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El deterioro del mercado laboral

'Te vendo un trabajo': así se convierte el empleo en un producto a subasta para desesperados

Un repartidor de Deliveroo.

El mercado se abre camino hasta en las condiciones más hostiles. Donde a priori parece que no cabe negocio, es más, donde sólo atisbamos escasez y dificultad, hay quien puede ver un margen de beneficio. A veces sólo es cuestión de enfocar de otra manera, de darle la vuelta a la tortilla. España no tiene un sector industrial boyante, cierto. No es rica en materias primas, de acuerdo. Pero hay algo que no escasea: parados, precarios. En buena medida, desesperados. ¿Podrían ser buena materia prima para el business?business Se dirá que ya lo son, que la precariedad está en la base de la explotación y viceversa, que las plusvalías engordan gracias a las largas colas a las puertas del INEM de parados dispuestos a aceptar cualquier empleo por menos de lo que cobra quien ya lo tiene. "¡Tengo cincuenta como tú esperando en la puerta!", dice la frase tópica atribuida al patrón para ilustrar el drástico desequilibrio de fuerzas en las relaciones laborales. Pero aquí no vamos a eso, sino un paso más allá. Si el mercado siempre se abre camino, si para toda demanda hay una oferta, entonces a esos millones de trabajadores sin trabajo, que anhelan por encima de todo un empleo para cobrar por él, ¿se les puede convencer, en un giro copernicano de los conceptos lógicos, de que para satisfacer su anhelo deben pagar por él? Pues sí, sí se puede.

"Ha pasado siempre y sigue pasando. Ahora más que antes", afirma Lola Santillana, secretaria de Empleo de CCOO, a quien su optimismo sindical le impide decir que, si las actuales dinámicas se consolidan, pasará cada vez más en el futuro. Santillana esboza un primer abanico de situaciones en las que el currante "paga por trabajar". "Están los empleos en los que no cobras nada. Que parece que te hacen un favor por dejarte trabajar para que cojas experiencia. Ahí todos los gastos corren por tu cuenta. Están también todos esos portales nuevos que intermedian en la búsqueda de empleo y que te cobran por dejar el currículum y por servicios a medida. Están los pagos durante el proceso de selección, que hay cada vez más...", relata.

Es un terreno delicado, con una casuística amplia. Y los conceptos son confusos, porque se produce una mareante subversión. El trabajo, un derecho y hasta un deber constitucional (artículo 35), se convierte cuando está en venta en un producto, o más bien en una "inversión de futuro". Pongamos orden en el catálogo de ofertas, empezando por el caso del malagueño Jesús Moreno. Programador web con FP superior, con 22 años, cada día se peleaba con Internet para estar al tanto de la última oferta. Finalmente pareció que algo cuajaba a través de Infojobs. Una firma madrileña se interesó por él. Ya con la ilusión en el cuerpo, a Jesús, dispuesto a hacer el petate y poner rumbo a la capital, le extrañó algo. "Me dijeron que me ofrecían un curso de dos meses. Y que después del curso había un alto porcentaje de posibilidades de contratación", explica. El curso eran 300 euros. Los gastos de desplazamiento y alojamiento corrían de su cuenta. Jesús se echó atrás. Ni denunció, ni quiso saber más. ¿Era un tongo? "No lo sé. La cosa parecía en serio. Llegaron a hablar conmigo por Skype... No sé".

Es difícil saber a qué lado de la línea divisoria entre la estafa y el abuso se encontraba la oferta que le hicieron a Jesús. Pero es importante saber que existe esa línea. El 20% de los desempleados en búsqueda de trabajo afirma haber recibido alguna oferta fraudulenta en la que les han solicitado el pago de una cantidad de dinero para entrar en un proceso de selección, según el informe Infoempleo de Adecco. En 2014 el Instituto Nacional de Ciberseguridad ya dio la voz de alarma: uno de cada cuatro fraudes en Internet se correspondían con falsas ofertas laborales. El ramillete de opciones para aprovecharse y estafar al buscador de empleo abarca la petición de dinero para entrevistas que no llegan a tener lugar, los cursos falsos, los teléfonos de información falsos... En otras ocasiones la oferta de empleo no es más que un cebo para lograr los codiciados datos personales del incauto.

También se dan fraudes a aspirantes a cuidadores de niños fuera de España (los au pair). La plataforma para trabajadores au pair alerta contra todo tipo de ofertas sospechosas, que tienen como objetivo lograr que el aspirante a cuidador adelante un dinero que luego no recuperará. La supuesta familia no existe. Hay también agencias au pair falsas. Y diferentes ardides para pedir dinero. "Si una familia anfitriona [...] contacta a otros usuarios y les solicita 'ayuda urgente' por un terrible accidente o enfermedad también es posible que se trate de un intento de fraude", señala la plataforma en una guía para evitar estafas.

