tampoco la verdad. Aquí se hablaba de la <strong>reconciliación</strong> sin tener en cuenta que antes de la reconciliación se tenía que haber<strong> contado la verdad.</strong> ¿Qué verdad? Pues la verdad. ¿Que cada cual tiene la suya? Eso es lo que dicen quienes apuestan claramente por la mentira.</p><p>En marzo de 1974 un joven anarquista llamado <strong>Salvador Puig Antich</strong> fue asesinado a garrote vil en Barcelona. Un policía muerto en una refriega. El asesino no podía ser otro para un tribunal militar franquista: Salvador, como familiarmente lo llama <strong>Loquillo</strong> en una de sus canciones más conmovedoras, una canción que forma parte de la banda sonora de un excelente documental de <strong>Susana Koska</strong> titulado <em>Mujeres en pie de guerra</em>. Con ellos dos y <strong>Carmen</strong>, una de las hermanas de Puig Antich, anduve un tiempo rodando por algunos sitios para exigir lo que finalmente, no hace mucho, ha conseguido la familia: la <strong>nulidad del juicio </strong>que condenó al hermano porque no había contado con ninguna garantía de defensa. La farsa de los juicios franquistas desde que dieron el golpe de Estado contra la República en julio de 1936. “¡Vamos a volver a 1936!”, grita desde el escenario el grupo musical fascista <strong>Los Meconios</strong> en los mítines de Vox y en una fiesta organizada por el Ayuntamiento de València, gobernado por el PP y Vox, hace unas semanas. La farsa que denunció el 11 de septiembre de 1975 <strong>Fernando Sierra</strong> cuando se enfrentó al tribunal que lo juzgaba en el acuartelamiento madrileño de El Goloso: “Las declaraciones de la policía han sido obtenidas mediante torturas y amenazas. Este juicio es una farsa, las condenas están dictadas de antemano”.</p><p>Estábamos en septiembre de 1975. Dos meses después<strong> moriría el dictador.</strong> Y como se ha dicho y escrito tantas veces: un dictador que nació y murió matando. Ahora se cumplen cincuenta años desde aquel 27 de septiembre de 1975. Y hay un libro que cuenta la historia de ese día, de lo que pasó y de sus protagonistas. De un tiempo que si no se cuenta <strong>será como si no hubiera existido.</strong></p><p>Así empieza el primer capítulo del libro <em><strong>27 de septiembre 1975. Los últimos fusilamientos del franquismo. La generosidad de la resistencia</strong></em><strong>,</strong> recién editado en El Garaje Editores por la Plataforma Abierta Al Alba. La <strong>ausencia de libertad </strong>hace que su búsqueda se articule desde diferentes militancias y puntos de vista políticos e ideológicos. Entre los grupos que defendían la lucha armada contra la dictadura estaban<strong> ETA y en los años setenta el FRAP</strong> (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). Los últimos estertores del franquismo llevaban tiempo resonando en el ambiente. En 1974 el dictador hubo de tomarse unos días de hospital porque ningún traje militar o civil se ajustaba a un cuerpo cada vez más flaco, pero con las mismas ganas de <strong>demostrar su crueldad </strong>que cuando abanderó el golpe de Estado de 1936 contra la legitimidad republicana. </p><p>Pocas cosas se les escapan a las páginas de este libro necesario. Desde el contexto político de aquel año a los testimonios de ahora en las <strong>voces de algunos de sus protagonistas principales. </strong>Conozco a algunos de ellos y me siento a ratos -al leerlos ahora en papel- profundamente conmovido. También con la rabia que te entra cuando ves -aunque ya lo supiéramos desde la operación exterminio que montaron <strong>Mola</strong>, <strong>Queipo</strong>, <strong>Yagüe</strong> y compañía- que los juicios franquistas de todas las épocas fueron una pantomima, que nunca hubo desde aquel lejano año de 1936 la más mínima posibilidad de defensa con garantías de quienes sufrieron<strong> detenciones y torturas porque el fascismo </strong>no ha de dejar un cabo suelto que le pueda hacer daño: unos juicios celebrados “sin pruebas, sin testigos, sin posibilidad de defensa, imponiendo el silencio a los abogados o expulsándolos de la sala, imponiendo silencio a los acusados, incluso con <strong>amenazas policiales directas”.</strong></p><p>Hubo en aquel septiembre de 1975 cuatro Consejos de Guerra. El primero, en Burgos, contra los miembros de ETA <strong>José Antonio Garmendia</strong> y <strong>Ángel Otaegi</strong>. Pena de muerte para los dos, aunque Garmendia vería conmutada su pena por el estado físico y mental en que quedó al ser tiroteado por la policía y luego torturado. En el acuartelamiento madrileño de El Goloso tendría lugar el segundo y, de los doce militantes del FRAP detenidos, cinco pasarían a juicio: <strong>Vladimiro Fernández Tovar</strong>, <strong>Xosé Humberto Baena Alonso</strong>, <strong>Fernando Sierra Marco</strong>, <strong>Pablo Mayoral Rueda </strong>y <strong>Manuel Blanco Chivite</strong>. Penas de muerte que finalmente vería cumplida Baena Alonso. Su familia y la de Sánchez-Bravo han conseguido la nulidad del juicio que lo condenó a muerte. Las torturas corrieron a cargo de una de las estrellas policiales de la represión franquista, condecorado luego por la democracia: el comisario <strong>Roberto Conesa</strong>. El tercer Consejo de Guerra, igualmente en El Goloso, sentó en el banquillo a los también miembros del FRAP <strong>José Luis Sánchez-Bravo</strong>, <strong>Ramón García Sanz</strong>, <strong>Manuel Cañaveras</strong>, <strong>José Fonfría</strong>, <strong>María Jesús Dasca</strong> y <strong>Concha Tristán</strong>. Penas de muerte que alcanzarían finalmente a los dos primeros. En esta ocasión se lucieron con su arte para la crueldad el omnipresente Conesa y su ayudante predilecto para estos quehaceres: <strong>Antonio González Pacheco</strong>, alias <em><strong>Billy el Niño</strong></em>. Por último, en Barcelona, se celebraría el cuarto Consejo de Guerra: condena a muerte para el miembro de ETA <strong>Jon Paredes Manot, </strong><em><strong>Txiki</strong></em>. En el fondo de las acusaciones -sin que esas acusaciones fueran corroboradas por testigos fiables- los atentados que costaron la vida a los miembros de la policía y la Guardia Civil <strong>Gregorio Posadas Zurrón</strong>, <strong>Antonio Pose Rodríguez</strong>, <strong>Lucio Rodríguez</strong> y <strong>Ovidio Díaz López</strong>. </p><p>Siguiendo el hilo de los hechos, el 27 de septiembre de 1975 tendría lugar el<strong> desenlace de esos cinco Consejos de Guerra</strong>. En Burgos. En Hoyo de Manzanares. En Barcelona. Los últimos crímenes del franquismo. Nacer matando y morir matando. Las presiones internacionales no sirvieron de nada. Bueno, sí que sirvieron: al menos la dictadura franquista ocupó el <strong>escenario mundial de la indignidad y la vergüenza</strong>. Fue larga la nómina de países que se manifestaron contra esos crímenes. Algunos de eso países retiraron a sus representantes en España. Reconocidas figuras de la política, de la filosofía, del mundo obrero, del cine… se comprometieron en la contestación a las ejecuciones. Hasta al Papa <strong>Pablo VI</strong> hicieron<strong> oídos sordos </strong>el dictador y sus ministros. Los nombres de la infamia en el poema de Angelina Gatell. Salen muchos en este libro que no deja nada suelto de lo que fueron aquellos días, aquellos meses, aquellos años en que la dictadura n<strong>o aflojó en su crueldad y su vileza</strong> sino todo lo contrario. En estos momentos, Pablo Mayoral, Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar y Fernando Sierra Marco han solicitado al Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática “la declaración de Reconocimiento y Reparación Personal del Gobierno de España”, lo que como decía antes ya ha sido concedido por ese Ministerio a sus compañeros Baena Alonso y Sánchez-Bravo. A esa solicitud se ha adherido <strong>Gerardo Viana Fernández-Valilla</strong>, abogado de García Sanz, sin familia que lo haga en su nombre. Especialmente emotiva resulta la correspondencia del letrado con <strong>Santiago</strong>, hermano de García Sanz, que sufría una enfermedad degenerativa y estaba ingresado en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: “A tu hermano Ramón sólo pudimos verle cuatro veces… pero fueron suficientes para darnos cuenta de su<strong> categoría humana</strong>. Fueron entrevistas intensas, cargadas de emoción, donde Ramón nos dio un auténtico ejemplo de serenidad, valentía y honradez”.</p><p>Nada es medio siglo dentro y fuera de los tangos. Si la memoria no muere, el <strong>tiempo acabará estando de nuestro lado</strong>. A pesar de lo difícil, de que el fascismo de viejo o nuevo cuño esté haciendo estragos por el mundo, de que las redes y los medios que corrompen la verdad ocupen el espacio que antes era el de la <strong>libertad de expresión</strong> sin ninguna concesión a las mentiras. Ese día sonará por todas partes la voz de <strong>Luis Eduardo Aute</strong>. No fue compuesta <em><strong>Al alba</strong></em><strong> </strong>para cantar los últimos crímenes del franquismo. La escribió antes y la dio a conocer <strong>Rosa León</strong> en los primeros meses de ese mismo año. Poco después esos cinco crímenes confirmarían una vez más la<strong> villanía del franquismo. </strong>Una canción de amor. O de desamor. Una canción que nos habla de la oscuridad pero también de esa luz que la ilumina en los tiempos difíciles.</p><p>Si tienen ocasión, lean este libro. Repito, en esta última línea, el título: <em>27 de septiembre 1975. Los últimos fusilamientos del franquismo. </em><em><strong>La generosidad de la resistencia</strong></em><strong>. </strong>Habla de la memoria. De lo que no puede ni debe ser olvidado. De un tiempo en que gritábamos los sueños aunque a veces esos sueños se convirtieran en una insoportable pesadilla. Cincuenta años que caben en una sola canción. La larga noche, sí. Pero también la seguridad de que será larga la esperanza en que el fascismo de viejo o nuevo cuño no lo convierta todo en una mierda.<strong> En esa luminosa claridad nos vemos, ¿vale? En esa claridad.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Sep 2025 10:32:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Víctimas del franquismo,Francisco Franco,Terrorismo,Asesinatos,Memoria histórica,Política,Libertad de expresión]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cuando Silver Kane nos salvó de la quema franquista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/silver-kane-salvo-quema-franquista_1_2068434.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1e403654-d4d6-475e-96a3-53bc9d06bbd5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando Silver Kane nos salvó de la quema franquista"></p><p><em>El pensamiento escapaba siempre al análisis de los infatigables sabios</em>.</p><p><strong>George H. White</strong></p><p>'El enigma de los hombres planta'</p><p>Érase una vez un pueblo donde en las casas no había libros. Sólo hambre. Los fascistas habían ganado la guerra y la República fue a parar al desván de los cacharros inservibles. Y la cultura. Y las aspiraciones a la igualdad en todo. Y los gritos de libertad que atronaron las calles un ya inalcanzable 14 de abril de 1931. Todo se fue a la mierda aquel maldito mes de abril de 1939. Lo que quedó fue una sórdida parafernalia de brazos en alto, de himnos a la Patria, de cárceles llenas de muertos, como las cunetas y las fosas incógnitas en los cementerios. Un insufrible olor a podrido durante cuarenta años que no acaba de irse medio siglo después de la muerte del dictador <strong>Franco Bahamonde</strong>. </p><p>Los perfumes siempre de poco alcance de la democracia no han conseguido que la carroña dejara de meterse por nuestras narices y tomar al asalto esa parte del cerebro que, según dicen, nos permite pensar y dar sentido a la fragancia de lo humano. Fragancia, qué palabra más cursi. Como si esto que escribo fuera un anuncio de la tele y no el regreso a una de las épocas más crueles de la infamia contemporánea. La dictadura franquista. El olvido de la Segunda República cuando llevamos ya, según dicen, cincuenta años de democracia. Y de una Monarquía heredada del franquismo. Eso no lo dicen. Las casas sin libros. Sólo la cartilla de racionamiento y la historia de España contada en las escuelas llenas de mentiras.