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El presidente del Madrid ignorado, fusilado y enterrado en una fosa común en Alicante

Pedro Olivares Martínez

Durante el tiempo que duró la Guerra Civil, el fútbol no se pudo sustraer a los acontecimientos que se derivaron de tal situación y en especial la capital de España que fue asediada desde el principio por los golpistas. 

Sánchez Guerra, último presidente electo del Madrid antes de que comenzara la contienda, tuvo la satisfacción de ver cómo el Madrid derrotaba al Barcelona en la final de copa por 2 a 1. Era el 21 de junio de 1936. Antes se había enfrentado en el torneo del KO al equipo alicantino del Hércules. Semanas más tarde comenzaba la Guerra de España y Sánchez Guerra dejaba la presidencia del Club.

El 4 de agosto de 1936 se produjo la incautación del club merengue quedando  en  manos de Juan José Vallejo, presidente de la Federación Cultural Deportiva Obrera y un grupo reducido de representantes de organizaciones políticas, sindicales, sociales y del propio Madrid afines a la causa republicana. Dos días después, el diario El Sol se refería a estos hechos reproduciendo el acuerdo adoptado por el nuevo comité que regiría los destinos del Madrid F.C. por el que “acuerdan la incautación de dicho Club, asumiendo todas las funciones que los reglamentos conceden a la junta directiva, incautación que se verifica para orientar la marcha del Club en un sentido popular, que sin desvirtuar la organización tipo profesional del mismo, permita la extensión de los beneficios deportivos que puedan proporcionar todas sus instalaciones a las masas populares que en estos momentos están defendiendo heroicamente la República democrática de nuestro país”.

Meses después, Juan José Vallejo, miembro de las juventudes comunistas y  de la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), dejaba la presidencia del club merengue para marchar al frente e integrarse en el 5º Regimiento. Finalizada la guerra y después de pasar por diversas instituciones penitenciarias de Andalucía pudo huir a Barcelona donde se estableció. Fue miembro del PSUC, partido comunista de los catalanes y falleció el 27 de enero de 1978, restaurada ya la democracia, siendo enterrado en el cementerio de Sant Boi de Llobregat. 

A Vallejo le sucedió en el cargo el coronel Antonio Ortega. Aunque existen dudas sobre la exactitud de la fecha en que se produjo el relevo,  se ha barajado que el mismo se produjera entre mediados de 1937 y 1938. En el interregno hay un personaje clave y cerebro gris del Madrid en distintas épocas que ejerció de secretario técnico o asesor, Pablo Hernández Coronado, ex futbolista del Club blanco y seleccionador del equipo nacional de fútbol en diversos periodos durante la Dictadura. En una etapa tan convulsa como le tocó vivir tuvo la rara habilidad de poder echar una mano al Club merengue por difíciles que fueran las circunstancias. Y es lo que hizo, de tal manera que no hubo vacío de poder y el Madrid siguió manteniendo su actividad dentro de las limitaciones propias de una ciudad asediada desde el principio del conflicto bélico. Hernández Coronado mantuvo su vinculación con el Club blanco durante la Monarquía, la República, la Guerra Civil y la Dictadura.

Antonio Ortega Gutiérrez nació en la localidad burgalesa de Rabé de las Calzadas, el 17 de enero de 1888 y  murió fusilado en Alicante el 15 de julio de 1939 por el régimen de Franco. En su juventud estudió en el seminario de los hermanos Paules de Tardajos. Era una manera de obtener la cultura que las familias  humildes  no podían costear. No llegó a finalizar sus  estudios  e inició su carrera militar en 1906.  El alzamiento fascista de julio de 1936 le cogió en Irún donde tuvo un papel destacado en la defensa de la ciudad. Por aquel entonces era teniente de Carabineros. Poco después fue nombrado Gobernador Civil de Guipúzcoa. Los últimos meses de 1936 participó en la defensa  de Madrid  al mando de las Milicias Vascas Antifascistas, donde destacó por tener un comportamiento heroico. Más tarde ingresó en el PCE. En abril de 1937 fue nombrado Teniente Coronel en Jefe de la 40 Brigada Mixta y poco después Director General de Seguridad para el corto periodo de tiempo que va desde mediados de mayo hasta mediados de julio del mismo año. En esos dos meses tuvo lugar la desaparición de Andreu Nin,  dirigente de la izquierda radical catalana (POUM). Su cadáver nunca apareció.  Al final de la guerra,  el coronel Antonio Ortega se encontraba al frente del III Cuerpo de Ejército de la zona Centro.