La formación, terreno pantanoso

Adrián Todolí, profesor doctor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia, afirma que hay que diferenciar entre el delito, que debe ser penalmente perseguido, y esa amplia gama de abusos que, a priori, entrarían dentro de lo que debe vigilar la Inspección de Trabajo. "El terreno más pantanoso es la formación, cuando la empresa que te contrata te hace pagar por un curso", afirma Todolí. Ahí puede haber delito, irregularidad o nada. Son, en cualquier caso, prácticas difíciles de detectar. Legalmente, explica Todolí, si una empresa necesita formarte específicamente para trabajar en ella debe hacerse cargo de los gastos que suponga la formación. Es decir, no la puede cobrar al trabajador. ¿Cómo sortear esta traba? Pues con una segunda empresa, que es la que la imparte. "Por ejemplo, ocurre que en una academia, para dar clases, tiene que formarte, pero lo haces en otra empresa de formación", explica Todolí. También es frecuente esta práctica entre las empresas de aviación con pilotos y azafatas.

"En general las empresas, más que pretender hacer una estafa, lo que quieren es alargar el periodo de formación y pseudoformación", afirma Lirios Alos, profesora de Antropología de la Empresa. ¿Es eso una estafa, o un cuestionable comportamiento en un mercado con mucho margen para el empresario y escasa supervisión? Alos cree que hay que examinar caso a caso. Si el curso es un requisito para trabajar en la empresa, es muy específico y tiene que pagarlo el trabajador, mala pinta. Distinto, a su juicio, es el pago por servicios premium en plataformas de búsqueda de empleo. Eso, según Alos, "va a ir a más". "Cuando en Internet hay tantas posibilidades de encontrar oferta, destacarse es inevitable".

La vulnerabilidad de los autónomos

Todolí afirma que hay un sector especialmente vulnerable al abuso: los autónomos. A la naturaleza ya de por sí precaria de su situación, se añade un mayor desvalimiento ante este tipo de prácticas. "Con los autónomos todo vale. Es más fácil pedirles como requisito para contratarlo que hagan un curso", afirma. Y perseguirlo es más complicado. Habría que demostrar que es falso autónomo. Si no, está vendido, porque su relación con la empresa no es laboral, sino mercantil. En teoría –sólo en teoría–, es una relación de igual a igual.

La empresa que hace uso de los servicios del autónomo puede lucrarse o no con los cursos que exige. Si lo hace, es más grave. Podría ser incluso fraudulento. Aunque no lo haga, la empresa sigue ganando. Obliga a pagarse al freelance la formación específica que necesita. Ahorra costes. Paga el autónomo. Luego, si no presta el servicio el tiempo suficiente a la empresa que le ha exigido el curso, acaba perdiendo dinero. Ha pagado por trabajar. Ha invertido en trabajar. Y ha perdido la apuesta.

Plataformas digitales

Hay otro frente. Las llamadas plataformas digitales –tipo Uber, Deliveroo o Glovo– encaran actualmente una batalla legal en defensa de su estatus. Defienden que son meras herramientas informáticas que ponen de acuerdo a los trabajadores (los conductores autónomos) con el cliente final. La Inspección de Trabajo sanciona a las compañías cuando detecta que existe relación de laboralidad. Es decir, cuando detectan que en realidad los conductores no son dueños de la organización de su tiempo, ni pueden negociar de igual a igual, sino que trabajan para las empresas como falsos autónomos. La cuestión es ya de por sí complicada de desentrañar. Pero ahora se ha añadido otra variable. Empresas como Glovo o Ubereats están cobrando a los autónomos por el uso de sus plataformas.

Fermín Yébenes, portavoz de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo, afirma que con ello se pretende "dar una pátina de contrato mercantil" a la relación entre la empresa y el autónomo, de forma que los inspectores tengan más difícil probar la relación laboral. Es una vuelta de tuerca. Una empresa que se ve asediada por una inspección según la cual los autónomos con los que trabaja son sus trabajadores, lo que hace no es contratarlos, sino cobrarles. Los beneficios empresariales siempre encuentran la forma de abrirse camino, en este caso mediante la conversión del autónomo en una especie de hombre-franquicia que paga a la empresa matriz por utilizar su marca y sus canales. Como si fuera la relación de un restaurante franquiciado de McDonald's con la macro-compañía multinacional. Sólo que en realidad no es una franquicia, sino un currito.

