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Los macronistas esquivan el abismo pero ahora temen una implosión interna si pactan con la izquierda

El primer ministro francés, Gabriel Attal, sale de la cabina electoral para votar durante la segunda vuelta de las elecciones legislativas francesas.

Ilyes Ramdani (Mediapart)

En una mezcla de sorpresa, alivio y preocupación, los partidarios de Emmanuel Macron mostraban el domingo por la noche la sonrisa del superviviente. Tras una campaña en la que temieron ser barridos de la escena política, la coalición presidencial se alegraba por su segundo puesto en el futuro hemiciclo. Con 150 escaños, la mayoría queda ahora relegada al segundo puesto entre las fuerzas políticas, por detrás de la unión de la izquierda pero por delante de la Agrupación Nacional (RN).

Sin embargo, la mitad vacía de la botella refleja la insensata apuesta de Emmanuel Macron. El presidente de la República disolvió la Asamblea Nacional en un momento en el que su base electoral estaba bajo mínimos, y sus filas han sufrido las consecuencias políticas de su fracaso. La curva es vertiginosa: había 351 diputados de Macron en la Asamblea en 2017, luego 250 en 2022. Ahora, tras estas elecciones legislativas anticipadas, solo quedan 150.

La tormenta ha barrido a varias figuras macronistas. Olivier Véran, ex portavoz del Gobierno, ha sido derrotado en Isère por Hugo Prévost, estudiante candidato de La Francia Insumisa (LFI). Stanislas Guerini, ex delegado general del partido presidencial y actual ministro, también ha perdido su escaño, arrebatado en París por la ecologista Léa Balage El Mariky. Su compañera de MoDem en el Gobierno, Sarah El Haïry, ha sufrido el mismo revés en Loira-Atlántico, derrotada por el socialista Fabrice Roussel.

A la vista de las proyecciones que circulaban, el ambiente era más bien de bienvenida a un resultado casi inesperado. "El bloque central está vivo", dijo Emmanuel Macron a su entorno nada más conocerse los resultados. "Gracias a nuestra determinación, gracias a la fuerza de nuestros valores, hemos resistido", se felicitó por la noche el primer ministro, Gabriel Attal, antes de anunciar que presentaría su dimisión al Jefe del Estado el lunes por la mañana.

En el Elíseo, a pesar de la cura de adelgazamiento impuesta por sorpresa a su gente, el ambiente no era ni mucho menos el de la autoflagelación. "La aclaración que había pedido el presidente de la República se ha llevado a cabo tal y como deseaba", declaró su entorno, saludando la Asamblea como más "legítima que nunca" a la vista de la alta participación (66,7%).

El hecho de haber impedido que la extrema derecha llegara al poder también llenó de satisfacción al presidente. Fue una forma de reconocer, sin decirlo demasiado explícitamente, que la coalición centrista debe un centenar de escaños a la retirada de candidatos de izquierda que quedaron segundos o terceros. "Si hay una victoria esta noche, es la de los candidatos republicanos", señaló el Elíseo.

Dos estrategias en marcha con Macron ya al margen

En cuanto a la victoria de la izquierda, no existía tal en la cúpula del Estado el domingo por la noche. Emmanuel Macron anunció que estaba analizando los resultados "a medida que iban llegando", "circunscripción por circunscripción". En otras palabras, prisa ninguna por dar un mandato a la izquierda para formar Gobierno. "Esperará a que se haya estructurado la nueva Asamblea Nacional antes de tomar las decisiones necesarias", explicaba su entorno.

Para la coalición presidencial, la verdadera aclaración tendrá lugar en los próximos días. ¿Hay que desplazar el centro de gravedad de la vida política hacia la izquierda o intentar, a toda costa, formar una gran coalición de centro que se extienda a la derecha de Los Republicanos (LR), para seguir en el poder? En las declaraciones pronunciadas por los distintos partidos el domingo por la noche, iban quedando patentes las estrategias y divergencias que se avecinan.

En la derecha, Édouard Philippe abogó por un "acuerdo" entre las "fuerzas políticas centrales", sin La Francia Insumisa (LFI). El presidente de Horizontes pretende convencer a una parte del grupo LR y del grupo Renacimiento para que se unan a sus tropas en una nueva expresión de derechas. Gérald Darmanin podría tomar el timón. El ministro del Interior, ampliamente reelegido en su feudo del norte, está deseando hacerlo, tras haber estado tentado durante un tiempo de postularse para la presidencia del grupo Renacimiento.

