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    <title><![CDATA[infoLibre - 8M]]></title>
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      <title><![CDATA[El 8M entre pupitres: "Mi familia piensa que los hombres tienen que ser los jefes y las mujeres hacer las tareas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/8m-pupitres-familia-piensa-hombres-jefes-mujeres-tareas_1_1194714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c876cfbc-a722-4104-95d8-8519df3d7187_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 8M entre pupitres: "Mi familia piensa que los hombres tienen que ser los jefes y las mujeres hacer las tareas""></p><p>Suena el timbre otro lunes más, pero algo en el ambiente parece distinto. El 8M lo impregna todo: lazos morados, cartulinas en las paredes, murales que recuerdan a mujeres pioneras. Aparecen de pronto Astrid Lidgren, Nadine Gordimer y Carmen de Burgos, <strong>sus nombres resuenan en las aulas </strong>y sus obras aterrizan en las manos del alumnado. En la pizarra de 1º C del IES Rey Pastor, en el distrito madrileño de Moratalaz, un recordatorio: Día Internacional de la Mujer. La mañana se antoja diferente. </p><p>Silvia Gallego se dirige a sus alumnos, una clase con una veintena de chicos y chicas que acaban de dar el salto al instituto. Llegan con fuerza a las aulas, llenos de preguntas. "Mientras Lorca y Alberti estaban escribiendo, otras mujeres lo hacían en la sombra", dice la profesora de Lengua y Literatura. Ellos lo saben bien, en los últimos días<strong> han estado buscando sus nombres en los libros de texto</strong>. A veces sin mucho éxito: uno de los alumnos sólo ha encontrado a una mujer referenciada en una antología de 180 páginas. </p><p>Hacen acto de presencia Emilia Pardo Bazán y María Zambrano. "Igual sólo os suenan por nombres de bibliotecas, pero eran grandes mujeres", señala. La docente pregunta por qué las mujeres han sido las grandes ausentes. ¿No escribían? Pregunta fácil para el alumnado:<strong> "Antes a las mujeres no les dejaban publicar"</strong>, dice una de las estudiantes. Lo expresan como una lección aprendida, conscientes de que aquello fue una realidad en un tiempo para ellos remoto. Se saben ajenos a un problema que creen superado. Hoy sería inaudito. ¿Lo sería? No hace tanto tiempo de aquello, se apresura a decir la docente, todas las conquistas son susceptibles de perderse.</p><p>Próxima parada: los cuentos populares. "¿Alguna vez habéis pensado si su contenido es machista?". Resuena un rotundo<em> sí </em>en el aula.<strong> "Todas necesitan a un hombre y las madrastras son las malas"</strong>. El compañero que más se resiste enmienda el discurso: "No todos los cuentos son machistas. En Pinocho no sale ninguna chica". Se hace el silencio y en seguida se da cuenta de lo que significa eso. El machismo a veces es sutil, pero no pasa desapercibido para los ojos del alumnado. Interviene otra de las niñas, dispuesta a ensanchar el significado de igualdad. "En Disney no hay ningún caso de homosexualidad o bisexualidad, las chicas siempre buscan al varón".</p><p>Se esfuman los cuentos, las películas, los relatos y llegan las historias personales. "Mi familia piensa que los hombres tienen que ser los jefes y las mujeres hacer las tareas", dice una. "Mi familia por parte de padre también es machista", responde otra. Asiente una tercera, <strong>"mi familia no me deja ser sincera"</strong>. Silvia Gallego observa, escucha y asume el reto de dar respuesta a situaciones complejas. "Hacéis muy bien en compartir ese sentimiento. Poco a poco, con el tiempo os darán más margen, cuando seáis un poco más mayores podréis ser más dueños de vuestros pensamientos". No lo dice en el momento, pero la profesora confesará después que por episodios como este es más necesario que nunca evitar que salga adelante la propuesta del <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/03/la_comunidad_madrid_sin_presupuestos_vista_mientras_ayuso_discute_con_vox_sobre_veto_parental_irpf_117463_1012.html" target="_blank">pin parental</a>. </p><p>El debate es constante y no falta alguna voz discordante: "Hay feministas que buscan igualdad y otras que quieren matar a todos los hombres", señala una alumna. Levanta la mano rápidamente una de las chicas. Esta se la sabe: recuerda que el feminismo es igualdad y que no es sólo cosa de mujeres. Que todo el mundo debería ser feminista, dice. Una cosa lleva a otra y la clase gira ahora en torno a la<strong> cosificación de las mujeres</strong>. Una de las niñas pregunta por un asunto que le inquieta, ha oído que hay países donde "alquilar a una mujer para tener hijos" es legal. Gestación subrogada, identifica su compañera, "a esas mujeres las están usando como si fueran objetos". Otra voz replica: "Pero puede ser una solución para las parejas homosexuales". Salta un compañero: "Para eso está la adopción". Otra de las chicas duda y se atreve a decir que "si la mujer lo ha elegido así" poco hay que debatir. "Como las mujeres que eligen ser prostitutas". Los chavales tienen apenas doce años y ya manejan las claves que atraviesan al movimiento feminista: sus consignas, sus teorías, sus contradicciones y sus batallas. </p><p><strong>De Ronaldos y Malumas</strong></p><p><strong>María del Carmen Melones</strong>, profesora de Lengua y Literatura en el mismo instituto público, tiene clase con 1º de Bachillerato. El grupo apenas supera la decena, los demás asisten desde casa, a través de la pantalla. Los alumnos, la inmensa mayoría mujeres, ya rozan –algunos superan– los dieciséis años y tienen las ideas claras. Aunque el interés no está tan a flor de piel: algunos desbloquean sus móviles a hurtadillas para mandar algún mensaje mientras la profesora se pelea con el proyector. Hay cosas que no cambian generación tras generación.</p><p>Pero la docente, ataviada con una camiseta morada, tiene un reclamo: la música. El objetivo no es otro que <strong>analizar las letras sexistas </strong>que anidan en el arte. Antes y ahora, año tras año. Suena <em>Te compro tu novia</em>, de Ramón Orlando. "Qué es esto", dice una de las chicas, incrédula. Pasamos a Los Ronaldos: "Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte / Hasta que digas sí". "Bueno, bueno, bueno", articula otra. Algunas resoplan. "¿Esto cómo puede ser legal?", pregunta una chica al fondo de la clase. "Criticamos mucho el reguetón, pero estos mensajes vienen de siempre", reconoce la profesora. Esas palabras valen oro: "Me lo voy a apuntar para decírselo a mis padres", contesta una de las alumnas. Lo hace. </p><p>Llega el turno de Maluma. Los chavales prescinden de leer la letra, la mayoría la conoce bien. "Nos gusta el ritmo,<strong> la letra es una mierda</strong>", interviene el chico sentado al lado del ventanal. Pero establece un matiz en defensa del artista colombiano: "Era distinto, aquí están sexualizando a la mujer". Nadie habla explícitamente de matar, comprar o violar. Se detiene y añade: "Sigue siendo igual de duro, pero es otro enfoque". ¿Se puede hablar de sexualidad desde el respeto a las mujeres? La pregunta sobrevuela en el aula e interviene una chica en primera fila, callada hasta ese momento. "Hay muchas canciones escritas por mujeres que hablan de su sexualidad", dice. Se acaba el tiempo. María del Carmen Melones remata la clase con una promesa de continuidad. "Seguiremos mañana", se despide y parece que el compromiso feminista podría, tal vez, durar todo el curso. </p><p><strong>Recuperar a las olvidadas</strong></p><p>Hace casi una década, la investigadora <strong>Ana López Navajas</strong> coordinó el mayor estudio hasta el momento sobre la presencia de las mujeres en los libros de texto. Las conclusiones fueron demoledoras: en secundaria, ellas sólo figuran en un 7,6% de los contenidos. Un porcentaje que se desploma en materias como Ciencias Sociales (6,3%), Informática (3,8%) y Tecnología (0,9%). Desde entonces, dice la experta, que prepara otra investigación en los mismos términos y una base de datos global de mujeres creadora, los avances han ido a cuentagotas. "Son pocos, pero sí se ha notado un avance, sobre todo en relación a iniciativas editoriales", señala en conversación telefónica. El progreso, aunque tenue, ha ido indiscutiblemente de la mano del "<strong>auge del feminismo</strong> en los últimos años y la incorporación de chicas jóvenes y combativas".</p><p>Esas chicas están en las aulas y demandan un cambio de paradigma. Lo percibe así Marian Moreno, técnica de coeducación en el Instituto Asturiano de la Mujer, quien apela también a la voluntad del profesorado y a los límites que conlleva dejarlo todo en sus manos. "Sigue siendo una cuestión voluntaria,<strong> personas al albur de lo que quieran los equipos directivos </strong>y el propio centro", perfila. Pero además, parte del alumnado "lo demanda, oye cosas, tiene dudas, lee, se entera, pide una enseñanza que las acoja". En el extremo opuesto, otro grupo de alumnos, "pequeño pero muy ruidoso", se ha alineado rápidamente junto a "los mensajes de la ultraderecha, han encajado con su pereza ante la igualdad y con su miedo a la pérdida de privilegios". </p><p>Las expertas miran con expectativas a la <a href="http://iam.asturias.es/documents/269132/370594/Coeducaci%C3%B3n+en+la+LOMLOE+Infograf%C3%ADa.pdf/5503d573-f001-c9b6-8d1c-260a04c0e23c" target="_blank">nueva ley educativa</a>, en vigor desde el pasado 19 de enero. La norma adopta un "enfoque de igualdad de género a través de la coeducación y fomenta en todas las etapas el aprendizaje de la igualdad efectiva de mujeres y hombres". La norma introduce en secundaria la "orientación educativa y profesional del alumnado", además de prever la incorporación de "contenidos específicos relacionados con la igualdad de trato y la no discriminación". Esta perspectiva habrá de quedar <strong>integrada en los libros de texto y materiales curriculares</strong>. El objetivo: cubrir la ausencia de mujeres en la enseñanza. </p><p>Actualmente, el currículo que fija el Ministerio de Educación contempla tan solo unas pinceladas de lo que las educadoras consideran recomendable. Varias sugerencias relativas al "respeto a la igualdad de oportunidades" en primaria y la prevención de la violencia de género en secundaria. En la ESO, algún avance curricular: las causas de "la lucha por el sufragio de la mujer" y los cambios sociales "derivados de la incorporación de la mujer al trabajo asalariado". De las<strong> olas del feminismo a lo largo de la historia</strong> o del papel de las <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/08/epica_recuerdo_para_ellos_corazones_olvido_para_ellas_117637_1012.html" target="_blank">mujeres en los conflictos</a>, ni rastro. Tampoco hay apenas cabida para las mujeres creadoras.</p><p>López Navajas recuerda, en ese sentido, que la coeducación debe tener presente un aspecto que no siempre está: las contribuciones culturales y científicas de las mujeres. La perspectiva de género, sostiene la experta, está asociada a la toma de conciencia respecto a la ausencia de mujeres. "Pero esa conciencia ya la tenemos, ahora hacen falta elementos de intervención didáctica". Si no, sostiene, lo que quedará serán "celebraciones" en días señalados que en ocasiones "<strong>casi hasta adormecen </strong>sobre la necesidad de intervenir en nuestras aulas".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sabela Rodríguez Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 8M entre pupitres: "Mi familia piensa que los hombres tienen que ser los jefes y las mujeres hacer las tareas"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Discriminación,Igualdad,Mujeres,Feminismo,Violencia machista,Machismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Para algunas personas siempre es 8 de marzo y para otras no lo será jamás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/que-ven-mis-ojos/personas-8-marzo-no-sera_1_1194709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0203b81f-1c72-40a2-95a2-8a2ed576cc80_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para algunas personas siempre es 8 de marzo y para otras no lo será jamás"></p><p> </p><p><em>“Quien no cree en la libertad de todas y todos, es porque sólo cree en la suya y en la de nadie más.”</em></p><p>La vida está llena de errores de cálculo y uno sonado fue el de Victor Hugo, que pronosticó que “el siglo XIX sería el de la liberación de la mujer igual que el XVIII fue el del hombre.” Como en la primera cosa se equivocó y en la segunda casi, queda claro que se puede ser un genio de las letras, escribir <em>Los miserables</em> y <em>Notre-Dame de París</em> y, sin embargo, <strong>no tener un pase como profeta o adivino.</strong> Su colega española, la condesa Emilia Pardo Bazán, de la que este 2021 se conmemoran los cien años de su nacimiento, lo conoció en la capital de Francia, en una tertulia celebrada en los salones literarios del editor Goncourt, y tras discutir educada pero vehementemente con él, que había ironizado sobre España, su gente y alguna de sus leyendas negras, provocando la respuesta airada de la autora de <em>Los pazos de Ulloa</em> y <em>El saludo de las brujas</em>, se debió de quedar a cuadros al ver que el gran hombre saldaba la trifulca regalándole, con un gesto magnánimo, una fotografía suya dedicada.</p><p>No fue su única experiencia de esa clase, las tuvo peores desde los comienzos de su carrera, cuando, al publicar su segunda novela, el crítico más célebre del momento la describió, supuestamente para alabarla, como <strong>“un error de la naturaleza, que ha puesto un cerebro de hombre en una cabeza de mujer”</strong>, con lo cual le abrió las puertas de la fama con un piropo envenenado. Años más tarde, cuando ya era una personalidad consagrada y sus libros se difundían de forma notable, intentó dos veces entrar en la Real Academia Española, provocando el rechazo de compañeros como Juan Valera, que lo consideró “una pretensión disparatada” o las burlas de Clarín, aunque es cierto que con el creador de <em>La Regenta</em> mantenía un largo pleito cultural. ¿Cómo iba a tener sitio en la institución en 1897, si allí no entró una mujer hasta 1978?.</p><p>Es sólo un ejemplo, entre tantos posibles. En estos tiempos, sin duda menos cerrados e impunes, pero tan hipócritas como cualesquiera otros, se dice que no se puede ser demócrata sin ser feminista, y añadiría que quienes aplauden a la ultraderecha no pueden ser ninguna de las dos cosas. El retroceso que ha sufrido el nivel de tolerancia con el fascismo en nuestro país <strong>es alarmante a todos los niveles</strong>, y da miedo en el territorio de la igualdad. Esa gente, nostálgica de un régimen sanguinario que, aparte de asesinar a decenas de miles de compatriotas en tiempo de guerra y en tiempo de paz, condenó a las mujeres al papel de actrices de reparto en su historia de miedo de treinta y ocho años, tiene una característica básica: cambia, pero no evoluciona; se adapta al medio, pero sus ideas y sus objetivos son inamovibles. Oír lo que dicen sobre este asunto, escuchar sus opiniones y las cifras trucadas con que se refieren a la violencia de género o sentirse abofeteado por ese término infame que tanto les gusta utilizar, “feminazi”, es lo malo; comprobar la forma en que algunas y algunos callan, miran para otra parte o se sonríen por lo bajo, es aún peor.</p><p>Por supuesto, hay que mencionar también las campañas publicitarias de quienes, una y otra vez, de día y de noche, por tierra, mar y aire, culpan a la anterior manifestación del 8M de ser la responsable del aumento de contagios, en su momento, de la pandemia de coronavirus, y que ya han tomado, allí donde les ha sido posible, medidas para prohibir las de este lunes. Estoy de acuerdo con que no se celebraran esta vez, como lo estaría respecto a cualquier otra reunión donde sea prácticamente imposible garantizar las medidas higiénicas y de distanciamiento que nos protegen de la enfermedad y si no se mantienen facilitan su transmisión; pero autoridades como la presidenta de la Comunidad de Madrid, el alcalde de la ciudad, sus equipos y sus aliados, deberían intentar o ser más coherentes o, como mínimo, disimular un poco. Que no vean peligro en las concentraciones de neonazis que acaban de celebrarse a bombo y platillo y sí lo vean ahora es comparable, por poner un ejemplo entre muchos posibles, a su insistencia, sin base ni prueba científica algunas, en que los usuarios del aeropuerto propagan el virus y los del Metro o los autobuses de la EMT no. No dicen lo que dicen porque se lo crean, <strong>sino para hacérselo creer a las y los demás.</strong></p><p>Hay hombres terribles, que no terminan de aceptar la igualdad de géneros, y hay mujeres que los jalean. Hay mujeres periodistas que hablan de ministras que han llegado a su cargo metiéndose en la cama de alguien y hay un público que les aplaude. Hay quienes tal vez ya tienen en los armarios de su casa un uniforme de la banda terrorista Falange, por si acaso. Y luego, para compensar, hay una mayoría de ciudadanas y ciudadanos que piensan como si viviéramos en el siglo XXI. Lo digo porque para algunas personas siempre es 8 de marzo y para otras no lo será jamás. Las primeras, son la civilización; las segundas<strong>, la barbarie</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <title><![CDATA[El paro entre las creadoras duplica el de los creadores y ganan casi un 20% menos que ellos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/paro-creadoras-duplica-creadores-ganan-20_1_1194689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/57ff79e0-9fc0-4164-bd6b-81dadb2ec8fb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El paro entre las creadoras duplica el de los creadores y ganan casi un 20% menos que ellos"></p><p>El mundo de la cultura tiene fama de ser más abierto, tolerante y progresista que otros sectores, pero reproduce los mismos mecanismos machistas que se dan en el mundo laboral español. Así lo señala el estudio<a href="http://www.fundacionsgae.org/es-es/sitepages/Mediateca_Detalle.aspx?i=147" target="_blank"><em> Autoras en el audiovisual, la música y las artes escénicas</em></a>, presentado por la SGAE este 8 de marzo y desarrollado a partir de más de 1.000 encuestas y tres grupos de discusión con autores y autoras. Hay dos cifras que llaman especialmente la atención. <strong>El paro de las creadoras duplica al de los creadores</strong>, con un 14,7% frente al 7,5%; solo el 60,8% de ellas tiene un trabajo remunerado, frente al 73,2% de ellos. Además, cuando sí están empleadas, las mujeres sufren <strong>una brecha salarial del 19,6%</strong>, obteniendo unos ingresos medios anuales de 14.192 euros por su actividad en el sector frente a los 17.647 de sus compañeros. El estudio está elaborado con datos de 2017 y 2018, y por lo tanto no recoge la situación de la pandemia, pero sí permite tener una idea general de la situación en el sector, en uno de los pocos estudios sobre la igualdad de género en el sector. </p><p>Esto se produce aunque <strong>la formación de las mujeres es más alta en todos los tramos de edad</strong>. Hay más mujeres que hombres en la mayoría de las enseñanzas artísticas, excepto en el audiovisual, y sea cual sea el nivel educativo: ellas suponen el 56,1% de las matriculadas —en danza, llegan al 90%; en arte dramático, al 60%. Y, además, tienen un nivel educativo más alto, puesto que el 68,9% de las mujeres frente al 48,6% de los hombres cuentan con un título universitario —en disciplinas como las artes escénicas, la diferencia es inmensa: 83% frente a 51%—. Pese a esto, sigue existiendo una brecha salarial, que además<strong> se agranda cuanto más precario es el sector</strong>. En el audiovisual, donde el estudio detecta los salarios más altos, se observa la distancia más corta entre los sueldos de hombres y mujeres —de un 12,3%—, mientras que en la música popular, donde se registran las pagas más bajas, esta brecha supera el 33%. Si comparamos con el conjunto de los sectores, sin embargo, la cultura está un poquito mejor, con una brecha salarial media de casi el 20% para las creadoras frente a una del 27% para el total de las trabajadoras, según <a href="https://www.ccoo.es/651ef47f1682df74d9eb09a5c29f8d9b000001.pdf" target="_blank">datos de Comisiones Obreras</a>.  </p><p>Además el estudio revela que aunque la tasa de autónomos y trabajadores por cuenta ajena es similar en ambos géneros dentro del sector, <strong>es más probable que las mujeres no estén cotizando</strong> por su trabajo, bien por no estar dadas de alta como autónomas bien porque no lo hacen sus empleadores: en total, el 25% de las mujeres no está cotizando, frente al 14% de los hombres. Las mujeres firman, además, más contratos a jornada parcial, y trabajan menos horas tanto en sus ocupaciones artísticas como en las complementarias realizadas en otros sectores, aunque <strong>el alto grado de pluriempleo </strong>reduce esta diferencia a menos de dos horas semanales. "En cuanto a la Seguridad Social, hay que decir que, en conjunto, <strong>las mujeres tienen menos cobertura</strong>", asegura el estudio. "Es en el régimen de autónomos donde la mujer está más desasistida. Hay también entre ellas menos personas cotizando en los dos regímenes a la vez, autónomos y asalariados. Todo ello, como decimos, a pesar de que son las mujeres las que más pluriempleo tienen".</p><p><strong>La desigualdad en los cuidados, otra piedra en el zapato</strong></p><p>El estudio vincula esta desigualdad tanto en el acceso al trabajo como en el salario con dos factores que no se dan únicamente, ni mucho menos, en la cultura: por una parte, la dedicación de las mujeres a <strong>las tareas del hogar y a los cuidados</strong>; por otra, una falta de lo que podríamos llamar autoestima laboral, que hace que ellas tarden más en decidirse a ejercer su profesión que ellos. Sobre el tiempo dedicado a las labores domésticas, la diferencia es obvia: ellas les dedican más horas que ellos a la semana (39,5 horas en total frente a 27,2 horas), y lo hacen en todas las tareas, desde cocinar hasta el cuidado de niños y mayores. Y esto sucede, asegura el estudio de la SGAE, <strong>sea cual sea la situación laboral de la mujer </strong>(trabaje a jornada completa o parcial, por cuenta ajena o propia) y de la familia (se tengan hijos o no, pareja o no), aunque cuando más diferencia hay entre las horas dedicadas por hombres y mujeres es <strong>cuando hay niños a cargo</strong>: entonces ellas dedican más de 62 horas semanales mientras ellos reservan menos de 38. </p><p>Esto último se percibe especialmente en la variación de las tasas de paro femenina por edades. "La mujer empieza teniendo una tasa de empleo similar al hombre", explicaba P<strong>ilar Granados, </strong>directora general del Centro de Investigación de Mercados del Entorno Cultural (CIMEC) y responsable del estudio. La cosa cambia conforme se va entrando en edad de tener hijos, hasta que <strong>a los 36-45 años la tasa de paro de las mujeres es cuatro veces mayor que la de los hombres</strong>, 20,5% frente a 5,6%. Después esta diferencia vuelve a reducirse, lo que Granados achacaba a que los hijos son ya adultos y no necesitan cuidados, pero a partir de los 56 años y hasta la jubilación las mujeres vuelven a encontrar aún más dificultad para encontrar trabajo, mientras ellos mantienen el empleo con más facilidad (33% de paro femenino frente al 14% masculino). </p><p>En un análisis más cualitativo, en las entrevistas con mujeres participantes en el estudio las conclusiones del informe son igualmente desoladoras. Se describe una carrera creativa tipo marcada por <strong>la inseguridad de adentrarse en un mundo</strong> en el que los principales referentes son hombres —y esto ocurre incluso en artes tan feminizados como el baile, donde los hombres siguen siendo mayoría, por ejemplo, en la dirección de la Compañía Nacional de Danza—; la decepción al darse cuenta de que son <strong>menospreciadas por su género </strong>—y aquí se incluye el acoso sexual—, lo que lleva a menudo al abandono de la profesión; y la rabia de ver cómo ni siquiera con una carrera consolidada, habiendo superado todos los obstáculos previos, son consideradas referentes artísticos dentro del canon. "Hay un conjunto de elementos productores de la desigualdad de género", explica el estudio, "que operan a lo largo de buena parte del itinerario profesional de las mujeres: por un lado, <strong>la presencia de hombres en los puntos clave de decisión</strong>; y, por otro lado, el recurso a la calidad y al talento como mecanismos subjetivos de legitimación de las decisiones". Así, <strong>solo el 17% de las entrevistadas consideraba que su carrera se había consolidado</strong>, frente al 27% de los hombres. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 14:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Feminismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El 8 de marzo de 1936]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/8-marzo-1936_1_1194697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/135dd72a-9204-4dd4-bd00-2ac3d717c9d1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 8 de marzo de 1936"></p><p>Tal como me apunta mi estimada y oportuna colaboradora Remedios Palomo, para ilustrar estas imágenes publicadas en la revista <em>Mundo Gráfico</em> correspondiente al número del 11 de marzo de 1936, <strong>la plaza de toros de Madrid registró un lleno absoluto</strong> con motivo de la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora de ese año, que por tratarse de la<strong> última conmemoración celebrada en tiempo de paz y la última posiblemente también hasta que la muerte del dictador hizo posible celebraciones similares </strong>en nuestra reciente historia, tiene una significación especial, tal como Remedios ha sabido documentar.</p><p>Quedaban apenas cuatro meses para que contra el entusiasmo y los derechos adquiridos por las mujeres españolas durante la Segunda República se sublevaran aquellos militares africanistas que, con el apoyo de los sectores más reaccionarios de la sociedad, impusieran una larga dictadura bajo los auspicios de la Iglesia católica, que <strong>volvió a someter a la mujer al yugo de esposa y madre</strong>.</p><p>Siempre que algo o alguien amenace los derechos de la mujer, ya sea vandalizando murales o prohibiendo convocatorias de manifestación que no rezan para otro tipo de actos de muy distinto signo, <strong>esos derechos deberán defenderse con el mismo celo y entusiasmo</strong> que advertimos en esas imágenes, porque este país ha podido comprobar que incluso con ese celo y entusiasmo puede acabar la barbarie represora.</p><p>Téngase muy en cuenta el contenido visual y conceptual de esas fotografías publicadas en el citado semanario cuando, ante el alcance masivo que han tenido las conmemoraciones del Día de la Mujer Trabajadora en los últimos años y el celo puesto por la derecha trina en incriminar la manifestación en 2020 como foco de contagio, se han orquestado<strong> iniciativas divisorias que podrían afectar a la organización y fortaleza del movimiento feminista</strong>.</p><p>____________________</p><p><strong>Félix Población</strong> es periodista y escritor. su último libro es 'La memoria nombrada' (Ed. El viejo topo, 2018).</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c633ec14-14c4-4572-a490-326e31441849]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 11:43:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Félix Población]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 8 de marzo de 1936]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Feminismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Planes de igualdad, fundamentales para lograr la igualdad real y efectiva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/planes-igualdad-fundamentales-lograr-igualdad-real-efectiva_1_1194687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da6b313c-fffb-4641-a6b6-f1bb2f78ea4b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Planes de igualdad, fundamentales para lograr la igualdad real y efectiva"></p><p>La<strong> Ley de Igualdad</strong> aprobada en el año 2007, si bien supuso un importante avance para las mujeres, vio muy limitada su eficacia por la <strong>falta del desarrollo reglamentario necesario</strong> que facilitara poner en marcha el objetivo primordial de la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.</p><p>Las mujeres tenemos <strong>menos empleos, peores trabajos y retribuciones, puestos más bajos y condiciones de trabajo que no se corresponden con las de nuestros compañeros</strong>. Por ello, tenemos el reto de situar algunos instrumentos que pueden permitir que las mujeres alcancemos la plena igualdad y que, seguro, servirán para aplicar en las empresas, con toda su eficacia, la propia Ley.</p><p>Uno de estos instrumentos son los <strong>planes de igualdad</strong>, que suponen una de las herramientas más potentes que nos han dotado a los sindicatos en los últimos años para poder hacer acción sindical y elecciones sindicales. Son acción sindical porque negociarlos es poder mejorar las condiciones laborales dentro de una empresa. Pero, además, son una herramienta potentísima y fundamental para hacer elecciones sindicales y poder acceder a aquellas empresas donde no hay representación sindical, pues ahora tienen la <strong>obligación de negociar un plan de igualdad</strong>.</p><p>En este sentido, saludamos que el Gobierno haya recogido nuestra iniciativa de obligar a las empresas a dotarse de un plan de igualdad para sus personas trabajadoras, ampliando el ámbito de aplicación a las <strong>empresas con más de 100 personas trabajadoras</strong> (en el año 2022 se extenderá a las empresas de más de 50), y que junto con el registro salarial, el desarrollo de un contenido mínimo de los diagnósticos de los planes de igualdad y la revisión de los sistemas de valoración de los puestos de trabajo, deberán recogerse <strong>en todos los convenios colectivos</strong>.</p><p>De esta forma, la negociación colectiva se convierte en un instrumento fundamental para impulsar la igualdad laboral entre hombres y mujeres. <strong>Los planes tendrán que adaptarse a la realidad de cada empresa</strong>, por lo que hay que sentarse a negociar, teniendo en cuenta el contenido mínimo que marca la norma. Las medidas concretas que se apliquen en el plan deben responder a los problemas de igualdad detectados en el diagnóstico y deben servir para corregir las desigualdades y eliminar las discriminaciones de forma eficaz y efectiva. Y<strong> la empresa está obligada a facilitar toda la información a la comisión negociadora, también lo relativo a las retribuciones de toda la empresa</strong>.</p><p>Debemos conseguir llegar a acuerdos en esta materia y va a ser complicado. Sabemos que el camino para las negociadoras y negociadores sindicales será duro e intenso, porque tendrán que revisar y adecuar los convenios en los próximos meses. Todas las empresas, independientemente de su tamaño,<strong> tienen que tener un registro retributivo de toda su plantilla</strong>, incluido el personal directivo y altos cargos, que deberá incluir los valores medios de los salarios, los complementos salariales y extrasalariales desglosados por sexos y por grupo profesional, categoría profesional, nivel, puesto o cualquier otro sistema de clasificación que se aplique en la empresa.</p><p>Desde UGT vamos a seguir luchando por acordar instrumentos en el diálogo social y acabar con cualquier tipo de brecha y discriminación en las empresas. Hay que recordar que <strong>las mujeres ganamos casi 6.000 euros menos que los hombres de media al año. Los empresarios se ahorran un tal de más de 44.000 millones de euros anuales en sueldos de las trabajadoras</strong>.</p><p>Hay que apostar de forma decidida por salir de esta crisis desde el punto de vista de la igualdad de género. <strong>Si no lo conseguimos, corremos el riesgo de perpetuar la situación y no relanzar ni nuestro modelo económico ni el social</strong>. El principio de igual salario por trabajo de igual valor es un hecho ya en el Estatuto de los Trabajadores, pero ponerlo en marcha requiere recursos económicos y humanos para poder llegar a todas las empresas de este país.</p><p>Por ello, este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, volveremos a reclamar <strong>más negociación y acuerdos a la patronal </strong>para conseguir este objetivo y, además, abordaremos desde el diálogo social el resto de las políticas necesarias para impulsar la igualdad real efectiva entre hombres y mujeres, como una ley de igualdad salarial, derogar la reforma laboral, incrementar el SMI, dignificar el cuidado y distintas políticas efectivas con perspectiva de género de forma transversal, en diversos ámbitos. <strong>Debemos reconstruir el país sin dejar a nadie atrás, tampoco a las mujeres</strong>.</p><p>_____________________</p><p><strong>Cristina Antoñanzas </strong>es vicesecretaria General de UGT</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 09:12:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Antoñanzas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Planes de igualdad, fundamentales para lograr la igualdad real y efectiva]]></media:title>
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      <title><![CDATA[De la moral de esclavas de las religiones a la ética emancipadora del feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/moral-esclavas-religiones-etica-emancipadora-feminismo_1_1194659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/333f7275-57f9-4906-a4c1-829c4cb85de2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la moral de esclavas de las religiones a la ética emancipadora del feminismo"></p><p><strong>Las mujeres, "la última colonia del capitalismo"</strong></p><p>La científica y filósofa de la ciencia india Vandana Shiva y la socióloga alemana Mira Mies son dos destacadas representantes del<strong> ecofeminismo</strong>, que Shiva define como "la convergencia de la ecología y el feminismo. La ecología dice que no se pueden destruir los fundamentos ecológicos a través de los que sobrevivimos y el feminismo recuerda que no hemos nacido iguales pero que formamos parte de la misma especie. Así, el ecofeminismo es realmente la filosofía de toda sociedad duradera".​ Ambas coinciden en la necesidad de una convergencia de los diferentes movimientos sociales en torno a los principios fundamentales de la justicia y la sostenibilidad y en la propuesta de una política que conjugue armónicamente<strong> la responsabilidad, el amor y la compasión con la naturaleza y los seres humanos</strong>.</p><p>Las dos intelectuales y activistas ecofeministas afirman que tanto las semillas como los cuerpos de las mujeres, que son sedes de la capacidad de generación<strong>, "figuran, a los ojos del patriarcado, entre las últimas colonias"</strong>, según la antropóloga ecofeminista española Yayo Herrero, que colabora con ellas en congresos y libro ("Sujetos arraigados en la tierra y los cuerpos": <em>39 Congreso de Teología: Justicia y compasión</em>, Nueva Utopía, Madrid, 2019, 32). Es una idea compartida por Antonio Campillo, catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia, para quien<strong> "las mujeres son ‘la última colonia’ de la economía capitalista"</strong> (Antonio Campillo, <em>Un lugar en el mundo</em>, La Catarata, 2019, 87).</p><p>También la comparte en el campo jurídico Teresa Vicente, directora de la Catedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza y defensora del reconocimiento del Mar Menor como sujeto de derechos. "En el origen moderno del Estado de Derecho –afirma–,<strong> las mujeres fueron excluidas de su dimensión filosófica, jurídica y política</strong>, les fue negado el valor y la condición ética suficiente para ser portadoras de derechos, esto es, sujetos de derechos". ("Las mujeres, defensoras de la igualdad y el cuidado de la naturaleza": Igual. Revista de género e igualdad 4 (2021), 35-59)</p><p>Si el capitalismo convierte a las mujeres en su última y hasta ahora inexpugnable colonia, <strong>las religiones constituyen el último y más eficaz bastión del mantenimiento del patriarcado duro y puro </strong>a partir de la imagen masculina de Dios, que torna sagradas y dotadas de poder absoluto a las masculinidades, como ya escribió la pensadora feminista Mary Daly, "si Dios es varón el varón es Dios".</p><p>Del 4 al 6 de abril de 2019 fui invitado a participar en el <em>I Congreso Internacional sobre Masculinidades e igualdad: en busca de buenas prácticas de masculinidades igualitarias desde el ámbito de la Universidad</em>, celebrado en la Universidad Miguel Hernández, de Elche (Alicante), al que asistieron más de 300 personas. En él pronuncié una conferencia sobre "Dioses varones, masculinidades sagradas y violencia contra las mujeres", que contó con una excelente acogida. Uno de la momentos de mayor impacto de la conferencia fue mi reflexión sobre la moral que las religiones –o mejor, buena parte de sus dirigentes– imponen a las mujeres, y la alternativa de la emancipación de las mujeres, que resumí en los dos decálogos que siguen, que responden a dos paradigmas de ética:<strong> el de las religiones patriarcales y el del feminismo,</strong> y que recojo en mi libro <em>La Internacional del odio</em> (Icaria, 2021, 2ª ed.)</p><p><strong>Decálogo de la moral de esclavas y subalternas, que imponen las religiones a las mujeres:</strong></p><p> <strong>Decálogo alternativo de la ética de emancipación de las mujeres:</strong></p><p> Creo que <strong>la ética feminista debe regirse por el imperativo que estableciera la filósofa feminista Mary Wollstonecraft</strong> (1759-1797): "No quiero que la mujer domine sobre el hombre, sino que sea dueña de sí misma".</p><p><strong>________________________</strong></p><p><strong>Juan José Tamayo</strong> es profesor emérito de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, y director y coautor de Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2019, 2ª ed., 2ª reimpresión)</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Tamayo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De la moral de esclavas de las religiones a la ética emancipadora del feminismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mejores sociedades eligen a las mejores mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-transicion/mejores-sociedades-eligen-mejores-mujeres_1_1194654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c268dbce-3b77-40c7-b069-c5e79c24e0b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mejores sociedades eligen a las mejores mujeres"></p><p>El pasado mes de abril, en plena emergencia de la primera ola del coronavirus, un <a href="https://www.forbes.com/sites/avivahwittenbergcox/2020/04/13/what-do-countries-with-the-best-coronavirus-reponses-have-in-common-women-leaders/?sh=7f6390323dec" target="_blank">artículo publicado en la revista Forbes</a> haciéndose eco de un informe basado en datos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), afirmaba que los países que en aquel momento tenían menor número de muertes por covid estaban gestionados por mujeres. Enseguida <strong>surgió la pregunta de si las mujeres gestionan mejor la pandemia que los hombres</strong>, si existía en la condición femenina un plus que le daba ventaja sobre la masculina.</p><p>El tiempo se ha encargado de ir enturbiando cualquier hipótesis monocausal sobre la pandemia, ya que países que en un momento eran modélicos luego dejaron de serlo, y viceversa. Pero merece la pena profundizar en el asunto. Y más en este 8M, <strong>trufado de confusión, de debates intrafeministas y de desdichadas simplificaciones</strong>.</p><p>Los siete países que en aquel trabajo se señalaban de manera positiva eran <strong>Alemania, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda y Taiwan</strong>. Si se tiene en cuenta que sólo en 20 naciones del mundo la jefatura de Estado o de gobierno la ostentan mujeres, como se muestra en <a href="https://www.unwomen.org/-/media/headquarters/attachments/sections/library/publications/2020/women-in-politics-map-2020-es.pdf?la=es&vs=828" target="_blank">este interesante mapa de ONU Mujeres</a>, realmente que siete de ellos fueran los mejores, llamativo.</p><p>Enseguida llegaron interpretaciones sobre el apego de las lideresas, por la propia naturaleza de su género, a los cuidados, la prudencia y a poner la vida por delante de la economía. Sin embargo, un análisis más profundo llevaba a desterrar la hipótesis. <strong>Desde nuestro entorno más cercano, la misma Comunidad de Madrid, hasta Estados orientales como Myanmar</strong> (en aquel momento), gobernados por mujeres, no han sido precisamente una muestra del cuidado y la empatía.