Hoy, la humanidad vuelve a estar inmersa en una pesadilla distópica donde la razón, narcotizada, ha sido desechada como seña diferenciadora de las personas respecto al resto de seres vivos. Goya advirtió que el sueño de la razón produce monstruos y sólo hay que echar un vistazo a la Historia para comprobar que una sucesión de monstruos han convertido al ser humano en su mayor, y casi único, enemigo. Hogaño, depredadores, alimañas y monstruos como Trump, Netanyahu, Kast, Orban, Le Pen…, como Aznar, Ayuso, Abascal, Feijóo… atacan la libertad como antaño la atacaron Atila, Napoleón, Hitler o Stalin.
Horroriza ver cómo un animal, un monstruo, asesina a su antojo (al por mayor y al detalle) en una espiral de violencia motivada por una codicia desmedida cuyo fin último no es otro que liquidar la Democracia e imponer un régimen fascista en todo el mundo. Consciente de que China y Rusia son hoy por hoy la alternativa a la imposición de su dictadura económica y militar (la Europa de los mercaderes pinta bien poco y el colaboracionismo al estilo Petain gana posiciones y peso en la mayoría de sus estados), Trump no duda en tensar la situación hasta conducir al mundo hacia otra, ¿tal vez la última?, guerra a escala mundial.
Hollywood lleva desde su epifanía –antes lo hicieron la prensa y la radio– camelando al mundo con el sueño americano, ese anverso de la pesadilla americana que supuso la llegada a América de hordas de emigrantes convertidos en monstruos a poco de desembarcar o aterrizar. Como idea para un guion de cine negro o gore, thriller o true crime, propongo el asesinato de Donald Trump y del sanedrín de avaros plutócratas que lo rodean; no como el simulacro de serie B ideado y ejecutado por sus asesores de imagen en Pensilvania como un golpe de efecto en plena campaña electoral, sino como aplicación a Donald y Cía del método Trump. Un guion digno de un Oscar o, mejor, del Nobel de la Paz.
Consciente de que China y Rusia son hoy por hoy la alternativa a la imposición de su dictadura económica y militar, Trump no duda en tensar la situación hasta conducir al mundo hacia otra guerra
No faltarán voluntarios para el papel de asesino, unos movidos por la droga nacional de ese sanguinario país, el dinero (no debe faltar una suculenta recompensa en bitcoins), y otros como respuesta a los sádicos crímenes perpetrados secularmente por los yanquis dentro y fuera de sus fronteras. Al casting acudirán sioux, arapahoes y cheyennes, negros, mulatos y amarillos, camboyanos, coreanos y vietnamitas, afganos, iraníes e iraquíes, musulmanes, conversos y ateos, LGTBI, artistas, intelectuales, ecologistas, pacifistas… y comunistas, la categoría en la que el monstruo incluye a todo aquel que no comulga con sus ideas.
Sobre el método del asesinato, la deformación social inherente al individualismo promovido por el capitalismo salvaje hace que las opciones desborden a toda imaginación enfermiza educada a medias por la psicópata ficción hollywoodiense y la inhumana realidad de los noticiarios. El guión puede contemplar desde la libertad a la hora de imitar asesinatos del catálogo del horror de la historia hasta la más absoluta libertad creativa sobre dónde, cómo, cuándo y con qué. Cualquier yanqui yonqui de la National Rifle Association puede comprar un arma en la sección Armas de fuego de Walmart y presentarse al casting.
Pueden tachar la propuesta de monstruosidad, describirla como terrorismo, temerla como se teme a una muerte inesperada, señalar con dedo acusador a quien escribe y a quien muestre su conformidad con lo que lee. Nada es comparable con el estado de angustia y ansiedad mundial provocado por el psicópata votado por una mayoría de psicópatas a las órdenes de una minoría que pasarán a la historia universal de la infamia sin más bagaje ni aportación a la humanidad que sus inmundas y sangrientas riquezas acumuladas.
Como método de autodefensa, y alejando la ficción, también es válido el método Trump. ¿Qué tal subir los impuestos a todas las multinacionales que han colonizado el mundo y a todos sus productos? ¿Qué tal, por ejemplo, un macmenú a 85 euros o un Tesla a 300.000? Como quiera que al enemigo malintencionado y sus tentaciones hay que alejarlo lo más posible, es una exigencia, por seguridad, echar a los psicópatas uniformados de las bases militares de todo el mundo. Como quiera que el monstruo se mueve, y asesina por los negocios, el mundo libre debería plantearse alternativas comerciales mirando a China y a Rusia (a fin de cuentas, su amigo Putin no ha secuestrado a Zelenski ni ha patrocinado genocidios ¡y vende el petróleo y el gas a precio más competitivo que el buitre americano!).
Otras medidas para intentar evitar el asesinato de Trump, como solución a los problemas por él creados, pudieran ser el boicot al Mundial de Fútbol en un país con las manos manchadas de sangre, dar la espalda a Amazon, Uber, McDonald's, Burger King, KFC, Starbucks y todas las franquicias que operan en euros en territorio europeo. Son medidas utópicas en un continente adocenado y gobernado por patriotas de hojalata con autodestructiva tendencia al colaboracionismo con el enemigo. Mirando con dolor a España, el trumpismo (el fascismo) está instalado en la derecha, escoria sucesora del traidor Petain.
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Verónica Barcina es socia de infoLibre.
Hoy, la humanidad vuelve a estar inmersa en una pesadilla distópica donde la razón, narcotizada, ha sido desechada como seña diferenciadora de las personas respecto al resto de seres vivos. Goya advirtió que el sueño de la razón produce monstruos y sólo hay que echar un vistazo a la Historia para comprobar que una sucesión de monstruos han convertido al ser humano en su mayor, y casi único, enemigo. Hogaño, depredadores, alimañas y monstruos como Trump, Netanyahu, Kast, Orban, Le Pen…, como Aznar, Ayuso, Abascal, Feijóo… atacan la libertad como antaño la atacaron Atila, Napoleón, Hitler o Stalin.