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      <title><![CDATA[El encanto navideño de ‘No controles’ y la tragedia de Borja Cobeaga]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/encanto-navideno-no-controles-tragedia-borja-cobeaga_1_2232549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bedafe38-b436-4bbb-97a4-6718f89ec4f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El encanto navideño de ‘No controles’ y la tragedia de Borja Cobeaga"></p><p>A lo largo de los primeros 2000 la etiqueta <strong>“Nueva comedia americana”</strong> se convirtió en un cajón de sastre. En él cabía cualquier cosa. Cualquier película, cualquier incipiente talento cómico de EEUU, aunque desde luego vino bien que parte de estos surgieran a la vez, engrosando algo parecido a una generación. Los cineastas <strong>Judd Apatow</strong> y <strong>Paul Feig</strong>, por ejemplo. Intérpretes como <strong>Seth Rogen, Jason Segel </strong>y<strong> James Franco</strong>. Como todos ellos pasaron por una misma serie de culto de finales de los 90, se suele catalogar <em><strong>Freaks and Geeks</strong></em> como la cantera de la "Nueva comedia americana". Ahí habría empezado todo. También <strong>una nueva forma de entender el humor</strong>.</p><p>Es complejo definirla a partir de <em>Freaks and Geeks</em> o sumergiéndonos en las trayectorias, tan dispares, de sus integrantes, pero acaso pudiera postularse una atención prominente y melancólica a<strong> la inmadurez masculina</strong>. Combinada esta con arrebatos dramáticos y falta de temor a lo específico, pues se asume que<strong> las referencias culturales</strong> construyen personajes y relaciones. De esta forma, y amparándonos en cómo <em>Freaks and Geeks</em> empleó la nostalgia ochentera de los institutos adolescentes para modular su estética, hallaríamos<strong> algo parecido en España</strong>. Otro formato televisivo, estrenado justo el año en que<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/mortadelo-filemon-inauguro-enterro-superproduccion-comica_1_2230058.html"  ><em>La gran aventura de Mortadelo y Filemón</em></a> articulaba una posible y estridente vanguardia de la risa... y agotaba todas sus posibilidades ahí mismo. </p><p>Frente al delirio de <strong>Javier Fesser</strong>, el influjo de <em><strong>Vaya semanita</strong></em><strong> </strong>ha durado bastante más, por suerte. También el de otro programa, <em><strong>La hora chanante</strong></em> (a partir de 2002, un año antes de <em>Vaya semanita</em>). En ambos conglomerados de <em>sketches</em> hallamos fuertes equivalencias con <em>Freaks and Geeks: </em>la creciente cercanía de su comedia con <strong>lo extraño</strong>, las especificidades trocadas en localismos (<em>Vaya semanita</em> en Euskadi, <em>La hora chanante</em> en Albacete). La dupla que nos interesa, <strong>Borja Cobeaga</strong> y <strong>Diego San José</strong>, había empezado a trabajar entretanto en <em>Vaya semanita, </em>aunque entonces no tenían espacio para desarrollar personajes y<strong> </strong>preocuparse tragicómicamente de sus destinos. Pero todo se andaría. </p><p>A finales de la década, cuando <strong>el toque Apatow</strong> había explotado del todo en EEUU, ya había gente impaciente en España por seguir su senda. En 2009, Cobeaga dirigió y coescribió con San José <em><strong>Pagafantas</strong></em>. Y, poco después, doblaron la apuesta con la que hoy por hoy supondría, indudablemente, <strong>la cima de la "Nueva comedia española"</strong>. En caso de que hayamos tenido realmente de eso.</p><p><em><strong>No controles</strong></em> se estrenó una vez <em>Pagafantas</em> había tenido una acogida generalmente positiva, apreciándose que los creadores de <em>Vaya semanita</em> hubieran intentado traducir <strong>la comedia tan estimulante </strong>que se estaba produciendo en EEUU. No es que, por lo demás y vista hoy, se trate de la mejor expresión del estilo, tan desaliñada y prematuramente vieja —<strong>el machismo que late en los términos “pagafantas” o su pariente </strong><em><strong>friendzone</strong></em>— como desaliñados y prematuramente viejos no dejaban de ser, en realidad, títulos inaugurales desde EEUU estilo <em>Virgen a los 40</em> o <em>Lío embarazoso</em>. Las cimas, por definición, tardan en alcanzarse, y del mismo modo que hubo que esperar un poco para tener joyas como<strong> </strong><em><strong>Supersalidos</strong></em><strong> </strong>o <em><strong>Paso de ti</strong></em>, hubo que aguardar a 2011 para <em><strong>No controles</strong></em>.</p><p>Que es, defenderemos, <strong>la máxima refinación </strong>de lo que buscaban Cobeaga y San José. <strong>Una comedia romántica de manual</strong>, como ya había sido <em>Pagafantas</em>, empeñada en hacer malabares con su equipaje de referencias. Sucedía entonces que el esquema de <em>No controles</em> ya no solo remitía a los <strong>hombres con síndrome de Peter Pan</strong> del cine de Apatow, sino que las simpatías foráneas iban más atrás en el tiempo, hasta los años 80 que ya había exprimido <em>Freaks and Geeks</em>. <em>No controles </em>participaba, por decirlo así, de<strong> una nostalgia que no era suya</strong>, volviendo sobre el esquema de un clásico como <em>Mejor solo que mal acompañado</em> para plantarnos a un tipo desorientado (Steve Martin, ahora <strong>Unax Ugalde</strong>) que, en vísperas de Acción de Gracias (o Nochevieja) y deseando volver con su familia (aquí su exnovia), se topa con<strong> </strong>un aliado de lo más irritante, <strong>John Candy. </strong>Aquí, un <strong>Julián López</strong> recién catapultado a la fama por <em>La hora chanante</em> y su secuela, <em>Muchachada Nui</em>. </p><p>Cobeaga y San José homenajeaban, en resumidas cuentas, el cine de <strong>John Hughes</strong>, en una jugada interesante pues tuvo ecos inmediatos —de la estupenda <em><strong>Promoción fantasma</strong></em> de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/wolfgang-nino-sindrome-asperger-producto-estereotipado-totalmente-aseptico_1_1959157.html" target="_blank">Javier Ruiz Caldera</a>, a la senda de <em>El club de los cinco</em>, que vio la luz al año siguiente—, sobre todo por el difícil equilibrio que entablaba con elementos puramente nacionales. Si bien el Sergio de Ugalde parecía una criatura apátrida, no ocurría lo mismo con <strong>el Juancarlitros de López</strong>. </p><p>Este personaje apasionante servía tanto para explicitar el frikismo de sus creadores —<strong>“Esto es </strong><em><strong>La jungla de cristal</strong></em><strong> del amor”</strong>, le espetaba a Ugalde al comienzo de la película, en torno a ese motel de carretera navideño donde trataría de reunir a los amantes—, como para corresponder a una tradición muy nuestra,<strong> la del cuentachistes casposo</strong>. Las gracietas de cinta de gasolinera, reforzadas por juegos de palabras infames —“¿Cómo andamios?”— y, en el marco concreto del film, una incomodidad que confirmaba el arraigo español del llamado<strong> “posthumor”</strong>. Algo que ya habrá tiempo de examinar, ciñámonos por ahora a la definición del crítico Jordi Costa: un <strong>“humor que fracasa”</strong>.</p><p>Aunque Juancarlitros no fracasaba, exactamente. De hecho, el trabajo de López fue tan icónico como para poder toparnos años más tarde con una réplica infantil: Rodrigo Gibaja, con su propio <em>mullet</em>, en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/necesita-cantar-si-parece-espontaneo-problema-nuevo-musical-espanol_1_2031216.html" target="_blank"><em>Voy a pasármelo bien</em></a>. En lo que respecta a <em>No controles</em>, Juancarlitros era la cara visible de una compenetración humorística entre lo hollywoodiense —<strong>una comedia romántica que se permitía ser sofisticada</strong>— y lo patrio, que también podía rastrearse<strong> en el ámbito musical</strong>. La contundente angustia amorosa de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/segundo-premio-no-pelicula-planetas-realidad-si_1_1796715.html"  >Los Planetas</a> guiaba, a través de su tema <em><strong>Segundo premio</strong></em>, los créditos iniciales, mientras que la conexión entre Sergio y Bea (<strong>Alexandra Jiménez</strong> al borde de ser un rostro central en la comedia comercial que venía) se cifraba en compartir música nostálgica frente al piano.</p><p>Música que podía ser la de<strong> </strong><em><strong>jingles</strong></em><strong> publicitarios</strong> o, sin ir más lejos, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=DHIRo-0BA6Y" target="_blank">el tema de Olé Olé</a> que daba título a la película, sirviendo de espaldarazo final para la inmensa satisfacción que deparaba <em>No controles</em>. <strong>Un film sólido, divertidísimo</strong>, que sabía extraer toda la grandeza emocional del género como si España dispusiera de <strong>una tradición propia</strong>, y no simplemente de <strong>unos cuantos guionistas espabilados (y muy cinéfilos)</strong>. Contradiciendo levemente los postulados de la "Nueva comedia americana", <em>No controles</em> aseguraba que<strong> una cierta madurez era posible</strong>, que del mestizaje internacional podía salir algo valioso. Lo triste fue, entonces, cómo <strong>esta misma fórmula se acabó revelando traicionera</strong> poco tiempo después. Con los mismos Cobeaga y San José como cómplices.</p><p>Es sumamente fácil señalar el final de la "Nueva comedia americana", más que nada porque en 2013 se estrenó una película titulada <em>This is the end —Esto es el fin</em> o, como lo tradujimos aquí, <em><strong>Juerga hasta el fin</strong></em><em>—</em>. El componente meta era insoslayable por cuanto teníamos a los principales rostros del movimiento (Seth Rogen, James Franco, Jonah Hill, Michael Cera)<strong> interpretándose a sí mismos</strong>, e involucrados en un apocalipsis como excusa para hablar del paso del tiempo y la inevitabilidad de separar caminos en función a los pálpitos creativos de cada cual. No es que, por lo demás, Cobeaga y San José se hayan separado (en 2025 crearon la serie <a href="https://www.infolibre.es/cultura/series/majestad-satira-monarquica-princesa-caprichosa-victoria-federica-ayuso_1_1950251.html" target="_blank"><em>Su Majestad</em></a><em>)</em>, pero desde luego sí nos topamos con otro<strong> “final de algo” </strong>a mediados de la década pasada.</p><p>Y es que las mismas estrategias de <em>Pagafantas</em> y <em>No controles</em>, en cuanto a la hibridación de referentes, fueron replicadas en <em><strong>Ocho apellidos vascos</strong></em>, escrita por Cobeaga y San José, cambiando las filias hollywoodienses por las europeas, a cuenta de esa <em>Bienvenidos al norte</em> que tanto éxito había tenido en Francia con la contraposición de<strong> las diferencias locales de sus habitantes</strong>. Había, por supuesto, mucho de <em>Vaya semanita</em> en los esfuerzos de los guionistas —como también lo había en <em>Negociador</em>, <strong>sombrío y fascinante film</strong> escrito por Cobeaga en solitario que irónicamente se estrenó el mismo año, 2014, que <em>Ocho apellidos vascos</em>—, pero sobre todo había una providencial afinidad con <strong>lo que justo quería ver entonces el público más masivo</strong>.</p><p>Como resultado, <em>Ocho apellidos vascos</em> sigue siendo a día de hoy <strong>la película más taquillera del cine español</strong>. Un terremoto absoluto cuyas consecuencias siguen rastreándose. No habría que desdeñar, sin embargo, lo positivo del asunto: estrenándose meses antes que la penosa <em><strong>Torrente: Operación Eurovegas</strong></em>, la escalofriante recaudación de la película dirigida por <strong>Emilio Martínez-Lázaro</strong> demostró que el modelo Segura estaba agotado y debía reinventarse, logrando en fin mantener al <strong>policía fascista </strong>alejado de la gran pantalla durante más de una década. Eso que nos llevamos, pero no menos cierto es que <em>Ocho apellidos vascos</em> instauró el molde de una comedia comercial <strong>mucho más plana y conservadora </strong>que el que pudiera hacer intuir <em>No controles</em>. </p><p>Esta comedia ha cambiado las interpretaciones desbocadas por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/camera-cafe-aida-vieja-sitcom-le-dando-cine-espanol-mejores-comedias_1_2134845.html" target="_blank">el ritmo de la </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/camera-cafe-aida-vieja-sitcom-le-dando-cine-espanol-mejores-comedias_1_2134845.html" target="_blank"><em>sitcom</em></a>, la construcción meditada del <em>gag</em> por <strong>el chiste fácil</strong> y las mutaciones de la tradición española por<strong> la losa de lo rancio</strong>. A fuerza de que <em>Ocho apellidos vascos</em> incidiera en el choque estereotípico y los caracteres inmovilistas enfrentados, la fórmula que salió de ahí —y que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BdGEZgcBqEU" target="_blank">el propio Cobeaga</a> lamentaría más adelante— obliga a que la comedia patria, para ser comercial,<strong> esté protagonizada invariablemente por españolitos cuñaos</strong>. Una sucesión interminable de<strong> nuevos y trasnochados Juancarlitros</strong>, que siguen produciendo incomodidad sin que esta tenga ya ninguna gracia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 04:00:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El encanto navideño de ‘No controles’ y la tragedia de Borja Cobeaga]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La comedia española más allá de Torrente,Cine,Cine español,Películas]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘El amor que permanece’, una gélida inmersión en el declive de un matrimonio con resquicios de luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/amor-permanece-gelida-inmersion-declive-matrimonio-resquicios-luz_1_2234698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6928aaa2-f91e-463b-9d1f-df2b631623ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El amor que permanece’, una gélida inmersión en el declive de un matrimonio con resquicios de luz"></p><p>En su periplo festivalero <em><strong>El amor que permanece</strong></em> ha venido acompañada de una película derivada, una suerte de <em>spin-off</em> si tal etiqueta fuera admisible dentro de la categoría autoral a la que pertenece <strong>el ceñudo Hlynur Pálmason</strong>. Este cineasta islandés ha desarrollado en paralelo a <em>El amor que permanece</em> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=K9ddUACBlWU" target="_blank">un film de apenas una hora de duración titulado </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=K9ddUACBlWU" target="_blank"><em>Joan of Arc</em></a>, cuyo montaje se reduce a una misma posición de cámara a lo largo de varias estaciones. Este plano nos muestra entonces a un maniquí o un espantapájaros, ataviado como un caballero de la edad media (o una mujer guerrera, como llega a proponerse) con el que <strong>tres hermanos practican tiro con arc</strong>o.</p><p>Esos tres hermanos forman parte del elenco de <em>El amor que permanece</em>. Dos de ellos, los gemelos Þorgils Hlynsson y Grímur Hlynsson, <strong>son hijos en la vida real de Pálmason</strong>, y comentan con su hermana en la ficción, mientras se divierten con el muñeco, la relación terminal de sus padres. De modo que <em>Joan of Arc</em> <strong>“refleja” la trama de </strong><em><strong>El amor que permanece</strong></em> —no deja de ser una expansión de los ya de por sí numerosos planos fijos que protagonizan el muñeco y los niños en este otro largometraje—, toda vez que la sintetiza reforzando esos elementos a los que Pálmason vuelve una y otra vez en su carrera. Las conversaciones casuales de los chavales, las flechas que van amontonándose en el blanco, tienen una fuerza análoga a <strong>los cambios en el clima y el paisaje</strong>.</p><p>Es decir, que muestran algo tan sencillo como<strong> el paso del tiempo</strong>, abatido contra una familia con la misma virulencia con la que golpea<strong> un objeto inanimado en el paisaje islandés</strong>. Este paso del tiempo es inseparable de su incidencia en la naturaleza, que es lo que más interesa a Pálmason y fundamenta<strong> una nueva aportación a su proyecto poético</strong>. <em>Joan of Arc</em> se distancia un poco de él en la medida de que por vez primera toma fuerza el afán lúdico,<strong> el juego por el juego</strong> que reflejan las travesuras de los críos, pero igualmente el discurso es inequívoco: para Pálmason, <strong>la naturaleza es violencia y degradación</strong>. El paso del tiempo, en lugar de acompasar el crecimiento, <strong>desgasta y daña</strong>, mientras el ser humano solo puede resignarse a aprehender esta violencia y así sobrevivir.</p><p>Por eso <em>El amor que permanece</em> —la narración completa que dejaría entrever<strong> el fuera de campo de </strong><em><strong>Joan of Arc</strong></em>— se centra en la desintegración de un matrimonio, al parecer basándose en experiencias cercanas de Pálmason y volviendo con ello más enigmática la presencia de sus hijos. Debe ser una película muy personal para él, toda vez que vuelve a resignarse a su visión de las cosas. Los títulos que impulsaron su popularidad en los certámenes europeos —<em><strong>Un blanco, blanco día</strong></em> en 2019, <em><strong>Godland</strong></em> en 2022— ya la reflejaban desde esa dinámica de <strong>planos fijos e interacciones entrecortadas </strong>que reencontramos entre <em>Joan of Arc</em> y <em>El amor que permanece</em>.</p><p>La majestuosidad de los paisajes naturales registrados, aliada entonces con la angustiosa insignificancia del ser humano frente a sus mutaciones, conjura una simpatía por los postulados de alguien como <strong>Werner Herzog</strong> protegiéndose, eso sí, de cualquier posibilidad de asombro. La cámara de Pálmason es sensible a los prodigios de la naturaleza pero los contempla <strong>entre la cautela y el temor</strong>, consciente de cómo toda esta grandeza inconmensurable nos atormenta y minimiza como habitantes. Son planos generales, admirablemente compuestos, que parecen exhumar más seguridad en sí mismos <strong>cuanta más humanidad ha perdido el ser humano en su concatenación</strong>. </p><p>De ahí que en el cine de Pálmason estas tomas generales parezcan siempre desligadas de los individuos, y de ahí también que la respuesta de los individuos suela ser <strong>la violencia estridente</strong>. En particular si hablamos de <strong>hombres</strong>. Pálmason debe creer que <strong>la masculinidad heterosexual</strong> es la mejor expresión dialéctica de los instintos naturales frente a las inclinaciones civilizatorias —entre <strong>el apetito y la necesidad de trascendencia</strong>—, siendo una tensión que ha acostumbrado a explotar —de forma sumamente desagradable, asegurándose presencia vitalicia en Cannes— con hombres sufriendo e infligiendo daño. Es lo que bien podría pasarle a Magnús, el marido que interpreta Sverrir <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Sverrir_Gu%C3%B0nason" target="_blank">Guðnason</a> en <em>El amor que permanece,</em><strong> al ver cómo está perdiendo a su familia</strong>.</p><p>Pero no es lo que pasa exactamente. La voluntad lúdica de <em>Joan of Arc</em> no es exclusiva de este <em>spin-off</em> y también baña a veces <em>El amor que permanece</em>, transmutada en<strong> una ligereza </strong>que modifica el rutinario corpus cinematográfico de Pálmason para construir<strong> su película más luminosa y quizá más lograda</strong>. Desde luego Magnús es un tipo más bien desagradable, que reacciona con <strong>bufidos animales a cambios vitales que le superan</strong>. Pero al mismo tiempo es un tipo con el que es fácil empatizar, rodeado por un contexto emocional mucho más amable de lo acostumbrado, gracias a los juegos infantiles y a <strong>una perrita que lo cambia todo</strong>. Su nombre es Panda.</p><p>Panda ganó la prestigiosa<strong> Palm Dog</strong> en Cannes, dedicada a todos esos buenos perros cuya presencia mejora de forma incalculable ciertas películas. En el caso de <em>El amor que permanece</em> es sin duda lo que ocurre, pues la mirada curiosa y desprejuiciada de<strong> la mascota de la familia</strong> lleva la ficción de Pálmason a otro lugar. <strong>Matiza el tremendismo</strong>, dinamiza esos planos de paisajes naturales cuya aparente impenetrabilidad tan amenazadora resultaba en los films previos del director islandés. Sobre todo, como ocurre con todo lo que rodea al maniquí, expresa por fin que la naturaleza es algo más que un cambio a peor, que una transgresión tras otra, en favor de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/corrientes-fascinante-estudio-conciencia-desacopla-ritmo-vida_1_2220800.html" target="_blank">una ignota fluidez</a>.</p><p>Según se identifica con dicha fluidez, <em>El amor que permanece</em> favorece que su película evolucione, y que lo que podría ser el declive lineal de <strong>una aleación de materia cualquiera</strong> albergue variaciones y altibajos. Permite que Pálmason maneje otros significantes en tanto a la comedia —una fundamentalmente negra y mordaz— o <strong>el surrealismo</strong>. Como seguimos anclados en una narración pesada y mínima, donde cada plano es una losa que cae, es difícil no agradecer estas distensiones. El problema es que su funcionamiento es desigual, quizá porque carece de la suficiente convicción, y<strong> el film vuelve a caer en los vicios de Pálmason</strong> desde otra frecuencia.</p><p>A la hora de caligrafiar el sufrimiento del exmarido, la película coquetea con<strong> segmentos oníricos</strong>, arrebatos de violencia humorística y alguna que otra estampa muy sugerente, como la que centra sus últimos minutos. No deja de enfatizar por otro lado <strong>el esencial patetismo del personaje</strong>, como en otros sentidos más mezquinos ya hacían <em>Godland</em> o <em>Un blanco, blanco día</em> (o sobre todo <em>Winter Brothers</em>, atroz debut con el que Pálmason todavía no ha puesto suficiente distancia), así que tampoco estamos dejando tan atrás <strong>un motor creativo demasiado satisfecho de sí mismo</strong>. </p><p>Este motor es pródigo en subrayados groseros —el escaso diálogo invertido a veces en evidenciar pensamientos y, por tanto, ilustrar<strong> unas profundas carencias comunicativas </strong>tanto por parte de los personajes como, sobre todo, del director y guionista—, dilataciones arbitrarias y un ritmo contemplativo que no siempre compensa<strong> la magnífica fotografía y los aún más magníficos paisajes islandeses</strong>. Se trata, en resumidas cuentas, de una película más de Pálmason. </p><p>Una obra continuista, donde, sin embargo, brillan con luz propia esos arrebatos frívolos. Señales, en fin, que se despliegan en evidencias de una humanidad contradictoria —esa que es capaz de albergar <strong>ironía e introspección honesta</strong>—, a la postre mucho más gratificante que los plomizos y reiterativos “corazones de las tinieblas” previamente esbozados por el islandés. </p><p>Es con lo que hay que quedarse. Sin que llegue a ser una película del todo satisfactoria, <em>El amor que permanece</em> cuenta con los suficientes sobresaltos entre la alegría infantil y el sentido del humor como para creer que hay luz en el futuro de Pálmason.<strong> La floreciente certeza de que existe algo más</strong>, de que un diálogo con la naturaleza es posible. De que<strong> las huellas humanas</strong> quizá podrían resistir, después de todo, sobre la superficie del hielo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Aug 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Mother Mary’: Anne Hathaway, estrella pop en una confusa reflexión sobre la creatividad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/mother-mary-anne-hathaway-estrella-pop-confusa-reflexion-resortes-creatividad-inspiracion-artistica_1_2231860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c4cae09-8b0f-4718-8645-38498ccec0ca_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mother Mary’: Anne Hathaway, estrella pop en una confusa reflexión sobre la creatividad"></p><p>En la medida en que <strong>los macroconciertos son lo más grande y absurdo</strong> a lo que la industria cultural aspira hoy día, es normal que sus entresijos interesen cada vez más a los cineastas. No tanto por la relevancia mediática o la escala que demandan sino, quizá, <strong>por la ironía</strong> que los envuelve. Convocan multitudes, los estadios tiemblan con el furor fan y, sin embargo, la estrella queda atrapada en algo parecido a una burbuja. <strong>O, mejor, una isla</strong>. Una isla rodeada de gente que la adora, pero que no es capaz de comunicarse con ella, convertida en una masa informe de alaridos y pantallas de teléfonos móviles. Todas esas personas han sido cautivadas por la obra del artista —que en estos contextos suele ser una mujer—, pero<strong> el diálogo es poco menos que imposible.</strong></p><p>La artista supone que su música habrá significado mucho para cada uno de esos rostros anónimos, acompañándolos en momentos vitales ignotos, y de forma tan determinante como para favorecer <strong>un desembolso económico crecientemente exagerado</strong>. Así que debe haber gratitud en todo <strong>ese horizonte oscuro</strong>, desde luego. También hay, sin embargo, algo intimidante en su ambigüedad, en las potencialidades que encierra, y es ahí cuando <strong>la épica de la estrella pop</strong> se antoja hoy mucho más elocuente que cuando eran las bandas y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/timothee-chalamet-busca-bob-dylan-terminar-encontrarlo-complete-unknown_1_1950125.html" target="_blank">el rock levemente contracultural</a> los que guiaban los sentidos de la época. Este otro tipo de música es, en fin, el que sigue acaparando los <em>biopics</em> de Hollywood, con un regusto inequívocamente añejo y el deseo de relanzar la impronta de sus artistas para, quizá, combatir justamente el arraigo de <strong>estas nuevas (y solitarias) voces contemporáneas</strong>.