</p><p>Sin embargo, si centramos el análisis en ver qué pasa en aquellos siete países citados por su buena gestión de la pandemia, de inmediato se podrá comprobar que todos ellos <strong>figuran en los puestos más altos de los diferentes rankings de calidad democrática</strong>:</p><p> Es verdad que los índices citados pueden provocar dudas, priorizan unas variables frente a otras y siempre son objeto de discusión, pero, <strong>¿acaso no es curioso que todos ellos coincidan en situar a esas naciones en los puestos más altos? </strong>Haría falta un análisis más pormenorizado para detallar las causas concretas, pero esta primera mirada ofrece una imagen reveladora.</p><p>Quizá, en lugar de afirmar que las mujeres gestionan mejor que los hombres, haya que profundizar un poco más en indagar<strong> qué caracteriza a las naciones que han sido capaces de elegir como presidentas o jefas de Estado precisamente a esas mujeres</strong>, cuya gestión es digna de alabanza. Y ahí nos encontraremos con que lo que tienen en común guarda relación con su madurez como sociedad, su cohesión social y la calidad de su democracia.</p><p>El éxito de algunas mujeres en la gestión de la pandemia no tendría tanto que ver, por consiguiente, con el hecho de ser mujeres, ni de, en consecuencia, estar atravesadas por los dones del cariño y los cuidados que el sesgo de género nos atribuye, sino con<strong> la madurez democrática de sociedades que son capaces de escoger no sólo a mujeres, sino a unas mujeres determinadas</strong>. Porque la igualdad, como la libertad o la justicia, es un asunto que atañe a las ciudadanías en su conjunto.</p><p>La causa feminista forma parte de un entramado de derechos y aspiraciones que apuntan a la calidad democrática, el equilibrio social, el conocimiento, el respeto al medio ambiente o la cultura. En esa atmósfera ética y estética, es donde <strong>la mujer ganará definitivamente los mejores puestos, y lo hará en nombre de los mejores valores</strong>.</p><p>Este es uno de los debates más interesantes sobre el feminismo que nos ha dejado un año de pandemia, pero, al igual que se preguntaba Mariam Martinez Bascuñan en <a href="https://elpais.com/opinion/2021-03-06/penelope-confinada.html" target="_blank">este artículo</a> sobre lo que el confinamiento ha supuesto a las mujeres:<strong> ¿por qué no estamos hablando de esto?</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Monge]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las mejores sociedades eligen a las mejores mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujeres,Feminismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria histórica vista con gafas moradas: ellos se llevan la gloria y ellas el olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/memoria-historica-vista-gafas-moradas-llevan-gloria-olvido_1_1194615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0a048cdb-da88-458e-9b15-098410eb608d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria histórica vista con gafas moradas: ellos se llevan la gloria y ellas el olvido"></p><p>Manuela Bergerot, actual coportavoz de Más Madrid, recuerda casi a la perfección esa charla de la histórica activista Justa Montero a la que acudió hace ya algunos años y que permitió que su cabeza hiciese <em>click</em>. “Nos dijo que teníamos que llevar el feminismo a todos nuestros espacios de compromiso”, rememora. Por aquel entonces, ella trabajaba intensamente en cuestiones relacionadas con la memoria histórica. Por eso, no dudó en poner el foco crítico sobre este campo. Al hacerlo, la venda cayó al suelo. Como en tantos ámbitos de la vida, en este también se dio cuenta de que existía una “naturalización del patriarcado” que relega a las mujeres de la <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/guerra_civil.html" target="_blank">Guerra Civil</a>, la Dictadura y la Transición a un segundo plano en el que <strong>suelen prevalecer los padecimientos sobre los compromisos políticos y las historias individuales sobre las luchas colectivas</strong>. Son reconocidos Buenaventura Durruti o Manuel Girón, pero apenas suenan nombres como el de Tomasa Cuevas o Rosario Sánchez Mora. Todos conocen las historias de los maquis, pero apenas se da relevancia a las fundamentales redes de apoyo de las mujeres para garantizar su supervivencia. Todos saben qué es la CNT, pero pocos la Unión de Mujeres Antifascistas Españolas.</p><p>El problema de una ausencia de memoria histórica con perspectiva de género reside en la imposición de narrativas que suelen apoyarse sobre el relato romántico de la guerra, marcado por la épica y protagonizado, en la mayoría de los casos, por personajes masculinos. “Se tiende a la masculinización y a la jerarquización, lo que ha llevado a <strong>priorizar aquellas historias de quienes estuvieron en el cuerpo a cuerpo</strong>”, cuenta Esther López Barceló, historiadora y responsable de Memoria Democrática de IU. Sin embargo, el papel de ellas también fue clave, y mucho menos reconocido, durante el conflicto bélico. En el frente, con nombres como el de Rosario Sánchez Mora, más conocida como <em>La Dinamitera</em>, quien con diecisiete años no dudó en incorporarse a las Milicias Obreras del Quinto Regimiento para tratar de contener la ofensiva sobre Madrid de las tropas del general golpista Emilio Mola y que acabó convirtiéndose en jefa de cartería de su división. Es solo uno de los muchos nombres de aquellas miles de mujeres que decidieron empuñar un fusil en la contienda. Como el de Paulina Órdena, destacada militante comunista que jugó un papel relevante en el frente de Granada. </p><p>“El hecho de haber priorizado esto es que tenemos toda la información que queremos sobre los batallones o el número de combatientes pero apenas sobre el papel jugado por las mujeres durante aquellas décadas”, apunta Julia Monge, miembro del colectivo memorialista <a href="http://www.intxorta.org/" target="_blank">Intxorta 1937 Kultur Elkartea</a>. Es una cuestión en la que también incide Bergerot. Al otro lado del teléfono, la experta explica que nunca se ha puesto “en valor” que la sociedad española levantó en su momento la cabeza gracias a todas aquellas mujeres anónimas de la posguerra <strong>que “sacaron con su esfuerzo adelante a todas las familias”</strong>. En buena parte de los casos, ellas solas. “Pero eso no parece tan épico”, dice. Igual que no parece tan épico, a priori, el papel que jugaron a la hora de mantener en pie la resistencia antifranquista. El recuerdo colectivo está repleto, por ejemplo, de numerosas historias sobre maquis como el histórico leonés Manuel Girón. Sin embargo, suele olvidarse que <strong>las redes de apoyo que se encargaban de establecer las mujeres eran claves para hacerles llegar la comida, ropa o medicinas para seguir batallando</strong>.</p><p>Por lo general, las expertas explican que buena parte del relato que se suele hacer de la mujer durante aquellas décadas negras gira alrededor de la represión sufrida por las mismas. “Es lo único que suele recuperarse”, coinciden. Un padecimiento que fue terrible. “Toda y cualquier conducta con connotación sexual que se ejerció sobre ellas por su condición de género –violaciones, tocamientos, purgantes, pelo rapado, colocación de pequeños moños rojos en la cabeza pelada al cero, amenazas, golpes, introducción de la cabeza en vinagre, abusos sexuales, torturas genitales, lenguaje verbal descalificatorio y violento, etc.– apuntaba a dominar, destruir, violentar, agredir, inspirar miedo, o peor, terror, degradar o humillarlas teniendo en cuenta el lugar que éstas ocupan en el sistema sexo/género”, recogen las catedráticas de Historia Cándida Martínez López y María Dolores Ramos en su artículo <a href="https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5041314" target="_blank">“La memoria histórica de las mujeres”</a>. Sin olvidar a todas aquellas que, más allá de la violencia física, <strong>sufrieron también desprecio social, hambre, depuraciones laborales</strong> o chantajes emocionales.</p><p><strong>“El padecimiento” no puede ser “lo único que se recupere”</strong></p><p>No puede, ni debe, dejar de hablarse de esta represión, por supuesto. Sin embargo, las tres expertas creen que “el padecimiento” no tiene que ser “lo único que se recupere”, como tampoco exclusivamente el rol de madres y cuidadoras que se encargó de asignarles el nacionalcatolicismo y que se sigue perpetuando en parte en la actualidad. Algo que, dicen, termina por despolitizarlas. Porque no hay que perder de vista que si fueron represaliadas o asesinadas fue, en gran parte de los casos, por su firme compromiso político. Como el de <strong>María Domínguez</strong>, la primera alcaldesa de España en época democrática cuyo nombre <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/02/02/feminismo_defensa_ultranza_los_derechos_civiles_tras_una_peineta_116140_1012.html" target="_blank">acaba de ser rescatado</a> del olvido gracias a la exhumación e identificación de sus restos en un pequeño municipio de Zaragoza, en el que la convencida socialista y fundadora de la sección local de UGT fue asesinada en septiembre de 1936. De hecho, Bergerot cuenta que la retirada de esta condición política quedaba perfectamente plasmada en las sentencias militares de la época franquista: a ellos se les condenaba por dicho compromiso, mientras que a ellas, en buena parte de los casos, símplemente por sus vínculos de parentesco con estos hombres.</p><p>Una idea de compromiso sentimental que sigue persistiendo en muchos casos. Es algo que se puede ver, como recuerdan las expertas, en algunos monumentos levantados en recuerdo de muchas de ellas. Es el caso, por ejemplo, del construido en el cementerio de Grazalema, en Cádiz, para rendir homenaje a las 15 mujeres y un niño asesinados tras el golpe de Estado de 1936. Un mausoleo compuesto por una escultura en la que se pueden ver las siluetas de todas ellas y en cuya base figuran corazones con sus nombres y una inscripción: “Por defender la paz y la libertad fueron asesinadas”. La antropóloga María Laura Martín-Chiappe ponía el foco en esta representación en su artículo <a href="https://ojs.uv.es/index.php/kamchatka/article/view/12439" target="_blank">“Fosas comunes de mujeres: narrativas de la(s) violencia(s) y lugares de dignificación”</a>. “Pareciera que estas elecciones pueden interpretarse dentro del más amplio sistema de significados en el cual las mujeres suelen ser vistas como víctimas sin agencia y sin intencionalidad política”, señalaba la experta, quien también se preguntaba cómo era posible que luchasen “por la paz y la libertad” si “como se desprende de las <strong>narrativas en torno a la represión contra las mujeres pensamos que éstas no tenían intereses o compromisos políticos</strong>”.</p><p><strong>Excepcionalidades que difuminan la “lucha colectiva”</strong></p><p>Es cierto que hay nombres que son extremadamente relevantes. Y que se conoce a la perfección sus logros y su trayectoria política. Solo hay que pensar, por ejemplo, en Dolores Ibarruri, <em>La Pasionaria</em>, o en Victoria Kent, la segunda abogada que consiguió colegiarse en España tras la valenciana Ascensión Chirivella. Para Monge, son mujeres cuyas historias no podemos olvidar. Sin embargo, <strong>cree que es un error no romper con un relato que las sitúa como excepcionalidades</strong>. Coincide con ella Bergerot. Considera que esta “atomización” difumina la existencia de una “lucha colectiva” durante aquella etapa negra. Porque no hay que olvidar que las mujeres empujaron con fuerza en las calles en pleno franquismo. Y que lo hicieron unidas. Por ejemplo, a finales de los años cincuenta o en la oleada huelguista de 1962. En aquella época, la Asociación de Mujeres Universitarias o el retorno de la Unión de Mujeres Antifascistas Españolas hicieron numerosos llamamientos para celebrar el Día Internacional de la Mujer a partir de 1954, el boicot a los transportes en 1957 o la celebración del Día de Huelga Nacional Pacífica en junio de 1959.</p><p>“Siempre se ha mirado a los movimientos sociales desde la clave obrerista, muy masculinizada, lo que ha provocado que el papel asociativo feminista en ese momento previo a la Transición siempre haya quedado en un segundo plano”, apostilla López. En este sentido, la historiadora también pone sobre la mesa la enorme importancia que tuvo el <strong>Movimiento Democrático de Mujeres</strong>, en cuya fundación tuvo un papel destacado la militante comunista Dulcinea Bellido. El colectivo surgió allá por 1965 en la órbita del Partido Comunista aunque con una perspectiva más plural. “Sus fundadoras y seguidoras vinculan la emancipación femenina con la abolición del régimen franquista. Combinan las reivindicaciones y políticas sociales con otras específicas en las que sobresale la defensa de la igualdad jurídica e introducen en la agenda reivindicativa peticiones que suponen una paulatina politización de lo privado: guarderías, comedores infantiles, educación sexual y anticonceptivos, entre otras”, recogen las dos catedráticas de Historia en su artículo. Entre sus prioridades, estaba llegar a todas las mujeres de los barrios. Por eso, el colectivo no dudó en insertarse tanto en las asociaciones de amas de casa como en las de vecinos.</p><p>“El movimiento más político y más transformador que hubo fue el feminista, aunque eso no está ni en los libros de texto ni en una memoria pública”, apunta Bergerot. En este sentido, pone de relieve un acontecimiento durante la Transición al que apenas se le da la relevancia que debería. En la redacción de la Constitución de 1978, el movimiento feminista madrileño, organizado alrededor de una serie de plataformas, presentó un manifiesto contra la Carta Magna y <strong>planteó una serie de propuestas “muy avanzadas” para la época</strong>, en las que incluso se ponía sobre la mesa la despenalización del aborto. “Fueron rechazadas por el PCE y el PSOE”, comenta Bergerot. Al final, hicieron campaña por la abstención. Ahora, cuatro décadas después de aquello, están marcados a fuego en el recuerdo colectivo los nombres de los siete padres de la Carta Magna. Pero el de Teresa Revilla, única mujer que formó parte de la Comisión Constitucional en aquella legislatura constituyente, poco a poco va cayendo en el olvido. Por todo ello, las expertas coinciden en la necesidad de impulsar una memoria histórica con perspectiva de género: “O lo hacemos o seguiremos perpetuando los roles del franquismo, eso es lo perverso”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Sánchez Castrillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La memoria histórica vista con gafas moradas: ellos se llevan la gloria y ellas el olvido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Memoria histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 8M bajo la mirada feminista de dos generaciones: "Puede haber división, pero no ruptura, seguimos siendo fuertes"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/8m-mirada-feminista-generaciones-haber-division-no-ruptura-seguimos-fuertes_1_1194608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una máxima del movimiento feminista organizado es <strong>trabajar en base a consensos</strong>. Los debates existen, las discrepancias siempre han estado, pero las activistas llevan años esforzándose por avanzar a partir de los acuerdos alcanzados en cada momento. Algo ha cambiado en los últimos años. Así lo perciben las veteranas y así se atreven a intuirlo sus <em>discípulas</em>, las chicas más jóvenes que se acercan al movimiento feminista. Este 8M, Día Internacional de la Mujer, infoLibre charla con ellas: mujeres que llevan décadas organizadas y jóvenes que llegan cargadas de fuerza.</p><p><strong>Teresa Sáez </strong>cumplirá en abril 64 años y empezó a participar activamente en el movimiento feminista a finales de los setenta. Cuando piensa en la evolución de los últimos años rebosa entusiasmo. "Ni en nuestros sueños nos imaginábamos esta respuesta a favor de la igualdad en los últimos cuatro años". Lo dice con rotundidad, convencida de estar en lo cierto. "En el primer 8M masivo que nos vimos en las calles<strong> aparecieron las lágrimas y los abrazos</strong>, lo habíamos conseguido. Y lo conseguimos con constancia y trabajo. Era nuestro objetivo: que el feminismo entrara en vena". Entró, pero algo se quebró.</p><p>No lo llamaría ruptura Ángeles Álvarez, feminista socialista. "No veo ruptura, veo un proceso", sostiene al otro lado del teléfono, muy similar al vivido en su juventud: las "mismas personas defienden las mismas posturas" de entonces. Álvarez se acercó al feminismo hace cuatro décadas y le ha acompañado toda una vida. Al echar la vista atrás entrevé los mismos debates que sobrevuelan hoy. "Hace cuarenta años ya estábamos con el debate sobre la prostitución, pero se resolvía por una vía muy sencilla: había temas que no se tocaban". Sencillamente, explica la activista, exdiputada y ex secretaria de Igualdad del Partido Socialista, porque no había acuerdo posible. "La prostitución no entraba en el manifiesto porque <strong>tenía que haber unanimidad</strong>". Y había, y hay, dos posiciones: quienes defienden su abolición y quienes ven en la regulación la única vía de salida posible. </p><p>Esa división se expresaba en las manifestaciones. "Nos pegábamos voces vía consignas, pero nunca hubo violencia. El año pasado fue un punto de inflexión: se arrancaron y se pisotearon pancartas. Nunca había pasado tal cosa, hubo violencia para taparle la boca al feminismo abolicionista", explica Álvarez. La manifestación de 2020 quedó <strong>marcada por la confrontación entre dos grupos</strong>. Las mujeres abolicionistas denunciaron ataques contra ellas y sus pancartas. La Comisión 8M aseguró que este bloque trató de adelantarse al resto para ocupar la primera línea. "Las compañeras realizaron un cordón con los brazos para garantizar que la cabecera pudiera acceder al escenario", pero el grupo "las agredió con insultos, empujones y golpes". Ya entonces orbitaba un asunto ahora crucial: la inclusión de las mujeres trans. "Las mujeres trans forman parte del movimiento feminista y para nosotras la transfobia es una forma de violencia. También lo es la apropiación y la instrumentalización del abolicionismo para reproducir un discurso de odio", decía la Comisión 8M.</p><p>El conflicto germinó en Madrid, pero se extendió con virulencia por todo el país. Teresa Sáez vuelve a los años ochenta y noventa. El abolicionismo ya existía entonces y no siempre cosechaba elogios, pero los disensos convivían. "Esa es la diferencia", rememora la activista, "éramos <strong>capaces de aprender las unas de las otras</strong>, escuchábamos y había una actitud de ponerse del lado de las mujeres". Aquellos debates pretéritos se reformulan ahora. "También hemos vivido el debate en torno al sujeto del feminismo, si debían ser las mujeres trabajadoras o todas las mujeres", cita a modo de ejemplo. Ahora son las mujeres trans quienes piden su turno. "Nuestro sujeto va a ir cambiando, como cambia la vida, pero debemos conservar la consigna de 'todos los derechos para todas'", opina. Perder de vista esos principios es "forzar la máquina" hasta degenerar en "posiciones dentro del feminismo que no se habían vivido nunca". "Esta exclusión, este casi negar la palabra, es un retroceso impresionante", explica.</p><p><strong>Purpurina y política</strong></p><p><strong>Patricia Aranguren</strong> llegó al activismo al calor del movimiento LGTBI en Pamplona. Aquello fue como una suerte de salvavidas: allí la recibieron con los brazos abiertos cuando la joven estaba saliendo del armario. A los 22 años se traslada a Madrid y se topa con la Comisión 8M en plena efervescencia. "Nunca había estado en una asamblea feminista como tal y aquella era de 200 personas, con mujeres súper mayores y adolescentes de quince años", recuerda cuatro años después. "Me encontré a mujeres racializadas, trabajadoras del hogar, compañeras en silla de ruedas. Esa imagen<strong> me impactó y me enganchó muchísimo</strong>", reconoce la joven. "Yo no hablé", admite. Cómo iba a hablar, "nunca había vivido algo así". En la Comisión 8M encontró "redes muy bonitas intergeneracionales" que se pasan el testigo sin asomo de superioridad. "Las mayores siempre nos están diciendo que son ellas las que aprenden de nosotras, pero yo no sé qué aprenderán", confiesa.