El devenir de la Guerra de España impidió que la posibilidad de que se jugase el Campeonato Superregional de fútbol formado por los clubes de la Federación Valenciana, Murciana y Zona Centro, tuviera éxito. Ante el fracaso de este proyecto, el Madrid intentó jugar el campeonato catalán. A pesar de que el Club merengue renunció al título en el caso de que lo ganara, el Barcelona se opuso de forma frontal a su participación. El 3 de octubre de 1936 la Federación Española de Fútbol suspendía  la temporada de juego para toda clase de competiciones oficiales. 

El campo de Chamartín y sus instalaciones deportivas sirvieron como base de entrenamiento del Batallón Deportivo de Madrid, formado por deportistas de distintas modalidades deportivas que se pusieron a disposición del gobierno de la República para luchar contra los golpistas. Se jugaron partidos entre los futbolistas que quedaron del Club merengue y unidades militares; organizándose  festivales gimnásticos así como partidos benéficos de apoyo el legítimo gobierno de la República.

El presidente del Madrid, el coronel Ortega fue visto junto con sus hijas por el Chamartín en algunos de los partidos de fútbol. Un reflejo de su interés por el Club al que representaba está en las declaraciones hechas al suplemento Blanco y Negro de fecha 15 de noviembre de 1938:

“El fútbol no se parecerá en nada al que se practicaba antes del 18 de julio. Me refiero a su organización, naturalmente. No se comerciará con las fichas ni con los ”ases” y la juventud…“"El Madrid, y yo estimaré mucho que así sea, debe conseguir el mejor campo deportivo de España, el más importante estadio. Madrid, que ha ganado su capitalidad, debe tener todo aquello que poseen otras ciudades que han sido más frívolas con relación a la guerra. Todos, entonces, debemos ayudar al gran club”… Muchos años después, sobre el viejo Chamartín se ha hecho realidad el sueño del que fue Presidente del Club blanco, Antonio Ortega con el modernísimo y remodelado estadio Santiago Bernabéu.

La amnesia de los guardianes de la ortodoxia del Real Madrid ha impedido que hasta ahora ninguno de los dos presidentes que tuvo el club blanco durante la Guerra de España hayan figurado ni en el libro elaborado para las Bodas de Oro, ni en el del Centenario

A primeros de marzo de 1939 tiene lugar en Madrid la sublevación del coronel Casado contra el gobierno de Negrín en su intento de poner fin cuanto antes a la  guerra de España, creyendo que podría firmar una paz honrosa con Franco. Circunstancia que no se dio.  El coronel Ortega, comandante en jefe del III Cuerpo de Ejército de la zona Centro,  trató de mediar entre las fuerzas leales a Juan Negrín y el golpista Casado. El triunfo del golpe aceleró el final de la contienda y el coronel Ortega, como tantos defensores de la legalidad republicana, vieron en el puerto de Alicante la salida al exilio. Cuando llegó a la ciudad alicantina el último barco ya había zarpado y fue uno más de los miles de republicanos cogidos en la ratonera en que se convirtió la dársena del puerto. Fue hecho prisionero junto con su hijo Antonio. Éste finalmente pudo escapar, pero el Coronel Ortega, después de pasar por el Campo de los Almendros y el Campo de Concentración de Albatera ingresaba el 13 de abril de 1939 en el Reformatorio de Adultos de Alicante, junto con Rafael Henche de la Plata,  alcalde de Madrid y  el coronel Emilio Bueno y Nuñez de Prado, comandante en jefe del II Cuerpo de Ejército  de la zona Centro, entre otros dirigentes militares y políticos de la República.