Este cargo parece haber sido prometido a Gabriel Attal, actual jefe del Gobierno, que goza de un excelente índice de popularidad entre su gente, que en parte siente que le deben su supervivencia. Las relaciones con Gérald Darmanin han ido empeorando a medida que avanzaba la campaña, hasta el punto de que el entorno de Attal sospecha que el de Darmanin ha estado detrás de las "bombas fétidas" aparecidas en la prensa en los últimos días.

Cada uno con su estrategia. "Tenemos que gobernar con la derecha y no hacer una coalición con La Francia Insumisa y el Frente Popular", dijo el ministro del Interior en la BFMTV. El primer ministro, por su parte, piensa más bien en negociar un acuerdo de gobierno con la izquierda no insumisa. El líder del partido presidencial, Stéphane Séjourné, ha abierto la vía a un "proyecto de mayoría" y ha pedido que "la lucha contra el cambio climático sea una prioridad absoluta", una forma de tender la mano a la izquierda.

El ex presidente de la Comisión Legislativa, Sacha Houlié, también dio un paso hacia el NFP. "Francia tiene un nuevo rostro, y es evidente que la socialdemocracia ocupa un lugar esencial en la vida política de nuestro país", escribió el diputado reelegido por Vienne en la red social X. "Sacaré las conclusiones.Existen negociaciones desde hace varias semanas entre una parte del bando presidencial y ciertas figuras de izquierda, entre ellas Raphaël Glucksmann.

¿Y qué pasa con Emmanuel Macron? Este es quizás el último punto que une a todos los macronistas: su deseo de liberarse de la tutela del presidente de la República, considerado culpable de haberles metido en este atolladero. "Yo no he elegido esta disolución, y me niego a pagar por ella", ha dicho Gabriel Attal desde Matignon. Unos minutos antes, Édouard Philippe tampoco mostraba compasión: "La decisión de disolver la Asamblea Nacional, que debía servir de aclaración, ha provocado en cambio una gran indeterminación. Lo lamento, pero no me sorprende".

LR, un aguante inesperado

LR ha capeado el temporal y al final hay más supervivientes de lo esperado. Al borde de la implosión desde que el líder del partido, Éric Ciotti, se alió con la RN a espaldas de sus colegas, el partido resiste gracias al frente republicano, a un nivel similar al de la XVI legislatura.

En Loiret, la diputada de LR Constance de Pélichy incluso ha arrebatado el escaño a la diputada saliente de RN Mathilde Paris. Por lo demás, Julien Dive ha sido reelegido, al igual que Annie Genevard y Olivier Marleix, ex presidente del grupo, que fue reelegido por un amplio margen frente a la extrema derecha. Entre los nuevos elegidos está Laurent Wauquiez, el poderoso presidente del Consejo Regional de Auvergne-Rhône-Alpes, que se sentará ahora en la Asamblea, al igual que el Alcalde de L'Haÿ-les-Roses, Vincent Jeanbrun, que ganó por 544 votos a la candidata saliente de LFI, Rachel Keke. El inquieto Aurélien Pradié, que se había distanciado de LR justo antes de la primera vuelta, ha recuperado su escaño como miembro de las derechas.

Los ciottistas asociados a la extrema derecha, han perdido sin embargo la apuesta. Aunque el diputado por Alpes Marítimos fue reelegido por un amplio margen en su circunscripción, se han disipado sus esperanzas de ser nombrado ministro del Interior. En su circunscripción de franceses en el extranjero, Meyer Habib, "amigo personal" de Benyamin Netanyahu, ha sido sin embargo derrotado por la candidata de Renacimiento Caroline Yadan. El presidente de las juventudes de LR, el muy derechista Guilhem Carayon, que junto a Éric Ciotti fomentó la alianza con RN, también fue derrotado por el macronista Jean Terlier.

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Son muchos los símbolos que alegran a los LR que se negaron a vender su alma al diablo lepenista. "La opción de ser independientes fue la correcta, volvemos más fuertes", se felicitaban en las redes sociales. Una cruel mofa de su jefe, que es poco probable que permanezca en el puesto por mucho tiempo más.

  

Traducción de Miguel López

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