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    <title><![CDATA[infoLibre - Brexit]]></title>
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      <title><![CDATA[¿Puede la Unión Europea recuperar la legitimidad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/union-europea-recuperar-legitimidad_1_1128140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5756583c-ee65-4b26-bf68-7d173a549dba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Puede la Unión Europea recuperar la legitimidad?"></p><p>El jueves 23 de junio, una mayoría de votantes del Reino Unido provocó una deflagración en Europa al <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/06/24/gana_brexit_51673_1022.html" target="_blank">votar por el Brexit</a>. Es la primera vez –si exceptuamos la salida de Groenlandia de la CEE en 1985– que el proceso de integración europea sufre no ya una parada, sino un <strong>retroceso</strong>. El domingo 26, en las elecciones legislativas celebradas en España, la <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/06/28/el_desplome_unidos_podemos_concentro_ocho_provincias_donde_perdio_medio_millon_votos_51784_1012.html" target="_blank">coalición de Unidos Podemos</a> obtenía un <strong>resultado inédito</strong> para la izquierda –aunque no lograba adelantar a los socialistas–, la fuerza más crítica con la Unión Europea. Si bien el objeto y el tono de ambas campañas han sido muy diferentes, en el centro del debate se situaba la <strong>democracia</strong>.</p><p>Antes, <strong>el Ejecutivo griego debió plegarse</strong> nuevamente ante sus acreedores europeos, al verse forzado a continuar en el <strong>círculo vicioso de la austeridad</strong>, que hace seis años que saqueó el tejido productivo y social de este país. Por su parte, la nueva coalición de izquierdas que gobierna en Portugal sigue vigilada de cerca por la Comisión Europea, con el Banco Central Europeo como espada de Damocles, sin cuyo apoyo el país se vería expuesto a una grave crisis financiera. Por otro lado, se cuestiona la continuidad del controvertido acuerdo alcanzado entre la UE y Turquía sobre los refugiados, debido al embrollo sobre el fin de la obligatoriedad de solicitar visados por parte de los ciudadanos turcos.</p><p>Basta con analizar las noticias de actualidad para ilustrar hasta qué punto <strong>la UE se halla enredada en lo que en Bruselas llaman una “policrisis”.</strong> La UE, confrontada a su propia degradación, horrorizada por la gestión de sus fronteras, que sufre una crisis económica y social interminables, ve cómo <strong>su legitimidad se deteriora</strong> a pasos agigantados. Los contrarios a la integración europea no sólo han ganado varios referéndums, sino que en numerosas consultas, se ha comprobado cómo <strong>aumentan las fuerzas políticas ajenas</strong> a las tres familias (conservadores, liberales y socialdemócratas) que gobiernan la Unión. La aceptación popular de ese consenso elitista disminuye, tal y como recoge una investigación reciente del <a href="http://www.pewglobal.org/2016/06/07/euroskepticism-beyond-brexit/" target="_blank">Pew Research Center</a>. </p><p>Antes incluso de conocerse el resultado del referéndum sobre el <em>Brexit</em>, numerosos responsables políticos aludían a la necesidad de poner en marcha <strong>iniciativas dirigidas a volver a dar sentido a la integración europea</strong> o, en todo caso, a detener cualquier riesgo de contagio. Como ejemplo revelador, baste decir que la revista científica <em>Politique européenne</em> dedicaba recientemente su número 50 preguntándose sobre <strong>cómo abordar el desencanto que produce la UE</strong>. El profesor Yves Mény, presentado como “europeísta convencido” y defensor del Tratado Constitucional de 2005, afirmaba sin ambages que las “herramientas extremadamente intrusivas” de la UE apenas van acompañadas de “instrumentos de legitimación suficientes” e incluso que el “poder [a este nivel] está a día de hoy en manos de burócratas”.</p><p>De modo que el famoso escepticismo que antaño rondaba alrededor de estos estudios podría estar en condiciones de ganarse incluso a los más fervientes defensores de Europa. Quizás porque <strong>este ideal parece cada vez más traicionado por la construcción institucional que debía darle cuerpo</strong>... Para los que buscan responder de forma progresista a los resultados y a la legitimidad en declive de la UE, el terreno estratégico es resbaladizo: ¿la UE permite aún responder a objetivos de progreso humano? Si la respuesta es no, ¿vale la pena pelearse desde dentro? Sin hallar la respuesta definitiva al debate, es posible alimentarlo recurriendo a algunas referencias, a los trabajos, en el ámbito de las ciencias sociales, más estimulantes sobre el asunto.</p><p>En el contexto más amplio de la crisis democrática, la UE ha de entenderse como un <strong>sistema político híbrido</strong>, una suerte de <strong>proto-Estado</strong>, entre los modelos federal e imperial, enmarañado en sus contradicciones e incapaz de sumergir a los ciudadanos en una vida democrática real, con el riesgo inherente de que las pasiones políticas se manifiesten conforme a los ideales identitarios. Manteniendo constante el perímetro, la transformación de este sistema desde el interior parece extremadamente difícil, sino imposible. Además de las barreras institucionales que hay que superar, efectivamente, semejante escenario supondría, en la mayoría de los Estados miembros, una convergencia simultánea de preferencias alternativas al orden existente.</p><p>Frente a esta carga inercial del “ya allí”, es posible preguntarse si los intentos de democratizar la UE pueden desembocar en otra cosa que no sea una “destrucción creadora” de la integración regional existente, como sugiere <strong>François Bonnet</strong> en <a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/06/25/brexit_una_catastrofe_bienvenida_51692_1044.html" target="_blank">su artículo publicado tras el Brexit</a>, pero sin garantías en cuanto a los contornos y al contenido finales del “nuevo” instituido. El carácter angustioso de esta cuestión, para todos aquellos que temen la captura de las resistencias a la integración europea por parte de las derechas radicales, es en parte lo que impide en la izquierda una reflexión fructífera sobre la cuestión. </p><p><strong>Cincuenta matices de integración europea</strong></p><p>Una de las primeras dificultades con la UE, antes incluso de apreciar sus <strong>logros, su legitimidad y sus posibilidades de democratización</strong>, consiste en “nombrar a la bestia”. No sólo por placer entomológico, sino porque hay que saber a qué tipo de sistema político –y eventualmente a qué precedentes históricos– se refiere para hacer esta apreciación. En ese sentido, los investigadores han sido prolíficos: de la federación de <a href="https://www.cairn.info/revue-francaise-de-droit-constitutionnel-2010-4-page-677.htm" target="_blank">Estados nación</a>, a la <a href="https://www.routledge.com/Law-Democracy-and-Solidarity-in-a-Post-national-Union-The-unsettled-political/Eriksen-Joerges-Rodl/p/book/9780415462273" target="_blank">Unión posnacional</a>, pasando por el <a href="https://www.cairn.info/revue-politique-etrangere-2009-3-page-611.htm" target="_blank">Estado región</a>, múltiples propuestas han tratado de capturar la <strong>esencia de una construcción institucional desconcertante</strong> que se inspira en varios modelos conocidos, sin corresponderse totalmente con ninguno de ellos.</p><p>Para empezar, la UE es algo <strong>más que una organización internacional sin ser completamente un Estado</strong>. Por un lado, tiene fronteras (aunque no definitivas), impone normas a las leyes nacionales en numerosos campos de acción pública, y para ello dispone de mecanimos que integran a menudo el hecho mayoritario y que implican el acuerdo de un Parlamento elegido por los ciudadanos. Por otro lado, los recursos coercitivos, administrativos y fiscales de la Unión son débiles (como lo son, por ende, sus capacidades de redistribución), y su arquitectura institucional la deciden los Estados miembros, que constituyen las unidades de base de la Unión (la ciudadanía europea de los individuos se deriva sólo de su ciudadanía nacional).</p><p>Para ahondar un poco más en esta constatación, los investigadores Dirk Leuffen, Berthols Rittberger y Frank Schimmelfenning han propuesto interesarse no sólo por la Unión en su conjunto, sino también por los <strong>ámbitos de acción que abarca la integración</strong> (libertades económicas, moneda, justicia y seguridad, normas sanitarias...). Esto permite tener en cuenta las variaciones importantes que existen en el grado de centralización de las políticas aplicadas en Europa, así como en todo el territorio en el que se aplican estas políticas. Bajo ese prisma, la UE aparece como un “sistema de integración diferenciada”.</p><p>Según al ámbito de acción, pueden prevalecer o los acuerdos intergubernamentales sin apenas interferencias supranacionales (en materia de fiscalidad o de defensa); el “método comunitario”, que implica a todos los actores de la UE (con mayor frecuencia); órganos supranacionales a quienes se delegan algunas responsabilidades (como el BCE para la política monetaria). En ese caso, se habla de “diferenciación vertical”. Del mismo modo, las reglas de la UE pueden aplicarse o a todos los Estados miembros a través de Estados exteriores que comparten el acervo comunitario (como Noruega e Islandia en el Espacio Económico Europeo) o sólo a determinados Estados miembros (como en el caso de la moneda única), sea a algunos Estados miembros y a algunos Estados exteriores (como en el caso del espacio Schengen, del que forma parte Suiza, pero no así Reino Unido). Se habla en ese caso de “diferenciación horizontal”.</p><p>Esta lectura permite ser consciente de que desde los inicios de la integración europea, y en particular desde la “reactivación” de los 80, el <strong>número de ámbitos de acción concernidos</strong> y el nivel de centralización comunitaria del proceso de decisión ha aumentado claramente, en paralelo a la cantidad de Estados miembros. Contrariamente a una idea preconcebida, la ampliación no se ha hecho en detrimento de la profundización, al menos no totalmente. Sin embargo, si bien la Unión en expansión se ha integrado más con el paso del tiempo, también se ha diferenciado más. La <strong>mayor diversidad de políticas, de actores y de intereses implicados en la UE</strong>, debería respaldar esta tendencia futura. Salvo impacto mayor, las dinámicas en curso parecen dar la razón a los partidarios de una Europa por “círculos” claramente delimitados.</p><p>Acto seguido, es necesario comprender las causas de la integración y de sus diferencias de grado y de amplitud. Inicialmente, la integración y su magnitud dependen sobre todo de los niveles de interdependencia de los Estados y del nivel de convergencia de sus preferencias respectivas: cuanto más altos son estos niveles, más probable es la integración con alto grado de centralización, sobre todo si el ámbito de actuación suscita poco interés para los ciudadanos y no hay riesgo de que choque con la cultura nacional. Posteriormente, la profundización y la ampliación son más probables en la medida que los actores supranacionales han conseguido, entretanto, recursos dirigidos a avanzar una agenda propia, mientras que los Estados afectados por la integración buscan regular el “suplemento de interdependencia” que emana de él. Ahora bien, cuanto más progresa la integración, más susceptible es de llegar al corazón de los compromisos políticos en el espacio nacional y de generar, por tanto, resistencias y demandas de diferenciación.</p><p>Este doble proceso, una integración que tiende a ir a más y una <strong>politización del desafío europeo</strong> que tiende a crecer, es fundamental a la hora de comprender los sucesivos crujidos en la benevolencia de los pueblos en lo que respecta a la construcción llevada a cabo por sus élites emponderadas, hasta la ruptura como ha sucedido en el caso británico. Más específicamente, esta lectura puede ayudar a comprender mejor por qué el Reino Unido se ha quedado al margen de varias políticas comunes y ha elegido salir de la UE, mientras Grecia adoptaba las grandes políticas comunes y no abandonaba ninguna, pese a la celebración de un referéndum antiausteridad –que no sirvió para nada– y un rechazo a la UE todavía mayor que al otro lado del Canal de la Mancha, a tenor de lo que dicen las encuestas.</p><p>Efectivamente, la asimetría es chocante, entre el Estado británico –potencia financiera y militar vinculada a Estados Unidos con una “relación especial”, tradicionalmente reticente a las reglas que pueden mermar de sus actores privados, poco sensible a las presiones de los actores comunes– y, por otro lado, el Estado griego, país recientemente democratizado, que ha adoptado todas las grandes políticas de la UE para aumentar su peso geopolítico y sus posibilidades de prosperidad, de ahí que se encuentre en una situación mucho más vulnerable frente a las autoridades europeas (en particular el BCE). En resumen, según se sea poderoso y autónomo (o no) en el sistema europeo, la voluntad del pueblo se tiene en cuenta de una forma u otra...</p><p>Híbrido entre federación e imperio</p><p><strong>El caso griego es particularmente simbólico y revelador</strong>: a la crisis en la eurozona y la crisis de los refugiados, la suerte reservada al país da fe del carácter incompleto de la construcción europea, ya sea en un sentido federal o... imperial. En el primer caso, una moneda única “políticamente óptima” habría implicado mecanismos perennes y legítimos de transferencias y de redistribución, como lo llama Kathleen McNamara en una <a href="https://global.oup.com/academic/product/the-future-of-the-euro-9780190233235?cc=fr&lang=en&" target="_blank">magnífica obra</a> en inglés sobre el futuro del euro. Al contrario, las reglas y las instituciones nuevas edificadas a toda prisa durante la crisis llamada de las deudas soberanas son el fruto, en esencia, de negociaciones intergubernamentales, que han consagrado la ley del más fuerte y del más solvente.</p><p>En el segundo caso, una potencia federal se habría preocupado de la suerte de uno de sus “escalones” en pleno descenso a los infiernos económicos e incapaz de gestionar un flujo de exiliados procedente de un Oriente Medio en descomposición. Al contrario, Grecia es prisionera de una deuda tanto más insostenible como las políticas que le han sido impuestas, que desalientan la inversión productiva, mientras que la ausencia de solidaridad intraeuropea amenaza con convertir el país en un inmenso campo de refugiados. Y si esta potencia imperial hubiese tenido realmente la ambición de distinguirse por su soft power y su atracción a largo plazo, no habría alcanzado un acuerdo cínico con un régimen turco en plena deriva autoritaria, sin llegar a utilizar sus propias medidas de presión, sin atreverse a reaccionar a sus propias opiniones públicas y sobre todo sin resolver nada a largo plazo.</p><p>La <strong>constatación del fracaso de la UE como federación es banal</strong>. Se advierte sobre todo en la debilidad de los recursos a nivel federal y sobre todo en la ausencia de soberanía de un pueblo europeo como tal. La constatación del fracaso de la UE como imperio puede parecer sorprendente. Sin embargo, a menos que sólo se conciba un imperio como en otros tiempos, el uso del término no es tan descabellado. Hay que citar los trabajos estimulantes de los investigadores Jan Zielonka, quien de manera provocadora califica a la UE de imperio “neomedieval”, y, sobre todo, de Magali Gravier, que ha estudiado con mucho rigor el proceso mixto de federalización y de imperialización de la UE.</p><p>En un primer momento, el <strong>concepto de imperio permite resituar la construcción contemporánea de la UE</strong> en una historia larga donde las tentativas de integración supranacional no han faltado, pero que han fracasado regularmente después de que la caída del Imperio romano diese señales de una diversificación y de un endurecimiento plurisecular de las fronteras territoriales, lingüísticas, jurídicas, religiosas, económicas... internas al continente. Posteriormente, el concepto parece adecuado para referirse a un sistema política europeo compuesto de varias entidades, no estabilizado en el plano territorial, dotado de un centro capaz de influir en el destino de sus periferias (internas o externas) formalmente soberanas, sobre la base de una misión civilizadora” que se ha autoatribuido.</p><p>Así, la “reunificación” del continente europeo se ha llevado a cabo en nombre de ideales de prosperidad y de democracia; cada ampliación ha llevado a la UE a abordar la suerte de los nuevos vecinos a cuya estabilización espera contribuir, a cambio de una asociación, incluso de una futura adhesión. Después de las sucesivas ampliaciones, la salida programada del Reino Unido viene a confirmar el carácter cambiante de la dinámica territorial de la UE, que puede ir a más pero también retroceder. Además, está claro que las débiles recursos de los Estados de las periferias meridional y oriental los sitúan en situación de supeditación a los Estados más antiguos y más poderosos, como Grecia ha podido comprobar, lo mismo que Bulgaria o Rumanía, países que vieron cómo se ponía límites a la libre circulación de sus ciudadanos temporalmente tras la adhesión.</p><p>Sin embargo, <strong>el modelo tiene fallos</strong>. Contrariamente a lo que sucede en Estados Unidos, la UE no dispone de una idea común y sustancial de una “razón de Estado europeo” ni de procesos internos para alcanzarla. Es el resultado de la evidente limitación de la UE como imperio, a saber: la debilidad singular de su núcleo dirigente, en particular en lo que concierne a las políticas soberanas (diplomacia, defensa). Esto último se explica por la heterogeneidad de las preferencias y de los intereses de los Estados que la componen, desde el atlantismo de los Estados marcados por la dominación soviética a la diplomacia alemana centrada en las exportaciones, pasando por la evolución “occidentalista” de una Francia que mantiene vínculos privilegiados con sus antiguos territorios africanos. </p><p>Desde ese punto de vista, la promoción del multilateralismo en el panorama internacional gira rápidamente cuando los europeos se ven directamente confrontados a las consecuencias del estallido de las fronteras en Oriente Medio, de la fragilidad de los Estados del Sahel o de la voluntad rusa por preservar su influencia en su entorno más próximo. </p><p>Además de la <strong>falta de legitimidad</strong> por los resultados, ya sea en términos geopolíticos o de bienestar social, la construcción híbrida de la UE padece un déficit de legitimidad popular en su pretensión a la hora de tomar decisiones vinculantes para la población. Esto no es nuevo, pero es cada vez más palpable, a pesar de que cada vez se acepta menos, por una razón ya mencionada anteriormente: el proceso de integración posee una lógica endógena a la profundización, siempre más susceptible de desestabilizar los equilibrios sociopolíticos internos a cada Estado.</p><p>Ahora bien, <strong>como la UE no es una federación</strong>, no existe un ejecutivo europeo único, responsable ante el Parlamento y que hace que una mayoría de representantes apruebe sus leyes, se basa en sí mismo en un contrato claro de Gobierno. Y como la UE tampoco es un imperio clásico, su núcleo dirigente se define más bien, parafraseando a Magali Gravier, como un estrato en el que se mezclan los actores supranacionales o nacionales que deciden políticas puestas en común de manera diferenciada. En este modelo, todos los Estados participan en la toma de decisiones comunitarias, debiendo aplicarlas en su propio territorio: son a la vez centros y periferias del sistema político de la UE. Al mismo tiempo, <strong>algunos Estados son claramente más poderosos que otros</strong>, ya sea en el interior del núcleo dirigente de la UE o en los informes entre periferias estatales sometidas a las reglas comunitarias.</p><p>En ese sentido, la crisis de la eurozona constituye de nuevo un caso de estudio. Su integración se persigue desde 2010, pero las posibilidades de intervención popular se han visto mermadas, lo mismo que los márgenes de maniobra concedidos a los Estados más débiles. Presiones para llevar a cabo cambios gubernamentales que incluyen la <strong>designación directa de tecnócratas</strong> (Monti en Italia, Papademos en Grecia durante un tiempo), desaliento ante las aspiraciónes plebiscitarias o requerimientos dirigidos a los parlamentos, chantaje coercitivo del BCE (por si no bastase). Ya se ha recurrido a una buena gama de técnicas disciplinarias. En lo que respecta a la moneda única, el “método del pasito a paso” sigue, pero a marchas forzadas.</p><p>En esta perspectiva, para que se dan todos los ingredientes para la politización de los desafíos europeos haga que los pueblos se enfrente entre sí, en lugar de fundar coaliciones partidarias, con las políticas públicas como trasfondo.</p><p>¿Sistema político a-democrático... destinado a seguir siéndolo?</p><p>A los que lamentan la falta de legitimidad democrática de la Unión se les presentan dos tipos de contradicciones. Por un lado, algunos destacan los <strong>mecanismos de representación</strong>, incluso indirectos, que no son decisiones europeas, imposiciones caídas del cielo, sino que son fruto de las negociaciones entre los representantes elegidos o nombrados por los Estados miembros. Por otro lado, hay quien considera que <strong>no es pertinente querer calcar para la UE</strong> un tipo de democracia propia a un Estado nación y subrayan que las instituciones de la Unión tienen el mérito de limitar un poder de Estado potencialmente devastador, al dispersarlo sobre varios niveles y forzándolo al compromiso. Sin embargo, estos argumentos no convencen.</p><p>En primer lugar, aunque los Estados miembros estén bien representados a nivel comunitario, la “cadena de delegación” del poder entre el pueblo supuestamente soberano y los responsables que lo gobiernan se ha ampliado notablemente. Esto ha aumentado considerablemente la autonomía de esos mismos responsables y las posibilidades de interferencia de otros actores no representativos. Más aún sobre todo porque, por definición, los diferentes pueblos sólo pueden sancionar o recompensar a sus propios representantes, y nunca a las coaliciones ad hoc que se han constituido para hacer avanzar la integración.</p><p>En segundo lugar, la <strong>separación y el equilibrio de los poderes</strong> no bastan para fundar una legitimidad democrática. Como recuerda Christopher Bickerton, en una democracia moderna, estos elementos sólo son autolimitaciones de un poder soberano, que reposa sobre el pueblo, él mismo representado sobre la base de la “igualdad política de cada individuo”, es decir el voto popular. Ahora bien, más allá de lase elecciones al Parlamento Europeo que sólo determinan la composición de un eslabón del proceso de toma de decisiones de la UE (no el más poderoso), se desdeña a las sociedades europeas a la hora de levantar la construcción de un edificio sobre el que, de vez en cuanto, tienen que pronunciarse en referéndum, con el riesgo de que la respuesta no sea la deseada por aquellos que habían decidido plantear la pregunta. De ahí la tentación de reformular la cuestión para obtener una respuesta más satisfactoria (como ha pasado en Irlanda) o para invalidar la respuesta mediante otro proceso (como ha sucedido en Francia).</p><p>En tercer lugar, las dos <strong>contraargumentaciones citadas</strong> no resuelven en modo alguno un problema mayor en democracia, a saber, la <strong>casi irreversibilidad de algunas decisiones políticas</strong> incluidas en los tratados, ya sean disposiciones que favorecen las variantes más competitivas del capitalismo y obligan a todas las economías a tender hacia ese modelo o disposiciones que perpetúan algunos privilegios institucionales, como sucede con el estatus del BCE. Dada la desincronización de los ritmos políticos y sociales y la debilidad notoria de una izquierda de transformación en buen número de Estados de la UE de 27, la perspectiva de una oleada de victorias bastante próximas en el tiempo, en bastantes Estados miembros susceptibles de reclamar una revisión de los tratados en un sentido más democrático, es más que dudosa (he aquí una lítote).</p><p>La hipótesis es más arriesgada por cuanto los acuerdos pasados tiene mucho peso en la inercia institucional, frente al déficit de legimidad democrática. Es divertido (o desesperante) ver cómo el economista Nicholas Kaldor anuncio en 1971, en un texto titulado <strong>The Dynamic Effects of the Common Market</strong>, las razones por las que una unión económica y monetaria <strong>no podría preceder a una unión política</strong>, sino que <strong>debería proceder de ella</strong>. Una unión así efectivamente tiende a ahondar en las divergencias entre las regiones más competitivas y las otras, de modo que sólo una integración fiscal, que requiere de una legitimidad democrática, sería capaz de corregir estos desequilibrios. Ahora bien, una vez que han aumentado dichos desequilibrios sin mecanismo de transmisión, su existencia desalienta cualquier consentimiento público: el de los pueblos más ricos que han de pagar o el de los pueblos receptores si estos pagos van acompañados de condiciones draconianas.</p><p>Y lo que es más, la manera en que <strong>la UE se ha construido hace complicada</strong> <strong>una unión política</strong> basada en la integración cívica de los pueblos europeos. Así lo pone de manifiesto magistralmente Stefano Bartolini, en <em>Restructuring Europe</em>. Observa que la democracia moderna sólo ha arraigado en un contexto histórico singular: ése en el que la monopolización de la autoridad política por un “centro” (el Estado nación) ha coincidido con una superposición inédita de fronteras militares, juridico-administrativas, económicas y culturales en el seno de las cuales la lealtad de los sujetos se ha transformado en una lealtad de ciudadanos equipados de derechos cívicos, políticos y sociales.</p><p>En suma, la confrontación pacífica y democrática de los intereses ha sido viable gracias a un <strong>largo proceso de construcción estatal, después nacional, más tarde democrático</strong>, donde no han faltado los conflictos e incluso la represión de algunas identidades. Bartolini señala que en las configuraciones donde aparecen los tres tipos de construcciones, el nacionalismo ha sido una arma política particularmente poderosa, por no decir destructora. Cómo calmar las ansias de querer construir a la fuerza un pueblo europeo para realizar el sueño federal. Porque la construcción europea ha consistido en desmantelar parcialmente todas las fronteras superpuestas a nivel nacional, sin reconstruirlas a nivel de la UE.</p><p>En efecto, el territorio físico de la UE es cambiante y tiende a la expansión, el mercado común está particularmente abierto al a globalización productiva y financiera, los sistemas legales públicos de la UE ya no son considerados los únicos productores de derecho (como demuestra el reconocimiento creciente de normas globales o de origen privado) y esto sin crear un sentimiento significativo de pertenencia común. La consolidación del centro europeo, por parte de las élites dirigentes en una comunidad política previamente estructurada en los planos territorial, jurídico, económico y cultural, alimenta la impotencia de los electorados nacionales. No es sorprendente la cada vez menor lealtad hacia sus sistemas representativos y hacia los partidos tradicionales de gobierno, como tampoco lo son sus respuestas desagradables cuando se les invita a expresarse sobre desafíos propiamente europeos.</p><p>¿Cómo escapar al <em>statu quo</em>?</p><p>En ese caso, ¿qué se puede hacer? Desde la celebración del referéndum  sobre el <em>Brexit</em>, los dirigentes europeos parecen especialmente desorientados. Antes, los proyectos de evolución institucional que han circulado en la esfera europea, en particular en la eurozona, no invitan al optimismo. El <a href="https://ec.europa.eu/priorities/sites/beta-political/files/5-presidents-report_fr.pdf%20" target="_blank">informe</a> de los cinco presidentes (de la Unión, de la Comisión, del BCE, del Eurogrupo, del Parlamento) proponía <em>grosso modo</em> seguir en la vía de las “reformas estructurales”, en el marco de una competición interna inalterable y de una Unión de los mercados y de los capitales que no organizan en modo alguno un mejor reparto de los salarios y de las inversiones. En cuanto a Alemania, es poco probable que acepte una unión política sin reglas adicionales, en el sentido de una disciplina presupuestaria y monetaria.</p><p>Ciertamente estamos en un punto en que la tensión entre la persecución de la integración europea y el consentimiento de la población se ha agudizado. Los dirigentes europeos, que han debido hacer frente a crisis para cuya resolución no tienen instrumentos, están condenados a sufrir las consecuencias: ya sea asumir cooperaciones más débiles y diferenciadas, por no decir a “desintegrar” algunas políticas comunes, ya sea proceder a mayor integración uniforme, pero recurriendo de manera más intensa a medios coercitivos para con los Estados o su gente reticente.</p><p>Lo que es seguro es que <strong>el principio “un hombre, un voto” no puede bastar en una democracia europea</strong>, ante el riesgo de que el gobierno de la mayoría <strong>condene a las naciones más pequeñas a una minoría perpetua</strong> y a reglas eventualmente contradictorias con sus acuerdos socioeconómicos, que no podrán ser barridos en unos años. El riesgo es encontrarse en una parálisis institucional, dada la extrema dificultad de obtener “supermayorías” para superar el statu qupo. Ahora bien, a día de hoy, la Unión y sobre todo la eurozona atraviesan por, simultáneamente, una tendencia a la inercia y un sesgo institucional favorable a políticas neoliberales que no convienen a todos los países.</p><p>Para escapar a este dilema, el investigador Fritz Scharpf ha propuesto en un<a href="http://www.mpifg.de/pu/dp_abstracts/dp14-21.asp" target="_blank"> artículo</a> para el Instituto Max Planck  liberar “la autonomía de las decisiones políticas”: <strong>eliminación de los tratados</strong> las reglas económicas, que se deben debatir regularmente; confiar la iniciativa de presentar las leyes a otros actores que no sea la Comisión, más representativos; adoptar la regla de la mayoría en el Parlamento y en Consejo para las decisiones ordinarias, pero prever condiciones para que Estados miembros pueden evitar determinada legislación, en caso de que vaya en contra de decisiones o de intereses nacionales fundamentales. En suma, se trataría de organizar de manera más democrática la integración diferenciada que ya existe. Scharpf reconoce sin embargo que haría falta una crisis violenta para alcanzar semejantes acuerdos.</p><p>En todo caso, es evidente que la <strong>transformación del sistema europeo se hará en un contexto caótico y conflictual</strong>, o bien porque la amplitud de los choques económicos o geopolíticos obligue a las élites europeas a abandonar sus antiguas preferencias, o porque uno o varios Estados contravengan las reglas impuestas (según el modelo de salida de los tratados defendido por el candidato Mélenchon en Francia), o porque elegirán dejar la UE (como Reino Unido). En cuanto al desarrollo del <em>statu quo</em>, <strong>de momento sólo promete una desestabilización más lenta</strong>, principalmente a través de los espacios políticos nacionales...