El dilema de Francia Insumisa, recomendar a regañadientes el voto para Macron o guardar silencio

Jean-Luc Mélenchon, el líder de Francia Insumisa (LFI).

Mathieu Dejean | Pauline Graulle (Mediapart)

No ofender a los militantes y votantes insumisos más furiosos; a aquellos que dicen que “no pueden” votar a Emmanuel Macron en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales porque les repugnan sus políticas. Esta es la línea roja que se han impuesto, pese a que desde el 10 de abril, los dirigentes de Francia Insumisa (LFI, por sus siglas en francés), que instaban a “impedir” el acceso a la extrema derecha ya en la primera vuelta a Jean-Luc Mélenchon, decidieron no dar ese paso el 18 de abril.

Para ello, no hay otra solución que irse por las ramas: se niegan a decir claramente lo que harán el 24 de abril. Aunque muchos de ellos sugieran extraoficialmente que votarán a Emmanuel Macron para bloquear a Marine Le Pen. 

Esta tentación parecía quemar a Jean-Luc Mélenchon en la boca, el martes 19 de abril, ante las cámaras de BFMTV. Entrevistado por Bruce Toussaint, que intentó arrinconarlo, se mantuvo en la línea acordada por el movimiento. Tras pedir a los franceses que le “elijan primer ministro” en las legislativas que se celebra los 12 y 19 de junio próximos), hizo malabarismos en la segunda vuelta, argumentando que “su responsabilidad política” era “mantener unido un bloque de 11 millones de personas [que votaron a la izquierda en la primera vuelta] porque ahora está dividido".

Al reiterar sus advertencias de la noche de la primera vuelta –votar a Le Pen sería un “error colosal”–, intentó esta vez disuadir a los votantes de abstenerse: ¡Hay gente que piensa que debe abstenerse. Les digo que voten lo que quieran [blanco o Macron], pero que no se abstengan, sigan siendo actores de la historia”, lanzó precisando que las políticas de Macron y Le Pen no eran de la “misma naturaleza”, sobre todo porque esta última “expulsaría a los musulmanes” si resulta elegida.

Un pequeño paso adicional respecto a 2017 -los insumisos dieron entonces la espada a Le Pen y Macron-, que ya se dejó sentir en la noche del 10 de abril. En efecto, durante su discurso de derrota del pasado domingo, el candidato, empujado por un puñado de electos vigilantes de su entorno, repitió cuatro veces que “no hay que dar ni un solo voto a la señora Le Pen”.

Los insumisos siguen muy divididos sobre la cuestión, de ahí el pudor de los líderes del movimiento, conscientes de que bailan sobre un volcán. El resultado de la consulta online a las personas que patrocinaron la candidatura del líder de LFI (en la que participaron 215.292 simpatizantes), publicada el 17 de abril, muestra que el voto blanco o nulo se sitúa en primer lugar (37,65%), seguido del voto a Macron (33,40%) y la abstención (28,96%). 

Todo el mundo está buscando su línea

Por lo tanto, sigue sin haber consigna, pero el camino está ahora más o menos marcado, sin que se diga así explícitamente. Dentro del movimiento “gaseoso” (“ni vertical ni horizontal”, según la definición de Jean-Luc Mélenchon), sostienen que las instrucciones políticas son ineficaces. “Los votantes no son nuestra propiedad, ni ovejas para las que seríamos los buenos pastores”, dijo el diputado insumiso Adrien Quatennens en France Bleu Nord el martes 19 de abril. 

“Las consignas de voto son una forma de hacer política que está anticuada, ya no son eficaces”, coincide Pierre-Yves Cadalen, miembro de LFI y probable candidato a las legislativas de Brest (Finistère, en el norte). Además, el insumiso bretón exige al presidente saliente la responsabilidad de hacer pedagogía: "No somos nosotros quienes vamos a ser juzgados por la banalización de las ideas de extrema derecha. Se nos pide mucho, pero en la segunda vuelta, le toca a Macron convencer”.