</p><p><strong>Aquellas novelitas</strong></p><p>A mi padre le gustaba el teatro. Dirigió el grupo artístico de Gestalgar, nuestro pueblo de la Serranía valenciana. Fue protagonista en casi todas las obras representadas en el viejo cine ya desaparecido, como todo lo de entonces. Su sueño era llegar a ser actor profesional, pero la condena después de la guerra le impidió moverse por la vida como a él le habría gustado. Fue hornero toda su vida. Y yo trabajé con él, con mi madre y mi hermano desde los diez u once años hasta casi los treinta. Todas las noches a currar en el horno desde que era un crío. Y sin embargo, el oficio me gustaba. Quería ser hornero. Me obligaron a estudiar, aunque fuera a ratos. Y, por libre, cursé los estudios de Magisterio: la carrera más corta. Pero nunca dejé de ser hornero. Nunca. De hecho, cuando me preguntan si me gusta dedicarme a la escritura (lo de ser escritor me parece —como decía el maestro <strong>Onetti</strong>— una muestra de arrogancia ridículamente insoportable), contesto que mi oficio siempre fue y será el de hornero. O sea, que cuando leo eso de pan de masa madre, pan de pueblo y otros reclamos comerciales tuerzo el morro y qué quieren que les diga…</p><p>Digo lo de mi padre y el teatro porque en mi casa había media docena de libros, o algo parecido: la mitad, escritos a mano, eran los textos que correspondían a los personajes que él interpretaba. Otros eran un libro con las poesías de <strong>Zorrilla</strong> y unos manuscritos grapados con <em>El piyayo</em>, <em>Oda al Dos de Mayo</em>, <em>Un duro al año</em> y —qué cosa más rara— <em>La casada infiel</em>, de <strong>Federico García Lorca</strong>. Y el último, que no sé dónde se habrá metido, uno sobre las maravillas del mundo que me dieron como premio en la escuela cuando tenía siete años. Esa era toda la literatura que había en la casa de la calle Larga cuando mis padres regresaron al pueblo hace unos treinta años. Yo lo haría no mucho después y a esa entrañable biblioteca le añadiría mi particular colección de obras inmortales: un buen puñado de novelas genéricamente llamadas del Oeste. Las famosas “novelitas”. Seguro que bastantes de ustedes han leído alguna en su vida. Quien sí que se alimentó de esas historias que nos convertían en expertos viajeros por las galaxias de la imaginación es mi amigo <strong>Montero Glez</strong>. Y no te veas qué novelazas escribe el tío.</p><p>Los magnates de la crítica y los estudios académicos que fabrican los <em>bestsellers </em>de la “gran literatura” las consideran subliteratura. Y se quedan tan anchos. Luego lees lo que escriben de vergonzosos bodrios editoriales y te entran ganas de convertirte en el Freddy Krueger de <em>Pesadilla en Elm Street</em>. Seguro que esos lumbreras se formaron zampándose con glotona delectación las obras literarias más importantes del mundo mundial, que leyeron cuando eran unos críos a <strong>Balzac</strong>, <strong>Dostoievski</strong> y <strong>William Faulkner</strong>. Hasta jurarán, sin que se les note que mienten más que mi paisano <strong>Carlos Mazón</strong> sobre dónde estaba el día de la dana, que se les quedaron cortos los siete tomos de <em>En busca del tiempo perdido</em>. Pero igual les pregunto a esas eminencias si saben quién fue <strong>Silver Kane</strong> y se quedan como si fueran un moai de la Isla de Pascua.</p><p><strong>De las vidas imaginarias</strong></p><p>Eran los únicos libros que entraban en muchas casas cuando España era un secarral donde hasta agonizaban los lagartos. Con todo eso crecimos mucha gente y aquí estamos. La pobre niñería que leíamos las novelas de <strong>Silver Kane</strong> y otros colegas de la “abominable subliteratura” nos libramos, gracias a ellos y digan lo que digan sus ilustrados detractores, de la quema ideológica franquista. Vivíamos en otros mundos. Cabalgábamos por las Montañas Rocosas y las calles embroncadas de Dodge City, viajábamos en naves espaciales que ni hubiera podido imaginar el nazi <strong>Elon Musk</strong>, nos enamorábamos de la espía que surgió del frío porque nos importaban un jodido pito el sol de Benidorm y el faro luminoso y anticomunista de todo el Occidente. </p><p>Sí, leía entonces aquellas novelitas y las sigo leyendo ahora. Bien alto y claro lo digo: cuando ya no puedo más con tanta “gran literatura” regreso a la tabla de salvación que son las aventuras del Oeste, del FBI, de Ciencia-Ficción… Me abrazo a Silver Kane, a <strong>George H. White</strong>, a <strong>Alf Regaldie</strong>, a <strong>Peter Debry</strong>, a <strong>Edward Goodman</strong>, a <strong>A. C. Rolcest</strong>, a <strong>Marcial Lafuente Estefanía</strong>, a <strong>José Mallorquí</strong>, a <strong>Donald Curtis</strong>, a <strong>Keith Luger</strong>, a <strong>Fidel Prado</strong>, a <strong>Lou Carrigan</strong>, a <strong>Joseph Berna</strong> y a tantos autores como ellos para que no se me coman por los garrones los mercenarios intereses del mercado literario. Pero hoy —ya vendrán otros nombres de aquel mundo novelístico y de los tebeos— quiero hablarles de Silver Kane. </p><p>Lo he hecho ya en numerosas ocasiones. Ahora lo hago porque hace nada <strong>Luis García Jambrina</strong> me dijo que estaba preparando una novela sobre <strong>Francisco González Ledesma</strong>, o sea sobre Silver Kane. Y como Luis conocía mi afición por la “literatura para analfabetos”, quería que le contara cosas sobre esa literatura en general y principalmente sobre mi siempre admirado Silver Kane. Y le conté algunas cosas. Ojalá le salga una novela como Kane y sus colegas se merecen. Seguro que sí.</p><p>Tenían muchos nombres quienes escribían esas novelas. Los de verdad y los que se inventaban. El suyo auténtico era Francisco González Ledesma. Y así firmó muchas de las novelas más imprescindibles de la literatura española contemporánea. Se inventó un personaje llamado Méndez para sus inmensas historias policiales o como se las quiera llamar. Ganó el Planeta en 1984 con <em>Crónica sentimental en rojo</em>. Mucho antes, la censura le había prohibido la publicación de <em>Sombras viejas</em>, su primera novela, con la que había ganado el Premio Internacional de Novela en 1948. En Francia era más conocido que en España. Para mí fue y sigue siendo —ya lo dije— uno de los escritores más imprescindibles. Pero si me dan a elegir —como cantaban <strong>Los Chunguitos</strong>—, me quedo con el nombre inventado: Silver Kane. Escribió cientos, no sé si miles de aquellas novelitas. De todos los géneros, también para el llamado de chicas en el que triunfaba el nombre de <strong>Corín Tellado</strong> por encima de todos los demás. </p><p>Él echó mano de un seudónimo apropiado para la ocasión: <strong>Rosa Alcázar.</strong> Me hace gracia cuando leo lo de que toda aquella era literatura basura. Si escribían un par de novelas a la semana. Si lo importante era construir un artefacto que funcionara sin calentarnos ni calentarse demasiado la cabeza. Si tenían que vivir como machacas de un negocio que cursaba cientos de miles de ejemplares todas las semanas para el mercado español y el latinoamericano. ¿Les suena, por ejemplo, el nombre de <strong>Eduardo de Guzmán</strong>? Sí, el autor anarquista de <em>Aurora de sangre: vida y muerte de Hildegart</em>, el libro que dio pie a <em>Mi hija Hildegart</em>, la película de <strong>Fernán Gómez</strong>? Pues se ganaba la vida escribiendo novelas del Oeste y del FBI con los seudónimos de <strong>Edward Goodman,</strong> <strong>Eddie Thorny</strong>, <strong>Richard Jackson</strong> y algunos más que me cuesta recordar. Pues como él, una inacabable lista de nombres anglosajones falsos que nos encandilaban con sus vidas imaginarias antes de que hiciera lo mismo con otros nombres rimbombantes <strong>Pierre Michon</strong>, ese genio demasiado desconocido en nuestro actual panorama literario.</p><p><strong>¡Ay!, ¿qué hacemos con la gente lista?</strong></p><p>Cien páginas eran más o menos las que les servían para contar historias que alegraban la vida cotidiana de un tiempo en que la alegría era un bien escaso, casi inexistente. Y sin embargo, muchos de aquellos autores escribían como dios: Silver Kane era uno de ellos. Seguramente el que mejor escribía. Tuve la suerte inmensa de conocerlo un día en Barcelona. Y luego en otros sitios. Y sigo teniendo la suerte inmensa de seguir leyéndolo y de tener en uno de los puntos más visibles de mi particular biblioteca de Alejandría tres de sus novelitas dedicadas de su puño y letra. En una de ellas, <em>Yo soy el verdugo</em>, escribe: “Con cariño, Alfons, te dedico esta novela del tiempo de las ilusiones. Silver Kane”. Una de mis numerosas joyas escondidas, como llaman <strong>Jesús Maraña</strong> y <a href="https://www.infolibre.es/autores/alba-precedo/"  >Alba Precedo</a> (suerte, querida Alba, en tus nuevos destinos periodísticos) a los libros que para <strong>infoLibre</strong> me saco de vez en cuando de la manga porque me gusta escarbar, como un incansable buscador de tesoros, entre los restos de todos los naufragios, que es lo mismo que decir de todos los olvidos.</p><p>Desde aquí he de mostrar una gratitud infinita a la <a href="https://amigosdelbolsilibro.blogspot.com/" target="_blank" >Asociación Cultural Hispanoamericana Amigos del Bolsilibro (ACHAB)</a>. Llevan a cabo un enorme y entregado trabajo de recuperación de aquellas novelas, que también se llamaban de “quiosco” o de “a duro”, que es lo que solían costar si las comprabas nuevas aunque muchas las cambiábamos por otras una vez a la semana pagando unas pocas perras en la transacción. Hace un par de años publicaron precisamente un volumen especial dedicado a Silver Kane con el título de <em>Ciudadano Kane</em>. Un lujo disponer de unas cuantas de sus historias. Tengo muchas de ellas en la casa de la calle Larga. Las sigo adquiriendo donde puedo. Me gusta pensar en las vidas que han pasado por sus páginas, en la alegría que llenó algunas casas sometidas a la devastación por el horror fascista que tanto se ensañó también con la cultura.</p><p><strong>Una infinita tristeza</strong></p><p>Nunca dejaré de volver a las novelas de Silver Kane. Nunca, tampoco, a las de Francisco González Ledesma, claro que no. Los dos eran lo mismo: grandes escritores, cada cual en su territorio literario. Lo que escribía en <em>Ciudadano Kane</em> su hija y escritora <strong>Victoria González Torralba</strong>: “Tal vez fuera González Ledesma quien poseyera el talento, pero el oficio se lo debía todo a Silver Kane”. Para mucha gente fue —con muchos otros nombres que lo acompañaron en sus difíciles y estajanovistas travesías literarias— la tabla de salvación que nos apartaba, cuando éramos jóvenes, de las sombrías calles del franquismo. Y menos lobos, Caperucita, por parte de quienes pontifican, con aire de ridículos guiñoles, sobre lo que es la gran literatura y la que sólo se merece que la miren por encima del hombro.</p><p>Cuando murió Silver Kane hace diez años sentí una infinita tristeza. Ya sé que, como suele decirse, siempre nos quedarán sus novelas, las historias que se inventaba con Méndez hurgando en las tripas de una sociedad que olía a rata quemada y las que en apenas cien páginas nos alegraban la vida en un país donde todo eran sombras y con la vileza de una inacabable dictadura vaciando de libros las casas y llenándolas de hambre. Si no han leído a Francisco González Ledesma o a Silver Kane no saben lo que se están perdiendo. Lo digo porque el remedio es fácil: búsquenlos. Seguro que los encuentran. Y si no, pues pregúntenme y les digo cómo y dónde, ¿vale? Pues eso.</p><p><em>* </em><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Sep 2025 04:00:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[¿Hay otros paraísos que no sean los perdidos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hay-paraisos-no-sean-perdidos_1_2031947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/66c30815-268e-412c-a84b-16d89e5b33c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hay otros paraísos que no sean los perdidos?"></p><p><strong>Anagrama (2015 / 2025 - 172/105 páginas)</strong></p><p>He desempolvado las novelas de la madre. Las que fue publicando en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Alguna ha desaparecido de las estanterías. Otras, como <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/compactos/el-mismo-mar-de-todos-los-veranos/9788433920195/CM_15" target="_blank"><em>El mismo mar de todos los veranos</em></a> (1978), que es la primera que leí y si no me equivoco también la número uno en la cronología de sus publicaciones, tienen las cubiertas descoloridas y muchos subrayados. Lo de los subrayados es vicio. No sé cuántos lápices consumo en la práctica de ese oficio. Porque llenar de rayajos las páginas de un libro es un oficio y no de los más fáciles a la hora de enfrentarnos a la lectura de un texto sea del tipo que sea. Creo que en alguna parte, hace muchísimos años, lo escribí: "un libro son sus subrayados". O a lo mejor lo escribió alguien que no era yo y simplemente lo copié como si fuera mío. Al fin y al cabo, ya lo dijo <strong>Juan Gelman</strong>: todos los libros vienen de otros libros. O sea, que los libros que leo y me gustan (incluso muchos de los que me han parecido una mierda) acaban llenos de cicatrices, como la cabeza cuadrada de Frankenstein en las películas de miedo. Pobre monstruito que sin comerlo ni beberlo lo pusieron a ser más malo que Caín sin que él tuviera ninguna culpa.