‘Machos alfa’: nuevas masculinidades y nuevas complicaciones de la vida sexual

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Los hermanos Caballero, creadores de Machos alfa, la serie de diez episodios que puede verse en Netflix, han puesto su mirada sobre las nuevas masculinidades. Una vez más, disparan con gran puntería a los temas que dominan la conversación social. El debate sobre el lugar del hombre heterosexual tras la generalización del feminismo se encuentra en su apogeo. Hace sólo unos días, la activista medioambiental Greta Thumberg se despachó a gusto en Twitter ante un machirulo en estado puro y presunto delincuente sexual. Andrew Tate había tratado de provocarla y ella aludió a su “energía de pene pequeño”.

Su tuit se convirtió en el zasca más viral de la historia de la red social. Incluía otros asuntos, pero la alusión a la virilidad frágil dice mucho del momento en el que nos encontramos.

Las costumbres cambian aceleradamente

La aceleración de los cambios sociales no solo nos ha forzado a adaptarnos constantemente a nuevas tecnologías. También está afectando de manera sustancial a nuestra identidad o a nuestro comportamiento sexual. Y ese es el enorme lío en el que Alberto y Laura Caballero se han sumergido valientemente con esta serie, cómica, pero que pica.

Los Caballero son los reyes del costumbrismo español televisivo. No han parado de encadenar éxitos desde sus inicios en Matrimoniadas, una sección de intervalos cómicos en los espectáculos tipo revista de variedades que dirigía su tío José Luis Moreno.

De los creadores de ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘La que se avecina’

De aquel formato que parece ahora prehistórico pasaron a crear una de las comedias más brillantes y originales que se han emitido en televisión, Aquí no hay quien viva, con Alberto en el guion y la producción ejecutiva y Laura en la dirección.

Se sucedieron a sí mismos cuando abandonaron Antena 3 por Telecinco y volvieron a crear un formato imbatible con La que se avecina. Ambas series continúan emitiéndose constantemente en canales de cable, siempre contando con el favor de la audiencia.

El pueblo supuso su primera incursión en las plataformas, entonces en HBO Max, y ahora han debutado en Netflix suscitando enorme interés y una muy buena recepción. Vuelven a hacerlo desde lo coral. Con un gran puñado de personajes y actores que representan un poco de muchos de nosotros.

Cuatro amigos se encuentran para tomar copas o jugar al pádel. Un exitoso ejecutivo televisivo, un policía con un matrimonio sólido y aburrido, un soltero que no consigue olvidar a su ex y un hombre que compagina una novia formal con una amante.

Todos ellos verán cómo sus costumbres sentimentales y sexuales se ven drásticamente alteradas. Parejas en crisis, encuentros íntimos esporádicos, infidelidad o inseguridades son parte de las situaciones que afrontan los amigos y sus parejas, igualmente protagonistas.

Insatisfacciones de cuarentañeros

Los Caballero, y el resto de guionistas de la serie, sus habituales colaboradores, Daniel Deorador y Araceli Álvarez de Sotomayor, profundizan en las insatisfacciones y alguna satisfacción de la vida sexual a los cuarentaytantos.

El lugar en el que se sitúa el ego masculino en la actualidad se mezcla con varias reflexiones sobre lo problemático de la monogamia prolongada o con su reverso, el picoteo sexual cada vez más fácil gracias a las aplicaciones de contactos. Las parejas abiertas o los clubs de ambiente liberal pueden experimentarse junto a fórmulas más clásicas.

La conversación que se genera destaca por su honestidad, entra en harina y provoca su dosis de incomodidad y de respuestas poco cerradas. Ofrece una buena invitación a la reflexión.

No todos los personajes ni todas las tramas ni todos los episodios están a la misma altura. La serie tiene algunos momentos irregulares, por ejemplo, un viaje a Ibiza poco redondo, que compensa con un ritmo en general logrado y con otras situaciones bordadas.

Actrices que brillan

María Hervás, como rica ociosa que pasa a ser influencer, resulta tan creíble que no parece estar interpretando. Raquel Guerrero, como madre y esposa insatisfecha con el cuerpo revuelto, compone su personaje con una verdad aplastante. Kira Miró, Paula Gallego o Cayetana Cabezas, entre otras, colaboran para que las actrices sobresalgan más en el conjunto.

Entre los protagonistas masculinos hay muchos más aciertos que errores, pero sí se dan algunos problemas puntuales de tono. Fernando Gil, Fele Martínez o Gorka Otxoa suelen resolver con solvencia. Santi Millán destaca entre los personajes secundarios masculinos. Mientras, el actor Raúl Tejón se encuentra en varias ocasiones perdido entre las motivaciones de su personaje.

La intimidad en las distintas clases sociales

Estos pequeños detalles no impiden que la serie se disfrute como un White Lotus 2 patrio. Y a diferencia y como mejora de la espectacular ficción americana, Machos Alfa repite una seña de identidad de los hermanos Caballero, su inclusividad a la hora de retratar a diferentes estamentos sociales.

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Siempre tienen en cuenta a la gente que llega justa a fin de mes o se mueve por casas con pasillos estrechos y cocinas sin renovar. Se agradece que sean capaces de percibir y retratar cómo la economía influye en parte de los problemas que se presentan en la vida íntima.

A la vez, la vida sentimental y el deseo y la supuesta deconstrucción de la masculinidad tienen que convivir con los problemas prácticos, empezando por el trabajo y siguiendo por la familia extensa. Aquí no se habla en el vacío de unas vacaciones de lujo sino con el realismo de la cotidianeidad.

La serie parece moverse con facilidad entre los temas sobre los que se charla en la calle e incluso algunos que no son tan públicos pero que los guionistas consiguen abordar con naturalidad y a la vez de forma compleja. Gracias a ello han demostrado que pueden sobresalir en un registro diferente de comedia, lo que les sitúa entre los mejores cronistas de nuestra sociedad.

Los hermanos Caballero, creadores de Machos alfa, la serie de diez episodios que puede verse en Netflix, han puesto su mirada sobre las nuevas masculinidades. Una vez más, disparan con gran puntería a los temas que dominan la conversación social. El debate sobre el lugar del hombre heterosexual tras la generalización del feminismo se encuentra en su apogeo. Hace sólo unos días, la activista medioambiental Greta Thumberg se despachó a gusto en Twitter ante un machirulo en estado puro y presunto delincuente sexual. Andrew Tate había tratado de provocarla y ella aludió a su “energía de pene pequeño”.

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