La exportavoz de Attac, ahora portavoz en el Parlamento por Unión Popular, Aurélie Trouvé, también aprueba esta estrategia de la consigna silenciosa, negándose a entrar en una especie de chantaje moral para votar a Macron. “Está fuera de lugar sugerir que podríamos apoyar a Macron de alguna manera”, dijo. “Se trata de vencer a Le Pen en la segunda vuelta, y a Macron en las legislativas. Tenemos que asegurarnos de que Le Pen salga derrotada, pero nunca diré lo que voy a votar. Entiendo el enfado de la gente por lo que ha hecho Macron, que ha alimentado a un monstruo, la extrema derecha. Hoy se enfrenta a este monstruo, es ante todo su responsabilidad”.

En su opinión, esto se corresponde con la actitud general del movimiento social, del que procede: “Creo que las consignas de voto no funcionan, incluso pueden ser contraproducentes. Nunca se transmite un mensaje tan bien como cuando se hace pensar a la gente, en lugar de imponerle una voto en blanco sin más”. 

Lo mismo ocurre con David Guiraud, muy conocido entre los insumisos por su disposición a “darle estopa a los fascistas” en televisión. Ahora candidato a las elecciones legislativas de Roubaix, no quiere decir más sobre el contenido de su voto -blanco o Macron- el próximo domingo. 

Pienso que instar a votar por Macron es contraproducente”, dice. “Su balance, sumado al hecho de que no tiene un programa social, da la idea de que el bloqueo va a ser complicado. El enfado no aparece de la nada y no soy hermético a ella”. 

Si los cuadros insumisos están unidos en esta estrategia, algunos de ellos, sin embargo, hay matices que los distinguen. Además, la vaguedad mantenida por Jean-Luc Mélenchon permite varias lecturas sobre la actitud a adoptar en la cabina electoral. 

Haciendo la exégesis del eslogan “ni un voto para la señora Le Pen”, David Guiraud saca la conclusión de que “no decimos ‘absténganse’, sino que estamos más bien en la línea de bloquear a Le Pen”.  

Thomas Portes, presidente del Observatorio Nacional de la Extrema Derecha y eurodiputado en el Parlamento por Unión Popular, asume decir que “hay que vencer a Marine Le Pen el 24 de abril”, como forma de sugerir que los electores acudan a las urnas a votar el domingo.

Sin embargo, el autor de Au cœur de la haine no cree ni por un momento en el impacto de las consignas de voto: “Confío en la inteligencia de la gente: hay que hacer el trabajo de explicar por qué Marine Le Pen es un peligro para la República”, dice Thomas Portes, que no se imagina ni por un momento repartiendo panfletos pidiendo el voto para Macron.

Llamamientos más explícitos

Taha Bouhafs, simpatizante de la Unión Popular, no escatima energías para realizar esta labor de convicción. “Debemos impedir por todos los medios que Marine Le Pen resulte elegida. Es una cuestión de vida o muerte”, escribió en Twitter. Si bien se cuida mucho de pedir el voto para Macron, la seriedad del mensaje habla por sí misma

Contactado por Mediapart, socio editorial de infoLibre, dice estar preocupado: “A mi alrededor, la gente no quiere hacer dique de contención, es bastante impresionante. Esto ya ocurre con la gente de a pie, pero aquí estamos hablando de militantes. Después, la gente decidirá el último día, según las tendencias”, algo que también él hará. 

Sin embargo, cree que las palabras de Jean-Luc Mélenchon fueron bien elegidas: “Es complicado pedir el voto para Macron representando a la oposición, muchos votantes se habrían sentido traicionados. Obviamente, hay una diferencia entre Macron y Le Pen, y las consecuencias de un quinquenio de Le Pen serían irreversibles, en ese sentido, ha sido claro”.