</p><p>Entretanto, otros cineastas, más jóvenes y espabilados que <strong>el James Mangold de turno</strong>, intuyen que hay algo valioso en estos contextos tan ridículamente aparatosos. En <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/nuevo-conservadurismo-ensenar-tetas-bailar-casita-leon-xiv_129_2205716.html" target="_blank">la Casita de Bad Bunny</a>, en la boda de Taylor Swift en el Madison Square Garden. En el gigantismo que se da la mano con la frivolidad, <strong>la trágica ligazón entre la soledad vulnerable y el baño de masas</strong>. Energías tan fecundas como para que cada cual las pueda llevar donde quiera. Brady Corbet, antes de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/adrien-brody-estremece-the-brutalist-prodigio-absoluto-mejor-tradicion-hollywood-clasico_1_1932277.html" target="_blank"><em>The Brutalist</em></a> y en lo que podría ser el asalto definitivo al tema —no así el más comprendido—, se preguntó con <em><strong>Vox Lux</strong></em> por <strong>la posibilidad mesiánica</strong>: la capacidad ilimitada de una diva pop para significar y guiar fuerzas históricas que escapaban trágicamente a su control. Y daba miedo, bastante más que cuando Parker Finn quiso exprimir el horror que escondía tanta adulación en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/smile-2-supera-primera-entrega-terror-gamberro-despiadado_129_11741006.html" target="_blank">la secuela de </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/smile-2-supera-primera-entrega-terror-gamberro-despiadado_129_11741006.html" target="_blank"><em>Smile</em></a>.</p><p>Ese mismo año, 2024, <strong>M. Night Shyamalan</strong> realizó el acercamiento más cándido al tema en <em>La trampa</em>, aun cuando su película estuviera protagonizada por un asesino en serie que se había llevado a su hija a un concierto de <em><strong>The Eras Tour</strong></em>. Le interesaba la conexión de la estrella con el público y el poder que esta podía llegar a tener, mas que <strong>aquello que pudiera pasarle a la </strong><em><strong>popstar</strong></em><strong> por la cabeza</strong> mientras enfervorizaba de tal modo a las masas. <strong>David Lowery</strong>, por su parte, lidia en <em><strong>Mother Mary</strong></em> con asuntos más complejos, pero igualmente pone en pantalla estampas muy hábiles con las que representar <strong>esta inopia extraordinaria</strong>. Reaparece la oscuridad, donde el brillo de los teléfonos parece proceder de estrellas distantes. Y Lowery enfoca a su cantante de perfil en el escenario, avanzando hacia la derecha en toma continua como quien ha de superar obstáculos. Como quien juega a <strong>un videojuego </strong><em><strong>beat’em up</strong></em>, ese género apodado en España “yo contra el barrio”.</p><p>Yo contra el barrio. <strong>Sola contra todos</strong>. El aislamiento demanda una demostración de fuerza, que la protagonista del filme de Lowery intensifica —muy al modo de Natalie Portman en <em>Vox Lux</em>— con <strong>los ropajes de una figura religiosa</strong>: una Virgen María, una madre celestial que<strong> secretamente teme a sus hijos</strong> porque no los entiende. O, peor aún, porque no sabe si se merece esa reverencia. Partiendo de los estrafalarios temores de una voz artística a medio camino entre <strong>la explotación y la introspección, </strong>Lowery lo tiene fácil para llevárselo todo a su terreno. No deja de ser un cineasta de ínfulas elevadas que, de vez en cuando, ha tenido que <strong>“venderse”</strong>: ha firmado <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/nueva-lilo-stitch-evidencia-contradicciones-problemas-remakes-disney_1_2000361.html" target="_blank">dos</a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/nueva-lilo-stitch-evidencia-contradicciones-problemas-remakes-disney_1_2000361.html" target="_blank"><em> remakes</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/nueva-lilo-stitch-evidencia-contradicciones-problemas-remakes-disney_1_2000361.html" target="_blank"> en acción real para Disney</a>. La misma cantidad que Jon Favreau, para que nos hagamos una idea.</p><p>Así, <em>Mother Mary</em> vendría a ser una indagación en los resortes creativos una vez la persona que los necesita está sometida a<strong> una extenuante hipervisibilidad</strong>. Lowery se infiltra entre bambalinas y en el interior de un penoso proceso de indecisión artística, huyendo, por fortuna, de los alegatos de autoayuda estilo <strong>la película de Bruce Springsteen</strong> que vimos el año pasado, <em>Deliver Me From Nowhere</em>. Esta pertenecía, evidentemente, al linaje de los <em>biopics</em> que ya no saben leer la contemporaneidad. <em>Mother Mary</em>, en cambio, mira de frente el vacío, la confusión del artista cuando <strong>ya se ha convertido en un espectáculo en sí mismo</strong>, y lo hace sin interés alguno en perdonar a Mother Mary. Porque <strong>quien debería perdonarla es su antigua diseñadora</strong>, Sam Anselm.</p><p>La película de Lowery se articula a partir de la relación entre ambas, interpretadas por <strong>Anne Hathaway y Michaela Coel</strong>. El personaje de Hathaway está sufriendo una crisis cuya naturaleza se irá desvelando progresivamente y necesita la ayuda de aquella persona que le acompañó en los momentos más boyantes e ingenuos de su carrera. Fue alguien a quien despreció en el pasado y a quien ahora debe acercarse con total arrepentimiento. Así, el  estudio de la creatividad que Lowery quiere desarrollar abandona el escenario para atender a quien nunca llegó a subirse a él.<strong> Al menos, en persona</strong>. Sam Anselm puso <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/retrato-moda-couture-deja-frivolidad-diablo-viste-prada_1_2188806.html" target="_blank">mucho de sí en los vestidos de Mother Mary</a>. Esta estrella es una creación tan suya como de la abatida mujer a la que encarna Hathaway.</p><p>De ahí que los primeros compases de <em>Mother Mary</em> (los mejores, cuando Lowery experimenta con <strong>formas casi teatrales</strong> y las estiliza eficazmente a través de la música) se reduzcan a un diálogo cargado de reproches entre las dos mujeres. Sam reclama su parte de autoría sobre el fenómeno y reduce el talento de Mother Mary a una suerte de <strong>magia escénica</strong> para que la cantante, por toda respuesta y en una secuencia realmente memorable, pase a ejecutar la coreografía de uno de sus números… sin música. Los movimientos y jadeos espasmódicos que lanza entonces no solo nos muestran a <strong>una actriz que lo está dando todo</strong> —y es sin duda el trabajo de Hathaway, junto a la verborrea sardónica de Coel, lo más potente del filme—, sino también a un ser enajenado, cuya identidad puede confundirse en un fogonazo artístico que le dará a <strong>cada persona, cada testigo y cada feligrés</strong>, justo aquello que necesita sentir. Mientras ella misma, claro, no sabe exactamente cómo sentirse.</p><p>Seguramente porque cuando más atinadamente lo intuía era <strong>en conexión con su diseñadora</strong>; la cocreadora, en fin, de su imagen. La persona con la que, a diferencia de la muchedumbre que espera ahí fuera, podía dialogar. <em>Mother Mary</em> plantea entonces la creatividad desde<strong> un trabajo conjunto</strong>, matizando la figura solitaria iluminada por los focos, y a continuación decide<strong> </strong>que ese trabajo conjunto<strong> pasa por la gestión, asimismo conjunta, de la inspiración</strong>. Lo más misterioso, lo más inexplicable que existe. Es entonces cuando <em>Mother Mary</em>, tristemente,<strong> empieza a perder pie</strong>. </p><p>El director, acaso por encontrarse ante su filme más personal, fuerza el rumbo hacia una de sus inquietudes recurrentes: <strong>los fantasmas. </strong>Y traza un puente metafórico entre ellos y el motor creativo de ambas protagonistas. El resultado no es desechable en absoluto. Tiene mucha gracia, de hecho, que las miradas de Mother Mary y Sam confluyan en <strong>un fantasma de color rojo</strong>, frente a las figuras de <strong>rutilante esmeralda</strong> que centraron <em>Peter y el dragón</em> o <em>El caballero verde</em>. Entonces, el color verde nos hablaba de la naturaleza y de un afán de trascendencia, mientras que el color rojo —que exhibe un amasijo de trapos asimismo remitente a <em>A Ghost Story</em>— ahora implica <strong>pasión y salvajismo</strong>. Algo que no se puede controlar, con lo que únicamente se puede negociar: <strong>la imaginación creativa</strong>. </p><p>El problema es que, cuando <em>Mother Mary</em> empieza a seguir <strong>la estela de este peculiar fantasma</strong> —y se aleja de las intimidades de la estrella y Sam—, la película se sumerge en <strong>una deriva narrativa tan esotérica</strong> como bien pueden ser las fuerzas que guían la inspiración, sin el vértigo o la electricidad de estas. En su lugar tenemos minutos más bien aburridos y soluciones pueriles para que la película pueda abandonar el drama de cámara perdiéndose en <strong>los recuerdos de las protagonistas</strong>. <em>Mother Mary </em>sacrifica todo aquello que podría haberle convertido en una película emocionalmente satisfactoria —aun cuando el <em>soundtrack</em> a cargo de gente como <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/cumbres-borrascosas-adaptacion-audaz-tipo-miedo-ridiculo_1_2144117.html" target="_blank">Charli XCX</a>, Jack Antonoff y FKA twigs nunca llegue a calar del todo— para encadenar fugas oníricas e insistir en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/sonido-caida-criptico-fascinante-retrato-fantasmas-no-terminamos_1_2180429.html" target="_blank">las contradicciones de la figura del fantasma</a>, obedeciendo más al capricho que a un desplazamiento orgánico.</p><p><strong>Y todo se queda un poco en nada</strong>. En potencialidad, ideas y energías veladas que laten de principio a fin, atenazando la película de Lowery e impidiéndole en su parálisis ser todo lo iluminadora que podría haber sido,<strong> que por instantes logra ser</strong>. El misterio de la estrella pop es irresoluble porque es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo y está bien que así sea, pero da pena que un director tan imaginativo como Lowery se haya quedado tan a medias <strong>solo por ensimismarse</strong>. Por dar la espalda al público desde un escenario enorme y vacío. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Mother Mary’: Anne Hathaway, estrella pop en una confusa reflexión sobre la creatividad]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/luna-escribe-guion-eclipse-historia-cine_1_2229717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4c90bf2a-3b3b-429d-81dc-6e92220d690b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine"></p><p>El 12 de agosto de 2026 asistiremos a un eclipse excepcional: será el primero que atraviese la península en más de un siglo y coincidirá, además, con el pico de las Perseidas y una alineación de planetas. Sin embargo, todos los eclipses tienen algo de excepcional y de mágico,<strong> y así lo vemos reflejado a lo largo de la historia del cine.</strong></p><p>El Séptimo Arte descubrió desde <strong>muy pronto el potencial narrativo de este fenómeno astronómico</strong>. Los eclipses solares han servido a los guionistas para provocar asombro, anunciar apocalipsis, desencadenar amenazas o aportar un extraordinario realismo visual. Su presencia en la pantalla constituye una pequeña pero fascinante historia paralela a la historia del cine.</p><p>Las primeras representaciones del eclipse aparecen en el cine mudo, cuando la propia imagen en movimiento era todavía una novedad. Un ejemplo paradigmático es <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film593636.html" target="_blank"><em>El eclipse: El cortejo entre el Sol y la Luna</em></a> (1907), de Georges Méliès. <strong>Considerada la primera película de ficción que describe un eclipse solar</strong>, transforma una explicación astronómica en una fantasía humorística donde el Sol y la Luna adquieren rasgos humanos y protagonizan un peculiar cortejo romántico.</p><p>Pocos años después, el eclipse pasó a formar parte del imaginario visual del expresionismo alemán. En <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film848808.html" target="_blank"><em>Los Nibelungos</em></a> (1924), de Fritz Lang, <strong>los cielos oscurecidos y las atmósferas crepusculares evocan simbólicamente la idea del eclipse como presagio de tragedia.</strong> El propio Lang volvería a explorar la fascinación por los fenómenos celestes en <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film265602.html" target="_blank"><em>La mujer en la Luna</em></a> (1929), donde la aventura espacial incorpora imágenes fantasmagóricas que conectan la oscuridad con la leyenda y la fascinación.</p><p>Ningún ámbito cinematográfico ha explotado tanto el eclipse como las adaptaciones de la novela de Mark Twain <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Un_yanqui_en_la_corte_del_rey_Arturo" target="_blank"><em>Un yanqui en la corte del rey Arturo</em></a>.<strong> En ellas, el fenómeno deja de ser un espectáculo natural para convertirse en una herramienta de poder o un modo de escapar de una situación apurada.</strong></p><p>La primera adaptación relevante fue <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film606633.html" target="_blank"><em>A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court</em></a> (1921), dirigida por Emmett J. Flynn en Estados Unidos. <strong>Su protagonista utiliza el conocimiento de un eclipse inminente para convencer a la corte del rey Arturo de que posee poderes mágicos.</strong> La oscuridad del cielo se convierte así en una demostración de autoridad basada en el contraste entre la ciencia que él posee y la superstición de quienes le escuchan.</p><p>El recurso reapareció en la adaptación de 1931 de David Butler, y alcanzó su versión más popular <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film984395.html" target="_blank">en la comedia musical de 1949</a>. Dirigida por Tay Garnett y protagonizada por Bing Crosby, la película utiliza el eclipse para establecer un momento decisivo en la narración. También la animación cinematográfica ha creado su propia versión en <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Bugs_Bunny_in_King_Arthur%27s_Court" target="_blank"><em>Bugs Bunny in King Arthur’s Court</em></a> (1978), producción estadounidense de Warner Bros., <strong>donde el conejo más famoso del cine emplea el mismo truco para impresionar a los habitantes de Camelot.</strong></p><p>Con el paso de las décadas, el eclipse dejó de representar únicamente el choque entre conocimiento y <strong>superstición para convertirse en símbolo de transformación vital.</strong></p><p>En <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film793580.html" target="_blank"><em>Lady Halcón</em></a> (1985), de Richard Donner, se cuenta la historia de dos amantes que se ven separados por la luz y la oscuridad. Maldecidos por un obispo, ella se convierte en un halcón de día y él en un lobo de noche. Nunca pueden verse, hasta que un mágico eclipse de Sol consigue que los dos puedan encontrarse simultáneamente bajo forma humana. <strong>El fenómeno astronómico funciona aquí como una interrupción temporal de las leyes que gobiernan su condena.</strong></p><p>Otras películas emplean también el eclipse como marco emocional. El drama <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film172800.html" target="_blank"><em>Eclipse</em></a> (1994), <strong>dirigido por Jeremy Podeswa</strong>, sitúa su historia en las semanas previas a un eclipse solar para reforzar la introspección de sus personajes. Algo similar ocurre en <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film671774.html" target="_blank"><em>Judy Berlin</em></a> (1999), de Eric Mendelsohn, <strong>donde un eclipse prolongado altera la rutina de una comunidad y empuja a sus habitantes a revisar sus vidas.</strong></p><p>Más recientemente, <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film368520.html" target="_blank"><em>Apocalypto</em></a> (2006), dirigida por Mel Gibson, utiliza un eclipse durante una ceremonia de sacrificio humano. La repentina oscuridad es interpretada por los sacerdotes mayas como una señal divina y cambia el destino del protagonista. En otro registro, <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film327585.html" target="_blank"><em>La saga Crepúsculo: Eclipse</em></a> (2010), de David Slade, convierte el eclipse en metáfora del triángulo amoroso entre los tres personajes protagonistas: <strong>Bella, Edward y Jacob.</strong></p><p>El eclipse también ha demostrado ser un eficaz generador de miedo. En <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film477011.html" target="_blank"><em>La tienda de los horrores</em></a> (1986), dirigida por Frank Oz, una planta extraterrestre aparece en la Tierra<strong> coincidiendo con un eclipse extraordinario, dotando al fenómeno de resonancias sobrenaturales.</strong></p><p>La ciencia ficción recurrió igualmente a este recurso. En <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film837257.html" target="_blank"><em>Pitch Black</em></a> (2000), de David Twohy, un eclipse libera criaturas letales que permanecían ocultas por la luz de varios soles. Pero la película más emblemática de este apartado es, sin duda, <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film388868.html" target="_blank"><em>Lara Croft: Tomb Raider</em></a> (2001), dirigida por Simon West. En ella, una alineación planetaria asociada a un eclipse de Sol desencadena la búsqueda de un artefacto capaz de controlar el tiempo. <strong>Durante la casi totalidad del metraje, la idea del eclipse está presente en la narración y en la mente de los personajes.</strong></p><p>Finalmente, en <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film362105.html" target="_blank"><em>Hellboy</em></a> (2004), <strong>del mexicano Guillermo del Toro</strong>, la llegada del demonio a la Tierra debido a un conjuro nazi se convierte en ocasión de salvar al mundo y de abrir un portal al infierno, justamente gracias a un eclipse solar.</p><p>La capacidad del eclipse para alterar la percepción de la realidad lo ha convertido también en aliado de relatos criminales y sobrenaturales. En <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film276375.html" target="_blank"><em>Dolores Claiborne</em></a> (1995), de Taylor Hackford y basada en la novela de Stephen King, <strong>un eclipse solar sirve de telón de fondo para un misterio familiar y un antiguo crimen.</strong></p><p><strong>Finalmente, la utilización más espectacular de un eclipse en la historia del cine no tuvo lugar en una ficción sobre el tema</strong>. En <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film210592.html" target="_blank"><em>Barrabás</em></a> (1961), historia del criminal que fue indultado por Poncio Pilatos en lugar de Jesucristo, el director Richard Fleischer decidió rodar la escena de la crucifixión durante un eclipse solar auténtico, pues el Evangelio dice que “el Sol se oscureció desde el mediodía hasta las tres”.</p><p>La filmación tuvo lugar el 15 de febrero de 1961 cerca de Roccastrada, en la Toscana italiana. El director de fotografía Aldo Tonti dispuso las cámaras para registrar los escasos minutos de semioscuridad disponibles. <strong>No hubo posibilidad de repetir tomas ni de corregir errores; la secuencia se rodó con varias cámaras, sin efectos especiales</strong>. El resultado proporcionó una intensidad visual imposible de recrear artificialmente en aquella época.</p><p>Ese fue un caso excepcional, pero la atracción del eclipse sigue viva para los cineastas. <strong>Más de un siglo después de Méliès</strong>, el cine sigue encontrando en él una fuente incomparable de misterio, fascinación y amenaza.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Alfonso Méndiz Noguero </strong></em><em>es</em><em><strong> </strong></em><em>catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad y rector, Universitat Internacional de Catalunya.</em> Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://theconversation.com" target="_blank">The Conversation</a>. Lea el <a href="https://theconversation.com/cuando-la-luna-escribe-el-guion-el-eclipse-en-la-historia-del-cine-285450" target="_blank" >original aquí.</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 04:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Méndiz Noguero]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Motor City’, un experimento espantosamente fallido entre el musical y la película de acción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/motor-city-experimento-espantosamente-fallido-musical-pelicula-accion_1_2227882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3ec6b379-ce4f-42ec-94cc-5a4dad887995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Motor City’, un experimento espantosamente fallido entre el musical y la película de acción"></p><p>Entre que Disney afrontara el proyecto más arriesgado de su carrera con <em><strong>Fantasia</strong></em> y que MTV estandarizara <strong>el videoclip musical</strong> pasaron cuatro décadas. De 1940 a 1981. No es que, desde luego, en todo este tiempo hubiera quedado suspendido<strong> el avance de los diálogos cine-música</strong>. El musical de Hollywood inspirado por Broadway se había ido sofisticando cada vez más, por ejemplo. Y antes de <em>Video Killed the Radio Star</em> habían ido surgiendo un puñado de piezas que, cada una a su manera, se preguntaban cómo realzar el talento de los músicos para impulsar su carrera musical. Pero ahí estaba justo la clave. Antes de<strong> la homogeneización de MTV,</strong> el eje ya se había invertido.</p><p>Así que, dejando de lado <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/television-videoclip-granujas-ritmo-le-quito-seriedad-le-quedaba-musical_1_2033874.html" target="_blank">las diversas fases del musical</a> como género —género, a fin de cuentas, más históricamente asentado en el teatro que en el manejo de las formas cinematográficas—, nos topamos con un rechazo frontal a lo que Walt Disney se había propuesto con <em>Fantasia</em>, pues pasamos a hablar de distintos objetivos de venta. Los videoclips quieren vender la música de los artistas utilizando la imagen. Los cortos que componían <em>Fantasia</em>, a cambio, <strong>querían vender la imagen en sí</strong>. El talento de los animadores. Una capacidad nunca lo bastante explorada de que <strong>su arte evolucionara al ritmo de la música</strong>, aprovechando <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tipos-malos-2-frenetico-entretenimiento-le-saca-gran-partido-animacion_1_2038321.html" target="_blank">la infinita maleabilidad de la animación</a> para posibilitar <strong>experiencias estéticas imprevisibles</strong>. Sublimes, llegado el caso.</p><p>Todo era posible con la animación, y si <em>Fantasia</em> no hubiera fracasado quizá la trayectoria del medio <strong>habría sido distinta</strong>. Quizá, en lugar de asimilar convenciones narrativas para asentar comercialidad, se hubiera aferrado a lo intuitivo, y el diálogo hubiera podido prosperar más equitativamente. Por su parte la acción real (el audiovisual habitado por personas y no por dibujos) hubo de resignarse a este papel subsidiario si hablábamos de <strong>industria musical</strong>, y a breves instantes de armonía dentro del cine. Sergio Leone componiendo imágenes con la música de Ennio Morricone en mente. O <strong>Edgar Wright engrasando </strong><em><strong>Baby Driver</strong></em> con su virtuosismo escénico y su melomanía. </p><p>Quizá sea <em>Baby Driver</em>, como ocurrencia desgajada de <strong>los caminos no tomados por el cine tras </strong><em><strong>Fantasia</strong></em>, el título que más convenga tener en cuenta al arrimarse a <em><strong>Motor City</strong></em>. <em>Baby Driver</em> se erigía en la carrera de Wright como alegre coartada para reafirmar intereses expresivos: una patente de corso desde la que limitarse a <strong>explorar</strong> <strong>la acción estilizada por su música favorita</strong>. Con el montaje, los movimientos de cámara, el ritmo interno del plano. <strong>Un videoclip gigantesco </strong>cuyo <em>soundtrack</em> se fundamentaba en las filias del británico con irresistible personalidad: sin duda la intriga criminal era de lo más trasnochada —como lo es, vamos avisando, la de <em>Motor City</em>—, pero parecía deberse más al atolondramiento de <strong>haber escrito cualquier cosa </strong>en pos de agilizar trámites.</p><p>Pues <strong>el guion era lo de menos</strong>. Lo que importaba era jugar con imágenes y sonidos, entrelazándose </p><p>con un afán lúdico que amparaba la dulce combinación de<strong> </strong>gusto musical y talento cinematográfico. Que <em>Motor City</em> sea entonces <strong>una película tan fallida</strong> (tan irritante, espantosamente fallida) se debe a que ambos brillan por su ausencia. Empecemos por el gusto musical.