</p><p><a href="http://fabien-escalona.blogspot.com.es" target="_blank">Fabien Escolona</a> es investigador y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Grenoble, colaborador científico en Cevipol (Universidad Libre de Bruselas) y especialista en la socialdemocracia europea. Colabora regularmente con Mediapart. </p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_87284"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fabien Escalona (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <title><![CDATA[Miles de personas se manifiestan en Londres contra el resultado del referéndum]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/miles-personas-manifiestan-londres-resultado-referendum_1_1128165.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/810ccce0-d439-4c1d-9605-32f273a5dfd8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miles de personas se manifiestan en Londres contra el resultado del referéndum"></p><p>Miles de personas participaron este sábado la llamada <strong>Marcha por Europa</strong> en Londres para manifestar su repulsa a los <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/06/24/gana_brexit_51673_1022.html" target="_blank">resultados del referéndum</a> del 23 de junio, que concluyó con la victoria de los partidarios de la salida de Reino Unido de la Unión Europea por un 51,9% frente a 48,1% que optaron por la permanencia, informa Europa Press.</p><p>La marcha, organizada por el cómico Mark Thomas y difundida a través de las redes sociales, comenzó a mediodía en Park Lane y discurrió por algunas de las calles céntricas de Londres hasta <strong>finalizar frente al Parlamento británico</strong>, donde se corearon lemas a favor de la permanencia de Reino Unido en el club comunitario. La manifestación también pasó por delante de Downing Street, la residencia del primer ministro británico, David Cameron.</p><p><strong>"UE, te quiero" y "Esperanza en lugar de odio"</strong> fueron algunos de los cánticos de la multitud, junto a pancartas donde se pide al Parlamento que "use su soberanía para salvar a Reino Unido de la crisis". Según los organizadores, a la marcha acudieron unas 400.000 personas.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8ac6b18f-40f4-46c5-8ebe-cf6d45f11e04]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Jul 2016 15:26:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Miles de personas se manifiestan en Londres contra el resultado del referéndum]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Manifestaciones,Unión Europea,Londres,Referéndum,Brexit]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra los puentes levadizos del ‘Brexit’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/puentes-levadizos-brexit_1_1128055.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La inmensa mayoría de los científicos de Reino Unido <a href="http://www.nature.com/news/scientists-say-no-to-uk-exit-from-europe-in-nature-poll-1.19636" target="_blank">preferían permanecer en la UE</a>. Un buen bocado de los fondos que reciben son europeos y la libertad de movimiento por otras instituciones científicas de la Unión les nutre de conocimientos y creatividad. Hoy <strong>estas fructíferas colaboraciones se encuentran en el limbo</strong>. Los puentes levadizos se han izado con el<em> Brexit.</em></p><p>Aunque invierte solo el 1,63% de su PIB en I+D, frente al promedio del 2,02% de la UE, Reino Unido destaca por su excelencia científica, que beneficia a toda Europa. Con la subida de los puentes el impacto económico en su investigación será significativo. Hasta el 16% del dinero para investigación universitaria <a href="http://www.economist.com/news/britain/21699504-most-scientists-want-stay-eu-european-experiment" target="_blank">proviene de fondos de la UE</a>. La huella intelectual tampoco será desdeñable. Las becas para estudiantes y académicos que aprenden en instituciones de otros países de la UE serán restringidas. De igual manera, Reino Unido recibe y enseña a alumnos e investigadores. Cerca del 30% del personal investigador no es británico: <strong>3.000 son españoles. </strong></p><p>Ante este incierto escenario la comunidad científica británica empieza a organizarse <a href="https://twitter.com/imperialcollege/status/747754009482698753" target="_blank">para apretar las tuercas a los políticos</a>. Exigen fórmulas rápidas y sólidas para no descolgarse de la dinámica de la ciencia europea. </p><p>Por el momento, Jo Johnson, secretario de Estado de Ciencia y Universidades ha anunciado que no habrá cambios inmediatos. Que en el próximo año<a href="https://twitter.com/JoJohnsonMP/status/747372095772950528?lang=es" target="_blank"> las condiciones de los estudiantes de la UE</a>, los erasmus y los proyectos financiados por el programa <a href="https://www.gov.uk/government/news/statement-on-higher-education-and-research-following-the-eu-referendum" target="_blank">Horizonte 2020 serán las mismas</a>. ¿Y después? La incertidumbre es alta. Johnson ya dijo en su momento que el Brexit “sería una puñalada para la ciencia”. Cameron ha bajado la cabeza e indicado que el acceso a los fondos del European Research Council y la libertad de movimiento deberá ser negociada por su sucesor. </p><p>“En el mejor de los escenarios, el país<strong> se verá obligado a firmar convenios puntuales</strong> para tener acceso a estos programas, pero sobre todo tendrá que firmar acuerdos para poder permanecer en los grandes proyectos europeos que van a suponer un avance tan importante para la humanidad como el<strong> Human Brain Project</strong> o la participación en las investigaciones del CERN. <a href="http://www.agenciasinc.es/Opinion/La-ciencia-europea-esta-de-luto-por-el-brexit" target="_blank">¿Cómo serán esos acuerdos y cuándo se empezarán a poner en marcha?</a>”, enfatiza<strong> Eduardo Oliver</strong>, presidente de la Sociedad de Científicos Españoles en Reino Unido. </p><p>Son muchos los proyectos internacionales en marcha que habrá que reconfigurar. Tanto los espectaculares como el reactor<em> tokamak </em>de fusión nuclear<strong> Joint European Torus </strong>situado en Oxford. Es el mayor del mundo y proporciona información vital para el ITER (Reactor Termonuclear Experimental Internacional) en plena construcción en Francia. Como los discretos experimentos que se cuecen en los laboratorios británicos con participación de cerebros extranjeros. </p><p>No es solo la incertidumbre personal: “¿Dónde estaré mañana? ¿Qué pasará con mi proyecto?” <strong>Los investigadores científicos creen en la ciencia</strong>. Trabajan para abrir nuevas sendas de conocimiento que mejoren nuestra calidad de vida. Ahora se lamentan. Quieren "que baje el puente y que se quede bajo". Como Benedetti, están<strong> contra los puentes levadizos. </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[América Valenzuela]]></author>
      <media:title><![CDATA[Contra los puentes levadizos del ‘Brexit’]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Ciencia,Investigación privada,Unión Europea,Reino Unido,Brexit]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Brexit’: el miedo al contagio se extiende en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/brexit-miedo-contagio-extiende-europa_1_1128010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f9ff35f8-6987-42f6-a66d-678551f6032f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Brexit’: el miedo al contagio se extiende en Europa"></p><p>Las incertidumbres derivadas del <em>Brexit</em> han vuelto a generar, otra vez, <strong>importantes turbulencias en los mercados financieros</strong>. La libra cae, los mercados financieros se hunden. Y lo que es más preocupante: <strong>el efecto contagio avanza en Europa</strong>. Los bancos italianos son víctimas de la especulación y existe el riesgo de que la crisis de la eurozona se reaviva.</p><p>Tres días habrían bastado para acabar con las discrepancias principales. Con pocas horas de diferencia, el ministro británico de Finanzas George Osborne, partidario del Remain, y el exalcalde de Londres, que ha pasado a ser uno de los abanderados del <em>Leave</em>, Boris Johson, encontraban el punto de encuentro. Para uno y otro, es importante <strong>no tener prisa a la hora de iniciar las negociaciones</strong> con Europa para la salida de Reino Unido. Mientras tanto, los mercados financieros no deben asustarse.</p><p>En una tribuna publicada en <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/2016/06/26/i-cannot-stress-too-much-that-britain-is-part-of-europe--and-alw/" target="_blank">The Telegraph</a>, Boris Johnson aseguraba que las turbulencias originadas como consecuencia del resultado del referéndum británico del 24 de junio pronto se olvidarán. “Dentro y fuera del país, las consecuencias negativas se han sobrevalorado, mientras se ignoraban los beneficios”, señalaba, para prometer acto seguido una estabilización rápida de los mercados financieros y de la libra.</p><p>El lunes, poco antes de la apertura de los mercados, George Osborne hablaba en términos muy parecidos. Pese a que durante la campaña se aventuró a predecir que, en caso de victoria del <em>Leave</em>, la economía británica se hundiría, el ministro de Finanzas mantiene ahora que la situación británica está bajo control. Para él, no es en nada comparable a la crisis de 2008: <strong>la economía es sólida, las finanzas públicas están saneadas y los bancos gozan de mejor salud que en el momento de la crisis financiera</strong>. Y añade: “El Tesoro, el Banco de Inglaterra y la autoridad de los mercados financieros han necesitado meses para poner en marcha planes sólidos de urgencia”, para evitar los efectos negativos en la economía.</p><p>El efecto anestesiante de este mensaje, destinado prioritariamente a los inversores y a los mercados duraba... apenas diez minutos. La libra volvía a caer, tras estabilizarse momentáneamente; después de perder más de un 8% frente al dólar el viernes, se depreciaba de nuevo un 4% con respecto al dólar, hasta situarse en 1,31 dólares.</p><p>Las réplicas del seísmo provocado por el <em>Brexit</em> fueron aún más fuertes en el mercado bursátil. Tras abrir con caídas de un 14%, las acciones de Barclays y de Royal Bank of Scotland suspendieron momentáneamente su cotización por las numerosas operaciones en corto. También la compañía aérea Easyjet se desplomaba en Bolsa.</p><p>Los economistas ya están haciendo cálculos. A pesar de que la economía británica daba alguna muestra de recuperación, antes incluso del referéndum, ahora ven inevitable su ralentización. La mayoría cree que <strong>el crecimiento rondará el 1% </strong>y Goldman Sachs es todavía más pesimista, ya que anuncia un crecimiento del 0,2%, en lugar del 2% que pronosticaba antes del referéndum. </p><p>A la espera de conocer cuál será su futuro en lo que respecta a Europa, <strong>se van a suspender todas las decisiones</strong>, avisan los economistas. Prevén una disminución de las inversiones, de las contrataciones, una caída en el mercado del empleo. Pero las incertidumbres pueden disuadir también a los británicos a la hora de comprar, de consumir, de irse de vacaciones.</p><p>En la mayoría de estos estudios, se recoge una mención especial a la City. Todos los bancos presentes en Londres, que hasta la fecha era la principal plaza para las transacciones en euros, se preguntan si van a poder continuar con su actividad. Sobre todo porque responsables del Banco Central Europeo han comenzado a advertirles de que <strong>quizás no tengan las mismas autorizaciones en el futuro</strong>. Por prudencia, bancos norteamericanos como Citi o Morgan Stanley ya han anunciado su intención de <strong>trasladar algunos departamentos</strong> a otras filiales alemanas o francesas. Otros se preguntan si podrán quedarse y qué proporción de empleos podrán mantener. “100.000 empleos están en juego”, se inquieta The Financial Times.</p><p>Hasta la fecha, el Gobierno británico, que ha dimitido, no parece con prisas a la hora de disipar la niebla. Al contar con el apoyo explícito de Angela Merkel que quiere demorar el momento, se atiene a su calendario: no sucederá nada antes de la elección del nuevo primer ministro en otoño. Un posicionamiento que comparte Boris Johnson. En rueda de prensa, el ministro de Finanzas George Osborne todavía era más explícito: <strong>“Reino Unido no debería aplicar el artículo 50 [del Tratado de Lisboa que autoriza a dejar la UE] hasta que los términos de la salida estén claros”.</strong></p><p><strong>Italia, en peligro</strong></p><p>Todo parece poco realista y que no va a poder eternizarse, según numerosos observadores, que consideran que las realidades financieras van a hacer entrar en razón de forma inmediata al Gobierno. <strong>“Cuanto más dure la incertidumbre, peores serán las consecuencias”</strong>, indica en una nota Morgan Stanley. “Hay muchas preguntas que necesitan una respuesta rápida. Cuanto más se eternice la situación, mayor presión va a haber sobre la libra”, explicaba el domingo un estratega de UniCrédit, en Bloomberg. “La reacción que vivimos el viernes en los mercados fue fruto de una acción especulativa. Lo que todavía no hemos visto es el flujo [de capitales], la reversión del flujo saliente del Reino Unido. Cuando este movimiento empiece, estoy convencido de que habrá una enorme presión sobre la libra”, añade.</p><p>Además, voces procedentes de París, de Roma, responsables europeos, del FMI, de los bancos centrales, de las federaciones patronales como la Confederación Británica de Industria (CBI) instan al Gobierno británico a acabar cuanto antes con las incertidumbres del <em>Brexit</em>. Instan a iniciar las negociaciones cuanto antes para organizar las futuras relaciones entre el Reino Unido y Europa. Esta presión puede ir a más los próximos días. Y es que todos temen que la tormenta inglesa se expanda y alcance la eurozona. En la práctica, el contagio ya ha comenzado a alcanzar el continente europeo. “Pensamos que las incertidumbres crecientes en Europa repercutirán en las primas de riesgo. Los estrategas europeos no rechazan la vuelta a niveles conocidos durante la crisis de la eurozona”, según una nota del HSBC.</p><p>Los mercados ya han indicado cuál es <strong>el eslabón débil: Italia</strong>. Antes de la crisis desencadenada por el <em>Brexit</em>, el sector bancario italiano era considerado el más frágil y el más infracapitalizado. Los bancos italianos, tocados por una recesión que no acaba, tienen más de 350.000 millones en préstamos dudosos o de impagos en sus balances.</p><p>A principios de año, el Gobierno transalpino trató de ayudarlos con la creación de un banco malo, al que habrían ido a parar todos los activos tóxicos. La Comisión Europea lo desautorizó al estimar que se trataba de una <strong>ayuda estatal, en principio prohibida</strong>. Tras esta decisión, el Gobierno italiano tuvo que contentarse con crear una estructura, financiada en parte por el sector privado. Sin embargo, hasta la fecha, apenas ha logrado reunir 5.000 millones de euros. Lejos, muy lejos de las necesidades de los bancos italianos.</p><p>Además, la crisis británica ha reavivado la especulación en los bancos italianos. El lunes, la cotización del Monte dei Paschi, al borde de la quiebra, volvía a caer un 13,34%; la de UniCredit, un 12,38%; la de Popolares, un 10,25%. De manera urgente, el Gobierno italiano ponía en marcha un plan de recapitalización de sus bancos. Prevé aportar 40.000 millones al sistema bancario. La Comisión deberá autorizar esta inyección, dado la urgencia de la situación. </p><p>Al mismo tiempo, la especulación ha vuelto a apoderarse de las <strong>Obligaciones del Estado en país como España, Portugal, Italia</strong>. Aunque no es comparable con la sobrevenida en lo peor de la crisis, sí es sintomática de que a pesar de los compromisos del BCE, los mercados están poniendo a prueba de nuevo la capacidad de resistencia de Europa. Mientras el Gobierno británico se mantiene inmóvil, los mercados financieros podrían, como desde el comienzo de la crisis de 2008, ser los árbitros de las disensiones europeas y <strong>forzar la toma de decisiones</strong>.</p><p>________________</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_29510"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Martine Orange (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Brexit’: el miedo al contagio se extiende en Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Italia,Unión Europea,Reino Unido]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Habrá ‘Brexit’?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/habra-brexit_1_1127959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6635097-c699-4017-bdf4-ec1f78834e9d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Habrá ‘Brexit’?"></p><p>¿Habrá <em>Brexit</em>? La pregunta puede parecer descabellada pocos días después de la celebración de un referéndum cuyo resultado, sin ser contundente, se revela significativo: <strong>el 51,9% votó a favor de la salida de la Unión Europea</strong> y la participación fue del 72% (la más alta desde 1992), es decir  una diferencia de 1,3 millones de votos. El primer ministro David Cameron, pese a que hizo campaña a favor del <em>Remain</em> (de la permanencia en la UE), no ha permitido la menor ambigüedad. Apenas dos horas después de conocerse los resultados definitivos, reconocía la derrota, anunciaba su dimisión y <strong>cedía el testigo a un partidario del </strong><strong>Brexit</strong> para que negocien la salida de la UE los vencedores del referéndum. Pese a que habría podido andarse con rodeos, dilatar el momento, dar paso a las negociaciones con Bruselas, ha aceptado la decisión de los votantes británicos.</p><p>No obstante, menos de 24 horas después del anuncio de la <strong>victoria de los euroescépticos</strong>, ya eran visibles fisuras entre los partidarios <em>Brexit</em>; se esfumaban como por arte de magia algunas líneas rojas; el partido conservador alababa la sabiduría de David Cameron y parecían dudar de la pertinencia de aupar a Boris Johnson al 10 de Downing Street; los laboristas empezaban a despellejarse otra vez por la insuficiente inclinación europeísta de su líder...</p><p>Y eso sólo en lo que a la respuesta política respecta. En lo que se refiere a las cuestiones económicas e institucionales, <strong>la tozuda realidad no ha tardado en imponerse</strong>: hundimiento de la libra esterlina y de los índices bursátiles, preparación para la salida de los grandes bancos de negocios (se ha filtrado un informe interno en el que el presidente norteamericano de Goldman Sachs planea el traslado de seis mil empleados), nuevos anhelos de independencia de los escoceses, el temor a que se reavive la tensión en Irlanda del Norte, demanda para que –en algunas regiones como Cornualles–los presupuestos nacionales compensen la financiación europea que ya no percibirán por valor de decenas de millones de euros...</p><p>Sin olvidar la larga lista de problemas que será necesario resolver rápidamente para hacer efectivo el divorcio con la Unión Europea: <strong>fronteras terrestres que deberán restablecerse </strong>en Irlanda del Norte y Gibraltar, gestión de los migrantes bloqueados en Calais a petición de Londres, cambio de los pasaportes, negociación del estatus de los ciudadanos europeos en el Reino Unido y de los británicos residentes en Europa, torrentes de legislación que se habrá de reescribir... O, como destacaba un especialista en intercambios comerciales: “Ya no hay ningún negociador comercial en Gran Bretaña, están todos en Bruselas. Ahora, vamos a tener que alcanzar nuevos acuerdos comerciales con todo el mundo, sin especialistas...”.</p><p>Incluso aliados infatigables como Estados Unidos no han mostrado demasiada compasión. La Casa Blanca ha vuelto a publicar un comunicado, difundido durante la campaña del referéndum, que venía a decir: <strong>“Reino Unido puede ponerse a la cola de los países que quieren alcanzar acuerdos comerciales con Washington”.</strong></p><p>Dicho de otro modo, cada día, cada hora, desde el 24 de junio <strong>aparecen nuevos problemas, decepciones y cambios de postura</strong>. Los más sorprendentes proceden de los partidarios acérrimos del <em>Brexit.</em> Tanto el euroescéptico que lidera el Partido de la Independencia del Reino Unido (Ukip), como el exlíder de los <em>tories</em> Iain Duncan Smith han explicado que el compromiso de repatriar los “350 millones de libras [430 millones de euros] pagados cada semana a la UE” para financiar el sistema de salud público era finalmente un error por su parte, <strong>“una promesa mal entendida”.</strong></p><p>Daniel Hannan, diputado europeo conservador partidario de la salida de la UE, reconocía ante un presentador ojiplático de la BBC que “francamente, si la gente piensa que ha votado para conseguir una inmigración cero, <strong>se van a ver decepcionados</strong>. El número de inmigrantes dependerá de la situación económica”. Y eso después de haber hecho de la lucha contra la inmigración el <strong>caballo de batalla de la campaña del </strong><strong>Brexit</strong>, hasta llegar a la xenofobia...</p><p>Porque, al poner el foco en la llamada playa de la inmigración y al explotar el resentimiento populista y nacionalista, los partidarios de la salida de la UE obviaban las profundas diferencias existentes entre un electorado popular –que aspiraba a recuperar un pasado sublime donde el pleno empleo coexistía con un Estado de bienestar generoso, el sentimiento de pertenecer a una comunidad local homogénea y a una gran potencia internacional– y una élite política y económica cuyo único proyecto era transformar el Reino Unido en paraíso fiscal <em>offshore</em> centrado exclusivamente en el mundo de las finanzas y de los negocios, sin las “obligaciones” que impone Bruselas.</p><p>El referéndum del 23 de junio paradójicamente consiguió unir bajo un misma paraguas a las clases populares y medias que <strong>sufren las consecuencias de una mundialización acelerada</strong> y los defensores de un neoliberalismo <em>thatcheriano</em> que sólo juran por el comercio y al menos coste social. <strong>Los militantes de un Lexit</strong>, de una salida de la UE por la izquierda para reactivar los servicios públicos, restablecer algunas barreras arancelarias y una forma de soberanía económica y social no han sido escuchados, ni mucho menos defendidos, por la alianza entre conservadores neoliberales como Boris Johnson y populistas xenófobos como Nigel Farage (Ukip)...</p><p><strong>¿Elecciones anticipadas?</strong></p><p>Cuando han pasado tres días desde la celebración del referéndum, los británicos comienzan a darse cuenta de que lo que se les ha prometido (la soberanía, el regreso a la grandeur imperial y un futuro económico prometedor) parece un cuento de hadas. El exalcalde de Londres y la figura más emblemática del <em>Brexit</em>, Boris Johnson, y su compañero el ministro de Justicia, Michael Gove, de repente <strong>ya no parecen tener prisa por tomar las riendas del Partido Conservador que le tiende David Cameron</strong>. Ambos han afirmado que no hay ninguna prisa por aplicar el artículo 50 del tratado europeo, que inicia la cuenta atrás para dejar la UE, y hace tres días que no se les oye.</p><p>Todo apunta incluso a que varias figuras destacadas de los <em>tories</em> se disponen a disputarle el liderazgo del partido a Boris Johnson, algunos de los cuales, como la ministra del Interior Theresa May, se pronunciaron a favor del <em>Remain</em>. Es decir, <strong>el sucesor de David Cameron, la persona elegida por tanto para negociar la salida de la UE, puede ser ¡eurófilo!</strong></p><p>Efectivamente, a día de hoy, para los conservadores en el poder, existe una ecuación casi imposible de resolver: ¿cómo se puede seguir teniendo acceso al mercado único europeo (condición necesaria para mantener la economía a flote, ya que el 40% de los intercambios de Reino Unido se hacen con la UE), rechazando la libre circulación de personas, condición de acceso a este mercado pero argumento decisivo de la campaña para dejar la UE? Algunos partidarios del<em> Brexit </em>han dejado entender que les gustaría beneficiarse de una salida “a la noruega”, pero es posible que estén mal informados: Noruega integra el Espacio Económico Europeo, pero acepta la libre circulación de personas y su contribución al presupuesto europeo representa ¡el 85% de la de los otros países!</p><p>Por otro lado, a tenor del seísmo derivado de las consecuencias del referéndum –voluntad de Escocia de separarse del Reino Unido o de permanecer en la UE–, <strong>el sucesor de David Cameron puede verse tentado a convocar elecciones anticipadas</strong> para consolidar su mandato –algo que no hizo Gordon Brown al suceder a Tony Blair en 2007, para arrepentirse acto seguido–. El desafío principal sería entonces Europa y las condiciones de aceptación de la salida de la UE: el referéndum del 23 de junio sólo era “consultivo”, se han apresurado a recordar los partidarios del Remain, el verdadero poder de decisión reside en el Parlamento. En el hipotético caso de unas elecciones legislativas anticipadas, cuyo debate se centraría en Europa, nada garantiza que los tories permanezcan unidos. El partido está acostumbrado a las maniobras del aparato y Johnson, por popular que sea, pone los pelos de punta a muchos de sus colegas.</p><p>En las filas laboristas, el resultado del referéndum ha desencadenado un <strong>nuevo intento por relevar al líder Jeremy Corbyn</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2015/09/12/corbyn_arrasa_37641_1022.html" target="_blank">Jeremy Corbyn</a>, considerado demasiado poco proeuropeo por los parlamentarios de su partido, que le reprochan que haya hecho una campaña de perfil muy bajo. Ocho miembros de su <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gabinete_en_la_sombra" target="_blank">gabinete en la sombra</a> han dimitido o fueron despedidos el domingo 26 de junio. Si sobrevive a este golpe de estado interno, Corbyn sabe que ya no podrá desviarse de la línea eurófila que mueve al partido desde la era Blair. Y si sale derrotado, será para dejar paso a un blairista.</p><p>En cuanto al tercer partido, los Liberal Democrats (<em>Lib-dems</em>), tradicionalmente proeuropeos, vendieron su participación en el Gobierno de Cameron, entre 2010 y 2015, por un plato de lentejas y han sido casi barridos del Parlamento por esa misma razón. Su nuevo líder, Tim Farron ya ha avisado de que en las próximas legislativas haría campaña a favor de volver a la UE: “Los británicos merecen no sufrir las consecuencias lamentables de los partidarios de la salida de la UE que han ganado este referéndum sobre el odio y la mentira de Farage y de Johnson!”.</p><p>Queda el UKIP, cuyo poder de hacer daño permanece intacto, quien durante esta campaña ha mostrado a las claras su <strong>tinte xenófobo</strong>, hasta la fecha oculta bajo un barniz antieuropeo. <strong>Farage es a día de hoy un político tóxico para los demás partidos</strong>, como lo son los Le Pen –padre e hija– en Francia. Puede enrarecer la atmósfera y causar problemas a los demás, pero si las consecuencias económicas del <em>Brexit</em> se revelan negativas, cargará con la culpa.</p><p>Este panorama político y las perspectivas que hacen vislumbrar se ven respaldadas por declaraciones de la mayoría de las grandes organizaciones patronales, de las Cámaras de Comercio a los sindicatos sectoriales que han reclamado al Gobierno que no se precipite en la aplicación del artículo 50. Para Adam Marshall, director general de las Cámaras de Comercio británicas, “en este momento crítico, nuestros dirigentes deben ser prudentes en lo que a las cuestiones económicas respecta: hablamos de los empleos y de la vida de la gente. <strong>Tenemos que reflexionar tranquilamente durante un tiempo cuál es el calendario más favorable</strong>. Dado la cantidad de cambios políticos y económicos, las empresas preferirían sufrir todavía unos meses de incertidumbre en lugar de verse embarcados de la noche a la mañana en una mala decisión”. Dicho de otro modo: es urgente esperar.</p><p>Más que el éxito de una petición, como la que ha conseguido recabar <a href="http://www.theguardian.com/politics/2016/jun/25/uk-business-leaders-caution-against-hasty-eu-exit" target="_blank">tres millones de firmas</a> en dos días a favor de la celebración de un nuevo referéndum, la nueva situación política y, sobre todo, económica podrá hacer dudar a los dirigentes británicos a la hora de respetar muy rápidamente o demasiado escrupulosamente la voluntad expresadas en el referéndum del 23 de junio. Después de todo, no sería la primera vez que un país miembro de la UE, después de pedir opinión a sus ciudadanos sobre un desafío europeo, decide ignorarlos.</p><p>________________</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_20238"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Thomas Cantaloube (enviado especial a Londres de Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Habrá ‘Brexit’?