</p><p>La brecha generacional es anecdótica. "Lo comentamos mucho en las cañas de después. Por ejemplo, ellas dicen que llevan <strong>toda la vida luchando contra los estereotipos</strong>, una de las cosas que hacían antes era no maquillarse y de pronto se encuentran con chavalas de quince años que no es que vayan maquilladas, es que llevan purpurina en la sombra de ojos".</p><p>La purpurina cabalga junto a la política. Y a veces emergen tensiones. "Ha pasado muy rápido en los últimos tres años", dice en referencia al debate sobre la autodeterminación de género. "Las personas trans siempre estaban en las asambleas porque les atraviesan las violencias del patriarcado". La ley que prepara el Ministerio de Igualdad ni siquiera es objeto de disputa, sostiene la activista: "No estoy en muchas asambleas en las que la gente se lea las leyes y las debata". Para ella, el conflicto sobre el encaje de las personas trans "es un debate de mentira, <strong>no tiene nada que ver" con las feministas</strong>, "es política institucional". </p><p>También habla de política Ángeles Álvarez. "Hay un grupo minoritario en el movimiento de mujeres, en posiciones según mi manera de entender muy poco feministas,<strong> colocadas en un discurso neoliberal con la etiqueta de izquierdas</strong>". Ese grupo, opina la socialista, "se ha encontrado con un partido político que necesita confrontar con el partido que ha llevado las políticas públicas más importantes y que necesita tener banderas propias". El primer partido es Unidas Podemos, el otro el Partido Socialista. Los morados "han encontrado en este tema un espacio de confrontación, pero a medida que aprenden de feminismo se les desdibuja su línea con el PSOE". Pone dos ejemplos: la postura crítica de Podemos respecto a la prostitución y los vientres de alquiler. "Ese pequeño grupo con un partido necesita dibujar un perfil propio, pero no sé hasta dónde quieren llegar".</p><p><strong>"Les va la vida en ello"</strong></p><p>Laura Curiel aborda el debate con extraordinaria lucidez. A los quince años se dio cuenta de "la realidad: que <strong>a la mujer le quedaba un trayecto para vencer las desigualdades</strong>, las violencias machistas y la discriminación". Aquel sentir nació gracias al estímulo de las protestas contra La Manada y el movimiento #MeToo. "Todo eso nos unió más", dice la joven de ahora 19 años. Es su primer año en la Comisión 8M de Madrid, a la que entró "con el objetivo de compartir conocimientos y construir una estrategia que genere cambios en la sociedad, para una transformación feminista". Dice que fue a por todas, que se sintió como en casa. </p><p>La activista no niega el debate, pero sitúa la confrontación en un segundo plano. Está entusiasmada. "Aprendo cada día de mis compañeras, de su manera de pensar, su trayectoria, sus historias, sus victorias y sus derrotas, esto es <strong>una gran inspiración para mí</strong>", confiesa acelerada. Cree que "puede haber una ruptura" a raíz de la autodeterminación de género, pero busca acercar posiciones. Se toma unos segundos para pensarlo y rectifica: "Puede haber división, pero no ruptura, seguimos siendo fuertes. Hablando y educando nos entenderemos".</p><p>Patricia Aranguren califica el actual como un "momento raro de pausa" pero dice tener "mucho ánimo". Lo potente del 8M "es el proceso que genera" y ahí es donde están ahora las activistas. A Teresa Sáez le preocupa que las tensiones puedan disuadir a las generaciones más jóvenes, pero cree importante que esas chicas "no lo duden: el feminismo es placer y lo que se ha conseguido tiene que continuar". Ahí coinciden todas. A las más jóvenes Ángeles Álvarez les diría que "la prostitución no es una opción laboral, que alquilar el cuerpo no es una alternativa para sobrevivir y que tienen el orgullo de ser mujeres". Pero sobre todo les diría <strong>que no den un paso atrás, que el feminismo es suyo</strong> y "que les va la vida en ello".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sabela Rodríguez Álvarez]]></author>
      <media:title><![CDATA[El 8M bajo la mirada feminista de dos generaciones: "Puede haber división, pero no ruptura, seguimos siendo fuertes"]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Mujeres,Feminismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángeles Carmona: "La ley del 'sólo sí es sí' es necesaria, pero hay que definir más el consentimiento para no generar inseguridad jurídica"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/angeles-carmona-ley-si-si-necesaria-hay-definir-consentimiento-no-generar-inseguridad-juridica_1_1194592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a55c3ffd-b2b0-4da8-b7f8-325162ad0955_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ángeles Carmona: "La ley del 'sólo sí es sí' es necesaria, pero hay que definir más el consentimiento para no generar inseguridad jurídica""></p><p>Ángeles Carmona es presidenta del <a href="https://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Violencia-domestica-y-de-genero/" target="_blank">Observatorio contra la Violencia de Género</a> del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) desde hace siete años. En entrevista telefónica con infoLibre a propósito del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, esta secretaria judicial con experiencia de más de una década en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 3 de Sevilla ve una prioridad ampliar el concepto de violencia de género más allá de la pareja o expareja así como seguir concienciando para implicar al entorno de la víctima y así ayudarla a denunciar y tener una red de apoyo. Insiste en que "archivo o sobreseimiento de las actuaciones no es igual a denuncia falsa" y revela que la sentencia del Supremo sobre el caso de La Manada de Pamplona supuso "un antes y un después" y se tradujo a muchos otros idiomas por el interés que suscitó fuera de España.</p><p><strong>PREGUNTA: Después de quince años de aplicación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, ¿qué balance hace sobre la evolución de este problema estructural?</strong></p><p>RESPUESTA: El balance que hacemos sin duda es positivo. Por supuesto, tenemos que seguir lamentando por desgracia asesinatos de mujeres por violencia de género y desde luego la violencia de género sigue existiendo en nuestro país. No sólo en pareja, que es la que trata la Ley, sino toda la violencia que se ejerce sobre la mujer por el hecho de ser mujer. Es una cuestión de Estado, que es lo que hemos conseguido en estos últimos años, que esté en la agenda política, de los medios de comunicación, y es un gran triunfo que la Ley esté siendo imitada por legislaciones de los países de nuestro entorno y haya recibido premios internacionales, ni más ni menos que de ONU Mujeres. Por tanto, el balance que hacemos es que tenemos que estar muy orgullosas de que España sea uno de los países que ha abanderado esta lucha.</p><p>Ahora bien, la segunda lectura es que no podemos bajar la guardia. Tenemos que seguir trabajando de la manera que lo estamos haciendo y tenemos que seguir dando pasos adelante. Y uno de los pasos más importantes que se han hecho en los últimos años en España es el Pacto de Estado contra la violencia de género que se firmó hace un poco más de tres años y que va implementándose poco a poco. Todavía quedan reformas legislativas que el CGPJ propuso y están pendientes, pero poco a poco se van implementando y ese va a ser el gran paso adelante por la erradicación de todo tipo de violencia sobre la mujer.</p><p><strong>P: ¿Qué tipo de reformas?</strong></p><p>R: Ha habido reformas, y algunas muy importantes, pero todavía quedan por hacer. Por ejemplo, una de las reformas más importantes que se hicieron fue en 2015 cuando se introdujo a los menores como víctimas directas en el artículo 1 de la Ley. Pero hay que dar un paso más allá porque nos obliga el Pacto de Estado y también el Convenio de Estambul. Tenemos que ampliar el concepto de violencia de género a otras formas de violencia sobre la mujer que por desgracia ocurren también en España como son los matrimonios forzados, la mutilación genital femenina, la trata de mujeres y niños, que es uno de los delitos más silenciados en el mundo. Y, por supuesto, los delitos contra la libertad sexual fuera de la pareja. Ese sería el gran paso importante que cabe esperar y estoy convencida de que se implementará en los próximos años.</p><p><strong>P: Del análisis que ha hecho el Observatorio de los quince años de aplicación de la Ley, ¿qué datos ayudan a entender el problema estructural de la violencia de género?</strong></p><p>R: Lo que tratamos sobre todo es de visibilizar los falsos mitos que existen sobre la violencia de género. Por ejemplo, hay quien piensa que la mayoría de las víctimas son mujeres extranjeras, que los maltratadores son extranjeros porque pertenecen a otro tipo de cultura más machista, y no es así. Hemos visto en nuestros estudios que la inmensa mayoría de los hechos delictivos se cometen contra mujeres españolas y la mayoría de los maltratadores son españoles. Hemos visto también en nuestras estadísticas factores muy importantes de vulnerabilidad de mujeres, por ejemplo que la inmensa mayoría de las víctimas son madres con hijos menores de edad. Hemos visto también que la inmensa mayoría de los asesinatos, un 75%, se producen en poblaciones inferiores a 100.000 habitantes, es decir, la ruralidad también es un factor de vulnerabilidad, lo cual nos ha ayudado a proponer medidas para que todas las campañas y todos los recursos se extiendan a todos los territorios.</p><p>Por otro lado, vemos que hay un porcentaje bastante alto de mujeres que se acoge a su derecho a no declarar y que eso eleva el riesgo de ser víctima de delitos más graves, y esto nos ha permitido proponer que se modifique el Código Penal para que esas mujeres puedan ser protegidas aunque se acojan a ese derecho a no declarar. Hemos propuesto en el Consejo que se elimine la atenuante de confesión en los casos de asesinatos por violencia de género porque hemos visto cómo se aminoran las penas, a veces entre dos y tres años de prisión, precisamente por esa confesión cuando esa confesión puede ser incluso un hecho de reivindicación, de jactancia, de culpabilidad de la víctima.</p><p><strong>P: Según la estadística del Observatorio, las denuncias que presentan las víctimas en los juzgados o su entorno siguen siendo muy bajas, por debajo de atestados policiales o partes médicos. ¿Cree que se debe a una falta de confianza en el sistema judicial?</strong></p><p>R: Lo que nosotros vemos es que la mayoría de las denuncias que se presentan en el juzgado se presentan a través de atestados policiales. Esto es algo muy bueno en el sentido de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están también especializadas en esta materia, tienen un sistema de valoración del riesgo que hace que la mujer se pueda sentir protegida desde el minuto uno. Desde el momento en que pone la denuncia, esa mujer se integra en el sistema vioGén, que es el sistema que utiliza el Ministerio del Interior, se le valora el riesgo y además se adoptan medidas policiales, como es, por ejemplo, la detención del maltratador. Si se presentara directamente en el juzgado, quizá no tendría una respuesta tan, tan inmediata. Por eso no es que desconfíen del sistema, ni muchísimo menos. Además, el atestado policial llega en el minuto a los juzgados y ahí se adoptan las medidas judiciales, que son autos de alejamiento, de prohibición de comunicación e incluso la prisión preventiva en muchas ocasiones.</p><p>Yo estoy convencida de que en España lo que hace falta todavía es concienciación del entorno de la víctima. Dejamos demasiada responsabilidad a la víctima de dar ese paso de denunciar y a veces ese paso es muy difícil o incluso imposible porque la víctima tiene terror, tiene miedo al maltratador. Tiene mucho sentimiento de culpa, quiere proteger a sus hijos y por eso no denuncia. Necesitamos la implicación del entorno y si no tiene ese apoyo, difícilmente va a dar ese paso tan importante de poner los hechos en comunicación de las autoridades. Sólo denunciando se puede poner en marcha todo el mecanismo integral de protección de la víctima. No queremos que haya impunidad. Esto es un delito público perseguido de oficio, muy grave, castigado con las penas más graves que existen en nuestro Código Penal y no queremos que el maltratador piense que maltratando no le va a pasar más. Necesitamos que toda la sociedad sepa que hay una respuesta contundente de todo el sistema judicial para que estos hechos sean castigados. Por eso decimos que la denuncia es tan importante. Ahora bien, no podemos dejar toda la responsabilidad a una mujer que está aterrorizada, por eso siempre hacemos un llamamiento a las familias, a las personas que están cerca, a los vecinos, a la gente que va por la calle, que si ve un hecho de estas características, lo ponga en conocimiento de las autoridades.</p><p><strong>P: ¿A qué cree que se debe que haya un gran número de denuncias que acaban finalmente en archivo? ¿Faltan medios para investigar?</strong></p><p>R: No, en absoluto. En España hay muchísimos medios para que los procedimientos continúen hasta el objetivo último, que es la condena, evidentemente, si realmente se acreditan los hechos. Ocurren varias cosas: como he dicho, hay veces que las propias mujeres se acogen a su derecho a no declarar, cosa completamente comprensible habida cuenta la situación tan difícil que están soportando; los propios maltratadores buscan la impunidad y cometen los delitos en la intimidad familiar, sin testigos, sin ninguna otra prueba que pueda acreditar que los hechos se han cometido y si no tenemos la declaración de la víctima, difícilmente ese procedimiento va a llegar a un juicio en el que se pueda romper el principio de presunción de inocencia, que es uno de los principios más importantes que tiene nuestra Constitución.</p><p>Esas son las dificultades más importantes que encontramos en los juzgados, pero herramientas, todas las del mundo. Tenemos unas unidades de valoración integral forense que valoran las secuelas psicológicas, la violencia psicológica, la violencia económica… Tipos de violencia que a veces es complicado acreditar porque no hay un parte de lesiones. Tenemos por supuesto una policía especializada y fiscales y un turno de oficio de abogados especializados, no sólo jueces. Tenemos órganos judiciales especializados, algo que es único en el mundo. Es decir, las herramientas están todas y las tenemos que utilizar lo mejor posible de la forma más profesional y seguir dando pasos adelante porque nuestro objetivo es que ni una sola mujer tenga que sufrir esta violencia, y en el caso de que la sufra, que la respuesta judicial sea absolutamente contundente.</p><p><strong>P: Los que niegan que exista una violencia de género utilizan estas cifras de archivo para sus argumentaciones…</strong></p><p>R: Esa es una forma de tergiversar un dato para tener un discurso absolutamente falso. Nadie cuenta cuántos procedimientos por robo se archivan porque no se conoce el autor y nadie dice que la gente que denuncia robos lo hace falsamente. En este ámbito de la violencia de género, sí que lo hacen. Archivo o sobreseimiento de las actuaciones no es igual a denuncia falsa. Ni tampoco la sentencia absolutoria es igual a denuncia falsa. Lo que hace siempre la Fiscalía en su Memoria anual es contabilizar las sentencias que se dictan en España por denuncia falsa en violencia de género y de ahí es de donde sale ese porcentaje del 0,019% de las denuncias presentadas. Este es el dato real, un dato tan ínfimo que es insignificante y muy inferior a las denuncias falsas por otros delitos. La única manera de desmentir esas afirmaciones es haciendo estudios como hacemos en el Observatorio, al igual que la Fiscalía.</p><p><strong>P: Una reciente sentencia del Tribunal Supremo y el anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal abogan por acabar con la dispensa de declarar para las víctimas aunque retiren la acusación. ¿Cree que es una forma de tratar de evitar que muchos casos terminen en archivo o, por el contrario, puede provocar que cada vez más víctimas se resistan a denunciar?</strong></p><p>R: Esto ha provocado ríos de tinta entre los juristas porque es un tema de técnica jurídica complicada. Porque poniéndonos en la piel de esas mujeres, que están <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/08/21/ocho_cada_diez_victimas_mortales_violencia_machista_no_denuncia_por_miedo_desconfianza_las_instituciones_85960_1012.html" target="_blank">aterrorizadas</a>, las pones en la tesitura de que hay que <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/02/01/la_dispensa_declarar_las_victimas_problema_que_no_baja_anos_ley_contra_violencia_machista_que_quiere_corregir_115953_1012.html" target="_blank">declarar sí o sí</a> y es fácil imaginarse la perversión del sistema para una mujer a la que pretendemos proteger. Hay que tener mucho cuidado con ese artículo a ver cómo se modifica porque lo importante es no desproteger a la víctima y, de hecho, lo que dice el Pacto de Estado es que tenemos que proteger los espacios de impunidad. Evidentemente, si la mujer no declara, el maltratador se va de rositas y va a seguir maltratando a esa mujer o a otras mujeres con las que tenga relación y va a pensar que no pasa nada. La técnica jurídica es muy difícil.</p><p>Pero el paso dado por el <a href="https://www.europapress.es/nacional/noticia-supremo-cambia-doctrina-determina-victimas-deben-declarar-contra-agresor-retiren-acusacion-20200727184210.html" target="_blank">Tribunal Supremo</a> es muy importante: cuando una mujer ya ha venido al juzgado, ha contado su historia y después de eso vuelve y no declara, ahí es cuando no podemos permitir que el procedimiento se pare. Por eso, en el Observatorio propusimos que todas las declaraciones de la víctima fueran grabadas, con todas las garantías procesales que establece la ley, para el caso en que en el momento del juicio esa mujer, por lo que sea, no quiere ratificarse y se acoge a su derecho a no declarar, por lo menos tengamos esa declaración que sirva como indicio de algo junto con otras pruebas. Es muy delicado, estos delitos afectan de forma exacerbada a la dignidad de las personas y por lo tanto la técnica jurídica tiene que estar muy bien engarzada. Lo importante sobre todo es no desproteger a la víctima, que un archivo no deje a la víctima en una situación de vulnerabilidad extrema y seguir atendiéndola con recursos asistenciales o policiales.</p><p><strong>P: ¿Qué impacto ha tenido el confinamiento domiciliario provocado por la pandemia en las mujeres que sufren violencia de género? Durante el confinamiento, subieron las llamadas y mensajes con peticiones de ayuda y, sin embargo, bajaron las denuncias. Después, aumentaron las denuncias considerablemente.</strong></p><p>R: Hemos hecho un análisis importante, sobre todo de los tres meses de confinamiento total, cuando descendió en un 23% el número de denuncias. Y eso nos preocupa porque el CGPJ declaró que toda la actividad judicial relacionada con violencia de género era servicio esencial, no dejamos de trabajar en ningún momento. ¿Por qué hubo un descenso? Porque las mujeres que estaban conviviendo con su maltratador difícilmente podían encontrar un momento en el que salir a denunciar. Y cuando empezó la desescalada, vimos que aumentaron mucho las denuncias, denuncias que se referían a hechos del momento del confinamiento.</p><p>Hemos observado en esta época de confinamiento mucho más control por parte de los maltratadores a través de las redes sociales y quebrantamiento de prohibiciones de comunicación. Queremos que todas las mujeres sepan que todos los servicios siguen abiertos 24 horas al día, tanto de la policía como de los órganos asistenciales y judiciales, y que desde luego la denuncia es importante. Las mujeres que conviven con su maltratador tienen un riesgo enorme: todos los asesinatos que se produjeron en los tres meses de confinamiento se produjeron en el domicilio por parte de la pareja, dos delante de los hijos menores de edad. Hacemos un llamamiento a los vecinos: cualquier persona que oiga que una mujer está gritando en la casa de al lado, que llame a las autoridades para evitar delitos tan graves.</p><p><strong>P: ¿Qué les diría a los que, en pleno 2021, siguen equiparando violencia machista o de género con violencia intrafamiliar o doméstica? ¿Qué ocurre si se mezclan los conceptos?