</p><p>Sobre eso de los libros y nuestra manera de enfrentarnos a su lectura, lo escribe la hija en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/tambien-esto-pasara/9788433997883/NH_541" target="_blank"><em>También esto pasará</em></a>, una novela de 2015 que gozó de unos beneplácitos de crítica y público que pocas veces antes se habían dado en la literatura española contemporánea escrita en castellano: sacudió –según algunas frases publicitarias– los cimientos de la Feria de Frankfurt. Hasta una editorial estadounidense dicen que pagó medio millón de dólares por los derechos. Ya se sabe que las Ferias del Libro –la de Frankfurt y cualquier otra– sólo sirven para eso: comprar y vender. Otro oficio. La compraventa. ¿Ustedes saben la pasta que es medio millón de dólares cuando hablamos de libros? Sobre la relación lectora con los libros, dice la autora: "Se puede saber si a alguien le gustan de verdad los libros por cómo los mira, por cómo los abre y los cierra, por cómo pasa sus páginas…". Y yo añadiría: por cómo los descuartiza la pasión a la que se entrega en cada relectura. Porque somos lo que releemos, como también dijo <strong>Julio Ramón Ribeyro</strong>, un escritor peruano que tendría que ser más respetado literariamente (y no veas en lo demás) que <strong>Vargas Llosa</strong> y sólo se lo conoce –quien lo conoce– porque fumaba como los periodistas cuando las redacciones no eran como las salas desinfectadas de un hospital y tampoco, precisamente, como los que está destrozando Israel para exterminar Palestina sin ningún pudor y con la ayuda vergonzosa del mundo mundial.</p><p>Una confesión: nunca había leído nada de una escritora que se llama <strong>Milena Busquets</strong>. Y nunca es nunca. Ahí estaban sus novelas, llegadas como otros centenares que me están expulsando de la casa de la calle Larga, pero no les había prestado ninguna atención. La burguesía me interesa poco o nada y menos cuando protagoniza narrativas y conflictos que me resbalan. Hablo de narrativas de ahora, no de las que llenan el siglo XIX y son como las inventoras -con el permiso del <em>Lazarillo</em>- de la novela moderna. De hecho, sigue siendo <em>Las afueras</em>, escrita cuando él tenía poco más de veinte años, la novela que más me interesa de <strong>Luis Goytisolo</strong> porque no habla de la burguesía sino de los perdedores de la guerra y no tenían donde caerse muertos. </p><p>Por eso las novelas de<strong> Milena Busquets</strong> estaban ahí, entre los montones de libros que ya me impiden disponer de un asiento decente para leer con tranquilidad y escupir –las poquísimas veces que les presto atención– a los informativos de la tele. Con <strong>García Ferreras</strong> agoté la saliva que me quedaba y desde entonces el televisor es un mueble inútil sobre otro reluciente de color rojo que compré en el Ikea de Grenoble hace la tira de años. El caso es que hace unos días me llegó <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-dulce-existencia/9788433929563/NH_761" target="_blank"><em>La dulce existencia</em></a>, su última novela. Las notas críticas de la contraportada me sonrojaron bastante. Hacían alusión –en positivo– a la que tuvo tanto éxito hace ahora diez años.</p><p>A la vez, me enteré de que se iba a estrenar una película basada en esa novela. Revisé cosas que se habían escrito entonces. Todo halagos. Incluso de gente que suele ser dura a la hora de escribir sobre libros. Como no leo reseñas ni nada parecido, hube de buscar en internet. Insisto: todo halagos. Así que antes de meterme en las páginas de la recién llegada, me fui a la segunda. O sea: <em>También esto pasará</em>. La del medio millón de dólares que antes les decía. Protagonistas jóvenes de la burguesía catalana. Descendientes de aquella <em>gauche divine</em> de los sesenta fotografiada por <strong>Colita</strong> en la que se coló un joven ayudante de un taller de joyería que se llamaba <strong>Juan Marsé</strong>. Para mí es el<em> number one</em>. Los Beatles de la literatura contemporánea en castellano. Una pareja perfecta: <strong>Juan Marsé </strong>y <strong>Concha Alós</strong>. No me pidan más: <em>Últimas tardes con Teresa</em> y <em>Los enanos</em>. No me costaba nada probar lo que había dentro de la novela de <strong>Milena Busquets.</strong> Además, era de los libros que me gustan: breves y no esos mamotretos que me incitan a convertirme cada día más en el más despiadado asesino en serie de libros gordos. O sea: qué perdía adentrándome en una historia que, de primeras, no me iba a robar mucho tiempo en el caso de que llegara al final. O sea: que escribo aquí sobre una novela que se publicó hace diez años y que había estado más dormida en la casa de la calle Larga que la princesa del cuento todo ese tiempo.</p><p>Tienen cuarenta años los hombres y mujeres que pueblan sus páginas. Los hijos y las hijas andan cerca de la adolescencia. Lo pasan la hostia de bien en Cadaqués, paraíso de la vieja y catalana izquierda divina sesentera. Parecen felices. Seguramente lo son, a su manera. Como decía <strong>Tolstoi</strong> de esas familias ancladas en la dicha. Pero no todo es oro lo que reluce en esa felicidad. Disculpen ustedes la frasecita, pero uno tampoco es <strong>Faulkner </strong>todas las horas del día, aunque a ratos se lo crea. La verdad es que, como le decía <strong>Onetti</strong> a mi siempre recordado <strong>Ramón Chao</strong>, no sé escribir mal. Para qué me voy a poner sensible con eso de la modestia que siempre es más falsa que el silencio de <strong>Santos Cerdán</strong> los años que se pasó ejerciendo de trilero mayor en la cúspide del socialismo <em>regeneracionista</em>. La vida es una excursión a las raíces de la infancia, el reencuentro con antiguos amantes, descubrir que "lo contrario de la muerte no es la vida sino el sexo". Follar es importante. Y follar, follar y follar, más importante todavía. Y tanto que lo es. Que se lo pregunten a Blanca. O a cualquiera de sus amigas y amigos excursionistas. Cuarenta añitos. La vida resuelta. Un lujo.</p><p>Al final, eso de la felicidad también es un cuento chino. Incluso para esa burguesía que tiene barca y una casa donde habitan los fantasmas de sus antepasados. Por mucho que -como la propia protagonista de una novela que poco a poco me iba calando más de lo que hubiera imaginado desde mis aprensiones ideológico-literarias- tuvieran vidas más o menos acomodadas. Ya sé que no es lo mismo –ni parecido– ser rico que una rata. Pero también sé que la escritura es siempre lo que hará que nos creamos o no lo que nos cuentan en una novela o donde sea. Y en la escritura de <em>También esto pasará</em> hay algo bueno que –con una mezcla de tensión y una ironía que a ratos se vuelca en un humor que humaniza a los scouts protagonistas– ennoblece el relato sin que nada de lo que estás leyendo suene a falso como el silencio de <strong>M. Rajoy</strong> en los papeles de <strong>Bárcenas</strong>. ¿Qué pensaban, que sólo iba a hablar de los desalmados socialistas? Para eso ya está el periodismo de las cloacas.</p><p>Y sobre todo, por encima de lo que hacen o deshacen sus personajes, la novela es una carta a la madre muerta. Como la de <strong>Kafka</strong> a su papá, pero con más equilibrio entre el odio y el amor de hija que Blanca siente por su progenitora. Es una señal de escritura seria cómo va intercalando los renglones de esa carta con todo lo demás. Ese tú a tú, ese mirarse a la cara sin las pestañas postizas de la impostura (otra frasecita guay, ¿eh que sí?), la forma de enfrentarse a una madre que fue como la madrastra de Blancanieves pero que algunos espejos en que se mira devuelven el amor que sentían una por la otra y viceversa. Disculpen de nuevo: eso de viceversa debería estar señalado con pintura roja en los manuales de escritura de todos los géneros, incluido el literario. La virulencia del recuerdo. El tiempo que arrecia en mar abierto como si arrastrara el peso de no se sabe cuántas biografías que navegaron los veranos de Cadaqués abriendo una brecha entre el franquismo de los abuelos de Blanca y el antifranquismo de los padres.</p><p>La seguridad de que no hay tiempos iguales y de que algún día los fantasmas del pasado echarán a andar como en las películas de muertos vivientes. Heredar un sentido de la libertad que no casaba con la oscura y siniestra vida impuesta por la dictadura. Eso hizo fuerte -aunque fuera en apariencia- a la generación burguesa de los cuarenta años en el año 2015. No es el 15M de cuatro años atrás, claro que no. Ni el contexto político se explica de una manera distinta a lo que de radicalmente político tiene la violencia de una memoria familiar que se mezcla con las risas de la pandilla, los encuentros furtivos y las estrategias de seducción de quienes saben –o a lo mejor no– que vivir es, como decía <strong>Monique Lange</strong> en <em>Las casetas de baño</em>, acostumbrarte a que los demás te abandonen. Crecer en la seguridad de que "todos tenemos paraísos perdidos en los que nunca hemos estado". La pregunta eternamente repetida a lo largo de un libro que acaba fascinando: cómo nos hacemos adultos, qué hay en nosotros de quienes estuvieron antes en los mismos sitios, en los mágicos amaneceres del cabo de Creus (yo estuve una vez, hace ya muchos años) o en las calles alejadas de la playa donde al menos las veces en que anduve por allí había un campo de fútbol y tenía una casa modesta mi querido tío <strong>Vicente</strong>, exiliado y comunista, al que llamamos en Gestalgar, mi pueblo, el tío Zapatero.</p><p>La sombra –o la luz– de la madre muerta recorre el libro y eso me ha llevado a recuperar los que escribió en los años setenta y ochenta del pasado siglo. A los subrayados que lo llenan de cicatrices. A juntar <em>El mismo mar de todos los veranos</em> y <em>También esto pasará</em>. En la primera, que leí cuando leía todo lo que caía en mis manos sin que nadie me dijera lo que valía la pena leer o tirar a la basura, hay un subrayado que por sí solo define la novela de la hija escrita treinta y siete años más tarde: "crecemos en el mundo sagrado de los juegos –donde todo es real– para desembocar después en esta mascarada de los adultos". En esa mascarada se enreda la hija Blanca y se pregunta, entre los arrebatos sexuales, las noches de quiebra emocional cuando todo se ha torcido y el ronroneo de una barca que es como la de <strong>Lucho Gatica</strong> a ritmo de los <strong>Clash</strong> (mi grupo favorito con el permiso de <strong>Paul McCartney</strong> y <strong>Brian Wilson</strong>, que se acaba de morir), se pregunta, digo, si se ha hecho cada día más madura o si la madurez es otro cuento chino que se han inventado la nostalgia de un pasado que nunca acaba de pasar y las <strong>Spice Girls</strong>.</p><p>Lo digo porque en mi paseo por internet he descubierto la tira de alusiones a la autoficción, que es como llaman quienes dicen que saben a novelas como ésta. No sé lo que es la autoficción. Ni me interesa. Pero hay tipos que viven escribiendo sobre ella. Sobre todo para negarla. Hasta escriben libros sobre eso. Que si se agota la imaginación. Que si el <em>yo</em> se hincha más que el locuaz monigote de neumáticos Michelín. Que ya no existen personajes como<strong> Emma Bovary</strong>, <strong>Holden Caulfield </strong>o la <strong>Scarlett O’Hara </strong>de <em>Lo que el viento se llevó</em>. Por cierto, un productor de cine, en los años cuarenta del pasado siglo, pagó por los derechos de la novela de <strong>Margaret Mitchell</strong> una pasta que ríete tú del medio millón que alguien pagó en Frankfurt por <em>También esto pasará</em>. Me da igual si esa novela y las de <strong>Esther Tusquets</strong> (ya salió el nombre de la madre) son autoficción o la <em>Brevísima relación de la destrucción de las Indias</em> que escribió <strong>Bartolomé de las Casas</strong> contra los cruzados terraplanistas patrióticos que ya existían en el siglo XVI.</p><p>Lo único que quería es hablar de que a veces viene bien escarbar en los rincones más apartados donde guardamos los libros que en su momento no nos interesaron. Y que a pesar de mis razones ideológicas para no acercarme a las novelas que protagoniza la burguesía (no hablo de las del XIX), <em>También esto pasará</em> ha supuesto una sorpresa feliz, de las que se agradecen. Que he tardado diez años en leerla y lo he hecho porque me llegó hace nada <em>La dulce existencia</em>, la última novela de<strong> Milena Busquets </strong>de la que hizo una estupenda reseña en Posdata (suplemento literario del diario <em>Levante-EMV</em>) mi amigo y entendido en estas lides <strong>Manuel Peris</strong>. Diez años, nada menos. Y qué. No es por comparar, claro que no, pero quién de ustedes –incluso esos tipos listos que leen con guantes a <strong>Annie Ernaux</strong> o <em>La campana de cristal–</em> acabó el <em>Ulises</em> o <em>The waste land</em> en el primer intento. De <em>Finnegans Wake</em>, ya ni les hablo. Así que menos lobos, Caperucita, y a leer autoficción o lo que sea siempre que lo que sea no sea una vergüenza, ¿vale? Pues eso. </p><p><em>* </em><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jul 2025 04:00:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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    <item>