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido,Brexit]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Brexit’, una catástrofe bienvenida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/brexit-catastrofe-bienvenida_1_1127862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8070d031-4a25-4c68-bfc8-a5b3062b8d83_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Brexit’, una catástrofe bienvenida"></p><p>No subestimemos el alcance de un acontecimiento. La decisión de los británicos, tomada <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/06/24/gana_brexit_51673_1022.html" target="_blank">mediante referéndum este 23 de junio</a>, resuena <strong>como una catástrofe</strong>. Y tanto la prensa como los responsables británicos y europeos utilizaban desde este viernes por la mañana superlativos y fórmulas chocantes para intentar delimitar las inmensas consecuencias de esta elección. </p><p>Es un drama en tanto que viene a golpear esa sencilla evidencia de que el Reino Unido es sin duda parte integrante de la Unión Europea. En este sentido, se trata de mucho más que de un espacio geopolítico común. Vivimos juntos, con <strong>valores, referencias y deseos profundamente imbricados</strong>, sin hablar siquiera de la lengua inglesa, convertida hoy en la lengua común del espacio europeo. </p><p>El <em>Brexit </em>es por tanto, en el mejor de los casos, un acto de desafío, y en el peor, <strong>una negación de nuestra historia común</strong> y también de lo que sigue siendo, pese a todas las vicisitudes, una idea compartida: el proyecto europeo. Este proyecto, forjado en la posguerra, se construyó primero sobre la reconciliación francoalemana. Y si, en este prehistoria cercana, De Gaulle se oponía a la integración del Reino Unido (según el viejo adagio de que “Inglaterra es una isla”), prosperó rápidamente para convertirse en el primer espacio geopolítico y económico del planeta. Es esta idea la que parece súbitamente borrada, la de una <strong>inmensa ambición democrática, económica y social</strong>. </p><p>El <em>no </em>británico es también un drama en tanto que significa <strong>la victoria de las peores fuerzas que obran hoy en Europa</strong>. El 52% de <em>noes </em>tienen un sentido político y no se puede decir más claro: es la victoria de la derecha conservadora y populista, es la victoria de la extrema derecha, fuerzas rancias en sus frustraciones paranoicas y sus sueños de Imperio perdido, llevadas por una xenofobia sin control y algunos miedos fantasmagóricos. El desembarco de las “hordas de migrantes” fue, de esta forma, el primer argumento de los partidarios del <em>Brexit</em>. </p><p>En este sentido, el talentoso pero repugnante Nigel Farage, del <a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2015/05/13/ruptura_gran_bretana_32575_1121.html" target="_blank">partido UKIP</a>, es el verdadero vencedor del escrutinio, lo que constituye una señal atroz. Porque Nigel Farage, el hombre que clamaba este viernes por la mañana “¡Es el Día de la Independencia!”, <strong>no es en absoluto una monstruosidad típicamente británica</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/05/27/los_partidos_extrema_derecha_consolidan_ue_50203_1022.html" target="_blank">una monstruosidad típicamente británica</a>. Es el reflejo de numerosos responsables políticos europeos, desde el húngaro Viktor Orban a la francesa<a href="http://www.infolibre.es/tags/personajes/marine_pen.html" target="_blank"> Marine Le Pen</a> (que pidió enseguida un referéndum similar en Francia), pasando por varios neerlandeses, polacos, italianos, daneses…</p><p>Es por tanto este campo político, el de una extrema derecha a veces reformada, hábilmente mutante pero siempre reaccionaria, quien acaba de decidir la suerte del proyecto europeo. Constatar esto basta para explicar la amplitud de la catástrofe. Porque esta ha sido otra particularidad de esta campaña referendaria: ni la izquierda ni el campo progresista británico<strong> han podido llevar jamás de forma coherente un plan de salida</strong> de la Unión Europea. El <em>Lexit –</em>contracción de <em>Left </em>[izquierda] y <em>Exit </em>[salida]– se ha evaporado, disuelto a lo largo de la campaña. Así, se ha demostrado de forma real que la izquierda, desde sus valores e ideales profundos, solo puede hacer propaganda a favor de la idea europea. Es también lo que hacía la diputada laborista Jo Cox, símbolo de esta nueva generación Labour y partidaria del <em>Remain</em>, que fue <a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/06/17/el_asesinato_diputada_cox_altera_campana_del_brexit_51413_1044.html" target="_blank">asesinada por un fanático algunos días antes del escrutinio</a>. </p><p>Así, puesto que la catástrofe está aquí, ¿hay que llorar junto a Jean-Claude Juncker, David Cameron, los banqueros de la City y los mercados financieros? <strong>De ningún modo</strong>. La elección británica, que viene además a concluir veinte años de chantaje permanente de este país a la Unión Europea, <strong>puede ser portadora de nuevas esperanzas </strong>si nos tomamos un poco en serio a Schumpeter y su principio de destrucción creativa. O, más simplemente, si ambicionamos devolver la política y sus ideales al corazón de esta construcción europea. </p><p>Está, primero, esta evidencia:<strong> los ciudadanos europeos ya no quieren esta Unión Europea</strong>. Hace justo un año, los griegos se pronunciaban masivamente mediante referéndum contra la política económica que querían imponerles desde las instancias europeas. Hace tres meses, el 6 de abril, los neerlandeses decían <em>no </em>a esta Unión Europea, rechazando mediante referéndum el proyecto de acuerdo con Ucrania. Hace 11 años, en 2005, los franceses rechazaban mediante un referéndum el proyecto de tratado constitucional. </p><p>En 12 meses, un “referéndum de izquierdas” (en Grecia) y un “referéndum de extrema derecha” (en Reino Unido) han barrido esta Unión Europea. Se puede reaccionar como el ministro alemán de Economía, Wolfgang Schäuble, cuando se dirigió al ministro griego Varufakis en una reunión del Eurogrupo: “¡No se pueden cambiar los tratados europeos con cada elección!”. Nos podemos alinear con esa advertencia increíble lanzada por Jean-Claude Juncker, hoy presidente de la Comisión Europea: “Un voto no puede ir contra los tratados europeos”. Se puede glosar la inconsciencia y la irresponsabilidad <a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/06/22/en_gales_las_clases_populares_que_mas_han_acusado_crisis_decantan_por_brexit_51557_1044.html" target="_blank">de los ciudadanos y las clases populares</a> que echan por tierra a nuestros brillantes <strong>tecnócratas adeptos al “There is no alternative”</strong><em>“There is no alternative”</em> ["no hay alternativa"].</p><p>Es lo que hicieron con constancia los dirigentes europeos desde 2005, <strong>ignorando los resultados de escrutinios y referéndums</strong>, o exigiendo un nuevo voto cuando el primero no les convenía (este fue el caso de Irlanda). Para pasar por alto el <em>no </em>francés de 2005, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel confeccionaron el tratado de Lisboa, retomando lo peor del tratado constitucional. Y François Hollande, que hizo campaña en 2012 prometiendo una “renegociación” con músculo, se inclinó en cuanto fue elegido. </p><p>Esta negación democrática no ha hecho más que ampliarse desde la crisis de 2008, suministrando por accidente<strong> argumentarios y carburante a todos los partidarios de los nacionalistas </strong>y la extrema derecha. Las gestión vergonzosa de la crisis de los refugiados no ha hecho más que animar un poco más el aumento de la potencia de estas derechas, viniendo a legitimar sus fantasmas identitarios y su obsesión por el repliegue. </p><p><strong>El momento de la aclaración</strong></p><p>Aquí estamos, por tanto, en el momento clave de una necesaria aclaración. Está brutalmente provocada por este referéndum y es bienvenida. <strong>La Unión Europea ha sido confiscada a sus ciudadanos</strong>. No solo por los mercados y las oligarquías financieras. También por una clase política sin los pies en el suelo, que vive según el principio de irresponsabilidad e impunidad, que adora decir y hacer una cosa en su país, y lo contrario en la burbuja de Bruselas. </p><p>Como muchos otros, Jean-Claude Juncker simboliza esta confiscación. Primer ministro de Luxemburgo durante 16 años (un país minúsculo del que hizo un próspero paraíso fiscal en el corazón de la Unión Europea), presidente del Eurogrupo durante ocho años, su nominación a la presidencia de la Comisión Europea fue el fruto de transacciones entre los jefes de Estado y de Gobierno. ¿Nos imaginamos lo que pudo pensar un ciudadano británico, polaco, francés, de la <strong>legitimidad democrática del insumergible e irresponsable Juncker</strong>?</p><p>Es este hundimiento democrático, es este rechazo de toda reforma que lleve consigo procesos de decisión europeos, son estas políticas de austeridad impuestas a los pueblos por instituciones vistas como monstruos las que son una vez más castigadas. No por un pequeño país de los márgenes de la Unión, Grecia. Sino por <strong>un peso pesado político y segunda economía</strong> de la Unión Europea, Reino Unido. </p><p>Desde esta postura, el referéndum británico tiene todas las posibilidades de firmar<strong> el certificado de defunción de la Unión Europea</strong> tal y como la conocemos. Cierto, ahora comienza una larga negociación de salida entre Londres y los Estados miembro. Debería tomar al menos dos años, y es muy probable que nuestros dirigentes europeos se emplearán en borrar el <em>no </em>británico mediante acuerdos de asociación que dejarán al Reino Unido con un pie dentro y un pie fuera, en una situación que no será radicalmente diferente a la de hoy. Es probable, pero no es seguro. </p><p>Este viejo mundo de una Unión Europea confiscada, <strong>sorda a las aspiraciones de los ciudadanos</strong>, ciega a los nuevos retos planetarios, impotente ante las crisis, sometida a los poderes financieros, se muere. ¿Hay que desesperarse por ello?</p><p>Desde 2011, <strong>otras fuerzas europeas han emergido</strong>. Estas son progresistas y se construyen sobre las ruinas de una socialdemocracia europea que se ha perdido en la Europa neoliberal. <strong>Syriza </strong>en Grecia, <strong>Podemos </strong>en España, el <strong>Movimiento 5 Estrellas</strong> (ciertamente complejo) en Italia… Esta reconstrucción es balbuceante, frágil, hecha de avances y de retrocesos. Los fracasos son numerosos; las victorias, inciertas: los errores de las izquierdas radicales y las fuerzas ecologistas francesas dan testimonio de esta dificultad para hacer emerger lo nuevo, para construir estas nuevas dinámicas políticas e incluso para poner fin a la extrema derecha.</p><p>En este sentido, la crisis abierta por el <em>no </em>británico puede ser un acelerador. Primero, viene a demostrar de manera clara que<strong> la salida de la Unión Europea es una regresión</strong>, una vía abierta por los populistas y la extrema derecha. Viene a continuación a subrayar<strong> la urgencia de recomponer las izquierdas europeas </strong>con dos objetivos: hacer que el sufragio universal sea respetado en la Unión, y autorizar el pleno desarrollo de políticas alternativas reclamadas por los ciudadanos. </p><p>Una primera cita tiene lugar este fin de semana. Es en España, con motivo de las <a href="http://www.infolibre.es/tags/temas/elecciones_j.html" target="_blank">elecciones generales del 26 de junio</a>. La coalición Unidos Podemos parece a punto de superar a los socialistas. Si esto se confirmara, el voto español podría abrir la puerta a un Gobierno de coalición conducido por Podemos. Este movimiento no promete tampoco un <em>Grand Soir</em> europeo, pero al menos ha puesto la renovación democrática en el corazón de su proyecto político. Esto sería un primer paso hacia esta nueva Unión Europea que debe, tras este 23 de junio, ser reconstruida. </p><p><strong>_______________Traducción: Clara Morales </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[François Bonnet | Mediapart]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Brexit’, una catástrofe bienvenida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa,Unión Europea,Reino Unido,España,Elecciones 26J,Brexit,Lecturas cómplices]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gana el 'Brexit']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/gana-brexit_1_1127845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea se ha saldado<strong> a favor de la salida de la segunda economía del continente con un 52% de los votos,</strong> un desenlace sin precedentes en el proyecto comunitario y que abre un período de incertidumbre tanto para el nuevo encaje británico en el continente, como para la sostenibilidad de un bloque que ha perdido a uno de sus más influyentes miembros.</p><p>Aunque el escrutinio no ha concluido oficialmente, el Brexit ha logrado una victoria recibida por sus partidarios como el "día de la independencia británica", una euforia que contrasta con <strong>la negativa reacción de los mercados, </strong>que evidencian las serias implicaciones de una decisión contra la que habían luchado la práctica totalidad de las fuerzas políticas, económicas y sociales de Reino Unido.</p><p>Junto a los efectos sobre la volatilidad financiera, <strong>el statu quo británico se enfrenta a un terremoto político</strong> con epicentro en el Número 10 de Downing Street, puesto que el primer ministro, David Cameron, había apostado por una opción, la de la permanencia, ignorada por la mayoría de los ciudadanos.</p><p>Con una participación del 71,3%, la mayor en una votación en Reino Unido desde 1992 y más de seis puntos por encima del plebiscito de 1975 que había confirmado la permanencia en la por entonces Comunidad Económica Europa, <strong>el escrutinio ha dado un vuelco sin precedentes a una noche electoral</strong> que había arrancado con las encuestas a favor de la continuidad.</p><p>Este desenlace tiene profundas connotaciones políticas e institucionales, puesto que el debate sobre la sostenibilidad de Cameron al frente del Gobierno, del que <strong>había avisado que no dimitiría en caso de Brexit,</strong> está ya planteado, incluso pese a la carta de dos tercios de los diputados conservadores que habían defendido la salida y que le han expresado su apoyo para permanecer en Downing Street por el "mandato y deber" obtenido hace tan sólo un año.</p><p><strong>Sin plan B</strong></p><p>Además, otra de las incógnitas es el grado de preparación de Reino Unido para un proceso que<strong> podría llevar años</strong>, puesto que el propio primer ministro había asegurado públicamente que no había plan B.</p><p>Tras jugarse su credibilidad a la carta de una apuesta que, según él, haría al Reino Unido "más fuerte y más seguro", Cameron ha quedado ya como el principal perjudicado de <strong>una campaña que ha dividido a la sociedad británica </strong>por una estrategia partidaria, puesto que, más que por clamor popular, el referéndum surgió para sofocar el incendio que Bruselas llevaba generando en los conservadores desde hace décadas.</p><p>La oposición laborista ha sugerido ya la necesidad de su dimisión ante <strong>un escenario sin precedentes</strong> en el que la única certidumbre es que, de vencer la salida, la decisión sería "irreversible". No en vano, David Cameron había avanzado ya que el proceso formal de retirada de los Veintiocho comenzaría de inmediato.</p><p>Aunque el Tratado de Lisboa establece las pautas de este procedimiento en el artículo 50, <strong>el primer movimiento ha de partir del estado miembro, </strong>que debe notificar a la UE su deseo de abandonar.</p><p>De hecho, Londres no está obligado a proceder inminentemente, es más, <strong>los partidarios de romper con Bruselas han manifestado ya su preferencia por aguardar,</strong> puesto que, pese a meses de campaña, la fórmula que regiría sigue siendo una incógnita.</p><p>Los plazos, a priori, están marcados, si bien <strong>los dos años establecidos en la normativa comunitaria podrían ampliarse </strong>siempre que lo autoricen los otros veintisiete socios. Expertos en Derecho europeo creen que, dada la complejidad, las negociaciones podrían llevar hasta una década y los propios defensores del divorcio asumen que, como mínimo, serían necesarios cuatro años.</p><p>La reacción de los mercados</p><p>De momento, los mercados han evidenciado las secuelas del escenario que se abre en el bloque occidental:<strong> la divisa británica ha caído a niveles inéditos desde 1985,</strong> lo que podría acarrear una intervención de contingencia del Banco de Inglaterra, que ya había avanzado que tenía previstas medidas para garantizar la estabilidad financiera.</p><p>Junto a la City y Downing Street, la atención estará en el continente, donde se espera que los demás líderes, que han mantenido en secreto su plan de acción en caso de Brexit, se reúnan a la máxima urgencia y exijan a Reino Unido clarificaciones sobre las áreas más delicadas, como <strong>el futuro de los casi tres millones de ciudadanos comunitarios que residen al norte del Canal de la Mancha.</strong></p><p>Además, uno de los factores más complejos será <strong>el potencial encaje británico en el mercado común.</strong> La presión, por tanto, será notable para hallar una solución que implicará delicados compromisos de las partes, un esfuerzo que podría necesitar años antes de que se pueda garantizar el apoyo de una mayoría cualificada de los ministros del ramo para, posteriormente, lograr que la propuesta sea ratificada por los demás estados miembro y, a continuación, por los Parlamentos europeo y británico.</p><p>El problema es que uno de los catalizadores del Brexit ha sido el control de los flujos migratorios y la pertenencia al mercado común implicaría, a priori, el libre movimiento de personas, dos elementos indisociables y, para la UE, innegociables, por lo que, a priori, Londres no podría mantener el primero sin tener que aceptar el segundo, lo que <strong>complica la ecuación entre prosperidad económica</strong> y límites a la entrada de ciudadanos comunitarios.</p><p>No en vano, abandonar el mercado común<strong> no es una opción</strong> extendida entre los defensores del Brexit, que se encuentran dividido entre quienes proponen directamente abandonarlo, aquellos que creen posible permanecer por el propio interés del resto de sus integrantes de no perder a la segunda economía europea, los que abogan por establecer acuerdos bilaterales e, incluso, quienes ven viable operar con los 161 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC).</p><p>Este encaje, con todo, constituye tan sólo <strong>una pieza más del complejo puzle legislativo </strong>de un proceso que obligaría a revisar hasta 80.000 páginas de acuerdos comunitarios, con el objetivo de decidir descartes, qué áreas enmendar y cuáles mantener, un sumario que, inevitablemente, querrá supervisar el Parlamento británico y cuya duración constituye un enigma.</p><p>Además, la salida incrementa el <strong>riesgo de una crisis constitucional</strong> para la unión británica, puesto que <strong>Escocia</strong>, protagonista de un plebiscito de independencia hace menos de dos años, ha apoyado mayoritariamente la continuidad en la UE y cuya ministra principal ha reconocido que este desenlace reavivará las ansias secesionistas.</p><p>Sin precedentes</p><p>En consecuencia, junto a la resolución de una profunda crisis política en casa, el Gobierno, independientemente de su constitución, tendrá que resolver<strong> un proceso sobre el que no hay precedentes,</strong> tan sólo la salida de Groenlandia, ni siquiera un estado, sino un territorio que formaba parte de Dinamarca, hace más de 30 años, cuando la UE no era tampoco la unión política en la que se ha convertido hoy en día.</p><p>Por si fuera poco, este nuevo capítulo tendría que acordarse con socios que difícilmente mostrarán empatía hacia quien ha decidido abandonar, a pesar de los compromisos que tanto costaron en febrero y que hubiesen garantizado para Reino Unido<strong> el ansiado estatus</strong> de verso libre de una Europa cada vez más cohesionada.</p><p>Por otra parte, a escala europea, el temor es que la partida británica genere <strong>un efecto dominó</strong> entre otros integrantes de los Veintiocho y, sobre todo, que desencadene un peligroso auge del populismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jun 2016 05:16:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
      <media:title><![CDATA[Gana el 'Brexit']]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Unión Europea,Reino Unido,Brexit]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Brexit Day’, no es el fin del mundo (creo)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/brexit-day-no-mundo-creo_1_1127774.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Hoy puede ser un gran día, como canta Joan Manuel Serrat, o catastrófico. Es <em>Brexit Day</em>. Leerá, si es que no se ha cansado ya, todo tipo de análisis, encuestas e informaciones basados en dos premisas extremas: estupendo versus horrible. ¿No hay estaciones intermedias? Si saliera Brexit, el viernes tendríamos una jornada negra en las Bolsas y una caída de la libra esterlina que, como adelantó infoLibre hace unos días, <strong>crearía una sensación de pánico en los mercados </strong>48 horas antes de ir a votar (en España). Se supone que si estamos aterrorizados optaremos por el partido moderado y serio (y embargado por un juez que le acusa de corrupción a través de todos sus tesoreros).</p><p>Hace muchos años, meses después de la victoria del PSOE en octubre de 1982, un imberbe reportero de radio preguntó al ministro Miguel Boyer ante una fuerte e inesperada alza del dólar, ¿está preocupado? El contestó sin detenerse: “<strong>Todo lo que sube, baja</strong>”. Si hubiera Brexit habrá pánico, sin duda, porque el pánico de la mayoría es excelente para la minoría que lo azuza y dirige: los reyes de la navegación extrema en el corto plazo. Tras unos días, semanas o meses, todo regresará a su cauce. Los ingleses seguirán con su té (importado de Sri Lanka) a las cinco, su whisky (escocés) y el Continente se habrá reorganizado de alguna manera más. </p><p>Si no hubiera Brexit, mejor, porque estas cosas las carga el diablo. Si no lo hubiera tendríamos lo contrario al pánico: Bolsas mundiales eufóricas que subirían como la espuma, igual que la libra. La fiesta duraría poco, horas o semanas, depende de los reyes del corto plazo porque ellos también ganan en el mercado alcista. <strong>Los reyes del corto plazo ganan siempre</strong>. </p><p>Sin el temido Brexit iríamos a votar el domingo en un clima de éxtasis bursátil que no ayudaría al partido serio y responsable del que hablábamos antes. No habría baza del coco. Quizá el resultado del 26-J, que se intuye más complicado que el del 20-D, empiece a generar otro “exit”, el de Mariano Rajoy; lo podríamos llamar <strong>Rajoyexit</strong>.</p><p><strong>Las votaciones</strong></p><p>Los colegios abrirán sus puertas a las siete de la mañana (ocho en la península) y las cerrarán a las diez de la noche (once en la península). Aparte de las encuestas a pie de urna, que suelen fallar y más en un resultado que se espera ajustado,<strong> los primeros datos oficiales llegarán una hora y media después del cierre de las urnas</strong>. Los pesimistas prevén una larga noche: ni habrá resultado final hasta las siete (ocho en la península), cuando se preparan para abrir las bolsas europeas.</p><p>Las consecuencias no económicas</p><p>Lo que está en juego es el modelo de la UE, sea con el Reino Unido dentro o fuera, y esa es una batalla que hemos perdido hace tiempo los ciudadanos. Con el estallido de la crisis,<strong> la Europa política se esfumó, quedó solo la de los mercaderes</strong>, por eso está en peores condiciones que nunca para manejar una crisis importante, sea Brexit o la de los refugiados. Esa pérdida no la reflejan los mercados. </p><p>Algunos link esenciales</p><p>-La BBC ofrece <a href="http://www.bbc.com/news/uk-politics-32810887" target="_blank">esta guía</a> para saber qué esta en juego.</p><p>-También <a href="http://www.bbc.com/news/uk-politics-eu-referendum-36573959" target="_blank">explica</a> cómo será el día después, es decir, mañana.</p><p>-Otra opción, leer <a href="http://www.newstatesman.com/politics/uk/2016/06/day-after-brexit-what-happens-if-we-vote-leave-eu" target="_blank">este texto</a> de la revista <em>New Statesman</em>. Esta publicación eligió en su día a Margaret Thatcher, el implacable azote de los mineros y los sindicatos en general, hombre del año. Era, obviamente, <strong>una doble ironía</strong>.</p><p>-El sensacionalista Express<a href="http://www.express.co.uk/news/politics/679696/Brexit-what-to-expect-first-100-days-if-Britain-votes-to-leave-EU-referendum-2016" target="_blank"> explica </a>cómo ve el asunto en los 100 primeros días de Brexit.</p><p>Por qué tantos diarios británicos apuestan por el Brexit, lo explica Roy Greenslade  en<a href="http://www.theguardian.com/media/greenslade/2016/may/23/if-so-many-newspapers-back-brexit-why-will-remain-carry-the-day" target="_blank"> The Guardian</a>. Por cierto, los directos de este periódico en su web son excelentes. </p><p>Si está por el Brexit, le recomiendo tres canciones patrióticas para coger tono:</p><p>Si decide tomárselo con humor (británico), le recomiendo<strong> algunos libros</strong>:</p><p>-El siempre esencialísimo <a href="http://inglaterraencasa.com/lectura-recomendada-how-to-be-an-alien-de-george-mikes/" target="_blank"><em>How to be an Alien</em></a>, de George Mikes. Un clásico por el que no pasa el tiempo: <strong>humor británico para tomarse a broma los británicos.</strong> Posiblemente sea uno de los libros preferidos por los ingleses para explicarse a sí mismos.</p><p>-<a href="http://www.casadellibro.com/libro-historias-de-londres/9788498673913/1233964" target="_blank"><em>Historias de Londres</em></a>, de Enric González,<strong> una mirada española con las mismas claves de humor que el de Mikes.</strong> A los ingleses les encanta reírse de sí mismos y aceptan gustosos el mismo sentido de humor de un extranjero siempre y cuando se ría desde el humor inglés, no desde cualquier otra variación soez.</p><p>Si no saben qué es exactamente eso del humor inglés, lean a Chesterton, o al genial <a href="http://www.elresumen.com/biografias/douglas_adams.htm" target="_blank">Douglas Adams.</a> Y en especial, el menos conocido <a href="http://www.anagrama-ed.es/libro/cronicas/manana-no-estaran-en-busca-de-las-mas-variopintas-especies-de-animales-al-borde-de-la-extincion-/9788433925312/CR_31" target="_blank"><em>Mañana no estarán </em></a>(<em>En busca de las más variopintas especies de animales al borde de la extinción</em>).</p><p>Entre los grandes escritores del género están Tom Sharpe (Wilt), P. G. Wodehouse (<a href="http://www.newyorker.com/books/page-turner/plenty-of-room-for-stupidity-on-p-g-wodehouse" target="_blank">este texto</a> en <em>The New Yorker</em> sobre él es soberbio) y Evelyn Waugh con su ¡Noticia bomba!</p><p>Feliz día larguísimo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Lobo]]></author>
      <media:title><![CDATA[‘Brexit Day’, no es el fin del mundo (creo)]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Unión Europea,Reino Unido,David Cameron]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El decisivo voto de los universitarios británicos apuesta por la permanencia en la UE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/decisivo-voto-universitarios-britanicos-apuesta-permanencia-ue_1_1127772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f4560d60-e5c1-47a8-9173-25a7c84aff4d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El decisivo voto de los universitarios británicos apuesta por la permanencia en la UE"></p><p>Quiere que todo acabe pronto. “Me siento triste en este final de campaña. Si gana el <em>R</em><em>emain</em> (la permanencia en la UE), me sentiré aliviada. Sin embargo, <strong>no habrá nada que celebrar</strong>. La ira que ha aflorado no va a desaparecer de golpe”, señala Beth Button. Esta diplomada en Sociología de 25 años preside la delegación galesa de la única federación de estudiantes del Reino Unido, la National Union of Students (NUS). No podía imaginarse el giro que iban a tomar los acontecimientos: <strong>“Creía que se hablaría del papel del Reino Unido en Europa</strong> y en el mundo, pero hemos pasado el tiempo tratando de explicar a la gente <strong>por qué no se deben cerrar las puertas del país</strong> al resto del mundo. Es increíble que hayamos llegado a ese punto”.</p><p>En vísperas del referéndum, esta activista, de pelo rubio platino y que lleva un discreto aro en el orificio nasal derecho, mide las consecuencias de lo que considera –pase lo que pase– una <strong>derrota</strong>. Está cansada de las críticas de los que la consideran <strong>parte del establishment</strong><em>establishment</em> por haber hecho campaña del mismo lado de David Cameron, el jefe del Gobierno, y de Jeremy Corbyn, líder de los laboristas. Button votará a favor de la permanencia en la Unión Europea, en nombre de los “valores y principios”. “Este referéndum habla de la sociedad en la que se tiene ganas de vivir. No tengo ganas de retirarme a mi isla. <strong>Creo en los valores colectivos</strong>. Estoy convencida de que Reino Unido tiene numerosas batallas que librar en el seno de la Unión”. Asegura que le hubiera gustado propiciar una dinámica positiva en torno al proyecto europeo, pero los partidarios del <em>Remain</em> han tenido que centrarse en combatir los <strong>ataques antimigración</strong> de los detractores a la permanencia. </p><p>La joven, nacida en Manchester y residente en la capital de Gales, Cardiff, desde hace siete años, apuesta por una UE que garantice los derechos de las mujeres (en lo que respecta a los permisos por maternidad o en la igualdad salarial entre sexos) y del colectivo LGTB. ¿Los partidarios del <em>Leave</em> (del divorcio con la UE) dicen que Reino Unido no ha esperado a Europa a la hora de adoptar leyes progresistas a favor de las mujeres? “Pero <strong>se puede hacer mucho desde dentro de la Unión</strong> para ayudar a mujeres y a las minorías en otros Estados miembros de la UE”, precisa. Mientras los partidarios del Brexit reiteran desde hace meses la necesidad de “recuperar el control de Bruselas” (<em>take back control from Brussels</em>), este tipo de argumentos no se deja oír en el debate público. “Esta historia de 'control' es un <em>storytelling</em> muy eficaz, que juega con el miedo de la gente y refuerza las tendencias al individualismo”, lamenta, desesperada.</p><p>A pesar del pesimismo que reina en la recta final de la campaña, <strong>Beth Button tiene motivos para la esperanza</strong>. Sabe que su generación, la de los menores de 30 años, exestudiantes Erasmus, pueden hacer que se venza el <em>Remain</em>. Los estudios y sondeos lo vienen diciendo desde hace meses: <strong>cuanto más jóvenes son los ciudadanos, más contrarios son al Brexit</strong> (las encuestas de <em>The Economist</em> otorgan al <em>Remain</em> el 60% de los votos, entre los más jóvenes; ese porcentaje cae al 36% entre el electorado de edad más avanzada). La predisposición al <em>Remain</em> se acentúa si el votante tiene estudios. El problema, entre los partidarios de la UE, radica en la <strong>abstención</strong> ya que son también los más jóvenes los que menos acuden a las urnas. En las legislativas de 2015, sólo el 43% de los votantes e entre los 18 y 24 años fueron a votar, frente al 77% de los mayores de 55 años. En aquel momento, esa débil movilización de los más jóvenes benefició sin duda a los laboristas de Ed Miliband, seguido a mucha distancia por los conservadores de Cameron. </p><p>La National Union of Students (NUS), contraria al Brexit, ha llevado a cabo un trabajo de fondo, basado en el puerta a puerta, dirigido sobre todo a <strong>movilizar a las </strong><strong>tropas</strong> e inscribir a los que no lo estaban. El plazo para hacerlo concluía a principios de junio y la operación parece haber funcionado. <strong>Nunca ha habido tantos votantes inscritos en unas elecciones en Reino Unido</strong> (unos 46,5 millones de personas). Esto podrá influir en el resultado que salgan de las urnas. “La ironía es que muchos estudiantes habían desaparecido del censo electoral en virtud de una ley que aprobó David Cameron, antes de las elecciones de 2015. Se trataba una operación destinada a facilitarle la reelección. Ahora es el mismo David Cameron el que espera una importante movilización estudiantil”, dice Beth Button. En una <a href="http://www.theguardian.com/education/2016/jun/20/students-eu-vote-universities-funding-jo-johnson" target="_blank">tribuna</a> publicada el martes en <em>The Guardian</em>, el ministro de Universidades, Jo Johnson, ensalza los méritos de Europa en un registro muy “tecno”: si bien es verdad que Londres contribuye en un 12% al presupuesto de la UE, explica, el país recibe casi el 15% de la partida que Bruselas destina a la financiación de la investigación universitaria… </p><p>En el campus de la prestigiosa universidad de Cardiff, muchos estudiantes hacen suyos esos razonamientos sobre los costes y los beneficios de la UE. El <em>Remain</em> parece imponerse mayoritariamente entre los presentes (hace días que terminaron los exámenes y muchos de los 35.000 estudiantes se han marchado ya a casa), pero Europa no desata pasiones. Más bien se trata de una <strong>decisión pragmática y razonable de los estudiantes</strong>, que han identificado perfectamente cuáles son sus intereses. Los argumentarios más políticos, como los que da Beth Button, no abundan.