Misma discreción en el diputado insumiso Alexis Corbière, que se niega a decir públicamente si introducirá una papeleta “Emmanuel Macron” en la urna el domingo: “Evito decir nada, pero espero muy claramente la derrota de la extrema derecha”.

Para Omar Slaouti, militante antirracista y firmante del llamamiento “On s'en mêle” (Nos implicamos), que reúne a varias decenas de personalidades de los barrios populares que apoyaron a Jean-Luc Mélenchon en la primera vuelta, todos tienen un papel que desempeñar: “Hay lógicas internas propias de cada organización y que son legítimas. En este caso, hay quienes están traumatizados en sus carnes tanto literal como figuradamente por el quinquenio Macron; militantes de barrios populares, como nosotros, que no pueden permitirse no pedir el voto para Macron frente a Le Pen; y quienes dentro del aparato de insumisos no quieren resquebrajar el marco unitario creado en la primera vuelta, para evitar un mañana de total desencanto”.

En el concierto monocorde de la “insubordinación”, Ali Rabeh hace oír una voz diferente. A diferencia de sus compañeros, el alcalde de Trappes, diputado de la Unión Popular, no tuvo problemas en explicar, al día siguiente de la primera vuelta, que pedía el uso de la papeleta “Macron”. Dado que califica de “seria” la hipótesis de una victoria de Marine Le Pen. 

“Incluso en Trappes, donde los habitantes se verían directamente afectados por una victoria de la extrema derecha, e incluso entre los militantes de izquierda, la papeleta ‘Macron’ se ha convertido en un repelente”, explica Ali Rabeh a Mediapart. “Me cuesta convencer a la gente, porque a mí tampoco me entusiasma la idea de ir a votar. Pero no quiero dar ninguna oportunidad a la extrema derecha, así que digo que tenemos que movernos para la segunda vuelta y utilizar el voto como algo instrumental”.

Esta posición es más cercana a la de los Verdes y los Socialistas, que también pidieron inmediatamente el voto para Macron el 10 de abril. El secretario nacional de Europa Ecología-Los Verdes (EELV), Julien Bayou, también repitió (cuatro veces) en una rueda de prensa el 14 de abril: “Contra la extrema derecha, no hay que abstenerse”, en un guiño crítico a Jean-Luc Mélenchon. 

Yannick Jadot, el candidato ecologista que no tuvo éxito en las elecciones presidenciales (obtuvo el 4,6% de los votos), repitió en una columna el 21 de abril su llamamiento a “votar a Macron sin dudarlo”. De paso, criticó a quienes adoptan una postura ni-ni (ni Macron, ni Le Pen), refiriéndose de forma falsamente sibilina a “ciertos líderes políticos, a veces tan rápidos en evocar la ‘Historia’, con mayúsculas”: “Cuando el bloque de extrema derecha supera el 30% en la primera vuelta, alabar el ni-ni es como jugar a la ruleta rusa. Y apostar por la responsabilidad de otros para halagar a una parte de su electorado no está a la altura del reto de civilización que está en juego”.

La ecologista Sandrine Rousseau, que había señalado la “responsabilidad histórica” del presidente saliente para convencer a los votantes ecologistas de izquierdas, también declaró públicamente que votaría a Macron: “Ni un voto a Le Pen, vale, pero el mío será para Macron, es más seguro. Pelearemos en las elecciones legislativas con todas nuestras fuerzas de izquierda y ecologistas unidas”.

Mientras tanto, los insumisos esperan contar con quienes aspiran a un cambio, y no quieren retrasarlo, antes de esta decisiva “tercera vuelta”: quienes se han puesto en estado de “huelga cívica”. Se trata de un bloque de 12 millones de personas que no votaron en la primera vuelta y a quienes espera convencer para que acudan a las urnas en las elecciones legislativas. 

Traducción: Mariola Moreno

Leel el texto en francés:

 

 

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