</p><p>Dejando de lado la banda sonora incidental de Steve Jablonsky —flagrantemente plana, insistiendo en un <em>crescendo</em> emocional que no respalda ni su talento compositivo ni la escasa trama con la que estamos lidiando—, <em>Motor City</em> viene presumiendo de contar con <strong>Jack White</strong>, de los White Stripes, como <strong>“director musical”</strong>. Es decir, que cabría responsabilizarle a él de elegir <strong>las canciones no originales</strong> que pueblan la película. Cabría echarle la culpa a él de la selección más genérica del mundo y de una notable pereza a la hora de pensar qué debería sonar en una película de acción ambientada en<strong> el Detroit de los años 70</strong>. La respuesta es, evidentemente, canciones más o menos contemporáneas. Estando las susodichas en buena parte trilladísimas, <strong>sobadas a más no poder.</strong></p><p>La <em>playlist</em> de White adolece de falta de curiosidad hasta el punto de que sus canciones no parecen venir de una escucha atenta, sino de haberse topado con ellas en otros films anteriores. <strong>David Bowie, Donna Summer, Fleetwood Mac o los Moody Blues</strong> desfilan por <em>Motor City</em> con sus temas más famosos, tan cargados de una memoria iconográfica propia como para que, al irrumpir en el film, no puedan expresar absolutamente nada. <strong>Una antología plastificada de Rock FM</strong>, que clama al cielo que se le haya ocurrido a un artista como White, en lugar de a un ejecutivo cualquiera que ha averiguado cómo montar de forma impactante <strong>el tráiler de una futura película de superhéroes. </strong></p><p>Para engarzar música y cine hay que amar la música. Como hallazgo, como juego. <strong>Hay que sentir entusiasmo por la mezcla</strong>. Tener, en fin, buen gusto, y ya que aparentemente White carece de él —o no ha querido darle media vuelta al encargo—, el artefacto habría sido mínimamente digno si hubiera alguien con ganas de hacer cosas con la puesta en escena. Ninguno de los temas enumerados son malos, evidentemente. Si causan hastío es justo porque son muy buenos y muchos grandes cineastas se han querido servir de ellos antes. Sería absurdo pedirle entonces a<strong> Potsy Poncirolli</strong>, director de <em>Motor City</em>, que se mantuviera a la altura de Tarantino, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank">Paul Thomas Anderson</a> o James Gunn. Por citar a unos pocos directores que se hayan servido antes de estos temas.</p><p>Y no se lo vamos a pedir, desde luego. Pero tan clamorosa como la vaguería de White es la inacción de Poncirolli, la completa desorientación —o el completo desinterés, que nunca hay que descartar al evaluar todas las deficiencias de este film— a la hora de encabalgar de forma sugestiva la imagen con esta<strong> música para cuñados</strong>. La tragedia se veía venir desde el momento en que observamos los compases previos de la carrera de este director estadounidense, por otro lado. <em><strong>Old Henry</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Fuera de la ley</strong></em> ya eran totalmente incapaces de sustraerse de la referencia. Entre el <em>western</em> y el humor negro de los Coen, los dos primeros films de Poncirolli representaban<strong> los extremos más vulgares de un posmodernismo tardío</strong>. Imágenes de saldo, reverberaciones conservadoras.</p><p><em>Old Henry</em> y <em>Fuera de la ley</em> no tenían en definitiva <strong>nada genuino</strong>, pero al menos se quedaban lejos de la debacle de <em>Motor City</em> gracias simplemente a contar con guiones que, mejor que peor, pudieran reclamar nuestra atención. Nos distraían de <strong>la pobreza de las imágenes y los pensamientos</strong>, algo que <em>Motor City</em> es incapaz de hacer puesto que no hay guion digno de ese nombre. En su lugar hay una servilleta según la cual Alan Ritchson (<strong>el fortachón de </strong><em><strong>Reacher</strong></em>) es un buen hombre al que tienden una trampa para alejarle de su amada (Shailene Woodley), y ansía salir de la cárcel para emprender acciones vengativas contra quienes le metieron ahí. Es una servilleta, en fin,<strong> incluso más misógina que </strong><em><strong>Baby Driver</strong></em>, y tan simplona que carece de mérito que se sostenga sin diálogos.</p><p>Porque sí, ese es el gran eslogan de <em>Motor City</em>. Que es una película <strong>casi enteramente muda</strong>, consagrada a la acción y guiada por la música de White y Jablonsky. Con lo que toda su capacidad de impacto descansa en la puesta en escena, y todo viene a depender de <strong>un director de tan escasas virtudes como Poncirolli</strong>. La discreta banda sonora busca entonces imágenes que estilizar y manipular, pero no encuentra nada. Aparte de la anemia narrativa a la que se ha limitado orgullosamente la servilleta (firmada por un tal Chad St. John de quien se nos asegura que tuvo el proyecto durante años dentro de la Black List, <strong>cual broma de pésimo gusto</strong>), Ponciroli es incapaz de diseñar estrategias u organizar secuencias de forma que algo brille o impacte.</p><p>Lo más sencillo habría sido recurrir a <strong>un montaje así como impresionista</strong> para adecuarse al ritmo de cada canción —es, por otro lado, aquello que más pulió Wright—, pero <em>Motor City</em> lo descarta tanto como otras dialécticas más complejas, por ejemplo<strong> un contraste irónico</strong> propio de Tarantino y Scorsese. En realidad, las canciones inciden sobre la acción de <em>Motor City</em> como si fuera cualquier otra película.<strong> Linealmente</strong>, solo distinguiéndose porque acostumbran a sonar en toda su extensión pero incluso rigiéndose, a veces y de forma caprichosa, por imperativo de la diégesis. En otra muestra de <strong>lo arbitrario que es el mecanismo del film</strong>, los volúmenes suben y bajan como si los personajes escucharan los temas desde radios cercanas, según se mueven de un lado a otro.</p><p>Así que también la inmersión se pierde por ahí. Y no queda otra que afrontar <em>Motor City</em> en todo su vacío y, especialmente, <strong>toda su incompetencia</strong>. La sensación que impera es que la película es tan mala porque <strong>nadie ha querido entusiasmarse con lo que estaba haciendo</strong>: ni con la mezcla musical, ni con la acción violenta —totalmente contenida y arrítmica—, ni con la ambientación —¿para qué ceñir todo a Detroit como “ciudad del motor” si no se quiere hacer nada con su bagaje cultural?—, ni con una realización que resulta <strong>angustiosamente lenta y morosa</strong>, obligando a las imágenes a arrastrarse de espaldas a una música con la que ni quiere ni sabe dialogar. </p><p><strong>Lo que viene siendo un desastre</strong>, en resumen. Cuando lidiamos con experimentos es normal toparse con fracasos, y que esos fracasos retengan cierta dignidad al haber querido ir más allá de lo esperable. No es el caso de <em>Motor City</em> porque nunca ha querido ir a ningún sitio, y porque lo único inesperado que alberga es que una escena con temazo incorporado sea <strong>lo más aburrido del mundo</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 04:01:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Motor City’, un experimento espantosamente fallido entre el musical y la película de acción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cultura,Estados Unidos,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Christopher Nolan logra en ‘La Odisea’ una adaptación magnífica pero alejada de lo mejor de su carrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/christopher-nolan-logra-odisea-adaptacion-magnifica-ligeramente-alejada-mejor-carrera_1_2225399.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10c65a9a-ecaa-4c60-87f1-ac947c9d68c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Christopher Nolan logra en ‘La Odisea’ una adaptación magnífica pero alejada de lo mejor de su carrera"></p><p>En la tradición de la Antigua Grecia resulta básico el concepto de <strong>la </strong><em><strong>xenia</strong></em>. Se trata de <strong>un contrato de hospitalidad</strong>, un catálogo de buenas prácticas para guiar la interacción entre anfitriones y huéspedes, que tiene su ancla en la religión. La <em>xenia</em> es —y así se refieren a ella los personajes de <em><strong>La Odisea</strong></em><strong> de Christopher Nolan</strong>— la "<strong>Ley de Zeus"</strong>, pues remite a la costumbre del dios griego de bajar del Olimpo y camuflarse entre los seres humanos como un vagabundo. Conviene tratar bien al huésped, en resumidas cuentas, porque nunca sabes si ese huésped podría ser <strong>un dios disfrazado</strong>. </p><p>No cabe leer la <em>xenia</em>, sin embargo, como una prevención para <strong>el engañoso chantaje de los dioses</strong>. En realidad es <strong>un mandato de virtud</strong>, alrededor de un código ético que los filósofos griegos solían articular con sus dioses como referencia. La <em>xenia</em> no es más que tratar a los humanos<strong> (tratarnos) </strong>como dioses. “No hay que seguir los consejos de quienes dicen que debemos tener pensamientos humanos y mortales puesto que somos hombres y mortales somos”, escribió Aristóteles en <em>Ética a Nicómaco</em>. “Sino que debemos, en la medida de lo posible, <strong>inmortalizarnos</strong>, y hacer todo lo que esté en nuestra mano por vivir de acuerdo con lo más excelente que haya en nosotros”.</p><p>Así que la Ley de Zeus no es de Zeus, <strong>sino nuestra</strong>: es la que mueve a pensar en el humano como más que un humano, como <strong>algo mejor</strong>, alentando la solidaridad y la convivencia. También es <strong>un impulso innato de trascendencia</strong>, que podría tanto garantizar la organización de las sociedades con las leyes —leyes, recomendaba Aristóteles, que debieran apuntar a la excelencia de los dioses antes que a la falibilidad de los mortales— como, en instancias posteriores de la Historia, el surgimiento de<strong> individuos extraordinarios</strong>, que no precisen rezarle a nadie. La historia de Occidente puede cifrarse en esta creciente y egoísta voluntad de poder, <strong>siendo Dios sustituido por el Sujeto</strong>, y siendo este Sujeto susceptible de delirios prometeicos. Como <strong>el protagonista de </strong><em><strong>Oppenheimer</strong></em>.</p><p>Como otros protagonistas de la obra de Nolan, en realidad. El director inglés ha prestado una atención progresiva a personajes mesiánicos, que aceptan sobre sus cabezas el peso de la civilización con <strong>un rictus tan solemne como torturado</strong>. Individuos con una energía maníaca que les impulsa hacia adelante, hacia arriba, y acaban traicionando la <em>xenia</em> <strong>al rechazar la idea de Dios en el prójimo</strong> por erguirse ellos mismos encima de él. Con lo que no resulta extraño que, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/oppenheimer-nolan-salva-clase-pelicula-bomba-atomica-senalar-japon-mapa_1_1554214.html" target="_blank">tras </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/oppenheimer-nolan-salva-clase-pelicula-bomba-atomica-senalar-japon-mapa_1_1554214.html" target="_blank"><em>Oppenheimer</em></a> (su película más unánimemente alabada, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/oppenheimer-impone-oscar-pasan-sociedad-nieve-robot-dreams_1_1738130.html" target="_blank">según los Oscar recibidos</a>), Nolan haya vuelto sobre los pasos de Ulises. O de Odiseo, como se le conoce en todo momento en su film. </p><p><em>La Odisea</em> de Homero, en contra de lo que pudiera parecer, no le interesa a Nolan por <strong>el viaje del héroe</strong> que tanto ha llegado a enamorar al cine de Hollywood, ni siquiera por <strong>ese </strong><em><strong>nóstos</strong></em> (la vuelta a casa) que también es clave en el poema.<strong> A Nolan le interesa </strong><em><strong>La Odisea</strong></em><strong> por la </strong><em><strong>xenia</strong></em>.</p><p>Es algo que se ha estudiado mucho, aunque no posea el atractivo inmediato de cíclopes y sirenas. <em>La Odisea</em> reafirma la necesidad de <strong>la Ley de Zeus como índice vertebrador del mundo</strong>, ante las transgresiones que esta pueda sufrir. El ejemplo central serían los groseros pretendientes que Penélope acoge en Ítaca <strong>mientras Odiseo está ausente</strong> y, a la vez que le exigen que se despose con uno de ellos, abusan de su cortesía indefinidamente. También ha tenido su pábulo el episodio con Polifemo, por si este pobre cíclope merecía quedarse tuerto, y no les estaba bien empleada a los hombres de Odiseo <strong>la posterior maldición de Poseidón</strong>. Nolan, por su parte, va algo más allá.</p><p>De ahí que <em>La Odisea</em> cuente a grandes rasgos lo mismo que <em>Oppenheimer</em>, gracias al énfasis que Nolan hace como guionista en la infracción de la <em>xenia</em> a manos de Odiseo, y cómo plantea a partir de ahí todo el poema como <strong>una épica consecuencia de su pecado contra los dioses</strong>. La culpa de Odiseo, la progresiva pérdida de sus hombres en su largo camino a casa y, aún más, su secreta reticencia a volver a Ítaca —esa alargada estancia junto a Calipso con la que empezaba el poema y también empieza el film—, son<strong> un eco de los ojos conmocionados de Cillian Murphy</strong> en la película anterior. La aterrada consciencia de haber iniciado algo cuyas repercusiones durarán siglos.</p><p>No es esta <em>Odisea</em> una revisión ni una actualización, por tanto (y aunque hayan dado que hablar hasta tal punto las decisiones del diseño de producción), en favor de simplemente <strong>una adaptación lucidísima</strong>. La ingeniosa aportación de <strong>un verdadero entusiasta de los mecanismos de la cultura</strong>, un artista que se siente partícipe de una tradición milenaria no tanto en su cambiante definición del espectáculo —que también, desde luego—, como <strong>en su condición de bardo y narrador</strong> que va registrando amorosamente la sensibilidad estética de sus semejantes. Hablamos de <strong>ambición megalómana</strong>, sí, pero también de algo más encomiable como es el simple hallazgo de unas preocupaciones comunes en <strong>un poema fundacional</strong>, y de la hábil explotación de las mismas.</p><p><strong>Nolan había nacido para adaptar </strong><em><strong>La Odisea</strong></em>. Por su fijación por los personajes de ambición trágica. También por su forma de escribir. El poema es un caótico caudal de saltos temporales y testimonios enfrentados. <strong>Polifónicos relatos que se entrecruzan</strong>, ¿y no es eso justo el cine de Nolan? ¿No es bellísimo, en ese sentido, que su narración más lineal hasta la fecha sea igualmente un revoltijo por querer adaptar a Homero con lealtad extrema? El estilo de Nolan tiene en esta obra milenaria un encaje de lo más orgánico, y sumando afinidades era impensable que pudiera fracasar.</p><p>Así que no lo hace. <em>La Odisea</em> es una película estupenda, con <strong>algunos puntos realmente sublimes </strong>—cuando el Odiseo de <strong>Matt Damon</strong> abandona por fin a Calipso, cuando gracias a un <em>flashback</em> de absurda complejidad arquitectónica descubrimos cuál fue en realidad la primera falta del protagonista—, y sirve de cabo a rabo para revalidar a Nolan como <strong>el gran narrador popular de nuestro tiempo</strong>. También el que tiene una vocación más masiva, y es cuando tristemente nos topamos con una serie de problemas que<strong> alejan a </strong><em><strong>La Odisea</strong></em><strong> de la excelencia</strong>.</p><p>Problemas, por otra parte, achacables a buena parte de la carrera de Nolan, cimentando esa esencial imperfección —hay quien la llamaría, ante el volumen de las voces de sus detractores,<strong> esa dulce vulnerabilidad</strong>— que suele disimularse cuanto más robusto es el conjunto aledaño. Nolan nunca ha sido un buen director de acción <strong>ni ha tenido sentido de la escala</strong>. Dentro del linaje inglés al que pertenece quizá le gustaría ser <strong>David Lean</strong> pero se queda en <strong>el gran relevo humanista de Alfred Hitchcock</strong> (siendo mucho peor realizador que este, por otro lado) y, al tiempo que su dependencia del montaje le hace indiscutiblemente contemporáneo, también <strong>coarta la sugestión de sus imágenes</strong>. Todo lo cual lo sufre esta <em>Odisea</em>. La historia de la que surgen todas las historias, la película de la que surgen todas las películas de Nolan… <strong>sin ser en absoluto la mejor de estas</strong>.</p><p>Ocurre entonces que el montaje de <em>La Odisea</em>, si bien tan capacitado como siempre para <strong>entretener con ferocidad</strong> y aclimatarse como un tráiler de tres horas, es bastante desastroso. Los diálogos se superponen ruidosamente entre cortes, dificultando su digestión y entendimiento, y abocando a una intensa sensación de desorden en función a <strong>la familiar necesidad de un clímax eterno</strong>. Este desorden infecta tanto las escenas de acción como la mera descripción del espacio, convirtiendo en algo así como superfluo el empeño de Nolan de presumir de<strong> localizaciones reales y formatos IMAX</strong>. ¿De qué sirve rodar con cámaras pioneras, descartar efectos digitales sencillos y apostar en resumen por <strong>la fisicidad</strong>, si la edición va a emborronar todo lo que se pueda retener de ello?</p><p>El guion de Nolan, por otra parte y contagiándose de esa innecesaria urgencia en la planificación, no siempre es afortunado al traducir las distintas peripecias del poema, ni logra prosperar del todo en sus decisiones más llamativas de adaptación (caso de <strong>los personajes de Elliot Page y Robert Pattinson</strong>, estupendamente engarzados con el discurso homérico pero pésimamente explicados). Curiosamente tratándose de un director tan dependiente del solaz del público, es<strong> en sus pasajes más ásperos cuando mejor funciona </strong><em><strong>La Odisea</strong></em>. Cuando el diálogo se suspende, se privilegia lo atmosférico a caballo de <strong>la banda sonora (extraordinaria) de Ludwig Göransson</strong>, y las andanzas de Odiseo se antojan no solo amargas o melancólicas, sino también ¿terroríficas?</p><p>El ingenio siniestro que traslucen segmentos como el de Circe o los Lestrigones —así como la tétrica racionalización del encuentro de las sirenas o la sombra formidable de Agamenón— insiste, por encima del mejorable ensamblaje, en proclamar la personalidad de <em>La Odisea</em>, y <strong>la fructífera felicidad de su diálogo con la imaginación de Nolan</strong>. Cabe preguntarse si esta película sería mejor (o al menos más depurada) si se hubiera rodado en compases más anteriores o posteriores de la carrera del cineasta, prudentemente alejados de este momento de esplendor absoluto. Si hubiera servido de prólogo tentativo, o de epílogo crepuscular para toda una forma de contar historias.</p><p>Pero se ha estrenado hoy, en 2026, con Nolan convertido en el único cineasta capaz de que <strong>el </strong><em><strong>blockbuster</strong></em><strong> siga presumiendo hoy día de audacia y originalidad</strong>. Y tampoco está mal. No hay un solo segundo, en toda su extensión, en que <em>La Odisea</em> no quiera ser grande, <strong>que no quiera ser mejor y más virtuosa que sí misma</strong>. Y eso, bien lo sabían los griegos, es todo lo que importa. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jul 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Cultura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Las corrientes’, el fascinante estudio de una conciencia que se desacopla del ritmo de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/corrientes-fascinante-estudio-conciencia-desacopla-ritmo-vida_1_2220800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/44a93223-1860-4258-ae17-e94588d29d09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Las corrientes’, el fascinante estudio de una conciencia que se desacopla del ritmo de la vida"></p><p>Las voces más benévolas con <strong>esa posmodernidad</strong> que sigue marcando nuestras sociedades aseguran que, nos guste o no, esta solo es <strong>una consecuencia lógica de la modernidad</strong>. Una intensificación, en realidad, de algunos elementos básicos de la misma, suficientes para considerar lo que vino luego como poco más que una fase. Saldremos de aquí, nos dicen. Es solo lo que toca. Pero claro, llevamos tanto tiempo atrapados en el laberinto posmoderno como para considerarlo <strong>una aberración histórica</strong>, forzándonos a aceptar alternativas de desigual convicción a partir de ahí. </p><p>Sean los nuevos fascismos, sea <strong>el tímido metamodernismo</strong> que empieza a latir <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/spielberg-recuerda-dia-revelacion-merece-pena-creer-plena-conspiranoia_1_2206720.html" target="_blank">en ciertos rincones</a>, es fácil aceptar la teoría de que lo posmoderno solo sea un estadio avanzado de lo moderno si acudimos a las vanguardias, hace justo un siglo, y recordamos que el buque insignia del modernismo literario fue el <strong>“monólogo interno”</strong>, también llamado <strong>“corriente de conciencia”</strong>. La corriente de conciencia fue la herramienta preferida de <strong>James Joyce o Virginia Woolf </strong>para, rompiendo con cualquier ortodoxia, acercarse a <strong>una verdad profunda en sus personajes</strong>. A través de ella se introdujeron en su cerebro, emularon el ritmo y velocidad de los pensamientos, y deformaron todo lo que había fuera de ellos en una exaltación subjetiva tan prometedora como, finalmente,<strong> peligrosa</strong>.</p><p>Porque, cuanto mejor conocíamos esas cabezas, <strong>más borroso era lo que les rodeaba</strong>. Más deforme, confuso, posmoderno. Más alejado, en fin, del registro de algo trascendente que armonizara tantas perspectivas distintas. Woolf afrontó directamente las consecuencias en su novela <em><strong>Al Faro</strong></em> a través de las tribulaciones de la señora Ramsay. “Tenía una clara percepción de que ahí estaba la vida y era algo que no compartía ni con sus hijos ni con su marido. <strong>Ella estaba a un lado, la vida al otro</strong>, y a veces parlamentaban (...) Podía haber grandes escenas de reconciliación, pero tenía que admitir que lo que llamaba vida era <strong>terrible, hostil, y se abalanzaba sobre ti </strong>si le dabas oportunidad”.</p><p>La corriente de conciencia bien podría habernos alejado de<strong> las corrientes de la vida</strong>. Así que Woolf, sin dejar de lado esta valiosa herramienta, intentó que su voz literaria acogiera volumen acuático. Por eso escribió una novela titulada <em>Las olas</em> a continuación, con un uso del monólogo interno aún más radical. Y luego, en una triste ironía, sucumbió<strong> a las propias aguas</strong>, arrojándose al río Ouse de Sussex. <em><strong>Las corrientes</strong></em><strong> de Milagros Mumenthaler</strong> recuerda lo suficiente a Woolf —afortunadamente, disculpando así la frivolidad— como para que los ecos vayan mucho más allá de que su protagonista <strong>se tire igualmente a un río </strong>en los primeros minutos del film. </p><p><strong>A la senda de Virginia Woolf</strong></p><p>En <em>Las corrientes</em> <strong>también hay un faro</strong>, por ejemplo. Es un faro que, en los minutos más bellos de la película de Mumenthaler, ilumina la ciudad ante los ojos de la protagonista, Lina (<strong>Isabel Aimé González-Sola</strong>), y su hija. La luz del faro incide sobre el espacio urbano mientras suena la sinfonía de <em>Los planetas</em> de Gustav Holst y las imágenes, completamente identificadas con la mirada de Lina hasta ahora, hacen una tentativa <strong>por acercarse a otros sujetos, otras vidas</strong>. Bien podría haber una salvación en ello pero es una tentativa efímera, como tantas otras que hace la protagonista durante el film para superar su malestar. <strong>“Intento no sentirme tan efímera, como imagino que intenta todo el mundo”, </strong>le ha explicado poco antes Lina a su psicólogo. </p><p>¿Por qué Lina se siente efímera? ¿Por qué, tras ganar un premio por sus logros profesionales en Ginebra, ha querido saltar de un puente, sobreviviendo por poco a este intento de suicidio? Debería haber, desde luego, mucho de rechazo a la hipocresía de estos entornos, a la necesidad de convertir lo social en <strong>una pantomima engañosa</strong>, pero lo interesante verdaderamente es que, antes del salto, Lina se ha topado en un escaparate con una obra que le sugestiona mucho: un tapiz que muestra a tres ancianas tejiendo, <strong>los hilos confundiéndose en los contornos de sus cuerpos</strong>. La mirada de Lina se ha visto seducida por la contundente expresión visual de lo que, a fin de cuentas, persigue su existencia: <strong>un diseño armonioso, perfecto, matemático</strong>. Lina es <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/retrato-moda-couture-deja-frivolidad-diablo-viste-prada_1_2188806.html" target="_blank">estilista de moda</a>. El premio que le han dado es por ser una gran diseñadora en su campo.</p><p>En sintonía a esto, en alguna escena posterior veremos cómo Lina llena su despacho de <strong>ingenios mecánicos</strong>, manivelas y aparatitos que construye metódicamente y con los que se siente agredida en el momento que alguien (su marido, por ejemplo) los toca sin permiso. Parece claro, entonces, que Lina es <strong>una obsesa del andamiaje</strong>. Ansía organizar los materiales en formas reconocibles y funcionales. Su obsesión es la de la señora Ramsay por ejercer de casamentera, o la de <strong>la señora Dalloway teniendo que ocuparse ella misma de comprar las flores</strong>, y son obsesiones que de repente afrontan un fracaso mortal. Tan sencillo como pararse a observar el agua de un río. El desorden de las olas, las corrientes que fluyen ajenas a todo lo que ella quiera o pueda hacer. <strong>Así que esta era la vida</strong>. Podemos intuirlo porque no la estamos viviendo, sino que la tenemos enfrente.