</strong></p><p>R: Lo que ocurre es que empezamos a dar pasos atrás en todos los adelantos y éxitos que hemos tenido en España dirigidos a la erradicación de la violencia. Es muy importante no mezclar conceptos. Es más, hay que ampliar el concepto de violencia de género a toda violencia sobre la mujer por el hecho de ser mujer. Poner nombre a las cosas es situarlas. La violencia doméstica que es como se llamaba antes a toda violencia que ocurría en un domicilio, en un núcleo familiar, pero ya desde antes de 2004 empezó a desgajarse de la violencia de género, que es muchísimo más específica y tiene unas motivaciones que se enraízan en el machismo de la sociedad patriarcal, en la discriminación histórica de la mujer desde que el hombre es hombre y desde que la mujer es mujer. Tiene unas raíces completamente diferentes a otro tipo de violencia. En España, y así lo ha dicho el Tribunal Constitucional, lo que se hace es agravar los casos en los que la víctima es mujer por el hecho de ser mujer. Existe la agravante de género y eso es lo que significa este tratamiento especializado, se trata de una violencia diferente y llamarlo de una forma diferente es muy importante para concienciar a la sociedad.</p><p><strong>P: El Pleno del CGPJ ha aprobado recientemente un informe crítico con algunos planteamientos de la conocida como Ley de 'sólo sí es sí', como la definición de consentimiento. Casos como el de La Manada de Pamplona evidenciaron diferentes interpretaciones sobre el consentimiento. ¿Qué soluciones se podrían plantear?</strong></p><p>R: El informe del Consejo es favorable a esta ley integral porque el Pacto de Estado y el Convenio de Estambul dicen que España tiene que tener una ley sobre violencia sexual con perspectiva de género. Esta ley es necesaria. Dicho esto, el <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/02/25/el_cgpj_aprueba_por_unanimidad_informe_critico_con_ley_del_solo_si_si_117221_1012.html#com" target="_blank">informe</a> es un texto absolutamente técnico jurídico, nosotros no nos metemos en ningún momento en la oportunidad política, sólo revisamos si la técnica jurídica es ajustada al resto de la legislación que hay en España. El informe llamó la atención sobre la posibilidad de que, para no generar inseguridad jurídica, que el concepto de consentimiento estuviera un poco más definido.</p><p>La sentencia del Supremo sobre el caso de La Manada ha supuesto un antes y un después no sólo en la legislación española, sino que ha sido traducida a muchísimos idiomas porque tuvo mucho interés en el resto de los países. En esa sentencia está todo. Es la que dicta jurisprudencia e impregna el resto de sentencias que se dictan en España. Define perfectamente qué es lo que debe entenderse por consentimiento, qué es fuerza, qué es intimidación. Fue una sentencia revolucionaria porque incluye muchos pronunciamientos que eran necesarios para que la sociedad se diera cuenta de la gravedad de unos hechos tan terribles. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/11/13/la_perspectiva_genero_afianza_supremo_aportacion_justicia_camino_hacia_igualdad_113193_1012.html" target="_blank">Nuestro Tribunal Supremo tiene esa perspectiva de género</a> en el ámbito de la violencia sexual. Y ahí fue donde se definió perfectamente todo. No tenemos más que palabras de agradecimiento y de felicitación al Supremo por la labor tan impresionante que está haciendo, no sólo por la sentencia de La Manada, la sentencia del asesinato de Diana Quer fue una sentencia magnífica que se refería a la violencia sexual también y en muchas otras sentencias de los últimos años se ve esa perspectiva de género, esa especialización de los jueces para adoptar resoluciones con esa perspectiva.</p><p><strong>P: ¿Cuántos cursos de formación en perspectiva de género ha impartido el CGPJ? ¿Cuántos jueces y magistrados han participado?</strong></p><p>R: Todos los jueces que quieran optar por una especialidad, que dentro de la carrera judicial quieran especializarse, ya sea en laboral, contencioso, menores, social… cualquiera tiene obligatoriamente que pasar por un curso de perspectiva de género. Por ahora, llevamos casi 800 jueces (en España hay 5.000). Las solicitudes que hemos recibido son muy superiores, creo que unas 1.500, pero no podemos dar el curso a tanta gente a la vez. Vamos poco a poco. Como también depende de las plazas que se vayan convocando de especialidades, de momento casi 800 lo han pedido. Han tenido un gran éxito estos cursos de formación, están siendo valorados como los mejores del Consejo y estamos viendo mucho interés de la carrera judicial. Todos los jueces, a la hora de adoptar una resolución cualquiera, ya sea en el ámbito laboral, necesitan esa perspectiva de género para que su resolución sea justa. Es lo que intentamos inculcar. Siempre la perspectiva de género es importante, en cualquier jurisdicción.</p><p><strong>P: ¿Se sensibiliza en esos cursos contra el llamado síndrome de alienación parental?</strong></p><p>R: Sí, por supuesto. En el Observatorio, que publicamos y actualizamos guías de actuación judicial, siempre venimos denunciando que ese síndrome no tiene ninguna base científica y no debe incluirse en las resoluciones. Hace unos años quizá estaba más generalizado, pero ahora hay resoluciones muy, muy puntuales. No está tan generalizado. Como nosotros tenemos mucha relación con muchas asociaciones, con turnos de oficio, siempre que hay alguna sentencia con un pronunciamiento en ese sentido, nos lo hacen saber y cada vez hay menos. Vemos cómo esa profesionalización de la carrera judicial en este ámbito se va extendiendo cada vez más. Es un tema de formación, sobre todo.</p><p><strong>P: Entre 2013 y 2019, el 97,3% de las excedencias por cuidados en la judicatura fueron concedidas a mujeres. ¿Es la conciliación la tarea pendiente en la justicia para que cada vez más mujeres accedan a puestos de responsabilidad?</strong></p><p>R: Sin duda alguna, es así igual que ocurre en toda la sociedad. El tema del techo de cristal es real. La mayoría de las sentencias que se dictan en España las dictan mujeres porque mucho más del 50% de los jueces son mujeres. Sin embargo, si vas ascendiendo en el escalafón, vas viendo que en los altos tribunales, en el Supremo o en tribunales superiores de justicia, no hay ese 50% de mujeres. Es verdad que en los últimos años progresivamente vemos que hay un gran aumento y, de hecho, en casi todas las salas del Supremo hay mujeres. En la Sala Cuarta, la presidenta es una mujer (María Luisa Segoviano, elegida el pasado septiembre) y eso ha sido un gran logro de lo que me siento superorgullosa en este mandato del Consejo.</p><p>Ahora, lo que estamos viendo es que hay pocas mujeres que se presenten porque todavía las mujeres siguen conciliando su carrera profesional con la vida familiar y, por lo tanto, esa conciliación que sólo hacen las mujeres provoca que no puedan acceder a altos cargos. Es lo que nos queda por hacer en España, no sólo en el ámbito judicial desde luego, en todos los ámbitos profesionales, porque está claro que las mujeres ya llevamos muchos años integradas en la vida laboral y tenemos que dar ese paso que es muy importante.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ángeles Carmona: "La ley del 'sólo sí es sí' es necesaria, pero hay que definir más el consentimiento para no generar inseguridad jurídica"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ley Violencia Género,Violencia género,Mujeres,Consejo General del Poder Judicial,Feminismo,Violencia machista,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De qué estás cansada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/cansada_1_1194554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab27c22c-a962-487e-8387-6aabc0f3796a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De qué estás cansada"></p><p>Me levanto por la mañana ya con la cabeza llena del listado de cosas que tengo que hacer. Mientras maquino cómo voy a organizar el día, despierto a los niños, les hago un zumo y me preparo para llevarlos al colegio. Vuelta a casa, saco a los perros, voy a hacer una compra, frutas, pescado, carne, huevos... Como <strong>yo apuesto por el comercio de barrio</strong>, voy a una galería municipal donde hay distintos puestos y en cada uno de ellos tengo que hacer la cola correspondiente. Me conocen, así que la compra es ocasión para breves conversaciones agradables. Ya en casa, organizo todo lo comprado poniendo cada cosa en su sitio. Seguidamente saco las cosas del lavaplatos, barro un poco la casa, pongo una lavadora y limpio algo más.</p><p>A media mañana me pongo a trabajar, si tengo trabajo, porque soy autónoma. Si no tengo trabajo, cosa frecuente últimamente, me pongo a estudiar <strong>los temas de una oposición </strong>a un cuerpo docente que quiero sacar por el sueño de disfrutar de un sueldo mensual.</p><p>Llegada la hora de la comida, mientras la preparo, aprovecho para limpiar algo más. Tras la comida me voy a recoger a los niños al colegio. De regreso a casa, aprovecho un rato para trabajar o estudiar antes de ayudar a los niños a hacer sus deberes. Antes de que se haga de <strong>noche tengo que sacar de nuevo a los perros</strong>. Seguidamente, preparo la cena, cocino algo elaborado, por exigencia propia. No me gusta comer cualquier cosa. Recogidos los platos de la mesa, ya estoy intentando sacar un rato más para estudiar antes de irme a dormir.</p><p>Entre tanto, después de un día tan ajetreado, en el que he hecho mil cosas, como todos los días, hablo en alto e intento desahogarme diciendo que estoy cansada.</p><p>Entonces él, que está plácidamente sentado en el sofá viendo la tele, me lanza la frase hiriente: <strong>¿de qué estás cansada?</strong> La demoledora frase y la pose de quien la pronuncia ante el televisor pinta una escena de película de los años setenta del pasado siglo. Pero estamos en un día de marzo del año 2021. La frase me llega como una pedrada. Es una frase ajena a la más mínima <strong>empatía, comprensión y reconocimiento</strong>, que me llena de tristeza y de rabia.</p><p>Yo sé que, a muchas mujeres, desgraciadamente, les sigue pasando algo parecido a lo que me ha pasado a mí. Sigue existiendo en muchos hogares españoles una losa social que maltrata y discrimina a la mujer, que la infravalora. Y sé también que en los últimos años <strong>la lucha por la igualdad y contra la discriminación</strong> de las mujeres ha avanzado mucho en España y en todo el mundo. Pero todavía queda mucho por hacer. Sigue habiendo hogares en los que, como microsistemas sociales, perviven los viejos prejuicios desvalorizadores de la mujer.</p><p>Queda un largo y arduo camino por recorrer, y debería ir a la par dentro de la <strong>esfera privada y la esfera pública</strong>, porque parece haber un cierto desequilibrio en los avances ganados en este terreno entre ambas esferas.</p><p>A nivel social veo un mayor avance respecto a la discriminación de género, hay una <strong>mayor concienciación de la opinión pública</strong> al respecto. Y como lo social se ve más, hay un mayor control o presión en temas discriminatorios por género.</p><p>Pero ¿qué sigue pasando en los hogares dónde de puertas adentro no se ve? Mi sensación es que el avance es menor, aún está lejos de la <strong>igualdad de roles y reparto homogéneo</strong> de tareas entre mujeres y hombres dentro del seno del hogar. No hay una real concienciación individualizada de que es un tema de dos.</p><p>Hace falta mucho esfuerzo y trabajo continuo en este ámbito. No es suficiente lograr <strong>una sociedad igualitaria</strong> en la esfera pública, es preciso conseguirlo también en la esfera oculta de la vida privada.</p><p>Echo en falta más campañas de sensibilización como la que hizo el Instituto de la Mujer en el año 2003 por la igualdad de reparto de tareas domésticas, donde un hombre se iba a limpiar con gran esmero y dedicación su coche, y el eslogan era “<strong>Está claro. Sabes limpiar. ¿Por qué no lo haces en casa?</strong>”. También es vital potenciar e inculcar una educación en valores de igualdad y respeto entre los niños y los jóvenes, si no esto es un bucle que se repetirá y del cual no saldremos.</p><p>_________________________________</p><p><strong>Ana Santos Sainz </strong>es socióloga</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Santos Sainz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De qué estás cansada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Mujeres, finanzas y algoritmos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/mujeres-finanzas-algoritmos_1_1194547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9cd819fc-85ff-4138-8813-2f48ee5d4472_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujeres, finanzas y algoritmos"></p><p>Cada vez que escribo sobre la mujer y la necesidad de impulsar su papel en la sociedad, las redes sociales me inundan con comentarios sumamente agresivos. No deja de sorprenderme, sobre todo porque en mis más de 10 años de activismo por un cambio de cultura bancaria, me he encontrado con discrepancias, pero <strong>no con la violencia verbal</strong> que caracteriza a los negacionistas de género.</p><p>Es por ello que un día como hoy, 8 de marzo, es más necesario que nunca volver a insistir en la necesidad de reivindicar el papel de la mujer en la sociedad. Si las mujeres que llenaron las calles de Nueva York a mediados del siglo XIX protestaron por sus míseras condiciones laborales, yo vengo hoy aquí a manifestarme contra la discriminación de las mujeres en las finanzas. Como presidenta de ASUFIN, asociación de usuarios financieros, he vivido innumerables ejemplos de cómo <strong>las finanzas personales y familiares condicionan el bienestar de las personas</strong>. Es por ello que es el momento de poner el foco precisamente en las condiciones económicas que garantizan a la mujer el acceso a su independencia y bienestar. Y no solo en la brecha salarial, ampliamente reconocida por los académicos y acreditada por los datos, sino también por la brecha de género<strong> </strong>en el acceso a productos y servicios financieros multiplicada por la digitalización de la economía, el creciente uso de la inteligencia artificial, la <em>big data</em> y los algoritmos.</p><p>¿Cómo es posible que en un ámbito aparentemente objetivo, basado en números, cálculos y fría toma de decisiones, nos encontremos con discriminaciones y sesgos de todo tipo? En lo que se conoce como “aprendizaje automático” o <em>machine learning, </em>los procesos de toma de decisiones mejoran a medida que se incorporan miles de evidencias al algoritmo, la conocida como <em>big data</em>. El sistema desarrolla una cierta capacidad para pensar por sí mismo, pero no podemos olvidar que sigue instrucciones y que replica la información que recoge de nuestra realidad: <strong>si la sociedad es racista, el algoritmo lo será;</strong> si la sociedad es machista, también. Esta situación empeora si tenemos en cuenta que, a pesar de que las pioneras en programación fueron mujeres –la primera persona que programó un algoritmo fue la matemática británica Ada Lovelace (1815-1852)– actualmente el mundo de la programación se compone mayoritariamente por hombres.</p><p>Para muestra, tres de ejemplos de las grandes tecnológicas. En primer lugar, Amazon y su proyecto estrella para la selección de personal: un robot diseñado para reclutar a los mejores trabajadores que, según destapó Reuters, desarrollaba patrones misóginos. Amazon tuvo que paralizar el proyecto que se basaba en los datos de la propia empresa de los últimos 10 años y que penalizaba las candidaturas que incluían palabras relativas al género femenino. Algo parecido sucedió con Facebook, que publicó <strong>anuncios de trabajo con sueldos más altos a hombres blancos,</strong> mientras que mostró anuncios de trabajos peor pagados a mujeres y personas de color. Finalmente, el conocido caso del algoritmo de la Applecard que ofreció a un exejecutivo de la compañía un límite de crédito veinte veces superior al de su mujer, y ello a pesar de tener peor historial crediticio que ella. El caso se viralizó, destapó sucesos similares y llevó a que el departamento de Servicios Financieros de Nueva York iniciara una investigación sobre la posible mala praxis de Goldman Sachs en la gestión de las tarjetas de crédito que comercializaba junto a Apple.</p><p>Décadas de conquistas y batallas para cambiar las mentalidades en la sociedad parecen destinadas a encallar en algo absolutamente impredecible: que la máquina perpetúe esquemas heredados. El desafío es gigante porque entronca con uno de los fenómenos más disruptivos en el mundo de las finanzas: <strong>la economía digital</strong>.</p><p>El sesgo en los algoritmos preocupa, y mucho, por eso la nueva estrategia digital europea ya está trabajando en la ética de la inteligencia artificial de manera que aprovechemos todo su potencial para<strong> corregir décadas de discriminación</strong>. Es un trabajo que nos llevará años, los expertos calculan que más de 10, pero no podemos arriesgarnos a que esta vez sea el algoritmo el que deje a las mujeres atrás.</p><p>_______________________</p><p><em>Patricia Suárez Ramírez es presidenta de ASUFIN.</em><strong>Patricia Suárez Ramírez </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Patricia Suárez Ramírez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mujeres, finanzas y algoritmos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología digital,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Territorio Jane Austen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/territorio-jane-austen_1_1194546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8601b069-9cc9-42ab-93a4-34e56ca9fbd4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Territorio Jane Austen"></p><p>Con Jane Austen se da un fenómeno extraño en cualquier autor, y más aún en los clásicos: desde la primera página el lector <strong>entra en la novela sin obstáculo ninguno,</strong> como si una puerta se abriera a un salón; y desea quedarse allí. Es más, sigue en cualquiera de sus seis grandes novelas. Tras haberlas agotado, va a la obra menor, y cuando también esa la ha leído, continúa buscando lo mismo que ha sentido con la Austen en imitaciones de menor calidad.</p><p>¿Qué magia logra Austen para que millones de mujeres la consideren su autora de cabecera y cada cinco años el cine reinterprete alguna de sus obras? ¿Es la época, o el romance<strong>, lo que crea ese vínculo?</strong></p><p>Por supuesto, hay un número de lectores inmunes a ese efecto: desde Charlotte Brontë, que la definió como una autora muerta por dentro, quien busque la épica en la novela, los gestos grandilocuentes y la acción trepidante huirá de la campiña austeana. El lector impaciente olfateará la tensión amorosa, despreciará los procesos que tan bien describe y se quedará, como mucho, <strong>con la más luminosa de sus novelas, Orgullo y prejuicio.</strong><em>Orgullo y prejuicio</em> Algunos varones ni siquiera se acercarán a la obra de una autora de la Regencia, y como mucho accederán a ver alguna adaptación audiovisual que reforzará, con su abrumadora estética, sus prejuicios.</p><p>Por el contrario, la mayoría intuye algo esencial: que esta no es una autora que hable de lo obvio, sino de lo común, de aquello que nos une y nos sigue uniendo al cabo de dos siglos. Resulta curioso que lo que más ha envejecido y cambiado en este tiempo es, precisamente, lo relacionado con el amor, la pareja y la sexualidad. Lo que perdura, lo que convierte a Jane Austen en una autora radicalmente moderna <strong>es su estudio de los defectos humanos</strong>, que, eso sí, se mantienen casi sin cambios. La avaricia, la hipocresía, la necesidad de adaptarse a las apariencias. El cotilleo, la maledicencia, todo ese runrún que Jane sitúa en el sur de Inglaterra, pero que encontramos en cualquier pueblo pequeño, en cualquier ciudad de provincias, en el barrio y en las familias de la gran sociedad.