</p><p>En la terraza de la Students Union, entre los graznidos estruendosos de las gaviotas que recuerdan que Cardif, antes de ciudad universitaria fue un puerto, Sara Yassine, de 20 años, explica las razones que le llevarán a votar por el <em>in</em>, como la mayoría de sus amigos: “Pronto habré terminado mis estudios. Es lógico que vea cómo está el mercado del empleo. Estoy convencida de que <strong>un Brexit desestabilizaría la economía</strong>”. Esta estudiante de tercer año de historia moderna, que viste un velo beige y gafas de montura negra, prosigue: “Tengo previsto irme a dar clases de inglés a un país de Europa, antes de empezar un máster. Si salimos de Europa será mucho más complicado: tendré que pedir un visado. Estoy a favor de la libre circulación”. En esta campaña también ha aprendido que Gales es un país beneficiario neto de los presupuestos europeos. O lo que es lo mismo, que recibe más dinero de lo que pagan los contribuyentes a Bruselas. Para esta joven, simpatizante del Partido Laborista, que votó por Jeremy Corbyn en las primarias del partido celebradas el año pasado, se trata de otro argumento de peso.</p><p><strong>“Con la UE, a veces parecemos en una novela de Orwell”</strong></p><p>Sara Yassine forma parte de un grupo de estudiantes al que la BBC, la radiotelevisión pública del país, sigue durante la campaña. Da la impresión de que conoce los argumentos al dedillo, similar al modo en que algunos representantes políticos a veces sueltan su discurso. “Vivo en Grangetown [barrio al sur de Cardiff] y el mestizaje social es muy importante. Hay gente de todas partes. Mis vecinos son gente del Este de Europa y están muy bien integrados. Me deprime ver cómo los partidarios del Leave recurren siempre al mismo argumento”, añade. El problema es que la gente mayor se acuerda todavía de una época anterior a la UE. Yo lo único que conozco es la UE, desde que nací. Y creo que me ha aportado mucho”. El referéndum del jueves podría dividir el Reino Unido, entre una Inglaterra muy partidaria del Brexit y una Escocia muy favorable al <em>Remain</em>. Pero la consulta podría tornarse en enfrentamiento generacional, también incómodo. </p><p>Hay alguien, en el campus, que espera que los sondeos se equivoquen. “No creo que, en las facultades del país, el resultado sea del 99% a favor del <em>Remain</em> como algunos se imaginan”, avisa con una sonrisa. Quien habla así es Alex Moscovici –no tiene ninguna relación con el socialista francés–, un londinense fuerte de 23 años, estudiante de español e italiano en Cardiff. Es uno de esos defensores acérrimos de un Brexit de izquierdas –no tanto porque la Unión Europea sea una máquina de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ordoliberalismo" target="_blank">inspiración ordoliberal</a> de la que no podrían salir nunca políticas de izquierdas dignas de ese nombre, sino más bien porque el sistema de Bruselas, en su opinión, es todo salvo democrático.</p><p>Nos cita en una pub de nombre galés impronunciable (<em>The Crwys</em>), en el barrio bohemio y estudiantil de Cathays,. Viste una camiseta de la Universidad de Pisa, ciudad italiana donde estudió parte de su año Erasmus. Comienza por decir: “Que las cosas queden claras, entre la gente que quiere salir de Europa, hay muchos enfados, por ejemplo en el seno del Ukip. Gente que la aborrecen por encima de todo. No es mi caso. <strong>Y la libre circulación de personas, me parece fenomenal</strong>”. </p><p>El estudiante, de 21 años, habla de los logros que David Cameron consiguió en Bruselas a principios de año, al <strong>renegociar el estatus de Gran Bretaña en el seno de la UE</strong>. Supuso un detonante. “Cameron no consiguió nada. O casi nada. En ese momento me di cuenta de que <strong>era imposible cambiar la UE desde dentro</strong>”. Y se explica: “El problema con la UE es que no se trata de un conjunto de países que se reunen para cooperar juntos, como sucede con la ONU o el G-20. En este caso, la UE legisla por nosotros, firma contratos de libre comercio por nosotros, a veces decide en nombre de los pueblos. Mira Grecia, Portugal, Irlanda. A veces no le duelen prendas en hacer lo contrario de lo que la gente ha votado”.</p><p>Pero, ¿la democracia funciona mejor a escala de Estados nación en crisis? Después de todo, la Cámara de los Lores, en Westminster, no es un modelo de vitalidad democrática, ni de renovación generacional... “Por supuesto que no es perfecto, pero al menos a escala de Gran Bretaña, <strong>tengo la impresión de que se dominan los asuntos</strong>, que es más fácil conseguir algo. En 2010, el buen resultado de los liberal-demócratas permitió la celebración de un referéndum. En 2014, David Cameron tuvo que dejar que Escocia votase sobre la independencia. Pasan más cosas”, dice.</p><p>El argumento del apoyo financiero de Europa a las universidades y a las infraestructuras de Gales no parece convencer. <strong>“A veces, con la UE, parece que estamos en una novela de Orwell</strong>. Adora poner su logotipo en todas partes. El otro día vi un banco financiado por la UE... Como si no hubiésemos sido capaces de construir bancos antes de que existiese Europa... En serio, ¡es ridículo!”, se ríe. “Yo no quiero, en serio, que me compren la confianza, si es para dejarlos decidir a mis espaldas”. Alex Moscovici está de buen humor este día: acaba de enterarse que empezará a dar clases de inglés al norte de Italia, en Mestre, a partir de este otoño. <strong>No será un Brexit lo que va a cambiar los planes del joven europeo</strong>.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_7639"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ludovic Lamant (enviado especial de Mediapart a Cardiff), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido,Referéndum]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Seis pistas para no perderse en el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/seis-pistas-no-perderse-referendum-permanencia-reino-unido-ue_1_1127754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7dccbc91-8f6a-422d-94c9-fb47e39915f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Seis pistas para no perderse en el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE"></p><p>Una pregunta: <strong>"¿Debe el Reino Unido continuar como miembro de la Unión Europea o debe dejar la UE?"</strong>. Y dos posibles respuestas: permanecer en el club comunitario o romper con Europa. Más de 40 millones de personas están llamadas este jueves a las urnas para decidir cuál será el futuro del tercer contribuyente neto de la UE, sólo por detrás de Alemania y Francia: en el año 2015, aportó el 12,57% del total. En concreto, pueden<a href="https://www.gov.uk/government/topical-events/eu-referendum/about" target="_blank"> ejercer su derecho al voto</a> los británicos, irlandeses y ciudadanos de los países de la Commonwealth mayores de 18 años que residan en Reino Unido, los británicos que lleven menos de 15 años viviendo en el extranjero y los territorios ultramar como Gibraltar. </p><p>El primer ministro <strong>David Cameron</strong> prometió la consulta si los conservadores se imponían en las siguientes elecciones, con el objetivo de satisfacer las demandas que se venían haciendo desde el partido euroescéptico <a href="http://www.ukip.org/index" target="_blank">UKIP</a>, que se impuso en los comicios europeos de 2014, y desde una parte del propio <a href="https://www.conservatives.com/" target="_blank">Partido Conservador</a>. El 7 de mayo de 2015, un 36,9% de los votantes respaldaron a los <em>tories</em>. Algo menos de un año después, en febrero, el primer ministro cumplió con su promesa y convocó la cita con las urnas. Tras más de un mes de campaña, los británicos llegan a un Día D que se extenderá desde las 6.00 de la mañana hasta las 21.00 de la noche. Sin embargo, el primer dibujo fiable sobre el resultado no se tendrá hasta las 03.00 horas del viernes. </p><p>¿Quién está a favor y quién en contra del <em>Brexit</em>? ¿Qué resultado pronostican las encuestas? ¿Y las casas de apuestas? ¿Cuáles son las consecuencias económicas para Reino Unido y para Europa? ¿Qué influencia puede tener sobre España la decisión de una salida de la UE? ¿Qué relación podrían mantener, en caso de abandono, con el club comunitario? ¿Qué pasará con el independentismo escocés? infoLibre repasa las principales claves del referéndum.</p><p><strong>Stronger In vs Vote Leave</strong></p><p>La opción de la permanencia se aglutina alrededor de la campaña <a href="http://www.strongerin.co.uk/" target="_blank">Stronger In</a>, en la que están implicados relevantes nombres dentro del mundo de la política, a uno y otro lado del arco parlamentario británico: el ministro de Finanzas, <strong>George Osborne</strong>; el líder laborista, <strong>Jeremy Corbyn</strong>; el <em>expremier</em> <strong>Gordon Brown</strong>; o el actual alcalde de Londres, el laborista <strong>Sadiq Khan</strong>. A la cabeza de esta opción, el actual primer ministro, que decidió hacer campaña por la permanencia el pasado 20 de febrero, después del acuerdo alcanzado con la Unión Europea que consolidó a Londres con un "estatus especial" dentro de la UE al otorgarle una serie de <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/19/actualidad/1455872429_141482.html" target="_blank">concesiones simbólicas</a>. El Partido Liberal Demócrata, el Partido Nacional Escocés, el partido Laborista de Irlanda del Norte y Los Verdes también apoyan permanecer en la Unión.</p><p><a href="http://www.voteleavetakecontrol.org/" target="_blank"> Vote Leave</a> es la campaña oficial a favor de la salida. Aunque también existen otras dos: Leave.EU y Grassroot Out, de menor tamaño que la principal. Dentro de la opción euroescéptica lleva la voz cantante el exalcalde de Londres <strong>Boris Johnson</strong>, así como el líder del partido antiinmigración UKIP, <strong>Nigel Farage</strong>. Con ellos, hacen campaña a favor de la salida seis ministros del Ejecutivo de Cameron: <strong>Michael Gove</strong> (Justicia), <strong>Chris Grayling</strong> (representante del Gobierno en el Parlamento), <strong>Iain Duncan</strong> (Trabajo), <strong>John Whittingdale</strong> (Deportes), <strong>Theresa Villiers</strong> (Secretaria de Estado en Irlanda del Norte) y <strong>Priti Patel</strong> (Secretaria de Estado de Empleo. A ellos se unen también los diputados laboristas<strong> John Mann</strong> y <strong>Dennis Skinner</strong>.</p><p>Sin embargo, la campaña no se ha quedado en casa. La importancia de la consulta ha llevado a líderes internacionales a ambos lados del Atlántico a pronunciarse sobre el polémico <em>Brexit</em>. El presidente de EEUU, <strong>Barack Obama</strong>, pidió a Reino Unido que permanezca en la UE, argumentando que su pertenencia al bloque europeo ha magnificado su papel internacional. En la misma línea se han pronunciado sus homólogos en Francia y Alemania, <strong>François Hollande</strong> y <strong>Angela Merkel</strong>, respectivamente, así como los cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno en España. A favor de la salida, por otro lado, se han mostrado la presidenta del Frente Nacional, <strong>Marine Le Pen</strong>, o el magnate y candidato del Partido Republicano a la Casa Blanca, <strong>Donald Trump</strong>.</p><p>Las encuestas pronostican un resultado ajustado</p><p>Por el momento, las encuestas en Reino Unido pronostican un resultado muy ajustado. De los diez últimos sondeos que se han publicado desde el miércoles 15 de junio al lunes 20, la opción de la permanencia <strong>se impone en cinco</strong>, el <em>Brexit</em> se pone por delante <strong>en cuatro</strong> y ambas opciones <strong>empatan con un 44%</strong> en el que elaboró Opinium el pasado viernes. Atendiendo al promedio de sondeos elaborado por el diario británico <a href="https://ig.ft.com/sites/brexit-polling/" target="_blank"><em>Financial Times</em></a>, la salida de Reino Unido permanece por delante frente a la de continuar en el club comunitario: 45% a 44%, con un porcentaje de indecisos cercano a los once puntos. </p><p>Lo cierto es que el <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/06/16/una_diputada_laborista_britanica_estado_critico_tras_ser_disparada_51365_1022.html" target="_blank">asesinato</a> el pasado jueves de la diputada laborista Jo Cox al grito de "¡Muerte a los traidores, libertad para Reino Unido!" ha venido seguido de una <a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/06/17/el_asesinato_diputada_cox_altera_campana_del_brexit_51413_1044.html" target="_blank">mejora de los partidarios de la permanencia</a> en los sondeos publicados desde entonces. De las cinco encuestas que se elaboraron antes de la muerte de la parlamentaria, la opción encabezada por Cameron sólo se imponía en una de ellas. Si se atiende a las cinco posteriores al asesinato, se aprecia una notable diferencia: la opción de continuar con los socios comunitarios <strong>se ponía por delante en tres</strong>, frente a dos en las que ganaba el <em>Brexit</em>.</p><p>El electorado del Partido Conservador es, sin duda, <a href="http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2016/06/britain-s-eu-referendum" target="_blank">el más fragmentado</a> según las encuestas –48% que apuesta por la salida frente al 44% que quiere la permanencia–. Mientras que la mayoría de los laboristas –64%– y los liberal demócratas –69%–, por su parte, quieren continuar dentro del club comunitario, el electorado del UKIP se muestra como el más euroescéptico –un 90% a favor de romper con la UE–. Por territorios, en Escocia y el sur de Gran Bretaña las encuestas dan a la opción de la permanencia la victoria, mientras que en el norte de Gran Bretaña y Gales los votantes prefieren el <em>Brexit</em>, según los sondeos. Finalmente, el <em>leave</em> también es la opción preferida de los <strong>mayores y las clases sociales con menores ingresos</strong>, mientras que los jóvenes y aquellas personas con ingresos elevados se muestran a favor de la continuidad.</p><p>También las casas de apuestas rentabilizan el referéndum de este jueves. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede con las firmas demoscópicas, en el caso de jugarse dinero la opción preferida es la de la continuidad: se paga a 1,25 por euro apostado, mientras que el premio si apuestas por la opción de salir del club comunitario asciende a 4 euros por euro apostado. En este sentido, el cálculo <a href="http://sports.ladbrokes.com/sports-central/uk-eu-referendum/" target="_blank">hecho por Ladbrokers</a> otorga al <em>Brexit</em> una posibilidad de imponerse este jueves del 24%, frente al <strong>76% que da a la opción encabezada por el premier británico</strong><em>premier</em>.</p><p>Las consecuencias de una salida</p><p>Si bien la salida de Reino Unido podría tener consecuencias políticas dentro de la UE –el proyecto europeo sería puesto en cuestión con una salida de esta envergadura–, una de las principales líneas de debate sobre el referéndum ha girado en torno a las<strong> consecuencias económicas</strong> que un posible <em>Brexit </em>podría tener tanto para Reino Unido como para la Unión Europea. Por ello, durante el último mes de campaña han sido frecuentes las intervenciones recordando los peligros para la economía comunitaria y británica que tendría una salida del tercer mayor contribuyente neto de la UE. "Tendré que subir mucho las cargas impositivas o recortaros en servicios públicos como educación, sanidad o el presupuesto de Defensa", advirtió el ministro de Finanzas, George Osborne. Un <strong>ajuste que cifró en 30.000 millones de libras</strong> –38.000 millones de euros–. </p><p>Advertencias también procedentes de organismos internacionales como el Banco Central Europeo (BCE), la Organización para la Cooperación, el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). "Un Brexit podría acarrear un grave daño regional y global al afectar a las relaciones comerciales establecidas", advirtió en su momento Maurice Obstfeld, economista del FMI. La directora, <strong>Christine Lagarde</strong>, también ha alertado en repetidas ocasiones que la ruptura supone un <strong>"riesgo importante" para la economía mundial</strong>. Mientras tanto, desde el Banco Central Europeo tratan de imponer una sensación de tranquilidad. Así, el director del BCE, Mario Draghi, aseguró durante la Comisión de Asuntos Económicos y Financieros del Parlamento Europeo que están preparados "para todas las emergencias tras el referéndum".</p><p>Lo cierto es que el Reino Unido y la UE mantienen unas relaciones económicas muy estrechas. Además de ser el tercer país que más aporta al fondo comunitario, la Unión Europea recoge un <strong>44,6% de las exportaciones totales del archipiélago</strong>, mientras que las que se hacen desde otros Estados miembro a suelo británico sólo suponen un 10% de las totales. "En el plano comercial, sufrirá más que el conjunto de la UE con su salida", señalan desde Analistas Financieros Internacionales en su informe <a href="http://www.slideshare.net/Afi-es/brexit-el-prximo-reto-para-la-unin-europea" target="_blank"><em>Brexit: el próximo reto para la Unión Europea</em></a>. En el mismo texto, también se pone de relieve que la UE supone el 46% del total de la <strong>inversión directa extranjera</strong> en el Reino Unido y hacen hincapié en las conexiones financieras: "en el tercer trimestre de 2015, los bancos europeos tenían un total de 1,63 billones de dólares "en derechos de crédito sobre contrapartes británicas". Una de las preocupaciones principales es que la <strong>cotización de la libra se desplome </strong>y la reacción que se produzca sobre los mercados.</p><p>La influencia directa sobre España</p><p>En España, el referéndum sobre el <em>Brexit</em> apareció <strong>durante el último tramo de la campaña electoral</strong>. Sin embargo, la coincidencia de los cuatro principales partidos sobre este tema hizo que prácticamente no se convirtiese en objeto de debate. "Si yo tuviera que votar en el Reino Unido el próximo 23-J votaría por el sí a permanecer en Europa", señaló Pedro Sánchez durante el debate a cuatro. Le siguió Pablo Iglesias: "Somos el único partido que ha estado en Reino Unido haciendo campaña. (...) pidiendo el sí a que siga en la UE". Durante los siguientes días dieron su punto de vista Mariano Rajoy por parte del PP y Albert Rivera por parte de Ciudadanos. "El viernes puede haber un golpe tremendo en los mercados porque genera desconfianza", dijo el presidente en funciones. En clave política, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/06/15/brexit_51288_1012.html" target="_blank">los expertos señalan</a> que un resultado rupturista a tres días de las generales en España <strong>podría beneficiar al partido en el Gobierno</strong>.</p><p>Pero, ¿qué <a href="http://www.infolibre.es/noticias/economia/2016/05/13/brexit_49695_1011.html" target="_blank">consecuencias</a> puede tener la victoria del <em>Brexit</em> sobre la economía española? En primer lugar, Reino Unido es un mercado importante para España. Desde hace diez años, nuestro país registra un <strong>superávit comercial </strong>–1,1% del PIB español en 2014– con las islas británicas, tanto en productos como en servicios. Además, es el <strong>quinto destino más importante para las exportaciones españolas</strong> de bienes y servicios –por detrás de Francia, Alemania, Portugal e Italia–, suponiendo en torno a un 6,9% del total, y el sexto mayor proveedor de nuestro país, siendo el origen del 4,3% de las importaciones españolas. Del total de bienes que España exporta a los británicos, un 30% son productos relacionados con el transporte; un 12% corresponde a máquinas; un 10% son bienes vegetales; un 8,3% son productos químicos y un 7,2% son productos alimenticios, según datos de la Organización Mundial del Comercio (OIC) recogidos por Afi.</p><p>Reino Unido, además, es el principal destino de la inversión directa española en el extranjero, con un 14% del total en el año 2013, alcanzando en esa fecha los <strong>48.000 millones de euros</strong>. Según los datos recogidos en el informe de Afi, esta se concentró principalmente en el sector financiero, de telecomunicaciones y de abastecimiento energético, con un 35% (16.600 millones de euros), 32% (15.200 millones de euros) y 15% (7.300 millones de euros), respectivamente. Así, una salida de la UE podría <a href="http://www.infolibre.es/noticias/economia/2016/06/19/las_empresas_mas_afectadas_por_brexit_telefonica_ferrovial_santander_iberdrola_sabadell_51470_1011.html" target="_blank">afectar a grandes empresas españolas</a>: <strong>Santander</strong> (con su filial Santander UK) y <strong>Sabadell</strong> (propietario de TSB); <strong>Iberdrola</strong>, que adquirió ScottishPower en 2007 y prevé invertir 8.400 millones de euros en el país entre 2016 y 2020; <strong>Telefónica</strong>, cuya filial británica, O2, podría perder potencial de venta; o <strong>Ferrovial</strong>, con importantes intereses económicos en las islas.</p><p>Las posibles relaciones tras un <em>Brexit</em></p><p>Los politólogos y economistas, preguntados por las consecuencias de la victoria euroescéptica este jueves, son cautos y condicionan sus declaraciones al modelo de relación que se consolide entre la UE y el Reino Unido si saliese victoriosa la opción de abandonar el club. "Los costes (...) dependerían de cómo se configurasen el comercio y el resto de conexiones mutuas", señalan desde Analistas Financieros Internacionales en su informe. Pero, <strong>¿cuáles podrían ser estos escenarios?</strong></p><p>En este sentido, el documento de Afi recoge cuatro posibilidades: un<strong> modelo como el noruego</strong>, que "permitiría al Reino Unido tener acceso al mercado común y tener libertad para establecer acuerdos de libre comercio", pero respetando la normativa y estándares comunitarios y contribuyendo al presupuesto de la UE; un <strong>acuerdo bilateral como en el caso suizo</strong>, que permitiría al país "mantener acceso al mercado común" en aquellas áreas en las que acepte la regulación europea; <strong>acuerdos puntuales de libre comercio</strong> por sectores, lo que permitiría a Reino Unido evitar plegarse a la normativa comunitaria; o <strong>cláusula de la nación más favorecida</strong>, buscando una independencia total de la UE y "aplicando los aranceles propios de la Organización Mundial del Comercio".</p><p>Sin embargo, a sólo unas horas de que se abran las urnas, el presidente de la Comisión Europea se ha pronunciado de forma tajante en este sentido, asegurando que no habrá nueva negociación con las islas porque el país ya ha conseguido "lo máximo" de la Unión Europea: "Los electores deben saber que no habrá renegociación. Hemos firmado un acuerdo con el primer ministro David Cameron y ha obtenido lo máximo posible. Hemos dado lo máximo que podíamos dar", señaló<strong> Jean-Claude Juncker</strong> en referencia al acuerdo al que se llegó tras una jornada maratoniana de conversaciones en febrero. Y concluyó con contundencia: "No habrá renegociación ni sobre el acuerdo de febrero ni en el contexto de renegociaciones de los Tratados. <strong>La salida es la salida</strong>".</p><p>La independencia de Escocia</p><p>Otra de las claves de la consulta de este jueves tiene que ver con Escocia. El pasado 9 de junio, el ex primer ministro laborista<strong> Tony Blair</strong>, que compareció junto a su predecesor <em>tory</em> <strong>John Major</strong>, <a href="http://www.abc.es/internacional/abci-blair-y-major-advierten-brexit-amenaza-unidad-reino-unido-201606091647_noticia.html" target="_blank">jugó en rueda de prensa la carta del independentismo</a> y alertó de que si se imponía la opción euroescéptica en las urnas el Reino Unido podría terminar desgajándose. "La dura verdad es que la propia unidad del Reino Unido estará en la papeleta de dentro de dos semanas", aseguró Blair, que añadió que si en Escocia se impone la continuidad y en el conjunto de Gran Bretaña el <em>Brexit</em>,<strong> "un segundo referéndum será políticamente irresistible"</strong>. Un territorio donde, según las últimas encuestas, la opción de la permanencia <strong>aventajaría a la de la salida en más de 24 puntos</strong>, lo que evidencia el europeísmo que impera en el país.</p><p>El argumento de la permanencia en la Unión Europea fue el utilizado en 2014 por Bruselas y Londres para alertar a los escoceses de las consecuencias que tendría su independencia y la imposibilidad de continuar dentro del club comunitario si no lo hacían de la mano del resto de Reino Unido. Pareció pesar en la <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2014/09/18/los_escoceses_comienzan_votar_referendum_que_definira_futuro_21591_1022.html" target="_blank">decisión final</a> de los votantes: el "no" a la salida se impuso finalmente al "sí" por un 55,3% frente a un 44,7%, a pesar de que los sondeos dieron hasta última hora resultados a favor de la independencia. Algo menos de dos años después, la ministra principal escocesa, <strong>Nicola Sturgeon</strong>, <a href="http://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2016-06-22/sturgeon-escocia-expresara-su-propia-voz-en-europa-si-hay-brexit_945499/" target="_blank">avisa</a> a escasas horas del referéndum: si gana el <em>Brexit</em>, es "vital" que la voz de los escoceses "sea escuchada directamente, que Escocia hable directamente con sus aliados europeos sobre cómo proteger su lugar en Europa y el mercado único".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Sánchez Castrillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Seis pistas para no perderse en el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Independencia,Unión Europea,Reino Unido,Política,Escocia,Referéndum,David Cameron,Brexit]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[En Gales, las clases populares que más han acusado la crisis se decantan por el Brexit]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/gales-clases-populares-han-acusado-crisis-decantan-brexit_1_1127733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9aee4e1f-1bf0-4c3d-aea5-f78e771eb1f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En Gales, las clases populares que más han acusado la crisis se decantan por el Brexit"></p><p>Han instalado el <em>stand</em> a apenas un centenar de metros de la línea de salida. “Hemos querido ser discretos”, apunta Hazel Norris. En el impermeable verde fluorescente con el que se protege de la lluvia, en la espalda, se lee un mensaje que no deja lugar a dudas: <strong>“Queremos salir de la Unión Europea, ¿y tú?”</strong>. Alrededor de ella, grupos de <em>runners</em> corren y hacen estiramientos, ejercicios de calentamiento. Se celebran los 10 km de Caerphilly, una carrera en el interior del verde Cardiff, en Gales. Pese a que el tiempo es invernal, un millar de participantes se daba cita el pasado domingo, desde bien temprano, a los pies de un monumental y robusto castillo de muros negros, que data del siglo XIII y que al que los lugareños conocen como <em>The big cheese</em> (expresión equivalente a <em>pez gordo</em>).</p><p>Como a lo largo y ancho de Reino Unido, el domingo se reanudaba la campaña oficial, dos días y medio después del <a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/06/17/el_asesinato_diputada_cox_altera_campana_del_brexit_51413_1044.html" target="_blank">asesinato de la diputada laborista Jo Cox</a>. Para Hazel Norris, militante de Ukip, el partido del eurófobo Nigel Farage, <strong>la suspensión ha durado demasiado</strong>. “Por supuesto que es horrible. Sin embargo, siempre pasa lo mismo: como era diputada, se sobreactúa. Es sabido que muchísima gente normal muere en actos violentos absolutamente gratuitos y, en esos casos, nadie dice nada…”. Quizás, al percibir cierto escepticismo, insiste: “Piense en la masacre de Orlando, ¿acaso en Estados Unidos han suspendido la campaña?”.</p><p>Hazel Norris teme que la tendencia de la campaña, <strong>favorable al Brexit en los últimos días</strong>, esté cambiando, a medida que se acerca el 23 de junio. Esta rubia, de unos cuarenta años, trabajó durante mucho tiempo como  instaladora de calderas de Britain Gas. Tuvo que dejarlo por razones de salud. Ahora vive con su pareja en casa de sus suegros y, desde febrero, <strong>trata de “convertir”</strong>, como ella mismo dice, a los electores de su entorno para que voten por el <em>Leave</em> (salida de la UE). Esta mujer, exvotante del Partido Verde, ha terminado por simpatizar con Ukip por “realismo”. Una de los desencadenantes ocurrió hace varios años cuando tuvo que vender su coche por necesidad. “Me los compró una pareja joven de polacos. Necesitaban un segundo coche, aunque ya tenía uno nuevo flamante… Acababan de llegar a Reino Unido. Eso me marcó”.</p><p>En esta mañana de domingo, Norris, cuando aborda a los deportistas curiosos, da la impresión de que quiere recuperar el tiempo de campaña perdido. A una futura electora que circula en bicicleta, todavía indecisa, le resume de forma expeditiva su manera de pensar: “Es muy sencillo, <strong>la UE está pensada para los ricos</strong>, no para los trabajadores. Y, si bien es verdad que algunos demonizan a los que abogan por el Leave, es porque tienen miedo a quedarse sin curro”. La ciclista hace un mohín, se quita el caso y empieza a hablar. “No se imagina el derroche en Bruselas. Por ejemplo, dedican importantes sumas a programas espaciales que no sirven para nada”, sigue Norris, antes de aconsejar a su interlocutora que <strong>“no escuche ni la BBC ni ITV, subvencionadas por la UE”</strong>.</p><p>En ese mismo instante, un corredor de pelo canoso, de unos sesenta años, se acerca antes de amenazar en dos ocasiones, mientras se aleja: “No les escuche, será un desastre terrible”. Pancartas, a un lado y a otro del <em>stand</em>, estigmatizan a los dirigentes de la UE, esos “no diputados” responsables del disempowerment de Westminster, es decir, la pérdida de poder del Parlamento Británico frente a las decisiones de Bruselas. Por ejemplo, se puede leer la cita de Martin Schulz, el presidente del Parlamento de Estrasburgo, que en una entrevista el año pasado quiso decir que el Reino Unido “formaba parte de la UE”, pero que terminó por decir que “pertenecía a la UE”. (<a href="http://www.itv.com/news/2015-06-17/martin-schultz-britain-belongs-to-the-eu/" target="_blank">“The UK belongs to the EU”</a>). </p><p>Sam Gould llega al <em>stand</em> a media mañana. No ha podido llegar antes y se disculpa, acaba de salir de la misa dominical. Por la insignia roja y blanca de <em>Vote Leave</em> en su elegante impermeable negro y comienza a hablar en un francés aprendido en una misión religiosa en Costa de Marfil, a principios del año 2000. A sus 32 años, no escatima elogios dirigidos a su jefe del Ukip local y es <strong>una de las esperanzas del partido en Gales</strong>. Gould dirigió, en concreto, la campaña de las regionales de mayo de 2016, lo que permitió que esta región euroescéptica hiciese una sonora entrada en el Parlamento galés, al conseguir siete de los 60 diputados en liza. Algunos sondeos sólo le otorgaban tres.</p><p>En la circunscripción de Caerphilly, en lo que antaño eran <strong>tierras mineras que ahora atraviesan una difícil reconversión</strong>, Ukip ha conseguido uno de sus mejores resultados (el 22% de los votos). El laborismo permanece en cabeza, con el 35% de los votos, pero ha perdido 16 puntos con respecto a las elecciones de 2011. Gould dio que hablar durante la campaña, arrastraba un cañón por las calles de la ciudad medieval y lanzaba nieve artificial a los transeúntes. A día de hoy, <strong>el auge de Ukip, a costa del Partido Laborista, en estos valles empobrecidos del sur de Gales, favorece el voto por el Brexit</strong>. La tasa de paro en Gales se ha situado en tasas anteriores a la crisis, en torno al 5%, como en el resto de Reino Unido. Sin embargo, son las ciudades del interior, en los alrededores de Cardiff, las que más han sufrido la crisis económica de los últimos años. </p><p>“Por aquí hay muchas comunidades obreras de la industria del carbón. <strong>Gente que toda la vida ha votado a los laboristas</strong>. Yo mismo, he llegado a votar al Partido Laborista. Pero <strong>los laboristas se han mostrado muy seguros de sí mismos. Y han traicionado sus promesas</strong>”, dice Gould. Como la mayoría de los defensores del <em>Leave</em>, apenas tarda unos segundos en vincular la pertenencia de Gran Bretaña a la UE y las políticas migratorias. Salir de la UE ha de permitir recuperar el “control” sobre las fronteras nacionales. Hace meses que se repite machaconamente el argumento.