</p><p>Mumenthaler describe, entonces, un <strong>desajuste con la realidad</strong>. Su heroína se ha sentido tan violentada por el agua porque debe haber dejado de seguirle el ritmo, y por eso su primera reacción tras el intento de suicidio es una suerte de alergia a la misma (provocando, a su vez y en <strong>una rima visual muy lograda</strong>, que su cabello sucio y encrespado persiga una cualidad semejante). La argentina, en el marco de<strong> un proyecto artístico inequívocamente woolfiano</strong> —sus dos primeras películas, <em><strong>La idea de un lago </strong></em><strong>y </strong><em><strong>Abrir puertas y ventanas</strong></em>, ubicaban sus conciencias en recuerdos juveniles de casas inolvidables, como aquella que no dejaba de centrar <em>Al Faro</em>—, vuelve a acercarse en <em>Las corrientes</em> al fallo moderno por antonomasia: <strong>el desacoplamiento del yo con respecto a la vida</strong>. Qué sale de ahí, en cuanto al aislamiento y <strong>la depresión</strong>, es algo que todos conocemos bien.</p><p>La mayor virtud de Mumenthaler como cineasta es que, teniendo muy claro sus intereses estéticos, trata de cubrirlos acorde a <strong>unas sensibilidades oportunamente modernistas</strong>: antes que lo referencial —los relatos previos que se hayan acercado canónicamente a estas tensiones— prefiere <strong>lo sensorial</strong>, que la cámara se haga una con los progresos de la protagonista e intente seguir, al compás de sus éxitos y fracasos,<strong> el verdadero ritmo de las aguas</strong>. Se articulen estas como un río, como una ducha o como una lluvia pertinaz. Es lo que necesita la atormentada Lina, es lo que busca la directora, y las cimas de <em>Las corrientes</em> se cifran en todas las veces que <strong>atinan a coincidir</strong>.</p><p>Que son muchas, felizmente. A Mumenthaler le hace algo de daño que, aun contando con el mismo fotógrafo que en <em>La idea de un lago</em> —<strong>Gabriel Sandru</strong>—, la factura de <em>Las corrientes</em> sea mucho más rutinaria que la de su película previa. Tampoco terminan de funcionar esas alucinaciones que se cortan abruptamente —estableciendo algo así como una horizontalidad expositiva que contradice los propósitos de la obra— y unas concesiones al <strong>psicologismo más obvio</strong>, cuando Mumenthaler se acaba viendo en la necesidad de “justificar” la deriva de su heroína con traumas maternos. Apuntan a ser inercias de nuestra coyuntura, pasajes manchados de presente que emborronan la, por lo demás, admirable autonomía de Mumenthaler, su compromiso con<strong> una modernidad rediviva</strong>.</p><p>En este regreso providencial a formas de expresión que todavía siguen cargadas de futuro, Mumenthaler conecta la corriente de conciencia con otras estrategias de inicios del siglo pasado como<strong> la escritura automática </strong>—volcada en una intuición que no hace prisioneros—, y blinda su tercer largometraje contra reproches y explicaciones simples. Conduciéndolo todo como si tal cosa a <strong>un plano final inolvidable</strong>, mientras nos fuerza a dejar de ver la vida como algo que tenemos delante de nosotros,<strong> o con lo que hay que negociar</strong>. Revelándola, simplemente, como algo que hay que aprender a nadar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Las corrientes’, el fascinante estudio de una conciencia que se desacopla del ritmo de la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Día de caza’, un remake femenino y kamikaze de ‘La caza’ de Saura para repensar España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/dia-caza-remake-femenino-kamikaze-caza-saura-repensar-espana_1_2218029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/93c3b1d9-01ab-40e4-9906-ef1fb79a5003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Día de caza’, un remake femenino y kamikaze de ‘La caza’ de Saura para repensar España"></p><p>"Si alguien tiene un destino se trata de un hombre, si alguien <em>consigue</em> un destino <strong>se trata de una mujer</strong>”. Con esta cita comienza <em><strong>Día de caza</strong></em><strong> </strong>y la pronuncia la voz del joven personaje de Diana (Zoe Arnao), que en la versión original de esta historia resultaba tener el rostro asimismo juvenil de Emilio Gutiérrez Caba. Como la diferencia más notable de <em>Día de caza</em> con respecto a <em>La caza</em> de 1966 es que <strong>ha cambiado a sus protagonistas masculinos por mujeres</strong>, es inevitable entenderla como un comentario directo sobre dicha jugada. Quienes eran hombres arrogantes y poderosos hace 60 años ahora son mujeres arrogantes y, <strong>sí, también poderosas</strong>. ¿Cómo ha sido posible algo así?</p><p>Forzosamente <strong>estas mujeres han </strong><em><strong>conseguido</strong></em><strong> su destino</strong>. Si aceptamos que los hombres ya nacieron con uno en el heteropatriarcado, toca aceptar que las mujeres hayan tenido que luchar por él. Así que la cita de Diana sería… <strong>¿empoderante?</strong> ¿Las mujeres lo <em>consiguieron</em>? En 1966 habría sido imposible imaginar el guion de Saura y Angelino Fons declamado por mujeres, pero <strong>en 2026 podemos</strong>, o al menos podemos ver como realista a mujeres maduras en puestos de poder, con dinámicas equivalentes a las retratadas en <em>La caza</em>. Estas empresarias (<strong>Blanca Portillo, Rossy de Palma y Carmen Machi</strong> sucediendo a Ismael Merlo, Alfredo Mayo y José María Prada) practican incluso <strong>un pasatiempo tan viril como la caza</strong>, y no parecen sentir ninguna alienación por ello.</p><p>Uno de los elementos más sugerentes de <em>Día de caza</em> es que <strong>apenas se hace mención al género de sus protagonistas</strong>: las mujeres cazadoras se limitan a hacer lo que creen que les corresponde, y al margen de la frase inaugural, ni siquiera insisten en que hayan tenido que esforzarse mucho más que los hombres para llegar ahí. De forma que <strong>el director y coguionista Pedro Aguilera</strong> no solo está despojando de triunfalismo a esta actualización —¿estamos mejor socialmente que hace seis décadas?— sino que viene aferrándose a <strong>una connotación lampedusiana</strong>: “Que todo cambie para que todo siga igual”, se proclamaba en <em>El gatopardo</em>. <strong>Todo ha cambiado pero todo sigue igual</strong>, porque trascendiendo el género, ha habido otra fuerza que no ha parado su avance en este tiempo. Es la que siempre logra recabar legitimidad con esas retóricas del esfuerzo y el destino. Es <strong>el capital</strong>.</p><p><strong>La feminización de </strong><em><strong>La caza</strong></em>, por lo demás y al margen de las contundentes interpretaciones que garantiza su elenco, no va mucho más allá de este cinismo medular. Las mujeres de <em>Día de caza</em> se comportan a grandes rasgos del mismo modo que sus homólogos masculinos: tratan con la misma condescendencia a sus sirvientes —una que, en pos de la procedencia de los mismos, puede teñirse además de <strong>racismo indisimulado</strong>—, imprimen la misma hipocresía a su amistad, y sienten la misma excitación hacia <strong>la violencia asimétrica cuando portan la escopeta</strong>. Son mujeres que han adoptado el lenguaje del poder asumiendo que este <strong>es un lenguaje patriarcal</strong>, de ahí que pueda romperles tanto los esquemas que, en un momento dado, una amiga le regale a otra <strong>un Satisfyer</strong>.</p><p>Así que este cambio de género acorde al feminismo liberal de, <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/ana-patricia-botin-feminista-fortaleza-estructuralse_132_1972950.html" target="_blank">pongamos por caso, Ana Botín</a>, no tiene mucho más intríngulis. El guion que Aguilera firma con <strong>Lola Mayo </strong>(que viene de escribir la extraordinaria <em>El amor de Andrea</em> con Manuel Martín Cuenca) cifra los cambios sensibles aparejados al paso de todas estas décadas de múltiples formas, y alguna incluso carece de la retranca de esta feminización. Por ejemplo,<strong> el maltrato animal</strong>: afortunadamente <em>Día de caza</em> se aparta de los aspectos más desagradables<strong> (y menos justificables incluso entonces) </strong>del original de Saura, y rechaza la visualización directa del sufrimiento de conejos y hurones. No es necesario cargar más las tintas simbólicas, sobre todo cuando se lidia con un contexto tan rico y matizado alrededor.</p><p>¿Cuál es este contexto? Pues toca volver al escenario de <em>La caza</em>, y determinar cuál era ese <strong>“buen sitio para matar”</strong> del que hablaban los personajes. En ambas películas lidiamos con cotos de caza desérticos del interior de la península, grandes extensiones de terreno yermo que podrían ser trabajadas y en su lugar son utilizadas para <strong>el frívolo esparcimiento de las élites</strong>. Esto a nivel superficial, pero bien sabemos que Saura era <strong>incapaz de trabajar sin metonimia</strong> y acostumbraba a recargar sus ficciones con la memoria nacional. Así ocurre que se ha acostumbrado a leer <em>La caza</em> <strong>como metáfora de la Guerra Civil</strong> ampliando el significado de esos conejos que tratan de ocultarse en sus madrigueras, semejantes a los escondrijos de los republicanos exterminados.</p><p>Es difícil limitar <em>La caza</em>, sin embargo, a este carácter metafórico cuando se nos cuenta textualmente que en estos terrenos hubo una batalla y <strong>llegamos a ver el cadáver de un soldado</strong>. La potencia real del film estriba en su concatenación de significados y su habilidad para no aislarse alegóricamente del presente: por supuesto que sus protagonistas son los vencedores de la Guerra Civil y representan el régimen, pero lo interesante <strong>es </strong><em><strong>cuándo</strong></em><strong> lo representan</strong>. Y lo representan concretamente en 1966, el año de estreno. Cuando el franquismo ha iniciado <strong>su apertura al capitalismo global</strong>, asentando las condiciones modernas (<strong>codicia, olvido interesado del pasado</strong>) para ser derruido desde dentro. Se basta y se sobra para ello. Por eso estos cazadores <strong>van a matarse entre sí</strong>. </p><p>Ya que <em>Día de caza</em> es <em>remake</em> a la vez que actualización, ha de avanzar en el tiempo tanto como sea necesario, y ubicarse en <strong>nuestra contemporaneidad</strong> según los dictados de Saura. El egoísmo se mantiene a medida que el capitalismo entra en nuevas fases de histeria —sea el neoliberalismo o la monstruosidad que estemos viviendo hoy— y el trauma fundacional ya no es la Guerra Civil, aun cuando <strong>las pulseritas con la bandera de España</strong> de estas señoras ilustren que seguimos hablando de <strong>ciertos “vencedores”</strong>. Este trauma resulta ser entonces otro punto de inflexión en la experiencia nacional, un nuevo germen de conflictos irresolubles. <strong>La Gran Recesión de 2008</strong>, claro.</p><p>Aquí hallamos la mayor virtud de la propuesta de Aguilera, pues es capaz de modificar el esquema de <em>La caza </em>de forma bastante más drástica que con la feminización de los protagonistas. El espectro de la crisis económica y <strong>la especulación inmobiliaria </strong>que la aceleró determina la angustia del personaje de Blanca Portillo, llamado asimismo Blanca —los personajes de las tres actrices veteranas comparten sus nombres—, y el favor que le pide a Rosa por deferencia al siniestro pasado que les une. También toma cuerpo en <strong>la urbanización fantasmal</strong>, uno de tantos remanentes de <strong>la cultura del pelotazo</strong> —esa que ya se dejaba intuir en <em>La caza </em>de Saura—, que se yergue a poca distancia del coto de caza, como residuo de tantas codicias combinadas.</p><p>Las carreras y caracteres de las protagonistas veteranas de <em>Día de caza</em> se han fraguado en esta crisis, nuevamente ofreciendo una posible panorámica de cómo ha quedado la estructura de sentimiento español tras lo ocurrido. A la hora de aclararlo, el guion de Aguilera y Mayo apunta ocasionalmente <strong>a descarrilar</strong>. Sugiere que lo que trajo ante todo la Gran Recesión fue la sensación compartida de que <strong>el futuro había sido cancelado</strong> —pues la máquina siguió funcionando más o menos igual, utilizando más capitalismo para corregir los excesos del capitalismo— y que esto estimuló <strong>un nihilismo generalizado</strong> que cada individuo entendería a su manera, pero para hacerlo se embarulla en rimas insistentes con Saura, en reflexiones poco sofisticadas y diálogos sobreexpositivos. </p><p><em>Día de caza</em> habla tanto de la crisis económica como de la <strong>“crisis de representación”</strong>, apelando a que hay algo roto en nuestra agencia política como fruto último de los excesos que, acotando el caso español, empezaron a darse con <strong>el desarrollismo franquista</strong>. Así que, en ese sentido, es una respuesta orgánica y <strong>hasta cierto punto admirable</strong> a <em>La caza</em>, afrontando la difícil tarea de leer nuestros días según nos enseñó Saura hace décadas y logrando esquivar presentismos tentadores. </p><p>Todo lo cual no implica que, al margen de sus intenciones, <em>Día de caza</em> funcione especialmente bien. <strong>El apego clónico</strong> al esqueleto de <em>La caza</em> —retomando monólogos en <em>over</em> y discursos mirando a cámara, fotocopiando escenas enteras— termina pesando como una losa, y condenando ocasionalmente la película al ridículo con réplicas mal atemperadas y excesos melodramáticos. <em>Día de caza</em> funciona mejor<strong> cuanto más esquiva y cerebral es</strong>, y cuanto más descarta la obviedad dentro del proceso de actualización de sus ingredientes. También se preocupa por ser misteriosa y esquivar las revelaciones fáciles de su entramado dramático, lo cual a veces resulta de lo más estimulante —<strong>la presencia constante de los drones</strong> intensificando la paranoia— y otras, no tanto. </p><p>Siendo una película, entonces, muy irregular,<strong> toca agradecerle el riesgo</strong>. Era fácil que <em>Día de caza</em> fracasara y no lo hace. No lo hace, quizá, por algo más inmanente que la arquitectura dramática o el trabajo <strong>(casi ensayístico)</strong> de transposición de significados. Y es que hay una fe muy clara y potente sobrevolándolo todo: la fe en que con <em>La caza</em> de Carlos Saura no nos hallamos solo ante un clásico del cine español, sino <strong>ante todo un mito identitario</strong>. <em>La caza</em> parece menos coyuntural, más categóricamente española, que <strong>el mismo himno nacional</strong> que tararea distraídamente uno de los personajes en cierto momento del film de Aguilera. Está todo en ella. <em><strong>La caza</strong></em><strong> nunca se acaba</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 04:01:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Día de caza’, un remake femenino y kamikaze de ‘La caza’ de Saura para repensar España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,cartelera]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘La muerte de Robin Hood’, una deconstrucción del mito mortalmente aburrida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/muerte-robin-hood-deconstruccion-mito-mortalmente-aburrida_1_2217337.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d705607a-5483-42f4-89e8-853e6410817d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La muerte de Robin Hood’, una deconstrucción del mito mortalmente aburrida"></p><p>Richard Lester quería que su película se titulara <em>La muerte de Robin Hood porque</em> era lo más lógico y respetuoso con la fuente: al fin y al cabo la idea central del desenlace se inspiraba en la balada inglesa <em>Robin Hood’s Death</em>, datada del siglo XVII, y ambas <strong>compartían su vocación de despedida trágica</strong>. En Columbia Pictures no lo vieron comercialmente prometedor, sin embargo, y la película llegó a cines en 1976 como <em>Robin y Marian</em>. Se prefirió enfatizar un carácter dual, que erigía como pareja de protagonismo equivalente a los personajes de Sean Connery y Audrey Hepburn.</p><p>Igualmente, y sin desdeñar el asunto amoroso, el planteamiento se mantenía: <em><strong>Robin y Marian</strong></em><strong> estaba consagrada a la muerte de Robin Hood</strong>, el film ceñía su razón de ser a la última escena y nunca se apartaba del elemento fúnebre. <em>Robin y Marian</em> hablaba de un final y lo hacía acorde al <em>western</em> crepuscular de los años 60, combinándose con el espíritu del nuevo cine comercial de los 70. Esto es, que <strong>Robin Hood no podía tener una muerte tranquila, ni encomendada al amor de Lady Marian</strong>. Robin Hood tenía que morir peleando y esta muerte no podía ser heroica o sacrificial, sino levemente patética, propia de un viejo <em>cowboy</em> que no sabía morir sino con las botas puestas. </p><p>Un <em>cowboy</em> <strong>incapaz de abandonar su modo de vida aventurera</strong> incluso cuando el motor ideológico que la había legitimado quedaba en suspenso. En el caso de Robin Hood, la justicia redistributiva (robarle a los ricos para dárselo a los pobres) y la lealtad al rey Ricardo Corazón de León. Esta segunda noción era la primera que desmantelaba <em>Robin y Marian</em>, presentando al rey de Robin como un gobernante déspota y ridículo, a escasos grados de separación de su hermano Juan sin Tierra. Una vez moría y Robin regresaba a Sherwood habiendo perdido su brújula, él podía <strong>escoger entre una vida plácida con Marian o volver a la acción</strong> porque sí, por mera inercia. Como su eterno enemigo, el <em>sheriff</em> de Nottingham (Robert Shaw), estaba tan desorientado como él, le daba la excusa que necesitaba para seguir luchando. Luchar por sus botas, por quien había sido.</p><p>Así de lúcidamente enterró <em>Robin y Marian</em> a Robin. Así de triste pero majestuosamente —no dejaba de ser una película espectacular— despidió Robin y Marian al mito, pues así lo exigía la época. Los 70 exigían la cariñosa ridiculización de Robin Hood tanto como la Modernidad había exigido en su día que <strong>aquel héroe legendario posibilitara una reparación ciudadana ante los crímenes de los poderosos</strong>, entre su oportuna recuperación a manos de Walter Scott con <em>Ivanhoe</em> (1883) y la euforia de Howard Pyle al recopilar las baladas como ágiles cuentos en <em>Las alegres aventuras de Robin Hood</em> (1883). La alegría de Robin Hood ha tenido que ir variando según los tiempos.</p><p>El Robin Hood de Errol Flynn era bastante alegre. <strong>Cómo no serlo, con el Technicolor y la bisoñez del Hollywood de los años 30</strong>. Y también lo era el Robin Hood animal/animado de Disney, algo antes de <em>Robin y Marian</em>. Luego estuvo aquel de Kevin Costner representando los excesos optimistas del blockbuster de los años 90, el Robin Hood de Russell Crowe como paliducha ampliación de lo que había sido <em>Gladiator</em>, e incluso un Robin Hood superheroico, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=tzp8TZphFeE"  >interpretado por Taron Egerton</a> en la última iteración antes de que le tocara el turno a Michael Sarnoski.</p><p>Sarnoski, por su parte, se ha salido con la suya ahí donde Lester no pudo. Su película se titula <em>La muerte de Robin Hood</em> y <strong>quiere ser tan revisionista como </strong><em><strong>Robin y Marian</strong></em>, solo que ajustándose —eso es lo que acostumbra a hacer el personaje— a la época que toca. Y en esta época ocurre algo ciertamente lamentable: Robin Hood, en su construcción arquetípica, no tiene mucho sentido. De alguna forma, <strong>los aristócratas y gobernantes millonarios del presente han logrado hacerse pasar por los nuevos Robin Hood</strong>, reclamando para sí la rebeldía del hombre de verde. Donald Trump y compañía se hacen pasar por los justicieros del pueblo contra unos endebles muñecos de paja —lo woke, la corrupción de la socialdemocracia, el gran reemplazo, lo que sea— y sacan rédito electoral por ello. El príncipe Juan es hoy por hoy el arquero de Sherwood.</p><p>Así que <strong>¿cómo diantres va a funcionar Robin Hood en esta época?</strong> La respuesta es que no lo hace, que no puede. Sarnoski debe ser consciente de ello hasta cierto punto, y por eso la jugada fundamental de esta nueva <em>Muerte de Robin Hood</em> pasa por extirpar cualquier heroísmo que le quedara. <strong>Este Robin Hood, bastante más viejo de lo que fue Sean Connery, nunca ha sido nada parecido a un héroe</strong>, no necesita desengañarse como le pasó a la versión de Lester porque nunca fue más que un forajido y un asesino sin coartada: su mayor aprieto moral viene de comprobar cómo las canciones y la cultura popular le han convertido en alguien que no es, y de los mínimos remordimientos esperables a una vejez solitaria y apartada del mundo.</p><p>No diremos que <em>La muerte de Robin Hood</em> es una actualización oportuna del personaje —francamente, ¿necesitamos algo así a estas alturas?—, aunque sí parece ser lo que debe, lo que toca. <strong>Otra cosa es lo bien que funcione el enfoque de Sarnoski</strong>. A primera vista este director parecía adecuado para un proyecto así. Sus dos películas previas —la fabulosa <em>Pig</em>, la algo más discreta <em>Un lugar tranquilo: Día 1</em>— ya habían jugado con escenarios de catástrofe y derrota, habitados por personajes agotados que deambulaban con el ansia desesperada de encontrar una razón para seguir viviendo. En <em>Pig</em> era una cerdita la que determinaba los pasos de Nicolas Cage, en <em>Un lugar tranquilo</em> el deseo de comerse una pizza en el fin del mundo. El problema fundamental de <em>La muerte de Robin Hood</em> es que esta razón hipotética está totalmente diluida.</p><p>Ahora es <strong>Hugh Jackman</strong> quien interpreta a Robin Hood. Y tiene su gracia porque nos acordamos inevitablemente del citado (y horrendo) Robin Hood superheroico de Taron Egerton, <strong>estrenado cuando el género no daba la grima que da ahora</strong>. Entonces todavía podían estrenarse películas estupendas como <em>Logan</em> —protagonizada igualmente por Jackman antes de que destruyera del todo al personaje en <em>Deadpool y Lobezno</em>, la <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hugh-jackman-vuelve-mutante-deadpool-lobezno-penoso-simulacro-pelicula_1_1848758.html"  >farsa correspondiente a la tragedia</a>—, y estas películas, aun queriendo ser crepusculares y “adultas”, se las apañaban para reivindicar unos valores, un disfrute por contar historias desde el ímpetu hipersticional: si seguíamos creyendo en la grandeza de los cómics, esta grandeza se haría realidad. <em>La muerte de Robin Hood</em> quiere efectuar, frente a <em>Logan</em>, el vaciado de estos remanentes, porque este Robin no tiene ningún heroísmo que recordar. </p><p><strong>Robin solo quiere, en fin, morir. Arrastrarse, buscar una zona cómoda donde expirar</strong>. Y puede ser una decisión tan interesante —seguramente a Sarnoski le haría ilusión que mentáramos cosas como el <em>Lancelot du Lac</em> de Robert Bresson, por su austeridad antiépica—, como finalmente arbitraria. Sarnoski se la ha jugado a que como espectadores contemporáneos miremos a este Robin Hood ferozmente contemporáneo —esa es una de las escasísimas virtudes del film— y <strong>nos preguntemos de qué sirve</strong>. Qué podemos sacar de él, ya que es un espejo de la nada y no se esfuerza en convencernos de que merece la pena observarle deambular, acompañarle en su muerte.</p><p>Y <em>La muerte de Robin Hood</em> es una película aburrida. Espantosamente, obscenamente aburrida. Tal es el resultado, y no lo es tanto por la voluntad crepuscular heredada de Lester y <em>Logan</em> como por la <strong>ausencia de un relato que estructure esta agonía</strong>, uno que Sarnoski ha sido incapaz de encontrar. La prueba está en cómo <em>La muerte de Robin Hood</em> transita por lugares ya vistos en <em>Robin y Marian</em> —Jodie Comer es la priora de un convento a poca distancia de los hábitos que había tomado Audrey Hepburn, mientras que la susodicha muerte vuelve a realizarse en términos similares a los de aquella balada—, <strong>sin lograr dar con una iconografía estimulante</strong>. </p><p>Sarnoski reutiliza los entornos desérticos y nublados de <em>Pig</em> y <em>Un lugar tranquilo</em> para ambientar la vejez de su personaje, en una continuidad estética que nuevamente (pese a antojarse adecuada para el material) se termina revelando de lo más estéril. <strong>Tras unos primeros minutos de violencia impactante y mal iluminada</strong> —lo necesarios para que Robin encare este viaje final— el film golpea al espectador con una arrítmica sucesión de diálogos apesadumbrados y secuencias rutinarias, que apenas rascan una mínima entidad psicológica. <strong>El film, en resumen, no saca partido del sugerente trabajo fotográfico</strong> o de la entrega de Jackman, y se resigna a esperar una muerte anunciada que, para cuando llega, parece más la prórroga de una siesta que el final de una existencia.</p><p>Se resigna, así las cosas, a una defunción totalmente carente de rebeldía. Lo que sin duda es lo peor que podía pasarle al personaje y la prueba, pese a todo, de que <strong>no hay mejor título para lo que acabamos de ver</strong> que <em>La muerte de Robin Hood</em>. Nunca una muerte había parecido tan definitiva. