¿Quién es Vox Esponja?

Se ha caído con todo el equipo Orbán en Hungría, las elecciones lo han mandado sin contemplaciones a casa y la oposición lo ha barrido en las urnas. Hay muchas lecturas de este vuelco político. La primera, que ha fracasado el candidato al que apoyaban tanto Putin como Trump, que son el mismo perro con distinto collar y tienen una misión compartida: arrasar las democracias liberales. Al primero le hacía de correveidile y filtraba a Rusia, en tiempo real, las deliberaciones en los consejos de la Unión Europea; el segundo tiene sus propios problemas, todos los que se ha creado él solo o en compañía de Netanyahu, en Oriente Medio y alrededor del mundo, pero también se ofreció a apoyar financieramente a su camarada de la ultraderecha, si salía reelegido. A otra cosa, mariposa, se dirá ahora el jefe de la Casa Blanca, que con sus cambios de humor y sus amenazas no ha logrado, ni mucho menos, derribar al régimen de Irán, que nadie sabe exactamente en manos de quién está: mala cosa, esta lucha de lo impredecible contra lo invisible.

La segunda evidencia es que Europa se quita una espada de Damocles de encima de la cabeza, dado que Orbán —parece claro que siempre a las órdenes del Kremlin— bloqueaba todo aquello que podía, era un palo en la rueda y el enemigo en casa; y en este momento, cuando el amigo norteamericano se ha ido con otro y ha evidenciado la debilidad del continente en muchos aspectos: no hace falta ser un gigante para tener los pies de barro.

Orbán ha caído y Trump se tambalea. Igual hasta nos queda un poco de futuro

El tercer análisis da lugar a preguntar si este batacazo será la primera ficha en el dominó de la extrema derecha que cae y si las demás irán detrás. Aquí en España, sin ir más lejos, ¿tiene Abascal que poner sus barbas a remojar? Por el momento, podría ser que se le hubiera cerrado un grifo de financiación del que salían muchos billetes y que dejen de verse por los aeropuertos de Budapest y Madrid los maletines que se ha publicado que viajaban de un país a otro. ¿Será cierto que aquí hay quien le roba hasta a su propia financiación irregular?

El Gobierno y el Partido Popular, por su parte, han estado de acuerdo en el fondo, aunque hayan disfrazado la coincidencia de discrepancia, para guardar las formas. El vencedor de las elecciones en Hungría es conservador, aunque le han avalado también desde la izquierda, y eso lo venden desde la calle de Génova como un triunfo y una premonición de lo que ocurrirá aquí. ¿No sería más sensato abrir el otro ojo y darse cuenta de que a lo que se ha enfrentado y ha vencido Péter Magyar es, justamente, a la ultraderecha de la que es aliado Feijóo y con la que pretende llegar a La Moncloa? El problema es que, si lo hace, todos pagaremos un precio muy alto. No debería hacerlo; no se puede ser tan Vox Esponja, si me permiten la broma, y absorber tantos preceptos intolerables de esa gente.

Orban ha caído y Trump se tambalea. Igual hasta nos queda un poco de futuro.

Se ha caído con todo el equipo Orbán en Hungría, las elecciones lo han mandado sin contemplaciones a casa y la oposición lo ha barrido en las urnas. Hay muchas lecturas de este vuelco político. La primera, que ha fracasado el candidato al que apoyaban tanto Putin como Trump, que son el mismo perro con distinto collar y tienen una misión compartida: arrasar las democracias liberales. Al primero le hacía de correveidile y filtraba a Rusia, en tiempo real, las deliberaciones en los consejos de la Unión Europea; el segundo tiene sus propios problemas, todos los que se ha creado él solo o en compañía de Netanyahu, en Oriente Medio y alrededor del mundo, pero también se ofreció a apoyar financieramente a su camarada de la ultraderecha, si salía reelegido. A otra cosa, mariposa, se dirá ahora el jefe de la Casa Blanca, que con sus cambios de humor y sus amenazas no ha logrado, ni mucho menos, derribar al régimen de Irán, que nadie sabe exactamente en manos de quién está: mala cosa, esta lucha de lo impredecible contra lo invisible.

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