</p><p>“Es motivo de preocupación para los trabajadores aquí. <strong>Sus posibilidades de empleo son reducidas</strong>; sus sueldos son reducidos; sus posibilidades de comprar una casa un día, también. El sector inmobiliario está bajo presión por la <strong>inmigración</strong>”. Mientras que la polémica está en los últimos carteles electores de Nigel Farage, porque para algunos recuerda a la propaganda nazi, <strong>Gould dice que nunca se habría hecho de Ukip si el partido fuese racista</strong>. “Mi hermana está casada con un latinoamericano. No puede venir a trabajar a Reino Unido porque su marido no es ciudadano europeo. Mientras que un europeo sin cualificación y sin empleo, él sí que puede venir sin problema ninguna aquí, en nombre de Europa. Creo que es totalmente injusto. Se debe tratar a todo el mundo igual”.</p><p>En su opinión, el Brexit marcaría el comienzo de un movimiento más amplio, el <strong>estallido del proyecto europeo</strong>. “Quiero la abolición de la UE. Es una institución sólo funciona para beneficio de los burócratas, que tienen sueldos demasiado altos. Por eso también estoy a favor de la salida de Francia, llegado el caso. Después de todo, el comisario europeo que representa a Francia no ha sido más elegido en las urnas que el comisario británico… Y tampoco él tiene más peso que el comisario de un pequeño país como Malta, lo que es escandaloso”, prosigue, impasible pese a la lluvia que arrecia. En el Ejecutivo europeo, <strong>los comisarios no “representan” a sus respectivos países</strong>, sino que deben defender el interés general de la UE. Sam Gould pasa por alto este matiz y lo que el discurso gana en eficacia lo pierde en exactitud. Es uno de los numerosos artífices de la de la campaña del <em>Out</em>, lejos de los platós de televisión de Londres, que a fuerza de juntar a los descontentos, podrían terminar por imponerse. </p><p><strong>“¡Nuestro dinero va a acabar en los Balcanes!”</strong></p><p>Con 2,2 millones de electores (en una población de poco más de tres millones de habitantes), durante mucho tiempo se consideraba a Gales un <strong>caladero de votos</strong> casi seguro para los partidarios del <em>remain</em> (permanencia en la Unión). De las cuatro naciones que integran Reino Unido, era en Inglaterra donde –salvo la notable excepción de Londres– parecía que pesaban más los anhelos de independencia. En Escocia, Irlanda del Norte y Gales, las tres naciones que conseguían más autonomía gracias a las políticas de “devolución” de Tony Blair de finales de los 90, la desconfianza hacia la maquinaria europea no parecía tan marcada.</p><p>Si bien dicha afirmación parece que sigue siendo válida en el caso de Escocia y de Irlanda del Norte, quizás ya no lo sea en Gales. La implantación histórica del Partido Laborista (más cercano a la línea muy proeuropeísta de Gordon Brown que a la, muy crítica, de Jeremy Corbyn) y la buena salud de los nacionalistas galeses (también ellos proeuropeísta) puede que no basten para garantizar una victoria del IN. <strong>Los sondeos prevén un resultado muy igualado</strong>.</p><p><strong>“Inglaterra y Gales tienen comportamientos bastante similares en esta campaña”</strong>, comenta Roger Scully, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Cardiff. “El esquema que se observa en los valles del sur [donde se encuentra Caerphilly-Cardiff] recuerda por ejemplo a lo que sucedido en el norte de Inglaterra [donde el <em>Leave</em> debería arrasar]. En ambos casos, el voto por el <em>Leave</em> procede de la clases populares que antaño votaban laborista. Son sobre todo hombres, más bien de edad avanzada, blancos, como poca cualificación, conservadores en cuestiones sociales. También a menudo son ingleses que se han instalado en Gales pero que ante todo se sienten británicos y no galeses”. Los que los profesores Matthew Goodwin y Robert Ford llamaron, en 2014, los <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2014/mar/05/left-behind-voters-only-ukip-understands" target="_blank">left behind voters</a>,  los electores excluidos. Un colaborador de <em>The Guardian</em> identificaba recientemente el aumento del <em>Leave</em> con una forma de “revolución de la clase media” empobrecida, que sacude desde hace meses Inglaterra y Gales, al tiempo que proliferan los comentarios racistas.</p><p>“Un factor más coyuntural también perjudica aquí a la campaña del <em>remain</em>”, explica Scully. “En Escocia y en Irlanda del Norte se celebraron elecciones locales, en mayo, a los parlamentos regionales. Y la mayoría de los partidos tradicionales se centraron en esos escrutinios locales, por lo que empezaron la campaña del referéndum muy tarde, a principios de junio, con la militancia a menudo cansada, desmovilizada. Lo que favorece al <em>Leave</em>”. Más allá de las grandes figuras nacionales favorables al Brexit (los conservadores Boris Johnson o Michael Gove, la laborista Gisela Stuart o, en Ukip, Nigel Farage), <strong>la galaxia del Leave ha movilizado sobre el terreno a activistas variopintos</strong><em>Leave</em>, no sólo electores conservadores o de Ukip. Muchos de ellos se mantienen lejos de la política institucional y se muestran infatigables desde principios de año.</p><p>Un paseo por la zona industrial de Cardiff así lo pone de manifiesto. Desde la carretera, es difícil no ver el almacén, donde hay dos pancartas rojos de la campaña <strong>Vote for the Leave</strong>. Pese al tiempo lluvioso, Lee Canning, de 32 años, recibe a la entrada del local en bermudas beige, chanclas negras y camiseta de manga corta. Hace cinco años que dirige una empresa de distribución de folletos que trabaja en todo Gales. “En la recta final, se aprecia el acelerón. Cada día salen de este almacén unos 20.000 pasquines proBrexit”, se felicita. Es un trabajo que realiza de forma totalmente altruista, por convicción.</p><p>Hace tiempo que Lee Canning pertenece a la Tax Payer's Alliance, una red que reclama bajadas drásticas de impuestos (y la reducción del gasto por parte del Estado). También es el responsable galés de Business for Britain, un <em>lobby</em> que nació con los ojos puestos en el 23-J y que aglutina, a lo largo y ancho del país, a pequeñas y medianas empresas partidarias de la salida de la UE. “Algunos adoran hacer deporte, yo adoro hacer campaña”, resume este norirlandés de nacimiento, rubio de ojos azules, que llegó a Cardiff hace 13 años. Desde febrero, participó en una decena de debates frente a los defensores del <em>Remain</em> y en este final de campaña recita sus argumentos, convencido de lo que hace.</p><p>“Voy a votar por la salida de la UE, en primer lugar por cuestiones de fiscalidad: de cada libra esterlina que va a Bruselas, el contribuyente británico no recupera, al final, más que 49 peniques. Aquí <strong>atravesamos dificultades económicas como para que nuestro dinero se destine a subvencionar países que se podrían calificar de segundo mundo”</strong><em>segundo mundo</em>, explica, sentado en el sillón de cuero que ocupa la práctica totalidad de su minúsculo despacho. Canning se refiere a Estados como Polonia o Rumanía, que forman parte de la UE desde 2004 y que se encuentran entre los principales beneficiarios de la UE. “Se habla también de la adhesión de Albania, de Serbia, de Bosnia, en un futuro próximo. <strong>Nuestro dinero va a acabar en los Balcanes</strong>!”, prosigue. A corto plazo, estos países no tienen ninguna posibilidad de pasar a formar parte de la UE, lo mismo que la Turquía de Erdogan. Pero su eventual entrada en la UE ha sido objeto de interminables debates en Gran Bretaña. </p><p>En el seno de Europa, Reino Unido es un contribuidor neto. Es decir que efectivamente aporta más al presupuesto europeo de lo que recibe a cambio. Pero no sucede así con <strong>Gales, más pobre que el resto del Estado y que se beneficia de más fondos estructurales</strong>. Los agricultores galeses obtienen también generosas ayudas de la Política Agrícola Común, la PAC. Según un estudio de la Universidad de Cardiff, representa un beneficio neto por habitante galés de 79 libras (100 euros) por persona y año. Para Lee Canning, estos cálculos no cambian nada: “Los responsables de la campaña por el <em>Leave</em> [sobre todo los conservadores contrarios a David Cameron] ya han prometido que el dinero que no se vaya destinado a Bruselas, permitirá refinanciar los proyectos en curso con Europa”.</p><p>¿La recesión anunciada por los <em>remainers</em> en caso de Brexit inquieta a la joven empresaria? “Creé mi empresa en plena crisis y eso no me ha impedido salir adelante; doy trabajo a 30 personas a tiempo completo. No hago caso de las advertencias del FMI, del Tesoro o del Banco de Inglaterra. Son los mismos que no vieron venir nada en 2008”. En cuanto a los propósitos racistas de algunos partidarios del Brexit, no parecen molestarle. Prefiere insistir, como empresaria, en la relación que ve entre la inmigración y la actividad económica. “Para una pyme como la mía, esta relación es evidente. Distribuir pasquines, es un trabajo muy poco cualificado. Pago 9,5 libras por hora y veo a gente que trabaja en negro, por dos o tres libras por hora. Hay migrantes que aceptan esos sueldos. Eso tiene que cambiar”. Como casi siempre, cuando se discute sobre el Brexit comienza, la figura del migrante vuelve a hacer acto de presencia. </p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés: </em></p><p><span id="doc_67981"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ludovic Lamant (enviado especial de Mediapart a Gales), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En Gales, las clases populares que más han acusado la crisis se decantan por el Brexit]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Referéndum,David Cameron,UKIP]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Reino Unido analiza las enseñanzas que debe sacar del asesinato de Jo Cox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/reino-unido-analiza-ensenanzas-debe-sacar-asesinato-jo-cox_1_1127687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/472b44ba-1e81-44e1-a0cc-53ee837f09d0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reino Unido analiza las enseñanzas que debe sacar del asesinato de Jo Cox"></p><p>Las elecciones pasaron desapercibidas, eclipsadas por el asesinato ese mismo día de la diputada del Partido Laborista Jo Cox, en un Reino Unido en estado de <em>shock</em>. El jueves se celebraron <strong>comicios legislativos parciales en Londres</strong>. Se trataba de cubrir la vacante que había dejado Sadiq Khan, elegido alcalde de Londres en mayo, en la circunscripción de Tooting, al sur de la capital. Se impuso la candidata del Partido Laborista, con una mayoría más amplia que la que había conseguido Khan hace un año (obtuvo 6.300 votos más que su adversario conservador, frente a la ventaja de 3.000 votos que sacó Khan).</p><p>Han sido las cuartas elecciones legislativa parciales organizadas en Reino Unido en el último año y la cuarta victoria del Laborismo. En cada una de dichas convocatorias, los comicios tuvieron lugar en territorios más bien escorados a la izquierda. “Si recurrimos a  un símil futbolístico, es como si el Laborismo se hubiese impuesto con facilidad en <em>cuatro partidos disputados a domicilio</em>”, resumía <a href="http://%20https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/jun/17/the-guardian-view-on-the-tooting-byelection-labour-gets-a-result" target="_blank"><em>The Guardian</em></a>. El diario va incluso más allá al aseverar que se trata de la prueba de que <a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2015/09/05/jeremy_corbyn_entusiasma_los_innumerables_laboristas_desencantados_37260_1044.html" target="_blank">Jeremy Corbyn</a>, que dirige el Partido Laborista desde septiembre de 2015, <strong>no es el estratega desastroso que algunos se empeñan en describir</strong>.</p><p>Por supuesto es imposible determinar si tras la victoria laborista, mayor de lo esperada, subyace un <strong>nueva corriente de simpatía repentina</strong> por parte de los electores para con el Partido Laborista. La mayoría de los británicos desconocía hasta el jueves a última hora el sórdido asesinato de Jo Cox, de 41 años, cometido en su circunscripción de Yorkshire, al norte de Inglaterra. En vísperas de la celebración del referéndum sobre la UE, sin duda la convocatoria electoral más importante para Gran Bretaña de las últimas décadas, la cuestión está sin embargo en boca de todos: la muerte de esta diputada, europeísta convencida, <strong>¿puede impulsar el remain, la opción que defienden los que desean la permanencia del Reino Unido en la UE?</strong><em>remain</em></p><p>Los “inversores”, que mandan en los mercados financieros, por su parte, no han tardado en sacar conclusiones. Tal y como se podía leer ya el jueves en <a href="http://www.wsj.com/articles/after-jo-coxs-killing-a-heartless-but-necessary-market-assessment-1466111163" target="_blank"><em>The Wall Street Journal</em></a>, la libra esterlina y el euro se apreciaban respecto del dólar, en un escenario en el que escalaba posiciones el <em>remain</em>. Pero esta hipótesis todavía está lejos de verse confirmada. Las motivaciones del homicida, vinculado con varias redes de ultraderecha, no están claras: ¿Estamos ante el gesto de un desequilibrado que actuó en solitario o es un acto de violencia política a una semana del referéndum? En su primera –y muy breve– comparecencia ante la Justicia este sábado, Thomas Mair, de 52 años, se limitó a responder a la jueza que le preguntaba su apellido: <strong>“Muerte a los traidores y libertad para Gran Bretaña!”</strong>. Desde entonces, permanece en prisión preventiva, sin haber apelado.</p><p>La campaña, suspendida el jueves por la noche, se retomó este domingo, en un clima que ambos partidos se comprometen a que sea “más respetuoso”. Este lunes, los diputados de Westminster le rendían un <a href="http://www.abc.es/internacional/abci-imagenes-parlamento-londres-rinde-102545710421-20160620175108_galeria.html" target="_blank">homenaje a la tristemente desaparecida</a>. El viernes, David Cameron, el primer ministro y Jeremy Corbyn se desplazaron a Birtstall, la ciudad donde sucedió todo y donde los vecinos habían erigido un memorial de coronas de flores. Esta <strong>imagen de unidad</strong> de los dos dirigentes ha calado, sobre todo porque aunque Corbyn defiende, como Cameron, el <em>remain</em>, había dicho que no se dejaría ver junto a su adversario conservador en campaña.</p><p>Como era de esperar, las <strong>llamadas a la calma se han multiplicado</strong>, después de meses de campaña a cara de perro. El nuevo alcalde de Londres Sadiq Khan ha dicho que el país “necesitaba una pausa y reflexionar”, para salir del “clima de odio, emponzoñado, henchido de negatividad y de cinismo” que ha marcado los últimos meses de campaña. Yvette Cooper, otra figura socialista (que se enfrentó a Corbyn en las primarias), ha declarado que se había producido un “aumento de la violencia en el debate público”, que se ha revelado “muy destructora”. En cuanto al diputado laborista Stephen Kinnock, próximo a Cox (conocido por haber contraído matrimonio con la ex primera ministra de Dinamarca Helle Thorning-Schmidt), es necesario “<strong>cambiar el tono para siempre, para defender eso en lo que creía Jo</strong>”. En una entrevista concedida al <em>Times</em>, llega a decir: “Tenemos que analizar atentamente lo que defendía Jo. Esa debería ser una de las miles de cosas en las que pensar, a la hora de meter el voto en el sobre la semana que viene”.</p><p>Mientras la campaña sobre Europa daba un giro hasta el todo vale, en un trasfondo de rivalidades personales en el seno de los partidos tradicionales desgastados, se presenta a Jo Cox como una <strong>diputada que anteponía sus convicciones a los intereses del partido</strong>. No dudaba, pragmática, a la hora de construir alianzas con algunos diputados de derechas, por ejemplo, sobre la cuestión de la intervención militar en Siria en apoyo a las poblaciones civiles. Otro ejemplo de esta independencia es que dio su firma a Corbyn, lo que le permitió presentarse a las primarias del partido, aunque finalmente no votó por él. Y después de los resultados del Laborismo en las locales de mayo de 2016, firmó una tribuna muy crítica con el liderazgo de Corbyn, reconociendo que lamentaba haberle permitido presentarse dándole su <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/may/06/jeremy-corbyn-leadership-labour-mps-elections" target="_blank">firma</a>… También tenía por costumbre recorrerse metódicamente su circunscripción, manteniendo reuniones abiertas a todos, como la que había celebrado el jueves. “Su ambición no era formar parte del establishement, sino reformarlo desde dentro –y de reformarlo al servicio de la gente menos favorecido que ella”–, escribe Gordon Brown, el ex primer ministro laborista, que quiere creer que la muerte de Jo Cox va a marcar “el fin de la espiral a la baja de nuestra vida política”.</p><p>Desde hace tres días, la trayectoria de Cox, que pasa por Cambrigde, Bruselas, y Nueva York, y las convicciones de humanismo y de Justicia que la movían, han permitido constatar todo aquello que no funciona en la política británica a día de hoy. Empezando por las tendencias al repliegue instrumentalizadas por algunas formaciones contrarias a la UE. En un editorial titulado:<a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/jun/17/political-contempt-politicians-eu-referendum" target="_blank"> “Si se inyecta veneno en nuestra política alguien terminará por enfermar”</a>, el cronista de <em>The Guardian</em> Jonathan Freedland enmarca la muerte de Cox en una serie de acontecimientos contemporáneos: los <strong>excesos de algunos aficionados ingleses en la Eurocopa</strong> de Francia al grito de <strong>“¡Vete a la mierda, Europa!”</strong>, o en la publicación de carteles antimigrantes, cada semana más racistas que la anterior, por parte del Ukip de Nigel Farage, en defensa del Brexit. El cronista termina por confesar que no puede más con el “ruido de fondo de esta campaña, que consiste en denunciar a las 'élites de Westminster' y considerar que cualquier diputado, cualquier persona que tiene un cargo público, cualquier experto es o un mentor o un corrupto al servicio de un vicioso completo urdido por Bruselas”.</p><p><strong>Fracturas en el Laborismo</strong></p><p>El examen de conciencia en marcha incluye a los periodistas. Algunos medios de comunicación de gran tirada están acusados de haber llegado demasiado lejos, en su cruzada contra la clase política en su conjunto y de haber alimentado también ellos ese clima de tensiones perjudiciales. “Por supuesto que era necesario sacar el escándalo de los gastos de los diputados, escribe Andrew Grice, en <a href="http://www.independent.co.uk/voices/jo-cox-death-dark-side-to-politics-social-media-eu-referendum-brexit-a7087521.html" target="_blank">The Independent</a>, en alusión al caso que degradó la imagen de los diputados. Pero desde entonces, la mayoría de los diarios del país han pasado de un <strong>euroescepticismo sano</strong> para con la clase política a un cinismo completo”. Y rizando más el rizó: “Jo Cox, como muchos de sus colegas diputados, estaba más en contacto con la “verdadera vida” de las gentes que la mayoría de los periodistas que pasan su tiempo juzgando dicha misma clase política”.</p><p>Ese posicionamiento, en periódicos considerados más bien de izquierdas, han irritado a algunos observadores. Es el caso del exdiputado conservador Matthew Parris que, en el <em>Times</em> de este sábado, juzgaba que<strong> “si hay una enseñanza que extraer de la muerte de Jo Cox, es que no hay tal”</strong>. Ataca a los que “sugieren que la campaña por el leave, aún sin tener intención de hacerlo, alentó a los demonios que se habían apoderado del asesinato de Jo Cox”. “Antes de que cayerais en ese tipo de razonamiento, queridos amigos remainers, imaginad lo que habrían dicho algunos defensores del leave si el asesino hubiese sido un demandante de asilo desequilibrado mental. ¿Valemos más que todo eso, no? ¿Verdad que sabemos que siempre va a haber locos?</p><p>En otro editorial, <em>The Guardian</em> insiste: “Con independencia de cuáles fueran las <strong>motivaciones</strong>, políticas o no, del asesino, este suceso lamentable se inscribe, indefectiblemente, en un <strong>contexto claramente político</strong>. Por el momento y el lugar”. El momento: a siete días de un referéndum crucial, que se juega sobre la identidad del Reino Unido. Y el lugar, en el norte de Inglaterra en crisis, donde el British National Party (extrema derecha) ya ha conseguido resultados impresionantes y donde la formación hasta ahora secreta Britain First, a la que podría haber pertenecido el asesino, trata de cuajar. Allí más que en otras zonas del territorio, la campaña sobre la UE y su temática migratoria parecen haber liberado la palabra de numerosos otros “nacionalistas”.</p><p>Desde su elección como diputada de Westminster 13 meses antes, Cox era una de las voces, de izquierdas, que todavía se atrevían a defender las virtudes de la inmigración, sin temer perder electores en el camino. En el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=u3OQRnJ1zrQ" target="_blank">primer discurso</a> que pronunciaba en Westminster (cuyo vídeo se ha difundido mucho después de su muerte), habla de la riqueza de las comunidades que componen la población de su circunscripción, “son muchas más las cosas que nos unen que las que nos dividen”. Si la muerte de Cox ha conmocionado tanto a Gran Bretaña, sobre todo entre la izquierda, es porque pone de manifiesto el malestar en el seno de su propio partido, el Laborista, en este cuestión decisiva. </p><p>Antes de la muerte de Cox, el semanario <a href="http://www.newstatesman.com/politics/uk/2016/06/eu-referendum-was-meant-be-tory-nightmare-it-has-become-one-labour" target="_blank">New Statesman</a> había publicado un interesante análisis sobre la crisis interna en el Laborismo titulado: <strong>“El referéndum sobre la UE estaba destinado a convertirse en pesadilla para los conservadores. Pero al final lo fue para los laboristas”.</strong> El artículo se refiere a las responsabilidades de Corbyn, reticente desde el primer momento a hacer campaña por Europa, pero también de los grandes medios de comunicación, inmersos en batallas internas y políticas en el seno de los conservadores. Destaca también la inteligencia de la campaña del leave, que respaldado considerablemente a algunos diputados laboristas favorables al Brexit, como Gisela Stuart (minoritarias, pese a todo, en su propia familia política).</p><p>Pero recuerda sobre todo hasta qué punto el partido socialdemócrata se encuentra estructuralmente dividido en las cuestiones migratorias. Un diputado laborista de Birmingham, Liam Byrne, presentaba así su visión de las cosas: “Somos el <strong>partido de la clase obrera</strong>. Nuestro trabajo es responder a las preocupaciones de esta gente. Estos tiempos nos dicen claramente que su preocupación principal es la inmigración. Por tanto, tenemos que centrarnos en esa cuestión. Punto”. En cuanto al londinense Jeremy Corbyn, insiste: “A la clase media de Londres no le gusta hablar de inmigración. Piensan que es un tema sucio”.</p><p>Como otros partidos socialdemócratas de Europa, el Laborista se encuentra fracturado entre un electorado progresista en cuestiones sociales en Londres (a los que algunos llaman “<strong>bebedores de vino</strong>”) y una base obrera en el resto del país, que podría verse tentada por los discursos alarmistas sobre los peligros de la inmigración (los “<strong>bebedores de cerveza</strong>”). “Es la brecha que Ed Miliban [predecesor de Corbyn] trató de cerrar y que acabó por reducir el apoyo de los dos grupos. Corbyn ha defendido sin amabges la causa de los migrantes. En ese sentido se ha alineado del lado de algunos de sus adversarios de la línea Blair. Pero hay diputados que temen que esta estrategia tenga importantes consecuencias electorales”, prosigue George Eaton, en <em>New Statesman</em>.</p><p>Es precisamente en ese contexto, en el del Laborismo sumido en una importante crisis y de la que no se sabe cómo se saldrá a corto plazo, haya o no Brexit, hay que sustituir a la fallecida Cox. Esta diputada trataba, desde el norte de Inglaterra donde algunos laboristas ya no hacen discursos positivo sobre la inmigración, de presentar sin descanso sus ideas sobre la solidaridad internacional. <strong>Hasta el trágico 16 de junio de 2016, parecía haberlo conseguido</strong>.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_55819"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ludovic Lamant (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Reino Unido analiza las enseñanzas que debe sacar del asesinato de Jo Cox]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Partido Conservador,Partido Laborista,Reino Unido]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Expatriados españoles: “El ambiente se está convirtiendo en violencia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/expatriados-espanoles-ambiente-convirtiendo-violencia_1_1127642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b61596be-e947-4761-84be-6079224f99a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Expatriados españoles: “El ambiente se está convirtiendo en violencia”"></p><p>Mucho se ha especulado a cerca de las consecuencias económicas que produciría la posible salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. A escasos días de que el pueblo británico se pronuncie al respecto en un referéndum, las páginas y pantallas de la prensa del continente se llenan de análisis, cálculos y pronósticos sobre un posible resultado favorable al Brexit. Menos se ha reflexionado, sin embargo, sobre la<strong> incidencia que tendría esta decisión para los cientos de miles de emigrantes comunitarios </strong>que eligieron vivir en la isla de las cuatro naciones. </p><p>La lógica preocupación por el equilibro económico continental y británico, ha eclipsado en España un debate en torno al no menos preocupante porvenir de los más de doscientos mil españoles afincados ahora en Gran Bretaña. Situados en el ojo del huracán de una disputa que les alude constantemente  en los debates parlamentarios y políticos, tanto <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/03/06/volveremos_nos_hacemos_magnates_del_ladrillo_pero_nos_quedaremos_mientras_queramos_seguir_trabajando_ciencia_29441_1012.html" target="_blank">Eguzkine Ochoa y Ezequiel Martín</a>, dos investigadores y padres de un niño de nacionalidad española, como <a href="http://www.infolibre.es/noticias/talento_fuga/2016/01/03/espana_unica_salida_para_cientifico_cruzar_frontera_42926_1521.html" target="_blank">Lara Bossini,</a> otra investigadora afincada en Inglaterra, reflexionan con infoLibre sobre las posibles consecuencias que tendría para sus vidas que Reino Unido abandonase la Europa de los 28. </p><p>Los partidarios de la salida de la Unión Europea, representados, entre otros, por el partido ultraderechista UKIP, han encontrado en la demonización de la inmigración un argumento con el que se justifica la salida de Gran Bretaña. Un discurso abonado  por la xenofobia, que apunta como principales causantes del deterioro del estado del bienestar a quienes eligieron Inglaterra como destino para mejorar sus condiciones. “Lo que proclaman es que se han bajado los salarios porque los emigrantes trabajan más barato y  que la calidad del servicio sanitario se ha visto trastocada por saturación”, expone Lara. Un argumento que remata Eguzkine: “Esa estigmatización de la emigración, igual que en otro países Europeos, se produce por la llegada de la crisis. Llega la recesión, las cosas ya no van bien y entonces '<strong>es el emigrante el que me está quitando el trabajo</strong>'”. </p><p>Con todo, y a pesar de que las condiciones de permanencia en Reino Unido para los expatriados está ahora comprometida, los españoles consultados por infoLibre aseguran no sentir el rechazo que se hace patente en otras nacionalidades europeas. “<strong>No se observa xenofobia hacia la comunidad española, incluso nos aprecian.</strong> Pero sí que hay un discurso dirigido contra los europeos del este que cala, sobre todo, entre los británicos menos informados”, explica Miguel Rodríguez, portavoz de Marea Granate en Manchester. “Yo me siento querido”, asegura en este sentido Ezequiel, que sin embargo matiza: “Nosotros vivimos en una burbuja, porque trabajamos en Cambridge, una ciudad muy internacional y académica. Pero sí, aquí también hay gente a favor de la salida. Sin embargo, el argumento que esgrimen es la pérdida de soberanía. No quieren que Bruselas le imponga sus leyes”. </p><p>Sean cuales sean los argumentos esgrimidos para apoyar o rechazar el Brexit, la convocatoria del referéndum por parte del primer ministro Cameron ha hecho aflorar una división de clases en el seno de la sociedad británica. Un debate que ahora también preocupa a muchos de los españoles residentes en Gran Bretaña. “Sí, estoy inquieta. Yo aquí tengo cierto estatus laboral, pero no se trata solo de mí, sino también del resto de españoles. ¿Qué pasa <strong>si yo quiero que mi pareja se venga y solo puede aspirar a trabajar en el sector servicios</strong>? ¿En qué condiciones se viene?¿Cómo la van a tratar”, se pregunta Lara consciente de que su posición como investigadora no es la misma que la de una amplia mayoría de expatriados en las islas. </p><p>Eguzkine Ochoa y Ezequiel Martín.