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Paro: una debacle protectora

Albino Prada

Transcurridos los últimos diez años de superación de la crisis (2008-2018) hemos recuperado en España el mismo nivel global de producción de riqueza, pero somos una sociedad con más pobreza y desigualdad social. Uno de los síntomas de esta paradoja lo tenemos en el galopante deterioro de la protección social de nuestros parados.

Según la Contabilidad Nacional que elabora el Instituto Nacional de Estadística la producción de riqueza es hoy ya algo superior a la del año 2008. Y según la Encuesta de Población Activa del mismo Instituto, el número de parados estimados (en el tercer trimestre de 2018) rondaba los tres millones trescientos mil una cifra muy semejante a aquella con que cerrábamos el año 2008.

Con la misma riqueza nacional y un semejante volumen de desempleados todo debiera ser muy semejante. Y, sin embargo, un espeso entramado normativo neoliberal, combinado con la galopante corrosión del mercado laboral, está provocando que la situación social de esos más de tres millones de personas sea hoy mucho peor que hace diez años.

Dos debacles sociales

En primer lugar por el creciente colectivo de parados que no gozan de ninguna protección económica. Pues para un muy semejante volumen de parados, mientras en 2008 eran algo menos de un millón las personas sin protección alguna, diez años más tarde la cifra asciende a casi un millón y medio. Tenemos hoy medio millón más de personas desempleadas sin protección que hace diez años. En un primer gráfico recogemos el porcentaje de parados estimados que reciben alguna ayuda económica: el deterioro es manifiesto, pasamos del 68,9% al 55,1%.

 

Fuente: elaboración propia con datos del INE y del Ministerio de TrabajoMinisterio de Trabajo

En segundo lugar conviene tener muy claro que la situación de los parados que reciben ayudas económicas también se ha deteriorado. El grupo de los parados que percibe una razonable prestación (llamada contributiva y por un importe medio de 1.200 euros mensuales en la actualidad) ha ido cayendo en picado, mientras al mismo tiempo ha ido engordando el colectivo de parados que perciben otro tipo de ayudas (subsidio, inserción, activación) por debajo de los 500 euros mensuales. De manera que tenemos también hoy medio millón menos de personas percibiendo una prestación contributiva que en 2008. En un segundo gráfico recogemos el desplome de los parados estimados que reciben una prestación mensual decente. Caen a la mitad: de casi el 44% a apenas el 24%.

 

Fuente: elaboración propia con datos del INE y del Ministerio de TrabajoMinisterio de Trabajo

El mayor número de parados excluidos de toda prestación y de parados excluidos de la prestación contributiva suman un millón más de españoles que hoy están en una situación social mucho peor que hace diez años, y ello a pesar de que somos un país con semejante número de parados y que genera la misma riqueza. Doble exclusión generada por un sistema de protección que se desentiende tanto de los jóvenes trabajadores que no acceden a empleos estables, como de los de mayor edad que se convierten en desempleados permanentes. 

La debacle y los parches

Con un efecto global paradójico. Pues en un país con semejante número de parados y con semejante riqueza producida, mientras en 2008 gastábamos 2.200 millones mensuales de euros en protección a nuestros parados, en 2018 gastamos apenas 1.500 millones. Setecientos millones menos al mes, es decir ocho mil millones al año de menor esfuerzo de protección a los parados. Cosa que sucede mientras los niveles de pobreza y desigualdad social en España nos sitúan a la cabeza de la UE y mientras, al mismo tiempo, los gastos en pagos por intereses de la deuda hoy ya casi duplican los gastos anuales en protección a los parados. Bingo. 

Un desplome en el esfuerzo de protección (que recogemos en un tercer gráfico en euros por parado estimado) que no requiere comentario alguno.

Fuente: elaboración propia con datos del INE y del Ministerio de TrabajoMinisterio de Trabajo

Esta exclusión de personas protegidas y ahorro de recursos son el resultado combinado del deterioro del mercado laboral y de una normativa diseñada, según predican los monaguillos neo y ultra liberales, para estimular la búsqueda activa del empleo. Diseñada por una abducción neoliberal que considera que la situación de desempleo es resultado del fracaso personal del parado, y no del mercado laboral y de sus negreros. Y aun así se quedan tan tranquilos al comprobar cómo en España los parados de larga duración (más de 2 años) han pasado de trescientos mil en 2008 a más de un millón cien mil en la actualidad. Impresiona la eficiencia del estímulo.

Ante este panorama resultan manifiestamente insuficientes las medidas incluidas en el Acuerdo de Presupuestos 2019 firmado por el PSOE y Podemos. Pues mientras el objetivo de recuperar el esfuerzo de protección del año 2008 reclamaría ocho mil millones más de gasto en políticas de protección a los parados, en dicho acuerdo solo se concretan algo más de trescientos millones.

Y si bien la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) ayudará a mejorar las prestaciones no contributivas que recibe uno de cada tres parados estimados en España, no debe olvidarse que (por interposición del llamado indicador público de renta de efectos múltiples) dicho subsidio (hoy de 430 euros mensuales) asciende apenas al 58% del SMI (ahora 736 euros). Toda una ratonera neoliberal.

Alternativas

Para poder salir de estas ratoneras sociales es imprescindible recuperar los niveles de cobertura (y de gasto de medio en protección por desempleado) de hace diez años. Porque un país que produce el mismo volumen de riqueza y tiene el mismo volumen de parados no tiene ni debe mirar para otro lado. Para eso se necesita recursos económicos: que todos los gorrones del sistema fiscal (Ratos, Aznares, futbolistas de élite, y un largo etc.) dejen de serlo y que, al mismo tiempo, los parásitos de la hacienda pública (Florentinos de obras, banqueros de la deuda, etc.) dejen de meter la mano en el cajón público.

Son imprescindibles esos recursos porque, además, este pasado diciembre quedó muy claro que del nuevo presupuesto de la Eurozona nada cabe esperar para mutualizar lo que los tecnócratas de Bruselas denominan estabilizadores automáticos (fondos para desempleo entre otros). Lo que no deja de ser un nuevo síntoma -más que preocupante- de la crónica falta de agenda social de una unión monetaria y comercial neoliberal, que tanto jalean por cierto todos nuestros gorrones y parásitos.

Sin embargo solo a la escala de la Unión Europea sería factible una reducción de la jornada y de la vida laboral que acompañadas de una redistribución del empleo estable disponible en nuestras economías cada vez más automatizadas, permitan acceder al mismo a jóvenes y parados de larga duración. A esa escala también será posible abrir camino a una renta básica garantizada que, para empezar, incluya entre otros colectivos prioritarios, a las personas en busca de un empleo digno. Sin contribuyentes gorrones y sin países gorrones. _______________Albino Prada es doctor en Economía. Su último libro se titula El despilfarro de las naciones

Albino PradaEl despilfarro de las naciones

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