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La muerte de Robin Hood’, una deconstrucción del mito mortalmente aburrida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Viaje al país de los blancos’, la película que desmonta la prioridad nacional: “Hay que hablar de prioridad humana”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/viaje-pais-blancos-racismo-ousman-umar-llega-cine-hay-hablar-prioridad-humana_1_2211382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6774b4d6-d605-48be-bd4f-ec75d88ef135_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Viaje al país de los blancos’, la película que desmonta la prioridad nacional: “Hay que hablar de prioridad humana”"></p><p><a href="https://nascoict.org/ousman-umar/" target="_blank"><strong>Ousman Umar</strong></a> (Fiaso, <strong>Ghana</strong>, 1988) estaba jugando al fútbol con sus amigos cuando miró al cielo y vio un avión sobrevolando su <strong>aldea</strong>. ¿Dónde iba? ¿Quién iba dentro? ¿Cómo era posible que ese cacharro enorme pudiera volar tan alto? Podría haber seguido con su vida en su comunidad, pero nunca pudo sacarse esas preguntas de la cabeza y, en contra de la voluntad de su padre, el chamán del pueblo, emprendió <strong>con apenas 10 años una travesía incierta</strong> sin destino conocido.</p><p>Cruzó el <strong>Sáhara </strong>a pie, atravesó el <strong>Mediterráneo </strong>en patera y <strong>vio morir a la mayoría de sus compañeros</strong> por el camino. Recorrió más de <strong>20.000 kilómetros</strong> y atravesó <strong>ocho países africanos</strong> antes de llegar a <strong>Fuerteventura</strong>, parada intermedia antes de alcanzar la meta en <strong>Barcelona</strong>, colofón de un trayecto que le llevó <strong>cinco largos años</strong> de penurias encadenadas. Después de meses durmiendo en la <strong>calle</strong>, fue <strong>acogido </strong>por una familia catalana y, a pesar de ser <strong>analfabeto</strong>, comenzó sus estudios y estudió dos carreras y un máster. En 2012, con sus primeros ahorros, fundó la ONG <a href="https://nascoict.org/en/" target="_blank">NASCO Feeding Minds</a> con el objetivo de mejorar la educación en su país de origen.</p><p>Esta <strong>epopeya</strong> imposible de comprender en toda su magnitud desde suelo europeo ya la contó el propio Ousman hace un lustro en un libro superventas, que ahora se convierte en película con el mismo título, <em><strong>Viaje al país de los blancos</strong></em>, y que llegará a los cines el  viernes 26 de junio con dirección de <strong>Dani Sancho</strong>. Una historia <strong>real </strong>que parece mentira por la cantidad incontable de <strong>dificultades </strong>que su protagonista fue capaz de superar. Un <strong>pequeño gran milagro</strong> protagonizado por un <strong>superviviente </strong>nato que, a esa concatenación de hitos y victorias que jalonan su biografía, suma ahora la de verse a sí mismo en la pantalla gigante de las salas de cine.</p><p>"Es un sueño hecho realidad, jamás imaginé que llegaría este momento", confiesa Umar a <strong>infoLibre </strong>orgulloso y risueño. "Eso sí, mi propósito de vida era seguir <strong>contando esta historia</strong> hasta que no hubiera más historias que contar", continúa. "Es verdad que las vivencias concretas me pertenecen a mí, pero las <strong>torturas </strong>acumuladas y la <strong>crueldad </strong>del camino pertenecen a cientos de miles de personas", apostilla.</p><p>Contando su historia, ya sea en libro o en película, Umar quiere contribuir a que las nuevas <strong>generaciones </strong>tengan la <strong>información </strong>que él no tuvo antes de emprender una peligrosa <strong>travesía </strong>en la que perfectamente podría haber perdido la vida, como tantos otros. Ayudar a <strong>educar</strong>, en definitiva, como ya hace, por ejemplo, enviando equipos informáticos para las escuelas de su ONG en Ghana, por las que han pasado más de 30.000 alumnos.</p><p>"La película narra el camino que nos trae hasta aquí y, sobre todo, quiere <strong>arrojar luz a la oscuridad</strong>, porque muchas veces nos quedamos solamente en el titular", apunta Umar, quien reconoce que, a pesar de lo duro del camino, quizás llegó a su destino por haber sido capaz de mantener "un <strong>espíritu positivo</strong> fuera de lo común". "Y ahora siento la responsabilidad de contribuir al mundo que me<strong> ha acogido</strong>, aunque en su momento me rechazó", apostilla.</p><p>Ese es también, en esencia, el objetivo último de <em>Viaje al país de los blancos</em>, un film con el que Sancho, pretende "arrojar un poco de <strong>empatía </strong>y de luz", así como "<strong>remover conciencias</strong>". "Esta es la <strong>historia de muchos</strong>, de manera que sentía una gran responsabilidad el intentar usar la película como <strong>altavoz</strong>", destaca a <strong>infoLibre</strong> el director, amigo de Umar desde hace una década: "Eso ha ayudado a que el proceso haya sido <strong>respetuoso</strong>, con mucho diálogo, porque no queríamos hacer nada con lo que él se sintiera cómodo".</p><p>Encantado con el resultado, aprovecha Umar para difundir el discurso de <strong>convivencia </strong>que defiende en todas sus intervenciones públicas. "Es importante reconocer que n<strong>uestras diferencias son a la vez nuestra fuerza como seres humanos</strong>", afirma en un momento dado, antes de asegurar que "<strong>todos tenemos algo que aportar</strong>" para hacer del mundo un lugar, al menos, un poquito más habitable.</p><p>"Estamos hablando de personas que vienen de diferentes <strong>culturas</strong>. Si se nos diera la oportunidad de poder <strong>integrarnos</strong>, sería una gran <strong>riqueza</strong>. Lo que hace esta película es demostrar que hay mucho que <strong>aprender </strong>y reconocer", recalca, para luego apostillar: "También hay, sobre todo, esperanza. Porque esas personas <strong>no vienen a hacer daño</strong>, como dicen los titulares que a veces nos ponen".</p><p>Él mismo es el ejemplo perfecto de esa <strong>integración</strong>, pues ha sabido aprovechar al máximo el giro que el destino le tenía preparado cuando fue acogido por una familia que decidió marcar la diferencia y hacer lo que casi nadie hace. "Eso marca una <strong>gran diferencia</strong> en mi historia", admite Umar, para quien el mundo lo cambian las <strong>pequeñas acciones</strong>: "Muchas veces pensamos que un problema es demasiado grande y no somos capaces de hacer nada, pero no, todos podemos aportar y hacer algo. No se trata de cambiar el mundo, solo <strong>cambiar la vida de una persona</strong> ya merece la pena".</p><p>Por su mensaje integrador, <em>Viaje al país de los blancos </em>es también una herramienta para desmontar el discurso de la <strong>ultraderecha </strong>en favor de la '<strong>prioridad nacional</strong>'. Así lo ve también Umar, para quien "esta película transmite una <strong>esperanza alternativa</strong>" que nos dice que "<strong>es posible la convivencia</strong>", y que nos recuerda, al mismo tiempo, que los que nos hacen pelear entre nosotros nos engañan. "Cuando tú rascas esta piel negra, debajo hay plasma. Da igual que vengas del norte, del sur, del centro. Da igual de qué punto del planeta vengas, lo que hay debajo es sangre. Por eso, hay que <strong>hablar de prioridad humana</strong>", argumenta.</p><p>Es por todo esto que Sancho admite que con esta cinta quieren "<strong>remover</strong>" al espectador para que vea "las cosas de una manera un poco <strong>distinta</strong>" e intenta abrirse más a los demás. "Nos encantaría que la película ayudara a <strong>empatizar</strong>", remarca, convencido de que la puede ver todo el mundo, "independientemente de su<strong> ideología política</strong>", puesto que, en esencia, es una historia que habla de <strong>ambiciones </strong>y de <strong>amor</strong>, que son cuestiones "universales". "Queremos que <em>Viaje al país de los blancos</em> cumpla esa función y llegue al gran público", apostilla el director, mientras Umar añade que es también una película de "esperanza, que arroja luz, da soluciones y demuestra que <strong>la convivencia es posible</strong>".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Viaje al país de los blancos’, la película que desmonta la prioridad nacional: “Hay que hablar de prioridad humana”]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Letras robadas’, Nick Jonas y Paul Rudd se enfrentan por los derechos de autor (y por el significado del éxito)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/letras-robadas-nick-jonas-paul-rudd-enfrentan-derechos-autor-significado-exito_1_2213370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2758d907-01e5-4643-80bf-e85f053e0022_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Letras robadas’, Nick Jonas y Paul Rudd se enfrentan por los derechos de autor (y por el significado del éxito)"></p><p>En las inmediaciones del tercer acto de <em><strong>Letras robadas</strong></em> asistimos a<strong> un anticlímax </strong>ciertamente frustrante. Ocurre al poco de que Rick Power (<strong>Paul Rudd</strong>) haya decidido viajar a Los Ángeles para pedirle explicaciones a Danny Wilson (<strong>Nick Jonas</strong>) por la canción que ha impulsado su carrera musical.<strong> </strong><em><strong>How to write a song</strong></em> es el título del <em>hit</em> y resulta que ambos lo compusieron juntos tiempo atrás, durante la memorable noche en la que se conocieron y forjaron algo parecido a una amistad. Pero Wilson no acreditó a Power.<strong> Le “robó” la canción</strong>, y esta traición ha devastado a Power. La escena a la que nos referimos, el anticlímax susodicho, alude a<strong> la reconciliación final de ambos</strong>.</p><p>Danny Wilson admite en uno de sus conciertos que <em>How to write a song</em> no es únicamente suya, para que acto seguido aparezca Power en el escenario y<strong> ambos interpreten el tema</strong>. Es una escena preciosa, definitivamente catártica… que sin embargo es falsa. <strong>Solo es un sueño</strong> que Power tiene en el vuelo Dublín-Los Ángeles. Su reencuentro real con Wilson será mucho más difícil, y las conclusiones se alejarán de lo que esperaba. O, desde luego, de lo que podía esperar un seguidor de <strong>John Carney</strong>. El anticlímax parece contradecir los intereses de este cineasta irlandés, aquellos que ha paseado durante<strong> varias comedias musicales</strong> desde hace 20 años, cuando estrenó <em>Once</em>.</p><p>El protagonista de aquella película, Glen Hansard, es el líder de la popular banda dublinesa The Frames. Y justamente Carney fue el bajista de una de sus formaciones previas, durante los años 90. Así que <strong>la música deviene central en su filmografía</strong>, y no solo la música sino el hecho de <strong>componerla y tocarla</strong>, pues Carney ha deducido que las relaciones humanas entabladas a la medida de estos verbos han de ser de lo más emotivas. Por supuesto, <strong>tiene toda la razón</strong>. Desde <em>Once</em>, y ayudado de una serie de canciones originales a cual más exquisita —normalmente compuestas por él en compañía de Gary Clark—, Carney ha construido <strong>una obra de eficacia demoledora</strong>.</p><p>Y lo ha hecho proclamando una y otra vez <strong>el poder de la música para construir vínculos</strong>. Dos músicos callejeros en <em>Once</em>, cantautora y productor en <em>Begin Again</em>, adolescentes marginados en <em>Sing Street</em>, una madre y un hijo en la oportunamente titulada <em>Flora y su hijo Max</em>… las relaciones siempre fluyen al compás de una expresión determinada de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rondallas-daniel-sanchez-arevalo-demuestra-nuevo-rey-comedia-comercial-espanola_1_2120634.html" target="_blank">la </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rondallas-daniel-sanchez-arevalo-demuestra-nuevo-rey-comedia-comercial-espanola_1_2120634.html" target="_blank"><em>feel good movie</em></a> (de un cine cuidadosamente cursi y empeñado <strong>en hacerte sentir bien</strong>) que Carney ha aprendido a manejar a la perfección como director, guionista y propiamente músico. Por eso<strong> es tan disruptiva</strong>, y a tanto volumen, <em>Letras robadas</em>. En los primeros minutos, incluso, el personaje de Jonas le regala a Rudd una guitarra, tal y como Flora hacía con su hijo en el film anterior de Carney. </p><p>Esta guitarra es un regalo posterior a la larga secuencia en la que Power y Wilson, intercambiando alcohol y porros, se funden en <strong>una </strong><em><strong>jam session</strong></em> mostrándose sus canciones, tocándolas y haciendo sugerencias sobre la marcha. Forjando una amistad, en resumen, con tal espontaneidad y camaradería como para remitir a los mejores momentos de la filmografía de Carney, y<strong> producir velozmente esa emoción </strong>que con tanto denuedo busca como cineasta (¿como artista pop?). </p><p>El problema, claro, es que los minutos más logrados de <em>Letras robadas</em> preceden la traición, y a la película no le queda otra que hacer suya la angustia del personaje de Rudd, su desengaño y cómo este va mutando en <strong>rabia y desazón</strong>. Porque Power es un músico frustrado que toca versiones en bodas. Así es de hecho como ha conocido a Wilson, en el crepúsculo de su vida.</p><p><em>How to write a song</em> no ha sido solo, para él, la traición de alguien a quien consideraba un espíritu afín. También es un giro que a Power —justo el tipo de personaje, perdedor y entrañable, que <strong>Rudd ha nacido para interpretar</strong>— le lleva a reexaminar su vida, comparando el triunfo de Wilson con sus fracasos vitales así como las decisiones que un día tomó y le alejaron de ser<strong> la estrella de </strong><em><strong>rock </strong></em>que acaso estaba destinado a ser. Esta aceptación del fracaso es retratada al detalle en los minutos iniciales que presentan a Power junto a su banda actual, unos viejos rockeros cuyos años de optimismo creativo han quedado bien atrás, transmutados en<strong> inagotables </strong><em><strong>covers</strong></em><strong> de las canciones más trilladas del mundo</strong>. Power tiene razones de peso para odiar a Wilson, en definitiva.</p><p>Entonces, ¿qué nos dice todo esto del momento vital de Carney como narrador? ¿Acaso ha descubierto, con el paso del tiempo, que <strong>sobrevaloró la capacidad de la música para unir destinos</strong>? ¿Que la música, al estar mediada por lógicas mercantiles, a veces no es suficiente para paliar<strong> el egoísmo humano</strong>? Sin duda <strong>algo huele a viejo</strong> en el corazón de <em>Letras robadas</em>, y no cabe la menor duda de que Carney se identifica con el personaje de Paul Rudd. <em>Letras robadas</em> bien puede ser la película que haría un músico fracasado, como <strong>cuando Damien Chazelle dirigió </strong><em><strong>Whiplash</strong></em> una vez se había dado por vencido en el conservatorio. Pero hay una diferencia sustancial.</p><p>Y es que Carney es alérgico a la amargura. Por lo menos, es alguien que quiere mantenerse<strong> alejado en lo posible del cinismo</strong>, bien porque no va en su carácter, bien porque es consciente de que la eficacia de sus propuestas radica en esquivarlo y decantarse siempre por la ruta más luminosa. <em>Letras robadas</em> se acerca a ella en una escena que, sin embargo y para nuestra consternación, es un pasaje onírico, así que ha de dar <strong>un rodeo más</strong> para ello. Buscar la luz con un recorrido alternativo, aceptando que el paso del tiempo puede matizar el optimismo, y que todo cueste un poquitín más.</p><p>Es algo que le viene estupendamente a <em>Letras robadas</em>. Porque, mientras que <em>Flora y su hijo Max</em> evidenciaba<strong> cierto agotamiento de la fórmula</strong>, la nueva película de Carney no da nada por supuesto y se pregunta si la música (y, con ella, la amistad y el amor) puede resistir a los egoísmos que promulga la industria cultural, que el guion de Carney asocia a Wilson. Un personaje triste y trágico, en absoluto malvado de forma monolítica —por suerte el cineasta no cae en esa tentación— frente al que inevitablemente <strong>se reivindica el modo de vida de Power</strong>, y la forma de entender la música que ha ido madurando a lo largo de sus años de adultas desventuras.</p><p><strong>La música, entonces, sigue siendo capaz de modular relaciones</strong>. Que luego todo salga como salga no le quita la honestidad, el vértigo de la comunicación recién descubierta, a esa absorbente <em>jam session</em> de Paul Rudd y Nick Jonas. Y, sobre todo, no evita que Power haya formado su familia gracias a ella: <strong>una mujer y una hija </strong>por quienes decidió tomarse con más calma su carrera. Este tipo de apuntes argumentales centran <em>Letras robadas</em>, añadiendo a la ecuación la pregunta de si la trascendencia de la música se mide por el dinero o la cantidad de gente que escucha. La respuesta de Carney, naturalmente,<strong> es la más ingenua posible</strong>.</p><p>De esta forma, su última película coge cuerpo en <strong>una llamada al conformismo </strong>ciertamente anticlimática (volvemos a las frustraciones que entraña la relación de los dos protagonistas), para al mismo tiempo beneficiarse de todo<strong> lo inspirador y cotidiano</strong> que tenga dicho conformismo. Para tratarse de una trama considerablemente más elaborada que las obras previas de Carney, es admirable <strong>la ligereza</strong> que el cineasta logra conjurar. Hay una sensación de ingravidez, <strong>de plácida aceptación de cualquier eventualidad</strong>, que se traduce incluso en elementos tan llamativos como que <em>How to write a song</em> <strong>ni siquiera sea el tema más memorable de la banda sonora original</strong> del film, en favor de algunos de los versos sueltos que improvisa Rudd con la guitarra.</p><p>Mientras que el motor de Carney sigue rindiendo estupendamente y todo fluye al ritmo de <strong>canciones proverbialmente estimulantes</strong> —sin librarse, por otro lado, de algún artificio dramático demasiado estridente o de <strong>una realización ciertamente descuidada</strong> cuando no hay instrumentos de por medio—, <em>Letras robadas</em> nos permite conocer a Carney en lo que debe ser <strong>su fase otoñal</strong>.</p><p>Una fase tardía más interesada en una humildad existencial que, al atender a la música y su recepción antes que a su elaboración, recuerda a los logros de otra fabuloso melodrama reciente como era <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JCgkpDbtP98" target="_blank"><em>Song Sung Blue</em></a>. Si ahí eran Hugh Jackman y Kate Hudson quienes, con <strong>su imitación de Neil Diamond</strong>, defendían que el poder de la música nada tiene que ver con la firma sino con la comunicación, aquí Rudd ha de entender algo similar, y conectarlo con una noción del éxito que le haga reafirmarse en estar viviendo <strong>la mejor vida posible</strong>, junto a su familia y sus amigos.</p><p>De tal forma que con su serenidad, al tiempo que con sus ligeros desvíos, <em>Letras robadas</em> se antoja un raro caso de <strong>obra formulaica que, sin embargo, cobija un avance expresivo</strong>. Carney, sin dejar de ser fiel a sí mismo, ha sabido renovar el calor que ya había fraguado de sobra en nuestros corazones con <strong>estas películas tan pequeñas y tan bonitas</strong>, hoy un paso más cerca de dar con<strong> la verdadera esencia </strong>de la música. Una búsqueda que desde luego es bien complicada, pero que sin duda nunca podremos completar solos. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 04:01:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Letras robadas’, Nick Jonas y Paul Rudd se enfrentan por los derechos de autor (y por el significado del éxito)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Viva’, una exuberante y anárquica inmersión en todo lo que tiene de contradictorio vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/viva-exuberante-anarquica-inmersion-contradictorio-vivir_1_2209891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b36223b7-875a-499b-89ce-c5567016f525_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Viva’, una exuberante y anárquica inmersión en todo lo que tiene de contradictorio vivir"></p><p>Los millonarios y tecnooligarcas del presente tienen una coartada intelectual para todos sus excesos en lo que el filósofo Nick Land ha denominado<strong> Ilustración Oscura</strong>. Bajo este paraguas se sitúa el empeño compartido de edificar <em>freedom cities</em> (ciudades en medio del mar donde eludir la presión fiscal del Estado), posibilitar el viaje a Marte o, por supuesto, <strong>alcanzar la vida eterna</strong>. Esa es la gran obsesión de, por ejemplo, Peter Thiel, siniestro fundador de PayPal y Palantir. “Cuando muera ha establecido que debe ser criogenizado para señalar que hay una posibilidad abierta para la tecnología del futuro”, detalla Carlos Fernández Liria en su libro <em><strong>Contra la Ilustración Oscura</strong></em>.</p><p>“Es decir, la muerte ya no es encarada como una misteriosa condición existencial, sino como<strong> una deficiencia o una impertinente avería </strong>destinada a ser superada técnicamente”. El pensamiento compartido por el linaje de Thiel, Elon Musk y Silicon Valley apunta por tanto a una fe irredenta en la tecnología como contrapartida al rechazo a condicionantes terrenales, de los cuales creen que podrán distanciarse<strong> gracias al privilegio económico</strong>. Tanto la Tierra como la vida que entendemos —la que posee un inicio y un desenlace— <strong>se le quedan pequeñas a estas élites</strong>, rechazando la existencia de cualquier clase de final y contentándose con, más que una vida, una <em><strong>huida eterna</strong></em>.</p><p>Se trata entonces de alargar la vida sin ningún fin aparente, entendiendo “fin” aquí como desenlace… <strong>y como propósito</strong>. Resurge <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/domingos-adolescente-quiere-monja-marca-panfleto-accidental-iglesia-catolica_1_2084771.html" target="_blank">el nihilismo</a> que pende sobre otros rincones de la sociedad actual, y que buscando todo tipo de relatos acomodaticios se fundamenta en un amplio sentimiento de <strong>futuro cancelado</strong>. El planeta, en efecto, se muere, y eso no es lo peor sino que ni siquiera sabemos <strong>por qué motivo vivir</strong> lo que nos queda hasta que todo se muera. Una estructura de sentimiento que <em><strong>Viva</strong></em><strong> </strong>refleja desde tres ángulos: el paisaje, el trabajo y la experiencia concreta.</p><p>El paisaje: una sequía de signo distópico que asola Barcelona. El trabajo: un ambicioso proyecto científico para alargar<strong> los años de existencia humana</strong>. La experiencia concreta: una doctora que vive en Barcelona, que trabaja en el proyecto susodicho además de ser docente, y que acaba de superar<strong> un cáncer de mama</strong>. Estos tres ángulos confluyen en Nora (<strong>Aina Clotet</strong>) y se caracterizan por su definición negativa: la muerte acecha a todos ellos, determinándolos y amenazándolos. En <strong>la impactante escena inicial</strong> de <em>Viva</em> Nora descubre, para colmo, que puede tener un tumor en el otro pecho. El que le queda tras la mastectomía que debería haberle ayudado a superar el cáncer.</p><p>Así que la pregunta es sencilla a la vez que intimidante: <em><strong>por qué</strong></em><strong> aferrarse a la vida</strong>. Es la pregunta que la Ilustración Oscura no puede responder sin recurrir a <strong>un egoísmo categóricamente fascista</strong>, y la que mueve a Nora a comportarse de un modo tan errático como para <strong>desafiar cualquier empatía </strong>que pudiera inspirarnos su historial clínico. Debido a unas circunstancias que parecen a todas luces agónicas —la sequía como índice de un mundo al borde del colapso donde de poco va a servir <strong>alargar los años humanos</strong>—, y que ahora se ven asaltadas por la inquietud de un final todavía más cercano y directo, Nora siente que lo único que puede hacer es sumergirse en un “feroz <em>carpe diem</em>”. <a href="https://www.vogue.es/articulos/aina-clotet-entrevista-viva" target="_blank">Así lo ha descrito Clotet</a>, que además de su intérprete es<strong> la directora y guionista de </strong><em><strong>Viva</strong></em>.</p><p>Un feroz <em>carpe diem</em>. El propósito de vivir el presente de forma desenfrenada, ante la abismal consciencia de que todo se acaba. Así que Nora <strong>abraza la irresponsabilidad</strong>, le da la espalda a todo lo que no suponga un placer instantáneo, y vagabundea por el desierto barcelonés sin desechar ninguna pulsión, sin meditar nada ni darle media vuelta a quién podría hacer daño con esta conducta. El guion se centra sobre todo en <strong>sus caóticos avatares sentimentales</strong>: en cómo al poco de saber que la muerte no se ha alejado abandona a la pareja que le cuidó durante su convalecencia previa, para arrojarse a los brazos de un escultural bailarín mucho más joven que ella.</p><p>La puesta en escena de Clotet nos propone ajustarnos a la perspectiva de su protagonista y, si es posible,<strong> no juzgarla con dureza</strong>. Aunque, de hacerlo, tampoco perdería la película impacto por ello. La propuesta pasa por verlo todo con sus ojos, lo que implica tanto imaginar el rostro de su nuevo <em>crush</em> repetido entre los alumnos de su clase (en una escena bastante ridícula, todo hay que decirlo), como sentir que<strong> la sequedad de la tierra se coordina con la libido</strong>. Dentro de esta fusión del calor y el frenesí sexual, el deseo irrefrenable, Clotet alcanza momentos realmente valiosos, remitentes al <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/daniel-craig-entrega-forma-suicida-queer-lamento-soledad-luca-guadagnino_1_1922168.html" target="_blank">cine de Luca Guadagnino</a> y a una textura visual propia.