El 14 de abril se envió comunicación al Juez Militar Letra D, capitán D. Victor Ruiz de la Cuesta para instruir sumarísimo de urgencia con el número 135. En el Acta de 12 de junio de 1939, el Consejo de Guerra Permanente, presidido por el teniente coronel Figueras de Luna, sentencia al procesado Antonio Ortega Gutiérrez a la pena de muerte en concepto de autor de un delito de Adhesión a la Rebelión con las circunstancias agravantes de transcendencia y perversidad. Es un sarcasmo que los que defendieron el legítimo gobierno de la República sean condenados por Adhesión o Auxilio a la Rebelión. Su abogado defensor, Gabriel García Romeu, había solicitado la pena de 30 años de prisión. El día 8 de julio se da cuenta del enterado de S.E. el Jefe de Estado de la pena capital impuesta a Antonio Ortega Gutiérrez, que es por  tanto ejecutoria y se le comunica. Mientras tanto, en un intento de la familia por evitar la ejecución de la pena capital, recurrió al Conde de Romanones,  al que Ortega salvó la vida en Fuenterrabía poco después del golpe de estado, pero éste se mantuvo al margen. No sintió la necesidad de devolverle el favor.

El pelotón de fusilamiento cumplió la sentencia;  siendo D. Francisco Nerpell Alarcia, brigada médico de la jefatura de sanidad militar en Alicante, quien certificó “que a las cinco horas del día 15 de julio de 1939 ha reconocido el cadáver de Antonio Ortega Gutiérrez  fallecido a consecuencia de heridas de arma de fuego”. Por lo tanto, fue fusilado y no murió a garrote vil como algunos historiadores y cronistas deportivos han afirmado. Hay que resaltar al respecto que en el certificado de defunción del Registro Civil una raya es la explicación de la causa de su muerte. Sin aclarar si la víctima era un accidentado, torturado, un ejecutado o defunción debida a las crueles condiciones de vida en las cárceles franquistas. Esta práctica era muy común entonces con la dificultad que ello conlleva a la hora de enumerar el número de víctimas republicanas debidas a la represión franquista. Sobre todo cuando las muertes no son resultado de una sentencia de muerte.

El presidente Antonio Ortega, republicano y comunista, fue enterrado en la fosa común, fila 9, cuadro 19, del cementerio de Alicante. La amnesia de los guardianes de la ortodoxia del Real Madrid  ha impedido que hasta ahora ninguno de los dos presidentes que tuvo el club blanco durante la Guerra de España hayan figurado ni en el libro elaborado para las Bodas de Oro, ni en el del Centenario. Hay quienes afirman que estas ausencias son debidas a su militancia comunista; otros a que fueron presidentes  no elegidos por los socios. Pero se da el caso de que el primer presidente del Madrid terminada la guerra, el general Adolfo Meléndez, tampoco fue elegido democráticamente.

La esposa y dos de las tres hijas del Coronel Ortega se exiliaron a Méjico, quedando el hijo Antonio y una de sus hermanas en España que al enviudar también marchó a México. Poco antes del Covid una de las biznietas, Gabriela Echeverría, abogada con residencia en Nueva York, contactó con la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica. Quería recibir información sobre su bisabuelo enterrado en una fosa común en el cementerio alicantino. Se le dio las referencias de las que disponía y se le puso en contacto con la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo de Alicante. Ha venido a España y está viviendo momentos de incertidumbre ya que está a la espera de cumplir el deseo largamente sentido por la familia de que se lleve a cabo la exhumación del cadáver del Coronel Ortega para lo que su abuela antes de fallecer se hizo la prueba correspondiente de ADN, estando a la espera de que se inicien las exhumaciones en la parcela 19 del cementerio de Alicante para recuperar a su bisabuelo y una vez incinerados sus restos llevarlos al panteón familiar en México. Recientemente se han conocido la biznieta de Ortega y Carles Vallejo, hijo del primer Presidente del Madrid F.C. durante la Guerra de España, pero esa es otra historia.

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Pedro Olivares Martínez es socio de infoLibre.

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