</p><p>Una situación a la que ya se han enfrentado algunos de los entrevistados en Talento a la fuga. Es el caso de Judhit Ortega, una camarera en Bristol, que relató a infoLibre <a href="http://www.infolibre.es/noticias/talento_fuga/2015/12/13/ingeniera_bristol_siempre_tendre_satisfaccion_haber_estudiado_pero_plegare_vida_sueno_imposible_quot_42152_1521.html" target="_blank">cómo se había enfrentado a la intolerancia de una familia británica</a> que se manifestaba cansada de la emigración española. Nuria Fraile, portavoz de la Oficina Precaria de Edimburgo explica alguna de las motivación que originan este recelo. “Una parte importante de la sociedad británica considera que los españoles deben estar doblemente agradecidos. Primero porque nos dan trabajo en su país y segundo porque alimentan nuestra industria turística y hotelera. El problema es que<strong> muchos de ellos nos siguen viendo como los emigrantes de los años sesenta </strong>que mandaban dinero a España, lo que ya no es cierto. Creen que estamos vaciando las arcas de su estado del bienestar”, expone. </p><p>Marcados por el <a href="http://www.europapress.es/nacional/noticia-acuerdo-ue-reino-unido-afectaria-millar-trabajadores-espanoles-20160219110329.html" target="_blank">acuerdo alcanzado en febrero de 2016 entre Gran Bretaña y la Unión Europea</a>,  que ya contempla la merma de los derechos de los emigrantes comunitarios, los expatriados asisten con mayor incertidumbre a la consulta del 23 de junio. “Si desaparece el tratado europeo de emigración, lo que nos preguntamos es: ¿Dónde nos van a situar a los que ya estamos aquí? ¿<strong>Nos vamos a quedar como los extracomunitarios o van a hacer otro set de normas para los europeos</strong>? No lo sabemos, no lo han dicho claramente”, afirma Ezequiel. Una cuestión que apenas se ha concretado en la campaña  y que  tampoco han sabido resolver desde Marea Granate: “Es un asunto que se ha obviado bastante”, aseguran. </p><p>Por su parte, la <a href="http://piescotland.org/" target="_blank">Oficina Precaria de Edimburgo</a>, asegura que, de aprobarse definitivamente el Brexit, las consecuencias se harían visibles a largo plazo. “Si el Parlamento aprobara la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, habría que atender al Tratado de Lisboa, en el que se estipula una negociación de salida que pueden durar hasta cuatro años”, explica Fraile, que llama a la calma tras un fin de campaña interrumpido por<a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/06/17/el_asesinato_diputada_cox_altera_campana_del_brexit_51413_1044.html" target="_blank"> el asesinato de la diputada laborista Jo Cox</a>, favorable a la permanencia en la UE: “El auge de la extrema derecha está asustando,<strong> el ambiente contra la inmigración se está convirtiendo en violencia</strong>, además, aunque ganaran los partidarios del Brexit, el Parlamento es el que decide, así que la iniciativa podría frenarse”. </p><p>Los expatriados que han reconstruido sus vidas en Gran Bretaña se asoman ahora a un horizonte de incertidumbre que les obliga de nuevo a hacerse preguntas que ya creían contestadas. “Yo rechacé una buena oferta de EEUU porque me quería venir a un país de Europa, con las condiciones de un país europeo. Y de repente,<strong> te encuentras con la incertidumbre de qué pasará con mis derechos,</strong> mi cotización, con mi paro, con mi pensión o con los ahorros que tenga. ¿Qué gano yo con esto?”, reflexiona Lara. </p><p>Por su parte, Eguzkine y Ezequiel, que no contemplan regresar a una España donde su hijo “ya no tiene derechos”, no cierran las puertas a la posibilidad de emigrar una segunda vez. “A nosotros nos gustaría quedarnos, porque queremos esta vida para nuestro hijo. Pero <strong>si se aprueba el Brexit y la economía se resiente, tendremos que plantearnos irnos a otro país</strong>”, plantea Ezequiel. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Expatriados españoles: “El ambiente se está convirtiendo en violencia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Emigración,Independencia,Inmigración,Reino Unido,Mareas ciudadanas,Talento a la fuga]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[El asesinato de la diputada Jo Cox da un giro inesperado al posible resultado del referéndum]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/asesinato-diputada-jo-cox-da-giro-inesperado-posible-resultado-referendum_1_1127602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/93cd76c9-a54f-4bcb-ab65-8c88af45c2f0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El asesinato de la diputada Jo Cox da un giro inesperado al posible resultado del referéndum"></p><p>El asesinato de<strong> Jo Cox </strong>y la enorme conmoción que ha provocado en Reino Unido ha dado una <strong>tregua a la campaña sobre Europa</strong>. Tras conocerse la muerte de la diputada laborista de 41 años, favorable a la <strong>permanencia</strong> de su país en la UE, se suspendían todos los actos: ambos partidos anulaban los viajes de campaña previstos y se posponían los debates televisivos. A seis días de un referéndum en el que Reino Unido se juega su futuro, arranca una nueva campaña, quién sabe si en un tono más moderado. Ya el mismo jueves por la noche, en los platós de televisión, se pedía más “respeto”, tras días de discursos beligerantes, sobre todo en la retórica antimigrantes de los partidarios del Brexit (de la salida de la UE).</p><p>Todavía no se ha determinado con exactitud el <strong>móvil del crimen</strong>, ocurrido a las puertas del despacho de la diputada, en Birstall, al norte de Inglaterra. Tommy Mair, de 52 años, descerrajó al menos dos tiros sobre la mujer antes de apuñalarla. Testigos presenciales aseguran que el acusado gritó en varias ocasiones “<em>Britain first</em>”, antes de pasar a la acción, en lo que puede ser una alusión a una organización de extrema derecha que se ha manifestado “en contra de la apertura de nuevas mezquitas”. La Policía ni ha confirmado ni desmentido este aspecto. La organización en cuestión, que ha condenado el asesinato, niega cualquier vinculación con el agresor. </p><p>Según un grupo norteamericano especializado en movimientos extremistas, el Southern Poverty Law Centre, el hombre que efectuó el disparo era “seguidor” de un grupo neonazi con presencia en Estados Unidos, la National Alliance (se puede leer el análisis en este <a href="https://www.splcenter.org/hatewatch/2016/06/16/alleged-killer-british-mp-was-longtime-supporter-neo-nazi-national-alliance%20" target="_blank">enlace</a>). Los residentes en el barrio donde sucedió todo, entrevistados por las cadenas de televisión, le presentan como un solitario desequilibrado, que creía en las <strong>bondades terapéuticas de la jardinería</strong>.</p><p>A la espera de los resultados de la investigación, el gran público va conociendo poco a poco, conmovido, la <strong>trayectoria de Cox</strong>, una de las más fervientes partidarias del <em>remain</em> (permanencia en Europa) en el seno del Partido Laborista, pero también una <strong>defensora de los derechos de los migrantes</strong> en la crisis de los refugiados (aquí se puede leer uno de sus <a href="http://www.yorkshirepost.co.uk/news/opinion/jo-cox-brexit-is-no-answer-to-real-concerns-on-immigration-1-7956822#ixzz4BA42bFd8" target="_blank">artículos</a> sobre la cuestión). Su trayectoria <strong>no encaja en el argumentario tradicional de los defensores del Brexit</strong>. A menudo, éstos hacen una <strong>lectura clasista</strong> a la hora de arremeter contra el <em>establishment</em> favorable a Bruselas. Es decir, se presenta, el <em>remain</em> como la opción por la que abogan los ricos de Londres (como David Cameron, el jefe del Gobierno, que aparece en los Papeles de Panamá), mientras que el Brexit beneficiaría a las clases populares.</p><p>No es eso lo que dice la trayectoria de Jo Cox. Tras crecer en un entorno popular (fue la primera de su familia que cursó estudios universitarios, en concreto en la Universidad de Cambridge), llegó a la política a través de ONG internacionales (primero Unicef y después Oxfam) y viajó, de Darfour a Afganistán. En 2015 fue elegida como diputada de Westminster, donde rápidamente se convirtió en un referente sobre cuestiones internacionales que tanto le gustaban: en la protección de los civiles en el conflicto sirio (se abstuvo en la votación sobre los ataques aéreos a Siria) o en la cuestión palestina (véase el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=u3OQRnJ1zrQ&feature=youtu.be" target="_blank">vídeo</a> sobre su primer discurso en Westminster).</p><p>Cox, considerada <strong>una de las esperanzas del Laborismo</strong>, no votó a Jeremy Corbyn en las primarias del partido el año pasado. Era partidaria de una línea de consenso, más proxima a la que defiende el flamante alcalde de Londres, Sadiq Khan. Sin embargo, con su firma permitió que Corbyn se presentase. Vivía, con su marido y sus dos hijos, en una gabarra en el Támesis. Su última salida pública se remonta al miércoles, en vísperas de su muerte, tal y como queda constancia en Twitter. Subida a bordo de una <strong>lancha neumática con su familia</strong>, enarbolaba una bandera donde se podía leer IN; era su respuesta a la movilización de pescadores que, el mismo día, abogaban por el Brexit y protestaban contra las cuotas de pesca impuestas por Bruselas.</p><p>El <strong>contraste es sobrecogedor</strong>, entre las ideas de apertura, de justicia y de solidaridad –que Cox trataba de trasladar al Parlamento– y la instrumentalización de los miedos a medida que se acerca el 23 de junio, tanto entre los partidarios del Brexit, con el desafío migratorio, como entre los que abogan por permanecer, que anticipan el apocalipsis económico en caso de Brexit. ¿Puede producir un <em>electroshock</em> en la campaña? Nadie se atrevía a asegurarlo este jueves.</p><p>“Creía en un mundo mejor y luchaba a diario por alcanzarlo”, titulaba <em>The Guardian</em> en su edición del viernes, recuperando una cita del comunicado del marido de Jo Cox. “Qué gran pérdida”, lamenta por su parte <em>The Daily Mail</em> (que defiende, en sus editoriales, el Brexit). Jeremy Corbyn y David Cameron también le han rendido homenaje. Otras personalidades, que apuestan por el Brexit, también han condenado el acto, entre ellos Boris Johnson (tories) y Nigel Farage (Ukip).</p><p>El asesinato de Jo Cox se ha producido cuando los principales responsables políticos parecían haberse lanzado en una <strong>demagogia agotadora</strong>. Entre los tories (los conservadores en el poder, divididos entre el <em>remain</em> y el Brexit), por ejemplo, se ha declarado la guerra. Cuando George Osborne, el ministro de Finanzas cercano a Cameron avisaba de que sería necesario subir los  impuestos en caso de Brexit, al menos 65 conservadores, partidarios del divorcio con la UE respondían en una carta abierta que no votarían nunca un presupuesto semejante en caso de Brexit. Lo que permite deducir que Cameron está perdiendo la mayoría en el Parlamento y que tendrá que dimitir en caso de <em>Brexit.</em></p><p>Otro ejemplo de una campaña particularmente dura: antes del anuncio de la muerte de Jo Cox el jueves por la tarde, la polémica del día giraba en torno a la publicación del último cartel electoral de Nigel Farage, el líder del Ukip, calificado por algunos de propaganda nazi. En el cartel se ve una columna integrada por un centenar de migrantes que huyen de Siria hacia Europa, tachada por el aviso: “<em>Breaking point</em>” (punto de ruptura) y de un eslogan: <em>Tenemos que librarnos de la UE y recuperar el control de nuestras fronteras</em>.</p><p>La campaña dela plataforma Leave.Eu, cuyo principal mecenas es también el donante principal del Ukip, es sistemáticamente objeto de críticas por sus puestas en escena xenófobas. En mayo, ya generó una gran polémica al publicar en la Red un vídeo racista en el que hacía suyo el discurso de Donald Trump, el candidato estadounidense a la Casa Blanca, sobre inmigración. En una entrevista concedida a la BBC este jueves, el diputado laborista escocés Neil Findlay era uno de los primeros en lanzar un debate que debería abordarse en los próximos días. El diputado aseveraba que este tipo de propaganda extremista <strong>“podía inspirar” comportamientos sociales violentos</strong>.</p><p>Este drama también puede tener un efecto colateral, en la recta final de la campaña, al situar al Partido Laborista en el centro de juego. La formación que dirige Jeremy Corbyn se ha conformado con hacer lo mínimo durante meses, evidenciando la división de las bases frente a los desafíos europeos. Hace una semana, Corbyn, presionado por sus aliados circunstanciales del remain trató de subir el tono. Antes de la muerte de Jo Cox el jueves, visitaba la fábrica de Rolls Royce, empresa cuyo destino es un misterio en caso de Brexit.</p><p><strong>A corto plazo, la campaña, se ha suspendido</strong>. El primer ministro irlandés Enda Kenny, que tenía previsto pronunciar un gran discurso sobre Europa, lo ha anulado. Lo mismo ha hecho el muy influyente líder del Banco de Inglaterra, que también ha pospuesto su intervención. Cameron anulaba su viaje a Gibraltar. A tenor de la conmoción que ha supuesto el asesinato, no está claro que la campaña se vaya a retomar de forma inmediata. Desde las filas laboristas, algunos hablaban de la posibilidad de hacer una pausa hasta el fin de semana.</p><p>Según <em>The Guardian</em>, estamos ante el primer homicidio de un diputado británico desde que fueron asesinados Airey Neave (1979), Tony Berry (1984) e Ian Gow (1990), a manos del IRA. Nigel Jones, en 2000, y Stephen Timms, en 2010, resultaron gravemente heridos. Este último, laborista también, fue apuñalado en el estómago por una mujer de 21 años crítica con el apoyo del hombre a la intervención británica en Irak. <strong>“Con independencia de las razones que las motiven, el ataque de un parlamentario afecta a todo el Parlamento”</strong>, advierte el diario.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p> <em>Leer el texto en francés:</em></p><p><a href="https://es.scribd.com/doc/315999982/article-633028" target="_blank"> </a></p><p><span id="doc_30165"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jun 2016 11:34:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ludovic Lamant (enviado especial a Gran Bretaña de Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El asesinato de la diputada Jo Cox da un giro inesperado al posible resultado del referéndum]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido,David Cameron]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los expertos creen que el ‘viernes negro’ favorece al PP]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/expertos-creen-viernes-negro-favorece-pp_1_1127490.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1a80c1ca-4f68-41dd-8765-57d1bbd230a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los expertos creen que el ‘viernes negro’ favorece al PP"></p><p>Los candidatos de <a href="https://www.ciudadanos-cs.org/" target="_blank">Ciudadanos</a> y <a href="http://www.pp.es/" target="_blank">PP</a>, Albert Rivera y Mariano Rajoy, llevan días especulando con las consecuencias del <em>Brexit</em> para las elecciones en España. El primero, en un desayuno informativo en el Ritz, afirmó que<strong> no le "extrañaría" que alguien pudiese "aprovechar"</strong> los resultados del <em>Brexit</em> para España, pero añadió a renglón seguido que "no debería influir" en los comicios. En la misma línea se posicionó Rajoy durante una entrevista en el programa <em>El Cascabel</em> de <a href="http://www.13tv.es/13-tv-directo/" target="_blank">13TV</a>: "El viernes puede haber un golpe tremendo en los mercados porque genera desconfianza". Sin embargo, a renglón seguido añadió que "no tiene por qué repercutir en el resultado de las elecciones".</p><p>Los politólogos consultados por infoLibre coinciden en que la salida del Reino Unido de la Unión Europea, unido a un posible desplome del sector financiero tras el 23-J, aunque no provocaría un movimiento de sufragios muy importante, sí puede dar un <strong>empujón al partido del Gobierno</strong> en las elecciones generales del próximo 26 de junio. Así, el PP podría salir reforzado. </p><p>El referéndum parecía hasta hace poco un tema sin importancia dentro de la campaña electoral. Sin ir más lejos, en el <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/06/13/debate_cuatro_rajoy_sanchez_iglesias_rivera_51185_1012.html" target="_blank">debate a cuatro del pasado lunes</a> se dedicó menos de medio minuto a tratar el asunto: "Si yo tuviera que votar en el Reino Unido el próximo 23-J <strong>votaría por el sí a permanecer en Europa</strong>", dijo Sánchez. "Somos el único partido que ha estado en Reino Unido haciendo campaña. (...) pidiendo el <strong>sí a que siga en la UE</strong>", replicó Iglesias.</p><p><strong>Reforzar al partido en el Gobierno</strong></p><p><strong>Juan Rodríguez Teruel</strong>, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Valencia, está convencido de que el resultado </p><p>s no alterará el sentido del voto en territorio nacional "sustancialmente". Principalmente porque los temas internacionales y, concretamente a nivel europeo, "suelen ser muy poco influyentes en las actitudes electorales en España" y, por ello, "no son temas de campaña". En el debate a cuatro sólo se dedicaron diez minutos a tratar asuntos que trascienden las fronteras de España, un tiempo muy limitado en comparación con el resto de bloques. A esto, Rodríguez Teruel añade otro factor que diluye unas posibles consecuencias: que <strong>ninguna formación juega "con el voto anti Unión Europea"</strong>. "Ni siquiera Podemos, que para evitar que la posición más crítica de IU pueda perjudicarle ha intentado dejar muy claro que están a favor del euro y de la UE", añade.</p><p>En la misma línea se posiciona <strong>Ignacio Molina</strong>, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM): "El único que puede tener unas posiciones más críticas, pero que no son euroescépticas, es Podemos". El politólogo señala, además, que "el tipo de voto a favor del <em>Brexit</em> es un euroescepticismo a la derecha, antiinmigración, que sería diferente al enfoque de crítica que podría tener IU dentro de esa coalición". En este sentido, el profesor de Ciencia Política de la UAM también hace hincapié en la ausencia del referéndum, y de los temas ligados a la Unión Europea, en la campaña:<strong> "Perfil bajo"</strong>, afirma en conversación telefónica con este diario. A comienzos de junio, según una encuesta publicada en el <a href="http://elpais.com/elpais/2016/06/03/media/1464974483_107330.html" target="_blank">diario El País</a>, un 26% de los preguntados desconocían que en poco más de dos semanas Reino Unido tendría que pronunciarse sobre su permanencia en la UE. </p><p>Ambos politólogos coinciden en que el sí al <em>Brexit</em> movilizará el voto a favor de los partidos tradicionales: "Movilizará a los electores más centrales que puedan dar apoyo al PP y, en menor medida, al PSOE que quizá estuvieran planteándose no votar", afirma Rodríguez Teruel. Molina pone como condición para estos movimientos que haya un <strong>"impacto traumático"</strong>, es decir, que las bolsas se desplomen y se produzca cierta inestabilidad financiera: "Una situación de incertidumbre puede ayudar. Por lo general, cuando se producen traumas antes de las elecciones el electorado<strong> tiende a apoyar al partido que está en el Gobierno</strong>, produciéndose una especie de efecto refugio, de la opción más segura", apunta el politólogo.</p><p>Fuentes cercanas al Gobierno consultadas por infoLibre se muestran convencidas de que un tsunami de este tipo beneficia a la formación que encabeza el Ejecutivo. Una hecatombe financiera ante la que el analista<strong> Juan Ignacio Crespo</strong> pide tranquilidad, señalando que si bien una situación de estas características supone un "elemento de inestabilidad", los mercados son "demasiado impredecibles". Sin embargo da por descontado que se va a producir "cierta inestabilidad en los mercados" a corto plazo: "El <em>Brexit</em> es algo muy importante como para que no esté todo el mundo histérico", admite. Pero, ¿a quién puede beneficiar este desplome? En su opinión, se puede dar una reacción conservadora que acabe favoreciendo al PP u otra que ponga en cuestión la viabilidad del proyecto europeo y favorezca a Podemos.</p><p>Ignacio Lago, profesor de Ciencia Política de la Universidad Pompeu Fabra, asegura, por su parte, que si bien "hilando muy fino" se puede interpretar que "una situación de incertidumbre", tal y como recogen las investigaciones, "hace que los votantes se queden con el partido del Gobierno, evitando experimentar", se muestra convencido de que el efecto <strong>"será cero o muy limitado"</strong>, al menos a nivel electoral.</p><p>Influencia en la formación de Gobierno</p><p>Con las encuestas echando humo a menos de dos semanas de las generales, dejando al PSOE en una tercera posición por debajo de Unidos Podemos, los socialistas se encuentran en una compleja encucijada: si las predicciones se cumplen, ¿agarrarán la mano que tantas veces les ha tendido Iglesias durante la campaña u optarán por facilitar una nueva legislatura del PP? Tanto Molina como Rodríguez Teruel coinciden en que la victoria del <em>Brexit</em> en la consulta del 23-J podría empujar a los socialistas a dar el nuevo Ejecutivo al partido conservador: "Este resultado podría forzar a Ciudadanos y, sobre todo, al PSOE,<strong> a favorecer cierta estabilidad gubernamental en el corto plazo</strong>", apunta el politólogo de la Universidad de Valencia, que añade que podría ser un "argumento" de los socialistas para abstenerse en la investidura.</p><p>El profesor de Ciencia Política de la UAM, sin embargo, condiciona este movimiento a la interpretación que se haga de este resultado desde Francia y Alemania, donde en apenas un año tendrán su propia cita electoral. Aunque Molina asegura que la Gran Coalición es "es absolutamente descartable", el politólogo explica a este diario que si desde territorio galo y germano se empieza a diluir la idea izquierda-derecha y se empieza a sustituir por un discurso "de avanzar en la integración" que una a socialdemócratas y al centro derecha, esto provocará que el PSOE tenga <strong>"menos incentivos aún para gobernar con Podemos"</strong>. "Se podría dar una especie de abstención constructiva que permita que gobierne el PP para resolver la actual situación de impasse", sentencia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Sánchez Castrillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los expertos creen que el ‘viernes negro’ favorece al PP]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido,España,Elecciones 26J]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre el Brexit]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/brexit_1_1127306.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Hay <strong>una falsa premisa </strong>que comparten los partidarios del <em>sí</em> y del <em>no</em> en el referéndum sobre el mal llamado Brexit del 23 de Junio. La premisa falsa es que<strong> lo que decidirán los británicos es si el Reino Unido permanece o no en la Unión Europea</strong>. La premisa es falsa porque, con independencia de cuál sea el sentido del voto de los súbditos de su majestad, <strong>la Unión Europea del día 24 de Junio será distinta a la Unión Europea del 23 de Junio</strong>. Bien porque gane el <em>no</em>, en cuyo caso el Reino Unido negociará su salida. Bien porque salga <em>sí</em>, en cuyo caso <strong>habrá que negociar el nuevo estatus del Reino Unido</strong>, de acuerdo con los principios fijados por el <a href="http://www.consilium.europa.eu/en/meetings/european-council/2016/02/18-19/" target="_blank">Consejo Europeo del día 19 de febrero de este año</a>. Sobre la mesa no está que las cosas se queden como están. Los votantes británicos no pueden decidir quedarse en esta Unión Europea porque <strong>la Unión Europea deberá cambiar</strong>, sea cual fuese el resultado del referéndum. </p><p>El lenguaje del anexo en el que se detalla el acuerdo induce a pensar que se trata de <strong>concesiones puntuales e idiosincráticas a Gran Bretaña</strong>. Se habla de un <em>new settlement</em> en la versión en lengua inglesa (un término en modo alguno inocente, cargado como está de connotaciones históricas en el lenguaje constitucional inglés), lo que podríamos traducir al castellano italianizante por una <a href="http://dle.rae.es/?id=A27nSs1" target="_blank">componenda</a> que no altera el derecho constitucional de la Unión Europea. Ciertamente el acuerdo responde al perfil de componenda en la medida en la que <strong>fue decidido en un fin de semana, en una reunión del Consejo</strong>, sin mediar debates serios y profundos ni antes ni después del acuerdo, ni, menos aún, discusión parlamentaria vinculante en ningún Estado de la Unión. En realidad, más que de una componenda habría hablar de un <a href="http://www.treccani.it/vocabolario/inciucio/" target="_blank"><em>incìucio</em></a>, en la medida en la que al acuerdo lo han tomado literalmente <strong>hablándose a la oreja los líderes europeos</strong>, muy lejos de cualquier forma de control público. </p><p>Basta una lectura incluso superficial del texto para darse cuenta de que si bien de una componenda se trata, la componenda no solo cambia la posición del Reino Unido en la Unión Europea, sino que <strong>contribuye a acelerar la mutación de la Unión Europea en un sentido marcadamente neoliberal</strong>. De los tres grandes tipos de contenidos del acuerdo, dos son reveladores de cuál es el verdadero sentido del mismo. Para ello, procedamos brevemente a reconstruir los contenidos de la decisión del Consejo.</p><p>En primer lugar, hay concesiones cara a la galería, diseñadas para <strong>permitir a Cameron presentarse ante su opinión pública como un líder de estatura </strong><strong>churchilliana</strong> capaz de moldear Europa de modo que se defiendan los "intereses nacionales" británicos (vulgo, ha logrado concesiones en línea con las preferencias subjetivas de los votantes). Esto y no otra cosa es la <strong>licencia que se da al Reino Unido para expulsar sin contemplaciones</strong>, sean ciudadanos europeos o no, <strong>a quienes no estén en condiciones de mantenerse a sí mismos</strong> (los mal llamados, en jerga comunitaria, ciudadanos económicamente no activos), bajo el ropaje de medidas encaminadas a terminar con <strong>los "abusos" del derecho a la libre circulación de personas</strong>. Ciertamente Cameron se apunta el tanto de que la Unión Europea se reconozca en el lenguaje propio de quienes, como buena parte de los conservadores británicos (pero no todos),  <strong>flirtean con los partidos abiertamente xenófobos (especializados en criminalizar a las víctimas)</strong>. Pero no solo es público y notorio que los "abusos" del derecho a la libre circulación de personas <strong>son el "chocolate del loro" en lo que se refiere al despilfarro del dinero público</strong>, sino que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se ha demostrado muy sensible a los argumentos de varios Gobiernos, entre ellos el alemán, y ha afirmado explícitamente que tales expulsiones son conformes al derecho de la Unión (entre otros, en el<a href="http://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf;jsessionid=9ea7d2dc30d59a46dc8209f5418a92beb996ec7aaabc.e34KaxiLc3qMb40Rch0SaxuTahn0?text=&docid=159442&pageIndex=0&doclang=ES&mode=lst&dir=&occ=first&part=1&cid=1114445" target="_blank"> caso Dano</a>). Cameron arranca pues una licencia que ya tenía.</p><p>Encontramos en segundo lugar medidas en parte fruto de la <strong>enorme capacidad de cabildeo de los intereses financieros</strong> que podemos denominar de forma aproximativa como la City de Londres, tanto frente al gobierno británico como ante los restantes gobiernos europeos y las instituciones de la Unión. Fundamentales en este sentido son (1) la reiteración de que <strong>será el Banco de Inglaterra, y no el Banco Central Europeo</strong>, quien supervise a las entidades financieras constituidas en el Reino Unido; (2) que toda medida de "profundización" de la unión económica y monetaria tendrá que <strong>respetar plenamente el derecho a la libre circulación de capitales</strong>; y (3) que la reglamentación financiera de la Unión Europea tendrá que ajustarse a las exigencias del mantenimiento de la susodicha libertad. </p><p>Sobre lo que todo ello implica vuelvo enseguida, pero consideremos antes el tercer grupo de concesiones, aquellas que aparentemente conciernen también solo al Reino Unido,  pero que <strong>en realidad consolidan el giro sustantivo de la Unión Europea hacia un modelo económico y constitucional bien distinto</strong> del propio del Estado Social y Democrático de Derecho de la posguerra. El sentido y objeto del acuerdo lo resume el siguiente párrafo del preámbulo, toda una declaración de intenciones: "Utilizar al máximo el potencial del mercado interior en todas sus dimensiones, reforzar la capacidad de atracción a escala global de la Unión como destino de producción e inversión, y <strong>promover el comercio internacional y el libre acceso a los mercados </strong>mediante, entre otros medios, mediante la negociación de acuerdos comerciales, en un espíritu de beneficio mutuo y recíproco y plena transparencia". Es revelador que en el preámbulo del acuerdo se contengan <strong>múltiples referencias a la competitividad, al mercado único</strong>, a la necesidad de seducir a los inversores, al fomento de los acuerdos comerciales internacionales, pero ninguna a la<strong> igualdad</strong>, a la <strong>libertad</strong> (salvo la de los agentes económicos), a la <strong>solidaridad</strong>, al pleno empleo o a los derechos sociales (salvo para recordar que <a href="http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:2007:306:0156:0157:EN:PDF" target="_blank">el Reino Unido no se considera vinculado</a> por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea). </p><p>Interpretado en esta clave, el acuerdo del 19 de febrero es un borrador (ciertamente incompleto) de <strong>lo que será la constitución de la Unión Europea si el giro neoliberal del proyecto europeo se consolida</strong>. Así, lo que parecen a primera vista concesiones a la City, son en realidad parte fundamental de ese giro. Lo que se escribe en el mármol del acuerdo garantiza no sólo que el euro no tenga Estado que lo respalde, sino que su capital financiera siga siendo Londres, con lo que<strong> una parte fundamental de los intereses financieros que operan en la Eurozona están fuera de la jurisdicción de la Unión</strong>. Se perpetúa así la orfandad estatal del euro porque todo proyecto serio de integración política requeriría recalibrar la libre circulación de capitales. Y se garantiza la<strong> impotencia reguladora de la Unión</strong>, porque una parte de los regulados están fuera de su jurisdicción, y los demás pueden simplemente amenazar con estarlo (sin que la Unión pueda hacer nada para impedirlo, gentileza del derecho a la libertad de establecimiento y de libre circulación de capitales). De este modo, no sólo la City sale ganando (y los accionistas de las bolsas de Paris y Frankfurt perdiendo), sino que también<strong> lo hacen todos los grandes detentores de capital financiero</strong>, pues la asimetría es un seguro contra una eventual voluntad política europea encaminada a <strong>regular en serio la actividad financiera</strong>. </p><p>Dicho de otro modo, <strong>el acuerdo perpetúa la pulverización de la soberanía</strong> que es característica de la Eurozona. Y esa pulverización beneficia no sólo a la City, sino también a los grandes detentadores de capital, europeos o no. De igual forma, la garantía que se da al Reino Unido de que la Unión promoverá la competitividad y el libre comercio es <strong>una reiteración del modelo socioeconómico</strong> que se hace explícito en el revelador <a href="https://ec.europa.eu/priorities/publications/five-presidents-report-completing-europes-economic-and-monetary-union_en" target="_blank">informe de los cinco presidentes</a> del año pasado. Informe que apuesta de forma abierta por la reforma estructural del modelo socioeconómico de todos los estados europeos mediante no sólo el refuerzo de las llamadas <strong>"reglas fiscales" (la más famosa de ellas el llamado freno de la deuda</strong>, ahora en nuestro artículo 135 de la Constitución), sino mediante reglas que pongan <strong>en modo piloto automático también la política económica en su conjunto</strong>, incluida la política social y laboral. Aunque, ciertamente, las reglas no se aplicarán a sí mismas, sino mediante <strong>una nutrida pseudo-tecnocracia</strong> (¿por qué no llamarla pseudocracia?), que incluirá no solo Comisión y Banco Central, sino también un Consejo Fiscal Europeo y consejos nacionales de competitividad.