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Francia (y la UE) ante el abismo

Si la noche de las elecciones europeas trajo alguna sorpresa esa fue, desde luego, el anuncio por parte del presidente de la república francesa de la convocatoria adelantada de elecciones legislativas a la Asamblea Nacional francesa. El resultado electoral todavía no era firme, pero las encuestas de los días previos, junto con la proporcionada durante el mismo día, no hacía presagiar nada bueno, no sólo para el partido macronista Renaissance, sino para el conjunto de Francia y de la UE en su totalidad. Y los datos coincidieron con las previsiones.  Con una participación del 51,50%, uno de cada tres franceses votó por la ultraderecha liderada por Marine Le Pen y su delfín y candidato al Parlamento Europeo, Jordan Bardela. La victoria de Reagrupación Nacional (31,37%) se había consumado situándose quince puntos por encima de la lista presentada por Macron (14,6%). La humillación para alguien poco acostumbrado a perder no se hizo esperar y procedió a convocar elecciones.

Macron, efectivamente, no sólo no está acostumbrado a perder, sino que su trayectoria se sostiene sobre grandes remontadas. Así fue en las elecciones presidenciales de 2017 y de 2022, cuando consiguió superar a su rival, Le Pen, en ambas contiendas. Sin embargo, ni el contexto europeo ni el nacional son similares, ni tampoco las tendencias que se vienen observando durante los últimos tiempos a lo largo y ancho de todo el continente. En 2002, el entonces Frente Nacional, liderado por Jean-Marie Le Pen, consiguió pasar a segunda vuelta con el 16,86% de los votos; en las últimas presidenciales de 2022, Reagrupación Nacional obtenía el 23,3% de los sufragios, para superar el 30% en las europeas. El resultado en otro de los países centrales del proyecto europeo, Alemania, también ha hecho saltar las alarmas, al alcanzar Alianza por Alemania el segundo puesto, por encima del SPD, con el 15,9% del voto.

Existen distintas especulaciones sobre las razones, además de su afán de revancha, que han llevado a Macron a una maniobra arriesgada que podría abrir las puertas del Palacio del Matignon a la extrema derecha. Lo cierto es que, quizás, en función del resultado, Macron se puede haber hecho "un Pedro Sánchez”, con el adelanto electoral del 23J del que salió airoso, o tal vez "un David Cameron”, con la convocatoria del referéndum del Brexit. Sea como fuere, parece que Macron decidió de manera unilateral convocar estas elecciones, sin contar con el apoyo ni del primer ministro, ni del presidente del Senado ni del Presidente de la Asamblea Nacional, las consultas preceptivas previas estipuladas por el articulo 12 de la constitución. 

La idea de Macron de plantear estas elecciones como yo o el caos, de momento, no le está sirviendo. Sin duda no contaba con el sorprendente acuerdo al que han llegado las izquierdas francesas con la formación de un Nuevo Frente Popular

Uno de los escenarios que cobra fuerza es el de la victoria de Reagrupación Nacional, que llevaría a una cohabitación como la que vivió Chirac, también, por cierto, al adelantar una convocatoria de legislativas en 1997, pero esta vez no con los socialistas, sino con Bardela, que a buen seguro aprovechará la ocasión para visibilizar, “normalizar” y legitimar aún más si cabe la presencia de la extrema derecha en Francia. Para muchos, abrir la puerta a esta posibilidad es un grave error por parte de Macron, que puede pasar a la historia como el presidente que permitió el acceso de la extrema derecha al poder desde los gobiernos de Vichy. Otros plantean que con esta maniobra lo que busca el osado Macron es dejar en evidencia la ausencia de capacidad para gobernar de la gente de Le Pen. Aunque esto sucediera, las puertas del poder y su legitimación ya estarían abiertas y el miedo republicano que otrora movilizara a los electores quizás ya no exista más.

Macron, sin duda, ha tomado una decisión precipitada. En lugar de esperar y reflexionar sobre las causas últimas de los resultados electorales, ha optado por la vía rápida de lo que él llama la “consulta al pueblo francés”. Se equivoca si piensa que sólo con arrogancia y discursos se puede cambiar el rumbo.  Y de hecho las encuestas ya empiezan a apuntar por dónde puede ir el resultado de las legislativas. 

La idea de Macron de plantear estas elecciones como yo o el caos, de momento, no le está sirviendo. Sin duda no contaba con el sorprendente acuerdo al que han llegado las izquierdas francesas con la formación de un Nuevo Frente Popular y que sólo unas horas después de su presentación se situaba en empate técnico con Reagrupación Nacional en las encuestas relegando a Renaissance a una tercera plaza. Teniendo en cuenta que las elecciones legislativas se juegan a dos vueltas, podría suceder que en una gran parte de las circunscripciones la gente de Macron se quedara sin representación, y, por tanto, sin ningún tipo de fuerza en el marco de la Asamblea Nacional.

De este modo, lo que sí que parece un escenario factible es el de la cohabitación, bien con las izquierdas o con las extremas derechas. Cualquiera de los dos deja en una situación de extrema debilidad a Macron y por ende con poca capacidad de presión en Bruselas, no sólo ya de manera inminente a la elección de los top Jobs europeos, especialmente el de la presidencia de la Comisión europea, sino en otros dossiers que incluyen la autonomía estratégica, la política industrial de defensa o la actitud más o menos asertiva en relación con la guerra en Ucrania. En todos ellos Francia ha mantenido una posición firme que quizás a partir del 7 junio ya no pueda mantener en los mismos términos.

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Ruth Ferrero-Turrión es Doctora Internacional por la UCM y MPhil en Estudios de Europa del Este (UNED). Profesora de Ciencia Política en la UCM. 

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