</p><p><strong>La cálida fotografía de Nilo Mur</strong> modula el paisaje por el que se mueve Nora de forma claustrofóbica, debido a lo mucho que la protagonista se contagia de él y a cómo<strong> cada mala decisión resuena sobre la piedra y la arena</strong>. Fortalece en varios sentidos la sensación de que <em>Viva</em> sería como <strong>el </strong><em><strong>Sirat</strong></em><strong> barcelonés</strong>, rindiendo incluso <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html" target="_blank">mejor que Oliver Laxe</a> cuando toca <strong>problematizar su nihilismo</strong>, y las cuentas pendientes de aquella producción con el conflicto del Sahara occidental aquí se asientan en <strong>la crisis ecológica</strong>. Es decir, en el planeta terminal que viene vehiculando tanto las desmesuras de la Ilustración Oscura como <strong>la desorientación de Nora</strong>. </p><p>Porque, en cierto momento, el periplo de Nora pasa por desperdiciar dramáticamente el agua de la casa que comparte, en<strong> un gesto extremo de negligencia</strong>. Clotet asume que cada persona es un mundo y que cada persona puede hacer tanto daño a otra persona<strong> como al mismo mundo</strong>, sin por ello dejar de cederle margen de equivocación a su antiheroína. De hecho, y aunque la ficción de <em>Viva</em> se aparte de los cauces autobiográficos por los que pasan buena parte de las óperas primas del último cine español —el mayor rasgo en común que tiene Clotet con Nora es que su padre sea efectivamente un médico de enorme reputación en Cataluña, aquí con el rostro de <strong>Guillermo Toledo</strong>—, es significativa <strong>la visceral conexión</strong> que la cineasta persigue con el personaje.</p><p>Secuencias como la del hotel cerca del final, cuando termina de estallar la relación con Tom (Naby Dakhli) ejemplifican una meritoria entrega de Clotet a la protagonista, habiendo depositado en ella dudas existenciales de <strong>lo más interesantes y urgentes</strong>. Pues si bien <em>Viva</em> no es una historia de redención —es más bien una historia de<strong> confusión y vagabundeo</strong>, de ahí que los excesos y arritmias en el desarrollo se antojen inevitables—, la brújula ética que organiza Clotet (y que se comunica con todo lo que la protagonista tiene alrededor) <strong>sí es firme y dialogante</strong>.</p><p>Es, sobre todo, <strong>un ejercicio de libertad reflexiva</strong>, que no queda sino celebrar por muy pasada de vueltas que resulte en algunos compases del vagabundeo (los montajes musicales, <strong>su indefinición tonal de comedia romántica</strong>). Hay que celebrar <em>Viva</em> entonces por la independencia que ha salvaguardado Clotet, dándole un nuevo matiz al cine español que triunfa extramuros —su película ganó un premio revelación en<strong> la Semana de la Crítica del último Festival de Cannes</strong>, reclamando su propio foco junto a Rodrigo Sorogoyen, Almodóvar y los Javis— y un empaque mucho menos encorsetado que el visto <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/no-morire-amor-discreto-drama-domestico-impacto-familiar-alzheimer_1_2188191.html" target="_blank">en otros debuts</a> que hoy día atraviesan laboratorios y residencias.</p><p>Y hay que celebrar <em>Viva</em>, sobre todo, <strong>por venir cargada de presente</strong>. Por una ambición que no teme ahondar en cuestiones filosóficas de plena actualidad, por aceptar que no tiene las respuestas pero sí las preguntas, y por su lúcida asunción de que esto <em><strong>no puede ser todo</strong></em>. De que hay tanto vacío en la muerte singular como en ese nihilismo que llegue a separarnos de los demás según <strong>deseos inmediatos o caducos</strong>. <em>Viva</em>, por los caminos más enrevesados y caóticos, deduce que el sentido de vivir es que el vivir se acaba y que no hay que negarlo, sino asegurarse de que el placer que pueda llegar a proporcionar durante su brevedad tenga <strong>un valor auténtico y trascendente</strong>.</p><p>Nora, en algún que otro momento de su viaje, vislumbrará ese sentido. Comprenderá que no sirve de nada vivir si el motivo se reduce a una angustia egocéntrica, que<strong> no se trata de negar la muerte sino de afirmar la vida</strong>. Con un poco de suerte, dejando atrás a todos <a href="https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2025/apr/13/end-times-fascism-far-right-trump-musk" target="_blank">esos fascistas del fin de los tiempos</a>, quizá también lleguemos a comprenderlo junto a ella.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 04:01:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Viva’, una exuberante y anárquica inmersión en todo lo que tiene de contradictorio vivir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Iván & Hadoum’ es todo un paso adelante para la representación ‘queer’ del cine español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/ivan-hadoum-paso-adelante-representacion-queer-cine-espanol_1_2207715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8b446156-d766-4db1-8d71-faa16c0ac4e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Iván & Hadoum’ es todo un paso adelante para la representación ‘queer’ del cine español"></p><p>El aparente interés del cine español por <strong>la representación </strong><em><strong>queer</strong></em> tiene un molesto pecado original: dos títulos fundacionales cuyo recuerdo, a día de hoy, sigue siendo conflictivo, matizado por un aliento conservador. Por un lado está <em><strong>La llamada,</strong></em><strong> de 2017</strong>. Quizá ahí empezase todo. El fenómeno de los Javis, que alcanza su clímax este mismo año gracias al <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/javis-emparentan-bunuel-berlanga-saura-almodovar-exito-cannes_1_2198467.html" target="_blank">premio a Mejor dirección del Festival de Cannes</a>, fue inaugurado hace casi diez años por una sorpresiva alianza de <strong>la vocación religiosa con la sexualidad disidente</strong>. Si a día de hoy la religión parece tan pop, si pareciera <strong>renacer al ritmo de las redes sociales</strong>, ahí estaría <em>La llamada</em> como exponente iniciático.</p><p>Lo de <em><strong>Carmen y Lola</strong></em> es más grave. Antes de que se consagrara como cineasta con la victoria en los Goya de <em>La infiltrada</em> y un discurso de su productora llamado a <a href="https://www.20minutos.es/noticia/5682047/0/santiago-segura-se-queja-que-se-tilde-todo-como-ultraderecha-gente-se-le-ha-ido-pinza-totalmente-iros-cagar/" target="_blank">enfervorizar a la turba ultraderechista</a>, <strong>Arantxa Echevarría</strong> ya se había ganado ingentes reproches con <em>Carmen y Lola</em>. Un romance lésbico que también fue asimismo celebrado por la Academia en 2019, y que terminó de servir de desencadenante para <strong>una aglomeración de nuevas ficciones </strong><em><strong>queer</strong></em>… y planeando sobre ellas como ejemplo de <strong>la miopía de clase</strong> que bien podía acechar al movimiento. Porque el romance lésbico de <em>Carmen y Lola</em> se sucedía en el marco de una comunidad gitana, incurriendo en <strong>diversos estereotipos</strong> y articulándolos como baches para la emancipación de las protagonistas.</p><p>“Ahora podemos <strong>discriminar y rechazar aún más a los gitanos</strong> porque hemos visto, gracias a la película, que son homófobos y lesbófobos”. Javier Sáez abordó la cuestión <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/09/carmen-y-lola/" target="_blank">en </a><a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/09/carmen-y-lola/" target="_blank"><em>Pikara</em></a>, proponiendo que Echevarría, como narradora alejada de estas vivencias, había incurrido en lo que denominaba <strong>“payonacionalismo”</strong>. “El espectador payo queda a salvo, no se cuestiona el patriarcado de su propia comunidad, ni <strong>la lesbofobia generalizada</strong> que existe en España por todas partes”. El peligro de <em>Carmen y Lola</em> radicaba, entonces, en asumir las violencias contra la experiencia <em>queer</em> como <strong>algo muy concreto y localizado</strong>, en franco desinterés por expandir el estudio del problema.</p><p>De modo que en estos dos casos fundacionales se aunaba <strong>la celebración acrítica</strong>, la despolitización de instituciones históricamente opresivas como la Iglesia católica, y sobre todo, la asunción voluntarista de una normalidad, de una tranquila convivencia al margen de escenarios específicos (o tan sumergidos en <strong>una cómoda otredad</strong>) como la cultura gitana. Y este viene a ser el peligro inevitable de cualquier ficción <em>queer</em>: aislar estas identidades en función del prejuicio interesado. Algo contra lo que felizmente se revuelven películas como <em><strong>Iván & Hadoum</strong></em>.</p><p>El efecto de dejar de lado este condicionamiento pasa por meter la realidad <em>queer</em> en burbujas cómodas y selectas que, ante la falta de problemas colindantes, generan una fuerte disonancia con respecto a lo que se pueda estar experimentando realmente, <strong>materialmente</strong>, en el Estado español. Por muchas ficciones pendientes del colectivo que hayan recorrido el audiovisual patrio —sobre todo entre 2022 y 2025—, lo cierto es que <strong>el auge ultraderechista</strong> y los crímenes de odio aparejados se mantienen impertérritos. Y apetece cada vez menos celebrar o aceptar esas burbujas de<strong> falsa seguridad</strong>.</p><p>Siendo una película con ideas valiosas, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/querida-senorita-actualiza-sobreexplica-pionera-representacion-intersex-cine-espanol_1_2177905.html" target="_blank">el reciente </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/querida-senorita-actualiza-sobreexplica-pionera-representacion-intersex-cine-espanol_1_2177905.html" target="_blank"><em>remake</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/querida-senorita-actualiza-sobreexplica-pionera-representacion-intersex-cine-espanol_1_2177905.html" target="_blank"> de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/querida-senorita-actualiza-sobreexplica-pionera-representacion-intersex-cine-espanol_1_2177905.html" target="_blank"><em>Mi querida señorita</em></a> no podía evitar que su desenlace se ubicara en una celebración del <strong>Orgullo madrileño</strong> a finales de los 90, encomendándose al optimismo del gesto y rehusando entrar en lo mucho que esta festividad se devaluaría en años posteriores precisamente a costa de <strong>su despolitización y su mercantilización</strong> (encontrando como respuesta la creación de <a href="https://www.instagram.com/p/DX6y86oDOpt/" target="_blank">un Orgullo crítico</a>). Porque tales son las tentaciones de estos discursos: no desafiar el <em>status quo</em> y reafirmar el carácter nacional español como un ente <strong>abierto y tolerante</strong>, cuyas beligerancias pertenecen al pasado.</p><p>La mejor baza para evitarlo reside, simplemente, en <strong>la interseccionalidad</strong>. <em>Te estoy amando locamente</em> (2023) es uno de los mejores exponentes de este nuevo cine <em>queer</em> español que, caracterizado por <strong>su afán populachero y el encaje industrial</strong>, ha venido fluyendo a partir de la dupla <em>La llamada/Carmen y Lola</em>. Lo es gracias a su vocación aglutinante, absorbiendo siglas y proyectándolas al activismo callejero sin que la solemnidad de sus objetivos implique que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=N5UKsTWXzmI" target="_blank">tengamos que dejar de bailar a Rigoberta Bandini</a>.</p><p>Teniendo fresca la euforia de <em>Te estoy amando locamente</em> —junto a la complejidad dialéctica de <em>Maspalomas</em> y los diversos (auto)descubrimientos que retrataban <em>20.000 especies de abejas</em>, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/extrano-rio-debut-sensorial-desigual-claret-muxart-funde-adolescencia-naturaleza_1_2070933.html" target="_blank"><em>Extraño río</em></a> y <em>Muy lejos</em>—, nos topamos felizmente con un cine <em>queer</em> que se ha ido preocupando de la contextualización y <strong>el encuentro con el otro</strong>. Un cine <em>queer</em> que, por lo demás, tiene una adición muy estimulante en el primer largo de<strong> Ian de la Rosa</strong>. El director de <em>Iván & Hadoum</em> compitió con sus dos cortometrajes previos en Cannes y los Goya. <em>Victor XX </em>exploraba el género desde un punto de vista autobiográfico, y más tarde <em>Farrucas</em> no se iría muy lejos de ahí.</p><p>Así es como el proyecto final de De la Rosa quiso ceñirse simultáneamente a su experiencia <strong>como hombre trans en un pueblo de Almería</strong>, en paralelo a la situación de las <strong>comunidades migrantes</strong>. La combinación de ambas preocupaciones ha acabado por tomar<strong> un molde shakesperiano</strong>: <em>Iván & Hadoum</em> adapta un esquema estilo<strong> </strong><em><strong>Romeo y Julieta</strong></em><strong> </strong>para narrar el dificultoso romance entre un chico trans a punto de ser ascendido como gerente de un invernadero (<strong>Silver Chicón</strong>), y una compañera de trabajo marroquí (<strong>Herminia Loh</strong>) empeñada en defender sus condiciones laborales frente a unos jefes con los que su amante ansía congraciarse. En este contexto, la identidad <em>queer</em> de Iván solo es uno de tantos <strong>condicionantes de clase</strong> que registra De la Rosa.</p><p>La narrativa de <em>Iván & Hadoum</em> es consciente de que, en el momento que hay intersección, <strong>hay contradicción</strong>. Y de que está bien que así sea. El personaje de Chicón, gracias a su amistad con la clase dominante, considera que está parcialmente a salvo de la transfobia —o que al menos, si bien le sigue costando socializar, tiene apoyos para<strong> eludir la violencia</strong>—, lo que a su vez redobla la servidumbre hacia los líderes de la empresa y ha de separarle inevitablemente de Hadoum. Ella no está en absoluto a salvo del racismo, ni puede sobreponerse a las condiciones de pobreza de su propia familia: las mismas que la empujan a<strong> la lucha sindical</strong> y recrudecen el conflicto.</p><p>El guion de De la Rosa se centra entonces en las dudas de Iván mientras va desplegando una estructura dramática llena de recovecos, donde tan fácil es hallar chispazos de armonía como pequeños roces y disputas. Reclama para sí<strong> una agradecida complejidad</strong> —hasta cierto punto excepcional en este tipo de ficciones, que no suelen contar con tantos ingredientes—, a la vez que dirigida hacia coordenadas clásicas. Porque no dejamos de hablar de Shakespeare, en efecto, tanto como de exhortaciones a la dignidad. El arco de Iván se pregunta justo por eso: de qué forma puede mantenerla, de qué forma <strong>puede respetarse a sí mismo</strong> y que le respeten quienes más le importan.</p><p>Con esta mezcla de elementos canónicos e inusuales, <em>Iván & Hadoum</em> se revela como una narración de intenciones transparentes (quizá, ligeramente previsibles). Se introduce en las ligas de Ken Loach y de <strong>un cine social</strong> cuya genealogía trasciende con mucho<strong> la reciente explosión </strong><em><strong>queer</strong></em>, y a su favor cuenta tanto con las peculiaridades de la experiencia retratada, como con unas formas que buscan canalizar <strong>el vértigo romántico </strong>dentro de un ambiente tan viciado, con tantas fuerzas cruzadas.</p><p>Este aparato visual comporta alguna irregularidad que otra —sobre todo, alguna fuga abstracta que no termina de funcionar— pero, al menos, se distancia de las últimas óperas primas del cine español, que tan encorsetadas parecen a fuerza de haber atravesado <strong>laboratorios de guion y tutorías contumaces</strong>. Puede que De la Rosa tampoco se haya librado de pasar por estos lugares —así lo insinúa el desarrollo algo mecánico de la película, sobre todo llegada su parte final—, pero el joven director puede enorgullecerse al menos de controlar completamente el film cuando más importa: cuando los amantes se encuentran,<strong> cuando se redescubren</strong>.</p><p>Así es que <em>Iván & Hadoum</em> cuenta con <strong>una secuencia de sexo</strong> que bien podría ser ya historia del cine <em>queer</em> español: un intervalo frente al mar tan armonioso como desafiante en su ternura y gesto indómito. Una secuencia tan libre, a la vez que recargada de significado, que lleva a pensar en los asertos de Vicente Molina Foix <a href="https://cinedivergente.com/visibilidad-lgtbi-en-el-cine-espanol/" target="_blank">que parafraseaba Manu Argüelles</a>: “El cine <em>gay</em> se consolidará cuando <strong>no haya que utilizar la etiqueta</strong>”. Es lo que apunta a hacer <em>Iván & Hadoum</em>, porque no parece haber etiquetas suficientes para definir su propuesta. O, por lo menos, etiquetas que no parezcan redundantes si asumimos que <strong>estamos hablando de clase</strong>. Y que con eso ya hablamos de todo lo existente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 04:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <title><![CDATA[Spielberg nos recuerda en ‘El día de la revelación’ en qué merece la pena creer en plena era conspiranoica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/spielberg-recuerda-dia-revelacion-merece-pena-creer-plena-conspiranoia_1_2206720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/788fa9a6-ae1b-4a9c-977d-620b6fe3a79c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Spielberg nos recuerda en ‘El día de la revelación’ en qué merece la pena creer en plena era conspiranoica"></p><p>Con la posible excepción de <em>Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal</em>, todas las historias de Steven Spielberg sobre alienígenas antes de <em>El día de la revelación</em> han sido metáforas. <em>Encuentros en la tercera fase</em> era un <strong>viaje a través del autodescubrimiento artístico</strong> con el que hacía justicia a los inicios de su carrera —cuando a mediados de los 60 había debutado con una película casera de ambición desmedida, <em>Firelight</em>, ya dedicada entonces a la confraternización alienígena—, mientras que E.T. El extraterrestre exorcizaba una infancia traumatizada. Y, por último, <em>La guerra de los mundos</em> acometía una <strong>radiografía del </strong><em><strong>shock</strong></em><strong> estadounidense tras el 11 de septiembre</strong>. </p><p>No es de extrañar que un cineasta tan interesado en los ovnis haya acostumbrado a <strong>utilizarlos como excusa para hablar de otras cosas</strong> porque, en fin, la ufología siempre ha consistido un poco en eso. Desde finales del siglo XIX, antes de que H.G. Wells ideara su visión original de <em>La guerra de los mundos</em> como una crítica al imperialismo británico. Entonces los primeros avistamientos se limitaban a <strong>cuerpos celestes ciertamente reconocibles</strong> <strong>para los estándares culturales</strong> de la época: su diseño solo parecía, entonces, levemente más avanzado que los primeros dirigibles. La imaginación ufológica no se iba muy lejos de lo que hubiera alcanzado la ciencia entonces, en una dinámica que se iría repitiendo a lo largo del siglo posterior. Intensificada, claro, por esos conflictos bélicos donde la carrera tecnológica/armamentística devenía central, propulsada hacia las estrellas.</p><p>Así que no es ninguna casualidad que la II Guerra Mundial y la Guerra Fría enmarquen los puntos cumbre del rastreo de platillos volantes, del incidente de Roswell en 1947 a la obsesión por el Área 51 avivada en 1989 por Bob Lazar. La preocupación por la existencia de los aliens —y, a veces más importante, por lo mucho que las altas esferas están empeñadas en ocultarla— se acelera en <strong>momentos de incertidumbre, momentos donde el presente se tambalea</strong> y precipita la desconfianza hacia los constructos sociales junto al cuño de nuevos relatos que puedan canalizarla. La ufología sirvió muy bien a estos objetivos, hasta que en 2019 pasó algo trágico. El movimiento “<a href="https://www.clarin.com/mundo/-invadamos-area-51-broma-misteriosa-base-podria-terminar-desastre_0_i0ttFDr.html"  >Invadamos el Área 51, no pueden pararnos a todos</a>”, según el cual varios creyentes en los ovnis ocuparían esta instalación gubernamental, fue un sonado fracaso. <strong>Un ridículo mortal</strong>.</p><p>Y entonces vendría la pandemia. Y, en tanto que teoría de la conspiración, la ufología quedaría totalmente desfasada. Perdida en medio de una miríada de <strong>nuevos relatos igual de excéntricos pero mucho más agresivos</strong>, más beligerantes con el presente. Se pasó de los platillos volantes a los chemtrails. La conspiranoia legó nuevos y peligrosos cultos como el Q-Anon o, bajo la urgencia del coronavirus, los dictados antivacunas. De modo que hoy día, a la hora de querer retomar su pasión por los aliens (o por la metáfora de los aliens), Spielberg lo tenía todo en contra. No solo porque la ufología haya perdido aplomo en la tribuna pública, sino porque la conciencia colectiva, mundial, deviene segregada en un <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/bugonia-lanthimos-emma-stone-rien-conspiranoia-eficaz-comedia-macabra_1_2092839.html"  >catálogo inabarcable de sectas y creencias</a> reforzadas. </p><p>¿El día de la revelación? Spielberg se ha empeñado en titular así esta nueva película y su <strong>actitud parece entre arrogante y tristemente ingenua</strong>: en todo caso, el mundo actual solo sería capaz de albergar “un día con revelaciones”. Una pluralidad caótica, por cuanto hoy por hoy no existen garantías de que la humanidad vaya a ponerse de acuerdo en mirar a un mismo sitio. Así que el esfuerzo de Spielberg, con un paisaje así, <strong>no deja de ganar connotaciones</strong>. Puede ser valiente, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/megalomania-megalopolis-bochornosa-genial-inmolacion-director-padrino_1_1875138.html"  >puede ser metamoderno</a> en su vocación de prensar todos los relatos en uno solo. Y también puede ser tremendamente irresponsable desde el punto de vista político. De esto parece haber sido consciente.</p><p>Así que ha tomado precauciones. La principal es que ya no hay metáfora que instrumentalice el contacto con los aliens: <em>El día de la revelación</em> va realmente de un contacto con los aliens y eso es todo: la revelación es tan sencilla como que no estamos solos en el universo y al fin va a hacerse público. Ahora bien, la importancia de esta revelación va más allá de la revelación en sí. <strong>No es contingente ni ocurre en cualquier momento, ocurre ahora</strong>. Cuando más la necesita el mundo, con la mirada perdida en multitud de direcciones que precisan converger. En <em>El día de la revelación</em> es necesario además porque hay un conflicto geopolítico en ciernes. Conscientes de lo peliagudo que es esto, <strong>Spielberg y el guionista David Koepp imaginan un enfrentamiento con Corea del Norte</strong>. Acaso razonan que hoy es el lugar más fácil de mirar, con la imagen más plana y distante.</p><p>Seguimos, en fin, instalados en una subjetividad yanqui, que de forma voluntarista <strong>extrae algunas nociones así como esenciales del atolladero global</strong> de nuestros días (hasta que Donald Trump tenga una nueva ocurrencia). No merece la pena darle muchas vueltas a ello —<em>El día de la revelación</em> pertenece a las mismas coordenadas idealistas/escapistas de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/mision-imposible-sentencia-final-excelente-cierre-mejor-saga-accion-historia-hollywood_1_1999229.html"  ><em>Misión imposible: Sentencia final</em></a>— , aunque sí reparar en otra precaución algo más jugosa: una relectura de la psicosis anti-estatal que siempre había guiado la imaginación ufológica.<strong> “El gobierno nos miente”, y demás</strong>. Con la que está cayendo no es necesario desacreditar más al Estado, así que El día de la revelación nos plantea que el problema no ha sido tanto del gobierno como de una empresa privada que lo secuestró.</p><p>¿Podríamos respirar aliviados, en ese sentido, de que ningún indeseable vaya a apropiarse del trasnochado mesianismo de <em>El día de la revelación</em>? Aun asumiendo que algo así pudiera suceder —que una película tan romántica y llegada de otra época como la de Spielberg hallara encaje fértil en las infinitas paranoias contemporáneas—, pasa que <strong>hablamos sobre todo de una película de autor</strong>, que solo le rinde las cuentas imprescindibles (las ya citadas, básicamente) al presente. El temperamento artístico de Spielberg ha cimentado su película alrededor de la necesidad de creer —se ha abalanzado al “quiero creer” noventero de <em>Expediente X</em>, vaya—, y de una fe primordial que dentro de su cine ha transitado alternativamente de la religión a los extraterrestres.