</p><p>Jane nos introduce en un territorio que ya conocemos porque, por debajo de los vestidos de muselina y de las tazas de té, narra la realidad de un entorno mezquino, de una familia de la que a veces nos avergonzamos o a la que sentimos que no pertenecemos del todo, la lealtad inquebrantable de las hermanas o los errores que cometemos ante alguien que nos gusta. Y lo hace a través de mujeres de nombres ordinarios que, salvo Emma, que parece tenerlo todo menos la capacidad de juzgar bien a la gente, no son ni demasiado guapas, ni demasiado feas, ni dechados de virtudes ni seres oscuros. Conocen la importancia del dinero: en ocasiones tienen acceso a la vida de los que son más ricos que ellas, pero saben que eso es transitorio. Son mujeres inteligentes (aunque no tanto como la narradora, que se sitúa a nuestro lado y nos susurra al oído aquello que debemos saber) rodeadas de idiotas, y que <strong>a veces se confían y se comportan también de manera estúpida.</strong></p><p><strong>Salones imaginarios </strong></p><p>Cuando hablamos de su mundo propio, en realidad hablamos de un territorio creado por conductas, actitudes y hechos <strong>más que por descripciones o espacios.</strong> Bath, o el Chawton en el que ella vivió permanecen prácticamente intactos: merecen e invitan a una visita y transmiten la impresión de trasladarnos en el tiempo a ese mundo. Pero lo cierto es que los salones de baile, los picnics campestres o los paseos por las colinas dan más o menos igual. Esos escenarios se convierten en espacios tan simbólicos como el bosque o el castillo en los cuentos de hadas, y por eso toleran tan bien las adaptaciones contemporáneas.</p><p>Lo interesante es que, a diferencia de las narraciones en las que se incita a la protagonista a actuar, a vivir y a saltarse las normas, Jane nos muestra, serenamente, las consecuencias que tiene comportarse como otros desearían: la fuga de una adolescente conlleva la ruina de su familia. Un comportamiento imprudente hace que Marianne casi enloquezca. Los malos consejos y la indecisión de Anne han arruinado su vida y la de Wentworth. Los protagonistas sufren por haber hablado de más y <strong>por haber antepuesto las apariencias a la sinceridad.</strong></p><p>Las heroínas de Jane Austen no son mujeres extraordinarias, pero se convierten, durante el transcurso de la novela, <strong>en únicas</strong>. Todas ella deben atravesar un aprendizaje en el que cualquier lector se ve reflejado, a veces con enorme dolor: no hay juicio, solo una causa-efecto. Y, si bien son premiadas con la recompensa clásica del matrimonio, dejan la muy reconfortante impresión de que, de no obtenerla, se las arreglarían para ser felices, como de hecho han logrado la mayoría de ellas hasta ese momento.</p><p>Es más, la alegría que le depara al lector su matrimonio no resulta del todo tranquilizadora. En <em>Sentido y sensibilidad</em> hemos sufrido tanto y tan calladamente con Elinor que pasamos por alto el modesto futuro que le espera con Ferrars y, aun peor, con su suegra: <strong>sabemos que serán felices</strong>. Con Marianne, en cambio, confiamos en que con el tiempo será capaz de apreciar la perla que se lleva con el Coronel Brandon, por más que en esos momentos lo viva como un premio menor. Y respecto a Elizabeth Bennet, el final de la novela nos deja claro que hará falta mucho amor y muchos pactos para que ese matrimonio se entienda.</p><p>Ni siquiera esperen que se describa la boda con mucho detalle. La puerta que Jane abre a esos salones imaginarios resulta tan magnética porque, en realidad, se abre al salón de nuestros padres o tíos, a la discoteca o la universidad, a las oportunidades perdidas y a lo que perdimos por bocazas. El auténtico territorio de Jane Austen <strong>es nuestra vida, nuestros errores, pero mucho mejor narrados</strong>. Y por eso no podemos dejar de leerla.</p><p>______________</p><p><em>Espido Freire (Bilbao,1974), autora de novelas como ‘Melocotones helados’ (Premio Planeta 1999), ‘Irlanda’ o ‘Llamadme Alejandra’, acaba de publicar en Ariel ‘Tras los pasos de Jane Austen’.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Espido Freire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Territorio Jane Austen]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[8M, mujer y política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/8m-mujer-politica_1_1194402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/951d49b0-dba1-46a5-9532-e0c26da1b627_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="8M, mujer y política"></p><p>Un 24 de febrero de hace 184 años, nacía en Santiago de Compostela una niña que se convertiría en una <strong>mujer comprometida y valiente</strong>, una poetisa, la gran poetisa gallega que hoy probablemente habría escrito sobre nosotras, sobre las mujeres que nos dedicamos a la política, sobre las mujeres valientes y libres que pelean (peleamos) con fuerza por sus derechos, por nuestros derechos.</p><p>"Eu son libre, nada pode conter a marcha dos meus pensamentos e eles son a lei que rexe o meu destino". <strong>Rosalía de Castro </strong>(1837-1885) escribió esas palabras en uno de sus poemas con solo 21 años. Hoy, cuando todavía la desigualdad es una realidad en el mundo, ella sería una <strong>abanderada del feminismo, de la igualdad de género y de los derechos de las mujeres</strong>; celebraría el 8M, junto con todas nosotras alzando la voz en la reivindicación de nuestros derechos. Las palabras de Rosalía me inspiran, tienen la fuerza y energía de las mujeres que, como ella, quieren ser libres y hacer de la libertad la ley que rige nuestros destinos.</p><p>Me siento orgullosa de pertenecer a un partido, el PSOE, que ha hecho de la igualdad uno de los pilares del avance social. Las mujeres que nos dedicamos a la política asumimos lo que podríamos definir como una doble responsabilidad: por un lado, la que conlleva nuestro cargo, por lo que tiene de exigencia para resolver los problemas de España; por otro, la que implica ser la<strong> referencia de nuestras niñas</strong>, el espejo en que puedan mirarse aquellas que en el futuro aspiren a ocupar cargos públicos, a liderar gobiernos.</p><p>La profesión sanitaria, a la que pertenezco, está muy marcada por la presencia femenina. Una tendencia que continúa al alza, pese a que se mantienen desigualdades de género en las trayectorias profesionales. Los puestos de gestión siguen estando<strong> ocupados mayoritariamente por hombres</strong>, a pesar del superior porcentaje de mujeres dedicándose a la profesión sanitaria. A similar nivel de formación, es clara la predominancia de la presencia masculina en puestos de mayor responsabilidad y en cargos directivos. Entiendo que esta situación sólo puede revertirse a través de la promoción de políticas laborales, salariales y de conciliación.</p><p>En el avance de los derechos de la mujer,<strong> todo hubo que lucharlo</strong>. Queda mucho camino por recorrer y muchas batallas por librar en el camino de la igualdad, en el impulso del talento femenino. Es imprescindible que esta tarea sea también la tarea de los hombres. Hay un largo etcétera de mujeres anónimas que con un gran esfuerzo, con grandes sacrificios, enarbolaron la bandera de la lucha feminista y abrieron el camino que otras seguimos.</p><p>En España nos enfrentamos a numerosos desafíos. Para superarlos será necesario el talento de todas y de todos. Es preciso que nosotras y ellos seamos conscientes de que la verdadera igualdad no es solo una cuestión de números, de porcentajes. Quedan, sí, muchas batallas por librar en el camino de la igualdad, pero en España, en el mundo, hay cada día más mujeres valientes y libres que pelean con fuerza por sus derechos, por nuestros derechos. Sí, cada día somos más las que nos unimos al grito de Rosalía: <strong>«Eu son libre»</strong>. Alcemos la voz, y gritémoslo el 8M y cada día.</p><p><em>__________________________</em></p><p><strong>Ana Prieto</strong> es portavoz de Sanidad y diputada del PSOE por Lugo</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[56119407-b198-4964-a7d7-c7ca5f8718ff]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Prieto]]></author>
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      <media:title><![CDATA[8M, mujer y política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro posibles puntos de encuentro sobre la Ley Trans para un feminismo dividido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/cuatro-posibles-puntos-encuentro-ley-trans-feminismo-dividido_1_1194623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/01843a1a-10dc-4270-a9f8-4b31076e6100_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro posibles puntos de encuentro sobre la Ley Trans para un feminismo dividido"></p><p>No está entre los planes del Ministerio de Igualdad <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/03/irene_montero_rechaza_renunciar_autodeterminacion_genero_ley_trans_no_puedo_ceder_117493_1012.html" target="_blank">dar un paso atrás</a> respecto a uno de sus proyectos más ambiciosos: la Ley Trans. Tampoco prevé la Vicepresidencia Primera dar su visto bueno a un texto que considera falto de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/02/15/igualdad_tramita_las_leyes_lgtbi_trans_para_que_debatan_consejo_ministros_del_febrero_116758_1012.html" target="_blank">seguridad jurídica</a>. En la diana, la autodeterminación de género sin más requisito que la voluntad expresa de la persona interesada. Los dos socios deben trabajar ahora para encontrar un punto de encuentro entre la falta de garantías jurídicas que denuncian unos y la patologización de las personas trans que reprochan otros. </p><p>Todas las miradas apuntan así a un mecanismo que<strong> acredite el cambio del sexo registral sin atentar contra la dignidad de las personas</strong>. La clave parece estar en los países con experiencia acreditada en legislar sobre los derechos de las personas trans. Algunos contemplan fórmulas como un informe psicológico, el aval de los tribunales, un periodo de reflexión o la acreditación de que la persona ya socializa con su género sentido.</p><p><strong>Socializar con el género sentido: el papel de los testigos</strong></p><p>Algunos países prevén como requisito la demostración de que la persona ha<strong> socializado con el género sentido</strong>: en su entorno laboral, familiar y en sus relaciones interpersonales. En Alemania, por ejemplo, la persona interesada debe tener la convicción de que es trans, debe haber estado<strong> viviendo de acuerdo con dicha identidad durante tres años</strong> y debe considerar "altamente probable" que esto no cambiará. La estabilidad en el tiempo es una de las claves que los socialistas consideran importante incluir en la ley española.</p><p>Reino Unido, en el que aún se debate sobre las fórmulas para la autodeterminación de género –el Gobierno de Theresa May había desarrollado un proyecto de ley para permitir que las personas trans se identifiquen con su género sentido sin aportar un diagnóstico médico–, la actual norma plantea haber estado viviendo en el sexo adquirido<strong> durante dos años antes de la solicitud</strong> y tener además la intención de mantener esa opción durante el resto de su vida. </p><p>Pero ¿cómo se demuestra la socialización en base al género sentido? <a href="http://www.movilh.cl/trans/ley-de-identidad-de-genero/" target="_blank">Chile</a> ofrece algunas pistas. Allí, toda persona mayor de edad podrá obtener la rectificación del sexo registral un máximo de dos veces en su vida y para sacar adelante el procedimiento, el Registro Civil cita no sólo al solicitante, sino a <strong>dos testigos</strong>, quienes han de ratificar que la persona interesada es mayor de edad, soltera y conoce las implicaciones de la modificación.</p><p><strong>Establecimiento de un periodo de reflexión</strong></p><p>Una de las opciones a la hora de solicitar el cambio de sexo registral es hacerlo tras un<strong> periodo de reflexión</strong>. En esta <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2021/02/26/entrevista_elizabeth_duval_despues_trans_117153_1026.html" target="_blank">entrevista</a>, la escritora trans Elizabeth Duval reconoce que "un período de reflexión antes de cambiar el nombre en el registro puede <strong>entrar en el debate</strong> sobre la ley". No es una ocurrencia de la autora, el ejemplo se aplica ya en Dinamarca. En este país pionero en legislar la autodeterminación de las personas trans, ese periodo es de seis meses y se utiliza como mecanismo de carácter administrativo que garantice que se eviten <a href="http://www.newtral.es/leyes-trans-autodeterminacion-genero-paises-europeos/20210303/" target="_blank">irregularidades</a>. De esta manera, el solicitante tiene que plasmar la demanda por escrito, dejar pasar el semestre y volver a realizar la petición.</p><p>En España tenemos experiencia con el aborto: las mujeres <strong>tienen que aguardar tres días </strong>entre que piden información para interrumpir su embarazo y deciden iniciar la intervención. Un periodo de reflexión que, no obstante, muchas mujeres consideran <a href="https://elpais.com/sociedad/2010/07/05/actualidad/1278280803_850215.html" target="_blank">paternalista y restrictivo</a>. Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans, entiende que cualquier requisito que condicione la libre determinación de género es un paso atrás e insiste en que su organización no apoyará ninguna medida en este sentido, tampoco el tiempo de reflexión.</p><p><strong>El aval de los tribunales</strong></p><p>Otro conjunto de países apuesta por legislaciones que incluyen órganos autorizados para estudiar la solicitud, como por ejemplo los tribunales. En Francia, las personas trans tienen que pasar por tribunales de familia o por un notario público, mientras que en Grecia la declaración basada en la "voluntad y la sensación personal sobre el propio cuerpo y su imagen externa" deberá<strong> efectuarse ante un juez</strong>. Judicializar los trámites podría ser una opción que acercase las posturas, pues no supone la patologización de las personas trans. Sin embargo, sí contribuiría a cargar de burocracia el proceso, un extremo que los colectivos trans temen por constituir, a su juicio, una importante barrera que podría disuadir a estas personas.</p><p>Colombia, por su parte, permite a sus ciudadanos modificar el marcador de sexo en documentos mediante <strong>escritura pública</strong> aportando, entre otros elementos, una declaración jurada con el compromiso de no modificar el marcador más de dos veces en la vida y con un mínimo de diez años de diferencia. En este caso es un notario quien se encarga de emitir un documento público en un plazo máximo de cinco días hábiles. </p><p><strong>Informes psicológicos</strong></p><p>Aunque entra en el terreno de la salud, otra de las alternativas sobre la mesa es la presentación de un informe psicológico. Lo decía la jurista Altamira Gonzalo en esta <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/02/19/altamira_gonzalo_ley_trans_movimiento_feminista_derechos_mujeres_116927_1012.html" target="_blank">entrevista</a> con infoLibre: "Estamos ante una alteración psicológica que ocasiona esa disconformidad respecto al sexo que se tiene en el carnet de identidad o en el registro civil y el sexo al que se quiere transitar. ¿Eso quién puede acreditarlo en nuestra sociedad científica? No se me ocurre nadie mejor que personas de la ciencia psicológica". </p><p>En Austria, el cambio de género legal exige un dictamen emitido por un psicólogo, psiquiatra o psicoterapeuta. El escrito psicológico permitirá determinar que la persona trans efectivamente quiere pertenecer al otro género, que su decisión es irreversible y que se han tomado<strong> medidas para adaptar su apariencia física </strong>a la del género sentido.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sabela Rodríguez Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cuatro posibles puntos de encuentro sobre la Ley Trans para un feminismo dividido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Feminismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libros y películas para organizar una manifestación del 8M en el salón de casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros-peliculas-organizar-manifestacion-8m-salon-casa_1_1194595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0199927-7a60-4b6a-9c2a-63b71247ad19_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros y películas para organizar una manifestación del 8M en el salón de casa"></p><p>La Delegación del Gobierno ha decidido en Madrid: todas las concentraciones del 8M <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/04/delegacion_gobierno_madrid_concentraciones_del_8m_117542_1012.html" target="_blank">quedan prohibidas "por motivos de salud pública"</a>. Mientras, el Consejo Interterritorial <a href="https://elpais.com/sociedad/2021-03-04/preacuerdo-de-las-comunidades-para-restringir-la-movilidad-durante-la-semana-santa.html" target="_blank">pospone al miércoles que viene</a> la adopción de medidas comunes a la Semana Santa por la negativa de Madrid al cierre perimetral de la comunidad. Pese a que el movimiento feminista ha organizado las protestas en todo el Estado <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/02/25/8m_movimiento_feminista_calle_117238_1012.html" target="_blank">para respetar las medidas de seguridad</a>, muchas y muchos decidirán este año <strong>no salir a la calle en el Día Internacional de la Mujer</strong>. Para <em>manifestarse</em> sin salir del salón, y para que el 8M no pase en balde, aquí va un puñado de recomendaciones con las que seguir aprendiendo, reflexionando y alimentando el espíritu feminista. </p><p><strong>Sufragistas, Sarah Gavron (2015)</strong><em>Sufragistas</em></p><p>Una película, con su justa dosis de épica, sobre el desarrollo del movimiento sufragista de principios del siglo XX en Reino Unido. El guion de Abi Morgan tiene la habilidad para integrar dentro del mismo grupo a mujeres trabajadoras (como la protagonista, interpretada por Carey Mulligan) y a mujeres burguesas (como <strong>Emmeline Pankhurst</strong>, personaje real encarnado aquí brevemente por Meryl Streep), que pocas veces compartían espacios políticos pero que lo hicieron hasta cierto punto dentro del Women's Social and Political Union. <em>Sufragistas</em> aborda también los distintos conflictos a los que aún se enfrentan las mujeres en distintos ámbitos, desde la desigualdad legal hasta el acoso sexual en el trabajo, la mayor tasa de paro y el menor sueldo, pero también la desigualdad en el reparto de las tareas domésticas y la violencia machista. Pero otro de los mayores logros del filme es <strong>desmitificar un supuesto pacifismo de las sufragistas</strong>, a menudo caracterizadas como manifestantes razonables frente a las supuestamente poco razonables reivindicaciones del presente. La cineasta Sarah Gavron refleja la apuesta del movimiento por las agresivas huelgas de hambre y su interés en la autodefensa —formaron una brigada de seguridad con entrenamiento en artes marciales—, y retrata la campaña de boicot violento llevada a cabo por estas militantes, que llegaron a destruir buzones y redes de comunicación, y atentaron incluso contra las propiedades de algunos políticos. Disponible en <a href="https://www.filmin.es/pelicula/sufragistas" target="_blank">Filmin</a> y <a href="https://www.primevideo.com/detail/0TVQCGJCAADKZIO2ORRDW1Q9JN/ref=atv_nb_lcl_ja_JP?language=ja_JP&ie=UTF8" target="_blank">Prime Video</a>.</p><p><strong>El segundo sexo, Simone de Beauvoir (1949)</strong><em>El segundo sexo</em></p><p>Ya que se prohíben las manifestaciones del 8M, se recomienda reducir los contactos sociales y se baraja no permitir desplazamientos en la próxima Semana Santa... ¿qué mejor momento para leer las 832 páginas de la traducción al castellano de <a href="https://www.catedra.com/libro/feminismos/el-segundo-sexo-simone-de-beauvoir-9788437637365/" target="_blank">El segundo sexo</a>, editada por Cátedra en su colección feminismos? En algunos aspectos, el ensayo de Simone de Beauvoir no ha aguantado bien el paso del tiempo: no es igual la sociedad actual que la de mediados del siglo XX, pero además, si conociera las investigaciones más recientes sobre biología o psicología, se vería obligada a actualizar su texto. Pero en gran medida su tesis se sigue sosteniendo: la idea de mujer, la idea de lo femenino, <strong>es una construcción social que se realiza bajo la estructura del patriarcado</strong>, y a las mujeres se les asigna el papel del Otro frente al Uno que es el hombre. En <em>El segundo sexo</em>, la filósofa francesa aborda con clarividencia uno de los debates imposibles del feminismo: <strong>qué significa ser mujer </strong>para la sociedad, qué caracteres se asocian culturalmente a lo femenino, qué consecuencias tiene para las mujeres, dónde están los límites del ser mujer y quién los impone. Conociendo la influencia del texto en el feminismo de la Segunda Ola, base de la actual, este libro sigue siendo una lectura esencial... y en la soledad del hogar nadie va a ponerle una multa a la lectora o el lector que se salte algún capítulo.