Difícil de detectar

Las situaciones en las que el trabajador "paga por trabajar" son, explica Yébenes, "difíciles de encontrar". No porque escaseen, sino porque son complicadas de detectar y de probar. Requieren una denuncia. El portavoz de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo recuerda la controversia abierta con motivo del desvelamiento de las condiciones en las que se encuentran los becarios de algunos restaurantes de postín. Yébenes considera "un abuso" que un cocinero forme teóricamente a un pinche durante un año poniéndolo a trabajar en su cocina, sin pagarle. El becario reside precariamente en un piso compartido y casi se diría que debe estar agradecido por no tener que pagar por la formación. El quid, según Yébenes, está en que si este becario ocupa un puesto estructural en el restaurante estamos ante un fraude. "Si ese becario no trabajase, el cocinero no podría servir las comidas. Si es un puesto imprescindible en la estructura de producción, lo que hay que hacer es un contrato formativo y pagar conforme a lo que estipula el convenio de hostelería", señala. Con respecto a la formación obligatoria al trabajador, Yébenes es claro: su pago corresponde a la empresa.

Todolí señala otro caso. "Se hace a alguien un contrato como becario, que exige la inscripción en un curso universitario", explica. Claro, puede ser sólo fachada. Otra vez, la empresa sólo quiere acogerse a un tipo de contrato ventajoso. El realidad la inscripción en el curso acaba siendo una mera coartada. El trabajador se paga el curso en la universidad para poder ser contratado. "Cuando estás metido en ese sistema, lo ves como algo normal. No piensas que estés pagando por trabajar, sino que estás invirtiendo en tu futuro", señala Lirios Alos, profesora de Antropología de la Empresa. El mismo razonamiento cabe aplicar, a su juicio, a la reclamación de dinero por parte de algunas cooperativas educativas. Bajo la apariencia de "una inversión", dice, en realidad se está "pagando por trabajar". En la fórmula cooperativa, con la voluntad del que aporta dinero de por medio, es difícil hablar de fraude o abuso. Sí debería ser más fácil de probar con la formación.

Precariedad y opulencia

El informe de Adecco señala que un 12,4% de los parados ha pagado o estaría dispuesto a hacerlo para conseguir un empleo. Si alguien ha gastado miles y miles de euros en una carrera universitaria, dos máster, cursos de idiomas y formación específica, si siente que está preparado para aprovechar su oportunidad, ¿no es tentador pagar 60 o 100 euros para acceder a una bolsa de empleo? Se dan factores añadidos. En España el paro juvenil se aproxima al 40%. A menudo los padres se implican en la búsqueda de empleo de sus hijos. Pueden ser ellos los que les echen una mano con los gastos de esa búsqueda. En una sociedad a la vez precaria y opulenta, a la vez hipercompetitiva y escasa en oportunidades, el trabajo corre el riesgo de dejar de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo, con valor no sólo por la remuneración económica, cada vez más escueta, sino también como vía para mejorar la autopercepción. Con ese anhelo pueden jugar también los aprovechados. Está estudiado y demostrado lo angustioso y humillante que puede llegar a resultar el desempleo prolongado. Una oportunidad es a veces un renacer de la esperanza, un sueño.

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O puede ser todo mucho más prosaico: hay que trabajar, aunque se empiece pagando, para empezar a recuperar la enorme cantidad invertida durante el periodo formativo. Es lo que ocurre cada vez con más frecuencia en el sector de la aviación civil. "El problema de los pilotos es que el acceso al trabajo es muy caro. Cuando vas a optar al puesto de trabajo, además de la licencia te piden hacer un curso de habilitación, de entre 15.000 y 30.000 euros, que tienes que hacer. Al final cuando trabajas te encuentras con que una parte de la nómina, que en el sector es cada vez más baja, se dedica a devolver lo que te has gastado", señala Javier Martín Chico, director del departamento técnico del Sepla.

Lola Santillana, de CCOO, cree que la situación de precariedad que abona el terreno para el "pago por trabajar" viene favorecida por la "flexibilización" de la reforma laboral. "Ya han despedido, han hecho ERE, y ahora las empresas están buscando nuevas fórmulas para abaratar costes", explica. Y recuerda que las formas más crueles y delictivas de obligar a pagar por trabajar están en la trata de personas, sea con fines de explotación sexual o laboral. "No nos olvidemos de esto. Son hombres y mujeres traídos del extranjero, que vienen para salir de la miseria y se meten aún más en la miseria, trabajando aquí en las peores condiciones hasta pagar la deuda".

Es su naturaleza: la búsqueda de beneficio tiende a expandirse a todos los rincones de la sociedad. El planteamiento idealista dicta que donde hay una necesidad, nace un derecho. Pero si éste no nace, aparece un aprovechado.

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