</p><p>Ambos entes resultan ser complementarios en <em>El día de la revelación</em>: posibles remedios contra la enfermedad del último hombre nietzscheano —ese al que, cuando se murió Dios, no se le ocurrió otra cosa que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/domingos-adolescente-quiere-monja-marca-panfleto-accidental-iglesia-catolica_1_2084771.html"  >volverse nihilista</a>— que en la esfera del presente <strong>se antojan tan problemáticos a efectos políticos como nutritivos a nivel cinematográfico</strong>. La temeridad no solo cobra forma en el rostro de Eve Hewson como una antigua novicia que perdió la vocación y duda si la humanidad necesita saberlo todo —su personaje es el más interesante del film, aunque no el mejor utilizado—, sino que se proyecta un torbellino expresivo que justifica cada halago que haya recibido nunca Spielberg como gloriosa metonimia de todo a lo que puede aspirar Hollywood.</p><p>Lo cierto es que, como narración audiovisual, <em>El día de la revelación</em> es un escándalo. Un <strong>derroche de virtuosismo</strong>, de soluciones audaces de planificación, de atemperamiento de fuerzas emotivas, que confluye admirablemente con la necesidad de la trama por empujarnos hacia el momento decisivo. La impaciencia que sienten <strong>Josh O’Connor </strong>y<strong> Emily Blunt</strong> en sus dos fenomenales composiciones como mensajeros de la verdad contagia cada apartado de la producción, la sumerge en un frenesí apabullante —<em>El día de la revelación</em> es, a grandes rasgos, una persecución de dos horas y media—, que no se libra de trastabillar sin embargo por un guion que podría haber definido mucho mejor algunos de sus rincones, y que a veces sepulta a la película en una ingrata inercia.</p><p>Elementos como los poderes que Blunt recibe como emisaria o la naturaleza de cierto <strong>talismán heredado de los alienígenas</strong> adolecen de falta de reescrituras. Tanto como una transición hacia el tercer acto que aunque sirva de bello homenaje de Spielberg a sus pálpitos infantiles —mezclando <em>Encuentros en la tercera fase</em> con el aliento nostálgico de <em>Los Fabelman</em>— no rectifican la sensación de que <em>El día de la revelación</em> es una narración más guiada por el sentimiento a flor de piel que por la construcción meticulosa. <strong>Lo que tampoco llega a ser muy grave</strong>. Se dignifica por la energía del conjunto, por la visión segura y grandilocuente de quien, habiendo sido el más grande de los narradores, no puede concebir que el ejercicio de narrar se vulgarice. </p><p>Porque es lo que, en sus ángulos más brillantes y conmovedores, proclama <em>El día de la revelación</em>. Que lo grave no es tanto que hayamos dejado de mirar a las estrellas como que hayamos depositado la mirada en otros lugares anecdóticos, <strong>conformándonos con lo fácil y lo cercano mientras el mundo se fragmentaba de forma irreparable</strong>. Tanta preocupación hay por esta tesitura, por un presente que el viejo Spielberg no entiende del todo —y tal vez sea mejor así—, que todo acaba replegándose no tanto sobre la dualidad entre creer y no creer, como sobre la simple voluntad de creer. Pero creer en las cosas que lo merecen. No solo en el cine de Spielberg, sino también en la trascendencia compartida de la humanidad y el universo. Que a veces, de forma milagrosa, parecen lo mismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 04:01:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <title><![CDATA[Alberto San Juan: “El papa debe reunirse en público con las víctimas de pederastia, no dar una misa en Cibeles"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/alberto-san-juan-papa-deberia-reunirse-victimas-pederastia-iglesia-no-dar-misa-cibeles_1_2204444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e4b706e8-e426-4d51-9eae-8832622cbd1f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alberto San Juan: “El papa debe reunirse en público con las víctimas de pederastia, no dar una misa en Cibeles""></p><p>Madrid espera engalanada al <strong>papa León XIV</strong> y, justo por eso, sería un punto genial que, entre tanto cartel y tanta pancarta en su honor, los caminos inescrutables de esta capital al borde del colapso terminaran poniendo al pontífice, aunque fuera de pasada, ante uno de los anuncios promocionales de <em><strong>La luz</strong></em>. “¿Eso qué es?”, imaginemos que preguntaría. </p><p>Pues, sin rodeos: una película escrita y dirigida por <strong>Fernando Franco</strong> que se estrena este viernes y cuenta la historia de Manuel (<strong>Alberto San Juan</strong>), un párroco muy apreciado en su parroquia que, ante la amenaza de que su pasado salga a la luz, confiesa públicamente ser un <strong>pederasta arrepentido </strong>y pone en jaque los cimientos de la propia institución que lo protegió. “Vaya”, respondería el santo padre. </p><p>Lo suyo sería que se quedara <strong>contrariado </strong>y dándole vueltas al asunto, pues ese es en esencia el objetivo de la cinta. "Queremos hablar de un tema que nos parece importante, relevante y <strong>grave</strong>: la gestión de los <strong>abusos </strong>dentro de la <strong>Iglesia Católica</strong>", apunta a <strong>infoLibre </strong>el cineasta, que aclara: "No es una película de abusos, ni sobre abusos, sino acerca de la <em><strong>mala praxis</strong></em> en cómo se está gestionando eso en el seno de una institución tan poderosa como la Iglesia Católica".</p><p>Nunca sabremos si esta explicación sería suficiente para León XIV o querría, por el contrario, saber algo más. Sea como fuere, toma la palabra San Juan para hacerse escuchar a través de <strong>infoLibre</strong>: "El hecho de que <strong>el papa no vaya a tener un encuentro público</strong> con las <strong>víctimas </strong>de pederastia en el seno de la Iglesia en España, con la dimensión que tiene este problema en este país, y que, de tenerlo, vaya a ser en privado, me parece <strong>revictimizar</strong>, volver a hacerles sufrir a aquellos que tanto sufrieron y siguen <strong>sufriendo </strong>con esas heridas de muy difícil <strong>reparación</strong>".</p><p>"¿Cómo considera que algo tan <strong>grave </strong>no ha de ser un tema <strong>prioritario</strong>?", se pregunta el actor, sabedor de que no va a encontrar respuesta en quien debería darla. Y, entre enfadado y resignado, se responde a sí mismo para no dejar el interrogante en el aire: "Ese es el <strong>primer encuentro</strong> que debería tener,  <strong>no dar una misa en Cibeles</strong> o lo que sea. Debería reunirse en público<strong> </strong>con las <strong>víctimas </strong>y que escuchemos todos qué les dicen. Y que no se quede en palabras, sino que podamos comprobar en qué se traduce luego".</p><p>Le vendría bien al papa ir al cine a ver <em>La luz</em>, como tampoco le haría ningún mal a cualquier obispo, cura, sacristán, monaguillo o feligrés en general. La jerarquía da absolutamente igual, pues cualquiera con un mínimo de <strong>humanidad </strong>puede comprender y debería <strong>empatizar </strong>con las víctimas de <strong>pederastia</strong>, sea en el entorno que sea. "No ha cambiado usted de colonia. ¡Qué asco me da cada vez que la huelo!", le espeta uno de los abusados, ya adulto, al padre interpretado por San Juan.</p><p>Un párroco capaz de <strong>ponerse de rodillas</strong> ante los clientes de un bar para <strong>implorar </strong>un <strong>perdón </strong>en realidad imposible, y cuya <strong>culpa </strong>insoportable le lleva hasta un punto de no retorno en el que la <strong>confesión pública</strong> es la única huida hacia adelante posible. Y así lo hace a pesar de que sus propios superiores le aconsejan calma, le recuerdan que los delitos podrían haber <strong>prescrito </strong>si hubiera tenido paciencia. El <strong>silencio</strong>, ya se sabe, es mucho más efectivo que la <strong>mentira </strong>para ocultar el <strong>delito </strong>(que no <strong>pecado</strong>, como se empeña en decir todo el rato el cura, incapaz de diferenciarlo).</p><p>Contra el <strong>silencio </strong>y en favor de la verdad actúa Manuel, y eso es,  precisamente, lo que llama la atención del espectador, que no puede evitar considerar semejante confesión no ya un tanto <strong>inverosímil</strong>, sino directamente <strong>utópica</strong>. Y esa es, para el director, una “<strong>paradoja</strong>”, pues en realidad lo que está haciendo es ser “completamente <strong>fiel a la fe que profesa</strong> y a los evangelios que sigue”, a pesar de lo cual “eso nos parece más raro” que la existencia de “una estructura. que <strong>encubre </strong>o <strong>protege</strong>”. “De alguna manera, estamos apelando a que estamos tan habituados a que se produzca este daño, y de forma continuada, que nos parece <strong>raro </strong>que alguien dé un paso así”, subraya.</p><p>Coincide San Juan, para quien, tratando de comprender de alguna manera su proceder,  su personaje llega a un extremo en el que, “tras conocer plenamente las consecuencias del <strong>daño </strong>que provocó”, le resulta “<strong>insoportable</strong>” enfrentar “el <strong>mal</strong>” que ha hecho en la vida, sobre todo al ser “tan extremo como haber herido a un niño, ahora ya adulto, en lo más íntimo del ser humano, en su <strong>sexualidad</strong>”. </p><p>“Él <strong>sobrevive </strong>porque, creo yo, encuentra algo que hacer frente a la carga de haber <strong>destrozado </strong>esas vidas. Y ese algo es iniciar una <strong>cruzada contra los abusos</strong> <strong>dando el primer paso</strong> y diciendo: ‘Eso yo lo hice, sé que muchos lo han hecho, que se sigue haciendo y que, además, se encubre. Demos un paso al frente todos’. <strong>Pero nadie más lo hace</strong>”, afirma el intérprete, antes de poner el foco en la clave de la historia: “Tan protagonista como yo es el arzobispo Tamarco, que interpreta <strong>Miguel Rellán</strong>, porque la cuestión de fondo es que, si no existiera ese <strong>sistema </strong>de <strong>encubrimiento </strong>de los abusos cometidos, sería muy difícil que hubiera tantos abusos y que continuaran sucediendo”. Es por ello que ve como única solución posible que, de verdad, desde la propia Iglesia "se previnieran, <strong>denunciaran inmediatamente</strong> y persiguieran" estos delitos.</p><p>A lo largo de todo este proceso, que incluye <strong>insultos</strong>, <strong>pintadas </strong>contra el párroco en las paredes de su parroquia e incluso entrevistas en televisión, llega el espectador a preguntarse si acaso es posible la <strong>redención </strong>a través del <strong>arrepentimiento </strong>más profundamente sincero (y la <strong>inmolación </strong>pública). Un asunto espinoso que puede resumirse en la frase que pronuncia la madre del cura, interpretada por <strong>María Galiana</strong>: “Nunca entenderemos lo que hiciste pero entendemos lo que estás haciendo”.</p><p>Para Franco, el “<strong>perdón</strong> como tal solo lo puede obtener de la <strong>víctima</strong>, si bien es verdad que luego cada cual tendrá su propio juicio <strong>ético </strong>o <strong>moral</strong>”. Por eso, apunta, “en la periferia del personaje hay gente que no lo perdona,  incluidas las propias víctimas”, mientras que en el caso de su madre es “un<strong> perdón a futuro</strong>, pero no al pasado”.  Y tercia San Juan: “Es que la redención es algo muy complicado. Como dice Fernando [Franco], solo puede perdonar quien ha sufrido el daño directamente, y creo que <strong>no hay reparación posible mientras la Iglesia no abra realmente las puertas y deje ver lo que hay</strong>”.</p><p><em>La luz</em>, en definitiva, habla de la gestión que se está haciendo desde dentro de los “<strong>miles de niños y niñas crucificados por obispos, arzobispos</strong>, etcétera”, insiste el cineasta, quien señala que este es su filme con más diálogos como respuesta a la “necesidad de que se dijeran cosas que no se podían quedar a la libre interpretación”. “La película bebe de una <strong>documentación real muy dramática,</strong> de la que yo me he impregnado, y hay cosas que hay que decirlas porque, si no se dicen, igual la gente no las sabe”, comenta, antes de rematar: “El <strong>proceso de investigación ha sido duro</strong>, he tenido que confrontar un montón de datos e historias muy dramáticas. Pero creo que, de alguna manera, una película de ficción tiene la capacidad de trasvasar cosas al <strong>imaginario colectivo</strong>, por lo que había una responsabilidad de que esas cosas estuvieran ahí”.</p><p>¿Le comentará alguien al papa León XIV que su visita a <strong>Madrid, Barcelona y Canarias</strong> coincide con el estreno en los cines de una película que denuncia el <strong>encubrimiento </strong>de la pederastia en el seno de la Iglesia Católica española? A tenor de las prácticas de <strong>ocultamiento </strong>que muestra <em>La luz, </em>es poco probable… Pero no imposible, pues esta es la cinta de la que está hablando todo el mundo justo en el preciso momento de su advenimiento. Confiemos y dejemos que la providencia, por <strong>justicia </strong>divina y poética, haga el resto.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 17:25:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Alberto San Juan: “El papa debe reunirse en público con las víctimas de pederastia, no dar una misa en Cibeles"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Carmen Machi, Premio Nacional de Cinematografía 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/carmen-machi-premio-nacional-cinematografia-2026_1_2203971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3547403d-0bae-4185-8b9a-183b88a23ed0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carmen Machi, Premio Nacional de Cinematografía 2026"></p><p>La actriz <strong>Carmen Machi </strong>(Madrid, 1963), protagonista de series como <em><strong>Aída</strong></em> y <em><strong>Siete Vidas</strong></em> y <strong>ganadora del Goya</strong> por <em>Ocho apellidos vascos</em>, ha sido distinguida con el <strong>Premio Nacional de Cinematografía 2026</strong>, ha informado este jueves el Ministerio de Cultura en un comunicado.</p><p>El jurado ha elegido por unanimidad a esta <strong>"trabajadora incansable en cine, teatro y televisión"</strong> para el premio, que anualmente concede el Ministerio de Cultura y está dotado con <strong>30.000 euros</strong>, por ser "una de las actrices de comedia más importantes de la historia del cine español".</p><p>Remarcan asimismo que Machi ha destacado también "en todo tipo de géneros" y que "ha sabido conectar con el público masivamente, no afectándole su enorme popularidad para acercarse a proyectos más autorales".</p><p>"<strong>Ha participado en más de un centenar de producciones</strong>. Representa los valores de una mujer actual, fuerte e independiente", añade el fallo del jurado sobre esta actriz, que este mismo año ha protagonizado películas como <em>Amarga Navidad</em> (Pedro Almodóvar), <em>53 domingos</em> (Cesc Gay), <em>Aída y vuelta</em>, el largometraje dirigido por Paco León sobre la famosa serie, o el drama judicial <em>Los justos</em>.</p><p>El galardón, que el ministro de Cultura entrega habitualmente en el marco del <strong>Festival de Cine de San Sebastián</strong>, reconoció en su pasada edición a <strong>Eduard Fernández</strong>, y Machi se une a una amplia lista de personalidades de la cinematografía española, entre quienes se encuentran <strong>Penélope Cruz</strong>, <strong>José Sacristán</strong>, <strong>Isabel Coixet</strong>, <strong>Antonio Banderas</strong>, <strong>Fernando Trueba</strong> o<strong> Carla Simón</strong>, entre otros.</p><p>María del Carmen Machi Arroyo (Carmen Machi) nació en Madrid el 7 de enero de 1963. Desde pequeña supo que quería ser actriz, formándose en la escuela de teatro Taormina de Getafe y en la compañía-escuela de José Luis Gómez, La Abadía.</p><p>Tuvo su primer papel sobre las tablas como novia en <em>Bodas de sangre</em>, de Lorca. En 1994, Machi entró en la compañía del Teatro de La Abadía, donde trabajó en obras como <em>María Sarmiento</em>, <em>Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte</em> o <em>5mujeres.com</em>.</p><p>La fama le llegó cuando fue descubierta en televisión por el director de casting Luis San Narciso, que en 2000 contó con ella para la serie <em>Siete vidas</em> (Telecinco), su pase a la popularidad por su locuacidad, ironía y humor corrosivo. Fue <strong>premio Unión de Actores a mejor actriz de reparto</strong>.</p><p>Trabajó con igual o más éxito en la serie hecha a su medida<em> Aída</em> (Telecinco, 2006-2008 y 2011), donde obtuvo el Fotogramas de plata y el Ondas.</p><p>Aunque su carrera en televisión ha estado enfocada en la comedia, su carrera en teatro ha estado más enmarcada en el drama, y se la considera una de las grandes damas dramáticas de la escena española, con papeles en obras como <em>Falstaff</em>, <em>El caballero de Olmedo</em>, <em>¿Quién teme a Virginia Woolf?</em> o <em>Antígona</em>.</p><p>Otros reconocimientos en su prolífica carrera han sido el <strong>Max a mejor actriz y a mejor secundaria</strong>, <strong>mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Comedia de Montecarlo</strong>, <strong>premios de Teatro Valle Inclán y Ercilla</strong>, <strong>Platino a la mejor secundaria</strong> por la serie <em>La Mesías</em> (Los Javis) o la <strong>Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2024</strong>.</p><p>En cine, ha participado en películas como <em>Hable con ella</em> de Pedro Almodóvar, <em>Torremolinos 73</em> de Pablo Berger, <em>Mi gran noche</em> de Álex de la Iglesia, <em>Cerdita</em> de Carlota Pereda u <em>Ocho apellidos vascos</em> de Emilio Martínez-Lázaro, por la que ganó el Goya a la mejor interpretación femenina de reparto en 2014.</p><p>Comparte su vida desde hace más de 20 años con su pareja, Vicente, ajeno al mundo de la interpretación. Algunos datos curiosos que ha contado sobre su vida incluyen la revelación de su gran empatía con el tenista Rafa Nadal, comentando que cuando tenía una lesión ni comía ni dormía. También ha contado que de adolescente se escribía cartas de amor a sí misma firmadas por el cantante Leif Garret.</p><p>El Premio Nacional de Cinematografía recompensa la aportación más sobresaliente en el ámbito cinematográfico español, puesta de manifiesto preferentemente a través de una obra hecha pública o una labor profesional desarrollada durante el año 2025, o, en casos excepcionales debidamente motivados, se otorga como reconocimiento a una trayectoria profesional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 14:02:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Carmen Machi, Premio Nacional de Cinematografía 2026]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cultura,Series televisión,Teatro,Actrices,Ministerio de Cultura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘He-Man y los Masters del Universo’, firme candidato a peor taquillazo del año]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/he-man-masters-universo-firme-candidato-peor-taquillazo-ano_1_2203271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/365b2816-07eb-4b47-8984-95224831421c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘He-Man y los Masters del Universo’, firme candidato a peor taquillazo del año"></p><p>El daño que Marvel le ha infligido a la industria del cine es bastante incalculable. Le bastó poco más de una década para ello, entre que <em>Iron Man</em> inaugurara la franquicia en 2008 y <em>Vengadores: Endgame</em> cerrara la Saga del Infinito en 2019. Causa vértigo pensar en todas las carreras de prometedoras estrellas que <strong>quedaron truncadas</strong> (no a nivel económico, claro) por sus disfraces y sus contratos de varias películas. También es desagradable reparar en cómo la obsesión por la serialidad y la dependencia de la propiedad intelectual que marcan hoy el <em>blockbuster </em>vienen de ahí. O resignarse ante la imposibilidad de que el espectáculo apoyado en efectos digitales vuelva a causar un mínimo asombro, tras la <strong>carrera tecnológica emprendida entre los 70 y los 2000</strong>.</p><p><strong>El </strong><em><strong>blockbuster </strong></em><strong>está en crisis</strong> porque ya no emociona, porque ya no es excepcional. ¿Cómo va a hacerlo, cómo podría serlo, si cada <em>blockbuster </em>es la antesala a otro mediando escena poscréditos, y el avance del CGI —la imagen generada por ordenador— está congelado en función a <strong>producciones descuidadas y funcionariales</strong>, donde más que por el sentido de la maravilla se aboga por un sentido del reconocimiento? La fruición por la secuela y la IP —la propiedad intelectual— viene de aquí, del desinterés por el riesgo y el acomodo del público, y por supuesto que hay otros culpables aparte de Disney o Kevin Feige en tanto a director creativo de Marvel Studios. Simplemente es inevitable centrar en ellos gran parte de los lamentos, sobre todo cuando la enfermedad se enquista, y descubrimos nuevas consecuencias de su tóxico imperio.</p><p>Ocurre entonces que <strong>la infección de Marvel Studios llega incluso a ser autoral</strong>. Porque hay algunos cineastas que han militado en sus filas y lo han hecho con una personalidad propia, que al dialogar inmejorablemente con los presupuestos de Marvel posibilitaron una combinación letal. Ahora mismo en Marvel no hay autores —como no contemos la continuada labor de terrorismo audiovisual de Joe y Anthony Russo—, pero hubo un tiempo en que sí hubo algo parecido.</p><p>Joss Whedon, James Gunn, Taika Waititi. Cuando hablamos de plantilla de Marvel también hablamos de sus temperamentos creativos entrelazados. Whedon se traía su whedonismo, la sorna pop tanteada en<em> Buffy cazavampiros </em>que hoy retienen títulos como <em>Proyecto Salvación</em> —una de tantas películas que promueven engañosamente un nuevo horizonte para el <em>blockbuster</em>—, mientras que <strong>Gunn aportaba una introspección psicológica alineada con un creciente estudio del lenguaje del cómic</strong>. Esto último, en el caso de Waititi, quedó reforzado por un estallido de colorines que podía ser muy convincente a la hora de disimular lo esquelética que se iba quedando la plantilla de Marvel. Tanto Gunn como Waititi añadieron, para rematar la jugada, mucho rock viejuno.</p><p>Y amplificaron el daño. Una <strong>reformulación de los atractivos estéticos marvelitas</strong> que ni siquiera tenía que ceñirse al superheroico —aunque Gunn ha preferido quedarse ahí, y quizá por ser el más honesto de los cineastas citados sigue siendo capaz de brindarnos alegrías como su último Superman—, para afianzarse en otros terrenos, otras coordenadas del cine IP que según va alejándose de las viñetas debe tantear otras fuentes. <strong>Videojuegos, juguetes, juegos de mesa…</strong> franquicias multimedia, en fin, que si se arriman lo bastante a este código fuente alcanzarían a disimular que solo son artefactos robóticos sin capacidad real de competir con cualquier cosa que vomite la inteligencia artificial. Es lo que intenta la nueva Masters del Universo. Sin lograrlo.</p><p><em>He-Man y los Masters del Universo</em> es otro caso de cine IP tan definido por sus condiciones corporativas que más que en salas debería proyectarse en una reunión de accionistas o como si fuera un anuncio de televisión de tantos, para vender juguetes en vísperas de Navidad. A primera vista, más que en el amasijo de simulacros narrativos de Marvel nos recordaría a <em>Barbie</em>: <strong>otra</strong> <strong>orgullosa película-anuncio con la que comparte empresa juguetera</strong>, Mattel. Su CEO Ynon Kreiz dijo en el verano de 2023, al poco de que <em>Barbie </em>hubiera empezado a arrasar, que tenían previsto hacer hasta 45 películas más basadas en sus juguetes. Es una amenaza a la que aparentemente le ha costado coger forma, porque en estos tres años solo han podido hacer esta Masters del Universo.</p><p>No se han alejado mucho de <em>Barbie </em>para ello. La intención de hacer otra película en acción real de esta línea de juguetes —luego de un film de serie B de los años 80 con Dolph Lundgren que por supuesto es homenajeado en la obra que nos ocupa— lleva mucho tiempo desfilando por los despachos de Hollywood. <strong>Ha dejado multitud de posibles directores por el camino</strong>, y parece haberse concretado gracias justamente al influjo de la muñeca de Mattel: Greta Gerwig planteó su adaptación como un anuncio que se burlaba de sí mismo y es más o menos lo que hace Masters del Universo. Consciente de la <strong>ridiculez de su universo y sus personajes</strong>, la película nunca se toma en serio para, desde esta distancia segura, perseguir la complicidad del espectador. </p><p>Lo peor no es que sea una estrategia cobarde —y, a estas alturas, más que sobada— sino que no hay más decisiones al margen de esta. Las lecturas más voluntaristas apuntarían al director y guionista contratados para que <em>He-Man y los Masters del Universo</em> reclamara algún tipo de distinción: <strong>dirige Travis Knight y escribe Chris Butler, ambos llegados de un estudio de animación tan prestigioso como Laika</strong>. Sus marcas respectivas pretenden implantar una narrativa concreta: han concebido su adaptación de <em>He-Man y los Masters del Universo</em> como una película de dibujos animados, llena de color y reminiscente a la popular serie de Filmation emitida a principios de los 80.</p><p>¿Es, entonces, <em>He-Man y los Masters del Universo</em> cine de animación camuflado? <strong>¿Una bufonada adorable y festiva, cuyos personajes quisieran parecer dibujitos antes que seres de carne y hueso? </strong>Posiblemente es lo que le gustaría ser y lo que algunas críticas desesperadas le concederían (¿quién podría culparles a estas alturas, por otro lado?), pero va a ser que no. Está dirigida por Travis Knight, sí, pero en este caso su firma aludiría, antes que a la celebración artesanal de Kubo y las dos cuerdas mágicas, al hecho de ser el hijísimo del fundador de Nike y un ejecutivo todoterreno.