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Historia

Waterloo, dos siglos del fracaso de Napoleón Bonaparte

  • El 18 de junio se cumplen 200 años de la batalla que acabó con el general corso, cerró la Revolución Francesa y cambió el destino de Europa
  • El escritor Bernard Cornwell, autor de la saga de novela histórica del soldado Sharpe, la rememora en su primera obra de no ficción

Publicada 18/06/2015 a las 09:50 Actualizada 19/06/2015 a las 10:28    
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'Scotland forever', Lady Butler, 1881, Leeds Gallery.

Portada de 'Waterloo'. 'Scotland forever', Lady Butler, 1881.

El 18 de junio de 1815, Waterloo, una ciudad de (entonces) 2.000 habitantes a 16 kilómetros de Bruselas, amaneció nublada, con una fina lluvia. En torno a ella se agrupaban 250.200 soldados de tres ejércitos (el francés, el prusiano y el británico, integrado también por holandeses y belgas), y, entre ellos, dos hombres que se disputarían, hasta el anochecer, el destino de Europa: Napoleón y Wellington

Dos siglos después, la guerra no asola Europa, Waterloo amanece más despejado y la Historia es más consciente de las consecuencias de aquella jornada. El definitivo final del Emperador, la muerte de la Revolución Francesa, el triunfo del Antiguo Régimen. Mientras, los historiadores siguen tratando de esclarecer el caos de la batalla. A ellos se suma ahora Bernard Cornwell, novelista británico y autor de la exitosa saga de novela histórica protagonizada por Richard Sharpe, que con Waterloo (Edhasa) se lanza por primera vez a la no ficción. 

"Las batallas de los días 16 y 18 de junio de 1815 ofrecen material más que suficiente para elaborar un magnífico relato. Es raro que la historia se muestra propicia a los escritores de novela histórica (...)", confiesa Cornwell. "Sin embargo, cuando escribí Sharpe en Waterloo [una de las aventuras del soldado de su invención], el argumento que construí quedó desvanecido bajo el peso de la batalla misma. [Waterloo] es un acontecimiento perfectamente literario".

El caos y el detalle
El 16 de junio, 337.000 hombres comenzaron a luchar en el campo belga (dos días más tarde, ya habían muerto 90.000). Por eso, Cornwell no se conforma con relatar las grandes líneas de la batalla, la dirección de los ataques o el relato de los altos mandos militares. En la explanada, cientos de miles de seres humanos trataban de vencer y evitar la muerte, pero, mientras, vívían. "A los hombres que intervinieron [en la batalla] no les pareció en modo alguno simple, ni explicable, así que una de las razones que me han impulsado a escribir el libro ha sido la de tratar de transmitir al lector la sensación que debieron de tener ese confuso día todos cuantos se hallaban en el campo", explica el escritor.

En Waterloo está Rifle, el perro del batallón de fusileros británicos que durante las escaramuzas "solía correr de un lado a otro, ladrando y expresando su alegría como el más feliz de los canes". Están las órdenes de Napoleón, tan confusas que algunos de sus subordinados ni siquiera las entendieron. Está la última carta de amor del comandante Arthut Heyland a su esposa: "No podemos, amor mío, morir juntos. Uno u otro ha de ser testigo de la pérdida de lo que más amamos en el mundo. Que nuestros hijos sean tu consuelo, mi amor, mi Mary". 

Ida y vuelta a Santa Helena
Pero si hay una historia en la contienda es la de la derrota de Napoleón Bonaparte. El general corso dejó su exilio en la isla de Elba en 1815 con la intención de ocupar su espacio frente a la monarquía, encarnada en Luis XVIII, "un hombre tremendamente obeso" que representaba a una estirpe "tan codiciosa como impopular". Las mujeres solían vestir el violeta napoleónico (el Emperador se había casado con Josefina portando ella un ramo de estas flores). Y el milagro se obró: Napoleón desembarcó en la costa cercana a Cannes y reunió a algo más de 1.000 soldados. "La mayor parte de la gente tenía la esperanza de que el ejército monárquico lograra derrotar con rapidez la cómica pequeñez de las fuerzas napoleónicas. Pero lo que ocurrió fue que las tropas del rey desertaron en masa para echarse en brazos del reencontrado Emperador", explica Cornwell.

Las escaramuzas belgas comenzaron, además, con victorias para el corso. Wellington temía a su enemigo y Napoleón pensaba que podía salir airoso pese a la desigualdad numérica (las fuerzas aliadas le superaban en 90.000 combatientes). Pero la táctica del inglés derrotó al Emperador, encabezando finalmente el ataque "a la desesperada" de su propia Guardia, la única que aún daba guerra a los aliados. No salió bien. París se rendía el 4 de julio y Napoleón marchaba a Santa Helena el 15 de octubre, donde permanecería seis años hasta su muerte. La memoria, sin embargo, permanece. El próximo viernes y sábado, más de 6.000 voluntarios representarán en Waterloo el episodio que sigue fascinando a Europa como un punto de inflexión en la historia. Como explica Cornwell: "Hay batallas que no cambian nada, pero Waterloo lo modificó prácticamente todo". 




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13 Comentarios
  • Anibal Espaloma Anibal Espaloma 23/06/15 00:30

    Totalmente de acuerdo en que ha sido un placer haber intercambiado opiniones y además, entre tres españoles, Alfar, Birth y yo mismo, coincidiendo en lo básicoe incluso casi en los matices. ¿Será que este país nuestro está cambiando? y encima a bien y entendimiento.