</p><p><strong>Una canta, la otra no, Agnès Varda (1977)</strong><em>Una canta, la otra no</em></p><p>La cineasta belga, una de las pioneras de la <em>nouvelle vague</em>, estrenó este musical <em>sui generis </em>sobre <strong>dos amigas unidas por un aborto clandestino</strong> cuando la interrupción voluntaria del embarazo acababa de despenalizarse en Francia, y mientras seguía siendo ilegal en Bélgica. La película sigue a Pomme y a Suzanne, dos jóvenes que se conocen y traban amistad a principios de los años sesenta, y que vuelven a encontrarse diez años más tarde. Las vidas de las dos mujeres se desarrollan de forma paralela: Pomme, cantante, desafía todas las normas sociales, renunciando a la familia y viajando por el mundo, mientras Suzanne lidia a su manera con el rol de madre en el que tampoco encaja. El mensaje de Varda es claro: sean cuales sean las elecciones de cada mujer, estas se ven marcadas por <strong>el peso de un sistema machista</strong>, frente al que se sitúa el feminismo como herramienta emancipadora y <strong>la amistad entre mujeres como una red de cuidados amable y leal</strong>. En <em>Una canta, la otra no</em>, Varda se atreve también a representar el proceso de Bobigny, un juicio penal celebrado en 1972 contra cinco mujeres acusadas de haber colaborado en el aborto de una menor, que había sido violada por su novio, un escándalo que marcó la senda para la despenalización de la IVE en Francia. Disponible en <a href="https://www.filmin.es/pelicula/una-canta-la-otra-no" target="_blank">Filmin</a>.</p><p><strong>Persépolis, Marjane Satrapi (2000-2003)</strong><em>Persépolis</em></p><p>Pomme, una de las protagonistas de <em>Una canta, la otra no</em>, se muda a Irán con su pareja antes de decidir que aquel no es un país en el que una mujer pueda vivir en libertad. El relato de Marjane Satrapi, nacida en Rasht en 1969, arranca unos años después: en 1979, la revolución islámica acaba con el Gobierno del shah, y la vida de los Satrapi cambia para siempre. Temerosos ante <strong>la reacción conservadora que sufre el país</strong>, y marcados por la violencia y la escasez de la guerra Iran-Irak, la familia decide enviar a Marjane a estudiar a Austria. Allí, la futura dibujante <strong>se enfrentará al racismo y la xenofobia </strong>y tendrá que aprender a construir una identidad lejos de su cultura y de sus seres queridos. Su regreso a Irán no será fácil: ni el Gobierno ni la sociedad están preparados para la rebeldía de la joven artista y de sus amigos, que desafían el orden islamista. El cómic, publicado originalmente en cuatro volúmenes, supera ya con mucho el millón de ejemplares vendidos en todo el mundo (en español, puede encontrarse <a href="https://www.penguinlibros.com/es/comic/37289-persepolis-9788417910143" target="_blank">en Reservoir Books</a>), y su adaptación al cine ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes en 2007, y fue nominada al Oscar como mejor película de animación (disponible en Prime Video).</p><p><strong>¿Acaso no soy yo una mujer?, bell hooks (1981)</strong><em>¿Acaso no soy yo una mujer?</em></p><p>La escritora, pensadora y activista bell hooks (seudónimo utilizado por Gloria Jean Watkins en homenaje a su bisabuela) dio su primer golpe en la mesa con este libro de 1981, <em>¿Acaso no soy yo una mujer?</em>, <em>Ain't I a woman? </em>en el inglés original, hoy publicado por la <a href="https://www.consonni.org/es/publicacion/acaso-no-soy-yo-una-mujer" target="_blank">editorial Consonni.</a> En este texto, la autora definiría algunas de las ideas centrales de toda su obra, de enorme influencia para el feminismo contemporáneo: <strong>la relación entre la opresión de clase, género y raza</strong>. El libro trataba de acercar a dos movimientos no necesariamente cercanos entre sí, el movimiento antirracista y el movimiento feminista, señalando cómo el uno necesitaba al otro, pero también los conflictos y tiranteces entre ambos. <em>¿Acaso no soy yo una mujer?</em> suponía, en realidad, un desafío para las dos corrientes: por un lado, señalaba que el antirracismo necesitaba la perspectiva de género, y que la negativa de los hombres a aceptarlo no era más que la demostración de su machismo; por otro, hacía ver a las mujeres feministas que el suyo era un colectivo casi completamente blanco, y que <strong>un feminismo que no introdujera la perspectiva antirracista sería siempre un feminismo fallido</strong>. “Opto por reapropiarme del término <em>feminismo</em>”, escribía, “para subrayar que ser <em>feminista</em> en la verdadera acepción de la palabra es desear la liberación de los roles de género sexistas, la dominación y la opresión para todas las personas, hombres y mujeres”.</p><p><strong>Nevenka, Maribel Sánchez-Maroto (2021)</strong><em>Nevenka</em></p><p>Estamos en 2001, mucho antes del estallido del #MeToo, mucho antes de los 8M multitudinarios. La concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada, Nevenka Fernández, convoca una rueda de prensa. En ella, informa de que ha dimitido de su cargo, de que lo hace por <strong>el acoso sexual del alcalde, Ismael Álvarez</strong>, y de que ha presentado una denuncia contra él. En ese momento, la vida de esta joven de 26 años estalla. La miniserie documental de tres capítulos de Maribel Sánchez-Maroto, producida por Newtral y Netflix, <strong>revisita el caso veinte años después</strong>, para analizar con distancia el proceso judicial —un calvario para Fernández—, las implicaciones políticas y su influencia en un país reticente hasta entonces a hablar de forma pública de los abusos sexuales. El relato que hace Nevenka <strong>provoca una intensa sensación de vergüenza</strong> —las concentraciones en apoyo a Álvarez, los medios que ponían el foco en la víctima—, pero también cierta sensación de triunfo. Dos décadas después, Nevenka Fernández se pone ante la cámara con la entereza de las heroinas. Y una advertencia: que no vuelva a ocurrir.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Libros y películas para organizar una manifestación del 8M en el salón de casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Cultura,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Weil, la atención creadora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/weil-atencion-creadora_1_1194551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9f5ef3e-f3b7-4e8e-85e5-c484c72e6f7e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Weil, la atención creadora"></p><p>Albert Camus, tan citado en estos tiempos de pandemia por su novela <em>La peste</em>, decía que Simone Weil era “el único gran espíritu de nuestro tiempo” y que “era imposible pensar en un renacimiento para Europa que no tuviera en cuenta las exigencias que ella definió”, puesto que “supo diagnosticar la enfermedad y discernir los remedios”. En concreto, su última obra, <em>L’Enracinement</em>, es definida por Camus como el “verdadero tratado de civilización” que espera nuestra época.</p><p>La época en que vivió Simone Weil es muy diferente a la nuestra –nació en París en 1909 y murió en Ashford, Reino Unido, en 1943–, pero las cuestiones de fondo siguen siendo las mismas, pues, como ella misma decía, “habría que escribir cosas eternas para estar seguros de que serán de actualidad”.</p><p>Al leer estas palabras, tan certeras como todas las que nos legó en una obra que sorprende por su extensión y rigor, dada su temprana muerte, podemos preguntarnos si no será el momento actual también para nosotros el de plantearnos recomenzar de nuevo, buscar alternativas radicales a un mundo radicalmente injusto. Amin Maalouf, que escribió el libreto de una ópera sobre Simone Weil, comentaba recientemente, a raíz de la publicación de su novela <em>Nuestros inesperados hermanos</em>, que el mundo camina hacia el naufragio y que, por ello, tiene que ser repensado más que en cualquier otro momento de la historia; que necesitamos hoy, más que nunca, esa reinvención, y que quizás esta pausa que la historia nos ha regalado en 2020 (y parece que también en 2021) sea el tiempo necesario para hacerlo. Tenemos que replantearnos, dice el escritor franco-libanés, el funcionamiento del sistema político, los medios de comunicación...</p><p>Simone Weil, en su trabajo para los servicios de la Francia Libre en Londres, tras su regreso desde Nueva York –lugar de salvación para una familia judía como la suya– , se refiere con claridad a la oportunidad y necesidad de un cambio radical; la resistencia al nazismo es el kairós, el tiempo crucial para la reconstrucción de la esfera pública en términos de civilización después del triunfo de la barbarie; sin un giro copernicano volveremos a caer en los mismos errores después de la guerra; no es suficiente vencer al totalitarismo si continúan sus prácticas, si las mecánicas del poder no son cuestionadas, si no hay ningún contrapeso real a las leyes de la fuerza que tejen nuestra vida social. Se trataría de repensar la democracia, de elaborar un nuevo contrato social, de hacer un auténtico proceso constituyente sobre otras bases.</p><p><strong>Verdad y desgracia</strong></p><p>La atención es la virtud que puede conseguir este giro copernicano, puesto que produce un efecto restaurador, vivificador. De hecho, Simone Weil habla propiamente de atención “creadora”. La noción de atención es una constante en su itinerario vital y es seguramente su principal aportación a la historia de la filosofía. A estos efectos, resulta decisivo su encuentro con Alain (pseudónimo de Émile Chartier), del cual es alumna en el instituto Henri IV de París en los cursos preparatorios para la entrada en la École Normale Supérieure. La influencia del maestro dotará a su pensamiento de una extrema lucidez. Aunque Simone Weil quizás sea más conocida por su activismo social o por su espiritualidad mística, es ante todo una filósofa en el sentido más estricto del término. Para ella, el pensamiento es lo único que tiene el individuo; en el resto, la fuerza de la colectividad siempre es mayor. La atención nos abre a la realidad desnuda de mentiras, sin falsos consuelos en el dolor. Según advierte, hay una alianza natural entre la verdad y la desgracia, puesto que “ambas son suplicantes mudas, eternamente condenadas a permanecer sin voz ante nosotros”.</p><p>La desgracia es experimentada por ella en la fábrica, cuando deja durante un año su puesto como profesora agregada de instituto y entra a trabajar en la cadena de montaje de la Renault. Allí vive en su propia carne el desarraigo moderno, la esclavitud sufrida en un universo industrial caracterizado por la subordinación de los obreros y la deshumanización del trabajo. En los textos sobre la condición obrera se manifiesta la fragilidad, la dependencia y el desgarro de no contar para nada, no sentirse en casa, no ser reconocida por los otros, hasta quedar reducida a cosa, a objeto intercambiable sin ningún valor propio. “Trabajar en la fábrica ha significado para mí que todas las razones exteriores (antes las creía interiores) en las cuales se basaba para mí el sentimiento de mi dignidad, el respeto hacia mí misma, en dos o tres semanas han sido rotas radicalmente bajo el golpe de una opresión brutal y cotidiana”.</p><p>La experiencia obrera destrozó su propia dignidad, tal como había sido fabricada por la sociedad burguesa, y dejó en ella de manera perdurable “la conciencia de que no tenía derecho a nada”. La desgracia de los otros, que siempre la había obsesionado y que había sido el motor de su compromiso social, había entrado en su cuerpo y en su alma, y recibió para siempre la marca de la esclavitud, lo que en ella se relaciona íntimamente con su primer contacto con el cristianismo al encontrarse con una procesión de pescadoras a la orilla del mar en un pueblo de Portugal, preludio de sus experiencias interiores de Asís y Solesmes.</p><p>Cuando la dignidad humana y los derechos han sido sepultados, la única esperanza de salvación está en reconquistar “lentamente, en el sufrimiento”, “el sentimiento de la dignidad de ser humano”, un sentimiento que ya no se fundamenta en nada exterior ni en ninguna categoría abstracta o atributo de nuestra personalidad. “Desde la primera infancia hasta la tumba –dice Weil– existe en el corazón de todo ser humano algo que, pese a toda la experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y observados, espera invencible que se le haga el bien y no el mal. Eso es, antes que ninguna otra cosa, lo que es sagrado en todo ser humano”. La sacralidad del ser humano se expresa en el grito contra el mal, “un grito silencioso que resuena en el secreto del corazón” ante la injusticia.</p><p><strong>Gracia y gravedad</strong></p><p>Solo “una atención intensa, pura, sin móvil, gratuita, generosa” permite ver la dignidad donde ya no era visible, restablecer la humanidad real que la sociedad no percibe. Algo casi imposible, ya que implica ponerse en el lugar de un ser que tiene el alma mutilada por la desgracia; un gesto de amor y de justicia que Simone Weil ve reflejado de forma paradigmática en la parábola del Buen Samaritano. Este movimiento, en el horizonte del bien, rompe con las leyes de este mundo regidas por el poder, por el propio prestigio, por los intereses particulares, es decir, implica abdicar de la supremacía del yo o del nosotros, que es la raíz del mal.</p><p>Tras su breve pero intensa participación en la Guerra Civil española como voluntaria en la columna Durruti, en una carta a Georges Bernanos, quien apoyó al alzamiento militar contra la República, pero denunció posteriormente la represión franquista en su obra <em>Los grandes cementerios bajo la luna</em>, Simone Weil se refiere a la fuerza de ánimo necesaria para ser capaz de resistir a “la embriaguez” que se produce cuando hay licencia para matar a aquellos seres humanos cuya vida se ha decretado carente de valor; una actitud tan excepcional que lamenta no haberla encontrado en ninguna parte. En este sentido, ambos interlocutores fueron de los pocos que denunciaron la barbarie del propio bando. Coincidimos con el añorado Francisco Fernández Buey al señalar que este es uno de los aspectos de la obra weiliana “que todavía nos conmueven hoy y que, por su carácter innovador, insólito o radical, merecería una reflexión pormenorizada”.</p><p>Y lo más original en Simone Weil es que, dada la naturaleza de las cosas, esta mirada atenta, que supone la forma más rara y pura de generosidad, no puede depender de un empeño personal, ya que exige una “virtud más que humana”. Aquí entran en juego dos conceptos que dieron título a una de las primeras recopilaciones de sus escritos: la gravedad y la gracia. Weil dice: “Todos los movimientos naturales del alma se rigen por leyes análogas a las de la gravedad física. La única excepción la constituye la gracia. Siempre se espera que las cosas sucedan conforme a la gravedad, salvo que intervenga lo sobrenatural”.</p><p>La presencia secreta de la gracia es la única esperanza porque puede llegar a penetrar en el mundo y transformarlo todo. La búsqueda de vías para esta penetración marca las coordenadas de la relación que puede llegar a establecerse entre mística y política. A este propósito, se exige una energía creativa, también genial y excepcional, en palabras de Weil, para inventar “por encima de las instituciones destinadas a proteger el derecho, las personas y las libertades democráticas, otras destinadas a discernir y abolir todo lo que, en la vida contemporánea, aplasta a las almas bajo la injusticia, la mentira y la fealdad”. Este esfuerzo de invención se proyecta en todos los ámbitos para crear otras formas políticas, otra organización productiva, otra técnica, otra ciencia, otro derecho y otra religiosidad.</p><p>Pocos pensadores han confiado tanto como Simone Weil en esta capacidad subversiva y desconcertante de “lo infinitamente pequeño” (“el grano de mostaza, la perla en el campo, la levadura en la pasta, la sal en el alimento”) que, colocado en el punto justo de la balanza (en el corazón humano, en el centro de la vida social), es capaz de invertir las relaciones de fuerza dominantes y la lógica de la injusticia que rige el mundo, capaz de operar la justicia y de hacernos justos, a pesar de que nuestras facultades sean casi nulas o, precisamente, gracias a ello, gracias a que lo único que nos queda entonces es la pura espera.</p><p>La atención es la condición primera para la realización de la justicia, por lo tanto, si queremos hablar de justicia, resulta necesario crear “una atmósfera de silencio” en la cual pueda escucharse el grito del dolor. Muy crítica con la dinámica de los partidos políticos –que incluso cree necesario suprimir–, para ella, “el primero de los problemas políticos es la manera en que los hombres investidos de poder pasan sus días. Si los pasan en condiciones que hacen materialmente imposible un esfuerzo de atención sostenido por mucho tiempo en un nivel elevado, no es posible que haya justicia”.</p><p>La noción de obligación es el punto de contacto entre dos mundos: la realidad trascendente, impersonal, en que se encuentra fundamentado el bien al cual el hombre aspira, y la realidad de los hechos, el reino de la necesidad. Y “a cada necesidad corresponde una obligación”. Entre las necesidades materiales y espirituales del ser humano, el arraigo ocupa un papel central. El vínculo de la persona a un medio humano, un medio vital que es como el aire que se respira, “un contacto con la naturaleza, el pasado, la tradición”, es esencial. En ese esfuerzo de atención y de invención que reclama en todos los terrenos, también hay que “inventar un patriotismo nuevo”, inspirado no por el orgullo de la grandeza nacional, sino por un “sentimiento de punzante ternura hacia una cosa bella, preciosa, frágil y perecedera”. A su juicio, en la historia “los vencidos escapan a la atención. Es la sede de un proceso darwiniano más despiadado aún que el que gobierna la vida animal y vegetal. Los vencidos desaparecen. No son nada”. La atención a los vencidos y la piedad hacia las patrias muertas puede irradiar el presente de luz. La obra que Camus consideró el referente para un renacimiento, <em>L’Enracinement</em>, concluye diciendo que “nuestra época tiene por misión propia, por vocación, constituir una civilización fundada en la espiritualidad del trabajo”, y que ahí se cifraría “el más alto grado de arraigo del hombre en el universo, y, en consecuencia, lo opuesto al estado en que estamos, que consiste en un desarraigo casi total. Es, así, la aspiración que corresponde a nuestro sufrimiento”.</p><p><em>_____________</em></p><p><em>Emilia Bea es profesora titular de Filosofía del Derecho en la Universitat de València y reconocida especialista en la obra de Simone Weil.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Emilia Bea]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Weil, la atención creadora]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Mujer y trans: ¿cuál es mi sitio en este 8M?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/mujer-trans-sitio-8m_1_1194367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/271d87ca-b8f4-4b98-b87d-93b7cbfd7863_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujer y trans: ¿cuál es mi sitio en este 8M?"></p><p>El activismo feminista tiende a hablar en plural. Habla deliberadamente de feminismos y de mujeres con el propósito de ensanchar el espacio de militancia para que todas tengan su lugar. Que ninguna se sienta excluida. El acalorado debate que envuelve este año al 8M, sin embargo, abre <strong>varios interrogantes que apelan directamente a las personas trans</strong>. ¿Tienen cabida en el movimiento feminista?, ¿debe ser su espacio o deben ocupar otras luchas diferentes? Dentro de los feminismos, en plural, las respuestas son variadas. </p><p>El debate bebe de uno previo, nacido a finales del siglo pasado. Ya entonces el movimiento reflexionaba en torno al <strong>sujeto del feminismo </strong>y la discusión, lejos de quedar resuelta, vuelve si cabe con más fuerza. ¿Están las mujeres trans llamadas a las concentraciones del 8M? La Comisión 8M, organizadora de las grandes convocatorias de los últimos cuatro años, no lo duda: lo están igual que su participación ha sido fundamental para preparar todos los actos. En el otro extremo, 8M Movimiento Feminista de Madrid –constituida por organizaciones clásicas como el Consejo de las Mujeres del Municipio de Madrid y otras contrarias a la Ley Trans como la Plataforma Contra el Borrado– insiste en que "jamás en las acciones que ha hecho el movimiento feminista <strong>se ha vetado a nadie</strong>". Si el apoyo será simbólico y desde fuera o activo y desde dentro, será algo que habrá de resolverse más allá del 8M.