      <title><![CDATA[Todos somos corruptos menos ellos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/corruptos_129_2027171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos somos corruptos menos ellos"></p><p>De vez en cuando <strong>me asomo a la tele.</strong> No muchas veces. Sólo de vez en cuando. Para qué. La vida ya está llena de lágrimas y en la tele sólo salen toneladas de lava como las que bajaban de los volcanes de <strong>La Palma o Pompeya.</strong> Y te amargan el día, la noche, lo que sea. Me duermo con las gallinas. O sea, casi antes de que se ponga el sol, como cantaban <strong>Los Bravos</strong> en los tiempos de mi adolescencia. Y madrugo mucho, como los más de veinte años en que trabajé en el horno familiar, nada menos que desde los diez u once hasta casi los treinta. Les cuelo de refilón este currículum porque si alguna noche por lo que sea no me duermo, me quedo con <strong>Xabier Fortes</strong> y sus 24 horas en TVE. Hasta ahí llego. No más. Pero estos días me rehago el ánimo y me asomo a la pantalla. <strong>Sólo a las de TVE.</strong> Las otras me dan miedo. Antes, hace muchos años, veía cómo me señalaba con el dedo <strong>García Ferreras</strong> y me entraban ganas de que se le metiera por la punta un chispazo de electricidad. ¿Por qué hostias, cretino, tienes que señalar con el dedo a quien está a este lado de la pantalla? O sea, que <strong>no veo la tele pero estos días sí que lo hago de vez en cuando.</strong> Todo el rato salen <strong>Koldo</strong>, <strong>Ábalos</strong> y <strong>Cerdán</strong>. Cada día lo mismo. Y últimamente se añadían el <strong>Congreso del PP</strong> y el <strong>Comité Federal del PSOE.</strong> Lo común en los dos sitios: el material inflamable que se guarda en los soportes de ese monstruo de la informática (y de tantas otras cosas) que es ese tipo que, si no fuera por quitarle nobleza al gorila, podría haber sido seleccionado perfectamente para interpretar a <strong>King Kong</strong>.</p><p>Y la verdad es que no puedo soportarlo. Lo de ver la tele, digo. No por la tele, en este caso, sino por cómo oigo bramar a los del Partido Popular. Es que ustedes, como yo mismo, seguro que los vieron. A los tres: <strong>Aznar</strong>, <strong>Rajoy</strong> y <strong>Núñez Feijóo</strong>. Subidos al estrado de su Congreso. Crecidos por los desfalcos económicos, políticos y morales que asolan desde hace meses los cimientos del PSOE y la propia credibilidad de <strong>Pedro Sánchez</strong>. Sólo faltaban sumarse al trío de la vileza <strong>Felipe González</strong>, <strong>García Page</strong> y <strong>Lambán</strong> para tener el paisaje completo de la iniquidad. <strong>La Patria está en peligro.</strong> Por eso dice Feijóo: “ahora empieza lo importante: <strong>convertir nuestro trabajo en esperanza para los españoles”</strong>. Qué perra han cogido con salvar a los españoles. Se refieren, claro, a los buenos españoles. No creo que estén pensando en ustedes o en mí mismo. Pero ellos siguen a su bola. Y cómo no nos van a temblar como en un terremoto las piernas y el entendimiento cuando escuchamos a Aznar lo de que “si pactas con delincuentes, no te extrañe acabar en la cárcel”. <strong>De dónde ha salido este monstruo de la desmemoria.</strong> La mediocridad intelectual convertida en alimento espiritual para su feligresía. La palabra delincuencia debería explotarle en la boca y convertirlo en una bola de fuego, como en las películas apocalípticas que están tan de moda desde hace unos años. Hay que tener mucho cuajo para olvidar la <strong>Guerra del Golfo</strong> en la que nos metieron sus rendidas pleitesías a <strong>Bush Jr</strong>, las mentiras de los atentados del <strong>11 de marzo de 2004 </strong>que causaron en Madrid centenares de muertos y heridos, la terrorífica realidad del Yak-42… Cómo se puede ser tan miserable, vivir tan a gusto en la indecencia, estirar las palabras hasta romper abruptamente su significado. <strong>La palabra corrupción en su boca suena a burla</strong>, a tomadura de pelo, a truco de tahúr en las partidas amañadas de la política. Y <strong>Rajoy</strong>. El imposible de descifrar M. Rajoy en los papeles de <strong>Bárcenas</strong>. El que durante su mandato más altos responsables de su partido fueron a parar a la cárcel y aún hay una larga lista esperando que se les abran las puertas para pasar allí una buena temporada. <strong>¿Es que alguien duda de que M. Rajoy es Mariano Rajoy en esos papeles?</strong> Otra cosa es que tengamos que añadir lo de “presuntamente” para que la Justicia –la suya, la que nos persigue implacable a quienes no somos de derechas– no nos meta en un lío. Y habla el muy insensato de corrupción, lo mismo que Aznar y lo mismo que ese colega gallego que se pasaba los veranos navegando en barco con un narco aunque entonces, cuando él lo conoció, “sólo era contrabandista”.</p><p>Es que ves y oyes en la tele todo eso y <strong>te entran ganas de meterte a terrorista.</strong> Es que en València tenemos a un <strong>Mazón</strong> que huye de la Justicia como de la sarna en los tiempos de la guerra y la pobreza y dice, cuando Sánchez acaba de nombrar a la valenciana <strong>Rebeca Torró</strong> Secretaria de Organización del PSOE, “que Dios nos coja confesados”. Y lo dice un individuo que lleva sin aclarar <strong>dónde y en qué condiciones físicas y mentales</strong> estaba mientras 228 personas se perdían en la terrible <strong>Dana </strong>del 29 de octubre del año pasado. Por eso intento asomarme poco a la tele. Porque si encima veo o escucho a <strong>Felipe González</strong> ya me echo al monte directamente. ¿Recuerdan aquello de que daba igual el color de los gatos y que lo importante es que “cazaran ratones”? ¿Se acuerdan de los Gal y la cal viva? ¿Se acuerdan de cómo fue a la puerta de la cárcel para despedir con un abrazo a sus compañeros <strong>Barrionuevo</strong> y <strong>Vera</strong> condenados por su implicación en la guerra sucia contra ETA? ¿Se acuerdan de que vestía de joven el uniforme de la pana obrera y ahora se codea con la flor y nata de la élite mundial del dinero? <strong>Pues ese fulano dice que no votaría a su partido o votaría en blanco</strong> en unas supuestas elecciones que celebraría con champán el PP de las corrupciones infinitas.</p><p>La corrupción ahoga el mundo de la política. No de toda, faltaría más. Hay que repetir hasta la extenuación que la política es la lucha por el bien común allá donde cada cual pasemos nuestras vidas. No sé qué pasará después del Comité Federal del PSOE, <strong>ni si aguantará Pedro Sánchez hasta 2027</strong>, ni si llegará a formarse ese frente democrático que se oponga desde la eficacia, la dignidad y la decencia a esa siniestra camaradería que sin ninguna duda formarán PP y Vox para destrozar la vida de los españoles. De los <strong>“malos españoles”</strong>, quiero decir. De que los buenos españoles sean felices ya se encargarán Feijóo y <strong>Abascal</strong> si llegan a gobernar. Y miren ustedes: a mí me da que no, que Feijóo nunca será presidente del Gobierno. No sé. Igual es un golpe de calor que sufro en un pueblo devastado por la Dana como el mío. Pero qué quieren que les diga. A mí, como mal español que soy, me da que nunca llegará el colega del narco gallego a ser presidente ya de ningún sitio. Pues eso.</p><p><strong>PD</strong>. El pasado 3 de julio se cumplían diecinueve años del accidente del Metro en València. Hubo 43 personas muertas y 47 heridas. Nunca el presidente de la Generalitat, <strong>Francisco Camps</strong>, recibió en su despacho a la Asociación Víctimas del Metro 3 de julio (AVM3J). Aquellos días nos visitaba el Papa <strong>Benedicto XVI</strong> y la RTVV (Canal 9 y Ràdio Nou) dio la consigna de silenciar el accidente y ocuparse sólo de la visita papal. Luego se descubriría que la visita del Papa fue un foco de corrupción con altos representantes del PP y la RTVV juzgados y condenados. Millones de euros que fueron a parar a sus bolsillos tuvieron la culpa. Y sin embargo es como si todos fuéramos corruptos menos ellos. <strong>Menudos pájaros.     </strong></p><p>_______________________________</p><p><em><strong> Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jul 2025 04:00:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Alberto Núñez Feijóo,PSOE,PP,Vox,Política]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Quién se acuerda de Agustín Gómez Arcos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/acuerda-agustin-gomez-arcos_1_2019239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/500d3a3a-8dd6-4a75-a666-2369200d2918_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién se acuerda de Agustín Gómez Arcos"></p><p>"Todo escritor debe ser testigo y memoria de la humanidad y, por lo tanto, creo que tengo el derecho y el deber de participar en la memoria de mi pueblo…". Son palabras de <strong>Agustín Gómez Arcos</strong>, unas palabras que nos devuelve su excelente traductora <strong>Adoración Elvira Rodríguez</strong> en el prólogo a <a href="https://www.cabaretvoltaire.es/ana-no" target="_blank" ><em>Ana no</em></a><em>,</em> la novela escrita en francés por el autor andaluz y publicada en España en 2009. La gratitud infinita a Cabaret Voltaire, que viene publicando la obra de este autor nada habitual en las listas de éxitos literarios que regularmente ocupan títulos y autores a los que <strong>Gómez Arcos</strong> deja sin ninguna duda a la altura del betún.</p><p>En realidad, el título de esta columna tendría que ser: Quién conoce a <strong>Agustín Gómez Arcos</strong>. Hace unos meses, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conoce-jose-avello_1_1931393.html" target="_blank" >en estas mismas páginas</a>, así titulaba la que escribía sobre otro escritor imprescindible: <strong>José Avello</strong>, que, por cierto, ya ha aumentado su presencia en las librerías con su libro <em>Relatos reunidos</em>, una serie de narraciones felizmente recuperadas por su esposa <strong>Milagros Gonzalvo</strong> y con un prólogo excelente de <strong>Álvaro Acebes Arias</strong>. Editado por Trea, la misma editorial que ya había publicado sus dos únicas novelas, obras maestras que nadie habría de perderse en estos tiempos en que se imponen escrituras de usar y tirar sin ningún pudor y aún menos vergüenza literaria. Hablo de <em>Jugadores de billar</em> y <em>La subversión de Beti García</em>. Si no los han leído, pueden tranquilamente zamparse los tres libros de una tacada. Si no les gustan, yo mismo les devuelvo la pasta. Lo juro sobre la tumba borracha de <strong>William Faulkner</strong>, ¿vale? Sigo con lo que les estaba contando de<strong> Agustín Gómez Arcos</strong>. Otro que tal baila.  </p><p>Había nacido en Enix, un pueblo de Almería, en 1933. A los veinte años se va a Barcelona y después a Madrid. Le tienta la literatura por encima de todos los proyectos que la familia le había metido en la cabeza. Por cierto: una familia republicana hasta las cachas. Pronto empieza a probar suerte en el mundo de la literatura. Alterna ese mundo con los que le van saliendo al paso de la precariedad. Obtiene dos veces el Premio Lope de Vega de teatro. La censura franquista impide su representación. No le da tregua, esa censura. Es como un ensañamiento. Acosado por todas partes. Además es homosexual. Eso les faltaba a los jerifaltes machurrones de la dictadura. Persecución a muerte. Años atrás habían hecho lo mismo con <strong>Miguel de Molina</strong>, el artista inigualable de la copla. Y como él, decide irse de España. Primero a Londres. Luego, ya definitivamente, a París. Año 1968. Aquí empieza a dedicarse totalmente a la escritura. Escribe mucho. No para de escribir. Como otros colegas anteriores, igualmente extranjeros, lo hace en francés. Le cuesta asumir y asumirse a sí mismo en una lengua que no es la suya. Pero eso no le impide ir construyendo una de las obras más consistentes que ha dado la literatura española contemporánea. Muchos títulos: <em>El cordero carnívoro</em>, <em>María República</em>, <em>Ana no</em>, <em>El hombre arrodillado</em>, <em>El niño pan</em>… Y poesía, también escribe poesía.</p><p>Su vida es la escritura. Y su escritura es el tiempo que dejó atrás cuando decidió el exilio. Y la República, la querida República de su familia. La suya. La de Ana Paucha en <em>Ana no</em>, que es para mí su mejor novela: "La Segunda República me atañía directamente; a mí y a miles de mujeres. Por primera vez en la historia éramos interlocutoras de los hombres, y no unos seres cuya única misión era preparar la comida, lavar la ropa y abrirse de piernas en las intimidades de la noche y de la cama".</p><p>Tiene Ana Paucha setenta y cinco años. El marido y dos de sus tres hijos han muerto en la guerra. El otro, el pequeño, está preso en una cárcel del Norte. Por comunista. Y un día decide ir a verlo. A su edad, cómo se le ocurre. Es lo último que hará antes de morirse. Dos viajes juntos: a visitar al hijo y a morirse. Dos viajes en uno: "Es precisamente por él, por Jesús Paucha, mi tercer hijo, por quien he emprendido este viaje. Voy al Norte, para verlo en la cárcel. Por él pido limosna. Para ver de nuevo esa mirada azul, encerrada a perpetuidad en una celda oscura, y luego irme… Irme para siempre llevándome en los ojos algo que no sea el negro del luto". El recorrido por una España que no es la que anunciaban los años desde la victoria fascista. En el hatillo, unos dulces para el hijo. Y el rencor de clase. Cuando se acaba la guerra regresan al pueblo vencedores y vencidos. Los vencidos de Ana se han quedado en alguna batalla. Se encuentra con Justo, que fue amigo de su hijo mayor y es de los que ganaron. Le pregunta si fue su fusil el que mató al marido y a sus dos hijos. El otro le escupe a los pies: "Desde aquel escupitajo me convertí para todo el mundo en Ana la roja". El orgullo de clase también en el hatillo con los dulces. Lo que dice en <em>El hombre arrodillado</em>: "Los ricos se lo quedan todo: el dinero, por supuesto, y también el ambiente perfumado que ese dinero proporciona".</p><p>Emprende el viaje Ana Paucha en busca de ese último consuelo que acabe con la pena, con la derrota que nunca se ha ido de su casa y de su gente. El encuentro con mucha otra gente de la que todo lo desconocía. Los fascistas que la devuelven a los territorios obscenos de la victoria franquista. El Valle de los Caídos incluido. La aclamación masiva de los vencedores al Caudillo, a un Caudillo asesino que no es el suyo. Nunca se le olvidará de dónde viene, de qué sitio, de qué familia, de qué República. Las fuerzas de una mujer de setenta y cinco años que se enrolará para sobrevivir en la troupe de un circo donde limpiará la mierda de las bestias.</p><p>Hacer lo que sea sin perder ninguna dignidad. Eso sobre todo. Que quede claro a quienes se va encontrando en su camino por la España de la vergüenza. La dignidad de una derrota que no ha acabado con ella, por más que a su edad la derrota pese más en el hatillo con los dulces para el hijo preso en una cárcel del Norte. A eso, a mantener esa dignidad también ayuda gente que le confirma en su sentido de la solidaridad. Otra vez la solidaridad de clase. Cuando la expulsan de un restaurante porque es una mendiga insolente. Y ya en la calle, el camarero que sale y le lleva a escondidas "un tazón de café caliente" y se niega a que ella se lo pague. No todo está perdido, piensa. Aunque aún le quede un trecho largo, interminable, hasta que llegue al Norte para ver a su hijo preso, condenado de por vida porque la dictadura no pone límites a su crueldad, al ejercicio arrogante de su victoria cuando la guerra.</p><p>La fortaleza de Ana Paucha para soportar las dificultades del viaje inacabable. Sigue las vías del tren para no perderse, aunque a veces algo la obliga a desviarse y a perder el sentido de la orientación. La brújula es la de su condición de madre que no caerá nunca en el desaliento. La necesidad de ver a su hijo para despedirse de una vida que se fue a pique cuando los fascistas acabaron con los suyos, con los de tanta gente que perdió la guerra y a veces tiene la sensación de que perder una guerra es algo que no se acaba nunca. </p><p>En su memoria, como esa brújula que la guía como por arte de magia, la barca en la que el marido Pedro Paucha había pintado: <em>Anita la alegría del regreso</em>. Porque Ana y su familia eran de la mar. Por eso se hace más duro el viaje por las tierras resecas de una España donde todo era como un secarral inmundo, sin aliento, sólo el are fétido de la dictadura en los recodos de todos los caminos. La barca de la memoria que nunca la ha abandonado. Qué queda cuando se acaban los recuerdos. A lo mejor, nada. Ella no sabe de letra. Pero sabe que lo que somos es lo que quien vino antes nos dejó en herencia. Y a ella le habían dejado la mejor de esas herencias. Esa Segunda República que sigue en su cabeza y en las huellas que va dejando en el largo viaje en busca de su hijo, el pequeño Jesús que está preso -a saber si vivo- en una cárcel de <strong>Franco </strong>porque era comunista.</p><p>Y entre tanto contratiempo, escarba casi al final en la nieve que es como la antesala de la muerte. La blancura que siempre será oscura. Como la muerte y la dictadura. Y mientras escarba hasta la extenuación, pero sin perder la rabia ni el rencor, esa imagen que he subrayado con la rabia y el rencor también de un lector que ha seguido hasta el final los pasos de Ana, la roja: "Tierra de fosa común, tierra llamada de la patria". Todavía hoy esa fosa común que sigue queriendo cegar el fascismo que no desapareció con la muerte del dictador hace ahora cincuenta años. Pero a pesar de todo, a pesar de tanto padecimiento de Ana Paucha, no crean que después de leerla nos vamos a cortar las venas de tristeza y desasosiego. Bien que lo afirma en su excelente presentación<strong> Adoración Elvira Rodríguez:</strong> "A pesar de todo, no es una novela pesimista. Es más bien un libro de esperanza". Ustedes mismos, si la leen.</p><p>No sé cuánta gente sabe que existió un escritor, para mí imprescindible, que se llama<strong> Agustín Gómez Arcos.</strong> Murió en París en 1998. Quién se acuerda de él. Quién lo conoce. En Francia es uno de los escritores más importantes. Aquí sigue en el peor de los exilios: el de la inexistencia. Ojalá si leen esta columna y no lo conocían se animen a acercarse a sus libros. Y si sabían de su vida y de su obra, pues que hagamos fuerza conjuntamente para sacarlo del anonimato, de esa injusta inexistencia. Esta columna es sólo un insignificante granito de arena hacia esa recuperación. Sólo un granito insignificante. Sólo eso. Sólo. </p><p><strong>PD. </strong><em>Este texto está dedicado a mi amigo </em><em><strong>Domingo García Cañedo</strong></em><em>, que, cuando era director del Instituto Cervantes de París, organizó hace dos o tres años una magnífica exposición sobre la vida y la obra de </em><em><strong>Agustín Gómez Arcos.</strong></em><em> Yo estaba allí en esos días. Y pude disfrutarla con una mezcla de alegría y de tristeza. El olvido y la memoria, ya saben. Siempre lo mismo. Siempre. Gracias también a quienes sí que se han ocupado de leer y escribir sobre este escritor cuya lectura, ya lo dije, considero de obligado cumplimiento.</em></p><p><em>* </em><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Jun 2025 04:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Quién se acuerda de Agustín Gómez Arcos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Memoria histórica,Exilio]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Soy un indecente, sí, y lo digo con orgullo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/indecente-si-digo-orgullo_129_2006861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soy un indecente, sí, y lo digo con orgullo"></p><p>No se cansan nunca. Son como robots. Sin que ningún rasgo humano, ni siquiera el cansancio, los singularice. No tienen nada de humanos. Todo el día y toda la noche con el runrún de las máquinas que, en vez de servir para fabricar algo útil para la gente, lo que fabrican es la necesidad enfermiza de la destrucción. <strong>Todo es un caos cuando no gobiernan ellos. Los fascistas</strong>. O neofascistas. O como los llamen los nuevos lenguajes. Miedo me dan los nuevos lenguajes. Entre otras cosas porque de nuevos no tienen nada. Son más viejos que la tos. Apenas recuerdo un libro más antiguo que la presa romana de mi pueblo. De <strong>Lutz Winckler</strong>: <em>La función social del lenguaje fascista</em>. Un lenguaje que va “estrechamente unido al deseo de destrucción”. Lo malo es que ese lenguaje va calando entre la gente. Ayudan las redes sociales. Las malditas redes sociales. No las uso. Nunca las he usado. El fascismo las usa. Y bien. Y no sólo las redes sociales. También casi todas las televisiones. Y casi todos los medios de comunicación digitales y en papel. La obsesión de controlarlo todo. Que no quede un mínimo resquicio por donde puedan colarse las ideas o proclamas de los otros. De los otros. De los enemigos. Eso, “los enemigos”, también es una producción propia del fascismo. O nosotros o el enemigo. <strong>No hay debate de ideas sino confrontación.</strong> La España decente y la indecente. Las derechas políticas, económicas, mediáticas, culturales, ideológicas en el lado decente. En el otro, la más clara y peligrosa de las indecencias. El enemigo. No hay democracia en España. Hay una dictadura. El franquismo sí que era una democracia como toca. La democracia de ahora` es una dictadura de las malas, de las peores que se han dado en la historia de la humanidad. Entre <strong>Franco</strong> y <strong>Pedro Sánchez</strong> no hay color. El primero salvó a España de la quema republicana. El segundo ha instaurado un régimen de terror que ríete tú de los hornos crematorios de los nazis. También les van los nazis a las derechas españolas. Cuando digo “derechas” hablo de las extremas derechas, claro. <strong>¿Diferencias entre el PP y Vox? Háganmelas saber, por favor.</strong> Me gustaría conocerlas. Cuando el fascismo ganó la guerra en 1939 se inventó que los rebeldes eran quienes defendieron la República cuando el golpe de Estado de 1936. Los rebeldes eran ellos, claro que sí. Pero el lenguaje, en manos de la victoria, volvía las cosas del revés. Y así siguen. La libertad la han inventado ellos, los fascistas. La democracia la han inventado ellos, los fascistas. Enfrente están los desarrapados que defienden la dictadura que ahora impera en España. Los otros. Yo, por ejemplo. Ustedes. Defensores del terror que gobierna este país desde que no gobiernan los que ganaron la guerra. Sus herederos. Los que siguen a rajatabla las consignas de sus padres y abuelos. Las redes sociales y los medios a su favor (casi todos) siembran el miedo entre la gente, como hicieron sus padres y abuelos cuando surgió la Segunda República de las urnas en 1931. Es como si sólo hubiera una voz: la suya. Los asuntos que interesan a la gente son los que ellos deciden que son interesantes. El lenguaje fascista los protege. Los envuelve en una pátina de honorabilidad que es mentira. Pero les funciona. Entre otras cosas porque van todos a una, sin brechas a la hora de juntarse en un aquelarre de brujería antigua. El que pueda hacer, que haga. Dijo el brujo mayor. Y todos se ponen a hacer lo que pueden. Que es todo porque son muchos. Políticos, empresarios, periodistas, escritores, jueces, influencers… La pátina de honorabilidad que se han inventado. El PP fue considerado por la justicia una banda criminal. Y resulta que ahora es el PSOE esa banda criminal. La mafia no son los de derechas que andan o están a punto de entrar en la cárcel por corruptos, sino los socialistas que han convertido este país en un calco perfecto de la Cosa Nostra siciliana. Aquí quiero hacer <strong>una mención al socialismo y al mismo Pedro Sánchez</strong>: por qué se callan, por qué tanto tiempo para responder a las acusaciones de las derechas, qué demonios hacen para aplacar con fuerza y verdad esas acusaciones. O qué demonios no hacen. Callan. Eso no es hacer. Pienso en uno de los mejores escritores (y más desconocidos) que hemos tenido y hubo de salir por piernas del franquismo: <strong>Agustín Gómez Arcos</strong>. Lo escribió en una de sus novelas, creo que en <em>María República</em>, pero no estoy muy seguro: “El silencio es como una manta húmeda que se echa sobre el fuego”. Ya basta de mantas húmedas sobre el fuego de la mentira. Si callamos, si guardamos silencio, lo que queda es eso: la mentira. Porque mienten más que respiran. Porque mentir no les provoca ninguna contrariedad. Al contrario. Les sirve. Ahora anuncian una manifestación para el próximo domingo, en Madrid. El lema:<strong> “Mafia o democracia”.