El mundo se desmorona y nosotros nos enfrentamos

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Los políticos no han logrado solucionar con política el problema más grave de este país en los últimos cuarenta años. Es como si llamas al fontanero porque te gotea un grifo, te dice que estés tranquilo, que te lo va a dejar niquelao y cuando se va de tu casa empieza a salir el agua a chorros, en modo fuentes de la Granja. Y tú ya le has pagado, porque este mes cobran todos los que están “al mando”, ¿verdad? Muy fan.

Esta es la crisis de Estado más importante de los últimos cuarenta años. Algunos se han puesto nostálgicos y han sacado a pasear el 23-F. Pero no, no es lo mismo, Tejero entró por las bravas y Puigdemont lo que quiere es salir, por las buenas o por las bravas. Además, a Puigdemont no le cabría el tricornio con ese pelazo.

Qué triste es todo lo que está sucediendo y eso que había ingredientes como para hacer humor: crucero de Piolín, urnas tupperware, tractores rodeando colegios, curas opinando, a favor y en contra, en nombre de Dios... Pero la imagen de los antidisturbios, golpeando a ciudadanos en las calles de Cataluña, le quitó al asunto cualquier atisbo de gracia, como cuando entra en la reunión ese amigo patoso que te revienta los chistes.

Después de un día tan desolador, en el que España apareció en las portadas internacionales –esta vez sin gol de Iniesta–, los máximos protagonistas del conflicto se dirigieron a los ciudadanos. Mariano Rajoy dijo que no había habido referéndum y Carles que sí lo había habido. A esto le llamo yo disparidad de criterios, como cuando Olivia Newton John les contaba a sus amigas que Travolta solo le había dado un piquito al borde del mar y Travolta a sus colegas que habían practicado en la arena las Cincuenta sombras de Grease... 

Estos dos nunca se ponen de acuerdo. Rajoy dijo: “La mayoría de los catalanes han demostrado que son gente de ley, ignorando esta convocatoria” y Puigdemont : “Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado independiente”. No he escuchado versiones más distintas desde In the Guetto por Elvis y el Príncipe Gitano.

Pero esto ya es pasado. Hemos subido otro escalón y ahora estamos en la declaración unilateral de independencia, la DUI. Un término que no conocíamos y que ahora no paramos de utilizar. En realidad, en Cataluña ya sonaban estas siglas desde hace tiempo, pero para el resto del país el término no existía, de hecho, fue generalizada la confusión con el DIU. Y no, no tiene nada que ver, el DIU evita los embarazos y la DUI pretende el nacimiento de una república independiente, como la de IKEA, en la que sean los catalanes los que monten o desmonten sus muebles.

Lo de las siglas suele inducir a error, he visto tweets memorables confundiendo la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) con la UCO (Unidad Central Operativa de la Policía judicial de la Guardia Civil). Por cierto, últimamente usamos mucho más esta segunda, hay tanta casuística de delincuentes famosos y populares...

Y cuando estábamos todos seguros de conocer el significado de DUI, va Artur Mas y le dice a Ana Pastor que no, que la DUI no es unilateral aunque no la reconozca el Estado: “es una declaración de independencia” sin más. Como si la U de unilateral se hubiera caído en la U de urna.

Me imagino la cara del exhonorable Pujol, creador de “¿Qué coño es la UDEF?”, al escuchar la explicación de su delfín. Con lo que se lía él con las siglas pensaría: “¿Si no es unilateral, qué coño es la DUI?”

Tampoco confundan la DUI con la DEA.  Los que vemos Narcos tenemos mucha familiaridad con la Administración para el Control de Drogas. Aunque, pensándolo bien, no estaría mal traída esta confusión, porque estamos alucinando, inmersos en una situación tan grave que parece que nos hemos metido un viaje de algo potente, o que el coreano nos ha echado droja en el Cola-cao con un misil formato spray.

Lo peor es que lo que nos han espolvoreado en el ambiente no nos da risa, al contrario. El índice de irritabilidad en el aire debe de andar por un 99%.

Si haces un chiste sobre el asunto, alguien se enfada; si opinas, alguien invoca a su libertad de expresión para decirte que callada/o estás más guapa/o y si pides diálogo, alguien te manda a la mierda, ¡ni que estuvieras pidiendo que te sirvieran una paella para doce a las tres de la mañana!

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Los políticos no han logrado evitar el problema más grave de este país en los últimos cuarenta años, pero nosotros, los ciudadanos, tampoco solucionamos el nuestro.

Llevamos en el ADN un gen que nos divide siempre en dos bandos, hablemos de lo que hablemos. Esa tradición tan nuestra de no escuchar a otros, esa costumbre nacional de tener preparadas las respuestas antes de que nos formulen las preguntas, como si fuéramos el presidente en la sesión de control al Gobierno cuando responde con textos escritos de antemano...

Reconozcámoslo de una vez, el deporte nacional no es el fútbol, es el duelo a garrotazos. Goya lo incluyó en una etapa determinada de su vida, la negra, nosotros parece que nunca queremos salir de ella. El mundo se desmorona y nosotros nos enfrentamos. ¿Parlem?

Los políticos no han logrado solucionar con política el problema más grave de este país en los últimos cuarenta años. Es como si llamas al fontanero porque te gotea un grifo, te dice que estés tranquilo, que te lo va a dejar niquelao y cuando se va de tu casa empieza a salir el agua a chorros, en modo fuentes de la Granja. Y tú ya le has pagado, porque este mes cobran todos los que están “al mando”, ¿verdad? Muy fan.

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