</p><p>En España, con una Ley Trans que no termina de arrancar y que ha servido para apuntalar las brechas en el feminismo, las activistas de la Comisión 8M rechazan la misma existencia del debate. <strong>Julia Riesco</strong> es una de sus portavoces. "Por supuesto que<strong> somos una asamblea transinclusiva</strong>, no necesitamos ni siquiera nombrarnos así porque las mujeres trans forman parte del movimiento feminista", dice al otro lado del teléfono. <strong>Laura Rivas</strong>, activista en <a href="https://www.espaciofeministaradical.com/" target="_blank">Espacio Feminista Radical</a> –plataforma integrada en 8M Movimiento Feminista de Madrid–, cree por el contrario que el debate está tan presente que ha ocupado la agenda feminista, desplazando asuntos prioritarios hasta ahora. Una "maniobra perfecta de<strong> desactivación del feminismo</strong>", lanza.</p><p>Rivas argumenta que el foco del feminismo no debe ser otro que las mujeres. Incorporar otros sujetos, como las personas trans, diluye su razón de ser. Lo explica: cuando habla de mujeres se refiere también a las transexuales de sexo femenino, pero no a todas las personas trans, donde se ubican también las de sexo masculino. "El feminismo aparece porque <strong>las mujeres toman conciencia de que están oprimidas por los hombres </strong>debido a su sexo y su potencial capacidad reproductiva", razona.</p><p>La activista no habla de inclusión o exclusión, se inclina sencillamente por ir de la mano. El feminismo defiende los derechos humanos y por tanto se solidariza con "el sufrimiento de cualquier colectivo por su condición". Pero no es lo mismo tender la mano que "perder de vista los objetivos propios para adoptar unos ajenos". Durante la segunda mitad del siglo pasado, el movimiento ya "<strong>se solidarizó con las demandas del colectivo</strong> transexual, que en gran medida iban orientadas a asegurar una asistencia médica y a paliar la discriminación y la violencia". Sin embargo, matiza, "no se compartía ni lucha, ni objetivos políticos concretos". No se trata, a su juicio, de "pertenecer o dejar de pertenecer a un club de amigas. Se trata de a quiénes atañen la teoría [entendida como la búsqueda de objetivos políticos] y la práctica política [la pelea por la consecución de esos objetivos]". </p><p>Julia Riesco insiste en enmendar este discurso: "Todas son mujeres y son nuestras compañeras". La Comisión 8M de Madrid no se ha movido de esta posición desde su nacimiento y así lo defiende en asambleas, actos y manifiestos. Desde hace tres años, la comisión habla en sus argumentarios de la "violencia institucional" que sufren las personas trans y reclama que "se despatologice la transexualidad, ofreciendo garantías a quienes quieran hacer un proceso de tránsito y autonomía para construir sus identidades". Aunque el feminismo acoge en su seno "muchas posturas respecto a muchos temas", lo cierto es que "<strong>trabaja en base a consensos</strong> y esto ha de ser un consenso", defiende la activista. Riesco apuesta por un movimiento diverso que acoja a "cientos de miles de mujeres que pasan por diversas opresiones, a fin de reconocerse en sus especificidades y en su diversidad". Ahí, apunta, está la fortaleza del movimiento. "Cuestionamos el carácter feminista de quien excluye a compañeras mujeres por ser mujeres trans". La activista madrileña recupera el plural: "Los feminismos nos hablan de la defensa de los derechos de todas las mujeres, los feminismos son diversos, son plurales y contamos todas".</p><p><strong>"Queremos ser sujetos políticos"</strong></p><p>En medio del debate, las mujeres trans se preguntan si las puertas están abiertas para ellas. "Cuando se están movilizando discursos de odio contra las compañeras trans,<strong> entendemos que se sientan violentadas</strong>", reconoce Julia Riesco. Y recuerda: las personas que se "salen de la normalidad sexo-género son enemigas del patriarcado y por tanto nuestras aliadas". <strong>Niurka Gibaja</strong> es portavoz de la comisión Feminismos, igualdad y derechos humanos perteneciente a la FELGTB. Las mujeres trans están dentro de esta lucha, afirma la activista, precisamente porque perciben un consenso sobre sus derechos. Sin embargo, admite, es importante formular una "gran pregunta, urgente, por respeto y honestidad con los movimientos feministas: ¿Qué ha pasado? <strong>¿Cuándo se ha roto el movimiento feminista?</strong>", plantea. La respuesta, dice sin titubeos, tiene que ver con una brecha entre el movimiento feminista clásico gestado por "mujeres blancas privilegiadas" y aquel otro alimentado por "mujeres en plural: migrantes, racializadas, trans, precarias, discapacitadas, gitanas". Todo este grupo de mujeres, reflexiona, "en algún momento no se ha sentido escuchado". Pero a lo largo de los últimos cuatro años ha ido dando pasos adelante porque considera que ha llegado su turno, pese a las tensiones que emanan de su intervención.</p><p>Difiere <strong>Carmen Domingo</strong>, escritora y feminista. "El movimiento feminista ha ayudado siempre a hacer reivindicaciones LGTBI", incluidas aquellas que conciernen a las personas transexuales. El problema, subraya, es que ahora <strong>hablamos de trans como algo que la gente siente </strong>e incluir los sentimientos de quien tú quieras es desvirtuar el movimiento". Ahí está, en su opinión, lo problemático. Las mujeres transexuales "han hecho un cambio de sexo y por tanto son mujeres", pero los "hombres transfemeninos siguen siendo hombres". El 8M, considera, "necesita forzosamente reivindicar a la mujer trabajadora", el riesgo de perderla de vista es que las mujeres "vuelvan a desaparecer". "Si nos preocupa más el tipo de pronombres que, por ejemplo, las trabajadoras de la fruta", el movimiento pierde de vista su razón de ser y su propósito. Lo demás es entretenimiento, resume la escritora, "pan y circo".</p><p>Gibaja señala al patriarcado como enemigo común. "Las situaciones de discriminación, violencia, <strong>también atropellan los derechos de las mujeres trans</strong>, leídas también como mujeres" y por tanto susceptibles de "correr el mismo peligro que otra mujer". La activista invoca además a la sororidad como arma: "Somos compañeras, somos feministas y debemos estar unidas porque siempre hemos estado en el movimiento feminista". </p><p>Y si siempre han estado, la activista se pregunta qué ha ocurrido para que se cuestione ahora su presencia. Ella misma resuelve. "En el momento en que luchamos por la autodeterminación, por la despatologización, es cuando surgen <strong>mensajes biologicistas y discursos de odio</strong>". Es, a su entender, "una lucha de poder" porque lo que enmarca como feminismo clásico pierde autoridad con el auge de nuevas olas feministas pilotadas por generaciones más jóvenes. "Ya no queremos ser a las que se acompaña, queremos ser sujetos políticos", zanja la activista trans.</p><p>Laura Rivas habla también de lucha de poder, pero desde otra óptica. Con el auge de la cuarta ola feminista, asociada a la denuncia contra la violencia sexual durante el último lustro, "comenzamos a oír de forma muy generalizada que hablar de nuestra anatomía y experiencia vital era tránsfobo. Eso marcó el<strong> inicio de la cultura de la censura y el chantaje emocional </strong>que actualmente campa a sus anchas".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sabela Rodríguez Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mujer y trans: ¿cuál es mi sitio en este 8M?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Mujeres,Feminismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Del colegio a la jubilación: así pesa la mochila de la desigualdad a lo largo de una vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/colegio-jubilacion-pesa-mochila-desigualdad-vida_1_1194560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f43ad233-cadf-4eb8-8d0a-c93cfad8a103_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Del colegio a la jubilación: así pesa la mochila de la desigualdad a lo largo de una vida"></p><p>"Por ser mujeres". Es el lema que ha escogido el Gobierno para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Junto al rostro de <strong>Kathrine Switzer</strong>, primera mujer en correr una maratón, el Ministerio de Igualdad recuerda que "a todas nos unen situaciones y desigualdades que vivimos por ser mujeres". Con la imagen de la atleta, el mensaje más que a la superación apela a las barreras: <strong>las brechas que atraviesan a todas las mujeres</strong> por el simple hecho de serlo.</p><p>Cuando <strong>Ada Santana</strong> reflexiona sobre el primer momento en que los roles de género hicieron acto de presencia, piensa en el patio del colegio. "La<strong> típica historia de todos los niños</strong>", comenta. En su colegio había una pelota y no todos podían tenerla, pero curiosamente "siempre se asignaba a los niños para jugar al fútbol". Aquello que Ada tilda como "la típica historia" es una realidad cada vez más estudiada por urbanistas y sociólogos. En el patio del colegio empiezan a sembrarse las primeras desigualdades, con una pista de fútbol que <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/centro-periferia-machismo-colegios-intentan_1_2997217.html" target="_blank">ocupa el 80% del espacio</a> pero utilizada por una minoría, habitualmente masculina.</p><p>Ada y sus amigas decidieron tomar cartas en el asunto. "Cuando tenía nueve años, les quitábamos la pelota y la llevábamos al baño de las niñas", una respuesta que nacía con vocación de rebeldía. No reclamaban el balón, sino su derecho a poseerlo. "A mí no me importaba la pelota, pero caí en la pregunta de<strong> por qué no podíamos tenerla nosotras</strong>". Las alumnas recogieron en ese momento su primera victoria: abrieron un debate en su clase, pelearon por la titularidad de la bola de cuero y consiguieron un reparto más equitativo.</p><p>Ada tiene ahora 22 años y aquello, aunque anecdótico, le sirvió para abrir los ojos. Las barreras no están ya en el patio del colegio, pero sí en las aulas. "Tienes que <strong>demostrar el doble o el triple lo buena que eres</strong>" y abanderar un discurso crítico aviva una réplica paternalista generalizada. "Todavía no tienes experiencia, ya vivirás, ya aprenderás". La joven, estudiante de Derecho en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, participa en órganos de representación estudiantil y la sensación es siempre la misma: "Se tiende a infravalorar y a infantilizar a las mujeres". </p><p>Tampoco el <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/10/16/la_violencia_sexual_instala_ocio_nocturno_espera_una_ley_libertad_sexual_que_llegara_antes_posible_111999_1012.html" target="_blank">ocio</a> es espacio para la igualdad. "Los hombres pueden salir donde quieran y como quieran, nosotras<strong> siempre tenemos que andar con cuidado</strong>". Ada tiene memorizadas, como una suerte de protocolo, todas las pautas cuando la noche baña las calles: "No pasar por ciertas zonas, estar pendiente de cómo te miran y en los locales controlar que no te echen algo en la bebida". Aunque lo dice con una reconocida normalidad interiorizada, ella misma repara en que "esa incomodidad no es normal".</p><p><strong>"La maternidad me empujó a renunciar"</strong></p><p>Laura Baena hace años que terminó su carrera de Publicidad y Relaciones Públicas. Hace algo más de un lustro, un hecho determinante en su vida le conduciría a abandonar su puesto de trabajo. "La maternidad me empujó a <strong>renunciar a mi carrera profesional</strong>". Laura, de 39 años, recuerda los motivos: "Ya no estaba disponible todo el tiempo, necesitaba conciliar y se hizo muy complicado. Tanto que renuncié". </p><p>Laura tuvo que enfrentarse a una encrucijada que también se ha convertido en <em>lo normal </em>para ellas: escoger entre maternidad y carrera profesional. "Un sistema laboral que no apoya la maternidad, que no permite flexibilidad ni trabajar por objetivos, no tiene futuro", clama. En 2020, el 87,17% de las excedencias para el cuidado fueron solicitadas por mujeres. También eran mujeres el 93,20% del total de personas inactivas que no buscaron empleo para <strong>dedicarse al cuidado de personas dependientes</strong>.</p><p>"Cuando llega la maternidad, se destapan los roles tradicionales. Las mujeres <strong>asumen la carga de los cuidados</strong>", cuenta Laura. Habla en primera persona, después de haber experimentado en sus propias carnes la frustración de no llegar a todo. La carga física y la mental. "La conciliación es una utopía y ser madre y trabajadora en este país" sólo es posible a costa de "los abuelos, abuelas, las extraescolares y los malabares diarios que se llevan por delante nuestra salud mental". Pero la cuerda no siempre aguanta la tensión: con la maternidad llegan "las renuncias en forma de excedencia y reducciones". Las mujeres, una vez más, tienen que elegir.</p><p>Y con la elección, las barreras no se esfuman. "Las brechas de género están en el hogar, en la empresa, en la sociedad, en las pensiones, en los cuidados, en cada rincón", lanza la madre. De pronto, abandona la primera persona para instalarse en el plural: "Nos queda <strong>mucho camino por andar</strong>".</p><p>Isabel Matute ni siquiera pudo elegir. Madre de dos hijos, tuvo que ejercer de cuidadora mientras se dejaba la piel en el trabajo. En sus seis décadas de vida,<strong> suma 46 años de trabajo y sólo seis cotizados</strong>. Sus palabras pesan como una losa al otro lado del teléfono: "<strong>No he tenido vida</strong>". Isabel es la cuarta de cinco hermanas, todas mujeres. Cuando era pequeña, su padre decidió dejar su tierra y llevar a toda su familia a Elche. En el campo no había futuro. "Con doce años, en vez de meterme a la escuela me metieron en un taller", aquello se parecía a la esclavitud, rememora, un lugar hostil para una niña. Isabel pelea por ir al colegio y lo consigue, pero la experiencia dura un año. "<strong>A los catorce tengo que trabajar, me meto a aprendiza y voy aprendiendo el oficio</strong>".</p><p>El oficio es el de aparadora. Las manos de estas trabajadoras –habitualmente agrietadas, deformadas, marcadas por el trabajo– son las que se encargan de coser el calzado que marca nuestros pasos. Una profesión que intersecciona dos condiciones: <strong>feminización y precariedad</strong>. A partir de la década de los sesenta, el oficio brota con fuerza en suelo alicantino y mira directamente a las mujeres. Son ellas las que mejor encajan en los talleres clandestinos o en sus propias casas, asumiendo de esta manera la carga del trabajo y las tareas del hogar.</p><p><strong>Futuro negro</strong></p><p>Cuando Isabel apenas arañaba los diecisiete años, cierran la fábrica y la mandan a casa. En los escasos ratos libres que le concede la máquina, la trabajadora es quien de construir una familia. "Estás con el barrigón delante de la máquina", recuerda de su primer embarazo. Sus hijos no crecen entre sonajeros, sino enredados entre hilos y retales. Cuando era un bebé, su hija mayor "iba gateando y metió los dedos en el motor de la máquina, casi los pierde". Entre susto y susto creció. "La ves crecer y no has disfrutado de ella", las aparadoras son <strong>"madres ausentes"</strong>, dice. "A pesar de vernos, no estábamos". Todos los aspectos de la vida familiar, lamenta, están condicionados por el trabajo.</p><p>Sin pensión y con enfermedades crónicas que jamás serán reconocidas como laborales, Isabel ve el futuro "totalmente negro". No es la única: las voces de las mujeres que han vivido en precario resuenan desde hace tiempo entre las empleadas del hogar o las camareras de piso. "Es injusto", se repite como un mantra. Isabel ha logrado ser una mujer "independiente, emancipada y trabajadora", pero<strong> los costes han sido demasiado elevados</strong>. A sus sesenta años, sus aspiraciones se resumen en una frase lapidaria: "Yo lo que quiero es conseguir dignidad y tranquilizarme, porque me estoy dejando la vida".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sabela Rodríguez Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Del colegio a la jubilación: así pesa la mochila de la desigualdad a lo largo de una vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Discriminación,Igualdad,Mujeres,Feminismo,Machismo,8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Librepensadoras, en 'tintaLibre' marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/librepensadoras-tintalibre-marzo_1_1194457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ea649c94-f716-490b-8e8a-2e151c68e207_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Librepensadoras, en 'tintaLibre' marzo"></p><p>Como es ya tradición, marzo en tintaLibre tiene nombre de mujer y está dedicado este año a las <em>librepensadoras</em>.</p><p>El pensamiento es más irreductible y libre, auténtico y desinteresado, cuando una mujer, desde los tiempos de <strong>Safo de Lesbos</strong> a los de <strong>Naomi Klein</strong>, lo formula a través de las épocas en las que quienes sientan cátedra son los hombres. Esa <em>habitación propia</em> de la escritura sigue siendo un territorio especial desde que <strong>Virginia Woolf </strong>propuso esa condición necesaria para la emancipación.</p><p>Primero las efemérides. <strong>Emilia Pardo Bazán</strong> falleció el mismo año que nació <strong>Carmen Laforet</strong>, dos mujeres de su tiempo, autoras de dos novelas que siguen ofreciendo su inmarchitable encanto en las librerías: <em>Los pazos de Ulloa</em> y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/11/25/nada_carmen_laforet_58032_1821.html" target="_blank">Nada</a>. También, hermanadas por un sentimiento único de solidaridad, muchas mujeres participaron en aquel efímero episodio revolucionario que fue la Comuna de París que cumple este mes 150 años. Fue el preludio del feminismo francés.</p><p>Más historias. <strong>Hannah Arendt</strong> y <strong>María Zambrano</strong>, que a pesar de no haberse conocido (coincidieron fugazmente en el París de 1939), tejieron alrededor del exilio uno de los surcos más poéticos y hondos de la reflexión contemporánea. Ese no-lugar, ese destino no elegido, da lugar a una de las más ricas vetas del pensamiento del siglo XX.</p><p>Personajes ineludibles del culto femenino son también <strong>Emily Dickinson</strong>, cuya poesía no cesa de asombrarnos como nos recuerda la también poeta Elena Medel, y de Jane Austen, a la que la escritora Espido Freire nos describe como un gran salón con las puertas abiertas en el que siempre gusta quedarse a charlar animadamente sobre cosas aparentemente comunes.</p><p>Otra mujer de apariencia frágil, pero de verbo clarividente, <strong>Simone Weil</strong>, supo ver desde su incomparable mística revolucionaria los abismos de la barbarie si no somos capaces de detenerlos a tiempo. Ocurrió en su época de entreguerras con el avance de los totalitarismos; vuelve a pasar en estos tiempos de populismo salvaje. Como la filósofa pensaba, hay que dedicarles ese tipo de <em>atención</em> que siempre camina de la mano de la filosofía, una manera de estar despiertos. Algo que siguen asumiendo en nuestros días dos escritoras que ven más allá de las apariencias, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2018/01/10/naomi_klein_mejor_tener_politicos_los_que_no_podamos_confiar_73867_1042.html" target="_blank">Naomi Klein</a> y <strong>Joan Didion</strong>, la primera defendiendo un pacto por el clima para el planeta, la segunda, removiendo en las aguas interiores pero universales de su propia crisis climática.</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Mar 2021 09:14:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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