</strong> La verdad es que no tienen límite. El cinismo es su manera de entender la vida. De entenderlo todo. El lenguaje –el suyo– los convierte en demócratas cuando admiran a Franco y su tiempo del horror. En la otra parte, todos mafiosos. Yo mismo. Ustedes. Lo que ponía en el expediente carcelario de mi padre. Seguramente también en muchos de los de ustedes. Auxiliar o adherirse a la rebelión. Ganaron la guerra y le cambiaron el sentido a las palabras. Los del golpe de Estado contra la legitimidad republicana en 1936 siguen en su incansable tentativa de acabar con la democracia. <strong>No se cansan nunca</strong>. Son como robots. Sin rasgos humanos que los singularice. El domingo gritarán consignas de odio como si volvieran al diccionario de sus antepasados fascistas. Y nos prometerán, no sé si brazo en alto, “un porvenir feliz”, como escribe en <em>Común presencia</em> mi poeta preferido: <strong>René Char</strong>. Luchó en la resistencia francesa contra los nazis y escribió los mejores –o de los mejores– poemas que he leído en mi vida. El domingo en Madrid se manifestarán los “españoles decentes”, en palabras de <strong>Núñez Feijóo</strong>. Contra la dictadura de Pedro Sánchez, “el capo de la mafia”. Y con las palabras de <strong>José María Aznar</strong> por bandera: “El hedor que produce esta situación es absolutamente insoportable y el daño que producirá será muy grande”. Ya ven ustedes quién habla. Uno de los personajes más siniestros, con menos dignidad, más miserables que ha dado este país que poco a poco se ha ido quedando sin memoria. Ser una persona “indecente”, en el lenguaje falsario del fascismo, me llena de orgullo. No se pueden imaginar ustedes de cuánto orgullo me llenan esas palabras. O sí que lo saben.<strong> Seguro que sí que lo saben</strong>. Seguro.</p><p><strong>PD.</strong> Este texto lo he escrito sin puntos y aparte. Me salió así, de corridas como solemos decir… Disculpen, si gustan, los posibles errores que puedan encontrar…</p><p>_______________________________</p><p><em><strong> Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2025 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Soy un indecente, sí, y lo digo con orgullo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corrupción,Corrupción política,Derecha,Extrema derecha,Política,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La verdad de las ficciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ficciones_1_1998303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/122b0791-ebc4-488c-9d4f-1cc98d9c271d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018807.jpg" width="416" height="234" alt="La verdad de las ficciones"></p><p><strong>Edurne Portela y José Ovejero</strong></p><p><strong>Galaxia Gutenberg (2025) (340 páginas)</strong></p><p>La fascinación que te provoca la escritura. Desde el primer momento. Desde esa misma cubierta con una joven mujer que, puño en alto, mira fijamente, los labios cerrados con una leve violencia (¿o es una sonrisa levemente insinuada?) a quien está a punto de empezar la lectura de <a href="https://www.galaxiagutenberg.com/producto/una-belleza-terrible/" target="_blank"><em>Una belleza terrible</em></a>, la última novela de <strong>Edurne Portela</strong> y <strong>José Ovejero</strong>. Lo digo ya porque no quiero caer en engañifa alguna: <strong>Edurne </strong>y <strong>José </strong>son amigos míos, de los amigos a quienes más quiero dentro y fuera del mundo de la literatura. No me muevo en ese mundo. Vivo lejos de lobbies y afinidades editoriales, de viajes cervantinos por el mundo, de ferias vanidosas en que la literatura está al fondo a la derecha donde a lo mejor hasta se han llevado el rollo de papel para que te las apañes como puedas si te llega de improviso el mal de tripas, de todo aquello que no tenga que ver estrictamente con el oficio de escribir. Me viene al pelo para retratar el espíritu gremialista del mundo literario una frase de este libro que se refiere a otra gente que podría ser la misma: "Hábiles son los hombres para erigirse estatuas a sí mismos". Entre esa escasa nómina de amistades, para mí nunca peligrosas, están esos dos escritores que nunca me han fallado: ni en la amistad ni en lo que escriben. Y sobre todo: en cómo lo escriben. Una buena muestra de esa escritura es <em>Una belleza terrible</em>.</p><p>El trotskismo. No tanto el mismo <strong>Trotsky</strong>. Casi nada. Apenas un capítulo donde se cuenta su muerte a golpe de piolet. Y poco más. Incluso diría yo que la historia que se cuenta va más allá del trotskismo. La revolución permanente. Eso sí. Pero también la revolución de las mujeres. No son simples compañeras sentimentales, refugios de los hombres en las madrugadas del miedo, cuerpos rígidos a los que han dejado sin el aliento de la palabra. Mudos. De piedra. Nada de eso cuando salen las mujeres en esta historia que ya señalé al principio como fascinante. Nombres desconocidos o que al menos yo desconocía. De hombres y mujeres que desde los primeros años del siglo XX y hasta casi ahora mismo no dejaron de luchar por un mundo que no diera cobijo a las traiciones, al transfuguismo de clase aunque a veces la estrategia era precisamente esa: transformarse en "otros", como un <strong>Rimbaud</strong> adolescente que cambió la revolución poética por el tráfico de armas y de esclavos. La huida permanente exige precisamente el cambio de identidad para no caer en manos de los perseguidores, de las torturas si te pillan en medio de la huida, de no saber qué se esconde detrás de una sonrisa que tal vez sea la máscara que simula la mueca más implacable del terror.</p><p>La historia de <strong>Raymond Molinier</strong>, trotskista hasta las cachas. Leal hasta que tu propia lealtad se mezcla, a veces, con el criterio desde el que los viejos camaradas la consideran una vulneración de los sueños siempre hasta entonces compartidos. Un militante revolucionario o ese aventurero que podría alimentar un cine de fantasías más románticas que revolucionarias. No es <em>Casablanca</em>, por más que en algunos momentos a alguien pudiera parecerle. Es la necesidad de encontrar un sitio donde lo que tortura al mundo sea combatido incansablemente, sin tiempo para el descanso, con las fuerzas que te queden puestas a disposición de la revolución. Donde sea. Cuando sea. En todas partes y siempre. ¡Como no emocionarte con la secuencia de la huelga francesa en la Renault! Aunque los objetivos se quedaran en casi nada. Pero ahí el descubrimiento de que todo es posible cuando lo que te mueve no es tu propio interés, incluso tu propia vida, sino el interés común y las vidas que se merecen otra manera más digna de ser vividas.</p><p>Un personaje de novela. Y nunca mejor dicho. Hablo de ese<strong> Raymond Molinier</strong>. Activista revolucionario por medio mundo. Por casi toda Europa y al final en esa Argentina que encontrará -hay vidas que son gafes- las juntas militares y antes un peronismo que es como el hombre de las mil caras a cada cual más siniestra y más controvertida: "Las historias de <strong>Molinier</strong>. Increíbles, disparatadas, entretenidas, desconcertantes, exageradas, algunas, pero menos de lo que se podría pensar". La persecución estalinista, incansable, con los ojos puestos en el mínimo lugar donde pudiera refugiarse la más mínima de las disidencias. El nazismo que empujará igualmente a la huida, que será ese lugar donde como en un segundo plano completará el paisaje del horror en un tiempo sometido a la devastación. Medio siglo de historia, de personajes que la vivieron y la hicieron posible, muchos de ellos -ya lo dije- desde casi el anonimato porque nunca tuvieron estatuas erigidas en ninguna parte para rendirles homenaje.</p><p>Pero si he de escoger —como dirían <strong>Los Chunguitos</strong>— lo mejor de la novela, me quedo con su escritura. No hay ahí desperdicio de ninguna clase. Cómo <strong>José Ovejero</strong> y <strong>Edurne Portela</strong> se reparten cada cual su papel en la escritura de esta novela deslumbrante. No debió ser fácil. Al revés. Complicada hasta la extenuación en la búsqueda de materiales para la "reconstrucción" de la historia, pero sobre todo casi de taquicardia para decidir cómo distribuirse el trabajo a la hora de contar lo que cuentan en <em>Una belleza terrible</em>. Se trata de una novela. Aparecen personajes reales, claro que sí. Pero es una novela. Porque es imposible llegar al fondo de todo lo que se quiere contar, de los personajes que han de descubrirse protagonistas de lo que se cuenta: "Narrar una vida es, por fuerza, una falsificación, incluso cuando narramos la nuestra". Más aún cuando narramos las de quienes sólo conocimos en los papeles de los archivos y en los testimonios que, como todos los testimonios que vienen de la lejanía, dejan enormes lagunas en sus relatos. Y es ahí, en esa declaración de principios, donde me rindo sin condiciones a la escritura de la que ya les hablaba a ustedes en las primeras líneas de esta crónica. Hablo de las barbaridades que se dicen –y en voces muy "autorizadas" por el mandarinismo literario– cuando nos referimos a la ficción. Ahí todo cabe, dice ese mandarinismo. Lo dije en una entrevista que me hicieron con motivo de alguno de mis libros: "Hay quien aprovecha la ficción para inflarse a contar mentiras". La ficción nunca es mentira. Ni siquiera verosímil. O es verdad o es mentira. Lo demás, excusas de malos pagadores cuando hablamos de la escritura.</p><p>En este libro hermoso, trágicamente hermoso a ratos, divertidamente hermoso en bastantes ocasiones, juegan sus autores con los términos "invención" e "imaginación". Lo primero es lo que suele hacerse cuando se trata de acomodar lo que cuentas a tus solos intereses: para que la historia funcione meto lo que sea, lo que haga falta, al fin y al cabo en la ficción todo cabe. Pero la imaginación es otra cosa bien distinta. Aquí no cabe todo. Aquí lo que cuentas está al servicio de la historia y no de lo que a quien escribe le interesa para que lo que cuenta tenga sentido. El único sentido de la escritura –incluso de la ficción– es la verdad, que no mientas cuando escribes: "No creas una situación porque te conviene narrativamente, sino porque piensas que las cosas pudieron ser así… No es lo mismo inventar e imaginar. No da lugar al mismo tipo de novela. La invención renuncia a acercarse a la verdad de los hechos, la imaginación lo intenta sabiendo que es imposible lograrlo por completo".</p><p>Vuelvo al principio para acabar este recorrido por una novela que han escrito <strong>José Ovejero</strong> y <strong>Edurne Portela</strong>. Juntos. No sé si revueltos. Cómo cuentan esa relación a la hora de repartirse la escritura. Me conmueven esos capítulos. Y más aún porque los conozco, porque sé desde qué compleja seriedad se plantean su trabajo, la responsabilidad de un oficio que es –al menos en mi modesta opinión– de los más bellos del mundo. Para mí hay dos de esos oficios que no puedo soslayar en este relato: escribir a partir de lo que otra gente me enseñó al cabo de tantos años de lecturas a destajo y el de hornero, el haberme pasado haciendo pan todas las noches desde los once hasta casi los treinta años de mi vida. Por eso admiro esta novela que les acabo de contar. Por eso admiro y quiero a quienes la han escrito. Por su respeto al oficio no de escritor sino, como decía el maestro <strong>Onetti</strong>, de quien simplemente escribe. Y quiero acabar este itinerario por las páginas de <em>Una belleza terrible</em> con su último párrafo: "Iniciamos la escritura de este libro con el deseo de rescatar un mundo que se desvanece, al que nos acercamos desde una distancia inevitable. Creíamos que estábamos abriendo una ventana al pasado y ahora, ante este nicho, en este punto y final, nos damos cuenta de que la ventana es también espejo". Espejo, dicen. La imagen en él reflejada de una época. De sus protagonistas principales. De quienes simplemente pasaban por allí, casi por ese azar que a veces mueve la historia. De ustedes. De mí mismo.