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  • Alfar Alfar 22/06/15 13:25

    Lo mismo digo, ha sido estupendo. Espero que nos volvamos a encontrar en Infolibre comentando sobre lo que tanto nos gusta. Saludos.

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  • Anibal Espaloma Anibal Espaloma 21/06/15 14:07

    Error tras error. Wellington estaba vencido y sólo la llegada de los prusianos de Blutcher salvó la derrota. Rostchild agradeció las noticias de la derrota. Napoleón estaba vencido como Francia y de haber ganado finalmente hubiese perdido después asi que menos cuentos. Desde la campaña de Rusia y la guerra en España todo estaba decidido. Y desgraciadamente su derrota fue para España ese deshecho humano facineroso, mentiroso, y vergüenza de España que fue el llamado El Deseado que la Historia recuerda como una peste nacional bajo la denominación de Fernando VII.

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    • Birth Birth 21/06/15 14:37

      Sí, se suele olvidar popularmente, salvo en medios germánicos, la contribución decisiva del Príncipe de Wahlstadt, general Blücher. Eso no quita que fuera una victoria orquestada con la estrategia de Wellington, que ya ocupaba lugar, y que lo esperaba. Y Wellington aprendió de Napoleón a través de su enfrentamientos con sus mejores generales en España. Por eso su brindis a la guerra de la Península, como la llaman los ingleses, cuando finalizó la batalla de Waterloo. Y quedan tantas cosas por decir. Ha sido estupendo poder compartir este espacio con vosotr@s, Alfar y Anibal Espaloma.

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  • Birth Birth 20/06/15 13:47

    Si, esa es, Armando Orera, una interpretación. La otra es que las sucesivas coaliciones de los paises europeos, en contra de la Francia de Napoleón, que no soportaban ver avanzar las ideas revolucionarias, vencieron en Waterloo. Con ello pusieron cortafuegos a las mismas, temporalmente. Aún así, su fuerza acabó de contaminar el continente. La intervención de Napoleón fue esencial para recoger los frutos de la revolución francesa y poner fin a sus excesos . Napoleón impidió que las monarquías fronterizas ocuparan el territorio y estas potenciaron su ambición. Por cierto, es curioso que apenas se recuerde que Goya fue afrancesado y trabajó para el rey José I, que lo condecoró. Nuestra guerra de la independencia fue esencial para erosionar a Napoleón. A la vuelta a su cabina, ese espantoso día de la batalla, Wellington hizo un único brindi, y se lo dedicó no a los que habían dado su vida, sino a esa guerra que había finalizado un año antes.

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    • Alfar Alfar 20/06/15 22:15

      No sólo Goya fue un afrancesado, muchísimos españoles más, los más progresistas. Porque aunque se denostó a José Bonaparte, lo cierto es que al lado de Fernando VII, que traicionó todo lo que se le ponía al lado, incluído a su padre, contra el que se amotinó, era un hombre que intentó modernizar aquella España atrasada que se encontró, al llegar a ella. Pero los españoles somos así, entonces y ahora.

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      • Birth Birth 21/06/15 14:21

        !Totalmente de acuerdo! Goya conocía lo suficientemente a la casa real, y al desleal Fernando VII para no hacerle ascos a la alternativa. Lo que sorprendió a Napoleón es que el compromiso de dar libertades al pueblo español no los convenciera de aceptar la invasión. Y es que como a pardillos, creíamos que el malo era Francia y no lo que nos devolvían. Que nunca al parecer fue secuestrado sino que aceptó el alojo con comisión incluida y escribía cartas de ánimo a Napoleón cuando triunfaba en batallas durante la guerra de independencia.

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  • Armando Orera Armando Orera 20/06/15 11:23

    A mí la historia me apasiona, pero  no soy un experto, por eso desde la distancia del aficionado que no es capaz de entrar en detalles, lo que me queda de Waterloo es que fue un tropezón en la historia de la evolución de las sociedades... Hoy en día lo que ha muerto no es la nueva sociedad que empujó o fundó la revolución francesa lo que ha muerto es el antiguo régimen. Por eso esta batalla me suena a un paso más en la senda de que nos convierte en ciudadanos dejando atrás lo que tenemos de siervos.

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  • Alfar Alfar 19/06/15 00:20

    Es de sabios rectificar.

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    • Birth Birth 20/06/15 13:50

      Pero les está costando!

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    • Birth Birth 19/06/15 01:50

      De acuerdo. El artículo es manifiestamente mejorable. Claro, que el tema ha sido tan estudiado y conocido que es fácil detectar imprecisiones o el quedarse en los detalles. En todo caso, buena idea la de recordar el evento.

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      • Alfar Alfar 19/06/15 10:47

        Efectivamente, a mí, que la historia es algo que me apasiona, me ha encantado leer sobre este tema en Infolibre.

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  • Alfar Alfar 18/06/15 14:11

    Hace mucho tiempo que estudié historia. Pero me parece recordar que el primer exilio de Napoleón fue en  la isla de Elba, desde la que partió en 1815, para retomar las armas. Ya el segundo destierro sí fue a Santa Helena, donde murió. Igual es que desde que yo estudié hasta ahora, han aparecido documentos que han cambiado la versión antigua.

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