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ELECCIONES EN REINO UNIDO

Los conservadores, al borde del abismo en una votación en la que Starmer puede superar el récord de Blair

Larry, el gato de Downing Street, posa para los fotógrafos delante del número 10.

6 de junio de 2024. Menos de un mes para las elecciones británicas. Un periodista de ITV pregunta al primer ministro, Rishi Sunak, por las cosas a las que tuvo que renunciar cuando era niño porque su familia no podía permitírselas. El mandatario, casado con la hija de Narayana Murthy, una de las personas más ricas de todo el mundo, y famoso en las islas por sus gazapos cuando se le cuestiona por la vida de las personas de a pie, duda. Tras unos instantes y visiblemente nervioso, responde al periodista que “a muchas cosas”, sin precisar demasiado e intentando quitarse de encima la pregunta rápidamente. Pero el reportero insiste y le pide ser más concreto. Finalmente, Sunak da un ejemplo: “Hay muchas cosas que me gustaría haber tenido y tuve que renunciar, por ejemplo Sky TV”. Risa nerviosa. Sky TV es la televisión de pago de Reino Unido, lo que en España se puede asimilar al extinto Canal Plus.

Ese mismo día, a la vez que Sunak concedía esta entrevista, a cientos de kilómetros, se citaban los presidentes de Francia y Estados Unidos para conmemorar el 80 aniversario del desembarco de Normandía. El premier británico se había ido en mitad de las celebraciones para hacer la entrevista y en su lugar dejó al ministro de Exteriores, David Cameron, como representante de Reino Unido. La indignación se instaló en la sociedad británica: el mandatario no solo dejaba claro una vez más su desconexión con la realidad por su privilegiada posición económica, sino que también faltaba al respeto a los veteranos de Normandía. Todo ello en apenas 24 horas.

Ese 6 de junio fatídico concentra y resume perfectamente el alejamiento de los ingleses de un Partido Conservador antaño hegemónico y que ahora, en las elecciones de este jueves, corre el peligro de sumirse en la irrelevancia política. Solo 5 años han pasado desde la abrumadora victoria de Boris Johnson en unos comicios donde derrotó al Partido Laborista, entonces liderado por Jeremy Corbyn, de forma arrolladora. El político conservador consiguió ese 2019 356 escaños, números que no se veían desde las victorias de Margaret Thatcher. Los laboristas se quedaron en apenas 202.

Una legislatura, tres primeros ministros, una pandemia, innumerables escándalos y miles de batallas internas después, esos 356 asientos se podrían quedar, si se cumple la última encuesta de YouGov, en 102 escaños, una pérdida de más de 250 diputados. El panorama es tan desolador para ellos que incluso el tabloide conservador The Sun, el periódico más leído en las islas, ha dado su apoyo al Partido Laborista, una situación prácticamente inédita que no se producía desde la época de Tony Blair.

De hecho, la primera victoria electoral del padre del Nuevo Laborismo en 1997 es la que todo el mundo en Reino Unido está tomando como referencia para entender lo que puede suceder este 4 de julio. Ese año, Blair consiguió un total de 418 escaños, el mayor triunfo laborista hasta ahora, algo que, según las encuestas, podría ser superado en estas elecciones. Las principales casas demoscópicas colocan al partido en torno al 40% de intención de voto y, en la mayoría de los casos, por encima de la victoria de Blair. YouGov les otorga 431 escaños en su proyección, aunque estas semanas ha habido otras encuestas que les han llegado a dar por encima de los 480, una auténtica supermayoría que daría a los laboristas un poder casi absoluto en las Islas Británicas.

Impedir ese escenario es lo que llevan intentando evitar los tories en este final de campaña. Una vez admitida ya su derrota, los conservadores ya no hablan de ganar sino tan solo de no dar a los laboristas carta blanca durante los próximos 5 años. Su estrategia parece estar funcionando: pese a que la mayoría laborista es inevitable, las encuestas sí muestran un ligero aumento del voto conservador, que llegaría a superar por poco el 20%. Buenas noticias si las comparamos con los números de hace unas semanas, cuando los tories temían incluso perder la segunda posición a manos de un viejo conocido: Nigel Farage.