</p><p>Es obvio, y nadie lo discute, que en el caso de que los británicos opten por el <em>no</em>, el Reino Unido dejará de ser Estado Miembro de la Unión, tras <strong>unas negociaciones que deberían concluirse en el plazo máximo de dos años</strong>. Con lo que la Unión Europea, para bien o para mal, ya no será la misma. En lo que el debate público no ha reparado es que un<em> sí</em> implicará también <strong>un cambio bien específico y concreto, que contribuirá un poco más a consolidar el proceso de mutación de la Unión Europea</strong>, iniciado a mediados de los años ochenta, acelerado por la Unión Económica y Monetaria en los noventa, y que procede a toda velocidad <strong>al calor del gobierno de las crisis</strong>. </p><p>El cálculo político es bastante evidente. </p><p>Nadie convoca un referéndum para perderlo, <strong>casi nadie organiza uno sabiendo que es probable que lo pierda</strong>. Lo que no excluye que al final se pierda (como De Gaulle o Chirac experimentaron en propia carne). Pero es obvio que el cálculo de Cameron (y de los restantes líderes europeos) es que el referéndum se ganará. Y si se me permite pensar mal por un momento (cosa que, ya se sabe, es pecaminosa pero conduce a veces a acertar), se prefiere una campaña en la que el resultado parezca incierto, porque s<strong>e confía en que el recurso indiscriminado al miedo permita obtener una victoria holgada</strong>. Y, es sabido, ganar los partidos de penalti en el último minuto aumenta el entusiasmo de la hinchada.</p><p>En clave de política interna británica el envite puede procurar al primer ministro frutos desproporcionados a su esfuerzo. Una victoria que parezca difícil, pero suficientemente cómoda finalmente, permitirá a Cameron <strong>debilitar no solo a quienes le hacen sombra en su propio partido</strong> (¡cuerpo a tierra, vienen los nuestros!, lo que en su caso incluye no sólo a los euroescépticos de <em>lunga data</em>, sino a los que se han hecho euroescépticos para hacer méritos sucesorios), sino, y sobre todo, <strong>hundir a Corbyn antes de que éste haya tenido ocasión de afianzarse</strong> en el liderato del Partido Laborista. Algo a lo que Corbyn ha cooperado hiriéndose de su propia mano al<strong> decantarse a favor del sí cuando la coherencia consigo mismo</strong><em>sí</em>, y con el emergente electorado laborista, hubiese requerido o el voto por el<em> no</em> o algo más que el <em>sí</em> crítico escasamente legible que ha terminado dando. La paradoja más notable es que<strong> es más que probable que Cameron deba en último extremo la claridad de la victoria al voto nacionalista escocés</strong>, siendo así que el <em>sí</em> reducirá la probabilidad de un segundo referéndum en Escocia. Más agua para el molino de Cameron, en cualquier caso.</p><p>Hay, sin embargo, un segundo y fundamental cálculo político, el cálculo en clave europea. Un <em>sí</em> cómodo pero después de una campaña en la que el resultado parezca incierto <strong>hará casi imposible que se escuchen las voces críticas con la componenda que se negocie con el Reino Unido</strong>. El voto de los ciudadanos británicos reforzará las bazas de quienes defienden <strong>modificar el derecho de la Unión en un sentido abiertamente neoliberal</strong> tras la cortina de humo del Brexit. Con la enorme ventaja de que quienes así lo hagan podrán parapetarse tras el argumento del<strong> respeto a la voluntad democrática de los británicos</strong> (sin que corran riesgo alguno de que les afeen su inconsistencia la caterva de comentaristas y académicos que encontraron argumentos múltiples para explicar que <strong>los ciudadanos griegos no eran quienes para para decidir si aceptaban o no</strong> los términos del tercer rescate, menos en un referéndum). Este cálculo explica porque los jefes de gobierno europeos han aceptado negociar con Cameron en los términos propuestos por éste, en lugar de hacer valer que en términos de poder, <strong>quien tiene la sartén por el mango es la Unión Europea</strong> (algo que no dudaron en hacer el verano pasado cuando enfrente estaba Grecia). Es revelador, si me permiten la anécdota provinciana, que el actual ministro de Asuntos Exteriores se mostrara en su comparecencia parlamentaria para explicar el acuerdo jovial y exultante.<strong> Esa jovialidad se explica mal salvo que uno piense que el acuerdo mejora a la Unión Europea</strong>. No hay Brexit que por bien no venga, por citar al difunto general de voz atiplada.</p><p>A la vista de todo ello, es pertinente (y urgente) preguntarse si el entusiasmo que nuestros europeístas <em>naïve</em> muestran<strong> hace un resultado positivo del referéndum digno de encomio</strong>. No se trata solo de que exista una <strong>preocupante afinidad intelectual</strong> entre la filosofía política y económica de Cameron y los argumentos que se ofrecen para sustentar lo terrible que sería la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Por ejemplo, en un artículo que lleva el épico título <a href="http://elpais.com/elpais/2016/02/20/opinion/1455986542_394139.html" target="_blank">Europa al rescate del Reino Unido</a>, publicado en <em>El País</em>, se afirma que "pedir contención en la regulación es beneficioso para el crecimiento, la competitividad y el empleo", y que "alentar la competitividad internacional en sectores clave como el de la energía y el mercado único digital" es algo que "debe alegrar a España" (como si<strong> la cuestión fundamental fuese lo que nos pareciese a los españoles</strong>). </p><p>O en <a href="https://www.ahorasemanal.es/merece-reino-unido-un-nuevo-acomodo-en-europa" target="_blank">otra columna de Ahora</a>, en cuyo titular se pregunta si el Reino Unido se merece un nuevo "acomodo" (imagino que traducción de <em>settlement</em>), se sostiene que el Reino Unido ha servido de "freno estimulante", especialmente, parece ser, al haber aportado "frescura al (sic) entender el funcionamiento económico", lo que contrasta "con la rigidez ordoliberal o el estatismo de los otros dos grandes estados miembros". Amén de hacer surgir dudas al lector acerca de <strong>si los autores han entendido qué sea la competividad internacional o qué sea el ordoliberalismo</strong>, tales argumentos tienen el más obvio defecto de no tomarse en serio que de lo que aquí se trata<strong> no es de si el Reino Unido abandona la Unión Europea</strong> (lo que maltratando al diccionario los tertulianos refieren como "si el Reino Unido se sale de la Unión Europea") sino si<strong> la Unión Europea no abandona la Unión Europea</strong> (en el lenguaje tan escasamente académico de los citados comentaristas radiofónicos, "si la Unión Europea se sale de sí misma"). </p><p>Ciertamente, lo que signifique un <em>no</em> en el referéndum del día 23 depende de <strong>qué se haga políticamente con el resultado a partir del día 24</strong>. Un <em>no</em> podría dar alas a los<strong> instintos más bajos de políticos</strong> que como Neil Farage o Boris Johnson han demostrado ya predilección por jugar con fuego cuando se trata, entre otras cosas, de <strong>refugiados e inmigrantes</strong>. Al mismo tiempo, un <em>no </em>británico es<strong> una de las últimas oportunidades de un cambio de ruta en Europa</strong>. El <em>no</em> podría (y nótese el condicional) ser el equivalente a <strong>poner al descubierto el inmenso farol que el referéndum sobre el Brexit es</strong>. Al tiempo que revelaría la incompetencia de los jefes de gobierno europeos, quienes, como colectivo, <strong>se obstinan en negar la realidad una y otra vez</strong>. El <em>no</em> representa, pues, la oportunidad de un <em>shock</em> democrático. Que, como conviene no olvidarlo, siempre tiene riesgos. Ese el verdadero dilema al que nos enfrentamos.</p><p>Si no desestabilizamos al statu quo, <strong>Europa seguirá por una senda que conduce al suicidio</strong>. Suicida es el crecimiento mediante la "competitividad exterior", no solo porque el resto del mundo no está en unión monetaria con la Eurozona, con lo que tarde o temprano devaluarán, sino porque <strong>el delirio tecnocrático de reformar en meses modelos socioeconómicos</strong> forjados no en décadas sino en siglos está destinado a un fracaso doloroso. Suicida es pretender a un mismo tiempo acoger (como se debe) a los refugiados y al mismo tiempo <strong>radicalizar un modelo socioeconómico que empuja a los perdedores a la precarieda</strong><strong>d</strong>. Con el riesgo de provocar una guerra entre pobres y regalar votos a los partidos de la ultraderecha más reaccionaria. Pero si desestabilizamos el statu quo, hay el riesgo de que<strong> el vacío político lo llene esa misma ultraderecha. Que ya habita entre nosotros</strong>.</p><p>La Unión Europea presenta síntomas avanzados de esquizofrenia (síntomas que se hunden en la ambivalencia del proyecto original, pero esa es otra cuestión). Hay una <strong>Europa Doctor Jekyll</strong>, hija del antifascismo, una de las madres del Estado Social y Democrático de Derecho, que durante décadas <strong>articuló un modo distinto de concebir las relaciones internacionales</strong>. Pero hay otra <strong>Europa Mister Hyde</strong>, heredera del liberalismo económico más rancio, que tras sus nupcias con la (segunda) globalización se llama neoliberalismo cuando se trata en realidad de liberalismo autoritario, y siendo fiel a sí misma<strong>, protege los intereses del capital financiero, ahoga y aprieta a los estados deudores</strong> y, es imposible olvidarlo, <strong>cierra los ojos</strong> cuando ve que el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio aún más grande. </p><p><strong>La crisis ha robustecido a Mister Hyde y ha debilitado al Doctor Jekyll</strong>. En las negociaciones sobre el Brexit y en la presente campaña, Juncker, Merkel y Rajoy juran y perjuran que son el Señor Hyde, pero, no se engañen, <strong>se trata del Doctor Jekyll en persona</strong>. Decir no al Doctor Jekyll europeo tiene sus riesgos: <strong>puede dar alas a los monstruos nacionales</strong>. Pero ¿de verdad cree alguien que el Señor Hyde va a reformarse a sí mismo y volver a ser el Doctor Jekyll salvo que medie un<em> shock</em> democrático? ¿Y cabe un <em>shock </em>democrático sin riesgos? El Estado Social y Democrático de Derecho, como la civilización, <strong>no es hijo del sí. Es hijo del no. De un no juicioso y astuto</strong><em>sí</em><em>no</em>.</p><p> <em>_____________________</em></p><p><strong>Agustín José Menéndez</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a>es profesor contratado doctor permanente I3 de la Facultad de Derecho de la Universidad de León. Es autor de 'De la crisis económica a la crisis constitucional de la Unión Europea' (Eolas, 2012)</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Agustín José Menéndez]]></author>
      <media:title><![CDATA[La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre el Brexit]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las paradojas del debate sobre el Brexit: paranoia populista, desinformación y miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/paradojas-debate-brexit-paranoia-populista-desinformacion-miedo_1_1127260.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e851f87-912d-4507-a737-f7b827d6342d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las paradojas del debate sobre el Brexit: paranoia populista, desinformación y miedo"></p><p>A decir de numerosos observadores del referéndum sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el Brexit, “el problema actual no es el euroescepticismo de los británicos, sino la <strong>indiferencia</strong> que éstos sienten ante el proyecto europeo”. Es lo que asegura Paul Copeland, director del centro de investigación europea de la Universidad Queen Mary de Londres. “A los ingleses les gusta Europa, allí es donde pasan sus vacaciones, pero la siguen viendo como <strong>un lugar ajeno a ellos</strong>”, insiste el activista Nick Dearden, defensor de un “sí de izquierdas” a favor de permanecer en la UE. “No tienen sentimiento de pertenencia al continente, no se sienten concernidos porque <strong>no conocen los beneficios que Gran Bretaña saca la Unión Europea</strong>”. “La Unión Europea se percibe como una cuestión franco-alemana que concierne tangencialmente a los británicos”, añade Renaud Thillaye del <em>think thank</em> Policy Network.</p><p>¿Indiferencia? En vista del debate sobre el Brexit, que hace furor desde hace varias semanas, resulta difícil entender. Y, sin embargo, es una de las múltiples paradojas que rodean este referéndum. Por un lado, está la élite londinense, muy movilizada; por el otro, se encuentra la población para quien la cuestión europea se sitúa en la <strong>parte baja de la lista de sus prioridades</strong>, según reflejan los sondeos de opinión. Por un lado, la prensa tabloide se ha impuesto a los eurócratas de Bruselas a base de aproximaciones falsas; por el otro, extensos estudios austeros sobre el impacto económico del Brexit. Por un lado, en las filas conservadores se pelean sobre la respuesta en el referéndum, divididos como están entre los neoliberales en torno a David Cameron y los ultraliberales, a los que representan Boris Johnson y Nigel Farage; por el otro lado se sitúa una izquierda dividida pero más serena, que se pregunta si es posible una <strong>Europa progresista</strong>.</p><p>Sobre todo, se da la paradoja de los partidarios de abandonar la Unión Europea, que precisan que en 1975 eran partidarios de una alianza económica y no de una unión política, en un momento en que la UE cada vez se considera más una zona de libre comercio <strong>que ha abandonado sus ambiciones sociales, humanitarias y culturales.</strong> “Este referéndum es un accidente”, se lamenta Paul Copeland. “Se ha decidido por razones políticas y ¡corremos el riesgo de salir de la UE por un accidente! Mientras, ¡los políticos de Bruselas son una copia de los políticos neoliberales británicos!”.</p><p>Efectivamente, los eurófilos tienen motivos para mesarse los cabellos. Especialmente porque David Cameron y el equipo designado para hacer campaña por el <em>remain</em> (a favor de permanecer en la UE) tienen dificultades a la hora de transmitir un mensaje positivo. “Su comunicación consiste en hablar de los <strong>riesgos de una salida de la UE,</strong> nunca aspectos positivos. No entusiasma ni lo más mínimo, pero a fin de cuentas es lo que puede funcionar mejor”, suspira Tim Bale, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Londres. “Si nos quedamos en la UE será fruto de un cálculo frío y no de un sentimiento europeo”.</p><p>Los <strong>desafíos económicos</strong> son los únicos que se destacan. Más allá de la cuestión del empleo, los partidarios del <em>remain</em> parece que cada día sacan una nueva estadística inquietante: hoy es la <strong>bajada del precio de la vivienda</strong>, en caso de salida de la UE; mañana, el <strong>miedo a ver cómo el precio de las vacaciones en el continente sube una media de </strong><strong>300 euros</strong> y como la factura telefónica se dispara.</p><p>Eso lleva a los partidarios del Brexit a resucitar un viejo eslogan que ya sirvió contra el Gobierno en el referéndum escocés de 2014: <em>Project fear,</em> el <strong>proyecto del miedo</strong>, o cómo los defensores de una Gran Bretaña dentro de la UE busca <strong>instrumentalizar los miedos de sus conciudadanos</strong>. Está claro que es efectivamente el mensaje subliminal lo que trata de comunicar la campaña por el remain. “Preferimos alejarnos de la cuestión emocional de pertenencia a la UE para centrarnos en una cuestión de coste/beneficio”, explica un portavoz de la campaña oficial que, mientras niega la idea del <em>project fear</em>, admite la decisión de concentrarse en los riesgos que acarreará para la población británica una salida de la Unión.</p><p><strong>Sociedad británica</strong></p><p>Por más que los antieuropeístas se erijan en indignados, seguirán siendo los portadores de una línea razonada y razonable. De no ser por que hace años que ejercen de <strong>pirómanos</strong>. Más allá de las salidas de tono de un Boris Johnson que compara el proyecto europeo con la <strong>dominación hitleriana</strong>, hace años que el UKIP (el partido nacionalista y eurófobo que dirige Farage) apunta a la <strong>inmigración como el principal problema de la pertenencia</strong> a la UE. “Eurofilos y euroescépticos quieren apropiarse de la cuestión que más beneficios le puede proporcionar, por lo que el debate sobre el Brexit a veces se reduce a un enfrentamiento entre el mantenimiento del empleo versus lucha contra la inmigración”, analiza Renaud Thillaye, de Policy Network.</p><p>En ese sentido, los partidarios de abandonar la UE pueden contar, a la hora de hacer campaña, con una parte de la prensa tabloide que está haciendo su agosto con las vagas reglamentaciones europeas (vieja cantinela), pero también con la crisis migratoria (se acusa abiertamente a los migrantes de todos los males: paro, servicios sociales desbordados, criminalidad...), a base de <strong>titulares sensacionalistas que dan escalofríos </strong>y que no desentonarían de la propaganda del Frente Nacional.</p><p>Sin embargo, <em>The Sun </em>de Rupert Murdoch (y su equivalente de alta gama <em>The </em><em>London Times</em>) no ha sacada la artillería pesada. El diario, euroescéptico moderado, no ha derramado el ácido que tenia reservado antaño a Jacques Delors. “Murdoch es prudente, sabe que el resultado del referéndum será ajustado y <strong>no quiere enemistarse con la mitad de los británicos</strong>, piensa en vender periódicos”, dice un periodista de <em>Fleet Street</em>. “Todavía no ha dado ninguna consigna a sus medios y es muy posible que no lo haga, o incluso que se oponga al Brexit por razones económicas”.</p><p>Pese a todo, por encima de la indiferencia, de las paradojas y de los cálculos de cada uno, este referéndum también dice algo de la sociedad británica. El aspecto más evidente es el de la soberanía, como apunta Renaud Thillaye: “Si se rasca un poco en el discurso de UKIP y de los euroescépticos, no tarda en salir el debate de la <strong>soberanía nacional</strong> y del discurso del 'poco importa que se tomen decisiones buenas o malas, lo que cuenta es que sean las nuestras'”. Eso remite también a la historia de Reino Unido. Todos los sondeos de opinión subrayan la existencia de una brecha única en Europa: los jóvenes son más favorables a la UE que sus antepasados. Y todo porque, en el continente, las personas de más edad han conocido la guerra y ven el proyecto europeo como un medio de evitarla. No obstante, en Gran Bretaña, se ve de forma contraria: por no estar dentro del continente en 1939, los ingleses tienen el sentimiento de haber evitado la guerra y mantenido la democracia.</p><p>Los partidarios del Brexit tratan de captar esta emoción visceral, mientras los <strong>opositores se mueven en el registro del miedo a un futuro incierto</strong>, no para el conjunto de los europeos, sino en lo que se refiere a los asuntos de Su Majestad. Por su parte, los eurófilos británicos piensan que realizan un debate deprimente. Los euroescépticos tienen la impresión de que se trata de un <strong>combate en defensa de los valores eternos de su Reino</strong>.</p><p>“El verdadero debate de fondo en torno al Brexit es que se trata de un <strong>debate nacional</strong> sobre la desconexión de Westminster del resto de la población. El personal político británico, de derechas y de izquierdas, hace varias décadas que ha fracasado en el plano económico y social y <strong>Europa se ha convertido en el cabeza de turco de dicho fracaso</strong>”. Dicho de otro modo, salir de Europa o quedarse en las condiciones de David Cameron son simplemente dos fórmulas diferentes de una misma ecuación cómo lo es culpar a una institución internacional de la crisis de las políticas nacionales para luchar contra la desindustrialización, crear empleos, preservar la red de seguridad social, repartir la riqueza de forma equitativa...  </p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno </strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_32868"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Thomas Cantaloube (enviado especial de Mediapart a Londres), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las paradojas del debate sobre el Brexit: paranoia populista, desinformación y miedo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido,David Cameron]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las consecuencias (inmediatas) del 'Brexit']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/consecuencias-inmediatas-brexit_1_1126772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f7caa8bd-efed-49c7-a503-a9884ee3533b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las consecuencias (inmediatas) del 'Brexit'"></p><p>Esta nueva <em>ciencia</em> promete. Se trata de la <em><strong>Brexitología</strong></em> o el estudio de las <strong>decenas de vías</strong> más o menos caóticas por las que se puede dirigir Reino Unido para salir de la Unión Europea. En los últimos meses, hay una abundante literatura –a menudo ardua, pocas veces objetiva, una combinación de economía y derecho– que reflexiona sobre lo que en la práctica acarreará el <em>Brexit</em>. A veces, el ejercicio se reduce a la pura especulación. Después de todo, no existen precedentes en la historia de la UE. Ningún Estado miembro ha echado mano nunca del artículo 50 del Tratado de Lisboa, que prevé esta famosa salida de la Unión (en el articulado de los tratados en cambio no se prevé la salida de la Eurozona).</p><p>La cuestión es <strong>decisiva</strong>. <strong>¿Qué sucederá tras el voto a favor de la salida de la UE de una mayoría de británicos?</strong> ¿Qué impacto tendrá sobre la economía en Reino Unido  y en el continente? ¿La libra esterlina se hundirá? ¿Se destruirá empleo? La omnipotencia de la City en Europa, segundo mercado financiero del mundo por detrás de Nueva York, está amenazada? ¿Se va a producir una escalada de precios en los supermercados? ¿Qué va a pasar con los europeos residentes en la isla?</p><p>Prácticamente, <strong>existen casi tantas respuestas a esas preguntas como estudios</strong>. Y el bajo nivel de los debates en la campaña no ayudó a aclarar las cosas.</p><p>En las discusiones ha imperado sobremanera una primera tendencia, la de los <strong>discursos catastrofistas</strong> de los contrarios al <em>Brexit</em>. En los últimos días, las grandes instituciones han publicado al respecto numerosos informes (<a href="https://www.theguardian.com/business/2016/apr/12/imf-says-britain-leaving-the-eu-is-a-significant-risk" target="_blank">FMI</a>,  <a href="http://www.oecd.org/economy/oecd-study-finds-britons-will-be-paying-a-heavy-brexit-tax-for-many-years-if-uk-leaves-eu.htm" target="_blank">OCDE</a>), también las autoridades británicas (el <a href="http://www.reuters.com/article/us-britain-eu-treasury-idUSKCN0XE12V" target="_blank">Tesoro</a>, el <a href="https://www.theguardian.com/business/2016/apr/14/bank-of-england-warns-brexit-could-do-serious-harm-to-uk-economy" target="_blank">Banco de Inglaterra</a> ), así como figuras más o menos influyentes en el debate público (como el informe de los <a href="http://www.reuters.com/article/us-britain-eu-usa-idUSKCN0XH0KN" target="_blank">ochos exsecretarios</a> del Tesoro norteamericano). Unos y otros se oponen a la salida. Están seguros de que el <em>Brexit </em>abrirá la vía a la <strong>recesión, la deslocalización y la incertidumbre</strong>. En resumen, el caos. "Un divorcio largo, costoso, desordenado", pronostica George Osborne, ministro de Finanzas (y contrario, como David Cameron, al <em>Brexit</em>).</p><p>Al lado de esa apisonadora mediática, los economistas partidarios del <em>Brexi</em>t –sí, existen– prácticamente no se dejaron oír. Los hay que quieren desdramatizar, apuestan para ello por el pragmatismo de unos y otros tras el referéndum. Pero la constatación es indiscutible: el debate económico se libró durante la campaña en las filas del <em>Remain</em>, del "Permanezcamos en la Unión", cuando los debates migratorios e identitarios favorecieron el del del Brexit. </p><p><strong>1. Importantes consecuencias a un lado y otro del Canal de la Mancha</strong></p><p>El PIB de Reino Unido representa entre el 15 y el 16% del PIB de la UE y su población, algo más del 12% de los habitantes europeos. La economía británica realiza, sin contar los intercambios intraeuropeos, el 19% de las exportaciones de toda la UE. Compra alrededor del 10% de las exportaciones del conjunto de los 27 países miembros, equivalente al 3,1% de su PIB total. En ese sentido, <strong>Alemania es la gran beneficiada</strong>, ya que realiza casi un cuarto de las exportaciones de los 27 al archipiélago.</p><p>La estrecha imbricación de las economías británicas y europeas son indiscutibles. <strong>E</strong><strong>l impacto será mundial tras el </strong><strong>Brexit</strong>. La consecuencia más fácil de imaginar, a muy corto plazo, es la subsiguiente ola de deslocalizaciones hacia la UE de multinacionales como bancos extranjeros, que operan en territorio británico. ¿Qué decidirían Airbus (10.000 empleos directos, 90.000 indirectos), Deutsche Bank (8.000) o BMW (5.500)? Hay quien habla de la destrucción de cinco millones de empleos como consecuencia del voto a favor del <em>Brexit </em>de la mayoría de británicos, mientras que David Cameron cifró en tres millones de empleos los puestos que se han creado por la pertenencia de Reino Unido a la UE. Según el <a href="http://www.ecfr.eu/publications/summary/the_british_problem_and_what_it_means_for_europe311252" target="_blank">European Council on Foreign Relations</a>,  las exportaciones británicas a la UE generan 2,3 millones de empleos. </p><p>Esta ola de deslocalizaciones "también puede <strong>desestabilizar</strong> a corto plazo su balanza de pagos", se lee en el número de marzo de 2016 de <em>Alternativas económicas</em>, en referencia a este indicador de las operaciones del país con el resto del mundo. "Registra en efecto ya un déficit corriente importante (4% del PIB en 2015), financiado hasta ahora sin problemas gracias a los flujos masivos de inversiones directas (56.000 millones de dólares anuales de media en 2010, es decir lo mismo que Francia y Alemania juntas)". Si las inversiones extranjeras caen en picado, la balanza lo acusaría. De manera que <strong>la libra esterlina podría devaluarse</strong>.</p><p>Como consecuencia de esto, numerosos exportadores franceses y europeos que venden en el mercado británico podrán verse afectados, ya que de repente sus productos costarán más. En cuanto a la City, su supremacía en Europa no será discutida, pero es posible que pierda  parte de la actividad ligada a la actividad bancaria europea que podría desplazarse a Francfort (o, tal vez, ¿a París?).</p><p>Este panorama, el más desfavorable posible, explica por qué algunos vaticinios hablan de una <strong>posible entrada en recesión del país</strong>, después del <em>divorcio</em> con Europa. Para el Tesoro británico (que defendió la línea de Cameron), este es el escenario: -3,6% del PIB en los dos primeros años, <strong>destrucción de medio millón de empleos</strong> y caída del 12% de la libra esterlina. En cuanto a los salarios reales medios, pueden caer un 3%. En total, podría suponer hasta 6,2 puntos del PIB, de aquí a 2030. "Si creyésemos el pronóstico, el mundo se hundiría al salir de la UE. Sería muy gracioso, de no ser algo tan serio", afirmó el conservador Iain Duncan Smith, exmiembro del Gobierno de Cameron hasta comienzos de este año y partidario del <em>Brexit</em> durante la campaña.</p><p>Un <a href="https://static.mediapart.fr/files/2016/05/25/brexit-e-tude-lse.pdf" target="_blank">estudio</a> de un centro de la London School of Economics, que se presentó como neutro en el debate, estimó que <strong>la caída del PIB será de entre 2,2 y 9,5 puntos</strong> –el escenario más negativo similar a las consecuencias de la crisis financiera de 2008-2009 en el país anglosajón–. El <em>think tank</em> belga Open Europe, uno de los institutos más cercanos a los <em>tories </em>en el poder en Londres, se mostró más cauteloso: prevé diferentes escenarios que llevarían, en el horizonte del 2030, a una horquilla de entre -2,2 y + 1,5% del PIB...</p><p><strong>2. ¿Estatus para un Reino Unido fuera de la UE? </strong></p><p>Para prever las consecuencias del <em>Brexit </em>hay que conocer los términos del <em>divorcio</em>. Tras el referéndum, Londres tendrá derecho, conforme al artículo 50 de los tratados, a un <strong>periodo de dos años para negociar su salida</strong>, que se podría concretar en enero de 2019. Estas negociaciones serán capitales para amortiguar el impacto económico de la salida británica.</p><p>Se tratará entonces de negociar –¿qué márgenes de maniobra tiene Londres?– el acceso al mercado único europeo, decisivo para no desestabilizar a los grandes exportadores británicos. En resumen, dejar Europa, pero permanecer en la periferia... En el fondo, no será muy diferente a la situación actual, ya que Reino Unido ya se beneficia de numerosas derogaciones (<em>opt out</em>) sobre temas claves, como el euro o Schengen.</p><p>Aquí es donde el debate da un giro especialmente exótico. <strong>Como Noruega e Islandia, Reino Unido podría integrar el Espacio Económico Europeo</strong>. Como Suiza, podrá negociar acuerdos bilaterales, en un puñado de sectores clave. A imagen y semejanza del modelo de Turquía, podría ver la luz una unión aduanera, con aranceles del 0% en cuestiones estratégicas. Se podrán negociar un simple acuerdo de libre-comercio con la UE. O, si nada de eso funciona, conformarse con convertirse en un "país tercero" frente a la UE, como tantos otros países miembros de la OMC.</p><p>Precisión importante: <strong>la adhesión al EEE, por ejemplo, obligará a Londres a trasponer algunas leyes europeas</strong>. Y el país debería, sobre todo, aunque menos que actualmente, seguir contribuyendo a los fondos europeos... En resumen, no se explica demasiado cuál ha sido el interés de votar a favor del <em>Brexit</em>, para seguir bajo la tutela de Europa, si a continuación se van a nuevas imposiciones de Bruselas. Según el tipo de acuerdo que se alcance antes de 2019, el impacto sobre la economía será más o menos limitado.</p><p>Sea como fuere, y es un punto importante para el debate británico, donde las virtudes del librecomercio han conseguido consenso durante mucho tiempo, el <em>Brexit</em> significará la salida automática de Reino Unido de decenas de acuerdos de libre-comercio negociados estos últimos años por la UE (alcanzados con Japón, Corea del Sur, Canadá, etc.). Esto no impedirá a Londres la firma de nuevos acuerdos. Pero harán falta muchos años. Hasta entonces, Peter Mandelson, excomisario de Comercio y figura del Laborismo, anuncia ya subidas de entre el "10 y el 20%" de los aranceles sobre algunos productos.</p><p><strong>“No es un divorcio económico en sentido estricto”</strong></p><p>En cuanto a los <strong>dos años de negociaciones que se perfilan en el horizonte para concretar el posible estatus de Reino Unido</strong>, los observadores están divididos. Algunos dicen que países de Europa del Este, como Bulgaria o Rumanía, podrían tener la tentación de vengarse, tras haber sido estigmatizados en el debate público británico. Más aún cuando, como señala un estudio de la Fundación Robert Schuman, sólo un puñado de países (Alemania y Países Bajos, a la cabeza) tienen interés realmente en limitar el daño con Reino Unido. Lo que no  constituye una mayoría de votos en el seno del Consejo, la institución que, en Bruselas, representa a los Estados miembros y que tendrá algo que decir en las negociaciones.