</p><p>Lean esta novela si les viene bien, tienen tiempo y unos euros para dedicarlos a su compra en una librería. Siempre están a nuestra disposición las Bibliotecas Públicas, nunca pierdan de vista esa fantástica posibilidad. Pero eso: hagan lo que puedan por leer <em>Una belleza terrible</em>, ¿vale? Y hablamos.</p><p><em>* </em><em><strong>Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título publicado es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 May 2025 19:00:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La verdad de las ficciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Las tripas de Vox huelen a mierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/tripas-vox-huelen-mierda_129_1991685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las tripas de Vox huelen a mierda"></p><p>Se llama <strong>José María Llanos</strong>. Es el portavoz de Vox en el Parlamento valenciano. En mi tierra todo huele demasiado a podrido. Hasta la etapa más corrupta de nuestra historia regresa en la figura de quien fue –<strong>sin olvidar a Zaplana</strong>– su principal protagonista: <strong>Francisco Camps</strong>. Ante la debacle que se augura para un PP en bancarrota, ha salido de las sombras el expresidente para volver a ver su nombre inscrito en la cabecera de un partido descabezado. Salió sin castigo judicial de todos los procesos en los que se vio inmerso mientras muchos de sus subordinados sufrieron condenas notables, incluidas las de varios años de cárcel. Por eso anda de pueblo en pueblo predicando su eslogan estrella: el PP ha de volver a ser el “gran partido” que fue durante su mandato. </p><p><strong>Miedo da ese regreso.</strong> Su discurso cunde entre quienes fueron los suyos, aunque ahora los suyos ya no sean los mismos. Hay algo que los une, a los de antes y a los de ahora: la insaciable capacidad para el cinismo y las mentiras. <strong>A ver qué pasa con Mazón</strong> cuando llegue el tiempo en que el aforamiento pueda dar paso a una más que posible sentada en el banquillo de los acusados. Tiempo al tiempo. Precisamente, <strong>Feijóo </strong>y el PP juegan a eso: a que el tiempo traiga consigo el olvido de la catástrofe que causó 228 muertes mientras sus responsables políticos llenaban de barro su conciencia. No creo que resulte fácil ese olvido para nadie, sobre todo para las víctimas de aquel maldito martes 29 de octubre del año pasado.</p><p>De esas víctimas escribo esta columna en <strong>infoLibre</strong>. Cuando pensábamos que ya no cabía más indignidad en los responsables institucionales de la tragedia, va y es el portavoz de Vox en las Corts Valencianes quien suelta la más gorda. Veo en las imágenes parlamentarias a ese tal José María Llanos y me entran ganas de echarme al monte. Pero al monte de verdad, como hicieron mis queridos luchadores antifascistas para que el franquismo no siguiera asesinando como había hecho desde los primeros instantes del golpe de Estado contra la Segunda República hasta el mismísimo 27 de septiembre de 1975. Sirva, pues, esta columna, para imaginar que ando por las montañas sagradas de los viejos combatientes contra el fascismo. O contra el neofascismo, como se dice ahora. </p><p>Por mucho que me lo expliquen los sabios de la historia, no me resulta fácil encontrar notables diferencias entre los falangistas de <strong>Primo de Rivera</strong> y <strong>Abascal</strong> o <strong>Álvarez de Toledo</strong>. O entre <strong>Meloni</strong> y los camisas negras que hicieron furor entre sus antepasados. Ya sé que seguramente habrá diferencias de concepto entre un fascismo y otro. Pero a mí no me llega esa diferencia, qué quieren que les diga. Al final me quedo con un razonamiento seguramente demasiado simplista: unos y otros, fascistas y neofascistas, eran y son mala gente. ¿O no?</p><p>Cuando las voces que surgen del barro de la dana andan exigiendo justicia, llega el portavoz de Vox y dice que las víctimas de la tragedia <strong>“no son verdaderos afectados</strong>, sino verdaderos interesados”. Se refiere a las asociaciones de víctimas, según él “manipuladas por la izquierda”, a las personas que lo perdieron todo, incluso a mucha de su gente más querida, y denuncian la irresponsabilidad de los altos mandos del PP durante la barrancada, empezando por el mismísimo y desaparecido de la escena pública Carlos Mazón. </p><p>Ahí está ese individuo de la ultraderecha, todo él inflado como un pavo, orgulloso de su crueldad inhumana, <strong>presumiendo ostentosamente de una brutalidad</strong> que me da igual llamarla fascista o neofascista o como quieran llamar a esa brutalidad los sabios de la historia. Lo que no me da igual es que personajes como ése ocupen un lugar en las instituciones democráticas. Y no me da igual porque para gentuza como José María Llanos la democracia es una mancha que ensucia la brillantez impúdica del franquismo, de esa dictadura que Vox y bastante militancia del PP añoran con un entusiasmo que pone los pelos de punta.</p><p>“Vine con un dolor de cuchillada”, escribe <strong>Miguel Hernández</strong>, por cierto, un luchador en las trincheras antifascistas del que casi nadie recuerda, cuando se nombra su condición de poeta inmenso, que fue también un lleno de orgullo militante comunista. De ese dolor viene tanta gente que no se cree las <strong>mentiras de la historia</strong>, una historia y unas mentiras que a estas alturas de los cincuenta años de la muerte del dictador aún siguen siendo casi hegemónicas en muchas casas, en muchos libros, en muchas escuelas y universidades, en casi todas las malditas redes sociales que repiten machaconamente, hasta darnos asco, las infamias del franquismo.</p><p>Nadie en el PP valenciano ha desmentido la burrada del máximo vocero de sus “socios” de Vox. Se han limitado a decir que no olvidan a las víctimas. Pero nunca se atreven a llevarle la contraria a la extrema derecha que no gobierna con el PP pero es como si gobernaran juntos, “<strong>amarraditos los dos</strong>”, pero sin la nobleza de esa unión que haría inmortal <strong>María Dolores Pradera</strong> en uno de sus boleros más hermosos. En realidad, gobierna más Vox en mi tierra que el PP. Y más aún desde el pacto entre los dos para aprobar los presupuestos. </p><p>Con la rabia todavía encendida en la memoria de las víctimas de la dana, cómo es posible que ese José María Llanos, portavoz de Vox en el Parlamento valenciano, se burle de esa memoria con una desfachatez que desdice toda huella de lo humano. Y es que<strong> no lo son</strong>. Es que esos individuos nada tienen de humanos, son como unos cuerpos muertos cuyas tripas huelen a podrido, a carne llena de moscas que se afanan en esa pestilencia, a mierda.</p><p>Nadie va a olvidar –confíen Feijóo y el PP en lo que confíen– lo que pasó el 29 de octubre de 2024. El presidente Mazón sigue ausente de los espacios públicos, escondido donde no lleguen los gritos de las víctimas, esas víctimas que el fascista o neofascista de Vox, José María Llanos, acaba de llenar de indignidad y de vergüenza negándoles “el dolor de cuchillada” que cantaba nuestro enorme poeta del pueblo y las trincheras. </p><p>La <strong>séptima manifestación </strong>para exigir la dimisión del presidente <em>desaparecido</em> hubo de ser aplazada por el apagón del pasado 28 de abril. La octava está al caer. Y no habrá olvido, fascismo o neofascismo que la impidan. Las víctimas y la exigencia de justicia que mantienen viva su memoria bien que se lo merecen, ¿no? Pues ahí estaremos. <strong>Como en las siete veces anteriores</strong>. Así que pronto nos veremos en la octava marcha por la dimisión de Mazón y la exigencia de sentarlo, más pronto que tarde, en el banquillo de los acusados. En la octava nos vemos pues, ¿vale? En la octava nos vemos.</p><p>_________________________</p><p><em><strong> Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último título es 'Libro de familia', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2025 17:38:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las tripas de Vox huelen a mierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alerta por la DANA,Valencia,Carlos Mazón,Vox,PP,Derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mazón nombra a Abascal nuevo presidente del Gobierno valenciano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/mazon-nombra-abascal-nuevo-presidente-gobierno-valenciano_129_1962530.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mazón nombra a Abascal nuevo presidente del Gobierno valenciano"></p><p>Ya está. Todo se ha consumado, como se decía en alguna parte de la Biblia. Desde el 28 de mayo de 2023, cuando el PP pactó con Vox el gobierno valenciano de coalición, no teníamos ninguna duda. Incluso cuando no mucho más tarde la ultraderecha rompió el acuerdo, sabíamos que esa ruptura no era más que un paripé. Sabíamos que el PP de <strong>Carlos Mazón y Vox seguían siendo esos amiguitos del alma</strong> que acuñó Francisco Camps en sus tiempos de amor apasionado con el <em>Bigotes</em> y la <em>Gürtel</em>. Sólo se trataba de esperar el momento en que aquella relación que, a ojos enrabietados de Feijóo, le jorobó la presidencia del Gobierno, regresara a sus cauces naturales de cordial entendimiento. Y ya está. Todo se ha consumado. El lunes 17 de marzo, en plena euforia fallera, regresó Mazón de su escondite secreto donde andaba desaparecido y con todo el aplomo del mundo<strong> nombró a Santiago Abascal presidente de la Generalitat Valenciana.</strong></p><p>El tiempo de Mazón se ha acabado. Ninguna duda en ninguna parte. Y aún menos entre los suyos. Se trataba de esperar el momento oportuno para ponerlo de patitas en la calle. Pero eso no era fácil. Para nada lo era.<strong> No hay repuesto en las filas del PP valenciano</strong>. Menudos lumbreras se sientan en su bancada de las Corts. Y defenestrar al presidente “noqueado” era reconocer que el partido, no sólo Mazón, era el responsable de la tragedia que vivimos aquel fatídico 29 de octubre del año pasado. La estrategia era esperar que el tiempo lo borrara todo. La huella de las víctimas mortales, el dolor de quienes las sobrevivieron, el terrorífico paisaje que las aguas dejaron tras la barrancada. Como tantas otras veces, la seguridad en las filas del PP de que el tiempo lo cura todo y de que cuando llegara el olvido las cosas volverían a la normalidad, esa normalidad que para ellos no es otra que bailar a la chita callando sobre la tierra calma de la desmemoria.</p><p>Ya va para la sexta anunciada manifestación en València exigiendo la dimisión del presidente del Consell. Será el sábado 29 de marzo, justamente cuando se cumplen cinco meses de la maldita dana. Mientras tanto,<strong> el PP se ha inflado a contar mentiras</strong>, a cambiar las versiones de por qué no estaba Mazón donde debió estar el día del horror. La última versión ha salido del Palau de la Generalitat coincidiendo con la fiesta de las Fallas. No ha aparecido en ningún momento en el balcón del Ayuntamiento de València, que es el sitio donde se hacen visibles personalidades de la política, de la cultura, de la economía… Y aquí la última versión de las ausencias clamorosas de Mazón en todos los eventos públicos: el presidente no estaba para fiestas y andaba entregado en cuerpo y alma a la “reconstrucción”. La palabra mágica desde que compareció en las Corts y dijo que <strong>se quedaría de presidente hasta que culminara su entrega</strong> a la recuperación de los desastres de la Dana. Desde entonces anda desaparecido. No puede salir a la calle porque la gente le recuerda a gritos que por qué no estaba, y dónde, dando la cara mientras cientos de muertos y desaparecidos ocupaban el cauce loco de la torrentera.