La irrupción de Reform UK

La pasada semana, decir el nombre del político populista y extremista en las filas conservadores hubiera sido algo parecido a invocar al diablo. Después de años en una segunda fila, Farage anunciaba a bombo y platillo que volvía para liderar Reform UK, heredero del Brexit Party, una de las formaciones clave que impulsaron el referéndum para la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El partido, que hasta entonces había pasado sin pena ni gloria por las encuestas, se disparó y prácticamente se igualó en intención de voto a los conservadores. Además, en un sistema mayoritario como el británico, donde el ganador de cada distrito se queda el escaño aunque sea por un solo voto, la división del voto conservador en dos partidos era la puntilla definitiva para unos tories en barrena

Farage es particularmente duro con uno de los temas de debate más importantes durante toda la campaña: la inmigración ilegal. Tanto Sunak, como el candidato laborista, Keir Starmer, han coincidido en la necesidad de reducir el número de barcos que llegan a las costas británicas desde Francia. El polémico Plan Ruanda impulsado por el Gobierno conservador, consistente en deportar masivamente al país africano a los migrantes que cruzaban el Canal de la Mancha, ha estado en el centro del debate no tanto por sus implicaciones en materia de derechos humanos sino por su efectividad

En este contexto, quien mejor se mueve en unas aguas tan revueltas es Farage, cuyo discurso ultra parece haber convencido a buena parte del ala más a la derecha de los conservadores. El líder de Reform UK ha mantenido durante toda la campaña un discurso donde culpa del desempleo a la supuesta “invasión” de unos migrantes que quitan el trabajo a los británicos. Precisamente, el paro es la principal causa de preocupación de los ciudadanos de las islas. 

Esta última semana de campaña, el objetivo de los conservadores ha sido frenar esas fugas, y parecen haberlo conseguido en mayor o menor medida. A ello ha contribuido el enésimo escándalo dentro de las filas de Reform: unas grabaciones donde se escuchaban a varios miembros de la campaña de Farage haciendo comentarios abiertamente racistas. Uno de los voluntarios de la formación hablaba de enviar al Ejército a disparar a los inmigrantes que llegaban a las playas y otro llamaba a Sunak “puto paki”, una palabra extremadamente insultante en Reino Unido que se refiere a la comunidad paquistaní del país.

La media de encuestas coloca al partido de Farage en tercera posición con en torno al 16% del voto. Sin embargo, según YouGov, y por culpa del sistema mayoritario británico, sólo podrían traducir esas papeletas en 3 escaños. Sin embargo, el daño que han hecho a los tories con su sola presencia es enorme. Las encuestas, por su parte, sí dan un gran resultado a los Liberal Demócratas, que se harían fuertes en el sur del país. La excéntrica campaña de su líder, Ed Davey, sumada a sus propuestas proeuropeas han convencido al 10% de los británicos. Los libdems tienen un electorado más concentrado que Reform y por ello tienen más fácil convertir los votos en escaños. Así, según YouGov, subirán desde los 11 que tienen actualmente hasta los 72, uno de sus mejores resultados en lo que va de siglo.

¿Cambio de rumbo de Starmer?

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Pese a las encuestas que le auguran una supermayoría casi inédita desde la II Guerra Mundial, Starmer no ha hecho demasiadas propuestas rompedoras durante la campaña. De hecho, el líder laborista lleva repitiendo la misma fórmula desde que accedió a la jefatura del partido hace cuatro años: sobriedad, moderación y esperar pacientemente a que los conservadores caigan por sus propios errores. En temas como la inmigración, Starmer se ha mostrado en ocasiones realmente duro y, pese a que se comprometió a eliminar el Plan Ruanda, quedan muchas preguntas sobre cuál será su estrategia en este sentido una vez llegue a Downing Street. 

En lo económico, aunque los tories llevan basando su campaña electoral en el miedo a que los laboristas suban los impuestos, Starmer tampoco tiene propuestas demasiado rompedoras. No subirá, según promete, ni el de sociedades ni el de la renta, y más allá de algunos parches y la eliminación de privilegios a multimillonarios, no se aprecian medidas demasiado rupturistas. Todo el programa es, en suma, la confirmación del giro de Starmer al centro después de los años de Corbyn, con los que el líder quería romper desde el día uno. Su perfil serio, no muy carismático, pero con imagen de solvencia, contrasta bien con el desastre de los conservadores en esta legislatura, pero más allá de eso, no supone un giro de 180º con respecto a Sunak.

En los últimos meses, los laboristas han apostado por una estrategia conservadora, donde no quieren espantar a los votantes moderados a la vez que recuperan sus feudos del llamado Cinturón Rojo central y de Escocia, donde el Partido Nacionalista Escocés se haya en retroceso. Esta noche se conocerá si esta estrategia les ha funcionado y esa Gran Bretaña que Shakespeare definía como el “otro Edén”, vuelve a manos laboristas después de 14 años.

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