</p><p>Otros, por contra, relativizan los riesgos. Después de todo, las negociaciones exigidas por David Cameron para mejorar el estatus de los británicos en la UE, que se anunciaban tan complicados, han acabado, sin grandes sobresaltos, en el Consejo Europeo de febrero de 2016. Así las cosas, es posible que una vez más se imponga el pragmatismo en las discusiones futuras. Para Paul de Grauwe, profesor belga de la London School of Economics: <strong>“Es probable que se alcance un acuerdo similar al que ya existe entre Noruega y la UE</strong>. Esto permitiría a Reino Unido y a la UE mantener acceso a sus mercados respectivos. Ambos socios tienen interés en alcanzas un acuerdo de este tipo. Así, el Brexit no supondría un divorcio en sentido estricto. Al contrario, contendría una serie de cambios mínimos en la naturaleza de las relaciones económicas entre los dos socios”.</p><p><strong>3. El coste de permanecer en la Unión</strong></p><p>¿Qué dicen de todo esto los economistas –de haberlos– que se mostraron partidarios del <em>Brexit</em> durante la campaña? En una tribuna del <em>site</em> de información especializada <a href="http://www.politico.eu/article/making-the-economic-case-for-brexit/?version=meter+at+2&module=meter-Links&pgtype=article&contentId=&mediaId=&referrer=&priority=true&action=click&contentCollection=meter-links-click" target="_blank">Politico</a>, uno de ellos reconoció que <strong>el Brexit tendrá un coste a corto plazo</strong>, pero que en el "horizonte de 2030, la operación sería globalmente neutra". Los partidarios de la salida de la UE recuperaron un viejo argumento de los contrarios a la UE de Londres: permitirá ahorrar, no sólo en lo que se refiere a la contribución británica al presupuesto europeo (pese al cheque británico de Margaret Thatcher, Londres es un contribuyente neto al presupuesto de la UE), sino también en los costes –desorbitados, en su opinión, fruto de la "regulación" y la "burocracia" propias de la UE–. Así Boris Johnson, exalcalde de Londres y ahora rival de David Cameron durante la campaña del referéndum, juzgó que Europa "<strong>nos cuesta mucho dinero y subvierte nuestra democracia".</strong></p><p>En opinión de los que se mostraron partidarios del <em>Brexit</em>, habrá que tener en cuenta estas circunstancias para <strong>medir el impacto del Brexit en la economía</strong><em>Brexit</em>. Queda un problema que no es menor de nuevo, la dificultad para medir la cuantía. Nos limitaremos a citar dos informes, redactados en Bruselas, que se contradicen entre sí. Según el primero, publicado en 2009 por Open Europe, el coste de las regulaciones introducidas en Reino Unido a causa de las directivas y otros reglamentos votados en Bruselas asciende a 140.000 millones para 1998-2008. En el otro extremo, el Parlamento Europeo, en 2014, puso cifras al "coste de la no Europa". En su opinión, la situación es la inversa, la europeanización de algunas cuestiones (mercado único ,unión bancaria, lucha contra el fraude fiscal, etc.) ha permitido a los 28 Estados miembros <strong>ahorrar</strong>... 994.000 millones de euros anuales.</p><p>________________</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_88271"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[L. Lamant (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Reino Unido,Referéndum]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La izquierda británica, dividida frente al Brexit]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/izquierda-britanica-dividida-frente-brexit_1_1126660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5f83b296-c718-4766-b276-1bc199a8f6cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La izquierda británica, dividida frente al Brexit"></p><p>Jeremy Corbyn no es <strong>ni un gran orador ni un gran comunicador</strong>. Con frecuencia, cuando el líder del Partido Laborista británico se dirige a una multitud o a las cámaras parece incómodo. A su favor juega la <strong>fuerza de sus convicciones de izquierdas</strong> y una trayectoria política rectilínea. Por esa razón, la militancia le convirtió, para sorpresa general, en el sucesor de Ed Miliband tras su amarga derrota de 2015 ante David Cameron. Desde entonces, no ha dejado de tratar de afianzarse ante los diputados de su partido, en su mayoría, próximos a la línea centrista de Tony Blair y de Gordon Brown.</p><p>O lo que es lo mismo, en los últimos seis meses, Jeremy Corbyn y su equipo se han pasado buena parte del tiempo haciendo frente a los medios de comunicación, combativos o zahirientes, y a responsables del partido, dispuestos a deshacerse de él. De modo que no necesitaba –por si no tenía bastante con los problemas internos– un <strong>debate sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea</strong>, el famoso referéndum sobre el Brexit que se celebrará el 23 de junio y que divide tanto a la izquierda como a la derecha. Pero, dadas la importancia de la convocatoria electoral, que atañe al futuro político del país, a Corbyn no le ha quedado otra alternativa que echarse a la arena.</p><p>Según confirman fuentes próximas al Laborismo, <strong>Jeremy Corbyn era muy reticente</strong> a la hora de entrar en campaña por el referéndum. Primero, por razones ideológicas personales: “Forma parte del ala izquierda del partido, a la que no le gusta ni lo más mínimo el giro neoliberal de Europa de los últimos veinte años. Espontáneamente, más bien haría campaña a favor de la salida de la UE, tal y como la conocemos hoy”, explica un responsable del Trade Union Congress (la importante confederación sindical británica). Además, inicialmente, este referéndum no era más que una <strong>maniobra del primer ministro David Cameron</strong> para tratar de arreglar las viejas contradicciones en el seno de los conservadores e impedir que el partido antieuropeo y nacionalista Ukip siguiéndose dándole problema elección tras elección.</p><p>“Los laboristas no tienen nada que ganar en este debate y sí mucho que perder”, apunta John Hillary, director de War on Want, una ONG que lucha contra la pobreza y próxima a los movimientos sociales. “Existe un viejo proverbio que dice: '<strong>Evita intervenir cuando tu enemigo está en guerra contra sí mismo'</strong>”, insiste el responsable sindical. En el último referéndum celebrado en 2014, en el que se decidía sobre la independencia de Escocia, el laborismo hizo campaña junto con los <em>tories</em>, lo que le supuso una aplastante derrota en las legislativas celebradas posteriormente (los independentistas aplastaron a los laboristas).</p><p>Por todas estas razones, Jeremy Corbyn se ha tomado su tiempo antes de posicionarse. Finalmente, debutó en abril de 2016. Entonces, con la boca pequeña se pronunció a favor del <em>in</em> (dentro), es decir, se posición del lado de los partidarios a la permanencia de Gran Bretaña en la UE. “No era su prioridad, habría preferido dedicarse a otras peleas como el control del partido, el debate sobre la política nuclear y las elecciones locales”, señala un miembro del equipo de Corbyn. “Sin embargo, muchos diputados laboristas le hicieron entender que no podía ni hacer campaña a favor del Brexit ni mantenerse al margen; <strong>corría el riesgo de buscarse todavía más problemas o de debilitar al partido</strong>, al dejar que los <em>tories</em> le comiesen el terreno”.</p><p>Las dudas de Jeremy Corbyn a la hora de posicionarse, y su decisión final, obligado en cierto modo, a favor del <em>in</em>, es todo un prototipo del debate existente en estos momentos en el seno de la izquierda británica, que será determinante a la hora de hacer el recuento el próximo 23 de junio.</p><p>Nick Dearden dirige la ONG Global Justice y es un militante influyente de izquierdas. No hace falta decir que la actual Unión Europea, tal como la conocemos, no es su “<em>cup of tea</em>”. Y mucho menos tras el pulso que Syriza le echó a Grecia que, como dice Dearden, “ha dejado frías a muchas personas de izquierdas”. Pese a todo, ha decidido hacer campaña por el no de la izquierda al Brexit.</p><p>“Durante dos décadas, la Unión Europea aportó cierto <strong>progresismo a Gran Bretaña</strong>, en manos de los conservadores en los 80 y en los 90: mejores derechos laborales, avances en materia de igualdad entre hombres y mujeres, protección del medio ambiente... Hoy, evidentemente ya no sucede así y Europa sigue unas políticas liberales. Pero si dejamos de pertenecer a la UE, ¿cómo podremos luchar por conseguir una Europa más progresista?”. “No hagamos campaña a favor de Europa, luchemos por una Unión Europea más justa”, podía leerse en un publicado en The Guardian.</p><p><strong>“Déficit democrático en la UE”</strong></p><p>Por si fuera poco, Nick Dearden está convencido de que si Gran Bretaña abandonase la UE, los conservadores británicos, apoyados por los nacionalistas de Ukip, dejarían de tener límites: <strong>“Europa nos protege de un Gobierno extremadamente conservador”</strong>. Los sindicatos británicos piensan más o menos lo mismo, salvo tres de ellos, la casi totalidad de organizaciones sindicales está contra al Brexit.</p><p>“No creo que saldríamos ganando si dejamos de pertenecer a la UE”, dice Owen Tudor, responsable de asuntos internacionales del Trade Union Congress. “No sólo sería malo para el empleo, sino que lo sería sobre todo para los derechos laborales”. Una de sus colegas, del sindicato de la función pública UNISON, advierte también de que “la Unión Europea no es insensible a la presión política y sindical como se vio  con la campaña contra la discriminación sexual, sobre todo en el trabajo, en el Tratado de Ámsterdam en 1999”.</p><p>John Hillary de War ont Want no comparte su opinión. “La UE de hoy no es la de hace 20 años, la que permitió logros progresistas en Gran Bretaña”, analiza. “Hay un déficit democrático en el seno de la UE, que no acepta ideas discordantes. El debate actual gira entorno al cierre de fronteras y a la apertura de mercados. La postura inversa, la que nosotros defendemos, nunca es escuchada. Aunque no me hago ninguna ilusión con el Gobierno que nos espera en Gran Bretaña si optamos por el Brexit –será de ultraderecha–, creo que podremos seguir peleándonos democráticamente por nuestras ideas en nuestro país y ganar batalas, cosa que ya no es posible en el seno de la Unión Europea”.</p><p>Esta posición es la variante de izquierdas del argumento sobre la “soberanía nacional” que defienden los conservadores antieuropeos. Pero, al contrario que estos últimos, que nunca han abrazado el proyecto europeo, una parte de la izquierda que lo defendió ahora está desilusionada. Esta izquierda ve más factible reorientar la política británica hacia el progresismo, a nivel local o nacional, cortando con Bruselas y sus políticas neoliberales, en su opinión, similares a las de David Cameron.</p><p>Esta línea de fractura en el seno de la izquierda británica es el elemento determinante del referéndum del 23 de junio, porque es el <strong>electorado laborista el que va a decantar el resultado del escrutinio</strong>, tal y como sostiene la mayoría de politólogos. Habida cuenta de que los conservadores están divididos desde hace mucho tiempo entre los pro y los antieuropeos y que las posiciones de unos y otros son bastante firmes, “la movilización del electorado laborista es el factor clave del referéndum”, según Renaud Thillaye, director adjunto del <em>think thank</em> progresista Policy Network. “<strong>El laborismo es un vivero de votos importante</strong>, es el único sitio donde se puede movilizar a gente con valores internacionalistas aunque este discurso es más difícil de mantener”.</p><p>El Partido Laborista, tradicionalmente proeuropeo desde los años 80, en todo caso mucho más que sus adversarios tories, sigue vinculado con Bruselas, en concreto con la facción centrista (léase <em>blairista</em>) que, pese a no haber conseguido recuperar el control del partido, sigue siendo numerosa e influyente. Pero la victoria de Corbyn, gracias a una militancia joven y comprometida, cambia las cosas.</p><p>Cuando David Cameron se comprometió en 2013 a convocar un referéndum, se creía un <strong>agudo estratega</strong>: al contar con el apoyo de la City, de los conservadores proeuropeos y de los laboristas, pensaba que podía ganar holgadamente la votación y fortalecer con ello su estatura y su dominio en el partido. Pero las cosas se han torcido; las <strong>defecciones en el seno de los </strong><strong>tories</strong> son muchas, mientras que el chantaje a Grecia y la desconfianza general de la izquierda para con las instituciones bruselenses, el laborismo y sus electores están claramente divididos en torno al Brexit. Lo que hace que vaticinar <strong>el resultado del referéndum puede ser una labor particularmente ardua</strong>.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p> <em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_86983"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Thomas Cantaloube (enviado especial de Mediapart a Londres)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La izquierda británica, dividida frente al Brexit]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Partido Conservador,Partido Laborista,Reino Unido,Referéndum,David Cameron]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los tres grandes riesgos del ‘Brexit’ para España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/tres-grandes-riesgos-brexit-espana_1_1126235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Este 23 de junio Reino Unido ha tomado una decisión trascendental sobre su futuro. El referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea <strong>se ha saldado a favor de la salida de la segunda economía del continente con un 52% de los votos</strong>, algo que ha sido celebrado por los partidarios del <em>Brexit</em> como "el día de la independencia" y ante lo que han reaccionado los mercados con miedo e incertidumbre. Durante la campaña, varios expertos analizaron las consecuencias del ya consumado abandono del país anglosajón del club comunitario, y abordaron las consecuencias que la decisión tendrá para España.</p><p>La opción del "in" contó con el apoyo de nombres relevantes dentro de la política británica, a uno y otro lado del arco parlamentario: el ministro de Finanzas, <strong>George Osborne</strong>; el líder del Partido Laborista, <strong>Jeremy Corbyn</strong>; o el primer ministro, <strong>David Cameron</strong>, que decidió hacer campaña por la permanencia el pasado 20 de febrero, después del acuerdo alcanzado con la Unión Europea que consolidó a Londres con un "estatus especial" dentro de la UE al otorgarle una serie de<a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/19/actualidad/1455872429_141482.html" target="_blank"> concesiones simbólicas</a>. La opción del abandono, por su parte, contó con el respaldo del partido euroescéptico UKIP y su líder, <strong>Nigel Farage</strong>, así como la del exalcalde conservador de Londres, <strong>Boris Johnson</strong>. </p><p>Sin embargo, la campaña no se quedó en casa. La importancia de la consulta llevó a líderes internacionales a ambos lados del Atlántico a pronunciarse sobre el polémico <em>Brexit</em>. El presidente de EEUU, <strong>Barack Obama</strong>, pidió a Reino Unido<a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/04/22/obama_pide_reino_unido_que_permanezca_union_europea_48635_1022.html" target="_blank"> la permanencia en la UE</a>, argumentando que su pertenencia al bloque europeo ha magnificado su papel internacional. En la misma línea se pronunciaron durante estos meses el Banco Central Europeo (BCE), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). </p><p>"Un <em>Brexit</em> podría acarrear un <strong>grave daño regional y global</strong> al afectar a las relaciones comerciales establecidas", advirtió Maurice Obstfeld, economista del FMI. Durante un discurso pronunciado en Londres, la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/13/actualidad/1463132500_931188.html" target="_blank">señaló</a> que la ruptura supone un "riesgo importante" para la economía mundial.</p><p>Una salida que podría <strong>influir directamente sobre la economía de España</strong>. "Podría verse afectada negativamente, teniendo en cuenta las estrechas relaciones entre ambos países", adviertió el servicio de estudios de Bankia en un informe publicado el pasado 29 de febrero bajo el título <a href="http://www.bankia.com/recursos/doc/estudios/20160223/marzo68669/consecuencia-de-un-brexit-febrero-2016.pdf" target="_blank"><em>Brexit: un escenario adverso muy incierto</em></a>. En la misma línea se pronuncia Analistas Financieros Internacionales (Afi) en el estudio <a href="http://www.slideshare.net/Afi-es/brexit-el-prximo-reto-para-la-unin-europea" target="_blank"><em>Brexit-El próximo reto para la Unión Europea</em></a>: "España no será inmune al contagio, dados sus fuertes vínculos con el Reino Unido". Pero, ¿sobre qué aspectos de la economía española podría influir la salida de Reino Unido de la UE? Los economistas consultados por infoLibre ponen el foco en las relaciones comerciales, la inversión directa, el sector financiero y los flujos migratorios y turísticos.</p><p><strong>1. Las relaciones comerciales con las islas</strong></p><p>Reino Unido es un mercado importante para España. Desde hace diez años, nuestro país registra un superávit comercial –1,1% del PIB español en 2014– <strong>con las islas británicas</strong>, tanto en productos como en servicios, según datos ofrecidos por los dos informes. Una diferencia importante con el resto de países de la zona Euro. "Es uno de los dos únicos países, con Alemania, con un saldo comercial positivo con Reino Unido", señala en conversación con este diario <strong>Santiago Carbó</strong>, profesor de Economía y Finanzas de la <a href="https://www.bangor.ac.uk/" target="_blank">Universidad de Bangor</a>. </p><p>Uno de nuestros principales socios comerciales. En concreto, es el quinto destino más importante para las <strong>exportaciones españolas de bienes y servicios</strong> –por detrás de Francia, Alemania, Portugal e Italia–, suponiendo en torno a un 6,9% del total, y el sexto mayor proveedor de nuestro país, siendo el origen del <strong>4,3% de las importaciones españolas</strong>. Del total de bienes que España exporta a los británicos, un 30% son productos relacionados con el transporte; un 12% corresponde a máquinas; un 10% son bienes vegetales; un 8,3% son productos químicos y un 7,2% son productos alimenticios, según datos de la <a href="https://www.wto.org/indexsp.htm" target="_blank">Organización Mundial del Comercio (OIC)</a> recogidos por Afi.</p><p><strong>Nick Greenwood</strong>, de Analistas Financieros Internacionales y autor del informe, aseguró que se pueden producir <strong>"impactos negativos sobre la economía británica"</strong> que pueden afectar directamente a España. El economista señala que para nuestro país, el Reino Unido es un mercado "muy importante" en el caso de las exportaciones de bienes, "sobre todo en temas de coches, aviones o alimentación", con un peso importante en las exportaciones españolas. "Esos sectores sí podrían verse afectados", completó el analista en conversación con infoLibre.</p><p><strong>José Moisés Martín Carretero</strong>, miembro de <a href="http://economistasfrentealacrisis.com/" target="_blank">Economistas Frente a la Crisis</a>, está convencido, por su parte, de que las relaciones comerciales, aunque se sigan manteniendo, <strong>van a estar "muy dificultadas" </strong>y las barreras que implicará el <em>Brexit</em> se notarán "a medio y largo plazo". "La salida implica que salgan del mercado único", recalcó el economista, que se mostró convencido de que no se van a instaurar aranceles y de que el Reino Unido terminará manteniendo un formato similar al de países como Norguega o Suiza.</p><p>Carbó, sin embargo, considera que en el ámbito comercial para España <strong>"quizá no es tan traumático"</strong>, porque los ingleses "ya se han acostumbrado" a consumir nuestros productos. Con todos estos elementos encima de la mesa, añade que todavía es pronto para pronunciarse al respecto: "No sabemos los términos de la renegociación, <strong>no sabemos qué estatus va a tener Reino Unido" </strong>tras la votación a favor de la salida de la UE. </p><p>En este sentido, el informe de Analistas Financieros Internacionales recoge cuatro posibles escenarios: un <strong>modelo como el noruego</strong>, que "permitiría al Reino Unido tener acceso al mercado común y tener libertad para establecer acuerdos de libre comercio"; un acuerdo bilateral como en el caso suizo, que permitiría al país "mantener acceso al mercado común" en aquellas áreas en las que acepte la regulación europea; acuerdos puntuales de libre comercio; o cláusula de la nación más favorecida, buscando una independencia total de la UE.</p><p>Una opinión similar tiene el economista Juan Laborda, que señaló en conversación telefónica con este diario que un posible impacto en las relaciones comerciales <strong>depende mucho de la fuerza de la libra</strong> con respecto al euro una vez que Reino Unido salga del club comunitario. En su opinión, tanto la divisa británica como la europea van a sufrir una pérdida de valor: La salida "tendrá consecuencias para la arquitectura europea, será un ataque directo a su línea de flotación, que ya tiene grietas en relación a la cohesión. En este caso, se puede depreciar el euro". Por este motivo, el economista sostiene que "la relación entre Reino Unido y España, en lo que es la balanza comercial, <strong>no se debería ver afectada</strong>".</p><p>El profesor del <a href="http://www.ieb.es/" target="_blank">Instituto de Estudios Bursátiles (IEB)</a> Javier Santacruz remarca en esta línea que "en el terreno de lo estrictamente comercial no hay demasiadas cosas". "Tenemos algún producto, agroalimentarios principalmente, pero realmente lo más importante que Reino Unido tiene de relación con España por el lado comercial es el turismo, y por el lado inversor toda la <strong>participación que las empresas españolas tienen allí</strong>, que podría verse afectada", completó en conversación telefónica con este diario.</p><p><strong>2. Inversión directa española en suelo británico</strong></p><p>En este sentido, la firma Ipsos Mori<a href="http://www.expansion.com/empresas/2016/05/13/5734fbd246163f9f3a8b45bc.html" target="_blank"> sondeó la opinión</a> de las compañías extranjeras que tienen filiales en territorio británico sobre el <em>Brexit</em>. Según los resultados, un 79% de los socios de la Cámara de Comercio de España en las islas consideran que la salida<strong> tendrá efectos negativos</strong> para el funcionamiento de sus negocios en el Reino Unido, mientras que un 3% cree que se producirá un impacto positivo y el 18% no tiene las consecuencias muy claras. Además, el <strong>59% de las compañías</strong> españolas estiman que la ruptura podrá reducir sus inversiones de cara al futuro en el mercado británico.</p><p>Reino Unido es el principal destino de la inversión directa española en el extranjero, con un 14% del total en el año 2013, alcanzando en esa fecha los 48.000 millones de euros. Según los datos recogidos en el informe de Afi, esta se concentró principalmente en el <strong>sector financiero, de telecomunicaciones y de abastecimiento energético</strong>, con un 35% (16.600 millones de euros), 32% (15.200 millones de euros) y 15% (7.300 millones de euros), respectivamente. </p><p>Así, podrán verse afectadas empresas como <strong>Banco Santander</strong> –su filial británica fue la que más aportó al banco español en 2014, representando un 19% de su beneficio–; <strong>Inditex</strong> –más de un centener de tiendas y por encima de 4.000 empleados–; <strong>Iberdrola</strong> –a través de Scottish Power, uno de los principales generadores eléctricos de Reino Unido–; <strong>Ferrovial</strong> –el 34% de sus ventas en 2014 provino de Gran Bretaña–; <strong>FCC</strong> –genera allí un 10% de sus beneficios– o <strong>Banco Sabadell</strong> –que adquirió el TSB en marzo de 2015–.</p><p>"Dentro del Reino Unido hay <strong>intereses económicos muy fuertes</strong>, sobre todo en el sector energético, en el que destaca Iberdrola con Scottish Power", señala Santacruz, quien recuerda que todas las operaciones de empresas como Ferrovial, "que opera en algunos de los aeropuertos más importantes de Londres", podrán verse afectadas "tanto por la imposición de aranceles" como por las consecuencias que el <em>Brexit</em> tendrá sobre la libra, una opción que puede generar "problemas" a todas las empresas que tienen parte de su negocio allí. "Ese tipo de cosas afectan de forma directa a España", asevera. Sin embargo, el economista recuerda que todas estas compañías, con la progresiva caída de la libra, <strong>ya se han cubierto las espaldas </strong>con la compra de coberturas.</p><p>En la misma línea se posiciona Laborda, quien asegura que "se pueden paralizar algunas de las tomas de decisiones" a la hora de realizar inversiones de firmas españolas en suelo británico, principalmente a causa del "tipo de cambio" y del "poder económico y político". El economista expresó sus dudas sobre el papel de Londres como principal plaza financiera del mundo si, como se ha confirmado, el <em>Brexit</em> se impone. Ante un choque de confianza en la economía, "<strong>los beneficios de las empresas españolas</strong> pueden verse reducidos", apuntó Greenwood.</p><p>Carbó, por su parte, muestra dudas sobre lo que va a pasar con las compañías españolas: "Yo, sinceramente, creo que no afectará a las que ya se hayan hecho. Pero en el caso de las futuras, habrá que ver". El miembro de Economistas Frente a la Crisis, sin embargo, no cree que el <em>Brexit</em> "<strong>afecte mucho a las decisiones de inversión de España allí". </strong>"Perderían la seguridad jurídica que ofrece la UE. Pero ya está. Se quedarían con la que ofrece Reino Unido, que es bastante alta", completó en una conversación anterior al referéndum de este jueves.</p><p><strong>El sector financiero</strong></p><p>Greenwood también pone el foco en las consecuencias que tendrá la salida<strong> sobre el sector bancario español</strong>. Según el informe de Analistas Financieros Internacionales, "España está particularmente expuesta al sector financiero británico a través de Banco Santander y Banco Sabadell". Según los datos ofrecidos por Afi, Santander UK es depositario de entre el 10% y el 20% de las cuentas corrientes británicas, mientras que el TSB, propiedad del Sabadell, tiene depositadas en torno al 5%. "Si aumenta la morosidad tras la salida, podrían verse afectados los resultados de los bancos españoles allí", detalla el economista a este diario.</p><p>Una opinión que comparte Santacruz, que dice que "la afectación puede ser muy grande". "El modelo de negocio que pueden mover allí los bancos españoles será menor", puntualiza, si tras la salida de la UE el club comunitario se queda sin uno de sus principales mercados –la Unión Europea supone el <strong>46% de la inversión directa extranjera en el país</strong>–. Todo este impacto se podría ver incrementado, según señala, por una depreciación muy fuerte de la libra, que acabe cayendo "más de lo esperado".</p><p>Juan Laborda ve con mayor preocupación que se genere un <strong>"movimiento global de aversión al riesgo"</strong>, pero añade que esto se producirá "en todos los lados". Carbó, por su parte, no cree que las filiales en suelo británico de las entidades financieras españolas se acaben enfrentando a un problema de impago de la deuda a causa del <em>Brexit</em>: "Seguirán pagando. Si se produce un impago será por otros motivos distintos". En esta línea, el profesor de Economía y Finanzas de la Universidad de Bangor recuerda que los bancos "tienen sus propios mecanismos de contingencia" para hacer frente a situaciones complejas.</p><p>Algo que también señalan desde Afi en el informe: "La estructura subsidiaria de los bancos españoles debería limitar el impacto" del <em>Brexit</em>. Sin embargo, los bancos españoles podrán <strong>elegir "si dar apoyo desde la matriz</strong> o no a sus entidades subsidiarias". Además, añaden otro problema en el medio plazo: que las entidades financieras y sus filiales en el suelo británico se vean obligadas a afrontar mayores costes regulatorios al tener que adaptarse a un nuevo marco normativo.</p><p>3. La importancia del turismo</p><p>Los expertos sitúan la última consecuencia económica para España en los flujos migratorios y en el sector turismo. Los británicos son los principales clientes del sector turístico extranjero en nuestro país. En el año 2015, <strong>llegaron a suelo español un total de 15,7 millones de turistas</strong> procedentes del Reino Unido, lo que supuso un 23% del total y un aumento de cuatro puntos y medio en comparación con el año anterior, que gastaron 14.057 millones de euros. En términos hoteleros, efectuaron el 26,3% de las pernoctaciones. "El superávit de la balanza española de turismo y viajes frente a Reino Unido supera los 6.000 millones de euros", señala el informe de Bankia.</p><p>Además, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en nuestro país tienen su<strong> residencia permanente un total de 300.000 británicos</strong> –tercera nacionalidad, por detrás de rumanos y marroquíes–, mientras que otro medio millón viven en España de forma temporal. En sentido contrario, el suelo británico se ha convertido en el principal destino de los emigrantes españoles, un 14% del total. Según las cifras que maneja Bankia Estudios, cerca de 200.000 ciudadanos procedentes de España viven en el Reino Unido.</p><p>"Los flujos migratorios son muy importantes en este caso. Aunque todo depende del acuerdo final al que se llegue, esto podría verse afectado", sentencia Greenwood en conversación con infoLibre. Santacruz, Carbó y Laborda, por su parte, aseguran que las consecuencias <strong>dependerán del valor de la libra respecto al euro después de la salida</strong>. "Si cae de forma fuerte, los británicos tendrán menor poder adquisitivo y, por lo tanto, el gasto que realicen en turismo será menor en España", apunta el profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). Sin embargo, su compañero de Economía y Finanzas de la Universidad de Bangor considera que no se resentirá mucho el sector turístico: "Ahora mismo hacemos control de pasaportes, tenemos una moneda distinta...", asevera.</p><p>En este último argumento también centra su punto de mira Martín Carretero, que ve un impacto "muy pequeño": "El Reino Unido no está en el espacio Schengen, por lo que la circulación ya está controlada aunque pertenezca al club", explicó. El miembro de Economistas Frente a la Crisis no quiso finalizar la conversación con este diario sin antes dar otra pincelada sobre las posibles consecuencias: "Creo que la clave está en otros aspectos, como por ejemplo el <strong>tema de las balanzas internas de la UE</strong> y el saldo presupuestario. El presupuesto de la Unión Europea se va a ver muy afectado. Y eso tendrá importancia posteriormente a la hora de ver cómo se desarrollarán las políticas comunitarias y de cohesión".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Sánchez Castrillo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Los tres grandes riesgos del ‘Brexit’ para España]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Bancos,Exportaciones,Grupo Santander,Turismo,Unión Europea,Reino Unido,importaciones,Sabadell]]></media:keywords>
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