</p><p>Porque <em>He-Man y los Masters del Universo</em> es otra <strong>emanación de tantas de un sistema en bancarrota</strong>: un producto deshumanizado que se aferra a estrategias de éxito probado para ir encadenándolas todas sin imaginación ni vergüenza alguna. En su propósito de regurgitar cualquier cosa que se mueva ahora mismo en Hollywood el anuncio listillo de <em>Barbie</em> se le queda pequeño, y ha de recurrir a Marvel. <strong>Siguiendo la estela de artefactos previos como </strong><em><strong>Dungeons & Dragons: Honor</strong></em><strong> </strong><em><strong>entre ladrones</strong></em><strong> o </strong><em><strong>Borderlands</strong></em> —con cuya miseria extraordinaria parece querer batirse esta He-Man—, la producción de Mattel vuelve a rebuscar en el legado de Whedon, Waititi y Gunn, a la espera de que el cinismo chatgepetero de la operación se transmute en encanto y jovialidad.</p><p>Así que ahí tenemos a Nicholas Galitzine como el príncipe Adam: <strong>actor penoso</strong> que por supuesto se crecerá en sus flaquezas haciendo de guapo tontorrón que no puede gritar con confianza aquello de “por el poder de Grayskull”. Y a una <strong>Alison Brie que no sabe dónde meterse</strong>. Y a un <strong>Idris Elba que nunca va a cansarse de acumular chatarra en el currículum</strong>. Y también a Jared Leto, este ofreciendo casi lo único de Masters del Universo que no sería completamente deleznable (que ya hay que fastidiarse), gracias a la atolondrada expresividad de su Skeletor. </p><p>Todo este reparto, embutido en <strong>trajes horteras de los que se burlarán los propios personajes</strong>, ha de arrastrarse por una duración que además resulta intolerablemente extensa. Porque la película se ambienta en su mayor parte en Eternia, el planeta donde Adam ha de combatir a Skeletor, pero también hay bastante metraje en nuestro planeta sin apenas justificación argumental: solo sirve para sumar minutos, <strong>meter temas ochenteros</strong> y alumbrar chistes sobre la difícil inserción terráquea de Adam. En este caso para encima exhibir un leve talante anti-woke ironizando con los pronombres de He-Man y la jefa racializada que tiene que aguantar. <strong>Por si fuera poca la infamia</strong>.</p><p>Poco después desfilan los <strong>chistes sobre la masculinidad</strong>, se alivia cualquier gravedad dramática para aceptar el mamarracheo, y la película completa su transformación en un trasnochado híbrido de Gunn y Waititi. <em>Guardianes de la galaxia</em> se da la mano con las películas de <em>Thor</em>, los cromas de colores chillones se alinean con presuntas <em>splash pages</em> de cómic, y todo fructifica en una alegría tan impostada como finalmente temblorosa. La contundencia esporádica de algunos golpes en las peleas no logra disimular que <strong>la planificación es nula, que el guion es terrible</strong>, y que la valía de la firma de Knight y Butler solo es un efecto visual de tantos, tan cutre como cualquier otro.</p><p>La sensación final que depara <em>He-Man y los Masters del Universo</em> es una <strong>mezcla de indignación y hastío</strong>. Y también mucha angustia, angustia lacerante por el hecho de que ya hemos perdido la cuenta de todos los años que llevamos con este <em>blockbuster </em>falso y degradado. Con esta agonía interminable. Esta muerte que no llega.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘¿Qué te dice esa naturaleza?’, una joya más a cargo del director coreano más ridículamente prolífico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/dice-naturaleza-joya-cargo-director-coreano-ridiculamente-prolifico_1_2198963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/408e49fa-dfb3-47c2-9d03-e8e6e43e2d8a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘¿Qué te dice esa naturaleza?’, una joya más a cargo del director coreano más ridículamente prolífico"></p><p>Una de las grandes señas de estilo de <strong>Hong Sang-soo</strong> es el zoom. Resulta fácil de percibir incluso mediando un público neófito, que se esté arrimando por primera vez a la extensísima filmografía del coreano. Porque este zoom no es gradual ni se ajusta suavemente a algún signo de la trama. Parece más bien caprichoso y, sobre todo, <strong>irrumpe tan ruidosamente que no hay forma de escapar de él</strong>. Guía la atención de un modo casi despótico, hacia adelante o hacia atrás, <em>zoom in</em> o <em>zoom out</em>. Y es tan desestabilizador, fundamentalmente, porque llega en el marco de larguísimas tomas fijas. Conversaciones plácidas entre tres o cuatro personajes que se van extendiendo en el tiempo, solo interrumpidas cuando alguien pide un poco más de sake. O cuando llega el susodicho zoom.</p><p>La capacidad enfática del zoom de Hong ha llegado a ser proclive al meme, cómo no. En <em>La mujer que escapó, </em>de 2020, el zoom <strong>privilegiaba la visión de un gato adorable</strong>, bromeando sobre la rúbrica del coreano sin por ello atentar contra el principio, más o menos riguroso, que guía estos bruscos acercamientos o alejamientos. El zoom de Hong se revelaría como la <strong>punta de lanza de una exploración constante</strong> y de, a la vez, una mirada capaz de alterar el ritmo interno de cualquier secuencia en función al pálpito y la intuición. Una escena de <em>¿Qué te dice esta naturaleza?</em>, el nuevo film que Hong estrena en España —ocho títulos median entre esta película y <em>La mujer que escapó</em>— podría ser tan ilustrativa de esto como lo ocurrido con el gato. Aunque no tan graciosa.</p><p>Donghwa (Ha Seong-guk) acaba de conocer al padre de su pareja (Kwon Hae-hyo), y ambos han salido a pasear por el monte. Se sientan, conversan, y en un momento dado <strong>Donghwa se queda solo contemplando el horizonte</strong>. Entonces saca su cuaderno, Hong procede a su <em>zoom out</em>, y el joven se pone a escribir. Una vez vuelve el padre de la novia, trae con él un <em>zoom in</em> que acerca el plano a ambos personajes mucho más que en la composición original, antes de que se separaran. Ya que el joven protagonista es poeta, y que se ha puesto a escribir inspirado por la visión de esa naturaleza, la lectura parece obvia. El zoom reflejaría su aliento poético. Hong se estaría identificando con Donghwa, como tantos otros protagonistas previos de su obra que son escritores y directores de cine.</p><p>Siendo obvia, <strong>esta lectura entraña problemas</strong>. Aceptando alegremente que ese último <em>zoom in</em>, tan anclado en la subjetividad del protagonista, obedece a una forzada resituación en el ahora tras haber dejado volar la imaginación, ¿merecían estas vistas tan excitada escritura? Conviene subrayar, en este punto, que el <strong>desaliño de Hong no se limita de un tiempo a esta parte a la distancia focal</strong>: en los últimos años ha ido recurriendo a una fotografía cada vez más pobre. Ni siquiera hablamos de ocurrencias estilo Radu Jude, que filmó la excelente <em>Kontinental ‘25</em> con un iPhone: Sang-soo utiliza cámaras desfasadas, sustancialmente peores de las que dispondría hoy día cualquier usuario promedio de un teléfono móvil. La capacidad entonces de <strong>registrar imágenes con matices y cualidades cinematográficas se ha reducido mucho</strong>, y Hong parece divertirse de lo lindo con ello. Buena parte de otro de sus últimos films, <em>In Water</em>, estaba totalmente desenfocada.</p><p>Así que, ¿cómo es la naturaleza que ha visto Donghwa, y que le ha movido a improvisar versos a la espera de que vuelva su suegro? Pues un <strong>amasijo informe de colores chillones y planos</strong>. Un imaginario impresionista, nos atreveríamos a sugerir, si no fuera porque su ubicación en el cuadro está tan destrozada por la luz que no hay un mínimo espacio para pinceladas de belleza. Todo luce quemado, y que Donghwa crea atisbar algo poéticamente estimulante en ello acaso podría dar cuenta de un presupuesto que <em>¿Qué te dice esta naturaleza?</em> va a trabajar a conciencia: <strong>Donghwa es un tipo esencialmente ridículo</strong>. Un intensito, un cursi. Alguien muy poco serio.</p><p>Varias de las interacciones que Donghwa tiene con la familia de su pareja aluden al bigotillo que se está dejando, frente al que todos contienen la risa. El argumento de <em>¿Qué te dice esa naturaleza?</em>, entonces, viene a articularse según unas coordenadas dramáticas bastante más sólidas que la media de Hong —durando poco más de 100 minutos, vendría a ser asimismo de las películas “largas” del coreano— <strong>apelando a la comedia de enredo</strong>, a algo estilo <em>Los padres de ella</em>. La película gira en torno a la <strong>accidentada visita del protagonista a la casa familiar de su pareja</strong>, conociendo a sus padres y a su hermana, y demostrando durante el proceso una inmadurez que terminará avergonzando a todo el mundo. Así es el planteamiento, así de difícil lo tiene la poesía.</p><p>No solo es el bigotillo o la fruición por paisajes desenfocados: también ocurre que <strong>Donghwa es un niño bien que ansía desligarse de su privilegio</strong> recurriendo a la creación artística. Empeñado en disimular, entonces, que tiene una red de apoyo tan capaz de permitirle todos los devaneos improductivos que quiera como de, llegado el caso y una vez fracase su aventura romántica, acogerle y reintegrarle en la sociedad mundana. Esta frivolidad integral chocará con el <strong>desordenado temperamento de la hermana de su pareja</strong> y con la sencilla honestidad de los padres. Siendo la madre, además, poeta (interpretada por Cho Yun-hee, otro rostro fetiche del cine de Sang-soo).</p><p><em>¿Qué te dice la naturaleza?</em> se empecina entonces en la toma de conciencia de Donghwa de su propio patetismo sin que esta tenga por qué darse en unos términos de realismo impuesto o cínico. <strong>Esta familia política no busca enseñarle a Donghwa lo superfluo del ejercicio poético</strong> —el personaje de Cho es tan sereno y positivo como el de Kwon—, sino dialogar con una poesía propia, distinta, y utilizarla para tensar las contradicciones inherentes a una concepción estética del mundo. Las estrategias de Hong remiten entonces a las de otros poetas que quisieron problematizar la poesía con las mismas armas de la poesía. Resurgen los versos del argentino <strong>Atahualpa Yupanqui</strong>: “Vive junto al pueblo/ no lo mires desde afuera/ que lo primero es ser hombre/ y lo segundo, poeta”.</p><p>Y antes de esa célebre conclusión: “Tú piensas que eres distinto/ porque te dicen poeta/ y tienes un mundo aparte/ más allá de las estrellas”. Donghwa se ha querido encaramar a una distinción y a un mundo aparte más bien falsario, fabulado a partir de esa naturaleza desordenada y vulgar que la rudimentaria cámara de Hong había registrado para él. <strong>Se ha quedado con la imagen que no debía</strong>, se ha buscado una más alternativa y elevada, y ese es el error que la película sancionará durante el metraje restante. Hasta que Donghwa, totalmente derrotado y gimoteante, abrace a su amada al día siguiente farfullando solo que la quiere, que la quiere. Asumiendo que se le ha agotado la poesía.</p><p>Pero, ¿por qué habría de agotarse la poesía? Hong sabe que esta nunca podría hacerlo si observáramos el mundo de otra forma, <strong>alérgica a más embellecimientos de los imprescindibles</strong> (o los sencillos). <em>¿Qué te dice esta naturaleza?</em> podría entonces legitimar en retrospectiva buena parte de lo que Hong ha hecho en los últimos años, darle una coartada filosófica bien definida a sus extravagancias. Remitiría entonces, por anclarnos a una tradición asiática, a una suerte de <strong>reflejo negativo de Yasujiro Ozu</strong>: si el japonés se había obsesionado con depurar y pulir su estilo al máximo, Hong ha querido empobrecerlo, enguarrarlo. Hacer películas cada vez más feas con una intención análoga a la del director de <em>Primavera tardía</em>: extraer la poesía en su auténtica pureza.</p><p>Para Hong, la poesía no reside en la escritura ornamental de Donghwa sino en la <strong>capacidad de esa familia de ver las cosas tal cual son</strong>, y no tanto conformarse con ello como estar a su altura. No es una concepción estética fácil de calibrar con los convencionalismos del cine —más afines, en realidad, a los que emanan del privilegio del protagonista—, y por eso a Hong no le queda otra que ir ensayando, probando cosas, haciéndose preguntas. <em>¿Qué te dice esta naturaleza?</em> es un <strong>título maravilloso por la facilidad con la que se transmuta en un simplísimo:</strong> <strong>¿Qué es la poesía? </strong></p><p>También porque se trata de una <strong>pregunta irresoluble</strong> al encomendarse a las perspectivas y a los estados de ánimo. Hong ha resuelto dedicar íntegramente su cine a esta pregunta, y es un verdadero placer seguir sus progresos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘¿Qué te dice esa naturaleza?’, una joya más a cargo del director coreano más ridículamente prolífico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Corea del Sur]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Los Javis se emparentan con Buñuel, Berlanga, Saura y Almodóvar con su éxito en Cannes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/javis-emparentan-bunuel-berlanga-saura-almodovar-exito-cannes_1_2198467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d54ae6d-1fb4-483f-a36f-b8edb32aa692_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Javis se emparentan con Buñuel, Berlanga, Saura y Almodóvar con su éxito en Cannes"></p><p>Podrán gustar más o menos al cinéfilo de turno, pero<a href="https://www.infolibre.es/cultura/javis-vuelta-mesias-hilo-conductor-espana-empatia_1_1613390.html" target="_blank"> Los Javis</a> —<strong>Javier Ambrossi</strong> y <strong>Javier Calvo</strong>— se han ganado ya por derecho un lugar destacado en la historia del cine español, refrendado este fin de semana con el <strong>Premio a Mejor Dirección</strong> en el<a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/javis-conquistan-cannes-bola-negra-homenaje-lorca-memoria-historica-queer_1_2197467.html" target="_blank"> Festival de Cannes</a> (<em>ex aequo</em> con Pawel Pawlikowski, por <em>Fatherland</em>) con su nueva película, <em><strong>La bola negra</strong></em>, que se estrenará el próximo 2 de octubre. Un triunfo en toda regla en el certamen cinematográfico más <strong>elitista </strong>y <strong>respetado </strong>del planeta, en el que también competían las nuevas obras de <strong>Pedro Almodóvar</strong> y <strong>Rodrigo Sorogoyen</strong>.</p><p>El éxito de <em>La bola negra</em>, cinta que parte de una obra inacabada de <strong>Federico García Lorca</strong>, incorpora a Los Javis a la mejor <strong>tradición </strong>de directores de cine españoles laureados en Cannes, con <strong>Luis Buñuel</strong> a la cabeza como el único que ha conquistado la Palma de Oro, en 1961 por <em><strong>Viridiana</strong></em>, y que justo una década antes ya había ganado el Premio a la Mejor Dirección por <em>Los olvidados</em>. </p><p>Otros nombres españoles premiados en tierras francesas fueron <strong>Luis García Berlanga</strong> (Premio Internacional del Buen Humor en 1953 por <em>Bienvenido Mr. Marshall</em>),<strong> Edgar Neville </strong>(Premio Homenaje también en 1953 por <em>Flamenco</em>), <strong>Carlos Saura</strong> (Premio Especial del Jurado con<em> Cría cuervos</em> en 1976), <strong>Víctor Erice</strong> (Premio del Jurado en 1992 por el documental <em>El sol del membrillo</em>), <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/almodovar-situacion-peligrosa-ultimos-50-anos-sociedad-espanola_1_2160868.html" target="_blank">Pedro Almodóvar</a> (Premio del Jurado y de Dirección con <em>Todo sobre mi madre</em> en 1999, y de nuevo en 2006 como Mejor Guion por <em>Volver</em>) y <strong>Oliver Laxe</strong> (Premio Fipresci en 2010 por <em>Todos vós sodes capitáns</em>, Premio de la Semana de la Crítica en 2016 por <em>Mimosas</em>, Premio del Jurado Un certain Regard en 2019 por <em>Lo que arde</em> y Premio del Jurado en 2025 por <em>Sirat</em>).</p><p>Un <strong>selecto club</strong>, como vemos, pues son muy poquitos nombres en 79 ediciones. "Como pasa a menudo, necesitamos la validación externa para creernos que lo nuestro es así de bueno", apunta a <strong>infoLibre </strong>el director y guionista Jorge Arenillas, que recuerda como ejemplo las mofas en torno al "<strong>éxito en otros países</strong> de Héroes del Silencio, como si fuera una invención de marketing". “Y ahí tienes a Bunbury, llenando estadios por todo el continente americano tres décadas después", apunta.</p><p>"Hasta que la<strong> élite del cine</strong> no lo ha certificado con un premio en Cannes, no sabíamos bien si Los Javis eran, en su corazón, los de<em> La Mesías</em> o los de<em> Mask Singer</em>. Y lo cierto es que, en 2026, ya no hay <strong>conflicto</strong>: puedes ser ambos. Pero bueno, seguirán negándolos porque hay quien se empeña en no ver la <strong>realidad</strong>, como aún ocurre con <strong>Javier Bardem</strong> o <strong>Penélope Cruz</strong>", destaca el realizador, quien pone así el dedo en la llaga de las <strong>envidias</strong>, las <strong>fobias </strong>y las <strong>manías </strong>variadas que levantan Ambrossi y Calvo allá por donde pasan y que mantienen, inexorablemente, a crítica y público divididos.</p><p>"Tienen un gran <strong>talento </strong>y <strong>conectan </strong>muy bien con todo lo que está pasando a cierto nivel", afirma a <strong>infoLibre </strong>el profesor de Estudios Cinematográficos en la Universidad Oxford Brookes, Alberto Mira. "También creo que, dado que el mundo va como va, esa <strong>conexión </strong>con ciertas corrientes despierta una profunda <strong>animosidad </strong>en el otro lado. En Cannes creo que la estrategia ha estado basada en eso y ya vemos lo que se ha montado. Tenemos a media España que no piensa ir a ver esa ‘<strong>mierda </strong><em><strong>woke</strong></em>' y a otra media que cree que Lorca fue un<strong> mártir gay</strong> a reivindicar. Esto no es culpa de Los Javis, que al fin y al cabo tienen que vender la película, pero nos da la medida de dónde estamos", añade.</p><p>Para la periodista María Guerra, una de las claves principales del éxito de Los Javis es que "han sabido leer el siglo XXI en la <strong>comunicación</strong>, se han saltado a los medios tradicionales y se han puesto en <strong>contacto directamente</strong> con su <strong>generación </strong>utilizando su <strong>lenguaje </strong>y sus intereses, a través de Instagram, por ejemplo". Y recuerda, asimismo, que cuando ya eran populares se apuntaron a ser jurados en programas de televisión como <em>Operación Triunfo</em> o <em>Drag Race</em>, lo cual encaja con su manera "<strong>desenfadada</strong> de contarse", que es la propia de su generación.</p><p>Otro punto destacable, según señala Guerra a <strong>infoLibre</strong>, es que "se han atrevido a reinterpretar la <strong>religión católica</strong>", en obras como <em>La llamada</em> o <em>La Mesías.</em> "No solo a través del marco <strong>represivo </strong>en el que estaba encajada la izquierda tradicional, sino también para criticarla con la <strong>libertad </strong>más total" y reflexionar sobre "cómo la Iglesia católica les ha afectado como generación" con una mirada distinta. "Ellos hablan a su generación e interpretan el pasado, fundamentalmente del colectivo LGTBIQ+. Y ahora hacen una relectura del gran mito gay de la <strong>Guerra Civil</strong>, que es <strong>Lorca</strong>", señala.</p><p>Y prosigue: "Tienen una gran <strong>ambición</strong>, por eso son <strong>autores </strong>y <strong>productores </strong>desde el minuto uno. Con el poderío de la producción, no quieren que <em>La bola negra</em> sea una obra gay pequeña e intimista. Así consiguen conectar, reinterpretar la historia de España a través de la Guerra Civil y al mito gay para la nueva generación. Estando en los <strong>márgenes</strong>, han sacado de ellos a lo <strong>LGTBIQ+ </strong>para su generación, y su condición de hombres les ha facilitado la <strong>credibilidad </strong>y la entrada en la industria, en la producción o en lugares como Cannes, en los que todavía las <strong>mujeres </strong>y el cine hecho por mujeres no tienen la misma credibilidad, ni en lo industrial ni en lo artístico".</p><p>En la misma dirección apunta Mira, para quien la carrera de Los Javis se fundamenta en una "gran <strong>originalidad </strong>basada en <strong>mitos pop</strong>", por lo que, en su opinión, la recurrente comparación con <strong>Almodóvar </strong>"no es <strong>irrelevante</strong>, aunque los mitos pop de 1980 no sean los de 2026". "Lo que hacen me fascina —continúa—, pero creo que me fascina más de lo que me gusta. Su <strong>conexión total</strong> con las nuevas <strong>mitologías</strong>, motivos y referentes (incluso técnicas de puesta en escena) hace que nos sintamos un poco <strong>distantes </strong>quienes estamos en otra frecuencia. Pero en el fondo hay una gran <strong>admiración</strong>: mucha gente es joven, pero solo ellos hacen lo que hacen", argumenta.</p><p>Asimismo, se pregunta el profesor "qué hay de <strong>estrategia </strong>y qué hay de <strong>sinceridad</strong>" en todos los grandes movimientos que hacen Ambrossi y Calvo, y que provocan siempre una gran <strong>repercusión </strong>a todos los niveles mediáticos. "No me es posible decidirlo", reconoce. Y añade: "Se les reprocha que todo sea un <strong>montaje</strong>, pero no sé. En el <strong>Hollywood </strong>clásico todo era montaje. Yo creo que incluso en <strong>Godard </strong>todo era montaje. Ser artista es entrar en montajes. Nos puede llegar más o menos, pero el caso es que<strong> no hay nadie como ellos</strong> en términos de contenido y creatividad".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 18:47:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <title><![CDATA[Bardem y otras personalidades del cine se suman al manifiesto contra el multimillonario Bolloré]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/bardem-personalidades-mundo-cine-ken-loach-yorgos-lanthimos-suman-manifiesto-multimillonario-bollore_1_2197517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a85ccc6e-3743-4289-917a-454223e1c8ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bardem y otras personalidades del cine se suman al manifiesto contra el multimillonario Bolloré"></p><p>Figuras como los actores <strong>Javier Bardem y Mark Ruffalo</strong> o el realizador británico <strong>Ken Loach</strong> sumaron sus firmas a las de unos 3.500 profesionales del cine que han suscrito ya un manifiesto expresando su preocupación por el avance del millonario de extrema derecha <a href="https://www.infolibre.es/medios/bollore-magnate-frances-ansia-control-pais-condena-ostracismo-atreven-criticarle_1_2194916.html"  >Vincent Bolloré</a> en el sector de la cultura en Francia.</p><p>Además de estos nombres, también se han añadido a la misiva el realizador griego <strong>Yorgos Lanthimos</strong>, el finlandés <strong>Aki Kaurismaki</strong> o el brasileño <strong>Walter Salles</strong>, según informó este viernes el medio especializado en cine <em>Screen</em>. </p><p>La carta, publicada en la antesala de la inauguración del Festival de Cannes en el diario <a href="https://www.liberation.fr/culture/cinema/en-direct-festival-de-cannes-jour-10-apres-le-choc-notre-salut-libe-pret-a-etre-ravi-par-los-javis-20260521_HDZGDMSS3FCA3OXJGCZHNZFRCA/"  ><em>Libération</em></a>, con unas 600 firmas, ha ido sumando apoyos, en especial a raíz de la polémica que desató Maxime Saada, el <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/palma-oro-cobardia-cannes-frente-control-fascista-bollore_1_2195384.html"  >presidente del Grupo Canal+</a> (que es el mayor financiador del cine francés y está controlado por Bolloré), al amenazar con <strong>dejar de trabajar con los firmantes</strong>.</p><p>El texto -que entre esos apoyos iniciales contaba con figuras como las actrices Juliette Binoche o Adèle Haenel- alertaba sobre una supuesta amenaza para la diversidad en el sector del cine.</p><p>Eso tras conocerse que, para 2028, este controvertido magnate -que controla también medios de comunicación y la editorial Louis Hachette Group/Lagardère, una de las más grandes del mundo- va a <strong>hacerse previsiblemente con el 100% de la cadena de cines UGC</strong>.</p><p>Tras las declaraciones de Saada, en el festival diversas figuras <strong>manifestaron su preocupación en las ruedas de prensa</strong> oficiales, como Jeanne Herry, directora de 'Garance', una de las cintas en competición por la Palma de Oro.</p><p>"Entiendo de dónde viene esta tribuna, <strong>nace del miedo, de la ansiedad</strong>. Está claro que cuando se oye hablar de listas negras y de amenazas, eso no hace más que alimentar esa ansiedad", manifestó la realizadora el lunes pasado, un día después de las amenazas del presidente de Canal+.</p><p>En las salas de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/javis-conquistan-cannes-bola-negra-homenaje-lorca-memoria-historica-queer_1_2197467.html"  >proyección de Cannes</a> también se ha crispado el ambiente y al aparecer en los créditos el logotipo de Canal+ ha sido habitual escuchar abucheos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2026 12:42:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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