</p><p>La dimisión estaba cantada. Pero el PP no sabía cómo llevarla a cabo. Todo era cuestión de tiempo, decía o pensaba Feijóo. Mientras tanto, Mazón tenía un solo objetivo: apurar los cuatro años de mandato. Y no para trabajar codo con codo en la reconstrucción que tanto predicaban él y su partido. El motivo era mucho más sencillo: si llega al final de la legislatura, en 2027, <strong>su vida será un chollo de campeonato:</strong> se embolsará 75.000 euros anuales durante los siguientes quince años. Y dispondrá de coche oficial, chófer, personal de asesoramiento y despacho. Esa es la famosa “reconstrucción” a la que está dedicado Mazón en cuerpo y alma desde que se despidió de la calle hace cinco meses. Y ahora llega la última hazaña del nada honorable presidente de la indignidad. El pacto con Vox para aprobar los presupuestos de 2025. Los amiguitos del alma se abrazan y cantan victoria sobre las huellas de una tragedia que no vamos a olvidar aunque ellos quieran.</p><p>Fueron Mazón y Abascal los primeros en pactar un gobierno de coalición. Fue la cosa tan rápida que a Feijóo le arruinó el brindis desde el balcón de la madrileña calle Génova la noche del 23 de julio de 2023. Ahora han vuelto aquellos abrazos yo diría —hoy con más razón que nunca— que entre las dos ultraderechas. En una comparecencia que avergüenza a la más mínima cultura democrática, Mazón fue desbrozando el pasado lunes el territorio del acuerdo:<strong> nada de cambio climático</strong> aunque los suyos en Europa digan lo contrario, nada de dinero para las organizaciones que se ocupan de los problemas sociales de la gente, nada para la recuperación de la Memoria Democrática, nada para la normalización lingüística… y todo para combatir a sangre y fuego la llegada de inmigrantes. Siempre he pensado, y más en los últimos tiempos, que las diferencias entre el PP y Vox no eran de gran envergadura, que Abascal sale<strong> de las costillas de Aznar y Primo de Rivera</strong>, que Feijóo no era lo que se decía cuando desembarcó en Madrid porque Díaz Ayuso le había señalado a Pablo Casado la puerta de salida y en ese partido lo que dice Díaz Ayuso va en la Villa y Corte a la misa grande de todos los domingos. </p><p>El pasado lunes se confundieron en un solo cuerpo y una mente única Mazón y Abascal. Hablaba el de Vox por la boca entusiasta del aparecido. La aprobación de los presupuestos era lo de menos. Lo de más era que Mazón daba un paso hacia los 75.000 euros durante quince años (o al menos eso creen él y la boca pequeña de Feijóo y Borja Sémper) y Abascal se coronaba públicamente como el primer presidente de Vox de una comunidad autónoma. A partir de ahora será Vox quien dictará lo que ha de hacer o no hacer el Gobierno valenciano.<strong> No hará falta que vuelvan a pactar un gobierno de coalición como en 2023.</strong> Amarrado en su despacho del Palau, echando cuentas de la pasta que le espera si aguanta estos dos años, Mazón será ahora un presidente cautivo por partida doble. Por un lado, las consignas diarias de Abascal para que nadie en el PP se olvide de quién es el jefe. Y, por el otro, lo tendrá igual o peor: seguirá sin poder salir a la calle en estos dos años. La tragedia del 29 de octubre no la vamos a olvidar tan fácilmente como creen Feijóo y sus cantores. Por eso<strong> no van a parar las manifestaciones </strong>para exigirle que se vaya a casa y deje tranquila la ya de por sí intranquila memoria del horror, un horror que a él le importó un pito entonces y le sigue importando un pito cinco meses después de aquellos días. Voces que seguirán gritándole que las víctimas de aquella barrancada le exigen memoria, justicia y reparación. Aunque él piense, en el colmo de su indecencia y su cinismo patológico, que 75.000 euros anuales durante quince años bien valen tener que aguantar los gritos de la calle y la memoria estridente de las víctimas de la Dana.</p><p>Otra cosa será por dónde vayan los caminos de la Justicia. De momento su condición de aforado (otro motivo para su mantenimiento en el cargo) lo deja tranquilo. Pero entrar en chirona —o al menos sentarse en el banquillo de los acusados—<strong> no es un futuro descartable</strong> por su irresponsabilidad en la nefasta gestión de la tragedia que provocó 228 víctimas mortales y la destrucción de un paisaje que tardará años en reconstruirse. Lo que es seguro, desde el pasado lunes, es que será Abascal quien discuta con Feijóo lo que hacer o no hacer en el gobierno valenciano. Y también, cómo no, qué hacer o no hacer con el “expresidente” Mazón. <strong>¡Qué gentuza, joder, qué gentuza!</strong></p><p>_________________________</p><p><em><strong> Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Mar 2025 20:08:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mazón nombra a Abascal nuevo presidente del Gobierno valenciano]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Carlos Mazón: ¿Un zombi en el banquillo de los acusados?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/carlos-mazon-zombi-banquillo-acusados_129_1952496.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7683441-92cc-4aa0-ab4b-b2f0bd70e5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carlos Mazón: ¿Un zombi en el banquillo de los acusados?"></p><p>Esto es como el cuento de nunca acabar. Como <em>La noche de los muertos vivientes</em>, aquella película en blanco y negro que inauguraba –o casi– las historias de zombis. Mi abuelo <strong>Claudio</strong> nos contaba a mi hermano y a mí historias de muertos que subían por las escaleras hasta nuestra habitación antes de dormirnos. Era su particular versión de una canción de cuna. Los tiempos del miedo te lo metían en las casas. Era <strong>como si el miedo fuera la música que acompañaba los sueños</strong>, como si los envenenara, como si los convirtiera en una maldita pesadilla. A las puertas de la casa llegaba la corriente desmadrada cuando la riada de 1957 y él no quería dejar la casa porque uno se tiene que morir donde ha vivido toda su vida. Eso decía aquella noche en que río abajo se perdió en Gestalgar un pedazo grande de nuestra memoria. Antes, a comienzos del siglo XX, también se llevó la fuerza incontrolable de las aguas una presa recién construida un poco más arriba de la Peña María. Estaba hecha de arena y piedras. La corrupción no es de ahora. No sé si entonces surgiría de las turbias tripas de la torrentera una extraña especie humana como la que apareció entre el barro, las casas, los puentes, los autos y los muertos y desaparecidos la tarde-noche del 29 de octubre de 2024 en muchos pueblos valencianos. La famosa Dana alumbró, en esas horas escasas, una mancha humana vestida con un chaleco de colorines como si fuera la coraza protectora en alguna guerra mundial. Desde aquel día la sombra chinesca de <strong>Carlos Mazón</strong>, presidente del gobierno valenciano, se ha ido extendiendo envuelta en la viscosa textura de la desvergüenza, de la falta de respeto por las víctimas y de las mentiras.</p><p>Nunca ha mostrado la más mínima compasión y empatía con la memoria de las víctimas y el sufrimiento de sus familias. Al revés: cada comparecencia pública, desde el minuto uno de la desgracia, ha sido para ignorar ese padecimiento, para <strong>convertir el dolor de la supervivencia en una burla</strong> de dimensiones infrahumanas, para salvar su carrera política por encima de los puentes hechos ruinas y de las vidas que se encallaron entre la broza del arrastre y la ruidosa estridencia del barrizal al paso aciago de la barrancada. Sólo ha salido a la escena pública para llenarse la boca de mentiras. Por eso venimos asistiendo todos los días a un auténtico recitado de embustes, de horarios disparados en no sé cuántas direcciones, de esa insana palabrería con que sus jefes y sus subordinados en el PP han respaldado indignamente las mentiras del jefe de la banda. Desde aquella noche no han hecho otra cosa: trucar los relojes, sacarse de la manga versiones a destajo de la ausencia de Mazón en las horas más terribles de la tragedia. No se les arruga un músculo del corazón a la hora de abrazar las desfachatez de un presidente que lo único que pretende es sobrevivir aunque sea como un muerto viviente en medio del daño y la rabia y la tristeza que la Dana dejó y sigue dejando no sólo en tierras valencianas sino en casi todo el mundo.</p><p>El patetismo es la imagen de marca de un PP que no sabe cómo gestionar los destinos de ese zombi que sólo mantiene con un hálito de vida su capacidad para la mentira. Le da igual decir ahora una cosa y al cabo de un rato la contraria. Es la salida a la desesperada de quien se sabe amortizado para el ejercicio de la política, pero que también sabe que tiene difícil sustitución porque hacerlo sería tanto como admitir que el PP tuvo la culpa del horror. Y también porque no hay nadie que pueda reemplazar al zombi con una mínima garantía de ejemplaridad y de eficacia presidencial. La escuela zaplanista sigue siendo ese vivero posible donde escarbar para la sustitución. Y a ver quién se atreve a destapar de nuevo el fantasma de <strong>Zaplana</strong> para tapar los agujeros de la vergüenza. Hasta <strong>Francisco Camps</strong>, presidente del PP cuando fuimos el paraíso de la corrupción con la impagable colaboración de su colega <strong>Rita Barberá</strong>, se está postulando para <em>regenerar</em> un partido que según él y sus viejos scouts de las tramas corruptas tanta falta le hace. Mientras tanto, en la madrileña calle Génova, siguen mareando la perdiz y sudan calores de agosto cuando les nombran a la bicha. “Mi amigo Carlos Mazón”, dijo el alcalde <strong>Martínez-Almeida</strong> cuando presentó al muerto viviente en un hotel de Madrid para explicar lo que no tiene más que una explicación: la irresponsabilidad política y presumiblemente penal de un gobernante indigno, inútil y sobre todo mentiroso compulsivo.</p><p>Ahí queda para la historia de la infamia el ya tan extendido tiempo muerto que va desde el mediodía del desastre hasta la llegada al famoso Cecopi para coordinar las labores de emergencia ante las ya inevitables consecuencias de la barrancada. Las numerosísimas versiones de ese tiempo muerto que han dado Mazón y los suyos no cabrían en la Biblioteca de Alejandría. Pero ahora estamos ante la peor de esas versiones porque se trata de eludir las responsabilidades penales. Siempre dijo que llegó al Centro de Emergencias poco después de las siete de la tarde del 29 de octubre. Ahora, para sortear la posible imputación por parte de la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Catarroja, <strong>se ha inventado otros horarios</strong> para ese tiempo muerto entre el mediodía y las veinte horas y once minutos en que sonó la alerta de emergencias. En esta versión ya no llegó sobre las siete a esa reunión comandada por la consellera, luego destituida, <strong>Salomé Pradas</strong>, sino que llegó pasada la hora de la alerta, concretamente a las veinte horas y veintiocho minutos. Así de exacto puso el reloj, nada de vaguedades. Piensa que con ese ajuste horario se libraría de no haber ordenado dar la alarma antes de que casi todas las muertes y desapariciones ya se hubieran producido. Porque eso es, entre otras cosas, lo que dice la jueza de instrucción: que <strong>las muertes y desapariciones podrían haberse evitado</strong> si la señal de alarma hubiera llegado cuando tocaba y no cuando ya nada tenía remedio.</p><p>Vivir de cerca lo que pasó el 29 de octubre es algo que no se olvidará nunca. Escribir sobre lo que pasó ese día y lo que sigue pasando cuatro meses después es insufrible. Cuando paseo por el paisaje devastado de mi pueblo pienso en la memoria que se fue río abajo ese día, en los sitios de nuestra vida que son incalculables como incalculable es la tristeza que nos deja su desaparición. Pero también me vienen a la cabeza la desfachatez, la indignidad y las mentiras de un individuo como Carlos Mazón que no tiene entrañas y a quien le importan un pito las víctimas de la Dana y tanta historia y memoria destruidas por un desastre que eufemísticamente tildan de “natural” y es obra, digan lo que digan las versiones cómplices, de <strong>la insaciable vocación destructora del terrorismo negacionista.</strong></p><p>No sé qué pasará al final con el ya para mucha gente expresidente del gobierno valenciano. Lo que sé es que<strong> este mismo sábado 1 de marzo saldremos a la calle</strong>, espero que miles y miles de personas como en las anteriores ocasiones, para exigir por quinta vez su dimisión: y sobre todo para que un día nada lejano veamos a Carlos Mazón sentado en el banquillo de los acusados. Ojalá eso lo vean mis ojos. Y ojalá también que los de ustedes. </p><p>____________________</p><p><em><strong> Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro es 'El boxeador', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 19:16:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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