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Muros sin Fronteras

Grecia, una derrota y dos victorias pírricas

Mejor Grecia que Siria; en algunos temas delicados, como el caso de tres periodistas españoles de los que no se tienen noticias, prefiero esperar, dejar trabajar a los que saben. No es autocensura, solo cierta precaución, la que no solemos tener cuando hablamos de los demás.

Pasaron la cumbre extraordinaria de la UE, las trompetas que anunciaban el fin del mundo y el peligro de un Grexit (la salida de Grecia del euro) inmediato y aún se escriben decenas de análisis sobre cuál fue la magnitud de la derrota de Alexis Tsipras ante la Alemania de Angela Merkel y Wolfgang Schäuble. Otros prefieren realizar una lectura doméstica de lo ocurrido y aseguran que Tsipras salió fortalecido. Incluso, The Guardian ve en él a un posible Lula.

Sea como fuere, es pronto para las sentencias categóricas, seguimos en medio del partido. El final aún no está escrito. Ahora son los finlandeses los que quieren un referéndum para salirse del euro ¿Finexit?.

Es cierto que el primer ministro Tsipras ha salido políticamente fortalecido en Grecia, como demuestran las últimas encuestas. Y ha logrado sobrevivir a lo que las redes sociales llamaron golpe de Estado financiero. Aunque pierde el ala izquierda de Syriza ha conquistado el centro y una cierta respetabilidad interna. También han salido fortalecidos los especuladores.

Todos sabían que su guerra contra el Eurogrupo era una misión imposible, pero al menos ha peleado, a diferencia de Nueva Democracia y PASOK que acataban órdenes sin rechistar. Los griegos también tienen claro que los problemas de Grecia no los ha causado Syriza, pese a su mala gestión en estos seis meses.

La catástrofe es herencia directa de los partidos tradicionales. Ellos han creado el Estado clientelar y un sector público sobredimensionado para dar cabida a todos los amigos y parientes. El socialdemócrata Costas Simitis fue el primer ministro que metió a Grecia en el euro en 2001 con unas cuentas más que dudosas y el líder de Nueva Democracia, Kostas Karamanlis, lo era cuando su Gobierno mintió a Bruselas sobre el déficit. Mientras declaraban uno de 7.000 millones de euros, un 3,7% del PIB, el real alcanzaba los 30.000 millones, el 14%.

También sabemos que Tsipras ha tenido que asumir unas condiciones para el tercer rescate más duras de las que rechazó cuando convocó el referéndum. Esto permite titular: derrota, humillación, etc, como hicieron la mayoría de los medios de comunicación europeos.

Además de intentarlo, Tsipras y Syriza han logrado dos minivictorias, ¿pírricas?, aunque la primera y más importante aún no es visible del todo: el recorte (restructuración, quita o como se quiera llamar) de una deuda que todos reconocen es impagable. De ello se hablará con fuerza a partir de octubre, si Grecia aprueba las reformas exigidas como prueba de que esta vez va en serio. El problema será encontrar la fórmula que permita un acuerdo entre un Norte (calvinista) y un Sur (vivalavirgen) de la UE. Ambos adjetivos son estereotipos en pleno uso estos días y por ambos bloques.

La segunda victoria es muy visible, pero aún no se puede medir su impacto real: haber provocado la división en la antigua troika, con un FMI más cerca de las posiciones de Syriza sobre la quita, y la división dentro del mismo Eurogrupo en el que Schäuble se ha sentido desautorizado por Merkel en el último momento. Ya veremos si es real o ficticio el amago de dimisión del ministro que nunca sonríe.

Lo ocurrido estas semanas tiene lecturas en España, más allá de la campaña del Gobierno para meter en el mismo saco a Syriza, Podemos y el PSOE. Ahora que Syriza ha mostrado la cordura que demandaba Luis de Guindos, según los términos europeos de la mesura, Grecia ha dejado de ser un arma arrojadiza. El PP cree haber derrotado de rebote a Podemos.

Para el partido dirigido por Pablo Iglesias hay numerosos aprendizajes. Existe una diferencia entre los sueños (acabar con el austericidio, impulsar una Europa social) y la realidad. Es bueno que las promesas electorales estén más cerca de la realidad que de los sueños, por evitar enfados y desafecciones. Bruselas no es un lugar para mítines, sino para urdir complejas alianzas. Bruselas es un mercado: gana el que menos grita.

Quien debe mucho dinero como Grecia y carece de peso económico (menos del 2% del PIB europeo) y político (cerca de 11,3 millones de habitantes de los 507 de la UE) no puede defenderse de los acreedores y menos si estos tienen a tus bancos agarrados por el cuello a través del BCE.

España es la quinta economía de la UE, tiene más peso que Grecia y 40 millones de habitantes, pero no debería jugar con el fuego de las palabras. Las palabras, los insultos, el desafío es lo que ha perdido a Tsipras y a su ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. No parece la mejor táctica insultar a quien debes dinero a espuertas si pretendes que te relajen las condiciones de pago.

Grecia carecía de Plan B, como señaló esta semana el Nobel Paul Krugman; sin plan B el desafío no resultaba creíble. El blog Zero Edge informaba que Tsipras trató de conseguir de Vladímir Putin 10.000 millones para poner en marcha el dracma. Varoukakis sí estaba dispuesto a llegar hasta el final; Tsipras, no.

Merkel dice ahora que un Grexit representaría un riesgo excesivo. No cuadra con las declaraciones previas del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, y otros dirigentes que decían que todo estaba previsto y que no existía peligro. Las declaraciones eran parte del juego, otra herramienta para asustar a Grecia. Es posible que el Grexit temporal de cinco años propuesto por Schäuble fuera también un órdago para alcanzar un acuerdo. Hay tanto teatro en la política actual que tampoco nosotros sabemos dónde está la frontera.

Miles de griegos protestan ante el Parlamento contra el tercer rescate

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El peligro de Grexit no ha desparecido; son muchos los economistas y analistas que sostienen que el acuerdo es un parche que no acomete la centralidad del problema, reconocer que el ajuste no ha funcionado. Y nada permite pensar que empiece a funcionar con las nuevas medida que son más de lo mismo.

El tándem Tsipras-Varoufakis se ha equivocado en varios asuntos en estos meses. Debieron apostar quizá, como sugiere Ignacio Torreblanca, por el partido centrista To Potamí y los restos del PASOK para lanzar a Bruselas la imagen de Gobierno europeísta y no uno nacionalista y en confrontación. Debieron bajar el pistón para apoyarse más en Francia e Italia, con Gobiernos afines pese a ser socialdemócratas.

Syriza tiene tres años y medio de Gobierno por delante y una gran oportunidad de dar la vuelta como un calcetín a un país lleno de energía. Grecia solo necesita tener algo de esperanza para liberarla.

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